Marco teórico:
Las flores... deleitable don de Dios al
hombre
¿QUÉ corazón no se alegra al ver una flor? Un ramo de rosas puede avivar
inmediatamente el día, alegrar un rostro triste, alentar un corazón desanimado, hasta
hacer que brote la amistad y florezca el amor.
En la primavera, ¿quién puede pasar por donde fluyen aguas en cuya superficie
resplandezca la belleza de la azucena acuática sin que sienta aprecio por la vida misma?
O en el otoño, ¿quién puede atravesar andando un campo decorado con el brillo de los
asteres púrpuras y destellos de la pluma de oro sin sentirse enriquecido? ¿Qué ventana
no ha sido hermoseada, o qué cocina no ha sido realzada, o qué sala no ha sido
transformada por la presencia de flores o plantas delicadas y bellas?
Los hombres las han llamado “las estrellas de la Tierra,” “las sonrisas de la bondad de
Dios,” “un autógrafo de la mano de Dios.” “Las flores,” dijo el estadista inglés William
Wilberforce, “son los pensamientos de belleza de Dios, adquiriendo forma para alegrar
la mirada de los mortales; —gemas brillantes de la Tierra, en las cuales, quizás, vemos
lo que era Edén— ¡lo que puede ser el Paraíso!” ¡Cuánto le restaría a lo deleitable de la
Tierra el que en ella no hubiera flores!
Jesucristo apreció la presencia de las plantas y las flores en esta Tierra. Las observó
cuidadosamente y sacó lecciones significativas de ellas. Dijo a sus discípulos:
“Aprendan una lección de los lirios del campo, cómo crecen; no se afanan, tampoco
hilan; pero les digo que ni aun Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos.
Bueno, pues, si Dios viste así a la vegetación del campo, que hoy está aquí y mañana se
echa al horno, ¿no los vestirá a ustedes con mucha más razón, hombres de poca fe?”
(Mat. 6:28-30) Para Cristo, las flores declaran el cuidado constante de Dios. ¿Qué
significan para usted las flores?
Para muchos hombres y mujeres las flores son más que creaciones de belleza
decorativa. Son delicadas cosas vivas que excitan la imaginación. Inspiran fe en Dios y
hacen fluir acción de gracias y alabanza a él. Las formas frágiles de las flores y los
colores infinitos de la perfección revelan un Dios que toma en consideración las
necesidades y emociones humanas.
“Piense en ello,” dijo un ama de casa, “si tocamos una flor puede marchitarse, ¡sin
embargo, esa misma flor es lo bastante fuerte como para sobrevivir ilesa un aguacero!
Es simplemente maravilloso.” En una entrevista dijo que las flores significan muchas
cosas: cariño afectuoso, comprensión, aprecio y, quizás ante todo, amor tierno. Le
gustaban las flores.
Las flores a través de los siglos
El aprecio a las flores es una cosa que el hombre de la antigüedad y el hombre moderno
han tenido en común. Los babilonios, los egipcios, los medos y los persas eran hábiles
en su uso decorativo de las flores. Sus parques estaban diseñados espléndidamente y sus
mesas de fiestas y banquetes a menudo estaban decoradas con imponentes jardines en
miniatura. ¡Según una inscripción, el rey Ramsés III de Egipto donó no menos de
500 jardines y 19 millones de ramos de flores en honor del dios Amón!
Cuando Egipto llegó a ser una provincia del Imperio Romano, el arte antiguo de la
decoración floral comenzó a mostrar su influencia en Roma. En las cortes de Nerón, en
los grandes banquetes se acostumbraba acompañar a los invitados al interior sobre una
alfombra de pétalos de flores y ofrecerles también una guirnalda de rosas, que, cuando
se colocaba sobre la cabeza, tenía un efecto refrescante.
Algunas de las formas más artísticas de la decoración florales le han llegado al hombre
moderno desde el Japón. La habilidad y pericia de los japoneses en este campo están
asociadas estrechamente con el amor profundamente arraigado que tienen a la tierra.
Jardines dentro de la casa
Cuando los jardines de flores se mudan de afuera a dentro de la casa, sucede algo
maravilloso. Las flores se convierten en compañeras íntimas. Los antepechos de las
ventanas se forran con plantas en macetas, y los ramos de flores avivan las habitaciones.
Cada nuevo vástago es algo importante. A cada nueva hoja se le observa desde la
infancia más temprana. Cada flor llega a ser una amiga personal, prácticamente una
huéspeda en el hogar. Desde la pequeña protuberancia hasta la madurez cabal,
difícilmente se pierde un paso a esta belleza del crecimiento floral.
Algunas personas se deleitan especialmente con las flores fragantes. Cuando el invierno
realmente está en su apogeo, ¡cómo se echa de menos la fragancia floral del exterior!
Un jardín dentro de la casa hace que uno disfrute de algo de esa fragancia del verano
durante todo el año. A menudo esto determina las flores que se escogen para la casa.
Obsérvelas abrirse y esparcir su fragancia por toda la casa. Hay plantas cuyas hojas,
cuando se trituran suavemente, perfuman los dedos de uno con una variedad de aromas
refrescantes. ¡Qué deleitables dones de fragancia!
Arreglos florales
El crear un arreglo floral es un gran arte. Significa más que el meter flores en un florero.
Los japoneses dicen que cada tallo, hoja y flor es una parte vital de un modelo, y que
aun el espacio que hay entre ellos se puede usar con buen provecho. Ramitas y flores de
diversas longitudes, arregladas donosamente, a menudo producen, en combinación,
composiciones magníficas.
No siempre se necesita un ramo grande para producir un buen efecto. Una lata de cobre
con unas cuantas zinias de colores brillantes o girasoles amarillos colocados contra un
fondo de color claro puede obrar maravillas para una habitación. El efecto que se
produce es como haber corrido a los lados las cortinas y haber permitido que el Sol
brillara adentro. Unos cuantos pensamientos en la cocina o un pequeño tarro de loza de
barro con campanillas blancas o anémones levantan el ánimo. Le dan a uno la idea de
que alguien le está sonriendo todo el día. ¡Y qué felices son esas sonrisas!
Los tallos largos resaltan con el mayor provecho cuando se colocan en floreros altos,
pero hay que tener cuidado para que el ramo no se convierta en una “escoba.” A fin de
mantener todo el arreglo tan natural y sereno como sea posible, hay que desplegar los
tallos en forma de abanico desde un punto central y no echarlos juntos en un modelo
entrelazado.
El diseño requiere que haya una relación planeada entre las flores, las hojas y el
recipiente. En un florero en miniatura, solo se utilizan flores muy pequeñas. Las flores
muy grandes requieren un recipiente que sea lo bastante grande para contenerlas. Una
composición pequeña puede colocarse sobre una mesa o escritorio pequeño. Para una
mesa grande, fuerte, en una habitación espaciosa, queda bien un arreglo voluminoso
dentro de un recipiente adecuado. De modo que el arreglo floral requiere equilibrio.
Observando cuidadosamente los arreglos florales hechos con buen gusto en los
escaparates de las florerías, se puede aprender mucho. En una composición de colores
combinados, cada color se puede usar en grupos o montones, en vez de esparcirlo como
en una tela escocesa listada a cuadros. Con pocas excepciones, las flores no se colocan
una directamente encima de la otra ni en escalones ordenados.
En cuanto a los recipientes, en general, los colores neutrales son los mejores, porque
éstos se pueden usar para muchas flores diferentes. El verde gris, el blanco antiguo y el
gris pálido serían colores bien escogidos para éstos. Deben ser de forma sencilla y
agradable a la vista.
Flores para toda estación
Toda estación tiene su belleza que puede ser llevada bajo techo; ninguna estación le
falla al hombre. Durante los meses de invierno, se puede disfrutar a grado cabal de la
hamamelis y el endrino. La primavera nos regocija con la magnolia decorativa, las
delicadamente matizadas flores del ciruelo, el durazno y el cerezo, las candelillas del
aliso y del sauce y el rododendro temprano. El verano hace muy fácil que nos
proveamos de una extensa variedad de arbustos en flor, como el laburno, el majuelo o
espino blanco y el jazmín, mientras que los tallos cortados de los asteres, el bérbero
rojo, el abrojo de fuego y el aladierno de mar anaranjado, para mencionar solo unos
cuantos, son en el otoño especialmente adecuados para crear una decoración floral
excepcional. Una bandeja de barro sencilla, con la ayuda de unas cuantas ramas de
arbustos de bayas, puede transformarse en un despliegue fascinante de belleza del
exterior dentro de su sala.
De hecho, una sola rama de arbusto de forma caprichosa, colocada en una jarra o botella
de cuello angosto, puede llegar a ser una creación peculiarmente artística y motivo de
conversación en el hogar. Las bayas hermosas u hojas de colores espléndidos de ciertas
clases de arbustos proporcionan decoraciones muy adecuadas que establecen como un
puente de una estación a la siguiente sin confusión.
Así por el estilo podríamos seguir explorando otros medios y maneras de poner el don
deleitable de Dios al hombre —su hermosa creación vegetal— dentro de nuestro
alcance, especialmente si normalmente no podemos salir a campo raso y disfrutar de la
belleza excitante del exterior.
¡Qué intenso gozo tendrán los que vivan para ver el día en el cual el Creador del
universo estime que es su tiempo señalado para dar a su promesa de un paraíso
espiritual también un cumplimiento físico: “Desierto y yermo alégrense, exulte de júbilo
la estepa y florezca como el cólquico. Brote lujuriante y exulte; exulte, sí, y dé gritos de
júbilo”!—Isa. 35:1, 2, Bover-Cantera.
Las flores... maravillas de la creación
¡QUÉ maravilloso es plantar semillas de diferentes clases en el mismo suelo y luego ver
abrirse flores de tanta variedad y belleza! ¡Sus espléndidos colores y deliciosas
fragancias regalan los sentidos!
Es cierto: quizás alguien diga que el color y la fragancia de las flores son necesarios
para atraer a los insectos que polinizan las plantas. Pero si esa fuese la única razón de
tanta belleza, variedad y fragancia, ¿a qué se debe que las flores proporcionen tanto
deleite al hombre? ¿Por qué nos infunden esa sensación de sosiego y bienestar?
Sin duda, el contemplar unas bonitas flores tiene un buen efecto en el ánimo. Un
colorido ramo de flores puede alegrarle el día a una esposa o a una madre, reconfortar a
un amigo enfermo, alentar un corazón deprimido y hasta hacer que brote la amistad y
florezca el amor. El pasear por un campo cubierto de flores es verdaderamente una
experiencia enriquecedora. Y ¿cuál es la ventana que no se ha visto hermoseada, la
cocina que no ha sido realzada o la sala de estar que no se ha transformado por la
presencia de hermosas y delicadas flores? ¡Qué triste sería el mundo sin flores!
Las doscientas cincuenta mil variedades de flores no son fruto de la casualidad. Son una
expresión del amor que siente nuestro Creador, Jehová Dios, por la familia humana. Y
aunque el hombre actualmente está estropeando la belleza de la Tierra, pronto llegará el
tiempo en que esta será convertida en el paraíso que Dios se propuso que fuese. En ese
tiempo, como la Palabra inspirada de Dios predice: “Se alegrarán el desierto y el
sequedal, y el yermo se regocijará y florecerá como la rosa. Florecerá abundantemente y
se regocijará hasta con alborozo y con canciones”. (Isaías 35:1, 2, Versión Moderna.)
Bibliografías:
https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/101970604
https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/101987565