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Sensualismo

Este documento discute el principio de sensualismo de Ludwig Feuerbach. 1) Feuerbach sostiene que la experiencia sensorial es la base de la conciencia humana y que la religión es una proyección de la naturaleza humana. 2) Según Feuerbach, los seres humanos han creado dioses a su imagen y semejanza, atribuyéndoles sus propias características. 3) El principio de sensualismo defiende que la religión aliena al ser humano de su propia esencia.
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Este documento discute el principio de sensualismo de Ludwig Feuerbach. 1) Feuerbach sostiene que la experiencia sensorial es la base de la conciencia humana y que la religión es una proyección de la naturaleza humana. 2) Según Feuerbach, los seres humanos han creado dioses a su imagen y semejanza, atribuyéndoles sus propias características. 3) El principio de sensualismo defiende que la religión aliena al ser humano de su propia esencia.
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Universidad Anáhuac

Maestría en Humanidades

Principio de sensualismo

Diana Celeste Bejarano Padierna

Marzo de 2023

Principio de sensualismo
Relacionarlo con el materialismo de Feuerbach

Introducción

El principio de sensualismo de Feuerbach sostiene que el ser humano es un ser sensual, que
experimenta el mundo a través de sus sentidos y que la conciencia humana surge de la
experiencia sensorial. Según Feuerbach, la religión y la filosofía tradicional se han alejado
de esta verdad fundamental y han creado una realidad imaginaria y abstracta.

Feuerbach argumenta que la religión es una proyección de la naturaleza humana y que los
dioses son simplemente una creación de la imaginación humana. Según él, los seres
humanos han creado dioses a su imagen y semejanza, y les han atribuido características que
ellos mismos poseen.

De este modo, Feuerbach afirma que la religión aliena al ser humano de su propia
naturaleza, de su propia esencia, y le hace depender de algo externo a sí mismo. Según él,
la religión debe ser superada para que el ser humano pueda reconocer su verdadera
naturaleza y vivir plenamente en el mundo.

En resumen, el principio de sensualismo de Feuerbach defiende que la experiencia sensorial


es la base de la conciencia humana y que la religión es una proyección de la naturaleza
humana que aliena al ser humano de su propia esencia.

Palabras clave

Principio de sensualismo, Hegel, cristianismo, Marx

Se llama así a aquella doctrina según la cual todos los fenómenos psíquicos superiores
tienen su origen último en los sentidos. Desde el punto de vista gnoseológico, es una forma
de empirismo. Pero el empirismo no se limita solamente a la percepción sensible, mientras
que el sensualismo entiende que ésta es la única fuente de conocimiento.

La postura sensualista extrema corresponde en la Historia a Epicuro. Pero de un modo más


radical aparece en filósofos como Hobbes, Feuerbach, Czolhe, Avenarius, Rudolf Willy y,
especialmente, Condillac.
Con La esencia del cristianismo se abre, dentro de las filas de la "izquierda hegeliana", una
nueva época. Por ella, en palabras de Engels, todos fuimos feuerbachianos. Y Marx, ya en
1842, exhortaba a los teólogos y filósofos especulativos a dejar a un lado los conceptos y
prejuicios del pasado especulativo, para llegar a la verdad que, a través de Feuerbach, les
llegaba, y mostrando su ardor por la obra de Feuerbach, en su Lutero, árbitro entre Strauss
y Feuerbach, escribía lo siguiente: "Avergonzaos, cristianos, nobles y plebeyos, doctos e
ignorantes, avergonzaos de que un Anticristo deba mostraros la esencia del cristianismo en
su verdadera forma"1. El entusiasmo que suscitó La esencia del Cristianismo obligó a
Feuerbach, en 1848, a salir, por un breve periodo, de su aislamiento para impartir algunas
lecciones en Heidelberg, sin participar, sin embargo, en las actividades políticas. No
obstante el encerrarse dentro de sí mismo, en la profundidad de sus problemas filosóficos,
en el cultivo de la ciencia, como su verdadera actividad, no impidió que Fritz Kapp
escribiera a propósito de Feuerbach: "ha destruido la paz en muchas familias. Los viejos
maldicen y protestan, los jóvenes lo admiran y lo aman".

Con La esencia del cristianismo, Feuerbach se proponía demostrar que los atributos que
nosotros adjudicamos a Dios, no son sino los mismos deseos y sentimientos del hombre
sublimados. En 1843 publica dos escritos con finalidad antimetafísica: Tesis provisorias
para la reforma de la filosofía y Principio de la filosofía del porvenir. Volviendo al estudio
de la crítica a la religión, después de corregir su Esencia del cristianismo Feuerbach escribe
en 1844 La esencia de la fe según Lutero y en 1845 La esencia de la religión. En una carta
de Marx, con fecha 11 de Agosto de 1844, el Lutero y los Principios de Feuerbach son
mostrados como los escritos que han dado "al socialismo un fundamento filosófico", y en
tal sentido, según Marx, fueron interpretados por los comunistas.

Con Feuerbach no muere ni su amor por el hombre sensible, ni su crítica a la religión. Ésta
será la labor de Marx. El hombre que Feuerbach intentó liberar no fue, ciertamente, el
hombre del iluminismo o del romanticismo, sino el hombre de carne y hueso, aquél de
quien el mismo Feuerbach decía: "el hombre es lo que come".

Lo trató de liberar de la alienación religiosa, o sea, según el mismo Feuerbach, del impulso
más puro del hombre y por consiguiente el más fuerte de romper: la divinización de las

1
Marx, K. (1969), "Manuscritti Economici Filosofici del 1844
aspiraciones del hombre. De esta manera, el punto de partida de
la antropología materialista de Feuerbach es el hombre, el hombre sensible, "el hombre
natural", aquel hombre que ocupara el último pensamiento de Feuerbach.

Cierto, por otra parte, la obra de Feuerbach se quedó, según el juicio de Marx, en el
terreno especulativo y su hombre-Dios bastante indefinido, y también, como piensa Engels,
"no supo aportar nada positivo (a la filosofía de Hegel), más que una ampulosa religión del
amor y una moral pobre e impotente".

Conviene precisar que fue Feuerbach quien llevó la crítica de la religión "al hombre de la
calle", rompiendo el estrecho círculo que la encerraba en la izquierda hegeliana. Feuerbach,
además, sintetizaba la crítica a la religión de todos sus predecesores, desde Espinoza hasta
Hegel. Así lo creía. Por esta razón, Marx podía decir que, con Feuerbach, la crítica religiosa
estaba sustancialmente terminada. Marx, pues, no sólo aceptaba el "humanismo" positivo y
real de Feuerbach: "De Feuerbach es de donde sale la crítica humanista y naturalista
positiva" no solamente lo consideraba como el "verdadero vencedor de la vieja filosofía"
por haber probado que "la filosofía (la vieja) no es otra cosa que la religión transformada en
pensamientos, y que, por consiguiente, es otra forma y otra manera de alienación" sino que
toma, fundamentalmente, y al principio de una manera total, su crítica a la religión,
reservándose, después, de criticar, tanto su 'humanismo', como su 'religión', sobre todo en
sus Tesis sobre Feuerbach. Feuerbach, por consiguiente, a los ojos de Marx, es el iniciador
del nuevo materialismo, del nuevo humanismo. En este sentido, Feuerbach termina con
el ateísmo clásico tradicional, que negaba la existencia de Dios de una manera negativa, e
inicia un ateísmo de tipo positivo que trata de "engrandecer al hombre", de destruir el mito-
Dios precisamente para convertir al hombre, como dice Marx, en el ser supremo.

"Los marxistas, escribe C. Fabro, ven a Feuerbach el teórico del nuevo ateísmo, o sea, del
positivo, y constructivo, en cuanto tiene por objeto a diferencia del ateísmo del
materialismo metafísico, no la crítica de Dios, sino la interpretación y la construcción del
hombre" (Fabro, 1962: 41). Ya desde sus Principios de la filosofía del porvenir convierte al
hombre en el objeto único, universal y supremo, haciendo de la antropología una ciencia
universal. Su crítica a la religión habrá que interpretarla, por consiguiente, a la luz de un
humanismo radical y exclusivo.
Feuerbach: La "Inversión" de Hegel

Uno de los puntos débiles de la filosofía de Hegel era la explicación de la naturaleza. De tal
manera Hegel estaba convencido de la imperfección de la naturaleza en relación con el
espíritu que no se inquietaba en lo más mínimo. "Si los hechos -decía-, no se adaptan a las
leyes de la filosofía, peor para los hechos".

Feuerbach, por el contrario, consciente de este "pecado" de la filosofía hegeliana, proponía


como esencial y original la naturaleza, no la idea. Si una filosofía, afirmaba, no es capaz de
explicar los hechos, peor para la filosofía, no para los hechos.

Para Feuerbach, la "idea absoluta" y la "preexistencia de las categorías lógicas", de Hegel,


no eran sino "el residuo fantástico de la fe en un creador ultraterreno", y el mundo material
y sensible era el "solo mundo real". La materia, pues, no era un producto del espíritu, sino
al contrario, el espíritu era el producto más alto de la materia. La "inversión" de Hegel, por
consiguiente, estaba consumada.

En el terreno religioso, según Feuerbach, el hombre debe ocupar el lugar de Dios: tomar
como fin "aquello que la religión presenta como medio, exaltar a la dignidad de principio,
de cosa esencial, de causas, aquello que para la religión es cosa secundaria, accesorio,
condición"2.

Según Feuerbach, el hombre, en la religión, era solamente un medio, una condición para
llegar a Dios, la única cosa importante. El amor, por la religión, se convertía en un
sentimiento puramente aparente e ilusorio: "el amor religioso, decía, no ama al hombre sino
por el amor de Dios, o sea, ama al hombre sólo aparentemente, en realidad ama a Dios"

Feuerbach, al mismo tiempo, consideraba la filosofía de Hegel como una teología


enmascarada, desde el momento que Hegel, aunque sí sostenía el absoluto inmanente y no
trascendente, proponía, después de todo, una "reconciliación" dentro del mundo, en sus
instituciones, por consiguiente, alienante.

Para Feuerbach, el espíritu infinito o absoluto de Hegel era el mismo espíritu finito,
alienado de sí mismo. Se debería, pues, reducir el infinito al finito, no el finito al infinito.
"Hegel parte del infinito, porque toma como punto de partida todavía el antiguo punto de
2
Feuerbach, L. (1993), Escritos entorno a la esencia del cristianismo, Madrid: Tecnós.
vista metafísico del absoluto y del infinito, y de esta manera descubre en el infinito la
necesidad de la limitación, de la determinación, de la finitud; yo, en cambio, meto el
infinito en el finito".

De aquí la necesidad, según Feuerbach, de cambiar los términos: hacer del hombre el
sujeto y de Dios el predicado, al contrario de la religión. No atribuir a Dios el ser y al
hombre solamente la conciencia.

Si, por consiguiente, como dice la filosofía hegeliana, Dios es conciencia de sí en la


conciencia que el hombre tiene de Dios, la conciencia humana es por sí una conciencia
divina. ¿Por qué, pues, alienar del hombre su conciencia y hacer la autoconciencia de un ser
diverso de él? ¿Por qué atribuir a Dios el ser y al hombre solamente la conciencia? ¿Dios
tiene su conciencia en el hombre y el hombre su ser en Dios? ¿La conciencia que el hombre
tiene de sí es la conciencia que el hombre tiene de Dios? ¡Qué absurdo y qué
contradicción! Cambiemos los términos y obtendremos la verdad: el conocimiento que el
hombre tiene de Dios es el conocimiento que el hombre tiene de sí mismo, de su propia
naturaleza3.

Feuerbach, por consiguiente, según sus palabras, trataba de poner al hombre sobre sus
propios pies y no, como se encontraba en Hegel, de cabeza. Si criticaba la Idea absoluta de
Hegel, era porque esta Idea hegeliana, sujeto absoluto real, aunque impersonal, hacía las
veces del Dios de la religión. Permanecía todavía —relativamente— distinta del hombre, y
no podía evitar de caer en otra contradicción: el de quitar al hombre una existencia
absoluta, reduciéndola a un simple modo de un sujeto, o sea, el pensamiento trascendente,
colocado fuera del mismo hombre. Feuerbach, por esta razón, se adhiere al materialismo,
como principio de todo pensamiento, autosuficiente, sin renunciar, por lo demás, a una
visión filosófica que lo obliga a usar todavía los términos religiosos hegelianos
de finito e infinito de perfecto y de divino, aplicándolos al hombre, con la ilusión de realizar
una síntesis perfecta, y construir la verdadera religión, la religión del amor, en donde el
amor sentimental, inclusive el sensual, obtenga un lugar de privilegio

El esfuerzo de Feuerbach por realizar esta síntesis del infinito y del finito en el hombre, de
conciliar el corazón con el pensamiento, su fe en la naturaleza, en la ciencia y en el
3
Ídem. pp276
progreso, encontró una grata acogida entre todos aquellos que se consideraban herederos de
la crítica religiosa del siglo XVIII.

Feuerbach: El Hombre

La vieja filosofía, para Feuerbach, terminaba reduciéndose a la teología y la contradicción


que había desaparecido, abstractamente, en el entendimiento, se encontraba todavía en el
corazón. En cambio, "la nueva filosofía es la resolución completa, absoluta, coherente, de
la teología en antropología", haciendo del hombre "su objeto único, universal y supremo,
convirtiéndose la antropología en ciencia universal".

Si Hegel, pues, había convertido la religión en "razón" y, en último término, en filosofía,


Feuerbach, optando por "el hombre" concreto y sensible, convierte la teología en
antropología.

La inversión de Hegel, por consiguiente, según Feuerbach, está terminada. Su crítica, de


aquí en adelante, partirá del conocimiento psicológico del hombre concreto, ya no de los
conceptos hegelianos de finito e infinito.

Feuerbach se esforzará en demostrar que la distinción entre el hombre y lo divino no es sino


una ilusión, y que, por consiguiente, el objeto y el contenido de la religión cristiana
son cosas puramente humanas. "Nuestra tarea, es demostrar que la distinción entre lo que
es humano y lo que es divino, no es más que ilusoria, que no es más que la distinción entre
la esencia de la humanidad, entre la naturaleza humana y el individuo; y que, por
consiguiente, el objeto y la doctrina cristiana son humanos y nada más".

Conclusión

Su filosofía será, pues, el intento de convertir en antropología no sólo la teología, sino


también la filosofía especulativa. La conciencia religiosa, así como la especulación
hegeliana, tendrían que ser acusadas de falsa conciencia, ya que "solamente la verdad que
se ha convertido en carne y en sangre puede ser tenida como verdad"

El hombre, para Feuerbach, debe tener sólo un amor: el hombre; una religión: la religión
del hombre. "El hombre es el Dios del hombre: 'homo homini Deus'.
Para Feuerbach, el Dios hecho hombre, en el cristianismo, no es sino "la manifestación del
hombre hecho Dios", ya que la elevación del hombre a Dios es primero que el rebajamiento
de Dios al hombre. "El hombre era ya un Dios, era ya uno mismo, antes que Dios se
convirtiese en hombre, o sea, haya aparecido como hombre"4.

Este humanismo, sin Dios, de Feuerbach, en donde el hombre es objeto y criterio, realidad
perfecta, absoluta, principio de sí y de todas las cosas, es lo que Ruge llamaba humanismo
absoluto.

Para Feuerbach, este humanismo no debe ser considerado un "ateísmo". "No pretende,
escribe Engels, en modo alguno, acabar con la religión; lo que él quiere es perfeccionarlo".
No persigue una "irreligión", sino "la verdadera religión", en donde "el amor sexual acaba
siendo una de las formas supremas, si no la forma culminante, en que se practica su nueva
religión".

Feuerbach, por consiguiente, no tiene la intención de suprimir la religión, sino, más


bien, superarla (aufgehoben), de una manera semejante a la "inversión" que hace del
cristianismo: la enseñanza del cristianismo histórico consistía en que Dios se había hecho
hombre; ahora un cristianismo verdadero debería enseñar que el hombre debe convertirse
en Dios. Sin embargo, Feuerbach no escapará, al fin de cuentas, a la acusación del
"ateísmo", ni a las críticas de Marx y Engels sobre su "religión". "Cuando Feuerbach se
esfuerza en establecer a base de una interpretación sustancialmente materialista de la
naturaleza, es como si se empeñase en concebir la química moderna como la verdadera
alquimia. Si la religión puede existir sin su Dios, la alquimia puede prescindir también de
su piedra filosofal".

Por esta razón, Feuerbach sigue siendo, para Marx un teólogo, un "teólogo crítico", incapaz
de hacer una crítica verdadera, ya que ha postulado un hombre todavía ideal, un dios
con categorías ideales, al igual que el Dios de la religión que criticaba. Feuerbach no
explicará, según Marx, —ya que lo hará de una manera intelectual e idealista— los
orígenes de la alienación religiosa. El hombre resulta, pues, para Feuerbach la primera
realidad y no Dios. Éste no es sino la imagen del hombre.

4
Ídem pp 275
El misterio de la religión, para Feuerbach, consiste en que el hombre "proyecta el propio ser
fuera de sí mismo y después lo hace objeto de este ser metamorfoseado en sujeto, en
persona". Al mismo tiempo, la miseria de la religión se manifiesta en que este mismo
hombre no reconoce que su Dios o sus dioses no son otra cosa que "deseos, realizados, el
más grande deseo, la suma fortuna del filósofo, del pensador".

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