Revista Derecho UACH 2022
Revista Derecho UACH 2022
DERECHO PRIVADO
Algunas consideraciones acerca de las decisiones del final de la vida en Chile, a propósito del proyecto
DERECHO PÚBLICO
La obligación internacional de evaluación de los impactos ambientales transfronterizos y su aplicación
en Chile. Dominique Hervé Espejo, Dusanka Inostroza Skaric
La relevancia del encuadre para la articulación de transiciones legales. Ángeles Fernández Grossetête,
Matías Guiloff Titium
La construcción del estándar en la responsabilidad de Gendarmería por la jurisprudencia de la Corte
Suprema, Rodrigo Parra Salamanca, José Guillermo Alveal Leiva
El caso de la “Ley Pascua”. Un enfoque más allá del todo o nada. Luis Villavicencio Miranda, Yanira
Zúñiga Añazco
DERECHO MIGRATORIO
Análisis de la expulsión de los extranjeros en Chile desde 2012 a 2020. Martina Cociña Cholaky
Un análisis de la jurisprudencia reciente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en materia de
inmigración irregular por ingresos clandestinos. Jacqueline Hellman Moreno ISSN 0716-9132 / 0718-0950 (versión digital)
El procedimiento de retorno asistido de los niños, niñas y adolescentes extranjeros no acompañados o
separados de sus referentes familiares en la normativa migratoria chilena. Isaac Ravetllat Ballesté
DERECHO PROCESAL
Análisis cualitativo de problemas relativos a confidencialidad de la declaración de niños, niñas y
adolescentes ante los Tribunales de Familia. Francesco Carretta Muñoz, Marcelo Barría Bahamondes
DERECHO PENAL
El principio de taxatividad en la jurisprudencia constitucional mexicana. Roberto Fonseca Luján
Justicia Restaurativa y sus respuestas frente al conflicto penal. Responsabilidad y reparación. Raúl
Carnevali Rodríguez
Interferencia del miedo insuperable en el estado de necesidad. Rodrigo Guerra Espinoza
JURISPRUDENCIA COMENTADA
Infracciones instantáneas con efectos permanentes en el derecho ambiental: un caso pionero (Corte
Suprema), Claudio Tapia Alvial
La protección integral de los derechos humanos de la niñez bajo el cuidado del Estado como un deber
transversal (Corte Suprema), María Paz Jara Leiva
El crédito con aval del Estado como excepción al discharge en la legislación concursal (Corte Suprema),
Sofía Saralegui Aravena
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Santa Elena 1955
Santiago de Chile
Revista de Derecho (Valdivia) Volumen XXXV - Nº 1 Junio 2022
REVISTA DE DERECHO
(Valdivia)
EDITORES ASOCIADOS
Leticia Morales
Profesora Asociada, Instituto de Derecho Privado y Ciencias del Derecho,
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Austral de Chile
Yanira Zúñiga Añazco
Profesora Titular, Instituto de Derecho Público, Facultad de Ciencias Jurídicas
y Sociales, Universidad Austral de Chile
Andrés Bordalí Salamanca
Profesor Titular, Instituto de Derecho Público, Facultad de Ciencias Jurídicas
y Sociales, Universidad Austral de Chile
CONSEJO ASESOR
María Casado González (U. de Barcelona, España)
José Luis Cea Egaña (Pontificia U. Católica de Chile)
Hernán Hormazábal Malarée (U. de Gerona, España)
Aída Kemelmajer de Carlucci (U. Nacional de Cuyo, Argentina)
Humberto Nogueira Alcalá (U. de Talca, Chile)
Luciano Parejo Alfonso (U. Carlos III de Madrid, España)
Roberto Romboli (U. de Pisa, Italia)
Ruth Rubio Marín (U. de Sevilla, España)
Agustín Squella Narducci (U. de Valparaíso, Chile)
ÍNDICE
Investigaciones
¿Por qué disienten los jueces? Un estudio empírico del comportamiento judicial de la Corte Suprema
en materia de prescripción indemnizatoria contra el Estado en casos de derechos humanos. Diego
Pardow Lorenzo, Flavia Carbonell Bellolio 9
Algunas consideraciones acerca de las decisiones del final de la vida en Chile, a propósito del
proyecto de ley sobre muerte digna y cuidados paliativos. Gabriel Muñoz Cordal 37
La voluntad común como límite de la buena fe en la integración del contrato. Adrián Schopf Olea 59
El abuso de la libertad de empresa en los contratos por adhesión: un nuevo enfoque para el aná-
lisis de las cláusulas abusivas. Julio Alvear Téllez, Francisca Barrientos Camus, Jaime
Alcalde Silva 79
El caso de la “Ley Pascua”. Un enfoque más allá del todo o nada. Luis Villavicencio Miranda,
Yanira Zúñiga Añazco 167
Análisis de la expulsión de los extranjeros en Chile desde 2012 a 2020. Martina Cociña Cholaky 191
Interferencia del miedo insuperable en el estado de necesidad. Rodrigo Guerra Espinoza 323
Jurisprudencia comentada
Infracciones instantáneas con efectos permanentes en el derecho ambiental: un caso pionero (Corte
Suprema), Claudio Tapia Alvial 347
La protección integral de los derechos humanos de la niñez bajo el cuidado del Estado: un deber
transversal (Corte Suprema), María José Paz Jara Leiva 355
El crédito con aval del Estado como excepción al “discharge” en la legislación concursal (Corte
Suprema), Sofía Saralegui Aravena 367
Recensiones
DOI: 10.4067/S0718-09502022000100009
Resumen
Este trabajo utiliza una aproximación empírica para explicar la propensión a disentir de los
jueces de la Corte Suprema de Chile, utilizando como muestra las sentencias que resolvieron
disputas acerca de la prescripción de la responsabilidad del Estado en materia de derechos hu-
manos. Aunque su composición varía, existen dos coaliciones estables dentro del tribunal: una
más extensa y homogénea que empuja hacia la unanimidad, y una más pequeña y heterogénea
que empuja hacia la disidencia. Por su parte, aunque la carga de trabajo del tribunal es alta y
se extiende a diversas materias, las disidencias se concentran en casos acerca de responsabilidad
del Estado por violaciones a los derechos humanos. Ello permite discutir si las decisiones de estos
jueces revelarían una preferencia política, un comportamiento estratégico o una postura legalista.
Finalmente, esta investigación adapta la metodología tradicional del análisis empírico de las
disidencias, agregando como factores relevantes una baja proporción de sentencias divididas, una
alta carga de trabajo del tribunal y cierta inestabilidad en su composición.
Abstract
This paper uses an empirical approach to explain the propensity to issue dissenting opinions by
the members of the Chilean Supreme Court. Although the composition of the court varies signifi-
cantly, there are two stable coalitions: a large and homogeneous coalition that pushes toward
unanimity, and a small and heterogeneous coalition that pushes in the opposite direction. On the
other hand, whereas the workload of the court is high, and its jurisdiction extends to different
subject matters, the dissenting opinions are concentrated on cases regarding the liability of the
State for violations to human rights. This allows to qualitatively discuss whether the deci-
sions of these judges would be reflecting political preferences, strategical behavior, or a legalist
approach. Finally, this research adapts the traditional methodology of empirical analysis of
dissents, adding as relevant factors the low percentage of divided decisions, the high workload
of the court and an unstable composition.
I. Introducción
1 Hilbink, 2007.
2 Couso, 2003.
3 Couso e Hilbink, 2011, pp. 99-127.
4 La expresión se usa aquí sin atribuirle necesariamente connotaciones negativas y distanciándola de la idea
de arbitrariedad, para describir una práctica judicial que hace mayor uso de los márgenes de discrecionalidad
que el sistema jurídico les proporciona y, dentro de ellos, incorpora valoraciones y tomas de posición frente a los
conflictos sociales. cfr. García y Verdugo, 2013.
5 Pardow y Verdugo, 2015, pp. 123-144.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 11
administración de justicia” (Constitución Política, artículo 78, inciso 4). Una caracterización de la práctica de
nombramientos de los ministros de la Corte Suprema chilena entre 1990 y 2019 puede verse en Hernando
y Sierra, 2019.
9 Los jueces del Poder Judicial chileno tienen prohibición de afiliarse a un partido político (Ley 18.603,
artículo 18) y prohibición de “[m]ezclarse en reuniones, manifestaciones u otros actos de carácter político”
(Código Orgánico de Tribunales, artículo 323).
10 Ver, Pardow y Carbonell, 2018. Tanto el presente trabajo como el anteriormente referido se res-
tringen a la Tercera Sala, debido a una limitación de los recursos disponibles. Como la base de datos utilizada
se construye mediante una codificación manual de las sentencias, y el número de personas disponibles era
limitado, preferimos analizar una misma sala durante un mayor espacio de tiempo. Ello, por oposición a la
comparación del comportamiento de distintas salas, pero en un espacio de tiempo más acotado. A su vez,
la selección de la Tercera Sala dentro de esta restricción de medios obedeció a que tanto Couso e Hilbink,
como Verdugo y García, cuando argumentan acerca del aumento en la polarización de nuestros tribunales,
típicamente se refieren a tópicos constitucionales y contencioso-administrativos. Ese es, precisamente, el
ámbito material de competencia de la Tercera Sala de la Corte Suprema.
12 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
11 Este trabajo utiliza la misma base de datos utilizada en Pardow y Carbonell, 2018. Ello incluye las
cerca de 45 mil sentencias dictadas por la Tercera Sala de la Corte Suprema entre 2009 y 2014, pero excluyendo
las cerca de 30 mil sentencias correspondientes a recursos de protección en contra de prestadores privados de salud.
Las restantes 15 mil causas fueron codificadas manualmente mediante un equipo de ayudantes integrados por
Catalina Ríos, Gustavo Poblete y Cristóbal Santander. Los resultados de dicha recolección de datos fueron
sometidos a controles aleatorios sin que se encontrasen errores significativos.
12 Los estudios empíricos del comportamiento judicial siguen dos grandes aproximaciones metodoló-
gicas: la codificación direccional y el anclaje por coaliciones. El primero implica traducir el resultado de la
sentencia en una dimensión relevante para el análisis, típicamente en un eje “izquierda/derecha” o “liberal/
conservador” (Segal y Spaeth 2002). En contraste, el segundo agrupa a los jueces que tienden a votar juntos,
independientemente del resultado de la sentencia (Ho y Quinn 2010). Nuestro trabajo sigue el segundo de
estos enfoques, con las particularidades que se detallan en el Anexo.
13 Estos ministros coincidieron como integrantes de la tercera sala entre septiembre de 2007 y junio de
2012, fecha en que la ministra Araneda cesa en sus funciones al cumplir 75 años. Se trata de una coalición entre
una ministra de carrera y un ministro académico, externo al poder judicial. Pedro Pierry integró entre diciembre
de 2006, y hasta mayo de 2016, fecha en que cesó en sus funciones por cumplir también 75 años.
14 También en su labor en la Segunda Sala Penal de la Corte Suprema, donde integraba mayoritariamente,
el ministro Brito se mantuvo consistente con sus votos de imprescriptibilidad de la acción civil en casos de
delitos de lesa humanidad. Para conocer los principales hitos de las sentencias penales de la Corte Suprema en
causas de derechos humanos en Chile (1990-2018), véase Delgado, 2018.
15 Pritchett, 1941, pp. 890-98.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 13
de reglas procesales que determinan los jueces y abogados integrantes que resuelven cada
caso, de modo tal que los cinco miembros de la Tercera Sala varían significativamente de
decisión en decisión. En términos porcentuales, incorporar a un ministro perteneciente a
la coalición mayoritaria aumentaría la probabilidad de alcanzar una decisión unánime en
torno al 5%. Al contrario, incorporar a un ministro perteneciente a la coalición disidente
aumentaría en cerca de 15% la probabilidad de alcanzar una decisión dividida.
Este estudio contribuye con la literatura existente en dos sentidos. En primer lugar,
continúa desarrollando una metodología de análisis que responde a las particularidades de
la judicatura en Latinoamérica. Las herramientas utilizadas en Estados Unidos o Europa
fueron desarrolladas para tribunales con una baja carga de trabajo, una composición es-
table y una elevada proporción de sentencias divididas. Contrariamente, los tribunales
colegiados en Latinoamérica tienen una carga de trabajo mucho mayor y las sentencias
divididas siguen siendo una fracción pequeña respecto del total. Además, tratándose de
Chile, la composición del tribunal varía significativamente debido al funcionamiento
en salas y a la participación regular de abogados integrantes. Este trabajo muestra que
las disidencias están asociadas con el comportamiento de los ministros que integran el
tribunal con mayor frecuencia, pero respecto de casos que ocurren con menor frecuencia
y donde la carga de trabajo sería menos rutinaria. Los datos sugieren que la disputa
entre los ministros Pierry, Araneda y Brito en causas concernientes a prescripción de
la acción de responsabilidad extracontractual del Estado permite explicar el comporta-
miento de la Tercera Sala, pero solamente en la medida que el tribunal esté formado por
miembros relativamente estables de ambas coaliciones y respecto de casos similares. En
definitiva, el trabajo propone una conexión entre la proporción de sentencias divididas
y la estabilidad en la composición de las coaliciones.
En segundo lugar, el trabajo contribuye de manera más general con la literatura
latinoamericana de la conexión entre derecho y política en el funcionamiento de los
tribunales superiores; y, concretamente, respecto de la capacidad que tendrían las con-
sideraciones políticas a la hora de explicar el comportamiento de los jueces.
El resto de este trabajo se organiza de la siguiente manera. La segunda sección
muestra una síntesis de la literatura acerca del comportamiento judicial. La tercera sec-
ción revisa el funcionamiento de la Corte Suprema de Chile y describe la base de datos
utilizada. La cuarta sección extiende la metodología utilizada en un trabajo relacionado,
caracterizando las coaliciones por medio de los denominados coeficientes Pritchett. La quinta
sección estima la probabilidad de encontrar una sentencia dividida, relacionándola con
la presencia de ministros determinados, el tipo de materia involucrada y otros aspectos
objetivos del litigio. La última sección sintetiza las conclusiones.
y estratégico. Según el modelo legalista (legal model), las decisiones de los tribunales se
encuentran influidas por los hechos del caso y las fuentes tradicionales del Derecho, sin
que las preferencias políticas cumplan un rol relevante16. Según el modelo actitudinal
(attitudinal model), “las decisiones se explican a la luz de los hechos y teniendo en cuenta
las actitudes ideológicas y valores de los jueces”17. El modelo estratégico o racionalista
sigue los postulados de la rational choice theory, donde los jueces actúan estratégicamente,
en tanto sus elecciones dependen de sus expectativas de las elecciones de otros actores
y están estructuradas por el diseño institucional dentro del que se realizan18. Nuestro
trabajo intenta mostrar la interacción entre estos tres modelos, pero especialmente la
manera en que una disputa esencialmente jurídica tiene también dimensiones políticas
y puede generar un comportamiento estratégico.
En América Latina, los estudios del comportamiento judicial van de la mano con
el debate respecto de la “politización de la justicia”, especialmente la justicia constitu-
cional y procesos de justicia transicional19. Diversos trabajos intentan mostrar cómo los
tribunales constitucionales, o los tribunales supremos que ejercen funciones de judicial
review, se erigen como policy-makers20. Dentro de los factores determinantes para esta
judicialización de la política estaría la estructura institucional del poder judicial21. La
justicia transicional, por su parte, es un escenario intrínsecamente politizado que permite
analizar empíricamente estas preguntas22.
En Chile, las actitudes de los jueces de la Corte Suprema y otros tribunales superiores
frente a casos relacionados con la dictadura militar suelen interpretarse políticamente.
De acuerdo con Mañalich, por ejemplo, la doctrina de la prescriptibilidad revelaría una
posición conservadora y la doctrina de la imprescriptibilidad revelaría una posición
progresista23. No obstante, también es importante tomar en cuenta factores estratégicos.
tados: Sieder, Schjolden y Angell, 2005; Couso, Huneeus y Sieder, 2010; Helmke y Ríos Figueroa,
2011. El artículo Kapiszewski y Taylor, 2008, da cuenta de los principales debates teórico-metodológicos y
críticas al rol de los tribunales latinoamericanos en la política de sus respectivos países.
20 Un panorama reciente de esta literatura latinoamericana en González-Bertomeu, 2019. Véase,
2015. Dos estudios que analizan la relación entre judicialización de la política e independencia en el contexto
latinoamericano son Ríos-Figueroa y Taylor, 2006, y Werneck Arguelhes y Süssekind, 2018.
22 El comportamiento de tribunales de justicia durante regímenes autoritarios en Latinoamérica, y con
posterioridad a ellos, ha recibido especial atención: Helmke, 2005; Skaar, García-Godos y Collins (eds.),
2016; Ginsburg y Moustafa (eds.), 2008; Carmody, 2018; González-Ocantos, 2020. Sobre el caso
chileno, destacan los estudios de Couso, 2005; Collins, 2010; Collins, 2010; Hilbink, 2003; Hilbink,
2007; y Huneeus, 2010.
23 Mañalich, 2010. Incluso más, las posiciones en favor de la prescriptibilidad de la acción civil son
consideradas como justificadoras de la dictadura militar. Por otra parte, existe una cuestión lingüística que sí
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 15
La introducción caracterizaba a la Corte Suprema como un tribunal con una alta carga
de trabajo, una baja propensión a disentir y una composición que varía mucho entre un
parecería más sintomática de la postura política de cada juez, y que se refiere a las expresiones que se usan para
referirse al período entre 1973 y 1989: “dictadura” y “pronunciamiento militar”. Acerca de cómo el lenguaje
de los jueces puede reflejar ideología, véase Philips, 1998.
24 Helmke y Ríos-Figueroa, 2011.
25 Kapiszewski, 2011.
26 Walker, 2018.
27 Pardow y Carbonell, 2018.
16 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
caso y otro. Empecemos discutiendo esta última característica. Desde una perspectiva de
diseño institucional, es importante considerar que la Corte Suprema funciona dividida
en salas, las que a su vez son integradas por ministros y abogados integrantes 28. La Corte
Suprema de Chile está compuesta por 21 ministros titulares y 12 abogados integrantes,
quienes se distribuyen en salas de 5 miembros29. Esta distribución se realiza por la propia
Corte Suprema, quien generalmente asigna 5 ministros titulares y 3 abogados que in-
tegran preferentemente cada sala en atención a sus especialidades (Código Orgánico de
Tribunales, artículo 217). La determinación de los miembros que finalmente conocerán
cada caso, sin embargo, depende de un sistema de reglas bastante complejo30.
Este trabajo se concentra en la Tercera Sala. La Tabla 1 resume los patrones de
votación de los ministros de la Tercera Sala de la Corte Suprema, considerando los cerca
de 800 casos resueltos por una sentencia dividida entre 2008 y 2012. Ello corresponde
a los primeros 5 años recogidos en Pardow y Carbonell 31, a lo que se agregaron las
sentencias unánimes pronunciadas por esta sala durante ese mismo período. Dentro de
este quinquenio, más de 50 personas diferentes integraron la Tercera Sala de la Corte
Suprema. Ahora bien, hay que tener en cuenta que el nivel de participación de cada
una es bastante heterogéneo. Los cuatro ministros con mayor participación promedian
cerca de 600 vistas de la causa, mientras que los siguientes 10 miembros del tribunal
promedian 120. Durante nuestro periodo de estudio, la primera cantidad equivaldría a
integrar la sala cerca de 10 veces al mes y la segunda cantidad cerca de 2 veces al mes.
Ello contrasta con 32 jueces y abogados integrantes que promedian menos de 8 parti-
cipaciones en total, lo que sería equivalente a integrar la sala una vez cada 6 meses. En
definitiva, la composición de la Tercera Sala efectivamente varía de un caso a otro, pero
en una proporción acotada de casos. Cerca del 90% de las sentencias fueron decididas
28 Los abogados integrantes son jueces sustitutos que integran los tribunales superiores frente a la
ausencia de los ministros titulares y son nombrados por el presidente de la República a propuesta de una lista
elaborada por la propia judicatura (Código Orgánico de Tribunales, artículo 219). Para un análisis crítico
de esta institución, véase Verdugo y Ottone, 2012.
29 El sistema de salas fue establecido en una reforma de 1995, dirigida a fomentar la estabilidad y
especialización de la Corte Suprema, véase Carocca, 1998, p. 72. En su funcionamiento ordinario, la corte
tiene tres salas especializadas por materias: la Primera Sala o Sala Civil, la Segunda Sala o Sala Penal y la Tercera
Sala o Sala Constitucional y Contencioso Administrativa. A su vez, en el funcionamiento extraordinario se
agrega la Cuarta Sala o Sala Laboral y Previsional, que conoce de los recursos sobre materias laboral, previsional,
cobranza laboral y previsional, familia, minería, y de los demás asuntos que le corresponda conocer a la Corte
Suprema y que no estén entregados expresamente al Tribunal Pleno o a otra Sala. Desde hace décadas, sin
embargo, el denominado funcionamiento extraordinario constituye la regla general.
30 Cada sala debe funcionar con al menos 3 ministros titulares (Código Orgánico de Tribunales, artículo
218), quienes pueden ausentarse por diferentes razones (v.g. enfermedad, dedicación preferente a casos
específicos, labores administrativas dentro la judicatura, etc.). Los abogados integrantes son generalmente
invitados a integrar la sala según especialidad y por orden de antigüedad, existiendo bastante libertad para
solicitar la exclusión de un abogado integrante (Código Orgánico de Tribunales, artículos 194 y ss.). Todo lo
anterior hace que sea bastante difícil anticipar con certeza la composición de cada sala, replicando la lógica
de los sistemas de integración aleatorios que típicamente se utilizan en muchas partes del mundo. Véase,
por ejemplo, Chilton y Levy, 2015.
31 Pardow y Carbonell, 2018.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 17
la simple media aritmética de los patrones individuales de los ministros y abogados integrantes, sin ponderar
la participación efectiva de cada uno. Debido a que los 4 ministros con mayor participación representan el
75% de los datos, una media ponderada sería similar al comportamiento promedio de este grupo.
18 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
hacia posiciones de consenso no solamente se refleja en el promedio, sino que los patro-
nes de votación de los miembros de la Tercera Sala son relativamente homogéneos. La
gran mayoría de los ministros y abogados integrantes tiene entre 60% y 80% de votos
mayoritarios. Únicamente 3 personas se apartan realmente de esta tendencia hacia la
unanimidad, teniendo los dos primeros lo que se ha llamado “disidencias solitarias”35.
Mientras los ministros Brito y Muñoz escriben opiniones disidentes o concurrentes en
el 80% de las causas donde participan, el abogado Domingo Hernández lo hace en cerca
del 50% de los casos.
36
Epstein y Knight, 1998.
37
Algunos representantes de distintas épocas y tradiciones jurídicas son: Evans, 1938; Pritchett,
1941; Pound, 1953; Nadlemann, 1959; Brennan, 1986; Ezquiaga, 1990; Posner, 1993; Scalia,
1994; Hettinger, Lindquist y Martinek, 2004; Lefstin, 2007; Baird y Jacobi, 2009; Cassese, 2009;
Epstein, Landes y Posner, 2011; Pasquino, 2015.
38 Pritchett, 1941.
39 Desde esta perspectiva, la coalición es simplemente una agrupación de jueces que vota en sentido
similar, sin que necesariamente deba existir una afinidad ideológica, Rhode, 1972; o estratégica, Jacobi,
2009. De hecho, cuando existe una iniciativa reflexiva y deliberada para lograr un fin común, la literatura
prefiere utilizar el término colegialidad, véase Kornhauser y Sager, 1986; Kornhauser y Sager, 1993.
20 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
Tratándose de la Tercera Sala, nuestro trabajo anterior estima los coeficientes Pritchett
para todos quienes integraron el tribunal en el periodo de tiempo aquí analizado. Esta
metodología para establecer la existencia de coaliciones incluye dos pasos. En primer
lugar, encontrar aquella pareja de jueces cuya relación de rivalidad sea más intensa, tanto
en cuanto a la magnitud del coeficiente como en términos de la cantidad de causas en que
ambos jueces expresaron opiniones divergentes. Durante el 2008 y 2012, los ministros
Araneda y Brito tuvieron la relación de rivalidad más intensa: participaron juntos en
cerca de quinientos casos con sentencias divididas y se situaron en coaliciones opuestas
en más del 90% de las veces.
Fuente: Elaboración propia sobre la base de información pública sistematizada para este trabajo.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 21
40 Epstein, 2016.
41 Pardow y Carbonell, 2018.
42 Supongamos que un juez integrase 10 veces la Tercera Sala, compartiendo tribunal 5 de esas veces
con el ministro Brito y otras 5 con la ministra Araneda. Para simplificar el ejemplo, asumamos que nunca
comparte tribunal con ambos ministros al mismo tiempo. Si este juez se alinea 5 veces con el ministro Brito
y las otras 5 con la ministra Araneda, tendría un coeficiente Pritchett de 100% con cada uno y un promedio
de 50%. Por otra parte, si este mismo juez se ubica 5 veces en la coalición contraria del ministro Brito y las
otras 5 veces en la coalición contraria de la ministra Araneda, tendría un coeficiente Pritchett de 0% con cada
uno y nuevamente un promedio de 50%. Ahora bien, en el primer caso se trata de un juez que mantiene
una relación de alianza simultánea con los ministros Brito y Araneda, mientras que en el segundo se trata
de uno que tiene una relación de rivalidad con ambos.
22 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
ambos ejes43. La coalición mayoritaria estaría formada por todos los ministros y abogados
integrantes representados con un punto verde, quienes se ubican en el espacio diagonal
que existiría entre los ministros Pierry y Araneda. Lógicamente, esta coalición es la
más numerosa. Si consideramos a los 15 ministros y abogados integrantes con mayor
participación, cuyos votos representan cerca del 90% del total, 10 de ellos formarían
parte de la coalición mayoritaria. Atendido que la mayoría en este tipo de tribunal se
alcanza con tres quintos o 60%, esta coalición mayoritaria donde participan 67% de
los ministros y abogados integrantes sería superior al mínimo teórico. De hecho, si
consideramos el volumen agregado de votación, en lugar del número de miembros, la
coalición mayoritaria representaría casi el 75% del total44.
La coalición disidente, en contraste, es mucho menos numerosa y tiene patrones
de votación bastante más heterogéneos. Por una parte, el liderazgo del ministro Brito
es bastante solitario, siendo el único punto de datos de color rojo dentro del cuadrado
superior-izquierdo. Ello ocurre porque ninguno de los otros miembros de la Tercera Sala
se sitúa en la misma posición que el ministro Brito en 50% o más de las oportunidades
donde comparten integración. Quien está más cercano a este umbral es el ministro
Pierry, nuestro juez mediano, toda vez que ambos comparten posición en el 35% de los
casos. Los puntos azules en el cuadrado inferior-izquierdo de la Figura 1, por su parte,
muestran que existe una manera sistemáticamente diferente de disentir. Aunque estos
cuatro ministros y abogados integrantes pertenecen a nuestra coalición disidente, lo
hacen sosteniendo una relación de rivalidad tanto con el ministro Brito como con la
ministra Araneda45. De hecho, su patrón de votación está relativamente más alineado
con esta última: en promedio, tienden a ubicarse en una posición opuesta al ministro
Brito cerca del 80% de las veces en que comparten integración, mientras que respecto
de la ministra Araneda este porcentaje alcanza solamente 70%. Finalmente, es impor-
tante destacar que el cuadrado superior-derecho está vacío, mostrando que ninguno de
los ministros y abogados integrantes de la Tercera Sala desarrolló un patrón de votación
que refleje una relación de alianza con los dos jueces situados al extremo.
En definitiva, los ministros Brito y Araneda aparecen liderando las coaliciones disi-
dente y mayoritaria desde sus respectivos extremos. A su vez, el ministro Pierry también
aparece ejerciendo un liderazgo mayoritario, pero desde una posición moderada. Ahora
bien, evaluar en dimensiones diferentes los coeficientes Pritchett respecto de cada uno de
los jueces situados al extremo permite dar cuenta de la heterogeneidad de la coalición
disidente. En otras palabras, el supuesto de unidimensionalidad asume que un ministro
43 Cordero, 2017, ha denominado la actuación del ministro Pierry como “el fenómeno Pierry”.
44 Ello es consecuencia de la presencia del ministro Carreño en la coalición mayoritaria. Es el ministro
con mayor participación, estando presente en casi el 85% de los casos resueltos por la Tercera Sala durante
este periodo. Además, es uno de los que menos disiente, situándose con la mayoría cerca del 80% del tiempo.
45 De manera similar al ejemplo referido en una nota anterior, este patrón es posible porque este grupo
de ministros y abogados integrantes participa con poca frecuencia. De este modo, esos casos relativamente
escasos corresponden a vistas de la causa donde generalmente estaban presentes la ministra Araneda o el
ministro Brito, pero no ambos simultáneamente.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 23
que tenga una relación de rivalidad con Araneda necesariamente será aliado de Brito,
y viceversa. Eso tiene sentido en un tribunal donde la composición sea estable, esto es,
donde el juez cuyo patrón de votación estamos evaluando integre el tribunal al mismo
tiempo que Araneda y Brito. Solo en ese caso su opción es elegir disyuntivamente entre
ambas coaliciones. Ahora bien, en un contexto de variabilidad, donde resulta posible
que un juez integre la sala con Araneda o Brito, resulta más apropiado evaluar cada in-
teracción por separado. Como veremos, además, ello también entrega un factor adicional
para explicar la propensión a disentir del tribunal.
(rol 4771/2007), 10.06.2009 (rol 4774/2007), 05.04.2010 (rol 3078/2008), 31.08.2009 (rol 1510/2008),
14.04.2011 (rol 123/2009), 11.07.2012 (rol 8962/2009) y 07.12.2012 (rol 12357/2011).
24 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
de casos a comienzos del período en análisis que permitirían asociar su origen a una
disputa legal específica.
Los argumentos en favor de la prescriptibilidad sostenidos por la coalición mayoritaria
son, básicamente, los siguientes: 1) la inexistencia de “norma internacional incorporada
a nuestro ordenamiento jurídico que establezca la imprescriptibilidad genérica de las
acciones orientadas a obtener el reconocimiento de la responsabilidad extracontractual
del Estado o de sus órganos institucionales”48; 2) el carácter de principio general de
la prescripción y su función de garantizar la seguridad jurídica, “salvo que por ley o
en atención a la naturaleza de la materia se determine lo contrario, esto es, la impres-
criptibilidad de las acciones”49; 3) la regla general de prescriptibilidad de las acciones
civiles (Código Civil, artículo 2332) debe aplicarse tratándose de la responsabilidad
extracontractual del Estado, toda vez que el artículo 2497 del Código Civil indica que
las reglas respecto de la prescripción se aplican igualmente a favor y en contra del Estado.
Esta argumentación se mantiene uniforme en las sentencias en las que participan los
ministros Pierry y Araneda, y los ministros Oyarzún o Carreño, en su caso. Es decir, se
trata de una argumentación compartida por la mayoría de la Tercera Sala en el período
estudiado50.
Los argumentos de la posición minoritaria del ministro Brito en favor de la im-
prescriptibilidad son los siguientes51: 1) este tipo de acciones indemnizatorias no son
de índole patrimonial, como aduce el Fisco, “porque los hechos en que se la sustenta son
ajenos a una relación contractual vinculada a un negocio común o extracontractual sino,
simplemente, humanitaria”, clase que adquiere por tratarse de violaciones a los derechos
humanos que, la mayoría de las veces, consisten en desapariciones forzosas por militares
que detentaban un gran poder de coerción; 2) de acuerdo con los artículos 1.1 y 63.1
de la Convención Americana de Derechos Humanos, “la responsabilidad del Estado por
esta clase de ilícito queda sujeta a reglas de Derecho Internacional, las que no pueden
ser incumplidas a pretexto de hacer primar preceptos de derecho interno”, como los
48 Corte Suprema, 06.06.2012 (rol 8593-2009, cons. 6). Seguidamente, se descarta la aplicación de normas
internacionales bien porque no contienen norma que consagre la imprescriptibilidad (Convención Americana
de Derechos Humanos), bien porque los instrumentos que la consagran se refieren a la acción penal (Convenio
de Ginebra sobre Tratamiento de los Prisioneros de Guerra y Convención sobre la Imprescriptibilidad de los
Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad).
49 Corte Suprema, 06.06.2012 (rol 8593-2009, cons. 9).
50 Ejemplo de causas en que participan los ministros Pierry, Araneda y Brito, manteniendo este último
su disidencia en favor de la imprescriptibilidad de la acción civil, son Corte Suprema 20.04.2009 (rol 4163-
2007), 28.10.2008 (rol 2152-2007), 30.03.2009 (rol 4292-2007), 14.01.2009 (rol 3540-2007) y 10.06.2009
(rol 5243-2007). Al voto de mayoría concurren, como ya se ha dicho, los ministros Oyarzún o Carreño, más
abogados integrantes en su caso. No estando presente el ministro Brito, no hay disidencia (e.g. 10.06.2009, rol
4771-2007), a menos que participe el abogado integrante Mauriz (e.g. 28.10.2009, rol 1597-2008).
51 Exactamente la misma disidencia del ministro Brito puede verse en las siguientes sentencias de la Tercera
Sala de la Corte Suprema: 13.01.2009 (rol 2797-07), 28.10.2008 (rol 2152-2007), 01.06.2009 (rol 5234-2007),
20.04.2009 (rol 4163-2007), 06.05.2009 (rol 3220-2007), 26.05.2009 (rol 4847-2007), 26.05.2009 (rol 4794-
2007), 27.08.2009 (rol 5600-2007), 30.03.2009 (rol 4292-2007), 14.01.2009 (rol 3540-2007), 10.06.2009
(rol 4774-2007), 10.06.2009 (rol 5243-2007), 06.05.2009 (rol 3220-2007).
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 25
serían los del Código Civil; 3) no hay razón para que, siendo la acción penal que nace
de estos delitos imprescriptible, no lo sea la acción civil; 4) el derecho a la reparación
tratándose de delitos de lesa humanidad es un derecho fundamental52.
El siguiente paso consiste en evaluar cuantitativamente la posible asociación entre
la formación de las coaliciones y la propensión a disentir del tribunal. Para ello podemos
utilizar la misma base de datos referida anteriormente y agregar una capa de complejidad
a los coeficientes Pritchett. Como cada miembro de la Tercera Sala tiene un coeficiente para
su interacción con la ministra Araneda y otro diferente con el ministro Brito, podemos
utilizar el promedio corregido de ambos como un indicador de la alianza o rivalidad
individual del juez. Esto es lo que denominaremos “Coeficiente Araneda-Brito” o CAB53.
Lógicamente, cada ministro y abogado integrante tendría ahora un solo CAB, por lo
que en toda posible integración de la Tercera Sala existirían cinco CAB potencialmente
diferentes. Podemos volver a tomar un promedio respecto de cada sentencia en nuestra
base de datos, pero esta vez el promedio de los cinco CAB sería un indicativo de la
alianza o rivalidad colectiva de la sala.
Una sala compuesta por jueces que todo el tiempo se situaron en la misma coalición
de la ministra Araneda y nunca se situaron en la de Brito, tendría un promedio igual a
uno. Al contrario, una sala donde sus miembros siempre votan con Brito y nunca con
Araneda, tendría entonces un promedio igual a cero. Esto es lo que denominaremos
intensidad del CAB, de modo tal que una sala formada por muchos miembros de la
coalición mayoritaria tendría una intensidad alta y una formada por miembros de la
coalición disidente tendría una intensidad baja. Finalmente, la desviación estándar de
ese promedio también nos entrega información importante acerca de la heterogeneidad
de los patrones de votación. Una sala donde preferentemente hay jueces con patrones
de votación similares (v.g. muchos aliados de Araneda y rivales de Brito, o viceversa),
tendría una desviación estándar relativamente baja. Al contrario, una sala donde se
mezclan jueces con diferentes patrones de votación tendría una desviación estándar alta.
Esto es lo que denominaremos consistencia del CAB.
52 Se agregan a estas razones que el sistema de responsabilidad del Estado por falta de servicio tiene
consagración constitucional y legal, y que la Sala Penal ha aceptado la imprescriptibilidad de la acción civil en
Corte Suprema 25.09.2008 (rol 4662-2007) y 15.10.2008 (rol 4723-2007). En Corte Suprema 14.10.2009 (rol
5570-2007), hay dos votos disidentes: uno del ministro Brito, igual a los contenidos en las sentencias citadas
en la nota anterior, y uno del ministro Muñoz, que destaca por la extensión y profundidad de sus argumentos y,
de paso, por la mayor expresión de razones políticas. Véase supra n.16.
53 Como los ministros Araneda y Brito representarían los extremos opuestos de la Tercera Sala, podemos
utilizar el promedio entre el coeficiente con la ministra Araneda y el reverso del coeficiente con el ministro
Brito como una indicación de la ubicación de ese juez en el espacio diagonal que los separa. Así, por ejemplo,
un juez que comparte coalición 80% de las veces con Brito y 40% con Araneda, tendría un CAB de 1/2 *
[0,8 + (1 − 0,4)] = 0,7.
26 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
Materia
Recurso
Códigos de significancia: 0 ‘***’, 0,001 ‘**’, 0,01 ‘*’ :0,05 ‘.’, 0.1 ‘ ’.
54La probabilidad de una sentencia dividida se estima aquí utilizando una regresión logística. En
términos generales, la regresión es una herramienta que permite medir cuán significativa es la relación entre
una variable de respuesta (v.g. probabilidad de una decisión dividida) y una o más variables explicativas
(v.g. identidad de los ministros, tipo de materia, tipo de recurso), aislando aquella parte que obedecería
simplemente a variaciones aleatorias. Respecto de las ventajas de utilizar esta forma de regresión en el
contexto de sentencias judiciales, véase Pardow, 2015.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 27
VI. Conclusiones
Durante el período entre 2008 y 2012 la Tercera Sala de la Corte Suprema pareciera
tener dos coaliciones relativamente estables. La coalición más numerosa es aquella lide-
rada por los ministros Pierry y Araneda, quienes a su vez serían los responsables de la
doctrina mayoritaria en un conjunto de casos pertinentes a prescripción de la acción de
responsabilidad patrimonial del Estado por violaciones a los derechos humanos cometidos
en dictadura. Existiría también una segunda coalición de jueces menos numerosa y más
heterogénea, donde el liderazgo del ministro Brito estaría representado por una doctri-
na minoritaria que sostiene la tesis de la imprescriptibilidad. La coalición mayoritaria
tiene un efecto estabilizador en el comportamiento del tribunal, empujándolo hacia
la jurisdicción en países postdictatoriales y con el rol que los jueces han cumplido (o
dejado de cumplir) en los procesos de justicia transicional.
Por último, es importante tener en cuenta que el Pleno de la Corte Suprema final-
mente resolvió un recurso de unificación de jurisprudencia presentado por el Fisco de
Chile, declarando la prescriptibilidad de la acción civil que nace de delitos (imprescrip-
tible desde un punto de vista criminal) de lesa humanidad56. Luego de esta sentencia,
la Tercera Sala continuó con el criterio del pleno de prescriptibilidad de la acción civil
por daño moral sufrido a consecuencia de delitos de lesa humanidad cometidos durante
la dictadura militar. La Segunda Sala, por el contrario, siguió resolviendo que aquellas
eran imprescriptibles, posición que sostenían, además del ministro Brito, los ministros
Dolmestch, Juica, Künsemüller y Cisternas. Con posterioridad, durante el 2015, el en-
tonces presidente de la Corte Suprema reorganizó administrativamente la competencia de
las salas, de manera que las acciones derivadas de delitos cometidos durante la dictadura
fueran de conocimiento de la Sala Penal, donde la tesis de la imprescriptibilidad era
mayoritaria. Por estas razones, ni la decisión del pleno, así como tampoco la posición
mayoritaria de la Tercera Sala consolidada por los ministros Pierry y Araneda, consiguió
perseverar en el tiempo57.
Anexo
Utilizamos las interacciones con Araneda y Brito como el ancla de nuestro segundo
paso metodológico. Para condensar este posicionamiento de dos dimensiones en una sola
unidad de medida, calculamos para cada juez el promedio de su coeficiente Pritchett
con Araneda y el coeficiente Pritchett invertido para la interacción con Brito, esto es,
[CP_Araneda + ( 1- CP_Brito)] / 2. También calculamos para cada juez la desviación
estándar respecto de este promedio. Luego, considerando que cada caso es decidido por
cinco miembros, calculamos para cada caso la suma de los promedios y la suma de las
desviaciones estándar. Etiquetamos esta primera unidad de medida como un “Índice de
intensidad”, porque debe reflejar qué tan grandes son los coeficientes Pritchett de cada
juez respecto de Araneda y Brito. En contraste, utilizamos la denominación “Índice de
consistencia” para la suma de las desviaciones estándar, toda vez que debería reflejar
cuán similares son los coeficientes de Pritchett de cada juez para estas dos interacciones.
Por tanto, toda posible composición de la Tercera Sala tiene unos índices de intensidad
y consistencia singulares.
Con el objetivo de evaluar el poder explicativo de ambos índices, estimamos un
modelo de regresión logística para toda la población de casos, esto es, incluyendo tanto
decisiones unánimes como divididas. La variable de respuesta es binaria, indicando si
hubo alguna opinión disidente respecto del caso. Las posibles variables explicativas son,
además de los dos índices descritos anteriormente, dos variables binarias separadas para
la presencia de Araneda y Brito. También se incluyó como posibles variables explicativas
la existencia de una opinión concurrente pertinente al caso, así como la extensión de la
decisión en palabras totales. Finalmente, incluimos en el modelo dos variables categóricas
en relación con el tema y el tipo de resultado.
El resultado más interesante es que los coeficientes separados para Araneda y Brito
son negativos y no significativos, mientras que el coeficiente para la interacción entre
ellos es positivo y significativo. Esto sugiere que la presencia separada de los ministros
Araneda o Brito tienen un efecto decreciente en la probabilidad de una decisión divi-
dida, pero la presencia de ambos generaría el efecto contrario. Así, la decisión de anclar
nuestra metodología en los jueces Araneda y Brito permite ganar cierto poder explica-
tivo. El coeficiente del índice de intensidad es negativo y significativo, lo que abona a
la idea de que la probabilidad de una decisión dividida disminuye a medida que más
miembros de la coalición mayoritaria se incorporan a la sala. Por el contrario, el Índice
de coherencia es positivo y significativo, sugiriendo que esta probabilidad aumenta a
medida que más miembros de las otras coaliciones se suman a la sala. Todas estas ideas
son desarrolladas con mayor extensión en el cuerpo del trabajo.
2022] DIEGO PARDOW LORENZO, FLAVIA CARBONELL BELLOLIO: ¿POR QUÉ DISIENTEN… 31
Materia
Resultado
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36 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
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Jurisprudencia citada
DOI: 10.4067/S0718-09502022000100037
Resumen
Este trabajo pretende revisar los escenarios acerca de decisiones del final de la vida, teniendo en
consideración la legislación chilena y el proyecto de ley sobre muerte digna. En pacientes com-
petentes, se avanzaría en el reconocimiento de la autonomía personal, no obstante ciertos ajustes
parecen necesarios para dotar de mayor coherencia a la regulación y facilitar la expresión de
valores y preferencias. Respecto de personas incompetentes, la regulación parece insuficiente para
clarificar los criterios necesarios para estas decisiones, por lo que ciertas consideraciones pueden
ser adecuadas para favorecer la voluntad anticipada y el bienestar del paciente.
Abstract
The aim of this article is to analyse the end-of-life decisions scenarios, in view of Chilean
legislation and the bill on dignified death. For competent patients, the bill makes progress in
recognising autonomy, although adjustments still seem necessary for the bill to have coherence
with the rest of end-of-life regulation and to facilitate the expression of values and preferences.
As for incompetent patients, the bill does not clarify the necessary criteria for these decisions, so
some considerations may be adequate to favour advance directives and the well-being of patients.
* Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Chile. LLM Medical Law & Ethics, The
University of Edinburgh, Escocia. ORCID: 0000-0001-7578-5736. Correo electrónico: gmunozcordal@
gmail.com
Artículo recibido el 12.10.2020 y aceptado para su publicación el 16.8.2021.
38 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
I. Introducción
Cámara de Diputados.
7 De las preguntas necesarias para un cambio de consenso, véase Bascuñán, 2016.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 39
Entre los elementos esenciales del derecho y la ética médica se encuentra el reco-
nocimiento de la autonomía personal8, definida como la capacidad de pensar, decidir y
actuar sobre la base de tal pensamiento y decisión, de forma libre e independiente9, y
protegida por medio del principio de respeto a la autonomía10. Este principio ha con-
tribuido a varios cambios en la relación médico-paciente, entre los que se encuentra el
desarrollo del concepto del consentimiento informado11 o decisión informada12, cuya
validez se sostiene en tres componentes principales: información, voluntariedad y com-
petencia13. El modelo deliberativo de esta interacción se impone como un promotor de la
autonomía, permitiendo la persecución de valores y preferencias del paciente, mediante
el diálogo14. La estructura del consentimiento informado posibilita que el respeto a la
autonomía no se transforme en una deferencia irreflexiva a cualquier elección. En efecto,
la competencia se determina en función de si las personas son capaces, cognitiva, psico-
lógica y legalmente, de tomar decisiones adecuadas15, donde los profesionales tienen,
dentro de ciertos límites, el poder de facto para restringir estas decisiones sobre la base
de evaluaciones de capacidad o incapacidad limitadas16. Esto refleja las complejidades
en este ámbito y cómo el profesional puede mediar en los criterios para su ejercicio17,
reconociéndose procedimientos mediante pruebas y controles apropiados18. En este sen-
tido, la distinción fundamental se encuentra en personas competentes e incompetentes,
cuyo criterio diferenciador apunta a la madurez y posibilidad de discernimiento para
sostener una decisión concreta y hacerse cargo de sus consecuencias, criterio más amplio
y dinámico que la mera capacidad legal19.
El punto de partida de las decisiones corresponde al juicio del médico que indica o no
un determinado tratamiento de acuerdo con la lex artis20. El paciente competente podrá
aceptar o rechazar un tratamiento indicado, como una primera defensa en el respeto de
8
Hope et al., 2008, p. 40.
9
Raz, 1979, p. 369.
10 Beauchamp y Childress, 2009, p. 101.
11 Hope et al., 2008, p. 69.
12 Kottow, 2004, p. 565.
13 Brazier y Cave, 2016, p. 67.
14 Emanuel y Emanuel, 1992, pp. 2221-2226.
15 Beauchamp y Childress, 2009, p. 114.
16 Beauchamp y Childress, 2009, p. 115.
17 Mason y Laurie, 2019, p. 76.
18 Brazier y Cave, 2016, p. 156.
19 Terribas, 2012, p. 205.
20 Es importante distinguir este conjunto de decisiones de aquellas en que el médico se enfrenta a la
imposibilidad de cumplir con el deber de proporcionar asistencia sanitaria, que depende de diversos factores
(conocimientos científicos, estado del sistema sanitario, utilización óptima de recursos escasos, priorización, etc.).
40 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
descansa en criterios como desproporción o futilidad, este último ampliamente desarrollado en el ámbito
anglosajón. Para un concepto de “adecuación del esfuerzo terapéutico” (AEP) y la incorporación de aspectos
técnicos y valorativos, véase Hernando et al., 2012, p. 398.
27 Mayer, 2011, p. 394.
28 Astete y Beca, 2012, p. 386
29 Leiva, 2013, p. 517.
30 Calsamiglia, 1999, p. 160.
31 Institut Borja de Bioètica, 2005, p. 3.
32 Jackson, 2016, p. 914.
33 Algunos países solo han legalizado formalmente la eutanasia (Bélgica), mientras que otros lugares
solo han legalizado, específicamente o de facto, el suicidio asistido (estados de Oregón, Washington, Vermont
y Suiza). En los Países Bajos, Luxemburgo y, en la práctica, Bélgica, ambos métodos son legales, pero la
eutanasia es más común, en Jackson, 2016, p. 983.
34 Carrasco y Crispi, 2015, p. 323.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 41
esquema refiere a decisiones sustentadas en un plan de manejo que sirve a los mejores
intereses del paciente (best interests test) dependiendo de su situación clínica, en que el
bienestar de la persona en su sentido más amplio debe ser la consideración primordial 35,
esquema que se sustenta en los principios de beneficencia y no maleficencia36. Otro
enfoque dispone que los tratamientos siguen un juicio hipotético que pregunta cómo
habría decidido el paciente de ser competente (substituted judgement test), de acuerdo
con sus valores o preferencias37. También se reconoce la posibilidad de que un tercero
pueda tomar decisiones sustituyendo completamente al paciente (por ejemplo, manda-
tario expresamente facultado) o que la voluntad del paciente sea respetada siguiendo
instrucciones precisas otorgadas formalmente cuando era competente, mediante direc-
tivas anticipadas38. Algunos de los puntos más debatidos se refieren tanto a la manera
en que estos criterios interactúan con terceros y sus preferencias individuales (aspecto
particularmente presente en caso de representantes legales, como los padres respecto de
sus hijos menores)39 como a la definición precisa de sus contenidos y ponderación en un
caso particular40. En estas decisiones, el paciente incompetente se sitúa en un contexto
de posibilidad creciente para mantenerse vivo en condiciones adversas, en que la muerte
puede emerger como una posibilidad cubierta por el respeto de su autonomía o como
una opción terapéutica deseable o incluso como una buena práctica médica41. Esto ha
abierto la posibilidad de discutir las decisiones médicas, mediante el reconocimiento de
voluntades anticipadas y del desarrollo de los conceptos de proporcionalidad, futilidad y
tratamientos no productivos, para evaluar la calidad de vida del paciente, cuyo aspecto
subjetivo42 implica dificultades y contradicciones43.
1. Rechazar un tratamiento
35
Brazier y Cave, 2016, p. 164.
36
Beauchamp y Childress, 2009, pp. 159 y 228.
37 Hope et al., 2008, p. 82.
38 Hope et al., 2008, p. 84.
39 Kluge, 2009, p. 282.
40 Terribas, 2012, p. 211.
41 Mason y Laurie, 2019, p. 620.
42 Astete y Beca, 2012, p. 389
43 Mason y Laurie, 2019, p. 522.
44 Beauchamp y Childress, 2009, p. 176. Pueden concurrir circunstancias externas, como una
necesidad de salud pública, que hagan obligatorio un tratamiento, tal como se reconoce en la normativa.
42 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
como a retirar un tratamiento, en todo o parte45, sin que tampoco pueda considerarse
un intento de suicidio46. En este ámbito, la Ley 20.584 establece límites: el rechazo no
debe implicar (i) acelerar artificialmente la muerte, (ii) prácticas eutanásicas o (iii) el
auxilio al suicidio (artículo 14). Se incluye una consideración para el denominado estado
de salud terminal: pacientes pueden aceptar o denegar tratamientos que prolonguen
artificialmente su vida47, sin perjuicio de mantener las medidas de soporte ordinario
(artículo 16). El profesional deberá solicitar la opinión al comité de ética cuando la
decisión del paciente lo expone a graves daños a su salud o a riesgo de morir, que serían
evitables prudencialmente siguiendo los tratamientos indicados, mientras que la opinión
será opcional en caso de rechazo de tratamientos sin ese riesgo (artículo 17).
Estos límites fueron establecidos claramente con el propósito de descartar cualquier
concurrencia con algún escenario de muerte asistida48, lo que requiere precisiones. Se
cuestiona la efectividad del primer límite debido a la duda en los casos en que el rechazo
pudiera tener como objetivo acelerar artificialmente la muerte, más allá del desarrollo
de la enfermedad49. En términos penales, se debe tener presente que, pese a que podría
haber una suspensión de medios (desconectar, interrumpir, etc.), el cese de la actividad
se valora jurídica y globalmente como una omisión50, la que al sustentarse en la voluntad
del paciente no sería punible51. En cuanto al estado terminal, la normativa reconoce
el rechazo en una situación extrema, reafirmando los límites señalados52, y establece
la indisponibilidad de las medidas ordinarias, en oposición a las extraordinarias53. Las
críticas apuntan tanto al efecto restrictivo en el ejercicio de la autonomía como al uso de
una categoría que ha comenzado a ser abandonada54. Además, si las medidas de soporte
Por otra parte, la persistencia del médico importaría el denominado tratamiento terapéutico no consentido,
como intervenciones que afectan la integridad corporal sin relación con la lex artis (lesiones corporales
punibles), y en caso de que las intervenciones sean beneficiosas, se protege el consentimiento sin apelar a la
lex artis, en Bascuñán y Bofill, 2018, p. 11.
52 Si bien la normativa legal no define “estado terminal” (no obstante lo hacía el proyecto: “precario
estado de salud, producto de una lesión corporal o una enfermedad grave e incurable, y que los tratamientos
que se le pueden ofrecer solo tendrían por efecto retardar innecesariamente la muerte”), el debate parlamentario
tuvo presente que se refería a situaciones de extrema precariedad con proximidad de la muerte, en que la
persona puede rechazar tratamientos extraordinarios, evitando el encarnizamiento terapéutico, en Biblioteca
del Congreso Nacional, 2012, pp. 26 y 136. Por su parte, el DS 38, de 2012, de Salud, define estado de salud
terminal: “derivado de una enfermedad progresiva e irreversible sin remisión con tratamiento estándar”.
53 Resulta interesante notar que en el debate parlamentario se mencionó como ejemplo a favor de esta
indisponibilidad el caso Schiavo, no obstante se refiere a una persona en estado vegetativo persistente, en
Biblioteca del Congreso Nacional, 2012, pp. 594-596.
54 Beauchamp y Childress, 2009, pp. 162-163; Brock, 2009, p. 267.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 43
55 Boletín 7.736-11 (Primer Informe Comisión 13 de septiembre de 2019, opinión de M. Kottow, p. 9).
56Leiva destaca precisamente el caso de retiro de soporte ordinario como una posible infracción de
ley, en Leiva, 2013, p. 554.
57 Bascuñán y Bofill proponen agregar al artículo 16: “El profesional podrá omitir o interrumpir
pp. 656-658.
44 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
de la persona, su apoderado o representante legal, o con una declaración escrita y eficaz de su voluntad para
el caso de su incapacidad de prestar consentimiento, o pudiendo presumirse fundadamente el consentimiento
de la persona incapaz, el profesional podrá adoptar medidas paliativas médicamente indicadas aun cuando
con ello acelere el acaecimiento de la muerte como efecto colateral, siempre que ese efecto no sea evitable
de otro modo disponible ni sea perseguido como fin de la acción o como medio para aliviar el sufrimiento”,
en Bascuñán y Bofill, 2018, p. 8.
66 Mason y Laurie, 2019, p. 633.
67 Gómez y Ojeda, 2012, p. 469.
68 Brazier y Cave, 2016, p. 572.
69 Holm, 2013, p. 239.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 45
severo no oncológico. Esto permite avanzar en la discusión del derecho a no padecer dolor
y a poder encontrarse inconsciente en escenarios relacionados con el fin de la vida70.
70
Savulescu y Radcliffe-Richards, 2019.
71
Leiva, 2013, p. 512.
72 El Proyecto propone modificar el Código Penal en el sentido que lo dispuesto en los artículos 391 y
393 “no es aplicable”, al médico ni al profesional de salud que practica la asistencia para morir “cumpliendo
con los requisitos, formas y procedimientos previstos en la ley 20.584”.
46 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
73 El Proyecto establece que las instituciones privadas de salud que consideren la existencia de una
profunda colisión entre sus valores o ideario, que se encuentren previamente definidos, con la asistencia
para morir, podrán exceptuarse del cumplimiento de la ley, mediante una definición adoptada de manera
fundamentada por el órgano superior directivo.
74 Mayer, 2011, p. 394.
75 Boletín 7.736-11 (Primer Informe Comisión 13 de septiembre de 2019, opinión de M. Kottow, p. 9).
76 Calsamiglia, 1999, pp. 161-175.
77 Luna, 2008, p. 204.
78 Mayer, 2011, p. 393.
79 Beauchamp y Childress, 2009, pp. 183-184.
80 Institut Borja de Bioètica, 2005, p. 4.
81 Mason y Laurie, 2019, p. 441.
82 Kottow, 2005, p. 205.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 47
4. Menores maduros
83 Se ha discutido la posibilidad de introducir el principio volenti non fit iniuiria, el homicidio piadoso,
la muerte a requerimiento (por acción médica) y la omisión consentida del impedimento de la muerte de
otra persona, véase Bascuñán y Bofill, 2018, p. 13; Mayer, 2011, p. 404; Bascuñán, 2018, pp. 57-58.
84 Mayer, 2011, p. 396; Leiva, 2013, p. 518.
85 Bascuñán y Bofill proponen introducir una regla de exclusión de la ilicitud de la omisión de
evitación del suicidio responsable, como una priorización de la autodeterminación del suicida respecto de
cualquier deber de garante de su vida y salud, en Bascuñán y Bofill, 2018, p. 12.
86 Institut Borja de Bioètica, 2005, p. 5.
87 Sepper, 2013.
88 Savulescu y Schuklenk, 2017, p. 168. Bascuñán propone introducir una regulación específica:
“No actúa ilícitamente el que, sin ser profesional de la salud legalmente calificado, da muerte a otro en
los casos antedichos y cumpliendo con las mismas condiciones, cuando el profesional requerido se negare a
hacerlo, y 1° omitiere derivar a la persona requirente a un profesional […], o bien, 2° el profesional al que
se derivó el caso también se negare a ello”, en Bascuñán, 2018, pp. 57-58.
89 Donnelly y Murray, 2016, p. 25.
90 Sinmyee et al., 2019, p. 635.
91 Mason y Laurie, 2019, p. 337.
48 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
por representación de los padres o del representante legal del niño, niña y adolescente,
incluso competente, sin perjuicio que puede participar de las decisiones considerando
su edad, madurez, etc. (artículos 10, 14 y 17 Ley 20.584)92. Por su parte, el Proyecto
no incluye a los menores en la asistencia para morir, no obstante la propuesta original
los consideraba93. Esto puede ser relevante en el sentido de discutir la importancia de
evaluar la madurez del niño, niña y adolescente en la participación de los asuntos que les
conciernen94, reconociéndoles mayor autonomía, así como el grado de participación de
los representantes legales junto con una eventual convalidación ética o judicial95. En el
derecho inglés, por ejemplo, se considera competente a un menor de 16 años para aceptar
tratamientos, siempre que entienda la naturaleza de su condición médica, el tratamiento
y sus efectos, los asuntos morales y familiares involucrados, además que tenga experiencia
de vida y pueda sopesar la información para alcanzar la decisión; no obstante, el menor
de 18 años no puede rechazar tratamientos, a menos que exista acuerdo de los padres y,
eventualmente, de un tribunal96. Esto refleja las diferentes posiciones en este escenario.
Por una parte, el menor tendría más facilidades en comprender los efectos de aceptar
un tratamiento que su rechazo, que implicaría, por ejemplo, poner en riesgo su vida97.
Por otra, si el menor entiende lo que el tratamiento implica, también comprende su
eventual ausencia y, por tanto, puede tomar una decisión informada98. Tanto rechazar
como aceptar tratamientos pueden ser situaciones que inciden en los escenarios del fin
de la vida, por lo que mantener una posición a priori a favor de solo aceptar puede no ser
consistente. Debido al respeto de la capacidad progresiva de los menores como sujetos
de derecho (Convención sobre los derechos del Niño), reflejado en los antecedentes y
preceptos de la Ley 20.58499, se ha sugerido explicitar la presunción de su competencia
92 La Ley 21.331, 2021, estableció que todo niño, niña y adolescente tiene derecho a recibir información
acerca de su enfermedad y la forma en que se realizará su tratamiento, adaptada a su edad, desarrollo mental
y estado afectivo y psicológico. Asimismo, dispuso que sin perjuicio de las facultades de los padres o del
representante legal para otorgar el consentimiento en materia de salud en representación de los menores de
edad competentes, todo niño, niña y adolescente tiene derecho a ser oído respecto de los tratamientos que
se le aplican y a optar entre las alternativas que estos otorguen, según la situación lo permita, tomando en
consideración su edad, madurez, desarrollo mental y su estado afectivo y psicológico.
93 El Proyecto contemplaba que respecto de pacientes entre los 16 y 18 años, el médico “tendrá la
obligación de informar a sus representantes legales, pero la solicitud tomará su curso prescindiendo de cualquier
consentimiento ajeno a la voluntad del mismo paciente”. Entre los 14 y 16 años, debía “contar con la autorización
de su representante legal o de sus representantes legales, si tuviere más de uno. A falta de autorización […] el
paciente podrá solicitar la intervención del juez”.
94 Esparza, 2019, pp. 32-33; Beca y Leiva, 2014, p. 611.
95 Por ejemplo, artículos 2, Ley 20.418, 2010 y 119 Código Sanitario, modificado por Ley 20.030, 2017.
96 Goold y Herring, 2018, p. 47. Si bien la denominada competencia Gillick fue establecida a
propósito de la entrega de anticonceptivos a menores sin el consentimiento de los padres, sus elementos han
sido considerados relacionados con el consentimiento para tratamientos médicos en su conjunto, configurándose
en un hito en materia de competencia y menores maduros.
97 Gilmore y Herring, 2011.
98 Cave y Wallbank, 2012.
99 Parra y Ravetllat, 2019, pp. 238-239.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 49
desde los 14 años para aceptar o rechazar tratamientos, imponiendo al personal médico
la carga de probar lo contrario100.
5. Voluntades anticipadas
100 Parra y Ravetllat, 2019, pp. 238-239. Bascuñán y Bofill recomiendan incorporar a la Ley
20.584: “Las personas mayores de catorce y menores de dieciocho años no son incapaces por esa razón para
efectos de esta ley y expresarán su voluntad personalmente. Sin perjuicio de ello, sus padres o representantes
legales deberán ser también informados por el profesional, a menos que el menor se opusiere. La oposición
del menor no obstará al deber del profesional de informar a las personas señaladas en caso de que el rechazo
del tratamiento por parte del menor implicare grave riesgo para su vida o su salud […]”, en Bascuñán y
Bofill, 2018, pp. 6-7.
101 Su artículo 4 dispone “Los equipos de salud promoverán el resguardo de la voluntad y preferencias
de la persona. Para tal efecto, dispondrán la utilización de declaraciones de voluntad anticipadas […] con el
objetivo de hacer primar la voluntad y preferencias de la persona en el evento de afecciones futuras y graves
a su capacidad mental, que impidan manifestar consentimiento”.
102 Mason y Laurie, 2019, p. 82.
103 Terribas, 2012, p. 218.
104 Hope et al., 2008, p. 83.
50 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
Para superar estas dificultades resulta clave comprender a estas declaraciones como una
expresión de la autonomía en donde es el propio paciente quien toma decisiones105, lo
que implica que no podría demandar medios no indicados conforme con la lex artis, pero
sí aceptar o rechazar tratamientos. En efecto, a estas declaraciones no se les reconocen
más posibilidades que las que tendría la voluntad de la persona cuando era competente.
Respecto de la indeterminación, parece adecuado que la persona pueda declarar tanto
las circunstancias como los tratamientos precisos, junto con sus valores, deseos o prefe-
rencias en términos amplios106. Enseguida, en caso de ambigüedad o duda, se sugiere
que instancias éticas o judiciales puedan resolverlas107, estableciendo el equilibrio entre
la declaración y los mejores intereses del paciente que asomarían, precisamente, cuando
no se aprecia tal voluntad108. Respecto de la designación de una persona de confianza,
su rol se podría considerar como sustituto del paciente o como un auxiliar para aclarar
sus valores, preferencias, etc., por lo que parece recomendable que su participación sea
definida en la propuesta legislativa.
se conoce y de lo que es posible presumir acerca de la voluntad de la persona”, en Biblioteca del Congreso
Nacional, 2012, p. 25. Bascuñán y Bofill proponen una nueva letra c): “Cuando la persona se encuentra en
incapacidad de manifestar su voluntad, no fuere habida alguna de las personas señaladas en el inciso segundo
del artículo 10 ni existieren otros antecedentes fidedignos que permitieren presumir su voluntad. En estos
casos se adoptará los tratamientos indicados para cuidar su salud y procurarle bienestar”, en Bascuñán y
Bofill, 2018, p. 5.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 51
110
Hope et al., 2008, p. 82.
111
Terribas, 2012, p. 212.
112 Beauchamp y Childress, 2009, pp. 190-191.
113 Por ejemplo, el principio de respeto por las personas con discapacidad psíquica o intelectual, en
Leiva, 2013, p. 530. En el caso de menores, artículo 222 del Código Civil.
114 Brazier y Cave, 2016, p. 127.
115 Hope et al., 2008, p. 85; Kottow, 2005, p. 205.
52 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
psíquica o intelectual y aumentar su participación en caso de incompetencia (Ley 21.030, 2017, en concordancia
con Ley 20.422, 2010, y Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, y Ley 21.331, 2021).
119 Mason y Laurie, 2019, p. 521.
120 Brazier y Cave, 2016, p. 593.
121 Mason y Laurie, 2019, p. 559.
122 Hope et al., 2008, p. 35.
2022] GABRIEL MUÑOZ C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LAS DECISIONES… 53
recién nacidos y menores inmaduros afectados gravemente, en que prevalece una noción
ligada a la intolerabilidad de tratamientos y sus consecuencias futuras123. Estos últimos
parecen ser los casos en que se aprecian con mayor claridad los desafíos. Los padres se
encontrarían en la mejor posición para evaluar los intereses de sus hijos, sin embargo,
no pueden contradecir estos intereses. La limitación de tratamientos (por ejemplo, por
motivos religiosos) o intentar medidas desproporcionadas124 que pueden incluso producir
un daño sustancial al menor125 encuentran un límite en las evaluaciones de sus intereses.
En casos de urgencia vital o riesgo de secuela funcional grave, podrían considerarse
dos situaciones. Primero, explicitar aquella circunstancia en que sea posible conocer
la voluntad del paciente cuando era competente, debiendo respetarse dicha manifes-
tación. Esto ocurre con las denominadas órdenes de no reanimación cardiopulmonar
(DNACPR) emanadas de la voluntad del paciente que algunos ordenamientos recono-
cen. Segundo, en caso de que no sea posible conocer la voluntad del paciente, debería
aclararse la participación que le cabe al representante, apoderado o persona a cuyo
cuidado se encuentra. Si es para reafirmar la voluntad no explicitada del paciente, no
parece adecuado –ni creíble– que el médico se limite a no iniciar un tratamiento solo
porque el representante lo sugiere, a menos que conste efectivamente que esa era su
voluntad, como ocurriría, volviendo al primer caso, con una manifestación anticipada.
La normativa podría prescindir de la mención al tercero, estableciendo directamente
que se adoptarán las acciones que sean necesarias para superar el cuadro de urgencia y
lograr la estabilización. Si bien en estos casos debe primar la presunción del interés del
paciente en sanarse y sobrevivir126, existen situaciones en que la mera vitalidad debería
ser contrastada razonablemente con los mejores intereses127. En el mismo escenario de
la reanimación cardiopulmonar, por ejemplo, y en ausencia de una DNACPR, puede
resultar apropiada una evaluación médica de futilidad, como se reconoce explícitamente
en guías clínicas del Reino Unido128.
2. Aliviar el dolor
V. Conclusiones
La revisión de los escenarios respecto de decisiones del final de la vida bajo la le-
gislación, y las eventuales modificaciones del Proyecto, muestra una ampliación en el
ejercicio de la autonomía personal, no obstante determinados ajustes parecen necesarios.
En pacientes competentes, incluyendo a los denominados menores maduros, los ajustes
expuestos apuntan a establecer una coherencia entre estas decisiones y el respeto de
su autonomía, posibilitando los espacios adecuados para la formación y expresión de
valores y preferencias.
En personas incompetentes, la normativa parece no ser lo suficientemente clara
en facilitar tanto la expresión anticipada de la autonomía, promovida por la propuesta
legislativa, como en explicitar la búsqueda y protección del bienestar del paciente en
estas decisiones. En ese sentido, puede ser pertinente evaluar el establecimiento de un
esquema que reconozca a la autonomía dentro de formas adecuadas y posibles, junto
con la protección de los mejores intereses del paciente como un espacio de discusión y
resolución de eventuales conflictos.
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2022] de Derecho
Revista ADRIÁN SCHOPF OLEA:
(Valdivia) LA VOLUNTAD
Vol. XXXV COMÚN
- Nº 1 - JUNIO COMO
2022 - ISSN LÍMITE/ 0718-0950
0716-9132 DE LA BUENA FE… 59
Páginas 59-78
DOI: 10.4067/S0718-09502022000100059
Resumen
Este trabajo explora los límites de la buena fe en la integración de los contratos. Se sostiene que
esos límites son una consecuencia de la naturaleza de la operación de integración contractual, la
que tiene por objeto imputar un término implícito al contrato para suplir sus vacíos u omisiones
necesitados de reglamentación. En razón de esa naturaleza de la operación de integración con-
tractual, la buena fe no puede ser nunca la fuente de las obligaciones principales del contrato,
sino solo de obligaciones secundarias u otros efectos jurídicos accesorios, todos los cuales no pueden
nunca alterar el sentido y función del contrato, ni contravenir las estipulaciones expresas de los
contratantes. Ello significa que los deberes de conducta y demás efectos jurídicos derivados de
la buena fe para integrar las lagunas del contrato se encuentran subordinados a la voluntad
común de los contratantes, por lo que son fundamentalmente disponibles. En consecuencia, si bien
la buena fe como principio regulador del contrato es esencialmente indisponible, de ello deben
distinguirse los deberes de conducta y demás efectos jurídicos derivados de ella para integrar
el contrato, los que son modulables y renunciables por los contratantes, de conformidad con sus
particulares intereses comprometidos en el intercambio contractual.
Abstract
This article explores the limits of good faith in the construction of implied terms in contracts. It
is contended that these limits are inherent to the construction of implied terms, whose function
is to fill up gaps in the contract. Accordingly, good faith can never be the source of the main
contractual obligations, but only of secondary or ancillary obligations, which can never alter the
function of the contract as a whole or contradict any express term of the contract. This means that
whereas good faith, as a general regulatory contractual principle is in itself non waivable, the
implied terms extracted with its help can be determined and altered by agreement of the parties,
in line with their particular interests involved in the contractual bargain.
I. Introducción
4 Campos, 2021, pp. 108 ss.; Eyzaguirre y Rodríguez, 2013, pp. 184-194; Boetsch, 2011, pp. 155
ss., para las funciones de la buena fe contractual en el derecho chileno. De la recepción de la doctrina de las
diferentes funciones de la buena fe en la jurisprudencia, Corte Suprema, 22.5.2019, rol 38.506-2017, c.
26; Corte de Apelaciones de Iquique, 28.5.2012, rol 650-2011, c. 7. Para un desarrollo pormenorizado de
esta doctrina, la que tiene su origen en el derecho alemán, Looschelders y Olzen, 2015, Nrs. 171-209;
y, tempranamente, Wieacker, 1956, pp. 20 ss.
62 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
5 Entre otros, sobre la función de integración de la buena fe contractual en el derecho chileno, Schopf,
2021, pp. 68 ss.; Campos, 2021, pp. 111 ss.; Alcalde y Boetsch, 2021, pp. 750 ss.; De la Maza y Vidal,
2018, pp. 183 ss.; Elorriaga, 2018a, pp. 72 ss.; Tapia, 2015, p. 539; Eyzaguirre y Rodríguez, 2013,
pp. 184-188; Boetsch, 2011, pp. 115-119; Guzmán, 2002, pp. 12 y 14.
6 Schopf, 2021, pp. 69 ss.; Schopf, 2018, pp. 125-126; Lyon, 2017, pp. 39 ss.
7 Schopf, 2021, pp. 56 ss.; Tapia, 2015, pp. 541-543; Domínguez, 2011, pp. 256-257, para los
8 Para la noción de laguna contractual en el derecho chileno, Schopf, 2021, pp. 61-62. En el derecho
comparado, véase, para el derecho español, Carrasco, 2021, Nº 11/3, p. 535; y, para el derecho alemán,
Neuner, 2020, § 35 Nrs. 58-60, pp. 420-421; Busche, 2018, Nrs. 38-40.
9 Sobre la delimitación entre interpretación e integración contractual, Schopf, 2021, pp. 63-64; Lyon,
2017, p. 405; Domínguez, 2010, p. 255. Para los problemas de esa delimitación, Díez y Gutiérrez, 2020,
Nrs. 135-181, pp. 1117-1158.
10 Véase, Lyon, 2017, pp. 69 ss., quien con buenos argumentos sostiene que al emplear el artículo
similar, aunque limitado a la naturaleza del contrato como elemento de interpretación contractual, Rubio,
2020, pp. 665 ss.; Elorriaga, 2018b, pp. 423-424. En un sentido restringido a la naturaleza de la obligación,
pero equivalente en sus resultados, Guzmán, 2002, p. 17, sostiene en un influyente texto que cuando el
artículo 1546 discurre sobre la naturaleza de la obligación, lo hace “para expresar la idea de que a partir
del ser, estructura u organización de cada obligación puede derivarse algo no declarado, pero que resulta
necesario para la total satisfacción de la prestación obligacional de que se trata”.
64 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
12 Alcalde, 2008, pp. 342 ss.; Vidal, 2000, pp. 209-2010. Para la operación económica como noción
fundamental en la comprensión del contrato, Gabrielli, 2020, pp. 49 ss.
13 Schopf, 2018, p. 119; Elorriaga, 2018a, p. 70; Alcalde, 2018, p. 336; Lyon, 2017, pp. 39-40.
14 Corte Suprema, 6.10.2015, rol 975-2015; Corte Suprema, 2.9.2014, rol 14.243-2013.
15 Corte de Apelaciones de Santiago, 8.4.2016, rol 13.163-2015.
16 Corte Suprema, 16.4.2014, rol 6.840-2002.
17 Corte Suprema, 27.1.2014, rol 20-2013.
2022] ADRIÁN SCHOPF OLEA: LA VOLUNTAD COMÚN COMO LÍMITE DE LA BUENA FE… 65
también otras consideraciones que configuran el contexto fáctico y legal en que tiene
lugar el contrato. Se trata de consideraciones que permiten precisar en concreto lo que
una parte contratante puede esperar razonablemente de la otra más allá de lo declarado
en la promesa contractual, considerando la específica operación económica que subyace a
la convención. Dentro de esas consideraciones o criterios pueden incluirse, entre otros, la
posición relativa de las partes, su nivel de sofisticación o especialidad, la posibilidad de
negociación de las cláusulas del contrato, la duración del negocio, su carácter fiduciario
o el nivel de detalles de la regulación convencional adoptada.
En todos los casos, los términos o elementos implícitos que se imputa al contrato
deben satisfacer determinadas condiciones de incorporación a la convención para poder
suplir sus lagunas. Esas condiciones se refieren fundamentalmente a su coherencia con
el programa contractual acordado, así como a su adecuación para el razonable cumpli-
miento del fin del contrato, tal como este se encuentra concebido por los contratantes.
En la definición de esas condiciones de incorporación a la convención de cualesquiera
términos o elementos implícitos adquieren particular relevancia los límites de la función
de integración de la buena fe contractual. Ello porque esos límites dan cuenta de hasta
dónde puede fundamentarse legítimamente la incorporación de un deber de conducta
o efecto jurídico específico al contrato con soporte en la función de integración de la
buena fe contractual, sin desconocerlo o desnaturalizarlo. El traspaso de los límites de la
integración contractual constituye de esta manera la más pura realización de los riesgos
antes indicados, vinculados al desconocimiento y reescrituración del contrato por el
juez, so pretexto de aplicar la buena fe contractual. Por ello, precisamente, resulta fun-
damental definir con exactitud los límites de la buena fe en la integración del contrato.
elementos esenciales y las obligaciones principales del contrato, que son los que confi-
guran la naturaleza del negocio18. Los elementos esenciales y las obligaciones principales
del contrato tienen que ser necesariamente consentidos y fundarse en la voluntad común
de los contratantes, por muy básica y elemental que esta sea. Ello se debe a que esos ele-
mentos esenciales y obligaciones principales son los que definen la operación económica
que subyace a la convención y los fines e intereses económicos perseguidos por las partes
mediante su suscripción, cuestión que queda necesariamente entregada a la autodeter-
minación individual19. En principio, el derecho objetivo no puede nunca mediante la
buena fe subrogarse en esa voluntad común y definir la operación económica y los fines
e intereses perseguidos por las partes mediante la contratación, lo que supondría una
completa disolución de toda autodeterminación individual en la institución contrac-
tual20. En ese sentido, por ejemplo, la buena fe contractual no puede ser nunca la fuente
de determinación de la cosa vendida y del precio pagado por ella en la compraventa o
del contenido del encargo en el contrato de mandato, lo que debe ser necesariamente
determinado y consentido por ambos contratantes, fundándose en su intención común,
por muy elemental y básica que esta sea. Por eso, así como se ha señalado entre nosotros,
si bien es correcto que el acuerdo explícito de las partes es la más de las veces modesto 21,
también es correcto que el mismo resulta todas las veces por completo insustituible y
esencial, al ser la fuente de definición de la naturaleza del negocio y, por lo mismo, de
los fines e intereses perseguidos por los contratantes mediante la convención22. Por eso,
una falta completitud de los elementos esenciales plantea un problema de existencia o
validez del contrato, pero no uno de integración contractual.
En consecuencia, los términos que se incorporan al contrato como elementos
implícitos en virtud de la integración contractual con fundamento en la buena fe son
necesariamente obligaciones secundarias o conexas u otra especie de efectos jurídicos
complementarios (derecho potestativos, obligaciones de seguridad, plazos, cargas, etc.),
todos estos son siempre funcionales y sirven a la protección, satisfacción y cumplimiento
de los fines e intereses económicos definidos por los propios contratantes al consentir
en los elementos esenciales y obligaciones principales del acuerdo por ellos válidamente
adoptado23.
18 Así, en el derecho alemán, con referencia explícita a que la buena fe no puede fundar nunca las
pp. 43-44; Corral, 2018, p. 512. De los elementos esenciales como los elementos que definen la naturaleza
del contrato, los que en nuestra tradición jurídica son concebidos como una expresión de la autodeterminación
individual, por lo que tienen que ser necesariamente consentidos por los contratantes, Zimmermann, 1996,
p. 234; Coing, 1996, t. I, p. 520; Gordley, 1991, p. 61, todos con referencias históricas.
20 Véase Schapp, 1986, pp. 50-51.
21 De la Maza y Vidal, 2018, p. 184.
22 Barros, 2020, p. 41.
23 Elorriaga, 2018a, pp. 72 y 74; Prado, 2015, pp. 154 ss. para el derecho chileno; en sentido
análogo, para el derecho español, Díez y Gutiérrez, 2020, Nº 307, pp. 1225-1226.
2022] ADRIÁN SCHOPF OLEA: LA VOLUNTAD COMÚN COMO LÍMITE DE LA BUENA FE… 67
acordados. Los términos convenidos por los contratantes son un filtro y, en definitiva,
un límite a toda integración contractual admisible, no pudiendo esos términos ser en
principio desconocidos por el juez25. Por lo mismo, la buena fe contractual no puede
servir nunca de justificación para vaciar de contenido el contrato, reescribir lo expre-
samente estipulado por las partes o alterar en algún sentido lo válidamente pactado26.
La configuración de lo expresamente pactado por los contratantes como límite a
toda integración contractual admisible con fundamento en la buena fe ha sido reconocido
explícitamente por nuestra jurisprudencia. En dos sentencias particularmente elocuentes
la Corte Suprema ha declarado en este sentido que “el artículo 1545 del Código Civil
dispone, como es sabido, que todo contrato legalmente celebrado es una ley para los
contratantes, y no puede ser invalidado sino por consentimiento mutuo o por causas
legales, de lo que se sigue que si, como se indicó, las partes previeron y acordaron
soberanamente que se produciría un determinado efecto en una también determinada
circunstancia, nadie, ni aun el juez, puede contradecir esa manifestación de voluntad
conjunta”27; y que el artículo 1546 del Código Civil, “si bien sirve como herramienta
integradora del contrato, por sí misma no es adecuada para dejar sin efecto cláusulas
que libre y voluntariamente acordaron los contratantes”28.
La restricción señalada es una consecuencia del presupuesto más elemental de la
integración contractual, cual es la existencia de un contrato válidamente suscrito que
contiene una laguna que debe ser colmada, siendo su límite más inmediato el lugar
exacto donde esa laguna termina, el que está precisamente constituido por los términos
y estipulaciones válidamente acordados por los contratantes 29. Por lo mismo, la función
de integración de la buena fe contractual debe ser claramente distinguida de su función
de corrección, la que se vincula con una operación jurídica que se sujeta a criterios por
completo diferentes y significativamente más estrictos, siendo su ámbito de aplicación
mucho más problemático y, en todo evento, por completo excepcional en el derecho de
contratos. Ello al presuponer la función de corrección una verdadera ruptura o quiebre
del contrato, por circunstancias extraordinarias e imprevistas, que alteran radicalmente
las bases del negocio y lo hacen económicamente insostenible o privan de toda raciona-
lidad económica y comercial30.
en un sentido análogo, para el derecho español, Salvador y García-Micó, 2020, pp. 30, 33-35, 47 y 51; para
el derecho alemán, Larenz y Wolf, 1997, § 28 Nrs. 115-117, pp. 565-566; Flume, 1979, pp. 326-328; y,
para el derecho europeo en general, Kötz, 2015, p. 153. Aunque sin referencia a la buena fe, consideraciones
análogas rigen en la configuración judicial de los términos implícitos del contrato en el derecho inglés. Al
respecto, Lewison, 2020, Nº 6.107, p. 374; Treitel y Peel, 2020, Nº 6-063, pp. 262-263.
27 Corte Suprema, 9.12.2008, rol 6.341-2007, c. 4.
28 Corte Suprema, 7.11.2016, rol 52.838-2016, c. 9.
29 Véase, en un sentido similar, Tapia, 2015, pp. 543-544.
30 Salvador y García-Micó, 2020, pp. 30, 33, 35, 47 y 51. Véase, asimismo, Medicus y Lorenz,
2021, § 14, Nº 15, p. 57, quienes destacan el carácter altamente problemático de la función de corrección
de la buena fe contractual, así como la necesidad de proceder con el máximo cuidado en su tratamiento.
2022] ADRIÁN SCHOPF OLEA: LA VOLUNTAD COMÚN COMO LÍMITE DE LA BUENA FE… 69
Del carácter por completo excepcional de la corrección del contrato con fundamento en la buena fe, se
ha fallado por nuestros tribunales que, “cabe preguntarse por los casos en que nuestro legislador permite
corregir el contrato en razón de la buena fe, cuestión que desde ya, cabe advertir como excepcional, pues,
en principio debe regir la autonomía de la voluntad o autonomía privada, consagrada en el artículo 1545
del Código Civil”, Séptimo Juzgado Civil de Santiago, 30.3.2017, rol 20.628-2014, confirmada por Corte
de Apelaciones de Santiago, 4.1.2018, rol 5.637-2017 (recurso de apelación) y Corte Suprema, 6.12.2019,
rol 6.431-2018 (casación en el fondo).
31 Así, en el derecho español, Salvador y García-Micó, 2020, p. 42.
32 De los límites a la autonomía privada en el derecho chileno, en general, Domínguez, 2020, pp. 48,
236-237, 289; Corral, 2018, pp. 498 ss. De la relación en ese contexto entre la ley, el orden público y las
buenas costumbres, Schopf, 2017, pp. 581 ss.
33 Para este punto, aunque con diferencias, véase Carrasco, 2021, Nº 11/29, pp. 554-555.
70 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
a la legislación dispositiva, sino que está compuesto también por la costumbre contrac-
tual y las reglas definidas por los jueces cuando desarrollan la buena fe para integrar los
negocios jurídicos. Por eso, en presencia de un contrato eficaz y válidamente acordado, lo
ordenado por la buena fe como contenido positivo y efecto de ese contrato se subordina
en principio siempre a lo válidamente acordado por las partes como contenido de esa
misma relación obligatoria de origen convencional34.
La disponibilidad señalada no significa que la buena fe contractual sea en sí misma
también de naturaleza dispositiva. En conjunto con el principio de la autonomía privada
la buena fe se encuentra en las bases más elementales del derecho de contratos, de manera
que negar su vigencia como principio ordenador de la relación contractual implica negar
la estructura de valores más básica y elemental sobre las cuales se construye la institución
del contrato. En este sentido, si las partes pudieran disponer o renunciar genéricamente
a la buena fe contractual, ello equivaldría a una autorización general para actuar de una
manera desleal y deshonesta en el desarrollo y ejecución de la relación contractual, lo que
no solo resulta incompatible con la idea misma de contrato como institución fundada
en la confianza, sino que colisiona también con la función normativa más elemental
que el contrato desempeña en el marco del ordenamiento jurídico y económico, permi-
tiendo la configuración libre y espontánea de relaciones de intercambio y cooperación
fundadas en la iniciativa individual35. Por lo mismo, parece inequívoco que el principio
de buena fe contractual constituye una norma de orden público que no se encuentra a
disposición de las partes contratantes, las que no pueden renunciar genéricamente a la
misma como principio ordenador de la relación obligatoria. La estipulación que así lo
hace debe tenerse por viciada, al resultar contraria a las condiciones más elementales de
posibilidad del contrato, expresadas en las nociones de orden público y buenas costum-
bres (Código Civil, artículos 1461,1467 y 1682)36. La Corte Suprema ha ratificado lo
34 Con fundamento en el tenor literal del texto del artículo 1546, la Corte Suprema ha reconocido
la señalada primacía de los términos explícitos sobre los términos implícitos del contrato -los que llama
tácitos- declarando respecto de esa primacía que, “la cuestión la resuelve expresamente el artículo 1546 del
Código Civil al disponer que en las convenciones prima la ley del contrato, esto es, sus cláusulas escritas,
lo que en ellas se expresa”, ya que, “al emplear dicho artículo la conjunción adversativa sino precedida del
modo adverbial no solo establece una forma de construcción de la oración que denota adición de otro u otros
miembros a la cláusula, cabe decir se agregan a las cláusulas escritas las cosas tácitas que por su naturaleza
pertenecen al contrato dándoles a aquellas el carácter de principales” (Corte Suprema, 13.8.1956, RDJ, t.
53, sec. 1ª, p. 165).
35 Barros, 2020, p. 39; y, Schopf, 2018, pp. 117-121, con referencia a Larenz, 1979, pp. 80-87,
para la confianza como valor constitutivo del derecho de contratos que subyace a la buena fe contractual.
Para la protección de la confianza como principio autónomo y más general que la buena fe en el derecho de
contratos, López, 2019, pp. 128 ss.
36 Alcalde y Boetsch, 2021, pp. 752-754; Elorriaga, 2018a, pp. 71 y 88; Boetsch, 2011, p. 96-98;
Fueyo, 1990, p. 185, para la buena fe como norma general de orden público. De la nulidad del pacto que
excluye con alcance general la buena fe contractual, Schopf, 2017, p. 577. En el derecho comparado, acerca
de la indisponibilidad general del principio de buena fe contractual, entre otros, en el derecho español,
Salvador y García-Micó, 2020, pp. 37-38; en el derecho francés, Fabre-Magnan, 2019, Nº 131, p. 109;
en el derecho alemán, Schubert, 2019, Nº 92; Looschelders y Olzen, 2015, Nrs. 107-108; y, en el
derecho italiano, Bianca, 2007, pp. 522-523.
2022] ADRIÁN SCHOPF OLEA: LA VOLUNTAD COMÚN COMO LÍMITE DE LA BUENA FE… 71
indicado, declarando expresamente que el artículo 1546 “es una norma imperativa que
ordena que los contratos se ejecuten de buena fe”37.
Pero de la indisponibilidad general de la buena fe contractual como principio
regulador del contrato puede y debe distinguirse la disponibilidad de los específicos
deberes de conducta y demás efectos jurídicos que se derivan de su desarrollo, especi-
ficación y concreción, cuando esta tiene por función la integración del contrato. Ello
puede justificarse considerando que en virtud de esa función de integración contractual
la buena fe sirve fundamentalmente de soporte a diversos términos o elementos que se
incorporan implícitamente a un contrato válidamente suscrito para suplir coherentemente
sus lagunas, cuyo origen se encuentra en la existencia de aspectos laterales del negocio
que no fueron regulados por los acuerdos de los contratantes, pero que pudieron haberlo
sido de haber estos adoptado una estipulación contractual específica a su respecto. Por
definición, por tanto, se trata de aspectos laterales referidos al contenido y a los efectos
del contrato válidamente adoptado, que se encuentran dentro de la esfera de disposición
y modulación de los contratantes.
En consecuencia, puede sostenerse que la buena fe contractual como principio
general del derecho de contratos resulta en sí misma indisponible al formar parte de las
bases y condiciones más elementales de la institución del contrato. Pero los deberes de
conductas y demás efectos jurídicos que se derivan de la buena fe para complementar
e integrar las lagunas del contrato pueden ser anticipadamente renunciados, modifi-
cados o modulados por el acuerdo de los contratantes, según sus particulares intereses
contractuales38.
En todo evento, de manera excepcional el legislador puede ordenar que todos los
deberes de conducta y demás efectos jurídicos que se incorporan al contrato en virtud
de un desarrollo, especificación y concreción de la buena fe contractual resulten indis-
ponibles, cuando existen razones especiales y calificadas que así lo justifiquen. Ese es
paradigmáticamente el caso en el derecho de consumidores, en que por razones vinculadas
a la posición asimétrica de las partes y la necesidad de protección del contratante débil
el derecho dispositivo derivado de la buena fe contractual es en su conjunto y en bloque
transformado en derecho indisponible o de orden público39. Ello bajo la condición de
que la renuncia, sustitución o modificación perjudique al contratante débil, provocando
un desequilibrio importante en los derechos y obligaciones de las partes derivadas del
contrato (Ley Nº 19.496, artículo 16 letra g). En ese caso, mediante una sola “norma de
conversión general” el legislador transforma en bloque el derecho contractual dispositivo
37
Corte Suprema, 22.5.2019, rol 38.506-2017, c. 27.
38
De la distinción entre la indisponibilidad general de la buena fe como principio del derecho de
contratos, y la pregunta por disponibilidad de los específicos deberes de conducta y demás efectos jurídicos
que de ella se derivan, dependiendo del círculo de funciones que esta desempeña, en el derecho alemán,
Schubert, 2019, Nº 92; Looschelders y Olzen, 2015, Nrs. 107-109; y, especialmente, Teichmann,
1990, Nrs. 107-112.
39 Para esta idea, referida a la transformación en bloque del derecho dispositivo en derecho imperativo
V. Conclusiones
40 Del artículo 16 letra g) de la Ley Nº 19.496, Barrientos, 2019, pp. 136 ss.; Momberg, 2013,
pp. 9-27; Momberg y Pizarro, 2013, pp. 340-351; De la Maza, 2004, pp. 35 ss.
41 Para la protección del contratante débil como consideración fundamental para configurar normas de
orden público en el derecho privado, así como su desarrollo y expansión en el derecho contemporáneo, véase,
en el derecho chileno, Isler, 2019, pp. 67-70, 89 ss.; Tapia, 2005, pp. 235 ss.; y, en el derecho comparado,
Grigoleit, 2012, pp. 1127 y 1129 ss.; Kötz, 2012, Nrs. 39-47, pp. 20-24.
2022] ADRIÁN SCHOPF OLEA: LA VOLUNTAD COMÚN COMO LÍMITE DE LA BUENA FE… 73
la distinción entre las diferentes funciones de la buena fe contractual, las que tienen
presupuestos de aplicación, efectos jurídicos y límites también diferentes.
Dentro de las diferentes funciones de la buena fe contractual, aquella que puede
tenerse por su tarea más originaria y elemental es la función de integración del contrato.
En virtud de esa función la buena fe es el antecedente de una cantidad potencialmente
indefinida de deberes secundarios de conducta y otros efectos jurídicos accesorios o
conexos, todos estos se imputan al contrato para suplementar sus lagunas. Los criterios
centrales que rigen la integración contractual con fundamento en la buena fe pueden
tenerse por la función económica y el fin del contrato. En virtud de esos criterios, puede
asumirse que más allá de lo expresamente declarado por las partes, el deudor tiene un
conjunto de deberes secundarios o conexos orientados a realizar todo lo razonablemente
exigible para satisfacer los fines e intereses cautelados y perseguidos por el contrato,
debiendo, a su vez, acreedor y deudor abstenerse de realizar todo lo que ponga en peligro
la efectiva realización de esos fines o intereses. Ello de una manera que resulte consistente
con la esfera de acción y riesgo propia de cada parte, definida según el sentido práctico
del contrato. En conjunto con la función económica o fin del contrato pueden resultar
relevantes también otros criterios o consideraciones, todos estos configuran el contexto
fáctico y legal en que tiene lugar el contrato, los que determinan lo que un contratante
puede esperar razonablemente del otro más allá de lo expresamente declarado en la
promesa contractual.
En todos los casos, los términos implícitos que se integran al contrato en virtud de
la buena fe deben satisfacer un conjunto de condiciones de incorporación a la convención,
referidos fundamentalmente a su coherencia con el programa contractual convenido y
a su adecuación para el razonable cumplimiento del fin del contrato, tal como este se
encuentra definido por las partes. En la definición de esas condiciones adquieren parti-
cular relevancia los límites de la función de integración de la buena fe contractual, los
que dan cuenta de hasta dónde puede atribuirse un término implícito al contrato con
fundamento en la buena fe, sin generarse los riesgos antes indicados, referidos al desco-
nocimiento y desnaturalización del contrato. Por lo mismo, el traspaso de esos límites
tiene precisamente por efecto desconocer o desnaturalizar el contrato, con el consecuente
riesgo de afectación de la seguridad del tráfico jurídico. Ello da cuenta de la relevancia
de definir con exactitud los límites de la buena fe en la integración contractual.
En general, todos los límites de la función de integración de la buena fe emanan
de la propia naturaleza de esa función, la que tiene por objeto complementar el acuerdo
de los contratantes, suplementando sus lagunas. Por lo mismo, la buena fe no puede
ser nunca la fuente de los elementos esenciales u obligaciones principales del contrato,
que son los que definen la naturaleza del intercambio contractual y los fines e intereses
perseguidos por los contratantes mediante su suscripción. Los elementos esenciales y
obligaciones principales del contrato tienen que fundarse necesariamente en la volun-
tad común de los contratantes, por muy básica y elemental que esta sea. Una falta de
completitud referida a los elementos esenciales y las obligaciones principales plantea un
problema de existencia o validez del contrato, pero no uno de integración contractual.
En consecuencia, los términos que se incorporan al contrato en virtud de la buena fe
74 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
contractual solo pueden ser obligaciones conexas, secundarias o accesorias u otra especie
de efectos jurídicos complementarios, todos estos son siempre funcionales y sirven a la
satisfacción y cumplimiento de los fines e intereses perseguidos por los contratantes. De
igual manera, los deberes secundarios de conducta y demás efectos jurídicos accesorios
que se integran al contrato en virtud de la buena fe no pueden nunca modificar, alterar
o sustituir el tipo y la función económica del contrato, tal como este se encuentra de-
finido por los contratantes, ya que ello supondría una completa desnaturalización del
contrato, invadiéndose la esfera de autodeterminación individual reservada a las partes
en la contratación. Por último, también en razón de su naturaleza complementaria
destinada a suplir lagunas contractuales, los términos implícitos que se integran al
contrato en virtud de la buena fe no pueden nunca contravenir el contenido de cua-
lesquiera términos o elementos explícitos válidamente acordados por los contratantes,
corrigiendo o rectificando los derechos, obligaciones, distribución de riesgos y, en
general, lo libremente acordado por las partes. Ello porque los términos o elementos
consentidos por las partes delimitan el exacto perímetro de toda laguna contractual, la
que precisamente es suplementada con fundamento en la buena fe. De esta manera, en
la definición del contenido del contrato la voluntad común de los contratantes tiene
primacía sobre la buena fe contractual, constituyendo el límite más inmediato a toda
integración contractual admisible.
La primacía de la voluntad común de los contratantes en la definición del contenido
del negocio da cuenta de que los deberes de conducta y demás efectos jurídicos derivados
de la buena fe contractual para integrar los contratos se encuentran en general a dispo-
sición de los contratantes, pudiendo ser anticipadamente renunciados, reemplazados o
modulados por las partes de conformidad con sus particulares intereses comprometidos
en el intercambio contractual. Por lo mismo, los deberes de conducta y demás efectos
jurídicos que se derivan de la buena fe para integrar los contratos configuran por regla
general derecho contractual dispositivo. Lo indicado no implica bajo ninguna circuns-
tancia que la buena fe contractual, como principio regulador del contrato, sea también
disponible. Por el contrario, la buena fe constituye uno de los principios más elementales
sobre los cuales se construye la institución del contrato, tratándose inequívocamente de
una norma de orden público que no se encuentra a disposición de los contratantes. Pero
de esa indisponibilidad general de la buena fe contractual puede y debe distinguirse
la disponibilidad de los específicos deberes de conducta y demás efectos jurídicos que
se derivan de su desarrollo y concreción, cuando la misma tiene por función integrar
el contrato. Ello se funda en que en su función de integración la buena fe es fuente y
soporte jurídico de un conjunto de términos o elementos implícitos que se imputan
al contrato para suplir sus lagunas, esto es, para colmar vacíos u omisiones referidos a
aspectos laterales del negocio que pudieron haber sido regulados convencionalmente por
las partes, pero que no lo fueron, siendo necesaria su suplementación para que el contrato
pueda cumplir razonablemente con su sentido práctico y finalidad económica. Se trata
así, por definición, de aspectos que se encuentran dentro del ámbito de disposición de
la autonomía privada de las partes.
2022] ADRIÁN SCHOPF OLEA: LA VOLUNTAD COMÚN COMO LÍMITE DE LA BUENA FE… 75
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Código Civil
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Jurisprudencia citada
DOI: 10.4067/S0718-09502022000100079
Resumen
En Chile, el abuso de la libertad de empresa se ha hecho sentir con especial gravedad en los
contratos por adhesión. Este trabajo estudia los alcances del ejercicio ilegítimo de la libertad
de empresa en la materia, partiendo de la doctrina del abuso de los derechos fundamentales.
En tal perspectiva, las cláusulas abusivas se configuran como resultado del ejercicio abusivo de
la facultad de contratación/negociación del empresario. Se trata de injustos premeditados que
materializan diversas estrategias de negocios y que, al insertarse en las condiciones generales de
contratación, afectan con carácter sistémico a un número importante de consumidores. Se ofrecen
seis casos ejemplares discutidos judicialmente que ilustran esta tesis, los cuales son de especial
utilidad para el análisis de los problemas que la libertad de empresa presenta al país, de cara
al actual proceso constituyente.
Abstract
In Chile, the abuse of the freedom of enterprise has been felt with gravity in standard contracts. In
the framework of the doctrine of the abuse of fundamental rights, this work studies the scope of
* Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Diego Portales, Chile. Doctor en Derecho y
Doctor en Filosofía, Universidad Complutense de Madrid, España. Profesor Titular de Derecho Constitucional,
Universidad del Desarrollo, Chile. ORCID: https://orcid.org/ 0000-0002-2749-6072. Correo electrónico:
[email protected].
** Licenciada en Ciencias Jurídicas, Universidad de los Andes, Chile. Doctora en Derecho, Universidad
de los Andes, Chile. Profesora de Derecho Civil, Universidad Alberto Hurtado, Chile. ORCID: https://orcid.
org/ 0000-0002-7343-5481. Correo electrónico: [email protected]
*** Licenciado en Derecho, Pontificia Universidad Católica de Chile. Doctor en Derecho, Universidad
de Valencia, España. Profesor de Derecho Privado, Pontificia Universidad Católica de Chile. ORCID: https://
orcid.org/ 0000-0003-4732-5585. Correo electrónico: [email protected]
Este trabajo forma parte del Proyecto FONDECYT Regular Nº1191017.
Trabajo recibido el 20.10.2021 y aceptado para publicación el 10.3.2022.
80 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
the illegitimate exercise of this freedom. In such a perspective, the unfair terms are configured
because of the abusive exercise of the contracting / negotiating power of the business owner. These
are premeditated unfair actions that materialize through various business strategies and that,
when inserted into the general contracting conditions, affect a significant number of consumers
in a systemic manner. Six leading cases are offered to illustrate this thesis, which are especially
useful for the analysis of the problems that freedom of enterprise presents to the country, in view
of the current constitutional process.
I. Antecedentes
E n Chile no se conocen estudios que examinen las cláusulas abusivas de los con-
tratos por adhesión como una manifestación específica del ejercicio ilegítimo
de la libertad de empresa. La problemática de estas cláusulas ha sido analizada
solo desde el ángulo del derecho contractual del consumo1 o en el marco general del
derecho privado2. La cuestión resulta de particular interés, porque el país se encuentra
inmerso en un proceso constituyente que reconfigurará el reconocimiento de los derechos
y garantías fundamentales.
Si se analiza el proceso formativo de las leyes que protegen al consumidor, se puede
observar cómo las cláusulas abusivas se presentan, de modo recurrente, como un problema
de abuso de la libertad de empresa3. Con el “abuso” se alude, en general, a las vulnera-
ciones que sufre el consumidor como consecuencia del ejercicio ilegítimo por parte del
empresario proveedor de algunas de las facultades que derivan de la libertad económica,
de la que goza constitucionalmente para el desarrollo de su actividad. Habitualmente,
1 En torno a la tipología general de las cláusulas abusivas en Chile, véase Veloso, 1996, pp. 444-
453; Tapia y Valdivia, 2002, pp. 79-126; Pizarro, 2012, pp. 149-170; De la Maza, 2012, pp. 1-46;
Momberg, 2013, pp. 9-27; Pizarro y Petit, 2013, pp. 305-311; Morales, 2018, pp. 23-52; Campos,
2019, pp. 37-105 y 217-319; Barrientos, 2019, pp. 107-156.
2 Morales et al., 2020; Mendoza y Morales, 2020, pp. 207-216. Y desde un punto de vista más
empresario, agente del mercado, comerciante, etc.) es utilizado, de forma nominal o por equivalencia, en
múltiples ocasiones en la historia de las leyes referidas a la protección del consumidor. En concreto, setenta
y cuatro veces en el proceso formativo de la Ley 19.496, de 1997; ochenta y una veces en la Ley 19.659, de
1999; once veces en la Ley 19.761, de 2001; cincuenta y una veces en la Ley 19.955, de 2004; trece veces
en la Ley 20.416, de 2010; dos veces en la Ley 20.543, de 2011; cuarenta y cinco veces en la Ley 20.555,
de 2011; ochenta y cinco veces en la Ley 20.715, de 2013; dos veces en la Ley 20.756, de 2014; cinco veces
en la Ley 20.855, de 2015; ciento cuarenta veces en la Ley 20.967, de 2016; ciento cincuenta y dos veces
en la Ley 21.081, de 2018. En la tramitación de la Ley 20.945, de 2016, se utiliza sesenta y ocho veces
el término “abuso” para atribuirlo al empresariado, y ciento cuarenta y tres veces se vincula la infracción
anticompetitiva al perjuicio al consumidor.
2022] JULIO ALVEAR, FRANCISCA BARRIENTOS, JAIME ALCALDE: EL ABUSO… 81
La doctrina general del abuso del derecho permite asumir la premisa de que cual-
quier derecho subjetivo, tenga o no reconocimiento constitucional, es susceptible de un
ejercicio legítimo como de otro ilegítimo, conforme se adecúe o no a su finalidad social
y al ordenamiento jurídico. Pero la trayectoria conceptual de esta figura no ha sido fácil.
19.955, de 2004, p. 5; Ley 20.715, de 2013, p. 7; Ley 20.945, de 2016, p. 3; y Ley 21.081, de 2018, p. 4.
También en las mociones parlamentarias de la Ley 19.659, de 1999, p. 4 y Ley 20.715, de 2013, p. 4, y en
la exposición de motivos de la Ley 21.945, de 2016, pp. 3 y 12.
5 Art. 3° del DFL 1, de 2005.
6 Art. 3° de la Ley 20.169.
82 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
poder público21. Ante la disparidad de criterios, Guzmán Brito acaba afirmando que el
abuso del derecho no tiene fundamento científico suficiente, porque, a lo sumo, remite
a otras instituciones como la aemulatio medieval22.
Entre todas estas variaciones, hay, sin embargo, un elemento útil: la capacidad des-
criptiva para connotar la superposición ilegítima del interés individual sobre el interés
social en el ejercicio de un derecho subjetivo. De ahí la nueva recepción que la categoría
ha tenido en la teoría general de los contratos de consumo23 o, más ampliamente, en la
teoría general del derecho24.
En Chile, hay pocos aportes que relacionen de modo explícito la figura del abuso del
derecho con las cláusulas abusivas de los contratos de consumo25. Sin embargo, se destaca
que el fenómeno de la abusividad, en concreto el término unilateral, ha sido abordado
mediante el recurso a la buena fe, explicado como contrario a un fraus, permitiendo la
interposición dentro del juicio de la exceptio doli (en términos amplios), lo que permiti-
ría al consumidor hacer frente al comportamiento abusivo del proveedor derivado del
ejercicio de la cláusula cuestionada26. También la buena fe del artículo 16, letra g) de la
Ley 19.49627 ha sido vinculada con la causa como función socioeconómica del contrato
(art. 1467 del Código Civil), para atraer hacia él todo lo que razonablemente aparece
como bueno y equitativo28. Por nuestra parte, habría que considerar la superposición
del interés individual sobre el interés social como elemento distintivo de la figura del
abuso en la materia. Es precisamente esa superposición la que provoca el uso desmedido
de la facultad contractual de una de las partes, generando el desequilibrio significativo
entre los derechos y obligaciones que genera el contrato. Con las cláusulas abusivas el
predisponente modula la configuración de derechos contractuales en su favor, concretando
diversas formas de injusticia conmutativa, cuya tipología queda abierta, de un modo
indeterminable, al ingenio de quien las diseña29. De ahí que, con independencia del
control que se ejerce sobre las cláusulas abusivas por medio del expediente de la nulidad
situaciones contractuales típicas que vulneran las “normas de equidad” [art. 16, letras a) a f)], y al consagrar
la figura general del art. 16, letra g), fundada en la ausencia de buena fe y en el “desequilibrio importante”,
lo que exige atender a la finalidad del contrato y a las disposiciones especiales o generales que lo rigen. De
esta última norma, véase Momberg y Pizarro, 2013, pp. 340-351; Morales y Veloso, 2019, pp. 152-
155. Un esfuerzo por tipificar las formas casi infinitas de abuso (facultades unilaterales de modificación,
facultades unilaterales de interpretación, etc.) en Mato, 2017, pp. 160-279. De desequilibrio y justicia
conmutativa, Momberg, 2013, pp. 16-19, y Alvear, 2017, pp. 210-218. Para el “abuso del derecho” en
el ámbito del consumo, Isler, 2019, pp. 259-291.
84 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
han propuesto un principio general de interdicción del abuso del derecho; pero este se utiliza, con preferencia,
para el control del uso desmedido de facultades en el ámbito administrativo. Véase, por ejemplo, Brown,
pp. 511-525; Waelbroeck, pp. 595-616; Simon y Rigaux, 2004, pp. 557-585; Ionescu, 2008, pp. 23-423.
33 Ortúzar, 2003, p. 235.
2022] JULIO ALVEAR, FRANCISCA BARRIENTOS, JAIME ALCALDE: EL ABUSO… 85
34 Ortúzar, 2003, pp. 185-200. Para las cláusulas de limitación y sus diversas interpretaciones, véase
ordinarios de cada derecho que sancionan los supuestos abusivos, por lo que no es necesario un límite especial
en la materia. Medina Guerrero, 1996, pp. 79-82, observa que los tribunales constitucionales apelan al
“abuso” para controlar todo proceder contrario a la buena fe, al deber de lealtad o a una regla de general
observancia en el tráfico jurídico. Pero, por consiguiente, tampoco sería necesaria una figura especial con
dicha designación. Para otros autores, sí sería conveniente contar con un límite general así denominado para
controlar situaciones concretas de abuso. Véase Gómez Torres, 1979, pp. 301-332; Castán Tobeñas,
1992, pp. 20-25; Madiot, 1976, pp. 120-122. Sin embargo, esta parece una discusión más acerca del nombre
que de la figura.
86 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
evolución de la jurisprudencia, Alvear (2017), pp. 73-88, y Guerrero, 2020, pp. 441-446.
45 Monereo, 2012, p. 1430.
46 Aldunate, 2008, pp. 21-22.
47 Grossi, 1991, pp. 167-177; Díez-Picazo, 2008, pp. 42-46 y 115-121; Rodríguez Zapata, 2011,
pp. 103-119.
2022] JULIO ALVEAR, FRANCISCA BARRIENTOS, JAIME ALCALDE: EL ABUSO… 87
El abuso de un derecho fundamental es, por tanto, una forma de ejercicio ilegítimo
de algunas de sus facultades derivadas. Se produce cuando su titular las ejerce de forma
contraria a su finalidad sociojurídica55. Hay espacio para el abuso en la medida en que
la correlación entre ejercicio de una facultad específica y su ámbito de protección ius-
fundamental no es simétrico. Con el abuso, el titular de la facultad hace un uso anormal
de ella y excede el ámbito iusfundamental protegido56.
para situaciones de ejercicio anormal. Otros vinculan la figura a esquemas de lealtad, buena fe, o límite
interno subjetivo. Fernández Sessarego, 2013, pp. 239-240; Peces-Barba, 2004, pp. 323-326; Díez
Picazo, 2008, pp. 160-161.
56 El Tribunal Constitucional chileno se ha referido en más de una ocasión al “ejercicio abusivo” de
ciertas libertades iusfundamentales, reconociendo esta categoría en materia de libertad de expresión (Tribunal
Constitucional, sentencia de 2 de junio de 2010, rol 567, cons. 36) y libertad de enseñanza (Tribunal
Constitucional, sentencia de 1 de marzo de 2015, rol 2787, cons. 8° de la prevención de cinco ministros).
57 Un análisis de la doctrina chilena acerca de la libertad económica como derecho fundamental, en
Alvear, 2017, pp. 21-66. La discusión respecto del estatuto de derecho fundamental en Guerrero, 2020,
pp. 193-211 y Viera, 2020, pp. 678-680.
88 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
58 La tesis del mercado como objeto mediato de la libertad de empresa en García Victoria, 2008,
pp. 144-147 y Cidoncha, 2006, pp. 139-150, entre otros. En Chile, Alvear, 2017, pp. 59-60 y Nogueira,
2020, pp. 29-30.
59 El mercado como ámbito de derechos concurrentes en Alvear, 2017, pp. 197-206.
60 Del control de las cláusulas abusivas y el desarrollo del mercado, Pazos, 2017, pp. 144-152. Las
implicancias mutuas de la libertad económica, la libre competencia y el derecho del consumidor en Arroyo,
2013, pp. 31-43. Sobre libertad económica y exigencias del Estado Social, Viera, 2010, pp. 197-224.
61 Ossenbühl, “Las libertades del empresario según la Ley Fundamental de Bonn”, pp. 21-36. En
términos similares, Mercado, 2012, pp. 380 y 387-391 y Cidoncha, 2006, pp. 267-270.
62 Ariño, 2004, pp. 296-304.
63 Véase Nogueira, 2020, pp. 27-30; Alvear, 2017, pp. 58-60 y Navarro, 2016, pp. 45-46.
2022] JULIO ALVEAR, FRANCISCA BARRIENTOS, JAIME ALCALDE: EL ABUSO… 89
64 Rengifo, 2004, pp. 27-32; Simon y Rigaux, 2004, p. 1430. Estos autores proponen la figura del
abuso precisamente como garantía para el ejercicio adecuado del poder que concede cada facultad.
65 Ariño, 2004, pp. 294-296; Cidoncha, 2006, pp. 140-144.
66 Ossenbühl, 1991, p. 36. Para este autor, la facultad de negociación/contratación deriva directamente
de la “libertad de actividad en el mercado” de la que goza todo empresario. Véase también la noción de
Guzmán, 2001, p. 254.
67 La condición de consumidor puede corresponder tanto a las personas naturales o jurídicas indicadas
en el art. 1°, Nº 1 del DFL Nº 3, de 2021), como a las pequeñas y medianas empresas que reciben las
actividades de producción, fabricación, importación, construcción, distribución o comercialización de
bienes o de prestación de servicios por parte de una persona natural o jurídica (art. 1°, Nº 2 del DFL Nº 3,
de 2019, y art. novena, Nº 1 de la Ley 20.416). El abuso de la libertad de empresa se puede dar incluso en
relaciones contractuales entre empresas.
68 Schopf, 2021, pp. 59-61.
69 Una definición en Chandler, 1962, p. 13.
70 La Norma de Carácter General Nº 461, de 2021, de la Comisión para el Mercado Financiero, señala
que las sociedades cotizadas deben hacer público su perfil mediante la indicación de “la misión, visión y el
propósito de la entidad, además de sus valores y principios corporativos”.
71 Acerca de la recepción de la buena fe en la gestión de una sociedad, véase Hernando, 2016, y
ejemplo, De la Maza, 2014, pp. 333-350, y Momberg, 2013, pp. 9-27). Y es que, en rigor, el principio de
igualdad contractual exige un más eficaz “cotejo de equilibrio” entre los derechos y obligaciones de ambas
partes. Más aún, dicho cotejo debiera medir la distribución de derechos y obligaciones, riesgos y garantías
establecidas en el concreto contrato que se ha celebrado y su comparación con el modelo contractual previsto
en la legislación dispositiva. En este sentido, son significativos los aportes de la doctrina argentina respecto
de la llamada “desnaturalización de las obligaciones” (Valicenti, 2016, pp. 54-55). De la “desnaturalización
de las obligaciones” como criterio para calificar las cláusulas abusivas y medir el “desequilibrio”, véase
Lorenzetti, 1994, pp. 171-173. Respecto del modelo de razonabilidad contractual establecido por el
legislador, véase Díez-Picazo, 1996, p. 379.
74 Además de las normas de justicia conmutativa, el derecho del consumo contiene exigencias de
justicia general, como los deberes que se imponen al empresario en razón del interés social, superando los
marcos de la relación contractual. Un ejemplo característico son las normas infraccionales (Guerrero,
2008, pp. 433-453; Barrientos y Contardo, 2013, pp. 556-582). Eventualmente, una cláusula abusiva
también podría lesionar algún derecho fundamental del consumidor (que, en nuestra mirada, no es parte
esencial del abuso, sino efecto accidental): sería el caso de una cláusula abusiva que implicara, por ejemplo,
una discriminación arbitraria.
75 El derecho chileno del consumo no tiene una regulación de las condiciones generales de contratación
como existe en otros países. Esto no significa que el DFL 3, de 2021, no contenga disposiciones que permiten
controlar, incluso en abstracto, los términos y condiciones generales previstos por los proveedores para la
contratación masiva con consumidores. Sin embargo, y como explica Carvajal, 2021, la sanción de nulidad
que prevé el art. 16 del DFL Nº 3, de 2021, respecto de las cláusulas abusivas, queda restringido al ámbito
de los contratos de adhesión.
76 De la posible indagación de las estrategias de negocios, véase el art. 58, letra d) del DFL 3, de 2021.
2022] JULIO ALVEAR, FRANCISCA BARRIENTOS, JAIME ALCALDE: EL ABUSO… 91
77
En este sentido, se pueden justificar las agravantes de la responsabilidad infraccional introducidas
por la Ley 21.081, donde se incluyen la reincidencia; el haber causado un daño patrimonial grave a los
consumidores; la afectación a la integridad física o psíquica de los consumidores o, en forma grave, su
dignidad (art. 24 inciso 5°, letras a), b) y c) de la Ley Nº 19.496).
78 Por todos, Orozco y Moreno, 2012, pp. 1087-1088.
79 Por todos, Gaspar, 2012, pp. 227-238.
80 Comisión Investigadora caso La Polar, 2011, pp. 1-4. Un análisis jurídico del caso La Polar
en sus diferentes aristas, en Gaceta Jurídica, 2011, pp. 1-90, y Gaspar, 2012, pp. 227-238.
92 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
V. Conclusiones
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y sistematizado del DL Nº 211, de 1973. Publicado el 7 de marzo de 2005.
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y sistematizado de la Ley 19.496. Publicado el 31 de mayo de 2021.
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2022] JULIO ALVEAR, FRANCISCA BARRIENTOS, JAIME ALCALDE: EL ABUSO… 101
DOI: 10.4067/S0718-09502022000100103
Resumen
Abstract
In international law, the obligation to carry out a transboundary environmental impact as-
sessment (TEIA) is considered a general customary obligation, which constitutes a legal and
material consequence of the no harm rule to other States, which is an expression of the principle
of due diligence. This obligation is binding on all States, including Chile. However, in our
country there is no substantive regulation on this issue and the only progress is an instruction
by the environmental authority. Therefore, this article aims to analyze the way in which the
TEIA has been treated in our country in accordance with decisions of international tribunals
and legal doctrine, concluding that it does not fulfill the international obligation, nor does it
allow an adequate domestic regulation of TEIA.
Introducción
(DIFROL) Ximena Fuentes Torrijo, el 27 de junio de 2018, en la sesión de la Comisión de Medio Ambiente
del Colegio de Abogados y la Asociación Chilena de Derecho Ambiental respecto de este tema, recalcando
la importancia del cumplimiento de las obligaciones internacionales por parte de Chile, evitando de esta
forma la posibilidad de incurrir en responsabilidad internacional.
4 El actual reglamento es el D.S. Nº 40/2012, del Ministerio del Medio Ambiente (RSEIA).
2022] DOMINIQUE HERVÉ E., DUSANKA INOSTROZA S.: LA OBLIGACIÓN INTERNACIONAL… 105
5 En cuanto a la metodología utilizada para obtener estos datos se debe indicar que se realizó un cruce
Supremo 040-2014-EM, Reglamento de Protección y Gestión Ambiental para las Actividades de Explotación,
Beneficio, Labor General, Transporte y Almacenamiento Minero, aquellos proyectos que involucran tales
actividades requieren de la evaluación y previa aprobación de Términos de Referencia Específicos, cuando sus
componentes y/o actividades se localicen en ecosistemas frágiles o áreas vulnerables declaradas por autoridad
competente y se encuentren ubicadas dentro de los 50 km de la frontera.
8 El listado de dichos Estados se encuentra en: https://treaties.un.org/doc/Publication/MTDSG/Volume%20
II/Chapter%20XXVII/XXVII-4.en.pdf
9 El texto íntegro del instructivo se encuentra en: https://www.sea.gob.cl/sites/default/files/imce/
archivos/2018/09/05/ordinario_ndeg_181275_de_fecha_31_de_agosto_2018.pdf
106 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
una EIAT, y (iii) se determinará su sentido y alcance, lo que nos permitirá (iv) contrastar
lo anterior con lo dispuesto en el Ord. D.E. Nº 181.275/18 y (v) analizar cuáles son
los problemas e insuficiencias del instructivo. Por último, (vi) concluir con algunas
observaciones y recomendaciones.
A modo de contexto, es preciso señalar que si bien hasta el momento no existe una
definición de la EIAT que se encuentre consagrada en los instrumentos del Derecho
Internacional del Medio Ambiente10, la doctrina internacional ha avanzado en su con-
ceptualización, tal como pasamos a revisar a continuación.
En este sentido, Kees Bastmeijer y Timo Koivurova han entendido y definido la
EIAT de la siguiente forma:
Caspio, el mar de Aral, el mar Mediterráneo–, recursos hídricos compartidos, etc. Y por
último, la dimensión asociada a la evaluación ambiental transfronteriza y las institu-
ciones internacionales de financiamiento, que se vincula con la estrecha relación entre
el desarrollo económico y los problemas ambientales, en donde los bancos de desarrollo
fomentan la implementación de políticas medioambientales, acuerdos internacionales
en esta materia, fondos sustentables o productos especiales, que permiten el incremento
de la responsabilidad social empresarial de los proponentes de los proyectos, entre otros.
Además, Sandra Dalfiume ha definido la EIAT como “un proceso de toma de decisiones
llevado a cabo por los Estados para evaluar, de manera científica y con la participación
de los ciudadanos, los impactos que se podrían producir sobre su medio ambiente y el
de otros Estados a causa del desarrollo de una determinada actividad, con la finalidad
de identificar las medidas para prevenir, reducir y controlar dichos impactos”13.
A partir de lo anterior, podemos definir la EIAT como aquel procedimiento que
es desarrollado por un Estado o varios Estados, en caso que compartan áreas que no se
encuentran sometidas en totalidad a la jurisdicción de uno en particular, cuyo objetivo
es evaluar ambientalmente los posibles impactos ambientales que se pudieran generar
en otro Estado, por la ejecución de un proyecto o actividad ubicado en su zona fronteriza
o, no encontrándose dentro de esta, pudiera ser afectada en virtud del área de influencia
de este.
Dicho procedimiento podrá formar parte de la evaluación de impactos ambientales
interna que posean los Estados o constar en un instrumento vinculante distinto y deberá
contar con etapas que aseguren la participación pública, ya sea del posible Estado afec-
tado, de organizaciones internacionales sin fines de lucro, miembros de la comunidad
científica, etc., y su finalidad consistirá, para el caso de que efectivamente se generen
impactos ambientales transfronterizos, en la adopción de las medidas que se estimen
pertinentes –de acuerdo con dicho procedimiento– con la finalidad de prevenir, controlar
o minimizar dichos impactos.
En doctrina es posible distinguir al menos dos posturas acerca del origen de la obli-
gación de realizar una EIAT. Por una parte, aquellos que sostienen que esta obligación
constituye una consecuencia jurídica y material de la regla de no dañar a otros Estados
–expresión, a su turno, del principio de debida diligencia– y, por otra, los que estiman
que podría desprenderse del principio de derecho internacional de no discriminación14.
13 Dalfiume, 2018, p. 25
14 Dicho principio ha sido desarrollado por la OCDE en el Título A.3.a) de la Recomendación para la
implementación del régimen de acceso igualitario y de no discriminación con relación a la contaminación
transfronteriza, elaborado el 17 de mayo de 1977. Al respecto ver: https://legalinstruments.oecd.org/public/
doc/17/17.en.pdf
108 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
“(…) La existencia de la obligación general de que los Estados velen porque las
actividades realizadas dentro de su jurisdicción o bajo su control no dañen el medio
ambiente de otros Estados o zonas que estén fuera de su jurisdicción nacional forma
parte ya del corpus de normas internacionales en materia de medio ambiente”20.
aprovechar sus propios recursos naturales en aplicación de su propia política ambiental y la obligación de
asegurarse de que las actividades que se lleven a cabo dentro de su jurisdicción o bajo su control no perjudiquen
al medio de otros Estados o de zonas situadas fuera de toda jurisdicción nacional. Por su parte, el Principio
Nº 2 de la Declaración de Río si bien reitera casi de forma idéntica lo establecido en el Principio 21 de
Estocolmo, reconoce que este aprovechamiento soberano también deberá realizarse conforme las políticas
de desarrollo de los Estados. Ver Fuentes, 2000, p. 57.
16 Al respecto, Bastmeijer y Koivurova, 2008, p. 3; Dalfiume, 2018, p. 34, Vicente, 2014, p. 63,
de una fundición de zinc y plomo, se dispuso que “Bajo los principios del derecho internacional, y de la
ley de los Estados Unidos, ningún Estado tiene el derecho a usar o permitir el uso de su territorio de tal
manera que se cause daño por los humos en el mismo, en el territorio de otro Estado o a las personas que se
encuentren en su interior, cuando se trate de serias consecuencias y el daño esté establecido por evidencia
clara y convincente”.
18 En efecto, en el párrafo 22 de la sentencia de la CIJ entre Gran Bretaña del Reino Unido e Irlanda
del Norte vs. Irlanda, se indicó que “todo Estado tiene la obligación de no permitir, teniendo conocimiento,
que su territorio sea ocupado para actos que vulneren los derechos de otros Estados”.
19 Al respecto, Dupuy, 1990, p. 422.
20 En este sentido, ver Opinión Consultiva A/51/218 19 de julio de 1996, párrafo 29 en: https://www.
icj-cij.org/files/advisory-opinions/advisory-opinions-1996-es.pdf
21 Merrill, 1997, pp. 931- 1019.
22 Bodansky, 1995, pp. 105-119.
2022] DOMINIQUE HERVÉ E., DUSANKA INOSTROZA S.: LA OBLIGACIÓN INTERNACIONAL… 109
“[…]los estudios de impacto ambiental que son necesarios para tomar una decisión
sobre cualquier proyecto que podría causar un daño significativo transnacional
a otro Estado, deberá ser notificado por la parte interesada a la otra parte […]”
(párrafo 119).
“[…] Consecuentemente, es la visión de la Corte que corresponde a cada Estado
determinar en su legislación nacional o en el proceso de autorización para el pro-
yecto, el contenido específico del estudio de impacto ambiental requerido en cada
caso, teniendo en consideración la naturaleza y magnitud del desarrollo propuesto
y su posible impacto adverso sobre el medio ambiente, además de la necesidad de
ejercitar la debida diligencia durante la realización de ese estudio. La Corte tam-
bién considera que un estudio de impacto ambiental debe ser realizado antes de la
puesta en funcionamiento de un proyecto y si es necesario, a lo largo de la vida del
proyecto debe llevarse a cabo un monitoreo continuo de sus efectos en el medio
ambiente”28 (párrafo 205).
28 Además, en el párrafo 185 de dicha sentencia se indicó que “En el campo de la protección ambiental,
la vigilancia y la prevención son requeridos en vista del carácter irreversible del daño al medio ambiente y de
las limitaciones inherentes en el mismo mecanismo de cooperación de este tipo de daño (Proyecto Gabcíkovo-
Nagymaros (Hungría/ Eslovaquia) Sentencia I.C.J. Reports 1997, p. 78, para 140.)”
2022] DOMINIQUE HERVÉ E., DUSANKA INOSTROZA S.: LA OBLIGACIÓN INTERNACIONAL… 111
general de los Estados de actuar con la debida diligencia durante la realización de este
procedimiento, debiendo ello ser acreditado mediante acciones concretas, como, por
ejemplo, la cooperación entre Estados de forma general, la entrega de información per-
tinente, la realización de procedimientos de notificación y de consulta entre Estados29.
Por otra parte, la misma Corte, en la sentencia de 16 de diciembre de 2015, que
resolvió las causas interpuestas en 2010 y en 2011, por Nicaragua y Costa Rica, respec-
tivamente, dispuso en su párrafo 104 lo siguiente:
prevención, precaución, mitigación del daño y de cooperación entre los Estados que se
pueden ver afectados, con relación a la construcción de grandes obras de infraestructura.
Dicha magistratura concluyó que:
• La EIAT debe realizarse, idealmente y por razones obvias, antes de que el proyecto
de inversión o actividad se lleve a cabo.
• El Estado que planea llevar a cabo la actividad debe, de conformidad con su
obligación de debida diligencia, notificar y consultar en buena fe a los Estados
potencialmente afectados, cuando esto sea necesario para determinar las medidas
apropiadas para prevenir o mitigar ese riesgo.
• Toda EIAT debe llevarse a cabo cuando corresponda, esto es, cuando exista riesgo
de impacto ambiental significativo más allá de los límites internacionales.
• La EIAT debe, en caso de que corresponda (lo que es muy probable en la mayoría
de los casos), contener un plan de monitoreo a lo largo de la vida del proyecto.
32 El artículo 2 Nº 2 dispone que “Todas las Partes adoptarán las medidas legales, administrativas o
de otra índole que sean necesarias para dar efecto al presente Convenio, incluidas, por lo que respecta a las
actividades propuestas susceptibles de causar un impacto transfronterizo apreciable que se enumeran en el
apéndice I, la institución de un procedimiento de evaluación del impacto medioambiental que permita la
2022] DOMINIQUE HERVÉ E., DUSANKA INOSTROZA S.: LA OBLIGACIÓN INTERNACIONAL… 113
de las obligaciones que se deriven de la Convención, especialmente en el caso de un humedal que se extienda
por los territorios de más de una Parte Contratante o de un sistema hidrológico compartido por varias de
ellas. Al mismo tiempo, se esforzarán por coordinar y apoyar activamente las políticas y regulaciones actuales
y futuras relativas a la conservación de los humedales y de su flora y fauna”.
34 El artículo sobre Evaluación de impacto ambiental dispone lo siguiente “1. Siempre que el Derecho
internacional o la normativa supranacional aplicable a una Parte contratante exija la evaluación de impacto
ambiental de una actividad por ella propuesta que pueda tener un impacto adverso importante sobre el
medio marino de la zona del mar Báltico, dicha Parte contratante informará de ello a la Comisión y a toda
Parte contratante que pueda verse afectada por un impacto transfronterizo sobre la zona del mar Báltico.
(…) 3. Si dos o más Partes contratantes comparten aguas transfronterizas en la cuenca hidrográfica del mar
Báltico, cooperarán para que en la evaluación de impacto ambiental a que se refiere el apartado 1 del presente
artículo se investiguen profundamente los impactos potenciales sobre el medio marino de la zona del mar
Báltico. Esas Partes contratantes adoptarán conjuntamente las medidas adecuadas para prevenir y suprimir
la contaminación, incluidos los efectos nocivos acumulados”.
35 Es posible acceder al borrador suscrito por las delegaciones de los Estados participantes el 20 de
nacional que sea independiente o que forme parte de otros procesos autorizatorios,
indicando su contenido.
• Este procedimiento de EIAT deberá tener en consideración: (i) la naturaleza; (ii) la
magnitud; y (iii) el potencial impacto ambiental transfronterizo significativo del
proyecto.
• Los Estados deberán ejercitar y acreditar la debida diligencia durante la realización
de este procedimiento por medio de acciones concretas. Por ejemplo, mediante
procedimientos de notificación y de consulta entre Estados, el análisis sustantivo
de las observaciones del Estado receptor, etcétera.
• Los Estados deberán realizar el procedimiento de EIAT de forma previa a la ejecu-
ción del proyecto.
• Los Estados deberán realizar un monitoreo continuo de los efectos en el medio
ambiente durante la operación del proyecto.
• Los Estados deberán adoptar las medidas que sean necesarias para prevenir o
mitigar el riesgo de generar impactos ambientales transfronterizos a causa del
proyecto. Asimismo, deberán establecer un plan de contingencia, a efecto de tener
medidas de seguridad y procedimientos para minimizar la posibilidad de grandes
accidentes ambientales.
39 Por ejemplo, se ha señalado que la Corte Suprema reconoce y aplica las Declaraciones de Rio y de
Estocolmo. Ver: Femenías, 2016, p. 222. Se refiere a sentencia de la Excma. Corte Suprema, causa rol 7287
- 2009, de 30 de noviembre de 2009, caratulada “Linconao Huircapan, Francisca con Sociedad Palermo”.
2022] DOMINIQUE HERVÉ E., DUSANKA INOSTROZA S.: LA OBLIGACIÓN INTERNACIONAL… 115
internacional. Sin embargo, en Chile actualmente no existe una normativa especial que
cree un procedimiento de EIAT de forma independiente ni tampoco como parte del
SEIA. Sin ahondar mayormente en las razones por las cuales no se contempla un marco
regulatorio robusto en materia de EIAT, lo cierto es que el único instrumento aplicable
lo constituye el Ord. D.E. Nº 181.275/18.
Este instructivo se compone de tres partes. La primera dice relación con el contexto
normativo internacional y nacional respecto de la obligación de prevención del daño
ambiental transfronterizo. La segunda expone los conceptos de impacto ambiental trans-
fronterizo y de zona fronteriza40 haciendo una referencia a lo dispuesto en el artículo
4 del D.F.L Nº 4, de 1967, e indicando que será DIFROL quien debe informar perió-
dicamente al SEA el listado de dichas zonas; y, la tercera, establece un procedimiento
para cuando existan proyectos o actividades que sean susceptibles de causar impactos
ambientales ubicados en zonas fronterizas o en caso que, encontrándose fuera de dichas
zonas, sus áreas de influencia se extiendan a estas.
El procedimiento contempla las siguientes etapas:
40Las zonas fronterizas corresponden a aquellas áreas de territorio chileno que hayan sido declaradas
mediante Decreto Supremo por el Presidente de la República como tales, a propuesta de la DIFROL.
41 Reglamento del SEIA, DS Nº40, de 2012, del Ministerio del Medio Ambiente.
42 Los OAECA son aquellos órganos que cuentan con atribuciones en materia de permisos o pronunciamientos
ambientales sectoriales respecto del proyecto o actividad en particular, según el artículo 24 del RSEIA.
116 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
v) Luego de que los OAECA emitan sus pronunciamientos ya sea con observaciones
o conformes, se dará paso a la elaboración del ICSARA Complementario o del
Informe Consolidado de Evaluación, según corresponda, comunicándose dichos
actos a la DIFROL.
vi) La resolución de calificación ambiental del respectivo proyecto deberá ser comu-
nicada tanto a los OAECA que participaron en la evaluación como a la DIFROL.
DIFROL tiene por objeto intervenir en aquellas materias que se refieren a los límites
internacionales de Chile y a sus fronteras, debiendo centralizar, armonizar y promover
la política que debe seguirse en las regiones fronterizas y en el territorio chileno antár-
tico en relación con su desarrollo y progreso, entre otras. Para ello deberá ejecutar las
actividades de coordinación respectivas con ministerios y servicios públicos, de acuerdo
con lo dispuesto en los artículos 5 y transitorio 2° de la Ley Nº 16.592.
Las atribuciones de DIFROL están reguladas en los D.F.L Nº 4, de 1967, Nº 7, de
1968 y Nº 83, de 1979, todos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Dentro de estas
se encuentra la de aprobar o autorizar en forma previa las decisiones o actos respecto de
118 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
las zonas fronterizas del país, bienes nacionales de uso público, fiscales, o que formen
parte del patrimonio de dichas instituciones, que se encuentren situados total o par-
cialmente en zonas fronterizas del territorio nacional, tal como lo disponen los artículos
1, 2 y 5 de estos cuerpos normativos, respectivamente. Además, se indica que, sin tal
aprobación, las decisiones carecerán de valor y, por esta razón, no podrán ser cumplidas.
Es así como, a partir de las propias atribuciones de DIFROL y de la legislación
ambiental aplicable, es posible sostener que su intervención en el marco de la EIAT
podría darse desde dos perspectivas: como parte de los Órganos de la Administración del
Estado con competencia ambiental dentro del SEIA o como un servicio independiente
cuyas facultades lo habilitan para autorizar proyectos en zonas fronterizas.
En el primer caso, al incluirse a DIFROL como parte de los OAECA, dicho servicio
jugaría un rol fundamental en la evaluación ambiental de los proyectos que ingresan al
SEIA. Toda vez que podría intervenir ya sea emitiendo un pronunciamiento u otorgando
un permiso ambiental sectorial, en virtud de lo dispuesto en el artículo 24 del RSEIA.
Así, Jorge Bermúdez ha indicado que “En el caso de los pronunciamientos ambientales
que no estén vinculados a un permiso específico, la autoridad ambiental con competen-
cia material sobre el elemento ambiental, podrá pronunciarse e informar efectivamente
sobre el impacto ambiental del proyecto, sin encontrarse atada a las exigencias de un
permiso específico, sino si el proyecto evaluado se ajusta a las exigencias generales por
las que debe velar (…) Sin embargo, solo podrá pronunciarse sobre el ámbito propio de
su competencia (…)”44.
En este sentido, DIFROL, en virtud del artículo 1 del D.F.L Nº 83, deberá inter-
venir en todas aquellas materias que se refieran a los límites internacionales de Chile y
sus fronteras, siendo una consecuencia de ello el resguardo de la soberanía de nuestro
país y, específicamente, la adopción de diversas actuaciones para evitar comprometer la
responsabilidad internacional de Chile.
De esta forma, al existir recursos naturales en las zonas fronterizas, necesariamente
DIFROL deberá participar en su protección y resguardo, pues constituyen una expresión
de soberanía. De ahí se sigue que este servicio posea competencias en materia ambiental y
que, por tal, resulte necesario incluirlo en la evaluación ambiental de proyectos que sean
susceptibles de generar impactos ambientales transfronterizos en el marco del SEIA. De
hecho, dentro de las funciones de DIFROL se encuentra la coordinación de la política
exterior vecinal en relación con los recursos hídricos compartidos entre los Estados, de
acuerdo con el inciso segundo del artículo 1 de su Estatuto Orgánico.
En consecuencia, la intervención de DIFROL en el marco del SEIA consistirá en la
realización de observaciones respecto de la susceptibilidad de los proyectos de generar
impactos ambientales transfronterizos que se emplacen en zonas fronterizas, las que
posteriormente serían incorporadas en los respectivos ICSARAs y, en consecuencia,
contestadas por los titulares ya sea descartando dichos impactos o incorporando las
45 Otro punto que resulta relevante indicar y que solamente esbozaremos en este artículo pues excede
su objetivo, son los efectos de la sanción contemplada en el artículo 2 del D.F.L Nº 4, esto es, que toda
decisión administrativa en zonas fronterizas que no cuente con la autorización o aprobación por parte de
DIFROL en forma previa a su ejecución, carecerá de valor y no podrá ser cumplida. En este sentido, es posible
sostener que la falta de autorización o aprobación constituiría un vicio esencial y que, por ello, su sanción
será la nulidad absoluta o de pleno derecho del acto, decisión o contrato de que se trate, sin posibilidad de
convalidar dicho acto administrativo por la Administración. Toda vez que nos encontraríamos ante la causal
de “los actos expresos o presuntos contrarios al ordenamiento jurídico por los que se adquieren facultades o
derechos cuando se carezca de los requisitos esenciales para su adquisición”, siguiendo a Bermúdez, 2011,
pp. 129-136 y Esteve, 2019, pp. 193-198.
120 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
46 El expediente electrónico de evaluación ambiental de proyecto Los Bronces Integrado se encuentra disponible
en: https://seia.sea.gob.cl/expediente/expedientesEvaluacion.php?modo=ficha&id_expediente=2143785006
2022] DOMINIQUE HERVÉ E., DUSANKA INOSTROZA S.: LA OBLIGACIÓN INTERNACIONAL… 121
del artículo 81 de la Ley Nº 19.300 y en el artículo 110 del D.S. Nº 40/2012, podría
verse fácilmente modificado de acuerdo con la voluntad de la autoridad, afectando los
principios de seguridad jurídica y de la debida coordinación entre los diferentes Órganos
de la Administración del Estado.
Finalmente, en lo que dice relación con la indeterminación del rol que tendrá
DIFROL en el marco del SEIA, esto es, si actuará en su calidad de OAECA o como ente
autorizatorio en el marco de sus competencias. Sin embargo e independientemente de la
postura que se adopte, resulta necesario robustecer la práctica entre el SEA y DIFROL,
en virtud de lo establecido en los principios de coordinación, eficiencia y eficacia y de
sus atribuciones.
En consecuencia, es un imperativo avanzar en la solución de estos problemas o
deficiencias para efectos de dar cumplimiento a la obligación internacional de realizar
EIAT por parte del Estado chileno y, también, para contar con una normativa interna
adecuada para hacerse cargo de su cumplimiento.
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2022] de ÁNGELES
Revista FERNÁNDEZ
Derecho (Valdivia) Vol. G.,
XXXVMATÍAS
- Nº 1 GUILOFF T.: LA
- JUNIO 2022 RELEVANCIA
- ISSN DEL ENCUADRE…
0716-9132 / 0718-0950 125
Páginas 125-144
DOI: 10.4067/S0718-09502022000100125
Resumen
Abstract
This paper analyzes the relationship between the structuring of legal transitions and transactional
frames. For these purposes, we describe what legal transitions are, explain the transactional
frames for costs and benefits associated to a given legal change and illustrate how these frames
hinge on the adoption of the two choices that are critical for structuring a transition policy: the
assessment of whether or not transition mitigation or relief should be provided and the specific
shape of the mechanism established for providing mitigation. Afterwards, we illustrate this
incidence through the analysis of a case concerning a legislative debate. Lastly, given the inde-
termination we observe on the framing of costs and benefits, we suggest a guiding standard that
is necessary, but insufficient on its own to establish the transactional frame: the fulfillment of
the amendment’s objectives. Put differently, that the chosen transitional policy does not affect
the attainment of the goal of the legal change at issue.
I. Introducción
Nash y Revesz, 2007; Trebilcock, 2014. Pese a que es canadiense, se incluye en el listado a este último autor
porque su trabajo dialoga directamente con la literatura estadounidense.
2022] ÁNGELES FERNÁNDEZ G., MATÍAS GUILOFF T.: LA RELEVANCIA DEL ENCUADRE… 127
4 Véase en general Aldunate, 2006; Cordero, 2006; Fermandois, 2006; Ponce De León, 2015;
Guiloff, 2018.
5 Fried, 2003, p. 123.
128 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
6 Trebilcock, 2014, p. 9.
7 Huber 2011, pp. 94 y 95.
8 Huber, 2011, p. 95 y 96.
9 Blume y Rubinfeld, 1984, pp. 88-90.
10 Kaplow 1986, pp. 528-532; Bell, 2003, p. 35.
11 Huber, 2011, pp. 101 y 102.
12 Huber, 2011, p. 95; Quinn y Trebilcock 1982, p. 125.
13 Kaplow, 2003, p. 187; Trebilcock, 2014, p. 37.
14 Kaplow, 1986.
15 Huber, 2011, p. 95.
2022] ÁNGELES FERNÁNDEZ G., MATÍAS GUILOFF T.: LA RELEVANCIA DEL ENCUADRE… 129
cuencia de la dictación o modificación del plan regulador, queden ubicadas en un sector para el que se prevé un
uso de suelo diverso del que efectúan. Al establecerse o modificarse el plan regulador, estas quedan congeladas o,
dicho de otro modo, pese a que su uso de suelo resulta inconsistente con el previsto por este instrumento, se les
permite seguir funcionando, sujetándose a determinadas exigencias. Sin embargo, esta continuidad de vigencia
del uso de suelo anterior se mantiene en tanto la Municipalidad, previa emisión de informes por parte de las
Secretarías Regionales Ministeriales de Salud y Vivienda, no ordene su traslado, estableciendo un plazo para tal
efecto, ver artículo 62 del Decreto 458, 1976, Ley General de Urbanismo y Construcciones.
19 Como sucede, por ejemplo, con el sometimiento al sistema de evaluación de impacto ambiental de los
proyectos que, a la fecha de la dictación de la Ley Nº 19.300, 1994, sobre bases generales de Medio Ambiente,
ya se encontraran en funcionamiento. Estos solo deben someterse a dicha evaluación en el evento que su titular
decida realizar una modificación. Ver artículo 8 de la Ley Nº 19.300.
20 Rose, 2000, pp. 21 y 22; Shavell, 2008, pp. 38 y 39.
130 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
o se configure de una manera que permita a las personas reguladas controlar su fecha
de término, hay mayor riesgo para el cumplimiento de los objetivos de la reforma21.
Lo anterior nos muestra dos cosas. Por un lado, que los mecanismos temporales
que se escojan son relevantes para el cumplimiento de los objetivos de la reforma. Por
otro, que la distinción entre estos mecanismos temporales no es del todo nítida. Por
ejemplo, un esquema de gradualidad sujeto a un evento desencadenante que depende
exclusivamente de la voluntad del beneficiario de la transición, puede producir el mismo
efecto que una continuidad de vigencia ilimitada o también limitada, pero dependiente
del mismo tipo de evento.
Por último, es posible señalar que pueden combinarse mecanismos financieros con
temporales para mitigar los costos transicionales22. Ello cuando el uso de solo uno de
estos mecanismos no resulta suficiente para aliviar los costos que para ciertos agentes
puede implicar la modificación. Así, se puede establecer la implementación gradual de
una reforma y, junto con ello, establecer un mecanismo de asistencia financiera para
adaptarse a la misma (como podría ser una facilidad de acceso al crédito, una exención
tributaria o incluso otorgar financiamiento)23.
Para que el Estado articule una política de transición se requiere, en primer lugar,
determinar cuáles son los costos y beneficios derivados del cambio legal. En caso que, al
realizar esta evaluación, concluya que corresponde mitigar los costos, la determinación
de costos y beneficios también incide en la elección y configuración del mecanismo que
se establezca. Este proceso de determinación de costos y beneficios se ha denominado
“encuadre” (transactional frame)24.
Para aproximarnos a este problema partamos de la premisa que, en el derecho público,
el Estado y la ciudadanía están involucrados en una relación continua y permanente a
lo largo de la historia. Ello, a diferencia de lo que ocurre en el derecho privado, donde
las partes se involucran en relaciones cuyos límites temporales son determinados o de-
terminables (por ejemplo, un accidente automovilístico o una negligencia médica)25.
Lo anterior tiene consecuencias para establecer la distribución de efectos patrimo-
niales tanto de las interacciones entre privados como de aquellas entre estos y el Estado.
Tratándose de las primeras, regidas por el derecho privado, la unidad de análisis se define
de los sostenedores a la exigencia de ser dueños de los inmuebles donde se preste el servicio educacional. Con
esa finalidad, el legislador distinguió entre los sostenedores que desearan seguir realizando la actividad bajo las
nuevas reglas y aquellos que no, otorgándoles a los primeros un plazo para adquirir el inmueble y el aval del
Estado para facilitarles el financiamiento de esta compra. Por su parte, y respecto de los segundos, les facilitó la
venta de sus inmuebles, otorgando el aval del Estado a las operaciones de compraventa respectivas.
24 Ver, en general, Levinson, 2002.
25 Ver, en general, Levinson, 2002.
2022] ÁNGELES FERNÁNDEZ G., MATÍAS GUILOFF T.: LA RELEVANCIA DEL ENCUADRE… 131
porque, planteando la afectación de valores normativos (tales como la igualdad y la justicia), los grupos de interés
que pueden sufrir pérdidas como consecuencia de la reforma, pueden apelar al apoyo de otras personas o grupos
de interés que compartan estos valores, ver Trebilcock, 2014, p. 7.
36 Si bien en este trabajo hablamos en general de la relación entre el Estado y ciudadanía, es posible
señalar que una alegación como esta también podría ser formulada por personas que tienen la calidad de
inversionistas extranjeros. Lo anterior se debe a que, tal como su nombre lo indica, aquello que los tratados de
inversión extranjera protegen frente a expropiaciones son inversiones. No obstante, es discutible si dicha calidad
les otorga una protección adicional a la que se le otorga a los inversionistas nacionales mediante la garantía de
la expropiación. De partida, no resulta tan evidente que mediante estas se proteja algo distinto de la propiedad
privada, ya que “los tratados de inversión extranjera no establecen un concepto autónomo de inversiones, esto es,
una noción internacional de derechos e intereses sustantivos que no dependa en un sentido amplio de las reglas de
propiedad domésticas”, ver Montt, 2009, p. 248 (traducción propia). Fuera de ello, aunque dichas inversiones
también cuentan con otra protección adicional, como lo es la garantía de trato justo y equitativo por parte de los
Estados, respecto de la relación de esta con las transiciones legales, se ha indicado que, por regla general, ella no
ampara las expectativas de los inversionistas, a menos que se traten de cambios continuos, durante un período
prolongado, o bien de modificaciones estructurales a las reglas de un sector completo, sin que se establezca un
período de transición, ver Montt, 2009, p. 362.
37 Para el planteamiento de este problema en términos generales, véase Tversky y Kahnemann, 1981;
y Thaler, 1999. Una aplicación de este para efectos de la elección de instrumentos en materia de regulación
ambiental, en Nash, 2006.
2022] ÁNGELES FERNÁNDEZ G., MATÍAS GUILOFF T.: LA RELEVANCIA DEL ENCUADRE… 133
38 Por sí sola, y a falta de otras consideraciones específicas que respalden, como podría ser, por ejemplo,
un compromiso de mantener el marco normativo inalterado por un período o un acto administrativo que exija
la realización de inversiones precisas, se ha señalado que esta expectativa adolece de circularidad, ver Kaplow,
1986, pp. 522 y 523, Dagan, 2004, pp. 1168 y 1169.
39 Véase en general Michelman, 1967; Hochman, 1976; y Epstein, 2003.
40 Véase en general Graetz, 1977; Kaplow, 1986; y Shaviro, 2001. De acuerdo con trabajos más
recientes de la literatura pertinente a transiciones legales, incluso si uno acepta estas problemáticas premisas,
mitigar los costos transicionales es necesario también para otorgar incentivos adecuados en ciertos casos (Logue,
1996, pp. 1138-1143; Nash y Revesz, 2007, pp. 1727 y 1728; y Shavell, 2008, p. 38). Adicionalmente,
se ha señalado que los mecanismos de mitigación de costos no solo deben apuntar a los incentivos, sino que a
amparar determinados estilos de vida y la cohesión de una comunidad, frente a la alteración que podría suponer
la necesidad de cumplir con un cambio legal súbito y abrupto, Nash, 2008, pp. 833 y 834.
41 Kaplow, 1986, p. 520. Las premisas de la nueva perspectiva también son bastante rebatibles. Por lo pronto,
dar por establecida la similitud de los riegos creados por el mercado y por el Estado, desconoce que los últimos
se pueden determinar de manera deliberada y sistemática en ciertos individuos, Michelman, 1967, p. 1217.
42 Sin embargo, como lo evidencian los rescates gubernamentales a los bancos durante las crisis financieras,
el Estado también interviene para mitigar riesgos generados por el mercado, ver Nash, 2008, p. 833.
43 Ejemplo tomado de Blume y Rubinfeld, 1984, pp. 587 y 588.
44 Levmore, 1999, p. 1665.
45 Trebilcock 2014, p. 7.
134 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
mecanismos transicionales termina generando la perpetuación del statu quo, puede ser
un peor escenario que una reforma que sí contemplase una transición46.
Estas justificaciones teóricas también dan lugar a efectos de encuadre que inciden
en la decisión relativa a la pertinencia de articular una política de transición. Ello, en el
sentido que los costos de un cambio legal podrán considerarse admisibles o inadmisibles,
dependiendo de cómo sean presentados tanto a los agentes afectados como a la sociedad
en general. Por ejemplo, si se entiende que no es razonable asumir que una ley o política
pública es eterna47, y que el riesgo de afectación patrimonial por una modificación del
marco legal no es muy distinto al que se puede generar por un cambio en las condicio-
nes de los mercados48, se va a ser menos proclive a establecer una mitigación. Por el
contrario, si se siguen las prescripciones de la perspectiva antigua o por la influencia de
la postura pragmática, se considerará pertinente otorgarla.
En el evento que se decida articular una política de transición, se hace necesario
establecer un tipo de mecanismo descrito en la sección anterior para llevarla a cabo y
otorgarle una configuración específica. Este mecanismo debe ser uno apropiado para
mitigar los costos ocasionados por la modificación. Debido a que en la determinación
de dichos costos incide el encuadre, podemos decir que este también influye en la se-
lección del tipo de mecanismo y en la conformación de su configuración específica (por
ejemplo, los períodos que se establecerán, si se opta por la implementación gradual de
la modificación, o el elenco de beneficiarios).
De esta manera, como se ha descrito, el encuadre ejerce influencia en la articulación
de una política de transición. Incide en todos los pasos que se dan para articularla: la
determinación de los costos de la reforma; la decisión de mitigarlos; la selección del tipo
de mecanismo a utilizar para estos propósitos y la configuración específica de este último.
46 Trebilcock 2014, p. 7.
47 Kaplow, p. 522; Wyman, 2017, p. 94.
48 Kaplow, p. 520.
49 La política de gratuidad comenzó a implementarse mediante glosa presupuestaria y la Ley Nº 20.890,
2015 que modifica la Ley Nº 20.882, de presupuestos del sector público del 2016, también denominada “Ley
Corta de Gratuidad”. Dicha ley, fruto de un acuerdo político entre la oposición y el oficialismo de entonces, solo
incluyó a las universidades, dejando fuera a los IP y CFT, cuyos estudiantes se financiaban mediante becas. Ahora
2022] ÁNGELES FERNÁNDEZ G., MATÍAS GUILOFF T.: LA RELEVANCIA DEL ENCUADRE… 135
revisamos la historia legislativa en lo relevante para este trabajo. Luego, revisamos cómo
el encuadre de costos y beneficios influye en la determinación de la política de transición
y de sus especificidades.
En diciembre de 2015, el Ejecutivo presentó un proyecto de ley para permitir la
transformación de IP y CFT en personas jurídicas sin fines de lucro. Este consistía en
una indicación sustitutiva de dos mociones refundidas que ya existían en el Senado 50. El
objetivo del proyecto era crear procedimientos voluntarios para que aquellos CFT e IP
que quisieran modificar su naturaleza jurídica (que para ese entonces eran 31 de las 38
instituciones acreditadas) pudieran hacerlo. De esta forma, podrían pasar de sociedades
comerciales a personas jurídicas sin fines de lucro, conservando su reconocimiento oficial,
autonomía y acreditación vigente, y así podrían acceder a la gratuidad. En septiembre
del 2016, el Ejecutivo presentó un paquete de indicaciones, modificando la iniciativa.
¿Qué cambió? Entre otras cosas, la transición regulatoria.
El primer proyecto enviado por el Ejecutivo no contemplaba ningún tipo de tran-
sición para lo que estaba regulando. Esto no tardó en encender las alarmas en el mundo
técnico profesional. Así, el presidente del Consejo Nacional de Instituciones Privadas
de Formación Superior (CONIFOS A.G.), señaló que los procedimientos de transfor-
mación regulados en el proyecto de ley constituían, “en la práctica, una expropiación
efectuada sin aplicación de las garantías previstas en el art. 19 Nº 24, de la Constitución
Política de la República”51. Ello, debido a que los procedimientos permitían traspasar
los derechos y obligaciones del respectivo IP o CFT, incluyendo los patrimoniales, a la
corporación o fundación sin fines de lucro.
También se reclamaba que se podría afectar derechos de terceros, ya que los contra-
tos con la sociedad organizadora pasarían a la nueva corporación o fundación, la que no
tendría relación de propiedad entre los socios controladores y la entidad. Por ejemplo,
si el aval de los créditos en la relación con el sistema financiero eran los actuales socios,
el cambio de naturaleza jurídica los perjudicaba52. Esto mismo podía afectar la acredi-
tación institucional, pues las IES no contarían con el respaldo financiero de los socios,
lo que era revisado en el proceso de acreditación53.
bien, a pesar que dicha ley no consideraba a los IP y CFT, lo cierto es que el requisito para acceder a la gratuidad
que exigía estar constituida como persona jurídica sin fines de lucro y no contar con controladores lucrativos,
excluía de todos modos a la gran mayoría de dichas instituciones. Para ese entonces, de las 38 instituciones
técnico-profesionales acreditadas (19 CFT y 19 IP), solo 7 estaban constituidas como personas jurídicas sin fines
de lucro (3 CFT y 4 IP). Los restantes 31 habían manifestado su intención de transformarse en entidades sin fines
de lucro (Primer Informe de la Comisión de Educación y Cultura del Senado, 2016, p. 8).
Debido a lo anterior, el Ejecutivo, en el marco de la discusión de la Ley de Presupuestos y de esta la “Ley
Corta”, se comprometió a enviar un proyecto que permitiera a los IP y CFT acreditados convertirse en personas
jurídicas sin fines de lucro, manteniendo su reconocimiento oficial, autonomía y acreditación. Este proyecto se
convirtió en la Ley Nº 20.980, 2017 que analizamos en este apartado.
50 Mociones de los H. senadores Lagos, Montes y Zaldívar (Boletín Nº 10.261-04) y de los H. senadores
Este argumento es interesante pues vemos que amplía el encuadre para la deter-
minación del elenco de afectados. De acuerdo con este, el cambio no solo afectaría a
los socios controladores de las IES, sino que también a sus contrapartes contractuales.
Considerar que estas últimas también se ven afectadas por el cambio, tiene el efecto de
aumentar los costos del mismo. Si esto es así, se hace necesario articular el mecanismo
de transición de una manera que también pueda hacerse cargo de esta pérdida. Por lo
demás, esta manera de presentar los costos, indicando que ellos también afectan a ter-
ceros, también puede parecer sensata desde la perspectiva de las nociones de justicia y
equidad de la comunidad54.
Otro argumento que se reclamaba era la diferencia de criterio respecto de la tran-
sición contemplada para las corporaciones educacionales regidas por la Ley Nº 20.845,
de inclusión escolar. Se alegaba que no se consideraba ninguno de los mecanismos de
garantía, gradualidad y compensación que contempló dicha normativa, lo que resultaba
“un trato discriminatorio”55. No se mencionaba, claro, que este procedimiento era vo-
luntario, a diferencia de la Ley de Inclusión, que obligaba a los sostenedores a convertirse
en personas jurídicas sin fines de lucro para continuar recibiendo la subvención. En el
caso de los CFT e IP, ellos seguían recibiendo becas.
Tal como sucede con los términos “expropiación” y “afectación de derechos de
terceros”, “trato discriminatorio” también es uno que puede resonar bien con nociones
de justicia y equidad de la opinión pública. No obstante, vemos el carácter meramente
retórico de esta presentación, debido al carácter voluntario de los cambios.
Por su parte, el Consejo de Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica
Acreditados, VERTEBRAL, planteó que, ya que la Reforma a la Educación Superior
aun no ingresaba a tramitación en esa fecha, no se conocían las condiciones a las que
estarían obligadas las IES convertidas en sin fines de lucro56. Es importante señalar que
las posturas anteriores contrastaban con las manifestadas por miembros del CUECH y
el CRUCH, quienes se mostraron alineados con el proyecto de ley57.
Los párrafos anteriores muestran cómo hay distintas formas de encuadrar los costos
asociados al cambio legal. Varios de ellos son comúnmente utilizados en el debate po-
lítico y legislativo, particularmente aquellos desde una perspectiva expropiatoria. En
este caso, si bien eran debatibles jurídicamente, y no compartidos por todos los actores,
hicieron eco en otros directores y dueños de CFT e IP.
En relación con estos, y respecto del supuesto “carácter expropiatorio” de los
procedimientos de transformación, es posible hacer algunas precisiones. Es correcto
que, por la transformación de las entidades en personas jurídicas sin fines de lucro, las
acciones de los socios en la sociedad organizadora desaparecen y, en su reemplazo, los
socios adoptan la calidad de “miembros” de la corporación. Y si bien los miembros de
58 De hecho, así ocurrió con la venta de la Universidad Pérez Rosales a INACAP. El traspaso se realizó
jurídicamente mediante una modificación de los estatutos de la corporación, donde se reemplazaron la totalidad
de los miembros por sociedades del Holding INACAP. Así consta en Sesión Extraordinaria de Directorio de la
Corporación Universidad Tecnológica Vicente Pérez Rosales, reducida a escritura pública de 19 de agosto de
2005, suscrita en la Notaría Pública de Santiago de don René Benavente Cash.
59 Trebilcock, 2014, pp. 26 y 27.
60 Trebilcock, 2014, pp. 26 y 27.
61 Segundo Informe de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, 2016, p. 10-14.
62 Segundo Informe de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, 2016, p. 10-14.
63 Segundo Informe de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, 2016, p. 10-14.
64 Segundo Informe de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, 2016, p. 10-14.
138 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXV - Nº 1
Pero una figura como el pasivo subordinado era contradictorio con el corazón de la
política de gratuidad. El requisito de contar con naturaleza jurídica sin fines de lucro
para optar al financiamiento de la gratuidad tiene como objetivo que los recursos públicos
sean reinvertidos en las IES, no retirados por los dueños de los CFT e IP. Si parte de los
recursos públicos aportados a las instituciones por gratuidad se destinan al pago de un
pasivo subordinado destinado a compensar la supuesta expropiación, eventual afectación
de derechos de terceros y presunto trato discriminatorio, se desvirtúa completamente
el objetivo de política pública.
Ello, lamentablemente, puede ocurrir al establecer mecanismos de transición. A
nuestro juicio, y como analizamos en detalle en la próxima sección, el cumplimiento
de los objetivos de la regulación es uno de los criterios fundamentales que debe guiar
la elección de una política transicional.
Afortunadamente en este caso, la propuesta de pasivo subordinado no prosperó. El
Ejecutivo, en cambio, ofreció una transitoriedad consistente en importantes beneficios
tributarios para los dueños de los CFT e IP que hicieran aportes o donaciones a las nuevas
corporaciones o fundaciones constituidas para ser sus continuadoras académicas. Estos
beneficios consistían en que las donaciones y aportes realizados se considerarían gastos
necesarios para producir la renta65. A su vez, las donaciones quedarían exentas del trá-
mite de insinuación, del impuesto a las donaciones y del impuesto al valor agregado66.
Estos beneficios, que se denominaron “neutralidad tributaria”67, aplicarían para los
aportes y donaciones efectuados dentro del plazo de un año de publicada la ley. A causa
de la insistencia de los grupos de interesados respecto de la insuficiencia de la medida,
se amplió la ventana de beneficios tributarios por dos años.
Este caso muestra lo relevante de enmarcar el problema en términos que resuenen
con los afectados, los legisladores y la opinión pública en general. Vemos cómo la forma
de encuadrar costos y beneficios termina influyendo en la política transicional y en las
especificidades del mecanismo escogido. En este caso, por ejemplo, si bien no se logró el
pasivo subordinado que algunas partes pedían, plantear los costos en términos de expro-
piación, afectación de terceros, y trato discriminatorio permitió movilizar a los actores
interesados y crear presión política para que el regulador tomara ciertas medidas. Entre
ellas, la creación de una mesa técnica con todos los actores, y finalmente, una política
transicional nueva: una compensación por la vía de exenciones tributarias.
La incidencia del encuadre en la articulación de la política de transición, releva la
necesidad de contar con un criterio que permita orientar la determinación del mismo.
Siguiendo a Levinson68, una alternativa para ello es desarrollar objetivos que permitan
redirigir el foco hacia problemas sociales más amplios, relacionados con el proceso polí-
tico, resultados distributivos o la estructura de las instituciones. Como argumentaremos
65 Lo que implica que no serían considerados como gastos rechazados, los que pagan un impuesto de un
Los costos de una reforma dependen, entre otras cosas, del encuadre que se utilice
para establecerlos. Hemos indicado que no existen reglas claras para su determinación,
lo que es preocupante pues otorga amplia discrecionalidad en la determinación del im-
pacto de un cambio legal al órgano que está debatiendo su introducción69. Asimismo,
y vinculado con lo anterior, la manera en que se presentan los impactos de la reforma,
lleva a establecer o descartar la procedencia de mecanismos para hacerse cargo de estos.
Siguiendo a Levinson70, estos criterios debieran relacionarse con la finalidad de las
instituciones para cuya aplicación es necesario determinar la ecuación de costos y bene-
ficios. Debido a que la función de una transición legal es hacer viable el establecimiento
de cambios por medio de mecanismos que mitiguen sus impactos71, consideramos que
un criterio primordial a utilizar para estos propósitos es el cumplimiento de los objetivos
de la reforma en cuestión. Teniendo estos en vista, es posible evaluar la pro