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Reflexiones con Simone Weil a propósito de los jóvenes que sufrieron agresiones
oculares por parte de la policía en el estallido social en Colombia durante el año 2021.
Darío Martínez M.1, Bogotá D.C. 01.10.2023
INTRODUCCIÓN
Este escrito busca contribuir a la reflexión del estallido social que aconteció en Colombia en
el año 2021; en particular, pretende ofrecer algunas consideraciones referidas al hecho de que
más de una centena de jóvenes que tomaron parte de la protesta social fueron agredidos en la
cara y sufrieron lesiones oculares por parte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD)
de la policía en distintas ciudades del país.
Toda percepción y toda reflexión se lleva a cabo desde una perspectiva; obviamente, desde
la perspectiva de la persona o las personas que perciben y reflexionan. En este escrito, la
perspectiva de los acontecimientos y su reflexión se encuentra especialmente nutrida en el
diálogo con la filósofa francesa Simone Weil. Este lente en la mirada permite un enfoque y
un matiz de los acontecimientos que posibilita comprenderlos e interpretarlos a la luz de una
perspectiva ética y religiosa.
El estallido social vivido en Colombia entre abril y octubre del año 2021 tuvo unos hilos, un
contexto, unos antecedentes, con los cuales se tejió o articuló, si estos no se tienen en cuenta
harían más difícil su comprensión y análisis. Aunque ya se conocían agresiones oculares por
parte del ESMAD a distintas personas que participaron en la protesta social en los años que
antecedieron el estallido del 20212, nunca el número de heridos a través de esta práctica
represiva había alcanzado semejante magnitud. Alejandra Azuero en su texto El paro como
teoría afirma que el paro tuvo varios comienzos3, quien escribe estas líneas preferiría
comprender esos “comienzos” tan solo como antecedentes con los que el estallido se
1
Doctor en Teología, Doctor en Filosofía, Pontificia Universidad Javeriana. Docente del Centro de Formación
Teológica (C.F.T.) de la Facultad de Teología. Investigador del grupo Didaskalia. Correo electrónico:
[Link]@[Link]
2
Amnistía Internacional, Colombia: tiros a la vista: traumas oculares en el marco del Paro Nacional,
26.11.2021, p.19, cita 18. disponible en [Link]
(consultado el 15.10.2022).
3
Azuero A., El paro como teoría, pp.11-20.
2
relaciona, hechos que jugaron un importante rol en la gestación de la movilización social del
2021.
Unos meses más tarde, el 21 de noviembre de 2019 se dio comienzo al paro nacional
convocado por las centrales obreras, diversas organizaciones sociales, profesores y
estudiantes, todas estas organizaciones aglutinadas en el llamado “Comité Nacional del
Paro”. En principio, se llamó a protestar contra las reformas laborales y pensionales que el
gobierno proyectaba adelantar, pero en el transcurso de las movilizaciones se amplió el
número de reclamos al incumplimiento de los acuerdos de paz, la denuncia de la violencia
4
Borda S., Parar para avanzar, pp.47-50.
5
Ibid, pp. 50-51.
3
Es importante anotar que, con anterioridad a las cuarentenas a las que obligó la pandemia, en
la región latinoamericana durante el 2019 tomaron cuerpo varias protestas y movilizaciones
sociales; en Chile, particularmente, la protesta social se gestó y acrecentó a lo largo de
octubre y noviembre después de que grupos de estudiantes saltaran los controles de las
estaciones de metro en Santiago como protesta contra la subida de las tarifas del transporte
público. En un estallido social sin precedentes en la historia chilena, distintos sectores
sociales se unieron a la protesta inicialmente estudiantil reclamando igualdad, pensiones
dignas, educación pública de calidad, vivienda y mejoras en los servicios de salud. El
presidente Sebastián Piñera respondió con un decreto de estado de emergencia y desplegó al
ejército y la policía para reprimir las protestas que se saldaron con 31 muertos, 12.000
heridos, 347 víctimas de lesiones oculares por parte de la fuerza policial y 5.558
investigaciones abiertas ante la Fiscalía chilena por violencia institucional7. En cualquier
caso, un precio social muy alto para hacer realidad la convocatoria a una asamblea nacional
constituyente en el país.
6
Un ponderado acercamiento a los hechos y una contextualización de las demandas estudiantiles se logra en
Borda S., Parar para avanzar, pp.19-37.
7
Amnistía Internacional, Ojos sobre Chile, 2020, disponible en
[Link] (consultado el
15.01.2023).
4
Como se afirmó con anterioridad, todos estos eventos, y otros que la restricción de extensión
de este escrito no nos permite referir, se articulan y se amalgaman en un proceso histórico
que hizo posible el estallido social en Colombia del 2021. Esta insurrección social se inició
con la programación del paro nacional del 28 de abril del 2021 convocado por las principales
centrales sindicales, algunas organizaciones indígenas y un sector del movimiento estudiantil
que se oponían así a la regresiva reforma tributaria propuesta por el gobierno y gestada por
8
[Link], “Coronavirus. ¿Por qué la cuarentena en Colombia es la más larga del mundo?”,12.08.2020,
disponible en [Link] (consultado
el 20.03. 2023).
9
García J.E., “Pandemia, protesta social y represión. La receta perfecta para un cocktail molotov”, Opción S,
04.10.2020. Disponible en [Link]
receta-perfecta-para-un-cocktail-molotov-2/ (consultado el 06.04.2023).
5
Es incierta aún con toda precisión la cifra de muertos, heridos, detenidos y desaparecidos que
dejó el estallido. Establecer cifras se hace más difícil cuando las distintas organizaciones e
instituciones (gubernamentales y no gubernamentales) proponen diferentes números11.
Según el informe de Amnistía Internacional fueron más de cien los jóvenes agredidos en sus
ojos por agentes del estado12. Este escrito se centra en reflexionar sobre esta forma de
represión que dos años después de los acontecimientos sigue suscitando en muchos de los
heridos sentimientos de incertidumbre, inseguridad y recelo. Dada la impunidad en el sistema
de justicia, la estigmatización social que se experimenta y la criminalización que señala a
quienes tomaron parte de la protesta, algunos de estos jóvenes afectados, más que abrirse al
apoyo social en su transición de víctimas a sobrevivientes, se invisibilizan y se niegan a
aparecer socialmente por temor a ser revictimizados o judicializados13.
Se anunció desde el inicio del texto que el enfoque o perspectiva de los acontecimientos
sociales que se reflexionan tienen la impronta del pensamiento y la experiencia vital de
Simone Weil. Este referente se justifica por un amplio espectro de motivos entre los que se
10
Para formarse una idea de la reforma propuesta, Observatorio Fiscal de la PUJ, “Una primera mirada al
proyecto de reforma tributaria”, 27.04.2021. Disponible en [Link]
al-proyecto-de-reforma-tributaria[Link]
tributaria (consultado el 05.05.2023).
11
El artículo de Wikipedia Protestas en Colombia de 2021 en su sección Consecuencias presenta las diferentes
cifras de acuerdo con las distintas entidades. 28.04.2021-31.12.2021 disponible en
[Link] (consultado el 03. 03.2023).
12
Amnistía Internacional, tiros a la vista, pp.41-43.
13
Como investigador afronte dificultades de desconfianza y recelo al buscar acercarse a los afectados por esta
modalidad de violencia. La organización MOCAO (Movimiento de resistencia contra las agresiones oculares
del ESMAD) se mostró, por decir lo menos, inquieta y desconfiada cuando busqué contacto e información.
6
1. SUFRIMIENTO.
En un ensayo titulado Formas del amor implícito a Dios Simone Weil afirma que “hay
momentos en que pensar en Dios nos separa de él”. Uno de los momentos en que esta
afirmación tiene pleno sentido y significado es cuando la atención se dirige toda o se vuelca
en el trozo de carne herida y despojada al borde del camino, esto es, en el prójimo sufriente
y menesteroso. Este no es el momento de dirigir la atención hacia Dios. “Así como hay
momentos en los que se debe pensar en Dios olvidándose de todas las criaturas sin excepción,
hay también momentos en los que, mirando las criaturas, no hay por qué pensar
explícitamente en el Creador”15.
El sufrimiento del otro es un llamado que se puede escuchar, que se puede atender, al que se
puede dirigir toda la atención para remediarlo. También es posible que este llamado no sea
escuchado, se desatienda o se acalle. Las sociedades contemporáneas celosas de su
14
Weil S., La gravedad y la gracia, 316.
15
Weil S., A la espera de Dios, 94.
7
Escuchar el sufrimiento es dirigir y concentrar la atención en las víctimas. Víctimas son las
personas que individual o colectivamente han sufrido un daño o lesiones (físicas,
emocionales o mentales) como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional
Humanitario (DIH) o el menoscabo sustancial de sus derechos manifiestos en las normas
internacionales de Derechos Humanos ([Link].)17. Escuchar a las víctimas (heridos,
lisiados, desplazados, secuestrados, familiares de muertos y desaparecidos) y movilizarnos
atentos para atenuar su sufrimiento constituye una tarea social ineludible si se busca enfrentar
y deshacer los mecanismos y las maquinarias de violencia que impiden que los conflictos
sociales se puedan resolver dentro del marco de una normatividad que garantice justicia en
la dinámica de la vida social.
En este escrito, como ya se anticipó, se pretende escuchar y concentrar la atención sobre unas
víctimas particulares de la protesta social acontecida en Colombia entre abril y octubre del
año 2021: los jóvenes que fueron agredidos en uno de sus ojos por parte de las fuerzas
policiales del ESMAD por el hecho de encontrarse protestando. Como se sabe bien, a través
de denuncias e informaciones, esta forma de victimización fue tan sólo una entre muchas
16
Herzog B., Invisibilización del sufrimiento. Sobre el (des)aparecer de las fuentes de la crítica, pp.129-130.
17
Velásquez M., Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.
8
otras modalidades que las fuerzas policiales utilizaron para reprimir y controlar la protesta
que mayoritariamente se llevó a cabo en zonas urbanas; existe información confirmada de
muertos, de desaparecidos, de torturados, de abusos sexuales, de detenciones ilegales y de
connivencia de la policía con grupos de civiles armados que dispararon a los manifestantes18.
En el dolor corporal el sufrimiento parece estar presente de una forma más directa, más
ineludible, más evidente19. Este dolor parece no articulable en palabras y su manifestación
puede ser un silencio angustioso, un gesto del cuerpo, un quejido, un grito. Sin embargo, en
algunos casos particulares, la experiencia traumática de perder un ojo en la protesta puede
devenir relato o articularse en palabras como un testimonio del sufrimiento vivido. Este
sufrimiento, en cualquier caso, se expande más allá de lo físico y tiene incidencia en otras
esferas de la vida como lo son la esfera emocional y social de los afectados20. Cuando se
accede a algunos de los testimonios o relatos de los jóvenes que perdieron uno de sus ojos,
se descubre el impacto profundo de lo acontecido en la vida de cada uno, el desgarro personal,
las implicaciones sociales del acontecimiento21. A continuación, se ofrecen algunos apartes
de estos testimonios valientes, conmovedores, confrontantes.
Leidy Cadena, una joven universitaria, decidió salir a la calle en Bogotá en la primera jornada
del paro el 28 de abril. Dado que la protesta se tornó violenta, ella y su grupo decidieron
retornar a sus viviendas, intentaban recoger sus bicicletas, cuando un agente del ESMAD
disparo directamente a la cara de Leidy. Después de varias cirugías e intervenciones médicas,
Leidy perdió su ojo derecho. Días después de su impactante experiencia afirmaba en una
entrevista: “No es fácil de afrontar el hecho de entender que vas a quedar ciega el resto de tu
vida, pero entre ponerme a llorar y ser feliz o reírme de lo que me está pasando, prefiero
18
Wikipedia, Protestas en Colombia de 2021 disponible en
[Link] (consultado el 03. 03.2023).
19
Simone Weil afirma que “si el dolor físico está ausente por completo, no hay desdicha para el alma”. Weil S.,
Pensamientos desordenados, 62.
20
“Sólo hay verdadera desgracia si el acontecimiento que se ha adueñado de una vida y la ha desgarrado la
alcanza directa o indirectamente en todas sus partes, social, psicológica, física”. Ibidem.
21
Akgunoss de estos testimonios se presentan en la exposición: Arrancar los ojos de la artista argentina Gabriela
Golder, Bogotá, Galería Fragmentos-Espacio de Arte y Memoria, abierta desde agosto y hasta el 26 de
noviembre 2023.
9
reírme un poco cruelmente de mí misma (…) En las mañanas es cuando más me cuesta. De
hecho, a veces me despierto de muy mal humor. Es duro levantarme y verme al espejo”22.
El trauma causado por la experiencia se expresa también en las palabras de otro joven
manifestante, Wilmar Lopera sostiene: “para mi emocionalmente eso es lo más duro, lo más
difícil que me ha tocado enfrentar en la vida. Yo digo que mejor me hubieran matado. Quizás
con la muerte no hubiera enfrentado este dolor emocional tan fuerte que me toca llevar y
cargar todo el resto en la vida”23. Camilo Carvajal, quien documentaba la protesta social en
Popayán con su celular, afirma: “No soy la misma persona después de lo que pasó, me cambió
demasiado este pedacito de mi vida. Le pierdo sentido a la comida, el sabor. Duermo muy
poquito, me levanto y pienso mucho en lo que pasó. Son cosas que a uno lo traumatizan
completamente (…) Perdí una parte de mí, no perdí una uña, no perdí un cabello, perdí mi
ojo. Nos están matando. Yo quise abrir los ojos y me cegaron. Estaba viendo colores y me
pintaron un mundo de gris en un momentico”24. En una declaración muy afín con la anterior,
la madre de Nicolás Reina, un joven de 22 años impactado por las balas del ESMAD, dice
con tristeza: “Él se muestra supremamente fuerte, es una persona muy, muy resiliente. Pero
yo que soy la persona que estoy en cada instante con él; lo he visto llorar, lo he visto sufrir,
lo he visto desesperanzado, lo he visto mal, totalmente desmoronado; sin embargo, pues él
quiere mostrarse absolutamente fuerte ante los demás, pero sí, obvio que esto ha sido una
catástrofe en la vida por supuesto de él y de nosotros como familia. Por supuesto que hemos
tratado de entre toda la desgracia recoger las cosas positivas entre comillas, por ejemplo, que
pudo ser peor”25.
22
El Espectador, Nos quitaron un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz, 17.05.2021. Disponible en
[Link]
article/ (Consultado el 15.03.2023).
23
Amnistía Internacional, Tiros a la vista, 61.
24
Ibid, 38.
25
Fitzgerald M.F., Al menos 82 personas perdieron los ojos en el paro nacional, 06.07.2021. Disponible en
[Link]
(Consultado el 15.05.2023).
10
sólo es recibir un ataque contra la integridad personal, sino afrontar el sufrimiento que
implica reconocerse una persona mutilada, “otra persona” ante el espejo; una persona que sin
uno de sus ojos tiene que aparecer ante los demás.
Carolina Bautista, joven líder estudiantil, relata que unos meses después del trauma ocular se
tomó unas fotos profesionales y al verlas no reconoció su rostro, afirma que al ver las fotos
pensó “así quedé, esta soy yo ahora” y se sentó a llorar. También, Juan Villaquirán, otro de
los manifestantes agredido, recuerda que la primera vez que se afeitó después de ser
impactado en el ojo fue muy fuerte para él, el no verse igual que antes y el no tener uno de
sus ojos. Juan expresa que “cuando uno se va a ver al espejo lo primero que se mira son sus
defectos, uno siempre es ay estoy gordo, ay me salió un barro, ay me salió esto. En mi caso,
no tengo un ojo”26. Al impacto de verse “otro”, se suma el impacto que se vive cuando se
recibe la mirada de los otros. José Romero habla de cómo su trauma ocular afectó por
completo sus relaciones personales y su vida social, declara que se siente muy afectado
cuando las personas que lo conocen se refieren a él como “tuerto”, cuando sale “todo el
mundo lo mira a uno como bicho raro pues por un defecto y más en la cara”. A su novia no
le gusta cuando se quita la prótesis y le dice que se la vuelva a poner. Esta situación lo llevó
a terminar la relación con ella, atrasarse en la universidad y limitar sus relaciones sociales27.
Además del trauma emocional y social, las víctimas expresan sensación de inseguridad y
miedo que se potencia ante la presencia policial. Algunos han renunciado a volver a participar
en marchas y en manifestaciones sociales. Camilo Carvajal confiesa su declinar en el
activismo social y su temor a participar en la protesta social, cuando afirma: “Antes yo decía:
vamos a hacer esto, vamos a hacer lo otro, daba muchas ideas, participaba activamente.
Ahorita lo dudo, lo dudo demasiado, lo pienso dos veces antes de hacerlo (…) porque aquí
en Colombia es complicado salir a marchar por los derechos”28. José Romero expresa que ha
acudido a otras manifestaciones después de su agresión ocular; sin embargo, siente miedo
cuando ve los agentes del ESMAD; Carolina Bautista manifiesta que siente miedo e
inseguridad cuando ve un policía cerca de ella independientemente del lugar donde se
encuentre; Dickson Ramírez señala que tiene miedo de volver a asistir a una manifestación
26
Amnistía Internacional, Tiros a la vista, 60.
27
Ibid, 61.
28
Ibid, 39.
11
y no quiere volver a hacerlo “porque no se sabe en qué momento le puedan hacer algo a
uno”29.
Por el contrario, Leidy Cadena y otros manifestantes, mantuvieron vivo su activismo político
y su participación en la manifestación social. Leidy, en ese momento, sostenía: “Me parece
muy bonito poder decirle a la gente que sí se puede, que sí podemos salir de estas cosas y
que, aunque es muy triste y doloroso, tenemos que seguir adelante y demostrarle al país que
nosotros seguimos aquí en pie de lucha, diciéndoles que no nos van a callar y que nos quitaron
un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz”30. Y ratificando su compromiso en seguir
haciendo parte de la protesta, afirmaba: “Pues no me voy a quedar en la casa y no me quedaré
en la casa y vuelvo a marchar (…) en las manifestaciones yo voy y los policías me miran y
dicen “no aprende”. Yo pienso “yo elegí venir, ustedes son los que no aprenden”31.
No se necesita ser un especialista en política para darse cuenta de que los valores
democráticos y los mecanismos para hacerlos efectivos quedan en duda o seriamente
cuestionados cuando se reprime con esta modalidad de violencia la protesta social y la
participación ciudadana. La violencia dirigida particularmente a causar mutilaciones oculares
tiene como claro objetivo disminuir las personas, acallar la protesta y hacer desistir a los que
29
Ibid, 54-55.
30
El Espectador, Nos quitaron un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz.
31
Amnistía Internacional, Tiros a la vista, 31.
32
Ibid, 32.
12
disienten de su voz crítica. Con la agresión, el mensaje que se difunde es: “no se puede salir
a la calle”, “no se puede reclamar”, “no se puede pensar distinto a quienes detentan el poder
y el gobierno”; si alguno no tiene en cuenta estas advertencias, será castigado, perderá uno
de sus ojos.
Mientras que algunos sectores de la sociedad se interesan más por pasar la página de la
protesta acontecida en el 2021, ignorando el sufrimiento de los jóvenes que perdieron uno de
sus ojos, invitándolos a perdonar y olvidar, “a continuar” sin anclarse en el pasado; otros
sectores de la sociedad, intentan comprender el resentimiento juvenil y digerir los trágicos
hechos comprometiéndose en depurar responsabilidades e impulsar las transformaciones
necesarias para que no se repita de nuevo esta barbarie. La gran cantidad de jóvenes que se
sumaron a la protesta lo hicieron porque sintieron que las cosas que acontecían en el país
eran injustas, enfrentaron la represión con determinación, pero desgraciadamente, algunos
perdieron uno de sus ojos; es decir, fueron castigados por atreverse a levantar su voz y ejercer
la crítica. Si a esto sumamos la persecución por denunciar sus casos, la estigmatización social,
el exilio y la impunidad del sistema judicial ¿Se podría condenar su rabia y resentimiento en
contra de las fuerzas policiales, la autoridad y los organismos de Gobierno? ¿Puede invitarse
a la resiliencia, la esperanza en el futuro y a la confianza en la sociedad y sus instituciones a
quienes se les ha desfigurado su rostro?
Simone Weil consideró que “La capacidad de prestar atención a un desdichado es cosa muy
rara, muy difícil; es casi-o sin casi- un milagro. Casi todos los que creen tener esta capacidad,
13
De acuerdo con Simone Weil, Dios se encuentra ausente de su creación, “La creación no es
un acto de autoexpansión por parte de Dios sino de retirada y de renuncia”35. Dios se sustrae
de la creación con la cual no puede coexistir. Esta ausencia explica o hace comprensible la
necesidad natural, la libertad humana; e igualmente, la presencia del no ser, del mal moral,
de la violencia, del sufrimiento y de la precariedad en la vida de la humanidad.
Y es que los seres humanos tienen en sus manos el poder de construir sociedades en las que
se les reconozca y dignifique o en las que se les degrade y niegue. Se pueden construir
sociedades justas en la que las personas sean reconocidas, consideradas fines en sí mismas,
tratadas con respeto; o se puede, por el contrario, construir sociedades sin justicia o con
justicia restringida (sólo para algunos), en que estos algunos tratan a otras personas como
subordinados, sin respeto, esto es, como medios para sus fines36. La desestimación de la
humanidad por la humanidad se expresa en un amplio espectro histórico-cultural, y sin duda,
ha sido y constituye una de las mayores fuentes de desdicha y sufrimiento.
33
Weil S., A la espera de Dios, 72.
34
Winch P., Simone Weil: The Just Balance, 13.
35
Weil S., A la espera de Dios, 91.
36
Michelini D., Dignidad humana en Kant y Habermas.
14
En el pensamiento reciente, quizá sea Michel Foucault quien con mayor lucidez haya
examinado los mecanismos de poder que se impusieron en la sociedad moderna desde el
suplicio y el castigo hasta la vigilancia jerárquica llevada a cabo a través del control visual
en las instituciones panópticas37. Lo innegable, es que el francés ofrece una veta para la
investigación social que pretenda rastrear las formas del ejercicio del dominio y del poder en
sociedades en las que los subordinados permanecen visibles. Un camino distinto y alternativo
es el que ofrecen los análisis de Axel Honneth, en la estela de la Escuela de Frankfurt, para
quien el reconocimiento constituye el asunto central de su investigación y la “invisibilidad
social” la clara estrategia de desprecio que ponen en juego los poderosos para subordinar y
someter. Sostiene el alemán que “disponemos de la capacidad de demostrar nuestro desprecio
a personas presentes mediante el hecho de comportarnos frente a ella como si no figurara
físicamente en el mismo espacio”38. Se asumen entonces gestos, modos de actuar y de
comportarse que dejan claro a los demás que no solo no son vistos accidentalmente, sino que
no son vistos intencionalmente. Esto implica que el sujeto afectado y subordinado es
observado por otra persona como si no estuviera presente en el espacio. Un caso de no ver o
de ignorar voluntario claramente humillante a través del cual el observador niega el
reconocimiento al otro y expresa su superioridad social39.
La sociedad colombiana ha sido una sociedad constituida por mecanismos de poder que de
forma visible o bajo estrategias de invisibilizarían ha negado históricamente el
reconocimiento de amplios sectores de la población y ha hecho del desprecio un ejercicio
usual y sostenido para mantener los privilegios de las élites ricas y gobernantes. Esta
patología social hace de Colombia uno de los países más inequitativos y desiguales del
mundo en el que la inversión social es mínima si se compara con el rubro del gasto del aparato
militar o el rubro del pago de la deuda externa a la banca internacional.
El desprecio social es constatable cuando se acaparan las mejores tierras y los campesinos
no tienen ninguna, cuando los exorbitantes ingresos de un grupo selecto contrastan con el
salario mínimo de la clase trabajadora o la carencia de fuentes de trabajo digno para las
mayorías, cuando la riqueza representada en un cúmulo de propiedades contrasta con la
37
Foucault M., Vigilar y Castigar.
38
Honneth A., La sociedad del desprecio, 166.
39
Ibid, 169.
15
incapacidad de otros para procurarse una vivienda digna, cuando la calidad de los servicios
de salud están supeditados al pago de altos costos que la mayor parte de la población no
puede afrontar.
Las protestas estudiantiles anteriores al estallido social de abril del 2021 pusieron sin duda
en el debate público la situación anteriormente presentada y otras reivindicaciones que
deliberadamente no se entran a considerar aquí, entre las cuales no es menor el
incumplimiento por parte del gobierno Duque de los acuerdos pautados con el sector
estudiantil. Lo que se hace claro ahora es que todo este descontento de fondo, la angustiante
situación de pandemia para amplios sectores y la inoportuna reforma fiscal propuesta por el
gobierno como respuesta económica a la situación, se convirtieron en el detonante que
prendió la protesta social de varios meses durante el año 2021.
El desprecio muestra su alcance en el país cuando se agrede físicamente a los jóvenes que se
atreven a protestar y a poner en cuestión el orden establecido. La sistemática represión que
tuvo como objetivo crear terror y disolver la protesta no debe considerarse como un proceder
inusitado. No es de extrañar que un sistema social construido a partir de la lógica del
desprecio y la negación del diferente acuda a la violencia abiertamente. En realidad, la
40
Manga G., Colombia no quiere educar a los pobres, Revista Semana, 03,10,2018. Disponible en
[Link]
german-manga/585735/ (consultado el 05. 04.2023).
16
violencia invisible de la estructuración social se hace por fin visible y experimentable cuando
se ejerce abiertamente contra los que se atreven a cuestionar o enfrentar el orden social.
El odio no brota de manera espontánea, se cultiva y se forja a través de una manera de vivir
y pensar que se encuentra tejido o animado por un lenguaje discursivo en un contexto social
particular. Muchas personas que incitan al odio son incapaces de ejecutar violencia o de
agredir físicamente a sus adversarios, pero sus palabras florecen y tienen efecto en otras que
están dispuestas mental y emocionalmente a agredir y hacer violencia. El odio por el diferente
también se vincula a las instituciones, a las estructuras sociales, que a través de sus canales
de expresión justifican, expanden y reproducen la animadversión por los que se consideran
extraños, desadaptados; en cualquier caso, no integrados al orden hegemónico41.
Una cultura del odio corrompe el principio de identidad y lo concibe como una defensa a
ultranza o por todos los medios de ciertas creencias, ciertas ideas, cierta cosmovisión que se
encuentra a la base de una forma de vivir y de actuar, pero que simultáneamente, no admite
otras ideas, otras creencias, cosmovisiones distintas. Es claro que los colectivos humanos se
identifican y delimitan en función de unas características que los distinguen de quienes no
las tienen, pero el equívoco o la imprecisión se genera cuando se señala la alteridad, o a otras
comunidades o colectivos como una amenaza, como una fuente de peligro al que hay que
temer, por el simple hecho de ser distinto. El punto es que no se conoce ni se reconoce al
otro, sino que simplemente se le identifica como amenaza ante la cual lo único que se sigue
es la defensa, la vigilancia y la obsesión por la seguridad42.
Es muy tranquilizante convertir a los victimarios, a los azuzadores de odio, en seres infernales
y monstruosos; pero en realidad, son personas comunes, personas corrientes, que creen ser
fieles a sus ideas, estar cumpliendo con su deber y estar obrando en consecuencia. Algunos
consideran que a través de sus acciones prestan un invaluable servicio a la sociedad, otros
buscan reconocimiento de instancias superiores, otros simplemente obedecen ciegamente
órdenes poniéndose a servicio del estado o de un sistema jerárquico lo que les impide ganar
conciencia de su actuar personal43.
41
Belmonte García O., Víctimas e ilesos, pp.87-89.
42
Ibid, pp. 89-95.
43
Ibid, 85.
17
44
Hoyos L.E., Explota Colombia, pp. 67-74.
45
Plazas N., Denuncian 1.181 casos de abuso policial y 26 víctimas mortales durante las protestas en Colombia,
France 24, 03.05.2021. Disponible en [Link]
colombia-protestas-violencia-policial-duque (consultado el 05.04.2023).
46
Di Cesare D., El tiempo de la revuelta, 11.
18
En Cali48, como es sabido, “los ciudadanos de bien”, utilizando camisas blancas, se armaron
y dispararon contra los manifestantes en brigadas de autodefensa articuladas con la policía,
o por lo menos, bajo el beneplácito de ésta. Impidiendo bloqueos o corte de vías, los armados
de derecha causaron la muerte o hirieron a varias de las personas que se encontraban
promoviendo estas acciones49. Lo lamentable es que este tipo de acciones, una vez conocidas,
fuera celebrado por algunas personas en un país que no ve en los grupos civiles de patrullaje
y autodefensa el germen de la barbarie paramilitar. Lo que habría que poner en relación, es
que así como no paran los asesinatos de lideres sociales y ambientales, de desmovilizados de
las antiguas FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), durante la agitación
social del 2021, se presentaron asesinatos selectivos de líderes de la protesta que se atribuyen
a grupos armados de extrema derecha que están dispuestos a defender el orden establecido
a través de la violencia, aunque su proceder sea abiertamente ilegal y ajeno a la constitución.
En su escrito “El amor a Dios y la desdicha”, Simone Weil afirma que desde el origen “la
humanidad apartó su mirada de Dios y ha caminado en dirección equivocada, llegando tan
lejos como le ha sido posible”50. El asunto aquí para tener en cuenta no es la distancia de
alejamiento recorrida, sino la incorrecta orientación de la mirada. De acuerdo con Weil:
“Somos como plantas cuya única elección consiste en colocarse o no a la luz”51.
47
Ibid, 10.
48
Para comprender el contexto económico y social de la ciudad en la que el estallido alcanzó una enorme
dimensión. Céspedes C., Llanos C., Cali” la sucursal del cielo”. Entre la exclusión social y la resistencia
popular, CINEP, revista 100 días #102, pp.82-98. Disponible en
[Link] (consultado el 10.04.2023).
49
Muñoz Pandiella L., Colombia: preocupación por ataques de civiles armados contra manifestantes, France
24, 31.05.2021. Disponible en [Link]
protestas-civiles-armados-sompra-paramilitarismo (consultado el 10.04.2023).
50
Weil S., A la Espera de Dios, 79.
51
Ibid, 82.
19
Hasta aquí, por una parte, se ha pretendido escuchar la voz de los jóvenes que perdieron uno
de sus ojos en alguna de las protestas que conformaron el estallido social en Colombia del
año 2021, se ha intentado recobrar su terrible experiencia para liberarla de la condena y del
olvido; por otra, se ha pretendido proponer un acercamiento a la racionalidad de la barbarie,
una aproximación a las posibles motivaciones de los victimarios y agentes de violencia. Por
supuesto, las dos aproximaciones son asimétricas porque se llevan a cabo desde una óptica
cristiana dominada por la atención preferencial a los desdichados o victimizados, y que por
tanto, posterga dirigirse a quienes se deshumanizan deshumanizando a sus semejantes. En
este sentido, el peculiar cristianismo de S. Weil utilizado como lente de interpretación del
estallido social no hace más que ahondar esta opción. Esta perspectiva desde la que se
examinan los hechos; y en particular, las agresiones oculares por parte del ESMAD a los
jóvenes que se sumaron a la protesta, imposibilita ser neutral, imparcial o aséptico en la
reflexión o en los juicios. Existe una inclinación irrenunciable e incondicional por las
víctimas, una inclinación por reparar el sufrimiento de los despreciados.
Pero no se tendría que asumir la perspectiva cristiana para atender la menesterosidad del
prójimo, la moral humana es plural y aún algunas morales que se ponen a distancia de las
tradiciones religiosas señalan el reconocimiento de las necesidades y los intereses de los otros
como la condición de posibilidad de la convivencia y de la vida social. Habría que ponerse
en guardia, esos sí, contra construcciones morales que propician el sufrimiento, la injusticia
o la violencia, cuando subordinan las relaciones sociales a absolutos abstractos (P. ej. la
libertad, la igualdad, la patria, la ciudadanía, la democracia, el estado, la propiedad). Este tipo
de moralidad ha constituido y constituye un recurso ideológico para legitimar sistemas de
dominación y exclusión. En cualquier caso, se tendría que elegir entre mantener la
prevalencia del principio abstracto o atender las situaciones humanas que acontecen fuera de
él52.
Simone Weil no considera que la sensibilidad moral tenga que estar reglada por conceptos,
categorías o principios; lo que hace que se vuelque la atención sobre un ser humano no tiene
52
Klappenbach A., Ética y diferencia, Revista Isegoría, n.º 3, 1991, pp.186-195. Disponible en
[Link]
20
que estar supeditado a una condición, el simple hecho de ser un humano singular ya es motivo
suficiente para otorgar cuidado. Si se hacen depender las relaciones sociales y la convivencia
de principios o categoría, se corre el riesgo de inmunizarse contra el sufrimiento de quienes
no se encuentran cobijados por ellos. Así, en una afirmación incisiva, la francesa cuestiona
la misma categoría de “víctima” o “desdichado” cuando afirma: “saber que el desdichado
existe, no como una unidad más en una serie, no como ejemplar de una categoría social que
porta la etiqueta “desdichados”, sino como hombre, semejante en todo a nosotros, que fue un
día golpeado y marcado con la marca inimitable de la desdicha”53.
Es posible que ninguno de los jóvenes agredidos en la cara y que perdieron alguno de sus
ojos en la protesta se encuentre con estas reflexiones y las lea, también es muy posible que
los victimarios azuzadores de violencia e integrantes del ESMAD jamás se encuentren con
este texto. Entonces, quedan como posibles lectores, un grupo amplio de personas que
vivieron el estallido social como espectadores, y los cuales, a una prudente distancia, se
enteraron a través de los medios de comunicación de los distintos hechos que constituyeron
el estallido social. De estos lectores habrá quienes se conmuevan por el caso de los jóvenes
que perdieron uno de sus ojos y otros que no. Algunos justificaran lo acontecido, empatizaran
más con quienes reprimieron la protesta, seguirán llamando a los jóvenes afectados
“vándalos”, “criminales”, “vagos” que recibieron su merecido. ¿Qué hace que el sufrimiento
ajeno nos resulte, como espectadores, indiferente? ¿Qué hace que se empatice con las
víctimas o se justifiquen las acciones gubernamentales y policiales? Sin el ánimo de resolver
las anteriores preguntas, es importante tener en cuenta que mucho se juega en la lógica o
perspectiva moral desde el cual se juzga y se establece lo que se considera correcto o
incorrecto, acertado o desacertado, lo que está bien y lo que está mal. Esta consideración
remite de nuevo a la moralidad y a las profundas creencias desde las cuales se valora el
entorno que se vive.
Quizá la moral que rige nuestra vida tenga que ser examinada y sometida a un profundo
discernimiento puesto que no sólo se es responsable de la existencia individual, sino también
de la sociedad en que se vive y habita. La vida no es una aventura en solitario sino, desde el
principio hasta el final, una aventura colectiva y en medio de otros. En esta dirección, se
53
Weil S., A la Espera de Dios, 72.
21
tendría que aportar en la construcción de una moral sensible a las diferencias y al carácter
vulnerable del ser humano, más que a una moral gobernada por categorías que transmita el
desprecio, la exclusión y el odio ¿Cómo hacerse sensible entonces al drama de los jóvenes,
a su sufrimiento, a su ceguera, a su prótesis, a la superación de su trauma? ¿Cómo ser un
apoyo en su transición de víctimas a supervivientes?
La sociedad actual, dominada por los valores del mercado y del capital, apunta en dirección
contraria de la empatía. Hace de la frialdad y de la indiferencia su mecanismo de
socialización. Primero, atomiza al ser humano definiéndolo como individuo; segundo, lo
somete a una competencia despiadada en la cual solo existen triunfadores y perdedores. En
esta competencia, el individuo tiene que endurecerse e insensibilizarse y el otro se torna el
rival temido a vencer. La indiferencia, y no la empatía, es la disposición que permite vivir en
el ámbito del mercado. La frialdad se educa como la forma de alcanzar los intereses propios
sin conmoverse o distraerse con el sufrimiento de los demás55.
54
Lomeli J., Adela Cortina: “La empatía es estar en el lugar del otro, pero la compasión conlleva compromiso”,
28.
55
Maiso J., Sobre la producción y reproducción social de la frialdad, pp.54-60.
22
humano, pero además hacer algo para ayudarle a liberarlo de su sufrimiento56. El compasivo
alivia el dolor ajeno, remedia el sufrimiento del otro, evita que su prójimo padezca, libera al
desdichado de su padecimiento. En este sentido, la compasión es crucial para consolidar la
coexistencia, la vida en sociedad, crear lazos de solidaridad y construir un “nosotros” común.
¿Se puede vivir una vida de tranquilidad y felicidad mientras otros sufren? Parece que sin
compasión no fuera posible forjar o tejer una auténtica comunidad o sociedad.
Los seres humanos pueden erigir el infierno o el cielo en la tierra y nada excusa de su
responsabilidad sobre lo acontecido. Los seres humanos tienen una responsabilidad absoluta
tanto en sus éxitos como en sus fracasos, tanto en la construcción de una sociedad justa y
equitativa como en la edificación de una sociedad injusta y excluyente. Nada libra de la
responsabilidad absoluta que se tiene con la pobreza, la desdicha, el sufrimiento y el otro
humillado, desgraciado, ofendido. No existe un solo mal en el mundo que no exija una
respuesta por parte del ser humano57.
Con todo, la responsabilidad del ser humano sobre la creación no exculpa a Dios de crear
semejante creatura (una que, desde siempre, cristaliza su libertad en desprecio, injusticia y
daño al semejante). Por ello, pueden persistir abiertas las preguntas teológicas fundamentales,
y dudo que Weil, una pensadora tan aguda, se haya plegado en este punto a la tradición en la
solución agustiniana. Lo innegable, es que para la francesa el ser humano tiene una
responsabilidad absoluta con sus congéneres. En uno de sus últimos escritos, Echar raíces,
56
Lomeli J., Adela Cortina: “La empatía es estar en el lugar del otro, pero la compasión conlleva
compromiso”, 28.
57
Levinas E., Ética e infinito, pp. 82-83.
23
escribe: “Hay obligación hacia todo ser humano, por el solo hecho de que es un ser humano,
sin que intervenga ninguna otra consideración, y aunque él no reconozca ninguna”58.
Considero que la responsabilidad con las víctimas de las agresiones oculares por parte del
ESMAD se concreta en orden a enfrentar la narrativa oficial sobre los hechos acontecidos,
acompañar y apoyar a los jóvenes en la superación de la experiencia vivida, y mantener una
resistencia para que no se abran de nuevo las posibilidades para que los hechos acontecidos
se repitan.
Si se busca sanar el ayer, tienen que rescatarse los hechos del olvido, tiene que recuperarse
el pasado ausente, ese pasado que las versiones gubernamentales dominantes han declarado
insignificante y sobre el que se pretende pasar la página59. La narrativa del estallido social, y
particularmente, los relatos de las víctimas de agresiones oculares tienen que ampliarse,
contar con un espacio y nutrir el espectro de la verdad de los días de la protesta. Se tiene que
dejar clara la injusticia que se hizo con muchos jóvenes que recibieron a cambio de una
sociedad distinta la pérdida de la visión y una lesión ocular.
La reparación del dolor y del sufrimiento de las víctimas se concreta en su atención en salud
y su rehabilitación integral que ha sido precaria y desigual, ya que ha dependido de la
situación económica de las familias de los jóvenes, sus contactos y sus relaciones; se trataría
de que los muchachos encontraran los apoyos adecuados e idóneos para superar su
discapacidad física y sicológica, el impacto del trauma ocasionado, proponiéndoles fuentes
de educación y empleo; se trataría de hacer justicia llevando a juicio a los culpables de esta
barbarie y poniendo fin al uso abusivo de la violencia por parte del ESMAD (hace mucho se
viene sosteniendo la necesidad de restructurar esta fuerza policial)60; en esta dirección,
también se esperaría que las instancias gubernamentales reconozcan la gravedad de lo
ocurrido, específicamente, la violación de [Link]. que fueron llevados a cabo por la fuerzas
del Estado en el marco del estallido social desarrollado durante varios meses en el año 2021.
58
Weil S., Echar raíces, 20.
59
Mate A.R., La piedra desechada, 232.
60
Saldarriaga, M., Reformas al ESMAD: lo nuevo, lo usado y lo que falta, 070, 25.08.2022. Disponible en
[Link]
falta/#:~:text=En%202020%2C%20La%20Corte%20Suprema,frente%20a%20la%20protesta%20social.
24
A MANERA DE CIERRE
“Que el triunfo de los movimientos autoritarios y nacionalistas haya arruinado en gran parte
la esperanza que la gente honrada tenía en la democracia y el pacifismo es solo una parte del
mal que sufrimos. […] Vivimos una época desprovista de futuro. En la espera de lo que
vendrá no hay esperanza, sino angustia”.61 Estas son las palabras con las que Simone Weil
hace una radiografía de la Europa en que vivió a mediados de los años treinta. Muchas cosas
han cambiado en el mundo, pero estas palabras quizá pueden ser actuales para la realidad
colombiana en la medida en que la situación social se descubre sombría.
Los grupos de poder económico simpatizan con la democracia siempre y cuando esta
garantice sus ventajas y ganancias, lejos se encuentran de concebirla como la forma de
organización política que garantiza los derechos fundamentales de las mayorías a las que
tradicionalmente este grupo con exorbitante patrimonio desprecia. Esta élite considera que la
protesta social es una amenaza para el desarrollo del país y no duda en que se debe aplicar
mano dura y represión contra los que se atrevan al reclamo y al cuestionamiento del “orden
social”.
61
Weil, S. Opresión y libertad. Ensayos de crítica social y política, p.60.
25
La primera alternativa cuenta con una férrea oposición por parte de quienes siempre han
detentado los réditos del autoritarismo y del capital. A ello se suma la dispersión de las fuerzas
progresistas para aglutinarse y para sacar adelante los cambios necesarios, y por demás, la
gestión del actual gobierno (el primer gobierno de “izquierda” en la historia de Colombia)
improvisada, enredada e incierta. La segunda alternativa parece la alternativa más posible y
angustiante, las élites de siempre y la “derecha” obsesionada con el poder se cierran a
reconocer los graves problemas que aquejan a las mayorías y buscan desconocer sus
demandas teniendo como estrategia la represión y la violencia. Esto es, se reedita lo mismo
que se ha ofrecido por décadas: la Colombia de mayorías pobres, de escandalosa desigualdad,
de extremada violencia y de riqueza concentrada en un reducido grupo.
Por cómo están las cosas si se observa el futuro del país, con Weil, el panorama es oscuro y
angustiante; pero contra Weil, se puede contar con una esperanza moderada, representada en
la defensa pacífica de la democracia que se lleva a cabo en la calles; obviamente, bajo la
represión estatal.
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