0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas28 páginas

ESCUCHARMÁSDE100SUFRIMIENTOS

Este documento resume los antecedentes del estallido social en Colombia en 2021, incluyendo protestas estudiantiles desde 2018 en contra del desfinanciamiento de la educación, manifestaciones en 2019 donde la policía ingresó a una universidad privada y agredió a estudiantes, y las protestas de 2019-2020 donde hubo varias víctimas incluyendo la muerte de un estudiante a manos de la policía. También describe la situación de pandemia que exacerbó las desigualdades sociales y la tensión que llevó al paro nacional de 2021.

Cargado por

Erick Romero
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas28 páginas

ESCUCHARMÁSDE100SUFRIMIENTOS

Este documento resume los antecedentes del estallido social en Colombia en 2021, incluyendo protestas estudiantiles desde 2018 en contra del desfinanciamiento de la educación, manifestaciones en 2019 donde la policía ingresó a una universidad privada y agredió a estudiantes, y las protestas de 2019-2020 donde hubo varias víctimas incluyendo la muerte de un estudiante a manos de la policía. También describe la situación de pandemia que exacerbó las desigualdades sociales y la tensión que llevó al paro nacional de 2021.

Cargado por

Erick Romero
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ESCUCHAR MÁS DE CIEN SUFRIMIENTOS.

Reflexiones con Simone Weil a propósito de los jóvenes que sufrieron agresiones
oculares por parte de la policía en el estallido social en Colombia durante el año 2021.
Darío Martínez M.1, Bogotá D.C. 01.10.2023

INTRODUCCIÓN
Este escrito busca contribuir a la reflexión del estallido social que aconteció en Colombia en
el año 2021; en particular, pretende ofrecer algunas consideraciones referidas al hecho de que
más de una centena de jóvenes que tomaron parte de la protesta social fueron agredidos en la
cara y sufrieron lesiones oculares por parte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD)
de la policía en distintas ciudades del país.

Toda percepción y toda reflexión se lleva a cabo desde una perspectiva; obviamente, desde
la perspectiva de la persona o las personas que perciben y reflexionan. En este escrito, la
perspectiva de los acontecimientos y su reflexión se encuentra especialmente nutrida en el
diálogo con la filósofa francesa Simone Weil. Este lente en la mirada permite un enfoque y
un matiz de los acontecimientos que posibilita comprenderlos e interpretarlos a la luz de una
perspectiva ética y religiosa.

El estallido social vivido en Colombia entre abril y octubre del año 2021 tuvo unos hilos, un
contexto, unos antecedentes, con los cuales se tejió o articuló, si estos no se tienen en cuenta
harían más difícil su comprensión y análisis. Aunque ya se conocían agresiones oculares por
parte del ESMAD a distintas personas que participaron en la protesta social en los años que
antecedieron el estallido del 20212, nunca el número de heridos a través de esta práctica
represiva había alcanzado semejante magnitud. Alejandra Azuero en su texto El paro como
teoría afirma que el paro tuvo varios comienzos3, quien escribe estas líneas preferiría
comprender esos “comienzos” tan solo como antecedentes con los que el estallido se

1
Doctor en Teología, Doctor en Filosofía, Pontificia Universidad Javeriana. Docente del Centro de Formación
Teológica (C.F.T.) de la Facultad de Teología. Investigador del grupo Didaskalia. Correo electrónico:
[Link]@[Link]
2
Amnistía Internacional, Colombia: tiros a la vista: traumas oculares en el marco del Paro Nacional,
26.11.2021, p.19, cita 18. disponible en [Link]
(consultado el 15.10.2022).
3
Azuero A., El paro como teoría, pp.11-20.
2

relaciona, hechos que jugaron un importante rol en la gestación de la movilización social del
2021.

Después de un periodo de larga inactividad, el movimiento estudiantil organizó el primer


paro nacional estudiantil que tuvo su jornada central el 10 de octubre del 2018. El centro del
reclamo lo constituyó el desfinanciamiento de la educación pública y el déficit acumulado en
ese sector. El Programa Ser Pilo Paga, la crítica situación de deuda de muchos estudiantes
con el Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior
(ICETEX) y el estado de las universidades públicas, fueron el foco de los reclamos de las
multitudinarias marchas. Fruto de estas jornadas de protesta se alcanzó un acuerdo con el
gobierno de Iván Duque en el sentido de pactar un incremento de las transferencias del estado
a las universidades públicas; además, se gestaron importantes liderazgos estudiantiles que se
mantuvieron en los años siguientes4.

En septiembre del 2019, los estudiantes de la Universidad Distrital se manifestaron contra


hechos de corrupción que involucraban a su director de extensión, en esta protesta el ESMAD
arrojó aturdidoras y gases lacrimógenos bastante cerca del Hospital Universitario San Ignacio
colindante con algunas instalaciones de la Universidad Javeriana. Por esta razón, algunos
estudiantes organizaron un plantón para protestar por el uso brutal de la violencia policial.
Sin tener en cuenta que se trataba de un reclamo netamente pacífico, el ESMAD ingresó a la
Universidad, lanzó aturdidoras y agredió a varios miembros de la comunidad javeriana. La
Universidad canceló sus clases durante dos días. Lo que habría que subrayar es que, en
hechos sin precedentes, las fuerzas del ESMAD ingresaron a una institución privada y
agredieron a algunos estudiantes cuando protestaban de forma pacífica5.

Unos meses más tarde, el 21 de noviembre de 2019 se dio comienzo al paro nacional
convocado por las centrales obreras, diversas organizaciones sociales, profesores y
estudiantes, todas estas organizaciones aglutinadas en el llamado “Comité Nacional del
Paro”. En principio, se llamó a protestar contra las reformas laborales y pensionales que el
gobierno proyectaba adelantar, pero en el transcurso de las movilizaciones se amplió el
número de reclamos al incumplimiento de los acuerdos de paz, la denuncia de la violencia

4
Borda S., Parar para avanzar, pp.47-50.
5
Ibid, pp. 50-51.
3

policial y el sin número de promesas y pactos estatales no cumplidos con diferentes


estamentos sociales (indígenas, trabajadores, estudiantes). Fue el sábado 23 de noviembre,
en medio de las movilizaciones del paro, cuando un miembro del ESMAD en el centro de
Bogotá disparó contra el estudiante de dieciocho años Dilan Cruz causándole la muerte. Este
hecho, sumado a otros abusos en la represión llevada a cabo por parte de la policía, en vez
de apaciguar los ánimos nutrió el espíritu de la protesta que ponía al descubierto la negativa
e incapacidad del gobierno para comprender sus reclamos y detener las movilizaciones. Esta
dinámica social que parecía no detenerse e ir en crecimiento fue abruptamente apagada no
por el habitual paréntesis de las fiestas decembrinas sino por la pandemia mundial del
COVID-19 que confinó y encerró a la población6.

Es importante anotar que, con anterioridad a las cuarentenas a las que obligó la pandemia, en
la región latinoamericana durante el 2019 tomaron cuerpo varias protestas y movilizaciones
sociales; en Chile, particularmente, la protesta social se gestó y acrecentó a lo largo de
octubre y noviembre después de que grupos de estudiantes saltaran los controles de las
estaciones de metro en Santiago como protesta contra la subida de las tarifas del transporte
público. En un estallido social sin precedentes en la historia chilena, distintos sectores
sociales se unieron a la protesta inicialmente estudiantil reclamando igualdad, pensiones
dignas, educación pública de calidad, vivienda y mejoras en los servicios de salud. El
presidente Sebastián Piñera respondió con un decreto de estado de emergencia y desplegó al
ejército y la policía para reprimir las protestas que se saldaron con 31 muertos, 12.000
heridos, 347 víctimas de lesiones oculares por parte de la fuerza policial y 5.558
investigaciones abiertas ante la Fiscalía chilena por violencia institucional7. En cualquier
caso, un precio social muy alto para hacer realidad la convocatoria a una asamblea nacional
constituyente en el país.

6
Un ponderado acercamiento a los hechos y una contextualización de las demandas estudiantiles se logra en
Borda S., Parar para avanzar, pp.19-37.
7
Amnistía Internacional, Ojos sobre Chile, 2020, disponible en
[Link] (consultado el
15.01.2023).
4

Pero si se vuelve a la pandemia del COVID-19 y a la cuarentena que se instauró en Colombia


a partir de marzo del 2020, se constata que fue una de las más largas del mundo8 con una
incidencia evidente en la precarización de la situación económica y social de gran parte de la
población. El comprensible temor de contagio llevó al gobierno a instaurar dispositivos de
encierro, aislamiento y control que mostraron como con lente de aumento las abismales
desigualdades sociales. Mientras unos podían refugiarse en sus casas con todas las
comodidades, otros, más angustiados por llevar pan a sus mesas que por el contagio,
arriesgaban su vida en el rebusque cotidiano. El punto que se pretende visibilizar es que la
situación de pandemia en una amplia franja poblacional intensificó las tensiones, potenció el
desespero, represó sentimientos de inconformidad, de rabia, de reclamo, y con todo esto,
cierta energía social de descontento se fue acumulando en los cuerpos buscando tan sólo la
ocasión para explotar o ser expresada socialmente.

La violencia desencadenada los días 9, 10 y 11 de septiembre del 2020 en Bogotá, tras el


maltrato, tortura y asesinato del abogado Javier Ordoñez por parte de miembros de la policía,
hechos gravados en celular y difundidos en redes, es la reacción de un grupo de jóvenes
motivados por la indignación ante lo sucedido. La policía no dudo en responder a estos
ataques con brutalidad y descontrol utilizando contra los jóvenes sus armas de fuego sin
ninguna restricción. La jornada se saldó con 14 personas muertas por disparos, 58 heridas de
la misma forma, 17 CAI (Centros de Atención Inmediata) de la policía destruidos y 87
policías lesionados9.

Como se afirmó con anterioridad, todos estos eventos, y otros que la restricción de extensión
de este escrito no nos permite referir, se articulan y se amalgaman en un proceso histórico
que hizo posible el estallido social en Colombia del 2021. Esta insurrección social se inició
con la programación del paro nacional del 28 de abril del 2021 convocado por las principales
centrales sindicales, algunas organizaciones indígenas y un sector del movimiento estudiantil
que se oponían así a la regresiva reforma tributaria propuesta por el gobierno y gestada por

8
[Link], “Coronavirus. ¿Por qué la cuarentena en Colombia es la más larga del mundo?”,12.08.2020,
disponible en [Link] (consultado
el 20.03. 2023).
9
García J.E., “Pandemia, protesta social y represión. La receta perfecta para un cocktail molotov”, Opción S,
04.10.2020. Disponible en [Link]
receta-perfecta-para-un-cocktail-molotov-2/ (consultado el 06.04.2023).
5

su ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, a través de la cual se buscaba obtener recursos


para enfrentar la grave crisis económica provocada por la pandemia10. Fruto de las primeras
movilizaciones sociales, se logró la renuncia del ministro y el retiro del proyecto de reforma.
No obstante, la agitación social continuó con una fuerza inusitada que hizo ver a las claras
que lo que estaba ocurriendo en el espacio público desbordaba por mucho la organización
inicial del paro, ya que fueron sobre todo jóvenes de sectores populares y de clase media, con
poca experiencia en movilización social y sin ninguna organización política, los actores más
activos del levantamiento.

Es incierta aún con toda precisión la cifra de muertos, heridos, detenidos y desaparecidos que
dejó el estallido. Establecer cifras se hace más difícil cuando las distintas organizaciones e
instituciones (gubernamentales y no gubernamentales) proponen diferentes números11.
Según el informe de Amnistía Internacional fueron más de cien los jóvenes agredidos en sus
ojos por agentes del estado12. Este escrito se centra en reflexionar sobre esta forma de
represión que dos años después de los acontecimientos sigue suscitando en muchos de los
heridos sentimientos de incertidumbre, inseguridad y recelo. Dada la impunidad en el sistema
de justicia, la estigmatización social que se experimenta y la criminalización que señala a
quienes tomaron parte de la protesta, algunos de estos jóvenes afectados, más que abrirse al
apoyo social en su transición de víctimas a sobrevivientes, se invisibilizan y se niegan a
aparecer socialmente por temor a ser revictimizados o judicializados13.

Se anunció desde el inicio del texto que el enfoque o perspectiva de los acontecimientos
sociales que se reflexionan tienen la impronta del pensamiento y la experiencia vital de
Simone Weil. Este referente se justifica por un amplio espectro de motivos entre los que se

10
Para formarse una idea de la reforma propuesta, Observatorio Fiscal de la PUJ, “Una primera mirada al
proyecto de reforma tributaria”, 27.04.2021. Disponible en [Link]
al-proyecto-de-reforma-tributaria[Link]
tributaria (consultado el 05.05.2023).
11
El artículo de Wikipedia Protestas en Colombia de 2021 en su sección Consecuencias presenta las diferentes
cifras de acuerdo con las distintas entidades. 28.04.2021-31.12.2021 disponible en
[Link] (consultado el 03. 03.2023).
12
Amnistía Internacional, tiros a la vista, pp.41-43.
13
Como investigador afronte dificultades de desconfianza y recelo al buscar acercarse a los afectados por esta
modalidad de violencia. La organización MOCAO (Movimiento de resistencia contra las agresiones oculares
del ESMAD) se mostró, por decir lo menos, inquieta y desconfiada cuando busqué contacto e información.
6

pueden mencionar el compromiso de la francesa con las víctimas y desdichados de la tierra,


su particular manera de vivir y comprender el cristianismo, su lucidez en la invitación a
prestar atención y pensar lo que nos rodea, su radicalidad moral, y en últimas, su mirada que
ve aquello que resulta invisible o imperceptible para la mayoría. Weil afirmaba que se debe
retirar nuestro yo para poder ver todos los hechos en su plenitud, escribe: “La verdadera meta
no es ver a Dios en todas las cosas, sino que Dios vea a través de nosotros todas las cosas que
vemos”14.

Este escrito se despliega en tres apartados y un cierre. El primero, titulado “sufrimiento”, se


centra en las víctimas de las agresiones oculares por parte del ESMAD, pretende que su
sufrimiento se constituya en fuente de crítica del orden social instituido; el segundo, titulado
“desprecio, odio, violencia”, busca esclarecer la racionalidad de la barbarie representada en
el accionar de victimarios y verdugos. El tercero, titulado “empatía, compasión,
responsabilidad”, invita a quienes fuimos “espectadores” del estallido social durante el año
2021 a asumir una responsabilidad ética en relación con los jóvenes sobrevivientes de
agresiones oculares por parte del ESMAD. A manera de conclusión, se propone una reflexión
final.

1. SUFRIMIENTO.
En un ensayo titulado Formas del amor implícito a Dios Simone Weil afirma que “hay
momentos en que pensar en Dios nos separa de él”. Uno de los momentos en que esta
afirmación tiene pleno sentido y significado es cuando la atención se dirige toda o se vuelca
en el trozo de carne herida y despojada al borde del camino, esto es, en el prójimo sufriente
y menesteroso. Este no es el momento de dirigir la atención hacia Dios. “Así como hay
momentos en los que se debe pensar en Dios olvidándose de todas las criaturas sin excepción,
hay también momentos en los que, mirando las criaturas, no hay por qué pensar
explícitamente en el Creador”15.

El sufrimiento del otro es un llamado que se puede escuchar, que se puede atender, al que se
puede dirigir toda la atención para remediarlo. También es posible que este llamado no sea
escuchado, se desatienda o se acalle. Las sociedades contemporáneas celosas de su

14
Weil S., La gravedad y la gracia, 316.
15
Weil S., A la espera de Dios, 94.
7

mantenimiento y perpetuación ponen en juego distintas estrategias o mecanismos para


invisibilizar ciertos sufridores y justificar o desconocer ciertos sufrimientos. Se sabe bien que
algunas formas de sufrimiento son la fuente o raíz de la crítica social. Percibir con claridad
el sufrimiento puede ser el mejor camino para trazar las alternativas más adecuadas para su
superación, y con ello, la transformación de un determinado “orden social”; por el contrario,
desconocer el sufrimiento, impide subsanarlo y cambiar el modo de organización social que
lo produce y agenda16.

Escuchar el sufrimiento remite a atender a un sufriente, remite a comprender el dolor que se


inscribe en su cuerpo concreto y desgarrado por una experiencia violenta. En Colombia, del
pasado y del presente, el número de víctimas, léase de personas que han sufrido violencia, es
aterradoramente escandaloso. Se puede afirmar que el dolor y el sufrimiento atraviesa la
historia y la geografía de Colombia como la marca de pertenencia a una sociedad ganada por
la violencia y el desprecio por la vida ajena.

Escuchar el sufrimiento es dirigir y concentrar la atención en las víctimas. Víctimas son las
personas que individual o colectivamente han sufrido un daño o lesiones (físicas,
emocionales o mentales) como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional
Humanitario (DIH) o el menoscabo sustancial de sus derechos manifiestos en las normas
internacionales de Derechos Humanos ([Link].)17. Escuchar a las víctimas (heridos,
lisiados, desplazados, secuestrados, familiares de muertos y desaparecidos) y movilizarnos
atentos para atenuar su sufrimiento constituye una tarea social ineludible si se busca enfrentar
y deshacer los mecanismos y las maquinarias de violencia que impiden que los conflictos
sociales se puedan resolver dentro del marco de una normatividad que garantice justicia en
la dinámica de la vida social.

En este escrito, como ya se anticipó, se pretende escuchar y concentrar la atención sobre unas
víctimas particulares de la protesta social acontecida en Colombia entre abril y octubre del
año 2021: los jóvenes que fueron agredidos en uno de sus ojos por parte de las fuerzas
policiales del ESMAD por el hecho de encontrarse protestando. Como se sabe bien, a través
de denuncias e informaciones, esta forma de victimización fue tan sólo una entre muchas

16
Herzog B., Invisibilización del sufrimiento. Sobre el (des)aparecer de las fuentes de la crítica, pp.129-130.
17
Velásquez M., Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.
8

otras modalidades que las fuerzas policiales utilizaron para reprimir y controlar la protesta
que mayoritariamente se llevó a cabo en zonas urbanas; existe información confirmada de
muertos, de desaparecidos, de torturados, de abusos sexuales, de detenciones ilegales y de
connivencia de la policía con grupos de civiles armados que dispararon a los manifestantes18.

En el dolor corporal el sufrimiento parece estar presente de una forma más directa, más
ineludible, más evidente19. Este dolor parece no articulable en palabras y su manifestación
puede ser un silencio angustioso, un gesto del cuerpo, un quejido, un grito. Sin embargo, en
algunos casos particulares, la experiencia traumática de perder un ojo en la protesta puede
devenir relato o articularse en palabras como un testimonio del sufrimiento vivido. Este
sufrimiento, en cualquier caso, se expande más allá de lo físico y tiene incidencia en otras
esferas de la vida como lo son la esfera emocional y social de los afectados20. Cuando se
accede a algunos de los testimonios o relatos de los jóvenes que perdieron uno de sus ojos,
se descubre el impacto profundo de lo acontecido en la vida de cada uno, el desgarro personal,
las implicaciones sociales del acontecimiento21. A continuación, se ofrecen algunos apartes
de estos testimonios valientes, conmovedores, confrontantes.

Leidy Cadena, una joven universitaria, decidió salir a la calle en Bogotá en la primera jornada
del paro el 28 de abril. Dado que la protesta se tornó violenta, ella y su grupo decidieron
retornar a sus viviendas, intentaban recoger sus bicicletas, cuando un agente del ESMAD
disparo directamente a la cara de Leidy. Después de varias cirugías e intervenciones médicas,
Leidy perdió su ojo derecho. Días después de su impactante experiencia afirmaba en una
entrevista: “No es fácil de afrontar el hecho de entender que vas a quedar ciega el resto de tu
vida, pero entre ponerme a llorar y ser feliz o reírme de lo que me está pasando, prefiero

18
Wikipedia, Protestas en Colombia de 2021 disponible en
[Link] (consultado el 03. 03.2023).

19
Simone Weil afirma que “si el dolor físico está ausente por completo, no hay desdicha para el alma”. Weil S.,
Pensamientos desordenados, 62.
20
“Sólo hay verdadera desgracia si el acontecimiento que se ha adueñado de una vida y la ha desgarrado la
alcanza directa o indirectamente en todas sus partes, social, psicológica, física”. Ibidem.
21
Akgunoss de estos testimonios se presentan en la exposición: Arrancar los ojos de la artista argentina Gabriela
Golder, Bogotá, Galería Fragmentos-Espacio de Arte y Memoria, abierta desde agosto y hasta el 26 de
noviembre 2023.
9

reírme un poco cruelmente de mí misma (…) En las mañanas es cuando más me cuesta. De
hecho, a veces me despierto de muy mal humor. Es duro levantarme y verme al espejo”22.

El trauma causado por la experiencia se expresa también en las palabras de otro joven
manifestante, Wilmar Lopera sostiene: “para mi emocionalmente eso es lo más duro, lo más
difícil que me ha tocado enfrentar en la vida. Yo digo que mejor me hubieran matado. Quizás
con la muerte no hubiera enfrentado este dolor emocional tan fuerte que me toca llevar y
cargar todo el resto en la vida”23. Camilo Carvajal, quien documentaba la protesta social en
Popayán con su celular, afirma: “No soy la misma persona después de lo que pasó, me cambió
demasiado este pedacito de mi vida. Le pierdo sentido a la comida, el sabor. Duermo muy
poquito, me levanto y pienso mucho en lo que pasó. Son cosas que a uno lo traumatizan
completamente (…) Perdí una parte de mí, no perdí una uña, no perdí un cabello, perdí mi
ojo. Nos están matando. Yo quise abrir los ojos y me cegaron. Estaba viendo colores y me
pintaron un mundo de gris en un momentico”24. En una declaración muy afín con la anterior,
la madre de Nicolás Reina, un joven de 22 años impactado por las balas del ESMAD, dice
con tristeza: “Él se muestra supremamente fuerte, es una persona muy, muy resiliente. Pero
yo que soy la persona que estoy en cada instante con él; lo he visto llorar, lo he visto sufrir,
lo he visto desesperanzado, lo he visto mal, totalmente desmoronado; sin embargo, pues él
quiere mostrarse absolutamente fuerte ante los demás, pero sí, obvio que esto ha sido una
catástrofe en la vida por supuesto de él y de nosotros como familia. Por supuesto que hemos
tratado de entre toda la desgracia recoger las cosas positivas entre comillas, por ejemplo, que
pudo ser peor”25.

Las voces de las víctimas enlazan inextricablemente su sufrimiento físico y su sufrimiento


emocional en palabras que comunican la profunda herida que este acontecimiento generó en
sus vidas. Se habla de dificultad para salir adelante, de carga de por vida, del mundo de
colores que se tornó en un instante gris, de desmoronamiento, de catástrofe. Perder un ojo no

22
El Espectador, Nos quitaron un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz, 17.05.2021. Disponible en
[Link]
article/ (Consultado el 15.03.2023).
23
Amnistía Internacional, Tiros a la vista, 61.
24
Ibid, 38.
25
Fitzgerald M.F., Al menos 82 personas perdieron los ojos en el paro nacional, 06.07.2021. Disponible en
[Link]
(Consultado el 15.05.2023).
10

sólo es recibir un ataque contra la integridad personal, sino afrontar el sufrimiento que
implica reconocerse una persona mutilada, “otra persona” ante el espejo; una persona que sin
uno de sus ojos tiene que aparecer ante los demás.

Carolina Bautista, joven líder estudiantil, relata que unos meses después del trauma ocular se
tomó unas fotos profesionales y al verlas no reconoció su rostro, afirma que al ver las fotos
pensó “así quedé, esta soy yo ahora” y se sentó a llorar. También, Juan Villaquirán, otro de
los manifestantes agredido, recuerda que la primera vez que se afeitó después de ser
impactado en el ojo fue muy fuerte para él, el no verse igual que antes y el no tener uno de
sus ojos. Juan expresa que “cuando uno se va a ver al espejo lo primero que se mira son sus
defectos, uno siempre es ay estoy gordo, ay me salió un barro, ay me salió esto. En mi caso,
no tengo un ojo”26. Al impacto de verse “otro”, se suma el impacto que se vive cuando se
recibe la mirada de los otros. José Romero habla de cómo su trauma ocular afectó por
completo sus relaciones personales y su vida social, declara que se siente muy afectado
cuando las personas que lo conocen se refieren a él como “tuerto”, cuando sale “todo el
mundo lo mira a uno como bicho raro pues por un defecto y más en la cara”. A su novia no
le gusta cuando se quita la prótesis y le dice que se la vuelva a poner. Esta situación lo llevó
a terminar la relación con ella, atrasarse en la universidad y limitar sus relaciones sociales27.

Además del trauma emocional y social, las víctimas expresan sensación de inseguridad y
miedo que se potencia ante la presencia policial. Algunos han renunciado a volver a participar
en marchas y en manifestaciones sociales. Camilo Carvajal confiesa su declinar en el
activismo social y su temor a participar en la protesta social, cuando afirma: “Antes yo decía:
vamos a hacer esto, vamos a hacer lo otro, daba muchas ideas, participaba activamente.
Ahorita lo dudo, lo dudo demasiado, lo pienso dos veces antes de hacerlo (…) porque aquí
en Colombia es complicado salir a marchar por los derechos”28. José Romero expresa que ha
acudido a otras manifestaciones después de su agresión ocular; sin embargo, siente miedo
cuando ve los agentes del ESMAD; Carolina Bautista manifiesta que siente miedo e
inseguridad cuando ve un policía cerca de ella independientemente del lugar donde se
encuentre; Dickson Ramírez señala que tiene miedo de volver a asistir a una manifestación

26
Amnistía Internacional, Tiros a la vista, 60.
27
Ibid, 61.
28
Ibid, 39.
11

y no quiere volver a hacerlo “porque no se sabe en qué momento le puedan hacer algo a
uno”29.

Por el contrario, Leidy Cadena y otros manifestantes, mantuvieron vivo su activismo político
y su participación en la manifestación social. Leidy, en ese momento, sostenía: “Me parece
muy bonito poder decirle a la gente que sí se puede, que sí podemos salir de estas cosas y
que, aunque es muy triste y doloroso, tenemos que seguir adelante y demostrarle al país que
nosotros seguimos aquí en pie de lucha, diciéndoles que no nos van a callar y que nos quitaron
un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz”30. Y ratificando su compromiso en seguir
haciendo parte de la protesta, afirmaba: “Pues no me voy a quedar en la casa y no me quedaré
en la casa y vuelvo a marchar (…) en las manifestaciones yo voy y los policías me miran y
dicen “no aprende”. Yo pienso “yo elegí venir, ustedes son los que no aprenden”31.

La valentía de Leidy y su determinación de hacerse escuchar, la llevó a presentar su caso ante


la Fiscalía dado que contaba con el nombre y número de placa del agente del ESMAD que
había disparado a su rostro. Leidy asegura que se ha visto obligada a prestar declaración en
más de diez ocasiones y esto la ha revictimizado. Como consecuencia de su denuncia, ha
recibido amenazas en redes sociales y un ataque con pólvora en la puerta de su vivienda. La
situación de acoso y persecución la llevó a dejar el país32. Así como Leidy, otras víctimas que
se atrevieron a denunciar sus casos, han sido amenazadas y han tenido que buscar protección
en el exterior. Los que no han podido salir de Colombia, constatan la inoperancia y
burocratización del sistema judicial que dilata sus casos en procesos, declaraciones y
papeleos interminables. Enfrentan con ello una cruel impunidad que da la espalda a sus
requerimientos y aspiraciones.

No se necesita ser un especialista en política para darse cuenta de que los valores
democráticos y los mecanismos para hacerlos efectivos quedan en duda o seriamente
cuestionados cuando se reprime con esta modalidad de violencia la protesta social y la
participación ciudadana. La violencia dirigida particularmente a causar mutilaciones oculares
tiene como claro objetivo disminuir las personas, acallar la protesta y hacer desistir a los que

29
Ibid, 54-55.
30
El Espectador, Nos quitaron un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz.
31
Amnistía Internacional, Tiros a la vista, 31.
32
Ibid, 32.
12

disienten de su voz crítica. Con la agresión, el mensaje que se difunde es: “no se puede salir
a la calle”, “no se puede reclamar”, “no se puede pensar distinto a quienes detentan el poder
y el gobierno”; si alguno no tiene en cuenta estas advertencias, será castigado, perderá uno
de sus ojos.

Estos acontecimientos y sus consecuencias llevan a plantear obligados interrogantes ¿Cómo


hacer creíble la democracia y educar en valores democráticos a las nuevas generaciones, si
los grupos de poder reprimen de forma tan severa y sangrienta la expresión juvenil? ¿Cómo
aceptar que las fuerzas policiales garantizan la seguridad de la ciudadanía, cuando son ellas
las encargadas de mutilar, a manera de verdugos, a los jóvenes? ¿Es ingenuo esperar justicia
de un sistema judicial que no opera y se ahoga en la desidia? Ante estos y otros
cuestionamientos se genera una atmósfera en la cual no es extraño que en el imaginario
juvenil la democracia tan sólo represente una quimera o una mentira; en cualquier caso, una
posibilidad de convivencia política de texto, pero irrealizable en el mundo real.

Mientras que algunos sectores de la sociedad se interesan más por pasar la página de la
protesta acontecida en el 2021, ignorando el sufrimiento de los jóvenes que perdieron uno de
sus ojos, invitándolos a perdonar y olvidar, “a continuar” sin anclarse en el pasado; otros
sectores de la sociedad, intentan comprender el resentimiento juvenil y digerir los trágicos
hechos comprometiéndose en depurar responsabilidades e impulsar las transformaciones
necesarias para que no se repita de nuevo esta barbarie. La gran cantidad de jóvenes que se
sumaron a la protesta lo hicieron porque sintieron que las cosas que acontecían en el país
eran injustas, enfrentaron la represión con determinación, pero desgraciadamente, algunos
perdieron uno de sus ojos; es decir, fueron castigados por atreverse a levantar su voz y ejercer
la crítica. Si a esto sumamos la persecución por denunciar sus casos, la estigmatización social,
el exilio y la impunidad del sistema judicial ¿Se podría condenar su rabia y resentimiento en
contra de las fuerzas policiales, la autoridad y los organismos de Gobierno? ¿Puede invitarse
a la resiliencia, la esperanza en el futuro y a la confianza en la sociedad y sus instituciones a
quienes se les ha desfigurado su rostro?

Simone Weil consideró que “La capacidad de prestar atención a un desdichado es cosa muy
rara, muy difícil; es casi-o sin casi- un milagro. Casi todos los que creen tener esta capacidad,
13

en realidad no la tienen”33. Y la dificultad estriba en dirigir atención a alguien sin deshacerse


del yo que dirige atención. La compasión genuina implica que el yo desaparezca y que el otro
llene el espectro de atención. Para que la realidad del otro nos retenga completamente (se
pueda reconocer y respetar su realidad) se bebe apartar la atención de sí mismo. No se puede
comprender el sufrimiento del otro desde la perspectiva de mi posición privilegiada; debo
mejor, comprenderme a mí mismo desde la perspectiva sufriente del otro para entender que
mi posición privilegiada no es esencial en mi existencia sino meramente accidental34. Si se
logra esta forma de atención generosa, subordinar el mundo del yo al mundo del otro, se
abrirá paso a la perspectiva de los demás, la perspectiva de un mundo totalmente distinto al
de mi mundo personal. ¿Cómo dirigir la atención a Dios (lo totalmente otro), si somos
incapaces de la plena atención a los congéneres desdichados? ¿Cómo acercarnos sin pudor a
Dios sino lo hacemos antes a la humanidad sufriente?

2. DESPRECIO, ODIO, VIOLENCIA.

De acuerdo con Simone Weil, Dios se encuentra ausente de su creación, “La creación no es
un acto de autoexpansión por parte de Dios sino de retirada y de renuncia”35. Dios se sustrae
de la creación con la cual no puede coexistir. Esta ausencia explica o hace comprensible la
necesidad natural, la libertad humana; e igualmente, la presencia del no ser, del mal moral,
de la violencia, del sufrimiento y de la precariedad en la vida de la humanidad.

Y es que los seres humanos tienen en sus manos el poder de construir sociedades en las que
se les reconozca y dignifique o en las que se les degrade y niegue. Se pueden construir
sociedades justas en la que las personas sean reconocidas, consideradas fines en sí mismas,
tratadas con respeto; o se puede, por el contrario, construir sociedades sin justicia o con
justicia restringida (sólo para algunos), en que estos algunos tratan a otras personas como
subordinados, sin respeto, esto es, como medios para sus fines36. La desestimación de la
humanidad por la humanidad se expresa en un amplio espectro histórico-cultural, y sin duda,
ha sido y constituye una de las mayores fuentes de desdicha y sufrimiento.

33
Weil S., A la espera de Dios, 72.
34
Winch P., Simone Weil: The Just Balance, 13.
35
Weil S., A la espera de Dios, 91.
36
Michelini D., Dignidad humana en Kant y Habermas.
14

En el pensamiento reciente, quizá sea Michel Foucault quien con mayor lucidez haya
examinado los mecanismos de poder que se impusieron en la sociedad moderna desde el
suplicio y el castigo hasta la vigilancia jerárquica llevada a cabo a través del control visual
en las instituciones panópticas37. Lo innegable, es que el francés ofrece una veta para la
investigación social que pretenda rastrear las formas del ejercicio del dominio y del poder en
sociedades en las que los subordinados permanecen visibles. Un camino distinto y alternativo
es el que ofrecen los análisis de Axel Honneth, en la estela de la Escuela de Frankfurt, para
quien el reconocimiento constituye el asunto central de su investigación y la “invisibilidad
social” la clara estrategia de desprecio que ponen en juego los poderosos para subordinar y
someter. Sostiene el alemán que “disponemos de la capacidad de demostrar nuestro desprecio
a personas presentes mediante el hecho de comportarnos frente a ella como si no figurara
físicamente en el mismo espacio”38. Se asumen entonces gestos, modos de actuar y de
comportarse que dejan claro a los demás que no solo no son vistos accidentalmente, sino que
no son vistos intencionalmente. Esto implica que el sujeto afectado y subordinado es
observado por otra persona como si no estuviera presente en el espacio. Un caso de no ver o
de ignorar voluntario claramente humillante a través del cual el observador niega el
reconocimiento al otro y expresa su superioridad social39.

La sociedad colombiana ha sido una sociedad constituida por mecanismos de poder que de
forma visible o bajo estrategias de invisibilizarían ha negado históricamente el
reconocimiento de amplios sectores de la población y ha hecho del desprecio un ejercicio
usual y sostenido para mantener los privilegios de las élites ricas y gobernantes. Esta
patología social hace de Colombia uno de los países más inequitativos y desiguales del
mundo en el que la inversión social es mínima si se compara con el rubro del gasto del aparato
militar o el rubro del pago de la deuda externa a la banca internacional.

El desprecio social es constatable cuando se acaparan las mejores tierras y los campesinos
no tienen ninguna, cuando los exorbitantes ingresos de un grupo selecto contrastan con el
salario mínimo de la clase trabajadora o la carencia de fuentes de trabajo digno para las
mayorías, cuando la riqueza representada en un cúmulo de propiedades contrasta con la

37
Foucault M., Vigilar y Castigar.
38
Honneth A., La sociedad del desprecio, 166.
39
Ibid, 169.
15

incapacidad de otros para procurarse una vivienda digna, cuando la calidad de los servicios
de salud están supeditados al pago de altos costos que la mayor parte de la población no
puede afrontar.

De forma particular, a los jóvenes colombianos pertenecientes a sectores populares se les


desprecia cuando no se les ofrecen mínimas oportunidades de vida digna representadas en
plazas de trabajo y alternativas de formación profesional. Desde los niveles básicos y medios,
la educación pública no cobija a toda la población y su calidad no es homogénea. Ya en el
nivel superior, las universidades públicas se encuentran estructuralmente desfinanciadas, no
tienen la suficiente cobertura para la gran demanda poblacional y el acceso a las
universidades privadas constituye un privilegio de minorías solventes a nivel económico. Así
las cosas, la educación de calidad resulta imposible para quien no la puede pagar, se mantiene
una estructura social excluyente, se contiene la movilidad social y las mejores oportunidades
de trabajo permanecen concentradas para un reducido grupo40.

Las protestas estudiantiles anteriores al estallido social de abril del 2021 pusieron sin duda
en el debate público la situación anteriormente presentada y otras reivindicaciones que
deliberadamente no se entran a considerar aquí, entre las cuales no es menor el
incumplimiento por parte del gobierno Duque de los acuerdos pautados con el sector
estudiantil. Lo que se hace claro ahora es que todo este descontento de fondo, la angustiante
situación de pandemia para amplios sectores y la inoportuna reforma fiscal propuesta por el
gobierno como respuesta económica a la situación, se convirtieron en el detonante que
prendió la protesta social de varios meses durante el año 2021.

El desprecio muestra su alcance en el país cuando se agrede físicamente a los jóvenes que se
atreven a protestar y a poner en cuestión el orden establecido. La sistemática represión que
tuvo como objetivo crear terror y disolver la protesta no debe considerarse como un proceder
inusitado. No es de extrañar que un sistema social construido a partir de la lógica del
desprecio y la negación del diferente acuda a la violencia abiertamente. En realidad, la

40
Manga G., Colombia no quiere educar a los pobres, Revista Semana, 03,10,2018. Disponible en
[Link]
german-manga/585735/ (consultado el 05. 04.2023).
16

violencia invisible de la estructuración social se hace por fin visible y experimentable cuando
se ejerce abiertamente contra los que se atreven a cuestionar o enfrentar el orden social.

El odio no brota de manera espontánea, se cultiva y se forja a través de una manera de vivir
y pensar que se encuentra tejido o animado por un lenguaje discursivo en un contexto social
particular. Muchas personas que incitan al odio son incapaces de ejecutar violencia o de
agredir físicamente a sus adversarios, pero sus palabras florecen y tienen efecto en otras que
están dispuestas mental y emocionalmente a agredir y hacer violencia. El odio por el diferente
también se vincula a las instituciones, a las estructuras sociales, que a través de sus canales
de expresión justifican, expanden y reproducen la animadversión por los que se consideran
extraños, desadaptados; en cualquier caso, no integrados al orden hegemónico41.

Una cultura del odio corrompe el principio de identidad y lo concibe como una defensa a
ultranza o por todos los medios de ciertas creencias, ciertas ideas, cierta cosmovisión que se
encuentra a la base de una forma de vivir y de actuar, pero que simultáneamente, no admite
otras ideas, otras creencias, cosmovisiones distintas. Es claro que los colectivos humanos se
identifican y delimitan en función de unas características que los distinguen de quienes no
las tienen, pero el equívoco o la imprecisión se genera cuando se señala la alteridad, o a otras
comunidades o colectivos como una amenaza, como una fuente de peligro al que hay que
temer, por el simple hecho de ser distinto. El punto es que no se conoce ni se reconoce al
otro, sino que simplemente se le identifica como amenaza ante la cual lo único que se sigue
es la defensa, la vigilancia y la obsesión por la seguridad42.

Es muy tranquilizante convertir a los victimarios, a los azuzadores de odio, en seres infernales
y monstruosos; pero en realidad, son personas comunes, personas corrientes, que creen ser
fieles a sus ideas, estar cumpliendo con su deber y estar obrando en consecuencia. Algunos
consideran que a través de sus acciones prestan un invaluable servicio a la sociedad, otros
buscan reconocimiento de instancias superiores, otros simplemente obedecen ciegamente
órdenes poniéndose a servicio del estado o de un sistema jerárquico lo que les impide ganar
conciencia de su actuar personal43.

41
Belmonte García O., Víctimas e ilesos, pp.87-89.
42
Ibid, pp. 89-95.
43
Ibid, 85.
17

Las élites poderosas, la derecha uribista, el gobierno Duque, el partido de gobierno en el


legislativo, entendieron el estallido social como una amenaza al Estado que se debía de
reprimir. La protesta social fue identificada y reducida a “bloqueos” y “delincuencia” que
había que impedir de forma severa. Se acuñó el término “terrorismo urbano”, se alegó “la
legítima defensa” para salvar personas, bienes o propiedades de la turba y se autorizó a
militares y policías utilizar sus armas para defender la vida y el patrimonio de los ciudadanos
de bien; y obviamente, defender su propia integridad. A los reclamos desde diferentes
instancias (nacionales e internacionales) del desmedido uso de la fuerza por parte del Estado
contra los manifestantes, las fuentes del poder repitieron sin cansancio que el “bloqueo era
violencia” y que esa práctica afectaba los derechos fundamentales de la población (vida,
salud, trabajo)44. Lo cierto es que no se hicieron diferencias entre manifestantes e interesados
en generar el caos, entonces la legítima protesta fue desfigurada hasta el punto de denominar
a quienes participaron en ella “vándalos”, “criminales”, “desadaptados”; de manera sumaria,
un grupo de criminales que había que judicializar y castigar, aunque también, castigar sin
judicializar.

A manera de mandato soberano, este estigma condenatorio incitó a verdugos de distintas


procedencias que, bajo la protección del aparato de Estado, ejecutaron una violencia sin
límites con el fin de amedrantar a quienes protestaban. La policía, y especialmente el
ESMAD, no atendieron los protocolos básicos de contención y dispersión de protestas y
bloqueos, sino que, de manera irregular, desencadenaron una violencia desproporcionada
dirigida a crear pánico entre los manifestantes. Asesinatos, desapariciones, disparos a la cara
y los ojos de los jóvenes, violaciones y toda clase de abusos fueron el espectro de los
desmanes policiales conocidos y denunciados45. De acuerdo con Di Cesare, “Esto no
significa que la policía sea ilegal: más bien, está autorizada legalmente para desempeñar
funciones extralegales. No se limita a administrar la ley, sino que establece sus límites cada
vez que actúa”46. El abuso y atropello fue tan desmesurado, que la protesta juvenil paso de
reclamar las demandas sociales a enfrentar reactiva y abiertamente la fuerza policial. “Si el

44
Hoyos L.E., Explota Colombia, pp. 67-74.
45
Plazas N., Denuncian 1.181 casos de abuso policial y 26 víctimas mortales durante las protestas en Colombia,
France 24, 03.05.2021. Disponible en [Link]
colombia-protestas-violencia-policial-duque (consultado el 05.04.2023).
46
Di Cesare D., El tiempo de la revuelta, 11.
18

abuso de la policía despierta una indignación desaforada, es porque no parece un simple


accidente, sino un gesto revelador, la punta que sobresale del iceberg formado por un sistema
de violencia que se apoya en la discriminación: por un lado los negros y por otro los blancos;
por un lado los pobres y por otro los ricos, y así sucesivamente”47

En Cali48, como es sabido, “los ciudadanos de bien”, utilizando camisas blancas, se armaron
y dispararon contra los manifestantes en brigadas de autodefensa articuladas con la policía,
o por lo menos, bajo el beneplácito de ésta. Impidiendo bloqueos o corte de vías, los armados
de derecha causaron la muerte o hirieron a varias de las personas que se encontraban
promoviendo estas acciones49. Lo lamentable es que este tipo de acciones, una vez conocidas,
fuera celebrado por algunas personas en un país que no ve en los grupos civiles de patrullaje
y autodefensa el germen de la barbarie paramilitar. Lo que habría que poner en relación, es
que así como no paran los asesinatos de lideres sociales y ambientales, de desmovilizados de
las antiguas FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), durante la agitación
social del 2021, se presentaron asesinatos selectivos de líderes de la protesta que se atribuyen
a grupos armados de extrema derecha que están dispuestos a defender el orden establecido
a través de la violencia, aunque su proceder sea abiertamente ilegal y ajeno a la constitución.

En su escrito “El amor a Dios y la desdicha”, Simone Weil afirma que desde el origen “la
humanidad apartó su mirada de Dios y ha caminado en dirección equivocada, llegando tan
lejos como le ha sido posible”50. El asunto aquí para tener en cuenta no es la distancia de
alejamiento recorrida, sino la incorrecta orientación de la mirada. De acuerdo con Weil:
“Somos como plantas cuya única elección consiste en colocarse o no a la luz”51.

47
Ibid, 10.
48
Para comprender el contexto económico y social de la ciudad en la que el estallido alcanzó una enorme
dimensión. Céspedes C., Llanos C., Cali” la sucursal del cielo”. Entre la exclusión social y la resistencia
popular, CINEP, revista 100 días #102, pp.82-98. Disponible en
[Link] (consultado el 10.04.2023).
49
Muñoz Pandiella L., Colombia: preocupación por ataques de civiles armados contra manifestantes, France
24, 31.05.2021. Disponible en [Link]
protestas-civiles-armados-sompra-paramilitarismo (consultado el 10.04.2023).
50
Weil S., A la Espera de Dios, 79.
51
Ibid, 82.
19

3. EMPATÍA, COMPASIÓN, RESPONSABILIDAD.

Hasta aquí, por una parte, se ha pretendido escuchar la voz de los jóvenes que perdieron uno
de sus ojos en alguna de las protestas que conformaron el estallido social en Colombia del
año 2021, se ha intentado recobrar su terrible experiencia para liberarla de la condena y del
olvido; por otra, se ha pretendido proponer un acercamiento a la racionalidad de la barbarie,
una aproximación a las posibles motivaciones de los victimarios y agentes de violencia. Por
supuesto, las dos aproximaciones son asimétricas porque se llevan a cabo desde una óptica
cristiana dominada por la atención preferencial a los desdichados o victimizados, y que por
tanto, posterga dirigirse a quienes se deshumanizan deshumanizando a sus semejantes. En
este sentido, el peculiar cristianismo de S. Weil utilizado como lente de interpretación del
estallido social no hace más que ahondar esta opción. Esta perspectiva desde la que se
examinan los hechos; y en particular, las agresiones oculares por parte del ESMAD a los
jóvenes que se sumaron a la protesta, imposibilita ser neutral, imparcial o aséptico en la
reflexión o en los juicios. Existe una inclinación irrenunciable e incondicional por las
víctimas, una inclinación por reparar el sufrimiento de los despreciados.

Pero no se tendría que asumir la perspectiva cristiana para atender la menesterosidad del
prójimo, la moral humana es plural y aún algunas morales que se ponen a distancia de las
tradiciones religiosas señalan el reconocimiento de las necesidades y los intereses de los otros
como la condición de posibilidad de la convivencia y de la vida social. Habría que ponerse
en guardia, esos sí, contra construcciones morales que propician el sufrimiento, la injusticia
o la violencia, cuando subordinan las relaciones sociales a absolutos abstractos (P. ej. la
libertad, la igualdad, la patria, la ciudadanía, la democracia, el estado, la propiedad). Este tipo
de moralidad ha constituido y constituye un recurso ideológico para legitimar sistemas de
dominación y exclusión. En cualquier caso, se tendría que elegir entre mantener la
prevalencia del principio abstracto o atender las situaciones humanas que acontecen fuera de
él52.

Simone Weil no considera que la sensibilidad moral tenga que estar reglada por conceptos,
categorías o principios; lo que hace que se vuelque la atención sobre un ser humano no tiene

52
Klappenbach A., Ética y diferencia, Revista Isegoría, n.º 3, 1991, pp.186-195. Disponible en
[Link]
20

que estar supeditado a una condición, el simple hecho de ser un humano singular ya es motivo
suficiente para otorgar cuidado. Si se hacen depender las relaciones sociales y la convivencia
de principios o categoría, se corre el riesgo de inmunizarse contra el sufrimiento de quienes
no se encuentran cobijados por ellos. Así, en una afirmación incisiva, la francesa cuestiona
la misma categoría de “víctima” o “desdichado” cuando afirma: “saber que el desdichado
existe, no como una unidad más en una serie, no como ejemplar de una categoría social que
porta la etiqueta “desdichados”, sino como hombre, semejante en todo a nosotros, que fue un
día golpeado y marcado con la marca inimitable de la desdicha”53.

Es posible que ninguno de los jóvenes agredidos en la cara y que perdieron alguno de sus
ojos en la protesta se encuentre con estas reflexiones y las lea, también es muy posible que
los victimarios azuzadores de violencia e integrantes del ESMAD jamás se encuentren con
este texto. Entonces, quedan como posibles lectores, un grupo amplio de personas que
vivieron el estallido social como espectadores, y los cuales, a una prudente distancia, se
enteraron a través de los medios de comunicación de los distintos hechos que constituyeron
el estallido social. De estos lectores habrá quienes se conmuevan por el caso de los jóvenes
que perdieron uno de sus ojos y otros que no. Algunos justificaran lo acontecido, empatizaran
más con quienes reprimieron la protesta, seguirán llamando a los jóvenes afectados
“vándalos”, “criminales”, “vagos” que recibieron su merecido. ¿Qué hace que el sufrimiento
ajeno nos resulte, como espectadores, indiferente? ¿Qué hace que se empatice con las
víctimas o se justifiquen las acciones gubernamentales y policiales? Sin el ánimo de resolver
las anteriores preguntas, es importante tener en cuenta que mucho se juega en la lógica o
perspectiva moral desde el cual se juzga y se establece lo que se considera correcto o
incorrecto, acertado o desacertado, lo que está bien y lo que está mal. Esta consideración
remite de nuevo a la moralidad y a las profundas creencias desde las cuales se valora el
entorno que se vive.

Quizá la moral que rige nuestra vida tenga que ser examinada y sometida a un profundo
discernimiento puesto que no sólo se es responsable de la existencia individual, sino también
de la sociedad en que se vive y habita. La vida no es una aventura en solitario sino, desde el
principio hasta el final, una aventura colectiva y en medio de otros. En esta dirección, se

53
Weil S., A la Espera de Dios, 72.
21

tendría que aportar en la construcción de una moral sensible a las diferencias y al carácter
vulnerable del ser humano, más que a una moral gobernada por categorías que transmita el
desprecio, la exclusión y el odio ¿Cómo hacerse sensible entonces al drama de los jóvenes,
a su sufrimiento, a su ceguera, a su prótesis, a la superación de su trauma? ¿Cómo ser un
apoyo en su transición de víctimas a supervivientes?

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro; es la disposición de asumir la


perspectiva de otra persona comprendiendo sus sentimientos y emociones. Habitualmente, se
usa la expresión “ponerse en los zapatos del otro” para demandar empatía y comprensión por
la situación vital del prójimo. El sentido de la empatía es darse cuenta de qué significa un
estado emocional cuando alguien lo vive y sintonizar con él. La empatía es un rasgo humano
esencial en la construcción de la vida comunitaria y social; además, comprender los
sentimientos y actitudes de las personas con las que se interactúa facilita las relaciones
interpersonales y constituye una disposición clave para conectar comunitariamente y
construir convivencia54.

La sociedad actual, dominada por los valores del mercado y del capital, apunta en dirección
contraria de la empatía. Hace de la frialdad y de la indiferencia su mecanismo de
socialización. Primero, atomiza al ser humano definiéndolo como individuo; segundo, lo
somete a una competencia despiadada en la cual solo existen triunfadores y perdedores. En
esta competencia, el individuo tiene que endurecerse e insensibilizarse y el otro se torna el
rival temido a vencer. La indiferencia, y no la empatía, es la disposición que permite vivir en
el ámbito del mercado. La frialdad se educa como la forma de alcanzar los intereses propios
sin conmoverse o distraerse con el sufrimiento de los demás55.

Dado que el sistema económico impone su dinámica a sociedades e individuos, resulta ya


todo un logro que alguien genere empatía con quienes le rodean procurando así una forma de
conexión o relación social. Con todo, la empatía no es suficiente. Es necesaria como punto
de partida, pero se supera cuando se extiende un plus de acción, este plus de acción es la
compasión. La compasión es la capacidad de percibir y sentir el sufrimiento de otro ser

54
Lomeli J., Adela Cortina: “La empatía es estar en el lugar del otro, pero la compasión conlleva compromiso”,
28.
55
Maiso J., Sobre la producción y reproducción social de la frialdad, pp.54-60.
22

humano, pero además hacer algo para ayudarle a liberarlo de su sufrimiento56. El compasivo
alivia el dolor ajeno, remedia el sufrimiento del otro, evita que su prójimo padezca, libera al
desdichado de su padecimiento. En este sentido, la compasión es crucial para consolidar la
coexistencia, la vida en sociedad, crear lazos de solidaridad y construir un “nosotros” común.
¿Se puede vivir una vida de tranquilidad y felicidad mientras otros sufren? Parece que sin
compasión no fuera posible forjar o tejer una auténtica comunidad o sociedad.

La compasión como compromiso lanza a la humanidad a asumir una responsabilidad social


insoslayable. Y en este punto coinciden, curiosamente, algunas perspectivas morales ateas y
la perspectiva creyente de S. Weil. Claro está, con diferentes justificaciones; las primeras,
porque sin Dios, toda la responsabilidad recae en las manos de la humanidad; la segunda,
porque a Dios retraerse de su creación, le es imposible intervenir en el mundo, colocando a
la humanidad la tarea de hacerse cargo de lo creado.

Los seres humanos pueden erigir el infierno o el cielo en la tierra y nada excusa de su
responsabilidad sobre lo acontecido. Los seres humanos tienen una responsabilidad absoluta
tanto en sus éxitos como en sus fracasos, tanto en la construcción de una sociedad justa y
equitativa como en la edificación de una sociedad injusta y excluyente. Nada libra de la
responsabilidad absoluta que se tiene con la pobreza, la desdicha, el sufrimiento y el otro
humillado, desgraciado, ofendido. No existe un solo mal en el mundo que no exija una
respuesta por parte del ser humano57.

Con todo, la responsabilidad del ser humano sobre la creación no exculpa a Dios de crear
semejante creatura (una que, desde siempre, cristaliza su libertad en desprecio, injusticia y
daño al semejante). Por ello, pueden persistir abiertas las preguntas teológicas fundamentales,
y dudo que Weil, una pensadora tan aguda, se haya plegado en este punto a la tradición en la
solución agustiniana. Lo innegable, es que para la francesa el ser humano tiene una
responsabilidad absoluta con sus congéneres. En uno de sus últimos escritos, Echar raíces,

56
Lomeli J., Adela Cortina: “La empatía es estar en el lugar del otro, pero la compasión conlleva
compromiso”, 28.
57
Levinas E., Ética e infinito, pp. 82-83.
23

escribe: “Hay obligación hacia todo ser humano, por el solo hecho de que es un ser humano,
sin que intervenga ninguna otra consideración, y aunque él no reconozca ninguna”58.

Considero que la responsabilidad con las víctimas de las agresiones oculares por parte del
ESMAD se concreta en orden a enfrentar la narrativa oficial sobre los hechos acontecidos,
acompañar y apoyar a los jóvenes en la superación de la experiencia vivida, y mantener una
resistencia para que no se abran de nuevo las posibilidades para que los hechos acontecidos
se repitan.

Si se busca sanar el ayer, tienen que rescatarse los hechos del olvido, tiene que recuperarse
el pasado ausente, ese pasado que las versiones gubernamentales dominantes han declarado
insignificante y sobre el que se pretende pasar la página59. La narrativa del estallido social, y
particularmente, los relatos de las víctimas de agresiones oculares tienen que ampliarse,
contar con un espacio y nutrir el espectro de la verdad de los días de la protesta. Se tiene que
dejar clara la injusticia que se hizo con muchos jóvenes que recibieron a cambio de una
sociedad distinta la pérdida de la visión y una lesión ocular.

La reparación del dolor y del sufrimiento de las víctimas se concreta en su atención en salud
y su rehabilitación integral que ha sido precaria y desigual, ya que ha dependido de la
situación económica de las familias de los jóvenes, sus contactos y sus relaciones; se trataría
de que los muchachos encontraran los apoyos adecuados e idóneos para superar su
discapacidad física y sicológica, el impacto del trauma ocasionado, proponiéndoles fuentes
de educación y empleo; se trataría de hacer justicia llevando a juicio a los culpables de esta
barbarie y poniendo fin al uso abusivo de la violencia por parte del ESMAD (hace mucho se
viene sosteniendo la necesidad de restructurar esta fuerza policial)60; en esta dirección,
también se esperaría que las instancias gubernamentales reconozcan la gravedad de lo
ocurrido, específicamente, la violación de [Link]. que fueron llevados a cabo por la fuerzas
del Estado en el marco del estallido social desarrollado durante varios meses en el año 2021.

58
Weil S., Echar raíces, 20.
59
Mate A.R., La piedra desechada, 232.
60
Saldarriaga, M., Reformas al ESMAD: lo nuevo, lo usado y lo que falta, 070, 25.08.2022. Disponible en
[Link]
falta/#:~:text=En%202020%2C%20La%20Corte%20Suprema,frente%20a%20la%20protesta%20social.
24

Finalmente, además de reparar a las víctimas y apoyarlas en su transición a dejar de serlo, se


tendría que garantizar la no repetición de los hechos o cerrar las posibilidades para que
acontecimientos tan lamentables puedan volverse a reeditar. Los campos de acción en que
los colombianos pueden ayudar a estos jóvenes son amplios y distintos, y quien quiera “dar
la mano” tendría que decidir cómo expresar su aporte. La empatía, la compasión y la
responsabilidad hacia ellos y con ellos debe (y puede) manifestarse de distintas formas.

A MANERA DE CIERRE

“Que el triunfo de los movimientos autoritarios y nacionalistas haya arruinado en gran parte
la esperanza que la gente honrada tenía en la democracia y el pacifismo es solo una parte del
mal que sufrimos. […] Vivimos una época desprovista de futuro. En la espera de lo que
vendrá no hay esperanza, sino angustia”.61 Estas son las palabras con las que Simone Weil
hace una radiografía de la Europa en que vivió a mediados de los años treinta. Muchas cosas
han cambiado en el mundo, pero estas palabras quizá pueden ser actuales para la realidad
colombiana en la medida en que la situación social se descubre sombría.

Los grupos de poder económico simpatizan con la democracia siempre y cuando esta
garantice sus ventajas y ganancias, lejos se encuentran de concebirla como la forma de
organización política que garantiza los derechos fundamentales de las mayorías a las que
tradicionalmente este grupo con exorbitante patrimonio desprecia. Esta élite considera que la
protesta social es una amenaza para el desarrollo del país y no duda en que se debe aplicar
mano dura y represión contra los que se atrevan al reclamo y al cuestionamiento del “orden
social”.

Colombia, socialmente polarizada, asiste en el presente a una dramática disyuntiva. O se


robustecen y se nutren los canales democráticos y el estado social de derecho ofrece
respuestas a las necesidades sociales que tiene la población emprendiendo transformaciones
estructurales urgentes y aplazadas durante años; esto es, o se profundiza realmente la
democracia. O los grupos de poder y las élites dominantes obstruyen el camino a dichas
transformaciones, conservando sus privilegios y perpetuando el actual estado de las cosas de
modo autoritario y excluyente; esto es, cierran las posibilidades de la democracia.

61
Weil, S. Opresión y libertad. Ensayos de crítica social y política, p.60.
25

La primera alternativa cuenta con una férrea oposición por parte de quienes siempre han
detentado los réditos del autoritarismo y del capital. A ello se suma la dispersión de las fuerzas
progresistas para aglutinarse y para sacar adelante los cambios necesarios, y por demás, la
gestión del actual gobierno (el primer gobierno de “izquierda” en la historia de Colombia)
improvisada, enredada e incierta. La segunda alternativa parece la alternativa más posible y
angustiante, las élites de siempre y la “derecha” obsesionada con el poder se cierran a
reconocer los graves problemas que aquejan a las mayorías y buscan desconocer sus
demandas teniendo como estrategia la represión y la violencia. Esto es, se reedita lo mismo
que se ha ofrecido por décadas: la Colombia de mayorías pobres, de escandalosa desigualdad,
de extremada violencia y de riqueza concentrada en un reducido grupo.

Por cómo están las cosas si se observa el futuro del país, con Weil, el panorama es oscuro y
angustiante; pero contra Weil, se puede contar con una esperanza moderada, representada en
la defensa pacífica de la democracia que se lleva a cabo en la calles; obviamente, bajo la
represión estatal.

BIBLIOGRAFIA

Amnistía Internacional, Colombia: tiros a la vista: traumas oculares en el marco del Paro Nacional,
26.11.2021. Disponible en [Link] (consultado
el 15.10.2022).

Amnistía Internacional, Ojos sobre Chile, 2020. Disponible en


[Link]
(consultado el 15.01.2023).

[Link], “Coronavirus. ¿Por qué la cuarentena en Colombia es la más larga del


mundo?”,12.08.2020. Disponible en
[Link] (consultado el
20.03. 2023).

Azuero Quijano A., El paro como teoría. Historia del presente y estallido en Colombia. Barcelona:
Herder, 2023.

Bea Pérez E., Simone Weil la memoria de los oprimidos. Madrid: Ediciones Encuentro, 1992.
26

__________ (ed.), Simone Weil. La conciencia del dolor y de la belleza. Madrid: Trotta, 2010.

Belmonte García O., Víctimas e ilesos ensayos sobre la resistencia ética. Barcelona: Herder, 2022.

Borda S., Parar para avanzar. Bogotá: Planeta, 2020.

Cespedes C., Llanos C., Cali “la sucursal del cielo”. Entre la exclusión social y la resistencia
popular, CINEP, revista 100 días #102, pp.82-98. Disponible en
[Link] (consultado el 10.04.2023).

De Currea-Lugo V., ¡Resistencia, Carajo! Paro Nacional Colombia, 2021. Bogotá: Ediciones
Ántropos Ltda., 2021.

Di Cesare D., El Tiempo de la revuelta. Madrid: Siglo XXI, 2021.

Eilenberger W., El fuego de la libertad. Bogotá: Taurus, 2021.

El Espectador, Nos quitaron un ojo, pero seguimos teniendo nuestra voz, 17.05.2021. Disponible en
[Link]
leidy-cadena-article/ (Consultado el 15.03.2023).

Fitzgerald M.F., Al menos 82 personas perdieron los ojos en el paro nacional, 070, 06.07.2021.
Disponible en [Link]
paro-nacional/ (Consultado el 15.05.2023).

Foucault M., Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión. Madrid: Editorial XXI, 1998.

Galvis E., Simone Weil Escritura de la gracia, atención y materialidad. Bogotá: Ediciones Uniandes,
2022.

García J.E., “Pandemia, protesta social y represión. La receta perfecta para un cocktail molotov”.
Opción S, 04.10.2020. Disponible en [Link]
y-represion-la-receta-perfecta-para-un-cocktail-molotov-2/ (consultado el 06.04.2023).

Grueso Vanegas D.I., Niño Castro A., Rueda Barrera E.A., Tovar González L. (Eds.), Pensar en
marcha. Filosofía y protesta social en Colombia. Buenos Aires: CLACSO, 2022. Libro digital pdf.
Disponible en [Link]
latinoamericana/buscar_libro_detalle.php?id_libro=2486&campo=autor&texto=castro

Herzog B., Invisibilización del sufrimiento. Sobre el (des)aparecer de las fuentes de la crítica, pp.
129-148. En: Romero J.M., Zamora J.A., (Eds.), Crítica inmanente de la sociedad. Barcelona:
Anthropos Editorial, 2020.
27

Honneth A., La sociedad del desprecio. Madrid: Trotta, 2011.

__________, Reconocimiento y menosprecio, Sobre la fundamentación normativa de una teoría


social. Buenos Aires: Katz Editores, 2010.

__________, Patologías de la libertad. Buenos Aires: Las cuarenta, 2016.

Hoyos L.E., Explota Colombia. En: Grueso Vanegas D.I., Niño Castro A., Rueda Barrera E.A., Tovar
González L. (Eds.), Pensar en marcha. Filosofía y protesta social en Colombia. Buenos Aires:
CLACSO, 2022, pp.67-74. Libro digital pdf.

Klappenbach A., Ética y diferencia, Revista Isegoría, n.º 3, 1991, pp.186-195. Disponible en
[Link]

Levinas E., Ética e infinito. Madrid: Machado libros, 2000.

Lomelí J., Adela Cortina: La empatía es estar en el lugar del otro, pero la compasión conlleva
compromiso. En: Revista Filosofía & co. Madrid: Número 2, septiembre 2022.

López Domínguez V., De la nostalgia a la esperanza. En: Revista Filosofía & co. Madrid: Número
3, diciembre 2022.

López Mateo M., Simone Weil frente al “Malheur”: palabras que desbordan vida. En: Revista
Filosofía & co. Madrid: Número 2, septiembre 2022.

Manga G., Colombia no quiere educar a los pobres, Revista Semana, 03,10,2018. Disponible en
[Link]
columna-de-german-manga/585735/ (consultado el 05. 04.2023).

Mate A.R., La piedra desechada. Madrid: Trotta, 2013.

Michelini D., Dignidad humana en Kant y Habermas, Revista Estudios de Filosofía práctica e historia
de las ideas, Vol. 12, #1, Mendoza, 2010. Disponible en
[Link]
(consultado el 22.05.2023).

Muñoz Pandiella L., Colombia: preocupación por ataques de civiles armados contra manifestantes,
France 24, 31.05.2021. Disponible en [Link]
latina/20210531-colombia-protestas-civiles-armados-sompra-paramilitarismo (consultado el
10.04.2023).
28

Observatorio Fiscal de la PUJ, “Una primera mirada al proyecto de reforma tributaria”, 27.04.2021.
Disponible en [Link]
tributaria[Link]
(consultado el 05.05.2023).

Pétrement S., Vida de Simone Weil. Madrid: Trotta, 1997.

Plazas N., Denuncian 1.181 casos de abuso policial y 26 víctimas mortales durante las protestas en
Colombia, France 24, 03.05.2021. Disponible en [Link]
latina/20210503-colombia-protestas-violencia-policial-duque (consultado el 05.04.20223).

Revilla C., Simone Weil: descifrar el silencio del mundo. Madrid: Trotta, 1995.

Velásquez M., Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, Conferencia ante
los profesores de la Facultad de Teología, Bogotá: PUJ, 14.06.2023.

Saldarriaga, M., Reformas al ESMAD: lo nuevo, lo usado y lo que falta, 070, 25.08.2022. Disponible
en [Link]
falta/#:~:text=En%202020%2C%20La%20Corte%20Suprema,frente%20a%20la%20protesta%20so
cial. (consultado el 15.05.2023).

Weil S., Raíces del existir. Buenos Aires: Sudamericana, 1954.

_________, A la Espera de Dios. Madrid: Trotta, 1993.

_________, Pensamientos desordenados, Madrid, Trotta,1995.

_________, La gravedad y la gracia. Madrid, Trotta, 2007.

_________, Opresión y libertad. Ensayos de crítica social y política, Barcelona: Página Indómita,
2020.

Wikipedia, Protestas en Colombia de 2021, 28.04.2021-31.12.2021. Disponible en


[Link] (consultado el 03. 03.2023).

Winch P., Simone Weil: The Just Balance, Cambridge: Cambridge University Press, 1989.

Zamora J.A. (Ed.), Sufrimiento social y condición de víctima, retos sociales, políticos y éticos.
Barcelona: Anthropos Editorial, 2021.

Zaretsky R., La subversiva Simone Weil una vida en cinco ideas. Madrid: Editorial Melusina, 2022.

También podría gustarte