507.
En los últimos años se advierte un deterioro creciente del cuadro político-social en nuestros
países.
508. En ellos se experimenta el peso de crisis institucionales y económicas y claros síntomas de
corrupción y violencia.
509. Dicha violencia es generada y fomentada, tanto por la injusticia, que se puede llamar
institucionalizada en diversos sistemas sociales, políticos y económicos, como por las ideologías
que la convierten en medio para la conquista del poder.
510. Esto último provoca, a su vez, la proliferación de regímenes de fuerza, muchas veces
inspirados en la ideología de la Seguridad Nacional.
511. La Iglesia como Madre y Maestra, experta en humanidad, debe discernir e iluminar, desde el
Evangelio y su enseñanza social, las situaciones, los sistemas, las ideologías y la vida política del
continente. Debe hacerlo, aun sabiendo que se intenta instrumentalizar su mensaje.
512. Por eso, proyecta la luz de su palabra sobre la política y las ideologías, como un servicio más a
sus pueblos y como guía orientadora y segura para cuantos, de un modo u otro, deben asumir
responsabilidades sociales.
5.2. Evangelización y política
513. La dimensión política, constitutiva del hombre, representa un aspecto relevante de la
convivencia humana. Posee un aspecto englobante, porque tiene como fin el bien común de la
sociedad. Pero no por ello agota la gama de las relaciones sociales.
514. La fe cristiana no desprecia la actividad política; por el contrario, la valoriza y la tiene en alta
estima.
515. La Iglesia -hablando todavía en general, sin distinguir el papel que compete a sus diversos
miembros- siente como su deber y derecho estar presente en este campo de la realidad: porque el
cristianismo debe evangelizar la totalidad de la existencia humana, incluida la dimensión política.
Critica por esto a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar,
excluyendo el orden profesional, económico, social y político, como si el pecado, el amor, la
oración y el perdón no tuviesen allí relevancia.
516. En efecto, la necesidad de la presencia de la Iglesia en lo político, proviene de lo más íntimo
de la fe cristiana: del señorío de Cristo que se extiende a toda la vida. Cristo sella la definitiva
hermandad de la humanidad; cada hombre vale tanto como otro: "Todos sois uno en Cristo Jesús"
(Gál 3,28).
517. Del mensaje integral de Cristo se deriva una antropología y teología originales que abarcan
"la vida concreta, personal y social del hombre" (EN 29). Es un mensaje que libera porque salva de
la esclavitud del pecado, raíz y fuente de toda opresión, injusticia y discriminación.
518. Éstas son algunas de las razones de la presencia de la Iglesia en el campo de lo político, para
iluminar las conciencias y anunciar una palabra transformadora de la sociedad.
519. La Iglesia reconoce la debida autonomía de lo temporal (GS 36), lo que vale para los
gobiernos, partidos, sindicatos y demás grupos en el campo social y político. El fin que el Señor
asignó a su Iglesia es de orden religioso y, por lo tanto, al intervenir en este campo no la anima
ninguna intención de orden político, económico o social. "Precisamente de esta misma misión
religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la
comunidad humana según la ley divina" (GS 42).
520. Interesa especialmente distinguir en este campo de la política aquello que corresponde a los
laicos, lo que compete a los religiosos y lo que compete a los ministros de la unidad de la Iglesia, el
Obispo con su presbiterio.
5.3. Conceptos de política y de compromiso político
521. Deben distinguirse dos conceptos de política y de compromiso político: Primero, la política en
su sentido más amplio que mira al bien común, tanto en lo nacional como en lo internacional. Le
corresponde precisar los valores fundamentales de toda comunidad -la concordia interior y la
seguridad exterior- conciliando la igualdad con la libertad, la autoridad pública con la legítima
autonomía y participación de las personas y grupos, la soberanía nacional con la convivencia y
solidaridad internacional. Define también los medios y la ética de las relaciones sociales. En este
sentido amplio, la política interesa a la Iglesia y, por tanto, a sus Pastores, ministros de la unidad.
Es una forma de dar culto al único Dios, desacralizando y a la vez consagrando el mundo a Él (LG
34).
522. La Iglesia contribuye así a promover los valores que deben inspirar la política, interpretando
en cada nación las aspiraciones de sus pueblos, especialmente los anhelos de aquellos que una
sociedad tiende a marginar. Lo hace mediante su testimonio, su enseñanza y su multiforme acción
pastoral.
523. Segundo: La realización concreta de esta tarea política fundamental se hace normalmente a
través de grupos de ciudadanos que se proponen conseguir y ejercer el poder político para
resolver las cuestiones económicas, políticas y sociales según sus propios criterios o ideologías. En
este sentido se puede hablar de "política de partido". Las ideologías elaboradas por esos grupos,
aunque se inspiren en la doctrina cristiana, pueden llegar a diferentes conclusiones. Por eso,
ningún partido político por más inspirado que esté en la doctrina de la Iglesia, puede arrogarse la
representación de todos los fieles, ya que su programa concreto no podrá tener nunca valor
absoluto para todos (151).
524. La política partidista es al campo propio de los laicos (GS 43). Corresponde a su condición
laical el constituir y organizar partidos políticos, con ideología y estrategia adecuada para alcanzar
sus legítimos fines.
525. El laico encuentra en la enseñanza social de la Iglesia los criterios adecuados, a la luz de la
visión cristiana del hombre. Por su parte, la jerarquía le otorgará su solidaridad, favoreciendo su
formación y su vida espiritual y estimulándolo en su creatividad para que busque opciones cada
ves más conformes con el bien común y las necesidades de los más débiles.
526. Los Pastores, por el contrario, puesto que deben preocuparse de la unidad, se despojarán de
toda ideología político-partidista que pueda condicionar sus criterios y actitudes. Tendrán, así,
libertad para evangelizar lo político con Cristo, desde un Evangelio sin partidismos ni
ideologizaciones. El Evangelio de Cristo no habría tenido tanto impacto en la historia, si Él no lo
hubiese proclamado como un mensaje religioso. "Los Evangelios muestran claramente cómo para
Jesús era una tentación lo que alterara su misión de Servidor de Yahvé (152). No acepta la posición
de quienes mezclaban las cosas de Dios con actitudes meramente políticas" (153) (Juan Pablo II,
Discurso inaugural I 4: AAS 71 p. 190).
527. Los sacerdotes, también ministros de la unidad y los diáconos deberán someterse a idéntica
renuncia personal. Si militaran en política partidista, correrían el riesgo de absolutizarla y
radicalizarla, dada su vocación a ser "los hombres de lo absoluto". "Pero en el orden económico y
social y principalmente en el orden político, en donde se presentan diversas opciones concretas, al
Sacerdote como tal no le incumbe directamente la decisión, ni el liderazgo, ni tampoco la
estructuración de soluciones" (Med. Sacerdotes 19). "El asumir una función directiva (leadership),
"militar" activamente en un partido político, es algo que debe excluir cualquier Presbítero a no ser
que, en circunstancias concretas y excepcionales, lo exija realmente el bien de la comunidad,
obteniendo el consentimiento del Obispo, consultado el Consejo Presbiteral y -si el caso lo
requiere- también la Conferencia Episcopal" (Sínodo 1971, II parte, 2b). Ciertamente, la tendencia
actual de la Iglesia no va en este sentido.
528. Los religiosos, por su forma de seguir a Cristo, según la función peculiar que les cabe dentro
de la misión de la Iglesia, de acuerdo con su carisma específico, también cooperan en la
evangelización de lo político. En una sociedad poco fraternal, dada al consumismo y que se
propone como fin último el desarrollo de sus fuerzas productivas materiales, los religiosos tienen
que ser testigos de una real austeridad de vida, de comunión con los hombres y de intensa
relación con Dios. Deberán, pues, resistir, igualmente, a la tentación de comprometerse en política
partidista, para no provocar la confusión de los valores evangélicos con una ideología
determinada.
529. Una atenta reflexión de obispos, sacerdotes y religiosos sobre las palabras del Santo Padre,
será preciosa orientación para su servicio en este campo: "El alma que vive en contacto habitual
con Dios y se mueve dentro del ardiente rayo de su amor, sabe defenderse con facilidad de la
tentación de particularismos y antítesis, que crean el riesgo de dolorosas divisiones; sabe
interpretar, a la justa luz del Evangelio, las opciones por los más pobres y por cada una de las
víctimas del egoísmo humano, sin ceder a radicalismos socio-políticos, que a la larga se
manifiestan inoportunos, contraproducentes y generadores ellos mismos de nuevos atropellos.
Sabe acercarse a la gente e insertarse en medio del pueblo, sin poner en cuestión la propia
identidad religiosa, ni oscurecer la "originalidad específica" de la propia vocación que deriva del
peculiar "seguimiento de Cristo", pobre, casto y obediente. Un rato de verdadera adoración tiene
más valor y fruto espiritual que la más intensa actividad, aunque se tratase de la misma actividad
apostólica. Ésta es la "contestación" más urgente que los religiosos deben oponer a una sociedad
donde la eficacia ha venido a ser un ídolo, sobre cuyo altar no pocas veces se sacrifica hasta la
misma dignidad humana" (Juan Pablo II, Discurso a los Superiores Mayores Religiosos, 24.11.78).
530. Los laicos dirigentes de la acción pastoral no deben usar su autoridad en función de partidos
o ideologías.
5.4. Reflexión sobre la violencia política
531. Ante la deplorable realidad de violencia en América Latina, queremos pronunciarnos con
claridad. La tortura física y sicológica, los secuestros, la persecución de disidentes políticos o de
sospechosos y la exclusión de la vida pública por causas de las ideas, son siempre condenables. Si
dichos crímenes son realizados por la autoridad encargada de tutelar el bien común, envilecen a
quienes los practican, independientemente de las razones aducidas.
532. Con igual decisión la Iglesia rechaza la violencia terrorista y guerrillera, cruel e incontrolable
cuando se desata. De ningún modo se justifica el crimen como camino de liberación. La violencia
engendra inexorablemente nuevas formas de opresión y esclavitud, de ordinario más graves que
aquéllas de las que se pretende liberar. Pero, sobre todo, es un atentado contra la vida que sólo
depende del Creador. Debemos recalcar también que cuando una ideología apela a la violencia,
reconoce con ello su propia insuficiencia y debilidad.
533. Nuestra responsabilidad de cristianos es promover de todas maneras los medios no violentos
para restablecer la justicia en las relaciones socio-políticas y económicas, según la enseñanza del
Concilio, que vale tanto para la vida nacional como para la vida internacional: "No podemos dejar
de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los
medios de defensa que, por otra parte, están al alcance incluso de los más débiles, con tal de que
esto sea posible sin lesión de los derechos y obligaciones de otros y de la sociedad" (GS 78).
534. "Debemos decir y reafirmar que la violencia no es ni cristiana ni evangélica y que los cambios
bruscos y violentos de las estructuras serán engañosos, ineficaces en sí mismos y ciertamente no
conformes con la dignidad del pueblo" (Pablo VI, Discurso en Bogotá, 23.8.68). En efecto, "la
Iglesia es consciente de que las mejores estructuras y los sistemas más idealizados se convierten
pronto en inhumanos si las inclinaciones del hombre no son saneadas, si no hay conversión de
corazón y de mente por parte de quienes viven en esas estructuras o las rigen" (EN 36).
5.5. Evangelización e ideologías
Discernimiento sobre las ideologías en América Latina y los sistemas que en ellas se inspiran.
535. Entre las múltiples definiciones que pueden proponerse, llamamos aquí ideología a toda
concepción que ofrezca una visión de los distintos aspectos de la vida, desde el ángulo de un grupo
determinado de la sociedad. La ideología manifiesta las aspiraciones de ese grupo, llama a cierta
solidaridad y combatividad y funda su legitimación en valores específicos. Toda ideología es
parcial, ya que ningún grupo particular puede pretender identificar sus aspiraciones con las de la
sociedad global. Una ideología será, pues, legítima si los intereses que defiende lo son y si respeta
los derechos fundamentales de los demás grupos de la nación. En este sentido positivo, las
ideologías aparecen como necesarias para el quehacer social, en cuanto son mediaciones para la
acción.
536. Las ideologías llevan en sí mismas la tendencia a absolutizar los intereses que defienden, la
visión que proponen y la estrategia que promueven. En tal caso, se transforman en verdaderas
"religiones laicas". Se presentan como "una explicación última y suficiente de todo y se construye
así un nuevo ídolo, del cual se acepta a veces, sin darse cuenta, el carácter totalitario y obligatorio"
(OA 28). En esta perspectiva no debe extrañar que las ideologías intenten instrumentar personas e
instituciones al servicio de la eficaz consecución de sus fines. Ahí está el lado ambiguo y negativo
de las ideologías.
537. Las ideologías no deben analizarse solamente desde el punto de vista de sus contenidos
conceptuales. Más allá de ellos, constituyen fenómenos vitales de dinamismo arrollador,
contagioso. Son corrientes de aspiraciones con tendencia hacia la absolutización, dotadas también
de poderosa fuerza de conquista y fervor redentor. Esto les confiere una "mística" especial y la
capacidad de penetrar los diversos ambientes de modo muchas veces irresistible. Sus "slogans",
sus expresiones típicas, sus criterios, llegan a impregnar con facilidad aun a quienes distan de
adherir voluntariamente a sus principios doctrinales. De este modo, muchos viven y militan
prácticamente dentro del marco de determinadas ideologías sin haber tomado conciencia de ello.
Es éste otro aspecto que exige constante revisión y vigilancia. Todo esto se aplica a las ideologías
que legitiman la situación actual, como a aquellas que pretenden cambiarla.
538. Para el necesario discernimiento y juicio crítico sobre las ideologías, los cristianos deben
apoyarse en el "rico y complejo patrimonio que la Evangelii Nuntiandi denomina Doctrina Social o
Enseñanza Social de la Iglesia" (Juan Pablo II, Discurso inaugural III 7: AAS 71 p. 203).
539. Esta Doctrina o Enseñanza Social de la Iglesia expresa "lo que ella posee como propio: una
visión global del hombre y de la humanidad" (PP 13). Se deja interpelar y enriquecer por las
ideologías en lo que tienen de positivo y, a su vez, las interpela, relativiza y critica.
540. Ni el Evangelio ni la Doctrina o Enseñanza Social que de él provienen son ideologías. Por el
contrario, representan para éstas una poderosa fuente de cuestionamientos de sus límites y
ambigüedades. La originalidad siempre nueva del mensaje evangélico debe ser permanentemente
clarificada y defendida ante los intentos de ideologización.
541. La exaltación desmedida y los abusos del Estado no pueden, sin embargo, hacer olvidar la
necesidad de las funciones del Estado moderno, respetuoso de los derechos humanos y de las
libertades fundamentales. Estado que se apoye sobre una amplia base de participación popular,
ejercida a través de diversos grupos intermedios. Propulsor de un desarrollo autónomo, acelerado
y equitativo, capaz de afirmar el ser nacional ante indebidas presiones o interferencias, tanto a
nivel interno como internacional. Capaz de adoptar una posición de activa cooperación con los
esfuerzos de integración continental y en el ámbito de la comunidad internacional. Estado,
finalmente, que evite el abuso de un poder monolítico, concentrado en manos de pocos.
En América Latina es necesario analizar diversas ideologías.
542. a) El liberalismo capitalista, idolatría de la riqueza en su forma individual. Reconocemos el
aliento que infunde a la capacidad creadora de la libertad humana y que ha sido impulsor del
progreso. Sin embargo, "considera el lucro como motor esencial del progreso económico; la
concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de
producción, como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes" (PP
26). Los privilegios ilegítimos derivados del derecho absoluto de propiedad, causan contrastes
escandalosos y una situación de dependencia y opresión, tanto en lo nacional como en lo
internacional. Aunque es evidente que en algunos países se ha atenuado su expresión histórica
original, debido al influjo de una necesaria legislación social y de precisas intervenciones del
Estado, en otros lugares manifiesta aún persistencia o, incluso, retroceso hacia sus formas
primitivas y de menor sensibilidad social.
543. b) El colectivismo marxista conduce igualmente -por sus presupuestos materialistas- a una
idolatría de la riqueza, pero en su forma colectiva. Aunque nacido de una positiva crítica al
fetichismo de la mercancía y al desconocimiento del valor humano del trabajo, no logró ir a la raíz
de esta idolatría que consiste en el rechazo del Dios de amor y justicia, único Dios adorable.
544. El motor de su dialéctica es la lucha de clases. Su objetivo, la sociedad sin clases, lograda a
través de una dictadura proletaria que, en fin de cuentas, establece la dictadura del partido. Todas
sus experiencias históricas concretas como sistema de gobierno, se han realizado dentro del
marco de regímenes totalitarios cerrados a toda posibilidad de crítica y rectificación. Algunos
creen posible separar diversos aspectos del marxismo, en particular su doctrina y su análisis.
Recordamos con el Magisterio Pontificio que "sería ilusorio y peligroso llegar a olvidar el lazo
íntimo que los une radicalmente; el aceptar elementos del análisis marxista sin reconocer sus
relaciones con la ideología, el entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación
marxista, dejando de percibir el tipo de sociedad totalitaria y violenta a que conduce este proceso"
(OA 34).
545. Se debe hacer notar aquí el riesgo de ideologización a que se expone la reflexión teológica,
cuando de realiza partiendo de una praxis que recurre al análisis marxista. Sus consecuencias son
la total politización de la existencia cristiana, la disolución del lenguaje de la fe en el de las ciencias
sociales y el vaciamiento de la dimensión trascendental de la salvación cristiana.
546. Ambas ideologías señaladas -liberalismo capitalista y marxismo- se inspiran en humanismos
cerrados a toda perspectiva trascendente. Una, debido a su ateísmo práctico; la otra, por la
profesión de un ateísmo militante.
547. c) En los últimos años se afianza en nuestro continente la llamada "Doctrina de la Seguridad
Nacional", que es, de hecho, más una ideología que una doctrina. Está vinculada a un determinado
modelo económico-político, de características elitistas y verticalistas que suprime la participación
amplia del pueblo en las decisiones políticas. Pretende incluso justificarse en ciertos países de
América Latina como doctrina defensora de la civilización occidental cristiana. Desarrolla un
sistema represivo, en concordancia con su concepto de "guerra permanente". En algunos casos
expresa una clara intencionalidad de protagonismo geopolítico.
548. Una convivencia fraterna, lo entendemos bien, necesita de un sistema de seguridad para
imponer el respeto de un orden social justo que permita a todos cumplir su misión en relación al
bien común. Éste, por tanto, exige que las medidas de seguridad estén bajo control de un poder
independiente, capaz de juzgar sobre las violaciones de la ley y de garantizar medidas que las
corrijan.
549. La Doctrina de la Seguridad Nacional entendida como ideología absoluta, no se armonizaría
con una visión cristiana del hombre en cuanto responsable de la realización de un proyecto
temporal ni del Estado, en cuanto administrador del bien común. Impone, en efecto, la tutela del
pueblo por élites de poder, militares y políticas, y conduce a una acentuada desigualdad de
participación en los resultados del desarrollo.
550. En pleno acuerdo con Medellín insistimos en que "el sistema liberal capitalista y la tentación
del sistema marxista parecieran agotar en nuestro continente las posibilidades de transformar las
estructuras económicas. Ambos sistemas atentan contra la dignidad de la persona humana; pues
uno tiene como presupuesto la primacía del capital, su poder y su discriminatoria utilización en
función del lucro; el otro, aunque ideológicamente sustenta un humanismo, mira más bien al
hombre colectivo y, en la práctica, se traduce en una concentración totalitaria del poder del
Estado. Debemos denunciar que Latinoamérica se ve encerrada entre estas dos opciones y
permanece dependiente de uno u otro de los centros de poder que canalizan su economía" (Med.
Justicia 10).
551. Ante esta realidad, "la Iglesia quiere mantenerse libre frente a los opuestos sistemas, para
optar sólo por el hombre. Cualesquiera sean las miserias o sufrimientos que aflijan al hombre, no
será a través de la violencia, de los juegos de poder, de los sistemas políticos, sino mediante la
verdad sobre el hombre, como la humanidad encontrará su camino hacia un futuro mejor" (Juan
Pablo II, Discurso inaugural III 3: AAS 71 p. 199). Sobre la base de este humanismo, los cristianos
obtendrán aliento para superar la porfiada alternativa y contribuir a la construcción de una nueva
civilización, justa, fraterna y abierta a lo trascendente. Será, además, testimonio de que las
esperanzas escatológicas animan y dan sentido a las esperanzas humanas.
552. Para esta acción audaz y creativa, el cristiano fortalecerá su identidad en los valores originales
de la antropología cristiana. La Iglesia, "no necesita, pues, recurrir a sistemas e ideologías para
amar, defender y colaborar en la liberación del hombre: en el centro del mensaje del cual es
depositaria y pregonera, ella encuentra inspiración para actuar en favor de la fraternidad, de la
justicia, de la paz, contra todas las dominaciones, esclavitudes, discriminaciones, atentados a la
libertad religiosa, opresiones contra el hombre y cuanto atenta contra la vida" (Juan Pablo II,
Discurso inaugural III 2: AAS 71 p. 199).
553. Inspirándose en estos contenidos de la antropología cristiana, es indispensable el
compromiso de los cristianos en la elaboración de proyectos históricos conformes a las
necesidades de cada momento y de cada cultura.
554. Atención y discernimiento especiales debe merecer al cristiano su eventual compromiso en
movimientos históricos nacidos de diversas ideologías que, por otra parte, son distintos de ellas.
Según la doctrina de Pacem in Terris (nn. 55 y 152) retomada en Octogesima Adveniens, no se
puede identificar las teorías filosóficas falsas con los movimientos históricos originados en ellas, en
la medida en que estos movimientos históricos pueden ser influenciados en su evolución. El
compromiso de los cristiano en estos movimientos en todo caso, les plantea ciertas exigencias de
fidelidad perseverante que facilitarán su papel evangelizador:
555. a) Discernimiento eclesial, en comunión con los Pastores, según Octogesima Adveniens 4.
556. b) Fortalecimiento de su identidad, nutriéndola en las verdades de la fe y su explicitación en
la Doctrina o Enseñanza Social de la Iglesia y el soporte de una rica vida sacramental y de oración.
557. c) Conciencia crítica de las dificultades, limitaciones, posibilidades y valores de estas
convergencias.
5.6. Riesgos de instrumentalizacion de la Iglesia y de la actuación de sus ministros
558. Las ideologías y los partidos, al proponer una visión absolutizada del hombre a la que
someten todo, incluso el mismo pensamiento humano, tratan de utilizar a la Iglesia o de quitarle
su legítima independencia. Esta instrumentalización, que es siempre un riesgo en la vida política,
puede provenir de los propios cristianos y aun de sacerdotes y religiosos, cuando anuncian un
Evangelio sin incidencias económicas, sociales, culturales y políticas. En la práctica, esta mutilación
equivale a cierta colusión -aunque inconsciente- con el orden establecido.
559. La tentación de otros grupos, por el contrario, es considerar una política determinada como la
primera urgencia, como una condición previa para que la Iglesia pueda cumplir su misión. Es
identificar el mensaje cristiano con una ideología y someterlo a ella, invitando a una "relectura"
del Evangelio a partir de una opción política (154). Ahora bien, es preciso leer lo político a partir
del Evangelio y no al contrario.
560. El integrismo tradicional espera el Reino, ante todo, del retroceso de la historia hacia la
reconstrucción de una cristiandad en el sentido medieval: alianza estrecha entre el poder civil y el
poder eclesiástico.
561. La radicalización de grupos opuestos cae en la misma trampa, esperando el Reino de una
alianza estratégica de la Iglesia con el marxismo, excluyendo cualquiera otra alternativa. No se
trata para ellos solamente de ser marxista (155), sino de ser marxista en nombre de la fe.
5.7. Conclusión
562. La misión de la Iglesia en medio de los conflictos que amenazan al género humano y al
continente latinoamericano, frente a los atropellos contra la justicia y la libertad, frente a la
injusticia institucionalizada de regímenes que se inspiran en ideologías opuestas y frente a la
violencia terrorista, es inmensa y más que nunca necesaria. Para cumplir esta misión, se requiere
la acción de la Iglesia toda -pastores, ministros consagrados, religiosos, laicos-, cada cual en su
misión propia. Unos y otros, unidos a Cristo en la oración y en la abnegación, se comprometerán,
sin odios ni violencias, hasta las últimas consecuencias, en el logro de una sociedad más justa, libre
y pacífica, anhelo de los pueblos de América Latina y fruto indispensable de una evangelización
liberadora.