Meditaciones de Navidad y Adviento
Meditaciones de Navidad y Adviento
Christmas selection
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Índice
17 de diciembre Humm, me haces vivir 6
18 de diciembre De la mano de José 10
19 de diciembre Yo elijo creer en Jesús 14
20 de diciembre El sí de María es el sí de nosotros 17
21 de diciembre Perder el tiempo para ganar la eternindad 21
22 de diciembre Adviento, tiempo de alegría 25
23 de diciembre ¿Qué será este niño? 28
24 de diciembre Ya casi es navidad 32
Noche Buena Nochebuena 36
25 de diciembre Ya está entre nosotros 39
26 de diciembre Buenos días María y José, ¿Ya despertó Jesús? 42
27 de diciembre Te haces tan pequeño para engrandecer al hombre 46
28 de diciembre Santos inocentes 50
29 de diciembre Cumplir la ley de Dios no cuesta 54
30 de diciembre La oración de los que están solos 58
31 de diciembre Juan nos pone delante de la verdad en el último día del año 62
Sagrada Familia Sagrada Familia 66
1 enero Corazón, ojos, manos de una madre 70
2 de enero Ser testigos de la luz 74
3 de enero Jesús, ¡ese sí es Nombre! 78
4 de enero Ser apóstoles, llevar a Jesucristo 82
5 enero Apariencias 86
6 de enero No tengamos miedo, es Jesús 89
Epifanía Reyes Magos 93
7 de enero En el Evangelio como un personaje más 98
8 de enero Si quieres puedes 101
9 de enero No dejes de incluir a Jesús en el viaje de tu vida 105
10 de enero El niño se quiere quedar en la Eucaristía 109
11 de enero Agua de Dios 113
12 de enero Cultivo una rosa 116
Bautismo del Señor ¡Hijo de Dios! 119
Introducción
Esta pequeña recopilación de consideraciones espirituales en
torno a las escenas del Evangelio que la Iglesia nos propone cada
día en la Santa Misa, o de la memoria de sus santos, surge a raíz
de la iniciativa “10 minutos con Jesús América Latina” (www.10min-
conjesus.net).
En esta ocasión, hemos querido facilitarte una selección de me-
ditaciones del Tiempo de Navidad que va, desde la víspera del 25
de diciembre, hasta la fiesta del Bautismo del Señor (que se cele-
bra el domingo después de Epifanía). Pero, para que la Navidad no
nos encuentre desprevenidos, hemos decidido incluir los últimos
días del Tiempo de Adviento que sirven como preparación próxima
a la Natividad del Señor (del 17 al 24 de diciembre).
Se trata de meditaciones de 10 minutos, predicación oral envia-
da como notas de voz o podcasts, que hemos decidido transcribir.
Creemos que, presentadas de esta manera y agrupándolas por te-
mas, pueden ser de utilidad para la oración personal; con la facili-
dad que da tener un texto sobre el que se puede volver cuando uno
quiera.
Puedes también acceder por tu cuenta a estas y todas las demás
meditaciones, ya sea en audio o escritas, en nuestra página web.
Agradecemos a los sacerdotes que las han predicado desde, al
menos, 9 rincones distintos de Latinoamérica. También a todas las
personas que, tras bambalinas, hacen realidad este proyecto día
a día: editores de audio, quienes administran los distintos canales
(WhatsApp, YouTube, Spreaker, Spotify, Instagram, etc.) y la página
web junto con el blog, el equipo de transcripción y edición digital
y, por supuesto, quienes ayudan a coordinar todo, que son como el
aceite que hace que el engranaje funcione.
¿Qué es hacer oración?
Pienso que es mejor dejar hablar a los expertos. Por eso, primero,
te transmito lo que dicen los santos, verdaderos amigos de Jesús:
“La oración es un impulso del corazón, una simple mirada lanzada hacia
el cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en medio del sufrimiento
como en medio de la alegría.” (Santa Teresa del Niño Jesús)
Oración final
Te doy gracias, Dios mío,
por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones
que me has comunicado en esta meditación.
Te pido ayuda para ponerlos por obra.
Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi
guarda: interceded por mí.
17 DE DICIEMBRE
Humm, me haces vivir
Martes de la 3ª semana de Adviento.
Gn 49, 1-2. 8-10; / Sal 71; / Mt 1, 1-17
ORIGEN DE JESUCRISTO
Comenzamos estos minutos de oración y nos vamos poniendo a
tono con la preparación inmediata a la Navidad. Seguimos en este
tiempo de Adviento y el tiempo de Adviento tiene dos partes.
La primera se concentra en esperar la segunda venida de nuestro
Señor Jesucristo. La segunda parte comienza ahora, en Navidad.
Y por eso, se nos proponen estos días, varios extractos del Evan-
gelio según san Mateo del primer capítulo y también del primer
capítulo de san Lucas.
Hoy partimos con el principio de san Mateo, el libro del origen
de Jesucristo, “hijo de David, hijo de Abraham” (Mt 1,1), que dice el
versículo primero.
Y empieza toda esa sucesión de nombres, de cómo Abraham en-
gendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a
sus hermanos, Judá engendró de Tamar a Farés. Y luego una serie
de nombres, van saliendo algunos personajes ilustres como Jesé,
que es el padre de David y de Booz, que engendró de Rut, ese per-
sonaje también importantísimo del Antiguo Testamento.
Y luego, como David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, y
Salomón engendró a Roboam, y así hasta el destierro de Babilonia.
Después del destierro en Babilonia son una serie de personajes.
San Josemaría nos decía, que en este listado son catorce hasta
el rey David, y después catorce hasta la deportación a Babilonia.
Luego catorce hasta Cristo, como dice el último versículo de este
Evangelio.
San Josemaría decía: “En este listado aparecen personas que son
buenas y personas que cometieron errores, personas que son gran-
des santos y personas también pecadoras. Esta es la genealogía de
Cristo. Esta es la genealogía de todos”.
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En el coro de esa canción se dice una frase que estuve repitiendo
en la cabeza durante mucho rato: “... you make me live” (tú me haces
vivir), y te cuento esto porque eso es lo que me pasó en la oración
hace unos cuantos minutos.
Esa canción venía con fuerza a mi cabeza, e inmediatamente me
di cuenta de que de esto iba a hablar en la meditación. La traduc-
ción al español de la canción es muy bonita: “Señor, tú me haces
vivir, tú me haces vivir todo lo que este mundo puede darme”.
CAMBIO DE PLANES
Aunque a veces nos vengan momentos un poco más duros, como
los que estamos acostumbrados a acompañar en esta novena de
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Navidad: en ese camino de Nazaret a Belén que vamos acompa-
ñando a Jesús, que está en María. Y vamos junto con José y María y
el burrito también, que están caminando hacia Belén.
Puedes ver en la novena de Navidad que hoy contemplamos, cómo
hay ese cambio de planes con José y María, que querían que el niño
nazca en Nazaret y de repente les cambian todos los planes, y tie-
nen que irse hasta Belén, que les queda bastante lejos y donde no
tienen ningún pariente, ningún amigo, ninguna persona que les dé
la mano.
Es lo que nos pasa normalmente en la vida. Son los cambios de
planes, las contradicciones que vienen sin esperarlas. Por eso esa
canción es bien bonita. “... Jesús, eres el primero que está al lado
mío cuando las cosas se ponen feas, eres mi mejor amigo que me
hace vivir”.
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Reflexión:
¡Gracias Señor por estar a mi lado, gracias por todo lo que me das y
haces por mí!
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18 DE DICIEMBRE
De la mano de José
Viernes de la 3ª Semana de Adviento
Jr 23, 5-8 / Sal 71; / Mt 1,18-24
P. FEDERICO – GUATEMALA
José quiere cumplir la voluntad de Dios, a pesar que las circunstancias lo confundan
o le inquieten. Pidámosle nos guíe en el camino a Belén también a través de nuestras
fragilidades y debilidades. Que “sueñe” con nuestros problemas y nos de paz.
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creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de
nuestras fragilidades, de nuestra debilidad.
Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos
tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, no-
sotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una
mirada más amplia” (Papa Francisco, Patris corde, Cap. 2).
Y ésta es la lección que nos da José Evangelio de hoy. En éstas
estaba el carpintero de Nazaret.
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Sólo se puede llegar bien preparado, si recorremos el camino de
la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, como san José. Es
más, él nos puede ayudar a no perdernos.
Cuentan que iban a fundar un monasterio: “La Madre Teresa de
Jesús, con sus monjas, atraviesan la Sierra Morena. Vueltas y revuel-
tas, derrumbados que no acababan nunca. La Madre advirtió cierta
inquietud y duda en los arrieros.
Presintió el peligro e inmediatamente hizo rezar a sus hijas: - Los
carreteros van perdidos, hijas. Pidamos a Dios y a nuestro padre san
José que nos encaminen de nuevo.
Se oyó entonces, desde lo hondo del barranco, la voz de un viejo
pastor, acostumbrado a vocear a distancia: - ¡Paren! ¡Deténganse! Se
van a despeñar si siguen por allá.
Frenazo en seco, confusión. Están perdidos en medio de la Sierra,
y comprueban que iban derechos a un barranco. Pero ¿cómo hacer
para salir?
Pues haciendo así bocina con las manos, preguntaron por dónde
podían pasar a aquel que les había gritado. Y escucharon: - Retroce-
dan despacio, no hay peligro. A cien vueltas de rueda hacia atrás está
el camino.
Se bajó uno y fue a comprobarlo y efectivamente así era. Todos in-
tentaban localizar al de la voz, al que les había gritado, para agra-
decerle, porque les había salvado la vida. Intentaron, pero nada, se
había desvanecido.
El semblante de Teresa de Jesús resplandecía de amor, de lágrimas
y de confusión: - Me duele dejarles seguir buscando -le decía a sus
hijas-, porque no encontrarán a nadie. Pero no podemos decirles que
la voz esa era la respuesta de nuestro padre san José a nuestras ple-
garias” (cfr. M. Auclair, Vida de Santa Teresa).
Reflexión:
Señor, que sigamos siempre a Tu Padre San José, para que nos en-
señe el camino hacia Ti.
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de-jose-18-12-20
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19 DE DICIEMBRE
Yo elijo creer en Jesús
Jueves de la 3ª semana de Adviento
Jc 13, 2-7. 24-25ª; / Sal 70; / Lc 1, 5-25
P. RICARDO - PERÚ
Cada vez está más cerca la Navidad, y la Iglesia quiere que nos preparemos más
para recibirla en nuestros corazones, en nuestras almas, en nuestras familias. Para
ello es necesaria la fe en la persona de Jesús.
La celebración del Nacimiento del Señor está cada vez más cerca
y esto nos lo demuestra la liturgia de la Santa Misa, que ahora son
como gritos las antífonas, antes de la proclamación del Evangelio
que nos invitan a pensar en que el Señor está cerca.
Hoy en la Misa, el Aleluya tiene la siguiente antífona: “Raíz de
Jesé que te alzas como un signo para los pueblos. Ven a librarnos.
No tardes más”. Y al leer esto, preparando esta meditación, en este
rato de oración Contigo, Señor, me daba alegría. La liturgia busca
contagiarnos: ¡No tardes más!
Y es bueno preguntarnos, si cada uno de nosotros tenemos ese
deseo, ese deseo de decirle: “Señor, no tardes, quiero que estés en
mi vida, quiero que estés en mi casa, quiero que seas mi familia, que
estés en mi trabajo”.
Por supuesto que la Navidad es la celebración del nacimiento de
Jesucristo. Es como celebrar el cumpleaños de Jesucristo verdade-
ramente. Y no es que todo esto me lleve a pensar que otra vez Jesús
va a nacer. Jesús ya nació. Jesús ya ha muerto por nosotros. Ha re-
sucitado por nosotros y está glorioso a la derecha de Dios Padre.
Pero al mismo tiempo, somos personas que necesitamos recordar.
Recordar esta fe. Estos hechos que no son una leyenda, que no son
un mito, ni mucho menos unos hechos del pasado, son parte de la
historia de nuestra familia, de nuestra Iglesia a la que pertenece-
mos.
Y hoy, para hacer este rato de oración Contigo, Jesús, quería apo-
yarme en lo que nos cuenta el Evangelio, como otras veces. “¿A
dónde vamos a ir?” Es lo que, parafraseando estas palabras de Pe-
dro que te dijo en una ocasión: “A quién vamos a ir, Señor, si tú tie-
nes palabras de vida eterna”.
Y lo mismo podemos decir nosotros ¿A quién vamos a ir sino a los
Evangelios, donde está la vida eterna?
Y hoy, san Lucas nos cuenta este episodio nada más y nada me-
nos que de Zacarías y de Isabel, la prima de Santa María, de nues-
tra Madre.
Nos dice san Lucas que en los días del rey Herodes había un sa-
cerdote llamado Zacarías y le toca a él, (como se ve tenían turnos
los sacerdotes), ir al templo y realizar una serie de ofrendas. Y en
este caso le tocó ir a él, entrar al santuario del Señor y ofrecer el in-
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cienso, mientras que la gente esperaba afuera. Entra. Se entiende
que entra al Santa, (el Santa se le llama al lugar más sagrado, se
llamaba el Santo de los Santos).
Y en ese momento ocurre un hecho extraordinario, se le aparece
el ángel Gabriel, el mismo que le anunciará a María que será la Ma-
dre de Dios.
Y se ve que Gabriel era el mensajero, pero no cualquier mensa-
jero. Y entonces le dice: “No temas, Zacarías, porque tu ruego ha
sido escuchado.Tu mujer Isabel, te dará un hijo y le pondrás por
nombre Juan”.
El ángel le dice que van a tener un hijo. Ellos, que ya eran de edad
muy avanzada, y aparentemente Isabel era estéril, humanamente
no había ninguna esperanza. No había manera de que ellos pudie-
ran concebir. Era un imposible.
Y le dice el ángel: “Tus ruegos han sido escuchados”. Y esto nos
hace ver la omnipotencia, la fuerza de la oración.
Es una de las primeras enseñanzas que podemos sacar de este
pasaje. La oración. Todo lo podemos conseguir si se lo pedimos a
Dios.
Lo que también Jesús nos ha enseñado es a pedirle a Dios cons-
tantemente: orar, orar, orar hasta que lo consigamos.
No vale decir: ya he rezado un rosario todos los días durante un
mes. Y El Señor no me ha concedido nada... Se trata de seguir re-
zando hasta que lo consigamos.
Y aquí pasa algo muy curioso, muy interesante, porque Zacarías
no le cree al ángel. Le dice: “- ¿Cómo estaré seguro de eso? Porque
yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada”. Y aquí Gabriel se mo-
lesta. Hay que decirlo, se molesta porque no cree. No tanto porque
no le crea a él, porque Gabriel trae un mensaje, sino porque no le
cree a Dios.
Y esa es la incredulidad que a veces se puede presentar ante lo
que puede parecer imposible, por ejemplo, que este defecto que
tengo no lo pueda cambiar o el carácter. Esa situación en mi familia
o esta enfermedad.
Y uno dice no, no se puede y ya no vale la pena. O Dios no me es-
cucha o Dios no me puede cambiar. Pero es la falta de fe. Esta falta
de fe que en otras ocasiones al Señor le duele y no hace milagros.
Fe en Dios. Ahora, Señor, es el momento para avivar nuestra fe,
¡aumenta nuestra fe!
En estos días, en la ciudad donde vivo, me llamó la atención que
hay muchos nacimientos en los cruces de las avenidas, de las gran-
des avenidas. Son unos nacimientos muy bonitos, muy sencillos: la
Virgen, san José y el Niño Dios como decoración. También los hay
en los centros comerciales. También en la publicidad de grandes
empresas, tiendas de ropa y tiendas por departamento.
Pero hay una publicidad que me llamó especialmente la atención,
y me dió un poco de tristeza, porque me hizo pensar por lo que de-
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cía: - Esta Navidad elige creer en ti. Y pienso que son palabras que
a algunos nos pueden llamar la atención, porque la Navidad, me
pregunto Señor, ¿es para creer en nosotros mismos o para creer en
Ti, Señor? En Ti que eres nuestro Salvador. En el Señor, en esa raíz
de Jesé, en ese Dios con nosotros.
Y eso es lo que puede pasar muchas veces, que ponemos o ele-
gimos poner nuestras esperanzas, nuestra confianza en nuestras
propias fuerzas. Y es verdad que podemos lograr muchas cosas por
nosotros mismos, porque el Señor nos ha dado la inteligencia, nos
ha dado unas manos para trabajar e ingenio. Podemos lograr cosas
extraordinarias, pero porque Tú nos las has dado. Y hay otras cosas
que no podemos. Y por eso recurrimos a Ti, así como también los
milagros existen...
Por eso, Señor, me daba un poco de tristeza. Y es que si hay que
creer en uno mismo y que uno también puede llegar a hacer cosas
grandes. Pero esta Navidad no es para creer en nosotros mismos,
sino para creer más en Ti.
Creer en que eres Tú el que nos ha amado tanto que has tomado
nuestra naturaleza humana. Eres Tú quien ha hecho tantos prodi-
gios, tantas cosas maravillosas, y es lo que el ángel Gabriel le lla-
ma la atención, lo riñe a Zacarías: “¿Por qué no crees?” Y por eso lo
deja mudo.
Que no nos tenga que pasar una cosa por el estilo; Zacarías se
queda mudo. Y no podrá decir así las maravillas que Dios ha hecho
dándole un hijo, y un hijo muy grande, que será Juan el Bautista.
Señor, en esta Navidad, ahora, en este tiempo de Adviento que
estamos en unos días especiales, desde el diecisiete al veintitrés:
¡Ven, ya quiero que estés aquí!
Quiero que llegue la Navidad, y no únicamente para el regalo, que
a lo mejor no vamos a recibir, sino específicamente para que en
este tiempo nos convirtamos y te podamos recibir en esta Navidad
en nuestros corazones, en nuestras almas y nos ayudes a dar ese
cambio. Nos ayudes a creer más en Ti.
Saber, que Tu Señor, con Tu gracia, puedes llevar a cabo esa gran
obra en nuestras vidas y nos hagas santos, porque has muerto jus-
tamente para eso. Has resucitado para eso, para que recuperemos
esa dignidad de hijos de Dios y seamos verdaderamente santos.
Reflexión
Señor en tí confío.
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20 DE DICIEMBRE
El sí de María es el sí de nosotros
Viernes de la 3ª semana de adviento
Is 7, 10-14 / Sal 23 / Lc 1, 26-38.
P. NEPTALI - VENEZUELA
La respuesta libre de María hizo posible los deseos de redención de Dios. También
hoy el Señor cuenta con nuestras decisiones libres.
EL SÍ DE MARÍA
Hoy leemos en la misa ese hermoso pasaje que nos narra san Lu-
cas, sobre la Encarnación del Hijo de Dios.
“En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a
una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada
con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se
llamaba María.
Y entró donde ella estaba y le dijo: - Dios te salve, llena de gracia,
el Señor está contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y consi-
deraba qué podía significar este saludo.
Y el ángel le dijo: -No temas, María, porque has hallado gracia
delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le
pondrás por nombre Jesús.
Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le
dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa
de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin.
María le dijo al ángel: - ¿De qué modo se hará esto, pues no co-
nozco varón? Respondió el ángel y le dijo: - El Espíritu Santo des-
cenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por eso, el que nacerá será llamado Santo, Hijo de Dios.
Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha conce-
bido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto
mes, porque para Dios no hay nada imposible.
Dijo entonces María: - He aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia” (Lc 1, 26-38).
LLENA DE GRACIA
En este pasaje del Evangelio que contiene este hermosísimo diá-
logo entre el ángel Gabriel y la Virgen, la llama: “Alégrate llena de
gracia, el Señor está contigo”.
Un modo que revela esa identidad profunda de María, su nombre,
por decirlo así, con el que Dios mismo la conoce: La llena de gracia.
Una expresión que nos resulta muy familiar desde la infancia,
pues la pronunciamos cada vez que rezamos el Avemaría.
De hecho, María, desde el momento que fue concebida por su pa-
dre, fue objeto de esa singular predilección por parte de Dios. Él
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la escogió para ser la Madre de su Hijo hecho Hombre y, por consi-
guiente, fue preservada del pecado original.
Por eso el Ángel se dirige a Ella con este nombre, que implíci-
tamente puede significar: La colmada, desde siempre, del amor de
Dios y de su gracia.
DESIGNIO DE AMOR
La Sagrada Escritura nos revela que, en el origen de todo mal se
encuentra esa desobediencia a la voluntad de Dios, y que la muerte
ha dominado porque la libertad humana, que ejercemos a diario, ha
cedido a la tentación del maligno.
Pero también sabemos que Dios no desfallece en su designio de
amor, en sus designios de vida. Y es a través de ese largo y paciente
camino de reconciliación, plasmado en toda la historia de la salva-
ción, la alianza nueva y eterna, sellada ahora con la sangre de su
Hijo, que se ofrece a Sí mismo en expiación de nuestros pecados.
Él, nacido de mujer.
EL ÁNGEL GABRIEL
Gabriel es el mensajero de la Encarnación de Dios. Llama a la
puerta de María. Y a través de él, Dios mismo pide a María su “sí”, a
una criatura, a la propuesta de convertirse en la Madre del Reden-
tor, de dar su carne humana al Verbo Eterno de Dios, al Hijo de Dios.
El Papa Francisco nos hace considerar que la respuesta de María
es una frase breve. Que no habla de gloria, ni habla de privilegios,
sino de disponibilidad, de servicio: “He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra”.
Tiene un contenido distinto, Ella no se exalta frente a esa perspec-
tiva de convertirse incluso en la Madre del Mesías, sino que perma-
nece modesta y expresa la propia decisión al proyecto del Señor.
18
EXALTÓ A LOS HUMILDES
No es presumida, la Virgen es humilde, y se queda como siempre.
Un contraste muy significativo y nos hace entender que María es
verdaderamente humilde y no trata ni siquiera de exponerse.
Reconoce ser pequeña delante de Dios y está contenta de ser así;
pero al mismo tiempo es consciente de que de su respuesta depen-
de la realización del proyecto de Dios. Por tanto ella, está llamada
a adherirse a ese proyecto con todo su ser.
Así, la Virgen se revela como la colaboradora perfecta al proyec-
to de Dios, y se revela también como discípula de su Hijo.
En el Magníficat podrá proclamar que: “exaltó a los humildes”, pre-
cisamente porque con esa respuesta suya, humilde y generosa, ha
obtenido una alegría y una gloria altísima.
ALCANZAR LA FELICIDAD
La gran responsabilidad de ejercer nuestra libertad, es entonces,
cuando conviene escuchar la voz de Dios que nos solicita una deci-
sión generosa, en un determinado tiempo o un lugar.
La felicidad que buscamos no se alcanza ni por la vía del egoís-
mo, ni por la indecisión, ni por el temor, porque hemos nacido para
amar, que sólo es posible, además, siendo libres. Si no, no podremos
amar. Nuestro corazón necesita un gran amor, libremente abrazado
y sostenido en el tiempo.
Todo ello requiere de cada uno conocimiento propio, dominio de
sí y madurez; son las disposiciones estables que permiten contem-
plar la vida como una oportunidad de crecimiento constante.
Mientras admiramos a nuestra Madre, por su respuesta a la lla-
mada y a la misión que Dios le dió, le pedimos que nos ayude a
cada uno de nosotros, a acoger el proyecto de Dios en nuestra vida
con humildad sincera y generosidad valiente.
19
Reflexión:
Señor, ayúdame a tomar decisiones libres que me acerquen siem-
pre a Tí.
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20
21 DE DICIEMBRE
Perder el tiempo para ganar la eternindad
Viernes de la 3ª Semana de Adviento San Pedro Canisio, Presbítero y Doctor de la Iglesia
Ct 2 8-14 ó So 3, 14-18a / Sal 32 / Lc 1, 39-45
P. MARCOS - ARGENTINA
21
entrar en el tiempo y perderlo conmigo. Has perdido la eternidad
para nacer, trabajar, sufrir y morir como hombre, acompañando al
hombre, enseñándonos a ser hombres.
Nosotros, mi Niño, queremos perder nuestro tiempo con Vos y ga-
nar la eternidad. Porque cuando uno pierde su tiempo con la ora-
ción, cuando perdemos nuestro tiempo dedicándonos a la oración,
ganamos un tiempo que es eternidad. No destruimos valor, sino que
construimos la eternidad futura.
En realidad, la peor pérdida de tiempo es, que nuestro tiempo
quede encerrado en la estrecha esfera del reloj, que no trascienda,
que no sirva para dar el salto a la eternidad. Dios quiso pasar de la
eternidad al tiempo, para elevar nuestro tiempo a la eternidad.
DELANTE DE UN MISTERIO
¿No tenés tiempo para hacer la oración? ¿Te faltan horas del día
para dedicarte un rato a la lectura, para rezar el rosario? ¡Dale prio-
ridad a esas normas de piedad! ¡Dale prioridad a esas cosas y ga-
narás una eternidad de tiempo! Ganarás un tiempo eterno, conver-
tirás el miserable tiempo que se escurre, en una eternidad que se
atesora”.
Dice san Josemaría en Es Cristo que pasa: “Es preciso mirar al
Niño, amor nuestro, en la cuna. Hemos de mirarlo sabiendo que esta-
mos delante de un misterio. Necesitamos aceptar el misterio por la fe
y, también por la fe, ahondar en su contenido.
Para esto, nos hacen falta las disposiciones humildes del alma cris-
tiana: no querer reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres con-
ceptos, a nuestras explicaciones humanas, sino comprender que ese
misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres”.
EL TESORO ESCONDIDO
El hombre que encuentra un tesoro escondido no tiene miedo a
perder unas monedas para adquirir aquel tesoro. El tiempo es oro,
22
dice un refrán. Vale la pena perder un poco de oro, para ganar un
tesoro.
Invertí tu tiempo en este negocio de transformar tiempo en eterni-
dad, de convertir tu tiempo en eternidad. Perdé tu tiempo con Dios
y Dios te dará Su tiempo eterno.
Dice San Josemaría en Camino: “Los que andan en negocios huma-
nos dicen que el tiempo es oro. Me parece poco. Para los que andamos
en negocios de almas, el tiempo es ¡gloria!” (Camino, Punto 355).
UN BUEN NEGOCIO
Invertir tiempo en la oración, invertir tiempo en las normas de pie-
dad, es un buen negocio. Es muy buen negocio dedicar el tiempo a
rezar, es muy lucrativo utilizar horas que me faltan para emplearlas
en la oración, porque ese tiempo regresará a nosotros transforma-
do en eternidad.
Dios se desprendió de Su tiempo, que era la eternidad, para que
nosotros seamos generosos con nuestro pobre tiempo. El peque-
ño tiempo nuestro que cabe en la pequeña esfera de nuestro reloj.
Dios siempre nos devuelve los dones multiplicados, le encanta mul-
tiplicar.
23
Reflexión:
Señor, que seamos generosos con nuestro tiempo en la oración, al
rezar el rosario, con nuestras normas de piedad y que sepamos que
es Tu tiempo.
¡Quiero ganar la eternidad!
24
22 DE DICIEMBRE
Adviento, tiempo de alegría
Cuarto domingo de Adviento
Is 7, 10-14; / Sal 23; / Rm 1, 1-7; / Mt 1, 18-24
P. SANTIAGO - COLOMBIA
Aprovechar este tiempo de más alegría, porque se nos va. El Señor quiere también
estar allí, en lo ordinario de estos días, que son los festejos en familia, para servir.
Pero hoy la Virgen nos muestra que la alegría más plena, es la de estar llena de
Dios.
Llegamos al cuarto domingo de Adviento, hoy se enciende la úl-
tima velita de esa corona de Adviento. Ya faltan muy pocos días.
La Virgen está a punto de dar a luz a Jesús. Por eso la miramos con
mucho cariño, la consolamos también, porque una madre, cuando
está a punto de dar a luz a su hijo, ya está cansada. Por eso vamos
a acompañarla, especialmente estos dos últimos días.
Estos días, ya se escucha mucha música y ¡me encanta! Es lo que
más me gusta de estos días: la bulla, la alegría y la música. Pero no
sólo los villancicos, sino también la música de los hispanos como de
Pastor López y de Rodolfo Icardi, por decir algunos artistas. Ade-
más son los de siempre, llevan alegrando la Navidad desde hace
más de cuarenta años y además con las mismas canciones.
Yo recuerdo esa música desde que era muy chiquito y todavía se
sigue escuchando por ahí. Esto seguramente pasa en Venezuela,
en Ecuador y Colombia, pero en otras latitudes será igual. La mis-
ma música, la misma alegría. ¿A quién no le gusta la música de Na-
vidad? ¡A todo el mundo!
Pero esa música produce un aire de nostalgia, trae recuerdos de
familia, los abuelos, las tías, los tíos, los primos y esos años, para
muchos, ya pasaron.
Y por eso quería servirme de esto, para sugerirte a ti, que estás
haciendo también este rato de oración, estos 10 minutos con Je-
sús, que hay que aprovechar muy bien estos días, estas fiestas y
cada instante. Hay que aprovecharlo como el único, como el último
y como el primero.
Quererse dar a los demás en estos días de Navidad, querer estar
pendiente de los demás, hacer la vida agradable a todo el mundo,
estar sonriente con todos, felicitar por la Navidad a las personas
que estos días están todavía trabajando o sirviendo. Por ejemplo
en los peajes, las personas que trabajan en los hospitales y los vi-
gilantes. Ser muy amable con estas personas estos días.
Y en este tiempo de Navidad no parar de dar, no para recibir, sino
para darse, porque esa es la mejor forma de disfrutar. Y este es un
tiempo que se va.
Este tiempo de Navidad, para que sea más largo, algunos lo em-
piezan desde octubre. Ya ponen árboles de Navidad y luces, jue-
gos pirotécnicos y música. Y luego también se alarga un poquito en
25
enero, e incluso llega hasta febrero por ahí un árbol de Navidad y
un pesebre.
Pero bueno, sabemos que es un tiempo breve, por eso hay que
aprovecharlo más. Es tiempo que se va, un tiempo para amar, para
estar alegres. No nos podemos perder de estas pequeñas y gran-
des cosas, ni perdernos la alegría con lo ordinario.
Estos días estuve en una ciudad aquí en Colombia, en los Llanos
Orientales, en Villavicencio. Es la octava ciudad de Colombia, como
me explicaba un amigo.
Un día hacía la oración delante de un pesebre pequeñito, muy bo-
nito, donde había una figura de un zapatero, uno que vende chorizos,
uno que guarda a las gallinas. Otro que está ahí tumbado porque
quizás se ha pasado un poquito de copas, otro que levanta un jarro
de cerveza para brindar, un horno de pan, una posada, pero está
cerrada. Uno que saca agua del pozo, el pastor que no falta con sus
ovejas, uno que está sacando filo a los cuchillos... Realmente unas
figuras muy simpáticas.
También recuerdo haber visto allí en esa ciudad, un pesebre de
toda la fachada de una casa impresionante, muy bonito, grandioso.
Y es que allí quiere encontrarnos el Señor en lo ordinario, en las
cosas más comunes y normales.
Señor, y ahora que estamos haciendo oración: lo ordinario estos
días, ¿qué será? Para muchos serán las novenas, las fiestas, las re-
uniones familiares, los amigos, los aguinaldos y los regalos.
El Señor quiere estar ahí, y le podemos decir ahora que estamos
haciendo este rato de oración: “Señor, ven a mi familia estos días,
ven a mi fiesta, ven a mi alegría”.
Y así nos lo cuenta san Lucas en el Evangelio de la misa de hoy:
“En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa
hacia la montaña, a una ciudad de Judá, entró en casa de Zacarías
y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de
María, saltó la criatura en su vientre” (Lc 1, 39-42).
Yo había escuchado que los niños en el vientre de sus madres pa-
tean, mueven las manos, pero ¡¿saltar?! ¡Un salto! Pegó un brinco
san Juan de la emoción, de la felicidad.
Y dice san Lucas, por eso se entiende: “Se llenó Isabel del Espíri-
tu Santo”. Y ahí está la verdadera alegría: recibir el Espíritu Santo.
Señor, queremos también prepararnos en esta Navidad para reci-
bir el Espíritu Santo.
“Y levantando la voz, exclamó”. Y lo hacemos todos en este mo-
mento: “Bendita Tú, entre las mujeres y bendito el fruto de tu vien-
tre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues
en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría
en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que ha
dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 42-45).
Entonces, fíjate la reacción de María que es simpática y le dijo:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor. Se alegra mi espíritu en
Dios, mi Salvador” (Lc 1, 46-47).
26
Y estas palabras, a mi me gusta verlo así, parece que estuvieran
contenidas en el corazón de María. La Virgen, con san José iba co-
mentando todo lo que le llamaba la atención.
La Virgen era una mujer muy prudente, muy recatada, muy sen-
cilla. Guardaba todas las cosas en el corazón y no andaba todo
el tiempo diciendo, qué le parecieron las cosas ni expresando sus
emociones y sus alegrías.
La Virgen guardaba todas esas cosas en el corazón, pero al reco-
nocer que esos sentimientos tan poderosos, tan potentes, no sólo
conmueven su corazón y su interior, sino también el de su prima, la
Virgen exulta: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra
mi espíritu en Dios, mi Salvador”.
¡Qué bonita eres, Madre nuestra! Cómo rompes en ese canto de
alabanza a Dios, en ese canto de reconocimiento al Dios Uno y Tri-
no, “Proclama mi alma la grandeza del Señor”.
Qué bueno que nosotros en estos días y también en este ambien-
te festivo de alegría, vayamos proclamando esa alegría, pero esa
alegría de saber que tenemos al Señor, de saber que tenemos a
Dios en nuestro corazón.
En estos días los padrecitos tienen mucho trabajo, no dudemos
en darles aún más trabajo, buscar una buena confesión, buscar re-
zar de verdad con el corazón delante del pesebre. Estos días nos ha
ayudado el padre Juan Carlos a rezar en la novena de aguinaldos,
esa tradición tan bonita de este rincón del mundo.
Que alegría de tener tan cerquita al Señor y más adelante con
esa misma oración de la Virgen, “el Magnificat”, muy famosa y que
muchas personas se las saben de memoria. La verdad yo sé sola-
mente un pedacito: “Me felicitaran todas las generaciones”.
Pues que sea de verdad, que nosotros seamos parte de esas ge-
neraciones que felicitan a María. Vamos a felicitarla y a darle gra-
cias porque con su “sí generoso” nos hizo partícipes por los siglos
sin fin de esta felicidad.
Que alegría esperar al nacimiento de Jesús y poder gozar y dis-
frutar en familia Señor.
Fíjate qué cantidad de cosas salieron en este rato de oración. Va-
mos a meditarlo, vamos a tenerlas en el corazón y vamos también a
sacar propósitos, poniendo como testigo a nuestra Madre, a nues-
tro Padre y Señor, a san José y a esa Criatura que viene ya en cami-
no, que quedan solamente dos días.
Reflexión:
Que la alegría de estos días dure todo el año, porque Jesús está
siempre con nosotros, todos los días.
https://www.youtube.com/watch?v=tgD0_CqS8Vo
27
23 DE DICIEMBRE
¿Qué será este niño?
Miércoles de la 4ª semana de Adviento
MI 3, 1-4. 23-24 / Sal 24 / Lc 1, 57-66
P. SANTIAGO – COLOMBIA
CUENTO DE NAVIDAD
Hace dos días vi una película, se llama: Cuento de Navidad, Christ-
mas Carol (que está basada en un cuento que escribió Charles Dic-
kens).
Y cuenta la historia del Señor Scrooge, que es un hombre súper
avaro, tacaño -amarrado como decimos aquí en esta tierra-, más
solo que la una, súper solitario. Y no celebra la Navidad porque solo
piensa en ganar dinero.
Entonces, cuenta la película (la pueden ver, pero igual se los voy a
contar) que una víspera de Navidad, a Scrooge -Ebenezer Scrooge-,
se le aparece su antiguo socio, que había muerto hacía 7 años.
Se le aparece en forma de fantasma, arrastrando unas cadenas y
le dice: -Mira yo estoy padeciendo y voy a padecer toda la vida eter-
na, porque tengo que arrastrar esta larga y pesada cadena, que me
gané en la vida.
Y entonces le dice: - Tú todavía tienes una posibilidad, una opor-
tunidad para cambiar la vida que llevas, y no estar en mis condi-
ciones. Entonces le dice: - Esta noche te visitarán tres espíritus. Y
esos tres espíritus te van a mostrar algunas facetas de tu vida. Tú
al final decides qué vas a hacer con tu vida.
29
LOS TRES ESPÍRITUS
Entonces, viene el espíritu del pasado, el espíritu del presente y
el espíritu del futuro. Y cada uno, le va mostrando facetas de su
vida y cómo va a terminar su vida.
Hay una escena, en la que el espíritu del futuro, que es el más
tenebroso, le muestra el destino que tienen los avaros. La casa de
él, por ejemplo, queda saqueada completamente; él ve su propia
tumba, y eso le horroriza profundamente.
Entonces cuando despierta de ese sueño en el que aparecen los
tres espíritus, decide cambiar de vida. Se convierte en un hombre
generoso, amable, que va a celebrar la Navidad y que va a ayudar
a todos los que le rodean. Se convierte en un hombre muy querido
por toda la gente que lo conoce y toda la gente que lo ve pasar por
los caminos y por las calles. Cambia totalmente su vida.
EL MILAGRO DE LA NAVIDAD
Que en esta Navidad nos podamos hacer esa pregunta: ¿está
siendo mi vida, Jesús, lo que Tú esperas de ella?
La Navidad nos enseña que, por muy afincados, que por muy an-
clados que estemos en este mundo, hay un milagro: que es la posi-
bilidad de rehacer nuestra vida.
¡Eso es posible! Los hombres lo podemos hacer. Exactamente
como Dios rehizo la Suya haciéndose Niño.
Antes de la Navidad, si lo pensamos, adorábamos a Dios y tenía-
mos que elevar los ojos hacia el Cielo, elevar los ojos. Pero después
de la primera Navidad, adorar a Dios ya no exige elevar los ojos,
sino ¡exige agacharse! Entrar a una cueva, en un pesebre, reparan-
do, dándonos cuenta de la fragilidad de un niño recién nacido.
Reflexión:
Jesús, quiero volver a nacer Contigo y que Tú siempre estés conmi-
go. Que Tu venida, nos llene de esperanza para el renacer del Año
Nuevo.
https://www.youtube.com/watch?v=MPeGv8pMMoE
31
24 DE DICIEMBRE
Ya casi es navidad
Martes de la 4ª semana de Adviento
2 Sam 7, 1-6. 8b-12. 14ª. 16; / Sal 88; / Lc 1, 67-79
P. FEDERICO - GUATEMALA
NOCHEBUENA
¡Ya! Hoy es 24 de diciembre, pero no es Navidad todavía. Claro,
estamos acostumbrados a celebrar la Navidad desde hoy en la tar-
de noche. La verdad es que queremos adelantar la noche a como
dé lugar.
Ahora, ¿por qué adelantar la noche? Bueno, por aquello que dice
el salmo: “Un día le anuncia el mensaje al otro día y una noche le
da la noticia a la otra noche. Se esparce su rumor por toda la tierra
y su pregón hasta los confines del orbe” (Sal 19).
Y la noticia de esta noche es especial. ¿Cuál es la noticia? Que tú
Jesús, siendo Dios, te has hecho hombre.
Esta noche, se hace realidad lo que canta Zacarías en el Evange-
lio: “Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que
viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pa-
sos por el camino de la paz” (Lc 1, 67-79).
Se cumple. Por eso, muchas familias tienen la tradición de hoy,
a las doce de la noche, poner al niño en el nacimiento, en el Belén.
Eso, recordar eso, volver a vivirlo, convierte a esta noche en Noche-
buena. Pero ojo, es esta noche.
33
El santo, cuando escuchó esto, se echó a llorar de emoción y ex-
clamó: - ¡Loco tienes que estar de amor cuando me pides esto!” (Juan
Ramón Domínguez Palacios, Locura de Amor).
Y pues sí, ahí está una posibilidad: tus pecados, una buena confe-
sión. Y le llevas eso al Niño. Seguro que te lo agradece y seguro, tú
mismo, se lo agradeces.
Así podemos llegar, total, ¿cómo llegan los que llegan a la gruta
de Belén? Llegan como son, llegan con lo que tienen. Algunos in-
cluso pudieron haber llegado con las manos vacías. Pues nosotros
nos acercamos como somos. Así se han acercado, pues todos, y
muchísima gente.
34
De todos modos, siempre que vayamos a Belén vamos a salir de ahí
con muchísimo más de lo que hemos entregado.
Pues, Madre de Jesús, Madre de Dios, Madre nuestra, nos vemos
dentro de unas horas en Belén. Prometo intentar llegar bien prepa-
rado…
Relexión:
Jesús, quiero regalarte mi amor, y como Misha, que me dejes que-
darme por siempre junto a Ti…
https://www.youtube.com/watch?v=SNDqLu5VIHQ
35
NOCHE BUENA
Nochebuena
Navidad del Señor. Vigilia de Navidad. En la tarde.
Is 62, 1-5; / Sal 88; / Hch 13, 16-17. 22-25; / Mt 1, 1-25
¡FELIZ NAVIDAD!
Reflexión:
Jesús ayúdame a no ser ajeno a las necesidades de los demás.
A dar con generosidad y de corazón. A dar de mí, dar mi tiempo y
dar más que recibir.
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25 DE DICIEMBRE
Ya está entre nosotros
Solemnidad de la Natividad de Señor
Is 9, 1-3. 5-6 / Sal 95 / Tt 2, 11-14 /Lc 2, 1-14
P. JUAN – ARGENTINA
39
NOS MUESTRA SU AMOR
Venís a mostrarnos el amor que Dios nos tiene, que llega al punto
de entregar a su propio hijo. Venís a salvarnos de esa muerte que es
a consecuencia del pecado, el pecado de nuestros primeros padres
y nuestros pecados personales.
Venís para que sea posible, para mí y para cada persona, vivir
como hijos de Dios, en el Hijo. Nos traes esa “Vida Nueva” (con ma-
yúscula), y todo eso vale muchísimo más que cualquier don humano
que hubieras podido darnos Señor: riquezas, beneficios, solución
de problemas, que todos tenemos problemas en distintos órdenes.
Y hoy, con los ojos de la fe, nos alegramos porque podemos ver
un poco más. Nos llenamos de agradecimiento porque queremos
valorar, Señor, este tesoro que es Tu vida para cada uno.
Queremos que la luz de la estrella de Navidad ilumine nuestra
vida. Incluso en aquello que es más oscura, más difícil: en nuestras
incertidumbres y nuestras miserias. ¡Porque nos ha nacido un Sal-
vador!
¡Cómo te gustará Jesús que hoy te recibamos personalmente! Que
hagamos un acto de fe, en que venís para salvarme a mí, no a la hu-
manidad en general; y que te lo agradezcamos así, personalmente.
Venís a darme esa vida nueva a mí; y por eso nos llenamos de opti-
mismo, de agradecimiento y de la esperanza de la navidad.
40
Porque ya no estamos solos en nuestras necesidades: Dios está
entre nosotros para que todo eso tenga sentido. Vamos a hacer que
pese más el amor que Dios nos tiene y sus planes en nuestra vida.
Fíjate en el pesebre, suelen aparecer las figuras en un clima de
serenidad, de adoración, en la noche serena… Con asombro, los
pastores, se acercan...
Pero si pensamos un poco, la realidad es que no era una situación
tan romántica, tan favorable. San José podría sentir la precariedad,
¿no? Instalarse, imagínate, en un garaje con un bebé recién nacido
y dónde falta todo; y a san José le podría venir la frustración de:
¿cómo puede ser esto?
Sin embargo, Dios le va confirmando que sus decisiones fueron
justas: en recibir a María, en ir a Belén con ella, llevarlos, que allí
naciera El Salvador, y se van…
Reflexión:
Gracias Padre por mandarnos a Tu hijo a salvarnos…
https://www.youtube.com/watch?v=bcomBsr03g8
41
26 DE DICIEMBRE, 2018
Buenos días María y José, ¿Ya despertó Jesús?
Miércoles Fiesta San Esteban, Protomártir
Hch 6, 8-10; 7, 54-60; / Sal 30; / Mt 10, 17-22.
P. SANTIAGO - COLOMBIA
Hoy quiero preguntar a María y José: ¿Por qué Jesús quiso nacer Niño? Y porque
Dios quiso venir a la tierra?
MI TODO
María, José, ¡Buenos días!, ¿Ya despertó el niño?, ¿Puedo entrar?
Quería estar solo 10 minutos con Jesús. ¿Tú María, me das el ok?
Y José, ¡qué bueno es José! Me trata como un padre a su hijo, hasta
me perdona si cojo en mis brazos al niño y me quedo horas y horas
diciéndole cosas dulces y encendidas, y le beso. ¡Bésale tú!
Y le bailo y le canto. Le llamo Rey. ¡Amor! ¡mi Dios! ¡Mi único y mi
todo! Qué hermoso es el Niño y que corta la decena.
Estas últimas palabras no son mías. ¡Ojalá! ¡ya quisiera Jesús, tra-
tarte así. Estas son de san Josemaría, que en el libro, Santo Rosario,
en la consideración del Tercer Misterio Gozoso, “El Nacimiento del
Hijo de Dios” se lo dice.
Y ahora aprovechando que estoy en el pesebre, junto a José, jun-
to a María voy a hacerles dos preguntas. ¡Estoy inquieto Jesús!
HACERTE NIÑO
Jesús, ahora que estoy Contigo, Tú eres una criatura de brazos y
por eso voy a preguntarle más bien a José y a María: ¿Por qué Dios
se quiso hacer niño y no hombre, sino niño? ¿Por qué Jesús, tú qui-
siste nacer así, niño? ¿Por qué Jesús no se quiso hacer hombre ya
con 30 años para comenzar la vida pública? ¿O con treinta y tres y
ya listo para morir? ¿Por qué se quiso hacer niño?
Y tiene su lógica. Porque los niños quieren toda nuestra atención
y el niño siempre busca la atención, de día y de noche, cuando se
levanta en la noche y ve que nadie le está velando, que nadie le está
protegiendo.
Y, ¿qué hace? Pues llora porque quiere que alguien le esté viendo
y protegiendo. Y durante el día, con los juegos, con las carantoñas,
con correr, subir y bajar. Ellos lo que quieren es llamar permanen-
temente la atención, y no porque sean orgullosos y vanidosos, sino
porque son niños.
Y lo hacen sobre todo, porque necesitan sentirse protegidos. Por
eso Jesús quiso hacerse niño. Nosotros queremos poner al Señor
en el centro de nuestra vida.
42
EL CENTRO DE NUESTRA VIDA
Poner a Jesús en el centro de nuestro corazón y saber que aunque
parezca paradójico, porque lo es… que Dios quiera hacerse niño y
tenemos nosotros la responsabilidad de protegerlo, -a Jesús-, y de
hacerle reír para demostrarle nuestro amor y nuestra alegría.
Porque Jesús Tú estás entre nosotros, ¡qué alegría! ¡Qué alegría!
Los niños también aman jugar, y para jugar con un niño, uno tiene
que hacerse como un niño. Entrar en su lógica. Y pedirle que juegue
con la lógica del adulto, es imposible.
Señor, nosotros queremos que Tú te diviertas con nosotros. Sa-
bemos lo que te gusta y no queremos ser egoístas, queremos hacer
las cosas que te gustan a Ti, no las cosas que nos gustan a noso-
tros, a mí Señor. Y ésa puede ser una enseñanza.
Esa es la primera pregunta que yo tenía, ¿por qué quisiste hacer-
te niño? Y tú, María y José, ¿me ayudan a entender un poquito más?
Y la otra pregunta que tenía era, ¿por qué quisiste venir a la Tie-
rra? Y para eso encontré una historia, es solo una historia, pero me
ayuda a entender un poquito más.
43
Luego intentó corretearlos y ahuyentarlos en dirección al grane-
ro, y tampoco. Y pensó: - ¿por qué no me seguirán? ¿Es que no se
dan cuenta de que ese es el único sitio donde ellos pueden sobre-
vivir a la nevada?
Y cayó en la cuenta de que las aves no seguían a un ser humano
y pensó:- Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos,
-dijo pensando en voz alta-. Y se acordó que tenía un ganso en su
granja.
Fue por el ganso y lo trajo. El ganso revoloteó entre los demás
gansos perdidos y después se fue directamente al establo porque
hacía mucho frío, y corría el viento y la nieve. Los gansos que esta-
ban perdidos lo siguieron hasta el establo.
44
Señor, gracias por hacerte niño. Te cuidare, te protegeré, te juga-
ré y te arroparé. Gracias Señor por venir en forma humana a sacar-
me de la tormenta. Gracias también a ti María y a José por dejarme
estar estos 10 minutos con Jesús.
Reflexión:
Niñito Jesús que has nacido en Belén, este año utiliza de pesebre mi
pequeño corazón también.
45
27 DE DICIEMBRE
Te haces tan pequeño para engrandecer al
hombre
Jueves, Fiesta de San Juan Apóstol y Evangelista
1 Jn 1, 1-4; / Sal 96; / Jn 20, 2-8
P. MARCOS - ARGENTINA
UNA POESÍA
Quiero comenzar estos 10 minutos con Jesús, leyéndote una poe-
sía, de una poetisa española que durante la guerra se exilió en Mé-
xico, Ernestina de Champourcin, un fragmento de esa poesía:
Hay un grillo que canta
muy cerca del sagrario…
Suena a espiga con sol;
es un trozo de campo
que se nos ha metido
porque Dios lo ha llamado
en este rincón nuestro…
Soy un grillo olvidado.
Pobre grillo ciego
a orillas del sagrario.
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sea haciéndote la monótona compañía, como un grillo, junto al Sagra-
rio, que vela con su canto, con su monótono canto y con su letanía”.
“Jesús, quisiera cada día pasar a visitarte al menos un rato para re-
petirte mi monótona cantinela de ruegos, mis cosas, alabanzas, que
solo se repetir una y otra vez, mis desabridas acciones de gracias y la
paupérrima contrición por mis faltas”.
Dice san Josemaría en Camino: “La gente tiene una visión plana,
pegada a la tierra, de dos dimensiones. –Cuando vivas vida sobrena-
tural obtendrás de Dios la tercera dimensión; la altura, y, con ella, el
relieve, el peso y el volumen” (Camino 279).
Esta época de la historia prioriza el plano más que el volumen, la
velocidad más que la reflexión; hay que moverse rápido, hay que
cambiar, hay que correr al ritmo del tiempo, es más, hay que correr
más rápido que el tiempo para adelantarse a los tiempos y adelan-
tarse a los competidores. Las pantallas son planas y la velocidad
es vertiginosa.
PIEDAD EUCARÍSTICA
¡Qué gran negocio! Amor humano a cambio de amor divino, tiem-
po a cambio de eternidad, vale la pena este negocio, este admira-
ble intercambio.
¿Cuánto tiempo perdiste con tu teléfono? ¿Cuánto tiempo le de-
dicas a las redes sociales o leyendo whatsapps frívolos, insustan-
ciales? ¿Cuánto tiempo dedicas a ver unos videítos que te enviaron
por whatsapp, o enterarte de los últimos entretelones de la políti-
ca? Pero después no tenemos un minuto para una visita al Santísi-
mo Sacramento...
“Señor, Jesús, sin tu ayuda soy capaz de ser tan necio, de dar más
importancia a esas tonterías, que a mi piedad eucarística. Soy ca-
paz de postergarlo… Jesús ¡no me dejes!”.
Quiero hacer hoy un propósito firme: Visitarla diariamente para
repetirte la monótona letanía de mis peticiones cotidianas: “¡Dame
hoy el pan de cada día!”. Monótono canto que se reitera como las
letanías del Rosario.
María, que esa titánica melodía borre la reiterada repetición de
mis pecados.
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Reflexión:
Señor, ayúdame a tener la disposición de entrar a acompañarte en
el Sagrario cada vez que pase cerca de Ti. A encender en mí esas
ganas de querer verte y platicar Contigo.
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28 DE DICIEMBRE
Santos inocentes
Viernes, Fiesta Santos Mártires Inocentes
1Jn, 1-5-2, 2;/ Sal 123; / Mt 2, 13-18
P. FEDERICO - GUATEMALA
La escena que la Iglesia nos propone hoy nos habla de “humildad o sacrificio”.
Aprendamos de estos niños a vivir estas virtudes pensando en el Niño Jesús.
MILES DE CRUCES
Contaba uno como visitar el cementerio americano situado junto
a la famosa playa de Omaha, en Normandía, donde tuvo lugar el
famoso desembarco en la Segunda Guerra Mundial, había sido una
de las experiencias que recordaba con mayor emoción.
Sobrecoge la imagen de las más de nueve mil cruces perfecta-
mente alineadas que señalan el lugar donde descansa cada solda-
do y decía que sobrecoge ver las edades, porque muchos no habían
cumplido los veinte años.
Y me impresionó la inscripción que se encuentra en la tumba de
aquellos que no pudieron identificar; en ellas se lee: “Aquí descansa
en honrosa gloria un compañero de armas a quien solo Dios conoce”.
Impresiona el recuerdo de aquellos soldados que llegaron de muy
lejos para luchar por la libertad de unos países y unos pueblos que
no eran los suyos, y es justo que no se les olvide. Y a la vez es tan
poca cosa la memoria humana.
Por eso consuela que Dios, sí conoce a todos, conoce a todos y
cada uno de aquellos que murieron, incluso a los que nadie pudo
identificar” (C.f. Adviento-Navidad 2017, con Él).
SANTOS INOCENTES
Se me venía esto a la cabeza porque hoy celebramos a los San-
tos Inocentes, almas de tantos niños que sin culpa alguna tuvieron
el privilegio de derramar su sangre por el Señor, entregar la vida,
aunque fuera inconscientemente. Y Dios, a través de su Iglesia, les
recuerda y les agradece.
Nosotros también, porque tuvieron, aunque “inconscientemente”,
la valentía de dar su vida por proteger a nuestro Dios “recién naci-
do” … al que estamos contemplando en esta Octava de Navidad.
Y a ti y a mí (a todo cristiano), Jesús nos ha llamado a entregar la
vida por Él, pero nos pide que lo hagamos conscientemente y día a
día.
Ojalá estemos decididos a responderle en cada momento para
que se cumpla en nosotros lo que dice la Antífona de entrada de la
misa de hoy: “Ahora sigan al Cordero sin mancha, cantando: Gloria
a ti Señor”.
50
Ojalá que así fueran nuestros días y “Jesús, queremos que así lo
sean, conscientemente día a día, que te sigamos a Ti, con coheren-
cia, con valentía”.
HUMILDAD
Me parece muy sugerente, pues que, en el Adviento, la Iglesia nos
haya propuesto la figura de san Juan el Bautista y esa figura pre-
cisamente nos habla de humildad y de sacrificio. Porque son dos
cosas que siguen siendo válidas siempre y que nos pueden ayudar
hoy… porque hoy saltan a la vista.
La primera: la humildad. “Salta a la vista por contraste, porque
Herodes está lleno de soberbia. Como lo decía un padre de la Igle-
sia: “El que es soberbio, la soberbia es subir para abajo”.
Herodes que es viejo y supersticioso, cree en la venida del Mesías
-pero le odia-, porque lo ve como posible rival al trono. Herodes está
loco, ve en todos sombras que quieren su corona, y su demencia le
lleva a matar: ahogó con sus propias manos a su cuñado Aristóbulo,
él le parecía que era demasiado popular para su gusto.
Y luego, uno a uno fue pereciendo, por orden suya, su otro cuñado,
José, el rey Hircán II, la altiva asmonea Mariamme (a pesar de ser
su esposa), también la mató. Y hasta a sus propios hijos: Aristóbulo,
Alejandro y Antípater.
Todo su reinado estuvo señalado por la sangre. Es más, en una
ocasión hizo quemar a cuarenta jóvenes como antorchas vivas” (c.f.
Acercarse a Jesús 1).
SACRIFICIO
¿Y el sacrificio?... Bueno, “La muerte de los inocentes es sacrifi-
cio” y puede parecer inútil a los hombres que lo ven con ojos que
no tienen fe, pero a los ojos de Dios es fecunda. Estos niños, con su
sangre, protegieron la vida de Dios.
Y le podemos decir: “Jesús, yo me doy cuenta de que el dolor y la
alegría van de la mano. No permitas que me olvide que la felicidad
51
está unida al sacrificio, a las pequeñas y grandes incomodidades
de la jornada. Haz que no pierda Tu luz, la luz de Dios en el dolor y
que las contradicciones no me aparten de Ti” (Acercarse a Jesús 1).
Solo si entiendo esto, voy a entender el sacrificio de los inocentes
en este día.
Un Padre de la Iglesia, se planteaba preguntas y al mismo tiempo
daba unas respuestas que nos podrían servir también. Porque él
empezaba preguntando: “¿Por qué abandonó a los que sabía que
habrían de ser buscados por su causa y por su causa habrían de
morir? Él había nacido como rey, y Rey del Cielo.
UNA ANÉCDOTA
Justo también me recordaba de algo que contaba una madre de
familia, que un domingo de diciembre, había colocado el nacimien-
to en su casa con todos, y cada uno había puesto de su parte; ¿no
se?... Todos poniendo el corcho, el musgo, el papel de plata para el
río, cada figura allí puesta en su sitio.
Resulta que dos días después, cuando pasa delante del Belén, del
nacimiento, se da cuenta de que no está la imagen del niño Jesús, y
mira por el suelo por si se ha caído, pregunta a los hermanos mayo-
res nadie sabe nada; lo comenta en la mesa durante la cena, pero
“nada”, ni rastro de la figura.
Y un día mientras recoge la cocina, resulta que se le acerca el hijo
más pequeño de cinco años y le pregunta con cara de circunstan-
cia a la madre:
Mamá, ¿puedo decirte algo? -Sí, claro. Entonces viene y le comen-
ta un poco, como con tono de misterio: - Nos han contado en el kín-
52
der (en la guardería) que el rey Herodes quiere hacer daño al Niño
Jesús. Así que lo he agarrado y lo he metido debajo de mi almohada
para que no lo encuentre. Pero no se lo digas a nadie por si lo escu-
cha Herodes…
Misterio resuelto. Por supuesto, la madre quedó profundamente
conmovida cuando comprobó que su hijo pequeño había sido capaz
de meterse tan de lleno en la historia.
Reflexión:
Señor, no permitas que me olvide que la felicidad está unida al sa-
crificio, a las pequeñas y grandes incomodidades de cada día.
Haz que no pierda Tu luz en el dolor y que las contradicciones no me
aparten de Ti.
53
29 DE DICIEMBRE
Cumplir la ley de Dios no cuesta
Martes 5a de la Octava de Navidad. Santo Tomas Becket, obispo y mártir.
1Jn 2, 3-11 / Sal 95 / Lc 2, 22-35
P. RICARDO - PERÚ
SIMEÓN
Y después de este episodio, en esas circunstancias en las que se
encuentran en el templo, hay un hombre, un anciano, un hombre
justo y temeroso de Dios, llamado Simeón.
Este hombre había recibido una revelación de Dios en la que le
decía que él no moriría antes de ver al Mesías.
Movido por el Espíritu Santo, va al templo y se encuentra con Ma-
ría y José que llevan al Niño. Entonces Simeón exclama cuando ve
a Jesús: “Ahora Señor puedes dejar a Tu siervo irse en paz, según
Tu palabra, porque mis ojos han visto Tu salvación, la que has pre-
parado ante la faz de los pueblos; luz para iluminar a los gentiles y
gloria de Tu pueblo Israel” (Lc 2, 29-32).
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Este hombre, Simeón, finalmente puede descansar en paz. Esto
me llama mucho la atención (no sé si a ti te pasa lo mismo). Simeón
dice que ya es un anciano -o sea que ha vivido muchos años-, es un
hombre justo; es decir, que ha cumplido la Ley de Dios, que ha bus-
cado agradar a Dios.
Entonces Dios le da este premio de poder mirar al Mesías. No po-
drá ver la obra de la redención, pero al menos ya le ha visto, y de
cierto modo, se le ha dado un adelanto de lo que va a pasar.
Este hombre dice: “Finalmente me puedo ir en paz”. Sobre todo
tiene esa confianza, esa tranquilidad de que Dios no abandona y
eso es una primera enseñanza que tú y yo podemos sacar.
A lo mejor, buscamos vivir cerca de Ti Señor, buscamos ser agra-
dables a Ti, cumplir Tu voluntad y, al mismo tiempo, nos encontra-
mos con dificultades; nos encontramos con la Cruz, nos encontra-
mos con contrariedades, con el dolor y uno puede desanimarse.
Entonces tenemos el ejemplo de Simeón que logra ver al Cristo,
que logra ver al Mesías y tú y yo (me atrevería a decir) somos más
que Simeón, en el sentido de que vivimos en el tiempo de Jesús.
Cuando Jesús ya ha venido, cuando Dios ya ha cumplido con to-
das Sus promesas; es más, cuando ya nos ha salvado, y por tanto,
ese Dios se ha quedado con nosotros en la Eucaristía y en los sa-
cramentos.
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Es así como María y José suben al templo para entregar al Niño. Y
el precio de su rescate será, en este caso, un par de tórtolas o dos
pichones, que es la ofrenda de los pobres; o sea, que los que no te-
nían suficiente dinero como para dar algo mayor, daban un par de
tórtolas o pichones.
Esto nos hace ver que María y José iban ajustados de dinero. Era
un matrimonio joven y no tenían riquezas, pero ahí los vemos y nos
los imaginamos entrando al templo con la grandeza del templo.
María, que es la Madre de Dios y que lleva en sus brazos a Dios he-
cho Hombre. Y José, este hombre justo, extraordinario que -al leer
su vida-lo que nos cuenta sobre todo san Mateo, nos damos cuenta
que es un tipo, digamos: un gran partido.
Sobre todo porque es un hombre que ama a María. Luego, es un
hombre que ama a Dios y que se deja llevar por Dios que le habla en
sueños y no tiene ningún reparo en complicarse la vida y cambiar
sus planes.
¡Qué ejemplo tan grande nos dejan María, José y Simeón! Al ver
esta escena en la cual María va a purificarse, nos podemos pregun-
tar: ¿Cómo cumplo con la ley de Dios? ¿Cómo busco la voluntad de
Dios? ¿Qué quiere Dios de mí ? Y si cumplo eso, ¿que Dios quiere de
mí?
NECESITAMOS PURIFICARNOS
San Josemaría comenta este pasaje de la Purificación, en el libro
“Santo Rosario”. (Es un libro bellísimo para aprender a meditar los
misterios del Santo Rosario). Entonces, justamente a raíz de que
María tenga que ir a purificarse, ella que es Inmaculada, nos dice:
“¿Aprenderás con este ejemplo, a cumplir -a pesar de todos los sacri-
ficios personales-la santa Ley de Dios? ¡Purificarse! Tú y yo sí que ne-
cesitamos purificación. Expiar y, por encima de la expiación, el Amor”
(San Josemaría, Santo Rosario).
Establece un contraste entre María, que no necesita purificarse,
pero cumple la Ley de Dios. A pesar de los sacrificios, ha tenido que
ir a Jerusalén; hacer un viaje...
A veces nosotros podríamos quejarnos un poquito por la misa, por
ser muy temprano... “mejor voy a la misa de las 8:00 de la noche…”
O “mira, a lo mejor ahora que empieza el verano, vamos a ir de viaje
y no sé si podremos ir a misa…”
¡De ninguna manera se nos ocurre eso! Porque queremos cumplir
la Ley de Dios, sobre todo, porque amamos a Dios.
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lo hace por amor y lo hace con amor. De este modo, cumplir lo que
Dios quiere para nosotros que, al final, es para que seamos felices.
Cumplir con Sus mandamientos, cumplir con lo que la Iglesia nos
pide. Si ponemos amor, si lo hacemos por amor, no será un peso, no
será una carga.
Sigamos las huellas, en estos días, de María y de José y así, tú y yo
podremos vivir una feliz Navidad; una Santa Navidad y, sobre todo,
que la Sagrada Familia, que el Niño Dios, nos ayude a acercarnos
más a Dios; y nos ayuden a ser santos.
Reflexión:
Que yo sepa cumplir siempre la Voluntad de Dios, porque mi anhelo
como el de Simeón, es poder ver a Jesús.
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30 DE DICIEMBRE
La oración de los que están solos
Lunes, día VI dentro de la Octava de Navidad.
1Jn 2, 12-17 / Sal 95 / Lc 2, 36-40
P. SANTIAGO – COLOMBIA
En esta época de fiesta, hay muchos que no están en familia, que buscan salud en
algún hospital; otros que trabajan como una semana más del año. Allí les sale, al
encuentro, Jesús recién nacido.
Estoy haciendo este rato de oración, estos 10 minutos con Jesús,
delante de un pesebre chiquito, empotrado en una chimenea, con
un fondo verde que simula unas montañas. Una chocita que simula
también el pesebre, que sería eso: un establo.
Al fondo, un retablo y se ven unas casas. Incluso, hay algunas mon-
tañas nevadas. Aparecen ya los Reyes acercándose y “miro Jesús,
Tu pobreza, Tu humildad; la paciencia y el cariño de María y de José.
El asombro de los pastores que se acercan, alguno con una canasta
llena de frutas; otro, con unas gallinas, con unos pollos en sus manos.
Otro que carga un corderito chiquito, que seguramente te haría gra-
cia Jesús”.
SAN LUCAS
En estos minutitos quería detenerme en el Evangelio de hoy, es
una escena entrañable. Lo cuenta san Lucas:
“En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la
tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De jovencita había vivi-
do siete años casada y luego viuda hasta los 84.
No se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayu-
nos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a
Dios y hablaba del Niño a todos los que aguardaban la liberación
de Jerusalén” (Lc 2, 36-38).
Hablaba del Niño a todos… “porque, Señor, cuando de verdad se
te conoce, no se puede dejar de darte a conocer. Cuando nosotros
te conocemos bien, tenemos que darte a conocer, allí donde este-
mos, a las personas con las que nos crucemos.
Sobre todo, a las personas que dependen de nuestro cariño, de
nuestra amistad, de nuestro trato…”
“Es muy importante que acerquemos a Ti a esas personas, pero
a esas personas también las acercamos a Ti con nuestra amistad,
con nuestro trato cordial”.
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Continúa el Evangelio: “Y cuando cumplieron todo lo que prescri-
bía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea -a su ciudad de Nazaret.
El Niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría
y la gracia de Dios lo acompañaba” (Lc 2, 39-40).
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Reflexión:
Señor, que yo sepa acercar a las personas a Ti, sobre todo, a las per-
sonas que dependen de mi cariño, de mi amistad y de mi trato.
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de-los-que-estan-solos-30-12-
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31 DE DICIEMBRE
Juan nos pone delante de la verdad en el último
día del año
Día VII dentro de la octava de Navidad.
1 Jn 2, 18-21; / Sal 95; / Jn 1, 1-18
P. JAVIER – ARGENTINA
Ideas para el último día del año. Día para reordenar lo que va bien y lo que no.
Pedir perdón y agradecer.
LA PALABRA
Dice el Evangelio del día 31, último día del año: “En el principio
existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la palabra era
Dios. La Palabra, en el principio, estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo y sin ella no se hizo nada de
lo que se ha hecho. En la Palabra había vida y la vida era la luz de
los hombres, la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la ven-
cieron.
Surgió un hombre, enviado por Dios que se llamaba Juan. Y este
venía como testigo para dar testimonio de la luz, para que, por él,
todos vinieran a la fe. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre. Al
mundo vine y en el mundo estaba, el mundo se hizo por medio de
ella y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la reci-
bieron.
Pero cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si
creen en Su Nombre; estos no han nacido de sangre, ni de amor
carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos con-
templado Su gloria, gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de
gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él y grita diciendo: «Éste es de quien dije:
El que viene detrás de mí pasa delante de mí porque existía antes
que yo».
Pues de Su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia.
Porque la Ley se dio por medio de Moisés; pero la gracia y la ver-
dad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno
del Padre, es quien lo ha visto y dado a conocer” (Jn 1,1-18).
DIVINIDAD DE JESÚS
Todo este prólogo de san Juan, nos está hablando de Jesús y es
muy bonito porque habla de la Divinidad de Jesús, de esa preexis-
tencia de Dios en el tiempo, estaba junto a Dios: Jesús era Dios.
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En pocos pasajes se nos dice tan claramente que Jesús es Dios
y que Jesús está con nosotros y que estará con nosotros hasta el
final de los tiempos. Y este es el fundamento más importante de
nuestra seguridad en la vida.
Por eso hoy, que es el último día del año, es un buen momento
para hacer balance del año que ha pasado. Para pensar en todo
aquello que queremos cambiar, en todo aquello que queremos de-
jar, en aquellas cosas que nos han encantado, que nos han salido
muy bien y en las que Dios nos ha acompañado especialmente.
Es un momento para hacer balance. Y en el balance hay crédito y
débito. Hay cosas que tenemos que tirar por la ventana, porque no
son buenas; cosas que hay que sacar de la propia vida y por eso es
bueno hacer un examen.
HACER UN BALANCE
Es un día especialmente propicio para hacer examen y decirle a
Jesús: esto no me gusta, esto no me gusta, esto no me gusta… elegir
ver, mirar todas aquellas cosas con las que no estamos de acuerdo.
Cosas que no nos gustan, cosas que no nos parecen bien y que
no hemos hecho bien. Decisiones que no hemos tomado acertada-
mente, juicios de valor que no hemos hecho bien.
A veces, nos hemos detenido a tomar decisiones en base al éxito,
en base al beneficio que vamos a obtener y son cosas que hay que
“re-ver” si realmente estábamos en el camino correcto o nos está-
bamos saliendo del camino.
Si estábamos tomando decisiones para nuestra comodidad, para
nuestro bienestar, para nuestro “ego”, para nuestra vanidad...
Cuántas cosas en juego se mueven en torno al corazón y nos van
llevando a tomar decisiones en un sentido o en otro.
UN EXAMEN DE LO VIVIDO
Este es el momento del año, este es el día del año, para sentarse
con un poquito de calma y mirar qué decisiones, de todas las que
hemos tomado a lo largo del año, no nos parecen adecuadas. De las
decisiones más importantes, porque hay cosas muy pequeñas que
ni nos acordaremos.
Pero de las decisiones importantes, seguramente, hay muchas
que podamos decir, cara a Dios: “Señor, esto la verdad no estuvo
bueno; esto no me sumó; esto me restó; esto no me hizo bien; esto
no venía de Vos, venía de mi orgullo; venía de mi amor propio herido,
de mi deseo de lucirme, de mi vanagloria...
Por eso Señor, te pido que lo limpies, te pido que limpies mi cora-
zón, con la sencillez con la que un niño pequeño te lo pediría”. Por
eso Jesús nos insistirá muchísimas veces en el Evangelio: “Hágan-
se como los niños por favor, porque si no, no van a poder entrar en
el Reino de Dios” (Mt 18, 3).
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No van a poder acogerse a la misericordia; no van a ser capaces
de pedir perdón... porque nos vamos a creer autosuficientes; por-
que no vamos a actuar porque no nos guste lo que hayamos hecho,
sino porque en realidad nos da vergüenza -a veces- nuestros pro-
pios pecados, nuestras propias limitaciones.
NUESTRAS MISERIAS
Cuánta gente se avergüenza cuando tiene que contar algo, qué
lejos está la infancia espiritual de un corazón así.
Y a nosotros -a veces- nos pasa eso, que nos ponemos adultos y
nos da vergüenza nuestras miserias, sabiendo que son “nuestras
miserias”, nuestra condición. Somos pecadores, siempre vamos a
ser miserables, siempre vamos a tener faltas.
Lo que tenemos que hacer es ponernos delante de Dios y decirle:
“Señor Jesús, aquí estoy para que me limpies, aquí estoy para que me
cures, aquí estoy para que me sanes, me reconozco pecador como
san Pablo”.
“No consigo hacer el bien que quiero, sino el mal que no quiero,
¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rm 7,24).
PEDIRÍA TIEMPO
Una vez fui al cementerio, y pregunté cuál era el lugar de mi tum-
ba. Me paré encima. Eso te da una cosa rara por dentro. Y pensé en
ese momento: Cuando me muera, ¿qué le pediría a Dios? Y lo prime-
ro que me salió fue: tiempo, ¡le pediría tiempo!
Tiempo para pedirle perdón a un montón de gente, a la cual no
le he pedido perdón de verdad. Tiempo para dar gracias a gente a
la cual no le he podido decir: gracias por esto, esto y esto… porque
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esto fue muy importante para mí en la vida, en este momento, en
este año...
Tiempo para decirle cosas que les quería decir a muchas perso-
nas, para hacer favores, incluso para devolver plata que por allí de-
bía… ¡Tiempo, necesitamos tiempo!
Por eso, de cara al final del año para pedir perdón, además le te-
nemos que pedir a Jesús que nos ayude a aprovechar el tiempo y,
por último, a dar gracias.
Reflexión:
Señor, te agradezco por este año pasado y te suplico que me ilumi-
nes cada día para ser mejor persona y te sientas un Padre orgulloso
de mí.
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SAGRADA FAMILIA
Sagrada Familia
DOMINGO DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD* Domingo, 3er día de la octava de Navidad. Sagrada Famila.
Eclo 3, 2-6. 12. 14 / Sal 127 / Col 3, 12-21 / Lc 2, 22-40
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Muchas veces María habrá considerado estas palabras: “una es-
pada te haría daño al corazón” y eso habrá vivido la Virgen cuan-
do perdió a Jesús a los doce años en su visita al templo. Eso habrá
también recordado cuando la muerte de san José y en las miles de
vicisitudes que en una familia normal se producen.
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HACER LA VIDA AGRADABLE
¿Cómo vamos de cercanía con nuestros padres, abuelos, pri-
mos…? ¿No es el día ideal para mandar un mensaje?: Te extraño, te
quiero… algunas cosas que muestren esa necesidad de cercanía.
La Sagrada Familia luchó para estar siempre junta, luchó para
darse lo mejor, inclusive en los momentos más difíciles siempre es-
tuvieron juntos.
No nos imaginamos a María y José discutiendo por tonterías: ¿dón-
de vamos a pasar las noches del fin de año, en casa de mis padres
o de los tuyos?
No se habrán puesto a pelear, porque claro ya habrán cedido el
uno al otro o habrán querido pasar los dos juntos.
No nos imaginamos peleando por quién se quedaba más tiempo
con Jesús o por quién hacía que su opinión prevalezca. Al contrario,
se esforzaban para hacer la vida agradable a los demás.
La fiesta de la Sagrada Familia nos tiene que traer a la cabeza un
poco el cómo nos comportamos con nuestra familia de sangre, con
las personas que vivimos.
Si somos delicados, si dejamos algunas cosas pasar, si no saca-
mos en cara cosas que no nos caen bien… Y si somos delicados en
esos detalles, haremos en definitiva la vida más agradable a todos.
Qué difícil, en cambio, vivir con alguien que es muy negativo, que
constantemente está encontrando la quinta pata al gato, que está
diciendo cosas que van a salir mal, como ave de mal agüero: que se
van a ahogar todos o que nos vamos a contagiar o que es lo peor
que hemos vivido en la vida…
UN ESFUERZO PERSONAL
Vale la pena pensar: si mi actitud en casa es positiva, ¡es lo que
tengo que hacer! A veces, pasar uno y otro detalle que pueden re-
sultar fastidiosos o no responder de mala forma y estar más en los
detalles para acordarme de qué cosas le gustan al resto.
Tal vez llegar antes a las fiestas; llegar con puntualidad es un sig-
no de deferencia con los demás; estar más pendiente al responder,
no solo hablar cuando tengo ganas, sino también cuando no tengo,
para hacer la vida un poco más agradable.
En definitiva, hay tantos detalles pequeños que hacen que la fa-
milia funcione mejor.
Una bonita poesía que nos puede ayudar a terminar este rato de
oración:
“Cómo me gustaría
estar con la Sagrada Familia
que en Nazaret vivía.
San José como gran Patriarca
en Nazaret reinaba
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aunque en dignidad, menos pintaba.
La Virgen miraba y cuidaba
a los que allí estaban
y su amor les prodigaba.
El Niño con ellos vivía
y los respetaba y quería
y su bondad les impartía.
Cómo me gustaría
estar con los que allí vivían
en paz y armonía”.
Reflexión:
Señor, que se nos ensanche el corazón y la cabeza para servir, servir
y servir. Para hacer una gran labor en nuestra familia, para acercar
a todos más a Dios.
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1 ENERO
Corazón, ojos, manos de una madre
Octava de Navida. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
Nm 6, 22-27 / Sal 66 / Ga 4, 4-7 / Lc 2, 16-21
P. SANTIAGO - COLOMBIA
PENSANDO EN MI MADRE
Podemos (como tantos hacemos la oración este día con estos au-
dios de 10 min con Jesús) pensar: Mi madre ya no está en esta tierra,
pero la recuerdo. Recuerdo su corazón, sus ojos, su mirada, su voz.
Y ¿por qué no? Que todos hagamos la oración pensando también
en nuestras madres.
¿Por qué se me ha ocurrido hoy hacer la oración pensando en
esto? Queriendo contarle a Jesús cómo me imagino yo el corazón,
los ojos, las manos y la voz de mi Madre santa María, mi Madre del
Cielo”.
He leído un libro muy bonito que se llama “Querido Lucas”. Habla
de un escritor que reúne unas cartas recibidas de los apóstoles y
algunas santas mujeres; y Lucas, que es quien recibe esas cartas
y luego las publica, va contando los detalles que reciben en esas
cartas y él pregunta puntualmente por las manos, el corazón, la mi-
rada, la voz, los sentimientos...
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LAS CARTAS...
Me voy a guiar con este libro. Mientras tanto, vamos escuchan-
do de fondo otra canción “What Child is this”, de Andrea Bocelli en
su disco de villancicos. Es bellísima esta canción, en alguna parte
dice: Qué Niño es este que descansa en el regazo de María, así co-
mienza.
Y más adelante dice: Este es el Cristo Rey, a quien resguardan
los pastores y cantan los ángeles. Hoy podemos hacer oración con
música y con todo, porque es un día de fiesta muy grande, muy es-
pecial.
UN CORAZÓN INMENSO
“Señor, pero no puedo olvidar que estoy hablando contigo ¡10 mi-
nutos con Jesús!”. La carta que habla del corazón la escribe San
Juan. Yo me quiero fijar solo en un detalle de esa carta. Dice: “Maria
es muy sensible, tiene un corazón inmenso...”.
Y un corazón grande se ocupa de muchas cosas. Cualquier cosa
le afecta un montón, porque la guarda en su corazón.
Así era el corazón de María, corazón de nuestra Madre, hoy es su
fiesta solemne: Santa María, Madre de Dios.
“Y Jesús, yo le quiero pedir hoy a la Virgen, Madre, que nos dé un
corazón a su medida. Que nos olvidemos de lo nuestro para llenar
su corazón; que lo vaciemos de nosotros mismos y que nuestro co-
razón sea para nuestra Madre, un corazón útil, generoso, servicial.
Reflexión:
Virgen María, Madre mía, dirige a nosotros tu mirada, que nos aca-
ricien también tus manos y que nos conserves en tu corazón.
https://www.youtube.com/watch?v=I4U16y5WapQ
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2 DE ENERO
Ser testigos de la luz
San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno. Obispos y doctores de la Iglesia
1 Jn 2, 22-28; / Sal 97; / Jn 1, 19-28
TESTIGOS DE LA LUZ
En estos 10 minutos de oración Señor, te pedimos que este nuevo
año nos hagas testigos; queremos ser testigos de la luz y para ser
testigos sabemos que tenemos cada uno que cambiar algo…
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A alguno le vendrá bien sonreír, más a otro, desarrollar la pacien-
cia. A otro dar testimonio comportándose más cristianamente en
su trabajo, poniendo esfuerzo para portarnos bien a pesar de que
no tenemos ganas de responder con una sonrisa a los cargantes y
pesados, que a veces nos molestan.
Estar dispuestos a ayudar a esas personas que necesitan ayuda,
pese a que nosotros no tengamos tiempo. Eso es ser testigos de la
luz.
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Reflexión:
Señor, ayúdame a ser testigo de tu luz. Que cuando me vean, no me
vean a mí, que te vean solo a Ti.
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3 DE ENERO
Jesús, ¡ese sí es Nombre!
Feria del Tiempo de Navidad. Santísimo Nombre de Jesús
1 Jn 2, 29-3,6; / Sal 97; / Jn 1, 29-34.
P. JUAN - CHILE
En el ADN van muchas cosas de la vida… pero en el nombre más. Muchas más, si
es el nombre con que nos llama Dios mismo a la existencia.
EL NOMBRE DE JESÚS
Hoy también, celebramos así, litúrgicamente en la Iglesia, el san-
tísimo Nombre de Jesús. Tantas veces que decimos este nombre,
¡ojalá lo digamos siempre! Se lo podemos decir ahora al Señor: “Je-
sús, me encantaría decir siempre Tu nombre con corazón, con fuer-
za, con cariño, con fe”.
Es el nombre que Dios mismo, Dios Padre -a través de un emisa-
rio- el ángel Gabriel, le indicó a la Virgen María en la Anunciación:
“este va a ser el nombre”, también san José lo supo y él sería quien
le pondría el nombre.
No me acuerdo exactamente en qué fiesta (en alguna fiesta de
la Virgen), pero quizá te ha sucedió alguna vez en la santa misa,
cuando se lee: “…cuando se acercaron los apóstoles al Señor y le
dijeron: -Señor enséñanos a rezar…” y se va leyendo el Evangelio
y el sacerdote va leyendo el Padre Nuestro (típico, la respuesta de
Jesús).
Quizá te ha pasado, alguna vez, que el sacerdote está leyendo,
nos está leyendo y llega a esa parte donde termina la primera par-
te del Padre Nuestro y, a veces, alguien medio despistado (si es en
un colegio de niños) es muy probable que empiece: “… danos hoy
nuestro pan de cada día…” Da un poco de risa.
Alguna vez me pasó el año pasado, el 2019, que estando en un
colegio (no me acuerdo qué fiesta de la Virgen era), pero había una
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oración dirigida a la Virgen, en que le íbamos diciendo un montón
de cosas bonitas.
Y llega un momento, (y aquí sintonizaban los niños con las pala-
bras que iba diciendo el sacerdote era una oración, pero no estaba
rezando un Ave María) estaba diciendo una oración de la misa y en
algún momento me acuerdo haber dicho esto: “bendito es el fruto
de tu vientre”.
Y… se encienden los niños -por decirlo así- como que levantan un
poco la cabeza, se abren un poco los ojos y empiezan: “Santa María,
Madre de Dios…”, empiezan no sé cuántos enanos... y no tan enanos
también, que estaban medios despistados; un poco de reflejo de
tantas veces rezar el Ave María.
Al llegar a esta parte: “…y bendito es el fruto de tu vientre…”, le de-
cimos a la Virgen: el nombre de este fruto bendito: Jesús.
DAR FRUTOS
Hay unas palabras que le encantaban a san Josemaría, unas pa-
labras de la Escritura. Las decía en latín: “electis meis non labo-
rabunt frustra”; es decir, mis elegidos, los míos, no trabajarán en
vano, los míos no gastarán su vida, no vivirán su vida, no se la juga-
rán en vano.
Porque, a veces, podría ser que uno dijera: -Bueno, esto es remar
en el aire o es sembrar en el mar… Y no se trata solamente de gas-
tar por gastar la vida, no.
Yo quiero gastarla con sentido. Yo quiero vivirla con fruto. Y ahí
están las palabras del Señor: “electis meis non laborabunt frus-
tra”, esto lo dice nuestro Jesús.
No sé si conoces por ahí a alguien que le gusta subir cerros o el
alpinismo. Para el que sube cerros…una mochila bien gastada, (de
esas mochilas de alpinista, grande) es una mochila a la que uno
mira con cariño (no sé si uno mira con cariño una mochila).
Es una mochila trabajada, gastada, rozada. Si uno la vende de se-
gunda mano saca poca plata porque está gastada pero, por ese
mismo estar “gastada”, uno la mira con cariño.
O esa típica mecedora que está en la terraza desde no sé cuántos
siglos. Uno puede pensar: ¿Cuántas tardes allí? ¿Cuántas conver-
saciones ahí?
Gastemos nuestra vida, en nombre de Jesús, con Jesús, eso sí que
vale la pena. Es lo que nos decía el Papa en Panamá a los jóvenes
¡a todos!
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Hace algún tiempo, justo diez años, decía el Papa Benedicto XVI
en una celebración como la de hoy, hablando del Nombre del Se-
ñor: “este Nombre, que significa “Dios salva” es el cumplimiento de
la revelación de Dios. Jesús es el rostro de Dios, es la bendición para
todos los hombres y para todos los pueblos. Es la paz para el mundo”.
Con la ayuda de la Virgen llevemos esta paz, el Nombre de Jesús
a todos los lugares.
Reflexión:
Señor, ayúdanos a dar frutos, ayúdanos a amar en tu nombre, a gas-
tar nuestra vida con sentido…
https://www.youtube.com/watch?v=DhnESgaO894
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4 DE ENERO
Ser apóstoles, llevar a Jesucristo
Lunes de Navidad después de la Epifanía.
1Jn 3, 22-4,6; / Sal 2; / Mt 4, 12-17.23-25
Al igual que el Bautista, hay que llevar a otros a Cristo. Tu apostolado consiste en
difundir bondad, luz, entusiasmo, generosidad, espíritu de sacrificio, constancia
en el trabajo, profundidad en el estudio, amplitud en la entrega, estar al día,
obediencia absoluta y alegre a la Iglesia, caridad perfecta. Nadie da lo que no tiene
En la primera lectura que nos propone la Iglesia, en la Liturgia del
día de hoy, nos encontramos con la Primera carta de san Juan que
nos expone: “Cómo el vivir como hijos de Dios, es incompatible con el
pecado”.
Y, de hecho, la forma en que san Juan llama a los destinatarios de
esta carta es: “hijos míos”, supone que entre ellos existía una rela-
ción no solo de fraternidad, sino también de filiación. Les dice “hi-
jos míos” porque, les había engendrado en la fe. Había sido el após-
tol de los que reciben la carta, el que les había atraído al Señor.
San Juan es muy dado a la confrontación dualista; habla entre la
luz y la oscuridad; entre el bien y el mal; presenta en contraste las
obras de los hijos de Dios con las obras de los hijos del Diablo. Unos
y otros tienen comportamientos antitéticos, que están contrapues-
tos. Conociendo sus obras, sabremos a quién se ha adherido, ¡Quién
realiza las obras! Por eso dice el texto:
“Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo,
como él es justo. Quien comete el pecado es el diablo, pues el dia-
blo peca desde el principio.
El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo.
Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su ger-
men permanece en él y no puede pecar, porque ha nacido de Dios.
En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo
el que no obra la justicia, no es de Dios, ni tampoco el que no ama
a su hermano” (1Jn 3, 7-10).
NO SE DEJEN ENGAÑAR
Este texto, como hemos visto, comienza con la exhortación a: “no
dejarse engañar”, que es la acción propia de los pseudo-profetas.
No podemos dejarnos engañar por nada ni nadie; ni por las tenta-
ciones que nos alejan de ese proyecto original de Dios, ni por las
seducciones de otros que nos desvían de nuestro camino vocacio-
nal.
Ni siquiera por nosotros mismos y por nuestros egos, porque:
“Todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no
ama a su hermano”.
82
La prueba de nuestra identidad o lo que es lo mismo, de que per-
tenecemos al ámbito de Dios es nuestra forma de actuar, nuestras
opciones y acciones concretas en el amor al hermano.
“Si alguno dice: «Amo a Dios» y aborrece a su hermano, es un
mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede
amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4, 20).
Ya los profetas anunciaron y denunciaron continuamente esto.
Una buena relación con Dios siempre se traduce en una relación de
amor fraterno hacia los hermanos y viceversa. ¡La idolatría siempre
se traduce en la injusticia y en la insolidaridad! Cuando nos aleja-
mos del prójimo, cuando no nos importa, cuando somos indiferen-
tes.
¡VENGAN Y VERÁN!
El texto del Evangelio nos narra la vocación de los primeros dis-
cípulos (en el cuarto Evangelio o sea, en el Evangelio de San Juan,
que se despega un poco de la narración de los otros tres Evange-
lios, que se conocen como los Evangelios sinópticos).
La escena comienza con san Juan Bautista que está acompañado
de dos de sus discípulos, uno de ellos es Andrés, el hermano de Pe-
dro. Del otro no sabemos su nombre. Y el Bautista, al ver a Jesús,
“lo señala” ante sus discípulos como: “El Cordero de Dios”. Lo está
identificando, les está diciendo: ¡Ese es!
Así como es “El Siervo de Yahvé” (Is 42,1-4; 53,1-9). Así estaba
explicado en Isaías, que sería indicado o señalado como, “El que
quita el pecado del mundo”, “El Cordero Pascual”, el Símbolo de
la Liberación, con Su sangre, de la décima plaga y de la salida de
Egipto de la esclavitud (Ex 12, 1-14).
Juan se convierte así -cuando señala a Jesucristo-, en un media-
dor entre los discípulos de Jesús y les ayudará a que reconozcan al
verdadero Cristo en medio de sus búsquedas. Y con eso provocará
el deseo de los discípulos de ir con Él.
83
Por eso se acercan y le preguntan: Maestro, ¿dónde vives? Y la
respuesta de Jesús no es teórica, Él les invita a realizar la expe-
riencia y a recorrer su propio camino. Les dice: ¡vengan y verán!
Nosotros también podemos ayudar a que otras personas conoz-
can a Jesús: cuando ayudamos al prójimo, cuando las demás per-
sonas ven nuestra preocupación sincera de ayuda, de solidaridad...
¡Eso atrae mucho! y hacemos igual que Juan el Bautista: Señala-
mos a Cristo con nuestro comportamiento, ¡con nuestra vida!
Por eso es importante que nos preocupemos porque nuestras ac-
ciones sean positivas, sean buenas. El corazón del hombre es de
tal magnitud que solo Dios puede llamarlo.
Te acuerdas de lo que decía San Agustín: “Nos hiciste Señor, para
Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (San
Agustín).
Por eso, nosotros no podemos matar ni achicar el hambre de
nuestras propias almas y por eso tenemos que convencernos que
nuestro apostolado consiste en difundir: bondad, luz, entusiasmo,
generosidad, espíritu de sacrificio, constancia en el trabajo, pro-
fundidad en el estudio, amplitud en la entrega, estar al día, obe-
diencia absoluta y alegre a la Iglesia, caridad perfecta… “Porque
nadie da lo que no tiene” (Surco, 927).
“No lo olvides: tanto mejor convencemos cuanto más convencidos
estamos” (Surco, 929).
Eso es lo que le pasó a san Bernardo, -¡Cuánto nos gustaría contar
con otro San Bernardo! Que, cuando se convirtió y entró al conven-
to de monjes Benedictinos, llamado el Convento del Císter, arrastró
a sus hermanos, a sus primos. A gran cantidad de gente que entró
también ahí y, tanto fue así, que durante su vida fundó más de 300
conventos e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos.
Fundó, en concreto, un convento muy importante, que es el “Con-
vento de Claraval” y por eso lo llamaban «El Doctor boca de miel»,
porque sus palabras en la predicación, eran una verdadera golosi-
na para los que la escuchaban.
Tal vez tú, al igual que yo, no tenemos el don de la palabra de san
Bernardo y nos cuesta un poquito más que la gente se acerque,
pero con nuestras obras podemos hacer lo mismo: podemos esfor-
zarnos en que nuestras obras sean atractivas.
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Bautista, Andrés… ellos ayudan a identificar la voz de Dios, a des-
cubrir la identidad de Jesús.
En muchas ocasiones, nosotros también necesitamos de la me-
diación de otros hermanos que nos ayuden a distinguir la voz de
Dios en medio de los ruidos del mundo y poder así acudir a Sus
llamadas.
Pero, en otros momentos, nosotros seremos esos “señaladores” o
“indicadores” y ayudaremos a que otros descubran que Jesús está
aquí.
Vamos a pedirle en este rato de oración: “Señor, ayúdanos a ser
más apostólicos, ayúdanos a que, con nuestra generosidad, con
nuestro entusiasmo, con nuestra luz, con nuestra bondad, vayamos
indicando el camino a los demás para que te descubran.
Y ayúdanos a arrancar de nuestra vida las cosas que alejan a los
demás de Dios: nuestra ira, nuestra impaciencia, nuestra rigidez,
nuestra forma de ser dura. ¡Quítanos Señor todo eso! Que sepa-
mos llevarte -como hacia san Antonio de Claraval- con la “Boca de
Miel”; con palabras dulces que realmente ayuden a los demás a
descubrirte”.
Hoy, que llevamos sólo 4 días de empezado el año, podemos pe-
dirle al Señor esta gracia: ¡Que seamos mejores apóstoles! y que
nos dejemos también conducir por otras personas para estar más
cerca del Señor.
Se lo pedimos también a la Virgen María.
Reflexión:
Nosotros también podemos ayudar a que otras personas conozcan
a Jesús. Hagamos igual que Juan El Bautista: ¡Señalemos a Cristo
con nuestro comportamiento! ¡Con nuestra vida!
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5 ENERO
Apariencias
Sábado de la I Semana del Salterio. Feria del Tiempo de Navidad
1 Jn 3, 11-21; / Sal 99; / Jn 1, 43-51
P. FEDERICO - GUATEMALA
Natanael se deja llevar por las apariencias, Jesús le hará cambiar. Que nos cambie
a nosotros también en este final del tiempo de Navidad.
“En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra
a Felipe y le dice: —Sígueme. Felipe era de Betsaida, ciudad de
Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: —Aquel
de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos
encontrado: Jesús, Hijo de José, de Nazaret. Natanael le replicó:
—¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1, 43-46).
Qué bien nos viene darnos cuenta de que los apóstoles son de
carne y hueso…, como nosotros.
Natanael es bueno, pero un poco juzgón como nosotros muchas
veces… Y hoy su juicio se basa en las puras apariencias.
NAZARET
Nazaret es un pueblito pequeño, refundido en las montañas, con
200 habitantes como mucho… No es Betsaida, ciudad marítima (a
orillas del Mar de Galilea), transitada, comercial, “cosmopolita”,
hasta cierto punto.
Y entonces Natanael empieza a comparar Betsaida con Nazaret
“¿de Nazaret puede salir algo bueno?” Pero Felipe sabe que Na-
tanael es bueno…entonces, cuando le replicó: “¿De Nazaret puede
salir algo bueno? Felipe le contestó: Ven y verás”.
“Jesús, que aprenda a no juzgar y a no dejarme llevar por las apa-
riencias… Y ojalá, que como Natanael, cuente con gente al lado mío
que me ayude a no dejarme llevar por esas cosas que se me puedan
meter en la cabeza”.
NO VIVIR DE APARIENCIAS
Porque somos un poco así... Vamos a veces por allí con prejuicios,
viendo un poco de reojo y saltando a conclusiones, con rapidez o
mirando por encima del hombro.
A veces se nos mete tanto, que nosotros mismos empezamos a
vivir de apariencias y actuamos más por la imagen que damos, que
por lo que realmente queremos o lo que realmente creemos.
Lo increíble es que hasta se nos puede meter en lo espiritual…:
vivir de apariencias y, entonces, antes que ser buenos, queremos
parecer buenos… Entonces rezamos o hacemos un buen comenta-
rio para “quedar bien”.
Hasta lo hacemos con nosotros mismos, “rezo porque así me sien-
to bien…”
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Es curioso cómo podemos llegar a ser, pero hasta nos podemos
dar una apariencia a nosotros mismos. Y es cierto, no vivimos para
“rezar”, sino que el rezo nos une con Dios y nos lleva a ese encuen-
tro personal con Jesús (estos 10 minutos)… Que son para Él.
No tanto para mí, como para Él. Ni tampoco los hago para sentir-
me bien, sino para agradarle a Él. Un encuentro personal con Jesús,
como el que va a tener Natanael gracias a Felipe…
Lógico, si yo noto que me dejo llevar por las apariencias hasta en
lo espiritual, la solución no es dejar de rezar, sino aprender a rezar
bien, porque, como dicen, “no hay peor Avemaría que la que no se
reza…” o sea, a rezar, pero a rezar bien.
EL MUNDO AL REVÉS
Estamos todavía en el tiempo de Navidad y creo que, si hemos
observado bien el Nacimiento, el Belén, nos hemos dado cuenta de
que es “el mundo al revés”.
Hay que mirarlo. ¡Es el mundo al revés! El Autor de todo, sin el que
nosotros no existiríamos, hecho Niño pequeño, para caber en nues-
tras manos pecadoras.
El Rey de reyes: pobre. El Señor de lo creado: sin un rincón de Su
creación donde poder dormir cómodamente. El Maestro, sin poder
pronunciar una sola palabra… Nada de apariencias… Jesús no las
necesita… Nosotros tampoco.
“Jesús que yo aprenda esa lección de Ti en esto último de la Na-
vidad. Que yo aprenda a no dejarme llevar por las apariencias y a
tratar bien a todos y a querer bien a todos”.
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Cuando llegaron al convento, a pie y sin provisiones, los frailes los
recibieron asombrados: les parecía imposible que hubieran podido
cruzar una extensión tan grande de desierto.
Les hablaron de la familia de los tres álamos. Sitio conocido, pero
nadie conocía a aquella familia. Fueron a ver el lugar todos y estaban
los 3 álamos, pero ni rastros de casa, ni de familia…
Entonces, el padre Junípero cayó en la cuenta de lo que había suce-
dido: se echó al suelo besando la tierra y confesó estar seguro de ha-
berse hospedado, la noche anterior, con la Sagrada Familia. La dul-
zura de la madre, la ternura de aquel niño y la hospitalidad del padre,
le habían llamado poderosamente la atención…”.
Reflexión:
Jesús, que yo aprenda a no dejarme llevar por las apariencias y a
tratar bien a todos y a querer bien a todos.
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6 DE ENERO
No tengamos miedo, es Jesús
Miércoles de Navidad después de la Epifanía.
1 Juan 4, 11-18; Salmo 71; Marcos 6, 45-52
P. RICARDO – PERÚ
Después de haber multiplicado los panes, vemos a Jesús caminar sobre las aguas.
Los apóstoles que están en la barca tienen miedo, pero Jesús los anima a no temer
porque Él está allí. Jesús nos invita a confiar en que es Dios y, por tanto, puede
más a pesar de los obstáculos o de nuestros pecados.
San Marcos nos cuenta en su Evangelio una escena que quería
traer hoy en nuestro rato de oración, para meditar y para aprender
qué significa ser discípulo de Cristo.
Dice el evangelista que en esa ocasión, nuestro Señor, después
de haber saciado a más de cinco mil hombres, con la multiplicación
de los panes y peces, les dice a sus discípulos que ya es tarde; por
tanto, que suban a la barca. Pero les dice que se adelanten.
Se dirigían hacia la orilla de Betsaida, “mientras Él despedía a la
gente” (Mt 14, 22).
Ya en esto encontramos una enseñanza y es que el Señor piensa
en nosotros, porque Él estaría cansado. Él estaría cansado de ha-
blar con tanta gente, de esos milagros, porque el Señor es perfecto
Dios y perfecto Hombre, por tanto, también se cansaba.
No obstante, Él les dice a los apóstoles, suban ustedes a la barca
y yo ahora los alcanzo. Y entonces “después de despedir a la gente,
Jesús se retira a orar”. (Segunda enseñanza del Señor.)
No importa lo cansado que Él está, incluso diríamos que es apre-
miante; es importante ir a ver a sus discípulos que están allí espe-
rando. Jesús tiene la necesidad (el que es hijo de Dios), de retirarse
a orar.
“Qué bonita enseñanza la que nos deja Jesús, de saber ver qué
es lo importante”. Y a veces la oración no parece que fuera lo más
importante porque tenemos otras cosas más delante de nosotros,
delante de nuestros ojos y todas ellas preocupaciones buenas, líci-
tas y a veces pensamos: ponerme a rezar ahora… no me da tiempo.
Será porque nos hemos planteado hacer todos los días un rato de
oración o porque nos gusta o queremos hacer oración. Queremos
hablar con Dios, pero vemos que, de pronto, las actividades, el tra-
bajo, el estudio, son cosas que nos ahogan.
Y uno dice: no, no tengo tiempo para rezar…. “Y Tú Señor te bus-
cas un tiempo; que el resto, espere...”
Yo necesito hablar con mi Padre…. Y así hace el Señor.
Entonces el tiempo pasa porque el Señor despide a la gente, les
dice a los discípulos: apúrense y súbanse a la barca porque ya es
de noche; pero, por lo visto, nuestro Señor se queda un buen rato
rezando.
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“Entonces llegada la noche”, nos dice San Marcos, “la barca es-
taba en mitad del mar y Jesús solo en tierra” (Mc 6, 47). No sabe-
mos si los apóstoles decidieron avanzar o que, de pronto, el viento
o la tormenta los fue llevando; los fue alejando de la orilla. La cosa
es que estaban a mitad del mar…
Continúa el relato: “Viéndolos fatigados de remar, porque tenían
viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue
hacia ellos andando sobre el mar e hizo ademán de pasar de largo.
Ellos viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma
y dieron un grito porque todos lo vieron y se asustaron” (Mc 6, 47-
50).
Cómo no se iban a asustar de ver a un hombre caminar por el mar
(en este caso era un lago, ellos le llaman mar a un lago). Se asustan
ellos, no reconocen al Maestro, all menos, personalmente.
No puedo dejar de ver un buen humor, el buen humor de Jesús,
porque dice: “que hace el ademán de pasar de largo…”, diríamos
“se hace el loco” y ellos se sorprenden y los asusta de ese modo.
Pero Él habló enseguida con ellos y les dijo: “-ánimo, soy yo, no
tengáis miedo” (Mc 6, 50).
Estas palabras el Señor nos las repite siempre: “no tengáis mie-
do”. No tengamos miedo porque estamos con Él, somos de Dios. Y,
de hecho, los apóstoles le reconocen por la voz, por Sus palabras,
que les dice: “soy yo, el Maestro, Jesús, no tengan miedo”.
Entonces ellos se calman, “Jesús entró a la barca con ellos y el
viento amainó”. Se tranquilizaron, se tranquilizó la naturaleza. Ellos
estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de
los panes, porque tenían la mente embotada.
Sí, no habían podido entender ¿cómo era posible que nuestro Se-
ñor haya multiplicado los panes de unos cuantos panes y peces?
Ahora, no entienden cómo ha podido caminar sobre las aguas.
Y es que nuestro Señor manifiesta Su ser y Su poder; es decir,
¿quién es? Él es Dios. Y así vemos, como nos dice un autor ecle-
siástico: Orígenes: “Jesús prefería proclamarse y manifestarse como
Cristo con Sus actos más que con Sus palabras”.
El Señor hace milagros, el Señor camina sobre las aguas y de ese
modo manifiesta Su Divinidad.
A veces tú y yo podemos querer un milagro de esos, como los que
han visto los apóstoles u otros milagros de ese tipo que se dan hoy
en día por intercesión de los santos y que luego permite que pue-
dan ser llevados y proclamados santos o beatos.
“Pero Tú Señor haces muchos milagros sin que nosotros nos de-
mos cuenta. Son esos milagros de la gracia”.
Cómo nos gustaría Señor que hagas en nosotros esos milagros
de hacernos ver. No únicamente porque estemos ciegos o porque
tengamos miopía o hayamos perdido la vista, sino que nos abras
los ojos del alma.
90
Para ver, por ejemplo, en las demás personas a otros Cristos; para
querer a todas las personas con las que vivimos a nuestro alrede-
dor; para que no haya esas diferencias, esos rencores.
En nuestro mundo encontramos mucho rencor. A veces en la fa-
milia, en el puesto de trabajo, en el barrio...
El Papa Francisco, de vez en cuando, arremete contra esto, dice:
“el chismorreo, cuánto daño puede hacer, porque no vemos con los
ojos de Dios”.
Y por eso pidámosle al Señor que abra nuestros ojos y nos ayude
a mirar a todas las personas que son hijos de Dios; que somos hijos
de Dios.
También que nos abres los ojos para poder ver lo que Tú quieres
de nosotros, para mostrarnos el camino, hacia dónde vamos Señor.
¿Qué quieres de mí? ¿Qué quieres que haga?
A lo mejor, será que mejoremos nuestro comportamiento. Que
nos tomemos más en serio nuestra vocación de cristianos, de hijos
de Dios. Que dejemos alguna mala costumbre, un defecto.
Otras veces será caminar y es justamente tomar la iniciativa, la
decisión de abandonar todo aquello que me ata al pecado y cami-
nar, por ejemplo, a la parroquia, a la Iglesia a confesarme o caminar
para ir a la misa “o a lo mejor voy a misa más tarde… o ya me dio
flojera… es que no me siento muy bien… “.
“Ayúdanos Señor a caminar para encontrarte.”
Y por supuesto, esos dos grandes milagros como son, en efec-
to, en la confesión (sobre todo cuando uno se confiesa después de
haber estado en pecado mortal, grave, uno vuelve a la vida) y ese
gran milagro de la Eucaristía, el milagro más grande que hay sobre
la tierra.
“A veces podemos querer presenciar un milagro, justamente,
como los que hiciste Tú Señor: la resurrección de la hija de uno o el
hijo de la viuda de Naím o la multiplicación de los panes…” Pero to-
dos los días, en esta tierra, el milagro más grande es la Eucaristía.
Vamos a aprender de esta escena, en la que Tú Señor te manifies-
tas como Dios pero, sobre todo, que cuidas de los Tuyos.
El Señor les dice: “no tengan miedo, soy yo”. Y esto nos lo dices
Tú, a cada uno de nosotros: que no tengamos miedo.
“Dejas que tus discípulos peligren un momento para que sean
fuertes, para que sobre todo aprendan a confiar en Ti y menos en
sus propias fuerzas.
Ayúdanos también a nosotros a confiar más en Tu gracia, que ten-
gamos más fe y que te amemos más”.
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Reflexión:
¡Qué yo vea con tus ojos Señor! Ayúdanos a caminar para encontrar-
te…
https://www.youtube.com/watch?v=qEZWPxKW6A4
92
EPIFANÍA
Reyes Magos
EPIFANÍA. ESTA SOLEMNIDAD SE PUEDE CELEBRAR EL 6 DE ENERO O EL SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE
NAVIDAD. Domingo, Epifanía del Señor
Is 60, 1-6 / Sal 71 / Ef 3, 2-6 / Mt 2, 1-12
P. FEDERICO – GUATEMALA
Todos, como los Reyes Magos, hemos visto La Estrella. Perseveremos en nuestro
camino sin apartar la mirada de ella, a pesar de las dificultades en nuestro empeño
por buscar a Jesús, por nunca abandonarle. Los “tesoros” que nos ofrece la vida no
se comparan con el Tesoro de la cuna de Belén.
EPIFANÍA
Hoy es Epifanía. Los últimos días hemos visto cómo nace el Se-
ñor. Empieza su paso por la tierra y el único testigo es una estrella
que comienza a brillar en Oriente.
Habían transcurrido siglos de espera, profecías que se acumula-
ban... Y la creación, ante la llegada de su Creador no se inmuta. No
hay espectáculo... Sí, en cambio, hay trabajo: observar las estrellas,
estudiarlas. De allí vino el ver La Estrella.
Como cuando tú y yo nos encontramos por primera vez con Dios.
No me refiero al hecho de haber sido bautizado o que nos enseña-
ran a rezar desde pequeños, sino se cae en la cuenta, ver, sentir, su
cercanía: el auténtico encuentro con Dios, el descubrir en carne
propia la relación íntima y personal con Jesús.
EL ENCUENTRO
Ese momento especial en que le descubrimos, en que sentimos
su llamada. Y no hablo de cosas raras: en la vida ordinaria, en nues-
tro trabajo, estudiando, tal vez. Sin espectáculo; en todo caso, la
conmoción fue por dentro, porque Dios toca el alma.
Vimos esa estrella y nos decidimos a seguir a Jesús o a seguirle
más de cerca. Pero no está todo resuelto con ver la estrella. Queda
un trayecto por delante. Hay que pasar desiertos.
Pasan los años y, por momentos, las dunas de arena nos pare-
cen exactamente iguales. Hay que luchar, pero con la convicción de
contar con toda la ayuda de Dios nuestro Señor.
Es una buena ocasión para agradecerle: “Gracias Señor por pre-
sentarte en mi vida. Gracias por seguirme acompañando”.
MI CAMINO
Ahora, tampoco está demás preguntarnos: ¿Cómo recorro mi ca-
mino de relación con Dios? ¿Lo agradezco o he dejado que se oxide
por acostumbramiento?
93
A veces lo que hace falta es fe. Esa fe cotidiana que es la que nos
lleva a seguir caminando. Hemos visto una estrella, nos ha llamado
Jesús y queremos adorarle.
Pero hace falta fe. Porque nos encontramos con muchas cosas
por el camino: desiertos, dificultades, cansancio, visión humana. Y
se nos puede olvidar dónde se esconde Dios.
Puede suceder que, por las mismas vueltas de la vida, perdemos
de vista la estrella. Perdemos la ilusión, el entusiasmo, el impulso.
Nos acostumbramos y por allí, por el acostumbramiento, se nos es-
capan las ganas y, con ellas, las fuerzas.
Puede ser que, incluso, volteemos a ver a otro lado, apartemos
nuestra mirada de la estrella y nos refugiemos en otras cosas.
RECONDUCIRSE
Entonces, pretendemos buscar al Señor donde no está. En pala-
cios, lujo, descanso, distracciones... La pura visión humana de las
cosas; aún con la excusa de venir a adorarle.
“Unos Magos llegaron del Oriente a Jerusalén preguntando:
¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues vimos Su
estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle”.
Aún así, el Señor se puede servir de nuestros errores y recondu-
cirnos.
“Al oír esto, el rey Herodes se turbó y con él, toda Jerusalén. Y,
reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas
del pueblo, les interroga dónde había de nacer el Mesías. En Belén
de Judá, le dijeron, pues así está escrito por medio del Profeta”
(Mt 2, 1-5).
Dios se puede servir hasta de eso, pero ¿para qué vamos a dar
rodeos si nos basta con ver la estrella? ¿Con acudir a los medios
ordinarios: los sacramentos, la dirección espiritual, la oración que
alimenta nuestra alma?
AGRADECER
“Gracias Dios mío por haberme salvado de tantos descaminos.
Por haberte aprovechado hasta de mis defectos. Por permitirme
contar un año más cerca de Ti.
Gracias por que aquí estoy haciendo oración y vuelvo a hacer el
propósito y tomarme mi vocación cristiana en serio, a no dejarte, a
siempre buscarte”.
SENTIDO SOBRENATURAL
“Se pusieron en marcha. Y he aquí que la estrella que habían vis-
to en el Oriente, iba delante de ellos hasta pararse sobre el sitio
donde estaba el Niño.
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en
la casa, vieron al Niño con María, Su madre y, postrándose, le ado-
94
raron. Luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro,
incienso y mirra” (Mt 2, 9-11).
No nos dejemos llevar por una visión humana, chata, miope, de
las cosas. No perdamos el sentido sobrenatural de lo que hacemos,
miremos la estrella.
EL VERDADERO TESORO
No nos llenemos de esa superficialidad que nos lleva a confor-
marnos con poco, creyendo que es mucho. Esa que nos lleva a afe-
rrarnos a la supuesta seguridad de mis cosas, mi gusto, mi placer,
mi comodidad.
Nos quedaríamos con “nuestros tesoros” que no tienen compara-
ción con “El Tesoro” que descansa en esa cuna en Belén.
A propósito de esto, te comparto un relato de un amigo chileno
que se sitúa dentro del Evangelio de esta fiesta que celebramos,
justo entre el palacio de Herodes y Belén. El protagonista es un ju-
dío que deambula por allí.
EL RELATO
“Qué buen día el de ayer. Iba llegando a Jerusalén cuando vi venir
por el camino una comitiva del todo extraña. Tres hombres principa-
les, a lomos de sus camellos, acompañados por cuatro o cinco de sus
servidores.
Se notaba, a la distancia, que venían de muy lejos porque no ves-
tían ni se movían como nosotros. Sus ropas eran amplias, abundan
los dorados y sus movimientos eran particularmente solemnes.
Íbamos a cruzarnos, cuando me preguntaron si entendía el griego.
Cuando les dije que sí, se pusieron muy contentos. Me preguntaron si
quería ganar dinero.
EL TRATO
– Todo depende de cuántos y de cuál sea el trabajo, les dije.
– Queremos ir a Belén, ¿conoces el camino?
– De allá vengo, contesté
– Es muy simple. Queremos que nos lleves.
– ¿Cuánto?
– Veinticinco.
LA PAGA
Yo pensé que se referían a cuadrantes, pero el hombre que hablaba
me mostró nada menos que un estáter. Tuve que hacer esfuerzos para
que no se notara mi sorpresa.
– De acuerdo, respondí. ¿Alguna otra indicación?
– Que nos acompañes en silencio. No hables, salvo que te pre-
guntemos algo.
95
– Eso no es problema, le dije, mientras pensaba en la gigantesca
suma que estaba ganando por hacer casi nada.
Di media vuelta con mi burro y enfilamos hacia Belén. Ya se había
oscurecido, en el breve tiempo que llevamos conversando.
LA ESTRELLA
En eso pasó algo increíble, porque apareció una estrella enorme,
que se asentó como indicando un lugar al lado sur de Belén. Los tres
hombres, que se veían tan solemnes, perdieron la compostura.
Empezaron a dar gritos de alegría en su lengua, como si fueran ni-
ños e, incluso, intentan abrazarse, lo que no resulta fácil cuando uno
viaja sobre las jorobas de un camello.
EL LUGAR INDICADO
Uno de piel oscura me dijo que probablemente no necesitaríamos
buscar mucho, pues se encaminaron directamente hacia el lugar que
marcaba la estrella.
Así fue, nos dirigimos hacia el sitio marcado por la estrella y llega-
mos a una casa pequeña y pobre. Los tres hombres estaban tan feli-
ces que parecía que se encaminaba a un palacio.
EL OFRECIMIENTO
Cuando faltaban unos cien pasos, uno me ofreció acompañarlos: “te
conviene”, me dijo. No gracias -le respondí con amabilidad- a mí solo
me convienen mis veinticinco starter”” (Joaquín Gracía-Huidobro, “y
los suyos no lo recibieron”, pro manuscrito).
Qué triste que por falta de fe o por falta de visión sobrenatural, cam-
biáramos a Dios por veinticinco estater...
FE
Pidamos fe. Fe en que Dios es ese Niño que está envuelto en pa-
ñales. En que no hay espectáculo. En que, por momentos, como en
la escena de hoy, hasta “huele a camello”. Pero que es un Niño, que
es Dios y que no se deja ganar en generosidad.
Podemos aprovechar para pedirle a nuestra Madre, que nos ayu-
de a acercarnos al Niño, que nos ayude a presentarle nuestros re-
galos de fidelidad y perseverancia; de nunca abandonarle, siempre
buscarle.
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Reflexión:
Señor, aumenta mi fe. Que nada me aparte de Ti.
Que nunca te abandone y siempre te busque.
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97
7 DE ENERO, 2019
En el Evangelio como un personaje más
Lunes de la II Semana del Salterio. Feria de Tiempo de Navidad. Después de la Epifanía
1Jn 3, 22-4,6; / Sal 2; / Mt 4, 12-17. 23-25
P. JUAN - CHILE
99
Cómo ella las conservaba, las ponderaba, las saboreaba (si que-
remos poner esa palabra) poco a poco, con cariño. Nosotros que-
remos, como la Virgen, como san José -es lo que vieron los Reyes
Magos cuando llegaron ahí a Belén, es lo que vieron los pastores,
es lo que veía tanta gente, en Belén, en Egipto luego, en Nazaret-, ir
aprendiendo, enseñando también muchas cosas. Pero lo más pro-
fundo, aprendiendo de Jesús, mirándolo.
“Señor, yo también quiero aprender de María, de José, cómo mi-
rarte, cómo abrir el corazón a Tu Luz; esta Luz, este fuego que arde
en la Sagrada Escritura. Esta Luz, este fuego que trae el Espíritu
Santo.
Esa luz, ese fuego que Tú fuiste esparciendo, pegando, hacien-
do arder, en Galilea, en la Decápolis, en Jerusalén, en Judea, en la
Transjordania”. Y todo a partir de aquí, de la vida del Señor.
“A ti Señor que te tenemos en la Eucaristía -con Tu cuerpo, con
Tu sangre, con Tu alma, con Tu divinidad, con Tu sonrisa. A ti, Se-
ñor, que tenemos en la Sagrada Escritura. Señor, como María, como
José, yo quiero hacer oración, quiero ser un personaje más en el
Evangelio”.
Reflexión:
“Señor, yo también quiero aprender de María, de José, cómo mírate,
cómo abrir el corazón a Tu Luz; esta Luz, este fuego que trae el Es-
píritu Santo; esta Luz que has esparcido”.
100
8 DE ENERO
Si quieres puedes
Viernes de Navidad, después de la Epifanía
1Jn 5, 14-21 / Sal 149 / Jn 3, 22-30
P. JOSEMARÍA – MÉXICO
Es frecuente sentir que nos falta confianza con Jesús y por eso necesitamos rendirnos
de nuevo como el leproso y confiar de nuevo en Dios y decir: Señor, me vuelvo a
poner en Tus manos. Creo que estás en mí, confío en Ti.
Poco a poco vamos volviendo a la normalidad y estamos también,
digamos, “litúrgicamente” ya empezando a meditar la vida pública
de Jesús después de haber meditado sus grandes misterios de Su
nacimiento, de la adoración de los pastores y de los reyes.
Después de haber gozado de esta temporada navideña, ahora el
Evangelio comienza de nuevo el recorrido de la vida pública de Je-
sús y nos presenta una curación de Jesús a un leproso.
Una curación, muy sencilla, pero que es tan cortita que podríamos
pasar por alto cosas muy importantes que suceden allí.
SI QUIERES, PUEDES.
Dice el Evangelio que, mientras Jesús iba de camino de un pueblo
a otro, “se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: Si quieres,
puedes curarme”. Y dice, simplemente, el Evangelio que “Jesús ex-
tendió la mano y lo tocó diciendo: “quiero, queda limpio”. Y la le-
pra le desapareció al instante y quedó curado” (Lc 5, 12-13).
Uno dice, bueno, pues algo así de sencillo, pero vamos a tratar de
ir un poquito más a fondo:
¿Cómo el leproso logró que el corazón de Jesús diera un respiro?
¿Cómo que si quieres? Muchas veces tú y yo, en la oración, nos es-
tamos preguntando ¿quién es Jesús para mí?
Pero que no se nos olvide que también hay que preguntarnos
¿Quién soy yo para Jesús? Que Jesús muchas veces nos mira y nos
dice: ¡¿Cómo que si quieres?, claro que quiero!
VENCER EL MIEDO
Fíjate cómo este leproso era un hombre que sufría, no solamente
una enfermedad física tremenda, sino moral. Un aislamiento tre-
mendo, estar separado de la sociedad y de la gente con una enfer-
medad terrible que hacía que vivieras toda tu vida segregado de la
comunidad.
Y oye hablar de Jesús, oye hablar de sus milagros, a ciegos, a pa-
ralíticos y esto le despierta la esperanza de que quizá Jesús le ayu-
de a salir de esta situación en la que se encuentra y se lanza.
Fíjate cómo tiene que vencer el miedo para acercarse a Jesús. El
miedo a que, quizá, los desaprensivos lo apedrearan porque no te
podías acercar a nadie, era leproso.
101
EL SEÑOR TIENE COMPASIÓN DE TODOS
Sin embargo, él logra, digamos que “colarse” y ponerse frente a
Jesús y Jesús lo toca. Es también muy bonito cómo el Señor tiene
esa compasión con todos. Y este hombre le dice: “Si quieres, pue-
des”, (Mt 8, 2) una petición muy indirecta, no como otras del Evan-
gelio que son más directas: Jesús cúrame, “Señor que vea” (Mc 10,
51) le dice Bartimeo, el cieguito, ¿te acuerdas? En cambio, el lepro-
so es sutil: “Si Tú quieres, puedes” (Mc 1, 40).
Fíjate cómo cuando tú y yo hablamos de esta misma forma, lo ha-
cemos para no sufrir o para no hacer sufrir.
Por ejemplo, una persona que está sufriendo, pero no quieres ser
inoportuno, le dices: si quieres hablar me dices, como diciendo: oye,
yo estoy deseoso de hablar contigo, pero respeto tu libertad y, al
mismo tiempo, me respeto a mí para que no me tengas que dar una
negativa directa.
Quizás este hombre ya le han hecho sufrir mucho cerrándole la
puerta en las narices, ya le han dicho mucho que no y por eso va
con Jesús, sutilmente.
Pero mira, antes de aplicarnos esta historia, fíjate de nuevo en
la razón por la que Jesús se mueve a compasión. No solamente es
que Jesús no quiere el sufrimiento físico ni moral, sino también que
Jesús tiene un gran deseo de curar a este hombre: “Si quieres, pue-
des”.
EL SEÑOR QUIERE
En otras palabras, pensaría el leproso: porque quizá no quieras. Y
aquí uno diría ¿oye esto qué es? ¿psicología inversa? pero no. Je-
sús, que conoce los corazones de los hombres, sabe de la rectitud
de estas palabras.
Pero, efectivamente, hay como una sutil afirmación implícita de
que “es que quizá no quieras” y entonces ahí es donde Jesús, su co-
razón, da un respingo ¡¿Cómo que no voy a querer?!
Y por eso la respuesta de Jesús, que no es totalmente literal del
griego, en realidad significa algo así todavía más fuerte. Algo así
como: por supuesto que quiero, claro que quiero, ¿cómo no voy a
querer?
Lo que el leproso, de forma indirecta está diciendo, “es que quizá
yo no soy digno de recibir Tu atención”. Lo que Jesús está diciendo
es lo contrario: ¡Claro que sí eres digno de recibir toda Mi atención
y todo Mi cariño: “queda limpio”.
102
Vamos a hacer un poquito de memoria de los propósitos que he-
mos hecho este año nuevo, pero no pongas la fuerza en ti, ponla en
el Señor.
“Señor, si tú quieres, este año puedes conseguir que yo cambie
este mal hábito. Si tú quieres, puedes hacerme más dedicado al
estudio, al trabajo. Si Tú quieres, puedes ayudarme a vencer en esa
flojera que muchas veces me deja tumbado en el sofá”.
Vamos a identificar cómo esta confianza, a la hora de rezar, no
solamente creer que Dios está allí, no digamos en el Sagrario, sino
que está allí para mí.
TENER FE
Digamos que una cosa es creer de manera teórica y otra cosa es
tener fe y confianza de que Jesús se ha hecho Hombre y está en el
Sagrario y se ha hecho pan para mí.
No solamente cuál es mi actitud respecto a Dios, sino cuál es la
actitud de Dios respecto a mí. Le importa, se preocupa de mí y es
cuando el Señor nos va a decir: “Por supuesto que me importas, por
supuesto que me preocupo de ti”.
Pues es una gran verdad que Jesús es Dios y que está en el Sagra-
rio para mí, que Dios quiere escucharme, que Dios quiere estar con-
migo, que Dios me ha llamado desde toda la eternidad para tener
la más grande e íntima amistad que se puede tener en esta tierra,
conmigo.
No porque soy uno más de muchos, sino porque he sido elegido;
he sido llamado. Porque he sido deseado por Dios, no para vivir una
fe de afirmaciones, sino una fe viva de relación de amor.
JESÚS PIENSA EN TI
“Jesús te pido, ahora en mi oración, que me envíes Tu aliento de
vida. Dame Tu Espíritu Santo para que pueda superar la resisten-
cia, el miedo o la duda de que Tú quieres vivir conmigo. De que Tú
quieres tener conmigo amor como ninguno: único, exclusivo y total.
Así como un enamorado tiene tan presente a su amada que le
lleva a pensar todo el tiempo en ella: ¿Qué estará haciendo ahora?
Y piensa en ella, se le va la cabeza en ella y espero volver a verla y
hablar con ella y todo le recuerda a ella”.
Pues así Jesús piensa en ti, así Jesús se ha hecho Hombre para
que pueda existir esa relación cercana entre tú y Él.
CONFIAR EN DIOS
Sin embargo, es frecuente que no sintamos esa intimidad con Je-
sús y por eso necesitamos -como leprosito- rendirnos de nuevo y
confiar de nuevo en Dios y decir: “Señor, me vuelvo a poner en Tus
manos, creo que estás en mí, confío en Ti”. “Si quieres, puedes”.
103
“Pensé que podía hacerlo mejor”, decía Tiger Woods cuando tuvo
que cambiar su swing. Declaraba: “Pensé que podía hacerlo me-
jor. Siempre he asumido riesgos para ser mejor golfista, por eso he
llegado tan lejos”. Y, efectivamente, al cambiar su swing tenía que
hacerlo todo de nuevo, como intentar volver a caminar.
Nosotros tenemos la confianza de que en nuestra oración hay mu-
cho más dinamismo que en el golf y que cualquier deporte. Por eso,
hay que lanzarse a hacerla mejor, hay que lanzarse, a desafiar los
miedos; hay buscar de nuevo esa confianza en el Señor y menos en
nosotros. “Señor, si quieres, puedes”.
Vamos a terminar nuestra oración con esa confianza de que ya no
tenemos que preguntarle al Señor: “Si quieres” porque sabemos
que quiere. Si no, simplemente decírselo: “Señor, auméntame la
fe, porque sé que Tú eres mi íntimo amigo, que eres mi Padre y sé
también que María es mi Madre a quien acudir también al terminar
esta oración”.
Reflexión:
Jesús, te pido ahora en mi oración, que me envíes Tu aliento de vida,
dame Tu Espíritu Santo para que pueda superar la resistencia, el
miedo o la duda de que Tú quieres vivir conmigo.
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104
9 DE ENERO
No dejes de incluir a Jesús en el viaje de tu vida
Jueves después de la Epifanía
1 Jn 4, 19-5,4: / Sal 71; / Lc 4, 14-22ª
P. FEDERICO – GUATEMALA
Jesús nos acompaña desde el principio y nos lanza al mar de la vida, pero sin dejar
de estar pendiente. Cuando vienen las tempestades hay que acudir a Él y no tirar
por nuestra cuenta. Si lo hacemos, Él llegará. Todo depende del trato personal con
Jesús; aunque seamos pecadores podemos llegar a quererle con locura.
Jesús, en estos 10 minutos me serviré de uno de los posibles evan-
gelios para la Misa de hoy -que depende de cuándo, cada uno de
nosotros ha celebrado la Epifanía-, para hablar Contigo.
La verdad es que me parece que para ti y para mí, bien puede ser
un resumen, como una imagen, de nuestra vida (de la tuya o de la
mía) …
Dice el evangelista: “Después de que los cinco mil hombres se
saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran
a la barca y lo precedieron en la otra orilla, hacia Betsaida, mien-
tras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a
la montaña para orar”.
Acaba de tener lugar la multiplicación de los panes y de los pe-
ces. Los apóstoles están entusiasmados. “Han palpado la cercanía
de Dios a través tuyo Señor. Y ahora les pides que vayan a la otra
orilla”.
Tú y yo, probablemente, hemos tenido la suerte de conocer a Je-
sús desde pequeños. Aprendimos a rezar y lo hacíamos con todo el
cariño, con todo el fervor de los niños.
Hicimos la Primera Comunión con mucha piedad, con una fe gran-
de. Y es que en aquel Pan, palpamos la cercanía de Dios con noso-
tros.
A NAVEGAR MI VIDA…
“Tú Jesús, te lo has gozado. Y cuando sabías que estaba listo, me
lanzaste mar adentro: ¡a navegar mi propia vida! Pero no me has
dejado. Me has acompañado siempre: orando en la montaña, vién-
dome avanzar en ese mar que se extiende…”
Sigue el Evangelio: “Al caer la tarde, la barca estaba en medio
del mar y Él, Jesus, permanecía solo en tierra. Y entonces vio que
remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra”.
Tarde o temprano vienen las borrascas y tempestades; las difi-
cultades. Porque las cosas no salen, porque me cuesta vencer la
tentación, ¡porque la vida es la vida! Y me siento débil, incapaz, un
poco a la deriva…
Yo a veces me asusto... Pero tengo que aprender a llamarle. ¡Y Él
llega! Él reza por mí, me cuida, me ve. Los apóstoles piensan que
105
Jesús está lejos, que los ha dejado solos. Y nosotros a veces lo pen-
samos, y por allí se oye: “Total, ¿para qué voy a rezar? Si es que Dios
no me escucha; es que Dios no me hace caso; es que no le importo…”.
LA PERSEVERANCIA CRISTIANA
La moraleja es clara: la perseverancia en la vida cristiana requie-
re una experiencia personal, un encuentro vivo con Cristo. Porque
el cumplimiento del deber por sí mismo no puede garantizar la per-
severancia a medio o a largo plazo.
106
DIOS TE QUIERE FELIZ
Búscale, llámale, encuéntrate con Él: hagamos oración, vayamos
a misa, recemos, que Jesús nos ve, se preocupa por nosotros y se
acerca a ayudarnos. Incluso, si hace falta, camina por encima de lo
que sea, con tal de tendernos una mano.
Y continúa el Evangelio: “Cerca de la madrugada fue hacia ellos
caminando sobre el mar e hizo como si pasara de largo”.
(“Señor, no te quiero dejar pasar de largo”…)
“Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantas-
ma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban
sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: “Tranquilí-
cense, soy Yo; no teman”.
Reflexión:
Jesús que acuda a Ti al ver venir las tempestades y soportarlas siem-
pre de Tu mano. Tú llegaras a mi vida. Tú estás siempre en mi vida.
https://www.youtube.com/watch?v=4iuJXaL3hW4
108
10 DE ENERO
El niño se quiere quedar en la Eucaristía
Jueves de la II Semana del Salterio. Feria del tiempo de Navidad. Después de la Epifanía.
1 Jn 4, 19-5,4; / Sal 71; / Lc 4, 14-22
EVANGELIO DE HOY
Y vamos a leer hoy en el Evangelio de la misa cómo Jesús vuel-
ve a Su ciudad, entra en la sinagoga y lee una profecía del profeta
Isaías que dice:
“El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido para
llevar a los pobres la Buena Nueva. Para anunciar la liberación a
los cautivos y la curación a los ciegos. Para dar libertad a los opri-
midos y proclamar el año de gracia del Señor”.
Y Jesús, después de leer esta profecía, se sentó con un gesto de
autoridad para enseñar, para hablar: “Los ojos de todos los asisten-
tes a la sinagoga estaban fijos en Él, entonces comenzó a hablar
diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura
que acaban de oír”” (Lc 4, 18-21).
EL AMOR DE DIOS
Él mismo nos explica el significado de las Escrituras, ¡qué bonito
pasaje! en el cual Jesús mismo explica y explica que las Escrituras
se cumplen en Él: “Hoy se ha cumplido esta profecía, porque Yo
estoy ungido por el Espíritu Santo y Yo vengo a hacer todas estas
cosas buenas, a llevar a los pobres la Buena Nueva, a anunciar la
liberación de los cautivos, la curación a los ciegos, dar libertad a
los oprimidos, proclamar el año de gracia del Señor”.
“Proclamar el año de gracia” o sea, explicarle al mundo la gracia;
explicarle al mundo el amor de Dios, la gratuidad del ser mismo.
Dios mismo nos ha creado por amor, un acto de libertad, un acto de
amor.
109
Y Dios mismo viene a salvarnos, Dios mismo viene a entregarse
a nosotros, a dársenos para darnos vida. La gracia, puro amor de
Dios, pura bondad de Dios.
LA BONDAD DE DIOS
“Es que yo no me doy cuenta de la bondad de Dios, yo no me doy
cuenta el amor de Dios...” Pues tengo que ir a Jesús más de 10 minu-
tos con Jesús, para contemplarlo, para escucharlo, para que Él me
explique las Escrituras, para que Él me interprete los misterios, las
dificultades, estos pasajes.
¿Este pasaje a quién se refiere? ¿Te acuerdas? Aquí hay otro pa-
saje del libro de los Hechos de los Apóstoles, donde va Felipe ca-
minando y va un carruaje con un funcionario de una reina muy im-
portante.
Leyendo el libro de Isaías y Felipe escucha y le pregunta: “¿Estás
entendiendo lo que lees? ¿A quién se refiere ese texto? ¿De quién
lo dice el profeta? ¿De sí mismo? ¿De alguien más?”.
Y el apóstol le explica que se refiere a Jesús. Jesús es el centro de
la Escritura, Jesús es el centro de la realidad, la Cabeza de la Igle-
sia.
EL NIÑO JESÚS
¡En Jesús tenemos todo! Es Dios que está con nosotros. Por eso
mira al Niño.
Ahora que se nos acaba la Navidad, aprovecha estos días para
seguir contemplando, mirando al Niño con fe, sabiendo que no es
un Niño nada más, sino que es Dios que está allí presente.
Y quería leerte una canción, una letra para cantar en la Solemni-
dad del Nacimiento. Es un poema escrito por una poeta mexicana,
Sor Juana Inés de la Cruz, del siglo XVII.
Es un texto -como lo escucharás- antiguo, un español antiguo,
pero muy bonito, lleno de fe, lleno de piedad; un texto, como te dije,
para cantar, para leer en la Solemnidad del Nacimiento de Jesús, en
la Navidad.
110
Niño, os miro y que lo sois es necesario creer. Más también sé que
sois grande y mis ojos no lo ven. Cuando allá en la Eucaristía estáis,
más fácil es, porque ya sé que al contrario de la vista, he de creer.
Pero aquí, ¿qué me mandáis? Que crea mi sencillez, lo que veo y que
no veo, lo que es y que no es. Hombre pareceis y sois, Señor lo que
pareceis, pero Dios no se os mira y sé que soy Dios también.
En fin, el sentido aquí nos engaña pero es infinito más lo que hay,
que lo que se alcanza a ver”.
Hasta ahí la canción, las coplas, de Sor Juana Inés de la Cruz.
AMOR REAL
Miramos al Niño y vemos algo real, vemos la humanidad, vemos
un Hombre, un ser humano completo ahí. Pero, ¡hay más, hay más!.
Vemos al Hombre, pero no vemos a Dios y sabemos que ahí está
Dios.
“¿Cómo será esto mi Dios, que yo creo en Vos y aunque creo lo que
veo, no veo todo lo que creo?”
Aquí utiliza el verbo “creer” en sentidos distintos; “Creo lo que
veo”: estoy viendo un niño y creo que es un niño; “Pero no veo todo lo
que creo”: porque a la vez creemos, confeso de natural, que ahí está
Dios.
“Creo lo que veo”: ves algo y aceptas que lo que ves es real. Hace
falta un movimiento de la voluntad también para rendirse ante las
evidencias sensibles y, a veces, hay gente necia que, aunque hay
una evidencia, no la acepta como verdadera.
Hace falta un movimiento de la voluntad -yo creo lo que veo, yo
creo lo que mis sentidos me dicen, yo creo que ahí hay un niño pero
a la vez creo, sé, por una gracia de Dios, por el don de la fe, que allí
está Dios - “Aunque creo lo que veo, no veo todo lo que creo”.
EUCARISTÍA
Y es muy bonita la referencia que hace más adelante a la Eucaris-
tía: “Cuando allá en la Eucaristía estáis, más fácil me es, porque ya sé
que al contrario de la vista, he de creer”.
Porque con la vista, en la Eucaristía lo que vemos es pan; vemos
pan pero ahí, al contrario de lo que vemos, es lo que hemos de creer.
Porque como dice el Adoro te devote: “La vista, el tacto, el gusto, se
equivocan al juzgar de Ti”.
En la Eucaristía, la vista, el tacto y el gusto se equivocan; “Pero
basta el oído para creer con firmeza”. Bata el oído para darnos cuen-
ta que ahí está realmente Dios, para creer.
Terminamos estos 10 minutos acudiendo a nuestra Madre la Vir-
gen, ahora que se acaba el tiempo de Navidad, ese tiempo tan tier-
no. Acudimos a la Madre de Jesús y le pedimos que nos ayude a
quedarnos con este buen sabor de la Navidad ¡todo el año!.
111
Que nos dejemos acompañar por Jesús que ha venido a acom-
pañarnos. Que se hizo Hombre para estar cerca de nosotros y que
sepamos, en la Eucaristía, encontrarlo siempre.
Reflexión:
Jesús, que yo me de cuenta de Tu bondad y de Tu amor.
https://www.youtube.com/watch?v=cEg-kc9lc1U
112
11 DE ENERO
Agua de Dios
Viernes de la II Semana del Salterio. Feria del Tiempo de Navidad. Después de la Epifanía.
1 Jn 5, 5-13; / Sal 147; / Lc 5, 12-16
P. SANTIAGO – COLOMBIA
AGUA DE DIOS
Y déjame contarte, también a Ti Jesús, porque yo estoy también
haciendo mi oración, que hace dos días hice una excursión en bici-
cleta con unos amigos.
Y pasamos muy cerca de un pueblo que se llama “Agua de Dios”
(tiene ese nombre el pueblo). Y es un pueblo, que a finales del siglo
XIX, por allá en 1890, fue designado por el gobierno nacional como
un “Lazareto”.
No sé si habías escuchado ese nombre de “Lazareto”, pero eran
pueblos que se establecían para que allí vivieran los enfermos de
lepra y allí estaban aislados; completamente aislados.
Se implementaron retenes en las afueras del pueblo para evitar
que las personas sanas ingresaran al pueblo. Los familiares de los
pacientes, por ejemplo, de las personas enfermas o que los enfer-
mos también salieron sin permiso, sin autorización.
ALMA DE CRISTO
“Quiero, queda limpio...” . Y al recordar también este nombre de el
pueblo “Agua de Dios”, me acordaba de esa oración que algunos re-
zamos después de la Misa: “Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de
Cristo, sálvame; Sangre de Cristo, embriágame”
Me acordaba sobre todo de esta parte: “Agua del costado de Cris-
to, lávame”. Agua del costado de Cristo... Es Cristo quien nos limpia
114
a nosotros, quién devuelve la salud a nuestra alma, a nuestro cuer-
po.
DOS ACTITUDES
“Y fíjate Jesús, que es la parte central de este rato oración”: Las
dos actitudes que tiene el leproso. Primero, él sabe que necesita la
ayuda de Jesús, “Tu ayuda Jesús”, se sabe leproso, se sabe enfer-
mo, se sabe inmundo, se sabe pecador, la primera cosa importante.
Y la segunda actitud, “es que no tiene miedo de acercarse a Ti”, se
acerca a Jesús, no obstante su lepra.
Y estas son dos cosas muy importantes también para nosotros
que estamos haciendo este rato de oración. Y podemos hablar con
Él y podemos decirle:
“Señor yo encuentro muchas dificultades para acercarme a la
confesión, me da miedo, me da pena, me da vergüenza, no encuen-
tro los momentos adecuados”.
ACERCARNOS A LA CONFESIÓN
Conversa de esto también con el Señor y ve sacando propósitos,
deseos de acercarte a la confesión, como a esa agua de Dios.
Nos acercamos a la confesión para renacer a la gracia de Dios. Y
para esto, es muy importante también, recordar los actos del peni-
tente, esos actos que nos mueven a la penitencia.
Un acto muy concreto del corazón, es la contrición. El acto de la
boca es la confesión, confesar los pecados y, finalmente, lo que
obra también la humildad es satisfacer el propósito de la enmien-
da.
Esto es bueno que lo vivamos y lo cuidemos al acercarnos a la
confesión, al sacramento de la penitencia. Acercarnos con contri-
ción, con ese dolor del alma, detestando el pecado que cometimos
y con el que ofendemos a Dios y el propósito de no volver a pecar.
Vamos a pedirle a Jesús, al terminar estos 10 minutos, primero:
que nosotros sepamos, “nos sepamos muy necesitados de la ayu-
da tuya Jesús” y luego que no tengamos miedo de acercarnos a la
confesión, como esa agua de Dios.
Reflexión:
“Señor yo encuentro muchas dificultades para acercarme a la con-
fesión, me da miedo, me da pena, me da vergüenza, no encuentro
los momentos adecuados”.
115
12 DE ENERO
Cultivo una rosa
Sábado de la II Semana del Salterio. Después de la Epifanía
1 Jn 5, 14-21; / Sal 149; / Jn 3, 22-30
P. MARCOS - ARGENTINA
Dice el poeta cubano José Martí: “Cultivo una rosa blanca en junio como en enero
para el amigo sincero que me da su mano franca y para el cruel que me arranca el
corazón con que vivo cardo ni ortiga cultivo, cultivo la rosa blanca”.
Si descomponemos una rosa, arrancando uno a uno sus pétalos,
hemos perdido la belleza de la rosa. Si le arrancamos el corazón a
la persona amada, ha dejado de ser la persona amada, porque la
vida está en la unidad y no en la división.
Porque la belleza está en la unidad de la rosa y no en la disección
de sus partes. Porque el bien de la rosa es ser una rosa sin pétalos
sueltos que se marchitan.
SERVIR A DIOS
Porque en este día no vamos a servir a un cliente, ni a un pacien-
te, ni a un alumno, ni a un hijo; ni a tu marido, ni a un amigo, vamos
a servir a Dios, a buscar el rostro de Dios para que, cada minuto de
nuestro tiempo, tenga esa maravillosa confluencia. 116
Para que todo minuto y segundo de nuestro día, encuentre su
trascendencia. Y entonces el día de trabajo se convertirá en horas
de oración.
Ojalá que sea tal tu unidad de vida que, al concluir el trabajo, ten-
gas la misma paz de quien estuvo horas rezando frente al Santísi-
mo.
RECTITUD DE INTENCIÓN
Todo confluye cuando buscamos el Reino de Dios y Su Justicia y
dejamos que Dios ponga todo lo demás. La rectitud de intención
está en ese cauce que nos conduce a nuestro fin sobre la tierra, lu-
chando por amor hasta el último instante.
El artista siempre descubre en su obra algo que mejorar y lo me-
jora y si no es en esa obra, será en la siguiente hasta el final de sus
días y por eso el trabajo del artista nunca termina.
Por eso Dios no puede dejar de crear cada día, aunque sea el fu-
gaz fulgor de un relámpago y este día que ha comenzado, este día
será un día repetirle en medio de la rutina, no habrá un segundo
idéntico a todo lo largo de nuestra existencia.
TU BIOGRAFÍA
Hay una biografía que te recomiendo vivamente leer y releer: es
la tuya, tu propia biografía. Busca en las páginas de tu propia bio-
grafía, las veces que Dios ha intervenido en tu vida, que te ha de-
vuelto al cauce, que te ha ayudado en un momento difícil.
117
Relee las páginas de tu biografía, porque a los acontecimientos
de nuestra vida, más que buscarles explicación, lo que tenemos que
encontrarle es sentido. No el ¿por qué? sino el hacia dónde.
Y cuando te venga el pensamiento de por qué permitió Dios que
me ocurra esto, te recomiendo que reformules la pregunta de la si-
guiente manera: ¿Para qué permitió Dios que me ocurra esto?
Y entonces, tal vez descubras el paso que tienes que dar luego. Te
invito a releer tu propia biografía, despacio, meditando ese capítu-
lo que viviste ayer o hace unos años y que atesoras en tu corazón.
DIOS ES EL AUTOR
Porque el día que estás viviendo en este momento, se está escri-
biendo en nuestra vida en el transcurso del presente, en este hoy,
aquí y ahora, en estas circunstancias que componen lo más concre-
to de tu vida y la mía.
Y tendrá sentido dentro de ese contexto. Dios es el autor de nues-
tra biografía y así como un escritor deja en el texto la impronta de
su personalidad de su pensamiento, incluye su mensaje en los diá-
logos de los personajes aunque sean ficticios.
Y puebla su obra con lugares que ha conocido, así, en nuestra bio-
grafía también está la Palabra de Dios que nos da señales del rum-
bo que debemos dar a nuestros pasos.
EMMANUEL MOUNIER
En el año 1939 comienza la Guerra Mundial y un filósofo francés
Emmanuel Mounier se encuentra movilizado, aunque a causa de su
mala salud, estaba en servicios auxiliares y en esas circunstancias
escribe a su mujer Paulette:
“Esta mañana me he querido comunicar contigo, he intentado tam-
bién estar allí con toda mi compañía ausente. He sentido, con una
urgencia temible, este deber de un cristiano en un cuerpo de no cre-
yentes.
No se trata solo de no ir a la iglesia con un corazón fariseo, pero
desde el momento que sepan que soy cristiano, todo el mundo juzga-
rá el cristianismo por mis actos”.
Vamos a pedirle a María Santísima que siempre demos buen ejem-
plo con nuestra unidad de vida.
Reflexión:
Jesús, que yo saque todo su esplendor a este tiempo que nos re-
galas; que convierta cada minuto de este día en oración, ofrecién-
dote mi trabajo, mi tarea, mi cansancio, mis preocupaciones, mis
angustias, mis alegrías.
https://www.youtube.com/watch?v=n6iOUc5cuPM
118
BAUTISMO DEL SEÑOR
¡Hijo de Dios!
DOMINGO DESPUÉS DE LA EPIFANÍ. Domingo. El Bautismo del Señor
Is 42, 1-4. 6-7; / Sal 28; / Hch 10, 34-38 / Lc 3, 15-16. 21-22
P. FEDERICO - GUATEMALA
SAN JOSEMARÍA
Fue bautizado en una fecha como hoy, 13 de enero, pero de 1912
(lógicamente), en Barbastro. Ironía de la vida, el sacerdote que le
bautizó se llama Ángel Malo.
119
En un día como hoy, recibió la gracia de Dios por primera vez. No-
sotros, tú, me imagino que fuiste bautizado de pequeño y ya son
muchos los años en los que tú y yo hemos pasado libres del pecado
original.
Luchando con la gracia, con esa gracia que hemos recibido en los
sacramentos, por no manchar el alma con otros pecados. Pero yo
te pregunto y me pregunto, ¿será que lo hacemos con la conciencia
de ser hijos de Dios?
HIJOS DE DIOS
Ya hijos de Dios, esto es lo que nos impulsa, esto es lo que nos da
confianza; y en una fecha como hoy, esto es lo que conviene recal-
car: que soy hijo de Dios.
San Josemaría, en sus anotaciones de un retiro en el año de 1932,
escribió: “Dios es mi Padre y no salgo de esta consideración, yo soy
de Dios y Dios es para mí”.
“Cuántas veces me he detenido a considerar esto Jesús: que soy
como Tú, que Dios es mi Padre, yo soy de Él y Dios es para mí”. Esta
es la seguridad que tenía san Josemaría y esta es una realidad de
la que no podemos olvidarnos.
EL PATITO FEO
Hay un conocido cuento, que se titula El Patito Feo -seguro que lo
has leído- de todos modos igual te lo recuerdo.
Cuenta que una pata incuba -sin saberlo- un huevo de cisne, entre
los demás huevos de ella y cuando el pollo rompe el huevo, aparece
un ser gordo y gris, feísimo y torpe comparado con sus hermanos
patitos.
Lleva una vida dura, apenas sabe nadar, va siempre de un último...
sus hermanos patos se burlan de él. Un día ve unas grandes aves
majestuosas, muy bellas, son cisnes; él se queda cautivado por el-
las, entonces guarda esa nostalgia en su memoria.
LOS CISNES
Y resulta, que otro día, les ve sobrevolar la laguna donde está na-
dando y sin saber cómo, asombrado de él mismo, levanta vuelo y
les sigue hasta otra laguna.
Se posa en el agua y nada hacia los cisnes, mientras piensa...si yo
fuera uno de ellos…
Entonces ocurre algo inesperado: contempla en el agua su propio
reflejo, junto al de los cisnes y descubre que él es uno de ellos, son
de la misma raza.
Reflexión:
Jesús, yo soy como Tú, Dios es mi Padre, yo soy de Él y Dios es para
mí.
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Agradecimientos
Nuevamente agradecemos a los sacerdotes que han predicado
estas meditaciones desde, al menos, 9 rincones distintos de Lati-
noamérica y a todos en “10 minutos con Jesús América Latina”, en
especial al equipo de transcripción y edición digital que hicieron
posible este libro: Claudia Alegría de Sarmiento, María Gabriela
Asensio de Castillo, Lisa Benatuil Stull, Lucía Figueroa de Núñez,
María Mercedes Godoy de Cordón, Larisa María González Ríos, Ge-
raldine Lojo de Erichsen, María Mercedes Marroquín de Pemueller,
María Marta Porras, Carmen Santizo de Mayén, Carolina Simán de
Aparicio, María Mercedes Valdés de Contreras, Ana Claudia Valdés
de Fernández y Mónica Vela de Yurrita.
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