BLOQUE III: PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO DE OBLIGACIONES Y CONTRATOS (II)
Introducción al Derecho
BLOQUE III: PRINCIPIOS GENERALES DE DERECHO DE
OBLIGACIONES Y CONTRATOS (II)
PRINCIPIOS GENERALES DE LOS CONTRATOS
I. CONCEPTO DE CONTRATO
I. 1. Concepto
El Código Civil no contiene un concepto de contrato, pero sí nos indica que
el contrato es fuente de las obligaciones (art. 1089 Cc). En este sentido,
podemos afirmar que el contrato es aquel negocio jurídico bilateral
generador/productor de obligaciones.
También, el art. 1254 Cc indica desde cuándo entiende que existe un
contrato: “El contrato existe desde que una o varias personas consienten en
obligarse respecto de otra u otras a dar alguna cosa o a prestar algún servicio”.
Podríamos definir el contrato como aquel acuerdo de voluntades entre, al
menos, dos partes que tiene por efecto constituir, modificar o extinguir una
relación jurídica de carácter patrimonial entre ellas.
Conviene destacar el carácter patrimonial de la relación contractual, lo que
implica que todo contrato debe tener por objeto prestaciones susceptibles de
valoración económica.
I. 2. El principio de autonomía de la voluntad
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Los contratos se rigen por el principio de la autonomía de la voluntad que
recoge el art. 1255 Cc: “Los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas
y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las
leyes, a la moral ni al orden público”.
Del propio art. 1255 Cc emanan los límites al principio de libertad
contractual. Así, las partes contratantes se rigen por el principio de autonomía
de la voluntad, que tiene sus límites en la ley, la moral y el orden público.
- La ley: Cuando el art. 1255 Cc alude a la ley como límite al principio de
la autonomía de la voluntad, entendemos que se refiere, en principio, a
la ley imperativa. Pero también puede considerarse la ley dispositiva, en
la medida en que no haya sido eficazmente excluida.
- La moral: Convicciones de ética social imperantes en un momento
determinado en una comunidad jurídica. Se prohíben los contratos
inmorales.
- El orden público: Principios fundamentales de nuestro sistema jurídico.
El principio de autonomía de la voluntad y los contratos de adhesión
Dentro de este apartado, es conveniente el realizar una breve alusión a los
contratos de adhesión, en los que la autonomía de la voluntad aparece
debilitada.
Los contratos de adhesión son aquellos en los que existe una redacción
previa del contrato por una de las partes (el empresario, oferente, predisponente)
y a la otra parte sólo le es permitido aceptarlo o rechazarlo, sin capacidad de
negociación (destinatario de la oferta o adherente); hay, por tanto, una posición
contractual superior frente a otra más débil.
La existencia de estas figuras es consecuencia del fenómeno de la
contratación en masa. Estos contratos son instrumentos indispensables en la
época actual, ya que facilitan la actividad de las empresas, reduciendo sus
costes.
Teniendo en cuenta las características especiales de estos contratos,
existen medidas legales, contenidas en normas específicas, que tratan de
garantizar un mínimo equilibrio patrimonial.
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- Ley 7/1998, de 13 de abril, sobre condiciones generales de la
contratación (LCGC)
- En las relaciones con consumidores, será asimismo de aplicación el
Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se
aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los
Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias (TRLGDCU)
I. 3. El principio de fuerza obligatoria de los contratos
El principio de fuerza obligatoria de los contratos se recoge en el art. 1091
Cc: “Las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las
partes contratantes, y deben cumplirse al tenor de los mismos”.
II. CLASES DE CONTRATO
II. 1. Unilaterales y bilaterales
El negocio jurídico puede ser unilateral, bilateral o plurilateral según tenga
una parte, dos o más partes. El contrato es siempre un negocio jurídico bilateral
o plurilateral, atendiendo al número de partes que en él intervienen. Por lo tanto,
la referencia a la unilateralidad o bilateralidad del contrato no atiende al número
de partes/sujetos, que siempre serán dos o más, sino al número de obligaciones
que genera. Así el contrato unilateral es aquel que sólo produce obligaciones
para una de las partes. Y el contrato bilateral es aquel que produce obligaciones
recíprocas o sinalagmáticas entre las partes, esto es, a cargo de ambas partes.
II. 2. Contratos onerosos y gratuitos
Por el sacrificio que padecen o arriesgan las partes se distinguen los
contratos en onerosos y gratuitos. En los contratos onerosos cada una de las
partes aspira a procurarse una ventaja asumiendo un sacrificio que actúa como
compensación. En los contratos lucrativos o gratuitos, uno de los contratantes
se propone proporcionar al otro una ventaja sin equivalente alguno.
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Dentro de los contratos onerosos podemos distinguir entre contratos
conmutativos y aleatorios, en función de la equivalencia entre las prestaciones
que llevan aparejados. En los contratos conmutativos la prestación de cada parte
está determinada desde el momento de celebración del contrato. En los
contratos aleatorios el equivalente de la prestación no está determinado en el
momento de celebración del contrato y depende de un acontecimiento incierto.
II. 3. Contratos consensuales, reales y formales
En función de los requisitos necesarios para su formación o perfección,
los contratos pueden ser consensuales, reales o formales.
El contrato consensual es aquel que se perfecciona por el mero
consentimiento de las partes. El contrato real requiere, para su perfección, no
sólo el consentimiento de las partes, sino además la entrega de una cosa. El
contrato formal es aquel que necesita para su perfección, además del
consentimiento una forma determinada: escritura pública, documento privado.
En realidad, estos últimos, son una excepción al principio de perfección de los
contratos por el simple consentimiento, que rige en nuestro ordenamiento (art.
1258 Cc 1).
II. 4. Contratos de tracto único y de tracto sucesivo
En los contratos de tracto único, la ejecución es única o instantánea. Los
de tracto sucesivo son contratos de ejecución continuada o periódica.
II. 5. Contratos principales y accesorios
Los contratos principales son los que tienen existencia independiente;
mientras que los accesorios, sólo pueden existir si existe otro contrato anterior.
1Art. 1258 Cc: “Los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento, y desde entonces
obligan, no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino también a todas las
consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley”.
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II. 6. Contratos típicos y atípicos
El contrato típico es aquel que se encuentra regulado de modo específico
en la ley. Sin embargo, los contratos atípicos son aquellos que carecen de
regulación general específica, por lo que se rigen por las reglas generales de la
contratación. El fundamento de los contratos atípicos se encuentra en el principio
de libertad contractual.
III. ELEMENTOS DEL CONTRATO
III. 1. Requisitos
Elementos esenciales: Son aquellos elementos necesarios para que el
contrato exista (exigidos por normas imperativas). Dentro de los elementos
esenciales del contrato distinguimos entre elementos comunes a todos los
contratos y elementos propios de un determinado tipo de contrato.
- Comunes a todos los contratos: consentimiento, objeto y causa
(art. 1261 Cc).
- Propios de un determinado tipo de contrato: La entrega de la cosa
en los contratos reales o la observancia de la forma legalmente
exigida en los contratos formales.
Elementos naturales: Requisitos, efectos o caracteres determinados por
una norma dispositiva. Estos elementos acompañan al contrato si las partes no
los excluyen.
Elementos accidentales: Son los exigidos por la voluntad de las partes,
que sólo aparecen en el contrato cuando éstas lo pactan especialmente respecto
de cada contrato (condición, plazo, término).
III. 2. Elementos esenciales comunes
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El art. 1261 Cc dispone que “No hay contrato sino cuando concurren los
requisitos siguientes:
1.º Consentimiento de los contratantes.
2.º Objeto cierto que sea materia del contrato.
3.º Causa de la obligación que se establezca”.
1.º Consentimiento contractual
El consentimiento es la concurrencia de voluntades distintas sobre un
mismo objeto. En este sentido, el art. 1262 Cc dispone que “el consentimiento
se manifiesta por el concurso de la oferta y de la aceptación sobre la cosa y la
causa que han de constituir el contrato”.
Requisitos necesarios para que haya consentimiento
- Capacidad para prestar el consentimiento.
- Formación de la voluntad contractual. El consentimiento exige que se
produzca la unión de voluntades que se han formado libre y
conscientemente.
- Declaración expresa o tácita de voluntad. Debe existir concordancia
entre la voluntad interna y la voluntad declarada.
Los vicios de la voluntad
La declaración de voluntad ha de emitirse libremente por el sujeto que la
realiza, en caso contrario, se entenderá que está viciada; y podría ser anulable.
El Código Civil contempla como vicios de la voluntad: el error, la violencia,
la intimidación y el dolo (art. 1265 Cc). La concurrencia de alguno de estos vicios
en el consentimiento implica, no la falta de voluntad, sino que la formación de la
misma no se ha producido de forma adecuada.
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1. El error
El error supone una divergencia entre la voluntad interna y la declarada.
Es una falsa representación mental de la realidad.
Clases de error:
- Error propio e impropio: El error propio se produce cuando la
voluntad se forma sobre la base de un inexacto conocimiento de la
realidad o sobre una equivocada creencia. El error impropio se
produce cuando la voluntad se forma correctamente y el fallo se
produce al transmitir esa voluntad.
- Error de hecho y de Derecho. El error de hecho recae sobre las
circunstancias de hecho, mientras que el error de Derecho radica
en la ignorancia o falso conocimiento de una norma o regla jurídica
en cuanto a su contenido, existencia, interpretación o aplicación al
caso concreto, siempre que el sujeto se haya decidido a llevar a
cabo el negocio como consecuencia de aquella ignorancia o falso
conocimiento.
- Error en el objeto y en la persona (art. 1266 Cc).
- Error de cálculo: El simple error de cuenta sólo dará lugar a su
corrección (art. 1266 Cc).
La doctrina y la jurisprudencia han establecido ciertos presupuestos del
error, para que éste sea considerado relevante:
- Que sea esencial, esto es que recaiga sobre la sustancia de la cosa
que fuere objeto del contrato, o sobre aquellas condiciones de la
misma que principalmente hubiesen dado motivo a celebrarlo. El
error sobre la persona sólo invalidará el contrato cuando la
consideración a ella hubiere sido la causa principal del mismo.
- El error ha de haber sido motivo determinante para la emisión de la
declaración de voluntad por parte de quien lo padece.
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- Que el error no sea imputable a la persona que lo padece, pues no
merece protección jurídica si el que lo sufre ha podido evitarlo
empleando la diligencia normal.
2. La violencia
La violencia hace referencia a la coacción física. Se entiende que hay
violencia cuando para arrancar el consentimiento se emplea una fuerza
irresistible, lo cual dependerá de cada caso concreto (art. 1267 Cc). La
violencia puede provenir del otro contratante o de un tercero (art. 1268
Cc).
3. La intimidación.
La intimidación hace referencia a la coacción moral. Hay intimidación
cuando se inspira a uno de los contratantes el temor racional y fundado
de sufrir un mal inminente y grave en su persona o bienes, o en la persona
o bienes de su cónyuge, ascendientes o descendientes (art. 1267 Cc). La
coacción o amenaza puede provenir tanto del otro contratante como de
un tercero (art. 1268 Cc). En todo caso la determinación de la intimidación,
esto es, el hecho de si existe o no intimidación, estará sujeta a las
circunstancias del caso. El propio art. 1267 Cc, dispone que “para calificar
la intimidación debe atenderse a la edad y a la condición de la persona”.
El solo temor de desagradar a las personas a quienes se debe sumisión
y respeto no anulará el contrato.
La intimidación ha de ser injusta e ilícita. Si la persona que realiza la
amenaza tiene derecho a realizar lo que anuncia, no se trata de un vicio
de la voluntad.
3. El dolo.
El dolo se produce cuando con palabras o maquinaciones insidiosas, uno
de los contratantes induce al otro a celebrar un contrato, que, sin ellas, no
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se hubiera hecho (art. 1269 Cc). Es decir, una de las partes actúa
maliciosamente, con un ánimo claro de engañar a la otra parte
contratante.
Para que el dolo produzca la ineficacia del contrato, deberá ser esencial 2,
grave y no haber sido empleado por las dos partes contratantes (dolo
compensado o dolo recíproco).
El dolo incidental 3 sólo obliga al que lo empleó a indemnizar daños y
perjuicios.
A diferencia de lo que sucede en el supuesto de violencia o intimidación,
el dolo producido por un tercero ajeno a la relación contractual no
supondrá una nulidad del contrato, lo que no impide la reclamación de una
indemnización por daños y perjuicios contra el autor del dolo (art. 1270
Cc).
2.º El objeto del contrato
El objeto inmediato del contrato es, en realidad, la obligación que por él
se constituye; pero como ésta, a su vez, tiene por contenido una prestación de
dar, hacer o no hacer, se llama ordinariamente objeto del contrato a las cosas o
servicios que son materia, respectivamente, de las obligaciones de dar o de
hacer.
El objeto del contrato así entendido ha de reunir los siguientes requisitos:
- Que sea real o posible: Que exista en el momento de la celebración del
contrato, o por lo menos que pueda existir en lo sucesivo. Por ello no
pueden ser objeto de contrato las cosas o servicios imposibles (art. 1272
Cc).
2 Determinante de la realización del contrato.
3 Aquel que influye en las circunstancias del contrato, pero no es decisivo a la hora de su
realización. De no haber existido este tipo de dolo, el contrato se hubiera realizado igualmente,
aunque se hubiera pactado en condiciones distintas
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- Que sea lícito: El Código, tratándose de cosas, exige que estén en el
comercio de los hombres y, tratándose de servicios, que no sean
contrarios a las leyes o a las buenas costumbres (art. 1271 Cc).
- Que sea determinado o susceptible de determinación: “El objeto de
todo contrato debe de ser una cosa determinada en cuanto a su especie.
La indeterminación de la cantidad no será obstáculo para la existencia del
contrato, siempre que sea posible determinarla sin necesidad de nuevo
convenio entre los contratantes” (art. 1273 Cc).
3º La causa del contrato
Conforme a la teoría objetiva, la causa del contrato es la función que éste
cumple en relación con las prestaciones de las partes. Esto es, la causa es el
fundamento de la existencia del contrato.
El art.1274 Cc señala que “en los contratos onerosos se entiende por
causa, para cada parte contratante, la prestación o promesa de prestación de
una cosa o servicio por la otra parte; en los remuneratorios, el servicio o beneficio
que se remunera y en los de pura beneficencia, la mera liberalidad del
bienhechor”.
La causa ha de reunir una serie de requisitos:
- La causa debe existir, de tal manera que un negocio sin causa es
radicalmente nulo (art. 1275 Cc).
- La causa, asimismo, debe de ser verdadera (art. 1276 Cc).
- Y, por último, la causa ha de ser lícita, en caso contrario, el negocio
jurídico se sanciona con la nulidad absoluta (art. 1275 Cc).
Si bien, aunque no se exprese, la causa se presume que existe y que
además es lícita (art. 1277 Cc).
III. 3. La forma
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La forma del contrato es la apariencia externa de constancia que revisten
las declaraciones de voluntad de las partes. Si bien, en sentido técnico, cuando
se habla de forma, nos referimos a la exigencia del ordenamiento jurídico de que
las declaraciones voluntad se realicen de una manera concreta.
Según el art. 1258 Cc, como regla general, los contratos se perfeccionan
por el mero consentimiento. Del tenor literal del citado precepto ya se deduce el
principio de libertad de forma, que más adelante se consagra en el art. 1278 Cc.
Según el art. 1278 Cc: “Los contratos serán obligatorios, cualquiera que sea la
forma en que se hayan celebrado, siempre que en ellos concurran las
condiciones esenciales para su validez”.
En consecuencia, la excepción es la exigencia de una forma determinada
para llevar a cabo las declaraciones de voluntad. En esos supuestos, la falta de
esa forma determina la inexistencia del contrato, ya que ésta se ha convertido
en un requisito esencial más del contrato.
IV. LA FORMACIÓN DEL CONTRATO
En la vida del contrato podemos diferenciar tres fases:
1. La generación del contrato: Nos referimos así al momento o
momentos anteriores a su perfección, es decir, aquellos actos que van a realizar
las partes contratantes y que, en principio, tienen como finalidad llegar a un
acuerdo de voluntades con trascendencia jurídica. Normalmente la
manifestación de esa intención de contratar no origina derechos ni obligaciones
para las partes. Las partes gozan de libertad para exponer sus ideas, para
expresar como quieren vincularse, para llegar o no a la celebración definitiva del
contrato; pero esta actuación preliminar origina una situación jurídica
precontractual que debe estar presidida por una idea básica: la necesidad de
actuar de buena fe. Es por ello que, tanto doctrina como jurisprudencia, hacen
referencia a cierta responsabilidad precontractual de las partes que intervienen
en esos tratos preliminares, cuando alguna de ellas ha obrado de mala. Así se
entiende que la parte que actuó de buena fe está legitimada para solicitar la
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indemnización de los daños y perjuicios que aquellos comportamientos hayan
podido causarle.
2. La perfección del contrato: Se produce cuando se encuentran las
voluntades. Es el momento en el que el contrato surge a la vida jurídica (se
analiza en el próximo epígrafe).
3. La consumación del contrato: La consumación del contrato es
posterior a la perfección y se refiere al período de cumplimiento, esto es a la
realización de las prestaciones.
La perfección del contrato: oferta y aceptación
Los contratos se perfeccionan desde el momento en que oferta y aceptación
concurren, esto es, desde el instante en que se produce el concurso entre la
oferta que formula una de las partes contratantes y la aceptación de ésta por la
otra parte (art. 1262 Cc 4).
La oferta
La oferta es la declaración de voluntad que una parte hace a otra
proponiendo celebrar un contrato. La oferta debe de contener todos los
elementos esenciales del contrato. Tal declaración o propuesta se puede dirigir
a una persona concreta, a varias o a un número indeterminado.
Emitida la oferta pueden darse cuatro situaciones distintas:
- Que se produzca la aceptación por el destinatario y, en consecuencia,
tenga lugar la perfección del contrato.
- Que el destinatario no acepte la oferta, en cuyo caso el contrato no
nace a la vida jurídica, es decir, no se produce la perfección del mismo.
- Que el oferente revoque la oferta. La revocación de la oferta es la
declaración de voluntad de dejarla sin efecto de carácter recepticia,
pues debe ir dirigida necesariamente al destinatario de aquélla.
4Art. 1262 Cc: “El consentimiento se manifiesta por el concurso de la oferta y de la aceptación
sobre la cosa y la causa que han de constituir el contrato…”.
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La libertad de revocación de la oferta antes de la perfección del
contrato es el principio que rige en nuestro ordenamiento; ello se
desprende del art. 1262 p. 2º Cc 5, pues hasta que la aceptación no
llegue a conocimiento del oferente, éste no queda vinculado.
- Que el destinatario no acepte simplemente la oferta, sino que
proponga variaciones. En este caso no se puede hablar de una
aceptación parcial o condicionada sino de una nueva oferta o
contraoferta. En el momento en que ésta u otra sucesiva sea aceptada,
se producirá la perfección del contrato.
La aceptación
La aceptación es la declaración de voluntad por la que el destinatario de
la oferta manifiesta su conformidad con la misma. La aceptación de la oferta
produce la perfección del contrato. La aceptación deberá consistir en la
conformidad pura y simple de la oferta, en todos sus términos, con voluntad
definitiva de contratar. Cualquier variación implicará que no estemos ante una
aceptación, sino ante una contraoferta.
Esta declaración de voluntad puede producirse de cualquier forma, oral o
escrita, o tácitamente por medio de actos concluyentes. Debe llegar a
conocimiento del oferente mientras se mantenga la oferta, es decir, en tiempo
adecuado, antes de que la oferta haya sido revocada o esté caducada.
El momento y el lugar de la perfección del contrato. Los contratos a
distancia
El momento y lugar en el que se perfecciona el contrato es de gran
importancia ya que determina el lugar en el que ha de cumplirse la obligación,
pero también determina la legislación a la que va a quedar sometido el contrato,
así como el juzgado o tribunal que va a ser competente para conocer del litigio,
en el supuesto de que surjan divergencias sobre la interpretación o cumplimiento
del contrato.
5Art. 1262 p. 2º Cc: “(…) La aceptación hecha por carta no obliga al que hizo la oferta sino desde
que llegó a su conocimiento. El contrato, en tal caso, se presume celebrado en el lugar en que
se hizo la oferta”.
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Determinar el momento de la perfección de un contrato cuando las
personas contratantes están ubicadas en la misma localización no tiene ninguna
dificultad; las dudas pueden comenzar a surgir cuando las partes están
separadas físicamente. Esta situación está contemplada en los párrafos 2.º y 3.º
del art. 1262 Cc, cuyo tenor literal se reproduce a continuación:
"Hallándose en lugares distintos el que hizo la oferta y el que la aceptó,
hay consentimiento desde que el oferente conoce la aceptación o desde
que, habiéndosela remitido el aceptante, no pueda ignorarla sin faltar a la
buena fe. El contrato, en tal caso, se presume celebrado en el lugar en que
se hizo la oferta.
En los contratos celebrados mediante dispositivos automáticos hay
consentimiento desde que se manifiesta la aceptación".
También será de aplicación Título III, del Libro II del Real Decreto
Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido
de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes
complementarias (TRLGDCU) a aquellos contratos celebrados a distancia con
los consumidores y usuarios en el marco de una actividad empresarial, sin la
presencia física simultánea de los contratantes, siempre que la oferta y
aceptación se realicen de forma exclusiva a través de una técnica cualquiera de
comunicación a distancia (el correo postal, Internet, el teléfono o el fax…) y
dentro de un sistema de contratación a distancia organizado por el empresario.
Asimismo, hemos de tener en cuenta que los contratos electrónicos se
regirán por la Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la sociedad de la
información y de comercio electrónico (LSSI). Son contratos electrónicos
aquellos contratos a distancia en los que la oferta y la aceptación se transmiten
por medio de equipos electrónicos de tratamiento y almacenamiento de datos
conectados a una red de telecomunicaciones.
V. LA EFICACIA DEL CONTRATO
V.1. Efecto vinculante
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El efecto fundamental derivado del contrato es que obliga a quienes lo
hayan realizado a cumplir lo acordado en el mismo. Según el art. 1091 Cc, las
obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes
contratantes y deben cumplirse a tenor de los mismos.
Además, los contratos obligan a las partes no sólo a lo expresamente
pactado, sino a cuantas consecuencias puedan derivarse del mismo según su
propia naturaleza, los usos y la ley (art. 1258 Cc).
El contrato es producto de un acuerdo de voluntades y su derogación no
puede, en principio, deberse a la voluntad de uno solo de los contratantes (art.
1256 Cc), sino que requiere de un nuevo acuerdo encaminado a dejarlo sin
efecto, lo que recibe el nombre de muto disenso.
V.2. Relatividad
“Los contratos sólo producen efecto entre las partes que los otorgan y sus
herederos; salvo en cuanto a éstos, el caso en que los derecho y obligaciones
que proceden del contrato no sean transmisibles, o por su naturaleza, o por
pacto, o por disposición de la ley” (art. 1257. 1º Cc). El citado precepto describe
la denominada eficacia relativa del contrato: la relación obligacional derivada del
contrato se da exclusivamente entre las partes contratantes y sus
causahabientes.
Por lo que respecta a los herederos, también mencionados en el citado
precepto, no se verán vinculados por el contrato cuando produzcan obligaciones
o derechos de carácter personalísimo.
Ahora bien, pese a que la regla general es que la eficacia del contrato
quede limitada a las partes contratantes, caben excepciones a la misma. Una de
ellas la constituye el denominado “contrato a favor de tercero”; y es que si el
contrato contuviere alguna estipulación a favor de tercero, éste podrá exigir su
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cumplimiento, siempre que hubiese hecho saber su aceptación al obligado antes
de que haya sido aquélla revocada (art. 1257 p. 2º Cc 6).
VI. LA INEFICACIA DEL CONTRATO
Cuando hablamos de ineficacia del contrato nos referimos a todos
aquellos supuestos en los que el contrato no llega a producir efectos o deja de
producirlos a partir de un determinado momento. En estos supuestos, el contrato
no produciría los efectos típicos, aunque puede producir otros diferentes, como
la indemnización de daños y perjuicios.
La regulación del Código Civil sobre el particular no es completa. Eso ha
llevado a que sean la doctrina y la jurisprudencia las que hayan establecido, de
forma sistemática, los distintos supuestos de ineficacia.
VI. 1. La nulidad radical o absoluta
Concepto:
Se trata de la máxima sanción que otorga el ordenamiento jurídico a un
contrato, ya que impide la posibilidad de que despliegue ningún tipo de efecto.
El contrato es nulo desde el principio, sin posibilidad de una convalidación
posterior.
Causas:
Las causas de la nulidad absoluta o de pleno derecho son las siguientes:
1. La falta de algún elemento esencial de los exigidos por el art. 1261 Cc:
consentimiento, objeto y causa.
2. Cuando se incumpla el requisito de la forma que ha de revestir el
contrato para que éste tenga validez, esto es, cuando la forma del
6art. 1257 p. 2º Cc: “(…) Si el contrato contuviere alguna estipulación a favor de un tercero, éste
podrá exigir su cumplimiento, siempre que hubiese hecho saber su aceptación al obligado antes
de que haya sido aquélla revocada”.
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negocio resulte imprescindible para la validez del mismo y dicha forma
no se tenga en cuenta en el momento de celebración del negocio.
3. El incumplimiento de cualquiera de los requisitos del objeto: licitud,
posibilidad y determinación.
4. La ilicitud de la causa.
5. La ilegalidad del contrato: Cuando el acuerdo de las partes transgreda
los límites marcados por la ley, la moral o el orden público.
Acción de nulidad:
La nulidad se produce automáticamente, esto es, ipso iure, y es apreciable
de oficio; si bien puede ser necesario destruir la apariencia de contrato que se
ha generado, a través de la denominada acción de nulidad 7. Dicha acción no
prescribe nunca por lo que podrá ejercitarse en cualquier momento.
Efectos:
Los efectos de la declaración judicial de nulidad se traducen en la reposición
de la situación jurídica anterior al contrato, en este sentido, dispone el art. 1303
Cc que “declarada la nulidad… los contratantes deben restituirse recíprocamente
las cosas que hubieran sido materia de contrato, con sus frutos, y el precio con
sus intereses” (art. 1303 Cc). Esto es, la restitución ha de hacerse, en principio,
en forma específica o in natura; cuando ello no fuera posible, procederá la
restitución del equivalente pecuniario.
VI. 2. La anulabilidad o nulidad relativa
Concepto:
En los contratos anulables concurren todos los elementos esenciales para
su validez (declaración de voluntad, objeto, causa y forma, cuando esta última
sea necesaria) pero adolecen de algún defecto menos grave susceptible de
7 Claro está que una cosa es que el ordenamiento jurídico no otorgue ningún tipo de efecto a un
contrato que adolece de nulidad absoluta o radical y otra bien distinta que el contrato, aunque
inexistente en el ámbito jurídico, no haya producido “sus efectos normales” en la vida real, de ahí
que pueda ser preciso el ejercicio de la acción de nulidad.
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producir su ineficacia. A diferencia del contrato nulo, el contrato anulable,
mientras no se impugne, produce plenos efectos jurídicos como si fuera válido.
Causas:
1. La concurrencia de un vicio del consentimiento en la celebración del
contrato: error, dolo, violencia o intimidación.
2. La falsedad de la causa.
3. La falta de capacidad para poder celebrar el contrato.
Acción de anulabilidad:
La anulabilidad no tiene carácter absoluto, lo que implica que sólo pueda
ser demandada por quien ha sufrido el vicio o padece la restricción de la
capacidad.
La acción de anulabilidad caduca a los cuatro años. Ese tiempo empezará
a correr:
1.º En los casos de intimidación o violencia, desde el día en queé hubiesen
cesado.
2.º En los de error, o dolo, o falsedad de la causa, desde la consumación
del contrato.
3.º Cuando la acción se refiera a los contratos celebrados por los
menores, desde que salieren de la patria potestad o la tutela.
4.º Cuando la acción se refiera a los contratos celebrados por personas
con discapacidad prescindiendo de las medidas de apoyo previstas
cuando fueran precisas, desde la celebración del contrato (art. 1301 Cc).
Efectos:
El efecto fundamental que se deriva de la declaración de anulabilidad es la
obligación de restituir del mismo modo que en los casos de nulidad absoluta, es
decir, el restablecimiento de la situación anterior a su celebración, eliminándose
todos los efectos creados desde entonces.
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BLOQUE III: PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO DE OBLIGACIONES Y CONTRATOS (II)
Introducción al Derecho
Confirmación del contrato anulable:
La anulabilidad de un contrato, siempre y cuando concurran las causas,
tal y como acabamos de ver, no se produce de manera automática, sino que
deben ser las partes legitimadas para ello las que la soliciten. En caso contrario,
pueden suceder dos cosas: bien que la acción de anulabilidad caduque, esto es,
transcurran los plazos que las personas legitimadas para ejercitarla poseen. O
bien, que el contrato se convalide o se confirme. Pudiera suceder que a la parte
que ha sufrido el vicio o al menor o a la persona con discapacidad que ha actuado
sin las medidas de apoyo precisas le convenga que el contrato siga desplegando
sus efectos, por lo que a pesar de que concurre una causa de anulabilidad decide
confirmar el mismo. Según el Código Civil, “la confirmación purifica al contrato
de los vicios de que adoleciera desde el momento de su celebración” (art. 1313
Cc).
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