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Los Barrios CABA

Este documento presenta la introducción y los objetivos de una jornada sobre la historia de la organización territorial de la Ciudad de Buenos Aires. Se presentan los oradores y expertos historiadores que hablarán sobre diferentes períodos, comenzando con el profesor Rodolfo Giunta que analizará el período de 1852-1880, luego Liliana Varela hablará sobre la modernización de la Generación del 80 y años posteriores, y finalmente Norberto García Rosada sobre la Ciudad Autónoma desde 1994. El objetivo es proveer una perspectiva histórica sobre la evoluc
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Los Barrios CABA

Este documento presenta la introducción y los objetivos de una jornada sobre la historia de la organización territorial de la Ciudad de Buenos Aires. Se presentan los oradores y expertos historiadores que hablarán sobre diferentes períodos, comenzando con el profesor Rodolfo Giunta que analizará el período de 1852-1880, luego Liliana Varela hablará sobre la modernización de la Generación del 80 y años posteriores, y finalmente Norberto García Rosada sobre la Ciudad Autónoma desde 1994. El objetivo es proveer una perspectiva histórica sobre la evoluc
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J o rn a d a

De las parroquias
y los barrios a las
comunas
Liliana Varela
Buenos días. Cuando desde el Instituto Histórico se nos ocurrió hacer esta jornada, una de las
dudas que teníamos era si la llamábamos “Jornada de Debate”, pensando que debía ser una
jornada de ida y vuelta porque lo único que podíamos aportar desde el Instituto era una
perspectiva histórica de la Ciudad, de sus divisiones, de sus planificaciones o de la ausencia
de las mismas, de los desniveles entre diferentes sectores, de cómo fue creciendo esta ciudad
a la que llegamos hoy con grandes problemas y grandes y claras diferencias entre sectores, en
dónde algunos han sido evidentemente más privilegiados que otros. Con un Estado que
se fue manifestando relativamente ausente en algunos problemas y que ha estado mucho más
presente en otros momentos de la historia.

Vamos a tratar de proponer un pantallazo de la historia pero debo decir que desde el Instituto
siempre ha sido necesario para nosotros situarnos en los temas más urticantes del presente. Es
casi como una vocación; la memoria es valiosa cuando es presente y es futuro. Creo que
todos tenemos obligaciones y derechos con respecto al pasado y con relación al futuro. Por
eso es que profundizamos en temas que a veces nos cuestan debates, alegrías y sinsabores
—porque no le tenemos miedo al debate. Creo que es lo más sano que podemos hacer hacia
fines del milenio: realizar un recorrido por la historia de nuestra ciudad para saber desde
dónde venimos y hacia dónde vamos. Por eso creímos importante nuestro aporte desde la
Historia y ver —hacia el futuro— qué nos podían decir los órganos ejecutivos y legislativos
sobre cuál va ser el futuro de esta ciudad.

Esta es mi presentación y, por lo menos, el objetivo que el Instituto tuvo al unirse con la
Subsecretaría de Descentralización y proponer esta jornada para la Legislatura.

Andrés Borthagaray
Buenos días. Como bien decía Liliana, este esfuerzo conjunto tiene que ver con el mandato
constitucional de proponer todo el sistema de las futuras Comunas en la Ciudad tomando en
cuenta los distintos aspectos: los urbanísticos, los culturales y, —dentro de lo cultural
obviamente— toda la perspectiva histórica que podamos considerar para un mejor
conocimiento de las propuestas que se realicen para una nueva organización de la Ciudad.

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En función de ese trabajo que como ustedes saben y como lo pide la propia Constitución
tendrá que desembocar en una ley aprobada por una mayoría de dos tercios de la Legislatura
de la Ciudad, estamos en este momento desarrollando un conjunto de tareas. Entre esas tareas
cabe mencionar la que se realiza en los propios barrios a partir de los Centros de Gestión y
Participación y, también y fundamentalmente, un trabajo junto con la Legislatura de la
Ciudad de Buenos Aires (está en la Mesa y va a ser expositor esta tarde Marcelo Escolar, que
es el Director del Instituto de Geografía y además es el Director de la Comisión de
Descentralización de la Legislatura) con quien venimos trabajando en forma conjunta,
intercambiando opiniones y tratando de ir acercando criterios, de la misma manera que con
representantes de los distintos bloques de legisladores.

Hoy vamos a tener entonces por la mañana como nos decía Liliana la visión de un
conjunto de distinguidos historiadores de la Ciudad para ver los distintos períodos históricos.
La propia Liliana Varela que es Directora del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos
Aires, dependiente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad, Delegada también
en la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, Miembro Asesor de
la Comisión de Nomenclatura Urbana de la Legislatura, Asesora de la Fundación “Pro
Memoria” y, Secretaria de Investigación Histórica de la Comisión de Preservación del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ha realizado un conjunto de publicaciones sobre
temas de historia oral y, también hemos tratado de que se pudieran integrar los esfuerzos del
equipo que está trabajando en esto, con todo el Instituto Histórico.

El Profesor Rodolfo Giunta, que es Profesor de Historia, Jefe del Departamento de


Investigación del Museo Mitre también dependiente de la Secretaría de Cultura de la
Nación; investigador del Instituto de Arte Americano de Investigaciones y Estéticas
“Mario Buschiasso” de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, entre
otras actividades públicas. Autor de publicaciones sobre la Ciudad de Buenos Aires,
conductor en Radio Nacional y con una vasta trayectoria en este tema.

Va a disertar también el Profesor Maiocchi, Miembro de la Academia de Periodismo,


Miembro de la Academia Sanmartiniana, de la Academia Argentina de la Comunicación,
Presidente de la Junta Histórica Eclesiástica Argentina y de la Junta de Estudios Históricos de
Belgrano. También es docente e historiador.

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Y va a exponer también Norberto García Rosada, que es por todos conocido. Periodista,
editorialista y columnista del diario La Nación y, además, se ha dedicado y tiene una vasta
trayectoria en la recopilación de temas referidos a la historia de Buenos Aires.

Esperamos que a partir de estas jornadas y del intercambio que pueda surgir con ustedes
podamos mejorar la perspectiva del conocimiento de la trayectoria histórica de la Ciudad para
que, a la luz de los temas planteados, podamos generar desde cada Centro de Gestión y
Participación en los distintos barrios un buen debate. Ello con el propósito de poder
obtener todo el beneficio posible de esta oportunidad que tiene la Ciudad en un momento
fundacional con las nuevas instituciones que crea la Constitución, con el objeto de que las
medidas que se adopten sean el producto de un verdadero debate de la sociedad.

El Gobierno de la Ciudad está aportando un documento analítico sobre cuáles son las
centralidades barriales, cuál es la distribución de equipamientos en cada una de las zonas que
se puedan plantear (en cada una de las hipótesis posibles de división) y cuáles son todas las
consecuencias administrativas para cada una de las secciones. Es decir un documento técnico
efectuado por un equipo técnico coordinado por el Arq. Santocono, para que pueda también
servir de soporte a estos debates y pueda ser enriquecido con otras fuentes de investigación en
distintos ámbitos de la Universidad de Buenos Aires, de la Ciudad, de jornadas como ésta.

Básicamente, estos son los lineamientos que queremos plantear y, si están de acuerdo, creo
que podemos pasar a la parte sustantiva de la reunión. La idea era que durante la mañana la
perspectiva fuera más histórica y, por la tarde, una perspectiva también histórica pero con una
base más territorial, de alguna manera un poco más urbanística.

Y, está previsto que el cierre institucional de la jornada cuente con la presencia del ViceJefe
de Gobierno, el Dr. Olivera y con la Presidente de la Comisión de Descentralización de la
Legislatura, la Lic. Liliana Chiernajowsky. Invitamos a los panelistas y podemos empezar la
jornada.

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Liliana Varela
Bueno, la presentación ya la hizo el Arq. Borthagaray. Vamos a intentar reflexionar sobre
diferentes períodos históricos, no acotados directamente, sino poniendo el acento en algún
aspecto de ellos. El Profesor Giunta va a tratar el tema de la ciudad a partir de mediados del
siglo XIX. Yo voy a tomar la modernización de la Generación del Ochenta y daré un
pantallazo sobre los años que siguen y, Norberto García Rosada va a hablar sobre la Ciudad
Autónoma desde 1994. Así que, parece que tendríamos que explicar que nos metemos en el
presente de entrada porque la Historia es así, la Historia no es inocente. Creo que cada uno de
nosotros tiene una perspectiva cuando hace el análisis histórico y, ustedes se van a dar cuenta,
perfectamente, desde qué punto lo estamos haciendo. Creo que es un principio de salud
mental que el historiador haga esta confesión de partes que me parece lo más saludable para
poder iniciar un debate también muy saludable: saber desde qué lugar cada uno de nosotros
va a estar hablando, sin necesidad de que ese lugar sea un lugar partidario pero que
inevitablemente será un lugar histórico que tendrá que ser también, aunque la palabra esté un
poco fuera de moda, ideológico. Lo dejo a Rodolfo Giunta.

Rodolfo Giunta
Buenos días a todos, gracias por la invitación a participar de este encuentro. En el momento
de ser convocado me habían señalado como período para trabajar 1852-1880 y, a decir
verdad, es un período crítico, de difícil análisis respecto de la Ciudad de Buenos Aires. En ese
sentido cabe reflexionar sobre el hecho de que la ciudad no es un fenómeno empírico, es
decir, susceptible de ser captado por los habitantes simplemente a través de su vivencia. Por
cierto, lo que uno percibe son fragmentos espaciales y algunas relaciones sociales a partir de
las cuales va conformándose una idea respecto de lo que es el ámbito en el cual vive; respecto
de la ciudad.

Desde esta situación, difícilmente se logra una visión estructural que nos permita entonces
entender la ciudad en su conjunto articulando fundamentalmente lo social con lo espacial, que
por lo general nos aparecen como categorías que pretendemos deslindar una de la otra. De allí
que muchas veces, un período, una etapa en la evolución de esta peculiar Ciudad de Buenos
Aires haya venido condensada con un rótulo, como tratando de sintetizar con él un estado de
la cuestión: lo que estaba sucediendo en ese momento con la Ciudad de Buenos Aires. Casi

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todos los rótulos para el período que nos ocupa, nos están hablando evidentemente de una
transición con un fuerte condicionante de enmarcar una división entre lo tradicional y lo
moderno. “Tradicional” que en ese momento estaba muy pautado por lo colonial (como
período) y sus resabios, aún en la situación independiente, pero que llegaba hasta el final de
las llamadas luchas civiles y en este caso concreto hasta la Batalla de Caseros y; lo
“moderno”, que de alguna manera era una vocación que el sector dirigente en ese momento
tuvo para la ciudad pero que se consolida recién plenamente a partir de la federalización de la
ciudad en el año 1880.

Sin duda, el rótulo que mayor fuerza ha tenido en la historiografía de la Ciudad de Buenos
Aires para este período fue el de Gran Aldea, que aparece dado por Lucio López en un
folletín del diario Sudamérica y que luego se convierte en novela publicada por la imprenta
Martín Biedma en 1884 con el subtítulo de “Costumbres Bonaerenses”. De allí que las
escasas historias sobre la Ciudad de Buenos Aires que van desde sus fundaciones hasta la
actualidad, se refieren por lo general a este período considerado como la Gran Aldea.

Como ustedes recordarán, ese relato asume una forma autobiográfica que se inicia con los
recuerdos de infancia del autor que están profundamente marcados por la muerte del padre y,
por ende, una mudanza de una pobre morada hacia una espléndida mansión en este caso de
sus tíos de quienes queda a cargo que estaba en la calle Victoria (la actual Hipólito
Yrigoyen). Sin duda, la obra trata de presentar una fábula y podríamos decir que su
importancia no tanto estriba en que nos haga una buena descripción de la ciudad y de sus
ámbitos (excepto algunas descripciones del centro o de algún tipo de actividades que podría
haber en la misma) sino en la perspectiva social, porque aquí lo tradicional y lo moderno
están marcados a partir de las vicisitudes matrimoniales del tío Ramón, primero con Medea
Berrotarán, simbolizando en ese matrimonio lo tradicional y, posteriormente, con Blanca
Montefiori con la cual está simbolizando lo moderno.

Y, perfectamente nos permite esta novela ver esa percepción de cambio, de profunda
transformación que se estaba dando en la sociedad de Buenos Aires de ese momento. Por otro
lado estaba el hallazgo del título que en sí mismo marcaba la contradicción: Gran Aldea, es
decir un ámbito que desde lo físico se había sobredimensionado pero que si se lo debía
interpretar en función de su jerarquía no había logrado superar el hecho de ser una aldea. De
allí esta contradicción de una ciudad que, evidentemente, tenía más tamaño que jerarquía.

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Ese rótulo entonces, pareciera que cubre el espacio que va entre la ciudad colonial y la París
de América del Sur —como se jactaron en llamarla posteriormente. Frente a ese rótulo
instalado con tanta fuerza ya les decía en la historiografía de Buenos Aires, quería
recorrer otras visiones que se presentaron en ese momento para la ciudad. Y, me llamó la
atención que evidentemente ese fue un período en el cual se trataba de definir qué era Buenos
Aires.

En ese sentido, un artículo editorial de un semanario literario que se llamaba “El correo del
domingo”, que editaba José María Cantilo, me acerca una primera respuesta a todo lo que
implicaba en ese entonces tratar de definir “ciudad”. Cantilo señala lo siguiente: ...”Buenos
Aires es una ciudad grande. Observe bien el lector que no digo Buenos Aires es un gran
pueblo. Temo ruborizarlo o que piense que lo adulo. Digo solamente que esta es una ciudad
grande que no se parece a la Asunción, por ejemplo”... Tuvo un ardid de discurso para poder
decir “ciudad grande” en vez de “gran pueblo” cuando perfectamente lo podría haber resuelto
diciendo que era un pueblo grande por su tamaño. Sin embargo, allí el autor quiere dejar
plenamente de manifiesto que ya Buenos Aires no se trataba de un pueblo, que había
alcanzado ya la categoría de ciudad y que, además, era grande y que, en este caso, no estaba
solamente haciendo referencia a una dimensión física sino que además ya le estaba dando
jerarquía; nos estaba diciendo que ya era una ciudad importante.

• ¿Por qué Buenos Aires ya en 1864 que es la fecha de este relato parecía una ciudad
grande?
Fundamentalmente porque estaba viviendo en una sensación de vértigo muy grande. Todo,
Cantilo lo hace pasar por las percepciones para que justamente el lector pueda empezar a
entender aquello que está viendo. Entonces le dice, esta es una ciudad movible, es una ciudad
anhelosa, que mira hacia adelante, que anda a tientas, que se precipita y quisiera tener alas, lo
cual sólo pasa en las grandes ciudades, en aquellas que están viviendo según un modelo
francés y, más concretamente, parisino. Por cierto cuando uno considera las vivencias que se
pueden tener en una ciudad son muy similares a las de esta descripción.

Les voy a leer una cita que más allá de las diferencias que pueda haber con respecto a los
componentes o elementos que haya hoy en una ciudad, la sensación o las vivencias parecen
ser similares. Piensen ustedes que la evolución urbana tiene más de cinco mil años pero, sin

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embargo, el excepcional desarrollo de las ciudades tal como lo conocemos nosotros—
recién arranca a mediados del siglo pasado. Es un fenómeno realmente reciente que marcó un
punto de inflexión excepcional.

Y en esa época, Cantilo nos decía: “Si no nos vamos a vivir a otra parte, en esta ciudad
corremos riesgo de morir impensadamente. Los jinetes andan a escape, los carruajes disparan,
los cargadores llenan las veredas con bultos encima, los albañiles no dejan paso por ellas ni
a los enfermos. En la Bolsa hay una caballada; en las galerías del Cabildo, grupos densos de
gente afanada por ganar pleitos; por el muelle no se puede pasar porque los changadores
asaltan a las gentes a fuerza de quererlas servir; los trenes de los caminos de fierro se
obstruyen de pasajeros; en los hospitales no caben los enfermos; a las molestias de las calles,
añádese el cúmulo de incomodidades que nos aguardan de puertas adentro —hoy que las
casas van siendo en compendio y que se las lleva a las nubes, todo lo cual no quiere decir que
se alquilen a bajo precio. Es preciso pues, tomar algunas medidas: llevar a una parte de la
población al campo. Tanto estrépito, tanto atropello, tanto gentío en las calles, tanto organillo,
tanta casa que se hace o que se rehace, tanto aguador con campanilla, tantos gritos, tanto
mendigo, tanto vestido de cola, tanta máquina, es para desear huir mil leguas de aquí. Prefiero
el Paraguay con su solemne silencio, sus patriarcales costumbres, sus trajes que no siguen los
figurines, sus sombreros y la linterna en la mano, que esta Babilonia, este infierno en que se
ha convertido Buenos Aires. Probablemente me embarco en el primer vapor para la
Asunción”.

Es muy interesante lo que quiere hacer Cantilo: quiere instalar una visión de “ciudad” en la
opinión pública. Está generando lo que nosotros hoy en día llamaríamos “imaginario
colectivo”. Le está otorgando códigos de lectura a la gente que se queja de muchas de las
situaciones que está viviendo en ese momento Buenos Aires, apartándose de sus costumbres
tradicionales. Y les dice: todo este conjunto de fenómenos que ustedes están viendo son
producto de la modernidad. Modernidad que Cantilo como otros en la Ciudad de Buenos
Aires obtienen a partir de la literatura y, fundamentalmente de literatura francesa, de donde
sacan los códigos para poder leer y, ahora ese vértigo, esa situación que está viviendo de
transformación Buenos Aires puede ser interpretada como una situación de modernidad con
sus puntos positivos y negativos como en toda situación de cambio lógicamente se registra.

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Fíjense que incluso actualmente, en un trabajo —si se quiere reciente— de Pancho Liernur y
Graciela Silvestri llamado “El umbral de la metrópoli”, a este período Pancho Liernur lo
llama “la ciudad efímera” es decir, esa ciudad que —a su entender— no estaba siendo el
chato pueblo colonial pero tampoco llegaba a ser una luminosa metrópolis europea y que para
él casi habría que verla como una ciudad del far-west, donde prácticamente no quedaban
huellas materiales. Había una cantidad de construcciones que rápidamente se desarmaban,
mudaban, cambiaban de lugar y, por eso es un período de la ciudad de tan difícil aprehensión
porque tenemos pocos elementos materiales como, por ejemplo, pasaría después del 1880, y
de grandes edificios públicos y privados. Por cierto que de esa época podríamos rescatar
situaciones tales como la Aduana Taylor o el primitivo Teatro Colón construido aquí en la
actual Plaza de Mayo, es decir donde hoy está emplazado el Banco Nación o, una Legislatura
tan pequeña, tan poco comparable con la obra de Victor Meano (el actual Parlamento) que
estaba en la esquina de Balcarce donde todavía se conserva su sala de diputados en la
Academia Nacional de la Historia.

Sin embargo, este período tuvo para mí una importancia muy grande en tanto podríamos decir
que la mayor parte de la bibliografía sobre Buenos Aires casi arranca en 1880. Como si a
partir de allí, desde la nada, la Ciudad de Buenos Aires hubiese brotado, hubiese surgido sin
mayores antecedentes, sin tener, digamos, una historia que ya en ese momento estaba cercana
a tres siglos.

Y creo que la importancia precisamente de ese período radica en el hecho de que Buenos
Aires recibe el impacto de la Revolución Industrial. Un impacto que puede analizarse desde
la forma de inserción de nuestro país en una nueva economía mundial, con algunos agentes
que reemplazan elementos tradicionales para el transporte tanto de ultramar (de los veleros a
barcos de vapor) como de la clásica forma de transporte de materias primas que estaba dada
por caravanas de carretas y es reemplazada nada menos que por el ferrocarril así como con la
aparición de otro componente de vital importancia que fue el telégrafo. Creo justamente que
estos tres elementos ligados a los medios de comunicación fueron los agentes
transformadores de la Ciudad de Buenos Aires y, es importante analizarlos no solamente con
relación al impacto que representan en tanto nueva forma de inserción económica de nuestro
país sino también por aquellos efectos subsidiarios que los mismos generan en la vida
cotidiana de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.

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El ferrocarril, podríamos decir que logra superar el concepto de progreso que siempre ha
vivido en términos de diacronía entre una tradición y una modernidad a una instancia de
sincronía, es decir, de un proceso que se puede dar al mismo tiempo. Lo único que le hacía
falta a un pueblo para modernizarse era que lo alcanzara el ferrocarril, lo que en la época se
llamaba “al toque de los rieles”. Cuando llegaba el ferrocarril a un pueblo, ese pueblo se
modernizaba.

Buenos Aires por cierto crece, y usando un término que hoy en día nos gusta mucho,
podríamos decir que crece virtualmente. Buenos Aires va anexando lugares; en esa época
pudo —por el ferrocarril— anexar a Belgrano y a Flores. Los incorpora como suburbios; eran
pueblos alejados pero los trae cerca e incluso puede traer a su casa situaciones de jardines
acercando a San Fernando o a El Tigre. Eso implica un cambio en los hábitos; da la
posibilidad para los fines de semana de pensar en un viaje en tren cuya realización comienza
a ser no sólo una moda sino una imperiosa necesidad. Y entonces, las estaciones de tren
comienzan a convertirse en los ámbitos en los cuales se podía mostrar la moda. Piensen que
el tren es una fuerte cirugía dentro de una ciudad, es un fuerte cruce que genera fronteras (no
es lo mismo estar de un lado o del otro de la vía) como hoy en día puede serlo también una
autopista o cualquiera de estos elementos que marcan virtualmente un territorio. Y en ese
momento el tren era modernidad; el tren era aquello que nos permitía o nos garantizaba el
progreso y, además, era el que le anexaba a Buenos Aires todo un territorio que hasta
entonces era distante y que en ese período que estamos analizando se acerca a la Ciudad de
Buenos Aires.

De esa manera, comenzamos a ver que en ese momento la Ciudad de Buenos Aires no tiene
todavía un plan, no tiene realmente —más allá de la experiencia que sobre finales de la
década de 1860 hace Lagos— un criterio que podríamos considerar como un plan urbanístico.
Simplemente porque la Ciudad de Buenos Aires en este período es una ciudad disputada, es
una ciudad que se debate entre su rol provincial y su rol nacional. Y fue difícil superar el
conflicto ya desde la época de Martín Rodriguez, allá por 1821, cuando se decide suprimir
los Cabildos, y en lugar de esa entidad fundamental —de la que nos va a hablar Maiocchi, de
la etapa colonial— se tenía que crear un nuevo organismo.

Sin embargo, viéndose las dificultades de la Ciudad de Buenos Aires, el Cabildo de Buenos
Aires seguiría teniendo ciertas preeminencias y, de alguna manera comienza un gran debate

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que lo podemos ver desde la época de Bernardino Rivadavia cuando ya quería nacionalizar a
la Ciudad de Buenos Aires y, por la resistencia fundamentalmente de terratenientes de la
provincia ese proyecto fracasa. O como muchas veces sucedió (como durante el período de
Rosas) que la ciudad era vista como un elemento que entraba dentro de las incumbencias del
Gobernador de la provincia. De allí que el régimen municipal se reestablece, casi podríamos
decir, se crea, se funda ese 2 de septiembre de 1852 con Urquiza (por supuesto que en una
situación que aún no entra en vigencia) y, la ciudad sigue estando a manos del Gobernador y
a lo sumo de la Cámara de Representantes.

Por cierto el proyecto de lo que fue la Ley de Municipalidades que se sanciona el 11 de


octubre de 1854 es posterior a la Constitución Nacional que había elegido a la Ciudad de
Buenos Aires como Capital de la Confederación Argentina. En una ciudad que estaba
dividida en ese momento en 11 parroquias este cuerpo municipal se compondría con 22
miembros, un Vicepresidente, siendo siempre el Ministro de Gobierno el presidente nato del
cuerpo. Ya en ese momento podríamos decir que las funciones ejecutivas y deliberativas
estaban presentadas; la ley se promulga en 1854 aunque se efectiviza años después, en 1856,
funcionando en lo que era —hasta ese momento— el Departamento de Policía de la Ciudad
de Buenos Aires.

En ese entonces Alsina, manifiesta claramente en su discurso que: ...”hace 35 años que todas
las funciones municipales fueron absorbidas y reconcentradas en el poder administrativo del
Estado y desde entonces han ido todas ellas mezclándose e incrustándose de tal modo entre
las funciones y atribuciones comunes del Poder Ejecutivo que hoy viene a ser peligrosa su
separación si no se procede con la previsión y cautela que demandarán las grandes
innovaciones”.

Sin embargo, este tironeo por la Ciudad de Buenos Aires siguió estando presente. Piensen
ustedes que por el Pacto de San José de Flores va a ser declarada parte integrante de la
Confederación Argentina, e incluso en 1860, se la denomina Capital Provisoria,
federalizándose el territorio, llegándose a esa famosa Ley 19 del 8 de octubre de 1862 la
llamada Ley de Compromiso aprobada por el Congreso Nacional y aceptada por la
Legislatura Provincial.

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Recién en el año 1865 se modifica el régimen municipal, pero al vencer el plazo que se había
dado originalmente de cinco años, vuelve a surgir el problema, más allá de nuevos límites que
la ciudad iba incorporando, más allá de que ya los Partidos de Flores y de Belgrano
comenzaban a tener la aspiración de ser incorporados a la Ciudad de Buenos Aires tal como
después de 1880 sucede. Sin embargo, lo que vemos en ese período es que la partición entre
la Capital, que podríamos llamar la zona “Federal” o “de la Nación” en ese momento y, la
parte “Provincial” hace que terminen teniendo sedes diferentes y, provoca la mudanza por
ende del Gobierno de la Provincia a Belgrano, en el recinto que hoy ocupa el Museo
Sarmiento. Y nos damos cuenta que mucho tiempo después, allá por el 1880, se va a
promulgar esa ley que designa a Buenos Aires Capital y, que a partir de 1887 prácticamente
va a tener la forma que nosotros conocemos en la actualidad.

Por eso es que, ese Buenos Aires entre los años 1852 y 1880, es un Buenos Aires muy difícil
de poder estudiar, dada la cantidad de tensiones que sufría, con todos esos problemas de un
Estado que se iba organizando (de allí que muchos llaman a este momento “período de
organización nacional”) y que por ejemplo cuando Mitre asume la presidencia, tiene que
generar elementos tales como la Casa de Gobierno, o la propia Legislatura, que no existían
para lo nacional y, de esa manera, la situación sigue realmente manteniendo toda esa tensión
hasta el año 1880. Desde lo institucional, fue realmente muy difícil la posibilidad de acción y,
además, de que la gente se sintiera representada por esa organización que surge a finales de la
década del 1850 y, sobre la cual lo único que recae es una gran cantidad de reclamos.
Justamente, porque se quería que la Ciudad de Buenos Aires tuviera toda la modernidad que
se suponía debía alcanzar.

Los grandes reclamos pasaban por lograr el sistema de aguas corrientes y servicios cloacales
o, por el adoquinado ya que todavía era escasa la cantidad de calles de la ciudad que tenían
una situación de pavimentación (sólo lo que hoy podríamos denominar el microcentro);
digamos que el habitante de la Ciudad de Buenos Aires fue muy cuestionador respecto de esta
entidad que nacía y que, evidentemente tenía muchísimos problemas para poder actuar y
decidir sobre lo que sucedía en la ciudad.

La riqueza de este hecho, para mí radica justamente en toda esa plataforma de tensiones que
posibilitó esos grandes cambios posteriores al 1880, en el momento en que la modernidad,
por cierto, irrumpe en forma muy fuerte sobre la Ciudad de Buenos Aires. Todos estos

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antecedentes de estas dos o tres décadas que estamos considerando son vitales para poder
entender tanto la participación posterior de la entidad Municipalidad como así también de lo
que fue el desarrollo de la Ciudad de Buenos Aires. Creo que este era un poco el panorama
que quería brindar.
Muchas Gracias

Liliana Varela

Como ya les comenté, mi tema iba a ser un poco más amplio en años pero por el mismo
motivo, un pantallazo y no la profundización de cada período. Si me permiten quería primero
decir algo sobre el presente.

Esta ciudad que nació en el Sur y creció hacia el Norte, todavía no pudo revertir este proceso
para lograr el equilibrio. A medida que uno va estudiando, va leyendo textos sobre Buenos
Aires, se da cuenta que la ciudad es más que la traza, que los planificadores, que los
imaginarios y la gente. Nosotros, desde el Instituto trabajamos mucho con la memoria de los
vecinos y hemos empezado una tarea en un momento de gran entusiasmo allá en la década
del ’80 cuando se recuperaban los espacios públicos y seguimos trabajando casi en forma
ininterrumpida.

En la actualidad, mi experiencia de trabajo en los barrios de la ciudad, con la memoria de los


vecinos, hizo que me diera cuenta que hay acentuaciones que ponen al centro y a la periferia
dentro de la misma ciudad. Pareciera que el conflicto se simplifica en el sentido de pensar que
hay un Sur y hay un Norte. Nosotros en el trabajo barrial —que no es barrial centralizado
sino que trabajamos allí donde podemos— nos dimos cuenta que están apareciendo muchos
sures en distintos lugares de la ciudad. Hay muchos edificios desfuncionalizados, otros en
peligro de estarlo y, aunque trabajamos con historia oral y hablamos del pasado más que
del presente— el presente en el relato del vecino está siempre presente (valga la redundancia)
y acusiante, a través de estos requerimientos.

La reflexión que hemos captado y de la que nos hicimos eco fue que no vemos en las
autopistas ni en los shoppings soluciones sino agudizaciones del problema. Cada vez vamos a
convertirnos más en una carretera de esta ciudad que nos va llevando a situaciones muy
problemáticas. En primer lugar, porque la ciudad puede correr el riesgo de ser un lugar cada

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vez menos apetecible para vivir y además, porque corremos el peligro de ser la continuidad,
tal vez, de una ciudad que se planificó en la década de 1880 y en la que estaban ausentes las
relaciones solidarias y democráticas.

Por eso, por lo que he podido ver que no es la totalidad, sino simplemente una visión
absolutamente parcial porque sólo he abarcado a algunos de los barrios de la ciudad es que
creo que las acciones tienen que ser conjuntas, que el trabajo debe hacerse en zonas
prioritarias y que no podemos abordarlo en un solo sentido. Si está “Planeamiento” tiene que
estar “Educación”, tiene que estar “Cultura” y tienen que estar entrelazados, no como
compartimentos estancos.

La tarea sé que es ardua, el tejido social sé que está muy débil y creo que corre el riesgo de
romperse. Por eso me parece que es urgente (y por eso es que la demanda es hacia todos
nosotros) poder construir —desde nuestro lugar de trabajo— un espacio mejor en donde las
desigualdades no sean tan fuertes y en el que el Estado asista allí donde la gestión no es tan
plácida, no es tan activa, a aquellos que necesitan más apoyo.

No voy a hacer como les dije un detalle pormenorizado de todo lo que me tocaría en
suerte exponer. El único objetivo de mi participación en estas jornadas es el de reflexionar
junto con ustedes en el tema de la modernización que ya anticipara Rodolfo Giunta en una
lectura que trata de no ser ahistórica. Digamos que la modernización —como decía Giunta—
no aparece en el año 1880 de la nada sino que hay toda una experiencia previa de ciudad que
pudo hacer en alguna medida Buenos Aires sin el problema de los riesgos que supone el ser
Capital Federal. Riesgos, digo, porque fue muy difícil conseguir ese lugar. Por eso no hay una
ciudad planificada antes del año 1880 y me arriesgaría a decir que en los primeros años de la
década de 1880 tampoco existe un plan urbano para la ciudad sino sólo una idea que va a
cristalizarse en la gestión del Intendente de la Federalización que va a ser Torcuato de Alvear.

Hay un crecimiento muy rápido tal vez el más rápido de Buenos Aires en lo que va de
las últimas décadas del siglo XIX a los primeros años del siglo XX. Los servicios y la
modernización permanecieron siempre muy centrados en lo que era la zona de la Plaza de
Mayo y sus alrededores. El énfasis en aquel fin de siglo apuntó fundamentalmente a la
densificación y a la atención de zonas que ya estaban pobladas. Los primeros años del siglo

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XX constituyen el momento de la expansión hacia los barrios en dónde se van a empezar a ir
formando y creando diferentes centros.

Existen algunos hechos fundamentales que toda la literatura de 1880 marca como los más
importantes: la construcción del Puerto y, los ferrocarriles que contribuyen y refuerzan el
desarrollo de ese sector central. El eje central de crecimiento fue la Plaza de Mayo acentuado
con la incorporación posterior de Belgrano y Flores después de la Federalización. Hubo
dos proyectos portuarios: uno que tenía que ver con el Sur de la ciudad que fue el proyecto de
Huergo y, otro, que estaba relacionado con esta elección central de Buenos Aires (que
finalmente es el que triunfa) que fue el de Madero.

Esta definición de Buenos Aiers ya va marcando una tendencia que se acentúa con el devenir
histórico de la ciudad. Las personas que incorporaron los territorios de Flores y Belgrano
jamás hubieran pensado que en tan poco tiempo el crecimiento en la población de esas nuevas
zonas iba a ser tan vertiginoso. Todo el grupo de intelectuales que integró la Generación del
’80 buscó transformar a Buenos Aires que pasó de la Gran Aldea de Lucio López a ser una
ciudad europea cuyo punto central fue la Plaza de Mayo y la zona del centro de la ciudad.

Vemos que el proyecto que permitió el aire y la vista de París en Buenos Aires es el proyecto
de Haussmann que va a tomar Torcuato de Alvear y que en los textos hoy se menciona como
la modalidad dual de la gestión de Torcuato. Las palabras que abundan en el discurso de esta
gestión son las de “ornato” e “higiene”, que presidieron el programa de acción. Pero estos
objetivos no fueron aplicados en la misma medida en el centro y en los barrios de la ciudad.
En algunos distritos que compartían diferentes clases sociales (como la zona del centro) esta
forma de higiene y de ornato a veces estaba entrelazada; pero en las zonas más apartadas no
se tuvieron en cuenta estos mismos desarrollos y no fueron preocupación de este primer
período los temas y problemas sociales.

Nosotros creemos que si bien no existía como dije antes un plan orgánico de desarrollo y
una teoría urbana explícita, la actividad se fue generando alrededor de un criterio que era el
criterio positivista que representaba a esta gestión. El órgano municipal no tenía claramente
funciones de planificación, no las realizaba directamente pero tal vez, ciertas medidas como
la apertura de calles (que trajo como consecuencia el fomento del loteo) o bien las

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concesiones de tranvías (que creaban valorizaciones de terrenos) sirvieron para ir delineando
este auge de los barrios que va a ser una característica de las primeras décadas del siglo XX.

Por otro lado, de acuerdo con la misma visión positiva del Estado es que van a tratar de
racionalizarlo administrativamente creando, por ejemplo, el Registro Civil permitiendo así el
control por parte del Estado de los nacimientos, las defunciones y los matrimonios. Las
memorias municipales registran prácticamente toda la vida de la ciudad; son interesantes
documentos que nos muestran toda una política. Es importante ver en el desarrollo de esta
gestión los capítulos dedicados a las casas de inquilinatos y las a “casas para obreras” (así
fueron llamadas).

En el discurso de Torcuato cuando escribe la memoria, lo que se advierte es que no existía


una preocupación realmente social de los problemas. El problema estaba vinculado con la
higiene pública. Esto apunta mucho a todas las teorías higienistas de predominio en esa
época y por lo tanto el problema de la vivienda va a ser postergado aunque se van a hacer
cargo de él algunos de los proyectos radicales y católicos en la década del ’20. El único
proyecto que podríamos llamar un proyecto para obreros, que no terminaba en cuatro pares de
casas en la manzana de Pueyrredón, Larrea, Las Heras y Melo, no fue un proyecto como los
que vamos a ver que surgen en torno a la Ley Caferata y que crean verdaderos centros de
viviendas sociales de las que se van a disputar su acción los grupos católicos y socialistas. Es
decir que la década del ’20 es una década fructífera en cuanto a ver a un Estado que todavía
no se hace cargo de los problemas sociales y, distintas entidades o partidos que van a tener
que tomar esa actitud con una disputa esto lo he encontrado no solo en el registro escrito
sino también en el registro oral entre la Parroquia y la “Fomento” (como se llamaba a la
Sociedad de Fomento en esa época) que eran los que trataban de ser mediadores ante un
Estado que no se hacía cargo todavía de los problemas sociales.

La población: Todos ustedes recibieron una carpeta en la que tratamos de referir cómo fue
pasando esta ciudad de su pequeño casco histórico al égido de 1867 y hasta los límites del
año 1887. Hay también algunos planos, especialmente el del Censo de 1887, que reflejan las
divisiones censales que se tuvieron en cuenta para. En el mismo texto ustedes van a encontrar
una serie de apreciaciones acerca de diferentes divisiones que dificultan la lectura censística
porque hay circunscripciones que no se mantienen y divisiones que no se siguen. Por eso es

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tan importante para nosotros saber cómo se va a discutir y de qué manera se van a encarar las
futuras divisiones de la ciudad.

La ciudad intentó tener más de una división, especialmente en la década del ’20 cuando se
programa el primer Proyecto Orgánico y Plan Urbanístico que propone la división en seis
zonas a partir de los barrios existentes. Se trataba de una división que no solamente tenía
como objeto la división en sí misma sino que también proponía la consolidación de los
centros barriales en la confluencia de algunas de sus vías principales.

Esto es un pantallazo de los primeros años del siglo XX en donde las transformaciones cada
vez eran más vertiginosas. Si las apreciaciones para la época sobre la que habló Rodolfo eran
de un crecimiento vertiginoso, las del Buenos Aires del Centenario lo son aún más. Se pasó
de una población de 433.000 habitantes según el Censo del ’87 a una población de 1.575.000
habitantes en 1914 con gran proporción de extranjeros, con todo el movimiento social que en
esas décadas se produjo en especial las primeras del siglo y el control social por parte
del Estado para tratar de manejar esa situación.

Decíamos que en la década del ’20 aparecía el primer proyecto orgánico para la ciudad. En la
década del ’30 hay un gran avance del urbanismo científico y, el desarrollo que empieza a
tener Buenos Aires comenzó a marcar una tendencia que todavía subsiste que es reservar el
Centro y el Norte de la ciudad para los grupos de mayores ingresos alejando a los
trabajadores y a los grupos de escasos recursos cada vez más hacia la periferia.

En la década del ’40 desde la Municipalidad se organiza el Catastro o sea un registro


estadístico de las fincas de la ciudad que permite un mejor ordenamiento y que se
acompaña con todos los proyectos sociales de esa década que comienzan a poblar lo que ya
empieza a fortalecerse como el cordón industrial de la Ciudad de Buenos Aires.

Entre 1960 y 1991, la Ciudad pasa de 6.875.000 a 11.000.000 de habitantes. En las últimas
décadas el aumento del volumen de lo que nosotros llamamos “la pobreza estructural” y su
impacto han sido muy significativos.

Pero a partir de 1994 la Ciudad pudo erigirse en Ciudad Autónoma, pudo elegir a sus
representantes, a su Jefe de Gobierno; me parece que es una gran responsabilidad para todos

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nosotros formar parte de esta gestión y que se trata de una ciudad nueva con mucha más
responsabilidad que las anteriores en donde el Jefe o el Intendente era un delegado del
Ejecutivo. Aquí el Jefe de Gobierno tiene una relación más directa con los ciudadanos de
Buenos Aires, y también los ciudadanos tienen mayores recursos para exigir el cumplimiento
de sus programas políticos. Por eso, frente a estas situaciones, a segregaciones espaciales, a
pobreza, a desocupación, volvemos a la pregunta inicial ¿cuántos sures tendremos dentro de
la ciudad, cuántos procesos que tenemos la responsabilidad de revertir?

Procesos que no podrán revertirse con un desarrollo en un solo sentido. Me parece que es
importante, en este aspecto, el pensar que por formar parte de Latinoamérica hemos pasado
períodos en los que a lo mejor tuvimos desarrollo económico y no teníamos justicia o
teníamos justicia y no teníamos democracia y, en la situación actual, creo que como dice
Carlos Fuentes, tenemos las tres cosas al mismo tiempo: democracia con historia, justicia con
memoria y desarrollo pero con destino. Nada más.

Norberto Gárcia Rosada


Buenos días, le agradezco al Instituto Histórico la posibilidad de poder conversar con ustedes
y, se me ocurre contarles que cuando me enteré de que debería hablar o cuando elegí el
período de la Ciudad Autónoma me planteé el problema de que tratar de relatarles o
explicarles las autonomías a legisladores y hombres vinculados con la Legislatura equivalía
para mí a tratar de explicar la naturaleza de la Santa Misa al Colegio Cardenalicio en Roma.

Entonces el enfoque no iba a ser académico sino el del hombre común de Buenos Aires. Voy
a extraer como de la manga a un personaje que me viene acompañando hace ya siete u ocho
años, a ese Señor Pérez que transita, que lo tenemos aquí en la puerta, que está corriendo en
estos momentos por Florida, por San Martín, que necesita llegar a tres bancos, que no sabe
qué le va a pasar cuando salga del banco y tome un taxi, que no sabe si tendrá tiempo para
almorzar, que tiene que pensar en dos trabajos y que al mismo tiempo vive en esta ciudad.
Vive y padece (y al mismo tiempo ama); le ocurre lo mismo que con su esposa: vive, padece
y ama a esta ciudad en la que le toca vivir y en la que en muchos casos también le ha tocado
nacer.

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Ciudad Autónoma
¿Qué es eso? La idea de la recuperación de la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires
proviene desde casi principios de siglo, pero nos vamos a concentrar en la década del ’90 por
aquello de que esto no pretende ser una charla académica. Creo que tengo el privilegio de
mantener una muy añeja relación de amistad con el primer hombre que planteó públicamente
el tema de la autonomía de la Ciudad y, curiosamente no lo planteó dentro de la unidad de
Buenos Aires sino que lo hizo en el diario La Nueva Provincia del cual era (no sé si en este
momento todavía es) editorialista, que fue el Dr. Luis María Vandieri, que propuso lo que
el denominó en su momento la letranización de la Ciudad de Buenos Aires, interpretando por
extrapolación que aquí en Buenos Aires podía ocurrir lo mismo que ocurre con el Estado del
Vaticano, que tiene varias basílicas fuera de su territorio y dentro de la ciudad de Roma, que
no obstante son territorio Vaticano.

Aquella propuesta sintéticamente consistía en conservar como Federal la pequeña porción del
centro de Buenos Aires en que estamos situados en este momento, donde se concentra la
mayor cantidad de dependencias nacionales de la Ciudad de Buenos Aires y que, al mismo
tiempo, no tiene una cantidad de población que alcance el mínimo para elegir diputados, y
después federalizar distintas dependencias como podrían ser el Congreso de la Nación, el
Palacio de los Tribunales, los cuarteles de Palermo, etc. De allí la idea fue evolucionando, fue
recogida, fue tomada. Esta idea ya venía —no olvidemos— del planteo de que si se hubiera
trasladado la Capital Federal al complejo Viedma-Patagones, la Ciudad de Buenos Aires tenía
que pasar a ser una nueva provincia, y se avanzó hasta lo que ya sabemos: el entendimiento
de los dos partidos políticos mayoritarios para reformar la Constitución con la condición de
que dentro de esa reforma se incluyese la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires.

Y allí fue donde comenzó a arder Troya porque se decidió darle autonomía a la Ciudad de
Buenos Aires, pero nadie se preocupó por definir los alcances de esa autonomía antes de
institucionalizar la autonomía. Esto no es un juego de palabras.

En mi condición de periodista he escuchado desde la optimista exhortación de la más alta


autoridad nacional cuando le preguntaron: “¿la Ciudad de Buenos Aires va a ser como una
provincia?” y dijo: “Igual que una provincia”, hasta la disparatada reflexión de una dama, a la
cual, por la calle Florida, le preguntaron: “¿usted quiere que la Ciudad de Buenos Aires sea
como una provincia?” y contestó: “No, porque no quiero ser provinciana”.

19
En medio de todo esto se votó la autonomía y permítanme un paréntesis. Desde ya, aclaro que
el Sr. Pérez es un hombre común moderadamente autonomista sin ser fanático pero no anti-
autonomista. Entonces, probablemente, de esta reflexión salga algo así como una bendición
(hoy estoy con las figuras eclesiásticas), gotas de agua bendita que van a salpicar intereses
políticos, no perversamente sino desde el punto de vista de la realidad más objetiva.

La autonomía, que es la virtud, la potestad que se le concede a una región o a una provincia
para gobernarse a sí misma (que en el caso de la República Argentina no puede tener ni tiene,
desde ya, la connotación regional que tienen las Comunidades Autónomas españolas) puede
ser definida rápidamente. Nada más claro que el artículo 129 de la Constitución Nacional.
Gobierno propio, jurisdicción, legislación; hasta allí fuimos bien. No había nada oscuro. Pero,
por supuesto cuando se comenzó a medir el alcance de que aquello sería como una provincia,
rápidamente muchos de los sastres comenzaron a replegar el centímetro porque se dieron
cuenta que habían avanzado muchísimo en su optimismo y estaban perjudicando sus propios
intereses. De allí que nos encontremos con interpretaciones restrictivas generadas incluso
desde el propio seno de la Ciudad de Buenos Aires —algunas sanas y otras por intereses
corporativos.

Anoche estaba repasando una interpretación que decía: “no hacía falta que la autonomía fuera
constitucional; bastaba con una ley que dispusiese la elección de su Intendente y reformar la
Ley Orgánica Municipal para brindarle mayores atribuciones al Concejo Deliberante”. Puede
ser, pero no olvidemos que una ley siempre puede ser modificada o derogada por otra ley y,
en ese caso, la autonomía iba a ser una fruta pendiente del árbol de los intereses políticos de
turno. Por otro lado, vinieron las interpretaciones restrictivas, ya en el seno de la propia
Convención Constituyente, algunas tan anacrónicas como las provenientes de convencionales
que se negaban a votar la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires invocando la condición de
nativos de alguna provincia que había sacrificado a 3.000 hombres frente a las trincheras
porteñas en 1880; otras, por intereses particulares: en el momento en que la Ciudad de
Buenos Aires entrase a tallar como una provincia —si me permiten una imagen
humorística— se agregaría un ratoncito más a los otros 24 ratoncitos que se alimentan del
gran queso de la coparticipación federal.

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La autonomía entonces, salió vaga en la Constitución pero, afortunadamente, constitucional.
Y no solamente en el artículo 129 se menciona a la Ciudad de Buenos Aires como un ente
equiparable a las provincias sino también en los artículos 44, 45, 54, 75, etc.

Pero quedó la vaguedad. El Congreso de la Nación ¿seguía siendo Legislatura de la Ciudad


de Buenos Aires? ¿Iba a ser Legislatura hasta tanto la Ciudad no tuviera su propia
Legislatura? Pero otro artículo dice que sigue siendo Legislatura. El sentido común dice: “...y
sí, sigue siendo Legislatura porque en la Ciudad de Buenos Aires hay espacios federales
sobre los cuales tiene poder y necesidad de legislar”. Pero la cuestión quedó algo así como
para que dos gallos de riña se mirasen.

Necesidad de convocar a la Asamblea Estatuyente: el Congreso de la Nación en uso de sus


todavía absolutas facultades de legislar convoca pero al mismo tiempo, en mi modesto juicio,
se excede y fija el número de legisladores que va a tener la Ciudad de Buenos Aires. Antes de
la definición ya dice que se van a votar 60. Que pueden ser pocos o muchos, no sé, pero es
una cifra peregrina. Mientras se iba demorando la decisión, la elaboración y la redacción de
esa norma jurídica que sería el Estatuto o la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires y, en
cumplimiento de la segunda parte del artículo 129, el Congreso de la Nación dicta la Ley de
Garantías que estaba destinada —según dice expresamente la Constitución Nacional— a
preservar los intereses de la Nación, en tanto la Ciudad de Buenos Aires fuese su Capital.

Esa Ley de Garantías es tan optimista acerca de los intereses de la Nación que hasta veda (no
en la letra pero sí en entrelíneas) a la Ciudad de Buenos Aires la posibilidad de fijar los
recorridos de todas sus líneas de colectivos o determinar las paradas; porque basta que una
línea de colectivos termine su recorrido 10 cm. del otro lado de la General Paz o del otro lado
del Riachuelo para que dependa de la Secretaría de Transportes de la Nación y no de la
Ciudad de Buenos Aires, con lo cual el Jefe de Gobierno —sea quien fuere— no puede ni
siquiera correr la parada 20 mts. porque eso lo debe hacer la Secretaría de Transportes de la
Nación.

No estoy intentando hacer proselitismo absolutamente autonomista; estoy fijando realidades.


Realidades que transforman entonces a ese proceso autonómico que comienza en 1994 en una
suerte de bolsa de gatos, donde hasta ahora, afortunadamente con muchísima altura, por un

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lado se dirimen los intereses de la Ciudad y por otro los de la Nación, que obviamente no son
totalmente concordantes por el hecho de las diferencias políticas.

En algún momento —y esto lo cito a manera de anécdota— acerca de esta realidad


incontrastable, un hombre de actuación política en el oficialismo nacional, de mente muy
clara, me dijo: “Pucha, que complicado que va a ser esto, nadie ha advertido que con esta Ley
de Garantías, tan restrictiva, que impide tener justicia, salvo la de menor cuantía (en sentido
general), que impide tener seguridad propia, que reserva el Puerto para la Nación, el Jefe de
Gobierno cada vez que tenga un problema y su comunidad se lo venga a reclamar tiene en sus
manos un arma valiosísima, que es decir: ‘Señores, yo no tengo jurisdicción para esto: crucen
la Plaza de Mayo y vayan a reclamar enfrente’ ”.

Se me ocurre —desde el punto de vista de 1998— cuál es el primer desafío que entrevé el
hombre común de la Ciudad de Buenos Aires acerca de una autonomía que todavía no ha
alcanzado a comprender del todo: promover por sí, mediante los instrumentos que le facilita
la democracia, la cabal interpretación y el perfeccionamiento de esa autonomía para evitar
pleitos que gracias a Dios no se van a dirimir como hace 100 años (esto lo doy por
descartado) pero que van a ser tan importantes como los de hace 100 años.

La Ciudad de Buenos Aires es parte integrante del país (siempre ha querido serlo) y está
orgullosa de su país (y el país está orgulloso de la Ciudad de Buenos Aires) ¿por qué no
pueden marchar en forma acorde? Porque después de esa confusión autonómica vinieron los
subsecuentes episodios como el pedido de que la Ciudad de Buenos Aires cambiase de
nombre. Entonces Pérez dijo: “ridículo: me piden que cambie el nombre a mí, que lo porto
desde hace 400 años, en tanto que quien me pide que lo cambie lo tiene desde hace 170”
—cálculo matemático más o menos pero además cuestión ínfima. Después vino el Estatuto
y/o Constitución de la Ciudad de Buenos Aires y, se encuentra pendiente todavía en el
Congreso de la Nación el pedido de nulidad de varios de sus artículos.

Y el hombre de Buenos Aires que está acosado por problemas más inmediatos, más
acuciantes, observa el partido de tenis en que la pelota va y viene, y, él —en su fuero
íntimo— en su necesidad de hoy —acá y ahora— en muchos casos ni siquiera es partidario
de alguno de los dos adversarios. Él lo que querría es que le atendiesen cosas más inmediatas
porque ahora este es el gran dilema de la Ciudad de Buenos Aires.

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Cuando el primer orador se refería a esa lúcida descripción de Cantilo yo decía que sin los
vestidos de cola y los miriñaques, estábamos hablando de la Ciudad de Buenos Aires de hoy.
Una Ciudad de Buenos Aires que padece al mismo tiempo los beneficios y los maleficios de
todas las grandes ciudades del orbe. Una Ciudad de Buenos Aires a la que se llamó la París de
América Latina y hace poco menos de un mes un escritor la observó como que “está
latinoamericándose”, con todas las connotaciones en favor y/o peyorativas que puede tener
ese calificativo.

Una Ciudad de Buenos Aires de la que la gente que puede está huyendo. Permítanme que
pase un aviso: vean ustedes la página de countries que publica los días sábado el diario La
Nación. En este país —como en el resto del mundo— nadie hace un negocio para perder. De
momento que hay tantas ofertas de country es porque hay mucha gente que quiere irse a vivir
a un country o a un barrio cerrado y compra. ¿Por qué se está escapando esa gente? ¿Por qué
está huyendo esa gente? ¿Por la delincuencia? Sí, pero no solamente por la delincuencia. Se
está escapando porque hasta para un Pérez que le discutiría porteñidad a Juan Mondiola, esta
ciudad se está tornando insoportable. Basta con pararse alrededor de la 1 ó 2 de la tarde en la
esquina de Maipú y Tucumán que es una de las más ruidosas de Buenos Aires. Ayer me
pasaron un dato estremecedor: con que salieran a la calle simultáneamente todos los
automotores patentados en la Ciudad de Buenos Aires, esta ciudad explota. Cuando venía
para aquí tomé un taxi en San Juan y Sarandí y, probablemente de haber estado en estado
físico y, con unos años menos, corriendo velozmente hubiese llegado más rápido.

Y, en medio del partido de tenis se propone que la Ciudad de Buenos Aires se transforme en
una ciudad mundial. Ambicioso proyecto. Pérez se aterroriza y dice: “¿Más?”. Por eso creo
que el hombre que permanece en la Ciudad de Buenos Aires tiene que poder definir, exigir
que se defina en cuál ciudad quiere vivir —teniendo presente sus aspiraciones. Y siempre en
una gran metrópoli: cómoda, moderna, avanzada y al mismo tiempo segura, no contaminada,
no abrumadora o (utilizando un término de moda) no estresante. Veo que el hombre de
Buenos Aires disfruta de su autonomía, que ha podido elegir a su Jefe de Gobierno, que tiene
a sus representantes, que —en definitiva— por fin puede “meter la cuchara” en los asuntos
internos, en la vida local para —precisamente— tratar de lograr sus objetivos; pero todavía
no sabe bien cómo hacerlo.

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Y mientras tanto, por otra parte, hay una minoría pensante e inquieta, que dice: “¿Cómo hago
para participar?”. Y observen ustedes un fenómeno: lo que antes era una particularidad del
conurbano, del Gran Buenos Aires y de la provincia —la Sociedad de Fomento, llámesela
como se la llame— ahora está encarnada en la Ciudad de Buenos Aires. Las denominadas
“entidades de segundo grado”, organizaciones no-gubernamentales, los vecinos que protestan
por el Código Contravencional son —en definitiva— el perfeccionamiento de la Sociedad de
Fomento.

Ese es probablemente uno de los aspectos más ventajosos de la autonomía y uno de los
modos por los cuales el vecino de Buenos Aires está tomando conciencia de esa autonomía,
que algún tratadista dijo que iba a ser muy costosa y, que probablemente está costando un
poquito más, pero por la cual tendría derecho a recibir fondos de la Nación por
coparticipación federal —que aún no le llegan. Esa autonomía en la que el vecino observa
absorto la discusión entre Policía Federal, Policía de la Ciudad de Buenos Aires, en tanto se
oprime los bolsillos para que nadie le meta la mano y le robe la billetera.

Esta Ciudad de Buenos Aires en la que —como bien dijo Liliana— el vecino advierte que los
grandes proyectos se aposentan en el sector Norte (en la porción que Borges definió “de la
vereda de enfrente hacia allá” diciendo que “de la vereda de enfrente hacia acá se entraba en
un territorio más grato y querido”). Y que de esos grandes proyectos uno hasta ahora ha
quedado muy lindo Puerto Madero pero mantiene la incógnita de saber cómo será la
segunda parte cuando Puerto Madero, cuadragésimo séptimo y novísimo barrio porteño, sea
sembrado en torres de hormigón armado. Esos mega-proyectos no le vienen a Pérez de su
propia ciudad y nadie le ha consultado cómo por ejemplo podría ser el “Proyecto Retiro” que
plantea objeciones tan formales como la de un arquitecto caracterizado que dijo: “vamos a
construir una estación de ferrocarril nueva mientras tenemos la más hermosa de América
Latina en actividad”. Se decide construir hacia lo alto, en tanto a Pérez no le preguntan si
quiere conservar un horizonte que por supuesto no va a ser chato de toda chatura pero que no
necesariamente debe ser oscurecido con torres de hormigón armado.

Al filo del 2000 ó del 2001 (porque todavía está en discusión cuándo comenzará el siglo
XXI) —el Profesor Maiocchi estará pensando: “Joven, comienza el 1 de enero del 2001”—
tiene que enhebrarse una interrelación entre la Ciudad de Buenos Aires autónoma,
definitivamente autónoma y definidamente autónoma. Que se acabe la discusión acerca del

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alcance de la autonomía —sea cual fuere el resultado al que se llegue— y se diga de una vez
por todas: “Bueno, la autonomía llega hasta acá y punto y ahora vamos a trabajar sobre la
base de esta autonomía”. La ciudad tiene que terminar de imbuirle esa interrelación a sus 3
millones de habitantes. En principio la sensación es que la autonomía no representa
solamente votar al Jefe de Gobierno; es participar, colaborar, intervenir, definir, es tratar de
mejorar.

Y, por otro lado, el vecino tiene que poder interpretar que esa autonomía le permite participar
para construir primero esta ciudad y después abordar el que —a mi juicio— va a ser el gran
problema por resolver de (por lo menos) la primera mitad del siglo próximo: Buenos Aires no
puede aislarse en la frontera General Paz - Riachuelo —hasta acá llegamos nosotros y de ahí
en más el diluvio.

Quiérase o no, la Ciudad de Buenos Aires llega hoy por el Sur hasta casi La Plata; por el
Oeste hasta casi Luján, por el Norte decididamente hasta el Tigre. ¿Cómo se resuelve esa
complejidad geográfica? No lo sé pero de alguna manera la Ciudad de Buenos Aires con su
autonomía definida (también ese es el desafío) deberá llegar a un entendimiento con su
conurbano, para transformarse en una unidad que resuelva problemas comunes (que los
estamos viviendo todos los días): desde la inseguridad hasta la concurrencia de la población
del conurbano a las escuelas y los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires.

Lamentablemente desde aquí no puedo hacer futurología. Lo único que puedo anhelar es que
ojalá dentro de 100 años se mantenga este hermoso salón y haya aquí otra charla como ésta
(en la que por supuesto no va a estar ninguno de nosotros) en donde los oradores de la parte
histórica puedan relatar cómo la Ciudad de Buenos Aires resolvió ese hoy y ese mañana que
estamos planteando en este momento. Nada más y gracias.

Enrique Mario Maiocchi


Todos los temas, todos los asuntos, todos los problemas que actualmente se plantean en la
Ciudad —incluido el de su autonomía— tienen una larga raíz histórica. Claro, para los
porteños, cualquier cementerio del país se llama la Chacarita eso lo hemos visto los que
vamos por las provincias, “mirá la Chacarita” dicen. Y, para la mayor parte de los porteños el
Cabildo es un edificio y además, creen que es el único edificio de Cabildo que hubo en el

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país. Pero todo esto comenzó prácticamente con la fundación de las poblaciones trayendo un
modelo de España, del Ayuntamiento, o sea del Gobierno de la Ciudad, y se instalaban en
América esos gobiernos a medida que se fundaban las ciudades. Se iban creando los Cabildos
para gobernar en la ciudad, a los que también se les llamaba Ayuntamientos o Consejos,
aunque a la larga predominó el nombre de Cabildos.

El Cabildo era el organismo de gobierno de la ciudad que poseía en sí mismo los tres poderes:
el poder de legislar, el poder de ejecutar y el poder de juzgar. Ello en la medida en que se le
otorgaran esos poderes porque como veremos en seguida algunas funciones no las podía
ejercer.

Cuando se produce la Revolución de Mayo, en 1810, el Cabildo es la institución más antigua


que existe en el país. Nos encontramos con el Cabildo de Buenos Aires, el Cabildo de
Córdoba, el de Salta, el de Tucumán, el del Arroyo La China allá en Concepción del Uruguay
y así podríamos seguir nombrando hasta el Cabildo de Luján, que era un Cabildo de Honor,
en un plano distinto al de los otros Cabildos.

Esta institución era formada por vecinos y corresponde decir quién era vecino: vecino era
aquel que tenía casa habitada. ¿Qué quería decir esto? Que tenía familia y en su casa vivía
con ella. Por eso los comerciantes ingleses, por ejemplo, que iban y venían y, vivían en
alguna pensión o en alguno de los bares de las cercanías no eran considerados vecinos;
porque no tenían aquí ni casa propia ni tenían familia para instalar en esa casa. El concepto de
vecino estaba dado entonces por tener casa poblada y familia.

Cualquier vecino podía ser elegido integrante del Cabildo (es decir del gobierno de la ciudad)
salvo por lo que también ocurre hoy en día: ser deudor o quebrado. Esto era algo
relativamente fácil de saber en ciudades pequeñas como eran las americanas, pero muy difícil
de conocer hoy en una ciudad de 3.000.000 de habitantes. Suele pasarle a los gobernantes,
incluido al gobierno actual, que designan un funcionario y al día siguiente se enteran por
ejemplo, que estuvo preso. Lo cierto es que no podían integrar el Cabildo los deudores ni
tampoco quienes tenían cargos reales (del gobierno de la monarquía)

Pero la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires carece de Poder Judicial propio. No podemos
tomar como tal a los Tribunales de Falta, porque atienden problemas tales como si se lava la

26
vereda antes o después de las siete de la mañana. La Ciudad no posee justicia importante; en
cambio, desde siempre fue misión del Cabildo impartir justicia, lo cual hacía por medio de
uno de sus miembros: el Alcalde que era el Alcalde Cabildante Juez.

En una primera etapa, en Buenos Aires, todos los problemas que se planteaban entre vecinos
tanto de carácter civil (“que se me está ocupando parte de mi propiedad...”) como penal (“hay
un ladrón...”) iban a decisión del Alcalde, que era dentro del cuerpo del Cabildo el personaje
más importante.

Con el tiempo, cuando fue aumentando la población y fueron también creciendo los
problemas, se resolvió que hubiera dos Alcaldes y de ahí viene la expresión de “Alcalde de
Primer Voto” y “Alcalde de Segundo Voto” ¿Qué quería decir esto? Que cuando tenían que
votar como cuerpo un problema propio de la ciudad, el primero en dar su opinión y votar era
el Alcalde de Primer Voto, que tenía precedencia sobre el Alcalde de Segundo voto que era
el segundo en votar. Pero ¿por qué dos Alcaldes? Porque entonces se repartieron los asuntos
por razón de competencia. Los civiles y comerciales (que eran muy pequeños, muy reducidos
todavía) quedaron en manos del Alcalde de Primer Voto. Los criminales o penales quedaron a
carga del otro Alcalde. Entonces se dio una cuestión de competencia como hoy en día ocurre
con los jueces (el fuero civil, el fuero comercial, etc.).

Luego eso va a cambiar cuando se abre el Puerto de Buenos Aires y se multiplica el


comercio; entonces a los Alcaldes se les quita la competencia comercial, porque ya pasa a ser
un problema del Puerto, de mercaderías que se importan y exportan y, esa función judicial se
le otorga al Consulado, al famoso Real Consulado de Buenos Aires (dónde había Puerto,
había un Consulado) por lo que la cuestión comercial queda al margen del Poder Judicial de
la ciudad en ese momento.

Pero se planteaba otro problema (que se está planteando también ahora) que era hasta dónde
llegaba la Ciudad de Buenos Aires y hasta dónde iba a llegar; finalmente parecería que se está
por dar el mal sueño de Rivadavia, cuando quiso “borrar” la Provincia de Buenos Aires y
convertirla toda en ciudad.

Pero en aquella época ese problema se resolvía preguntándose hasta dónde llegaba la
autoridad del Cabildo. En realidad el país era un conjunto de ciudades, muy separadas entre

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sí. Se decía: “las provincias del Norte” pero no existía un concepto político de provincias
como el que hoy tenemos. La prueba de ello es que cuando se produce la Revolución de
Mayo, los revolucionarios se dirigen a los Cabildos. ¿Hasta dónde llegaba la autoridad del
Cabildo? Una expresión muy simple era: “hasta donde llega el caballo sin pedir cambio“;
hasta allí era indudable que tenía autoridad el Cabildo. Aunque a veces se la tomaba hasta
más lejos y, por ejemplo, nadie podía salir a buscar sal sin autorización del Cabildo (y
evidentemente las salinas estaban mucho más allá de hasta donde llegaba el caballo). Como
no había otro Cabildo más al Sur, nadie le iba a protestar al de Buenos Aires que diera
autorización para ir a buscar sal por supuesto había que pagar una alcabala al Cabildo por
haber dado el permiso.

Además de estos dos Alcaldes que les mencionaba había representaciones de Alcaldes en las
vecindades. Si se acuerdan, una sola vez se habla en nuestra historia del Alcalde de las
Quintas, don Tomás Grigera, que se trajo a todos los vecinos a la Plaza de la Victoria en el
movimiento del 5 y 6 de abril. Y luego no se habla más ni de Grigera ni del Alcalde de las
Quintas. Estos Alcaldes de las Quintas eran delegados de los Alcaldes en pequeñas
jurisdicciones, para poner paz entre quinteros, entre chacareros. Por ejemplo ese Tomás
Grigera que era el Alcalde de las Quintas en la zona de lo que hoy es Palermo, y que se trajo
a toda la peonada de Palermo para aquí.

En la campaña había otros alcaldes, también dependientes del Cabildo. Eran los llamados
Alcaldes de Hermandad. Esto provenía de España, de la Santa Hermandad que fue creada por
la Reina Isabel con el acuerdo de su esposo el Rey Fernando para limpiar los caminos de
España que eran sumamente peligrosos. Y los limpió, quizá no con una pulcritud total, pero
los limpió. Pienso que actualmente tendría que haber una especie de Santa Hermandad en
Buenos Aires para resolver ciertos problemas. No estoy predicando la violencia pero en cierta
época hay que manejarse con las armas necesarias.

Entonces, para las cercanías teníamos a los Alcaldes de las Quintas y más allá los Jueces de
Paz. Generalmente el más importante estanciero era además Juez de Paz. Eran vecinos no
letrados cuya misión era poner paz entre los vecinos. La institución de los Jueces de Paz la
tuvimos en Buenos Aires hasta 1946. Los Jueces de Paz letrada (ya eran letrados) se
transformaron luego en Jueces de Primera Instancia, pero todavía en muchas provincias existe
la Justicia de Paz no letrada, que tiene aquella finalidad de justicia que tenía el Cabildo. La

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justicia es un poder muy importante porque sin ella no hay orden y sin orden no hay libertad
bien encauzada. En el fondo es como dice Santo Tomás: “ la paz es la tranquilidad en el
orden”.

• ¿Qué otras atribuciones tenía el Cabildo?


Una era (y para esta generalmente había un cabildante que era el Cabildante Tesorero)
administrar sus bienes y percibir ciertos derechos, que debían pagar los vecinos, por ejemplo
el derecho de ir a buscar sal. Lo que no tenía el Cabildo (ni el de aquí ni ninguno)
precisamente para evitar excesos era agregar nuevos impuestos a los ya existentes. Así que
cuando se habla del Cabildo ocupándose de la Hacienda se trata de la administración de los
bienes propios que tenía el Cabildo (casas que le dejaban, etc.).

Luego tenía el poder de policía. Para nosotros hoy la expresión “policía” se identifica con
“vigilante” (como dicen los chicos) y con un señor persiguiendo al ladrón. El poder de policía
tiene un sentido mucho más amplio: es el orden, el poder de poner orden —cosa que también
por supuesto hace la Policía Federal cuando hay desorden. Por ejemplo dentro de ese poder
de policía que tenía el Cabildo se hallaba la construcción de viviendas, la limpieza de calles,
el alumbrado, la higiene de la ciudad, la policía sanitaria, la policía de costumbres; todo eso
conformaba lo que se llamaba el poder de policía, como así también el control sobre los
alimentos y sobre los precarios servicios sanitarios de aquella época. Todo entraba dentro del
poder de policía y, el poder de policía lo tenía el Cabildo.

Luego también tenía el poder de la guerra, que consistía en preparar a los vecinos
encuadrados en las llamadas milicias urbanas para defender a la ciudad si era atacada. En lo
militar ni el Cabildo tenía más atribuciones ni el vecino tenía más obligaciones que
defenderla. Cuando se plantea por ejemplo el caso de 1807, en que los ingleses están afuera
de la ciudad y se sale a combatirlos, no pudieron ir las milicias urbanas. A Liniers sólo lo
pudieron acompañar los vecinos que se enrolaron como voluntarios porque no estaban
obligados militarmente a salir de la ciudad.

Y otra función que también era muy importante —que ya venía desde Atenas y Roma— era
el abasto; la ciudad abastecida para alimentarse. La falta de productos alimenticios es una de
las causas de graves desórdenes en una ciudad y desde siempre esto fue contemplado.

29
Entonces, esas eran las funciones del Cabildo, a las cuales habría que agregar otras dos: la
educación escolar y la beneficencia. El Cabildo tenía obligación de instalar escuelas para las
familias que no pudieran pagarle estudios a sus hijos con un maestro de un convento. Cuando
el Cabildo instalaba escuelas (que en algunos casos se trataba sólo de un aula) tenía que
contratar al maestro y pagarle el sueldo, porque las familias no podían afrontar ese gasto. Las
escuelas que se creaban eran las llamadas Escuelas del Rey porque se suponía que todo lo
bueno en favor del pueblo lo hacía el Rey. Pero también todo lo que no tenía dueño era del
Rey, de allí que los caballos que andaban sueltos eran los reyunos, porque su propietario era
el Rey. Así como después de 1810 las Escuelas del Cabildo pasaron a llamarse las Escuelas
de la Patria (Sarmiento narra en “Recuerdos de Provincia” que él concurría a la Escuela de la
Patria en San Juan) y los caballos pasaron a llamarse los “caballos patrios” porque su dueño
era el gobierno.

Pero no siempre el Cabildo instalaba aulas para las familias no pudientes sino que a veces
utilizaba otros mecanismos. En ocasiones prefería becar (dicho con lenguaje de hoy) al
alumno y que éste concurriera al aula existente de un maestro o de un convento. Pero esto
motivaba también la supervisión del Cabildo. Uno de los regidores era el encargado de visitar
las aulas para ver qué se hacía, vale decir si el maestro autorizado por el Cabildo cumplía con
su deber. Esa supervisión escolar también le correspondía al Cabildo.

Y finalmente la función de beneficencia. Todo aquello que no pudieran hacer las personas o
las instituciones privadas tenía que ser asumido por el Cabildo, como por ejemplo, sepultar a
los pobres que morían en la calle; alguien tenía que hacerse cargo del cadáver, si no al pobre
lo solían atar a la cincha de un caballo y lo llevaban por allí. Esto en Buenos Aires se resolvió
creando una institución llamada la Hermandad de la Caridad, que tenía a su cargo ocuparse
de los que morían solos y abandonados.

Si ustedes lo piensan, todas estas funciones que tenían los Cabildos son las atribuciones,
competencias y responsabilidades que actualmente tienen las ciudades. Porque los problemas
siguen siendo los mismos aunque haya crecido la población; pero claro, son problemas
mucho más complejos y de más difícil solución.

30
• ¿Con esto qué quiero decir?
Que en el fondo todo este proceso de autonomía de la Ciudad que se está viviendo ahora es
de alguna manera un volver atrás para que todos los vecinos se ocupen de la ciudad como lo
hacían en otra época. Evidentemente el hecho de que el Intendente era designado por el
Gobierno Nacional y que los concejales tenían atribuciones restringidas hacía en gran medida
que los vecinos se desentendieran de la ciudad, de la zona en que vivían (muchas Sociedades
de Fomento languidecían). En cambio todo aquello que fue creo que vuelve a ser en este
momento. Eso se ve por ejemplo en los Centros de Gestión que se están instalando ya en
algunas zonas de la Ciudad. Cómo se plantea un problema si los vecinos concurren allí a
tratarlo y a interesarse. Vale decir: del Cabildo a la Ciudad Autónoma lo único que hay es un
gran aumento de población y de dificultad de manejo, pero el hecho político sigue siendo
exactamente el mismo. Nada más.

Andrés Borthagaray
Odilia Suarez es arquitecta urbanista, Doctora Honoris Causa y Profesor Emérito de la
Universidad de Buenos Aires a lo largo de 17 años en distintos períodos; integró los equipos
de planeamiento de la Ciudad de Buenos Aires y presidió el Consejo de Planeamiento
Urbano; es autora de numerosos trabajos sobre la Ciudad de Buenos Aires entre ellos “Planes
y Códigos para Buenos Aires”, que es un análisis de todos los documentos que se han
producido en la ciudad en materia de planeamiento. Ha estudiado en Gran Bretaña, en los
países escandinavos y ha sido becada para recorrer todas las Oficinas de Planeamiento en el
Este de los Estados Unidos. Ha asesorado además a la Secretaría de Vivienda, al Consejo
Federal de Inversiones, a la Subsecretaría de Vivienda y Planeamiento y al Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, entre otras actividades.

El arquitecto Francisco Liernur, que es además historiador, me pidió que fuera breve en mi
presentación pero no puedo dejar de mencionar que es discípulo de Tafuri; que dirige el
Centro de Estudios de Arquitectura Contemporánea y que es Co-Director de la Maestría de
Economía Urbana en la Universidad Di Tella. Ha escrito, además, numerosos trabajos como
crítico de arte e historiador.

Se encuentra presente también la arquitecta María Agustina Lasboiti, especializada en


Conservación del Patrimonio, particularmente en lo que tiene que ver con la formación y la

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educación. Es Profesora de Introducción a la Preservación y al Reciclaje del Patrimonio, es
miembro de la Comisión Directiva de ICOMOS, y está a cargo del Grupo Argentino de
Juventud y Patrimonio.

Y Marcelo Escolar, que es el Director de la Comisión de Descentralización de la Legislatura


de la Ciudad de Buenos Aires. Fue Constituyente —participó en todos los trabajos de la
Constitución de la Ciudad —y dirige el Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos
Aires.

Odilia Suarez
Creo que he sido invitada a esta reunión en mi carácter de urbanista, con bastante experiencia
sobre Buenos Aires. Entonces considero que lo que corresponde es hablar en tal carácter y no
desde el ángulo de un administrador y público, que no lo soy.

El primer punto que voy a tocar es qué visión se desprende de la historia del urbanismo,
porque esta propuesta de dividir la ciudad en sectores no es nueva. Desde la historia más o
menos reciente del urbanismo distingo tres visiones dominantes.

En primer lugar, la visión sociológica. En la segunda mitad del siglo XIX, con el fin de hacer
más manejable y de darle forma a la afluente sociedad industrial se abrió paso la idea de
unidades urbanas de tamaño limitado. Nos desfilaron una serie de utopías de los reformadores
sociales hasta desembocar en el fin de siglo con las garden cities que tal vez hayan sido las
más perdurablemente influyentes.

La propuesta predominante era la de crear comunidades autónomas (más que autónomas,


autosuficientes) dentro de un entorno geográfico agradable donde fuese posible desarrollar el
concepto de comunidad de intereses de bienes y de recursos, y bajo estos criterios (que fueron
muy fuertes en los reformadores sociales sajones sobre todo en Gran Bretaña y en los Estados
Unidos) se desarrolló posteriormente la teoría del laborhood, que fue construida algo más
tarde, y con toda esta tradición y estas teorías se generaron las new towns, principalmente las
llamadas de la primera generación. Pero finalmente ¿qué les pasó a estas new towns al estar
terminadas y construidas? (después de haberlas duplicado o triplicado en población que es lo

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que ha pasado con el incontenible avance metropolitano): se transformaron en municipios
independientes. Hoy son, creo que todas ya, municipios independientes.

En América Latina esta visión sociológica, a mi modo de ver, resultó más espontánea y más
vívida y dio surgimiento al barrio, ese barrio tan justamante cantado por nuestra música
popular y nuestros poetas. Pero tanto el barrio como la vecindad se impregnaron de dos
características; una, la más positiva, fue la exaltación del sentido de identidad y de
pertenencia; la otra, más negativa, fue la de un sentido clasista (en términos de clases
sociales) y, en ciertos países, también con un fuerte contenido étnico (más que fuerte, terrible
contenido étnico). Sin entrar en estas honduras sobre las que podemos seguir varios años
discutiendo, la identidad es la integración de los iguales y a la integración de los desiguales
hoy se la quiere resolver con el concepto de pluralidad. Pero no resulta fácil y quizá lo que se
puede, se debe y se está intentando hacer es lograr pautas de convivencia porque en caso
contrario creo que no quedaría más que la pelea o la pacificación.

A la base del problema de la visión sociológica aportó mucho el sociólogo Ferdinand Tonis a
partir de los conceptos de “comunidad” y “social” que trata en un famoso libro publicado en
Alemania en 1877, el cual contribuyó a reforzar, a mi juicio, los aspectos teóricos de esta
visión. Esto ha sido un pantallazo sobre la visión sociológica.

Otra visión dominante para mí ha sido la visión funcionalista que arranca a partir de la
propuesta de unidad vecinal que hizo Clarence Ferry, en Estados Unidos en 1929 y que fue
tomada con gran vigor por el movimiento moderno y por su más conspicuo representante, Le
Corbousier. Según dice uno de sus tratadistas, Ferry escribió acerca de esta unidad trabajando
en el catastro de Nueva York, y aclaraba que no concebía a la unidad vecinal como un
fenómeno sociológico, y que ésta no comprende ninguna teoría especial de la sociología. Que
se trata sencillamente de un ambiente físico en el cual las amas de casa saben que estarán
cerca no solo de los lugares de juegos para sus hijos sino también de las escuelas primarias,
los pequeños centros comerciales para las compras diarias, y los medios de transporte.

Recordemos que esta teoría que fue tan entusiastamente asumida por el movimiento moderno,
a mi juicio se correspondía muy bien con la visión igualitaria de una sociedad sin clases, que
sostenía ese movimiento y que popularizó una división de la ciudad por sectores residenciales
igualitarios ; caso Brasilia, caso Chantegarh que digamos son las dos únicas ciudades

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construidas con esos proyectos. Pero en todos los proyectos de Le Corbousier (de los
innumerables proyectos que hizo) se encuentra la ciudad dividida en estas unidades, a mi
juicio abstractas.

Creo que la sociedad en la que vivimos en gran parte se encargó de desdibujar estas visiones
(sociológica y funcionalista) y considero que estamos hoy en un punto intermedio entre
ambas.

La tercera visión es la que yo llamo visión administrativa y que no contó tanto con teóricos
como las otras dos visiones, sino con prácticos, o sea con administradores prácticos, que
buscaban fundamentalmente ser eficaces tanto en lo funcional como en lo político. Creo que
en lo sociológico en general se mantuvieron en lo que yo llamo una especie de agnosticismo,
es decir sin adoptar esa visión, pero tampoco atacándola —más bien ignorándola. En cambio
esta visión administrativa a mi juicio adoptó con entusiasmo los principios funcionalistas,
visualizando siempre una sociedad abierta e igualitaria. Esto es lo que quería decir con
respecto a las visiones que a mi entender se desprenden de la historia del urbanismo.

Me quiero referir ahora a algunas experiencias en Buenos Aires. A mi me tocó vivir tres
experiencias valiosas sobre Buenos Aires.

La primera de ellas fue la de las Sociedades de Fomento, que por la década del ‘60, en la que
nosotros éramos directivos de la organización (entonces no se llamaba Consejo sino
Organización del Plan Regulador de Buenos Aires) eran las Asociaciones Vecinales
reconocidas por la Municipalidad. Me tocó hacer un relevamiento sobre todas ellas y descubrí
que no eran 100 los barrios porteños como se cantaba, sino 44 —por lo menos en aquel
entonces eran 44 pero por ahí andan ahora.

De ese trabajo rescato tres ideas principales. Primero, la fuerte actitud vocacional hacia el
barrio que tenían las Sociedades de Fomento que prácticamente cubrían toda la ciudad.
Segundo, que no tenían ninguna participación en los temas del Código de la Edificación,
porque aparentemente consideraban que se trataba de asuntos de competencia del gobierno
municipal. Y considero que el viejo Código de la Edificación, que pocos han meditado que
permaneció desde 1944 hasta 1978 y que era a mi juicio maléfico, tuvo bastante que ver con
esa indiferencia porque en general trabajaba la ciudad y la superponía en los diferentes

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distritos, con distintas divisiones según el uso, la altura, los materiales, el área. Piensen que
entonces era muy difícil localizar el barrio, imaginar un término localmente diferenciado. Y
la tercera característica que descubrí era la gran preocupación vecinal a la que le faltaba poder
político. Porque todas las inquietudes que desarrollaban quedaban en buenas intenciones y
solo tenían la participación que ocasionalmente le otorgaba algún funcionario de la
administración central.

La segunda experiencia fue la de las Juntas Vecinales que fueron creadas durante el gobierno
del presidente Alfonsín, intendencia de Saguier, y de ella también rescato tres conclusiones
principales. Primero que no lograron crear interés en el vecindario y se limitaron a ser el
escalón inicial para una pura carrera política de los que integraban esas Juntas. No se convocó
a las Sociedades de Fomento y se intentó hacer a mi juicio una labor político-administrativa
sin alma y sin participación vecinal. En segundo término no se sabía bien de que temas
debían ocuparse porque parecía que habían sido concebidas como simples mesas de entrada,
descentralizadas, y todos los temas se remitían para ser resueltos al municipio central (no eran
realmente un escalón de gobierno sino simples mesas de entrada). Y en tercer lugar, sus
integrantes se asignaron injustificados sueldos muy altos —lo que causó la irritación de
mucha gente— y, en contraposición, carecían de presupuesto propio.

La tercer experiencia sobre Buenos Aires, que para mi fue válida, fue la del Plan del ‘60, pero
creo que fue una experiencia válida solamente al interior del equipo de planificación porque
en las primeras versiones globales de aquel Plan se concebió a la masa urbana, tanto de
Capital como del Gran Buenos Aires, organizada en distintos centros barriales. Yo incluí esta
versión en la segunda edición de mi libro “Planes y Códigos para Buenos Aires” en la que
sustituí al plano inicial. ¿Por qué? Porque la Organización del Plan Regulador retiró ese plano
de los barrios y presentó un plano más indiferente, un poco más masificado socialmente,
como también sucedió luego con el famoso plan del Esquema Director de Año 2000 (del año
‘69) que tuvo origen nacional en CONADE y que tampoco se ocupó de la organización de la
masa urbana.

Pero ¿por qué nos retiramos? Porque después de mucha discusión no era nada fácil a
mediados del siglo XX sostener esta visión de la sociedad ante un movimiento moderno
triunfante que la ignoraba totalmente —al igual que todas las teorías marxistas también
bastante triunfantes en la segunda mitad del siglo XX. Entonces creo que solamente el Plan

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de Londres, el famoso de 1944, de Abercromby (que coronó una postguerra triunfante)
introdujo con fuerza este concepto de lo sociológico aunque después se diluyó parcialmente.
Pero también reflexiono que ningún británico tuvo a ningún Le Corbousier que les dejara un
plan funcionalista como había sucedido sólo veinte años antes en Buenos Aires.

Para terminar: el futuro. ¿Qué establece la Constitución de la Ciudad Autónoma respecto de


las Comunas? Les dedica unos cuantos artículos, desde el 127 al 131. Primero la
organización. Prevé una Junta Comunal con siete miembros de los cuales uno de ellos será
Presidente (el de la lista más votada) y, serán todos políticos, electos. Luego cuentan con un
organismo consultivo que estará más o menos vinculado a ellas; la Constitución de la Ciudad
no da demasiadas referencias sobre este órgano consultivo y creo que la clave está en su
buena integración. Pienso que el esquema general está bien y que el éxito dependerá de cómo
se lo haga funcionar. Me parece que en este punto la Constitución de la Ciudad es bastante
débil porque sólo dice que ese organismo consultivo estará integrado por representantes de
las entidades vecinales (en el único párrafo que las nombra); no obstante habla de redes y
otras formas de organización, como abriendo el panorama a todo lo que pueda sobrevenir y,
eso está bien.

Pero pienso que así como está dicho es algo insuficiente porque si no se logra que el
organismo consultivo represente con fuerza a la misión vecinal esa Junta Comunal, que es la
directiva, que viene a ser como el Poder Ejecutivo de las futuras Comunas, en tren de ser más
expeditiva va a actuar por cuenta propia y en definitiva va a dejar de representar
genuinamente al barrio, que es lo que les pasó a las Juntas Vecinales.

En otro pasaje la Constitución de la Ciudad dice que para delimitar estas Comunas se debe
contemplar el equilibrio demográfico y los aspectos urbanísticos, económicos, sociales y
culturales. Con respecto a este punto no tengo ninguna duda de que la división habrá sido
bien estudiada y estará bien hecha pero del estudio particular que me tocó hacer por los años
‘60 digo que sería bueno prever algo así como una suerte de federalización de Comunas por
grandes sectores, De aquel estudio surgió esta idea a través de la polarización de distintas
Sociedades de Fomento en torno de los polos de Belgrano y Flores y luego aparecieron tres
centros menores también de bastante importancia, polarizando a otros sectores: uno en
Urquiza, otro en Liniers, otro en Parque Patricios. Pienso que esto puede haber cambiado
—después de treinta años— pero no creo que haya cambiado totalmente el principio que

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considero puede ser muy útil a fines culturales, funcionales y políticos (Inclusive los
políticos).

El otro gran tema es el de las competencias. La Constitución de la Ciudad dice que estas
futuras Comunas son unidades de gestión política-administrativa. Como por “política” se
entiende que es el gobierno de los Estados se desprende que las Comunas tendrán injerencia
política en el Gobierno de la Ciudad. Lo cual no está ni bien ni mal pero de entrada complica
bastante las cosas porque a mi juicio la política consume muchísimo tiempo, y entonces se
corre el riesgo de que se desatienda el verdadero cometido administrativo y vecinal —si es
que ese es, como yo creo, el verdadero sentido de las Comunas. Por eso es que he insistido en
que debe darse mucha importancia al órgano consultivo.

La Constitución enumera para las Comunas muchísimas funciones: planificación, control,


mantenimiento de calles, proyectos de decretos, participación en programas locales, etc. Creo
que en general todo eso está bien pero veo algunos problemas que quiero exponer. Pienso que
se reproducen más puntos sensibles a una posible corrupción porque el control aparentemente
va a quedar exclusivamente a cargo de las Comunas, por lo que considero que tendrán que
estar muy claras cuáles pueden ser las posibles penalidades que se le otorguen. Creo que esta
es una deuda que en muchos aspectos tienen las autoridades con la ciudadanía del país.

También creo que las relaciones con el gobierno central se van a hacer bastante difíciles en el
caso de corresponder a fuerzas políticas contrarias; pero ¡qué le vamos a hacer! es como un
matrimonio: puede estar bien o mal avenido. Se trata de uno de los problemas típicos de la
democracia que necesita de un cuerpo cívico bien maduro. Pero creo que si caemos en el
error de hacer nada más que política esto va a funcionar mal.

Existe un punto conflictivo con relación a las infraestructuras, que a mi juicio hoy no tiene
solución y es que la infraestructura de servicios está a cargo del Gobierno Nacional. Es un
tema muy difícil de tratar. Mientras Buenos Aires sea Capital ello le corresponderá al
Gobierno Nacional, como le corresponde en las provincias al Gobierno Provincial todo lo que
sea metropolitano. Tampoco creo que sea oportuno pensar en un gobierno metropolitano
—pienso, por ejemplo, que finalmente el famoso ETOSS se va a corromper. Pero este tema
deberá verse sobre la marcha; no le encuentro, en estos momentos, solución teórica.

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Y por último, pienso que quizá no esté suficientemente enfatizada la responsabilidad de las
Comunas en materia de organización de actividades culturales, deportivas y vecinales —no
están muy nombradas en la Constitución— que entiendo que es lo que realmente les da
cohesión social si es que queremos tener Comunas con gente. Ahora, si queremos tener
oficinas de descentralización política es otra cosa. Considero que uno de los grandes temas de
este momento histórico y cultural es la participación, y entonces algún sistema tendrá que
existir e imagino que estará posteriormente reglamentado y contemplará cómo y cuáles van a
ser los mecanismos y los temas de participación vecinal.

Entonces, para cerrar mi exposición, quiero subrayar cuatro puntos nada más. Primero, que
las futuras Comunas deberán estar obligadas a conocer el Plan General de la Ciudad y el rol
que dentro del mismo juegue cada Comuna. Recordemos que uno de los deberes que
establece la Constitución de la Ciudad es que deben supeditarse a lo que planifique el
gobierno central; veremos cómo ello se resuelve pero así se debe funcionar en un área
metropolitana. El segundo punto es que creo que debe otorgarse una imagen clara al centro
barrial o en su defecto a aquel al cual estén federadas si es que progresa la idea de la
federación. Tercero, pienso que hay que trabajar mucho sobre la identidad local, sean los
arbolados, las veredas, los tipos edificatorios, los espacios libres, la identificación y cuidado
del patrimonio. Y, por último, creo que deben favorecerse las reuniones vecinales y
fomentarse las actividades cívico-culturales; considero obligatorio proveer una sala comunal
para reuniones y deliberaciones y promocionar muy especialmente la existencia de
asociaciones vecinales.

Termino con una frase: creo que se trata de una experiencia que tiene sus riesgos pero que
vale la pena hacerse. Nada más, gracias.

Francisco Liernur
En primer lugar quería agradecer a los organizadores de esta reunión la invitación que me han
hecho. Le decía antes al Arq. Borthagaray que acepté participar, con cierto pudor. Por
ejemplo escuchábamos recién una ínfima reseña de las actividades de la Arquitecta y Doctora
Suarez y la verdad es que uno siente que tiene pocos conocimientos para agregar.

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Aún así, simplemente aceptando la invitación y pensando que en definitiva, como intelectual
trabajando en el área de arquitectura o de la ciudad uno tiene obligaciones y está bien aceptar
el pensar en cuestiones generales, es que voy a participar y a dar algunas opiniones, algo que
—insisto y no con falsedad  haré con muchísima modestia.

Mi punto de vista se encuentra, en realidad, bastante mezclado. Yo he trabajado temas de la


historia de la ciudad; también en algún momento he participado de proyectos urbanos y me
encuentro trabajando actualmente en la Universidad Di Tella. Uniendo un poco todo eso, es
que daré mis opiniones. Y quiero decir que, además de sentir pudor por el respeto que tengo
por quienes comparto esta mesa existe otra razón que es la tarea que está llevando a cabo la
Subsecretaría de Descentralización, que está trabajando y profundizando mucho esta
cuestión. De todas maneras voy a tratar de plantear mi visión en forma bastante breve y
sintética.

Hace varios años participé de una experiencia de estudio para el CONICET junto con un
grupo de colegas. Se trató de un estudio bastante particularizado, de uno de los barrios de esta
ciudad: el barrio de San Cristóbal. Realizando ese trabajo surgieron algunos elementos que a
mi me parece que son interesantes para tener en cuenta y que quizá puedan ayudar a enfocar
las cosas del presente.

En primer lugar, un punto que surgía era ver cuáles habían sido los actores que habían
generado, o que habían participado en la generación de un barrio como San Cristóbal (la zona
de Parque Patricios). Viendo a esos actores diría que había dos escalas y, esto creo que es
generalizable a otras áreas de la ciudad. En una escala estaban los que podríamos llamar
actores vinculados a requerimientos nacionales e internacionales y, la otra escala es la que
tenía que ver con requerimientos, llamémosle así, locales.

En la escala global —sobre los requerimientos nacionales e internacionales— se podía ver


que había distintos intereses; por un lado impactaban en la zona de manera fuerte y con sus
propias leyes —que venían insisto desde muy arriba y desde afuera— actividades de
producción. Principalmente estoy pensando en los efectos de los frigoríficos sobre el
Riachuelo o las grandes fábricas que en ese momento en relación con el Riachuelo se
aceptaban en esa zona. Es decir, producción de escala nacional o internacional como acabo de
señalar.

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Los otros actores que aparecieron como sumamente importantes eran las grandes compañías
ligadas especialmente al transporte. En este caso, piénsese en las playas ferroviarias o en las
integraciones vinculadas al Puerto, también representando intereses externos que incidían
sobre la constitución de ese barrio y de sus características. Además estaba la Nación (luego
me voy a referir más a eso) que establecía políticas nacionales con impacto en el barrio. Por
ejemplo recuérdese en este caso la primer intervención importante de la Comisión Nacional
de Casas Baratas (que como lo dice su nombre, era una comisión nacional) que se hace en el
barrio. Se trataba de una política de vivienda (a la cual voy a volver en seguida) que estaba
determinada desde el Gobierno Nacional.

Sucedía entonces que estos grandes actores decisivos a escala nacional e internacional debían
articularse con fuerzas locales, igualmente importantes, igualmente de peso. Y entre esas
fuerzas locales las que probablemente aparecían con mayor relevancia eran en primer lugar
las compañías de infraestructuras y de servicios que tenían que ver con lo local; estoy
pensando, por ejemplo, en las compañías tranviarias —los trazados de los tranvías— y en los
trazados de las redes eléctricas, que también tenían que ver directamente con los
requerimientos y las necesidades específicamente locales. Se veía además, que aparecía un
muy importante grupo, en ese momento, que era el de los propietarios de las tierras locales
que tenían intereses en el loteo y la partición de la tierra con voluntad para su venta o su
alquiler, especulativo o no —generalmente con un altísimo grado de vocación especulativa.
Por último a los actores locales que les señalaba, se sumaban por supuesto los vecinos, en su
calidad de habitantes de esa zona (poseedores de vivienda o inquilinos) o de comerciantes
con actividades ligadas específicamente a las necesidades de los vecinos.

Entre ambos grupos de actores (creo que es “entre” la palabra apropiada) se veía aparecer a
los distintos protagonistas de la Administración. Ciertamente el Ejecutivo —por razones
políticas— se hallaba mucho más relacionado con el grupo de escala nacional e internacional,
y los órganos consultivos probablemente más ligados al segundo de los grupos, el de los
actores locales. Esta es una descripción de quiénes se encontraban trabajando o estaban
interesados en la constitución de este sector de la ciudad al que después se pudo llamar barrio.

El segundo punto que apareció como interesante a partir de este estudio fue que la relación
entre los requerimientos de los actores locales y la Administración no parecía precisamente

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pacífica sino conflictiva. Por cierto parece evidente que aparezca como conflictiva la relación
entre el vecino y el interés de la entonces gran compañía inglesa de ferrocarriles (obviamente
que debían existir tensiones muy fuertes) pero resultaba curiosa la aparición de esa tensión
tanto con el Poder Ejecutivo como con los órganos consultivos colectivos.

Doy un ejemplo que aparecía como bastante notable y que me parece que es para tener en
cuenta también para la definición de una visión contemporánea y es que los vecinos se
instalaban en ese barrio, en esa zona, por razones negativas y positivas. Negativas porque
obviamente había condiciones de habitabilidad muy problemáticas en el centro de la ciudad
(incluyendo altos costos) que los impulsaban a dejarlo. Positivas porque entre otras cosas
encontraban factores como un ambiente más sano, una relación más amable con el aire y los
espacios libres y; muchos otros factores, incluso de tipo productivo de pequeña economía
doméstica.

Pero estos vecinos que aceptaban en muchos casos condiciones de loteo tremendas (como es
bien sabido que sucede en estas zonas inundables) una vez instalados y aceptando este tipo de
loteo que no ofrecía más que una porción de tierra (que probablemente más que de tierra
fuera de agua) en determinado momento comenzaban a unirse y a demandar a la
administración central, como era lógico, los servicios que eran necesarios para desarrollarse
en una vida mejor —con todo derecho por supuesto.

Y de esta manera se producía una tensión fuertísima porque como estos loteos se realizaban
en zonas bajas, inadecuadamente provistas y sobre todo alejadas, la extensión de las redes,
por ejemplo, de asfalto, cloacales o de servicios de cualquier otro orden, suponía altísimos
costos para la ciudad en su conjunto. De manera que llegábamos a ver conflicto incluso
dentro de las propias organizaciones políticas, como en el Partido Socialista que en ese
momento tenía representantes en las organizaciones vecinales y de fomento y esa gente
chocaba inevitablemente con las políticas centralistas que sostenían los dirigentes socialistas,
que alentaban justamente la idea contraria a la expansión, al menos en un primer momento,
de la organización de la ciudad. Decían: ”lo que hay que hacer es construir y edificar allí
donde ya está armada la infraestructura y no seguir prolongando, con lo cual estamos
financiando a los especuladores de tierra”.

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Y el tercer elemento que diría que fue interesante es la forma en que se fue realmente
constituyendo el barrio, es decir ese pasaje de caseríos o vecindarios (como mencionaba
Odilia Suarez) a barrios propiamente dichos. El caserío o el vecindario parecía ser algo así
como una unidad espontánea determinada por la solución de necesidades de ese grupo de
vecinos. El barrio, en cambio, es una operación posterior que ya no aparece como espontánea
y en la que intervienen determinados factores especialmente políticos y culturales. Y aquí
vuelvo al ejemplo que antes mencionaba de la primer casa colectiva frente al Parque Patricios
realizada por la Comisión de Casas Baratas.

Lo que vimos en ese trabajo fue que, para el poder central, la zona de Parque Patricios debía
actuar como una especie de contrapeso del Norte. Si el Norte poseía Palermo, el Sur poseía a
Patricios o se organizaba en torno del Parque de los Patricios. Pero no era solamente ese
factor el que influía en el intento de constitución de esa zona como barrio (como una
articulación más completa de vecindarios o caseríos) sino que también, intervenía otro factor
dado por otro barrio: el barrio de La Boca.

Parque Patricios debía ser no sólo el contrapeso del Norte, la versión popular del Norte rico
sino que, además, debía ser el barrio obrero o popular decente con relación a La Boca que era
el barrio conflictivo, el barrio que ya había dado el primer diputado socialista, las
organizaciones anarquistas etc. y que inclusive desde su propia constitución física aparecía
como desprendido de la ciudad. Parque Patricios en cambio, incluso desde la cultura, aparece
como el lugar de redención, el lugar del proyecto para unos sectores populares organizados
(diríamos exagerando “domesticados”).

Por lo tanto, la constitución del barrio no es un hecho espontáneo (como sí lo es la del


vecindario o el caserío); la constitución del barrio es un hecho histórico, es un hecho
contingente, es un hecho con actores que conscientemente lo están haciendo y, no como
producto de un proceso natural.

Sobre estos puntos: ¿cómo veo la cuestión hoy, y en qué medida me sirven para entender lo
que está pasando en la Ciudad de Buenos Aires? En principio, con relación a los actores
tengo la impresión de que hoy el peso de los factores de producción por lo menos secundaria
no es el mismo. Quizás, deberíamos considerar que estos factores que incidieron en la primer
constitución de Buenos Aires están siendo reemplazados por otros que en ese momento no

42
existían y que yo relacionaría con actividades de tipo terciarias, desde los complejos de
oficinas que ahora tienden a trasladarse, hasta la instalación del multicine o el gran centro de
compras. Este otro tipo de actores me parece que es importante y que funciona de una manera
parecida a la que les mencionaba respecto de aquellos actores generales.

Por otra parte pienso que las grandes compañías ligadas al transporte tienen un peso similar,
sólo que ya no son necesariamente las ferroviarias las que están determinando la constitución
de los barrios, sino que aparecen nuevos grandes actores referidos al transporte que tienen
que ver con la renovación de los puertos, con las estaciones de los contenedores o con el
aeropuerto. Que tienen que ver, por ejemplo, con toda esta discusión que está instalada en
este momento acerca de la localización del aeropuerto local, el aeropuerto general, el
desarrollo de Ezeiza y demás. Como también los actores relacionados con las grandes
autopistas —con la renovación de estas redes— y con los emprendimientos que hacen a la
constitución y el desarrollo del Mercosur, como el discutido puente Colonia - Buenos Aires.
Vale decir que todo esto también impacta y determina y es una versión contemporánea de
aquella presencia ferroviaria de principios de siglo.

Por supuesto los vecinos siguen existiendo como actores, quizás en menor proporción con
relación a los intereses de propietarios de tierras porque estos ya no tienen la forma que
tenían a principios de siglo, Y me parece que ha aparecido otro tipo de nuevos actores que
incide en la constitución de los barrios y que no se debería dejar de lado constituido por
las grandes inversiones que dependen de la llamada economía global.

Por lo tanto sí creo que hay actores que están constituyendo y me parece que por ahora de
manera “desmadrada” lo que está ocurriendo con Buenos Aires. Es decir, que no estoy
seguro de que sean políticas positivas de la Administración la recepción y la localización de
las grandes inversiones de los grandes grupos en este momento. Tengo la sensación de que
quizás comprensiblemente porque han sido los primeros tiempos— los inversores más bien
han sido bienvenidos con muy poca capacidad de negociación. Pero de todas maneras me
parece que son de tal importancia y tal fuerza que determinan en forma decisiva la
constitución de las características locales, de las características del paisaje local y de las
unidades locales posibles.

43
También para una comprensión de la importancia de las formas de entendimiento de estas
unidades locales esto Odilia Suarez lo reseñaba muy bien un factor que hay que tener en
cuenta: es el llamado fracaso de los planes generales, rígidos, globales, que presumían la
determinación de todas las acciones sobre la ciudad. Creo que esto y otros factores más
complejos probablemente han generado la fuerte aparición de estas iniciativas de
descentralización que, desde ya, me parece que son bien recibidas y sobre lo cual
simplemente estoy tratando de apuntar a lo que considero pueden ser algunos problemas (por
eso señalaba las formas que adquirieron esos problemas en el pasado).

Pienso que un peligro que existe es el de, frente a una especie de absurda dictadura de los
planes generales, pasar a un viraje opuesto donde haya una fuertísima determinación y
autonomía de estas unidades locales. Con lo cual el problema grave, desde mi punto de vista,
es que se perdería de vista la necesaria constitución de la ciudadanía en tanto ser parte de un
proyecto global, que es la totalidad de la ciudad. Creo que justamente por eso hice mi primer
reseña porque me parece que uno de los problemas al que debería prestársele atención, en la
constitución de estas unidades locales, es esta tensión, este conflicto entre lo local y lo
general.

Con algunos otros agregados que me parece que habría que tener en cuenta para el
tratamiento de este conflicto. Por ejemplo, pareciera ser positiva la cuestión de la definición
de la identidad de estos lugares pero eso también puede ser visto de manera conflictiva y
problemática. No tengo cifras pero pienso que en la medida en que avanza la modernización
crece también la migración interurbana (esto lo veo como una tendencia generalizada). Los
movimientos y las migraciones interurbanas son decisivos en la medida en que crece el
proceso de modernización y, cómo se articula, cómo se condice esa movilidad con el
mantenimiento de la identidad y en qué medida esa identidad es real o estamos operando de
la manera en que señalaba, con una constitución más bien cultural y política o ideológica
inclusive creo que es algo que constituye un problema.

Y el otro punto que tiene que ver también con la identidad y que estimo debería ser tenido en
cuenta en la constitución de estas unidades y en la manera en que estas unidades funcionen,
es el problema de la segregación urbana. No quiero olvidar que en esta ciudad hay un Norte
rico y un Sur pobre. Un Norte con muchísimas posibilidades y medios para una vida más
digna y, un Sur absolutamente desprovisto que, como es bien sabido, mantiene índices

44
gravísimos de pobreza. Pero estas unidades van a sostener o a problematizar esta identidad. Y
¿cómo se hace para que efectivamente toda la zona de Lugano y demás deje de ser
simplemente un ghetto de pobreza? No creo que sea simple la solución. En otros países hay
políticas y voluntades justamente de recomposición y de búsqueda de equilibrio. Creo que esa
es una misión de la Administración y que se trata de algo bastante complejo. Por eso lo
señalo pensando en el tema de la identidad respecto del cual me parece que también se debe
tener cuidado sobre qué se consolida como identidad, qué factores deberían consolidarse
como identidad.

Creo que efectivamente resulta sana —como observaba Odilia Suarez antes— la constitución
de estas unidades locales de administración, organización y resolución de problemas y,
probablemente de administración y organización de las demandas, así como actuando como
mesa de entradas en otro nivel.

Pero, y con este punto quisiera terminar, me parece que debería existir, entre estas unidades
locales (que insisto me parece bien que existan) y la administración general (o sea la ciudad
en su totalidad) unas unidades intermedias que yo así provisoriamente llamaría
“unidades intermedias de gestión” las que serían un punto intermedio entre el plan global o
las ideas globales del plan y estas unidades locales y las resoluciones concretas. ¿Qué quiero
decir con esto? Que me parece que algunos problemas globales atraviesan estas unidades
locales pero otros que también las atraviesan no necesariamente son globales, no
necesariamente son de la totalidad de la ciudad. Creo que hay problemas y soluciones para
estas unidades y a su vez para la ciudad que tienen que ver con regiones, con zonas.

Por eso digo “unidades intermedias” que unan varias de estas unidades locales pero que no
lleguen necesariamente a conformar la totalidad de la ciudad. Pienso que este tipo de
unidades, que estimo deberían preverse como organismos de existencia permanente, tiene que
ver con distintos factores. Imagino algunas de estas unidades con forma de corredor; diría por
ejemplo que la zona de Recoleta hacia el Norte constituye uno de esos corredores —es una
unidad de problemas. Otras quizás son áreas; pienso por ejemplo que el Centro es un área
no un corredor. Sabemos que el Centro unifica varias de estas unidades locales pero tiene
un problema específico que lo constituye como área y que debería ser entendido y
solucionado como tal por órganos incluso de gestión, de administración y de organización.

45
También pienso que hay otro tema que tiene que ver con las unidades que denomino
“intermedias” que me parece muy importante y que creo es además germen de otro tipo de
resolución a escala metropolitana de los problemas de la ciudad: las áreas de borde de la
ciudad. Las áreas que, en realidad, constituyen un problema en la medida en que se
consideran con lo que está ocurriendo del otro lado de la ciudad  al límite de la Capital
Federal. Creo que pensar en los temas de bordes significa (y por eso hablo de germen) poder
al menos comenzar a pensar de manera prudente soluciones de escala que avancen, desde la
administración de la ciudad, hacia lo metropolitano. Me parece que eso sería una contribución
muy importante en el avance hacia algo en lo que todos estamos de acuerdo que es la
necesidad de una gestión a mayor escala.

Nosotros en la Universidad Di Tella venimos haciendo una pequeña experiencia sobre esto
todavía muy en ciernes que nos está enseñando mucho o por lo menos nos está
iluminando. Lo que estamos haciendo es un trabajo en el cual consideramos “unidad
intermedia” a toda la cuenca Matanza-Riachuelo. Porque. creemos que la unión entre Ezeiza
y el Puerto constituye una unidad de problemas. Y esto deriva de lo que había comentado
antes, del viejo trabajo sobre Parque Patricios que de alguna manera fue evolucionando hasta
llegar a este momento en el que estamos viendo el problema en esta escala. Efectivamente
hay muchas respuestas que solo pueden encararse si se considera a esa zona como corredor,
como totalidad como esta “unidad intermedia” y me parece que esto es impensable sólo
desde el borde de la ciudad. Y no necesariamente demanda tener una solución
(administrativa, política y demás) para la totalidad del área metropolitana. Creo que esta idea
puede actuar en ese sentido como germen. Muchas gracias.

María Agustina Lasboiti


Quiero tratar un tema específico que sería: “Los criterios a considerar para la división de las
futuras Comunas desde el punto de vista patrimonial”.

La primera imagen que viene a mi mente es sensitiva. La buena mezcla de olores, sonidos,
clima, gente, colores, textura, ritmos que hacen que uno se sienta en un lugar determinado y
que no es otra cosa que lo que definimos como “identidad” de un sitio. Y este concepto que
ya ha sido considerado en las dos exposiciones anteriores aparece también dentro de la
Constitución de la Ciudad que plantea la protección y difusión de su identidad pluralista y

46
multi-étnica. El reconocimiento de estas identidades a partir de la concientización, el registro,
el inventario, nos lleva a parámetros a tener en cuenta para las delimitaciones que analizamos.

Juan Bautista Alberdi decía “cada pueblo debe ser su edad y su suelo; cada pueblo debe ser él
mismo”. Y creo que esto lo podemos aplicar también a las Comunas que planteamos. Por un
lado para hallar la propia identidad y por otro para establecer la diferencia con los demás.
Pensamos que el soporte de esta identidad social es, en parte, patrimonio heredado. El
patrimonio cultural que incluye valores vigentes y objetos concretos de existencia real, sean
tangibles o intangibles (aquellos que no son vigentes serán estudiados por la historia). Este
patrimonio real que nos explica lo que somos.

Dentro de la diversidad que constituye nuestra ciudad definir las distintas áreas …

(se corta la grabación).


No está grabada la exposición de Marcelo

Andrés Borthagaray
Ciudades como Córdoba o Rosario que hicieron sus Comunas o mejor dicho sus formas
particulares de división administrativa sobre áreas de crecimiento que no eran barrios
consolidados (en algunos casos eran límites semi-rurales) no tuvieron que entrar en zonas tan
homogéneas como aparentemente ofrece la Ciudad de Buenos Aires. Además vieron
facilitada su tarea, de alguna manera, porque contaban con una cantidad de municipios que
mantuvieron el nombre y el edificio de la Municipalidad con todo adentro. Otras ciudades a
lo largo de la historia, como París, si bien partieron de una definición administrativa bastante
poco alineada con historias barriales tan precisas, llevan más de 100 años de
descentralización y ello forma parte de su historia y sus sentimientos de pertenencia aún
cuando las denominaciones de estas divisiones en muchos casos sean numéricas; esos
números de alguna manera han sido apropiados por la población.

Entonces, dada la complejidad del tema que tenemos por delante creo que sería interesante
—en el tiempo que nos queda— aprovechar la presencia de todos ustedes con algún debate.
Adelante entonces. si tienen preguntas o comentarios para hacer a los panelistas.

47
Participante 1
Rescato de la mañana fundamentalmente un comentario que hizo Maiocchi sobre las
herramientas de que disponía el Cabildo en su momento. Pienso que lo fundamental en esta
etapa es definir herramientas de trabajo que permitan garantizar la ejecución de las propuestas
y creo que hasta por encima de la excelencia de la conceptualización urbanística que se
destina para la ciudad que es una cuestión dinámica. Porque si realmente las herramientas
no garantizan esa aplicación todo queda como ha venido quedando durante muchísimo
tiempo en el plano de los proyectos. Rescato lo de Maiocchi porque además hay un hecho
puntual que marca cuándo se puede ejecutar.

El hablaba del Alcalde de Primer Voto. Hoy todavía Buenos Aires sigue estando
condicionada urbanísticamente por la decisión de un Alcalde de Primer Voto de 1748 que vio
que las carretas entraban y arrasaban con las calles y las veredas de la ciudad. Entonces pidió
que se pusiera un tope en los límites de la ciudad a ese tránsito básico de las carretas por lo
que el barrio de Retiro (que aún no se llamaba así), los corrales de Miserere (ahí se
establecieron) y el matadero de Santo Domingo se transformaron en mercados. Las carretas
cambiaron a ferrocarriles pero hoy siguen estando las estaciones dentro del ámbito de la
ciudad. Pasaron 250 años y el valor económico que se pierde en tiempo creo que en un año
justificaría resolver esta cuestión. Proyectos hubo de todo tipo y, sin embargo, esto no se ha
materializado. Entonces creo que definir herramientas de ejecución reales es más importante
aún que definir un proyecto si no ese proyecto no se puede llevar a la práctica. Y otro
punto para que esto tenga validez y ejecución rápida es ¿cómo evaluar las inquietudes de la
gente del ciudadano en particular en relación con estos temas?

Y discúlpeme Arquitecta, pero no comparto que como ciudadano de Buenos Aires tenga que
admitir graciosamente que me definan desde intereses nacionales los servicios que
corresponden a mi ciudad. Y digo que si un chico que sale de la escuela es atropellado por un
colectivo, es un problema de la Ciudad de Buenos Aires.

Odilia Suarez
Disculpe una sola observación. Desde el momento en que me citan pido que me citen bien
porque yo no hablé del transporte; hablé del Ente Tripartito de Obras Sanitarias. Así que si
me cita, por favor, cíteme bien y si no elimíneme de las citas.

48
Participante 1
La elimino de la cita y, entonces digo que considero que la autarquía en cuanto a las
definiciones de una política urbanística de la ciudad tiene que ser totalmente amplia, no puede
estar condicionada. Si no podemos resolver las cuestiones de transporte, difícilmente
podamos resolver las otras cuestiones que atañen a la ciudad. Hay divisiones diferentes en
todo sentido: jurisdiccionales, Policía, distritos escolares. Es fundamental unificar. No hay
forma de resolver esto si no hay un concepto global que permita resolver los temas
puntualmente.

• Andrés Borthagaray
Bueno, muchas gracias. El comentario excede un poquito el tema que hoy tratábamos de
discutir en particular que era el de las divisiones pero es totalmente relevante y, de
hecho, la definición de las herramientas que permitan que las competencias que tengan las
futuras Comunas puedan ser efectivamente llevadas a cabo, en sí ha sido objeto de otro
seminario y forma parte absoluta de este proceso de discusión. Lo que no sé es si queda algún
tipo de pregunta concreta para el panel o se trata de un comentario, un aporte a la reflexión.

Participante 1
Lo único que quisiera agregar es que la Ley menciona a los ciudadanos y vecinos. Sin
embargo creo que se está apuntando fundamentalmente a las entidades intermedias y, me
parece que las entidades intermedias que si bien nacieron con un concepto de solidaridad
a partir de determinado momento pasaron a tener un concepto más corporativo, y algunos
vicios que aparecieron allá por la década del ’30. Creo que en estos momentos hay que dejar
que cada uno se exprese en lo posible a través de su pensamiento individual y tratar de
contemporizar esto. Hay muchos problemas que hemos pasado a partir de quienes nos
representan o se atribuyen la representación.

• Andrés Borthagaray
Muchas gracias, y les agradecemos si cada uno se presenta antes de hablar.

49
Participante 1
Perdón, mi nombre es Manuel Vilas, soy Ingeniero Civil, he escrito en el diario Clarín a lo
largo de diez años; soy Presidente del Foro de la Memoria de Parque de los Patricios y
Coordinador del Foro de la Memoria del Sur. Gracias.

Participante 2
Mi nombre es Barreiro, soy un simple ciudadano de Buenos Aires, integrante de la Junta de
Estudios Históricos de Agronomía y la Paternal. Hace unos dos meses salió en los diarios que
se va a conservar el patrimonio de distintos barrios: como Saavedra y Parque Chas. Parque
Chas es un barrio de 73 años y no veo que pueda tener de patrimonio. No tenemos nada,
ninguna Catedral, algo que nos represente. Siempre me intrigó qué es lo que quieren
conservar de Parque Chas.

• Andrés Borthagaray
No sé si se encuentra el Arquitecto Pratto o alguno de sus colaboradores y sino, queda
planteada la cuestión.

María Agustina Lasboiti


No voy a entrar en detalle con respecto al Parque Chas, pero sí creo que hay un concepto que
es interesante que pongamos sobre la mesa y es que el patrimonio a conservar no es el
paradigmático exclusivamente. El paradigmático (una catedral, un edificio significativo) es
uno más de todos los que van a definir un sitio. Todo lo que acompaña yo hablaba hace un
rato de la traza, la trama todos los edificios que por suma van dándole carácter a un área
son esencialmente parte de nuestro patrimonio. Y, de hecho, en este momento, se está
haciendo dentro de nuestra ciudad el registro de las áreas de protección histórica-patrimonial,
precisamente porque no se ve esto desde la óptica del registro de un edificio aislado sino
precisamente de un área.

Participante 3
Soy el Arquitecto Ricardo Santocono. Estoy en el Programa de Descentralización pero
también soy vecino de Buenos Aires y en este momento eso es lo más importante. Además
soy nacido en Buenos Aires, porteño. Como formo parte de la organización de esta jornada

50
estoy pensando que quizá nos equivocamos en el nombre de la misma y generamos un sesgo
en el discurso que hoy se planteó. La exposición de Marcelo Escolar por ejemplo que fue
muy precisa y académica estuvo centrada en cuestionar con criterio, la transferencia o la
devolución o lo que sería una interpretación posible de que las futuras Comunas estén
compuestas por los barrios existentes. Y quizás a partir del nombre que le pusimos a la
jornada, es decir: “...de los barrios a las Comunas” hicimos pensar que este era el único
problema a tratar, el problema de la identidad tal como todos expusieron.

El concepto de identidad que hoy se mencionó infinidad de veces, algunos como el


Arquitecto Liernur lo enfocaron desde lo económico-social, otros desde el enfoque del
patrimonio histórico. De todas maneras no es la única problemática ni la única variable a
estructurar en la definición de las Comunas. No fue nuestra intención, cuando organizamos
junto con el Instituto Histórico esta jornada, tratar de instalar la idea de que las Comunas van
a ser en el futuro lo que hoy son los barrios o un “rejunte” de barrios. Me parece que es sólo
uno de los elementos que puede definir alguno de los criterios estructurales.

Interpreto como deducción de lo que escuché de los cuatro panelistas que el barrio es
identidad. Pareciera ser que el concepto de identidad está muy relacionado con el barrio. Y
quizás el que apuntó un poco a las distintas conceptualizaciones de esta palabra “identidad”
fue Marcelo Escolar cuando la asocia además con el concepto de lugar (barrio-
lugar;identidad-lugar). Sin embargo, no se habló explícitamente de las distintas escalas que
puede tener este concepto. No hay duda de que yo puedo tener una identidad a nivel de la
cuadra donde vivo, a nivel del barrio, a nivel rioplatense y, en otra escala puedo tener una
identidad nacional. Creo que de hecho esto pasa en nuestra ciudad. Es cierto que tal vez haya
enfoques que cuestionen la posibilidad de incorporar al barrio en la futura elección de las
Comunas como un hecho estructural único, como hizo alusión el Dr. Escolar. Pero me parece
que, de todas maneras, si lo incorporamos, deberíamos hacerlo teniendo muy en cuenta cuáles
son las escalas de identidad y, en relación a qué esta identidad está siendo analizada porque
hay una identidad espacial (que tiene que ver con el lugar), hay una identidad socio-
económica y hay una identidad histórica (que son las tres que hoy se trataron) y no son
excluyentes.

Es probable que un señor de Lugano, de una villa en Lugano, tenga algún nivel de identidad
parecido a un señor más rico de Lugano (para defender una determinada situación) y esa

51
identidad sea la del Sur de la Ciudad o de Lugano y, aunque la diferenciación socio-
económica exista, en algún sentido el lugar es reconocido y válido para los dos ejemplos que
estoy tomando. O por ejemplo todos sabemos que los que vivimos en Buenos Aires nos
identificamos sino desde la escala del Mercosur, al menos con el Río de la Plata. Entonces a
lo mejor hay una identidad rioplatense que probablemente me identifica a mí con algunos
pobladores de Montevideo.

No estoy concluyendo nada. Estoy diciendo que tengamos en cuenta esta consideración
porque me parece que el problema de la identidad fue importante en esta jornada pero quizás
haya que poder diferenciarlo.

Francisco Liernur
Me parece que sería interesante agregar a lo que estás proponiendo la idea de proyecto.
Cuando comentaba el ejemplo de Patricios señalaba que no fue solamente un producto natural
sino que fue producto de un proyecto de construcción —no digo de identidad— de
constitución de ciertas características en esa zona de la ciudad. Había un proyecto que
determinaba cómo ese sector de la ciudad se iba constituyendo.

Y me parece que en esa instancia intermedia que traté de definir muy provisoriamente hay
una posibilidad de entender más dialécticamente me permito usar un término denostado
la cuestión de la relación devolución-instauración. Evidentemente hay una cantidad de
factores que se mencionaron que sería absurdo negar que tienen que ver con la identidad y
que probablemente requieran devolución. Y eso no está mal; lo estaría si fuera algo estático y
lo consagráramos para siempre o si fuera sólo devolución sin instauración. Creo que la idea
de instauración es la idea de propuestas de proyecto y, me parece que esto que insinúo como
unidades intermedias o unidades de gestión de otro orden  entre la Comuna y la Ciudad
probablemente puedan funcionar en tal sentido. Me parece que en primer lugar son necesarias
porque posibilitarían resolver problemas locales que en otras escalas no se pueden resolver y
permitirían, además, enfrentar o tratar de solucionar los problemas de esta nueva dimensión
de actores, que no se resuelven únicamente en la escala local y que requieren de otras escalas
que no son necesariamente la urbana o la metropolitana.

52
Y me parece que el otro elemento que este tipo de planteo podría tener es la generación de
una tensión hacia posibles nuevas unidades a ser, en un futuro, devueltas. A creerse a sí
mismas casi como constituidas naturalmente, cuando en realidad son producto de un
proyecto. Pero me parece que sería importante mantener la tensión y no necesariamente
generar oposición entre devolución e instauración. Y, en ese sentido, insisto, es importante
agregar a los factores de identidad esta cuestión del proyecto y de las ideas hacia adelante,
hacia escalas que inclusive trascienden a las unidades que recibimos. Y, en esa tensión
probablemente se creen cosas distintas.

Odilia Suarez
Quiero hacer un comentario luego de todo lo que he escuchado ya que fui la primera en
hablar. Rescato tres ideas principales de lo que se dijo. Una, la de Pancho Liernur en el
sentido de identificar quiénes son los actores que transforman un barrio. Creo que esa es una
puerta de entrada muy interesante porque no son lo mismo los actores de un siglo atrás que
los de hoy. Sobre todo que aparece como él bien lo relató el inversor. Creo que ahí hay
todo un punto: quiénes son los que realmente están actuando para influenciar sobre el barrio.
Y de aquí surge una cuestión que ustedes habrán estudiado: qué temas son generales de la
ciudad y qué temas son específicamente locales (algo que en mi exposición di por
presupuesto). Se trata de dividir la ciudad que ya está constituida, que tiene una Constitución,
que tiene sus autoridades. Ahora me preguntan qué opino de subdividir la ciudad y digo que
yo no voy a cambiar la Constitución ni mucho menos. Entonces creo que eso de quiénes son
los actores es una pregunta muy interesante para formularse y ver dónde estamos parados
hoy: ¿Quiénes influencian la estructura del barrio y, a quiénes en todo caso les corresponde
hacerlo?

La segunda gran cuestión es la que planteó Escolar, que me hizo mucha gracia porque al final
venimos a descubrir que podemos tener todo acá en la Plaza de Mayo. Interpreto no sé si
bien pero a mí me gusta poner las cosas en blanco y negro— que él divide la ciudad por
funciones, entonces le asigna unas ciertas funciones a estas nuevas Comunas. Por lo tanto
pueden estar en cualquier lado, no tienen nada que ver con el lugar espacial dónde se
encuentren. Las puedo tener en Mataderos o acá, en la Plaza de Mayo y, ubico ahí a todos los
que se ocupan de problemas a tal nivel. Es un corte que no tiene nada que ver con la Historia,
con el espacio, con todas esas cuestiones de las que se ocuparán en todo caso los vecinos (si

53
es que todavía existen) pero la visión político-administrativa es que a las Comunas les doy
funciones y las ubico en cualquier lugar práctico.

Y la tercera visión es la que yo sostengo, y es que creo que el vecino existe; que después de
tantos años no lo han conseguido matar. Y pienso que con relación a este tema estamos en
una postura intermedia ya medio crónica porque de esto se hablaba en los años sesenta y
ahora resulta que han pasado casi cuarenta años y seguimos igual; es el sino de nuestro siglo
estar en una postura intermedia no sé que pasará, justo el primero de año del famoso 2000.
Yo reconozco todo lo importante de las funciones administrativas. Inclusive los ingleses
que los conozco bastante bien por haber estudiado allí las tienen muy divididas. Cuando
crearon el Gobierno Metropolitano determinaron cuáles eran las funciones de las Metrópolis,
de cuáles se ocupaban los Boards, la City, etc. Entonces, dividir por funciones me parece
lógico, pero mi postura es vecinal porque reitero: hace 50 años que están tratando de matar al
vecino y no lo han conseguido.

Ahora, Santocono nos dice que tenemos distintas escalas. Y es cierto que tenemos distintas
escalas de pertenencia, pero si nos cortan algunas escalas nos empobrecen. Es lo mismo que
si te cortan la nariz, un dedo o te quitan a los miembros de tu familia; te empobrecen.
También es cierto que hay chicos de la calle. Ahora ¿vamos a hacer toda la ciudad en función
de ellos o los vamos a tratar de mejorar e integrar en una concepción ideal que tengamos? Yo
no tengo ninguna duda: siempre me he declarado idealista. Proyecto cuáles son, con bastante
realismo, mis ideales y trato de pelear por eso. Entonces no es que desconozca los problemas
pero se debe decidir sobre cuáles de todos ellos se va a estructurar la sociedad.

Por lo tanto creo que estas tres posturas son realmente muy importantes, y rescato lo vecinal
porque considero que no hay que matarlo; no hay por qué ir a matarlo. Además comparto
mucho lo que dijo Escolar de que seguramente hay situaciones diversas. Hay núcleos nuevos
que no tienen historia, hay gente nueva que también es ciudadana de Buenos Aires y, también
están los antiquísimos que se sienten perteneciendo a ese lugar de sus tatarabuelos. Todo eso
existe y por lo tanto nos vamos a encontrar con distintas situaciones. Ahora en verdad, el
problema lo tienen ustedes que están trabajando sobre esto; sobre cuál de esas concepciones
se va a armar el futuro. Pero no lo veo tan complicado, lo veo más bien bastante sencillo. No,
lo hagamos tan complicado.

54
Marcelo Escolar
Ante la elocuencia de Odilia que es reconocida, lo único que quería agregar es algo que quizá
no se entendió de lo que quería decir. Comparto con ella que tal vez la cuestión no sea tan
complicada. Lo que pasa es que me voy a quedar sin trabajo: un geógrafo que diga que
hacer delimitaciones no es tan complicado se queda sin trabajo. Pero hay algo que me parece
importante destacar con relación a los instrumentos de los cuales aquí se ha hablado.
Cambiando totalmente el estilo anterior y pasando del Mr Hyde académico a un Dr Jekyll
mucho más político y técnico, creo que son fundamentales las herramientas. Hay algo que
acaba de decir, así off the record, Odilia: el problema no son los limites. Creo que si
discutiéramos aquí empíricamente nos podríamos llegar a poner de acuerdo en cuáles son los
centros barriales, en lo que creo que no nos pondríamos de acuerdo es en cuál es la jerarquía
de esos centros barriales y seguro no nos pondríamos de acuerdo en cuáles son los límites.
Por lo tanto, los límites son absolutamente convencionales a la norma. Lo que hay que definir
—porque es de sentido común que no vamos a poder tener tantas Comunas como centros
barriales hay es cuáles son los centros barriales donde vamos a institucionalizar los ámbitos
en los que se va a llevar adelante la gestión. Este es un punto central. El resto —lo he
discutido con los técnicos del equipo de la Subsecretaría muchísimas veces— no me parece
que sea un problema pertinente.

Y respecto de la devolución o sea la idea de rescatar una preexistencia comunitaria y


constituirla en una institución político-administrativa el problema no es que no existan
barrios, sino que cuando uno hace una división territorial esta tiene cobertura completa. Es
decir que hay que cubrir toda la ciudad con unidades político-administrativas semejantes. Y
todos sabemos que no es lo mismo un barrio como La Boca que un barrio por poner un
ejemplo como Villa Ortuzar o como Villa Pueyrredón. No son ni peor ni mejor, son
distintos.

Y lo último que me parece importante: ¿cuál es mi barrio? ¿Mi barrio es Parque Centenario,
que no figura en ninguna cartografía barrial? —y que, sin embargo, los vecinos colindantes
del Parque Centenario se sienten de Parque Centenario. Y hay infinidad de otros barrios, a
partir del efecto de vecindad, que se definen por la barra, por la esquina, por el bar, por lo que
ustedes quieran. Entonces, la utilización de un término como barrio implica que no sabemos
de qué estamos hablando cuando tenemos que llevar adelante una operación compleja como

55
es una delimitación, para la cual necesitamos lamentablemente herramientas que acotan la
realidad y que permiten tomar decisiones. Por eso es que creo que mezclar retóricamente en
el discurso político y en el discurso técnico la idea de barrio y la imagen que aquellos que se
sienten de barrio legítimamente tienen con lo que efectivamente se va a hacer me parece,
aunque puede ser que suene muy duro, que no es un procedimiento muy transparente. Y eso
me preocupa.

Cierre de la Jornada

Enrique Olivera
Buenas tardes. Es realmente singular que las conclusiones las tenga que sacar alguien que
solamente ha escuchado los últimos cinco minutos del debate. Es casi una tarea imposible y,
si yo pretendiera hacerlo podrían ustedes suponer legítimamente que llegué a esta reunión con
algún prejuicio y que lo único que estoy haciendo es exponer ese prejuicio, que se habría
mantenido inalterable a pesar de la existencia de esta seguramente muy fecunda reunión.

Simplemente quiero agradecer a todos los que han participado en el debate sobre un tema tan
trascendente. Han participado historiadores, urbanistas, geógrafos, funcionarios (que no sé
exactamente en qué categoría incluirlos) y de este intercambio seguramente vamos a poder
acercar algunas ideas que nos preparen para más adelante tomar acertadas y legítimas
decisiones.

He escuchado hace minutos plantear la cuestión de los límites, y coincido plenamente con lo
que ha sido expuesto. Va a ser mucho más sencillo coincidir sobre los centros, porque son
realidades ostensibles, que coincidir sobre los límites, que en definitiva son abstracciones
seguramente producto de convenciones. Alcanza con ver los límites entre las naciones: muy
pocos responden exactamente a cuestiones históricas o cuestiones tradicionales o
estrictamente geográficas. Muchísimos de ellos responden a convenios, a acuerdos, a
circunstancias que poco tienen que ver con lo que antecedió.

56
Me alegro que hayan estado presentes en esta reunión historiadores. Siempre recuerdo aquel
consejo que nos daba Ortega, que decía que: “si quieres conocer la esencia de algo pregúntate
por su razón histórica”. Me parece muy importante conocer la Historia.

El mundo contemporáneo, este mundo global del que hemos hablado tantas veces, pone de
relieve que lo que se resiste con legítimo derecho a la universalización es casualmente la
Historia, en la cual están vivas las tradiciones, están vivas las creencias, están más que vivas
las religiones.

Celebro también que hayan participado de este debate por cierto urbanistas. Se espera de ellos
el incorporar aquellos criterios de ordenamiento del espacio y de los otros recursos naturales
que en un mundo de escasez permitan aprovecharlos más eficientemente.

Me alegro también que hayan participado geógrafos, que hayan participado seguramente
economistas aunque no he escuchado la exposición de ningún economista porque la
perspectiva interdisciplinaria en el mundo de hoy es la que realmente contribuye al
esclarecimiento de circunstancias simples o complejas.

Quiero hacer una referencia a esto de simples o complejas. La escuchaba, apenas entré, a
Odilia Suarez cuando hacía el cierre de su exposición diciendo: “no es una cuestión tan
compleja”. Yo creo que es cierto; es cierto que no es una cuestión tan compleja. Porque en
última instancia los límites van a resultar convencionales. La complejidad va a ser la
complejidad propia de cualquier consenso, lo cual por supuesto no es tarea sencilla, pero
tampoco es algo absolutamente imposible de lograr.

Pero permítanme una reflexión que tiene que ver no con la complejidad de esta decisión pero
sí con la importancia de esta decisión sobre límites, sobre estructura de la nueva Buenos
Aires autónoma, con una descentralización política y administrativa.

Les cuento lo que me pasó ayer. Ayer participé del acto de la unificación de Alemania. Una
división arbitraria, con base ideológica, como la queramos definir, que dividió a familias
alemanas durante veintiocho años; cuando terminó y a lo mejor también cuando empezó,
cambió la historia del mundo. Por lo tanto si bien no es una decisión compleja esta cuestión
de poner las cosas de un lado o del otro es por cierto una decisión trascendente. Por eso

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ayer observaba la emoción de gente que había visto el muro desde el Este, y de quienes
habían visto el muro desde el Oeste. Lo que significó para muchísimas familias de alemanes
esa división absolutamente injusta y arbitraria.

Así que esta es una decisión trascendente. Y, cuando hay decisiones trascendentes, la
meditación, el cambio de ideas y el debate se imponen. Por eso celebro esta iniciativa que han
tenido de cambiar ideas sobre los límites, sobre la estructura de Buenos Aires descentralizada
política y administrativamente.

Confío en que este debate haya sido un aporte a una decisión trascendente que requiere para
que sea una decisión útil y eficaz para la gente que es en última instancia lo que interesa
ser tomada con conocimiento de causa, dejando de lado cuestiones menores, vinculadas a
decisiones que no tienen que ver con lo que realmente interesa y, al mismo tiempo, que todos
nos despojemos de algún interés menor para coincidir en el interés fundamental que es cómo
crear las mejores condiciones para que una gran urbe como Buenos Aires inicie el milenio
que viene en condiciones de gobernabilidad apropiadas. Muchas gracias a todos.

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