NOTAS SOBRE
EL EVANGELIO SEGÚN JUAN
POR WAYNE PARTAIN
Copyright, 1995, 2004
Derechos Reservados
(Cuarta Parte)
Juan 17
La oración conocida como el "Padre nuestro" (Mat. 6:9-13) no es la
oración del Señor, porque contiene peticiones que El no haría, sino la
explicación de cómo los discípulos deben orar. Juan 17 registra la verdadera
oración del Señor, la oración que ningún hombre puede orar. Jn. 13-16 narra
el discurso largo de Jesús en el cual quería animar y consolar a sus apóstoles
y, muy apropiadamente, lo terminó con esta oración al Padre en la cual oró
por sí mismo para que el Padre le glorificara (17:1-5), por sus apóstoles para
que los guardara en su nombre, para que fueran uno, y para que los guardara
del maligno (17:6-19), y por los que serían convertidos por la palabra de los
apóstoles, que fueran "uno en nosotros" (17:20-26).
17:1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo (11:41; Sal.
121:1, 2; 123:1), dijo: Padre, la hora ha llegado (12:23, 27; 13:1, 31); --
"¿Qué hora? Era la hora por la cual Jesús había venido al mundo, la hora para
el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento, la hora
cuando la verdadera Pascua sería sacrificada, la hora cuando el Hijo de Dios
heriría la cabeza de Satanás y llevaría a cabo el propósito de Dios de efectuar
la salvación del hombre" (JBC).
-- glorifica a tu Hijo -- ¿Qué pide Jesús? ¿De qué manera quería
que el Padre lo glorificara? Véanse 12:23; 13:31, "Ahora es glorificado el
Hijo del Hombre". En muy poco tiempo Jesús tendría la experiencia más
humillante que el ser humano podría experimentar: la crucifixión. Cristo, sin
embargo, sería glorificado por su muerte en la cruz, Gál. 6:14, como también
por su resurrección y ascensión. Al llevar a cabo su obra Cristo glorificó al
Padre (Efes. 1:3-12), y el Padre glorificó al Hijo (Efes. 1:20-23).
-- para que también tu Hijo te glorifique a ti; -- El gran objetivo
en todo esto era la gloria de Dios. Sin cesar Cristo oraba al Padre (11:41;
12:27; Mat. 11:25; Mar. 1:35; 6:46; Luc 3:21; 5:16; 6:12; 9:18, 28, 29; 11:22,
42; 23:34, 46).
17:2 como le has dado potestad sobre toda carne (Mat. 11:27; 28:18; Luc.
10:22; 1 Ped. 3:22; Col. 2:10), para que dé vida eterna a todos los que le
diste. -- Esto fue el propósito de su venida (Luc. 19:10; 1 Tim. 1:15). El Padre
le dio "la obra" (17:4), "los hombres" (17:2, 6, 9, 24), "todas las cosas" (17:7),
"las palabras" (17:8, 14), el "nombre" divino (17:11, 12), y "la gloria" (17:22,
24).
Dicen los calvinistas que este texto se refiere a "la soberana
elección de Dios, por la cual El escogió un número específico para ser su
pueblo especial" (AWP), y hablan de la gracia irresistible. "Cuando
Jesús se refiere a la actividad divina de traer, emplea un término que indica
claramente que esto significa más que influencia moral. El Padre no se limita
a rogar o a aconsejar -- ¡trae! ... indica una actividad muy poderosa -- incluso,
podríamos decir, irresistible. Claro está, el hombre resiste, pero su resistencia
es ineficaz" (GH). Pero la verdad es que el Padre trae a Cristo solamente a los
que creen en El como el Hijo de Dios y obedecen al evangelio. Dios no puede
traer a los demás a Cristo, porque su único poder para la salvación es el
evangelio (Rom. 1:16). El evangelio es la única red.
"Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así
que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí" (6:45). Dicen
los calvinistas que "No es cierto que 6:45 anule o, por lo menos, debilite 6:44.
La expresión, Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por
Dios, no coloca en modo alguno en manos de los hombres el poder de aceptar
a Jesús como Señor" (GH). Tal enseñanza hace que Dios sea responsable por
la salvación del hombre, no solamente al proveer la salvación sino también en
cuanto a la aceptación de ella. Aquí está la sencilla verdad que los calvinistas
rehúsan aceptar: Dios sí provee la salvación, pero el hombre tiene que
aceptarla.
17:3 Y esta es la vida eterna: que -- Compárese 3:19, "Esta es la
condenación: que ... "; es decir, como Cristo explica la base y el camino para
llegar a la condenación en 3:19 ("que la luz vino al mundo, y los hombres
amaron más las tinieblas que la luz"), aquí explica la base y el camino para
llegar a la vida eterna: "que te conozcan a ti ... y a Jesucristo" (quien es el
camino, 14:6; "estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Es es el
verdadero Dios, y la vida eterna", 1 Jn. 5:20).
-- que te conozcan -- que "sigan conociendo" (ATR); es decir, no
solamente creer que existe (Heb. 11:6), sino que continuamente se conformen
a la voluntad de Dios. ¿Cuántos hombres y mujeres profesan conocer a Dios?
Todos los religiosos -- y algunos que no profesan ninguna religión -- hablan
de conocer a Dios. Cualquiera tendrá sus ideas acerca de Dios, y en cada
oportunidad las expresa, pero este tema tan solemne se trata muy superficial y
aun profanamente. Conocer a Dios no es simplemente un conocimiento
intelectual, sino el ser aprobado por El por haberle obedecido para poder
tener comunión con El. "Yo sé que su mandamiento es vida eterna" (12:50).
"Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus
mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el
tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Jn. 2:3, 4); "El que no ama, no
ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Jn. 4:8). Los que conocen a Dios
son los que han nacido de nuevo (o de arriba), es decir, del agua y del Espíritu
(3:3, 5) y, siendo nuevas criaturas (2 Cor. 5:17), participan de la naturaleza
divina (2 Ped. 1:4).
"Esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna" (1 Jn. 2:25); "y
en el siglo venidero la vida eterna" (Mar. 10:30); "En la esperanza de la vida
eterna, la cual Dios ... prometió" (Tito 1:2); "
-- a ti, el único Dios verdadero, (los unitarios citan este texto para
negar la Deidad de Cristo, pero Juan dice que Cristo es el verdadero Dios (1
Jn. 5:20); ¿pensaba excluir al Padre? Cuando Jesús dijo, "nadie conoció al
Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo" (Mat. 11:27),
¿pensaba excluir al Espíritu Santo quien escudriña lo profundo de Dios (1
Cor. 2:10)? Claro que no. Al hablar del "único Dios verdadero", Cristo
excluía a los ídolos (que no son dioses, 1 Tes. 1:9; 1 Cor. 8:5, 6).
-- y a Jesucristo, a quien has enviado (3:17, 34; 5:23, 30, 36, 37;
6:44, 57; 8:18; 12:49; 14:24; 20:21). -- ¡y! "que te conozcan a ti, y a
Jesucristo". El Padre, el único Dios verdadero, no puede ser conocido aparte
del Hijo Jesucristo, y sin El no hay vida eterna. Esta es la única vez que Jesús
se refiere a sí mismo como "Jesucristo"; de esta manera vuelve a afirmar que
El es el Mesías que había de venir. Cristo fue enviado al mundo para revelar
al Padre: 8:18; 12:45; 14:6-9; los que conocen a Cristo conocen a Dios.
"Ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios"
(Gál. 4:9). "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal
es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Jn. 2:4).
Cristo es el Verdadero Dios
I. El Dios Verdadero.
A. Jn. 17:3, "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el
único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Los arianistas y
socinianistas modernos (por ejemplo, mayormente los "testigos" del Atalaya)
rechazan la afirmación de Rom. 9:5; Col. 2:9; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1 que Cristo
es Dios. Rechazan la afirmación de Juan de que Jesucristo es Dios (1:1; 8:58;
14:9; 1 Jn. 5:20, etc.) y enseñan que "esta es la vida eterna: que te conozcan a
ti, el único Dios verdadero, y a la criatura Jesucristo, a quien has enviado".
¡Imagínese! ¡para obtener la vida eterna es necesario conocer a una criatura!
Juan 17:3 dice que el Padre es "el único Dios verdadero" y 1 Juan 5:20 dice
que "estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero
Dios, y la vida eterna". La palabra "Este" se refiere a su antecedente
inmediato: "Jesucristo". Como el Padre es el verdadero Dios, así también
Jesucristo es el verdadero Dios.
B. También hay hermanos (que son conservadores en cuanto al
institucionalismo) que profesan creer en la Deidad de Cristo, pero la niegan
diciendo que cuando vino a la tierra se despojó a sí mismo de sus atributos
divinos; es decir, el inmutable Cristo (Heb. 13:8) tuvo un cambio radical de su
Deidad durante unos treinta y tres años. Según esa herejía Cristo no es
verdadero Dios.
C. Apoc. 3:7, "Esto dice el Santo, el Verdadero". Algunos eruditos
prefieren el antecedente remoto -- "al que es verdadero" -- pero según esto
Juan hubiera dicho, "el verdadero Dios es el verdadero Dios". Para escoger el
antecedente remoto (en lugar del antecedente inmediato) debe haber una
razón fuerte para hacerlo. Si Juan hubiera dicho, "Este es el verdadero
Mesías", nadie habría dicho que "Este" no se refiere a su antecedente
inmediato.
D. ¿Habrá algo en los escritos de Juan que contradiga la afirmación
de que Jesucristo es el verdadero Dios y la vida eterna? Por el contrario, lo
afirma muchas veces: en El está la vida, El da vida al mundo, El es el pan de
vida, sus palabras son vida, etc. 1 Juan 5:20 -- al igual que 1 Juan 1:2 --
afirma que Cristo es la vida. Desde luego la vida eterna procede del Padre,
pero en los escritos de Juan siempre se relaciona la vida o la vida eterna con
Cristo.
E. Si Juan no quería decir que Jesucristo es el verdadero Dios,
entonces ha usado una expresión que puede entenderse mal. Al leer este texto
-- así como está -- es razonable que lleguemos a la conclusión de que
debemos adorar a Jesucristo como el Dios verdadero. Pero si El no es el Dios
verdadero, entonces este texto nos podría engañar y causar que hagamos
precisamente lo que Juan prohíbe en el siguiente versículo: adorar a los
ídolos (1 Jn. 5:21). Si Cristo no es el verdadero Dios, entonces El no puede
ser adorado (Mat. 4:11), y los que le adoran están adorando una criatura
(Rom. 1:25).
II. Juan ya había afirmado repetidas veces la Deidad de Jesucristo.
A. 1:1, "el Verbo era Dios" (literalmente, Dios era el Verbo, así lo
dice el griego para dar énfasis a su Deidad); 1:18, ha dado a conocer al Padre
(¿podría alguna criatura representar y revelar al Padre? "revelar" no significa
decir o escribir alguna descripción, sino revelarlo o exhibirlo en su persona;
5:30-47, hay cinco testigos seguros de la Deidad de Cristo: Juan, el Padre, las
obras de Jesús, las Escrituras y Moisés; 8:19, "si a mí me conocieseis,
también a mi Padre conocerías"; se identifica a sí mismo con el "Yo Soy"
(Jehová, el Ser Eterno) de Ex. 3:14 (8:24, 58; 18:5); los judíos entendían
perfectamente que Jesús afirmaba que El mismo era Deidad (10:33, "te haces
Dios"); "El que ha visto a mí, ha visto al Padre" (14:9).
B. Después de tantas afirmaciones de su Deidad, ¿quién puede creer
que en Juan 17:3 Jesús diría que El era simplemente una criatura o un dios sin
los atributos de Dios? El pensamiento de Juan 17:3 es que es imposible
conocer al Padre aparte de Cristo (14:6); este texto y otros (p. ej., 1 Tes. 1:9)
presentan el contraste no solamente entre el Dios verdadero y los dioses
paganos, sino también entre el Dios verdadero revelado a través de Jesucristo
y el supuesto "Dios" de los judíos incrédulos que rechazaban a Jesucristo
como su Mesías. No había Padre aparte del Padre revelado por Jesucristo.
Al rechazar a Cristo también rechazaron a su propio Dios y Padre, porque ese
rechazamiento indicaba que no lo conocían. El único Dios verdadero es el
Dios revelado por Jesucristo. Juan [Link] "Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre;
si a mí me conocieseis, también a mi Padre conocerías". Juan 10:30, "Yo y el
Padre uno somos"; Juan 12:45, "y el que me ve, ve al que me envió"; Juan
14:9, "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre".
C. Por esta razón Jesús dice (17:3) que la vida eterna requiere
"que te conozcan a ti ... y a Jesucristo". Esto es precisamente el pensamiento
de este texto. No tiene nada que ver con el concepto de los "testigos"
(arianistas) de que Jesucristo fuera una criatura y que no era de la misma
substancia con el Padre (Heb. 1:3), ni con el concepto de los hermanos que
niegan la Deidad de Cristo al decir que en la tierra no tenía ningún atributo
divino.
III. ¿Jesús es solamente el Señor?
A. 1 Cor. 8:6, "para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el
Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un
Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por
medio de él". Los "testigos" y otros niegan la Deidad de Jesucristo diciendo
que Pablo afirma que Jesucristo no es Dios (THEOS), sino solamente el
Señor (KURIOS), como si el Señor fuera una criatura.
B. En el versículo anterior Pablo dice que "hay muchos dioses y
muchos señores" paganos. Por eso el ver. 6 debe entenderse a la luz de esa
afirmación; es decir, forma un contraste con el ver. 5. La afirmación de Pablo
en el ver. 6 tiene el propósito de excluir a todos los dioses y señores paganos.
Pablo no dice esto para atribuirle a Jesucristo una posición inferior al Padre.
Al hablar de los dioses y señores paganos no se refiere a su rango ("señores"
eran hombres deificados, por eso, dioses); tampoco habla de rango
(superioridad o inferioridad) al hablar del Dios verdadero y del Señor
verdadero, sino que habla de la unidad de la Deidad verdadera. El Padre es
Dios y también es Señor; Cristo es Señor y también Dios. Dice Pablo que
"hay un Dios, el Padre"; por eso ¿Dios el Padre no es el Señor? ¿No tiene
dominio sobre el mundo? El es Dios el Padre, pero no deja de ser el Señor del
universo. Asimismo Jesucristo es el Señor, pero no por eso deja de ser Dios
(THEOS), como Pablo afirma en varios textos (Rom. 9:5; Col. 2:9; Tito
2:13).
C. Si los "testigos" no creen que el Padre es el Señor, ¿por qué
traducen la palabra Señor (KURIOS) Jehová en muchos textos? Ellos
afirman que así se debe traducir, pero son muy inconsecuentes; por ejemplo,
traducen la palabra KURIOS Jehová en Rom. 14:4, 6 (tres veces), el ver. 8
(dos veces), y luego en el ver. 9 Pablo llama a Cristo KURIOS y la
Traducción del Nuevo Mundo deja de traducirla Jehová y la traduce Señor.
Estos traductores son arbitrarios y falsos -- rechazando su propia regla en
cuanto a la traducción de kurios -- porque están resueltos a negar la Deidad
de Jesucristo.
D. La enseñanza de los arianistas, socinianistas y "testigos"
demuestra una profunda ignorancia de la palabra Señor; Jesucristo no podía
ser Señor si no era Dios. Dios es llamado Señor en muchísimos textos.
Consúltese cualquier concordancia. Por lo tanto, Pablo no dice que Jesucristo
es inferior al Padre, sino que es igual al Padre (compárese Juan 5:18), y se
identifica con El como el Señor de todo, diciendo "por medio del cual son
todas las cosas". El afirmar que por medio de una criatura han sido creadas
todas las cosas no solamente es incredulidad, sino también insensatez.
(Véanse Juan 1:3; Col. 1:16, 17; Heb. 1:2). Si Jesucristo es el Creador, como
estos textos claramente afirman, entonces El es Dios. Una criatura no puede
ser el Creador. No puede haber omnipotencia delegada (o Dios delegado). En
lugar de afirmar la inferioridad de Jesucristo, este texto afirma su igualdad
con el Padre porque es Señor de todo, tiene autoridad para dar leyes a los
hombres y para juzgarles en el día final.
IV. Durante su vida terrenal Jesucristo demostraba repetidas veces los
atributos divinos (atributos de Deidad).
A. La omnipotencia (haciendo muchas señales que solamente Dios
puede hacer); la omnisciencia (Jn. 2:24, 25; Mat. 9:4; 12:25; Luc. 5:22; 11:17,
etc.); era adorado (9:38; Mat. 4:11, solamente Dios es adorado); perdonaba
pecados (Mar. 2:5, solamente Dios perdona pecados), etc. No hay nada en 1
Cor. 8:6 que contradiga esta verdad.
B. El problema verdadero de los arianistas, "testigos", etc. es que no
creen y no pueden aceptar que "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al
mundo" (2 Cor. 5:19) y, a menos que se arrepientan, no hay esperanza de
salvación para los tales.
V. Rom. 16:27, "Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo
para siempre. Amén".
A. Los que citan este texto para afirmar que el Padre es el único
Dios y que Jesucristo es una criatura rechazan el concepto bíblico de la
necesidad de un Mediador (Jn. 14:6; 1 Tim. 2:5; Heb. 4:15, 16, etc.), que tiene
que ser tanto Dios como hombre. El Verbo, Dios verdadero (Jn. 1:1), fue
hecho carne (Jn. 1:14) para revelar al Padre (Juan 8:19; 14:9) (aparte de
Jesucristo Dios no puede ser conocido), y para ser nuestro perfecto Mediador.
B. Por lo tanto, Pablo afirma en este texto que a través de Jesucristo
Dios es glorificado para siempre. Muchos textos afirman esto. No hay otra
manera de glorificar a Dios. Los "testigos" no pueden glorificar a Dios
porque es imposible glorificarle a través de una criatura (una criatura -- por
ejemplo, un ángel -- no puede representar a Dios).
VI. Juan 10:33-36, "tú, siendo hombre, te haces Dios".
A. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije,
dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la
Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al
mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?"
B. Los que rechazan la Deidad de Jesucristo argumentan que El era
un dios inferior, un mero hombre como los jueces de Israel, pero los jueces no
eran dioses en el sentido de poseer naturaleza divina. Además, Cristo no dijo
que El era "un dios", ni mucho menos que era un dios como los jueces de
Israel.
C. Jesús dice (ver. 30), "Yo el Padre uno somos". Con esto afirma
su Deidad. Los judíos tomaron piedras para apedrearle por blasfemia "porque
tú, siendo hombre, te haces Dios", pero eran inconsecuentes, porque nunca se
quejaron de que los jueces y magistrados se llamaran dioses. En esto
demostraron su prejuicio contra Cristo.
D. En el Sal. 82:6, Dios dice a los jueces y magistrados: "Vosotros
sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo". El nombre ELOHIM se
aplica a los jueces y magistrados de Israel porque eran representantes de Dios
(así se usa en Ex. 21:6; 22:9, 28). ¿Qué derecho tenían los jueces para que se
les llamara con el nombre ELOHIM? Por una sola causa se les aplicaba este
nombre: eran "aquellos a quienes vino la palabra de Dios", es decir, recibían
su oficio (su autoridad) de Dios. Así es que era una aplicación sumamente
limitada.
E. Desde luego, Jesús difería grandemente de aquellos jueces.
Varios contrastes importantes se pueden mencionar: no se puede decir que
Dios santificó y envió al mundo a los jueces, pero a Cristo sí (fue santificado
o apartado por Dios y enviado al mundo para ser nuestro Salvador); los jueces
eran muchos y eran hijos de Dios en el sentido general, mientras que
Jesucristo era y es el unigénito Hijo de Dios (Juan 1:14, 18; 3:16); el trabajo
de los jueces no se podía comparar con el trabajo de Jesucristo (Juan 10:10,
14; Mat. 20:28; etc.); y otras diferencias se pueden mencionar.
F. Pero Jesús no cita este texto para explicar -- ni mucho menos
negar -- su Deidad, sino solamente para hacer callar a los rabinos,
recordándoles que su propia ley -- la palabra innegable e indestructible de
Dios -- llamaba dioses a los hombres que eran comisionados por Dios y que,
por eso, no les convenía acusarle a El de blasfemia cuando decía que era el
Hijo de Dios, porque El también había sido santificado (consagrado, apartado)
por Dios y autorizado para hacer una obra de Dios.
G. Inmediatamente después de decir esto Jesús les propuso la
evidencia empírica: "Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si
las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras" (Juan 10:37, 38). Fue
un argumento incontestable. A los jueces "vino la palabra", es decir, su oficio
o trabajo de aplicar la ley de Dios era autorizado por Dios. Entonces, cuanto
más Jesús tenía el derecho de llamarse el Hijo de Dios ya que a El el Padre
santificó y envió al mundo para llevar a cabo su obra. De ninguna manera
dice o implica que era Dios (o el Hijo de Dios) solamente en aquel sentido en
el que los jueces eran dioses. (Véanse notas sobre este texto, 10:33-36).
17:4 Yo te he glorificado en la tierra; -- 11:4; 14:13. Lo hizo al demostrar
los atributos de Dios. Aunque Dios había sido glorificado de muchas maneras
a través de los siglos, nunca había sido glorificado como Cristo lo glorificaba.
Jesús dijo que "esta enfermedad (la de Lázaro) no es para muerte, sino para la
gloria de Dios" (11:4); cuando sanó al paralítico, "la gente, al verlo, se
maravilló y glorificó a Dios" (Mat. 9:8); pero ahora al llegar al clímax de su
misión y obra, lo glorificaría al máximo en su muerte, sepultura, resurrección,
y ascensión (12:16, 23; 13:31).
-- he acabado la obra que me diste que hiciese. -- Al contemplar
su vida entera -- desde el principio de su ministerio hasta su ascensión --
podía ver una sola cosa: la glorificación del nombre del Padre (CEWD).
Pensando humanamente diríamos que estas palabras deberían encontrarse
después de la resurrección de Jesús, porque en estos momentos todavía le
esperaba la cruz, pero habla proféticamente; es decir, para Jesús su muerte ya
era una realidad y la victoria sobre Satanás y el sepulcro estaba asegurada.
Dios habla del futuro como si fuera historia. Compárese Isa. 53; el profeta
habla de la muerte de Cristo como si ya hubiera acontecido, unos ochocientos
años antes de nacer Jesús.
Cristo dijo, "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad"
(Heb. 10:7). El vino al mundo "para poner fin a la transgresión, para terminar
con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna" (Dan. 9:24,
LBLA).
Cuando tenía apenas doce años de edad dijo, "¿No sabíais que en
los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Luc. 2:49). Durante toda su
vida Jesús tuvo como propósito terminar la obra que el Padre le había dado:
"Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra"
(4:34); "he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad
del que me envió" (6:38); "yo hago siempre lo que le agrada" (8:29); "Me es
necesario hacer las obras del que me envió" (9:4). Es muy importante
observar y recalcar que al contemplar la cruz -- e incluso al sufrir sobre la
cruz --, Jesús nunca se sintió frustrado. Con esta actitud durante todo su
ministerio le fue posible expresar las palabras triunfantes, "Consumado es"
(19:30).
Entonces, debería ser glorificado. "Jehová quiso quebrantarlo,
sujetándole a padecimiento" (Isa. 53:10); pero léase el resto del versículo 10 y
también el ver. 12: "Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado,
verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano
prosperada ... Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes
repartirá despojos". "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio
un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble
toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y
toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre"
(Fil. 2:9-11). Véanse Hech. 2:32-36; Efes. 1:17-23; Apoc. 5. Había mucha
distancia entre las cortes del cielo y Belén de Judea, como también entre el
lavamiento de los pies de los apóstoles y el ocupar su majestuoso trono en el
cielo, pero ¡gracias a Dios! Jesús pudo cumplir toda la jornada.
Cristo nos dejó un ejemplo perfecto al terminar la obra que Dios le
había dado. A Pablo le encargó la obra importante de evangelizar a los
gentiles, y poco antes de morir éste pudo decir, "He peleado la buena batalla,
he acabado la carrera, he guardado la fe" (2 Tim. 4:7). ¿Qué de nosotros? Al
llegar a la conclusión de nuestra vida, ¿podremos hablar de esta manera? Al
morir ¿podremos decir que hemos acabado la obra que el Señor nos dio? Esto
depende de lo que sea nuestra comida (4:34).
Cristo terminó su obra en la tierra y volvió al Padre. Pedro dijo
(Hech. 2:33) que Cristo ocupó su trono (el trono de David, Luc. 1:32). Por lo
tanto, cuando vuelva la segunda vez no será para establecer su reino. Muchos
sectarios -- e incluso algunos que profesan ser miembros de la iglesia del
Señor -- enseñan que el plan de Cristo para establecer su reino falló porque
los judíos no lo aceptaron. Esto contradice Hech. 2:22, 23, que dice que Cristo
murió de acuerdo con el predeterminado plan y consejo de Dios.
"Esto es una opinión popular, ¡pero se establece sobre un
fundamento errado! (1) El premilennialismo hace inválidas las profecías del
Antiguo Testamento, porque dice que el reino no fue establecido durante el
Imperio Romano como se profetizó en Dan. 2:31-45. (2) Limita el poder de
Dios. Si Satanás derrotó el plan de Dios la primera vez, ¿qué seguridad habría
de que no suciediera lo mismo la próxima vez? Mar. 1:14-15; 9:1. (3) Esta
opinión destronaría a Cristo quien resucitó para ocupar el trono de David.
Ahora está reinando sobre el pueblo de Dios tanto como Sacerdote como Rey,
Hech. 2:;29-36; Ef. 1:20-23; Zac. 6:12-13. (4) Los proponentes de esta
doctrina buscan un reino material y terrenal en lugar de un reino espiritual.
De esa manera cometen la misma falta que los judíos que crucificaron a
Cristo, Jn. 18:36-37; Luc. 17:20-21; Jn. 3:5. (5) Hacen que la iglesia sea un
substituto durante el llamado "periodo de paréntesis". La iglesia, sin embargo,
es el reino espiritual y estaba en el plan eterno de Dios, Mat. 16:16-18; Efes.
3:10, 11. (6) Los que niegan que el reino de Dios fue establecido representan
a los escritores del Nuevo Testamento como confusos cuando éstos hablan de
los cristianos como los súbditos actuales del reino, Col. 1:13; Apoc. 1:5-6;
5:9-10. (7) Para colmo de males, esta doctrina se basa en el fundamento de
que Cristo no cumplió su misión y que fue crucificado porque el mundo no
estaba preparado para su reinado sobre la tierra. Sin embargo, la muerte de
Cristo fue predicha aun antes de que Daniel profetizara acerca del tiempo del
reino, Isa. 53; Sal. 22. Su muerte fue predestinada por Dios para que fuéramos
salvos, Hech. 2:23-36; 1 Cor. 15:17-22. ¿Qué más podría El hacer durante un
reinado de mil años sobre la tierra que no se llevó a cabo durante su primera
misión? Ef. 1:7 - compró la salvación; Mar. 9:1, prometió que el reino
vendría con poder; Hech. 1:8 - el poder vendría con la venida el Espíritu
Santo; Hech. 2:4 - el Espíritu Santo vino el día de Pentecostés; por eso, ¡el
reino se estableció!" (RH). ¡Antes de volver al cielo Jesucristo terminó su
obra aquí en la tierra! Al volver la segunda vez, quemará la tierra (2 Ped.
3:10).
17:5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria
que tuve contigo antes que el mundo fuese (Fil. 2:6-11). -- A través del
libro Juan se refiere a la preexistencia (eternidad) de Cristo: 1:1, 18; 8:38, 58;
16:28; 17:24. Aquí en la tierra Cristo demostró su gloria divina (1:14; 2:11;
Mat. 17:2; Heb. 1:3), pero la gloria celestial es incomparablemente mayor.
"Exaltado por la diestra de Dios" (Hech. 2:33); "se sentó a la diestra del trono
de Dios" (Heb. 12:2); "Esteban ... vio los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre
que está a la diestra de Dios" (Hech. 7:55).
17:6 He manifestado tu nombre (17:4) -- Cristo, siendo Dios, manifestó los
atributos de Dios (p. ej., omnipotencia, omnisciencia, perfecto amor, perfecta
santidad, perfecta justicia) y su divina voluntad a los hombres, pues al ver a
Cristo vieron al Padre (14:9, es decir, una perfecta representación del Padre) y
al aprender la enseñanza de Jesús aprendieron la voluntad del Padre. Cristo
dijo repetidas veces que las palabras que El enseñaba eran las palabras del
Padre, y que las obras que El hizo eran las obras del Padre. De esta manera El
manifestó el nombre de Dios.
-- a los hombres que del mundo me diste (15:16, 19); -- Todos los
hombres pertenecen a Dios (Ezeq. 18:4, "He aquí que todas las almas son
mías"), pero no todos son dados a Cristo. En este texto Jesús se refiere a los
apóstoles, pero también los que obedecen al evangelio son dados a Cristo por
el Padre. Desde luego, el evangelio debe ser predicado a todos los hombres,
pero el Padre da o trae a Cristo a los que obedecen al evangelio.
-- tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. --
Primero Jesús habla de lo que el Padre ha hecho, y lo que el Hijo ha hecho;
ahora habla de lo que los apóstoles han hecho. En base a las cosas nombradas
en los versículos 6-8 Jesús hace su petición por los apóstoles. Estos tenían sus
debilidades, pero habían guardado la palabra de Dios. "Vosotros sois los que
habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino,
como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi
reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel" (Luc. 22:28-
30). Habían sido fieles (6:67-71), porque practicaban la verdad (3:21). Cristo
es nuestro Mediador delante de Dios y intercede por nosotros con tal que
guardemos la palabra de Dios (Heb. 4:15; 1 Tim. 2:5; 1 Jn. 2:2).
17:7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado (su
enseñanza y sus obras), proceden de ti; -- Han discernido que la enseñanza
de Jesús era en realidad la enseñanza del Padre, y de esa manera la han
recibido (1 Tes. 2:13).
17:8 porque las palabras que me diste (3:34; 5:47; 6:63), -- La
comunicación de la mente de Dios a la mente humana ha sido por medio de
palabras. Dios dio palabras a Cristo; Cristo dio palabras a los apóstoles; los
apóstoles nos han dado palabras a nosotros (1 Cor. 2:9-13). Dios no sólo ha
revelado pensamientos, sino también palabras, para que su revelación fuera
precisa, exacta e infalible. Estas palabras nos juzgarán en el Día Final (12:47,
48).
-- les he dado; -- "Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que
la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros" (2 Cor. 4:7). El tesoro
(el evangelio) fue entregado a los apóstoles, vasos de barro. "Para que tengáis
memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y
del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles" (2 Ped.
3:2). ¡Qué responsabilidad tan grande era la suya!
-- y ellos las recibieron (6:68), y han conocido verdaderamente
que salí de ti, y han creído (6:69; Mat. 16:16) que tú me enviaste (17:8, 18,
21, 23, 25). -- Han conocido ... han recibido ... y han creído. Reconocían la
Deidad de Cristo, que El había venido del Padre y que las palabras y obras de
Cristo eran las palabras y obras del Padre (5:19, 20, 30, 36), y que "todo lo
que tiene el Padre es mío" (16:15).
17:9 Yo ruego por ellos (en base a lo que ha dicho acerca de ellos: que el
Padre los dio a Cristo, que habían guardado las palabras del Padre que Cristo
les dio, y que habían creído que Cristo había venido del Padre; ruego por
ellos, este presente que me has dado, este fruto de mis labores (FLG); no
ruego por el mundo, (el mundo no había sido dado por el Padre al Hijo
porque no había guardado las palabras del Padre, y no habían creído que
Cristo vino del Padre) sino por los que me diste; porque tuyos son, --
Después oró indirectamente por todos (17:20). Para el mundo El pide el
perdón (para los que se arrepienten y le obedecen), pero aquí pide que Dios
guarde (17:11, 15) a los que son suyos. Jesús ruega por los hombres que el
Padre le había dado, los que le habían glorificado. Esta oración, pues, es muy
específica: "por los que me diste". (Compárese Heb. 2:13, "He aquí, yo y los
hijos que Dios me dio").
Pidió que el Padre perdonara a los que le crucificaban (Luc. 23:34);
es decir, pidió compasión por ellos, y que el Padre les perdonara cuando se
humillaran para obedecer al evangelio (Hech. 2:37, 38). El dijo, "perdónalos,
porque no saben lo que hacen", pero ahora ruega por los apóstoles que habían
conocido la verdad y que la habían guardado.
Jesús nos enseña que debemos orar aun por los enemigos (Mat.
5:44), y Pablo nos enseña que debemos orar por todos los hombres (1 Tim.
2:1). Hemos de dejar de orar por los del mundo solamente cuando dan
evidencia clara no solamente de ser enemigos de Dios, sino también de que
quieren y piensan permanecer así (2 Tes. 2:10-12; Rom. 1:28; 1 Jn. 5:16).
También en los vers. 20-26 ruega por todos sus discípulos ("los que
han de creer en mí por la palabra de ellos"). Compárese Ex. 28:29, "Y llevará
Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su
corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová
continuamente"; nuestro Sumo Sacerdote lleva los nombres de sus discípulos
sobre su corazón al interceder por nosotros.
17:10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; -- "Todo hombre puede decir,
todo lo mío es tuyo; pero solamente el Hijo puede decir, y lo tuyo mío"
(Lutero, citado por FLG). Los pronombres no son del género masculino, sino
del neutro. Siempre habían tenido en común todas las cosas. En esto Jesús
afirma otra vez la inseparable unidad de su conocimiento, voluntad y acción
con el Padre (AH). Las palabras incluyen absolutamente todo, y aseveran la
absoluta comunidad de todas las cosas con el Padre (HWW).
-- y he sido glorificado en ellos. -- Porque habían reconocido y
habían confesado que El es el Hijo de Dios, y llevarían este mensaje a todas
las naciones. Por esta causa Jesús pide al Padre que los guarde.
Lo que se puede saber de Cristo viene por medio de los apóstoles
inspirados. Cristo ha sido glorificado por los Hechos de los apóstoles. Los
apóstoles eran (y a través de su palabra siguen siendo) los testigos verdaderos
de Cristo (15:26; Hech. 1:8), sus embajadores (2 Cor. 5:20). Por eso, la iglesia
debe perseverar en su enseñanza, Hech. 2:42; 1 Jn. 4:6.
17:11 Y ya no estoy en el mundo; -- Ahora especifica la circunstancia que le
mueve a hacer esta petición. Habla proféticamente como si ya hubiera
ascendido al cielo, pero habla de esta manera porque cuando Dios piensa
hacer algo, su cumplimiento es seguro y, por eso, aun antes de que suceda ya
es una realidad. Al volver al Padre Cristo todavía estaría en el mundo en la
persona del Espíritu Santo (14:18; Mat. 28:20).
-- mas éstos están en el mundo, (15:18-21, en el mundo hostil,
perseguidor, seductor y cruel) y yo voy a ti. Padre santo, (17:1, 4, 11,
"Padre"; 17:11, "Padre santo"; 17:25, "Padre justo") a los que me has dado,
guárdalos en tu nombre, (guárdalos en tu nombre, el nombre que me has
dado, LBLA) -- 17:12, "yo los guardaba en tu nombre" (Hech. 4:12; Fil. 2:9).
Cristo pidió que el Padre guardara a los apóstoles en su nombre, porque al
salir Jesús de la tierra, habría peligro de que otra vez fueran esparcidos.
"Líbranos del mal (o del malo, LBLA, margen)" (Mat. 6:13). Serían expuestos
al odio del mundo (15:18-21) y, por eso, el cuidado especial del Padre sería
muy necesario, mayormente durante los próximos tres días (cuando Jesús
sería prendido, "juzgado", crucificado, y sepultado). Para estos días difíciles --
y para todo el tiempo de su ministerio -- Jesús los pone en los brazos del
Padre.
-- para que sean uno, así como nosotros. -- "Ruego ... por los
que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que sean uno; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (17:20, 21).
Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo son tres personas, pero
son uno en comunión, en propósito y en todo aspecto de la obra, y esta unidad
era el modelo perfecto para los apóstoles, y lo es para todos los discípulos. La
única manera de mantener esta unidad es por medio de permanecer en la
esfera de la verdad y la comunión con Dios. Mantenemos esta unión con Dios
por medio de seguir oyendo, enseñando y practicando las palabras que el
Padre dio al Hijo y que el Hijo y el Espíritu Santo dieron a los apóstoles
(17:8, 14; 1 Cor. 2:9-14; 2 Tim. 3:16, 17).
17:12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba (eteroun,
vigilar sobre, proteger, preservar de daño) en tu nombre (en la esfera de la
comunión con Dios, dirigiéndoles conforme a la voluntad de Dios revelada en
las palabras de Dios. Jesús, el Buen Pastor, los guardaba por medio del
ejemplo de su perfecta vida personal, su enseñanza, vers. 8, 14, sus
exhortaciones, advertencias y reprensiones y sus maravillosas obras); a los
que me diste (17:6, notas), yo los guardé (ephulaxa, Jesús era su guarda o
centinela, Hech. 5:23), y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de
perdición, -- El término hijo tiene varios usos en el Nuevo Testamento. En
este texto se refiere a la consecuencia (el fin o destino) de cierta clase de vida;
es decir, a los que llevan una vida perdida les espera la perdición. Los "hijos
de desobediencia" (Efes. 2:2, es decir, esa clase de gente) son también "hijos
de ira" (Efes. 2:3) o "hijos de perdición". Véase 2 Tes. 2:3.
Cuando Jesús escogió a Judas para el apostolado él no era "el hijo
de perdición". "Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad
sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera ... Los nombres de
los doce apóstoles son estos: ... y Judas Iscariote, el que también le entregó"
(Mat. 10:1-4). Judas podía echar fuera demonios, pero si él ya era un diablo
(6:70), entonces Satanás echaba fuera a Satanás (Mat. 12:26). Junto con los
otros once apóstoles Judas fue dado por el Padre al Hijo, Cristo lo había
guardado y enseñado pero, a pesar de toda la ayuda que Cristo dio a sus
apóstoles (enseñanza, ejemplo, poder milagroso), él cayó.
Los calvinistas están muy equivocados con respecto a Judas, porque
no es cierto que él era un diablo desde el principio, sino que después cayó y
llegó a ser un diablo. (Compárense 12:6, "era un ladrón" y 13:27, "Satanás
entró en él").
-- para que la Escritura se cumpliese. -- 13:18. "Aun el hombre
de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el
calcañar" (Sal. 41:9; este texto probablemente se refiera al caso de Ahitofel,
íntimo amigo de David que llegó a ser consejero de Absalón, 2 Sam. 17:15.
Este caso -- u otro semejante -- era tipo de la traición de Judas).
Esto no quiere decir que su condenación era predestinada, sino
simplemente que cuando él cayó, cumplió esta Escritura. El "anticipado
conocimiento" de Dios (Hech. 2:23) no afecta el libre albedrío del hombre.
De su propia voluntad Judas entregó al Señor. Voluntariamente "cayó por
transgresión, para irse a su propio lugar" (Hech. 1:25).
17:13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi
gozo cumplido en sí mismos (15:11; 16:22, 24). -- El gozo de Cristo era el
gozo de perfecto amor, de perfecta pureza y de perfecta unidad con el Padre.
El quería que sus apóstoles tuvieran este mismo gozo.
Los apóstoles escuchaban esta oración, y estas palabras estarían en
su mente durante los días siguientes para fortalecerles y traerles gozo. Jesús
los dejaría solos esa misma noche por "un poco" de tiempo; durante ese
tiempo sería muy necesaria la protección del Padre porque las pruebas serían
severas. De lo que se puede leer de ellos durante ese tiempo el gozo vino
después de la resurrección de Jesús.
"¡Cuan maravilloso fue que Jesús pudiera hablar de gozo poco antes
del beso traidor de Judas, el arresto, la condenación, los insultos ... el
sangrado azotamiento, la corona de espinas y la cruz! Como el de los
apóstoles nuestro gozo ha de ser encontrado en Jesucristo para que con Pablo
podamos decir, 'Regocijaos en el Señor siempre' (Fil. 3:1; 4:4) (FP).
17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son
del mundo (el dominio o reino de Satanás, Col. 1:13), como tampoco yo soy
del mundo. -- 15:18-21. Por esta causa Jesús pidió que el Padre los guardara.
El mundo aborrece el mensaje apostólico; por eso los persiguió, y todavía
persigue a los que enseñan el mismo mensaje. Todos los que reciban el
mensaje de Dios serán odiados por el mundo.
17:15 No ruego que los quites del mundo, -- Jesús pronto terminaría su
trabajo aquí en el mundo, pero el trabajo principal de los apóstoles les
esperaba (Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 1:8). El "autor de la salvación de
ellos" era perfeccionado por aflicciones (Heb. 2:10); por eso, era necesario
que ellos también se quedaran en el mundo para que de la misma manera ellos
también se perfeccionaran.
Si los hubiera quitado del mundo, habría sido por medio de la
muerte (Hech. 12:1, 2), y Pablo dijo que para él la muerte hubiera sido
"muchísimo mejor" (Fil. 1:23) para evitar tanta persecución, pero si los
apóstoles se hubieran quitado del mundo, ¿qué habría pasado con el mundo de
pecadores que urgentemente necesitaban del evangelio?
"El mundo es bendecido por la presencia del cristiano (Mat. 5:13-
16), y el vivir en el mundo le da al cristiano la oportunidad de la conquista y
la recompensa (Rom. 8:37; Apoc. 2:26 3:21)" (JWM).
-- sino que los guardes del mal. -- "Guardar. Tereo denota (a)
vigilar sobre, preservar ... Hch 12:5, 'custodiado'" ... Jud 1, 'guardados en
Jesucristo' (WEV). Guardar quiere decir, pues, proteger, preservar, sostener
en pruebas, cuidar. Jesús ya había prometido que las ovejas que oyen su voz y
le siguen "no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano", porque
"Mi Padre ... es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de
mi Padre" (10:29). Pero algunos de los discípulos "volvieron atrás, y ya no
andaban con él" (6:66), Judas iba a entregarlo, y les había dicho que Pedro iba
a negarle y que todos serían esparcidos. Por eso, había mucha necesidad del
cuidado del Padre para que no se perdieran (Sal. 17:8, 9; 23; 121:5-8; Ezeq.
34:11-17).
El mal equivale al maligno; como dice Juan en su primera carta
(5:18), "Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el
pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le
toca". En cuanto a este maligno recuérdense los siguientes textos del libro de
Juan: "vosotros sois de vuestro padre el diablo" (8:44); "ahora el príncipe de
este mundo será echado fuera" (12:31); "el diablo ya había puesto en el
corazón de Judas ... que le entregase" (13:2); "después del bocado, Satanás
entró en él" (13:27); "viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí"
(14:30); "el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado" (16:11). También en
Hechos y en las cartas hay mucha explicación o advertencia acerca del
adversario. Con mucha razón, pues, Jesús ruega al Padre "que los guardes del
mal (maligno)". Cristo, el Buen Pastor, los había guardado, y ahora los
encomienda al cuidado del Padre.
El Espíritu Santo habla mucho acerca del cuidado de Dios de su
pueblo: p. ej., "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo
vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida
de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 5:23); es decir, que Dios nos guarde
totalmente separados del mundo, que estemos completamente apartados del
mal en todo sentido, que seamos guardados irreprensibles (sin mancha, sin
arruga, Efes. 5:27), para la venida del Señor.
Dios nos guarda, pero también nos guardamos nosotros mismos:
"Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste
en la abundancia de los bienes que posee" (Luc. 12:15); "Alejandro el
calderero me ha causado muchos males ... Guárdate tú también de él, pues en
gran manera se ha opuesto a nuestras palabras" (2 Tim. 4:14, 15); "Guardaos,
no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza"
(2 Ped. 3:17). Sin la ayuda de Dios no podríamos guardarnos, pero sin
nuestra propia ayuda Dios no nos puede guardar.
La palabra retener es sinónimo de guardar: "retén la forma de las
sanas palabras" (2 Tim. 1:13); "retengamos firme hasta el fin nuestra
confianza" (Heb. 3:14); "retengamos nuestra profesión" (Heb. 4:14); "lo que
tenéis, retenedlo hasta que yo venga" (Apoc. 2:25); "retén lo que tienes"
(Apoc. 3:11).
17:16 No son del mundo, -- La palabra mundo significa: (1) el universo,
1:10; 17:5; (2) la tierra habitada, Mat. 24:14; (3) la humanidad, 1:29; 3:16; (4)
el mundo pecador que persigue a Cristo y sus discípulos, 15:19, y (5) el
mundo de los deseos malos; en su primera carta (1 Jn. 2:15-17) Juan explica
el significado de la palabra mundo al decirnos "lo que hay en el mundo, los
deseos de la carne (que se muestran en las obras de la carne, Gál. 5:19-21), los
deseos de los ojos (los deseos carnales que emplean la vista para satisfacerse,
Gén. 3:6; Josué 7:21; 2 Sam. 11:2; Job 31:1; Mat. 5:28, 29; el instrumento
principal para satisfacer los deseos carnales de los ojos es la televisión), la
vanagloria de la vida" (la arrogancia, la jactancia, Sant. 4:13-16; así es el
humanismo, que enseña que no se necesita la dirección divina). El cristiano se
separa del mundo (Rom. 12:2; Efes. 2:2; Sant. 1:27; 4:4).
Debemos esforzarnos para que el Señor diga lo mismo de nosotros
("No son del mundo"). Los que no son del mundo no están bajo el dominio de
Satanás; no pertenecen al príncipe del mundo maligno y hostil. No son de él
porque son de Dios. En su actitud, su conducta, su habla y en toda actividad y
relación de la vida son diferentes, pues son extranjeros y peregrinos en este
mundo (1 Ped. 1:17; 2:11). Su "ciudadanía está en los cielos" (Fil. 3:20).
Los discípulos de Cristo no tendrán poder para convertir al mundo
si imitan al mundo. Si el mundo no puede ver una diferencia clara entre los
que profesan ser cristianos y los del mundo, éstos no tendrán ningún deseo de
cambiar.
Otro aspecto del mundo es la mundanalidad "respetable". Los que
practican esto no van al baile y no toman licor, pero no buscan primeramente
el reino de Dios, sino que lo primero en su vida es el trabajo (o el negocio) o
el placer (el juego de pelota, la pesca, etc.) que en sí no son malos. Compárese
Luc. 8:14, "La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose,
son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no
llevan fruto". Las bendiciones materiales son de Dios, pero pueden llegar a
ser ídolos (Col. 3:5; 1 Tim. 6:9, 10). En la parábola de la gran cena (Luc.
14:15-20), los que no fueron a la cena no eran borrachos, sino que fueron
detenidos por la hacienda, por cinco yuntas de bueyes, y por el matrimonio.
Estos también son del mundo.
-- como tampoco yo soy del mundo. -- 15:19; 17:14. Jesús se
asociaba con los pecadores para salvarlos, pero nadie podía probar que había
pecado alguno en El (8:46).
17:17 Santifícalos en (en la esfera de) tu verdad; tu palabra es verdad. --
Cristo no solamente pide que Dios los guarde del maligno, sino que los
santifique para la obra (2 Cor. 5:18-20). Básicamente la palabra santificar no
quiere decir purificar, pues se usa de Cristo también (10:36 "al que el Padre
santificó y envió al mundo"; 17:19, "yo me santifico a mí mismo"). Más bien,
significa consagrar o dedicar enteramente al servicio de Dios. Compárese Ex.
40:13. Jesús ya había dicho que "tuyos eran, y me los diste" (17:6) y que no
son del mundo; por eso, se habían apartado para los usos de Dios, es decir,
para el ministerio de la palabra (17:8, 14; Mat. 28:19, 20; Mar. 16:15; Luc.
24:47-49; Hech. 1:8). Habían de dedicar su vida a esta Gran Comisión. Desde
luego, la santificación requería que se abstuvieran de todo mal, pero
básicamente tenía que ver con su dedicación a la obra. Como ya habían
dejado todo por Cristo, ahora llevarían a cabo su ministerio (Luc. 14:33; Mat.
19:27; Mar. 10:29, 30).
Como los apóstoles fueron santificados en la esfera de la verdad,
también todos los discípulos son santificados en la esfera de la verdad, porque
no es posible santificarnos para Dios fuera de la palabra de Dios (2 Tes.
2:13). Muchísimos religiosos se santifican no en la esfera de la verdad, sino
en la esfera de la doctrina humana (los mandamientos, especulaciones, teorías
y opiniones de los hombres). Los que se santifican en la enseñanza humana no
son santificados para Dios, sino para los hombres.
Por medio de la palabra nos consagramos al servicio de Dios y
evitamos la contaminación del mundo (Tito 2:11, 12). "Y el mismo Dios de
paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea
guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes.
5:23). "Llegamos a ser todo lo que el Señor quiere que seamos por medio de
la fiel obediencia a su palabra. Esta es la santificación por la cual Jesús oró"
(GNW).
17:18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. --
La comisión de Jesús era divina, y también la comisión de los apóstoles era
divina, pues fueron escogidos y enviados por Cristo.
17:19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos
sean santificados en la verdad. -- En Cristo se ve la perfecta santificación o
entrega total de la vida como el sacrificio por los pecados del mundo (Heb.
9:14), y en base a la santificación de El, los apóstoles podían ser santificados
en la esfera de esa verdad para predicarla al mundo.
"La oración de nuestro Señor por los apóstoles es, por eso, una
petición triple: a saber, que ellos fueran guardados en unidad, que fueran
guardados del mundo y del diablo, y que fueran consagrados y equipados para
el servicio evangélico" (JWM).
17:20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de
creer en mí por la palabra de ellos (Hech. 15:7; Rom. 10:17), -- Primero
ruega por sí mismo (el autor de la salvación, Heb. 5:9) y por los apóstoles (sus
embajadores, los vasos que llevarían el tesoro, 2 Cor. 4:7) y, por último, ruega
por el objeto de esta obra, los que aceptarían la palabra para ser salvos.
17:21 para que todos sean uno (Hech. 4:32, "de un corazón y un alma";
Efes. 4:3-6 en "una fe"); como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti -- El Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo están perfectamente unidos en el mismo propósito en
la misma obra. 8:19; 14:7 (los que conocieron a Cristo conocieron al Padre);
12:45; 14:9 (los que vieron a Cristo vieron al Padre); 12:44 (los que creyeron
en Cristo creyeron en el Padre); 14:21-24 (los que aman a Cristo aman al
Padre); 13:20 (los que reciben a Cristo reciben al Padre); 5:23 (los que honran
a Cristo honran al Padre); 15:23 (los que rechazan a Cristo rechazan al Padre).
-- que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo
crea que tú me enviaste. -- ¿Ruega Jesús solamente por la unidad de sus
discípulos entre sí? No, sino que seamos uno en el Padre y en el Hijo. Muchos
grupos están unidos entre sí, y se jactan de esa "unidad", pero la oración de
Jesús no tiene nada que ver con la unidad de religiones humanas.
El ser uno en el Padre y en el Hijo requiere la sumisión a la
enseñanza de Cristo y los apóstoles que está registrada en los veintisiete libros
del Nuevo Testamento, es decir, no solamente la enseñanza acerca de Cristo
mismo en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, sino también la enseñanza y el
ejemplo de los apóstoles en Hechos de los Apóstoles y en las epístolas y en el
Apocalipsis (1 Cor. 2:11-13; 2 Ped. 3:1; 1 Jn. 4:6). Los que se apartan de la
verdad se apartan de Dios y también de los discípulos fieles. Cuando los
discípulos de Cristo se extravían y no perseveran en la doctrina de Cristo (2
Jn. 9), se alejan de Dios, e ineludiblemente se alejan los unos de los otros y, al
hacerlo, ya no promueven la causa de Cristo, sino la causa de Satanás.
Pablo explica cómo evitar y cómo corregir la división: "cuando
recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como
palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios" (1 Tes.
2:13); "que habléis todos una misma cosa" (1 Cor. 1:10); "Solícitos en
guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu
... una misma esperanza ... un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre"
(Efes. 4:3-6).
Cristo no oró por la unión de las muchas denominaciones porque
son iglesias establecidas por los hombres. Son humanas en todo sentido: en
nombre, en organización, en doctrina, en culto y en propósito (obra). En
realidad los fundadores y proponentes de tales iglesias ni siquiera buscan la
unidad. No creen que sea posible ni deseable. Cada religión defiende su
derecho de existir y de trabajar para su crecimiento. No creen que la doctrina
sea la base de la unidad, y creen que su organización eclesiástica es cosa
insignificante. En cuanto al culto creen que hay completa flexibilidad y
libertad, pues todo grupo simplemente hace lo que agrade a sus feligreses y lo
que les pueda ayudar a ganar más miembros. La religión más popular del
tiempo moderno es el pentecostalismo, porque el llamado "culto" es nada más
una libre expresión de las emociones. La oración de Jesús en este capítulo
no tiene nada que ver con alguna supuesta unidad de tales grupos.
Muchos religiosos -- hasta miembros de la iglesia del Señor -- dicen
que la doctrina no es la base de la unidad. Entonces, si la base de la unidad no
es la doctrina, ¿cuál será? Si no importan las diferencias en cuanto al culto, la
organización y la obra de la iglesia, ¿qué cosas tendrán importancia? Puesto
que la unidad tiene que ver con la comunión, ¿en qué otras cosas habrá
comunión? La verdad es que precisamente en estas cosas (la doctrina, el culto,
la organización y la obra de la iglesia) debe haber unidad, pero no puede
haber unidad entre las denominaciones porque no la quieren.
Pero esta oración sí tiene que ver con la necesidad de unidad entre
los miembros de la iglesia de Cristo. Durante los pocos años del ministerio de
este servidor ha habido divisiones amargas causadas por la enseñanza de las
doctrinas y mandamientos de los hombres: p. ej., (1) el establecimiento de
instituciones e "iglesias patrocinadoras" que se encargan del dinero de muchas
(potencialmente todas) las congregaciones para hacer obras de edificación,
evangelismo y benevolencia; (2) varios aspectos del calvinismo con respecto
al pecado y al plan de salvación; (3) el llamado "individualismo" que niega la
existencia de la iglesia local; (4) la doctrina de que el adulterio mencionado
por Cristo en Mat. 19:9 no es sexual, sino sólo los trámites legales para
divorciarse y volver a casarse; y (5) la doctrina de que al venir al mundo
Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos divinos. Todas estas cuestiones
afectan la comunión y causan divisiones en la iglesia.
Los hermanos liberales son los que no respetan la autoridad de
Cristo y los apóstoles con respecto a la naturaleza, organización y obra de la
iglesia y otras prácticas (no conservan el patrón apóstolico, 2 Tim. 1:13). Es
triste leer los comentarios de estos mismos hermanos acerca de la división: p.
ej., "Cuando los hombres siguen sus propias opiniones y enseñanzas, hacen
barreras entre los creyentes" (FP). "Es precisamente en la cuestión de división
que la iglesia de Dios está más indefensa en el tiempo presente. Ninguna cosa
produce más infidelidad e injusticia que las doctrinas conflictivas de los
profesados seguidores de Cristo. Por medio de multiplicar las divisiones,
Satanás ha evitado que innumerables millones obedezcan al evangelio" (JBC).
"El espíritu de esta oración es totalmente ajeno al espíritu faccioso que
frecuentemente caracteriza a los miembros de la iglesia; y los que promueven
partidos, facciones y divisiones en el cuerpo del Señor son culpables del
pecado grave ... Dos de las cinco peticiones son por la unidad del pueblo del
Señor, y mientras que las divisiones que ahora desgarran el cuerpo de Cristo
evitan la consumación de su sincero deseo para su pueblo, esperemos y
oremos y trabajemos con el fin de que todos los que lleven el nombre de
Cristo algún día puedan ser uno y que todos los cismas, divisiones,
contenciones, enajenaciones, con toda la rivalidad y amargura, terminen para
siempre, y que los que profesan ser sus seguidores ¡manifiesten delante del
mundo la bendita unidad por la cual El oró!" El autor de esta última cita (Guy
N. Woods) era el campeón, el debatista principal, que por muchos años
defendió las innovaciones principales -- la "iglesia patrocinadora" y las
instituciones de la iglesia -- que causaron tantos "cismas, divisiones,
contenciones, enajenaciones ... y amargura" entre hermanos".
Aparte de las divisiones causadas por el error doctrinal, también ha
habido muchas divisiones a causa de la carnalidad de los miembros (1 Cor.
3:1-4). Las obras de la carne (Gál. 5:19-21) no solamente destruyen la unidad
de la iglesia, sino también a la iglesia misma: "acerca de las cuales os
amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no
heredarán el reino de Dios". La unidad es uno de los temas dominantes de las
epístolas (p. ej., Rom. 12:16; Efes. 2:16; Fil. 1:27; 2:1-4). Lucas describe la
unidad que existió entre los apóstoles y otros discípulos (1:14; 2:1, 46; 2:46;
4:32).
Para promover la unidad es necesario que todo cristiano practique
las exhortaciones en cuanto a la relación correcta los unos con los otros
(13:34, 35; Rom. 12:10; 1 Cor. 12:25; Gál. 5:13-15, 26; 6:2; Efes. 4:2, 32; 1
Tes. 5:11; Heb. 10:24; Sant. 4:11; 5:9, 16).
17:22 La gloria que me diste (1:14), yo les he dado (1:12; 1 Jn. 3:1), para
que sean uno, (unidos en una familia espiritual, Efes. 2:19) así como
nosotros somos uno. -- La gloria de la cual Jesús habla en este texto es la
unidad de los discípulos, los unos con los otros en el Padre y el Hijo, por
medio de la perfecta revelación del Padre por Cristo. Para enfatizar la unidad
de los cristianos Pablo habla de la iglesia como el cuerpo de Cristo ("son
muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo", 1 Cor. 12:20).
Cristo ha dado la gloria que El recibió del Padre a su iglesia, pues
"amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla,
habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de
presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni
arruga ni cosa semejante" (Efes. 5:25-27).
Por medio de las enseñanzas de Jesús y los apóstoles, la iglesia
tiene comunión con el Padre y con el Hijo (1 Jn. 1:1-4, 7), y se hace
participante de la naturaleza divina: "Como todas las cosas que pertenecen a
la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el
conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de
las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas
llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina" (2 Ped. 1:3, 4).
En consecuencia de esta naturaleza gloriosa, la iglesia fiel y unida
es el reflejo de Dios. Pablo predicó el evangelio de Cristo "para que la
multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la
iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales ... A él sea
gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los
siglos. Amén". (Efes. 3:10, 21).
17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que
el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como
también a mí me has amado. -- "Solícitos en guardar la unidad del Espíritu
en el vínculo de la paz" (Efes. 4:3). ¿Por qué? Para que el mundo conozca que
Dios envió a Cristo para salvarnos, y que en verdad Dios los ha amado (3:16).
Si la unidad produce este fruto precioso, ¿qué fruto lleva la división?
La unidad de la iglesia le da mucha influencia y fuerza para
convertir al mundo. Sin lugar a dudas, las muchas divisiones de la iglesia son
el obstáculo más grande en la obra del Señor.
17:24 Padre, aquellos que me has dado, quiero (es la voluntad de Cristo)
que donde yo estoy (al decir "donde yo estoy" Jesús habla proféticamente,
14:3), también ellos estén conmigo, (14:3; Fil. 1:23, el gozo supremo) para
que vean mi gloria que me has dado; -- 17:5. "Cuando él se manifieste,
seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Jn. 3:2). Jesús
quiere que sus apóstoles y todos sus discípulos no solamente vean, sino que
participen del estado celestial. Para ser "semejantes a él" en Aquel Día, los
discípulos de Cristo tienen que ser "semejantes a él" ahora, siendo del mismo
carácter y vida, siendo obedientes a la enseñanza divina e imitadores de Jesús.
Los apóstoles habían visto la gloria de Cristo aquí en la tierra: "Y
aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria,
gloria como del unigénito del Padre)" (1:14); "Este principio de señales hizo
Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria" (2:11); "y se transfiguró
delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se
hicieron blancos como la luz" (Mat. 17:5); al hablar de ese evento Pedro dijo,
"él recibió de Dios Padre honra y gloria" (2 Ped. 1:17). Pero Cristo quería que
vieran su gloria celestial (17:5).
-- porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
-- 1:1, "el Verbo era con Dios".
17:25 Padre justo, el mundo no te ha conocido -- El mundo no ha conocido,
es decir, no ha aprobado la voluntad de Dios y no la ha aceptado, pues
rechaza a Cristo como la revelación perfecta de Dios; por eso, siendo justo el
Padre lo castigará.
-- pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me
enviaste. -- Estos, sus discípulos, los que obedecen al evangelio, han
aprobado y aceptado a Cristo como la revelación perfecta de Dios. Dios,
siendo justo, aceptará a los tales.
17:26 Y les he dado a conocer tu nombre (el carácter y voluntad de Dios;
compárese Ex. 34:5-7; Jesús -- en su vida y en su enseñanza -- dio a conocer
los atributos, voluntad y mandamientos de Dios; reveló su amor y plan de
salvación, 3:16; 12:32; 3:3-5), y lo daré a conocer aún, (por medio del
Espíritu Santo, 14:26; 15:26; 16:7-14; esta promesa se refiere al entero Nuevo
Testamento) para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo
en ellos. -- Rom. 5:5. El amor del cual Jesús habla abarca todas las
bendiciones que Dios derrama sobre sus hijos por medio de Cristo (Efes. 1:3).
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Juan 18
18:1 Habiendo dicho Jesús estas cosas, -- Las palabras de despedida
(capítulos 13-16, y la oración del capítulo. 17). Ha llegado "la hora" del Señor
en la cual glorificará a Dios. La palabra copa y la palabra hora significaban
todo lo que Jesús iba a sufrir desde ese momento y hasta el momento en que
por fin dijera, "Consumado es". A través de este libro Juan ha narrado los
eventos que señalaban esta hora, y en los capítulos 18 y 19, escribe los
detalles de la traición de Judas, el arresto, los "juicios", la muerte y la
sepultura de Jesús.
-- salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón,
donde había un huerto, ("un lugar que se llama Getsemaní", prensa de
aceite, Mat. 26:36) en el cual entró con sus discípulos. -- "Muchas veces
Jesús se había reunido allí con sus discípulos" (Jn. 18:2). Mateo (26:36-46),
Marcos (14:32-42) y Lucas (22:39-46) ya habían narrado la experiencia de
Jesús en Getsemaní. Entró en este huerto, no para escapar de la muerte, sino
para prepararse para la muerte. "Comenzó a entristecerse y a angustiarse en
gran manera", diciendo, "Mi alma está muy triste, hasta la muerte". La
expresión "hasta la muerte" no era figura, pues la angustia que Jesús sentía era
suficiente para matar a cualquiera. Esta angustia sería lo que llamamos
postración nerviosa, que es una condición mental que puede ser fatal.
Primero, se arrodilló (Luc. 22:41, "y puesto de rodillas oró"); luego "cayó
sobre su rostro" (Mat. 26:39), indicando la intensidad de su súplica al Padre.
No solamente oró, sino que "estando en agonía, oraba más intensamente; y
era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra" (Luc.
22:44).
Tres veces oró, "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero
no sea como yo quiero, sino como tú" (Mat. 26:37-39). No debemos pensar
que Jesús haya experimentado tal agonía simplemente por contemplar la
muerte en la cruz, sino más bien por estar plenamente consciente de que sería
la expiación (la víctima sacrificial) por los pecados del mundo (2 Cor. 5:21;
Isa. 53:4-6, 10). Los pecados míos y los suyos lo oprimían en esos momentos.
Por eso, "se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle" (Luc.
22:43).
No podemos comprender la súplica ni el sufrimiento de Jesús,
porque nunca ha habido y nunca habrá otra muerte semejante. El no cargó la
culpa, sino la pena (el castigo) de los pecados del mundo, (Isa. 53:4-12; 1
Ped. 2:24; 2 Cor. 5:21). Muchos discípulos de Jesús se enfrentaron a la muerte
por El con valentía, pero éstos no murieron por los pecados del mundo. Jesús
gustó "la muerte por todos" (Heb. 2:9).
Jesús dijo, "pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras".
Debemos estar sumamente agradecidos a Jesucristo por ese pero, porque a
pesar de lo que significaba para El -- la muerte cruel de la cruz -- El dijo pero
que se haga la voluntad del Padre. Jesucristo estaba completamente sumiso al
Padre, "obediente hasta la muerte" (Jn. 5:30; 6:38; Fil. 2:8). El vino al mundo
para hacer la voluntad del Padre, Heb. 10:5-9.
Jesús oró, "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa". Jesús
bien conocía las perfecciones del poder y sabiduría del Padre, y por eso pidió
que si hubiera otra manera de llevar a cabo el plan divino para salvar al
hombre, entonces que "pase de mí esta copa", pero no había otra manera de
efectuar nuestra salvación. Si hubiera habido otra manera de hacerlo, sin
lugar a dudas Dios la habría aceptado y Jesús habría escapado del sufrimiento
de la cruz. Es indispensable que todos entiendan que no había y no hay otro
medio de salvación. Para los que quieran volver a Dios, el camino de la cruz
-- el camino del Cristo crucificado (1 Cor. 2:2) -- es el único camino (Jn.
14:6).
18:2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque
muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. -- Luc. 22:39,
"se fue, como solía, al monte de los Olivos". Jesús sabía que Judas llevaría a
los judíos a ese lugar para prenderle (13:2, 11, 18, 21, 27); ¿por qué, pues, fue
allí? Si hubiera querido esconderse, no habría ido a este huerto. Es obvio que
fue a este lugar precisamente con el propósito de ser prendido. Fácilmente
pudiera haber frustrado el plan de Judas, pero en lugar de frustrarlo, cooperó
perfectamente con ese plan. Esto muestra claramente que Cristo
voluntariamente dio su vida por nosotros (10:17, 18).
18:3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados (con el tribuno,
8:12), y alguaciles (la policía del templo, los que en otra ocasión no lo
prendieron, porque "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!"
7:45, 46) de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con
linternas y antorchas, y con armas. -- Se unieron los saduceos (sacerdotes)
y fariseos, los judíos y los gentiles, para llevar a cabo el plan de Dios de
ofrecer a su Hijo por los pecados del mundo. "Porque verdaderamente se
unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y
Poncio Pilato, con los gentiles y el Pueblo de Israel para hacer cuanto tu mano
y tu consejo habían antes determinado que sucediera" (Hech. 4:27, 28).
No había ninguna necesidad de esta compañía de soldados y
alguaciles para prender a Jesús, porque se entregó voluntariamente a ellos. De
otro modo, sin su voluntad, ni siquiera con todo el ejército romano lo habrían
prendido.
¿Habrán pensado que la multitud que gritaba "¡Hosanna!" (12:13)
cuando Jesús entró en la ciudad acudirían en su defensa? Sea cual fuera su
motivo, querían defender su puesto a toda costa delante de los romanos
(11:50); no querían que la nación (es decir, ellos mismos) pereciera. Siempre
durante las fiestas había peligro de alborotos entre el pueblo. "Buscaban los
principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. Y
decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto del pueblo" (Mar.
14:1, 2). Pilato ya estaba enterado acerca de Jesús, como también de la
creencia de algunos de que El era o sería el rey de los judíos (Mateo 27:11).
"En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Cómo contra un ladrón
habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba
con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis" (Mat. 25:55). Esto
indicaba que Jesús era inocente de todo crimen, porque si hubiera sido
criminal en sentido alguno, le habrían prendido públicamente cuando estaba
enseñando en el templo. Con esto les reprocha por su conducta vergonzosa.
Concluye diciendo, "mas esta es vuestra hora" (Luc. 22:53), es decir, en estos
momentos ellos se creían plenamente victoriosos, por haber logrado (según
ellos) su propósito.
18:4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir (a
través de este libro Juan registra la prueba de la omnisciencia -- y, por lo
tanto, la Deidad -- de Jesús: 1:42, 47; 2:24, 25; 4:18; 5:6; 6:64; 13:31; 16:19,
30; 21:17), se adelantó (al salir del huerto de Getsemaní diciendo,
"Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega", Mat. 26:46) y les dijo:
¿A quién buscáis? -- ¿A quién buscaban como si Jesús se hubiera escondido
de ellos? En lugar de esconderse se adelantó con toda valentía. Desde estos
momentos y hasta que dijera "Consumado es", Cristo era el Comandante de
estos eventos. No los judíos y no los romanos, sino Cristo Jesús tenía la voz
de mando y estaba controlando todos los eventos relacionados con su muerte.
Los judíos creían tener mucha autoridad, y los romanos creían tener aun más
autoridad, pero Jesucristo es el que en verdad ejercía toda la autoridad.
También con esta pregunta Jesús muestra su inocencia, pues los
fugitivos emplean todo medio posible para evitar el arresto: se esconden,
mienten, engañan y, si es posible, huyen para escapar de ellos. ¿Cuántos se
presentan de esta manera delante de los oficiales? El tomó la iniciativa,
diciendo primero a sus discípulos, "Levantaos, vamos; ved, se acerca el que
me entrega" (Mat. 26:46). ¿Vamos para escapar de ellos? No, vamos para que
me entregue en manos de ellos. Aquí, otra vez, toma la iniciativa
preguntando, "¿A quién buscáis?" Habló a sus enemigos como hablaba a sus
amigos: "¿Qué buscáis?" (1:38).
18:5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy (8:58; Ex.
3:14, el nombre de Dios). Y estaba también con ellos Judas, el que le
entregaba. -- Juan no habla del beso de Judas (Mat. 26:50; Luc. 22:48), y
después de esta frase que lo identifica no con Jesús y los apóstoles, sino con
los enemigos de Jesús, no vuelve a mencionarlo.
18:6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. --
¿Quiénes retrocedieron y cayeron a tierra? El antecedente de estos verbos se
encuentra en el versículo 3, "una compañía de soldados, y alguaciles". Estos
soldados romanos y alguaciles judíos perdieron su equilibrio y se cayeron.
¿Cómo se explica esto? ¿Cómo se explica lo que pasó con los de Nazaret
cuando "le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte
... para despeñarle" y "él pasó por en medio de ellos, y se fue"? (Luc. 4:29,
30). Esto nos extraña porque varios hombres le llevaron hasta la cumbre del
monte, pero Jesús simplemente se escapó de sus manos. Dice Juan (2:15-18),
"Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y
los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas" y en
lugar de prenderle o apedrearle, sólo preguntaron, "¿Qué señal nos muestras,
ya que haces esto?" También Juan nos dice (10:39) que los judíos "Procuraron
otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos". ¿Cómo lo hizo? Juan no
explica. Tampoco aquí (18:6). Si Jesús hubiera sido un mero hombre,
actuando de esta manera como un mero hombre, tales fenómenos serían
inexplicables. La única explicación lógica es que en estas ocasiones Jesús no
era un mero hombre, sino Dios ("Yo soy", 8:58; Ex. 3:14).
Era necesario en esta ocasión que Jesús les convenciera de que ellos
no podían quitarle la vida, sino que El, voluntariamente, la entregaba (10:17,
18). Les hizo ver que todo sería llevado a cabo no conforme a los planes de
los judíos y los romanos, sino conforme al plan de Dios.
18:7, 8 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A
Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; -- De esta
manera Jesús mostró que El fue voluntariamente a su muerte. Cuando Pedro
sacó su espada y cortó la oreja de Malco, el siervo del sumo sacerdote, Jesús
le dijo que volviera su espada a su lugar, que si quisiera ayuda podría haber
pedido al Padre y le hubiera dado más de doce legiones de ángeles, "¿Pero
cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se
haga?" (Mat. 26:52-54). Estaba listo para entregarse "en manos de pecadores"
(Mat. 26:45).
-- pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; -- Jesús tenía control
sobre los eventos de esa noche. De acuerdo con sus palabras, los apóstoles no
fueron prendidos. Todo se llevó a cabo no según la voluntad de los judíos y
romanos, sino de acuerdo con la voluntad de El.
Jesús había dicho, "El asalariado ... ve venir al lobo y deja las
ovejas y huye ... Yo soy el buen pastor ... y pongo mi vida por las ovejas"
(10:12-15). Dijo, "dejad ir a éstos" para que los apóstoles no fueran juzgados
y condenados con El. Como Jesús quería que sus discípulos fueran puestos en
libertad física en esos momentos, también dio su vida para que todos los que
obedezcan al evangelio sean puestos en libertad espiritual (Rom. 6:4, 17, 18).
Juan narra la negación de Pedro, pero no dice que "todos los
discípulos, dejándole, huyeron" (Mat. 26:56)
18:9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste,
no perdí ninguno. -- 6:39; 17:12. El plan de Dios para los apóstoles era que
ellos sobrevivieran a esta crisis y que llevaran el evangelio a todas las
naciones.
18:10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió
al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se
llamaba Malco. -- 13:37. Aprendemos en Luc. 22:38 que los discípulos
tenían dos espadas. Ahora preguntan: "Señor, ¿heriremos con espada?" (Luc.
22:49). Pedro tenía una de ellas (él que tenía la otra no era tan valiente o
imprudente). Había dicho que estaba dispuesto a morir por Jesús (Luc. 22:33)
y aquí muestra que no era cobarde, pues hizo frente a "una compañía de
soldados, y alguaciles". Con esto confirmó la sinceridad de lo que él había
dicho. Cuando preguntaron, "¿heriremos con espada?" Pedro -- siempre
impulsivo -- no esperó la respuesta de Jesús, sino que, al ver que "se
acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron" (Mat. 26:50), sacó su
espada y cortó la oreja derecha del siervo del Sumo Sacerdote, y Jesús,
"tocando su oreja, le sanó" (Luc. 22:50, 511). Si Pedro hubiera cortado la
cabeza de Malco (como seguramente pensaba hacer), habría sido necesario
que Jesús hiciera un milagro aun más notable.
18:11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; -- El acto
impulsivo de Pedro sometió al grupo a gran peligro, porque a no ser por la
intervención de Jesús, seguramente los soldados los habrían destruido, pero
Jesús sanó a Malco (Luc. 22:51), y prohibió que sus discípulos resistieran más
a los oficiales. De esta manera pasó la crisis.
-- la copa que el Padre me ha dado (Mat. 26:39; Mar. 14:36; Luc.
22:42), ¿no la he de beber? -- Jesús no había "caído" en esta situación, sino
que deliberadamente se adentró en ella. Estuvo allí porque sería "obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:8). Esta fue la copa que el Padre le
había dado que beber. Por eso, estaba entregándose a los judíos y romanos
para morir por nosotros (10:16, 17). Había dicho a los apóstoles "que le era
necesario ir a Jerusalén y padecer ... y ser muerto" (Mat. 16:21), pero Pedro
no entendió en esa ocasión (Mat. 16:22) y todavía no entendió y, por esa
causa, pensaba pelear y aun morir para evitar que prendieran a Cristo. Cristo
no quería esa clase de "ayuda", porque en esos momentos El comenzaba a
beber la copa que el Padre le había dado.
Aparte de este propósito principal de Cristo, El explica otro detalle
a Pilato: "Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis
servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi
reino no es de aquí" (18:36); Pilato no podía negar lo que Jesús decía, porque
no había resistido cuando los oficiales le prendieron. El evangelio del reino no
había de ser defendido de esa manera. La única espada que sirve para este
propósito es la espada que sale de la boca de Cristo (Apoc. 2:16; Efes. 6:17; 2
Cor. 10:3-5).
Cuando Jesús dijo a Pedro, "Vuelve tu espada a su lugar", El
explicó que "todos los que tomen espada, a espada perecerán" (Mat.
26:52). La prueba más clara de esta verdad se ve en la violencia que prevalece
en la actualidad en todas partes del mundo. Las pandillas que día tras día
siguen matándose unos a otros bien ilustran lo que Jesús dijo. Al decir esto
Jesús no contradice lo que Pablo dice en Rom. 13:1-4, pero es cierto que aun
los oficiales que llevan la espada para tomar la venganza de Dios
frecuentemente son heridos y aun asesinados. Lo que Jesús dijo era mensaje
importante para los judíos también, porque tomaron la espada de los romanos
para prender y crucificar a Jesús, pero poco después ellos mismos fueron
destruidos por la espada de los romanos.
18:12, 13 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de
los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, -- "Le ataron" aunque
voluntariamente se entregó en sus manos. ¿Cuántos hombres se requerían
para realizar este trabajo tan "peligroso" de prender y atar a Jesús? Tanto
gentiles y judíos tomaron parte en este asunto (Mat. 20:19). Los oficiales
aceptaron lo que Jesús dijo: "si me buscáis a mí, dejad ir a éstos"; "entonces
todos los discípulos, dejándole, huyeron" (Mat. 26:56), porque estaban
confusos acerca de la misión de Jesús y también porque El prohibió que le
defendieran. En su confusión simplemente "huyeron", como Jesús había
profetizado: "seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo"
(16:32). Esto muestra "que ellos simplemente no estaban preparados
psicológicamente para los eventos de esa trágica noche" (GNW).
Otro detalle interesante fue grabado por Marcos (14:51, 52): "Pero
cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas
él, dejando la sábana, huyó desnudo" (llevando puesta su ropa interior). Es
muy posible que ese joven haya sido el autor del libro que lleva este nombre,
puesto que Mateo y Lucas no relatan este detalle. Es posible que él tuviera la
actitud de Juan de referirse a sí mismo sin mencionar su propio nombre.
-- y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de
Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. -- Ahora comienza el "juicio" de
Jesús. En realidad el "juicio" ante Anás y Caifás, ante el Sanedrín, ante Pilato
y ante Herodes fue una burla a la justicia, pues "en su humillación no se le
hizo justicia" (Hech. 8:33). Ya estaba condenado antes del primer "juicio"
(11:50). Al leer acerca de Anás y Caifás, la cuestión de cuál de ellos era el
verdadero sumo sacerdote, etc., es fácil ver que en realidad los dos eran uno
solo en cuanto a su propósito. Por eso, Jesús sabía qué clase de "justicia" le
esperaba al aparecer ante los dos. "Cuando alguien ha emprendido un mal
camino lo único que quiere es eliminar a cualquiera que se le opone" (WB).
Anás había sido el sumo sacerdote (Luc. 3:2) por siete años, y
todavía lo era para los judíos, porque según la ley de Moisés (Núm. 35:25 y
otros textos) el puesto del sumo sacerdote era de por vida. Era importante,
pues, que los judíos tuvieran la aprobación de Anás en lo que hacían con
Jesús. Los romanos, sin embargo, le habían quitado de su puesto y,
oficialmente (para los romanos) su yerno Caifás servía en su lugar. Hech. 4:6
habla de "el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los
que eran de la familia de los sumos sacerdotes".
La expresión "aquel año" no quiere decir que hubiera cambio de
sumo sacerdote cada año, sino que Caifás era el sumo sacerdote aquel año tan
significativo (¡aquel año tan horrible!), el año en que crucificaron al Señor.
(Caifás sería el sumo sacerdote por doce años, desde el 25 hasta el 37 d. de
J.C.).
18:14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que
convenía que un solo hombre muriese por el pueblo (véase 11:49, 50,
notas). -- Es decir, ya habían juzgado a Jesús y decidido que era necesario que
muriera.
Jesús había dicho, "He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del
Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le
condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le
azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará" (Mat. 20:18, 19). Ahora
empieza el cumplimiento de esta profecía de Jesús. También había dicho que
los apóstoles serían esparcidos (Mat. 26:56), pero este detalle se omite en el
relato de Juan.
¿A qué hora se reunieron? ¿Por qué había tantos líderes reunidos a
esa hora (más o menos a media noche)? Parece que se desvelaron esperando
este momento. La casa del sumo sacerdote que debería haber sido el santuario
de protección para los oprimidos era el trono de malicia e iniquidad. El
Sanedrín quebrantó sus propias reglas: (1) de que debieran juzgar crímenes
capitales solamente de día (no de noche); (2) de que no debiera haber tal
juicio durante alguna fiesta; (3) de que no debiera terminar el juicio en una
sola sesión (no terminarlo el mismo día a menos que el acusado fuera juzgado
como inocente); (4) de que antes de juzgar se presentara toda la evidencia
para establecer la inocencia del acusado.
"Estaban reunidos los escribas y los ancianos" (Mat. 26:57);
probablemente se reunieron al saber que Judas y los oficiales fueron para
prender a Jesús. Dice Lucas 22:66, "Cuando era de día, se juntaron los
ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al
concilio", es decir, ahora se reunió formalmente todo el concilio.
18:15, 16 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo (el apóstol Juan,
20:2, 3, 4, 8, 24). -- Los cuatro escritores dijeron que Pedro siguió a Jesús
después de su arresto. Seguramente era muy duro para él el hecho de
separarse de Jesús. Dice Mateo (26:58) que Pedro siguió a Jesús "de lejos", y
tal vez esto tuviera mucho que ver con su caída. Por lo menos le siguió; esto
indica su amor por Jesús como también su preocupación por El, pero siguió
de lejos indicando su temor (y confusión). Hoy en día muchos miembros de la
iglesia siguen a Jesús "de lejos". No quieren abandonar al Señor, pero aman al
mundo y no quieren nada de crítica ni burla del mundo; por eso siguen a
Cristo, pero desde muy lejos y se calientan al fuego del enemigo. Por esta
causa tropiezan y caen en muchos lazos del diablo. Podemos medir nuestra
piedad y fidelidad por nuestro deseo de estar cerca de Cristo.
-- Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con
Jesús al patio del sumo sacerdote; mas Pedro estaba fuera, a la puerta.
Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la
portera, e hizo entrar a Pedro. -- Cuando Pedro llegó a la casa, ya habían
cerrado la puerta, pero Juan ("el discípulo que era conocido del sumo
sacerdote") habló con la portera para que Pedro también entrara.
Pedro "entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin" (Mat.
26:58). ¿Qué fin esperaba ver? Si hubiera recordado y creído las palabras de
Jesús (Mat. 16:21, etc.) no habría estado nada confuso acerca de lo que sería
el fin de todo aquello. Jesús había dicho claramente lo que sería el fin, porque
había explicado su muerte y resurrección, como también el establecimiento de
su reino o iglesia, y la conversión tanto de gentiles como de judíos.
18:17, 18 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de
los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. -- No había importancia
alguna en la pregunta de la criada, pues no había peligro de que los apóstoles
fueran prendidos (18:8). No molestaron a Juan quien "era conocido del sumo
sacerdote" y, por la intervención de él, la criada admitió a Pedro en el patio
del sumo sacerdote; ¿por qué, pues, molestarían a Pedro, amigo de Juan? No
había peligro. Parece que Pedro imitó al impío que huye "sin que nadie lo
persiga" (Prov. 28:1). Si los principales sacerdotes o los romanos los hubieran
querido prender, ya lo habrían hecho cuando prendieron a Jesús. Las
negaciones de Pedro indican su gran confusión durante esa severa prueba. Sin
causa se escandalizaban. Parece que Juan estuvo a la puerta cuando Pedro
negó a Jesús. ¿Le habrá oído? Y si le oyó ¿qué habrá pensado?
La construcción griega de la pregunta de la criada indica que se
esperaba una respuesta negativa ("¿Tú no eres también de los discípulos de
este hombre, verdad?"), porque la palabra no es më; por eso, sería más fácil
que Pedro dijera "No lo soy" ("No sé lo que dices", Mat. 26:70) (esta forma
de preguntar es "un instrumento favorito del diablo para hacer atractiva la
tentación", ATR).
-- Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían
encendido un fuego (Juan ya no habla de soldados, pues evidentemente
habían regresado a su cuartel en la torre de Antonia); porque hacía frío, y se
calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose. --
Parece que todavía no se preocupaba por la mentira que había contado, sino
solamente por calentarse. Pedro estaba con los siervos y los alguaciles
"para ver el fin" (Mat. 26:58). El apóstol tan poderoso -- el que había
confesado a Jesús como el Hijo de Dios -- llegó a ser en esta ocasión un mero
espectador. Todavía estaba muy interesado en lo que pasaría con Jesús, pero
en esos momentos no quería compromiso alguno con El; no quería estar
involucrado con ese asunto tan confuso y peligroso.
18:19 Y el sumo sacerdote (Anás, porque después de interrogarle "le envió
atado a Caifás", 18:24) preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su
doctrina. -- ¿Con esta pregunta habrá querido sugerir que los discípulos de
Jesús eran culpables de alguna conspiración contra los judíos o contra los
romanos?
En esto el sumo sacerdote mostraba su hipocresía, porque sus espías
habían seguido a Jesús por meses (años) buscando ocasión contra El. El ya
sabía todo lo que había que saber acerca de Jesús, sus discípulos, su
enseñanza y sus señales. Le hizo preguntas, pues, sólo con la esperanza de
atraparle en sus palabras y, de esa manera, hacer acusaciones formales contra
El. Como Jesús ya había indicado, no quería que sus discípulos estuvieran
involucrados en ese proceder; por eso, no dijo nada acerca de ellos. Pero en
cuanto a su doctrina, sí tuvo algo que decir.
18:20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo (8:26;
10:24, 25); siempre he enseñado en la sinagoga (6:59; Luc. 4:16 y muchos
otros textos en los sinópticos) y en el templo (2:16; 7:14, 28; 8:20), donde se
reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. -- No tenía nada que
ocultar de los judíos, pues El no había formado una sociedad secreta. Como
Pablo diría después acerca del rey Agripa, "No pienso que ignora nada de
esto; pues no se hecho esto en algún rincón" (Hech. 26:26). Jesús no sólo
enseñaba a sus discípulos (Mat. 13:10, 11) y a otros en privado (Nicodemo, la
samaritana, etc.), sino que públicamente había enseñado en la sinagoga y en el
templo, y no tuvo razón alguna para ocultar del público lo que había enseñado
en privado. "Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al
oído, proclamadlo desde las azoteas" (Mat. 10:27).
18:21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído (no sólo
a los discípulos, sino al público en general), qué les haya yo hablado; he
aquí, ellos (éstos, LBLA) saben lo que yo he dicho. -- Recuérdese lo que la
policía del templo decía acerca de la enseñanza de Jesús (7:45, 46). Sin lugar
a dudas, en ese momento, en su presencia, había personas que le habían
escuchado.
18:22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba
allí, le dio una bofetada, -- Este alguacil, queriendo congraciarse con su jefe,
se constituyó a sí mismo en juez y castigador de Jesús. "La palabra bofetada,
rapisma, proveniente de rapizo, golpear con una caña o con la palma de la
mano (Mt. 26:67). Aparece sólo tres veces en el N. T. (Mr. 14:65; Jn. 18:22;
19:3), en cada una de las cuales ocasiones hay incertidumbre de si se trata de
con una caña o si con la palma de la mano (probablemente esto último, un
acto de lo más insultante)" (ATR).
-- diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? -- Se dieron
cuenta de que las palabras de Jesús expusieron la hipocresía del sumo
sacerdote, pero lo que Jesús dijo no era una violación de Ex. 22:28 ("No
injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo"), pues nunca
podían acusarle de pecado (8:46; 15:25). Lo que Jesús dijo era muy apropiado
y el sumo sacerdote no pudo contestarle; la bofetada o algo semejante es la
manera de responder de los que no tienen la verdad. Esta bofetada fue el
primer acto de violencia contra Jesús esa noche.
18:23 Jesús le respondió: Si he hablado mal (ahora mismo delante del sumo
sacerdote o en el pasado en el templo o en la sinagoga, etc.), testifica en qué
está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? -- Es decir, el alguacil estaba
obligado a especificar el cargo contra Jesús por el cual le golpeó, pues el
golpe era un castigo, aunque el sumo sacerdote no había hecho cargo alguno
contra El. Si había causa para golpearle, primero deberían nombrar la
acusación ("testifica en qué está el mal"). El golpe del alguacil era ilegal. Casi
siempre cuando los hombres mundanos están equivocados, acuden a la
violencia para defenderse.
Jesús no se defendió con golpes (Mat. 5:39), pero sí se defendió con
la boca. Compárese Hech. 23:1-3. Es correcto que los hijos de Dios denuncien
toda injusticia.
18:24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. -- El
juicio preliminar ante Anás no logró nada y él entendía lo injusto (ilegal) del
golpe del alguacil. Terminó, pues, su interrogación y lo envió a Caifás. Los
soldados y alguaciles habían atado a Jesús (18:12), pero véase Hech. 22:30
("le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo
el concilio"); probablemente Jesús estaba desatado durante la interrogación de
Anás y, por eso, "le envió atado a Caifás".
Ahora Jesús estaba delante del Sanedrín (el concilio). Mat. 26:57
(paralela a Jn. 18:24) dice, "Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo
sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos", y Mar.
14:55 dice, "y los principales sacerdotes y todo el concilio".
Los del concilio "buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle
a la muerte; pero no lo hallaban. Porque muchos decían falso testimonio
contra él, mas sus testimonios no concordaban" (Mar. 14:55, 56). Entonces
citaron mal lo que Jesús dijo (2:19), "Destruid este templo, y en tres días lo
levantaré", "pero ni aun así concordaban en el testimonio". Por eso,
legalmente su testimonio no valía, porque la ley requería el testimonio de dos
o tres testigos y, por supuesto, era necesario que hubiera acuerdo entre los
testigos.
Entonces el sumo sacerdote dijo, "Te conjuro por el Dios viviente,
que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios" para poder acusarle de la
blasfemia. "Jesús le dijo: Tú lo has dicho" (respuesta afirmativa, significando
"Lo que tú has dicho es la verdad") (Mat. 26:63, 64). Entonces Caifás dijo,
"¡Ha blasfemado!" y los otros dijeron, "¡Es reo de muerte!" (Mat. 26:65, 66).
"Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; y
vendándole los ojos, le golpeaban el rostro" (Luc. 22:63, 64). "Entonces le
escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban"
(Mat. 26:67).
18:25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. -- La primera vez que negó
a Cristo "Pedro se sentó también entre ellos" (Luc. 22:55), pero ahora está "en
pie".
-- Y le dijeron: ¿No eres tú (también, LBLA) de sus discípulos?
(otra vez la palabra no es më; por eso, es una pregunta que espera respuesta
negativa) El negó, y dijo: No lo soy. -- Pedro estaba dispuesto a pelear por
Cristo (18:10) y aun morir por El (Mat. 26:35), pero Jesús le había dicho que
metiera su espada en la vaina (18:11). Cuando Jesús fue prendido, Pedro
mostró valor al seguirle (aunque "de lejos") hasta el palacio del sumo
sacerdote, pero parece que él esperaba que, estando entre los siervos y
alguaciles, nadie le reconociera como un discípulo de Jesús. Después de la
primera negación, él salió "a la puerta" (Mat. 26:71; "salió a la entrada", Mar.
14:68).
18:26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien
Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? --
Esta vez la palabra no no es më, sino ou, indicando que se esperaba una
respuesta afirmativa, porque, a no ser así, negaría el testimonio de un testigo
ocular, pues el acusador había visto a Pedro con Jesús en el huerto. Por eso,
este caso es mucho más serio y tal vez explica los juramentos y maldiciones
empleados por Pedro en esta última negación (Mat. 26:73; Mar. 14:71), pues
al hombre siempre le parece que cuando dice una mentira, de alguna manera
los juramentos y maldiciones la convierten en verdad.
Esta reacción de Pedro le sujetaría al peligro de ser prendido no
tanto por haber asaltado a Malco, sino por su lenguaje que parecería
amenazante, pero entonces "el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a
Pedro ... Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente" (Luc. 22:60-62). Esa
mirada le hizo reconocer lo enorme de su pecado, como también la tristeza
que había causado para Jesús a quien todos habían desamparado.
18:27 (Lit., entonces, LBLA, margen) Negó Pedro otra vez; y en seguida
cantó el gallo. -- 13:38. Entonces, o por eso, siendo tentado otra vez, negó
otra vez, dando a entender que el que empiece a negar a Cristo, seguirá
haciéndolo.
"Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la
palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás
tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente" (Luc. 22:61, 22).
Gracias a Dios, no imitó la tragedia de Judas (Mat. 27:5).
Juan no relata el arrepentimiento de Pedro, pero lo implica en 20:3-
10; 21:7, 15-17.
Al leer estos relatos acerca de la negación de Pedro, nos conviene
recordar que solamente Juan y Pedro siguieron a Jesús; es decir, los otros
nueve apóstoles ni siquiera se sometieron a la prueba que Pedro sufrió. No
olvidemos -- por causa de la negación de Pedro -- todo el resto de la historia,
cómo había confesado a Jesús, cómo anduvo sobre el agua, cómo desenvainó
su espada para pelear y aun morir por Jesús, y que ahora le sigue hasta el
palacio del sumo sacerdote. ¿Cuál era el verdadero Pedro? ¿El que negó a
Jesús y el que cometió el error en Antioquía (Gál. 2:11) era el verdadero
Pedro? ¿Debe ser recordado principalmente por esos momentos de debilidad?
O ¿lo hemos de recordar por todo el cuadro que vemos de él en Hechos de
los apóstoles?
18:28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio -- La residencia
oficial de Pilato, el gobernador romano, en Jerusalén). -- El Sanedrín había
acusado a Jesús de la blasfemia y lo condenaron diciendo que "¡Es reo de
muerte!" (Mat. 26:66). Según la ley (Lev. 24:16) habían de apedrear al
blasfemo, pero Jesús no había profetizado que sería apedreado sino
crucificado (12:32, 33). Los judíos querían darle muerte legalmente, pero
también querían que fuera crucificado, y sólo los romanos podían crucificar
(18:31).
Les convenía a los judíos llevar a Jesús a los romanos por varias
razones: porque de esta manera (1) habría menos peligro de un alboroto por
los discípulos de Jesús; (2) aumentarían la humillación de Jesús (la
crucifixión era la muerte más vergonzosa); y (3) ellos tendrían menos
responsabilidad de la muerte de un hombre bueno que había ayudado y
bendecido a tantas personas. Al entregar a Jesús a los romanos para ser
crucificado, su "conciencia" no les molestaba, pero les importaba su propia
posición y reputación con el pueblo.
Le habían atado en el huerto de Getsemaní y vuelven a hacerlo
ahora para llevarlo a los romanos. "Y le llevaron atado, y le entregaron a
Poncio Pilato, el gobernador" (Mat. 27:2). "Como cordero fue llevado al
matadero" (Isa. 53:7). Los sacerdotes aborrecían a Jesús porque El daba más
importancia a la obediencia que al sacrificio, y los fariseos y los ancianos le
aborrecían porque El condenaba sus tradiciones (Mat 15:3) y exponía su
hipocresía (Mat. 23). Ya habían decidido que Jesús era digno de muerte por
causa de la blasfemia (Mat. 26:57-66), y le castigaron severamente (Mat.
26:67, 68). La hora de venganza había llegado y el concilio tenía el propósito
de decidir cómo matarle. Los líderes de los judíos tenían un problema: le
habían acusado de blasfemar, pero deseaban que los romanos lo ejecutaran
(crucificaran) y sabían que Pilato, un idólatra, no tomaría en serio tal
acusación, porque era totalmente indiferente hacia la religión de los judíos.
Tenían que acusar a Jesús de algo que los romanos sí tomarían en cuenta. (Es
cierto que después, Jn. 19:7, hicieron la acusación de blasfemia, pero por lo
pronto hacen otras acusaciones).
-- Era de mañana, -- "Muy de mañana" (Mar. 15:1). "Cuando llegó
la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo
celebraron consejo contra Jesús para darle muerte" (Mat. 27:1, LBLA). El día
era viernes, el día 15 de Nisán, entre las tres y las seis. Tenían a Jesús en sus
manos y se apresuraban para ponerlo en la cruz. Parece que el plan de los
judíos era acabar con el "juicio" de Jesús y llevarlo a Pilato muy temprano
antes de que el pueblo se diera cuenta de lo que pasaba (26:5). Esta acción era
de "todo el concilio" (Mar. 15:1); es decir, tomaron acción oficial. (Pero Luc.
23:51 dice que José de Arimatea "no había consentido en el acuerdo ni en los
hechos de ellos").
-- y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así
poder comer la pascua. -- Hech. 10:28; 11:3. Esto fue otro acto de
hipocresía, pues no les preocupaba el crimen de matar a su Mesías, pero les
preocupaba contaminarse ceremonialmente y el no comer la pascua (Luc.
11:39; Mat. 23:24). El cordero pascual se sacrificaba "entre las tardes" del día
14 de Nisán (entre las tres y las cinco según nuestro modo de calcular el
tiempo), y se comía esa noche, al inicio del día 15 de Nisán. Sin embargo, la
fiesta de panes sin levadura duraba una semana y se designaba también como
la pascua (ver. 39; Luc. 22:1, etc.).
18:29 Entonces salió Pilato a ellos, -- Pilato tenía su residencia en
Cesarea, pero acostumbraba estar en Jerusalén durante los días de fiesta para
mantener el orden. Ya había sido gobernador por unos seis años y después de
otros cuatro años sería depuesto de su cargo. Según los relatos históricos
(Josefo, Filón de Alejandría, Tácito, Eusebio, etc.) Pilato hizo grandes
injusticias contra los judíos: cometió el sacrilegio de causar que algunos
soldados romanos entraran en la ciudad de Jerusalén con emblemas de la
imagen del emperador; en una ocasión usó dinero del tesoro del templo para
construir un acueducto; cuando la gente protestó, Pilato mandó a los soldados
a sujetarlos con garrotes; por último, cuando un grupo de fanáticos
comenzaron a subir el monte Gerezim para buscar vasijas sagradas
supuestamente escondidas por Moisés, Pilato mandó que los soldados los
atacaran y hubo muchos muertos. Por causa de esto él fue destituido como
gobernador y, según Eusebio, cometió suicidio. Era hombre muy orgulloso
(Juan 19:10) y cruel (Luc. 13:1).
-- y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? -- Ya
habrá sabido algo del caso de Jesús, porque "una compañía de soldados"
(romanos) acompañaron a Judas y la policía del templo para prender a Jesús,
pero ahora tiene que saber la acusación formal que hacen contra El. Parece
que los judíos esperaban que Pilato aceptara el veredicto de ellos sin juzgar a
Jesús él mismo; esto nos hace pensar que comúnmente -- o en algunos casos
-- lo habrá hecho, pero Pilato sabía algo de Jesús, y sabía que por envidia los
judíos lo entregaban (Mat. 27:18). Por eso, él quería investigar el asunto.
¿Con qué acusación podrían convencer a Pilato que debería
crucificarlo? Jesucristo decía que El era el Mesías y los judíos habían
decidido representarle mal diciendo que eso significaba que El quería ser un
rey político, implicando que quería usurpar a César. Desde luego, en esto se
ve otro acto de hipocresía, porque ellos aborrecían a los romanos y se
hubieran regocijado grandemente si Jesucristo habría usurpado a los romanos.
Eso fue su sueño dorado. Al hacer esta acusación insultaban la inteligencia de
Pilato, porque éste conocía muy bien a los judíos y, por eso, sabía que ellos no
hubieran insistido en castigar a nadie por este motivo.
18:30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor (criminal,
violador de la ley), no te lo habríamos entregado. -- Ellos querían para sí
mismos el exclusivo poder judicial, y que Pilato retuviera sólo el poder
ejecutivo. ¿No sabía Pilato que estos hombres eran muy piadosos, muy
honrados, y que solamente apoyaban la justicia y que nunca serían injustos
con nadie, que estos judíos sabían cuándo algún hombre era un criminal que
debe ser ejecutado, y que según sus reglas "tan elevadas", Jesús era digno de
la muerte?
"Esta es una piadosa actitud de infalibilidad ... Se trataba de una
insolente réplica a Pilato" (ATR). De inmediato Pilato podía ver que los
judíos no tenían una acusación formal que hacer contra Jesús. Los acusadores
sabían que los asuntos religiosos de ellos no llevarían peso delante de Pilato.
No querían que Pilato hiciera preguntas, sino que simplemente confirmara la
sentencia de ellos y que ejecutara a Jesús sin juzgarle, pero Pilato insistió en
juzgarle, y la acusación -- la que llegó a ser el título de la cruz -- fue que
Cristo era el rey de los judíos.
18:31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según
vuestra ley. -- En efecto les dijo Pilato, "Muy bien, si ustedes quieren ser los
jueces de este hombre, háganlo; ¿por qué lo han traído a mí?" Si los judíos no
quisieran hacer una acusación formal contra Jesús que tuviera peso ante el
tribunal romano, entonces tendrían que juzgarle ellos mismos.
Este es el principio de una serie de esfuerzos de parte de Pilato para
evadir su responsabilidad hacia Cristo y para buscar su propia conveniencia.
Sabiendo que Jesús era inocente, estaba obligado a ponerle en libertad, pero
para complacer a los judíos tendría que entregarle a los soldados para que lo
crucificaran. La perplejidad de Pilato se ve en su pregunta, "¿Qué, pues, haré
de Jesús, llamado el Cristo?" (Mat. 27:22). Para no cumplir con su
responsabilidad de poner a Cristo en libertad, Pilato tomó algunos pasos
evasivos:
(1) quería que los judíos se encargaran de la responsabilidad de él;
les dijo, "Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley". Pilato no quería
involucrarse en ese asunto. No quería tomar partido, ni en contra de Jesús ni a
favor de Jesús. Así son muchos, pero no es posible evadir la responsabilidad
con respecto a Cristo. Todo el mundo tiene que hacerle frente y hay solamente
dos alternativas: aceptarlo o rechazarlo. No hay vía intermedia.
(2) "Al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a
Herodes" (Luc. 23:7); pero pronto Herodes lo devolvió a Pilato. Así sucede en
todo caso de los que rehúsen cumplir con su responsabilidad, posponiéndola y
tratando de esconder detrás de algún "Herodes". Pronto vuelve Jesús y otra
vez está llamando la puerta.
(3) "Tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua.
¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?" (18:39); pero esta fue otra
táctica que no funcionaba, porque no le era posible evadir la responsabilidad
personal. Pilato bien sabía que Jesús era inocente, pero no quería enfrentar su
responsabilidad de ponerle en libertad.
(4) "Entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó ... Entonces Pilato
salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que
ningún delito hallo en él" (19:1-4). Con esto quería satisfacer a los judíos para
no tener que crucificar a Jesús. Les dio algo de sangre, pero querían más. Fue
difícil para Pilato aprender que no hay nada que substituya la responsabilidad
personal. El quería servir a dos señores y no le era posible hacerlo.
A pesar de todas las tácticas de Pilato de evadir su responsabilidad
hacia Cristo, los judíos prevalecieron y, por fin, "Viendo Pilato que nada
adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos
delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá
vosotros" (Mat. 27:24), y "lo entregó a ellos para que fuese crucificado"
(19:16). Pilato creía en la justicia, sólo que no le costara mucho
personalmente; en el caso de Jesús el precio habría sido excesivo.
-- Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar
muerte a nadie; -- Con estas palabras los judíos revelaban su verdadero
propósito al llevar a Jesús al pretorio, pero en esta ocasión Pilato no quería
que la sentencia judaica fuera también la sentencia romana. Los judíos podían
expulsar de la sinagoga y aun azotar, pero no tenían la autoridad legal para
ejecutar.
Los judíos dieron muerte a Esteban (Hech. 7:59, 60), pero no en
base a un solemne veredicto del Sanedrín, sino más bien como la acción de un
tumulto. El propósito de los judíos no era meramente dar muerte a Jesús, sino
crucificarle.
18:32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a
entender de qué muerte iba a morir. -- Jesús ya había anunciado que sería
crucificado 3:14; 8:28; 12:31-33; Mat. 20:19. Luc. 23:2 especifica las
acusaciones formales: "A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que
prohibe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey".
Cuando los judíos juzgaron a Jesús, hablaron solamente de blasfemia, pero
querían dejar la impresión con Pilato que le habían investigado y hallado este
crimen contra César. Cuando Jesús compareció ante Anás y Caifás, no le
acusaron de pervertir a la nación y la acusación con respecto a pagar tributo a
César era todo lo contrario de lo que Jesús enseñó (Mat. 22:15-22). La
hipocresía de los judíos era grande, porque ellos mismos eran los que
pervertían a la nación y se oponían tanto a pagar tributos a César.
18:33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le
dijo: ¿Eres tú (tú enfático, indicando admiración o escarnio) el Rey de los
judíos? -- Según Lucas (23:2) "comenzaron a acusarle, diciendo: A éste
hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohibe dar tributo a César,
diciendo que él mismo es el Cristo, un rey". Ahora Pilato estaba obligado a
examinar al prisionero, porque según esta acusación sería enemigo de Roma.
Esta era, pues, la cuestión principal para Pilato y está registrada por
Mateo (27:11), Marcos (15:2), Lucas y Juan. "Escribió también Pilato un
título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESUS NAZARENO, REY DE
LOS JUDIOS" (19:19). El título era la causa o el crimen por el cual fue
crucificado.
Otro detalle que se encuentra en Lucas 23:3 es que cuando Pilato
preguntó a Jesús, "¿Eres tú el rey de los judíos?" El respondió, "Tú lo dices",
pero los judíos mintieron acerca del tributo y querían plantear la idea de que
Jesús era un rey terrenal (político) que quería usurpar a César aunque sabían
que Jesús rehusaba ser su rey (6:15). También dijeron (Luc. 23:5), "Alborota
al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí".
18:34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho
otros (p. ej., los judíos) -- Como el gobernador romano, ¿me haces esta
pregunta? ¿Me habrá acusado algún romano de causar problemas? Si algún
romano hubiera acusado a Jesús de la sedición, habría sido necesario tomarlo
muy en serio, pero ¿desde cuándo se oponían los judíos a la sedición contra
Roma? Pilato bien sabía que los judíos siempre estaban a punto de rebelarse
contra el yugo de Roma y, por eso, si Jesús hubiera sido un sedicionista, no le
habrían condenado, sino que más bien le habrían seguido en sus actividades
rebeldes.
Jesús no quería que Pilato juzgara como un judío, sino como un
romano.
18:35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? -- No era judío, pero se
prestaba como una herramienta de los judíos. El reconocía que Jesús no había
cometido ningún crimen contra Roma; entonces, ¿por qué no lo puso en
libertad? El permitía que los judíos lo manipularan para que llevara a cabo, no
la justicia de Roma, sino el plan maligno de ellos mismos. No era judío, pero
tampoco era un romano imparcial, porque en realidad él se dejó llevar por la
presión ejercida sobre él de parte de los judíos.
Pilato era un hombre muy orgulloso, pues al preguntar "¿Soy yo
acaso judío?" quería distanciarse de los judíos. Por causa de esta actitud tenía
muchos problemas con los judíos. Le convenía humillarse y tratar de conocer
y comprender a los súbditos, para entender sus costumbres y actitudes, para
poder gobernarles con cordura.
Pilato estaba entre la espada y la pared. Temía a los judíos,
sabiendo que ellos tenían el poder para lograr que los romanos lo quitaran de
su puesto, pero al mismo tiempo tuvo miedo de Cristo (19:7, 8). Parece que
Pilato entendía que el que era juzgado no era Cristo sino él mismo.
-- Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí.
Por eso, la acusación debería de ser seria, y él, Pilato, tenía que hacerles caso;
por eso, quería saber: ¿Qué has hecho? -- Parece que Pilato quería que Jesús
le dijera precisamente por qué los judíos estaban resueltos a darle muerte,
pero cuando Pilato ofreció liberar a un preso, Mateo (27:18) dice que "sabía
que por envidia le habían entregado". Es difícil creer, pues, que aquí (18:35)
Pilato no sabía lo que sabía en 18:39.
18:36 Respondió Jesús: (no contesta la pregunta del ver. 35, sino la del ver.
33) Mi reino no es de este mundo; -- El reino de Cristo no es como el
imperio romano u otro gobierno humano. No es de la misma naturaleza, y no
tiene el mismo propósito. Pilato no tenía comprensión alguna de algún reino
no de este mundo.
-- si mi reino fuera de este mundo, -- el reino de Cristo fue
establecido aquí en la tierra, pues los seguidores de Cristo son los ciudadanos
de su reino, pero el origen de su reino no era terrenal (no era de la voluntad o
fuerza humanas).
-- mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los
judíos; -- Como Rey Jesús tenía servidores pero ¿cómo eran? ¿eran
guerreros? ¿andaban por las calles armados, como los soldados romanos? En
esto se ve claramente la prueba de que el reino de Cristo no era de este
mundo, sino más bien era un reino espiritual y pacífico. Aun los romanos
tenían que saber algo de la vida, enseñanza y práctica de Jesús, pues tenía más
de tres años enseñando en ese territorio, aun en Jerusalén en el templo. Así,
pues, no sólo los judíos, sino también aun los romanos podrían saber con toda
seguridad qué Cristo no era un rey terrenal, sino el Rey espiritual. ¡Véanse los
servidores de este Rey! ¡Allí está la prueba!
Los reinos del mundo tienen ejércitos y se defienden con armas,
pero Jesús no tenía ni quería tener un ejército militar. "No militamos según la
carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en
Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez
que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Cor. 10:3-5). Si Cristo y sus
seguidores hubieran tenido propósitos políticos, se habrían preparado con
armas para que El no fuera prendido.
Si Cristo hubiera querido el apoyo de armas físicas, habría
promovido este plan durante su ministerio. Si Cristo hubiera dado su permiso,
los que querían "apoderarse de él y hacerle rey" (6:15), y muchos de los que
lo alababan cuando entró en la ciudad (12:12, 13), y aun sus apóstoles (11:16;
18:10; Luc. 22:49) habrían peleado para defenderlo. Además, El pudiera
haber orado a su Padre, y le habría dado "más de doce legiones de ángeles"
(Mat. 26:53). Los romanos tenían unos cuantos centenares de soldados y los
judíos tenían unos cuantos alguaciles, pero si Jesús hubiera querido tomar el
poder, lo habría hecho, aun sin la ayuda de las "doce legiones de ángeles".
-- pero mi reino no es de aquí. -- Por lo tanto, Jesús y su reino no
presentaban ninguna amenaza contra los romanos. El refutó el concepto de los
judíos y de los premilennialistas de que el Mesías tendría un reino terrenal
como el de David. Su reino es espiritual (Col. 1:12, 13). Los que nacen otra
vez (3:3, 5) entran en su reino. El apóstol Pedro explicó la naturaleza
espiritual del reino de Cristo el día de Pentecostés (Hech. 2:29-36).
Cristo no sólo es un rey, sino más bien es el Rey de reyes, pero su
dominio es sobre el corazón del hombre, y el enemigo de este reino son el
error y todo pecado, incluyendo los deseos de la carne (1 Ped. 2:11).
18:37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? (¿eres tú -- pobre, solo,
abandonado, prendido, acusado y condenado por los judíos -- rey?)
-- Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. -- Si tiene reino,
entonces debe ser un rey. La respuesta de Jesús fue afirmativa. La expresión
"tú dices" equivale a "sí". Era y es rey, pero sólo en el sentido explicado en el
versículo anterior. De esta confesión Pablo habla (1 Tim. 6:13).
-- Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para
dar testimonio a la verdad -- Cristo, el Rey de reyes, ha llevado a cabo su
campaña de conquista, pero su único cetro -- su única arma -- ha sido y
siempre será la verdad (el evangelio, Rom. 1:16). Su ejército está compuesto
de voluntarios que se someten a la verdad. Estos poseen la disposición de
recibir y amar la verdad porque quieren hacer la voluntad de Dios (7:17).
"De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que
hemos visto, testificamos" (3:11). Cristo vino al mundo para dar testimonio a
la verdad acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y acerca del plan de
Dios para la salvación del hombre (8:32). Pilato pregunta acerca de su reino y
al contestarle Jesús dice que nació para dar testimonio a la verdad. Estos no
son dos temas diferentes, sino un solo y el mismo tema. Jesús nació para
establecer su reino por medio de dar testimonio a la verdad. ¿Cómo estableció
su reino? Dando testimonio a la verdad. ¿Cómo reina Cristo? Dando
testimonio a la verdad. ¡Cristo vino al mundo para reinar sobre el hombre
por medio de la verdad!
El hombre -- con su libre albedrío -- acepta o rechaza la verdad de
Cristo. Nadie está obligado por este Rey a obedecer al evangelio. Cristo no
obliga, sino que sólo enseña e invita (Mat. 11:28-30). El llama a la puerta, y el
hombre puede abrirle o dejar la puerta cerrada (Apoc. 3:20).
-- Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. -- ¿Quién "es de la
verdad"? Puesto que Cristo es la verdad (14:6), entonces el que "es de la
verdad" es el que acepta a Cristo, cree en El, le obedece y le sigue,
practicando la verdad (3:21). El que "es de la verdad" nace otra vez, del agua
y del Espíritu (3:5) y adora a Dios "en espíritu y en verdad" (4:24).
"El que es de Dios, las palabras de Dios oye" (8:47). "Nosotros (los
apóstoles) somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye" (1 Jn. 4:6). Mat.
5:1-12 es una buena descripción de el que "es de la verdad".
18:38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? -- Esta es precisamente la actitud
del mundo. Es la actitud no sólo del escepticismo sino también -- y aun peor
-- de la indiferencia. A Pilato no le interesaba la verdad sino sólo lo que le
conviniera políticamente. Caifás y los judíos tenían la misma actitud, (11:50)
y por esta razón se unieron para crucificar a Cristo. La verdad estaba delante
de él, pues Jesús es "la verdad" (14:6). Cristo es la fuente de la verdad y es la
personificación de la verdad. El es la verdad encarnada. Es el Originador y el
Comunicador de la verdad. La palabra verdad se refiere a la realidad o el
hecho. El Antiguo Testamento presentaba la figura y la sombra de la realidad,
pero Cristo es la realidad; El era el corazón de la ley, los profetas y los salmos
(Luc. 24:44). Los mandamientos y opiniones de los hombres no son la verdad,
pues no tienen realidad y son pura espuma, sin substancia.
No es posible saber el pensamiento de Pilato al decir esto, pero
Jesús no le contestó; por eso, parece obvio que Pilato no la hizo en serio.
Muchos hacen esta pregunta sólo para indicar que para ellos no hay verdad
absoluta, pero no se atreven a hacer una investigación sincera y objetiva de la
vida y enseñanza de Cristo. Aun entre aquellos que escudriñan las Escrituras
(5:39) no existe el propósito de aprender el mensaje divino, sino que sólo
buscan textos para dar aparente apoyo a sus ideas preconcebidas.
-- Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les
dijo: Yo (yo enfático; es decir, yo por mi parte, en contraste con lo que
ustedes dicen) no hallo en él ningún delito. -- 19:4, 6. Pilato estaba
convencido, pues, que Jesús no era un rey en sentido político, que no
amenazaba la paz de Roma y, puesto que no estaba interesado en la verdad
espiritual, quería ponerle en libertad. Dijo, "Me habéis presentado a éste como
un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndose interrogado yo delante de
vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le
acusáis" (Luc. 23:14). Pilato sabía que Jesús era inocente y, por eso, no le
condenó, pero por temor de los judíos tampoco le puso en libertad. Si hubiera
sido hombre honrado, habría puesto en libertad a Jesús y dado la orden de que
los soldados despidieran y esparcieran a los judíos.
Después de esto Pilato envió a Jesús a Herodes (Luc. 23:5-12).
"Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole
de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato". Este gesto le ganó para
Pilato la amistad de Herodes, pero no le resolvió su problema en cuanto al
caso de Jesús.
18:39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua
-- Dice Lucas (23:17), "Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta".
Cada año durante la fiesta de la Pascua el espíritu de nacionalismo estaba muy
vivo, y parece que los romanos tenían esta costumbre para calmar un poco al
pueblo. Según el relato de Juan parece que Pilato tomó la iniciativa en este
asunto, pero Marcos (15:8, 9) dice, "Y viniendo la multitud, comenzó a pedir
que hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió diciendo:
¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?" Pilato quería aprovechar esta
costumbre para deshacerse de la obligación de juzgar a Jesús. Esta fue otra de
las tácticas de buscar su propia conveniencia en lugar de cumplir con su
deber.
-- ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? --
Convencido de la inocencia de Jesús, buscaba manera de ponerle en libertad,
pero no le convenía soltarle como criminal para complacer al pueblo, sino
más bien como completamente inocente. Pilato habrá pensado tal vez que
entre los muchos que alababan a Jesús cuando entró en la ciudad (12:12, 13),
seguramente algunos tendrían simpatía por Jesús y pedirían que Pilato le
pusiera en libertad, porque todos -- al igual que Pilato -- deberían saber que
por la envidia los judíos lo entregaron (Mat. 27:18). Esto muestra que Pilato
no entendía nada del propósito de los judíos con respecto a Jesús. Parece que
él creía que al soltar a Jesús le estarían agradecidos, pero pronto se dio cuenta
que fue todo lo contrario.
Lo triste es que los "amigos" de Jesús, los que "clamaban:
¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!
(12:13) ahora callan. No sé oyó su voz. Es lo mismo hoy en día: los más
corruptos, malvados y enemigos de la justicia y la decencia, son los que
gritan, demandan y prevalecen, mientras que la gente decente y honrada calla.
18:40 Entonces todos dieron voces de nuevo (Mar. 15:13), diciendo: No a
éste ("Uso menospreciativo de houtos", ATR), sino a Barrabás ("Mas los
principales sacerdotes incitaron a al multitud para que les soltase más bien a
Barrabás", Mar. 15:11). Y Barrabás era ladrón (insurgente y homicida, un
verdadero criminal, Luc. 23:19, 25; "preso con sus compañeros de motín que
habían cometido homicidio en una revuelta", Mar. 15:7). En esto los judíos
muestran su hipocresía e inconsecuencia, porque al mismo tiempo que
profesan su fidelidad a Roma (19:15) y piden que los romanos condenen a
Jesús por ser sedicionista, piden que se ponga en libertad a un hombre que en
verdad era un sedicionista e insurgente, y que había causado grandes
problemas para los romanos.
Esto indica que en realidad los judíos favorecían la sedición contra
Roma y que si Jesús hubiera sido un verdadero sedicionista lo habrían alabado
y seguido en lugar de entregarlo a los romanos.
Nunca ha habido -- y nunca habrá -- un cuadro más feo de la
corrupción del corazón humano. Los principales sacerdotes y los ancianos del
pueblo escogido de Dios habían bajado al abismo de la malicia, el odio, la
envidia y la hipocresía. En su fanatismo ciego eran peores que "animales
irracionales" (Judas 10), gritando "No a éste, sino a Barrabás".
Los que echaban este grito murieron poco después de aquel día, y
los que no se arrepintieron han tenido unos dos mil años para reflexionar
sobre sus hechos, pero lo más terrible del caso es que su remordimiento
durará eternamente.
"Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os
diese un homicida" (Hech. 3:14).
**********
Juan 19
Cuando los judíos insistían en que Pilato soltara a Barrabás, les
preguntó, "¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron:
¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero
ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! Viendo Pilato que nada
adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos
delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá
vosotros" (Mat. 27:22-24).
19:1 Así que, (viendo que la táctica de soltar a un preso no había resuelto el
problema) entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. -- Según la ley romana,
el azotar había de preceder al crucificar: "le entregarán a los gentiles para que
le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen" (Mat. 20:19; Luc. 18:13). Pero
Pilato mandó que Jesús fuera azotado aunque todavía quisiera soltarle. Lucas
dice (23:16 y 22) que Pilato dijo, "le soltaré, pues, después de castigarle ... le
castigaré, pues, y le soltaré" (véase también Hech. 5:40).
Pilato todavía trataba de evadir su responsabilidad de poner en
libertad a Jesús. No quería crucificarle pero tampoco quería ofender a los
judíos. Al azotar a Jesús Pilato esperaba que eso fuera suficiente castigo para
complacer a los judíos, porque era un castigo muy cruel que a veces mataba a
las víctimas. "El azote romano consistía en un corto mango de madera al que
estaban atadas varias correas con los extremos provistos con trozos de plomo
o bronce y pedazos de hueso muy aguzados. Los azotes se dejaban caer
especialmente sobre la espalda de la víctima, que estaba desnuda y encorvada.
Generalmente se empleaban dos hombres para administrar este castigo, uno
azotando desde un lado, otro desde el lado opuesto, con el resultado de que a
veces la carne era lacerada a tal punto que quedaban a la vista venas y arterias
interiores y a veces aun las entrañas y los órganos internos aparecían por entre
las cortaduras" (GH). Este acto era ilegal, pues no se había establecido la
culpa de Jesús; según el veredicto de Pilato mismo (18:38), azotaron a un
hombre inocente.
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros
curados" (Isa. 53:5; "por cuya herida fuisteis sanados", 1 Ped. 2:24).
19:2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas (este emblema
real era un instrumento de tortura), y la pusieron sobre su cabeza, y le
vistieron con un manto de púrpura; -- "y una caña en su mano derecha"
(Mat. 27:29). "¿Quién puede medir la gracia de Dios o la depravación del
hombre?" (JWM). "Y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su
cabeza, y una caña en su {mano} derecha; y arrodillándose delante de El, le
hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!" (Mat. 27:29, LBLA). El
verbo hacían indica acción continua, repetida. Jesús fue escarnecido ante el
concilio, Mat. 26:61-68; ante Herodes, Luc. 23:11; y ante Pilato, Mat. 27:27-
31. Los soldados eran muy abusivos, haciendo todo esto como un juego, una
diversión, pero en su ignorancia llevaron su juego a un nivel muy bajo de
indecencia, violencia y crueldad. Los judíos le hacían burla como si fuera un
profeta falso, y ahora los romanos le hacen burla como si fuera un rey falso.
"Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la
cabeza" (Sal. 22:7). Esta profecía fue cumplida al pie de la letra: los soldados
del gobernador hacían burla de El; también "los que pasaban" (Mat. 27:39);
"los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y
los ancianos" (Mat. 27:41); "Lo mismo le injuriaban también los ladrones que
estaban crucificados con él" (Mat. 27:44); "Y escupiéndole, tomaban la caña y
le golpeaban en la cabeza" (Mat. 27:30).
19:3 y le decían: ¡Salve, (así se hablaría al César) Rey de los judíos! y le
daban de bofetadas. -- Véanse Mat. 27:27-31; Mar. 15:15-20; Luc. 23:11,
20, 21. Los soldados no sólo hacían burla de Jesús, sino del concepto de un
rey entre los judíos. Otra vez nos conviene recordar que aunque Jesús pudiera
haber tenido la ayuda de doce legiones de ángeles, aguantaba todo este abuso
para hacer posible nuestra salvación.
19:4 Entonces Pilato salió otra vez (18:29), y les dijo: Mirad, os lo traigo
fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. -- ¡Azotó a Jesús
porque no había hallado delito en él! ¡Qué acción tan incongruente y absurda!
El acto de azotarlo daría a entender al pueblo que Pilato lo consideraba
culpable, y que esto era el castigo preliminar antes de crucificarlo y, por eso,
estimularía al pueblo a insistir aun más en que Jesús fuera crucificado, pero
entonces Pilato lo trajo fuera para presentarlo al pueblo con el manto de
púrpura y corona de espinas (tal vez para indicar que Jesús ya no era una
amenaza para Roma), anunciando otra vez que no hallaba crimen en El. En
lugar de resolver su problema, Pilato seguía complicándolo.
-- para que entendáis -- "'para que lleguéis a saber', mediante esta
burla la sinceridad de la decisión de Pilato de que Jesús es inocente (18:38).
Es mediante una perversión contra la justicia y la dignidad, pero Pilato está
intentando, mediante un rasgo de humor, hacer que la turba se distancie de la
actitud del Sanedrín" (ATR).
19:5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura.
Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! -- No dice ¡He aquí vuestro rey!
(19:14), sino ¡He aquí el hombre! Con este acto y estas palabras
probablemente quería dar a entender que el sufrimiento de Jesús ya era
suficiente, que era digno de piedad y compasión, y que se debería poner en
libertad ("Le soltaré, pues, después de castigarle", Luc. 23:16).
¿Qué habrá pasado con los discípulos durante este "juicio"? ¿Nadie
levantó la voz a favor de Jesús?
19:6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron
voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! -- Parece que Pilato no entendía
lo profundo y lo amargo del odio de los judíos. Si él esperaba que después de
azotar a Jesús pudiera soltarle, ahora verá que fue en vano, pues no dejan de
insistir en la crucifixión de Jesús.
-- Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no
hallo delito en él. -- 18:38; 19:4; 19:6. "El les dijo por tercera vez: ¿Pues qué
mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él" (Luc.
23:22). Pilato, un pagano, no quería crucificar a un hombre inocente; los
judíos, que profesaban ser el pueblo del único Dios vivo, sí querían crucificar
a un hombre inocente.
19:7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley (con hipocresía
hablan como si respetaran su ley), y según nuestra ley debe morir, porque
se hizo a sí mismo Hijo de Dios. -- 5:17, 18; 8:58, 59; 10:30-36. Por esta
causa los judíos le acusaban de blasfemia (Mat. 26:65, 66; Mar. 14:63, 64;
Luc. 22:70, 71). Jesús murió por esta buena confesión que el creyente hace
antes de bautizarse para perdón de los pecados (Mat. 10:32, 33; Hech. 8:37;
Rom. 10:10).
19:8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. -- Pilato tuvo miedo
supersticioso de Jesús (1) porque sabía de sus milagros; (2) porque se dio
cuenta de su enseñanza y conducta elevadas y misteriosas; (3) tuvo miedo por
causa de lo que su esposa le había dicho ("No tengas nada que ver con ese
justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él", Mat. 27:19),
pensando que los sueños pudieran ser advertencias de los dioses; (4) por causa
de lo que Jesús le había dicho (18:36, 37); y (5) porque ahora los judíos
insisten en que Jesús "se hizo a sí mismo Hijo de Dios". Toda su experiencia
con Jesús le hizo pensar que era muy posible que El fuera divino. Todo esto
era muy inquietante para Pilato. Tuvo miedo de los judíos, pero también ¡tuvo
miedo de Jesús! Compárese Mat. 27:54, "El centurión, y los que estaban con
él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas,
temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios"
(Mat. 27:54).
19:9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? --
"Tú, ¿quién eres?" (8:25). ¿Eres del cielo o de la tierra? ¿Eres divino o
humano? Ya se había enterado de su origen terrenal, Luc. 23:6, 7; no quería
saber de qué pueblo de Galilea Jesús hubiera venido, sino más bien quería que
Jesús le dijera si era del cielo. Véase el ver. 8, notas. "Sé de dónde he venido
y a dónde voy" (8:14).
Si Jesús hubiera convencido a Pilato que había venido del cielo, o si
Pilato estuviera convencido de que Jesús era un mero hombre, de cualquier
modo Pilato tenía la misma obligación de defender a Jesús y ponerle en
libertad, pues lo importante era que estaba convencido de su inocencia.
-- Mas Jesús no le dio respuesta. -- Ya le había contestado esta
pregunta (18:36, 37), pero Pilato no le hizo caso. ¿Con qué propósito le
contestaría ahora? Pilato no era de la verdad y no podía oír la voz de Cristo;
por eso, esa voz no le responde.
Los siguientes textos registran el silencio de Jesús: Mat. 26:62, 63;
27:14; Mar. 14:61; 15:5; Luc. 23:9. "Como oveja delante de sus
trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Isa. 53:7).
19:10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí (este pronombre es enfático) no me
hablas? -- "Pilato temblaba ante Uno que pudiera ser un Ser de otro mundo, y
ahora como el gobernador romano él espera que aquel Ser tiemble delante de
él" (HWW).
-- No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo
autoridad para soltarte? -- "¿No sabes que tu vida está en mis manos?"
Pilato creía que Jesús debería respetarlo y aun temerle. ¿Cómo podía Jesús
callar en la presencia de este personaje tan importante? ¿No debería tratar de
complacerle para que le pusiera en libertad? Creía que el silencio de Jesús
mostraba falta de respeto por su autoridad, pero en realidad ya no había más
que decirle. Es cierto que Pilato tenía autoridad para soltarle, pero no tenía la
fuerza moral para hacerlo, sino que solamente buscaba su propia
conveniencia.
19:11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te
fuese dada de arriba; -- Al decir esto Jesús contesta, de manera indirecta, la
pregunta de Pilato ("¿De dónde eres tú?"). Aun el señorío de los romanos
sobre los judíos les fue dado por Dios. Todo poder civil es de Dios (Rom.
13:1-4), y los magistrados darán cuenta a Dios por el uso o el abuso de su
poder. Dios le había dado la autoridad para tomar venganza sobre los
criminales, pero no le había dado la autoridad para tomar venganza sobre los
inocentes.
-- por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. --
El juez (Pilato) -- y el sumo sacerdote Caifás -- fueron juzgados por el
verdadero Juez. Judas entregó a Jesús a los judíos, pero los judíos lo
entregaron a los romanos y el judío responsable era Caifás, el sumo sacerdote,
quien habló por el Sanedrín. El pecado de los judíos era mayor que el de
Pilato, porque no los romanos sino los judíos condenaron a Jesús y lo
entregaron a los romanos, empleando toda la fuerza política disponible a ellos
para obligar a Pilato a llevar a cabo la crucifixión.
También el pecado de los judíos era mayor, porque conocían las
Escrituras que hablaban de Cristo, y no podían negar que Jesús las cumplió al
pie de la letra, porque habían visto sus señales y habían oído sus enseñanzas.
La culpa de los judíos era grande porque después de todas sus oportunidades
de conocerle, lo rechazaban y estaban resueltos a darle muerte. Este texto
recalca la culpa de los judíos con respecto a la muerte de Jesús. Hoy en día
no sólo los judíos, sino también muchos que profesan creer en Cristo, quieren
absolver a los judíos de este crimen, pero ellos mismos dijeron, "Su sangre
sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos" (Mat. 27:25). Es necesario
recordar, sin embargo, que el pecado del mundo entero -- el pecado de cada
uno de nosotros -- clavó a Jesús a la cruz de Calvario. Todos somos
responsables.
19:12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; -- el verbo indica que
estaba comenzando a soltarle.
-- pero los judíos (continuamente) daban voces, diciendo: Si a
éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se
opone. -- No había nada en la vida de Jesús que hubiera dado la más mínima
ocasión para esta acusación. No se involucraba en los asuntos civiles (Luc.
12:14). "Entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle
rey, volvió a retirarse al monte él solo" (6:15). Con toda claridad enseñaba
que la gente debería pagar el tributo a César (Mat. 22:21). De hecho, estas
eran precisamente las razones por las que los judíos lo rechazaron, porque se
daban cuenta que Jesús no pensaba establecer un reino terrenal, y que no sería
la cabeza de una rebelión contra Roma.
Emplearon esta mentira contra Jesús como puro chantaje político,
pues pensaban obtener su propósito bajo la amenaza de acusar a Pilato delante
de César de ser enemigo del emperador por tolerar la traición contra el
gobierno. El César de aquel tiempo (Tiberio) era un déspota malvado,
envidioso, sospechoso y fácilmente podría haber depuesto (y aun ejecutado) a
Pilato si éste hubiera permitido que algún supuesto rey causara problemas en
el imperio.
"Esta fue la última gota. ¡Uno puede imaginar la ira que esas
palabras provocaron en el corazón de Pilato! Sabía que estos judíos eran
embusteros, y que no sentían ningún amor por el gobierno romano ni por su
emperador. Estaba totalmente convencido del hecho de que en lo más
profundo de su corazón ellos mismos eran totalmente desleales. Sin embargo,
aquí estaban, al parecer profundamente perturbados por la lealtad política de
alguien que nunca ni siquiera había pronunciado una palabra contra el
gobierno romano. Eran unos hipócritas despreciables, pero lo habían
acorralado" (GH).
19:13 Entonces Pilato, oyendo esto, -- Estas palabras de los judíos dieron
con el blanco. Era una táctica eficaz, porque Pilato sabía que los judíos podían
convencer a César a quitarle de su puesto. Sobre todo él quería ser el amigo
de César. "Oyendo esto", pues, se acabó toda su resistencia contra los judíos.
-- llevó fuera a Jesús, -- Pilato puso atención a estas palabras de los
judíos, pues bien sabía que ellos podrían persuadir al emperador a deponerle.
-- y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en
hebreo Gabata. -- Hizo esto para pronunciar la sentencia oficial.
19:14 Era la preparación de la pascua (el viernes de la semana de Pascua),
y como la hora sexta. -- Juan habla del tiempo romano (1:39; 4:6; 4:52), no
exactamente sino como la hora sexta, a las seis de la mañana
aproximadamente. En esta hora Jesús fue sentenciado a la muerte, y según
Mar. 15:25 Jesús fue crucificado a la tercera hora (tiempo judío), a las nueve
de la mañana.
-- Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! -- Aunque
esto era muy desagradable para los judíos, desde ese momento Pilato estaba
resuelto a colgar sobre el cuello de ellos la responsabilidad de crucificar a su
propio rey. Véase 19:19.
19:15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A
vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes:
No tenemos más rey que César. -- En su fanatismo por crucificar a Cristo,
negaron al Dios del Antiguo Testamento, el único Rey de Israel (Jueces. 8:23;
1 Sam. 8:7; 12:12), y negaron la promesa de Dios a David acerca de su Hijo
(2 Sam. 7:12-16), el Mesías que ocuparía su trono para siempre. Desde luego,
sus palabras eran pura hipocresía, pero en realidad los que no se arrepintieron
de este pecado se excluían del reino verdadero del Mesías. La ironía del
asunto se ve en que ellos dijeran "No tenemos más rey que César", pero
dentro de pocos años su templo, ciudad y millares de ellos fueron destruidos
por el mismo César a quién proclamaban como su único rey. Véase Mat.
23:38 - 24:2.
19:16-18 Así que entonces lo entregó a ellos (a los principales sacerdotes,
19:15; Luc. 23:25), pero los soldados romanos lo crucificaron (19:23, 24, 31-
34). Después de decir "no hallo delito en él" varias veces, Pilato "lo entregó a
ellos para que fuese crucificado".
-- para que fuese crucificado. (Los soldados) Tomaron, pues, a
Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, -- "Aunque su espalda estaba
lacerada con muchas heridas producidas por la flagelación a la que había sido
sometido, lo obligaron a llevar su propia cruz" (GH). También le ayudó
Simón de Cirene. "Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se
llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz" (Mat. 27:32). La
palabra cruz viene de stauros, un palo o estaca. De esto los "testigos" del
Atalaya argumentan que no había una pieza transversal, pero Tomás dijo, "Si
no viere en sus manos la señal de los clavos" (20:25), dando a entender que
cada mano fue clavada a la pieza transversal, pues si las manos se hubieran
clavado al palo perpendicular, sólo un clavo se habría requerido.
La enseñanza de Mat. 16:24 se basa en este hecho: "Si alguno
quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígueme".
-- salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; --
Tal vez el lugar haya recibido su nombre por tener la forma de un cráneo.
Estaba "fuera de la puerta" de la ciudad (Heb. 13:12) y allí le crucificaron, --
Según el historiador Josefo, la crucifixión era una práctica común en
Palestina. Esta era una de las peores formas de tortura y uno de los métodos
de ejecución más cruel que jamás se hubiera inventado. Era la pena mortal
diseñada para producir una muerte muy lenta, pues algunos duraban días en la
cruz antes de morir. Era reservada para los traidores, los revolucionarios y
otros de los peores criminales. Aun los escritores romanos pensaban que era
una muerte terrible. Cicerón dijo que era cruel y horrible y Tácito dijo que era
una muerte indescriptible.
Esto es muy cierto, porque no hay palabras que puedan describir las
agonías de la cruz: la inflamación de las heridas, las congestiones, el dolor
causado por los tendones desgarrados, la fiebre, un fuerte dolor de cabeza y
una sed horrible. Era sumamente difícil respirar, mayormente exhalar y,
puesto que se requiere la exhalación para hablar, cada palabra que Jesús
pronunciaba era con mucho dolor. La palabra inglesa excruciating que se usa
para hablar del dolor agudísimo, viene del latín excruciatus que significa "de
la cruz".
Tanto los pies como las manos fueron clavados, pues Jesús dijo a
los discípulos (Luc. 24:39), "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy".
Véase Sal. 22:16.
Si alguno pregunta por qué Dios permitiera una injusticia tan
horrible, la respuesta se encuentra en Isa. 53:6, 8.
-- y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. --
Estos criminales no eran ladrones ordinarios, sino asaltantes. Uno de los
detalles interesantes de esta historia fue la actitud (y la petición) de uno de los
criminales que estaba al lado de Jesús (Luc. 23:39-43).
19:19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual
decía: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS. (19:14, 15) -- Pilato
puso este título como un insulto y reproche para los judíos. Le obligaron a
crucificar a un hombre inocente, pero de esta manera él tuvo la última
palabra, pues este título proclamaba a todo el mundo que Jesús de Nazaret era
el verdadero Mesías, el Rey de los judíos.
19:20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde
Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito
en hebreo (arameo, el idioma de los judíos), en griego (el idioma común del
imperio) y en latín (el idioma de los oficiales y soldados romanos).
19:21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No
escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. --
Recuérdese que este título puesto en la cruz sobre la cabeza de Jesús
especificaba su "crimen". No les gustó el título, pero de este "crimen" le
acusaron para que fuera crucificado. Ahora hablan de ese "crimen" como si
fuera una pretensión vana de Jesús, sin validez alguna. En esto se ve la
inconsecuencia (la hipocresía) de los judíos.
19:22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. -- Porque lo que
escribió indicó correctamente el "crimen" de Jesús (según la acusación de los
judíos). Sin duda alguna le dio mucho gusto a Pilato el tildar a los judíos
como homicidas de su propio rey.
19:23, 24 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus
vestidos (himation, sus vestidos exteriores), e hicieron cuatro partes, una
para cada soldado. -- Normalmente el judío tenía cinco artículos de ropa: la
túnica (ropa interna), la capa (la ropa externa), el cinto, las sandalias y el
turbante. Al crucificar a un criminal una parte del sueldo de los soldados era
la ropa del hombre crucificado. Repartieron la ropa de Jesús como si ya
estuviera muerto, nunca pensando que la volvería a necesitar.
-- Tomaron también su túnica (chitón, la vestidura interior), la
cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron
entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién
será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura (Sal. 22:18), que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así
lo hicieron los soldados. -- De esta manera, sin saberlo, llevaban a cabo lo
que Dios había predicho. Aun los detalles minuciosos de este gran evento
eran temas de profecía (JWM).
¡Qué imagen tan clara de la indiferencia del mundo hacia Cristo!
Mientras El agonizaba sobre la cruz, muriendo por los pecados del mundo, los
soldados jugaban y repartían su ropa como si El fuera de los más comunes
criminales. Es verdad que hay mucha hostilidad contra Cristo hoy en día, pero
la tragedia más grande no es la hostilidad hacia Cristo, sino la fría
indiferencia hacia Cristo.
19:25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, -- Sin duda alguna ella se
acordaba de lo que el anciano Simeón le había dicho cuando él tomó a Jesús
en sus brazos, y después de bendecir a Dios, dijo a María, "y una espada
traspasará tu misma alma" (Luc. 2:35). Ella había dado testimonio de Jesús
cuando dijo a los que servían en la boda de Caná de Galilea, "Haced todo lo
que os dijere" (2:5); y, sobre todo, dio su testimonio de silencio cuando los
judíos gritaban que "tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque
se hizo a sí mismo Hijo de Dios" (19:7). ¿Qué madre no hará todo lo posible
para salvar la vida de su hijo? María fácilmente pudiera haber salvado a Jesús
con muy pocas palabras, diciendo "Yo soy su madre y yo sé quién es su
padre", pero ¿qué dijo María? Su testimonio de silencio confirmó que lo que
los judíos gritaban era cierto: Jesús de Nazaret no tuvo un padre terrenal, sino
que era en verdad el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.
-- y la hermana de su madre, -- Al comparar esta lista con la de
Mateo y Marcos, parece que la hermana de la madre de Jesús se llamaba
Salomé, la madre de los hijos de Zebedeo; si esto es correcto, entonces Jesús
y Juan eran primos hermanos. Otro detalle que parece confirmar esta
conclusión es que como Juan no da su propio nombre, tampoco da el nombre
de su madre. También esto explicaría la petición de esta madre (Mat. 20:20,
21), y en esto hay una lección valiosa. Ella había dicho, "Ordena que en tu
reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu
izquierda", pero Jesús le dijo, "No sabéis lo que pedís". Muchas hermanas
se hubieran apartado de Jesús, diciendo, "¡Qué ingrato tú!" "Mi petición es
muy razonable y lógica; tenemos este derecho". "Me has ofendido", "Me has
lastimado y ya no quiero saber nada de ti". "Si no me quieres tomar en cuenta,
entonces allá tú". Pero ¡aquí está ella, al pie de la cruz! ¡Qué lección tan
valiosa para nosotros! Aceptemos no solamente la enseñanza, sino también la
corrección de Jesús.
-- María mujer de Cleofas, -- ("María la madre de Jacobo el
menor y de José", Mat. 27:56; Mar. 15:40).
-- y María Magdalena. -- Algunos han supuesto que María
Magdalena era la mujer pecadora de Luc. 7:39, porque su nombre aparece en
seguida en Luc. 8:2, pero no hay nada que confirme esta suposición. Sólo
sabemos que de ella "habían salido siete demonios". Ella está al pie de la cruz
porque estaba muy agradecida. La actitud de ella era jamás olvidaré lo que
Jesús hizo por mí.
Según Marcos (15:40, 41), entre estas mujeres había otras que le
habían seguido y servido en Galilea, y "otras muchas que habían subido con
él a Jerusalén". Sin duda había entre estas otras mujeres otra María, la de
Betania, la que en una ocasión "sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra"
(Luc. 10:39). También esta misma María "tomó una libra de perfume de
nardo puro, de mucho precio, y ungió" a Jesús (12:3; Mat. 26:7). Jesús
explicó que María "se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura", y
luego dice, "De cierto os digo que dondequiera que se predique este
evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para
memoria de ella" (Mar. 14:8, 9).
19:26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que
estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. -- En medio del
sufrimiento agudísimo, Jesús se preocupaba por su madre. Le encomendó al
cuidado de Juan, "a quien él amaba". Dice Juan 7:5 que los hijos de María no
creían en Jesús. (Pero véase Hech. 1:14).
19:27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. -- ¡Qué ejemplo tan
hermoso de honrar a su madre! (Exodo 20:12).
-- Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. -- Esto
no quiere decir necesariamente que en ese instante Juan la llevara a su casa,
pues él confirma como testigo ocular la muerte de Jesús (19:34, 35), sino que
desde ese momento él se encargó del cuidado de ella.
Desde la cruz Jesús tenía algo que dar. "Padre, perdónalos, porque
no saben lo que hacen" (Luc. 23:34). A los que le crucificaron (tanto judíos
como romanos) les ofreció el perdón de sus pecados. En Hechos de los
Apóstoles vemos que muchos de ellos aceptaron este don, al arrepentirse y ser
bautizados para perdón de los pecados (Hech. 2:37, 38; 4:4; 6:7).
Uno de los criminales que fueron crucificados con Jesús "le
injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.
Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios,
estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente
padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste
ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el
paraíso" (Luc. 23:39-43). A este criminal arrepentido Jesús dio el paraíso .
Jesús ya había legado su ropa a los soldados, el perdón a todos los
transgresores, el paraíso a uno de los criminales. ¿Qué podría legar a su madre
y a su discípulo a quién amaba? A estas dos personas muy amadas les legaba
el uno al otro (FLG).
Juan omite el fenómeno de las tinieblas y lo que Jesús dijo durante
ese periodo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado" (Mat.
27:46); es decir, ¿por qué no me libra de la muerte? Véase Sal. 22:1-8, "Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi
salvación, y de las palabras de mi clamor? ... En ti esperaron nuestros padres;
esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados ... Todos los que
me ven me escarnecen ... diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él;
sálvele, puesto que en él se complacía". Al leer este salmo, la fuente de Mat.
27:46, se puede ver que la palabra desamparar equivale a no librar de la
muerte. Es muy parecido al clamor de Jesús en el huerto, "Padre mío, si es
posible, pase de mí esta copa" (Mat. 26:39).
Algunos dicen que Jesús aceptó la culpa de los pecados del hombre,
y que Dios no podía verlo como pecador, que le volvió las espaldas para no
ver a Jesús tan contaminado con el pecado, pero Jesús no aceptó la culpa del
pecado, sino que sufrió la pena (el castigo) del pecado y Dios no le volvió las
espaldas, pues el mismo salmo dice que "No menospreció ni abominó la
aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él,
le oyó" (Sal. 22:24).
19:28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado,
dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. -- "Como un tiesto se
secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo
de la muerte" (Sal. 22:15). Aquí se enfatiza la humanidad de Jesús. Soldados
heridos en el campo de batalla han dicho que su sufrimiento más grande era la
sed, aun superando los dolores causados por las heridas.
19:29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon
en vinagre una esponja, -- "En mi sed me dieron a beber vinagre" (Sal.
69:21). Al principio de su sufrimiento le ofrecieron un sedativo y lo rehusó:
"le dieron a beber vinagre mezclado con hiel (con mirra, Mar. 15:23), pero
después de haberlo probado, no quiso beberlo" (Mat. 27:34).
-- y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. -- "Este
era el único acto de bondad mostrada a Jesús mientras colgaba en la cruz"
(FP). No es necesario suponer que la cruz haya sido muy alta. Probablemente
los pies de Jesús estaban unos cuantos centímetros (o cuando mucho medio
metro) del suelo. Recuérdese Ex. 12:22, "tomad un manojo de hisopo, y
mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos
postes con la sangre".
19:30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. -- Es
probable que este dicho coincida con "habiendo otra vez clamado a gran voz"
(Mat. 27:50; Mar. 15:37). Juan suple las palabras referidas por Mateo y
Marcos. Por eso, la expresión Consumado es eran palabras de triunfo.
Consumado es el perfecto sacrificio.
La expresión consumado es traduce la palabra tetelestai que
significa "llevado a su fin completo y perfecto". El propósito divino de su
venida al mundo fue perfecta y completamente llevado a cabo. Esto es de
mucho consuelo para todo el mundo, porque la muerte de Cristo pagó el
precio de nuestra redención (Hech. 20:28; Efes. 5:25-27; 1 Ped. 1:18, 19).
Al morir en la cruz Cristo destruyó "al que tenía el imperio de la
muerte, esto es, al diablo" para "librar a todos los que por el temor de la
muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2:14, 15).
"Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será
echado fuera" (12:32).
Dios dijo a la serpiente (Gén. 3:15), que la simiente de la mujer "te
herirá en la cabeza". Esta promesa fue cumplida cuando Jesús dijo,
Consumado es.
-- Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. -- 10:17,
18. Se acabó el sufrimiento. Ya no habría más azotes. No volverían a
escupirle. En lugar de llevar una corona de espinas ahora llevaría la corona de
Rey de reyes. Ya se acabó la humillación y pronto vendría la exaltación (Fil.
2:8-11).
Algunos hermanos niegan la Deidad de Cristo afirmando que El
murió pero que Dios no puede morir, pero ¿Cristo no es el "Señor de la
gloria"? Pablo dice que los príncipes de este siglo crucificaron "al Señor de la
gloria" (1 Cor. 2:8). Los hermanos que dicen que Dios no muere pero que
Cristo murió, lo dicen para recalcar la humanidad de Cristo, pero la única
conclusión lógica de tal afirmación es que Cristo no era Dios. Desde luego,
Dios no puede morir porque El es Espíritu (4:24), pero tampoco puede morir
el espíritu del hombre (Mat. 10:28), pues la muerte es solamente la separación
del espíritu del cuerpo (Sant. 2:26).
Dios es Espíritu (4:24), pero también el hombre es espíritu, porque
"creó Dios al hombre a su imagen" (Gén. 1:27). Somos "linaje de Dios"
(Hech. 17:29). Dios es el "Padre de los espíritus" (Heb. 12:9). Dios "forma el
espíritu del hombre dentro de él" (Zac. 12:1). Al morir el cuerpo del hombre,
su espíritu vuelve a Dios quien lo dio (Ecles. 12:7). Los que mueren en el
Señor son "los espíritus de los justos hechos perfectos" en el cielo (Heb.
12:23).
Desde luego, creemos en la encarnación de Cristo (que "aquel
Verbo fue hecho carne") porque la Escritura así lo afirma (1:14; Mat. 1:23,
etc.), pero al recordar que el hombre es espíritu, es más fácil entender la
encarnación de Cristo. Cristo (Espíritu) vino a ser hombre (que también es
espíritu). Algunos dicen que Jesús tuvo dos espíritus, que aparte de tener (ser)
Espíritu divino también tuvo espíritu humano, pero este concepto es erróneo.
¿Por qué necesitaría un espíritu humano? Debido a la estrecha identidad y
afinidad entre Dios y el espíritu del hombre, no era nada difícil que Cristo
desempeñara el papel humano. Cristo es el Creador (1:3) del espíritu humano;
¿le sería difícil, pues, hacer el papel de ese espíritu que El mismo creó? Claro
que no. Desde luego, este es un tema muy profundo que la mente finita no
tiene que comprender a fondo, pero lo importante es que todos crean en la
encarnación de Cristo y que no salgan con teorías y especulaciones humanas.
"Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí" (Mat. 11:6).
Muchos hermanos han tropezado en la doctrina de la encarnación
de Cristo enseñada por Pablo en Fil. 2:7, como el acto supremo de humildad
de Cristo. Pablo dice que Cristo "se despojó a sí mismo" e inmediatamente
explica -- en la misma frase -- que esta expresión se refiere a la encarnación
de Cristo ("tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres"). Pero
algunos hermanos están resueltos a forzar este texto a decir que Cristo se
despojó a sí mismo de sus atributos divinos o del uso de ellos (que hubiera
sido la misma cosa e igualmente imposible). Cristo vino al mundo para
revelar al Padre y para hacerlo demostró los atributos divinos a través de su
ministerio.
Mateo registra otro detalle muy importante que cabe mencionar
aquí. Cuando Cristo murió, "el velo del templo se rasgó en dos, de arriba
abajo" (Mat. 27:51). El velo separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo que
simbolizaba el cielo mismo. La muerte de Cristo hizo posible nuestra entrada
en el cielo. "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar
Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos
abrió a través del velo, esto es, de su carne ..." (Heb. 9:19, 20).
19:31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a
fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues
aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les
quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. -- Los romanos no se
preocupaban por sepultar a los crucificados, sino que dejaban sus cuerpos en
la cruz para ser destruidos por la putrefacción, o por animales de rapiña, pero
los judíos insistían en que los cuerpos fueran quitados de la cruz. En eso eran
muy inconsecuentes, pues acabaron de decir, "No tenemos más rey que
César" (19:15). Si César no requería que los cuerpos de los crucificados se
quitaran de la cruz, y si César era el único rey de los judíos, entonces ¿por qué
querían quitar los cuerpos de la cruz? Esto demuestra otra vez la hipocresía de
los judíos, pues citaban la ley de Moisés sólo cuando les convenía (véase
también 8:5).
"Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo
hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la
noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito
por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da
por heredad" (Deut. 21:22, 23; véase también Josué 8:29). Estos judíos
perversos que estaban dispuestos a crucificar a un hombre inocente (así
violando Ex. 20:13) eran muy "piadosos" y "respetuosos de su ley" con
respecto al colgado en madero, y con respecto al día de reposo. Este es otro
caso de la hipocresía que Jesús denunció en Mat. 23.
19:32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y
asimismo al otro que había sido crucificado con él. -- Los soldados
romanos estaban acostumbrados a toda forma de violencia. Con algún
instrumento pesado (p. ej., un mazo) quebraban las piernas y caderas,
causando postración nerviosa. Cometían tales actos de crueldad, pues, como
trabajo rutinario. Así son las naciones que no conocen a Dios. Para los tales la
vida no vale nada y tales actos de crueldad y violencia son la forma normal de
vida.
El ladrón que se arrepintió dijo, "Acuérdate de mí cuando vengas en
tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en
el paraíso" (Luc. 23:42, 43). Así pues, aunque el acto de los soldados era
cruel, al mismo tiempo fue una bendición para el ladrón arrepentido, porque
de esa manera no siguió sufriendo más (tal vez por días), sino que murió y fue
al paraíso con Jesús. (Jesús no dijo que en dos o tres días estarás conmigo en
el paraíso, sino "que hoy estarás conmigo en el paraíso").
19:33 Mas cuando llegaron a Jesús, -- Aunque Jesús estaba en medio de los
dos criminales, los soldados vinieron a uno de ellos y luego fueron al otro en
el otro lado de Jesús. ¿Por qué llegaron a Jesús al último? ¿Les habrá afectado
lo que el centurión dijo? (Mat. 27:54).
-- como le vieron ya muerto -- Obsérvese cada detalle registrado
por Juan y los otros escritores que enfatiza la muerte de Cristo. Era muy
necesario establecer el hecho de que El no simplemente se desmayó (como
algunos incrédulos afirman), sino que en realidad murió. Si hubiera la más
mínima duda en cuanto a su muerte, entonces se perdería toda la fuerza de la
resurrección.
-- no le quebraron las piernas -- Con respecto al cordero pascual
la ley decía, "ni quebraréis hueso suyo" (Ex. 12:46). Recuérdese 1:29, "He
aquí el cordero de Dios que quita los pecados del mundo". También 1 Cor.
5:7, "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros".
19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al
instante salió sangre y agua. -- ¿Qué tan grande fue la herida causada por la
lanza? Tomás sabía que podría meter su mano en el lugar de la lanza: "Si
no ... metiere mi mano en su costado, no creeré" (20:25).
Algunos gnósticos decían que Cristo no ocupaba un cuerpo literal,
pero no sale "sangre y agua" de un fantasma. Compárese Luc. 24:37-39.
Otra vez recalcamos que en realidad Cristo murió en la cruz. Los
soldados "le vieron ya muerto" y para estar segurísimos uno de ellos "le abrió
el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua". Es muy
importante que en la predicación del evangelio se enfaticen estos detalles para
hacer callar los argumentos necios de los incrédulos.
19:35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él
sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. -- Juan era un
testigo ocular, pues estuvo al pie de la cruz. El testimonio de un testigo ocular
no se puede rechazar si su carácter apoya su palabra, y Juan era un hombre
irreprensible que amaba la verdad.
19:36, 37 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la
Escritura: No será quebrado hueso suyo. (Ex. 12:46). Y también otra
Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. (Zac. 12:10). -- La profecía
cumplida convence, porque es innegable e irrefutable. Por esta razón los
escritores inspirados citan muchas profecías acerca de Cristo fueron
cumplidas. Compárense Mat. 13:15; 21:42. Casi todo aspecto de los eventos
finales en la vida de Jesus era profetizado y cumplido.
19:38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús,
pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese
llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se
llevó el cuerpo de Jesús. -- El punto principal en este versículo es que los
apóstoles no se encargaron del cuerpo de Jesús; más bien, fue entregado a un
hombre eminente entre los judíos que de ninguna manera podría ser engañado
con respecto a la muerte de Jesús. José de Arimatea, "miembro noble del
concilio" (Mar. 15:43) no hubiera formado parte de alguna conspiración para
engañar con respecto a la muerte de Jesús, y no hubiera sepultado a un
hombre que no estaba muerto. Este detalle es, pues, muy significativo para
probar que no había ningún engaño o fraude con respecto a la muerte y la
sepultura de Cristo.
En primer lugar, cuando José pidió el cuerpo, "Pilato se sorprendía
de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya
estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José" (Mar.
15:43-45). Algunos incrédulos dicen que Jesús no estaba muerto sino que sólo
desmayado. Pilato mismo "se sorprendía de que ya hubiese muerto" y no
aceptó la palabra de José sino que tuvo que saberlo del mismo centurión
encargado de la crucifixión. Le costó trabajo convencerse de que Jesús estaba
muerto, pero el centurión le convenció. Con eso el gobernador romano estaba
plenamente convencido de que Jesús estaba muerto.
Alguien puede estar pensando, "Pero, ¿por qué tanto énfasis en este
asunto?" Porque nuestra salvación depende de la muerte y la resurrección de
Cristo. Si Cristo no resucitó, estamos todavía en los pecados y no hay
esperanza de la salvación (1 Cor. 15:12-19), pero si no se puede probar
concluyentemente que Cristo estaba muerto, tampoco será posible probar que
resucitó de entre los muertos.
Este acto de José de Arimatea cumplió otra profecía: "con los ricos
fue en su muerte" (Isa. 53:9).
19:39 También Nicodemo (3:2; 7:51), el que antes había visitado a Jesús
de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien
libras. -- ¡Más prueba! ¡Más evidencia innegable! Otro miembro del Sanedrín
tomó parte en la sepultura de Cristo. Estos dos hombres, dos de los más
eminentes judíos que no estaban identificados abiertamente con los apóstoles
de Jesús, se encargaron de sepultar el cuerpo de Cristo.
La sepultura de Jesús fue, pues, una sepultura real. Compárese 2
Crón. 16:14, Jesús fue sepultado como el rey Asa.
19:40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con
especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. --
Parece que hubo acuerdo entre José y Nicodemo, pues José se encargó del
sepulcro y de los lienzos (Mar. 15:46, "compró una sábana") y Nicodemo de
las especias.
19:41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el
huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. --
De esa manera no habría problema alguno en cuanto a la identidad de quien
resucitara. Había sepulcros familiares (compárese la cueva comprada por
Abraham), pero Jesús fue sepultado en un sepulcro nuevo y El solo estaba
sepultado allí. Estos son detalles significativos. En su providencia divina Dios
dirigía todo aspecto y todo paso de este asunto, para manifestar de la manera
más clara y precisa que en realidad Jesús murió por nuestros pecados, que la
misma persona que crucificado fue sepultado, y que la misma persona que
murió en la cruz y fue sepultado en el sepulcro de José de Arimatea resucitó
de entre los muertos al tercer día.
19:42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y
porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. -- Fue necesario
completar la sepultura antes de la puesta del sol, que sería el comienzo del día
de reposo.
Mateo agrega otros detalles importantes que tenían el propósito de
evitar toda sospecha de engaño: "Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id,
aseguradlo como sabéis. Entonces (1) ellos fueron y aseguraron el sepulcro,
(2) sellando la piedra y (3) poniendo la guardia" (Mat. 27:62-66).
**********
Juan 20
20:1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana,
siendo aún oscuro, al sepulcro; -- Jesús resucitó de entre los muertos el
primer día de la semana (Mat. 28:1; Mar. 16:1, 2; Luc. 24:1). Recuérdese que
el día de reposo terminaba y el primer día comenzaba al ponerse el sol. Por
eso, no importa si todavía estaba oscuro cuando Jesús se levantó. Por eso dice
Mat. 28:1, "Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la
semana ..."
Los Adventistas del Séptimo Día afirman que Jesús resucitó en el
día de reposo, pero obsérvese el relato de Lucas 24: (1) 24:1, "El primer día
de la semana, muy de mañana ... "; (2) 24:13, "Y he aquí, dos de ellos iban el
mismo día a una aldea ..."; (3) 24:19-21, "ellos le dijeron ... le crucificaron ...
hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido". La conclusión innegable es
que ese primer día de la semana fue el tercer día después de la crucifixión de
Jesús, el día indicado por Jesús para su resurrección.
Tres días y tres noches. "Así estará el Hijo del Hombre en el
corazón de la tierra tres días y tres noches" (Mat. 12:40). Tres días y tres
noches serían setenta y dos horas, pero Jesús no estuvo en la tierra setenta y
dos horas. Algunos batallan con esto haciendo cálculos y aun determinan que
Jesús no fue crucificado el viernes sino el jueves o aun el miércoles, pero tales
cálculos no ayudan a resolver el supuesto problema, porque Jesús murió y fue
sepultado poquito antes de empezar el día de reposo pero no resucitó a fines
del día primero sino "al amanecer del primer día de la semana" (Mat. 28:1).
Al tercer día. Jesús había dicho que resucitaría "al tercer día" (Mat.
16:21; Luc. 9:22) y Pedro dijo, "A éste levantó Dios al tercer día" (Hech.
10:40). Pablo dijo lo mismo (1 Cor. 15:4).
En tres días. Los judíos dijeron, "Este dijo: Puedo derribar el
templo de Dios, y en tres días reedificarlo" (Mat. 26:61); lo que dijo en
realidad fue "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (2:19).
Después de tres días. "Y comenzó a enseñarles que le era
necesario ... ser muerto, y resucitar después de tres días" (Mar. 8:31).
El supuesto problema resuelto: los judíos dijeron a Pilato que "aquel
engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues,
que se asegure al sepulcro hasta el tercer día ... " (Mat. 27:63, 64). ¿Por qué
no dijeron que se aseguraran al sepulcro hasta el cuarto día (o sea, hasta
terminar las setenta y dos horas)? Porque todos entendían que al decir
"después de tres días" o "en tres días" o "al tercer día" decían la misma cosa,
pues para los judíos cualquier parte de un día era un día y una noche. No
acostumbramos hablar de esta manera pero ellos así se expresaban. Para
entender la Biblia es necesario entender lo que las palabras y las expresiones
(modismos, hebraísmos, etc.) significaban para el pueblo de aquel entonces.
(Compárense Ester 4:16; 5:1 y Gén. 42:17, 18).
-- y vio quitada la piedra del sepulcro. -- "Decían (las mujeres)
entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero
cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande" (Mar. 16:2,
3; Luc. 24:2). Mateo 28:2 explica lo que pasó: "Hubo un gran terremoto;
porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la
piedra, y se sentó sobre ella".
El ángel "dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que
buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como
dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor" (Mat. 28:5, 6). Así pues,
el sepulcro estaba vacío. De miedo del ángel "los guardas temblaron y se
quedaron como muertos ... unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron
aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido"
(Mat. 28:4, 11). Contaron la sencilla verdad: un ángel descendió, removió la
piedra, y se sentó sobre ella.
20:2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al
que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no
sabemos dónde le han puesto. -- María Magdalena no esperaba la
resurrección de Jesús y, por eso, pensaba que se habían llevado del sepulcro al
Señor, pues ¡el sepulcro estaba vacío! Este sepulcro vacío era una declaración
divina de que todo lo que Jesús decía de sí mismo y todo lo que el Padre había
dicho de El era cierto. Todo fue confirmado.
Los incrédulos no han podido dar una explicación razonable del
sepulcro vacío. La aceptación del relato de cualquier evento histórico depende
de la aceptación del testimonio del hombre. Los incrédulos se burlan del
testimonio de los apóstoles diciendo que eran hombres que ni siquiera sabían
que la tierra era redonda pero ¿cómo saben que los apóstoles no sabían que la
tierra era redonda? Isaías lo sabía: "El está sentado sobre el círculo de la
tierra" (Isa 40:22). Pero, suponiendo que los apóstoles no lo supieran,
¿rechazan los incrédulos toda la historia escrita por los antiguos que no sabían
que la tierra era redonda? Claro que no.
Es muy importante observar que los apóstoles no esperaban la
resurrección de Jesús (Luc. 24:11, 37-39; Mar. 16:14). Les costó trabajo
reconocer que en realidad Jesús había resucitado, pero se convencieron por
medio de los sentidos físicos (la vista, el oído y el tacto, Luc. 24:39; 1 Jn. 1:1-
3) y aun comieron con El (Hech. 10:41). Después de todas estas "pruebas
indubitables" (Hech. 1:3), comenzaron a predicar la resurrección de Jesús, no
en algún lugar lejano de donde ocurrió, sino allí mismo en Jerusalén, y
convirtieron a miles de judíos, incluyendo a algunos sacerdotes (Hech. 6:7).
Pablo dijo que de los quinientos hermanos que vieron a Jesús después de su
resurrección "muchos (la mayoría, LBLA) viven aún" (1 Cor. 15:6); es decir,
si alguien quisiera averiguar el asunto, todavía más de 250 personas estarían
disponibles para testificar.
Los apóstoles podían describir todo aspecto de la sepultura y
resurrección de Jesús: (1) hablan de los que confirmaron que Jesús estaba
muerto; (2) dicen precisamente dónde Jesús estaba sepultado; (3) explican que
fue sepultado en un sepulcro nuevo, pues algunos sepulcros se usaban más de
una vez; (4) dicen exactamente cuándo Jesús murió y cuándo resucitó; (5)
nombran a varios de los testigos de la resurrección; (6) aun explican que los
soldados reportaron el asunto a los judíos y que, habiendo recibido dinero,
contaron una mentira para explicar el sepulcro vacío.
Los apóstoles eran testigos competentes, no sólo por lo que vieron,
oyeron y experimentaron, sino también por ser hombres honrados. En
cualquier juicio la competencia del testimonio depende del carácter de los
testigos. El carácter de los apóstoles era intachable. Nadie puede acusarles de
ser hombres mentirosos. Por lo tanto, los que rechazan el testimonio de los
apóstoles están obligados a explicar por qué lo rechazan.
Los modernistas emplean otra táctica para menospreciar la
resurrección. Dicen que no importa si había una resurrección literal, porque lo
importante es que se tenga una "experiencia espiritual". Desde luego, tal
experiencia "espiritual" o "personal" es subjetiva y no tiene nada que ver con
la enseñanza bíblica. Por eso, no les importa la resurrección literal de Cristo.
¿Qué pasó con el cuerpo de Jesús?
Los soldados aceptaron dinero para mentir acerca del sepulcro
vacío. Habiendo recibido dinero de los judíos, dijeron que "Sus discípulos
vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos" (Mat. 28:13).
Esto nos hace preguntar ¿cómo sabían los soldados lo que pasaba cuando
estaban dormidos?
Se debe recalcar que los discípulos no se encargaban del cuerpo de
Jesús. No tuvieron nada que ver con la sepultura de Jesús; el asunto estuvo
completamente fuera de su control. José de Arimatea y Nicodema sepultaron
a Jesús, y luego los enemigos de Cristo se encargaron del sepulcro (Mat.
27:62-66). Este punto es muy significativo y no debe olvidarse. Aparte de eso,
recuérdese también que los discípulos habían huido cuando Jesús fue
crucificado y no esperaban la resurrección. Estaban esparcidos y confusos.
María Magdalena no se regocijaba al ver el sepulcro vacío, sino que estaba
afligida. Los dos discípulos en el camino a Emaús no esperaban la
resurrección (Luc. 24:21). Tomás no la esperaba (20:24, 25).
¿Con qué propósito hubieran venido los discípulos arriesgando sus
vidas para robar el cuerpo de Jesús? ¿Qué hubieran hecho con él? El sepulcro
vacío no se puede explicar de esa manera, porque no es nada lógico. No tiene
sentido y, en realidad, nadie lo cree. Cuando los apóstoles comenzaron a
predicar el evangelio allí mismo en Jerusalén, los judíos nunca les acusaron
de haber robado el cuerpo de Jesús. Les acusaron de varias cosas y
prohibieron que predicaran en el nombre de Jesús (Hech. 4, 5), pero nunca les
acusaron de haber robado el cuerpo de Jesús del sepulcro.
Los discípulos de Jesús tenían sus debilidades, pero no eran
ladrones y no eran mentirosos. Es muy injusto acusarles de robar el cuerpo de
Cristo y luego dedicar su vida a predicar una mentira, por la cual serían
perseguidos aun hasta la muerte.
Tampoco los judíos removieron el cuerpo de Jesús del sepulcro. En
primer lugar, estaban resueltos a guardar su cuerpo allí mismo en el sepulcro.
"Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo
la guardia" (Mat. 27:62-66). Por su parte los judíos querían que Jesús
estuviera permanentemente en ese sepulcro. No tenían razón alguna para
removerlo de allí.
Entonces ¿qué pasó con el cuerpo de Jesús? La única respuesta
lógica es que resucitó. ¡He aquí el testimonio irrefutable del sepulcro vacío!
La importancia de la resurrección de Jesús
1. La resurrección de Cristo fue el tema central de la predicación
de los apóstoles (Hech. 2:24, 31, 32; 3:15, 26; 4:2, 10; 5:30; 10:40; 13:30;
17:3, 31, 32; 23:6; 24:15, 21; 26:8, 23).
2. Con respecto a la Deidad de Cristo: "Fue declarado Hijo de Dios
con poder ... por la resurrección de entre los muertos" (Rom. 1:4); es decir,
durante más de tres años Jesús decía que El era el Hijo de Dios y con muchas
señales lo confirmaba (20:30, 31). La resurrección era una de las señales más
importantes.
3. Con respecto a nuestra justificación: "El cual fue entregado por
nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Rom. 4:25);
es decir, Cristo murió para salvarnos de los pecados, pero si no hubiera
resucitado de entre los muertos, su muerte no nos habría salvado.
4. Con respecto a la predicación del evangelio: "Os declaro,
hermanos, el evangelio que os he predicado ... Que Cristo murió por nuestros
pecados ... fue sepultado, y que resucitó al tercer día" (1 Cor. 15:1-4).
5. Si Cristo no resucitó: (1) vana es nuestra predicación; (2) vana es
nuestra fe; (3) los apóstoles eran falsos testigos; (4) aún estamos en los
pecados; (5) los que durmieron en Cristo perecieron; y (6) "si en esta vida
solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración
(lástima, LBLA) de todos los hombres" (1 Cor. 15:12-19).
20:3 - 7 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían
los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó
primero al sepulcro (estos son detalles personales que confirman que Juan
era un testigo ocular). Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí,
pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y
vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza
de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. -- Si
alguien hubiera robado el cuerpo de Jesús, no habrían tomado la molestia de
dejar los lienzos en el sepulcro, con el sudario enrollado en un lugar aparte.
Estos detalles son muy importantes para confirmar que el cuerpo de Cristo no
fue robado, sino que El resucitó.
20:8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero
al sepulcro; y vio, y creyó. -- Lo que Juan vio no podía tener otro significado
que la resurrección de Jesús. De eso estaba convencido. El creyó. No vio a los
ángeles y todavía no había visto a Jesús, pero el testimonio del sepulcro vacío
y la presencia de los lienzos y el sudario era convincente. Un poco después
Tomás dijo, "Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi
dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré"
(20:25), pero aun antes de ver a Jesús Juan ya estaba convencido de la
resurrección.
20:9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que
él resucitase de los muertos. -- Una de las pruebas más importantes de la
resurrección era la voz de la profecía. En el camino a Emaús los dos
discípulos "se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros,
mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?" (Luc.
24:32). Jesús les abría las Escrituras cuando les explicó que en su muerte,
sepultura y resurrección El las cumplió. "Porque no dejarás mi alma en el
Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción" (Sal. 16:10). De esta manera
David profetizaba acerca del Hijo de David, como explica el apóstol Pedro
(Hech. 2:27). Los salmos profetizaban que Cristo sería exaltado para sentarse
sobre su trono (el trono de David) (Sal. 2:7-9; Hech. 13:33). Véase también
Isa. 53:10-12.
Jesús dijo a sus discípulos que el Hijo del Hombre "será entregado a
los gentiles ... y le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada
comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no
entendían lo que se les decía" (Luc. 18:31-34). Jesús dijo a los judíos,
"Destruid este templo, y en tres días lo levantaré ... Por tanto, cuando resucitó
de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y
creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho" (2:19-22). "Entonces
les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras" (Luc.
24:45).
En el día de Pentecostés Pedro citó lo que la Escritura (Sal. 16:10)
había dicho acerca de Cristo, "Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni
permitirás que tu Santo vea corrupción" (Hech. 2:26) y muchos creyeron, pero
creyeron después del cumplimiento de la profecía.
La causa principal de la incredulidad en el mundo es que la gente no
entiende o no cree lo que la Escritura dice. Si Juan y los otros apóstoles
hubieran creído la Escritura (o si hubieran creído a Jesús), no habría sido
necesario que vieran el sepulcro vacío, ni los lienzos y el sudario, ni a Jesús,
pero ahora, por fin, habiendo visto este maravilloso fenómeno -- el
cumplimiento de la Escritura --, la mente de Juan capta el significado de la
Escritura acerca de la resurrección de Jesús. Ahora para él (y después para los
demás) la Escritura tendría un significado nuevo. Aunque tal vez durante toda
la vida hubiera escuchado y leído la Escritura, apenas ahora la están
entendiendo. Como Jesús había dicho, "Si no viereis señales y prodigios, no
creeréis" (4:48).
Muchísimos hombres creen la profecía bíblica sólo cuando se
cumpla. ¿Cuándo creyeron los contemporáneos de Noé la profecía acerca del
diluvio? ¿Cuándo creyeron los israelitas infieles las profecías de Lev. 26 y
Deut. 28? ¿Cuándo creyeron los judíos la profecía de Mat. 24:2, 21? La
mayoría de ellos creyeron sólo cuando el evento predicho ocurrió. Nos
preguntamos, ¿y cuántos creerán la profecía acerca del castigo eterno sólo
cuando el Señor les diga en el Día Final, "apartaos de mí, malditos, al fuego
eterno preparado para el diablo y sus ángeles" (Mat. 25:41)? Dios ha exaltado
a Cristo "para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están
en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil. 2:10, 11). En realidad
los que mueren en pecado se convencen inmediatamente (véase Luc. 16:22,
23).
-- que era necesario que él resucitase de los muertos. -- "Le era
necesario ... ser muerto, y resucitar al tercer día" (Mat. 16:21). Era necesario
que Cristo muriera (3:14) y también que resucitase
20:10, 11 Y volvieron los discípulos a los suyos. Pero María estaba fuera
llorando junto al sepulcro; -- Estaba llorando porque ella y las otras mujeres
habían venido al sepulcro trayendo "especias aromáticas" para ungir el cuerpo
de Cristo (Mar. 16:1) y no lo encontraron. Tampoco creían la Escritura estas
mujeres piadosas.
-- y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
-- El sepulcro vacío (con "los lienzos puestos allí, y el sudario ... no puestos
con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte") convenció a Juan de la
resurrección de Jesús, pero este fenómeno no convenció a María. La
evidencia estaba delante de sus ojos, pero no la vio.
20:12, 13 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados
el uno a la cabecera, y el otro a los pies (esto nos recuerda de los serafines
sobre el arca del pacto), donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le
dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi
Señor (aunque había sido crucificado, todavía era su Señor), y no sé dónde le
han puesto. -- María estaba completamente preocupada (obsesionada) por la
ausencia del cuerpo de Jesús, de tal manera que aunque conversara con
ángeles parece que ni siquiera se daba cuenta de que eran ángeles.
20:14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí;
mas no sabía que era Jesús. -- "Pero después apareció en otra forma a dos de
ellos que iban de camino, yendo al campo" (Mar. 16:12), "Mas los ojos de
ellos (los dos discípulos en el camino a Emaús) estaban velados, para que no
le conociesen" (Luc. 24:16). Jesús enseñó a estos discípulos y cuando estaba
sentado con ellos a la mesa, "les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron"
(Luc. 24:31). "Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas
los discípulos no sabían que era Jesús" (21:4). Estos textos indican que
aunque Jesús resucitó corporalmente (20:27; Luc. 24:39), había diferencias en
su aspecto o de alguna manera a veces evitaba que lo reconocieran. La verdad
es que sus apariciones eran muy especiales. El ya no estaba con sus discípulos
como antes, conviviendo con ellos, sino que se manifestó a ellos (y
desapareció) en varios lugares de manera especial durante cuarenta días.
Cuando anduvo con los dos discípulos en el camino a Emaús "los
ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen" (Luc. 24:16), porque
El quería explicarles las Escrituras que hablaban de El. Parece, pues, que
Cristo quería que los discípulos se convencieran por la Escritura aun antes de
convencerse por los sentidos físicos (JWM).
20:15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?' Ella,
pensando que era el hortelano (Juan no explica por qué ella no reconoció la
voz de Cristo), le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has
puesto, y yo lo llevaré.
20:16 Jesús le dijo: ¡María! ("A sus ovejas llama por nombre", 10:3)
Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). -- Esta fue
la primera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos. Ahora María reconoce
la voz de Cristo. Ella vio a Cristo Jesús resucitado de entre los muertos. Con
el testimonio de dos o tres testigos una verdad está confirmada, pero la
resurrección de Jesús no fue confirmada por solamente dos o tres testigos sino
por el de cientos de testigos (1 Cor. 15:1-8).
Los enemigos de Cristo dicen que las "llamadas apariciones" de
Jesús eran alucinaciones de María y las otras personas, pero Jesús apareció a
muchas personas ("apareció a más de quinientos hermanos a la vez", 1 Cor.
15:6). ¿Todos estos tenían la misma alucinación? Alguna persona nerviosa
puede tener una alucinación, pero nunca se oye de que muchas personas
tengan la misma alucinación al mismo tiempo y que la tengan repetidas veces
durante cuarenta días. Es fácil creer en la resurrección, pero es muy difícil
creer las "explicaciones" insensatas de los incrédulos
20:17, 18 Jesús le dijo: No me toques (deja de aferrarte a mí, RVR77; Lit.
no me agarres, LBLA, margen), -- Jesús no prohibió que sus discípulos le
tocaran (20:27; Luc. 24:39) y aun permitió que le adoraran (Mat. 28:9), pero
parece que María no entendía el significado de la resurrección de Jesús. Había
resucitado de entre los muertos, pero ahora habría un cambio significativo en
la relación entre El y sus discípulos. Sin duda en esos momentos estaba
pensando, ahora, otra vez, tenemos a Cristo con nosotros y siempre estará con
nosotros. Durante su ministerio personal El estaba con ellos todo el tiempo, y
parece que María creía que otra vez estaría con ellos como antes, física y
perpetuamente, que ahora otra vez tendrían la misma relación física con El
como su amado Maestro. A ella le gustó mucho estar con El, escuchar su
enseñanza, observar sus señales y buenas obras. Quería un Cristo visible, el
buen Amigo (15:15). Quería oír su voz, servirle (Luc. 8:3) y adorarle. No le
faltaba devoción pero sí le faltaba comprensión, pues no entendía que esos
días de andar por vista ya se estaban acabando, y que ahora tendría que andar
por fe. No entendía que sólo por unos cuantos días Jesús se manifestaría de
manera breve a sus discípulos y entonces volvería al Padre.
-- porque aún no he subido a mi Padre; -- La relación permanente
que Jesús tendría con sus discípulos comenzaría cuando El ascendiera al
Padre, y les enviara al Espíritu Santo. De esta relación o comunión El había
hablado en Juan 14:18, 23, 28. Así pues, la verdadera y permanente comunión
entre Cristo y sus discípulos comenzaría después de la ascensión de Cristo y
el descenso del Espíritu Santo.
-- mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro
Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. -- ¿Por qué distingue entre mi y vuestro?
La relación entre Cristo y el Padre era única (5:18; 10:30), y esta era otra
manera de afirmar su Deidad.
-- Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las
nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas. --
"Volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a
todos los demás ... Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no
las creían" (Luc. 24:11; Mar. 16:11, 14). Los apóstoles no esperaban la
resurrección de Jesús, y aun ahora rehúsan creer a las mujeres piadosas que lo
habían visto. Este detalle efectivamente refuta el argumento de los incrédulos
de que los apóstoles eran crédulos, que como niños creían en la resurrección
porque tanto la anhelaban. ¡Ellos no la esperaban! ¡No la anhelaban! En lugar
de ser crédulos eran muy incrédulos, y sólo con las apariciones de Jesús en las
cuales El insistía en que ellos vieran y palparan sus manos, sus pies y costado,
se convencieron.
20:19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la
semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos
estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio,
les dijo: Paz (14:27) a vosotros. -- No era necesario quitar la piedra del
sepulcro para que Jesús saliera; más bien, se quitó la piedra para que los
discípulos pudieran ver el sepulcro vacío. Jesús podía manifestarse cuándo y
dónde El quisiera. Tampoco tuvo que entrar en una casa por una puerta
abierta. Podía aparecer o desaparecer según su voluntad.
Por causa de este fenómeno se discute mucho sobre cómo era el
cuerpo de Jesús después de su resurrección. Dicen algunos que su cuerpo ya
estaba en el proceso de cambiarse en el cuerpo glorioso, etc., pero ¿con qué
propósito se habla así? Antes de morir ¿no andaba sobre el agua? (6:19). ¿Se
requería un cuerpo especial para hacer eso?
Cuando Jesús entró y dijo, "Paz a vosotros", "Entonces, espantados
y atemorizados, pensaban que veían espíritu" (Luc. 24:37). En lugar de sentir
paz en su alma sólo sentían espanto y temor y esto fue causado por su falta de
fe en la resurrección ("Porque aún no habían entendido la Escritura", 20:9).
20:20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado
(Luc. 24:39, 40). Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. -- La
señal de los clavos y la lanza era un testimonio convincente de dos cosas: (1)
que Jesús tenía un verdadero cuerpo humano (algunos gnósticos decían que el
Cristo no ocupó un cuerpo verdadero, sino que era un fantasma, solamente
teniendo el aspecto de un cuerpo físico); y (2) que ese cuerpo había resucitado
de entre los muertos.
20:21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el
Padre, así también yo os envío. -- La palabra apóstol quiere decir enviado.
Este texto corresponde a la Gran Comisión registrada por los otros autores
(Mat. 28:19; Mar. 16:15; y Luc. 24:47).
20:22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
-- De esta manera Jesús repite la promesa del Espíritu Santo (14:16; 15:26;
16:7-14), y sopló sobre ellos para simbolizar su venida, pero como los otros
textos claramente explican el Espíritu Santo vino sobre ellos el día de
Pentecostés. No comenzaron a predicar el evangelio (anunciando los
requisitos para el perdón de pecados) en ese momento, pues Jesús aún no
había ascendido para ocupar su trono (Hech. 2:33-36). Cuando Jesús les dio la
Gran Comisión, les dijo, "pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén,
hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Luc. 24:49; Hech. 1:4, 5).
El verdadero cumplimiento de esta promesa se ve en Hech. 2:1-4. Pedro habla
del día de Pentecostés como el principio (Hech. 11:15).
Los profetas, guiados por Dios, solían hacer algún acto
representativo o simbólico de la profecía que entregaban (Jer. 13, la señal del
cinto podrido, para simbolizar que Dios haría "podrir la soberbia de Judá, y la
mucha soberbia de Jerusalén"; Jer. 18, la señal del alfarero y el barro, para
indicar que como el alfarero podía hacer otra vasija de la que se echó a perder
en su mano, así podía Dios restaurar a su pueblo (o a otras naciones). Así
pues, el soplar de Jesús era un acto simbólico, una repetición de la promesa de
la venida del Espíritu Santo
20:23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se
los retuviereis, les son retenidos. -- Basándose en este texto el clero romano
afirma que puede perdonar (absolver) pecados, porque pretenden ser
sucesores de los apóstoles. El concepto del clero romano es que el perdonar
pecados es cuestión del juicio humano, pero sólo Dios puede perdonar
pecados (Mar. 2:7). Este texto significa, pues, que los apóstoles remitirían y
retendrían pecados al predicar los mandamientos del evangelio; es decir,
siendo guiados por el Espíritu Santo al predicar el mensaje de salvación,
habían de nombrar los requisitos que la gente debería cumplir para obtener el
perdón de pecados (Mat. 28:19; Mar. 16:16; Hech. 2:38). De la misma manera
Pedro ocuparía las llaves del reino para atar y desatar (Mat. 16:18, 19). Con
las llaves del evangelio abrió las puertas del reino para los judíos (Hech. 2) y
para los gentiles (Hech. 10).
20:24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos
cuando Jesús vino. -- Juan no explica la razón de su ausencia. Por no estar
presente él perdió una bendición grande, la de ser testigo ocular de la
resurrección de Jesús. Tuvo que vivir otra semana más en la incredulidad. De
la misma manera todo hermano que falta en su asistencia a una reunión de la
iglesia pierde una bendición de Dios.
20:25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les
dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en
el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. -- No
creyó el testimonio de los otros apóstoles quienes habían sido sus compañeros
durante más de tres años. Dijo que tendría que ver y también palpar; es decir,
no sólo no creyó el testimonio de los otros apóstoles, y no sólo no creería el
testimonio de sus propios ojos, sino que nombra otro requisito: que a menos
que pudiera meter su dedo en el lugar de los clavos y meter su mano en su
costado, no creería. La incredulidad no es razonable; más bien es arrogante,
pues insiste en establecer los requisitos para creer.
20:26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con
ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en
medio y les dijo: Paz a vosotros. -- Jesús se manifestó a sus apóstoles "la
noche de aquel mismo día, el primero de la semana" (20:19) y ahora "ocho
días después" (el siguiente primer día de la semana) se reunió con ellos otra
vez. No se puede negar que era muy significativo que estas reuniones de
Cristo con sus discípulos ocurrieron en el primer día de la semana. El día de
Pentecostés (Hech. 2) también fue el primer día de la semana. Los discípulos
de Troas se reunieron el primer día de la semana para partir el pan (Hech.
20:7), y los corintios -- al igual que las iglesias de Galacia -- habían de
ofrendar cada primer día de la semana (1 Cor. 16:2).
20:27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca
tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. --
Este es otro ejemplo de la omnisciencia y la omnipresencia de Cristo, pues le
habla como si hubiera estado presente y le hubiera escuchado (en realidad El
escucha a todos todo el tiempo). Los apóstoles serían los testigos y los
mensajeros de Cristo (Hech. 1:8); por eso, fue imprescindible que estuvieran
plenamente convencidos de la resurrección. Nosotros no tenemos que ver, oír
y palpar, pero sí era necesario que ellos vieran, oyeran y palparan, para ser
testigos competentes de la resurrección de Jesús para poder convencer con su
testimonio a muchos otros (1 Jn. 1:1-3).
No alabamos la actitud de Tomás, pues le convenía creer en la
resurrección de Jesús al oír el testimonio de los que lo habían visto, pero el
hecho de que Tomás exigiera tanta evidencia ayudó para confirmar la
resurrección.
Jesús quiere que todos examinen con cuidado la evidencia que
confirma la verdad (1 Tes. 5:21; Hech. 17:11) y cuánto más debemos
examinar con cuidado la enseñanza de todo maestro (1 Jn. 4:1; Apoc. 2:2).
20:28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! --
Aquí tenemos otra confesión de la Deidad de Cristo. Se puede decir que él
representa a muchas personas que dudan, y puesto que él se convenció, los
otros que dudan deben estar convencidos por el testimonio de él.
20:29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados
los que no vieron, y creyeron . -- Jesús no alabó la fe de Tomás (compárense
Mat. 8:10; 15:28). En pocos días principiaría una nueva etapa en la cual los
discípulos de Jesús no andarían por vista sino por fe (2 Cor. 5:7). Durante el
ministerio personal de Jesús, "muchos creyeron en su nombre, viendo las
señales que hacía" (2:23). Los discípulos de Cristo creyeron en El porque
vieron la prueba (la evidencia) de su Deidad. "Bienaventurados vuestros ojos,
porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que
muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oir lo que
oís, y no lo oyeron" (Mat. 13:16, 17). También durante el ministerio de los
apóstoles las señales eran necesarias para confirmar la palabra (Mar. 16:20;
Hech. 14:3; Heb. 2:3, 4), pero ahora los que llegan a ser creyentes lo hacen
por medio de oír la Palabra de Dios (Rom. 10:17; 1 Ped. 1:8, "a quien amáis
sin haberle visto"; Heb. 11:1, 27).
20:30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus
discípulos, las cuales no están escritas en este libro. -- Por lo tanto, las
señales registradas por Juan son ejemplos de las muchas que Jesús hizo.
20:31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el
Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. -- Este
versículo bien expresa el propósito de este libro. No es una biografía, sino una
selección de las señales, obras y enseñanzas de Jesús que son adecuadas para
producir la fe que salva.
**********
Juan 21
21:1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al
mar de Tiberias (Galilea, Mar. 14:28; 16:7); y se manifestó de esta
manera: -- Los enemigos de Cristo dicen que los apóstoles y las mujeres
tenían visiones o alucinaciones de la supuesta resurrección de Cristo, pero la
palabra manifestarse no quiere decir visión (ni mucho menos alucinación).
Antes de morir Jesús dijo a sus discípulos, "Pero después que haya
resucitado, iré delante de vosotros a Galilea" (Mat. 26:32). Repitió esta
promesa después de resucitar (Mat. 28:10, dijo a las mujeres, "id, dad las
nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán"). Ya no
vivía con ellos como antes, sino que se manifestaba a ellos en distintos
lugares durante cuarenta días.
21:2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo (compárese
20:24, "Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos
cuando Jesús vino", pero esta vez estaba con ellos), Natanael el de Caná de
Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. -- Los
apóstoles han ido a Galilea como el Señor les ordenó (Mat. 28:7, 10).
21:3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar -- No dice "Voy a volver al
negocio de pescar, sino simplemente que voy a pescar" (JBC).
-- Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. -- Algunos
suponen que los apóstoles pensaron volver a su trabajo (negocio) de pescar
por estar tan desanimados, pero en primer lugar, volvieron a Galilea como
Jesús les había dicho, y en segundo lugar, volvieron a la pesca para comer
(ganarse la vida), pues ya no tenían "la bolsa" de dinero que contenía ofrendas
para la obra de Cristo y sus apóstoles (p. ej., la ayuda de muchas mujeres que
"le servían de sus bienes", Luc. 8:3).
-- Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no
pescaron nada. -- Comúnmente pescaban de noche.
21:4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los
discípulos no sabían que era Jesús. -- Compárese 20:14 notas; Mar. 16:12.
Vieron el milagro antes de saber que era Jesús quien hablaba con ellos.
Reconocieron que se había hecho un milagro antes de reconocer a Jesús.
21:5 Y les dijo: Hijitos (1 Jn. 2:18), ¿tenéis algo de comer? (pregunta que
esperaba respuesta negativa, pues Jesús es omnisciente) Le respondieron:
No. -- Así fue para que estuvieran preparados mentalmente para apreciar otra
pesca milagrosa. ¡Cuántas veces el Señor nos deja con el barco vacío para
poder llenarlo de acuerdo con su voluntad!
21:6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis (otro
ejemplo de su omnisciencia). Entonces la echaron, y ya no la podían sacar,
por la gran cantidad de peces. -- Se repite el milagro de Luc. 5:6, 7, pero en
este primer milagro "su red se rompía" y aquí no.
21:7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el
Señor! -- Pedro se ve frecuentemente como el líder de los apóstoles, pero aquí
se ve que él tenía que ser instruido por Juan (Reuss, citado por FLG).
Compárese también 20:7, 8, Juan "vio, y creyó". Juan "dijo a Pedro";
repetidas veces se observa que estos dos apóstoles eran íntimos amigos: 1:41;
13:34; 18:15; 20:2; Hech. 3:1, 4, 5; 8:14.
Es muy probable que esta pesca milagrosa les haya recordado de la
otra al principio de su ministerio (Luc. 5:6).
-- Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa
(porque se había despojado de ella; gumnós, desnudo, véase LBLA,
margen, "Lit., estaba desnudo"), -- Pero la palabra gumnós (desnudo) no
quería decir "sin ropa alguna", sino que llevaba sólo el chitón, túnica (19:23),
la ropa interior. Debe aclararse, sin embargo, que el chitón que la gente de
aquel tiempo llevaba, cubría el cuerpo mejor que muchas "prendas" modernas
(shorts, minifaldas, ropa transparente, etc.); por consiguiente, muchísimas
personas que llevan "prendas" modernas andan desnudas, según la definición
bíblica de la palabra.
-- y se echó al mar. -- Cuando ocurrió el primer milagro de la pesca
milagrosa (Luc. 5:4-11), "Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante
Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque
por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos
los que estaban con él" (Luc. 5:8, 9).
21:8 - 10 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red
de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos (unos
cien metros, LBLA). Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un
pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis
de pescar. -- Aunque el modernista William Barclay está equivocado al decir
que la pesca maravillosa de este texto no fue un milagro, él da una buena
razón por la cual se relata: "Los Evangelios se preocupan de manera especial
en afirmar que el Cristo resucitado no era una visión, ni una alucinación, ni
siquiera un espíritu sino una persona real. Insisten que el sepulcro estaba
vacío. Afirman que el Cristo resucitado tenía un cuerpo real con las señales de
los clavos y de la lanza que le atravesó el costado ... No es probable que una
visión o un espíritu señale un cardumen de peces a un grupo de pescadores.
Tampoco encendería un fuego en la orilla de un lago. Ni es probable que una
visión o un espíritu prepare una comida y la comparta con otros. Sin
embargo, tal como se representa este relato, eso fue lo que hizo el Cristo
resucitado ... No se trataba de una visión, ni del producto de la imaginación
excitada de algunos discípulos; no se trataba de la aparición de un fantasma o
espíritu: era Jesús que había vencido a la muerte y que ahora regresaba".
21:11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces,
(en estos detalles se ve el vigor físico de los apóstoles) ciento cincuenta y
tres (Juan, como testigo ocular, sabía el número exacto de peces en la red, y
lo registra para enfatizar el aspecto milagroso del evento. Compárese 6:10,
"cinco mil varones". A diferencia de "no pescaron nada" (21:3), ahora
pescaron ciento cincuenta y tres grandes peces (AB). ¡Esto les era muy
impresionante!) y aun siendo tantos, la red no se rompió (compárese Luc.
5:6, la otra pesca milagrosa, "y su red se rompía". Hay otras diferencias entre
los dos milagros: Cristo en la tierra - Cristo en una barca; una barca - dos
barcas; sacó la red a tierra - llenaban ambas barcas; ciento cincuenta y tres
peces - peces no contados. Es muy obvio, pues, que Lucas y Juan no hablan
del mismo milagro).
21:12, 13 Les dijo Jesús: Venid, comed (Hech. 10:41). Y ninguno de los
discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el
Señor. -- No dijeron como Pedro dijo en la otra ocasión semejante, "Apártate
de mí, Señor, porque soy hombre pecador" (Luc. 5:8), pero sí quedaron muy
impresionados por su omnipotencia y omnisciencia.
-- Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del
pescado. -- "Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y
él lo tomó, y comió delante de ellos" (Luc. 24:41, 42). En su discurso en la
casa de Cornelio Pedro enfatizó que Cristo se manifestó "no a todo el pueblo,
sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que
comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos" (Hech.
10:41).
21:14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos
(20:19, 26), después de haber resucitado de los muertos. -- Los cuatro
Evangelios registran doce apariciones específicas. Apareció:
(1) a María Magdalena (20:11-18; Mar. 16:9-11);
(2) a las otras mujeres (Mat. 28:9, 10);
(3) a Cleofas y su compañero (Luc. 24:13-25);
(4) a Simón Pedro (Luc. 24:34; 1 Cor. 15:5);
(5) a los apóstoles (Tomás estuvo ausente), 20:19-23; Luc. 24:33,
36-49;
(6) a los apóstoles, incluyendo a Tomás (20:24-29);
(7) a los siete "junto al mar de Tiberias" (21:1-23);
(8) a los once apóstoles en Galilea en "el monte donde Jesús les
había ordenado" (Mat. 28:16-20);
(9) "a más de quinientos hermanos a la vez" (1 Cor. 15:6);
(10) a Jacobo (1 Cor. 15:7);
(11) a los once "en el monte que se llama del Olivar" (Luc. 24:50,
51; Hech. 1:6-11);
(12) "y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo"
(LBLA) apareció a Pablo (1 Cor. 15:8).
(Y posiblemente a otros en otras ocasiones, Hech. 1:3).
21:15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo
de Jonás (su nombre propio, Mat. 16:16, 17; "Pedro" era su apodo, 1:42),
¿me amas (agapao) más que éstos? -- Más que estos discípulos; le hace esta
pregunta porque Pedro había dicho, "Aunque todos se escandalicen de ti, yo
nunca me escandalizaré" (Mat. 26:33). (Algunos suponen que éstos se refiere
al barco, la red, etc. del trabajo de pescador, pero no hay nada que indique que
Pedro hubiera dado preferencia a su trabajo secular, pues volvieron a pescar
porque tenían que comer).
En los versículos 15-17 Jesús y Pedro emplean dos verbos distintos
(agapao, fileo) que se traducen amar. La Versión Valera no distingue entre
los dos verbos griegos, pero otras versiones (p. ej., LBLA, VM, VLA) sí lo
hacen. Según el Sr. W. E. Vine, el verbo amas (agapao) usado por Cristo
"sólo puede ser conocido en base de las acciones que provoca". El se refiere a
este amor como "amor cristiano". Dice, "El amor cristiano, sea que se ejercite
hacia los hermanos, o hacia hombres en general, no es un impulso que
provenga de los sentimientos, no siempre concuerda con la general
inclinación de los sentimientos, ni se derrama sólo sobre aquellos con los que
se descubre una cierta afinidad. El amor busca el bien de todos, Ro 15:2, y no
busca el mal de nadie, 13:8-10; el amor busca la oportunidad de hacer el bien
a 'todos, y mayormente a los de la familia de la fe'. Gá 6:10 ... el amor que
valora y estima ... un amor desprendido, dispuesto a servir". "Siempre que se
da un mandato o precepto ... el verbo es siempre agapao (no fileo, wp) ... Se
me puede ordenar que busque (lo que considero) el bien de alguien (agapao,
wp), y que lo haga por un motivo elevado e idealista ... No se me puede
ordenar que sienta afecto (fileo, wp) por una persona. La dedicación y la
emoción no son lo mismo ... agapao en este episodio indica amor profundo,
total, inteligente y voluntario, amor en el que toda la personalidad (no sólo las
emociones, sino también la mente y la voluntad) desempeña un papel
destacado" (GH).
-- Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo (quiero, LBLA,
VM, VLA, fileo o phileo) (no dice que le ama "más que éstos"). -- Pedro
emplea el verbo fileo que "denota más bien un afecto entrañable" (WEV);
"afecto natural espontáneo, en el cual las emociones juegan un papel más
destacado que el intelecto o la voluntad" (GH). "El verbo agapan es el amor
de inteligencia, razón y comprensión, con su correspondiente propósito; en
esto su contenido grandemente supera al otro tipo de amor ... Nunca se podría
decir que Dios philei al mundo pecador; en cuanto a lo que toca el philein
solamente pudiera haber abominado al mundo sucio. Jesús nunca enseñó que
amáramos al enemigo en el sentido de philein; El mismo no amó al mundo en
este sentido. Pero agapan, sí, con este amor Dios sí amó al mundo, y nosotros
podemos amar a los enemigos, comprendiendo todo el mal de ellos y
extendiéndonos con el poderoso propósito de remover ese mal" (RCHL).
-- El le dijo: Apacienta mis corderos (a sus discípulos más
jóvenes e inmaturos). -- Lo que Pedro hiciera por los discípulos de Cristo lo
haría por Cristo mismo (Mat. 25:31-46; Hech. 9:1-6) (PTB).
Compárese Luc. 22:32, "y tú, una vez vuelto, confirma a tus
hermanos". En esta ocasión el Señor facilitó a Pedro una oportunidad para
confirmar su amor por El, y también confirmó a Pedro en la obra, pues tres
veces Jesús le encargó la obra de apacentar o pastorear su corderos y ovejas.
A pesar de la negación de Pedro el Señor lo tomaba muy en cuenta: el ángel
dijo a las mujeres, "id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de
vosotros a Galilea" (Mar. 16:7); los dos que habían conversado con Cristo en
el camino a Emaús dijeron a los once que "Ha resucitado el Señor
verdaderamente, y ha aparecido a Simón" (Luc. 24:34); "apareció a Cefas" (1
Cor. 15:5).
Este texto indica que Jesús tenía mucha confianza en Pedro y éste,
al apacentar las ovejas de Cristo, había de probar su amor por el Buen Pastor
(10:1-18). Aprendió este trabajo muy bien (1 Ped. 5:1-4). Había de apacentar
(pastorear) las ovejas de Jesús, pero estos términos no indican que él sería el
"Papa" de la iglesia, pues tanto él, como Pablo, emplean los mismos términos
para hablar de la obra de los ancianos de la iglesia (Hech. 20:28; 1 Ped. 5:1-4)
(RH).
21:16, 17 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas
(agapas)? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo (quiero,
fileo, LBLA, VM, VLA). Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera
vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas (fileo, el verbo usado por Pedro)?
Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas (fileo)? --
Jesús lastimó a Pedro para sanarle. Habiendo negado a Cristo tres veces,
ahora debe confirmar su amor tres veces. Se ve muy cambiado, muy
humillado delante su Señor. Ya no volvería a jactarse de serle más fiel que los
demás (Mat. 26:33).
Algunos suponen que los dos verbos (agapao, fileo) se deben
traducir de la misma manera (amar), como lo hace la Versión Valera, pero en
este caso la conversación entre Cristo y Pedro "se reduce a una simple
repetición. No hay, pues, progreso entre las preguntas dos y tres. Jesús vuelve
a preguntar lo que Pedro acababa de contestar ... El hecho mismo de que
Pedro en su respuesta escoja una palabra diferente que la que utiliza Jesús en
la pregunta, y que lo haga no una vez sino dos seguidas, apunta en la
dirección de una diferencia en significado ... entre las dos palabras" (GH).
-- y le respondió: Señor, tú lo sabes todo (Pedro había refutado la
omnisciencia de Jesús, Mar. 14:30, 31, pero ahora la reconoce, 1:49; 2:24, 25;
4:19); tú sabes que te amo (fileo). Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. --
Este trabajo no era sólo para Pedro, sino para todos los apóstoles. Compárese
Mat. 16:19 y 18:18; 28:19; Mar. 16:15, 16; Luc. 24:47.
21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas
a donde querías (esto indica plena libertad de movimiento); mas cuando ya
seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no
quieras. -- La tradición dice que Pedro fue crucificado, pero la expresión
"extenderás tus manos" no se refiere a extender sus manos para ser
crucificado, sino para que otro le atara (p. ej., como se ve en Hech. 21:11) y le
llevará "a donde no quieras". Pedro era un hombre impulsivo y agresivo que
siempre actuaba con toda libertad; el perder ese libertad era un duro castigo
para él.
21:19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a
Dios. -- La muerte de Pedro sería violenta. "A donde yo voy, no me puedes
seguir ahora; mas me seguirás después" (13:36). Compárese Hech. 9:16,
acerca de Pablo Jesús dijo, "Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por
mi nombre". "Eusebio, Libro 3, Capítulo 1, reporta: 'Al fin Pedro vino a
Roma, donde fue crucificado cabeza para abajo; porque así él mismo había
deseado sufrir. Libro 2, Capítulo 25 nombra las autoridades que confirmaron
que fue crucificado por Nerón'" (RCHL). Como Cristo glorificó al Padre en
su muerte (17:1), Pedro seguiría su ejemplo. Compárese Fil. 1:20; 1 Ped.
4:16. En su segunda carta (2 Ped. 1:14) dice, "sabiendo que en breve debo
abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado".
-- Y dicho esto, añadió: Sígueme. -- Cuando Jesús llamó a Pedro y
sus compañeros para ser apóstoles, les dijo, "Venid en pos de mí, y os haré
pescadores de hombres" (Mat. 4:19). Ahora después de su resurrección vuelve
a decirle, "Sígueme". Pedro lo hizo, no como el supuesto "Papa" de la iglesia,
sino como un fiel apóstol.
Este texto (21:15-17) indica claramente que Jesús había perdonado
a Pedro por haberle negado. Esto se confirma en la obra futura de Pedro
comenzando el día de Pentecostés.
"Debemos notar lo que hizo el amor por Pedro. (a) Le dio una tarea.
'Si me amas', dijo Jesús, 'entrega tu vida a apacentar las ovejas y los corderos
de mi rebaño. Sólo podemos demostrar que amamos a Jesús amando a otros.
El amor es el mayor privilegio del mundo pero también acarrea las mayores
responsabilidades. (b) El amor dio una cruz a Pedro ... El amor le proporcionó
una tarea y una cruz. El amor siempre implica responsabilidades y sacrificios.
Y no amamos a Cristo de verdad a menos que estemos dispuestos a enfrentar
su tarea y a cargar su cruz" (WB).
21:20, 21 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien
amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él --
Este versículo confirma que "el discípulo a quien amaba Jesús" era uno de los
apóstoles, y seguramente si era "el discípulo a quien amaba Jesús", era de los
tres "escogidos", Pedro, Santiago y Juan, Mat. 17:1; 26:37; Luc. 8:51. Al
hablar de los otros apóstoles Juan especifica el nombre de ellos; por lo tanto,
la única conclusión lógica es que esta descripción se puede aplicar sólo a él
mismo), y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? -- Pedro pregunta
acerca del futuro de Juan porque eran íntimos amigos (1:41; 13:24; 18:15;
20:2; 21:7; Hech. 3:1; 8:14) y se preocupaba por él. Estaban unidos en la vida;
¿estarían unidos en la muerte?
21:22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
Sígueme tú. -- Pedro no debería distraerse ni por un momento pensando en lo
que tal vez pasara con su amigo Juan. Debería concentrarse en seguir a Cristo,
espiritual y físicamente. Como se ve en Hechos de los Apóstoles Pedro
fielmente siguió a Cristo, a pesar de amenazas, azotes, prisiones y muchas
otras pruebas.
21:23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel
discípulo no moriría (es decir, que Cristo vendría antes de la muerte de Juan;
compárese 2 Tes. 2:1-4). Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si
quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? -- ¿Quién más que Juan
hubiera querido aclarar lo que Jesús había dicho y, de esa manera, acabar con
un rumor falso? (FLG). Esto bien ilustra lo muy deficiente (y lo peligroso) de
la tradición oral y recalca la importancia de la palabra escrita.
21:24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas
cosas; -- Juan se refiere a sí mismo (21:20). Dice "pienso" en el siguiente
versículo. No es razonable que Juan hablara repetidas veces de otro apóstol
(aparte de sí mismo) sin dar su nombre, pues a través del libro él habla de
ellos por nombre. Sin duda alguna Juan se refiere a sí mismo.
-- y sabemos que su testimonio es verdadero. Porque era un
hombre honrado, con carácter intachable, que amaba la verdad y era amado
por Jesús. Algunos suponen que la palabra sabemos indica que otros (¿los
ancianos de Efeso?) agregaron estas palabras finales, pero Juan simplemente
se identifica a sí mismo entre los que creen este testimonio inspirado. ¿Cómo
no creería su propio testimonio?
21:25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, (pues era muy
activo durante todo el ministerio, Hech. 10:38) las cuales si se escribieran
una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se
habrían de escribir. Amén. -- Juan emplea esta figura de retórica llamada
hipérbole (exageración) para enfatizar. Compárense Gén. 11:4; 15:5; Núm.
13:33; Dan. 4:20.
¿Cómo podían Juan y Pedro, hombres "sin letras y del vulgo"
(Hech. 4:13) escribir tales libros? En primer lugar, "les reconocían que habían
estado con Jesús", y en segundo lugar, fueron guiados por el Espíritu Santo
(14:26; 16:13).
Lo importante es que este libro de Juan (como también los de los
otros tres escritores) eran y son muy adecuados para producir fe en Cristo
para obtener la salvación (20:30, 31).
"Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no
creían en él" (12:37). ¿Por qué?
1. Porque la fe de muchos es superficial, 2:23.
2. Porque muchos no quieren lo espiritual, sino sólo lo material
(6:27, 60, 66).
3. Porque muchos temen a los hombres, 7:13; 9:21, 22; 12:42
(gobernantes); el ejemplo sobresaliente de la cobardía fue Pilato, 18:38; 19:1-
4, 6.
4. Porque muchos no aman a Dios (5:42), sino las tinieblas (3:19,
20), la gloria de los hombres (5:44; 12:42, 43), a sí mismos y cosas
materiales.
5. Porque muchos tienen corazones endurecidos, (12:37-40;Luc.
8:11-15). Adviértase cómo los judíos trataron al hombre que nació ciego;
estaban resueltos a no aceptar la verdad obvia (cap. 9); los soldados jugaron al
pie de la cruz durante la suprema agonía de Jesús.
6. Por causa del orgullo intelectual (7:48).
7. Por causa de la indiferencia. (Estos siete puntos por HH).
**********
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