Orientación Vocacional y Profesional: Claves
Orientación Vocacional y Profesional: Claves
CONCEPTOS CENTRALES
ORIENTACIÓN Viene de la palabra ORIENTE, que es por donde el sol hace su aparición al amanecer, conocido
también como este. Es decir, tiene que ver con nacimiento, y en este caso podemos decir que orientar tiene que ver
con guiar, acompañar en el nacimiento de elecciones.
Tipos de ORIENTACION:
Ø Orientación educativa: procura el mejor rendimiento académico, el desarrollo de las aptitudes, la integración a la
institución educativa por parte del alumno; énfasis en el APRENDIZAJE.
Ø Orientación personal: busca una mejor integración del sujeto consigo mismo y con los demás; su ámbito se encuentra
en las ideas, motivaciones, valores, las fantasias y ansiedades, las problemáticas del individuo.
VOCACIÓN: Es la inclinación que una persona siente para dedicarse a un modo de vida. La palabra proviene del latín
vocatĭo, significa “llamado”.
M. MULLER: “conjunto de procesos psicológicos que una persona concreta moviliza en relación al mundo profesional
en el que pretende incardinarse o en el que ya está instalado. Lo vocacional se centra en el individuo como persona
completa con proyectos de vida individualizados.. y resume la historia personal conjugándola o superando las
connotaciones y limitaciones sociales o de otro tipo, del mundo ocupacional..”
Desde el punto de vista religioso, la vocación es el llamado que sienten algunas personas para dedicar su vida en algo.
Esto tiene que ver con los estados de vida. Desde este punto de vista, el llamado es algo con lo que “se nace”, en OVO
decimos que la vocación es un proceso, es decir, “se hace”.
PROFESIÓN: Es el trabajo que alguien ejerce y por el que recibe una retribución económica; requiere de estudio,
capacitación, habilitación.
OCUPACIÓN: Tiene que ver con aquello que ocupa el tiempo de una persona; no implica siempre recibir una
remuneración a cambio.
M. MULLER: “grupo de trabajos que se dan en varias organizaciones productivas o empresas, que contienen
actividades laborales y finalidades productivas similares. La profesión requiere una preparación previa o de entrada de
mayor o menor duración
EMPLEO: Es el trabajo remunerado realizado a través de un contrato físico o intrínseco entre un empleado y un
empleador. Es importante diferenciar la relación laboral en blanco y en negro.
M. MULLER: “Grupo de puestos afines que tienen características de desempeño similares. Se justifican por el
rendimiento y utilidad social que producen y están orientados pobre el producto final esperable o exigible”
Es un campo de trabajo preventivo, clínico y de investigación, psicológico y psicopedagógico, que atiende a púberes,
adolescentes, jóvenes, adultos y gerontes, con conflictos o dudas para elegir estudios u ocupaciones, con deseos de
cambiar los mismos, o con situaciones de fracaso en decisiones ya tomadas. La O.V puede realizarse en diversos
ámbitos:
Escuelas
Universidades
Centros de orientación
Salud mental
Hospitales
Servicios sociales, centros recreativos
Organizaciones laborales
Consultorio privado
La O.V es un campo especializado que comparten la Psicopedagogía y la psicología educacional. Requiere
conocimientos propios y una formación de permanente actualización, como pasa con otros campos de las disciplinas
mencionadas.
Incluye solo aspectos vocacionales, relacionados con las disposiciones, inclinaciones y preferencias personales, sino
también ocupacionales y laborales.
La O.V es orientación vocacional ocupacional, ya que abarca el proceso de elección y decisión que implica resolverse
por un campo determinado de actividades ocupacionales, constituyan éstas un trabajo o empleo o una profesión con
su correspondiente preparación.
Los orientadores acompañamos a los des-orientados en un camino que puede ser breve o mas prolongado. Nuestra
intervención tiene como objetivo colaborar en el aprendizaje de elecciones vocacionales-ocupacionales hechas con
creciente autonomía y menor costo personal y social. Es decir, con reflexión acerca de si mismos y de la realidad, con
posibilidad de elaborar conflictos psicológicos que se movilizan ante la decisión, la finalización de una etapa educativa
o laboral y el nuevo comienzo. O sea, con una mejor utilización de recursos humanos.
La elección que se define en el curso de una O.V puede referirse a distintas alternativas:
· Estudiar una carrera universitaria o terciaria, para prepararse a desarrollar una profesión.
· Decidir estudiar, trabajando paralelamente para pagarse los estudios y tener mayor autonomía económica.
La O.V puede surgir de la evidencia de conflictos previos que demanden ser tratados psicológicamente, más allá del
tiempo dedicado a la orientación misma. Estos conflictos pueden llegar a interferir la posibilidad de elección vocacional
ocupacional, o el desempeño académico y/o laboral.
La intervención de O.V es focalizada y esclarece un proyecto vocacional-ocupacional que contribuye a situar y clarificar
al sujeto en cuanto a los diversos planos de realidad (psíquica, social, académica, laboral).
Lo más frecuente es el que en O.V trabajemos con una serie breve de entrevistas individuales o grupales que oscila
entre 8 y 15.
Cuando trabajamos en instituciones, sean estas clínicas centro de salud mental, hospitales, etc o educativas, la OV se
realiza desde alguna pocas entrevistas, hasta un cuatrimestre o un año lectivo de encuentros semanales grupales. El
método utilizado recibe aportes psicoanalíticos y de la psicología social y lo denomino clínico-operativo. El instrumento
principal de esta modalidad es la entrevista clínica operativa, donde se destacan la relación orientados-orientadores y
los términos del encuadre; objetivos, roles, variables espacio temporales, contrato, tarea.
Trabajamos a partir de los síntomas, por los cuales se nos manifiesta una demanda de consulta, atendiendo a personas
con una historia y una situación original.
Nuestra intervención se basa en una forma de trabajar (el método clínico operativo), un encuadre de tareas, propuestas
donde empleamos recursos auxiliares.
La personalidad de cada orientador/a es un resonador importante en esta tarea, por lo cual es de su responsabilidad
proseguir su formación en forma permanente, más allá de sus estudios académicos.
Los orientadores somos acompañantes, co-pensadores, agentes movilizadores que brindamos un contexto de reflexión
y actividades que dan espacio y tiempo para replantear los conflictos, las crisis de identidad y de ideales, las
problemáticas sociales, educativas y laborales.
El EJE O FOCO de nuestra tarea es acompañar el aprendizaje de los consultantes sobre sí mismos y sobre la realidad
ocupacional, para construir un proyecto personal de inserción social.
MODALIDADES (BOHOSLAVSKY)
ACTUARIAL:
-El psicólogo debe desempeñar un rol activo, aconsejando a joven “lo que debe hacer”.
-Rol directivo
-Parte del conocimiento de aptitudes e intereses del consultante (TEST), para ajustar a las oportunidades existentes.
- A partir de los resultados del test, “se aconseja”, qué es lo que “le conviene hacer”.
“El adolescente, dado el monto y tipo de conflicto que enfrenta, no está en condiciones de llegar a una decisión por sí
mismo”
“Cada carrera y profesión requieren aptitudes específicas. Estas son definibles a priori, mensurables y más o menos
estables a lo largo de la vida”
“El goce en el estudio y la profesión depende del interés que se tenga en ellos. El interés es específico, mensurable y
desconocido por el sujeto”
“Las carreras no cambian, la realidad sociocultural tampoco. Por eso se puede predecir conociendo la situación actual,
el desempeño futuro…”
“El orientador debe desempeñar un rol activo, aconsejando, no incrementar la ansiedad, sino aplacarla”
CLINICA:
-La entrevista es el instrumento por excelencia. En ella se condensan los momentos del acontecer clínico. Proceso de
esclarecimiento
-Rol no-directivo
-Parte del supuesto que el adolescente “puede tomar en sus manos” la situación que enfrenta, y al comprenderla llegar
a una decisión responsable.
“El adolescente puede llegar a una decisión si logra elaborar los conflictos y ansiedades que experimenta frente al
futuro”
“Las carreras y profesiones requieren potencialidades que no son específicas. Por lo tanto éstas no pueden definirse a
priori, ni mucho menos, ser medidas. Estas potencialidades no son estáticas, sino que se modifican en el transcurso
de la vida…”
“El goce en el estudio y la profesión depende del vínculo que se establece con ellos (…) el interés no es desconocido
para el sujeto (…) aunque si los motivos que determinaron ese interés específico.
“La realidad sociocultural cambia incesantemente (…) Conocer la situación actual es importantes, pero no se puede
predecir el éxito”
“El adolescente debe desempeñar un rol activo. La tarea del psicólogo es esclarecer e informar. La ansiedad no debe
ser aplacada, sino resuelta” Licenciatura en Psicopedagogía
ANTEDECENTES
• 1908: año en que se menciona por primera vez la palabra orientación vocacional.
• Luego de la segunda Guerra Mundial, el desempleo pone en evidencia que mucha gente se dedica a la misma
actividad.
- 1º Momento
- 2º Momento
-3º Momento
* Utilización de pruebas proyectivas. Interés por analizar las motivaciones conscientes e inconscientes
* Utilización de la entrevista
- 4º Momento
ORIENTACIÓN VOCACIONAL “…amplio orden de tareas que incluyen lo psicológico y lo pedagógico en el nivel del
diagnóstico, la investigación, la prevención y la resolución de la problemática vocacional” Bohoslavsky, Rodolfo (1970)
LO VOCACIONAL
La ORIENTACIÓN VOCACIONAL
• Intervención tendiente a facilitar la elección de objetos vocacionales (trabajo y/o estudios)
Podrían considerarse como “aquellas que se realizan por fuera del trabajo y el estudio”
- Elecciones “desinteresadas” o con intereses no sometidos a valores dominantes Así concebida, no se requeriría
“orientación vocacional”
• Perspectiva crítica Reconoce el conj. Elecciones que los Ss. realizan en su itinerario vocacional (incluyen elecciones
por fuera de las significaciones hegemónicas)
· Posición subjetiva
· Búsqueda o no de “plus” que haga que el S se ubique ´”más allá” de una pieza integrante del engranaje productivo
El quehacer del ser humano es múltiple, aunque existen límites de acuerdo a la época….
Entre las variadas actividades, existen el ESTUDIO y el TRABAJO, que en las sociedades capitalistas:
Cada ser humano es libre de gestionarse su propia vida, aunque las condiciones materiales en las que nace, en general
son determinantes de su itinerario vital ulterior
1eras. Políticas públicas en O.V. estuvieron relacionadas con demandas de nuevas soc. capitalistas industriales.
- Se requerían técnicos provenientes de la psicología y psicotecnia dotados en medir (aptitudes, interese, habilidades,
rasgos de personalidad)
- Que permitiera ADAPTAR los individuos a las necesidades del mundo del trabajo
• Psicología Clínica se caracteriza por una estrategia de abordaje al objeto de estudio (conducta de los seres humanos)
• Puntos de urgencia, para diagnosticar la acción crítica y resolverla, posibilitando el cambio (Ulloa)
PREVENCIÓN: (Gavilán): Capacidad que posee el ser humano y su grupo social para anticiparse, con diferentes
estrategias, a situaciones que puedan provocar diversos tipos de daño, posibilitando así, crear y/o fortalecer, los
conocimientos, actitudes, habilidades y valores que ayudarán a impedir o minimizar esos deterioros.
• Prevenir, preparar, aparejar, disponer con antelación las cosas necesarias para algún fin.
Gullco y Di Paola: La prevención se desarrolla en situaciones de cambio y busca la posibilidad de que el sujeto se
interrogue en un ámbito de apoyo y de contención para buscar salidas creativas a su situación.
Los adolescentes que egresan de la escuela secundaria atraviesan por un período de crisis que implica ruptura. Se
rompe con una forma establecida de relación con las instituciones educativas, con los grupos de pares y con las familias
por lo que se constituyen en una “población de riesgo”. Por este motivo es preciso abordar la crisis vocacional con un
criterio preventivo.
- las elecciones sobre determinadas por influencias del medio familiar y social - la dificultad para encarar las sucesivas
crisis que se presentarán.
- la desinformación
En cualquier intervención preventiva, el carácter anticipador no tiene que ver con "adelantarse a los hechos", sino más
bien con poder encontrar respuestas plásticas a situaciones nuevas.
De la Modernidad a la posmodernidad.
MODERNIDAD:
· los “descubrimientos”
• Sistema económico CAPITALISMO (reemplaza al feudalismo), dando origen a una nueva clase social: BUERGUESÍA
• Religión REFORMA PROTESTANTE: libre interpretación de la Biblia, cuestionó la “dignidad de la pobreza”, exaltando
el lugar del trabajo
• Ciencia ANTROPONCENTRISMO (Copérnico, Newton, Galileo), revolucionaron idea de mundo. Surgen nuevas
teorías filosóficas (Bacón – Descartes): Racionalismo
Sistema político: DEMOCRACIA, a partir de los valores enarbolados en la Revolución Francesa (LIBERTAD,
IGUALDAD, FRATERNIDAD)
• Taylorismo – Fordismo
POSMODERNIDAD:
· Valores hedonistas
Ha creado desajustes en países vías desarrollo: DESEMPLEO, una nueva forma de violencia. Trabajos cambian por
incidencia de la tecnología e informática. Profundidad y velocidad de los cambios: comprender problema del desempleo
(empleo diferente trabajo)
· Otro tipo de trabajos (“industrias sin chimeneas”, “por cuenta propia”, “sub-empleo”)
- TRABAJO:
Modernidad
• Revolución Industrial
• Taylorismo / Fordismo
• Bien escaso
• Forma violencia
Posmodernidad
• diluye ideales
• convoca al consumo
• “aquí y ahora”
-Sujeto de la orientación
- Sistema Educativo
ADOLESCENTE:
- Reordenamiento Narcisista
- Trabajo de Duelo
- Desempleo/subocupación padres
ESCUELA:
TRABAJO:
- Regularidad
- Previsibilidad
- Estabilidad
Últimas décadas del S. XX y principios del S. XXI:
Globalización neocapitalismo
-Brecha ricos/pobres
- Estados debilitados
- Nuevas formas de TRABAJO: implican tareas más flexibles y variadas… (“industrias sin chimeneas”,
“cuentapropistas”, etc.
“La certeza que implicaba en otro momento elegir determinada carrera u ocupación, porque garantizaba una inserción
en el mundo laboral y social, se ha convertido en incertidumbre ante los cambios del mercado laboral…”
- los diferentes elementos que constituyen un TODO, son INSEPARABLES (económico, político, social, afectivo…)
- la TRAMA de ese tejido muestra interdependencia, interactividad e interrelación entre el objeto de conocimiento y su
contexto.
En términos generales, se ha preparado a los jóvenes para un mundo que no existe, ya que han cambiado:
La propuesta:
Es pensar la OV como una tarea imprescindible de ESCLARECIMIENTO e INFORMACIÓN, que le permita a un sujeto
establecer recorridos, que lo capaciten para abordar dudas e incertidumbres desde una posición PENSANTE, CRÍTICA
y CREATIVA, que permita un movimiento de BÚSQUEDA Y DEFINICIÓN.
Facilitar el encuentro de los jóvenes con la incertidumbre, que les permita desenmascarar y cuestionar la trama socio-
económica y cultural para hacer elecciones más próximas a sus deseos y creencias.
UNIDAD 2
Aplicar un tratamiento sin un esquema conceptual es como jugar en la oscuridad. Al principio puede ser divertido pero
muy pronto lleva a la angustia y la desorganización.
La elección que realiza un adolescente reactualiza en el orientador sus propias elecciones ocupacionales y sus duelos
personales ligados con los mismos.
Disociación instrumental y encuadre: en el encuadre se nos permite a la vez meternos y salir del otro. Martha Berlín
dice que el encuadre, límite de la identidad y posibilidad de acción de cada uno será el único instrumento que nos
permitirá observar, pensar y operar libremente asumiendo el máximo de efectividad profesional y el mínimo de
confusión o identificación con la situación problemática. El encuadre es algo así como el salvavidas que nos permitirá
flotar dentro de las situaciones estereotipadas, confusas o enfermas y que nos permitirá mantener la cabeza (capacidad
de pensar ) fuera de la confusión que hemos sido llamados a solucionar como técnicos, aunque el cuerpo está incluido
en el campo total.
Para ella el encuadre es un conjunto de reglas de juego. Existe en todo buen entrevistador un arte de poner orden en
el proceso de la entrevista y también el poner un desorden personal en aquella. Y del interjuego de ambas partes
sugirió claridad sobre el porqué el para qué, y el cómo de la conducta del entrevistado.
Bleger entiende que el encuadre funciona desde la perspectiva del paciente como un meta-yo (las conductas se dan
en un contexto de supuestos que ignorábamos o que dábamos por inexistentes o invariables pero ahora sabemos que
la comunicación incluye una metacomunicación, El encuadre puede convertirse en una adicción si no es analizada
sistemáticamente. Puede transformarse en una organización estabilizada en la base de la organización de la
personalidad y el sujeto obtiene un yo adaptado en función de un modelamiento externo a las instituciones-
Una estrategia es clínica cuando lo formula Ulloa, cuando supone una síntesis entre ver, pensar y actuar.
Por la táctica se entiende al encuadre con que se trabaja y por técnica los instrumentos utilizados, cuya privilegiada es
la entrevista.
Esta modalidad es operativa sólo si la identidad del psicólogo que se dedica a la ovo está establecida, si esto no es así
surgirán dificultades en la instrumentalización de la estrategia, de la táctica y de la técnica.
La reparación puede ser considerada como un índice de madurez o del grado de inmadurez de la identidad ocupacional
del psicólogo o cualquier profesional.
El orientador vocacional intentará reparar los objetos dañados en la fantasía (de la elección de carrera), al ayudar a un
adolescente a elegir. Operará bien si su reparación es depresiva y mal si se trata de una seudorreparacion (maníaca,
compulsiva, melancólica, etc). La fantasía es: si lo ayudo a elegir, lo curó y nunca volverá a tener problemas. La
auténtica reparación supone conductas sublimatorias, requiere claridad en cuanto al rol profesional y recíprocamente
contribuye a definir progresivamente la identidad ocupacional del ejecutor del rol. Las vicisitudes en la elección de la
carrera expresan las vicisitudes en la elección del depositario externo y las maneras de elaborar el duelo por lo que se
deja de lado.
También es una situación de investigación o de puesta a prueba por parte del adolescente, quien examina y confronta
con un experto sus fantasías, ansiedades, temores que están comprometidos en la elección.
Esta técnica terapéutica expresa en el caso de la OV la tentación del orientador de estimular en el adolescente una
pseudo seguridad de la que básicamente carece; el apoyo tiene aspectos positivos puesto que reduce la angustia y
aumenta la seguridad manifiesta, implica el grave riesgo de brindar una oportunidad de huida o estereotipia, propia que
incita al adolescente a renunciar a su independencia y le abre las puertas para no asumir aquello que de lo que no se
puede prescindir cuando se trata de elegir el futuro: el ejercicio de la autonomía.
Brammer y Shostrom dicen que la actitud de apoyo es una actitud de hostilidad porque implica reconocer que el otro
es un incapaz, un impotente, un ignorante a quien hay que imponer nuestras decisiones y maneras de pensar.
Los ataques de identidad profesional: estos ataques son causa de la intolerancia y a la ambigüedad del adolescente,
si esta ambigüedad del adolescente le resulta intolerable al psicólogo, este absorbe, si identifica y actúa lo depositario
en el por el adolescente y esto lo mueve a actualizar su propia ambigüedad cuando eligió carrera y especialidad en el
pasado. Se producen dos sentimientos opuestos que el psicólogo experimentó en ese momento: la diada impotencia-
omnipotencia.
Otros miedos del adolescente a su frustración como profesional tiene que ver con que vive su curiosidad científica
poniéndola al servicio del sadismo, esto es, no para reparar sino para destruir dañando en su fantasía, por meterse en
la vida del adolescente y también puede ser en segundo lugar porque a veces necesita realizar reparaciones
compulsivas, se impone a sí mismo brindarle al adolescente soluciones perfectas y al mismo tiempo siente que no le
encuentra la carrera ideal.
Otra forma de ataque a la identidad profesional es la culpa por cobrar, las dudas acerca de cómo fijar los honorarios.
Ingreso y egreso de la universidad: la evocación de los conflictos frente al ingreso al mundo adulto ocurren siempre en
el orientador pero que la posibilidad de instrumentalizar eficazmente este emergente contratransferencias depende de
cómo ha egresado de la universidad y elaborado el ingreso a la especialidad, El consultante es un disparador de la
situación descripta.
El ataque del adolescente a la identidad profesional del psicólogo, deriva en igual o mayor grado de la crisis evolutiva
que atraviesa el graduado, que de la crisis evolutiva por la que pasa el consultante.
Muchas veces se da que el profesional tiene dificultades para ponerse dentro del rol profesional y se manifiesta de
distintas formas de identificación simbólica con el adolescente, a veces bajo un complot, en donde juntos critican a
padres, profesores, universidad…
follow up: patología que hace tener envidia, la cual impide la aceptación de la autonomía del otro.
El ejercicio de la profesión que siempre indica conductas reparatorias, estará condicionado por el grado de clivaje de
las fantasías omnipotentes. Lo cual es afirmar que un auténtica reparación supone una elaboración de la pérdida de la
omnipotencia omnireparatorias.
Si para defender la profesión el Yo no encuentra otro camino que su clivaje, ella se baluartiza y el encuadre dejará en
tal caso de operar como el meta-Yo del psicólogo y derivara en un no-Yo (Yo uso tal encuadre y no es mi encuadre).
Cuando esto pasa los conocimientos técnicos y teóricos, la formación e ideología del profesional no desempeñan ya el
papel de un esquema conceptual referencial y operativo sino que tenderán a ritualizar y alienarse.
Cuando una operación instrumental es escindida del e-c-r-o tiende a ritualizarse.
Identidad y quehacer profesional: la estrategia clínica se caracteriza por su carácter operativo, lo que supone una
enorme capacidad de adaptación por parte del orientador vocacional.
En lo que atañe a la táctica el síntoma más frecuente es la estereotipia. El encuadre pierde su carácter instrumental y
al ritualizar puede dar lugar a conductas cuasi compulsivas y con respecto a la técnica, el trastorno más frecuente está
constituido por un ineficaz manejo de la disociación instrumental. El orientador observa a distancia de un modo no
empático que bloquea su comprensión, o bien simpatiza extremadamente con el consultante pero sin rescatar su
sentido crítico que le permita confrontar las fantasías con la realidad.
Cuando se adquiere una auténtica identidad profesional el interjuego de una estrategia, tactica y tecnica eficaces al
servicio de la resolución de los problemas de elección se traducen en la posibilidad de brindar al adolescente una
adecuada oportunidad para que aproveche la moratoria psicosocial en el examen, discriminacion, evaluación e
integración de sus identificaciones. Solo si el profesional posee una identidad prof madura puede brindar al adolescente
tal oportunidad para confrontar fantasías y realidad, mundo interno y externo, depositaciones y depositarios, etc.
La persona que elige: en la mayoría de los casos es un adolescente. Llega a sorprender que en medio de una crisis
tan intensa el adolescente pueda realizar tareas tan importantes como las que debe llevar a cabo: definir su ideológica,
religiosa y éticamente, definir su identidad sexual y su identidad ocupacional (Erikson).
Una de las áreas en las cuales el adolescente debe realizar un ajuste es en el estudio y trabajo, entendidos como
medio y forma de acceder a roles sociales adultos. Cuando se realiza este ajuste en el plano psicológico, decimos que
el sujeto ha alcanzado su identidad ocupacional.
La identidad ocupacional es entendida como un momento de un proceso que se halla sometido a las mismas leyes y
dificultades que aquel que conduce al logro de la identidad personal. Es determinada y determinante en la relación con
toda la personalidad.
La identificación es una función defensiva; puede superar un conflicto o una contradicción. Identidad es cuando las
identificaciones pierden el carácter defensivo original.
La identidad ocupacional también tiene que ver con el esquema corporal sobre todo porque el espacio del ello está
presente en toda profesión.
a) La génesis del ideal del yo: las relaciones gratificantes o frustrantes con personas ejecutorias de roles sociales
(parientes, amigos) con las que el niño se identifica cc o icc, tienden a pautar el tipo de relación con el mundo adulto
en términos de ocupaciones. El yo quisiera ser de los niños es yo quisiera ser como tal … El ideal del yo en términos
ocupacionales se establecerá en términos de relaciones, cargadas afectivamente con personas que ejecutan roles
ocupacionales.
b) Identificaciones con el grupo familiar: en lo que concierne a los problemas de OV debe tenerse en cuenta 2 aspectos:
la percepción valorativa de la flia en cuanto a las ocupaciones en función de los sistemas peculiares de valor-actitud
de grupo y la propia problemática vocacional de los miembros del grupo familiar.
Los valores de este grupo constituyen anclajes significativos en la orientación de la conducción del adolescente, tanto
si la familia opera como grupo de referencia positivo o negativo.
Otra cosa a tener en cuenta es la satisfacción o insatisfacción de los padres de los familiares significativos en función
de sus ideales del yo y la vivencia de las mismas, juega un papel importante en lo que concierne a las influencias que
desde chico recibe el adolescente en su hogar. Los grupos a los que pertenece el adolescente pueden ser de referencia
o de pertenencia y puede incidir en un aspecto o en ambos.
c) Identificaciones con el grupo de pares: opera de la misma manera que el grupo familiar pero nunca es tomado como
grupo de referencia negativo. La pertenencia al grupo de pares debe ser adquirida y defendida.
Todo adolescente que plantea una contradicción entre los valores del grupo familiar y de su propia identidad, de
identificaciones con los dos grupos que él no puede integrar. Pero al mismo tiempo los está hablando de
contradicciones entre la sociedad más amplia y la sociedad adolescente, de la que aquellas identificaciones son un
efecto.
d) Identificaciones sexuales: es verdad que la sociedad se está encaminando a la igualdad de oportunidades
ocupacionales. Los patrones culturales en cuanto al rol social del hombre y la mujer son internalizados a lo largo de
las etapas cubiertas por la génesis de la identidad ocupacional del adolescente y juegan un papel importante como
causales de gustos, intereses e inclinaciones.
Crisis tiene que ver con algo que muere y algo que nace, es decir con la idea de desestructuración y reestructuración
de la personalidad (tanto con su mundo interno como sus relaciones con el mundo exterior). La tarea más importante
para un OV consistirá en ser un buen continente de la crisis adolescente y no actuar ante la urgencia que el consultante
tenga por superarla y que ha depositado en el experto.
La personalidad es que la persona tenga el poder de ser un objeto para ella misma, un objeto para sí misma. El modo
en que las personas se aproximen al ideal del yo determinará el monto de autoestima.
Ideal del yo es un modelo, una fuente de motivaciones axiológicas, en tanto la imagen de sí surge de la confrontación
de este modelo con los status, roles y actividades que realiza el sujeto.
En cuanto al espacio, el sentimiento de yo soy yo surge fundamentalmente sobre la base del esquema corporal que
discrimina entre un espacio propio (interno) y un espacio no propio (externo).
Los límites de la persona surgirán de la discriminación o del balance que se establezca entre los procesos proyectivos
e introyectivos y de su carácter discriminado o masivo.
La estructura de la personalidad se definirá por el interjuego de los 3 parámetros. El adolescente tiene acercamientos
a nuevos objetos de la realidad. Este acercamiento supne la puesta en vigencia de procesos de discriminación y
jerarquización de los objetos de la realidad. Estos se realizan solamente si el conocimiento de sí lo permite y sobre
todo si el ejercicio de las funciones yoicas es adecuado.
YO: en cuanto a la personalidad, en primer lugar la adaptación a la realidad, entendida como una adecuación de medios
a fines y como una síntesis entre originalidad personal y aceptación de pautas sociales o de soluciones preinventadas.
Otra función yoica es la interpretación de la realidad que tiene que ver con la discriminación entre yo y no yo, esto se
ve alterado si las identificaciones proyectivas e introyectivas son masivas. Es una de las características más notorias
en adolescentes que van a la consulta de OV.
La tercera función yoica está en relación con el sentido de la realidad: la realidad no tiene sentido para el adolescente
cuando no puede encontrar coherencia en sus acciones ubicándose en los tres parámetros, de tiempo, espacio y otros.
La cuarta función yoica está constituida por las defensas: son mecanismos protectores de la desestructuración de la
personalidad y operan cuando el yo anticipa los conflictos mediante la percepción de señales de alarma. En el
adolescente la anticipación y la protección frente a peligros que anticipa no tiene la misma plasticidad que una persona
adulta sana, sea porque no hay correspondencia entre el peligro anticipado y el peligro real, sea porque las defensas
son demasiado estereotipadas o rígidas.
La quinta función yoica tiene que ver con las relaciones de objeto: el yo establece el vínculo con los objetos y respecto
a esto la OV interesa esta función en cuanto a las conductas narcisistas, simbióticas y las ligadas con la elaboración
de duelos.
La sexta función está constituida por las funciones autónomas. Hartmann plantea que el Yo tiene una orientación
positiva hacia la realidad que se realiza a través de mecanismos adaptativos como el pensamiento, el lenguaje, la
voluntad, etc.
La séptima función yoica tiene que ver con la síntesis, la integración, la homeostasis, etc.
Otra característica de la personalidad de un adolescente es la catectización del mundo externo favorecida por la
salida de la reedición de la situación edípica propia de los comienzos de la adolescencia. De la manera en que esa
reedición se resuelva va a depender la calidad y la manera en que se puedan cateterizar nuevos objetos del mundo
externo. Esto tiene que ver con las vicisitudes de los instintos ligados a la elaboración de duelos.
El duelo que más se halla ligado a la elección de carrera es el duelo por la pérdida de la omnipotencia (tiene un aspecto
bueno y gratificante y otro frustrante porque no es omnipotente ni en sus posibilidades de destruir ni en sus posibilidades
de reparar.
El adolescente tiene que tener un logro en la identidad (Erikson), es la fianza en que la igualdad y la continuidad interna
coinciden con la igualdad y la continuidad del significado que tiene para los otros y para sí mismo.
La identidad se gesta sobre tres puntos: grupos, procesos de identificación y esquema corporal, y se traduce en una
serie de pares antitéticos.
Erikson plantea la moratoria psicosocial, es un tiempo que la sociedad concede a sus miembros, las tareas
fundamentales de un adolescente son la discriminación, la selección y la elección de las identificaciones.
La identidad negativa es una interferencia en el logro de la identidad ocupacional. Son identificaciones con aspectos
rechazados más que nada por el grupo familiar, es lo contrario a lo que espera el grupo familiar que sea el adolescente.
Esta identificación negativa cumple la función de aplacar las ansiedades persecutorias, de sometimiento a lo temido.
Desarrollo de la identidad ocupacional: vinculación de los individuos con sus ocupaciones pasa por 5 etapas:
- CRECIMIENTO: hasta los 14 años, predominan las fantasías, los intereses, las capacidades. Entre los 4 y 10 años
la vocación está determinada por la fantasía. El interés comienza entre los 11 y 12 años, aquí se habla de gustos.
- CAPACIDADES: entre los 13 y 14 años, pasa a predominar en función del entrenamiento del púber, sobre todo en su
periodo escolar. EL autoconcepto está asentado sobre la base de la identificación.
- EXPLORACIÓN: entre los 15 y 24 años. El autoconcepto no está centrado solamente en las identificaciones, sino
en el ejercicio de roles. Divide la etapa en tres momento: el de las tentativas (entre los 15 y los 17 años- en que la
elección de los roles va a ser ejercitada sobre la base de la fantasía), el de transición (entre los 18 y los 21 años- hay
mayor consideración de la realidad) y el de ensayo (entre los 22 y 24 años- se localiza un área de la realidad, la elije
como propia y se relaciona con ella más directamente.
1-de ensayo: supone el cambio de áreas, implica todas las vicisitudes en cuanto a la elección de campos de trabajo
dentro de una misma profesión.
2-de estabilización: es puramente creativo desde el punto de vista personal y más claramente reparatorio.
El explorador: las situaciones pueden ser de 4 tipos, según la ansiedad el tipo de conflicto y las defensas evidenciadas
en la conducta del adolescente: predilematicas, dilemáticas, problemáticas o de resolución.
a- Predilematica: aspecto de alguien a quien no le pasa nada. No se da cuenta que tiene que ir de exploración. Es traído
y no sabe a qué viene. Son inmaduros, desarrollan con el terapeuta relaciones filo-paternas lo que nos dice que hay
defensas intensas, consistentes en la delegación por identificación proyectiva. Conflictos ambiguos entre yo y no yo.
No sabe bien que le gusta ni que no le gusta, no sale ni puede ni que no puede hacer.
b- Dilemática: se da cuenta que algo le pasa. Se puede ver invadido por la urgencia, la ansiedad tendrá características
confesionales. Conflictos ambiguos y ambivalentes. Defensas: disociación, identificación proyectiva masiva, la
negación.
c- Problemática: parece realmente preocupado. Ansiedades moderadas, pudiendo ser persecutorias y depresivas. Hay
más discriminación, menos confucion, pero no hay todavía integración. Planteos dicotómicos por ejemplo lo que les
gusta a ellos y lo que les gusta a los padres. Las defensas que aparecen son proyección, negación y aislamiento.
d- Resolución: conflictos ambivalentes y combivalentes. Ya no hay amor ni odio por el objeto que se abandona, porque
se ha elaborado la separación del proyecto anterior que se dejó de lado. Se trata de encontrar la solución al problema
y que se encuentre de la misma manera en que se hayan solucionado problemas anteriores que implican elecciones y
por lo tanto elaboración de duelos. Las defensas puede ser la regresión (la elección tomada es abandonada
momentáneamente). El adolescente descubre la soledad frente a la elección de su futuro.
Identidad vocacional Identidad ocupacional
Responde al porque y al para qué?, se trata de cuestiones icc para Responde al que? Con que? A la manera
ejercer determinados tipos de ocupaciones, tiene que ver de quién? En qué contexto? (como donde
fundamentalmente con el ser cuando)
- Identificaciones familiares
- Identificaciones pares
- Identificaciones sexuales.
Vocación y reparación.
La elección de carrera mostraría la elección de un objeto interno a ser reparado, sería la resultante de una respuesta
del Yo (lo vocado) a un objeto interno dañado (vocante).
El término conductas reparatorias se refiere a conductas que expresan el deseo y la capacidad del sujeto de recrear
un objeto bueno, externo e interno destruido. La dialéctica instinto de vida- instinto de muerte se traduce en conductas
polares de destrucción-reparación. La reparación nunca es total ya que en la realidad es imposible. Una reparación
absoluta del objeto que en la fantasía se considera dañado corresponde a una fantasía omnipotente por lo tanto es un
pseudo reparación.
Para que estos procesos derivados de deseos y de la capacidad de recrear, se cumplan, debe suponerse un yo capaz
de aceptar la realidad, tolerar el dolor y hacerse responsable de su odio respecto del objeto que simultáneamente era
amado y realizar conductas en la fantasía y en la realidad que intenten reconstruir ese objeto dañado.
Debe haber un yo fuerte capaz de ejecutar conductas reparatorias y al repararlas se haga más fuerte porque es un
objeto interno bueno dañado en la fantasía, que lo protege de objetos internos malos.
Los mecanismos básicos que determinan una triada de conductas maniacas: desprecio, control y triunfo. Cuando
alguno de estos 3 están presentes en los intentos reparatorios, contaminándolos, se hablara de seudo reparaciones o
reparaciones maniacas (la culpa es negada).
Elección y duelo: el que elige no solo elige una carrera sino que elige que trabajar, para qué hacerlo, está pensando
en un sentido para su vida, está eligiendo un cómo, delimitando un cuándo y dónde, es decir, está eligiendo instalarse
en un área específica de la realidad ocupacional. Al elegir está fijando quien deja de ser, está eligiendo dejar de ser
adolescente, dejar de ser otro profesional, y dejar otros objetos. Los duelos se producen sobre 4 situaciones: el duelo
por la escuela secundaria, duelo por el paraíso perdido de la niñez, duelo por la imagen ideal de los padres, y duelo
por las fantasías omnipotentes.
Un duelo bien elaborado supone que se pueden tolerar los sentimientos de culpa frente al objeto y frente a sí mismo
experimentados en toda situación.
El adolescente que elige y acepta crecer, en cierto modo destruye la estructura familiar, lo separa y estos se deben
reestructurar y es motivo suficiente para sentirse culpable.
El adolescente se siente exigido, siempre por dos objetos reclamantes: un objeto interno y el objeto familia, lo cual hace
mucho más confusa su situación.
1- El lamento: un lamento rabioso. En este momento de lamentación la acusación se expresa como nota manifiesta
(auto-acusación y alo-acusación).
2- Decepción y desesperación: desesperación en el sentido de que nada va a ser alcanzado, de no puede resolver. Es
un momento en el que examina sus sistemas de valores, su ideología y sus relaciones con los objetos.
3- Separación: separación de lo viejo, con lo que de si se deja. Se manifiesta con un sentimiento peculiar de que los
objetos son a la vez lejanos y próximos.
a) Gringerg al referirse a los duelos por el self, menciona un sentimiento que expresa el “anhelo de complementarse”.
Algo así como quiero encontrarme, M. Klein relaciona esto con la fantasía universal del mellizo, que representa todos
los aspectos no presentes en el self. Puede entenderse este anhelo de complementarse como la búsqueda de algo
perdido, que tiene pero no del todo, que tuvo alguna vez, que quiso alguna vez y que ahora no posee.
b) Una segunda alternativa del duelo está referida a la omnipotencia perdida. Ahí es donde aparece la fantasía de seguir
carreras monstruos.
c) El duelo por el cuerpo adolescente que se pierde, esto determina fantasías de eterna juventud que pueden llevar a
la elección de algunas carreras. (estudiantes de medicina que tienen evidentemente la fantasía de corregir o curar el
propio cuerpo trabajando sobre el cuerpo de los otros.
d) El duelo por las identificaciones dejadas de lado, esto se ve a veces en la definición de lecciones en que se propone
una actividad como profesión y otra como hobby, en la cual esta recoge los intentos no absorbidos por la ocupación
principal, expresa también aspectos de la identidad.
e) El proceso de duelo del manejo del tiempo, el miedo a perder el tiempo, revela el miedo de perder aquello que con el
correr del tiempo pierde de sí mismo.
Momentos de la elección:
Selección Adaptación, interpretación y sentido de la realidad. No ver o no verse por confusión en el vínculo.
Discriminación. Jerarquización de los objetos. Identificaciones proyectivas e introyectivas
masivas.
Elección Relación de objeto. Tolerancia de la ambigüedad Rigidez y estereotipia o excesiva labilidad de
y de la ambivalencia. cargas. Bloqueos afectivos.
Una elección madura es una elección que depende de la elaboración de los conflictos y no de la negación de los
mismos Y la identificación consigo mismo.
Una elección ajustada es aquella en la que el autocontrol permite al adolescente hacer coincidir sus gustos y
capacidades con las oportunidades exteriores, hacer un balance o síntesis que puede ser defensivo. Interviene la
responsabilidad individual y social.
A diferencia de la mala elección en la cual los conflictos no son elaborados y resueltos sino controlados o negados. No
se examina el mundo interno sino que se posterga el examen de sí mismo.
- Para Ulloa, está relacionado con los dispositivos socioculturales ligados al cuidado y la ternura.
-Es una primera estación de sublimación, que habrá de producir dos ordenadores fundamentales, que le son propios
en relación con el niño:
• El miramiento, que garantizará el gradual desprendimiento del sujeto a través de los años, un mirar amoroso interés
a alguien que aún salido de las propias entrañas, es advertido como sujeto otro, sujeto ajeno.
* Podemos pensar lo adulto, en tanto sostén, como una función social encarnada por diferentes sujetos que hospedan
al recién llegado. Una hospitalidad y un sostén que generan condiciones favorables para la construcción subjetiva.
* Hay un trabajo psíquico que llevan a cabo niños y adolescentes de: identificación, desidentificación y resignación
identificatoria.
Que requieren la presencia de OTRO que asuma una posición adulta particular, una posición que al mismo tiempo que
ofrece sostén soporta la confrontación.
* La construcción subjetiva, se produce en ese entre del niño, adolescente y/o joven con el adulto como función,
expresada en la responsabilidad de atenderlos y acompañarlos en la búsqueda de la AUTONOMÍA. Las formas de
autonomía no se reducen a tener trabajo propio, independencia económica y emancipación familiar con nuevo domicilio,
sino a un conjunto de decisiones en diferentes ámbitos de la vida individual y social. A su vez cabe subrayar que estas
formas de autonomía son las correspondientes a las expectativas socioculturales de las sociedades capitalistas.
De esta manera habría una autonomía como acceso a los lugares que supuestamente un sujeto adulto debería alcanzar
de acuerdo con los valores dominantes y otra que se asociaría a ejercicio de una autonomía, en el sentido de
procurarnos nuestras propias leyes, de configurar un nuevo modo de lo social opuesto a la heteronomía. La autonomía,
en tanto orden jurídico impuesto por sectores más poderosos de privilegio.
* Los adultos como articuladores responsables de promover, sostener y soportar los procesos de subjetivación.
* Lo adolescente y lo joven como búsqueda de autonomía implican replantear críticamente la noción de transición,
abandonar la idea de un mero pasaje a lo adulto.
Adolescencia y juventud se les adjudica un conjunto de valores socioculturales con los que predominantemente se las
reconoce. Tanto ayer como hoy, el imaginario social se relaciona con las lógicas de poder con las expectativas que la
sociedad –adulta- tiene en relación con “su” adolescencia y juventud, y que pueden ser aceptadas y/o legitimadas como
propias para por los sujetos que transitan por esa etapa vital. La sociedad necesita de la juventud para perpetuarse,
los jóvenes son una suerte de revelo generacional, que transmiten y se apropian de la cultura. Al mismo tiempo se
busca la adaptación, los sujetos adolescentes y jóvenes, con sus capacidades y potencialidades, procuran generar
procesos de cambio. De modo tal que en este proceso surgen fuerzas que pueden tener sentidos contrarios: reforzar
lo existente, conservando las actuales estructuras, o promover su transformación.
Se trata de pensar en los problemas con los que nos enfrentamos, de concebir las aproximaciones conceptuales como
herramientas de pensamiento y el pensamiento como instrumento de transformación.
El sujeto es un organismo vivo perteneciente a una especie. Es una configuración única e irrepetible, una organización
corpórea con un aparato psíquico, anclado en una civilización particular. Sujeto entendido como singularidad constituida
a través de marcas, inscripciones e identificaciones. El sujeto no se caracteriza solamente por su subjetividad, sino por
ser al mismo tiempo, capaz de objetivar, es decir, de convenir, de acomodar en el seno de la comunidad, de producir
un imaginario común y por tanto de construir su realidad. Lo que los positivistas llaman “el mundo objetivo”
"Cuando un sujeto ADOLESCENTE va construyendo su identidad, situaciones contextuales pueden interferir en dicha
construcción". Pueden volverse "traumáticas". Necesita un "piso consistente" para experimentar
La escuela fue la principal institución responsable de producir subjetividad moderna. Lerner al respecto dice que: "El
YO no colapsará en la medida en que pueda seguir estructurando proyectos, armando historia, generando un futuro.
ADOLESCENTE:
"La identidad no es un ESTADO, es un PROCESO que no acaba nunca...el sujeto no sólo se constituye, sino que se
transforma a través de procesos identificatorios.
Las cualidades de la subjetividad adolescente y/o juvenil no forman parte de una esencia adolescente o joven, sino
que se construyen en un “entre” son efectos de los procesos de intercambio intra e intergeneracionales como factores
que producen identidad y diferencia.
“Lasubjetividad no es otra cosa que una producción histórica de las significaciones imaginarias que instituyen formas
de vivir la existencia humana. A través de lo que llamamos “subjetividad”, el ser humano se constituye como tal,
ingresando al mundo simbólico, cultural y regido por las lógicas del lenguaje. Al hablar de subjetividad nos enfrentamos
con aquello que resulta irreductible a la trama que conforman la sociedad y los sujetos que la componen.
En la actualidad, la subjetividad socialmente instituida es mercantil y está en tensión con la subjetividad estatal
debilitada, subjetividad que se configura como consecuencia de los poderes hegemónicos pero, también, con la
existencia de un plus singular como efecto de los procesos de subjetivación.Allí está la clave del proceso de
construcción subjetiva, en el plus de los sujetos, los grupos y las comunidades pueden darse creativamente, para
buscar en sus vidas otros horizontes que los socialmente instituidos por los poderes hegemónicos.
El proceso de subjetivación es la acción de dar sentido, de significar y poner una marca de origen (firmar) un proceso
de metabolización. Dar un sentido personal. La subjetividad es materia que se produce en el intercambio con los otros
sistemas (intra-psiquico), por el intercambio con los otros (intersubjetivo) Su actividad por ser intercambio entre
sistemas es inacabada. Mientras hay vida, hay vida psíquica y consecuentemente posibilidad de producción subjetiva,
la misma esta en red con el cuerpo, con la historia, con el medio, con la cultura, es un devenir que se produce con el
cuerpo, con el otro, con los otros.
Pensar la constitución subjetiva en términos de entramado se diferencia de la noción de identidad como forma que
adoptó la subjetividad bajo la racionalidad moderna siguiendo el modelo identitario: especializada, fija, estable, unitaria,
autónoma, auténtica, privada, independiente e histórica.
El concepto de “Identidad”, se construyó desde un paradigma moderno sustancia lista, esencialista. Surgió como
intento de articulación entre lo individual y lo social, pero termino aplicándose en sí mismo, como una entidad cerrada,
verdadera y única. El individuo fue considerado un ser autónomo, racional, consciente, libre, capaz de determinarse a
sí mismo. Precisamente, es la noción de sujeto la que viene a enfrentar esta concepción de individuo como individuo,
homogéneo y encapsulado en sus propios límites.
La construcción del sujeto se configura alrededor de un proceso de unión a los otros, es decir de pertenencia, pero al
mismo tiempo de separación con los otros, o sea, de diferencia. Identidad y diferencia des-sustancializadas.
Los procesos de subjetivación representan un momento constitutivo de los procesos de sentido y significación que
rompen con una pretendida homogeneización. Si hay subjetivación, hay condiciones para su producción, de modo que
los procesos de subjetivación infantil, adolescente y juvenil remiten a las condiciones materiales, simbólicas y
discursivas que los producen.
No hay infancia, adolescencia ni juventud, hay sujetos portadores de ciertos signos. Son niños, adolescentes, jóvenes
y adultos que viven sus vidas de una manera socialmente instituida, es decir, sometidos a ciertas lógicas de poder (de
significación) aunque justamente serán los procesos de subjetivación los responsables de producir ese plus sobre lo
establecido hegemónicamente
Diferencias en la construcción de subjetividad de acuerdo a las épocas "Pérdida de certezas que el mundo moderno
ofrecía (…) aquellos indicadores externos, sociales, firmes y seguros sobre los cuales se consolidaba la subjetividad,
hoy emite una luz tenue. La producción de proyectos futuros se halla interrogada, ya que los jóvenes se encuentran
desanclados de referentes" (Enrique, S.)
Los adolescentes y los jóvenes al crecer agitan los espectros de las tres figuras de alteridad. Para pensar acerca de
las figuras de alteridad en su versión más radical debemos puntualizar que en la constitución el sujeto, quedará siempre
un resto imposible de ser simbolizado y por lo mismo será vivido como lo radicalmente ajeno, como “lo otro” sobre esta
experiencia de ajenidad, rechazada por indomable, se asienta la construcción del otro en relación con el cual se
articularon las tres figuras de la alteridad en su versión más radical: el extranejro para ubicar la categoría de extraño:
la muerta como lo irrepresentable que atentaría contra la integridad del yo y la sexualidad que bajo la forma el exceso
surgirá en el trasfondo de lo traumático inasimilable. Al decir que los adolescentes agitan las figuras de la alteridad en
su versión más radical, sostenemos que provocan a los adultos allí donde se muestran mas preocupados por “defender”
su propio “ombligo” identitario.
La condición adolescente de este modo, se convierte al menos en nuestra cultura en una forma privilegiada de
depositación de esa articulación entre “lo otro” y “el otro”. El sujeto frente a lo inasimilable de la experiencia de vivir,
encuentra en su propia “identidad” un elemento apaciguador y estabilizador que le permite sostener la ilusión de poder
dominar al diferente.
La integración sociocultural de las generaciones jóvenes es una adaptación activa, dialéctica con el medio, que permite
a partir del registro de las coordenadas epocales, promover procesos de cambio y transformaciones que, al producirse
no necesariamente de manera efectiva modifican a los propios sujetos.
Algunas diferencias...
•Pasaje hacia la vida adulta vinculada: inserción laboral, salida del hogar, constitución de flia.
Frente al declive de las instituciones en estos tiempos de fragmentación, mucho depende de los espacios que abramos
como orientadores, como ESPACIOS DE INSCRIPCIÓN. Espacios donde los jóvenes que habitan situaciones de
vulnerabilidad y exclusión social devengan en EXPERIENCIA DE CONSTRUCCIÓN SUBJETIVA. Habilitar la búsqueda
de un proyecto posible constituye un gesto que habilite la dimensión del porvenir.
Entender la elección y la orientación vocacional como proceso importa hacerse cargo de la idea de transformación que
el término proceso implica. La idea de proceso incluye la dimensión temporal de manera fundamental. Como todo
proceso, el de elección es direccional, puede acelerarse, detenerse, prolongarse.
Se dirige hacia el logro de una “identidad expresada en término de roles vocacionales-ocupacionales”. Este proceso
de elaboración de la identidad vocacional se da integrado el proceso más amplio de elaboración de la identidad
personal, en crisis en el adolescente de nuestra cultura.
La mayor parte de las teorías evolutivas sobre la elección vocacional entienden que el proceso de elección es continuo:
es un proceso de desarrollo, no es una decisión aislada, sino una serie de decisiones tomadas a lo largo de un periodo
de años. Cada paso del proceso tiene una relación significativa con los que lo preceden o lo siguen.
El individuo avanza desde elecciones muy tempranas saturadas de fantasía, pasando por elecciones basadas en
intereses, aptitudes y valores, hasta la cristalización de una elección que tiene que ver intrínsecamente con su quién
ser y su quehacer o sea con su proyecto de ser. Elección vocacional como proceso CC E ICC al mismo tiempo, abarca
en su desarrollo un periodo relativamente prolongado y culmina con una elección en la que, de alguna manera el sujeto
actualiza su concepto de sí mismo.
El concepto de “sí mismo” está íntimamente relacionado con la elección vocacional, es el interés central de la identidad
de esta manera el desarrollo de sí mismo y el desarrollo vocacional interactúan y se afectan mutuamente al destacar
la variedad de las formulaciones que el concepto tiene en diversos autores. Tiene diversas definiciones según el marco
de referencia que se emplee: psicoanalítico, fenomenológico, etc. Más allá de su diversidad todas estas formulaciones
tienen en común el estar adscritas a una teoría psicológica de la elección vocacional.
Identidad y roles ocupacionales: Identidad y roles ocupacionales: la identidad vocacional se expresa en términos
de roles ocupacionales, el rol ocupacional es el aspecto dinámico del estatus y está vinculado con la conducta esperada
de un individuo en función de su profesión. Al individuo se le van ofreciendo distintos roles que va introyectando, aunque
no tengan todos las mismas características, ni el mismo peso. Puede llegar a formarse un ideal de sí mismo en función
de su rol diferencial y comienza a adquirir en relación con el sistema de clasificación que tiene vigencia en su sociedad,
características que lo distinguen más claramente de sus semejantes en quienes percibe otras posiciones o roles.
Identidad e identidad vocacional: aparece la identidad como una idea integradora que supone relación consigo
mismo y con los demás. La identidad personal y vocacional es más que una suma, es una estructura, una gestalt;
incluye todas las identificaciones aisladas, pero también las altera integrándolas en una totalidad. Puede entenderse la
identidad ocupacional como la auto percepción a lo largo del tiempo en término de roles ocupacionales. Esto supone
saber que es lo que se quiere hacer, de que manera y al estilo de quien.
La identidad vocacional es la respuesta al por qué y para qué se elige determinado rol ocupacional.
Asi como el ideal del yo se establece sobre la base de identificaciones con los padres, sus sustitutos y los ideales
colectivos constituyeron un modelo al que el sujeto quiere ajustarse, el ideal del yo, en términos vocacionales
ocupacionales, supone vínculos afectivamente positivos hacia personas que realizan determinados roles
ocupacionales. El adolescente quiere ser como ellos.
La identidad normal depende de las virtudes de la organización y reorganización de los sistemas psíquicos. Lo mismo
ocurre con la identidad vocacional.
El gran problema que enfrenta el individuo es el de resolver como puede vincularse creativamente con los otros, y al
mismo tiempo mantener un contacto suficiente consigo mismo y su propia integridad para evitar transformarse en una
pieza más del contexto social, alienada de sus propios valores y de su existencia autentica.
La identidad expresa de alguna manera una integración entre el ideal de la vida para el yo y el de la sociedad en que
vivimos. Se trata de una verdadera lucha, más aun en esta lucha el adolescente puede entrar en confusión.
Identidad y duelo: la adolescencia como etapa de moratoria psicosocial supone un tiempo en el que el adolescente
discrimina y selecciona sus identificaciones. Se encuentra en una lucha entre los objetos viejos que debe abandonar y
los nuevos que va a toma. El concepto de duelo aparece junto con el de identidad como sumamente esclarecedor para
la compresión de la adolescencia y la elección vocacional. Es el de duelo un arduo proceso que realiza el yo, cc e icc,
ante la pérdida de un objeto. Esta pérdida es importante no solo por los objetos perdidos, sino por las fantasias ligadas
a ellos y a las partes del yo incluido en el objeto perdido.
La adolescencia tiene a su favor que por la intensidad de la crisis del yo, tiene una capacidad de maniobrar excepcional,
de ahí que se puede afirmar que no es un duelo puro, sino mezclado con un renacer que no sigue al proceso; está
permanentemente presente.
Desde el punto de vista específicamente vocacional, objetos significativos que el adolescente debe abandonar son: la
escuela secundaria con toda la seguridad de la infancia, los compañeros que eligen distintos caminos, las carreras que
no elige, las fantasías de poderlo todo.
a) Un periodo de elecciones fantaseadas: ligado a las primeras identificaciones, al deseo de ser grandes, elecciones
regidas por la función de placer.
b) Periodo tentativo o de proyectos: hasta los 17 años aproximadamente. La perspectiva temporal se objetiviza por el
reconocimiento de un continuo entre el presente y el futuro, pero está aún muy ligado a la concepción de un tiempo
subjetivo, la intolerancia a la frustración, la búsqueda de gratificaciones inmediatas,etc.
c) Periodo de elección realista: a partir de los 17,18 años, la progresiva resolución de la crisis adolescente, por una
parte y las exigencias de la realidad por otra, posibilitan la toma de conciencia de la necesidad de decidir.
El desasimiento de la autoridad parental y fraternal es una operación necesaria pero también angustiante del desarrollo
humano y puede ser denegado cuando en el vínculo padres e hijos prevalece una relación de objeto de tipo narcisista
y/o pigmallonico en las cuales el otro no se considera diferente ni separado. Una de estas técnicas estaría representada
por el uso y abuso de Eros, que sofoca el espacio discriminado del otro mediante un solapado manejo de poder-
seducción; otra seria ejercer el poder-sumisión para rellenar toda carencia, todo falta, todo apremio objetivo en los
hijos, lo que impediría que manifestasen el odio y la agresividad (emociones que posibilitan la admisión del objeto como
exterior a uno y que operan como condición necesaria para que se instale una tensión entre los opuestos, y así se
despliegue el movimiento dialectico de la discriminación y la oposición entre las generaciones.
El adolecer y la adolescencia de los padres del adolescente: los padres son necesarios tanto como para que el hijo se
instituye el complejo de Edipo como para que salga de él y pueda acceder a la elección de objetos sexuales, no
incestuosos ni parricidas y a nuevos objetos vocacionales más allá de los mandatos parentales.
Cuando los padres no pueden resignar su propia adolescencia y por esto no puede ejercer su función paterna y cuando
no puede realizar la elaboración de los suelos, se produce un borramiento de la diferencia generacional y la necesaria
rivalidad edípica deviene en una trágica lucha fraterna y narcisista. En lugar de la confrontación, se instaura la
provocación, con lo cual se altera el proceso de la identidad.
El padre cucharita: cuando no cortan ni pinchan, se ponen a la altura del adolescente, avergüenza a los hijos. No
instituye la función paterna, por un lado no ejerce el corte en la díada madre hijo y por otro al fraternizar el vínculo
paterno filial impide que el hijo acceda al inevitable y necesario proceso de la confrontación generacional esencial para
la adquisición de la identidad. La adolescencia se caracteriza por el definitivo desprendimiento mental de los padres a
través de la superación del complejo de Edipo y la culminación del desarrollo sexual.
El adolescente debe rechazar ciertas identificaciones para acceder a otro nivel de identificación que le permita lograr
una posición independiente. Se logra con un rechazo que le promueve un efecto diverso: él rechaza lo establecido de
la tesis parental, para realizar un proceso de separación interna, con la finalidad de despojarse de lo que hasta ese
momento ha tomado del objeto. Es como si el sujeto para desidentificarse tuviera que efectuar en el segundo
movimiento (antítesis) una suerte de autonomía y se encontrará como mutilado de modelos admirados, valorados y no
cuestionados y así acceder al tercer movimiento (síntesis) en el que aparecen sentimientos de esperanza y vivencias
de renacimiento, como consecuencia del nuevo producto que surge del reordenamiento identificatorio a partir del acto
de la confrontación. Pero los padres adolescentizados mantienen vínculos mezclados con sus hijos, que fluctúan entre
la fraternización y la infantilización y eclipsan el despliegue de la confrontación generacional.
Los padres blandos: promueven la inversión de la función paterna. El hijo ocupa su lugar y paterniza a sus
progenitores. Porque el arco de la tensión vertical entre la tesis y la antítesis queda paralizado y el hijo al permanecer
fundido con su padre no puede efectuar la síntesis de su propio reordenamiento identificatorio.
Los padres blandos y los padres pendeviejos generan un fenómeno particular caracterizado por la reversión de la
demanda de dependencia.
Reversión de la demanda de dependencia: surge cuando el padre induce precozmente al hijo a operar como soporte
de los progenitores, con la finalidad de poder garantizar la homeostasis de la dinámica familiar. Esta situación inviste
al hijo de una elevada carga narcisista y masoquista de omnipotencia e idealización y promueve la hiperseveridad del
superyó.
Cuando es un padre pendeviejo lo que pasa es que se posiciona como un espejo adulto que confirma la identidad del
hijo, mantiene una lucha narcisista con el entre ambos se establece una demanda de dependencia revertida: el padre
que busca espejarse en el hijo para hallar en él una imagen corporal totalizadora acompañada de una nostálgica
protección parental. Y el hijo que permanece narcisisticamente sobre investido en un lugar idealizado con excesivas e
inalcanzables demandas superypicas, que lo conducen a generar conflictos entre su idealidad y la pulsionalidad en las
dimensiones intrasubjetivos e intersubjetivas.
Muller, M. Cap.II LA IDENTIDAD DE LOS ORIENTADORES.
Mi identidad, está dada en gran parte por la ocupación que desempeñó, soy lo que hago, me defino en t por la tarea
que realizó. Como llegue a ser lo que soy, qué deseo se, como, ocupándome del lugar, porque y para que, Es obvio
que sobre todos estos puntos, me relatara una historia entretejida de fantasías, idealizaciones, racionalizaciones, cuyas
raíces no son totalmente clarificantes ni manipulables conscientemente.
Nuestra identidad profesional se constituye laboriosamente en un proceso continuo, permanente, siempre factible de
ser revisado, por el cual podemos decir que nuestro aprendizaje es perpetuo.
- Práctica clínica, que incluirá análisis personal, supervisiones, intercambios en equipo, formación de posgrado.
- Empatía, inclusión de los afectos por identificación controlada, con cada consultante.
- Distancia óptima, equilibrio entre ponerse en lugar del otro, sentir con él sin confundirse con el.
- Participación acompañante sin dirigir ni imponer pautas, pero con la posibilidad de proponer actividades informativas,
consignas de tareas que considere pertinentes.
- Compulsión a aconsejar, a enseñar, a corregir, a curar ( por intervención de imágenes, ideas, narcisistas)
La OV se realiza, con más frecuencia, en sujetos que transitan la pubertad y la adolescencia (aunque también pueden
consultar adultos y hasta ancianos). Me referiré, en primer lugar, a la pubertad, importante etapa de cambios
psicobiológicos: aparición de la menarca y de la polución con células espermáticas, en niños respectivamente,
acompañados de crecimiento corporal y de los caracteres sexuales secundarios junto con el paso de nuevas
posibilidades mentales y la reconstrucción de la identidad personal. Por lo común, estos cambios se presentan
coloreados de tensiones y conflictos afectivos, así como por un recrudecimiento de constelaciones inconscientes más
tempranas, por ejemplo: propias del complejo edípico, rasgos orales o anales, etc.
En segundo lugar, a la adolescencia, término de origen latino que se refiere a “crecer”, “llegar a la maduración”. Implica
el desprendimiento de la niñez y la entrada progresiva en el mundo y en los roles de los adultos. Este proceso afecta y
es a la vez afectado por los adultos y por la sociedad, así como por el momento histórico en que transcurre.
Esta transición ha tenido diversos significados, según las culturas y los periodos históricos. En sociedades no
industriales este pasaje se da por reconocimiento público y solemne, mediante rituales, “iniciaciones”, los cuales los
jóvenes son incorporados al grupo de adultos, preparándolos para las ocupaciones grupales y la actividad sexual
familiar.
En ambientes en que niños y adolescentes trabajan y permanecen poco tiempo estudiante el periodo adolescente se
acorta, pues el joven debe asumir muy pronto responsabilidades y conductas adultas y puede iniciar relaciones de
pareja y de paternidad mucho antes que en otros medios.
Esto puede dar lugar a toda una serie de características psicológicas muy diversas de las que consideramos típicas
del adolescente de clase media.
Cuando los adolescentes pueden seguir estudios secundarios y prepararse para una ocupación que requiera estudios
superiores, la adolescencia se extiende durante todo ese periodo, hasta aproximadamente los 22 años.
Lo que condiciona a la pubertad y a la adolescencia no es el hecho biológico en sí mismo, sino el sentido que se da al
rol de adulto en la sociedad de que se trate.
Los adolescentes deben llevar a cabo, durante esos años, algunas tareas específicas como, por ejemplo:
Todo ello con mínima ayuda y con mucho trabajo, tanto sentido positivo (qué y quién ser) como negativo (que y
quien no ser), lo que al mismo tiempo requiere una aceptación y una renuncia o desprendimiento.
- Deben desprenderse o independizarse, emocional y económicamente, de los padres y adultos, para vivir sus propias
experiencias y aumentar su autonomía, lo que no significa dejar de necesitar de los demás, sino, por el contrario,
establecer relaciones en un plano de reciprocidad.
- Poder trabajar en grupos en forma cooperativa, sin diluir su identidad, no es forma conformista sino capaz de promover
cambios adaptativos activos.
Este proceso de crecimiento tiene sus fundamentos en las series complementarias, en factores socioculturales, en las
oportunidades al alcance del sujeto, en sus posibilidades y límites de aprendizaje y de elección.
Esto promueve, al principio, un impulso al desprendimiento, acompañado de temor frente a la pérdida de lo conocido.
Puede considerarse a la adolescencia “una moratoria psicosocial”, como dice Erikson, un proceso de aprendizaje en
que los cambios significan duelos y abandonos dolorosos del pasado. Estos duelos son:
1) Por el cuerpo del niño: las transformaciones corporales tienen una fuerte repercusión psíquica. Los cambios rápidos e
inarmónicos crean una gran inestabilidad psíquica, se viven como invasores, incontrolables y por ello, causan angustia;
la reacción es de confusión y extrañeza y tienen la sensación de ser manejados por fuerzas desbordantes.
2) Pérdida del rol y la identidad del niño: Tanto el niño como la niña sabían claramente a qué atenerse, que se esperaba
de ellos y que podían ellos esperar de parte de los adultos. Los vínculos predominantes eran los del grupo primario.
Las identificaciones, los procesos mentales, la forma de conducirse sufren una crisis, de allí las sensaciones de
confusión y de vacío por pérdida de lo anterior.
Las nuevas realidades a las que el adolescente se ve enfrentado no tienen respuestas claras, sino que son ambiguas,
inciertas y en la última instancia, deben ser elaboradas por si mismos, pues no existen soluciones unívocas ante los
problemas de la sexualidad y la pareja, de los estudios y ocupaciones y de la crisis y frustraciones que pueden provenir
de ellos.
Si los adolescentes son tratados y considerados como niños tenderán a prolongar su dependencia e inseguridad, su
persistencia en conductas infantiles; su pretendida inmadurez es resultante de cómo han sido tratados.
En este proceso de abandono de la identidad infantil actúa en forma intensa el mundo interno del mismo, integrado por
sus fantasías icc, sus ansiedades y defensas, modelado sobre los primeros vínculos con las personas que primero
odio, amo y por las que fue primero amado y odiado.
3) El otro duelo es la pérdida de la relación infantil con los padres: Durante la niñez, ellos le brindaban una imagen
característica de poder y seguridad, a veces idealizamos tanto en sentido de protección y reaseguro como en cuanto
a ser persecutorios, aterrorizantes, castradores. En la adolescencia, esta idealización entra en crisis, se perciben los
conflictos, las fallas, los problemas, errores y límites de los padres, se los pone en tela de juicio, se los evalúa y critica
ásperamente, produciéndose, en algunos casos, fuertes choques.
- Deben aceptar su propio envejecimiento, a la vez que el desprendimiento del cuerpo infantil de su hijo;
- Los cambios en la identidad del hijo los enfrentan a nuevos valores, concepciones e interpretación de la vida, y a la vez
los obligan a revisar sus viejos esquemas;
- Entran en una nueva etapa de la relación con el hijo, de mayor ambivalencia, así como disminución de su liderazgo.
Desde los 11 a los 15 años, aproximadamente, surgen y se afianzan nuevas formas de pensamiento, derivadas de las
estructuras anteriores disponibles, pero con el agregado de nuevas posibilidades.
El funcionamiento de este desarrollo está dado en la convergencia de varios factores: la experiencia que el sujeto
adquiere, la acción social y cultural, la influencia de la maduración general del organismo, la evolución sexual, que
obliga a los adolescentes a incrementar la intelectualización y la interpretación racional del mundo como medios para
ordenar y contener las pulsiones.
El pensamiento de los adolescentes se denomina formal o hipotético deductivo. Puede considerar los hechos reales
como un sector limitado en el interior de un universo de transformaciones posibles, ya que los explica basándose en
un conjunto de hipótesis posibles y compatibles con las situaciones dadas susceptibles de verificarse lógicamente y no
solo de manera empírica.
En cambio, en el pensamiento lógico concreto propio de la niñez solo se alcanzan un limitado número de
transformaciones virtuales que prolongan lo dado en la realidad: lo posible está subordinado a lo real.
Este dominio del pensamiento formal no es arbitrario o libre de toda regla u objetividad. Por lo contrario, el sujeto puede
englobar las relaciones entre datos reales, con el conjunto de las relaciones posibles, lo que permite mejores
previsiones y una comprensión más abarcativa.
Pero estas operaciones pueden permanecer en el sujeto en forma virtual sin realizarse efectivamente, aunque
estructuralmente sean posibles, y solo ser actividades ante determinadas situaciones problemáticas experimentales o
de aprendizaje.
Desde el punto de vista de la OV, no debemos quedarnos con lo que el sujeto piensa o las operaciones que realizan
actualmente, sino considerar las que podrá hacer en otras circunstancias: su capacidad potencial de rendimiento, sus
aptitudes, así como la especificidad de las mismas, muchas personas mantienen un nivel bajo de pensamiento en
ciertas circunstancias o ante ciertas tareas, pero pueden llegar a realizaciones muy complejas y exitosas en otras (por
inhibición o falta de aprendizaje en el primer caso, por interés vocacional y experiencias en el segundo).
La omnipotencia del pensamiento suele tener cualidad de alto racionalismo en sus formulaciones, y a veces se
convierte en fuente de intolerancia y de perjuicio, pues los adolescentes pueden tener dificultad en reconocer los
fundamentos afectivos y narcisistas de todo pensamiento.
Poco a poco, el joven irá reconociendo las divergencias, respetándolas, con lo cual sobrepasa este egocentrismo
intelectual que lo domina.
En la problemática vocacional, esto puede incidir en proyectos de tipo omnipotente, estudiar al mismo tiempo varias
carreras, hacer descubrimientos y aportes trascendentales para la ciencia o el futuro de la humanidad.
En cuanto a la identidad personal, la van constituyendo en forma funcional, por medio de sus experiencias y relaciones
con algunos aspectos parcialmente estables y otros móviles. Esto implica una representación de sí mismo sobre la
base de múltiples y complejas relaciones interpersonales, experiencias psico-sexuales y actividades ocupacionales.
El gran temor a las pulsiones sexuales tiende a proteger al sujeto de la fijación amorosa a los objetos infantiles
incestuosos (padres y hermanos). Por eso es frecuente que lleguen a alejarse de sus familiares o a pelear con ellos.
Resuelven esta regresión con esfuerzos por restablecer conexiones con los objetos externos, mediante la identificación
narcisista (buscan su propia imagen en los demás) y la idealización, todo lo cual se muestra en los vínculos establecidos
con las carreras y ocupaciones.
El orientador ha de considerar pubertad y adolescencia como momentos evolutivos típicos, de grandes fluctuaciones,
crisis y transformaciones, los que constituyen un síndrome normal.
La participación orientadora acompaña al sujeto para ayudarle a resolver su problemática de identidad vocacional
ocupacional. Esta depende de su identidad personal psicosexual, sus identificaciones y relaciones con los otros, y las
fuentes icc tanto subjetivas como sociales. Entre estas últimas son importantes las ideologías, referentes al valor
atribuido a los diversos trabajos y estudios, consideraciones relativas al prestigio social ocupacional, las preferencias y
los mandatos familiares.
¿Cuáles creen que son los rasgos o actitudes requeridas para desempeñar el lugar de orientador/a?
- Aprender a escuchar, a los consultantes, a los colegas, y en general, a cada ser humano con quien trata.
¿Qué me está diciendo? ¿Qué me transmite, más allá de lo que me dice? ¿Qué no puede decirme, no decirse a sí
mismo? ¿Lo que le oigo decir, puedo escucharlo? Si no puedo, o me cuesta escucharlo ¿a qué puede deberse? ¿Cómo
me llega y me afecta lo que me dice?
- Aprender a escucharse a sí mismo, sus percepciones, pensamientos, afectos, fantasías, deseos, conflictos ante la
tarea.
¿Cómo me encuentro, qué siento al realizar mi tarea orientadora? ¿Cómo es mi actitud corporal? ¿Experimentó alguna
tensión? ¿Estoy distendido/a? ¿Experimento angustia? ¿Qué me pasa con mis compañeros y colegas de trabajo?
¿Cuál es mi relación con la institución donde trabajo? ¿Cómo quisiera trabajar? ¿Puedo hacerlo? ¿Cuáles son los
problemas que enfrento, en mi mismo/a, en mi tarea?
- Reconocer a cada uno como único y distinto, y respetar sus diferencias. Esta característica tropieza con la expectativa
de algunos orientadores, (con frecuencia, quienes se inician en el rol), de encontrar orientados que coincidan con sus
propias ideas, a quienes sea posible “conducir” de alguna manera hacia “elecciones” o conclusiones prefabricadas.
¿Acepta a este/está orientado tal como se confía a mí? ¿O deseo “que cambie” para ser “a mi manera”? Esto puede
significar, por ejemplo, que quiero que decido en un tiempo previsto por mi o que toma “la” decisión que espero de él o
ella, o que no tolero sus dudas, o que tomo como un golpe narcisista que resuelva tomarse más tiempo opera seguir
reflexionando, más allá de la consulta.
- Aceptar el derecho de cada ser humano a conocerse, a conocer la realidad, a decidir acerca de su propia vida… con
el riesgo implícito de asumir la posibilidad de equivocarse, y de revisar la validez de sus opciones.
- Supervisar la tarea.
- Analizarse, al menos como alternativa “didáctica”, es decir, para conocerse con mayor profundidad y elaborar sus
conflictos, de manera que no obstaculicen la labor.
- Admitir el conflicto y el papel constructivo de error y la confusión, en sí mismos, en los demás, en las relaciones
interpersonales, las instituciones y la sociedad, como pasos presentes en los procesos de aprendizaje. El error, la
confusión y el conflicto no enseñan por sí solos, sino en cuanto proporcionan oportunidades para reflexionar y
comprender su sentido, como etapas en el proceso de construcción de los conocimientos y los aprendizajes. Del mismo
modo, es imposible aprender sin permitirse explorar, intentar, correr el riesgo de equivocarse, aceptar las dificultades
y los límites propios y ajenos.
Entre las características de los orientadores a ser tomadas en cuenta en su formación están los procesos identificatorios
que los llevan a elegir su ocupación y decidir su adhesión a determinadas corrientes teóricas y operativas.
Aquí pueden producirse con frecuencia fenómenos de intensa idealización hacia “maestros”, teorías o técnicas, a veces
importados desde realidades muy alejadas de aquellas en las que opera cada orientador. La idealización se vincula a
los aspectos ideales, al narcisismo, a la sobrevaloración de los amados.
Puede ser una fuente de inspiración y de aspiración a algo en qué definitiva nunca totalmente alcanzable, aunque si
motivador de permanente búsqueda. Puede por otra parte obturar las posibilidades de pensamiento crítico y creativo
ante situaciones inéditas o problemas no contemplados en la teoría elegida, y cerrar el pensamiento para considerar
otras posibilidades, hipótesis y modos de abordaje de los problemas.
Otro problema consiste en aplicar técnicas no adaptadas a las características de quienes las utilizan, aunque se las
considere prestigiosas por su procedencia.
La idealización protege defensivamente contra los sentimientos de carencia ante la complejidad o dificultad de la tarea
que se afronta, pero no resuelve dicha problemática, la cual, si no es elaborada, retornará, para movilizar a los
orientadores en cuanto a sus elecciones y definiciones personales-profesionales.
El orientador recibe los planteos de la demanda para correrse del lugar narcisista, y propone a los orientadores pensar
juntos sobre la problemática, devolviendo a los consultantes la posibilidad de elaborarla, y por lo tanto, de aprender a
elegir.
No es fácil conocerse uno mismo, desmitificar la interpretación de la realidad, definirse y atreverse a elegir.
El orientador escucha las demandas, fantasías, anhelos y proyectos de los orientados, para deslindar las expectativas
ilusorias y promover la toma de conciencia del papel protagónico de cada cual en la aventura de recorrer los laberintos
interiores y exteriores para vencer a los monstruos y encontrar salidas y exteriores para vencer los monstruos y
encontrar salidas, como en el mito de Teseo y el Minotauro. Esa aventura es en cada caso diferente. No existen recetas,
ni fórmulas universales e infalibles. Se inicia en ella una etapa distinta y asistimos como respetuosos testigos a ese
nuevo nacimiento.
No conocemos de antemano las respuestas a los interrogantes que se irán planteando durante ese proceso de cambio.
Carecemos de la solución de los enigmas.
Nuestra tarea consiste en escuchar, analizar, dar un sentido a las expresiones de cada orientador, proponer tareas que
le permitan descubrir por sí mismo que desea hacer, con nuestro acompañamiento momentáneo.
Nuestra actitud ayudará a los orientados a mostrar sus dudas, conflictos, desconocimientos, esperanzas y proyectos,
a confrontar su mundo interno con el mundo social y ocupacional, de modo que lleguen a crear su proyecto vocacional-
ocupacional o reconozcan las interferencias y obstáculos para lograrlo.
El orientador se entrena teórica y prácticamente, supervisa su trabajo, y en lo posible, se analiza para preparar su
personalidad como instrumento clínico básico y principal herramienta con la cual recibirá, contendrá y ayudará a los
orientados.
El icc del orientador está presente en la tarea, por lo cual es parte de su trabajo el prolongado esfuerzo de clarificación
acerca de si mismo. Es así, porque su subjetividad interviene, sin posibilidad de evasión, en el quehacer clínico. No
como expresión de un saber o un poder sobre el otro, sino como resonancia lúcida y atenta del mundo del otro, para
acompañarlo a reconocerse.
Se dejará penetrar por lo que traen los orientados, tomando en cuenta como le repercuten los mensajes que recibe, y
cuales son las vicisitudes de la contratransferencia.
Escuchar no es recibir pasivamente, sino relacionar, construir hipótesis, rastrear el sentido subyacente del discurso.
El orientador deberá además analizar los fundamentos ideológicos de sus opciones teóricas y de su práctica,
entendiendo por ideología al sistema de ideas, valores y connotaciones que orientan implícitamente la vida social,
investido de fuertes cargas afectivas no explícitas ni reconocidas.
Estas ideas son consideradas por quienes las sustentan como el resultado de raciocinios. Sin embargo, son vividas
como una modalidad de índole religiosa, como dogmas o creencias que resisten a las evidencias empíricas o a los
argumentos racionales y que no obstante revisten fuerte evidencia subjetiva.
Ciertas adhesiones teóricas de psp y ps tienen estas características, dificultando a quienes las sustentan ir más allá o
más acá de lo escrito por quienes son instaurados como maestros o sedes intangibles de saber (Freud, Piaget, etc.)
El discurso universitario y profesional puede presentar esta idealización de una supuesta verdad o de un saber
definitivos, obstruyéndose así el aprendizaje del rol, al promover un apego a convicciones y “certezas” académicas o
de “escuelas”, de las cuales no puede ser cuestionado su estatuto de verdad.
Ser orientador implica recorrer el camino de la propia elección vocacional-ocupacional, descubrir por qué y para qué
se trabaja en OV, qué aspectos nuestros se ponen en juego al orientar, cómo elaboramos nuestros propios conflictos
de aprendizaje y de elección ocupacional.
Rascovan (2010) Cap. 1 Los jóvenes y la construcción de itinerarios vocacionales en un mundo sin amarras
Las diferentes crisis sobrevenidas en la historia reciente han dejando significativas huellas y profundos cambios en las
distintas esferas de la vida singular y colectiva de todos los sujetos que han debido afrontarlas, afectando tantas sus
condiciones de vida como alterando disruptivamente los terrenos político, económico, cultural, social y desiderativo,
acentuando, en sociedades como la nuestra, una mayor polarización social y enormes desigualdades que operan en
modo de obstáculo para pensar la posibilidad de construir expectativas.
Los trayectos e itinerarios educativos de los jóvenes no resultaron ajenos en la configuración de este escenario. Y
sobre todo la de aquellos que transitaron su educación secundaria después de la crisis del 2001. La mayoría de los
jóvenes encuestados nacieron entre 1988 y 1989 y crecieron en un ambiente de cambios y transformaciones
económicas y sociales como lo fueron la crisis de 1995, en el cual iniciaban su educación primaria y posterior de 2001,
en la que comenzaba su secundaria.
En términos generales, la educación y el tránsito por los diferentes ciclos de escolaridad instituyen siempre una apuesta
al futuro. Y en esta apuesta, finalizar los estudios secundarios representa una importante bisagra en los itinerarios y
trayectos de vida de los jóvenes, en su transición al mundo adulto y en la consolidación de su singularidad, advirtiéndole
compelidos a realizar elecciones orientadas hacia el estudio y/o trabajo, a tomar decisiones vitales, e intentar responder
vacilantes al crucial interpolador generacional ¿Qué vas a hacer de tu vida?
En una dislocación de las entidades sociales instituidas y de los anclajes identificatorios colectivos, la posibilidad de
proyecto se encuentra cercenada fundamentalmente por la caída de las instituciones donadoras de sentido.
En el modelo social fundado durante la modernidad temprana hundía sus raíces en el trabajo y en la ética que de este
emanaba. El trabajo ocupaba un lugar central, tanto en la construcción de la identidad como en los proyectos de vida.
Era un modelo social sostenido por la idea de la construcción de proyectos a largo plazo. Las elecciones que el sujeto
debía realizar estaban orientadas a la conformación del ser, a la presión por ser alguien y el imperativo categórico
principal era: tú debes.
Por el contrario, la etapa presente de esta modernidad tardía líquida, impone a sus miembros la obligación de ser
consumidores, configurándose una sociedad de consumidores donde los proyectos de vida se construyen sobre las
opciones de consumo y sobre el trabajo y la educación. En todo caso, el trabajo es tomado en su dimensión estética.
Es un modelo social sostenido en la idea de construcción de proyectos a corto plazo. Las elecciones que el sujeto
realiza están orientadas, no a elegir para ser, sino para tener o poseer y a la presión por ser alguien más bajo un nuevo
imperativo: tú puedes.
La elección ha adquirido el estatus de obligatoria. Se nos presenta una nueva obligación (obligación de elegir) como
libertad de opción. Vivimos una época histórica asediada por la acuciante necesidad de hacer elecciones, de decidir,
sin respaldo del Otro que legitime o asuma sus consecuencias. Incluso, “el acto de elegir una carrera al terminar el
colegio secundario se ha convertido en un acto de consumo”.
Las condiciones de producción subjetiva que atraviesan los jóvenes de hoy está suscrito por el vacío representacional
al que se van sometidos con respecto a sus expectativas de futuro, provocando en muchos casos profundos procesos
de desidentificación de crisis identitaria.
Castel dice que nos encontramos inmersos en el ocaso de una sociedad salarial, y en el albor en una sociedad dual,
de individualización de las desigualdades, donde el individuo ve como se le atribuye la responsabilidad de su destino,
pero, al mismo tiempo, las determinaciones objetivas, el dinero, el nacimiento y los diferentes tipos de capitales
continúan pesando sobre ese destino, según el lugar que uno ocupe en la estratificación social. Y esta exigencia de
responsabilidad opera como una trampa si se carece de los soportes necesarios para jugar el juego.
Las transiciones de los jóvenes a la madurez están sufriendo un proceso de desestandarización, mientras las
instituciones y políticas orientadas a facilitar tales transiciones siguen operando bajo el supuesto de un modelo lineal
del curso de la vida, en el que la integración social es equivalente a la integración en el mercado laboral. La transición
desde la etapa juvenil a la vida adulta ha dejado de ser un tipo de trayectoria lineal, o concebida como una trayectoria
de final conocido, donde el eje de la transición fue el paso de la educación al trabajo. Actualmente, este tránsito está
más vinculado con una fase imprevisible, vulnerable, de incertidumbre mayor que en las trayectorias tradicionales o
lineales.
Estos posibles itinerarios de vida o de tránsito a la vida adulta desde la etapa juvenil tendrán final diverso como
“trayectorias exitosas” o “trayectorias fallidas”, dependiendo de las situaciones biográficas de los jóvenes, donde la
variable que más discriminará y será factor de productividad será la de los desempeños y credenciales educativas
obtenidas por los sujetos en este tránsito hacia la vida adulta; además de la acumulación, apropiación y transferencia
diferenciada de los capitales cultural, económico, social y simbólico.
En los últimos años, se observa una brusca ruptura de esta linealidad, modificando la concepción acerca de la juventud,
la cual, yo no es pensada como una fase de la vida, sino como una condición vital caracterizada por su incertidumbre,
vulnerabilidad y reversibilidad.
Los efectos de la globalización, los avances tecnológicos y la extensión del desarrollo económico en escala global
produjo una ruptura en las modalidades de pasaje a la vida adulta.
Instituciones como las de pleno empleo, el bienestar y la seguridad social, etc., propias del estado de bienestar, forman
parte de un pasado del cual estos jóvenes poco o nada conocieron. Y a su vez siguen siendo socializados por estas y
otras instituciones que hoy muestran su debilitamiento o están faltos de la eficacia simbólica de antaño. La mayor parte
de las personas continuamos atravesados y dependientes en gran medida por estas instituciones y debemos vérnosla
con los fragmentos que de ellas sobreviven, tratando de mantener una coherencia o sentido.
Frente a la ruptura de las trayectorias en estos tiempos contemporáneos, que no permiten pensar proyectos en el largo
plazo, la escuela es la institución que precisamente tiene su apuesta en un futuro distinto que, al mismo tiempo, debe
ayudar a construir. Allí donde no parece haber porvenir, la escuela tiene que delinear un futuro, una representación de
otro futuro posible.
En términos de imaginario social, podríamos pensar que la escuela presenta imágenes contrapuestas, dado que no
ocupa hoy el lugar que tuvo para generaciones anteriores de cumplir la promesa de ascenso social, pero si se la ve
como una condición básica, aunque no suficiente, para la reproducción del lugar.
En la actualidad, en términos generales, la visión de las clases medias en relación con la escuela es compleja: aparece
como una suerte de medio que hay que soportar para poder acceder a la universidad o a otras instancias superiores
que si serian los lugares en los que se resolvería lo que antes se hacía con la escuela secundaria y mucho antes con
la primeria. En este sentido, el valor del nivel secundario está en una suerte de “doble vínculo”: por un lado, no sirve
para nada, pero por el otro sirve para todo.
Frente a las intenciones futuras de estudio y trabajo de estos jóvenes, podemos aseverar que, muy a pesar de
encontrarse en un entorno contemporáneo de gran dispersión, apuestan a construir proyectos y aunque de manera
frágil en su configuración, invisten objetos vocacionales, buscan sentidos provisionales frente a la diversificación de los
itinerarios de transición a la vida adulta, intentan realizar un proceso de “negociación” de lo que serna sus trayectorias.
Aunque en términos generales su capacidad de negociar su transición a la vida adulta, el rumbo que en esta tomen,
dependerá sustancialmente de los capitales económicos, sociales y culturales del que dispongan para apostar, como
así también de los apoyos que les pueden proporcionar o de las oportunidades que puedan delinear.
Esta posibilidad de formular aspiraciones y proyectos por parte de los jóvenes permitiría tener un mayor control sobre
su presente a través de la construcción de una razón imaginativa que les permita narrar e inventar otros sentidos, como
puntos de referencia mínimamente estables, portadores de significantes, para ubicarse cordialmente en el mundo.
Perla Zelmanovich lo expresa del siguiente modo: “la organización de los ideales o la ilusión de un proyecto permite
atemperar el sinsentido”.
Por ello, frente al declive de las instituciones en estos tiempos de fragmentación, mucho depende de los espacios que
abramos como orientadores, como espacios de inscripción. Espacios donde los jóvenes que habitan situaciones de
vulnerabilidad y expulsión social devengan en experiencia de construcción subjetiva. Habilitar la búsqueda de un
proyecto posible constituye un gesto que rehabilita la dimensión del porvenir.
Sostener esta dimensión del no todavía, de un final abierto, constituye una tarea ética que nos toca como orientadores,
un reto y un desafío ineludible de sostener en la trama socio histórica que estamos vivenciando. No sabemos cómo
será el futuro, ni siquiera estamos seguros de los resultados de nuestros esfuerzos por delinearlo de algún modo
particular, pero no podemos dejar de apostar a él, aunque no nos resulte obstinadamente esquivo, ajeno, utópico.
Si bien han cambiado las épocas, la modernidad ha dejado marcas. Algunas de ellas colocaban al adolescente ante la
presión de lo que podríamos llamar su “normatización”.
Implica tener un proyecto cerrado y acabado (estudios u objetivos laborales, casarse, formar una familia, etc.) y ese
proyecto exige contar con un mundo dado de antemano que es la meta, el paraíso que se desea alcanzar.
No obstante, en la actualidad esta polaridad no está tan marcada. Hoy nos encontramos frecuentemente con lo que
podríamos llamar el adolescente “navegador” dotado de una “plasticidad yoica” que le permite navegar por el mundo y
despegar y expandir diferentes potencialidades creativas. El contexto social muchas veces le da espacio a este
adolescente, no queda entrampado en el discurso del sistema, que señala las imposibilidades de desarrollo si se aleja
del ideal del adolescente de la modernidad y aprende a surcar diferentes caminos.
Otro tipo de adolescente sería el Yuppie (Young Urban Professional), expresión de la adaptación absoluta al ideal social
de los años ochenta. Hay un tercer tipo al que podríamos llamar el “adolescente del descarte”, el adolescente de la
anomia. Estos adolescentes no pueden navegar ni construir, y sufren un colapso caotico en cualquier proyecto que
inician. (Aquí estaríamos dentro de una problemática psicopatológica). Aunque el contexto permite un uso mayor de la
libertad, se percibe a estos últimos la dificultad de usarla.
Al ocuparse de la noción de trauma, Laplanche y Pontalis nos dicen lo siguiente: junto de fenómenos clínicos en los
que freud va a actuar esta compulsión (de repetición), pone en evidencia que el principio de placer, para poder
funcionar, exige que se cumplan determinadas condiciones, que son abolidas por la acción del traumatismo, en la
medida en que esta no es una simple perturbación de la economía libidinal, sino que viene a amenazar más
radicalmente la integridad del sujeto. El yo, al desencadenar la señal de angustia, intenta evitar verse desbordado por
la aparición de la angustia automática que caracteriza la situación traumática, en la cual el yo se halla indefenso. Esta
concepción lleva a establecer un espacio de simetría entre el peligro externo y el interno: el yo es atacado desde
adentro, es decir, por las excitaciones pulsionales, como lo es desde afuera.
¿En qué medida lo social, lo contextual, puede ser traumático e interferir en la constitución yoica? ¿Cómo interviene la
realidad entre los vasallajes del yo? Por ejemplo, lo que ha ocurrido en nuestro país desde diciembre del 2001 hasta
la actualidad. Crisis sociales, devaluación, violencia, desocupación, sensación de desmembramiento social,
imposibilidad de imaginarse un futuro, de armar un proyecto.
Partamos de la idea de que un sujeto se encuentra en un ámbito de intercambio localizado en el espacio-tiempo, donde
construye un mundo y a la vez es construido por ese mundo que construye. Se puede reservar el nombre de
“subjetividad” para el espacio de libertad de esa creación. Es una creación de otro y también de uno .
Si es así, frente a diferentes acontecimientos sociales, la subjetividad o la producción de la misma serán diferentes y
variarán de acuerdo con los vínculos que se establezcan o con los diferentes medios sociales en que se desarrolle.
Si nos detenemos a pensar que el adolescnete ha sido víctima de la amputación de la utopía y la ilusión, no nos será
difícil imaginarnos la alteración que ha sufrido la creación de ideales capaces de sostener un proyecto probable, un
proyecto que convierta al adolescente en un sujeto en el mundo. Como bien nos enseñó Winnicott, la ilusión necesita
un contexto que fomente en el sujeto la creencia de que él está creando el mundo.
Cuando un sujeto adolescente va construyendo su identidad, ciertas situaciones contextuales-sociales pueden interferir
en dicha construcción. Esas interferencias guardan relación con la idea de trauma. Son traumáticas porque impiden
que el individuo sea, que logre conquistar el “yo soy” y estorban el proceso de llegar a ser lo que quiere.
El adolescente necesita un piso consistente sobre el cual pueda experimentar, si el suelo es demasiado fluido y poco
firme, no habrá proceso de desarrollo. No permite construir ningún proyecto.
Si un sujeto transitó por vivencias de amparo y apego (Bowlby) tendrá más recursos que sí vivió sumergido en el
desamparo y el desapego.
En cambio, quienes hayan padecido una historia llena de discontinuidades, duelos, traumas severos, o todas las
experiencias que obstaculizan la narcisización del sujeto en desarrollo, estarán en desventaja con relación a los
primeros. No obstante, soy de los que piensan que esto último es una condición que inexorablemente provocará
dificultades y síntomas mayores. Como la historia es una construcción constante, el individuo tendrá innumerables
encuentros intersubjetivos (la amistad, el enamoramiento, los grupos de pares, etc.) que posibilitan reparar ese
padecimiento y averiado. Si hay otro que refleja, sostiene y funciona como objeto especular e idealizado, ese otro se
convertirá en generador, por vía intersubjetiva, de estructura psíquica. En la historia de un sujeto no todo es repetición
o reedición, el psiquismo siempre está abierto a lo nuevo, a la edición original.
McDougall nos advierte que debemos distinguir entre lo que ella llama “catástrofe reales”, que son individuales, de “los
traumas universales que son el drama de la alteridad, de la sexualidad y de la ineluctable mortalidad del hombre” y
continúa diciendo que a un suceso sólo puede llamarse lo “traumático” cuando enfrentar y resolver esas catástrofes
que estructuran el psiquismo se vuelve más complicado de costumbre.
El adolescente debe salir a conquistar nuevos territorios, distintas “familias”, enunciados diferentes de lo que lo
acompañaron y sostuvieron hasta que hizo su irrupción la sensación y la necesidad de querer ser su propio constructor
o, en todo caso, el co-constructor de sí mismo, de ser él quien elija a sus otros significativos, a sus compañeros de
aventura.
Podemos pensar sin demasiado temor a equivocarnos que el adolescente tiene como trabajo psíquico centrar la
búsqueda de su identidad o, si se quiere, el delineamiento de su “proyecto identificatorio”, aunque este sea cambiante.
La especularidad intersubjetiva que aporta el grupo adolescente funciona como contención y aceptación de que lo
traumático, lo inexplicable, lo que causa angustia, son experiencias compartidas que permiten que el adolescente no
se sienta aislado en sus “rumiaciones”. Les hace saber que hay unos otros significativos que al transitar por los mismos
caminos, funcionan como objetos del self especular que le devuelven una imagen de poder, y que las convulsiones
emocionales que le inundan son experiencias comunes y no los detendrán.
El “yo soy” solo se adquiere en un ámbito intersubjetivo. En los comienzos de la constitución de la subjetividad, el
vínculo con otro es fundamental e imprescindible, aunque en rigor esa necesidad de ser con otro y “por otro” también
tendrá una vigencia absoluta durante todo el transcurso del devenir de la subjetividad.
Aulagnier dice que los cambios y transformaciones que le sobrevengan al yo durante la adolescencia no deberían
alterar su “mismidad”, que el adulto que devendrá no será ajeno al infante que fue, que se ha conservado un “fondo de
memoria”. El futuro de ese infante y luego adolescente que llegará a adulto es la “realización de una potencialidad” que
estaba ya presente en la historia de ese yo.
Si hubo una historia traumática que impidió ligar los diferentes momentos evolutivos, se producirá una discontinuidad
en la sensación de “ser uno”, de sentir un “yo continuo” con historia, con pasado, presente y futuro. Resultado: un self
fragmentado, un yo alterado, cultivo para patologias graves. El adolescente que no se siente poseedor de una historia
se encuentra en inferioridad de condiciones para enfrentar lo que puede tener significado traumático para su yo. En
aquellos que tienen un yo debilitado, los fracasos secuales, las dificultades en el estudio, en las relaciones amorosas
y en las amistades pueden abrir las puertas a un episodio psicótico. El fracaso toma la dimensión de un “para siempre”:
no hay futuro que presupone una salida o cambio posible.
Este sujeto sólo podrá romper con ese futuro siniestro y firmemente escrito si inicia un vínculo que le posibilite otra
mirada. Una pareja, un amigo o un analista que dé lugar a la creación de una nueva historia y evite que el adolescente
quede colapsado en la búsqueda de historias de culpabilización y estériles.
Lo principal es que la adolescencia es algo más que pubertad física, aunque en gran medida se basa en ella. Implica
crecimiento, que exige tiempo. Mientras se encuentra en marcha el crecimiento las figuras paternas deben hacerse
cargo de la responsabilidad. Si abdican, los adolescentes tienen que saltar a una falsa madurez y perder su máximo
bien: la libertad para tener ideas y para actuar por impulso.
Arribar la sensación de “yo soy”, y a su consecuente relación con “yo era” y “yo seré” (construir su historia) es un trabajo
psíquico que se desenvuelve en un entretejido con el mundo. De cómo se entraman esos hilados sociales, de que
nuevos marcos contextuales surjan en la vida del adolescnete y como los transite, dependerá que los traumas,
adversidades, cataclismos emocionales, etc, deje un sedimento, estructuras y no vacíos. La lucha se libra entre el
proceso identificatorio (proceso porque la identidad no es algo acabado sino en movimiento) y el vacío, la futilidad, la
sensación de inexistencia, la patología.
VAZQUEZ.
Quienes nos dedicamos a la orientación vocacional y ocupacional solemos encontrarnos con dos grandes
problemáticas: Por un lado, la dificultad del consultante para tomar decisiones. Por el otro, su conflicto entre aquello
que desea estudiar o desarrollar en el ámbito laboral y los deseos de otros, ya sea su familia o la sociedad. El verdadero
problema no es ni su indecisión ni la existencia de mandatos, sino, la engañosa comodidad que implica el hecho de
atarse a ellos.
Forma parte de nuestro quehacer como orientadores, acompañar a quien solicita ayuda, en la tarea de detectar y
reflexionar acerca de las creencias disfuncionales en la que se ampara su modalidad de elección “yo siempre fui
indeciso” “tengo miedo de empezar algo y que no sea lo mio” “si pierdo 5 años en una carrera y despues me arrepiento
me voy a sentir fracasado”.
Si bien en los primeros años de vida resulta lógico que los adultos decidan por sus hijos, a medida que pasa el tiempo
y que el niño es capaz de entender las consecuencias de sus actos, esa dependencia inicial va dando lugar a una
gradual emancipación. Piaget (1934) y continuadas por Kohlberg (1976) señalan que la autonomía se produce mediante
un desplazamiento del respeto al adulto (unilateral) al respeto mutuo (entre iguales); destacan también que para tomar
decisiones criteriosas, se necesita una serie de capacidades psíquicas (tanto cognitivas como de índole social) que
permitan la reflexión y jerarquización de los propios valores al enfrentar ciertos dilemas.
Se espera de los adolescentes que finalizan su escolaridad secundaria, que definen aquello a lo que quieran dedicarse
durante buena parte de su vida. Se vuelve una auténtica odisea, especialmente cuando el entorno familiar no acepta
que ese joven tenga intereses diferentes a los esperados.
Una elección saludable solo puede tener lugar en un clima de libertad, en el que se hayan brindado los recursos
suficientes que posibiliten ejercerla con responsabilidad. Cuando eso no ocurre, dicha diferencia de intereses es
percibida como defecto, falta de capacidad o traición, y es entonces cuando cualquier desvío de las expectativas se
resignifica como un “ataque”. Esta situación no solo condimenta el proceso de elección con angustia, sensación de
culpa e inseguridad, sino que además paraliza al orientado impidiendo planificar su futuro, con el daño que todo esto
provoca en su autoestima. Cuando el consultante alterna entre la resignación (adaptándose pasivamente a los
mandatos) y la actitud apática de “no elegir”, se instala en un área de extraña calma. El mayor desafío: interrumpir esa
tranquilidad ficticia, para llevarlo a preguntarse por sus reales capacidades, inquietudes, temores y sueños. En
definitiva, ofrecer un espacio seguro.
Durante mucho tiempo se ha hablado del “test” como solución cuasi mágica frente a la elección vocacional. Sin
embargo, la utilización de pruebas estandarizadas como único recurso, resulta absolutamente insuficiente para
comprender e intervenir en este proceso, dado que su uso solo tiene valor en el transcurso de un diálogo que apunte
a sostener, empoderar y fortalecer el estado de resiliencia del orientado.
No todas las cosas en la vida pueden sumarse, clasificarse, aprenderse de memoria y lograr un resultado exacto,
redondo, tal como los otros esperan. De modo que, habrá que apuntalar al orientado para que pueda manejar su
tolerancia a la frustración, sabiendo que al optar por una u otra carrera, deberá sobrellevar algunos descontentos en el
entorno. Lo importante es que los dilemas se resuelvan a favor del consultante, para que no se perpetúe en la extraña
conveniencia de ese mullido sillón llamado “mejor no estudio” o “sigo en el trabajo de siempre aunque no me guste”.
Aparecerá un empleo, un sueldo, que permita vivir tal vez, hasta un lugar importante ganado a fuerza de esfuerzo y
sacrificio, pero nada de eso tendrá un verdadero valor para esa persona. Por eso, parte de nuestro rol como
orientadores vocacionales-ocupacionales es prevenir el acostumbramiento a la “no decisión”, guiando a quien acude a
nosotros, para que realice una elección definitiva o provisoria “madura y ajustada” que le permita trascender y colmar
su vida de sentido.
UNIDAD 3
El primer diagnostico
"¿Quién es esta persona? "¿Qué le ocurre?” “¿Por qué elegir una carrera o un trabajo le acarrea dificultades? De la
respuesta a estas preguntas dependerá que el psicólogo decida o no tratar de ayudar a quien se lo solicita y al mismo
tiempo dar una primera definición de los obstáculos que habrán de eliminarse antes de que el joven pueda llegar a una
decisión con respecto a su futuro.
Del primer diagnóstico surge por lo tanto un pronóstico relativo a la “orientabilidad” (Este término ha sido creado por
analogía con el de “analizabilidad" que empican os psicoanalistas para referirse a la posibilidad de un paciente de
aceptar el encuadre analítico y obtener beneficios de él) del entrevistado y es por ello que le permite al psicólogo
formularse una estrategia en cuanto a la tarea que emprenderán juntos.
La explicitación del psicólogo sobre la estrategia o proyecto de trabajo en común constituye la consigna y ésta, junto
con la fijación de extensión, horarios, honorarios y roles de ese trabajo en común, el contrato de trabajo.
El primer diagnóstico no es más que una tentativa, por lo tanto está sujeta a posteriores modificaciones.
Por otra parte, el primer diagnóstico requiere un enfoque funcional en que mas que el rótulo es importante la clarificación
de la dinámica interna del entrevistado.
La dinámica interna abarca evidentemente no sólo los conflictos y dificultades referidos a la elección de carrera o trabajo
sino a la persona toda. Quizá por ello la principal dificultad que enfrenta el psicólogo no es la de hacer un diagnóstico
de personalidad sino un diagnóstico relativo a la problemática vocacional. Con lo que estoy anticipando que dos
personas con la misma estructura de personalidad no tienen necesariamente el mismo diagnóstico en cuanto a sus
problemas vocacionales. De igual modo, el mayor o menor grado de “salud” personal no se correlaciona punto por
punto con un mayor o menor grado de conflicto vocacional. Podría inferirse de lo dicho que los problemas vocacionales
nada tienen que ver con los problemas de personalidad, pero esto es falso. Lo que ocurre es que los problemas
vocacionales son un tipo específico de problemas personales y los límites —si bien no son rígidos— existen y es
necesario atender a ellos.
Son problemas vocacionales todos aquellos que implican poner en juego mecanismos de decisión ante opciones
ocupacionales y por más que consideremos que la decisión, la opción, la discriminación y la elección son componentes
universales de la conducta humana, la elección de un modo de vida en lo que concierne a roles ocupacionales es, por
lo menos hipotéticamente, demarcable con respecto a elecciones de modos de vida que no implican roles
ocupacionales.
La primera entrevista
El objetivo fundamental de la primera entrevista lo constituye la elaboración del primer diagnóstico, eventualmente la
formulación del contrato de trabajo y, también eventualmente, la derivación del entrevistado. .
No es este el momento de examinar la técnica de manejo de la primera entrevista. La misma, dados sus fines
(primordialmente diagnósticos), ha de facilitar un grado tal de comunicación que le permita al psicólogo comprender al
consultante, y que le permita a éste comprender el modo en que trabajarán juntos en el futuro. Evidentemente la primera
entrevista es una entrevista, no un interrogatorio, por lo que asume un carácter abierto, de modo que tendrá que evitarse
que las preguntas que el psicólogo formule impidan (por su cantidad, calidad y oportunidad) ver cómo configura la
situación el entrevistado.
Como la situación es nueva y además integra a un profesional-universitario, no es disparatado suponer que sea factible
leer (interpretar) en el análisis de la primera entrevista cómo el entrevistado configura una situación nueva, en la que
está implicado otro como profesional, sobre la base de una serie de decisiones. Esto es lo que convierte a la primera
entrevista en la vía regia para acceder al primer diagnóstico vocacional del entrevistado.
Es de primordial importancia el análisis del primer planteo que formula el entrevistado; ahí está condensada toda su
problemática vocacional. Su interpretación no es fácil ni es nuestro pro- pósito convertirnos en equilibristas,
apoyándonos en un solo dato. Afirmo tan sólo que cuanto más a fondo realicemos su análisis, más datos obtendremos
para formular el primer diagnóstico.
Al final de la primera entrevista se establece un contrato, pero atención, esto solo puede hacerse si se tiene cierta
claridad en cuanto al primer diagnostico. Sino es así conviene establecer una serie de entrevistas para completar el
primer diagnostico. En estas entrevistas se pueden aplicar pruebas psicometicas y/o proyectivas, a modo de
instrumento para completar esa primera aproximación.
La elaboración del primer diagnóstico se efectúa sobre los datos recogidos en la primera entrevista o, en casos
especiales, en las primeras entrevistas. En realidad, cabría decir sobre los emergentes” en lugar de “sobre los datos”,
ya que lo que interesa no es confeccionar un retrato del consultante y de su vida pasada, que permita incluirlo en un
cuadro nosogrtfico, sino comprender la dinámica predominante en la situación actual que atraviesan la elección
vocacional.
Señale en un trabajo anterior que el concepto de identidad era lo suficientemente inclusivo como para permitirnos
comprender mejor los problemas en torno de la elección de carrera o de trabajo. Destaqué entonces que la identidad
vocacional era “la autopercepción, elaborada a Jo largo de la vida del sujeto, en términos de trabajo o estudio” (de ahí
que los “problemas” de orientación vocacional reflejan obstáculos no superados durante su desarrollo) y que su génesis,
interactiva con el desarrollo de la identidad personal, abarcaba procesos que la psicología había analizado bajo los
conceptos de génesis del ideal del yo, identificaciones con él en grupo familiar y de pares, identificaciones sexuales,
estilo de vida, nivel de aspiración, implicaciones del yo, etc.
La elección no es un momento detenido en el desarrollo de una persona. Por el contrario es una conducta incluida en
un continuo proceso de cambio de la personalidad. Si bien como observadores externos podemos analizar la dimensión
temporal en tres momentos (pasado, presente y futuro), desde el punto de vista del sujeto el tiempo no es una sucesión
ordenada sino una dimensión en cierto modo "construida” desde cada presente.
El pasado es para el adolescente el colegio secundario, los compañeros, sus aspectos infantiles, las relaciones
familiares, etc. En una palabra su “mundo conocido". El futuro es la universidad, Ja “responsabilidad" social, el esfuerzo
personal, la independencia familiar, etc. En una palabra, el mundo adulto.
Por momento entiendo las operaciones que caracterizan a la elaboración de la conducta en una situación de cambio.
Hay tres momentos, el de selección, el de elección, y el de decisión.
El momento de elección implica no sólo un reconocimiento selectivo como en el anterior, sino el establecimiento de
vínculos diferenciales con los objetos. En este momento se halla comprometida la función yoica que concierne a la
capacidad de establecer relaciones satisfactorias y relativamente estables con los objetos.
Las alteraciones de este momento se caracterizan fundamentalmente por bloqueos afectivos o, por el contrario, por
“enamoramientos” maníacos con una u otra porción de la realidad ocupacional. Como se ve, el fracaso reside en la
posibilidad de establecer relaciones afectivas estables con algunos objetos previamente seleccionados. Este fracaso
revela fracturas más o menos permanentes en las relaciones objetales del sujeto.
El momento de decisión compromete un proyecto de relativo largo plazo y, por lo tanto, componentes de acción ligados
a la función yoica de regulación y control de los impulsos. La posibilidad del decidir está estrictamente ligada con la
posibilidad de soportar la ambigüedad (todo futuro lo es en cierto modo), resolver conflictos, postergar o graduar la
acción, tolerar la frustración, etcétera.
Pero, de acuerdo con mi experiencia, lo fundamental en cuanto a la posibilidad de tomar una decisión se caracteriza
por la elaboración de duelos. En este caso: duelo por la adolescencia, por los viejos proyectos, por las elecciones
fantaseadas, por todo lo que no se decide cuando el adolescente se decide por algo.
c) ANSIEDADES PREDOMINANTES
Toda primera entrevista, en la medida en que constituye una situación nueva, desencadena en el entrevistado,
ansiedades de tipo persecutorio predominantemente. Sin embargo, esta predominancia no elimina el hecho de que en
el transcurso de la misma entrevista el entrevistado pase muchas veces por estados en los que predomine otro tipo de
ansiedad más o menos transitoriamente.
Para la elaboración del diagnóstico vocacional quizás interese, más que el tipo de ansiedad, el monto, el objeto con el
cual está ligada, la persistencia o movilidad y el tipo de mecanismo defensivo que desencadena.
La clasificación de los tipos de ansiedad, derivada del psicoanálisis argentino, en confusional, persecutoria y depresiva
nos parece útil con la salvedad de que en muchos casos lo que aparentemente aparece como ansiedad confusional
ante la carrera, la elección o el futuro, constituye en realidad un derivado de una ansiedad básica persecutoria que —
por decirlo así— hace "estallar” os límites del yo destruyendo toda capacidad discriminativa. Y este proceso es el que
hace aparecer la confusión, tal como se manifiesta en las entrevistas de orientación vocacional, como un modo peculiar
de defensa.
Por lo común, en la primera entrevista de orientación vocacional el entrevistado se centra en el temario de las carreras.
Menciona las que prefiere y las que rechaza. Las carreras constituyen el qué de su conducta de opción.
En este sentido las carreras pueden ser analizadas como objetos de la conducta del adolescente, tanto en la actualidad
como en el futuro. Estos objetos pueden acompañar, proteger, perseguir, destruir, reparar, vaciar, frustrar, confundir,
sobreexigir, retener, agredir, etcétera en la fantasía del sujeto» independientemente de lo que la carrera o la profesión
es “en realidad”. Por eso en la primera entrevista nos interesa más comprender el tipo de vínculo establecido con el
objeto carrera (o los objetos carrera).
Veremos aquí un solo dato del “emergente” carrera: la cantidad de carreras que menciona en el primer planteo. En el
primer planteo el adolescente puede no hablar de ninguna carrera, o bien de todas, o de dos o varias como preferidas.
El hecho de no mencionar ninguna carrera o bien de plantear que ninguna carrera le interesa especialmente revela un
mundo externo confuso, no catectizado, en el cual el Yo inmaduro fracasa en sus intentos de discriminación. La
ansiedad que aparece es muy alta o muy baja (producto de un intenso bloqueo). Parece que el propio Yo es el objeto
peligroso, al que hay que mantener a raya negando sus gustos, intereses, motivaciones y metas.
La mención de una inclinación igual por todas las carreras nos revela un mundo exterior tan confuso como en el tipo
anterior, con la diferencia de que en éste sí está catectizado. El yo es igualmente inmaduro pero posiblemente el déficit
no se da tanto en el momento de selección (función discriminativa) sino en el de elección (relación más o menos
permanente con los objetos). La ansiedad manifiesta en estos casos es baja, lo que está determinado por un elevado
monto de omnipotencia. Los adolescentes hablan de proyectos para seguir en algún orden todas las carreras que
existen.
Cuando las preferencias enunciadas se refieren a dos carreras, el mundo externo aparece relativamente claro y
diferenciado para el adolescente. Podemos suponer que su yo tiene suficiente grado de madurez para seleccionar y
elegir. La dificultad suele presentarse en el momento de decisión.
La ansiedad predominante es persecutoria (conflicto diva- lente) e intensa. De su resolución dependerá que pueda
tomarse una decisión.
Cuando el adolescente menciona varias carreras, el mundo externo ya no aparece en forma divalente sino polivalente
y los objetos valiosos para el yo están dispersos en varios sectores del mundo ocupacional. He observado que en estos
casos la ansiedad manifiesta es baja, correlacionándose posiblemente con esta “discriminación” entre objetos buenos
y malos, y mostrando cierta esterriotipia en las defensas.
e) IDENTIFICACIONES PREDOMINANTES
En este momento me refiero a las conductas cognitivas del adolescente referidas al “identificar”. Conductas de
conocimiento y reconocimiento de la situación de oportunidad que atraviesa.
Incluimos en este punto el análisis de los gustos por las carreras, los intereses y los intentos reparatorios que desde la
perspectiva adolescente serán satisfechos al decidirse en favor de una de ellas.
La identidad vocacional no se reduce a un ajuste satisfactorio de esas identificaciones, pero éstas constituyen una
condición necesaria. Por eso deben ser diagnosticadas por el psicólogo lo antes posible a fin de prevenir malas
identificaciones (seudo- identificaciones o identificaciones parciales) o de resolverlas mediante la información o el
esclarecimiento según una estrategia derivada de este primer diagnóstico.
Como toda situación de cambio, la elección de futuro implica siempre un incremento de conflictos. El conflicto se
manifiesta en toda opción como una duda que es necesario resolver.
La situación pre – dilemática es aquella por la que pasa el adolescente que “no se da cuenta” que tiene que elegir.
Estos son los casos en que el adolescente es traído a la consulta y una vez en ella no comprende qué se espera de él,
cuál es la dificultad que “los otros” suponen que él tiene. Se trata de una inmadurez tal que el caso tendrá que ser
derivado a tratamiento psicoterapéutico, a menos que en la primera entrevista el adolescente pueda pasar de esta
situación a la siguiente (dilemática).
La ansiedad es confusional, baja; la conducta manifiesta es de extrema dependencia. Durante la entrevista los
adolescentes hablan poco, generalmente responden a las preguntas en forma escueta, sin caer en compromisos
afectivos. El problema de la orientación vocacional parece no preocuparles ni remotamente. En todo caso, siguiendo
una pauta de enorme dependencia, plantean que aceptarían que "me hicieran un test", pero sólo para dejar conforme
“a mi familia” sin obtener nada para sí mismos.
La situación dilemática se caracteriza por la presencia de afectos confusionales en una persona que sí se da cuenta
de que en renta una duda, una dificultad en un momento de cambio. Los adolescentes que pasan por esta situación
suelen revelar una conducta exterior con un alto monto de ansiedad. Las fantasías predominantes son agorafobicas o
claustrofóbicas ("quedarse en” pueden I! °S CUern.0S ^ dilema”). Los adolescentes que no pueden superar esta situación
revelan un fracaso bastante profundo con sus funciones de discriminación, por lo que difícilmente puedan efectuar una
buena selección para una ulterior decisión.
Desde el punto de vista dinámico sustento la hipótesis de que los procesos de disociación son intensos y que la
confusión aparente es una defensa más para mantener disociado el objeto ambivalente original.
Para poder hablar de situaciones problemáticas es necesario suponer que los mecanismos puestos al servicio de la
disociación original han asumido un carácter más instrumental perdiendo su estereotipia. La situación problemática se
caracteriza por un prado óptimo de conflicto capaz de determinar en el adolescente una dinámica tal que pueda
superarlo integrando sus términos con una síntesis superior.
En la situación problemática, el adolescente está realmente pre-ocupado. Sus funciones yoicas se encuentran al
servicio de un análisis exhaustivo de la situación. El aspecto manifiesto de su conducta nos lo revela como un individuo
“disponible’' que puede usar su capacidad para mirar, pensar y actuar en lo que concierne a su mundo futuro.
La situación de resolución está caracterizada por la calidad y el monto de ansiedades vinculadas a la elaboración
normal de un duelo.
En esta situación el adolescente ve reactivados sus antiguos mecanismos puestos al servicio de la elaboración de
situaciones de pérdida. Es capaz de reconocer su miedo y su tristeza e incluso aleaciones de ambos tipos de afecto.
Es raro que en la primera entrevista el adolescente revele que está pasando por esta situación. Por el contrario, tal
reconocimiento es más propio de la última entrevista. Su conducta exterior es la de una persona “cansada pero
contenta” cuando su duelo (“el parto”, como no pocas veces lo llaman los adolescentes) ha sido elaborado. Si este no
ha concluido aún, suelen aparecer fantasías ligadas al fracaso con los estudios o planteos que acarician la idea
nostálgica de seguir todas las carreras. A menudo emergen defensas (momentáneas) como la regresión (el adolescente
que después de haber revelado conductas maduras y adaptadas a la realidad vuelve a pedir que elijan por él), la
represión, la negación (de su propia capacidad de decisión), la idealización. El carácter momentáneo de estas defensas
aparecidas a “último momento” las diferencia de aquellas que pueden aparecer en la situación predilematica, dilemática
o problemática.
g) Fantasías DE RESOLUCIÓN
Denominamos fantasías de resolución a aquello que comúnmente en un contexto terapéutico se designa como
fantasías de curación. Corresponden a las “expectativas conscientes o inconscientes" ante el proceso de orientación
vocacional. Es decir a la definición de la situación inmediata futura de la que forma parte el psicólogo. Esta definición
de la situación de orientación integra, es obvio decirlo, componentes transferenciales y se estructura básicamente en
torno de dos anclajes: uno de búsqueda y otro de rechazo. Es decir que el adolescente siente en forma consciente o
no que para poder llegar a elegir y decidir necesita alcanzar metas intermedias y eliminar o superar obstáculos
intermedios.
Para poder elegir y decidir el adolescente puede buscar una o más de las siguientes situaciones: a) libertad de; b)
apoyo y c) permiso.
La libertad que el adolescente necesita en su fantasía (o que necesita realmente) es la de los vínculos de dependencia
que caracteriza el momento evolutivo que atraviesa. En el diagnóstico lo importante es pesquisar cómo cree el
adolescente que alcanzará su emancipación. Ella asume la forma de competencia, rebelión o sometimiento a las figuras
de autoridad que son transferidas al orientador vocacional.
El apoyo que busca el adolescente puede manifestarse de un modo directo o indirecto. El primer caso aparece con
toda claridad en los planteos del tipo de “vengo para que me diga que carrera es la que me conviene seguir”. Los
planteos indirectos se caracterizan por el pedido de información sobre la propia persona: “¿Cree usted que soy apto
para tal carrera?” ¿Sera la ingeniería realmente mi vocación?”.
En el caso de que lo que se busque sea un permiso los adolescentes aceptaran mejor un contrato cooperativo con el
psicólogo. Lo que esperan es una situación pautada socialmente, centrada en reactualizar una síntesis de elecciones
efectuadas en la fantasía. Es una prolongación de su “moratoria psicosocial" en la que solicitan la participación de un
socio de rol permisivo (el psicólogo).
En las fantasías de resolución el rechazo puede estar colocado tanto en los aspectos infantiles como en los adultos.
Este rechazo, que no sólo ha de ser analizado en términos de identificaciones, sino también en cuanto a la relación
transferencial sirve para elaborar el pronóstico de dicha relación.
El adolescente puede fantasear que sólo puede elegir bien si deja de lado "las pavadas” de su adolescencia y se
convierte de un día para el otro en “un hombre serio”, o bien si se comporta como un buen “paciente” dejando de lado
sus rebeldías y sus ganas de “hacer lo que le parezca”.
En cuanto al vínculo transferencial las modalidades que pueden detectarse en la primera entrevista y que sirven para
elaborar un pronóstico son cuatro: mágica, filio-paterna, autoconfiada y de aspiración.
En el primer tipo de relación fantaseada el psicólogo es investido con las características de un ser omnipotente que
todo lo hace por el adolescente.
En la relación filio- paterna el adolescente fantasea que si él por su lado “se porta bien” el psicólogo tiene que ponerse
de su parte, apoyarlo y aconsejarlo, aliviando sus dudas, conflictos y desconfianzas. En este caso el adolescente acepta
de buen grado la consigna, pero esta aceptación se basa en un seudo insight de la misma.
La relación autoconfiada se caracteriza por cierta dosis de omnipotencia que hace creer al adolescente que le bastarán
dos o tres “ideas” o “sugerencias” del psicólogo para que pueda “arreglárselas solo”. En este caso es posible que el
adolescente no llegue a aceptar un contrato que le parezca prolongado y en caso de aceptarlo es posible que intente
abandonar el proceso en cuanto haya alcanzado el momento de elección y antes de llegar al de decisión.
Una relación transferencial de aspiración se caracteriza por el sentido de oportunidad que el adolescente asigna al
proceso de orientación. Aceptará el contrato de buen grado con lo que implica de momentánea ambigüedad entre sus
aspectos dependientes e independientes (en realidad en el contrato se le pide que acepte ser ayudado a ayudarse a
sí mismo).
h) DEUTEROELECCIÓN
Con este término se define el proceso de cómo eligió elegir el adolescente. Hn sido creado por analogía con el de
deuteroaprendizaje (aprender a aprender). La deuteroelección se evidencia en el primer planteo del sujeto que al
formularla nos revela como metamensaje qué eligió decir y qué omitir. Nos muestra cómo eligió enfrentar una situación
nueva: la entrevista con el psicólogo.
a) Estructura de la personalidad que siguiendo a Bleger “un esquema o pauta típica de relaciones del individuo con el
medio, que se expresa según el objeto y el vínculo, las defensas y el área fenoménica predominantes”.
Nos interesan tanto los aspectos genéticos como los dinámicos y estructurales, no por entender que a cada tipo de
personalidad le corresponde tal o cual carrera, sino por la personalidad es el contexto mas amplio en que se inserta la
conducta de elección.
b) Manejo de la crisis adolescente: en la medida en que la orientación vocacional abarca la toma de decisiones respecto
de la asunción de roles ocupacionales adultos, el análisis de la crisis adolescente tal cual se produce en el entrevistado
permitirá pronosticar la posibilidad que él tenga de adaptarse tanto al proceso de orientación vocacional (incluyendo
las probabilidades de éxito de este) como a las exigencias del mundo adulto en términos de estudios o de trabajo.
c) Historia escolar: da cuenta del tipo de vínculo con las situaciones de aprendizaje, tanto en cuanto a rendimiento como
a relaciones interpersonales. Permite pronosticar como será el desempeño del adolescente en la universidad,
pronostico que no se basara en que “si en el secundario le fue bien en determinadas materias, entonces le ira bien en
tal o cual carrera”, como suelen fantasear los adolescentes (y los psicólogos), sino en el hecho probable de que el
adolescente encarará la situación universitaria siguiendo patrones identificatorios adquiridos a su paso por el
secundario.
d) Historia familiar: permite pronosticar tanto los sistemas de valoractitud frente a carreras y profesiones derivadas de la
clase social a que pertenece, como los tipos de identificaciones familiares que en lo que atañe a la elección de carreras.
f) Madurez para elegir: la madurez puede ser pesquisada a partir del momento que atraviesa (selección, elección,
decisión); la situación (predilemática, dilemática, problemática o resolución); la deuteroelección y las fantasías de
resolución, especialmente de vinculo transferencial (mágico, paternofilial) autoconfiado o de aspiración), que
determinan o describen su actitud ante el proceso de orientación vocacional.
Teniendo en cuenta estos seis ítems se elabora el pronóstico con respecto a la “orientabilidad “del consultante.
El pronóstico permitirá al psicólogo decidir no solo cual será la estrategia de su trabajo, sino también si va a encarar o
no la orientación vocacional de ese adolescente.
Esta última decisión depende, además del dx primero y del pronostico derivado del mismo, de otros dos factores:
ambientales y profesionales.
Entre los factores ambientales incluimos fundamentalmente a) los factores familiares (la familia apoya, rechaza, es
indiferente el proceso de orientación tal como lo propone el psicólogo) y b) los factores institucionales (si el profesional
trabaja en forma independiente, en una institución privada o pública, gratuita o paga, etc.)
Por factores profesionales entendemos la capacidad y experiencia del psicólogo para atender un caso específico.
1) ¿Tiene este adolescente posibilidad de adquirir su identidad ocupacional sin modificación sustancial de su estructura
de personalidad?
3) ¿tiene posibilidad de emplear su percepción, pensamientos y acción al servicio del principio de realidad; de prever
dificultades, lograr síntesis, tolerar frustraciones, ¿tener insight? ¿es decir, tiene un yo básicamente sano?
5) ¿Es este el momento mas adecuado para que inicie su proceso de orientación vocacional?
Los test tienen un rol instrumental en la tarea clínica y que, como tales, se subordinan a los findes del psicólogo
convirtiéndose en valiosas herramientas cuando este tiene conciencia de su empleo, o en trabas en el ejercicio de su
rol cuando deposita en los test la tarea reparatoria o preventiva.
En el campo de orientación vocacional clínico los test pueden cumplir una función valiosa, pero nunca podrán
reemplazar la función del psicólogo. Por otra parte, es conveniente destacar que no existen test de orientación
vocacional. Existen sí, pruebas que por sus características permiten al psicólogo aportar datos sobre aspectos más o
menos específicos de la personalidad del sujeto.