4 Cuarta Hora
4 Cuarta Hora
CUARTA HORA
De las 8 a las 9 de la noche
La Cena Eucarística
Dulce amor mío, incontentable siempre en tu amor, veo que al terminar la cena
legal te levantas de la mesa y junto con tus amados discípulos elevas el himno
de agradecimiento al Padre por haberles dado el alimento, queriendo reparar
con esto todas las faltas de agradecimiento de las criaturas por los tantos
medios como nos das para la conservación de la vida corporal. Por eso Tú, oh
Jesús, en lo que haces, tocas o ves, tienes siempre en tus labios las palabras:
También yo, oh Jesús, unida contigo tomo las palabras de tus labios y diré
siempre y en todo: “Gracias por mí y por todos”, para continuar la reparación
por las faltas de agradecimiento.
Pero, oh mi Jesús, parece que tu amor no tiene reposo, veo que de nuevo
haces sentarse a tus amados discípulos, tomas una palangana con agua, te
ciñes una blanca toalla y te postras a los pies de los apóstoles, en un acto tan
humilde que te atrae la mirada de todo el Cielo y lo hace permanecer estático,
los mismos apóstoles se quedan casi sin movimiento al verte postrado a sus
pies. Pero dime amor mío, ¿qué quieres? ¿Qué pretendes con este acto tan
humilde, humildad jamás vista y que jamás se verá?
«¡Ah hija mía, quiero todas las almas, y postrado ante ellas como un pobre
mendigo, las pido, las urjo, y llorando tramo mis insidias de amor para tenerlas!
Quiero, postrado a sus pies, con esta agua mezclada con mis lágrimas lavarlas
de cualquier imperfección y prepararlas a recibirme en el sacramento. Me
importa tanto este acto de recibirme en la Eucaristía, que no quiero confiar este
oficio ni a los ángeles, ni siquiera a mi amada Mamá, sino que Yo mismo quiero
purificarlas, aun las fibras más íntimas, para disponerlas a recibir el fruto del
sacramento, y en los apóstoles era mi intención preparar a todas las almas.
¡Oh mi afligido bien, hago mía tu vida y junto contigo intento reparar todas
estas ofensas! Quiero entrar en los más íntimos escondites de tu corazón divino
y reparar con tu mismo corazón las ofensas más íntimas y secretas que
recibes de tus más amados, y junto contigo quiero girar en todas las almas
que te deben recibir en la Eucaristía, y entrar en sus corazones, y junto a tus
manos pongo las mías para purificarlas.
Ah, Jesús, con estas tus lágrimas y esta agua con las cuales lavaste los pies
de los apóstoles, lavemos a las almas que te deben recibir, purifiquemos sus
corazones, incendiémoslos, sacudamos de ellos el polvo con el cual están
manchados, a fin de que recibiéndote, Tú puedas encontrar en ellas tus
complacencias en vez de tus amarguras.
Pero, afectuoso bien mío, mientras estás atento a lavar los pies de los
apóstoles, te miro y veo que otro dolor traspasa tu corazón santísimo. Estos
apóstoles representan a todos los futuros hijos de la Iglesia, y cada uno de ellos
representa la serie de cada uno de tus dolores: en uno las debilidades; en
otro los engaños; en otro las hipocresías; en otro el amor desmedido a los
intereses; en San Pedro, la falla a los buenos propósitos y todas las ofensas de
los jefes de la Iglesia; en San Juan, las ofensas de tus más fieles; en Judas todos
los apóstatas, con toda la serie de los graves males causados por ellos.
¡Ah! Tu corazón está sofocado por el dolor y por el amor, tanto, que no
pudiendo resistir te detienes a los pies de cada apóstol y rompes en llanto, y
ruegas y reparas por cada una de estas ofensas, e imploras y consigues para
todos el remedio oportuno.
Jesús mío, también yo me uno a Ti, hago mías tus plegarias, tus reparaciones,
tus oportunos remedios para cada alma. Quiero mezclar mis lágrimas a las tuyas,
a fin de que jamás estés solo, sino que siempre me tengas contigo para dividir
tus penas.
Veo, dulce amor mío, que ya estás a los pies de Judas, oigo tu respiro afanoso,
veo que no sólo lloras, sino que sollozas, y mientras lavas aquellos pies, los
besas, te los estrechas al corazón, y no pudiendo hablar porque tu voz está
ahogada por el llanto, lo miras con tus ojos hinchados por el llanto y le dices con
el corazón:
«Hijo mío, ah, te ruego con la voz de mis lágrimas: ¡No te vayas al infierno,
dame tu alma que postrado a tus pies te pido! Di, ¿qué quieres? ¿Qué
pretendes? Todo te daré con tal de que no te pierdas. ¡Ah, evítame este dolor, a
Mí, tu Dios!»
Comprendo que éstas son las estratagemas amorosas que usas con cada
pecador obstinado, y yo te ruego, oh Jesús, mientras te compadezco y te doy
reparación por las ofensas que recibes de las almas que se obstinan en no
quererse convertir, que me permitas recorrer junto contigo la tierra, y donde estén
los pecadores obstinados démosles tus lágrimas para ablandarlos, tus besos y
tus abrazos de amor para encadenarlos a Ti, de manera que no te puedan huir,
y así consolarte por el dolor de la pérdida de Judas.
Jesús mío, gozo y delicia mía, veo que tu amor corre, y rápidamente corre, te
levantas, doliente como estás, y casi corres a la mesa donde está ya preparado
el pan y el vino para la consagración.
Te veo, corazón mío, que tomas un aspecto todo nuevo y nunca antes visto,
tu divina Persona toma un aspecto tierno, amoroso, afectuoso, tus ojos
resplandecen de luz, más que si fueran soles; tu rostro encendido resplandece;
tus labios sonrientes, abrasados de amor; y tus manos creadoras se ponen en
actitud de crear. Te veo, amor mío, todo transformado, parece como si tu
Divinidad se desbordara fuera de tu Humanidad.
Corazón mío y vida mía, Jesús, este aspecto tuyo jamás visto llama la atención
de todos los apóstoles, ellos son presa de un dulce encanto y no se atreven ni
siquiera a respirar. La dulce Mamá corre en espíritu a los pies del altar para
contemplar los portentos de tu amor; los ángeles descienden del Cielo y se
preguntan entre ellos: «¿Qué sucede? ¿Qué pasa?» ¡Son verdaderas locuras,
verdaderos excesos! ¡Un Dios que crea, no el cielo o la tierra, sino a Sí
mismo! ¿Y dónde? ¡Dentro de la materia vilísima de un poco de pan y un
poco de vino!
Pero mientras están todos en torno a Ti, oh amor insaciable, veo que tomas el
pan entre las manos, lo ofreces al Padre y oigo tu voz dulcísima que dice:
«Padre Santo, gracias te sean dadas, pues siempre escuchas a tu Hijo. Padre
Santo, concurre conmigo, Tú un día me enviaste del Cielo a la tierra a
encarnarme en el seno de mi Mamá para venir a salvar a nuestros hijos, ahora
permíteme que me encarne en cada una de las hostias para continuar su
salvación y ser vida de cada uno de mis hijos. Mira, oh Padre, pocas horas me
quedan de vida, ¿cómo tendré corazón para dejar solos y huérfanos a mis hijos?
Son muchos sus enemigos, las tinieblas, las pasiones, las debilidades a que
están sujetos, ¿quién los ayudará? ¡Ah, te suplico que Yo permanezca en cada
hostia para ser vida de cada uno y poner en fuga a sus enemigos, y ser su luz,
fuerza y ayuda, de otra manera, ¿a dónde irán? ¿Quién los ayudará? Nuestras
obras son eternas, mi amor es irresistible, no puedo ni quiero dejar a mis hijos».
El Padre se enternece ante la voz tierna y afectuosa del Hijo, y desciende del
Cielo. Está ya sobre el altar y unido con el Espíritu Santo para concurrir con el
Hijo. Y Jesús con voz sonora y conmovedora pronuncia las palabras de la
consagración, y sin dejarse a Si mismo, crea a Si mismo en aquel pan y en aquel
vino. Después te das en comunión a tus apóstoles, y creo que nuestra celestial
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Mamá no quedó privada de recibirte. ¡Ah Jesús, los cielos se postran, y todos te
mandan un acto de adoración en tu nuevo estado de tan profundo
aniquilamiento!
Oh mi amor, junto contigo la abajo también yo para dividir contigo tus penas, y
pongo todos mis pensamientos en tu mente para quitar estas espinas que tanto
te hacen sufrir, y cada pensamiento mío corra en cada pensamiento tuyo para
hacerte el acto de reparación por cada pensamiento malo y así endulzar tus
afligidos pensamientos.
Jesús mío, bien mío, beso tus bellos ojos, te veo en esta hostia santa, con
estos ojos amorosos, en acto de esperar a todos aquellos que vienen a tu
presencia para mirarlos con tus miradas de amor, para tener la correspondencia
de sus miradas amorosas, pero cuántos vienen a tu presencia y en vez de mirarte
a Ti y buscarte a Ti, miran cosas que los distraen de Ti, y te privan del gusto del
intercambio de las miradas entre Tú y ellos, y Tú lloras, y por eso, besándote,
siento mis labios bañados por tus lágrimas. Ah, mi Jesús, no llores, quiero poner
mis ojos en los tuyos para compartir estas tus penas y llorar contigo, y repararte
por todas las miradas distraídas de las criaturas con ofrecerte mis miradas y
tenerlas siempre fijas en Ti.
Jesús mío, amor mío, beso tus santísimos oídos, ah, te veo atento para
escuchar lo que las criaturas quieren de Ti, para consolarlas, pero ellas, en
cambio, te hacen llegar a los oídos oraciones mal hechas, llenas de
desconfianza, oraciones hechas más por costumbre y sin vida, y tus oídos en
esta hostia santa son molestados más que en la misma Pasión.
Oh mi Jesús, quiero tomar todas las armonías del Cielo y ponerlas en tus oídos
para repararte estas penas, y quiero poner mis oídos en los tuyos, no sólo para
compartir contigo esta pena, sino para estar siempre atenta a lo que quieres, a
lo que sufres, para poner pronto mi acto de reparación y consolarte.
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Jesús, mi todo, beso tu dulcísima boca. Ah, veo que al descender en los
corazones de las criaturas, el primer apoyo que Tú haces es sobre la lengua.
¡Oh, cómo quedas amargado encontrando muchas lenguas mordaces, impuras,
malas! ¡Ah! Tú te sientes atormentar por esas lenguas, y peor aún cuando
desciendes a sus corazones. ¡Oh Jesús, si fuera posible quisiera encontrarme
en la boca de cada una de las criaturas para endulzarte y repararte cualquier
ofensa que recibas de ellas!
Fatigado bien mío, beso tu santísimo cuello, te veo cansado, agotado y todo
ocupado en tu trabajo de amor, dime ¿qué haces? Y Jesús:
Pero con sumo dolor ves que vienen ante Ti con un aire indiferente, sin
premuras por recibirte; otras de hecho no te reciben; y otras, si te reciben, sus
corazones están atados por otros amores y llenos de vicios, como si Tú fueras
despreciable, y Tú, vida mía, estás obligado a salir de estos corazones
encadenado como entraste, porque no te han dado la libertad de hacerse atar, y
han cambiado tus ansias en llanto.
Jesús mío, permíteme que enjugue tus lágrimas y te tranquilice el llanto con
mi amor, y para repararte te ofrezco las ansias y suspiros, los deseos ardientes
que te han dado todos los santos que han existido y existirán, los de tu Mamá y
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el mismo amor del Padre y del Espíritu Santo, y yo haciendo mío este amor,
quiero ponerme a las puertas del tabernáculo para hacerte las reparaciones y
gritar detrás a las almas que quisieran recibirte para hacerte llorar, ‘te amo’, y
tantas veces intento repetir estos actos de reparación, por cuantos contentos das
a todos los santos, y por cuantos movimientos contiene la santísima Trinidad.
Coronada Mamá, te beso el corazón y te pido que custodies mis afectos, mis
deseos, mis latidos, mis pensamientos, y que los pongas como lámparas a la
puerta de los tabernáculos para cortejar a Jesús.
Jesús mío, flechero divino, beso tu pecho. Es tal y tanto el fuego que él
contiene, que para dar un poco de desahogo a tus llamas que se elevan tan alto,
Tú, queriendo hacer un descanso en tu trabajo, quieres jugar en el Sacramento,
y tu juego es formar flechas, dardos, saetas, a fin de que cuando vengan ante Ti,
Tú te pongas a jugar con las criaturas, haciendo salir de tu pecho tus flechas
para flecharlas, y cuando las reciben Tú haces fiesta y formas tu juego, pero
muchas, oh Jesús, te las rechazan, enviándote en correspondencia flechas de
frialdad, dardos de tibieza y saetas de ingratitud; y Tú quedas tan afligido por
esto, que lloras porque las criaturas te hacen fracasar en tu juego de amor.
¡Oh Jesús, cuánto sufres, Tú quisieras una mano amorosa para liberarte de
esas manos sanguinarias! Ah, te ruego que cuando te encuentres en esas
manos me llames para estar presente, y para repararte quiero cubrirte con la
pureza de los ángeles, perfumarte con tus virtudes para disminuir el hedor de
aquellas manos y mi corazón como consuelo y refugio, y mientras estés en mí
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yo te rogaré por los sacerdotes, para que sean dignos ministros tuyos, y no
pongan en peligro tu vida sacramental.
Oh Jesús, beso tu pie izquierdo, y quiero repararte por quienes te reciben por
rutina y sin las debidas disposiciones.
Oh Jesús, beso tu pie derecho, y quiero repararte por aquellos que te reciben
para ultrajarte. Ah, te ruego que cuando se atrevan a hacer esto, renueves el
milagro cuando Longinos te traspasó el corazón con la lanza, y al flujo de aquella
sangre que brotó, tocándole los ojos lo convertiste y lo sanaste, y así, a tu toque
sacramental, conviertas las ofensas en amor.
Ah Jesús, recuerda que también yo soy una pobre encarcelada, es verdad que
tu cárcel es más estrecha, cual es el breve giro de una hostia, por eso enciérrame
en tu corazón, y con las cadenas de tu amor no solo aprisióname, sino ata uno
por uno mis pensamientos, mis afectos, mis deseos, átame las manos y los pies
a tu corazón para que yo no tenga otras manos y otros pies que los tuyos. Así
que, amor mío, mi cárcel será tu corazón, las cadenas el amor, las puertas que
me impedirán salir será tu santísima Voluntad, tus llamas serán mi alimento, tu
respiro será el mío, así que no veré más que llamas, no tocaré sino fuego, que
me darán vida y muerte, como la que sufres Tú en la hostia, y así te daré mi vida;
y mientras yo quedaré aprisionada en Ti, Tú quedarás libre en mí. ¿No ha sido
éste tu intento al encarcelarte en la hostia, el ser desencarcelado por las almas
que te reciben, tomando vida en ellas? Por eso, en señal de amor bendíceme y
dame un beso, yo te abrazo y permanezco en Ti.
Pero, oh dulce corazón mío, veo que después de que has instituido el
santísimo Sacramento y que has visto las enormes ingratitudes y ofensas de las
criaturas, si bien quedas herido y amargado, no te haces para atrás, es más,
quieres ahogarlo todo en la inmensidad de tu amor; veo que instruyes a tus
apóstoles, y después agregas que lo que has hecho Tú lo deben hacer ellos
también, dándoles potestad de consagrar, y de tal manera los ordenas
sacerdotes e instituyes este otro sacramento. Así que, oh Jesús, en todo piensas
y todo reparas, las predicaciones mal hechas, los sacramentos administrados y
recibidos sin disposiciones, y por eso, sin efectos; las vocaciones equivocadas
de los sacerdotes, por parte de ellos como por parte de quien los ordena, no
usando todos los medios para conocer las verdaderas vocaciones. Nada se te
escapa, oh Jesús, y yo quiero seguirte y reparar todas estas ofensas.
Luisa Piccarreta Las 24 Horas de la Pasión
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“Dulce vida mía, cómo me has dejado sola, cuando Tú me pusiste en este
estado todo fue unión, y todo lo concertábamos juntos, y con dulce fuerza me
atrajiste toda a Ti. ¡Oh! cómo se ha cambiado la escena, no sólo me has
abandonado, no sólo no me haces ninguna fuerza para tenerme en aquel estado,
sino que estoy obligada a hacerte una continua fuerza para no salir de este
estado, y este forzarte es para mí un continuo morir”.
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111-111
Noviembre 13, 1915
11-132
Octubre 2, 1916
Esta mañana recibí la comunión como Jesús me había enseñado, esto es,
unida con su Humanidad, Divinidad y Voluntad suya, y Jesús se hizo ver y
yo lo besé y lo estreché a mi corazón, y Él devolviéndome el beso y el abrazo,
me dijo:
“Hija mía, ¡cómo estoy contento de que hayas venido a recibirme unida con mi
Humanidad, mi Divinidad y mi Voluntad! Me has renovado todo el contento que
sentí al recibirme en comunión a Mí mismo, y mientras tú me besabas y me
abrazabas, estando en ti todo Yo mismo, contenías todas las criaturas, y Yo
sentía darme el beso de todas, los abrazos de todas, porque ésta era tu voluntad,
igual que fue la mía al recibirme en la comunión, rehacer al Padre por todo el
amor de las criaturas y a pesar de que muchos no lo amarían, y el Padre se
rehacía en Mí del amor de todas las criaturas, y Yo me rehago en ti del amor de
todas las criaturas, y habiendo encontrado en mi Voluntad quien me ama, me
repara, etc., a nombre de todas, porque en mi Voluntad no hay cosa que el alma
no pueda darme, me siento amar a las criaturas a pesar de que me ofendan,
y voy inventando estratagemas de amor en torno a los corazones más duros
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para convertirlos. Sólo por amor de estas almas que hacen todo en mi Querer,
Yo me siento como encadenado y raptado y les concedo los prodigios de las
más grandes conversiones”.
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12-24
Octubre 23, 1917
Y Jesús: “Hija mía, el primer acto que hice fue el de multiplicar mi Vida en
tantas Vidas mías por cuantas criaturas puedan existir en el mundo, a fin
de que cada una tuviera una Vida mía únicamente para ella, que continuamente
reza, agradece, da satisfacción, ama, por ella sola, como también multiplicaba
mis penas por cada alma, como si por ella sola sufriera y no por otros. En aquel
momento supremo de recibirme a Mí mismo, Yo me daba a todos, y a sufrir en
cada uno de los corazones mi Pasión, para poder sojuzgar los corazones por vía
de penas y de amor, y dándoles todo lo mío divino, venía a tomar el dominio de
todos. Pero, ¡ay de Mí! mi amor quedó desilusionado por muchos y espero con
ansia los corazones amantes, que recibiéndome se unan Conmigo para
multiplicarse en todos, deseando y queriendo lo que quiero Yo, para tomar
al menos de ellos lo que no me dan los otros, y para recibir el contento de tenerlos
conforme a mi deseo y a mi Voluntad. Por eso hija mía, cuando me recibas haz
lo que hice Yo, y Yo tendré el contento de que al menos seamos dos que
queremos la misma cosa”.
Pero mientras esto decía, Jesús estaba muy afligido, y yo le he dicho: “Jesús,
¿qué tienes que estás tan afligido?”
“¡Ay, ay, cuantos males como torrente impetuosa inundarán los países,
cuántos males, cuántos males! Italia está atravesando horas tristes, tristísimas.
Estréchense más a Mí, estén de acuerdo entre ustedes, rueguen a fin de que los
males no sean peores”.
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12-66
Octubre 24, 1918
“Hija, para hacer que la criatura pudiera tener todos los medios necesarios
para recibirme, quise instituir este sacramento al final de mi Vida, para poder
alinear en torno a cada hostia toda mi Vida, como preparativo para cada una
de las criaturas que me habría de recibir. La criatura jamás podría recibirme si
no tuviera a un Dios que preparara todo, que movido solamente por exceso de
amor por quererse dar a la criatura, y no pudiendo ésta recibirme, ese mismo
exceso me llevara a dar toda mi Vida para prepararla, así que ponía todos mis
pasos, mis obras, mi amor, delante de los suyos, y como en Mí estaba
también mi Pasión, ponía también mis penas para prepararla. Así que revístete
de Mí, cúbrete con cada uno de mis actos y ven”.
“Hija mía, Yo no miro tanto el sufrir, sino la buena voluntad del alma y el
amor con el que sufre, por eso el más pequeño sufrimiento se hace grande, las
naderías toman vida en el todo y adquieran valor, y el no sufrir es más fuerte que
el mismo sufrir. ¡Qué dulce violencia es para Mí ver a una criatura que quiere
sufrir por amor mío! Qué me importa a Mí que no sufra, cuando veo que el no
sufrir le es un clavo más doloroso que el mismo sufrir; en cambio, la no buena
voluntad, las cosas forzadas y sin amor, por cuanto grandes, son pequeñas; Yo
no las miro, más bien me son de peso”.
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14-16
Marzo 24, 1922
“Hija mía, conforme el alma hace sus actos en mi Querer, así multiplica mi
Vida, de manera que si hace diez actos en mi Voluntad, diez veces me
multiplica; si hace veinte, cien, mil, o aún más, tantas veces de más quedo
multiplicado. Sucede como en la Consagración Sacramental, cuantas hostias
ponen, tantas veces quedo multiplicado, la diferencia que hay es que en la
Consagración Sacramental tengo necesidad de las hostias para multiplicarme y
del sacerdote que me consagre. En mi Voluntad para quedar multiplicado,
tengo necesidad de los actos de la criatura, donde más que hostia viva, no
muerta como las hostias antes de Consagrarme, mi Voluntad me Consagra y me
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14-40
Julio 6, 1922
Quien vive en la Divina Voluntad es
depositaria de la Vida Sacramental de Jesús.
“No bastaba tocar para hacerme oír, sino también llamarte para ser escuchado.
Escucha hija mía, mientras instituía la cena Eucarística llamé a todos en
torno a Mí, miré todas las generaciones, del primero al último hombre, para dar
a todos mi Vida Sacramental, y no una vez, sino tantas veces por cuantas veces
tiene necesidad del alimento corporal. Yo quería constituirme como alimento del
alma, pero me encontré muy mal al ver que esta mi Vida Sacramental quedaba
rodeada por desprecios, por descuidos y aun por muerte despiadada. Me sentí
mal, sentí todas las congojas de la muerte de mi Vida Sacramental tan dolorosa
y repetida; pero miré mejor, hice uso de la potencia de mi Querer y llamé en torno
a Mí a las almas que habrían vivido en mi Querer, ¡oh! ¡Cómo me sentía feliz!
Me sentía rodeado por estas almas a las cuales la potencia de mi Voluntad las
tenía como abismadas, y que como centro de su vida estaba mi Querer; vi en
ellas mi inmensidad y me encontré bien defendido por todas, y a ellas confié mi
Vida Sacramental, la deposité en ellas para que no sólo me cuidaran sino que
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15-12
Marzo 27, 1923
"Hija mía, ven entre mis brazos y hasta dentro de mi corazón, me he cubierto
de los velos Eucarísticos para no infundir temor, he descendido en el abismo
más profundo de las humillaciones en este Sacramento para elevar a la
criatura hasta Mí, fundiéndola tanto en Mí de formar una sola cosa Conmigo,
y con hacer correr mi sangre sacramental en sus venas constituirme vida de su
latido, de su pensamiento y de todo su ser. Mi amor me devoraba y quería
devorar a la criatura en mis llamas para hacerla renacer como otro Yo, por eso
quise esconderme bajo estos velos eucarísticos, y así escondido entrar en ella
para formar esta transformación de la criatura en Mí; pero para que suceda
esta transformación se necesitaban las disposiciones por parte de las
criaturas, y mi amor llegando al exceso, mientras instituía el Sacramento
Eucarístico, así ponía fuera de dentro de mi Divinidad otras gracias, dones,
favores, luz para bien del hombre, para volverlo digno de poderme recibir; podría
decir que puse fuera tanto bien de sobrepasar los dones de la Creación, quise
darle primero las gracias para recibirme, y después darme para darle el
verdadero fruto de mi Vida Sacramental. Pero para preparar con estos dones
a las almas, se necesita un poco de vacío de ellas mismas, de odio a la culpa,
de deseo de recibirme; estos dones no descienden en la podredumbre, en el
fango, por tanto sin mis dones no tienen las verdaderas disposiciones para
recibirme, y Yo descendiendo en ellas no encuentro el vacío para comunicar mi
Vida, estoy como muerto para ellas, y ellas muertas para Mí; Yo ardo y ellas no
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sienten mis llamas, soy luz y ellas quedan más cegadas. ¡Ay de Mí! cuántos
dolores en mi Vida Sacramental, muchas por falta de disposiciones, no sintiendo
nada de bien en el recibirme, llegan a nausearme, y si continúan recibiéndome
es para formar mi continuo calvario y su eterna condenación, si no es el amor
lo que las lleva a recibirme, es una afrenta de más que me hacen, es una culpa
de más que agregan a sus almas. Por eso reza y repara por los tantos abusos
y sacrilegios que se hacen al recibirme Sacramentado".
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15-30
Junio 18, 1923
Así es mi costumbre en todas mis obras, las hago una vez para dar vida a
todas las demás veces que se repetirán, uniéndolas al primer acto como si
fuera un acto solo, así que la potencia, la inmensidad, la Omnividencia de mi
Voluntad me hicieron abrazar todos los siglos, me hicieron presentes todos
los comulgantes y todas las hostias sacramentales, y me recibí otras tantas
veces a Mí mismo, para hacer pasar por Mí a Mí mismo en cada criatura. ¿Quién
ha pensado jamás en tanto amor mío, que para descender en los corazones de
las criaturas, Yo debía recibirme a Mí mismo para poner a salvo los derechos
divinos, y poder dar a ellas no sólo a Mí mismo, sino también los mismos actos
que Yo hice al recibirme, para disponerlas y darles casi el derecho de poderme
recibir?"
"¿Por qué dudas? ¿No es acaso éste el obrar de Dios? ¿Y de este acto solo
formar tantos actos por cuantos se quiera disfrutar, mientras que es un solo acto?
¿No fue lo mismo para el acto de la Encarnación, de mi Vida y de mi Pasión?
Una sola vez me Encarné, una fue mi Vida, una la Pasión, sin embargo, esta
Encarnación, Vida y Pasión son para todos y para cada uno, como si fuera para
él solo, así que están aún como en acto y para cada uno, como si ahora me
estuviera Encarnando y sufriendo mi Pasión, si no fuera así no obraría como
Dios, sino como criatura, que no conteniendo un poder divino no puede hacerse
de todos, ni puede darse a todos."
Ahora hija mía, quiero decirte otro exceso de mi amor: Quien hace mi
Voluntad y vive en Ella, viene a abrazar el obrar de mi Humanidad, porque Yo
amo mucho que la criatura se vuelva similar a Mí, y como mi Querer y el suyo
son uno solo, Él toma placer y recreándose pone en la criatura todo el bien que
contengo, y hago en ella el depósito de las mismas hostias sacramentales. Mi
Voluntad que la criatura contiene le presta y la circunda con decoro, homenajes
y honores divinos, y Yo todo a ella le confío, porque estoy cierto de poner al
seguro mi obrar, porque mi Voluntad se hace actor, espectador y custodio de
todos mis bienes, de mis obras y de mi misma Vida".
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21-16
Abril 16, 1927
“Hija mía, cuando hago un acto, primero veo si hay al menos una criatura
donde poner el depósito de mi acto, a fin de que tome el bien que hago, lo
tenga custodiado y bien defendido. Ahora, cuando instituí el Santísimo
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