1. ¿Qué es el Brexit?
Brexit es una abreviatura de las palabras inglesas Britain (Gran Bretaña) y
exit (salida), y es el término empleado para describir la salida de Reino
Unido de la Unión Europea (UE).
Reino Unido se sumó al bloque continental, actualmente conformado por
28 países, el 1 de enero de 1973, pero en junio de 2016 los británicos
decidieron abandonar la UE y poner fin a una relación de más de cuatro
décadas.
2. ¿Cómo se llegó ahí?
La celebración de un referendo para decidir si Reino Unido debía
continuar o no en la UE fue una de las promesas de campaña con las que
el entonces primer ministro David Cameron logró la reelección en 2015.
Y en la votación, que tuvo lugar el 23 de junio de 2016, un 48,1% de los
británicos votó a favor de quedarse en el bloque, pero un 51,8% se
pronunció a favor de abandonar la UE.
3. ¿Cuándo se producirá el Brexit?
En principio, Reino Unido abandonará la Unión Europea el 29 de marzo de
2019.
El plazo, sin embargo, puede ser extendido si el gobierno británico así lo
solicita y los otros 27 miembros de la UE están de acuerdo.
Y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea determinó que Reino Unido
puede cancelar definitivamente su salida en cualquier momento del proceso,
por lo que, al menos en teoría, podría no producirse nunca.
4. ¿Qué ha pasado hasta ahora?
La decisión de salir de la Unión Europea causó un verdadero terremoto
político en Reino Unido, forzando la renuncia de David Cameron.
Y el país ha pasado los últimos dos años y medio tratando de ponerse de
acuerdo sobre el tipo de relación que quiere mantener con la Unión
Europea, al tiempo que el gobierno de la nueva primera ministra, Theresa
May, negociaba los términos de la separación.
Un primer "acuerdo de divorcio" entre Londres y Bruselas fue anunciado
el 25 de noviembre de 2018, y la intención original de May era someterlo a
votación en el Parlamento británico el 11 de diciembre.
Pero la primera ministra británica se echó para atrás en el último minuto,
cuando se hizo evidente que no contaba con la mayoría necesaria para la
aprobación del acuerdo, prometiendo regresar con uno mejor.
Su decisión, sin embargo, enojó a suficientes miembros de su partido
para forzar un voto de no confianza que se saldó con la victoria de May,
pero no despejó las dudas sobre el futuro de su acuerdo.
5. ¿Qué dice el acuerdo?
Entre otras cosas, el acuerdo establece un período de transición que tiene
como objetivo darles a las partes tiempo para ajustarse y negociar los
términos de su nueva relación.
Dicho período de transición se extendería hasta el 31 de diciembre de
2020, y durante el mismo no habría mayores cambios en la relación entre
Reino Unido y la Unión Europea.
El acuerdo también define cuánto dinero le debe pagar Reino Unido a la
Unión Europea para honrar los compromisos adquiridos como miembro
del bloque: unos 39.000 millones de libras (casi US$50.000 millones).
Y, en el mismo, las partes también se comprometen a mantener los
derechos para los ciudadanos británicos que actualmente viven y
trabajan en otros países de la UE, y para los ciudadanos europeos que
viven y trabajan en Reino Unido.
El punto de la polémica, sin embargo, es una "salvaguarda" para evitar la
instalación de una frontera física entre la República de Irlanda e Irlanda
del Norte.
6. ¿Por qué es tan polémico el tema de la frontera irlandesa?
La ausencia de barreras físicas entre Irlanda e Irlanda del Norte -una de
las cuatro naciones que conforma Reino Unido- es una de las bases del
acuerdo de paz que puso fin a años de violencia independentista.
Pero si Reino Unido deja de pertenecer a la unión aduanera de la Unión
Europea, como quiere May, esas barreras podrían tener que volver a
levantarse, aunque tanto Londres como Bruselas se han comprometido a
que eso no ocurra.
Con ese compromiso en mente, el acuerdo de salida incluye una
"salvaguarda" que establece que, mientras no se encuentren soluciones
alternativas, Reino Unido se mantendría en una unión aduanera con la Unión
Europea, con Irlanda del Norte obligada a alinearse con ciertas reglas del
mercado común europeo.
Pero esta disposición es inaceptable para los diputados del Partido
Unionista Democrático, clave para el gobierno de May, así como para
muchos parlamentarios conservadores.
29 de enero de 2020
PARÍS.- La concreción definitiva del Brexit, tres años y medio después del referéndum
del 23 de junio de 2016, colocará a la Unión Europea (UE) en la cruel disyuntiva de
renovarse o morir.
El golpe será severo. El Brexit amputará de la UE a 66 millones de habitantes que
aportaban al presupuesto del bloque el equivalente del 15% del PBI. A pesar de esa
mutilación, los 27 países que permanecen integran un mercado unificado de 450
millones de consumidores, con un PBI de 20 billones de dólares para 2020. Aun
después del retiro británico, la UE seguirá siendo la segunda potencia planetaria, detrás
de Estados Unidos, pero delante de China.
Para cubrir el vacío político y psicológico que dejará la partida de Gran Bretaña, la
nueva presidenta de la Comisión Europea -órgano ejecutivo de la UE- espera darle un
nuevo impulso al bloque: la alemana Ursula von der Leyen anunció su intención de
construir una "Europa poderosa, soberana y social", que hubiera sido imposible con la
presencia británica. Ese giro social y estratégico, sin embargo, responde a los desafíos
climáticos y tecnológicos que enfrenta la UE, al progresivo repliegue norteamericano
del tablero internacional, los ataques comerciales de Donald Trump y -no menos
importantes- las agresivas ambiciones chinas.
La nueva orientación que se propone adoptar Von der Leyen también afectará los
equilibrios internos que subsisten desde las épocas de Margaret Thatcher y Tony Blair,
y que modelaron la construcción de una Europa ultraliberal y concentrada en los
beneficios fiscales que podía obtener de un mercado unificado que garantizaba la libre
circulación de capitales, mercancías y personas, en ese orden de importancia.
En esas épocas ordoliberales, Alemania y otros países -como Suecia, Dinamarca,
Holanda y Bélgica- se escudaron detrás de Gran Bretaña, encargada de realizar el
trabajo sucio. Alemania, en particular, aprovechó esos 40 años de liberalismo, que
incluyeron una recesión mundial sin precedente desde 1929 y una crisis del euro, para
convertirse en la gran potencia industrial exportadora de Europa.
La paradoja es que se trata de una mujer surgida del corazón del liberalismo germano la
que considera necesario adoptar un giro más social. Algunos expertos en Bruselas
piensan, aunque no lo dicen, en las enseñanzas del fordismo que forjaron el boom
económico del "capitalismo con rostro humano" que conoció el mundo entre 1930 y
1975. Otros imaginan un retorno light a los fundamentos de la socialdemocracia.
Dentro de la UE "ahora tendrá que producirse una redistribución de roles", sospecha el
economista francés Nicolas Véron, cofundador del think tank europeo Bruegel. El eje
franco-alemán seguirá funcionando como el núcleo del dispositivo, pero -aunque ambos
duermen en la misma cama- no tienen los mismos sueños. Mientras Berlín piensa y
actúa en función de sus concepciones económicas, París se ubica en una perspectiva
geopolítica.
La situación en Irlanda
La frontera que divide Irlanda e Irlanda del Norte ha resultado ser el mayor obstáculo
del Brexit desde el referendo de 2016.
Es la única frontera terrestre de Reino Unido con la UE y el delicado acuerdo de paz
que se llevó a cabo en su día ha sido crucial durante las negociaciones.
"Irlanda del Norte es la parte más claramente afectada por el Brexit. La introducción
de una 'frontera dura' con la República de Irlanda plantea una especial preocupación,
con probables controles aduaneros y migratorios", dijo el Parlamento europeo en un
informe que elaboró en 2017.
Una de las cuestiones principales "para una fuerte relación bilateral" es la libre
circulación en la isla, señalaba el organismo.
El acuerdo definitivo del Brexit evitó que se levantara una frontera física entre Irlanda
del Norte y la República de Irlanda, y a la vez mantuvo la integridad del mercado único
europeo gracias a la llamada "salvaguardia irlandesa".
Estos 500 km de la frontera irlandesa serán la única frontera terrestre entre Reino Unido
y la UE tras el Brexit.
¿Qué pasará entonces con los ciudadanos europeos y británicos que viven en Irlanda del
Norte? ¿Cómo afectará el Brexit a sus vidas?
1. Estancias limitadas
Durante años, británicos y europeos viajaban de un lado a otro del canal de la Mancha y
podían elegir libremente donde vivir y trabajar.
Dichas facilidades llegaron a su fin y ahora se necesitará un visado para estancias
largas y motivos de trabajo.
Para viajes de turismo, sin embargo, británicos y europeos seguirán sin necesitar
visas y podrán usar sus permisos de conducción para manejar en cada país.
En el caso de los británicos, ahora solo pueden permanecer en territorio de la UE un
máximo total de 90 días en un período de 180 días consecutivos. Para visitas a
Bulgaria, Croacia, Chipre y Rumanía se aplican otras reglas. Si se viaja a estos países,
las visitas a otros países de la UE no contarán para el total de 90 días.
Los británicos también deberán garantizar que sus pasaportes tienen al menos seis
meses de validez (y no más de 10 años de haber sido expedidos) y pueden verse
obligados a declarar ante las autoridades europeas cuestiones como el motivo de su
visita y el pasaje de vuelta desde la UE.
Los europeos que quieran trabajar en Reino Unido tendrán que aplicar en línea
para una visa y se les pedirá una oferta de trabajo, suficiente nivel de inglés y un
salario de al menos 25.600 libras al año (US$34.189), entre otros requerimientos que
juntos conforman un sistema basado en puntos.
Y los ciudadanos británicos que quieran vivir y trabajar en algún país del bloque
deberán cumplir los requisitos del sistema migratorio de donde quieran establecerse.
Principales consecuencias tras el Brexit, en cuatro puntos
Fin de la libertad de movimiento: Se puede seguir viajando sin visa, pero solo
para estancias cortas.
Visados para trabajar: Reino Unido implantará un nuevo sistema basado en
puntos y la UE aplicará las reglas para terceros países.
Salida del mercado único: No habrá tarifas adicionales entre exportaciones e
importaciones, pero se impondrán controles de seguridad en aduanas que
podrían dilatar el intercambio fluido de bienes.
Excepciones: Las consideraciones anteriores no aplican para Irlanda del Norte
ni europeos ni británicos con residencia oficial y regularizada en Reino Unido y
la UE.
3. Bienes y servicios
Y es que ambas partes acordaron no imponer tarifas ni costos adicionales al flujo de
bienes, lo que en principio beneficia tanto a exportadores como importadores a ambos
lados del canal.
A pesar del acuerdo de libre comercio entre Londres y Bruselas, se introducirán
controles migratorios y aduaneros que obstaculizarán el fácil flujo de antes.
Sin embargo, serán necesarios nuevos controles fronterizos y trámites burocráticos antes
no existentes, lo que podría provocar demoras y disrupciones en las cadenas de
suministro.
Esos controles, sin embargo, no se impondrán en Irlanda del Norte. Esto es porque
comparte frontera terrestre con la República de Irlanda, miembro de la UE, y
permanecerá de forma efectiva dentro del mercado único europeo.