Megaminería en Argentina: Conflictos y Leyes
Megaminería en Argentina: Conflictos y Leyes
En la última década, sólo dos ciudades pudieron votar si aceptaban o rechazaban la megaminería.
Esquel (2003) y Loncopué (Neuquén, 2012). En ambas ganó el “no a la mina” por más del 80 por
ciento de los votos. Y los gobiernos provinciales han prohibido plebiscitos en Calingasta (San Juan),
Andalgalá y Tinogasta (Catamarca), y en Famatina y Chilecito (La Rioja). La Red Asistencia Jurídica
(Redaj) presentó a fines de 2011 ante la Defensoría del Pueblo de la Nación el relevamiento
“Informe preliminar sobre vulneración de derechos y conflictividad socioambiental minera”, en el
que focalizó en la megaminería, con uso de sustancias tóxicas y grandes volúmenes de agua.
Contabilizó 121 proyectos en “exploración avanzada” (proyectos en los que ya se conocen la
ubicación y calidad de las reservas pero aún no se resuelve la solvencia económica para dar inicio a
la etapa de explotación). Encabezan la lista Santa Cruz (36 proyectos), Salta (17), Chubut (14), San
Juan (11) y Jujuy (8). Le siguen Neuquén (7), Mendoza, La Rioja y Río Negro (6 cada una) y
Catamarca (4).
Las grandes empresas de minería internacional, que escapan de sus países por rígidos controles
ambientales e impositivos, señalaron a Latinoamérica como el destino de la década. En cuanto a la
Argentina, no dejan de fijar las ventajas de legislación vigente. En primer lugar, aprovechan a
rajatabla el Código Minero Argentino, por el cual el Estado (nacional, provincial o municipal) tiene
prohibido explotar por sí solo cualquier yacimiento (literalmente el propio Estado se prohíbe la
explotación de sus minerales), las compañías mineras no tienen retención a la exportación, no
deben liquidar divisas (no ingresa el dinero de sus ventas al país, todo se dirige al exterior), no
pagan impuestos a los combustibles (el que todos pagan cuando cargan nafta), ni tasas para la
importación. Son sólo algunos motivos para que la Argentina sea considerada la niña mimada de la
industria minera mundial. La Cámara de Empresarios Mineros (CAEM) reconoce otros dos factores
seductores: el creciente precio del oro y que la Argentina sólo está explorada en un 25 por ciento.
Por eso mismo, empresas de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Australia, Suiza, Sudáfrica y
Japón impulsan emprendimientos, en diferentes grados de desarrollo, a lo largo de los cinco mil
kilómetros de cordillera.
Andalga
El proyecto de Agua Rica es auspiciado como tres veces más grande que Alumbrera. El yacimiento
tiene reservas minerales probadas y probables de 11,8 mil millones de libras de cobre; y 7,4
millones de onzas de oro contenidas en 1,1 mil millones de toneladas de mineral. Pero se
encuentra en zona periglacial y por ello está protegido por la Ley de Glaciares.
"En todas las causas judiciales se ha acreditado la existencia de glaciares en el yacimiento Agua
Rica", cuenta a Tiempo Judicial Mariana Katz, abogada de la Asamblea El Algarrobo que desde
hace más de 10 años lucha contra la minería contaminante. "El servicio geológico nacional ha
determinado que hay suelo congelado y descongelado y es ambiente periglacial", cuenta la
abogada que agrega que también se violan otras leyes como la de Bosques Nativos y la Ley
General del Ambiente.
Unos días antes de esta sentencia la empresa Yamana Gold, que intenta desde el comienzo
explotar la zona, junto con otra empresa Glencore Xstrata habían anunciado la creación del
Proyecto MARA, precisamente, para explotar Agua Rica. "La Corte va a tener que intervenir
nuevamente", dice Katz, que representa a unos 100 vecinos. Es que luego de la sentencia del
tribunal catamarqueño, tanto la Asamblea El Algarrobo como la municipalidad de Andalgalá
presentaron recursos extraordinarios y será la Corte nacional la que deberá resolverlo.
En marzo de este año los vecinos se dieron cuenta de movimientos de la empresa canadiense
Yamana Gold de ingresar maquinaria para iniciar la exploración en la zona. Los asambleístas
calificaron de carácter ilegal esto y comenzaron con bloqueos selectivos. "Los vecinos con
conocimiento de que entraban las máquinas por la ruta 40, acompañados por la Gendarmería,
entrando por Santa María y no por Andalgalá, pidieron una medida cautelar y se ordenó que
previo a la resolución de la medida cautelar se haga la inspección", cuenta Katz. Es decir, una
clausura preventiva para que no se consume el delito.
La escalada de tensión fue en aumento porque el juez provincial Rodolfo Cecenarro rechazó el
habeas corpus solicitado por los vecinos agrupados en La asamblea El algarrobo, y cuestionó a los
asambleístas a los que catalogó de “setentistas”. Es así que el 10 de abril, durante la marcha
número 584 por el agua y la vida, al pasar frente de las oficinas de Minera Agua Rica un pequeño
grupo se desprende e ingresa y a los pocos minutos comienza un incendio. Dos días después, y tras
la movilización mencionada que incluyó a casi 4 mil personas, la policía provincial realizó
allanamientos y detuvo en su mayoría a integrantes de la asamblea. Lo que pareció más una
cacería contra los ambientalistas.
"Los hechos del 10 de abril tienen que ver con una situación armada ", dice la abogada de la
asamblea El Algarrobo y recalca que "los bomberos están a una cuadra y media del galpón de la
minera y tardaron dos horas en llegar. Es un dato de la realidad concreta". Recordando que la
causa penal está a cargo del propio juez Cecenarro que es el mismo juez en 2010 ordenó la
represión a los vecinos de Andalgalá.
Los detenidos incluyeron a siete integrantes de la asamblea, dos periodistas, y dos personas que
no son parte de la asamblea. Estuvieron detenidos catorce días por el juez. Actualmente en la
causa están terminando de tomarse las testimoniales y se espera el comienzo de las pericias a los
celulares y a las computadoras que se secuestraron en los allanamientos. "Se está haciendo el
análisis para determinar el grado de participación o no", cuenta Katz y remarca que "esto para
nosotros es una causa armada" porque "los propios denunciantes no pueden identificar a los
imputados".
Comodoro Py tampoco escapa de tener que dar respuestas judiciales en el marco de la lucha del
pueblo catamarqueño. Existe una causa radicada en el Juzgado de María Servini de Cubría y que
fue delegada al fiscal Guillermo Marijuan. Allí, los y las asambleístas pidieron la clausura de las
actividades de exploración y el fiscal dispuso medidas en el proceso. El pasado 23 de abril la propia
jueza precisó que debía realizarse esa inspección en el yacimiento minero previo a resolver sobre
la clausura de las actividades de exploración.
Cuando El Algarrobo tomó conocimiento de las decisiones del directorio de Yacimientos Mineros
Agua de Dionisio (YMAD) sobre la aprobación de la integración de los yacimientos Agua Rica y
Alumbrera, denunció a los directores YMAD en ese entonces. "La denuncia es contra los directores
que firmaron en ese momento los acuerdos y también se denunció a los funcionarios de la
Sindicatura General de la Nación (SIGEN)", explicó Katz.
YMAD es una empresa que cuenta con la participación de la Universidad de Tucumán, la provincia
de Catamarca y el Gobierno Nacional que desde 1958 desarrolla en suelo catamarqueño la
exploración y operación de minas. En marzo del año pasado fue designado como presidente del
directorio Fernando Jalil, hermano del actual gobernador de la provincia de Catamarca.
Algunos jueces y juezas hablan en foros de medio ambiente pero poco se meten en frenar
situaciones como las que siguen en Andalgalá, o el despojo de territorios a pueblos originarios, o
en causas por el uso de agroquímicos contaminantes que aún siguen cajoneadas. Mientras tanto,
todos los sábados y hace más de 10 años vecinos, vecinas y asambleístas siguen caminando por el
pueblo de Andalgalá por el agua y la vida.
ntes de que oscurezca, cuando todavía las nubes son anaranjadas, una ciudad de barcos enciende
sus luces en el mar patagónico. Son más de 300 y están detrás de la milla 200, donde termina la
jurisdicción nacional. Se acumulan a la altura del Agujero Azul, una zona famosa por su
biodiversidad y por reunir condiciones únicas dentro del ecosistema marino. Los reflectores de los
barcos dividen el mar en dos: a partir de la milla 201 (donde se instalan), en altamar; y dentro de la
milla 200 hacia el continente, la Zona Económica Exclusiva (ZEE). En ese límite es donde, todas las
noches durante una larga temporada, encienden las luces para atraer al calamar, que sube a la
superficie y es capturado de a toneladas y sin regulación. La iluminación en esta área llega a ser
tan grande como la de una ciudad. Incluso, desde imágenes satelitales de la NASA difundidas por
Greenpeace, se la puede ver superar a la de Buenos Aires en tamaño.
Pero no es casual que estos barcos de bandera coreana, taiwanesa, china, española y portuguesa
elijan pescar en el Agujero Azul. Es en esta zona particular, ubicada a 500 km al este del golfo San
Jorge, donde la plataforma continental argentina se extiende más allá de los límites de la ZEE.
Tiene una enorme vida marina con especies como la merluza, la anchoíta, la vieira patagónica y el
calamar. Por lo tanto, se dan todas las condiciones para que los barcos pesqueros internacionales
sean libres de depredar la zona, fuera de las leyes argentinas. El 80% de la pesca está centrada en
el calamar (barcos poteros) y, en menor medida, buscan merluza común y negra con la técnica de
“arrastre de fondo”.
Todo esto impacta en la flora y fauna de nuestro mar. En principio, la magnitud del volumen de
pesca de calamar, además de afectar esta especie, tiene como consecuencia que otras como el
cachalote, delfines, orcas y elefantes marinos –que también se alimentan del calamar– se vean
forzadas a competir con la industria pesquera para asegurar su alimento. Por otro lado, la ballena
franca austral (en su ruta desde la Antártida hasta la Península Valdés) corre el riesgo de chocar
contra estos buques y lastimarse. Como esta especie se alimenta muy lento, muchas veces es
dañada por los cambios de rumbo repentinos de los barcos.
Pero el problema no termina ahí. Porque, no conformes con la actividad en altamar, en muchas
ocasiones desactivan sus sistemas de posicionamiento satelital y entran a la Zona Económica
Exclusiva de forma ilegal (algunos cuentan con permisos ilegales del Reino Unido y entran desde la
zona de las Islas Malvinas). No son pocos los que lo hacen. En 2020 el Instituto Nacional de
investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) identificó 105 barcos extranjeros dentro de la ZEE, un
número cuatro veces mayor al de buques argentinos. La actividad de la flota extranjera dentro y
fuera de nuestra ZEE afecta la sostenibilidad del calamar argentino porque practica una
explotación libre e indiscriminada. Según el INIDEP, el año pasado los barcos internacionales que
se ubicaron tanto dentro como fuera de la ZEE pescaron 202.648 toneladas de calamar, un
número “depredatorio”. Para Alan Mackern, presidente de la Organización para la Protección de
los Recursos Pesqueros del Atlántico Sur (OPRAS), los números del INIDEP son optimistas. Según
él, serían más de 400 barcos los que están en el área adyacente a la zona económica exclusiva y
que la someten “a una enorme presión pesquera”. Según sus cálculos, estos buques estarían
pescando más de 600 mil toneladas de calamar.
A diferencia de altamar, la Zona Económica Exclusiva sí está regulada: cuenta con leyes, acuerdos y
tratados. Pero a pesar de que son variados y van desde regulaciones del recurso en la pesca hasta
vedas en determinadas especies y áreas protegidas, no siempre son respetados. Los especialistas
afirman que es un mar que está “completamente depredado”. Muchas veces, los barcos
nacionales superan el cupo permitido de captura pero declaran un número menor en las
Direcciones de Pesca de cada lugar. En el Mar Argentino la merluza común, el langostino, el
calamar y la merluza negra son las especies más castigadas.
El método de arrastre de fondo tiene mucho que ver en esta problemática. Es el principal “arte de
pesca” utilizado en el mundo –se estima que el 60% de la pesca es por arrastre– y su objetivo es
capturar especies que viven en el fondo marino, como el langostino y la merluza. Pero lo cierto es
que barre con mucho más. Destruye el bentos (fondo marino) y se lleva todo lo que vive sobre la
arena y la roca, donde se fijan algas y diferentes invertebrados: estrellas de mar, esponjas,
ascidias, cangrejos y erizos. La consecuencia es grande porque cambia la fisonomía del fondo. Y
como en la naturaleza todo es parte de un equilibrio, lo que afecta a un individuo impacta sobre
muchos: si no hay algas, no va a haber cangrejos que se las coman; y si no hay estrellas, tampoco
habrá erizos ni peces más grandes que se alimenten de estos invertebrados y atraigan otros más
grandes. La destrucción del fondo es tal que pueden pasar cientos de años para que una zona se
recupere. Por ejemplo, un arrecife de coral puede tardar 500 años. En cambio, un fondo no tan
complejo, décadas.
Además de dañar el suelo marino, la pesca de arrastre tiene otro problema serio: los peces que
quedan atrapados por el bycatch o pesca accidental. Estas especies que no son “objetivo” son
devueltas al mar de a toneladas, sin vida o en malas condiciones porque no tienen valor comercial
para estos barcos pesqueros. Al tener un ciclo de vida largo, las especies más afectadas por el
bycatch son los tiburones gatuzo (Mutelus schmitti), el cazón (Galeorhinus galeus), el tiburón
gatopardo y las rayas, en particular una especie llamada pez ángel (Squatina guggenheim). Solo los
animales que tienen una capacidad natatoria alta –como grandes tiburones, delfines, orcas y lobos
marinos– son los que, generalmente, se salvan de ser atrapados. ¿Qué especies quedan después
de que el ambiente fue perturbado por este método? Solo las carroñeras. Lamentablemente, es
una técnica muy rentable y, excepto en algunas zonas específicas, con restricciones muy bajas en
nuestro país.
Hoy, todavía estamos lejos de que nuestro mar esté en agenda y de que se implementen políticas
sostenidas. Pero se puede. ¿Cómo? Invirtiendo en ciencia e investigación, ya que el trabajo
conjunto de científicos, conservacionistas, gobiernos, comunidades e industria permite identificar
urgencias y diseñar soluciones. Aunque hoy existen en nuestro país proyectos destinados a este
fin, como el Programa Pampa Azul –que lleva adelante el Ministerio de Ciencia y Tecnología–,
todavía falta más investigación, más trabajos en laboratorio y, sobre todo, fuentes de
financiamientoa. Por otro lado, es importante trabajar en mejorar las fiscalizaciones dentro de la
ZEE y defender nuestras especies de las embarcaciones internacionales. Por último, darles lugar a
actividades orientadas a la sustentabilidad. Generar un plan de educación ambiental integral para
que las nuevas generaciones crezcan en un mundo más consciente y responsable. •
Especies en peligro:
Te contamos cuáles son las especies marinas en peligro, según la lista difundida por la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) y el aporte del biólogo marino Alejo
Irigoyen.
Gatuzo. Este tiburón chiquito se encuentra en peligro de extinción. En los últimos 30 años, su
población fue depredada en un 80%.
Delfín franciscana. En riesgo de vulnerabilidad, por ser víctima de la pesca accidental en las redes
de arrastre de fondo.
Caballito de mar. Su población disminuyó en un 90% en los últimos 30 años en Río Negro por la
sobrepesca y la pérdida de habitat.
Fracking
Los partidarios de la fracturación hidráulica argumentan que la técnica no tiene mayores riesgos
que cualquier otra tecnología utilizada por la industria, e inciden en los beneficios económicos de
las vastas cantidades de hidrocarburos previamente inaccesibles que esta nueva técnica permite
extraer. La industria argumenta que aquellos casos excepcionales en los que se haya podido
producir contaminación, ha sido debido al uso de malas prácticas como defectos en la
construcción de los pozos o en el tratamiento de aguas residuales, pero no de la fracturación
hidráulica en sí misma.
Sus oponentes, en cambio, señalan el impacto ambiental de esta técnica, que en su opinión
incluye la contaminación de acuíferos, elevado consumo de agua, contaminación de la atmósfera,
contaminación sonora, migración de los gases y productos químicos utilizados hacia la superficie,
contaminación en la superficie debida a vertidos, y los posibles efectos en la salud derivados de
ello. También argumentan que se han producido casos de incremento en la actividad sísmica, la
mayoría asociados con la inyección profunda de fluidos relacionados con el fracking.
Por estas razones, la fracturación hidráulica ha sido objeto de atención internacional, siendo
fomentada en algunos países, mientras que otros han impuesto moratorias a su uso o la han
prohibido. El Reino Unido levantó su moratoria en el año 2012 y en la actualidad apuesta de
manera decidida por esta industria como modo de crear empleo, asegurar el suministro
energético y avanzar hacia un sistema bajo en carbono; una suspensión en 201915 fue eliminada
en 2022 en aras de «reforzar la seguridad energética del Reino Unido». La Comisión Europea
emitió el 24 de enero de 2014 unas recomendaciones a los países miembros que deseen explorar y
producir hidrocarburos no convencionales utilizando la fracturación hidráulica para garantizar la
protección adecuada del medio ambiente.
Contaminación:
La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) elaboró un informe que asocia la
fracturación hidráulica con la contaminación de las aguas en el estado de Wyoming. Cabe destacar
que en esa área, la formación con hidrocarburos se encuentra a 372 m de profundidad, mientras
que la base de los acuíferos se ubica a 244 m.
Un informe emitido en junio de 2011 por la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y
Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo, concluye que con la fracturación hidráulica se
produce una «emisión de contaminantes a la atmósfera, contaminación de las aguas subterráneas
debido a caudales de fluidos o gases provocados por escapes o vertidos, fugas de líquidos de
fracturación y descargas no controladas de aguas residuales, así como la utilización de más de 600
productos químicos para liberar el gas natural».
Se ha registrado benceno, un potente agente cancerígeno, en el vapor que sale de los "pozos de
evaporación", donde a menudo se almacenan las aguas residuales del fracking. Las fugas en los
pozos de gas y en las tuberías también pueden contribuir a la contaminación atmosférica y a
aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero. El gran número de vehículos que se
necesitan (cada plataforma de pozos requiere entre 4300 y 6600 viajes en camión para el
transporte de maquinaria, limpieza, etc.) y las operaciones de la propia planta también pueden
causar una contaminación atmosférica significativa si tenemos en cuenta los gases ácidos,
hidrocarburos y partículas finas. Emisiones de gases de efecto invernadero.
Agua con gusto a nafta. Tierra que huele a solvente. Es la situación en el territorio mapuche de la
comunidad mapuche Kaxipayiñ, con un subsuelo que es la mayor reserva de gas de la Argentina,
también conocido como yacimiento Loma La Lata. La comunidad Kaxipayiñ enfrenta desde hace
cuatro décadas un proceso de violación de derechos y son la prueba viviente de la contaminación.
Metales pesados en sangre, abortos espontáneos, cáncer, diabetes y cegueras. Frente al patio de
sus casas, el blanco de sus denuncias: la planta de gas Mega, gigantescas cañerías y tanques de
diez metros de alto que sobresalen en la estepa patagónica. La tierra es rojiza. Sólo hace falta
tomar un puñado y confirmar que está impregnada (de manera literal) con un fuerte olor a
solvente. El agua, fósforo mediante, enciende como nafta. “Es el corazón de la contaminación,
pero no nos afecta sólo a nosotros. Llega a quienes parecen dormidos, río abajo, a Neuquén
capital”, avisa el inan logko (segunda autoridad de la comunidad), José Cruz Cherqui, y señala que
Loma La Lata ya contaminó los lagos Los Barreales y Mari Menuco, que proveen de agua a la
capital provincial. La comunidad apunta a cuatro responsables: Repsol, YPF, gobierno provincial y
nacional.
Loma La Lata es el mayor yacimiento de gas de la Argentina y uno de los más importantes de
Sudamérica. Con una superficie de 30.000 hectáreas, fue descubierto en la década del 70 y el
primer pozo fue perforado en 1977 por Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). La confirmación de
las enormes reservas de gas cambió la estructura energética del país, que luego se complementó
con la construcción de gasoductos Centro Oeste y Neuba II. “Nuestros mayores nos contaron que
no se sabían los derechos que teníamos. Y a la empresa y los gobiernos comenzaron a correr a las
familias, a amenazar, distintas formas de violencia”, recuerda Cherqui. Los pozos se multiplicaron.
Y también los piletones de desechos. Camiones y campamentos petroleros cambiaron
radicalmente la vida de la comunidad. Cherqui explica que el ganado caprino comenzó a morir (por
el agua contaminada y por caer en los piletones), que los ruidos alejaron a la fauna que servía de
alimento (guanacos, choikes, liebres) y que la agricultura se volvió cada vez más difícil por la
escasez de agua. “Las petroleras necesitan energía. Y ahí les hicieron las represas, nos inundaron
con (el lago) Los Barreales. Nunca pidieron permiso a nadie. Nos echaban el agua como cuando le
echan agua a las ratas para que se vayan. Los espacios ceremoniales, los recuerdos, el espacio de
vida y trabajo de crianceros y de la comunidad quedó bajo el agua”, se enoja el vocero.
Camino judicial
La comunidad Paynemil (vecino de Kaxipayiñ) realizó en 1995 una perforación para extraer agua.
En lugar de agua brotó una mezcla extraña de agua e hidrocarburos que, incluso, se prendía fuego.
Ese fue el detonante. Y se sumó a las denuncias que ambas comunidades habían realizado por las
continuas enfermedades de los niños. La Defensoría de Menores de Neuquén, en representación
de los niños de las comunidades, inició una causa civil en 1997 para exigir al gobierno provincial
(“asociado” por regalías con las empresas petroleras, y en su momento corresponsable junto con
la administración nacional del contralor de su actividad) la provisión de agua potable, primero de
emergencia y luego también definitiva y suficiente para las familias. La demanda pidió también
que se brindara (previo diagnóstico) seguimiento y atención médica a los niños y jóvenes, que se
proveyera un régimen definitivo de agua sana y apta, y que se implementaran acciones tendientes
a prevenir e impedir la contaminación del agua, del suelo y del aire. En abril de 1997, la Justicia
hizo lugar al pedido y ordenó al gobierno de Neuquén proveer agua inmediatamente y de manera
permanente, realizar estudios médicos a todos los niños y tomar las necesarias para asegurar la
preservación del ambiente. El gobierno apeló dos veces. Pero el fallo fue confirmado por la
Cámara en lo Civil y luego por el Tribunal Superior de Justicia. El gobierno no cumplió con la
sentencia.
Como se ha visto, uno de los factores que más ha dinamizado la expansión de la soja en Argentina
es la rápida adopción por parte de la gran mayoría de los productores de las semillas
genéticamente modificadas y, en consecuencia, el uso del glifosato como herbicida. En
consonancia con la posición adoptada por el ambientalismo internacional, en el país comenzaron a
surgir críticos a esa adopción tecnológica, que se podría pensar en dos vertientes: una relacionada
a la propia semilla, la otra al uso del glifosato (Otero, 2008; Paul y Steinbrecher, 2003; Branford,
2004). Las críticas a la semilla se centraron básicamente en los potenciales peligros que podría
tener la soja transgénica para la salud humana en el largo plazo y en la posibilidad de que la fuerza
genética de ese cultivo pudiera transmitirse a otras especies, creando las supermalezas,
resistentes a su vez al glifosato (Pengue, 2005). Ante estas críticas, los promotores de la soja
advirtieron que ese producto había sido permitido en el país luego de un cuidadoso análisis por
parte del organismo oficial certificador, que a más de doce años de plena producción nunca se
habían advertido efectos nocivos en la salud humana y que tampoco se podía probar –sal- vo en
algunos casos aislados– que pudiera haber derivas genéticas de la soja a otras especies (Autores
varios, 2005). El sector estatal no intercedió en la disputa, aunque el Ministerio de Agricultura
respondió negativamente a una presentación de Monsanto con respecto a los derechos de uso de
la semilla, dando de ese modo respaldo explícito al producto.
El uso del glifosato también despertó críticas entre los grupos ambientalistas, acusando a
Monsanto de vender un producto peligroso para la población y la biodiversidad y que
contaminaba el suelo y el agua.
las características del producto y las consecuencias de su uso inadecuado, lo que en alguna medida
debilitó el argumento. Sobre las características del mismo, tanto el gobierno como las
corporaciones de agricultores y por supuesto las compañías productoras, señalaron que era un
producto inocuo y que no se transmitía ni al suelo ni al agua una vez fumigado, pero en una típica
situación de falta de legitimidad de la ciencia como árbitro de este tipo de situaciones (Ozawa,
1996), los críticos presentaron a su vez trabajos de investigación donde se señalaba que el
glifosato podía tener consecuencias en la salud y que sí se transmitía por los ecosistemas. En una
maniobra con claro sentido político,el Ministerio de Defensa prohibió el uso de ese producto en
los campos de su propiedad, pero la falta de pruebas contundentes hizo que la controversia no
tuviera mayores resultados entre los productores y no se tomaron medidas generales sobre el
empleo de ese herbicida.
Si consideramos la actitud de los grupos críticos al proceso, es notable la diferencia que existe
entre su capacidad de llegada al público en general (y sobre todo a las clases medias), que por lo
menos en Argentina tiende a considerar siempre como ciertas a las posiciones más pesimistas y
catastróficas, y el efecto que han tenido sobre los propios productores sojeros, que directamente
no las han tenido en cuenta. Esta falta de diálogo se basa en un factor que pareciera de suma
importancia: los críticos a la soja (una mezcla de grupos ambientalistas nacionales e
internacionales, investigadores científicos y representantes de pequeños productores y
campesinos) no proponen ninguna solución alternativa realista a los cientos de miles de
agricultores, transportistas, trabajadores en los servicios y las industrias directamente ligados a
ese producto, por lo cual sus opiniones son tomadas como irreales o ideológicamente sesgadas.
Demonizar a la soja y sus productores no parecería ser un buen camino para solucionar los
problemas que aparentemente se han encontrado.
Por su parte, también hay que tener en cuenta que los grupos promotores de la producción sojera
(corporaciones de productores, grandes empresas productoras de insumos) son muy poderosos y
tienen acceso a los medios masivos de comunicación: por ejemplo, los suplementos semanales de
temas rurales de los dos diarios de mayor importancia en Argentina son evidentemente pro soja, y
son esos mensajes los que llegan con más facilidad a los actores directamente involucrados en la
producción; se podría decir que ese mensaje se ha montado en el éxito de la producción. De la
misma forma que el público en general acepta sin mayores recaudos las posiciones más
pesimistas, los que se han beneficiado no están dispuestos a escuchar críticas.
La deforestación
Mientras la soja se mantuvo dentro de la región pampeana (un ambiente naturalmente carente de
árboles), la controversia sobre su producción se centró en el tema de los efectos contaminantes de
su producción. Sin embargo, a medida que el cultivo se expandía hacia el norte, buscando tierras
más baratas, comenzó a aparecer un nuevo efecto, esta vez sobre el bosque nativo que cubría
buena parte de la Argentina subtropical.
Pero la soja avanzó muy agresivamente sobre los remanentes del bosque, auspiciada muchas
veces por los gobiernos provinciales que extendían muy fácilmente permisos de desmonte. Hacia
2007, la situación se estaba agravando y por primera vez se podía notar un efecto ambiental claro
relacionado con la producción sojera. Aprovechando en algunos casos situaciones dudosas de la
tenencia de la tierra, en otros comprando o arrendando grandes superficies a sus dueños titulares
y aun en otras comprando tierras fiscales que el Estado vendía, los grandes productores
pampeanos (y algunos locales) tomaron su control y desmontaron enormes superficies con el uso
de maquinaria pesada. Esto no solo produjo un efecto ambiental, sino también social, dado que
muchas de esas nuevas tierras estaban ocupadas desde hacía mucho tiempo por grupos aislados
de campesinos e indígenas que fueron expulsados. Varias de sus organizaciones de base, así como
ONG que los apoyaban protestaron fuertemente, si bien nunca se llegó realmente a poder
organizar una protesta consistente (Slutsky, 2005). Fue allí cuando en el Congreso se comenzó a
debatir una ley de manejo forestal, que luego de mucha discusión se promulgó a fines de 2007,
pero recién se reglamentó un año más tarde. Sin embargo, y sobre todo en la provincia de Salta,
los desmontes continuaban, amparándose en los permisos que la provincia había otorgado antes
de la ley.
Finalmente, y frente a una presentación de los grupos indígenas, en marzo de 2009 la Suprema
Corte emitió un decreto prohibiendo todo desmonte hasta que la provincia cumpliera con la ley en
lo que respecta a generar un plan de ordenamiento territorial forestal que marcara con claridad
qué área y bajo qué condiciones se podía eliminar el bosque para dedicarlo a la agricultura. Si bien
este tema fue objeto de mucha promoción pública, salvo en muy pocos casos la ley forestal no
tuvo una reacción abierta de las agrupaciones de productores, aunque su presión fue muy
evidente en el momento en el cual la ley se estaba debatiendo y por el largo tiempo pasado hasta
su reglamentación. No obstante, la aplicación de la ley no significa que la expansión sojera
terminara: cumpliendo con lo pedido por la ley, las provincias del norte están marcando no menos
de 5 millones de hectáreas como potencialmente disponibles para la producción agrícola, si bien
no todas ellas son potencialmente aptas para el cultivo de secano.
La discusión sobre la deforestación atrajo también la atención sobre los efectos territoriales de la
producción sojera en el norte del país, fundamentalmente sobre el noroeste. En esta región no
existía una red densa de localidades urbanas como en la región pampeana y la expansión agrícola
produjo una cierta modificación en la estructura territorial: por una parte, la red de caminos se
hizo más densa y aparecieron en lugares estratégicos algunos pueblos, como Las Lajitas, que
crecieron al concentrar las funciones de servicios para la nueva producción; por otra, en el
noroeste la expansión se hizo en base a grandes unidades productivas, que no solo empujaron la
deforestación, sino que también entraron en conflicto con los grupos campesinos y de pobladores
originarios que vivían en el medio rural sin poseer títulos legales sobre la tierra.
Litio
“La Arabia Saudita del litio”, tituló la revista estadounidense de finanzas Forbes al “triángulo del
litio” que conforman el noroeste de la Argentina, el norte de Chile y Bolivia, y concentrarían el 85
por ciento del litio del mundo. El litio se utiliza para las baterías de celulares y computadoras, y
autos eléctricos. En Jujuy y Salta ya desembarcaron una decena de compañías mineras (de Canadá,
Australia y Estados Unidos, entre otras). Y al menos otros dos jugadores de peso, y ajenos a la
minería, ya fijaron sus ojos en la zona: las automotrices Toyota y Mitsubishi (ambas de Japón). El
litio, también llamado el “oro del futuro”, forma parte de las salinas, planicies blancas que suelen
ser la foto más buscada de los turistas que llegan hasta el norte del país. Y también el lugar
ancestral de vida, cultura e historia de los pueblos Kolla y Atacama. “Nuestros bisabuelos vivieron
donde nosotros hoy, y nunca nos dieron los títulos comunitarios. La minera llega y le dan todo.
Contaminan y nos quieren echar. No dejaremos que eso pase”, advierte Clemente Flores, 47 años,
kolla, siete hijos, de la comunidad aborigen El Angosto, localidad de Moreno, respaldado por las 70
familias de la comunidad, con la misma decisión que él. Y no están solos. Otras 32 comunidades,
1.300 familias, piensan y actúan de manera similar.
Agua escasa
La minería del litio forma parte del modelo extractivo de extracción de recursos naturales aunque,
a diferencia de su prima hermana, la minería metalífera a gran escala, no comparte la voladura de
montañas ni el uso masivo de explosivos y cianuro. Pero sí las une el aspecto más cuestionado en
los últimos años: el uso monumental de agua, en una región de extrema sequía. Del agua
dependen todas las comunidades para el pastoreo y cría de ovejas, llamas y pequeñas chacras. Las
comunidades indígenas realizaron una presentación en la Corte Suprema de Justicia, remarcando
que corre peligro toda la cuenca hídrica de la Laguna Guayatayoc-Salinas Grandes, que agrupa
cursos de agua en Jujuy y Salta, y de la cual dependen los pueblos originarios. “La explotación de la
minería y la afectación del uso del agua —con el absoluto desconocimiento de los permisos
otorgados, las cantidades asignadas, y mucho menos el tipo de utilización y saneamiento de la
misma por parte de las empresas— en una zona árida por excelencia, repercute en una forma
especialmente dañosa para las comunidades indígenas, radicadas desde tiempos inmemoriales en
las zonas afectadas por tales emprendimientos”, denuncia el amparo que está en manos de los
jueces del máximo tribunal del país. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ya
había dado cuenta del riesgo.
“El incremento reciente de la exploración y en algunos casos de la explotación minera plantea una
nueva alternativa de desarrollo que lleva implícita una nueva amenaza a los recursos naturales
(agua, suelo, flora, fauna)”, advierte la investigación “Recursos hídricos de la Puna, valles y
bolsones áridos del Noroeste argentino”, del INTA Salta. Respecto de la minería precisa que sus
“principales problemas son la competencia con el sector agrícola por el recurso agua, destrucción
del hábitat por la construcción de obras de infraestructura y efecto de la contaminación a largo
plazo”. En diciembre de 2010, la Coordinadora de Organizaciones Aborígenes de Jujuy (COAJ)
solicitó al doctor en biología Jorge Gonnet y el doctor en geología Aníbal Manzur una inspección
técnica en una zona de las salinas donde semanas atrás se había realizado una prospección
minera. “Consideraciones ambientales en relación a la construcción de pozos de prospección
minera y/o hidrogeológica en las Salinas Grandes” se llama el informe que concluye: “Las
perforaciones realizadas están generando impactos y/o riesgos sobre los niveles salinos
superficiales y acuíferos”.
Causa en la Corte
En febrero de 2010 las comunidades indígenas confirmaron que había empresas explorando en las
salinas. Comenzaron a organizarse y muy rápido se sumaron 22, todas con posesión ancestral en
las salinas y zona de influencia. Conformaron la Mesa de Pueblos Originarios de la Cuenca de
Guayatayoc y Salinas Grandes. Realizaron pedidos ante las respectivas provincias pero no tuvieron
respuesta. Las empresas seguían ingresando al territorio indígena sin respetar los derechos de las
comunidades. “Expediente C-1146/10. Amparo, medida cautelar, Benita Chaves y otro c/ provincia
de Jujuy y Salta” es el título de la causa que en noviembre de 2010 fue presentada en la Corte
Suprema. Luego se sumaron otras once comunidades. Entre los ejes de la demanda figura la falta
de “consulta previa, información y participación” que la legislación nacional ordena en toda acción
que pudiera afectar los territorios indígenas. Recuerda que las Salinas Grandes “constituyen un
ecosistema único que se encuentra dentro de sus propios territorios, el cual les provee de los
recursos naturales de uso común que son necesarios para su subsistencia, como el agua y la sal
que les permite la vida, el trabajo y la producción”. Se solicita la suspensión inmediata de
actividades en ejecución, y no otorgar nuevos permisos hasta tanto se expida la Corte. También
pide aplicar la Ley 25.675 (“General del Ambiente”), que dispone que “cuando haya peligro de
daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como
razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la
degradación del medio ambiente”.
Inundaciones
Las inundaciones son una de las catástrofes naturales que mayor número de víctimas producen en
el mundo. Basta mencionar que en el siglo XX murieron por este motivo unos 3,2 millones de
personas. Esta cifra representa más de la mitad de los seres humanos que en ese período han
perdido la vida por desastres naturales de todo tipo en el mundo. Causas. Si bien la causa principal
de las inundaciones es el exceso de lluvias, merecen nombrarse otras, como la fusión de las nieves,
la rotura de presas y ciertas actividades humanas. Entre estas últimas mencionaremos las
siguientes: al asfaltar cada vez mayores superficies se impermeabiliza el suelo, lo que impide que
el agua sea absorbida por la tierra; la tala de bosques y los cultivos facilitan la erosión del suelo,
con lo que llegan a los ríos grandes cantidades de materiales que agravan los efectos de la
inundación; las canalizaciones, que solucionan el problema en una parte del río pero la agravan en
otros, y, por último, la ocupación de los cauces por construcciones. Consecuencias. Las
consecuencias de las inundaciones llegan a ser desastrosas, no sólo por los efectos directos sobre
los seres humanos que pierden la vida, sino también sobre aquellos que pierden sus viviendas, sus
cultivos o su ganado.
La situación en la Argentina. Las zonas afectadas por las inundaciones en nuestro país pueden
clasificarse como sigue: a) Zonas afectadas por inundaciones periódicas por lluvias. Ubicadas en las
provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Se han realizado importantes obras de desagüe
por canales, en particular en la provincia de Buenos Aires. En este último caso se discute la
conveniencia de desaguar al mar o de aprovechar esas aguas excedentes en el cultivo de otras
tierras. b) Zonas afectadas por esteros y bañados. Se ubican en el norte de Santa Fe, litoral de
Formosa y Chaco, Corrientes y algunos sectores de Tucumán. La corrección es sumamente difícil y
costosa. c) Zonas inundables por crecientes. En el Delta del Paraná las pérdidas ocasionadas por
estas inundaciones suelen ser enormes. La corrección debe hacerse por endicamientos
(construcción de diques) y saneamientos (rellenos). d) Zonas afectadas por exceso de riego. Esto
produce acumulación de sales. Estas zonas están ubicadas en Mendoza, San Juan y Río Negro. La
acumulación de sales reduce el rendimiento, aumenta los costos operativos y causa pérdidas
económicas. En algunos casos esto lleva a la desertificación2 de las tierras. La corrección se hace
por medio de desagües.
Humedales
La Convención Ramsar es un tratado internacional con 171 Estados parte, que tiene como misión
la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales,
nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo
sostenible en todo el mundo.
“Los humedales presentan funciones ecológicas y ambientales muy importantes. Albergan y son
refugio de una gran diversidad de especies; almacenan y purifican el agua; y cumplen un rol
esencial en el control de inundaciones, ya que reducen la velocidad de circulación de las aguas en
época de crecida. Además, actúan como barreras ante los efectos de las tormentas y controlan la
erosión costera”, detalla la investigadora del CIM. Considerados por todo ello grandes
amortiguadores ambientales, constituyen una de las principales fuentes de abastecimiento de
agua dulce y contribuyen con la recarga y descarga de acuíferos. Tienen un papel fundamental en
los ciclos biogeoquímicos, reteniendo nutrientes y sedimentos, y son importantes sumideros de
carbono, por lo que representan ecosistemas muy valiosos en relación al cambio climático.
Los humedales son imprescindibles para el desarrollo de la vida del ser humano en el planeta
porque constituyen una fuente esencial de agua y alimento, materia prima, recursos genéticos
para medicinas, madera y otros materiales de construcción. A ellos se asocian actividades como la
pesca, pastoreo, actividad forestal, recreación, investigación, recursos energéticos como turba y
materia vegetal, y poseen atributos especiales como parte del patrimonio cultural de la
humanidad. Aportan información arqueológica sobre el pasado, son espacios importantes de
tradiciones sociales, económicas y culturales. Se estima que más de mil millones de personas
dependen de ellos para su sustento y que el 40 % de las especies de la tierra viven y se reproducen
en humedales.
“Sin embargo y a pesar de su importancia vital y sus múltiples beneficios para la sociedad y el
planeta, estos ecosistemas enfrentan constantes amenazas que conducen a su pérdida y
degradación. Las cifras son alarmantes: en el último siglo se ha perdido entre el 30 y 70 % de los
humedales según la región del mundo. Según el Índice de Extensión de los Humedales, entre 1970
y 2008 la extensión de los humedales se redujo un 40 % a escala mundial”, resalta Primost.
Joaquin Cochero es doctor en Ciencias Naturales e investigador del Instituto de Limnología Dr. Raúl
A. Ringuelet (ILPLA), UNLP-CONICET. Desde su laboratorio en el corazón del bosque platense
explica que: “a nivel global, los bañados son ecosistemas muy importantes para reducir los efectos
del cambio climático, ya que actúan como “trampas” de carbono atmosférico. Esto es similar al rol
que cumplen los bosques terrestres, pero en comparación a éstos, los humedales desaparecen
tres veces más rápidamente por actividad humana”.
“Además –agrega- para las ciudades los bañados de desborde tienen otra característica vital que
se tiene que considerar cuando se planea el desarrollo urbano: actúan como zonas de
amortiguación de las inundaciones. Luego de los trágicos eventos de abril del 2013 en nuestra
ciudad, los mapas de inundación realizados por la UNLP muestran una coincidencia irrefutable
entre las áreas afectadas por la crecida con aquellas donde naturalmente se encontraban las zonas
de desborde fluvial de los arroyos del Gato, Pérez, Regimiento y Maldonado. Así, el crecimiento
urbano sobre estos ecosistemas contempla un riesgo hídrico considerable para la seguridad
humana y de las propiedades”.
“El rol de los humedales fluviales bien preservados como “filtros verdes” de contaminantes es
también evidente cuando se estudia la química y la bacteriología del agua. Los nutrientes, como el
fósforo y el nitrógeno, son asimilados por las bacterias, algas y plantas acuáticas, que a su vez
alimentan a los siguientes niveles tróficos. Y este “ciclado” de nutrientes es particularmente rápido
en los bañados fluviales de la región platense estudiados, comparado incluso con otros
ecosistemas sudamericanos”, puntualiza el investigador.