EL REPORTAJE
Qué es
El reportaje es un género periodístico informativo-expositivo en el que se desarrolla extensamente un
tema de interés general, una noticia que incorpora elementos que no tienen cabida en ésta y que se
presta más al estilo literario. El reportaje puede versar sobre personas, sobre lugares, sobre un suceso
concreto…, siempre que estos preocupen a los ciudadanos y estén conectados con la realidad.
Qué contiene
Es un género informativo desligado de la actualidad del momento; no importa la inmediatez de los
hechos, pues se consideran conocidos por el público. Generalmente, el reportaje parte de una
recreación de algo que fue noticia, pero también de hechos que sin ser noticia, en el sentido más
estricto del término, forman parte de la vida cotidiana.
El reportaje pretende subrayar las circunstancias y el ambiente que enmarcan un hecho. Para que la
información sea lo más completa y objetiva posible, el periodista habrá de llevar a cabo una
investigación exhaustiva, en el curso de la cual procurará resumir datos y testimonios de otras
personas. El buen reportaje aporta al lector distintas perspectivas del hecho de que se trata para que,
a la vista de la información proporcionada, él mismo saque sus propias conclusiones. A veces, cuando
el tema es polémico, se entrevista a distintos expertos que ofrecen opiniones divergentes o
complementarias.
En el reportaje se suelen integrar diversas formas discursivas, en especial la descripción, la narración y
la entrevista.
Para hacer un buen reportaje, el reportero ha de tener en cuenta las siguientes normas:
Los hechos deben ser expuestos con rigor y objetividad, sin dar la opinión personal sobre ellos.
Se ha de contar los hechos con claridad. Ya que solo se puede escribir claramente sobre asuntos que
se conocen en profundidad, en todo reportaje es imprescindible la documentación previa.
Es necesario usar un lenguaje preciso, para lo cual se elegirán palabras apropiadas y de uso común.
No obstante, cuando el tema lo requiera, convendrá utilizar tecnicismos. Por ejemplo, en un reportaje
sobre astronáutica cabría usar términos como órbita o cabina presurizada.
Ha de ser original en su enfoque o punto de vista: el periodista aportará a sus lectores un nuevo modo
de ver las cosas; será capaz de revelar aspectos nuevos o desconocidos del asunto.
Es conveniente que el texto tenga un comienzo atractivo y un desarrollo interesante.
Estructura del reportaje
El titular. Formado por un título y, eventualmente, un subtítulo. El título debe ser breve, impactante y
llamativo. El subtítulo, cuando aparece, amplia y explica la información dada en el título.
El párrafo de apertura o la entradilla es un párrafo atractivo que debe suscitar la curiosidad del lector,
debe incitar a seguir leyendo. Puede presentar los rasgos tipográficos de la entradilla es decir estar
escrito en letra negrita y separado del cuerpo de la noticia. Pero puede también aparecer integrado en
el reportaje.
El relato o cuerpo. Todo reportaje debe tener un orden en la exposición de los hechos. Ese orden o
hilo argumental responde a una intención: cronológica, biográfica, explicativa, crítica… Un reportaje
no puede ser una suma de hechos. Cada párrafo ha de estar conectado con el anterior por lo que es
importante definir ese hilo conductor.
El párrafo final debe ser escrito cuidadosamente, constituye el remate final que le deja al lector el
sabor de una buena lectura.
EJEMPLOS DE REPORTAJES
En Vidas al límite (publicado por la editorial Seix Barral), el escritor Juan José
Millás ha recogido una selección de reportajes publicados en El País Semanal
en los que retrata personas famosas, héroes anónimos y hombres y mujeres
con una historia a sus espaldas. Aquí tienes fragmentos de algunos de estos
conocidos reportajes de Millás.
REPORTAJE 1: Daniel Álvarez, un hombre ciego y sordo
El mundo en sus manos
EL PAÍS 3 FEB 2008
Daniel Álvarez no sabe cómo es el mundo que le rodea. Jamás ha visto el rostro de su mujer
o de su hija. Ni siquiera ha escuchado su voz. Es ciego y sordo, pero ha logrado llevar una
vida normal. Trabaja en la ONCE y es presidente de la Asociación de Sordociegos de
España. Viaja, asiste a congresos internacionales y juega con su hija. Sus cinco sentidos
están localizados en sus manos. Atrapado dentro de su cuerpo, sin conexión con el exterior,
ha aprendido a valerse por sí mismo y se comunica con los demás por medio del tacto. Él
inaugura Vidas al límite, la nueva serie de Juan José Millás para El País Semanal. Fotografía
de Daniel Sánchez
He aquí el relato de una peripecia personal extraordinaria, la de Daniel Álvarez, que, sordo
desde los cuatro años y ciego desde los treinta, ha logrado construirse una identidad y una
vida que llamaríamos normales, si "lo normal" no nos pareciera tan opaco. Casado con Helen
y padre de Natalia, una niña de cinco años, Daniel despliega una intensa actividad
profesional que le obliga a viajar con alguna frecuencia dentro y fuera de España. Jefe de la
Unidad Técnica de Sordoceguera de la ONCE (que ocupa a 16 personas), además de
presidente de la Asociación de Sordociegos de España, posee la medalla Anna Sullivan, que
es la condecoración más prestigiosa y antigua en reconocimiento al esfuerzo realizado a
favor de las personas sordociegas.
REPORTAJE 2: María Tapia, ama de casa
María Tapia: La vida del ama de casa
Trabaja más de doce horas diarias. Sostiene una casa y una familia compuesta por
ella, su marido y un hijo de siete años con hiperactividad diagnosticada. Pero su
trabajo es invisible para el sistema. Como el de todas las amas de casa. El desayuno
con las amigas y las veladas ante la tele son sus vías de escape. Juan José Millás la
siguió durante una jornada como parte de su Proyecto Sombra. Acabó agotado.
EL PAÍS 5 ENE 2005
María Tapia trabaja de 14 a 15 horas diarias (alguna más que yo, para decirlo todo) y los
fines de semana hace horas extras. Pese a ello, no está conectada a ninguna red de
intereses que trascienda más allá de las cuatro paredes de su casa. Su actividad no provoca
asientos contables, ni movimientos financieros, ni transferencias bancarias. María no factura
a nadie un solo minuto de su esfuerzo diario, no recibe una nómina y, por tanto, no cotiza
tampoco para cobrar en su día una jubilación. Si hoy fuera a comprarse un televisor a plazos
y le pidieran, como es habitual, un certificado de ingresos del último año, no tendría nada que
enseñar porque no los ha tenido. María Tapia es ama de casa, así que pertenece a esa mitad
de la humanidad que realiza actividades invisibles para el sistema, pero sin las que el
sistema, curiosamente, se vendría abajo. María Tapia no existe ni para los expendedores de
tarjetas de crédito, ni para los directores de las cajas de ahorro, ni para el FMI o el Banco
Mundial. Quizá posea una tarjeta de crédito, pero como mera extensión geográfica de la de
su marido; quizá le concedan un crédito, pero no por ella misma, sino por su marido; tal vez
pueda tener una cuenta corriente, pero su titularidad será subsidiaria de la de su marido.
María Tapia es por sí misma invisible para el sistema; sólo junto a su marido, que al trabajar
fuera de casa es reconocido como un individuo productivo, adquiere una identidad vicaria, es
decir, el eco de una identidad. Lo cierto es que si María Tapia y la mitad invisible de la
humanidad que representa abandonaran de un día para otro las tareas domésticas, de forma
que tuviera que hacerse cargo de ellas la mitad visible, la economía mundial sufriría
gravísimos desajustes, pues son millones y millones las horas que se van en hacer la
compra, en asear la casa, en cocinar, en limpiar el polvo, en cambiar las sábanas, en tender
la ropa, en plancharla, en traer a los niños al mundo y amamantarlos hasta que se les puede
llevar a la guardería, al colegio, al pediatra, al psicólogo, al cumpleaños de un amigo (...)
Llegué a casa de María Tapia, la mujer invisible citada más arriba, a las ocho y media de la
mañana de un destemplado día del pasado mes de octubre. Cuando me abrió la puerta, ya
había despedido a su marido, había ventilado su dormitorio y el salón, se había arreglado y
estaba intentando que Fernando, su hijo, de siete años, saliera de la cama para desayunar y
vestirse, pues a las nueve y media tenía que estar en el colegio.
REPORTAJE 3: Francisco Marín, un joven con síndrome de
Down
Un día con Paco
Tiene síndrome de Down. Es la única diferencia entre Francisco Marín y otro joven
barcelonés de 21 años. Paco trabaja, estudia y está enamorado. Y aspira a un futuro y
una familia.
EL PAÍS 4 MARZO 2001
Francisco Marín tiene 21 años y un cromosoma más que yo. Vive en una localidad de la
periferia de Barcelona (Hospitalet) desde donde cada mañana se dirige a la Fundación
Catalana para el Síndrome de Down, en cuyas oficinas trabaja como auxiliar administrativo.
Va y viene siempre solo, aunque el pasado 17 de enero una sombra estaba esperándole en
el portal de su casa para seguirle durante toda la jornada. Esa sombra era yo.
– Voy a ser tu sombra –le dije.
– Así que yo me llamo Paco y mi sombra se llama Juan José –respondió señalando con
regocijo aquella falta de simetría insólita.
Comenzaba a amanecer cuando tomamos el metro en Hospitalet, confundidos con la riada
de gente que a esa hora se dirigía a trabajar. El vagón iba lleno, pues, de personas con el
número consabido de cromosomas en sus células y con una cantidad anormal de
preocupaciones en su cabeza. Podía oír sonar sus cromosomas y sus preocupaciones cada
vez que el vagón hacía un movimiento brusco. Percibí algunas miradas furtivas hacia la
pareja formada por Paco y yo, cuya relación no era fácil de conjeturar. Él iba disfrazado de
auxiliar administrativo (chaqueta oscura, pantalones con raya, camisa y corbata a juego) y yo
de reportero (pantalones vaqueros, camisa vaquera y chupa). Nos colocamos cerca de una
de las puertas, cogidos a una barra vertical, y Paco me confesó que él también escribía.
EL VÍDEO REPORTAJE
En el vídeo reportaje o reportaje multimedia el periodista, aparte de
relatar lo sucedido, muestra en formato audiovisual imágenes, testimonios,
fragmentos de vídeo, etc.