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Las Misiones

El documento habla sobre la responsabilidad de las iglesias locales de llevar a cabo la misión de evangelización mundial. Argumenta que Jesús ordenó a sus discípulos hacer discípulos en todas las naciones, y que las iglesias deben utilizar sus dones para servir a los demás y ayudar a la iglesia a madurar. También destaca la gran necesidad de llevar el evangelio a lugares como el norte de Yemen, donde hay muy pocos creyentes, y enfatiza que la prioridad de las iglesias debe ser la proclamación del

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Las Misiones

El documento habla sobre la responsabilidad de las iglesias locales de llevar a cabo la misión de evangelización mundial. Argumenta que Jesús ordenó a sus discípulos hacer discípulos en todas las naciones, y que las iglesias deben utilizar sus dones para servir a los demás y ayudar a la iglesia a madurar. También destaca la gran necesidad de llevar el evangelio a lugares como el norte de Yemen, donde hay muy pocos creyentes, y enfatiza que la prioridad de las iglesias debe ser la proclamación del

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LAS MISIONES

¿Crees que es tu responsabilidad ayudar a edificar una iglesia sana? Si eres cristiano,
creemos que lo es. Jesús te ordena hacer discípulos (Mt 28:18-20). Judas nos exhorta a
edificarnos sobre la fe (Jud 20-21). Pedro te llama a utilizar tus dones para servir a los
demás (1P 4:10). Pablo te dice que compartas la verdad con amor para que tu iglesia
madure (Ef 4:13, 15)

DAVID PLATT
El norte de Yemen tiene aproximadamente ocho millones de habitantes. ¿Sabes cuántos
creyentes hay en el norte de este país? De entre ocho millones de personas —la suma de la
poblacion de la Region Metropolitana— hay veinte o treinta creyentes? Es probable que
haya más creyentes en el culto de tu iglesia que en todo el norte de Yemen, y eso es un
problema. Es un problema porque millones de personas en el norte de ese país no tienen
acceso al evangelio. Forman parte de los millones y millones de pueblos en el mundo que
no han sido evangelizados, que nacen, viven y mueren sin haber escuchado nunca las
buenas nuevas de lo que Dios ha hecho para su salvación en Cristo.
Y esto es solo una muestra infima de lo que mucho està ocurriendo en el mundo

¿Quien se va a ocupar de dar a conocer el evangelio de Jesucristo a personas que viven tan
cerca o tan lejos de nosotro, que desconocen la gracia y misericordia de nuestro buen Dios?
En el mundo hay cientos de agencias misioneras que tienen miles de misoneros en
diferentes paises, las organizaciones misioneras son solo una ayuda a la iglesia pero no son
ellas las responsables deante de Dios, sino quen la responsabilidad recae en las iglesias
locales. Siendo más específicos, la responsabilidad principal de los pastores de las iglesias
locales es instruir a las ovejas del Señor con las Escrituras a amar a Dios sobre todas las
cosas y amar al projimo como uno mismo se ama. Y el fin supremo de amar al projimo e
que el nombre de Cristo pueda ser alabado en todo lugar de la tierra. Lucas, en Hechos, nos
describe esta necesidad de la siguiente manera: "En Jerusalen, en toda Judea, en Samaria y
hasta lo ultimo se la tierra"

Cuando leemos el libro de los Hechos de principio a fin, vemos una prioridad clara respecto
a la función de la iglesia local; la prioridad de llevar el evangelio a todos los rincones del
mundo. En Hechos 13 vemos la Iglesia en Antioquía adorando, ayunando y orando, y es en
el contexto de esa iglesia local junto con sus líderes donde el Espíritu Santo aparta a Pablo
y Bernabé como misioneros. La iglesia ora por ellos y los envía, sustentándoles
económicamente a medida que llevan a cabo la misión. Pablo vuelve dos veces a Antioquía
para animar a esa iglesia local y, más tarde, en su tercer viaje misionero, escribe una carta a
otra iglesia local en Roma para pedir su ayuda y poder llegar a España, lugar donde Cristo
no había sido predicado. Así pues, vemos a las iglesias locales enviando, pastoreando y
apoyando económicamente a hombres y mujeres en misiones mundiales.

Y este es el motivo por el que quiero animar a todos los pastores y líderes de las iglesias
locales a que asuman su responsabilidad respecto a las misiones mundiales; para que la
tarea especial —similar a la de Antioquía— que Dios te ha dado a ti y tu iglesia en la
expansión del evangelio sea lleva‐ da hasta los confines de la tierra. Pero puede que te
preguntes: “¿Por dónde empiezo?”.
Ser completamente transparente con la información es una manera buena y honesta de
empezar cualquier relación, incluyendo la relación entre un escritor —como yo— y un
lector (como tú). Es por ello por lo que quiero comenzar este libro exponiendo algunas
convicciones bíblicas básicas acerca de las misiones. Es posible que no estés de acuerdo
con todas y cada una de ellas, pero espero que no dejes de leer este libro por ello. Puede
que encuentres cosas útiles aquí, aún cuando no estemos de acuerdo en todo. Además,
puedes hacer como los judíos de Berea en Hechos 17 y escudriñarlo todo para ver si
concuerda con la Biblia. Necesitamos comenzar definiendo el propósito de la misión de la
iglesia

LA MISIÓN DE LAS MISIONES


ES ANTE TODO ESPIRITUAL

No es necesario empezar este pequeño libro entrando a fondo en el debate acerca de la


responsabilidad de las iglesias de satisfacer tanto las necesidades eternas a través de la
proclamación del evangelio como las necesidades temporales a través del cuidado material.
Está claro que los cristianos tienen que preocuparse de forma personal por todo el
sufrimiento humano. Y los cristianos tienen que preocuparse especialmente por el
sufrimiento eterno y terrible que enfrentan todos aquellos que permanecen bajo la ira de
Dios. No tenemos que permitir que ambas preocupaciones compi‐ tan por ser la prioritaria.
John Piper ha entendido esto correctamente: “Los cristianos se preocupan por todas las
formas de sufrimiento y especialmente por el sufrimiento. eterno. Y si no lo hacen, es que
tienen un corazón defectuoso o creen en un Infierno sin llamas”. Antes de poner nuestra
atención en la misión mundial de la iglesia, espero que podamos estar de acuerdo en que la
iglesia tiene que preocuparse especialmente por el sufrimiento eterno. La iglesia es esa
singular comunidad del evangelio reclutada por Jesucristo mismo. Por consiguiente, tienes
que trabajar de manera especial para cumplir su singular misión de proteger el evangelio,
proclamar el evangelio y discipular a aquellos que responden con arrepentimiento y fe al
evangelio. Sean cuales sean las cosas buenas que hacemos, si nuestras congregaciones
fracasan en esa misión, fracasaremos en el singular mandato que Cristo nos ha dado como
iglesias. Es bueno hacer otras cosas y nuestras iglesias pue‐ den tomar diferentes decisiones
respecto a involucrarse en buenas obras y en ayudas sociales. Pero lo que la iglesia cristiana
posee como algo exclusivo y único es la mayordomía del evangelio. Debemos hacer que lo
primero sea lo primero. Y esa es la prioridad de las misiones cristianas.

Si estamos convencidos de que el sufrimiento eterno en el Infierno es el peor sufrimiento de


entre todos los sufrimientos humanos, ¿a qué otra cosa vamos a dar prioridad? Aún más,
ponemos en primer lugar los asuntos eternos por amor a Dios. Queremos que nuestras
iglesias cumplan con el propósito glorioso de Dios; propósito que fue el motivo concreto
por el cual les confió el evangelio.

LA MISIÓN LE PERTENECE A DIOS, PARA SU GLORIA Y BAJO SUS


INSTRUCCIONES
Dios no solo quiere que Su misión sea llevada a cabo, sino que se haga bajo Sus
instrucciones. Dios desea recibir gloria mostrando que la misión es Suya y que Su poder la
sostiene. Cualquier esfuerzo de nuestra parte por cambiar la misión, ampliarla o sustituir
Sus instrucciones por las nuestras, corre el riesgo de robarle a Dios la gloria que le
corresponde. Y robarle a un Dios que todo lo sabe y todo lo puede lo que más le apasiona
en todo el universo es increíblemente estúpido y completamente inútil. Así dice Dios: Por
amor a Mi nombre contengo Mi ira, y para Mi alabanza la reprimo contigo a fin de no
destruirte. He aquí, te he purificado, pero no como a plata; te he probado en el crisol de la
aflicción. Por amor Mío, por amor Mío, lo haré, por‐ que ¿cómo podría ser profanado Mi
nombre? Mi gloria, pues, no la daré a otro (Is 48:9-11, LBLA).
A Dios le importa cómo se lleva a cabo la misión porque Él no comparte Su gloria con
nadie. Cuando leamos las páginas de la Escritura para entender la misión, este hecho debe
permanecer grabado en nuestras mentes. La misión de la redención mundial es en última
instancia para la gloria de Dios: “Por amor Mío, por amor Mío, lo haré […]. Mi gloria,
pues, no la daré a otro”. Y eso es algo maravilloso. Nuestra confianza en las misiones y
nuestro gozo en la salvación fluye del conocimiento de que la misión misericordiosa de
Dios debe su origen a Su deseo por Su gloria y no a nuestra habilidad o atractivo. ¡Alabado
sea Dios! Él declara que: Por amor a Mi nombre contengo Mi ira, y para Mi alabanza la
reprimo contigo a fin de no destruirte (Is 48:9, LBLA). Este versículo es uno de lo más
inspiradores de toda la Escritura. Mientras Dios proteja Su propia gloria y esté decidido a
mostrar dicha gloria teniendo misericordia de los peca‐ dores, todos aquellos que confíen en
Él estarán seguros y Su misión nunca fracasará. Dios ha decidido cómo debe llevarse a
cabo la misión. Y quiere que esta se lleve a cabo a través de sencillamente declarar el
evangelio y congregar a Sus hijos en iglesias, para que todos puedan ver que la salvación es
la obra de Dios y que Él reciba toda la gloria.
LAS MISIONES MUNDIALES SE LLEVAN A CABO PRINCIPALMENTE A TRAVÉS
DE LA IGLESIA LOCAL ¿Quién es responsable de llevar a cabo esta misión mundial de
salvación? ¿A quién encargó Cristo Su Gran Comisión en Mateo 28:18-20? Esa es una
pregunta más complicada que averiguar por ejemplo quién estaba presente cuando Él dijo
las palabras registradas en esos versículos. En un sentido, la comisión de llevar a cabo las
misiones fue dada a cada cristiano en particular. Pero en otro sentido, fue dada principal ‐
mente a las iglesias locales. ¿Por qué digo eso?
¿Pero por qué Dios está tan decidido a cumplir Su gran obra redentora por medio de Su
iglesia? Porque le apasiona Su propia gloria. Ha determinado actuar a través de la historia
“para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia
a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Ef 3:10). Dios está decidido a
utilizar la iglesia para cumplir Su obra redentora y mostrar la gloria de Su sabiduría al
universo. La iglesia fue planeada por Dios y ella es Su único plan establecido para las
misiones mundiales. Y por encima de todo, es la amada de Su Hijo amado; la novia
comprada a precio de sangre.
Si queremos entender cómo involucrarnos fielmente en las misiones, la iglesia local tiene
que ser la base para identificar, capacitar, enviar y sostener a los misioneros. La misión ha
sido dada a la Iglesia de Cristo y para la gloria de Cristo.

LA BIBLIA DA MUCHA INFORMACIÓN ACERCA DE CÓMO ENFOCAR LAS


MISIONES
¿Pero cómo quiere Dios que Su misión sea llevada a cabo? Sería cruel que Dios supiera lo
que Él quiere, pero que nos dejara a ciegas en cuanto a Sus planes. Dios nunca trataría a
Sus hijos de esa manera. A lo largo de toda Su Palabra, Dios nos ha dado una colección de
instrucciones respecto a la misión mundial de la iglesia; qué es y cómo enfocarla con
fidelidad, gozo y confianza.

La Biblia nos explica lo que es la misión: la misión de la iglesia es reflejar la gloria de Dios
declarando el evangelio a todas las naciones, congregando iglesias en todo lugar y
llenándolas de discípulos que obedezcan a Dios y le alaben para siempre por Su gracia (Is
56; Mt 28:18-20; Ro 15:7-13; Ef 3:8-11; Ap 7:9-10). La Biblia nos explica cómo se lleva a
cabo la misión: por medio de la oración constante, la proclamación del evangelio, el
discipulado bíblico y la plantación de iglesias (Éx 6:5-8; Ro 10:17; Col 4:2-4; 1Ts 5:11). La
Biblia nos explica el tipo de misioneros que tenemos que apoyar: bíblicamente fieles,
vocacionalmente pacientes, pro‐ clamadores del evangelio y amantes de la iglesia local
(Hch 16:1-3; Ro 10:14-15; 2Co 8:23; 2Ti 4:1-5; 3Jn 1-8). La Biblia nos explica cuál es el
máximo propósito de las misiones: personas transformadas en iglesias bíblicas que final‐
mente se unirán a la multitud celestial alabando al Cordero de Dios por toda la eternidad
(Ro 8:1-11; Heb 10:19-25; Ap 7:9-10). Ese es tan solo un pequeño ejemplo de lo que la
Escritura tiene que decirnos acerca de las misiones. Dios no nos ha dejado solos para que
dependamos de nuestros propios recursos insignificantes y decidamos cuál es la misión de
la iglesia para las naciones. Dios es demasiado benigno y recto como para hacer eso. Así
que, llevemos a cabo la misión con estos cuatro principios bíblicos firmemente grabados en
la mente: • La misión de las misiones es ante todo espiritual. • La misión le pertenece a
Dios, para Su gloria y bajo Sus instrucciones. • Dios le otorgó la misión a la iglesia local. •
Y la Biblia nos dice todo lo que necesitamos saber para cumplir con fidelidad la misión de
Dios. Con estos principios claramente establecidos, pasemos a examinarlos y aplicarlos.

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