DCP 0049-2023
DCP 0049-2023
SALA PLENA
Expediente: 58030-2023-117-CCP
Departamento: Chuquisaca
La Constitución Política del Estado, vigente desde el 7 de febrero de 2009, como determina el art. 1,
contiene un modelo de sociedad, denominado Estado Plurinacional Comunitario, fundado en cinco
pluralismos (lingüístico, cultural, económico, político y jurídico).
En ese contexto; y toda vez que, el periodo de las actuales autoridades jurisdiccionales finaliza el 31
de diciembre de 2023, la Asamblea Legislativa Plurinacional, el 23 de marzo de 2023, aprobó y
emitió el Reglamento de Preselección de Candidatas y Candidatos para la Conformación del Tribunal
Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la
Magistratura; sin embargo, por Resolución 24/2023, pronunciada por la Sala Constitucional Primera
del Tribunal Departamental de Justicia de Beni, dentro de una acción de amparo constitucional, el
mismo quedó sin efecto; ordenándose al señalado ente legislativo, emitir un nuevo reglamento que
garantice el ejercicio de los derechos fundamentales y garantías constitucionales.
Ahora bien, con la finalidad de dar cumplimiento a lo dispuesto en la SCP 0060/2023 de 31 de julio y
lo establecido en el art. 158.I.5 de la CPE, la Cámara de Senadores, en el marco de lo dispuesto en el
art. 163.5 de la Norma Suprema, remitió a la Cámara de Diputados el Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, así se acredita en la copia del oficio con cite: P.N° 294/2022-2023 de 31 de agosto, firmado
por la Senadora Gladys Valentina Alarcón Farfán, Presidenta en Ejercicio de la Cámara de Senadores.
Igualmente, con la nota con cite: CD/CCLSE/INT-N° 307/2022-2023 de 4 de septiembre, que lleva la
firma del Diputado Juan José Jauregui Ururi, Presidente de la Comisión de Constitución, Legislación
y Sistema Electoral.
A través de la Nota Cite: P.N° 73/2022-2023 de 6 de septiembre, dirigida al Presidente del Tribunal
Supremo de Justicia, por el Diputado Jerges Mercado Suárez, Presidente de la Cámara de Diputados
de la Asamblea Legislativa Plurinacional; la Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia, tomó
conocimiento del contenido del referido Proyecto de Ley; y, al haberse generado duda razonable
respecto a que el mismo es contrario al principio de supremacía constitucional, previsto en el art.
410.II de la CPE, concordante con los arts. 7, 12, 108.1 y 109 de la Ley Fundamental, se determinó –
en aplicación de los arts. 202.7 Constitucional y 111 y siguientes del Código Procesal Constitucional
(CPCo)– plantear consulta sobre la constitucionalidad del indicado Proyecto de Ley, en relación al
art. 2 y la Disposición Adicional Sexta del mismo, sobre la base de los siguientes argumentos
jurídicos.
El art. 2 del Proyecto de Ley, en cuanto a la finalidad de la norma prevé: “Garantizar el desarrollo de
las elecciones judiciales 2023-2024, dentro de lo establecido en la Constitución Política del Estado y
la Sentencia Constitucional Plurinacional N° 0060/2023 de 31 de julio de 2023”; sin embargo, a
pesar de su aparente conformidad con el referido fallo constitucional –que determina que la
regulación o limitación de los derechos fundamentales debe ser mediante una ley que materialice el
principio democrático–, el mismo carece de legitimidad material por la falta de un adecuado proceso
de preselección de altas autoridades judiciales; puesto que, acorta el mismo y no valora el mérito de
los candidatos, lo que va en contra de los fundamentos expuestos en la ratio decidendi de la citada
SCP 0060/2023, que subraya la necesidad de considerar tanto la legalidad formal como material, que
debe expresarse en un proceso de preselección legítimo, que no fue materializado en el Proyecto de
Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”;
de tal manera que, se encuentra en antinomia con el principio de legalidad y reserva legal en sentido
material dispuesto en el art. 109 de la CPE.
La SCP 0060/2023, determinó que la naturaleza, relevancia y alcance de ciertos actos, demandan que
su regulación se realice mediante un instrumento normativo que cumpla con los criterios de validez
no solo formales; sino, sobre todo en términos de legitimidad, lo que resulta esencial para garantizar
el principio democrático que deben guiar todas las acciones del poder público; y, aunque sea válido
imponer restricciones al ejercicio de los derechos fundamentales en aras del interés general, el orden
jurídico y otros factores, dichas limitaciones solo pueden ser impuestas a través de una ley en sentido
formal y material.
El referido fallo constitucional detalló en sus Fundamentos Jurídicos III.5 y III.6.2, que la atribución
concedida a la Asamblea Legislativa Plurinacional en el art. 158.I.5 de la CPE, vinculada a la
preselección de candidatos para el Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de
Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura, debe ejercerse exclusivamente a
través de una ley formal y material; lo cual, se justifica por la relevancia de la conformación de las
máximas autoridades judiciales, cuyas condiciones de preselección y elección deben ser definidas de
manera detallada por una ley con dichas características.
La Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley, dispone que: “I. Desde el 2 de enero de 2024,
hasta el día de posesión de las magistradas y magistrados, consejeras y consejeros electos por el voto
popular, el personal subalterno de estas instituciones, en las diferentes áreas de trabajo, implementará
una transición eficiente y ordenada, para que las nuevas autoridades elegidas asuman sus despachos
en condiciones adecuadas; II. Las autoridades judiciales electas salientes, están obligadas a emitir el
informe final correspondiente; y, III. De manera excepcional, a partir del 2 de enero de 2024, quedan
suspendidos todos los plazos procesales para todas las causas que se encuentren en trámite, en los
despachos de las Magistradas y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y despacho de Consejeras y Consejeros del
Consejo de la Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, por ser esta una Ley
transitoria y excepcional”; la misma que se contrapone a lo previsto en los arts. 7 y 178.I de la CPE.
El art. 7 de la Norma Suprema establece que: “La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce
de forma directa y delegada. De ella emanan por delegación, las funciones y atribuciones de los
órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”. A su vez, el art. 178 de la CPE, dispone
que: “La potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano…”. De la lectura de ambos
preceptos constitucionales se extrae que, es la Asamblea Constituyente la que dispuso que
corresponde al Órgano Judicial la función de impartir justicia dentro el Estado Plurinacional de
Bolivia; lo que implica que, un poder constituido como la Asamblea Legislativa Plurinacional, no
puede limitar o modificar, mediante una ley ordinaria, lo que el soberano dispuso y está
expresamente contenido en la Ley Fundamental.
Al pretender la Asamblea Legislativa Plurinacional, mediante la Disposición Adicional Sexta del
Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”, suspender todos los plazos procesales para todas las causas que se encuentren en trámite
en los despachos de las Magistradas y Magistrados salientes, de los diferentes entes del Órgano
Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, lo que están haciendo es interrumpir la función
privativa y exclusiva de uno de los Órganos “del nivel central”, en este caso, del Órgano Judicial, lo
que desde el punto de vista del diseño constitucional, y a lo previsto en los arts. 7 y 178 de la CPE,
no es viable, porque no puede un órgano constituido, como la Asamblea Legislativa Plurinacional,
pretender suspender las funciones de otro de los órganos del Estado, siendo que las mismas fueron
delegadas directamente por el soberano, cuya soberanía es inalienable e imprescriptible. Asimismo,
cuando se dispone la transitoriedad de las altas autoridades, se pone en riesgo la propia soberanía del
Estado boliviano; lo que, debe ser considerado por los Magistrados del Tribunal Constitucional
Plurinacional al momento de valorar la duda razonable, evidenciándose con esta explicación, que lo
pretendido a través de la Disposición Adicional Sexta del prenombrado Proyecto de Ley, es contrario
a los arts. 7 y 178.I de la Ley Fundamental.
A lo señalado se añade que, la Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-
2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024” se contrapone a lo
previsto en los arts. 9.4, 12, 115 y 178 de la CPE; tomando en cuenta que, el primer artículo
nombrado dispone que: “Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la
Constitución y la Ley (…) 4. Garantizar el cumplimiento de los principios, valores, derechos y
deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución…”. Por su parte, el art. 12 de la Norma
Suprema, estatuye: “El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos
Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la
independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos. III. Las funciones de los
órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son delegables entre sí”. A su vez, el
art. 115 de la Ley Fundamental, precisa: “Toda persona debe recibir una protección oportuna y
efectiva por parte de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos. II. El
Estado está obligado a garantizar el derecho al debido proceso, a la defensa y a una justicia plural,
pronta, oportuna, gratuita, transparente y sin dilaciones”. Finalmente, el art. 178.I de la CPE, ordena:
“La potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano y se sustenta en los principios de
independencia, imparcialidad, seguridad Jurídica, publicidad, probidad, celeridad, gratuidad,
pluralismo jurídico, interculturalidad, equidad, servicio a la sociedad, participación ciudadana,
armonía social y respeto a los derechos”.
De la lectura de todos esos mandatos constitucionales, se concluye en que el Estado como persona
jurídica, tiene el deber constitucional, a través de sus Órganos Públicos, de garantizar el
cumplimiento efectivo de los principios que tienen raíz constitucional, así como los derechos;
razonamiento que, aplicado al caso concreto, genera el siguiente entendimiento: El art. 12 de la
Norma Suprema; establece que, el poder público se basa en los principios de coordinación y
cooperación entre los poderes públicos, y en ese sentido, la ausencia de Magistradas o Magistrados
crea una situación de acefalia que imposibilita la coordinación efectiva de los poderes públicos, lo
que conlleva a una ruptura institucional; la integridad del Estado depende en gran medida de la
unidad política que lo conforma; la cual, es un reflejo directo de la soberanía del pueblo, que ha
encomendado al poder público la responsabilidad de velar por esta unidad y garantizar la plena
efectividad de los derechos fundamentales. En este contexto, las altas autoridades judiciales
desempeñan un papel en un Estado Constitucional de Derecho; ya que, son responsables de asegurar
que la justicia prevalezca y que los derechos de los ciudadanos sean protegidos de manera efectiva;
las funciones y atribuciones de estos poderes públicos emanan directamente del pueblo;
consiguientemente, no es viable, desde el punto de vista constitucional, generar un vacío de poder –si
Ó
vale el término– en el Órgano Judicial, como se pretende a través de la referida Disposición
Adicional Sexta.
El art. 115 de la CPE es taxativo al disponer que, el Estado debe garantizar el debido proceso, y por
ende, el acceso oportuno y efectivo a los tribunales de justicia, no obstante, en el caso concreto, al
pretender disponerse la suspensión de plazos en todas las materias, mediante el Proyecto de Ley C.S.
N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, se está
vulnerando lo establecido en el referido precepto constitucional.
La Disposición Adicional Sexta del precitado Proyecto de Ley, con sus imprecisiones da lugar a
actuaciones que se sitúan fuera del marco legal y contravienen el art. 12 de la Ley Fundamental;
puesto que, no se define claramente si la transición implica que el personal subalterno pueda ejercer
las competencias que normalmente corresponden a las Magistradas o los Magistrados. Es importante
recalcar que las tareas que desempeñan los Magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental; y, los Consejeros del Consejo de la
Magistratura, son de gran relevancia nacional y deben ser realizadas por personas debidamente
calificadas, ya que la legalidad y la competencia son aspectos determinantes en el ejercicio de estas
funciones. Además, pretender que los subalternos realicen actividades para la transición, no condice
con la transparencia con que deben llevarse a cabo las actividades de la función pública.
Lo señalado coloca además a las actuales autoridades en ejercicio, frente a la disyuntiva de incurrir
en el tipo penal previsto en el art. 163 del Código Penal (CP) que, sobre la anticipación o
prolongación de funciones, expresa: “El que ejerciere funciones públicas sin título o nombramiento
expedido por autoridad competente y sin haber llenado otros requisitos exigidos por ley, será
sancionado con prestación de trabajo de dos a seis meses. En la misma pena incurrirá el que después
de habérsele comunicado oficialmente que ha cesado en el desempeño de un cargo público,
continuare ejerciéndolo en todo o en parte”.
Si bien es cierto que, el mandato de las Magistradas y Magistrados del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional tiene un periodo de vigencia; empero, la misma puede ser sometida a
flexibilización cuando el bien jurídico que es la prestación del servicio de administración de justicia,
como componente esencial del principio democrático, no se encuentra garantizado; de modo que al
presente, se tiene una situación de hecho insostenible referida a la inminencia del plazo de conclusión
de mandato versus la inexistencia de autoridades electas, generando así un vacío o inexistencia del
poder de juzgamiento en la jurisdicción ordinaria; así como, en la especializada agroambiental y
esencialmente en la jurisdicción constitucional.
El Proyecto de Ley dispone en su Disposición Adicional Sexta: “I. Desde el 2 de enero de 2024 hasta
el día de posesión de las Magistradas y Magistrados, Consejeras y Consejeros electos por el voto
popular, el personal subalterno de estas instituciones, en las diferentes áreas de trabajo,
implementarán una transición eficiente y ordenada para que las nuevas autoridades elegidas asuman
sus despachos en condiciones adecuadas”; por tanto, resulta inconstitucional que el personal
subalterno asuma tareas exclusivas de los Magistrados.
La Disposición Adicional Sexta se contrapone al art. 122 de la CPE, estableciendo que: “Son nulos
los actos de las personas que usurpen funciones que no les competen, así como los actos de las que
ejercen jurisdicción o potestad que no emane de la ley”; puesto que, en la administración de justicia
(en general) los actos deben gozar de cierta formalidad y una de ellas es que las acciones devengan
de la autoridad competente; de tal manera que, un acto es legal cuando competente es la autoridad
para ejercerlo.
En ese contexto, la falta de una ley que otorgue competencias precisas al personal subalterno, para
llevar a cabo esas tareas, agrega una esfera adicional de incertidumbre y ambigüedad, agravándose
aún más el problema por la falta de precisión en cuanto al período de transición; dado que, no se
establece un cronograma claro para la posesión de las nuevas autoridades; de manera que, la
incertidumbre persiste en cuanto a cuándo se completará la misma y cuándo los altos magistrados
podrán asumir sus funciones de manera efectiva. Esto también se acompaña de una suspensión de
plazos procesales que podría afectar negativamente la administración de justicia.
I.2. Petitorio
Solicita que, en el marco del control previo de constitucionalidad del Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, se emita un pronunciamiento sobre la constitucionalidad del art. 2 y la Disposición Adicional
Sexta del indicado Proyecto de Ley, considerando los fundamentos expuestos y la SCP 0060/2023;
así como, se notifique a la Asamblea Legislativa Plurinacional la suspensión en el tratamiento de
cualquier proyecto de Ley que tenga por finalidad regular la preselección de las altas autoridades de
justicia.
I.3. Admisión
Por Decreto Constitucional de 21 de noviembre de 2023 (fs. 143), se dispuso la suspensión del
cómputo del plazo a objeto de recabar documentación complementaria; recibida la misma, se ordenó
su reanudación a partir de la notificación con el decreto de 7 de diciembre de 2023 (fs. 177); por lo
que, la presente Declaración Constitucional Plurinacional es pronunciada dentro de plazo.
II. CONCLUSIONES
Del análisis de los antecedentes que cursan en obrados se establece lo siguiente:
II.1. Mediante Nota P.N° 294/2022-2023 de 31 de agosto, la Senadora Gladys Valentina Alarcón
Farfán, Presidenta de la Cámara de Senadores de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia,
remitió a conocimiento del Diputado Jerges Mercado Suárez, Presidente de la Cámara de Diputados
de la referida Asamblea, el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria
para las Elecciones Judiciales 2023-2024” (fs. 10).
II.2. Cursa Nota Cite: CD/CCLSE/INT 307/2022-2023 de 4 de septiembre; por la que, el Presidente
de la Comisión de Constitución Legislación y Sistema Electoral, solicitó al Presidente de la Cámara
de Diputados de la Asamblea Legislativa Plurinacional, remitir el prenombrado Proyecto de Ley,
entre otras entidades, al Tribunal Supremo de Justicia, antes de su tratamiento y a fin de evitar
observaciones legales (fs. 9).
II.3. Mediante nota P.N° 773/2022-2023 de 6 de septiembre, el Diputado Jerges Mercado Suárez,
Presidente de la Cámara de Diputados de la prenombrada Asamblea Legislativa, remitió al Presidente
del Tribunal Supremo de Justicia, el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley
Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, a objeto de conocer el criterio técnico y
jurídico de la entidad que representa (fs. 8).
II.4. Cursa el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las
Elecciones Judiciales 2023-2024”, cuyo art. 2 y la Disposición Adicional Sexta, señalan lo que sigue:
“DISPOSICIONES ADICIONALES
II. Las autoridades judiciales electas salientes, están obligados a emitir el informe final
correspondiente.
III. De manera excepcional, a partir del 2 de enero de 2024, quedan suspendidos todos los
plazos procesales para todas las causas que se encuentren en trámite, en los despachos de las
Magistrados y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y despacho de Consejeras y Consejeros del
Consejo de la Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, por ser esta
una Ley transitoria y excepcional” (fs. 11 a 48).
II.5. En la presente consulta de control previo sobre la constitucionalidad del Proyecto de Ley C.S.
N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, se
denuncia la inconstitucionalidad del art. 2 y la Disposición Adicional Sexta, alegándose como
infringidas las siguientes normas constitucionales:
“Artículo 7.
La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan por
delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e
imprescriptible”.
“Artículo 9.
Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la Constitución y la ley:
“Artículo 12.
II. Son funciones estatales la de Control, la Defensa de la Sociedad y la de Defensa del Estado.
III. Las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son
delegables entre sí”.
“Artículo 109.
II. Los derechos y sus garantías solo podrán ser regulados por la ley”.
“Artículo 115.
I. Toda persona será protegida oportuna y efectivamente por los jueces y tribunales en el
ejercicio de sus derechos e intereses legítimos.
II. El Estado garantiza el debido proceso, a la defensa y a una justicia plural, pronta, oportuna,
gratuita, transparente y sin dilaciones”.
“Artículo 122.
Son nulos los actos de las personas que usurpen funciones que no les competen, así como los actos de
las que ejercen jurisdicción o potestad que no emane de la ley”.
“Artículo 178.
I. La potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano y se sustenta en los principios
de independencia, imparcialidad, seguridad jurídica, publicidad, probidad, celeridad, gratuidad,
pluralismo jurídico, interculturalidad, equidad, servicio a la sociedad, participación ciudadana,
armonía social y respeto a los derechos”.
“Artículo 185.
En ese orden, resulta necesario y de vital importancia, encontrar otra alternativa que viabilice y
asegure la elección y posesión de las nuevas autoridades que deben conformar el Órgano Judicial y el
Tribunal Constitucional Plurinacional, ante lo cual, corresponde que se cumpla con el mandato
contenido en el art. 196.II de la CPE, el cual establece que en su función interpretativa, el Tribunal
Constitucional Plurinacional, aplicará como criterio, con preferencia, la voluntad del constituyente,
así como el tenor literal del texto, lo que implica que a tiempo de la interpretación de las normas, el
órgano de justicia constitucional debe aplicar dicho método, indagando las actas y resoluciones de la
Asamblea Constituyente (fs. 131 a 133; y, 136 a 140).
El Presidente del Tribunal Supremo de Justicia consulta sobre la constitucionalidad del art. 2 y la
Disposición Adicional Sexta del Proyecto de ley C.S. N° 2022-2023, “Proyecto de Ley Transitoria
para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, de 31 de agosto de 2023, por ser presuntamente contrarios
a los arts. 7, 9.4, 12, 108.I, 109, 115, 178.I y 410.II de la CPE, debido a que: 1) El primer artículo
nombrado carece de legitimidad material por la falta de un adecuado proceso de preselección de altas
autoridades judiciales, al acortar el mismo y no valorar el mérito de los candidatos, contrariando los
principios de supremacía constitucional, reserva de ley y democrático, así como los fundamentos de
la SCP 0060/2023, que subraya la necesidad de considerar tanto la legalidad formal como material
del proceso de preselección, que no fue materializado en el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023
“Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”; y, 2) En relación a la
segunda disposición nombrada, la delegación al personal subalterno del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, del proceso de transición eficiente y ordenado, implica la asignación de
funciones que solo corresponden a las autoridades electas, infringiendo los principios ya señalados; y,
la suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se encuentren en trámite, en los
despachos de las Magistradas y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y, Consejeras y Consejeros del Consejo de la
Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, además de generar la lesión de los
citados principios de raíz constitucional como de derechos fundamentales de las personas cuyas
causas se encuentran involucradas, genera un vacío de poder y el quiebre del Estado Constitucional
de Derecho.
En consecuencia, corresponde someter a control previo de constitucionalidad los textos del indicado
artículo y Disposición Adicional correspondiente al proyecto de ley consultado, a objeto de
determinar su compatibilidad o incompatibilidad con la Constitución Política del Estado; para que, en
su mérito, la Asamblea Legislativa Plurinacional pueda continuar con el proceso de aprobación de
dicho instrumento legal.
En tal contexto, el art. 202.7 de la CPE, establece como atribución del Tribunal
Constitucional Plurinacional, absolver las consultas de la Presidenta o del Presidente de la República,
de la Asamblea Legislativa Plurinacional, del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal
Agroambiental, sobre la constitucionalidad de los proyectos de ley.
Respecto a la legitimación para poder realizar este tipo de consultas, el art. 112 de la
Norma Procesal Constitucional, establece que los legitimados para realizar consultas sobre la
constitucionalidad de proyectos de ley, son: “1. La Presidenta o Presidente del Estado Plurinacional,
cuando se trate de proyectos cuya iniciativa tienen su origen en el Órgano Ejecutivo. 2. La Presidenta
o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional, tratándose de Proyectos de Ley, cuando fuere
aprobada por Resolución del Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional o una de sus Cámaras,
por dos tercios de los miembros presentes. 3. Para Proyectos de Ley de Materia Judicial, la
Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal Agroambiental, previa
aprobación por la Sala Plena respectiva” (las negrillas son agregadas).
Al efecto, cabe señalar que la presentación de la consulta deberá ser realizada por
quien se encuentre plenamente legitimado conforme a lo previsto en el art. 112 del CPCo; para ello,
la Presidencia del Estado, de la Asamblea Legislativa Plurinacional o de los Tribunales Supremo de
Justicia o Agroambiental, deberán adjuntar indispensablemente la documentación correspondiente
que demuestre que la autoridad consultante ostenta la calidad de: 1) Presidenta o Presidente del
Estado Plurinacional de Bolivia (tratándose de consultas de proyectos cuya iniciativa tienen su origen
en el Órgano Ejecutivo); 2) Presidenta o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional
(tratándose de proyectos de ley); y, 3) Presidenta o Presidente de los Tribunales Supremo de Justicia
o Agroambiental (para proyectos de ley de materia judicial). Debiendo además cumplir con la
exigencia relativa a la aprobación de la remisión del respectivo proyecto de ley en consulta a la que
hacen referencia los numerales 2 y 3 del art. 112 de la Norma Procesal Constitucional; es decir, en
caso de tratarse de la Presidenta o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional, deberá contar
con la aprobación de la remisión del proyecto de ley en consulta por Resolución del Pleno de la
Asamblea Legislativa Plurinacional o de una de sus Cámaras, por dos tercios de los miembros
presentes; asimismo, cuando se pretenda efectuar la consulta sobre proyectos de ley en materia
judicial, la autoridad consultante necesitará la referida aprobación de remisión de Sala Plena del
Tribunal Supremo de Justicia o en su caso de la Sala Plena del Tribunal Agroambiental, siendo
necesario en ambos casos acompañar la documental que demuestre que se cumplió con la respectiva
aprobación de remisión.
Por otra parte, serán de aplicación igualmente los requisitos insertos en el art. 24.I del
CPCo, debiendo señalar la autoridad consultante a tiempo de presentar su consulta: a) El nombre,
apellido y generales de ley de quien interpone la consulta, o de su representante legal, acompañando
en este último caso la documentación que acredite su personería al efecto. Además deberá indicarse
la dirección de un correo electrónico u otro medio alternativo de comunicación inmediata (art. 24.I.1
de la Norma Procesal Constitucional); b) Realizar la exposición de los hechos que llevaron a efectuar
la consulta (art. 24.I.3 de la Norma Procesal Constitucional); c) Identificar con exactitud la norma o
parte del proyecto de ley sobre la que recae la consulta, especificando además la previsión
constitucional con la cual se considera pudiera existir contradicción, formulando con claridad los
motivos; requisito contendido en el art. 24.I.4 del prenombrado Código. Al respecto, el AC
0339/2018-CA de 24 de octubre, expresó que: “…es necesario considerar la naturaleza facultativa
de las mismas, en mérito a la cual el control previo de constitucionalidad sólo se activa cuando las
autoridades legitimadas lo solicitan, debiendo existir, para el efecto, una duda fundada sobre la
constitucionalidad de determinados artículos del proyecto normativo, que debe plasmarse en una
adecuada fundamentación jurídico-constitucional, explicando las razones por las que se tiene duda
sobre una parte o todo el proyecto normativo.
En ese sentido, este Tribunal no está obligado a efectuar un control total del proyecto
normativo, porque ello implicaría, por una parte, ejercer el control previo de constitucionalidad
obligatorio y de oficio, que sólo está reservado para algunas consultas, como el control previo de
constitucionalidad en la ratificación de tratados internacionales, el control previo de proyectos de
Estatutos o Cartas Orgánicas, la consulta sobre la constitucionalidad de las preguntas de referendo
y la constitucionalidad del procedimiento de reforma parcial de la Constitución Política del
Estado”; y,
d) La consulta debe contar con un petitorio claro y preciso (art. 24.I.6 del CPCo); así
como, con patrocinio de abogado de acuerdo a lo regulado en el art. 24.II de la Norma Procesal
Constitucional.
En ese sentido, si bien el citado art. 196.II de la Norma Suprema, refiere que: “En su función
interpretativa, el Tribunal Constitucional Plurinacional aplicará como criterio de interpretación, con
preferencia, la voluntad del constituyente, de acuerdo con sus documentos, actas y resoluciones, así
como el tenor literal del texto”; a su vez el art. 2.II del citado código procesal prevé de manera
descriptiva que, el Tribunal Constitucional Plurinacional en su labor interpretativa podrá aplicar: “1.
La interpretación sistemática de la Constitución Política del Estado, y la interpretación según los
fines establecidos en los principios constitucionales. 2. Los derechos reconocidos en la Constitución
Política del Estado, de acuerdo con los Tratados y Convenios Internacionales de DD.HH. ratificados
por el país, cuando éstos prevean normas más favorables…”.
En ese entendido, los métodos interpretativos que tanto la Norma Suprema como el Código
Procesal Constitucional precisan, son: 1) La voluntad del constituyente, de acuerdo con sus
documentos, actas y resoluciones; 2) El tenor literal del texto constitucional; 3) La interpretación
sistemática de la Constitución Política del Estado; 4) La interpretación según los fines establecidos en
los principios constitucionales; y, 5) La interpretación conforme a los derechos establecidos en la
Constitución Política del Estado y los Tratados o Convenios Internacionales de Derechos Humanos
(DD.HH.) ratificados por el país, cuando estos últimos prevean normas más favorables; sin que lo
señalado signifique que sean los únicos métodos o criterios que se pueden utilizar en la actividad
hermenéutica, pues la propia jurisprudencia constitucional ha desarrollado aun otros criterios al
respecto.
Bajo esa aclaración, se pasa a describir lo esencial de aquellos criterios que son de interés para los
efectos de la presente Declaración Constitucional Plurinacional.
La referida búsqueda debe ser trazada, en primer término, a través de las actas que
exteriorizaron todas las discusiones y debates en el momento de la elaboración de la Norma
Suprema; es decir, de todos los acuerdos y desacuerdos que fueron plasmados en actas y resoluciones
(art. 2.I del CPCo).
Así también sobresale el empleo de este método en la SCP 0206/2014 de 5 de febrero, que al
resolver una acción de inconstitucionalidad abstracta, desarrolló –en su Fundamento Jurídico III.2–
las bases del Estado Plurinacional desde la voluntad constituyente, considerando a tal efecto las actas
de sesión de la Comisión Visión País, de 25 de abril; 4, 8 y 9 de mayo; y, 6 y 12 de junio –entre
otras–, todas de 2007.
Por lo referido, el criterio de la interpretación a través del tenor literal de la norma, traza no
solo un límite extensivo, sino también uno restrictivo a la aplicación del Derecho, al establecer, de
manera normativa, que debe constar una demostración argumentativa de la existencia de algún vacío
normativo, axiológico, técnico o institucional, conforme a lo expuesto anteriormente.
Bajo ese entendimiento, la SCP 2055/2012 de 16 de octubre, empleó el método objeto del
presente examen, para determinar que: “…en virtud de una interpretación sistemática de la
Constitución las temáticas a ser desarrolladas por el art. 271 de la CPE, suponen contenidos
mínimos que deben ser regulados por la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, en virtud de
las veintiocho reservas de ley que contiene la Tercera Parte de la Norma Fundamental”.
En ese sentido, se puede concluir que la interpretación sistemática consiste en la lectura de la norma
que se quiere interpretar, en conjunto con las demás normas que forman parte del ordenamiento
jurídico en el cual aquella está inserta, de manera que, guarde coherencia con las demás disposiciones
relativas a la cuestión de que trata.
Este criterio debe ser entendido como aquel en virtud del cual el juez debe interpretar las
normas del ordenamiento jurídico de conformidad con los derechos fundamentales: lo que implica
para el juez constitucional, verificar que el sentido y alcance asignado a la norma interpretada es
acorde, está en línea y concuerda con los derechos fundamentales, entendiendo también como parte
de estos, a los DD.HH. comprendidos en los instrumentos internacionales de los mismos ratificados
por el país, cuando estos comprendan derechos o alcances más favorables, conforme al art. 410.II de
la CPE.
[1]
Francisco Fernández Segado , acerca del principio de interpretación conforme, señala que:
“…antes de que una ley sea declarada inconstitucional, el juez que efectúa el examen tiene el deber
de buscar en la vía interpretativa una concordancia de dicha ley con la Constitución. Y ello en tanto
en cuanto la anulación de una ley es un suceso bastante más grave que la anulación de un acto
administrativo, ya que crea por sí sola una gran inseguridad jurídica.
El legislador carece de la agilidad necesaria para cubrir de inmediato el hueco que deja la ley
anulada y esa laguna genera una gran confusión jurídica. Este horror vacui explica el recurso a este
principio…”.
En ese sentido, se puede señalar que la interpretación conforme, constituye un método que
acomoda las disposiciones normativas examinadas a la forma permitida y tolerable más aproximada
que posibilite su pervivencia en el ordenamiento jurídico una vez contrastadas con la Norma
Suprema y el bloque de constitucionalidad; actividad hermenéutica que no se limita a la sola
interpretación de aquella disposición remitiéndose a lo que quiso decir el constituyente histórico, sino
supone, la concreción de un nuevo razonamiento o regla interpretativa producto de una interpretación
armonizante y resignificadora de la norma contenida en dicha disposición, que evite su declaratoria
de inconstitucionalidad, a cambio de una nueva eficacia interpretativa vinculante; en otros términos,
la interpretación conforme de las normas implica que, las disposiciones jurídicas deben interpretarse
en el sentido que mejor guarde coherencia con lo dispuesto en la Constitución Política del Estado y
los tratados o convenios internacionales sobre DD.HH. ratificados por el Estado.
Lo anotado implica entonces, que la autoridad al momento de elaborar una ley, emitir una norma o
aplicar una disposición legal que limita un derecho fundamental, debería efectuar un juicio de
proporcionalidad en el que se analice tres aspectos fundamentales: a) Si la medida limitativa o
restrictiva de un derecho fundamental es idónea o adecuada para la finalidad buscada con la misma;
b) Si la medida limitativa o restrictiva es necesaria, y si acaso, existen otras menos graves, que
restrinjan en menor medida el derecho fundamental, que podrían ser adoptadas en el caso concreto
para alcanzar la finalidad perseguida; y, c) Analizar la proporcionalidad en sentido estricto que
consiste en estudiar si la afectación, restricción o limitación al derecho fundamental no resulta
exagerada o desmedida frente a las ventajas que se obtienen con tal restricción y el cumplimiento de
la finalidad perseguida”. Método que permite comprobar la inconstitucionalidad de la norma
impugnada.
Así, la SCP 1714/2012 de 1 de octubre, reiterada por la SCP 2055/2012, estableció en cuanto
al principio de unidad de la constitución, que: “…uno de los principios de interpretación
constitucional es el de la unidad de la Constitución, a partir del cual la interpretación de la norma
constitucional no puede realizarse en forma aislada, en el entendido que la Ley Fundamental
contiene un conjunto de normas que se encuentran correlacionadas entre sí formando una totalidad,
por tanto las normas constitucionales ingresan en un proceso de conexión e interrelación entre la
parte dogmático axiológica de la Norma Suprema -que contiene las bases principistas- con la parte
orgánica a efectos de su armonización para lograr el carácter de unidad de la Constitución” .
III.3. Los principios, fines, funciones y deberes, como base de la existencia y funcionamiento
del Estado Plurinacional de Bolivia
La Constitución Política del Estado emerge de un pacto político social y económico, reflejado
en su Preámbulo, que reconoce que el nuevo Estado Plurinacional está basado en el respeto e
igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía
y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del
[2]
vivir bien ; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los
habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y
vivienda para todos.
Un principio otorga una base fundante dentro de los criterios de validez normativa y es
determinante dentro de la Teoría General del Derecho; razón por la que, contiene cuando menos dos
características: 1) Por un lado, su carácter fundamental; y, 2) Su particular indeterminación; de los
que se pondrá especial atención a la primera de las caracterizaciones antes señaladas.
Por otra parte, la Constitución Política del Estado, en su Título I, Capítulo Segundo, de los
arts. 7 a 9, establece los “Principios, Valores y Fines del Estado”, de la siguiente manera:
II. El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad,
solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad
de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad,
justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien.
Artículo 9. Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la
Constitución y la ley:
3. Reafirmar y consolidar la unidad del país, y preservar como patrimonio histórico y humano
la diversidad plurinacional.
Por su parte, el art. 13.I. de la CPE, prevé que: “Los derechos reconocidos por esta
Constitución son inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos. El Estado
tiene el deber de promoverlos, protegerlos y respetarlos”.
De otro lado, conviene añadir que la SCP 2143/2012 de 8 de noviembre, ha establecido que:
“…la Constitución aprobada en 2009, se caracteriza no solamente por su ‘Valor Normativo’,…
(negrillas adicionadas); sino esencialmente por su valor axiológico: ‘…es decir, el proceso de
irradiación de contenido en las normas infra-constitucionales y en todos los actos de la vida social,
no solamente comprende normas constitucionales positivizadas, sino también, valores plurales
supremos directrices del orden constitucional.
(…)
Así, se puede destacar que entre los valores plurales supremos que guían al Estado
Plurinacional de Bolivia, se encuentran la igualdad, la complementariedad, la solidaridad,
reciprocidad, armonía, la inclusión, transparencia, igualdad de condiciones, bienestar común,
responsabilidad entre otros, los cuales, a su vez, en el marco de la interculturalidad, se
complementan con los valores ético-morales plasmados en el art. 8.1 de la Constitución, (…), los
cuales, al encontrarse insertos en la parte dogmática de la Constitución, irradiarán de contenido a
la parte orgánica de la Norma Suprema y también al orden infra-constitucional y a los actos de la
vida social, para consolidar así el valor esencial y fin primordial del Estado Plurinacional de
Bolivia, que es el ‘vivir bien’.
En ese orden de ideas, la problemática ahora en examen requiere de una revisión integral y
sistemática de la Constitución Política del Estado, de manera que sea el propio texto constitucional el
que provea de insumos normativos e interpretativos necesarios para una solución.
Es pertinente referirnos a la disposición contenida en el art. 109.II de la CPE, relativa a que los
derechos y sus garantías sólo podrán ser regulados por la ley, lo que implica; por una parte, que sólo
el Órgano Legislativo es el competente para emitir leyes que desarrollen los preceptos o derechos
fundamentales –en su sentido material sin alterar su núcleo esencial– contenidos en la Ley
Fundamental y a su vez impongan sus límites; y por otra, constituye una restricción frente a otros
Órganos –Ejecutivo, Judicial y Electoral– que intenten regular derechos que sólo puede realizarse a
través de una ley.
En ese sentido, la jurisprudencia constitucional ratificó la observancia del principio de reserva legal
cuando el Estado pretenda establecer la restricción o limitación al ejercicio de los derechos
fundamentales previstos en la Constitución; así, la SC 0069/2006 de 8 de agosto, ha precisado que:
“Conforme ha definido este Tribunal, en su Declaración Constitucional 0006/2000, de 21 de
diciembre, el principio de la reserva legal es la `institución jurídica que protege el principio
democrático, al obligar al legislador a regular aquellas materias que por disposición de la
Constitución deben ser desarrolladas en una ley; es una institución que impone un límite tanto al
Poder Legislativo como al Ejecutivo; a aquél, impidiendo que delegue sus potestades en otro órgano,
y a éste, evitando que se pronuncie sobre materias que, como se dijo, debe ser materia de otra ley´.
En el ámbito del ejercicio de los derechos fundamentales, este principio es aplicado para impedir
cualquier exceso en la imposición de limitaciones al ejercicio de los derechos fundamentales, pues si
bien es cierto que pueden imponerse límites al ejercicio de los derechos fundamentales para
preservar la prevalencia del interés general, la primacía del orden jurídico y los factores de
seguridad, moralidad y salubridad públicos, no es menos cierto que, en aplicación del principio de
reserva legal, esas limitaciones solo pueden ser impuestas mediante ley en sentido formal”.
Razonamiento también expresado en las SSCCPP 0680/2012 de 2 de agosto y 0970/2013 de 27 de
junio.
Respecto a aquella posibilidad, la Convención Americana sobre DD.HH., instrumento piramidal del
Sistema Interamericano, determina:
Las restricciones permitidas, de acuerdo con esta Convención, al goce y ejercicio de los derechos y
libertades reconocidas en la misma, no pueden ser aplicadas sino conforme a leyes que se dictaren
por razones de interés general y con el propósito para el cual han sido establecidas”. En
interpretación del citado razonamiento, la Corte IDH, en su reiterada jurisprudencia, sostuvo que:
“...un derecho puede ser restringido por los Estados siempre que las injerencias no sean abusivas o
arbitrarias; por ello, deben estar previstas en ley en sentido formal y material”; entre otros
presupuestos de validez de la medida (las negrillas son añadidas).
La concretada máxima de garantía, se encuentra, además, íntimamente ligada con los criterios de
validez formal de las normas jurídicas, los cuales deben ser minuciosamente observados por el
legislador a momento de ejercer las atribuciones legislativas reservadas a éste por imperio de la
propia Constitución.
Así, conforme se precisó en la SCP 0026/2021 de 19 de abril: “...una norma, es válida, cuando existe
de acuerdo con el derecho en cumplimiento de las denominadas reglas de reconocimiento, cambio y
adjudicación. Por ello la validez (formal o normativa) de una norma jurídica es una cuestión
eminentemente ontológica, es decir existencial, pues, exige determinar si la autoridad que la expidió
tenía competencia y legitimidad según la norma fundamental, si no ha sido derogada (vigencia
temporal) y si no es incompatible con una norma superior. En ese entendido '...(u)na norma jurídica
no vale por tener un contenido determinado; es decir, no vale porque su contenido pueda inferirse,
mediante un argumento deductivo lógico, de una norma fundamental básica presupuesta, sino por
haber sido producida de determinada manera, y en última instancia, por haber sido producida de la
manera determinada por una norma fundante básica presupuesta. Por ello, y sólo por ello, pertenece
la norma al orden jurídico"' (negrillas añadidas).
III.5. Diseño constitucional de los órganos del poder público. Su independencia y separación
La Constitución Política del Estado promulgada el 7 de febrero de 2009, establece en su art. 1, que:
“Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre,
independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se
funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del
proceso integrador del país”. Los Títulos I, II, III y IV de la Segunda Parte “Estructura y
Organización Funcional del Estado” de la Norma Suprema, instituyen cuatro Órganos del Poder
Público: Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, de manera que, en la estructura y
funcionamiento del Estado, se mantiene la trilogía del constitucionalismo clásico, añadiendo la figura
del Órgano Electoral, conformación orgánica que junto al modelo de Estado, a los principios, valores
y fines del Estado, así como al sistema de gobierno, constituyen las bases fundamentales del Estado
(Título I de la CPE).
En tales circunstancias, el art. 7 de la Norma Suprema, instituye que: “La soberanía reside en el
pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan, por delegación, las
funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”. De ello
se colige que el soberano ha delegado funciones y atribuciones específicas en los Órganos del Poder
Público, extremo que refrenda su existencia y funcionamiento, que en tratándose de los órganos
conformados por autoridades electas, lo ha hecho de manera directa, a través del voto popular.
“I. El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo,
Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la
independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos.
II. Son funciones estatales la de Control, la de Defensa de la Sociedad y la de Defensa del Estado.
III. Las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son
delegables entre sí” (las negrillas nos pertenecen).
Se debe considerar que un sistema, en sentido general, es un conjunto de reglas o principios, sobre
una materia, racionalmente enlazados entre sí[3]. El mismo concepto en el ámbito jurídico no es
distante del anteriormente señalado, porque se entiende como un conjunto de principios, normas o
reglas, lógicamente enlazados entre sí, acerca de una ciencia o materia; también es un conjunto
ordenado y armónico que contribuye a una finalidad[4]. En ese orden de ideas y tratándose de un
gobierno, la acepción de sistema deriva en un conjunto de reglas y principios inherentes a la
dirección o administración del Estado.
Sobre el particular, el precitado art. 12 de la CPE, que forma parte de la dogmática de la Ley
Fundamental, introduce la parte orgánica de la Norma Suprema, aspecto que para una comprensión
efectiva, conforme a lo previsto en el art. 3.8 del CPCo, cumple la función de ordenar el Poder
Público que, en el caso de la Constitución Política del Estado vigente, conlleva un elemento
sustancial y no menos relevante a saber, la constitucionalización de principios fundantes o aquellos
que rigen la organización del Poder Público. Nótese que la última nominación mencionada supera la
noción de “poder del Estado” y dota de una nueva concepción de estatalidad, debido al cambio de la
visión de poder, que ahora recae en el Estado, de ahí que el art. 12.I de la CPE, reconoce
expresamente: “El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos
Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral…”.
Resulta evidente entonces, que la Norma Suprema no plantea una idea de noción de poder sobre el
Pueblo, sino de un poder creativo y constante del mismo; tanto así que, en el cuarto párrafo del
Preámbulo de la Constitución Política del Estado, queda claramente establecido lo siguiente:
“Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho
Plurinacional Comunitario…”; que en el art. 1 constitucional se reconoce como característica
esencial democrática; de ahí que, la organización y estructura del Poder Público y del Estado debe
dar validez y vigencia a la citada parte dogmática de la Ley Fundamental, lo que deriva
necesariamente en una primera finalidad, la vigencia de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, declarados y reconocidos por la propia Constitución Política del Estado y el bloque
de constitucionalidad; y en segunda instancia, que el poder público no puede quedar concentrado en
un solo órgano, porque ello supondría un impedimento que evitaría su control, dando lugar a la
arbitrariedad ante el posible abuso del poder en el ejercicio de las funciones atribuidas a distintos
órganos.
Sin embargo, debe quedar claro que la triada clásica de poderes, en primer lugar, en la Constitución
Política del Estado Boliviana, fue resignificada a partir del reconocimiento que el poder público es
único y que por tanto no puede haber división de poderes en el sentido clásico, ya que el poder es
único e indivisible; es decir, lo que se divide son las funciones; y, en segundo término, que el
reconocimiento de tres órganos no es limitante, porque, como en el caso boliviano, puede incluirse a
otro, tal como ocurre con el Órgano Electoral, que tiene un fin y función específicos, como franca
manifestación de la pluralidad de los órganos del poder público, pero también de funciones y
atribuciones.
Consiguientemente, el Estado Plurinacional de Bolivia está conformado por cuatro Órganos, como
son el Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, fundamentados en la independencia, separación,
coordinación y cooperación; los cuales deben coexistir de manera imprescindible para asegurar el
funcionamiento del Estado Constitucional de Derechos, así como el sistema de control de frenos y
contrapesos.
Pues, como se señaló precedentemente, la estructuración de los órganos del poder público tiene
sentido a partir de una protección de los derechos fundamentales, evitando la concentración del poder
en un solo órgano, de manera que no derive en la arbitrariedad; se nutre de la idea de brindar
seguridad y control a todas las personas dentro del Estado, propone una estructura de contención del
poder para protegerlas; de ahí que las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un
solo órgano, ni son delegables entre sí (art. 12.III de la CPE), sin que esto suponga que las funciones
de un órgano no sean delegables dentro del mismo órgano –como ocurre con la delegación de
determinadas competencias reconocidas a ciertos niveles de gobierno por la Norma Suprema y que
pueden ser delegadas a otros niveles, o la ampliación de competencias por materia dentro del propio
Órgano Judicial–, sino, respecto a otro órgano u otros órganos, evitando una sola voz de decisión
sobre aspectos que la propia Constitución Política del Estado encarga a órganos distintos.
En ese orden de ideas, el Informe de Minoría de la Comisión de Estructura y Organización del Estado
de la Asamblea Constituyente, sobre el contenido del art. 12 de la CPE, estableció en el parágrafo IV,
que: “Las funciones del Poder, no pueden ser reunidas en un mismo órgano y su ejercicio es limitado,
por lo que no podrán atribuirse otras facultades que las expresamente acordadas por esta Constitución
y las Leyes de la República”; pero además, que: “El ejercicio del Poder Público se desarrolla
principalmente a través de los Órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, así como de las
demás instituciones, establecidas por esta Constitución y las Leyes de la República, con el objetivo
de cumplir las funciones del Estado y realizar sus fines” (Enciclopedia Histórica Documental del
Proceso Constituyente Boliviano. Tomo III, Volumen 1, p.497). Asimismo, en la Propuesta de Texto
Constitucional de las Organizaciones que conformaron el Pacto de Unidad de mayo de 2007, se
entendió respecto al art. 5.I, que: “…Las funciones de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y
Social Plurinacional no podrán concentrarse en un solo órgano”.
Así, resulta evidente que tanto en la tradición constitucional como en los documentos que forman
parte del debate y trabajo de la Asamblea Constituyente, se mantuvo vigente la separación de los
órganos del poder público, con especial mención que tal condición supone, que éstos no pueden
atribuirse otras facultades que no estén expresamente acordadas por la Constitución Política del
Estado y la ley, que persiguen o tienen por objetivo el cumplimiento de las funciones del Estado y la
realización de sus fines; y, con mayor importancia, que las funciones de los cuatro órganos
reconocidos expresamente por la Norma Suprema, no pueden concentrarse en uno solo.
Sobre el particular, se debe señalar que el art. 12 de la CPE, hace a la estructura y organización del
poder público del Estado; cualquier disposición normativa debe respetar su contenido, lo que supone
un impedimento tácito para modificar la organización de los cuatro órganos del Estado, a objeto de
reunir las funciones de éstos en uno solo, ni que las funciones de un órgano puedan ser delegadas a
otro.
En tal sentido, a través del Informe de Mayorías de la Comisión de Visión del País, de igual fecha, se
reconoció que los cuatro “poderes” públicos son el resultado de la soberanía que emana del pueblo
boliviano; asimismo, se estableció que no se puede concentrar funciones en ninguno de éstos,
estableciendo así que tales potestades deben separarse. Mediante Informe Segundo de Minorías,
de 17 de julio de 2007, se indicó que se debe limitar el poder político, en el marco de un Estado
Constitucional Democrático de Derecho, en mérito a que dicho poder debe estar sujeto a la
Constitución Política del Estado, debiendo existir separación de poderes y éstos deben encontrarse
demarcados los unos de los otros.
En ese sentido, la independencia y separación de los cuatro órganos del Estado, constituyen
características esenciales del desenvolvimiento del poder público, a quienes el soberano delega el
ejercicio de atribuciones y facultades que no pueden ser ejercidas indistintamente, sino
específicamente por quienes son sus delegados, de manera que se evite la concentración de las
funciones o atribuciones en uno o más órganos, pues su ejercicio debe ser considerado privativo de
los mismos, en aras del funcionamiento armónico del poder público que es único, con los frenos y
contrapesos que tengan su cauce en la materialización del respeto a los derechos fundamentales y
garantías constitucionales de las personas, y con ello, el vivir bien como fin constitucional último.
Esta problemática, fue determinada objetivamente por la CIDH conforme se advierte del
Informe sobre ‘Acceso a la Justicia e Inclusión Social: El camino hacia el fortalecimiento de la
democracia en Bolivia’ documento de transcendental importancia por la etapa preconstituyente en la
que se levantaron los datos (entre el 12 y 17 de noviembre de 2006). En este documento se asumió
que, respecto a la selección de los ministros y magistrados de la entonces Corte Suprema de Justicia
y Tribunal Constitucional, respectivamente, la información recibida de la sociedad, se traducía en el
cuestionamiento de su designación mediante procedimientos sin garantías de transparencia,
conllevando la debilidad en cuanto a asegurar la independencia e imparcialidad de la judicatura.
Ahora bien, conforme se advierte de las normas constitucionales contenidas en los artículos
citados precedentemente, cuyo origen se describió ampliamente en el Fundamento Jurídico III.5.1 -
referido al proceso constituyente sobre esta temática-, se advierte que por voluntad del constituyente,
el medio diseñado para garantizar la preciada consolidación de los principios de independencia
judicial e imparcialidad de los administradores de justicia, es la elección por sufragio universal de
las Altas Autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional.
Sobre ello, acudiendo a los razonamientos expuestos en el Fundamento Jurídico III.3.3 del
presente fallo constitucional, se tiene que, en una sociedad en la que impera el principio
democrático, como es el caso boliviano, el elemento Estado Constitucional de Derecho tiene una
inevitable conexión con la participación política, pues la base de todo régimen constitucional es la
expresión de la voluntad ciudadana a través de los cauces legales previstos al efecto, y la
ciudadanía, en cuanto a sujeto de derechos y obligaciones sólo adquiere sentido en un orden
democrático a través del ejercicio efectivo de la participación democrática.
Por lo expuesto, la naturaleza jurídica del ejercicio de funciones de las Altas Autoridades
del Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, Consejo de la Magistratura y Tribunal
Constitucional Plurinacional, descansa en la consolidación de la participación política del pueblo
boliviano, a través del ejercicio de la democracia representativa, reconocida en el art. 11.II.2 de la
Norma Suprema; es decir, en su elección por voto universal, directo y secreto, configurándose, a su
vez, en producto de la voluntad colectiva encaminada a garantizar la independencia de órganos
del Estado e imparcialidad judicial” (las negrillas corresponden al original).
Cabe señalar que los principios configuradores del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional
Plurinacional contenidos en la Constitución Política del Estado, le conceden a aquel, igual jerarquía
que a los demás Órganos del poder público, como son el Ejecutivo, Legislativo y Electoral;
revistiendo al primero de los citados, de varios principios, entre ellos, los de independencia e
imparcialidad, además del respecto a los derechos de las personas.
Entonces, el medio diseñado por la Ley Fundamental para asegurar la consolidación de los
principios de independencia judicial e imparcialidad en los encargados de impartir justicia, es
otorgarle legitimidad en su conformación, estableciendo su elección por votación universal de las
altas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional. Por lo mismo, tal como
se señaló precedentemente, el principio democrático se encuentra vinculado a la participación
política del pueblo boliviano a través del ejercicio de la democracia representativa, lo que no puede
ser asimilado a un proceso eleccionario político partidario propiamente, como se lo hace con los
miembros que componen los otros órganos del poder público constituido, entre ellos, el ejecutivo y
legislativo; sino que se establece una forma distinta y única, tal como se explicará posteriormente,
con la finalidad de asegurar la materialización de los principios de independencia entre órganos y el
principio democrático como forma de organización social.
En ese sentido, al Tribunal Supremo de Justicia se le asignan como atribuciones, entre otras:
“1. Actuar como tribunal de casación y conocer recursos de nulidad en los casos expresamente
señalados por la ley. 2. Dirimir conflictos de competencias suscitados entre los tribunales
departamentales de justicia. 3. Conocer, resolver y solicitar en única instancia los procesos de
extradición. 4. Juzgar, como tribunal colegiado en pleno y en única instancia, a la Presidenta o al
Presidente del Estado, o a la Vicepresidenta o al Vicepresidente del Estado, por delitos cometidos en
el ejercicio de su mandato. El juicio se llevará a cabo previa autorización de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, por decisión de al menos dos tercios de los miembros presentes, y a requerimiento
fundado de la Fiscal o del Fiscal General del Estado, quien formulará acusación si estima que la
investigación proporcionó fundamento para el enjuiciamiento. El proceso será oral, público, continuo
e ininterrumpido. La ley determinará el procedimiento. 5. Designar, de las ternas presentadas por el
Consejo de la Magistratura, a los vocales de los tribunales departamentales de justicia. 6. Preparar
proyectos de leyes judiciales y presentarlos a la Asamblea Legislativa Plurinacional. 7. Conocer y
resolver casos de revisión extraordinaria de sentencia” (art. 184 CPE).
Al Tribunal Agroambiental se asignan las atribuciones de: “1. Resolver los recursos de
casación y nulidad en las acciones reales agrarias, forestales, ambientales, de aguas, derechos de uso
y aprovechamiento de los recursos naturales renovables, hídricos, forestales y de la biodiversidad;
demandas sobre actos que atenten contra la fauna, la flora, el agua y el medio ambiente; y demandas
sobre prácticas que pongan en peligro el sistema ecológico y la conservación de especies o animales.
2. Conocer y resolver en única instancia las demandas de nulidad y anulabilidad de títulos
ejecutoriales. 3. Conocer y resolver en única instancia los procesos contencioso administrativos que
resulten de los contratos, negociaciones, autorizaciones, otorgación, distribución y redistribución de
derechos de aprovechamiento de los recursos naturales renovables, y de los demás actos y
resoluciones administrativas. 4. Organizar los juzgados agroambientales” (art. 189 CPE).
Cabe destacar que el ejercicio de las indicadas facultades no puede ser delegada entre uno y
otro órgano componente del órgano judicial, menos aún de aquellas que fueron asignadas por el
constituyente al Tribunal Constitucional Plurinacional, pues es evidente que a cada uno de los
mismos el constituyente asignó atribuciones concretas, las cuales no pueden ser ejercidas por quienes
no fueron revestidas de las mismas; en esa misma línea de entendimiento, tampoco es posible la
suspensión, limitación o restricción de las mencionadas facultades por otro de los órganos del poder
público, en aplicación a las características esenciales de independencia, separación, coordinación y
cooperación inter orgánica, contenidas en el art. 12.I de la Norma Suprema.
Aun así, el Órgano Judicial puede ser sometido y ver disminuida su labor y responsabilidad
con el pueblo, cuando su legitimidad de primer orden es transgredida, sea mediante la actividad
legislativa, históricamente rebelde ante la independencia judicial por los intereses que en ella se
imponen, o por actos y hechos que se perpetran con esa aviesa intención.
Es por eso que, del estudio sistemático de la Constitución Política del Estado, se identifican
los principios estructurales o configuradores del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional:
Aun así, el Órgano Judicial puede ser sometido y ver disminuida su labor y responsabilidad para con
el pueblo, cuando su legitimidad de primer orden es transgredida, sea mediante la actividad
legislativa o a través de los actos del Órgano Ejecutivo, históricamente rebeldes ante la
independencia judicial, ya sea por actos o hechos que se perpetran con la natural intención de tener
un control sobre dicho órgano.
El principio democrático, previsto en el art. 11 de la CPE, como fuente constitutiva del mandato de
los máximos cargos del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, se expresa como la
voluntad popular que elige mediante el sufragio, a las citadas autoridades, superando, y por ello,
prohibiendo a cualquier otra voluntad con menor entidad, entorpecer, corromper, envilecer o
transgredir esa voluntad popular, o cualquier medida que mutile o tienda a hacerlo, del derecho al
voto activo, de tal modo que ni la actividad legislativa, ejecutiva o electoral, pueden limitar el acto
electoral que materialice la voluntad popular; emergiendo en sentido contrario, la obligación de
respeto absoluto a la voluntad popular en todas las etapas del proceso de selección y elección de
magistradas y magistrados.
Como una garantía de no interferencia en la conformación del nuevo Órgano Judicial y del Tribunal
Constitucional Plurinacional, por parte de ninguno de los otros órganos o autoridades, el cual se
manifiesta en la potestad de constitución de las instituciones judiciales con autoridades por elección
popular y sin dependencia de ningún poder del Estado, al margen de las facultades de preselección y
elección expresamente reconocidas en la propia Ley Fundamental, lo que hace necesaria la no
interferencia, o interferencia positiva solamente por parte de todas las autoridades legislativas,
ejecutivas y electorales, de tal modo que toda legislación, reglamentación, regulación, intervención o
limitación, debe ser mínima, en lo esencialmente necesario para garantizar la máxima expresión de la
voluntad democrática y que sea el soberano el único que elija entre la mayor cantidad de opciones
posibles.
Ahora bien, la lectura de lo señalado en el art. 12.I de la Norma Suprema, que corresponde a la
Primera Parte de la Ley Fundamental (Bases Fundamentales del Estado), que dispone: “El Estado se
organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y
Electoral…”, debe ser realizada conjuntamente la Segunda Parte de la Constitución Política del
Estado (Estructura y Organización Funcional del Estado), ultima disposición en la que se regula la
composición y atribuciones de cada uno de los órganos del poder público, los que, de ninguna
manera admiten posibilidades de suspensión o paralización, ni siquiera temporal, de manera que, su
funcionamiento debe obedecer al principio de continuidad, de manera que no se quebrante el
principio democrático, la soberanía nacional, la garantía del ejercicio de los derechos fundamentales,
el ejercicio del poder público, así como el objetivo constitucional de separar las funciones de los
órganos del poder público y establecer los órganos que ejercerán las funciones de control y defensa
respecto a todos los órganos constituidos y a la sociedad. Aspectos que encuentran su asidero en lo
dispuesto por los arts. 7, 8.II, 9.4 y 12 de la CPE, en el entendido que las funciones y atribuciones de
los órganos del poder público y de las funciones de control y de defensa, derivan del pueblo
boliviano, que delegación el ejercicio de las mismas a cada órgano, las cuales deben ser cumplidas
con responsabilidad, de manera que se garantice efectivamente el cumplimiento de los principios,
valores, derechos y deberes reconocidos y consagrados en la Ley Fundamental.
Conforme se razonó en el Fundamento Jurídico referido al diseño constitucional de los órganos del
poder público del nivel central del Estado, se debe tomar en cuenta que un sistema, en sentido
general, es un conjunto de reglas o principios sobre una materia, racionalmente enlazados entre sí;
que aplicado al ámbito jurídico se entiende como, un conjunto de principios, normas o reglas,
lógicamente enlazados unos con otros; también es un conjunto ordenado y armónico que contribuye a
una finalidad; de lo cual, en tratándose del Estado, la acepción de sistema deriva en un conjunto de
reglas y principios inherentes a la dirección o administración del Estado.
Como se señaló anteriormente, el precitado art. 12 de la CPE, forma parte de la dogmática de la Ley
Fundamental, empero, introduce la parte orgánica de la Norma Suprema, lo que para una mejor
comprensión, conforme establece el art. 3.8 del CPCo, cumple la función de ordenar el poder
público, que en el caso de la Constitución Política del Estado, conlleva un elemento sustancial y no
menos relevante, a saber, la constitucionalización de principios fundantes o aquellos que rigen la
organización del poder público.
De ahí que la organización y estructura del poder público del Estado debe dar validez y vigencia a la
citada parte dogmática de la Ley Fundamental, lo que deriva necesariamente en una primera
finalidad, la vigencia plena de los derechos fundamentales y garantías constitucionales,
declarados y reconocidos por la propia Constitución Política del Estado y el bloque de
constitucionalidad; en una segunda finalidad, que el poder público encargado a cada uno de los
órganos del Estado, no pueden quedar concentrados en un solo, o que se pretenda sean
ejercidas por órganos diferentes a los señalados específicamente en la Ley Fundamental, dado
que cada uno tiene un propósito específico dentro del diseño constitucional vigente, el mismo que
debe ser entendido como un sistema único que, en términos sencillos, resulta ser el aparato estatal
fundado en una organización funcional; y, finalmente, que las funciones y atribuciones encargadas
a cada uno de los órganos descritos precedentemente no pueden ser suspendidos o
interrumpidos, lo que significa que las atribuciones asignadas a cada uno de los órganos deben ser
ejercidas de manera permanente e ininterrumpida.
II. Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos
del cómputo de los nuevos periodos de funciones.
Efectivamente, la DCP 0001/2020 realizó una interpretación con relación a la prórroga de mandato
de autoridades electas de los órganos del poder público, al absolver una consulta sobre la
constitucionalidad de los arts. 1 y 4 del Proyecto de Ley 160/2019-2020 “CS” –Ley Excepcional de
Prórroga del Mandato Constitucional de Autoridades Electas–, oportunidad en la que se examinó la
razonabilidad de la prórroga de mandato como figura que permite ampliar o prolongar el ejercicio de
funciones en cargos electos de los órganos Ejecutivo y Legislativo.
La citada DCP 0001/2020, estableció que la prórroga de mandato contenida en el Proyecto de Ley en
consulta, era constitucional, debido a que cumplía las cuatro subreglas de validez de la prórroga del
periodo de mandato de las autoridades electas de los Órganos del Poder Público Ejecutivo y
Legislativo, tanto del nivel central como del nivel subnacional, establecidas previamente en el mismo
fallo y cuyo cumplimiento precisó que es inexcusable y concurrente a la vez; siendo dichas subreglas
las siguientes: a) Su origen excepcional; b) La limitación en su tiempo de duración; c) Su
justificación razonable, de manera que no responda a un carácter discrecional o arbitrario, sino que se
encuentre comprendida por una situación que conlleve una fractura del orden constitucional y/o
suponga inminencia de vacío de poder; y, d) Únicamente debe perseguir alcanzar el fin –objeto–
constitucional del normal funcionamiento de los Órganos del Poder Público, para la concreción de los
principios fundantes, valores y fines estatales, y la protección de los derechos fundamentales.
Como se anotó precedentemente, la SCP 0034/2020, precisó que la naturaleza jurídica de las
funciones jurisdiccionales y de aquellas vinculadas con dicha labor, descansa en la consolidación de
la participación política del pueblo boliviano, a través del ejercicio de la democracia representativa,
reconocida en el art. 11.II.2 de la Norma Suprema, es decir, en su elección por voto universal, directo
y secreto, configurándose, a su vez, en producto de la voluntad colectiva encaminada a garantizar la
independencia de los órganos del Estado y la imparcialidad judicial, al constituirse estos dos
elementos como los determinantes para modificar el modo de elección de las máximas autoridades de
justicia, tomando en cuenta su serio cuestionamiento hasta entonces, al estar encargada al órgano
político.
Es preciso señalar entonces que, al igual que las demás autoridades elegidas por voto popular, las
máximas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional tienen un periodo
de funciones (6 años) (arts. 183.I, 188.III, 194.III y 200 de la CPE), a cuyo vencimiento opera la
cesación de sus funciones, tal como se dispone en el art. 183.II de la Norma Suprema, en cuyo tenor
establece: “Las Magistradas y Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia cesarán en sus funciones
por cumplimiento de mandato…”; similares disposiciones se tienen en relación a las demás
autoridades de los citados órganos de justicia; es así que, a los efectos de la elección de nuevas
autoridades judiciales, es la propia Ley Fundamental la que asigna competencias específicas a otros
órganos para dicho cometido, Asamblea Legislativa Plurinacional (Preselección) y Órgano Electoral
Plurinacional (Elección).
Entonces, si bien es evidente que la Constitución Política del Estado regula el cumplimiento del
periodo de mandato como una de las causas para la cesación de las autoridades judiciales electas por
voto popular, en el entendido que los órganos encargados de la preselección y elección cumplan
oportuna y responsablemente con sus funciones, de manera que al cabo de los seis años se cuenten
con nuevas autoridades elegidas, también por voto popular; sin embargo, cuando el supuesto último
no acontece, de modo que a la culminación del periodo de mandato de las autoridades judiciales
salientes no se cuentan con las nuevas autoridades elegidas mediante sufragio universal, la indicada
regla –que regula la cesación de las autoridades salientes por cumplimiento de periodo de mandato–
no resulta aplicable, toda vez que se generaría un vacío de poder en el Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, afectando así los derechos fundamentales y las garantías
constitucionales de quienes acuden o quieran acudir al sistema judicial en general en búsqueda de
justicia, contrario al Estado Constitucional de Derecho.
Si bien dichos cargos de elección por voto popular solo corresponden a las máximas instancias
jurisdiccionales del Estado, incluyendo a las Consejeras y Consejeros de la Magistratura, debe
considerarse que todos ellos se constituyen en Tribunales de cierre, por lo tanto, con la única
competencia para conocer y resolver recursos ordinarios reconocidos en cada materia, pero también,
con competencia única para conocer determinadas acciones o demandas, mereciendo especial
atención la jurisdicción constitucional, al ser el Tribunal Constitucional Plurinacional el máximo
guardián de la Constitución Política del Estado, cuya ausencia generaría la inexistencia del control
constitucional; de manera que, el servicio jurisdiccional que prestan los indicados órganos de justicia
no puede ser suspendido y su prestación debe ser continua, siempre a través de autoridades elegidas
mediante voto popular, como establece la Constitución Política de Estado, correspondiendo en todo
caso, que los órganos constituidos y delegados al efecto, cumplan el mandato constitucional,
ejerciendo sus atribuciones conforme a lo estatuido en la Norma Suprema.
Como se señaló, el medio diseñado por la Ley Fundamental para asegurar la consolidación de los
principios de independencia judicial e imparcialidad en los órganos encargados de impartir justicia,
es otorgarle legitimidad en su conformación, estableciendo su elección por votación universal de las
altas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional. Por lo mismo, tal como
se señaló precedentemente, el principio democrático se encuentra vinculado a la participación
política del pueblo boliviano a través del ejercicio de la democracia representativa, lo que no puede
ser asimilado a un proceso eleccionario político partidario propiamente, como se lo hace con los
miembros que componen los otros órganos del poder público, entre ellos, el ejecutivo y legislativo;
sino que se establece una forma distinta y única, tal como se explicará posteriormente, con la
finalidad de asegurar la materialización de los principios de independencia entre órganos y el
principio democrático como forma de organización social.
En ese sentido, si al cumplimiento del periodo de mandato de las autoridades del Órgano Judicial y
del Tribunal Constitucional Plurinacional, la Asamblea Legislativa Plurinacional no cumplió con la
atribución reconocida en el art. 158.I.5 de la CPE, de preseleccionar a las candidatas o los candidatos
de los indicados órganos de justicia, y consiguientemente, el Órgano Electoral, tampoco llevó
adelante el proceso eleccionario, ello de ninguna manera puede generar la ausencia de las máximas
autoridades judiciales, porque reiteramos, generaría un vacío de poder atribuible únicamente a la
ineficacia de los órganos a quienes se reconoció competencias específicas en cuanto al proceso de
elección de tales autoridades de justicia, correspondiendo en todo caso, de manera excepcional y solo
hasta que se elijan y posesionen a las nuevas autoridades judiciales, disponer la prórroga de mandato
de las autoridades en ejercicio, a través del instrumento normativo correspondiente.
Dicho razonamiento también fue asumido por la Comisión Europea para la Democracia por el
Derecho (Comisión de Venecia), que recomendó la prorrogatio del mandato de los jueces
constitucionales cuyo período llegó a su fin y que no fueron reemplazados, como una herramienta
para preservar el pleno y eficaz funcionamiento de las instituciones democráticas del Estado.
Conforme se tiene señalado en las páginas 21 a 22 de la Opinión sobre la Reforma Constitucional de
2023, adoptada por dicha Comisión en su 136ª Sesión Plenaria, el 6 y 7 de octubre de 2023[7].
Norma que en desarrollo legislativo fue complementada por el art. 112 del CPCo, la cual establece
que los legitimados para presentar consultas sobre la constitucionalidad de proyectos de ley, son:
“1. La Presidenta o Presidente del Estado Plurinacional, cuando se trate de proyectos cuya iniciativa
tienen su origen en el Órgano Ejecutivo.
3. Para Proyectos de Ley de Materia Judicial, la Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo
de Justicia o del Tribunal Agroambiental, previa aprobación por la Sala Plena respectiva” (las
negrillas son agregadas).
En ese sentido, cabe señalar que la presentación de la consulta deberá ser activada por
quien se encuentre plenamente legitimado conforme a lo previsto en el art. 112 del CPCo
precedentemente glosado; fin para el cual, la Presidencia del Estado, de la Asamblea Legislativa
Plurinacional o de los Tribunales Supremo de Justicia o Agroambiental, deberán adjuntar
indispensablemente cierta documentación que demuestre que la autoridad consultante ostenta la
calidad de: 1) Presidenta o Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia (tratándose de consultas de
proyectos cuya iniciativa tienen su origen en el Órgano Ejecutivo); 2) Presidenta o Presidente de la
Asamblea Legislativa Plurinacional (tratándose de proyectos de ley); y, 3) Presidenta o Presidente de
los Tribunales Supremo de Justicia o Agroambiental (para proyectos de ley de materia judicial).
Debiendo además cumplir con la exigencia relativa a la aprobación de la remisión del respectivo
Proyecto de Ley en consulta a la que hacen referencia los numerales 2 y 3 del art. 112 de la Norma
Procesal Constitucional; es decir, en caso de tratarse de la Presidenta o Presidente de la Asamblea
Legislativa Plurinacional, contar con la aprobación de la remisión del Proyecto de Ley en consulta
por Resolución del Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional o de una de sus Cámaras, por dos
tercios de los miembros presentes; asimismo, cuando se pretenda efectuar la consulta sobre proyectos
de ley en materia judicial, la autoridad consultante necesitará la referida aprobación de remisión de
Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia o en su caso, de la Sala Plena del Tribunal
Agroambiental, siendo necesario en ambos casos acompañar la documental que demuestre que se
cumplió con la respectiva aprobación de remisión.
En ese orden, en el caso analizado, es posible identificar que tal como se explicó en el AC
0437/2023-CA de 28 de septiembre, emitido a tiempo de la admisión de la presente causa; en cuanto
a la legitimación activa exigida por el art. 112.3 del CPCo, el consultante argumentó que la
Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley enviado en consulta, tiene directa relación con la
impartición de justicia que ejerce el Órgano Judicial y específicamente el Tribunal Supremo de
Ó
Justicia, porque se aplica a las autoridades que conforman el nivel más alto de dicho Órgano Judicial
y del Tribunal Constitucional Plurinacional, ya que se encuentra directamente relacionada con la
destitución de sus cargos, sin la creación de una comisión de transición, debido a motivos políticos,
poniendo en peligro el funcionamiento mismo del Órgano Judicial, al impedir el ejercicio de la
jurisdicción, con lo que considera que quedó demostrado que se trata de un Proyecto de Ley relativo
a materia judicial, al afectar el ejercicio de sus competencias.
Con tales antecedentes, es posible afirmar que conforme establece el art. 202.7 de la CPE, la
Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo de Justicia cuenta con legitimación activa para
interponer consulta sobre la constitucionalidad de un proyecto de ley, pues art. 122.3 de la Norma
Suprema reconoce dicha capacidad a la mencionada autoridad, empero, limitada a Proyectos de Ley
en materia judicial. Ante lo cual, corresponde analizar si el cuerpo normativo ahora analizado, tiene
incidencia o se relaciona con dicha materia.
El art. 1 del Proyecto de Ley ahora analizado establece que dicho cuerpo normativo tiene por objeto
regular las elecciones judiciales 2023-2024; de cuyo contenido, a más de extrañar la mención de la
gestión 2023 que corresponde al mandato legal encargado a los Magistrados, y que por lo tanto, no
merecía ningún tipo de tratamiento dispositivo; sin embargo de ello, retomando el análisis
correspondiente a la legitimación activa, se establece que la constitución y estructuración de las
máximas autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, así como la
organización y el desarrollo del proceso de preselección y elección, cumplimiento de plazos y
conformación oportuna de este Órgano como del de justicia constitucional, así como la transición de
funciones de los Magistrados y Consejeros en actual ejercicio a las nuevas autoridades electas que
ocuparan dichos cargos y la continuidad del servicio judicial; son en definitiva aspectos inherentes a
la justicia; extremo reconocido por la propia Cámara de Diputados, que a través de la nota P. N°
773/2022-2023 de 6 de septiembre, determinó remitir ante el Presidente del Tribunal Supremo de
Justicia, para su conocimiento y fines consiguientes, del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023,
denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, a objeto de
conocer el criterio técnico y jurídico de la institución que representa; ante lo cual, dicha autoridad,
previa autorización de su Sala Plena en Sesión Ordinaria de Sala Plena de 13 de septiembre de 2023
(fs. 2 a 6), interpuso a esta instancia constitucional, la presente Consulta del Proyecto de Ley
señalado, para control de constitucionalidad.
Consiguientemente, una vez determinado como está el cumplimiento de la legitimación activa, al ser
evidente que el Proyecto de Ley consultado se encuentra directamente vinculado con materia judicial,
y con el cumplimiento de los demás requisitos exigidos por las normas precedentemente glosadas,
corresponde a continuación, ingresar al análisis de fondo consultado. Tarea que será desarrollada a
continuación.
Por disposición del art. 196.I de la Ley Fundamental, el Tribunal Constitucional Plurinacional vela
por la supremacía de la Constitución Política del Estado y, en ese orden, ejerce el control de
constitucionalidad y precautela el respeto y la vigencia de los derechos fundamentales y las garantías
constitucionales; funciones que siendo propias de la justicia constitucional se traducen en el ejercicio
de atribuciones específicas entre las que se encuentra, la de conocer y resolver en única instancia los
asuntos de puro derecho sobre la inconstitucionalidad de leyes, estatutos autonómicos, cartas
orgánicas, decretos y todo género de ordenanzas y resoluciones no judiciales, así se tiene precisado
en el art. 202.1 de la CPE.
Ahora bien, el Tribunal Constitucional Plurinacional, tiene entre sus atribuciones realizar el control
de constitucionalidad de carácter abstracto y concreto, el primero de los mencionados, tal como se
explicó precedentemente, es posible presentar contra normas con características de abstracción,
obligatoriedad y generalidad, que no se encuentran vinculadas a ninguna problemática concreta; y
por lo mismo, la legitimación activa se encuentra limitada solamente a algunas autoridades; en
cambio la acción de inconstitucionalidad de carácter concreto, procede solamente vinculado a un
caso en concreto, por lo tanto, puede solicitar dicho control, cualquier persona que se sienta
agraviada por la aplicación de una norma que considera inconstitucional, y que se vaya a aplicar a un
proceso judicial o administrativo, del cual es parte.
En el caso analizado, el control previo de constitucionalidad de proyectos de ley encuentra su
naturaleza jurídica, dentro del control abstracto, dado que no está vinculado a ningún caso en
concreto, extremo que obliga a las autoridades que integran el Tribunal Constitucional Plurinacional
a resolver las cuestiones consultadas dentro de ese marco, al comprender que la normas analizadas
contienen las características antes anotadas, aun cuando las mismas en este caso, coincida con el
desarrollo de sus actividades, sin embargo, ello no implica la existencia de un caso en concreto del
cual sean parte interesada, al contrario, esta situación excepcional, que crea un precedente
constitucional, se constituye en una regla aplicable para casos análogos que pudieren suscitarse
posteriormente; pues al margen de no existir otra instancia que realice dicho control y no siendo
posible la existencia de ámbitos exentos de control de constitucionalidad, corresponde a las
autoridades que a su turno, se encuentren a cargo de dicho control, pronunciarse sobre todos los
asuntos sometidos a su competencia, dado que es el órgano llamado a velar por la supremacía de la
Constitución.
III.7.3. Análisis del art. 2 del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de
Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”
Con relación a la previsión contenida en este artículo, se argumenta que a pesar de su aparente
conformidad con lo determinado por la SCP 0060/2023 de 31 de julio de 2023, en cuyo tenor
establece que la regulación o limitación de los derechos fundamentales debe ser realizado únicamente
mediante una ley que materialice el principio democrático; sin embargo, el mencionado artículo
carece de legitimidad material por la falta de un adecuado proceso de preselección de las altas
autoridades judiciales, puesto que acorta sus plazos y no valora el mérito de los candidatos, lo que
resulta contradictorio con los fundamentos contenidos en la ratio decidendi de la citada Sentencia
Constitucional Plurinacional porque dicho proceso debe considerar tanto la legalidad formal como la
material, que debe concretizarse con el cumplimiento de un proceso de preselección legítimo, lo que
no fue infringido en el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley
Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”; de tal manera que, se encuentra en antinomia
con los principios de legalidad y reserva legal en sentido material, dispuesto en el art. 109 de la CPE.
Agrega que la SCP 0060/2023, estableció que la naturaleza, relevancia y alcance de ciertos actos,
demandan que su regulación se realice mediante un instrumento normativo que cumpla con los
criterios de validez no solo formales, sino sobre todo en términos de legitimidad, lo que resulta
esencial para garantizar el principio democrático que debe guiar todas las acciones del poder público;
y aunque sea válido imponer restricciones al ejercicio de los derechos fundamentales en aras del
interés general, el orden jurídico y otros factores, dichas limitaciones solo pueden ser impuestas a
través de una ley en sentido formal y material.
Señala que el referido fallo constitucional detalló en sus Fundamentos Jurídicos III.5 y III.6.2, que la
atribución concedida a la Asamblea Legislativa Plurinacional en el art. 158.I.5 de la CPE, vinculada a
la preselección de candidatos para el Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de
Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura, debe ejercerse exclusivamente a
través de una ley formal y material; lo cual, se justifica por la relevancia de la conformación de las
máximas autoridades judiciales, cuyas condiciones de preselección y elección deben ser definidas de
manera detallada por una ley con dichas características.
Ahora bien, explicados como están los argumentos expuestos por el consultante, corresponde a este
Tribunal, ingresar al análisis de constitucionalidad, atendiendo a los extremos expuestos en la
demanda.
Así, a efectos de realizar un adecuado análisis constitucional del artículo 2 del Proyecto de Ley
cuestionado, resulta necesario revisar el tipo de dispositivo legal que contiene el mismo, cuyo tenor
establece que la finalidad del cuerpo legal, es “Garantizar el desarrollo de las elecciones judiciales
2023-2024, dentro de lo establecido en la Constitución Política del Estado y la Sentencia
Constitucional Plurinacional Nº 0060/2023 de 31 de julio de 2023”; lo que equivale a decir, ajustando
el desarrollo de las elecciones judiciales a la Constitución Política del Estado, así como a lo
determinado en el la SCP 0060/2023 como parámetro de constitucionalidad, denotando la estructura
de una norma de carácter declarativo.
Las normas de carácter declarativo son las disposiciones que establecen principios fundamentales,
valores o derechos; más no, contienen reglas específicas para su aplicación, tan solo sirven de pauta
de interpretación, que otorgan coherencia interna a todo el ordenamiento jurídico y actúan al inicio de
la acción normativa.
Las normas declarativas de sujeción a la Constitución Política del Estado son disposiciones legales
que establecen la obligación de que todas las demás normativas, acciones y entidades y respeten los
principios y preceptos consagrados en la Constitución de un país. Estas normas subrayan la
importancia de la supremacía constitucional, asegurando que cualquier otra norma o actuación debe
estar en conformidad con lo establecido en la Norma Fundamental.
En esencia, estas normas reafirman el papel fundamental de la Constitución como la ley suprema que
rige el ordenamiento jurídico de un Estado y establece las bases para su funcionamiento, y su
propósito es garantizar la coherencia y armonización de las leyes y acciones dentro de marco
constitucional.
De lo señalado, es posible concluir que las normas previstas en el art. 2 del Proyecto de Ley
analizado, tienen una finalidad declarativa de sujeción a la Constitución y a la SCP 0060/2023; y por
lo mismo, considerando el principio de supremacía constitucional consagrado en el art. 410.II de la
CPE, en cuyo tenor dispone que la Constitución es la norma suprema del ordenamiento jurídico
boliviano y goza de primacía frente a cualquier otra disposición normativa, la misma resulta
conforme a los parámetros constitucionales, dado que no contraviene lo establecido en el precitado
artículo al disponer que el Proyecto de Ley se enmarcará en lo establecido por la Norma Fundamental
así como lo determinado por la SCP 0060/2023.
La Constitución por ser la norma suprema del Estado y por devenir de la función constituyente, a
diferencia de las demás normas del ordenamiento jurídico, tiene dos cualidades esenciales, a saber: su
operatividad en el tiempo, principio en virtud del cual se articula su segunda cualidad, referente a la
aplicación inmediata a todas las situaciones existentes y pendientes de resolución. A partir de estas
dos cualidades esenciales se establece otro principio fundamental cual es el efecto de irradiación de
la Constitución en el ordenamiento jurídico, postulado a partir del cual, esta norma suprema informa,
integra y sistematiza armoniosamente a todo el cuerpo normativo existente.
En ese orden, la disposición contenida en el art. 2 del Proyecto de Ley ahora analizado, establece un
orden correcto normativo rector, el cual indiscutiblemente debe estar conformado por la Constitución
Política del Estado vigente y lo determinado en la jurisprudencia constitucional contenida en la SCP
0060/2023, se entiende esta última, como fuente directa del derecho, y por lo mismo, demanda su
cumplimiento obligatorio por parte del Órgano emisor del Proyecto normativo, como es la Asamblea
Legislativa Plurinacional.
Es así, que a partir de dichos entendimientos, es posible concluir que el art. 2 del Proyecto de Ley
C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”; es acorde a la Constitución Política del Estado y cumple lo establecido en la SCP
0060/2023, porque resguarda el principio de supremacía constitucional; y por lo mismo, es
constitucional.
Sin perjuicio de lo señalado, cabe aclarar que no resulta suficiente la consignación de dicho texto en
el Proyecto analizado; sino que sobretodo es necesario e imprescindible que dicha previsión sea
efectivamente cumplida a lo largo de toda la normativa contenida en el Proyecto de Ley.
No obstante la evidente constitucionalidad del art. 2 analizado, resulta necesaria atender a los demás
argumentos de inconstitucionalidad expuestos por la autoridad consultante; los cuales se basan en que
el artículo mencionado del Proyecto de Ley, carecería de legitimidad material por la falta de un
adecuado proceso de preselección de las altas autoridades judiciales, dado que acorta los plazos para
Ó
la preselección de las altas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional y
no valora el mérito de los candidatos, infringiendo el principio de reserva de ley al contradecir los
fundamentos contenidos en la ratio decidendi de la SCP 0060/2023, en la que se estableció que la ley
a emitirse, debe considerar tanto la legalidad formal como la material, elementos que resultan
esenciales para garantizar el principio democrático que debe guiar las acciones del poder público; y
por lo mismo, el Proyecto de Ley no garantizaría el proceso de preselección de candidatos con plazos
adecuados para posibilitar que los preseleccionados sean los más idóneos.
III. Las y los postulantes podrán impugnar su inhabilitación dentro del plazo de dos (2) días de la
publicación previsto en la presente Ley, adjuntando prueba idónea que desvirtúe la causa de su
inhabilitación.
II. A los efectos de la Elección Judicial 2023, los plazos establecidos en el art. 77 de la Ley N°
026 de Régimen Electoral, serán:
a) La postulación y preselección de postulantes, tendrá una duración de hasta cuarenta y cinco (45)
días calendario:
b) La organización y realización de la votación popular, con una duración de hasta noventa (90) días
calendario.
Así, ingresando al análisis de constitucionalidad de los artículos del Proyecto de Ley relativos a los
plazos procesales, corresponde de inicio recordar lo establecido por la SCP 0060/2023 de 31 de julio;
así como los principios de reserva legal en su contenido material y el democrático.
Agrega que a efectos de cumplir con el encargo constitucional, entendido como una obligación de
hacer, es a dicha instancia a la que le corresponde emitir leyes de carácter general y abstracto con
contenido normativo sobre una determinada materia; lo que, significa que sus actos están sujetos al
principio de reserva legal que la propia Constitución Política del Estado prevé; y por lo mismo, solo
pueden ser ejercitados a través de una ley en sentido formal y material, y su incumplimiento,
quebranta los principios de jerarquía normativa y de reserva de ley, que sumados al principio
democrático, sustentan el Estado Constitucional de Derecho.
Continúa señalando que la ley, entendida como la norma jurídica que regula los actos de y las
relaciones humanas, dictada por autoridad pública competente, con potestad legislativa, que de
acuerdo al orden constitucional vigente (en el ámbito nacional) es la Asamblea Legislativa
Plurinacional, conforme a los procedimientos específicamente preestablecidos[8], no se limita a ese
aspecto únicamente, sino también al ámbito material o de contenido de la norma jurídica, consistente
en el objeto de la regulación de una serie de cuestiones de carácter general, imperativo y obligatorio.
El principio de reserva legal, exige ciertos requerimientos esenciales para la aprobación de las
leyes, así como que el contenido mismo de éstas resguarde los principios, valores, derechos y
garantías consagrados en la Constitución Política del Estado, el bloque de constitucionalidad y la
jurisprudencia constitucional, extremos que no constituyen un mero cumplimiento de formalidades,
sino, en esencia, son una verdadera garantía del principio democrático, como canon legitimador y
regulador del poder público; cuya observancia importa además, la vigencia y eficacia de los derechos
consagrados en la Norma Suprema y el bloque de constitucionalidad; dado que, conforme lo
estableció la Corte IDH, en una sociedad democrática los derechos y libertades inherentes a la
persona, sus garantías y el Estado de Derecho constituyen una tríada, en la que cada componente se
define, completa y adquiere sentido en función de los otros.[9]
En ese mérito, en la presente demanda, se invoca una presunta transgresión del principio de reserva
legal; toda vez que, la normativa desarrollada para la regulación del aludido proceso de
preselección de las y los candidatos para la conformación del Órgano Judicial y el Tribunal
Constitucional Plurinacional, hubiere sido creada, justamente en prescindencia de tal principio, y,
por tanto, en vulneración de los principios de jerarquía y supremacía constitucional.
(…)
Ahora bien, en el caso, a los fines de poder verificar el cumplimiento de los criterios de validez para
la aludida permisibilidad de regulación, y, por tanto, la vulneración del invocado principio de
reserva de ley, debemos remitirnos al contenido y naturaleza de las previsiones normativas
contenidas en la Reglamentación cuestionada, así, de acuerdo al desarrollo efectuado en el apartado
III.6.2 del presente fallo, en contraste con la naturaleza del ejercicio de las funciones de las altas
autoridades referenciada supra, sin lugar a dudas, las previsiones contenidas en el cuestionado
Reglamento, tienen por inequívoca vocación la regulación del derecho de las y los ciudadanos
bolivianos, de concurrir como elector o elegible a la formación y al ejercicio de funciones en los
órganos del poder público; y por tanto, el derecho a ejercer funciones públicas sin otro requisito
que la idoneidad, ambos consagrados en el art. 144.II de la Norma Suprema; los cuales, se
constituyen en los conceptualizados derechos políticos, cuya observancia es de vital importancia
para la vigencia de todo Estado Democrático, dado que, conforme se desarrolló en fundamentos
precedentes, su efectividad constituye un fin en sí mismo y, a la vez, un medio fundamental que las
sociedades democráticas tienen para garantizar los demás derechos.
En tal sentido, del contenido del Reglamento cuestionado, ab initio, se tiene que, desde el objeto se
alude a la regulación de un proceso electoral - democrático, en este caso de los procesos de
preselección de candidatas y candidatos al Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo
de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura, en todas sus etapas; lo que
implica la regulación del ejercicio del derecho político en su esfera pasiva de los eventuales
postulantes de conformar las citadas instancias judiciales, dado que, según manda la Constitución
(art. 158.I.5), la Asamblea Legislativa Plurinacional tiene la atribución de: “Preseleccionar a las
candidatas y a los candidatos para la conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura”; por tanto, la
intervención legislativa a realizarse en la materia, sin duda regulará aquella posibilidad de
postulación, tal cual se advierte del art. 18 y ss., del referido instrumento, que disciplina
normativamente, los requisitos comunes y específicos que las y los postulantes deberán cumplir de
acuerdo al cargo al que postulen, así como el respectivo trámite de inhabilitación ante su
incumplimiento.
Entonces, la naturaleza, relevancia y alcance de determinados actos exigen que su regulación sea
dictaminada a través de un instrumento normativo que cumpla con los criterios de validez no solo
formal; sino, principalmente de legitimidad exigidos constitucional y convencionalmente, en
observancia del principio democrático que debe permear todos los actos del poder público, pues si
bien es cierto que pueden imponerse límites al ejercicio de los derechos fundamentales para
preservar la prevalencia del interés general, la primacía del orden jurídico y otros factores, no es
menos evidente que, en aplicación del principio de reserva legal, esas limitaciones solo pueden ser
impuestas mediante una ley en sentido formal.
En tal sentido, conforme se explicó los Fundamentos Jurídicos III.5 y III.6.2 de este fallo, la
atribución reconocida en el art. 158.I.5 de la CPE, a la Asamblea Legislativa Plurinacional,
referida a la preselección de candidatas y candidatos para la conformación del Tribunal
Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la
Magistratura; en observancia del art. 109.II constitucional, solo puede ser ejercida únicamente
mediante una ley en sentido formal y material, ello tomando en cuenta que tal facultad tiene que ver
con la conformación de las máximas autoridades de justicia, cuyas condiciones para su preselección
y elección deben estar reguladas mediante ley, más aún, si a través de ella, es posible advertir
limitaciones a los derechos fundamentales de los posibles postulantes, exigencia que en el caso de
análisis, no fue cumplida por la Asamblea Legislativa Plurinacional, porque la norma cuestionada
solo fue aprobada a través de una Resolución interna de la indicada instancia, sobre la base de la
facultad reglamentaria interna que le reconoce la propia Constitución, únicamente para asuntos
relacionados a su organización y funcionamiento.
La citada omisión, es decir, la inobservancia del principio de reserva legal para la regulación de los
derechos consagrados en la Norma Suprema; y en específico, el contenido sobre la materia, en la
parte in fine del art. 144.II de la CPE, el cual de manera expresa determina que, la ciudadanía
consiste en el derecho a ejercer funciones públicas sin otro requisito que la idoneidad, salvo las
excepciones establecidas en la ley; de conformidad al precedente concretado en el Fundamento
Jurídico III.7, en virtud del cual, el exigido principio de legalidad o reserva legal para la limitación
de derechos fundamentales, implica además, que la normativa desarrollada por el legislador al
efecto, cumpla con los criterios que disciplinan la creación formal de ésta (162 y ss. de la misma
Norma Suprema); acarrea la manifiesta invalidez constitucional formal de la norma reglamentaria
cuestionada, y por tanto, la vulneración de los derechos políticos, que en el caso, fueron regulados,
ergo, limitados en prescindencia de tales criterios”.
A la luz del caso concreto y en el marco de los alcances del sistema constitucional de protección de
DD.HH. y en virtud a los pilares esenciales que fundamentan el Estado Constitucional de Derecho,
corresponde analizar la concepción del principio de reserva legal en el Estado Plurinacional boliviano
vinculado al principio democrático. En esta perspectiva, este es concebido como el elemento rector
del orden vigente, en virtud del cual, los gobernantes y gobernados se someten, no solamente a la ley
formal sino al orden jurídico vigente, que por jerarquía normativa se encuentra conformado por el
bloque de constitucionalidad imperante y las leyes tanto en sentido formal como en sentido material,
en ese contexto, es preciso aclarar que la ley formal es aquella que emana de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, por el contrario, la ley material es aquella que cumple con el requisito de contenido
referente a la generalidad.
Entonces, de lo expuesto se tiene que, el principio de reserva legal tiene una connotación de validez
no solamente formal sino también material o de contenido. Por tanto, se tendrá vulnerado este
principio, cuando la autoridad pública se aparte del orden interno armonioso en su contenido con las
normas tanto de la Constitución Política del Estado; de los precedentes constitucionales que
constituyen fuente directa del Derecho y pauta de interpretación de las normas constitucionales, así
como del bloque de constitucionalidad.
En lo respecta al principio democrático que impera en todo Estado Constitucional de Derecho como
forma de organización social, como el que constituye Bolivia, tiene una inevitable conexión con la
participación política, dado que la base de todo régimen constitucional es la expresión de la voluntad
ciudadana, como sujeto de derechos y obligaciones y solo adquiere sentido en un orden democrático
a través del ejercicio efectivo de la participación democrática.
Ó
Así en el caso, la naturaleza del ejercicio de funciones de las Altas Autoridades del Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, descansa en la consolidación de la participación política del
pueblo a través del ejercicio de la democracia representativa, dada su forma de elección por voto
universal, directo y secreto, encaminada a garantizar la independencia de los órganos del Estado, así
como al imparcialidad del Judicial; prohibiendo cualquier otra voluntad con menor entidad,
entorpecer, corromper, envilecer o transgredir esa voluntad popular, obligando a su respeto absoluto
dada la materialización de la voluntad popular en todas las etapas de selección y elección de
Magistrados, que deben ser resguardadas a través de una ley que garantice la voluntad popular.
En ese contexto, una vez verificados los plazos contenidos en el art. 14 del Proyecto de Ley
analizado, se evidencia que establece la Ruta Crítica y Cronograma de la fase de preselección, a
computarse en días calendario, estableciendo que la Publicación de la Convocatoria deberá realizarse
en un día, para luego dar paso a la Presentación de postulaciones en los quince días siguientes;
debiendo verificarse los requisitos habilitantes generales y específicos, y de méritos en diez días; y
proceder a la publicación de las listas de postulantes habilitados en un día, otorgando dos días para la
presentación de impugnaciones que deberán ser resueltas en el tiempo máximo de cuatro días,
debiendo pasar para la aprobación de los Informes de Preselección y remisión al Presidente de la
Asamblea Legislativa Plurinacional en dos días, y después realizarse la Sesión de la Asamblea
Legislativa Plurinacional para la aprobación o rechazo de los Informes de Preselección por 2/3 de
votos de los asambleístas presentes dentro de los ocho días siguientes, para culminar dicha fase, con
la remisión al Tribunal Supremo Electoral de la nómina de los postulantes preseleccionados en un
día. Previendo de la sumatoria de todos ello, un tiempo total para esta fase, de cuarenta y cuatro días
calendario; norma concordante con lo establecido por la Disposición Adicional Séptima del mismo
Proyecto, en cuyo parágrafo segundo, aludiendo una modificación de los plazos establecidos en el
art. 77 de la Ley 026 del Régimen Electoral, prevé que serán para la postulación y preselección de
postulantes, con una duración de hasta cuarenta y cinco días calendario y para organización y
realización de la votación popular, con una duración de hasta noventa días calendario.
Ahora bien, a efectos de evidenciar si el Proyecto de Ley, en efecto acortó los plazos previstos por la
normativa legal en vigencia, corresponde remitirnos a lo prescrito por la Ley 026 del Régimen
Electoral, para la elección de autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional, en cuyo art. 77, establece las etapas del proceso electoral, dividiéndolas en dos:
b) La organización y realización de la votación, con una duración de noventa días (90) días.
Esta última previsión legal fue reformada por la Ley 929 de 27 de abril de 2017, de Modificación a
las Leyes 025 del Órgano Judicial, 027 del Tribunal Constitucional Plurinacional y 026 del Régimen
Electoral, determinando en su art. 4, en cuanto las etapas del proceso electoral de altas autoridades
del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, que el mismo, se divide en dos:
El proceso de elección de altas autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional se divide en dos etapas:
a) La postulación y preselección de postulantes, con una duración de ochenta (80) días calendario.
Este último inciso b) del 77 de la Ley 929, ya no se encuentra vigente, dada la modificación
efectuada por la Ley 1160 de 3 de abril de 2019, realizada sobre el parágrafo I del art. 94 de la Ley
026 del Régimen Electoral, estableciendo el siguiente tenor:
Artículo Único.- La presente Ley tiene por objeto modificar el Parágrafo I del Artículo 94 de la Leu
Nº 026 de 30 de junio de 2010, del Régimen Electoral, modificado por la Ley Nº 575 de 2 de octubre
de 2014 y la Ley Nº 929 de 27 de abril de 2017, quedando redactado de la siguiente manera:
I. Los procesos electorales de mandato fijo establecidos en la Constitución Política del Estado,
serán convocados por el Tribunal Supremo Electoral mediante Resolución de Sala Plena, con una
anticipación de por lo menos ciento veinte (120) días a la fecha de la realización de la votación para
elecciones de autoridades nacionales del Estado Plurinacional, de autoridades políticas
departamentales, regionales y municipales. Para la elección de autoridades del Órgano Judicial y
del Tribunal Constitucional Plurinacional, la convocatoria será emitida con una anticipación
mínima de noventa (90) días. La convocatoria deberá garantizar que la elección de nuevas
autoridades y representantes, se realice antes de la conclusión del mandato de las autoridades y
representantes salientes”.
Lo glosado precedentemente, permite evidenciar la veracidad de lo sostenido por parte de la
autoridad consultante, con relación al acortamiento de plazos de la etapa de preselección, que los
reduce conforme se glosó precedentemente, en el art. 14 del Proyecto de Ley analizado, así como en
la Disposición Adicional Séptima en su segundo parágrafo, y las demás glosadas precedentemente,
concordantes con éstas; a cuarenta y cinco días calendario para la fase postulación; cuando la
normativa legal aplicable y vigente a la fecha, determinó dicha duración, para la primera etapa en
ochenta días calendario, concluyendo de dicho análisis en primer término, que es evidente la aludida
reducción considerable de los plazos correspondientes a la etapa de preselección.
El test de proporcionalidad se compone de tres reglas que constituyen los subprincipios de idoneidad
o adecuación, necesidad; y, proporcionalidad en sentido estricto; y por lo mismo, toda intervención
de los derechos fundamentales que no observe las exigencias de estos subprincipios es ilegítima, y
por tanto, debe ser declarada inconstitucional; en ese orden, se establecen las siguientes fases o
etapas para la realización del juicio correspondiente:
c) Ser proporcional en sentido estricto, la medida legislativa debe respetar una correspondencia
entre la importancia del fin buscado por la ley, y los efectos perjudiciales que produce en otros
derechos e intereses constitucionales, en el entendido de que la persecución de un objetivo
constitucional no puede hacerse a costa de una afectación innecesaria o desmedida a otros bienes y
derechos constitucionalmente protegidos.
Ahora bien, previo a someter la norma analizada al test de proporcionalidad, resulta necesario aclarar
que cuando se identifiquen posibles acciones desproporcionadas que creen lesiones a derechos
fundamentales y/o garantías constitucionales, para evaluar tal delación, la jurisdicción constitucional
debe aplicar el test de proporcionalidad mediante una labor sistemática y metódica, pasando de una
etapa a la otra sólo en caso de haberse superado la precedente, ya que de no aprobar uno de los
eslabones, implica que la norma es contraria a la Constitución Política del Estado, por lo que resulta
insulso a innecesario pasar a las siguientes etapas.
Dicho ello, corresponde a continuación materializar la aplicación del test de proporcionalidad sobre
lo previsto por el art. 14 del Proyecto de Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado
“Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, concordante con los arts.
29.II, 30.I, 35 y Disposición Adicional Séptima en su parágrafo II; realizando el análisis sobre el
primer inciso del test; dado que, el segundo mantiene el plazo establecido en la Ley 1160, a efectos
de descubrir si la medida limitativa o restrictiva del derecho fundamental es idónea o adecuada para
la finalidad buscada con la misma, es decir, ser admisible con objetivos que puedan enmarcarse
dentro de las previsiones de la Constitución Política del Estado.
En ese orden, tal como se explicó precedentemente, la Asamblea Legislativa Plurinacional tiene el
deber de cumplir con las funciones y atribuciones constitucionalmente previstas, así como contribuir
en la generación de condiciones que garanticen el desarrollo de la preselección de las máximas
autoridades judiciales y del Tribunal Constitucional Plurinacional. Con ese cometido, el art. 77 de la
Ley del Órgano Electoral, modificado por el art. 4 de la Ley 929 –Ley de Modificación a las Leyes
025 del Órgano Judicial, 027 del Tribunal Constitucional Plurinacional y 026 del Régimen Electoral
de 27 de abril de 2017–, establece que la postulación y preselección de candidatos, debe tener una
duración de ochenta días calendario; regulando los plazos mínimos para la preselección y elección de
las autoridades, estableciendo para ello, como se señaló anteriormente, dos etapas; la primera de
proceso de preselección de candidatas y candidatos, cuya tarea se encuentra encomendada a la
instancia colegiada legislativa del país; y la segunda relativa al proceso de elección de esos cargos,
encargada exclusivamente al Órgano Electoral.
Cabe señalar que el proceso de preselección comprende como actividades principales, la emisión de
la convocatoria pública previa apertura de libros por Notario de Fe Publica; recepción de
postulaciones; verificación de requisitos y elaboración de informe sobre el cumplimiento de
requisitos habilitantes de los postulantes; solicitud y recepción de información de las entidades
públicas, con el objeto de verificar la veracidad de la información proporcionada por las y los
postulantes; publicación de listas de postulantes habilitados e inhabilitados; conocimiento y
resolución de manera fundamentada de las impugnaciones presentadas dentro de los plazos y
procedimiento establecidos; calificación de méritos de los postulantes habilitados; elaboración de la
nómina de postulantes habilitados e inhabilitados y el informe final detallado ante la Asamblea
Legislativa Plurinacional; además de la aprobación de la lista de preseleccionados para su
correspondiente remisión al Órgano Electoral.
El desarrollo de las actividades descritas no solo tiene que ver con las operativas a ser cumplidas por
el órgano encargado de llevar adelante el proceso correspondiente, sino principalmente, con asegurar
el respeto y vigencia del principio democrático, vinculado a la participación política; de manera que,
se hace necesario el establecimiento de tiempos mínimos que garanticen la materialización del citado
principio, a través del ejercicio de la democracia representativa, lo que hace que la elección de las
autoridades judiciales no pueda ser asimilada a un proceso eleccionario político partidario
propiamente, como se lo hace con los miembros que componen los otros órganos del poder público,
entre ellos, el Ejecutivo y Legislativo, sino que se establece una forma distinta y única, con la
finalidad de asegurar la materialización de los principios de independencia entre órganos y el
principio democrático como forma de organización social, estableciendo la misma constitución
inclusive dos etapas para ese efecto, una de preselección, asignada a la Asamblea Legislativa
Plurinacional, cuyo mandato debe ser ejercitado por dos tercios de votos, tal como se estableció en la
SCP 0060/2023, y la otra fase de elección propiamente dicha, a través del proceso electoral que será
llevado a cabo por el Órgano Electoral (arts. 158.I.5 y 182.II de la CPE); plazos mínimos que deben
respetarse porque obedecen a la observancia del principio de reserva de ley en su sentido material;
dado que de la revisión misma del contenido de las normas analizadas, se concluye que la reducción
de plazos impedirá en definitiva el ejercicio pleno de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, tanto de los candidatos, como del soberano que deberá emitir su voto con pleno
conocimiento de quienes presenten su postulación para acceder a los máximos cargos del Órgano
Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, que constituirán una pieza fundamental para el
resguardo del Estado Constitucional de Derecho, que se lo concibe, únicamente con la vigencia de
los cuatro Poderes del Poder Público, garantizando la elección de las autoridades judiciales idóneas
para ocupar los mencionados cargos, libres de toda injerencia político partidaria, cumpliendo con el
fin pretendido por el art. 12.I de la CPE.
Esa tendencia de reducir los plazos en la primera etapa, coloca en entredicho el respeto de los
derechos y garantías materiales de los eventuales postulantes a dichos cargos, afectando seriamente
los principios de publicidad y transparencia, y con ello, el principio de reserva legal en su contenido
material al establecer mediante una norma, que si bien eventualmente debe ajustar su aprobación a
una votación mínima de 2/3 de los miembros presentes de la Asamblea Legislativa Plurinacional,
pero no solo ello es suficiente; sino que, en su mismo contenido debe resguardar el ejercicio de los
derechos fundamentales y garantías constitucionales de las personas, lo que no ocurrirá en caso de
reducir los plazos procesales, porque afectará la legitimidad que debe tener el proceso electoral en las
elecciones judiciales; cuando en realidad debe garantizarse en todo caso que las nuevas autoridades
judiciales y del Tribunal Constitucional Plurinacional, sean elegidas en el marco de criterios de
publicidad, transparencia, idoneidad, responsabilidad, igualdad, equivalencia, plurinacionalidad,
meritocracia, imparcialidad, competencia y respeto a los derechos fundamentales, entre otros.
En cuanto a la fase de impugnación, el Proyecto analizado otorga el plazo de dos días para su
interposición; impugnaciones a las que además se debe adjuntar la prueba idónea que desvirtúe la
causa de su inhabilitación (art. 29.II del Proyecto de Ley), debiendo ser interpuesta después de la
publicación en medio escrito de las postulaciones habilitadas e inhabilitadas y ante la Presidencia de
la Comisión Mixta respectiva (art. 29.III del Proyecto de Ley). Existiendo la posibilidad además,
conforme prevé el siguiente parágrafo del mismo artículo, de que cualquier persona individual o
colectiva, incluidos los Asambleístas de la Cámara de Diputados y Senadores, puedan impugnar a las
y los postulantes, con fundamento y adjuntando prueba idónea, dentro del plazo establecido; pero
además dichas impugnaciones conforme al parágrafo V, deben plantearse de manera individualizada,
por cada postulante y en distintos documentos, no pudiendo impugnarse en una sola nota a varios
postulantes; término que en definitiva resulta insuficiente para garantizar el derecho a la impugnación
al que tienen derecho los postulantes, así como cualquier persona individual o colectiva incluidos los
Asambleístas de la Cámara de Diputados y Senadores, pese a tratarse de una garantía procesal
consagrada en la Constitución Política del Estado, e íntimamente vinculada con el derecho a la
defensa, que se encuentra universalmente reconocido y garantizado, cuyo propósito es recurrir de una
decisión ante el juez o tribunal superior, cuando una de las partes considera vulnerados sus derechos
reconocidos por la Constitución Política del Estado y las leyes; puesto que, la garantía a la doble
instancia admite el disenso con las determinaciones asumidas, permitiendo evaluar, revisar,
compulsar y en definitiva si corresponde, corregir los defectos existentes en la determinación
pronunciada, permitiendo un acceso irrestricto a la tutela judicial efectiva, y posibilitar se reclamen
aspectos específicos que considera injustos a sus pretensiones, con la finalidad de que se modifique,
revoque, deje sin efecto o anule la decisión cuestionada; de ahí que, la negativa o restricción en la
tramitación de una impugnación independientemente de la denominación que se le dé al recurso
existente para recurrir un fallo, afecta de manera trascendental el derecho a la defensa; puesto que, se
le quita a la parte afectada, la posibilidad de poder explicar o hacer conocer, los motivos por los
cuales considera que la determinación impugnada es vulneratoria de sus derechos; a más que en el
caso concreto, las mismas deben ser presentadas ante la Comisión Mixta de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, que tiene su sede en la ciudad de La Paz.
En ese sentido, tomando en cuenta que la SCP 0060/2023 de 31 de julio, establece los parámetros
bajo los cuales debe llevarse a cabo el proceso de preselección y elección ya mencionados,
corresponde disponer que la preselección de los candidatos para dicha convocatoria a los cargos
judiciales, sea respetando los plazos descritos en las normas legales arriba citadas; es decir, un plazo
no menor a ochenta días calendario para el proceso de preselección; determinado para cada etapa o
fase, tiempos razonables que aseguren el ejercicio efectivo de los derechos fundamentales de los
candidatos; pero además, que garantice por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el
cumplimiento de sus funciones, realizando una minuciosa, oportuna y correcta revisión de los
requisitos exigidos.
El respeto de los plazos razonables para lograr un proceso transparente, resguarda los derechos
fundamentales de los candidatos o postulantes, a recabar y cumplir todos los requisitos necesarios
para su habilitación; al Órgano Legislativo a cumplir con una labor cuidadosa y exhaustiva en la
etapa de preselección; al Órgano Electoral para que prepare adecuadamente la etapa de elección; y
finalmente, al elector a quien debe garantizarse el ejercicio del principio democrático, previsto en el
art. 11 de la CPE, como fuente constitutiva del mandato de los funcionarios del Órgano Judicial,
dado, que es la voluntad popular la que elige a los Magistrados, prohibiendo a cualquier otra voluntad
con menor entidad, a entorpecer, corromper, envilecer o transgredir esa voluntad popular;
emergiendo entonces la obligación de respeto absoluto a la voluntad popular en todas las etapas del
proceso de selección y elección de Magistrados, sea por vía legislativa que mutile el derecho al voto
activo, de tal modo que ni la actividad legislativa, ejecutiva o electoral, pueden limitar el acto
electoral que materialice la voluntad popular; lo contrario implica que el acortamiento de los plazos,
no es admisible desde el punto de vista constitucional, al no enmarcarse dentro de las previsiones de
la Constitución Política del Estado; lo que provoca la inconstitucionalidad de los arts. 14, 29.II, 30.I y
la Disposición Adicional Séptima en su segundo parágrafo, inc. a), todos del Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”; no siendo necesario atravesar las demás etapas del test de proporcionalidad, al evidenciarse
que las normas señaladas no se acomodan al primer supuesto del mismo.
III.7.5. Juicio de constitucionalidad de la Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley C.S.
N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”
En ese sentido, considerando que el texto del Proyecto de Ley consultado contiene tres
parágrafos, a los efectos de una mejor comprensión, el análisis sobre su contenido será realizado de
manera separada; es decir, tomando en cuenta cada uno de los apartados que forman parte de la
Disposición Adicional Sexta, conforme sigue:
“I. Desde el 2 de enero de 2024 hasta el día de posesión de las Magistradas y Magistrados,
Consejeras y Consejeros electos por el voto popular, el personal subalterno de estas instituciones, en
las diferentes áreas de trabajo, implementarán una transición eficiente y ordenada para que las nuevas
autoridades elegidas asuman sus despachos en condiciones adecuadas”.
La autoridad consultante sostiene que dicho texto es contrario a lo previsto en los arts. 7, 122 y 178.I
de la CPE; toda vez que, la Asamblea Constituyente estableció que sea el Órgano Judicial el
encargado de impartir justicia dentro del Estado Plurinacional de Bolivia; de manera que, un poder
constituido, como la Asamblea Legislativa Plurinacional, no puede limitar o modificar, mediante una
ley ordinaria, lo que el soberano dispuso y se encuentra expresamente comprendido en la Ley
Fundamental, requiriéndose para modificar tal mandato, de una reforma constitucional.
Alega que el personal subalterno no tiene competencia para asumir tareas que son exclusivas de los
Magistrados y Consejeros, y que el texto normativo citado, no define claramente si la transición
implica que el personal subalterno ejerza las competencias que corresponden a los Magistrados, las
que son de gran relevancia nacional y deben ser realizadas por personas debidamente calificadas, en
el marco de la legalidad y la competencia asignadas; además que, pretender que los funcionarios
subalternos de los mencionados órganos de justicia realicen actividades de transición no condice con
la transparencia con la que deben llevarse a cabo las actividades de la función pública.
Cabe señalar que, por disposición del art. 196.II de la CPE, se asigna expresamente al Tribunal
Constitucional Plurinacional la labor interpretativa, cuyo ejercicio le permite determinar el sentido y
alcance de las expresiones del Derecho contenido en la Constitución, tomando en cuenta además que
la interpretación de ésta, es parte de la hermenéutica jurídica que como disciplina tiene por objeto el
estudio y la sistematización de los principios y métodos de interpretación jurídica.
En ese sentido, del Fundamento Jurídico III.4.1 se extrae que, el Estado Plurinacional de Bolivia
posee un modelo de organización y estructura del Poder Público cuyo ejercicio se encuentra delegado
a los Órganos de Poder (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral); asignándose a cada uno de ellos
funciones y atribuciones específicas, cuya separación, a su vez, denota la voluntad del constituyente
de evitar la concentración del poder en uno o más de los mencionados órganos, además de garantizar
el sistema de frenos y contrapesos, para asegurar el ejercicio de los derechos fundamentales de las
personas en su territorio, los que por ningún motivo pueden ser suspendidos o limitados en su
ejercicio en un contexto de regularidad constitucional, al contrario, el funcionamiento de los
mencionados órganos y el ejercicio de sus funciones debe obedecer al principio de continuidad, de
modo que no se quebrante el principio democrático, la soberanía nacional, la garantía del ejercicio de
los derechos fundamentales, el ejercicio del Poder Público, así como el objetivo constitucional de
separar las funciones asignadas a cada órgano, pues constituyen la base fundamental del Estado.
Así, por disposición del art. 1 de la CPE, Bolivia es un Estado soberano y democrático, entre otras
características; soberanía que, bajo el dispositivo 7 Constitucional, reside en el pueblo boliviano,
cuyo ejercicio se realiza de forma directa y delegada, y de la cual emanan las funciones y
atribuciones de los órganos del poder público, que para la problemática que se resuelve, está
relacionada con el ejercicio de las funciones y atribuciones asignadas a las máximas autoridades del
Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, cuya designación es de manera directa, a
través del voto popular.
Al disponer el texto normativo consultado, que sea el personal subalterno de las mencionadas
instituciones judiciales, el que implemente una transición para que las nuevas autoridades asuman sus
despachos en condiciones adecuadas, no se hace sino transgredir, por una parte, el principio
democrático que, conforme a lo señalado en el Fundamento Jurídico III.5.2 de esta Declaración
Constitucional Plurinacional, se constituye en la fuente constitutiva del mandato de los funcionarios
del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional; es decir, que es la voluntad popular la
que elige magistrados, superando, y por ello prohibiendo, a cualquier otra voluntad con menor
entidad entorpecer, corromper, envilecer o transgredir esa voluntad popular; emergiendo entonces, la
obligación de respeto absoluto a esa voluntad popular en todas las etapas del proceso de selección y
elección de Magistrados, sea por vía legislativa que mutile el derecho al voto activo; de tal modo que,
las actividades legislativa, ejecutiva o electoral no pueden limitar el acto electoral que materialice la
voluntad popular; y, de otro lado, el principio de responsabilidad y político, que según el mismo
Fundamento Jurídico indicado, subyuga a las autoridades electas a rendir cuentas sólo al pueblo por
el ejercicio de la función encargada, quien deberá reclamarles por sus actos, a través de los
mecanismos de participación política.
El proceso de transición entre las autoridades judiciales electas salientes y las nuevas autoridades
elegidas por voto popular, no debe ser entendido únicamente como un acto de entrega y recepción de
bienes o activos, o la presentación de informes administrativos; sino principalmente como un acto de
responsabilidad y respeto a los derechos fundamentales de las personas, tomando en cuenta que las
autoridades electas del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional fueron revestidas de
las funciones jurisdiccionales, por delegación directa del soberano, en el marco de lo dispuesto en el
art. 7 de la CPE, de manera que, corresponde solo a estas, en un acto de responsabilidad, realizar la
transición a las nuevas autoridades elegidas en las urnas, sin intermediarios, lo que condice con el
principio de seguridad jurídica y respeto a los derechos fundamentales (art. 178.I de la Ley
Fundamental), como sustento del ejercicio de la potestad de impartir justicia.
Cabe señalar que la transición entre las máximas autoridades judiciales salientes y las nuevas
autoridades elegidas por voto popular comprende sustancialmente información vinculada a procesos
judiciales o constitucionales, sea que se traten de causas que fueron resueltas durante su periodo, se
encuentren pendientes de resolución (en algunos casos ya sorteadas y otras inclusive con
suspensiones por la solicitud de información adicional) o simplemente pendiente sorteo, agregándose
a ello, las causas ingresadas a la Comisión de Admisión en el caso del Tribunal Constitucional
Plurinacional; información que por razones de responsabilidad, y sobre todo, respeto a los derechos
fundamentales de las personas, no pueden ser delegadas al personal subalterno de las entidades que
forman parte del sistema de justicia, dado que estos no fueron delegados por el soberano para ejercer
dichas funciones, de manera que, no pueden brindar la referida información por quienes sí recibieron
el mandato para impartir justicia.
Con relación al texto glosado precedentemente, debe manifestarse que es obligación de las
autoridades que cumplen un determinado mandato, emitir un informe final sobre el manejo de la cosa
pública durante su periodo de funciones; extremos que no contradicen de modo alguno los principios
de reserva de ley ni el democrático, demandados como vulnerados en la presente consulta; ante lo
cual, corresponde declarar su constitucionalidad.
El texto del Proyecto de Ley consultado, señala: “III. De manera excepcional, a partir del 2 de enero
de 2024, quedan suspendidos todos los plazos procesales para todas las causas que se encuentren en
trámite, en los despachos de las Magistradas y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional
Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y despacho de Consejeras y
Consejeros del Consejo de la Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, por
ser esta una Ley transitoria y excepcional”.
Como se advertirá, el texto transcrito se refiere a la suspensión de los plazos procesales de todas las
causas en trámite en los despachos de las Magistradas o Magistrados salientes del Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, desde el 2 de enero de 2024 hasta la posesión de las nuevas
autoridades electas.
Al respeto, la autoridad consultante señala que la indicada suspensión de los plazos procesales
conlleva la interrupción de la función privativa y exclusiva asignada al Órgano Judicial, lo que desde
el punto de vista del diseño constitucional y según lo dispuesto en los arts. 7 y 178 de la CPE, no es
viable, porque no puede un órgano constituido, como la Asamblea Legislativa Plurinacional,
suspender las funciones de otro órgano, siendo que esas funciones fueron delegadas directamente por
el soberano, la misma que es inalienable e imprescriptible. Cuando se dispone la transitoriedad de las
altas autoridades, se pone en riesgo la propia soberanía del Estado boliviano, siendo por ello
contrario a los arts. 7 y 178.I de la Norma Suprema.
Sostiene que dicho texto se contrapone a lo previsto en los arts. 9.4, 12, 115 y 178 de la Ley
Fundamental; dado que, es el Estado el que tiene el deber constitucional, a través de sus Órganos
Públicos, de garantizar el cumplimiento efectivo de los principios con raíz constitucional, así como
de los derechos fundamentales, de manera que, la ausencia de magistradas o magistrados crea una
situación de acefalia que imposibilita la coordinación efectiva de los poderes públicos, lo que
conlleva a una ruptura institucional. La integridad del Estado depende en gran medida de la unidad
política que lo conforma, la cual es un reflejo directo de la soberanía del pueblo que ha encomendado
al poder público la responsabilidad de velar por esta unidad y garantizar la plena efectividad de los
derechos fundamentales. En este contexto, las altas autoridades judiciales desempeñan un papel en un
Estado Constitucional de Derecho, ya que son responsables de asegurar que la justicia prevalezca y
que los derechos de los ciudadanos sean protegidos de manera efectiva; las funciones y atribuciones
de estos poderes públicos emanan directamente del pueblo, consiguientemente, no es viable, desde el
punto de vista constitucional, generar un vacío de poder en el Órgano Judicial, como se pretende a
través de la referida Disposición Adicional Sexta.
Precisa que, el art. 115 de la CPE es taxativo al disponer que, el Estado debe garantizar el debido
proceso, y por ende, el acceso oportuno y efectivo a los tribunales de justicia, no obstante, al
disponerse la suspensión de plazos en todas las materias, mediante el Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, se vulnera lo establecido en el referido precepto constitucional.
Afirma que se vulnera la continuidad del poder público, pues, aunque aparente ser lógico suspender
el funcionamiento del Órgano Judicial por la conclusión del mandato de las autoridades salientes y la
ausencia de nuevas autoridades elegidas, esa discontinuidad es atribuible al no funcionamiento del
Órgano Legislativo, quien debió prever esta situación con anticipación; de modo que, dicha
suspensión contraviene no solo principios de orden constitucional, sino que menoscaba el Estado de
Derecho, generando incertidumbre en el país, profundizando la crisis en la administración de justicia,
la cual, en el entendimiento de todos, es la que se pretende superar.
Señala que dicho texto sitúa a las actuales autoridades en ejercicio, en la disyuntiva de cesar en sus
funciones o continuar ejerciendo el cargo para el que fueron elegidos, con el riesgo de incurrir en el
tipo penal previsto en el art. 163 del Código Penal (CP), sobre la anticipación o prolongación de
funciones; pues, si bien es cierto que el mandato tiene un periodo de vigencia, empero, dicha regla
puede ser flexibilizada cuando el bien jurídico, que es la prestación del servicio de administración de
justicia, como componente esencial del principio democrático, no se encuentra garantizado; de modo
que, al presente se tiene una situación de hecho insostenible, referida a la inminencia del plazo de
conclusión de mandato versus la inexistencia de autoridades electas, generando así un vacío o
inexistencia de las máximas instancias del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional.
Afirma que dicho texto se contrapone a lo previsto en el art. 185 de la CPE, que establece, que la
magistratura del Tribunal Supremo de Justicia será ejercida de manera exclusiva, la misma que al ser
establecida por el poder constituyente, es inmodificable por el poder constituido, pues para modificar
el contenido de la Constitución es necesario seguir los procedimientos de una reforma constitucional,
de esa forma, la Asamblea Legislativa Plurinacional, como poder constituido, no puede modificar el
contenido de la Constitución sin cumplir los procedimientos de una reforma constitucional.
Bajo ese antecedente, en abril del mismo año, la indicada instancia legislativa, mediante R.A.L.P.
007/2022-2023 de 20 de abril de 2023, aprobó un nuevo Reglamento de Preselección, junto a la
Convocatoria respectiva, que fue objeto de una acción de inconstitucionalidad abstracta, resuelta a
través de SCP 0060/2023 de 31 de julio, declarando su inconstitucionalidad, y por conexitud la Ley
1513, al concluir que dicha norma establecía limitaciones a derechos fundamentales de los
postulantes, restricciones que por mandato constitucional solo estaban permitidas mediante ley en
sentido formal y material, aprobada además por dos tercios de votos de los miembros de la Asamblea
Legislativa Plurinacional.
Los indicados antecedentes son importantes a los efectos de la presente Declaración Constitucional
Plurinacional, dado que preceden al texto del Proyecto de Ley cuya constitucionalidad se cuestiona,
acción en la que, mediante el AC 0437/2023-CA de 28 de septiembre, a más de la admisión de la
acción planteada, en aplicación del art. 113 del CPCo, se dispuso la suspensión del procedimiento de
aprobación del Proyecto de Ley en consulta; de manera que, tomando en cuenta esos antecedentes y
los plazos para el desarrollo de la etapa de la preselección, establecidos en el Proyecto de Ley en
consulta, más los plazos previstos en la Ley del Órgano Electoral para el desarrollo del acto
eleccionario propiamente dicho, se establece que, el nuevo proceso para elegir y posesionar a las
autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional concluirá en forma posterior
al 31 de diciembre de 2023 –fecha en la que concluye el periodo de mandato de las magistradas y
magistrados del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional elegidas en el proceso
eleccionario desarrollado el 3 de diciembre de 2017–, dato que resulta relevante para el presente
examen; toda vez que, las autoridades judiciales electas en las elecciones de 2017, o las que al
momento de la elaboración de la presente Declaración Constitucional Plurinacional y por mandato o
delegación constitucional, se encuentren en ejercicio de dichas funciones, cumplen sus respectivos
mandatos constitucionales, de seis años, el ya referido 31 de diciembre de 2023, lo que hace evidente
un desfase entre el cumplimiento del período de mandato y la renovación democrática de los
señalados cargos.
Entre algunas de las características propias del ejercicio de tales funciones y atribuciones se
encuentra su independencia y separación, conforme se tiene estatuido en el art. 12.I de la Norma
Suprema, lo cual denota la voluntad del constituyente de evitar la concentración del poder y
garantizar el sistema de frenos y contrapesos, para asegurar de esa manera el ejercicio pleno de los
derechos fundamentales de las personas; ejercicio que además debe observar el principio de
continuidad, de modo que no se quebrante el principio democrático, la soberanía nacional, la garantía
del ejercicio de los derechos fundamentales, el ejercicio del poder público, así como el objetivo
constitucional de separar las funciones asignadas a cada órgano.
Dicha estructura de los órganos del poder público tiene sentido a partir de la protección de los
derechos fundamentales, evitando la concentración del poder en un solo órgano o la limitación del
ejercicio de sus funciones por otro órgano, de manera que se evite su derivación en la arbitrariedad;
es decir, se nutre de la idea de brindar seguridad a las personas dentro del territorio nacional,
proponiendo una estructura de contención del poder para protegerlas del abuso o la arbitrariedad; de
ahí que las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano, no pueden
ser delegadas entre sí (art. 12.III de la CPE) y tampoco pueden ser limitadas en su ejercicio, evitando
así una sola voz de decisión sobre aspectos que la propia Constitución Política del Estado encarga a
órganos distintos.
Dicho razonamiento fue expuesto por el propio Constituyente cuando elaboraba democráticamente la
Ley Fundamental hoy en vigencia, al establecer la separación de los órganos del poder público, con
especial mención que tal condición supone, que éstos no pueden atribuirse otras facultades que no
estén expresamente acordadas por la Constitución Política del Estado y la ley, que persigue o tiene
por objetivo el cumplimiento de las funciones del Estado y la realización de sus fines, y con mayor
importancia, que las funciones de los cuatro órganos reconocidos expresamente por la Norma
Suprema, no pueden concentrarse en uno solo; de manera que, cualquier disposición normativa debe
respetar el contenido del art. 12 de la CPE, lo que supone un impedimento tácito para modificar la
organización de los cuatro órganos del Estado, a objeto de reunir las funciones de éstos en uno solo,
ni que las funciones de un órgano puedan ser delegadas a otro. Como se precisó en la SC 0258/2011-
R, al señalarse que el modelo de Estado asumido en Bolivia se constituye en un verdadero Estado
Constitucional de Derecho, establecido sobre valores universales y el principio fundamental de
legalidad, sin desechar los principios generales de soberanía popular en el ejercicio del poder público
y reforzando el principio de respeto y vigencia de los DD.HH.
Esta concepción fue asumida en la Constituyente, en cuyo trabajo quedó plasmado la independencia
y la coordinación con la que debe funcionar cada uno de los órganos del poder público, a efectos de
disgregar el poder y asegurar el control entre ellos, puesto que tales órganos tenían su razón de ser en
el cumplimiento de las funciones del Estado y la persecución de sus fines, resaltándose a tal efecto, la
necesidad de asegurar la constitucionalización de los derechos humanos para que los habitantes en el
territorio nacional puedan hacerlos valer frente al Estado, develando con ello su intención de proteger
a los ciudadanos en relación al aparato del poder político.
Así, en el citado Fundamento Jurídico III.4.1, se ha señalado que, mediante informe de 13 de julio de
2007, de la Comisión de Estructura y Organización del Nuevo Estado, de la Asamblea Constituyente,
que dio a luz a la actual Constitución Política del Estado; en el Informe de Mayorías consignó la
voluntad expresa de dividir el Poder Público en cuatro Órganos, que en independencia y coordinación
debían funcionar, a efectos de disgregar el Poder Público y asegurar el control entre ellos. En su
homólogo de Minoría, se estableció que la separación de las potestades públicas debía efectuarse en
cuatro Órganos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral. Adicionalmente, este Informe enfatizó
que tales Órganos hallan su razón de ser en el cumplimiento de las funciones del Estado y la
persecución de sus fines.
En tal sentido también, a través del Informe de Mayorías de la Comisión de Visión del País, de igual
fecha, se reconoció que los cuatro órganos públicos son el resultado de la soberanía que emana del
pueblo boliviano; asimismo, se estableció que no se puede concentrar funciones en ninguno de éstos,
estableciendo así que tales potestades deben separarse. Mediante Informe Segundo de Minorías, de
17 de julio de 2007, se indicó que se debe limitar el poder político, en el marco de un Estado
Constitucional Democrático de Derecho, en mérito a que dicho poder debe estar sujeto a la
Constitución Política del Estado, debiendo existir separación de poderes y éstos deben encontrarse
demarcados los unos de los otros.
En ese sentido, asumiendo como criterio de interpretación la voluntad del constituyente, de acuerdo
con sus documentos, actas y resoluciones –Fundamento Jurídico III.2 de esta Declaración
Constitucional Plurinacional– podemos señalar que, si bien la Asamblea Legislativa Plurinacional,
como máxima instancia de representación del Órgano Legislativo, tiene reconocida la función de
legislar, siendo una de sus atribuciones, dictar leyes, interpretarlas, derogarlas, abrogarlas y
modificarlas (art. 158.I.3 de la CPE); sin embargo, dicha facultad no comprende la de disponer la
suspensión del ejercicio de las funciones y atribuciones encargadas a otro órgano del Estado, en este
caso al Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, como acontece en el caso de
análisis, al disponerse la suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se encuentran en
trámite, en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, desde el 2 de enero de 2024, hasta la posesión de las nuevas
autoridades electas, más aun tomando en cuenta que dicha condición –posesión de las nuevas
autoridades electas– no tiene fecha cierta, tomando en cuenta los antecedentes descritos
precedentemente, de manera que, dicha medida simplemente deja en la incertidumbre a las personas
cuyas pretensiones fueron de conocimiento de las altas magistraturas, sin tribunales o autoridades que
resuelvan sus causas, en otros términos, sin los máximos órganos encargados de impartir justicia, y lo
que es aún más grave, sin el órgano encargado del control de constitucionalidad y guardián principal
de los derechos fundamentales de las personas, como es el Tribunal Constitucional Plurinacional.
Es evidente que la indicada medida de suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se
encuentran en trámite en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano
Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, conlleva, por una parte, la suspensión indefinida de
todas las funciones y atribuciones encargadas directamente por el Constituyente a las máximas
autoridades electas que conforman esos órganos, esto hasta la posesión de las nuevas autoridades
elegidas por voto popular, y de otro lado, aplica una cesación automática de las actuales autoridades,
por conclusión del periodo de mandato de seis años, sin tomar en cuenta que, dado los antecedentes
de hecho ya expuestos anteriormente, sobre dos intentos previos de procesos de preselección de las
nuevas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional, fallidos, y la inviabilidad evidente
para que se cuenten con autoridades electas a la conclusión del periodo de mandado de las actuales
autoridades, la medida dispuesta implica dejar sin el servicio judicial a las personas cuyas causas
recayeron en esas máximas instancias, cuya ausencia conlleva un grave riesgo para los derechos
fundamentales, como los derechos de acceso a la justicia o tutela judicial efectiva, el debido proceso
en sus componentes a impugnar las resoluciones que les afectan y consiguientemente a contar con
una respuestas oportuna y pronta, y aún más grave, la ausencia del principal órgano de control
constitucional, generando de esa manera inseguridad jurídica y un vacío de poder por ausencia de
autoridades judiciales electas, afectando con ello al Estado Constitucional de Derecho.
Lo señalado es coherente con los principios constitucionales configuradores del Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, glosados en el Fundamento Jurídico III.5.2 de esta Resolución
Constitucional, concretamente, el democrático y de permanencia o continuidad, que expresan, en el
primer caso, una garantía de no interferencia en la constitución de los señalados órganos de justicia
por ninguno de los otros órganos del poder público o autoridades de los mismos, el cual se manifiesta
en la potestad de constitución de las instituciones judiciales con autoridades por elección popular y
sin dependencia de ningún otro órgano del poder público, sin interferencia o interferencia solo
positiva por parte de todas las autoridades legislativas, ejecutivas y electorales; de tal modo que, toda
legislación, reglamentación, regulación o limitación, solo puede ser mínima, en lo esencialmente
necesario, para garantizar la máxima expresión de la voluntad democrática y que sea el soberano el
único que elija entre la mayor cantidad de opciones posibles; y, en el caso del segundo, evitar a toda
costa la suplantación de la voluntad popular, de manera que, para proteger y resguardar la
Ó
independencia del Órgano Judicial no se puede reconocer ninguna otra forma de constitución o
elección de sus autoridades que no sea mediante el voto popular como expresión democrática; por lo
que, si por algún motivo ésta se retrasa, impide, o las obligaciones al respecto de los otros órganos no
se cumplen, las autoridades electas mantienen o permanecen en el cargo, siendo esta una forma de
garantizar la independencia del judicial; así como, su imparcialidad.
En ese marco, la suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se encuentren en trámite
en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, desde el 2 de enero de 2024 hasta la posesión de las nuevas autoridades
electas, dispuesto en el Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta, correspondiente a la norma
consultada, conlleva la suspensión sin fecha cierta y definida del servicio judicial que brindan las
máximas instancias de las instituciones que forman parte de los mencionados órganos de justicia,
desconociendo dicho texto que, en aplicación de los principios de independencia, separación,
coordinación y cooperación, contenidos en el art. 12 de la CPE, el Órgano Legislativo no cuenta con
facultad de suspender el servicio que presta el Órgano Judicial o Tribunal Constitucional
Plurinacional, a lo que se agrega que, en aplicación del principio de permanencia o continuidad, ya
referido precedentemente, ante la falta de elección oportuna de las nuevas autoridades
jurisdiccionales por voto popular, por las razones ya expuestas, son las autoridades electas las que
deben mantenerse o permanecer en el cargo; dado que, conforme a lo señalado en el Fundamento
Jurídico III.5.2 de esta Resolución Constitucional, esta es la única forma de garantizar la
independencia judicial y su imparcialidad, al haber sido impuestas por voto popular, única forma de
legitimidad de las mismas.
Pues conforme al mismo Fundamento Jurídico ya indicado, el art. 12 de la CPE, forma parte de la
dogmática de la Ley Fundamental, introduce la parte orgánica de la Norma Suprema, de manera que
cumple la función de ordenar el poder público que, en el caso de la Constitución Política del Estado,
conlleva un elemento sustancial y no menos relevante, a saber, la constitucionalización de principios
fundantes o aquellos que rigen la organización del poder público y estructura del poder público, las
cuales deben dar validez y vigencia a la citada parte dogmática de la Ley Fundamental, lo que deriva
necesariamente en una primera finalidad, la vigencia plena de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, declarados y reconocidos por la propia Constitución Política del Estado y el bloque
de constitucionalidad; en una segunda finalidad, que el poder público encargado a cada uno de los
órganos del Estado, no pueden quedar concentrados en un solo órgano, o que se pretenda sean
ejercidas por órganos diferentes a los señalados específicamente en la Norma Suprema; dado que,
cada uno tiene un propósito específico dentro del diseño constitucional vigente, el mismo que debe
ser entendido como un sistema único que, en términos sencillos, resulta ser el aparato estatal fundado
en una organización funcional; y, finalmente, que las funciones y atribuciones encargadas a cada uno
de los órganos descritos precedentemente no pueden ser suspendidos o interrumpidos, al contrario,
deben tener continuidad, lo cual significa que las atribuciones asignadas a cada uno de los órganos
deben ser ejercidas de manera permanente e ininterrumpida.
Dicho entendimiento es coherente con los principios, fines, funciones, valores, derechos y deberes
contenido en la Ley Fundamental, los que se constituyen en la base de la existencia y funcionamiento
del Estado Plurinacional, glosados en el Fundamento Jurídico III.3 de esta Declaración
Constitucional Plurinacional, cuya obligación de garantía se constituye en un fin y función esencial
del Estado, conforme a lo dispuesto en el art. 9.4 de la CPE, lo cual resulta plenamente aplicable al
caso, debido a que, al disponerse la indicada suspensión de los plazos procesales, bajo las
condiciones descritas en la norma consultada (Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta), es
evidente que el Estado desconoce el señalado fin y función esencial de garantía de cumplimiento de
los principios, valores, derechos y deberes reconocidos en la Norma Suprema.
Bajo esas consideraciones es posible concluir que, el Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta
de Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las
Elecciones Judiciales 2023-2024” es contrario a los arts. 9.4, 12, 115 y 178.I, cuyos preceptos se ven
afectados debido a la suspensión sin fecha cierta de los plazos procesales de todas las causas que se
encuentren en trámite en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano
Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, y con ello, del servicio judicial, provocando de esa
manera una ruptura institucional y un vacío de poder, contrario al Estado Constitucional de Derecho,
y consiguientemente, a los derechos fundamentales y garantías constitucionales.
En ese sentido, la regla observada en la segunda parte del art. 12.I de la Norma Suprema, en
cuanto a que la independencia, separación, coordinación y cooperación son los fundamentos de la
organización del Estado, no constituye un simple enunciado, sino un mandato que marca los
lineamientos para el adecuado ejercicio del poder público, de manera que, debe ser plenamente
aplicable a los efectos de lograr el movimiento permanente y sincrónico del aparato estatal en su
conjunto; equilibrando el poder de los órganos establecidos, mediante la regla de la división de
poderes y la distribución de manera equitativa del ejercicio de poder, conforme establece el principio
de funcionalidad.
La ausencia de cualquier Órgano del Estado conlleva el quiebre del Estado Constitucional de
Derecho, puesto que no se puede concebir el funcionamiento armónico de éste, cuando uno de sus
componentes esté ausente o limitado en su ejercicio pleno; así, no podría imaginarse un Estado sin
una Presidenta o un Presidente que lo represente y lo dirija, o uno sin la presencia de asambleístas
que emitan leyes para gobernar, o aquel en el que no se tienen a las principales autoridades
jurisdiccionales del Órgano Judicial, siendo de especial relevancia la presencia del Tribunal
Constitucional Plurinacional, cuyo control de constitucionalidad en cualquiera de sus alcances
(normativo, tutelar o competencial) esté ausente, o finalmente, que no exista el Órgano Electoral
Plurinacional para llevar adelante todo proceso por el cual, el soberano elija a sus representantes, allí
donde el propio Constituyente ha definido su elección por voto popular.
La aplicación de los señalados parámetros se puede observar, entre otros aspectos, respecto a
la forma de elección por voto popular de las máximas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, cuando la Ley Fundamental vigente asigna a la Asamblea Legislativa
Plurinacional la realización de la fase de preselección como única intervención dentro del proceso de
constitución de dichos Órganos, y al Órgano Electoral Plurinacional, la etapa del desarrollo del
proceso electoral propiamente dicho. El citado proceso debe ser realizado por los mencionados
órganos con la debida anticipación, de manera que, a la culminación del periodo de mandato de las
autoridades judiciales salientes, se tengan ya elegidas a las nuevas magistradas o magistrados, de
modo que exista la respectiva continuidad del servicio judicial encargado a esas máximas instancias.
Lo propio acontece con la conformación de los Órganos Ejecutivo y Legislativo.
Si bien lo descrito tiene que ver con el ejercicio de atribuciones reconocidas expresamente a
los señalados órganos, dicho lineamiento también debe ser aplicado en cuanto a situaciones no
previstas expresamente en la Norma Suprema, como la solución –lo más apegada posible a la
Constitución Política del Estado– de cuestiones extraordinarias suscitadas, como es el caso de vacíos
de poder por falta de la elección de nuevas autoridades por voto popular a la conclusión del periodo
de mandato de las autoridades salientes, criterio que ya fue asumido en el pasado reciente de la
historia boliviana, al haberse dispuesto, de manera excepcional la prórroga de mandado mediante ley
para autoridades de los Órganos Ejecutivo y Legislativo, conforme fue precisado en los Fundamentos
Jurídicos precedentes.
En ese sentido, tomando en cuenta que, conforme establece el art. 1 de la CPE, el modelo
actual es el de Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente,
soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías, esa organización y
estructuración del poder público a que hace referencia el art. 12 descansa en el ejercicio de la
democracia representativa que según el art. 11.II.2 de la Norma Suprema consiste en la elección de
representantes por voto universal, directo y secreto, conforme a ley, precepto que se aplica para la
elección de las autoridades de los Altos Tribunales de Justicia y del Consejo de la Magistratura.
En el caso del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, la elección de sus
máximas autoridades está a cargo del soberano, estando previsto a la Asamblea Legislativa
Plurinacional, únicamente llevar adelante la etapa de la preselección de candidatos y candidatas de
dichos Órganos en el marco de la Constitución Política del Estado, para permitir que el pueblo
ejercite su derecho al sufragio.
En cuanto a la duración del periodo de mandato de las y los Magistrados del Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, y, las y los Consejeros de la Magistratura, así como de
las y los Magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional, según previsión de los arts. 183.I,
188.II, 194.III y 200 de la Constitución Política del Estado, es de seis (6) años, sin posibilidad de
reelección; en consecuencia, vencido este periodo todo intento de designar o nombrar a las máximas
autoridades judiciales al margen de las formas establecidas por la Constitución, debe entenderse
como un acto invasivo de poder que quiebra el equilibrio de poderes, debiendo en todo caso, ante una
circunstancia excepcional como la imposibilidad de contar con nuevas autoridades electas mediante
Ó
sufragio universal, garantizar el normal funcionamiento del Órgano Judicial y del Tribunal
Constitucional Plurinacional, disponiendo la prórroga de mandato de las actuales autoridades electas
democráticamente hasta la posesión de las nuevas autoridades, garantizando de esa manera la
continuidad del servicio que presta dichos órganos de justicia y con ello el normal desenvolvimiento
del Estado.
En ese sentido, tal como se señaló anteriormente, los cuatro Órganos del Estado son independientes y
en el marco de sus respectivas competencias con igual obligación deben garantizar el normal
funcionamiento de todo el aparato estatal, de manera que ante una situación de excepcionalidad como
la que se presenta, ante el inminente vacío de poder que se producirá en el Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, y con ello, la fractura del Estado Constitucional de Derecho;
corresponde generar un instrumento jurídico que asegure el normal funcionamiento de los citados
Órganos del Estado, como aconteció anteriormente en Bolivia, cuando la Asamblea Legislativa
Plurinacional sancionó la Ley Excepcional de Prórroga del Mandato Constitucional de Autoridades
Electas; por lo que, en el caso presente, por las cuestiones señaladas precedentemente, es obligación
del máximo intérprete de la justicia constitucional, asumir un rol activo y por sobretodo que
resguarde y asegure el orden constitucional, asumiendo acciones que encuentran su justificación en la
expansión del principio de constitucionalidad, de la fuerza vinculante de la Constitución, su eficacia
normativa y su poder de irradiación.
POR TANTO
6° Notifíquese a los Órganos Ejecutivo, Legislativo, Electoral y Judicial con el presente fallo
constitucional, para su cumplimiento.
PRESIDENTE
Fdo. René Yván Espada Navía Fdo. Gonzalo Miguel Hurtado Zamorano
MAGISTRADO MAGISTRADO
Fdo. MSc. Georgina Amusquivar Moller Fdo. MSc. Julia Elizabeth Cornejo Gallardo
MAGISTRADA MAGISTRADA
Fdo. MSc. Brigida Celia Vargas Barañado Fdo. MSc. Carlos Alberto Calderón Medrano
MAGISTRADA MAGISTRADO
Fdo. MSc. Karem Lorena Gallardo Sejas Fdo. Dr. Petronilo Flores Condori
MAGISTRADA MAGISTRADO
(Firma Digital)
[2] En la SCP 0037/2013 de 4 de enero, se estableció que: “…es a partir de su reconstitución desde
donde se relacionan de manera intrínseca los demás principios-valores plurales referidos de la
complementariedad, reciprocidad, armonía y el equilibrio, que decantan en el vivir bien. Así la Ley
Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien define el vivir bien en el siguiente
sentido:
‘El Vivir Bien (Sumaj Kamaña, Sumaj Kausay, Yaiko Kavi Päve). Es el horizonte civilizatorio y
cultural alternativo al capitalismo y a la modernidad que nace en las cosmovisiones de las
naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y
afrobolivianas, y es concebido en el contexto de la interculturalidad. Se alcanza de forma
colectiva, complementaria y solidaria integrando en su realización práctica, entre otras
dimensiones, las sociales, las culturales, las políticas, las económicas, las ecológicas, y las
afectivas, para permitir el encuentro armonioso entre el conjunto de seres, componentes y recursos
de la Madre Tierra. Significa vivir en complementariedad, en armonía y equilibrio con la Madre
Tierra y las sociedades, en equidad y solidaridad y eliminando las desigualdades y los mecanismos
de dominación. Es Vivir Bien entre nosotros, Vivir Bien con lo que nos rodea y Vivir Bien consigo
mismo’ (…).
De lo señalado, el horizonte del vivir bien es la propuesta más contundente del Estado Plurinacional,
opuesto a las lógicas del ‘desarrollo’ propio del Estado Nación moderno capitalista, que ha
subsumido al Estado al ‘Subdesarrollo’; en consecuencia, el vivir bien como un horizonte propio de
la cosmovisión de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, comunidades
interculturales y afrobolivianas se orienta a la reconstitución y continuidad de las practicas propias
de la diversidad de ‘naciones’ con alcance general, es decir en la políticas, normas y decisiones del
Estado Plurinacional” (las negrillas nos pertenecen).
“Quien considere con atención los distintos departamentos del poder, percibirá que en un gobierno en
que se encuentren separados, el judicial, debido a la naturaleza de sus funciones, será siempre el
menos peligroso para los derechos políticos de la Constitución, porque su situación le permitirá
estorbarlos o perjudicarlos en menor grado que los otros poderes. El Ejecutivo no sólo dispensa los
honores, sino que posee la fuerza militar de la comunidad. El legislativo no sólo dispone de la bolsa,
sino que dicta las reglas que han de regular los derechos y los deberes de todos los ciudadanos. El
judicial, en cambio, no influye ni sobre las armas, ni sobre el tesoro; no dirige la riqueza ni la fuerza
de la sociedad, y no puede tomar ninguna resolución activa. Puede decirse con verdad que no posee
FUERZA ni VOLUNTAD, sino únicamente discernimiento, y que ha de apoyarse en definitiva en la
ayuda del brazo ejecutivo hasta para que tengan eficacia sus fallos. Esta sencilla manera de ver el
problema sugiere algunas consecuencias importantes. Demuestra incontestablemente que el
departamento judicial es, sin comparación, el más débil de los tres departamentos del poder (52); que
nunca podrá atacar con éxito a ninguno de los otros dos, y que son precisas toda suerte de
precauciones para capacitarlo a fin de que pueda defenderse de los ataques de aquéllos.”
[6] HAMILTON Alexander % MADISON James: EL FEDERALISTA.
“Quien considere con atención los distintos departamentos del poder, percibirá que en un gobierno en
que se encuentren separados, el judicial, debido a la naturaleza de sus funciones, será siempre el
menos peligroso para los derechos políticos de la Constitución, porque su situación le permitirá
estorbarlos o perjudicarlos en menor grado que los otros poderes. El Ejecutivo no sólo dispensa los
honores, sino que posee la fuerza militar de la comunidad. El legislativo no sólo dispone de la bolsa,
sino que dicta las reglas que han de regular los derechos y los deberes de todos los ciudadanos. El
judicial, en cambio, no influye ni sobre las armas, ni sobre el tesoro; no dirige la riqueza ni la fuerza
de la sociedad, y no puede tomar ninguna resolución activa. Puede decirse con verdad que no posee
FUERZA ni VOLUNTAD, sino únicamente discernimiento, y que ha de apoyarse en definitiva en la
ayuda del brazo ejecutivo hasta para que tengan eficacia sus fallos. Esta sencilla manera de ver el
problema sugiere algunas consecuencias importantes. Demuestra incontestablemente que el
departamento judicial es, sin comparación, el más débil de los tres departamentos del poder (52); que
nunca podrá atacar con éxito a ninguno de los otros dos, y que son precisas toda suerte de
precauciones para capacitarlo a fin de que pueda defenderse de los ataques de aquéllos.”
[7] https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:VA6C2:ce68816b-cf90-49e9-80e5-71dbfbb56e08
[8] Primera etapa: elaboración, proposición y aprobación o sanción por el Órgano Legislativo; y
segunda etapa: promulgación y publicación por el Órgano Ejecutivo, denominado como el aspecto
formal de la ley.
[9] Corte IDH. Caso Yatama Vs. Nicaragua. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 23 de junio de 2005.