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DCP 0049-2023

El documento presenta un resumen de una consulta sobre la constitucionalidad de un proyecto de ley transitoria para las elecciones judiciales 2023-2024 en Bolivia. En 3 oraciones o menos: El presidente del Tribunal Supremo de Justicia plantea dudas sobre si el proyecto de ley cumple con lo establecido en sentencias constitucionales previas que requieren que la regulación de los procesos de elección de autoridades judiciales se realice a través de una ley sustantiva. Teme que los plazos acortados en el proyecto no permitan

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El documento presenta un resumen de una consulta sobre la constitucionalidad de un proyecto de ley transitoria para las elecciones judiciales 2023-2024 en Bolivia. En 3 oraciones o menos: El presidente del Tribunal Supremo de Justicia plantea dudas sobre si el proyecto de ley cumple con lo establecido en sentencias constitucionales previas que requieren que la regulación de los procesos de elección de autoridades judiciales se realice a través de una ley sustantiva. Teme que los plazos acortados en el proyecto no permitan

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DECLARACIÓN CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0049/2023

Sucre, 11 de diciembre de 2023

SALA PLENA

Magistrado Relator: René Yván Espada Navía

Consulta sobre la constitucionalidad de proyectos de ley

Expediente: 58030-2023-117-CCP

Departamento: Chuquisaca

En la consulta de control previo sobre la constitucionalidad del Proyecto de Ley C.S. N°


144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024” de 31 de
agosto de 2023, formulada por Ricardo Torres Echalar, Presidente del Tribunal Supremo de
Justicia.

I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA

I.1. Contenido del memorial


Por memorial presentado el 20 de septiembre de 2023, (fs. 53 a 61 vta.), Ricardo Torres Echalar,
Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, expresó los siguientes argumentos:

I.1.1. Relación sintética de la consulta

La Constitución Política del Estado, vigente desde el 7 de febrero de 2009, como determina el art. 1,
contiene un modelo de sociedad, denominado Estado Plurinacional Comunitario, fundado en cinco
pluralismos (lingüístico, cultural, económico, político y jurídico).

En cuanto al pluralismo jurídico, el Constituyente propone un modelo de justicia en el que las


autoridades, tanto del Órgano Judicial como del Tribunal Constitucional Plurinacional, son elegidas
por sufragio directo, con la finalidad de lograr el mismo grado de legitimidad que los Órganos
Legislativo y Ejecutivo; en ese orden, se realizaron dos procesos eleccionarios, el primero en octubre
de 2011 y el segundo, el 3 de diciembre de 2017, cuyo proceso de preselección de las candidatas y
candidatos a dichos cargos públicos se encuentra a cargo de la Asamblea Legislativa Plurinacional,
conforme a lo dispuesto en el art. 158.I.5 de la Constitución Política del Estado (CPE).

En ese contexto; y toda vez que, el periodo de las actuales autoridades jurisdiccionales finaliza el 31
de diciembre de 2023, la Asamblea Legislativa Plurinacional, el 23 de marzo de 2023, aprobó y
emitió el Reglamento de Preselección de Candidatas y Candidatos para la Conformación del Tribunal
Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la
Magistratura; sin embargo, por Resolución 24/2023, pronunciada por la Sala Constitucional Primera
del Tribunal Departamental de Justicia de Beni, dentro de una acción de amparo constitucional, el
mismo quedó sin efecto; ordenándose al señalado ente legislativo, emitir un nuevo reglamento que
garantice el ejercicio de los derechos fundamentales y garantías constitucionales.

En cumplimiento a lo dispuesto por la justicia constitucional, el 22 de abril de 2023, la Asamblea


Legislativa Plurinacional revisó y aprobó un nuevo reglamento de preselección, junto con la
convocatoria; sin embargo, dicha normativa fue sometida a control de constitucionalidad; a través de
una acción de inconstitucionalidad abstracta que, al ser admitida por el Tribunal Constitucional
Plurinacional, dio lugar a la suspensión provisional del proceso como medida cautelar; hasta que,
mediante SCP 0060/2023 de 31 de julio, se declaró la inconstitucionalidad del Reglamento de
Preselección de Candidatas y Candidatos para la Conformación del Tribunal Constitucional
Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura
(2023); así como, de la Convocatoria Pública asociada, aprobadas por la Resolución de la Asamblea
Legislativa Plurinacional R.A.L.P. 007/2022-2023 de 20 de abril de 2023, al haber concluido que
dicha normativa era contraria a los arts. 109.II, 144.II y 410.II de la CPE, porque la regulación de los
derechos políticos para los postulantes debía realizarse a través de una ley que respete los dos tercios
o votación especial.
En el lapso transcurrido entre la admisión de la indicada acción de inconstitucionalidad y la sentencia
correspondiente, el Órgano Legislativo promulgó la “Ley Transitoria para garantizar el proceso de
Preselección y Elección para la conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura 2023, Ley 1513 de 5 de
junio de 2023”, acortando plazos para que, tanto la Asamblea Legislativa Plurinacional como el
Tribunal Supremo Electoral, cumplan con sus respectivas tareas. Como resultado de esta
modificación, el período de preselección de candidatos se redujo de ochenta a sesenta días; mientras
que, el Tribunal Supremo Electoral disponía de cien días en lugar de los ciento cincuenta anteriores
para organizar las elecciones judiciales en sí.

Ahora bien, con la finalidad de dar cumplimiento a lo dispuesto en la SCP 0060/2023 de 31 de julio y
lo establecido en el art. 158.I.5 de la CPE, la Cámara de Senadores, en el marco de lo dispuesto en el
art. 163.5 de la Norma Suprema, remitió a la Cámara de Diputados el Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, así se acredita en la copia del oficio con cite: P.N° 294/2022-2023 de 31 de agosto, firmado
por la Senadora Gladys Valentina Alarcón Farfán, Presidenta en Ejercicio de la Cámara de Senadores.
Igualmente, con la nota con cite: CD/CCLSE/INT-N° 307/2022-2023 de 4 de septiembre, que lleva la
firma del Diputado Juan José Jauregui Ururi, Presidente de la Comisión de Constitución, Legislación
y Sistema Electoral.

A través de la Nota Cite: P.N° 73/2022-2023 de 6 de septiembre, dirigida al Presidente del Tribunal
Supremo de Justicia, por el Diputado Jerges Mercado Suárez, Presidente de la Cámara de Diputados
de la Asamblea Legislativa Plurinacional; la Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia, tomó
conocimiento del contenido del referido Proyecto de Ley; y, al haberse generado duda razonable
respecto a que el mismo es contrario al principio de supremacía constitucional, previsto en el art.
410.II de la CPE, concordante con los arts. 7, 12, 108.1 y 109 de la Ley Fundamental, se determinó –
en aplicación de los arts. 202.7 Constitucional y 111 y siguientes del Código Procesal Constitucional
(CPCo)– plantear consulta sobre la constitucionalidad del indicado Proyecto de Ley, en relación al
art. 2 y la Disposición Adicional Sexta del mismo, sobre la base de los siguientes argumentos
jurídicos.

El art. 2 del Proyecto de Ley, en cuanto a la finalidad de la norma prevé: “Garantizar el desarrollo de
las elecciones judiciales 2023-2024, dentro de lo establecido en la Constitución Política del Estado y
la Sentencia Constitucional Plurinacional N° 0060/2023 de 31 de julio de 2023”; sin embargo, a
pesar de su aparente conformidad con el referido fallo constitucional –que determina que la
regulación o limitación de los derechos fundamentales debe ser mediante una ley que materialice el
principio democrático–, el mismo carece de legitimidad material por la falta de un adecuado proceso
de preselección de altas autoridades judiciales; puesto que, acorta el mismo y no valora el mérito de
los candidatos, lo que va en contra de los fundamentos expuestos en la ratio decidendi de la citada
SCP 0060/2023, que subraya la necesidad de considerar tanto la legalidad formal como material, que
debe expresarse en un proceso de preselección legítimo, que no fue materializado en el Proyecto de
Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”;
de tal manera que, se encuentra en antinomia con el principio de legalidad y reserva legal en sentido
material dispuesto en el art. 109 de la CPE.

La SCP 0060/2023, determinó que la naturaleza, relevancia y alcance de ciertos actos, demandan que
su regulación se realice mediante un instrumento normativo que cumpla con los criterios de validez
no solo formales; sino, sobre todo en términos de legitimidad, lo que resulta esencial para garantizar
el principio democrático que deben guiar todas las acciones del poder público; y, aunque sea válido
imponer restricciones al ejercicio de los derechos fundamentales en aras del interés general, el orden
jurídico y otros factores, dichas limitaciones solo pueden ser impuestas a través de una ley en sentido
formal y material.

El referido fallo constitucional detalló en sus Fundamentos Jurídicos III.5 y III.6.2, que la atribución
concedida a la Asamblea Legislativa Plurinacional en el art. 158.I.5 de la CPE, vinculada a la
preselección de candidatos para el Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de
Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura, debe ejercerse exclusivamente a
través de una ley formal y material; lo cual, se justifica por la relevancia de la conformación de las
máximas autoridades judiciales, cuyas condiciones de preselección y elección deben ser definidas de
manera detallada por una ley con dichas características.

No obstante, la Asamblea Legislativa Plurinacional incumplió su obligación de promulgar una ley


sustantiva que regule dicho proceso, y como resultado de ello, el propósito del Proyecto de Ley no se
ajusta a lo establecido en la SCP 0060/2023, pues desde una perspectiva material no se garantiza un
proceso de preselección con plazos adecuados para posibilitar que los preseleccionados sean los
candidatos más idóneos; de manera que, se trata de una ley que constituye una propuesta meramente
formal que, en lugar de garantizar materialmente la designación de las altas autoridades judiciales,
establece un período de transición donde el personal subalterno asume las competencias de esas
máximas autoridades, como se detalla en el punto siguiente.

La Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley, dispone que: “I. Desde el 2 de enero de 2024,
hasta el día de posesión de las magistradas y magistrados, consejeras y consejeros electos por el voto
popular, el personal subalterno de estas instituciones, en las diferentes áreas de trabajo, implementará
una transición eficiente y ordenada, para que las nuevas autoridades elegidas asuman sus despachos
en condiciones adecuadas; II. Las autoridades judiciales electas salientes, están obligadas a emitir el
informe final correspondiente; y, III. De manera excepcional, a partir del 2 de enero de 2024, quedan
suspendidos todos los plazos procesales para todas las causas que se encuentren en trámite, en los
despachos de las Magistradas y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y despacho de Consejeras y Consejeros del
Consejo de la Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, por ser esta una Ley
transitoria y excepcional”; la misma que se contrapone a lo previsto en los arts. 7 y 178.I de la CPE.

El art. 7 de la Norma Suprema establece que: “La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce
de forma directa y delegada. De ella emanan por delegación, las funciones y atribuciones de los
órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”. A su vez, el art. 178 de la CPE, dispone
que: “La potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano…”. De la lectura de ambos
preceptos constitucionales se extrae que, es la Asamblea Constituyente la que dispuso que
corresponde al Órgano Judicial la función de impartir justicia dentro el Estado Plurinacional de
Bolivia; lo que implica que, un poder constituido como la Asamblea Legislativa Plurinacional, no
puede limitar o modificar, mediante una ley ordinaria, lo que el soberano dispuso y está
expresamente contenido en la Ley Fundamental.
Al pretender la Asamblea Legislativa Plurinacional, mediante la Disposición Adicional Sexta del
Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”, suspender todos los plazos procesales para todas las causas que se encuentren en trámite
en los despachos de las Magistradas y Magistrados salientes, de los diferentes entes del Órgano
Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, lo que están haciendo es interrumpir la función
privativa y exclusiva de uno de los Órganos “del nivel central”, en este caso, del Órgano Judicial, lo
que desde el punto de vista del diseño constitucional, y a lo previsto en los arts. 7 y 178 de la CPE,
no es viable, porque no puede un órgano constituido, como la Asamblea Legislativa Plurinacional,
pretender suspender las funciones de otro de los órganos del Estado, siendo que las mismas fueron
delegadas directamente por el soberano, cuya soberanía es inalienable e imprescriptible. Asimismo,
cuando se dispone la transitoriedad de las altas autoridades, se pone en riesgo la propia soberanía del
Estado boliviano; lo que, debe ser considerado por los Magistrados del Tribunal Constitucional
Plurinacional al momento de valorar la duda razonable, evidenciándose con esta explicación, que lo
pretendido a través de la Disposición Adicional Sexta del prenombrado Proyecto de Ley, es contrario
a los arts. 7 y 178.I de la Ley Fundamental.

A lo señalado se añade que, la Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-
2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024” se contrapone a lo
previsto en los arts. 9.4, 12, 115 y 178 de la CPE; tomando en cuenta que, el primer artículo
nombrado dispone que: “Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la
Constitución y la Ley (…) 4. Garantizar el cumplimiento de los principios, valores, derechos y
deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución…”. Por su parte, el art. 12 de la Norma
Suprema, estatuye: “El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos
Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la
independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos. III. Las funciones de los
órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son delegables entre sí”. A su vez, el
art. 115 de la Ley Fundamental, precisa: “Toda persona debe recibir una protección oportuna y
efectiva por parte de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos. II. El
Estado está obligado a garantizar el derecho al debido proceso, a la defensa y a una justicia plural,
pronta, oportuna, gratuita, transparente y sin dilaciones”. Finalmente, el art. 178.I de la CPE, ordena:
“La potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano y se sustenta en los principios de
independencia, imparcialidad, seguridad Jurídica, publicidad, probidad, celeridad, gratuidad,
pluralismo jurídico, interculturalidad, equidad, servicio a la sociedad, participación ciudadana,
armonía social y respeto a los derechos”.

De la lectura de todos esos mandatos constitucionales, se concluye en que el Estado como persona
jurídica, tiene el deber constitucional, a través de sus Órganos Públicos, de garantizar el
cumplimiento efectivo de los principios que tienen raíz constitucional, así como los derechos;
razonamiento que, aplicado al caso concreto, genera el siguiente entendimiento: El art. 12 de la
Norma Suprema; establece que, el poder público se basa en los principios de coordinación y
cooperación entre los poderes públicos, y en ese sentido, la ausencia de Magistradas o Magistrados
crea una situación de acefalia que imposibilita la coordinación efectiva de los poderes públicos, lo
que conlleva a una ruptura institucional; la integridad del Estado depende en gran medida de la
unidad política que lo conforma; la cual, es un reflejo directo de la soberanía del pueblo, que ha
encomendado al poder público la responsabilidad de velar por esta unidad y garantizar la plena
efectividad de los derechos fundamentales. En este contexto, las altas autoridades judiciales
desempeñan un papel en un Estado Constitucional de Derecho; ya que, son responsables de asegurar
que la justicia prevalezca y que los derechos de los ciudadanos sean protegidos de manera efectiva;
las funciones y atribuciones de estos poderes públicos emanan directamente del pueblo;
consiguientemente, no es viable, desde el punto de vista constitucional, generar un vacío de poder –si

Ó
vale el término– en el Órgano Judicial, como se pretende a través de la referida Disposición
Adicional Sexta.

El art. 115 de la CPE es taxativo al disponer que, el Estado debe garantizar el debido proceso, y por
ende, el acceso oportuno y efectivo a los tribunales de justicia, no obstante, en el caso concreto, al
pretender disponerse la suspensión de plazos en todas las materias, mediante el Proyecto de Ley C.S.
N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, se está
vulnerando lo establecido en el referido precepto constitucional.

La Disposición Adicional Sexta del precitado Proyecto de Ley, con sus imprecisiones da lugar a
actuaciones que se sitúan fuera del marco legal y contravienen el art. 12 de la Ley Fundamental;
puesto que, no se define claramente si la transición implica que el personal subalterno pueda ejercer
las competencias que normalmente corresponden a las Magistradas o los Magistrados. Es importante
recalcar que las tareas que desempeñan los Magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental; y, los Consejeros del Consejo de la
Magistratura, son de gran relevancia nacional y deben ser realizadas por personas debidamente
calificadas, ya que la legalidad y la competencia son aspectos determinantes en el ejercicio de estas
funciones. Además, pretender que los subalternos realicen actividades para la transición, no condice
con la transparencia con que deben llevarse a cabo las actividades de la función pública.

Se vulnera la continuidad del poder público; respecto al cual, la Declaración Constitucional


Plurinacional (DCP) 0001/2020 de 15 de enero, ha señalado: “En ese orden y en el marco de la
caracterización contenida en el texto constitucional, Bolivia tiene un modelo de organización y
estructura del Poder Público, que delega su ejercicio a los Órganos de Poder (Ejecutivo, Legislativo,
Judicial y Electoral), separación que a su vez denota la voluntad del constituyente de evitar la
concentración de poder y garantizar el sistema de frenos y contrapesos, para asegurar el ejercicio de
los derechos fundamentales de los individuos que forman parte del ente estatal; conforme a lo ya
mencionado, dicha estructura del Poder Público, debe obedecer a una continuidad en el
desenvolvimiento de sus funciones, para no quebrantar el precepto democrático, la soberanía
nacional, la garantía de ejercicio de los derechos fundamentales, el ejercicio del Poder Público, así
como el objetivo constitucional de separar las funciones de los Organos del Poder Público. Aspectos
que encuentran su asidero en lo dispuesto por el art. 12 de la CPE, (...)”.

La indicada Declaración Constitucional Plurinacional igualmente señaló: “En igual sentido y


precisando que una característica fundamental de la normalidad es el desenvolvimiento de la
actividad del Estado y de los ciudadanos, con el goce efectivo de los derechos que la normatividad
les reconoce, corresponde citar a la Sentencia Constitucional STC 0017-2003-AVTC de 16 de marzo
de 2004, dictada por el Tribunal Constitucional de la República del Perú. Por otra parte, destaca
que los miembros de la Academia precitada, agregaron en su participación como amicus curiae, que:
“...resulta imprescindible el funcionamiento regular de los cuatro órganos: Ejecutivo, Legislativo,
Judicial y Electoral, como requisito esencial para garantizar la vigencia y protección efectiva de los
derechos fundamentales”. En ese sentido, aunque aparente ser lógico suspender el funcionamiento
del Órgano Judicial, esa discontinuidad es atribuible al no funcionamiento del Órgano Legislativo,
quien debió prever esta situación con anticipación.
Con esos antecedentes se determina que la Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley
consultado, contraviene no solo principios de orden constitucional; sino que, menoscaba el Estado de
Derecho, generando incertidumbre en el país, profundizando la crisis en la administración de justicia;
la cual, en el entendimiento de todos, es la que se pretende superar.

Lo señalado coloca además a las actuales autoridades en ejercicio, frente a la disyuntiva de incurrir
en el tipo penal previsto en el art. 163 del Código Penal (CP) que, sobre la anticipación o
prolongación de funciones, expresa: “El que ejerciere funciones públicas sin título o nombramiento
expedido por autoridad competente y sin haber llenado otros requisitos exigidos por ley, será
sancionado con prestación de trabajo de dos a seis meses. En la misma pena incurrirá el que después
de habérsele comunicado oficialmente que ha cesado en el desempeño de un cargo público,
continuare ejerciéndolo en todo o en parte”.

Si bien es cierto que, el mandato de las Magistradas y Magistrados del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional tiene un periodo de vigencia; empero, la misma puede ser sometida a
flexibilización cuando el bien jurídico que es la prestación del servicio de administración de justicia,
como componente esencial del principio democrático, no se encuentra garantizado; de modo que al
presente, se tiene una situación de hecho insostenible referida a la inminencia del plazo de conclusión
de mandato versus la inexistencia de autoridades electas, generando así un vacío o inexistencia del
poder de juzgamiento en la jurisdicción ordinaria; así como, en la especializada agroambiental y
esencialmente en la jurisdicción constitucional.

La referida Disposición Adicional Sexta se contrapone a lo previsto en el art. 185 de la CPE,


establece que: “La magistratura del Tribunal Supremo de Justicia será ejercida de manera exclusiva”,
la misma que al ser establecida por el poder constituyente, es inmodificable por el poder constituido;
pues, para modificar el contenido de la Constitución es necesario seguir los procedimientos de una
reforma constitucional; de esa forma, la Asamblea Legislativa Plurinacional, como poder constituido,
no puede modificar el contenido de la Constitución sin cumplir los procedimientos de una reforma
constitucional.

El Proyecto de Ley dispone en su Disposición Adicional Sexta: “I. Desde el 2 de enero de 2024 hasta
el día de posesión de las Magistradas y Magistrados, Consejeras y Consejeros electos por el voto
popular, el personal subalterno de estas instituciones, en las diferentes áreas de trabajo,
implementarán una transición eficiente y ordenada para que las nuevas autoridades elegidas asuman
sus despachos en condiciones adecuadas”; por tanto, resulta inconstitucional que el personal
subalterno asuma tareas exclusivas de los Magistrados.

La Disposición Adicional Sexta se contrapone al art. 122 de la CPE, estableciendo que: “Son nulos
los actos de las personas que usurpen funciones que no les competen, así como los actos de las que
ejercen jurisdicción o potestad que no emane de la ley”; puesto que, en la administración de justicia
(en general) los actos deben gozar de cierta formalidad y una de ellas es que las acciones devengan
de la autoridad competente; de tal manera que, un acto es legal cuando competente es la autoridad
para ejercerlo.
En ese contexto, la falta de una ley que otorgue competencias precisas al personal subalterno, para
llevar a cabo esas tareas, agrega una esfera adicional de incertidumbre y ambigüedad, agravándose
aún más el problema por la falta de precisión en cuanto al período de transición; dado que, no se
establece un cronograma claro para la posesión de las nuevas autoridades; de manera que, la
incertidumbre persiste en cuanto a cuándo se completará la misma y cuándo los altos magistrados
podrán asumir sus funciones de manera efectiva. Esto también se acompaña de una suspensión de
plazos procesales que podría afectar negativamente la administración de justicia.

I.2. Petitorio

Solicita que, en el marco del control previo de constitucionalidad del Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, se emita un pronunciamiento sobre la constitucionalidad del art. 2 y la Disposición Adicional
Sexta del indicado Proyecto de Ley, considerando los fundamentos expuestos y la SCP 0060/2023;
así como, se notifique a la Asamblea Legislativa Plurinacional la suspensión en el tratamiento de
cualquier proyecto de Ley que tenga por finalidad regular la preselección de las altas autoridades de
justicia.

I.3. Admisión

Por Auto Constitucional 0427/2023-CA de 25 de septiembre, cursante de fs. 62 a 66, la Comisión de


Admisión de este Tribunal solicitó que se subsane la deficiencia formal observada, extremo que se
cumplió mediante memorial presentado el 27 de igual mes y año (fs. 84); motivando así, la emisión
del Auto Constitucional 0437/2023-CA de 28 de septiembre, cursante de fs. 87 a 97; por el que, la
citada Comisión, admitió la consulta de control previo sobre la constitucionalidad del Proyecto de
Ley C.S. 144/2022-2023 denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”, de 31 de agosto de 2023; suspendiendo el procedimiento de aprobación del Proyecto de
Ley demandado, en instancias de la Asamblea Legislativa Plurinacional, ordenándose que se proceda
al correspondiente sorteo, de acuerdo a lo establecido por el art. 114 del Código Procesal
Constitucional (CPCo).

I.4. Trámite procesal en el Tribunal Constitucional Plurinacional

Por Decreto Constitucional de 21 de noviembre de 2023 (fs. 143), se dispuso la suspensión del
cómputo del plazo a objeto de recabar documentación complementaria; recibida la misma, se ordenó
su reanudación a partir de la notificación con el decreto de 7 de diciembre de 2023 (fs. 177); por lo
que, la presente Declaración Constitucional Plurinacional es pronunciada dentro de plazo.

II. CONCLUSIONES
Del análisis de los antecedentes que cursan en obrados se establece lo siguiente:

II.1. Mediante Nota P.N° 294/2022-2023 de 31 de agosto, la Senadora Gladys Valentina Alarcón
Farfán, Presidenta de la Cámara de Senadores de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia,
remitió a conocimiento del Diputado Jerges Mercado Suárez, Presidente de la Cámara de Diputados
de la referida Asamblea, el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria
para las Elecciones Judiciales 2023-2024” (fs. 10).

II.2. Cursa Nota Cite: CD/CCLSE/INT 307/2022-2023 de 4 de septiembre; por la que, el Presidente
de la Comisión de Constitución Legislación y Sistema Electoral, solicitó al Presidente de la Cámara
de Diputados de la Asamblea Legislativa Plurinacional, remitir el prenombrado Proyecto de Ley,
entre otras entidades, al Tribunal Supremo de Justicia, antes de su tratamiento y a fin de evitar
observaciones legales (fs. 9).

II.3. Mediante nota P.N° 773/2022-2023 de 6 de septiembre, el Diputado Jerges Mercado Suárez,
Presidente de la Cámara de Diputados de la prenombrada Asamblea Legislativa, remitió al Presidente
del Tribunal Supremo de Justicia, el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley
Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, a objeto de conocer el criterio técnico y
jurídico de la entidad que representa (fs. 8).

II.4. Cursa el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las
Elecciones Judiciales 2023-2024”, cuyo art. 2 y la Disposición Adicional Sexta, señalan lo que sigue:

“Artículo 2. (FINALIDAD). Garantizar el desarrollo de las elecciones judiciales 2023-2024,


dentro de lo establecido en la Constitución Política del Estado y la Sentencia Constitucional
Plurinacional N° 0060/2023, de 31 de julio de 2023”.

“DISPOSICIONES ADICIONALES

SEXTA. I. Desde el 2 de enero de 2024 hasta el día de posesión de las Magistradas y


Magistrados, Consejeras y Consejeros electos por el voto popular, el personal subalterno de
estas instituciones, en las diferentes áreas de trabajo, implementarán una transición eficiente y
ordenada para que las nuevas autoridades elegidas asuman sus despachos en condiciones
adecuadas.

II. Las autoridades judiciales electas salientes, están obligados a emitir el informe final
correspondiente.
III. De manera excepcional, a partir del 2 de enero de 2024, quedan suspendidos todos los
plazos procesales para todas las causas que se encuentren en trámite, en los despachos de las
Magistrados y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y despacho de Consejeras y Consejeros del
Consejo de la Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, por ser esta
una Ley transitoria y excepcional” (fs. 11 a 48).

II.5. En la presente consulta de control previo sobre la constitucionalidad del Proyecto de Ley C.S.
N° 144/2022-2023 “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, se
denuncia la inconstitucionalidad del art. 2 y la Disposición Adicional Sexta, alegándose como
infringidas las siguientes normas constitucionales:

“Artículo 7.

La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan por
delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e
imprescriptible”.

“Artículo 9.

Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la Constitución y la ley:

4. Garantizar el cumplimiento de los principios, valores, derechos y deberes reconocidos y


consagrados en esta Constitución”.

“Artículo 12.

I. El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo,


Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la independencia,
separación, coordinación y cooperación de estos órganos.

II. Son funciones estatales la de Control, la Defensa de la Sociedad y la de Defensa del Estado.

III. Las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son
delegables entre sí”.
“Artículo 109.

I. Todos los derechos reconocidos en la Constitución son directamente aplicables y gozan de


iguales garantías para su protección.

II. Los derechos y sus garantías solo podrán ser regulados por la ley”.

“Artículo 115.

I. Toda persona será protegida oportuna y efectivamente por los jueces y tribunales en el
ejercicio de sus derechos e intereses legítimos.

II. El Estado garantiza el debido proceso, a la defensa y a una justicia plural, pronta, oportuna,
gratuita, transparente y sin dilaciones”.

“Artículo 122.

Son nulos los actos de las personas que usurpen funciones que no les competen, así como los actos de
las que ejercen jurisdicción o potestad que no emane de la ley”.

“Artículo 178.

I. La potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano y se sustenta en los principios
de independencia, imparcialidad, seguridad jurídica, publicidad, probidad, celeridad, gratuidad,
pluralismo jurídico, interculturalidad, equidad, servicio a la sociedad, participación ciudadana,
armonía social y respeto a los derechos”.

“Artículo 185.

La magistratura del Tribunal Supremo de Justicia será ejercida de manera exclusiva”.


II.6. Por memoriales presentados el 8 y 10 de noviembre de 2023, la autoridad consultante solicitó
que se considere, que a efectos de vitar el vacío de poder que se suscitará inminentemente en el
Órgano Judicial y en el Tribunal Constitucional Plurinacional, como consecuencia del
incumplimiento de plazos de parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional, para la preselección y
elección oportuna de su máximas autoridades; lo que, provocará la interrupción de la función
privativa y exclusiva de uno de los Órganos del Estado, como es el Judicial; lo que, desde el punto de
vista del diseño constitucional previsto en los arts. 7 y 178 de la CPE, no resulta viable; habida
cuenta que, no puede un órgano constituido, como pretende la Asamblea Legislativa Plurinacional,
quedar suspendido de manera indefinida en su funcionamiento, y menos ser provocado por otro de
los órganos que goza de igual jerarquía, sin considerar que las funciones encomendadas al Judicial,
fueron delegadas directamente por el soberano, y no puede existir intromisión de un órgano a otro por
prohibición expresa de lo previsto por el art. 12 de la CPE que estatuye la independencia, separación,
coordinación y cooperación de todos los Órganos que organizan y estructuran el poder público del
Estado; y por lo mismo, éstos no pueden ser reunidos en un solo ni son delegados entre sí.

En ese orden, resulta necesario y de vital importancia, encontrar otra alternativa que viabilice y
asegure la elección y posesión de las nuevas autoridades que deben conformar el Órgano Judicial y el
Tribunal Constitucional Plurinacional, ante lo cual, corresponde que se cumpla con el mandato
contenido en el art. 196.II de la CPE, el cual establece que en su función interpretativa, el Tribunal
Constitucional Plurinacional, aplicará como criterio, con preferencia, la voluntad del constituyente,
así como el tenor literal del texto, lo que implica que a tiempo de la interpretación de las normas, el
órgano de justicia constitucional debe aplicar dicho método, indagando las actas y resoluciones de la
Asamblea Constituyente (fs. 131 a 133; y, 136 a 140).

II. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO

El Presidente del Tribunal Supremo de Justicia consulta sobre la constitucionalidad del art. 2 y la
Disposición Adicional Sexta del Proyecto de ley C.S. N° 2022-2023, “Proyecto de Ley Transitoria
para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, de 31 de agosto de 2023, por ser presuntamente contrarios
a los arts. 7, 9.4, 12, 108.I, 109, 115, 178.I y 410.II de la CPE, debido a que: 1) El primer artículo
nombrado carece de legitimidad material por la falta de un adecuado proceso de preselección de altas
autoridades judiciales, al acortar el mismo y no valorar el mérito de los candidatos, contrariando los
principios de supremacía constitucional, reserva de ley y democrático, así como los fundamentos de
la SCP 0060/2023, que subraya la necesidad de considerar tanto la legalidad formal como material
del proceso de preselección, que no fue materializado en el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023
“Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”; y, 2) En relación a la
segunda disposición nombrada, la delegación al personal subalterno del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, del proceso de transición eficiente y ordenado, implica la asignación de
funciones que solo corresponden a las autoridades electas, infringiendo los principios ya señalados; y,
la suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se encuentren en trámite, en los
despachos de las Magistradas y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y, Consejeras y Consejeros del Consejo de la
Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, además de generar la lesión de los
citados principios de raíz constitucional como de derechos fundamentales de las personas cuyas
causas se encuentran involucradas, genera un vacío de poder y el quiebre del Estado Constitucional
de Derecho.
En consecuencia, corresponde someter a control previo de constitucionalidad los textos del indicado
artículo y Disposición Adicional correspondiente al proyecto de ley consultado, a objeto de
determinar su compatibilidad o incompatibilidad con la Constitución Política del Estado; para que, en
su mérito, la Asamblea Legislativa Plurinacional pueda continuar con el proceso de aprobación de
dicho instrumento legal.

III.1. El control previo sobre la constitucionalidad de proyectos de ley

III.1.1. Naturaleza jurídica

El Tribunal Constitucional Plurinacional tiene como atribución principal, velar por la


supremacía de la Constitución Política del Estado, ejercer el control de constitucionalidad y
precautelar el respeto y vigencia de los derechos fundamentales y garantías constitucionales,
conforme a lo dispuesto en el art. 196.I de la CPE; a ese efecto, entre sus atribuciones se establece el
control previo de constitucionalidad, que debe ser ejercido conforme a los arts. 7, 9, 10 y 202 de la
Norma Suprema; en virtud a los cuales, este Tribunal realiza un control preventivo o previo de
carácter normativo.

Conforme a lo dispuesto en el art. 202.7 de la Ley Fundamental, es atribución de este


Tribunal, conocer y resolver las consultas de la Presidenta o del Presidente de la República, de la
Asamblea Legislativa Plurinacional, del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal Agroambiental
sobre la constitucionalidad de proyectos de ley. La decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional
es de cumplimiento obligatorio; control previo que, el Código Procesal Constitucional desglosa en
sus arts. 111 a 115.

En esa misma línea, de conformidad a lo previsto en el art. 196.I de la Norma


Suprema, el Tribunal Constitucional Plurinacional vela por la supremacía de la Constitución, ejerce
el control de constitucionalidad, y precautela el respeto y la vigencia de los derechos fundamentales y
garantías constitucionales.

La SCP 0923/2013 de 20 de junio, razonó que: “…en el marco de la ingeniería


orgánica diseñada por la Función constituyente para el sistema jurisdiccional plural y concentrado
de control de constitucionalidad, en un análisis sistémico de su estructura orgánica, se tiene que esta
instancia, tiene dos brazos específicos de ejercicio de control de constitucionalidad: 1) El control
preventivo de constitucionalidad; y, 2) El control posterior o reparador de constitucionalidad.

El control preventivo de constitucionalidad, tiene la finalidad de activar los roles de


control de la eficacia del bloque de constitucionalidad y de derechos fundamentales de manera
previa a la vigencia de cualquier norma de carácter general, en base a esta teleología, el art. 202.7
disciplina las consultas de la Presidenta o Presidente de la República, de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal Agroambiental, sobre la
constitucionalidad de proyectos de ley, atribución que se encuentra enmarcada en el ámbito del
control preventivo de constitucionalidad. De la misma forma, el control previo de constitucionalidad
de tratados internacionales, de acuerdo a la atribución inserta en el art. 202.9 de la CPE, se
encuentra también dentro de este ámbito de control de constitucionalidad, roles que serán conocidos
y resueltos por el Pleno del Tribunal Constitucional Plurinacional…”.

De lo referido se extrae que, en el ámbito del control normativo de constitucionalidad,


éste puede ser previo (también denominado preventivo o a priori) y posterior (correctivo o a
posteriori). El primero, se realiza antes de la aprobación de la ley, a instancia de las autoridades
legitimadas, con el objeto que el Órgano que ejerce el control de constitucionalidad, contraste el texto
del Proyecto de Ley con la Constitución Política del Estado, a efectos de establecer que sus preceptos
no sean contrarios al sistema de normas, principios y valores contenidos en la Norma Suprema (En el
mismo sentido, la SCP 0002/2013 de 19 de abril). En ese sentido, para José Antonio Rivera
Santivañez, en su libro “El Tribunal Constitucional Defensor de la Constitución, Reflexiones sobre la
Necesidad de su Consolidación y Fortalecimiento Institucional”, 2007, p.137, señaló que el control
previo de constitucionalidad se entiende como el: “Sistema a través del cual, el órgano competente
realiza la revisión del contenido de un proyecto de disposición legal para establecer su
compatibilidad con los valores supremos, principios y derechos fundamentales, preceptos y normas
previstos en la Constitución, antes de que finalice el procedimiento de su aprobación”.

En tal contexto, el art. 202.7 de la CPE, establece como atribución del Tribunal
Constitucional Plurinacional, absolver las consultas de la Presidenta o del Presidente de la República,
de la Asamblea Legislativa Plurinacional, del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal
Agroambiental, sobre la constitucionalidad de los proyectos de ley.

Conviene destacar que el control previo de constitucionalidad también es un


mecanismo para el ejercicio de los controles inter Órganos de Poder (del Órgano Legislativo hacia el
Ejecutivo y viceversa); es decir, viabiliza el control de pesos y contrapesos no sólo entre los Órganos
de Poder; sino también, constituye un mecanismo de freno y contrapeso jurisdiccional, en la medida
en que el Órgano competente (el Tribunal Constitucional Plurinacional), verifica la coherencia de las
leyes aprobadas, aún no sancionadas ni promulgadas, con las normas de la Constitución Política del
Estado (Rivera Santivañez, José Antonio. Jurisdicción Constitucional, Procedimientos
Constitucionales en Bolivia, 2001, p.139).

Bajo tales parámetros, conviene aclarar y precisar que la atribución conferida al


Tribunal Constitucional Plurinacional, a efectos de realizar el control previo de constitucionalidad,
conlleva una labor objetiva sobre los preceptos del proyecto de la ley en consulta y los juicios de
constitucionalidad requeridos, para determinar su coherencia con el sistema de valores, principios y
normas de la Ley Fundamental, correspondiendo limitar su actuación a dicha tarea, sin desnaturalizar
su finalidad y objeto: “…confrontar el texto de dicho Proyecto con la Constitución Política del
Estado y garantizar la supremacía constitucional” (art. 111 del CPCo).

En ese sentido ha razonado el Tribunal Constitucional Plurinacional, cuando con base


en el artículo constitucional precitado, a través de la antes mencionada SCP 0002/2013, sostuvo que:
“Del precepto constitucional citado, se colige que la labor del Tribunal Constitucional
Plurinacional, en este caso de control previo de constitucionalidad, se reduce al examen objetivo del
proyecto de ley sometido a consulta, para establecer su compatibilidad o incompatibilidad con el
sistema de valores, principios y normas de la Constitución Política del Estado, sin que, como apunta
José Antonio Rivera Santivañez, pueda jugar el papel de legislador, en cuanto a los términos en que
debe estar redactada la futura ley para que sea considerada constitucional, pues no le corresponde
intervenir en el contenido de la misma”.

De lo señalado se concluye que, la consulta sobre la constitucionalidad de proyectos


de ley, prevista en el art. 202.7 de la Ley Fundamental, constituye un mecanismo de control previo
que tiene por objeto, confrontar el texto del proyecto consultado con la Constitución Política del
Estado, lo que incluye el examen objetivo del texto para establecer su coherencia con el sistema de
valores, principios, derechos y demás normas de la Constitución Política del Estado, de manera que
se garantice la supremacía constitucional.

III.1.2. Características del control previo de constitucionalidad de proyectos de ley

Conforme fue señalado precedentemente, el art. 196.I de la Ley Fundamental, prevé


que la justicia constitucional se ejerce por el Tribunal Constitucional Plurinacional (art. 179.III de la
CPE); y, en ese ámbito, debe velar por la supremacía de la Constitución Política del Estado, ejercer el
control de constitucionalidad y precautelar el respeto y la vigencia de los derechos fundamentales y
las garantías constitucionales. En ese orden, si bien este Tribunal controla y verifica si las decisiones
de los otros Órganos del Estado son acordes a la Norma Suprema, cada Órgano del Poder Público –
en base a sus propias atribuciones constitucionales y los principios, fines, valores y deberes del
Estado, que emanan por delegación de la soberanía que reside en el pueblo boliviano–, es
responsable de las acciones, omisiones y decisiones que asumen; aspecto que, caracteriza la posición
que tiene este Tribunal en la organización del Estado.

Sobre el particular, el AC 0339/2018-CA de 24 de octubre, estableció que: “Lo


anotado supone que es el Órgano Legislativo el que, de acuerdo a sus funciones, tiene la
responsabilidad de desarrollar las leyes en el marco del respeto a la Norma Suprema y, sólo en caso
de duda, podrá presentar la consulta ante este Tribunal con la debida argumentación jurídico-
constitucional; un entendimiento contrario permitiría que la consulta quede librada a la
arbitrariedad y no a una fundamentación razonada de las autoridades legitimadas, en la que se
exponga la necesidad de formular la misma…”.

Ahora bien, según lo determinado en el art. 111 del CPCo, la consulta de


constitucionalidad de un proyecto de ley, procede en los casos en que exista duda fundada sobre su
constitucionalidad, teniendo por objeto confrontar el texto del mismo con la Constitución Política del
Estado y garantizar la supremacía constitucional. En ese orden y debido al carácter excepcional que
debe guiar a la activación de este mecanismo por las autoridades legitimadas, se debe entender que la
oportunidad de realizar dicha consulta es cuando se trate de proyectos de ley, no así sobre leyes ya
sancionadas y promulgadas, lo cual implicaría que se realizó una consulta extemporánea; ni tampoco,
cuando el proyecto de ley hubiera sido sometido a una consulta anterior ante este Tribunal y ya se
hubiera emitido la correspondiente declaración constitucional plurinacional, por cuanto concurriría la
cosa juzgada constitucional. Debiendo especificarse además que la consulta necesariamente debe
contar con los correspondientes fundamentos jurídicos constitucionales que justifiquen una decisión
de fondo. En tal sentido, en caso que la consulta sea presentada extemporáneamente, concurra la cosa
juzgada constitucional o la misma no cuente con fundamentos jurídicos constitucionales, será
rechazada en virtud a lo regulado en el art. 27.II del CPCo; rechazo que, puede ser impugnado
mediante recurso de queja ante el Pleno del Tribunal Constitucional Plurinacional, en el plazo de
setenta y dos horas a partir de su notificación, de acuerdo a lo estipulado en el art. 27.III del señalado
Código Procesal.

Respecto a la legitimación para poder realizar este tipo de consultas, el art. 112 de la
Norma Procesal Constitucional, establece que los legitimados para realizar consultas sobre la
constitucionalidad de proyectos de ley, son: “1. La Presidenta o Presidente del Estado Plurinacional,
cuando se trate de proyectos cuya iniciativa tienen su origen en el Órgano Ejecutivo. 2. La Presidenta
o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional, tratándose de Proyectos de Ley, cuando fuere
aprobada por Resolución del Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional o una de sus Cámaras,
por dos tercios de los miembros presentes. 3. Para Proyectos de Ley de Materia Judicial, la
Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal Agroambiental, previa
aprobación por la Sala Plena respectiva” (las negrillas son agregadas).

En tal sentido, se tiene que el Código Procesal Constitucional previó puntualmente


quiénes y cuándo tendrán legitimación activa para presentar las respectivas consultas, y bajo qué
condiciones; mismas que deberán ser objeto de análisis en la fase de admisibilidad por parte de la
Comisión de Admisión de este Tribunal.

Al efecto, cabe señalar que la presentación de la consulta deberá ser realizada por
quien se encuentre plenamente legitimado conforme a lo previsto en el art. 112 del CPCo; para ello,
la Presidencia del Estado, de la Asamblea Legislativa Plurinacional o de los Tribunales Supremo de
Justicia o Agroambiental, deberán adjuntar indispensablemente la documentación correspondiente
que demuestre que la autoridad consultante ostenta la calidad de: 1) Presidenta o Presidente del
Estado Plurinacional de Bolivia (tratándose de consultas de proyectos cuya iniciativa tienen su origen
en el Órgano Ejecutivo); 2) Presidenta o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional
(tratándose de proyectos de ley); y, 3) Presidenta o Presidente de los Tribunales Supremo de Justicia
o Agroambiental (para proyectos de ley de materia judicial). Debiendo además cumplir con la
exigencia relativa a la aprobación de la remisión del respectivo proyecto de ley en consulta a la que
hacen referencia los numerales 2 y 3 del art. 112 de la Norma Procesal Constitucional; es decir, en
caso de tratarse de la Presidenta o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional, deberá contar
con la aprobación de la remisión del proyecto de ley en consulta por Resolución del Pleno de la
Asamblea Legislativa Plurinacional o de una de sus Cámaras, por dos tercios de los miembros
presentes; asimismo, cuando se pretenda efectuar la consulta sobre proyectos de ley en materia
judicial, la autoridad consultante necesitará la referida aprobación de remisión de Sala Plena del
Tribunal Supremo de Justicia o en su caso de la Sala Plena del Tribunal Agroambiental, siendo
necesario en ambos casos acompañar la documental que demuestre que se cumplió con la respectiva
aprobación de remisión.
Por otra parte, serán de aplicación igualmente los requisitos insertos en el art. 24.I del
CPCo, debiendo señalar la autoridad consultante a tiempo de presentar su consulta: a) El nombre,
apellido y generales de ley de quien interpone la consulta, o de su representante legal, acompañando
en este último caso la documentación que acredite su personería al efecto. Además deberá indicarse
la dirección de un correo electrónico u otro medio alternativo de comunicación inmediata (art. 24.I.1
de la Norma Procesal Constitucional); b) Realizar la exposición de los hechos que llevaron a efectuar
la consulta (art. 24.I.3 de la Norma Procesal Constitucional); c) Identificar con exactitud la norma o
parte del proyecto de ley sobre la que recae la consulta, especificando además la previsión
constitucional con la cual se considera pudiera existir contradicción, formulando con claridad los
motivos; requisito contendido en el art. 24.I.4 del prenombrado Código. Al respecto, el AC
0339/2018-CA de 24 de octubre, expresó que: “…es necesario considerar la naturaleza facultativa
de las mismas, en mérito a la cual el control previo de constitucionalidad sólo se activa cuando las
autoridades legitimadas lo solicitan, debiendo existir, para el efecto, una duda fundada sobre la
constitucionalidad de determinados artículos del proyecto normativo, que debe plasmarse en una
adecuada fundamentación jurídico-constitucional, explicando las razones por las que se tiene duda
sobre una parte o todo el proyecto normativo.

En ese sentido, este Tribunal no está obligado a efectuar un control total del proyecto
normativo, porque ello implicaría, por una parte, ejercer el control previo de constitucionalidad
obligatorio y de oficio, que sólo está reservado para algunas consultas, como el control previo de
constitucionalidad en la ratificación de tratados internacionales, el control previo de proyectos de
Estatutos o Cartas Orgánicas, la consulta sobre la constitucionalidad de las preguntas de referendo
y la constitucionalidad del procedimiento de reforma parcial de la Constitución Política del
Estado”; y,

d) La consulta debe contar con un petitorio claro y preciso (art. 24.I.6 del CPCo); así
como, con patrocinio de abogado de acuerdo a lo regulado en el art. 24.II de la Norma Procesal
Constitucional.

En ese sentido se puede señalar como características esenciales de la consulta de constitucionalidad


de proyectos de ley, las siguientes: 1) Se trata de un control previo de constitucionalidad en el cual, la
consulta versa sobre una disposición o texto que forma parte de un proyecto de ley que aún no fue
aprobado y menos se encuentra vigente; 2) Si bien la Declaración Constitucional Plurinacional es de
cumplimiento obligatorio, el efecto de la misma no es la expulsión del ordenamiento jurídico del
texto consultado, porque éste no forma parte aun del derecho positivo, sino su declaratoria de
inconstitucionalidad para evitar que dicha norma forme parte del sistema normativo; 3) Se
encuentran facultados para realizar la consulta de las máximas autoridades que representan a los
Órganos del Poder Público, como es el caso de la Presidenta o Presidente del Estado cuando se trate
de proyectos cuya iniciativa tenga su origen en el Órgano Ejecutivo; de la Presidenta o Presidente de
la Asamblea Legislativa Plurinacional, tratándose de Proyectos de Ley, cuando fuere aprobada por
Resolución del Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional o una de sus Cámaras, por dos tercios
de los miembros presentes; y, Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo de Justicia y Tribunal
Agroambiental sobre Proyectos de Ley en Materia Judicial, previa autorización de su respectiva Sala
Plena; y, 4) La consulta sobre la constitucionalidad de proyectos de ley no es el único mecanismo
previsto en la Norma Suprema que tenga como fin, garantizar la supremacía constitucional, pues cada
órgano del poder público, en base a sus propias atribuciones constitucionales, está en la obligación de
ejercer dicho control previo, en el marco de lo dispuesto en los arts. 13, 256 y 410 de la CPE.
III.2. Sobre los métodos, criterios y principios de interpretación constitucional

Dada la constitucionalización del ordenamiento jurídico, en el marco de la Constitución


Política del Estado vigente, el sometimiento efectivo de los órganos del poder público (Ejecutivo,
Legislativo, Judicial y Electoral) a los postulados de la Ley Fundamental se hace imperativo en todos
los actos del Estado y de los particulares. En ese sentido, a pesar de ser la Constitución una norma
jurídica, sus disposiciones están compuestas en una gran mayoría por principios y valores que
necesitan ser precisadas mediante interpretaciones para lograr un efectivo sometimiento a la Ley
Fundamental, labor que debe ser realizada mediante el empleo de determinados criterios que el
propio constituyente ha establecido en la Norma Suprema, y el legislador en el Código Procesal
Constitucional, como también la jurisprudencia desarrollada por la justicia constitucional al respecto;
toda vez que, la elección de los sentidos interpretativos a ser otorgados a la Ley Fundamental, no está
librada al criterio subjetivo del intérprete, sino a principios y criterios racionales cuyo propósito es
evitar decisiones arbitrarias.

Conforme a ello, el art. 196.II de la CPE, asigna expresamente al Tribunal Constitucional


Plurinacional la labor interpretativa, cuyo ejercicio le permite determinar el sentido y alcance de las
expresiones del Derecho contenido en la Constitución; tomando en cuenta además que, la
interpretación de ésta, es parte de la hermenéutica jurídica que como disciplina tiene por objeto el
estudio y la sistematización de los principios y métodos de interpretación jurídica, que para el caso se
encuentran previstos en los arts. 7, 8, 9 y 12 de la propia Ley Fundamental, a manera de principios
fundantes, de valores, de deberes y de fines del Estado; criterios de interpretación cuyo listado no
constituye una cláusula cerrada, dado que en dicha labor es posible la utilización de otras técnicas,
como las incluidas por el art. 2 del CPCo.

En ese sentido, si bien el citado art. 196.II de la Norma Suprema, refiere que: “En su función
interpretativa, el Tribunal Constitucional Plurinacional aplicará como criterio de interpretación, con
preferencia, la voluntad del constituyente, de acuerdo con sus documentos, actas y resoluciones, así
como el tenor literal del texto”; a su vez el art. 2.II del citado código procesal prevé de manera
descriptiva que, el Tribunal Constitucional Plurinacional en su labor interpretativa podrá aplicar: “1.
La interpretación sistemática de la Constitución Política del Estado, y la interpretación según los
fines establecidos en los principios constitucionales. 2. Los derechos reconocidos en la Constitución
Política del Estado, de acuerdo con los Tratados y Convenios Internacionales de DD.HH. ratificados
por el país, cuando éstos prevean normas más favorables…”.

En ese entendido, los métodos interpretativos que tanto la Norma Suprema como el Código
Procesal Constitucional precisan, son: 1) La voluntad del constituyente, de acuerdo con sus
documentos, actas y resoluciones; 2) El tenor literal del texto constitucional; 3) La interpretación
sistemática de la Constitución Política del Estado; 4) La interpretación según los fines establecidos en
los principios constitucionales; y, 5) La interpretación conforme a los derechos establecidos en la
Constitución Política del Estado y los Tratados o Convenios Internacionales de Derechos Humanos
(DD.HH.) ratificados por el país, cuando estos últimos prevean normas más favorables; sin que lo
señalado signifique que sean los únicos métodos o criterios que se pueden utilizar en la actividad
hermenéutica, pues la propia jurisprudencia constitucional ha desarrollado aun otros criterios al
respecto.
Bajo esa aclaración, se pasa a describir lo esencial de aquellos criterios que son de interés para los
efectos de la presente Declaración Constitucional Plurinacional.

III.2.1. La voluntad del constituyente como criterio de interpretación

La voluntad del constituyente debe entenderse como la interpretación teleológica y finalista,


que pretende orientar la labor interpretativa en función a lo que busca la Constitución Política del
Estado; es decir, que debe ser interpretada de acuerdo a su finalidad.

La referida búsqueda debe ser trazada, en primer término, a través de las actas que
exteriorizaron todas las discusiones y debates en el momento de la elaboración de la Norma
Suprema; es decir, de todos los acuerdos y desacuerdos que fueron plasmados en actas y resoluciones
(art. 2.I del CPCo).

Este método de interpretación, de aplicación preferente, no se encuentra previsto únicamente


en la Norma Suprema y el Código Procesal Constitucional; sino que, ha sido empleado
constantemente por la justicia constitucional. Así, la SCP 0591/2012 de 20 de julio, resolviendo una
acción de inconstitucionalidad concreta, interpretó el sentido del art. 410 de la CPE, concluyendo
que: “…la voluntad del constituyente, al consagrar el principio de jerarquía normativa y precisar el
orden en el que cada norma debe ser aplicada, es el respeto al sistema democrático participativo,
representativo y comunitario (art. 11 de la CPE), bajo cuya égida, el órgano legislativo es el único
facultado para emitir leyes nacionales, interpretarlas, derogarlas, abrogarlas y modificarlas…”.

Así también sobresale el empleo de este método en la SCP 0206/2014 de 5 de febrero, que al
resolver una acción de inconstitucionalidad abstracta, desarrolló –en su Fundamento Jurídico III.2–
las bases del Estado Plurinacional desde la voluntad constituyente, considerando a tal efecto las actas
de sesión de la Comisión Visión País, de 25 de abril; 4, 8 y 9 de mayo; y, 6 y 12 de junio –entre
otras–, todas de 2007.

III.2.2. La interpretación constitucional a través del tenor literal de la norma

El tenor literal de la norma juega un rol preponderante en la interpretación jurídica; puesto


que, cumple tres importantes funciones: a) Es el punto de partida de la interpretación de las leyes; b)
Posee una enorme repercusión en el cumplimiento del principio de sujeción de la ley por parte del
Órgano Judicial; y, c) Fija el límite entre la interpretación y la creación judicial del Derecho. En ese
entendido, y bajo la observación de estas funciones, de su cumplimiento dependerá la legitimidad y
la objetividad de las decisiones judiciales.

También se debe considerar la posibilidad creadora del Tribunal Constitucional, en función a


la finalidad de la misma norma; sin embargo, esta actividad está regulada por el propio Derecho, en
específico, por el criterio de la interpretación literal de la norma, que establece la línea divisoria entre
interpretación y creación judicial del Derecho.

La delimitación entre la interpretación y la creación es independiente de la validez de la


prohibición de analogía –esta prohibición hace referencia a la aplicación del principio de legalidad
contenida en el texto constitucional–; siendo así que, la admisibilidad de la creación judicial del
Derecho requiere de manera normativa una fundamentación mucho más profunda que la
interpretación; puesto que, para que opere la admisibilidad de la misma, depende, de manera
prescriptiva, que el Tribunal pueda demostrar la existencia de un vacío no planeado en la norma y la
similitud del caso e intereses involucrados (Klatt, Mathias. Hacer el Derecho Explícito, pp.24-29).

Por lo referido, el criterio de la interpretación a través del tenor literal de la norma, traza no
solo un límite extensivo, sino también uno restrictivo a la aplicación del Derecho, al establecer, de
manera normativa, que debe constar una demostración argumentativa de la existencia de algún vacío
normativo, axiológico, técnico o institucional, conforme a lo expuesto anteriormente.

Esta forma de interpretación tampoco ha sido ajena a la jurisprudencia constitucional; así, la


SC 0127/2010-R de 10 de mayo, empleó este método para resolver una acción de protección de
privacidad, adoptando una interpretación extensiva del art. 130.I de la CPE, con base en la
interpretación literal del significado de la letra “o”, en el precepto constitucional normativo precitado.
Por su parte, la SCP 2468/2012 de 22 de noviembre, utilizó la interpretación literal en la resolución
de una acción de libertad, para darle sentido a la frase: “Toda persona que considere que su vida está
en peligro…”, del art. 125 de la CPE, combinando en su entendimiento la pretensión de la voluntad
del constituyente y la coherencia sistemática del significado atribuido a la frase, a partir de su
concordancia normativa con los arts. 46 y 47 del CPCo.

III.2.3. La interpretación sistemática de la Constitución Política del Estado

Este criterio de interpretación –como se señaló anteriormente– se encuentra reconocido en el


art. 2.II.1 del Norma Procesal Constitucional, y obedece a una cuestión teleológica de algo en
específico, que son los principios constitucionales; en tal sentido, existen etapas a cumplir dentro de
una tesis interpretativa que tenga en el centro de su atención a los principios. Una de las primera
etapas, a criterio de Ronald Dworkin, viene determinada por la etapa “pre interpretativa” que es la
que va a establecer la identidad del objeto interpretado; la segunda etapa, es la propiamente
“interpretativa”, que es aquella donde se trata de averiguar cuál es el “sentido” de la práctica social;
en el caso del Derecho, este “sentido” viene configurado en esencia por los principios que permiten
ver a la práctica como una unidad que sirve a ciertos valores y propósitos; en el tema de la
interpretación constitucional, corresponderá señalar que tales principios constitucionales servirán
para los valores y propósitos o fines constitucionales; por lo que, se mantiene una perspectiva
teleológica respecto a una de las principales características de la interpretación constitucional.

A partir de esta segunda etapa, ya se consolida la práctica integradora del Derecho, en el


sentido que todos los materiales jurídicos deben verse como una unidad, que vienen conformadas por
el conjunto de principios constitucionales por el que haya optado cada interpretación, conforme el art.
2 del CPCo; es decir, aplicar de manera concreta una interpretación sistemática que permita observar
a los materiales jurídicos como un conjunto, se reitera, a partir de los principios, valores y fines del
Estado.

Bajo ese entendimiento, la SCP 2055/2012 de 16 de octubre, empleó el método objeto del
presente examen, para determinar que: “…en virtud de una interpretación sistemática de la
Constitución las temáticas a ser desarrolladas por el art. 271 de la CPE, suponen contenidos
mínimos que deben ser regulados por la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, en virtud de
las veintiocho reservas de ley que contiene la Tercera Parte de la Norma Fundamental”.

En ese sentido, se puede concluir que la interpretación sistemática consiste en la lectura de la norma
que se quiere interpretar, en conjunto con las demás normas que forman parte del ordenamiento
jurídico en el cual aquella está inserta, de manera que, guarde coherencia con las demás disposiciones
relativas a la cuestión de que trata.

III.2.4. La interpretación conforme a los derechos fundamentales establecidos en la


Constitución Política del Estado y los Tratados o Convenios Internacionales de DD.HH.

Este criterio debe ser entendido como aquel en virtud del cual el juez debe interpretar las
normas del ordenamiento jurídico de conformidad con los derechos fundamentales: lo que implica
para el juez constitucional, verificar que el sentido y alcance asignado a la norma interpretada es
acorde, está en línea y concuerda con los derechos fundamentales, entendiendo también como parte
de estos, a los DD.HH. comprendidos en los instrumentos internacionales de los mismos ratificados
por el país, cuando estos comprendan derechos o alcances más favorables, conforme al art. 410.II de
la CPE.

[1]
Francisco Fernández Segado , acerca del principio de interpretación conforme, señala que:
“…antes de que una ley sea declarada inconstitucional, el juez que efectúa el examen tiene el deber
de buscar en la vía interpretativa una concordancia de dicha ley con la Constitución. Y ello en tanto
en cuanto la anulación de una ley es un suceso bastante más grave que la anulación de un acto
administrativo, ya que crea por sí sola una gran inseguridad jurídica.

El legislador carece de la agilidad necesaria para cubrir de inmediato el hueco que deja la ley
anulada y esa laguna genera una gran confusión jurídica. Este horror vacui explica el recurso a este
principio…”.

La jurisprudencia constitucional, desde sus primeros años entendió que la interpretación de


las normas debe apegarse en lo posible a lo previsto en la Constitución; así, la SC 0022/2002 de 6 de
marzo, dentro del recurso indirecto o incidental de inconstitucionalidad, sostuvo el siguiente
razonamiento: “Sobre el sentido y alcance de la norma prevista por la disposición legal analizada,
corresponde realizar la interpretación conforme a la Constitución; en ese orden debe entenderse
que la aplicación de las medidas referidas -secuestro de bienes, productos y medios- tiene un
objetivo cautelar en el entendido que han servido como medios o instrumentos para la comisión del
ilícito administrativo; empero no deberá ser entendido como una medida definitiva y de carácter
sancionatorio, pues no podría tener ese alcance cuando se aplica en un primer momento del proceso
administrativo sancionatorio, toda vez que la garantía del debido proceso consagrada en la
Constitución importa la presunción de inocencia por el que nadie puede ser condenado a sufrir pena
alguna sin haber sido oído y juzgado previamente en proceso legal; ni la sufrirá si no ha sido
impuesta por sentencia ejecutoriada y por autoridad competente. De manera que la disposición legal
analizada se considera compatible con la Constitución sólo en la línea de esta interpretación, es
decir, que el secuestro será aplicado como una medida de custodia temporal de los bienes del
infractor por la autoridad administrativa; así se determinará en la parte Resolutiva de esta
Sentencia” (las negrillas son nuestras).

Similar razonamiento fue expuesto en la SC 0079/2005 de 14 de octubre, dentro de un


recurso directo o abstracto de inconstitucionalidad, cuando se señaló que: “La disposición legal
transcrita establece la sanción de ‘destitución inmediata’ cuando un notario de fe pública incumpla
las obligaciones que el párrafo primero del referido artículo le encomienda. En este punto es
imprescindible remarcar que la ‘inmediatez’ a que alude esta disposición puede ser interpretada en
dos sentidos: una, en sentido que, en caso que el notario o la notaria de fe pública incurra en alguna
de las faltas señaladas por el art. 282 de la LOJ, será inmediatamente destituido, sin proceso previo,
lo que no guarda coherencia con la Constitución Política del Estado; y la otra, en una
interpretación conforme a la Constitución Política del Estado, entender que la ‘inmediatez’ a que
se refiere este articulado, no significa la exclusión del debido proceso al que deben ser sometidos
dichos funcionarios, por cuanto será la sanción de destitución, adoptada en un debido proceso que
arroje como resultado la responsabilidad del procesado en la actuación ilegal, la que se aplique y
ejecute inmediatamente, una vez que esa decisión cobre ejecutoria de acuerdo a ley” (las negrillas
nos corresponden).

En ese sentido, se puede señalar que la interpretación conforme, constituye un método que
acomoda las disposiciones normativas examinadas a la forma permitida y tolerable más aproximada
que posibilite su pervivencia en el ordenamiento jurídico una vez contrastadas con la Norma
Suprema y el bloque de constitucionalidad; actividad hermenéutica que no se limita a la sola
interpretación de aquella disposición remitiéndose a lo que quiso decir el constituyente histórico, sino
supone, la concreción de un nuevo razonamiento o regla interpretativa producto de una interpretación
armonizante y resignificadora de la norma contenida en dicha disposición, que evite su declaratoria
de inconstitucionalidad, a cambio de una nueva eficacia interpretativa vinculante; en otros términos,
la interpretación conforme de las normas implica que, las disposiciones jurídicas deben interpretarse
en el sentido que mejor guarde coherencia con lo dispuesto en la Constitución Política del Estado y
los tratados o convenios internacionales sobre DD.HH. ratificados por el Estado.

III.2.5. La aplicación de test de proporcionalidad como método de interpretación

En cuanto a este método de interpretación, la SCP 0049/2019 de 12 de septiembre, precisó: «Sobre el


principio de proporcionalidad y los elementos que la componen la SCP 0024/2018-S2 de 28 de
febrero, señala que:
“El principio de proporcionalidad, de acuerdo a la SCP 2299/2012, se sustenta en la idea de
vinculación de los poderes públicos a los derechos fundamentales; por lo cual, una disminución en el
ejercicio de los mismos debe tener una causa justificada y solo en la medida necesaria. Este
principio tiene su fundamento en el carácter inviolable de los derechos fundamentales reconocido en
el art. 13.I de la CPE y es considerado como un criterio hermenéutico de imperativa observancia en
el ejercicio de cualquier competencia pública, por cuanto el ejercicio de un derecho fundamental no
puede ser limitado más allá de lo que sea imprescindible para la protección de otro derecho
fundamental o bien jurídico constitucional, con la finalidad de evitar el sacrificio innecesario o
excesivo de los derechos fundamentales.

Lo anotado implica entonces, que la autoridad al momento de elaborar una ley, emitir una norma o
aplicar una disposición legal que limita un derecho fundamental, debería efectuar un juicio de
proporcionalidad en el que se analice tres aspectos fundamentales: a) Si la medida limitativa o
restrictiva de un derecho fundamental es idónea o adecuada para la finalidad buscada con la misma;
b) Si la medida limitativa o restrictiva es necesaria, y si acaso, existen otras menos graves, que
restrinjan en menor medida el derecho fundamental, que podrían ser adoptadas en el caso concreto
para alcanzar la finalidad perseguida; y, c) Analizar la proporcionalidad en sentido estricto que
consiste en estudiar si la afectación, restricción o limitación al derecho fundamental no resulta
exagerada o desmedida frente a las ventajas que se obtienen con tal restricción y el cumplimiento de
la finalidad perseguida”. Método que permite comprobar la inconstitucionalidad de la norma
impugnada.

Complementando lo descrito, es importante considerar que ningún derecho fundamental es absoluto


y en esa medida todos admiten restricciones; sin embargo, la regulación de dichas restricciones no
puede ser arbitraria. Para que las medidas emitidas por el legislador ordinario[37] con el propósito
de restringir los derechos fundamentales sean válidas, deben satisfacer al menos los siguientes
requisitos: a) Si la medida limitativa o restrictiva de un derecho fundamental es idónea o adecuada
para la finalidad buscada con la misma, es decir, ser admisible con objetivos que puedan enmarcarse
dentro de las previsiones de la Constitución Política del Estado; b) Ser necesarias para asegurar la
obtención de los fines que fundamentan la restricción constitucional, es decir, no basta que la
restricción sea útil para la obtención de esos objetivos, sino que debe ser la idónea para su
realización, lo que significa que el fin buscado por el legislador no se pueda alcanzar
razonablemente por otros medios menos restrictivos de derechos fundamentales; y, c) Ser
proporcional en sentido estricto, la medida legislativa debe respetar una correspondencia entre la
importancia del fin buscado por la ley, y los efectos perjudiciales que produce en otros derechos e
intereses constitucionales, en el entendido de que la persecución de un objetivo constitucional no
puede hacerse a costa de una afectación innecesaria o desmedida a otros bienes y derechos
constitucionalmente protegidos.

Entonces, se debe determinar en cada caso, si la restricción regulatoria a un derecho fundamental


es, en primer lugar, admisible dadas las previsiones constitucionales, en segundo lugar, si es el
medio necesario para proteger esos fines o intereses constitucionalmente amparados, al no existir
opciones menos restrictivas que permitan alcanzarlos; y en tercer lugar, si la distinción legislativa se
encuentra dentro de las opciones de tratamiento que pueden considerarse proporcionales; de igual
manera, las restricciones deberán estar en consonancia con las demás disposiciones del
ordenamiento jurídico, incluidas las normas internacionales de DD.HH., y ser compatibles con la
naturaleza de los derechos amparados por la Constitución Política del Estado, en aras de la
consecución de los objetivos legítimos perseguidos, y ser estrictamente necesarias para promover el
bienestar de una sociedad democrática».

III.2.6. Otros principios de interpretación constitucional

De otro lado, la jurisprudencia constitucional ha desarrollado también la aplicación de otros


principios de interpretación constitucional en la labor hermenéutica, como es el caso de la unidad de
la Constitución, de corrección funcional, de concordancia práctica y de eficacia integradora.

Así, la SCP 1714/2012 de 1 de octubre, reiterada por la SCP 2055/2012, estableció en cuanto
al principio de unidad de la constitución, que: “…uno de los principios de interpretación
constitucional es el de la unidad de la Constitución, a partir del cual la interpretación de la norma
constitucional no puede realizarse en forma aislada, en el entendido que la Ley Fundamental
contiene un conjunto de normas que se encuentran correlacionadas entre sí formando una totalidad,
por tanto las normas constitucionales ingresan en un proceso de conexión e interrelación entre la
parte dogmático axiológica de la Norma Suprema -que contiene las bases principistas- con la parte
orgánica a efectos de su armonización para lograr el carácter de unidad de la Constitución” .

En relación al principio de corrección funcional, la citada SCP 1714/2012, también reiterada


en la SCP 2055/2012, determinó que: “Este sentido interpretativo se sustenta a la vez en el principio
de corrección funcional propio de la interpretación constitucional, en virtud del cual la
interpretación que se realice de la Ley Fundamental no debe interferir el ámbito de las funciones
asignadas por la Constitución Política del Estado a los diferentes órganos de poder, lo que implica
que el intérprete debe respetar el marco de distribución de funciones estatales consagrados por la
Norma Suprema”.

En el mismo orden, y respecto al principio de concordancia práctica para la interpretación,


la SCP 0680/2012 de 2 de agosto, expresó que: “…consiste en coordinar el contenido de diversas
instituciones constitucionalmente relevantes y vinculadas entre sí, para interpretar de la manera más
cabal el significado de cada una de ellas. (…). Es así que se debe acudir al principio de
concordancia práctica, por el cual los bienes jurídicos que protege el orden constitucional deben ser
armonizados en la solución de problemas interpretativos, de manera que cada uno conserve su
identidad, siendo necesario, para ello, que se determinen cuáles bienes jurídicos protege cada
precepto…”.

Finalmente, en relación al principio de eficacia integradora, la SCP 0060/2023 de 31 de


julio, referida a una acción de inconstitucionalidad abstracta, señaló que: “Este principio parte de que
si la norma constitucional promueve la formación y mantenimiento de una determinada unidad. Se lo
emplea cuando se trata de interpretar normas constitucionales que se refieren al ámbito de
funcionamiento de los órganos del poder del Estado, teniendo en cuenta la coordinación e
interrelación que deben existir entre ellos para la realización de los fines del Estado y la
conservación del orden democrático”.
Como se observará, los mencionados métodos, principios o criterios de interpretación
constitucional no resultan ser los únicos a los que se puede acudir en la labor hermenéutica, pues
como se señaló anteriormente, la doctrina y la jurisprudencia han desarrollado y continúan avanzando
en la incorporación de otros criterios que de acuerdo a cada caso concreto pueden ser útiles e idóneos
para resolver cada problemática, como es el caso de la interpretación adecuadora, que según lo
señalado en la DCP 0001/2020 de 15 de enero, consiste en: “…adaptar el significado de una
disposición al previamente establecido en otras disposiciones de rango superior o principios del
Derecho, para tratar de encontrar una lógica o sentido de esta palabra; en tal sentido, tiene por
objeto ajustar los preceptos constitucionales para que éstos se adecúen a las condiciones materiales
–sean estas políticas, económicas o sociales– existentes al momento de llevarse a cabo la
interpretación, sin que esto suponga la destrucción de la Constitución Política del Estado, de
manera que en razón a la flexibilidad de la norma constitucional y sin experimentar fracturas no
deseadas, dicha normativa se ajuste a las nuevas condiciones sin sentir un cambio trascendental.
Así, del texto jurídico se puede desentrañar posibilidades para cada caso concreto, lo que
Zagrebelsky define como ‘mite o mitezza’, que traducido al español sería sosegado, calmoso,
comprensivo o dúctil, más propio de las cláusulas abiertas para la mejor protección de derechos no
previstos en el texto constitucional”; o la interpretación finalista, que según la misma Declaración
Constitucional Plurinacional precitada: “…desentraña la intención o espíritu del texto constitucional,
su objetivo y fin; por este motivo, no es posible una lectura, aplicación ni interpretación de una
disposición de manera aislada o sin tomar en cuenta el propósito de la Norma Suprema, de manera
que en ese afán siempre se busque la consecución de sus fines obvios”.

III.3. Los principios, fines, funciones y deberes, como base de la existencia y funcionamiento
del Estado Plurinacional de Bolivia

La Constitución Política del Estado emerge de un pacto político social y económico, reflejado
en su Preámbulo, que reconoce que el nuevo Estado Plurinacional está basado en el respeto e
igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía
y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del
[2]
vivir bien ; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los
habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y
vivienda para todos.

Un principio otorga una base fundante dentro de los criterios de validez normativa y es
determinante dentro de la Teoría General del Derecho; razón por la que, contiene cuando menos dos
características: 1) Por un lado, su carácter fundamental; y, 2) Su particular indeterminación; de los
que se pondrá especial atención a la primera de las caracterizaciones antes señaladas.

El carácter fundante de los principios constitucionales obedece a que son normas


fundamentales en el sentido que dotan de fundamento y/o justificación axiológica (ético-política) a
otras normas (normalmente, todo principio constituye un fundamento axiológico de una multitud de –
otras– normas), y, son normas fundamentales en el sentido que no tienen o no requieren, a su vez, de
ningún fundamento axiológico o justificación ético-política; dado que, son percibidas en la cultura
jurídica existente como normas evidentemente “justas” o “correctas”.
Es decir, a los ojos del intérprete dichos principios tienen especial “importancia” porque son
normas caracterizantes del ordenamiento, esenciales para su identidad o fisiología axiológica.

Por otra parte, la Constitución Política del Estado, en su Título I, Capítulo Segundo, de los
arts. 7 a 9, establece los “Principios, Valores y Fines del Estado”, de la siguiente manera:

“Artículo 7. La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada.


De ella emanan, por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es
inalienable e imprescriptible.

Artículo 8. I. El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad


plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso no seas ladrón), suma
qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y
qhapaj ñan (camino o vida noble).

II. El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad,
solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad
de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad,
justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien.

Artículo 9. Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la
Constitución y la ley:

1. Constituir una sociedad justa y armoniosa, cimentada en la descolonización, sin


discriminación ni explotación, con plena justicia social, para consolidar las identidades
plurinacionales.

2. Garantizar el bienestar, el desarrollo, la seguridad y la protección e igual dignidad de las


personas, las naciones, los pueblos y las comunidades, y fomentar el respeto mutuo y el diálogo
intracultural, intercultural y plurilingüe.

3. Reafirmar y consolidar la unidad del país, y preservar como patrimonio histórico y humano
la diversidad plurinacional.

4. Garantizar el cumplimiento de los principios, valores, derechos y deberes reconocidos y


consagrados en esta Constitución.
5. Garantizar el acceso de las personas a la educación, a la salud y al trabajo.

6. Promover y garantizar el aprovechamiento responsable y planificado de los recursos


naturales, e impulsar su industrialización, a través del desarrollo y del fortalecimiento de la base
productiva en sus diferentes dimensiones y niveles, así como la conservación del medio ambiente,
para el bienestar de las generaciones actuales y futuras”.

Por su parte, el art. 13.I. de la CPE, prevé que: “Los derechos reconocidos por esta
Constitución son inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos. El Estado
tiene el deber de promoverlos, protegerlos y respetarlos”.

De otro lado, conviene añadir que la SCP 2143/2012 de 8 de noviembre, ha establecido que:
“…la Constitución aprobada en 2009, se caracteriza no solamente por su ‘Valor Normativo’,…
(negrillas adicionadas); sino esencialmente por su valor axiológico: ‘…es decir, el proceso de
irradiación de contenido en las normas infra-constitucionales y en todos los actos de la vida social,
no solamente comprende normas constitucionales positivizadas, sino también, valores plurales
supremos directrices del orden constitucional.

En el orden de ideas señalado, es pertinente establecer que en mérito al pluralismo, la


interculturalidad y la descolonización, que tal como se mencionó, constituyen los elementos de
refundación del Estado Plurinacional de Bolivia, (…) adquiere un matiz particular, ya que las
directrices principistas y los valores plurales supremos en el Estado Plurinacional de Bolivia,
irradiarán de contenido a todos los actos infra-constitucionales (…).

(…)

Así, se puede destacar que entre los valores plurales supremos que guían al Estado
Plurinacional de Bolivia, se encuentran la igualdad, la complementariedad, la solidaridad,
reciprocidad, armonía, la inclusión, transparencia, igualdad de condiciones, bienestar común,
responsabilidad entre otros, los cuales, a su vez, en el marco de la interculturalidad, se
complementan con los valores ético-morales plasmados en el art. 8.1 de la Constitución, (…), los
cuales, al encontrarse insertos en la parte dogmática de la Constitución, irradiarán de contenido a
la parte orgánica de la Norma Suprema y también al orden infra-constitucional y a los actos de la
vida social, para consolidar así el valor esencial y fin primordial del Estado Plurinacional de
Bolivia, que es el ‘vivir bien’.

Precisamente, en la parte orgánica de la Constitución, se disciplina al Tribunal


Constitucional Plurinacional, como el último y máximo guardián del Bloque de Constitucionalidad y
de los derechos fundamentales, con roles destinados a la materialización de la Constitución
Axiomática a través del ejercicio plural del control de constitucionalidad, consolidando el mandato
constitucional, la vigencia de un sistema jurisdiccional plural y concentrado de control de
constitucionalidad”.

En ese orden de ideas, la problemática ahora en examen requiere de una revisión integral y
sistemática de la Constitución Política del Estado, de manera que sea el propio texto constitucional el
que provea de insumos normativos e interpretativos necesarios para una solución.

III.4. Sobre el principio de reserva legal

Es pertinente referirnos a la disposición contenida en el art. 109.II de la CPE, relativa a que los
derechos y sus garantías sólo podrán ser regulados por la ley, lo que implica; por una parte, que sólo
el Órgano Legislativo es el competente para emitir leyes que desarrollen los preceptos o derechos
fundamentales –en su sentido material sin alterar su núcleo esencial– contenidos en la Ley
Fundamental y a su vez impongan sus límites; y por otra, constituye una restricción frente a otros
Órganos –Ejecutivo, Judicial y Electoral– que intenten regular derechos que sólo puede realizarse a
través de una ley.

En ese sentido, la jurisprudencia constitucional ratificó la observancia del principio de reserva legal
cuando el Estado pretenda establecer la restricción o limitación al ejercicio de los derechos
fundamentales previstos en la Constitución; así, la SC 0069/2006 de 8 de agosto, ha precisado que:
“Conforme ha definido este Tribunal, en su Declaración Constitucional 0006/2000, de 21 de
diciembre, el principio de la reserva legal es la `institución jurídica que protege el principio
democrático, al obligar al legislador a regular aquellas materias que por disposición de la
Constitución deben ser desarrolladas en una ley; es una institución que impone un límite tanto al
Poder Legislativo como al Ejecutivo; a aquél, impidiendo que delegue sus potestades en otro órgano,
y a éste, evitando que se pronuncie sobre materias que, como se dijo, debe ser materia de otra ley´.
En el ámbito del ejercicio de los derechos fundamentales, este principio es aplicado para impedir
cualquier exceso en la imposición de limitaciones al ejercicio de los derechos fundamentales, pues si
bien es cierto que pueden imponerse límites al ejercicio de los derechos fundamentales para
preservar la prevalencia del interés general, la primacía del orden jurídico y los factores de
seguridad, moralidad y salubridad públicos, no es menos cierto que, en aplicación del principio de
reserva legal, esas limitaciones solo pueden ser impuestas mediante ley en sentido formal”.
Razonamiento también expresado en las SSCCPP 0680/2012 de 2 de agosto y 0970/2013 de 27 de
junio.

Respecto a aquella posibilidad, la Convención Americana sobre DD.HH., instrumento piramidal del
Sistema Interamericano, determina:

“Artículo 30. Alcance de las Restricciones

Las restricciones permitidas, de acuerdo con esta Convención, al goce y ejercicio de los derechos y
libertades reconocidas en la misma, no pueden ser aplicadas sino conforme a leyes que se dictaren
por razones de interés general y con el propósito para el cual han sido establecidas”. En
interpretación del citado razonamiento, la Corte IDH, en su reiterada jurisprudencia, sostuvo que:
“...un derecho puede ser restringido por los Estados siempre que las injerencias no sean abusivas o
arbitrarias; por ello, deben estar previstas en ley en sentido formal y material”; entre otros
presupuestos de validez de la medida (las negrillas son añadidas).

En aplicación del mencionado principio, la regulación o limitación de derechos fundamentales


únicamente podrá realizarse mediante una ley en sentido formal y material, es decir, emitida por la
Asamblea Legislativa Plurinacional, siguiendo el procedimiento establecido en la Norma Suprema,
pero también cuidando que el contenido mismo de dicha normativa sea acorde a los principios,
derechos y garantías constitucionales. De manera que todo derecho fundamental, como es el caso del
derecho de acceso a la función pública, debe ser regulado mediante una ley formal que garantice el
ejercicio pleno de los principios acuñados en la Constitución.

La concretada máxima de garantía, se encuentra, además, íntimamente ligada con los criterios de
validez formal de las normas jurídicas, los cuales deben ser minuciosamente observados por el
legislador a momento de ejercer las atribuciones legislativas reservadas a éste por imperio de la
propia Constitución.

Así, conforme se precisó en la SCP 0026/2021 de 19 de abril: “...una norma, es válida, cuando existe
de acuerdo con el derecho en cumplimiento de las denominadas reglas de reconocimiento, cambio y
adjudicación. Por ello la validez (formal o normativa) de una norma jurídica es una cuestión
eminentemente ontológica, es decir existencial, pues, exige determinar si la autoridad que la expidió
tenía competencia y legitimidad según la norma fundamental, si no ha sido derogada (vigencia
temporal) y si no es incompatible con una norma superior. En ese entendido '...(u)na norma jurídica
no vale por tener un contenido determinado; es decir, no vale porque su contenido pueda inferirse,
mediante un argumento deductivo lógico, de una norma fundamental básica presupuesta, sino por
haber sido producida de determinada manera, y en última instancia, por haber sido producida de la
manera determinada por una norma fundante básica presupuesta. Por ello, y sólo por ello, pertenece
la norma al orden jurídico"' (negrillas añadidas).

Sobre el principio de reserva de ley, la SCP 0012/2018 de 19 de marzo estableció el siguiente


entendimiento: “…se vulnera el principio de legalidad en sus componentes reserva de ley y máxima
taxatividad legal, con relación a los arts. 1.1 y 2, y 30 de la Convención Americana sobre DD.HH..
Los principios de reserva de ley y de legalidad instituidos en los arts. 109 de la CPE y 9 de la
referida Convención, implican que determinadas materias solo pueden ser reguladas por una norma
con rango de ley y jamás por otra de menor jerarquía, razón por la que es entendida como una
garantía sustantiva para la vigencia de los derechos fundamentales, porque permite que estos solo
puedan ser desarrollados mediante ley, lo que supone que deben estar necesariamente
determinados de manera clara y precisa por una ley y, que su contenido esté impregnado por los
principios fundamentales y valores supremos, que no resulten contrarios a la dignidad humana y
que no dejen inoperables o sin contendido a los derechos y garantías”.
Por consecuencia, el exigido principio de reserva legal para la limitación de derechos fundamentales,
implicará, además, que la normativa desarrollada por el legislador al efecto, en ejercicio de las
facultades reservadas a éste, de acuerdo a los arts. 145 y 158.I.3 de la CPE, cumpla con los criterios
que disciplinan la creación formal de ésta (arts. 162 y ss. de la misma Norma Suprema), cuya
inobservancia acarreará su manifiesta invalidez formal, y por tanto, la vulneración abstracta de los
derechos que hubieren sido regulados; por lo tanto, limitados en prescindencia de tales criterios.

III.5. Diseño constitucional de los órganos del poder público. Su independencia y separación

La Constitución Política del Estado promulgada el 7 de febrero de 2009, establece en su art. 1, que:
“Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre,
independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se
funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del
proceso integrador del país”. Los Títulos I, II, III y IV de la Segunda Parte “Estructura y
Organización Funcional del Estado” de la Norma Suprema, instituyen cuatro Órganos del Poder
Público: Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, de manera que, en la estructura y
funcionamiento del Estado, se mantiene la trilogía del constitucionalismo clásico, añadiendo la figura
del Órgano Electoral, conformación orgánica que junto al modelo de Estado, a los principios, valores
y fines del Estado, así como al sistema de gobierno, constituyen las bases fundamentales del Estado
(Título I de la CPE).

En tales circunstancias, el art. 7 de la Norma Suprema, instituye que: “La soberanía reside en el
pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan, por delegación, las
funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”. De ello
se colige que el soberano ha delegado funciones y atribuciones específicas en los Órganos del Poder
Público, extremo que refrenda su existencia y funcionamiento, que en tratándose de los órganos
conformados por autoridades electas, lo ha hecho de manera directa, a través del voto popular.

En ese orden, en el marco de la caracterización contenida en el texto constitucional, Bolivia tiene un


modelo de organización y estructura del Poder Público que delega su ejercicio a los Órganos de
Poder (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral), asignando a cada uno funciones específicas cuya
separación a su vez denota la voluntad del constituyente, de evitar la concentración de poder y
garantizar el sistema de frenos y contrapesos, para asegurar de esa manera el ejercicio de los
derechos fundamentales de las personas que forman parte del Estado; estructura del Poder Público
que además debe obedecer a una continuidad en el desenvolvimiento de sus funciones, de modo que
no se quebrante el principio democrático, la soberanía nacional, la garantía del ejercicio de los
derechos fundamentales, el ejercicio del Poder Público, así como el objetivo constitucional de separar
las funciones asignados a cada órgano. Aspectos que encuentran asidero en lo dispuesto por el art. 12
de la CPE, que textualmente establece:

“I. El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo,
Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la
independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos.
II. Son funciones estatales la de Control, la de Defensa de la Sociedad y la de Defensa del Estado.

III. Las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son
delegables entre sí” (las negrillas nos pertenecen).

Se debe considerar que un sistema, en sentido general, es un conjunto de reglas o principios, sobre
una materia, racionalmente enlazados entre sí[3]. El mismo concepto en el ámbito jurídico no es
distante del anteriormente señalado, porque se entiende como un conjunto de principios, normas o
reglas, lógicamente enlazados entre sí, acerca de una ciencia o materia; también es un conjunto
ordenado y armónico que contribuye a una finalidad[4]. En ese orden de ideas y tratándose de un
gobierno, la acepción de sistema deriva en un conjunto de reglas y principios inherentes a la
dirección o administración del Estado.

Sobre el particular, el precitado art. 12 de la CPE, que forma parte de la dogmática de la Ley
Fundamental, introduce la parte orgánica de la Norma Suprema, aspecto que para una comprensión
efectiva, conforme a lo previsto en el art. 3.8 del CPCo, cumple la función de ordenar el Poder
Público que, en el caso de la Constitución Política del Estado vigente, conlleva un elemento
sustancial y no menos relevante a saber, la constitucionalización de principios fundantes o aquellos
que rigen la organización del Poder Público. Nótese que la última nominación mencionada supera la
noción de “poder del Estado” y dota de una nueva concepción de estatalidad, debido al cambio de la
visión de poder, que ahora recae en el Estado, de ahí que el art. 12.I de la CPE, reconoce
expresamente: “El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos
Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral…”.

Resulta evidente entonces, que la Norma Suprema no plantea una idea de noción de poder sobre el
Pueblo, sino de un poder creativo y constante del mismo; tanto así que, en el cuarto párrafo del
Preámbulo de la Constitución Política del Estado, queda claramente establecido lo siguiente:
“Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho
Plurinacional Comunitario…”; que en el art. 1 constitucional se reconoce como característica
esencial democrática; de ahí que, la organización y estructura del Poder Público y del Estado debe
dar validez y vigencia a la citada parte dogmática de la Ley Fundamental, lo que deriva
necesariamente en una primera finalidad, la vigencia de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, declarados y reconocidos por la propia Constitución Política del Estado y el bloque
de constitucionalidad; y en segunda instancia, que el poder público no puede quedar concentrado en
un solo órgano, porque ello supondría un impedimento que evitaría su control, dando lugar a la
arbitrariedad ante el posible abuso del poder en el ejercicio de las funciones atribuidas a distintos
órganos.

La clásica teoría de Montesquieu, de división de poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, mutó a


la nomenclatura que la Constitución Política del Estado Boliviana estableció para definir a los
Órganos del Estado, como elementos de la organización y estructura del Poder Público, a manera de
expresar una concepción biológica; es decir, compuesta por órganos que a su vez conforman sistemas
y éstos se agrupan en conjuntos o aparatos interrelacionados entre sí, bajo una visión holística
orgánica que debe dar y mantener la vitalidad de un sistema único, que en términos sencillos resulta
ser el aparato estatal fundado en una organización funcional. La misma visión se recoge desde la
Constitución Estadounidense de 1787 y se mantiene vigente a través de la tradición constitucional
mundial hasta nuestros días.

Sin embargo, debe quedar claro que la triada clásica de poderes, en primer lugar, en la Constitución
Política del Estado Boliviana, fue resignificada a partir del reconocimiento que el poder público es
único y que por tanto no puede haber división de poderes en el sentido clásico, ya que el poder es
único e indivisible; es decir, lo que se divide son las funciones; y, en segundo término, que el
reconocimiento de tres órganos no es limitante, porque, como en el caso boliviano, puede incluirse a
otro, tal como ocurre con el Órgano Electoral, que tiene un fin y función específicos, como franca
manifestación de la pluralidad de los órganos del poder público, pero también de funciones y
atribuciones.

Consiguientemente, el Estado Plurinacional de Bolivia está conformado por cuatro Órganos, como
son el Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, fundamentados en la independencia, separación,
coordinación y cooperación; los cuales deben coexistir de manera imprescindible para asegurar el
funcionamiento del Estado Constitucional de Derechos, así como el sistema de control de frenos y
contrapesos.

Pues, como se señaló precedentemente, la estructuración de los órganos del poder público tiene
sentido a partir de una protección de los derechos fundamentales, evitando la concentración del poder
en un solo órgano, de manera que no derive en la arbitrariedad; se nutre de la idea de brindar
seguridad y control a todas las personas dentro del Estado, propone una estructura de contención del
poder para protegerlas; de ahí que las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un
solo órgano, ni son delegables entre sí (art. 12.III de la CPE), sin que esto suponga que las funciones
de un órgano no sean delegables dentro del mismo órgano –como ocurre con la delegación de
determinadas competencias reconocidas a ciertos niveles de gobierno por la Norma Suprema y que
pueden ser delegadas a otros niveles, o la ampliación de competencias por materia dentro del propio
Órgano Judicial–, sino, respecto a otro órgano u otros órganos, evitando una sola voz de decisión
sobre aspectos que la propia Constitución Política del Estado encarga a órganos distintos.

Esta característica se originó en el Decreto Supremo de 13 de agosto de 1825, emitido por la


Asamblea General de la República Representativa de Bolívar y se mantuvo en las reformas
constitucionales de 1826 (arts. 9 y 10), 1831 (arts. 8 y 9), 1834 (arts. 8 y 9), 1851 (art. 27), 1868 (arts.
5 y 26), 1967 (art. 2) y 1994 (art. 2), a manera de independencia e imposibilidad de reunir en un
mismo Órgano las funciones del Poder Público; mientras que en el mismo artículo de las
Constituciones de 1839 (art. 17), 1871 (art. 34), 1878 (art. 37), 1880 (art. 37), 1938 (art. 3), 1945,
1947, 1961, únicamente se estableció la independencia. De igual forma, se debe considerar que en la
historia constitucional se procedió a una simple delegación del ejercicio de la soberanía, sin mayores
características, a la tríada clásica de poderes en las reformas constitucionales bolivianas de 1843 (art.
13) y 1861 (art. 19).

En ese orden de ideas, el Informe de Minoría de la Comisión de Estructura y Organización del Estado
de la Asamblea Constituyente, sobre el contenido del art. 12 de la CPE, estableció en el parágrafo IV,
que: “Las funciones del Poder, no pueden ser reunidas en un mismo órgano y su ejercicio es limitado,
por lo que no podrán atribuirse otras facultades que las expresamente acordadas por esta Constitución
y las Leyes de la República”; pero además, que: “El ejercicio del Poder Público se desarrolla
principalmente a través de los Órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, así como de las
demás instituciones, establecidas por esta Constitución y las Leyes de la República, con el objetivo
de cumplir las funciones del Estado y realizar sus fines” (Enciclopedia Histórica Documental del
Proceso Constituyente Boliviano. Tomo III, Volumen 1, p.497). Asimismo, en la Propuesta de Texto
Constitucional de las Organizaciones que conformaron el Pacto de Unidad de mayo de 2007, se
entendió respecto al art. 5.I, que: “…Las funciones de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y
Social Plurinacional no podrán concentrarse en un solo órgano”.

Así, resulta evidente que tanto en la tradición constitucional como en los documentos que forman
parte del debate y trabajo de la Asamblea Constituyente, se mantuvo vigente la separación de los
órganos del poder público, con especial mención que tal condición supone, que éstos no pueden
atribuirse otras facultades que no estén expresamente acordadas por la Constitución Política del
Estado y la ley, que persiguen o tienen por objetivo el cumplimiento de las funciones del Estado y la
realización de sus fines; y, con mayor importancia, que las funciones de los cuatro órganos
reconocidos expresamente por la Norma Suprema, no pueden concentrarse en uno solo.

Sobre el particular, se debe señalar que el art. 12 de la CPE, hace a la estructura y organización del
poder público del Estado; cualquier disposición normativa debe respetar su contenido, lo que supone
un impedimento tácito para modificar la organización de los cuatro órganos del Estado, a objeto de
reunir las funciones de éstos en uno solo, ni que las funciones de un órgano puedan ser delegadas a
otro.

A efectos de concretar la caracterización y estructura del Estado Plurinacional de Bolivia, conviene


remarcar que el modelo de Estado Boliviano, si bien no contempla un reconocimiento expreso de su
carácter constitucional; empero, a partir de las características de la Ley Fundamental, se desprende
dicha naturaleza. Así, la jurisprudencia constitucional, a partir de la SC 0258/2011-R de 16 de marzo,
determinó que: “El modelo de Estado asumido en Bolivia, se constituye en un verdadero Estado
Constitucional de Derecho, establecido sobre valores universales y el principio fundamental de
legalidad, sin desechar los principios generales de soberanía popular en el ejercicio del poder
público y reforzando el principio de respeto y vigencia de los DD.HH.; pues se establece un amplio
catálogo de derechos fundamentales, garantías constitucionales, principios y valores; además, se
señalan como fines y funciones del Estado, entre otras, el garantizar el cumplimiento de los
principios, valores, derechos y deberes reconocidos y consagrados en la Constitución (art. 9.4 de la
CPE), se señalan como deberes de los bolivianos y bolivianas el conocer, cumplir y hacer cumplir la
Constitución y las leyes, conocer, respetar y promover los derechos reconocidos en la Constitución, y
la práctica de los valores y principios que proclama la Constitución (art. 108 numerales 1, 2 y 3), así
como también consagra de manera expresa el principio de legalidad y supremacía constitucional en
el art. 410.I de la CPE, señalando que: ‘Todas las personas, naturales y jurídicas, así como los
órganos públicos, funciones públicas e instituciones, se encuentran sometidos a la presente
Constitución’, añadiendo el segundo parágrafo que: La Constitución es la norma suprema del
ordenamiento jurídico boliviano y goza de primacía frente a cualquier otra disposición
normativa…’” (las negrillas y el subrayado fueron añadidos).
De otro lado, resulta pertinente indicar que, mediante informe de 13 de julio de 2007, de la Comisión
de Estructura y Organización del Nuevo Estado, de la Asamblea Constituyente, que dio a luz a la
actual Constitución Política del Estado; se evidencia que en el Informe de Mayorías se consignó la
voluntad expresa de dividir el Poder Público en cuatro Órganos, que en independencia y
coordinación debían funcionar, a efectos de disgregar el Poder Público y asegurar control entre
ellos. En su homólogo de Minoría, se estableció que la separación de las potestades públicas debía
efectuarse en cuatro Órganos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral. Adicionalmente, este
Informe enfatizó que tales Órganos hallan su razón de ser en el cumplimiento de las funciones
del Estado y la persecución de sus fines.

En tal sentido, a través del Informe de Mayorías de la Comisión de Visión del País, de igual fecha, se
reconoció que los cuatro “poderes” públicos son el resultado de la soberanía que emana del pueblo
boliviano; asimismo, se estableció que no se puede concentrar funciones en ninguno de éstos,
estableciendo así que tales potestades deben separarse. Mediante Informe Segundo de Minorías,
de 17 de julio de 2007, se indicó que se debe limitar el poder político, en el marco de un Estado
Constitucional Democrático de Derecho, en mérito a que dicho poder debe estar sujeto a la
Constitución Política del Estado, debiendo existir separación de poderes y éstos deben encontrarse
demarcados los unos de los otros.

Finalmente, a través de Informe de 13 de julio de 2007, la Comisión de Deberes, Derechos y


Garantías de la Asamblea Constituyente, advierte que tanto en el Informe por Mayoría como en el de
Minoría, se reconoció que el Estado tiene el deber de promover, proteger, difundir, promocionar y
hacer vigentes los derechos, libertades y garantías de todas las personas que habitan en su territorio.
En el Informe por Minoría, se entendió que se debe limitar todo poder político, para evitar
arbitrariedad, siendo importante que Bolivia se constituya en una República, porque el poder debe
separarse, limitarse y éste debe someterse a un orden constitucional. También el Informe por
Mayoría, reconoció que se debe asegurar la constitucionalización de los DD.HH. para que los
habitantes en el territorio nacional puedan hacer valer éstos frente al Estado; develando su
intención de proteger a los ciudadanos en relación al aparato del poder político.

En ese sentido, la independencia y separación de los cuatro órganos del Estado, constituyen
características esenciales del desenvolvimiento del poder público, a quienes el soberano delega el
ejercicio de atribuciones y facultades que no pueden ser ejercidas indistintamente, sino
específicamente por quienes son sus delegados, de manera que se evite la concentración de las
funciones o atribuciones en uno o más órganos, pues su ejercicio debe ser considerado privativo de
los mismos, en aras del funcionamiento armónico del poder público que es único, con los frenos y
contrapesos que tengan su cauce en la materialización del respeto a los derechos fundamentales y
garantías constitucionales de las personas, y con ello, el vivir bien como fin constitucional último.

III.6. El Órgano Judicial y el Tribunal Constitucional Plurinacional como parte de la


estructura básica del Estado

III.6.1. Naturaleza jurídica del ejercicio de funciones jurisdiccionales y las atribuciones


asignadas a los altos tribunales de justicia. Su indelegabilidad interna y externa
Inicialmente debemos remitirnos a la citada SCP 0034/2020, que en relación al estudio
efectuado respecto de una acción de inconstitucionalidad abstracta en contra de la suspensión de altas
autoridades jurisdiccionales, sentó un entendimiento acerca de la naturaleza de sus funciones
jurisdiccionales, tanto en el Órgano Judicial como en el Tribunal Constitucional Plurinacional,
señalando al respecto lo siguiente:

"Conforme a lo establecido en el Fundamento Jurídico 111.5.1 de este apartado, se tiene que


en el reciente proceso constituyente que dio lugar a la aprobación y promulgación de la actual
Constitución Política del Estado, las discusiones del constituyente boliviano en cuanto a la forma de
selección o designación de las máximas autoridades de la jurisdicción ordinaria y constitucional,
estuvieron enmarcadas en la premisa de garantizar la independencia e imparcialidad de las máximas
autoridades de la administración de justicia. Esta pretensión surgió, en virtud a una presunta falta
de fiabilidad en la designación directa de las Altas Autoridades referidas, encargada a un Órgano de
carácter político, cual es la Asamblea Legislativa.

Esta problemática, fue determinada objetivamente por la CIDH conforme se advierte del
Informe sobre ‘Acceso a la Justicia e Inclusión Social: El camino hacia el fortalecimiento de la
democracia en Bolivia’ documento de transcendental importancia por la etapa preconstituyente en la
que se levantaron los datos (entre el 12 y 17 de noviembre de 2006). En este documento se asumió
que, respecto a la selección de los ministros y magistrados de la entonces Corte Suprema de Justicia
y Tribunal Constitucional, respectivamente, la información recibida de la sociedad, se traducía en el
cuestionamiento de su designación mediante procedimientos sin garantías de transparencia,
conllevando la debilidad en cuanto a asegurar la independencia e imparcialidad de la judicatura.

Este contexto, acudiendo a la hermenéutica teleológica por la que se busca desentrañar el


fin de las normas jurídicas -constitucionales o legales- (Fundamento Jurídico III.2.1), con apoyo en
la pauta interpretativa de la voluntad del constituyente (Fundamento Jurídico III.2.2), es posible
establecer que el fin concreto de los preceptos contenidos en los arts. 182.I, 188.I, 194.I y 198,
referidos a la elección por sufragio universal de las Altas Autoridades del Órgano Judicial -Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura- y Tribunal
Constitucional Plurinacional, constituye garantizar su independencia e imparcialidad en el ejercicio
de las funciones de carácter jurisdiccional, libre de toda injerencia, presión o amenaza política.

Ahora bien, conforme se advierte de las normas constitucionales contenidas en los artículos
citados precedentemente, cuyo origen se describió ampliamente en el Fundamento Jurídico III.5.1 -
referido al proceso constituyente sobre esta temática-, se advierte que por voluntad del constituyente,
el medio diseñado para garantizar la preciada consolidación de los principios de independencia
judicial e imparcialidad de los administradores de justicia, es la elección por sufragio universal de
las Altas Autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional.

Sobre ello, acudiendo a los razonamientos expuestos en el Fundamento Jurídico III.3.3 del
presente fallo constitucional, se tiene que, en una sociedad en la que impera el principio
democrático, como es el caso boliviano, el elemento Estado Constitucional de Derecho tiene una
inevitable conexión con la participación política, pues la base de todo régimen constitucional es la
expresión de la voluntad ciudadana a través de los cauces legales previstos al efecto, y la
ciudadanía, en cuanto a sujeto de derechos y obligaciones sólo adquiere sentido en un orden
democrático a través del ejercicio efectivo de la participación democrática.

Por lo expuesto, la naturaleza jurídica del ejercicio de funciones de las Altas Autoridades
del Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, Consejo de la Magistratura y Tribunal
Constitucional Plurinacional, descansa en la consolidación de la participación política del pueblo
boliviano, a través del ejercicio de la democracia representativa, reconocida en el art. 11.II.2 de la
Norma Suprema; es decir, en su elección por voto universal, directo y secreto, configurándose, a su
vez, en producto de la voluntad colectiva encaminada a garantizar la independencia de órganos
del Estado e imparcialidad judicial” (las negrillas corresponden al original).

Cabe señalar que los principios configuradores del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional
Plurinacional contenidos en la Constitución Política del Estado, le conceden a aquel, igual jerarquía
que a los demás Órganos del poder público, como son el Ejecutivo, Legislativo y Electoral;
revistiendo al primero de los citados, de varios principios, entre ellos, los de independencia e
imparcialidad, además del respecto a los derechos de las personas.

Ahora bien, a efectos de garantizar la consolidación de tales principios, el texto


constitucional previó una forma distinta y única para la elección de las máximas autoridades del
Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, la cual se realiza por voto popular, quienes
deben atravesar previamente una etapa de preselección calificada; para que, a partir de ello, se
consolide su legitimidad a través del sufragio popular; ello en razón a que, la designación directa de
tales autoridades, como se acostumbraba hacer hasta antes de la promulgación del actual texto
constitucional, no contaba con la fiabilidad necesaria para la conformación de un Órgano del Estado,
restándole valor al mismo, puesto que estaba encargada a otro Órgano de carácter político, como era
el Congreso Nacional –hoy Asamblea Legislativa Plurinacional–; lo que sin duda, debilitaba la
democracia de Bolivia, y por ende, los principios de independencia e imparcialidad de la judicatura;
cuando a contrario de ello, resulta necesario asegurar el ejercicio de las funciones de carácter
jurisdiccional, libre de toda injerencia, presión o amenaza política.

Entonces, el medio diseñado por la Ley Fundamental para asegurar la consolidación de los
principios de independencia judicial e imparcialidad en los encargados de impartir justicia, es
otorgarle legitimidad en su conformación, estableciendo su elección por votación universal de las
altas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional. Por lo mismo, tal como
se señaló precedentemente, el principio democrático se encuentra vinculado a la participación
política del pueblo boliviano a través del ejercicio de la democracia representativa, lo que no puede
ser asimilado a un proceso eleccionario político partidario propiamente, como se lo hace con los
miembros que componen los otros órganos del poder público constituido, entre ellos, el ejecutivo y
legislativo; sino que se establece una forma distinta y única, tal como se explicará posteriormente,
con la finalidad de asegurar la materialización de los principios de independencia entre órganos y el
principio democrático como forma de organización social.
En ese sentido, al Tribunal Supremo de Justicia se le asignan como atribuciones, entre otras:
“1. Actuar como tribunal de casación y conocer recursos de nulidad en los casos expresamente
señalados por la ley. 2. Dirimir conflictos de competencias suscitados entre los tribunales
departamentales de justicia. 3. Conocer, resolver y solicitar en única instancia los procesos de
extradición. 4. Juzgar, como tribunal colegiado en pleno y en única instancia, a la Presidenta o al
Presidente del Estado, o a la Vicepresidenta o al Vicepresidente del Estado, por delitos cometidos en
el ejercicio de su mandato. El juicio se llevará a cabo previa autorización de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, por decisión de al menos dos tercios de los miembros presentes, y a requerimiento
fundado de la Fiscal o del Fiscal General del Estado, quien formulará acusación si estima que la
investigación proporcionó fundamento para el enjuiciamiento. El proceso será oral, público, continuo
e ininterrumpido. La ley determinará el procedimiento. 5. Designar, de las ternas presentadas por el
Consejo de la Magistratura, a los vocales de los tribunales departamentales de justicia. 6. Preparar
proyectos de leyes judiciales y presentarlos a la Asamblea Legislativa Plurinacional. 7. Conocer y
resolver casos de revisión extraordinaria de sentencia” (art. 184 CPE).

Al Tribunal Agroambiental se asignan las atribuciones de: “1. Resolver los recursos de
casación y nulidad en las acciones reales agrarias, forestales, ambientales, de aguas, derechos de uso
y aprovechamiento de los recursos naturales renovables, hídricos, forestales y de la biodiversidad;
demandas sobre actos que atenten contra la fauna, la flora, el agua y el medio ambiente; y demandas
sobre prácticas que pongan en peligro el sistema ecológico y la conservación de especies o animales.
2. Conocer y resolver en única instancia las demandas de nulidad y anulabilidad de títulos
ejecutoriales. 3. Conocer y resolver en única instancia los procesos contencioso administrativos que
resulten de los contratos, negociaciones, autorizaciones, otorgación, distribución y redistribución de
derechos de aprovechamiento de los recursos naturales renovables, y de los demás actos y
resoluciones administrativas. 4. Organizar los juzgados agroambientales” (art. 189 CPE).

Al Consejo de la Magistratura, se asignan como atribuciones: “1. Promover la revocatoria de


mandato de las Magistradas y de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y del Tribunal
Agroambiental, cuando, en el ejercicio de sus funciones, cometan faltas gravísimas determinadas por
la ley. 2. Ejercer el control disciplinario de las vocales y los vocales, juezas y jueces; y personal
auxiliar y administrativo del Órgano Judicial. El ejercicio de esta facultad comprenderá la posibilidad
de cesación del cargo por faltas disciplinarias gravísimas, expresamente establecidas en la ley. 3.
Controlar y fiscalizar la administración económica financiera y todos los bienes del Órgano Judicial.
4. Evaluar el desempeño de funciones de las administradoras y los administradores de justicia, y del
personal auxiliar. 5. Elaborar auditorías jurídicas y de gestión financiera. 6. Realizar estudios técnicos
y estadísticos. 7. Preseleccionar a las candidatas y a los candidatos para la conformación de los
tribunales departamentales de justicia que serán designados por el Tribunal Supremo de Justicia. 8.
Designar, mediante concurso de méritos y exámenes de competencia, a los jueces de partido y de
instrucción. 9. Designar a su personal administrativo” (art. 195 Ley Fundamental).

Al Tribunal Constitucional Plurinacional se asignan como atribuciones: “1. En única


instancia, los asuntos de puro derecho sobre la inconstitucionalidad de leyes, Estatutos Autonómicos,
Cartas Orgánicas, decretos y todo género de ordenanzas y resoluciones no judiciales. Si la acción es
de carácter abstracto, sólo podrán interponerla la Presidenta o Presidente de la República, Senadoras
y Senadores, Diputadas y Diputados, Legisladores, Legisladoras y máximas autoridades ejecutivas de
las entidades territoriales autónomas. 2. Los conflictos de competencias y atribuciones entre órganos
del poder público. 3. Los conflictos de competencias entre el gobierno plurinacional, las entidades
territoriales autónomas y descentralizadas, y entre éstas. 4. Los recursos contra tributos, impuestos,
tasas, patentes, derechos o contribuciones creados, modificados o suprimidos en contravención a lo
Ó
dispuesto en esta Constitución. 5. Los recursos contra resoluciones del Órgano Legislativo, cuando
sus resoluciones afecten a uno o más derechos, cualesquiera sean las personas afectadas. 6. La
revisión de las acciones de Libertad, de Amparo Constitucional, de Protección de Privacidad, Popular
y de Cumplimiento. Esta revisión no impedirá la aplicación inmediata y obligatoria de la resolución
que resuelva la acción. 7. Las consultas de la Presidenta o del Presidente de la República, de la
Asamblea Legislativa Plurinacional, del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal Agroambiental
sobre la constitucionalidad de proyectos de ley. La decisión del Tribunal Constitucional es de
cumplimiento obligatorio. 8. Las consultas de las autoridades indígenas originario campesinas sobre
la aplicación de sus normas jurídicas aplicadas a un caso concreto. La decisión del Tribunal
Constitucional es obligatoria. 9. El control previo de constitucionalidad en la ratificación de tratados
internacionales. 10. La constitucionalidad del procedimiento de reforma parcial de la Constitución.
11. Los conflictos de competencia entre la jurisdicción indígena originaria campesina y la
jurisdicción ordinaria y agroambiental. 12. Los recursos directos de nulidad” (art. 202 CPE).

Cabe destacar que el ejercicio de las indicadas facultades no puede ser delegada entre uno y
otro órgano componente del órgano judicial, menos aún de aquellas que fueron asignadas por el
constituyente al Tribunal Constitucional Plurinacional, pues es evidente que a cada uno de los
mismos el constituyente asignó atribuciones concretas, las cuales no pueden ser ejercidas por quienes
no fueron revestidas de las mismas; en esa misma línea de entendimiento, tampoco es posible la
suspensión, limitación o restricción de las mencionadas facultades por otro de los órganos del poder
público, en aplicación a las características esenciales de independencia, separación, coordinación y
cooperación inter orgánica, contenidas en el art. 12.I de la Norma Suprema.

III.6.2. Principios constitucionales configuradores del órgano judicial y el Tribunal


Constitucional Plurinacional

La interpretación sistemática de la Constitución obliga al reconocimiento de principios


constitucionales configuradores del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional,
entendidos ambos como un Órgano Estatal de igual jerarquía que los otros tres (Ejecutivo,
Legislativo y Electoral) y con instituciones específicas estatuidas por el constituyente para el
desarrollo de sus atribuciones propias vinculadas a la justicia.

Es de conocimiento que la dogmática constitucional concibe al Órgano Judicial y autoridades


jurisdiccionales como el poder más débil entre todos los que configuran un Estado basado en la
[5]
división de poderes u órganos , por ello, la propia obra clásica “El Federalista” plantea la necesidad
de completa independencia de los jueces, así como otras medidas, como la permanencia en sus
puestos o tenencia del cargo, remuneración a cargo de sus propios presupuestos, como una garantía
para la independencia, al igual que la prohibición de despido por supuesta incompetencia.

A lo largo de la historia constitucional de Bolivia, la independencia del Órgano Judicial ha


sido transgredida de diversas maneras, en parte por la falta de respeto a su naturaleza y a las
características que debía gozar además de la independencia, estabilidad, remuneración mediante
presupuesto propio fijo, prohibiciones de despido, y otras que se hacen necesarias para equilibrar su
natural debilidad.
Como una solución, la Constitución de 2009 ha previsto que las máximas autoridades del
Órgano Judicial y el Tribunal Constitucional Plurinacional, sean electas por voto popular,
otorgándoles así algo que no tenían, la legitimidad de origen o de primer orden, consagrándolos ahora
sí como un órgano situado en la misma jerarquía que los otros dos históricamente dominantes,
Ejecutivo y Legislativo, por esa misma naturaleza de electos.

Aun así, el Órgano Judicial puede ser sometido y ver disminuida su labor y responsabilidad
con el pueblo, cuando su legitimidad de primer orden es transgredida, sea mediante la actividad
legislativa, históricamente rebelde ante la independencia judicial por los intereses que en ella se
imponen, o por actos y hechos que se perpetran con esa aviesa intención.

Ante ello, la interpretación sistemática de la Constitución, arroja la voluntad del


constituyente presente en varios principios que refuerzan la independencia y la legitimidad de primer
orden del nuevo y reforzado Órgano Judicial.

Es por eso que, del estudio sistemático de la Constitución Política del Estado, se identifican
los principios estructurales o configuradores del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional:

i) El principio democrático, La interpretación sistemática de la Constitución obliga al


reconocimiento de principios constitucionales configuradores del Órgano Judicial y del Tribunal
Constitucional Plurinacional, entendidos ambos como un Órgano Estatal de igual jerarquía que los
otros tres (Ejecutivo, Legislativo y Electoral) y con instituciones específicas estatuidas por el
constituyente para el ejercicio de funciones de control, de defensa de la sociedad y de defensa del
Estado, con atribuciones propias pero vinculadas a la justicia.

Es de conocimiento que la dogmática constitucional concibe al Órgano Judicial y autoridades


jurisdiccionales como el poder más débil entre todos los que configuran un Estado basado en la
[6]
división de poderes u órganos , por ello, la propia obra clásica “El Federalista” plantea la necesidad
de completa independencia de los jueces, así como otras medidas, como la permanencia en sus
puestos o tenencia del cargo, remuneración en base a sus propios presupuestos, como una garantía
para la independencia, al igual que la prohibición de despido por supuesta incompetencia.

A lo largo de la historia constitucional de Bolivia, la independencia del Órgano Judicial ha sido


transgredida de diversas maneras, en parte por la falta de respeto a su naturaleza y a las
características que debía gozar, además de la independencia, estabilidad, remuneración mediante
presupuesto propio fijo, prohibiciones de despido, y otras que se hacen necesarias para equilibrar su
natural debilidad.
Como una solución, la Constitución Política del Estado de 2009 ha previsto que las máximas
autoridades del Órgano Judicial y el Tribunal Constitucional Plurinacional, sean elegidas por voto
popular, otorgándoles así algo que no tenían, la legitimidad de origen o de primer orden,
consagrándolos ahora sí como un órgano situado en la misma jerarquía que los otros dos
históricamente dominantes, Ejecutivo y Legislativo, por esa misma naturaleza de electos.

Aun así, el Órgano Judicial puede ser sometido y ver disminuida su labor y responsabilidad para con
el pueblo, cuando su legitimidad de primer orden es transgredida, sea mediante la actividad
legislativa o a través de los actos del Órgano Ejecutivo, históricamente rebeldes ante la
independencia judicial, ya sea por actos o hechos que se perpetran con la natural intención de tener
un control sobre dicho órgano.

Ante ello, la interpretación sistemática de la Constitución, arroja la voluntad del constituyente


presente en varios principios que refuerzan la independencia y la legitimidad de primer orden del
nuevo y reforzado Órgano Judicial. Es por eso que, del estudio sistemático de la Constitución Política
del Estado, se identifican los principios estructurales o configuradores del Órgano Judicial y del
Tribunal Constitucional Plurinacional, entre ellos, el principio democrático.

El principio democrático, previsto en el art. 11 de la CPE, como fuente constitutiva del mandato de
los máximos cargos del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, se expresa como la
voluntad popular que elige mediante el sufragio, a las citadas autoridades, superando, y por ello,
prohibiendo a cualquier otra voluntad con menor entidad, entorpecer, corromper, envilecer o
transgredir esa voluntad popular, o cualquier medida que mutile o tienda a hacerlo, del derecho al
voto activo, de tal modo que ni la actividad legislativa, ejecutiva o electoral, pueden limitar el acto
electoral que materialice la voluntad popular; emergiendo en sentido contrario, la obligación de
respeto absoluto a la voluntad popular en todas las etapas del proceso de selección y elección de
magistradas y magistrados.

Como una garantía de no interferencia en la conformación del nuevo Órgano Judicial y del Tribunal
Constitucional Plurinacional, por parte de ninguno de los otros órganos o autoridades, el cual se
manifiesta en la potestad de constitución de las instituciones judiciales con autoridades por elección
popular y sin dependencia de ningún poder del Estado, al margen de las facultades de preselección y
elección expresamente reconocidas en la propia Ley Fundamental, lo que hace necesaria la no
interferencia, o interferencia positiva solamente por parte de todas las autoridades legislativas,
ejecutivas y electorales, de tal modo que toda legislación, reglamentación, regulación, intervención o
limitación, debe ser mínima, en lo esencialmente necesario para garantizar la máxima expresión de la
voluntad democrática y que sea el soberano el único que elija entre la mayor cantidad de opciones
posibles.

ii) El principio de continuidad del servicio jurisdiccional como garantía de respeto de


los derechos fundamentales de las personas y los principios y valores superiores
Como fue señalado anteriormente, el Constituyente ha establecido una Estructura orgánica para el
ejercicio del poder público (art. 12 de la CPE), delegando funciones y atribuciones exclusivas y
específicas a cada órgano, de manera que, son estos los encargados de prestar los servicios
correspondientes, los que al ser esenciales para el funcionamiento sincronizado de todo el aparato
estatal, en el marco de los principios, valores y derechos fundamentales, buscan la consolidación del
vivir bien como fin último.

Ahora bien, la lectura de lo señalado en el art. 12.I de la Norma Suprema, que corresponde a la
Primera Parte de la Ley Fundamental (Bases Fundamentales del Estado), que dispone: “El Estado se
organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y
Electoral…”, debe ser realizada conjuntamente la Segunda Parte de la Constitución Política del
Estado (Estructura y Organización Funcional del Estado), ultima disposición en la que se regula la
composición y atribuciones de cada uno de los órganos del poder público, los que, de ninguna
manera admiten posibilidades de suspensión o paralización, ni siquiera temporal, de manera que, su
funcionamiento debe obedecer al principio de continuidad, de manera que no se quebrante el
principio democrático, la soberanía nacional, la garantía del ejercicio de los derechos fundamentales,
el ejercicio del poder público, así como el objetivo constitucional de separar las funciones de los
órganos del poder público y establecer los órganos que ejercerán las funciones de control y defensa
respecto a todos los órganos constituidos y a la sociedad. Aspectos que encuentran su asidero en lo
dispuesto por los arts. 7, 8.II, 9.4 y 12 de la CPE, en el entendido que las funciones y atribuciones de
los órganos del poder público y de las funciones de control y de defensa, derivan del pueblo
boliviano, que delegación el ejercicio de las mismas a cada órgano, las cuales deben ser cumplidas
con responsabilidad, de manera que se garantice efectivamente el cumplimiento de los principios,
valores, derechos y deberes reconocidos y consagrados en la Ley Fundamental.

Conforme se razonó en el Fundamento Jurídico referido al diseño constitucional de los órganos del
poder público del nivel central del Estado, se debe tomar en cuenta que un sistema, en sentido
general, es un conjunto de reglas o principios sobre una materia, racionalmente enlazados entre sí;
que aplicado al ámbito jurídico se entiende como, un conjunto de principios, normas o reglas,
lógicamente enlazados unos con otros; también es un conjunto ordenado y armónico que contribuye a
una finalidad; de lo cual, en tratándose del Estado, la acepción de sistema deriva en un conjunto de
reglas y principios inherentes a la dirección o administración del Estado.

Como se señaló anteriormente, el precitado art. 12 de la CPE, forma parte de la dogmática de la Ley
Fundamental, empero, introduce la parte orgánica de la Norma Suprema, lo que para una mejor
comprensión, conforme establece el art. 3.8 del CPCo, cumple la función de ordenar el poder
público, que en el caso de la Constitución Política del Estado, conlleva un elemento sustancial y no
menos relevante, a saber, la constitucionalización de principios fundantes o aquellos que rigen la
organización del poder público.

De ahí que la organización y estructura del poder público del Estado debe dar validez y vigencia a la
citada parte dogmática de la Ley Fundamental, lo que deriva necesariamente en una primera
finalidad, la vigencia plena de los derechos fundamentales y garantías constitucionales,
declarados y reconocidos por la propia Constitución Política del Estado y el bloque de
constitucionalidad; en una segunda finalidad, que el poder público encargado a cada uno de los
órganos del Estado, no pueden quedar concentrados en un solo, o que se pretenda sean
ejercidas por órganos diferentes a los señalados específicamente en la Ley Fundamental, dado
que cada uno tiene un propósito específico dentro del diseño constitucional vigente, el mismo que
debe ser entendido como un sistema único que, en términos sencillos, resulta ser el aparato estatal
fundado en una organización funcional; y, finalmente, que las funciones y atribuciones encargadas
a cada uno de los órganos descritos precedentemente no pueden ser suspendidos o
interrumpidos, lo que significa que las atribuciones asignadas a cada uno de los órganos deben ser
ejercidas de manera permanente e ininterrumpida.

Los parámetros descritos anteriormente fueron observados en distintos actos correspondientes a la


historia reciente del Estado, contando entre ellas, la medida de prórroga de mandato de autoridades
constitucionalmente electas, dispuesta por el Parágrafo IV de la Disposición Transitoria Primera de la
CPE, que ante una eventual e inminente acefalía de autoridades subnacionales, Prefectos, Alcaldes y
Concejales, dispuso extender sus mandatos constitucionales, en resguardo de un normal desarrollo y
funcionamiento de dichas instancias públicas, evitando además la afectación de los derechos
fundamentales de la ciudadanía en general. Bajo el siguiente tenor: “I. El Congreso de la República
en el plazo de 60 días desde la promulgación de la presente Constitución, sancionará un nuevo
régimen electoral para la elección de la Asamblea Legislativa Plurinacional, Presidente y
Vicepresidente de la República; la elección tendrá lugar el día 6 de diciembre de 2009.

II. Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos
del cómputo de los nuevos periodos de funciones.

III. Las elecciones de autoridades departamentales y municipales se realizarán el 4 de abril de 2010.

IV. Excepcionalmente se prorroga el mandato de Alcaldes, Concejales Municipales y Prefectos de


Departamento hasta la posesión de las nuevas autoridades electas de conformidad con el párrafo
anterior”.

Lo señalado hace evidente que, el constituyente aplicó excepcionalmente la prórroga de mandato de


autoridades subnacionales electas el 4 de diciembre de 2004 y el 18 de diciembre de 2005 (Alcaldes,
Concejales y Prefectos) respectivamente, quienes en virtud a los Decretos Supremos (DDSS) 28077 y
28229, debían cumplir funciones hasta diciembre de 2009. A dicho efecto, se consideró que el
Parágrafo III de la Disposición Transitoria Primera de la CPE, preveía que las elecciones de las
autoridades departamentales y municipales debían ser llevadas a cabo el 4 de abril de 2010 y que
dicha situación generaba un inminente vacío de poder en instancias subnacionales; razón por la que,
se determinó la prórroga de mandato de las mencionadas autoridades, hasta la posesión de las nuevas
autoridades electas; toda vez que se entiende, que en el marco del regular funcionamiento de las
actividades de los órganos del poder público y las funciones e instituciones que conforman la
estructura básica del Estado, el diseño constitucional y legal prevé las reglas necesarias para la
continua y permanente marcha del aparato estatal.

El citado antecedente constitucional de prórroga de mandato de autoridades electas fue también


referido en una Resolución Constitucional emergente de una consulta sobre la constitucionalidad de
un proyecto de Ley, “Ley Excepcional de Prórroga del Mandato Constitucional de Autoridades
Electas”, presentado ante este Tribunal Constitucional Plurinacional y resuelto el año 2020, mediante
DCP 0001/2020 de 15 de enero, como emergencia del quiebre del Estado Constitucional de Derecho,
debido a los conflictos sociales suscitados el 2019 y el posterior advenimiento de la pandemia
mundial por el COVID-19.

Efectivamente, la DCP 0001/2020 realizó una interpretación con relación a la prórroga de mandato
de autoridades electas de los órganos del poder público, al absolver una consulta sobre la
constitucionalidad de los arts. 1 y 4 del Proyecto de Ley 160/2019-2020 “CS” –Ley Excepcional de
Prórroga del Mandato Constitucional de Autoridades Electas–, oportunidad en la que se examinó la
razonabilidad de la prórroga de mandato como figura que permite ampliar o prolongar el ejercicio de
funciones en cargos electos de los órganos Ejecutivo y Legislativo.

La citada DCP 0001/2020, estableció que la prórroga de mandato contenida en el Proyecto de Ley en
consulta, era constitucional, debido a que cumplía las cuatro subreglas de validez de la prórroga del
periodo de mandato de las autoridades electas de los Órganos del Poder Público Ejecutivo y
Legislativo, tanto del nivel central como del nivel subnacional, establecidas previamente en el mismo
fallo y cuyo cumplimiento precisó que es inexcusable y concurrente a la vez; siendo dichas subreglas
las siguientes: a) Su origen excepcional; b) La limitación en su tiempo de duración; c) Su
justificación razonable, de manera que no responda a un carácter discrecional o arbitrario, sino que se
encuentre comprendida por una situación que conlleve una fractura del orden constitucional y/o
suponga inminencia de vacío de poder; y, d) Únicamente debe perseguir alcanzar el fin –objeto–
constitucional del normal funcionamiento de los Órganos del Poder Público, para la concreción de los
principios fundantes, valores y fines estatales, y la protección de los derechos fundamentales.

El razonamiento expuesto en dicho fallo constitucional, además de aplicar los métodos de


interpretación constitucional sistemática, finalista, adecuadora y según la voluntad del constituyente,
se fundó en el antecedente de la prórroga de mandato contenida en el parágrafo IV de la Disposición
Transitoria Primera de la CPE, que ante una eventual e inminente acefalía de autoridades
subnacionales, Prefectos, Alcaldes y Concejales, dispuso extender sus mandatos constitucionales en
resguardo de un normal desarrollo y funcionamiento de dichas instancias públicas, evitando además
la afectación de los derechos fundamentales de la ciudadanía en general; dado que, una interpretación
contraria, generaba un inminente vacío de poder en las instancias subnacionales; razón por la que, se
determinó la prórroga de mandato de Alcaldes, Concejales Municipales y Prefectos de Departamento,
hasta la posesión de las nuevas autoridades electas; medida asumida igualmente bajo los criterios de
excepcionalidad, temporalidad, justificación objetiva y con un fin constitucional.

Como fue señalado en dicha Resolución Constitucional, la indicada medida constituyó un


instrumento destinado a reforzar y reafirmar el principio de soberanía constitucional y de sistema
representativo, que se traduce en mantener a las autoridades designadas por voto popular (no otras),
mediante la prórroga de su mandato como instrumento –temporal, mientras se eligen a las nuevas
autoridades–, hasta que el pueblo boliviano exprese su voluntad (también mediante el voto) para
constituir a las nuevas autoridades, conforme al mandato constitucional; lo que a su vez tiende a
evitar que los demás órganos del poder público interfieran en la designación o nombramiento directo
de las autoridades electas, en cumplimiento de lo estatuido en el art. 12.I y III de la CPE, en cuanto a
la independencia y separación de los Órganos del poder público y la prohibición de que sus funciones
puedan ser reunidas en un solo órgano, o delegadas entre sí; en otros términos, no persigue ningún
interés particular, ni se emplea para beneficiar a alguna de las autoridades electas.
Los antecedentes legislativos, constitucionales y jurisprudenciales referidos son aplicables, por
analogía, ante cualquier posible vacío de poder por ausencia de un órgano del Estado, incluyendo al
Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional –el primero que tiene igual jerarquía que los
demás, y el último, si bien no forma parte del Órgano Judicial, es el órgano que concentra el ejercicio
de la jurisdicción constitucional sobre todos los demás, incluso respecto del propio Órgano Judicial, a
través de las distintas acciones constitucionales previstas en la misma Constitución o la Ley–; ello
tomando en cuenta que, el mandato de sus máximas autoridades también deriva –por delegación– del
soberano, expresado en las urnas, con mayor razón si las funciones delegadas a estos tiene que ver
con la observancia del deber de respecto y protección de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales consagrados en el bloque de constitucionalidad.

Como se anotó precedentemente, la SCP 0034/2020, precisó que la naturaleza jurídica de las
funciones jurisdiccionales y de aquellas vinculadas con dicha labor, descansa en la consolidación de
la participación política del pueblo boliviano, a través del ejercicio de la democracia representativa,
reconocida en el art. 11.II.2 de la Norma Suprema, es decir, en su elección por voto universal, directo
y secreto, configurándose, a su vez, en producto de la voluntad colectiva encaminada a garantizar la
independencia de los órganos del Estado y la imparcialidad judicial, al constituirse estos dos
elementos como los determinantes para modificar el modo de elección de las máximas autoridades de
justicia, tomando en cuenta su serio cuestionamiento hasta entonces, al estar encargada al órgano
político.

Es preciso señalar entonces que, al igual que las demás autoridades elegidas por voto popular, las
máximas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional tienen un periodo
de funciones (6 años) (arts. 183.I, 188.III, 194.III y 200 de la CPE), a cuyo vencimiento opera la
cesación de sus funciones, tal como se dispone en el art. 183.II de la Norma Suprema, en cuyo tenor
establece: “Las Magistradas y Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia cesarán en sus funciones
por cumplimiento de mandato…”; similares disposiciones se tienen en relación a las demás
autoridades de los citados órganos de justicia; es así que, a los efectos de la elección de nuevas
autoridades judiciales, es la propia Ley Fundamental la que asigna competencias específicas a otros
órganos para dicho cometido, Asamblea Legislativa Plurinacional (Preselección) y Órgano Electoral
Plurinacional (Elección).

Entonces, si bien es evidente que la Constitución Política del Estado regula el cumplimiento del
periodo de mandato como una de las causas para la cesación de las autoridades judiciales electas por
voto popular, en el entendido que los órganos encargados de la preselección y elección cumplan
oportuna y responsablemente con sus funciones, de manera que al cabo de los seis años se cuenten
con nuevas autoridades elegidas, también por voto popular; sin embargo, cuando el supuesto último
no acontece, de modo que a la culminación del periodo de mandato de las autoridades judiciales
salientes no se cuentan con las nuevas autoridades elegidas mediante sufragio universal, la indicada
regla –que regula la cesación de las autoridades salientes por cumplimiento de periodo de mandato–
no resulta aplicable, toda vez que se generaría un vacío de poder en el Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, afectando así los derechos fundamentales y las garantías
constitucionales de quienes acuden o quieran acudir al sistema judicial en general en búsqueda de
justicia, contrario al Estado Constitucional de Derecho.
Si bien dichos cargos de elección por voto popular solo corresponden a las máximas instancias
jurisdiccionales del Estado, incluyendo a las Consejeras y Consejeros de la Magistratura, debe
considerarse que todos ellos se constituyen en Tribunales de cierre, por lo tanto, con la única
competencia para conocer y resolver recursos ordinarios reconocidos en cada materia, pero también,
con competencia única para conocer determinadas acciones o demandas, mereciendo especial
atención la jurisdicción constitucional, al ser el Tribunal Constitucional Plurinacional el máximo
guardián de la Constitución Política del Estado, cuya ausencia generaría la inexistencia del control
constitucional; de manera que, el servicio jurisdiccional que prestan los indicados órganos de justicia
no puede ser suspendido y su prestación debe ser continua, siempre a través de autoridades elegidas
mediante voto popular, como establece la Constitución Política de Estado, correspondiendo en todo
caso, que los órganos constituidos y delegados al efecto, cumplan el mandato constitucional,
ejerciendo sus atribuciones conforme a lo estatuido en la Norma Suprema.

Como se señaló, el medio diseñado por la Ley Fundamental para asegurar la consolidación de los
principios de independencia judicial e imparcialidad en los órganos encargados de impartir justicia,
es otorgarle legitimidad en su conformación, estableciendo su elección por votación universal de las
altas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional. Por lo mismo, tal como
se señaló precedentemente, el principio democrático se encuentra vinculado a la participación
política del pueblo boliviano a través del ejercicio de la democracia representativa, lo que no puede
ser asimilado a un proceso eleccionario político partidario propiamente, como se lo hace con los
miembros que componen los otros órganos del poder público, entre ellos, el ejecutivo y legislativo;
sino que se establece una forma distinta y única, tal como se explicará posteriormente, con la
finalidad de asegurar la materialización de los principios de independencia entre órganos y el
principio democrático como forma de organización social.

En ese sentido, si al cumplimiento del periodo de mandato de las autoridades del Órgano Judicial y
del Tribunal Constitucional Plurinacional, la Asamblea Legislativa Plurinacional no cumplió con la
atribución reconocida en el art. 158.I.5 de la CPE, de preseleccionar a las candidatas o los candidatos
de los indicados órganos de justicia, y consiguientemente, el Órgano Electoral, tampoco llevó
adelante el proceso eleccionario, ello de ninguna manera puede generar la ausencia de las máximas
autoridades judiciales, porque reiteramos, generaría un vacío de poder atribuible únicamente a la
ineficacia de los órganos a quienes se reconoció competencias específicas en cuanto al proceso de
elección de tales autoridades de justicia, correspondiendo en todo caso, de manera excepcional y solo
hasta que se elijan y posesionen a las nuevas autoridades judiciales, disponer la prórroga de mandato
de las autoridades en ejercicio, a través del instrumento normativo correspondiente.

Dicho razonamiento también fue asumido por la Comisión Europea para la Democracia por el
Derecho (Comisión de Venecia), que recomendó la prorrogatio del mandato de los jueces
constitucionales cuyo período llegó a su fin y que no fueron reemplazados, como una herramienta
para preservar el pleno y eficaz funcionamiento de las instituciones democráticas del Estado.
Conforme se tiene señalado en las páginas 21 a 22 de la Opinión sobre la Reforma Constitucional de
2023, adoptada por dicha Comisión en su 136ª Sesión Plenaria, el 6 y 7 de octubre de 2023[7].

Un entendimiento contrario, por el que se establezca que a la conclusión de su periodo de mandato


las autoridades judiciales cesan automáticamente en sus funciones, sin que se cuenten con nuevas
autoridades elegidas y posesionadas, es contrario al fin y función esencial del Estado, de garantizar el
cumplimiento de los principios, valores, derechos y deberes reconocidos y consagrados en la
Constitución, comprendido en el art. 9.4 de la CPE, dejando en la incertidumbre a quienes acuden a
la justicia; o permitir que sea otro Órgano del Estado el que designe de manera interina y directa a
autoridades judiciales, contrariando los principios de independencia e imparcialidad, así como el
principio democrático y la seguridad jurídica.

III.7. Juicio de constitucionalidad

El Presidente en ejercicio del Tribunal Supremo de Justicia, efectúa consulta sobre la


constitucionalidad de: 1) Art. 2 del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto
de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, de 31 de agosto de 2023, alegando que
el mismo no establece un adecuado proceso de preselección, al acortar los plazos y no valorar el
mérito de los candidatos a autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional, impidiendo que estos sean los más idóneos, lo que resultaría contrario a los arts. 7 y
178.I de la CPE; y, 2) Disposición Adicional Sexta del mismo Proyecto de Ley, argumentando que la
suspensión de los plazos procesales, de las causas en los despachos de los magistrados salientes,
hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, interrumpe el servicio de administración de
justicia, delegado por el Constituyente al Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional;
siendo que, un órgano constituido como lo es la Asamblea Legislativa Plurinacional, no puede
suspender las funciones de otro órgano del Estado; que al disponerse la transitoriedad de las
funciones jurisdiccionales de las autoridades judiciales cuyo periodo concluye el 31 de diciembre de
2023, se pone en riesgo la soberanía del Estado, generando de esa manera una ruptura institucional,
pues la ausencia de magistradas y magistrados crea un vacío de poder en el Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, afectando la continuidad de los servicios de dicho órgano del
poder público, menoscabando el Estado de Derecho y generando incertidumbre; y, al establecer un
periodo de transición donde el personal subalterno asume las competencias de las altas autoridades,
debido a la falta de definición respecto a si la transición implica que el personal subalterno pueda
ejercer las competencias que normalmente corresponden a los magistrados, se afecta la transparencia
con la que se deben llevar a cabo las actividades de la función pública; por lo que dicha norma sería
contraria a los arts. 7, 9. 4, 12, 115, 122, 178.I y 185 de la Norma Suprema.

III.7.1. Sobre la legitimación activa

Previo a ingresar al análisis de constitucionalidad resulta necesario establecer el


cumplimiento de la legitimación activa de la autoridad consultante; en ese orden, corresponde
remitirnos a lo establecido por el art. 202.7 de la CPE, en cuyo tenor establece que entre las
atribuciones conferidas por el constituyente al Tribunal Constitucional Plurinacional, está la de
conocer y resolver las consultas de la Presidenta o del Presidente del Estado, de la Asamblea
Legislativa Plurinacional, del Tribunal Supremo de Justicia o del Tribunal Agroambiental sobre la
constitucionalidad de proyectos de ley. La decisión del Tribunal Constitucional es de cumplimiento
obligatorio.

Norma que en desarrollo legislativo fue complementada por el art. 112 del CPCo, la cual establece
que los legitimados para presentar consultas sobre la constitucionalidad de proyectos de ley, son:
“1. La Presidenta o Presidente del Estado Plurinacional, cuando se trate de proyectos cuya iniciativa
tienen su origen en el Órgano Ejecutivo.

2. La Presidenta o Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional, tratándose de Proyectos de


Ley, cuando fuere aprobada por Resolución del Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional o una
de sus Cámaras, por dos tercios de los miembros presentes.

3. Para Proyectos de Ley de Materia Judicial, la Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo
de Justicia o del Tribunal Agroambiental, previa aprobación por la Sala Plena respectiva” (las
negrillas son agregadas).

En tal sentido, se tiene que el Código Procesal Constitucional previó detalladamente


qué autoridades cuentan con legitimación activa para interponer consultas sobre la constitucionalidad
de proyectos de ley, y bajo qué condiciones deben hacerlo; mismas que deberán ser objeto de análisis
en fase de admisibilidad por parte de la Comisión de Admisión de este Tribunal, pero que sin
embargo; a efectos de evitar confusiones posteriores, corresponde que la misma sea aclarada.

En ese sentido, cabe señalar que la presentación de la consulta deberá ser activada por
quien se encuentre plenamente legitimado conforme a lo previsto en el art. 112 del CPCo
precedentemente glosado; fin para el cual, la Presidencia del Estado, de la Asamblea Legislativa
Plurinacional o de los Tribunales Supremo de Justicia o Agroambiental, deberán adjuntar
indispensablemente cierta documentación que demuestre que la autoridad consultante ostenta la
calidad de: 1) Presidenta o Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia (tratándose de consultas de
proyectos cuya iniciativa tienen su origen en el Órgano Ejecutivo); 2) Presidenta o Presidente de la
Asamblea Legislativa Plurinacional (tratándose de proyectos de ley); y, 3) Presidenta o Presidente de
los Tribunales Supremo de Justicia o Agroambiental (para proyectos de ley de materia judicial).

Debiendo además cumplir con la exigencia relativa a la aprobación de la remisión del respectivo
Proyecto de Ley en consulta a la que hacen referencia los numerales 2 y 3 del art. 112 de la Norma
Procesal Constitucional; es decir, en caso de tratarse de la Presidenta o Presidente de la Asamblea
Legislativa Plurinacional, contar con la aprobación de la remisión del Proyecto de Ley en consulta
por Resolución del Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional o de una de sus Cámaras, por dos
tercios de los miembros presentes; asimismo, cuando se pretenda efectuar la consulta sobre proyectos
de ley en materia judicial, la autoridad consultante necesitará la referida aprobación de remisión de
Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia o en su caso, de la Sala Plena del Tribunal
Agroambiental, siendo necesario en ambos casos acompañar la documental que demuestre que se
cumplió con la respectiva aprobación de remisión.

En ese orden, en el caso analizado, es posible identificar que tal como se explicó en el AC
0437/2023-CA de 28 de septiembre, emitido a tiempo de la admisión de la presente causa; en cuanto
a la legitimación activa exigida por el art. 112.3 del CPCo, el consultante argumentó que la
Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley enviado en consulta, tiene directa relación con la
impartición de justicia que ejerce el Órgano Judicial y específicamente el Tribunal Supremo de

Ó
Justicia, porque se aplica a las autoridades que conforman el nivel más alto de dicho Órgano Judicial
y del Tribunal Constitucional Plurinacional, ya que se encuentra directamente relacionada con la
destitución de sus cargos, sin la creación de una comisión de transición, debido a motivos políticos,
poniendo en peligro el funcionamiento mismo del Órgano Judicial, al impedir el ejercicio de la
jurisdicción, con lo que considera que quedó demostrado que se trata de un Proyecto de Ley relativo
a materia judicial, al afectar el ejercicio de sus competencias.

A lo señalado, se complementa el hecho que el Presidente de la Cámara de Diputados, a través de


nota P. 773/2022-2023 de 6 de septiembre, remitió el Proyecto de Ley ahora consultado, al Presidente
del Tribunal Supremo de Justicia, a objeto de conocer su criterio técnico y jurídico.

Con tales antecedentes, es posible afirmar que conforme establece el art. 202.7 de la CPE, la
Presidenta o Presidente del Tribunal Supremo de Justicia cuenta con legitimación activa para
interponer consulta sobre la constitucionalidad de un proyecto de ley, pues art. 122.3 de la Norma
Suprema reconoce dicha capacidad a la mencionada autoridad, empero, limitada a Proyectos de Ley
en materia judicial. Ante lo cual, corresponde analizar si el cuerpo normativo ahora analizado, tiene
incidencia o se relaciona con dicha materia.

El art. 1 del Proyecto de Ley ahora analizado establece que dicho cuerpo normativo tiene por objeto
regular las elecciones judiciales 2023-2024; de cuyo contenido, a más de extrañar la mención de la
gestión 2023 que corresponde al mandato legal encargado a los Magistrados, y que por lo tanto, no
merecía ningún tipo de tratamiento dispositivo; sin embargo de ello, retomando el análisis
correspondiente a la legitimación activa, se establece que la constitución y estructuración de las
máximas autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, así como la
organización y el desarrollo del proceso de preselección y elección, cumplimiento de plazos y
conformación oportuna de este Órgano como del de justicia constitucional, así como la transición de
funciones de los Magistrados y Consejeros en actual ejercicio a las nuevas autoridades electas que
ocuparan dichos cargos y la continuidad del servicio judicial; son en definitiva aspectos inherentes a
la justicia; extremo reconocido por la propia Cámara de Diputados, que a través de la nota P. N°
773/2022-2023 de 6 de septiembre, determinó remitir ante el Presidente del Tribunal Supremo de
Justicia, para su conocimiento y fines consiguientes, del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023,
denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, a objeto de
conocer el criterio técnico y jurídico de la institución que representa; ante lo cual, dicha autoridad,
previa autorización de su Sala Plena en Sesión Ordinaria de Sala Plena de 13 de septiembre de 2023
(fs. 2 a 6), interpuso a esta instancia constitucional, la presente Consulta del Proyecto de Ley
señalado, para control de constitucionalidad.

Lo señalado precedentemente, demuestra el cumplimiento de la legitimación activa que inviste al


Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, actual autoridad consultante, de quien se adjuntó la
correspondiente Credencial otorgada por el Órgano Electoral Plurinacional (fs. 7).

Consiguientemente, una vez determinado como está el cumplimiento de la legitimación activa, al ser
evidente que el Proyecto de Ley consultado se encuentra directamente vinculado con materia judicial,
y con el cumplimiento de los demás requisitos exigidos por las normas precedentemente glosadas,
corresponde a continuación, ingresar al análisis de fondo consultado. Tarea que será desarrollada a
continuación.

III.7.2. Atribución del Tribunal Constitucional Plurinacional para realizar control de


constitucionalidad

Por disposición del art. 196.I de la Ley Fundamental, el Tribunal Constitucional Plurinacional vela
por la supremacía de la Constitución Política del Estado y, en ese orden, ejerce el control de
constitucionalidad y precautela el respeto y la vigencia de los derechos fundamentales y las garantías
constitucionales; funciones que siendo propias de la justicia constitucional se traducen en el ejercicio
de atribuciones específicas entre las que se encuentra, la de conocer y resolver en única instancia los
asuntos de puro derecho sobre la inconstitucionalidad de leyes, estatutos autonómicos, cartas
orgánicas, decretos y todo género de ordenanzas y resoluciones no judiciales, así se tiene precisado
en el art. 202.1 de la CPE.

Conforme a lo señalado en el art. 73 del CPCo, se establecen dos tipos de acción de


inconstitucionalidad: 1) De carácter abstracto, contra leyes, estatutos autonómicos, cartas orgánicas,
decretos, ordenanzas y todo género de resoluciones no judiciales; y, 2) De carácter concreto, que
procede en el marco de un proceso judicial o administrativo cuya decisión dependa de la
constitucionalidad de leyes, estatutos autonómicos, cartas orgánicas, decretos, ordenanzas y todo
género de resoluciones no judiciales.

Así, si la acción es de carácter abstracto, sólo podrán interponerla la Presidenta o Presidente de la


República, Senadoras y Senadores, Diputadas y Diputados, Legisladores, Legisladoras y máximas
autoridades ejecutivas de las entidades territoriales autónomas; normas constitucionales sobre las
cuales el legislador ha desarrollado la legitimación activa, conforme se tiene previsto en el art. 74 del
Código Procesal Constitucional (CPCo) –Ley 254 de 5 de julio de 2012–, que establece un texto
similar. En tanto que, si la acción es de carácter concreto, las personas legitimadas para interponerla
son la jueza, juez, Tribunal o autoridad administrativa que, de oficio o a instancia de una de las
partes, entienda que la resolución del proceso judicial o administrativo, depende de la
constitucionalidad de la norma contra la que se promueve la acción (art. 79 del CPCo).

Ahora bien, el Tribunal Constitucional Plurinacional, tiene entre sus atribuciones realizar el control
de constitucionalidad de carácter abstracto y concreto, el primero de los mencionados, tal como se
explicó precedentemente, es posible presentar contra normas con características de abstracción,
obligatoriedad y generalidad, que no se encuentran vinculadas a ninguna problemática concreta; y
por lo mismo, la legitimación activa se encuentra limitada solamente a algunas autoridades; en
cambio la acción de inconstitucionalidad de carácter concreto, procede solamente vinculado a un
caso en concreto, por lo tanto, puede solicitar dicho control, cualquier persona que se sienta
agraviada por la aplicación de una norma que considera inconstitucional, y que se vaya a aplicar a un
proceso judicial o administrativo, del cual es parte.
En el caso analizado, el control previo de constitucionalidad de proyectos de ley encuentra su
naturaleza jurídica, dentro del control abstracto, dado que no está vinculado a ningún caso en
concreto, extremo que obliga a las autoridades que integran el Tribunal Constitucional Plurinacional
a resolver las cuestiones consultadas dentro de ese marco, al comprender que la normas analizadas
contienen las características antes anotadas, aun cuando las mismas en este caso, coincida con el
desarrollo de sus actividades, sin embargo, ello no implica la existencia de un caso en concreto del
cual sean parte interesada, al contrario, esta situación excepcional, que crea un precedente
constitucional, se constituye en una regla aplicable para casos análogos que pudieren suscitarse
posteriormente; pues al margen de no existir otra instancia que realice dicho control y no siendo
posible la existencia de ámbitos exentos de control de constitucionalidad, corresponde a las
autoridades que a su turno, se encuentren a cargo de dicho control, pronunciarse sobre todos los
asuntos sometidos a su competencia, dado que es el órgano llamado a velar por la supremacía de la
Constitución.

III.7.3. Análisis del art. 2 del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de
Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”

El art. 2 cuestionado por la autoridad consultante, establece la finalidad de dicho cuerpo


normativo, determinado que la misma es: “Garantizar el desarrollo de las elecciones judiciales 2023-
2024, dentro de lo establecido en la Constitución Política del Estado y la Sentencia Constitucional
Plurinacional N° 0060/2023 de 31 de julio de 2023”.

Con relación a la previsión contenida en este artículo, se argumenta que a pesar de su aparente
conformidad con lo determinado por la SCP 0060/2023 de 31 de julio de 2023, en cuyo tenor
establece que la regulación o limitación de los derechos fundamentales debe ser realizado únicamente
mediante una ley que materialice el principio democrático; sin embargo, el mencionado artículo
carece de legitimidad material por la falta de un adecuado proceso de preselección de las altas
autoridades judiciales, puesto que acorta sus plazos y no valora el mérito de los candidatos, lo que
resulta contradictorio con los fundamentos contenidos en la ratio decidendi de la citada Sentencia
Constitucional Plurinacional porque dicho proceso debe considerar tanto la legalidad formal como la
material, que debe concretizarse con el cumplimiento de un proceso de preselección legítimo, lo que
no fue infringido en el Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley
Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”; de tal manera que, se encuentra en antinomia
con los principios de legalidad y reserva legal en sentido material, dispuesto en el art. 109 de la CPE.

Agrega que la SCP 0060/2023, estableció que la naturaleza, relevancia y alcance de ciertos actos,
demandan que su regulación se realice mediante un instrumento normativo que cumpla con los
criterios de validez no solo formales, sino sobre todo en términos de legitimidad, lo que resulta
esencial para garantizar el principio democrático que debe guiar todas las acciones del poder público;
y aunque sea válido imponer restricciones al ejercicio de los derechos fundamentales en aras del
interés general, el orden jurídico y otros factores, dichas limitaciones solo pueden ser impuestas a
través de una ley en sentido formal y material.

Señala que el referido fallo constitucional detalló en sus Fundamentos Jurídicos III.5 y III.6.2, que la
atribución concedida a la Asamblea Legislativa Plurinacional en el art. 158.I.5 de la CPE, vinculada a
la preselección de candidatos para el Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de
Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura, debe ejercerse exclusivamente a
través de una ley formal y material; lo cual, se justifica por la relevancia de la conformación de las
máximas autoridades judiciales, cuyas condiciones de preselección y elección deben ser definidas de
manera detallada por una ley con dichas características.

Finaliza manifestando que la Asamblea Legislativa Plurinacional incumplió con su obligación de


promulgar una ley sustantiva que regule dicho proceso, y como resultado de ello, el propósito del
Proyecto de Ley, no se ajusta a lo establecido en la SCP 0060/2023, pues desde una perspectiva
material no se garantiza un proceso de preselección con plazos adecuados para posibilitar que los
preseleccionados sean los candidatos más idóneos, de manera que se trata de una Ley que constituye
una propuesta meramente formal que, en lugar de garantizar materialmente la designación de las altas
autoridades judiciales.

Ahora bien, explicados como están los argumentos expuestos por el consultante, corresponde a este
Tribunal, ingresar al análisis de constitucionalidad, atendiendo a los extremos expuestos en la
demanda.

Así, a efectos de realizar un adecuado análisis constitucional del artículo 2 del Proyecto de Ley
cuestionado, resulta necesario revisar el tipo de dispositivo legal que contiene el mismo, cuyo tenor
establece que la finalidad del cuerpo legal, es “Garantizar el desarrollo de las elecciones judiciales
2023-2024, dentro de lo establecido en la Constitución Política del Estado y la Sentencia
Constitucional Plurinacional Nº 0060/2023 de 31 de julio de 2023”; lo que equivale a decir, ajustando
el desarrollo de las elecciones judiciales a la Constitución Política del Estado, así como a lo
determinado en el la SCP 0060/2023 como parámetro de constitucionalidad, denotando la estructura
de una norma de carácter declarativo.

Las normas de carácter declarativo son las disposiciones que establecen principios fundamentales,
valores o derechos; más no, contienen reglas específicas para su aplicación, tan solo sirven de pauta
de interpretación, que otorgan coherencia interna a todo el ordenamiento jurídico y actúan al inicio de
la acción normativa.

Las normas declarativas de sujeción a la Constitución Política del Estado son disposiciones legales
que establecen la obligación de que todas las demás normativas, acciones y entidades y respeten los
principios y preceptos consagrados en la Constitución de un país. Estas normas subrayan la
importancia de la supremacía constitucional, asegurando que cualquier otra norma o actuación debe
estar en conformidad con lo establecido en la Norma Fundamental.

En esencia, estas normas reafirman el papel fundamental de la Constitución como la ley suprema que
rige el ordenamiento jurídico de un Estado y establece las bases para su funcionamiento, y su
propósito es garantizar la coherencia y armonización de las leyes y acciones dentro de marco
constitucional.
De lo señalado, es posible concluir que las normas previstas en el art. 2 del Proyecto de Ley
analizado, tienen una finalidad declarativa de sujeción a la Constitución y a la SCP 0060/2023; y por
lo mismo, considerando el principio de supremacía constitucional consagrado en el art. 410.II de la
CPE, en cuyo tenor dispone que la Constitución es la norma suprema del ordenamiento jurídico
boliviano y goza de primacía frente a cualquier otra disposición normativa, la misma resulta
conforme a los parámetros constitucionales, dado que no contraviene lo establecido en el precitado
artículo al disponer que el Proyecto de Ley se enmarcará en lo establecido por la Norma Fundamental
así como lo determinado por la SCP 0060/2023.

La Constitución por ser la norma suprema del Estado y por devenir de la función constituyente, a
diferencia de las demás normas del ordenamiento jurídico, tiene dos cualidades esenciales, a saber: su
operatividad en el tiempo, principio en virtud del cual se articula su segunda cualidad, referente a la
aplicación inmediata a todas las situaciones existentes y pendientes de resolución. A partir de estas
dos cualidades esenciales se establece otro principio fundamental cual es el efecto de irradiación de
la Constitución en el ordenamiento jurídico, postulado a partir del cual, esta norma suprema informa,
integra y sistematiza armoniosamente a todo el cuerpo normativo existente.

En ese orden, la disposición contenida en el art. 2 del Proyecto de Ley ahora analizado, establece un
orden correcto normativo rector, el cual indiscutiblemente debe estar conformado por la Constitución
Política del Estado vigente y lo determinado en la jurisprudencia constitucional contenida en la SCP
0060/2023, se entiende esta última, como fuente directa del derecho, y por lo mismo, demanda su
cumplimiento obligatorio por parte del Órgano emisor del Proyecto normativo, como es la Asamblea
Legislativa Plurinacional.

Es así, que a partir de dichos entendimientos, es posible concluir que el art. 2 del Proyecto de Ley
C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”; es acorde a la Constitución Política del Estado y cumple lo establecido en la SCP
0060/2023, porque resguarda el principio de supremacía constitucional; y por lo mismo, es
constitucional.

Sin perjuicio de lo señalado, cabe aclarar que no resulta suficiente la consignación de dicho texto en
el Proyecto analizado; sino que sobretodo es necesario e imprescindible que dicha previsión sea
efectivamente cumplida a lo largo de toda la normativa contenida en el Proyecto de Ley.

III.7.4. Juicio de constitucionalidad por conexitud

No obstante la evidente constitucionalidad del art. 2 analizado, resulta necesaria atender a los demás
argumentos de inconstitucionalidad expuestos por la autoridad consultante; los cuales se basan en que
el artículo mencionado del Proyecto de Ley, carecería de legitimidad material por la falta de un
adecuado proceso de preselección de las altas autoridades judiciales, dado que acorta los plazos para

Ó
la preselección de las altas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional y
no valora el mérito de los candidatos, infringiendo el principio de reserva de ley al contradecir los
fundamentos contenidos en la ratio decidendi de la SCP 0060/2023, en la que se estableció que la ley
a emitirse, debe considerar tanto la legalidad formal como la material, elementos que resultan
esenciales para garantizar el principio democrático que debe guiar las acciones del poder público; y
por lo mismo, el Proyecto de Ley no garantizaría el proceso de preselección de candidatos con plazos
adecuados para posibilitar que los preseleccionados sean los más idóneos.

Conforme a lo señalado precedentemente, el motivo de denuncia de inconstitucionalidad denunciado


contra el art. 2, es el acortamiento de plazos de las etapas de preselección y elección, los cuales
resulta necesario analizarlos por conexitud ante la clara denuncia de que su acortamiento vulnera los
principios de reserva de ley y democrático, los cuáles se encuentran expresamente consagrados en los
siguientes artículos del mismo Proyecto de Ley, conforme a los siguientes textos:

ARTÍCULO 14. (RUTA CRÍTICA Y CRONOGRAMA).

I. La fase de preselección se desarrollará de la siguiente manera:

a) Publicación de Convocatoria (1 día).

b) Presentación de Postulantes (15 días).

c) Verificación de requisitos habilitantes y específicos; y de méritos (10 días).

d) Publicación de los postulantes (1 día).

e) Presentación de impugnaciones (2 días).

f) Resolución de impugnaciones (4 días).

g) Aprobación de los Informe de Preselección y remisión al Presidente de la Asamblea Legislativa


Plurinacional (2 días).
h) Sesión de la Asamblea Legislativa Plurinacional para la aprobación o rechazo de los Informes de
Preselección por 2/3 de votos de los asambleístas presentes (hasta 8 días).

II. Remisión al Tribunal Supremo Electoral de la nómina de los postulantes preseleccionados (1


día).

ARTÍCULO 29. (IMPUGNACIÓN).

III. Las y los postulantes podrán impugnar su inhabilitación dentro del plazo de dos (2) días de la
publicación previsto en la presente Ley, adjuntando prueba idónea que desvirtúe la causa de su
inhabilitación.

ARTÍCULO 30. (RESOLUCIÓN DE IMPUGNACIONES).

I. La comisión mixta respectiva, posterior a la presentación de la impugnación, resolverá la


misma confirmando o revocando la habilitación o inhabilitación, mediante Resolución fundamentada,
en el plazo de cuatro (4) días.

ARTÍCULO 35. (SESIÓN DE ASAMBLEA PARA LA PRESELECCIÓN)

Recibidos los Informes finales de evaluaciones de las Comisiones Mixtas correspondientes, la


Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional en el plazo de 24 horas, convocará a Sesión de
Asamblea Legislativa Plurinacional para preseleccionar a las y los postulantes, pro voto de dos
tercios de las y los asambleístas presentes.

DISPOSICION ADICIONAL SÉPTIMA

II. A los efectos de la Elección Judicial 2023, los plazos establecidos en el art. 77 de la Ley N°
026 de Régimen Electoral, serán:

a) La postulación y preselección de postulantes, tendrá una duración de hasta cuarenta y cinco (45)
días calendario:
b) La organización y realización de la votación popular, con una duración de hasta noventa (90) días
calendario.

Así, ingresando al análisis de constitucionalidad de los artículos del Proyecto de Ley relativos a los
plazos procesales, corresponde de inicio recordar lo establecido por la SCP 0060/2023 de 31 de julio;
así como los principios de reserva legal en su contenido material y el democrático.

En ese orden, el precitado fallo constitucional resolvió la acción de inconstitucionalidad en la que se


demandó la inconstitucionalidad por la forma de la R.A.L.P. 007/2022-2023 de 20 de abril de 2023,
que aprobó el Reglamento y la Convocatoria Pública de Preselección de Candidatas y Candidatos
para la Conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia,
Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura (2023), y que concluyó declarando la
inconstitucionalidad de la norma impugnada, y por conexitud de la Ley 1513 de 5 de junio de 2023 –
Ley Transitoria para garantizar el proceso de preselección de candidatas y candidatos para la
conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal
Agroambiental y Consejo de la Magistratura; así como exhortó a la Asamblea Legislativa
Plurinacional, a cumplir con las funciones y atribuciones constitucionalmente previstas; y contribuir
en la generación de condiciones que garanticen el desarrollo de la preselección y elección de las
máximas autoridades judiciales y del Tribunal Constitucional Plurinacional, con carácter inmediato, a
partir de la notificación al personero del Órgano que generó la norma impugnada con el presente fallo
constitucional.

Entre los argumentos de la mencionada Sentencia, se reconoció que la facultad legislativa, en


ejercicio de las atribuciones constitucionalmente atribuidas a la Asamblea Legislativa Plurinacional,
queda reservada para dicha instancia, como la única con facultad de aprobar y sancionar leyes que
rigen para todo el territorio boliviano; disposición que guarda coherencia con lo dispuesto en el art.
158.I.3 de la propia Constitución, en cuyo texto establece como atribución de la Asamblea
Legislativa Plurinacional: “Dictar leyes, interpretarlas, derogarlas y modificarlas”. De manera que es
la Asamblea Legislativa Plurinacional, como instancia representativa del Órgano Legislativo
Plurinacional, la llamada a emitir leyes que rigen en todo el territorio del Estado, cumpliendo a tal
efecto, el procedimiento establecido por la propia Norma Suprema.

Agrega que a efectos de cumplir con el encargo constitucional, entendido como una obligación de
hacer, es a dicha instancia a la que le corresponde emitir leyes de carácter general y abstracto con
contenido normativo sobre una determinada materia; lo que, significa que sus actos están sujetos al
principio de reserva legal que la propia Constitución Política del Estado prevé; y por lo mismo, solo
pueden ser ejercitados a través de una ley en sentido formal y material, y su incumplimiento,
quebranta los principios de jerarquía normativa y de reserva de ley, que sumados al principio
democrático, sustentan el Estado Constitucional de Derecho.

Continúa señalando que la ley, entendida como la norma jurídica que regula los actos de y las
relaciones humanas, dictada por autoridad pública competente, con potestad legislativa, que de
acuerdo al orden constitucional vigente (en el ámbito nacional) es la Asamblea Legislativa
Plurinacional, conforme a los procedimientos específicamente preestablecidos[8], no se limita a ese
aspecto únicamente, sino también al ámbito material o de contenido de la norma jurídica, consistente
en el objeto de la regulación de una serie de cuestiones de carácter general, imperativo y obligatorio.

El razonamiento de la Corte IDH, al referirse a la expresión –Leyes– en la Opinión Consultiva


6/86, concretó el siguiente entendimiento: “La ley en el Estado democrático no es simplemente un
mandato de la autoridad revestido de ciertos necesarios elementos formales. Implica un contenido y
está dirigida a una finalidad. El concepto de leyes a que se refiere el artículo 30, interpretado en el
contexto de la Convención y teniendo en cuenta su objeto y fin, no puede considerarse solamente de
acuerdo con el principio de legalidad (...). Este principio, dentro del espíritu de la Convención, debe
entenderse como aquel en el cual la creación de las normas jurídicas de carácter general ha de
hacerse de acuerdo con los procedimientos y por los órganos establecidos en la Constitución de cada
Estado Parte, y a él deben ajustar su conducta de manera estricta todas las autoridades públicas. En
una sociedad democrática el principio de legalidad está vinculado inseparablemente al de
legitimidad, en virtud del sistema internacional que se encuentra en la base de la propia Convención,
relativo al ejercicio efectivo de la democracia representativa, que se traduce, entre otros, en la
elección popular de los órganos de creación jurídica, el respeto a la participación de las minorías y la
ordenación al bien común”.

El principio de reserva legal, exige ciertos requerimientos esenciales para la aprobación de las
leyes, así como que el contenido mismo de éstas resguarde los principios, valores, derechos y
garantías consagrados en la Constitución Política del Estado, el bloque de constitucionalidad y la
jurisprudencia constitucional, extremos que no constituyen un mero cumplimiento de formalidades,
sino, en esencia, son una verdadera garantía del principio democrático, como canon legitimador y
regulador del poder público; cuya observancia importa además, la vigencia y eficacia de los derechos
consagrados en la Norma Suprema y el bloque de constitucionalidad; dado que, conforme lo
estableció la Corte IDH, en una sociedad democrática los derechos y libertades inherentes a la
persona, sus garantías y el Estado de Derecho constituyen una tríada, en la que cada componente se
define, completa y adquiere sentido en función de los otros.[9]

En ese sentido, la SCP 0060/2023, estableció el siguiente entendimiento: “…sobre el


principio democrático, en virtud del cual, en un Estado Democrático de Derecho, como el boliviano,
las libertades y garantías constitucionales, y por tanto convencionales, se encuentran garantizadas
no solo por las medidas adoptadas por los órganos de Poder al efecto, sino también, por la debida
observancia y respecto de los límites y las formas determinadas para que estos órganos materialicen
el poder público que les fue conferido por el soberano, a través del ejercicio de las atribuciones
reconocidas constitucional y legalmente a éstos.

En ese mérito, en la presente demanda, se invoca una presunta transgresión del principio de reserva
legal; toda vez que, la normativa desarrollada para la regulación del aludido proceso de
preselección de las y los candidatos para la conformación del Órgano Judicial y el Tribunal
Constitucional Plurinacional, hubiere sido creada, justamente en prescindencia de tal principio, y,
por tanto, en vulneración de los principios de jerarquía y supremacía constitucional.

(…)
Ahora bien, en el caso, a los fines de poder verificar el cumplimiento de los criterios de validez para
la aludida permisibilidad de regulación, y, por tanto, la vulneración del invocado principio de
reserva de ley, debemos remitirnos al contenido y naturaleza de las previsiones normativas
contenidas en la Reglamentación cuestionada, así, de acuerdo al desarrollo efectuado en el apartado
III.6.2 del presente fallo, en contraste con la naturaleza del ejercicio de las funciones de las altas
autoridades referenciada supra, sin lugar a dudas, las previsiones contenidas en el cuestionado
Reglamento, tienen por inequívoca vocación la regulación del derecho de las y los ciudadanos
bolivianos, de concurrir como elector o elegible a la formación y al ejercicio de funciones en los
órganos del poder público; y por tanto, el derecho a ejercer funciones públicas sin otro requisito
que la idoneidad, ambos consagrados en el art. 144.II de la Norma Suprema; los cuales, se
constituyen en los conceptualizados derechos políticos, cuya observancia es de vital importancia
para la vigencia de todo Estado Democrático, dado que, conforme se desarrolló en fundamentos
precedentes, su efectividad constituye un fin en sí mismo y, a la vez, un medio fundamental que las
sociedades democráticas tienen para garantizar los demás derechos.

En tal sentido, del contenido del Reglamento cuestionado, ab initio, se tiene que, desde el objeto se
alude a la regulación de un proceso electoral - democrático, en este caso de los procesos de
preselección de candidatas y candidatos al Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo
de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura, en todas sus etapas; lo que
implica la regulación del ejercicio del derecho político en su esfera pasiva de los eventuales
postulantes de conformar las citadas instancias judiciales, dado que, según manda la Constitución
(art. 158.I.5), la Asamblea Legislativa Plurinacional tiene la atribución de: “Preseleccionar a las
candidatas y a los candidatos para la conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional,
Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura”; por tanto, la
intervención legislativa a realizarse en la materia, sin duda regulará aquella posibilidad de
postulación, tal cual se advierte del art. 18 y ss., del referido instrumento, que disciplina
normativamente, los requisitos comunes y específicos que las y los postulantes deberán cumplir de
acuerdo al cargo al que postulen, así como el respectivo trámite de inhabilitación ante su
incumplimiento.

Entonces, la naturaleza, relevancia y alcance de determinados actos exigen que su regulación sea
dictaminada a través de un instrumento normativo que cumpla con los criterios de validez no solo
formal; sino, principalmente de legitimidad exigidos constitucional y convencionalmente, en
observancia del principio democrático que debe permear todos los actos del poder público, pues si
bien es cierto que pueden imponerse límites al ejercicio de los derechos fundamentales para
preservar la prevalencia del interés general, la primacía del orden jurídico y otros factores, no es
menos evidente que, en aplicación del principio de reserva legal, esas limitaciones solo pueden ser
impuestas mediante una ley en sentido formal.

En tal sentido, conforme se explicó los Fundamentos Jurídicos III.5 y III.6.2 de este fallo, la
atribución reconocida en el art. 158.I.5 de la CPE, a la Asamblea Legislativa Plurinacional,
referida a la preselección de candidatas y candidatos para la conformación del Tribunal
Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la
Magistratura; en observancia del art. 109.II constitucional, solo puede ser ejercida únicamente
mediante una ley en sentido formal y material, ello tomando en cuenta que tal facultad tiene que ver
con la conformación de las máximas autoridades de justicia, cuyas condiciones para su preselección
y elección deben estar reguladas mediante ley, más aún, si a través de ella, es posible advertir
limitaciones a los derechos fundamentales de los posibles postulantes, exigencia que en el caso de
análisis, no fue cumplida por la Asamblea Legislativa Plurinacional, porque la norma cuestionada
solo fue aprobada a través de una Resolución interna de la indicada instancia, sobre la base de la
facultad reglamentaria interna que le reconoce la propia Constitución, únicamente para asuntos
relacionados a su organización y funcionamiento.

La citada omisión, es decir, la inobservancia del principio de reserva legal para la regulación de los
derechos consagrados en la Norma Suprema; y en específico, el contenido sobre la materia, en la
parte in fine del art. 144.II de la CPE, el cual de manera expresa determina que, la ciudadanía
consiste en el derecho a ejercer funciones públicas sin otro requisito que la idoneidad, salvo las
excepciones establecidas en la ley; de conformidad al precedente concretado en el Fundamento
Jurídico III.7, en virtud del cual, el exigido principio de legalidad o reserva legal para la limitación
de derechos fundamentales, implica además, que la normativa desarrollada por el legislador al
efecto, cumpla con los criterios que disciplinan la creación formal de ésta (162 y ss. de la misma
Norma Suprema); acarrea la manifiesta invalidez constitucional formal de la norma reglamentaria
cuestionada, y por tanto, la vulneración de los derechos políticos, que en el caso, fueron regulados,
ergo, limitados en prescindencia de tales criterios”.

(las negrillas corresponden al texto original).

A la luz del caso concreto y en el marco de los alcances del sistema constitucional de protección de
DD.HH. y en virtud a los pilares esenciales que fundamentan el Estado Constitucional de Derecho,
corresponde analizar la concepción del principio de reserva legal en el Estado Plurinacional boliviano
vinculado al principio democrático. En esta perspectiva, este es concebido como el elemento rector
del orden vigente, en virtud del cual, los gobernantes y gobernados se someten, no solamente a la ley
formal sino al orden jurídico vigente, que por jerarquía normativa se encuentra conformado por el
bloque de constitucionalidad imperante y las leyes tanto en sentido formal como en sentido material,
en ese contexto, es preciso aclarar que la ley formal es aquella que emana de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, por el contrario, la ley material es aquella que cumple con el requisito de contenido
referente a la generalidad.

Entonces, de lo expuesto se tiene que, el principio de reserva legal tiene una connotación de validez
no solamente formal sino también material o de contenido. Por tanto, se tendrá vulnerado este
principio, cuando la autoridad pública se aparte del orden interno armonioso en su contenido con las
normas tanto de la Constitución Política del Estado; de los precedentes constitucionales que
constituyen fuente directa del Derecho y pauta de interpretación de las normas constitucionales, así
como del bloque de constitucionalidad.

En lo respecta al principio democrático que impera en todo Estado Constitucional de Derecho como
forma de organización social, como el que constituye Bolivia, tiene una inevitable conexión con la
participación política, dado que la base de todo régimen constitucional es la expresión de la voluntad
ciudadana, como sujeto de derechos y obligaciones y solo adquiere sentido en un orden democrático
a través del ejercicio efectivo de la participación democrática.

Ó
Así en el caso, la naturaleza del ejercicio de funciones de las Altas Autoridades del Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, descansa en la consolidación de la participación política del
pueblo a través del ejercicio de la democracia representativa, dada su forma de elección por voto
universal, directo y secreto, encaminada a garantizar la independencia de los órganos del Estado, así
como al imparcialidad del Judicial; prohibiendo cualquier otra voluntad con menor entidad,
entorpecer, corromper, envilecer o transgredir esa voluntad popular, obligando a su respeto absoluto
dada la materialización de la voluntad popular en todas las etapas de selección y elección de
Magistrados, que deben ser resguardadas a través de una ley que garantice la voluntad popular.

Dicho ello, corresponde a continuación revisar; de un lado, si el acortamiento de plazos previsto en el


Proyecto de Ley demandado, es evidente; y si fuera el caso, verificar de otro lado, si dicho extremo
lesiona los principios de reserva legal en su contenido material y el democrático, ambos vinculados
con el servicio judicial.

En ese contexto, una vez verificados los plazos contenidos en el art. 14 del Proyecto de Ley
analizado, se evidencia que establece la Ruta Crítica y Cronograma de la fase de preselección, a
computarse en días calendario, estableciendo que la Publicación de la Convocatoria deberá realizarse
en un día, para luego dar paso a la Presentación de postulaciones en los quince días siguientes;
debiendo verificarse los requisitos habilitantes generales y específicos, y de méritos en diez días; y
proceder a la publicación de las listas de postulantes habilitados en un día, otorgando dos días para la
presentación de impugnaciones que deberán ser resueltas en el tiempo máximo de cuatro días,
debiendo pasar para la aprobación de los Informes de Preselección y remisión al Presidente de la
Asamblea Legislativa Plurinacional en dos días, y después realizarse la Sesión de la Asamblea
Legislativa Plurinacional para la aprobación o rechazo de los Informes de Preselección por 2/3 de
votos de los asambleístas presentes dentro de los ocho días siguientes, para culminar dicha fase, con
la remisión al Tribunal Supremo Electoral de la nómina de los postulantes preseleccionados en un
día. Previendo de la sumatoria de todos ello, un tiempo total para esta fase, de cuarenta y cuatro días
calendario; norma concordante con lo establecido por la Disposición Adicional Séptima del mismo
Proyecto, en cuyo parágrafo segundo, aludiendo una modificación de los plazos establecidos en el
art. 77 de la Ley 026 del Régimen Electoral, prevé que serán para la postulación y preselección de
postulantes, con una duración de hasta cuarenta y cinco días calendario y para organización y
realización de la votación popular, con una duración de hasta noventa días calendario.

Ahora bien, a efectos de evidenciar si el Proyecto de Ley, en efecto acortó los plazos previstos por la
normativa legal en vigencia, corresponde remitirnos a lo prescrito por la Ley 026 del Régimen
Electoral, para la elección de autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional, en cuyo art. 77, establece las etapas del proceso electoral, dividiéndolas en dos:

a) La postulación y preselección de postulantes, con una duración de sesenta (60) días; y

b) La organización y realización de la votación, con una duración de noventa días (90) días.
Esta última previsión legal fue reformada por la Ley 929 de 27 de abril de 2017, de Modificación a
las Leyes 025 del Órgano Judicial, 027 del Tribunal Constitucional Plurinacional y 026 del Régimen
Electoral, determinando en su art. 4, en cuanto las etapas del proceso electoral de altas autoridades
del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, que el mismo, se divide en dos:

Artículo 77. (ETAPAS DEL PROCESO ELECTORAL).

El proceso de elección de altas autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional se divide en dos etapas:

a) La postulación y preselección de postulantes, con una duración de ochenta (80) días calendario.

b) La organización y realización de la votación popular, con una duración de al menos ciento


cincuenta (150) días calendario.

Este último inciso b) del 77 de la Ley 929, ya no se encuentra vigente, dada la modificación
efectuada por la Ley 1160 de 3 de abril de 2019, realizada sobre el parágrafo I del art. 94 de la Ley
026 del Régimen Electoral, estableciendo el siguiente tenor:

Artículo Único.- La presente Ley tiene por objeto modificar el Parágrafo I del Artículo 94 de la Leu
Nº 026 de 30 de junio de 2010, del Régimen Electoral, modificado por la Ley Nº 575 de 2 de octubre
de 2014 y la Ley Nº 929 de 27 de abril de 2017, quedando redactado de la siguiente manera:

“Artículo 94. (CONVOCATORIAS).

I. Los procesos electorales de mandato fijo establecidos en la Constitución Política del Estado,
serán convocados por el Tribunal Supremo Electoral mediante Resolución de Sala Plena, con una
anticipación de por lo menos ciento veinte (120) días a la fecha de la realización de la votación para
elecciones de autoridades nacionales del Estado Plurinacional, de autoridades políticas
departamentales, regionales y municipales. Para la elección de autoridades del Órgano Judicial y
del Tribunal Constitucional Plurinacional, la convocatoria será emitida con una anticipación
mínima de noventa (90) días. La convocatoria deberá garantizar que la elección de nuevas
autoridades y representantes, se realice antes de la conclusión del mandato de las autoridades y
representantes salientes”.
Lo glosado precedentemente, permite evidenciar la veracidad de lo sostenido por parte de la
autoridad consultante, con relación al acortamiento de plazos de la etapa de preselección, que los
reduce conforme se glosó precedentemente, en el art. 14 del Proyecto de Ley analizado, así como en
la Disposición Adicional Séptima en su segundo parágrafo, y las demás glosadas precedentemente,
concordantes con éstas; a cuarenta y cinco días calendario para la fase postulación; cuando la
normativa legal aplicable y vigente a la fecha, determinó dicha duración, para la primera etapa en
ochenta días calendario, concluyendo de dicho análisis en primer término, que es evidente la aludida
reducción considerable de los plazos correspondientes a la etapa de preselección.

Sin embargo, no resulta suficiente el parámetro de acortamiento de plazos para la etapa de


preselección de candidatos para determinar la incompatibilidad de la norma; sino que, debe
verificarse si dicha medida es contraria a los principios constitucionales invocados por el accionante;
como son el de reserva de ley en su contenido material y el democrático que debe guiar todas las
acciones del poder público y asegurar el normal funcionamiento del servicio judicial; para lo cual,
resulta necesario someter las normas relativas al acortamiento de plazos, al test de proporcionalidad;
teniendo presente que una disminución en el ejercicio de los derechos fundamentales, debe tener una
causa justificada y solo en la medida de lo necesario.

El mencionado principio de proporcionalidad se sustenta en la idea de vinculación de los poderes


públicos a los derechos fundamentales; por lo cual, una disminución en el ejercicio de los mismos
debe tener una causa justificada y solo en la medida necesaria. Este principio tiene su fundamento en
el carácter inviolable de los derechos fundamentales reconocido en el art. 13.I de la CPE y es
considerado como un criterio hermenéutico de imperativa observancia en el ejercicio de cualquier
competencia pública, por cuanto el ejercicio de un derecho fundamental no puede ser limitado más
allá de lo que sea imprescindible para la protección de otro derecho fundamental o bien jurídico
constitucional, con la finalidad de evitar el sacrificio innecesario o excesivo de los derechos
fundamentales.

El test de proporcionalidad se compone de tres reglas que constituyen los subprincipios de idoneidad
o adecuación, necesidad; y, proporcionalidad en sentido estricto; y por lo mismo, toda intervención
de los derechos fundamentales que no observe las exigencias de estos subprincipios es ilegítima, y
por tanto, debe ser declarada inconstitucional; en ese orden, se establecen las siguientes fases o
etapas para la realización del juicio correspondiente:

a) Si la medida limitativa o restrictiva de un derecho fundamental es idónea o adecuada para la


finalidad buscada con la misma, es decir, ser admisible con objetivos que puedan enmarcarse dentro
de las previsiones de la Constitución Política del Estado;
b) Ser necesaria para asegurar la obtención de los fines que fundamentan la restricción
constitucional, es decir, no basta que la restricción sea útil para la obtención de esos objetivos, sino
que debe ser la idónea para su realización, lo que significa que el fin buscado por el legislador no se
pueda alcanzar razonablemente por otros medios menos restrictivos de derechos fundamentales; y,

c) Ser proporcional en sentido estricto, la medida legislativa debe respetar una correspondencia
entre la importancia del fin buscado por la ley, y los efectos perjudiciales que produce en otros
derechos e intereses constitucionales, en el entendido de que la persecución de un objetivo
constitucional no puede hacerse a costa de una afectación innecesaria o desmedida a otros bienes y
derechos constitucionalmente protegidos.

Entonces, se debe determinar si la restricción regulatoria a un derecho fundamental es, en primer


lugar, idónea para contribuir a alcanzar un fin constitucionalmente legítimo; en segundo lugar,
necesaria, con la medida más favorable para el derecho intervenido de entre todas las medidas que
revistan la misma idoneidad para alcanzar el objetivo perseguido; y en tercer lugar, si resulta
proporcional, pues la importancia del objetivo que persigue la intervención en el derecho
fundamental debe estar en una relación adecuada con el significado del derecho intervenido; de modo
tal, que las ventajas que se obtengan mediante la intervención en el derecho fundamental deben
compensar los sacrificios que ello implica para su titular y para la sociedad en general; y de igual
manera, las restricciones deberán estar en consonancia con las demás disposiciones del ordenamiento
jurídico, incluidas las normas internacionales de DD.HH., y ser compatibles con la naturaleza de los
derechos amparados por la Constitución Política del Estado, en aras de la consecución de los
objetivos legítimos perseguidos, y ser estrictamente necesarias para promover el bienestar de una
sociedad democrática.

Ahora bien, previo a someter la norma analizada al test de proporcionalidad, resulta necesario aclarar
que cuando se identifiquen posibles acciones desproporcionadas que creen lesiones a derechos
fundamentales y/o garantías constitucionales, para evaluar tal delación, la jurisdicción constitucional
debe aplicar el test de proporcionalidad mediante una labor sistemática y metódica, pasando de una
etapa a la otra sólo en caso de haberse superado la precedente, ya que de no aprobar uno de los
eslabones, implica que la norma es contraria a la Constitución Política del Estado, por lo que resulta
insulso a innecesario pasar a las siguientes etapas.

Dicho ello, corresponde a continuación materializar la aplicación del test de proporcionalidad sobre
lo previsto por el art. 14 del Proyecto de Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado
“Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, concordante con los arts.
29.II, 30.I, 35 y Disposición Adicional Séptima en su parágrafo II; realizando el análisis sobre el
primer inciso del test; dado que, el segundo mantiene el plazo establecido en la Ley 1160, a efectos
de descubrir si la medida limitativa o restrictiva del derecho fundamental es idónea o adecuada para
la finalidad buscada con la misma, es decir, ser admisible con objetivos que puedan enmarcarse
dentro de las previsiones de la Constitución Política del Estado.

En ese orden, tal como se explicó precedentemente, la Asamblea Legislativa Plurinacional tiene el
deber de cumplir con las funciones y atribuciones constitucionalmente previstas, así como contribuir
en la generación de condiciones que garanticen el desarrollo de la preselección de las máximas
autoridades judiciales y del Tribunal Constitucional Plurinacional. Con ese cometido, el art. 77 de la
Ley del Órgano Electoral, modificado por el art. 4 de la Ley 929 –Ley de Modificación a las Leyes
025 del Órgano Judicial, 027 del Tribunal Constitucional Plurinacional y 026 del Régimen Electoral
de 27 de abril de 2017–, establece que la postulación y preselección de candidatos, debe tener una
duración de ochenta días calendario; regulando los plazos mínimos para la preselección y elección de
las autoridades, estableciendo para ello, como se señaló anteriormente, dos etapas; la primera de
proceso de preselección de candidatas y candidatos, cuya tarea se encuentra encomendada a la
instancia colegiada legislativa del país; y la segunda relativa al proceso de elección de esos cargos,
encargada exclusivamente al Órgano Electoral.

Cabe señalar que el proceso de preselección comprende como actividades principales, la emisión de
la convocatoria pública previa apertura de libros por Notario de Fe Publica; recepción de
postulaciones; verificación de requisitos y elaboración de informe sobre el cumplimiento de
requisitos habilitantes de los postulantes; solicitud y recepción de información de las entidades
públicas, con el objeto de verificar la veracidad de la información proporcionada por las y los
postulantes; publicación de listas de postulantes habilitados e inhabilitados; conocimiento y
resolución de manera fundamentada de las impugnaciones presentadas dentro de los plazos y
procedimiento establecidos; calificación de méritos de los postulantes habilitados; elaboración de la
nómina de postulantes habilitados e inhabilitados y el informe final detallado ante la Asamblea
Legislativa Plurinacional; además de la aprobación de la lista de preseleccionados para su
correspondiente remisión al Órgano Electoral.

El desarrollo de las actividades descritas no solo tiene que ver con las operativas a ser cumplidas por
el órgano encargado de llevar adelante el proceso correspondiente, sino principalmente, con asegurar
el respeto y vigencia del principio democrático, vinculado a la participación política; de manera que,
se hace necesario el establecimiento de tiempos mínimos que garanticen la materialización del citado
principio, a través del ejercicio de la democracia representativa, lo que hace que la elección de las
autoridades judiciales no pueda ser asimilada a un proceso eleccionario político partidario
propiamente, como se lo hace con los miembros que componen los otros órganos del poder público,
entre ellos, el Ejecutivo y Legislativo, sino que se establece una forma distinta y única, con la
finalidad de asegurar la materialización de los principios de independencia entre órganos y el
principio democrático como forma de organización social, estableciendo la misma constitución
inclusive dos etapas para ese efecto, una de preselección, asignada a la Asamblea Legislativa
Plurinacional, cuyo mandato debe ser ejercitado por dos tercios de votos, tal como se estableció en la
SCP 0060/2023, y la otra fase de elección propiamente dicha, a través del proceso electoral que será
llevado a cabo por el Órgano Electoral (arts. 158.I.5 y 182.II de la CPE); plazos mínimos que deben
respetarse porque obedecen a la observancia del principio de reserva de ley en su sentido material;
dado que de la revisión misma del contenido de las normas analizadas, se concluye que la reducción
de plazos impedirá en definitiva el ejercicio pleno de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, tanto de los candidatos, como del soberano que deberá emitir su voto con pleno
conocimiento de quienes presenten su postulación para acceder a los máximos cargos del Órgano
Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, que constituirán una pieza fundamental para el
resguardo del Estado Constitucional de Derecho, que se lo concibe, únicamente con la vigencia de
los cuatro Poderes del Poder Público, garantizando la elección de las autoridades judiciales idóneas
para ocupar los mencionados cargos, libres de toda injerencia político partidaria, cumpliendo con el
fin pretendido por el art. 12.I de la CPE.

En el intento de materializar el mandato constitucional para la preselección y elección de las nuevas


autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, tal como se demostró
precedentemente, se advirtió una tendencia a reducir los tiempos para la realización de las etapas de
postulación y preselección, siendo una muestra clara de ello, lo ya dispuesto en la Ley 1513 de 5 de
junio de 2023 –Ley Transitoria para Garantizar el Proceso de Preselección de Candidatas y
Candidatos para la Conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de
Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura–, que redujo a sesenta días calendario
la etapa de la postulación y preselección de postulantes, aclarando inclusive que dichos plazos son
máximos, dado que en el texto correspondiente se establece “de hasta”, que fue declarada
inconstitucional. Así como en el Proyecto de Ley ahora analizado que disminuye los mismos, aún
más, con cuarenta y cinco días calendario para la fase de postulación y preselección de postulantes.

Esa tendencia de reducir los plazos en la primera etapa, coloca en entredicho el respeto de los
derechos y garantías materiales de los eventuales postulantes a dichos cargos, afectando seriamente
los principios de publicidad y transparencia, y con ello, el principio de reserva legal en su contenido
material al establecer mediante una norma, que si bien eventualmente debe ajustar su aprobación a
una votación mínima de 2/3 de los miembros presentes de la Asamblea Legislativa Plurinacional,
pero no solo ello es suficiente; sino que, en su mismo contenido debe resguardar el ejercicio de los
derechos fundamentales y garantías constitucionales de las personas, lo que no ocurrirá en caso de
reducir los plazos procesales, porque afectará la legitimidad que debe tener el proceso electoral en las
elecciones judiciales; cuando en realidad debe garantizarse en todo caso que las nuevas autoridades
judiciales y del Tribunal Constitucional Plurinacional, sean elegidas en el marco de criterios de
publicidad, transparencia, idoneidad, responsabilidad, igualdad, equivalencia, plurinacionalidad,
meritocracia, imparcialidad, competencia y respeto a los derechos fundamentales, entre otros.

Pues si bien, la publicación de la convocatoria es viable realizarla en un día, sin embargo, la


presentación de las postulaciones en quince días, no resulta un tiempo razonable, en el entendido que
los candidatos de los diferentes departamentos, provincias y municipios del país, deben recabar una
serie de documentos a efectos de cumplir con los requisitos habilitantes y por lo mismo, la última
Convocatoria materializada para dichas autoridades otorgaba un plazo de veintinueve días para dicho
efecto, contados a partir del día siguiente hábil a la publicación de la convocatoria.

En cuanto a la fase de impugnación, el Proyecto analizado otorga el plazo de dos días para su
interposición; impugnaciones a las que además se debe adjuntar la prueba idónea que desvirtúe la
causa de su inhabilitación (art. 29.II del Proyecto de Ley), debiendo ser interpuesta después de la
publicación en medio escrito de las postulaciones habilitadas e inhabilitadas y ante la Presidencia de
la Comisión Mixta respectiva (art. 29.III del Proyecto de Ley). Existiendo la posibilidad además,
conforme prevé el siguiente parágrafo del mismo artículo, de que cualquier persona individual o
colectiva, incluidos los Asambleístas de la Cámara de Diputados y Senadores, puedan impugnar a las
y los postulantes, con fundamento y adjuntando prueba idónea, dentro del plazo establecido; pero
además dichas impugnaciones conforme al parágrafo V, deben plantearse de manera individualizada,
por cada postulante y en distintos documentos, no pudiendo impugnarse en una sola nota a varios
postulantes; término que en definitiva resulta insuficiente para garantizar el derecho a la impugnación
al que tienen derecho los postulantes, así como cualquier persona individual o colectiva incluidos los
Asambleístas de la Cámara de Diputados y Senadores, pese a tratarse de una garantía procesal
consagrada en la Constitución Política del Estado, e íntimamente vinculada con el derecho a la
defensa, que se encuentra universalmente reconocido y garantizado, cuyo propósito es recurrir de una
decisión ante el juez o tribunal superior, cuando una de las partes considera vulnerados sus derechos
reconocidos por la Constitución Política del Estado y las leyes; puesto que, la garantía a la doble
instancia admite el disenso con las determinaciones asumidas, permitiendo evaluar, revisar,
compulsar y en definitiva si corresponde, corregir los defectos existentes en la determinación
pronunciada, permitiendo un acceso irrestricto a la tutela judicial efectiva, y posibilitar se reclamen
aspectos específicos que considera injustos a sus pretensiones, con la finalidad de que se modifique,
revoque, deje sin efecto o anule la decisión cuestionada; de ahí que, la negativa o restricción en la
tramitación de una impugnación independientemente de la denominación que se le dé al recurso
existente para recurrir un fallo, afecta de manera trascendental el derecho a la defensa; puesto que, se
le quita a la parte afectada, la posibilidad de poder explicar o hacer conocer, los motivos por los
cuales considera que la determinación impugnada es vulneratoria de sus derechos; a más que en el
caso concreto, las mismas deben ser presentadas ante la Comisión Mixta de la Asamblea Legislativa
Plurinacional, que tiene su sede en la ciudad de La Paz.

Entonces, de lo señalado precedentemente se puede concluir que la medida limitativa o restrictiva de


los derechos fundamentales, entre ellos, el acceso a la función pública y políticos, así como el
principio democrático es inidónea e inadecuada para la finalidad buscada con la determinación
asumida en cuanto a la reducción de plazos; siendo además que dicha restricción, a estas alturas, no
se encuentra justificada como se pretendía en la premura pretendida para alcanzar de manera
oportuna a la posesión de las nuevas autoridades, inmediatamente después del cumplimiento de
mandato de las actuales; lo que a la fecha, resulta inalcanzable y materialmente imposible de cumplir,
y por lo mismo, no justifica el sacrificio dispuesto en el Proyecto de Ley con la reducción de plazos,
tanto de los candidatos o postulantes, como del soberano; y por lo mismo, dicha medida, en definitiva
viola los principios de reserva legal y democrático, contenidos en la Constitución Política del Estado.

En ese sentido, tomando en cuenta que la SCP 0060/2023 de 31 de julio, establece los parámetros
bajo los cuales debe llevarse a cabo el proceso de preselección y elección ya mencionados,
corresponde disponer que la preselección de los candidatos para dicha convocatoria a los cargos
judiciales, sea respetando los plazos descritos en las normas legales arriba citadas; es decir, un plazo
no menor a ochenta días calendario para el proceso de preselección; determinado para cada etapa o
fase, tiempos razonables que aseguren el ejercicio efectivo de los derechos fundamentales de los
candidatos; pero además, que garantice por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el
cumplimiento de sus funciones, realizando una minuciosa, oportuna y correcta revisión de los
requisitos exigidos.

El respeto de los plazos razonables para lograr un proceso transparente, resguarda los derechos
fundamentales de los candidatos o postulantes, a recabar y cumplir todos los requisitos necesarios
para su habilitación; al Órgano Legislativo a cumplir con una labor cuidadosa y exhaustiva en la
etapa de preselección; al Órgano Electoral para que prepare adecuadamente la etapa de elección; y
finalmente, al elector a quien debe garantizarse el ejercicio del principio democrático, previsto en el
art. 11 de la CPE, como fuente constitutiva del mandato de los funcionarios del Órgano Judicial,
dado, que es la voluntad popular la que elige a los Magistrados, prohibiendo a cualquier otra voluntad
con menor entidad, a entorpecer, corromper, envilecer o transgredir esa voluntad popular;
emergiendo entonces la obligación de respeto absoluto a la voluntad popular en todas las etapas del
proceso de selección y elección de Magistrados, sea por vía legislativa que mutile el derecho al voto
activo, de tal modo que ni la actividad legislativa, ejecutiva o electoral, pueden limitar el acto
electoral que materialice la voluntad popular; lo contrario implica que el acortamiento de los plazos,
no es admisible desde el punto de vista constitucional, al no enmarcarse dentro de las previsiones de
la Constitución Política del Estado; lo que provoca la inconstitucionalidad de los arts. 14, 29.II, 30.I y
la Disposición Adicional Séptima en su segundo parágrafo, inc. a), todos del Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”; no siendo necesario atravesar las demás etapas del test de proporcionalidad, al evidenciarse
que las normas señaladas no se acomodan al primer supuesto del mismo.
III.7.5. Juicio de constitucionalidad de la Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley C.S.
N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales
2023-2024”

Conforme fue precisado en el Fundamento Jurídico III.1.1 de esta Resolución Constitucional,


el control preventivo de constitucionalidad tiene como finalidad activar los roles de control de la
eficacia del bloque de constitucionalidad y de derechos fundamentales, de manera previa a la
vigencia de cualquier norma de carácter general, sobre la base de lo dispuesto en el art. 202.7 de la
CPE; de modo que, el Tribunal Constitucional Plurinacional contraste el texto del proyecto de ley con
la Constitución Política del Estado, a efectos de establecer, mediante un examen objetivo, si sus
preceptos son o no contrarios al sistema de normas, principios y valores contenidos en la Norma
Suprema, conforme solicita la autoridad consultante en el caso.

En ese sentido, considerando que el texto del Proyecto de Ley consultado contiene tres
parágrafos, a los efectos de una mejor comprensión, el análisis sobre su contenido será realizado de
manera separada; es decir, tomando en cuenta cada uno de los apartados que forman parte de la
Disposición Adicional Sexta, conforme sigue:

a) En relación al parágrafo I de la Disposición Adicional Sexta

El Parágrafo I de la Disposición Adicional Sexta, dispone que:

“I. Desde el 2 de enero de 2024 hasta el día de posesión de las Magistradas y Magistrados,
Consejeras y Consejeros electos por el voto popular, el personal subalterno de estas instituciones, en
las diferentes áreas de trabajo, implementarán una transición eficiente y ordenada para que las nuevas
autoridades elegidas asuman sus despachos en condiciones adecuadas”.

La autoridad consultante sostiene que dicho texto es contrario a lo previsto en los arts. 7, 122 y 178.I
de la CPE; toda vez que, la Asamblea Constituyente estableció que sea el Órgano Judicial el
encargado de impartir justicia dentro del Estado Plurinacional de Bolivia; de manera que, un poder
constituido, como la Asamblea Legislativa Plurinacional, no puede limitar o modificar, mediante una
ley ordinaria, lo que el soberano dispuso y se encuentra expresamente comprendido en la Ley
Fundamental, requiriéndose para modificar tal mandato, de una reforma constitucional.

Alega que el personal subalterno no tiene competencia para asumir tareas que son exclusivas de los
Magistrados y Consejeros, y que el texto normativo citado, no define claramente si la transición
implica que el personal subalterno ejerza las competencias que corresponden a los Magistrados, las
que son de gran relevancia nacional y deben ser realizadas por personas debidamente calificadas, en
el marco de la legalidad y la competencia asignadas; además que, pretender que los funcionarios
subalternos de los mencionados órganos de justicia realicen actividades de transición no condice con
la transparencia con la que deben llevarse a cabo las actividades de la función pública.

Al respecto, conforme fue glosado en el Fundamento Jurídico III.2 de esta Declaración


Constitucional Plurinacional, el sometimiento efectivo de los órganos del poder público (Ejecutivo,
Legislativo, Judicial y Electoral) a los postulados de la Ley Fundamental se hace imperativo en todos
los actos del Estado y de los particulares; en tal sentido, no obstante que la Constitución Política del
Estado constituye una norma jurídica, sus disposiciones no solo comprenden reglas jurídicas; sino
también, y en gran medida, principios, valores y derechos, los que requieren ser precisados a través
de la hermenéutica, para lograr en ese sentido, un efectivo sometimiento a la Ley Fundamental, labor
que se realiza mediante el empleo de determinados criterios que el propio constituyente ha
establecido en la Norma Suprema, y por el legislador en el Código Procesal Constitucional, como
también la jurisprudencia desarrollada por la justicia constitucional al respecto; toda vez que, la
elección de los sentidos interpretativos a ser otorgados a la Ley Fundamental, no está librada al
criterio subjetivo o capricho del intérprete; sino, a criterios razonables y racionales, de modo que se
evite una decisión arbitraria.

Cabe señalar que, por disposición del art. 196.II de la CPE, se asigna expresamente al Tribunal
Constitucional Plurinacional la labor interpretativa, cuyo ejercicio le permite determinar el sentido y
alcance de las expresiones del Derecho contenido en la Constitución, tomando en cuenta además que
la interpretación de ésta, es parte de la hermenéutica jurídica que como disciplina tiene por objeto el
estudio y la sistematización de los principios y métodos de interpretación jurídica.

Uno de los métodos de interpretación constitucional incorporados en la Ley Fundamental, es la


voluntad del constituyente que, conforme a lo expuesto en el citado Fundamento Jurídico, debe
entenderse como la interpretación teleológica y finalista que busca orientar la labor interpretativa en
función a lo que busca la Constitución Política del Estado, es decir, que debe ser interpretada de
acuerdo a su finalidad; en ese sentido, el art. 196.II de la Norma Suprema, estatuye que: “En su
función interpretativa, el Tribunal Constitucional Plurinacional aplicará como criterio de
interpretación, con preferencia, la voluntad del constituyente, de acuerdo con sus documentos, actas y
resoluciones…”; criterio interpretativo que resulta aplicable al caso de análisis, dado que, el cargo de
inconstitucionalidad tiene que ver, en esta primera parte, con la asignación de funciones y
atribuciones de transición al personal subalterno del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional
Plurinacional, lo cual, según se argumenta por la autoridad consultante, correspondería únicamente a
las máximas autoridades electas de los citados órganos.

En ese sentido, del Fundamento Jurídico III.4.1 se extrae que, el Estado Plurinacional de Bolivia
posee un modelo de organización y estructura del Poder Público cuyo ejercicio se encuentra delegado
a los Órganos de Poder (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral); asignándose a cada uno de ellos
funciones y atribuciones específicas, cuya separación, a su vez, denota la voluntad del constituyente
de evitar la concentración del poder en uno o más de los mencionados órganos, además de garantizar
el sistema de frenos y contrapesos, para asegurar el ejercicio de los derechos fundamentales de las
personas en su territorio, los que por ningún motivo pueden ser suspendidos o limitados en su
ejercicio en un contexto de regularidad constitucional, al contrario, el funcionamiento de los
mencionados órganos y el ejercicio de sus funciones debe obedecer al principio de continuidad, de
modo que no se quebrante el principio democrático, la soberanía nacional, la garantía del ejercicio de
los derechos fundamentales, el ejercicio del Poder Público, así como el objetivo constitucional de
separar las funciones asignadas a cada órgano, pues constituyen la base fundamental del Estado.

Así, por disposición del art. 1 de la CPE, Bolivia es un Estado soberano y democrático, entre otras
características; soberanía que, bajo el dispositivo 7 Constitucional, reside en el pueblo boliviano,
cuyo ejercicio se realiza de forma directa y delegada, y de la cual emanan las funciones y
atribuciones de los órganos del poder público, que para la problemática que se resuelve, está
relacionada con el ejercicio de las funciones y atribuciones asignadas a las máximas autoridades del
Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, cuya designación es de manera directa, a
través del voto popular.

Conforme a lo señalado en la SCP 0034/2020, citada en el Fundamento Jurídico III.5.1 de esta


Resolución Constitucional, la naturaleza jurídica del ejercicio de funciones de las Altas Autoridades
del Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, Consejo de la Magistratura y Tribunal
Constitucional Plurinacional, descansa en la consolidación de la participación política del pueblo
boliviano, a través del ejercicio de la democracia representativa, reconocida en el art. 11.II.2 de la
Norma Suprema; es decir, en su elección por voto universal, directo y secreto, configurándose, a su
vez, en producto de la voluntad colectiva encaminada a garantizar la independencia de órganos del
Estado e imparcialidad judicial.

Al disponer el texto normativo consultado, que sea el personal subalterno de las mencionadas
instituciones judiciales, el que implemente una transición para que las nuevas autoridades asuman sus
despachos en condiciones adecuadas, no se hace sino transgredir, por una parte, el principio
democrático que, conforme a lo señalado en el Fundamento Jurídico III.5.2 de esta Declaración
Constitucional Plurinacional, se constituye en la fuente constitutiva del mandato de los funcionarios
del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional; es decir, que es la voluntad popular la
que elige magistrados, superando, y por ello prohibiendo, a cualquier otra voluntad con menor
entidad entorpecer, corromper, envilecer o transgredir esa voluntad popular; emergiendo entonces, la
obligación de respeto absoluto a esa voluntad popular en todas las etapas del proceso de selección y
elección de Magistrados, sea por vía legislativa que mutile el derecho al voto activo; de tal modo que,
las actividades legislativa, ejecutiva o electoral no pueden limitar el acto electoral que materialice la
voluntad popular; y, de otro lado, el principio de responsabilidad y político, que según el mismo
Fundamento Jurídico indicado, subyuga a las autoridades electas a rendir cuentas sólo al pueblo por
el ejercicio de la función encargada, quien deberá reclamarles por sus actos, a través de los
mecanismos de participación política.

El proceso de transición entre las autoridades judiciales electas salientes y las nuevas autoridades
elegidas por voto popular, no debe ser entendido únicamente como un acto de entrega y recepción de
bienes o activos, o la presentación de informes administrativos; sino principalmente como un acto de
responsabilidad y respeto a los derechos fundamentales de las personas, tomando en cuenta que las
autoridades electas del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional fueron revestidas de
las funciones jurisdiccionales, por delegación directa del soberano, en el marco de lo dispuesto en el
art. 7 de la CPE, de manera que, corresponde solo a estas, en un acto de responsabilidad, realizar la
transición a las nuevas autoridades elegidas en las urnas, sin intermediarios, lo que condice con el
principio de seguridad jurídica y respeto a los derechos fundamentales (art. 178.I de la Ley
Fundamental), como sustento del ejercicio de la potestad de impartir justicia.
Cabe señalar que la transición entre las máximas autoridades judiciales salientes y las nuevas
autoridades elegidas por voto popular comprende sustancialmente información vinculada a procesos
judiciales o constitucionales, sea que se traten de causas que fueron resueltas durante su periodo, se
encuentren pendientes de resolución (en algunos casos ya sorteadas y otras inclusive con
suspensiones por la solicitud de información adicional) o simplemente pendiente sorteo, agregándose
a ello, las causas ingresadas a la Comisión de Admisión en el caso del Tribunal Constitucional
Plurinacional; información que por razones de responsabilidad, y sobre todo, respeto a los derechos
fundamentales de las personas, no pueden ser delegadas al personal subalterno de las entidades que
forman parte del sistema de justicia, dado que estos no fueron delegados por el soberano para ejercer
dichas funciones, de manera que, no pueden brindar la referida información por quienes sí recibieron
el mandato para impartir justicia.

En ese sentido, la asignación de funciones de implementación de una transición eficiente y ordenada


a los funcionarios dependientes de los indicados órganos de justicia se encuentra relacionado
directamente con la potestad de impartir justicia, dado que dicho acto comprende de información y
documentación relacionada estrictamente con las atribuciones que las autoridades salientes ejercieron
durante el periodo de su mandato constitucional, las mismas que, de ninguna manera fueron asumidas
por el personal dependiente de los órganos de justicia, sino, de manera privativa por las magistradas o
magistrados elegidos por el voto ciudadano, de manera que, la indicada transición no puede ser
delegada a funcionarios dependientes del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional sin
jurisdicción, como ocurre en el proyecto consultado.

Un razonamiento contrario significaría desconocer el principio democrático y reconocer que otro


órgano del Estado –en este caso el Órgano Legislativo– pueda (en uso de sus atribuciones generales,
como la de legislar) asignar el ejercicio de funciones y atribuciones en el Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional a su arbitrio, a servidores públicos a quienes el soberano no delegó la
potestad de impartir justicia, cuando tal ejercicio solo le corresponde a la autoridad judicial elegida
por el pueblo, quien en el marco del principio democrático contenido en el art. 11 de la CPE, debe
realizar la transición, ejecutando los actos necesarios.

En ese marco, la asignación de funciones de implementación de una transición eficiente y ordenada,


para que las nuevas autoridades elegidas asuman sus despachos en condiciones adecuadas, desde el 2
de enero de 2024 hasta el día de posesión de las Magistradas y Magistrados, Consejeras y Consejeros
electos por el voto popular, encomendada al personal subalterno de estas instituciones –sin mayor
precisión– al encontrarse directamente relacionadas con la potestad de impartir justicia, asignada por
el Constituyente a las altas autoridades judiciales electas, es contraria a las disposiciones
constitucionales mencionadas precedentemente (arts. 7 y 178.I de la CPE); toda vez que, tratándose
de las máximas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, dicho acto
implica el ejercicio de funciones vinculadas con la actividad jurisdiccional, propia de los cargos
electos, que como se dijo anteriormente, les fueron asignadas directamente por el Constituyente,
quienes se constituyen en los directos responsables de tal mandato, hasta que las nuevas autoridades
elegidas asuman dichas funciones, no así el personal subalterno de dichos órganos, que de ninguna
manera se constituyen en depositarios de tal confianza soberana.

b) En cuanto al Parágrafo II de la Disposición Adicional Sexta


El texto consultado establece: “II. Las autoridades judiciales electas salientes, están obligados a
emitir el informe final correspondiente”.

Con relación al texto glosado precedentemente, debe manifestarse que es obligación de las
autoridades que cumplen un determinado mandato, emitir un informe final sobre el manejo de la cosa
pública durante su periodo de funciones; extremos que no contradicen de modo alguno los principios
de reserva de ley ni el democrático, demandados como vulnerados en la presente consulta; ante lo
cual, corresponde declarar su constitucionalidad.

c) En relación al Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta

El texto del Proyecto de Ley consultado, señala: “III. De manera excepcional, a partir del 2 de enero
de 2024, quedan suspendidos todos los plazos procesales para todas las causas que se encuentren en
trámite, en los despachos de las Magistradas y Magistrados salientes del Tribunal Constitucional
Plurinacional, Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y despacho de Consejeras y
Consejeros del Consejo de la Magistratura, hasta la posesión de las nuevas autoridades electas, por
ser esta una Ley transitoria y excepcional”.

Como se advertirá, el texto transcrito se refiere a la suspensión de los plazos procesales de todas las
causas en trámite en los despachos de las Magistradas o Magistrados salientes del Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, desde el 2 de enero de 2024 hasta la posesión de las nuevas
autoridades electas.

Al respeto, la autoridad consultante señala que la indicada suspensión de los plazos procesales
conlleva la interrupción de la función privativa y exclusiva asignada al Órgano Judicial, lo que desde
el punto de vista del diseño constitucional y según lo dispuesto en los arts. 7 y 178 de la CPE, no es
viable, porque no puede un órgano constituido, como la Asamblea Legislativa Plurinacional,
suspender las funciones de otro órgano, siendo que esas funciones fueron delegadas directamente por
el soberano, la misma que es inalienable e imprescriptible. Cuando se dispone la transitoriedad de las
altas autoridades, se pone en riesgo la propia soberanía del Estado boliviano, siendo por ello
contrario a los arts. 7 y 178.I de la Norma Suprema.

Sostiene que dicho texto se contrapone a lo previsto en los arts. 9.4, 12, 115 y 178 de la Ley
Fundamental; dado que, es el Estado el que tiene el deber constitucional, a través de sus Órganos
Públicos, de garantizar el cumplimiento efectivo de los principios con raíz constitucional, así como
de los derechos fundamentales, de manera que, la ausencia de magistradas o magistrados crea una
situación de acefalia que imposibilita la coordinación efectiva de los poderes públicos, lo que
conlleva a una ruptura institucional. La integridad del Estado depende en gran medida de la unidad
política que lo conforma, la cual es un reflejo directo de la soberanía del pueblo que ha encomendado
al poder público la responsabilidad de velar por esta unidad y garantizar la plena efectividad de los
derechos fundamentales. En este contexto, las altas autoridades judiciales desempeñan un papel en un
Estado Constitucional de Derecho, ya que son responsables de asegurar que la justicia prevalezca y
que los derechos de los ciudadanos sean protegidos de manera efectiva; las funciones y atribuciones
de estos poderes públicos emanan directamente del pueblo, consiguientemente, no es viable, desde el
punto de vista constitucional, generar un vacío de poder en el Órgano Judicial, como se pretende a
través de la referida Disposición Adicional Sexta.

Precisa que, el art. 115 de la CPE es taxativo al disponer que, el Estado debe garantizar el debido
proceso, y por ende, el acceso oportuno y efectivo a los tribunales de justicia, no obstante, al
disponerse la suspensión de plazos en todas las materias, mediante el Proyecto de Ley C.S. N°
144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, se vulnera lo establecido en el referido precepto constitucional.

Afirma que se vulnera la continuidad del poder público, pues, aunque aparente ser lógico suspender
el funcionamiento del Órgano Judicial por la conclusión del mandato de las autoridades salientes y la
ausencia de nuevas autoridades elegidas, esa discontinuidad es atribuible al no funcionamiento del
Órgano Legislativo, quien debió prever esta situación con anticipación; de modo que, dicha
suspensión contraviene no solo principios de orden constitucional, sino que menoscaba el Estado de
Derecho, generando incertidumbre en el país, profundizando la crisis en la administración de justicia,
la cual, en el entendimiento de todos, es la que se pretende superar.

Señala que dicho texto sitúa a las actuales autoridades en ejercicio, en la disyuntiva de cesar en sus
funciones o continuar ejerciendo el cargo para el que fueron elegidos, con el riesgo de incurrir en el
tipo penal previsto en el art. 163 del Código Penal (CP), sobre la anticipación o prolongación de
funciones; pues, si bien es cierto que el mandato tiene un periodo de vigencia, empero, dicha regla
puede ser flexibilizada cuando el bien jurídico, que es la prestación del servicio de administración de
justicia, como componente esencial del principio democrático, no se encuentra garantizado; de modo
que, al presente se tiene una situación de hecho insostenible, referida a la inminencia del plazo de
conclusión de mandato versus la inexistencia de autoridades electas, generando así un vacío o
inexistencia de las máximas instancias del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional.

Afirma que dicho texto se contrapone a lo previsto en el art. 185 de la CPE, que establece, que la
magistratura del Tribunal Supremo de Justicia será ejercida de manera exclusiva, la misma que al ser
establecida por el poder constituyente, es inmodificable por el poder constituido, pues para modificar
el contenido de la Constitución es necesario seguir los procedimientos de una reforma constitucional,
de esa forma, la Asamblea Legislativa Plurinacional, como poder constituido, no puede modificar el
contenido de la Constitución sin cumplir los procedimientos de una reforma constitucional.

Sobre el particular, el análisis de la problemática debe partir de la necesidad de interpretar la


Constitución Política del Estado, conciliando su contenido con la realidad, esencialmente respecto a
un hecho que decanta, de manera clara, en la suspensión sin fecha cierta, de la función jurisdiccional
en el Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, cuyo funcionamiento resulta altamente
relevante para el Estado Constitucional de Derecho.
Para contextualizar el análisis del caso, se debe iniciar precisando que, en marzo de 2023, la
Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó el “Reglamento de Preselección de Candidatas y
Candidatos para la conformación del Tribunal Constitucional Plurinacional, Tribunal Supremo de
Justicia, Tribunal Agroambiental y Consejo de la Magistratura (2023)”, y junto al mismo, aprobó
también la Convocatoria Pública correspondiente; instrumentos que, por Resolución 24/2023, emitida
por la Sala Constitucional Primera del Tribunal Departamental de Justicia de Beni, quedaron sin
efecto, debido a que determinados requisitos contenidos en la misma, lesionaban derechos
fundamentales de los postulantes.

Bajo ese antecedente, en abril del mismo año, la indicada instancia legislativa, mediante R.A.L.P.
007/2022-2023 de 20 de abril de 2023, aprobó un nuevo Reglamento de Preselección, junto a la
Convocatoria respectiva, que fue objeto de una acción de inconstitucionalidad abstracta, resuelta a
través de SCP 0060/2023 de 31 de julio, declarando su inconstitucionalidad, y por conexitud la Ley
1513, al concluir que dicha norma establecía limitaciones a derechos fundamentales de los
postulantes, restricciones que por mandato constitucional solo estaban permitidas mediante ley en
sentido formal y material, aprobada además por dos tercios de votos de los miembros de la Asamblea
Legislativa Plurinacional.

Los indicados antecedentes son importantes a los efectos de la presente Declaración Constitucional
Plurinacional, dado que preceden al texto del Proyecto de Ley cuya constitucionalidad se cuestiona,
acción en la que, mediante el AC 0437/2023-CA de 28 de septiembre, a más de la admisión de la
acción planteada, en aplicación del art. 113 del CPCo, se dispuso la suspensión del procedimiento de
aprobación del Proyecto de Ley en consulta; de manera que, tomando en cuenta esos antecedentes y
los plazos para el desarrollo de la etapa de la preselección, establecidos en el Proyecto de Ley en
consulta, más los plazos previstos en la Ley del Órgano Electoral para el desarrollo del acto
eleccionario propiamente dicho, se establece que, el nuevo proceso para elegir y posesionar a las
autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional concluirá en forma posterior
al 31 de diciembre de 2023 –fecha en la que concluye el periodo de mandato de las magistradas y
magistrados del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional elegidas en el proceso
eleccionario desarrollado el 3 de diciembre de 2017–, dato que resulta relevante para el presente
examen; toda vez que, las autoridades judiciales electas en las elecciones de 2017, o las que al
momento de la elaboración de la presente Declaración Constitucional Plurinacional y por mandato o
delegación constitucional, se encuentren en ejercicio de dichas funciones, cumplen sus respectivos
mandatos constitucionales, de seis años, el ya referido 31 de diciembre de 2023, lo que hace evidente
un desfase entre el cumplimiento del período de mandato y la renovación democrática de los
señalados cargos.

Conforme a lo señalado en el Fundamento Jurídico III.4.1 de este Fallo Constitucional, el


Constituyente ha establecido que la estructura y funcionamiento del Estado tiene su base en los
órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, a los cuales el soberano ha delegado el ejercicio
de funciones y atribuciones específicas que no pueden ser reunidas en un solo órgano, o que sean
delegadas entre los mismos; órganos que junto a las funciones de control, de defensa de la sociedad y
de defensa del Estado –Fundamento Jurídico III.4.2–, entre otros, además del modelo de Estado, de
los principios, valores y fines del Estado; así como, el sistema de gobierno, constituyen las bases
fundamentales del Estado (Título I de la CPE).
En esa línea, el art. 7 de la Ley Fundamental, estatuye que la soberanía reside en el pueblo boliviano,
pero que esta se ejerce de forma directa y delegada, y que de ella emanan, por delegación, las
funciones y atribuciones de los órganos del poder público. En el caso de los órganos constituidos por
autoridades electas, la delegación del ejercicio de funciones y atribuciones es efectuada de manera
directa a través del voto popular, como acontece con las magistradas o magistrados del Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, Consejo de la Magistratura y Tribunal Constitucional
Plurinacional, cuyas atribuciones son ejercidas por delegación directa del soberano.

Entre algunas de las características propias del ejercicio de tales funciones y atribuciones se
encuentra su independencia y separación, conforme se tiene estatuido en el art. 12.I de la Norma
Suprema, lo cual denota la voluntad del constituyente de evitar la concentración del poder y
garantizar el sistema de frenos y contrapesos, para asegurar de esa manera el ejercicio pleno de los
derechos fundamentales de las personas; ejercicio que además debe observar el principio de
continuidad, de modo que no se quebrante el principio democrático, la soberanía nacional, la garantía
del ejercicio de los derechos fundamentales, el ejercicio del poder público, así como el objetivo
constitucional de separar las funciones asignadas a cada órgano.

Dicha estructura de los órganos del poder público tiene sentido a partir de la protección de los
derechos fundamentales, evitando la concentración del poder en un solo órgano o la limitación del
ejercicio de sus funciones por otro órgano, de manera que se evite su derivación en la arbitrariedad;
es decir, se nutre de la idea de brindar seguridad a las personas dentro del territorio nacional,
proponiendo una estructura de contención del poder para protegerlas del abuso o la arbitrariedad; de
ahí que las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano, no pueden
ser delegadas entre sí (art. 12.III de la CPE) y tampoco pueden ser limitadas en su ejercicio, evitando
así una sola voz de decisión sobre aspectos que la propia Constitución Política del Estado encarga a
órganos distintos.

Dicho razonamiento fue expuesto por el propio Constituyente cuando elaboraba democráticamente la
Ley Fundamental hoy en vigencia, al establecer la separación de los órganos del poder público, con
especial mención que tal condición supone, que éstos no pueden atribuirse otras facultades que no
estén expresamente acordadas por la Constitución Política del Estado y la ley, que persigue o tiene
por objetivo el cumplimiento de las funciones del Estado y la realización de sus fines, y con mayor
importancia, que las funciones de los cuatro órganos reconocidos expresamente por la Norma
Suprema, no pueden concentrarse en uno solo; de manera que, cualquier disposición normativa debe
respetar el contenido del art. 12 de la CPE, lo que supone un impedimento tácito para modificar la
organización de los cuatro órganos del Estado, a objeto de reunir las funciones de éstos en uno solo,
ni que las funciones de un órgano puedan ser delegadas a otro. Como se precisó en la SC 0258/2011-
R, al señalarse que el modelo de Estado asumido en Bolivia se constituye en un verdadero Estado
Constitucional de Derecho, establecido sobre valores universales y el principio fundamental de
legalidad, sin desechar los principios generales de soberanía popular en el ejercicio del poder público
y reforzando el principio de respeto y vigencia de los DD.HH.

Esta concepción fue asumida en la Constituyente, en cuyo trabajo quedó plasmado la independencia
y la coordinación con la que debe funcionar cada uno de los órganos del poder público, a efectos de
disgregar el poder y asegurar el control entre ellos, puesto que tales órganos tenían su razón de ser en
el cumplimiento de las funciones del Estado y la persecución de sus fines, resaltándose a tal efecto, la
necesidad de asegurar la constitucionalización de los derechos humanos para que los habitantes en el
territorio nacional puedan hacerlos valer frente al Estado, develando con ello su intención de proteger
a los ciudadanos en relación al aparato del poder político.

Así, en el citado Fundamento Jurídico III.4.1, se ha señalado que, mediante informe de 13 de julio de
2007, de la Comisión de Estructura y Organización del Nuevo Estado, de la Asamblea Constituyente,
que dio a luz a la actual Constitución Política del Estado; en el Informe de Mayorías consignó la
voluntad expresa de dividir el Poder Público en cuatro Órganos, que en independencia y coordinación
debían funcionar, a efectos de disgregar el Poder Público y asegurar el control entre ellos. En su
homólogo de Minoría, se estableció que la separación de las potestades públicas debía efectuarse en
cuatro Órganos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral. Adicionalmente, este Informe enfatizó
que tales Órganos hallan su razón de ser en el cumplimiento de las funciones del Estado y la
persecución de sus fines.

En tal sentido también, a través del Informe de Mayorías de la Comisión de Visión del País, de igual
fecha, se reconoció que los cuatro órganos públicos son el resultado de la soberanía que emana del
pueblo boliviano; asimismo, se estableció que no se puede concentrar funciones en ninguno de éstos,
estableciendo así que tales potestades deben separarse. Mediante Informe Segundo de Minorías, de
17 de julio de 2007, se indicó que se debe limitar el poder político, en el marco de un Estado
Constitucional Democrático de Derecho, en mérito a que dicho poder debe estar sujeto a la
Constitución Política del Estado, debiendo existir separación de poderes y éstos deben encontrarse
demarcados los unos de los otros.

Finalmente, a través de Informe de 13 de julio de 2007, la Comisión de Deberes, Derechos y


Garantías de la Asamblea Constituyente, advierte que tanto en el Informe por Mayoría como en el de
Minoría, se reconoció que el Estado tiene el deber de promover, proteger, difundir, promocionar y
hacer vigentes los derechos, libertades y garantías de todas las personas que habitan en su territorio.
En el Informe por Minoría, se entendió que se debe limitar todo poder político, para evitar
arbitrariedad, siendo importante que Bolivia se constituya en una República, porque el poder debe
separarse, limitarse y éste debe someterse a un orden constitucional. También el Informe por
Mayoría, reconoció que se debe asegurar la constitucionalización de los DD.HH. para que los
habitantes en el territorio nacional puedan hacer valer éstos frente al Estado; develando su intención
de proteger a los ciudadanos en relación al aparato del poder político.

En ese sentido, asumiendo como criterio de interpretación la voluntad del constituyente, de acuerdo
con sus documentos, actas y resoluciones –Fundamento Jurídico III.2 de esta Declaración
Constitucional Plurinacional– podemos señalar que, si bien la Asamblea Legislativa Plurinacional,
como máxima instancia de representación del Órgano Legislativo, tiene reconocida la función de
legislar, siendo una de sus atribuciones, dictar leyes, interpretarlas, derogarlas, abrogarlas y
modificarlas (art. 158.I.3 de la CPE); sin embargo, dicha facultad no comprende la de disponer la
suspensión del ejercicio de las funciones y atribuciones encargadas a otro órgano del Estado, en este
caso al Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, como acontece en el caso de
análisis, al disponerse la suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se encuentran en
trámite, en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, desde el 2 de enero de 2024, hasta la posesión de las nuevas
autoridades electas, más aun tomando en cuenta que dicha condición –posesión de las nuevas
autoridades electas– no tiene fecha cierta, tomando en cuenta los antecedentes descritos
precedentemente, de manera que, dicha medida simplemente deja en la incertidumbre a las personas
cuyas pretensiones fueron de conocimiento de las altas magistraturas, sin tribunales o autoridades que
resuelvan sus causas, en otros términos, sin los máximos órganos encargados de impartir justicia, y lo
que es aún más grave, sin el órgano encargado del control de constitucionalidad y guardián principal
de los derechos fundamentales de las personas, como es el Tribunal Constitucional Plurinacional.

Es evidente que la indicada medida de suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se
encuentran en trámite en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano
Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, conlleva, por una parte, la suspensión indefinida de
todas las funciones y atribuciones encargadas directamente por el Constituyente a las máximas
autoridades electas que conforman esos órganos, esto hasta la posesión de las nuevas autoridades
elegidas por voto popular, y de otro lado, aplica una cesación automática de las actuales autoridades,
por conclusión del periodo de mandato de seis años, sin tomar en cuenta que, dado los antecedentes
de hecho ya expuestos anteriormente, sobre dos intentos previos de procesos de preselección de las
nuevas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal Constitucional, fallidos, y la inviabilidad evidente
para que se cuenten con autoridades electas a la conclusión del periodo de mandado de las actuales
autoridades, la medida dispuesta implica dejar sin el servicio judicial a las personas cuyas causas
recayeron en esas máximas instancias, cuya ausencia conlleva un grave riesgo para los derechos
fundamentales, como los derechos de acceso a la justicia o tutela judicial efectiva, el debido proceso
en sus componentes a impugnar las resoluciones que les afectan y consiguientemente a contar con
una respuestas oportuna y pronta, y aún más grave, la ausencia del principal órgano de control
constitucional, generando de esa manera inseguridad jurídica y un vacío de poder por ausencia de
autoridades judiciales electas, afectando con ello al Estado Constitucional de Derecho.

Conforme fue señalado en el Fundamento Jurídico III.5.1 de la presente Declaración Constitucional


Plurinacional, la naturaleza jurídica del ejercicio de funciones de las altas autoridades del Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, Consejo de la Magistratura y Tribunal Constitucional
Plurinacional, descansa en la consolidación de la participación política del pueblo boliviano, a través
del ejercicio de la democracia representativa, reconocida en el art. 11.II.2 de la Norma Suprema; es
decir, en su elección por voto universal, directo y secreto, configurándose, a su vez, en producto de la
voluntad colectiva encaminada a garantizar la independencia de órganos del Estado e imparcialidad
judicial; en ese sentido, es claro que, en una sociedad en la que impera el principio democrático, el
elemento Estado Constitucional de Derecho tiene una inevitable conexión con la participación
política, pues la base de todo régimen constitucional es la expresión de la voluntad ciudadana a través
de los cauces legales previstos al efecto, y la ciudadanía, en cuanto sujeto de derechos y obligaciones,
sólo adquiere sentido en un orden democrático a través del ejercicio efectivo de la participación
democrática.

Lo señalado es coherente con los principios constitucionales configuradores del Órgano Judicial y
Tribunal Constitucional Plurinacional, glosados en el Fundamento Jurídico III.5.2 de esta Resolución
Constitucional, concretamente, el democrático y de permanencia o continuidad, que expresan, en el
primer caso, una garantía de no interferencia en la constitución de los señalados órganos de justicia
por ninguno de los otros órganos del poder público o autoridades de los mismos, el cual se manifiesta
en la potestad de constitución de las instituciones judiciales con autoridades por elección popular y
sin dependencia de ningún otro órgano del poder público, sin interferencia o interferencia solo
positiva por parte de todas las autoridades legislativas, ejecutivas y electorales; de tal modo que, toda
legislación, reglamentación, regulación o limitación, solo puede ser mínima, en lo esencialmente
necesario, para garantizar la máxima expresión de la voluntad democrática y que sea el soberano el
único que elija entre la mayor cantidad de opciones posibles; y, en el caso del segundo, evitar a toda
costa la suplantación de la voluntad popular, de manera que, para proteger y resguardar la
Ó
independencia del Órgano Judicial no se puede reconocer ninguna otra forma de constitución o
elección de sus autoridades que no sea mediante el voto popular como expresión democrática; por lo
que, si por algún motivo ésta se retrasa, impide, o las obligaciones al respecto de los otros órganos no
se cumplen, las autoridades electas mantienen o permanecen en el cargo, siendo esta una forma de
garantizar la independencia del judicial; así como, su imparcialidad.

En ese marco, la suspensión de los plazos procesales de todas las causas que se encuentren en trámite
en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, desde el 2 de enero de 2024 hasta la posesión de las nuevas autoridades
electas, dispuesto en el Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta, correspondiente a la norma
consultada, conlleva la suspensión sin fecha cierta y definida del servicio judicial que brindan las
máximas instancias de las instituciones que forman parte de los mencionados órganos de justicia,
desconociendo dicho texto que, en aplicación de los principios de independencia, separación,
coordinación y cooperación, contenidos en el art. 12 de la CPE, el Órgano Legislativo no cuenta con
facultad de suspender el servicio que presta el Órgano Judicial o Tribunal Constitucional
Plurinacional, a lo que se agrega que, en aplicación del principio de permanencia o continuidad, ya
referido precedentemente, ante la falta de elección oportuna de las nuevas autoridades
jurisdiccionales por voto popular, por las razones ya expuestas, son las autoridades electas las que
deben mantenerse o permanecer en el cargo; dado que, conforme a lo señalado en el Fundamento
Jurídico III.5.2 de esta Resolución Constitucional, esta es la única forma de garantizar la
independencia judicial y su imparcialidad, al haber sido impuestas por voto popular, única forma de
legitimidad de las mismas.

Conforme fue señalado en el Fundamento Jurídico III.5.3 de esta Declaración Constitucional


Plurinacional, la continuidad de las funciones públicas, y por ende del servicio jurisdiccional, es una
garantía del respeto a los derechos fundamentales de las personas; así como, la observancia de los
principios y valores superiores comprendidos en la Norma Suprema, de manera que no se quebrante
el principio democrático, la soberanía nacional, el ejercicio del poder público; así como, el objetivo
constitucional de separar las funciones de los órganos del poder público y establecer los órganos que
ejercerán las funciones de control y defensa respecto a todos los órganos constituidos y a la sociedad.
Aspectos que encuentran su asidero en lo dispuesto por los arts. 7, 8.II, 9.4 y 12 de la Ley
Fundamental, en el entendido que las funciones y atribuciones de los órganos del poder público y de
las funciones de control y de defensa, derivan del pueblo boliviano, que por delegación asigna el
ejercicio de las mismas a cada uno de los órganos precisados en la misma Norma Suprema, funciones
que deben ser cumplidas con responsabilidad y conforme a la Ley Fundamental, de manera que se
garantice efectivamente el cumplimiento de los principios, valores, derechos y deberes reconocidos y
consagrados en esta.

Pues conforme al mismo Fundamento Jurídico ya indicado, el art. 12 de la CPE, forma parte de la
dogmática de la Ley Fundamental, introduce la parte orgánica de la Norma Suprema, de manera que
cumple la función de ordenar el poder público que, en el caso de la Constitución Política del Estado,
conlleva un elemento sustancial y no menos relevante, a saber, la constitucionalización de principios
fundantes o aquellos que rigen la organización del poder público y estructura del poder público, las
cuales deben dar validez y vigencia a la citada parte dogmática de la Ley Fundamental, lo que deriva
necesariamente en una primera finalidad, la vigencia plena de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales, declarados y reconocidos por la propia Constitución Política del Estado y el bloque
de constitucionalidad; en una segunda finalidad, que el poder público encargado a cada uno de los
órganos del Estado, no pueden quedar concentrados en un solo órgano, o que se pretenda sean
ejercidas por órganos diferentes a los señalados específicamente en la Norma Suprema; dado que,
cada uno tiene un propósito específico dentro del diseño constitucional vigente, el mismo que debe
ser entendido como un sistema único que, en términos sencillos, resulta ser el aparato estatal fundado
en una organización funcional; y, finalmente, que las funciones y atribuciones encargadas a cada uno
de los órganos descritos precedentemente no pueden ser suspendidos o interrumpidos, al contrario,
deben tener continuidad, lo cual significa que las atribuciones asignadas a cada uno de los órganos
deben ser ejercidas de manera permanente e ininterrumpida.

Dicho entendimiento es coherente con los principios, fines, funciones, valores, derechos y deberes
contenido en la Ley Fundamental, los que se constituyen en la base de la existencia y funcionamiento
del Estado Plurinacional, glosados en el Fundamento Jurídico III.3 de esta Declaración
Constitucional Plurinacional, cuya obligación de garantía se constituye en un fin y función esencial
del Estado, conforme a lo dispuesto en el art. 9.4 de la CPE, lo cual resulta plenamente aplicable al
caso, debido a que, al disponerse la indicada suspensión de los plazos procesales, bajo las
condiciones descritas en la norma consultada (Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta), es
evidente que el Estado desconoce el señalado fin y función esencial de garantía de cumplimiento de
los principios, valores, derechos y deberes reconocidos en la Norma Suprema.

La suspensión de los plazos procesales dispuesta en la norma consultada, resulta contraria al


principio de servicio a la sociedad, contemplado en el art. 178.I de la Ley Fundamental, que junto a
otros, sustenta la potestad de impartir justicia y que, dada su ubicación en el texto constitucional –
Título III Órgano Judicial y Tribunal Constitucional, Capítulo Primero, Disposiciones Generales–, es
aplicable no solo para la jurisdicción ordinaria, agroambiental e indígena originario campesina, sino
también para la jurisdicción constitucional, de manera que, su observancia resulta un imperativo para
cualquier órgano del poder público o autoridad, el mismo que resulta contrariado cuando el legislador
establece la suspensión de los plazos procesales de las causas que cursan en los despachos de las
autoridades electas cuyo periodo concluye el 31 de diciembre de 2023, y con ello la suspensión de
dichas funciones jurisdiccionales sin una fecha cierta o exacta, lo que a su vez lesiona también
derechos fundamentales de las personas, como el debido proceso y el acceso a la justicia para quienes
acuden ante las máximas instancias de dichos órganos, que debido a la suspensión de plazos
dispuesta, impide la resolución de las causas en esas instancias y con ello, deja sin posibilidad de que
sus causas encuentren una respuesta en los plazos legales.

Bajo esas consideraciones es posible concluir que, el Parágrafo III de la Disposición Adicional Sexta
de Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las
Elecciones Judiciales 2023-2024” es contrario a los arts. 9.4, 12, 115 y 178.I, cuyos preceptos se ven
afectados debido a la suspensión sin fecha cierta de los plazos procesales de todas las causas que se
encuentren en trámite en los despachos de las magistradas o magistrados salientes del Órgano
Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, y con ello, del servicio judicial, provocando de esa
manera una ruptura institucional y un vacío de poder, contrario al Estado Constitucional de Derecho,
y consiguientemente, a los derechos fundamentales y garantías constitucionales.

III.7.6. La obligación constitucional de asegurar la funcionalidad de los Órganos del Poder


Público
Si bien la consulta sobre la constitucionalidad del art. 2 y Disposición Adicional Sexta del
“Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023”, “Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-
2024”, tiene como efecto la expulsión de la misma del Proyecto consultado, al no tratarse de una
norma en vigencia, sin embrago, no es menos evidente que, dada la contrariedad encontrada de los
parágrafos I y II de la Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley con la Constitución Política
del Estado, debido a que lo allí regulado afecta el normal funcionamiento del Órgano Judicial y del
Tribunal Constitucional Plurinacional, es necesario absolver los cuestionamientos de la autoridad
consultante sobre el probable vacío de poder denunciado a partir del 1 de enero de 2024, tomando en
cuenta los plazos que deben ser cumplidos en las etapas de preselección, a cargo de la Asamblea
Legislativa Plurinacional, y la elección encargada al Órgano Electoral Plurinacional.

Al respecto, conforme fue señalado anteriormente, cuando nos referimos a la naturaleza


jurídica del ejercicio de funciones jurisdiccionales y atribuciones asignadas a los altos tribunales de
justicia, las discusiones de la Asamblea Constituyente, en cuanto a la forma de selección o
designación de las máximas autoridades de la jurisdicción ordinaria y constitucional en el país,
estuvieron enmarcadas en la premisa de garantizar su independencia e imparcialidad, debido a la falta
de fiabilidad del mecanismo de designación vigente hasta ese entonces, encargado a un órgano
político, como era el entonces Congreso Nacional, hoy Asamblea Legislativa Plurinacional.

En ese sentido, la regla observada en la segunda parte del art. 12.I de la Norma Suprema, en
cuanto a que la independencia, separación, coordinación y cooperación son los fundamentos de la
organización del Estado, no constituye un simple enunciado, sino un mandato que marca los
lineamientos para el adecuado ejercicio del poder público, de manera que, debe ser plenamente
aplicable a los efectos de lograr el movimiento permanente y sincrónico del aparato estatal en su
conjunto; equilibrando el poder de los órganos establecidos, mediante la regla de la división de
poderes y la distribución de manera equitativa del ejercicio de poder, conforme establece el principio
de funcionalidad.

La ausencia de cualquier Órgano del Estado conlleva el quiebre del Estado Constitucional de
Derecho, puesto que no se puede concebir el funcionamiento armónico de éste, cuando uno de sus
componentes esté ausente o limitado en su ejercicio pleno; así, no podría imaginarse un Estado sin
una Presidenta o un Presidente que lo represente y lo dirija, o uno sin la presencia de asambleístas
que emitan leyes para gobernar, o aquel en el que no se tienen a las principales autoridades
jurisdiccionales del Órgano Judicial, siendo de especial relevancia la presencia del Tribunal
Constitucional Plurinacional, cuyo control de constitucionalidad en cualquiera de sus alcances
(normativo, tutelar o competencial) esté ausente, o finalmente, que no exista el Órgano Electoral
Plurinacional para llevar adelante todo proceso por el cual, el soberano elija a sus representantes, allí
donde el propio Constituyente ha definido su elección por voto popular.

La aplicación de los señalados parámetros se puede observar, entre otros aspectos, respecto a
la forma de elección por voto popular de las máximas autoridades del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, cuando la Ley Fundamental vigente asigna a la Asamblea Legislativa
Plurinacional la realización de la fase de preselección como única intervención dentro del proceso de
constitución de dichos Órganos, y al Órgano Electoral Plurinacional, la etapa del desarrollo del
proceso electoral propiamente dicho. El citado proceso debe ser realizado por los mencionados
órganos con la debida anticipación, de manera que, a la culminación del periodo de mandato de las
autoridades judiciales salientes, se tengan ya elegidas a las nuevas magistradas o magistrados, de
modo que exista la respectiva continuidad del servicio judicial encargado a esas máximas instancias.
Lo propio acontece con la conformación de los Órganos Ejecutivo y Legislativo.

Si bien lo descrito tiene que ver con el ejercicio de atribuciones reconocidas expresamente a
los señalados órganos, dicho lineamiento también debe ser aplicado en cuanto a situaciones no
previstas expresamente en la Norma Suprema, como la solución –lo más apegada posible a la
Constitución Política del Estado– de cuestiones extraordinarias suscitadas, como es el caso de vacíos
de poder por falta de la elección de nuevas autoridades por voto popular a la conclusión del periodo
de mandato de las autoridades salientes, criterio que ya fue asumido en el pasado reciente de la
historia boliviana, al haberse dispuesto, de manera excepcional la prórroga de mandado mediante ley
para autoridades de los Órganos Ejecutivo y Legislativo, conforme fue precisado en los Fundamentos
Jurídicos precedentes.

El art. 12.I y II de la Constitución, dispone que el Estado organiza y estructura su poder


público a través de los Órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral, fundamentando su
organización en la independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos, no
pudiendo ser reunidas en un solo órgano sus funciones ni ser delegadas entre sí, mucho menos un
órgano puede inmiscuirse en la constitución de otro u otros órganos, caso contrario se quiebra la
balanza del equilibrio de poderes y cualquier acto de esta naturaleza se convierte en invasivo y
consiguientemente, inconstitucional.

En ese sentido, tomando en cuenta que, conforme establece el art. 1 de la CPE, el modelo
actual es el de Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente,
soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías, esa organización y
estructuración del poder público a que hace referencia el art. 12 descansa en el ejercicio de la
democracia representativa que según el art. 11.II.2 de la Norma Suprema consiste en la elección de
representantes por voto universal, directo y secreto, conforme a ley, precepto que se aplica para la
elección de las autoridades de los Altos Tribunales de Justicia y del Consejo de la Magistratura.

En el caso del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, la elección de sus
máximas autoridades está a cargo del soberano, estando previsto a la Asamblea Legislativa
Plurinacional, únicamente llevar adelante la etapa de la preselección de candidatos y candidatas de
dichos Órganos en el marco de la Constitución Política del Estado, para permitir que el pueblo
ejercite su derecho al sufragio.

En cuanto a la duración del periodo de mandato de las y los Magistrados del Tribunal
Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental, y, las y los Consejeros de la Magistratura, así como de
las y los Magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional, según previsión de los arts. 183.I,
188.II, 194.III y 200 de la Constitución Política del Estado, es de seis (6) años, sin posibilidad de
reelección; en consecuencia, vencido este periodo todo intento de designar o nombrar a las máximas
autoridades judiciales al margen de las formas establecidas por la Constitución, debe entenderse
como un acto invasivo de poder que quiebra el equilibrio de poderes, debiendo en todo caso, ante una
circunstancia excepcional como la imposibilidad de contar con nuevas autoridades electas mediante
Ó
sufragio universal, garantizar el normal funcionamiento del Órgano Judicial y del Tribunal
Constitucional Plurinacional, disponiendo la prórroga de mandato de las actuales autoridades electas
democráticamente hasta la posesión de las nuevas autoridades, garantizando de esa manera la
continuidad del servicio que presta dichos órganos de justicia y con ello el normal desenvolvimiento
del Estado.

En ese sentido, tal como se señaló anteriormente, los cuatro Órganos del Estado son independientes y
en el marco de sus respectivas competencias con igual obligación deben garantizar el normal
funcionamiento de todo el aparato estatal, de manera que ante una situación de excepcionalidad como
la que se presenta, ante el inminente vacío de poder que se producirá en el Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, y con ello, la fractura del Estado Constitucional de Derecho;
corresponde generar un instrumento jurídico que asegure el normal funcionamiento de los citados
Órganos del Estado, como aconteció anteriormente en Bolivia, cuando la Asamblea Legislativa
Plurinacional sancionó la Ley Excepcional de Prórroga del Mandato Constitucional de Autoridades
Electas; por lo que, en el caso presente, por las cuestiones señaladas precedentemente, es obligación
del máximo intérprete de la justicia constitucional, asumir un rol activo y por sobretodo que
resguarde y asegure el orden constitucional, asumiendo acciones que encuentran su justificación en la
expansión del principio de constitucionalidad, de la fuerza vinculante de la Constitución, su eficacia
normativa y su poder de irradiación.

Consiguientemente, con el objeto de resguardar la supremacía constitucional, así como el Estado


Constitucional de Derecho y garantizar el ejercicio pleno de los derechos fundamentales y garantías
constitucionales de las personas, basados en el principio de independencia e igual jerarquía de
órganos, consagrados en el art. 12 de la CPE, corresponde disponer mediante el presente fallo, la
continuidad de las funciones de las autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional
Plurinacional.

III.7.7. Consideración final

En lo que respecta a las solicitudes de la autoridad consultante en los memoriales presentados


el 8 y 10 de noviembre, ambos de 2023, corresponde señalar que la presente Declaración
Constitucional Plurinacional, se circunscribe a los aspectos admitidos mediante AC 0437/2023-CA de
28 de septiembre, no correspondiendo mayor pronunciamiento sobre el contenido de memoriales
posteriores a su emisión.

POR TANTO

El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Plena; en virtud de la autoridad que le confiere la


Constitución Política del Estado y el art. 12.8 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional -
LTCP; resuelve declarar:
1º La CONSTITUCIONALIDAD del art. 2 y del Parágrafo II de la Disposición Adicional Sexta,
ambos del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para
las Elecciones Judiciales 2023-2024”de 31 de agosto de 2023;

2º La INCONSTITUCIONALIDAD por conexitud de los arts. 14, 29.II, 30.I, y la Disposición


Adicional Séptima en su segundo parágrafo, inc. a), todos del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-
2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las Elecciones Judiciales 2023-2024”, en
cuanto se refiere a los plazos previstos en ellos;

3º La INCONSTITUCIONALIDAD de los Parágrafos I y III de la Disposición Adicional Sexta


del Proyecto de Ley C.S. N° 144/2022-2023, denominado “Proyecto de Ley Transitoria para las
Elecciones Judiciales 2023-2024”, por ser contrario a los arts. 9.4, 12, 115 y 178.I de la Constitución
Política del Estado;

4° Se dispone la prórroga de mandato de las autoridades del Órgano Judicial y Tribunal


Constitucional Plurinacional en actual ejercicio, de manera excepcional y temporal, hasta que se
elijan y posesionen a las nuevas autoridades, fruto de la preselección desarrollada por la Asamblea
Legislativa Plurinacional y del proceso electoral llevado a cabo por el Órgano Electoral
Plurinacional; conforme al marco contenido en la Constitución Política del Estado y conforme a lo
razonado en la presente Declaración Constitucional Plurinacional; y,

5° Exhortar a la Asamblea Legislativa Plurinacional, cumplir sus funciones y atribuciones


constitucionales en cuanto a la preselección de las candidatas y los candidatos a los altos cargos del
Órgano Judicial y Tribunal Constitucional Plurinacional, de manera inmediata por el carácter
excepcional y temporal ya establecido;

6° Notifíquese a los Órganos Ejecutivo, Legislativo, Electoral y Judicial con el presente fallo
constitucional, para su cumplimiento.

Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional Plurinacional.

CORRESPONDE A LA DCP 0049/2023 (viene de la pág. 104).

Fdo. Ph.D. Paul Enrique Franco Zamora

PRESIDENTE
Fdo. René Yván Espada Navía Fdo. Gonzalo Miguel Hurtado Zamorano

MAGISTRADO MAGISTRADO

Fdo. MSc. Georgina Amusquivar Moller Fdo. MSc. Julia Elizabeth Cornejo Gallardo

MAGISTRADA MAGISTRADA

Fdo. MSc. Brigida Celia Vargas Barañado Fdo. MSc. Carlos Alberto Calderón Medrano

MAGISTRADA MAGISTRADO

Fdo. MSc. Karem Lorena Gallardo Sejas Fdo. Dr. Petronilo Flores Condori

MAGISTRADA MAGISTRADO

(Firma Digital)

[1] Artículo “Reflexiones en torno a la Interpretación de la Constitución”, en la obra Interpretación


Constitucional, Tomo I, ed. Porrúa S.A., año 2005.

[2] En la SCP 0037/2013 de 4 de enero, se estableció que: “…es a partir de su reconstitución desde
donde se relacionan de manera intrínseca los demás principios-valores plurales referidos de la
complementariedad, reciprocidad, armonía y el equilibrio, que decantan en el vivir bien. Así la Ley
Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien define el vivir bien en el siguiente
sentido:

‘El Vivir Bien (Sumaj Kamaña, Sumaj Kausay, Yaiko Kavi Päve). Es el horizonte civilizatorio y
cultural alternativo al capitalismo y a la modernidad que nace en las cosmovisiones de las
naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y
afrobolivianas, y es concebido en el contexto de la interculturalidad. Se alcanza de forma
colectiva, complementaria y solidaria integrando en su realización práctica, entre otras
dimensiones, las sociales, las culturales, las políticas, las económicas, las ecológicas, y las
afectivas, para permitir el encuentro armonioso entre el conjunto de seres, componentes y recursos
de la Madre Tierra. Significa vivir en complementariedad, en armonía y equilibrio con la Madre
Tierra y las sociedades, en equidad y solidaridad y eliminando las desigualdades y los mecanismos
de dominación. Es Vivir Bien entre nosotros, Vivir Bien con lo que nos rodea y Vivir Bien consigo
mismo’ (…).

De lo señalado, el horizonte del vivir bien es la propuesta más contundente del Estado Plurinacional,
opuesto a las lógicas del ‘desarrollo’ propio del Estado Nación moderno capitalista, que ha
subsumido al Estado al ‘Subdesarrollo’; en consecuencia, el vivir bien como un horizonte propio de
la cosmovisión de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, comunidades
interculturales y afrobolivianas se orienta a la reconstitución y continuidad de las practicas propias
de la diversidad de ‘naciones’ con alcance general, es decir en la políticas, normas y decisiones del
Estado Plurinacional” (las negrillas nos pertenecen).

[3] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española, 2001, p.2073

[4] Cabanellas de Torres, Guillermo. Diccionario Jurídico Elemental, 1979, p.296

[5] HAMILTON Alexander % MADISON James: EL FEDERALISTA.

“Quien considere con atención los distintos departamentos del poder, percibirá que en un gobierno en
que se encuentren separados, el judicial, debido a la naturaleza de sus funciones, será siempre el
menos peligroso para los derechos políticos de la Constitución, porque su situación le permitirá
estorbarlos o perjudicarlos en menor grado que los otros poderes. El Ejecutivo no sólo dispensa los
honores, sino que posee la fuerza militar de la comunidad. El legislativo no sólo dispone de la bolsa,
sino que dicta las reglas que han de regular los derechos y los deberes de todos los ciudadanos. El
judicial, en cambio, no influye ni sobre las armas, ni sobre el tesoro; no dirige la riqueza ni la fuerza
de la sociedad, y no puede tomar ninguna resolución activa. Puede decirse con verdad que no posee
FUERZA ni VOLUNTAD, sino únicamente discernimiento, y que ha de apoyarse en definitiva en la
ayuda del brazo ejecutivo hasta para que tengan eficacia sus fallos. Esta sencilla manera de ver el
problema sugiere algunas consecuencias importantes. Demuestra incontestablemente que el
departamento judicial es, sin comparación, el más débil de los tres departamentos del poder (52); que
nunca podrá atacar con éxito a ninguno de los otros dos, y que son precisas toda suerte de
precauciones para capacitarlo a fin de que pueda defenderse de los ataques de aquéllos.”
[6] HAMILTON Alexander % MADISON James: EL FEDERALISTA.

“Quien considere con atención los distintos departamentos del poder, percibirá que en un gobierno en
que se encuentren separados, el judicial, debido a la naturaleza de sus funciones, será siempre el
menos peligroso para los derechos políticos de la Constitución, porque su situación le permitirá
estorbarlos o perjudicarlos en menor grado que los otros poderes. El Ejecutivo no sólo dispensa los
honores, sino que posee la fuerza militar de la comunidad. El legislativo no sólo dispone de la bolsa,
sino que dicta las reglas que han de regular los derechos y los deberes de todos los ciudadanos. El
judicial, en cambio, no influye ni sobre las armas, ni sobre el tesoro; no dirige la riqueza ni la fuerza
de la sociedad, y no puede tomar ninguna resolución activa. Puede decirse con verdad que no posee
FUERZA ni VOLUNTAD, sino únicamente discernimiento, y que ha de apoyarse en definitiva en la
ayuda del brazo ejecutivo hasta para que tengan eficacia sus fallos. Esta sencilla manera de ver el
problema sugiere algunas consecuencias importantes. Demuestra incontestablemente que el
departamento judicial es, sin comparación, el más débil de los tres departamentos del poder (52); que
nunca podrá atacar con éxito a ninguno de los otros dos, y que son precisas toda suerte de
precauciones para capacitarlo a fin de que pueda defenderse de los ataques de aquéllos.”

[7] https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:VA6C2:ce68816b-cf90-49e9-80e5-71dbfbb56e08

[8] Primera etapa: elaboración, proposición y aprobación o sanción por el Órgano Legislativo; y
segunda etapa: promulgación y publicación por el Órgano Ejecutivo, denominado como el aspecto
formal de la ley.

[9] Corte IDH. Caso Yatama Vs. Nicaragua. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 23 de junio de 2005.

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