Lección 3.- Los órganos jurisdiccionales.
1. Los órganos jurisdiccionales: concepto, enumeración y distribución
territorial.
La terminología que tradicionalmente se emplea para referirnos a los órganos
jurisdiccionales parte de clasificarlos en órganos unipersonales y colegiados: los
órganos unipersonales están servidos por un solo funcionario, Juez o Magistrado, y son
los que también denominamos genéricamente Juzgados; los órganos colegiados, por su
parte, son aquéllos servidos por varios funcionarios que se encuentran en un mismo
nivel del competencia y responsabilidad, actuando bajo el principio de colegiación, y
son denominados Tribunales.
En cuanto al criterio para la enumeración y distribución de los órganos
jurisdiccionales, vamos a seguir el criterio de distribución territorial que se establece en
los arts. 30 a 34 de la LOPJ, que divide el territorio nacional para distribuir en el mismo
los distintos órganos encargados de ejercer la función jurisdiccional, y así veremos, a
continuación, los distintos órganos jurisdiccionales, sus competencias y su distribución
territorial.
Órganos Colegiados
Tribunal Supremo
Concebido por la Constitución como “Tribunal superior en todos los órdenes
jurisdiccionales”, el TS, con sede en Madrid y jurisdicción en toda España, es nuestro
Tribunal de casación y, por tanto, está constitucionalmente legitimado para garantizar
y obtener la aplicación de las leyes ordinarias y asegurar, mediante la creación de su
doctrina legal, la interpretación uniforme del Derecho. No es, sin embargo, el TS el
tribunal superior en todo lo referente a la aplicación de la Constitución, cuya última
palabra ostenta el TC.
El Presidente del TS es nombrado por el Rey, a propuesta del CGPJ, al cual
también preside y está compuesto por 5 Salas (art. 55 LOPJ):
Sala Primera: es la Sala de lo Civil y sus competencias están reguladas
en el art. 56 LOPJ.
Sala Segunda: es la Sala de lo Penal y es competente en las materias que
se regulan en el art. 57 LOPJ.
Sala Tercera: es la Sala de lo Contencioso-administrativo y conoce de
los recursos que cita el art. 58 LOPJ
Sala Cuarta: es la Sala de lo Social y conocerá de los asuntos previstos
en el art. 59 LOPJ.
Sala Quinta: es la Sala de lo Militar cuya competencia se regirá por su
legislación específica.
Audiencia Nacional
Al igual que el TS, la Audiencia Nacional tiene jurisdicción en toda España y su
sede en la ciudad de Madrid. Pero se diferencia radicalmente del TS, en que no es un
órgano de casación, sino un Tribunal de Apelación o de instancia sobre las tasadas
materias que la LOPJ le ha confiado.
La Audiencia Nacional está estructurada en cuatro Salas (art. 64.1 LOPJ):
Sala de Apelación: se regula en el art. 64 bis LOPJ y se creo para
posibilitar la instauración del derecho fundamental a la segunda instancia penal.
La Sala de lo Penal: su competencia se regula en el art. 65 LOPJ.
La Sala de lo Contencioso-administrativo: conocerá, de las cuestiones
que se establecen en el art. 66 LOPJ.
La Sala de lo Social: su ámbito de actuación se regula en el art. 67
LOPJ.
Tribunales Superiores de Justicia
Los TSJ culminan la organización judicial de la Comunidad Autónoma sobre
cuyo territorio extienden su jurisdicción. No obstante tener la misma denominación que
la CCAA en la que están radicados y su sede en la ciudad que determine el respectico
EEAA, no son órganos judiciales autonómicos, debido a la circunstancia de que el
Poder Judicial es único, por lo que dichos Tribunales pertenecen exclusivamente al
Poder Judicial del Estado español.
Pero la propia Constitución y los EEAA han consagrado determinadas
especialidades “autonómicas” de tales Tribunales Superiores, a saber:
a. Desde un punto de vista subjetivo, han de informar sobre la demarcación
judicial (art. 35.2 LOPJ), la capitalidad de los partidos judiciales (art. 35.6 LOPJ) y
sobre el horario de trabajo del personal auxiliar (art. 189.1 LOPJ) y han de proponer una
terna, designada por el Parlamento Autonómico, del tercer turno de juristas de
reconocido prestigio para el acceso a Magistrado de la Sala Civil y Penal del TSJ (art.
330.3 LOPJ).
b. Desde el punto de vista objetivo, los TSJ son concebidos, de un lado, como
Tribunales de casación en todo lo referente a la aplicación del Derecho Foral, Civil
Especial y Administrativo autonómico (art. 149.1.8ª CE) y, de otro, como Tribunales
Superiores de Apelación, de tal suerte que, excepción hecha de la competencia de la
AN, todas las instancias procesales han de finalizar, bien en el TSJ, bien en órganos
jurisdiccionales inferiores al TSJ, sin que pueda el TS conocer, mediante el recurso de
apelación, de tales competencias, debiendo su actividad quedar circunscrita a estimar, a
través del recurso de casación, las infracciones de la legislación estatal.
De conformidad con la expresada naturaleza constitucional de los TSJ, la LOPJ
concretó sus competencias en 3 Salas (art. 72.1 LOPJ) y son las siguientes:
La Sala de lo Civil y Penal: atenderán a las cuestiones que se refieren en
el art. 73 LOPJ.
Las Salas de lo Contencioso-administrativo: conocerán sobre las
materias que se establecen en el art. 74 LOPJ.
La Sala de lo Social: sus competencias se regulan en el art. 75 LOPJ.
Las Audiencias Provinciales
Las AP son Tribunales de Apelación, en el orden civil, y mixtos, de apelación
o de instancia, en el penal, que extienden su competencia sobre dichos órdenes
jurisdiccionales en el territorio de una Provincia.
La se de las AP es la capital de Provincia, si bien pueden crearse Secciones
destacadas y permanentes en otras ciudades, a las que se adscriben uno o varios partidos
judiciales (art. 80 LOPJ).
Las AP se dividen en Secciones, que pueden estar o no especializadas en el
orden civil o penal:
En materia penal: tendrán la competencia sobre las materias que se
regulan en el art. 82.1 LOPJ.
En el orden civil: conocerán de lo que establece el art. 82.2 LOPJ.
Órganos Unipersonales
Son los siguientes:
Juzgados de Paz
Los Juzgados de Paz tienen su sede en aquellos Municipios en donde no exista
Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción y limitan su demarcación a la del propio
Municipio. Están administrados por jueces legos o no necesariamente Licenciados en
Derecho y con una competencia limitada a asuntos de pequeña cuantía.
En el orden civil: les corresponde el conocimiento, en primera instancia,
de los asuntos de cuantía no superior a 90 € que no estén comprendidos en ninguno de
los casos a los que, por razón de la materia, se refiere el art. 250.1 LEC, precepto que
delimita al ámbito de aplicación del “juicio verbal” (art. 47 LEC).
En el orden penal: conocerán los Jueces de Paz del lugar en el que la
falta se hubiere cometido de los juicios por faltas tipificadas en los arts. 626, 630, 632 y
633 Cp. También conocerán los Jueces de Paz de los juicios por faltas tipificadas en el
art. 620.1 y 2 Cp., excepto cuando el ofendido fuere alguna de las personas a que se
refiere el art. 153 Cp. (art. 14.1 LECrim).
Juzgados de Primera Instancia y/o Instrucción
Los Juzgados de Primera Instancia y/o Instrucción tienen su sede en la capital
del partido judicial y su jurisdicción abarca dicho partido. Como su nombre indica, son
órganos unipersonales de primera instancia en materia civil (art. 85 LOPJ) y de
instrucción en lo penal (art. 87 LOPJ), debiendo existir, al menos, uno de tales Juzgados
por cada partido. Su regulación legal se establece en los arts. 84 y ss de la LOPJ.
Existen también Juzgados Centrales de Instrucción de la AN para el
conocimiento de esta fase en los delitos de la competencia objetiva de dicho órgano
nacional y tramitarán los expedientes de ejecución de las órdenes europeas de detención
y entrega, así como los expedientes de extradición pasiva, en los términos previstos en
la ley (art. 88 LOPJ).
Los Juzgados de 1ª Instancia e Instrucción pueden ser comunes o estas
especializados, si así lo reconociera la Ley de Demarcación y Planta (art. 89 LOPJ) y
los creará el Ministerio de Justicia en municipios que han de tener una población de
derecho superior a los 150.000 habitantes (art. 21.2 LDP).
Juzgados de lo Mercantil
Con carácter general, en cada provincia, con jurisdicción en toda ella, existe uno
o varios Juzgados de lo Mercantil, que son competentes para conocer de cuantas
cuestiones se susciten en materia concursal, en los términos previstos en su ley
reguladora. En todo caso, la jurisdicción del Juez del concurso es exclusiva y excluyente
en las materias establecidas en el art. 86 ter. LOPJ.
Ello no obstante, los Juzgados de lo Mercantil de Alicante tendrán competencia,
además, para conocer, en primera instancia y de forma exclusiva, de todos aquellos
litigios que se promuevan sobre la Marca Comunitaria, los Dibujos y Modelos
Comunitarios. En el ejercicio de esta competencia, dichos Juzgados extenderán su
jurisdicción a todo el territorio nacional, y a estos solos efectos se denominarán
Juzgados de Marca Comunitaria.
Juzgados de Violencia sobre la Mujer
Estos Juzgados fueron creados por la LO 1/2004, de 28 de diciembre, de
Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Tal y como manifiesta la
Exposición de Motivos de su Ley reguladora, estos Juzgados se configura como órganos
especializados dentro del orden de la jurisdicción penal los cuales conocerán de la
instrucción, y, en su caso, del fallo de las causas penales en materias de violencia sobre
la mujer, así como de determinados asuntos civiles del Derecho de familia.
Con carácter general, los Juzgados de Violencia sobre la Mujer tienen su sede en
la capital del partido judicial y su jurisdicción abarca dicho partido. Excepcionalmente
podrán extender su ámbito a 2 o más partidos dentro de la misma provincia y su
regulación legal se prevé en el art. 87 ter. LOPJ
La ley prevé que en aquellas circunscripciones donde sea conveniente, en
función de la carga de trabajo, las competencias propias de los Juzgados de Violencia
sobre la Mujer puedan ser asumidas por uno de los Juzgados de Primera Instancia e
Instrucción, de manera que uno sólo de estos órganos conozca de todos los asuntos
dentro del partido judicial, ya sea de forma exclusiva o conociendo también de otras
materias. En estos casos, el acuerdo corresponde adoptarlo al CGPJ, previo informe de
las Salas de Gobierno.
Por último, en los partidos judiciales en que exista un solo Juzgado de Primera
Instancia e Instrucción, asumirá éste el conocimiento de los asuntos propios de los
Juzgados de Violencia sobre la Mujer, junto con el resto de las materias.
Juzgados de lo Penal y Juzgados Centrales.
Los Juzgados de lo Penal fueron creados para cumplir con la doctrina del TC
sobre la imparcialidad objetiva, pues, con anterioridad a aquel año, los Jueces de
Instrucción acumulaban funciones instructoras y de enjuiciamiento e infringían la regla
del derecho al Juez legal imparcial y del acusatorio, según el cual “el Juez que instruya,
que no falle”.
Los Jueces de lo Penal pueden, en el caso de los Juzgados Centrales de lo Penal,
tener una jurisdicción nacional. En los demás, bien son provinciales, bien abarcan varios
partidos judiciales de una misma provincia (art. 89 bis. LOPJ).
Así mismo, con el fin de facilitar el conocimiento de los asuntos instruidos por
los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, y atendiendo al número de asuntos existentes,
deberán especializarse uno o varios Juzgados en cada provincia, de conformidad con lo
previsto en el art. 98 LOPJ.
Su competencia se circunscribe al conocimiento de la fase de juicio oral de los
delitos leves y menos graves, que lleven aparejada una pena privativa de libertad no
superior a 5 años o privativa de derechos no superior a 10, excluyéndose los delitos de
la competencia del Jurado. De los delitos con penas más graves conoce la AP.
Los Juzgados Centrales de lo Penal conocerán, en los casos en que así lo
establezcan las leyes procesales, de las causas por los delitos a que se refiere el art. 65
LOPJ y de los demás asuntos que señalen las leyes. De esta manera, tienen la misma
competencia que los Juzgados de lo Penal, pero en relación con los delitos cuyo
conocimiento se atribuye a la AN.
Juzgados de lo Contencioso-administrativo y Juzgados Centrales
Los Juzgados de lo Contencioso-Administrativo, creados por la Ley 29/1998, de
la Jurisdicción Contencioso-Administrativa para descongestionar la sobrecarga de
trabajo las Salas de lo Contencioso de los TSJ, constituyeron todo un éxito, por cuanto
han contribuido a acercar la Justicia administrativa a los ciudadanos y a dotarla de una
mayor rapidez y eficacia. Predeterminados por el art. 90 LOPJ su competencia viene
delimitada por el art. 8 LJCA.
Con sede en Madrid y jurisdicción en toda España, existen Juzgados Centrales
de lo Contencioso-Administrativo que conocen de los casos establecidos en el art. 90.4
y 5 LOPJ.
Juzgados de lo Social
Los juzgados de lo social, que vinieron a sustituir a las antiguas Magistraturas de
Trabajo, son órganos unipersonales de primera instancia (art. 93 LOPJ) de ámbito
provincial o interprovincial y con sede en la capital de provincia. Asimismo se permite
la creación de estos Juzgados en determinados partidos cuando la proximidad a
determinados núcleos de trabajo lo aconseje.
Los arts. 93 LOPJ y 6 LJS les confieren competencia universal para el
conocimiento de todos los conflictos individuales y colectivos de trabajo no reservados
en la primera instancia de la Sala de lo Social del TSJ o de la AN.
Juzgados de Vigilancia Penitenciaria y Centrales
Los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria son órganos unipersonales de carácter
provincial que conocen de materias relacionadas con la ejecución de las penas privativas
de libertad y medidas de seguridad, control jurisdiccional de la potestad disciplinaria de
las autoridades penitenciarias, amparo de los derechos y beneficios de los internos en
los establecimientos penitenciarios y demás que señale la LGP.
Con jurisdicción en toda España y sede en Madrid, habrá uno o varios Juzgados
Centrales de Vigilancia Penitenciaria que tendrán las funciones jurisdiccionales
descritas y las demás que señale la ley, en relación con los delitos competencia de la
AN. En todo caso, la competencia de estos Juzgados Centrales será preferente y
excluyente cuando el penado cumpla también otras condenas que no hubiesen sido
impuestas por la AN.
La regulación legal de ambos órganos se encuentra en el art. 94 LOPJ.
Juzgado de Menores y Juzgado Central de Menores
Los Juzgados de Menores, que sustituyeron al “Tribunal Tutelar de Menores”,
tienen, por lo general, ámbito provincial, si bien la LO 7/2000 creó el Juzgado Central
de Menores con ámbito nacional para el conocimiento de delitos de terrorismo
cometidos por menores y el art. 96.2 LOPJ permite la creación, tanto de Juzgado de
Menores inter, como intraprovinciales.
La competencia objetiva de estos Juzgados se regula en el art. 2 LORPM, en
cuya virtud tales Juzgados entienden de las causas por delito y de su responsabilidad
civil, cometidos por menores de 18 años y mayores de 14 años.
Se regulan ambos en el art. 96 LOPJ.
2. Conflictos de Competencia.
Por conflictos de competencia entiende el art. 42 LOPJ lo que puedan suscitarse
entre Juzgados y Tribunales de distintos órdenes jurisdiccionales, pero pertenecientes
todos ellos al Poder Judicial, si bien no se pueden plantear, debido a su carácter
preferente, frente a los órganos jurisdiccionales penales (art. 44 LOPJ).
Una vez oídas las partes y el Ministerio Fiscal, el órgano judicial requiere al del
otro orden jurisdiccional, quien, si rechazara el requerimiento, ha de comunicárselo al
requirente y ambos elevan entonces las actuaciones a la Sala Especial de Conflictos, que
está integrada por el Presidente del TS y compuesta por dos Magistrados, uno por cada
orden jurisdiccional en conflicto y designados anualmente por la sala de gobierno del
TS.
3. Personal juzgador: jueces y magistrados.
Tal y como se ha establecido en las lecciones precedentes, el estatuto jurídico de
los jueces y magistrados es una materia que el art. 122.2 CE declara reserva de la LOPJ,
de cuya declaración se infieren 2 conclusiones:
1. A las CCAA les esta vedado, no sólo por este precepto, sino también por lo
dispuesto en el art. 149.1.5ª CE, legislar sobre dicho estatuto, ya que pertenece al núcleo
duro de la Administración de Justicia.
2. Que tampoco el Estado Central puede incidir en esta materia por otra vía que
no sea la pertinente reforma de la LOPJ.
La razón de esta doble reserva reside en que el Juez diseñado por nuestra
Constitución no puede ser otro, sino el “independiente y sometido al imperio de la ley”
(art. 117. 1 CE). En la medida en que el estatuto de los jueces y magistrados está
dirigido a garantizar esta independencia judicial y un nivel técnico de conocimientos en
Derecho suficiente par asegurar la imparcial aplicación del Derecho, el art. 122.2 CE ha
consagrado, sobre esta materia, la más estricta reserva de LOPJ
Estatuto Jurídico y Ámbito de Aplicación.
El estatuto de los jueces y magistrados es tan solo reclamable al personal
jurisdiccional, entendiendo por tal, los jueces y magistrados “de carrera”; si bien, con
las especialidades que les son propias, también dicho estatuto es aplicable a los jueces
de paz y a todos los jueces y magistrados sustitutos y suplentes, quienes, sin ser de
carrera, son inamovibles durante su mandato y realizan provisionalmente funciones
jurisdiccionales (art. 298.2 LOPJ).
El art. 122.1 CE, al disponer que los jueces y magistrados “formarán un Cuerpo
único” vino a desterrar, como una garantía más de la independencia judicial, el modelo
“bonapartista” de promoción de los Jueces por el Poder Ejecutivo y se inspiro en el
modelo de la justicia inglesa, sin escalafones, y con la imposición de un “Cuerpo
único”. Pero la norma constitucional no prohíbe que, dentro de ese “Cuerpo único”,
pueda el legislador establece categorías dentro de la carrera judicial que, sin merma de
la independencia judicial, y de conformidad con los principios constitucionales de
capacidad y mérito (art. 23.2 CE), estimulen la productividad y profesionalidad de
nuestra Magistratura.
De aquí que el art. 299.1 LOPJ haya podido legítimamente dividir la carrera
judicial en tres categorías: la de juez, la de magistrado y la de magistrado del TS y
que, con respecto a esta última, se estableció un estatuto específico dirigido a reforzar la
independencia y competencia profesional de los magistrados que integran este alto
Tribunal.
También ejercen funciones jurisdiccionales sin pertenecer a la carrera judicial,
con sujeción al régimen establecido es esta ley, sin carácter de profesionalidad y con
inamovilidad temporal, los magistrados suplentes, los que sirven plazas de jueces como
sustitutos, los jueces de paz y sus sustitutos (art. 298.2 LOPJ).
Jueces Sustitutos
Son nombrados para suplir la falta de titular de un Juzgado determinado, que sea
único Juzgado de la localidad o cuando exista incompatibilidad de señalamientos por la
existencia de vacantes numerosas o por otras circunstancias análogas (art. 212.2 LOPJ).
Estos nombramientos tendrán carácter excepcional y su necesidad deberá ser
debidamente acreditada o motivada. Estos jueces sustitutos, que tienen la misma
jurisdicción que el titular, se designan de la misma manera que los magistrados
suplentes.
Magistrados Suplentes
Los magistrados suplentes y los jueces sustitutos son nombrados por el CGPJ, a
propuesta de la Sala de Gobierno del Tribunal correspondiente y por un año judicial
(art. 200.1 LOPJ). Son jueces profesionales que, como mínimo, han de reunir los
mismos requisitos que se exigen para el acceso a la carrera judicial, gozando de
preferencia los jueces, fiscales, secretarios, todos ellos jubilados o en excedencia, y los
profesores de Universidad, que no hayan cumplido la edad de 72 años (art. 201.2 y 3
LOPJ). Por su parte, los magistrados del TS, una vez jubilados, serán designados
magistrados eméritos en el TS cuando así lo soliciten, siempre que reúnan los requisitos
legalmente establecidos y de acuerdo con las necesidades de refuerzo de la Sala
correspondiente (art. 200.5 LOPJ).
Jueces de provisión temporal
Este tipo de jueces sigue el mismo nombramiento y requisitos que establecimos
anteriormente y así lo secunda el art. 431 LOPJ. Los jueces de provisión temporal son
jueces interinos que desempeñan su función, durante un plazo máximo de un año,
prorrogable por otro, en una plaza vacante por haberse declarado desierta en un
concurso determinado.
Jueces de adscripción territorial
La LO 1/2009 creo la figura de los jueces de adscripción territorial, que,
previstas sus plazas en la LDP, el Presidente del TSJ designe para ejercer su función en
virtud de lo dispuesto en el art. 347 bis LOPJ.
Jueces de paz
Los jueces de paz son nombrados, para un periodo de 4 años, por la Sala de
Gobierno del TSJ a propuesta del Ayuntamiento respectivo, quien ha de elegir por
mayoría absoluta al candidato (art. 101 LOPJ).
Aun cuando no sea necesario el requisito de la posesión del título de Licenciado
en Derecho, han de reunir los aspirantes a jueces de paz los demás requisitos exigidos
para el acceso a la carrera judicial (art. 102 LOPJ). Al igual que los jueces, y aunque no
pertenezcan a la carrera judicial, ejercen, con plenitud y dentro de sus competencias, la
potestad jurisdiccional (art. 298.2 LOPJ).
El ingreso en la carrera judicial.
Requisito de capacidad.
A diferencia de los jueces de paz, que pueden ser legos, todos los demás
miembros de la carrera judicial son “jueces técnicos”, es decir, es necesario que se
cumplan una serie de requisitos que son los siguientes:
Ser Licenciado en Derecho.
Nacionalidad Española.
Tener la mayoría de edad.
No estar incurso en causa de incapacidad o de incompatibilidad
para el oficio judicial.
Están incapacitado para el ingreso en la carrera judicial los impedidos
físicamente o psíquicamente para la función judicial; los condenados por delito doloso
mientras no hayan obtenido la rehabilitación; los procesados o inculpados por delito
doloso en tanto no sean absueltos o se dicte un auto de sobreseimiento y los que no
estén en el pleno ejercicio de sus derechos civiles (art. 303 LOPJ).
Modalidades de ingreso
Tradicionalmente dicho ingreso se efectuaba a través de la vía ordinaria de la
oposición para el acceso a la función de juez u la especialidad del concurso para la de
Magistrado.
Oposición libre: instaurada por la LOPJ de 1870, se mantiene como sistema
tradicional y ordinario de ingreso en la Judicatura y también en la Fiscalía, pues la
oposición es común para ambos cuerpos (art. 301.4 LOPJ).
Al CGPJ le compete la facultad de convocar, al menos cada 2 años (art. 301.6
LOPJ), a oposición libre las plazas de juez vacantes, de las cuales un número no inferior
al 5 % han de reservarse a personas con discapacidad, quienes también habrán de
superar las pruebas selectivas (art. 301.8 LOPJ).
El Tribunal que evaluará las pruebas de ingreso de las Carreras Judicial y Fiscal,
por las categorías de Juez y de Abogado Fiscal respectivamente, estará presidido por un
Magistrado del TS o TSJ o un Fiscal de Sala o un Fiscal del TS o TSJ, y serán vocales 2
Magistrados, 2 Fiscales, un Catedrático de Universidad de disciplina jurídica, un
Abogado del Estado, un Abogado con más de 10 años de ejercicio profesional y un
Secretario Judicial de la categoría primera que actuará como Secretario (art. 304.1
LOPJ).
El aspirante que supere estas pruebas selectivas, dirigidas a obtener constancia
de pleno conocimiento del derecho positivo y de la jurisprudencia del TC y TS, ha de
superar un Curso de 2 años en el Centro de selección y formación de jueces y
magistrados o “Escuela Judicial” con sede en Barcelona. Dicho curso comprende
formación teórica y práctica, en el que el aspirante, como juez adjunto, será tutelado por
un miembro de la carrera judicial (art. 307 LOPJ). De conformidad con la puntuación
obtenida, tanto en la oposición, como en el Curso de formación, elegirán las plazas
desiertas, objeto de la oposición (art. 308 LOPJ).
Concurso: está prevista para el ingreso en la Magistratura de los “juristas de
reconocido prestigio”, quienes acceden a ordenes jurisdiccionales determinados. A tal
efecto, una de cada 4 plazas vacantes de la categoría de Magistrado se ha de reservar
para esta modalidad de concurso, tradicionalmente denominado cuarto turno
(311.1.4LOPJ). A él pueden acceder juristas de reconocida competencia con más de 10
años de ejercicio profesional, quienes han de superar también el Curso teórico-práctico
en la Escuela Judicial. Pero una tercera parte de esas vacantes del cuarto turno ha de
reservarse a miembros del cuerpo de Secretarios Judiciales de primera o segunda
categoría. Las bases de la fase de concurso, en las que priman los méritos docentes y de
investigación, se contemplan en el art. 313 LOPJ.
Superada la fase del concurso, el aspirante habrá de realizar el Curso en la
Escuela Judicial (art. 311.1 III). Una vez aprobado dicho curso, pasan a integrarse en el
escalafón inmediatamente a continuación del último Magistrado que hubiere sido
promocionado por la vía ordinaria, a la que después nos referiremos. La tercera vacante
se proveerá, entre Jueces, por medio de pruebas selectivas en los órdenes
jurisdiccionales civil y penal, y de especialización en los órdenes contencioso-
administrativo, social y mercantil y las otras dos se proveen por el orden riguroso del
escalafón, si bien el juez puede renunciar a ese ascenso con la prohibición de participar
en los concursos de traslado durante los próximos 3 años, si la plaza era de Juez, o de un
año si fuera la de Magistrado (art 311.1 II LOPJ).
Otra vía de ingreso: el art. 330.4 LOPJ contempla un específico sistema de
ingreso a las Salas de lo Civil y Penal de los TSJ; cubriéndose 1 de cada 3 plazas con un
jurista de reconocido prestigio con más de 10 años de ejercicio profesional en las
CCAA, nombrados a propuesta del CGPJ sobre una terna presentada por la Asamblea
Legislativa. Estos Magistrados, si el volumen de trabajo lo requiere, pueden ser
adscritos como permanentes, a los distintos órdenes jurisdiccionales de los que sean
especialistas (art. 330.4 III LOPJ).
Traslados, promoción y situaciones administrativas.
Traslados
Tal y como se ha indicado, el régimen de provisión de vacantes y de traslado de
jueces de efectúa mediante concurso, en el que rige el criterio de la antigüedad y de
conformidad con el orden previsto en el escalafón judicial, debiendo permanecer, como
mínimo, 1 año en destino forzoso y 2 años en voluntario. Pero los del orden
jurisdiccional contencioso-administrativo, de lo social, los jueces de menores y los
jueces de lo mercantil requieren además el título de especialista en tales cometidos.
Asimismo, para el acceso de juez a la categoría de magistrado rige también,
como regla general, el criterio de la antigüedad, ya que, como se ha dicho, 2 de cada 4
vacantes se reserva a esta vía de promoción interna (art. 311.1 I LOPJ)
Pero para acceder a un Juzgado Central de la AN se requiere una antigüedad
mínima de 8 años (art. 329.5 LOPJ).
Puede afirmarse, en definitiva, que para el acceso a magistrado y hasta
Presidente de Sección o de Sala rige el criterio de la antigüedad, no pudiendo
permanecer en dichas presidencias más de 5 años (art. 333.1 LOPJ).
Promoción
Ahora bien, como quiera que, no sin razón, se ha dicho que el régimen de la
antigüedad lo es también el de la mediocridad, la LOPJ combina este criterio con el de
la capacidad y mérito para acceder a las plazas de magistrado de lo civil y penal o de
especialistas en los órdenes social y contencioso-administrativo, reservándose 1 de cada
4 plazas vacantes, a tal efecto.
Asimismo, se requiere la obtención del título de “especialista”; en su defecto
podrán acceder quienes hayan prestado servicios en el orden jurisdiccional
correspondiente durante 8 años dentro de los 12 años inmediatamente anteriores a la
fecha de convocatoria; y en defecto de estos criterios, por quien ostente mejor puesto en
el escalafón (art. 330.7 II LOPJ).
Las plazas de Presiden de Sala de la AN, así como las de Presidente de Sala de
los TSJ, se proveerán, por un período de 5 años, a propuesta del CGPJ, entre
magistrados que hubieren prestado 10 años de servicios en esta categoría y 8 años en el
orden jurisdiccional de que se trate. No obstante, la Presidencia de la Sala de Apelación
de la AN se proveerá entre magistrados con más de 15 años de antigüedad en la carrera
que hayan prestado servicios al menos durante 10 años en el orden jurisdiccional penal,
prefiriéndose entre ellos quien ostente la condición de especialista. Las de Presidente de
Sección de la AN, TSJ y AP se cubrirán por concurso, que resolverá de conformidad
con las reglas establecidas en el art. 330 LOPJ.
El acceso a magistrado del TS se realiza mediante designación libre del CGPJ
con arreglo a los siguientes criterios: de cada 5 plazas, una se reserva a los juristas de
reconocido prestigio, tal y como se ha expuesto anteriormente, y las otras 4, se
proveerán entre miembros de la Carrera Judicial con 10 años, al menos, de servicios en
la categoría de Magistrado y no menos de 15 en la Carrera (art. 343 LOPJ), de las cuales
2, a su vez, se reservan a magistrados que hayan accedido a esta categoría mediante
pruebas selectivas y las otras 2 plazas a quienes lo hagan por antigüedad en el escalafón
(art. 344 LOPJ).
Situaciones Administrativas
Los jueces y magistrados, como cualquier funcionario público, pueden
encontrarse en alguna de estas tres situaciones administrativas: servicio activo, servicios
especiales, excedencia voluntaria y suspensión (art. 348.1 LOPJ)
Los jueces y magistrados se encuentran en situación de servicio activo cuando
ocupan plaza correspondiente a la carrera judicial, cuando se encuentren adscritos
provisionalmente, en expectativa de destino o les haya sido conferida comisión de
servicio con carácter temporal (art. 351 LOPJ).
La situación de servicios especiales está diseñada para el nombramiento de
cargos temporales en los altos órganos del Estado u organizaciones internacionales (art.
352 LOPJ).
La excedencia ocasiona la suspensión de la relación funcionarial del Juez por
acceder a otros cargos u otras funciones públicas permanentes, salvo que se trate de
excedencia voluntaria para el cuidado de los hijos o de un familiar.
La suspensión del juez o magistrado sucede como consecuencia de la comisión
de una infracción de las normas que disciplinan su estatuto jurídico, es decir, haber
incurrido en una incapacidad o incompatibilidad o haber cometido una prohibición o
infracción de sus obligaciones judiciales o funcionariales. Puede ser provisional, la cual
sucede durante la tramitación del expediente disciplinario, o definitiva, en calidad de
sanción impuesta al término del mismo (arts. 359-363 LOPJ).
Incompatibilidades y prohibiciones.
Incompatibilidades
El art. 127.2 CE remite el régimen de las incompatibilidades a lo que disponga la
LOPJ con la sola exigencia de que ha de garantizar la independencia judicial.
Hoy dicho régimen se encuentra previsto en los arts. 389 a 397 LOPJ, del cual
cabe destacar la existencia de incompatibilidades absolutas y específicas.
Absolutas: se prevén en el art. 389 LOPJ.
Específicas o relativas: rigen en causas de abstención y a ellas se refieren los
arts. 391 a 394 LOPJ y son de 2 tipos:
Por razón de parentesco: los jueces y magistrados no pueden
desempeñar su oficio en aquellas poblaciones de menos de 10 Juzgados o de 3
Secciones en los que su cónyuge, unión de hecho o parientes hasta el segundo grado de
consanguinidad ejerzan las funciones de Abogado o Procurador, Fiscal o Secretario, o
tenga arraigo que obstaculice el imparcial ejercicio de su función jurisdiccional, ni con
la misma clase de parentesco pertenecer a una misma Sala.
Por razón de carácter profesional: a fin de reservar su
imparcialidad, tampoco pueden conocer a través de los recursos devolutivos, de asuntos
que hubieran conocido ya con anterioridad en la primera instancia, ni, en su calidad de
Jueces de lo Penal, de Diligencias que hubieran podido practicar con anterioridad como
Jueces de Instrucción.
Con independencia de la posibilidad de ejercitar la recusación en el caso de las
incompatibilidades relativas, la sanción al incumplimiento del régimen de
incompatibilidades la efectúan los arts. 417.6 y 418.14 LOPJ, conforme a los cuales
constituye una falta muy grave o grave.
Prohibiciones
Como prohibiciones, el art. 127.1 CE contempla expresamente el desempeño por
el juez o magistrado de cargos públicos o su pertenencia a partidos o sindicatos,
prohibición que reitera el art. 395 LOPJ, precepto que amplía además de las
prohibiciones del personal jurisdiccional a participar en cualquier tipo de campaña
electoral, fuera de emitir su voto, dirigir felicitaciones o censuras a miembros del Poder
Ejecutivo o asistir a manifestaciones o actos que nada tengan que ver con la actividad
judicial.
La contrapartida del art. 127.1 CE que, prohíbe la afiliación de los jueces a los
partidos y sindicatos, la efectúa el mismo precepto al permitir el asociacionismo
judicial, lo que no podía suceder de otra manera, pues el art. 22 CE consagra el derecho
fundamental de asociación.
El art. 401 LOPJ se ocupa de desarrollar este derecho fundamental, en su aspecto
positivo o derecho del juez a asociarse y en el negativo o de no asociarse. Sólo pueden
formar parte de estas asociaciones los Jueces y Magistrados, sin que puedan afiliarse a
más de una.
Asimismo, regula los requisitos que han de observar estas asociaciones
profesionales, las cuales han de perseguir, como fines lícitos, la defensa de los intereses
profesionales de sus miembros en todos los aspectos y la realización de actividades
encaminadas al servicio de la justicia en general. No podrán llevar a cabo actividades
políticas ni tener vinculaciones con partidos políticos o sindicatos, aun cuando la
realidad confirma la proximidad ideológica de la mayoría de tales asociaciones a los
partidos políticos.
Tales asociaciones, que han adquirido un gran protagonismo en la designación
de los Vocales del CGPJ tras la reforma operada por la LO 2/2001 al art. 111 LOPJ,
están legitimadas también para recurrir, en nombre de sus asociados, las sanciones
disciplinarias que el CGPJ pueda imponerles (art. 425.8.2 LOPJ).
Las asociaciones, que han de ostentar ámbito nacional y sus secciones coincidir
con el territorio del TSJ (127.3 LOPJ), deben inscribirse en un Registro del CGPJ al que
incorporarán una copia de los estatutos, que habrán de cumplir los requisitos exigidos
por el art. 127.7 LOPJ.
4. Los jueces legos.
Los Jueces de Paz y sus sustitutos serán nombrados para un periodo de cuatro
años por la sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia correspondiente y pueden
ser reelegidos indefinidamente. El nombramiento recaerá en las personas elegidas por el
respectivo Ayuntamiento. También serán jueces legos los que integran el Tribunal del
Jurado, pero nos centraremos en el Juez de Paz.
Los Jueces de Paz y sus sustitutos serán elegidos por el pleno del Ayuntamiento,
con el voto favorable de la mayoría absoluta de sus miembros, entre las personas que,
reuniendo las condiciones legales, así lo soliciten. Si no hubiere solicitante, el pleno
elegirá libremente.
Aprobado el acuerdo correspondiente, será remitido al juez de primera instancia
e instrucción, quien lo elevará a la Sala de Gobierno.
Si en el plazo de tres meses, a contar desde que se produjera la vacante en un
juzgado de paz, el ayuntamiento correspondiente no efectuase la propuesta prevenida en
los apartados anteriores, la sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia procederá
a designar al juez de paz. Se actuará de igual modo cuando la persona propuesta por el
ayuntamiento no reuniera, a juicio de la misma sala de gobierno y oído el Ministerio
Fiscal, las condiciones exigidas por esta Ley.
Podrán ser nombrados jueces de paz, tanto titular como sustituto, quienes, aun no
siendo licenciados en derecho, reúnan los demás requisitos exigidos para el acceso de la
carrera judicial. Ejercen la potestad jurisdiccional.
Los Jueces de Paz serán retribuidos por el sistema en la cuantía que legalmente se
establezca, y tendrán, dentro de su circunscripción, el tratamiento y precedencia que se
reconozcan a los jueces de primera instancia e instrucción.
Los Jueces de Paz y los sustitutos, en su caso, cesarán por el transcurso de su
mandato y por las mismas causas que los jueces de carrera en cuanto les sean de
aplicación.
5. Los principios y las garantías constitucionales de los jueces y
magistrados: independencia, imparcialidad e inamovilidad, la
responsabilidad y la sumisión a la ley.
La independencia de los jueces y magistrados.
Las garantías constitucionales del juez se encuentran genéricamente diseñadas
en el art. 117.1 CE. Debe ser “independiente e inamovible”, porque la legitimación del
oficio judicial no puede descansar, ni en ideas teocráticas, que convertirían a los Jueces
en una especie de sacerdotes, ni en ideas populistas, según las cuales los jueces, al igual
que nuestros parlamentarios, habrían de ser elegidos por el pueblo, sino en su
independencia, necesaria para la aplicación desinteresada o imparcial del Derecho, sin
la cual no puede siquiera hablarse de la existencia de un Juzgado o Tribuna, sino de un
“Tribunal de excepción”, expresamente proscrito por el art. 117.6 CE.
En segundo lugar, también el juez ha de ser “responsable”. Sí así no fuera, se
instalaría la arbitrariedad en el Poder Judicial, que nuestra Constitución prohíbe en su
art. 9.3 y se ocasionaría el ilegítimo sacrificio de los derechos subjetivos de los
ciudadanos.
Asimismo, tales jueces independientes han de estar “sometidos únicamente al
imperio de la ley”, porque en esta función reside la legitimación del Poder Judicial. Los
jueces han de aplicar las leyes promulgadas por el Parlamento y no las directrices del
Ejecutivo, de un partido o cacique local, tal y como acontecía en el siglo XIX y en los
regímenes autoritarios. La independencia y la sumisión del juez a la ley integran las dos
caras de una misma garantía, de la que depende la correcta aplicación del Derecho
objetivo.
La independencia de los jueces y magistrados, genéricamente enunciada en el
art. 117.1 CE, ha sido desarrollada en nuestro ordenamiento mediante la instauración de
todo un conjunto de garantías, cuya inmensa mayoría se encuentran previstas en la
LOPJ de 1985 y preservan al juez de hipotéticas presiones de las partes, de sus
superiores y del Gobierno y de los demás poderes del Estado.
La protección de todas estas garantías se efectúa, vía sustantiva, mediante la
tipificación de los “delitos contra la Administración de Justicia”, puede engendrar su
infracción responsabilidad disciplinaria del funcionario que atentara a la independencia
judicial y puede ser corregida por los particulares, a través de mecanismos de
prevención o de su restablecimiento a través de los recursos, incluido el de amparo, pues
la independencia no integra una nota más de la jurisdicción, sino que forma parte del
derecho al juez legal o predeterminado por la ley del art. 24.2 CE quien, de conformidad
con nuestra Constitución, ha de ser el juez independiente y únicamente sometido a ella.
Debido a la dimensión constitucional que tiene la independencia judicial, la
Constitución expresamente legitima al Ministerio Fiscal a velar y ejercitar las acciones
pertinentes en defensa de la misma (art. 124.1 CE).
La independencia frente a los otros poderes del Estado (resumir, esto está bien)
La independencia del Poder Judicial frente a los demás poderes del Estado se
sintetiza en un solo concepto, “división de poderes”: cada uno de los tres altos poderes
del Estado ha de limitarse al estricto cumplimiento de las funciones que la Constitución
le encomienda, sin que se justifique la invasión en las de los demás.
Pero, de poco servirá la independencia de los jueces y magistrados, si el Poder
Ejecutivo, que, como siempre, es el más emprendedor, pudiera disponer a su antojo
sobre la constitución y organización de los Tribunales, creando los órganos que estimara
más conveniente o, tal y como sucedía en el anterior régimen autocrático, dotando a los
más altos Tribunales de los “hombres de su confianza”.
Tras la Constitución de 1978 y la supresión del sistema administrativista de
designación de los jueces y promoción por el Ejecutivo por el de autogobierno de la
Magistratura, esta posibilidad está desterrada.
En este sentido, la independencia del Poder Judicial frente al Ejecutivo se
garantiza a través de 2 medidas constitucionales:
La reserva de ley orgánica: de conformidad con lo dispuesto en el art.
122.1 LOPJ la constitución, funcionamiento y gobierno de los Tribunales es materia de
reserva de LOPJ. A diferencia del Antiguo Régimen, en el que el Poder Ejecutivo
podría crear Tribunales de excepción para el conocimiento de determinadas materias o
el enjuiciamiento contra determinadas personas, hoy esta responsabilidad, no sólo está
expresamente proscrita (art. 117.6 CE), sino que además pertenece a dicha “reserva de
ley orgánica”.
A la LOPJ de 1985 le corresponde determinar los órganos jurisdiccionales, su
composición y funcionamiento, sin que Las Cortes puedan hacer uso de la delegación
legislativa sobre esta materia al Gobierno. Y así se ha hecho. De este modo, la creación
de nuevos órganos jurisdiccionales se ha efectuado mediante la reforma de los
correspondientes preceptos de la LOPJ.
Por otra parte, el art. 29 LOPJ declara objeto de “reserva de ley ordinaria” la
determinación de la planta de los Juzgados y Tribunales, por lo que, en cumplimiento de
este precepto, la Ley 38/1988 de Demarcación concretó dicha planta jurisdiccional, de
tal manera que al Poder Ejecutivo tan solo le resta, en nuestro actual régimen de
autogobierno, procurar los medios materiales y personales de los órganos
jurisdiccionales, pero nunca le corresponde, mediante el ejercicio de sus potestad
reglamentaria, alterar la determinación, naturaleza, competencia o planta de los órdenes
y órganos jurisdiccionales.
Si así sucediera, y el Poder Ejecutivo creara un Juzgado o Tribunal “ad hoc” o
“ad personam”, infringiría el derecho al juez legal del art. 24.2 en relación con el art.
117.6 CE, por lo que podría el interesado ejercitar el recurso de amparo para obtener el
restablecimiento de dicho derecho fundamental.
El control judicial de los reglamentos ilegales: un reglamento que
derogara o modificara la organización o planta de los Juzgados y Tribunales, sería
“ilegal” e infringiría el principio de “jerarquía normativa”, por lo que, debido a la
obligación del control normativo, que ostenta la jurisdicción sobre la legalidad de los
reglamentos y con independencia de su impugnación jurisdiccional, de entrada ningún
Juzgado o Tribunal podría aplicarlo (art. 6 LOPJ). Esta obligación de control difuso e
inaplicación judicial de los reglamentos ilegales, válida para todos los órdenes
jurisdiccionales, fue mitigada en el contencioso-administrativo por la LJCA de 1998 que
obliga al órgano judicial administrativo, que conozca un reglamento ilegal, a plantear
“cuestión de ilegalidad” ante el Tribunal competente para la declaración de ilegalidad
del reglamento.
Imparcialidad de jueces y magistrados.
Independencia frente a la sociedad
La independencia del juez frente a la sociedad se asegura mediante un conjunto
de medidas que podemos sistematizar en:
Preventivas: están dirigidas a preservar la imparcialidad objetiva y
autoridad o prestigio de jueces y magistrados.
Esta imparcialidad o supremacía de todo órgano jurisdiccional se obtiene a
través del estatuto jurídico de los jueces y magistrados, que enunciado, dentro del
ámbito de aplicación de la reserva de ley orgánica por el art. 122.1 CE, fue objeto de
amplio desarrollo por la LOPJ de 1985 (arts. 298 y ss.) y que tiene por finalidad
incrementar la confianza de los ciudadanos en la imparcialidad y pericia técnico-jurídica
de los jueces y magistrados.
Para ello, en primer lugar, es necesario que quienes accedan a la Magistratura
posean un elevado nivel de conocimientos en Derecho, lo cual se obtiene mediante el
sistema de ingreso por medio de la oposición libre o concurso. En segundo lugar, y
junto al régimen común de incapacidades para el acceso a toda función pública, la LOPJ
establece un severo régimen de incompatibilidades de la función de juez con la
ejecutiva o legislativa, con la abogacía o con las gestión de sociedades mercantiles, así
como de prohibiciones, cuyo incumplimiento puede engendrar responsabilidad
disciplinaria y cuya finalidad consiste en asegurar la división de poderes, afianzar la
imparcialidad del juez frente a la sociedad y las partes y asegurar el correcto
funcionamiento de la justicia.
Junto a tales prescripciones, y con el fin de evitar la venalidad, el Estado
también se compromete a garantizar una independencia económica y una retribución
adecuada a la dignidad de la función jurisdiccional de los jueces y magistrados (arts.
402-404 bis LOPJ).
Represivas: la independencia judicial también conlleva la exigencia de
que la sociedad le respete sin ejercitar presiones directas o indirectas sobre los jueces y
magistrados. Por esta razón, el art. 13 LOPJ establece que “todos están obligados a
respetar la independencia de los jueces y magistrados”. Y el art. 14 LOPJ faculta al
juez que se considere inquietado o perturbado en su independencia a poner los hechos
en conocimiento del CGPJ, sin perjuicio de adoptar las medidas necesarias para
asegurar la acción de la justicia o restaurar el orden jurídico, estando obligado el MF a
ejercitar las acciones oportunas en defensa de la independencia judicial, pues la
Constitución le confía la función de velar por la independencia de los Tribunales (art.
124.1).
La inamovilidad de los jueces y magistrados.
Independencia del juez frente a sus superiores y de los órganos de gobierno
Prohibición.
Para salvaguardar la independencia del juez frente a sus superiores y a los
órganos de gobierno del Poder Judicial, contempla la LOPJ dos tipos de garantías: la
inamovilidad judicial y la prohibición, contenida en el art. 12 LOPJ, de los órganos
superiores de dirigir a los inferiores instrucciones, órdenes o censuras sobre la
aplicación o interpretación del Derecho que puedan efectuar los mismos.
La organización del Poder Judicial se asemeja a una pirámide, en cuya cúspide
se encuentra el TS; pero, a diferencia, de la Administración o el MF, que actúa bajo los
principios de unidad y jerarquía, la independencia judicial es “difusa”, es decir,
pertenece a su totalidad e integridad a todos y cada uno de los órganos jurisdiccionales,
desde el más humilde Juzgado de Paz hasta el TS.
Por esta razón, cuando un juez está conociendo de un determinado objeto
procesal, es absolutamente independiente, no sólo de las partes, sino también de sus
superiores, quienes no pueden siquiera efectuar la más mínima insinuación de cómo
deba resolverse ese asunto. Por eso se establece la prohibición del art. 12 LOPJ y su
incumplimiento engendra la oportuna responsabilidad disciplinaria.
Así, pues, queda suficientemente claro que lo que el art. 12 LOPJ no autoriza a
los superiores del juez es a “interesarse” o dirigir a los inferiores instrucciones
particulares o singulares sobre los asuntos de los que esté conociendo. Pero dicha
prohibición se extiende también a las instrucciones “generales”, con lo que
inmediatamente surge la duda, consistente en determinar si han de estar o no vinculados
por la doctrina legal emanada de la jurisprudencia de los Tribunales superiores y, de
modo especial, por la del TC y TS.
En nuestro ordenamiento, tan sólo la doctrina del TC vincula directamente a
todos los jueces y magistrados (art. 5.1 LOPJ). Pero esta declaración no se infiere de la
precipitada conclusión de que la doctrina legal de los demás Tribunales, y sobre todo, la
del TS, no sea vinculante para los demás Juzgados y Tribunales, porque, si así fuera, se
generaría inseguridad jurídica y se podría vulnerar el principio constitucional de
igualdad de los ciudadanos en la aplicación de la ley.
Dicha doctrina legal también es vinculante para los órganos jurisdiccionales
inferiores, por la sencilla razón de que el art. 1.6 Cc. otorga a la doctrina jurisprudencial
del TS carácter de fuente del Derecho y el art. 477.3 LEC prevé como motivo del
recurso de casación el “interés casacional” derivado de la infracción de dicha doctrina
legal. El principio, pues, de subordinación del juez a la ley y al Derecho le obliga a
aplicar la jurisprudencia del TS y también de la “pequeña jurisprudencia” de las AP,
cuando, sobre determinadas materias, no exista doctrina legal aplicable del TS.
Asimismo debe conocer, por su auctoritas o prestigio jurídico, las instrucciones
generales del Fiscal General del Estado.
La independencia del juez podría legitimar, en determinadas ocasiones, su
separación de dicha doctrina jurisprudencial, si así lo explicitara en su Sentencia,
siempre, por dicha causa impugnable a través de los recursos, pero que nunca debiera
ser susceptible de engendrar, por esa sola causa, responsabilidad disciplinaria. Lo que
no puede hacer un juzgador de instancia es inaplicar, sin más, o ignorar la doctrina
jurisprudencial reclamable al caso.
La inamovilidad.
La inamovilidad judicial integra la principal garantía de la independencia
judicial frente a los superiores del juez. Y es la principal garantía porque, sin ella,
podrían los órganos de gobierno del Poder Judicial desembarazarse de aquellos jueces
que no secundaran sus directrices y colocar en su lugar a los más sumisos.
La inamovilidad judicial fue una conquista de la LOPJ de 1870, pues, con
anterioridad a ella, la Magistratura constituía un sector amovible, objeto de
depuraciones y de jubilaciones anticipadas. Sin embargo, hasta el advenimiento del
actual sistema democrático, la inamovilidad de los jueces no difería mucho de los demás
funcionarios, ya que, con independencia de los instrumentos de control político de la
judicatura, eran tan amplias e inseguras las causas que generaban la responsabilidad
disciplinaria del juez, que era relativamente fácil apartar a un juez independiente de un
asunto determinado o incluso de la propia función jurisdiccional.
Por ello, el art. 117.1 CE, después de afirmar que los jueces han de ser
independientes e “inamovibles”, define la inamovilidad judicial en el art. 117.2 CE
como “los jueces y magistrados no podrán ser separados, suspendidos, trasladados ni
jubilados sino por alguna de las causas y con las garantías previstas en la ley”.
Ahora bien, por ley aquí no cabe entender cualquier disposición con dicho
rango, sino la LOPJ, pues, si en el art. 122.2 establece dicha reserva para el “estatuto
jurídico” de los jueces y magistrados y la independencia integra una nota esencial de
dicho estatuto, sus causas de separación, suspensión, traslado o jubilación ha de estar
determinadas en la LOPJ. Así se encargar de señalarlo el art. 15 LOPJ.
Además dichas causas no pueden ser arbitrarias, sino que han de responder a la
comisión, por parte del juez, de un ilícito penal o civil, susceptible de engendrar
responsabilidad personal han de ser adoptadas en un procedimiento sancionador, que ha
de observar todas las garantías constitucionales de los arts. 24 y 25 CE y contra la
sanción podrá el juez interponer el correspondiente recurso contencioso-administrativo.
Así, el art. 379 LOPJ, con absoluto respeto al principio de legalidad, dispone que
el juez sólo pueda ser separado por renuncia al cargo, pérdida de la nacionalidad,
sanción disciplinaria muy grave, condena a pena privativa de libertad por la comisión de
un delito doloso, incapacidad o jubilación.
La suspensión o cesación temporal en el ejercicio de la función jurisdiccional se
contempla en el art. 386 LOPJ y puede ser provisional: sucede durante la tramitación de
un procedimiento penal o disciplinario; o definitiva: constituye una pena de
inhabilitación aparejada a la condena por la comisión de un delito o como consecuencia
de la irrogación de una sanción muy grave.
Finalmente la jubilación sólo puede acontecer por la declaración de incapacidad
o por cumplimiento de la edad (art. 385 LOPJ), la cual, si es forzosa, acontece a los 70
años (art. 386 LOPJ), aun cuando pueden continuar como magistrados eméritos,
teniendo el tratamiento retributivo de los magistrados suplentes (art. 220.4 LOPJ).
Con independencia de este tipo de inamovilidad judicial que es tan sólo
predicable de los jueces y magistrado de carrera, integrantes del Poder Judicial, existen
en nuestro ordenamiento “jueces a plazo” que, como su nombre indica, tan sólo son
inamovibles durante la duración de su mandato jurisdiccional.
Ello es lo que sucede con los Magistrados del TC que tiene una duración de su
mandato limitada a 9 años y los jueces a plazo previstos en el art. 378.2 LOPJ, que son
los siguientes:
Jueces de paz: elegidos por un período de 4 años (art. 101.1 LOPJ).
Magistrados suplentes: mandato anual, renovable (art. 200 LOPJ).
Jueces sustitutos: mandato anual, renovable (art. 212.2 LOPJ).
Jueces de provisión temporal: tienen su mandato limitado a la llegada del
juez titular y con máximo al plazo de 1 año, prorrogable otro más (art. 432.2 LOPJ).
Responsabilidad personal de jueces y magistrados.
Art. 121 CE
La independencia judicial tiene como contrapartida la existencia de
responsabilidad del juez por los daños que pueda cometer en el ejercicio de su función
jurisdiccional. La responsabilidad de los jueces y magistrados puede ser civil, penal y
disciplinaria. Dicha responsabilidad difiere de la de la administración dado que esta
última se rige por la Ley 40/2015. (esta ley se aplica tb a ministerio fiscal y médicos
forenses, art. 32 y ss de la misma).
Mirar art. 292 y ss LOPJ. Y copiar porque esto está todo derogado.
El error judicial previsto en art. 293
Con respecto al funcionamiento anormal el caso típico son las dilaciones indebidas,
mismo procedimiento que en el error judicial.
En cuanto a la prisión preventiva indebida, art. 294, será asi cuando halla inexistencia
objetiva, esto es, absolución por inexistencia de hecho.
Responsabilidad penal
La responsabilidad penal del juez de dilucidarse cuando haya cometido un delito
en el ejercicio de su función jurisdiccional.
En tal caso, se interpondrá directamente la pertinente querella ante el órgano
jurisdiccional ante el que este “aforado” el juez o magistrado, determinado en la LOPJ y
que suele coincidir con el Tribunal superior.
El procedimiento puede iniciarse de oficio, mediante providencia del Tribunal
competente, o a instancia de parte, pero siempre mediante querella, pueden instar esta
responsabilidad el MF, el perjudicado e incluso, mediante la acción popular, cualquier
ciudadano (art. 406 LOPJ).
Si el delito fuere apreciado por el TS o un TSJ la denuncia planteará
directamente ante el Tribunal competente (art. 407 LOPJ). Pero, si se tratara del CGPJ,
habrá que comunicarse al MF, quien interpondrá querella (art. 409 LOPJ).
En el caso de que alguna de las partes en un proceso, o persona que tuviese
interés en él, formulasen querella contra el juez o magistrado que deba resolver en dicho
proceso, con carácter previo a la admisión de ésta en el órgano competente para su
instrucción podrá recabar los antecedentes que considere oportunos a fin de determinar
su propia competencia así como la relevancia penal de los hechos objeto de la misma o
la verosimilitud de la imputación (art. 410 LOPJ).
Responsabilidad disciplinaria
El juez puede incurrir en responsabilidad disciplinaria cuando incurre en alguna
de las conductas previstas en los arts. 417 a 419 LOPJ.
En ocasiones sucede que alguna de las referidas faltas puede ser, también,
subsumidas en un delito. En tal caso, se incoarán dos procedimientos paralelos, uno
sería el penal y el administrativo sancionador el otro. Pero cuando, en este último, se
llegue a la propuesta de sanción, a fin de evitar la vulneración del principio
constitucional del ne bis in idem y garantizar el principio de supremacía de la
jurisdicción penal sobre la administrativa, el art. 415.2 LOPJ obliga a suspender el
procedimiento administrativo hasta que recaiga sanción penal, la cual vinculará al
órgano de gobierno del Poder Judicial.
Pero, fuera de estos casos, las faltas administrativas están dirigidas a asegurar el
cumplimiento de la obligación del juez a fin de asegurar el imparcial y correcto
funcionamiento de la Justicia.
Las sanciones que pueden el CGPJ irrogar a los jueces son las de advertencia,
multa hasta 6.000 €, traslado forzoso, suspensión y separación del servicio. La primera,
al igual que la multa, para las infracciones leves, la multa está prevista para las
infracciones graves y el traslado, la suspensión y la separación del servicio se reservan
para las infracciones muy graves (art. 420 LOPJ).
La autoridad competente para la imposición de la sanción depende de la
gravedad de la sanción. Si se tratara de una infracción leve, puede imponerla el
Presidente del Tribunal o Sala de gobierno respectiva; si fuera grave, la Comisión
Disciplinaria del CGPJ, y si fuera muy grave, habrá de irrogarla al Pleno del CGPJ.
Sumisión de los jueces y magistrado a la ley.
Tal y como declara el art. 117.1 CE los jueces y magistrados han de estar
“únicamente sometidos al imperio de la ley”. En esta función de sumisión o de
aplicación exclusiva y excluyente del Derecho objetivo reside la legitimación
constitucional de la función jurisdiccional y radica, en definitiva, la independencia y
prestigio de la Magistratura.
A esta función de aplicación del Derecho, con arreglo al sistema de fuentes
preestablecido y el principio de jerarquía normativa, no se opone la posibilidad de
creación judicial del Derecho con las limitaciones correspondientes, por lo que el juez
debe, sin embargo, poner especial cuidado en que “su” interpretación no contradiga la
jurisprudencia de los altos Tribunales, pues, en este caso, contribuiría a generar
inseguridad jurídica y a vulnerar el principio constitucional de igualdad en la aplicación
de la ley, valor uno y derecho fundamental, el otro, consagrados por los arts. 9 y 14 CE.
Tampoco se opone, pese a la prohibición contenida en el art. 127 CE de
pertenencia a los partidos políticos, que el juez mantenga su ideología o concepción del
mundo y que incluso, a través de la interpretación de las normas contribuya a dicha
creación judicial del Derecho.
Pero lo que los arts. 117.1 y 127 CE han querido desterrar es la figura del “juez
político”, del juez que, violentando el tenor y espíritu de la ley, tutela sólo determinados
intereses o excluye mecánicamente otros con exclusión de la voluntad general,
plasmada en la norma. Sin duda, esta figura constituye una clara infracción del derecho
al juez legal.
6. La responsabilidad del Estado por el funcionamiento anormal de la
Administración de Justicia.
Debido a la circunstancia de que el funcionamiento anormal de los Juzgados y
Tribunales, en el ejercicio de la función judicial, puede ocasionar daños patrimoniales a
los ciudadanos, con respecto de los cuales, y ante el menguado patrimonio del juez, no
eran satisfactorios los mecanismos para exigir la responsabilidad individual de los
jueces y magistrados, la Constitución, en su art. 121, declaró que “los daños causados
por error judicial, así como los que sean consecuencia del funcionamiento anormal de
la Administración de Justicia, darán derecho a una indemnización a cargo del Estado,
conforme a la ley”.
Hoy dicha responsabilidad del Estado, construida a imagen y semejanza de la
responsabilidad patrimonial de la Administración Pública por funcionamiento anormal
de sus servicios públicos, se encuentra regulada en los arts. 292-297 LOPJ, de cuyo
régimen cabe destacar las siguientes notas esenciales:
a. El daño ha de provenir del Poder Judicial “ latu sensu”, es decir, no
sólo de los actos procesales efectuados por Jueces y Tribunales, en el ejercicio de su
función jurisdiccional, sino también los que pueda cometer el personal auxiliar y
colaborador de la jurisdicción. No se comprenden, sin embargo, los ocasionados por el
MF, Abogacía del Estado, Abogados, Procuradores y demás intervinientes en el proceso
b. Dicho daño ha de ser efectivo, evaluable económicamente e
individualizado en relación con una persona o un grupo de personas (art. 292.2 LOPJ).
No son resarcibles los daños que el justiciable haya de soportar o cuando el daño haya
sido ocasionado por la conducta dolosa o negligente del particular (art. 295 LOPJ). Pero
el daño resarcible puede ser físico o moral, incluido el daño emergente y el lucro
cesante.
c. Los títulos de imputación de la responsabilidad han de obedecer a
error judicial, funcionamiento anormal de la Justicia o prisión provisional ilegal
por inexistencia del hecho (arts. 293 y 294 LOPJ). Si existiera dolo o culpa grave por
parte de algún juez o magistrado, el Estado, una vez reparado el daño, podrá repetir
contra el mismo (art. 296 LOPJ).
d. El procedimiento para exigir la responsabilidad patrimonial es
distinto:
Tratándose de “error judicial” es necesario, en primer lugar,
agotar previamente todos los recursos contra la resolución lesiva; en segundo lugar, la
acción ha de ejercitarse en el plazo de 3 meses, a partir del día en que puso ejercitarse;
en tercer lugar, dicha petición se planteará ante la Sala del TS del mismo orden
jurisdiccional al que pertenezca el órgano judicial causante del daño; en cuarto lugar, se
sustanciará la pretensión declarativa por el cauce del recurso de revisión con audiencia
del MF y de la Abogacía del Estado; finalmente, si el TS declara la existencia de error,
habrá el interesado de dirigir su pretensión resarcitoria ante el Ministerio de Justicia (art.
293 LOPJ).
Pero, si nos encontramos ante un supuesto de funcionamiento
anormal la tramitación es más sencilla: instancia al Ministerio de Justicia de
conformidad con las normas que disciplinan la responsabilidad patrimonial del Estado
(art. 293.2 LOPJ), es decir, provocación del acto administrativo y, en su caso, recurso
contencioso-administrativo.
7. Abstención y recusación de jueces y magistrados.
La legitimación de un juez en un proceso determinado estriba en una ausencia de
vinculación o de relación del juez con las partes o con el objeto procesal.
Si así sucediera, y con independencia de la aplicación de otras medidas
procesales, en su caso aplicable, tales como la declaración de nulidad de los actos
procesales practicados por el juez bajo violencia o intimidación (art. 238.2 LOPJ) o la
incoación de procedimientos para exigir responsabilidad personal a los jueces y
magistrados, se impone su abstención o recusación, garantías procesales ambas que
intentan salvaguardar la imparcialidad del órgano jurisdiccional a fin de que aplique
“desinteresadamente” el Derecho objetivo al caso concreto.
La LO 19/2003, de 23 de diciembre de modificación de la LOPJ ha dado una
nueva redacción al Capítulo dedicado a la abstención y recusación, completándose así el
sistema diseñado por la LEC.
La Abstención.
La abstención es una obligación de todo juez o magistrado que se realiza
mediante un acto procesal, de un lado, declarativo de un magistrado o juez o por el que
con suspensión del proceso principal, ha de poner inmediatamente en conocimiento,
respectivamente, de la Sección o Sala de la que forme parte o del órgano judicial “ad
quem” la circunstancia de que se encuentra incurso en alguna de las causas de
recusación contenidas en el art. 219 LOPJ y de voluntad, dentro, por el que para
preservar la imparcialidad del órgano judicial al que pertenece, solicita ser relevado en
un proceso determinado.
El órgano competente podrá estimar o no la abstención. Si la desestimara,
ordenará al juez o magistrado que continúe en el conocimiento del asunto, sin perjuicio
de que la parte interesada pueda instar su recusación (art. 221.3 LOPJ). Si dicho órgano
la estimara, el abstenido dictará auto por el que se apartará de conocimiento del proceso
y remitirá las actuaciones a su sustituto a fin de que asuma sus funciones, dando
conocimiento de todo ello a las partes. Cuando el que se abstenga forme parte de un
órgano colegiado, el auto lo dictará la Sala o Sección a que aquél pertenezca (art. 222
LOPJ).
La recusación.
La recusación es un acto de postulación, por el que alguna de las partes
interesadas le comunica a un determinado juez o magistrado, que se encuentra incurso
en alguna de las causas de recusación, que también lo son de abstención, contempladas
en el art. 219 LOPJ y, por lo tanto, le solicita su abandono del proceso.
Solo pueden recusar las partes formales y, en todo caso, el MF, siempre y
cuando deba intervenir en el proceso por estar comprometido el interés público.
En cuando al momento en el que debe plantearse la recusación, la ley exige que
se proponga tan pronto como se tenga conocimiento de la existencia de la causa que la
funde (art. 223 LOPJ). Esta prescripción tiene por objeto evitar comportamientos
dilatorios dentro del procedimiento. De esta manera, la LEC exige que se notifique la
composición completa de la Sala, pero este momento no opera como una preclusión
rígida para proponer la recusación si no se desprende y demuestra que el demandante
tuviera ya conocimiento de la causa de recusación.
Planteada la recusación mediante escrito, con determinación de la causa e
incorporación de un principio de prueba, ante el juez, se abrirá el “incidente de
recusación”, que consta de las siguientes fases procesales:
1. Traslado del escrito a las demás partes para que aleguen sobre la adhesión u
oposición de la recusación y comunicación del mismo al magistrado encargado de
instruir el incidente.
2. Traslado del escrito de recusación al juez recusado, para que informe sobre la
concurrencia de la causa, y de todos los autos al órgano que deba resolver la recusación.
3. Admitido a trámite el incidente por el instructor legalmente designado, si el
recusado acepta como cierta la causa de recusación alegada se resolverá el incidente sin
más trámites.
4. Si no la acepta, el instructor decidirá sobre la práctica de la prueba propuesta
y, acto seguido, remitirá todas las actuaciones al tribunal competente para decidir la
recusación.
5. Dicho tribunal solicitará el informe del MF y resolverá el incidente, sin que,
contra su resolución, quepa recurso alguno.
Por regla general, la competencia para decidir los incidentes de recusación de
magistrado corresponde a la Sección o Sala de la que formen parte. Cuando el recusado
sea magistrado de una AP, la competencia para resolver la recusación corresponde a la
AP, sin que forme parte de ella el recusado. Finalmente, cuando el recusado sea un juez,
decidirá el superior jerárquico que deba conocer de los recursos devolutivos, salvo que
el recusado sea un juez de paz, en cuyo caso resolverá el mismo juez instructor del
incidente de recusación.
8. El Consejo General del Poder Judicial.
Es el máximo órgano de autogobierno de nuestra Magistratura,
correspondiéndole realizar la totalidad de actos administrativos referentes al ingreso,
formación, promoción o ascenso y régimen disciplinario de jueces y magistrados, así
como la inspección de Juzgados y Tribunales.
En la actualidad estas competencias se encuentran desarrolladas por los arts.
558-561 y 595-602 del nuevo Libro VIII de la LOPJ que ha sido introducido por la LO
4/2013, de 28 de junio, de reforma del Consejo General del Poder Judicial.
De este régimen lo que más nos interesa destacar es las atribuciones que la ley le
otorga al CGPJ y que son las comprendidas en el art. 560 LOPJ. Todo el listado previsto
en este artículo no agota el marco constitucional, que en la actualidad, merece el
calificativo de kafkiano, pues la materia “Administración de Justicia” aparece repartida
entre el CGPJ y el Ministerio de Justicia y Consejerías de Justicia de las CCAA, que
conocen de la denominada “Administración de la Administración de Justicia.
Composición.
De conformidad con lo establecido en el art. 122.3 CE, el CGPJ está integrado
por el Presidente del TS, quien asume también la presidencia de éste órgano
constitucional de gobierno de los jueces, “y por veinte vocales, de los cuales doce serán
jueces o magistrados en servicio activo en la carrera judicial y 8 juristas de reconocida
competencia” (art. 566 LOPJ).
El desarrollo normativo, sin embargo, efectuado por el Poder Legislativo no ha
sido el mismo a lo largo de todos los tiempos.
a) Así, el primer Consejo, instaurado por la LO de 1980 efectuó una
interpretación gramatical del art. 122.3 CE y se establecieron dos turnos de ingreso en el
mismo: 1) el judicial, mediante elecciones promovidas por las asociaciones de la
Magistratura, eligió 12 representantes del CGPJ; 2) el parlamentario, conforme al cual
cuatro escaños de dicho Consejo fueron reservados al Congreso y los otros cuatro al
Senado.
El funcionamiento del este Consejo pronto reveló graves conflictos entre el
Poder Ejecutivo y dicho órgano de gobierno del Poder Judicial, lo que provocó su
reforma mediante al LOPJ de 1985.
b) El art. 112 LOPJ concedió al Poder Legislativo la designación parlamentaria
de la totalidad de los 20 vocales que había de integrar el Consejo: 8 entre abogados y
juristas y 12 entre jueces y magistrados, repartiéndose por mitades entre el Congreso y
el Senado. Este artículo fue objeto de recurso de inconstitucionalidad, pero el TC señaló
que era constitucional porque se acomodaba a la constitución evitando la partitocracia,
pues el art. 112 LOPJ tenía la finalidad de asegurar que la composición del Consejo
refleje el pluralismo existente en el seno de la sociedad y en el seno del poder judicial
(STC 108/1986).
c) Posteriormente, la LO 2/2001, modificó el art. 112 LOPJ con el objeto de
intentar conciliar los deseos de un sector importante de la Magistratura con el sistema de
designación parlamentaria propugnado por el Partido Socialista. En síntesis, el
procedimiento vigente de elección de vocales procedentes de la Magistratura es el
siguiente: las asociaciones profesionales de jueces o las agrupaciones con una
representatividad, al menos del 2% del censo de jueces en activo, había de elegir y
proponer al Parlamento una lista de 36 candidatos, de entre los cuales, el Pleno del
Congreso elegía a 6 y los otros 6 por el Senado de los 30 restantes.
d) Finalmente, la LO 4/2013, aun manteniendo el sistema de designación
parlamentaria, ha modificado sustancialmente dicho régimen. En síntesis, el
procedimiento vigente de elección de los 12 vocales procedentes de la Magistratura es
el siguiente: cualquier juez podrá presentar su candidatura, bien con el aval de 25
miembros de la carrera judicial, bien con el de una asociación judicial legalmente
constituida. Una vez proclamadas las candidaturas por la Junta Electoral, las Cámaras
legislativas procederán a la designación de los doce vocales de procedencia judicial,
debiendo designar, de entre ellos, a 3 magistrados del TS, 3 magistrados con más de 25
años de antigüedad, y 6 jueces o magistrados sin sujeción a antigüedad (arts. 574 y 578
LOPJ). En la designación de dichos candidatos, las Cámaras legislativas “tomarán en
consideración la proporción existente en la Carrera Judicial en el momento de
proceder a la renovación del CGPJ entre jueces y magistrados no afiliados y los
afiliados a cada una de las distintas Asociaciones Judiciales” (art. 578.2 LOPJ).
El art. 567 LOPJ contempla la elección de los 8 vocales de procedencia no
judicial, cada Cámara elegirá, mediante el mismo procedimiento que el sistema anterior
de mayoría de 3/5, libremente a los 8 vocales que integran este turno.
Con respecto al estatuto de los vocales del CGPJ es suficiente indicar que el art.
579 LOPJ ha modificado sustancialmente el régimen de incompatibilidad absoluta que
venía exigiendo el art. 117 LOPJ. En la actualidad, coexisten dos regímenes diferentes:
la de los vocales que integran la Comisión Permanente, que pasarán a la situación de
servicios especiales y asumen una dedicación absoluta; y la de los demás vocales (art.
579.1 LOPJ). Pero todos ellos poseen inamovilidad, son incompatibles con cualquier
otro cargo público, electivo o no electivo con la sola excepción en su caso del servicio
del cuerpo al que pertenezcan (art. 580.1 LOPJ), no están vinculados por mandato
imperativo alguno (art. 581 LOPJ), se encuentran aforados al TS (art. 583 LOPJ) y no
pueden ser promovidos a magistrados del TS o TC, ni para cualquier otro cargo de la
carrera judicial (art. 584 LOPJ).
Estructura y competencias.
Tal y como se ha indicado, el CGPJ está integrado por el Presidente y 20
vocales, todo ellos todavía elegidos por el Parlamento y designados por el Rey y
nombrados por un período de 5 años (Art. 566 LOPJ).
Pero a efectos gubernativos, cabe distinguir las competencias del Presidente y
Vicepresidente, del Pleno y de las Comisiones que integran el Consejo.
El Presidente del CGPJ y del TS y el Vicepresidente del TS: han de ostentar
la categoría de Magistrados del TS y reunir la categoría de Presidentes de Sala (art. 566
LOPJ)
El Presidente del CGPJ y del TS, es nombrado por el Rey a propuesta del Pleno
del CGPJ, quien ha de elegirlo por mayoría de 3/5 de los vocales que lo integran (arts.
586, 589 y 591 LOPJ). Como el de cualquier órgano deliberante, es la Autoridad
encargada de su representación, de dirigir los debates del Pleno y de proponer los
asuntos de su competencia reflejados en el art. 599 LOPJ.
El Vicepresidente sustituye al Presidente en tañes cometidos por razones de
enfermedad, vacante, ausencia y análogas del Presidente (arts. 590 y 591.5 LOPJ).
Ejerce el cargo de Presidente del TS en el caso de cese anticipado del Presidente del
CGPJ (art. 590), ostenta por su delegación la dirección del Gabinete Técnico del TS
(art. 591.2 LOPJ) y es miembro nato de la Sala de Gobierno de dicho alto tribunal (art.
592 LOPJ).
El Pleno: se reúne, previa convocatoria de su Presidente o Vicepresidente, en
sesiones ordinarias o extraordinarias para tratar de los asuntos de autogobierno más
relevantes. Ha de constituirse al menos con 12 miembros para la elección del presidente
y 10 vocales y el presidente, en los demás casos (art. 600 LOPJ). Las competencias del
Pleno del CGPJ se establecen en el art. 599 LOPJ.
Las Comisiones: que integran el Consejo son la permanente, la disciplinaria, la
de calificación, la de igualdad (arts. 601-610 LOPJ).
La Comisión Permanente: está compuesta por el Presidente del TS, que la
preside, y otros 5 vocales, 3 de los nombrados por el turno judicial y otros 2 de los
designados por el turno de los juristas de reconocida competencia. Salvo en el caso de
los miembros de la Comisión Disciplinaria, se procurará la rotación anual del resto de
los vocales en la composición anual de la Comisión Permanente (art. 601.2 LOPJ). A la
Comisión Permanente le corresponde el ejercicio de todas las atribuciones del CGPJ que
no estén expresamente reservadas a la Presidencia, al Pleno, a la Comisión
Disciplinaria, a la Comisión de Igualdad o a la Comisión de Asuntos Económicos (art.
602.1 LOPJ).
La Comisión Disciplinaria: con una permanencia de 5 años, está compuesta
por 7 vocales: 4 del turno judicial y 3 del turno de juristas de reconocida competencia
(art. 603.2 LOPJ) y le corresponde resolver los expedientes disciplinarios incoados por
infracciones graves y muy graves e imponer, en su caso, las sanciones que correspondan
a jueces y magistrados, con la sola excepción de aquellos supuestos en que la sanción
propuesta fuere de separación del servicio (arts. 604.1 y 606 LOPJ).
La Comisión de Asuntos Económicos: de duración anual, está integrada por
el vicepresidente del CGPJ, que la presidirá, y 4 vocales (art. 609.2 LOPJ) y le
corresponde la realización de estudios y proyectos de carácter económico y financiero
que le sean encomendados por el Pleno del CGPJ, el control de la actividad financiera
contable de la gerencia y aquellas otras que resulten necesarias para el correcto
desempeño de las funciones del CGPJ en materia económica (art. 609.4 LOPJ).
La Comisión de Igualdad: de una duración anual, está compuesta por 3
vocales, siendo presidida por el de mayor antigüedad (art. 610.2 LOPJ) y le corresponde
asesorar al Pleno sobre las medidas necesarias o convenientes para integrar activamente
el principio de igualdad entre mujeres y hombres en el ejercicio de sus atribuciones del
CGPJ y, en particular, elaborar los informes previos sobre impacto de género de los
Reglamentos y mejorar los parámetros de igualdad en la Carrera Judicial (art. 610.4
LOPJ).