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Conceptos Clave del Derecho Procesal

Este documento define el derecho procesal, describe sus características y ramas principales. Explica que el derecho procesal regula la resolución de controversias jurídicas de manera justa e imperativa. Se compone de normas que rigen la jurisdicción, los procedimientos legales y los efectos de las sentencias. Sus ramas principales son el derecho procesal civil, penal, laboral, administrativo y constitucional.
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Conceptos Clave del Derecho Procesal

Este documento define el derecho procesal, describe sus características y ramas principales. Explica que el derecho procesal regula la resolución de controversias jurídicas de manera justa e imperativa. Se compone de normas que rigen la jurisdicción, los procedimientos legales y los efectos de las sentencias. Sus ramas principales son el derecho procesal civil, penal, laboral, administrativo y constitucional.
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Introducción

Lección 1.- El derecho procesal.

1. El derecho procesal: concepto, naturaleza y ramas de esta disciplina.

En una primera aproximación, siguiendo al profesor Morón Palomino, podemos


definir al derecho procesal como un conjunto de normas jurídicas relativas a la
resolución jurisdiccional de las controversias jurídicas que tendrá que ser justa,
imperativa y eficaz.
Otra definición es la que aporta Gimeno Sendra que define al derecho procesal
como el sector del ordenamiento jurídico que regula los presupuestos, requisitos y
efectos del proceso. Pero, atendiendo al objeto de esta asignatura, puede ser más
rigurosamente definido como el conjunto de normas de derecho público que regula la
jurisdicción, los presupuestos procesales, lo derechos, posibilidades, cargas y
obligaciones procesales, los actos procesales, las resoluciones del órgano jurisdiccional,
la sentencia y sus efectos, así como los medios de impugnación, las medidas cautelares
y resoluciones provisionales y el proceso de ejecución.

Naturaleza o caracteres del derecho procesal

1. El derecho procesal como parte del derecho público: debido a la


circunstancia de que el Poder Judicial es uno de los poderes del Estado y a la de que los
Jueces, cuando ejercitan la potestad jurisdiccional, actúan con potestad de imperio, las
relaciones jurídicas que ligan a las partes y a los intervinientes en el proceso con el
órgano judicial sobre relaciones de Derecho Público.
Así la inmensa mayoría de los preceptos del Derecho procesal contienen normas
imperativas, por lo que su infracción puede entrañar una nulidad radical o de pleno
Derecho, si bien un principio de conservación de los actos procesales ocasiona que,
como regla general, los actos irregulares puedan ser convalidados o subsanados,
reservándose los efectos de la nulidad para las infracciones más graves de dichas
normas imperativas
En aquellos procesos en los que rija el principio dispositivo, pueden existir
“negocios jurídicos procesales” entre las partes, de entre los que cabe señalar los
siguientes: la sumisión de las partes al arbitraje y consiguiente exclusión del proceso,
los actos de disposición que ponen término al proceso y los pactos de sumisión entre las
partes que determinan la competencia territorial del órgano jurisdiccional.

2. La jurisdicción: pertenece al estudio del Derecho procesal todo lo relativo a


la jurisdicción, en su aspecto subjetivo, orgánico o estático, es decir, el estudio del
Poder Judicial y de su régimen de gobierno, así como el del estatuto de los jueces y
magistrados y del personal auxiliar y colaborador. A este sector se le conoce como
derecho judicial orgánico y está también regido por normas del ius cogens.

3. El proceso: el estudio de los sujetos procesales que en él interviene, de los


presupuestos y actos procesales, de la pretensión y su contestación, los actos de
alegación, prueba e impugnación, las resoluciones judiciales y sus efectos, las cosa
juzgada, las medidas cautelares y de ejecución, los medios de impugnación, las diversas
clases de procedimientos con sus distintas fases y los actos de la jurisdicción voluntaria.
4. El carácter instrumental del derecho procesal: debido a la exigencia
constitucional de que la tutela judicial ha de ser de los derechos e intereses legítimos, a
la función del proceso de protección de los derechos subjetivos y al hecho de que la
potestad jurisdiccional consiste en la aplicación del derecho objetivo a los casos
concretos, el Derecho procesal posee un marcado carácter instrumental o sirve para la
aplicación del Derecho material.
La autonomía del Derecho procesal no puede llevarse al límite de prescindir de
la idea de que el proceso es un instrumento de los jueces para la aplicación del Derecho
material. Ello es así, hasta el punto de que existe una clara e indisoluble relación entre el
Derecho procesal, de un lado, y la legislación material, a la que sirve, del otro. De este
modo, el carácter necesario de que el Derecho penal ocasiona que el proceso penal haya
de estar informado por el principio de legalidad, la titularidad por los particulares de los
derechos subjetivos que regula el Derecho civil otorga la hegemonía del principio
dispositivo en el proceso civil, etc. Hasta tal punto permanece esta relación Derecho
procesal/Derecho material que, en la mayoría de los Estados miembros de la Unión
Europea, nuestra disciplina se adscribe o se estudia conjuntamente con el Derecho
material, porque, sin el estudio del Derecho sustantivo, no se puede alcanzar un nivel
aceptable de conocimientos en el Derecho procesal.

Ramas del derecho procesal

Existen distintas ramas dentro del Derecho procesal, porque la naturaleza de las
controversias planteadas es distinta, y también porque existen órdenes jurisdiccionales
distintos y así distinguimos entre:

Derecho procesal civil: conjunto de normas jurídicas procesales que resuelven


las controversias jurídicas que se plantean en la esfera del derecho privado.

Derecho procesal penal: engloba las normas jurídicas que regulan la actuación
del ius puniendi del Estado cuando se comete un hecho delictivo que transgrede el orden
social.

Derecho procesal laboral: conjunto de normas que dan satisfacción a las


pretensiones que se planteen en el orden laboral.

Derecho procesal administrativo: formado por las normas jurídicas que tutelan
los derechos e intereses de los ciudadanos frente a los actos ilegales de la
Administración.

Derecho procesal constitucional: contiene las normas que regulan los procesos
que se plantean ante el TC.

2. Fuentes del derecho procesal.

Como consecuencia de la vigencia del principio de legalidad procesal, de todas


las fuentes del Derecho (art. 1 Cc.) la más importante del Derecho procesal es la ley,
con la particularidad de que, debido a que la legislación procesal es competencia
exclusiva del Estado, sólo las Cortes Generales ostentan la potestad de promulgar leyes
procesales.
a) La primera ley procesal, que han de aplicar todos los poderes públicos, es la
Constitución (art. 5 LOPJ). En particular, los derechos fundamentales de incidencia
procesal vinculan a todos los Juzgados y Tribunales (art. 6 LOPJ), pudiéndose recabar
su tutela mediante el recurso de amparo. El artículo 24 defiende el derecho a la tutela
judicial efectiva.

b) Como regla general, es suficiente que las leyes procesales gocen del rango de
ordinarias, sin perjuicio de que, cuando puedan afectar a derechos fundamentales, hayan
de revestir la forma de ley orgánica, y así ha sucedido, por ejemplo, en las reformas
derivadas del derecho al juez legal imparcial. Pero la inmensa mayoría de las normas
procesales, al no incidir en derecho fundamental alguno, son susceptibles de ser
reformadas a través de ley ordinaria.

c) Las normas procesales pueden ser: comunes  las contempladas en la LEC;


y especiales  son todas las demás. El carácter común de la LEC deriva de erigirse el
Código supletorio de las demás leyes de enjuiciamiento, ya que sus normas procesales
resultan de aplicación supletoria en todos los órdenes jurisdiccionales (art. 4 LEC).
También son normas comunes las contempladas en la LOPJ, relativas a
presupuestos procesales, tales como la jurisdicción y competencia, resoluciones, actos
procesales, etc. que, al igual que la LEC, no sólo han de aplicarse en el proceso civil,
sino también en los demás órdenes jurisdiccionales.
Pero, aun cuando la LEC constituya un auténtico Código Procesal Civil, debido
a la circunstancia de que no se ha atrevido a derogar la “selva procedimental” de
procesos especiales, que caracteriza a nuestra sistema procesal civil, sus normas
procesales coexisten con otras contenidas en leyes especiales, como por ejemplo la ley
de patentes y marcas o la de sociedades mercantiles, que naturalmente tan sólo han de
resultar aplicables en el correspondiente proceso especial o sumario preestablecido para
el conocimiento de tales singulares relaciones jurídicas.

d) La costumbre no es fuente del Derecho procesal, sin perjuicio de que los


profesionales hayan de conocer los usos y prácticas forenses, que nunca pueden
alcanzar a derogar al Derecho legislado.

e) Aunque no gocen de la misma relevancia que en el Derecho privado, también


los principios generales del derecho, cuya inmensa mayoría se encuentran recogidos
en la propia Constitución, son fuentes del Derecho. Lo mismo acontece con la
jurisprudencia y, dentro de ella, la doctrinal legal del TS.

3. Aplicación, interpretación e integración de las normas procesales.

Interpretación

La interpretación de las normas procesales, de conformidad con el principio de


jerarquía normativa (arts. 5-8 LOPJ), corresponde a todo juez o Tribunal, si bien la
última palabra en la interpretación de la legalidad ordinaria la ha de ostentar el
Tribunal Supremo a quien el ordenamiento le otorga la función de emitir la doctrinal
legal procesal que haga realidad el principio de igualdad ante la ley.
Pero las normas procesales han de interpretarse de conformidad con lo dispuesto
en la Constitución, es decir, con arreglo a la doctrina jurisprudencial emanada de su
supremo intérprete: el Tribunal Constitucional. Los Juzgados y Tribunales tan sólo
están legitimados para inaplicar las leyes anteriores a la promulgación de la
Constitución. Con respecto a las leyes posteriores, no pueden dejarlas inaplicadas, sino
que han de proponer ante el TC la pertinente cuestión de inconstitucionalidad, siempre y
cuando sea imposible la acomodación de la norma ordinaria a la constitucional.
En cuanto a los criterios de interpretación de las normas procesales, han de ser
de aplicación los contenidos en el art. 3 Cc., si bien la interpretación gramatical o la
histórica han de ceder, siempre que resulten contradictorias con la sistemática o
teleológica, a favor de esta última, ya que, en virtud de la aplicación del valor “justicia”,
consagrado en el art. 1.1 CE, no pueden hoy sustentarse los clásicos aforismos de “dura
lex, sed lex” (ley dura, pero ley) o “fiat iustitia et pereat mundi” (Que se haga justicia,
aunque perezca el mundo).

Aplicación

Tanto el art. 1 de la LEC como el art. 1 de la LECrim., consagran el principio


de legalidad procesal, es decir, el de que, en todos los procesos y hasta llegar a la
sentencia definitiva, han de observarse las normas contenidas en los respectivos
Códigos procesales.
Desde un punto de vista subjetivo, el principio de legalidad procesal, conforme
al cual todos los sujetos del proceso, tanto los órganos jurisdiccionales, como las partes,
principales o accesorias y los intervinientes en la prueba, como es el caso de los testigos
y peritos “deberán actuar con arreglo a lo dispuesto en la ley”, es decir, en las leyes de
enjuiciamiento.
Desde el punto de vista objetivo, podríamos definir el principio de legalidad
procesal como la exigencia de que toda pretensión y su resistencia o defensa sea
tramitada de conformidad con el procedimiento adecuado y las normas procesales
previstas en las leyes procesales.

Eficacia temporal de las normas procesales.

En materia de aplicación de las normas procesales en el tiempo conviene


distinguir las del derecho procesal penal, de las que regulan los demás procesos.

Proceso penal y en el procedimiento administrativo sancionador rige el


principio de irretroactividad de “las disposiciones sancionadoras no favorables o
restrictivas de derechos individuales”, contenido en el art. 9.3 CE, es decir, la
retroactividad de la norma procesal más favorable, por lo que la entrada en vigor de
una nueva norma procesal extenderá sus efectos al pasado, siempre y cuando le sea más
beneficiosa al imputado.

Resto de procesos, al disponer el art. 2 LEC que las normas procesales “nunca
serán retroactivas”, rige, como regla general, el criterio de la irretroactividad de la
norma procesal.
El fundamento del principio de irretroactividad, por lo demás común a todo el
ordenamiento, incluso material, hay que encontrarlo en el principio de legalidad
procesal. Si el ciudadano tiene derecho a ser juzgado por el juez legal y si, como hemos
dicho, el “derecho a un proceso con todas las garantías” del art. 24.2 CE conlleva el
derecho a ser juzgado mediante el procedimiento preestablecido, es natural que el
legislador ordinario consagre el principio de irretroactividad de la ley procesal, pues,
tanto el actor, como el demandado tienen también derecho a la seguridad jurídica
procesal, es decir, a saber de antemano que su pretensión y su defensa se ejercitarán con
arreglo a un procedimiento en el que el programa de posibilidades, cargas y
obligaciones procesales ha de encontrarse legalmente preestablecido, pues, podría
provocar situaciones de indefensión material a alguna de las partes, si el legislador
decidiera sorpresivamente menguar, modificar o transformar tales posibilidades y cargas
procesales reguladas en la ley procesal derogada, con arreglo a las cuales ambas partes
elaboraron, en su día, su estrategia procesal.
Aun partiendo de dicho criterio de la irretroactividad de la ley procesal nueva, el
problema resida, sin embargo, en determinar a partir de qué momento ha de aplicarse
dicha ley nueva de carácter procesal: si, a partir del surgimiento del litigio o conflicto,
del ejercicio del derecho de acción o de la instancia en la que se encuentre el proceso.
Aquí, a falta de un criterio normativo expreso, goza el legislador de un margen
de configuración que le permite, siempre y cuando no atente al principio de seguridad
jurídica o sacrifique desproporcionadamente los derechos subjetivos, establecer en las
Disposiciones transitorias los criterios que estime pertinentes.
De este modo la LEC secundó el criterio de la irretroactividad de la ley procesal
en la primera instancia y el contrario o de su aplicación inmediata en la segunda y en
casación. Respecto al primero de los enunciados criterios, cabe afirmar que se amolda
plenamente a lo dispuesto en el art. 2 LEC. Y es que, en materia de aplicación en el
tiempo de la ley procesal civil, lo decisivo es el ejercicio del derecho de acción o,
para ser más exactos, el momento que determina la aplicación temporal de la ley es el
de la providencia o decreto de admisión de la demanda que, de conformidad con la
doctrina general de la litispendencia, retrotrae sus efectos al momento de su
presentación. De esta manera, no existe aplicación de la ley procesal retroactiva, si la
nueva ley entra en vigor con anterioridad a la interposición de la demanda, aun cuando
el derecho subjetivo material haya nacido al amparo de la ley procesal antigua.
Pero el criterio de la irretroactividad es excepcionado por la propia dicción del
art. 2 LEC, que permite al legislador, como se ha dicho, modular dicho criterio de la
irretroactividad. Tales disposiciones pueden ser comunes: las contempladas en las
Disposiciones transitoria 1ª a 7ª LEC; y especiales: leyes materiales que contemplen
especialidades procesales, tales como Disposición Transitoria de la ley 60/2003 o la
Disposición Transitoria 1ª de la ley 17/2001.
De las disposiciones comunes del derecho transitorio, previstas en la LEC,
interesa destacar que la regla general es la de que cada fase del procedimiento ha de
tramitarse con arreglo a la ley nueva o antigua en la fecha de la interposición del
acto de iniciación.

Eficacia de la norma procesal en el espacio

Concepto y fundamento: debido a que las normas procesales son de Derecho


público y que los límites de la Jurisdicción coinciden con los del Estado, es natural que
el art. 3 LEC establezca el principio de territorialidad de la ley procesal, conforme al
cual todos los procesos civiles que se sigan en el territorio nacional se regirán
únicamente por las normas procesales españolas y ello con independencia de que alguna
o ambas partes ostenten una nacionalidad distinta o de que las resoluciones judiciales o
incluso el Derecho material que deba aplicar el Tribunal pueda ser extranjero.
Excepciones: el expresado principio es susceptible de tener dos derogaciones,
relativas a las normas de Derecho internacional e interno.

Derecho Internacional: el art. 3 LEC exceptúa del principio de


territorialidad lo que dispongan al respecto los Tratados o Convenios Internacionales y
que existen Convenios Internacionales o Tratados que, ejerciendo el principio de
reciprocidad convencional, contienen normas que pueden alcanzar determinados efectos
procesales en nuestro país, en materias como colaboración judicial internacional,
exención de cauciones, justicia gratuita, etc.
Nótese que tales especialidades poseen un marcado carácter marginal, por lo
que, más que de derogaciones o excepciones a la territorialidad de la LEC, se trata de
determinadas especialidades o singularidades, atinentes a ciertos actos procesales, sin
que puedan llegar nunca a derogar “in toto” las normas procesales españolas, salvedad
hecha de que, por la vía de la cesión de soberanía que comporta la ratificación por el
Reino de España del Tratado de la Unión Europea, el Parlamento Europeo decidiera la
promulgación de un “Código Procesal Civil Europeo”, lo que, en el momento actual,
parece utópico, o que se promulgaran determinadas normas, materiales y procesales,
europeas sobre determinadas relaciones jurídicas que, por su relevancia, exigen una
cierta armonización, tales como la separación y el divorcio, el derecho de familia, etc.

Derecho interno: aun cuando el art. 3 tan sólo exceptúe expresamente


del principio de territorialidad las referidas normas del Derecho internacional privado,
lo cierto es que el art 149.1 6ª CE, si bien reserva la legislación procesal al Estado, dicha
competencia estatal se efectúa “sin perjuicio de las necesarias especialidades que en
este orden se deriven de las particularidades del derecho sustantivo de las
Comunidades Autónomas”.
Con base en esta declaración, algunos Estatutos de Autonomía autorizan a sus
Parlamentos autonómicos a dictar “normas procesales”, lo que ha permitido a la
doctrina reclamar la existencia de un derecho procesal propio.
No obstante la existencia de trabajos sobre la existencia de un supuesto Derecho
procesal autonómico, lo cierto es que no alcanza entidad legal suficiente alguna para
predicar la autonomía d esta disciplina, siendo la interpretación que el TC ha efectuado
de la citada cláusula de competencia autonómica del art. 149.1.6ª CE enormemente
restrictiva, ya que ha reafirmado la competencia del Estado en todo lo referente a la
legislación procesal.

FALTA INTEGRACIÓN E INTERPRETACIÓN

Contenido material, contexto social

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