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Manipulación Mental y Sectas: Análisis Crítico

Este documento discute el concepto de manipulación mental en relación con los llamados grupos sectarios. En primer lugar, plantea el problema de definir el término "secta" y propone usar expresiones alternativas como "movimientos alternativos" o "grupos minoritarios". Luego, analiza el debate sobre si estos grupos usan técnicas de manipulación mental para forzar la voluntad de sus miembros y evitar que abandonen el grupo. Finalmente, examina las diferentes posiciones de la doctrina jurídica, sociología, teología y psi

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Manipulación Mental y Sectas: Análisis Crítico

Este documento discute el concepto de manipulación mental en relación con los llamados grupos sectarios. En primer lugar, plantea el problema de definir el término "secta" y propone usar expresiones alternativas como "movimientos alternativos" o "grupos minoritarios". Luego, analiza el debate sobre si estos grupos usan técnicas de manipulación mental para forzar la voluntad de sus miembros y evitar que abandonen el grupo. Finalmente, examina las diferentes posiciones de la doctrina jurídica, sociología, teología y psi

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EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN

MENTAL EN RELACIÓN
CON LAS LLAMADAS SECTAS
IGNACIO FONT BOIX

SUMARIO

I • AVATARES EN TORNO A LA MANIPULACIÓN MENTAL. 1. Plantea-


miento del problema. 2. Posición de la doctrina. 3. Testimonios de la me-
dicina. 4. El debate sobre la manipulación mental en España. II • LA
REALIDAD LEGISLATIVA Y DOCTRINAL ESPAÑOLA EN TORNO A LA
MANIPULACIÓN MENTAL. 1. Algunas cuestiones previas. 2. El Código
Penal de 1995. 3. ¿Conviene tipificar como delito autónomo la manipu-
lación mental?

I. AVATARES EN TORNO A LA MANIPULACIÓN MENTAL


1. Planteamiento del problema

Aunque en otro estudio abordaré en profundidad las cuestión ter-


minológica y conceptual relativa al mundo de las mal llamadas «sectas»,
sí que quiero precisar ahora que este aspecto no es de los de menor im-
portancia: «Aunque la denominación pueda parecer, a primera vista, al-
go baladí, si se profundiza en el campo científico se puede ver que gran
parte de las discusiones e incomprensiones suelen provenir de una falta
de precisión en la conceptualización y definición de las materias de es-
tudio»1.

El término «secta» tiene una clara connotación peyorativa, y así


es entendida en el lenguaje popular y mediático. Según el parecer gene-
ralizado, esa expresión designa a grupos que llevan a cabo actuaciones
dañinas o, como mínimo, peligrosas para sus propios integrantes o para

1. J. GOTI ORDEÑANA, Concepto histórico y concepto actual de secta, en: J. GOTI ORDEÑANA
(ed.), «Aspectos socio-jurídicos de las sectas desde una perspectiva comparada», Oñati
I.I.S.L., Vitoria 1991, p. 90.

IUS CANONICUM, XLII, N. 83, 2002, págs. 331-358


332 IGNACIO FONT BOIX

el medio social en el que desarrollan sus actividades. «Esta acepción des-


pectiva es una de las que aporta mayores dificultades para que se pueda
utilizar esta denominación»2. Por eso, mientras no se elabore una defini-
ción del término aceptable desde la óptica jurídica y que, por tanto, res-
pete los mandatos constitucionales relativos a las libertades de la perso-
na humana, las autoridades legislativas, la jurisprudencia y la doctrina
deberían renunciar a su utilización. Coherentemente con lo expuesto, no
utilizaré la palabra «secta», salvo que resulte inevitable al incluir citas de
autores que sí lo hagan. Por mi parte, y sólo en la medida que sea abso-
lutamente imprescindible, prefiero referirme a esos grupos con diversas
expresiones: «movimientos alternativos», «grupos minoritarios», «enti-
dades no convencionales» y expresiones equivalentes.
De entrada, no hay dificultad alguna para que cualquier colectivo
humano, formado por pocas o muchas personas, se proponga desarrollar
unas actividades concretas, de acuerdo con unas ideas comunes. Nadie
es capaz de oponerse a su existencia pues se trata de un derecho univer-
salmente reconocido en las Declaraciones Internacionales y en la prác-
tica totalidad de los países democráticos.
Las primeras reticencias surgen cuando las actividades objeto de
esas colectividades de personas van más allá de lo que podríamos llamar
el ámbito meramente externo o periférico de sus miembros; es decir,
cuando la obligación que se les pide no se limita a pagar una cuota mo-
derada, a participar activa o pasivamente en contadas reuniones, a dedi-
car unas horas de su tiempo a actividades de voluntariado o a integrar al-
gún comité o subcomité. Los puntos de vista opuestos a esos grupos han
experimentado un auge creciente en la medida en que su nacimiento ha
estado vinculado a una explicación del mundo, a una Weltanschaung que,
interiorizada en el pensamiento del individuo, le ha movido a decidir
adecuar su comportamiento personal futuro a esa idea, a comprometerse
consigo mismo a vivir unas normas de conducta coherentes y a asociar-
se con otros para hacer efectivo con mayor facilidad ese propósito. Pro-
pósito que ya no es exclusivamente externo o formal, sino que afecta
también a los resortes interiores de la persona hasta el punto de que se
ve impelida a comprometer buena parte de su vida.

2. Ibid., p. 91.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 333

Las críticas contra estos planteamientos arrecian todavía con más


fuerza cuando ese nuevo modo de entender y vivir la vida exige al indi-
viduo afectado un cambio radical de hábitos respecto a los que llevaba
hasta entonces; y se muestran particularmente virulentas cuando la per-
sona interesada se va distanciando afectiva o físicamente del entorno fa-
miliar y laboral en que vivía.
Ante estas nuevas alternativas, la respuesta de familiares y amigos
ha sido diferente en función de las convicciones ideológicas y morales.
Algunos, aun lamentándolas, han respetado las decisiones de sus fami-
liares o amigos, a la vez que les han expuesto con serenidad y firmeza sus
propios puntos de vista. Otros, al no ser capaces de imaginar que sus pa-
rientes hayan decidido adoptar libremente puntos de vista tan radical-
mente diferentes a los comúnmente admitidos en el medio familiar, le-
vantan «inacabables acusaciones contra los medios de proselitismo
utilizados por algunos de estos grupos, poniendo especial interés en tra-
zar una clara disección entre los métodos de coerción psíquica que sue-
len designarse con las controvertidas expresiones “lavado de cerebro” o
“control mental”, y los supuestos de legítima persuasión...»3.
Aquí nos encontramos con la cuestión que ha suscitado las más
enconadas polémicas, sobre todo a nivel político y de los medios de co-
municación, avivadas por algunos familiares de afectados y por asocia-
ciones llamadas genérica e inadecuadamente, a mi entender, anti-sectas4.
El núcleo central del problema radica en determinar si los promotores y
dirigentes de cualquier grupo —organizado o no— fuerzan y violentan la
voluntad de los candidatos a integrarse en él para hacer efectiva su ad-
hesión y, una vez adeptos a la causa, para evitar que la abandonen. Esta
supuesta presión que ejercerían algunos grupos sobre sus potenciales
miembros ha recibido por la doctrina jurídica, por los sociólogos, por los
teólogos, por los psiquiatras y psicólogos, diversos calificativos: «lavado
de cerebro», control o manipulación mental, programación, persuasión

3. J. M. TAMARIT SUMALLA, Les sectes i el dret penal, en: «Revista Jurídica de Catalunya»,
1992, p. 699.
4. Digo inadecuadamente porque el término anti-sectas se ha convertido en una especie
de cajón de sastre en el que, con cierta desmesura, algunos analistas incluyen cualquier aso-
ciación que incidentalmente se haya opuesto a algunas actividades de esos movimientos, sea
cual sea su finalidad específica, que a menudo está más relacionada con la protección de la
juventud o con la defensa de la familia que con una misión beligerante contra esos grupos.
334 IGNACIO FONT BOIX

coercitiva, coacción psicológica, alteración de la personalidad, etc. Los


especialistas no se ponen de acuerdo y, cada uno desde la óptica de su
materia, defienden posturas difícilmente conciliables.
Algunos empiezan por negar la premisa mayor y no admiten de
entrada la posibilidad de influir en las potencias intelectuales y volitivas
del hombre hasta el punto de llevarle a adoptar convicciones y valores
contrarios a su verdadero querer. Polaino-Lorente, por ejemplo, ha escri-
to con rotundidad que «sostener que ciertas técnicas psicológicas pueden
programar o desprogramar la mente es, además de irreal, una evidente
manifestación de ignorancia»5.
Las hipótesis de los partidarios de la existencia de fenómenos de
control mental y similares parten de la observación de la realidad: com-
prueban que hay individuos de cultura elevada y con las necesidades bá-
sicas cubiertas, que se adhieren a un movimiento alternativo en contras-
te con una cultura dominante y con los patrones de comportamiento
comúnmente admitidos. Es un hecho en el que estamos todos de acuer-
do. No se puede negar.
La explicación de esa conversión sorprendente la buscan en una
privación o, como mínimo, en una perturbación de su capacidad crítica
y de su libertad de conciencia. Razonamiento que, a su juicio, se confir-
ma cuando personas de destacada posición social abandonan estudios
prometedores u ocupaciones profesionales brillantes y consolidadas para
incorporarse a un grupo en el que, además de renunciar a una posición
favorable, no obtienen beneficios materiales de ninguna clase ni un re-
conocimiento social equivalente al que gozaban. Puesto que tal decisión
no puede atribuirse a la superstición, a la ignorancia ni a la urgencia de
salir de un estado de indigencia, se acaba por concluir que debe existir
un trastorno psicológico de importancia que, en ocasiones, será espontá-
neo, pero en bastantes casos será consecuencia de la aplicación de téc-
nicas sofisticadas de manipulación dirigidas a someter la voluntad. En
ambos casos, siempre habría previamente en la persona que experimen-
ta el proceso de conversión una estructura psicológica frágil, particular-
mente susceptible a las influencias externas.

5. A. POLAINO-LORENTE, Las sectas y los problemas personales, en: ALTAREJOS-A. POLAINO-


LORENTE-LÓPEZ ESCOBAR, «Tres reflexiones sobre sectas», Pamplona 1999, p. 87.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 335

El interrogante que planea sobre esos casos de conversión-adhe-


sión-continuidad es si las personas que los viven son plenamente libres y
por tanto, si se convierten, se afilian y permanecen en la nueva organi-
zación de modo consciente y responsable. En definitiva, ¿se puede afir-
mar que esos procesos de conversión son expresión y resultado de una
elección individual libre y responsable? o, por el contrario, ¿expresan y
proceden de manipulaciones, condicionamientos y dependencia?

2. Posición de la doctrina

No es aventurado asegurar que la doctrina jurídica en nuestro país,


con matices diversos, es unánime al reconocer la existencia de mecanis-
mos invasivos del ámbito personalísimo de la conciencia de los individuos.
Hay, no obstante, posturas diferenciadas en cuanto a la eficacia real de los
instrumentos que se utilizan y, sobre todo, una valoración divergente del
significado jurídico que habría que conceder a esos supuestos mecanismos
de manipulación. Todos entienden que, siempre que se experimenten de
manera involuntaria, las intervenciones quirúrgicas de neurocirugía, el su-
ministro de sustancias estupefacientes o el sometimiento a prácticas hip-
nóticas constituyen acciones reprobables y que, al practicarlas sin el con-
sentimiento del sujeto pasivo, se cometen delitos de distinta naturaleza.
Lo que no está claro es que, sin la utilización de los recursos ante-
riores, las dotes persuasorias de algunos miembros de movimientos alter-
nativos ideológicos puedan alcanzar tal grado de pericia e intensidad que
acaben por perturbar gravemente la capacidad de autogobierno de los
afectados. López Alarcón habla, sin tomar explícitamente postura, de
que existen «sutiles maquinaciones psicológicas en las que concurren en-
gaños, promesas, dádivas para aprovecharse de negativas situaciones psí-
quicas, familiares, sociales y económicas»6. Tamarit Sumalla dice que se
han de tener en cuenta «las técnicas de manipulación psíquica como el
lavado de cerebro o el control mental»7. Maqueda Abreu se lamenta de
que se apliquen «maniobras cada vez más sofisticadas de persuasión co-

6. M. LÓPEZ ALARCÓN, Tutela de la libertad religiosa, en: FERRER ORTIZ (coord.), «Dere-
cho Eclesiástico del Estado español», Pamplona 1996, p. 169.
7. J. M. TAMARIT SUMALLA, La libertad ideológica en el Derecho Penal, Barcelona 1989, p.
235.
336 IGNACIO FONT BOIX

ercitiva y de control psicológico que merman la capacidad de percepción


de quien se ve sometido a ellas»8. Baucells Lladó cita «métodos de ma-
nipulación o coerción psíquica»9, Álvarez Cortina se refiere a medios «de
alteración o control de la personalidad»10, Martín Sánchez11 y Félix
Ballesta al «lavado de cerebro»12. Llamazares Fernández dedica particu-
lar atención a esta problemática concreta; para él, el resultado de esa
programación sería una auténtica «despersonalización» de quienes se
pretende captar, «entendiendo por despersonalización, la pérdida de la
capacidad de decisión sobre sí mismos»13. Admite este autor que, en la
adhesión a un movimiento alternativo ideológico hay una opción del su-
jeto que supone «la renuncia al ejercicio de uno de sus derechos funda-
mentales»14, renuncia que resulta particularmente lacerante porque «no
se ha tomado consciente y libremente, sino presionado por técnicas que
tienen por objeto el dominio y sumisión de su voluntad, de manera que
el primer acto decisivo, ya irresponsable por despersonalizado, es justa-
mente ese acto inicial de renuncia a la propia capacidad de decisión»15.
No he encontrado en la doctrina ni un solo autor que, al menos,
ponga en duda la posibilidad real de que alguien —en este caso, un
miembro proselitista de algún movimiento alternativo ideológico— pue-
da manejar a su antojo la conciencia del individuo que desea captar, con-
formándola según los esquemas propios del manipulador. Los tratadistas
jurídicos españoles han aceptado, sin crítica alguna, la existencia del «la-
vado de cerebro», de la persuasión coercitiva o de la manipulación men-

18. M. L. MAQUEDA ABRAU, Sectas y Derecho Penal. Una aproximación jurisprudencial a su


análisis, en: «Cuadernos jurídicos», n. 41, mayo 1996, p. 33.
19. J. BAUCELLS I LLADÓS, La delincuencia por convicción, Valencia 2000, p. 113.
10. A. ÁLVAREZ CORTINA, El tratamiento de las confesiones religiosas, en: J. MARTÍNEZ-
TORRÓN (ed.), «La libertad religiosa y de conciencia ante la justicia constitucional», Actas
del VIII Congreso Internacional de Derecho Eclesiástico del Estado. Granada, 13-16 de ma-
yo de 1997, Granada 1998, p. 130.
11. I. MARTÍN SÁNCHEZ, El derecho a la formación de la conciencia y su tutela penal, Valen-
cia 2000, p. 281.
12. M. A. FÉLIX BALLESTA, Mecanismos psicológicos de vinculación a las sectas, en: J. GOTI
ORDEÑANA (ed.), «Aspectos socio-jurídicos de las sectas desde una perspectiva comparada»,
o. c., p. 118.
13. D. LLAMAZARES FERNÁNDEZ, Sectas y derecho fundamental de libertad de conciencia, en:
J. GOTI ORDEÑANA (ed.), «Aspectos socio-jurídicos de las sectas desde una perspectiva com-
parada», o. c., p. 133.
14. Ibid., p. 134.
15. Ibid.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 337

tal como una técnica que permitiría programar la voluntad del candida-
to a adepto. La existencia del control de la personalidad, denominado de
muy variadas maneras es, pues, para la generalidad de la doctrina jurídi-
ca en nuestro país un axioma que no precisa demostración. Pero, ¿es cier-
ta esa afirmación unánime?

3. Testimonios de la medicina

Este punto de partida no sólo no es pacíficamente admitido por los


profesionales de la psique, sino que existe una corriente mayoritaria en-
tre ellos que se opone radical y absolutamente a esa posibilidad, a la que
niegan toda credibilidad científica. Esta divergencia de opiniones no es
extraña en el mundo de la psiquiatría, rama de la medicina particular-
mente sensible al influjo de los valores culturales16. Además, en la temá-
tica que nos ocupa, conviene tener particularmente presente las afirma-
ciones de Cawley en el sentido de que hay algunos aspectos básicos de la
psiquiatría —«la unicidad de la persona, la conciencia de sí mismo, sus
profundos sentimientos, la empatía, la interacción y las relaciones con
otros»— que, a su juicio, «son experiencias primarias y nunca serán so-
metidas a las reglas de la ciencia»17. Así se entiende que el debate en el
seno de la comunidad científica se desarrolle sin llegar a conclusiones
universalmente aceptadas. Aquí nos referiremos única y exclusivamente
a las divergentes posiciones sobre si los movimientos alternativos respe-
tan la libertad del individuo en su proceso de captación. Dejaremos,
pues, de lado, otros aspectos de interés en relación con la salud psíquica
de los integrantes de estos grupos18.

16. Cfr. C. BURKE, Relevancia jurídica de las pericias psiquiátricas. Su aplicación en un ejem-
plo concreto: la homosexualidad, en: «Ius Canonicum», 2001, vol. XLI, n. 81, pp. 105-144.
17. «The raw material of the psychiatrist’s work consists of the behaviour, thoughts and
emotions, objectively expressed and subjectively experienced, of persons in distress and tho-
se in close contact with them»; «there are six crucial aspects of our discipline which are in
principle unrelated to the basic sciences and yet are central to what we are doing»; «the uni-
queness of the individual, his/her awareness of self, inner feelings, empathy, and interaction
and alliances with others»; «are primary experiences, and will never be subsumed under the
rules of science». R. H. CAWLEY, Psichiatry is more than a science, en: «British Journal of Psi-
quiatry», vol. 162, 1993, pp. 154-157, citado por C. BURKE, o. c., p. 118.
18. Por ejemplo, una cuestión íntimamente ligada a este mundo se refiere a los trastornos
experimentados por las personas que han sufrido una prolongada e intensa persuasión, y que
el DSM-III-R califica como síndrome disociativo atípico (cfr. M. L. JORDÁN VILLACAMPA, Las
sectas pseudorreligiosas, Madrid 1991, pp. 19-22; la autora cita el DSM-III-R, en versión espa-
338 IGNACIO FONT BOIX

La historia de las discrepancias entre especialistas se remonta a


dos o tres décadas atrás y el debate ha estado caracterizado por el apasio-
namiento y el subjetivismo, hasta el punto de que —en Estados Uni-
dos— las diferencias de opinión han ido más allá de las publicaciones
científicas y han llegado incluso a los tribunales, como veremos.
A finales de la década de 1970 y en los comienzos de la de 1980,
algunos psicólogos y psiquiatras norteamericanos se vieron implicados co-
mo testigos o peritos en algunos procedimientos judiciales contra miem-
bros relevantes de movimientos alternativos ideológicos. En ese foro, al-
gunos de ellos comenzaron a presentar las teorías del «lavado de cerebro»
y del «control mental» como evidencias científicas incontestables.
También en esos años —concretamente en 1983—, la Asociación
Americana de Psicología (APA)19 había puesto en marcha, a petición de
algunos de sus asociados, un grupo de trabajo —task force— para tratar
sobre los deceptive and indirect methods of persuasion and control y que ha
sido conocido como el DIMPAC. La Dra. Margaret T. Singer fue desig-
nada para la presidencia de esa Comisión, que debía rendir cuentas de sus
trabajos al Board of social and ethical responsability for psychology (BSERP),
comité de la APA que tenía la misión de garantizar los contenidos éticos
de las actuaciones corporativas de la Asociación.
Singer y los demás miembros de ese equipo20 abordaron sus traba-
jos concentrando sus esfuerzos en analizar la influencia psicológica de de-
terminadas técnicas manipuladoras y sus consecuencias. Específicamente
aclararon que no eran objeto de su investigación los factores que hacen a

ñola, Barcelona 1989. Posteriormente, ha aparecido una nueva edición, el DSM-IV, Barce-
lona 1995). El DSM («Diagnostic and statistical manual of mental disorders») es un manual
que, en su origen, aspiraba sencillamente a demostrar que las patologías psíquicas podían
diagnosticarse con criterios objetivos, pero que, sin pretenderlo, se ha convertido en sus su-
cesivas ediciones en un manual de referencia obligada en la práctica psiquiátrica occidental.
19. La American Psychological Association (APA) es una asociación sin ánimo de lucro, de
carácter científico y profesional, con más de 60.000 miembros. Es la más numerosa y más re-
putada asociación de psicólogos de los Estados Unidos, de la que forman parte una amplísi-
ma representación de profesionales con el grado académico de doctor obtenido en Univer-
sidades prestigiosas. Cuenta con 45 divisiones que responden a diferentes áreas de interés de
sus asociados. Más de 1.200 constituyen la División 36, dedicada a las cuestiones religiosas.
20. El Comité lo formaron Margaret T. Singer (University of California Berkeley), que lo
presidía; Harold Goldtein (National Institute of Mental Health), Michael D. Langone
(American Family Foundation), Jesse S. Miller (S. Francisco, California), Maurice K. T (Cli-
nical Psychology Consultants, Inc.) y Louis J. West (University of California Los Angeles).
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 339

determinados individuos más proclives a someterse a las influencias de


los movimientos alternativos ideológicos21. Después de años de estudio e
investigaciones, se elaboró un informe que, tras constatar la proliferación
de técnicas psicológicas manipulativas, concluyó con una serie de reco-
mendaciones22. A raíz de ese documento, se puso sobre la mesa una divi-
sión de opiniones entre el grupo de profesionales que elaboró el informe
—y los que pensaban como ellos— y los órganos oficiales de la APA, que
se consideraban mejores intérpretes del parecer de la inmensa mayoría de
especialistas norteamericanos. El pensamiento del APA se recogió en la
nota oficial del BSERP, que se mostraba crítica con el memorándum del
DIMPAC. Los términos del breve comunicado del BSERP no ofrecían
margen para la duda acerca de su posición23. Se consideraba que no había

21. Cfr. Report of the Task force deceptive and indirect methods of persuasion and control, p.
11. Puede accederse a una copia de ese informe a través de http/[Link]/[Link]
(20 de enero de 2001). Para obtener una somera visión de los hechos que se narran en tor-
no a las vicisitudes de este informe, cfr. J. VEGA-HAZAS RAMÍREZ, El complejo mundo de las
sectas, Bilbao 2000, pp. 223-226.
22. «Psychologists should devote more effort toward understanding the mechanisms of
action, effects, and ethical implications of social influence techniques, especially those that
are deceptive and indirect» (report DIMPAC citado, p. 58).
«The APA ought to consider how future versions of APA’s ethical code and ethical ca-
sebook material should be revised in light of the ethical implications of deceptive and indi-
rect techniques of persuasion and control used in LGAT’s innovative psychoterapies, and
other settings» (report DIMPAC citado, p. 60).
«Because of the sometimes grave consequences of unethical application of deceptive and
indirect techniques of persuasion and control, psychologists ought to direct more attention
to educating the public about such techniques» (report DIMPAC citado, p. 62).
«Because the increasing quantity of litigation related to adverse consequences of decep-
tive and indirect techniques of persuasion and control poses a potential threat to consumers
and ethical psychologists, the APA ought to consider advocating stricter regulations regar-
ding non-professionally run programs that seek to change behaviour through the systematic
application of deceptive and indirect techniques of persuasion and control». (report DIM-
PAC citado, p. 63).
23. «BSERP thanks the Task Force on Deceptive and Indirect Methods of Persuasion
and Control for its service but is unable to accept the report of the Task Force. In general,
the report lacks the scientific rigor and evenhanded critical approach necessary for APA im-
primatur. The report was carefully reviewed by two external experts and two members of the
Board. They independently agreed on the significant deficiencies in the report. The reviews
are enclosed for your information. The Board cautions the Task Force members against using
their past appointment to imply BSERP or APA support or approval of the positions advo-
cated in the report. BSERP requests that Task Force members not distribute or publicize the
report without indicating that the report was unacceptable to the Board. Finally, after much
consideration, BSERP does not believe that we have sufficient information available to gui-
de us in taking a position on this issue. The Board appreciates the difficulty in producing a
report in this complex and controversial area, and again thanks the members of the Task
Force for their efforts».
340 IGNACIO FONT BOIX

suficiente evidencia científica acerca de los resultados de la investigación


y se informaba en contra de que la APA avalara el contenido del docu-
mento preparado, cuya publicación se desaconsejaba. Para llegar a esa
conclusión, el BSERP había solicitado su parecer a otros dos especialis-
tas, ajenos a ese comité, que habían sido llamados a exponer su opinión.
Es ilustrativo lo que escribía el profesor Beit-Hallahmi en el sentido de
negar que el término «lavado de cerebro» fuera un concepto científica-
mente reconocido24. El otro profesor consultado, Fisher, afirmó que «el
informe era de tono acientífico, defectuoso en su naturaleza, y a veces
(...), caracterizado por la utilización de técnicas de persuasión y control
indirectas engañosas, precisamente lo mismo que investiga»25.
Mientras tenían lugar estas divergencias, que podríamos denomi-
nar puramente académicas y científicas, ocurría que en sede procesal se
reclamaba la intervención del APA y de algunos psicólogos supuesta-
mente especializados en los mecanismos psicológicos que explicarían los
procesos mentales más habituales en los hombres y mujeres que deciden
integrarse en algún movimiento alternativo ideológico. Había acusacio-
nes mutuas; los responsables de la APA desautorizaban las opiniones de
la Dra. Singer y de otros que seguían sus mismos postulados. No es cues-
tión de exponer ahora todos los pormenores de esas discusiones, que
pronto se judicializaron al demandar Singer26 y otros a algunos órganos

24. «The term “brainwashing” is not a recognized theoretical concept, and is just a sen-
sationalist “explanation” more suitable to “cultists” and revival preachers. It should not be
used by psychologists, since it does not explain anything. The Task Force seems to think
that various gurus, and religious leaders are dishonest cracks. I tend to accept this moral
judgment, but I am not sure that it can be supported by psychological theory at this stage»
(Carta del Prof. Benjamin BEIT-HALLAHMI al BSERP, 18 febrero de 1987, puede consultar-
se el texto completo en [Link]/[Link], 22 de enero de 2001).
25. «To this reader it seems to be unscientific in tone, and biased in nature. It draws con-
clusions, which in many cases do not mesh well with the evidence presented. At times, the
reasoning seems flawed to the point of being almost ridiculous. In fact, the report someti-
mes seems to be characterized by the use of deceptive, indirect techniques of persuasion and
control, the very thing it is investigating». (Carta del Prof. Jeffrey D. FISHER al BSERP, 2 de
marzo de 1987, puede consultarse el texto completo en [Link]/[Link], 22 de ene-
ro de 2001).
26. Una descripción de los hechos desde una posición próxima a Singer puede encon-
trarse en M. D. LANGONE, Investigación sobre los «cultos destructivos», en: «Grupos totalita-
rios y sectarismo», Ponencias del II Congreso Internacional, Barcelona 1994, pp. 71-72. «La
Dra. Singer se ha visto sujeta a lo que, en mi opinión, podría interpretarse como una cam-
paña de “asesinato” de una persona. Fue injustamente acusada de violación de la ética en su
testimonio forense; la American Psycological Association desestimó los cargos. A continua-
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 341

del APA por entender que la desautorización de sus investigaciones in-


curría en varios delitos. Los litigios se prolongaron en el tiempo y, por
fin, en 1994, un auto del juez Lambden situó las discrepancias en su au-
téntico contexto, que no es otro que el científico27.
Pero, ¿qué es exactamente lo que dicen el APA y la Dra. Singer?
El APA entiende que las teorías de Singer no son reconocidas por la co-
munidad científica, que sus conclusiones no son generalmente aceptadas
por la literatura profesional y que su metodología ha sido rechazada por
la mayoría de los investigadores. En concreto, le achacan que los datos
de los que parte no están documentados y no son verificables; que sus
fuentes de información no son imparciales y que, en cualquier caso, no
logran demostrar que los daños que aseguran haber detectado en los
miembros de movimientos alternativos hayan sido causados precisamen-
te por su pertenencia a esas instituciones28.
La opinión de Singer parte de los postulados teóricos desarrollados
por Lifton29, aunque va más allá de sus tesis. Singer habla de seis condi-

ción, una serie de informes, que parecen haber sido instigados por apologistas de los “cultos”,
la acusaron injustamente de ser una renegada científica y de utilizar conceptos rechazados
por la comunidad científica». Téngase en cuenta que cuando Langone pronunció esta con-
ferencia (abril de 1993) no podía tener conocimiento de la resolución que citamos en la no-
ta siguiente.
27. «This case, which involves claims of defamation, frauds, aiding and abetting and
conspiracy, clearly constitutes a dispute over the application of the First Amendment to a
public debate over matters both academic and professional. The disputant may fairly be des-
cribed as the opposing camps in a longstanding debate over certain theories in the field of
psychology» (Case No. 730012-8, Margaret Singer, et al. v. American Psychological Associa-
tion, et. al., Superior Court of the State of California in and for the County of Alameda, 19
junio 1994).
28. El APA presenta en el caso Molko V. Holy Spirit Association For The Unification Of
World Christianity un informe que desautoriza las opiniones de Singer. El texto completo del
informe puede consultarse en [Link]/testi/molko_brief.htm, 30 de enero de 2001.
29. Los especialistas partidarios de la manipulación mental han usado frecuentemente
como bandera, las tesis de Lifton acerca de la reforma del pensamiento en China (Thought
Reform and the psichology of totalism: a study of brainwashing in China, Chapel Hill and Lon-
don, 1989). Sin embargo, otros tratan de demostrar que incluso se ha hecho decir a Lifton
afirmaciones que no ha hecho o que, al menos, requieren matizaciones: cfr. M. INTROVIGNE,
Killing Fields: Lifton, Brainwashing, and Aum Shinri-kyo (22 de julio de 2001). En la misma lí-
nea, S. CANALS COMA, ¿Renace la persecución religiosa en España? Historia de un secuestro, Za-
ragoza 1996, p. 212, asegura que Lifton afirma ahora que el término de lavado de cerebro
«no puede ser usado en el contexto del problema de las sectas» y cita su trabajo The future
of Immortality and Other Essays for a Nuclear Age, 1987, pp. 218-219, en: «West’s federal Sup-
plement», St. Paul, Minn., West Publishing Co. 1990, vol. 743, p. 719.
342 IGNACIO FONT BOIX

ciones que, a su juicio, se dan en los movimientos ideológicos alternati-


vos y que acaban por provocar «la atmósfera necesaria para llevar a cabo
procesos de reforma del pensamiento (...): 1. Mantener a la persona
inconsciente de que existe un programa para controlarla o cambiarla.
2. Controlar el tiempo y el ambiente físico (contactos, información).
3. Crear una sensación de impotencia, temor y dependencia. 4. Suprimir
conducta y actitudes antiguas. 5. Instalar conducta y actitudes nuevas.
6. Presentar un sistema de lógica cerrado»30.
Quedan, pues, claramente definidos los términos del debate en los
Estados Unidos y, en general, en los países desarrollados de la cultura an-
glosajona. Por una parte, un grupo ciertamente reducido de estudiosos
sostiene la existencia de lavado de cerebro, manipulación mental, per-
suasión coercitiva, etc., y que estos procedimientos son usados sistemáti-
camente por los líderes de los movimientos alternativos ideológicos en
sus tareas de captación de nuevos miembros y en su afán de fomentar la
continuidad de los ya incorporados.
Por otra parte, existe otra corriente de opinión avalada por un nú-
mero abrumadoramente mayor de científicos, por las asociaciones profe-
sionales más reputadas y por los tribunales de Justicia, que considera que
el lavado de cerebro y la manipulación mental, tal como la exponen los
defensores de la tesis anterior, simplemente no existen. Y, en cualquier
caso, la diferencia de postura es tan marcada que este debate —lavado de
cerebro sí o no— ha quedado ya al margen de la discusión científica.
Bainbridge expone varios errores en la corriente que defiende la existen-
cia del lavado de cerebro: no está demostrado que, dejando aparte las
técnicas biológicas, existan técnicas efectivas de control mental; una al-
ta proporción de personas que contactan con los movimientos alternati-

30. M. T. SINGER-J. LALICH, Las sectas entre nosotros, Barcelona 1997, pp. 87-88. A lo lar-
go de este estudio, entre otras cosas, los autores tratan de rebatir la idea de que la reforma
del pensamiento sólo puede llevarse a cabo en lugares de confinamiento y bajo amenaza de
tortura física o muerte. A la vista de lo que escriben, el lector podrá juzgar por sí mismo si
son atinadas o no las objeciones de la APA. Personalmente, me llama la atención que los
ejemplos documentados en los que apoyan sus tesis se refieren precisamente a personas —el
cardenal Mindszenty y Patty Hearst— que sufrieron privación de libertad: cfr. epígrafe Cómo
funciona la reforma del pensamiento (pp. 85 ss.). Ver también M. D. LANGONE-M. T. SINGER,
Trastornos psicológicos y psiquiátricos más comunes causados por los «cultos», en: «Grupos tota-
litarios y sectarismo», ponencias del II Congreso Internacional, AIS, Barcelona 1994, pp.
151-153.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 343

vos no llegan a afiliarse; otros los abandonan voluntariamente; los es-


fuerzos baldíos de algunos investigadores para confirmar la hipótesis del
lavado de cerebro; el desarrollo de vías diferentes a la manipulación
mental para explicar la conversión y la permanencia en los movimientos
alternativos; el concepto parece diseñado para desacreditar a determina-
dos movimientos y justificar la represión de las minorías31. Este otro blo-
que de pensamiento admite que la posibilidad de influencia existe y que
incluso cabe llevarla hasta la coacción mediante las amenazas, la tortura
o la utilización de drogas, pero todo eso tiene poco que ver con el es-
quema de lavado de cerebro propuesto para negar legitimidad a las ac-
tuaciones proselitistas de los movimientos alternativos ideológicos. Eso
es otra cosa e insisten en que todas las teorías sobre el lavado de cerebro
están fundamentadas en una concepción que niega erróneamente la ca-
pacidad de elección y la subsiguiente responsabilidad de la persona hu-
mana32.

4. El debate sobre la manipulación mental en España

En nuestro país se observa, a otra escala, el mismo fenómeno que


en los Estados Unidos, con la diferencia notable de que no ha habido
propiamente debate científico en el marco de la psiquiatría y de la psi-
cología.
Ya hemos visto lo que ocurre en la doctrina jurídica. En cambio,
en el ámbito de la sociología, de la psicología social, del periodismo de
investigación y de la religión hay más contrastes. Por una parte, un buen
grupo de autores han aceptado como incuestionables las teorías del lava-
do de cerebro, quizás porque el núcleo de sus fuentes está constituido pre-
cisamente por los autores que, encabezados por Singer, sostienen esas te-
sis. Por ejemplo, cuando el sociólogo Canteras Murillo expone y analiza
lo que entiende como técnicas de persuasión coercitiva seguirá una cla-
sificación que incorpora algunos elementos de Singer y otros autores que
son citados como autoridad en la materia y que coinciden en número sig-

31. Cfr. W. S. BAINBRIDGE, The Sociology of Religious Movements, New York-London


1997, pp. 235-236.
32. Cfr. I. HEXHAM-K. POEWE, New Religions as Global Cultures. Making the Human Sa-
cred, Colorado City-Oxford 1997, p. 10.
344 IGNACIO FONT BOIX

nificativo con los que se citan en el informe DIMPAC para respaldar sus
conclusiones33.
P. Rodríguez también da por supuesta la existencia del lavado de
cerebro y explica, con palabras poco comprensibles para un profano, que
«el proceso desintegrador de la personalidad se basa en una dinámica vi-
tal tendente a primar lo emocional sobre lo racional —exacerbando el
funcionamiento del sistema límbico en detrimento del área cortical ter-
ciaria del cerebro—, es decir, que fomenta y potencia los comporta-
mientos de tipo emocional, dominados por los sentimientos y por res-
puestas automáticas no controlables por el sujeto, al tiempo que dificulta
y/o impide las actitudes y los comportamientos racionales, eso es, críti-
cos y analíticos»34. Algo más asequible a un inexperto es el lenguaje que
usa Uncal: «El supuesto lavado de cerebro iría dirigido precisamente ha-
cia el inconsciente, de modo que la conducta que se pretende manipular
pareciera surgir de la propia personalidad del sujeto. Es decir, para modi-
ficar un comportamiento externo en una persona de tal modo que pa-
rezca propio, primeramente habría que averiguar qué proceso incons-
ciente (contenido latente) determina realmente tal comportamiento
(contenido manifiesto), y, seguidamente, efectuar la modificación preten-
dida sobre el mismo para que, de forma indirecta, tuviera lugar asimismo
un cambio en la conducta»35.
Vidal Manzanares opina que «contra lo que pueda pensarse, la
persona que entra en la secta (...) no lo hace en buen número de casos
bajo el efecto de una presión mental considerable, sino que ésta, en to-
do caso, ayuda a liberar y dejar rienda suelta a multitud de deseos del su-
jeto en cuestión (...). La libertad humana juega un papel importante en
la decisión del sujeto...»36.
Guerra Gómez37 hace una distinción entre los términos «lavado de
cerebro» y «control mental» que muchos autores utilizan como sinónimos

33. Cfr. A. CANTERAS MURILLO-P. RODRÍGUEZ-A. RODRÍGUEZ CARBALLEIRA, Jóvenes y


sectas: un análisis del fenómeno religioso-sectario en España, Madrid 1992, pp. 108 ss.
34. P. RODRÍGUEZ, Tu hijo y las sectas, Madrid 1994, p. 31.
35. J. M. UNCAL, El «lavado de cerebro», en: J. A. VALLEJO-NÁJERA (dir.), «Guía prácti-
ca de la psicología», 23.ª ed., Madrid 2000, p. 291.
36. C. VIDAL MANZANARES, Psicología de las sectas, Madrid 1990, pp. 41-42.
37. M. GUERRA GÓMEZ, Los nuevos movimientos religiosos. Las sectas, Pamplona 1993, p.
94.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 345

y que nosotros también identificamos. Guerra aclara que el concepto de


«lavado de cerebro» fue formulado por vez primera por el periodista
Edward Hunter en 1951 para describir el fenómeno que había observado
en algunos militares norteamericanos que, apresados durante la guerra de
Corea, fueron sometidos a torturas y a un sinfín de vejaciones hasta que
resultaron permeables a un nuevo adoctrinamiento ideológico y político.
Lo que afirman o niegan los autores que hemos venido citando es
precisamente que, en un régimen de libertad deambulatoria, pueda dar-
se una utilización de los resortes y recursos psicotécnicos que permita
«adueñarse de la voluntad de un individuo a fin de conseguir el control
mental de sus pensamientos, de sus sentimientos y de su conducta para
encauzarlos en una dirección determinada, la de su adhesión —conver-
tida en «adicción»— y sometimiento al líder o al sistema de creencias y
comportamientos propios del grupo o secta»38. Esta acción, que unos ad-
miten y otros no, es la que se denomina de diversas maneras: control,
manipulación, programación, lavado de cerebro, reforma del pensamien-
to, persuasión coercitiva, etc.
Los pocos psiquiatras españoles que han tomado posición en esta
controversia suelen ser contundentes y tienden a alinearse con las posi-
ciones defendidas por la APA norteamericana. Polaino-Lorente recono-
ce que el uso del término programación se ha popularizado por la utiliza-
ción abusiva de la «metáfora del ordenador», que ha resultado útil en
ocasiones para explicar pedagógicamente los avances de la investigación
psicológica en ciertos procesos mentales39. «El cerebro no es programable
por nadie, como tampoco nadie puede llevar a cabo eso que en su día se
quería significar con el tópico del lavado de cerebro»40. Polaino-Lorente
justifica el error porque no es extraño que en ocasiones se dé «una locu-
ra a tres, es decir, la aparición de un cuadro delirante —trastorno psicó-
tico ampliado y compartido— padecido simultáneamente por diversas
personas»41, lo que a su juicio podría explicar, entre otras cosas, algunas
de las experiencias conocidas de suicidios colectivos. Uncal, tras expli-

38. Ibid., p. 93.


39. A. POLAINO-LORENTE, Las sectas y los problemas personales, en: ALTAREJOS-A. POLAINO-
LORENTE-LÓPEZ-ESCOBAR, «Tres reflexiones sobre sectas», o. c., p. 86.
40. Ibid., p. 87.
41. Ibid., pp. 87-88.
346 IGNACIO FONT BOIX

car cuál sería el proceso del «lavado de cerebro», que hemos expuesto po-
co más arriba, concluye que «forma más parte de la ficción de novela y
cine de espionaje que de la realidad»42.
Tras lo escrito hasta ahora, la primera conclusión cae por su pro-
pio peso. No hay bases firmes para hablar de un acuerdo en la doctrina
científica médica sobre la existencia de lo que genéricamente se conoce
como «lavado de cerebro». Más bien, la tendencia mayoritaria en el ám-
bito de los profesionales dedicados a los trastornos de la personalidad y a
las enfermedades mentales es la de rechazar la existencia de técnicas ma-
nipulativas capaces de desencadenar desde fuera, sin el concurso libre de
la persona supuestamente manipulada, un proceso psicológico que cul-
mine en la «re-creación» de una nueva personalidad formada en contra
de sus verdaderos pensamientos y deseos. Desde luego, casi ningún espe-
cialista presta atención a este supuesto fenómeno. «El desinterés desde el
punto de vista científico es asimismo notorio: no hemos encontrado un
solo artículo catalogado en el sistema MedLine, en una revisión que rea-
lizamos a partir del 86, dedicado al susodicho TDA»43.
Por otra parte, están igualmente superadas las viejas teorías con-
ductistas que pretenden explicar los mecanismos de la mente humana só-
lo mediante la observación y el análisis empírico del comportamiento de
los individuos, de manera que ante determinadas manifestaciones exte-
riores pudieran deducirse científicamente las condiciones en que la men-
te humana llevó a cabo el proceso de elección.
Dicho lo anterior, puede concluirse que la doctrina jurídica espa-
ñola no ha sido suficientemente prudente al acoger acríticamente la afir-
mación de algunos psiquiatras y psicólogos, ignorando las posiciones
científicas contrarias. Es sintomático de esta actitud lo que escribe Jordán
Villacampa en las conclusiones de su estudio: «Si aceptamos los avances
en el conocimiento de la persona humana por parte de la psiquiatría y de
la psicología convendremos que aquélla puede ser manipulada mental-
mente, sometida a dependencia psicológica sin que sea consciente de ello

42. J. M. UNCAL, o. c., p. 291.


43. CUBERO-ARTALOYTIA-JANSÁ, La militancia sectaria como un estado de dependencia, en
[Link]/ais/[Link], 10 de agosto de 2001. Cuando hablan del «susodicho
TDA», se están refiriendo al Trastorno disociativo atípico, secundario a «adoctrinamiento
sectario». En otro lugar del mismo artículo se refieren a él como «TDA-lavado de cerebro».
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 347

y que, además, puede sufrir trastornos psicológicos conocidos actualmen-


te con el nombre de síndrome disociativo atípico»44. Y previamente ha
asegurado que «se está demostrando científicamente que en muchas oca-
siones la persona que tiene una determinada actuación no la lleva a ca-
bo libremente sino inducida por otros, aunque sin conocer, en algunos
casos, esa falta de libertad en su manera de proceder»45.
Hemos de admitir, por la fuerza de la evidencia, que estamos en
una sociedad mediática e intercultural, en la que es frecuente el recurso
a la emisión de mensajes de todo tipo —personales, publicitarios, propa-
gandísticos, etc.—, que influyen en la inteligencia y en la voluntad de los
ciudadanos. Hay estudios que revelan que «tanto la persuasión ideológi-
ca como la comercial suelen contener mecanismos de influencia bastan-
te menos eficaces de lo que se supone desde las instancias emisoras y crea-
doras así como desde los medios de comunicación»46, lo que no impide
que, en ocasiones, se tomen «decisiones irracionales y emotivas, movidas
más por el gregarismo de audiencia que por motivaciones racionales. Es-
te comportamiento se está además ampliando a otros ámbitos del com-
portamiento: decisiones sentimentales, decisión del voto y elección de
modelos ideales como espejo del comportamiento»47. Pero estas decisio-
nes poco ponderadas, y con frecuencia miméticas, nada tienen que ver
con el «lavado de cerebro» y no son más que el peaje obligado que los
hombres hemos de pagar por vivir en una sociedad tecnológica y mediá-
ticamente revolucionada, en la que podemos acceder en un tiempo ré-
cord a imágenes e ideas que se producen en cualquier parte del mundo.

II. LA REALIDAD LEGISLATIVA Y DOCTRINAL ESPAÑOLA EN TORNO A LA


MANIPULACIÓN MENTAL

1. Algunas cuestiones previas

En España se ha producido una situación similar a la de otros paí-


ses en relación con la normativa que incide en lo que hemos venido en-
tendiendo como actuaciones propias y específicas de los movimientos

44. M. L. JORDÁN VILLACAMPA, o. c., p. 103.


45. Ibid., p. 89.
46. M. ROIZ, Técnicas modernas de persuasión, Madrid 1994, p. 96.
47. Ibid., p. 102.
348 IGNACIO FONT BOIX

minoritarios, en cuanto que las demandas de algunos sectores sociales


han acabado por propiciar innovaciones legislativas que no eran recla-
madas desde instancias políticas ni doctrinales. Cabe documentar que
hasta la aprobación del nuevo Código Penal, llevada a cabo por la Ley
Orgánica 10/95, de 23 de noviembre, sólo una parte de los agentes so-
ciales interesados en las actividades de los grupos alternativos preconiza-
ba la necesidad de introducir cambios en la legislación penal. Dentro del
sector doctrinal partidario de las modificaciones destacamos a Fernández
Coronado48, Frías Linares49, Jordán Villacampa50, Félix Ballesta51 y Motilla
de la Calle. Veamos con algo más de detalle lo que pensaba este último.
En 1990 escribía que, en conjunto, el ordenamiento normativo español
resultaba suficiente para cumplir su función limitativo-represora de los
comportamientos ilícitos de los grupos minoritarios, pero aconsejaba en
materia penal «leves modificaciones que adapten los tipos delictivos
existentes a la naturaleza de las actuaciones sectarias que comúnmente
se imputan como delictivas»52. Años después, en 1993, precisaba que «la
dicción vigente del artículo 205 convierte en irrelevante, desde la pers-
pectiva penal, el proselitismo ilícito realizado por medio de técnicas de
control mental», lo que consideraba «una importante laguna de nuestra
legislación que debería solventarse mediante la explícita referencia de

48. A. FERNÁNDEZ CORONADO era partidaria de modificar el reformado artículo 205


del Código Penal (Ley Orgánica 8/1983, de 25 de junio) para incluir en él la captación
efectuada mediante engaño o técnicas psicológicas, y para que se dispensara un trata-
miento especial para defender el proceso de formación de la conciencia individual. Cfr. La
tutela penal de la libertad religiosa, en: «Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado», II,
1986, p. 54.
49. M. FRÍAS LINARES no especifica tanto, pero en 1991 afirmaba sin ambages que «ha-
ce falta un legislador valiente que cree normas que garanticen la suficiente protección jurí-
dica de los individuos que, por diversas causas, se encuentran impotentes ante el control
mental al que estos grupos les someten. No hay nada más aberrante para la libertad en ge-
neral y la religiosa en particular que esclavizar a los demás con el arma de la libertad huma-
na» (El fenómeno del sectarismo en Occidente: condicionantes históricos, sociológicos y jurídicos,
en: J. GOTI ORDEÑANA (ed.), «Aspectos socio-jurídicos de las sectas desde una perspectiva
comparada», o. c., p. 116).
50. Ver M. L. JORDÁN VILLACAMPA, Las sectas pseudorreligiosas, o. c., p. 103, quien pro-
ponía modificar el artículo 200 del Código Civil para incluir el «síndrome disociativo atípi-
co» como causa de incapacitación temporal; y el artículo 205 del Código Penal de 1983 aña-
diendo, como delito de nuevo cuño, la utilización de técnicas de modificación del
pensamiento que produzcan dependencia psíquica o control mental.
51. Cfr. M. A. FÉLIX BALLESTA, Mecanismos psicológicos de vinculación a las sectas, o. c, pp.
128-130.
52. A. MOTILLA DE LA CALLE, Sectas y Derecho en España, Madrid 1990, p. 215.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 349

tales medios delictivos»53. Sin embargo, en 2001, manifiesta su discon-


formidad con la solución adoptada por nuestros legisladores en la versión
actual del Código Penal54.
También la asociación AIS (Asesoramiento e Información sobre
Sectas), propugnaba planteamientos parecidos. Los responsables de esa
entidad fueron, y son, particularmente activos a la hora de sensibilizar a
las fuerzas políticas para que intensificaran la intervención de los dife-
rentes organismos del Estado —policiales, administrativos y judiciales—
en la tarea de prevenir y reprimir las actividades ilegales de los movi-
mientos alternativos. No queda clara, sin embargo, cuál fue exactamen-
te su postura. Según algunos documentos publicados, parece claro que
pretendían una modificación de la legislación55. Pero en otros56, daban
por buenas las conclusiones que «la Comisión de estudio y repercusiones
de las sectas en España» elevó al pleno del Congreso de los Diputados en
1989, en las que se constataba la «suficiencia y adecuación generales del
marco legislativo español en relación con el fenómeno».
Esta última tesis fue la adoptada y aprobada por el Congreso de los
Diputados en su sesión plenaria del día 2 de marzo de 1989; se consideró
que el marco que ofrecía la legalidad entonces en vigor era «suficiente
para una regulación eficaz a la vez que respetuosa con la Constitución» y,
en consecuencia, el Pleno del Congreso instaba al Gobierno «para que
aplique medidas de carácter administrativo —y, en su caso y momento,
las de iniciativa legislativa que fueran necesarias para fundamentarlas—
con el fin de poder contribuir a la prevención, la disuasión o corrección
de las transgresiones de la ley que se producen en algunos grupos».

53. A. MOTILLA DE LA CALLE, Reflexiones sobre el tratamiento jurídico-penal de las sectas re-
ligiosas en España, en: J. GOTI ORDEÑANA (ed.), «Aspectos socio-jurídicos de las sectas des-
de una perspectiva comparada», o. c., p. 316.
54. Cfr. A. MOTILLA DE LA CALLE, Proselitismo y libertad religiosa en el Derecho español, en:
«Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado», vol. XVII, 2001, pp. 191-192.
55. «Finalizado el Congreso Internacional sobre Grupos Totalitarios y Sectarismo, cele-
brado en Barcelona los días 23 y 24 de abril de 1993, se constata en primer lugar que (...).
Por este motivo, proponemos las siguientes acciones concretas: (...) 2. (...) a fin de avanzar
hacia el establecimiento de leyes y medidas internacionales dirigidas a mejorar el control de
este fenómeno», Conclusiones y resoluciones del Congreso Internacional en «Grupos totalita-
rios y sectarismo», Ponencias del II Congreso Internacional organizado por Asociación
A.I.S. (Asesoramiento e información sobre sectas), Barcelona 1994, pp. 303-304.
56. Cfr. Totalisme i voracitat. Una aproximació interdisciplinaria al «fenomen sectari» a Ca-
talunya, Associació AIS, Barcelona 1994, pp. 31 y 218-219.
350 IGNACIO FONT BOIX

La misma postura sostenía otro sector de la doctrina, que se limita-


ba a reclamar una intervención más eficaz e incisiva de los poderes públi-
cos para hacer más operativa la normativa ya existente, sobre todo en la lí-
nea de someter a las organizaciones más susceptibles de utilizar medios
ilícitos a estrictos controles estatutarios y del cumplimiento de sus fines
con objeto de imposibilitar —o, al menos dificultar— la utilización de me-
dios inadecuados. Ésta era la opinión de Llamazares Fernández, quien se
mostraba muy cauto ante la eventual configuración delictiva de lo que lla-
ma «despersonalización» pues, de una parte, resultaría extraordinariamen-
te complejo definir perfectamente el tipo delictivo, y cumplir así una exi-
gencia insoslayable del principio de legalidad penal; y, de otra, se correría
el riesgo de tipificar como delictiva «una conducta que hace posible justa-
mente la realización máxima de la persona como radical libertad, a través
de la enajenación consciente y libre de la propia capacidad de decisión»57.
En un sentido parecido, Tamarit Sumalla advertía, en concreto, del
peligro que correría la seguridad jurídica si se llegara a tipificar como deli-
to, ya fuera con carácter general o en el ámbito del proselitismo religioso
o ideológico, la captación de voluntad ajena a través del engaño58. Y con-
cluía que «debe desaconsejarse todo intento de adoptar una política legis-
lativa orientada a la represión de las actividades de algunas sectas a través
de la introducción de nuevos tipos delictivos (...). El legislador deberá huir
de la tentación de satisfacer irreflexivamente demandas de criminaliza-
ción a menudo fundadas en actitudes reticentes frente a la disidencia ideo-
lógica. Las acostumbradas referencias al «lavado de cerebro», etcétera,
pueden constituir una peligrosa arma capaz de resucitar actitudes de into-
lerancia contradictorias con los parámetros de una sociedad pluralista»59.
Ya se ve que no había una opinión unánime en la doctrina sobre
la conveniencia de elaborar una legislación especial que tratara de abor-
dar la especificidad de los fenómenos de que venimos hablando. Resu-

57. D. LLAMAZARES FERNÁNDEZ, Sectas y derecho fundamental de libertad de conciencia, en:


J. GOTI ORDEÑANA (ed.), «Aspectos socio-jurídicos de las sectas desde una perspectiva com-
parada», o. c., p. 145.
58. J. M. TAMARIT SUMALLA, La libertad ideológica en el Derecho Penal, o. c., p. 246. Acla-
ra este autor que la tipificación en el ámbito específico de lo religioso o ideológico acarrea-
ría mayores riesgos «si el error provocado por el engaño hubiera que valorarlo en relación a
alguna “verdad” y lo ilícito viniera a ser el cambio de creencia» (ibid.).
59. Ibid., pp. 248-249.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 351

miendo las intervenciones de una reunión celebrada en 1990, Goti


Ordeñana se preguntaba si era necesario agravar la represión contra es-
tos movimientos y si era conveniente proponer una legislación especial.
Su conclusión, que intentaba sintetizar lo tratado en las sesiones de tra-
bajo, fue que «los medios jurídicos, como consecuencia de los estudios
que se han realizado, suelen venir a concluir que la sociedad democráti-
ca dispone de suficiente legislación para hacer frente a los abusos que
puedan surgir de la actuación de estos grupos. Lo que parece necesario es
estudiar con mayor profundidad las figuras jurídicas de que se disponen y
utilizarlas adecuadamente»60.
Antes de 1995, no había instrumentos claros en la legislación pe-
nal para luchar contra la persuasión coercitiva que, según se sostiene de
manera generalizada, se practicaba y se sigue practicando en determina-
dos movimientos alternativos para lograr la captación de nuevos miem-
bros y la permanencia de los ya incorporados. Aparte de los tipos comu-
nes de lesiones, estafa, detenciones ilegales, coacciones, amenazas,
agresiones sexuales, falsedades, inducción al suicidio y asociación para
delinquir, que podían aplicarse en algunos casos muy concretos, sólo ca-
bía recurrir a la figura del proselitismo ilícito del artículo 205, cuyos tér-
minos había que forzar extraordinariamente para integrar en ellos las ac-
tividades de coerción psicológica: «Incurrirán en la pena de prisión
menor: 1.º Los que por medio de violencia, intimidación, fuerza u otro
apremio ilegítimo impidieren a un miembro o miembros de una con-
fesión religiosa practicar los actos de culto que profese o asistir a los mis-
mos. 2.º Los que por iguales medios forzaren a otro a practicar o con-
currir a actos de culto, o a realizar actos reveladores de profesar o no
profesar una creencia religiosa, o a mudar la que profesare» De ahí, la
propuesta de Motilla de la Calle a la que hemos hecho referencia antes.

2. El Código Penal de 1995

Con la promulgación del nuevo Código Penal, y en relación al te-


ma que nos ocupa, se producen dos novedades, una de apenas trascen-
dencia y la otra, en cambio, de mayor calado. En primer lugar, varía li-

60. J. GOTI ORDEÑANA, Síntesis conclusiva, en: J. GOTI ORDEÑANA (ed.), «Aspectos so-
cio-jurídicos de las sectas desde una perspectiva comparada», o. c., p. 404.
352 IGNACIO FONT BOIX

geramente la dicción del artículo 205, que pasa a convertirse en el 522 y


que, tras la reforma, reza así: «Incurrirán en la pena de multa de cuatro a
diez meses: 1.º Los que por medio de violencia, intimidación, fuerza o
cualquier otro apremio ilegítimo impidan a un miembro o miembros de
una confesión religiosa practicar los actos propios de las creencias que
profesen, o asistir a los mismos. 2.º Los que por iguales medios fuercen a
otro u otros a practicar o concurrir a actos de culto o ritos, o a realizar
actos reveladores de profesar o no profesar una religión, o a mudar la que
profesen». La modificación no es apenas significativa y, por tanto, segui-
rían siendo válidas las quejas de Motilla de la Calle por cuanto el nuevo
Código continúa sin especificar qué puede entenderse por «otro apremio
ilegítimo», lo que abre la posibilidad a diversas interpretaciones. López
Alarcón, por ejemplo, entiende que sí pueden considerarse incluidas en
esta denominación las técnicas psicológicas de vinculación usadas por al-
gunos grupos ideológicos61. Lo mismo parece pensar Tamarit Sumalla
cuando, refiriéndose al antiguo artículo 205 señala que «la referencia a
los “apremios ilegítimos” permite incluir en el tipo a las conductas men-
cionadas no constitutivas de coacciones o amenazas»62.
Otra novedad del Código Penal de 1995 es mucho más significa-
tiva. Se refiere al delito de asociación ilícita y es la inclusión en el artí-
culo 515 de un apartado, el 3.º, que literalmente dice: «Las que, aun te-
niendo por objeto un fin lícito, empleen medios violentos o de
alteración o control de la personalidad para su consecución». Se recoge
el anterior artículo 173, 2.º, pero añadiendo los medios de «alteración o
control de la personalidad».
La valoración de este texto no ha sido unánime. El magistrado
Vázquez Honrubia entiende que «el nuevo Código tipifica de una ma-
nera clara, rotunda y evidente la actividad delictiva de las denominadas
sectas destructivas, pues no hay que hacer demasiados esfuerzos inte-
lectuales para comprender que el novísimo n.º 3.º del artículo 515 san-
ciona como fuera de la ley aquellas asociaciones que, aún teniendo por
objeto un fin lícito, empleen medios violentos para su consecución (ex-

61. M. LÓPEZ ALARCÓN, Las sectas y los nuevos movimientos religiosos (NMR). Problemas
de su tratamiento jurídico: ¿reconocimiento o prohibición?, en: «Ius Canonicum», XXX-VII, n.
74, 1997, p. 480.
62. J. M. TAMARIT SUMALLA, La libertad ideológica en el Derecho Penal, o. c., p. 245.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 353

presión no nueva y que reproduce la antigua terminología), pero aña-


diendo, y he aquí la radical novedad, “empleen medios de alteración o
control de la personalidad para su consecución”»63.
En efecto, no cabe duda de que la razón de ser de esta importante
innovación es el tratamiento de las actividades de coerción psicológica
en el seno de movimientos alternativos. Así se desprende de los debates
parlamentarios previos a su aprobación64. Se acogía así la demanda de al-
gunos agentes sociales que reclamaban un endurecimiento de los meca-
nismos legales para luchar contra esas actividades. Lo que ya no está tan
claro es que la redacción del texto sea suficiente como para dar por ce-
rrada la discusión. Navas Renedo entiende que «dada la generalidad de
los términos empleados y lo arriesgado que puede resultar la persecución
de cualquier asociación —sea religiosa o no— de la que se sospechen ta-
les prácticas, aventuramos su polémica y difícil aplicación justa en la pra-
xis. Esta tarea resultará obviamente más ambigua cuando entre en juego
el consentimiento del individuo afectado pues se corre el riesgo de estar
sacrificando sus legítimas libertades»65.
Pero no se discute sólo acerca de su eficacia práctica, que está por
ver, sino también y sobre todo acerca de si la generalidad del concepto
es compatible con las exigencias constitucionales. No será fácil distin-
guir las prácticas legítimas —propaganda, publicidad, enseñanza, etc.—
que sigan las organizaciones de los llamados medios de «alteración o con-
trol de la personalidad». «La cuestión se torna aún más difícil si se sos-
tiene (...) que los medios a los que alude el precepto deben ser delictivos,
pues será difícil encuadrar las técnicas comunes de estos grupos para con-
trolar emocionalmente a sus miembros en uno de los tipos del Código»66.
Y precisamente Tamarit Sumalla entiende que «el supuesto del número

63. J. M. VÁZQUEZ HONRUBIA, El Código Penal de 1995 y las organizaciones sectarias, en:
«Infosect», Boletín de la Asociación A.I.S. Puede consultarse en [Link]/aissectas_
[Link], 12 de agosto de 2001. Para conocer la personalidad y algunas intervenciones
profesionales del autor, cfr. A. MOTILLA DE LA CALLE, Sectas y Derecho en España, o. c., pp.
101-105.
64. Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, n. 516, 1995. Comisión de Justi-
cia e Interior. Sesión celebrada el 7 de junio de 1995.
65. B. NAVAS RENEDO, Tratamiento jurídico de las sectas. Análisis comparativo de la situación
en España y Francia, Granada 2001, pp. 289-290.
66. M. CANCIO MELIÁ, De los delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos fun-
damentales y de las libertades públicas garantizados en la Constitución, en: «Comentarios al Có-
digo Penal», dirigidos por G. RODRÍGUEZ MOURULLO, Madrid 1997, p. 1289.
354 IGNACIO FONT BOIX

3.º plantea por otra parte dudas inquietantes dada la indeterminación


del concepto (...) las dudas llegan hasta el punto de tener que cuestio-
narse la conformidad de esta nueva cláusula con el artículo 22.2 CE67,
que exige que la asociación utilice “medios tipificados como delito”. Es-
ta norma constitucional es portadora de un contenido material, según el
cual no basta con que sea formalmente una ley penal la que defina cuá-
les son los medios ilícitos sino que éstos deben ser autónomamente cons-
titutivos de delito, lo cual no sucede en el caso de la alteración o control
de la personalidad»68. Todavía es más tajante Carbonell Mateu quien, en
relación con el artículo 515, 3.º, precisa que «no basta que los medios
sean delictivos (requisito ineludible, pese a la opinión de la doctrina ma-
yoritaria, dado el tenor literal del artículo 22.2 de la Constitución Espa-
ñola) sino que, además, han de ser violentos»69.
Por el contrario, Martín Sánchez defiende que «resulta más lógi-
co entender, en contra de la interpretación mencionada, que, de acuer-
do con la concepción inmanente del delito, basta con la calificación he-
cha por el legislador de la ilegitimidad de determinados medios para
poder considerar ilícita a una asociación, sin necesidad de tipificar, ade-
más, tales medios, como delitos autónomos. En virtud de este criterio, la
mención en el apartado 3 del artículo 515 de los medios de “alteración o
control de la personalidad” significa el cumplimiento del mandato del ar-
tículo 22.2 de la Constitución. Es decir, la calificación de una asociación
como ilícita debido al empleo de unos medios que, por el hecho de su
mención, ya han sido tipificados como delito»70.
Todavía no se han producido o, al menos nos son desconocidas,
sentencias que hayan aplicado esta innovación legislativa del Código

67. La Constitución Española de 1978 proclama en su artículo 22: «1. Se reconoce el de-
recho de asociación. 2. Las asociaciones que persigan fines o utilicen medios tipificados co-
mo delito son ilegales».
68. J. M. TAMARIT SUMALLA, De los delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos
fundamentales y de las libertades públicas garantizados en la Constitución, en: «Comentarios al
nuevo Código Penal» dirigidos por G. QUINTERO OLIVARES-J. M. VALLE MUÑIZ, Pamplona
1996, pp. 1488-1489.
69. J. C. CARBONELL MATEU, De los delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos
fundamentales y de las libertades públicas garantizados en la Constitución, en: «Comentarios al
Código Penal de 1995» dirigidos por T. S. VIVES ANTÓN, Valencia 1996, p. 2013.
70. I. MARTÍN SÁNCHEZ, El derecho a la formación de la conciencia y su tutela penal, o. c.,
pp. 280-281.
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 355

Penal. Habrá que estar atentos a la aplicación que la jurisprudencia


hace del artículo 515, 3.º a la espera de un esclarecimiento de la cues-
tión.

3. ¿Conviene tipificar como delito autónomo la manipulación


mental?

La supuesta alarma social71 generada por las actividades delictivas


de algunos nuevos movimientos, motivó que —en su día, cuando se es-
tudiaba cómo reformar el llamado Código Penal de 1983— el Partido
Popular, entonces en la oposición, presentara una enmienda al proyecto
del Partido Socialista, en aquel momento en el poder, por la que se pro-
ponía la adición de un nuevo artículo del siguiente tenor: «El que me-
diante cualquier medio ilegítimo de persuasión violare el derecho de otro
a la libre formación de su conciencia, impidiéndole así la elección de una
religión, ideología o creencia, será castigado con la pena de prisión de
dos a cuatro años»72. La inclusión de tal enmienda se justificaba en «la
necesidad de una adecuada protección penal de la inviolabilidad psíqui-
ca en nuestro ordenamiento»73. Preguntado durante los debates por el
sentido exacto de «medio ilegítimo de persuasión», el portavoz popular
argumentó que «significa violar psíquicamente la libertad de las perso-
nas, es decir, que haya coacciones cuando tiene que decidir una cosa y
carece de protección individual. Es una forma de que se persuada, me-
diante unos medios que no son los correctos, para que una persona tome
su decisión de forma concreta»74.
Por su parte, el portavoz del Partido Socialista, defensor del texto
presentado, esgrimió a favor de la redacción inicial —y, por tanto, en

71. Hablo de «supuesta» alarma porque la sensación de desamparo legislativo viene más
bien producida por un fenómeno inducido de «pánico moral», según la terminología utili-
zada por Jenkins para designar los fenómenos en los que la sensación de peligro no provie-
ne de una evaluación racional y ponderada del riesgo, sino que es el resultado de un miedo
difuso que encuentra su caldo de cultivo en un estereotipo o en hechos aislados (cfr. P. JEN-
KINS, Paedophiles and priests. Anatomy of a contemporary crisis, New York-Oxford 1996, p.
170. Para ver más desarrolladamente su concepto de pánico moral, cfr. Moral Panic. Chan-
ging concepts of the child molester in Modern America, New Haven-London 1998.
72. Comisión de Justicia e Interior. Sesión celebrada el 7 de junio de 1995. Diario de Se-
siones del Congreso de los Diputados, n. 516, 1995, p. 15827.
73. Ibid.
74. Ibid., p. 15834.
356 IGNACIO FONT BOIX

contra de la inclusión en el Código del artículo sugerido por el Partido


Popular— que los términos utilizados resultaban extraordinariamente
vagos e imprecisos, lo que redundaría en perjuicio de la seguridad jurídi-
ca. Aclaró no obstante el representante socialista que «el problema de
las sectas es un problema que a nosotros nos preocupa mucho, y es posi-
ble que mereciese un tratamiento penal, pero eso sí, que fuera preciso,
más claro, más delimitable...»75.
Martín Sánchez se muestra totalmente partidario de añadir a
nuestro Código Penal un artículo que dijera algo así como: «Incurrirán
en la pena de dieciocho meses y un día a tres años: 1.º Los que median-
te el empleo de la violencia, intimidación, fuerza, engaño o de medios de
alteración o control de la personalidad violaren el derecho de una per-
sona a la libre formación de su conciencia, impidiéndola la elección, el
cambio o el abandono de una ideología, religión o creencias, o forzán-
dola a ello. 2.º Los que mediante el empleo de idénticos medios violaren
el derecho de una persona a la libre formación de su conciencia, impi-
diéndola no tener ninguna ideología, religión o creencias»76. El bien ju-
rídico que se protegería en este delito no sería tanto la integridad psíqui-
ca como «el derecho a la formación de la conciencia en cuanto elemento
integrante de la autodeterminación consciente y responsable de la pro-
pia existencia en materia ideológica o religiosa. Es decir, en un concreto
ámbito de libertad que, por su peculiaridad, requiere una tutela penal es-
pecífica»77. El autor precisa, además, que la referencia básica de la es-
tructura del delito no han de ser los medios de agresión que se empleen,
sino «la efectiva violación del derecho a la formación de la concien-
cia»78. En sentido equivalente se alineaban —ya lo hemos visto— Jordán
Villacampa, Fernández Coronado y Frías Linares.
Sin embargo, Navas Renedo se opone a cualquier reforma de la le-
gislación penal79, a la vez que pone de manifiesto que «la doctrina espa-

75. Ibid., p. 15836.


76. I. MARTÍN SÁNCHEZ, El derecho a la formación de la conciencia y su tutela penal, o. c.,
p. 326.
77. Ibid., p. 325.
78. Ibid., p. 326.
79. «La solución a los problemas se lograría no con una reforma legal —pues nos pare-
cen adecuados los actuales sistemas de poder aplicarse correctamente— sino con la modifi-
cación de aquellos aspectos que determinan su no funcionamiento» (B. NAVAS RENEDO, Tra-
tamiento jurídico de las sectas..., o. c., p. 492).
EL CONCEPTO DE MANIPULACIÓN MENTAL EN RELACIÓN CON LAS SECTAS 357

ñola es mayoritariamente partidaria del mantenimiento del status quo


reinante en cuanto a tipificaciones penales se refiere»80. Y eso porque,
como señala Llamazares Fernández, lo reclaman precisamente el respeto
a la libertad de conciencia que se pretende tutelar y las enormes dificul-
tades que entraña el respeto a los principios del derecho penal cuando
entran en juego conceptos importados de la psicología y la psiquiatría81.
En sentido similar, Maqueda Abreu escribe que «en tales situaciones, tan
difíciles de evaluar, la intervención penal es muy arriesgada y puede su-
poner una grave amenaza al ejercicio legítimo de los derechos a la inti-
midad y a la libertad individuales»82.
Tamarit Sumalla argumenta, como ya hemos visto, que la confi-
guración de la manipulación mental como un delito autónomo induda-
blemente prestaría coherencia a la redacción del apartado 3.º del artícu-
lo 515, pero eso no resultaría «fácilmente compatible con la
Constitución, concretamente con el mandato de taxatividad y certeza
derivado del artículo 25.1 y con el contenido del artículo 16»83. Lo mis-
mo parece entender Cancio Meliá quien, citando una sentencia del Tri-
bunal Supremo, opina que se debería buscar las soluciones a esta proble-
mática en «un ámbito distinto del penal»84.
Mi conclusión es que sería conveniente que desapareciera de
nuestro Código Penal la mención a la «alteración o control de la perso-
nalidad», salvo que el legislador —superando en este caso el trabajo de
los psiquiatras— fuera capaz de precisar las bases materiales sobre las que
edificar una noción en la actualidad tan etérea. De no ser así, conceptos
tan vagos no merecen figurar en el articulado de ninguna norma cri-
minal.
La atribución a los integrantes de una asociación, pensando en los
movimientos alternativos, de imprecisas prácticas de «alteración o con-
trol de la personalidad» de sus asociados resulta difícilmente compatible

80. Ibid., p. 278.


81. Cfr. D. LLAMAZARES FERNÁNDEZ, Sectas y derecho fundamental de libertad de conciencia,
o. c., p. 145.
82. M. L. MAQUEDA ABREU, Sectas y Derecho Penal, una aproximación jurisprudencial a su
análisis, o. c., p. 34.
83. J. M. TAMARIT SUMALLA, De los delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos
fundamentales, o. c., p. 1489.
84. M. CANCIO MELIÁ, o. c., p. 1289.
358 IGNACIO FONT BOIX

con que «obviamente, el control conseguido por los líderes de los «cul-
tos» no es absoluto, ya que la mayoría de adeptos acaba abandonándolos
(Baker, 1984)»85. ¿Cómo es posible crear una personalidad nueva, de-
pendiente de los dictados de los dirigentes, que acabe actuando en una
mayoría de casos en contra de los intereses del grupo? ¿Qué clase de con-
trol es ése?
A mi juicio, en el seno de los movimientos alternativos no puede
hablarse propiamente ni de control de la personalidad ni de que se esté
induciendo una enfermedad mental, y eso tanto en la fase de captación
como mientras perdure la continuidad del adepto. Esto es lo que reco-
noce la mayoría de los especialistas. La postura contraria no está sufi-
cientemente comprobada. Sobre esas bases, el Derecho no puede en mo-
do alguno incorporar a su bagaje normas coactivas o punitivas. Sería
imprudente y, tratándose de Derecho, tremendamente injusto, traducir a
unas categorías jurídicas las conclusiones de un debate científico todavía
vivo y abierto a la discusión; discusión que, hoy por hoy, se va decan-
tando a favor de los que consideran que el «lavado de cerebro» es una
noción anacrónica y trasnochada. Sobre esas arenas tan movedizas es im-
posible elaborar conceptos jurídicamente funcionales.

85. M. D. LANGONE-M. T. SINGER, Trastornos psicológicos y psiquiátricos más comunes cau-


sados por los «cultos», en: «Grupos totalitarios y sectarismo», o. c., p. 155.

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