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Introducción al Derecho Civil

Este documento presenta una introducción al derecho privado y al derecho civil. Explica que el derecho consiste en un sistema de normas que regulan la convivencia social y resuelven conflictos de manera pacífica. Los fines del derecho son el bien común, la seguridad jurídica y la justicia. También describe las características de las normas jurídicas, como su generalidad, abstracción, imperatividad y coercibilidad. Finalmente, ofrece una definición de derecho privado y derecho civil como ramas del derecho que regulan las relaciones

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Introducción al Derecho Civil

Este documento presenta una introducción al derecho privado y al derecho civil. Explica que el derecho consiste en un sistema de normas que regulan la convivencia social y resuelven conflictos de manera pacífica. Los fines del derecho son el bien común, la seguridad jurídica y la justicia. También describe las características de las normas jurídicas, como su generalidad, abstracción, imperatividad y coercibilidad. Finalmente, ofrece una definición de derecho privado y derecho civil como ramas del derecho que regulan las relaciones

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-Derecho, ciudadanía y trabajo social- María Guillemes 2ºTS

DERECHO
CIVIL
Tema 1. Derecho privado y Derecho civil. Normas y ordenamiento jurídico .............. 1
Tema 2. (Primera parte) Derechos, deberes y obligaciones ...................................... 24
(Segunda parte) Derecho civil patrimonial ................................................... 35
Tema 3. Derecho de la persona ................................................................................... 51
Tema 4. Derecho de familia. Parentesco. Obligación de alimentos ........................... 99

Tema 5. Filiación. Instituciones de protección de menores .....................................112


Tema 6. Matrimonio. Efectos personales y patrimoniales. Uniones de hecho .......140
Tema 7. Crisis matrimoniales. ....................................................................................145
DERECHO CIVIL
TEMA 1: DERECHO PRIVADO Y DERECHO CIVIL
NORMAS Y ORDENAMIENTO JURÍDICO

1. EL CONCEPTO DE DERECHO. EL DERECHO OBJETIVO.

Es evidente que el mundo del Derecho nos envuelve cotidianamente desde el momento del
nacimiento (e incluso antes) hasta el de la muerte y que, posiblemente, la convivencia social
resultaría absolutamente imposible si no existieran una serie de normas y principios que la
regulasen y, consiguientemente, establezcan el marco de actuación de cada uno de los integrantes
de la comunidad social de que se trate (ciudadanos, asociaciones, Estado...). Vivimos bajo el.
imperio del Derecho, rodeados de reglas y normas que rigen nuestros actos y que hacemos valer
cotidianamente.

El Derecho consiste fundamentalmente en un sistema de normas, en un conjunto normativo, con


una clara finalidad instrumental: la resolución de los conflictos que se generan y surgen en el
propio cuerpo social al que el Derecho (de cada momento y de cada comunidad social dada) va
destinado, excluyendo de raíz el recurso a la fuerza bruta o a la violencia. El Derecho nace en y
para la convivencia social humana y sólo a ella está destinado, como expresa el antiguo aforismo
latino ubi societas ibi ius. (donde hay una sociedad, por muy rudimentaria que sea, hay un
Derecho; cualquiera que sea el tipo de asociación, de sociedad, o de comunidad, necesita un
orden).

En resumen, el Derecho es asunto de la sociedad; la convivencia de los seres humanos hace


indispensable al Derecho, que nace ineludiblemente en cuanto los hombres viven juntos y en
relación.

Precisamente, la etimología de la palabra Derecho proviene de latín; de "ius" (lo que une, lo justo) y de
"directum" (dirigir hacia, ordenar con reglas...)
Las normas jurídicas son las manifestaciones externas del Derecho más habituales (especialmente a través
de las leyes) y conocidas, que se nos imponen a través de una formulación general y abstracta de tal modo
que el precepto o mandato valga (al menos tendencialmente) para solucionar la generalidad de los
conflictos sociales que pueden plantearse, atendiendo de una parte a sus destinatarios (los ciudadanos) y,
de otra, a la multiplicidad de los supuestos de hecho que pueden darse en la materia regulada por cada
norma.

FINES DEL DERECHO

El Derecho no es el resultado de generalizaciones conceptuales, ni de deducciones silogísticas. Tiene,


pues, unos fines inmutables, inmodificables, pertenecientes, acaso, al denominado Derecho Natural.
Son éstos:

a) El Bien común entendido como conjunto de elementos materiales y morales que coordina la
acción de los individuos reunidos en sociedad procurando la felicidad temporal o colectiva sin
1
dañar los derechos de la persona humana (LUCAS VERDÚ).

b) La Seguridad jurídica. (art. 9.3 CE). Significa que las normas deben ser seguras, ciertas, no dudosas,
para que los miembros de la comunidad puedan saber a qué atenerse y los que aplican las normas
(básicamente los jueces) encuentren en ellas criterios seguros y unívocos para resolver los
conflictos sociales. Esta idea se traduce en una serie de consecuencias concretas: así, condición
de seguridad es la exigencia de publicidad de las normas (arts. 9.3 y 91 CE), que impide que un
sujeto haya de someter su conducta a normas que permanecen secretas y, en consecuencia, de
imposible conocimiento. A similar razón obedece el principio llamado de irretroactividad, la
prohibición de la arbitrariedad de los poderes públicos, la jerarquía normativa...

c) La Justicia. El Derecho se presenta como la realización de un valor que denominamos justicia. Esto
puede entenderse en varios sentidos.
Por de pronto, cuanto una vez dictada la norma, la conducta del hombre es justa cuando se
somete a ella (circular por la derecha) e injusta cuando se opone (circular por la izquierda). La
justicia es, entonces, una cualidad de la conducta humana que expresa su acatamiento a la norma
jurídica.
En cuanto a la propia norma, también de cualquiera de ellas se puede predicar la justicia o la
injusticia según respete o no la proporción, el equilibrio, la equidad en la atribución de premios
sanciones. Una ordenanza que castigase a un año de prisión al peatón que cruce fuera del paso
señalado sería injusta, y lo mismo el Código Penal que condenase a igual pena al asesino.
La Justicia representa, en suma, "un punto de vista sobre el Derecho" y, precisamente un punto
de vista crítico; el de la adecuación de la norma positiva a sus cánones.
Llegados a este punto, podemos preguntarnos, con MORENO QUESADA y LACRUZ BERDEJO: ¿Puede haber leyes
injustas? ¿La ley injusta es ley? Hay leyes injustas que tendremos que acatar por el hecho de ser leyes, para evitar el
desorden el escándalo y el caos; y porque no concuerdan con nuestra concepción de la Justicia, este acatamiento no
nos privará de intentar que se cambien por los medios a nuestro alcance.

De hecho, a través de los tiempos vemos que ha habido leyes que, en la actualidad, se nos antojan
claramente injustas (ej.: las de esclavitud, procesos a las consideradas brujas; y más cercanas a nuestro
siglo las leyes nazis contra los judíos, y más actual aún, leyes anteriores que impedían la libertad de
expresión o establecían algunos supuestos de discriminación sexual...).

En conclusión, podemos afirmar que el fin primordial que tiene el Derecho es aplicar y llevar a
cabo la Justicia, lo que implica dar a cada uno lo suyo, coordinando el bien individual con el bien
común, porque el Derecho es para el hombre (justicia individual), pero es también para la
Sociedad (justicia social o colectiva), buscando ese ideal de Justicia; y decimos ideal porque la
Justicia es muy difícil de conseguir, y se alcanza, según decían los romanos, cuando se cumplen
tres principios: vivir honestamente, no perjudicar a otro y dar a cada uno lo suyo.
Tras la Segunda Guerra Mundial, dentro del fin de Justicia, pero con entidad por sí mismo, se
puso de relieve el fin de la "dignidad humana" que ha tenido su traducción en infinidad de textos
y declaraciones relativas a la protección de los denominados Derechos Humanos, emanadas de
diversos Organismos Internacionales (como la Declaración Universal de Derechos Humanos de la
ONU de 1948).
2
CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO Y DE LAS NORMAS JURÍDICAS:
- La bilateralidad significa que el Derecho se refiere siempre a la conducta de un sujeto en
relación con otro/s, sitúa siempre dos personas, a dos sujetos, frente a frente. Por el contrario,
las reglas morales o éticas sólo se contemplan desde el punto de vista de la conciencia de una
persona, sin necesidad de enfrentarse a otra.

- La nota de generalidad significa que la norma no está dirigida a una persona concreta y
determinada, sino a una serie de personas (que se encuentran o pueden encontrarse en el
futuro relacionadas con la materia regulada por la norma; ej.: Ley del Estatuto de los
Trabajadores o disposiciones sobre la Banca) o a la colectividad toda (Código Penal).

- La abstracción viene requerida por la multiplicidad de los supuestos de hecho: la norma jurídica
no puede contemplar en el supuesto de hecho concreto (o los múltiples supuestos de hecho),
sino que debe quedar circunscrita a un supuesto tipo. No puede, ni debe, haber tantas normas
jurídicas como problemas hay en la vida. La norma, pues, es un precepto que contempla un
supuesto de hecho genérico o abstracto y la adecuación de éste a un litigio o controversia
concretos ha de llevarse a cabo mediante matizaciones (normalmente complicadas) reservadas
a los técnicos en Derecho y, señaladamente, a los jueces a través de sus sentencias.

- La imperatividad u obligatoriedad supone que toda norma contiene un mandato (positivo o


negativo) que hay que acatar y que nos somete a una conducta determinada. El Derecho manda
en imperativo, no aconseja ni exhorta. (por ejemplo, las normas no piden ni recomiendan que
pagues las deudas, sino que imponen y mandan que tienes que pagarlas).

- La coercibilidad quiere decir que la norma puede ser impuesta por medio de coacción, por la
fuerza, con la correspondiente sanción si un determinado precepto es transgredido o no
cumplido; si dejáramos su cumplimiento al arbitrio del obligado y éste pudiera cumplir o no
cumplir, no sería una norma de derecho, sería una norma de otro tipo, porque la faltaría uno
de sus caracteres esenciales.

- Otras características de la norma son la exterioridad (regula conductas externas o exteriores de


los individuos, sin entrar en el terreno de los deseos, las intenciones, las ideas...) y la estatalidad
o cuasiestatalidad (las normas emanan del Estado, a diferencia de, por ejemplo, la costumbre
que tienen su origen en la "comunidad social").

DERECHO NATURAL - DERECHO POSITIVO. DERECHO OBJETIVO - DERECHO SUBJETIVO

DERECHO NATURAL - DERECHO POSITIVO:


Al hablar de Justicia como un ideal y un fin primordial del Derecho, sentimos que hay, o tiene que
haber, un Derecho, no escrito, impreso en la mente del hombre por el que es capaz de distinguir
lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. A este conjunto de principios universales es al que
denominamos Derecho Natural, y siguiendo a Santo Tomás podemos decir que son principios de
3
Ética común, no determinados por ninguna confesión religiosa, que aceptamos y que están
inspirados en la naturaleza de las cosas.
Se citan habitualmente las palabras que SOFOCLES pone en boca de ANTIGONA, quien entierra a su
hermano Polínice y responde al tirano CREONTE que fue quien ordenó dejarlo insepulto: "Tu mandato no
procede de ZEUS, ni de la justicia, compañera de los dioses... ni creo que tal mandato tenga fuerza para
borrar las leyes divinas, de manera que un mortal pueda quebrantarlas. Pues no son de hoy ni de ayer, sino
que siempre han estado en vigor, y nadie sabe cuando aparecieron"

Por lo tanto, el Derecho en vigor ha de inspirarse en el Derecho Natural, sin contradecirlo, si lo


hace, decimos que es un mandato injusto aunque, en principio, haya que obedecerlo. En la
actualidad el Derecho Natural tiende a ser configurado como un sistema de ideales que fortifica
el Derecho Positivo, al tiempo que le sirve de fundamento y le otorga fuerza para su
transformación.
¿Qué es, en consecuencia, el Derecho Positivo? Para la escolástica, es ley positiva la que ha sido
promulgada por quien tiene el cuidado de la comunidad, pero evidentemente también hay reglas
de Derecho Positivo que no proceden del órgano legislativo (como la costumbre). Lo característico
del Derecho Positivo es su mantenimiento por la autoridad: se trata de normas directa o
indirectamente impuestas por el poder político a los ciudadanos; normas que, se caracterizan por
su imperatividad y posible coactividad,
El Derecho positivo es, por tanto, el aceptado como tal por la autoridad política: es ésta la que
formula el elenco de fuentes del Derecho y una vez formulado, sólo será Derecho positivo el que
proceda legítimamente de alguna de aquellas.

DERECHO OBJETIVO - DERECHO SUBJETIVO:


En sentido objetivo. El Derecho es el conjunto de reglas jurídicas tomadas en sí mismas. En sentido
subjetivo: es la facultad o prerrogativa reconocida a una persona (individual o colectiva) por el
Derecho objetivo que le permite imponer a los demás un determinado comportamiento (hacer,
no hacer, o exigir algo). El Derecho objetivo es pues el Derecho como ordenamiento o norma
mientras que el subjetivo es como prerrogativa o facultad.

2. NORMAS Y DISPOSICIONES JURÍDICAS. ESTRUCTURA, CARACTERES Y CLASES.

El Derecho es fundamentalmente un instrumento ordenador de la convivencia social y, por tanto,


se estructura en base a un conjunto de reglas que tratan de dar solución a los diversos conflictos
sociales. Tales reglas, por su carácter, son denominadas normas jurídicas para distinguirlas así de
otros tipos de reglas de conducta que caen fuera del mundo del Derecho.

4
LA ESTRUCTURA DE LA NORMA: SUPUESTO DE HECHO Y CONSECUENCIA JURÍDICA:
La norma jurídica tipo consta de dos partes diferenciadas:
- El supuesto de hecho alude a hechos naturales, actos, conductas o situaciones, que se formula
bajo la proposición: “Si es A”. Como la norma aspira a regular igual casos iguales el supuesto de
hecho se formulará con dos características: abstracción y generalidad.
- La consecuencia jurídica no pertenece al mundo de lo fáctico, de la realidad, sino al mundo de
la “normatividad”. La consecuencia jurídica no acontece por sí sola, sino que aparece ligada
(automáticamente) al supuesto de hecho, pudiéndose hablar de una causalidad jurídica: la
consecuencia es causa de que la norma jurídica liga a un determinado supuesto de hecho un
determinado efecto jurídico. De este modo, el efecto jurídico o sanción es una situación nueva
que aparece tras comprobar y valorar la situación anterior (una condena(?))

2.1. DISPOSICIONES COMPLETAS E INCOMPLETAS


Para resaltar lo dicho es tradicional recurrir a la distinción entre disposiciones jurídicas completas
(o autónomas) e incompletas (fragmentarias, auxiliares ...); las primeras serían portadoras de una
norma jurídica propiamente dicha; mientras que las disposiciones jurídicas incompletas requieren
ser combinadas con otras del mismo carácter (para deducir de ellas el mandato normativo) o con
disposiciones completas a las que están referidas (precisando detalles, limitando su ámbito de
aplicación...).
En efecto, la tesis recogida en el epígrafe precedente es válida para las normas que regulan
conductas, pero no para otras que no presentan de forma nítida o pura la estructura supuesto de
hecho - consecuencia jurídica. A éstas se las llama, según la clasificación apuntada normas
incompletas o no autónomas, entre las que podemos incluir:
a) Las declarativas o explicativas: Son reglas jurídicas que definen conceptos, instituciones o
situaciones (por ej.: Título preliminar Constitución, arts. 143 y 430 Cc.)
b) Las normas de remisión o reenvío: En ellas no se contiene de manera directa la consecuencia
jurídica de un supuesto de hecho, sino que la consecuencia viene formulada de forma indirecta
mediante la remisión a otra/s normas (por ej.: art. 11.1 Cc).

2.2. NORMAS DE DERECHO GENERAL, DE DERECHO ESPECIAL


Ciertas normas o sectores normativos tienen por objeto la regulación de materias o relaciones
jurídicas determinadas y concretas o, mejor, están dirigidas hacia un sector determinado de los
destinatarios potenciales de las normas (los ciudadanos). Así pues, éstos no vienen considerados
o contemplados como personas en sí mismas, sino como integrantes de ciertos colectivos que
están sometidos a un régimen jurídico propio, al que le considera ESPECIAL; a los comerciantes se
les aplicará el Derecho mercantil, a los trabajadores por cuenta ajena el Derecho laboral...

Frente a ello, el sector normativo que constituye el tronco común del Derecho y que regula las
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relaciones entre personas sin ulteriores calificativos y que se denomina DERECHO GENERAL, para
resaltar que el mismo tiene una mayor generalidad y, por consiguiente, cumple una función
supletoria respecto del Derecho especial.

2.3. NORMAS DE DERECHO COMÚN Y DE DERECHO PARTICULAR.


La generalidad de las normas jurídicas tiene también un componente territorial, en el sentido de
que normalmente son de aplicación en todo el territorio de una comunidad política dada. No
obstante, dicha regla encuentra excepciones de bastante trascendencia y, por principio, es
contrapuesta, por ejemplo, a la existencia de Estados federales, en los cuales los entes federados
cuentan con legislación propia. En España adquieren particular importancia los denominados
DERECHOS FORALES, como subsistemas del Derecho civil aplicables en Aragón, Baleares, Cataluña,
Galicia, País Vasco y Navarra.
En consecuencia, para resaltar la diversidad de ámbitos territoriales de aplicación las normas se
dividen en:
- NORMAS DE DERECHO COMÚN: aplicables a todo el territorio nacional.
- NORMAS DE DERECHO PARTICULAR: aplicables a límites territoriales más reducidos:
comarcas (fundamentalmente en las costumbres), regiones (los Derechos forales) o
Comunidades Autónomas.

2.4. LA IMPERATIVIDAD DEL DERECHO: NORMAS IMPERATIVAS Y DISPOSITIVAS.


En cuanto instrumento ordenador de las relaciones sociales, el Derecho y las normas jurídicas que
lo integran se caracterizan, genéricamente, por su imperatividad: el mandato contenido en la
norma tiene por finalidad ser cumplido.

Sin embargo, el mandato normativo no tiene siempre el carácter de una imposición o prohibición
al ciudadano.

Dicha técnica legislativa obliga a distinguir entre:

a) NORMAS IMPERATIVAS (o de derecho imperativo o de ius cogens) propiamente dichas;


caracterizadas porque el mandato normativo no permite modificación alguna por los
particulares. El supuesto de hecho queda obligatoriamente circunscrito a la previsión legal, sin
que la voluntad contraria de los sujetos intervinientes pueda derogarlo y sustituirlo por otra
regla diferente.

b) NORMAS DISPOSITIVAS: mandatos normativos reguladores de supuestos de hecho que pueden


ser sustituidos por las personas interesadas en ellos por reglas diversas. En tal caso la norma
jurídica desempeña una función supletoria de la propia capacidad de autorregulación del
problema reconocido por el Ordenamiento jurídico a los particulares.

Por ejemplo, respecto al contrato de compraventa, el art. 1461 Cc. establece como obligación, en

6
términos imperativos y sin posibilidad de sustitución por otro acto o comportamiento, que “el vendedor
está obligado a la entrega y saneamiento de la cosa objeto de venta”, aunque otros artículos puedan
establecer excepciones, pero el art. 1465 Cc. señala que los gastos para la entrega de la cosa vendida
serán por cuenta del vendedor y los de transporte por cuenta del comprador, pero es una norma
dispositiva ya que la regla anterior sólo se aplica en caso de que ambos, comprador y vendedor, no
hayan pactado otra regla distinta, ya que lo pueden hacer al permitirlo el propio artículo (“salvo el caso
de estipulación especial”), y por tanto podrían acordar que todos los gastos de entrega y transporte
fuesen a cuenta del comprador o vendedor.

En términos muy generales, el Derecho civil patrimonial está compuesto, en una gran parte, por
normas dispositivas. Por el contrario, el Derecho Público (administrativo, fiscal o procesal)
desconoce prácticamente la capacidad de autorregulación de los particulares.

3. EL ORDENAMIENTO JURIDICO
El ordenamiento jurídico es el conjunto de normas y principios que informan a estas que rigen en
una comunidad concreta, es decir, se trata del derecho objetivo que rige en una determinada
comunidad, país o nación. En España el ordenamiento jurídico está integrado por las normas de
la Unión Europea y del Estado español, de las distintas Comunidades Autónomas y las de régimen
local. El ordenamiento jurídico no solo está integrado por textos legales, sino también por la
costumbre y principios generales del Derecho. No solo son normas jurídicas las que se derivan del
poder legislativo (de la Unión Europea, del Estado o de la Comunidad Autónoma), sino también
algunas de las procedentes del poder ejecutivo (central, autonómico o local).
La Constitución se refiere al ordenamiento jurídico en su artículo 1.1 y proclama los valores en los
que debe inspirarse: «España se constituye en un Estado social democrático de Derecho, que
propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad
y el pluralismo jurídico». La expresión ordenamiento jurídico también la podemos encontrar en
los arts. 9.1 y 147 de la Constitución y en el artículo 1, apartados 1º, 4º y 5º del Código Civil.

4. SECTORES DEL ORDENAMIENTO JURIDICO: DERECHO PUBLICO Y DERECHO PRIVADO. EL


DERECHO PRIVADO: EL DERECHO CIVIL
En cualquier país, el poder público se ocupa de la gestión de los intereses colectivos: recauda los
impuestos, previene y reprime el delito, organiza y dirige los servicios comunes...
También casi en cualquier país, los ciudadanos llevan una vida particular de ellos, y no del Estado:
tienen cosas que son suyas; contratan entre sí; tienen familia...
Se distingue así entre el Derecho Público y el Derecho Privado, como dos conjuntos de normas u
ordenamientos diferentes.

A este respecto, según la teoría más aceptada, el Derecho Privado regula relaciones entre sujetos que
se encuentran en una posición jurídica equivalente, en un plano de igualdad (relaciones de
particulares entre sí, o bien relaciones de un particular con un ente público si éste actúa en un plano
de igualdad, ej.: comprar o alquilar una vivienda). (protege intereses particulares, entre iguales). El
Derecho Público, en cambio, se ocupa de las relaciones en las que interviene el Estado en cuanto
7
portador de la potestad suprema o soberanía, revestido de imperium. (protege intereses generales,
interviene el Estado, no estamos entre iguales).

Por consiguiente, quedan a un lado el Derecho civil, el mercantil y, en general, los que regulan
relaciones entre particulares, sobre la base de su equiparación; y al otro, el político, el administrativo
y fiscal, y el penal, con sus procedimientos, en cuanto afectan a la gestión de la cosa pública o
previenen sanciones a quienes perturban la paz y el orden en cualquier aspecto trascendente a la
comunidad.

SECTORES DEL DERECHO PRIVADO:

El Derecho privado básico es el Derecho civil del que nos ocuparemos en el siguiente epígrafe.

El Derecho mercantil es un sector del Derecho privado que tiene por objeto el estudio del régimen
jurídico de las relaciones económicas empresariales, esto es, las protagonizadas por quienes se
dedican profesionalmente al ejercicio de actividades económicas. Se ocupa del estatuto del
empresario y de los instrumentos propios de la organización (ej.: sociedades) y del tráfico
empresarial (contratos mercantiles), y de las situaciones de insolvencia de los empresarios (Ley
concursal). Por diversas razones también comprende el estudio de instrumentos del tráfico
económico no estrictamente empresariales (como el Derecho cambiario, el Derecho bancario, el
Derecho industrial...).

Un reputado mercantilista como URIA, define esta disciplina como el "Derecho ordenador de la actividad
económica constitutiva de empresa, o Derecho ordenador de la organización y de la actividad profesional de los
empresarios en el mercado".

La ley mercantil fundamental es el Código de comercio (Ccom) de 22 de agosto de 1885.

Las leyes que sirven de complemento al Código de Comercio son numerosas. Podemos citar, entre otras
muchas: Ley de Contrato de Seguro (1980), Ley para la Defensa de los Consumidores y Usuarios
(2007), Ley Cambiaria y del Cheque (1985), Ley de Sociedades de Capital (2010), Ley Concursal
(2003, y reformas) …

EL DERECHO CIVIL:

Una vez que hemos explicado que el Derecho Privado es aquel que regula las relaciones entre
particulares, debemos particularizar diciendo que el Derecho civil es el Derecho privado general; esto es
aquella parte del Derecho privado que no ha sido asumida por un ordenamiento especializado
como el mercantil o el laboral.

El Derecho civil español es el resultado de una larga evolución histórica, y puede decirse que esta
evolución sigue produciéndose ya que todos los acontecimientos políticos y sociales le influyen,
haciendo que no pueda detenerse.

De hecho, en la formación del Derecho civil español han contribuido una serie de elementos muy
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diferentes: podemos empezar diciendo que sus inicios se encuentran en el Derecho Romano y que su
mayor parte se debe a este Derecho, tanto de forma directa como indirecta ya que la influencia que tiene
también del primer cuerpo legal importante (las Partidas de Alfonso X el sabio) es del mismo signo. La
mayoría de nuestras instituciones actuales (sobre todo en materia de derecho patrimonial) y los principios
en que están inspiradas, son propiamente de Derecho Romano en sus antecedentes, aunque hayan sido
influidas por otros ordenamientos y adaptadas a tiempos y circunstancias posteriores.

Otro Derecho que influye en el nuestro, aunque con menos fuerza que el romano y el germánico, fue el
canónico (Derecho de la iglesia), subsistiendo todavía muchas concepciones inspiradas en él (v.g. la
protección del contratante más débil, el justo precio en la compraventa... y sobre todo en materia de
Derecho de Familia, y no solo en la regulación del matrimonio). Otros pueblos que pasaron por España
dejaron rastros de sus costumbres (musulmanes y judíos), pero apenas quedan instituciones que reflejen
sus normas jurídicas. Pero de todas las influencias es, sin duda esencial para la formación de nuestro
Derecho, la del Derecho francés: nuestro Código civil está mayoritariamente inspirado en el Código Civil
del país vecino. El Proyecto de 1.851 lo copió en su mayor parte. Desde 1812 hasta 1889 (fecha en la que
se publicó nuestro C.c.) hubo diversos proyectos; uno de ellos y el más importante fue el de GARCIA
GOYENA, que no se aprobó por ser antiforalista y liberal. Con esta experiencia se reemprendió la tarea
codificadora en 1880, pero esta vez se agregaron a la Comisión de Códigos (que era la que tenía que
redactarlo), representantes de cada uno de los territorios forales para que, estando presentes,
salvaguardaran sus derechos; esta Comisión, presidida por ALONSO MARTINEZ, redactó la llamada Ley de
Bases, con un articulado de 27 Bases, en las que se contenían los principios en que había de fundarse el
futuro Código Civil. Se aprobaron en las Cortes, sobre las que había de trabajar la Comisión, con la condición
de que una vez redactado el Código volvieran a someterse de nuevo a las Cortes.

Así se llegó a la aprobación de nuestro Código Civil, fundado en la Ley de Bases de 1.888, cuya
primera edición se publicó el 1 de mayo de 1.889 y la segunda, reformada, el 24 de julio del mismo
año. Y, efectivamente se llegó a su aprobación dejando subsistente la diversidad legislativa en
España, pues el Derecho foral se conservó en toda su integridad y debía aparecer en el Código
Civil en forma de Apéndices; actualmente, sin perjuicio de lo que se dirá más adelante, estuvo
contenido posteriormente en Compilaciones.

El Código civil español (Cc.) consta de 1976 artículos, divididos en:


- Un Título Preliminar (De las normas jurídicas, su aplicación y eficacia) y

- Cuatro libros: 1° (De las personas), 2° (De los bienes, de la propiedad y sus modificaciones),
3° (De los diferentes modos de adquirir la propiedad) y el 4° (De las obligaciones y
contratos).

El art. 1976 contiene la disposición derogatoria de todos los cuerpos del antiguo Derecho civil de
Castilla. El Código tiene, además, trece Disposiciones Transitorias, que regulan el tránsito del
antiguo Derecho a la nueva regulación, y tres Disposiciones Adicionales.

Desde su publicación, el Código civil ha sido objeto de diversas modificaciones, fundamentalmente


en materia de Derecho de la persona y de familia, en especial después de la promulgación de la
Constitución de 1978, para adaptarlo a principios constitucionales (en materia de matrimonio y
filiación, principio de igualdad, libertad e igualdad en el matrimonio, protección de la familia e
9
igualdad de los hijos, nuevos tipos de contratos y derechos de propiedad especiales, derecho de
los consumidores,…).

Tras una gradual "desbandada de materias" en palabras de LACRUZ, el Derecho civil sigue abarcando actualmente las
facetas del ordenamiento jurídico privado más próximas al ser humano; las que calan más incesantemente en su intimidad y en
su existencia cotidiana. Contempla a la persona en sí (derechos de la personalidad); en su aptitud para ejercer funciones y
derechos y vincular a otros (capacidad); en sus relaciones y posiciones familiares; en el tráfico, en el disfrute y dominación de cosas
y derechos (derechos reales y de obligación), incluso más allá de la muerte (sucesión mortis causa): en definitiva, pues, a la persona
en sí, en su dimensión familiar, y en sus relaciones patrimoniales.

En España no hay un único Derecho civil, sino que hay una pluralidad de Derechos civiles españoles. Esta pluralidad se explica
históricamente por la existencia de distintos territorios que fueron independientes, cada uno con su propio
ordenamiento jurídico. La unidad política de nuestro país a principios de la edad moderna no supuso la
unidad jurídica y hasta hoy se ha mantenido la diversidad en materia jurídico-privada. Ni siquiera cuando se
aprueba el Código civil español en 1889, que pretendía unificar y sistematizar todo el Derecho civil, se
derogan los llamados Derechos forales.

La Constitución Española de 1978 abre una nueva etapa para los citados Derechos forales. El art.
149.1. 8ª permite a las Comunidades Autónomas en las que existiera en el momento de entrar en
vigor la Constitución un Derecho civil foral o especial, asumir competencias para su "conservación,
modificación y desarrollo". En la práctica, todos los Estatutos de Autonomía de las Comunidades
conocidamente forales han asumido la competencia exclusiva sobre su propio Derecho civil, y han
desarrollado esta competencia aprobando leyes civiles que desarrollaban su anterior Derecho
foral, como en el caso de Aragón.

En cualquier caso, hay materias de Derecho civil sobre las que ninguna Comunidad Autónoma, ni
siquiera de las que tienen competencia sobre Derecho civil, puede legislar, porque, según la
Constitución, son competencia exclusiva del Estado (art. 149.1.8ª CE: nacionalidad, propiedad
industrial e intelectual, formas del matrimonio, ordenación de los Registros e instrumentos públicos, bases
de las obligaciones, normas sobre conflictos de leyes).

Finalmente, conviene señalar cómo, además del Derecho civil foral, puede hablarse también de
un "Derecho civil autonómico no foral": La Constitución Española permite, y todos los Estatutos
han asumido, algunas competencias sobre reforma agraria, protección de los consumidores y
usuarios, comercio interior, fundaciones, cooperativas...

LOS DERECHOS FORALES CIVILES O ESPECIALES

A los Derechos Forales se les puede calificar de Derechos especiales, en cuanto que su ámbito territorial
de vigencia es más limitado, y que carecen de las posibilidades de expansión que el Código tiene.
Aquí radica la diferencia: el Código está llamado a llenar los huecos o resquicios de las legislaciones
particulares, y de todas ellas, mientras cada una de ellas no extiende su eficacia, ni como Derecho
supletorio, fuera del territorio para el cual se dictó.

Las Compilaciones de los Derechos civiles especiales o forales fueron formuladas desde 1959 a
10
1973. En efecto, tras el paréntesis republicano, concluida la Guerra civil, se revisa el método de
tratamiento de los Derechos Forales y a partir de 1959 comienzan a aparecer las llamadas
Compilaciones Forales: son las de Vizcaya y Alava (1959), Cataluña (1960), Baleares (1961), Galicia (1963),
Aragón (1967) y Navarra (1973). Las modificaciones, algunas de ellas realmente importantes, que
todas ellas han experimentado en virtud de leyes de las Comunidades autónomas a partir de 1984,
corresponden a un contexto jurídico distinto.

La Constitución de 1978 permite conservar. modificar y desarrollar el Derecho civil especial foral, lo
que ha supuesto que las Comunidades Autónomas con competencia para ello, hayan elaborado
nuevas leyes civiles que han desarrollado las previsiones de las Compilaciones, sobre muy diversas
materias, desbordando en algunos casos el marco de las anteriores Compilaciones, formado ahora
por varias leyes civiles distintas, que forman el nuevo Derecho civil autonómico, con la pretensión de
refundirse, en algunas Comunidades Autónomas, en nuevos cuerpos legales (como, por ejemplo,
el Código civil de Cataluña).

DERECHO CIVIL DE ARAGÓN


Actualmente, la legislación civil aragonesa vigente (salvo algunas normas de otras leyes sectoriales
aragonesas) forma el “Código de Derecho Foral de Aragón” (CDFA), aprobado como Texto
Refundido de las leyes civiles aragonesas por el Decreto Legislativo 1/2011, de 22 de marzo, del
Gobierno de Aragón (BOA nº 63, de 29/03/2011), que entró en vigor el 23 de abril de 2011(*).

El Código de Derecho Foral de Aragón consta de 599 artículos, dividido en cuatro Libros (Libro I.
Derecho de la persona; Libro II. Derecho de la familia; Libro III. Derecho de sucesiones por causa de
muerte; Libro IV. Derecho patrimonial) y un Título Preliminar (Las normas en el Derecho Civil de
Aragón). Los Libros están divididos en Títulos, Capítulos, Secciones y, ocasionalmente, Subsecciones.

En la parte final del Código se recogen las disposiciones adicionales y transitorias de las Leyes
refundidas, debidamente regularizadas y adaptadas al nuevo marco normativo.

(*) La Ley 3/2016, de 4 de febrero, de las Cortes de Aragón, reforma los artículos 535 y 536 del Código del Derecho Foral de
Aragón (BOA 10/03/2016)

El “Código de Derecho Foral de Aragón” deroga las siguientes Leyes civiles aragonesas:

a) El Título preliminar de la Compilación del Derecho civil de Aragón.


b) La Ley 1/1999, de 24 de febrero, de sucesiones por causa de muerte.
c) La Ley 6/1999, de 26 de marzo, relativa a parejas estables no casadas.
d) La Ley 2/2003, de 12 de febrero, de régimen económico matrimonial y viudedad.
e) La Ley 13/2006, de 27 de diciembre, de Derecho de la persona.
f) La Ley 2/2010, de 26 de mayo, de igualdad en las relaciones familiares ante la ruptura de convivencia de
los padres.
g) La Ley 8/2010, de 2 de diciembre, del Derecho Civil Patrimonial.

Las Leyes derogadas, cuyo contenido se incorpora (sin variaciones significativas) al Código de
Derecho Foral de Aragón de 2011, habían desarrollado – a su vez- la Compilación del Derecho Civil
de Aragón (CDCA), que se aprobó por Ley de 8 de abril de 1967 (y se incorporó como Ley aragonesa
11
por las Cortes de Aragón en 1985)- que constaba de 153 artículos y se dividía en los mismos cuatro
Libros que el nuevo Código Foral- Ley sucesora del Apéndice Foral de 1925 y del Cuerpo de Fueros y
Observancias vigente desde la Edad Media.

Fuera del Código de Derecho Foral de Aragón ha quedado, por razones de fechas de aprobación
una Ley civil aragonesa, cual es la Ley 9/2011, de 24 de marzo, de mediación familiar (BOA nº 70,
de 07/04/2011).

LAS FUENTES DEL DERECHO

1. LAS FUENTES DEL DERECHO ESPAÑOL


Las fuentes normativas o directas, creadoras de normas jurídicas vinculantes para los ciudadanos
y los poderes públicos, son exclusivamente las indicadas en el artículo 1.1 Cc.: la Ley, la Costumbre
y los Principios Generales del Derecho, para todo el ordenamiento jurídico español.
En nuestro ordenamiento no existen más fuentes que las establecidas anteriormente; a veces se
ha venido hablando de otras posibles fuentes, como la analogía, la equidad, la jurisprudencia, la
doctrina de los autores, etc... (a las que llamaremos fuentes indirectas o de conocimiento, porque
no crean normas, sino que nos ayudan a conocer, aplicar e interpretar las normas jurídicas).
Aunque el art. 1.1 Cc. determina “las fuentes del ordenamiento jurídico español”, no todos los sectores del
ordenamiento admiten todas las mencionadas en dicho artículo, aunque en todo el ordenamiento rige el
principio de primacía de la Ley sobre las otras fuentes normativas. Así, por ejemplo -cita LACRUZ-, en el
Derecho penal rige de manera estricta el principio de legalidad, y no puede admitirse la configuración de
delitos por medio de costumbre o de principios generales del Derecho... Lo mismo sucede en el Derecho
fiscal o procesal. En Derecho administrativo se reconoce escasa relevancia a la costumbre. A su vez, dentro
del Derecho Privado y del Derecho Civil, los Derechos civiles forales pueden dictar normas sobre fuentes
que son aplicables en el ámbito del propio Derecho civil (como veremos para el caso del Derecho civil
aragonés).

• LA LEY: (de apuntes de fundamentos jurídicos) TIPOS DE LEYES:

- LEYES ORGÁNICAS: leyes que para su aprobación se exige mayoría absoluta, y que afectan a materias
específicas:
 aquellas que afectan al desarrollo de los derechos fundamentales y libertades públicas
 las que aprueben los Estatutos de Autonomía
 la ley que apruebe el régimen electoral general
 y las demás previstas en la CE (Art. 81)  la regulación de las instituciones que regulan las Cortes, regulación del defensor del
pueblo, del poder judicial y del Tribunal de Cuentas.

- LEYES ORDINARIAS: son aquellos actos legislativos normales emanados del Parlamento, aprobadas tanto en
pleno como en comisión. Son de carácter ordinario, no tienen ninguna especificidad. No requieren una mayoría
absoluta(mitad+1) para ser aprobada. Vale con mayoría simple.
NORMAS DE RANGO LEGAL o DISPOSICIONES NORMATIVAS CON FUERZA DE LEY:
Son disposiciones normativas que tienen fuerza o rango jerárquico de ley. La diferencia es que no son emanadas
por el poder legislativo, sino que son emanadas o aprobadas por el poder ejecutivo. TIPOS:

12
- RDL (Real Decreto Ley): Disposición legislativa provisional que se dicta para casos de extraordinaria y
urgente necesidad, que incluso puede convertirse en ley si las Cortes así lo aprecian. Es una norma especial
que, sin ser ley en sentido propio, tiene rango o valor de ley. No procede del Parlamento sino del Gobierno.
o LÍMITES: no puede aprobarse mediante RDL aquellas materias que afecten a derechos, deberes y
libertades de los ciudadanos, al régimen de las CCAA (ej.: régimen de financiación), al régimen
electoral general, ni al ordenamiento de las instituciones básicas del Estado.
o Peculiaridad: una vez aprobado debe ser inmediatamente sometido a debate y votación en el
Congreso de los Diputados, para que el CdD se pronuncie de una forma expresa dentro del plazo de
30 días (desde que se aprobó) para su convalidación o su derogación. La convalidación por parte del
Congreso no transforma ese RDL en Ley, no cambia su naturaleza jurídica.
Asimismo, la convalidación no sana los posibles defectos que tenga el RDL.
- RDLeg (Real Decreto Legislativo): delegación legislativa donde el poder legislativo otorga la capacidad de dictar
normas legales al ejecutivo. Nunca se van a poder delegar materias reservadas a Ley Orgánica.
El procedimiento para la delegación es el mismo que para aprobar una ley. El poder legislativo al final siempre
aprueba dos tipos de leyes (una de las dos):
o ley de bases: camino que va a seguir el ejecutivo para aprobar un texto articulado
o ley ordinaria: el legislativo está delegando la aprobación de un texto refundido
Existen dos tipos de RDLeg: texto refundido o texto articulado.

• REGLAS MORALES, USOS SOCIALES, USOS JURÍDICOS Y COSTUMBRE

Diferentes a las normas jurídicas y sin valor de fuentes del Derecho, salvo que la propia Ley
remita a ellos, son las reglas morales y los usos sociales:

- REGLAS MORALES: Estas pueden ser asimismo normas jurídicas, como las prohibiciones de
matar o robar, y a veces la moral viene invocada por el Derecho como medida de
permisividad de un acto o contrato, como cuando el art. 1.255 Código civil prohíbe los
pactos opuestos a la moral. Pero, en cuanto tales normas morales, se dirigen a la conciencia
de la persona y solo tienen virtualidad en el terreno de la ética. De hecho, la moral, la ética
cambia con el tiempo y con los sistemas (político, religioso...).
La ética, aunque tenga coacciones y sanciones de carácter social (pérdida de prestigio y
apartamiento del grupo) e individual (sentido de culpa...), carece siempre de esa
formalización y positivación institucional.
A veces, se alegan como excepción para el cumplimiento de determinadas actividades, como ocurre
con algunas intervenciones o tratamientos sanitarios (aborto, tratamientos paliativos en
enfermedades terminales), pero el cumplimiento de las normas es obligatorio salvo que la Ley o los
códigos deontológicos profesionales contemplen la excepción por razones éticas o religiosas.
Así, los profesionales sanitarios podrán alegar objeción de conciencia para no realizar la
intervención, garantizando su realización en otro centro, como se recoge en el artículo 19 de la Ley
Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del
embarazo. En su apartado 2 se establece: "Los profesionales sanitarios directamente implicados en
la interrupción voluntaria del embarazo tendrán el derecho de ejercer la objeción de conciencia sin
que el acceso y la calidad asistencial de la prestación puedan resultar menoscabadas por el ejercicio
de la objeción de conciencia".

13
- USOS SOCIALES: comportamientos, hábitos y principios cuya infracción acarrea una
sanción igualmente social, pero no jurídica. Podemos definirlas como aquellas que no son
normas jurídicas ni éticas y que se refieren, desde relaciones de cortesía y formas
exteriores de comportamiento, hasta usos del lenguaje y de ciertos símbolos culturales.
Se discute, por ejemplo, sobre determinados comportamientos sociales de tradición
histórica o cultural en actividades taurinas populares y sus límites, que pueden originar un
rechazo social como usos sociales o pueden transgredir los límites legales del maltrato
animal.

- LOS USOS JURÍDICOS: diferenciándolos previamente de los meros usos sociales, Federico DE
CASTRO distinguía entre la función interpretativa (art. 1287 Cc.) y la función reguladora (art.
1258 Cc) de los usos. El uso con valor normativo tiene el significado de regla jurídica que
señala la eficacia del negocio con valor de norma supletoria, y se aplicará siempre que falte
una regulación concreta preferente, y obligará al que ignora el uso y hasta al que no lo quiere,
si esa voluntad no se ha expresado y concretado en el negocio jurídico.
Estos usos de negocios o normativos es a los que el párrafo 2º del art. 1.3 Cc. reconoce como fuente
del Derecho, equiparándolos a la costumbre: “los usos jurídicos que no sean meramente
interpretativos de una declaración de voluntad, tendrán la consideración de costumbre”.

- LA COSTUMBRE: En términos generales podemos definir la costumbre como el uso seguido


de manera uniforme, general, duradera y constante de una determinada conducta
aceptable, como expresión de una convicción jurídica, o dicho más simplemente, es la norma
de conducta nacida en la práctica social y considerada como obligatoria por la comunidad.
Por supuesto, la costumbre deberá ser según ley (secundum legem), es decir, acorde a las
leyes y al conjunto del ordenamiento jurídico, ya que de lo contrario (costumbre contra legem)
no podrá ser considerada como fuente válida de derecho. Reconocida, sin embargo, en el
Derecho civil navarro y aragonés (sólo aplicable frente a normas dispositivas, no frente a las
imperativas
La costumbre, o norma jurídica consuetudinaria, procede directa e inmediatamente de la sociedad.

Regulación: Art. 1.3 Cc. (no puede ser contraria a la moral y al orden público, y ha de ser probada)

- LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO: (Art. 1.4 Cc.) Son valores o ideas fundamentales
de carácter social, vigentes en cada momento, y que sistemática o estructuralmente pueden
deducirse, bien del ordenamiento jurídico de un país o de un sector del ordenamiento.
Doble función:
a) “Informan” nuestro ordenamiento jurídico. Establecen los criterios que fundamentan las
disposiciones concretas, que se interpretan según los principios.
b) Fuente de Derecho subsidiaria. Normas jurídicas que regirán en defecto de ley o
costumbre.

14
… la sentencia del Tribunal Supremo, de 10 de marzo de 1998, colma las lagunas legales existentes en relación con
las uniones de hecho, conforme al principio general consistente en la protección al conviviente perjudicado, en el
caso concreto sobre la prestación referida a la atribución del uso de la vivienda familiar, muebles y plaza de garaje,
asignado a la vivienda. Explicita, en este sentido, que se trata de una situación, "de trascendencia jurídica, derivada
de una situación de hecho no regulada por ley. Ni, desde luego, por costumbre. Con lo que es preciso acudir a los
principios generales del derecho, última fuente formal del sistema de fuentes en el ordenamiento jurídico, como
dispone el artículo 1-1 del Código civil y matiza el apartado 4 del mismo artículo” (STS 27/03/2001)

 FUENTES INDIRECTAS

• La jurisprudencia
El art. 1.6 CC. Fuente indirecta. “Complementa” el ordenamiento jurídico. Desarrollos autorizados por los
Tribunales del conocimiento, interpretación y aplicación de las normas jurídicas. Requisitos de la jurisprudencia:

- Más de una sentencia (reiteración)

- Sustancial analogía entre los hechos juzgados y sentenciados

- Que en los supuestos ya resueltos y en los nuevos se apliquen las mismas normas; es decir, que
la “ratio decidendi” sea la misma, sin tener en cuenta los argumentos circunstanciales.

“Jurisprudencia” se aplica, como fuente indirecta, a las sentencias del Tribunal Supremo,
Tribunales Superiores de Justicia de Comunidades Autónomas con Derecho civil o foral (Sala 1ª
de lo Civil). El Tribunal Superior de Justicia de Aragón (T.S.J.A.)

Las sentencias del Tribunal Constitucional, como intérprete “auténtico” de la Constitución,


tienen valor normativo como desarrollo de los propios arts. CE, cuando declara la
inconstitucionalidad de una ley. Sin embargo, cuando resuelve recursos de amparo por actos
de violación de derechos fundamentales, el efecto, en su caso, es declarar la nulidad del acto y
reconocer el derecho violado. Las sentencias del TC vinculan a los jueces y tribunales (art. 5.1
Ley Orgánica del Poder Judicial).

• La equidad (Art. 3.2 Cc.)


Justicia del caso concreto. El CC. faculta al juez para utilizar la equidad como criterio
interpretativo, pero no le permite suprimir la aplicación de la norma con base en este concepto,
sino cuando la ley expresamente lo autorice.

• Doctrina de los autores (científica)


La doctrina está formada por las opiniones que, sobre normas o instituciones jurídicas,
mantienen los tratadistas o escritores que se ocupan del estudio del Derecho.

Esta no es fuente de Derecho sino medio para conocerlo y estudiarlo.

15
 EL SISTEMA DE FUENTES EN EL DERECHO CIVIL DE ARAGÓN (CFDA pág. 6530)

En Aragón, el art. 1 del Código de Derecho Foral de Aragón diseña un sistema propio de fuentes
de su Derecho civil, separándose del que regula el art. 1 Cc. El citado artículo menciona como
fuentes del Derecho Civil aragonés a la ley, la costumbre y los principios en que tradicionalmente
se inspira el Ordenamiento jurídico aragonés. De igual forma la CDFA otorga preferencia al
Derecho civil propio de Aragón, si bien por encima está siempre la CE.

El texto actual del Título Preliminar del Código de Derecho Foral (arts.1 a 3) dice así en su art. 1º:

Artículo 1. Fuentes jurídicas. - 1. Las fuentes del Derecho civil de Aragón son la ley, la costumbre y los
principios generales en los que tradicionalmente se inspira su ordenamiento jurídico.
2. El Derecho civil general del Estado se aplicará como supletorio sólo en defecto de normas
aragonesas y de acuerdo con los principios que las informan.

En consecuencia, la aplicación del Código civil se limita a:

A) Como Derecho supletorio propiamente dicho en el supuesto de carencia de norma


aragonesa aplicable.

B) Derecho asumido por el propio legislador aragonés.

En cualquier caso, una disposición estatal no puede aplicarse en Aragón si contraviene el espíritu
o sustrato propio de nuestro Derecho.

Por ello, respecto al Derecho civil aragonés, en el ámbito de la competencia legislativa aragonesa,
el Derecho estatal es supletorio en la medida en que no haya en un momento dado normas
aragonesas (ley, costumbre, principios), y en la forma que éstas establezcan. La jurisprudencia no
aparece mencionada en el CDFA ya que no es fuente de Derecho. (vid. Art. 1.6 Cc.)

LA LEY

LA COSTUMBRE
El art. 2 CDFA (al igual que el art. 1 Cc.) no distingue las clases de costumbre; permite la diversidad
dentro de la unidad. Ahora bien, la costumbre despliega su eficacia siempre que no sea contraria
a la Constitución o a normas imperativas de Derecho aragonés. Nos se produce una equiparación
de los usos jurídicos como en el Cc.

Artículo 2. De la costumbre. - 1. La costumbre tendrá fuerza de obligar cuando no sea contraria a la


Constitución o a las normas imperativas del Derecho aragonés.
2. Los Tribunales apreciarán la existencia de la costumbre a virtud de sus propias averiguaciones y de
las pruebas aportadas por los litigantes.

STANDUM EST CHARTAE


El conocido por "standum est chartae" (literalmente, hay que estar a la carta, al documento donde
expresan su voluntad los particulares) se presenta como el principio consagrador de la autonomía de
16
la voluntad de los aragoneses en sus relaciones jurídicas; además no está limitada su aplicación a
las obligaciones y contratos, sino que también se aplica en las relaciones jurídicas familiares y
sucesorias, y derechos reales.

Hay que distinguir por tanto que la autonomía de la voluntad no es fuente de Derecho civil
aragonés, pero el “standum est chartae” si es fuente de Derecho civil aragonés como principio
general, y además se considera el más importante de todos; informa y guía la interpretación del
ordenamiento civil aragonés, pero además su fuerza consiste en determinar que los pactos y
disposiciones de los particulares prevalecen frente a las leyes aragonesas, con los únicos límites
de lo imposible, la Constitución y las normas imperativas aragonesas.

Art. 3. Standum est chartae. - Conforme al principio standum est chartae, se estará, en juicio v fuera
de él, a la voluntad de los otorgantes, expresada en pactos o disposiciones, siempre que no resulte de
imposible cumplimiento o sea contraria a la Constitución o a las normas imperativas del Derecho
aragonés.

2. VIGENCIA Y EXTINCIÓN DE LAS LEYES


PUBLICACIÓN DE LAS LEYES Y DEMÁS DISPOSICIONES NORMATIVAS.

Los ordenamientos jurídicos democráticos no admiten la existencia de disposiciones normativas


secretas, por tanto, toda norma jurídica escrita debe ser publicada para que su mandato
normativo pueda ser conocido, al menos teóricamente, por todos los ciudadanos.

A este respecto, el art. 9.3 CE, establece que la misma garantiza la publicidad de las normas, pero
ya con anterioridad el art. 2º Cc, exigía también con carácter necesario la publicación completa
de las leyes.

Desde la Constitución de 1.978, las disposiciones normativas estatales se publican en el B.O.E. y


las autonómicas en el B.O. de la Comunidad de que se trate (en nuestro caso, el Boletín Oficial de
Aragón, que en caso de doble publicación –BOA y BOE- es el que sirve de referencia oficial de
publicación de la norma y para computar su entrada en vigor).

VIGENCIA Y DEROGACIÓN DE LAS NORMAS LEGALES

Los límites de eficacia en el tiempo de las normas jurídicas vienen determinados por dos
momentos cronológicos: la entrada en vigor de las normas y la pérdida de vigencia de las mismas.

A) ENTRADA EN VIGOR DE LAS LEYES.

Según el art. 2 Cc, las leyes entrarán en vigor a los 20 días de su publicación en el B.O.E., si en
ellas no se dispone otra cosa. Por tanto, serán las propias leyes las que fijen libremente su entrada
en vigor, ya que el plazo de 20 días al que se refiere el Código Civil sólo entrará en juego cuando
las leyes no dispongan otra cosa.

17
El cómputo de los días se hará a partir del siguiente a aquél en que haya terminado de aparecer la disposición
completa en el diario oficial correspondiente. Para las reglas de cómputo se aplica el art. 5 Cc.

B) LA PÉRDIDA DE VIGENCIA DE LAS LEYES

La derogación de una ley equivale a su pérdida de vigencia. Existen leyes que establecen su
periodo de vigencia, como son las leyes de los Presupuestos Generales del Estado. A estas leyes
las denomina el Código civil en su art. 4 leyes de ámbito temporal. Lo más frecuente es que las
leyes no tengan límite temporal y su vigencia se proyecte temporalmente hasta que una nueva
ley las contradiga o las derogue; en este sentido, el art.

2.2 CC. establece que las leyes sólo se derogarán por otras posteriores. Definiremos entonces
derogar como la capacidad de dejar sin efecto o vigor una ley por publicarse otra que regula
los mismos supuestos y materias. La derogación puede ser total (si la nueva ley deja
absolutamente privada de vigencia a la ley anterior) o parcial (si solamente se priva de vigor en
parte/s).

C) PRINCIPIO DE IRRETROACTIVIDAD DE LAS LEYES.

Para derogar una ley, hay que dictar y publicar otra nueva, el problema radica en si la nueva ley
podrá regular situaciones jurídicas producidas anteriormente a su entrada en vigor o si por el
contrario sólo podrá regular las nacidas con posterioridad. Es el problema de la irretroactividad
de las leyes que las mismas tratan de resolver mediante el establecimiento de disposiciones
transitorias que se refieran a los problemas que puede plantear el cambio de una ley a otra, el
tránsito de la antigua a la nueva ley.

Estas disposiciones transitorias no pueden ser infinitas ni tan completas que resuelvan todos
los problemas del tránsito de una ley a otra, por ello todos los Ordenamientos jurídicos
contienen una regla general favorable al principio de irretroactividad de las leyes. En nuestro
Derecho, este principio se encuentra formulado en el art. 9.3 de la Constitución cuando dice
que la misma garantiza la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o
restrictivas de derechos individuales. Ya con anterioridad, el art. 2.3 CC. establece que las leyes
no tienen efecto retroactivo si no dispusieran lo contrario.

 APLICACIÓN Y EFICACIA DE LAS NORMAS

LA APLICACIÓN DEL DERECHO


La norma se refiere a un caso típico, abstracto, por lo que para que pueda regular los casos
concretos de la vida es necesaria la actividad humana que haga la aplicación de ella, que no es
otra cosa sino la adaptación de la norma abstracta a un caso concreto.

Tradicionalmente se ha entendido que la aplicación del Derecho consiste sencillamente en


subsumir el caso concreto de la vida jurídica bajo la norma jurídica o, lo que es igual, en determinar
18
si la hipótesis de la ley se realiza en el supuesto de hecho. Se puede decir que consiste en una
operación mental que en esquema se reduce a tener en cuenta o prever un fenómeno real o
posible, encajarlo o subsumirlo dentro de una o varias normas jurídicas y extraer la consecuencia
que de aquellas normas se desprenda (DE ANGEL YAGÜEZ).

Esta operación se traduce en un silogismo en el que la premisa mayor es la norma; la menor, el


hecho o relación de que se trate, y la conclusión, la sentencia judicial.

Teoría clásica de la aplicación del Derecho:


 1. Comprobar el supuesto de hecho
 2. Determinar la norma aplicable
a) constatar su existencia
b) interpretarla
c) decidir sobre su aplicabilidad
 3. Dictar sentencia (jueces) (art 1.7 Cc.; art.117 CE y LOPJ)
SILOGISMO DE LA SENTENCIA JUDICIAL:
 Premisa Mayor (PM): norma jurídica
 Premisa menor(pm): hecho o relación
 Conclusión (C): resolución o fallo

La crítica que se hace a esta teoría es que el juez o jurista debe construir previamente la premisa
mayor del silogismo, ya que no siempre la encuentra formulada y determinada, y con frecuencia
ofrece dudas y dificultades. Por otro lado, el juez quedaba reducido a mero autómata que se
limitaba a traducir el fallo previsto en la norma cuando las circunstancias o hechos analizados
coincidían con los previsto en la ley.

Por ello, la aplicación de las normas queda casi exclusivamente reservada a quienes ejercen una
actividad profesional jurídica (los llamados “operadores jurídicos”), ya sea preventiva (asesores,
notarios), calificadora (abogados, graduados sociales), o resolutoria (jueces y autoridades
administrativas). El juez, como ejemplo más relevante, tiene como misión aplicar el Derecho (para
salvaguardar el derecho fundamental de los ciudadanos de la tutela judicial efectiva de sus
derechos, art. 24 CE, en virtud de la autoridad que a jueces y tribunales reconoce el art. 117. 1 y 3
CE), y para ello debe realizar una labor previa de interpretación de la norma teniendo en cuenta los
criterios del art. 3.1 CC. Además, el juez puede ponderar el rigor de la norma por medio de la técnica
de la equidad (art. 3.2 CC.), y completar el mandato legal, a veces insuficiente, por medio de la
analogía (art. 4.1 y 2 CC.).

Antes de aplicar el Derecho, el juez debe comprobar la existencia de la norma incumbiéndole el


deber de conocerlas (principio Iura novit Curia, cuya traducción, en orden inverso, es “El Tribunal
conoce el Derecho”, salvo costumbre y derecho extranjero), y comprobar su legitimidad y
legalidad (que no contradice a otra de rango superior). También el ordenamiento español obliga
a los jueces a juzgar y resolver todos los casos que se les presenten, y el art. 1.7 CC. ordena que
«Los jueces y tribunales tienen el deber inexcusable de resolver en todo caso los asuntos de que
conozcan ateniéndose al sistema de fuentes establecido».

19
LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA Y LA ANALOGÍA

 INTERPRETACIÓN JURÍDICA

Interpretación es, en sentido propio, la indagación y esclarecimiento del alcance, contenido y


significado, en definitiva, del sentido de la norma jurídica.

Por los medios, procedimientos, o criterios que el intérprete utiliza, la interpretación se divide,
según el art. 3.1 Cc, en literal o gramatical, sistemática, histórica, sociológica y lógico-finalista.

a) Gramatical o literal: Atiende al sentido propio de las palabras. El intérprete ha de


indagar el verdadero significado de éstas, atendiendo a su propio sentido y a las reglas
gramaticales, dentro del conjunto de la norma jurídica. Si el sentido de una norma se
desprende claramente de las palabras empleadas no es preciso interpretar.

b) Sistemática: interpretación con relación al contexto. Se trata de averiguar el sentido


de la norma en el conjunto de normas que forman el ordenamiento jurídico, o en
relación con algunas determinadas, es decir, con su situación, ya que las normas por
lo general no se encuentran aisladas.

c) Histórica: interpretación en relación con los antecedentes históricos y legislativos. Las


normas nacen en un contexto histórico y con unos fines determinados, intentando
resolver determinados problemas. Es de gran ayuda también consultar los proyectos
legislativos o leyes precedentes.

d) Sociológica: interpretación de las normas en relación en relación con la realidad social


del tiempo en que han de ser aplicadas. Viene a representar el contrapeso del
elemento histórico, ya que la realidad a la que hay que aplicar las normas puede ser
diferente a la de la época y momento que se crearon.

e) Lógica y teleológica: Atendiendo a la ratio de la norma, es decir, al sentido común para


determinar su contenido empleando criterios lógicos, para averiguar el por qué y el
para qué de la norma. La interpretación teleológica (“teleos” en griego clásico significa
lejos, finalidad) supone ir más allá de la letra de la ley, para llegar al “espíritu y
finalidad” de la norma. Por espíritu de la norma hay que entender el sentido y
contenido inmanente de la misma, y por finalidad, su intencionalidad, eficacia o
resultado de la aplicación.

INTERPRETACIÓN: ART. 3.1 C c.


Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras (criterio literal o gramatical), en
relación con el contexto (criterio sistemático), los antecedentes históricos y legislativos (criterio
histórico), y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas (criterio sociológico), atendiendo
fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquéllas (criterio lógico y teleológico).

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También se puede clasificar la interpretación atendiendo a sus resultados, y así encontramos
fundamentalmente dos clases:

1) Interpretación declarativa: cuando el resultado de lo averiguado o comprobado


coincide con el sentido literal de la norma.

2) Interpretación modificativa: cuando el resultado de la interpretación amplia la


letra de la norma sin excederse de su posible sentido (interpretación extensiva) o
la restringe (interpretación restrictiva) para adecuarla a su finalidad. También
existe la interpretación correctora, cuando el sentido hallado la interpretación
exige la modificación de la expresión legal literal.

 LA ANALOGÍA

Analogía. Permite la aplicación de una norma para un supuesto que la norma no regula, pero
guarda similitud o semejanza con otro supuesto regulado por la norma.
La analogía consiste en la aplicación extensiva de la ley o más propiamente, de los principios
extraídos de una norma legal a un caso no previsto por ella, pero que presenta afinidad o, en
términos más exactos, igualdad jurídica esencial con otro u otros que la ley regula (art. 4.1 C c).
La diferencia entre analogía e interpretación extensiva es que en esta última se aplica la norma
a supuestos incluidos, aunque no se formulen expresamente en la misma, mientras que en la
analogía se aplica a supuestos no incluidos pero que requieren solución similar.
El art. 4.2 CC. establece la prohibición de la aplicación de la analogía en las leyes penales,
excepcionales y temporales, y es también aplicable a las normas limitativas de la capacidad de
la persona y de los derechos subjetivos individuales.

 EFECTOS GENERALES DE LAS NORMAS JURÍDICAS (art. 6 Cc.)

La eficacia de las normas se deriva directamente de su validez y vigencia. Para que las normas
sean aplicadas y observadas por sus destinatarios, se regulan una serie de presupuestos y efectos
que tienen como finalidad hacer realidad esa eficacia de las normas jurídicas.

a) Obligatoriedad de las normas e ignorancia de la ley.


Cumplidos los trámites que determinan que la ley se ha puesto al alcance de todos, nadie puede
ya, en principio, alegar su desconocimiento. Este principio se recoge en el art. 6.1 CC., al expresar
que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento.

No se pretende con ello que los ciudadanos conozcan todas las normas que les gobiernan, ni la
ley presume que todos las conocen, ni es una sanción para el que desconoce la ley. Lo que se
pretende es que se cumpla ley, evitando las alegaciones de desconocimiento del contenido
concreto.
21
Sin embargo, en ciertos casos se acepta que el desconocimiento de la norma atenúa la
responsabilidad, o hace inválidas una declaración de voluntad o una atribución (error de derecho).
El art. 6.1 Cc, en su párrafo segundo, indica que “el error de derecho producirá únicamente
aquellos efectos que las leyes determinen”. El error de derecho es por tanto la ignorancia o falso
conocimiento de la norma jurídica, que origina un comportamiento determinado, y puede ser
considerado por el derecho para atenuar las consecuencias, si la misma norma ha previsto esta
posibilidad.

b) Exclusión voluntaria de la ley aplicable.

La eficacia de las normas no queda habitualmente en manos de la voluntad de los particulares, y


el art. 6.2 Cc imposibilita renunciar o excluir por los particulares la ley aplicable a un supuesto del
modo siguiente: «La exclusión voluntaria de la ley aplicable y la renuncia a los derechos en ella
reconocidos sólo serán válidas cuando no contraríen el interés o el orden público ni perjudiquen a
terceros»

Ello quiere decir, que la exclusión voluntaria de una norma por sus destinatarios sólo será posible
cuando nos hallemos ante una norma de derecho dispositivo donde juega la autonomía de la
voluntad de los particulares, pero esta regla no se aplica a las normas imperativas, ya que supone
una excepción al deber del cumplimiento de la ley, y ello sólo es posible cuando los particulares
se hayan dado una regulación privada que sustituya a la legal.

c) Eficacia sancionadora de las normas: actos contrarios a la ley y fraude de ley.

Una consecuencia de la eficacia obligatoria de las normas es también su relación con el carácter
de coercibilidad, es decir, la posibilidad de poderlas imponer por la fuerza en el caso de
incumplimiento de las normas por los destinatarios.

Por ello, el incumplimiento de una norma conlleva una sanción como una consecuencia que el
ordenamiento jurídico impone a la inobservancia de la norma.

La reacción del ordenamiento puede consistir en una imposición forzosa de lo preceptuado por la
ley, la reparación del daño causado, o una serie de sanciones de carácter civil, administrativo o
penal.

El art. 6.3 Cc establece con carácter general que «Los actos contrarios a las normas imperativas y
a las prohibitivas son nulos de pleno derecho, salvo que en ellas se establezca un efecto contrario
para el caso de contravención».

Ello quiere decir que la sanción general en materia civil es la nulidad del acto, es decir, privar al
acto de valor y de los efectos que en condiciones normales debería de producir, cuando se infringe
una norma imperativa. Es una sanción muy rigurosa la nulidad de pleno derecho, por lo que el
mismo artículo permite que en atención a la buena fe o a otros intereses respetables en juego, se
mantengan ciertos efectos (por ej.: que la sanción no sea de nulidad sino de anulabilidad del acto,
como veremos en el caso de los contratos en el tema 2)
22
Los actos en fraude de ley (art. 6.4 Cc) son aquellos que originan un resultado prohibido por una
norma jurídica que tratan de eludir, y que se realizan al aparente amparo de otra norma, cuya
finalidad es desviada.

Fraude de ley: se produce cuando se elude el cumplimiento de la ley (ley defraudada) al amparo
de unas normas dictadas (ley de cobertura) con una finalidad diferente

LA EFICACIA DE LAS NORMAS EN EL ESPACIO

La diversidad legislativa entre los diversos Estados o la posible variedad de legislaciones dentro de
un mismo Estado, hacen necesarios la existencia de unos principios que determinen la
competencia de cada una de estas leyes y resuelvan los conflictos de concurrencia.

La disciplina que estudia los conflictos entre leyes de distintos Estados se denomina Derecho
interestatal o Derecho internacional privado, y Derecho interregional o interterritorial, cuando
trata conflictos de derecho interior entre leyes de dos territorios del mismo Estado.

Se utilizan básicamente dos criterios o principios para determinar el ámbito de vigencia de las
normas: el principio de territorialidad y el principio de personalidad.

Hay normas que se aplican a todos los hechos que se producen en el territorio sobre el cual tiene
jurisdicción la autoridad que dicta la norma o sobre el cual está asentada la comunidad que se rige
por ella. Ello sucede, por ejemplo, para las leyes penales, de policía o seguridad pública (art. 8.1 Cc).

Otras normas se aplican, por el contrario, en base al criterio personal: se aplican a los sujetos que
son miembros de esa comunidad, donde quiera que se encuentren. Si el criterio de pertenencia a
una comunidad nacional es la nacionalidad, habrá así normas que se apliquen a los nacionales
españoles, estén en España o en el extranjero (por ej.: el régimen de capacidad y estado civil de
las personas, art. 9.1 CC). Si el criterio de pertenencia es la vecindad civil, para determinar el
sometimiento a los distintos ordenamientos civiles territoriales existentes en España, se aplican
reglas similares (arts. 14 a 16 Cc).

Las reglas básicas para resolver los conflictos de aplicación de ley española que colisione con otra
extranjera o dos leyes dentro del mismo Estado y determinar la ley aplicable (normas de conflicto),
están recogidas en los arts. 8 a 12 Cc.

BIBLIOGRAFÍA
- LACRUZ BERDEJO, José Luis, DELGADO ECHEVERRÍA, Jesús, y PARRA LUCÁN, María Ángeles, Nociones de Derecho Civil Patrimonial e
Introducción al Derecho, Madrid, Dykinson, 2012, §§ 1, 2, 5, 6, 7 y 8 (pp. 3-51).
- HERRERA CAMPOS, R. y CAZORLA GONZÁLEZ, M.J. (coordinadores), Materiales para el estudio básico del Derecho civil y laboral,
Barcelona, Atelier, 2011, Lección I (pp. 19-31).

23
TEMA 2: DERECHO CIVIL PATRIMONIAL

A) PRIMERA PARTE: DERECHOS, DEBERES, OBLIGACIONES LA RELACION JURIDICA


1. DERECHO SUBJETIVO

2. DEBERES Y OBLIGACIONES

B) SEGUNDA PARTE: DERECHO CIVIL PATRIMONIAL.


COMPORTAMIENTOS JURÍDICOS Y CONTRATO
1. LA AUTONOMÍA PRIVADA
2. EL CONTRATO
3. TRANSGRESIONES JURÍDICAS
4. BIENES, PATRIMONIO Y DERECHOS REALES

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

A) PRIMERA PARTE: DERECHOS, DEBERES, OBLIGACIONES

LA RELACION JURIDICA
La relación jurídica es la que se produce entre dos o varias personas, públicas o privadas, en virtud de la cual una
(o algunas) pueden exigir algo, de otra (u otras), con ayuda de la coacción del poder público (Ej.: matrimonio,
arrendamiento...).
La relación jurídica puede tener su origen en un contrato, por el cual nos comprometemos a algo, a cambio de
una contraprestación; puede derivarse de un acto o daño ilícito, que nos obliga a reparar el daño causado; o
derivar de la propia ley, como la obligación legal de los padres de alimentar a sus hijos.

ESTRUCTURA
1. Los sujetos
Son las personas unidas por un lazo o vínculo, activos si son portadores de derechos o pasivos en cuanto
titulares de deberes jurídicos.
Cotitularidad: si se trata de varias personas.

2. El objeto
Materia social sobre la que recae la relación jurídica. Puede ser una cosa (un coche, un piso), una conducta
(deber hacer algo, entregar dinero), o un derecho (de crédito, de la personalidad). En general se puede decir
que la relación versa sobre actos humanos (prestaciones o servicios) y sobre cosas, tanto materiales como
inmateriales.

3. El contenido de la relación jurídica


Conjunto de derechos y deberes que comprende la relación jurídica. Pueden ser múltiples (varios derechos
y deberes) o únicos (un solo derecho y su correspondiente deber).
Situación de poder (derecho): una persona tiene la autoridad suficiente para reclamar a cualesquiera otras
una posición de sumisión y respeto de dicho derecho. Posición activa.
Situación de deber: un determinado sujeto ha de realizar un determinado comportamiento respecto del
derecho ostentado por cualquier otra persona. Posición pasiva.
Con frecuencia los distintos titulares son a la vez sujetos activos y pasivos (por ej.: compraventa).

1. DERECHO SUBJETIVO
Cabe recordar las dos acepciones de la palabra "derecho" (en sentido objetivo y en sentido subjetivo) lo
podemos hacer con un ejemplo para expresar dos conceptos diversos:
El ejemplo es el siguiente: cuando decimos: "El Derecho civil español está contenido en un Código", o "El
Derecho mercantil se separó del Derecho civil y forma una disciplina aparte", nos estamos refiriendo a las
normas de conducta, al Derecho en sentido objetivo, como reglamentación. No estamos usándola así, cuando
decimos: "el acreedor tiene derecho a que el deudor le pague", ya que entonces estamos utilizando la palabra
"derecho" como facultad o poder de hacer una cosa.

No podemos, con todo, separar las dos acepciones, aunque digamos que son distintas, pues están íntimamente
relacionados los dos Derechos (objetivo y subjetivo), y subordinado uno al otro, por ej.: si el propietario de una
cosa tiene derecho a venderla (derecho subjetivo) es porque existe una norma (derecho objetivo) que me lo
permite. Por tanto, podemos decir que el derecho subjetivo es poder o facultad que el Derecho objetivo
ampara, y quiere esto decir, que las normas son la base de los derechos subjetivos.

1.1. Definición
La definición más común: Poder concedido por el ordenamiento jurídico a la persona para la satisfacción de
interés digno de protección.
Hay para ello mecanismos de protección y el Ordenamiento jurídico tiene medios para imponer ese respeto
de los demás: podemos acudir a los Tribunales de Justicia para hacerlos valer, pues es el Estado el que tiene
el monopolio de dicha protección, ya que no podemos tomarnos la justicia por nuestra mano.

1.2. Clasificación de los derechos subjetivos:


o Patrimoniales y extrapatrimoniales:
 Patrimoniales: evaluables en dinero
 Extrapatrimoniales: los derechos no patrimoniales son los que no son susceptibles de valoración
económica, no se evalúan en dinero; entre ellos, los derechos netamente personales (de la
personalidad), los estados civiles y los de familia puros (que no comprenden relaciones
económicas). Distinto es que se puedan medir en dinero a la hora de indemnizaciones, por ej.:
la intimidad personal o la integridad física, etc.

o Absolutos y Relativos:
 Absolutos: ámbito de poder: respetado, reconocido y ejercitado ante todos
 Relativos: ejercitado ante una persona determinada. Presupone la preexistencia de una relación
jurídica con sujetos predeterminados. (vendedor-comprador).
Los primeros son los que se pueden hacer valer frente a cualquiera, frente a todos; en ellos, el sujeto
pasivo está indeterminado, y está integrado por la comunidad.
Son derechos absolutos los derechos reales sobre las cosas, los derechos de la personalidad.
Los derechos relativos sólo se pueden hacer valer frente a una persona determinada; el sujeto
pasivo está individualizado y sólo se puede ejercitar el derecho frente a ese sujeto determinado
(son derechos relativos por ej., los derechos de crédito: si yo soy acreedor, sólo puedo reclamar la
deuda a mi deudor y no a otra persona). Los derechos de crédito son característicos de los contratos.

o Principales y Accesorios
 Accesorios: garantiza el cumplimiento de un derecho principal (Ejemplo: hipoteca)

Por el objeto sobre el que recae el derecho subjetivo:


1. Derechos de la personalidad: son los derechos inherentes a las personas, como parte de la persona
misma: derecho a la vida, a la libertad, a la intimidad, etc.
2. Derechos de crédito: los derechos que recaen sobre la conducta de otras personas para poder exigir
de ellas una prestación (llamados también de obligación).
3. Derechos reales: los derechos que tienen las personas directamente sobre las cosas corporales,
materiales e inmateriales (derechos de propiedad, hipoteca, propiedad intelectual, etc.).

LAS FACULTADES JURÍDICAS


El Derecho subjetivo, como concepto unitario, puede encontrarse compuesto de una serie de posibilidades de
actuación que en ocasiones pueden ser de utilización separada por su titular, como son el derecho de usufructo
y el de propiedad (facultades del derecho de propiedad, arts. 348 y ss. Cc.)

POTESTADES O FUNCIONES JURÍDICAS


A veces son derechos-deberes a la vez, impuestos por la ley: los derechos de familia. Especie de cargo u oficio
de Derecho privado concedido a una persona, para cuyo desempeño se le confieren las facultades necesarias
(padre-hijo, tutor-tutelado…).Ej.: la patria potestad compartida los padres ostentan una serie de poderes que
no pueden ejercitarse de forma arbitraria sobre los hijos y que tienen naturaleza de función.

1.3. Vida del derecho subjetivo


LA ADQUISICIÓN Y PÉRDIDA DE LOS DERECHOS
 Adquisición
Los derechos se adquieren por nacer en la persona de su titular, o porque el titular los ha recibido de un
titular anterior que ya los tenía, y que le llega en el estado y con los caracteres que tenía el titular de origen.
Esto último es transmisión o sucesión basada en la regla que nadie puede transferir a otro lo que él mismo no
tiene.
La transmisión puede ser:
o A título universal: de un entero patrimonio o una cuota de él (herencia)
o A título particular: recibe la cosa no incluida en un patrimonio del cual se haga cargo en conjunto
sustituyendo a la persona del anterior titular, sino aislada y sin relación con otra: compraventa, donación,
legado…

 Pérdida de derechos
Los derechos pueden perderse por: enajenación, desaparición física del objeto, privación del derecho por los
Tribunales, o por la Ley y por prescripción (derechos reales)…
La renuncia de un derecho es la dejación de la titularidad de un derecho o de una facultad de adquisición por
voluntad de su titular que lo extingue. Es un acto unilateral.
Artículo 6.2 Cc., la renuncia a los derechos reconocidos por la ley, sólo será válida cuando no contraríe el interés
o el orden público ni perjudique a terceros.
Con todo, hay derechos irrenunciables, que no podemos renunciar a ellos, aunque queramos, pues la ley nos
lo impide; así todos los inherentes a la persona (derecho a la vida, a la libertad personal, al honor, etc.).

1.4. Influencia del tiempo en la vida de los derechos subjetivos


 Cómputo del tiempo
Es fijo si viene determinado respecto de un momento concreto del calendario, y móvil en atención a
espacios diferentes de tiempo que exigen una determinación y cálculo para medir su duración.
Artículo 5 Cc.: si no se establece otra cosa, en los plazos señalados por días, a contar de uno determinado,
quedará éste excluido del cómputo, el cual deberá empezar en el día siguiente; y si los plazos estuviesen
fijados por meses o años, se computarán de fecha a fecha.
Los días festivos son inhábiles para las actuaciones oficiales, descontándose de los términos judiciales y
administrativos. No son inhábiles en las relaciones civiles.

 Límite temporal al ejercicio de los derechos


El titular de un derecho tiene la posibilidad de ejercitar los poderes y facultades que su derecho le confiere.
Tales facultades serán ejercitadas en un momento concreto o a lo largo de un período de tiempo. En
cualquier caso, parece razonable que los derechos se otorgan por el ordenamiento jurídico con la finalidad
de que sean ejercitados efectivamente y dentro de un periodo razonable de tiempo. El que tiene un derecho
tiene un poder de decisión sobre otra u otras personas, que se verán afectadas como consecuencia de
ejercicio de aquel derecho. Y juega además la finalidad social de la seguridad del tráfico, la buena fe y no premiar
la desidia o negligencia en el ejercicio de los derechos.
a. La prescripción extintiva
Concepto y Elementos
Donde la influencia del tiempo resulta esencial es en la institución de la prescripción, que comprende dos
figuras jurídicas que tienen diverso alcance:
- La prescripción adquisitiva: por la que se adquieren derechos sobre cosas con el transcurso del tiempo
(llamada usucapión, y que se produce en los derechos reales).
- La prescripción extintiva: que da lugar a la pérdida o extinción de derechos y obligaciones con el
transcurso del tiempo (arts. 1930-1975 Cc).
Por lo tanto, tiene la prescripción una doble función, aunque corresponde a figuras diferentes; por un
lado, se puede adquirir la propiedad y otros derechos reales y por otro provoca la extinción de derechos
de cualquier clase que sean (art. 1930 Cc).
Pero no todos los derechos pueden prescribir pues los hay imprescriptibles (que el transcurso del tiempo
no deja que desaparezcan), aunque el Código civil diga "de cualquier clase que sean”; así, los derechos
personales y familiares no prescriben (art. 1936 Cc).
Prescripción extintiva: Para que se dé la prescripción extintiva no solo hace falta el transcurso del tiempo
que fije la ley, sino que también necesita otros requisitos:
Elementos de la prescripción extintiva: inactividad y paso del tiempo. Esta produce la extinción del derecho
subjetivo. No puede ser apreciada de oficio, debe ser alegada y probada por el favorecido por ella, por ej.:
ante los Tribunales.
Presupuestos: Para que la prescripción opere se requiere:
o Que el derecho sea prescriptible
o Que permanezca inactivo
o Que transcurra el plazo señalado por la ley sin ejercitarse el derecho.
o Que sea alegada por el favorecido (sujeto pasivo) y no haya renunciado a ella.

Plazos: Al hablar de inactividad del titular por un plazo de tiempo cabe preguntarse cuánto debe durar esta
inactividad para que se produzca la prescripción; el Código establece distintos plazos de tiempo de
prescripción de las acciones correspondientes, según se trate de prescripciones reales (sobre bienes
muebles e inmuebles) (arts. 1962 y 1963) o prescripciones personales (derivadas de derechos de crédito)
(arts. 1964 a 1968); y dentro de cada una de ellas determina prescripciones ordinarias y especiales.
Interrupción: Según el art. 1973 Cc. interrumpimos la prescripción por:
a) Interrupción por ejercicio de acciones ante los Tribunales.
b) Interrupción por reclamación extrajudicial del acreedor (por ej.: requerimiento notarial).
c) Reconocimiento por el deudor del derecho del acreedor (por ej.: por sus palabras o conducta: pago de
intereses, cantidades a cuenta...).
b. La caducidad
Junto a la prescripción, otro modo de extinguirse los derechos con el transcurso del tiempo es la caducidad;
aunque los dos tienen similitud por llegar al mismo fin tienen diferencias importantes.
La caducidad consiste en que un derecho puede nacer con un plazo de vida, y llegado éste se extingue;
el plazo se antepone al ejercicio, se fija y se sabe de antemano y la extinción es automática. Los plazos
suelen ser más breves, y la caducidad la aprecia de oficio el juez, sin que tengan que alegarla las partes.
Son de prescripción Los plazos para ejercitar acciones en defensa y mantenimiento de un derecho
preexistente. Salvo algunos casos, los plazos procesales de la Ley de Enjuiciamiento Civil son siempre de
caducidad.

1.5. El ejercicio de los derechos


Comprende todos los actos de uso y disfrute del derecho, y la utilización de los medios de protección que para
ello concede el Ordenamiento jurídico.
¿Quién puede ejercitar los derechos subjetivos?: el titular u otro por él, a veces facultativamente por
representación acordada en contrato, y a veces obligatoriamente cuando así lo dispone la ley en caso de
Límites al ejercicio de los derechos subjetivos
A pesar de tener cada derecho un margen amplio en su ejercicio, existen unos límites que van a condicionar el
derecho, su extensión y ejercicio:
1. Límites extrínsecos, que aparecen precisamente fuera de nuestros derechos, y que emanan de los derechos
de los demás: siempre se dice que mi derecho acaba donde empieza el derecho de otra persona.
Así se puede dar concurrencia o colisión de derechos, cuando existen varios derechos correspondientes a
distintas personas sobre un mismo objeto. Puede resolverse dando prioridad a uno (porque lo establece la
ley, como el más antiguo o el derecho real que antes se inscriba en el Registro de la Propiedad), o
compatibilizando el ejercicio, a veces parcial, de todos.

2. Limites intrínsecos. Hemos dicho que el contenido del derecho nos da sus límites, pues precisamente los
intrínsecos son los que sobrepasan ese contenido; podemos usar nuestros derechos pero sin que suponga
abusar de los mismos.
¿Cómo se han de ejercitar?; la primera pauta en la forma de usar nuestros derechos nos la da el art. 7,1 Cc,
cuando dice: "Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe".
Este principio de la buena fe, que hace referencia el Código civil en muchos de sus artículos, se tiene como
principio general del Derecho; y la jurisprudencia también se ha referido a ella en un sinfín de sentencias
calificando precisamente a ésta como un límite de los derechos subjetivos, equiparándola a la honradez, la
lealtad, etc.; es sin duda un principio ético incorporado al Derecho y acomodado a los usos sociales.
El mismo art. 7 en su apartado 2º añade: "La ley no ampara el abuso de derecho o el ejercicio antisocial del
mismo..."; significa que en el ejercicio del derecho, si se sobrepasan los límites de su contenido, con el sólo
fin de dañar al otro, sin ni siquiera conseguir una justificación económica o social, o de otro tipo, se
considerará ilícito dicho ejercicio, cuando sólo tenga por objeto causar un perjuicio a otro.
"Todo acto u omisión que por la intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que
se realice, sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño
para tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales
o administrativas que impidan la persistencia en el abuso".
El abuso constituye un acto ilícito: por tanto, cae bajo la sanción del artículo 1902 (o, en su caso, de los
artículos 1101 y siguientes).

Ejercicio mediante representación


Una persona representa a otra cuando actúa, facultada por ella, como si fuera ésta, en su nombre y
recayendo en ella las consecuencias de los actos jurídicos realizados en estas condiciones. La posibilidad
de actuar por representante permite al sujeto de derecho ampliar sus perspectivas de acción, y también
servirse de otras personas más aptas para el asunto o negocio concreto del que se trata.
Situación jurídica en la cual una persona (representante) presta a otra su cooperación mediante una gestión
de sus asuntos en relación con terceras personas, excepto en actos personalísimos.
La actuación del representante produce efectos jurídicos en el representado.
1. Concepto de representación voluntaria
Artículo 1259 CC: ninguno puede contratar a nombre de otro sin estar por este autorizado o sin que
tenga por la ley su representación legal.

2. El poder es entendido como la facultad de representar, el negocio jurídico por el que se confiere el poder y
también el mismo documento en el que queda reflejado el negocio jurídico de apoderamiento. Por lo tanto,
el apoderamiento puede otorgarse solo, y también puede ir unido a otro contrato como el de mandato o el
de sociedad, etc.; porque el poder solo no faculta para nada (simplemente queda otorgado) y
hará falta un contrato de mandato por el cual se especifique qué cosas tendrá que hacer, y cuál será la actuación del
apoderado, al utilizar ese poder.

3. Negocio sin poder


Hay veces que una persona se convierte en representante de otra sin poder. Luego debemos distinguir:
a. Exceso de la actuación representativa: falso procurator
b. Nulidad de la actuación del falso procurator: artículo 1259.2 CC..: el contrato celebrado a
nombre de otro por quien no tenga su autorización o su representación legal será nulo…
c. La ratificación: artículo 1259: a no ser que lo ratifique la persona a cuyo nombre se otorgue
antes de ser revocado por la otra parte contratante.

4. La representación legal
Es la ley la que confiere al representante la facultad de actual, con efectos jurídicos. Esta facultad puede
venir dada automáticamente o mediante actuación judicial o administrativa.
En la representación, el representante actúa por el menor o incapacitado. Cuando la capacidad de obrar está
limitada actúa como complemento de capacidad.
El representante legal no actúa en su propio interés, sino que ha de buscar siempre el beneficio de su
representado, además necesita autorización judicial para poder realizar una serie de actos.
Ejemplos: 1º) Los titulares de la patria potestad con respecto a sus hijos menores de edad no emancipados (art. 162)
o incapacitados con prórroga legal (art. 171). 2º) El tutor lo será del menor incapacitado (art. 267.3º) El defensor del
ausente (art. 184) o del desaparecido (art. 181).

1.6. Protección de los derechos


Protección del incapaz. El Ordenamiento jurídico establece una serie de medidas tendentes a conseguir esta
garantía o protección, medidas tanto preventivas como represivas.
Al desarrollar el concepto de "derecho subjetivo" decíamos que es un interés jurídicamente protegido: esta
protección se traduce en crear los medios para imponer el respeto, defendiendo el derecho de las personas.
a) Medidas preventivas
Con el fin de evitar una posible violación de los derechos y para que éstos no lleguen a ser dañados ni
atacados permite la ley, y pone a disposición de los particulares, unos medios para salvaguardarlos, entre
ellos los Tribunales (que reconozcan nuestros derechos)
Tenemos como ejemplo, en las obligaciones civiles, las garantías que la ley establece o que se pueden establecer por
los interesados para asegurar el cumplimiento de estas obligaciones, y que pueden consistir en garantías de tipo personal
(fianza) o de tipo real (la hipoteca, la prenda) incluyendo también las cláusulas penales en los contratos.

b) Medidas represivas
Es sólo el Estado el que puede actuar para castigar y reprimir la violación ya efectuada de los derechos,
y lo hace a través de los Jueces y Tribunales (art. 117,1.CE: "La justicia emana del pueblo y se administra en
nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independiente, inamovible, responsable y
sometido únicamente al imperio de la ley").
Por lo tanto, ante el ataque a nuestro derecho, no podemos tomarnos la justicia por nuestra mano,
debemos acudir a los Tribunales para reclamar la defensa del derecho y entablar la correspondiente
"acción" cuya palabra puede significar "ponerse en movimiento, medio de hacer valer el derecho en
- Defensa judicial (pública). Los particulares debemos acudir, y tenemos derecho a ello, a los Tribunales
cuando un derecho es violado para repare el derecho lesionado: así lo establece el art. 24,1 CE: "Todas las
personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los Jueces y Tribunales en el ejercicio de sus
derechos e intereses legítimos, sin que en ningún caso pueda producirse indefensión".
Ej.: nos han robado el coche y quiero recuperarlo. Lo habitual es que acudamos a la vía judicial
Ej.: Si quiero recuperar el dinero que presté a F. y que se niega a devolverlo, tendré que entablar la acción
correspondiente para que el Tribunal inste a F. a cumplir, y si no lo hace le obligue por la fuerza. Aquí el particular
pide la intervención de los Tribunales, pide ayuda.
- Defensa privada: Sin embargo, el Estado permite a los particulares que puedan autodefenderse en casos
urgentes y con las limitaciones pertinentes; así tendrán una posibilidad de defensa privada sin recurrir a la
autoridad en los casos siguientes (ejemplo- señalados por el Código penal en su art. 20)
a) Legítima defensa, b) Estado de necesidad: que autoriza a causar un daño menor, con el fin de evitar
un daño mayor (dependiendo de las circunstancias).

2. DEBERES Y OBLIGACIONES. Deberes jurídicos


Correlativamente a la atribución de derechos subjetivos, el ordenamiento actúa imponiendo deberes jurídicos,
esto es, señalando concretos comportamientos positivos o negativos a realizar por un sujeto en determinadas
circunstancias, lo que supone el encauzamiento de su voluntad en una dirección determinada, aunque no en el
sentido de señalar al sujeto posibilidades de actuación, sino en el de indicar comportamientos a realizar.
Obligaciones y derechos de crédito
El comportamiento del sujeto pasivo puede tener un contenido positivo (hacer algo) o negativo (abstenerse de
hacer algo). Tal situación pasiva es conocida con el nombre de obligación. En sentido estricto atiende a una
singular especie de obligación: la correlativa a la satisfacción de un determinado derecho subjetivo, llamado
“derecho de crédito” o simplemente “crédito”, y la especie sería la de un deber jurídico “privado”, de contenido
patrimonial inmediato o mediato y de carácter “relativo”.
Este concepto restringido de obligación que da nombre al Libro IV del Código civil (“De las obligaciones y
contratos”) (arts. 1.088 a 1253), y se convierte en el arquetipo del deber jurídico que vamos a tratar.

1. Concepto:
La obligación es la relación jurídica en virtud de la cual una persona (el acreedor), titular de un derecho de
crédito, puede exigir un comportamiento de otra (el deudor), comportamiento que implica la realización de un
deber de prestación. (ej.: si he firmado un contrato de compraventa, el deudor (paga) es el que debe y el acreedor
(vende) es al que le deben). El acreedor no tiene un poder sobre la persona del deudor, el derecho de crédito
atribuye solo la facultad de exigir del deudor determinados comportamientos y supone por tanto sólo una
limitación parcial de la libertad del deudor.
El concepto legal de obligación se puede extraer relacionando los arts. 1.088 y 1.911 del Cc. (leer), que
unen los conceptos de deuda y de responsabilidad, y por lo tanto puede definirse la obligación como el derecho
del acreedor dirigido a conseguir del deudor una prestación de dar, hacer, o no hacer alguna cosa, garantizada
con todo el activo patrimonial de dicho deudor, tanto presente como futuro.
La protección del crédito y el principio general de la responsabilidad universal patrimonial (art. 1911 CC.). El
principio general de la responsabilidad universal patrimonial se compone de dos elementos:
a) Patrimonialidad: La responsabilidad del deudor afecta a su patrimonio, es decir, al conjunto de
relaciones patrimoniales, no a su persona.
b) Universalidad: La responsabilidad del deudor afecta a todos sus bienes presentes y futuros. Sin
embargo, existen ciertos bienes que no se incluyen dentro de la responsabilidad del deudor por no
reducirlo a la indigencia (Arts. 605-607 Ley Enjuiciamiento Civil [LEC]).

2. Elementos de la relación obligatoria:


- Sujetos: Son las personas ligadas por la relación obligatoria. Toda obligación implica un vínculo entre un
acreedor y un deudor. El acreedor es el sujeto activo que puede exigir del deudor, sujeto pasivo, el
comportamiento debido, la prestación.
Las obligaciones pueden ser, en este sentido, unilaterales (un acreedor y un deudor) o bilaterales o recíprocas
(los sujetos que intervienen son recíprocamente acreedores y deudores). Si cada sujeto (activo o pasivo) de la
relación obligatoria está formado por una persona se denomina obligación unipersonal, y si hay concurrencia de
personas recibe el nombre de obligación con pluralidad de sujetos o pluripersonal.
- Objeto: De manera inmediata está constituida por la prestación, que es la conducta que, a favor del
acreedor y para satisfacer un interés del mismo, tiene que realizar el deudor. Esta prestación se traduce en
un dar, hacer o no hacer (art. 1.088 Cc).
Requisitos del objeto: Posibilidad (art. 1.272 CC.), determinación (objeto determinado o determinable, art.
1.273) y licitud (art. 1.271, aps. 1º y 3º).
- El vínculo, que es aquella relación que liga al acreedor con el deudor con motivo de la obligación.

3. Fuentes de las obligaciones.


Determinan los hechos jurídicos que tienen virtualidad para crear obligaciones. El Código civil regula el origen
o fuentes de las obligaciones en el art. 1.089:
a) La ley: art. 1.090. Obligaciones legales son aquellas que tienen su origen en una disposición legal, sin
intervención de la voluntad humana (por ej. los alimentos entre parientes< art. 142 y ss. Cc.>).

b) Los contratos. Menciona el art. 1.089 que las obligaciones nacen de los contratos. Por su parte, el art.
1.091 señala que estas obligaciones que se originan en la voluntad de los particulares despliegan plena
eficacia: tienen fuerza de ley entre las partes contratantes y deben cumplirse al tenor de los mismos, esto
es, al tenor de lo pactado, de lo contratado. No se equiparan a una Ley, ya que solo tienen eficacia respecto
de las partes contratantes, no respecto de terceros.

c) Los cuasicontratos: art. 1.887. Son cuasicontratos los hechos lícitos y puramente voluntarios, de los que
resulta obligado su autor para con un tercero y a veces una obligación recíproca entre los interesados.
La diferencia con los contratos estriba en que éstos implican un acuerdo de voluntades, mientras que en
los cuasicontratos no hay acuerdo de voluntades. La doctrina indica que la fuerza de obligar de los
cuasicontratos se encuentra en la ley que los establece (gestión de negocios sin mandato < art. 1888 y ss.>
y cobro de lo indebido < art. 1895 y ss.>).

d) Los delitos y las faltas. El art. 1.089 señala además que hay obligaciones que nacen de los actos y omisiones
ilícitos, aclarando el artículo 1.092 que las obligaciones civiles que nazcan de los delitos o faltas se regirán
por las disposiciones del Código penal.
e) La culpa o negligencia. El art. 1.089 establece que ciertas obligaciones nacen de los actos y o misiones
en que interviene cualquier género de culpa o negligencia.
Se refiere a supuestos que se pueden calificar de ilícito o delito civil, que no están sancionados por
la legislación penal; aunque la conducta de las personas no ha sido totalmente ajustada a derecho, puesto
que ha incurrido en culpa o negligencia causando un daño a tercero (art. 1.902 Cc.).

4. Clasificación de las obligaciones


a) Positivas (de dar o de hacer) y negativas (de no dar o no hacer). La obligación de dar tiene como fin
transmitir la propiedad de una cosa, constituir un derecho real o ceder el uso o disfrute de alguna cosa.
La obligación de hacer consiste en una determinada actividad del deudor. (ob. posit.: de dar; tengo que
darte mi coche o hacer: arreglarte mi coche; neg.: no darlo o hacerlo)

b) Puras, condicionales y a término.

Son obligaciones puras todas aquellas cuya eficacia no depende de la verificación de un acontecimiento
futuro, siendo por tanto procedente su exigibilidad desde el momento en que han sido contraídas (art.
1.113).
Se llaman obligaciones condicionales (las pagarás SI consigues pagar X) a todas aquellas cuya eficacia
depende de la verificación de un evento futuro e incierto.
Se llaman obligaciones a término o a plazo, todas aquéllas en las que la producción de efectos (término
suspensivo o término inicial, también llamado dies a quo ), o la resolución de los ya producidos (término
resolutorio o final, también llamado dies ad quem) se hace depender de la verificación de un evento
futuro pero cierto

c) Obligaciones con pluralidad de sujetos: obligaciones mancomunadas y solidarias.


En la relación obligatoria se puede encontrar un solo sujeto en las posiciones activa o pasiva (acreedor o
deudor) o una pluralidad de sujetos (pluralidad de deudores o de acreedores o, incluso, de unos y otros).
El Código civil regula los supuestos de pluralidad de sujetos en la relación obligatoria: la mancomunidad y la
solidaridad, entre las que existen importantes diferencias de régimen jurídico tanto en su aspecto interno
como en las relaciones externas.
La mancomunidad supone que el vínculo obligatorio, originariamente único, se entiende dividido en tantos
cuantos sean los sujetos que ocupan la misma posición, de manera que si la mancomunidad es pasiva (varios
deudores) cada uno de los deudores sólo está obligado a cumplir, frente al acreedor común, la parte de
la prestación que le corresponda (y en consecuencia el acreedor sólo podrá exigir de cada uno de los
deudores mancomunados el cumplimiento de una parte de la prestación), y si la mancomunidad es activa
(varios acreedores) cada uno de los acreedores sólo podrá exigir y recibir del deudor común la parte de la
prestación que a su vez le corresponda (ver los arts.1.137 y ss. CC.); y para el caso de que la prestación no sea
susceptible de división, (ver los arts. 1.139 y 1.150). El art. 1.137 Cc sienta la presunción de mancomunidad,
exigiendo, para que la obligación tenga carácter solidario, que se pacte con este carácter.
La solidaridad, en cambio, implica, que el cumplimiento íntegro de la prestación puede ser exigido por el
acreedor común, indistintamente, a cualquiera de los deudores solidarios (solidaridad pasiva), o que
cualquiera de los acreedores solidarios (solidaridad activa) puede exigir del deudor común la totalidad de
la deuda. También implica que el deudor que ha tenido que realizar íntegramente la prestación puede
dirigirse contra los demás deudores para reclamar de éstos la parte que a cada uno de ellos le corresponda
(o, si la solidaridad es activa, el acreedor íntegramente satisfecho tendrá que distribuir entre los demás
acreedores la parte de la prestación que a cada uno le corresponda; ver los arts. 1.137, 1.142 y 1.144 Cc.
Las obligaciones pecuniarias. Las obligaciones pecuniarias son aquéllas en las que el objeto de la prestación
es una suma de dinero (art. 1.170 Cc.)
Se apoyan para determinar su valor en determinados índices estadísticos ( índices de coste de vida, índices de precios al consumo
[IPC], etc.). En estos casos, la cantidad de dinero estipulada al contraerse la obligación deberá de ser modificada en el momento
del pago, según lo que resulte de la variación experimentada por dichos índices estadísticos de referencia (si el IPC ha aumentado
en este tiempo, por ejemplo, en un 3%, la cantidad de dinero habrá de ser aumentada en ese porcentaje).
Las obligaciones pecuniarias, además, suelen llevar aneja una obligación accesoria de pagar intereses, que
pueden determinarse por contrato o por la ley.

5. Transmisión y extinción de las obligaciones.


Desde que nace hasta que se extingue la relación obligatoria puede experimentar transformaciones
tanto en su objeto o condiciones principales, como en las personas del deudor o acreedor (por ej. cesión
de créditos).
La extinción supone el fin de una obligación por el cumplimiento de ésta o por otra forma distinta,
satisfactoria o no para el acreedor.
Las causas generales de extinción de las obligaciones se mencionan en el art. 1.156 Cc.:
1) El pago o cumplimiento La relación obligatoria tiene un fin normal que es el cumplimiento
de la prestación por el sujeto pasivo.
Al cumplimiento se le llama técnicamente pago, tanto si se trata de dar dinero u otra cosa, como si
consiste en un hacer o un no hacer (abstención). El pago, para cumplir su fin, ha de reunir los
caracteres de identidad (debe realizarse la prestación pactada), integridad (el pago ha de ser
completo, art. 1.157) e indivisibilidad (salvo pacto en contrario, no se puede obligar al acreedor a
recibir la prestación parcialmente, art. 1.169).
En cuanto a los sujetos, el pago ha de hacerlo necesariamente el deudor cuando se trate de
obligaciones personalísimas (art. 1.161), pero en otro caso, puede hacerlo cualquier persona, tenga
o no interés en el cumplimiento de la obligación, ya lo conozca y lo apruebe o lo ignore el deudor
(art. 1.158), siempre que a ello no se oponga el interés del acreedor.
Respecto al tiempo del pago, el momento en que debe hacerse el pago depende de lo pactado y
de la propia naturaleza de la obligación (ver por ej. arts. 1.113, 1.114 y 1.125 Cc.). Si la obligación
no señalare plazo, pero de su naturaleza y circunstancias se dedujere que ha querido concederse al
deudor, los Tribunales fijarán la duración de aquél. También fijarán los Tribunales la duración del
plazo cuando éste haya quedado a voluntad del deudor (art. 1.128).
El pago ha de realizarse en el lugar designado al constituirse la obligación (ver art. 1.171 C.C, que
establece diversas reglas para el caso de que dicho lugar no se hubiera especificado).
Si el acreedor se niega a recibir el pago, o no puede recibirlo (ausente o incapacitado), o no se
sabe a ciencia cierta quién es el acreedor (por ej., varias personas pretenden ser titulares del
derecho), el deudor queda liberado de su obligación mediante la consignación o depósito de las
cosas debidas a disposición de la autoridad judicial o notarial, siempre que previamente haga el
ofrecimiento de pago al acreedor (si es posible) y anuncie la consignación del pago a las personas
interesadas (art. 1.176 y ss. Cc).
1) La pérdida de la cosa debida (o imposibilidad de la prestación): arts. 1.182 a 1.1866
2) La compensación: Se trata de una situación en que los sujetos de una relación obligatoria son
recíprocamente acreedores y deudores entre sí; existen dos créditos cruzados, que se extinguen si
concurren determinados requisitos (arts. 1195 y 1196 Cc).
3) La confusión: Se extingue una obligación cuando en un mismo sujeto se reúne el crédito y la
deuda (art. 1.192, pº 1º Cc.)
4) La condonación: La condonación (también remisión, perdón o quita) es un acto gratuito de
liberalidad en el cual el acreedor libera la deuda en favor del deudor. Se denomina también
remisión o perdón y es el acto gratuito mediante el cual el acreedor manifiesta su voluntad de
liberar al deudor (arts. 1.187 a 1.191 Cc).
5) La novación: La novación consiste en la extinción de una obligación por otra nueva que la
sustituye. En la actualidad se trata de una cesión de créditos. La novación es por tanto una causa
de extinción y de creación de obligaciones (arts.. 1.203 a 1.213 Cc).

B) SEGUNDA PARTE: EL DERECHO PRIVADO CIVIL PATRIMONIAL. COMPORTAMIENTOS JURÍDICOS Y CONTRATO


DERECHO CIVIL PATRIMONIAL
El Derecho civil patrimonial, como Derecho general, "comprende las normas e instituciones a través de las
cuales se realizan y ordenan las actividades económicas de los hombres" (Díez-Picazo), estableciendo las
reglas de atribución e intercambio de bienes y servicios en la sociedad.
Pese a la unidad esencial del Derecho civil patrimonial o Derecho de Bienes, el ordenamiento jurídico y la
doctrina, partiendo de la clasificación de los derechos subjetivos patrimoniales en de crédito y reales,
distingue dos grandes campos tradicionales que se siguen en la sistemática expositiva:
a) El Derecho de obligaciones regula las relaciones de cooperación o colaboración social y el
intercambio de bienes y servicios, que abarca la teoría general de la relación jurídica obligatoria y del
contrato, la exposición de las diversas figuras contractuales y de los cuasicontratos, y el denominado
Derecho de daños o de la responsabilidad civil.
b) El Derecho de cosas, o derechos reales, trata la utilización y disfrute de los bienes por las personas
a través del estudio del régimen jurídico de la posesión, la propiedad y otros derechos reales, y su
publicidad (Registro de la Propiedad).
1. LA AUTONOMÍA PRIVADA
El ordenamiento consiente que los particulares puedan ostentar el poder que supone la titularidad de los
derechos subjetivos, y les reconoce un ámbito de libertad de actuación... En la medida en que implica dotar
a los particulares de una cierta potestad normativa, jurídicamente eficaz, viene a ser el paralelismo del
poder que tienen ciertos órganos de dictar reglas o normas jurídicas generales. Por eso, porque es poder de
dictar normas que tienen los particulares, se habla de AUTONOMIA PRIVADA (o autonomía de la voluntad) dogma
central del Derecho privado y que supone un poder de autorregulación y gobierno por los particulares. El
contenido práctico potencial de la autonomía privada se manifestará en la libertad de llevar a cabo
negocios jurídicos, en la libertad de actuar por medio de representante, libertad de forma en los contratos.
Es en materia de contratos, la autonomía privada desempeña una amplia función, y es donde el legislador
ha llegado a decir que las reglas creadas por los contratantes tienen fuerza de ley entre ellos (art. 1.091 Cc.).
Un contratante está sometido a las normas creadas por el ordenamiento jurídico y a las normas creadas
en el propio contrato, que no son, éstas últimas, sino la autorregulación creada por los contratantes al
servicio de sus intereses.
Como ejemplos cabe citar: libertad de testar (art. 658 Cc.), de celebrar capítulos matrimoniales (art. 1325
Cc.), de configuración de derechos reales (arts. 470, 594 Cc.), de forma (art. 1.278 Cc).
En el Derecho civil aragonés este principio de autonomía privada, se recoge, de forma muy amplia, en el
art. 3 Código del Derecho Foral Aragón (“Standum est chartae”)
Esta prerrogativa concedida a los particulares presenta también unos límites, denominados institucionales,
que son consecuencia de su mismo reconocimiento por parte del ordenamiento jurídico.
El art. 1.255 Cc. dispone que "los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y
condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral ni
al orden público".
El límite en las leyes, lo representan las leyes imperativas, no las dispositivas. La referencia genérica a la
moral, o la equivalente a las buenas costumbres a que hacen referencia otros preceptos (por ej.: arts.
792, 1.116, 1.271 y 1.328 Cc.), comprende normas de carácter no jurídico. Por orden público cabe entender,
más que cuanto resulta puramente de normas imperativas concretas, el conjunto de reglas cardinales que
se deduce del sistema de valores (también sociales y económicos) imprescindibles que para cada
ordenamiento conforman sus reglas imperativas, y por cuyo desconocimiento se desnaturalizaría el mismo
ordenamiento en su globalidad.

2. EL CONTRATO
El contrato, que constituye el medio más eficaz para el intercambio de bienes y servicios, se configura
como un negocio jurídico bilateral donde existe un acuerdo de voluntades coincidentes de las personas
que consienten en obligarse, con el fin de obtener los más diversos fines de la vida económica.
Ejemplo: En un contrato de compraventa (negocio jurídico bilateral) siempre hay dos partes: la vendedora
y la compradora. En un contrato de arrendamiento: el arrendador y el arrendatario, etc.
En la actualidad el principio de autonomía de la voluntad está perdiendo, la fuerza de otro tiempo. La
concepción individualista del contrato está dando paso a una concepción social que limita la libertad
contractual como consecuencia de adaptar las relaciones jurídicas contractuales a la evolución de la vida
social y económica. Cada vez hay un mayor intervencionismo en el ámbito de la contratación, siempre con
el fin de proteger a aquella parte que resulte más débil. (ej.: Ley de consumidores y usuarios, en las
relaciones de éstos con las empresas...)
También se resiente gravemente el principio de la autonomía de la voluntad, cuando se pierde, total o
parcialmente, la libertad de celebrar el contrato mismo. Esto ocurre con la aparición de nuevas figuras
contractuales que configuran los llamados contratos forzosos, de adhesión, etc.
En ocasiones es la ley la que impone a determinados contratos un contenido típico, inderogable por
voluntad de las partes (contrato laboral). Se habla de contratos de adhesión cuando una de las partes
determina el contenido del contrato, relaciones jurídicas que son típicas de las grandes empresas en sus
relaciones con el consumidor (contratación de seguros, transportes, bancaria...), expresión del tráfico
mercantil “en serie” o “en masa” realizado a diario por estas empresas que para mayor agilidad y economía
utilizan cláusulas standarizadas y tipificadas que son las denominadas cláusulas o condiciones generales de
contratación.
La limitación de la autonomía privada (de los particulares), constituye una situación general ante la que los
ordenamientos jurídicos reaccionan dispensando una especial protección a la parte económicamente más
débil, a través de pormenorizar cada vez más la reglamentación de las condiciones generales
preestablecidas. Por ello, ya desde la Ley de Condiciones Generales de la Contratación de 13 de abril de
1.998, se ejerce un control legal para proteger la igualdad de los contratantes, evitando los abusos o
excesos que contengan las condiciones generales de los contratos en masa y que cause un desequilibrio
importante entre los derechos y obligaciones de las partes.
En los contratos con consumidores, las cláusulas incorporadas al contrato sólo son válidas si no pueden
considerarse abusivas. Se consideran cláusulas abusivas y se tendrán por no puestas, “todas aquellas
estipulaciones no negociadas individualmente y todas aquellas prácticas no consentidas expresamente que
en contra de las exigencias de la buena fe causen, en perjuicio del consumidor, un desequilibrio importante
en los derechos y obligaciones de las partes que se deriven del contrato (art. 82 del Texto refundido de la
Ley general de consumidores y usuarios de 2007).
2.1. Concepto y caracteres del contrato
El contrato es la fuente más importante del Derecho de obligaciones y una de las instituciones relevantes
del Derecho civil. El Código civil regula el contrato en el título segundo del Libro IV (arts. 1.254 a 1.314),.
El art. 1.254 dice que el contrato existe “desde que una o varias personas consienten en obligarse,
respecto de otra u otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio". Este precepto, más que dar un
concepto de contrato, lo que hace es señalar el momento en que nace o se perfecciona.
Es la doctrina quien, define el contrato como un acuerdo de voluntades de dos o más personas, por el que
se crean, modifican o extinguen relaciones jurídicas de contenido patrimonial (obligaciones).
Una vez que el acuerdo de voluntades se exterioriza mediante el consentimiento, surge el contrato
generando obligaciones que son ley para las partes contratantes (arts. 1.091 y 1258 CC.). De esta forma,
el contrato constituye una norma de origen privado, garantizada por el poder público, que ordena y
vincula las conductas de las partes contratantes, estableciendo derechos y obligaciones entre ellos que
pueden exigirse coactivamente, si éstos voluntariamente no se someten a ellas.

2.2. Elementos o requisitos del contrato


Para que el contrato tenga plena eficacia, habrá de reunir una serie de requisitos o elementos. El art. 1261 Cc.
enumera los elementos esenciales y comunes a todo contrato cuando dice que "No hay contrato sino cuando
concurren los requisitos siguientes:
 Consentimiento de los contratantes
 Objeto cierto que sea materia de contrato
 Causa de la obligación que se establezca”
Generalmente, la forma de celebración del contrato no es un elemento común ni constitutivo para su
existencia. Sólo será requisito esencial cuando, por disposición legal o acuerdo de las partes, así se
establezca expresamente (por ej. art. 633 Cc, que exige para la donación de inmuebles la formalización
en escritura pública como presupuesto de su validez).
a) El consentimiento
El consentimiento es indispensable para la existencia y validez del contrato. Consiste en el acuerdo
de voluntades que han de manifestar libremente las partes, expresando su intención de obligarse
sobre el contenido del contrato que celebran, es la conducta por la que el sujeto exterioriza lo que quiere.
Para que el consentimiento sea válido, será preciso:
- Que se preste por persona que sea capaz.
- Que la manifestación de voluntad para contratar no esté viciada, es decir, que se realice de
manera libre y consciente.
a.1) Capacidad para consentir
Se consideran incapaces y por lo tanto no pueden prestar consentimiento mediante la
correspondiente declaración de voluntad:
1. Los menores no emancipados
2. Los que tienen capacidad modificada judicialmente (en los términos de la resolución judicial) (art.
1.263 CC).
La reforma del art. 1263 CC (Ley 26/2015 de 28 julio) otorga capacidad contractual a los
menores no emancipados en los contratos que las leyes les permitan realizar por sí mismos o
con asistencia de sus representantes y los relativos a los bienes y servicios de la vida corriente
propios de sus edades y conforme a los usos sociales. En todo caso, a favor de la menor
restricción de capacidad, hay que considerar los casos dudosos como anulables, a instancia de
las personas legitimadas (padres, tutores…)
a.2) Vicios del consentimiento
El consentimiento ha de ser prestado de forma libre, consciente y espontánea; es decir, que
no esté afectado por un hecho o circunstancia que incida en la determinación de la voluntad
de los contratantes, de manera que le hagan consentir de forma equivocada, coaccionada, etc.
Dice el art.1.265 Cc. que "Será nulo el consentimiento prestado por error, violencia,
intimidación o dolo". El término “nulidad” es utilizado en el sentido de poder anularse
(anulabilidad).
- Error: La declaración de voluntad es errónea cuando existe una discordancia entre
conocimiento y realidad, es decir se ha emitido un falso conocimiento de la realidad. El
error puede ser impropio o error obstativo (se menciona más adelante), que provoca una
divergencia entre voluntad y declaración, o error propio o error nulidad, que recae sobre la
voluntad, dividiéndose en error esencial y accidental, según afecte a elementos esenciales
(art. 1.266) o accidentales del negocio jurídico.
- Dolo: Es el engaño malicioso que induce a error al emitir la declaración de voluntad en favor
del que actúa con malicia (leer la definición legal del art. 1.269 Cc.). Es un tipo especial de
error producido mediante maquinaciones engañosas o insidiosas que provocan en el
declarante un falso conocimiento de la realidad. El art. 1.270 exige para que el dolo
produzca la anulación de los contratos, que sea grave y no haya sido empleado por las dos
partes contratantes (en este último caso se da un supuesto de compensación),
denominándose por la doctrina dolo causante, ya que ha sido determinante en la formación
de la declaración de voluntad. El llamado dolo incidental, que solo influye o determina las
condiciones en que el negocio se estipuló, habitualmente más onerosas, “sólo obliga al que
lo empleó a indemnizar daños y perjuicios" (art. 1.270, ap. 2º).
Ejemplo: Vender un coche usado indicando falsamente características que no reúne, y es
la causa determinante para que el comprador efectúe la adquisición.
Dolo incidental sería si al vender mi casa convenzo al vendedor de que la zona es residencial
y sin problemas de ruidos, por lo que consigo un mayor precio, cuando la realidad es bien
distinta.
- Violencia y la intimidación: Hay violencia cuando se ejerce la coacción física sobre una
persona para arrancarle una manifestación de voluntad u obligarle a realizar un negocio
jurídico (art. 1.267.1). La intimidación o violencia moral se produce cuando se amenaza con
un mal inminente y grave si no se realiza el acto jurídico. No llega a suprimir la libertad,
pero la declaración de voluntad es anulable por falta de libertad en el declarante. Para que
la intimidación sea relevante ha de ser grave y antijurídica amenazando a la persona o
bienes del declarante o de sus familiares más inmediatos (art. 1.267.2). Para calificar la
intimidación y, por tanto, su gravedad, debe atenderse a la edad y a la condición de la
persona (se suprimió la referencia al sexo) (art. 1.267. 3). No anula el negocio el
denominado temor reverencial (art. 1.267.4).
b) El objeto. Es la materia sobre la que recae el negocio jurídico y pueden ser cosas o servicios prestados
por el hombre. El objeto ha de ser posible, lícito y determinado o determinable (arts. 1.271- 1.273). Pero
no sólo las cosas y los servicios, como indica el art. 1.271, pueden ser objeto de contrato, también
pueden serlo los derechos (por ejemplo, la cesión de un derecho de crédito), las deudas, una obligación
de no hacer, etc.
c) La causa. Desde el punto de vista objetivo es el fin que el Derecho establece a una declaración
determinada, la función socioeconómica que desempeña cada tipo de negocio. Es un propósito práctico
de carácter objetivo y se diferencia de los motivos que son las razones personales, los fines sicológicos
variables que impulsan a los sujetos. La causa ha de ser lícita y real (existente y verdadera) (arts. 1.275 a 1.277).
Ejemplo: en la compraventa, la causa del contrato para el vendedor de un vehículo será el precio que
recibe del comprador, y para este último, la causa del contrato será la cosa (vehículo) que recibe a
cambio del precio.
La causa ha de ser verdadera, ya que la expresión de una causa falsa dará lugar a la nulidad del contrato,
si no se pueda probar que estaba fundado en otra que sea verdadera y lícita (art. 1.276).
d) La forma. Nuestro ordenamiento consagra la libertad de forma en los negocios jurídicos
patrimoniales (art. 1.278), siempre que en ellos concurran las condiciones esenciales para su validez.
El contrato puede celebrarse de palabra o por escrito. A su vez, los contratos escritos pueden
formalizarse en documento público (cuando son autorizados por un notario o empleado público
competente, con las solemnidades requeridas por la ley) o en documento privado (cuando es otorgado
entre las partes, sin intervención de notario o funcionario público).
La forma en los contratos puede intervenir de dos maneras distintas:
1. Como requisito esencial para la validez del contrato, si por disposición legal se exige una forma
específica para expresar la voluntad contractual (contratos solemnes). Esto sucede con la donación
de bienes inmuebles, que necesariamente habrá de constar en escritura pública para que sea válida
(art. 633), la constitución de hipoteca (art. 1.875), las capitulaciones matrimoniales (art. 1.327), etc..
2. O bien, simplemente, con el fin de considerar la forma como un medio para probar que el contrato se
ha celebrado, siendo perfectamente válido aunque no se observe este requisito. A ellos se refiere el
art. 1.280 C.c., cuando dice que "Deberán constar en documento público...haciendo a continuación
una relación detallada de cada uno de ellos. Si bien, algunos de los contratos que indica, aunque
consten en documento privado, siguen siendo válidos.
Ejemplo: si una persona celebra un contrato de arrendamiento de un bien inmueble por un período
de tiempo igual o superior a seis años (contrato que el art. 1.280 dice que habrá de constar en escritura
pública), será perfectamente válido aunque lo celebre en documento privado; no obstante, las partes
tienen derecho a exigirse recíprocamente el cumplimiento de la forma que establece la ley, pero no
como una exigencia para que el contrato sea válido, sino como una excepción que podría oponer
cualquiera de las partes y que afectaría a la eficacia del contrato (art. 1279).

2.3. Formación del contrato.


La formación del contrato, es decir los actos que preceden a la perfección del contrato, requiere una serie
de contactos entre las partes cuya amplitud depende de su complejidad y en la que las partes intentan
armonizar sus intereses sometiendo a discusión las particularidades del contrato. Esta primera fase son los
tratos preliminares que, si llegan a buen fin, desembocan en la formación o perfección del contrato, que se
produce cuando hay acuerdo de la oferta y aceptación contractuales (art. 1.262).
Un contrato es perfecto cuando se da la conjunción de todos los elementos que dan lugar al mismo, el
acuerdo de voluntades (oferta y aceptación). El momento de perfección del contrato no plantea problemas
si el oferente y aceptante están presentes o se comunican directamente (teléfono), pero si el contrato se
celebra por carta, telegrama, fax, etc. se plantea el problema del momento de la perfección del contrato
(consentimiento entre ausentes).
El art. 1.262 Cc. (redactado por la Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la sociedad de la información
y de comercio electrónico) dice que: hallándose en lugares distintos el que hizo la oferta y el que la aceptó,
hay consentimiento desde que el oferente conoce la aceptación o desde que, habiéndola remitido el
aceptante, no pueda ignorarla sin faltar a la buena fe.
Luego, según nuestro Código civil, hasta que la aceptación no sea conocida por el oferente, no se
perfecciona el contrato (teoría del conocimiento).
En cuanto al lugar en que se considera celebrado el contrato, el art. 1.262 Cc. dice que se presume
celebrado en el lugar que se hizo la oferta.
Y continúa diciendo el art. 1262: En los contratos celebrados mediante dispositivos automáticos hay
consentimiento desde que se manifiesta la aceptación.
Respecto a los contratos electrónicos, rigen los mismos efectos que señala el ordenamiento para los
contratos. La peculiaridad es la regulación de la firma electrónica.
A partir de ese momento se produce la ejecución del contrato, que consiste en la satisfacción de los derechos
de crédito adquiridos por las partes, como consecuencia de la prestación a que se han comprometido. El
cumplimiento de las obligaciones puede ser espontáneo o forzoso en algunos casos, al que haremos
referencia en la siguiente parte del tema.

2.4. Efectos de los contratos.


El primer efecto es su obligatoriedad entre las partes contratantes y sus herederos (arts. 1.091 y 1.257.1 Cc.)
“al cumplimiento de lo expresamente pactado” y “a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean
conformes a la buena fe, al uso y a la ley" (art. 1.258 Cc.) (que se conoce como el principio pacta sunt servanda,
los pactos deben ser conservados).
El contrato no solamente no puede ser alterado por una parte de forma habitual, sino que una sola de las
partes no puede derogar su vigencia (art. 1.256 Cc.). El contrato en principio es irrevocable y las partes no
pueden resolverlo unilateralmente.
Existen excepciones a este principio, otorgándose a uno de los contratantes el poder de modificar o destruir
(art. 1.732) o en la sociedad (art. 1.700), en los supuestos de revisión arrendaticia, o la posibilidad de pedir
la resolución del contrato cuando una de las partes no ha cumplido la obligación contraída (en las
obligaciones recíprocas) para los casos de contratos bilaterales (art. 1.124.1)

Invalidez e ineficacia de los contratos.


La eficacia de los contratos depende de que éstos hayan sido válidamente celebrados, y a su vez, la validez
depende de la ausencia de defectos en su celebración.
Tales defectos pueden ser insubsanables, lo que origina como consecuencia la nulidad radical o absoluta
del contrato, o pueden ser subsanables, que origina la posibilidad de que los contratos puedan ser anulados
a solicitud de parte interesada.
En el primer caso, por tanto, la ineficacia del contrato es total y absoluta, mientras que en el segundo caso,
el contrato produce efectos en tanto no se proceda (y si se procede) a su anulación.
Los supuestos de invalidez e ineficacia pueden producirse en los siguientes supuestos:
- Cuando falta algún elemento esencial para la formación del contrato, haciéndole carecer de una
existencia legal, o cuando el contrato o negocio jurídico se celebre infringiendo normas de carácter
imperativo (invalidez por nulidad de pleno derecho o nulidad absoluta).
- Cuando exista un vicio o defecto en los requisitos esenciales del negocio (invalidez por nulidad
relativa o anulabilidad).
- Cuando los efectos del contrato provocan una lesión o un perjuicio injusto para alguna de las partes
contratantes o terceros que señala la ley (ineficacia por rescisión).
- Cuando un contrato deje de producir efectos, bien porque las partes han hecho depender su eficacia
de una condición y ésta se cumple, o porque la ley, para el caso de que uno de los obligados deje de
cumplir lo convenido, atribuya al otro la facultad de resolver el contrato (ineficacia por resolución).
La nulidad implica una ineficacia de raíz en el contrato, que actúa automáticamente, es de carácter
absoluto, no puede ser subsanada y tiene su causa en un defecto en la fase de celebración. Se produce
cuando falta al contrato alguno de los elementos esenciales (art. 1261 Cc) o viola una prohibición legal (art.
6.3 y 1.255 in fine Cc.). También, si se celebra un contrato sin respetar las formalidades prescritas por la
ley (contrato solemne)
Dicho defecto se considera insubsanable (art. 1.310 Cc.). El contrato, si no se ha ejecutado, no tiene eficacia
y no puede pedirse su ejecución, y si se ha ejecutado, total o parcialmente, habrá que destruir lo construido,
en base al art. 1.303 Cc.
La facultad de pedir la nulidad corresponde a toda persona interesada, no solo a los contratantes, y puede
ser declarada "de oficio" por el juez. La acción para pedir la nulidad no prescribe nunca.
La anulabilidad significa que el contrato aparentemente es válido y eficaz, pero ha sido celebrado con
determinados defectos, por lo que tiene una ineficacia sobrevenida, de carácter relativo y puede ser
subsanada.
Será anulable un contrato (art. 1.300) cuando, aún conteniendo todos los requisitos necesarios para su
existencia, adolece de un vicio o defecto (vicio del consentimiento o defecto de capacidad) susceptible de
motivar el ejercicio de una acción de impugnación que, de tener éxito, produce la anulación del contrato
con fuerza retroactiva. Hay que solicitar la anulación para conseguir la ineficacia del contrato, pues
mientras tanto el contrato despliega sus efectos como si fuera válido. Solo puede impugnar el contrato la
persona que haya sido víctima del acto viciado y nunca un tercero, quedando sometida la acción de
anulabilidad a un plazo de prescripción que el art. 1.301 fija en cuatro años.
La consecuencia es la anulación de los efectos del contrato, pero esta situación defectuosa, puede
subsanarse, ya que el contrato anulable puede dejar de serlo por posterior convalidación.
La convalidación puede tener lugar por la confirmación, que es la voluntad expresa o tácita de la persona a
quien corresponde la facultad de impugnarlo (art. 1.311), o bien por " prescripción sanatoria", es decir, por
el transcurso del tiempo (4 años durante los cuales se podía impugnar sin haberlo hecho).
La rescisión (arts. 1290 a 1299 Cc) es una causa que motiva la ineficacia de un contrato, válidamente
celebrado, debido a la lesión o el perjuicio que éste produce a alguno de los contratantes o a un tercero. A
diferencia de la nulidad y de la anulabilidad, la rescisión supone siempre la existencia de un contrato
perfectamente válido (sin que esté viciado o carente de alguno de sus elementos esenciales), pero que
debido al perjuicio injusto que provoca a una de las partes o a un tercero, la ley autoriza que pueda
deshacerse, siempre que no exista otro recurso legal para evitar el daño que provoca…
En otros supuestos, la causa de ineficacia aparece y despliega su virtualidad en la fase de ejecución, sin
estar presente ni siquiera en potencia en el momento de la celebración; así ocurre con la resolución y la
revocación, cuyas causas se encuentran en acontecimientos posteriores a la celebración del contrato.
Hasta el momento de la resolución o de la revocación las partes han estado vinculadas por el contrato y se
han producido los efectos correspondientes, pero a partir de la resolución o de la revocación deja de
producir efectos.
La resolución es una facultad que corresponde, en los contratos bilaterales, a aquel de los contratantes que
es víctima del incumplimiento de la otra parte (art. 1.124 Cc.). La facultad de resolución se puede ejercitar
judicial o extrajudicialmente.
La revocación es una facultad que, en determinados contratos y dándose determinadas circunstancias,
tiene una de las partes contratantes de dejar sin efecto el contrato, lo que contradice el principio del art.
1.256 Cc. por el que "la validez y el cumplimiento de los contratos no puede dejarse al arbitrio de uno de
los contratantes". Tal ocurre en la donación (arts. 644 a 648), o en contratos basados en la confianza o
"intuitu personae" cuando ésta se pierde, como en el contrato de obra (art. 1.594 Cc.), el de mandato
(art. 1733 Cc.), o el de sociedad (art. 1.700.4 y 1.705 1º Cc.).

2.5. Contratos en particular:


Panorámica general de los contratos (Libro IV Cc. y leyes especiales).
El contrato de compraventa es modelo de los demás y el más importante de la vida económica. Es el
contrato por el que una persona se obliga a transferir a otra el dominio sobre una cosa, mediante la entrega
recíproca de un precio cierto y determinado en dinero o signo que lo represente.
Por el contrato de permuta cada una de las partes se obliga a entregar a la otra una cosa con el fin de
transferir su dominio, para recibir otra a cambio.
Por el contrato de préstamo, una persona (prestamista) entrega a otra (prestatario) o una cosa no fungible
para que use de ella por cierto tiempo y se la devuelva (en cuyo caso se denomina comodato), o dinero u
otra cosa fungible para que devuelva otro tanto de la misma especie y calidad, en cuyo caso se llama
préstamo o mutuo.
El contrato de donación es aquél por el que se beneficia a una persona atribuyéndole gratuita, espontánea
y definitivamente una cosa o derecho.
El arrendamiento de cosas es aquel contrato por el que una de las partes (arrendador) se obliga a
proporcionar a otra (arrendatario) el goce o uso de una cosa por tiempo determinado y mediante un precio
de locales de negocio (regidos por la Ley de Arrendamientos Urbanos) y los arrendamientos rústicos. El
subarriendo es el arrendamiento de la cosa arrendada hecho por el arrendatario a un tercero.
El arrendamiento de servicios supone que una de las partes se obliga a prestar a la otra un servicio por precio
cierto. Una de sus variedades, el contrato de trabajo ha adquirido autonomía e importancia hasta configurar
una parte del Derecho laboral.
El contrato de empresa o arrendamiento de obra es aquél por el que una persona se obliga a realizar una
determinada obra a otra persona a cambio de un precio cierto. La legislación laboral incluye también este
contrato bajo la denominación genérica de contrato de trabajo, pero se aplica también el Derecho civil o
mercantil para la ejecución de obras (construcción, empresarios autónomos que realizan obras domésticas, etc.).
Estrecha relación con él tiene el contrato de transporte, por el que una persona (transportista) se obliga a
conducir personas o cosas de un lugar a otro mediante un precio cierto que debe satisfacer el viajero o
cargador.
El contrato de sociedad es aquél por el que dos o más personas se obligan a poner en común dinero, bienes
o su propia actividad, con ánimo de obtener un lucro económico y repartir entre sí las ganancias.
En el contrato de depósito uno recibe una cosa ajena con la obligación de custodiarla y restituirla.
El contrato de seguro es aquél por el que el asegurador, a cambio de la entrega de una suma de dinero por
el asegurado, se obliga a resarcir o indemnizar las pérdidas o los daños que puedan ocasionarse para éste
último como consecuencia de determinados casos, o bien a pagar al asegurado o a un tercero una suma de
dinero según la duración y los eventos de vida de una o más personas.
La transacción es el contrato por el que las partes dando, prometiendo o reteniendo cada uno una cosa
evitan la provocación de un pleito o ponen fin al que habían comenzado. El arbitraje es el sometimiento de
dos o más personas, previo convenio, a la decisión de uno o varios árbitros, de las cuestiones litigiosas que
surjan o puedan surgir en materias determinadas. La diferencia con la transacción es que en el arbitraje
soluciona el conflicto una tercera persona (Ley de Arbitraje de 2003).
Por el contrato de fianza, una tercera persona, distinta del acreedor y del deudor, se obliga al cumplimiento
de una obligación principal para el caso de que el deudor no la cumpla.

3. TRANSGRESIONES JURÍDICAS
Transgresión jurídica es toda conducta humana que contradice el ordenamiento jurídico, o sea, la que viola
un mandato o una prohibición normativa. Con frecuencia, la conducta humana contraria al Derecho
contiene, a la vez, una vulneración de derechos subjetivos ajenos, si bien esto no ocurre en todos los casos
Hay dos clases de actos ilícitos: los que llevan consigo un atentado que afecta al interés social y público o,
lo que es lo mismo, una violación en la esfera penal (actos ilícitos penales), y los que sólo contienen una
violación de la ley civil (actos ilícitos civiles). Estos últimos, aun cuando reúnan siempre las características
generales de todo acto ilícito, a saber, antijuridicidad y culpabilidad, admiten, por razones de los matices
que cada una de éstas puede revestir, varias subdivisiones:
a) Por las modalidades de la culpabilidad, hay violaciones causadas de propósito, con plena voluntad o
conciencia (actos dolosos), y violaciones realizadas por mera negligencia (actos culposos en sentido
estricto).
b) Por las modalidades de antijuridicidad, hay dos grupos de violaciones: las que implican la
transgresión de un deber, que pesa sobre el agente en virtud de una relación especial que lo liga al
lesionado, y aquellas otras que implican transgresión de los deberes generales que pesan sobre el
agente independientemente de toda relación jurídica con el ofendido. A las primeras se les
denomina culpa contractual. A las segundas se las conoce, en el campo del Derecho civil, como actos
ilícitos, en sentido estricto, culpa extracontractual (o por daños).

3.1. Incumplimiento de las obligaciones


a) Modos: Absoluto y relativo
El incumplimiento es la falta de realización de la prestación debida por el deudor. Puede ser absoluto o
propio, cuando se da la imposibilidad de cumplir la prestación por causas imputables o no al deudor; e
impropio o relativo, cuando el cumplimiento no se ha realizado puntualmente o se ha realizado de forma
defectuosa, pero todavía se puede realizar la prestación en utilidad del acreedor.
En caso de incumplimiento propio, cuando la prestación deviene imposible en función de los hechos de los
que responde el deudor, la relación obligatoria subsiste, aunque su objeto no sea probablemente el mismo,
por lo que se da una sustitución del primitivo objeto por una indemnización de daños y perjuicios para
satisfacer el interés del acreedor.
El incumplimiento impropio o relativo se produce cuando no se realiza la obligación en el mismo tenor
previsto en el vínculo. Es el cumplimiento defectuoso o tardío de la obligación. Se cumple, pero se cumple
mal o tarde.
Hay que distinguir también entre el cumplimiento puntual, pero inexacto, y el cumplimiento exacto, pero
impuntual. El cumplimiento inexacto puede ser rechazado por el acreedor por no reunir los requisitos de
identidad, integridad e indivisibilidad. Y si no se rechaza, pero se muestra la disconformidad por la
inexactitud, el acreedor podrá exigir la correspondiente corrección e indemnización.
En el caso de incumplimiento impropio, la indemnización no viene a suplir el cumplimiento que todavía es
posible, sino que el deudor debe realizar la prestación debida y además indemnizar los daños y perjuicios
causados por el incumplimiento.

b) Causas de incumplimiento:
Se habla de incumplimiento voluntario, debido a la voluntad del deudor, ya sea por dolo o culpa. De
estos incumplimientos responde el deudor; el art. 1.101 Cc. señala que quedan sujetos a la
indemnización de daños y perjuicios causados los que en el cumplimiento de sus obligaciones incurrieran
en dolo, negligencia o morosidad, y los que de cualquier modo contravinieran al tenor de aquellas.
El dolo consiste en la deliberada intención de no cumplir la obligación. Es la acción u omisión que, con
conciencia y voluntad de producir un resultado antijurídico, impide el cumplimiento normal de una
obligación.
La culpa en la omisión de la diligencia debida en el cumplimiento de la obligación. Es la conducta
voluntaria contraria al deber de prevenir las consecuencias previsibles del hecho propio (leer art. 1.104
Cc). La esencia de la culpa está en la falta de diligencia y previsión que supone en el autor del acto. Es
menos grave que el dolo y supone una ausencia de mala fe.
En principio el incumplimiento del deudor, otorga al acreedor el derecho a reclamar el cumplimiento
forzoso de forma específica (acción de cumplimiento) y sólo cuando éste es imposible, se puede pedir la
indemnización de daños y perjuicios. En determinadas circunstancias, con la acción de cumplimiento es
compatible la indemnización de daños y perjuicios.
La indemnización de daños y perjuicios comprende no sólo la pérdida sufrida, sino también las ganancias
que el acreedor haya dejado de obtener (art. 1.106 Cc).
El incumplimiento es involuntario cuando es debido a causas ajenas a la voluntad del deudor. Del
incumplimiento involuntario, esto es, del incumplimiento debido a caso fortuito o fuerza mayor, no
responde el deudor, ya que según el art. 1.105 fuera de los casos expresamente mencionados en la ley,
y de los que así lo declare la obligación, nadie responderá de aquellos sucesos que hubieran podido
preverse, o que, previstos, fueran inevitables.
Hablamos, por tanto, en general, de un acontecimiento no imputable al deudor, imprevisto o previsto
pero inevitable, que imposibilita el exacto cumplimiento de la obligación.

3.2. Efectividad del crédito


Créditos privilegiados
1.- Con frecuencia un deudor no tiene un único acreedor, y también a menudo su patrimonio es
insuficiente para hacer frente a todos ellos. Se plantea por tanto el problema de articular la posible colisión
de créditos que se dirigen a atacar un mismo patrimonio.
Ante la insolvencia del deudor, por imposibilidad de satisfacer a todos sus acreedores, cualesquiera de
ellos puede solicitar el inicio de un procedimiento concursal (procedimiento civil de insolvencia, en caso
de no ser el deudor comerciante, y procedimiento mercantil de insolvencia, si lo es). En este caso, los
acreedores no podrán seguir procedimientos de ejecución diferentes, sino que se iniciará un único proceso
de ejecución, que englobe a todos ellos. Se perseguirá ordenar el pago a todos los acreedores, ya
repartiendo el patrimonio del deudor, o estableciendo otro sistema, mediante un convenio con los
acreedores.
2.- De no iniciarse un proceso concursal, será satisfecho el acreedor que antes logre ejecutar su crédito,
quedando los demás impagados.
La norma general es aplicar en este ámbito es la igualdad de todos los créditos: todos ellos se consideran
con el mismo derecho a cobrar: El problema es que la norma general tiene tantas excepciones que
raramente se aplica. Las excepciones son los llamados créditos privilegiados, es decir, aquellos que tienen
una preferencia sobre otros para ser satisfechos, preferencia que se produce cuando el deudor no puede
pagar a todos ellos.

3.3. La responsabilidad extracontractual o por daños


El Derecho de daños se ocupa principalmente de la responsabilidad civil extracontractual. El sistema de
responsabilidad civil está recogido en el Código civil (art. 1089), pero también en otros textos legales como
el Código penal. Es precisamente en éste, por remisión del art. 1092 Cc., donde se regula la responsabilidad
civil derivada de delito, que pone de manifiesto la diferencia entre ilícito civil e ilícito penal. En la
responsabilidad civil, estrictamente hablando, puede distinguirse entre responsabilidad contractual y
extracontractual, caracterizada ésta última por la inexistencia de un vínculo obligacional que dé contenido
concreto a las relaciones que pueden establecerse entre dos sujetos.
De la responsabilidad extracontractual, cabe destacar del carácter subjetivo que le atribuye el Código (art.
1902), donde el elemento a valorar será la culpa, es decir, cuál ha sido el papel que la actuación del
responsable o agente ha jugado en la producción de esos daños, frente a la responsabilidad objetiva, en
que tiene en cuenta es que se hayan producido efectivamente esas consecuencias perjudiciales para unos
sujetos determinados, y que vengan producidas por una actividad achacable a unos sujetos en una relación
de causa-efecto, con independencia de la voluntad de estos en de producir o no esos daños. El sistema
Responsabilidad civil derivada de delito
En el proceso penal, la responsabilidad civil es la obligación que tiene el autor de un delito o falta de
reparar económicamente los daños y perjuicios causados o derivados de su infracción. El objetivo de la
responsabilidad civil es compensar a la víctima por los daños causados, que persigue un interés privado. La
víctima del delito y beneficiario de la indemnización que valora la responsabilidad civil derivada del mismo,
puede renunciar a la misma siempre que esta renuncia no atente contra el interés u orden público, ni
perjudique a terceros.
El perjudicado por el delito podrá optar por exigir la responsabilidad derivada del mismo en la vía penal,
pudiendo ser cuantificada en la sentencia que ponga fin al procedimiento, o por la vía civil, en cuyo caso
será necesario ejercer nuevas acciones ante los tribunales civiles.

Responsabilidad civil extracontractual


La responsabilidad civil consiste en la obligación de indemnizar o reparar los perjuicios causados a la
víctima. El autor del daño responde de él por lo que se dice que está sujeto a responsabilidad. El Código
civil al distinguir entre los actos y omisiones ilícitos o en que intervengan cualquier género de culpa o
negligencia viene a significar que quien causa daño injusto queda obligado a indemnizar a la víctima.

La responsabilidad por hechos propios. Presupuestos de la obligación de reparar. La reparación del daño.
Según la doctrina existen tres grupos de daños en cuanto a la responsabilidad civil:
1. Ocasionados por la actividad directa de la persona.
2. Ocasionados por otra persona de la que se debe responder. (art. 1.903)
3. Causados por animales o cosas inanimadas (arts. 1905 a 1.910 Cc.).
En cuanto a la responsabilidad por hechos ocasionados por la actividad directa de la persona hay que decir
en primer lugar que viene recogida en el art: 1902 Cc., que dice: "El que por acción u omisión cause daño
a otro interviniendo culpa o negligencia está obligado a reparar el daño causado."
De este artículo, el Tribunal Supremo ha extraído los presupuestos que deben concurrir para que tenga
lugar la responsabilidad civil, son los siguientes:
La acción u omisión. Del art.1.902 se desprende que el daño puede ser causado, por omisión o por
acción, lo que supone que el acto humano pueda ser negativo o positivo.
La ilicitud o antijuridicidad. Para que la acción u omisión produzca la obligación de reparar el daño, es
necesario que sea ilícita, es decir, contraria a Derecho. Todo acto u omisión que cause daño a otro, se
presume que es antijurídico.
El daño. El daño ha de ser real o cierto en su existencia y cuantía. Esto se refiere tanto a los daños
actuales como a los futuros, que tienen como es fácilmente comprensible una mayor dificultad de
prueba. Existen tres tipos de daños:1. Daño personal; 2. Daño material o patrimonial; 3. Daño moral.
La culpa o negligencia. Para que haya obligación de reparar el daño causado es preciso que éste sea
atribuible al agente (imputabilidad del autor), bien porque tuviera intención de causarlo, o bien porque
pudiendo y deberlo preverlo, no lo previó por negligencia inexcusable (conducta dolosa o culposa).
La relación de causalidad. Otro de los requisitos de la responsabilidad civil es la existencia de una relación
de causa a efecto entre el comportamiento y el daño; lo que quiere decir que no existirá responsabilidad
cuando el daño no tiene nada que ver con la conducta del agente, aunque esta sea negligente. En
ocasiones el daño producido por la conducta de una persona puede ser interferido por actos o
acontecimientos extraños o ajenos a la misma persona que exoneran de la responsabilidad o por lo
menos la disminuyen, como son el caso fortuito y la fuerza mayor.

La reparación del daño.


La prestación en que consiste el objeto de la obligación nacida de un acto ilícito es la reparación del daño.
La forma de reparar el daño es la de reponer al perjudicado en una situación igual a la que existía antes de
la causación del perjuicio. Si no se puede reponer el daño se procede a realizarlo mediante un equivalente
pecuniario (indemnización pecuniaria de los daños).La doctrina y la jurisprudencia tienden a admitir desde
hace ya tiempo que todo daño, material o moral, siempre que sea real y demostrado, da lugar a reparación.
La responsabilidad civil puede cubrirse mediante el contrato de seguro de responsabilidad.
Prescripción de la acción: A tenor del articulo 1.968.2º del CC., la acción para exigir la responsabilidad civil
por injuria o calumnia, y por las obligaciones derivadas de culpa o negligencia de que se trata en el articulo
1.902 prescribe por el transcurso de un año, desde que lo supo el agraviado.

La responsabilidad por hecho ajeno.


Los casos de responsabilidad por hecho de otro se hallan enumerados en los artículos 1.903 del Cc. y 120
a 121 C. Penal. Son personas que responden por hechos de otras personas, dependientes de alguna
manera de las mismas. Esta responsabilidad se basaba en una presunción de culpa, bien por culpa "in
vigilando" (falta de control o vigilancia de las personas de las que se debe responder) o por culpa "in
eligendo" (falta de acierto en la elección de las personas de cuya conducta se debe responder).
El art. 1.903 Cc. menciona los supuestos de los padres respecto de los hijos bajo su guarda, de los tutores,
de los empresarios, y de personas o entidades titulares de un centro docente de enseñanza no superior
.Esta responsabilidad cesa cuando dichas personas prueben que emplearon la diligencia de un buen padre
de familia para prevenir el daño (art. 1.903.7

4. BIENES, PATRIMONIO Y DERECHOS REALES


4.1. Cosas y bienes
Cosa, en sentido jurídico, es todo objeto impersonal, delimitado espacial o idealmente, según sea de
naturaleza corporal o incorporal, susceptible de ser sometido al poder jurídico exclusivo de una persona.
El art. 333 Cc. señala que todas las cosas que son o pueden ser objeto de apropiación se consideran como
bienes muebles o inmuebles. La diferencia entre el concepto de cosa y bien es imprecisa, y a veces
inexistente (ver art. 346 Cc.), pero generalmente se considera que el contenido del término bien es más
amplio que el de cosa, y así se denominan cosas a los bienes materiales o corporales, es decir, a todas las
realidades materiales del mundo exterior.
Los bienes inmateriales o incorporales, por el contrario, son todas aquellas creaciones intelectuales dignas
de protección por el ordenamiento jurídico atribuyendo un derecho subjetivo patrimonial.
La tercera categoría serían los servicios, que comprenden las prestaciones del obrar humano susceptibles
de valoración económica y aptas para satisfacer necesidades humanas (como categoría correspondiente a
los derechos de crédito, se tratarán en esa parte).
4.2. El patrimonio. Concepto y clases
· Concepto. Atendiendo al conjunto de derechos que pertenecen a la persona, aparecen por una parte los
derechos de la personalidad y, por otra, los derechos subjetivos de contenido económico, los llamados
derechos patrimoniales.
El patrimonio se refiere únicamente a estos últimos derechos, y es el conjunto de bienes y obligaciones
de una persona susceptibles de valoración económica. RUIZ VADILLO lo define como el conjunto de
relaciones jurídicas, activas y pasivas, pertenecientes a una persona y valorables en dinero.
Nuestro ordenamiento prohíbe la transmisión gratuita de todo el patrimonio (arts. 634 y 635 Cc), y en
caso de adjudicación y liquidación de un patrimonio para pagar a los acreedores, hay bienes que no
pueden ser embargados (arts. 605, 606 y 607 Ley de Enjuiciamiento Civil).
· Clases de patrimonio:
 Personal: Es aquel que pertenece a una persona, sea física o jurídica. Es el patrimonio propiamente
dicho, integrado por todos los derechos y deberes con valor pecuniario, y de un sujeto.
 Separado: Se refiere a un conjunto aislado de bienes, separado del resto del patrimonio personal que
puede corresponder a un titular (por ej.: la herencia indivisa, o la herencia aceptada a beneficio de
inventario- art. 1.023 Cc). Esta adscripción se produce también en el caso de creación de un patrimonio
especial para los discapacitados, (regulado desde la Ley 41/2003, de 18 de noviembre, de protección
patrimonial de las personas con discapacidad). Se caracteriza por tener deudas propias y acreedores
propios.
 Colectivo: Se trata de un patrimonio perteneciente a dos o más personas, naturales o jurídicas, que como
componentes de un determinado grupo no personificado tendrían acceso a tales bienes. Como ejemplos
se citan la sociedad económico-conyugal de gananciales (art. 1.344 Cc) y la comunidad hereditaria. No
serviría de ejemplo una sociedad anónima, que tiene personalidad jurídica independiente.
 De destino: También se denomina patrimonio en una situación interina, y es el que aparece cuando no
es conocido el que va a ser su titular definitivo, tal como la herencia pendiente de aceptación de los
herederos (herencia yacente), los bienes de una herencia en la que puede aparecer un concebido no
nacido, el patrimonio del ausente, etc. Es necesario establecer una administración (nombrar
administrador/es de ese patrimonio) mientras dure esa situación de interinidad o transitoriedad, que
trate de mantener la unidad patrimonial en beneficio del futuro titular.

4.3. Derechos reales


El Derecho de cosas regula la utilización y disfrute de los bienes; por lo tanto la distribución de dichos
bienes entre los miembros de una sociedad determinada. Presenta un aspecto fundamentalmente
estático, ya que determina quienes son propietarios, usufructuarios, etc., frente al carácter dinámico del
Derecho de obligaciones.
La regulación de los derechos reales se encuentra fundamentalmente en el Código civil, aunque carece
de unidad sistemática. En el Libro segundo (de los bienes, de la propiedad y de sus modificaciones), los
primeros arts. (333 y ss.) se refieren al concepto y clases de cosas y desde el art. 348 regula el derecho de
propiedad, con sus variantes (copropiedad, propiedades especiales) y la posesión en los arts. 430 y ss. A
partir del art. 467 se regulan los derechos reales limitados, y los derechos reales de garantía (arts. 1.857
y ss.), Algunos derechos reales, se desarrollan en leyes especiales (urbanísticas, montes…)
La naturaleza jurídica de los derechos reales responde a dos caracteres esenciales: carácter inmediato
directa sobre la cosa, y carácter absoluto (absolutividad), que es el elemento externo, en el sentido de
que puede ejercitarse frente y contra todos. Este último carácter hace referencia al deber de abstención
o respeto de todos frente al derecho real de un sujeto, que puede reclamar su derecho y reivindicar
la cosa objeto del mismo, a cualquier persona y en cualquier lugar.
El derecho real implica siempre un señorío pleno o parcial sobre la cosa objeto del derecho. Dicho señorío
puede ser TOTAL, cuando sólo una persona está legitimada para ejercitar todas las facultades inherentes
a la dominación de la cosa (propiedad); o, por el contrario, PARCIAL. En este caso, diversas personas
ejercitan facultades o tienen atribuidos derechos, de forma simultánea y compatible, sobre un mismo bien.
En el primer caso, encontramos la propiedad (caracterizada como DERECHO REAL PLENO) que alcanza a
todos los aspectos de la dominación de la cosa o derecho total sobre las utilidades y posibilidades de la
misma; y en caso de dominio parcial sobre cosa ajena, se habla de DERECHOS REALES LIMITADOS o de
DERECHOS EN COSA AJENA, para referirse a todas aquellas facultades concretas que, recayendo sobre
una cosa de forma directa e inmediata, son diferentes a la propiedad… Pero el titular de un derecho real,
aunque sea limitado, puede ejercitar las facultades que le sean propias, con independencia de quien sea
el propietario, actuando directamente y de forma inmediata sobre la cosa.

Derechos reales limitados


Los derechos reales de goce (también conocidos como “de disfrute”) representan el disfrute parcial o total
de la cosa. Generalmente ese disfrute se ejerce a través de la posesión de una parte de la cosa o aun de
toda ella, como el usufructo y las servidumbres. Este tipo de derechos reales, en consecuencia, atribuyen
a su titular facultades de uso y utilización de cosas pertenecientes a otro (propietario).
Derechos reales de garantía (hipoteca, prenda…). La propiedad puede ser capitalizada por el propietario
sin necesidad de privarse de facultad dominical alguna. En el mundo económico, la titularidad de los bienes
permite gozar del crédito sin que el propietario deje de gozar de la cosa. Basta con que la aporte en garantía
del cumplimiento de sus obligaciones para que, en caso de no ser satisfechas, puedan los acreedores
resarcirse con el bien que haya quedado afecto en garantía.
Derechos de adquisición preferente (tanteo, retracto, opción…) La facultad de disposición permite, como
regla, que el propietario enajene (transmita a otro) el bien que le pertenece como y cuando desee. Los
casos en que la facultad de disposición se ve coartada, se caracterizan porque la Ley concede a una persona
la facultad de adquirir preferentemente el bien que el propietario pretende enajenar, siempre que dicha
transmisión sea a título oneroso.
Clasificación de los derechos reales:
4.4. El Registro de la Propiedad
La publicidad inmobiliaria: su necesidad.
La tan necesaria publicidad de los derechos reales, y no sólo de la propiedad, se consigue a través de la
inscripción de los mismos en Registros Públicos a los que pueden tener acceso las personas interesadas en
conocer su existencia y su funcionamiento. De estos Registros el más importante es el llamado Registro de
la Propiedad, regulado por la Ley y el Reglamentos Hipotecarios.
Para garantizar la seguridad en el tráfico, es necesario que se dote al Registro de la máxima exactitud
posible y de la mayor legalidad. Se trata, en suma, de que los títulos que acceden al Registro aparezcan
documentados públicamente entendido el término publicidad como el hecho de que todos tengan medios
de conocer las situaciones jurídicas inmobiliarias.

Los derechos y contratos inscribibles.


Lo que se lleva a inscribir al Registro son escrituras públicas (no valen casi nunca los documentos privados)
que contienen actos y contratos relativos a derechos reales sobre inmuebles: derechos que recaen
directamente sobre la cosa y no derechos de crédito. En otras palabras: lo que se inscribe son, no
simplemente los derechos, sino los actos y contratos que crean, modifican o extinguen tales derechos o,
mejor dicho, que sirven de título para ello.
Ahora bien, si lo que tiene acceso al Registro son los actos o contratos (titulo de adquisición), con todo, lo
que el Registro publica son los derechos.

Efectos de la inscripción.
Protección al titular registral: La presunción de que quien figura como propietario, usufructuario, etc. en
el folio, lo es realmente, o presunción de exactitud del Registro, tiene utilidad en juicio y fuera de él.

Medios de publicidad
Para quien tenga interés en conocer el contenido del Registro de la Propiedad, que es público, los medios son:
a) Exhibición o consulta directa de los libros registrales
b) Nota simple informativa (a petición del interesado y con valor informativo).
c) Certificación registral (solicitada por escrito y emitida por el registrador, con valor de documento
público).
d) Por medios telemáticos.

Bibliografía:
- LASARTE, Carlos: Compendio de Derecho de la persona y del patrimonio. Trabajo Social y Relaciones Laborales, Madrid,
Dykinson, 2017, capítulos 10 a 17.
TEMA 3: DERECHO DE LA PERSONA

I. EL CONCEPTO DE PERSONA

Etimológicamente la palabra persona proviene del verbo latino sono, as, are (sonar), y del prefijo
per, que refuerza el significado (resonar, sonar mucho).
La etimología se relaciona con la máscara que en el teatro usaban los actores para representar la
fisonomía correspondiente a su papel. Por una figura de lenguaje muy común, se llamó persona
al mismo actor que llevaba la máscara (y aún hoy hablamos de personajes en las obras de teatro,
cine, etc.); de aquí pasó al personaje representado por ella y luego a los actores de la vida social
y jurídica; es decir, a los hombres, considerados como sujetos de Derecho. Desde el punto de
vista etimológico persona es igual a ser humano.
Hoy en día nadie pone en duda que todos los seres humanos somos personas, esto es, sujetos
portadores de valores que ha de reconocer y respetar la organización social, y especialmente el
Estado como expresión del grupo social organizado en que nos movemos. La idea de que todo
ser humano es persona, por encima e incluso antes que la colectividad organizada constituye el
eje del Derecho civil y del Derecho en general.
De modo que la persona y, por tanto, la personalidad es un prius del Ordenamiento jurídico, casi
podría decirse que como un verdadero preconcepto de lo jurídico, al menos para aquellos
Ordenamientos jurídicos que aceptan que tanto la sociedad como su ordenación se conciben en
función del individuo y no los individuos en función de la sociedad y de su representación político-
jurídica llamada Estado.
El Derecho civil en su conjunto puede identificarse con el Derecho de la persona.. Sin embargo,
la expresión Derecho de la persona se utiliza también para referirse al conjunto normativo que
regula la capacidad de obrar de las personas físicas o naturales y su incardinación en la sociedad.
En tal sentido, el Derecho de la persona sería un subsector del Derecho objetivo.

1. LA PERSONALIDAD JURÍDICA
El concepto de personalidad jurídica es tan sólo una abstracción jurídica del concepto de
persona que, además, es un concepto distinto y previo al de capacidad jurídica, aunque es
frecuente, identificar los conceptos de personalidad jurídica y capacidad jurídica. Sin
embargo, la distinción se impone, baste pensar que la personalidad no es medible, mientras
la capacidad es susceptible de ser medida en grados. Se puede ser, como persona, más o
menos capaz, pero no se puede ser más o menos persona. Persona se es o no se es: total,
radicalmente. El Ordenamiento jurídico no es quien concede la personalidad, pero sí la
capacidad -como lo prueba el hecho de que restringe esta última cuando lo estima
conveniente-. Porque la personalidad jurídica del ser humano no puede más que ser
reconocida, mientras que la atribución de la condición de persona es obra de la misma
naturaleza.
Por todo ello podemos afirmar que, desde un punto de vista estrictamente jurídico, persona
es todo sujeto capaz de derechos y deberes, y por personalidad jurídica ha de entenderse,
por consiguiente, la aptitud para ser sujeto, activo o pasivo, de relaciones jurídicas.
Por esa razón puede decirse lo siguiente: se es persona, se tiene personalidad. Con lo cual se
llega a la conclusión de que el concepto de personalidad jurídica es coincidente con el de
capacidad jurídica (siempre desde una perspectiva estrictamente jurídica), aunque aquél es
presupuesto de ésta.
La Constitución española de 1978 recoge el valor esencial de la persona. El art. 10 dice que:
"La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo
de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás, son fundamento del
orden político y de la paz social". Se considera, pues, persona al ser humano revestido de su
dignidad y titular de unos derechos inviolables. Al mismo tiempo que se reconoce el libre
desarrollo de la personalidad.
Pero como existen fines que sobrepasan los medios y la propia vida del individuo, el
Ordenamiento jurídico reconoce también la personalidad jurídica a ciertas organizaciones o
colectividades humanas (asociaciones, fundaciones, sociedades, instituciones) para la
realización de esos fines colectivos o más duraderos. De aquí que en el Derecho moderno
existan dos clases de personas en sentido jurídico:
a) las llamadas personas naturales, físicas o individuales, que son los seres humanos, por lo
que tal vez sea más apropiado llamarlas personas, a secas;
b) y las llamadas personas jurídicas, morales o colectivas, que se integran en esas entidades
que se constituyen para la consecución de fines permanentes de los seres humanos.
Pues bien, el Derecho de las personas comprende el estudio de ambas clases de personas.

2. LOS CONCEPTOS DE CAPACIDAD JURÍDICA Y CAPACIDAD DE OBRAR


El concepto de capacidad jurídica es coincidente con el de personalidad (desde una
perspectiva estrictamente jurídica). Sin embargo, la personalidad es la emanación jurídica de
la persona y la capacidad le es atribuida por el Ordenamiento jurídico. La personalidad es
presupuesto e implica la capacidad jurídica; toda persona, por el hecho de serlo, tiene
capacidad jurídica y la tiene desde el comienzo y hasta el fin de su personalidad. Por
consiguiente, la poseen tanto las personas físicas como las personas jurídicas.
La capacidad jurídica puede ser definida como la aptitud para ser titular de derechos
subjetivos y de deberes jurídicos, o, en otras palabras, como la idoneidad para ser sujeto de
relaciones jurídicas. Por eso también se la puede definir diciendo que es la cualidad de la
persona de ser titular de las distintas relaciones jurídicas que le afectan; entendida en este
sentido, la capacidad jurídica es una cualidad esencial de la persona, de modo que no es
persona quien carece de capacidad jurídica.
Por otra parte, son conceptos distintos los de titularidad del derecho y ejercicio del mismo;
también existen diferencias, en consecuencia, entre la aptitud para ser titular del derecho (o
capacidad jurídica: que la tiene toda persona) y la aptitud para el ejercicio de los derechos de
que se es titular (o capacidad de obrar: que depende de la situación personal de cada sujeto).
La capacidad de obrar es, pues, la aptitud para el ejercicio de los derechos subjetivos y de los
deberes jurídicos; ésta, por consiguiente, no corresponde a toda persona ni es igual para
todas ellas, sino que tiene una serie de grados o circunstancias modificativas que
corresponden al llamado estado civil y que tienen íntima relación con la edad, la
incapacitación, la nacionalidad y la vecindad civil. También puede ser definida como la
cualidad jurídica de la persona que determina (conforme a su estado) la eficacia jurídica de
sus actos; por tanto, el que tiene capacidad de obrar puede realizar válidamente actos
jurídicos.
A diferencia de la capacidad jurídica, la capacidad de obrar no es esencial, sino contingente,
pues se puede carecer totalmente de capacidad de obrar; y tampoco es una e igual para todas
las personas, sino que es variable en función de la aptitud de cada persona para gobernarse
a sí misma. La capacidad de obrar permite graduaciones y subdivisiones en atención al tipo
de acto que se pretenda realizar por el sujeto de derecho. Por lo tanto, desde el punto de
vista del caso concreto, permitirá dilucidar si el sujeto de derecho puede realizar o no un
determinado acto con eficacia jurídica.

3. COMIENZO DE LA PERSONALIDAD INDIVIDUAL


3.1. SISTEMAS
El Derecho moderno concede la personalidad a todo ser humano, pero exige ciertos
requisitos para determinar la existencia de la persona humana. Estos requisitos varían
según las legislaciones, pero mientras unas exigen simplemente el hecho del nacimiento
(así, los Códigos civiles alemán, suizo, austriaco, portugués, italiano, argentino, etc.),
otras, en cambio, exigen el requisito de la viabilidad (del latín vitas habilis: aptitud para
seguir viviendo) (así, el Código civil francés).
Distinta de la cuestión de los requisitos exigidos por el Derecho para considerar existente
al ser humano es la del momento en que aquél hace a éste la atribución de derechos en
que la personalidad jurídica consiste. Dos momentos pueden tomarse en consideración:
el de la concepción o principio de la vida intrauterina, o el del parto o comienzo de la vida
extrauterina. Aún es posible adoptar una solución ecléctica, por la cual, aun estimando
que es el nacimiento el que determina el principio de la personalidad, se retrotraen sus
efectos jurídicos al tiempo de la concepción, o bien se reputa, por ficción, que el
concebido ha nacido.

3.2. DERECHO ESPAÑOL


A tenor de lo dispuesto en el art. 29, prop. 1ª CC.: "El nacimiento determina la
personalidad"; añadiendo el art. 30 (tras su reforma por la DF3ª de la Ley 20/2011, de 21
de julio, del Registro Civil), que: "La personalidad se adquiere en el momento del
nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno".
El nacimiento del que habla el CC exige unos requisitos, pues, para que produzca efectos
civiles (determinación de la personalidad). Dichos requisitos son los siguientes:
1. Separación completa del claustro materno: Este requisito es el esencial, y significa
que es necesaria la rotura del cordón umbilical, como se desprende de la expresión
"entero desprendimiento del seno materno" (art. 30 CC), pues mientras no se
produzca esa rotura el nacido sigue estando unido a la madre y no puede ser
considerado como un ser de vida independiente.
2. Que el feto nazca con vida: Ello es obvio, pues si el feto nace muerto o no reúne
alguno de los restantes requisitos legales, tiene la consideración, en el campo del
Derecho civil, de aborto (art. 171 Reglamento Registro Civil). La Ley 20/2011, de 21
de julio, del Registro Civil, prevé la regulación de un archivo de fallecimientos
prenatales, sometido a un régimen de publicidad restringida, que viene a sustituir al
llamado “Legajo de Abortos” previsto en la Ley del Registro Civil de 1957 y en su
Reglamento de 1958 para permitir la inscripción de estas situaciones.
Puede entenderse que el comienzo de la personalidad se produce por el nacimiento. Por
tanto, el nacido es persona civil desde que nace
Para la determinación de la primogenitura en el caso de partos dobles o múltiples, el
Código dispone en su art. 31 que: "La prioridad del nacimiento, en el caso de partos dobles
o múltiples, da al primer nacido los derechos que la ley reconoce al primogénito", con una
clara imprecisión terminológica.

3.3. PRUEBA DEL NACIMIENTO


Es primordialmente, la inscripción en el Registro Civil, que debe instarse en el plazo de
diez días tras el alumbramiento (art. 47 reformado Ley Registro Civil) por las personas que
la misma ley específica (otras personas obligadas distintas a centros sanitarios). Por su
parte, la inscripción hace fe del hecho, fecha, hora y lugar del nacimiento, del sexo y, en
su caso, de la filiación del inscrito (art. 44, reformado LRC).
La Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil, (art. 46, párrafo 2º) prevé la remisión de
los datos del nacido a través de un documento oficial por los responsables de los centros
sanitarios, acompañada del parte facultativo en un plazo de 72 horas (entrada en vigor
con el nuevo régimen de Registro Civil: 30 junio 2017). La Ley 19/2015, de 13 de julio, de
medidas de reforma administrativa en el ámbito de la Administración de Justicia y del
Registro Civil (BOE núm. 167, de 14 de julio) modifica la Ley 20/2011, de 21 de julio, del
Registro Civil (nueva redacción art. 46) con la intención de que, a partir de la entrada en
vigor de la citada Ley, el 15 de octubre de 2015, la comunicación para la inscripción de
los recién nacidos se realice directamente desde los centros sanitarios, a modo de
«ventanilla única» donde los padres firmarán el formulario oficial de declaración al que
se incorporará el parte facultativo acreditativo del nacimiento, y los documentos
acreditativos preceptivos, que se remitirán telemáticamente desde el centro sanitario al
Registro Civil competente, amparado con sistemas de autenticación seguros del personal
del centro. Asimismo, se remitirán los datos necesarios para el Instituto Nacional de
Estadística a efectos de las competencias asignadas por la Ley a dicho Instituto. Por tanto,
no será necesario, como norma general, acudir personalmente a la Oficina de Registro
Civil para realizar la inscripción del nacido.
A su vez, el procedimiento de comunicación electrónica de nacimientos desde centros
sanitarios se ha recogido en la Instrucción de 9 de octubre de 2015, de la Dirección
General de los Registros y del Notariado, sobre comunicación electrónica de nacimientos
desde centros sanitarios (BOE núm. 246, de 14 de octubre de 2015).
Naturalmente, la inscripción en el Registro no es un requisito para la adquisición de la
personalidad, sino sólo un medio privilegiado de prueba.

4. PROTECCIÓN JURÍDICA DEL CONCEBIDO


El CC español es uno de los pocos que formula de modo general el principio de protección del
concebido y aún no nacido (nasciturus), siguiendo el principio romano que se recoge en el
art. 29, prop. 2ª CC: "... el concebido se tiene por nacido a todos los efectos que le sean
favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente".
Por tanto, el concebido, prescindiendo de la escasa protección que recibe del Derecho
público, está protegido por el Derecho privado al atribuirle una cierta capacidad. La atribución
de capacidad al concebido es meramente condicional, como claramente se advierte en el
propio art. 29, cuando dice "siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo
siguiente". Esta capacidad condicional tampoco es plena, sino parcial, limitada a lo que le sea
favorable. En principio parece que sólo los derechos, facultades e intereses legítimos son
favorables a su titular, pero en la práctica las relaciones jurídicas son de carácter complejo, y,
en estos supuestos, habrá que sopesar el conjunto de la relación para determinar el favor o
disfavor de la situación jurídica que se crea para el nasciturus.
Nuestro Código, además de la regla general contenida en el art. 29 hace aplicación concreta
de la misma en varias ocasiones, así a los concebidos:
1. Les permite recibir donaciones (art. 627).
2. Los considera herederos forzosos al disponer que su preterición anula la institución de
heredero (art. 814).
3. Protege sus derechos en la herencia del padre premuerto hasta que se verifique el parto
(arts. 965 y 966).
4. Su nacimiento es causa de revocación de donaciones (art. 644-1º).
5. Pone a salvo su legitimidad siempre que se den los requisitos legales (art. 962).
6. Concede derechos de alimentos a la viuda que queda encinta, aun cuando sea rica,
habida consideración de la parte que en ellos pueda tener el póstumo (art. 964).
La capacidad condicional que tiene el concebido es sólo la capacidad jurídica; para remediar su
absoluta y forzosa incapacidad de obrar, el Cc no dicta una regla general, pero cabe generalizar a todo
supuesto, estimando que es representante legal del concebido el que lo sería de haber nacido ya, esta
interpretación procede no sólo por analogía con la situación del art. 627 Cc., sino por propia aplicación
del art. 29 Cc., ya que, sin duda, es favorable para el concebido la existencia de un representante para
el ejercicio de los derechos que le competen y que no puede ejercitar por sí mismo.

5. EXTINCIÓN DE LA PERSONALIDAD INDIVIDUAL


5.1. MUERTE NATURAL
Así como el nacimiento determina el principio de la personalidad, ésta se extingue por la
muerte de las personas. Según el art. 32 CC.: "La personalidad civil se extingue por la
muerte de las personas". En ese momento desaparece la persona en cuanto tal, con sus
atributos y cualidades, cesando de ser centro de poder y de responsabilidad, se extinguen
los derechos y relaciones personalísimos o vitalicios que le competían; y se abre la
sucesión en los restantes, transformándose el patrimonio en herencia y el cuerpo en una
cosa: el cadáver.
En esta materia se ha aprobado en Aragón la Ley 10/2011, de 24 de marzo, de derechos
y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de morir y de la muerte.

5.2. EFECTOS JURÍDICOS DE LA MUERTE


Al extinguirse la personalidad jurídica por la muerte y cesar la capacidad jurídica, se hace
imposible la adquisición de nuevos derechos por el difunto.
Un segundo efecto de la muerte afecta a la regularización del patrimonio del difunto; los
derechos a éste pertenecientes, inherentes a su persona (los llamados derechos
personalísimos o de la personalidad), o de duración vitalicia, se extinguen con la muerte
de su titular ( art. 659 CC); los demás se transmiten por las normas de Derecho sucesorio
a las personas llamadas por ley o por disposición testamentaria a recibir la herencia (los
herederos), o bien se transmiten singularmente a las personas designadas por el testador
(los legatarios).
Tras la muerte, el cadáver, constituye una cosa en sentido jurídico, aunque la realización
de negocios jurídicos sobre él o sobre partes suyas, no sea absolutamente libre (así, la
legislación reguladora de los trasplantes y la extracción de órganos no permite que se
pueda recibir compensación económica alguna por la donación de los órganos).

5.3. PRUEBA DE LA MUERTE


El fallecimiento se inscribe en el Registro civil mediante declaración de quien tenga
conocimiento de él, corroborada por certificación médica de la existencia de señales
inequívocas de muerte (arts. 82 y 85 LRC). La inscripción es presupuesto de la licencia
para el entierro (art. 83 LRC), de manera que faltando el cadáver sólo se practica
mediante sentencia firme o expediente gubernativo, o bien mediante orden del juez que
afirme, sin duda, el fallecimiento (arts. 86 LRC y 277 RRC). Según el art. 82 LRC: "La
inscripción hace fe de la muerte de una persona y de la fecha, hora y lugar en que
acontece”.
La Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil, de modo similar al nacimiento, ordena la
inscripción mediante la remisión del documento oficial, acompañado de parte médico, por los
centros sanitarios. Redacción del art. 64
«Comunicación de la defunción por los centros sanitarios» por la Ley 19/2015, de 13 de julio, de
medidas de reforma administrativa en el ámbito de la Administración de Justicia y del Registro
Civil (BOE núm 167, de 14 de julio), que modifica la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil,
con entrada en vigor el 15 de octubre de 2015.

El Código establece una presunción de conmoriencia entre varias personas fallecidas en


ocasión de un mismo accidente, que dispone en el art. 33 que: "Si se duda, entre dos o
más personas llamadas a sucederse, quién de ellas haya muerto primero, el que sostenga
la muerte anterior de una o de otra debe probarla; a falta de prueba, se presumen muertas
al mismo tiempo y no tiene lugar la transmisión de derechos de uno a otro".
Como la prueba de la prioridad en el fallecimiento es generalmente imposible, los legisladores
suelen establecer presunciones, bien de premoriencia o de conmoriencia o muerte simultánea,
cuando. han fallecido en el mismo siniestro varias personas llamadas a sucederse entre sí, al
plantearse la cuestión de determinar cuál de ellas ha muerto primero, ya que del orden de los
fallecimientos dependen las transmisiones hereditarias de los fallecidos.

II. LOS DERECHOS DE LA PERSONALIDAD


1. INTRODUCCIÓN: DERECHOS FUNDAMENTALES Y DERECHOS DE LA PERSONALIDAD
Con las expresiones “derechos fundamentales” o “derechos de la personalidad” se suele
hacer referencia a un conjunto de derechos inherentes a la propia persona que todo
ordenamiento jurídico debe respetar, por constituir, en definitiva, manifestaciones varias de
la dignidad de la persona y de su propia esfera individual.
Nuestra Constitución contempla el tema que nos ocupa en forma amplia. La propia
Constitución subraya la injerencia de tal conjunto de derechos al propio concepto de
persona: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre
desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento
del orden político y de la paz social” (artículo 10 CE).
En la actualidad, los derechos inherentes al desarrollo de la personalidad de todos y cada uno
de los miembros de la colectividad es objeto de especial atención por parte de los
especialistas del Derecho civil. Así, de forma simultánea a la aprobación de la Constitución,
la sección tercera de la Ley 62/1978, de 26 de diciembre, de Protección Jurisdiccional de los
Derechos Fundamentales de la persona, llevaba como rúbrica la de “garantía jurisdiccional
civil”, manifestando que, en relación con los derechos fundamentales, existe igualmente una
perspectiva jurídico-privada que puede deslindarse de las demás.
2. CLASIFICACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA PERSONALIDAD
Utilizando un criterio puramente instrumental y didáctico, los derechos de la personalidad
se pueden encuadrar en los siguientes grupos: vida e integridad física; libertades; integridad
moral y esfera reservada a la persona; y derecho al nombre.
Características de los derechos de la personalidad:
- Inherencia a la persona, es decir, corresponden a la persona por el mero hecho de serlo.
- Condición de derechos personalísimos, es decir, deben ser ejercitados exclusivamente
por su titular.
- Son generales o absolutos, en el sentido de que deben ser reconocidos y respetados por
todos los miembros de la sociedad y por el Estado.
- Son extrapatrimoniales.
- Actualmente se considera que los derechos de la personalidad son verdaderos derechos
subjetivos, cuanto permiten a su titular reclamar el respeto general y, en caso de lesión,
pedir el auxilio de la Justicia y la oportuna sanción al infractor.

3. EL DERECHO A LA VIDA
3.1. LA VIDA Y LA INTEGRIDAD FÍSICA
La protección jurídica de la persona parte del reconocimiento del derecho a la vida y a
la integridad física, contemplado en el artículo 15 CE: “Todos tienen derecho a la vida y
a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni
a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo
que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra”.
El desarrollo legislativo de tal mandato constitucional exige, sobre todo, atender a la
regulación del Código Penal (prohibición del homicidio, asesinato, infanticidio,
parricidio, lesiones, inducción al suicidio, etc).
La materia considerada tiene también repercusiones puramente civiles, en cuanto
cualquier agresión o lesión de la vida o integridad física de la persona, aunque no
constituye delito da origen a responsabilidad extracontractual.
La vida e integridad física son claramente diferenciables: la vida propiamente dicha
constituye el presupuesto de la atribución de los derechos a una persona cualquiera, la
integridad física, por su parte, vendría referida a la plenitud de los atributos físicos de
una persona en vida. El derecho a la integridad física “debe entenderse como una
derivación del derecho a la vida...” Por tanto, cualquier acto relativo a la integridad física
no puede considerarse directamente atentatorio contra dicho derecho, salvo que
realmente ponga en peligro injustificadamente la vida de la persona en cuestión.
3.2. INTEGRIDAD FÍSICA Y TRASPLANTES DE ÓRGANOS
Las disposiciones legislativas que regulan la extracción el trasplante de órganos toman
como idea motriz que el altruismo y la solidaridad que deben caracterizar las relaciones
sociales conllevan la permisividad y licitud de la cesión de los órganos siempre que se
respeten los principios legales en la materia, que brevemente podríamos identificar en
los siguientes:
- Finalidad terapéutica o científica de la cesión de órganos o elementos fisiológicos.
- Carácter gratuito de la cesión, con la evidente finalidad de evitar la indignidad de la
comercialización de los órganos vitales.
- Intervención judicial en el caso de donante vivo, en garantía de que el consentimiento
a la extracción se realiza de forma absolutamente libre y consciente, aparte de
constar expresamente por escrito.
- Respecto de las personas fallecidas la Ley de trasplante de órganos establece que “la
extracción de órganos u otras piezas anatómicas de fallecidos podrá realizarse con
fines terapéuticos o científicos, en el caso de que éstos no hubieran dejado
constancia expresa de su oposición”.
Por consiguiente, el requisito establecido legalmente radica en que la persona haya
manifestado expresamente en vida su voluntad contraria a la cesión o extracción. De no
existir oposición expresa, la extracción de órganos es lícita y posible. Una vez fallecido,
la voluntad de los familiares al respecto resulta intrascendente, aunque en la práctica
hospitalaria, la oposición de los familiares a la extracción de órganos del difunto suele
conllevar la imposibilidad de obtención de órganos.

4. LA INTEGRIDAD MORAL Y LA ESFERA RESERVADA DE LA PERSONA


4.1. INTRODUCCIÓN
El artículo 15 CE, junto a la integridad física, considera el derecho que tenemos todos a
la integridad moral, esto es, al reconocimiento de la propia dignidad y al respeto y
consideración por parte de los demás miembros de la comunidad. Tal derecho genérico
se plasma y concreta en la propia Constitución en el artículo 18.1: “Se garantiza el
derecho al honor, la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”, precepto que, a
su vez, ha sido objeto de desarrollo por la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de
protección civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y a Propia Imagen .La
importancia de esta Ley radica en que, haya delito o no, las reglas indemnizatorias
aplicables a quien desconozca la integridad moral de los demás son las mismas.

4.2. HONOR, INTIMIDAD E IMAGEN


La Ley Orgánica del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y a la Propia Imagen se
encarga de subrayar que las ideas sobre el honor, la intimidad y la imagen son
contingentes y variables, dependiendo del momento y de las circunstancias sociales de
cada época. Conforme a su artículo 2 “la protección civil del honor, de la intimidad y de
la propia imagen quedará delimitada por las leyes y por los usos sociales, atendiendo al
ámbito que, por sus propios actos, mantenga cada persona reservado para sí misma o
su familia”. De ahí que:
- La esfera reservada de la persona debe analizarse en términos objetivos, quedando
excluidas las consideraciones subjetivas que cada cual tenga respecto de su honor,
intimidad e imagen.
- Los criterios generales para acceder a dicho análisis son de dos tipos: unos generales
y de marcado carácter objetivo, y otro de acusado cariz subjetivo.
- Los criterios objetivos vienen determinados por las propias leyes vigentes y por los
usos sociales de carácter general.
- Junto a ellos, debe considerarse igualmente un dato de carácter subjetivo que
permitirá a la jurisprudencia adecuar los criterios objetivos generales a las
circunstancias concretas de cada caso. Dicho elemento consiste en definitiva en
considerar que cada persona queda vinculada por sus propios actos en relación con
el ámbito que considera reservado e íntimo. Si la persona ha decidido pertenecer al
papel cuché y está presente todo el día en la vida cotidiana del resto de los
ciudadanos, está restringiendo su ámbito íntimo.
Aunque efectivamente es difícil definir el honor en términos positivos, cabe afirmar
sencillamente que se trata de la estimación y el respeto que la persona se profese a sí
misma y que le reconozca la comunidad en que se desenvuelve. Desde el punto de vista
negativo es más fácil identificar los actos en cuya virtud una persona queda deshonrada.
La intimidad personal (y familiar, en su caso) debe identificarse con el ámbito de
actuación de cualquier persona (y familia) intrascendente para los demás y que debe ser
respetado, con carácter general, por todos. De tal manera, la intromisión en el círculo
privado de cualquiera o la revelación pública de datos íntimos de carácter personal o
familiar (sean ciertos o no) deben considerarse conductas atentatorias contra la
intimidad personal.
El derecho a la propia imagen, por su parte, significa propiamente hablando que para
hacer pública la representación gráfica de cualquier persona, mediante cualquier
procedimiento técnico de reproducción, es necesario contar con su consentimiento.
De forma indiscutida, los derechos al honor, la intimidad e imagen han de ser
considerados como derechos de la personalidad y, simultáneamente, como derechos
fundamentales.

4.3. LA LESIÓN DE LA ESFERA RESERVADA DE LA PERSONA: LAS INTROMISIONES ILEGÍTIMAS


Quizás por tratarse de la dificultad definitoria de los derechos al honor, a la intimidad e
imagen, el propio legislador ha procurado prestar particular atención a la enumeración
de los actos que pueden considerarse atentatorios contra tales derechos. En conjunto
de tales actos se denominan en la Ley Orgánica del Derecho al Honor, a la Intimidad
Personal y a la Propia Imagen intromisiones ilegítimas y se encuentran relacionadas en
el artículo 7 de dicha ley. El elenco legal de éstas es el siguiente:
1) El emplazamiento en cualquier lugar de aparatos de escucha, de filmación, de
dispositivos ópticos o de cualquier otro medio apto para grabar o reproducir la vida
íntima de las personas.
2) La utilización de aparatos de escucha, dispositivos ópticos o de cualquier otro
medio para el conocimiento de la vida íntima de las personas o de manifestaciones
o cartas privadas no destinadas a quien haga uso de tales medios, así como su
grabación, registro o reproducción.
3) La divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona o familia que
afecte a su reputación y buen nombre, así como la revelación o publicación del
contenido de cartas, memorias u otros escritos personales de carácter íntimo.
4) La revelación de datos privados de una persona o familia conocidos a través de la
actividad profesional u oficial de quien los revela.
5) La captación, reproducción o publicación por fotografía, filme o cualquier otro
procedimiento, de la imagen de una persona en lugares o momentos de su vida
privada o fuera de ellos, salvo los casos previstos en el artículo 8.2.
6) La utilización del nombre, de la voz o de la imagen de una persona para fines
publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.
7) La divulgación de expresiones o hechos concernientes a una persona cuando la
difame o la haga desmerecer en la consideración ajena.

5. LA INDIVIDUALIDAD DE LA PERSONA: EL DERECHO AL NOMBRE


Común y tradicionalmente, se considera que uno de los derechos de la personalidad estriba
en la utilización exclusiva del nombre de la persona, en cuanto manifestación externa de su
propia individualidad. Por otra parte, la identificación nominal de los sujetos es una exigencia
inexcusable de la vida social. Por ello, el Derecho positivo protege la utilización del nombre
desde diversas perspectivas: penal, civil, mercantil y administrativa.
Nuestra Constitución, sin embargo, no contiene expresamente contemplación alguna del
denominado “derecho al nombre”, por lo que su configuración como derecho fundamental
resulta problemática. El derecho al nombre puede considerarse entonces como un atributo
de la personalidad, pero que carece del rango especialísimo de derecho fundamental.
En España la identificación de la persona se realiza mediante la existencia del nombre propio
o nombre de pila y los apellidos correspondientes a ambos progenitores.
La regulación de tales aspectos se encuentra en la Ley del Registro Civil. (arts. 49 a 53) sobre
nombre y apellidos y orden de los mismos:
- No podrán consignarse más de dos nombres simples o uno compuesto, que no sean
contrarios a la dignidad de la persona o confusos y distintos de los de sus hermanos vivos
con idénticos apellidos.
- La filiación determina los apellidos.
- Se prescinde de la histórica prevalencia del apellido paterno frente al materno
permitiendo que ambos progenitores sean los que decidan el orden de los apellidos.
- En caso de desacuerdo, tras ser requeridos, el Encargado del Registro Civil acordará el
orden de los apellidos atendiendo al interés superior del menor.
- Si hay una sola filiación también podrá determinarse el orden de apellidos.
- El orden establecido para la primera inscripción de nacimiento determina el orden para
posteriores nacimientos con idéntica filiación.
- Se sistematiza y agiliza el procedimiento de cambio de nombres y apellidos y se somete,
como regla general, a la competencia del Encargado del Registro Civil.
- Se elimina toda referencia a la filiación no matrimonial.

6. REFERENCIA A LA GARANTÍA Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES


Respecto de los derechos fundamentales, la ley que los regule deberá tener carácter de
orgánica, y, de otra parte, según el art. 53.2 CE, los derechos fundamentales gozan de una
peculiar garantía constitucional:
- Su reconocimiento y respeto puede ejercitarse ante los Tribunales ordinarios por un
procedimiento basado en los principios de preferencia y sumariedad.
- En el caso de que cualquiera de los derechos fundamentales haya sido conculcado o
vulnerado en cualquier proceso judicial, una vez que haya agotado los recursos
judiciales ordinarios, su titular podrá recabar la tutela del Tribunal Constitucional, a
través del recurso de amparo.
- Además de las normas generales ya citadas (Código penal), la Ley de 26 de septiembre
de 1978, de protección de derechos fundamentales ha quedado en la actualidad casi
sin contenido, por reformas posteriores del procedimiento administrativo en Ley de la
jurisdicción contencioso-administrativa; el procedimiento civil por la Ley de
enjuiciamiento civil de 2000 (arts. 11 a 15); y penalmente, por la reforma de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal.

7. LA LEU ORGÁNICA 1/1996 Y LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LOS MENORES


El art. 3 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor hace
una primera remisión a los derechos reconocidos directamente en la Constitución, así como
en los distintos instrumentos internacionales vigentes. Igualmente, de conformidad con el
art. 10 de la Constitución, los derechos de los menores en España deben ser interpretados y
aplicados de acuerdo con los tratados internacionales vigentes. Una remisión, por tanto, a
ordenamientos y organismos superiores, cuyas normas son plenamente aplicables a todos
los menores de edad en territorio español.
1. Derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen (art. 4 de la Ley Orgánica 1/1996)
2. Derecho a la información (art. 5 de la Ley Orgánica 1/1996) (*)
3. Derecho a la libertad ideológica (art. 6 de la Ley Orgánica 1/1996)
4. Derechos de participación, asociación y reunión (art. 7 de la Ley Orgánica 1/1996) (*)
5. Derecho de libertad de expresión (art. 8 de la Ley Orgánica 1/1996)
(*) Modificados por la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a
la adolescencia (BOE nº 180, de 29 de julio).

III. EL ESTADO CIVIL DE LAS PERSONAS


La mayor parte de la doctrina afirma que los estados civiles son situaciones permanentes (o
relativamente estables) o cualidades de la persona que predeterminan la capacidad de obrar de
ésta, debiéndose en consecuencia señalar como estados civiles los siguientes:
1) El matrimonio y la filiación, como determinantes de un cierto status familiae en las
relaciones interconyugales y de los cónyuges con sus hijos.
2) La edad desde una doble perspectiva: la mayor edad porque otorga plena capacidad de
obrar a quién la alcanza, y la menor edad, en cuanto la conclusión debe ser la contraria.
3) La incapacitación judicialmente declarada, pues priva de capacidad de obrar a quien la sufre.
4) La nacionalidad y la vecindad civil, como determinantes de derechos y deberes de las
personas.
Por el significado e importancia que tiene para las personas esta materia del estado civil, su
regulación se impone a los particulares mediante normas que son imperativas o de Derecho
necesario; además de éste, y por las mismas razones, tiene otros caracteres: ser obligada la
intervención del Ministerio Fiscal en las controversias que a su propósito se susciten, y tener
eficacia frente a todos, lo que obliga a dotarla de publicidad, alcanzada a través de la inscripción
en el Registro civil.
Para la defensa y declaración, en su caso, del estado civil en los supuestos en que resulte
lesionado o desconocido cualquiera de los que corresponden a una persona, se le reconocen a
éstas unas acciones, denominadas de estado, que pueden ejercitar ante los Tribunales; cabe que
algunas de ellas las ejerciten también determinados parientes o quienes tengan un interés
legítimo, o el Ministerio Fiscal. Estas acciones no pueden transferirse, ni renunciarse ni, en
general, prescriben o se extinguen por el transcurso del tiempo.
1. LA EDAD DE LA PERSONA EN EL DERECHO DICIL ESTATAL
1.1. CAPACIDAD DE OBRAR Y CAPACIDAD LIMITADA
Se habla de una capacidad de obrar plena y de una capacidad de obrar restringida. La
plena, que es la regla general, se adquiere por la mayoría de edad, y confiere aptitud
para realizar eficazmente todos los actos de la vida civil (art. 322 CC). La restringida, que
es la excepción, y por ello debe estar fijada de una manera expresa en la ley (el mismo
art. 322, al final).
La función que cumple la capacidad de obrar es hacer eficaces las actuaciones jurídicas
llevadas a cabo por quienes disfrutan de ella. Por el contrario, su falta, al impedir hacerlo,
obliga a buscar un medio para que las titularidades pertenecientes a las personas que la
padecen puedan a pesar de ello ser ejercitadas: y este medio lo proporciona la ley con
el nombramiento de un representante del incapaz, llamado representante legal porque
lo establece la ley, que es el que actuará en su lugar (lo serán los padres o tutor, según
los casos).
De todas maneras, debe tenerse en cuenta que la circunstancia de poseer la capacidad
necesaria, es un requisito para poder actuar válidamente, pero por sí sola no es
suficiente, siendo preciso además que el sujeto manifieste una voluntad consciente y
libre; por ello, si algo se lo impide, como una carencia de condiciones psíquicas
adecuadas (debida, por ej. a estado de embriaguez, o a una perturbación mental
permanente) el acto no será válido, y en este segundo supuesto procederá la declaración
judicial de incapacitado.
Se habla de capacidad limitada, o incompleta como dice algún autor, para referirse a
todos aquellos casos en que no se disfruta de la plenitud de la misma; y ello puede
suceder por dos causas: por vía de restricción, por ej. limitando, por medio de la
incapacitación judicial, la que correspondería normalmente a un mayor de edad (art. 210
CC en relación con el 322), o por vía de atribución, a quien por ley no es plenamente
capaz, de un cierto grado de capacidad (arts. 323 y 164,3.CC.). En uno y otro caso, dado
el carácter de excepción que tienen, se necesita de disposiciones legales expresas que
así lo establezcan.
Se trata de una situación intermedia entre la de un plenamente capaz y un incapaz, y en
consecuencia, ni puede actuar por sí mismo como lo hacen los plenamente capaces, ni
necesita de un representante legal que actúe por él, como los incapaces: esta situación
intermedia significa que podrá actuar por sí mismo pero necesitando la asistencia o
consentimiento de otra persona (un curador), que completará con su intervención la
limitada capacidad del menor o falto de capacidad de que se trate. Por eso se habla de
capacidad limitada, pero completable.

1.2. INCIDENCIA DE LA EDAD EN LA CAPACIDAD DE OBRAR


Una de las situaciones que se tienen en cuenta por el Ordenamiento para configurar el
estado civil de las personas, es la edad. Y como quiera que la capacidad de obrar se basa
en la aptitud de entender y querer, y que tanto una como otra de estas facultades se
desarrollan con el proceso de maduración, fruto del transcurso del tiempo, que aplicado
a la persona es lo que constituye la edad, de ésta dependerá, en general, el grado de
capacidad.
Y como quiera que esta generalización tiene inconvenientes, se recurre a una doble
excepción: a) la de cuando, a pesar de haberse alcanzado la edad fijada para la mayoría,
el sujeto no se encuentra realmente en las circunstancias de aptitud que deberían
corresponderle, para cuyo supuesto está prevista la incapacitación; y b), la de cuando, a
pesar de no haber alcanzado la edad prefijada, el sujeto está en unas condiciones de
aptitud que, unas veces le permiten realizar la actividad propia de un mayor, y además
hay circunstancias que aconsejan autorizársela (la emancipación), y otras, en un menor
grado, se les tiene en cuenta por apreciarle suficiente juicio.
La Ley Orgánica I/l.996, de 15 de enero, de Protección jurídica del Menor recoge en su
art. 9 el derecho del menor a ser oído, tanto en el ámbito familiar como en el de cualquier
procedimiento administrativo o jurídico en que esté directamente implicado y que
conduzca a una decisión que afecte a su esfera personal, familiar o social.
Esta realidad de gradualidad del autogobierno y autonomía del menor puesta en relación
con la actual concepción personalista del Derecho, han desembocado en el
desplazamiento de la tradicional e histórica consideración del menor de edad como
incapaz de obrar por si misma para pasar a concebirlo como persona con capacidad de
obrar limitada y evolutiva.
En lo que respecta a su cómputo, el de la edad presenta el problema de fijar el momento
a partir del cual ha de iniciarse, ya que hay dos sistemas diferentes: el de contarlo de
momento a momento (que sería posible por constar en el Registro civil la hora del
nacimiento), y el de contarlo incluyendo completo el día del nacimiento,
independientemente de la hora en que se hubiera producido, lo que significa que la edad
se alcanza al comenzar el día del plazo a computar (del aniversario, si se cuentan años).
Esta última, es la fórmula consagrada por el Código civil español en el art. 315 (que se
aplica a todos los supuestos, aunque esté referida sólo a la mayoría de edad).
La edad, que influye en la capacidad por las razones dichas, determina dos estados civiles
en principio contrapuestos entre sí: los de la menor y la mayor edad.

1.3. LA MAYORÍA DE EDAD


a) La mayoría de edad como circunstancia determinante de la plena capacidad de obrar
El art. 315 CC. señala que: “La mayor edad comienza a los 18 años cumplidos”.
La Constitución española lo consagra en su art.12. Además, el Art. 322 CC afirma que:
“El mayor de edad es capaz para todos los actos de la vida civil (...)”.
Por tanto, en el Derecho español vigente alcanzada la edad de 18 años, la persona
deja de estar bajo la
patria potestad de sus padres para poder ejercitar sus derechos y deberes
válidamente y poder actuar en el tráfico jurídico de forma autónoma.
Por otra parte, y en términos generales, cabe observar que la edad legalmente
admitida para que una persona pueda actuar válidamente en la esfera jurídica ha
dependido siempre de criterios de política legislativa.
Debe tenerse en cuenta que alcanzar el estado civil de mayoría de edad, no requiere
de ningún tipo de reconocimiento o declaración: se produce de manera automática,
como asimismo todos los efectos que le son propios. Efectos que, por otra parte, se
producen no sólo en el ámbito civil (que en muchas ocasiones la tiene en cuenta),
sino que alcanzan también al resto del Ordenamiento jurídico (administrativo,
político, etc.).

b) Excepciones a la norma de la mayoría de edad como circunstancia determinante de la


plena capacidad de obrar.
o Incapacitación (modificación judicial de la capacidad): (se trata más adelante)
o Capacidad de obrar especial: Ocurre otras veces que algunos actos requieren una
capacidad de obrar especial. Unas veces, sin que para su valida realización sea
suficiente la mayoría de edad (25 años como requisito para ser adoptante, art.
175 CC) y otras veces “rebajando” esa edad.

1.4. LA MENORÍA DE EDAD


La minoría de edad abarca un amplio periodo de tiempo durante el cual se va
construyendo y desarrollando la capacidad natural del menor. En coherencia con ello, a
medida que el menor va creciendo, el Derecho positivo va reconociéndole un mayor
ámbito de autonomía en su actuación.
En relación con la situación jurídica del menor de edad, lo cierto es que en nuestro
Derecho no existe una norma que, de modo expreso, declare su incapacidad para actuar.
1. Necesidad de la representación legal y la administración de sus bienes
Los menores de edad no emancipados en principio necesitan de la guarda y
representación de sus padres para todos los actos que les afecten, por ser sujetos
necesitados de una especial protección. Diríamos que ambas potestades son el
núcleo central de la patria potestad. En otras palabras: sobre la base de su
protección, el menor no emancipado sigue estando sometido, hasta la mayoría de
edad, a una potestad ajena: la patria potestad. Esto significa que, en principio, el
menor es dependiente y se produce la actuación directa del titular de la potestad.
La dependencia se manifiesta en un doble ámbito:
o Personal: Los padres ostentan la representación legal de sus hijos menores (Arts.
162 y 267 CC), salvo las excepciones en que exista un régimen especial en los
que se excluye tal representación
o Patrimonial: Si bien la titularidad de los bienes que pertenecen al menor es de
éste, la administración les corresponde a sus padres, salvo las excepciones que
señala la ley.
2. Delimitación del ámbito de capacidad de obrar general del menor en el Código civil.
permiten la participación del menor y manifiestan su autonomía e independencia,
permitiéndosele actuar personal y directamente, de una u otra manera. Se
englobarían en las que más arriba hemos denominado “capacidades de obrar
especiales”.
Los podemos agrupar del modo siguiente:
a. La esfera personal / familiar. La participación del menor en el ámbito que afecta
a su concreta situación familiar bien respecto a la existente, bien en la creación
de una familia propia es cada vez más amplia.
- Actos respecto a la familia de la que dependen: Actos en los que se admite la
intervención del menor.
- Actos que se refieren a su propia familia.
b. Esfera personal: Se engloban aquellos actos jurídicos que bien suponen una clara
atribución de capacidad de obrar al menor o afectan a su situación personal de
capacidad.
c. Esfera negocial patrimonial: Es en esta esfera donde se desarrolla normalmente
la actividad representativa de la patria potestad, lo que se traduce en la idea de
que los negocios celebrados directamente por el menor, y no a través de la figura
la representación de sus padres, sean anulables. A pesar de ello, tradicionalmente
el menor de edad ha venido gozando de capacidad de obrar plena en relación a
determinados negocios (capacidad de obrar especial) o bien de capacidad
simplemente necesitada de un complemento o autorización por parte de sus
padres.:
EL PATRIMONIO DEL MENOR DE EDAD
Tanto la legislación anterior como el vigente art. 165 CC. atribuyen al hijo menor
de edad la propiedad sobre todo lo que adquiriese con su trabajo e industria o
por cualquier otro título. Sin embargo, ciertamente, se trata de una norma
innecesaria pues, la única incapacidad del menor se refiere al ejercicio de los
derechos de los que sea titular pero no a su capacidad adquisitiva. El menor, en
multitud de ocasiones, va a poseer capacidad para adquirir, contratar u obligarse
con o sin el complemento de la intervención y representación de sus padres para
hacerlo, pero en cuanto al ejercicio de los derechos sobre sus bienes, y hablando
en términos generales, su patrimonio está sometido a una administración ajena,
en el caso de la patria potestad, a la de sus padres
Capacidad contractual del menor, en general:
Ciertamente, la capacidad contractual del menor de edad de la que ahora
tratamos se identifica con la capacidad de obrar general, si bien en su vertiente
patrimonial.
Entrando en la regulación sobre la materia contenida en el CC diremos que la
capacidad contractual del menor hay que deducirla “a sensu contrario” de la
interpretación conjunta de los arts. 1261 y 1263 CC.
Artículo 1263.
No pueden prestar consentimiento:
1. Los menores no emancipados, salvo en aquellos contratos que las leyes les
permitan realizar por sí mismos o con asistencia de sus representantes, y los
relativos a bienes y servicios de la vida corriente propios de su edad de
conformidad con los usos sociales.
2. Los que tienen su capacidad modificada judicialmente, en los términos
señalados por la resolución judicial.
De esta deducción resulta que la capacidad contractual coincide con la capacidad
de obrar general. En consecuencia, aquellas personas que tienen limitada su
capacidad de obrar la tienen también para contratar. De tal forma, en principio,
tenemos:
- CONTRATOS NULOS: El contrato celebrado por un menor cuando por las
condiciones psíquicas no existe verdadero consentimiento (Art. 1261.1ª CC)
son nulos o inexistentes. Aquí falta de modo radical el consentimiento
- CONTRATOS ANULABLES: El contrato celebrado por un menor sin la asistencia
no es inexistente por falta de uno de sus elementos esenciales ni tampoco es
nulo: El art. 1301 del Código lo sanciona con la anulabilidad, y aun ésta
solamente en interés del propio menor pues no es necesario alegar perjuicio.
Esta anulabilidad no podrá alegarla la persona mayor que contrató con el
menor durante cuatro años a partir de su mayoría de edad o emancipación.
- CONTRATOS VÁLIDOS: Cuando en relación al propio contenido y naturaleza
de los mismos, el menor, por su edad y desarrollo, posee condiciones de juicio
y entendimiento suficientes para expresar un verdadero consentimiento. El
menor actúa así en el ámbito limitado y variable de su capacidad propia y por
consiguiente, el contrato celebrado por él es plenamente válido. Ámbito
delimitado por el vigente art. 1263.1 CC (reformado por Ley 26/2015, de 28
de julio)
Hay que tener presente que el art. 1264 CC completa la limitación declarada en
el art. 1263: “Lo previsto en el artículo anterior se entiende sin perjuicio de las
prohibiciones legales o de los requisitos especiales de capacidad que las leyes
puedan establecer”, aplicándola a supuestos especiales.
Otros actos patrimoniales:
a) Actos patrimoniales inter vivos:

 El menor puede otorgar capitulaciones matrimoniales, si bien necesita el


asentimiento de sus padres, salvo que se pacte separación de bienes o régimen
de participación. (Arts. 1329 y 1339 CC).
 Podrá realizar donaciones por razón de matrimonio, con autorización de sus
padres. También puede aceptarlas salvo que se trate de donaciones
condicionales u onerosas donde es necesaria la intervención de su representante
legal. (Art. 625, 626 y 1338 CC)

 Podrá adquirir la posesión de las cosas (Art. 443 CC).


 Adquirir por ocupación la caza y la pesca y también las cosas que sean objeto de
hallazgo, y los frutos de sus bienes. b´) Actos mortis causa:

 El menor por sí puede otorgar testamento desde los 14 años, salvo el ológrafo.
No puede ser testigo excepto en el de caso de epidemia si es mayor de 16 años
(Arts. 663 y 688 CC)
Y en las últimas reformas del Código civil se han añadido otros actos:
o Se autoriza al menor para el ejercicio de sus derechos de la personalidad de
acuerdo con su madurez (Art. 162.1 CC)
o Celebrar contratos por los representantes legales con el consentimiento del
menor si este tuviere suficiente juicio que obliguen a realizar prestaciones
personales. (Art. 162 in fine CC)
o Oír al menor, si tuviere juicio, antes de decidir el Juez en caso de desacuerdo
en la toma decisiones que les afecten por parte de sus padres. (Art. 156.2 y
154.2 CC).
También, a partir de los doce años, consentir su adopción (art. 177,1 C.c.); a partir de los
dieciséis, consentir la emancipación (art. 317) y solicitarla (arts. 320 y 321); y reconocer
hijos por sí mismo, si tiene capacidad para contraer matrimonio, y si no la tiene, con
aprobación judicial (art. 121)
Y la Ley Orgánica 1/1996 de Protección jurídica del Menor ha introducido una disposición
de carácter general: “Las limitaciones a la capacidad de obrar del menor se interpretarán
de forma restrictiva” (art. 2.1)
Hay nueva visión jurídica de la capacidad de obrar general del menor que se orienta más
hacia la capacidad natural gradual y progresiva del menor. Resulta evidente que para el
legislador se acepta la existencia de una capacidad de obrar propia para el menor de edad
no emancipado, que sobrepasa la figura legal de la representación legal de los padres.
2. LA PATRIA POTESTAD EN EL DERECHO CIVIL ESTATAL
2.1. CONCEPTO Y EVOLUCIÓN
La dependencia descrita se entronca dentro de la figura de la patria potestad definida en
el art. 154 CC. como un conjunto de deberes y facultades mutuos entre padres e hijos
(que “se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad”) en
el aspecto familiar (velar, guardar, alimentar, educar ...al menor, obedecer y respetar a
los padres) como personal patrimonial (contribuir económicamente con los padres, por
un lado y representar y administrar los bienes del menor, por otro).
La patria potestad un sistema de protección, cuidado, asistencia, educación y un medio
de suplir la incapacidad.

2.2. ELEMENTOS PERSONALES


Los elementos personales de la patria potestad son, a tenor del artículo 154 Cc., los hijos
que están bajo la potestad y los padres a quienes corresponde su ejercicio.
Respecto a los hijos, hay que tener en cuenta que, si durante la menor edad se incapacita
a un menor, la patria potestad se prorroga por ministerio de la ley al llegar a la mayor
edad (art. 171 CC) Se habla en estos casos de patria potestad prorrogada.
Respecto a los padres, el art. 156 Cc. (leerlo atentamente) establece que la patria
potestad se ejercerá por ambos progenitores conjuntamente, o por uno solo con el
consentimiento expreso o tácito del otro. Este mismo precepto dicta reglas para el
ejercicio de la patria potestad en caso de desacuerdo o de separación de los padres.
Un caso particular es el del art. 157 Cc. que establece el ejercicio de la patria potestad
del menor emancipado sobre sus hijos con la asistencia de sus padres y a falta de ambos,
de su tutor.

2.3. CONTENIDO
La propia CE, en su art. 39.3, ya señala las funciones de los padres diciendo que: “Los
padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos habidos fuera y dentro del
matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en que legalmente
proceda”.
El artículo 154 CC (*) establece: Los hijos no emancipados están bajo la patria potestad
de los progenitores.
La patria potestad, como responsabilidad parental, se ejercerá siempre en interés de los
hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física
y mental.
Esta función comprende los siguientes deberes y facultades:
1º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles
una formación integral.
2º Representarlos y administrar sus bienes.
Si los hijos tuvieren suficiente madurez deberán ser oídos siempre antes de adoptar
decisiones que les afecten. Los progenitores podrán, en el ejercicio de su función,
recabar el auxilio de la autoridad.
Por lo que respecta a los deberes y facultades de los hijos, se pueden resumir en los
siguientes:
• Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre.
• Contribuir según sus posibilidades al levantamiento de las cargas de la familia mientras
conviva con ella.
• Ser oídos antes de adoptar decisiones que les afecten, si tuvieren suficiente juicio.
• Tienen derecho a relacionarse con sus padres, parientes y allegados.

Los menores de edad carecen de la capacidad de obrar para actuar en la vida jurídica,
por lo que deberán ser representados por sus padres, titulares de la patria potestad. Así
lo establece el artículo 162 CC., que a continuación enumera una serie de actos
exceptuados expresamente de la representación legal.

2.4. EXTINCIÓN
En este punto hay que distinguir entre causas de extinción propiamente dichas y causas
de privación de la patria potestad.
Las causas de extinción no plantean ningún problema desde el punto de vista práctico y
las tenemos reguladas en el art. 169 Cc.:
• La muerte o la declaración de fallecimiento de los padres;
• La muerte o la declaración de fallecimiento del hijo;
• La emancipación del hijo;
• La adopción del hijo.

2.5. PRIVACIÓN
Pero además de estas causas de extinción de la patria potestad, existe, como se ha dicho,
causas de privación de la misma. Así, y según el art. 170 Cc., el padre o la madre podrán
ser privados total o parcialmente de la patria potestad:
a) Por Sentencia fundada en incumplimiento de deberes inherentes a la misma.
b) Por Sentencia dictada en causa criminal.
c) Por Sentencia dictada en causa matrimonial.
Destacar finalmente que, como se puede comprobar, la privación de la patria potestad
sólo puede acordarla la autoridad judicial mediante la correspondiente Sentencia.

3. GESTIÓN Y DISPOSICIÓN DEL PATRIMONIO DEL MENOR


3.1. DEBER DE CONTRIBUCIÓN DEL MENOR A LAS CARGAS FAMILIARES
El art. 165 CC inserta en el capítulo denominado “De los bienes de los hijos y su
administración”, que al tiempo que atribuye al menor de edad la titularidad de los frutos
de los bienes que adquiera “por cualquier título” impone el deber de contribución a las
cargas de la familia, carga que recae precisamente sobre los frutos de los bienes que
componen el patrimonio del menor.

3.2. GESTIÓN Y DISPOSICIÓN DEL PATRIMONIO DEL MENOR


No todos los bienes de los hijos son objeto de administración por los padres, sino que se
establecen determinadas excepciones, esto es, bienes no administrados por los padres
y respecto de los que, consiguientemente, no tienen éstos la representación de aquellos.
¿Qué bienes del menor están incluidos en la gestión por parte de los padres? En principio, están
incluidos todos, excepto los que señala el Art. 164 CC.

Y existen unos bienes del menor especialmente protegidos, con limitaciones para la
enajenación y gravamen de ciertos bienes del menor, por causas justificadas de utilidad
o necesidad y la previa autorización judicial con intervención del Ministerio Fiscal. Son
los señalados en el art. 166.1 CC.
- Bienes inmuebles.
- Establecimientos mercantiles o industriales.
- Objetos preciosos.
- Valores mobiliarios

3.3. REGLA GENERAL: GESTIÓN Y DISPOSICIÓN POR LOS PADRES


Debemos partir de la base de que se concibe la patria potestad como función dual,
atribuida al padre y a la madre en igualdad de condiciones. Por tanto, por la misma razón,
el ejercicio de la patria potestad también es conjunto, lo que significa que, en principio,
tendrá que concurrir el consentimiento de ambos progenitores para llevar a cabo actos
de representación del hijo menor no emancipado y de administración y disposición de
sus bienes (Art. 156.1 CC.).
Existiendo ejercicio conjunto de la patria potestad, determinados actos pueden ser
concluidos por uno solo de los progenitores, esto es, basta la actuación de uno solo de
ellos. No es que el consentimiento del otro sea irrelevante, pues si existe y es contrario
hay que tomarlo en consideración, sino que se concede a cada progenitor legitimación
extraordinaria para actuar sin recabarlo, en atención a las circunstancias concurrentes o
en beneficio del tráfico (Art 156 CC.)
Los padres administrarán los bienes de los hijos con la misma diligencia que los suyos
propios, cumpliendo las obligaciones generales de todo administrador (Art. 164.1 CC).
En principio los padres, en su condición de representantes y administradores de los
bienes de sus hijos no emancipados o incapacitados, pueden realizar actos dispositivos
sobre los mismos (Art. 166 CC a contrario). Los padres no requieren autorización judicial
previa para los actos no comprendidos en el Art. 166.p. 1 y 2 CC. (o expresamente
exceptuados, como la enajenación de los derechos de suscripción preferente). Pero
incluso en ese ámbito se exceptúan con carácter general dos supuestos:
- Si el menor hubiese cumplido dieciséis años y consintiese en documento público
(art. 166. p. 3 CC)
- Enajenación de valores mobiliarios, siempre que su importe se reinvierta en bienes
o valores seguros (art. 166.p. 3 CC).

4. LA EMANCIPACIÓN
Es la salida del hijo de la patria potestad, y se produce, además de por la mayor edad, por el
matrimonio del menor y por concesión de los padres o del Juez (art. 314 C.c.); estos dos
últimos actos jurídicos, dando lugar a otro estado civil, distinto de la mayoría de edad, que
es el de emancipado.
La emancipación, pues, tiene dos variedades, y de acuerdo con ellas son sus requisitos:
- Por concesión:
1) de los padres, son que el menor tenga dieciséis años y que la consienta, otorgándose
por escritura pública, o por comparecencia ante el Juez encargado del Registro (arts.
317 y 318,1.,c.c.);
2) del Juez, a petición del hijo bajo patria potestad, son las segundas nupcias, o
convivencia marital con otro, del que ejerce la misma, o por vivir los padres
separados, o por concurrir cualquier causa que entorpezca gravemente el ejercicio
de la patria potestad, previa audiencia de los padres (art. 320); y si está bajo tutela,
sólo los dieciséis años y previo informe del Fiscal (art. 321), llamándose a este caso
"habilitación de edad". Una vez concedida, la emancipación no puede ser revocada
(art. 318).
- Por matrimonio: Esta causa de emancipación ha sido suprimida del art. 316 CC; y no
cabe dispensa judicial por razón de edad (menores de 18 años), al modificarse el art. 48
CC. por la Ley 15/2015, de 2 de julio, de la Jurisdicción voluntaria (BOE nº. 158, de 3 de
julio).
- Por vida independiente: un caso especial, en el que se reputará para todos los efectos
como emancipado, es el del menor de edad, pero mayor de dieciséis años, que con el
consentimiento de los padres viva independientemente de éstos. Una especialidad de
esta situación es que el consentimiento puede ser revocado (art. 319). Se entiende que
esta vida independiente no consiste simplemente en tener un domicilio, sino que se
requiere vida con autonomía económica.
La capacidad del menor emancipado se acerca a la del mayor, no sólo porque actúa por sí
mismo, sino porque, como dice el Código civil (art. 323), le habilita "para regir su persona y
bienes como si fuera mayor. Lo que sucede es que, pese a este principio general, su
capacidad está limitada, ya que según añade el mismo artículo "hasta que llegue a la mayor
edad no podrá el emancipado tomar dinero a préstamo, gravar o enajenar bienes inmuebles
y establecimientos mercantiles o industriales u objetos de extraordinario valor, sin
consentimiento de sus padres y a falta de ambos sin el de su tutor" (en realidad, "curador").
Si el otro cónyuge es mayor, es necesario el consentimiento de ambos; Y para disponer de
los bienes comunes del matrimonio, cuando el otro cónyuge fuere también menor de edad,
se necesitará, además, el de los padres o curadores de uno y otro (art. 324).
La capacidad de los menores de edad emancipados es, por consiguiente, limitada pero
completable, ya que si llega a actuar sin el complemento exigido de la intervención de los
padres o curadores, el acto será simplemente anulable.
La Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil, establece lo siguiente:
- La emancipación por concesión precisa de escritura pública o de comparecencia ante
el Encargado.
- La emancipación por concesión judicial y el beneficio de la mayor edad, por resolución
judicial.
- La emancipación tácita o por vida independiente necesita acreditación documental.
- No producirá efectos frente a terceros mientras no se inscriba en el Registro Civil.

5. LA EDAD DE LA PERSONA EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS


Las normas sobre capacidad y estado de las personas físicas y sobre las instituciones civiles
para la protección de menores e incapaces se contienen en el Libro I, arts. 4 a 74, y 85 a 182
del Código del Derecho Foral de Aragón (CDFA). Se ocupa de la situación de las personas
según su edad y su capacidad de autogobierno. En función de la edad, se distingue entre
mayor de edad, menor de edad (según sea mayor o menor de catorce) y menor emancipado.

5.1. CAPACIDAD DE OBRAR POR EDAD


a) MAYORÍA DE EDAD
La mayoría de edad se adquiere al cumplir los dieciocho años (art. 4.1.a CDFA) y art.
12CE, y disposición adicional segunda CE: a los solos efectos de Derecho privado).
También son mayores de edad los que han contraído matrimonio (art. 4.1.1.b CDFA).
De acuerdo con el art. 4.1.2 CDFA “el mayor de edad es capaz para todos los actos
de la vida civil, salvo las excepciones establecidas en casos especiales por la ley”. El
Derecho civil es el que determina la capacidad de obrar de las personas, y se aplica a
todo el ordenamiento salvo a las leyes de Derecho público.
La mayoría de edad por matrimonio se aplica sólo en los casos en que un mayor de
catorce años emancipado contrae matrimonio (art. 30 CDFA, con relación a art. 46.1º
CC). Se ha suprimido la dispensa judicial para contraer matrimonio por los menores
de edad no emancipados del art. 48 CC por Ley 15/2015, de 2 de julio, de la
Jurisdicción voluntaria (BOE nº. 158, de 3 de julio).

b) MENORES DE EDAD
Los menores de edad están sujetos a la autoridad familiar y, subsidiariamente, a
tutela o curatela (art.5.2 CDFA). Hasta los catorce años, el menor tiene un
representante legal y, desde entonces, su capacidad se complementa con la
asistencia (art. 5.3 CDFA).
El art. 7 CDFA establece la capacidad de obrar del menor. En particular, el menor con
suficiente juicio podrá:
a) Ejercer los derechos de la personalidad
b) Otorgar actos y contratos propios de la vida corriente del menor que, estando al
alcance de su capacidad natural, sean conformes a los usos sociales
c) Llevar a cabo otros actos que, de acuerdo con las leyes, pueda realizar sin
necesidad de representación o asistencia.
Pertenecen al menor de edad los bienes y derechos que adquiera y,
consiguientemente, su disfrute, así como los frutos y productos de cualesquiera
otros que se le hubieren confiado (art. 8 CDFA)
La administración de los bienes del menor no emancipado, así como la disposición
hasta que cumpla los catorce años, compete a los padres, como función aneja de la
autoridad familiar, y, en defecto de ambos, al tutor.

c) MENORES MAYORES DE 14 AÑOS


El menor aragonés mayor de catorce años es un menor de edad con capacidad
anticipada o ampliada. Puede celebrar por sí solo, sin asistencia, bastantes actos y
otros muchos con la asistencia de las personas que, conforme al art. 23.1 CDFA
deben prestarla. El menor mayor de catorce años carece de representante legal (art.
23.1 CDFA). Así, el art. 23.1 CDFA establece: El menor de edad, cumplidos los catorce
años, aunque no esté emancipado, puede celebrar por sí toda clase de actos y
contratos, con asistencia, en su caso, de uno cualquiera de sus padres que éste en
ejercicio de la autoridad familiar o, en su defecto, del tutor.
El administrador (padres, tutores…) administra los bienes del menor mayor de
catorce años en representación suya, pero los actos de administración podrán
también realizarse con la debida asistencia (art.26.1 CDFA). Se admite, por tanto, la
validez de los actos de administración realizados tanto por el administrador como
por el menor. Y le corresponden exclusivamente al menor la administración de
determinados bienes (art.26.2 CDFA: los adquiridos con su trabajo, frutos, y los
obtenidos a título lucrativo).
Hay que entender “asistencia” en el sentido de asentimiento, sin que baste la mera
presencia de las personas llamadas a prestarla ni tampoco un mero consejo o
asesoramiento no vinculante. Art. 27. 1 (“La prestación de asistencia requiere
conocer el acto que el menor se propone realizar y significa considerarlo conforme a
sus intereses”), y 2 CDFA., la asistencia puede ser expresa o tácita y previa o
simultánea al acto; en esta puede bastar con la mera presencia sin oposición.
Basta con que uno de los padres preste la asistencia si ambos son titulares de la
autoridad familiar. La imposibilidad de prestar asistencia permite solicitarla por el
menor a la Junta de Parientes o al Juez (art. 23.2 CDFA).
El contrato realizado sin asistencia, el llamado a prestarla puede anularlo pero
también confirmarlo (art.29 CDFA)

d) LA EMANCIPACIÓN. EL MENOR EMANCIPADO.


En el Derecho aragonés, por la amplia capacidad de obrar de los menores mayores
de catorce años, no se utiliza con frecuencia. La emancipación equipara al menor con
un mayor de edad, pero con ciertas limitaciones. Extingue la autoridad familiar o la
tutela.
La emancipación puede concederse por quienes ejercen la autoridad familiar y
también por el juez a partir de los 14 años (art. 30 CDFA); y el art. art. 32 CDFA
contempla la emancipación por vida independiente, con los efectos que señala el art.
art. 33 CDFA.
Las limitaciones de capacidad del menor emancipado aragonés tienen una cierta
semejanza con el art. 323 CC en cuanto a los actos (los señalados en el art. 15 CDFA),
y deberá estar asistido para realizarlos por cualquiera de sus padres, o el curador.

5.2. RELACIONES ENTRE ASCENDIENTES Y DESCENDIENTES. LA “AUTORIDAD FAMILIAR” EN EL


DERECHO ARAGONÉS
aragonés
El título II CDFA se ocupa “De las relaciones entre ascendientes y descendientes” (arts.
56 a 99 CDFA). El primer capítulo regula los efectos de la filiación, el capítulo II se ocupa
del deber de crianza y educación de los hijos, de los efectos de la ruptura de los padres
con hijos a cargo, del ejercicio de la autoridad familiar por los padres y otras personas; y
el capítulo III, de la gestión de los bienes de los hijos.
a) Deber de crianza y autoridad familiar (art. 63 CDFA). El deber de crianza, que
corresponde a los padres, es una función previa a la autoridad familiar, que sirve a
ésta como fundamento y medida. La autoridad familiar se configura como el poder
adecuado, como un medio para el cumplimiento del deber de crianza y educación
del menor (art. 64 CDFA). Son los padres los que deben proveer al sustento de sus
hijos, así como a los gastos que resulten de su educación y crianza. También el padre
que no sea titular de la autoridad familiar (arts. 58 y 59 CDFA) y que, por tanto, no lo
tiene en su compañía.
b) Ejercicio de la autoridad familiar por los padres. El ejercicio de la autoridad familiar,
que es la institución aragonesa equivalente a la patria potestad del Cc, corresponde
a los padres (art. 63 CDFA). En algunos casos la ley exige una actuación conjunta de
los padres (p.ej., 20.1 CDFA). La ley, en otros lugares, admite expresamente el
ejercicio separado (art. 23 CDFA). En defecto de ley o de pacto lícito, se permite un
ejercicio separado, indistinto o "solidario" de la autoridad familiar, siempre que no
se infrinjan los usos sociales o familiares. En caso de divergencias entre los padres,
ver art. 74 CDFA.
En los casos de exclusión (art. 69 CDFA), privación (art. 90 CDFA), o extinción de la
autoridad familiar por muerte de uno de los padres (art 93.1.a CDFA), el ejercicio de
la autoridad familiar se realiza por uno de los padres.
c) Ejercicio de la autoridad familiar por otras personas. El ejercicio familiar por otras
personas en la actualidad configura una función de guarda como medio para la
crianza y la educación del menor por las personas y en los casos que establece la ley
(art. 88 CDFA), y no se extiende a la gestión de los bienes del menor (nombramiento
de tutor). En particular, pueden ejercer la autoridad familiar sobre un menor, el
padrastro o la madrastra (art. 85 CDFA), los abuelos (art. 86 CDFA) o los hermanos
mayores (art. 87 CDFA)
Por el hecho de asumir voluntariamente el cuidado y la guarda de un menor puede estarse
ante una guarda de hecho (art. 156 CDFA) y evitarse el resultado de que los menores queden
privados de la necesaria asistencia material o moral que dé lugar a la declaración de
desamparo (art. 118 CDFA). Pero si las personas que asumen voluntariamente la función de
criar y educar al menor son las previstas en la ley (padrastro o madrastra, abuelos, hermanos
mayores), establece la ley como consecuencia la atribución, sin necesidad de designación,
del contenido personal de la autoridad familiar, lo que legitima las decisiones que en este
ámbito se adopten.

d) Privación, suspensión y extinción de la autoridad familiar


- Privación. Supone la extinción, respecto de uno o de los dos titulares de la
autoridad familiar en virtud de una resolución judicial fundada en el
incumplimiento grave y reiterado de los deberes inherentes a la misma (art. 90.1
CDFA).

- Suspensión. Equivale a la pérdida temporal de la autoridad familiar por el tiempo


que duren las situaciones a que se refiere el art.91.1 CDFA.
La privación o suspensión de la autoridad familiar no suprimen las obligaciones
de los padres con sus hijos (art. 92 CDFA). Si afecta a sólo uno de ellos, el otro
ostentará la autoridad familiar. En caso de ambos, requiere resolución judicial
que determine el régimen de guarda de los menores.
- Extinción. Supone la cesación de todos los efectos de la autoridad familiar (art.
93 CDFA). La extinción de la autoridad familiar por muerte de los titulares ha de
ser de ambos o del único en su caso: el fallecimiento de uno solo de ellos
supondrá que la autoridad familiar se concentra en el otro titular.

5.2.1. GESTIÓN POR LOS PADRES DE LOS BIENES DE LOS HIJOS


El art. 94 CDFA establece que, cuando corresponda a los padres la gestión de los
bienes del hijo, incluida la disposición hasta que este tenga catorce años,
ejercerán esta función conforme a lo dispuesto para la autoridad familiar (arts. 71
a 74 CDFA).
Y conforme al art. 94.2 CDFA, se exceptúan de la gestión paterna:
- Los bienes que el hijo adquiera por sucesión en la que uno de los padres o los
dos hayan sido desheredados con causa legal o declarados indignos de
suceder.
- Los bienes dejados en título sucesorio o donados al hijo con exclusión de la
administración de los padres. En estos casos los bienes serán gestionados, si
nada ha ordenado en contra, por el otro padre, o, si los dos están afectados,
por un tutor (art. 94.3 CDFA)
El incumplimiento de la obligación de gestionar los bienes de los hijos
diligentemente puede provocar la exigencia de responsabilidad o de medidas de
aseguramiento. Como regla general, los padres no tienen que formalizar
inventario o prestar fianza, salvo cuando existan fundados motivos para ello (arts.
95 y 96 CDFA). Será el Juez quien exija su constitución.
Si la gestión de los padres ponga en peligro el patrimonio del hijo, el Juez, a
petición del propio menor, del Ministerio Fiscal o de cualquier pariente del
menor, podrá adoptar las medidas que estime necesarias e, incluso, nombrar un
tutor (art. 98 CDFA) Puede, según la gravedad, el Juez privar totalmente de la
autoridad familiar.

6. MODIFICACIÓN JUDICIAL DE LA CAPACIDAD Y LIMITACIONES EN EL DERECHO CIVIL ESTATAL Y


ARAGONÉS
El Derecho en ciertas circunstancias, limita o condiciona la capacidad de obrar de la persona,
e incluso le priva de ella, teniendo en cuenta la imposibilidad mental o física en que se halla
para regirse por sí misma o para administrar sus bienes. En los casos más graves la persona
puede ser incapacitada y, a partir de ese momento, sus actos carecerán de validez. La
invalidez de estos actos procede, pues, de la incapacitación.
La modificación judicial de la capacidad es un estado civil de la persona física que se declara
judicialmente cuando concurre en ella alguna de las causas establecidas por la ley (art. 199 C.C.)
Existe una incapacidad natural que se produce cuando falta la capacidad en un momento
determinado para realizar un acto jurídico concreto (por ej. la vista, para testificar en hechos
cuyo conocimiento deba ser obtenido a través de este sentido, por lo que el ciego no podría hacerlo).

Y existe una modificación judicial de la capacidad cuando por enfermedad o defecto físico o
psíquico permanente y suficientemente grave el sujeto no puede actuar con validez jurídica,
por faltarle habitualmente la inteligencia y/o la voluntad necesarias (art. 200 Cc.)
En el Derecho general del Estado (arts. 199 y ss. CC. y 760 LEC.), nadie puede ser incapacitado
sino en virtud de las causas establecidas en la ley y por sentencia judicial, que determinará la
extensión y límites de la incapacitación, así como el régimen de protección a que haya de
quedar sometido el incapacitado.
En el Derecho civil aragonés, los arts. 34 a 40 CDFA no regulan la materia de una manera
completa, y por tanto se aplica supletoriamente el Derecho estatal, en especial en lo que se
refiere a los procesos sobre capacidad de las personas (arts. 756 y ss. de la Ley de
enjuiciamiento civil [LEC]).
Esta modificación judicial de la capacidad (o declaración oficial y duradera de ser incapaz), se
pronuncia por sentencia a través de un procedimiento judicial en el que se deberá probar
que el sujeto padece una enfermedad o deficiencia persistente que le impide gobernarse por
sí mismo.
Corresponde promoverla al cónyuge o descendientes y, en defecto de éstos, a los
ascendientes o hermanos del presunto incapaz; en su defecto, al Ministerio Fiscal a quien
puede dirigirse cualquier persona para impulsar su actuación en tal sentido. (regulado en la
Ley 1/2000, de 7 de enero de Enjuiciamiento Civil)
La sentencia que declare la modificación judicial de la capacidad determinará sus efectos:
esto es, la extensión y límites de ésta, así como el régimen de tutela o guarda a que haya de
quedar sometido el incapacitado, o a patria potestad o autoridad familiar prorrogada o
rehabilitada. En general, si el grado de incapacidad es tan intenso que no puede actuar por
sí mismo, será sometido a tutela nombrándosele un tutor, que lo representará (arts. 222 a
285 Cc.); si está en condiciones de intervenir personalmente, pero no en grado de hacerlo
con plenitud de juicio, se le someterá a curatela con el nombramiento de un curador para
asistirle en los casos que se determinen (art. 287 Cc.). En Derecho aragonés reguladas en el
Título III del Libro I, arts. 100 y ss. CDFA
Las resoluciones judiciales sobre modificación judicial de la capacidad se anotarán e
inscribirán en el Registro Civil.
Limitaciones a la capacidad. - Mención especial merece la prodigalidad: como una conducta
personal caracterizada por la habitualidad en el derroche de los bienes propios,
malgastándolos de forma desordenada y poniendo en peligro la conservación de su
patrimonio, con perjuicio para el cumplimiento de los deberes de prestación de alimentos
que le incumben. A la persona que así obre, el juez le podrá imponer mediante sentencia la
necesidad de contar con un curador para aquellos actos de administración o disposición de
bienes que estime conveniente. Pueden solicitar al juez esta declaración de prodigalidad, el
cónyuge, ascendiente o descendiente que estén percibiendo los alimentos del presunto
pródigo, o que se encuentren en situación legal de reclamárselos (arts. 294 a 298 Cc.)
En Derecho aragonés, la prodigalidad, conforme al art. 38.3 CDFA, "no tendrá otro efecto que
el de ser causa de incapacitación cuando reúna los requisitos del apartado anterior". La
disposición transitoria tercera de la Ley establece que, desde el 23 de abril de 2007 nadie
puede ser declarado pródigo (disposición transitoria 3ª referente al Libro I CDFA).
La Ley Concursal de 9 de julio de 2003, señala en su art. 40 que el deudor declarado por el
juez en concurso como consecuencia de su situación de insolvencia puede ver limitadas sus
facultades de administración y disposición sobre su patrimonio.
El Derecho aragonés, introduce formas de protección flexibles en virtud de la propia voluntad
del sujeto, como la autotutela, consistente en que cualquier persona mayor de edad y capaz,
previendo su incapacitación judicial, designe en escritura pública las personas que ejercerán
las funciones tutelares, así como recoja disposiciones relativas a su persona y patrimonio, y
el otorgamiento de un mandato que no se extinga por la incapacidad o la incapacitación del
otorgante (comparar con arts. 223 y 1732 CC.), la regulación aragonesa establece pautas que
permitan tomar decisiones en la esfera personal del enfermo no incapacitado (art. 35 CDFA).
El art. 40 CDFA se cuida de aclarar que la regulación estatal sobre patrimonios protegidos
regulada en la Ley 41/2003, de protección patrimonial de las personas con discapacidad -que
es preferente sobre lo dispuesto para el caso de incapacitación, (art. 40.1 CDFA) - se aplica
en Aragón en lo necesario, si bien se introducen algunas adaptaciones (art. 40. 2 y 3 CDFA).

7. NACIONALIDAD Y VECINDAD CIVIL


Da lugar también a un estado civil esta vinculación político-jurídica de las personas a una
comunidad política, en cuanto les atribuye una condición o cualidad (nacional o extranjero,
de una u otra regionalidad con Derecho privado diferente, dentro de España), a la que por
su relevancia o estabilidad, el Ordenamiento jurídico concede importantes efectos, que
atañen al disfrute de derechos y asunción de obligaciones, y también a la capacidad de obrar.
En nuestro Derecho actual, esta vinculación se manifiesta en un doble sentido, nacionalidad
y vecindad civil, recogidos expresamente en el art. 1 de la Ley del Registro civil.

7.1. LA NACIONALIDAD
La nacionalidad es el vínculo que une a una persona con un Estado determinado, que lo
hace miembro del mismo y, en consecuencia, para ese Estado los que lo tienen son
nacionales y los que no lo tienen, por estar vinculados a otros, son extranjeros... En
nuestro Ordenamiento, su regulación viene siendo tradicionalmente acogida en el
Código civil, que le dedica el Título primero del Libro primero, artículos 17 al 28.
En la actualidad, las consecuencias jurídicas que sobre la capacidad de obrar se derivan
del estado civil de extranjero son muy reducidas, en cuanto que el art. 27 C.C establece
que "los extranjeros gozan en España de los mismos derechos civiles que los españoles,
salvo lo dispuesto en las leyes especiales y en los Tratados".
Como restricciones pueden citarse las normas especiales referidas a la adquisición de
inmuebles, pertenencia de acciones de sociedades, inversiones de capital extranjero, etc.
La adquisición de la nacionalidad, atendiendo al hecho de que el de nacional no es un
estado civil definitivo, sino que puede cambiarse a lo largo de la vida de una persona,
puede ser originaria o derivativa. La originaria es la que se obtiene en el momento de
nacer, y la derivativa la que es resultado de un cambio posterior.
La determinación de quienes son nacionales originariamente se ha hecho, y se sigue
haciendo, en base a los criterios llamados del ius sanguinis que la atribuye a los hijos de
los que tienen esa cualidad, y del ius soli que tiene en cuenta el haber nacido en el
territorio nacional; aunque la fórmula que adoptan las legislaciones resulta de la
combinación de ambos criterios.
1) Originaria. Atribución de la nacionalidad española por nacimiento en España o filiación
(arts. 17 y 19 CC):
• Los nacidos de padre o madre españoles.
• Los nacidos en España de padres extranjeros si, al menos, uno de ellos hubiera nacido
también en España. Se exceptúan los hijos de funcionario diplomático o consular
acreditado.
• Los nacidos en España de padres extranjeros, si ambos carecieren de nacionalidad o
si la legislación de ninguno de ellos atribuye al hijo una nacionalidad.
• Los nacidos en España cuya filiación no resulte determinada. A estos efectos se
presumen nacidos en territorio español los menores de edad cuyo primer lugar
conocido de estancia sea el territorio español.
• El extranjero menor de dieciocho años adoptado por un español adquiere la
nacionalidad española desde la adopción.
• Si el adoptado es mayor de dieciocho años, podrá optar por la nacionalidad española
de origen en el plazo de dos años a partir de la constitución de la adopción.
A su vez, la adquisición derivativa de la nacionalidad española tiene los siguientes
supuestos:
2) Adquisición de la nacionalidad española por opción (art. 20 CC):
• Las personas que estén o hayan estado sujetos a la patria potestad de un español.
• Aquellas personas cuyo padre o madre hubiera sido originariamente español y
nacido en España.
• Aquel a quien se le haya determinado la filiación o el nacimiento en España después
de los 18 años de edad.
3) Por carta de naturaleza (art. 21.1 CC):
• Será otorgada discrecionalmente mediante Real Decreto, cuando en el interesado
concurran circunstancias excepcionales.
4) Por residencia (arts. 21 y 22 CC):
A. Según el art. 22.1 de la Ley 36/2002, de 8 de octubre de modificación del Código
civil, en materia de nacionalidad, para la concesión de la nacionalidad por
residencia "se requiere que ésta haya durado diez años. Serán suficientes cinco
años para los que hayan obtenido la condición de refugiado y dos años cuando se
trate de nacionales de origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas,
Guinea Ecuatorial o Portugal o de sefardíes.
B. Bastará el tiempo de residencia de un año para:
a. El que haya nacido en territorio español.
b. El que no haya ejercitado oportunamente la facultad de optar.
c. El que haya estado sujeto legalmente a la tutela, guarda o acogimiento de un
ciudadano o institución española durante dos años consecutivos, incluso si
continuare en esta situación el momento de la solicitud.
d. El que al tiempo de la solicitud llevare un año casado con español o española
y no estuviere separado legalmente o de hecho.
e. El viudo o viuda de española o español, si a la muerte del cónyuge no existiera
separación legal o de hecho.
f. El nacido fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que
originariamente hubieran sido españoles."

Requisitos comunes para la validez de la adquisición de la nacionalidad española por


opción, carta de naturaleza o residencia (art. 23 CC):
a) Que el mayor de catorce años y capaz para prestar una declaración por sí jure o
prometa fidelidad al Rey y obediencia a la Constitución y a las leyes.
b) Que la misma persona declare que renuncia a su anterior nacionalidad. Quedan a
salvo de este requisito los naturales de países mencionados en el apartado 1 del
artículo 24 y sefardíes originarios de España
c) Que la adquisición se inscriba en el Registro Civil español.
5) Por consolidación (art. 18 CC)
Se adquiere la nacionalidad por la posesión y utilización continuada durante diez años,
con buena fe y basada en un título inscrito en el Registro Civil. Se necesita haber
mantenido una utilización de la nacionalidad española, esto es, que se haya
comportado teniéndose a sí mismo por español tanto en el disfrute de sus derechos
como en el cumplimiento de sus deberes.
- En cuanto a la pérdida de la nacionalidad española de origen, se regula partiendo de
un principio que establece nuestra Constitución (art. 11, 1): que ningún español de
origen puede ser privado de su nacionalidad. Por ello, el régimen de la pérdida es
diferente según que en el sujeto se dé, o no, esta circunstancia (arts. 24 y 25 CC), y
se produce en los siguientes casos:
o Cuando la persona adquiere al mismo tiempo una nacionalidad distinta, y que
le obligue a renunciar a la española.
o Por sentencia definitiva, sólo para aquellas personas que han adquirido la
nacionalidad española (no para los españoles de origen, que sólo pueden
perder voluntariamente la nacionalidad, nunca de manera forzosa).
o Los ciudadanos españoles de origen pierden voluntariamente esta
nacionalidad cuando, residiendo habitualmente en el extranjero, adquieren
otra nacionalidad y transcurre un plazo de tres años desde la adquisición de
esta última.
La adquisición de la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas y
Portugal, no implica la pérdida automática de la nacionalidad española (en virtud de
los convenios de doble nacionalidad) (art. 24.2 CC.).
- La recuperación de la nacionalidad por los españoles que la hayan perdido se produce
cumpliendo los requisitos de residir legalmente en España (dispensable a los
emigrantes o sus hijos o en casos especiales), declaración ante el encargado del
Registro civil de su voluntad en este sentido, su renuencia a la que ostenten (salvo si
es de los países mencionados antes) y el de inscribir la recuperación en el Registro
civil (art. 26 Cc).
- Doble nacionalidad:
El artículo 11.3 CE establece que el Estado español podrá concertar tratados de doble
nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o
tengan una particular vinculación con España. Además, el mismo artículo de la
Constitución establece que en esos países con los cuales se tenga convenio de doble
nacionalidad, los españoles podrán adquirir aquella nacionalidad sin perder la
española, aunque allí no se reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco.
En base a esta previsión constitucional, se abre la posibilidad de que nacionales
españoles lo sean a la vez de uno de estos otros estados.
En la actualidad, España tiene tratados de doble nacionalidad con los siguientes Estados:
Colombia, Argentina, Perú, Ecuador, Chile, Bolivia, República Dominicana, Honduras, Costa
rica, Guatemala, Nicaragua y Paraguay.

La doble nacionalidad se obtendrá mediante un procedimiento normal de obtención


de la nacionalidad, en el que el interesado no deberá renunciar a su nacionalidad
anterior si es una de las señaladas anteriormente.

7.2. LA VECINDAD CIVIL


También la vecindad civil, que es el sometimiento a uno de los Derechos civiles
coexistentes en España, común o forales, constituye un estado civil de las personas; en
razón de ello, los españoles tendrán la vecindad civil común, la aragonesa, la balear, la
catalana, la gallega, la navarra o la vasca.
Es, por consiguiente, la existencia de los Derechos civiles forales o especiales (que
determinan el común) la que crea el estado civil así designado, y que repercute sobre la
capacidad de obrar de las personas, que cada uno configura de acuerdo con las normas
e instituciones que le son propias.
Hay que distinguir la vecindad civil de la pertenencia a una u otra Comunidad Autónoma,
que es una relación de Derecho público que liga a los españoles a una de las que
constituyen el Estado organizado por la Constitución de 1.978, e independiente de la
circunstancia de tener, o no, Derecho civil propio la Comunidad Autónoma de que se
trate; y también debe distinguirse de otra relación, igualmente de Derecho público, que
es la vecindad administrativa, derivada de ser la persona habitante de un municipio
determinado.
Como sucede con la nacionalidad, también la vecindad civil plantea problemas de
aplicación de la ley en el espacio; y a este propósito, dice el Código civil (art. 16) que los
conflictos de leyes que puedan surgir por la coexistencia de distintas legislaciones civiles
en el territorio nacional se resolverán según las normas contenidas en el Capítulo IV
(dedicado a las normas de Derecho internacional privado), con determinadas
particularidades que el mismo precepto establece.
También, como para la nacionalidad, el Código regula la adquisición (por filiación, por lugar de
nacimiento, por opción y por residencia), así como la pérdida y la recuperación de la vecindad
civil por extranjeros (arts. 14 y 15).
LA VECINDAD CIVIL CONCEPTO:
La vecindad civil es la circunstancia personal de los nacionales españoles que determina
la aplicabilidad, en cuanto ley personal suya, del Derecho del Código civil y las leyes civiles
de aplicación en todo el Estado, o los derechos civiles autonómicos o forales.
Establece el art. 14.1 CC. que “La sujeción al derecho civil común o al especial o foral se
determina por la vecindada civil”.
De acuerdo con el art. 149.1. 8ª C.E., la materia es competencia exclusiva del Estado.
Siempre que a una determinada situación deba aplicársele la ley, no del territorio en que
se desarrolla, sino la del sujeto a que se refiere, ésta será la que corresponda no sólo
según su nacionalidad, sino también según su vecindad civil.

ADQUISICIÓN Y PÉRDIDA EN GENERAL:


La vecindad civil puede ser originaria o derivativa.
Se adquiere por filiación, por nacimiento en el territorio de que se trate, por opción, por
residencia salvo declaración en contrario, o por residencia unida a la declaración de
voluntad de querer adquirirla, y por adquirir o recobrar la nacionalidad española.
La anterior vecindad se pierde por adquirir otra nueva o por perder la nacionalidad
española.

ADQUISICIÓN POR FILIACIÓN:


Los hijos adquieren la vecindad civil de los padres y el adoptado no emancipado, la de
los adoptantes (art. 14.2 C.c).
Puede que al nacer el hijo, o ser adoptado, los padres tengan distinta vecindad civil, en
tal caso corresponderá al hijo la de vecindad civil de aquel cuya filiación haya sido
determinada antes; en su defecto tendrá la del lugar del nacimiento; y en última
instancia, tendrá la vecindad de derecho común (ej. si nace fuera de España el hijo de
dos españoles de distinta vecindad civil).
En todos los casos anteriores los padres o el que de ellos ejerza o le haya sido atribuida
la patria potestad, podrán conferir al hijo la vecindad civil de cualquiera de ellos en los
términos del art. 14.3. párrafo 2º C.c.

ADQUISICIÓN POR LUGAR DE NACIMIENTO:


Si son desconocidos ambos padres se tiene la vecindad del territorio en que se ha nacido
(sin perjuicio de que se determine posteriormente la filiación de menor de dieciocho
años). Vid. art. 17.1. d) y 2 C.c.
ADQUISICIÓN POR OPCIÓN:
Art. 14.3 párrafo final CC: “En todo caso el hijo desde que cumpla catorce años y hasta que
transcurra un año desde su emancipación podrá optar bien por la vecindad civil del lugar de su
nacimiento, bien por la última vecindad de cualquiera de sus padres. Si no estuviere emancipado
habrá de ser asistido por el representante legal.”
Art. 14.4 CC “El matrimonio no altera la vecindad civil. No obstante, cualquiera de los cónyuges
no separados, ya sea legalmente o de hecho, podrá en todo momento, optar por la vecindad civil
del otro”.

Adquisición por residencia:


A) “Por residencia continuada de dos años siempre que el interesado manifieste ser esa
su voluntad” (art, 14.5.1º CC).
B) Automáticamente: “Por residencia continuada de diez años sin declaración en
contrario durante éste plazo” (art. 14.5.2º CC).
Según el art. 14.5 párrafo final, ambas declaraciones deben hacerse constar en el
Registro Civil y no necesitan ser reiteradas; es decir, una vez prestada declaración de
querer conservar la vecindad civil (de no querer adquirir la otra por el transcurso de diez
años) no es necesario reiterarla con independencia del tiempo transcurrido y los cambios
de residencia. Tampoco necesita reiterarse quien haya declarado su voluntad de adquirir
la misma vecindad (ver art. 65.2º y 3º LRC)
Por analogía con ap.3 del art. 22 CC la residencia debe ser “legal, continuada e inmediatamente
anterior a la petición” o adquisición automática.

PÉRDIDA Y RECUPERACIÓN DE LA VECINDAD CIVIL.


En la vecindad, no puede haber simple pérdida, sino sustitución, cambio: a menos que
se pierda la nacionalidad misma.
La vecindad civil se conserva mientras no se adquiera otra. No se pierde por faltar el
sujeto del territorio de su vecindad (a salvo lo establecido en el art 14.5.2º), ni se pierde
por residir en el extranjero mientras no se pierda la nacionalidad española; tampoco la
pierden los españoles que nunca han vivido en España.
Dice el art. 15.3 CC que “la recuperación de la nacionalidad española lleva consigo la de
aquella vecindad civil que ostentara el interesado al tiempo de su pérdida”
Además, quién ha perdido su vecindad de origen puede recuperarla de conformidad con
lo establecido en el art 14.5 CC (en realidad no estamos ante una recuperación de la
vecindad sino ante una nueva adquisición de la misma).

8. LOCALIZACIÓN DE LA PERSONA
8.1. EL DOMICILIO
El domicilio o sede jurídica de la persona, supone una relación entre persona y espacio,
que hace del lugar donde habitualmente reside aquélla el centro de sus actividades
jurídicas.
Es el lugar que la ley considera como centro o sede jurídica de la persona.
Se tratará de un lugar más o menos amplio, según sea preciso a la finalidad del precepto
que, en cada caso, se refiera al domicilio. Sirve a veces para indicar la vivienda que se
ocupa, o la población, o el distrito, o la región, o el país donde reside.
Quienes se relacionan con otra persona, no pueden depender, para el ejercicio de
cualquier derecho que ostenten frente a ella, de su hallazgo o localización en cada
momento.
El domicilio es importante a efectos de proteger una esfera privacidad y libertad;
ténganse en cuenta, en este sentido, el art 18.1 C.E., que reconoce el derecho a la
intimidad familiar, el art.18.2 C.E., que establece la inviolabilidad del domicilio, el art. 19
C.E., que establece que los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia.
Determinación del domicilio
La determinación, con criterio objetivo, de cuál sea la sede jurídica de cada persona, es
necesaria para establecer la competencia de Tribunales (competencia territorial del juez
al que pueda recurrir o ante el que se pueda demandar) u Organismos, y para otras
actuaciones jurídicas, incluso se hace necesaria para sustituir la notificación personal,
que tal vez el destinatario trate de evitar, o para la adquisición de vecindad civil, o de
nacionalidad.
Podemos distinguir domicilio real y domicilio legal:
- Domicilio real: Al domicilio basado en la residencia habitual se le denomina domicilio real.
Según el art. 40 CC “Para el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones
civiles, el domicilio de las personas naturales es el lugar de su residencia habitual, y en su
caso, el que determine la Ley de Enjuiciamiento Civil.”
Residencia habitual quiere decir residir en un lugar de modo normal y presumible para el
futuro próximo, manifestada por las circunstancias objetivas de su establecimiento y
modo de vida allí; no se requiere declaración de voluntad alguna ni llevar un tiempo de
habitación; es la casa, apartamento, o habitación que sirve de cobijo y de vivienda o de
establecimiento y centro de actividades de la persona.
Paradero es el lugar donde la persona se haya actualmente (en viaje, por unos días en
una ciudad...) sin necesidad de tener estabilidad alguna.
No hace domicilio civil de una persona el lugar de su vecindad administrativa, el que a
uno se le considere domiciliado administrativamente tampoco determina que ese sea su
domicilio civil, salvo que, como tanto el Derecho administrativo, como el civil, para fijar
el domicilio parten de la residencia habitual, el civil (real) coincidirá con el administrativo,
pero no se derivará de éste.

8.2. LA DECLARACIÓN DE AUSENCIA


En sentido técnico la persona está ausente, no cuando simplemente no ésta presente o
falta de su domicilio o residencio, sino cuando, habiendo desaparecido se carece de
noticias suyas., habiendo desaparecido se carece de noticias suyas.
La Ausencia Legal se regula en el CC distinguiéndose tres fases:ç
1. Medidas Provisionales, (defensa del desaparecido).
Según art. 181 CC desaparecida una persona de su domicilio o del lugar de su última
residencia, sin que se tengan noticias de esa persona, el juez, a instancia de parte
interesada o del Ministerio Fiscal, podrá nombrar un defensor que represente al
desaparecido en juicio o en aquellos negocios que no admitan retraso sin que se
cause perjuicio.
En sentido técnico la persona está ausente, no cuando simplemente no ésta presente
o falta de su domicilio o residencio, sino cuando, habiendo desaparecido se carece
de noticias suyas, habiendo desaparecido se carece de noticias suyas.
Cuando una persona desaparece sin dejar rastro, sin que sus familiares conozcan su
situación o paradero, la ley permite que éstos puedan solicitar al juez que declare al
desaparecido ausente a fin de poder adoptar medidas destinadas a proteger sus
bienes y derechos.
Mientras se tramita el procedimiento, el juez puede nombrar a un defensor judicial
para proteger los intereses del desaparecido en aquellos negocios que sean
urgentes.

2. Declaración de ausencia. La ausencia legal.


Cuando la situación del desaparecido se prolonga, hay que valorar, además de los
intereses del desaparecido, los derechos de otras personas como el cónyuge o los
acreedores, y por eso se regula la ausencia como una situación más estable.
Requisitos para que proceda la declaración de ausencia legal:
1) Que una persona haya desaparecido.
2) Que haya transcurrido:
A. Un año desde la desaparición o de las últimas noticias, si el desaparecido no
había nombrado un representante con facultades de administración de
todos sus bienes.
B. Tres años desde la desaparición o últimas noticias, si el desaparecido había
nombrado un representante con facultades de administración de todos sus
bienes, pero la extinción del apoderamiento determina la ausencia legal
pues, al producirse, se ignora el paradero del desaparecido y ha trascurrido
un año desde que se tuvieron las últimas noticias y, en su defecto, desde la
desaparición (art.183.C.c).
3) Que se produzca la declaración judicial de ausencia.
Naturaleza.
La ausencia repercute en las relaciones de la persona; su patrimonio pasa a ser
administrado por un representante, su situación familiar se altera (pierda de la patria
potestad sobre los hijos, cesa la tutela que viniese desempeñando, etc.) pero la
ausencia no supone una modificación del estado civil de la persona ni una
modificación de su capacidad de obrar.

3. Declaración de fallecimiento.
Consiste en la fijación judicial de la fecha en la que se estima ha fallecido una
persona, y que crea efectos parcialmente coincidentes con la inscripción de
defunción.
Regulación: arts. 193 a 197 CC.
Efectos de la declaración de fallecimiento:
1)Por la declaración judicial de fallecimiento cesa la situación de ausencia legal, pero hasta
ese momento se presume que el declarado fallecido ha vivido.
La declaración de fallecimiento debe expresar la fecha a partir de la cual se entiende
ocurrida la muerte (art. 195 CC).
2)Firme la declaración judicial de fallecimiento, el patrimonio del ausente se convierte en
herencia y por tanto, se abre su sucesión y se transmitirán los bienes a quien proceda.
3)Se extinguen las relaciones familiares que subsistiesen, se disuelve la sociedad
matrimonial de bienes, y si no se había producido la cesación por ausencia, cesa la patria
potestad, y la presunción de que los hijos de la mujer son matrimoniales, etc.

Fin de la situación producida por la declaración de fallecimiento:


Esto ocurrirá:
1) Cuando aparece el desaparecido.
2) Cuando se prueba su muerte.
En caso de que aparezca (art. 197) recobrará todos sus bienes en el estado en que se encuentren,
y si hubieran sido vendidos, recobrará el precio o los bienes que con ese precio se hayan
adquirido, pero no tendrá derecho a percibir los frutos. Si tiene hijos menores de edad
readquiere la patria potestad sobre los mismos. Si se constata la muerte cesan las limitaciones
establecidas a los herederos en el art. 196 CC.

9. EL REGISTRO CIVIL
9.1. REGULACIÓN ACTUAL
La necesidad de acreditar los hechos relativos al estado civil de las personas, dando
seguridad y certidumbre al tráfico jurídico y de facilitar el conocimiento de estos hechos
a los que puedan estar interesados en ello, es la finalidad del Registro Civil.
El Registro Civil es un servicio formado por un conjunto de libros u oficina pública en los
que se anotan e inscriben solemne y públicamente hechos relativos al estado civil de las
personas. Se rige por la Ley del Registro Civil de 8 de junio de 1.957 (LRC), Reglamento
de 14 de noviembre de 1958 (RRC), y arts. 325 a 332 CC, que han sufrido numerosas
modificaciones hasta la entrada en vigor completa (30 junio 2018) de la Ley 20/2011, de
21 de julio del Registro Civil (BOE de 22 de julio).
Según el art. 1 LRC en el Registro Civil se inscriben los hechos concernientes al estado
civil de las personas y aquellos otros que determina la Ley.
Organización del Registro Civil:
Secciones:
El Registro Civil se divide actualmente en cuatro secciones:
- La primera, de Nacimientos y general;
- La segunda, Matrimonios;
- La tercera, Defunciones;
- La cuarta, Tutelas y representaciones legales.
Órganos:
El Registro Civil depende del Ministerio de Justicia. Todos los asuntos a él referentes
están encomendados a la Dirección General de los Registros y del Notariado.
Actualmente los asientos, certificaciones y actuaciones del Registro Civil corresponden
a los Jueces y Magistrados Encargados del Registro Civil y, por delegación, a los
secretarios judiciales (hasta la entrada en vigor de la Ley 20/2011).
¿Qué se inscribe en el Registro Civil?
En el Registro Civil se inscriben:
- El nacimiento.
- La filiación.
- El nombre y apellidos y cambios sobre los mismos.
- La emancipación y habilitación de edad.
- Las modificaciones judiciales de la capacidad de las personas o que éstas han sido
declaradas en concurso, quiebra o suspensión de pagos.
- Las declaraciones de ausencia o fallecimiento.
- La nacionalidad y vecindad.
- La patria potestad, tutela y demás representaciones que señala la Ley.
- El matrimonio
- La defunción
Efectos de la inscripción en el Registro Civil:
El Registro Civil constituye la prueba de los hechos inscritos. Sólo en los casos de falta
de inscripción o en los que no fuera posible certificar (obtener certificación) el asiento
se admitirán otros medios de prueba, pero en el primer supuesto será requisito
indispensable para su admisión que, previa o simultáneamente, se haya instado la
inscripción omitida o la reconstitución del asiento.
El registro de los hechos inscribibles se lleva a cabo por medio de asientos practicados
en uno de los cuatro libros en que se divide el Registro, en base a declaraciones
complementadas con documentos auténticos (notariales, judiciales o administrativos).
Publicidad del Registro Civil:
El registro es público para quienes tengan interés en conocer los asientos; y ese interés
se presume en quien solicita una certificación que expide el Encargado y que tiene un
carácter de documento público.
El Registro Civil es público salvo en determinados casos, que impiden que se dé
publicidad sin autorización especial
La publicidad se realiza:
- Por manifestación y examen de los libros, previa autorización de su Encargado.
- Por certificación de los asientos.

9.2. REFORMA DEL REGISTRO CIVIL POR LA LEY 20/2011


La reforma del Registro Civil por Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil (BOE de
22 de julio) que entraría en vigor a los tres años de su publicación, plazo que se ha
prorrogado hasta el 30 de junio de 2018.
La principal innovación es la informatización del Registro Civil, con las siguientes
consecuencias:
a) Instauración de un único folio personal para cada individuo (suprimiendo las
anteriores 4 secciones del Registro) en el que constarán todas las circunstancias de
la persona.
b) Se sustituye el Registro de hechos por un Registro Civil de personas y cada ciudadano
tendrá una ficha personal individual única, donde constará todo su historial civil
(nacimientos, matrimonios, fallecimientos, etcétera) desde su nacimiento.
c) Con la inscripción de nacimiento se le asignará un Código Personal de Ciudadanía
(una secuencia alfanumérica) único e invariable.
d) Los libros físicos (incluido el Libro de Familia) serán sustituidos por una base de datos
electrónica común y única para toda España.
e) El ciudadano no tendrá que ir personalmente al Registro, ya que la gran mayoría de
los trámites se realizarán directamente, como, por ejemplo, el envío electrónico de
la información necesaria para las inscripciones por parte de los hospitales
(nacimientos, defunciones, etcétera), de los Ayuntamientos (matrimonios), de los
juzgados o de las notarías.
f) Las certificaciones podrán solicitarse y recibirse también por Internet.
g) Datos con publicidad restringida
1) La filiación adoptiva y la desconocida.
2) Los cambios de apellido o de identidad autorizados por violencia de género.
3) La rectificación del sexo.
4) Las causas de privación o suspensión de la patria potestad.
5) El matrimonio secreto.
Sólo el inscrito o sus representantes legales podrán acceder o autorizar a terceras personas
la publicidad de los asientos que contengan estos datos.

h) El Registro Civil será único para toda España y tendrá varias oficinas en cada
Comunidad Autónoma
i) Organización. La responsabilidad de gestión del Registro Civil se ha diferido hasta su
entrada en vigor definitiva, aunque hubo una primera atribución a los Registradores
de la Propiedad y Mercantiles. El Registro Civil en todo caso pasa a configurarse como
órgano administrativo, dependiente del Ministerio de Justicia, cuyas decisiones,
lógicamente, estarán sometidas a control judicial.

IV. LAS PERSONAS JURÍDICAS EN EL DERECHO CIVIL


1. ASPECTOS GENERALES
La organización social actual supone la existencia de una enorme y variada serie de
organizaciones a las que se reconoce autonomía y capacidad de autoorganización; muchas
finalidades humanas no su pueden conseguir por el hombre aislado, o bien se consiguen
mejor cooperando varias personas en grupo. Estas organizaciones o agrupaciones de
personas físicas (o de bienes en el caso de las fundaciones) que requieren para el
cumplimiento de sus fines ser consideradas como sujetos de Derecho, se denominan
personas jurídicas o morales.
Persona jurídica es la organización permanente o estable encaminada a la consecución de un
fin digno de protección, que constituye una entidad independiente y separada de sus
miembros y de quien la creó y que tiene la condición de sujeto de derechos.
Nuestro Código civil utiliza expresamente la denominación de “personas jurídicas” como
rúbrica del Capítulo II del Título II del Libro I. Sin embargo, la admisibilidad de la categoría
general no excluye la necesidad de diversificar y distinguir entre los diversos tipos de
personas jurídicas, como el propio Código civil hace

Clases (Hay diferentes clases de personas jurídicas, y se agrupan de acuerdo con varios criterios) :
o De Derecho público y de Derecho privado, según que formen parte, o no, de la
organización administrativa pública. Las de Derecho privado son las que no forman
parte de la Administración, cayendo fuera del ámbito de las condiciones y competencias
propias de los órganos públicos: una sociedad mercantil, una asociación deportiva o
cultural, etc.
o De interés público y de interés privado, según que los fines que persigan sean promover
el bien común en cualquiera de sus manifestaciones (la promoción de discapacitados, por
ej.) o un beneficio o provecho particular para los asociados (por ej. una sociedad
mercantil).

o De tipo asociación o de tipo fundación, según que prevalezca en ellas el elemento


personal, los asociados, que son los que dispondrán sobre sus fines, estructura,
patrimonio, etc.; o prevalezca el fin marcado por el fundador, para cuya consecución ha
destinado un capital, y a su servicio están las personas que en ella se puedan integrar
(patronos, cooperadores, etc.).
Esta es la clasificación de mayor trascendencia en el ámbito del Derecho privado.

1.1. LA ESTRUCTURA BÁSICA DE ASOCIACIONES Y FUNDACIONES


El párrafo primero del artículo 35 enuncia la existencia en nuestro sistema jurídico de
tres tipos fundamentales de personas jurídicas:
1) Corporaciones
2) Asociaciones
3) Fundaciones
La contraposición entre asociaciones y fundaciones se encuentra perfectamente
fundada, en cuanto ambos tipos de personas jurídicas tienen un componente básico
sustancialmente diferente: la asociación es un conjunto de personas unidas por la
consecución de un fin; la fundación, en cambio, es un conjunto de bienes (un patrimonio)
adscrito a un fin. Por supuesto, que lo dicho no obsta a que la asociación,
conceptualmente, requiera también la existencia de patrimonio social; ni a que el
funcionamiento efectivo de las fundaciones presuponga la colaboración de ciertas
personas naturales, encargadas de la gestión

1.2. LAS CORPORACIONES: LAS PERSONAS JURÍDICAS PÚBLICAS


Las personas jurídicas denominadas por el Código Civil corporaciones son básicamente
asociaciones, ya que su componente personal es la nota más destacada; por tanto, su
consideración como grupo autónomo se asienta en un dato formal: su creación o
reconocimiento por ley (art. 37Cc.). En tal sentido, el Código civil utiliza el término
corporaciones para referirse a todas las personas jurídico-públicas que deben su
nacimiento al propio impulso de la Administración Pública.

1.3. EL INTERÉS PÚBLICO DE LAS ASOCIACIONES Y FUNDACIONES


El art. 35 Cc., en su primer párrafo exige que tanto las corporaciones cuanto las
asociaciones y fundaciones sean “de interés público reconocidas por la ley”.
Evidentemente, esto no significa que las asociaciones y fundaciones dejen de ser
personas jurídico-privadas en sentido propio, sino sólo que los fines perseguidos por ellas
han de ser de “interés general”, como textualmente indica el artículo 34.1 CE para las
fundaciones. Genuinamente, pues, las asociaciones y las fundaciones han de ser
consideradas privadas, en el sentido de que, una vez permitidas legalmente, la iniciativa
de su creación o constitución corresponde, por principio, a los particulares.
Por tanto, la exigencia de que las personas jurídico-privadas sean “de interés público” no
puede ser interpretada en el sentido de que las fundaciones o asociaciones deban tener
por objeto la satisfacción de fines públicos o la atención de servicios públicos, como
ocurre con las corporaciones, sino sólo como presupuesto de la admisibilidad de
aquéllas. El ordenamiento jurídico no puede consagrar la existencia de personas jurídicas
cuyos objetivos sean contrarios a los intereses generales de la comunidad.

1.4. ASOCIACIONES Y SOCIEDADES: EL INTERÉS GENERAL Y PARTICULAR


Una vez enunciado en el primer párrafo del art. 35 Cc el requisito del interés público de
las asociaciones, reconoce como personas jurídicas, en su párrafo segundo, las
asociaciones de interés particular.
En realidad, tales asociaciones de interés particular constituyen un subtipo de la figura
de la asociación propiamente dicha: las sociedades que (sean civiles, mercantiles o
industriales) tiene por objeto conseguir un lucro o ganancia repartible entre los socios.
La idea de lucro es extraña a las asociaciones y precisamente por contraposición, las
sociedades pueden ser calificadas como “de interés particular”.
Las asociaciones de interés privado con fin lucrativo reciben el nombre de sociedades
civiles o mercantiles.
Las asociaciones, en sentido amplio, están constituidas por un conjunto de personas que
se reúnen dotándose de una organización, con la intención de conseguir un determinado
fin. El derecho de asociación lo garantiza el art. 22 CE. Tienen unos elementos, que se
agrupan distinguiendo los materiales y los formales.
Dentro de los elementos materiales están:
- Una agrupación de personas, es decir dos o más (arts. 1.665 C.c. y 116 C.comercio.
para las sociedades), tres o más según la Ley de asociaciones, tres o cinco para las
cooperativas en general.
- Un patrimonio, distinto al de sus asociados, compuesto por una aportación de
dinero, bienes o industria (trabajo) (arts. 1.665 C.c. y 116 C.comercio. para las
sociedades), así como los elementos del activo y del pasivo que se les incorporen
posteriormente.
- Una finalidad, común, que deberá tener carácter lícito (los de carácter delictivo
provocan la ilegalidad, según el art. 22 de la Constitución), lo que se presume salvo
prueba en contrario. Los Códigos civil y de comercio se refieren al fin de lucro, al
ánimo de partir entre sí, las ganancias.
Y dentro de los elementos formales:
- Unas reglas de funcionamiento, para la actuación de su estructura, que se
establecerán en los estatutos originaria o posteriormente.
- Publicidad de su constitución y de sus acuerdos. Impuesta en la Constitución (art.
22.3.) y en las leyes que regula cada clase, materializada a través de Registros.

2. RÉGIMEN JURÍDICO BÁSICO DE LAS PERSONAS JURÍDICAS


2.1. PERSONALIDAD Y CAPACIDAD DE OBRAR
Las personas jurídicas regularmente constituidas adquieren capacidad jurídica y de obrar
desde el mismo momento de su constitución. A semejante esquema responde el artículo
37 Cc, que establece que “la capacidad civil de las corporaciones se regulará por las leyes
que las hayan creado o reconocido; la de las asociaciones por sus estatutos, y la de las
fundaciones, por las reglas de su institución.
El Código civil atribuye a las personas jurídicas exclusivamente capacidad patrimonial y
capacidad procesal. No obstante, la imprecisión de su planteamiento y, sobre todo, la
remisión a las normas específicas de cada tipo debe llevar a la conclusión de que, en
principio, la capacidad de las personas jurídicas es tendencialmente general y que sólo
debe verse limitada cuando una norma legal así lo disponga o cuando una determinada
posición jurídica quede reservada en exclusiva a las personas naturales (no tiene
capacidad para testar, por ej.)
La persona jurídica puede, adquirir y poseer bienes de todas clases, contraer
obligaciones y ejercitar acciones civiles o criminales conforme a las leyes y reglas de su
constitución. Y deben responder extracontractualmente de los daños que sus
representantes u órganos hayan podido causar a terceros.

2.2. ÓRGANOS Y REPRESENTACIÓN


Existen unos órganos compuestos por personas físicas que, en nombre y representación
de la persona jurídica, realizan las actividades precisas para alcanzar el fin propuesto. Los
actos realizados por los órganos de la persona jurídica vinculan a ésta, a todos los efectos,
arrastrando hacia ella todas las consecuencias jurídicas. Legalmente, quien actúa es la
persona jurídica. En cuanto a la representación, las personas jurídicas actúan a través de
dichos órganos, cuya actividad tiene una doble proyección: la interna (órganos
administrativos de las personas jurídicas, cuya función no trasciende al exterior), y la
externa (órganos de representación cuya función trasciende al exterior, en sus relaciones
con terceras personas).
2.3. EXTINCIÓN DE LAS PERSONAS JURÍDICAS
Variará dependiendo de las características y circunstancias de cada clase de persona
jurídica. La extinción de la persona jurídica podrá efectuarse con la muerte del socio sino
de causa prevista en su constitución o por la disolución conforme a su ley específica. Los
modos comunes de extinción son los siguientes (art. 39 Cc): -Expiración del plazo previsto
para su duración, si éste se fijó. - Realización o consecución del fin para el cual se
constituyó. -Imposibilidad de lograr el fin social. -Disolución por voluntad de los socios.
2.4. DOMICILIO Y NACIONALIDAD
1. Domicilio (art. 41 Cc). Nuestra legislación civil establece tres criterios a efectos de
fijación del domicilio de las personas jurídicas:
- En primer lugar, hay que atender al determinado por la ley que las haya creado o
reconocido.
- En segundo lugar, tendrán el domicilio en el lugar donde se encuentre establecida su
representación legal.
- Por último, ya falta de los criterios anteriores, el domicilio será el del lugar donde la persona
jurídica ejerza sus principales funciones.

2. Nacionalidad (arts. 9.11 y 28 Cc): No basta con que la persona jurídica tenga su
domicilio en territorio español, sino que se precisa, además, que se constituya con forma
a la ley española. Las personas jurídicas domiciliadas en el extranjero tendrán en España
la consideración y los derechos que determinen los tratados o leyes especiales.

3. LEGISLACIÓN DE ASOCIACIONES Y FUNDACIONES


3.1. ASOCIACIONES
La asociación es un conjunto de personas físicas o jurídicas organizado que se comprometen a
poner en común conocimientos, medios y actividades para conseguir unos fines lícitos, comunes,
de interés general o particular. Su legislación aplicable general: art. 22 C.E. y Ley Orgánica 1/2002,
de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación (B.O.E. nº 73, de 26 de marzo de 2002).
La Exposición de Motivos de la citada Ley se refiere a la importancia que tienen las asociaciones
para la conservación de la democracia, en cuanto que al organizarse, los ciudadanos se dotan de
medios más eficaces para hacer llegar su opinión sobre los diferentes problemas de la sociedad
a quienes toman las decisiones políticas.

3.1.1. ÁMBITO DE APLICACIÓN DE LA LEY


Se rigen por esta Ley todas aquellas asociaciones que no tengan fin de lucro y que no
estén sometidas a un régimen asociativo específico. Poseen un régimen específico: los
partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones empresariales, las iglesias,
confesiones y comunidades religiosas, las federaciones deportivas, las asociaciones de
consumidores y usuarios, y cualesquiera otras reguladoras por Leyes especiales.
3.1.2. PRINCIPIOS
a) Todas las personas tienen derecho a asociarse libremente para la consecución de fines
lícitos; nadie puede ser obligado a constituir una asociación o a integrarse en ella.
b) Libertad de asociarse o de crear asociaciones, sin necesidad de autorización previa.
c) La organización interna y el funcionamiento deben ser democráticos, con pleno respeto
al pluralismo.
d) Las personas jurídicas pueden asociarse entre sí, o con particulares, siempre que lo hagan
en igualdad de condiciones con éstos, para evitar una posición de dominio.
e) Se prohíben las asociaciones secretas y las de carácter paramilitar.

3.1.3. CONSTITUCIÓN
a) Se requiere un acuerdo adoptado por un mínimo de tres o más personas físicas o
jurídicas.
b) El acuerdo de constitución, que incluirá la aprobación de los Estatutos, se formalizará
mediante acta fundacional; con ésta la asociación adquiere su personalidad jurídica y
plena capacidad de obrar, sin perjuicio de la necesidad de su inscripción. Dicha acta
deberá ser firmada por los promotores.
c) Los Estatutos o normas de funcionamiento y organización de la asociación deberán
contener entre otros los siguientes extremos: denominación, domicilio, duración, fines y
actividades, derechos y obligaciones de los socios, régimen de administración,
patrimonio inicial, causas de disolución…
d) Los beneficios obtenidos por las asociaciones, derivados del ejercicio de actividades
económicas, deberán dedicarse exclusivamente al cumplimiento de los fines estatutarios,
sin que quepa el reparto entre los asociados.
e) Toda asociación deberá inscribirse en un Registro de Asociaciones a los solos efectos de
su publicidad (Registro Nacional o Autonómico en función del ámbito territorial en que
vaya a desarrollar sus funciones). Estos Registros son públicos.

3.1.4. ORGANIZACIÓN
La Asamblea General, integrada por los asociados, es el órgano supremo de gobierno de
la asociación. Sus acuerdos se adoptan por el principio mayoritario, y deberá reunirse, al
menos, una vez al año.
Además, existirá un órgano de representación, designado por la Asamblea, que gestione
y represente los intereses de la asociación (anteriormente se denominaba Junta
Directiva).

3.1.5. DISOLUCIÓN
Sólo pueden ser suspendidas o disueltas, y por resolución judicial motivada, las
asociaciones delictivas, secretas o clandestinas, de carácter paramilitar o que promuevan
la discriminación racial. La asociación también puede extinguirse por las causas previstas
en los Estatutos y por la voluntad de los asociados
3.2. FUNDACIONES
Son personas jurídicas sin ánimo de lucro creadas por la voluntad de una o varias personas
(fundador) que las dotan de un patrimonio adscrito a un fin de carácter general y que se rigen
por la voluntad de su fundador, sus Estatutos y la Ley. Son reconocidas por la C.E. cuyo art. 34
establece “el derecho de fundación para fines de interés general”. Se rigen por la Ley 50/2002, de
26 de diciembre, de Fundaciones (ley estatal, ya que varias Comunidades Autónomas cuentan con sus propias
leyes autonómicas; en Aragón no hay ley autonómica).
Se constituyen por un acto jurídico privado, unilateral, gratuito e irrevocable, tanto por personas
físicas como jurídicas; y ese acto puede ser inter vivos o mortis causa (testamento). El fundador
deberá dotarla de un patrimonio propio afectado a la realización de un interés general (idea de
altruismo), que se presumirá suficiente si alcanza los 30.000 euros en bienes y derechos, y de
unos Estatutos que son las normas por las que se regirá.
La fundación se constituye mediante escritura pública y adquiere personalidad jurídica desde su
inscripción en el Registro de Fundaciones.

3.2.1. ORGANIZACIÓN
a) Se rigen por un Patronato, formado por un mínimo de tres personas, que ejercen el cargo
de manera gratuita; es el órgano de gobierno, administración del patrimonio y
representación, debiendo cumplir los fines fundacionales señalados para la misma.
b) El Protectorado es otro órgano necesario: dado el interés público de las mismas
(educativo, cultural, social, etc.) a la Administración le corresponde ejercerlo a través de
una actividad administrativa externa de control e inspección de la fundación. Vela por el
correcto ejercicio del derecho de fundación y por la legalidad de la constitución y
funcionamiento de las fundaciones. Se reduce su papel, y el de intervención de los
poderes públicos en las fundaciones, sustituyéndose la exigencia de la anterior legislación
de una autorización previa del Protectorado, por la simple comunicación de los actos y
negocios jurídicos realizados.

3.2.2. CAPACIDAD Y FUNCIONAMIENTO


Desde su inscripción en el Registro de Fundaciones, tiene plena capacidad de obrar,
pudiendo administrar sus bienes, venderlos o adquirir otros, aceptar herencias y
donaciones, realizar actividades económicas y participar en actividades mercantiles e
industriales (los beneficios se deben destinar a los fines de interés general de la
fundación), debiendo, en todo caso, destinar el 70% al menos de sus ingresos netos a
fines fundacionales y el resto de incrementar la dotación fundacional.
Las fundaciones se extinguen cuando concurra una causa prevista en el acto de
constitución, en los estatutos o en las leyes, y por las causas generales de extinción de
las personas jurídicas.

BIBLIOGRAFÍA:
- LASARTE, Carlos: Compendio de Derecho de la persona y del patrimonio. Trabajo Social y Relaciones Laborales, Madrid, Dykinson, 2017, capítulos 1 a 9.
LACRUZ BERDEJO, José Luis: Nociones de Derecho Civil Patrimonial e Introducción al Derecho.(Revisada y puesta al día por Jesús Delgado Echeverría y
María Ángeles Parra Lucán) Editorial Dykinson, Madrid, 2012, pp. 79-97.
DELGADO ECHEVERRÍA, Jesús, (Director) y PARRA LUCÁN, María Ángeles (Coordinadora), Manual de Derecho civil aragonés (3ª y 4ª edición), Zaragoza, El
Justicia de Aragón, 2012.
TEMA 4: DERECHO DE FAMILIA.
PARENTESCO. OBLIGACION DE ALIMENTOS

I. FAMILIA Y DERECHO DE FAMILIA


En una primera aproximación, podemos entender por familia el grupo de personas unidas entre sí por
los vínculos derivados del matrimonio, o del parentesco de consanguinidad (o, en su caso de adopción).
Actualmente el concepto de familia se restringe para dar lugar a lo que se denomina familia nuclear,
formada exclusivamente por los cónyuges y los hijos bajo su cuidado, a partir de ellos, se extiende al
resto de parientes (abuelos, hermanos, tíos, primos), que forman la familia troncal o, extensa.
Así, los factores que se toman en consideración son la existencia de matrimonio (es decir la
conyugalidad), el parentesco (de consanguinidad, o eventualmente de adopción) y, a determinados
efectos, pero con creciente relevancia, la convivencia.
Algunos autores a la familia nuclear basada en el matrimonio, otros modelos familiares:
a) Las llamadas familias de hecho, en las que los padres convivientes no están casados entre sí,
fundadas en la consanguinidad y la convivencia, lo que origina un tejido incompleto de relaciones
jurídicas entre los miembros de la familia.
b) Las familias monoparentales, en las que un solo progenitor convive con sus hijos. Como las causas
por las que se ha producido esta situación son distintas, las familias monoparentales presentan
puntos en común, pero problemáticas jurídicas y sociales bien distintas.
c) Las familias reconstruidas, o reconstituidas, que son las derivadas de una segunda unión, sea o no
matrimonial, tras la disoluci6n de una unidad familiar previa. En ellas la consanguinidad no se da del
mismo modo entre todos los miembros de la familia, y la conyugalidad puede o no estar presente,
en función de la existencia, en el pasado o en la actualidad, de matrimonio. Las relaciones sociales
y jurídicas son complejas, ya que pueden concurrir, además, con relaciones familiares procedentes
de la unión anterior, ya sea por consanguinidad o por matrimonio.
Mas exacto que hablar de ella en singular, como género de una institución única y universal, sería mejor
hablar de familias, en plural, para designar modelos con arreglo a los cuales los grupos humanos se han
organizado históricamente.
El Estado regula los diversos aspectos de trascendencia pública de la familia en base a las normas del
llamado Derecho de familia. Siguiendo al profesor FERRARA podemos definir el Derecho de familia como
el complejo de normas jurídicas que regulan las relaciones personales y patrimoniales de los
pertenecientes a la familia entre si y respecto a los terceros. Por tanto, será objeto del Derecho de familia
todo lo relativo a relaciones familiares, alimentos, matrimonio, régimen económico matrimonial,
filiación, relaciones paternofiliales, e instituciones tutelares.
La protección de la familia es un mandato constitucional (art. 39 C.E.) y el conjunto de normas que la
regulan conforma el Derecho de familia integrado por tres partes diferenciadas:
a) El tratado del matrimonio, que abarca los presupuestos y formalidades de su celebración, las
relaciones personales y patrimoniales entre los cónyuges y la relajación (separación de los
cónyuges) y disolución del vínculo conyugal creado.

99
b) El Derecho parenteral o de parentesco, que comprende las diversas clases de filiación, las relaciones
entre padres e hijos y la llamada obligación de alimentos entre los parientes.
c) El estudio de las instituciones de menores e incapacitados, como la tutela y la curatela, que prevén
las situaciones de desprotección de menores e incapacitados por inexistencia o desaparición de los
padres.
Entre los principios básicos que establece la Constitución de 1978 respecto a la familia, cabe destacar:
1. Establece la absoluta igualdad entre marido y mujer respecto al matrimonio (art.32.1).
2. Al declarar la aconfesionalidad estatal (art. 16.3), atribuye al poder civil la regulación del
matrimonio, lo que supone delegar en el legislador ordinario la posibilidad del divorcio o del
matrimonio entre personas del mismo sexo.
3. Establece la absoluta igualdad ante la ley de los hijos matrimoniales y extramatrimoniales, y los
consiguientes deberes de los padres en cualquiera de ambos casos (art. 39 2 y 3).
4. A efectos de determinar la filiación, ordena al legislador ordinario regular la investigación de la
paternidad (art. 39.2, in fine).
El Derecho de familia está comprendido fundamentalmente en el Código civil, pero también
encontramos normas referentes a la familia en la Constituci6n. En aspectos procesales, hay que tener
en cuenta la Ley de Enjuiciamiento Civil (LEC) de 7 de enero de 2000, especialmente en sus arts. 748 a
751 (procesos sobre capacidad, filiación, matrimonio y menores). Recientemente se han modificado
estas materias dado que se han publicado las siguientes leyes:
a) la Ley 15/2015, de 2 de julio, de la Jurisdicci6n Voluntaria (en vigor desde el 23 de julio de 2015).
b) la Ley 19/2015, de 13 de julio, de medidas de reforma administrativa en el ámbito de la
Administración de Justicia y del Registro Civil (en algunas materias, en vigor desde el día 15 de
octubre de 2015).
c) y, la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la
adolescencia (en vigor desde el 18 de agosto de 2015).
También se ha producido una extensa legislación en materia de Derecho de familia en los derechos civiles
autonómicos de origen foral. En Aragón, las leyes relativas a Derecho de familia eran la Ley de Régimen
Económico matrimonial y Viudedad de 2003 y la Ley de Derecho de la Persona de 2006, la Ley de igualdad
en las relaciones familiares ante la ruptura de convivencia de los padres de 2010 y la Ley de parejas
estables no casadas de 1999, refundidas ahora en el Decreto Legislativo 1/2011, de 22 de marzo, del
Gobierno de Aragón, que aprueba el Texto Refundido de las Leyes civiles aragonesas bajo el título de
“Código del Derecho Foral de Aragón” (BOA 29/03/2011) (en adelante, CDFA), que regula el Derecho de
familia en el libro II (arts. 183 a 315) y algunas cuestiones sobre efectos de la ruptura de la convivencia
de los padres con hijos a cargo e instituciones tutelares en el libro I (arts. 75 a 169). También afecta a
aspectos civiles la Ley 12/2001, de 2 de julio, de la infancia y la adolescencia en Aragón (BOA n° 86, de
20 de julio).
Caracteres del Derecho de familia:
a) Marcado carácter ético: Sus normas básicas proceden, más que del campo del Derecho positivo, de
la ética, pues la familia es una institución social que tiene una existencia previa y que el Derecho
acepta, reconoce y regula. Normas éticas que al ser aceptadas y reguladas por el Derecho, pasan a
ser jurídicas.

100
b) Prevalencia de las relaciones personales y del interés supraindividual o social sobre los patrimoniales.
c) Limitada autonomía de la voluntad: Existe una mayor presencia de normas imperativas en el
Derecho de familia, y los derechos familiares se han configurado comúnmente como indisponibles,
intransmisibles, irrenunciables e imprescriptibles.
d) Los derechos derivados de la relación familiar son recíprocos, pero en algunos casos se refieren a
relaciones de superioridad y relativa dependencia (relaciones paternofiliales, tutela), por lo que las
posiciones jurídicas dentro del grupo familiar se configuran como potestades o funciones, de tal
modo que el tiene un derecho tiene paralelamente un deber, pudiendo actuar sobre otras personas
en el ejercicio de esa posición superior.

II. EL PARENTESCO
El parentesco es la relación familiar que vincula a unas personas con otras. Es la relación jurídica que se
da entre personas que o descienden unas de otras (parentesco en línea recta), o tienen un ascendiente
común (parentesco en línea colateral),
Regulación civil: arts. 915 a 923 Cc.
Clases:
Parentesco natural o de consanguinidad, por vínculos de sangre, se da entre aquellas personas que
descienden biológicamente unas de otras (hijo del padre, padre del abuelo), o tienen un antepasado
común (dos primos del mismo abuelo, etc.). Puede ser matrimonial o extramatrimonial.
Parentesco civil o legal, se produce por la adopción, y relaciona al adoptante, el adoptado y sus
descendientes. Ver arts. 108.2 y 176 Cc.
Parentesco de afinidad, que es el vínculo o relación existente entre un cónyuge y los parientes
consanguíneos del otro (cufiado o cufiada, el suegro o la suegra, el yerno o la nuera).
El Cc. no regula sistemáticamente la afinidad, ni define el concepto de parentesco por afinidad, pero,
aunque algunos autores no lo reconocen -o no le dan importancia-, nuestro ordenamiento jurídico
recoge algunos preceptos que lo tienen en cuenta en el Código civil (por ej.: art. 175.3.2°, adopción; arts.
681 y 682, testigos en testamentos; art. 754, nombramiento de heredero o legatario, etc.), y en
disposiciones penales, administrativas o procesales, para establecer incompatibilidades e inidoneidades.
El parentesco por afinidad se encuentra referido exclusivamente a la relación existente entre los
parientes consanguíneos de uno de los miembros de la pareja (matrimonial o extramatrimonial, en su
caso) con el otro, pero los cónyuges, o pareja de convivientes, no son parientes entre sí.
La relación de afinidad es, por otra parte, un vínculo estrictamente personal entre los parientes por
consanguinidad (0 adoptivos) de uno de los cónyuges con el otro cónyuge y, por tanto, los parientes
afines no lo son entre si (no existe legalmente el parentesco entre “consuegros” o “concuñados”), y no
es, necesariamente, una relación de parentesco indefinida (finaliza, por ejemplo, por muerte o divorcio
dé uno de los cónyuges).
Ha de tenerse presente, por otra parte, que en un gran número de los supuestos se considera
expresamente la menor o mayor intensidad de la relaci6n parental (arts. 921 y 184), intensidad que se
determina por la cercanía o grado de parentesco.

101
Porque, en efecto, en el parentesco la intensidad, se mide o computa teniendo en cuenta líneas y grados.
Cómputo del parentesco:
Tanto en el parentesco de consanguinidad como de
afinidad se mide por grados. Grado es el número de
generaciones que separan a dos personas unidas por
vínculos de sangre, o en los afines con su cónyuge.
Cada generación forma un grado. Así, padre e hijo son
parientes en primer grado.
Se llama línea a la serie de grados que separan a dos
personas que descienden una de otra, o que, sin
descender una de otra, provienen de un tronco o
antepasado común. En el primer caso nos
encontramos con la línea recta o directa (bisabuelo y
abuelo, padre e hijo), y en el segundo con la colateral u
oblicua (primos con abuelo común).
La línea recta se divide en descendente (une al cabeza
de familia con los que descienden de él) y ascendente
(une a la persona con aquellos de los que desciende).
En la línea recta se sube únicamente hasta el tronco
común (el hijo dista un grado del padre, dos del abuelo,
etc.).
En la línea colateral se asciende hasta el tronco o
antepasado común, y luego se baja por la línea descendente que
une a este antepasado con la persona cuyo parentesco con la
primera se mide. Por esto, dice el art. 918, el hermano dista dos
grados del hermano, tres del tío, hermano de su madre o padre,
cuatro del primo hermano, y así en adelante.
El Derecho no pone límites al parentesco en línea recta
descendente y ascendiente, mientras que, en el colateral, el limite
más característico del actual Derecho civil español es el cuarto
grado (aunque, a veces, no se señalan, por ej.: art.751 Cc.)
Efectos del parentesco:
El parentesco determina la obligación de dar, y el derecho
correlativo de reclamar, alimentos; determina la preferencia para
nombrar tutor de incapacitados (art. 234 Cc.) y para suceder en la
sucesi6n forzosa (art. 807 Cc.) e intestada (art. 913 Cc.), permite subrogarse en el arrendamiento de una
vivienda y determina algunas prestaciones especiales laborales y de la Seguridad Social. También priva
del derecho a contraer matrimonio, o ser testigo en testamentos (arts. 681 y 682 Cc.), se tiene en cuenta
para nombrar defensor del desaparecido (art. 182 Cc.) o representante del ausente (art. 184 Cc.), o en
algunas prohibiciones para adoptar (art. 175 Cc.). En definitiva, como señala el art. 919 Cc., “el computo
del que trata el artículo anterior rige en todas las materias”.

102
III. OBLIGACION DE ALIMENTOS
1. CONCEPTO, NATURALEZA Y FUNDAMENTO DE LA OBLIGACION DE ALIMENTOS
Una consecuencia del parentesco es que surge la deuda de alimentos, que constituye una obligación
establecida por la ley, que se impone a determinados parientes para que, de forma reciproca y en
caso de necesidad se proporcionen los medios necesarios para satisfacer sus necesidades vitales.
El Código civil regula la institución de los alimentos entre parientes en el titulo VI del Libro I (arts.
142 a 153), obligando a prestar asistencia y socorro entre los cónyuges y los parientes cercanos.
La obligación de alimentos entre parientes, como se desprende de su regulaci6n en los articulo 142
y ss. Cc. constituye, ante todo, una obligación legal, en el sentido del art. 1090 del Código civil. Los
alimentos son, pues, exigibles, según dicho artículo, en cuanto que, expresamente determinados
por el Código, se regirán por los preceptos del mismo.
Además, constituye una obligación totalmente regulada y determinada legalmente; de modo, que
sólo la concurrencia del parentesco (art. 143 Cc), como presupuesto subjetivo y, de los presupuestos
objetivos, posibilidad del alimentante y necesidad del alimentista (art. 146 Cc), determinan la
exigibilidad y, por tanto, el nacimiento de dicha obligación (art. 148 Cc), que se impone de forma
imperativa a los sujetos obligados. Asimismo, únicamente, las causas de extinción de la obligación,
que establecen los artículos 150 y 152 Cc., determinan el cese de la misma.
La obligación de alimentos surge, por tanto, cuando se dan los siguientes tres requisitos:
• Existencia de una relación de parentesco.
• Estado de necesidad de uno de ellos.
• Capacidad económica del obligado a prestarlos.
Igualmente, se encuentran, regulados por ley los elementos de la obligación, tanto la determinación
de deudor y acreedor (art. 143 Cc) y, el orden de preferencia entre los mismos (art. 144 Cc), en el
supuesto de pluralidad de sujetos obligados y beneficiarios (art. 145 Cc), como el contenido de la
prestación alimenticia (arts. 146 y 147 Cc.).
Por lo tanto, la ley no deja más juego a la autonomía de la voluntad, que la limitada facultad de elegir
entre la doble modalidad de cumplimiento que prescribe el artículo 149.1.° Cc., de forma, que el
deudor podrá elegir entre pagar la pensión, o recibir y mantener en su casa al alimentista; siempre
y cuando, como dispone el párrafo 2° del mismo precepto no contradiga Ia situación de convivencia
determinada para el alimentista por las normas aplicables o por resolución judicial y, de no concurrir
justa causa o se perjudique el interés del alimentista menor de edad.
En este sentido, a pesar, de su contenido puramente económico patrimonial, la obligación de
alimentos entre parientes no se puede desvincular jurídicamente del libro 1 del Código civil, debido
a su carácter personal o familiar, en tanto, que persigue una finalidad más trascendental que el
interés puramente individual, al proteger un interés superior, como es el de la familia.
La obligación de proporcionarse alimentos, siempre se ha fundado en el principio de solidaridad
familiar, al menos entre los parientes más cercanos, cuando uno de ellos se encuentra en estado de
penuria, necesidad o pobreza y otros cuenten con medios económicos suficientes. Aunque .es una
institución independiente de las prestaciones alimenticias derivadas del matrimonio y la filiación, no
pueden olvidarse estas últimas y la obligación de alimentos actúa de forma complementaria para

103
casos en los que la obligación de asistencia conyugal ha decaído (por ej.: separación matrimonial) o
en los que la patria potestad se ha extinguido por alcanzar los hijos la mayoría de edad.
Es, por otra parte, un campo que se ha “judicializado” extraordinariamente en los últimos años,
entre otras causas por la admisión del divorcio o en situaciones de separación, especialmente
cuando la madre ostenta exclusivamente la custodia y patria potestad de los hijos, al igual que han
aumentado las reclamaciones de alimentos de hijos mayores de edad frente a padres divorciados 0
separados.
Ante las consecuencias que producía el incumplimiento de la obligación y prestaciones de alimentos,
el Estado ha creado un Fondo de Garantía, por Real Decreto 1618/2007, de 7 de diciembre, sobre
organización y funcionamiento del Fondo de Garantía del Pago de Alimentos (en vigor desde 1 de
enero de 2008), intentando paliar el problema social de falta de pago de prestaciones alimenticias
debida a los menores de edad, generalmente por los padres, garantizando la percepción de unas
cuantías económicas, en concepto de anticipos de un derecho de alimentos judicialmente
reconocido e impagado, para subvenir las necesidades familiares.
La obligación de alimentos ha desempeñado en el pasado, una función de “asistencia social entre
los familiares” que, desde la creación de la Seguridad Social, y en el Estado social y democrático
reconocido por la Constitución de 1978, ha de ser replanteada al establecerse un sistema de
asistencia y previsión a cargo del Estado, ya que muchos aspectos de la obligación de alimentos
entre parientes han de ser desempeñados por los poderes públicos.
Cabe citar a este respecto el artículo 50 CE. Los poderes públicos garantizaran, mediante pensiones
adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la
tercera edad. Asimismo, y con _independencia de las obligaciones familiares, promoverán su
bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de
salud, vivienda, cultura y ocio.
Podría afirmarse que, actualmente, cuando una persona se halla en una situaci6n de necesidad,
encuentra solución en base a dos tipos de recursos: a través de la solidaridad familiar, y a través de
la solidaridad social con la actuación del Estado y los sistemas de seguridad social.
Pero hay que considerar que no existe incompatibilidad entre las políticas públicas asistenciales y el
sistema privado de alimentos, pero para algunos autores la obligación de alimentos es subsidiaria
de la asistencia social publica, mientras que, de forma mayoritaria, la doctrina civilista entiende que
ambos sistemas, el público y el privado, se complementan (art. 50 CE), ya que actualmente la
percepción de ingresos por ambas fuentes puede resultar insuficientes por si solos.

2. CARACTERES
Se trata, pues, de una obligación eminentemente personal e indisponible, supuesto el marcado
interés de orden público de los alimentos entre parientes, que la distancia del resto de obligaciones
jurídicas patrimoniales; de ahí, que se encuentre estrictamente reglamentada por la ley.
Por otro lado, es, precisamente, el carácter legal de la obligaci6n de alimentos entre parientes, el
que permite distinguirla, del resto de obligaciones de alimentos que pueden establecerse como
consecuencia de la autonomía de la voluntad, constituyendo la base de la tradicional distinción entre
alimentos familiares o legales, y alimentos patrimoniales o voluntarios.

104
Sin embargo, este carácter no sirve para deslindar los alimentos legales entre parientes, regulados
en el titulo VI del Libro primero del Código civil, de los contemplados específicamente por el mismo
texto legal que se derivan de otras instituciones jurídicas; ya que, se tratan, igualmente, de alimentos
legales, los alimentos conyugales que se derivan del matrimonio, como consecuencia del deber de
los esposos de ayudarse y socorrerse mutuamente (art. 68 Cc.), los alimentos paterno-filiales (art.
110 Cc., sin patria potestad; y art. 154, con patria potestad) que determina la filiación, los alimentos
que debe el tutor procurar al tutelado (art. 269 Cc.) y, los alimentos que se deben a la mujer
embarazada, como protección al concebido (art. 964 Cc.).
El art. 153 Cc. indica que “las disposiciones que preceden son aplicables a los demás casos en que,
por este Código, por testamento o por pacto se tenga derecho a alimentos, salvo lo pactado, lo
ordenado por el testador o lo dispuesto por la ley para el caso especial de que se trate”. La pretensión
de este art., el ultimo que regula la obligación de alimentos, es -según LASARTE- convertir el régimen
jurídico de los alimentos entre parientes como normas generales o en régimen general de las
restantes obligaciones alimenticias de origen legal (como las antes indicadas) o convencional.
El derecho de alimentos, entendido como derecho-deber latente entre los familiares de exigir o
prestar alimentos de conformidad con lo establecido en el Código civil, tiene los siguientes
caracteres:
1. Reciprocidad. Los familiares contemplados en los arts. 142 y ss. Cc. son potencialmente
acreedores o deudores de la prestación alimenticia si se dan los presupuestos establecidos
legalmente.
2. Carácter personalísimo (intuitu personae). Solo los familiares contemplados legalmente pueden
solicitar o estar obligados a prestar los alimentos, por ello se extinguen con la muerte del obligado
a prestarlos (art. 150 Cc.) o del que tiene derecho a recibirlos. El Código civil contempla la
irrenunciabilidad, intransmisibilidad, la imposibilidad de que sea objeto de compensación, y
también es inembargable (art. 151 Cc).
3. Imprescriptibilidad. Como deuda alimenticia, ya que el derecho de alimentos puede ser
ejercitado por el familiar que se encuentre en situación de penuria en cualquier momento. Ahora
bien, las cantidades debidas en concepto de alimentos vencidos si prescriben a los cinco años
(art. 1966.1 Cc.)
Estos caracteres se aplican al derecho de alimentos entre familiares del Código, mientras que la
obligación alimenticia ya surgida, las cantidades debidas por alimentos ya establecidas,
voluntariamente entre las partes o por sentencia judicial, y concretadas en el pago de pensiones
periódicas reciben el mismo tratamiento que cualquier otra deuda de carácter patrimonial, y son
negociables, se pueden renunciar, transmitir o compensar y, como se ha señalado, las pensiones
vencidas y no pagadas prescriben a los cinco años.

3. CLASES
La obligación de alimentos comprende los elementos fisiol6gicos necesarios para la vida (sustento,
habitación, vestido y asistencia médica), y también puede comprender cosas inmateriales, como la
educación o formación del alimentista, que le va a permitir desarrollar su personalidad y su vida
social e intelectual. Entre los cónyuges y parientes en línea recta la obligación alimenticia se
comprende con gran amplitud (se les denomina “alimentos amplios o civiles”) (art. 143, p° 1° Cc.),

105
mientras que entre los hermanos son más reducidos (conocidos como “alimentos estrictos o
naturales”) (art. 143, p° 2° Cc.).
a) Alimentos amplios o civiles
Comprende los señalados en el art. 142 Cc., y se entiende por alimentos todo lo que es
indispensable para el sustento, habitación, vestido, y asistencia médica.
También la educación e instrucción del alimentista mientras sea menor de edad, y aun después,
si no ha terminado su formación por causa que no le sea imputable.
También se incluyen gastos de embarazo y parto, cuando no estén cubiertos de otro modo.
En el primer párrafo se habla de alimentos como necesidades físicas, indispensables para la vida
como:
- Sustento, incluyendo en este concepto comida y bebida
- Vestido
- Habitación, entendida como hogar, vivienda
- Asistencia médica: la que sea necesaria en cada caso de enfermedad para recuperar la
salud.
También se incluye en alimentos, los gastos funerarios.
Estos alimentos se prestan de acuerdo con las circunstancias de que quien los necesita, y del
caudal o medios económicos del que está obligado a prestarlos, y por ello la cuantía de los
mismos aumentara o disminuirá proporcionalmente a las necesidades del alimentista y la
fortuna de quien haya de proporcionarlos (arts. 146 y 147 Cc.).
La determinaci6n de lo que se considera “indispensable” se realizara ponderando las circunstancias
concurrentes en cada caso, ya que el cumplimiento de la obligación, así como su nacimiento se rige por
el principio de proporcionalidad establecido en el artículo 146 Cc. La cuantía de los alimentos tiene que
ser proporcionada al caudal y medios de quien los da y a las necesidades de quien los recibe, normativa
que no plantea ningún problema teórico de interpretación y alcance, solamente una cuestión de hecho
consistente en determinar de una manera efectiva y real esa proporcionalidad con los medios de uno y
las necesidades del otro.
Mientras que los alimentos físicos o corporales tienen una duración indefinida (se deben
durante toda la vida del individuo, siempre y cuando tenga necesidad de ellos), los alimentos
inmateriales como la formación, están limitados por la mayoría de edad del alimentista, salvo
que no haya terminado su formación por causas no imputables a él.
Y en dicho artículo se describen estas prestaciones, no de modo taxativo, sino a modo de ejemplo.
Piénsese que los gastos de embarazo y parto “si no están cubiertos de otra forma”, pueden resultar
reiterativos respecto a la “asistencia médica” de la embarazada, pero la reforma del Código por Ley 11/
1981, de 13 de mayo, prefirió dejar sentado que en cualquier caso (pensando especialmente en las
circunstancias de la época respecto a las madres solteras) tenían derecho a reclamar tal prestación
sanitaria, sino estaban cubierta de otro modo, a sus progenitores o ascendientes. También la reforma
de 1981 introdujo la educaci6n, aún cumplida la mayoría de edad (18 años desde la CE 1978, art. 12),
cuando los estudios no se hubieran finalizado por causas no imputables al alimentista, lo que parecía
recomendable desde un punto de vista sociológico. Anteriormente, el Código civil, solo incluía en los
alimentos la educación durante Ia minoría de edad.

106
Se considera causa imputable, por ejemplo, poder demostrar vagancia o dejadez en los
estudios. Si un hijo no tiene la capacidad necesaria para superar una carrera, aunque no tenga
vagancia, no puede pretender exigir a los padres que le paguen unos estudios que tardara en
finalizar quizás 15 años, o que nunca los podrá terminar.
En cada caso planteado, el contenido exacto a incluir en el concepto de alimentos, lo decidirá,
en última instancia, la autoridad judicial competente.
b) Alimentos estrictos o naturales
Los hermanos mayores de edad y no discapacitados solo tienen derecho a los alimentos
necesarios para la vida, siempre que los soliciten por una causa que no les sea imputable, una
vez terminada la formación obligatoria.
Los alimentos en sentido estricto son lo necesario para subsistir a un nivel mínimo aceptable
por la conciencia social. Se deben ajustar solamente a las necesidades del alimentista y se deben
prestar por los cónyuges, ascendientes, descendientes y los hermanos mayores de edad y no
discapacitados.
Los hermanos, solo se deben los auxilios necesarios para la vida, “cuando los necesiten por
cualquier causa que no sea imputable al alimentista, y se extenderán en su caso a los que
precisen para su educación” (art. 143, párrafo 2°).

Obligación alimenticia respecto de los hijos mayores de edad o emancipados:


- El derecho a alimentos ya no es incondicional.
- Para que exista dicha obligación deberá acreditarse la necesidad de los alimentos.
- Pueden tener menos contenido, llegándose incluso a reducir hasta el mínimo. Cabe la posibilidad
de extinción.
- No se goza de preferencia frente a los alimentos a otros parientes.
- Rigen iguales limitaciones que en el régimen legal de alimentos entre parientes.
- Existe opción entre la prestación de alimentos o el mantenimiento en propia casa del mayor de
edad, algo que no tenía cabida tratándose de menores.
- La pensión será proporcional a los ingresos y a las necesidades de los hijos.
4. SUJETOS OBLIGADOS AL PAGO DE ALIMENTOS
Deben prestar alimentos, recíprocamente y en el orden que se indica (art. 143 Cc):
Los cónyuges. En las parejas de hecho esta obligación para ser exigible deberá haber sido pactada
expresamente por los que convivan juntos.
Los descendientes: Hijos y nietos.
Los ascendientes: Padres y abuelos.
Los hermanos: Solo tienen la obligación de prestarse alimentos en los casos en que sea imprescindible y
su alcance se limitara a los auxilios mínimos.

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Al contemplarse legalmente varios grupos familiares como posibles deudores de alimentos (que
denominaremos alimentantes), la existencia de esta pluralidad de alimentantes obliga a establecer un
orden de prelación que determina el art. 144 Cc.:
Art. 144. La reclamación de alimentos cuando proceda y sean dos o más los obligados a prestarlos, se hará por el
orden siguiente:
1º Al cónyuge.
2º A los descendientes de grado más próximo.
3º A los ascendientes, también de grado más próximo.
4º A los hermanos, pero estando obligados en último lugar los que sólo sean uterinos o consanguíneos.
Entre los descendientes y ascendientes se regulará la gradación por el orden en que sean llamados a la sucesión
legitima de la persona que tenga derecho a Ios alimentos.
En el caso de que concurriesen varios obligados a prestarlos del mismo grado (como, por ejemplo, el
padre y la madre, más de un hijo...) su importe se repartirá en función de los ingresos que cada uno
obtenga (art. 145, párrafo 1°).
En el caso de los cónyuges, existe un deber de socorro y ayuda mutuos (art. 68 Cc.), y dicho deber surge
de la condición de cónyuge y se desarrolla durante la vida matrimonial, es decir, constante matrimonio;
y los alimentos entre parientes, surgen no del vínculo matrimonial, sino del estado de necesidad de uno
de los cónyuges, y se desarrolla al romperse el matrimonio (separación judicial y de hecho) y cesar los
efectos del mismo. Además, el art. 68, no sólo tiene una vertiente económica, sino también otra moral
o afectiva, mientras que la obligación de alimentos, únicamente es de índole económica.
En los supuestos de obligación de velar por los hijos menores y a prestarles alimentos, de los arts. 110 y
154 Cc., ésta surge de la mera existencia de la relación paternofilial, y no sólo son prestaciones
económicas, sino que incluye todo tipo de cuidados personales y afectivos. Dichos artículos, establecen
solo la obligación entre padres e hijo, y los alimentos entre parientes, comprenden a cónyuges,
ascendientes, descendientes y hermanos. El deber de los arts. 110 y 154, surge desde el nacimiento del
niño, y termina con la mayoría de edad o emancipación del hijo; y los alimentos, surgen precisamente
cuando el hijo emancipado o mayor de edad, tenga necesidades económicas, y podrá exigirse
recíprocamente durante toda la vida.
La obligación de prestar alimentos (alimentantes) cuando sean varios está configurada en el Código civil
como mancomunada y divisible, pues el articulo 145 determina que, cuando recaiga sobre dos o más
personas esta obligación se repartirá entre ellos, pero no por partes iguales, sino en cantidad
proporcional a sus caudales respectivos. No es, por tanto, una deuda de carácter solidario, al no tener
expresamente reconocida esta naturaleza, y ser principio general el de no presumirse tal condición.
Este carácter no solidario se ve reforzado con el contenido del párrafo 2° del articulo 145 citado, que
permite entender que el alimentista pueda dirigirse, en todo caso, contra cualquiera de los obligados
para exigirle el pago de la pensión. Es el juez el que determinara “en caso de urgente necesidad y por
circunstancias especiales” el alimentante que preste los alimentos de forma provisional. La inmediata
consecuencia de la citada previsi6n legal no es otra que de ordinario sea necesario demandar a todos y
a cada uno de los alimentantes obligados, y cada uno de ellos sólo pagara la parte proporcional que le
corresponda.
Y el párrafo 3° del art. 145 Cc. prevé el caso de concurrencia de varios alimentistas: “Cuando dos o más
alimentistas reclamaren a la vez alimentos de una misma persona obligada legalmente a darlos, y ésta

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no tuviere fortuna bastante para atender a todos, se guardará el orden establecido en el artículo anterior,
a no ser que los alimentistas concurrentes fuesen el cónyuge y un hijo sujeto a la patria potestad, en cuyo
caso éste será preferido a aquél.”

5. NACIMIENTO, FORMA DE CUMPLIMIENTO, MODIFICACIÓN Y EXTINCIÓN DE LA OBLIGACIÓN DE


ALIMENTOS
• Nacimiento:
Son las necesidades del alimentista lo que, precisamente, hace surgir la obligación de alimentos. Y por la
misma causa, cuando desaparece el estado de necesidad, se extingue la obligacién de alimentos. Es su
presupuesto básico, porque se quiere proteger la vida del pariente necesitado. Así, el 148 del Cc.,
establece que la obligacién de alimentos surge desde que los necesitare para subsistir el que tiene
derecho a percibirlos, pero no es exigible hasta que no se interpone la correspondiente demanda judicial
solicitando su establecimiento (art. 148, final p° 1°).
Lo anterior supone que sí, ante una situación de necesidad, los alimentos se prestan voluntariamente,
no se plantean problemas, pero si se niega el obligado a abonarlos, no se puede exigir su abono sino
desde la fecha de la demanda, de la reclamación judicial de los mismos.
Añádase que puede transcurrir largo tiempo desde la interposición de la demanda judicial hasta que se
dicte sentencia, por lo que era necesaria una previsión legal que atendiese las necesidades del
alimentista durante este periodo. Por ello el párrafo 3° del art. 148 Cc. establece que “el Juez, a petición
del alimentista o del Ministerio Fiscal, ordenara con urgencia las medidas cautelares oportunas para
asegurar los anticipos que haga una Entidad pública u otra persona y proveer a las futuras necesidades”.
Pueden entidades o terceros proveer las necesidades del alimentista durante el procedimiento,
pudiendo reclamar al obligado judicialmente posteriormente las cantidades satisfechas, y para ello el
Juez tomara las medidas oportunas (por ej.: embargo de sueldos o bienes) para que el obligado
reembolse los pagos realizados por terceros.
Las cantidades a satisfacer por alimentos a los hijos serán las que fije el juez en la sentencia de separación
o divorcio que dicte tras el correspondiente proceso matrimonial.

• Cuantía, modificación y forma de cumplimiento


La cuantía de los alimentos es determinada por el arbitrio judicial y depende de dos circunstancias (art.
146 Cc.):
- De los ingresos de la persona que está obligada a abonarlos.
- De las necesidades del beneficiario o de la persona a quien deben abonarse.
Al contrario de lo que sucede en otros países europeos, en la legislación española no existe ningún
baremo obligatorio al que deba ajustarse el juez a la hora de fijar la pensión de alimentos. Puede, por
tanto, concretar su cuantía conforme a su criterio, pero siempre dentro de los márgenes legales.
Entre estos criterios cuantitativos, cabe el fijar un porcentaje de los ingresos líquidos del alimentante.

109
Posteriormente, la cuantía de la pensión de alimentos se podrá incrementar o reducir en función de las
necesidades del beneficiario y del incremento o disminución de los recursos económicos del que debe
satisfacer la pensión (art. 147 Cc.).
Y el art. 149 determina que el obligado a prestar alimentos puede satisfacerla de dos formas:
- Mediante el pago de una pensi6n, normalmente mensual, “que se verificara por meses
anticipados” (art. 148, p° 2°)
- Manteniendo en casa del obligado a prestarlos a quien los solicite, en los casos en los que esto sea
posible.
La facultad de elección del alimentante, típica de las obligaciones alternativas (art. 1132 Cc.), ha
originado numerosos problemas, especialmente en casos de crisis matrimoniales (padre divorciado que
quiere prestar alimentos en su domicilio a sus hijos que han quedado bajo custodia de la madre). Por
ello la Ley Orgánica 1/1996 de protección jurídica del menor, introdujo un segundo párrafo al art. 149
Cc. que señala: “Esta elección no será posible en cuanto contradiga la situación de convivencia
determinada para el alimentista por las normas aplicables o por resolución judicial. También podrá ser
rechazada cuando concurra justa causa o perjudique el interés del alimentista menor de edad”.

• Extinción de la obligación alimenticia


La obligación de prestar alimentos cesa (arts. 150 y 152 Cc):
- Cuando el obligado a prestarlos (alimentante) o el que los recibe (alimentista) fallece, ya que es un derecho
y obligacién personalísima.
- Cuando los recursos de la persona obligada se reducen hasta el punto de que si los satisface pone en peligro
su propia subsistencia y la de su familia.
- Cuando el alimentista, puede ejercer una profesión u oficio o haya mejorado su situación económica
de forma que no necesita la pensión de alimentos para subsistir.
- Si el alimentista incurre en alguna de las causas que dan lugar a la desheredación (arts. 852 a 855 Cc).
- Si el alimentista es descendiente del obligado a dar los alimentos y su necesidad se debe a una mala conducta
o a la falta de aplicación en el trabajo, perderá su derecho a percibir alimentos mientras dure este
comportamiento.
Y por privación de la patria potestad sobre la persona obligada, si el alimentista es el padre o la madre.

6. LA OBLIGACIÉN DE ALIMENTOS EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS


En el Derecho civil aragonés, el art. 58 CDFA sienta un principio general, conforme al cual padres e hijos
se deben mutuamente respeto, ayuda y asistencia durante toda su vida; el deber de asistencia recíproca,
comprende la obligación de prestar alimentos y la de contribuir equitativamente, durante la vida en
común, de acuerdo con sus posibilidades, a la satisfacción de las necesidades familiares, y se concreta
en la colaboración personal del hijo en las tareas del hogar y los negocios familiares mientras conviva
con la familia (art. 66 CDFA), así como en la posibilidad de que los padres que ejerzan la autoridad familiar
destinen una parte de los ingresos del hijo a necesidades familiares distintas de su propia crianza y
educación (art. 69 CDFA). Respecto de los menores no emancipados sujetos a autoridad familiar el deber
de alimentos es unilateral tal y como establece el artículo 65.1.b CDFA.

110
En el Libro I del CDFA, la utilización del vocablo “alimentos” se recoge únicamente en el artículo 58 CDFA
cuando dispone que “el deber de asistencia comprende la obligacién de prestar alimentos”, en el resto
del articulado del Título ll utiliza el término ”crianza y educación de los hijos’, que conforme preceptúa
el articulo 65 CDFA comprende, entre otros, los siguientes deberes: proveer a su sustento, habitación,
vestido y asistencia médica, de acuerdo con sus posibilidades, así como educarlos y procurarles una
formación integral.
El art. 69 CDFA, establece una regla sobre "gastos de los hijos mayores o emancipados": sin embargo, el
régimen jurídico es distinto al de los alimentos de los hijos menores de edad no emancipados, dado que
ya no se trata de un derecho de carácter incondicional e ilimitado temporalmente en cualquier hipótesis.
Este deber "se extinguirá al cumplir el hijo los veintiséis años", añade el art. 69.2 CDFA: la regla tiene un
alcance limitado, puesto que convencional o judicialmente se puede fijar una edad distinta, y siempre
queda abierta la posibilidad de que el hijo haga valer, conforme a las reglas generales, su derecho a
reclamar alimentos o que se prevea un periodo para completar la formación. Además, para los casos en
que el hijo es mayor de edad, pero convive con los padres, lo que es frecuente en la actualidad, el art.
70 CDFA apunta, de manera flexible, unos criterios basados en la idea de equidad, y los hijos deben
también “contribuir equitativamente a la satisfacción de las necesidades familiares. Los padres podrán
exigir del hijo el cumplimiento de esa obligación”.
Un caso especial es el tratado por el art. 62 CDFA al establecer a cargo del padre, aunque no estén
casados o no conviva con la madre, la obligacién de contribuir equitativamente a los gastos de embarazo
y parto, así como una obligacién preferente de alimentar a la madre durante el periodo del embarazo y
el primer año de vida del hijo si la madre se ocupa de él. Esta obligación ha de ponerse en relación a la
posible cobertura sanitaria pública de la madre y a la situación de necesidad en que pueda encontrarse
ésta durante este periodo.

111
TEMA 5: FILIACION Y PROTECCION DE MENORES
I. LA FILIACIÓN
En una aproximación inicial, filiación es el vínculo que existe entre un padre y su hijo, o una madre y su hijo.

El Código civil establece dos clases de filiación: filiación por naturaleza y filiación por adopción,
distinguiéndose ambas en que, mientras que la primera tiene su base en un hecho biológico (el
nacimiento), en la segunda no existe relación biológica alguna, únicamente hay relación jurídica, que
tiene su origen en un acto de autoridad (una declaración judicial).
En este apartado se tratará la filiación por naturaleza, y en el apartado IV la filiación por adopción.
Hay que tener en cuenta que, de acuerdo con los arts. 39 y 14 CE, todos los hijos son iguales ante la Ley
con independencia de su filiación o nacimiento.

A. INTRODUCCIÓN
La relación paternofilial, en cuanto vínculo directo e inmediato que une a padres e hijos, se conoce
también con el nombre técnico de filiación. Así pues, inicialmente, la filiaci6n es la relación jurídica
entre padres e hijos.
Su regulación ha variado de modo significativo en las diversas reformas operadas en el Código civil. El
Derecho español de filiaci6n se encuentra aquejado en fa actualidad de una crisis. La redacción
española hoy vigente en materia de filiaci6n procede, de la Ley 11/1981, de 13 de mayo, que inicié la
adaptación del Derecho civil a las exigencias de la Constitución de 1978.
Pues bien, la mera manifestación de este dato objetivo nos sitúa ante la indudable incidencia de dos causas de
índole diferente, una de tipo social, otra, jurídico. Empezando por la primera, en el transcurso de estos casi
treinta años, la modificación de los datos facticos y las consideraciones sociales sobre Ia familia, y por ende
sobre la filiaci6n, ha sido realmente sustancial, de manera que algunas de las líneas básicas de dicha reforma de
1981 se encuentran hoy en entredicho. Así, por citar un ejemplo, el número de nacimientos acaecido fuera de
matrimonio ha sufrido desde 1981 un crecimiento constante e imparable. En esa clara e ininterrumpida
tendencia al alza influyen fenómenos familiares nuevos, como son las parejas de hecho, la búsqueda voluntaria
de la maternidad en solitario, o las llamadas familias reconstituidas tras rupturas matrimoniales, fenómenos que
implican y generan un estado de opinión social radicalmente diferente al de 1981. Otro dato factico interesante es
la disminución de fa natalidad, que ha comportado una nueva visión de la paternidad y de la figura del niño en sí.
También el progreso científico experimentado en estos años ha incidido de manera relevante sobre la filiación,
no sólo por el horizonte abierto con las técnicas de reproducción asistida, sino también por la certidumbre
alcanzada en las pruebas genéticas de paternidad.
Finalmente, la nueva construcción legislativa operada en España sobre el matrimonio proyecta sobre la filiación
nuevas dudas y problemas, en ocasiones de la mano de las técnicas de reproducción asistida.

112
B. CONCEPTO
1. Como hecho natural
Inicialmente podemos afirmar que filiación es el vínculo que existe entre un padre y su hijo, o una
madre y su hijo. Este vínculo tiene una dimensión biológica, derivada del hecho de la generación,
y, ligada a ésta una dimensión jurídica.
2. Como situación jurídica o estado.
La relación jurídica de filiación tiene como fundamento la filiación biológica: ante el Derecho
positivo son padres e hijos, primariamente, quienes lo son biológicamente. No hay, sin embargo,
una correspondencia absoluta entre ambas relaciones. Así, por ejemplo, puede crearse
conscientemente una relación jurídica de filiación entre quienes se sabe que no están unidos por
vínculos biológicos, como ocurre en la adopción.

C. REGULACIÓN
La filiación se encuentra regulada en los arts. 108 a 141 CC, cuya vigente redacción procede de la ley de
11/1981, de 13 mayo.
La redacción puesta en vigor por la ley 11/1981 ha experimentado diversas reformas, entre las que
destacan las operadas por las siguientes leyes: Ley 1/2000, de 7 enero, de Enjuiciamiento Civil; Ley
49/2015, de 13 de julio, de medidas de reforma administrativa en el ámbito de la Administracio6n de
Justicia y del Registro Civil; y Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la
infancia y a la adolescencia.
Por último, existe una regulación especial para la filiación derivada del empleo de técnicas de
reproducción asistida, contenida inicialmente en la ley 35/1988, de 22 noviembre, sobre Técnicas de
Reproducción Asistida (LTRA.), y ahora en la ley 14/2006, de 26 mayo, sobre Técnicas de Reproducción
Humana Asistida (LTRHA). Actualmente, se plantea la regulación permisiva de la gestación por
sustitución.

D. CLASES
De acuerdo con el art. 108.1 CC., “la filiación puede tener lugar por naturaleza y por adopción. La
filiación por naturaleza puede ser matrimonial y no matrimonial”. De aquí resulta que la clasificación
fundamental en la filiación por naturaleza (que es a la que se dedica este capítulo) es la que distingue
entre filiaci6n matrimonial y no matrimonial.
Después de distinguir entre la filiación matrimonial y la no matrimonial, el art. 108 CC aclara: la filiación
“es matrimonial cuando el padre y la madre estén casados entre sí”; a contrario, la filiación es no
matrimonial cuando los progenitores no están casados entre sí, y mientras no contraigan matrimonio.

113
A su vez, la filiación matrimonial puede ser originaria si los padres estaban casados entre sí en el
momento del nacimiento, o sobrevenida, cuando el padre y la madre no estaban casados entre sí en el
momento del nacimiento, pero se casan después.

E. PRINCIPIOS
La regulación vigente se inspira en los siguientes principios contenidos en la Constitución de 1978:
1. Igualdad jurídica de los hijos, ya sean matrimoniales o no matrimoniales. Art. 14 y 39 CE.
Este principio se encuentra recogido en el art. 108.I CC, que lo extiende también a la filiación
adoptiva: “la filiación matrimonial y la no matrimonial, así como la adoptiva, surten los mismos
efectos conforme a las disposiciones de este Código”.
Los efectos son los mismos, pero el modo de determinación es diferente.
El art. 116 CC establece en caso de matrimonio la presunción de paternidad, que no es aplicable si
no existe matrimonio.
2. Protección del hijo: Los padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos tanto si son
matrimoniales como no matrimoniales. Art. 39.3 CE.
El principio se recoge entre otros en el art. 110 CC, conforme al cual “el padre y la madre, aunque
no ostenten la patria potestad, están obligados a velar por los hijos menores y a prestarles
alimentos”.
3. Principio de investigación de la paternidad. Art. 39.2 CE.
Esta regla sirve para fundamentar constitucionalmente el principio de veracidad biológica,
conforme al que en principio es padre jurídicamente quien lo es biológicamente. El Código civil
plasmé la regla constitucional en su art. 127, dejado sin contenido por la LEC., la cual, a su vez,
hace suyo este principio en el art. 767.2, conforme al que “en /os juicios sobre filiación será
admisible la investigación de la paternidad y de la maternidad mediante toda clase de pruebas,
incluidas las biológicas”.

F. EFECTOS
1. Patria potestad: Art. 154 Cc.
La protección integral de los hijos (art. 39.2 CE.), que se traduce en la introducción a nivel legal del
principio de interés superior de los hijos, como rector de las relaciones paternofiliales (art. 154.II Cc.).
Art. 154: “Los hijos no emancipados están bajo la patria potestad de los progenitores.
La patria potestad, como responsabilidad parental, se ejercerá siempre en interés de los hijos, de acuerdo con su
personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental.
Esta función comprende los siguientes deberes y facultades:
1º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formaci6n integral.

114
2º Representarlos y administrar sus bienes.
Si los hijos tuvieren suficiente madurez deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten.
Los progenitores podrán, en el ejercicio de su función, recabar el auxilio de la autoridad” (reformado por la Ley
26/2015, de 28 de julio).

2. Obligación de velar y alimentar: art. 110 Cc.


Dispone el art. 110 CC que “el padre y la madre, aunque no ostenten la patria potestad, están
obligados a velar por los hijos menores y a prestarles alimentos”.
Este deber se mantiene en el supuesto previsto en el art. 111.1 CC., que establece: “quedara
excluido de la patria potestad y demás funciones tuitivas y no ostentara derechos por ministerio
de la ley respecto del hijo o de sus descendientes, o en sus herencias, el progenitor: 1° Cuando
haya sido condenado a causa de las relaciones a que obedezca la generación, según sentencia
penal firme. 2° Cuando Ia filiación haya sido judicialmente determinada contra su oposición”. La
norma tiene una doble finalidad: sancionatoria del progenitor que ha incurrido en las conductas
legalmente establecidas (privación de derechos), y protectora del hijo, por entender que podría
ser perjudicial para él atribuir funciones tuitivas a quien previamente se ha comportado como
indica el precepto. Así pues, “quedaran siempre a salvo las obligaciones de velar por los hijos y
prestarles alimentos”.
3. Apellidos: Art. 109 y 111 CC.
El art. 109 establece que “la filiación determina los apellidos con arreglo a lo dispuesto en la ley”.
Son apellidos de una persona los correspondientes a su padre y su madre, por el orden que ellos
mismos acuerden (que habrá de ser el mismo para todos los hijos comunes). Desde el 30 de junio
de 2017, en caso de desacuerdo o cuando no se hayan hecho constar los apellidos en Ja solicitud
de inscripción, el Encargado del Registro Civil requerirá a los progenitores, o a quienes ostenten la
representación legal del menor, para que en el plazo máximo de tres días comuniquen el orden de
apellidos. Transcurrido dicho plazo sin comunicación expresa, el Encargado acordara el orden de
los apellidos atendiendo al interés superior del menor.
4. Derechos sucesorios: Art. 108 CC y arts. 807 y ss. CC.
Los ascendientes y descendientes tienen recíprocamente derechos sucesorios.

G. MODOS DE DETERMINACIÓN
1. Disposiciones generales (arts. 112 a 114 CC)
En la filiación por naturaleza, el hecho determinante de la existencia de un vínculo de filiación es la
relación biológica de procreación, que es fa causa de la atribución de la filiación. Sin embargo,
como ya se ha indicado, la relación biológica, sobre todo en el caso de la paternidad, no es
evidente. De ahí que el Derecho positivo recurra a ciertos mecanismos que sirven para establecer
la existencia de un vínculo jurídico de filiación: se habla en este caso de medios de determinación
de la filiación. En tercer lugar, el Ordenamiento fija también los medios a través de los cuales cabe

115
probar la existencia de esa relación jurídica de filiación entre dos personas, que son los medios de
prueba de la filiación. La prueba puede realizarse, bien en el marco de un proceso judicial, bien en
el tráfico jurídico ordinario, cuando sea preciso acreditar la existencia de una filiación.
a) Momento en que produce sus efectos: Art. 112 CC.
De acuerdo con este precepto, “la filiación produce sus efectos desde que tiene lugar. Su
determinación legal tiene efectos retroactivos siempre que la retroactividad sea compatible con la
naturaleza de aquéllos y la Ley no dispusiere lo contrario”.
b) Prueba de la filiación: Art. 113.1CC.
Este artículo establece: “la filiación se acredita por la inscripción en el Registro civil, por el
documento o sentencia que la determina legalmente, por la presunción de paternidad matrimonial
y, a falta de los medios anteriores, por la posesión de estado. Para la admisión de pruebas distintas
a la inscripción se estará a lo dispuesto en la Ley de Registro civil”.
Así pues, el medio de prueba ordinario y privilegiado en el tráfico, y en los procesos que no se
dirigen a determinar positiva o negativamente una filiación es la inscripción en el Registro Civil.
c) Determinación de la filiación: Art. 113.2.
Este precepto afirma: “no será eficaz la determinación de una filiación en tanto resulte acreditada
otra contradictoria” (art. 113. II CC). Trata de evitar que puedan ser inscritas filiaciones
contradictorias.
d) Constancia registral de la filiación: Art. 114 CC.
La inscripción en el Registro civil es el medio de prueba ordinario y privilegiado de la filiación en el
tráfico y en el proceso. De acuerdo con el art. 48 LRC., en la redacción dada por la ley 13/2005, “la
filiación paterna o materna constaré en la inscripción de nacimiento a su margen, por referencia a
la inscripción de matrimonio de los padres o por inscripción del reconocimiento”. Como regia, no
podrá extenderse ningún asiento contradictorio con la filiación inscrita en el Registro, salvo que se
disponga otra cosa por sentencia firme, en los términos del art. 50 LRC. A su vez, dispone el art.
114 CC que “los asientos de filiación podrán ser rectificados conforme a la Ley del Registro civil, sin
perjuicio de lo especialmente dispuesto en el presente titulo sobre acciones de impugnación.
Podrán también rectificarse en cualquier momento los asientos que resulten contradictorios con
los hechos que una sentencia penal declare probados”.

2. Determinación de la filiación matrimonial (arts. 115 a 119 CC)


La filiación es matrimonial cuando el padre y la madre están casados entre sí.
Sus presupuestos son:
a) Matrimonio de los padres entre si (que se acredita en principio mediante la correspondiente
inscripción en el Registro civil),
b) Maternidad de la mujer casada, acreditada por el parte facultativo

116
c) Paternidad del marido, respecto a la que se establece la presunción de paternidad: Art. 116
El art. 116 establece: “se presumen hijos del marido los nacidos después de la firme celebración del matrimonio y
antes de los trescientos días siguientes a su disolución, o a la separación legal o de hecho de los cónyuges”.

Las reglas sobre determinación de la filiación matrimonial están contenidas en los arts. 115 a 119 CC. El art. 115
CC. dispone que “la filiación matrimonial materna y paterna quedara determinada legalmente: 1°. Por la inscripción
del nacimiento junto con la del matrimonio de los padres, 2° Por sentencia’”.

3. Determinación de la filiación no matrimonial (arts. 120 a 126 CC.)


La filiación es no matrimonial cuando los padres no están casados entre sí ni en el momento de la
concepción, ni en el de nacimiento ni contraen matrimonio con posterioridad a este.
Conforme al art. 120 CC, “La filiación no matrimonial quedara determinada legalmente:
1º En el momento de Ia inscripción del nacimiento, por la declaracié6n conforme realizada por el padre en el
correspondiente formulario oficial a que se refiere la legislación del Registro Civil.
2º Por el reconocimiento ante el Encargado del Registro Civil, en testamento o en otro documento público.
3º Por resolución recaída en expediente tramitado con arreglo a la legislación del Registro Civil.
4º Por sentencia firme.
5º Respecto de la madre, cuando se haga constar Ia filiación materna en la inscripción de nacimiento
practicada dentro de plazo, de acuerdo con Io dispuesto en la Ley del Registro Civil.” (Redacción dada por
la Ley 19/2015, de 13 de julio).

a) En el momento de la inscripción del nacimiento, por la declaraci6n conforme realizada por el


padre en el correspondiente formulario oficial a que se refiere la legislación del Registro Civil. Este
apartado ha sido incluido por la Ley 19/2015, de 13 de julio.
b) Reconocimiento ante el encargado del Registro civil, en testamento o en otro documento público.
El reconocimiento es la declaración por la que una persona reconoce su paternidad o maternidad
biológica respecto de otra, en cuya virtud la filiación así declarada queda legalmente determinada,
con todos sus efectos.
Los caracteres del reconocimiento son los siguientes:
1º Se trata de un acto voluntario. No es un acto debido, puede existir un deber moral pero no deber
jurídico.
2º Es un acto expreso. Es una declaración de paternidad concreta e individualizada en la persona del
reconocido.
3º Es un acto personalísimo. Que solo puede realizar el padre o madre por sí mismos. No cabe
representación para reconocer.
4º Es un acto unilateral. Es decir, procede de un solo sujeto. Si reconocen los dos, serán dos
reconocimientos, ambos unilaterales, aunque se habla de reconocimiento bilateral cuando los dos
reconocen conjuntamente.
5º Es un acto independiente. Sustantivamente aislado para cada progenitor respecto del otro.

117
6º Es acto irrevocable. El reconocimiento como declaración de afirmación y como creador de un estado
civil, no puede ser revocado, admitir su revocabilidad seria atentar contra la seguridad del estado civil
de la persona.
7º Se trata de acto puro. No admite estipulaciones accesorias de la voluntad. La condición el término y
el modo se tienen por no puestos.
8º Acto solemne. El reconocimiento debe ser declarado en una forma determinada cuya falta provoca la
inexistencia del acto.
9º Es un acto constitutivo. El reconocimiento constituye el estado civil del hijo extramatrimonial cuyo
efecto se produce retroactivamente desde el momento del nacimiento (leer el art. 112 CC).

c) Resolución recaída en expediente tramitado con arreglo a la legislación del Registro civil.
De acuerdo con el art. 49.II LRC., la filiación podrá inscribirse mediante expediente gubernativo
aprobado por el juez de primera instancia, siempre que no haya oposición del Ministerio Fiscal o
de parte interesada (que ha de ser notificada personal y obligatoriamente), si concurre alguna de
las siguientes circunstancias:
1°. Que exista escrito indubitado del padre o de la madre en que expresamente reconozca Ia
filiación.
2° Que el hijo se halle en posesión continua del estado de hijo del progenitor de que se trate,
justificada por actos directos del mismo padre o de su familia.
3° Respecto de la madre, que se pruebe el hecho del parto y la identidad del hijo.
En caso de formularse oposición, la inscripción de la filiación solo puede obtenerse por el
procedimiento ordinario (art. 49.II LRC.).
d) Por sentencia firme.
La sentencia que resuelve las acciones de filiación (en su caso, acciones penales) determina la
filiación.
e) Respecto de la madre, cuando se haga constar la filiación materna en la inscripción de nacimiento
practicada dentro de plazo, de acuerdo con lo dispuesto en la Ley de Registro civil.
f) En el momento de la inscripción del nacimiento, por la declaración conforme realizada por el
padre en el correspondiente formulario oficial a que se refiere la legislación del Registro Civil
g) Acciones de reclamación y de impugnación
Las acciones de filiación son aquéllas que tienen por objeto obtener de los órganos
jurisdiccionales un pronunciamiento relativo a la filiación, ya declarándola si no ha quedado
determinada de otra manera, o bien negando que lo sea la establecida formalmente.
El Código civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil regulan las acciones de reclamación de la filiación
(dirigidas a que judicialmente se establezca la filiación reclamada) y las acciones de impugnaci6n
de la filiación (dirigidas a que judicialmente se deje sin efecto una filiación previamente

118
determinada). Ambas acciones (de reclamación o de impugnación), tiene como limite común el no
poder ejercitarse cuando hay una filiación determinada previamente a través de sentencia firme.
1. Normas generales. (Antiguos arts. 127 a 130 CC: Vigentes arts. 764-768 LEC).
2. Acciones de reclamación (Arts. 131-134 CC).
3. Acciones de impugnación (Arts. 136-141 CC),
4. Otras acciones: Impugnación del reconocimiento por vicios del consentimiento (Arts.138 y 141 CC)

h) Filiación derivada de técnicas de reproducción asistida (Ley de Técnicas de Reproducción Humana


Asistida de 26 de mayo 2006)
La filiación derivada del empleo de técnicas de reproducción asistida, contenida inicialmente en la
ley 35/1988, de 22 noviembre, sobre Técnicas de Reproducci6n Asistida (LTRA.), y se contiene
ahora, con escasas modificaciones en filiación, en la ley 14/2006, de 26 mayo, sobre Técnicas de
Reproducción Humana Asistida (LTRHA.). Ha sido modificada por la Ley 19/2015, de 13 de julio, de
medidas de reforma administrativa en el Ámbito de la Administración de Justicia y del Registro
Civil y por la Ley 18/2015, de 9 de julio, por la que se modifica la Ley 37/2007, de 16 de
noviembre, sobre reutilización de la información del sector público.

1. Cuestiones previas
Las técnicas de reproducción asistida son procedimientos médicos 0 técnicas cuya finalidad es lograr la
fecundación del óvulo por el espermatozoide.
Con fa Ley de 1988, y posteriormente con la LTRHA de 2006 se sustituye en parte el principio de
veracidad biológica presente en la Ley de 1981 por el de la voluntad.
La filiación derivada de técnicas de reproducción asistida es un vínculo jurídico creado por la Ley
tomando como criterio fundamental la prestaci6n del consentimiento legalmente exigido a las
personas que han solicitado la utilización de las técnicas de reproducci6n asistida. Por ello la
determinación de la filiación será distinta de la regulada por el Código civil. Ahora bien, una vez
determinada tal filiación los respectivos derechos y deberes de quien ostente la calificación jurídica de
padre o madre serán los regulados en el Código civil.
El artículo 7 de la LTRA establece una remisión al Derecho vigente para los supuestos no regulados en
los artículos 8 a 10 de la LTRHA.

2. Paternidad
Respecto de la determinación de la paternidad, es cuestionable si el consentimiento prestado por el
varón es elemento suficiente para atribuir la paternidad, sin intervención de ninguna autoridad.
Ciertamente, llama la atención la relevancia concedida al consentimiento para la determinación de la
filiación.

119
Sin embargo, parece que los efectos atribuidos por la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida de 22
de noviembre de 1988 al consentimiento del varón (determina la paternidad, impide la impugnación
de la misma) van mucho más allá de lo previsto por el Código civil. Cabe, pues, preguntarse en qué
medida se ha sustituido — mediante la LTRA— la biología por el consentimiento como criterio de
determinación de Ia filiación. Con esta Ley de 1988 se sustituye en parte este principio de veracidad
biológica presente en la Ley de 1981 por el de la voluntad. Así, se distinguen, los conceptos de
progenitor (que aporta el gameto) y padre (aquel que cumple una función jurídico-social que
comprende derechos y deberes), que pueden coincidir 0 no en una misma persona. Estos principios se
mantienen en la regulaci6n de 2006.

3. Maternidad
Mediante estas técnicas es posible que una mujer aporte el óvulo, otra geste, ¿y una tercera consienta
la realización de estas técnicas ¿A quién debe considerarse jurídicamente como madre? ¿A la que
aporta las características biológicas? ¿O más bien a la que gesta? ¿O quizás a quien, no pudiendo
gestar ni aportar óvulo, solicitó ayuda a otras mujeres, pero es a ella junto con su marido o compañero,
a quienes se debe el nacimiento del nuevo ser? Por ello, serán supuestos de maternidad subrogada.
Esta práctica no es admitida por nuestro Derecho. Así, el art. 10 establece: “será nulo de pleno derecho
el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la
filiación materna a favor de! contratante o de un tercero”.
No obstante, el Ministerio de Justicia, a través de la Dirección General de los Registros y del Notariado, ha
dictado la Instrucción de 5 de octubre de 2010, ¡de la Dirección General de los Registros y de! Notariado, sobre
régimen registral de la filiación de los nacidos mediante gestación por sustitución. (BOE 243, 07/10/2010) donde
se establecen los criterios y fijan las bases para la inscripción en el Registro Civil de niños nacidos en el extranjero
de mujeres gestantes que, en virtud de un contrato de gestación por sustitución, han renunciado a su filiación
materna. La disposición dota de plena protección jurídica el interés superior del menor, y en la misma se
establece, como requisito previo para el registro de los niños nacidos mediante esta práctica, la presentación
ante el encargado del Registro Civil de una resolución judicial dictada por un tribunal competente en el país de
origen. En nuestra doctrina la valoración de esta Instrucción ha sido muy diferente.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha manifestado en dos Sentencias de 26 de junio de


2014 por primera vez sobre este difícil problema jurídico de alcance mundial, y lo ha hecho
argumentado que el interés superior del menor debe prevalecer en todo caso.
Las dos sentencias tienen el mismo alcance y sus fundamentos de derecho coinciden. En ambos casos,
se trata de matrimonios heterosexuales de origen francés que ante la prohibición en Francia de la
gestación por sustitución habían recurrido a dos estados de EE.UU. en que esta práctica es legal (el
matrimonio Mennesson a California y matrimonio Labasse, a Minnesota). En ambos casos los gametos
procedían de los respectivos maridos y el óvulo procedía de donante. Aunque en los estados de EE.UU.
en que nacieron los niños los padres intencionales constan a todos los efectos como sus padres legales,
en Francia, se les denegó el acceso al Registro Civil por considerar que esto atentaba contra su orden

120
público internacional. Aun así, habían podido vivir en Francia como verdaderas uniones familiares,
aunque sin ser reconocidos los hijos como ciudadanos franceses.
Las dos sentencias tienen el mismo alcance y sus fundamentos de derecho coinciden. En ambos casos,
se trata de matrimonios heterosexuales de origen francés que ante la prohibición en Francia de la
gestación por sustitución habían recurrido a dos estados de EE.UU. en que esta práctica es legal (el
matrimonio Mennesson a California y matrimonio Labasse, a Minnesota). En ambos casos los gametos
procedían de los respectivos maridos y el óvulo procedía de donante. Aunque en los estados de EE.UU.
en que nacieron los niños los padres intencionales constan a todos los efectos como sus padres legales,
en Francia, se les denegó el acceso al Registro Civil por considerar que esto atentaba contra su orden
público internacional. Aun así, habían podido vivir en Francia como verdaderas uniones familiares,
aunque sin ser reconocidos los hijos como ciudadanos franceses.
En supuestos de maternidad de sustitución, el Tribunal Supremo español (STS de 6 de febrero de 2014)
ha resuelto, reconociendo Ia filiaci6n de quien aporta material genético, y el cónyuge adoptaría al
nacido.

II. INSTITUCIONES DE GUARDA Y PROTECCION DE MENORES EN EL DERECHO CIVIL


ESTATAL Y ARAGONES
La tutela y demás formas de guarda legal están adquiriendo durante los últimos años una mayor
importancia social como consecuencia de la mayor concienciación de las autoridades públicas y de la
ciudadanía sobre la necesidad de proporcionar una adecuada atención y protección jurídica a las
personas con discapacidad y a los menores que no están sujetos a la patria potestad o autoridad
familiar de sus padres.

A) DERECHO CIVIL ESTATAL


La tutela, la curatela y el defensor judicial son las tres instituciones de guarda y protección legal cuyo
objeto es ocuparse de Ia persona y bienes de los menores no sujetos a la patria potestad de sus padres
y de las personas con modificación judicial de su capacidad. Su regulación se contiene en el titulo X del
Libro I del CC. (artículos 215 a 306), en la redacci6n dada por Ley de 24 de octubre de 1983,
parcialmente reformados por la Ley de 11 de noviembre de 1987 (sobre adopciones), la Ley Orgánica
1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, la Ley 1/2000, de 7 de enero, de
Enjuiciamiento civil, y la Ley 41/2003, de 18 de noviembre, de protección patrimonial de las personas
con discapacidad, Ley 15/2015, de 2 de julio, de la Jurisdicción Voluntaria y Ley Orgánica 8/2015, de 22
de julio, de modificación del sistema de protección de la infancia y adolescencia, Ley 26/2015, de 28 de
julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia.

121
El art. 215 Cc. dispone que: La guarda y protección de la persona y bienes o solamente de la persona o
de los bienes de los menores o incapacitados, se realizara, en los casos que proceda, mediante:
1° La tutela.
2° La curatela.
3° El defensor judicial.
Tras las reformas de 1987 y 1996, hay que añadir otras figuras: la tutela automática o administrativa y
la guarda administrativa.
Por otra parte, el Ministerio fiscal asumirá, en ocasiones, la defensa y representaci6én de la persona
que, eventualmente, deba ser sometida a tutela (art. 299 bis CC).
Todos estos cargos tutelares o de guarda constituyen un deber para quien ha de ejercerlos, y se han de
cumplir siempre en beneficio del menor o incapaz, bajo la salvaguardia de la autoridad judicial y
vigilancia de] Ministerio fiscal.
Todas las resoluciones judiciales que constituyan algún cargo tutelar se inscribirán en el Registro civil,
en la sección llamada “de las tutelas y representaciones legales”.

B) DERECHO CIVIL ARAGONÉS (CDFA)


El Código de Derecho foral de Aragón (CDFA), que refunde Ia regulación de la Ley de Derecho de la
Persona (LDP) de 2006, introduce una regulación completa de las instituciones tutelares en su Libro I,
Titulo III (arts. 100 a 168). Como explica la Exposición de Motivos, aunque se adopta el sistema de
“tutela de autoridad”, se potencia la autonomía de los particulares tanto en la delación como en la
determinación de las reglas por las que cada tutela haya de regirse y se acentúan los rasgos familiares.
El régimen de las relaciones tutelares se contiene en el titulo III del Libro I CDFA, dividido en siete
capítulos. Los tres primeros capítulos son de aplicación general a todos los cargos tutelares. En
particular, el capítulo I contiene unas disposiciones generales, inspiradas en buena medida en el
régimen del CC., sin perjuicio de haber incorporado algunos preceptos novedosos.
EI capítulo I comienza con el art. 100 CDFA que contiene una enumeración de las instituciones tutelares y
especifica la finalidad común a todas ellas que no es otra que la guarda y protección de la persona y/o bienes del
menor o de las incapacitado.
El art. 101CDFA enuncia los caracteres de las instituciones tutelares de modo más detallado al art. 216.1 CC. Así,
se refiere a su carácter obligatorio, personal y gratuito, salvo previsión expresa de remuneración, Otros
caracteres de las funciones tutelares son su sujeción al control judicial y el interés de la persona protegida como
principio inspirador de su ejercicio.
El art. 102 CDFA enumera los modos de delación (designación y nombramiento) de las funciones tutelares.
Atribuye prioridad a la delación voluntaria. A falta de delación voluntaria o para completarla, las funciones
tutelares se defieren por resolución judicial (delación dativa). Para los menores o incapacitados en desamparo es
la propia ley la que atribuye su tutela a la entidad pública competente (delación legal).

122
El art. 103 CDFA, en su apartado 1° atribuye al Juez el nombramiento de todo cargo tutelar, cualquiera que sea
el modo de delación. La regla es aplicable a la tutela ordinaria, a la curatela y al defensor judicial. El mismo
precepto y apartado impone al Juez la obligacién de dar posesión del cargo al nombrado. De acuerdo con el art.
103.2, el Juez tiene, asimismo, la función de vigilancia y control de las instituciones tutelares, así como al
Ministerio Fiscal en el art. 103.4. Por último, el art. 103.5 declara, en términos similares a los del art. 218 Cc, la
obligatoriedad de la inscripción en el Registro Civil de las resoluciones judiciales referentes a los cargos tutelares.
El art. 104.1 reconoce, de manera novedosa respecto del CC, a todo titular de funciones tutelares un derecho de
reembolso por los gastos derivados de su ejercicio, y el art. 104.2 atribuye a los cargos tutelares, en los mismos
términos que el art. 220 CC., un derecho de indemnización por los daños y perjuicios que padezcan como
consecuencia del ejercicio de la correspondiente función tutelar sin culpa por su parte. De tales daños responde
la persona protegida con cargo a sus bienes “de no poder obtener de otro modo su resarcimiento”, esto es, de
modo subsidiario.
El art. 105 extiende la posibilidad de retribución del tutor contemplada en el art. 274 CC. a todos los cargos
tutelares, excepto aquellos desempeñados por personas jurídicas públicas (art. 105.3). En el Código aragonés es
el propio interesado o los titulares de la autoridad familiar quienes pueden fijarla y, solo en su defecto, el Juez o
la Junta de Parientes (art. 105.1). El mismo art. 105.1 señala, asimismo, unos criterios de determinación de su
cuantía.
El art. 106 establece la responsabilidad de los cargos tutelares por los daños ocasionados a la persona protegida
durante el ejercicio de su función por su actuación negligente. La acción para exigir esta responsabilidad está
sujeta a un plazo de prescripción de tres años a contar desde el cese en el cargo o desde la rendición de cuentas,
de existir el deber de practicarla.
El capítulo I se cierra con el art. 107 (ver. art. 227 CC) que permite a toda persona que disponga de bienes a
título gratuito a favor de un menor o incapacitado establecer el régimen de administraci6n de tales bienes,
sustrayéndola incluso de la fiscalización judicial o de la Junta de Parientes.

II.1. TUTELA
a) Concepto
Regulación: arts. 222 a 285 CC. y arts. 130 a 147 CDFA.
La tutela puede ser definida como el poder concedido por la ley sobre la persona y bienes o
solamente sobre unos u otros de un menor o incapacitado, en beneficio y para su protección, bajo
control judicial (art. 215 CC).
b) Personas sujetas a tutela
Las personas sometidas a tutela vienen determinadas en la legislaci6n aragonesa en el art. 130
CDFA. Este precepto, semejante al art. 222 CC., ha optado por distribuir los supuestos de tutela en
dos apartados, el primero para los casos de tutela ordinaria y el segundo para los supuestos de
tutela automática de la Administración.

123
• Están sujetos a tutela ordinaria:
- Los menores no emancipados que no estén bajo la autoridad familiar. En caso de autoridad
familiar de otras personas se nombrará tutor de los bienes que carezcan de administrador
(art. 130.1.a CDFA)

En este precepto se establecen dos supuestos diferentes de tutela ordinaria de menores. E!


primero es semejante al art. 222.1 CC., aunque referido obviamente a la autoridad familiar y
no a la patria potestad. El Código aragonés contempla el supuesto de menores no sometidos
a la autoridad familiar de sus padres ni de otras personas. Por tanto, basta que haya una
persona con autoridad familiar para evitar el nombramiento de tutor. Además, deben ser
menores no emancipados, con independencia de que tengan una edad superior o inferior a
los catorce años.
En segundo lugar, la Ley aragonesa somete a tutela ordinaria y, en concreto, a tutela real a
los menores sujetos la autoridad familiar de personas diferentes de los padres. Estas
personas están excluidas de la administración de los bienes de los menores (art. 88.3), razón
por la que se hace necesario nombrarles un tutor real (del patrimonio), siempre que se trate
de bienes que carezcan de administrador.
- Los incapacitados cuando la sentencia de incapacitaci6n o la resolución judicial que la
modifique la hayan establecido (art. 130.1.b.).
- Los que al cesar la prórroga o rehabilitación de la potestad de guarda continúen
incapacitados, salvo que proceda la curatela (art. 130.1.c).
Personas que fueron declaradas incapaces siendo menores de edad y no recuperaron su
capacidad al alcanzar la mayoría de edad

• Estén sujetos a tutela automática los menores e incapacitados declarados en situación de


desamparo, salvo que la entidad pública haya asumido solo la guarda (art. 116.2)
La determinación de quienes son menores e incapacitados declarados en situación de
desamparo debe realizarse acudiendo al concepto legal de desamparo que establece el art. 118
CDFA. La tutela de estas personas se atribuye a la entidad pública a la que en Aragón esta
encomendada la protección de menores e incapacitados (art. 119).

• Constitución de la tutela
Cuando se dé el supuesto de la existencia de una persona que deba quedar sujeta a tutela,
tendrán la obligacién de promover su constitución:
 Los parientes llamados a ella y quienes lo padres hayan llamado a desempeñar el cargo de tutor en
testamento o documento público notarial.

124
 La persona bajo cuya guarda se encuentra el menor o incapacitado, y que podrá ser, bien la
entidad pública, bien el guardador de hecho.
 El Ministerio Fiscal.
 El Juez competente por razón del territorio.

En el caso de menores que se encuentren en situación de desamparo, le corresponde a Ia


Entidad Publica que en el respectivo territorio tenga encomendada la protección de menores
(arts. 239 y 172 CC; art 119 CDFA.).
Por otra parte, cualquier persona, aunque no tenga obligacién de solicitar la tutela, tiene la
facultad de poner el hecho en conocimiento del Ministerio fiscal para que inicie el
procedimiento (art. 230 CC. y art. 131.3 CDFA).
La tutela se constituye mediante resolución judicial, a través de un procedimiento de
jurisdicción voluntaria en el que el Juez debe dar previa audiencia a los parientes más próximos,
a las personas que considere oportuno, y, en todo caso, al tutelado si tuviera suficiente juicio y
siempre si fuera mayor de doce años (art. 231 CC y art. 133 CDFA).
Si los padres, en testamento o documento público notarial, no nombran tutor o establecen
órganos de fiscalización de la tutela (art. 223, par. 1° CC y art. 110 CDFA), el nombramiento del
tutor lo hará el Juez que deberá atender al orden establecido en el art. 116 CDFA (que no
coincide con art. 234 Cc) y en atención al mismo, preferirá:
1. Al cónyuge que conviva con el tutelado.
2. A los descendientes mayores de edad
3. A los padres.
4. A los padrastros, abuelos o hermanos mayores de edad
5. A las personas idóneas por su relación con el menor, o a personas jurídicas

Puede ser también el designado por el propio tutelado, ya que cualquier persona con capacidad
de obrar suficiente, en previsión de ser incapacitada judicialmente en el futuro, puede, en
documento público notarial, designar tutor, art. 223 par. 2° CC, y se denomina “autotutela’, que
se desarrolla más ampliamente —para los aragoneses- en el art 108CDFA.
Excepcionalmente, el Juez, en resolución motivada, podrá alterar el orden anterior o prescindir
de todas las personas mencionadas, si el beneficio del menor o del incapacitado así lo exigiere,
considerándose beneficiosa para el menor la integración en la vida de familia del tutor (art. 115.2
CDFA y art. 235 CC)

Por su parte, la persona que haya sido nombrada como tutor puede rechazar el cargo por
razones de edad, enfermedad, ocupaciones personales y profesionales, falta de relación con el
menor o incapaz y, evidentemente, por la carencia de medios económicos suficientes para
atenderle.

125
Esta renuncia al cargo debe hacerse en el plazo de 15 días desde el nombramiento si existe
alguna de las causas anteriores o, posteriormente, cuando se manifieste algún motivo que
imposibilite el ejercicio de la tutela (art. 126 CDFA).

Quién puede ser nombrado tutor


El Código civil establece que podrán ser tutores, todas aquellas personas mayores de edad que
se encuentren en el pleno ejercicio de sus derechos civiles (art. 241CC; en Aragón: art. 123 CDFA),
también incluyendo las personas jurídicas que no tengan finalidad lucrativa y entre cuyos fines
figure la protección de menores e incapacitados (art. 242 y art. 124 CDFA), siempre y cuando que
no concurra causa de inhabilitación (señaladas en arts. 243 a 245 CC y art. 125 CDFA).
Tutor Único y cotutores:
Al igual que sucede en el Código civil (art. 236), el art. 134 CDFA formula el principio general de
la tutela unipersonal.
El mismo art. 134 CDFA contiene una serie de importantes excepciones en las que se admite la
pluralidad de tutores respecto de un mismo tutelado.
De ser varios los tutores y no habiendo acordado el Juez que ejerciten su cargo solidariamente,
las facultades de la tutela habrán de ejercitarlas conjuntamente, valiendo lo que se haga por
acuerdo de la mayoría, y de forma análoga a como se ejercería la autoridad familiar (art. 142
CDFA).

• Ejercicio de la tutela, obligaciones, atribuciones y derechos del tutor; actos prohibidos del mismo.
En el ejercicio de la tutela, el Juez controla aquellos aspectos del tutelado que son más
trascendentes, concediendo o no la autorización. Por su parte, el Fiscal vigilara el ejercicio de la
tutela y podrá exigir al tutor que le informe sobre la situación del menor o del incapacitado y
del estado de la administración de la tutela.
Como atribuciones del tutor, podemos destacar las siguientes:
La persona que es nombrada tutor tiene la obligacién de educar al menor o incapaz y procurarle
una formaci6n integral, además de administrar sus bienes y representarle en todos sus actos
(art. 269 CC). El Código aragonés resalta en el art. 136 el contenido personal de Ia tutela y
señala que las funciones del tutor del menor son las mismas que las de la autoridad familiar de
los padres, con las modificaciones que la ley señala.
Respecto a los bienes del tutelado, el tutor es el administrador legal de sus bienes; dicha
administración deberá realizarla con la diligencia de un buen padre de familia, pues deberá
rendir cuentas de su gestión (art. 270 CC y arts. 139 y 146 CDFA).
Aunque los tutores actúan en nombre y representación del sometido al régimen de tutela, para
realizar ciertos actos necesitan la autorización del juez (art. 271), que en el CDFA (art. 103) se

126
sustituye por las medidas de vigilancia y control judicial establecidas en la sentencia que
constituye la tutela.

• Extinción
Las causas de extinción de la tutela se regulan en los artículos 276 y 277 Cc. y art. 144 CDFA:
- Cuando el menor de edad cumple los 18 años, a no ser que con anterioridad haya sido
judicialmente incapacitado.
- Por la adopción del tutelado menor de edad.
- Por fallecimiento del tutelado.
- Por laconcesi6n al menor del beneficio de la mayor edad (emancipación).
- Cuando habiéndose originado la tutela por privación o suspensión de la patria potestad (0
autoridad familiar), el titular de ésta la recupere.
- Cuando se dicte resolución judicial que ponga fin a la incapacitación, o que modifique la
sentencia de incapacitación en virtud de Ia cual se sustituya la tutela por la curatela.
La mayoría de edad y el fallecimiento son causas que extinguen la tutela de forma automática,
el resto presuponen una resolución judicial.

II. 2. CURATELA
Regulación: arts. 286 a 293 CC y arts. 148 a 152 CDFA ´
CONCEPTO: La curatela es un cargo tutelar de asistencia al sometido a ella, complementando la
capacidad del mismo que no la tiene plena. Por tanto, el curador ni suple ni representa, ni cuida al
sometido a ella, sino que solo complementa su capacidad en aquellos actos que no puede realizar por
sí mismo.
La constitución de la curatela es judicial. El Juez constituirá la curatela y nombrará al curador.

Personas sujetas a curatela (De acuerdo con el art.148 CDFA, están sujetos a curatela (ver art. 286 CC)):
a) Los emancipados, cuando las personas llamadas a prestarles la asistencia prevenida en la ley
fallezcan o queden impedidas para hacerlo (art. 148.a).
b) Los incapacitados, cuando la sentencia de incapacitación o la resolución judicial que la modifique
lo hayan establecido en atención a su grado de discernimiento (art. 148.b.).
c) Los que al cesar la prórroga o rehabilitación de la potestad de guarda continúen incapacitados,
salvo que proceda a tutela (art. 148.c.).

127
Como novedad respecto del CC, se prescinde de la curatela de los declarados pródigos (art. 286.3
CC), en coherencia con la supresión de la prodigalidad como una declaración distinta de la de
incapacitaci6n (art. 38.3 CDFA).

Promoción y constitución: El art. 150.4 CDFA contiene para la curatela de los incapacitados una remisión a las reglas de
la tutela sobre promoción y constitución (ver art. 291 CC)

Si el sometido a curatela hubiese estado con anterioridad bajo tutela, desempeñará el cargo de
curador el mismo que hubiese sido su tutor, a menos que el Juez disponga otra cosa (art. 150.3 CDFA y
art. 292 CC)

Como en el caso de la tutela, es un cargo renunciable y puede ser retribuido.

Contenido:
Se establece como regla general que la curatela del emancipado, que solo se constituirá a su instancia,
“no tendrá otro objeto que la intervención del curador en los actos que aquel no pueda realizar por sí
solo” (art. 149 CDFA.)
Y como regla supletoria que el régimen jurídico de la asistencia del curador no es otro que el previsto
para la asistencia del mayor de catorce años (arts. 2 3 y ss), a los que se remite el art. 39. Una vez
extinguida fa curatela, el curador ha de presentar al Juez un informe general justificado de las
actividades que ha desempeñado durante el ejercicio de su cargo, cuyo contenido dependerá, en todo
caso, del tipo de curatela (art. 152 CDFA)

Extinción:
Se producirá la extinción de la curatela cuando desaparezca la causa que dio lugar a la misma. Así, el
fallecimiento o mayoría de edad del menor emancipado o recupere la capacidad el incapacitado.

ll. 3. EL DEFENSOR JUDICIAL


Regulación: arts. 299 a 302 Cc. y arts. 153 a 155 CDFA
El defensor judicial no es un órgano de vigilancia de la patria potestad o autoridad familiar, sino que
con carácter transitorio representa al sometido a ella, por tanto, mientras dure el conflicto y en
relación con algún asunto concreto y especifico.
El art. 153 CDFA dispone que se nombrara un defensor judicial que represente o asista a quienes se
hallen en oposición de intereses con quienes le representen o asistan; cuando los titulares de la
autoridad familiar, tutela o curatela no desempeñen sus funciones, y en los demás casos previstos por
el CDFA (0 el CC, art. 299).
El nombramiento lo hace el Juez, y debe recaer en quien "estime más idóneo para el cargo” (art. 154
CDFA y art. 300 CC).

128
Es, por tanto, la persona nombrada por Juez para ejercer las funciones de amparo y representación de
los menores e incapacitados de forma transitoria en ciertos casos.
Su actuación finaliza cuando se extingue la causa que dio lugar a su nombramiento.

ll. 4. GUARDA DE HECHO


Regulación: arts. 303, 304 y 306 Cc. y arts. 100.2 y 156 a 159 CDFA.
La regulación de la guarda de hecho, aunque no era desconocida por nuestra legislación estatal, es otra
de las novedades introducidas por la Ley de 24 de octubre de 1983, modificada por la Ley 26/2015, de
28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia.
La guarda de hecho es aquella situación en la que una persona, sin nombramiento alguno, se encarga
de la guarda de un menor no sometido a patria potestad o de alguien en quien concurre una causa de
incapacitación igualmente sin patria potestad. Es frecuente en los casos en los que el menor o
emancipado carece de patrimonio.
En el Código aragonés, “guardador de hecho” es la persona física o jurídica, distintas de las mencionadas en
la ley para el ejercicio de la autoridad familiar, que por iniciativa propia, por estar el menor o incapacitado
en situación de desamparo, se ocupa transitoriamente de la guarda de un menor o de un incapacitado en
situación de desamparo o de una persona que podría ser incapacitada (art. 156).
El Juez tiene fa obligacién de recabar información al guardador de hecho (art. 158.1). En la práctica,
será preciso que el Juez tenga conocimiento de la situación, lo que será difícil si no se pone en su
conocimiento por las personas que están obligadas a ello (art. 157) o, más genéricamente, a instancia
del propio menor o incapacitado, de cualquier pariente o persona interesada, o del Ministerio fiscal.
La situación de guarda de hecho puede dar lugar a que la autoridad judicial solicite informes al
guardador sobre la situación personal y de los bienes del menor o presunto incapaz y sobre fa
actuación en relación con los mismos, e imponer medidas de control y vigilancia.
La doctrina considera que el guardador deberá actuar con buena fe y con la diligencia de un buen
padre de familia, de tal modo que si sus actuaciones han sido beneficiosas y útiles para el menor o
incapaz, serán válidas no pudiéndose impugnar. De lo contrario, pueden ser impugnadas.

III. GUARDA Y ACOGIMIENTO DE MENORES


La situación de los menores en situación de desamparo ha sido, progresivamente, objeto de una mayor
atención por parte del legislador. En este sentido, la reforma del CC por Ley de 11 de noviembre de
1987, introdujo una nueva figura, el acogimiento, aplicable cuando el menor se encuentra en situación
de desamparo, atribuyendo la guarda, la tutela y el control del acogimiento a las Entidades públicas
que en las Comunidades Autónomas tengan la protección de menores (art. 172 CC). Posteriormente,

129
toda esta materia ha sido reformada por la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica
del Menor, modificada por la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a
la infancia y a la adolescencia.
El criterio informador, viene recogido por el art. 17 de la L.O. 1/1996:
"En situaciones de riesgo de cualquier índole que perjudiquen e/ desarrollo personal o social del menor, que no
requieran la asunci6n de la tutela por ministerio de la Ley, la actuación de los poderes públicos deberé garantizar
en todo caso los derechos que le asisten y se orientaré a disminuir los factores de riesgo y dificultad social que
incidan en la situaci6n personal y social en que se encuentra y a promover los factores de protección de! menor y
su familia.
Una vez apreciada Ia situación de riesgo, la entidad pública competente en materia de protección de menores
pondré en marcha las actuaciones pertinentes para reducirla y realizaré el seguimiento de la evolución del menor
en la familia”.

Las nuevas figuras introducidas en estas reformas son:


- La guarda asistencial
- La tutela automática
- El acogimiento
El objeto de la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la
adolescencia es introducir los cambios necesarios en la legislación española de protección a la infancia
y a la adolescencia que permitan continuar garantizando a los menores una protección uniforme en
todo el territorio del Estado y que constituya una referencia para las comunidades aut6énomas en el
desarrollo de su respectiva legislación en la materia. Además, y de modo reciproco, esta ley incorpora
algunas novedades que ya han sido introducidas por algunas normas autonómicas estos años atrás. Se
realizan modificaciones en la Ley Orgánica de Protección del Menor, entre las que destacan:
a) Se da prioridad a las medidas estables frente a las temporales, a las familiares frente a las
residenciales y a las consensuadas frente a las impuestas. Además, se recoge otro de los ejes de
esta reforma, como es la obligacién de las Entidades Públicas de revisar, en plazos concretos, las
medidas de protección adoptadas. De esta manera se obliga a realizar un seguimiento personal de
cada niño, niña o adolescente y una revisión de la medida de protecci6n.
b) Se establece una regulación estatal más completa de las situaciones de riesgo y de desamparo,
conceptos jurídicos indeterminados que, por vez primera, se definen en una normativa de rango
estatal que básicamente incorpora, como contenido sustantivo de las mismas, lo que la
jurisprudencia y la legislación autonómica habían recogido en estos años.
c) Se regula la institución de la guarda provisional dentro de las medidas de atención inmediata.
d) En relación con la situación de riesgo, y mediante la reforma del artículo 17, se desarrolla de
forma integral esta figura y su procedimiento, cuestiones ambas que no estaban reguladas a nivel
estatal. La intervención adecuada para paliar e intervenir en las situaciones de riesgo en que

130
pueden encontrarse los menores se torna de capital importancia para preservar su superior
interés, evitando en muchos casos que Ia situación se agrave, y que deban adoptarse decisiones
mucho más traumáticas y de mayor coste individual, familiar y social, como la separación del
menor de su familia.
e) Se completa fa definición de la situación de desamparo regulada en el artículo 172 del código Civil,
estableciendo, por primera vez en una norma de carácter estatal, las circunstancias que la
determinan, con lo que se introduce una importante clarificación y unificación de criterios para su
declaración. Debe advertirse que a los efectos del apartado d), que establece como causa de
desamparo el consumo habitual de sustancias con potencial adictivo por parte de progenitores,
tutores o guardadores, se entiende como habitual los criterios de consumo perjudicial, abuso o
dependencia, según las definiciones de la Organización Mundial de la Salud o de la Asociación
Americana de Psiquiatría.
Las principales modificaciones del Código civil:
o En relación con la regulación del desamparo, y además de lo previsto en el artículo 18 de la Ley Orgánica de
Protección Jurídica del Menor ya citado, el anterior artículo 172 del código Civil se desdobla en tres artículos al
objeto de separar la regulación de las situaciones de desamparo (artículo 172), de la guarda a solicitud de los
progenitores o tutores (artículo 172 bis) y de las medidas de la intervención en ambos supuestos (artículo 172
ter) mediante el acogimiento residencial y familiar.
o En relación con el artículo 172 se mantiene la legitimación de los progenitores para promover la revocación de la
resoluci6n administrativa de desamparo y para oponerse a las decisiones que se adopten respecto a la
protección del menor durante el plazo de dos años desde la notificación, añadiéndose que transcurridos esos
dos años únicamente estará legitimado el Ministerio Fiscal para impugnar las resoluciones que sobre el menor
dicte la Entidad Pública. Por otra parte, se señala que durante ese periodo de dos años las Entidades Públicas,
ponderando la situación, podrán adoptar cualquier medida de protección que consideren necesaria, incluida la
propuesta de adopción, cuando exista un pronosticó de irreversibilidad.
o En este mismo articulo172 se establece la posibilidad de asumir la guarda provisional sin declaración previa de
desamparo ni solicitud expresa de los progenitores, mientras tienen lugar las diligencias precisas para la
identificación del menor, la investigación de sus circunstancias y la constatación de la situación real de
desamparo. La guarda provisional, aunque imprescindible para atender situaciones de urgencia, debe tener
límites temporales pues en otro caso podrían generarse situaciones de inseguridad jurídica. Por ello, se prevén
las obligaciones de las Entidades y el papel a desempeñar por el Ministerio Fiscal, como superior vigilante de la
actuación administrativa. Además, se prevén nuevos supuestos de cese de la tutela administrativa que
responden a la creciente movilidad de algunos menores protegidos.
o En relación con la guarda voluntaria, en estrecha conexión con el artículo 19 de la Ley Orgánica de Protección
Jurídica del Menor, en el artículo 172 bis se establece que la guarda a petición de los progenitores no podrá
sobrepasar el plazo máximo de dos años, salvo prórroga por concurrir circunstancias excepcionales, transcurrido
el cual, o la prórroga, el menor debe regresar con sus progenitores o tutores o ser dictada una nueva medida de
protección permanente.
o En el artículo 172 ter se recoge la prioridad del acogimiento familiar respecto al residencial, y se regula también
la posibilidad de acordar, por las Entidades Públicas, estancias, salidas de fin de semana o vacaciones con
familias, de origen o alternativas, o instituciones adecuadas para los menores en acogimiento y se establece la

131
posibilidad de que, en los casos de desamparo o guarda a petición de los progenitores, la Entidad Publica pueda
fijar una cantidad a abonar por los progenitores o tutores en concepto de alimentos y gastos de cuidado y
atención del menor.
o Tras algunas leves modificaciones en el artículo 173, el artículo 173 bis redefine las modalidades de acogimiento
familiar en función de su duración. Se suprime el acogimiento provisional, que ya no será necesario ante la
simplificación del acogimiento familiar, así como el acogimiento preadoptivo que, en definitiva, es actualmente
una fase del procedimiento de adopción. Con ello se introduce claridad en los verdaderos supuestos de
acogimiento familiar, que quedaran concretados en acogimiento de urgencia, acogimiento temporal (hasta
ahora denominado simple), con una duración máxima de dos años, salvo que el interés superior del menor
aconseje una prórroga, y acogimiento permanente.
o Las altas funciones que se encomiendan al Ministerio Fiscal, como superior vigilante de la actuación
administrativa en protección de menores, deben verse acompañadas de los suficientes medios a fin de que
pueda ejercerlas de manera efectiva, evitando que sus esfuerzos queden limitados a un simple voluntarismo
carente de operatividad practica o que su actuación sea meramente simbólica. A tales efectos, expresamente se
le asigna la posibilidad de solicitar informes adicionales a los presentados por la Entidad Pública.
o En Aragón, la intervención administrativa en materia de protección de menores se encuentra regulada en la Ley
12/2001, de 2 de julio, de la infancia y la adolescencia en Aragón (en adelante, LIYAA), (BOA n° 86, de 20 de
julio), y el Decreto 190/2008, de 7 de octubre, del Gobierno de Aragón, por el que se aprueba el Reglamento de
medidas de protección de menores en situaci6n de riesgo o desamparo (BOA n° 174, de 23 octubre) el legislador
aragonés estimé oportuno incorporar los aspectos civiles de esta materia en la Ley de Derecho de la
Persona en 2006, refundidas en el CDFA.

III.1. LA GUARDA ASISTENCIAL


A la guarda se refieren especialmente los apartados 2, 3, 4, y 5 del art. 172 CC y el art. 19 Ley Orgánica
1/1996, de protección del menor.
La guarda asistencial, también denominada guarda administrativa, es la instituci6n en virtud de la cual
los poderes públicos asumen la protección de la esfera personal de un menor cuando los padres o
tutores, por circunstancias graves, no pueden cuidarlo.
Por la forma de constitución, existen dos clases de guarda asistencial:
A) Convencional, que se constituye a petición de los padres o tutores.
Cuando los padres o tutores por circunstancias graves no puedan cuidar al menor, podrán
solicitar de la entidad pública competente que ésta asuma su guarda durante el tiempo
necesario. Tiene como finalidad evitar que se produzca una situaci6én de desamparo, que daría
lugar a privarles de la autoridad familiar. Por ello no solo pueden solicitarlo, sino que están
obligados.
De la entrega de la guarda se dejará constancia por escrito, haciéndose constar que los padres o
tutores han sido informados de las responsabilidades que siguen manteniendo respecto del hijo,
así como de la forma en que dicha guarda va a ejercerse por la Administración.

132
Exige la ley que ha de justificarse la existencia de circunstancias que impidan la asistencia moral y
material del menor, y además que no se les puede imputar a los padres (no cabe abdicar de la
patria potestad o tutela por razones caprichosas o no justificadas)
Cualquier variación posterior de la forma de ejercicio será fundamentada y comunicada a
aquellos y al Ministerio Fiscal.
En Aragón, el art. 160.2. a) CDFA establece que pueden solicitarla a la Administración los titulares
de la autoridad familiar o el tutor, cuando “por circunstancias graves y ajenas a su voluntad no
puedan cuidar de los menores o incapacitados a su cargo”.

B) Judicial, que es la acordada por el Juez.


Asimismo, se asumirá la guarda por la entidad pública cuando así lo acuerde el Juez en los casos
en que legalmente proceda (art. 160.2.6 CDFA).
Procede cuando los padres la solicitan (art. 172.bis 2, CC) y la entidad pública rechaza tal
solicitud. Se puede acudir a la vía judicial para la constitución de la guarda.
Y también en los supuestos en que el juez pueda tomar medidas de protección del menor, como
excepcionalmente señala el art. 103.1, par. 2° CC. para los procedimientos de nulidad, separación
o divorcio.
Se buscará siempre el interés del menor, y se procurará, cuando no sea contrario a ese interés,
su reinserción en la propia familia, así como que la guarda de los hermanos se confié a una
misma institución o persona (art. 172, ter CC).
Si surgieren problemas graves de convivencia entre el menor o la persona o personas a quien se
hubiere confiado su guarda, aquél o persona interesada podrán solicitar la remoción de ésta (art.
173.3, CC).
En Aragón, esta guarda administrativa conlleva la asunción temporal por Ia Administración del
contenido personal propio de la autoridad familiar o, en su caso, de la tutela ordinaria. Ahora
bien, las actuaciones concretas a desarrollar por la Administración en ejercicio de la guarda
corren a cargo de personas físicas. De este modo, su ejercicio ha de delegarse bien en la persona
o personas que determine la Administración -acogimiento familiar-, bien en el director del centro
donde esté acogido el menor -acogimiento residencial- (art. 162.2 CDFA; art. 64 LIYAA; arts. 52 y
ss Decreto 190/2008).

III. 2. TUTELA AUTOMATICA O “EX LEGE”


Con el nombre de tutela automática nos estamos refiriendo a la de los menores desamparados que el
art. 172 CC encarga a las entidades públicas de protecci6n de menores, que asumen ex lege
(automáticamente), sin nombramiento previo.

133
El articulo 239 CC. dispone que la tutela de los menores desamparados corresponde por ley a la
entidad a que se refiere el artículo 172.
Este último precepto dice en su apartado 1 que “Cuando la Entidad Publica a la que, en el respectivo territorio,
esté encomendada la protección de los menores constate que un menor se encuentra en situación de
desamparo, tiene por ministerio de la ley la tutela del mismo y deberá adoptar las medidas de protección
necesarias para su guarda, poniéndolo en conocimiento del Ministerio Fiscal y, en su caso, del Juez que acordé la
tutela ordinaria. La resoluci6n administrativa que declare la situación de desamparo y las medidas adoptadas se
notificara en legal forma a los progenitores, tutores 0 guardadores y al menor afectado si tuviere suficiente
madurez y, en todo caso, si fuere mayor de doce años, de forma inmediata sin que sobrepase el plazo máximo
de cuarenta y ocho horas. La información será clara, comprensible y en formato accesible, incluyendo las causas
que dieron lugar a la intervención de la Administración y los efectos de la decisión adoptada, y en el caso del
menor, adaptada a su grado de madurez. Siempre que sea posible, y especialmente en el caso del menor, esta
información se facilitara de forma presencial”.

Se considera situación de desamparo, la que se produce de hecho a causa del incumplimiento, o del
imposible o inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por las leyes para la guarda
de los menores, cuando éstos queden privados de la necesaria asistencia moral o material.
En Aragón, en línea con el Código civil (arts. 172.1 y 239), atribuye a la entidad pública competente en
materia de protección de menores e incapacitados la tutela de los menores e incapacitados en
situación de desamparo (art. 119 CDFA; art. 61 LIYAA; por el IASS, arts. 47 y ss Decreto 190/2008).
Para que se constituya esta tutela automática es necesaria una resolución motivada de la
Administraci6n por la que declare el desamparo del menor o incapacitado y asuma dicha tutela, previo
estudio de Ia situación del menor (art. 119 CDFA). De acuerdo con el art. 120, la resolución de
desamparo debe comunicarse al Ministerio fiscal y notificarse a los padres (entiéndase titulares de la
autoridad familiar), tutores o guardadores en un plazo de cuarenta y ocho horas. Igualmente, siempre
que sea posible, en el momento de la notificación deberá informarse a aquellos de las causas que han
motivado la intervención administrativa y de sus posibles consecuencias. En cualquier caso, contra
dicha resolución cabe formular oposici6n ante la jurisdicción civil, sin necesidad de reclamación
administrativa previa (art.121 CDFA, en coherencia con el art. 780.1 LEC.).
El art. 118 CDFA, de modo coincidente con el art. 59.1 Ley aragonesa 12/2001, precisa en qué
consiste la situación de desamparo. Este precepto se complementa con lo dispuesto en el art. 59.2 de
la Ley 12/2001 que ofrece una lista ejemplificativa de posibles supuestos constitutivos de desamparo.
Con todo, según precisa el art. 118.2 CDFA, en coherencia con la doctrina y jurisprudencia, el concepto
de desamparo ha de interpretarse restrictivamente. Hay que distinguir las situaciones de desamparo”
(ver también arts. 59 a 63 LIYAA; arts. 28 a 51 Decreto 190/2008) de las de riesgo, “aquéllas en las que,
por circunstancias personales o sociofamiliares, se ven obstaculizados el desarrollo integral del niño o
adolescente y el ejercicio de sus derechos y que no requieren su separaci6n del medio familiar” (arts.
56 a 58 LIYAA; arts. 15 a 27 Decreto 190/2008)

134
La tutela automática de la Administración conlleva la suspensión -que no extinción- de la autoridad
familiar y funciones anejas o, en su caso, de la tutela ordinaria (art. 119CDFA), pero considera validos
los actos que realicen estas personas en representación de los menores y beneficiosos para ellos (art.
163 CDFA)
Con todo, dicha tutela se configura como una medida de protección provisional que, en principio, dará paso
a otras situaciones más estables como es la reintegración del menor o incapacitado al titular o titulares de
la autoridad familiar o, en su caso, la promoción de la tutela ordinaria o la adopción. No obstante, cuando
ello no sea posible o no resulte conveniente para el interés de la persona protegida, la tutela administrativa
se convertirá en definitiva, tratándose de menores, hasta su mayoría de edad o emancipación y, en el caso
de los incapacitados, hasta que recobren la capacidad (cese de la tutela: art. 62 LIYAA).

III. 3. ACOGIMIENTO
Concepto:
El acogimiento, es definido por la doctrina científica como aquella situación temporal y revocable,
orientada a la protección de los menores que se encuentren privados (aunque sea
circunstancialmente) de una adecuada atención familiar.
Dispone el art. 172.3 CC que la guarda asumida a solicitud de los padres o tutores (voluntaria) o como
función de la tutela por ministerio de la ley (forzosa), se realizara mediante el acogimiento familiar o el
acogimiento residencial.
Por consiguiente, el acogimiento es la forma de ejercitar la guarda del menor.

CLASES DE ACOGIMIENTO:
A) ACOGIMIENTO FAMILIAR
Es el que se ejerce por persona o personas que determine la entidad pública. Trata de incorporar
al menor a una familia en la que pueda desarrollarse como persona y en la que consiga integrarse
como un miembro más a todos los niveles, en una relación análoga a la paterno-filial A través del
acogimiento se pretende que !o que prevalezca sea el interés del menor, articulando un sistema
de guarda que permita la integración familiar de aquellos menores cuyos padres mantienen la
patria potestad, pero por diversas razones, no les pueden atender, o bien, de aquellos menores
que se encuentren en una situación de desamparo.
Se regula en el artículo 173 bis, que establece:
1. El acogimiento familiar podrá tener lugar en la propia familia extensa del menor o en familia
ajena, pudiendo en este último caso ser especializado,

135
2. El acogimiento familiar podrá adoptar las siguientes modalidades atendiendo a su duración y
objetivos:
a) Acogimiento familiar de urgencia, principalmente para menores de seis años, que tendrá una
duración no superior a seis meses, en tanto se decide la medida de protección familiar que
corresponda.
b) Acogimiento familiar temporal, que tendrá carácter transitorio, bien porque de la situación del
menor se prevea Ia reintegración de éste en su propia familia, o bien en tanto se adopte una
medida de protección que revista un carácter más estable como el acogimiento familiar
permanente o la adopción. Este acogimiento tendrá una duración máxima de dos años, salvo que el
interés superior del menor aconseje la prórroga de la medida por la previsible e inmediata
reintegración familiar, o la adopción de otra medida de protección definitiva.
c) Acogimiento familiar permanente, que se constituirá bien al finalizar el plazo de dos años de
acogimiento temporal por no ser posible la reintegración familiar, o bien directamente en casos de
menores con necesidades especiales o cuando las circunstancias del menor y su familia así lo
aconsejen. La Entidad Publica podrá solicitar del Juez que atribuya a los acogedores permanentes
aquellas facultades de la tutela que faciliten el desempeño de sus responsabilidades, atendiendo,
en todo caso, al interés superior del menor.

En Aragón, el acogimiento familiar, (art. 165 CDFA) constituye un instrumento de protecci6n que
proporciona al menor o incapacitado un núcleo de convivencia familiar, en sustitución o como
complemento del propio. En atención a su finalidad, puede adoptar tres formas distintas (art. 168
CDFA): simple, permanente y preadoptivo. Su ejercicio corresponde a la persona o personas
designadas por la Administración para sustituir al núcleo familiar del menor o incapacitado o al
responsable del hogar funcional (165.2 CDFA). Produce como efecto la plena participación del
menor o incapacitado en la vida de la familia acogedora e impone a ésta las obligaciones previstas
en el art. 165.1 CDFA (ver arts. 70-73 LIYAA y arts. 71-105 Decreto 190/2008)

PROCEDIMIENTO:
Constitución. El acogimiento puede constituirse de dos maneras, administrativa y judicial.
El acogimiento administrativo o constituido por la entidad pública, de acuerdo con el art. 166.CDFA
(ver art. 172. Ter CC), procede en los siguientes casos:
1) cuando los titulares de la autoridad familiar que no estén privados de ella o el tutor hayan dado su
consentimiento
2) cuando los titulares de la autoridad familiar sean desconocidos
3) cuando los titulares de la autoridad familiar hayan sido privados de ella.

El acogimiento judicial o constituido por resolución judicial es subsidiario del acogimiento


administrativo, en el sentido que solo procede cuando los titulares de la autoridad familiar o el

136
tutor no hayan comparecido a la constituci6n de aquél o se hayan opuesto al mismo (art. 167CDFA y
art. 172 bis CC)

EFECTOS:
El acogimiento familiar produce la plena participación del menor en la vida de familia e impone a
quien lo recibe las obligaciones de velar por él, tenerlo en su compañía, alimentarlo, educarlo y
procurarle una formación integral (art. 173.1 CC).
Cese: En atención a lo dispuesto en el art. 169 CDFA (ver art. 173.4 CC), el acogimiento puede
cesar judicial o extrajudicialmente.
El cese judicial o en virtud de resolución judicial constituye la única forma de cese del acogimiento
judicial, aunque también puede afectar al acogimiento administrativo en caso de que Ja
Administración haya denegado su cese.
El cese extrajudicial o en virtud de resolución administrativa solo afecta al acogimiento
administrativo. En particular, tiene lugar en los siguientes supuestos:
1) cuando las personas que tienen acogido al menor o incapacitado así lo decidan y comuniquen a la
entidad pública
2) a petición del tutor o de los titulares de la autoridad familiar que reclamen la compañía del menor o
incapacitado
3) cuando la entidad pública que tenga la tutela o guarda del menor o incapacitado lo considere
necesario para salvaguardar el interés de éste.

B) EL ACOGIMIENTO RESIDENCIAL
Cuando no pueda constituirse un acogimiento familiar, la Ley ha previsto el acogimiento
residencial, que es aquél en que el menor se encuentra internado en un centro asistencial y el
acogimiento lo ejercita el director del centro.
En Aragón, el acogimiento residencial, por su propio carácter, es una medida de protección a
adoptar subsidiariamente en caso de que los demás instrumentos de protección resulten
imposibles, inadecuados o insuficientes y hasta que se arbitre otra medida (art. 66.1 LIYAA) Su
ejercicio corresponde al director del centro donde sea acogido el menor o incapacitado. Se regula
detalladamente en arts. 66 a 69 LIYAA y art. 64 a 70 Decreto 190/2008.

IV. LA ADOPCION
CONCEPTO Y CARACTERES:
Como ya se mencioné al tratar de la filiación, la adopción es una de las formas de adquirir la filiación, es
decir, de pasar a formar parte de una determinada familia. Es un acto de autoridad por el cual se crea
entre dos personas la relación jurídica paterno-filial.

137
Por lo tanto, la adopción se diferencia de la guarda y tutela, ya que en estos casos el menor no pierde
los vínculos jurídicos con su familia biol6gica. En cambio, una vez producida la adopción, se adquiere
una nueva filiación, perdiendo la anterior: se adquiere una nueva relación familiar equiparada
absolutamente a la biológica, por lo que supone la ruptura de vínculos, personales, familiares y
jurídicos, entre el hijo adoptivo y sus padres naturales o biológicos, y el nacimiento de unos derechos y
obligaciones entre los padres y los hijos adoptivos idénticos a los surgidos por Ia filiación biológica.
La adopción tiene carácter permanente y el adoptado se convierte a todos los efectos en hijo del
adoptante.
En Aragón, no hay legislación civil sustantiva sobre adopción nacional e internacional, por lo que se
aplica la legislación civil estatal (CC y Ley 54/2007) como supletoria. Los procedimientos
administrativos de adopción se regulan en los arts.74 a 77 LIYAA y el Decreto 188/2005, de 26
septiembre, por e/ que se aprueba el Reglamento del procedimiento administrativo previo a la
adopción nacional e internacional de menores [BOA 120, 07/10/2005]), y el Decreto 190/2008, además
de los procedimientos de acogimientos familiar, dedica el Titulo IX (arts. 106 a 128) al acogimiento
temporal de menores extranjeros.
Las características comunes a todo proceso de adopción son las siguientes (arts. 175-180 CC):
• Se protege el interés del menor sobre cualquier otro (adoptado).
• Se exige al adoptante estar en pleno ejercicio de los derechos civiles, ser mayor de 25 años y
menor de 45 años y tener como mínimo 16 años más que la persona adoptada. En el caso en que
la adopción la soliciten matrimonios o parejas de hecho de forma conjunta, bastara con que uno
de ellos cumpla el requisito de la edad, y poseer unas condiciones psico-pedagógicas y
socioeconómicas mínimas (declaración de idoneidad).
• La adopción requiere la intervención estatal.
• El Juez es la única autoridad competente para aprobar una adopción nacional (es decir, respecto
a persona que tuviera nacionalidad española).
• La adopción extingue el vínculo del adoptado con su familia natural.
• Se incluye, la posibilidad de que, a pesar de que al constituirse la adopción se extingan los
vínculos jurídicos entre el adoptado y su familia de procedencia, pueda mantenerse con algún
miembro de ella alguna forma de relación o contacto a través de visitas o de comunicaciones, lo
que podría denominarse como adopción abierta.
• Por excepción, seguirán existiendo vínculos jurídicos con la familia paterna o materna del
adoptado en cualquiera de los siguientes supuestos:
• Cuando el adoptado sea hijo del cónyuge del adoptante, y ello, aunque aquel cónyuge hubiera
fallecido antes de producida la adopción.
• Cuando sólo uno de los progenitores haya sido legalmente determinado y el adoptante sea
persona de distinto sexo al de dicho progenitor, siempre que tal efecto hubiere sido solicitado

138
por el adoptante, el adoptado mayor de doce años y el padre o madre cuyo vinculo haya de
persistir.

Referencia a la adopción internacional:


La particularidad de la adopción internacional frente a la adopción nacional es que el menor adoptado
es nacional de un país distinto al de los padres adoptantes, realizándose la adopción en cualquier país
distinto de España.
Tal como se recoge en el Preámbulo de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica
del Menor, la Ley aborda la regulación de la adopción internacional. Se parte del hecho constatado de
que en los últimos años se había producido un aumento considerable de las adopciones de niños
extranjeros por parte de adoptantes españoles, y la Ley 54/2007, de 28 de diciembre, de Adopción
internacional (BOE 312, de 29 de diciembre), aprueba la citada Ley de adopción internacional.
En la adopción constituida por la competente autoridad extranjera, la Ley del adoptando regirá en
cuanto a capacidad y consentimiento necesarios. Los consentimientos exigidos por tal Ley podrán
prestarse ante una autoridad del país en que se inicié la constitución o, posteriormente, ante cualquier
autoridad competente.
El Encargado del Registro Civil competente para calificar el documento extranjero constitutivo de la
adopción por autoridad extranjera, debe controlar también la legalidad del acto según la ley extranjera
y su adecuación a la ley española.

Tipos de adopción internacional:


Adopción plena: supone una nueva relación familiar equiparada plenamente a la biológica, por lo que
se establece, salvo excepciones legalmente previstas, la ruptura de vínculos personales, familiares y
jurídicos, entre el hijo adoptivo y sus padres naturales o biológicos.
Adopción simple: es una nueva relación, pero sin ruptura de los vínculos personales, familiares y
jurídicos entre el adoptado y los padres o familia naturales o biológicos. Esta forma de adopción no
está actualmente reconocida en el Ordenamiento jurídico español.
El art. 30 de la Ley 54/2007, de 28 de diciembre, de Adopción Internacional prevé que la adopción
simple o no plena constituida por autoridad extranjera competente podrá ser convertida en la
adopción regulada por el Derecho español.

Para más información sobre protección a la infancia, se puede consultar la Web del Gobierno de Aragón:
http://www.aragon.es/DepartamentosOrganismosPublicos/OOAA/IASS/AreasTematicas/Recursos?channelSelected=27b772
676eeb5510VgnVCM1000002e551bacRCRD

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TEMA 6: MATRIMONIO. EFECTOS PERSONALES Y PATRIMONIALES.
FORMAS FAMILIARES NO MATRIMONIALES

1. MATRIMONIO: CONCEPTO, REQUISITOS Y FORMAS DE CELEBRACION CON EFECTOS EN


ESPANA
1.1. CONCEPTO
Unión estable entre personas del mismo o diferente sexo concertada mediante la observancia de
determinadas ritos o formalidades legales y ordenada a la construcción de una plena comunidad de vida.

1.2. REQUISITOS
A) REQUISITOS DE CAPACIDAD
Pueden contraer matrimonio:
- Los mayores de edad (18 años)
- Los menores emancipados

B) LIBERTAD MATRIMONIAL
Art. 46.2 CC: No pueden contraer matrimonio
2° Los que estén ligados con vínculo matrimonial.

C) CAPACIDAD NATURAL DE QUERER Y ENTENDER EL MATRIMONIO


Los contrayentes deben tener capacidad de querer y entender para otorgar el consentimiento
matrimonial. Art. 56.2 CC: esta capacidad se examina a priori en el expediente matrimonial, al
objeto de autorizar o no la celebración del matrimonio (dictamen médico).

1.3. FORMAS DE CELEBRACION DEL MATRIMONIO CON EFECTOS JURIDICOS EN ESPANA


• Forma civil ordinaria: tiene lugar ante Juez Encargado RC, alcalde o notario. En todo caso, requiere
previa tramitación de expediente civil por el Juez Encargado RC o a partir de julio de 2018 por el
notario cuando se opte por matrimonio notarial, para acreditar que los contrayentes retinen
requisitos de capacidad para contraer matrimonio y que no hay impedimentos.
• Formas civiles especiales (matrimonio en peligro de muerte, matrimonio secreto y matrimonio por
poder).

140
• Forma religiosa: celebrado de acuerdo al Derecho canónico o conforme a los acuerdos previstos con
una confesión religiosa no católica autorizada por el Estado español (confesiones evangélica, judía e
islámica).
Todas ellas producen efectos jurídicos frente a terceros desde la inscripción del matrimonio en el
Registro civil.

2. EFECTOS JURIDICO-CIVILES DEL MATRIMONIO


2.1. EFECTOS PERSONALES
a) Deber de respeto mutuo
b) Deber de ayuda mutua
c) Deber de actuar en interés de la familia
d) Deber de convivencia conyugal
e) Deber de fidelidad
f) Deber de socorro mutuo
g) Deber de compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado de las personas dependientes a
cargo (art. 68 Cc)
h) Efectos personales en materia de nacionalidad y vecindad civil
 NACIONALIDAD: el matrimonio permite adquirir de la nacionalidad por residencia de un año
(art. 22.2.d. CC)

 VECINDAD CIVIL: el matrimonio no modifica la vecindad civil, pero faculta a cualquiera de los
cónyuges a optar por la vecindad civil del otro (art. 14.4 CC)

2.2. EFECTOS PATRIMONIALES (REGIMEN ECONOMICO MATRIMONIAL)


Régimen económico matrimonial: conjunto de normas que regulan los intereses económicos derivados
del matrimonio, tantos en las relaciones entre los cónyuges como en sus relaciones con terceros.
En principio, serán las pactadas por los cónyuges mediante capitulaciones matrimoniales y en su
defecto, el régimen que prevea la ley supletoriamente (en el Cc, el régimen de gananciales y en el CDFA
el régimen de consorcio conyugal).

141
A) CAPITULACIONES MATRIMONIALES
Pacto entre los cónyuges o futuros en escritura pública por el que fijan su régimen económico.
matrimonial (el de separacié6n de bienes. uno de comunidad universal en el que hacen comunes
sus bienes etc.) Pueden ser otorgarse antes de la celebración del matrimonio o después.

B) REGIMEN ECONOMICO EN DEFECTO DE CAPITULACIONES MATRIMONIALES: RÉGIMEN DE


GANANCIALES O CONSORCIO
En defecto de régimen económico matrimonial pactado por los cónyuges mediante capitulaciones es la
ley aplicable en cada caso la que determina el régimen económico por el que deberán regirse: si es
aplicable el CC: el Régimen de sociedad de GANANCIALES. Si es aplicable el CDFA, EL CONSORCIO
CONYUGAL.
Ambos regímenes tienen en común que son regímenes de comunidad parcial; esto es, hay un
patrimonio común perteneciente a ambos cónyuges (bienes gananciales o comunes) y dos patrimonios
privativos (bienes privativos o propios) pertenecientes a cada uno de los cónyuges. Fundamentalmente
son bienes comunes los ingresos del trabajo y los bienes adquiridos con éstos. En cambio, son bienes
privativos los adquiridos antes del matrimonio y los adquiridos constante matrimonio a título gratuito.
Igualmente, hay deudas comunes y privativas. Las deudas comunes, que se pagan con el patrimonio
común, son fundamentalmente las cargas del matrimonio (los gastos ordinarios y extraordinarios que
genera el sostenimiento de los cónyuges, los hijos comunes no independizados y los hijos no comunes
que convivan en el hogar familiar); así como los derivados “de la adquisición y conservación de los
bienes comunes.
De las deudas privativas, que sean propias de los cónyuges debe responder cada uno de ellos con su
patrimonio personal.

C) REGIMEN DE SEPARACION DE BIENES


Régimen económico matrimonial en que cada cónyuge conserva Ja propiedad, gestión y disfrute
de todos sus bienes, con el único límite de contribuir a las cargas del matrimonio.
Este régimen solo se aplica en el CC y CDFA si así lo pactan los cónyuges en capitulaciones.

3. FORMAS FAMILIARES NO MATRIMONIALES: LAS PAREJAS DE HECHO Y LAS PAREJAS


ESTABLES NO CASADAS
3.1. CONCEPTO DE PAREJAS DE HECHO
Situaciones de convivencia entre dos personas, del mismo o diferente sexo, que no están casadas entre
sí, pero entre las que existe una relación de afectividad análoga a la del matrimonio.

142
3.2. CARACTERES:
- el carácter factico de la relación
- el carácter estable de la convivencia
- la existencia de una relación de afectividad análoga al matrimonio
- la exclusividad de la relación
- la notoriedad pública de la convivencia
- la libre disolubilidad de la relación (por voluntad de la pareja y sin intervención de juez, notario o
secretario judicial)

3.3. LA JURIDIFICACION DE LAS PAREJAS DE HECHO: LINEAS DIRECTRICES:


1º Son consideradas como grupos familiares, al amparo del art. 39 CE, por la jurisprudencia del TC
(SSTC 184/1990, 222/1992, 74/1997). Ello no significa que sean realidades equivalentes al
matrimonio a todos los efectos.
2º Son jurisprudencialmente consideradas como situaciones de convivencia similares al matrimonio,
dando lugar a sentencias que conceden a los convivientes derechos en principio reservados a los
casados.
3º Desde la década de los noventa del siglo XX, son objeto de regulación por leyes autonómicas (en
Aragón la Ley de parejas estables no casadas de 1999, ahora refundida en el CDFA). Carecen, sin
embargo, de tratamiento jurídico unitario en el Derecho civil estatal, donde se les reconocen
efectos jurídicos limitados en el CC y en algunas leyes civiles especiales (p.ej. en la Ley de
Arrendamientos Urbanos).

3.4. CONCEPTO DE PAREJAS ESTABLES NO CASADAS:


Nombre con el que se designa a las parejas de hecho en Aragón siempre que cumplan unos
determinados requisitos previstos en el CDFA.
En concreto, son parejas estables no casadas las formadas por mayores de edad entre las que exista
una relación análoga a la matrimonial, siempre que no sean parientes (biológicos o adoptivos) en línea
recta sin límite de grado o en línea colateral hasta segundo grado; y no estén casadas o constituyan
pareja con otra persona.
La pareja estable no casada se constituye mediante escritura pública o en su defecto mediante
convivencia ininterrumpida un mínimo de dos años.

143
3.5. EFECTOS JURÍDICO-CIVILES DE LAS PAREJAS ESTABLES NO CASADAS
Sólo la pareja estable no casada produce unos determinados efectos jurídico-civiles.
Estos serán los pactados en el llamado convenio de convivencia (pacto donde la pareja fija de mutuo
acuerdo los efectos personales y patrimoniales de su convivencia).
En defecto de convenio, el CDFA, de una parte, impone a los convivientes la obligacién de contribuir a
los gastos comunes en proporción a su patrimonio; y declara la separación absoluta de los patrimonios
(es decir, que cada conviviente conserva la propiedad y disfrute de sus bienes).

3.6. CAUSAS DE EXTINCIÓN DE LAS PAREJAS ESTABLES NO CASADAS


Las parejas estables no casadas se extinguen automáticamente por las siguientes causas (a diferencia
del matrimonio, no hace falta intervención judicial, notarial ni de secretario judicial):
1. muerte de uno de sus miembros
2. el mutuo acuerdo
3. Ia decisión unilateral de uno de sus miembros siempre que se notifique fehacientemente al otro
4. la separación de hecho (de mutuo acuerdo o unilateral) por más de un año.

144
TEMA 7: CRISIS MATRIMONIALES
Cuando la vida en común de un matrimonio no puede llevarse a cabo, por desavenencias entre los
cónyuges, se produce lo que se denomina una crisis matrimonial. El Derecho ofrece soluci6n a estas
crisis a través de tres vías: la separación, divorcio y nulidad.

1. DISTINCION ENTRE NULIDAD, SEPARACION Y DIVORCIO


• NULIDAD: El matrimonio NO se ha formado válidamente por ausencia o imperfección de alguno de
los requisitos exigidos legalmente para la valida celebración del mismo.
Causas de nulidad matrimonial en el CC:
1) Falta de consentimiento
El matrimonio se celebré sin consentimiento matrimonial valido. El art. 45 CC dispone que no
existe matrimonio sin consentimiento matrimonial. El consentimiento es la declaración de la
voluntad de contraer ese matrimonio, la expresión del deseo de contraerlo, y no puede existir una
ausencia total del mismo.
2) Falta de aptitud de los contrayentes
Si se celebré entre personas a las que el Código civil no permite contraer matrimonio; los ligados
por vínculo matrimonial anterior; los parientes en línea recta por consanguinidad o adopción, y los
parientes consanguíneos en línea colateral hasta el tercer grado, salvo que el tercer grado haya
obtenido dispensa judicial; y los condenados como autores o cómplices de Ja muerte dolosa de
cualquiera de ellos, que no haya obtenido dispensa por el ministerio de Justicia.
3) Defecto de forma
El matrimonio se celebré sin la intervención del Juez, Alcalde o Funcionario ante quien deba
celebrarse, o sin la de los dos testigos.
4) Consentimiento viciado por error, coacción o miedo grave.
Se celebré con error en la identidad (por ejemplo: matrimonio con el hermano gemelo de la persona
con lo que se pretendía casar) de la persona del otro contrayente, o en aquellas cualidades
personales que, por su entidad, hubieran sido determinantes a la hora de prestar el
consentimiento.
La nulidad requiere en todo caso una sentencia del juez civil que declare la nulidad del matrimonio, lo que
implica que el matrimonio deja de existir con eficacia retroactiva (el matrimonio no ha existido nunca).

• SEPARACIÓN: La separación matrimonial se puede definir como Ja quiebra de la convivencia


conyugal sin ruptura del vínculo matrimonial, el cual continúa uniendo a los cónyuges por decisión

145
judicial o acuerdo de los cónyuges ante notario o secretario judicial, en espera de una reconciliación
o ruptura definitiva mediante divorcio, pero subsistiendo el vínculo matrimonial.
Hasta 2015 sólo existía la separación decretada judicialmente. En 2015 se añade novedosamente la
separación consensual ante secretario judicial o notario.
a) separación judicial: en virtud de sentencia, siempre que existan hijos menores no emancipados
o incapacitados que dependan de los progenitores.
La separación judicial la declara el juez, bien a petición de ambos cónyuges o por uno con el
consentimiento del otro (separación consensual). bien a petición de uno de los cónyuges sin
necesidad de alegar causa legal de separación (separación unilateral). En la separación
consensual la demanda deberá ir acompañada de una propuesta de convenio regulador de los
efectos de la ruptura para que sea aprobado por el juez.
En todo caso, para solicitarla ha tenido que transcurrir un plazo mínimo de 3 meses desde la
celebración del matrimonio. No necesario este plazo en caso de: existencia de un grave riesgo para
la vida, integridad física o moral, libertad o indemnidad sexual de uno de los cónyuges o de los hijos.

b) separación notarial: se trata de una separación de mutuo acuerdo mediante el otorgamiento de


una escritura pública ante notario, en la que los cónyuges manifiestan su voluntad de separarse
y acompañan de un convenio regulador de los efectos de su ruptura. No es posible esta
separación cuando los cónyuges tienen hijos menores no emancipados o incapacitados que
dependan de sus progenitores. Los cónyuges deben intervenir asistidos de letrado y los hijos
mayores dependientes económicamente deben consentir las medidas que les afecten por
convivir en domicilio familiar.
c) separación ante secretario judicial: se trata de separación de mutuo acuerdo mediante el
otorgamiento de un convenio regulador ante un secretario judicial. No es posible esta
separación cuando los cónyuges tienen hijos menores no emancipados o incapacitados que
dependan de sus progenitores. Los cónyuges deben intervenir asistidos de letrado y los hijos
mayores dependientes económicamente deben consentir las medidas que les afecten por
convivir en domicilio familiar.

• DIVORCIO: Implica la disolución del matrimonio bien por decisión judicial bien por acuerdo de los
cónyuges ante secretario judicial o notario y el cese de sus efectos.
Hasta 2015 sólo existía el divorcio decretado judicialmente. En 2015 se añade novedosamente el
divorcio consensual ante secretario judicial o notario.
a) Divorcio judicial: en virtud de sentencia, siempre que existan hijos menores no emancipados o
incapacitados que dependan de los progenitores.
El divorcio judicial lo declara el juez, bien a petición de ambos cónyuges o de uno con el
consentimiento del otro (divorcio consensual), bien a petición de uno de los cónyuges sin

146
necesidad de alegar causa legal (divorcio unilateral). En divorcio consensual la demanda deberá
ir acompañada de una propuesta de convenio regulador de los efectos de la ruptura para que
sea aprobado por el juez.
En todo caso, para solicitar el divorcio ha tenido que transcurrir un plazo mínimo de 3 meses
desde la celebración del matrimonio. No necesario este plazo en caso de: existencia de un grave
riesgo para la vida, integridad física o moral, libertad o indemnidad sexual de uno de los
cónyuges o de los hijos.
b) Divorcio notarial: se trata de un divorcio de mutuo acuerdo mediante el otorgamiento de una
escritura pública ante notario, en la que los cónyuges manifiestan su voluntad de separarse y
acompañan de un convenio regulador de los efectos de su ruptura. No es posible este divorcio
cuando los cónyuges tienen hijos menores no emancipados o incapacitados que dependan de
sus progenitores. Los cónyuges deben intervenir asistidos de letrado y los hijos mayores
dependientes económicamente deben consentir las medidas que les afecten por convivir en
domicilio familiar (régimen de uso de la vivienda familiar y pensión de alimentos).
c) Divorcio ante secretario judicial: se trata de un divorcio de mutuo acuerdo mediante el
otorgamiento de un convenio regulador ante un secretario judicial. No es posible este divorcio
cuando los cónyuges tienen hijos menores no emancipados o incapacitados que dependan de
sus progenitores. Los cónyuges deben intervenir asistidos de letrado y los hijos mayores
dependientes económicamente deben consentir las medidas que les afecten por convivir en
domicilio familiar (régimen de uso de la vivienda familiar y pensión de alimentos).

2. EFECTOS DE LA RUPTURA DEL MATRIMONIO Y DE LAS PAREJAS DE HECHO


El Cc regula el matrimonio y los efectos de la ruptura matrimonial (nulidad, separación y divorcio). No
regula las parejas de hecho. El CDFA regula conjuntamente los efectos de la ruptura matrimonial y de
las parejas de hecho, siempre que tengan hijos a cargo (menores, incapaces o mayores dependientes
económicamente).

2.1 EL CONVENIO REGULADOR (EN CC) O EL PACTO DE RELACIONES FAMILIARES (EN CDFA)
Los cónyuges o convivientes pueden acordar los efectos de la ruptura de su matrimonio mediante
el convenio regulador. El convenio regulador debe contener, según el art. 90 CC:
A) El cuidado de los hijos sujetos a la patria potestad de ambos, el ejercicio de ésta y, en su caso, el
régimen de comunicación y estancia de los hijos con el progenitor que no viva habitualmente
con ellos. No debe confundirse la guarda y custodia con la "patria potestad" que, normalmente.
y salvo determinadas excepciones, continúa siendo compartida por ambos cónyuges.

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B) Si se considera necesario, el régimen de visitas y comunicación de los nietos con sus abuelos,
teniendo en cuenta, siempre, el interés de aquéllos.
C) La atribución del uso de la vivienda y ajuar familiar. La misma quedara, normalmente, a los hijos
y al cónyuge al que se atribuya la guarda y custodia de los mismos.
D) La contribución a las cargas del matrimonio y alimentos, así como sus bases de actualización y
garantías en su caso.
E) La liquidación, cuando proceda, del régimen económico del matrimonio.
F) La pensión compensatoria que conforme al artículo 97 correspondiere satisfacer, en su caso, a
uno de los cónyuges.
Recientemente, el Partido Popular presenté el 13-10-2017 una Proposición de Ley de modificación
del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, sobre el régimen jurídico de los
animales, por la que se introduce en el actual artículo 90, que recoge el contenido del convenio
regulador una nueva letra c), con el contenido que se indica : "c) El destino de los animales de
compañía, caso de que existan, teniendo en cuenta el interés de los miembros de la familia y el
bienestar del animal, pudiendo preverse el reparto de los tiempos de disfrute Si fuere necesario.

En Aragón mediante pacto de relaciones familiares. Según el articulo 77 CDFA, deberá concretar,
como mínimo, los acuerdos sobre los siguientes extremos relacionados con la vida familiar:
a) El régimen de convivencia o de visitas con los hijos.
b) El régimen de relación de los hijos con sus hermanos, abuelos y otros parientes y personas
allegadas.
c) El destino de la vivienda y el ajuar familiar.
d) La participación con la que cada progenitor contribuya a sufragar los gastos ordinarios de
los hijos, incluidos en su caso los hijos mayores de edad o emancipados que no tengan
recursos económicos propios, la forma de pago, los criterios de actualización y, en su caso,
las garantías de pago. También se fijarán la previsión de gastos extraordinarios y la
aportación de cada progenitor a los mismos.
e) La liquidación, cuando proceda, del régimen económico matrimonial.
f) La asignación familiar compensatoria, en su caso, que podrá determinarse en forma de
pensión, entrega de capital o bienes, así como la duración de la misma.

En Aragón estos acuerdos necesitan siempre aprobación judicial. En el Cc, sólo en el caso de
nulidad matrimonial y separación o divorcio judicial., no en cambio en caso de separación o
divorcio ante notario o secretario judicial.

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2.2 MEDIDAS JUDICIALES
En defecto de convenio regulador que acompañe a la demanda en supuestos de crisis matrimonial
(en el CC) o pacto de relaciones familiares, para la ruptura matrimonial o no matrimonial (en
Aragón) corresponde al juez fijar los efectos de la ruptura, de acuerdo con unas determinadas
pautas que fija la ley. Estas medidas deben versar sobre los siguientes extremos:
o Custodia de los hijos menores y régimen de visitas
Por custodia entendemos el cuidado personal de los hijos (qué progenitor va a convivir con los
hijos). Es independiente a la titularidad de la patria potestad o autoridad familiar; esto es,
ambos padres pueden conservar la patria potestad o autoridad familiar (porque solo se les
puede privar el juez si incumplen los deberes inherentes a las mismas) pero la custodia puede
corresponder a uno o los dos progenitores, según lo que acuerden o decida el juez.
A la hora de decidir el juez a quien atribuye la custodia, si aplica el CDFA, el régimen preferente
es la custodia compartida, de manera que en principio debe otorgar la custodia a ambos
padres, salvo que excepcionalmente haya razones que aconsejen la custodia individual a favor
de uno.
En cambio, si aplica el Cc el régimen preferente sigue siendo la custodia individual a favor de
uno de los progenitores y el excepcional la custodia compartida a favor de los dos (siempre que
lo acuerden ambos progenitores. No obstante, existe una jurisprudencia del Tribunal Supremo
que defiende una interpretación correctora del Cc para considerar la custodia compartida ya no
como excepcional, sino normal o incluso deseable, siempre que “entre los padres exista (si no
un acuerdo) una relación de mutuo respeto”. No obstante, existen discrepancias acerca de la
conveniencia de un criterio u otro según las circunstancias.
Adicionalmente, el juez deberá fijar el régimen de visitas y comunicaciones del progenitor no
custodio (en la custodia individual) o de ambos progenitores en los periodos en que no
convivan con los hijos (en la custodia compartida).

o La contribución de los padres a los gastos de asistencia de los hijos: Igualmente, el juez deberá
fijar la proporción en que los padres han de contribuir a los gastos de asistencia de sus hijos
menores o mayores a cargo (por ser incapaces o estar en formación) en proporción a sus
recursos económicos y las necesidades de éstos.

o Liquidación y disolución del régimen económico matrimonial


Tratándose de ruptura matrimonial, el juez deberá declarar la disolución del régimen.
económico matrimonial y proceder a su liquidación.

o Atribución del uso de la vivienda familiar


El juez igualmente deberá decidir a quien atribuye el uso de la vivienda familiar, con arreglo a
los criterios del Cc o el CDFA.

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 Criterios del CDFA:
- Si hay hijos menores y el juez ha optado por el régimen de custodia compartida (régimen
preferente en Aragón): el criterio de mayor dificultad objetiva de uno de los progenitores
para acceder a una vivienda como criterio preferente; y el criterio del mejor interés para las
relaciones familiares como criterio subsidiario.
- Si hay hijos menores y el juez ha optado por el régimen de custodia individual (régimen
excepcional en Aragón): el criterio de atribución del uso al progenitor custodio como criterio
preferente; y El criterio de atribución al progenitor no custodio en función del mejor interés
para las relaciones familiares como criterio subsidiario.
- Si no hay hijos menores: en defecto de norma aragonesa, se aplica el criterio del Cc del del
interés más necesitado de protección.

 Criterios del CC:


- Si hay hijos menores y ha optado por el régimen de custodia individual: criterio de atribución
a los hijos y al cónyuge custodio
- Si hay hijos menores y ha optado por el régimen de custodia compartida: criterio del interés
más necesitado de protección
- Si no hay hijos menores: criterio del interés más necesitado de protección.

o La pensión compensatoria: el juez deberá en su caso fijar la pensión compensatoria a pagar por
un cónyuge (o pareja en Aragón) al otro al que la ruptura le genere un desequilibrio económico
que implique un empeoramiento en su situación económica respecto de la situación anterior.
Para fijar cuantía y duración el juez atenderá a diferentes circunstancias: recursos económicos,
edad, posibilidades de acceso a mercado laboral, duración del matrimonio o convivencia, etc.

3. LA MEDIACION FAMILIAR
3.1.LEY ESTATAL 5/2012 DE MEDIACIÓN EN ASUNTOS CIVILES Y MERCANTILES
El 6 de julio de 2012 se aprobé la Ley 5/2012 de mediación en asuntos civiles y mercantiles (BOE 7 julio
2012), en vigor desde el 27 de Julio.
El marco normativo de la mediación se circunscribe al Ámbito competencial del Estado en materia de
legislación mercantil, procesal y civil (disposición final 5°), sin perjuicio de la legislación autonómica. En
este sentido, varias Comunidades Autónomas han aprobado desde 2001 las correspondientes Leyes
sobre mediación familiar, fundadas en sus competencias estatutarias sobre acción social y servicios
sociales o Derecho civil.
La Ley 5/2012 define la mediación como “aquel medio de solución de controversias, cualquiera que sea
su denominación, en que dos o más partes intentan voluntariamente alcanzar por si mismas un acuerdo
con la intervención de un mediador” (art. 1).
El mediador puede renunciar a desarrollar o concluir la mediación pactada por darse circunstancias
que afecten a su imparcialidad, por el enquistamiento de las posiciones o el incumplimiento de los

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deberes de las partes (arts. 13.2 y 3; art. 22). Nadie está obligado a mantenerse en el procedimiento de
mediación (art. 6.3), pero la terminaci6n normal, como muestran las estadísticas europeas, es la
solución del conflicto, parcial o totalmente, que provocó el inicio del procedimiento.

3.2.Ley 9/2011, de mediación familiar de Aragón


En Aragón, la mediación familiar se regula en la Ley 9/2011, de 24 de marzo. Regula la mediación
familiar como servicio social especializado (art. 1).
El art. 2 establece el siguiente concepto de mediación familiar:
Por mediación familiar se entenderá, a efectos de la presente ley, el servicio social consistente en un
procedimiento extrajudicial y voluntario para la prevención y resolución de conflictos familiares en el ámbito
del Derecho privado, en el que la persona mediadora, de una manera neutral, imparcial y confidencial,
informa, orienta y asiste a las partes en conflicto para facilitar la comunicación y el diálogo entre las mismas,
con el fin de promover la toma de decisiones consensuadas.

La mediación puede ser extrajudicial (no hay proceso judicial, o antes o al finalizar dicho proceso), o
intrajudicial (aconsejada por la autoridad judicial en un proceso judicial), y puede ser instada por las
partes o el juez, pero no podrá iniciarse la mediación si una de las partes esta incurso en un proceso
penal por atentar contra los derechos de su cónyuge/pareja o hijos, o hay indicios fundados de
violencia de género (art. 78 CDFA y arts. 12 a 14 Ley Mediación Familiar.)
Tras designarse el mediador (servicios públicos) el procedimiento consta de una reunión inicial
informativa sobre mediación (art. 16), a la que siguen las correspondientes sesiones del proceso de
mediación, cuya duración no puede exceder de sesenta días desde su inicio (art 18), y que finaliza de
forma ordinaria cuando las partes alcancen un acuerdo total o parcial (con la obligatoriedad de un
contrato, art. 1091 CC), y extraordinariamente cuando exista falta de colaboración, incumplimiento o
inasistencia de alguna de las partes, o no puedan obtenerse acuerdos (art. 19).
En todo caso, la finalización del proceso de mediación se refleja en un acta final (art. 20). cuyos
acuerdos pueden ser ratificados judicialmente en el ámbito de los procesos familiares u homologados
judicialmente en otras materias, adquiriendo fuerza ejecutiva su cumplimiento (art. 21).

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