Indigenismos
Estrada Salazar Karla Marlene
Hernandez Landero Karen
Joseline
García Rodríguez Damaris Analí
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Los antropólogos Manuel
Gamio, Moisés Sáenz,
Alfonso Caso y Gonzalo
Aguirre Beltrán. Desde la
década de 1940 estos autores
desarrollaron un programa
indigenista.
Cuya finalidad es idear un
cambio controlado y
planificado.
El vehículo que dio a estas
ideas una proyección nacional
fue la Revolución de 1910. Los
primeros intérpretes de este
movimiento lo caracterizaron
como "una revolución popu-
lar, campesina, agrarista y
nacionalista"." Muchos vieron
en esta explosión un
redescubrimiento del
verdadero México y una
oportunidad única para
rescatar las raíces profundas
de la nación indigena.
En el año de 1915, cuando
más seguro parecía el fracaso
revolucionario empezó a
señalarse una nueva
orientación. El problema
agrario, tan hondo y tan
propio, surgió entonces con un
programa mínimo definido va
par ser el tema central de la
Revolución.
Antes del Congreso
Consteyeme de 1917
Gamio Observa R realidad
étnica nacional así como la
representación que los indios
tenían en la ley
fundamental, y llega a la
siguiente conclusión: La
Constitución de 1857, que es
de Carácter extranjero en
origen, forma y fondo, ha sido
y es adaptable al modo de ser
material e intelectual de una
por ciento de nuestra
población.
La revolución como
autoconocimiento es el legado
más perdurable" de esos años
creadores. Es el legado que
"continúa nutriendo a las
artes, la literatura, la psique
colectiva y la identidad
nacional de Méxi co más que
ningún otro factor de la
revolución." De est vena
indigenista y popular de la
revolución provienen las
corrientes artísticas,
intelectuales y culturales que
animaron el nacionelismo que
se manifestó con gran fuerza
entre 1920
у 1960.
La música, la danza y la
pintura abandonaron los
modelos europeos y retornaron
a sus orígenes indige-nas.
Las tradiciones populares y
las artes reprodujeron paisajes
v rostros indígenas y se
convirtieron en rasgos
emblemáticos de la
nacionalidad mexicana.
La orientación indigenista y
popular que habían adoptado
diversas corrientes artísticas
se afirmó en 1922 con la
Declaración de los principios
sociales, políticos y estéticos
que dio a conocer un grupo de
pintores encabezados por
Diego Rivera, David Alfaro
Siqueiros y José Clemente
Orozco. Este documento
rechazaba el arte importado de
Europa y exaltaba las
tradiciones asentadas en
raíces propias 16 Los rostros,
la his-tOria, las artes y las
costumbres indígenas se
difundieron por primera vez
por todos los medios y
adquirieron la estima de los
valores más preciados
Nacieron las instituciones
dedicadas a rescatar, estudiar y
difundir el patrimonio histórico
y cultural de la nación. El
Instituto Nacional de
Antropología e Historia (1934),
el Instituto Nacional de Bellas
Artes
(1944), el Instituto Nacional
Indigenista (1948) y la
Universidad Nacional
Autónoma de México, con sus
atribuciones legales para
rescatar, conservar y difundir
el patrimonio nacional, sus
impresionantes conjuntos de
museos, laborato-Fios, archivos,
bibliotecas, fototecas, escuelas y
sus planteles de científicos y
conservadores son una
culminación de ese movimiento
que transformó al país y lo
dotó de una identidad única.
Desde la creación de estas
instituciones la
reconstrucción del pasado
indígena ha descansado en
los expertos que laboran en
ellas, y en las investigaciones
desarrolladas por sus colegas
extranjeros, cuyo número y
calidad, en contraste con lo
que ocurre en México, no ha
cesado de aumentar con el
paso de los años.