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Resumen de La Obra Literaria de Jose Maria Arguedas

Los ríos profundos narra la llegada de Ernesto y su padre Gabriel a la ciudad de Cuzco y luego al pueblo de Abancay, donde Ernesto comienza sus estudios en el Colegio. A pesar de la despedida de su padre, Ernesto explora la naturaleza los fines de semana para contrarrestar el maltrato en el Colegio. Más adelante, las chicheras se rebelan contra las autoridades por la escasez de sal, lo que inspira a Ernesto a reafirmar su identidad andina a pesar de la opresión en

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Resumen de La Obra Literaria de Jose Maria Arguedas

Los ríos profundos narra la llegada de Ernesto y su padre Gabriel a la ciudad de Cuzco y luego al pueblo de Abancay, donde Ernesto comienza sus estudios en el Colegio. A pesar de la despedida de su padre, Ernesto explora la naturaleza los fines de semana para contrarrestar el maltrato en el Colegio. Más adelante, las chicheras se rebelan contra las autoridades por la escasez de sal, lo que inspira a Ernesto a reafirmar su identidad andina a pesar de la opresión en

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RESUMEN DE LA OBRA LITERARIA "WARMA KUYAY

- Jose Maria Arguedas –

Argumento de "Warma Kuyay", cuento de Jose Maria Arguedas.


Warma Kuyay acontece en la hacienda Viseca, donde Arguedas vivió cuando era
niño. Viseca es una quebrada angosta y honda. El caserón de la hacienda está
junto al río que en las noches suena fuerte.

Junto al caserío hay una cascada; entre las piedras el agua se vuelve blanca y
suena fuerte. En las noches, cuando todo estaba callado, esa cascada levantaba
su sonido y parecía cantar.

Ernesto es un niño enamorado de la Justina, una niña que está enamorada de


Kutu, y esto molesta la muchacho, quien la ve bailar en un patio del caserío de
la hacienda de don Froylán sintiendo que su corazón tiembla cuando ella se ríe
y, llora cuando sus ojos miran al Kutu. Los cholos se habían parado en círculo y
Justina cantaba en el centro de él.

El charanguero daba vueltas alrededor del círculo dando ánimos; gritando como
potro enamorado. En esos instantes apareció don Froylán y los largó a todos
para que se vayan a dormir.

El niño Ernesto y Kutu, vivían en la misma casa que pertenecía don Froylán. Una
noche, Kutu le dijo a Ernesto que don Froylán había abusado de la Justina
cuando ésta fue a bañarse con los niños; Ernesto no podía creerlo y se puso a
llorar abrazado al cholo.

El Kutu, que era un indio fornido, lo levantó como quien alza un becerro y lo
echó sobre su cama diciéndole que la Justina tenía corazón para él, pero que
ella sentía miedo porque él era un muchacho todavía.

Ernesto sentía luna rabia irrefrenable por lo que había hecho don Froylán,
llegando a decirle a Kutu que cuando fuera grande lo mataría.

Era tanta su sed de venganza que incitó a Kutu para que matara a don Froylán,
con su honda, como si fuera un puma ladrón. Ante la negativa del indio,
Ernesto lo acusó de cobarde y le dijo que se largara porque en Viseca ya no
servía.

Dos semanas después, Kutu pidió licencia y se fue. La tía de Ernesto lloró por él;
como si hubiera perdido a su hijo. Ernesto se quedó junto a don Froylán, pero
cerca de Justina; de su Justinacha ingrata. Ya no fue desgraciado.

A la orilla de ese río espumoso, oyendo el canto de las torcazas, vivía sin
esperanzas, pero ella estaba abajo el mismo cielo que él, en esa misma
quebrada que fue su nido, contemplando sus ojos negros, oyendo su risa,
mirando sus pestañas largas, su boca que llamaba al amor y que no lo dejaba
dormir.

La mirada desde lejos; era casi feliz porque su amor por Justina era un “Warma
Kuyay” (amor de niño) y no creía tener derecho todavía sobre ella; sabía que
tenía que ser de otro, de un hombre grande que empuñara ya el zurriago, el
mismo látigo con que Kutu masacraba los becerros más finos y delicados de
don Froylán, como queriendo así, lavar el honor de la Justina.

Ernesto vivió alegre en esa quebrada verde y llena del calor amoroso del sol,
hasta que un día hubo de abandonar aquella tierra que amaba tanto y que era
su ambiente, para vivir pálido y amargado, como una animal de los llanos fríos,
llevado a la orilla del mar, sobre los arenales candentes y extraños.
RESUMEN DE AGUA

San Juan, un lugar de la serranía, se encuentra en un ambiente desolado por los


comuneros.

Las laderas ya resecas, los arbustos secos y un eucalipto en el centro de la


comunidad, estático y sin un ápice de movimiento indicando que el sol burlón
no permitía que sople el viento.

Están los corredores de sus casas sin habitantes, sólo el cornetero encargado de
llamar a la gente para el reparto del agua.

Los campesinos apenados y agresivos contra el sol que mataba a sus sembríos
manifestaban que el agua que debía repartirse no llegaba y si llegaba que era
para las autoridades nada más.

Don Braulio era el encargado de ordenar la repartición de agua, el la repartía


solo a quienes consideraba y a los que odiaba decía, ¿Agua para ellos? ¡No hay!
Los indios tenían que resignarse a regresar a casa con la frente agachada.

Los campesinos siempre culpaban a don Braulio de su situación, pero nadie se


atrevía a contestarle, porque comenzaba a dar gritos y tiros al aire, ahuyentando
a todos aquellos que habían ido por el líquido que requerían sus sembríos y
poder subsistir la sequía.

En esta comunidad de San Juan existían otras comunidades como, Akola, Utek,
Andamarca, Sondondo, Aucará, Chavilla y Larcay, en esa comunidad San Juan se
reunieron todos los comuneros para tratar sobre los repartos del agua, estaban
en escasez de lluvia y no había agua, los sembríos estaban secándose.

Cuando Pantacha llegó a la plaza, vio alrededor de la comunidad como un


desierto, los pilares que sostenían el techo de las casas todo torcidos y
apoyados por troncos y otros rectos enteros.

Pantacha se fue a Nazca y volvió en seis meses y se encontraron con Ernesto,


conversaron sobre la situación de la comunidad de San Juan, Ernesto le contó
todo. Pantacha era un músico y “tocó” su corneta, un huayno de Uteqpampa
triste y desconsolada la gente de San Juan se reunieron y comenzaron a baila
En ese momento gritó el tayta Vilkas (un indio viejo) resondró diciendo, ustedes
están alegres, bailando y cantando, la tierra está seca, hay que rezar para que
mande lluvia a San Juan. ¡Agua lloriquearon! y se volvían de amargura pensando
que el maíz estaba secándose.

Pantacha gritoneaba delante de Don Vilkas y Braulio y de los demás


seguidores, ustedes hacen llorar a la gente robando plata.

Vilkas y Don Inocencio se pusieron tristes, los comuneros gritaban, pero Braulio
dijo respeta a las autoridades y Pantacha se puso bravo y Don Inocencio rogó y
jaló a Don Vilkas.

Don Braulio los carajeaba a todos los comuneros y recién se daban cuenta, que
Pantacha, Don Wallpa y Pascual se levantaban contra el viejo Vilkas, Inocencio y
los demás indios pensaron hay que sacar agua de la laguna para todos los que
más hablaban, Pantacha y Don Pascual pero la pelea seguía con Braulio.

Braulio estaba embriagado y se fue a avisar a Inocencio y sus seguidores


estaban vivando ¡Viva Don Braulio!, se enfrentan Pantacha y Braulio, y también
Don Wallpa quería enfrentarse, Don Antonio patea a Don Braulio y Don Braulio
saca su revolver y hace dos tiros al aire y después le mata a Pantacha, Ernesto le
rompe la cabeza con la corneta que yacía tirada en el suelo. Don Braulio le
ordena a Inocencio para que lo mate y el no quiso.

Las autoridades le encarcelan a Don Wallpa, Inocencio y Vilkas y se solucionó el


problema de San Juan.

Todos tuvieron una chacra muy verde, los animales satisfechos con los pastos,
pero seguía el cielo muy despejado sin lluvia sin Pantacha, Pascual, Wallpa, pero
la tierra era húmeda y los indios iban rogando a su Tayta.

Ernesto que había huido, se refugia en un pueblo llamado Utek'pampa donde él


puede darse cuenta que los indios de ese pueblo si hacen respetar sus derechos
y son libres de cualquier abuso, lo opuesto a su pueblo natal.
Los ríos profundos Resumen
Los ríos profundos comienza con la llegada de Ernesto y Gabriel, su padre, a
la ciudad de Cuzco. Padre e hijo han recorrido más de doscientos pueblos de las sierras
peruanas debido al trabajo de Gabriel: es abogado itinerante y va de pueblo en pueblo
tomando casos de trabajadores de las haciendas. Ambos arriban a Cuzco para pedirle un
favor al Viejo. El Viejo es pariente de Gabriel, y es conocido por ser un hombre rico
pero avaro. Ernesto, por su parte, no se deja afectar por el trato despectivo del Viejo,
que dispuso hospedarlos en la cocina de los arrieros. Está entusiasmado con conocer las
ruinas incas, los muros antiguos que aún conserva la ciudad. El joven tiene una gran
sensibilidad y se conmueve ante los muros o el repicar de la campana de la iglesia. A
pesar de que no logran su cometido con el Viejo avaro, se van de Cuzco a Abancay con
la frente en alto.
Al pueblo de Abancay llegan con el objetivo de matricular a Ernesto en el Colegio. Los
recibe allí una multitud que reza por el Padre Linares, el cura del pueblo que
representa casi una divinidad. A los pocos días de comenzar sus estudios, Ernesto se da
cuenta de que su padre partirá pronto hacia otro pueblo. La despedida es difícil; sabe
que a partir de ahora estará solo frente a los obstáculos del futuro próximo.
Finalmente Gabriel se va de Abancay con la promesa de conseguir una chacra donde
recibir a su hijo en verano. Ernesto comienza una convivencia con sus compañeros que
no es fácil. Algunos de los mayores tienen comportamientos abusivos con los más
pequeños y, sobre todo, con Marcelina, una mujer con una discapacidad mental a la que
llaman “la opa”. Por las noches, algunos de ellos abusan sexualmente de ella en los
baños del patio, a la vista de los más pequeños, entre quienes se encuentra Ernesto.

Para contrarrestar la opresión del Colegio, Ernesto va los domingos a recorrer la


quebrada, la hacienda de Patibamba, el río Pachachaca. Más adelante comienza a ir a las
chicherías, donde pasa los fines de semana escuchando a los músicos tocar huaynos de
distintos pueblos. Todo esto ayuda a despertar su memoria. Los recuerdos son para
Ernesto su gran arma contra la soledad, la desesperación y el maltrato.

En el Colegio se viven muchas situaciones de violencia social y racial que aplastan el


espíritu de Ernesto. Pero un día hay un gran revuelo en el pueblo: las chicheras de
Abancay se rebelan contra las autoridades porque en la hacienda se les da sal a las vacas
y esa sal no está siendo entregada a las personas. Armadas, van hasta la Salinera y se
llevan los sacos de sal que encuentran allí escondidos. Incluso, en un acto de justicia
que emociona a Ernesto y lo hace involucrarse en la acción, le llevan sal a los indios de
la hacienda. Estos indios sumisos apenas hablan; temerosos, reciben la sal de las
chicheras casi sin salir de sus casas. A partir de esta situación, y a pesar de que el éxito
de la rebelión es efímero, Ernesto reafirma su identidad andina y sus convicciones:
descubre que puede haber justicia social a partir de la organización colectiva.

Poco a poco, en el colegio va forjando amistades. Su primer amigo, Ántero, le regala


un trompo mágico, el zumbayllu. Luego entabla un vínculo
con Palacitos y Romero. Los tres comparten el pensamiento mágico y el sistema de
creencias; hablan quechua y además comparten el gusto por la música de origen incaico,
los huaynos. Por otra parte, varias veces se enfrenta a compañeros; al
abusivo Lleras, o a Rondinel, que lo llama “indiecito”. Incluso se enemista con el
mismo Ántero cuando las diferencias entre ellos se acrecientan, a partir de las opiniones
contrapuestas alrededor de la rebelión de las chicheras y la actitud lasciva que Ántero
tiene con las niñas del pueblo.
Con la llegada del ejército a Abancay, con la función de reprimir la rebelión de las
chicheras, llega la peste. El tifus avanza rápido sobre el pueblo y llega al Colegio. Los
indios que trabajan en la hacienda, enfermos, a pesar de su temor y sumisión, y de la
presencia del ejército, avanzan sobre el pueblo para recibir la misa.

Por su parte, Ernesto, que asiste a Marcelina en su lecho de muerte, es encerrado por los
Padres, por miedo a que esté enfermo. Finalmente, para cuando el Padre Linares se da
cuenta de que Ernesto está sano, sus compañeros ya se han ido del pueblo sin
despedirse, salvo Palacitos, que le deja a Ernesto dos monedas de oro para que viaje a
buscar a su padre, o para que pague su propio entierro.

Finalmente, el Padre Linares libera a Ernesto y le dice que su pariente, el Viejo, lo


espera en su estancia y que debe irse caminando, solo. Ernesto se va, pero a último
momento decide ejercer su libertad y cambiar de rumbo hacia la cordillera.

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