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Retos del Crimen Organizado en España

El artículo analiza los principales retos del crimen organizado en España, incluyendo el crecimiento continuo del tráfico de drogas y la trata de personas. También examina cómo las nuevas tecnologías y el impacto de la pandemia han facilitado las actividades criminales en línea. Por último, evalúa la infiltración social y política relacionada con el tráfico de hachís en el sur de España.

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Retos del Crimen Organizado en España

El artículo analiza los principales retos del crimen organizado en España, incluyendo el crecimiento continuo del tráfico de drogas y la trata de personas. También examina cómo las nuevas tecnologías y el impacto de la pandemia han facilitado las actividades criminales en línea. Por último, evalúa la infiltración social y política relacionada con el tráfico de hachís en el sur de España.

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Los retos de la criminalidad

organizada en España
The Challenges of Organized Crime in Spain

ANDREA GIMÉNEZ-SALINAS
Universidad Pontificia de Comillas, España

RESUMEN: El artículo expone los retos más acuciantes del crimen organizado en España
como un país esencial y clave en el desarrollo de muchos de los tráficos lícitos que tienen
lugar en Europa. En primer lugar, se analiza el crecimiento sostenido de dos de los
mercados ilícitos más grandes como tendencia especialmente alarmante. En segundo
lugar, el desarrollo de las actividades criminales a través de la red y nuevas tecnologías,
así como la venta de productos ilegales a través de criptomercados o plataformas de venta
más superficiales que ha crecido considerablemente gracias a la pandemia del Covid-19.
Finalmente, se evalúa la situación que se vive en el sur de España relacionada con el
tráfico de hachís desde el punto de vista de la infiltración social y política que de los datos
accesibles es reconocible.
PALABRAS CLAVE: Crimen organizado; Tráfico drogas en España; Grupos criminales.

ABSTRACT: The article describes the most pressing challenges of organized crime in Spain
as a significant country in the development of many of the illegal markets taking place in
Europe. First, it analyses the sustained growth of the two largest illicit markets as a
particularly alarming trend. Secondly, it explains the development of organized criminal
activities through the network and new technologies, as well as the sale of illegal products
using cryptomarkets and more superficial sales platforms that have grown considerably
thanks to the Covid-19 pandemic. Finally, it assesses the situation in southern Spain
related to hashish trafficking is evaluated from the point of view of social and political
infiltration that can be recognized with accessible data.
KEYWORDS: Organized crime; Drug trafficking in Spain; Criminal organizations.

Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 9, No. 2, (2023), pp. 35-53.


http://www.seguridadinternacional.es/resi/index.php/revista
ISSN: 2444-6157. DOI: http://dx.doi.org.10.18847/1.18.3
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 36

INTRODUCCIÓN
La criminalidad organizada es un fenómeno de devastadores consecuencias que, si avanza
de forma descontrolada, su impacto social, económico y político alcanza dimensiones
altamente preocupantes. A pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas para
reducir su alcance, especialmente en los países más desarrollados, existen zonas del
mundo donde la economía ilícita generada por las organizaciones criminales es altamente
rentable para la población a la que sirve y beneficia también a instituciones que, en lugar
de ocuparse de su control, ayudan a su desarrollo de forma altamente perniciosa. Ello
constituye el caldo de cultivo para que los tráficos ilícitos, que rara vez se desarrollan a
nivel local, crezcan y se desarrollen a través de distintos países con el fin de ofertar de
forma ilícita productos atractivos a una demanda que es capaz de pagar un alto precio por
ellos.
Los cambios sociales a los que hemos asistido recientemente han afectado las
características y estructura de estos mercados y las dinámicas de las organizaciones
criminales que los promueven. La pandemia del Covid-19 ha acelerado procesos
tecnológicos que estaban latentes, y ha conseguido que muchas actividades lícitas e
ilícitas migren al espacio cibernético, con las dificultades de persecución legal que ello
conlleva. Los problemas de transporte internacional y las restricciones de movimiento
que se han producido, también han reducido el comercio transnacional favoreciendo la
producción local de productos ilícitos reduciendo así los costes de transporte y de retraso
en el abastecimiento. El tráfico de drogas que ha sido siempre una actividad transnacional
ha empezado a desarrollar formas locales de producción con productos alternativos
(cultivos de marihuana y amapola; producción en laboratorios de drogas sintéticas, etc.)
que aumentan el abastecimiento local y evitan intermediarios internacionales. Los
conflictos bélicos están produciendo cambios en los tráficos ilícitos transnacionales que
generan nuevas demandas y oportunidades ilícitas que son aprovechadas por las
organizaciones criminales de la zona. Seguramente, dichos cambios afectarán de alguna
forma a los mercados ilícitos desarrollados en Europa en el futuro. Todas estas tendencias
globales tienen un impacto en nuestro país y están produciendo cambios que a
continuación detallaremos.
La finalidad de este artículo es analizar los retos que consideramos más acuciantes en
el panorama del crimen organizado nacional. Para ello nos circunscribiremos al entorno
español, aunque haciendo referencia a tendencias globales ya que, en el proceso de
desarrollo de los mercados ilícitos, nuestro país constituye simplemente un eslabón de
una cadena global. Abordaremos principalmente tres cuestiones: en primer lugar, el
crecimiento sostenido de algunos de los mercados ilícitos más grandes como tendencia
especialmente alarmante. Este punto es importante puesto que intentamos destacar la falta
de atención política e institucional respecto a una evidencia que no es posible pasar por
alto. En segundo lugar, el desarrollo de las actividades criminales a través de la red y
nuevas tecnologías, así como la venta de productos ilegales a través de criptomercados o
plataformas de venta más superficiales que ha crecido considerablemente gracias a la
pandemia del Covid-19. Finalmente, queremos prestar atención a la situación que padece
el sur de España relacionada con el tráfico de hachís, que muestra gran similitud con la
vivida en Galicia en los años 80, como consecuencia de la decisión estratégica tomada
por los carteles colombianos consistente en expandir el mercado de la cocaína al
continente europeo. Queremos destacar concretamente la penetración social y política que
se está produciendo en dicha zona.
37 Los retos de la criminalidad organizada…

CRECIMIENTO CONTINUADO DE LOS PRINCIPALES MERCADOS ILÍCITOS


A continuación, presentaremos la evidencia encontrada respecto a los dos principales
mercados ilícitos: tráfico de drogas y trata de seres humanos. A lo largo de estas líneas
pretendemos demostrar el alcance y crecimiento sostenido que han tenido en los últimos
años que no parece preocupar en demasía a los poderes públicos. En este caso, y debido
a que dichos tráficos tienen dimensiones internacionales, abordaremos el análisis en un
plano internacional, destacando el impacto que tienen en el entorno español.

Tráfico de drogas
Hemos vivido hasta recientemente los años más prósperos y estables de la historia de la
humanidad y en ciertas partes del mundo hemos gozado de Estados de derecho fuertes y
consolidados que han permitido niveles de seguridad aceptables. Sin embargo, todavía
existen amenazas silenciosas cuyos riesgos no se aprecian a nivel social, pero su avance
erosiona la seguridad y la confianza en las instituciones públicas que constituyen el
cimiento de dichos estados. Un ejemplo de ello lo constituye la criminalidad organizada,
un concepto genérico que utilizamos para calificar a las organizaciones criminales que
persiguen el beneficio económico a partir de la provisión continuada de servicios o bienes
predominantemente ilegales y que aseguran su supervivencia, funcionamiento y
protección a través del uso de la violencia, la corrupción o la confusión con empresas
legales (De la Corte y Giménez-Salinas, 2010).
Las actividades ilícitas por las que obtienen el rédito económico estos grupos
criminales tienen en común el ofrecimiento de productos o servicios de alta demanda,
cuya oferta legal es inexistente o restringida (Giménez-Salinas, 2020). Esta dinámica
entre oferta y demanda que da lugar al desarrollo de tráficos ilícitos, suele producirse en
ciertas condiciones: cuando la oferta y venta de un producto es ilegal, cuando para el
producto que se demanda no existe una oferta por escasez o desabastecimiento (en
situación de pandemias o conflictos bélicos, por ejemplo); y cuando la venta de un
producto está sometida a restricciones o condiciones legales o a impuestos que lo
encarecen considerablemente. Estas condiciones son las que generan normalmente el
caldo de cultivo para que se desarrolle un flujo o mercado ilícito (drogas, armas,
emigrantes, etc.). Aquellos mercados cuyos productos proporcionan más rendimientos
económicos son los más codiciados por el margen de beneficio que generan a pesar de
los riesgos que supone desarrollarlos. Así, los mercados ilícitos más importantes en la
Unión Europea, en términos de volumen de actividad detectada son: el tráfico de drogas,
la inmigración ilegal, la trata de personas con fines de explotación sexual o laboral y los
delitos contra la propiedad organizados (SOCTA, 2021). Sus dimensiones se encuentran
en continuo aumento gracias a una demanda creciente, potenciada por las organizaciones
criminales que controlan la oferta. Según el último informe de evaluación de la situación
del crimen organizado de Europol, la mayoría de dichos mercados sigue aumentando,
especialmente el tráfico de drogas, la trata de seres humanos, la inmigración ilegal, el
contrabando de tabaco, los delitos cibernéticos, el abuso de menores online y el tráfico de
residuos (SOCTA, 2021).
Por razones de espacio, no podemos comentar las tendencias de todos los mercados
ilícitos que se encuentran en crecimiento, por ello nos vamos a circunscribir a dos de
ellos, que en volumen de negocio y ganancias estimadas son los más significativos
(UNODC, 2023). El mercado ilícito en el que están implicadas casi el 40% de las
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 38

organizaciones que se detienen en Europa, es el tráfico de drogas, en sus múltiples


manifestaciones (heroína, cocaína, hachís o drogas sintéticas). Según lleva alertando
Naciones Unidas en sus últimos informes, el mercado ilícito de la cocaína, cannabis,
metanfetaminas y opio se encuentran en máximos históricos, atendiendo a sus
dimensiones, medidas a través de su oferta; o de su demanda (número de consumidores).
Este hecho no es una novedad puesto que Naciones Unidas viene alertando de esta
evolución ascendente desde los últimos tres años. Sin embargo, el último informe mundial
de drogas es demoledor y sumamente claro respecto al grave ascenso de la venta ilegal
de estas sustancias a nivel mundial (UNODC, 2023). La producción de cocaína alcanzó
un máximo histórico en 2020, con un crecimiento del 11% respecto a 2019 y su expansión
no para de crecer porque también en zonas jamás conquistadas su consumo se encuentra
en alza en la actualidad (Asia y África). Asimismo, el tráfico de metanfetaminas continúa
expandiéndose geográficamente a nivel mundial: 117 países informaron sobre
incautaciones de metanfetamina entre 2016 y 2020, frente a 84 que lo hicieron entre 2006
y 2010. También las cantidades incautadas de metanfetamina en 2020 muestran máximos
históricos, con una progresión exponencial desde que se tienen registros.
Respecto a las drogas sintéticas, su producción y distribución han crecido
enormemente gracias a la posibilidad de producción y distribución a lo largo del mundo.
La producción de opio en todo el mundo creció un 7% entre 2020 y 2021. La producción
de cannabis ha aumentado considerablemente en 2020 (especialmente después de su
legalización en muchos lugares y como consecuencias de la pandemia del Covid-19 como
sustituto de otras sustancias más difíciles de obtener). Naciones Unidas estima que
aproximadamente 1 de cada 18 personas en el mundo entre los 15 y 64 años (5,6%) ha
consumido alguna droga en los últimos doce meses, lo que representa un aumento del
26% respecto al 2010. En definitiva y, como consecuencia de las encuestas de consumo,
los jóvenes consumen más drogas y diferentes que los adultos; y más niveles de consumo
que generaciones anteriores (UNODC, 2023).
España sigue la misma tendencia que el resto de los países, el crecimiento del consumo
se ha producido en los últimos veinte años en todas las drogas de forma ascendente, y
también se han introducido nuevas sustancias que antes no se consumían. Como podemos
ver en el gráfico número 1, el consumo que más ha aumentado es el de cannabis y el de
cocaína.
39 Los retos de la criminalidad organizada…

Gráfico 1. Evolución de la prevalencia del consumo de drogas, alguna vez en la vida en


la población de 15 a 65 años (%)

Cannabis Extasis Alucinógenos


Anfetaminas Cocaína Metanfetaminas
Heroína Inhalables volátiles

45

40

35

30

25

20

15

10

0
1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2018 2020 2022

Fuente: elaboración propia a partir del Informe EDADES (2022).

Por otro lado, otra tendencia al alza que se ha producido en España y que empezó antes
de la pandemia del Covid-19, ha sido el aumento de cultivos de marihuana y de los
derivados del cannabis a nivel nacional para abastecer a una demanda local e
internacional. El aumento en los cultivos ilegales ha sufrido una evolución ascendente en
los últimos años como consecuencia de la deriva hacia la legalización de estos productos
que se está planteando en muchos países y por la satisfacción de una demanda de
estupefacientes no dependiente de la importación externa. En este sentido, España se ha
convertido en el principal país de cultivo de Europa exportando a la Unión Europea por
el alto rendimiento que se produce económicamente (Espona, 2022). También se está
produciendo otro efecto en paralelo, que consiste en la posibilidad de modificar
genéticamente su producción y cultivo, por lo que se puede aumentar los efectos de dichas
drogas genéticamente. Las últimas incautaciones demuestran que las plantas tienen un
alto contenido en tetrahidrocannabinol (THC) que es el principal principio psicoactivo
del cannabis. Ello está provocando mucha más adicción y aumenta los efectos
perjudiciales para la salud. También se ha detectado la mezcla de plantas naturales con
marihuana sintética, lo que altera considerablemente su composición natural (Espona,
2022). En 2021 se incautaron en España tres millones de plantas, alrededor de 86.489 kg
de marihuana. Esto ha supuesto un incremento considerable respecto al 2018 (39.861 kg.)
y muy superior al 2016 (21.138 kg.), según los datos del Centro de Inteligencia contra el
Crimen Organizado y el Terrorismo (Espona, 2022).
Todo ello nos debería conducir a una profunda reflexión (que en nuestra opinión no se
está produciendo) sobre las políticas llevadas a cabo hasta la actualidad en la lucha contra
las drogas y su efectividad. Las políticas de reducción de la oferta, especialmente
orientadas a la erradicación de cultivos en los países de origen han sido un fracaso en el
largo plazo, tal como apuntan los informes actuales de Naciones Unidas. Las políticas
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 40

orientadas a la reducción de la demanda a nivel global también han sido infructuosas y a


nivel local, por lo menos en Europa, tampoco están llevando a una reducción del consumo
sino a todo lo contrario. Parece que hemos entrado en una permisividad encubierta del
consumo, a la vez que mantenemos la ilegalidad de la venta de productos que está
consumiendo a la población y creando una conciencia de normalización absoluta. Si esto
es así, existe una contradicción significativa entre la legislación actual y la percepción
social en torno a estas sustancias, que deberíamos intentar remediar o, como mínimo,
analizar para evitar esta clara incoherencia.

Trata de seres humanos y cibertrata


El segundo mercado ilícito en volumen de beneficios económicos y dimensiones también
se encuentra en una etapa expansiva y, sobre todo, está cambiando la forma de ofrecer
sus servicios y el modus operandi. El tráfico de inmigrantes y la trata de seres humanos
tienen la misma causa subyacente, aunque la finalidad que tienen las organizaciones
criminales en su desarrollo sea diferente. La necesidad y demanda de emigración y de
encontrar un nivel de vida económicamente superior en otros países distintos al de
residencia es el principal motor que explica que muchas personas constituyan el producto
a traficar por las organizaciones criminales. En este apartado nos centraremos
principalmente en la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, que es el
mercado más activo y lucrativo.
Los datos del último informe de Naciones Unidas (2022) muestran una reducción del
11% de las victimas detectadas comparativamente a 2019. Sin embargo, este dato
debemos ponerlo en contexto ya que no significa que exista una reducción real del
mercado. Por un lado, la trata de personas está creciendo promovida por las diásporas, los
conflictos bélicos y la huida de refugiados, que son pasto de las redes que pretenden
lucrarse a partir de esa necesidad vital. Por otro lado, la pandemia global provocada por
el Covid-19 ha producido una disminución de la capacidad operativa de las redes
criminales y un traspaso de mucha actividad ilícita a internet y las redes sociales como
alternativa a la oferta de servicios presencial. Durante el confinamiento y la
implementación de medidas más duras de restricción de movimiento, la situación de las
víctimas de trata se endureció enormemente. Toda la actividad presencial relacionada con
el ejercicio de la prostitución se vio necesariamente alterada, pasando las mujeres a una
situación de invisibilidad por ejercer sus servicios en lugares clandestinos en condiciones
de confinamiento con sus tratantes. Todo ello dificultaba enormemente la detección del
abuso y de la explotación severa. Después del confinamiento, la situación se ha
regularizado considerablemente, pero muchas prácticas que en su momento tuvieron que
desviarse a las redes sociales o internet se han quedado de forma permanente,
produciéndo cambios en la forma y modus operandi de los traficantes.
A esta nueva era en el desarrollo de la trata con fines de explotación sexual se la
denomina cibertrata, por el cambio de escenario donde se intercambian los servicios que
provoca también variaciones en el desarrollo del tráfico y el modo de operar de los
tratantes. El acceso y utilización de las redes sociales y de la tecnología disponible ofrece
numerosas ventajas con respecto al servicio tradicional presencial. Concretamente, en la
fase de reclutamiento o captación de víctimas en los países de origen, se utilizan
plataformas de contactos o las redes sociales para ofrecer anuncios falsos de trabajo o
simular citas y enamoramientos con el fin de que las víctimas accedan a entrar en un
proceso de trata (OSCE, 2020). En la fase de explotación sexual de las víctimas, también
ha cambiado la forma en que se controla a las víctimas, la tecnología disponible permite
41 Los retos de la criminalidad organizada…

monitorizar sus dispositivos electrónicos, así como realizar videollamadas de control o


grabar situaciones íntimas que luego pueden ser utilizadas para intimidar y coaccionar a
las víctimas sin recurrir a la violencia (OSCE, 2020).
Respecto a la trata con fines de explotación laboral, los hombres explotados también
están creciendo desde hace diez años, los sectores donde se produce mayor número de
casos detectados son el de agricultura o ganadería (29%); industria pesquera (28%),
trabajo doméstico (10%), limpieza (10%), venta ambulante (7%); labores de construcción
(6%), sector de entretenimiento y hostelería (6%), minería (3%). Otra de las formas de
explotación que está creciendo mucho es la explotación para la delincuencia forzada en
la que muchos hombres y niños se ven forzados a realizar actos delictivos, especialmente
en Europa, obligados a robar las carteras de los transeúntes, robar en establecimientos,
vender drogas, y robar joyas o coches. Las formas menos frecuentes son la explotación
para la mendicidad y los matrimonios forzados (1% de las víctimas detectadas) (UNODC,
2022).
Finalmente, el cambio climático y las guerras están siendo factores aceleradores de la
vulnerabilidad de las víctimas a entrar en procesos de trata de personas y a emigrar de
forma ilícita como forma de escapar de situaciones climáticas adversas o como
consecuencia de los desastres naturales producidos por dichos cambios. En 2021, 23,7
millones de personas fueron obligadas a desplazarse de sus lugares de origen como
consecuencia de los desastres naturales, ya sea directamente como consecuencia de estos
acontecimientos o por la pobreza extrema que se produce con posterioridad. Este aspecto
afecta a todos los mercados ilícitos que comercializan con seres humanos, ya sea para
ayudarles a entrar ilegalmente en un país, o para explotar a las víctimas en el ámbito
laboral o sexual.

CRIMINALIDAD ORGANIZADA, RED OSCURA Y NUEVOS DESARROLLOS TECNOLÓGICOS


El aumento de las tecnologías y el uso masivo de internet, acelerado por la pandemia del
Covid-19, han provocado un progresivo traspaso de las actividades ilícitas presenciales
al entorno virtual. Una de las actividades que se desarrolla con fuerza a través de la red
son precisamente las estafas o fraudes en diferentes formatos que, en muchas ocasiones,
están orquestadas por un grupo criminal organizado. Las más comunes son las siguientes:

- Spyware: que consiste en la posibilidad de acceder a distancia a dispositivos


informáticos de potenciales víctimas, a través de distintos métodos (ej. troyanos o
software espías) para la sustracción de claves de acceso sin el conocimiento de la
víctima. Esta fórmula permite la suplantación de la personalidad de la víctima y el
acceso a claves bancarias, datos de la tarjeta de crédito o claves de acceso a muchos
otros servicios con el fin de obtener un provecho económico.
- Phising: consiste en la obtención fraudulenta de las claves, a través de la actuación de
la víctima que, por desconocimiento y falta de formación técnica, las facilita al
defraudador de alguna manera. La forma más habitual de obtener estas claves es a
través del envío de correos electrónicos o mensajes aparentemente fiables y simulando
provenir de entidades o empresas legales (ej. entidades bancarias). Éstos contienen un
enlace a páginas web falsas muy similares a las reales donde se pide al cliente las
claves. El informe sobre ciber-amenazas y tendencias de 2021 del CCN-CERT, alerta
que el phishing corporativo o dirigido a empresas ha aumentado un 200% y en un 36%
las empresas y organizaciones victimizadas.
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 42

- Pharming: es una variante del phishing que consiste en manipular las direcciones DNS
(Domain Name Server) o los servidores encargados de conducir a los usuarios a las
páginas que desean para que, al utilizarlo el usuario al visitar determinadas páginas,
éstas no se correspondan con las auténticas sino con otras creadas para recabar sus
datos y claves personales.
- Dialers: es una modalidad muy dañina que se trata de utilizar programas de mercado
telefónico para establecer conexiones telefónicas a redes mediante un número de
tarificación adicional de alto coste sin informar al usuario de su instalación.
- Fraudes en operaciones de compraventa online: la compra masiva a través de páginas
web ha creado oportunidades infinitas de fraudes en diferentes fases del proceso de
venta online, desde la oferta de productos falsa, a la entrega de productos defectuosos
o la falta de envío del producto cuando se han pagado previamente.
- Ataques disruptivos: en este caso no son propiamente fraudes, pero se trata de ataques
que emplean malaware y minado de criptomonedas o se apoyan en artefactos de
control remoto para inutilizar sistemas como procesos productivos de las empresas.
Este tipo de ataques persigue muchas veces el pago de un precio a cambio de devolver
el control a las compañías o los datos que se han extraído. Este tipo de secuestros de
datos pueden conllevar el pago de rescates millonarios para la empresa.

Los ciberataques dirigidos a empresas o a estructuras críticas resulta la amenaza más


importante por las pérdidas cuantiosas que producen en las empresas, por el impacto que
generan en los ciudadanos cuando la información que se difunde es personal; y también
por los costes que representan para las administraciones públicas. Estos ataques han
crecido de forma exponencial en los últimos años en número y en sofisticación (SOCTA,
2021). Por otro lado, nada desdeñable es la amenaza que suponen los ataques contra
infraestructuras críticas por el potencial daño a la sociedad en su conjunto y las pérdidas
humanas. El periodo que hemos pasado de pandemia como consecuencia del Covid-19
ha supuesto una vulnerabilidad importante por la rápida deriva hacia el teletrabajo, en
ocasiones sin las medidas de seguridad adecuadas. Esto ha supuesto una gran
vulnerabilidad que ha sido bien aprovechada para generar ataques a las empresas.

Nuevas amenazas a través de la inteligencia artificial


Los desarrollos tecnológicos a los que nos enfrentamos como la expansión del internet de
las cosas, el incremento del uso de inteligencia artificial, las aplicaciones con datos
biométricos o la capacidad de crear vehículos autónomos son avances que ofrecen
numerosas ventajas, pero también crean oportunidades criminales (SOCTA, 2021). La
inteligencia artificial es un subcampo de las ciencias informáticas dedicadas a desarrollar
sistemas informáticos que pueden generar funciones que requieren normalmente
inteligencia humana, como la percepción visual, el reconocimiento de voz, la traducción
de lenguas, las tomas de decisión o resolución de problemas. Por otro lado, el machine
learning es un subcampo de la inteligencia artificial que consiste en algoritmos que
utilizan técnicas estadísticas que dotan a los sistemas informáticos de la habilidad de
aprender de los datos, y progresivamente mejoran la eficacia de sus funciones.
Comparativamente con otros softwares informáticos, estos algoritmos no requieren de
instrucciones proporcionadas por seres humanos, sino que extraen patrones y aprenden
de las reglas implícitas procedentes de un numero amplio de ejemplos (TrendMicro,
2020).
43 Los retos de la criminalidad organizada…

Los avances en Inteligencia artificial y en machine learning suponen una gran promesa
para el futuro de las comunicaciones, profesiones, de ventajas incalculables en la
actualidad. Sin embargo, también ofrecen numerosas ventajas para las organizaciones
criminales para la mejora en las formas de obtener ganancias ilícitas. Una de las posibles
desviaciones criminales en este campo se produciría cuando los datos que sirven de base
para el desarrollo de estas herramientas fueran capturados. Esto provocaría una
importante desprotección de los mismos, la posibilidad de oferta de información con fines
ilegítimos y la posible manipulación orientada a influir en una población más o menos
informada, o influir en la toma de decisiones profesionales con fines ilegítimos. Europol
alerta reiteradamente en sus informes sobre el hecho de que la incorporación de la
Inteligencia Artificial puede ampliar cuantiosamente el abanico y la magnitud de los
ciberataques (TrendMicro, 2020).
Asimismo, los desarrolladores de malware pueden usar inteligencia artificial para
encontrar formas más clandestinas de actuar y de mejorar su eficacia sin ser detectados
por las fuerzas y cuerpos de seguridad. Por otro lado, el empleo de machine learning
también puede mejorar los algoritmos de identificación de passwords o para romper los
sistemas de seguridad CAPTCHA que normalmente usan las páginas webs para evitar
ataques automatizados o incluso mejorar la desencriptación de datos. También la
Inteligencia artificial permite mejorar las técnicas tradicionales de hacking introduciendo
nuevas formas de desarrollar ataques menos predecibles para los humanos, fraudes menos
detectables y mejorar los ataques en juegos que se realizan en red y que además llevan
aparejadas apuestas o beneficios económicos (TrendMicro, 2020).
Finalmente, no todo van a ser malas noticias, las ventajas que supone la inteligencia
artificial también deben ser aprovechadas por las autoridades que se encargan de la lucha
contra este tipo de acciones. En este sentido, si hay una deriva hacia la red como forma
de interactuar entre delincuentes, también puede ser detectado o ser susceptible de
detectarse por las autoridades oficiales y la inteligencia artificial puede reconocer
patrones de actuación y de relaciones con más rapidez. La combinación de esta tecnología
con la investigación tradicional debería ser ya una realidad para disponer de herramientas
más eficaces en la lucha contra este tipo de criminalidad.

Criptomercados: especial referencia a la venta de drogas


Los tráficos de bienes ilícitos están cambiando en sus formas y dinámicas a través de la
explotación de internet y las redes sociales (EMCDDA, 2016). La utilización de la red
como forma de transacción y oferta de productos ilícitos muestra numerosas ventajas para
ambas partes, pero sobre todo ha multiplicado el alcance de la oferta a una gran cantidad
de usuarios y consumidores que, cuando se ofrecía de forma presencial demandaba un
gran esfuerzo y riesgo. Existen dos formas de vender drogas por internet, a través de la
red superficial y a través de la red oscura.
A través de la red superficial, la venta puede producirse en webs, farmacias online y a
través de redes sociales. Las farmacias online han aumentado significativamente desde
los años 2000 y ofrecen de forma directa o indirecta productos ilícitos (EMCCDD, 2016).
Asimismo, las redes sociales, los foros o grupos cerrados y determinadas aplicaciones son
utilizados porque son servicios de mensajes encriptados y su difusión suele ser
económica, rápida y muy amplia.
La otra forma de venta es a través de la Dark net o Red Oscura. Los criptomercados
representan el mayor cambio de la venta online de drogas ocurrido en las últimas décadas.
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 44

Estas plataformas de venta no sólo ofrecen productos psicotrópicos, también todo tipo de
productos de contrabando, tarjetas de crédito robadas, material de pornografía infantil,
armas, servicios de sicariato, mujeres para explotación sexual, etc. Sin embargo, el 85%
de las ventas que se producen en estas plataformas están relacionadas con las drogas
(Kruithof et al., 2016) ya que en este tipo de transacciones la confianza es esencial. Así,
estas plataformas permiten generar mecanismos para asegurar la lealtad en la transacción,
la calidad de los productos y así evitar el daño colateral para la salud o la seguridad que
se pueden generar en las transacciones presenciales.
Se entiende por criptomercados, aquellas plataformas de compraventa que se
desarrollan en la parte más oculta de internet y que no son accesibles con los navegadores
tradicionales (Google Chrome, Firefox o Internet Explorer), únicamente a través de la red
Tor. Las ventajas que presentan para el tráfico ilícito de productos son numerosas ya que
permiten ocultar la identidad de los sujetos que realizan la transacción y, a la vez, impedir
la localización de los servidores desde donde se realizan. Además del anonimato
comparten también otras características que los hacen atractivos: a) utilizan métodos de
encriptación para proteger la identidad de los usuarios; b) utilizan los correos postales
para enviar los bienes al destinatario, c) son redes descentralizadas de intercambio, d) hay
terceras personas encargadas de hosting y la administración de las plataformas que se
llevan un porcentaje por cada venta que se produce, y e) utilizan criptomonedas como el
bitcoin que consisten en monedas virtuales descentralizadas que utilizan tecnología
blockchain que permite la anonimización de los pagos (Martin, 2013; Garcia Sigman,
2017). Además de estas características generales existen otras que cada vez se encuentran
más en todos ellos. Para proteger más a los usuarios de estos criptomercados se usan
sistemas de encriptación de mensajes a través de PGP (Pretty Good Privacy), GPG y
OTR, sistemas de encriptación de discos duros, sistemas de reputación o valoración de
los vendedores y productos a través de valoraciones del 1 al 5; y la posibilidad de realizar
comentarios sobre el servicio y la atención para así mostrar a otros usuarios información
sobre la calidad de los productos y la fiabilidad de los vendedores (Aldridge & Décary-
Hétu, 2016). Finalmente, respecto al pago y entrega de los productos, se permite en
ocasiones el pago en diferido, una vez que el comprador recibe la mercancía y comprueba
que todo está correcto.
Las ventajas que ofrecen frente a la venta tradicional presencial son cuantiosas: por un
lado, la facilidad de acceso a los productos es extraordinaria si se tienen los conocimientos
necesarios para ello. La transacción se realiza con gran sensación de seguridad y se evitan
los intermediarios por lo que el producto puede venderse más barato y con una mejor
calidad. Los compradores tienen accesibilidad anónima desde su domicilio con el solo
uso del ratón, por lo cual se evita el enfrentamiento directo con el comprador y el contexto
de violencia o de marginalidad que puede existir de forma presencial (Aldridge & Décary-
Hétu, 2016).
Sin embargo, también existen inconvenientes a este tipo de transacciones que conviene
señalar. Uno de ellos es la necesaria especialización y conocimiento técnico que se
requiere para poder funcionar en dichos entornos. Van Buskirk et al. (2016) realizaron
una investigación con una muestra de usuarios (n=66) de estos cibermercados, y
mostraron que la mayoría eran muy jóvenes, concretamente, el 88% tenía menos de 25
años, por lo cual su uso es mucho menor en franjas de edad superiores. Por otra parte, el
desconocimiento de los vendedores y el hecho de no poder entablar una relación cara a
cara puede provocar engaños, estafas que se intentan suplir con mecanismos de seguridad,
valoraciones de los usuarios o sistemas de pago diferido. Asimismo, existe un riesgo en
el proceso de venta y entrega final ya que al entregarse físicamente puede haber más
45 Los retos de la criminalidad organizada…

riesgo de interferencias o imprevistos que cuando se trata con un vendedor con el que
existe una relación de confianza desde hace tiempo.
Los criptomercados constituyen una alternativa más segura y cómoda para la venta de
productos ilegales. Sin embargo, una cuestión interesante es saber qué lugar ocupan estos
cibermercados en la cadena de suministro global de la venta de drogas y en qué medida
son autosuficientes. Por los estudios que se han desarrollado hasta la actualidad, la
mayoría de usuarios que compran en la red oscura son minoristas y las cantidades que se
compran son, como máximo, para una distribución local (Kruithof et al., 2016). Al
estudiar el precio de las compras realizadas en estos mercados, se ha visto que
aproximadamente un 64% de compras no superan los 100 dólares y que el uso que se hace
de las drogas es personal; el 30% son transacciones de menos de 500 dólares, y el 6% son
transacciones mayoristas, por un valor superior a los 500 dólares. Sólo el 2% de las ventas
superan los 1000 dólares, que es cuando se considera una venta mayorista. Por lo tanto,
el consenso entre los investigadores en este campo es que los criptomercados sirven
principalmente a consumidores, a quienes se les ofrece un amplio abanico de opciones y
a distribuidores, como forma de abastecimiento regular. De las transacciones mayoristas,
el 34% está relacionado con cannabis, el 24% con estimulantes, el 19% con éxtasis y el
resto (24%) son otras drogas, incluyendo opioides (Kruithof et al., 2016).
Por otro lado, a pesar de que estas plataformas estén deslocalizadas y pueden distribuir
teóricamente a cualquier parte del mundo, la realidad no es así ya que los costes de
transporte se encarecen sobremanera dependiendo de la ruta de transporte. Las barreras
existentes para la entrega presencial de estos productos hacen que la zona geográfica de
alcance de estos mercados sea el propio país de forma prioritaria (Martin, 2013). A pesar
de ello, esta distribución minorista tiene mucha importancia en términos del número de
consumidores y demanda de producto. A escala internacional, es el último eslabón de la
cadena, pero a nivel local tiene una relevancia esencial y, según algunos estudios,
sustituye en gran medida la distribución presencial. Un estudio que midió el impacto del
cierre de grandes cibermercados llegó a la conclusión de que el cierre de un cibermercado
desplaza la distribución local hasta que un nuevo cibermercado se pone en marcha y
reemplaza a los anteriores (Zambiasi, 2022). Los estudios que han intentado localizar los
criptomercados apuntan a que los principales criptomercados se encuentran el ámbito
anglosajón (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y Australia) y el Oeste de Europa
(Holanda, Alemania, España y Francia).
En suma, las ventajas y disponibilidad que ofrecen los criptomercados se han
aprovechado enormemente y ello se muestra en el crecimiento de su uso y la pluralidad
de mercados accesibles. Si bien son plataformas que requieren un conocimiento técnico
específico, este conocimiento está cada vez más disponible para todo tipo de usuarios. La
accesibilidad de la compra de drogas para el consumo y su distribución solo contribuye
al crecimiento del mercado y multiplica los factores facilitadores anteriormente expuestos
que explican por qué este mercado está en momentos históricos de crecimiento.

LA EROSIÓN POLÍTICA, SOCIAL Y ECONÓMICA PROVOCADA POR EL CRIMEN ORGANIZADO


La criminalidad organizada, en sus distintas manifestaciones, se reconoce principalmente
por sus actividades vinculadas a los tráficos ilícitos con el objetivo de obtener cuantiosos
beneficios. Esta es la faceta que llama más la atención a los expertos y al público en
general por la evidente publicidad generada cuando la policía procede a detener a
sospechosos o a realizar operaciones de desarticulación de organizaciones criminales. Sin
embargo, la amenaza que presentan estos grupos criminales va mucho más allá de la
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 46

competencia desleal que puedan generar frente a la economía lícita. Su amenaza crece de
forma paulatina conforme las organizaciones criminales, no sólo se enriquecen, sino que
avanzan en formas distintas de infiltración política, social y económica en el lugar donde
se implantan.
Una lucha eficaz contra estas organizaciones delictivas no debe limitarse a reducir su
poder económico, sino que debe centrarse en reducir el potencial de amenaza que
representan para las bases de nuestros Estados democráticos. Cuando por abandono del
Estado, o por no atender bien a la amenaza potencial de estos grupos, se les facilita el
ascenso a estos niveles de infiltración local, estos grupos alcanzan un poder equivalente
a muchas de las instituciones del Estado. Esta evolución no se alcanza de forma
individual, sino que suelen darse unos factores facilitadores que alimentan este
incremento progresivo de poder. La debilidad del Estado, la pérdida de legitimidad, una
gran vulnerabilidad a la corrupción y la dejación de funciones de control suelen ser los
factores que facilitan un vacío de poder que rápidamente es conquistado por dichas
organizaciones criminales (Von Lampe, 2016; Magaloni, Franco-Vivanco & Melo,
2020). Esta conquista y erosión de poder gracias al vacío de estado les posiciona como
intermediarios entre la sociedad y el Estado lo cual redunda en réditos de diversa índole:
garantiza, por un lado, el mantenimiento de un orden alineado con sus intereses
criminales, por otro, les aleja del conflicto y permanente supervisión de las fuerzas del
Estado (Sampó, 2021) y, finalmente, les garantiza el apoyo de la población por los
servicios o beneficios que son suministrados en el desarrollo de su actividad depredadora.
Una vez se han alcanzados estos estadios de infiltración, la situación es difícilmente
reversible a corto y largo plazo, mediante acciones exentas de extrema violencia y un
coste económico y humano considerable.
En muchas zonas del mundo encontramos lugares donde la erosión del crimen
organizado de las estructuras sociales, económicas y políticas es muy alta y donde la
reducción de la presencia de estos grupos es muy compleja. A continuación, analizaremos
la situación que se ha producido en el sur de España durante la última década para
demostrar que existe ya una penetración importante de los grupos dedicados al tráfico de
hachís. Como fase previa, contextualizaremos la situación de una zona especialmente
castigada por condiciones económicas desfavorables que ha encontrado en el tráfico de
drogas una alternativa eficaz para la población como forma de lucrarse y salir adelante.
¿Por qué el Campo de Gibraltar ha desarrollado una amplia competencia de
organizaciones criminales que compiten por hacerse con el tráfico de hachís? ¿Qué
condiciones han favorecido este crecimiento y el ascenso en la capacidad de estas
organizaciones de infiltrar social, económica y políticamente la zona? En primer lugar, la
ubicación geoestratégica de la zona es un elemento fundamental. El Campo de Gibraltar
linda, por un lado, con Marruecos que se encuentra solamente a 14 kilómetros distancia.
Marruecos es el principal productor mundial de hachís (80% de la producción) y su paso
natural para vender al mercado europeo pasa por introducir el hachís en la península. El
paso por el mar y el abrigo de las costas constituye una buena entrada para la droga que
luego puede ser distribuida a nivel local o internacional. Por otro lado, La Línea de la
Concepción comparte frontera con Gibraltar, donde se han originado tradicionalmente
muchos tráficos ilícitos hacia España como el hachís, el tabaco o los inmigrantes. La
Línea tiene tradicionalmente una gran dependencia de Gibraltar. Mucha población de la
zona ha dependido de Gibraltar, ya que ha proporcionado muchos empleos a españoles
debido a su fiscalidad especial que ha atraído empleo, inversiones y movimientos de
capital tanto legales como ilegales (Noguera, 2018). Finalmente, Algeciras es un nodo
internacional de comunicación que traslada ingentes cantidades de mercancías, entre ellas
47 Los retos de la criminalidad organizada…

productos ilícitos o restringidos que no pueden comercializarse de forma ilegal. La


facilidad de penetrar productos ilícitos a través de este puerto, lo convierte en un eje
fundamental para los flujos procedentes de África y de América. Y no solo en la
actualidad se dan este tipo de flujos, tradicionalmente ha habido un gran contrabando en
la zona procedente de Marruecos y la población ha estado muy acostumbrada a encontrar
una alternativa económica en el contrabando. La presencia de redes de contrabando, en
ocasiones formadas por clanes familiares, ha sido una constante en la zona que ha sido
también bien tolerada por la población por los beneficios que les proporcionaban:
suponían alternativas al desempleo, ganancias a los ciudadanos con un nivel de
exposición bajo para la inspección y el control existente en el pasado (Noguera, 2018).
En segundo lugar, las condiciones económicas de la región son muy desfavorables.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Cádiz tiene el mayor índice de
desempleo (aprox. 24% de tasa de desempleo, la mayor de España solo superada por
Melilla (26%) (INE, 2023). Junto a ello, la baja especialización de la mano de obra, la
escasa industrialización y producción local, el abandono y el absentismo escolar y la
desorganización de los barrios constituyen condiciones muy desfavorables que son
compensadas fácilmente con la alternativa que ofrece el tráfico de hachís.
Desde años se lleva gestando un gran negocio local a través del tráfico de hachís donde
las organizaciones locales actúan como intermediarios entre los grupos marroquíes y
grupos europeos. Las organizaciones criminales locales se han dotado de embarcaciones
de gran potencia, infraestructuras para almacenar la droga, jóvenes que ayudan en la
recogida y traslado de la droga, empresas locales que sirven de tapadera y blanquean el
dinero generado por el negocio. Este desarrollo es beneficioso para una región que le
cuesta desarrollarse por la vía legal y que ha vivido muchos años del contrabando de
productos. Así, han pasado los años y de forma silenciosa, las organizaciones criminales
han adquirido un poder sumamente importante. Los recursos represivos no estaban a la
altura de la sofisticación de estos grupos y no ha sido hasta hace unos años que se han
reforzado los efectivos para conseguir endurecer las condiciones de desarrollo de estas
actividades ilícitas. En 2018 se desarrolló el Plan Especial de Seguridad del Campo de
Gibraltar, con un presupuesto de 7,03 millones de euros con el objetivo de reforzar las
capacidades operativas y de inteligencia de la Policía Nacional y la Guardia Civil, ampliar
su capacidad de cooperación con la justicia y así neutralizar el impacto de la delincuencia
en la vida social y económica. A partir de entonces, se han cosechado muchos éxitos
policiales, se han detenido numerosas personas y desmantelado cuantiosas
organizaciones, consiguiendo aumentar la fuerza del Estado frente a la impunidad ganada
por el crimen organizado. Pero ¿cuáles son los indicadores de este aumento de poder de
las organizaciones? ¿En qué reconocemos esta capacidad de infiltración de los grupos en
la zona del Campo de Gibraltar? A continuación, presentamos algunos indicadores que
nos permiten tomar el pulso sobre el ascenso del poder de estos grupos criminales:

Ejercicio de la violencia expresiva y explícita


El último informe de Europol (SOCTA, 2022) muestra un recrudecimiento de la violencia
por parte de los grupos a través del aumento de los asesinatos o actos violentos
protagonizados por sus miembros. Este es un indicador importante al que debemos prestar
atención porque está directamente relacionado con el empoderamiento de los grupos
criminales y una percepción de impunidad que puede explicarse por una mayor dejación
de las autoridades públicas y, como consecuencia, un mayor poder sobre la población en
la que están asentadas las organizaciones criminales. Esta tendencia se da en
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 48

determinados lugares como Holanda, pero también en el Campo de Gibraltar,


especialmente antes de que se recrudeciera la persecución policial y judicial a estos
grupos.
La violencia ejercida por los grupos criminales es un uso habitual que persigue la
imposición del orden interno o externo en un entorno clandestino donde el carácter ilegal
de sus actividades marca su incapacidad de acudir al Estado como forma de protección
(De la Corte y Giménez-Salinas, 2010). Pues bien, cuanto más grande y poderosa sea una
organización criminal, lo cual estará directamente relacionado con la dejación de
funciones del Estado, más probabilidad existe de que pueda utilizar la violencia explícita,
especialmente hacia el exterior de la organización, como forma de imponer normas de
competencia frente a organizaciones rivales o como forma de protegerse de la injerencia
del Estado. La confrontación directa y la violencia extrema se ha producido en pocas
ocasiones (ej. Con el macroproceso de Cosa Nostra, en Colombia en la época de Pablo
Escobar, o en México con la presidencia de Felipe Calderón como ejemplos
representativos) y siempre se produce cuando los grupos de crimen organizado
consideran que los coses de la represión política son mayores que los de la confrontación
y porque tienen expectativas de poder ganar fácilmente el pulso (Bailey & Taylor, 2009).
Como ejemplo del empoderamiento de los grupos y el ascenso de la violencia como
consecuencia de su control y dominio del territorio podemos mostrar lo que ocurre en la
zona del Campo de Gibraltar como consecuencia del tráfico de hachís. La actividad
delincuencial de la zona se basa principalmente en dicho tráfico, dentro del cual, los
grupos se especializan en el trasporte y la custodia del hachís (procedente de Marruecos
que es el primer productor del mundo de esta sustancia con una producción del 80% del
mercado mundial). Las organizaciones marroquíes dominan el mercado en todas sus
fases: producción, transporte y distribución mayorista pero las españolas son las
intermediarias en la península antes de su distribución al resto de Europa (Peláez, 2017).
Al igual que ocurrió en los años 90 y 2000 con los clanes gallegos y el tráfico de cocaína,
los clanes del hachís españoles están especializados en el transporte a la hora de cruzar el
estrecho de Gibraltar. Existen varios sistemas (Cano, 2021): a través de lachas rápidas o
motos de agua o por camiones o contenedores marítimos que, aprovechando la ingente
cantidad de mercancías que diariamente cruzan los continentes, camuflan el hachís en
dicho trasvase de productos. También se utilizan vehículos privados o mulas que en el
interior del cuerpo pueden transportar pequeñas cantidades. Los clanes españoles, una vez
producido el transporte también guardan o almacenan la droga en las llamadas
“guarderías”, haciendo referencia a cualquier infraestructura de almacenamiento para que
una vez dado el aviso, la droga se dirija a otro país extranjero. Cuanto más lejos llegue la
droga y más fronteras cruza, más alto es el precio que se paga por ella. Es por dicho
motivo por el que los grupos marroquíes procuran llegar lo más lejos posible en Europa
a través del transporte por carretera (Cano, 2021). Junto al Campo de Gibraltar, donde se
concentran las organizaciones dedicadas al hachís, también existen grupos asentados en
Granada que producen de forma masiva marihuana para su posterior venta en España o
en Europa. En los últimos años, el cultivo de marihuana, principalmente indoor en
viviendas o locales industriales ha proliferado enormemente (Peláez, 2017),
probablemente por la liberalización del consumo en algunos lugares y la aceptación
generalizada de su consumo.
El desarrollo de estos grupos y el monopolio del tráfico de hachís y la marihuana ha
ido creciendo paulatinamente y no ha sido hasta que se han producido incidentes violentos
importantes y enfrentamientos directos de estos grupos hacia las fuerzas y cuerpos de
seguridad, que no hemos sido conscientes del poder que estaban alcanzando. Ha habido
49 Los retos de la criminalidad organizada…

episodios de enfrentamientos violentos entre grupos, ajustes de cuentas o delimitación de


territorio y competencias entre los grupos que cubrían un determinado territorio. Por otro
lado, como hemos dicho antes, las organizaciones criminales no ejercen violencia hacia
las fuerzas represivas si no adolecen de un empoderamiento que les garantice grandes
expectativas de impunidad. El crecimiento que habían tenido estos grupos en la zona
gracias a una represión mínima hacia ellos por parte del Estado, les había generado una
sensación de impunidad sin precedentes. Eso les permitía enfrentarse a las fuerzas
policiales creyendo salir beneficiados y con la garantía de contar con la aprobación de la
población local que supera las grandes cifras de paro juvenil gracias a las ganancias
ilícitas que proporciona el tráfico de hachís. Además, la violencia no solo se ha dirigido
hacia las fuerzas y cuerpos de seguridad, ha habido episodios frecuentes de violencia entre
grupos o intentando hacerse con la mercancía de otro grupo, a través de diversos métodos
como el del vuelco, o contratando a sicarios que se disfrazan de policía y fingen una
incautación policial de la droga (Noguera, 2018).

Gobernanza ilegal
Cuando el nivel de empoderamiento de los grupos criminales en un territorio es altamente
significativo suele llegarse un punto en el que los beneficios que obtienen los grupos no
se limitan a las ganancias económicas fruto del delito, sino que el rédito también es
buscado en otras esferas políticas y económicas como forma de acumular poder e
influencia social. Es entonces cuando los grupos criminales pasan a cometer otro tipo de
delitos que configuran lo que se denomina en la literatura delitos de gobernanza ilegal
(Von Lampe, 2016).
Este tipo de acciones ilícitas tienen como finalidad conseguir mayores cuotas de poder
y de legitimidad en la población (Briceño-León, 2021). En esta búsqueda de legitimidad,
pueden emular cuatro funciones del Estado: la protección, la provisión de bienes y
servicios, la imposición y generación de normas y la aplicación de castigos.
La identificación de estas actividades de gobierno ilegal en la zona de Gibraltar
requiere una investigación profunda que excede el marco de este artículo, con el fin de
demostrar si efectivamente estas cuatro funciones se están usurpando. Si hay indicios de
extorsión, de apropiación de bienes y servicios que normalmente ofrece el Estado, de la
generación de reglas con vocación de ser cumplidas por la población y de la aplicación
de castigos por incumplimiento. Esta gobernanza ilegal nuevamente se consigue gracias
a la dejación del Estado en mantener sus funciones y defenderlas de la injerencia criminal;
y en subestimar su amenaza real. No podemos proponer ahora una conclusión en este
punto porque carecemos de evidencias que lo demuestren. Sin embargo, consideramos
que el Estado todavía mantiene el control gracias al recrudecimiento de la represión a
partir de 2018 que ha logrado reducir considerablemente el poder de las organizaciones.
No obstante, es necesario prestar atención a indicios que puedan reflejar alguna de estas
manifestaciones de gobernanza ilegal para erradicarlos de forma definitiva.

Infiltración política y corrupción


Otro de los indicadores de suma relevancia para conocer la penetración que tienen las
organizaciones en un lugar determinado es su nivel de penetración política que se
manifiesta en actos de corrupción principalmente. Según Buscaglia, González-Ruiz y
Prieto (2006) existen cinco niveles de penetración política: a) los sobornos o cohechos de
carácter ocasional o puntual y especialmente en los primeros escalafones de la
Revista de Estudios en Seguridad Internacional 50

Administración pública (policía, funcionarios públicos); b) Sobornos o actos de


corrupción permanentes o periódicos cuando los agentes no reciben solo pagos puntuales,
sino que pueden estar en nómina del grupo criminal y así perciben una remuneración
puntual. A cambio de esa asignación, se consigue información de forma regular sobre los
movimientos de inspección y control, protección de las autoridades policiales y ello
permite anticiparse a las estrategias policiales: c) cuando los grupos criminales consiguen
posicionar deliberadamente a miembros del grupo en puestos oficiales de rango medio
para asegurar la colaboración criminal y una fidelidad duradera; d) cuando se produce
una infiltración en puestos más altos de la Administración, designando personas afines a
las organizaciones criminales que sirven a sus intereses. Este nivel suele denominarse
captura de Estado en tanto que el crimen organizado va captando departamentos del
gobierno y ejerciendo sus funciones para conseguir el bien criminal; d) finalmente, el
último nivel, se produce cuando los miembros criminales logran participar en campañas
políticas financiando y apoyando la corrupción de los procesos electorales, como forma
de conseguir un control gubernamental cuando el candidato que se ha apoyado gana las
elecciones. Es una forma de gobierno en la sombra del crimen organizado.
Teniendo en cuenta esta clasificación y viendo la trayectoria de operaciones policiales
realizadas en el sur de España contra el narcotráfico, podríamos situar la infiltración que
se reconoce en el territorio como en el segundo nivel. En 2018, una importante operación,
denominada Allis Ubbo identificó una red de estribadores portuarios, transportistas y
transitarios que trabajaban para una amplia red de intermediarios organizados que
ofrecían sus servicios a los narcotraficantes procedentes de Colombia, Francia, Marruecos
y Holanda (Araluce, 2018). Posteriormente, en 2019 se desarticuló una organización
formada por policías nacionales y agentes de aduanas en Algeciras que cobraba grandes
cantidades de los grupos de narcotraficantes por conseguir que la droga llegara a buen
término. Se detectó porque estas personas tenían un gasto muy superior al que podrían
permitirse por su sueldo, y la investigación desveló finalmente que estaban en nómina en
una organización criminal (Guindal, 2019). En una de las operaciones más importantes
contra el narcotráfico (Corsini-Imperio) donde se incautaron 83.680 kg. de resina de
hachís y 9,76 toneladas de clorhidrato de cocaína, se desmanteló al Clan de Tánger y el
Clan del Sur, donde también se procedió al arresto de ocho agentes, tanto de Guardia
Civil como de Policía Nacional, junto con 61 detenidos. Esto agentes colaboraban en la
entrada de la droga en el puerto de Algeciras, ofreciendo información relevante y dejando
de inspeccionar vehículos y cargamentos que venía en los diferentes envíos (Almoguera,
2022). Estos son algunos ejemplos de investigaciones donde se han encontrado
colaboraciones permanentes entre agentes policiales y trabajadores portuarios con grupos
de crimen organizado.
Según datos del Poder Judicial, del número de procedimientos por corrupción (38)
cuya instrucción o fase de investigación finalizó en 2022, 16 corresponden a Andalucía,
que es la comunidad autónoma con gran diferencia que presenta más casos (Poder
Judicial, 2023). A pesar de que, en términos de corrupción, la de índole política representa
el 75,8% de los procedimientos en esta materia incoados en España (principalmente
afectando al Partido Popular y al Partido Socialista Obrero Español (Abreu, 2022)),
todavía tenemos un 25% que tiene otros objetivos. Sin embargo, con los datos accesibles
y públicos en España es imposible conocer qué tipo de corrupción se deriva de los grupos
criminales organizados ya sea con el objetivo de desarrollar y ampliar sus actividades
ilegítimas o como forma de conseguir inmunidad (Pulido y Sansó-Rubert, 2020). Por ello,
no podemos afirmar con suficiente evidencia que nos situemos en un nivel superior al
segundo, sin realizar una investigación más extensa y profunda en este campo.
51 Los retos de la criminalidad organizada…

CONCLUSIONES
A lo largo de este artículo hemos pretendido abordar, sin ser exhaustivos, algunos retos a
los que nos enfrentamos en referencia a la criminalidad organizada en el entorno local
necesariamente conectado globalmente. Hemos querido poner de manifiesto el continuo
aumento que se está produciendo en los mercados ilícitos más significativos a nivel
mundial, como es el tráfico de drogas y la trata de seres humanos. Está aumentando la
oferta y demanda productos y las nuevas tecnologías ofrecen de forma creativa nuevas
formas de expansión que, lejos de reducirlos, lo que consiguen es llegar a más
consumidores y producir mayores beneficios a nivel mundial. España no se encuentra
fuera de esta tendencia, también la oferta en la península ibérica se ha expandido y el
cultivo local de productos como el cannabis está ofreciendo un rédito adicional y mucho
menos dependiente de regiones alejadas. Ante esta situación no podemos ya mirar a otro
lado e ignorar el daño que se está produciendo por el desarrollo masivo de este mercado
y el gran consumo que se produce de estas sustancias. Su impacto es absolutamente
devastador en el ámbito de la seguridad, economía y el ámbito social y sanitario.
Por otro lado, hemos abordado, a través del ejemplo del Campo de Gibraltar, la grave
amenaza que supone dejar paso libre a las organizaciones criminales en el desarrollo de
sus actividades ilícitas. El aumento de su poder eleva progresivamente sus niveles de
penetración económica, política y social. Hemos intentado aproximarnos a medir de
forma muy difusa y limitada por la falta de evidencias, el nivel de penetración de las
organizaciones criminales que actúan en el Campo de Gibraltar. A pesar de que requeriría
un estudio en mayor profundidad, lo indicios apuntan a que nos encontramos con la zona
de España donde las organizaciones criminales tienen mayor nivel de control del
territorio, no sólo medido a través de su actividad delictiva, sin a través de su legitimidad
en la población, su capacidad de corrupción, la violencia explícita ejercida contra las
fuerzas y cuerpos de seguridad y su gran capacidad de ofrecer servicios y beneficios a su
población local en forma de alternativas de empleo legal. Las medidas represivas deberían
mejorar su eficacia y traducirse en condenas efectivas para demostrar un control férreo
por parte del Estado. En caso contrario, la amenaza será mucho más difícil de erradicar
en el futuro y la población civil proporcionará la legitimación necesaria a los grupos
criminales para garantizar su continuidad en el tiempo.

NOTA SOBRE LA AUTORA:


Andrea Giménez-Salinas es profesora de la Universidad Pontificia Comillas y presidenta
de la Fundación para la Investigación Aplicada en Delincuencia y Seguridad (FIADYS).
Licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona, Master en Criminología por la
Universidad de Montreal y doctora en Derecho y Criminología por la Universidad de
Castilla-La mancha. Es miembro del Comité científico del International PHD in
Criminology de la Universidad Católica de Milán e imparte docencia en posgrados de
diversas universidades nacionales. Sus líneas de investigación están relacionadas con la
criminalidad organizada; la delincuencia económica y la seguridad pública y privada.
Correo electrónico: [email protected]

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