EL AMOR CORTÉS Y LA CREACIÓN DE LA AMADA IDEAL
Las novelas de caballerías se desarrollan en torno a tres ejes temáticos:
1.- El familiar, que se divide en dos fases
Nacimiento: origen noble/elevado del caballero. (En DQ no existe)
Investidura como caballero. (En DQ se realiza en una venta)
2.- El amoroso: es el motor de la acción, es necesario para un caballero andante.
Cuando este amor falta, la aventura se interrumpe, el caballero pierde su categoría de
guerrero y se retira a un terreno agreste y se cambia el nombre. (Amadís por
Beltenebros; Quijote por El caballero de la Triste Figura)
3.- El político o cortesano: el héroe ha de ser noble y estar en el ámbito cortesano. Nada
de esto sucede en DQ.
Según relacionado anteriormente, el amor es fundamental en los libros de caballerías y
también en DQ.
La relación amorosa de don Quijote/Dulcinea es un amor caballeresco,
emparentado directamente con las teorías del amor trovadoresco o cortés, se
manifiesta en toda su extensión, siguiendo todas las reglas y pautas del llamado código
del amor cortés.
La concepción respecto al amor, por parte de Cervantes es totalmente y
netamente idealista. Este es el común denominador de todas y cada una de sus páginas.
Esta visión positiva del amor sirve para vincular nítidamente a don Miguel de Cervantes
con el Renacimiento y para alejarlo del escepticismo desconfiado y desengañado del
Barroco.
El código del amor caballeresco: rasgos y aspectos. El amor es requisito
imprescindible de todo caballero andante. Se puede asegurar que el personaje de don
Quijote ejemplifica por antonomasia y hasta sus últimos extremos el código
caballeresco del amor. El amor, con sus cualidades imprescindibles de casto, leal,
sublime y difícilmente alcanzable, es el faro constante de todas sus acciones y el
máximo incentivo de todas sus empresas. De entre todos los caballeros andantes del
pasado, para don Quijote será principalmente Amadís de Gaula el prototipo y el más
digno de imitación, especialmente en su comportamiento de enamorado; por esa razón
la conducta de don Quijote será siempre equiparable a la de Amadís. Dulcinea (dama de
don Quijote) y Oriana (dama de Amadís), respectivamente, podrán presumir de la más
inquebrantable fidelidad por parte de cada uno de sus caballeros. En el capítulo primero
1
de la 1º parte, DQ escoge la persona que será su dama de entre las mujeres que conoce
de su entorno y le inventa un nombre (recordemos que DQ decide dedicarse a ser
caballero andante tras leer muchas novelas de caballerías y entonces busca una
armadura de sus antepasados, le busca un nombre a su flaco caballo que sea sonoro y
poderoso y se busca una dama a la que encomendarse y a la que servir):
“No le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el
caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma A esta
(Aldonza Lorenzo) le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos, y
buscándole nombre que tirase al de princesa, vino a llamarla Dulcinea del Toboso,
nombre a su parecer músico y peregrino y significativo”.
La importancia máxima del amor para un caballero andante es:
- El tener una dama a la que amar y a la que encomendarse es condición imprescindible
para poder ser considerado auténtico caballero.
- Caballero sin amor es cuerpo sin alma: no tiene sentido
- La dama debe ser una señora de alta alcurnia, nunca una plebeya.
- Esta dama, a menudo inaccesible, ha de tener un nombre en consonancia con su
nobleza.
El amor no correspondido es otro tópico, dentro del código del amor de las novelas de
caballerías, y procedente por cierto de las reglas y leyes del amor trovadoresco: el
caballero, desdeñado por la dama, se lamenta de la crueldad de la amada ingrata, y le
suplica que se ablande y se compadezca de él. Este amor no correspondido es fuente de
sufrimiento para el caballero enamorado, pero mediante su constancia en el amor y sus
actos de valor conseguirá hacerse digno, algún día, de la dama de sus pensamientos.
El caballero aparece constantemente como inferior socialmente a su dama,
como siervo de ella. Recordemos que el amor cortés es una trasposición de la estructura
del sistema feudal medieval: el señor, el siervo, el vasallaje…
Don Quijote, además de imitar el amor caballeresco en sus aspectos sustanciales,
reproduce también fielmente su lenguaje arcaizante y anacrónico, con todos los
tópicos inherentes al mismo: cautivo corazón, agravio, cuitas, sujeto corazón,
padecer, etc.
2
El amor de don Quijote a Dulcinea es tan noble, tan puro, tan desinteresado que
sin el menor reparo podemos designarlo como platónico. Esta es la carta o misiva que
don Quijote le envía a través de su escudero Sancho Panza, dentro del capítulo 25:
“Soberana y alta señora: El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas
del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu
fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi
afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrirlo, mal podré sostenerme en esta cuita,
que, además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera
relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo: si
gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto; que con acabar
mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte: El Caballero
de la Triste Figura”
En esta célebre carta, aparte de una serie clara de conceptos relativos al amor
cortés, cabe destacar el consabido tópico del morir de amor, uno de los tópicos más
consolidados de la literatura trovadoresca.
Todo caballero que se precie de tal, se siente en la precisa necesidad de invocar
a su dama ante cualquier peligrosa aventura, con la seguridad de que ella le
infundirá ánimo y valor suficientes para acometerla y superarla. Estas invocaciones
a Dulcinea se repetirán en numerosas ocasiones a lo largo de toda la obra, en los trances
de las arriesgadas y peligrosas aventuras quijotescas.
El tributo de homenaje a la dama es otra costumbre peculiar de los caballeros
andantes, y por tanto de don Quijote, consiste en que -como muestra de gratitud y de
homenaje a la dama siempre que el caballero vence o realiza una acción meritoria
impone a su rival derrotado la obligación de presentarse humildemente ante la dama,
reconociendo su hermosura y declarando el nombre del vencedor:
“Sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y
aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso; y en pago del
beneficio que de mí habéis recibido, no quiero otra cosa sino que volváis al Toboso y
que de mi parte os presentéis ante esta señora y la digáis lo que por vuestra libertad he
fecho”
Dentro de los rasgos y características de la dama, es preciso diferenciar, dada la
intención paródica de Cervantes, la doble faceta del personaje Dulcinea / Aldonza. Para
don Quijote, Dulcinea del Toboso es el culmen y el cúmulo de todas las perfecciones:
belleza, honestidad, discreción, refinamiento,...; su amor por ella, y su condición de
3
caballero andante le induce a verla de forma totalmente idealizada. En posición
opuesta, nos encontramos con la visión rústica, rastrera y realista, desoladoramente
desmitificadora, en boca de Sancho Panza. Para este no existe Dulcinea; sólo existe
Aldonza Lorenzo, una simple moza labradora, ruda y vigorosa, sin ningún atractivo
físico ni de espíritu, y que tuvo” la mejor mano para salar puercos que otra mujer en
toda la Mancha” (Cap. 9).
Respecto a los rasgos de la dama propiamente dicha de las novelas de
caballerías, incluido El Quijote, los más destacables son los siguientes: Se dedica a
tareas primorosas: bordar con oro, ensartar perlas, etc., y a ocupaciones propias de su
alto rango social. Viste, se adorna y se asea como una princesa. Habita en palacios y en
estancias fastuosas. Es liberal y espléndida con todos, especialmente con los correos o
emisarios que llegan hasta su presencia. DQ en cuanto a sus cualidades físicas de
Dulcinea, no escatima elogios al describirla, tal como se refleja en el capítulo 13 y la
describe tal y como aparece en su imaginación (Dulcinea), no como es en realidad
(Aldonza):
“ La hermosura de Dulcinea es sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer
verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a
sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo,
sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su
cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la
vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la
discreta consideración puede encarecerlas y no compararlas”
Sin embargo, el caballero enamorado don Quijote desea resaltar dos cualidades
de entre todas las demás de su dama, pues entiende que estas dos son las que,
fundamentalmente, encienden y originan el amor, aunque en algún momento supone
que esta concepción idealizadora pueda ser, únicamente, fruto y resultado de su
imaginación. Así lo vemos en el capítulo 25 de la primera parte:
“Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a
amar más que otras; que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se
hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna le iguala, y en la
buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo
es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la
belleza como en la principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra
alguna de las famosas mujeres de las edades pretéritas griega, bárbara o latina”
4
Hay un detalle especialmente curioso o llamativo en el código del amor cortés y
caballeresco; se refiere a que una dama puede tener, al mismo tiempo, varios caballeros
que la sirvan y la amen, en secreto y platónicamente, eso sí como si ella fuera un señor
feudal, con dominio sobre muchos vasallos. Esta circunstancia no significa menoscabo
ni desdoro para la dama ni para el caballero enamorado, sino, por el contrario, mayor
honor:
” ¿Tú no ves, Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento?
Porque has de saber que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una
dama muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se extiendan más sus
pensamientos que a servilla por ser ella quien es, sin esperar otro premio de sus
muchos y buenos deseos sino que ella se contente de aceptarlos por sus caballeros”
Entre las cualidades del caballero enamorado y del amor caballeresco está que
el caballero tiene la obligación de creer en su dama y de defender la superioridad de la
misma respecto a cualquier otra mujer; consideraría una ofensa a su honor tolerar
cualquier injuria a su dama, o cualquier comparación odiosa. Por esa razón don Quijote
se enfurece cuando el propio Sancho, movido por la codicia, insta a su amo a que se
case con la princesa Micomicona, la cual es, según Sancho, más rica y más hermosa que
Dulcinea.
Cuando el caballero sufre el desdén y el olvido de la dama, decide o bien
realizar locuras como Roldán, con el fin de conmoverla y llamar su atención, o bien
entregarse a asperísimas penitencias, como hizo Amadís en la Peña Pobre. Don Quijote
opta por imitar sobre todo a este último, y se adentra en lo más oculto de Sierra Morena
y se llama El caballero de la Triste Figura. Allí se azota, reza interminables avemarías,
llora su cuita y compone versos amorosos (que Cervantes parodia) por la ausencia de
Dulcinea. Podemos comprobarlo en el capítulo 25:
“¡Este es el lugar, oh cielos!, que diputo y escojo para llorar la desventura en
que vosotros mesmos me habéis puestos. Este es el sitio donde el humor de mis ojos
acrecentará las aguas deste pequeño arroyo y mis profundos y continuos sospiros
moverán a la contina las hojas destos montaraces árboles, en testimonio y señal de la
pena que mi asendereado corazón padece Oh Dulcinea del Toboso, día de mi noche,
gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura, ansí estaré hasta el
término en que correspondas al que a mi fe se le debe”
El amor quijotesco es un amor a toda prueba, absolutamente leal y perseverante,
de total fidelidad y sumamente casto. Don Quijote es el paradigma y el prototipo por
5
excelencia del caballero enamorado, fiel hasta la muerte, a diferencia de otros caballeros
andantes, como Galaor, Lanzarote, Belianis, etc., los cuales no mostraban demasiados
remilgos ni escrúpulos en los asuntos eróticos. Dice don Quijote: “Mis amores y los
suyos (de Dulcinea) han sido siempre platónicos, sin extenderse a más que a un honesto
mirar”. Amor independiente del matrimonio, como ocurre también en el código del
amor cortés, nunca se menciona el matrimonio, ni pasa por la imaginación de don
Quijote contraer relación con Dulcinea mediante vínculos religiosos o jurídicos.
Así como la locura del Quijote consiste en cambiar a su antojo cuanto le rodea,
el centro principal de esa locura es el amor que como ya hemos visto es el motor de toda
novela de caballerías. Si transformó la realidad, también transforma a la mujer amada
hasta ver en ella a una alada princesa de las cortes caballerescas.
Elemento indispensable para su vida de andante caballero es la dama: es decir,
amó primero el ideal de una vida y buscó las condiciones a él inherentes. Como
caballero andante en quien decide convertirse tras la lectura de tantas novelas de
caballerías junto a las armaduras, el caballo, el nombre para su caballo y por supuesto
necesita una dama. El hallazgo de la señora de sus pensamientos fue bien sencillo:
recordó a «una moza labradora de quien en un tiempo anduvo enamorado». No le era
pues desconocida Y, aún más, no había desaparecido del todo en él aquel amor de
antaño, así eligió a Aldonza para servirla y hacerla su señora. Don Quijote cambió el
nombre a Aldonza Lorenzo y al variarlo, varió con él la personalidad de la moza. La
llamó Dulcinea del Toboso.
Don Quijote, como buen caballero andante, no admite réplica a su amada; en
verdad, no hay nada que más le hiera que el que se ponga en tela de juicio la belleza o la
nobleza de su dama.
Para amar a Dulcinea le basta al caballero que posea dos cualidades: hermosura
y buena fama. Los dos ideales del Siglo de Oro: la belleza formal y la moral, reflejada:
en la honra.