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Dominio de Competencias Lingüísticas

El documento describe las competencias lingüísticas y la competencia para aprender a aprender. Define las competencias lingüísticas como el conocimiento implícito de las reglas gramaticales de un idioma que permite codificar y comprender mensajes. Describe cuatro competencias lingüísticas clave para dominar un idioma: comprensión auditiva, expresión oral, comprensión lectora y comprensión escrita. También explica que la competencia para aprender a aprender implica la habilidad de iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje de manera aut

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Dominio de Competencias Lingüísticas

El documento describe las competencias lingüísticas y la competencia para aprender a aprender. Define las competencias lingüísticas como el conocimiento implícito de las reglas gramaticales de un idioma que permite codificar y comprender mensajes. Describe cuatro competencias lingüísticas clave para dominar un idioma: comprensión auditiva, expresión oral, comprensión lectora y comprensión escrita. También explica que la competencia para aprender a aprender implica la habilidad de iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje de manera aut

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Competencias lingüísticas

¿Qué son las competencias lingüísticas y comunicativas?


El Diccionario de términos del Instituto Cervantes define la competencia lingüística o
gramatical como “el conocimiento implícito que un hablante posee sobre su propia
lengua, el cual le permite no solo codificar mensajes que respeten las reglas de la
gramática, sino también comprenderlos y emitir juicios sobre su gramaticalidad”.
Las competencias lingüísticas se conforman por el habla, la comprensión oral y la
comprensión escrita. Son una habilidad que, cuando se trata de la lengua nativa,
incorporamos de forma natural cuando comenzamos a hablar en la primera etapa de
crecimiento.
En este sentido, en los años cincuenta, el lingüista Noam Chomsky, además de
corroborar que las competencias lingüísticas son unos conocimientos limitados e
implícitos de los signos y reglas gramaticales adquiridos por una persona, estableció
que, gracias a la creatividad humana, la capacidad de combinarlos y utilizarlos es
ilimitada.
¿Cuáles son las competencias lingüísticas que debes poseer para dominar un idioma?
De la misma manera que ocurre al aprender una lengua nativa, a la hora de incorporar
un idioma extranjero, y para poder poner en práctica sus infinitas posibilidades, es
importante prestar atención a cada una de las destrezas del lenguaje. En este sentido, se
pueden distinguir cuatro competencias lingüísticas que hay que desarrollar para dominar
un idioma:
Comprensión auditiva: escuchar y entender lo que se nos comunica es la primera
capacidad que desarrollamos desde pequeños, ya sea al aprender nuestra lengua materna
como una nueva. Si bien se suele considerar una actividad pasiva, esto es una verdad a
medias, ya que con escuchar no basta para comprender, por eso, es mejor hablar de una
competencia receptiva.
Ejercitar el oído e intentar descifrar lo que se nos está diciendo es la primera manera de
poner en funcionamiento el cerebro y ejercitar la asociación y la memoria. Esto permite
recordar el vocabulario nuevo y su pronunciación, el mismo que luego utilizaremos para
construir nuestras propias frases.
➢ Expresión oral: es la capacidad de poner en práctica lo recibido en la
comprensión auditiva. Se trata de la aptitud de crear oraciones lógicas y
correctas y de una habilidad activa que requiere de la articulación de la boca
para pronunciar los sonidos adecuados. Es una competencia lingüística que nos
permite comunicar ideas y sentimientos, y relacionarnos de manera directa con
otras personas.
➢ Comprensión lectora: es la capacidad de decodificar un lenguaje escrito e
implica el conocimiento de los símbolos propios del idioma que estamos
aprendiendo. Leer, además de ayudar a comprender signos y palabras, permite
conocer la cultura propia del idioma estudiado, adquirir vocabulario y entender
mejor su gramática.
➢ Comprensión escrita: poner en el papel lo aprendido, al principio puede ser un
gran desafío. En el caso de los hispanohablantes, por ejemplo, esto es un poco
más complejo cuando se estudia idiomas no fonéticos.
La comprensión escrita es, de hecho, lo último que aprendemos en nuestra
lengua nativa e implica conocer sistemas, como la ortografía y la gramática,
además de un gran trabajo mental para construir las oraciones en el papel.

Competencia para aprender a aprender


La competencia aprender a aprender es la habilidad de iniciar, organizar y persistir en el
aprendizaje. Al desarrollar esta competencia, enseñamos a los alumnos a aprender de
una manera cada vez más autónoma, porque el objetivo final es el famoso longlife
learning o aprendizaje a lo largo de toda la vida.
Cómo trabajar la competencia aprender a aprender en el aula
Esta competencia clave tiene varias dimensiones desde las que debemos desarrollarla.
En primer lugar, tenemos que prestar atención a la motivación que se despierta en el
alumno para aprender. Muchas veces, esta motivación es fruto de la curiosidad y de un
rol protagonista del alumno, por lo que las metodologías activas potenciarán la
competencia aprender a aprender.
En segundo lugar, hemos de desarrollar los procesos mentales relacionados con el
aprendizaje: 1) qué sé y qué desconozco, 2) cómo aprendo, 3) cómo afrontar las tareas.
Esto desemboca en estrategias con las que planificar el aprendizaje, supervisarlo y,
finalmente, evaluarlo (¿te suena?).
Por supuesto, una última dimensión de la competencia aprender a aprender es el trabajo
en equipo. No solo importa cómo aprendo yo, sino que también puedo aprender de
cómo aprenden otros y juntos podemos desarrollar estrategias para mejorar.
Por tanto, veamos qué actividades podemos realizar en el aula para fomentar la
competencia aprender a aprender:

Motivación
Para motivar a nuestros alumnos, debemos crearles una necesidad que les empuje a la
acción. Para cumplir con las características de la competencia aprender a aprender, esa
acción debe colocarles en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Veamos
algunos ejemplos:
Preguntas o hipótesis como punto de partida: ¿qué pasaría si mezclamos agua y aceite?
Los alumnos, que desconoces el resultado de esa pregunta, se ven empujados a actuar
para descubrir qué pasa cuando mezclan agua y aceite. Con esto, 1) despertamos su
curiosidad, 2) fomentamos la experimentación y 3) ellos son los protagonistas.
Retos: se trata de realizar actividades en las que, antes de actuar, muestres a tus alumnos
el resultado final al que deben llegar. Esto supone un reto para ellos con el que, explícita
o implícitamente, estamos diciéndoles «a ver si eres capaz de hacer esto».

Planificar, supervisar y evaluar el aprendizaje


En esta dimensión trabajamos la organización dentro del aprendizaje y, puesto que la
programación didáctica es un documento donde organizamos el proceso de enseñanza-
aprendizaje, hay una actividad muy sencilla que podemos hacer cada día:
➢ Organiza el aprendizaje de cada clase compartiendo con tus alumnos los
objetivos didácticos, las actividades planificadas y el proceso de evaluación. Por
ejemplo, puedes proponer el objetivo de aprender la tabla del 2. Durante la clase
explicarás a tus alumnos esa tabla y realizaréis actividades. Para terminar,
corregiréis esos ejercicios, viendo qué cuentas están bien, cuáles mal y por qué.
Si trabajas esto todos los días, crearás un hábito en tus alumnos de manera
inconsciente con el que serán capaces de planificar, supervisar y evaluar sus
aprendizajes futuros.
➢ Estudios de caso. El alumno deberá entender y contextualizar el caso dado para,
posteriormente, planificar la búsqueda de información, su gestión y redacción
(CCL), y terminar autoevaluando su trabajo antes de entregarlo. Esto lo puedes
fomentar entregando a tus alumnos la rúbrica con la que calificarás el trabajo. Si
saben qué aspectos vas a tener en cuenta, podrán analizar su resultado final y
evaluarlo para ajustarlo a lo pedido.
➢ Problemas. Ya sea individualmente o en grupos, plantea problemas reales que
deban superar. Deberán reflexionar sobre lo que saben y lo que necesitan
aprender. Según vayan avanzando en la solución, deberán supervisar el trabajo
para ver si realmente su solución funciona (prueba-error). Finalmente, podrán
evaluar su aprendizaje, ya sea de manera autónoma o conjunta con el grupo-
clase. Eso sí, en todo momento debes guiarles y apoyarles.

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