4.
MOVIMIENTOS LIBERALES Y NACIONALES
1. El retorno al viejo orden (1815-1830)
La derrota de Napoleón inició el periodo de la Restauración en el que las
monarquías europeas intentaron restablecer el absolutismo e impedir el surgimiento
de nuevos movimientos revolucionarios.
1.1 La Restauración y el Congreso de Viena
Las grandes potencias vencedoras ( Austria, Prusia, Rusia y Reino Unido) se
reunieron en el Congreso de Viena (1815) bajo el patrocinio del canciller austriaco
Metternich, inspirador de la Restauración.
El objetivo era el rechazo de los principios de la Revolución francesa y la defensa
del legitimismo, que reconoce los derechos de los monarcas derrotados por
Napoleón a recuperar el trono.
En algunos países, ante la imposibilidad de retornar totalmente al absolutismo, los
monarcas tuvieron que hacer ciertas concesiones.
Así en Francia, Luis XVIII promulgó una Carta otorgada que reconocía algunos
derechos políticos y el funcionamiento de dos cámaras con unas atribuciones
limitadas. Por el contrario, en el Imperio austriaco, en Rusia y en España, la
Restauración supuso el pleno restablecimiento del Antiguo Régimen, mientras que
en Reino Unido se mantuvo el sistema parlamentario.
El Congreso de Viena procedió a la remodelación de las fronteras de Europa con el
objetivo de equilibrar sus fuerzas y las zonas de influencia mediante el reparto de
los restos del Imperio napoleónico. Además, se asentaron los dos principios que
iban a regir la política internacional:
● La celebración de congresos periódicos para arbitrar soluciones ante
posibles alteraciones de este equilibrio territorial.
● El derecho de intervención en los países amenazados por una revolución
liberal. En esta dirección, Prusia, Rusia y Austria crearon la Santa Alianza,
un pacto que permite su intervención política y militar a requerimiento de
cualquier monarca amenazado por una revolución liberal. Poco después se
incorporaron otras monarquías, a excepción del Reino Unido, ya que el
Parlamento británico se opuso al derecho de intervención en otro Estado.
LOS IDEALES LIBERALES
Frente a los principios del absolutismo, los ilustrados y otros pensadores difundieron
un conjunto de nuevas ideas (el liberalismo) que fueron la base de los sistemas
políticos creados por las revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX:
● La sociedad está formada por un conjunto de ciudadanos libres e iguales que
gozan de unos derechos y unas libertades fundamentales que el Estado debe
garantizar. Esta libertad se aplica a todos los ámbitos de la actividad humana:
económico (libertad para fábricas, comerciar…), político (libertad de opinión,
asociación…), de elegir religión, de pensamiento…
● El pueblo es el origen del poder (soberanía nacional), que elige mediante
sufragio a sus representantes (parlamentarismo). Los tres poderes deben
estar divididos y ejercidos por instituciones independientes, y la Constitución
Es la norma fundamental que establece la relación entre los individuos, la
sociedad y el Estado.
1.2 Las primeras oleadas revolucionarias (1820-1830)
A pesar del aparente retorno al Antiguo Régimen, las ideas de la Revolución
francesa habían dejado su huella en los países europeos.
Además, el dominio napoleónico había despertado el sentimiento nacional de los
pueblos dominados, y la remodelación de Europa por el Congreso de Viena en favor
de los grandes imperios consolidó el nacionalismo, que se unió en muchos casos al
liberalismo.
La primera oleada revolucionaria se produjo en la década de 1820 y provocó en
España, Portugal, Nápoles y el Piamonte el inicio de un corto periodo liberal que
finalizó con la intervención directa de las fuerzas absolutistas de la Santa Alianza.
Los monarcas absolutos recuperaron el trono y una fuerte represión se
desencadenó contra los liberales (detenciones, ejecuciones, exilio...).
Solo en Grecia, donde se unieron los intereses liberales y un fuerte movimiento
nacionalista, triunfó una insurrección contra el Imperio turco. En 1822 proclamó su
independencia (Declaración de Epidauro), que se hizo efectiva en 1829 después de
una cruel guerra.
Una segunda oleada se inició en 1830 en Francia, donde se derrocó al último
monarca Borbón (Carlos X) y se implantó una monarquía constitucional que
proclamó rey a Luis Felipe de Orleans. El ejemplo francés se extendió por España y
los Estados italianos y alemanes, y comportó la independencia de Bélgica, que
había estado unida a Holanda, alterando por primera vez el mapa establecido en
1815. En Polonia, un movimiento liberal a favor de la independencia fue aplastado
por el ejército ruso.
Como resultado de estas revueltas liberales, en la mayoría de los países de Europa
occidental desaparecieron los regímenes absolutistas y se impusieron Gobiernos
liberales moderados, cuyo referente era la Constitución francesa de 1791 (sufragio
censitario, libertades limitadas y predominio social de la alta burguesía).
2. Las revoluciones de 1848
2.1 La primavera de los pueblos
La revolución de 1848 es conocida como "la primavera de los pueblos" por los
numerosos pueblos que se levantaron contra el absolutismo y los imperios. En
muchos aspectos significó el fin del sistema de la Restauración establecido en el
Congreso de Viena.
El movimiento revolucionario tuvo diversas causas. En el ámbito económico, una
crisis agrícola provocó un aumento de los precios y el descenso del poder
adquisitivo de las clases populares, a la vez que una crisis en las bolsas, resultado
de la caída de las acciones ferroviarias, comportó la quiebra de bancos, el cierre de
empresas y el aumento del paro obrero.
En el ámbito político, parte de la ciudadanía se mostraba insatisfecha ante el
liberalismo moderado, reclamaba el sufragio universal y la ampliación de los
derechos individuales y sociales, y defendía la república como el mejor sistema para
erradicar las diferencias sociales.
Esta nueva oleada revolucionaria adquirió una gran diversidad de formas y
contenidos:
● En Europa occidental, abrió las puertas a los nuevos ideales democráticos,
que defendían la soberanía popular y el sufragio universal masculino.
● En Europa oriental, excepto en Rusia, comportó la abolición del Antiguo
Régimen y el avance de regímenes liberales moderados, mientras que en el
Imperio austriaco tuvo un claro contenido nacionalista.
2.2 La revolución en Francia
En Europa occidental, la revolución de 1848 significó la aparición de los ideales
democráticos: sufragio universal, soberanía popular e igualdad social, y también el
surgimiento de la clase trabajadora como fuerza política.
En Francia, en febrero de 1848, un levantamiento popular destronó a Luis Felipe de
Orleans y proclamó la II República.
El nuevo régimen adoptó medidas democráticas novedosas: sufragio universal
masculino, libertad de prensa, abolición de la pena de muerte y de la esclavitud, y
reconocimiento de algunos derechos para los trabajadores. Para mitigar el paro se
crearon los Talleres Nacionales, dirigidos por el Estado.
Tras unas elecciones, el nuevo Gobierno procedió al cierre de los Talleres y a la
supresión de algunas reformas sociales.
La respuesta se produjo en junio de 1848, en forma de nuevo movimiento
insurreccional obrero, que exigía la consolidación de la república social. La rebelión
fue aplastada con la intervención del ejército y la represión de los insurrectos: más
de 1500 fusilados y 25000 detenidos.
Tras la revuelta, la República evolucionó en un sentido conservador y, en 1851, Luis
Napoleón Bonaparte impuso su poder personal y proclamó el II Imperio francés.
LOS IDEALES NACIONALISTAS
En la Europa de mediados del siglo XIX, muchos pueblos vivían bajo el dominio de
un gran imperio (como el austriaco, el ruso o el otomano) o se hallaban
fragmentados en diversos Estados (naciones multi estatales).
Aunque existen diversas concepciones, se puede definir la nación como un conjunto
de individuos que poseen una serie de lazos culturales propios (religión, lengua,
tradiciones, pasado...) y que desean vivir en común. El Estado, en cambio, es una
organización política y administrativa formada por diferentes instituciones que
ejercen el poder sobre un determinado territorio.
Liberalismo y nacionalismo se unieron en la primera mitad del siglo XIX en la
defensa de una Europa de ciudadanos y naciones libres frente a la Europa de la
Santa Alianza y de los monarcas absolutos.
3. La unificación de Italia y Alemania
3.1 Italia, un mosaico de Estados
En 1815, Italia estaba dividida en Estados desiguales en tamaño e importancia. El
Papa era soberano en uno de ellos (los Estados Pontificios, con capital en Roma), y
Austria había incorporado a su imperio la Lombardía y el Véneto, ricas regiones del
Norte italiano. Solo el Piamonte estaba gobernado por una monarquía liberal, la
dinastía de Saboya.
La conquista napoleónica había difundido las ideas liberales a la vez que había
estimulado un sentimiento nacional de oposición a los invasores. Durante la
Restauración, estos ideales se habían mantenido vivos gracias a minoritarias
sociedades secretas. Así, en la década de 1830, se formó un movimiento de
afirmación nacional, el Risorgimento, que tuvo una primera expresión política en la
estrategia de unificación propugnada por Giuseppe Mazzini y su organización, la
Joven Italia. Esta planteaba la creación de una república democrática, unitaria y
laica, a la que se llegaría mediante una insurrección popular.
El fracaso de los intentos revolucionarios de 1848 y 1849 llevó a Cavour, jefe del
Gobierno de la monarquía piamontesa, a impulsar una nueva estrategia para la
unificación. No sería la insurrección popular sino la consolidación del Piamonte
como un Estado fuerte, moderno e industrializado, capaz de poseer un ejército y
una diplomacia, lo que permitiría la unificación.
3.2 Las fases de la unificación
La unidad italiana, sin embargo, fue el resultado de la complementariedad de ambas
estrategias, aunque la monarquía de Víctor Manuel II de Saboya fue la principal
beneficiaria:
● Por un lado, Cavour consiguió, con la ayuda francesa, derrotar a los
austriacos (1859) y anexionar la Lombardía y, poco después, los Estados
centrales (1860). A la acción militar se añadió la diplomática, que supuso la
cesión de Niza y Saboya a Francia, a cambio del reconocimiento del nuevo
reino de Italia.
● Por otro lado, un republicano mazziniano, Giuseppe Garibaldi, emprendió la
conquista del sur (reino de las Dos Sicilias) con un ejército muy reducido que
consiguió el apoyo popular para liquidar el régimen borbónico. Para no dividir
el movimiento nacionalista, Garibaldi renunció a la perspec tiva republicana y
cedió a Víctor Manuel II las conquistas realizadas, reconociéndolo como rey de Italia
(1861).
● Finalmente, la unidad se completó con la anexión del Véneto (1866), tras
derrotar a los austriacos, y la conquista de los Estados Pontificios (1870) a
pesar de la oposición del Papa.
Roma se convirtió en la capital de la nueva Italia y se creó el Estado del Vaticano
bajo la soberanía del pontífice.
El nuevo Estado tuvo que enfrentarse a tres grandes problemas: la hostilidad del
papado, el contraste entre un Norte industrializado y un Sur agrario y atrasado, y el
carácter incompleto de la unidad, ya que Istria y Trento permanecieron bajo dominio
austriaco.
3.3 La Confederación Germánica
En el siglo XVIII, los filósofos Herder y Fichte establecieron las bases del
nacionalismo alemán, que fueron reforzadas con el Romanticismo. La nación se
definía como un alma espiritual, inmutable y eterna, que se manifestaba por medio
de una lengua, una cultura, una tradición y un ser propio del pueblo alemán.
El Congreso de Viena estableció la Confederación Germánica, que aglutinaba a
39 Estados, con la presencia de dos poderosas potencias, el reino de Prusia y el
Imperio austriaco. El primer paso hacia la unificación fue la creación del Zollverein o
Unión Aduanera (1834), un mercado de libre circulación comercial formado por
26 millones de personas. En el Zollverein se integró Prusia, pero no Austria, lo que
puso en evidencia que sería Prusia quien dirigiría el proceso unificador, mientras
que Austria mantenía sus aspiraciones imperiales.
Durante la revolución de 1848, los sectores liberales y democráticos consiguieron
formar un Parlamento en Frankfurt, con representantes de los distintos Estados
elegidos por sufragio universal. El Parlamento ofreció la Corona de la posible
Alemania unificada al rey de Prusia, Federico Guillermo IV, pero la monarquía
prusiana rechazó la oferta por provenir de un acto de soberanía popular.
3.4 La vía prusiana a la unificación
A partir de 1862, el canciller de Prusia, Otto von Bismarck, impulsó que Prusia
dirigiera la unificación a partir de su supremacía económica y militar y de la
neutralización de Austria, su gran rival. Esta estrategia provocó tres guerras:
● El enfrentamiento con Dinamarca (1864), que supuso la anexión de los
ducados de Schleswig y Holstein.
● La guerra contra Austria, a la que derrotó en la batalla de Sadowa (1866), y
que significó la disolución de la Confederación Germánica, y la creación de la
Confederación de la Alemania del Norte, que comprendía 23 Estados, bajo la
hegemonía prusiana. Solo Austria y los Estados del Sur quedaban al margen.
● Por último, una guerra contra Francia (1870-1871) que permitió cohesionar a
los Estados germánicos contra un enemigo común; los franceses fueron
derrotados en Sedán.
La victoria militar supuso la proclamación del Segundo Imperio y de Guillermo I
como emperador (1871). La unidad conllevó una estructura confederal dominada
por Prusia, que imprimió una ideología conservadora y militarista al nuevo Estado.
5. INNOVACIÓN Y DOMINIO COLONIAL
3. La Segunda Revolución Industrial
Desde mediados del siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial se produjeron
una serie de transformaciones que protagonizaron un segundo impulso en la
Revolución Industrial. Esta fase se caracterizó por la aplicación de innovaciones
científicas al desarrollo industrial, la extensión del petróleo y la electricidad, y la
concentración empresarial en el contexto de una economía global.
3.1 Las nuevas fuentes de energía
Hasta bien entrado el siglo XX, el carbón constituyó un recurso de primer orden en
industrias y hogares. Pero su uso fue decreciendo paulatinamente con la llegada de
dos nuevas fuentes de energía:
● El petróleo comenzó su explotación en Pensilvania (1859) y se empleó
inicialmente para iluminación, calefacción y lubricantes.Sin embargo, la
invención del motor de explosión de gasolina porK. Benz (1885) y el de
gasóleo por R. Diesel (1895) permitió su uso como combustible en
automóviles, barcos y aviones.
● La energía eléctrica alcanzó un gran desarrollo gracias a las turbinas
hidráulicas, transformadores, alternadores y cables de alta ten-sión, que
permitían generación y traslado hasta puntos distantes.Su uso estimuló
numerosos sectores, como los transportes (metro, tranvía..), las
telecomunicaciones (telégrafo y teléfono), e incluso el ocio (fonógrafo y
cinematógrafo).
También transformó la iluminación de las calles, hasta entonces iluminadas con gas,
y de los hogares, gracias a la lámpara incandescente de filamento de carbono (T. A.
Edison, 1880). Asimismo, hizo posible la creación de electrodomésticos (neveras,
aire acondicionado, etc.). Por último, la difusión del motor eléctrico permitió la
mecanización total de los procesos de producción, aumentó la producción industrial
flexibilizó la localización de las empresas.
3.2 Nuevas industrias y formas de organización industrial
En 1873, la masiva oferta de productos agrícolas en los mercados internacionales
provocó la fuerte caída de los precios, y originó la contracción del consumo y el
cierre de numerosas empresas. Había comenzado la Gran Depresión, que
estimularía la búsqueda de nuevas fórmulas que optimizaran la producción.
En primer lugar, se apostó por la innovación. Así, la estrecha colaboración entre
laboratorios, universidades y empresas permitió grandes avances en el sector
químico (abonos químicos, caucho, fibras artificiales, explosivos, etc.). Además, se
perfeccionó la siderurgia y gracias a la electrometalurgia se obtuvieron nuevos
materiales (aluminio, acero inoxidable). La estandarización de piezas metálicas
revolucionó sectores como la automoción, el armamento o la aeronáutica, y las
técnicas constructivas (primeros rascacielos).
En segundo lugar, la creciente competencia y la necesidad de capitales estimuló la
creación de sociedades anónimas y la concentración empresarial a través de
diferentes fórmulas:
● El trust: fusión de diferentes empresas en una nueva.
● El cártel: asociación de empresas del mismo ramo, cuyo objetivo es acordar
precios, cuotas de producción y de mercado.
● El hólding: sociedad financiera que controla las actividades y el capital de
varias empresas.
En último lugar, surgieron nuevas formas de organización del trabajo como el
taylorismo, que pretendía mejorar la productividad y reducir costes a través de la
eliminación de movimientos innecesarios de los obreros y la organización de la
producción mediante una cadena de montaje. La producción masiva y la
estandarización de las piezas posibilitaron reducir los costes de producción,
aumentar los salarios y, en consecuencia, estimular el consumo.
En 1913, Henry Ford implementó los principios del taylorismo en su nueva fábrica
de Detroit, consiguiendo producir cada vehículo en 1 hora y 33 minutos. Esto le
permitió abaratar el precio de su Ford T y fabricar el primer automóvil asequible para
las clases medias.
3.3 La mundialización de la economía
A inicios del siglo XX, pocas regiones quedaban al margen de la economía
capitalista. El comercio internacional quintuplicó su volumen entre 1870 y 1913 y
consolidó a Europa como el principal mercado de productos y capitales, pues
controlaba el 80% del comercio mundial.
Esta integración de mercados se vio favorecida por la revolución de los transportes
y las comunicaciones y por el abaratamiento de los productos. Por su parte, la
generalización del patrón-oro (sistema monetario en el que los bancos centrales de
cada país respaldaban la equivalencia del valor de sus divisas en oro) permitió la
articulación monetaria internacional hasta 1914.
Hacia 1914, Reino Unido había perdido su papel de "taller del mundo" ante el
empuje de Alemania y Estados Unidos, pero Londres seguía siendo el corazón
financiero mundial y la libra esterlina, la moneda de referencia.
5. Las causas del imperialismo
El concepto "imperialismo" alude al dominio de unas naciones sobre otras, y se
emplea particularmente para referirse a la expansión de las potencias occidentales
entre mediados del siglo XIX y 1914. Su resultado fue un complejo sistema de
relaciones desiguales entre metrópolis y colonias, caracterizadas por la dominación
económica, política, militar y cultural.
5.1 Factores científico-técnicos
Durante el siglo XIX, se constituyeron numerosas sociedades científicas, como la
Royal Geographical Society (1830), que promovieron expediciones. Un buen
número de exploradores partieron entonces hacia los confines de África (R. Spe-ke,
M. Park, H. Stanley, D. Livingstone...) y los extremos polares (R. Peary alcanzó el
Polo Norte en 1909, mientras que R.Amundsen llegó al Polo Sur en 1911) y
cartografiaron territorios desconocidos para la población occidental.
Este creciente interés por el hecho colonial fue objeto de numerosos congresos y
debates, que desde la óptica geográfica o antropológica intentaron justificar la
necesidad de la expansión colonial. Esta visión quedó reflejada en la prensa y la
literatura de la época (J. Verne, R. Kipling...).
La Segunda Revolución Industrial abasteció los medios técnicos para la ocupación
y dominio de los territorios coloniales: barcos de vapor que permitían el remonte de
los ríos, armas de fuego (fusil de retrocarga y repetición, ametralladora...), sistemas
de comunicación (telégrafo y teléfono) y medicamentos que permitieron doblegar las
enfermedades endémicas de los climas tropicales (quinina).
5.2 Factores económicos
La crisis de 1873 y las políticas proteccionistas constituyeron el pistoletazo de
salida en la búsqueda de colonias. Los países industrializados, que ahora
competían con nuevos actores como Alemania o Estados Unidos, necesitaban
nuevos mercados donde vender sus manufacturas e invertir los capitales
acumulados en infraestructuras (minas, carreteras, puertos y ferrocarriles).
Con ello obtuvieron, además, una mano de obra barata (en numerosas ocasiones,
próxima a la semiesclavitud) y explotaron las materias primas necesarias para su
desarrollo in-dustrial: oro, diamantes, algodón, maíz o cobre de África; té, algodón,
madera, caucho, especias o café de India.
Sin embargo, la explotación de las colonias no favoreció económicamente al
conjunto de la población metropolitana, que eran quienes mantenían el peso del
imperio con sus im-puestos, sino a un reducido grupo de inversores individuales.
Respecto a factores demográficos, si bien numerosas colonias acogieron
población de la metrópoli (Argelia, Australia o Canadá, ya colonizadas antes de
1870), el grueso de la migración europea fue absorbida por los Estados Unidos.
5.3 Factores geoestratégicos y políticos
Las colonias constituían enclaves estratégicos desde los que ejercer el control
territorial de fronteras y rutas de navegación. El Canal de Suez, construido a
instancias del gobierno egipcio en 1869 para comunicar el Mar Mediterráneo y el
Mar Rojo, fue adquirido en 1875 por el Reino Unido con el propósito de controlar la
ruta comercial hacia la India. Por su parte, Estados Unidos obtuvo la administración
del Canal de Panamá (1914), que conectaba los océanos Atlántico y Pacífico.
El nacionalismo exacerbado del último tercio del siglo XIX
estimuló la posesión de colonias con las que las potencias podían obtener prestigio
político en el contexto internacional y mayor apoyo interno en sus países. Floreció
así un clima de exaltación patriótica (chovinismo francés y jingoísmo inglés).
5.4 Factores ideológicos
En este contexto fraguaron una serie de discursos racistas que legitimaron la
conquista imperial. Estos discursos sostenían la supuesta superioridad de la raza
blanca, justificada a través de publicaciones supuestamente científicas inspiradas en
la teoría de la selección de Darwin (darwinismo social).
Esta concepción racista justificó la "misión civilizadora" sobre las supuestas razas
inferiores, que abandonarían su "barbarie" a través de la adopción de la cultura
occidental.
Numerosos misioneros católicos y protestantes se establecieron en las colonias
para desarrollar labores evangelizadoras y humanitarias.
6. Los imperios territoriales
A diferencia de los imperios de la Edad Moder-na, basados en el comercio mercantil
y el control costero, los nuevos imperios ocuparon ingentes cantidades de territorio
en África, Asia y el Pacífi-co. En 1914, la soberanía europea se expandía por el
84,4% del planeta.
ÁFRICA
Reino Unido implantó un protectorado en Egipto para ejercer el control sobre el
Canal de Suez, y bajo las pretensiones de C. Rhodes trató de establecer un imperio
continuo entre El Cairo y El Cabo.
Francia había establecido un protectorado en Argelia (1830) y dirigió sus esfuerzos
a la consecución de territorios entre el Atlántico y el
Mar Rojo.
Las apetencias francesas y británicas sobre los territorios del centro del continente y
la necesidad de Alemania de incorporar territorios coloniales impulsaron al canciller
Bismarck a convocar la Conferencia de Berlín (1884-1885), entre cuyas
resoluciones destacaron:
● La creación del Estado Libre del Congo como "Estado tapón". Bajo la
administración personal de Leopoldo II de Bélgica, la población nativa sufrió
numerosas atrocidades por la explotación de sus recursos.
● La libertad de comercio y navegación en los ríos Níger y Congo.
● El principio de ocupación efectiva, que supuso el inicio de la carrera por la
conquista de los territorios africanos. Solo dos zonas quedaron libres, Liberia
y Abisinia (actual Etiopía).
● La prohibición de la esclavitud.
ASIA
Además de las potencias europeas, en Asia también jugaron un papel primordial
Estados Unidos y Japón.
La presencia británica databa del siglo XVII, donde la Compañía Británica de las
Indias Orientales controlaba algunos enclaves (Bombay, Calcuta). Tras la disolución
de la Compa. ñía, la reina Victoria fue proclamada emperatriz de la India
(1876), se produjo la incorporación de Birmania, Malasia y Hong Kong, y Australia y
Nueva Zelanda alcanzaron el estatus de dominio.
Francia, también presente desde el siglo XVII, estableció : la Unión Indochina en
1887 (actuales Vietnam, Laos y Camboya).
Japón ocupó las islas Kuriles y la península de Corea (1875.
1895) y Manchuria (1905).
Rusia se expandió hacia el Cáucaso, Alaska y Siberia, y culminó la construcción del
tren Transiberiano (1904), que comunicaba
Moscú y Vladivostok.
Otras potencias menores también tuvieron presencia en Asia, como Holanda
(Java), Alemania (Nueva Guinea Oriental y las islas Marshall, Salomón y Carolinas)
o España (islas Filipinas).
AMÉRICA
Durante la primera mitad del siglo XIX, el expansionismo de Estados Unidos se
produjo con la conquista del Oeste y la guerra contra México (1846-1848), que
supuso la anexión de Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y California.
Posteriormente, en 1867, compró Alaska a Rusia.
En el contexto de la guerra de independencia cubana de Es-paña, Estados Unidos
inició su expansión exterior. Como resultado de la guerra hispano-americana,
consiguieron imponer su influencia en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.
El imperialismo estadounidense tuvo un fuerte componente ideológico y
geoestratégico. Fue legitimado por:
● La doctrina Monroe (1823), que establecía el área de influencia de los
Estados Unidos a toda América ("América para los americanos"), eliminando
las injerencias euro peas.
● La doctrina del "Destino Manifiesto", que situaba a Estados Unidos como
pueblo elegido por Dios.
● El "Corolario Roosevelt" (1904) que impulsó la intervención norteamericana
en el Caribe y América Central.
6.1 La administración de las colonias
La organización política y administrativa de las colonias no fue homogénea, pero en
todos los casos, la metrópolis ejercía el control de los aspectos cruciales de la vida
colonial. Según el número de pobladores procedentes de la metrópoli se
diferenciaban las colonias de explotación (con escasa población emigrada) y las
colonias de poblamiento (con fuerte contingente de población metropolitana).
Según el tipo de gobierno, podemos distinguir:
● Colonia: territorio sin gobierno propio y total dependencia de la metrópoli.
Era administrada por un gobernador, ayudado por funcionarios y un ejército.
Este tipo de administración directa se ejerció en la India británica, en
Rodesia, en el Congo Belga, en África Ecuatorial Francesa y África
Occidental Francesa.
● Protectorado: el territorio conservaba sus estructuras de gobierno
tradicionales, pero el ejército, la política exterior y la economía dependían de
la metrópolis. Fue utilizado por Francia (Marruecos, Túnez, Laos y Camboya)
y Reino Unido (Egipto y Birmania).
● Dominio: colonia de poblamiento propia del Imperio britá-nico. Disponía de
una organización política propia, pero baJO soberanía británica (Canadá,
Australia, Nueva Zelanda...).
● Concesión: cesión temporal de enclaves para su explotación por parte de
una metrópoli (Hong Kong y Shanghai).
5.2 La resistencia de los territorios colonizados
La expansión colonial produjo numerosos enfrentamientos entre las potencias
coloniales y las poblaciones locales, que se resistieron a la colonización. Destacaron
las siguientes:
● En China se produjeron las guerras del opio (1839-1842 y 1856-18601
como consecuencia de la prohibición china de la venta de opio proveniente
de la India por parte de los británicos. Los posteriores tratados supusieron la
apertura de los puertos chinos al comercio internacional y la obtención de
Hong Kong por parte de los británicos.
● En 1857 se produjo en la India la revuelta de los cipayos (soldados indios
integrados en el ejército británico), como consecuencia de la supuesta
utilización de grasa de cerdo y vaca en la munición.
● Las tribus zulúes, asentadas en el Sur de África, se enfrentaron a los
británicos en 1879, llegando a obtener resonantes victorias. Finalmente,
fueron derrotados e integrados en el ejército imperial británico.
● En el África del Sudoeste alemana (actual Namibia) entre 1904 y 1907, los
hereros se rebelaron contra el dominio colonial alemán y en respuesta fueron
prácticamente exterminados.
● La injerencia internacional en China provocó la revuelta de los bóxers en
1899, miembros de una sociedad secreta que aspiraban a expulsar a los
extranjeros. Fueron derrotados por una coalición internacional (Gran Bretaña,
Francia, Alemania, Rusia, etc.). Poco después, en 1911, se produjo una
revolución que derrocó al emperador e instauró una república.
● Italia ocupó Somalia y Eritrea, siendo derrotada en 1896 en la batalla de
Adua (Abisinia, actual Etiopía).
5.3 Los conflictos entre las potencias coloniales
La rivalidad entre potencias coloniales por extender sus dominios comportó
numerosas confrontaciones:
● En el Sur de África se habían asentado granjeros holandeses (bóeres),
constituyendo las repúblicas de Orange y Transvaal. El descubrimiento de oro
y diamantes desembocó en las guerras de los bóeres (1880-1881 y
1899-1902), tras las cuales el Imperio británico se anexionó estos territorios.
● En el Norte de África, el control de la zona del alto Nilo provocó la colisión de
los intereses británicos y franceses, cuyos ejércitos se encontraron en
Fachoda (Sudán, 1898).El enfrentamiento no se produjo por la retirada de los
franceses ante la superioridad militar británica.
● Japón detuvo la expansión rusa por Manchuria y el Norte de Corea en la
guerra ruso-japonesa (1905), incorporando Corea como protectorado.
● La tensión entre Alemania y Francia en Marruecos desembocó en las crisis
marroquíes (1904 y 1911), que finalizaron en la Conferencia de Algeciras
(1906), que estableció un protectorado franco-español en Marruecos
5.4 El impacto sobre los pueblos colonizados
Los territorios colonizados recibieron un profundo impacto, que trastocó por
completo la economía y la sociedad tradicional, alteró el modo de vida de los
pueblos indígenas y los sometió a un intenso proceso de aculturación.
En el ámbito económico, las colonias fueron obligadas a participar en el sistema
económico internacional en términos de desigualdad. La rígida tutela de la
metrópolis se tradujo en la dependencia económica, la ruina de las actividades
artesanales y el expolio de sus riquezas naturales.
En las zonas mineras (Congo, Rhodesia y Sudáfrica) la población fue explotada en
régimen de semiesclavitud, y se produjeron numerosas atrocidades (genocidio
congoleño entre 1885 y 1908). En las regiones agrarias, las tierras de mayor calidad
fueron expropiadas para crear grandes plantaciones de monocultivo (café, cacao,
algodón...). Este cambio de cultivos, junto a la explotación incontrolada de la madera
y la caza indiscriminada, deterioró el equilibrio ecológico de las regiones tropicales.
Además, la construcción de numerosas infraestructuras se realizó siempre en
beneficio de los intereses de la metrópolis, comportó el empleo de mano de obra
indígena en condiciones muy precarias y no supuso una mejora en las condiciones
de vida de los nativos.
En el ámbito político, la administración occidental puso fin a las estructuras y
jerarquías tribales e impuso una nueva élite dirigente europea, que gozó de los
mayores privilegios y se apoyó en unas élites locales a las que ofreció algunos
privilegios a cambio de fidelidad.
Por otra parte, el reparto colonial trazó fronteras artificiales que ignoraban las
realidades de los territorios sometidos; en unos casos provocaron la fractura étnica
de sociedades; en otros, cosió de forma artificial tribus tradicionalmente enfrentadas,
que derivarían en numerosos conflictos.
En el ámbito sociocultural, a pesar de la introducción de la alfabetización, el proceso
de aculturación supuso la extinción de costumbres, religiones y de lenguas en favor
de las europeas. El rápido proceso de urbanización provocó el desarraigo y la
segregación de la población autóctona.
Si bien la llegada de vacunas y medidas higiénicas contribuyeron al aumento de la
población, el escaso desarrollo económico y la corrupción tuvieron como
consecuencias el aumento de las hambrunas periódicas.