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Este documento describe diferentes tipos de fitorremediación, incluyendo fitoextracción, fitoestabilización, fitovolatilización y fitodegradación. La fitorremediación utiliza plantas para limpiar suelos, aguas y aire contaminados de una manera sostenible y de bajo costo. Se explican los procesos de cada tipo de fitorremediación y se dan ejemplos de su aplicación para limpiar sitios contaminados con metales pesados u otros contaminantes.

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Este documento describe diferentes tipos de fitorremediación, incluyendo fitoextracción, fitoestabilización, fitovolatilización y fitodegradación. La fitorremediación utiliza plantas para limpiar suelos, aguas y aire contaminados de una manera sostenible y de bajo costo. Se explican los procesos de cada tipo de fitorremediación y se dan ejemplos de su aplicación para limpiar sitios contaminados con metales pesados u otros contaminantes.

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UNIVERSIDAD SAN FRANCISCO DE QUITO

SEMESTRE: 202220 Segundo Semestre 2022-2023

BIORREMEDIACIÓN

Integrantes: Andrea Guallasamín, Adahir Sarabia & Mauricio Chávez.

Fecha: 13 de mayo de 2023

Grupo: 5

NRC: 2012

Proyecto final

Fitorremediación

Resumen

La fitorremediación es conocida como una técnica relativamente nueva, considerada


emergente que tiene como propósito la remediación o estabilización de sitios contaminado
utilizando como base plantas o árboles. Esta técnica ha obtenido en el campo resultados
muy favorables, demostrando efectividad en la eliminación de varios contaminantes en
suelos contaminados, así como en aguas residuales e incluso aire contaminado. Estos
resultados han provocado que esta técnica sea considerada como una alternativa sostenible
a largo plazo en comparación a los otros métodos convencionales de remediación. La
fitorremediación utiliza la capacidad de plantas y árboles de acumulación y degradación de
contaminantes, además de que pueden inmovilizar contaminantes presentes en el ambiente
o en el medio objetivo al que se plantea devolver el equilibrio. Generalmente, la
importancia de este método radica en las plantas y el tipo de plantas, debido a que son
seleccionadas de acuerdo con su capacidad para tolerar condiciones específicas del sitio
contaminado, que en ocasiones son adversas, además estas deben poseer la capacidad de
absorber y degradar contaminantes presentes en el sitio objetivo. En este trabajo, se
describen los tipos de fitorremediación y algunos ejemplos importantes de su aplicación in
situ, así como una propuesta para el tratamiento de un contaminante emergente, triclosán.

1. Introducción

La fitorremediación se define como el uso de la vegetación para el tratamiento in situ de


sedimentos, suelos y agua contaminados. Sin embargo, algunas definiciones también
incluyen las asociaciones simbióticas que establecen las plantas con los microorganismos
del suelo, las cuales pueden favorecer la degradación de compuestos tóxicos, y el uso de
ingeniería genética en estos organismos para mejorar su capacidad de degradar o
bioacumular compuestos. A nivel general, esta tecnología se considera una metodología
rentable para la biorremediación ambiental. Aun así, existen limitaciones para su
aplicación, entre las que se destacan: la dependencia de la fitorremediación a la zona de la
rizosfera de las plantas y las altas concentraciones de los contaminantes que pueden resultar
tóxicas para las especies vegetales (Vasavi et al., 2010; Wei et al., 2021).

Las plantas tienen la capacidad de absorber a través de su sistema radicular


compuestos iónicos del suelo, incluso cuando estos se encuentran en muy bajas
concentraciones. En el caso de los metales pesados, las plantas pueden acumular estos
compuestos en su rizosfera y controlar su biodisponibilidad, lo cual favorece a la
recuperación del suelo contaminado y mejora su fertilidad (Yan et al., 2020). Las ventajas
que supone el uso de la fitorremediación incluyen: 1) rentabilidad económica: dado que se
basa en plantas, es un sistema autótrofo sustentado por energía solar, por ello, su instalación
y mantenimiento son de bajo costo; 2) ecológico: es un proceso cuya aplicación no implica
una afectación ambiental adicional; 3) escala: los sistemas de fitorremediación pueden
realizarse a gran escala y removerse fácilmente, 4) previenen la lixiviación y erosión que
pueden desencadenar la propagación de contaminantes y 5) mejoran la calidad del suelo
mediante la liberación de materia orgánica (Jacob et al., 2018).

La técnica de fitorremediación se divide en varios tipos, de acuerdo con el


contaminante, a la especie vegetal que se utiliza y también el procedimiento que lleva a
cabo el proceso de remediación. En el caso de la fitorremediación de suelos contaminados,
el propósito de su uso es remover contaminantes como metales pesados, plaguicidas o
hidrocarburos del suelo. La fitorremediación de aguas contaminadas es utilizada en
contaminantes como nitratos, fosfatos y otros contaminantes orgánicos. Por último, la
fitorremediación de aire contaminado se usa al remover contaminantes gaseosos del aire
como CO2 y óxidos de nitrógeno (Salt et al., 2020).

En la actualidad, existen 4 tipos principales de tecnologías de fitorremediación:


fitoextracción, fitoestabilización, fitovolatilización y fitodegradación. A continuación, se
tratarán a detalle cada una de ellas, ejemplos de su aplicación y las condiciones necesarias
para su ejecución.

1.1. Fitoextracción

La fitoextracción consiste en la acumulación de contaminantes en la biomasa


vegetal cosechable que crece en el suelo. La cosecha de las plantas utilizadas de forma
repetitiva conduce a la disminución de la concentración del contaminante en el suelo. Para
ello, las raíces absorben los contaminantes de origen orgánico y estos se hiperacumulan en
sus tejidos. Esta técnica ha sido utilizada para atenuar in situ la concentración de
compuestos orgánicos recalcitrantes, y una vez aplicada se procura mantener la cubierta
vegetal utilizada. A continuación, se tratará a detalle el proceso para la fitodegradación de
los metales pesados (MP), los cuales se encuentran de forma insoluble en el suelo y no
están biodisponibles para las plantas. El proceso de fitoextracción de metales pesados
incluye: 1) movilización en las raíces, 2) absorción por parte de las raíces, 3) translocación
hacia las partes aéreas de las plantas y 4) secuestro y transformación en compuestos menos
tóxicos (Wei et al., 2021).
Las plantas, al liberar exudados al suelo a través de sus raíces, cambian el pH del
microecosistema de la rizosfera y esto promueve el incremento de la solubilidad de los
metales pesados. Es así como los MP se pueden absorber por la superficie de la razón e
ingresar a las células de esta parte de la planta por vía apoplástica y simplástica; la primera,
implica la difusión pasiva del metal, y la segunda, el transporte activo en contra del
gradiente de concentración. La absorción de los MP se media por proteínas de canal o
transportadores especializados. Por ejemplo, las proteínas de la familia ZIP presentes en la
membrana plasmática de las células participan en la acumulación de MP y el transporte de
cationes como Zn, Mn y Fe, desde la raíz hasta los brotes. Cuando los MP se acumulan en
el citosol, las plantas pueden minimizar los efectos tóxicos de estos al desintoxicarlos
mediante quelación (Lebrón et al., 2021).

Las condiciones biológicas de las plantas para un fitoextracción efectiva deben ser:
1) alta tolerancia a los efectos tóxicos de los MP, 2) crecimiento rápido con elevada
producción de biomasa, 3) buena adaptación al ambiente predominante, 4) alta
acumulación de MP en partes aéreas, 5) extensas raíces y abundantes brotes, y 6) resistentes
a patógenos y repulsivos para los herbívoros. Hay que resaltar que se debe evitar el uso de
cultivos comestibles, dado que los MP pueden acumularse en las partes vegetales
consumidas y pueden ingresar a la cadena alimentaria por ingesta animal o humana.
Considerando estas condiciones, los pastos son excelentes candidatos para la fitoextracción
debido a su alta tasa de crecimiento, ciclo de vida corto, alta tolerancia al estrés abiótico y
elevada producción de biomasa. Por citar un caso, Trifolium alexandrinum ha sido
identificada como candidata para la fitoextracción de Cd, Cu, Zn y Pb, por su rápido
crecimiento, resistencia alta y múltiples cosechas en un solo período de desarrollo (Yan et
al., 2020). Un ejemplo real de aplicación de fitoextracción se dio en Brasil, en una mina de
cobre abandonada, utilizando la planta hiperacumuladora de níquel llamada Alyssum
murale para remediar los suelos contaminados con níquel y cobre (Azevedo et al., 2021).

1.2. Fitoestabilización

La fitoestabilización consiste en el uso de las plantas tolerantes a contaminantes


para inmovilizar los contaminantes en el suelo y evitar su dispersión. Los contaminantes se
pueden estabilizar en el área circundante a las raíces o dentro de las mismas. Las raíces de
las plantas juegan un papel importante en esta técnica, ya que se encargan de retener los
metales pesados, regular la composición química del suelo y prevenir la erosión. En el caso
de los relaves mineros, es común su revegetación con variedades comerciales gramíneas
tolerantes a metales, como Festuca rubra y Agrostis tenuis. En el caso de los MP, esta
forma de fitorremediación se logra a través de la precipitación de estos o la reducción de su
valencia en la rizosfera. A diferencia de la fitoextracción, esta técnica no requiere la
eliminación de biomasa vegetal peligrosa por la alta concentración de MP (Gómez et al.,
2011).

La selección de especies para la fitoestabilización es crucial para su eficacia. Al


igual que en la fitoextracción, las plantas deben ser tolerantes al contaminante, sus sistemas
radiculares deben ser densos, su biomasa producida debe ser alta y deben crecer
rápidamente. Con el fin de mejorar esta técnica, se pueden añadir al suelo perjudicado
enmiendas orgánicas e inorgánicas, que alteran el pH y potencial redox del suelo. Esto
ayuda a reducir la solubilidad de los contaminantes y mejora las condiciones físico-
químicas del suelo, lo que mejora la colonización por otras plantas y la retención de agua
para evitar la dispersión de los contaminantes. Es interesante notar que los
microorganismos que habitan en la rizosfera también pueden contribuir a la
fitoestabilización mediante la adsorción de contaminantes en su pared celular y siendo una
barrera para evitar la filtración de los mismos dentro de las células de la raíz (Yan et al.,
2020). Un ejemplo de su aplicación se dio en España, específicamente en una mina de
plomo abandonada, se utilizó la planta Brassica juncea para reducir la disponibilidad de
plomo en el suelo (Álvarez-López et al., 2021).

1.3. Fitovolatilización

La fitovolatilización consiste en la utilización de plantas para absorber


contaminantes del suelo, convertirlos en estos en una forma volátil menos tóxica y
liberarlos al ambiente mediante procesos de evapotranspiración. Esta forma de
fitorremediación se puede utilizar para la eliminación de contaminantes orgánicos y ciertos
metales pesados. Los compuestos orgánicos volátiles (COV) y ciertos MP, como el selenio,
pueden volatilizarse en las plantas. Por ejemplo, los álamos pueden volatilizar el TCE al
convertirlo en dióxido de carbono y acetatos clorados (Newman & Reynolds, 2004). En
cuanto al selenio, se sabe que la conversión en dimetilseleniuro en plantas estimula su
volatilización por especies de la familia Brassicaceae. Es necesario mencionar que varios
esfuerzos en el campo de la ingeniería genética aplicada a la biorremediación se han
centrado en la modificación de especies vegetales para estimular la conversión de MP en
compuestos volátiles. En el tulipán se insertó en gen que codifica para la enzima mercurio
reductasa (merA), lo cual le permitió volatilizar en Hg al metil-Hg presente en el suelo,
luego el Hg iónico se convierte a su forma elementar menos tóxica y se libera a la
atmósfera (Limmer et al., 2011). Otro ejemplo es el uso de la planta Chrysanthemum
coronarium en Italia, donde se absorbió tricloroetileno (TCE), y la planta lo liberó en forma
de compuestos volátiles (Papetti et al., 2013).

El requisito principal para la elección de plantas para fitovolatilización es que


tengan una elevada tasa de evapotranspiración. La ventaja de esta técnica en comparación
con las otras formas de biorremediación es que los contaminantes se eliminan del sitio en el
que se encontraban, sin tener que recolectar o desechar las plantas sembradas, en forma de
compuestos gaseosa. Sin embargo, la volatilización sólo transfiere los contaminantes del
suelo al aire y esto implica que no se eliminan por completo y aún siguen en el ambiente.
Además, la precipitación puede ocasionar que se depositen nuevamente en el suelo
(Boyajian & Carreira, 1997).

1.4. Fitodegradación

La fitodegradación consiste en la transformación de contaminantes en moléculas


más simples con el fin de producir compuestos que puedan servirle a la planta para
estimular su crecimiento. La mayoría de las plantas utilizadas son capaces de degradar
contaminantes orgánicos en compuestos inofensivos o mineralizarlos hasta formar dióxido
de carbono y agua. El proceso de degradación puede realizarse en los tejidos vegetales, o
mediante la secreción de enzimas por parte de las raíces de la planta, como deshalogenasas
y oxidasas, que catalizan la degradación en el suelo (Bhat et al., 2022). La fitodegradación
se ha empleado eficazmente para la remoción de compuestos explosivos, pesticidas
organoclorados, hidrocarburos halogenados, etc. En muchas plantas que han demostrado
tener un potencial para la fitodegradación aún se desconocen los mecanismos a nivel
molecular que permiten la degradación de contaminantes. Por ello, para categorizar un
proceso dentro de la categoría de fitodegradación se debe tener la certeza del producto que
es generado a partir del compuesto absorbido por la raíz de las plantas. Caso contrario, sólo
podría tratarse de un caso de fitoacumulación, en la cual el compuesto no es metabolizado o
degradado (Pilon-Smits, 2005). Como ejemplo, está el uso de la planta Brassica napus
para remediar suelos afectados por hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) en
Francia, en una refinería de petróleo. El estudio demostró que esta planta mejoró de gran
manera la degradación de hidrocarburos, ya que tiene una alta actividad enzimática en la
zona de las raíces (Margesin et al., 2007).

2. Ejemplos de fitorremediación in situ

2.1. Fitoestabilización y fitoextracción de metales pesados y uranio

En el estudio de Willscher et al. (2013), se realizaron experimentos fitorremediación


en una antigua zona minera de uranio en Alemania. Al momento de la realización del
estudio, el sitio presentaba una contaminación media de uranio y otros MP. Sus objetivos
principales fueron, a través de métodos de fitoestabilización y fitoextracción, disminuir la
acumulación de MP y uranio en el suelo y evitar su transporte por el suelo y por aguas
subterráneas. Además, se investigó la reutilización de la biomasa cosechada con altas
concentraciones de contaminantes para otras aplicaciones. En el área estudiada se
produjeron 113 000 toneladas de uranio entre 1946 – 1990. Después del cierre de la minera,
se remedió el área de vertedero de los desechos contaminados, sin embargo, el suelo y el
agua subterránea todavía se encuentran contaminados por estos compuestos.

Las plantas que se utilizaron fueron: Helianthus annuus, Brassica juncea y


Triticale. Se homogenizó el suelo de forma mecánica y se formaron 10 parcelas
experimentales con tamaño de 2m x 2m x 1m, las cuales estaban cercadas a los lados para
evitar el flujo de contaminantes entre las parcelas. Una parcela se utilizó como control, ya
que no se sembró ninguna planta. En las 9 parcelas restantes, se aplicaron tres réplicas de
tres tratamientos que consistían en diferentes aditivos aplicados al suelo: TF, TF+MS y
MIX. El tratamiento TF era el suelo de prueba homogenizado, el TF+MS era el suelo de
prueba más un consorcio de micorrizas y cepas bacterianas y el MIX consistía en suelo de
prueba con tierra calcárea. En cada parcela, se sembró la misma combinación de plantas:
H. annuus, B. juncea y Triticale. El periodo de experimentación fue de 100 días (Willscher
et al., 2013).

Los resultados de este experimento demostraron que las condiciones fisicoquímicas


del suelo en el que se aplicaron las técnicas de biorremediación influyeron
significativamente en la biodisponibilidad de los elementos tóxicos para las plantas. Como
se evidencia en la Tabla 1 presente en el artículo, en los tratamientos de suelo (TF y
TF+MS) con bajos valores de pH, materia orgánica y capacidad de intercambio catiónico se
presentó una mayor biodisponibilidad de MP y uranio (Willscher et al., 2013).
Fuente: “Field scale phytoremediation experiments on a heavy metal and uranium
contaminated site, and further utilization of the plant residues” (Willscher et al., 2013).

Fuente: “Field scale phytoremediation experiments on a heavy metal and uranium


contaminated site, and further utilization of the plant residues” (Willscher et al., 2013)

Otro resultado relevante de esta investigación fue que las plantas del género
Triticale fueron las más eficientes en cuanto a la extracción de Zn, uno de los MP
evaluados, en todos los tratamientos de suelo. Aunque se evidencia que la mayor cantidad
de Zn fitoextraído se presentó con el tratamiento TF. Referente a la extracción de uranio,
Triticale presentó valores más altos de extracción en comparación con las otras dos plantas
utilizadas en los tratamientos TF y MIX (Figura 4) (Willscher et al., 2013).

El estudio concluyó que la eficacia de la fitorremediación depende de la selección


de las plantas, las condiciones de cultivo y los tratamientos o enmiendas aplicadas al suelo.
Triticale fue apta para soportar las condiciones ácidas del suelo de prueba, tuvo una alta
producción de biomasa y extrajo una alta cantidad de MP y uranio del suelo. A nivel
general, las estrategias de fitorremediación aplicadas resultaron en la disminución de la
concentración de estos contaminantes en las aguas subterráneas. Por ejemplo, la
concentración de Al y uranio pasaron de 30 mg/L a 0.2 mg/L y 0.08 mg/L a 0.03 mg/L,
respectivamente. Esto implica que las capas más profundas del suelo recibieron menos
carga de contaminantes por las aguas de filtración. Además, se evidencio que la biomasa de
Triticale con acumulación de MP y uranio extraída del campo de prueba puede ser utilizada
eficazmente para la producción de bioetanol mediante fermentación (Willscher et al.,
2013).

2.2. Fitorremediación de compuestos volátiles

En el sitio llamado J-Field en el campo de pruebas de Aberdeen (Maryland,


[Link].) se albergaron por años productos y municiones químicas entre 1940 a 1970. Los
principales contaminantes de interés en J-Field eran los compuestos orgánicos volátiles
(COV) y el tricloroetileno (TCE), estos provenían de la detonación de municiones y quema
de residuos a cielo abierto (Hirsh et al., 2003).

El programa de fitorremediación a escala piloto en este lugar empezó en 1996 con la


plantación de 183 álamos híbridos (Populus deltoides x Populus trichocarpa). Se evaluó la
capacidad de los árboles para disminuir la concentración de COV en fase disuelta en el
pantano que se encontraba en la zona central de J-Field mediante la contención hidráulica
de los COV. El área de experimentación fue de aproximadamente 2 034 m 2 y además se
instaló un drenaje superficial para eliminar la precipitación de forma rápida y ayudar a que
las raíces de los árboles alcancen aguas subterráneas. En 1998, se plantaron nuevos árboles
y se utilizaron de igual manera especies nativas para evaluar su potencial de
fitorremediación. De manera periódica se realizaron muestreos de aguas subterráneas, flujo
de savia en los árboles, muestreo de gases transpirados por los árboles y evaluaciones de
vías de dispersión de los contaminantes. El mecanismo propuesto para la fitorremediación
de este lugar se presenta en la Figura 20-3 del artículo de Hirsh et al. (2003).
Fuente: “Five-year pilot study: Aberdeen proving ground, Maryland” (Hirsh et al., 2003).

Los resultados preliminares después de 5 años sugirieron que los álamos estaban
teniendo una influencia hidráulica, al impedir la dispersión de COV, durante las temporadas
de crecimiento. Las raíces de estos árboles también filtraban alrededor de 1 091 galones por
día y, al final de los 30 años (tiempo de duración estimado para una fitorremediación
completa), se esperá que eliminen 1 999 galones por día. Sin embargo, se evidencio que la
absorción de los COV era mínima, lo cual puede deberse a que los árboles no se
encontraban totalmente desarrollados. Es necesario mencionar que el éxito de la
fitorremediación mediada por álamos en este lugar, se debe a ciertas características
particulares entre las que se destacan: la baja velocidad del agua subterránea, la lejanía del
sitio y presencia de un pantano de agua dulce con sedimentos anóxicos que pueden
degradar los COV. Los datos indicaron que el álamo híbrido transpira suficiente agua
subterránea como para poder influir en la dirección del flujo de esta, por lo cual es ideal
para evitar la dispersión hidráulica de los COV en fase disuelta (Federal Remediation
Technologies Roundtable, 2004).

Además, se demostró que los árboles son capaces de absorber, dependiendo de su


estadio de desarrollo, las aguas subterráneas con estos contaminantes, lo cual se demuestra
con las concentraciones detectadas de COVs en el tejido arbóreo y las muestras de gas
producto de la evapotranspiración. Las muestras de la transpiración de los árboles también
indicaron que estos contaminantes se biotransforman en el tejido vegetal y luego se liberan
en forma de compuestos menos tóxicos a la atmósfera. Por ejemplo, el TCE se transformó
en concentraciones detectables de ácido tricloroacético. Adicional a esto, los COV
liberados en estado gaseoso se fotodegradan, por ello, la vía atmosférica no se considera de
bajo riesgo para la salud humana y el medio ambiente (Federal Remediation Technologies
Roundtable, 2004).

2.3. Otros ejemplos breves de fitorremediación in situ

a) Fitorremediación de suelos contaminados con metales pesados


La ciudad de Portovelo en la provincia de El Oro es una zona con alta explotación
minera. Esta actividad ha generado la liberación de materiales pesados como el mercurio.
Para tratar esta contaminación se planteó la aplicación de fitorremediación usando la planta
Brassica juncea, más conocida como mostaza india. Esta planta presenta altas capacidades
de almacenamiento de metales pesados (Cevallos, et al. 2016).
Para proceder con esta técnica se sembraron plantas de Brassica juncea en los
suelos contaminados. Estas plantas a medida que se desarrollaban y crecían, absorbían los
metales pesados del suelo y los almacenaban en sus tallos y hojas. Posteriormente eran
cosechadas y eliminadas, retirando así los metales pesados del suelo. Se concluyó que esta
técnica fue exitosa en la reducción de mercurio en el suelo, ya que se evidenció un
decrecimiento del 70% de la concentración de este metal en el suelo después de un año de
la implementación de esta técnica (Cevallos, et al. 2016).
La fitorremediación con Brassica juncea se considera una técnica efectiva y de bajo
costo para remediar suelos que presentan una contaminación por presencia de metales
pesados. Esta técnica también puede considerarse sostenible y buena para el medio
ambiente, ya que se utilizan plantas para remediar la contaminación y no se generan
residuos tóxicos adicionales (Cevallos, et al. 2016).
b) Fitorremediación de aguas residuales
Quito se encuentra en un desafío constante en cuanto al tratamiento de sus aguas
residuales principalmente por su creciente población y el aumento periódico de actividad
industrial en la zona. Debido a esto se planteó la aplicación de una técnica de
fitorremediación mediante el uso de la especie Pistia stratiotes, más conocida como
lechuga de agua. Esta planta presenta la capacidad de absorber nutrientes como el nitrógeno
y fósforo presentes en el agua, permitiendo su eliminación y reduciendo la contaminación
del agua. Para realizar esto se sembraron estas lechugas de agua en los tanques de
tratamiento de aguas. Gracias a esto se pudo observar cómo absorben los compuestos
presentes en el agua y los acumulaban en sus tejidos. Esta técnica permitió una reducción
significativa de compuestos como el nitrógeno y fósforo presentes en el agua, lo que aportó
a un mejoramiento de su calidad. Finalmente, se debe añadir que una vez que las plantas
cumplían su función para la fitorremediación de agua residual, estas eran cosechadas y
eliminadas de manera segura retirando los así los componentes presentes en el agua (Ortiz
Cano et al., 2018)
c) Fitorremediación de suelos contaminados con pesticidas
El DDT es un tipo de pesticida organoclorado, este pesticida era ampliamente
utilizado en la industria agrícola. El uso de dicho pesticida fue prohibido en Estados Unidos
en el año 1972. Sin embargo, los residuos de este son persistentes en zonas agrícolas, su
persistencia en el suelo puede ser perjudicial para el ser humano y el medio ambiente
(Eskenazi et al., 2009).
En ciertas zonas de California actualmente aún se evidencian altas concentraciones
de DDT en el suelo por lo que este estudio plantea la utilización de la especie Helianthus
annuus que es un tipo de girasol, el cual presenta una alta capacidad para la acumulación de
metales pesados y otros contaminantes en sus tejidos. Para la aplicación de esta técnica se
sembró girasoles alrededor del suelo contaminado con DDT y se monitoreo la
concentración del pesticida tanto en el suelo como en como en los tejidos de los girasoles.
A medida que se avanzó en el experimento se observó que los girasoles presentaban la
capacidad de absorber y acumular el DDT en sus raíces y hojas. Debido a esto se evidencio
que la concentración del DDT en el suelo presentó una reducción significativa (Carballo, et
al. 2017).
Este estudio demostró que la fitorremediación puede ser una técnica efectiva para
remediar suelos contaminados con pesticidas. La utilización de plantas como el girasol
puede ser una alternativa rentable y sostenible a otras técnicas de remediación de suelos
más costosas y que pueden generar impactos negativos en el medio ambiente (Carballo, et
al. 2017).
d) Fitorremediación de aguas contaminadas
En este caso la técnica de biorremediación aplicada se basa en el uso del lirio
acuático, Eichhornia crassipes. Esta técnica fue aplicada en la laguna de Nueva España,
México. Este cuerpo de agua presenta una alta contaminación con aguas residuales de las
ciudades a su alrededor, lo que ha causado la eutrofización de la laguna y la reducción de la
biodiversidad. Para el tratamiento de esta laguna se decidió aplicar un sistema de
fitorremediación con Eichhornia crassipes, siendo esta una planta acuática que presenta
una alta capacidad para la absorción de compuestos presentes en el agua, específicamente
nitrógeno y fósforo (Mackintosh, et al. 2003).
Se inició la aplicación de esta técnica mediante la siembra de los lirios acuáticos en
la laguna y se procedió a monitorear la concentración de nutrientes en el agua a lo largo del
tiempo. Este monitoreo permite identificar la capacidad de los lirios acuáticos para la
reducción de la concentración de los compuestos de interés presentes en la planta. El
tratamiento de esta laguna permitió el mejoramiento de la calidad del agua y la
recuperación de la biodiversidad. La implementación de esta técnica se puede considerar
como una opción rentable y sostenible a largo plazo (Mackintosh, et al. 2003).

3. Aplicación de fitorremediación para contaminantes emergentes

3.1. Contaminantes emergentes

Generalmente, la contaminación del agua se debe a la presencia de metales pesados,


materia orgánica, bacterias patógenas y sales metálicas. Sin embargo, en las últimas
décadas, una nueva clase de contaminantes ha captado la preocupación del público
llamados contaminantes emergentes (CE). Los CE engloban a productos para el cuidado
personal, medicamentos, surfactantes, insecticidas y otros desechos industriales. Por citar
un caso, en las aguas ambientales de Reino Unido, se han detectado alrededor de 70 CE
entre los que se incluyen diclofenaco, codeína, estrona, entre otros productos
farmacéuticos. Los CE pueden entrar al suministro de agua como residuos de pesticidas o
productos de cuidado personal, y se han aislados incluso de muestras de orina de mujeres
embarazadas (Jagini et al., 2019).

3.2. Tricolosán (TSC)

El triclosán (TSC) es un compuesto antimicrobiano de amplio espectro que se


utiliza para la fabricación de varios productos de cuidado personal, como talcos, toallas
húmedas y desodorantes, y en entornos médicos. La fórmula química del TSC es
C12H7Cl3O2, su naturaleza química es hidrofóbica y posee un factor de bioacumulación en
organismos acuáticos del 2.7 – 90. Se categoriza como un hidrocarburo aromático
halogenado que posee estructuras fenólicas, de policlorobifenilos (PCB) y de difenil éter.
Además, sus propiedades químicas se asemejan a las de muchos compuestos tóxicos, como
las dioxinas y el bisfenol A. En 1998, se estimó una producción mundial anual de 1,500
toneladas de TCS, de las cuales más de la mitad fueron utilizadas en Europa y EE. UU
(Adhikari et al., 2023).

Se han detectado concentraciones de este compuestos en aguas residuales, aguas


superficiales, agua potable, orina y leche materna, y estas pueden variar desde 1.4 a 40,000
ng/L en aguas superficiales y de 23 – 5,1370 ng/L en efluentes de aguas residuales. Su
presencia en el ambiente se atribuye principalmente a la ausencia de tratamiento de las
aguas residuales domésticas y al uso de biosólidos en actividades agrícolas. Es un CE de
fácil dispersión por lo cual se considera ubicuo en los ecosistemas acuáticos. El TSC es
tóxico para varias plantas, bacterias, animales acuáticos y terrestres (Cooney, 2010). Los
efectos en la salud van desde la disrupción endocrina hasta el desacoplamiento de las
mitocondrias, orgánulos importantes en la obtención de energía. Cuando el TSC es liberado
al ambiente, es capaz de generar subproductos más tóxicos y recalcitrantes como el metil –
triclosán, el 2,4 – diclorofenol y el 2,8 – diclorodibenzo – p – dioxina. El estudio de estos
dos últimos compuestos ha demostrado que pueden estar involucrados en la generación de
aberraciones cromosómicas y en el incremento de la incidencia de cáncer, respectivamente
(Dhillon et al., 2015).

La FDA prohibió el uso del TCS en geles y jabones de baño en 2016, sin embargo,
este CE aún está permitido en pastas de dientes, cosméticos, ropa o juguetes. Además, los
derivados del TCS también son reconocidos como contaminantes persistentes prioritarios
en EE. UU., Europa y China, dado que presentan un riesgo para la salud humana (Jagini et
al., 2019).

3.3. Método de fitorremediación

Teniendo en cuenta que una gran concentración de TCS se encuentra en las aguas
residuales, se ha propuesto el uso de plantas acuáticas para realizar procesos de
fitorremediación. Las plantas acuáticas de las zonas de marismas, como Spartina maritima
y Halimione portulacoides, han sido reportadas como potenciales organismos para la
fitorremediación de MP, compuestos orgánicos como hidrocarburos aromáticos policíclicos
y plaguicidas organoclorados. Sin embargo, su estudio para la remediación de los
contaminantes que componen los productos del cuidado personal ha tomado relevancia, ya
que en las zonas marismas se ha registrado una alta concentración de estos contaminantes
por lo que se sugiere que las plantas que proliferan en este ecosistema han desarrollado
adaptaciones para su tolerancia e incluso degradación (Aryal & Reinhold, 2013). Por
ejemplo, un estudio demostró que la plantación de S. maritima y H. portulacoides en
sedimentos empapados en elutriado disminuyó en 30% los niveles de TCS después de dos
días de incubación (Couto et al., 2018).
4. Referencias bibliográficas:

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