EI paisaje sonoro y la afinacién
del mundoEL PAISAJE SONORO NATURAL
LAs VOCES DEL MAR ;Cuil fue el sonido primigenio? La ca-
ricia de las aguas. Para Proust [1871-1922] el mar era «el quejumbroso
antepasado de la Tierra en busca de su agitacién lundtica ¢ inmemo-
tial, como en los tiempos en los que no habfa ningtin ser vivon.? Los
mitos griegos cuentan cémo el hombre emergié del piélago: «Algunos
dicen que cuantos dioses y setes vivos existieron tuvieron su origen
en el flujo de Océano que cifie al mundo y que Tetis fue la madre de
P s-sushijosn,!9
q El ocano de Questros antepasados tiene su correspondencia en el
acuoso-vientre-dé nuestra madre. Ambos son quimicamente afines. El
Océano y la Madre. En el sombrio liquido ocednico, las incesantes ma-
sas de agua rozaron al primer oido sénar, Como el oido del feto dando
vueltas en su liquide amniético, aquél también se afina con arreglo al
borboteo del regazo marino. Antes del sonido de las olas fue la resonancia
submarina del mar. Pero entonces,
las aguas comenzaron poco a poco a agitarse y; con ellas, el gran per y las criaturas es-
camosas se percurbaron; y las olas comenzaron a doblar su altura; y las eriaturas de las
aguas fueron presas del pdnicos y, a medida que las formidables olas se precipitaban a
pares, el bramido del ocfano iba czeciendo; y, azotada con furia, la espume ce azé for-
mando guirnaldas; y el gran océano abrié sus profundidades;y las aguas se precipitaron
de ach para alld, y las Furiosas crestas de sus olasalcanzaron esto y aquello.""
limard,
9. Marcel Proust: A la recherche du temps perdi, Sodome et Gomorrhe, Paris: Gallimard,
Bibliothaque de la Pléiade, p. 1012. (Existe trad. cast: En busca del tiempo perdido, Sodema y
Gomorra, Madtid: Alianza, 2011.)
Rober Graves: The Greek Myths, Nueva York: sm 1955, p. 30. (Existe trad. cast: Los mitos
SE
10.|
Las olas convertidas en espuma azotaban las rocas mientras el primer
anfibio emergia del mar. Y aunque alguna que otra vez. éste pueda dar la
espalda a las olas, nunca escapard a su encantamiento atévico: «El homn-
bre sabio se deleita con el agua», dice Lao Zi [ea. s. 1v a. de C.]. Todos
los caminos del hombre conducen al agua. Es el fundamento del paisaje
sonoro primordial y, por afiadidura, el sonido que, por encima del resto,
nos ofrece un mayor gozo en su multicud de transformaciones.
En Oostende Ja playa es ancha, con una pendiente que conduce hasta
los hoteles de manera que, al estar de pie allf, uno tiene Ja impresién de
que, en lontananza, el mar esté por encima de la playa, y que, antes 0
después, todo se desvanecerd suavemente en el olvido en raz6n de une ola
gigantesca. Todo lo contrario sucede en Trieste, en el Adridtico, donde
Jas montafias se abalanzan sobre el océano con una energfa angular, y los
furiosos pufs de las olas rebotan ruidosamente como pelotas de goma.
En Oostende el nexo de la tierra resulta tan suave a la vista como al ofdo.
No hay rocas sobre Jas que sentarse en Oostende, asi que uno camina
a lo largo de varios kilémetros: hacia el sus, con las olas en el oido dere-
cho; hacia el norte, con las olas en el ofdo izquierdo, colmando nuestra
conciencia atavica con la vibracién de alta frecuencia del agua. Todos los
caminos conducen al agua. Si se les diera la oportunidad, probablemente
todos los hombres vivirfan a orillas del agua, alld donde dia y noche sus
humores estuviesen al alcance del oido. $i nos alejamos de ella, es solo
para retornar a ella. —
‘Dia trai dia Uno camina a lo largo de la playa escuchando atenta-
mente el indolente chapoteo de las pequefas olas; después, e! paulatino
crescendo en la fuerza de sus avanzadas, y, al fin, la guerra organizada
de las olas. Es preciso ralentizar la mente a fin de captar las inniimeras
transformaciones del agua, sobre la arena o sobre el esquisto, contra los
maderos que flotan a la deriva en el mar o contra el malecén. Cada gota
tintinea en un tono diferente; cada ola establece una filtracién diferente
para el inagotable suministro de ruido blanco. Sonidos discontinuos
© continuos, en el mar ambos se funden en una unidad primordial.
Muchos son los ritmos del mar: el infrabiolégico, pues el agua cambia
el cono y el timbre més velozmente que la capacidad de resolucién del
oido para alcanzar semejantes cambios; el biolégico, ya que las olas tie
man con las pautas del corazin y el pulmén, y las mareas con la noche
y el dia; el suprabioldgico, la perpetua y eterna presencia del agua, «Te
mostraré las dimensiones del rumoroso mar», dice Hesfodo en Trabajos
y das, «Para thina polyphloisboio thalasséss, dice Homero (Ifada, 1, 34),
teflejando de manera onomatopéyica los espléndidos ejércitos de olas
|
en la playa y su recesién. El segundo de los Cantares de Ezra Pound
[1885-1972] comienza asi:
Yel pobre y viejo Homero, ciego, ciego, como un topo,
‘Ofdo, oido para el oleaje, murmullo de las voces de los viejos"*
Elamor al océano tiene unos orfgenes profundos y est4 ampliamente
recogido en la literatura maritima de Oriente y Occidente. Cuando el
agua contempla Ia historia de la tribu, los dedos del océano alcanzan
la épica, El tema principal sobre el que est4 enhebrada la Odisea es el
océano. El campestre Hesfodo [ea. 700 a. de C.], quien vivi6 en Beocia,
«lejos del mar y de sus convulsivas aguas», no puede evitar el atractivo
del océano:
Durante eincuenta dias, después del Solsticio, cuando llega al fin el verano, agotadora
cestaci6n, la navegacién es favorable para los mortals (.
Les nérdicos conocian Ia ferocidad del océano. Cuando navegaban
«das olas bramaban contra las bandas del barco, sonaban como si las rocas
estuvieran entrechocando»."* La aliteracién del verso de los Edda es poe-
sia para los remeros. Las consonantes repetidas en cada hemistiquio unen
los acentos del verso a cada remada hacia delante y hacia atrds:
Remos crujieron, hierros chirriaron,
sonaron ercuds: los vikingos remaban;
con répido empuje, de héroes replera,
alej6se de tierra la floca del rey.
Asi poderoso en las largas quillas
oyése el batir de la hermana de Kola,
como rompe bravio en las rocas el ma.”
12, Bara Pound: Cantarer completo (trad east. José Vazquez Amaral), Madrid: Cétedra, 2006,
13.
1, Helodo: Tcbajry dla (and, cst Adlai y Mala Angles Marin Snchen), Mads
Alianza Editorial, 1996, p88.
14, The Sage ofthe Valeungs (ed. R. G. Finch), Londres: sn. 1965, p. 35. (Bxlste trad. cast: Saga de
der volsunges, Madeid: Gredos, 1998.)
15. «Cantar primero de Helgi el matador de Hindings, en Edda Mayor (tad. cast. Luis Lerare de
Castro), Madrid, Alianza, 2000, pp. 197-198.En el otro extremo del mundo, en el norte tropical de Australia, las cjano humo gris de roca lisa,
olas eran més suaves: alas salmén rosado del halievo
lanzando sombras grises en el agua,
Las olas que vienen: altasolas que vienen a chocarse contra las rocas, la torre, enorme ganso con sélo un ojo,
rompiendo: jh! jsh! ita la testa sobre el olivar,
‘Cuando la Luna esté en lo alto brillando sobre las aguas:
smacea primavera, marea que fluye hasta la hiecba, | y escuchamos a los faunos que reffan a Proteo
rompiendo: jh! sh! entre el olor a heno en los olivares,
‘En su mar rizada las nifias se baftan, [ y las ranas croando a los faunos
{Bscucha el conido que hacen con las manos mientras juegan!"* E cn la media luz.
(Cualquiera que visite la costa encontraré el recital de las olas excepcional, Y?
pero solamente el poeta del mar, con e! ostinazo del mar en su ofdo desde af
su nacimiento hasta la tumba, puede medir de manera precisa la sfstole y la | EL mar es el sonido ténico de todas Jas civilizaciones maritimas.
didstole de olas y mareas. Ezra Pound pasé mucho tiempo de suvidayendo |' | Asimismo, es un fértil arquetipo sonoro. Todos los caminos conducen al
de un lado a otro de la costa de Talia, de Rapallo a Venecia. Sus Genta: | | agua. Volveremos al mat
comienzan con el mar, interpretan gran parte de su dialéctica en la orilla, se
alejan y después vuelven. Donde Scott Fitegerald [1896-1940], quien viajé
al Mediterraneo, tinicamente escuché «el leve y cansino rumor de kas olas»,
Pound nos habla de las fluctuaciones del agua con una autoridad instintiva: Las TRANSFORMACIONES DEL AGUA El agua nunca muere.
ire mprerencamaca en envy os rope bosboeaney en sete.
das y las fuentes, en los rios zigzagueantes y en los profund:
El regato de una montafia es un acorde de muchas notas ensartadas
estereofénicamente a lo largo del camino del oyente atento. El sonido
incesante del agua de los arroyos de las montafias suizas puede escucharse
apretad abriga inqulct «!, en un valle situado a varios kilémetros. Cuando un riachuelo salta por
filgido hervor de condaje de oss, uuna cascada de un centenar de metros en las Montafias Rocosas, hay
luego agua serena, tuna tensa quictud, casi como un temor, seguida de una ruidosa agitacién
quiet en las arcnas color de ante, cuando choca con las piedras de abajo. El agua de los paramos ingleses no
tiene nada de este virtuosismo, sus arreglos son més sutiles:
Agi cumbo del agua,
rendones de Poscicién,
negro azut y hialino,
ola de cristal sobre Tiro,
aves marinas esticando coyuncuras de alas,
chapoteando en las hoyas rocosas las hoyas de arena
cn los deslizaderos préximos a las dunas incipientes;
rebrillo cristalino de la ola cuando sompe la marea a contraluz del sol,
palidez de Héspero,
El viajero que visite este lugar en una noche tranquila y se quede inmévil por unos
insantes,acaso excuche las singulares sinfonlas de estas aguas, como si fueran una or
questa sorda, tocando sus diverss tonos desde Fincones vecinos y remotos del péramo.
En el agujero de una presa deverloreda ejecutaban un recitativos allé donde un arro-
gris cumbre de la ola, I
ola color de pulpa de uva, E yo cala sobre una forcificacién pasajera de piedra, trinaban alegremente; bajo un arco,
gris olivo de cerca, I incerpretaban una metilica melodia de cimbalos, yen Dumover Hole, siseaban,"
17, Eaa Pound: Camseres Completa ed. cit p 199-4.
§8, Thomas Hardy: The Mayor of Casterbridge, Londres: my 1920 P54 (Bxiste trad, cast:
16. Canto de la tribu laragia de Australia, en Téchnicians ofthe Sacred (ed. J. Rothenberg), Nueva
York: 5. m., 1969, p. 314. ICada rlo, con arreglo al lugar del mundo en que se halle, habla su
propia lengua. El suave murmullo del Merrimack, «zigzagueando y arras-
tandose, precipitindose hacia abajo, besando la orilla al pasar,” era
como una pfldora de dormir para Thoreau. Para James Fenimore Cooper
[1789-1851], los rios del norte del estado de Nueva York a menudo se co-
laban perezosamente en cavernas rocosas «produciendo un sonido hueco
parecido a las detonaciones de un remoto cafién»?
Qué diferentes son las furiosas cataratas del Nilo en Atbara y Berber:
[as que el ruido de la batalla no puede surgir sino cuando el rfo, entre miles de islas
Y rocas, avanza con imperu en répidos alo largo de varios klémetros, un esctitor remax
* afirmé que los habicantes del lugar habfan emigrado a causa de perder el ofdod Con
isle imponentes voces de los bereberes nos muestran hoy en dia que la necesidad
refuerza cualquier 6rgano, pues su reclamo se extiende de una orilla a otra de un rfo
teepidante, mientras que los hombres blancos apenas pueden eseucharse a diez pasos de
distancia unos de otros."
Por el contrario, en los mansos sios de Siam, Somerset Maugham [1874-
1965] encontré una esensacién de exquisita calma>, solo quebrantada de tiem-
poen tiempo por «el suave chapoteo de un zagual mientras alguien pasaba de
camino a su casa. Al despertarme por la noche, senti un ligero movimiento
cuando la casa flotante se balanced un poco y escuché un suave borboteo,
como el fantasma de una miisica oriental que viajaba no en el espacio, sino
en el tiempo».” En La muerte en Venecia, de Thomas Mann [1875-1955], las
| malogradas y lastimeras aguas de los canales forman un trdgico leitmotiv: «El
agua cloqueaba al golpetear contra la piedsa y la madsra_En el silencio del
Laberinto el grto del gondoleros advertenciay saludo al mismo temp3) obte-
nfa a lo lejos una respuesta, producto de algin extrano acwerdon
El elcalde de Casterbridge, Barcelona: Albs, 2009.)
1. Henry David Thoreau: «A Week on the Concord and Mersimack Rivers», en Walden and
Other Writing, Nueva York 1.1937, p48
20, James Fenimore Cooper: The Pathfinder, Nueva York: s.r, 1863, ts
a1. Se refiere a Plinio ef Viejo, quien en su Historia natural simplemente menciona que lat catera-
tas cran ruidoras, sin afrmar que causaran sordera. No obstante, a parti de aqut se desareollé Ia
leyenda, ya que el mismo asunco lo enconteamos mencionsdo en De morbis arefcium (Tharede
de ls enfermedades de lor artxanos, 17) de Bernacdino Ramazzini, un trabajo extraordnario por
‘cuanto fue el primer estudio en traar la sordera industrial
za. Emil Ludwig: The Nile, Nueva York: . ns 1975, pp: 230-251
25. Somerset Maugham: The Gentleman in the Parlour, Londres: + m., 1940, p. 1s9. (Exlse ead.
att El caballero del ralin, La Corube: Ediciones del Viento, 2004.)
‘aa Thoenas Manr- fa manera: op Veacgie (trad. cast: Joan del Solas), Barcelone: Edhase, 1993, p. 89.
Tiga dee
El agua nunca muere y el hombre sabio se regocija en ella, Como p
de detectar un ofdo atento, no hay dos gotas de Iluvia que suenen ige
Suena la lluvia iran{ como la de las Azores? En Fiji una tormenta azor:
termina en un enorme remolino en menos de sesenta segundos, en tara
que en Londres sonsonete tan aburridamente coma el. dé.
jevunr hombre-de~negocios. En algunas partes de Australia n
Ilueve durante mds de dos afios. Cuando lo hace, a veces los nifios peque
fios se asustan. En Ia costa del Pacifico de Norteamérica llueve de maner:
suave pero continua, con una media de 148 dias al afio, La pintora cana-
diense Emily Carr [1872-1945] lo describe bien:
Las gotas de Ihuvia golpean e! tejado en sonoros y pequefios chasquidos, iregulares y re-
piqueteantes. El sonido de la lluvia sobre las hojas que nos Mega a través de las ventanas
abjertas no es el mismo. Este se parece més a un incesante suspiro, a una respiracion que
se agota sin una nueva inspiraci6n. La Iluvia del tejado repiquetea sobre la oquedad de
nuestra habitacién, golpea y se acaba."*
Los apacibles timbales'de la Iluvia de la Costa Oeste carecen de am-
bicién, todo lo contrario de las violentas tormemtas eléctricas de las pla-
nicies rusas y de América del Norte, En Sudéfrica la lluvia es torrencial:
«{...] el trueno retumbé en lo alto, y ellos pudieron escuchar la uvia
precipitandose sobre los campos. En tan sdlo un momento, estaba tam-
borileando sobre el tejado de hierro con un ruido ensordecedor».*
La _geografia [Link] clima_proporcionan, las notas_ténicas, verndculas
a cada paisaje sonoro. En las extensas areas del Norte, el sonido del
invil quel delagua congelada: el hielo y la nieve. Durante el
invierno entre el 30% y el 50% de la superficie de la Tierra estd cu-
bierto de nieve durante un cierto lapso de tiempo, y entre el 20% y el
30% de la superficie terrestre estd cubjerto de nieve durante més de seis
meses al afio. El hielo y la nieve constituyen las notas ténicas de lo mds *(
profundo del Norte tan ciertamente como el mar es la nota t6nica de
Ia vida maritima.
Fl hielo y Ia nieve estan afinados con arreglo a la temperatura. En
Blackfriars, Virginia Woolf (1882-19 41] escuché la nieve «deslizarse y
desplomarse en el suclo».*7 Pero en Exvandinavia, cuando el gigante
Hymir, de la Edda mayor, volvié de la caza,
15, Emily Carr: Hundreds and Thourandh, Toronto y Vancouver: », 1966, p. 305
126, Alan Pason: Giy, the Beloved Country, Nueva Yorke tm 29505 Ps 24s
27. Virginia Woolf: Orlando.al entrar aquel hombre hiclos sonaron,
hhelado trala el bosque del rostr."*
En su poema Orfiino, Giovanni Pascoli (1855-1912) describe la lenta
calda-de la nieve en Italia:
Lenta la neva, ficea, face, foces
El sonido de la nieve en la apenas gélida Italia nada tiene que ver con
la de los 30 °C bajo cero de Manitoba o de Siberia. Conforme nos va-
mos adentrando en las tierras del Norte, el paso acolchado empieza a
crujic y luego a chicriar, incluso terriblemente. En Doctor Zbivago Boris
| Pasternak [1890-1960] describe cémo, en el invierno tuso, las botas pro-
vocan que wa nieve aiille furiosamente a cada paso».
Si los paisajes marinos han enriquecido las lenguas de los pueblos cos-
teros, por su parte las civilizaciones de los climas frios han inventado
diferentes expresiones, entre las cuales destacan las numerosas palabras
que los esquimales utilizan para la nieve. No obstante, no son el tinico
ejemplo. El libro The Mbustrated Glossary of Snow and Ice contiene 154
términos en inglés referentes a la nieve con sus respectivas traducciones al
danés, finés, aleman, islandés, noruego, ruso, francés de Canada y espa-
fiol de Argentina. Muchas de las expresiones incluidas, como por ejem-
plo, permafrost («permahielor 0 «capa subterrdnea de hielo»), icebound
(«cercado 0 bloqueado por el hielo») o pack ice («émpano o banco de
hielo») estén ausentes de los vocabularios de otras lenguas.
La nieve absorbe el sonido y Ja literatura nérdica est lena de descrip-
ciones sobre el silencio invernal:
7 Durante el invierno la ausencia de vida o sonido resulta extrafia y optesiva. Cuando la
nieve cubre el suelo, con toda raxdn se pueden perciir as huellas de animales (péjaros,
ciervos y, de vex en cuando, 0503), mas no se oye sonido algune: ai grito ai rumor,
tampoco el susurzo de las hojas. Al sentamos sobre un dibol caido, el silencio se vuelve
opresivo, casi doloroso. Aiin resulta un alivio, al cabo, escuchar el susurro de la calda de
a nieve desde el ciprés, el pino, el teo, los cuales se extienden por encima de nosotros
como un oscuro penacho hipico”
28, «El cantar de Hymirm, en Edda Mayor ed cit p, 108
29. T. Armacrong; B. Roberts y C. Swithinbank: The Masraed Glouary of Snow and key,
Cambridge: 4 2, 1966
©. George Greens Hitory of Burnaby and Vicinity Vancouver: 3947.3.
Cuando la nieve esté reciente y blanda, incluso el tradicional crujido
de los trineos es mudo: «[...] nos deslizamos sobre la nieve virgen que
se habia ablandado durante la noche en un movimiento tan suave y si-
lencioso que parecfa mas un vuelo sin alas [...]»" Hasca las ciudades
permanecfan en silencio:
Nada se asemeja al silencio del amanecer invernal de una ciudad adrdica. De vee en
cuando, se escuchaba un sisco susurtado y algo que rozaba contra ls ventanas. Entonces
sabla yo que era nieve. Pero, por lo general, no habla més que una calma palpitance que
cesaba cuando los coches de la calle comenzaban a lanzarse al cartera sobre la Cbte des
Neiges, y los ofa como si fuesen vientos soplando por vieja alcantrilas*
La destruccién del calmo invierno nérdico a causa de la incursion de
los quitanieves y las motos de nieve es una de las mayores alteraciones
del paisaje sonoro del siglo 20%, pues tales instrumentos estén destru-
yendo la idea del Norte que ha formado el temperamento de todos
pueblos nortefios y que ha hecho germinar una importante mitologia
para el mundo. La idea del Norte, al mismo tiempo austero, espacioso
y solitario, podia colmar de miedo al hombre (;no habia Dante conge-
lado el centro de su infierno?), pero también podfa suscitar un intenso
encandilamiento, ya que era puro, silencioso y carecia de tentaciones.
Los tecnécratas del progreso no se dan cuenta de que, al irrumpir en el
Norte con sus m4quinas, estin mutilando la integridad de sus propias
ideas, boicoteando los misterios sobrecogedores con gasolineras y redu-
“ciendo sus leyendas a muftecas de plistico, Es decis, se hace més dificil
apreciar los Edldas, las sagas y gran parte de lo que subyace en el cencro
de la literatura y del arte rusos, escandinavos y esquimales.
Tradicionalmente, el invierno nétdico destaca por su quietud, mien-
tras que la primavera es notoria por su violencia. Primero, se escuchard
un cierto chirrido del hielo; a continuacién, un rio se desgarrard y sal-
dré disparado como un cafionazo, y cl agua de los manantiales, al fin,
hard que el hielo se precipite rio abajo. Cuando se le pregunté lo que
mis le gustaba de Rusia, Igor Stravinski (1882-1971] dijo: «La violenta
1 Philip Grove: Over Prairie Tals Toronto: sm, 923, p91
32. Hugh MacLennan: The Watch sha Ends the Night, Toronto: (96%. 5.
33, Implcamente el autor hace aqu referencia a The Ides of be Norah uno de los documencales
raciofénicos que el pian canadiense Glenn Gould [1932138], colega de Schatr,produjo en 1567
En dl cinco intrlocutores presentan ideas opuesa sobre el nore canadinse, Hl documenta forma
pare dela Solitude Tay cuyo nombre hide ss iea de ero del mundo, ta ala, como vereos
ss adelante al pensamiento de Schafts. (N, del £primavera rusa, que parecia comenzar en una hora y daba la impresién de
que la Tierra entera se estuviera agrietando».*
LAS VOCES DEL VIENTO Entre los antiguos el viento, como el
mar, estaba deificado. En su Zéogonia, Hesiodo relata cémo Tifén, el dios
de los huracanes, luché contra Zeus, perdié y fue desterrado al Tartaro,
en las entrafias de la Tierra. Tifén era un dios taimado. Posefa cien cabe-
zas de serpiente,
de todas sus cabezas brotaba el fuego cuando miraban. En todas ellas habia voces que
lanzaban un variado rumor indecible: unas veces, en efecto, emitfan articulaciones,
como para entenderse con los dioses; otra, sonidos como potentes mugidos de tn toro
fuerte y arrogante; otras, de un ledn de despiadado énimo; otras, semejances a perros,
admirables de oft. y otras, silbaba y las enormes montafas le hacfan eco."*
Esta historia destaca por cuanto se refiere a una de las més interesantes
ilusiones auditivas. El viento, al igual que el mar, posee una infinita va-
riedad de vocales. Ambos son sonidos de banda ancha, y en Ia amplitud
de sus frecuencias parecen escucharse otros sonidos. El engafio del viento
es también objeto de una descripcién tempestuosa por parte de Victor
Hugo [1802-1885]. Para sentir la fuerza del lenguaje uno debe leer el
original en francés:
Le waste trouble des solitudes a une gamme; crescendo redousable: le grain, la rafile, la bour-
rasque, Forage, lt tourmente, la temptte, la trombe les sept cordes de la hyre des vents, le seps
notes de Vabime (...). Les vent courent, voent, fabarien, finssens, recommencent, planent,
sifflent, mugissent, vient; frénbsiques, lscifi,effrénds, prenant leurs aises sur la gue inase
cible. Ces burleurs ont une harmonic lk fant tout le cel naps soufflent dans la nube
comme dans un cuivre, ib embouchent Uespace, et ils chantent dans Uinfini, avec toutes les
voix amalgamtes des clairons, des buccins, des oliphants, des bugles et des trompettes, une
sorte de fanfare promtthéenne. Qui les entend éeoute Pan.
34: Igor Stravinskis Memories and Commencare, Londces: sm, 960, p. 50. (Exc rad. cast
“dean recuerds, Barcclona: Ay. 972)
35. Hesiodo: Teogonda (trad, cast. Adelaida y Marta Angeles Maria Séncher), Made: Alana
3996, pp. sts2-
36. Victor Hugo: Ler mavallers de le mer Pari: m. 1865, pp. rg, (Exise wad, cases Zor
trabajadore: del mar, Madvid: Espasa Calpe, 2008)
El viento es un [Link] se [Link] [Link] por la fuerza. |=
sensacién es tan auditiva como tactil. Resulta curioso, y casi sobrenatural,
‘escachar el Viento en Ta distancia sin sentirlo, como sucede en un di-
tranquilo en los Alpes suizos, donde su ligero y suave silbido al rozar u
glaciar a varios kilémetros de distancia puede ser escuchado a través de
calma que yace entre los valles.
En la adusta pradera canadiense de Saskatchewan, el viento es cortante™
y constante:
En aquel momento el viento se podia escuchar en un canto més persistence y, fuera, a lo
largo de la carrecera que separaba la ciudad de la anura, recorea aflautado las alambradas
paralelas la auropista (... Por la noche, el viento tenia dos voces: una que penetraba en las
palpitantesalambradesy otra, lade a llanura, que se desgahitaba larga y profundamente.”
Sin drboles y abiertas, las lanuras son gigantescas arpas eélicas, vibran-
do constantemente con «el zumbido enjambrante de los cables teleféni-
cos».** En la campifia inglesa, mas abrigada, el viento realza las hojas con
miiltiples ronalidad
Para los moradores del bosque, casi cada especie de drbol posee una vor y un rasgo
particulares. Cuando pasa la brs, los abetos sollozan y gimen tan claramente como se
balancean; el acebo silba mientras lucha contra s{ mismo; el fresno sisea en tanto que se
agica; el haya susurra al iempo que sus planas ramas suben y bajan. Mas el invierno, no
obstante modificar la nota de estos Arboles tras haberles mudado sus hojas, no destruye
Inindividualidad de cada cual.”
De cuando en cuando, les pregunto a mis estudiantes por sonidos mé-
viles en el paisaje sonoro: «El vienton, dicen unos. «Los drboless, dicen
otros. Pero sin objetos en su camino, el viento no delata movimiento apa-
rente. Ronda los ofdos vigoroso, mas sin direccién, De todos los objetos,
los arboles son los més sugerentes, sacudiendo sus hojas de un lado a otro
al ser rozados por el viento.
Cada clase de bosque produce su propia nota ténica. El bosque de
hoja perenne, en su fase madura, produce pasillos misteriosamente abo-
vedados, a través de los cuales el sonido resuena con una claridad poco
corriente, circunstancia que, segiin Oswald Spengler [1880-1936], llevo
37. W. 0, Mitchell: Who Has Seen the Wind, Toronto: #19475. 19%
38. Tbidem,p. a3.
5p. Thomas Hardy: Under he Greenuoed Tie, Londres: ms 1903: B.3bbl BOE ANAMWUU & dlal Ue lita esd feverDeracion median-
xe la construccién de catedrales géticas. Cuando el viento sopla en la
‘Columbia Briténica, nada hay del repiqueteo y el susurro tipico de los
bosques de hoja caduca, sino més bien un silbido bajo y jadeante. Con
un viento fuerte, el bosque de hoja perenne se enfurece y brama, pues las
agujas se retuercen en remolino. La ausencia de maleza o de aperturas
hhacia claros hace que los bosques de la Columbia Brisénica estén excep-
cionalmente libres de vida animal, aves ¢ insectos, circunstancia que so-
brecogié, siniestramente,-[Link] primeros pobladores blancos. De nuevo,
Emily Carr lo describe ast: >
Hi silencio de nuestros bosques en el Oeste era tan profundo que nuestros ofdos apenas
podan comprenderlo. Si hablabas, ru vor regresaba a ti de la misma manera que el e-
pejo te devuelve el refleo de tu rostro. Parecia como si al bosque escuviera can colmado
de silencio que no hubiera cabsc para los sonidos. Las aves que all vivian eran aves de
pres: Aguilas, haleones y bithos. Si un pdjaro cantor se hubiera lanzado a cantar, los
wos habrian saltado. Los primeros en acompafiar a los pobladores en el Oeste fueron
pequesios pajaros silenciosos de colores sobrios. Siempre habta habido gaviotas: habian
nacido con el mar y siempre habian emitido sus reclamos sobre sus aguas. Los vastos
‘expacios del cielo, hambrientos de sonido, se deleitaban en sus reclamos sin cesar. El
bosque era, sin embargo, diferente: se obstinaba en cultivar el silencio y l secreto.*
El desasosiego que a los primeros pobladores causaba el bosque, junto
a su deseo de espacio y luz solar, pronto produjeron otro sonido ténico:
el de la tala de arboles. Al principio, fue el hacha del lefiador lo que se ofa
* més allé de unos claros que iban ganando terreno. Después, fue la sierra
circular. Hoy es el geusido de la motosierra lo que reguena en todo lo
ancho de las comunidades forestales de Norteamérica,,
Hubo un tiempo en [Link] mundo estaba cubierto de bosques. El gran
bosque resulta extrafio y atroz, hostil a cualquier tipo de importunacién. Las
cescasas referencias a la naturaleza que aparecen en las primeras obras 6picas, las
sagas y la poesia anglosajona asf lo atestiguan, tanto en su brevedad como en la
descripcién detallada de sus horrores. Aun en una época més tardia, como la
de Carl Maria von Weber (1786-1826), el bosque era el lugar de la oscuridad
y el mal, Su épera El cazador furtive (1821) es una celebracion de la suprema-
fa del bien sobre las fuerzas del mal, cuyo hogar es el bosque. El cuerno de
caza, que Weber utiliz6 brillantemente en su particura, se convirtié en el sim-
bolo aciistico mediante el cual la penumbra del bosque era atravesada,
40. Emly Care: The Book of Smell, Toronto tr 1942, Pty.
46
‘uando ¢ hombre temia los peligros de: +410 INEXPIOLado, Ci Cucr-
po entero deven‘a ofdos. En los bosques virgenes de Norteamérica, donde
fa vista no alcanzaha més allé de unos metros, cl oido era el més importante
de los sentidos. La serie de novelas protagonizadas por Leatherstocking, de
Fenimore Cooper, esté llena de bellas y aterradoras sorpresas,
pues aunque una mansa y profunda soledad reinaba en aquel vasto y casi infinito
bosque, la naturaleza hablaba en las mil lenguas que le eran propias, en el elocuente
idioma de la noche de las tierras salvaje, El aite suspitaba a cravés de diex mil érboles, >
las aguas se rizaban y, en algunas partes, incluso bramaba a lo largo de ls oll: y, de
vez en cuando, e! crujido de una rama, 0 un tronco, cuando se rozaba contra algin
objeco parecido a él, bajo el temblor de un cuerpo bellamente equilibrado |...) Sin
embargo, cuando deseaba que sus comparicros dejaran de hablar, en la forma indica
da, su ofdo vigilante habia percibido el caracteristico sonido que hace una rama seca
al quebrarse, el cual, si no le engafiaban sus sentidos, venfa de la costa occidental
Quienes eseén acostumbrados a ese sonido concteto entenderén la inmediatez con la
que el olde Jo recibe y lo Fic que resulta distinguir el paso que quebranta una rama
de cualquier otro ruido del bosque. [...] «Habrén podido los malditos iroqueses
cruzar el rfo a nade, sin barea?s."”
LA TIERRA MILAGROSA «jCémo suena la caida de un drbol
en el bosque cuando no hay nadie alli que lo escuche?», pregunta un
estudiante de filosofia, Resultaria poco ingenioso contestarle que sue-
na simplemente como un arbol que se cae en el bosque, 0 ¢s més: no
hhace ruido alguno. Efectivamente, cuando un drbol se desploma en el
bosque y sabe que esté a solas, suena como quiere sonar: como un hu-
racdn, un cuco, un lobo, como la voz de Inmanuel Kant o la de Charles
Kingsley, como la obertura de Don Juan, de Mozart, 0 como el delica~
do aire que sale de una flauca maori, Como cualquier cosa que desee,
del pasado o de un fucuro remoto, Bs libre incluso para producic esos
sonidos secretos que el ofdo humano jamés podré escuchar porque per~
tenecen a otros mundos...
La desmitificacién de los elementos, a lo cual han contribuide muchas
de las ciencias modernas, ha convertido mucha poesfa en prosa. Antes
del nacimiento de las ciencias de la Tierra, el hombre vivia en una tierra
encantada, A través del Tratado sobre los rios y las montaitas, atribuido a
46 J. Fenimore Cooper: The Pathfinder, ed, elty pp. 104-105,
47Plutarco [ea. 45-120 d. de C.], tenemos noticia de una piedra en Lidia,
llamada agrophylax, que se parece a la plata:
Es dificil reconocerla, ya que estd intimamente mezclada con pepitas de oro que se en-
‘cuentran en las arenas del rio. Tiene una propiedad muy extrafa, Los lidios acaudalados
Ja ponen en el umbral de sus tesorerfas para asi proveger el oro que guardan en ellas.
Pues cada vez que los ladrones se acercan a ella, la piedra suena como una trompeta y
los porenciales ladrones, creyéndose perseguidos, huyen y se despefian por precipicios,
pereciendo asf de una muerte violenta.t*
En la Antigiiedad todos los fendmenos naturales eran explicados como
milagros. Un terremoto 0 una tormenta eran una batalla divina. Cuando
Sigurd maté al dragén Fafner, «los temblores de la tierra fueron tan vio-
Ientos que el globo entero se agité». En el momento en quc los gigantes
le robaron su estruendoso martillo a Vingtor,
Je temblaron las barbas, revolvidsele el pelo,
el hijo de Tierra buscé y remiré.#
No cabia duda de que iba a haber una tormenta. Cuando Zeus condu-
joa los dioses contra los Titanes,
Tertible resoné el inmenso mat: el ancho cielo agitindose se lamenté: el inmenso
Olimpo desde su base vibsé por el impecu de los Inmorrales[...).
Ya no contenia Zeus su fuerza, sino que al punto se lenaron de cblera sus entrafas y
mostré toda su violencia; al mismo tiempo, desde el cielo y desde el Olimpo avanzaba
Ianzando rayos de modo continuo y los rayos, 2 la vex que el trueno y el reHimpago,
sevoloteaban desde su robusta mano, haciendo dar vueltas a la sagrada llama.
De un lado y otro la nutricia tierra resonaba al quemarse y crepitaba grandemente con
el fuego la inmensa selva (...].*!
Todavia hoy podemos comprender la fuerza de Donner y Zeus. Los
sayos y truenos son las fuerzas naturales mis temidas. Su sonido es de
gran intensidad y tiene un registro de alt/sima frecuencia, mas alld de
la escala humana de produccién sonora. El abismo entre los hombres y
4. Peeudo Plucarco: Treatise on Rivers and Mountain, cit. por BD. Adams; Toe Birth and
Development ofthe Grological Sciences, Nueva Yotk: 4.7, 1954, P- 3%
43. Sage de os vleunges, edit, pp. 30°32
44 lana de Trjmm, en Edda Mayor ed. cits p.125.
45: Hesiodo: Teogenta, ed. cit, lineas 678-694.
los dioses es vasto y, a menudo, ha parecido como si fuera necesario un
tremendo sonido para salvarlo, Dicho sonido fie el de la erupcién del
Vesuvio en el afio 79 d. de C. cuando, segtin el relato de Dion Casio, wa
gente, atemorizada, pensé que los gigantes estaban en guerra contra los
dioses ¢ imaginaban ver las formas ¢ imagenes de los gigantes en el humo,
al tiempo que escuchaban el sonido de sus trompetas». Este suceso fue
una de las marcas sonoras de la historia romana:
Luego, a Tierra empend a temblar ya agiats,y is detonaciones fueron tan magnas que
el suelo parecié levantarse y hervir en algunas partes; mientras que en otras, las cimas de ls
‘montafas se hundieron oe desmoronaron. Al mismo tiempo, s excucharon potemtes ru
dos y sonidos, algunos de ellos subrerrineos, como sila Tera tronara en su interior, ots,
como quejidos y bramidos, £1 mar rugié ls cielos se sacudieron con un ruidoaterrador. A
continuacin vino un repentina y poderoso estruendo, como siel marco de a naruraleza se
hhubiera roto 0 todas las montafias de la Tierra se hubieran dercumbado ala vea.*
Los TONOS UNICOS Cada paisaje sonoro natural pose unos
tonos tinicos que le son propios y, 2 menudo, éstos son tan originales
que se convierten en marcas sonoras. La més llamativa marca sonora que
jamas he escuchado fue en Nueva Zelanda. En Tikitere, Rotorua, grandes
campos de sulfuro hirviente se extienden sobre varias hectéreas de terreno
acompafiados de extrafios y sordos sonidos subtetrdneos y de borboteos.
El lugar es una herida pustulosa en la piel de la Tierra con efectos de
sonido infernales que hierven para salir por los respiraderos de la tierra.
Los volcanes de Islandia producen un efecto parecido, No obstante, all
apartarse de ellos, uno se sorprende del cambio en los efectos de sonido:
En el propio créter se oyen sonidos atronadores y explosivos¢ incluso, no muy alejado
de és, uno puede sentir el suelo agitindose, Los funestos muros de lava (de entre dos
y tres metros de aleura) avanzan lentamente matando lo que encuentran a su paso. Son
casi por completo silenciosos, pero no tanto, pues al excuchar atentamente, es posible
fe delicados y frégiles restallidos en la corteza: ruidos secos ~como de ctistal que se
rompe~ se propagan a lo largo de varios kildmerros. Cuando la lava se adencra en terra
himeda,sisea de manera asixiance. Por lo demés, rodo es silencio.
46. Dion Casio, cit, por Thomas Burnett: The Sacred Throry ofthe Earth, Carbondale, lini
sn, 1965, libro 1, eapfeulo va.
47. Thorkell Sigurbjéensson en conversacién privada con el autor.‘Aun en los lugares donde no hay vida, puede haber sonido. Los cam-
pos de hielo del Nore, por ejemplo, lejos de ser slencioss, retumban
con sonidos impresionantes:
‘Avuna distancia de entre cinco o seis kilémetros de los glaciares, se empieza ya a es-
‘cuchar al grito de las enormes placas de hielo, Suena como un trueno en la lejanta y
se repite cada cinco o seis minutos. Al aproximarse, uno puede distingulr el primer
cexujido ~como un grandisimo pane! de vidsio que estuviera agrietindose- seguido del
cstruendo del hielo al hundirse. Finalmente, todo reverbera en las remotas montafas
Rios de agua de glaciar emergen desde tineles bajo el hiclo. El hielo que se desploma en.
‘estos tineles, el agua que corre, asi como el movimiento del barro y las rocas erean un.
sonido que es amplificado muchas veces por la estructura hueca que alcanza al observa-
dor en la superficie con gran fuerza.
‘Tampoco el subsuelo es silencioso, como descubrié Heinrich Heine al
visitar las minas de la cordillera Harz en 1824:
1No lleguéa la parte més profunds [..] el lugar que alcanct pareciasuficientemente pro-
fando: los constantes estruendos y bramidos, los siniestros quejidos de la maquinara, el
burbujeo de ls aguas subserrineas, los hilos de agua descendiendo, en sodas partes den-
sas ezhalaciones la limpara del minero ttilando més débilmente en la noche solitaria.”
Los sONIDOS APOCAL{PTICOS Tal vez el universo fue creado
en silencio. No lo sabemos. La dindmica de la maravilla que alumbré
| nuestro planeta carecié de ofdos que la escucharan. Pero los profetas se
' esforzaron por imaginar este acontecimiento. «En el principio era el ver-
bor, dice san Juan; la presencia de Dios fue primero anunciada como una
poderosa vibracién de sonido edsiico, Lés proferas tuvieron una vision
del final que también inclufa ua poderoso sonido. Existen numerosas
referencias en las profecias judias y musulmanas:
Aullad porque el dia del Sefior se acerca. (...] Agitazé los clelos, y la Tierra serd despla-
sada de su lugar ante la Furia del Sefior de los Fjécitos en el dia de su ardien:
148. David Simmons en convessacién privada con el autor.
49. Heinsich Heine: «Die Harzrelse, en Sdmrliche Werk, vol. 1, Munich: 4, 1969, ppag-20.
50. Isals 13,6; 35,33)
Ante el estruendo de los tambores de la resurrecci6n han apretado, aterrorizados, sus
dos ofdos.*
Ponen los dedos sobre sus ofdos contra los ruenos, temerosos de mori.
i En la imaginacién de los profecas el fin del mundo debia-estar sefiala-
lo por un poderoso estruendo, un estruendo més violento que el sonido
fmés fuerte que podian imaginar: més impetuoso que cualquier tormenta
conocida, més exorbitante que cualquier trueno.
El ruido més fuerte oido en la Tierra del que se tiene memoria
fue la explosin del Krakatoa, en Indonesia, en los dias 26 y 27 de
agosto de 1883. Los sonides Ilegaron tan lejos como para alcanzar
Ie isla de Rodriguez, a una distancia de unos cuatro mil quinientos
kil6metros, donde el comisario informé de lo siguiente: «Varias veces
durante la noche (...] desde el Este Ilegaban las detonaciones, como
los bramidos lejanos de pesados cafiones. Estos estampidos conti-
nuaron a intervalos de entre tres y cuatro horas, hasca las tres de la
madrugada del dia 27». En ninguna otra ocasién se han escuchado
sonidos a tan grandes distancias, y el érea en la que éstos fueron escu-
chados el 27 de agosto consticuyé algo menos de un treceavo de toda
la superficie terrestre. 7
Tan dificil es para el hombre‘imaginar ln ruido apocaliptico como
Gi@aginan un silencio absoluto, Anabas experiencias existen en la teoria
Bata los vivos, pues ambas ponen limites a la vida misma, a pesar de
que puedan génvertirse en objetivos de las aspiraciones de diferences
sociedades. Fl hombre siempre ha tratado de destruir a sus enemigos
a través de_fuidos atroces. Podemos encontrar intentos deliberados de
reproducir el ruido apocaliptico en la historia de la guerra: desde el
choque de los escudos y el tafido de los tambores en la Antigiiedad,
hasta las bombas atémicas de Hiroshima y Nagasaki durante la se-
gunda guerra mundial. Puede que desde ese momento la destruccion
mundial haya disminuido, pero la destruccién sonora no lo ha hecho,
y resulta desconcertante darse cuenta de que el virulento entorno aciis-
tico producido por la vida civil contempordnea deriva de ese mismo
impulso escatol6gico.
ju Vall a-Dto Rest Dine Shams Tibrig 1d (Exe tad, csts Dit de Sharia de Tri
Madrid: Sufi, 2003.)
$2. El Condn (19)
$3. Toe Emption of th Kratos, Informe del Comité de Krakatoa de la Royal ocery, Londres
‘eo, 288, pp. 75-8,Se podrlan afiadir a esta lista otras palabras interesantes, como por
jemplo, estornude: kerchoo (ingl. am.), atishoo (ingl. brit.), achuem (Ar),
Link (uz), kakchun (jap.), acheshi (view), y achis (cast.).
Tales imitaciones estén, por supuesto, limitadas a los fonemas disponi-
yes para su reproduccién en cada idioma concreto, pero si se realizara tal
estudio de una manera diligence, nos podria ayudar a valorar el modo en
uc los rasgos fundamentales de los sonidos naturales son percibidos por
.0s diferentes pueblos.
En el vocabulario onomatopéyico, el hombre se fusiona con el paisaje
sonoro de su entorno reproduciendo sus elementos. Se recibe la impre-
sién y, a cambio, se devuelve la expresién. Mas el paisaje sonoro es dema-
siado complejo para que el habla humana lo repita, por lo que tinicamen-
te en la misica encuentra el hombre aquella verdadera armonia entre su
mundo interior y el exterior, Serd también la misica la que cree sus més
perfectos modelos del paisaje sonoro ideal en su imaginaci6n.
Capitulo uz
EL PAISAJE SONORO RURAL
EL PAISAJE SONORO DE ALTA FIDELIDAD Al tratar acerca
de la ransicién del paisaje sonoro rural al urbano utilizaré los términos
ala fidelidad y baja fidelidad, los cuales necesitaré explicat. Un sistema
deaita fidelidad es aquel que posee una favorable relacién sefial-ruido. El
paisaje sonoro de alta fidelidad es, por lo tanto, aquel en el que los soni-
dos discontinuos pueden escucharse con claridad en razén del bajo nivel
de ruido ambiental. Normalmente, el campo tiene una més alta fidelidad
que la ciudad; la noche, més que el dia; y los tiempos de la Antigiiedad,
mis que los modernos. En el paisaje sonoro de alta fidelidad, los soni-
dos se solapan con menor frecuencia, y existe una perspectiva de primer
plano y de fondo: «[...] él sonido de un cubo en el borde de un pozo y
al restallido de un létigo en la distancia», imagen ésta que utiliza Alain-
Fournier [1886-1914] para describir la acustica de la Francia rural.
El sosegado ambiente del paisaje sonoro de alta fidelidad permite a
quien lo escucha ofr a mayor distancia, de la misma manera que el campo
offece un campo de visién de largo alcance, La ciudad reduce esta habili-
P| dad para escuchar (y ver) a discancia, marcando uno de los cambios més
| importantes en la historia de la percepcidn.
En un paisaje sonoro de baja fidelidad las sefiales actisticas del indivi-
duo se pierden en una sobrepoblacién de sonidos. El sonido claro -como
de los pasos en la nieve, las campanas de una iglesia en un valle o un
animal correteando en la maleza~ queda enmascarado por el ruido de
banda ancha. Se pierde la perspectiva. En una esquina de la ciudad mo-
derna no hay distancia, solamente presencia. Hay interferencias en todos
los canales, por lo que, a fin de poder escuchar los sonidos mas corrientes,
es necesatio amplificarlos cada vez més. La transicién de la alta a la baja
fidelidad en el paisaje sonoro ha ido teniendo lugar paulatinamente a lo
largo de los siglos y serd el propésito de varios de los siguientes capitulos,
en los que evaluaremos cémo ha sucedido.
En el sosegado ambiente del paisaje sonoro de alta fidelidad, hasta
el més minimo alboroto puede comunicar una informacién de vitalimportancia © interés: «El ruido chirriante de una cochera le descon-
centré de su meditaci6n, La veleca de lo alto del tejado daba vueltas: un
cambio en le direccidn del viento que era sefial de una lluvia desastro-
sav.7® Bl oido humano esté alerta, como el de los animales. En un cuento
de Turguéney [1818-1883], en el silencio de la noche, una anciana dama
puede oir alos topos excavando madrigueras: «¥ eso es lo mejor ~reflexio-
na la mujer. No hay que pensar». Pero los poetas reflexionan sobre toda
suerte de sonidos. Goethe [1749-1832], con el ofdo pegado a la hierba,
escribe: «{...] cuando siento muy cerca de mi corazén el zumbido de ese
pequefio mundo entre los tallos, las incontables e inenarrables formas de
los gusanillos, de los mosquitos, y siento la presencia del Todopoderoso
que nos creé a su imagen [...]»."
Desde los detalles mas cercanos a los horizontes més lejanos, los ofdos
operaron con una delicadeza sismolégica. Cuando el hombre vivia casi
aislado o en pequefias comunidades, los sonidos estaban vacfos, rodeados
de manantiales de silencio, y el pastor, el lefiador y el agricultor sabfan
leerlos como pistas de los cambios del entorno,
Los SONIDOS DEL PASTO El pasto era normalmente més tran-
quilo que la granja. Virgilio lo describe bien:
I cercado en que las abejas del Hibla liban la flor del sauce ve invitard freeuente-
-mence con su suave susuero a adormecerte blandamente; de otra, bajo el elevado
risco lanzaré al aire sus conadas el podador y, mientras tanto, ni las corcaces, que
son cuidado tuyo, dejarin de acrullar ni la téreola cesaré en su llanto desde el ele-
vado olmo.**
Como sugiere Lucrecio [99-55 a. de C.J, acaso los pastores aprendie-
ron a cantar y silbar por insinuacién del viento. O de los péjaros. Virgilio
dice que Pan ensefié al pastor «a juntar con cera muchas cafias»"' como
medio para conversar con el paisaje:
78. Thomas Hardy: Far rom the Madding Crowd, Londres: 5
Lejos del mundanal ruide, Barcelona: Alba Editorial, 2002.)
79. Johann Wolfang von Goethe: Las derensura del foven Wersher (rad. cast. Manuel Jost
Gonadler), Madtid: Ediciones Cévedra, 1997, p57.
0, Virgilio: Bude (ad. cast Toms dela Ascensin Reve), Madtid: Gredos, 2010p. 36.
8, Ibfdem, p42.
1920, p. 251 (Exlste trad, cae.
”
Es dulce el rumor del pino, cabrero, s, aquel que junto a las fuentes susurra; mas tam-
bién con dulce son tocas ti la Aauta. (..]
(Ms dulce es, pastor, tu canto, que ese murmullo con el que el agua va vertiéndose de
lo alto de a roca.” 3
Como nos muestran los Idilios de Teécrito y las Bucélicas de Virgilio,
los pastores tocaban el caramillo los unos para los otros con el fin de
pasar las horas de soledad, y la delicada misica de sus canciones forma
quizis el primero e, indudablemente, més persistente de los arquetipos
sonoros producidos por el hombre. Siglos de caramillo han dado lugar
a un sonido referencial que todavia indica la serenidad del paisaje pas-
toral de manera clara, a pesar de que muchas de las imagenes lirerarias y
sus mecanismos estén empezando a desaparecer. La pastoral estd siempre
interprecada en solos por instrumentos de viento de madera. Este arque-
tipo es tan evocador que incluso un compositor tan grandilocuence como
Berlioz (x803-1869], en el tercer movimiento de su Symphonie fantasti=
que, reduce su orquesta a un ducto de corno inglés y oboe para trasladar-
nos con dulzura al campo.
En el silencioso paisaje campestre, los claros y dulces ronos del cara-
millo del pastor asumieron poderes milagrosos. La naturaleza escuchaba
para responder después amablemente: «Todas las cosas que en otro tiem-
po, cuando cantaba Febo, las escuché el feliz Euroras y las hizo aprender
a sus laureles, las canta aquél, Sileno (y los valles heridos devuelven el
eco hacia los astros), hasta que el Véspero ordené recoger las ovejas en
Jos establos y contarlas y avanz6 hacia el Olimpo pesaroso»."® Teécrito
fue el primer poeta en hacer que el paisaje reprodujera los sentimientos
de los caramillos de los pastores y, desde entonces, los poetas pastorales
han estado imitandole. «jTitiro! Recostado ti bajo la fronda de una ex-
tendida haya ensayas pastoriles aires con tenue caramillo; (...] vi, Titiro,
despreocupado a la sombra, ensefias a las selvas a repetir el nombre de tu
hermosa Amarilis», dice Virgilio. Para comprobar la recurrencia de este
milagroso poder en la miisica, habremos de esperar a la llegada de los
roménticos en el siglo xx.
El paisaje sonoro pastoral descrito por los poetas antiguos prolongs
su existencia hasta el siglo xx, Alain-Fournier lo describe en el Ambito
francés: «De ver en cuando, la remota voz de una pastora o de un nifio
2, Tebcrto, ilies, ed, cit p26
85. Virgilio: Bucélca, ed. ct. vt p. 78.
4. Tbidem, p. 33
Bllamando a su compaficro desde un grupo de abetos a otro se alzaba en
medio de Ja gran calma inmévil de la tarde». La coyuntura entre el
pueblo y los pastos es captada de manera muy atractiva en la siguiente
descripcién de Thomas Hardy [1840-1928]:
EI pastor de le colina oriental podia informar a gritos sobre una paricién al pastor de la
colina occidental porlo alto de las chimeneas del pueblo, sin menoscabo de su vo, de tanto
como los empinades pastos invadian, pricticamente ls patios traseros de las casas del pue-
blo. Yporla noche, ea posible ponerse en el centro mismo del pueblo y escuchar, proceden-
‘tes de sus cozrales en las pares mas bajas del verde, los apacibles mugidos de las vaquillas de
Jos ganaderos y los profundos y célidos resuellos que se permiten aquellas crianuras.
Los SONIDOS DE LA CAZA Un arquetipo sonoro bastante di:
ferente ha llegado hasta nosotros a través de la caza. Con heroicos y be-
licosos tonos, la trompa de caza atraviesa la penumbra de los bosques.
Casi todas las culturas han utilizado algin tipo de trompa asociado a la
guerra y la caza. Los romanos empleaban un cuerno anillado, consistente
en un tubo cénico, como instrumento de sefializacién para sus ejércitos,
y existen numerosas alusiones a él en Dion, Ovidio y Juvenal. Pero con el
declive romano, el arte de fundir metales parece que desaparecié, y junto
a este, también un sonido impar. Cuando «Sigmundo tocaba el cuerno
que habia pertenecido a su padre para alentar a sus hombres»,"” era un
cuerno de animal el que utilizaba. Lo mismo aparece en las pdginas del
Cantar de Roldén, Pero ya en el siglo xv la técnica del fundido de merales
se habia recuperado, por lo que sus brillantes y metilicos tonos empeza-
ron a resonar por toda Europa.
En el siglo xvi el cor de chasse ya habia adoptado casi por completo su
cardcter definitivo, adquiriendo de manera precisa una especial trascen-
dencia en todo el paisaje sonoro europeo, una trascendencia que ha per-
durado hasta tiempos recientes. En la época en que la caza era habitual,
el campo apenas se vio libre de los toques de trompa, cuyo intrincado
cédigo de sefiales debié de se ampliamente conocido y comprendido.
Comoquiera que el cor de chasse cra un tubo progresivamente ensan-
chado, capaz de emitir un ntimero limitado de arménicos, sus diversas
45. Alain-Fourniet: Le grand Meeulnes, Paris: Le Live de Pache, 2008, p. 36. Existe trad. cast: El
474n Meculne, Madeid: Ediciones Cétedra, 2000.)
436, Thomas Hardy: Fellow Townrmen, en Wesre Tales, Londses ry 19th, pH
87. Sage de los vedrungos, ed. cit p. 20.
sefiales se caracterizaban tanto mds por su ritmo que por su melodia.
Los diferentes cédigos que se han preservado son de una complejidad
considerable y, por supuesto, vasfan mucho de un pais a otro, Pueden
clasificarse en los siguientes:
1, Toques breves previstos para jalear a los perros de caza, dar sefiales de aleta, solictar
ayuda o indicar las circunstancias de la caza.
2, Una fanfatia espectica para cada animal (varias para el ciervo, dependiendo de su
tamafo y del de sus asta).
3. Tonos elaborados para iniciar 0 terminar la caza, 0 producidos como signos especia-
les de alegria.
‘Tolstéi hace una buena descripcién de la naturaleza festiva de la caza
en Rusia:
Después del ladrido de los perros se oy6 el ronco cuerno de caza de Danilo, que avisa-
ba ls presencia del lobo. Toda la jaurfa se habia unido a los tres primeros perros y un
prolongado aullido les dio a conocer que ya iban cerea, Los ojeadores ya no buscaban
|a fiera, se limitaban 2 gritar, excitando a los perros. Todas las voces eran dominadas por
la de Danilo, tan pronto grave como aguda y estridente, que pareca llenar el bosque y
extendere a lo lejos por el campo."
Las memorias de una joven de nuestra época muestran la sélida cra-
dicién de la caza que se mantiene ain hoy dia en el norte de Alemania:
‘Todavia estaba bastante oscuro cuando uno de los cazadores inauguré ceremonioss-
‘mente la caza con la fanfartia de su trompa. A menos que la extensién de terreno en la
aque iba a cazarse fuese un campo abierto, a inica forma de comunicacién entre cazado-
res y batidores era mediante sefiales de trompa. Durante la formacién de la manga, en
{a cual los cazadores embudaban el 4rea por tes laterales y los batidores por un cuarto,
todo el mundo permanecta en silencio para no asustar a los animales, El silencio fue
‘quebrado por la sefial de la trompa, a la que respondié el terrible y penetrante bocinazo
de una trompeta de una sola nota (que parecia una trompeta de juguete), tocada por
tuno de los batidores. Empezamos a atacar el terreno con cascabeles, cachartos, todo
tipo de objetos cuidosos y gritos de todas las modulaciones posibles. Asustadas por el
ruido, se armé un gran revuelo entre codas las eriaturas, que fueron ojeadas fuera de sus
tefugios en direccién a los ezzadores. Como éramos nifios, nos gustaba armar el mayor
ruido posible, Al final del df todo el mundo se agrupaba alrededor del trompecero para
88, Ley Test: Guerra pa (rad cast. Gala Asis Rubio), Barclona: Deboilo, 2009, p36.escuchar los toques por los animales muertos. Existfa una sefal para cada animal, y
recuerdo que la del zotzo era la més bella, mientras que la del conejo era a més corta y
simple. A tltima hora del dia, en la oscuridad del final de la tarde, la caza se terminaba
con una alegre y casi erunfal fanfurria.®
La wompa de caza nos obsequia con un sonido de gran riqueza se-
méntica. Por un lado, sus sefiales proporcionan un e6digo que quienes
participan de él comprenden. Por otro lado, adquiere un significado sim-
bélico, sugiriendo espacios libres y la vida natural del campo. También
he hablado del cuerno de caza como un sonido arquetipico. Solo los sim-
bolos sonoros que se repiten en el decurso de los siglos pueden adquirir
la dimensién de unirnos con un patrimonio ancestral, proporcionando
continuidad en los niveles de conciencia més profundos.
LA CORNETA DE POSTA Quo sonido de cardcter similar que
estaba omnipresence en el contexto europeo era la corneta de pos-
ta. También persistié a lo largo de los siglos, ya que comenzé en el
siglo xvr, cuando la casa principesca de Thurn y Taxis asumié la ad-
miniscracién de correos y, conforme las cutas postales se fueron exten-
diendo desde Noruega hasta Espaiia, también lo hizo el sonido de la
corneta de posta hecho referide por Cervantes [1547-1616]-" En
Alemania las iiltimas cornetas de posta se escucharon en 1925.°! En
Inglaterra la corneta de posta se utilizé hasta 1914, cuando el correo
entre Londres y Oxford era transportado por carretera los domingos.
En Austria las cornetas se escucharon hasta después de la primera gue-
rra mundial, ¢ incluso en la actualidad, de acuerdo con el articulo
* 2g de la Regulacién de Correos austrfaca, no se permite a nadie que
toque la corneta de posta, realzando por lo ranto el simbolismo senti-
mental del instrument.
La corneta de posta también empleaba un cédigo de sefiales preciso
para indicar los diferentes correos (répido, normal, local, paquetes), asf
como llamadas especiales de llegada, partida 0 socorro e indicaciones
para el mimero de carruajes y caballos, de suerte que las distintas oficinas
pudieran recibir avisos de antemano. En Austria, a un reclura se Je daban
89, Hildegard Werteskamp en conversacién privads con el autor,
90. Don Quijote de la Mancha, parte, cap. 1001v. IN. del E.]
‘9% Conversacién privada con el Deutsches Bundesministerium firdas Postnd Fernmeldewesen.
92 Dr. Ernst en conversacién privada con el autor
seis meses para aprender las sefiales y, de no hacerlo, se le expulsaba:
En las callejuclas y a lo largo y ancho del paisaje rural se ofa la corneta de posta, en las
aldeas y los callejones de las ciudades, en las puertas de os castllos encaramados en le
aleo y en los monasterios de los valles. En todas partes se reconocfa su sonido, en todas
partes era recibido con alegela. Tocaba todas las cuerdas del corazén humano: I espe-
ranta, el miedo, la afioranza. Despertaba con su magia todos los sentimientos.”
‘Asi pues, el simbolismo de la corneta de posta actué de manera dife-
rente a la del cuerno de caza. No transportaba a quien la escuchaba al
campo, sino al contratio: trafa a casa noticias de lugares remotos. Tenia
un cardcter més cenerfpero que centrifugo, y sus tonos nunca eran tan
agradables como cuando entraba en el pueblo repartiendo sus cartas y
paquetes a quien los esperaba.
Los SONIDOS DE LA GRANJA En comparacién con la sosega-
da vida de los pastos y las estridentes celebraciones de la caza, el paisaje
sonoro de la granja proporciona una agitacién general de actividades.
Cada animal posee un ritmo propio en el que se alternan los sonidos y el
silencio, el despertar y el reposo. Si el gallo es el exerno despertador, el pe-
10 es el primer telégrafo, pues gracias a sus ladridos, los cuales pasan de
una granja a otra, uno sabe que un intruso ha penetrado en su propiedad.
Muchos de los sonidos de la granja son pesados, como las tardas y
pliimbeas pisadas del ganado y de los cascos de los caballos de carga. Los
pies del labrador también se mueven lentamente. Virgilio nos habla de
los «pausados y robustos carros» de los trilladores y del wdesmedido peso
de la narriay. Asimismo, nos ofrece un interesante cuadro acistico de una
hacienda italiana al anochecer:
De noche se siegan mejor los leves sastrojos y los secos prados; de noche munca falta
alin relente, Unos emplean las largas veladas de invierno en rallar con agudo cuchillo,
al amor de la humbre, las teas en forma de espias, mientras, aiviando con el canto su
large faena, recorre la esposa su tele con el sonoro peine, o hace cocer al Fuego el dulce
artope, y espuma con una rama el ealdo de la hirvienteolla.*
9. Karl Thieme: «Zur Geschichce des Porchornss, en Pesthornechule und Pesthorn
Taschenliederbuch (ed. Friedrich Gumbert), Leipag: s.r 1908, pp. 6-7.
94. Vitgilio: Geérgices, ed. cts p. 7.Algunos de los sonidos de la granja han cambiado poco a lo largo de
los siglos, de modo especial los que evocan los sonidos del trabajo pesado.
Igualmente, las voces de los animales han otorgado consistencia al tono
del paisaje sonoro del laboreo. Pero también los hay que son verndculos.
Recuerdo algunos de mi propia juventud. El primero que me viene a la
cabeza es el de batir la mantequilla. Después de haber estado movien-
do con fuerza la mantequera durante media hora o mds, tenfa lugar un
cambio casi imperceptible en el tono y la textura conforme la crema, que
gorgoteaba, se transformaba paularinamente en mantequilla. La bomba
manual, cuyo uso esta ahora también en declive, agita los recuerdos de
mi juventud, tiempo en el que era una marca sonora, si bien en aque-
lla época yo apenas le prestaba atencién. Habia otros también, como el
omnipresente graznido de las ocas 0 el abejorreo clamoroso de la puerta
mosquitera. Durante cl invierno se escuchaban las macizas pisadas de las
botas de nieve en la entrada principal, o los gritos de la gente que montax
ba en trineo por las carreteras campestres atestadas de nieve. En el silen-
cio de la noche invernal podia escucharse un repentino crujido al saltarse
el lavo de un tablén en medio del intenso frio. ¥ estaban también los
pedales que se escuchaban repetidamente en el tiro de la chimenea du-
ante las noches de viento. Luego estaban los ritmos regulares, como el
del gong que nos llamaba a cenar, o el runrin del molino de viento que
Jas mujeres ponfan en marcha cada dia a las cuatro de la mafiana a fin de
extraer agua para el ganado, que volvia 2 esas horas.
He definido el sonido ténico como un sonido regular que apuntala otros
acontecimientos sonoros més fugitivos 0 novedosos. Los sonidos ténicos
de la granja eran muchos, pues la agricultura y la crianza de animales cons-
tituyen una vida de pocos cambios. Los sonidos ténicos pueden influir so-
bre el comportamiento de la gente o establecer ritmos que son transporta-
dos a otros aspectos de la vida. Un ejemplo de esto nos bastard. En la Rusia
de Tolstéi los campesinos guardaban piedras de afilar en cajas de estafio
que ataban con correas a sus cinturas, y el repiquetco ritmico de estas cajas
formaba un sonido t6nico durante los meses de la sicga del heno:
1a hierba cala con un sonido blando bajo el flo de las guadafas, y quedaba amonto-
nada en altos haces, de los cuales exhalaba un fuerte aroma. Los segadores trabajaban
esforzadamence, muy juntos el uno del otro, No se ofa mds que el intinear de los pores
de lata, el chirrido de las piedras al afar en ellas las puadafas el ruido de éstas al chocat,
+y los alegres gritos de los hombres en constante actividad.”
- Lev Tolsibi: Anna Kardnina, ed. cits p. 336.
Al volver de los campos, los ritmos de la jornada laboral continuaban
en el canto:
Las campesinas, con sus rastillos a los hombros,alegres con sus llamativas ores, par-
loteando con voces sonorasllenas de regocijo, caminaban tras las cartetas. La vor inex
perta y desaforada de una mujer sompié a cantar, entoné un verso a soles que luego
fue retomado y repetido por cientos de contundentes y saludables voces de todo tipo,
burdas y delicadas, todas cantando al unisono [...]. Toda la pradera y ls lejanos cam-
os parccian temblar y cantar al son de aquel canto agreste y jubiloso con sus gritos,
silbidos y palmeos.
Rusia no es, desde luego, el tinico lugar donde Jos ritmos del traba-
jo han sido esculpidos en el de los cancos populares, pues las canciones
tadicionales que acompafian el trabajo poseen un fuerte énfasis. Esto
queda més claro si comparamos la musica del labrador con la ligereza del
caramillo del pastor. Creo que no seria exagerado seftalar que el hombre
sélo descubre Ja cadencia y lo lirico de la musica en tanto en cuanto se
libera del trabajo fisico.
EL RUIDO EN EL PAISAJE SONORO RURAL E! paisaje so-
noro rural era tranquilo, pero experimenté dos profundas interrupciones
actisticas: el ruido de la guerza y el ruido de la religion,
Virgilio, cuya vida se vio a menudo incerrumpida por las guerras r0-
manas, se lamenta de estas intrusiones en la vida pastoral:
(eta vida hacla en la clera el dureo Sacurno, Nose ofan entonces esonas lo bélicos
dlarnes ni techinar las espadas pueseas en los duos yunques?”
Para Virgilio los sonidos de la guerra estaban hechos de latén y hie-
sro, una imagen aciistica que ha permanecido inalterada hasta hoy, a la
que s{ que habrfa que afadir las explosiones de pélvora desde el siglo
sav en adelante.
La literatura mundial esté repleta de batallas. Los poetas y cronistas
han parecido estar siempre pasmados ante el ruido que aquellas produ
clan, El poeta épico persa Firdusi [935-1020] es un caso tipico:
96. Ibidem, p. 251
97. Vicglio: Gebrgicas, ed. cit. 1, p. 103Ante los gritos de los demonios y el ruido producido por el polvo negro alzindose,
ante el tronar de los tambores y cl relincho de los caballos de guerra, las montaiias se
ddesgarraron y la tetra se abrié en dos. Ningiin hombre habia visto jamés un combate
tan encarnizado, Vigoroso era el ruido del choque de ls hachas de guerra y el chischés
de espadas y fechas, La sangre de los guerreros torné el péramo en pantanal, y le tierra
parecié un mar de brea cuyas olas estaban formadas por espadas, haches y fechas *
Los cjércitos engalanados para la batalla presentaban un espectéculo
visual, pero Ia batalla era propiamente actistica. AI ruido del choque de
metales, cada ejército afadia sus propios gritos de batalla y sonidos de
tambores en un intento por asustar al enemigo. El ruido era una estrata-
gema militar deliberada. Los generales griegos lo recomendaban: «Uno
deberfa enviar a la batalla a su ejércico gritando y, en ocasiones, corrien-
do, porque su apariencia y sus gritos junto con la colisién de las ar-
mas~ infunden pavor en el dnimo del enemigo».%® En Ticito [ea, 55-120]
encontramos una interesante descripcién de un canto de guerra llamado
baritus en una guerra germénica:
Mediante su interpretacién no solo encienden sus Animos, sino que escuchindolo,
se puede prever el decenlace de Ia batalla que se avecina. Pues o aterraban a sus
adversarios o a ellos mismos segin la naturaleza del ruido que hacian en el campo
de batalla, al cual no consideraban como un mero conjunto de voces cantando,
sino como un unitono canto de bravura. Lo que concretamente persiguen es un
bramido violentamente intermitente, para lo cual sostienen sus escudos frente 4
sus bocas de manera que el sonido se amplifique en un crescendo més profundo en
raa6n de la reverberacién."*
Cuando los moros atacaron Castilla en 1085, emplearon a tambori-
leros africanos, que segin el Cansar de mio Cid, jams se habian escu-
chado en Europa. El ruido aterré a estos cristianos, pero el buen Cid
Campeador apacigué a sus ¢jércitos, prometiendo caprurar esos tambores
para entregarselos a la Iglesia. La asociacién del ruido con la guerra y la
98. Hakim Abdul-Qisim Fisdusi: The Epic of the Kings (Shib-ndma) (rad. ingl. Reuben Levy),
‘Chicago: sm. 1967. p57. (Existe trad. cast £1 bro de lor reyes, Madrid: Alianza editorial, 2011)
99. Onansander: The General (trad. ingl. William A. Oldfather y ott), Londres fm. 1923,
a7
{oa Cayo Cornelio Tico: Germania (aad_ tng H. Macingy y S. 8. Handfod),
Harmondmworth, Middlesex: 2m, 1970, p. 103. (Bxiste trad. eat: Agricola, Germania, Diéloge
sobre los oradores, Madtid: Gredos, 2001.)
religién no fue fortuita, y en este libro encontraremos razones suficientes
para reunir a una y a otra. Ambas actividades son escatoldgicas y, sin
duda, la conciencia de hecho subyace en la extrafia doblez de la palabra
latina bellum («guerra») con [Link] aleman y el inglés antiguo bell(¢)
(«producir un ruido fuerte») antes de su impresién final en el instrumen-
to que dio al cristianismo su sefial actistica.'
Otro ejemplo més reforzard el vinculo entre religién, guerra y ruido,
ya que se trata de la descripcién de una batalla religiosa que parece haber
sido luchada exclusivamente a través del sonido:
Eran las tres de la madrugada del 14 de agosto de 1431 cuando los cruzados, que
estaban acampados en el Ilano entre Domazlice y Horsuv Tyn, recibieron la noticia
de que los husitas, bajo el
‘Aun cuando los bohemios estaban todavia a unos seis kilémewes, ya se escuchaban
el traqueteo de sus carros de guerra y el canto de «Todos los guerreros de Dios» co-
reado por la multitud. El entusiasmo de los cruzados se desvaneci6 con una rapidez,
orprendenee.(...] El campamento germano estaba sumido en el desconcierto. Los
jinetes iban y venfan por todas partes en tropel, y el traqueteo de los carros vacios
mientras eran ahuyentados ahogé casi por completo aquel terrible canto. [-.] Asi
finalizé la cruzada bohemia."
azgo de Prokop el Grande, se estaban aproximando.
Lo que estoy tratando de argumentar a través de las diferences descrip-
ciones de estas paginas es que, pese a que el paisaje sonoro original era,
por lo general, tranquilo, estaba, no obscante, deliberadamente salpicado
por los aberrantes sonidos de la guerra. Mas existia ira ocasién en la
que solfa haber un fuerte ruido: la celebracién seligiosa. Era entonces
cuando salian a la luz sonando vigorosamente el estrépico, los cambores
y los huesos sagrados, creando lo que para el hombre cortiente era, con
toda seguridad, el acontecimiento aciistico més importante de la vida
civil. No cabe duda de que estas actividades eran una imitacién calcada
de los aterradores sonidos de la naturaleza que ya hemos visto, pues como
aquellos, éstos tenfan origen divino. El crueno fue creado por ‘Thor 0 por
Zeus, las tormentas eran combates divinos, los cataclismos eran el castigo
de los dioses. Recordemos que, al principio, la palabra de Dios llegé a
través del oido, no del ojo. Mediante la reunién de estos instrumentos y
la produccién de un ruido extraordinario el hombre albergé la esperanza
dealcanzar el ofdo de Dios.
rot Se refiere ala campana, en inglés bell (M. de le T]
102. HG, Wells: Te Ousline of Fistor, Nueva York: . m., 1920, p. 20.EL SONIDO SAGRADO Y EL SILENCIO SEGLAR A lo lar-
© de sus voluminosas Mitolégicas I el antropélogo Lévi-Strauss [1908-
009] desarrollé una teorfa en la que sittia al ruido paralelamente a lo
agrado; y al silencio, en la misma relacién con lo profano.!” El razo-
amiento de Lévi-Strauss, considerado desde la perspectiva privilegiada
le un mundo moderno plagado de ruidos, puede parecer oscuro, pero
os estudios del paisaje sonoro ayudan a esclarecerlo. El mundo profano
, si no del codo silencioso, sf tranquilo. Y si pensamos en el ruido en
u sentido menos peyorativo, es decir, como cualquier sonido fuerte, la
sociacién entre el ruido y lo sagrado resulta més facil de interpretar.
En las paginas de este libro descubriremos que un cierto tipo de ruido,
il que ahora llamaremos Ruido Sagrado, no solamente estaba ausente de
as listas de sonidos desterrados que las sociedades establecian de vez en
cuando, sino que, en realidad, era deliberadamente invocado como rup-
rura del tedio producido por la tranquilidad. Samuel Rosen lo confirms
al estudiar el clima acistico de una tranquila aldea tribal de Sudan:
Por lo general, el nivel de sonido en las aldeas ¢s menor a 40 dB en la excala C del metro
de niveles sonoros, excepto, alguna que otra vez, al amanecer 0 un poco después de &te,
‘cuando un animal doméstico ~como un gallo, cordero, vaca 0 paloma~ se hace eseu-
char, Durante seis meses al afo llueve torrencialmente unas tres veces por semana, con
uno 0 dos truenos. Algunos hombres se dedican a la realizacion de tarcas productivas,
como golpear las hojas de las paimeras con garrotes de madera. Pero la ausencia en las
inmediaciones de superficies altamente reverberantes como paredes, techos, suelos,
mobiliasio, etc. explica, en principio, los niveles de baja intensidad medidos con ol
metro de niveles sonoros: 73-74 dB en el oido del trabsjador.‘™
Los ruidos mas fuertes (por encima de too dB) se midieron mientras
5 aldeanos cantaban y bailaban, lo cual ocurria principalmente durante
| periodo de dos meses en que se celebra la cosecha primaveraln, es de-
, durante una fiesta religiosa
En [a cristiandad lo divino era seftalizado mediante a campana ecle-
stica, lo cual no era sino la prolongacién, més cardia, del mismo im-
so clamoroso que anteriormente habfa sido expresado por medio de
Fie de advertir al lector que Lévi-Strauss mé sefalé que la teora del sonido sagrado desa-
mda en estc libro, sticne poca relacin, si es que la tiene» con lo que él habla escrito. Sin
x 1g0, he de concederle el mérivo de haber inflamado mt imaginacin
Samuel Rosen y oczos:
(slo que era horrendo fe»), dice Chastelain. Sonner Lffay, faire
‘Tefficy quiere decie srepicar la campana de alarmax. Cun ensordecedor debe de haber
sido el repique de todas las campanas de todas las iglesias y conventos de Paris, desde
la mafiana hasta la noche ~¢ incluso durance rods la noche~ con ocasién de haber sido
clegido un Papa que iba 2 poner final ciem, © porque se habfa firmado la paz entre
el Borgofiéa y el Armagnac.
Una amplio abanico de campanas y de catillones estaba especialmente
en boga en los Paises Bajos, donde enfurecian a Charles Burney (1726-
1814] en sus viajes por Europa: «La gran ventaja de este tipo de miisica es
que entretiene a los habitantes de una ciudad entera sin que se hayan de
molestar en desplazarse a un lugar determinado para escucharla».! Sin
embargo, a una distancia adecuada, las campanas de una iglesia nos pue-
den resultar enormemente evocadoras, ya que los estridentes cuidos de
sus badajos se pierden y adquieren un fraseo de Jegaso que las corrientes
de viento o el agua modulan din4micamente, de modo que unas campa~
105, Johan Huizinga: El otc de le Eded Media (rad, cast: Jost Gaor y Alejandro Rode(guez de lt
Peiia), Madrid: Alianza Editorial, 2005, pp. 14-5.
106. Chatles Burney: An Eightcenth-Century Musical Tour in Central Europe and the Netherlends,
vol. u, Londres: 5. 2, 1959: p. 6.
nye
nas, aun siendo muy simples o de mala calidad, nos pueden proporcio-
nar una escucha agradable. Quizés no exista otro sonido que se beneficie
tanto dela distancia y la atmésfera. Las campanadas de la iglesia son un
sonido complementario de las remotas montafas, envueltas en una ne-
blina gris azulada. Recorriendo un camino similar al de Charles Burney,
pero bordeando los ros y canales y evitando las ciudades, Robert Louis
Stevenson [1850-1894] experimenté el sonido de las campanas de iglesia
transformadas de la siguiente manera:
Al otro lado del valle un grupo de tejodos rojs y un campanario se asomaron entre el
follaje, Desde all alin inspicado campanero hizo que la tarde se convitiera en misica
con un repique de campanas. Habia algo muy dulce y atactivo en el are que rocaba, y
pensamos que jams habfamos escuchado unas campanas que hablasen de manera tan
inteligibl © que cantasen tan melodiosamente como &ts.[..]
Sucle haber en la vor de las campanas una nota amenszante, un timbre flagrante y me-
tilico, que me hace pensar que obtenemos de ellas mis dolor que placer al excucharas
Pero aquella que excuchamnos cn su sonido, or2 2gudo, ora grave, ora iembuido de una
cadencia quejumbrosa que envoivia nuestros ofdos como el peso de una cancién popu-
las fueron siempre moderadas y melodionas, y parecan formar fila con el espititu de
los ugazestranquilosy résticos, como el susurro de una cascada o el murmullo de una
colonia de grajos en primavera."
Dondequiera que los misioneros llevaron el cristianismo, la campana
hhubo de seguirlos, demarcando actisticamente la civilizacién de la patzo-
quia y la tierra salvaje, la cual quedaba més alld de donde alcanzaba su
sonido." La campana era un calendario actistico que anunciaba fiestas,
nacimientos, bodas, incendios y revueleas. En Salzburgo, desde la habi-
acién de un pequefio y antiguo hotel, escuché incontables campanas
repiqueteando muy quedamente, mas de lo que habria cabido esperar,
por lo que cada vex me adelantaba unas décimas de segundo a la realidad.
En San Miguel de Allende, en México, recuerdo ver a los reclusos en el
campanario mientras ponfan en marcha las gigantes campanas golpeando
sus anillos sonoros con pesados y torpes movimientos.
107. Robert Lous Stevenson: An Tnland Vnage, Nueva Yor: ss 1954 pp to-th, (Existe tad.
caste Navegar tera adeniro, Madi Alhent, 2007.)
108, Es caracersico dels fes musulmana yersana el poser importanes mecanismes de sei
lac, algo de lo que la religién judi, que noes misionea, cree.68
“wh d s661 ody ede
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wsozi0} 9p vorugi FOU LUN PUNO UPPED URE Ns op oUNH aIuEsOUT P
‘qeurwygns pare un 9 osnppuy orad ‘seopspoe sopeyas wos sepeuedures
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oon] anb wu10y upemund ap soudis soun “esp fe sooan mais sepryea
1s UtIqop sonaIseUOU! soy 2p seuedure> sef fend e] 2p PNAsTA UD zy
opeisisep "qzy ouerurqs eded ja 11a offs Jp Uo eA
-gyord jeuy un £ (onsyr) en un *(upEe2s> e}) eppzed ap om
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ap (oper je us sopeuny “oorupoour fopar yo ceadoana uppezyiar x] ered
viouenodust wesd op oo1uop omuaaut un ¥ giun as wisa[St op vuedures
2] opuens arx offis 2 atuemp ang MTL, TEC OGINOS ‘TH
ouonos sivsive 73sobrevivié, conforme a las inntimeras alusiones a éste que hallamos en
coda la lireracura de la Alta Edad Media.
Que en los molinos no solo se molia el grano, lo avestigua, ya a prin-
ipios del siglo x19, la existencia de molinos papeleros y aserraderos. Por
aquel entonces, los molinos ya habjan transformado las m&quinas de mo-
ler de los armeros, més tarde formando parte de las méquinas martillea-
doras y cortadoras de las fundiciones. Esta es la raz6n por la que muchos
burgos fueron fundados a orillas de trios 0 arroyos, donde se podia dispo-
ner de energia hidrdulica:
Ald donde el fo se convertfaten un arroyo habia dos o tes molinos. Sus edas parectan
CAR dar vucias una tras otra, salpicando agua como eontuclas, Solla quedarme all daran-
te muchas hors, vidadolos y lanzando guljaros en les cascadat para velo, primero,
rebocar y, despuds, carrie desapareciendo bajo la curva girante de la cued. Desde los
smolinos llegabs el ruido de las ruedas, el eanto de los molineros, I algezar de los nifioe
yeel conscante chirtido de la cadena sobre el hoger mientras se removla [a polenes. Lo
s€ porque el humo que venla desde la chimenca siempre precedia el acontecimiento
de esta nueva y estridente nota del concierto universal. Frente los molinos habla un
continuo ir y ven de sacos y iguras cubieras de harina, Las mujeres de ls adeas de
Jos alrededores venfan a charlar con las moledoras mientras éstas molian eu grano, Entec
‘anco, pequetios burros, libres de sus cargas,disfeuraban con glovonerta del salvado que
les era preparado como segalo cuando haclan salidas hacia los molines. Cuando ter-
‘minaban, empezaban a rebuanar,estirando las otejas y las patasalegremente. El perro
del molinero ladtaba y correeaba alrededor de ellos con craviesosasltos y defensas. Te
seguro que era realmente un ambiente muy alegre y no pude pensar en nada mej"*
Para aquellos que vivian en el propio molino, la vida nunca estaba
desprovisca del «golpeteo» (palabra de Thomas Hardy) de la gran rueda, a
la cual respondian fasfullando receptivamente las pequefias, produciendo
una «remota similitud al diapasdn parado de un érganov."? Ms tarde, el
molino ~equipado ahora con un estridente silbato- empead a asumir un
papel mds dominante. Saltemos, por un momento, a 1900, ala descrip-
cién de Driomoy, Rusia, en palabras de Maxim Gorki: «Al despertarse en
la penumbra perlada de un amanecer otofial, Artamonov padre solia es-
cuchar el toque convocador de! silbato del molino. Media hora después,
comenzaba un infatigable murmullo y susurro, el acostumbrado sordo,
112. Ippolito Nievo: Confesions of an Octogenarian, 867, cit. por Marco Valsecci, ep. ct, p. 184.
(Esinte trad, casts Confiuiones de un italiano, Barcelona: Acantledo, 2008.)
3. Thomas Hardy: The Trumper-Major, Londres 1920, P- 2
0
ar auaco 414 c1uDAD
pero poderoso, murmurio de las fuenas».!" Otro sonido que no cesaba
alo largo del dia y que alcanzabe el ofdo de la mayoria de los habitantes
de las primeras ciudades era el del herrero: «...] los sonidos no podian
haber sido més nitidos de haberlos arrojado al interior de un profundo
ozo, De la herserfa (...] salla un tan, tan. Una abeja zumbaba perezo-
samente. Annie cantaba en su cocina [...J, los vstagos de los cabesteos
producfan un impaciente y pequefio tintineo. Tan, tan, sin, tan, tan, con-
tinuaba el martllo de Ab sobre el yungues."”?
Es imposible darse cuenta de la diversidad de los sonidos del herrero
sin visitar una fragua en activo. Ningiin yunque de museo puede evocar
su sonido, pues cada tipo de trabajo tiene su propia mécrica y sus propios
acentos. Durante un viaje de grabaci6n por Europa tuvimos la suerte de
convencer a un herrero suabo y a su ayudante para que encendiesen su
fragua abandonada y nos ensefiaran su técnica. Fosjar guadafias se tra-
ducla en una serie de golpes pequefios y répidos, seguidos por breves
pausas de inspeccién. En comparacién, el labrado de hetraduras indujo
al asistente a golpear el metal fuertemente con una almédena, mientras
{que el herrero, con un pequefio destajador para darle forma, golpeaba el
metal a un ritmo desacompasado. Su métrica, organizada en tercetos, es
de la siguiente manera:
ipotits pnp Dg
herrero
EE
Cuando el herrero deseaba un mayor afilado del corte de la guadafia,
daba un pequefio golpe en un lado del yunque con dos répides toques:
syudente py 1s,
“ ot
Uno tiene que experimentar esto para apreciar cudn hébilmente el he-
rrero se acezcaba y se alejaba al labrar el metal en medio de los fuerses y
continuos golpes de su ayudante. Medimos el sonido a mds de 100 4B, y
Jos habitantes de las afueras del pueblo declararon que solian escuchar el
114, Maxim Gotld: The Artemanovs, Mosci: & m, 1952, p. 404. (Exit trad. casts Lor Artamonen,
Madrid Aguilar, 1958.)
tas, W. O. Mitchell: Whe Has Seen she Windl, ed cits p. 240
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‘eonor aivsia TyEl romanticismo comienza con el crepuisculo y fnaliza con la electri-
cidad. Cuando llegé la era de la electricidad, Jos tltimos roménticos ya
habfan plegado sus alzs. La miisica descarté el nocturno o Nachstick, y
a partir de los salones impresionistas de 1870, la pintura emergié en una
Juz diurna de veinticuatro horas.
No es de esperar que entre los antiguos encontremos una mayor can-
tidad de testimonios reveladores relativos a los sonidos de las velas 0 de
las antorchas, que la cantidad de elaboradas descripciones que hallamos
entre los modernos referentes al zumbido de 50 6 60 Hz, pues aunque
cada uno de esos sonidos esté presente de manera ineludible en su épo-
ca respectiva, se trata de notas tonicas y, como me estoy csmerando cn
explicar, las notas ténicas rara vez son éscuchadas de manera consciente
por aquellos que viven entre ellas, ya que son el fondo sobre el cual la
figura de las sefiales se vuelve conspicua. Los sonidos ténicos son, sin
embargo, percibidos cuando cambian y cuando desaparecen por comple-
to: es entonces cuando se los recuerda con carifio. Asi, recuerdo la vivida
impresin que dejé en mi la primera vez que estuve en Viena, en 1956,
cuando escuché las susurrantes luces de gas en las calles de los arrabales 0,
cen otra ocasién, el enorme silbido de las limparas Coleman en los bazares
sin electricidad de Oriente Medio, que al final de la tarde sonaba velando
el burbujeo de las pipas de agua. De manera similar, pero al contrario,
cuando la heroina de Doctor Zhivago llega por primera vez a Mosci tras
haber pasado su infancia en los Urales, los chatros escaparates de las tien-
das con sus cegadoras Iuces la ensordecian tanto como los sonidos de las
campanas o las ruedas. En el campo, la noche habia estado acompafada
del «leve chisporroteo de las ’2las de cera» (frase de Turgénev), y en segui-
dale llamé la atencién el cambio. Otro ejemplo: en su diario de x929, en
medio de muchos pensamientos acerca de la pintura, Paul Klee se detuvo
para escuchar cuando, en su apartamento de Schwabing, «la asmética
ldmpara de gas fue susticuida por una cegadora lmpara de carburo que
silbaba y escupia>.
Los sONIDOS DEL DfA ¥ DE LA NOCHE Cuando por la
noche los pueblos y ciudades se sumian en la oscuridad, los sonidos de
os toques de queda y las voces de los serenos devenian sefiales acisticas
cardinales. En Londres, Guillermo I el Conguistador [1029-1087] decreté
que la campana de toque sonara a las ocho en punto. Con la primera
campanada de St. Martin's Le Grand, el resto de iglesias iniciaba su tangir
4
con sus campanas y se cerraban las puertas de la ciudad, Como apunta
Thomas Hardy, las campanas de los toques de queda seguian sonando en
las ciudades inglesas del siglo x0:
Hl coque de queda ain se daba en Cascerbridge y era. uliado por sus habicantes como se-
fal para cerzar sus tiendas. No habian vibrado ain las profundas nocas de la campana en-
tue ls fachadas cuando el repiqueteo de los postigs se alzaba recortendo a todo lo largo
High Sweet. Bn tan solo unos minutos el comercio en Casterbridge cexabs por el din."*
En las ciudades persas también se anunciaba el toque de queda, pero
sus sonidos eran diferentes:
‘Uno uas otro habla observado el distante extruendo de la banda seal, el estspito de
los tambores y el sonido ascendente de las tompetas que anunclaban la puesta de sol
Habia excuchado los diversos conos de los muecines anunciando la oracién vespertina,
asi como el pequefio tambor dela Policf, ordenando a la gente que cerrara sus iendas,
aque represara a sus hogates. El grito de los centinelas en las torres vigia del palacio real
seexcuchaba a intervalos lejanos"™
Una vez que la ciudad se habia dispuesto para la noche, el paisaje sono-
ro -aun el de una ciudad grande como Parfs~ se volvia de alta fidelidad:
Porla noche -anoche-, una ver que, por fn, os nfs y las mujeres se hubieron callado en
sus patios traseros para dejarme dorms comenct a ofr los caruaes que pesaban por calle.
Solo le haclan de ver en cuando, Mas as cads un de ellos, muy smi pes, esperaba yo
legada de siguiente el casabel, epiquteo dels casos de os cabllos sobre la cada"
Durante toda la noche, en las ciudades del mundo entero los serenos
twanquilizaban a sus habirantes mediante sus sonidos puntuales:
iA-medianoche,
vigla rs ereduras,
su ego y ulus
y buenas noches!
ub, Thomas Hardy El abalde de Carternidge, e. cit, p32
up. James Morier: Lar avenruras de Ha Baba en ipab, ed city p. 125.
120, Alain-Fournler: El gran Meaulne, ed. cit, p. 40
95Ex paisaye sowono,
Este era el grito que se daba en Londres tal y como lo anoté Richard
Dering en 1599. Milton [1608-1674] apunta que en su época los serenos
llevaban una campana y cantaban una bendicién (Ii penseroso, linea 82).
Leigh Hunt describié asi a varios serenos del Londres de 1820
‘Uno era un sereno dandy; el cual solia ejercer su ofcio en Ia parte superior de Oxford
Street, cerca del parque. Le llamébamos dandy porel sonido que emitéa. Habla en él un
‘modo refinado: pronunciaba la 2 dela palabra past como le de baty hacia un dobladillo
preparatorio antes de hablar, para luego sacar su updst tens en un estilo de eegante indi-
ferencia, como sien suma, fuese de aquella opinién
‘Otro era el sereno metalico, que caminaba por aquella misma calle hacis Hanover Seret
yeuya vor sonaba de manera mecilica, como una wompera. £] era una vou y nada més,
pero cualquier diferencia en un sereno, por pequefia que sea, e ya algo.
El tereero, que gritaba dando la hora en Bedford Screet, era sozprendente en su ll
sada, la cual era abrupta y fuerte. En aquella época entre los miembros desu eribu se
forjé una moda que consistfa en omitir las palabras party etleck y en gritar solamente
Ja hors en niimeros.
‘Sin embargo, en esta época los gritos del sereno y los relojes de cam-
pana de la ciudad eran ya claramente tautolégicos, y el oficio del sereno
estaba en declive. Virginia Woolf capra bien esta situacién situando al
sereno en la distancia de una manera nostalgica. La cita que viene es de
Orlando, ambientada més © menos en el mismo tiempo: «Sond el débil
repiqueteo de un carruaje en los adoquines. Ella escuché el grito del sere-
no en lontananza: “Las doce en punto de una gélida madrugada’”. Estas
palabras atin no hab/an abandonado sus labios cuando soné la primera
campanada de medianoche».!2 Como selata Gorki en Los Artamonov,
uunas veces los serenos tocaban la campanilla; otras, las sonajas. En ocasio-
nes, rocaban el silbaro, mediante el cual, segiin yo mismo he escuchado
en la actualidad, los serenos de los pueblos mexicanos contintian llamdn-
dose entre si durante toda la noche en intervalos de quince minutos.
Tales interrupciones nocturnas no siempre eran bien recibidas: en el
siglo xvut, por ejemplo, indignaron a Tobias Smollett:
[.s.] me acuesto al cabo de la medianoche, hastiado y agitado por los libertinajes
del dia: cada hora de mi suefio se inaugura con el horrible ruido de los serenos
121, Leigh Hunt: Buaye and Shetcher, Londtes 6m 1902; . 73-74.
122. Virginia Woolf Orlends, Londcet: & m, 1980, p. 203. (Evite rad. case Orland, Madridt
Alianza Eaiorial, 2005.)
6
Det suxco 4 ta cruoap
vociferando las horas en todas las calles y aporreando todas las puertas. Unos tipos
indtiles que no sirven para otto propésico que no sea el de perturbar el reposo de
los habitants."
Si con los primeros rayos de sol el sereno callaba, tras la Hegada del
alumbrado eléctrico desaparecié por completo. Al alba comenzaba un
alboroto bien distinto. Smollett contintia asi: «(...] y a las cinco en punto
me sacaron de la cama el atin mds espancoso estrépito de los carros cam-
pesinos y los ruidosos pueblerinos vendiendo a grito pelado sus guisantes
bajo mi ventana».
Los SONIDOS TONICOS DEL CABALLO Y EL CARRUAJE
De ningiin modo fue Smollett el tinico comentarista irritado por el con-
tinuo y asimétrico traqueteo de las nuedas metdlicas sobre el adoquinado.
En Europa, como en otras partes del mundo, las gentes se quejaban de
idéntico mal: «El chirrido de las ruedas es inenarrable. Es distinto de
cualquier sonido ofdo jams en la vida y hace que se te hicle la sangre.
Escuchar un millar de escas ruedas, todas ellas grufiendo y chirriando a
la vez, produce un sonido inolvidable: infernals.!™ Con los carros lle-
garon los chasquidos de los létigos, los cuales fueron considerados por
el filsofo Arthur Schopenhauer [r788-1860] como la més repugnante
distraccién de la vida intelectual:
Los denuncio por imposibiltar la vida apacible, acaban con cualquier pensamiento se-
reno (..J- Nadie que en su cabeza alberpue algo parecido a una idea puede evitar un
sentimiento de verdadero dolor ante este repentino y agudo chasquido que paraliza el
cerebro, desgurra el hilo dela reflexién y mara el pensamiento."*
Que Schopenhauer no estaba solo en su resistencia al ruido de los
liétigos lo demuestran numerosos textos legales, de Europa y el resto
del mundo, prohibiendo el «innecesario restallido de los latigos de
los carros».
ny. Tobias Smale: The xpi of Humphry links Nac Yor m 1965, 00.1963.
124. Chales Mart Dred end Otber Pom, 1868, ct. por Kesh Whe: Lift a Red Riven
Torontese ma 3970 pte
125, Arthur Schopenhauer: «On Noises, en The Pessimiit Handbook (trad. ingl T. Bailey
Snundes), Lineal (Nebraska: 964, pp 207-10 (Exist tad cats Faery Parlipbmene
Hl, Madrid: Trotta, 2009.)
97