Presentación
Colegio san francisco de asís
Participantes:
Gabriel Avellino #1
Yomarly Barcacel #2
Maicol Feliz #8
Kheiry Navarro #10
Enger Polanco #11
Lía K. Rodríguez #13
Nicol Romero #15
Jonathan Soriano #17
Marco Telleria #18
Diego Vázquez #20
4toC
Profesor(a): Lic. Servando Hernández
Materia: Formación Integral Humana y Religiosa
Introducción
Jerusalén es la Ciudad Santa para las tres grandes religiones monoteístas.
Para los judíos: Jerusalén es la capital del Reino de David, donde su hijo
Salomón construyó el Primer Templo, donde fue elegido también el
Segundo Templo, y se espera que algún día se construya el tercero. Para
los cristianos en Jerusalén acontecieron varios episodios de la vida de
Jesús, principalmente: Jerusalén es donde Jesús fue crucificado, enterrado
y donde resucitó. Para los musulmanes: desde Jerusalén el profeta
Mahoma subió al cielo a recibir las plegarias de Alá.
Jerusalén es también la capital del Estado de Israel. Más allá de la
discusión política, cuántos países la reconocen como tal y dónde están las
embajadas, es la capital de facto. En Jerusalén está el asiento de los tres
poderes del estado: la Residencia del Primer Ministro y las sedes de los
ministerios (poder ejecutivo), la Kneset o Parlamento (poder legislativo), la
Suprema Corte de Justicia (poder judicial). Es la ciudad más grande del
país con cerca de 900 mil habitantes, un 10% de la población de Israel.
Entre ellos, aproximadamente un tercio son árabes, un tercio judíos ultra-
ortodoxos y un tercio "otros judíos" .
Jerusalén
-Jerusalén en tiempos de Jesús
Jerusalén es la ciudad judía por excelencia. Todos los ojos y los anhelos de
cualquier judío, viviese éste donde viviese, estaban puestos en su ansiada
ciudad santa. Jerusalén estaba situada en tiempos de Jesús en lo que fue
la provincia romana de Judea, que primero perteneció a un rey súbdito de
Roma y luego pasó a ser dirigida por un procurador. Jerusalén ocupaba
una situación más bien hacia el sur con respecto a todo el territorio judío.
Políticamente la provincia de Judea y demás provincias judías estaban
sometidas a la autoridad del gobernador de la provincia de Siria y
dependían de ella.
-La climatología
En Jerusalén, que se encuentra a 740 m sobre el nivel del mar, la
temperatura media anual es de 16 grados. La media de enero gira en
torno a los 10 y la de agosto en torno a 27. Prácticamente nunca baja de
cero, pero no es infrecuente que, en verano, sobrepase los 40. Nunca
nieva. Pero las precipitaciones no suelen ser raras, y se prodigan en los
meses de enero y febrero, y esporádicamente, el resto de meses excepto
en verano. Sin embargo, a los judíos, mucho más que el calor o el frío, lo
que les preocupaba era el viento. En primavera era frecuente el sherquijje,
una especie de siroco o viento cálido del este, y también el khamsin,
aunque más común en verano, o simún del desierto, procedente del
sureste. Ambos eran de una especial peligrosidad para las personas, los
animales y las cosechas.
-La ciudad actual y la ciudad en la época de Jesús
La ciudad actual de Jerusalén, a pesar de ser uno de los centros turísticos
religiosos más importantes del planeta, no guarda apenas relación con la
fisionomía de la ciudad antigua. Siglos de guerras y asedios han ido
borrando las huellas del pasado hasta desfigurar la ciudad que conoció
Jesús. Muy pocos de los lugares que se ofrecen al visitante como
emplazamientos de los hechos destacados de la vida del Maestro ofrecen
cierta verosimilitud, y su interés radica en que fue en estos lugares donde
una dudosa tradición estableció el suceso. Sin embargo, en este
documento no pretendemos entrar en las discusiones arqueológicas sobre
lugares venerados por los creyentes, sino tan sólo ofrecer una perspectiva
de lo que la investigación erudita ha podido constatar. En un futuro
estudio abordaremos la cuestión de la veracidad de esos lugares.
-Descripción general
La ciudad santa era, como muchas ciudades importantes de la época, una
ciudad amurallada. La totalidad del núcleo urbano aparecía rodeado de un
muro que le daban un aspecto alargado de norte a sur. La parte
septentrional contaba con dos muros, uno dentro del otro: el primer muro
norte o viaducto, que partiendo de la cara oeste del Templo llegaba hasta
la fachada norte del palacio de Herodes y los comunicaba a ambos por el
pasaje superior del muro; y rodeando éste, y abarcando una amplia zona
hacia el norte, el segundo muro norte.
Las edificaciones eran por lo común de una planta baja con un terrazo
superior o desván no habitable, o de dos plantas, para los judíos más
pudientes. Entre estas viviendas sobresalían, imponentes, dos
construcciones de espectacular envergadura: uno era el gran recinto del
Templo (centro religioso y espiritual) con la fortaleza Antonia, y otro el
palacio de Herodes el Grande (centro gubernamental). Toda la ciudad se
hallaba atravesada, de norte a sur, por una depresión o cauce llamado el
valle de Tyropeón (en hebreo hagai). A ambos lados la población se
asentaba sobre varios montículos. Los montículos orientales eran el
monte Moria, al noreste, sobre el que se asentaban el Templo y la
fortaleza Antonia, y el monte Ophel, en el extremo sureste de la ciudad, y
que en tiempos antiguos fue donde se asentaba la Ciudad de David o
Jebús. El montículo occidental era el monte Sión, sobre el que se
emplazaba el palacio de Herodes.
Rodeando la ciudad santa se disponían varias torrenteras o cauces. Entre
la muralla este y el monte de los Olivos (llamado en griego Eleona y en
romano Olivete) estaba el llamado cauce del Cedrón, que discurría por el
el valle de Josafat, y al sur y oeste, el valle Hinnon o de la Gehenna, en
cuya vertiente sur se hallaba ubicado el basurero de la población.
Las edificaciones, limitadas por estos encajonados valles, se había tenido
que extender hacia el norte, única dirección posible. En tiempos de Jesús,
esta parte de la ciudad era relativamente nueva, y se disponían en ella
barrios ricos y nuevos, y muchos huertos. En aquella época no se había
iniciado la construcción de una muralla que rodearía aquella zona, la
tercera muralla norte, y que edificó varios decenios más tarde. Hacia el
norte se hallaba otro monte alto, el monte Scopus (llamado así por la
palabra griega skopein = observación, vigía).
-Las puertas
Para cruzar el recinto amurallado se disponían de unos pocos portones o
puertas, que atravesaban la muralla. En la zona norte había cuatro: la
puerta de las Ovejas, que atravesaba directamente el muro del Templo y
comunicaba con la zona del Patio de los Gentiles, donde se hacía la venta
del ganado y los productos para los sacrificios y tenían su mercado los
cambistas; la puerta de los Peces, llamada así porque allí colocaban sus
puestos los mercaderes paganos (fenicios) que traían el pescado; la puerta
de los Jardines, que conducían hacia los huertos situados en la ciudad
nueva; y la puerta Vieja, muy próximas a la anterior, y por las que se
accedía al barrio nuevo de la ciudad.
En la parte oeste había dos accesos: la puerta de Efraím, cercana al
famoso peñasco del Gólgota, y la puerta de Lydda, situada cerca de un
acceso por el que se podía atravesar el primer muro norte o viaducto.
La zona sur disponía de tres puertas: la de la Basura, la de los Esenios, y la
de la Fuente, esta última llamada así por encontrarse en dirección a En-
Roguel, lugar donde existía un manantial.
En la cara este se disponían cuatro portones: el de las Aguas, el de los
Caballos, el Oriental, y el de los Jueces. Los tres últimos eran poco
frecuentados para entrar en la ciudad porque obligaban al caminante a
subir por unas empinadas vertientes que formaba el cauce seco del
Cedrón.
-El templo
El inmenso recinto del Templo tenía la forma de un rectángulo algo más
largo en su cara norte que en su cara sur. Ocupaba solo él más de la quinta
parte de la superficie de la ciudad. Aparecía cerrado por robustas murallas
de unos 50 m de altura. Su cara norte, conocida como Atrio de los
Gentiles, y a cuyo extremo más occidental se hallaba adosada la torre
Antonia, medía unos 300 m de largo. Frente al monte de los Olivos, la
fachada este, toda ella en mármol blanco (o según otros estudiosos piedra
con estuco que daba la sensación de mármol), formando lo que se llamaba
el Atrio de Salomón, cubría una distancia de más de 400 m. La muralla
occidental era prácticamente de las mismas dimensiones, mientras que la
cara sur tenía un poco más de 250 m, y allí se disponía otro espacio
cubierto, el Atrio Regio, Stoa Real o Basílica. Este pórtico, sumamente
espectacular, tenía su propia entrada desde el oeste, que comprendía una
escalinata y un puente sustentado por una robusta construcción (hoy
llamada arco de Robinson, y en aquella época probablemente arco de la
Basílica). En este atrio se dirimían los asuntos civiles y no religiosos del
Templo. Por eso tenía su entrada directa por el arco.
Toda la explanada interior del recinto y que no se hallaba en el interior del
espacio sagrado del Santuario formaba el conocido Patio de los Gentiles, o
Explanada de los Gentiles. Sólo allí se permitía la presencia a los
extranjeros. En el centro de la explanada se alzaba, imponente, el
Santuario. Para delimitar este espacio se estaba construyendo en tiempos
de Jesús, pues aún no había sido terminada su construcción, un murete a
su alrededor como de un metro de altura, llamado soreg o jel. Estaba
prohibido a todo pagano atravesar esta valla en construcción bajo pena de
muerte. Se ha encontrado una de las inscripciones en piedra, que con
letras griegas cinceladas y decoradas en rojo, para resaltar más, advertía a
los peregrinos de esto: Ningún extranjero pasará de esta balaustrada ni
penetrará en este recinto que circunda el Templo. Aquel que sea cogido
haciéndolo deberá culparse a sí mismo de su muerte, que se ejecutará de
inmediato. Este murete estaba siendo dispuesto con once puertas de
acceso, cuatro en la cara norte, tres en la este, y otras cuatro en la sur. La
cara oeste carecía de entradas y sólo tenía la fachada posterior del
inmenso edificio sagrado.
Para la entrada al Templo existían puertas en todos los muros. En el sur,
son particularmente famosas las puertas de Hulda, llamadas así en honor
de la profetisa bíblica, y que eran dos: la puerta Doble, de dos vanos,
usada para salir, y la puerta Triple, de tres vanos, usada para entrar. Estas
puertas, a través de unos pasadizos bajo la Basílica que estaban decorados
con dibujos geométricos, con rosetas que recordaban el crisantemo, el
ranúnculo y otras flores de la zona, y con dibujos de parras y racimos de
uvas, conducían directamente a la Explanada del Templo por unas
escaleras. Eran las entradas que solían utilizar los peregrinos y el pueblo
llano. Junto a la entrada de las dos puertas de Hulda se disponían unos
miqwaoth o baños públicos que los peregrinos debían usar para
purificarse.
En el oeste, ya hemos hablado de la puerta del arco de la Basílica, por el
que se entraba directamente al Atrio Regio (y de este modo estaban
separados por distintos accesos la parte religiosa y civil del Templo). Este
arco, que fue el más grande del mundo en aquel tiempo, para hacernos
una idea de su enormidad, pesaba 1000 toneladas, y encima de él
transcurría un puente de unos 15 m de ancho (como una autopista de 4
carriles). También en el muro oeste había otros tres accesos aparte de la
puerta de la Basílica. El más importante es el que accedía al atrio
occidental directamente por la primera muralla norte o viaducto en su
punto de unión con el templo, y que a falta de otro nombre yo
denominaría la puerta Real (Josefo simplemente la llama la «gran puerta»,
y en efecto debía de ser la más grande). Este acceso era el que utilizaban
la realeza herodiana y los ricos habitantes de la ciudad alta. Josefo nos
relata un suceso, fechado poco antes de la muerte de Herodes, que los
expertos creen que se refiere a esta puerta. Al parecer Herodes, para
honrar a Roma, hizo situar una inmensa águila dorada colgando sobre la
jamba de esta gran puerta, que provocó la indignación de los fariseos. Un
par de ellos se descolgaron con cuerdas y destrozaron el
águila, lo que les costó su ejecución. Al Atrio de Salomón también se
accedía por otros dos accesos, situados a pocos metros por encima del
nivel de la calle, y a los que se ascendía por escalinatas adosadas a las
paredes del muro. Estos dos accesos, situados a ambos lados y
equidistantes de la puerta regia, ascenderían al Patio de los Gentiles por
unas rampas como lo hacían las puertas de Hulda.
Al norte, el único acceso era la puerta de las Ovejas, por donde entraba el
ganado para los sacrificios y para la venta (recuérdese que los puestos de
venta estaban al norte junto al Atrio de los Gentiles).
Al este, los portones de la muralla este de la ciudad, permitían acceder al
Atrio de Salomón directamente.
Conclusión