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Filosofía Hoy

Este documento presenta una discusión sobre la hermenéutica táctil desde las perspectivas filosófica y teológica. Propone que la hermenéutica sirve como motor de la relación circular entre filosofía y teología al dinamizar la interpretación continua entre ambas disciplinas. Asimismo, argumenta que la hermenéutica ha otorgado primacía al sentido del oído en el acceso al significado, en línea con la tradición filosófica y teológica de valorar la escucha. Finalmente, resume algunas

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Filosofía Hoy

Este documento presenta una discusión sobre la hermenéutica táctil desde las perspectivas filosófica y teológica. Propone que la hermenéutica sirve como motor de la relación circular entre filosofía y teología al dinamizar la interpretación continua entre ambas disciplinas. Asimismo, argumenta que la hermenéutica ha otorgado primacía al sentido del oído en el acceso al significado, en línea con la tradición filosófica y teológica de valorar la escucha. Finalmente, resume algunas

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Filosofía hoy

Un abordaje interdisciplinario de lo humano


Darwin Reyes-Solís
(Coordinador)

Filosofía hoy
Un abordaje interdisciplinario
de lo humano

2021
FILOSOFÍA HOY
Un abordaje interdisciplinario de lo humano
© Darwin Reyes-Solís (Coordinador)

Autores: Francisco Diez-Fischer, Darwin Reyes-Solís, Diana Cherres, Diego Vera, Pablo
Heredia, Sara Madera-Gómez, David Francisco Balseca-Bolaños, Frank Bolívar Viteri-
Bazante, César Rafael Chávez-Lloay, William Orlando Cárdenas-Marín

1ra edición: Universidad Politécnica Salesiana


Av. Turuhuayco 3-69 y Calle Vieja
Cuenca-Ecuador
Casilla: 2074
P.B.X. (+593 7) 2050000
Fax: (+593 7) 4 088958
e-mail: rpublicas@[Link]
[Link]

CARRERA DE FILOSOFÍA
Grupo de Investigación Cerebro y Ciencias Cognitivas

ISBN impreso: 978-9978-10-579-5


ISBN digital: 978-9978-10-580-1

Foto de portada: Diana Carolina Portilla Karolys

Edición, diseño, Editorial Universitaria Abya-Yala


diagramación Quito-Ecuador
e impresión

Tiraje: 300 ejemplares

Impreso en Quito-Ecuador, junio de 2021

Publicación arbitrada de la Universidad Politécnica Salesiana

El contenido de este libro es de exclusiva responsabilidad de los autores.


Índice

Introducción...................................................................................... 7
Hermenéutica táctil
Francisco Diez-Fischer....................................................................... 9
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica
de las emociones
Darwin Reyes-Solís............................................................................ 33
La importancia de las emociones políticas
en la vida de la democracia
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia .................................... 53
The asymmetry between blame and forgiveness
Sara Madera-Gómez.......................................................................... 79
La justificación científica de la psicología: aportes
desde la epistemología
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante........ 87
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado
y sus repercusiones en la educación formal
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín......... 103
Introducción

La Carrera de Filosofía de la Universidad Politécnica Salesiana con-


juntamente con el Grupo de Investigación Cerebro y Ciencias Cognitivas
presentan esta publicación como muestra de su continuo esfuerzo por
colocar el debate filosófico en nuestro contexto ecuatoriano y latinoame-
ricano. Esfuerzo que permanentemente se ejecuta en encuentros abiertos
al público, seminarios locales e internacionales, conferencias, cursos de
vinculación con la sociedad y trabajos desde los grupos de investigación.

En esta ocasión presentamos una miscelánea de artículos de do-


centes, estudiantes y exalumnos de la UPS; además, de investigadores in-
vitados que nos han acompañado en eventos organizados por el Grupo
de Investigación Cerebro y Ciencias Cognitivas.

El eje temático de esta publicación se concentra en dos grandes


bloques: el primero, con textos que traen el debate de las emociones, lo
táctil y un análisis del perdón y la culpa; un segundo bloque abarca el co-
nocer humano, en sus lenguajes, en su psique, en su forma de entenderse a
sí mismo y al mundo. Artículos que muestran nuevos horizontes para una
filosofía adaptada a nuestras realidades y a nuestros tiempos.

Con esta publicación anhelamos generar un horizonte desde la


complejidad del tema filosófico contemporáneo y desde la urgencia
de incluir esas dimensiones que, sin ser nuevas, son retos permanentes
de actualización. Temas que desde la diversidad nos permiten referir a
un ser humano contemporáneo en conflicto, en permanente ruptura y
quiebre, pero también en permanentes intentos de integralidad.

¿Cómo se podría actualizar y proponer la filosofía en el contex-


to ecuatoriano? Es una pregunta que nos mantiene alertas y en trabajo
Introducción
8

permanente, más cuando se nos insiste desde diversos grupos sociales


en que la filosofía en Ecuador no es viable. Y frente a ese escenario nues-
tra respuesta es que somos nosotros quienes abriremos los espacios y los
caminos para actualizar el quehacer filosófico. En sociedades del espec-
táculo, del show, ¿a quién puede interesar lo conceptual para transfor-
mar la realidad?

La necesidad urgente de abrir espacios para el quehacer filosófico


en nuestra sociedad, exige generar debate permanente en diversos esce-
narios: universidades, gobiernos locales, empresas, redes sociales, fami-
lia, organizaciones sociales, entre muchas otras. Todos estos escenarios
son campos donde podemos colocar semillas que producirán pensa-
miento crítico y formas nuevas de pensar, vivir y sentir.
Hermenéutica táctil

Francisco Diez-Fischer1
franciscodiez@[Link]

Desde la perspectiva teológica propuesta por la encíclica Fides


et ratio, se ha establecido como modo paradigmático de interrelación
epistemológica entre filosofía y teología la imagen de una progresión
circular, es decir, de un movimiento en círculos que dinamiza la rela-
ción entre ambas disciplinas.2 Por un lado, implica, según la lógica gra-
matical, una conjunción copulativa (y), cuya finalidad es juntar en una
sola unidad funcional dos elementos homogéneos, indicando adición
o suma. La ecuación de la progresión sería en apariencia simple: la fi-
losofía unida sumativamente a la teología y viceversa, suponiendo una
igualdad de factores cuyo orden no altera el producto. Por otro lado,
la circularidad necesita un motor que la movilice como progreso para
evitar la tautología de la repetición. La importancia de la hermenéutica
radica en ser esa energía cinética, pues tanto en filosofía como en teo-
logía la naturaleza discursiva del hombre y la mediación lingüística de

1 Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Docente


en la Universidad Católica Argentina e Investigador del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas en Argentina. Actualmente trabaja temas de
fenomenología y hermenéutica contemporánea.
2 La encíclica sostiene que “el nexo que debe instaurarse oportunamente entre la
teología y la filosofía tendrá el carácter de un cierto progreso circular (cuiusdam
circularis progressionis)”. (Fides et ratio, p. 73). La imagen del círculo y de la acción
circular tiene una larga historia que se remonta a pensadores como Dionisio,
Agustín y Kant. Este último en el segundo prólogo a La religión dentro de los
límites de la mera Razón, concibió las relaciones entre la Revelación y la Razón en
términos de círculos concéntricos, en cuyo círculo interno, más pequeño, ubicó a
su teología filosófica. Al respecto cf. Galli (1999, pp. 83-99).
Francisco Diez-Fischer
10

toda experiencia humana de mundo obligan a circular de interpretación


en interpretación (circularidad que se da también entre hermenéutica
filosófica y hermenéutica bíblica).

Desde la perspectiva filosófica, este modo paradigmático de inte-


rrelación lingüística se ha encarnado en el sentido perceptivo del oído,
no solo porque la progresión circular se asemeja a su estructura espira-
lada, sino porque la relevancia religiosa del oír, tan antigua como inne-
gable, tuvo gran influencia en la filosofía contemporánea.3 En el caso de
la hermenéutica, le ha conducido a otorgar una primacía al oído en el
acceso, actualización y rebasamiento del sentido tanto por la universali-
dad del lenguaje, como por la interpelación de la voz de la tradición que
nos llega a través de la experiencia histórica. Con esta primacía, la her-
menéutica ha hecho frente al ancestral privilegio de la vieja niña mima-
da de la filosofía, la vista, y ha ensayado los preludios de una filosofía del
oír junto a una serie de orientaciones metodológicas vinculadas a este
sentido. a) Una filosofía del oír fue propuesta por Hans-Georg Gadamer,
sobre el principio que la universidad lingüística supone la universalidad
de una sensibilidad, eminentemente auditiva, pues “no hay nada que no
sea asequible al oído a través del lenguaje” (Gadamer, 1993, p. 466; de
ahora en adelante citado como GW 1), y “el que oye, oye con eso aún
algo más, es decir, también lo invisible y todo lo que se puede pensar…
porque existe el lenguaje” (Gadamer, 1998, 200, p. 48); b) Las principa-
les orientaciones metodológicas de la escucha hermenéutica han sido:
1) el reconocimiento de la experiencia de pertenencia originaria a todo
aquello que podemos pensar (circularidad entre hören [oír] y zuhören
[pertenecer]);4 2) el vínculo moral con la tradición a través del obedecer

3 En especial en el giro teológico de la fenomenología francesa. Al respecto cf. Diez-


Fisher (2018, pp. 21-61).
4 Al caracterizar el concepto de pertenencia (Zugehörigkeit) que determina toda
experiencia del mundo y la relación viva con la tradición como transmisión que nos
interpela en el presente, Gadamer refiere a la necesidad de comprender la dialéctica
particular del oír (hören): “No es solo que el que oye es de algún modo interpelado.
Hay algo más, y es que el que es interpelado tiene que oír, lo quiera o no. No puede
Hermenéutica táctil

11

a la autoridad de su voz que nos interpela (circularidad entre audire y


ob-audire) y nos abre a la alteridad del poder oírnos unos a otros; 3) el
resonar de la obra o texto en su idealidad de sentido para el oído interior
(innere Ohr) de quien busca interpretarlo correctamente; 4) la operati-
vidad virtuosa del círculo hermenéutico en tanto exige prestar oídos a
la alteridad que, en su negatividad, abre el horizonte de precompren-
sión y moviliza la dinámica entre explicar y comprender; 5) la primacía
hermenéutica de la pregunta que el texto plantea para un lector oyente,
cuya respuesta es suscitar siempre nuestro propio preguntar a partir de
ese oír originario (Urhören); y 6) el principio de aplicación —comple-
mentario del interpretar— que requiere de un oído atento a las exigen-
cias prudenciales que imponen las situaciones particulares.

El objetivo de este trabajo parte del reconocimiento de estos


aportes filosóficos y metodológicos que se derivan de la primacía her-
menéutica del oído. Su pretensión fundamental es, sin embargo, exa-
minar la operatividad de otro sentido: el tacto. Su universal presencia
—todos tocamos todo el tiempo— parece convertirlo en un tema de-

apartar sus oídos igual que se aparta la vista de algo mirando en otra dirección. Esta
diferencia entre ver u oír es para nosotros importante porque al fenómeno herme-
néutico le subyace una verdadera primacía del oír, como ya reconoce Aristóteles.
[…] Mientras ninguno de los demás sentidos participa directamente en la universa-
lidad de la experiencia lingüística del mundo, sino que cada uno de ellos abarca tan
solo su campo específico, el oír es un camino hacia el todo porque está capacitado
para escuchar el logos. A la luz de nuestro planteamiento hermenéutico este viejo
conocimiento de la primacía del oír sobre el ver alcanza un peso nuevo. El lenguaje
en el que participa el oír no es solo universal en el sentido de que en él todo puede
hacerse palabra. […] Ni que decir que la tradición no es algo sensible e inmediato.
Es lenguaje, y el oír que la comprende involucra su verdad en un comportamiento
lingüístico propio respecto al mundo cuando interpreta los textos. Esta comunica-
ción lingüística entre presente y tradición es, como ya hemos mostrado, el acontecer
que hace su camino en toda comprensión” (Gadamer, H.G., GW 1, pp. 466-467).
En relación con la citada herencia sensible de Aristóteles, Gadamer señala en nota
al pie que: “La primacía del oír sobre el ver se debe a la universalidad del logos, que
no contradice a la primacía específica de la vista sobre todos los demás sentidos que
con frecuencia destaca Aristóteles (Met. A í, passim)”.
Francisco Diez-Fischer
12

masiado evidente para ser objeto de indagación filosófica. No obstante,


su examen está justificado por ser un sentido al que los dos referentes
principales de la hermenéutica, Hans-Georg Gadamer y Paul Ricœur,
les han otorgado cierto valor subyacente a sus propuestas. En el caso
de la fenomenología hermenéutica de Ricœur, lo asumió en su doble
significación de sentido perceptivo (tocar y ser tocado) y de virtud mo-
ral (tener tacto). Aparece como una noción secundaria de su ética tar-
día, cuyas raíces se extienden hasta sus obras tempranas, entramando
antecedentes aristotélicos, biranianos y husserlianos. En el caso de la
hermenéutica filosófica de Gadamer, fue asumido en su significación
de sensibilidad artístico-moral con una función metodológica central
para las ciencias humanas que proviene de von Helmholtz y en la que
operan ocultos significados herderianos. En un trabajo de 1953, titulado
“La verdad en las ciencias del espíritu”, Gadamer explica esta función a
través de un ejemplo concreto y palpable:
Recuerdo que, siendo estudiante, me enzarcé en una disputa con un
experto sobre una cuestión científica en la que me creía informado y que
en un momento dado me dijo algo que yo desconocía. Entonces le pre-
gunté con aspereza: ¿de dónde lo sabe usted? Su respuesta fue: cuando
sea tan viejo como yo, usted también lo sabrá. Fue una buena respuesta.
Pero ¿quién se atrevería a dar esa respuesta como maestro o discípulo de
la ciencia natural? La mayoría de nosotros no sabe decir por que esta o
aquella suposición de un principiante es ‘imposible’. Es una cuestión de
tacto adquirido mediante un trato asiduo con las cosas, pero que no se
puede enseñar ni demostrar. (Gadamer, 1953, 1993, p. 40)

El ejemplo ya anticipa cierta paradoja de la función metodológica


del tacto para el desarrollo de las ciencias humanas: el tacto del maestro
es necesario para la enseñanza, pero él mismo no se puede transmitir
ni aprender, solo se forma a través del contacto diario con el mundo
humano. Su importancia es confirmada por Gadamer al decir más tarde
que orientarse entre las infinitas interpretaciones que abre un texto es
nada menos que “una cuestión de tacto, la virtud suprema del verdade-
ro intérprete” (Gadamer, 1986, 1999, p. 442). Justificado su abordaje y
Hermenéutica táctil

13

relevancia hermenéutica, en el punto I, analizaremos las ideas centrales


sobre el tacto en ambos hermeneutas, para desarrollar luego, en el punto
II, los aspectos filosóficos y metodológicos que ese tacto hermenéutico
puede aportar a la progresión circular entre filosofía y teología.

Del límite inferior de la percepción al límite superior


de la moral, y vuelta
Las referencias al tacto a lo largo de toda la obra de Ricœur son
escasas, pero claves. En su pequeña ética, desarrollada en los estudios 7º
a 9º de Soi-même comme un autre (1990), a modo de introducción a la
síntesis conclusiva de la larga vía mediadora por las herencias que con-
cretan su relectura crítica de la ética aristotélica, kantiana y hegeliana, se
encuentra una de las menciones centrales al tacto como virtud moral.
Ricœur sostiene que, por un lado, son los propios conflictos suscitados
por el rigor del formalismo moral, los que confieren al juicio moral en
situación, recibido de Aristóteles, su verdadera importancia; y que, por
otro, sin la travesía por los conflictos, que agitan una práctica guiada por
los principios universales de la moralidad, recibidos de Kant, sucumbi-
ríamos a las seducciones de un situacionismo moral que nos entregaría
indefensos a la arbitrariedad. De modo tal que —dice— “No hay cami-
no más corto que este [la travesía por los conflictos] para alcanzar ese
tacto (tact) gracias al cual el juicio moral en situación, y la convicción
que lo anima, son dignos del título de sabiduría práctica” (Ricœur, 1990,
p. 280).5 La mención, que no abunda en más explicaciones o citas, pa-
rece indicar un primer momento en el camino ético hacia la sabidu-
ría práctica, que es instancia de “comienzo” y de “llegada”.6 De llegada,
porque refiere a un tacto moral que en tanto virtud solo puede ser al-
canzado o formado después de haber realizado una larga travesía por
los conflictos que se suscitan en el camino ético. De comienzo, porque
gracias a él se pone en marcha la “guía” en ese camino hacia la sabiduría

5 Para profundizar los estudios que siguen remito a mi trabajo (2020a).


6 Cf. Contreras (2011).
Francisco Diez-Fischer
14

práctica. En síntesis, el tacto se podría caracterizar como el instante de-


cisivo de aplicación de la regla moral que solo se logra después de haber
atravesado los conflictos al modo de un “tener tacto” para hablar, callar
o actuar en situaciones particulares.7 Así queda íntimamente vinculado
a la prudencia, lo que no aclara cómo se relaciona con su significación
de sentido perceptivo. En el estudio 10º de esta misma obra, Ricœur se
dedica a los análisis de la alteridad y la pasividad como complemento
necesario de la teoría de la acción desarrollada en los estudios 1º a 6º
y de su cumplimiento en la acción ética abordada en los mencionados
estudios 7º a 9º.8 Como complemento y fundamento ontológico de la
acción, examina allí la pasividad del cuerpo propio a partir de las elabo-
raciones que Maine de Biran hace sobre el sentido perceptivo del tacto.
La pasividad corporal se evidencia por la acción de tocar, pues:
Precisamente por el tacto activo, en el que se prolonga nuestro esfuerzo,
las cosas atestiguan su existencia tan indudable como la nuestra; aquí,
existir es resistir; así, es el mismo sentido el que da la máxima certeza
de existencia propia y la máxima certeza de existencia exterior. (Ricœur,
1990, p. 372)

Por esta doble certeza que es privilegio de la percepción táctil, el


cuerpo propio se presenta como lo más originariamente mío, la más
próxima de todas las cosas y órgano del querer en su anclaje inmediato
prelingüístico. La seguridad ontológica que ofrece el tacto se convierte
entonces en el fundamento del concepto ricœuriano de “atestación” al
que define como el “compromiso ontológico del sí” sobre el que se apo-
ya la genuina hospitalidad ética hacia el otro; compromiso que surge de
la “seguridad que cada uno tiene de existir como un mismo en el sentido
de la ipseidad” (Ricœur, 1990, p. 346).9 El fondo táctil de la atestación

7 Por eso según Contreras en la ética de Ricœur “lo que debe guiar la acción es el
momento del tacto ejercido en el juicio moral en situación.” Contreras (2011, p. 41).
8 Recordemos que para Ricœur toda acción humana tiene un carácter originaria-
mente ético. Cf. Ricœur (1983, p. 94).
9 En el prólogo de la obra, dice “la atestación puede definirse como la seguridad de
ser uno mismo agente y paciente” (p.35).
Hermenéutica táctil

15

es evidente. El tacto como sentido perceptivo ofrece la certeza de este


límite ontológico inferior de la atestación corporal de sí que es condi-
ción de posibilidad del tacto moral como punto de partida y llegada en
el camino ético. En sordina, aquí operan, al menos, dos herencias que se
corresponden entre sí y ayudan a poner juntos al tacto perceptivo y al
tacto moral en la hermenéutica de Ricœur: Husserl y Aristóteles.

1) Ricœur reconoce que la fenomenología husserliana considera


al “contacto como forma más originaria del sentir” (Ricœur, 1990, p.
376). En Ideen II (1924-28), Husserl se ocupa del proceso de constitu-
ción del mundo material. En ese marco, confirma el privilegio del senti-
do del tacto al decir que:
Mediante la percepción táctil estoy siempre perceptivamente en el
mundo, me oriento en él y puedo agarrar y conocer lo que quiera. […]
visualmente el mundo no está dado sin cesar; esto es más bien una ven-
taja de la sensibilidad táctil. (Husserl, 1952, p. 69; de ahora en adelante
Hua IV).10

Se trata aquí de la experiencia primordial donde el cuerpo se re-


vela como órgano de percepción implicado en la percepción misma del
doble contacto que ofrece el tacto cuando el cuerpo se toca a sí mismo.
En su artículo “Analyses et problèmes dans Ideen II” (1952), Ricœur
asume y explica esa primacía de la percepción táctil: “la experiencia del
doble contacto —del ‘tocante-tocado’ (touchant-touché)— no tiene pa-
ralelo; pues no hay ‘vidente-visto’” (Ricœur, 1952; 2004, p. 128). Nadie
puede verse a sí mismo viendo, sin embargo, al tocar se tiene la doble
sensación, donde se dan “juntos” percibirse tocando y siendo tocado si-
multáneamente, por eso quien no posee tacto sentiría su cuerpo como
un cuerpo-cosa y no como un cuerpo humano propio. Husserl ejem-
plifica este privilegio con el Oftalmita de Herder: “Un sujeto puramente

10 Como ha mostrado Marion, Husserl se encuentra aquí en perfecta coincidencia


con la originariedad y universalidad que Aristóteles le atribuye al tacto en tanto
sin él nada se haría presente. Cf. Marion (2005, p. 61). La herencia aristotélica
operante en Husserl es referida por él mismo en el §46 de Ideen II.
Francisco Diez-Fischer
16

ocular no podría tener un cuerpo que aparezca”. Husserl, 1952, Hua IV,
p. 150). Este privilegio fenomenológico de la dualidad táctil, que Ri-
cœur desarrollará en su primera gran obra, Philosophie de la volonté I.
Le volontaire et l’involontaire (1950), en relación con el tacto moral,11 es
representado por Jan Brueghel en su cuadro El Gusto, El Oído y el Tacto
(1620) en la figura del Tacto vuelta sobre sí misma.

11 En Philosophie de la volonté I, Ricœur examina la vida encarnada como involun-


tario corporal, es decir, el cuerpo en tanto “medium afectivo de todos los valores”
que determina toda evaluación, en razón que ningún motivo me inclina a algo
si no imprime mi sensibilidad, es decir, si no “toca” mi carne. Bajo esta oculta
impronta ética del cuerpo en perspectiva fenomenológica, que Ricœur reconocerá
años más tarde, el sentido del tacto es vinculado: 1) al problema de la imagina-
ción del placer y del valor, donde el tacto proporciona una conciencia de nuestra
profunda inseparabilidad pero también divisibilidad, en tanto el yo solo se expe-
rimenta a sí mismo mediante el contacto con el obstáculo que se le resiste; 2) al
problema del dolor que “es una especie de sensación entremezclada con el tacto.”
El dolor propio sin duda me toca, cuando algo me duele, pero el dolor ajeno tam-
bién “me toca”. El dolor propio por el sentido perceptivo y el dolor ajeno por la
virtud moral quedan entrecruzados en el tacto. Cf. Ricœur (1950, p. 83).
Hermenéutica táctil

17

2) La segunda herencia son las elaboraciones de Aristóteles sobre


el tacto que, si bien Ricoeur no las cita, sin duda las supone. Aquí solo
mencionamos las más significativas: a) el tacto es el sentido común a
todos los vivientes sensibles y el más fundamental para la vida (no hay
vida sensible sin tacto) ya que está vinculado a la facultad de nutrición;
b) por ello el tacto es fundamento de los restantes sentidos y de su carác-
ter mediado (el tacto no es una percepción inmediata como parece, sino
mediada por el cuerpo que no se percibe como medio a causa de su pro-
piedad); c) el tacto es el sentido por el que percibimos el dolor y el placer
que causa el deseo (ὄρεξις) y abre al problema de la moralidad, pues los
placeres táctiles son la causa de intemperancia y el objeto de moderación
(σωφροσύνη); d) el tacto es en el hombre el sentido más agudo que lo
hace ser el más inteligente y prudente de los vivientes sensibles, lo que
indica no solo el fundamento y condición táctil de la universalidad del
hombre, sino la inherente exhortación que el tacto como sentido hace
a la vida ética;12 e) “tener tacto” refiere a la virtud moral del amigo, ín-

12 En Acerca del alma, Aristóteles señala que por ser el tacto el sentido más agudo
(ἀκριβεστάτην) que posee el hombre, “de ahí que sea el más inteligente o pru-
dente de los vivientes sensibles (φρονιμώτατόν τῶν ζῴων)” y prueba de ello
es que en función de este órgano sensorial los hombres de carne dura son por
naturaleza mal dotados de pensamiento (ἀφυεῖς τὴν διάνοιαν) mientras que los
de carne blanda son bien dotados (εὐφυεῖς). Cf. Aristóteles (Acerca del alma, 9
II 421a 16-26). Rastreando los escasos usos griegos que recopila A Greek-English
Lexicon, se evidencia el sentido del superlativo φρονιμώτατόν como exhortación
ética. Platón lo utiliza en el Fedro, en el momento clave cuando Sócrates describe
que el amante buscará apartar a su amado de muchas y provechosas relaciones,
con las que, tal vez, llegaría a ser un hombre de verdad. Así le infringe un grave
mal, el más grande de todos, es impedirle el medio a través del cual podría lle-
gar a ser φρονιμώτατος, esto es, “la divina filosofía” (Platón, Fedro 239b). En la
Apología de Sócrates, es utilizado cuando, tras su condena, Sócrates recuerda su
tarea: “iba allí, intentando convencer a cada uno de vosotros que no se preocupara
de ninguna de sus cosas antes de preocuparse de ser él mismo lo mejor y lo más
sensato posible (φρονιμώτατος)” (Platón, Apología de Sócrates, 36c). También en
superlativo aparece en la Apología de Sócrates de Jenofonte cuando pone en boca
del protagonista que “en las asambleas prácticamente todos los atenienses atien-
den más a los oradores que hablan con más sensatez (φρονιμώτατα λέγουσι)
Francisco Diez-Fischer
18

timamente implicada en la vida del φρόνιμος, que sabe acompañar en


las situaciones concretas de dolor y sabe hacer reír en las situaciones de
placer. El amigo es quien cierra el problema de la moralidad ya que por
percibir el placer y el dolor propios a través del sentido del tacto cumple
la exhortación ética de percibir el placer y el dolor ajenos por la virtud
del tacto.13 Bajo esta herencia, se hace evidente por qué en el estudio 10º
de Soi-même comme un autre la segunda modalidad de pasividad que
Ricoeur examina junto con el tacto es la pasividad del otro. Allí asume la
idea aristotélica de amistad para mostrar que la amistad consigo mismo
solo es posible si ya se ha entrado en una relación de amistad con otro,
“como si la amistad para sí mismo fuese una auto-afección rigurosa-
mente correlativa de la afección por y para el otro amigo” (Ricœur, 1990
p. 381).14 Gracias al tacto y al tener tacto porque el otro (amigo) toca su

que a sus parientes. Además, ¿no elegís también como generales, antes que a
vuestros padres y a vuestros hermanos, incluso, ¡por Zeus!, antes que a vosotros
mismos, a quienes consideráis que son más entendidos (φρονιμωτάτους) en
materias bélicas?” (Jenofonte, Apología de Sócrates, 20).
13 Aristóteles afirma: “Al modo de ser intermedio (τῇ μέσῃ δ᾽ ἕξει) pertenece tam-
bién el tacto (ἐπιδεξιότης). Es propio del que tiene tacto (τοῦ δ᾽ ἐπιδεξίου
ἐστὶ) el decir y oír lo que conviene a un hombre distinguido y libre; hay, pues,
bromas en el decir y en el escuchar que convienen a tal hombre, pero las bromas
del hombre libre difieren de las del hombre servil, y las del educado de las del
que no tiene educación. […] El que es gracioso y libre se comportará como si él
mismo fuera su propia ley (οἷον νόμος ὢν ἑαυτῷ). Tal es la medida (ὁ μέσος)
ya sea llamado hombre de tacto o de gracia (εἴτ᾽ ἐπιδέξιος εἴτ᾽ εὐτράπελος)”
(Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1128a17-33). Más adelante agrega: “el amigo, si
tiene tacto (ᾖ ἐπιδέξιος), puede consolarlo [al sufriente] con su presencia y con
sus palabras, ya que conoce el carácter y lo que le agrada o disgusta” (Aristóteles,
Ética a Nicómaco, 1171b3-5).
14 Por un lado, aquí ya se comprende por qué en su artículo de 1952, Ricœur acla-
raba que el análisis de la experiencia solipsista del cuerpo propio en el doble
contacto, “culminará cuando la intersubjetividad entre en juego”, es decir, cuando
se toca a otro y cuando se es tocado por él (Ricœur, “Analyses et problèmes dans
Ideen II”, p. 128). Por otro lado, se comprende por qué es mi carne la que necesita
de la alteridad del otro, pues “solo una carne (para mí) que es cuerpo (para otro)
puede desempeñar el papel de primer analogon en la traslación analógica de carne
a carne” (Ricœur, 1990, p. 384).
Hermenéutica táctil

19

cuerpo y mi cuerpo en situaciones placenteras y dolorosas, existe la ana-


logía entre los hombres como seres tangibles y sensibles. Tocar el cuerpo
de otro viviente es la cercanía necesaria para sentirse a uno mismo y al
otro antes de cualquier requerimiento. En términos ricœurianos, es la
base de la capacidad de gratuidad pre-ética de toda experiencia humana
y la condición de posibilidad de la hospitalidad y fraternidad éticas.

En la hermenéutica filosófica de Gadamer, el tacto es esencial al mo-


mento de abordar el problema del método en las ciencias humanas. En la
primera parte de Verdad y Método, de la mano de von Helmholtz asume
la idea que, en estas ciencias, el ejercicio de la inducción científica estaría
vinculado a ciertas condiciones perceptivo-psicológicas como la de un tac-
to (Taktgefühl) o sensibilidad y tacto artístico (künstlerisches Geruhl und Takt):
Bajo tacto entendemos una determinada sensibilidad y capacidad de per-
cepción de situaciones así como para el comportamiento dentro de ellas
cuando no poseemos respecto a ellas ningún saber derivado de principios
generales. En este sentido el tacto es esencialmente inexpresado e inexpre-
sable. Puede decirse algo con tacto, pero esto significará siempre que se
rodea algo con mucho tacto, que se deja algo sin decir, y ‘falta de tacto’ es
expresar lo que puede evitarse. (Gadamer, GW 1, p. 22)15

La descripción casi literal que Gadamer ofrece al comienzo como


una “sensibilidad y capacidad de percepción” se prolonga —en absolu-
to solo metafóricamente si tenemos en cuenta el vínculo aristotélico y
ricœuriano entre el sentido del tacto y el tacto moral— al aplicarla a la
prudencia en situaciones humanas donde no hay posesión ni existencia
de un criterio general que permita comprenderlas y saber cómo com-
portarse en ellas. Ese carácter humano-prudencial hace que el tacto sea
inexpresado, es decir, no se pueda transmitir ni comunicar lingüística-
mente, e inexpresable, es decir, ofrezca conjuntamente el conocimiento
de una verdad singular y el no poder llevarla al lenguaje. Por eso, como
veíamos en la cita del comienzo, el tacto no puede aprenderse, ni imitar-
se, sino solo formarse. Como es sabido, la determinación fundamental

15 Para profundizar estos temas, remito a mi trabajo (2020b).


Francisco Diez-Fischer
20

del concepto de formación es asumida por Gadamer a partir de Herder.


Es conveniente recordar que los conceptos de formación y tacto (como
los de sentido común, juicio y gusto) tenían en su sentido prekantiano
un sesgo eminentemente comunitario, ligado a prácticas compartidas y
reconocidas en el interior de cada comunidad. En qué consistía “tener
tacto” podía ser identificado por referencia a sus portadores y a las cos-
tumbres de cada tradición de pertenencia.

Según Gadamer, Kant canceló con su fundamentación trascenden-


tal de la estética la relación de pertenencia de esos conceptos que estaban
operando en la tradición humanista y obturó el sustrato conceptual que le
servía de justificación a las ciencias humanas. La pretensión gadameriana
de recuperación semántica de estos conceptos se apoyó en la idea herde-
riana de formación como ascenso a la humanidad. En concordancia con
Hegel, para Herder y Gadamer los hombres no nacen, sino que devienen
(ascienden) humanos, lo que es el resultado de un proceso formativo que
da forma a las capacidades comunitarias de las que está dotado todo hom-
bre en tanto ser histórico, es decir, que no están ni ya desarrolladas en su
naturaleza, ni son especiales de un hombre en particular.

Por eso el tacto que Gadamer elabora a partir de von Helmholtz no


es un sentimiento inconsciente, ni una mera capacidad natural, sino un
fenómeno ético, una manera de conocer y de ser, que es función de la for-
mación tanto estética como histórica, pues si se quiere poder confiar en
el propio tacto para el trabajo científico en las ciencias humanas hay que
tener o haber formado un sentido tanto de lo estético como de lo histó-
rico. Esta conciencia estética o histórica “se conduce con la inmediatez de
los sentidos, esto es, sabe en cada caso distinguir y valorar con seguridad
aun sin poder dar razón de ello” (Gadamer, GW 1, p. 22).16

16 La inmediatez (unmittelbarkeit) del tacto gadameriano requiere recordar la aclara-


ción de Aristóteles, según la cual el tacto no es un sentido que percibe inmediata-
mente como parece, sino conjuntamente con su medio. El tacto está mediado por
la carne del cuerpo que no es su órgano sino su medio, y percibe “junto con o a
la vez que el medio” [ἀλλ› ἅμα τῷμεταξύ] cf. (Aristóteles, Acerca del alma II 11
Hermenéutica táctil

21

La formación herderiana de esta conciencia prudente como un


sentido comienza a entramar el hilo que conduce a la profundización
de la función perceptiva del tacto. En la tercera de Verdad y Método,
las contribuciones fundamentales a los estudios sobre el lenguaje y a
la unidad de este con el pensamiento, que Gadamer asume de Herder,
reclaman el reconocimiento expreso de la relación que este último pro-
pone entre tacto y lenguaje. Si bien Gadamer ni siquiera lo menciona en
su fundamentación de la universalidad lingüística, en su Ensayo sobre el
origen del lenguaje, Herder desarrolla los aspectos pragmáticos y pulsio-
nales, mostrando cómo todo lenguaje es expresión de la constitución
unitaria del hombre en sus distintas dimensiones; expresión de su “sen-
sorio común”, en el cual el tacto ocupa un lugar central. Retomando la
herencia aristotélica, afirma que el tacto es, en primer lugar, el sentido
que es fundamento de todos los sentidos, pues “un cuerpo que nunca
hubiéramos conocido como cuerpo mediante el tacto, […], sería para
nosotros eternamente como un anillo de Saturno o de Júpiter, esto es,
un fenómeno, una apariencia” (Herder, 2006, p. 45). Solo el tacto otorga
a las diversas sensaciones —incluso a la del doble contacto donde apa-
rece el cuerpo propio— un lazo de propiedad corporal “íntimo, fuerte,
inexpresable” (Herder, 1982, p. 174). En segundo lugar, lo considera el
fundamento perceptivo del lenguaje que es oscuro por lo cual “se hace
inexpresable” (1982, pp. 177-178). El hombre es el ser capaz de decir lo
que toca, aunque no pueda hacer de toda sensación de su oscuro sentir
una palabra. Como lo hará Gadamer, Herder reconoce que el oído es el
sentido lingüístico por excelencia, pero solo en tanto media clarificando
entre la oscuridad del tacto que nos arrolla con percepciones inmediatas
y la brillantez deslumbrante que la vista nos ofrece con su percepción

423b 15-20). Mientras los otros sentidos perciben “a través del medio” [ὑπὸ τοῦ
μεταξὺ] (el aire o el agua), la concomitancia de medio y órgano en el tacto se debe
a la unidad de pertenencia que se da con el medio de mi carne. Como el escudo y
el guerrero, “ambos resultan golpeados conjuntamente” [ἀλλ› ἅμ› ἄμφω συνέβη
πληγῆναι]. La percepción táctil contrasta así con la separación y no propiedad de
los otros medios (aire y agua) a través de los cuales se da la percepción de los demás
sentidos (a excepción del gusto que para Aristóteles es una especie de tacto).
Francisco Diez-Fischer
22

a distancia. Anticipando el ejemplo que ofrecerá Husserl para mostrar


la primordialidad de la experiencia táctil en la constitución del cuerpo
propio,17 Herder explicará la función del sentido del tacto en la consti-
tución del lenguaje: “Qué difícil sería para semejante ser —todo ojos—,
si es que debía convertirse en hombre, nombrar lo que viera, relacionar
la fría vista con el cálido tacto, con el linaje entero de la humanidad!”
(Herder, 1982 p. 179).18 En el marco de este fundamento perceptivo tác-
til del lenguaje, que indica la apertura a la moralidad en el vínculo con
la humanidad, Herder señalará la constitución unitaria de pensamiento
y lenguaje que será central para la justificación filosófica de la herme-
néutica de Gadamer. Hasta aquí el desocultamiento de su herencia sub-
yacente sobre la relación entre el sentido del tacto y el lenguaje, algo de
luz sobre la caracterización de esa sensibilidad y capacidad de percep-
ción táctil, vinculada a la φρόνησις, que la hermenéutica gadameriana
propone como esencial para el ejercicio metodológico en las ciencias
humanas.

El tacto hermenéutico: aportes filosóficos y metodológicos


En la época de las tecnologías touch y de los preludios del trans-
humanismo, el vínculo de lenguaje y pensamiento pasa por la virtuali-
dad del medio con el que el cuerpo humano se pone en contacto, lo que
anticipa la posibilidad de otras formas “corporales” de tocar en el futu-
ro. En perspectiva de estos tiempos que comienzan, creo que son útiles

17 Herder utiliza el ejemplo de oftalmita: “Un oftalmita de mil ojos, sin tacto, sin
mano para palpar, permanecería de por vida en la caverna de Platón y no tendría
nunca el concepto de ninguna propiedad corporal singular como tal. Pues ¿qué
son las propiedades de los cuerpos, sino relaciones de las mismas con nuestro
cuerpo, con nuestro tacto?” (Herder, 2006 p. 45).
18 El tacto es el fundamento oscuro del lenguaje que nos une a los otros, a la huma-
nidad, en tanto ofrece también la sensibilidad ante el dolor ajeno. Siguiendo la
herencia aristotélica de la relación entre tacto y tacto moral, Herder responde a
la opinión de Diderot respecto a que un ciego de nacimiento sería más insensible
que un vidente frente a las quejas de un animal sufriente: “yo creo que, en ciertos
casos, es lo contrario” (Herder, 1982, pp. 140-141).
Hermenéutica táctil

23

los aportes filosóficos y metodológicos que un abordaje hermenéutico


del tacto podría hacer a la progresión circular entre filosofía y teolo-
gía. No solo a través de la circularidad entre sus propias significaciones
como sentido perceptivo y virtud moral, que operan, como hemos visto,
tanto en Gadamer como en Ricœur, sino, al mismo tiempo, asumiendo
la tríada tacto-cuerpo-lenguaje que subyace a sus hermenéuticas, entre-
cruzarlas con las significaciones del tacto como límite inferior y supe-
rior del lenguaje.

En la conjunción originaria entre tacto-cuerpo-lenguaje, el tacto,


entendido como sentido y virtud moral, es el límite inferior en tanto es
punto de partida del lenguaje (1.1). El tacto como sentido perceptivo
se encuentra en el límite lingüístico inferior porque constituye el cuer-
po propio que es el punto de partida pre-lingüístico (vorsprachliche),
la condición antes del lenguaje que lo hace posible, por ejemplo, para
poder pronunciar o escribir indicativamente “yo”. El sentido del tacto
manifiesta la constitución del lenguaje no solo por fonemas (auditivos)
y grafemas (visuales), sino por formas haptolingüísticas vinculadas a su
materialidad19 (1.2). El tacto como virtud moral también se encuentra
en el límite inferior del lenguaje, pues “tener tacto” es el punto de par-
tida para toda conversación y abordaje de un texto. Ninguna conversa-
ción sería posible sin un mínimo de tacto para las situaciones concre-
tas. Complementariamente, el tacto, entendido como sentido y virtud
moral, es también límite superior del lenguaje en tanto es su punto de
llegada (2.1). El lenguaje culmina cuando se llega a tocar algo de lo que
se dice, incluso cuando se pretende tocar algo que está más allá del len-
guaje (übersprachliche) (2.2). El tacto moral se desarrolla como cumpli-
miento lingüístico en el arte de la conversación y de la escritura. Todo
aquel que es capaz de conversar y escribir bien sabe que estas artes solo
se forman a través de una larga travesía por los conflictos. En síntesis, un

19 Estudios recientes han examinado las formas o estructuras táctiles del lenguaje. Cf.
Komel (2019). Es curioso que, apoyándose en la importancia del giro lingüístico en
la filosofía del siglo XX, esta obra no haga referencia alguna a la hermenéutica.
Francisco Diez-Fischer
24

cruce horizontal y otro vertical se establecen al reinterpretar la relación


entre los cuatro polos significativos del tacto (sentido-virtud y límite
inferior-superior) que determinan su vínculo con el lenguaje en sus dos
dimensiones: la oralidad y la escritura. A modo de conclusión analice-
mos estos movimientos en detalle.

En la esfera de la oralidad del diálogo se manifiestan los elementos


semióticos que indican hacia la originaria condición táctil del hablante
en el lenguaje. Ejemplo de ello son la cinésica, la proxémica, los elemen-
tos paralingüísticos, cuasi-léxicos y deícticos.20 Allí está en germen la
intencionalidad de la conjunción originaria que une lenguaje, cuerpo
y tacto, entendido este último como sentido perceptivo que está ahora
también en el límite superior del lenguaje, en tanto cuando se dialoga
con otro se pretende tocar algo. El límite superior no conlleva una supe-
ración de la significación perceptiva del tacto, por el contrario, muestra
que este concreta el cumplimiento del lenguaje en tanto lo consuma
en el tocar. Por ejemplo, una declaración de amor tiene la pretensión
inherente de tocar al otro que se ama. Un amor que se declara con el len-
guaje pero que no alcanza a tocar con el sentido, no se consuma como
amor. El acto del lenguaje requiere para cumplirse del contacto (tocar

20 La cinésica estudia los movimientos corporales conscientes e inconscientes que


poseen un valor comunicativo. Una de las percepciones del comportamiento ciné-
sico es el tacto, por ejemplo, un beso, una caricia, un roce, el jugueteo con el pelo,
etc. La proxémica estudia la organización del espacio en la comunicación lingüís-
tica; más concretamente, las relaciones —de proximidad, de alejamiento, etc.—
entre las personas y los objetos durante la interacción, las posturas adoptadas y
la existencia o ausencia de contacto físico. Los elementos paralingüísticos son los
elementos vocales no lingüísticos, que se producen con los mismos órganos del
aparato fonador, y se alían con elementos cinésicos para comunicar o matizar el
sentido de los enunciados verbales. Los elementos cuasi-léxicos son las vocaliza-
ciones y consonantizaciones convencionales. Un ejemplo son la mayoría de las
interjecciones y onomatopeyas, el chistar, el roncar o el gemir, y otros sonidos que
se utilizan convencionalmente con valor comunicativo. Sobre estos elementos, los
desarrollos en zoosemiótica y biosemiótica examinan en la comunicación animal
los sistemas de signos vinculados al tacto. Por ejemplo, para indicar su presencia
a las hembras, las arañas de estuche machos hacen vibrar sus membranas.
Hermenéutica táctil

25

y ser tocado) con el otro nombrado que es objeto y destinatario de la


declaración. Del mismo modo sucede con la declaración de justicia que
debe tocar al cuerpo del condenado para cumplirse. ¿Qué justicia habría
en cada situación concreta si la sentencia pronunciada por el juez no
tocara literalmente su cuerpo encerrándolo o castigándolo? Lo mismo
sucede en procesos de reconciliación que nacen no solo de un pedido de
perdón, sino de un nuevo entrar en contacto y volverse a tocar humana-
mente. Así también el discurso del cuidado necesita de la caricia.21 En la
historia religiosa, existen muchos ejemplos que refieren al contacto del
lenguaje con lo divino: desde el Noli me tangere que Cristo resucitado le
dirige a María Magdalena en su primera conversación —un dios con un
cuerpo recién devenido en un nuevo estatuto carnal que aún no ha vuel-
to a la Palabra del Padre— hasta el llamado al discípulo Tomás a tocar el
costado herido —un dios que interpela a ser tocado y vuelve a ofrecer la
materialidad de su carne para convertir al incrédulo—; primacía táctil,
que se palpa en el fresco de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, donde
hombre y Dios desean tocarse mutuamente.

El sentido del tacto ofrece este cumplimiento del lenguaje en diá-


logo. En él, el límite inferior y el límite superior coinciden en la inter-
minable progresión circular de la conversación. Al mismo tiempo, la
progresión inherente a la dualidad del tacto como sentido perceptivo
clarifica el movimiento circular que se da en su significación como vir-
tud moral. En todo diálogo, está supuesta una mínima virtud de “tener
tacto”. Ese es el punto de partida o límite inferior que permite la conti-

21 A modo ilustrativo, es interesante señalar que entre los chamanes tzeltales la enfer-
medad tiene el sentido de una palabra o texto que afecta al enfermo. El chamán
“diagnosticador”, que se designa con el término pik’abal (pik’: tocar, palpar y k’ab:
brazo, mano), toca el pulso sanguíneo del paciente a fin de reconocer la palabra que
le enferma a través de su “lectura táctil”. Por el tacto, se puede sentir la forma de esa
palabra y aplicar el remedio que son las palabras del chamán. Aquí diagnóstico y
terapia van juntos en el diálogo entre chamán y paciente, pues “el chamán no solo
pulsa para conocer la identidad de las palabras intrusas, sino para conocer también
el resultado de sus propias palabras sobre el paciente” (Pitarch, 2019, p. 342).
Francisco Diez-Fischer
26

nuidad de la conversación, por eso quien dice o calla algo sin tacto trun-
ca el discurrir de cualquier diálogo. A su vez, “tener tacto” es una virtud
que se forma y, en este sentido, es punto de llegada de los intercambios
humanos, pues el arte táctil solo se forma por el trato asiduo con los que
conversamos. El caso del amor sigue siendo ejemplar. Una pareja, que
lleva varias décadas juntas, por lo general, sabe manejarse mutuamente
con tacto en situaciones concretas.

En la esfera de la escritura del texto, el lenguaje implica un con-


tacto esencial e indispensable no solo para el acto de escribir (sea en la
escritura cuneiforme, en el arte de la caligrafía china o en el tipeo del
teclado de una computadora), sino también para el acto de leer.22 La

22 Sobre esta concreción táctil del lenguaje escrito, en Fenomenología del Espíritu,
Hegel hace referencia a la necesidad de la mano que fija lo interior del individuo
y lo hace salir totalmente fuera de sí: “Los simples trazos de la mano, entonces,
Hermenéutica táctil

27

etimología de texto vinculada a la textura y al acto de tejer supone esa


posibilidad de tocar un entramado, tanto en la literalidad del sentido
perceptivo como en la “metaforicidad” de la virtud moral.23 En el primer
caso, tocar un texto supone que la lectura y la escritura son cuestiones
del tacto, como ha sugerido Nancy; cuestiones de un cuerpo en contacto
con otro cuerpo (los del lector-texto-escritor). Tocar un libro da a co-
nocer un peso, un gramaje, una plasticidad a través de los cuales el libro
no solo habla “de”, sino le habla “a”.24 En el “tocar al otro” del libro, los
cuerpos se encuentran:
Los cuerpos se tocan en esta página, o bien, ella misma es el punto de
contacto (de mi mano que escribe, de las suyas que sostienen el libro).
[...] un contacto por todas partes interrumpido y por todas partes rea-
nudado. (Nancy, 2000, p. 47)

El carácter originariamente táctil de la lectura y la escritura, vá-


lido incluso para los libros digitales, hace pensar que sucede en el con-
tacto con un texto sagrado. Cuando la mano de Dios es la que escribe
a través de la mano de los hombres, ¿qué tocamos cuando tocamos su
Texto? Las Escrituras son Sagradas precisamente por su carácter tangi-
ble, es decir, poder tocarlas hace posible la operatividad de su sacrali-
dad allí presente. De otro modo ¿cómo se ofrecería cualquier llamada o

también el timbre y el volumen de la voz en cuanto determinidad individual del


habla (Sprache), y también esta, a su vez, según adquiere mediante la mano una
existencia más firme que mediante la voz en la escritura, y, por cierto, en su par-
ticularidad de letra escrita a mano —todo esto es expresión de lo interno, de tal
manera que la expresión, en cuanto la exterioridad simple, se relaciona, a su vez,
con la exterioridad múltiple del obrar y del destino, se comporta como algo inter-
no frente a esta” (Hegel 2010, p. 393). En un sentido semejante, pueden encontrar-
se las elaboraciones sobre la mano y el manuscrito que Jacques Derrida hace en
“La mano de Heidegger” (1990) y “De l’Esprit. Heidegger et la question” (1990).
23 En el mundo andino, el acto de tejer está directamente vinculado a procesos tác-
tiles de conocimiento del mundo y de la vida. Al respecto remito al video: https://
[Link]/3vqNI7E
24 Cf. Nancy y Gac (2005, pp. 22-23), y Derrida (2000).
Francisco Diez-Fischer
28

interpelación de lo divino sin cuerpo sensible capaz de ser tocado por


quienes son capaces de tocar con mayor agudeza?

Así la universal mediación del lenguaje, sobre la que se funda la


universalidad de la hermenéutica, evidencia estar apoyada en la universa-
lidad del tacto que es también la universalidad del hombre gracias al tacto.
Por un lado, porque la universalidad de este sentido y virtud es condición
de posibilidad de la capacidad humana de universalidad, por lo cual es
cumplimiento de su lenguaje. Por otro lado, el carácter mediador del len-
guaje se apoya en la mediación más originaria de la percepción que de-
termina el sentido del tacto. Si el tacto fuera realmente inmediato —una
sensación sin mediación del cuerpo— quizás el lenguaje no sería medio
y podríamos tocar las cosas con el pensamiento. Esa originaria insepara-
bilidad de decir y dicho, de nombre y nombrado, que se palpa en el límite
inferior y superior del lenguaje, se cumpliría de forma inmediata.

En síntesis, estos elementos de una hermenéutica del tacto ¿qué


pueden aportar a la progresión circular entre filosofía y teología? 1) La
misma progresión circular muestra ser el reflejo del doble contacto, esa
primera y originaria re-flexio sensible, por la que el tacto nos descubre
la relación de propiedad con el cuerpo. Sin cuerpo tocante y tocado, no
habría reflexión ni posibilidad de progresión circular entre ambas disci-
plinas. Los cuerpos tocantes y tangibles son la primera condición de posi-
bilidad de interrelación entre teología y filosofía.25 2) Esta nueva sensibi-
lidad amplía lo que sucede en el modelo hermenéutico de la traducción,
reducido a una progresión dentro del lenguaje, poniendo en evidencia
sus condiciones, estructuras y pretensiones hápticas. En esta ampliación,

25 Así cuando Kant examinaba la relación entre ambas disciplinas y se burlaba del
señorío de la primera sobre la segunda, sosteniendo que una sierva puede ir delan-
te de su señora como estandarte que la guía o detrás como escolta que la cuida,
quizá no imaginó que ambas figuras suponen el tacto. Cf. Kant (1999, p. 11). Y
cuando León XIII recordaba que Tomás de Aquino había unido ambas ciencias
“con el vínculo de una amistad recíproca” quizá tampoco imaginó que el tacto
como sentido y como virtud son condición de ese vínculo amistoso de fecunda
asociación. Cf. León XIII (1965, p. 239).
Hermenéutica táctil

29

una teología del tacto incorporaría a su lenguaje el límite inferior de la


materialidad en el límite superior del contacto con la divinidad, uniendo
los extremos que el pensamiento separa. Teología del con-tacto con otros,
con Dios y con sus manifestaciones textuales que llevaría a pensar no solo
el llamado divino a tocar y ser tocado, sino también la profundidad de
una palabra hecha carne que supone y aspira al tacto.26
Bajo esta nueva primacía hermenéutica, podrían reelaborarse los
preludios de una filosofía del tocar junto a nuevas orientaciones me-
todológicas. a) Una filosofía del tocar elaborada sobre la universidad
lingüística que supone la universalidad de la sensibilidad táctil. b) Las
orientaciones metodológicas de una hermenéutica táctil condensadas
en: 1) el reconocimiento de la originaria experiencia de pertenencia a
la materialidad de lo que queremos pensar (incluso la materialidad del
contacto con Dios); 2) el vínculo moral que solo es posible si hay tacto,
pues ¿qué moralidad hay sin contacto, sin tocarse unos a otros (circula-
ridad entre violencia y ternura)?; 3) el palpar una obra y un texto en su
materialidad; 4) la operatividad virtuosa del círculo hermenéutico que
refleja la circularidad mediada del tacto, y que se da si se toca la alteridad
y se deja tocar por ella, no solo si se le presta oídos a la distancia; 5) el
oír originario de la hermenéutica supone el originario tocar del cuerpo
y del lenguaje; y 6) el principio de aplicación implica el tacto en relación
con la φρόνησις, es decir, con el tener tacto para saber qué decir y hacer
en situaciones concretas. Entonces, junto a una mirada de lo humano
para el siglo XXI, cabría ensayar ejercicios de con-tacto más humano
para la construcción de lo originario.

26 Creo que la pregunta ¿Por qué la Palabra se hace carne? es una pregunta que supo-
ne la primacía del tacto para el mundo humano. Pues ¿el Verbo, que creó todas las
cosas, no podría haber pronunciado sin más la salvación? ¿Por qué se encarnó? La
respuesta teológica clásica es conocida “envió a su hijo por amor a nosotros”, pero
quizás esta respuesta oculta la idea que, para nosotros, seres tangibles, la Palabra
no es suficiente para la salvación y necesitamos de su presencia en la carne de
Dios, y de tocarla y herirla para ser salvados. En este sentido, es ejemplar que el
símbolo del cristianismo no sea una palabra, ni un verbo, sino un cuerpo “tocado”
por la violencia de la humanidad.
Francisco Diez-Fischer
30

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Hacia un cambio cultural
en la comprensión biológica
de las emociones

Darwin Reyes-Solís1
dreyes@[Link]

Este artículo forma parte de la tesis presentada en los estudios


doctorales de Filosofía en la Pontificia Universidad Bolivariana de Me-
dellín, Colombia. Buscamos con este trabajo abrir caminos de debate
en la filosofía en el conocimiento y tratamiento del mundo emocional
humano. Consideramos fundamental el campo de las emociones para
la construcción de una antropología filosófica que, teniendo elementos
científicos, nos permita una filosofía contemporánea que esclarezca el
conocimiento de lo humano y permita mejores horizontes de compren-
sión de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser.

Las investigaciones y estudios del cerebro, de la neurociencia y de


las filosofías de la mente, han contribuido al conocimiento de emocio-
nes como el miedo, la vergüenza, ira, humillación, la gratitud, rencor, el
amor, la amabilidad, entre otras. Hoy se conocen mejor las funciones
cerebrales complejas en las que las emociones fluyen por diversas partes
del cerebro incluida la racional cognitiva, la cual desempeña un papel
importante en su estructura.

1 Doctor en Filosofía en la Pontificia Universidad Bolivariana- Colombia. Docente


en la Universidad Politécnica Salesiana Ecuador. Actualmente trabaja el tema de
las emociones humanas desde la perspectiva filosófica.
Darwin Reyes-Solís
34

Las emociones involucran un sistema muy complejo de pensa-


mientos e interrelaciones cognitivas y esto se expresa en los sistemas
neuronales y sus conexiones.

Revisemos algunos de los avances de los descubrimientos cientí-


ficos contemporáneos, sobre todo en la neurociencia, como un aporte
más de nuestra época.

Conocimiento neurofisiológico de las emociones


Los últimos descubrimientos científicos sobre el cerebro huma-
no pueden ayudar a una mejor educación y reeducación del mundo
emocional para desarrollar las capacidades de los individuos y hacer del
florecimiento humano una condición de permanente renovación, sin
olvidar que esos mismos descubrimientos pueden ser utilizados por la
publicidad o el marketing para manipular las emociones en función de
generar necesidades de consumo.
Hemos perfeccionado nuestro conocimiento de la naturaleza y la neu-
rofisiología de las emociones y sobre su importante influencia en los
procesos cognitivos inteligentes. Se plantea incluso la posibilidad, qui-
zás algo prematuro, de implementar rasgos periféricos de las emociones
en los sistemas de inteligencia artificial. (Adolpha et al., 2002, p. 12)

Hoy sabemos que el funcionamiento de las emociones en el ser hu-


mano tiene una base biológica, tiene que ver con substancias producidas,
encimas y proteínas que intervienen, iones y cargas eléctricas, neuronas que
se conectan en sistemas cerebrales muy complejos. Siempre hemos de in-
sistir en que el sistema biológico, neuronal, fisiológico del funcionamiento
de nuestro cuerpo, no es determinante, pues están presentes las incidencias
directas e indirectas del medio ambiental y de la cultura en la que vivimos.

Iniciemos este tercer momento del capítulo dos haciendo refe-


rencia, en primera instancia, al funcionamiento del cerebro. Es una mi-
rada general que nos permite colocar un contexto para la comprensión
del tema emocional dentro de los sistemas neurales humanos.
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

35

El cerebro humano: un sistema complejo


entre el pensamiento y la emoción
El cerebro humano es una realidad compleja, fruto de un proceso
evolutivo que se desarrolló a lo largo de millones de años, tiene una
masa no superior a los 1300 gramos de peso. En la naturaleza encontra-
mos cerebros más grandes que el humano, pero no más desarrollados
en sus funciones. Hasta ahora el cerebro humano es el órgano biológico
más complejo de la naturaleza.

El cerebro, como cualquiera de los órganos de un ser vivo, está


compuesto por células, la vida en general es un sistema muy comple-
jo de células que se interrelacionan para cumplir diferentes funciones
que sostengan procesos vitales: comer, dormir, respirar, reproducirse,
entre otros sistemas básicos. Las células del cerebro se llaman neuronas
y entre ellas poseen un sistema de comunicación a través de energía y
productos químicos específicos, generando grupos neuronales y zonas
de interacción para tareas especializadas.
A esta zona de interacción de las neuronas se le llama sinapsis (del griego
συναψις =unión, enlace), y su funcionamiento es esencial para explicar
prácticamente todas las acciones del cerebro, desde las más sencillas como
ordenar a los músculos que se contraigan y se relajen en forma coordina-
da para llevar a cabo un simple movimiento, hasta las más complicadas
tareas intelectuales, pasando también por las funciones que originan,
controlan y modulan las emociones. (Pasantes, 2003, p. 11)

El cerebro humano posee más de ochenta y cinco mil millones de


neuronas que están interconectadas entre ellas, (otras versiones dirán
que llegan a ser cien mil millones), lo cual le permite realizar funciones
como la sed, el hambre, el sueño, la conciencia, el aprendizaje, auto-
referencia, lenguaje, memoria entre muchas otras que le convierten en
una de las realidades más complejas de la naturaleza.

Las neuronas están interactuando permanentemente, generan


redes o circuitos complejos. Estas redes neuronales están asignadas a
Darwin Reyes-Solís
36

funciones concretas; es decir que, diversos sistemas neuronales tienen


conexiones con el resto del cuerpo para realizar tareas específicas como
mover músculos, percepción táctil, área del cerebro que cumplen fun-
ciones específicas como el área auditiva, visual y también existen siste-
mas neuronales que tienen que ver con las emociones, con la conducta,
con el razonamiento, o con aquellas realidades que la filosofía desde
supuestos ontológicos, ha denominado conciencia.
Desde la perspectiva neurofisiológica los circuitos neuronales que
tienen que ver con las emociones no están, los ubicados en un solo lugar
del cerebro, sino que son varios circuitos que se interrelacionan, tanto de
la corteza, como del sistema límbico y dentro de este el hipotálamo. En el
caso de la emoción conocida como miedo, por ejemplo, se genera en la
corteza somato sensorial secundaria e involucra a la corteza, el tálamo y
el área media del cerebro. Denton concluye de una de sus observaciones:
[En el miedo] Hubo una activación muy potente en el para-hipocampo
izquierdo, un paralelismo interesante con el hecho de que este fue el
lugar de máxima activación con la sed. También se activó con el hambre
de comida. Se dieron activaciones fuertes en el tálamo, el área media del
cerebro y el área motriz de la corteza. (2005, p. 259)

Ninguna emoción está relacionada con un solo grupo de neuro-


nas, sino a varios y en diferentes ubicaciones o partes del cerebro.
Además, como lo señala Edelman, cada una de las emociones tie-
ne zonas específicas que interactúan, no existe un solo sistema neuronal
para cubrir a la diversidad de emociones humanas. “Puede considerarse
que las emociones son los estados mentales más complejos por el hecho
que se mezclan con todos los demás procesos, y de una manera muy
específica dependiendo de la emoción” (en Denton, 2005, p. 324).
Aunque podemos decir que básicamente la zona cerebral del hi-
potálamo es la que más actúa para el funcionamiento de las emociones,
así mismo se puede sostener que todas ellas, producen conexiones con
la parte cognitiva en la corteza cerebral y con los sistemas neurales para
el funcionamiento de los instintos en mayor o menor medida.
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

37

Lo que se quiere mostrar es que hay una diversidad de zonas neu-


ronales que interactúan dependiendo del tipo de emoción. No es homo-
géneo el funcionamiento biológico de las emociones, esto no niega que
existe una base fisiológica cerebral de funcionamiento. Existen circuitos
neuronales que cumplen funciones emocionales y otras funciones bási-
cas como el hambre o la sed: se ubican en una parte específica del hipo-
tálamo y más concretamente en un área que se conoce como amígdala.

Ledoux (2012) plantea que existe una memoria no cognitiva en el


nivel del cerebro, específicamente en la amígdala, que es una de las par-
tes desde donde el cerebro maneja las emociones. La amígdala funciona
para los recuerdos no-cognitivos y el córtex para el tema racional de la
memoria consiente, entre las dos áreas hay un sistema de comunicación
con muchas redes de intercambio, pero no es simétrico de ida y vuelta:
la comunicación es directa, rápida y eficiente del hipotálamo al córtex,
la dificultad se genera en la comunicación del córtex hacia la amígdala
pues en esta línea no existe una comunicación biológicamente ágil. Por
lo cual, Ledoux concluye que quienes realizan terapias racionales para
manejar las emociones no logran resultados fáciles, pues biológicamen-
te la comunicación del córtex a la amígdala es deficiente.

Como vemos es fundamental comprender el tema de las comuni-


caciones entre las neuronas y entre los sistemas neurales. Dediquemos
este acápite a dicha comprensión.

Sistemas de comunicación entre neuronas


El cerebro humano posee de entre 85 000 a 100 000 millones de
neuronas, y entre estas neuronas se generan millones de conexiones y sis-
temas de transmisión de información. Las posibilidades de combinación
son inimaginables para nosotros. Esas formas de interacción celular, o cir-
cuitos neuronales definen las diferentes funciones que cumple el cerebro.

Existen algunas formas de inter-acción celular, pero una de las


más comunes es a través del axón. Veamos en detalle esta comunicación
Darwin Reyes-Solís
38

neuronal: las neuronas poseen diversas formas, pero la más común es la


que tiene una forma estrellada, con un cuerpo central o soma, unas ex-
tensiones pequeñas denominadas dendritas y una extensión más larga
denominada axón. Desde el axón, las neuronas establecen sus sistemas
comunicativos complejos con las demás células cerebrales o nerviosas a
través de intercambios químicos y eléctricos que les permiten transmitir
información rápida y eficiente.

El lenguaje de comunicación neuronal es químico y eléctrico:


Es decir, a base de cambios en las cargas eléctricas que llevan algunos
elementos químicos […] que son los iones. Los más destacados son el
sodio y el potasio, que tienen carga eléctrica positiva, y el cloro que tiene
carga eléctrica negativa. (Pasantes, 2003, pp. 19-20)

Los cambios de carga de una neurona dependerán de su sistema


interno donde predomina el potasio y sus intercambios eléctricos exter-
nos. Un cambio de carga determinará un intercambio de información,
y este cambio dependerá de cuan permeable sea la membrana frente a
la acción de los químicos que se les conoce como neurotransmisores.
Si la neurona tiene una carga más positiva se genera una onda de
información eléctrica, el potencial de acción el cual se propaga muy
rápidamente en el interior de la célula, en todas direcciones y también
a través del axón que, recordemos, tiene en su extremo la terminal por
la que se comunicará con la siguiente neurona. Si el potencial de acción
al final del axón llega a una sinapsis eléctrica, la corriente pasa directa-
mente a la siguiente neurona, pero si se trata de una sinapsis química lo
que sucede es que el cambio de la carga eléctrica abre unos poros por
los cuales entra a la célula el ion calcio, muy importante para el fun-
cionamiento del sistema nervioso. Cuando aumenta la concentración
de calcio en la terminación pre sináptica, la neurona lanza al exterior
el neurotransmisor, que constituirá un puente químico entre las dos
neuronas. (Pasantes, 2003, pp. 21-22)

Esta explicación tiene algunos elementos básicos de la comuni-


cación neuronal, pues en realidad el sistema tiene diversidad de posi-
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

39

bilidades de conexión y combinaciones con cada elemento químico


(calcio, sodio, potasio, cloro); con los tipos de carga eléctrica (positiva,
negativa); con varios neurotransmisores como el grupo aminoácidos
(ácido aspártico, ácido glutámico, glicina, gaba, ácido cisteico), aminas
(dopamina, serotonina, norepinefrina) y péptidos (met-encefalina, leu-
encefalina, sustancia P, neurotensina, endorfina, vasopresina, oxitocina,
corticotropina, angiotensina II) con los cuales el sistema se vuelve real-
mente complejo y requiere todo un capítulo de la medicina contem-
poránea para su comprensión. Aquí queremos lograr un sistema gene-
ral que nos permita llegar a comprender algunos procesos que hoy se
manejan acerca del sistema límbico y de la amígdala de dicho sistema
para el funcionamiento biológico de diversas emociones. Eso permitirá
incluir el tema neurofisiológico en el debate filosófico actual, no como
algo determinante, sino como un elemento que aporta datos para la
comprensión del tema emocional.

Volvamos al sistema de comunicación de las neuronas a través de


los neurotransmisores. Estos son expulsados de la neurona que envía el
mensaje denominada pre-sináptica, hacia la neurona que recibe la infor-
mación denominada post-sináptica. La parte terminal de los axones de las
neuronas pre-sinápticas tiene vesículas que son las encargadas de guardar
los transmisores; así mismo, las post-sinápticas poseen unos receptores y
proteínas que permiten recibir o rechazar el transmisor químico.

Hemos de aclarar que existen varios niveles de reacciones meta-


bólicas en las neuronas, y en ese proceso de intercambio de información
aparecen otros mensajeros que recibirán el nombre de segundos o ter-
ceros mensajeros que refieren ya a sistemas de intercambio entre neu-
rotransmisores, proteínas, iones más específicos y especializados para
diferentes funciones e inter-relaciones neuronales.

En esa comunicación compleja existe la posibilidad de rechazo de


la información, y eso también depende de substancias químicas que impi-
den que las células post-sinápticas recojan los mensajes o los neuro-tras-
misores enviados. El caso de las reacciones cerebrales frente al peligro y el
Darwin Reyes-Solís
40

dolor es ejemplar; el cerebro, a través de sus sistemas de valoración, reco-


noce el peligro y hace que el cuerpo no sienta dolor para poder reaccionar
favorablemente, para ello impide que los mensajes que producirían dolor
sean recibidos y así el individuo pueda enfrentar el peligro.
Ahora tenemos pruebas detalladas de cómo tiene lugar este tipo de
interferencia. Unos núcleos de la parte del segmento del tallo cerebral
conocidos como gris periacueductal (GPA) despachan mensajes hacia
las rutas nerviosas que normalmente enviarían señales de lesiones en
los tejidos y conducirían a experimentar dolor […] el hecho de que
la sensación dependa del “lenguaje” de señales procedentes del cuer-
po sigue afirmándose. Es solo que lo que en realidad sentimos no es
exactamente lo que sentiríamos sin la sabia interferencia del cerebro.
(Damasio, 2006, p. 112)

Una especie de llaves que no permiten abrir las puertas o que


dañan los sistemas de intercambio para impedir el paso de substan-
cias. Existen químicos como venenos, drogas, medicamentos (como los
ansiolíticos) que pueden reemplazar a ciertos neurotransmisores o a
proteínas de los receptores en al axón de las neuronas post-sinápticas
y que interrumpen, aceleran, o cambian la normal interrelación de los
sistemas neuronales. Pero existen también sustancias que los sistemas
neuronales producen para interferir en los datos que llegan al cerebro:
Existen varias clases de péptidos opioides, todas las cuales son fabrica-
das naturalmente en nuestro propio cuerpo por lo que reciben el nom-
bre de “endógenas”. Entre ellas se cuentan las endomorfinas, la encefa-
lina y la dinorfina, además de las endorfinas. (Damasio, 2006, p. 113)

Pasemos ahora a revisar algunos sistemas comunicativos neuro-


nales y zonas del cerebro que tienen que ver con emociones animales y
humanas, para ir relacionando el sistema neural con el funcionamiento
de las emociones. Hay que tomar en cuenta que este campo es uno de los
que menos se conoce en la neurofisiología, debido a su alta complejidad
por la infinidad de zonas neuronales y canales de interacción que están
involucrados para cada proceso emocional.
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

41

Algunas referencias sobre sistemas


comunicativos neuronales y emociones
Para que una emoción aparezca, debe darse una complicada ca-
dena de acontecimientos. “La cadena empieza con la aparición del estí-
mulo emocionalmente competente. El estímulo, un objeto o situación
determinados realmente presentes o rememorados, a partir de la me-
moria, llega al cerebro” (Damasio, 2006, p. 59).

Existen partes de cerebro involucradas y sistemas neuronales e


inter-relaciones específicas que se activan al momento de vivenciarse
una emoción.
Algunas de las regiones cerebrales que […] desencadenan emociones
son la amígdala, profundamente situada en el lóbulo temporal; una
parte del lóbulo frontal denominada corteza pre frontal ventromediana;
y además otra región frontal en el área motriz suplementaria y cingula-
da. (Damasio, 2006, p. 61)

Se sabe que para cada emoción los sistemas neuronales que se


activan son diferentes y en muchos casos, aunque se conoce parte de su
actividad, no se tiene una explicación completa de su complejo siste-
ma de funcionamiento. Las investigaciones en este campo son nuevas y
existen contradicciones en las teorías planteadas. Lo que tenemos al mo-
mento son algunos experimentos y estadísticas que legitiman hipótesis
planteadas por la ciencia para acercarse a una explicación válida sobre
cada una de las emociones y sus sistemas específicos.

Coloquemos ejemplos sobre la relación del trabajo neuronal con


la producción de emociones específicas. Siguiendo a H. Pasantesen con
su texto De neuronas, emociones y motivaciones; A.R. Damasio En bus-
ca de Espinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos; Derek
Denton en su texto El despertar de la conciencia. La neurociencia de las
emociones primarias; a Martha Nussbaum en Paisajes del pensamiento,
entre otros investigadores especialistas en el tema plantearemos el hilo
argumentativo de este acápite: el cerebro es el órgano general en donde
Darwin Reyes-Solís
42

se encuentra la base biológica de las acciones humanas, luego las célu-


las del cerebro y sus sistemas comunicativos y ahora algunos casos de
emociones que tienen su estructura biológica neuronal conocida por la
ciencia actual. Y luego colocaremos el debate de la inter-acción de estos
sistemas neurales con el medio y la cultura.

Ejemplo 1: miedo
El miedo es una emoción que prepara al organismo para la acción
inmediata frente amenazas y peligros que pueden dañar nuestra exis-
tencia o nuestro bienestar. Existen niveles biológicos de miedo frente al
tamaño del peligro, llegando en algunos casos a convertirse en paralizan-
te, incluso puede debilitar la capacidad de respuesta. En algunos casos
puede llegar a la inhabilitación total: quedamos paralizados del miedo,
no podemos actuar frente al peligro eminente, el miedo en estos casos
se convirtió en todo lo contrario a lo que biológicamente quería ofrecer.

En la estructura del miedo existe un fuerte componente contex-


tual, una valoración del ambiente externo, de lo que acontece o puede
acontecer, como dice Nussbaum “Argumentaré que las emociones siem-
pre suponen la combinación del pensamiento sobre un objeto y el pen-
samiento sobre la relevancia e importancia de dicho objeto; en ese sen-
tido encierran siempre una valoración o una evaluación” (2001, p. 45).

El miedo se activa en el cerebro ante la percepción de una amena-


za. “A través de nuestros sentidos el cerebro escruta constantemente el
entorno y estos envían la información que obtienen hacia los distintos
órganos cerebrales” (Fouce, 2016, p. 24). Esta información activa zonas
neuronales de la amígdala la cual se conecta con otras zonas del cerebro
y del sistema nervioso en general.
La amígdala dispara y coordina respuestas más instintivas y primarias-
agresividad, ansiedad, respuestas fisiológicas intensas-, y es luego el
resto del sistema nervioso central el que termina de desplegar el com-
plejo sistema de respuestas […] La corteza pre frontal ventral tiene un
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

43

papel importante en el desarrollo de respuestas complejas de nuestra


mente y también en la respuesta de miedo, y junto al hipocampo confi-
gura lo que se denomina sistema límbico. (Fouce, 2016, p. 25)

La amígdala produce una reacción rápida y automática, pero la


corteza prefrontal es la que da el contexto a esa reacción, así la mati-
za y logra enfrentar con mayor grado de elaboración las particularida-
des del peligro externo. Como vemos, en la emoción que conocemos
como miedo intervienen varios sistemas neuronales, algunas partes de
cerebro, y diferentes formas de activar la comunicación neuronal, es un
sistema complejo de inter-relación. Además, claramente está presente
el estímulo externo, que bien puede ser una creencia cultural: si está
convencido que el 2020 se acaba el mundo, o que el avión en el que tiene
el vuelo en este momento se va a caer, seguramente se activan las zonas
cerebrales del miedo.

Hemos de saber que cuando las zonas del cerebro que intervienen
para el funcionamiento biológico del miedo son afectadas por acciden-
tes, substancias químicas, drogas, venenos o virus cerebrales, los efectos
son fuertes y generan desastres. Existe un virus denominado toxoplas-
ma, que se encuentra en el intestino de los gatos y se reproduce en la
orina de estos; al momento de salir, este virus ingresa en los mamíferos.
Si el que se infecta es un ratón, este pierde el miedo al olor de gato y, es
más, se estimula por este olor y así se acerca a los espacios donde está,
lo cual aumenta la posibilidad que el ratón sea comido por un gato y
la toxoplasmosis pueda ingresar a reproducirse en el intestino del feli-
no. Se sabe que esta ingresa al cerebro y manipula las zonas cerebrales
que funcionan para el miedo y la estimulación sexual (Sapolsky, 2012).
Cuando el virus infecta a un ser humano desestabiliza el sector del mie-
do y existen datos de que tiene efectos en accidentes de tránsito, muerte
y esquizofrenia.

Los lectores pueden tener ciertas experiencias en las cuales se


afecta a las zonas cerebrales del miedo: ciertas cantidades de alcohol en
el cuerpo hacen que el miedo se reduzca considerablemente, algunas
Darwin Reyes-Solís
44

drogas generan sustancias que reemplazan a los neurotransmisores e


imposibilitan la lectura contextual de los peligros, por tanto, el miedo
casi desaparece.

Como podemos ver en este ejemplo de emoción, la estructura


neuronal biológica está estructurada para que pueda intervenir con la
información que recibe del mundo exterior, y dentro de este mundo
está la cultura. Las dimensiones culturales como las creencias o cier-
tas formas específicas de elementos estéticos inciden en la forma que se
construye el miedo como una emoción.

Ejemplo 2: ansiedad
La ansiedad es una estructura biológica presente en los mamífe-
ros y otras especies animales incluido el ser humano, está presente en
los organismos para generar un estado de alerta para la supervivencia.
La ansiedad tiene un grupo de expresiones corporales que la identifican:
palpitaciones, sudoración, aumento cardíaco, en conjunto son reaccio-
nes frente a una situación valorada como de alerta frente a algo que
acontece en el exterior.

La ansiedad tiene toda una jerarquía de posibilidades, desde la


ansiedad frente a algo nuevo, la ansiedad al comer, al esperar una cita;
pasando por la ansiedad que genera las actividades laborales diarias, el
exceso de actividades rápidas y en cortos tiempos; hasta un temor exa-
gerado o pánico frente a cosas que, en algunos casos, no son reales o son
simples malas interpretaciones del individuo. En algunos de estos casos,
las reacciones extremas son consideradas patológicas.

Gracias a los nuevos métodos para los estudios del cerebro como
la tomografía de emisión de positrones o la resonancia magnética nu-
clear se han podido identificar las zonas cerebrales que se activan para el
caso de la ansiedad, por eso se puede intervenir en este proceso neuronal
con elementos químicos como las benzodiacepinas que son ansiolíticos
que en el mercado se encuentran con nombres como Valium, Mogadón,
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

45

Librium que permiten un efecto corporal bajando la ansiedad y mejo-


rando el control del sueño.
Los ansiolíticos actúan a nivel de receptor muy conocido que es el de
un neurotransmisor inhibidor más importante del sistema nervioso,
el gamma aminobutirato (GABA). Este receptor es una molécula muy
compleja que, como todos los receptores es una proteína […] la cual
aumenta la permeabilidad a un ion negativo, el cloruro, y por ello
haciendo más negativo el interior de la neurona. […] Aparentemente
el efecto es el de aumentar la eficiencia de este proceso de entrada de
cloruros a las neuronas. Como consecuencia de ello en presencia de las
bencodiazepinas o los barbitúricos, la acción inhibidora del GABA se
hace más profunda. (Pasantes, 2003, p. 43)

Se conoce parcialmente el funcionamiento en los sistemas comu-


nicativos de las neuronas que producen la ansiedad y no es fácil iden-
tificar explícitamente la ansiedad como emoción, pues está atravesada
por sistemas biológicos muy complejos que se relacionan con el miedo,
la angustia, la depresión. Muchos de estos fenómenos biológicos com-
parten zonas cerebrales, y los efectos corporales o síntomas también son
compartidos, se parecen o actúan juntos.

Además, está el tema complejo de las denominaciones, pues algu-


nos investigadores trabajan sobre la angustia, otros sobre la depresión,
otros sobre el miedo o la ansiedad, y se cruzan términos generando una
selva semántica de denominaciones. ¿A qué se refiere cada uno? ¿Qué fe-
nómenos incluye cada investigador y qué nombre le da? Es un gran con-
flicto. En todo caso los estudios cada vez son más específicos y mientras
avance la neurobiología de las emociones las tendencias serán menores,
y los términos más específicos.

Ejemplo 3: tristeza y depresión


Vivimos una cultura de la tristeza, la soledad, el miedo y la de-
presión. Las estructuras sociales mismas tienden a generar procesos
depresivos, la intensidad de las vidas en búsqueda de éxitos no logra
Darwin Reyes-Solís
46

caminos de realización humana y felicidad personal, sino que lleva a los


individuos a sistemas de auto-exigencia extremos: estrés permanente,
angustia y depresión. Como manifiesta Chul Han (2015) al diferenciar
nuestra época de la anterior denominada como sociedad disciplinaria:
“a la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera
locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produ-
ce depresivos y fracasados” (p. 27).

En nuestra época es necesario conocer los procesos de las emocio-


nes, tanto desde su funcionamiento neurofisiológico como de sus elemen-
tos sociales. En cuanto a su funcionamiento cerebral sabemos que en la
tristeza intervienen significativamente la ínsula (in), los dos hemisferios en
más de una sección, y la corteza cingulada anterior (Damasio 2006).
Cuando se despliega la emoción tristeza […] Enseguida, el cerebro pro-
duce asimismo el tipo de pensamientos que normalmente causa la emo-
ción tristeza. Ello es debido a que el aprendizaje asociativo ha conectado
las emociones con los pensamientos en una rica red de dos direcciones.
Determinados pensamientos evocan determinadas emociones y vicever-
sa. Los niveles cognitivos y emocionales de procesamiento están conti-
nuamente conectados de esta manera. (Damasio, 2006, p. 72)

La tristeza es una base de un proceso más complejo conocido


como depresión cuya estructura implica la tristeza y abarca mayor nú-
mero de zonas cerebrales involucradas.
[…] Propone que la depresión clínica refleja un fallo de las interac-
ciones coordinadas de una red distribuida de rutas corticales límbicas
[…] la reducción del flujo sanguíneo neo-cortical dorsal y el aumento
del paralímbico ventral caracterizan a la vez la tristeza y la enfermedad
depresiva. Además, con la remisión de la depresión clínica se produce
la inhibición coincidente de regiones paralímbicas muy activas y la
normalización del hipofuncionamiento de lugares corticales dorsales.
(Denton, 2005, p. 261)

La depresión es una estructura emocional cuya base biológica re-


cibe información y estímulos considerables del medio, que en muchos
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

47

casos es determinante. La nuestra es una sociedad que estimula el sis-


tema neural para que el sistema biológico de la depresión se active fre-
cuentemente. Chul Han sostiene que, en nuestra era, que él denomina
inmunológica, la depresión es una consecuencia del sistema al cual el
individuo está sometido.
La depresión se sustrae, sin embargo, de todo sistema inmunológico
y se desata en el momento en el que el sujeto de rendimiento ya no
puede poder más. Al principio, la depresión consiste en un «cansancio
del crear y del poder hacer». El lamento del individuo depresivo, «Nada
es posible», solamente puede manifestarse dentro de una sociedad
que cree que «Nada es imposible». No-poder-poder-más conduce a
un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de
rendimiento se encuentra el inválido de esta guerra interiorizada. La
depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de
positividad. Refleja aquella humanidad que dirige la guerra contra sí
misma. (Chul Han, 2015, p. 31)

Lo natural y lo cultural como elementos


interdependientes en el mundo emocional
En este trabajo hemos de insistir permanentemente en no perder
la dimensión cultural y su influencia directa o indirecta en el individuo,
mucho más en el tema emocional. El funcionamiento neural está di-
rectamente vinculado con estímulos externos; es decir, existe una base
biológica evidente, pero requiere del estímulo externo para su funciona-
miento y re-generación. El estímulo es el que permite su funcionamien-
to, caso contrario no puede generar sus procesos, no puede funcionar
auto-referencialmente, sino que está hecho para reaccionar a estímulos
que vienen de afuera.
Así como para la visión el estímulo es la luz, y el sonido lo es para el
sistema auditivo, en el caso de estos sistemas llamémosles emocionales,
los estímulos vienen del mundo exterior, en particular de la intensidad
y el éxito de nuestras relaciones con los demás individuos. (Pasantes,
2003, p. 46)
Darwin Reyes-Solís
48

Las relaciones entre los órganos biológicos corporales, el ambien-


te natural externo y la cultura son evidentes y cada vez tiene más de-
mostración empírica en diversas investigaciones científicas: es verdad
que sobre este tema existen posiciones diversas de científicos, filósofos
y pensadores en general. Pero al momento hay un gran consenso en
pensar que los animales humanos no somos reductos biológicos fruto
de herencia del pasado transmitida en el genoma; no somos un reducto
de interrelaciones químicas eléctricas del cuerpo sin más. El consenso
actual es que los animales humanos somos sistemas complejos en in-
terrelación con el ecosistema, con el sistema cultural, y esto dentro de
un todo, que no es más que un gran sistema compuesto de elementos
interconectados. Este súper sistema a su vez está compuesto de una in-
finidad de subsistemas que son parte de otros (Bunge, 2012), y esto in-
cluye a sistemas biológicos como el cerebro, sistemas tecnológicos como
el internet; sistemas sociales como la cultura, los mitos, los rituales y
sistemas físicos como las estrellas o los agujeros negros.

Podemos sostener dentro de este horizonte sistémico que todas


las cosas tienen conexiones con otras, que no hay elementos aislados; así
para las estrellas, las neuronas o para los seres humanos con sus relacio-
nes personales. Así mismo, el cerebro no puede ser visto como una cosa
aislada e independiente, sino como un sistema en interrelación con los
factores externos a su autorregulación. Esta interrelación se da con los
fenómenos culturales que son determinantes a la hora de estimular el
sistema neuronal y ser parte de su funcionamiento.
Una teoría cognitivo-evaluadora ayuda a entender cómo puede afectar
la sociedad al repertorio emocional de sus miembros. Si sostenemos
que las creencias sobre lo que es importante y valioso desempeñan un
papel fundamental en las emociones, podemos ver de inmediato cómo
tales creencias pueden ser modeladas con fuerza por las normas socia-
les, así como por la historia individual; y también podemos entender
cómo el hecho de cambiar las normas sociales puede alterar la vida
emocional. (Nussbaum, 2001, p. 170)
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

49

No se puede considerar al factor social como un añadido, sino


como parte fundamental del sistema neuronal, sin el estímulo, sobre
todo marcado por las relaciones con la alteridad, no son posibles cier-
tos acontecimientos y comunicaciones neuronales ni la producción de
algunas substancias químicas que sirven como neurotransmisores. Pon-
gamos un ejemplo estadístico que puede ayudar en la argumentación de
la idea que queremos defender:
Las investigaciones llevadas a cabo en gemelos idénticos adoptados
por distintas familias mostraron los siguientes resultados: la frecuencia
de aparición de esquizofrenia en los dos gemelos fue de 30% a 50%,
[…] de estos resultados podemos obtener dos conclusiones: primera,
que existe efectivamente un componente genético en la aparición de la
esquizofrenia ya que, si no fuera así, la incidencia de esta enfermedad
en estos gemelos debería ser cercana al 1% promedio que se presenta
en la población mundial.; y segunda, que a pesar de la existencia de
este componente genético, este no es suficiente para desencadenar el
desarrollo del mal, ya que, si así fuera, la frecuencia de aparición de la
esquizofrenia en los gemelos idénticos debería ser del 100%. Se piensa
entonces que el componente hereditario de la enfermedad requiere la
concurrencia de factores ambientales de diverso tipo para que se mani-
fieste el padecimiento. Entre estos últimos podría considerarse […]
condiciones adversas en el patrón de conducta familiar o en el entorno
social. (Pasantes, 2003, p. 73)

Algunos autores utilizan el término ambiente como concepto


general que abarca tanto el ecosistema como el contexto cultural. Para
nuestra investigación encontraremos siempre la diferencia, pues nos pa-
rece de suma importancia las especificidades que tiene el sistema cultu-
ral con relación al sistema ecológico, sabiendo que los dos interactúan
con el sistema corporal.

Como vemos la cultura no es una estructura sobrepuesta a lo hu-


mano. Pensar lo natural y lo cultural como opuestos es un error. Más
bien cultura y natura están en un sistema ontológico integrado que se
complementa permanentemente y la información corre de los dos la-
Darwin Reyes-Solís
50

dos; así como lo biológico incide en la cultura, los acontecimientos de la


cultura inciden en los procesos biológicos de los individuos. Una obra
de arte, que el individuo sabe que no afecta su vida biológica direc-
tamente puede hacer sentir emociones de vulnerabilidad al sujeto que
aprecia o vivencia dicha obra.

Utilicemos para ejemplificar este argumento de la incidencia de


lo cultural en lo biológico el planteamiento de Nussbaum sobre la Tra-
gedia Griega y su impacto en el observador: el espectador comprende
que puede sufrir esos males que sufre el héroe, lo cual produce en él
emociones, y hasta puede tener emociones generales sobre la tragedia,
“es decir, hacia el sentido de la vida que se encarna en el conjunto global
de la obra” (Nussbaum, 2008, p. 278). Se producen emociones hacia las
propias posibilidades del individuo espectador, puesto que permiten la
comprensión de su “yo”, de su situación como criaturas limitadas y ne-
cesitadas: “tales experiencias aumentan la comprensión que tenemos de
nuestra propia geografía emocional” (2008, p. 280).

Como vemos es un sistema integrado. Las interrelaciones son evi-


dentes y pueden surgir de cualquiera de los extremos. De uno o de otro
lado, los efectos son múltiples. Claro está que esta forma de pensar al
animal humano dentro de un sistema de interrelaciones sistemáticas ha
sufrido un proceso histórico; se ha ido transformando, desde concep-
ciones como la propuesta de Crick:
No somos más que un montón de neuronas […] Usted, sus alegrías y
sus penas, sus recuerdos y sus ambiciones, su sentido de la identidad
personal y su libre albedrío, en realidad no son más que el comporta-
miento de un enorme conjunto de neuronas y sus moléculas asociadas
(en Denton, 2005, p. 33)

Se ha avanzado a propuestas más integradores y sistémicas con


mucha complejidad en las que los elementos biológicos se interrelacio-
nan e interactúan con elementos culturales y ambientales para generar
procesos específicos y, muchos de ellos, muy particulares.
Hacia un cambio cultural en la comprensión biológica de las emociones

51

Bibliografía
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La importancia de las emociones
políticas en la vida de la democracia

Diana Cherres1
carolinacherres98@[Link]

Diego Vera2
diegocavanis2011@[Link]

Pablo Heredia3
andecua@[Link]

Introducción
Las emociones dentro de la tradición filosófica han ocupado un
plano de interés menor, por ciertos sesgos de percepción e interpretación
sobre la naturaleza humana. En la base de este sesgo se encuentran las
atribuciones que la tradición filosófica ha impreso sobre la emoción: im-
pulsividad, irracionalidad y su relación con el instinto. A esto se sumaría,
la resistencia por contemplar la importancia de la emoción dentro del
ámbito ético y político, especialmente por la arbitrariedad y la subjeti-

1 Licenciada en Educación con Itinerario en Filosofía por la Universidad Politécnica


Salesiana- Ecuador. Becaria Erasmus por la Unión Europea. Actualmente trabaja
sobre las emociones y su implicación en la política desde una perspectiva filosófica.
2 Licenciado en Educación con Itinerario en Filosofía en Universidad Politécnica
Salesiana. Estudiante de Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología-
Brasil. Actualmente trabaja el tema de actualización de la teología de la liberación
en América Latina.
3 Maestrando en Filosofía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona-
España. Licenciado en Educación con Itinerario en Filosofía por la Universidad
Politécnica Salesiana-Ecuador. Actualmente trabaja en una crítica de la ciencia y
la técnica moderna desde las perspectivas de Heidegger y Prigogine.
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
54

vidad que las acompañan. En su conjunto, estos errores de apreciación


han terminado extirpando una parte fundamental no solo para el flo-
recimiento del ser humano como sostendría la filósofa norteamericana
Martha Nussbaum, sino del sostenimiento de un sistema político que
exige la empatía, el amor y la compasión, como el democrático liberal.

La filosofía política debería tomar muy en serio el desarrollo de es-


tas emociones, ya que, en sistemas democráticos liberales caracterizados
por el pluralismo étnico y religioso, es necesario el fomento de este tipo
de emociones, pues son acompañadas por una capacidad que permite re-
parar en los sufrimientos y necesidades del otro: la imaginación. Además,
si el sentido de la política no es otro que la vida buena, se convendrá en
que estas emociones contribuyen significativamente en la construcción
de un espacio público que vele por la dignidad humana, torne posible el
consenso sobre las diferencias y fomente la benevolencia moral.

Por todo lo dicho, este trabajo tuvo por objetivo contraponer la


visión tradicional sobre las emociones, en virtud de recalibrar algunos
de sus planteamientos, mostrar su carácter cognitivo y evaluador, y re-
alzar su importancia en el funcionamiento de sistemas democráticos.
En tal sentido, se examinó el carácter de emociones políticas, como el
amor, la compasión, la vergüenza, y el asco, a la luz de los postulados
provenientes del neoestoicismo de Nussbaum, de la biología y la psi-
cología evolutiva. La hipótesis del trabajo sostuvo que las emociones
políticas forman parte de la homeostasis social, sugiriendo que las ideas
democráticas no son simplemente construcciones sociales, sino que son
el resultado de emociones que surgieron en el proceso evolutivo del gé-
nero humano. La metodología empleada fue la revisión bibliográfica de
fuentes primarias y secundarias que han tomado la emoción desde su
aspecto biológico, cognitivo y filosófico. Finalmente, el trabajo se divide
en tres partes; la primera trata de la reforma sobre la identidad de las
emociones, emprendida por Nussbaum y su importancia en el ámbito
público; la segunda parte comprende un estudio del valor biológico de
las emociones y su rol en la homeostasis social; la tercera parte es una
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

55

exposición sobre el valor fundamental de emociones como el amor y la


compasión en sistemas democráticos liberales.

La reforma de Nussbaum sobre la identidad


de las emociones y su importancia en el ámbito público
En la historia de la filosofía es notable el predominio del carác-
ter puramente racional de los sujetos, y la subordinación de las emo-
ciones —por ser consideradas irracionales, arbitrarias y subjetivas— al
dominio de la razón. Bajo, la idea de trascendencia de un ser que logra
controlar sus emociones y supeditarlas a principios racionales, se ha
orquestado un escenario donde no existe cabida para el papel de las
emociones en el ámbito público, a pesar de su rol en la evolución, la
generación de mecanismos para la supervivencia y porque no decirlo, la
consolidación de sistemas políticos como el democrático.

Desde el inicio de la filosofía se encuentra una despectiva hacia las


emociones. En la época clásica, el filósofo Platón sostuvo que el conoci-
miento se dividía en dos mundos: el de los sentidos y el mundo de las ideas.
El primero era un estado imperfecto, ya que los sentidos no son exactos,
tienden a la subjetividad, y su misión es alcanzar un grado de perfección
que Platón advirtió en el mundo de las ideas, referido especialmente a
pensamientos racionales preexistentes o ideas. Platón (1872) afirma que
el conocimiento tiene por objeto, el razonamiento y las ideas deben ser
sometidas a procesos racionales. Y en su obra capital, La República (1988),
al meditar sobre la construcción de una sociedad perfecta para los ciuda-
danos, sostuvo que esta debía basarse en actos racionales y que:
También es preciso tener en cuenta el verdadero valor, que debe tener
esto a los ojos de los ciudadanos, quienes verán claramente que la
elevación en el orden político y social está debido al desarrollo físico,
intelectual y moral, que ellos mismos alcancen. (p. 22)

Platón planteaba que la construcción de las polis debe tener un


paralelo con el desarrollo físico, intelectual y moral del sujeto, de modo
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
56

que el individuo debía dedicarse al cultivo de su cuerpo, el desarrollo


de su dimensión racional, y el control, así como la observación de sus
pasiones, por medio del ejercicio de la virtud y la contemplación. Por
consiguiente, para el filósofo griego no existía la idea de la dimensión
emocional o sensitiva dentro de la construcción de las polis.

Muy similares a los planteamientos de Platón, son los de Aristó-


teles, para quien “la naturaleza, teniendo en cuenta la necesidad de la
conservación, ha creado a unos seres para mandar y a otros para obede-
cer. Ha querido que el ser dotado de razón y de previsión mande como
dueño” (p. 27). En la filosofía de Aristóteles, es evidente el primado de
la razón sobre las emociones, pues el sujeto con el fin de preservarse a sí
mismo, es un ser dotado de razón, de modo que la razón debe dominar
a los instintos, y la sensibilidad sujetarse a sus principios.

El tratamiento sobre las emociones encontrado en la filosofía pla-


tónica y aristotélica es homologable al de la filosofía helenística romana,
siendo Marco Aurelio uno de los representantes más importantes del
estoicismo; corriente de acuerdo con la cual, las emociones se dirigen
hacia objetos que se encuentran fuera del control del individuo, y que,
por lo tanto, deben ser extirpadas para garantizar la paz y la tranqui-
lidad. Marco Aurelio, en su obra Meditaciones (1977), defiende que la
naturaleza tiene una característica propia que está regida por el logos;
por consecuencia, los sujetos deben procurar el bien común y no ceder
a las pasiones corporales, debido a que es propio de los seres racionales
el control sobre los impulsos del cuerpo, caracterizados por su aspecto
sensorial e impulsivo, que a lo largo de la tradición fueron asociados con
los comportamiento de los animales.

Ya en la modernidad, en el apogeo de la Ilustración, Kant consi-


deró que existe un abismo insalvable entre los animales y los seres hu-
manos, producido por la razón. La razón además de regir sobre el obrar
y el deber, acompaña a la libertad, pues esta es un hecho de la razón
práctica. Kant en la Crítica de la razón práctica (2001) defendió la idea
que los seres humanos forman parte de un reino de finalidades, pues no
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

57

se encuentran sometidos totalmente a la mecánica de la naturaleza, que


recoge sentimientos, impulsos e inclinaciones, sino que pueden actuar
libremente, aun cuando ser libre suponga la laceración de sus inclina-
ciones naturales. Y en su Fundamentación de las metafísicas de las cos-
tumbres (1921), sostuvo que:
No necesitamos investigar en qué descanse el sentimiento de placer
y dolor, y cómo de aquí se originen deseos e inclinaciones y de ellas
máximas, por la intervención de la razón; pues todo eso pertenece a una
psicología empírica, que constituiría leyes empíricas. Pero aquí se trata
de leyes objetivas prácticas y, por tanto, de la relación de una voluntad
consigo misma, en cuanto que se determina solo por la razón, y todo lo
que tiene relación con lo empírico cae de suyo; porque si la razón por
sí sola determina la conducta la posibilidad de la cual vamos a inquirir
justamente ahora, ha de hacerlo necesariamente a priori. (p. 41)

Para Kant, el carácter de los sujetos es netamente racional, y cuya


finalidad es el establecimiento de máximas generales que puedan ad-
quirir el valor de leyes universales. Es decir, toda la esfera práctica se en-
cuentra regida a principios racionales, pues de otra manera carecerían
de rigurosidad y no podrían ser aplicables como máximas de naturaleza
universalista. El sujeto está llamado al deber, pero este se rige únicamen-
te por la razón, descartando las emociones, pues estas son irracionales,
arbitrarias y subjetivas.

Hasta aquí se han revisado algunos de los planteamientos que la


filosofía tradicional ha sostenido sobre las emociones, entre cuyas con-
clusiones más importantes se encuentran las propiedades que usual-
mente han sido atribuidas a las emociones: su irracionalidad y el po-
tencial peligro no solo para el juicio, sino para las decisiones del ámbito
público. Ahora es el momento de revisar el punto de inflexión de estos
planteamientos, que por extraño que parezca se suscitó en el siglo XVII.
A quien se atribuye esta inflexión no es otro más que a Spinoza.

La filosofía de Spinoza representa un verdadero giro en la con-


cepción de las emociones o afectos, que consiste esencialmente en re-
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
58

emplazar aquel mero aspecto irracional, por una lógica más compleja.
Así, para Spinoza los afectos pueden influir la manera en la que obra el
alma, haciendo que se odie o ame un acto. Además, en su obra, Ética
demostrada según el orden geométrico (1980), defiende la idea según la
cual, los afectos y su relación con el obrar, reside en que:
El alma al imaginar más tarde esa cosa sea afectada por un afecto de
alegría o tristeza; es decir sucede que aumenta o disminuye la potencia
del alma y del cuerpo, etc. Y, por consiguiente, sucede que el alma desee
imaginar esa cosa, o bien que la repugne hacerlo; esto es que la ame o
la odie. (p. 137)

Spinoza considera que los afectos pueden aumentar o disminuir


no solo la potencia del obrar que tiene el cuerpo, sino la potencia de
pensar del alma. Como se verá en el segundo apartado, tras la concep-
ción de Spinoza (especialmente por el concepto de conatus), se encuen-
tran algunas intuiciones sobre el valor biológico de las emociones, que
el neurobiólogo Damasio reconoce y elogia en su obra titulada En busca
de Spinoza (2003). Spinoza fue un genio para su época, el giro que su-
pone su filosofía en el estudio de las emociones, resulta más amigable y
preciso para la mirada contemporánea. Las emociones ya no son relega-
das a un campo de la irracionalidad e inutilidad, sino por el contrario,
se posicionan como potenciadores de acciones.

Ahora bien, uno de los hitos paradigmáticos en los estudios filo-


sóficos dedicados a las emociones y que ha rebatido la percepción tradi-
cional, es el neoestoicismo de la filósofa Martha Nussbaum. El neoestoi-
cismo presentado en su obra Paisajes del pensamiento (2008), sostiene
que las emociones conforman el “paisaje de nuestra vida mental y so-
cial” (p. 21), la cual comprende el hecho que las emociones impulsan un
mecanismo psicológico de una criatura racional. Además, Nussbaum
bajo este planteamiento, propone que las emociones forman parte de
una estructura compleja cognitiva. Por estas razones, la deliberación,
las decisiones tanto éticas como políticas, no deben únicamente restrin-
girse a concepciones abstractas y objetivas como las encontradas en las
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

59

obras tradicionales de ética, pues se omitiría una de las partes más im-
portantes para el florecimiento del individuo y la sociedad, como lo son,
las emociones.

El neoestoicismo de Nussbaum se fundamenta en que las emo-


ciones contienen juicios que pueden ser verdaderos o falsos, es decir
son creencias que influencian en las decisiones éticas y políticas. Las
emociones forman parte importante de la filosofía moral, pero ello no
supone atribuirles alguna supremacía sobre la razón. Tras estas premisas
subyace la idea capital de la reforma emprendida por Nussbaum, según
la cual, las emociones poseen una compleja estructura cognitiva, que
se relaciona con objetos considerados valiosos para el florecimiento y
con la propia biografía del sujeto, de modo que las emociones no son
impulsos de carácter animal sin conexión con pensamientos. En este
planteamiento es reconocible una de las premisas más importante del
estoicismo: las emociones son formas de juicio valorativos sobre ob-
jetos, que el sujeto considera fuera de su control. Nussbaum (2008) se
apodera de este planteamiento y lo perfecciona, al señalar que:
Una explicación teórica de las emociones no es solo eso: tiene pro-
fundas consecuencias para la teoría de la razón práctica, para la ética
normativa y para las relaciones entre ética y estética. Tal explicación
tiene también consecuencias para el pensamiento político, pues la com-
prensión de la relación entre las emociones y las diversas concepciones
del bien humano influirá en nuestras deliberaciones sobre cómo puede
contribuir la política al florecimiento humano. (p. 24)

Para fundamentar la relación entre emociones y el conjunto de


ámbitos señalados, Nussbaum a lo largo de su vasta obra, afirma que las
emociones tienen un carácter cognitivo evaluador, funcionan bajo un es-
quema de fines y objetivos, y su cultivo contribuiría al florecimiento de
las personas junto con el desarrollo de sociedades justas, logrando que los
individuos se identifiquen con los procesos políticos. Las emociones im-
plican el reconocimiento de las propias necesidades de seres humanos frá-
giles y finitos, evidencian su vulnerabilidad, y a su vez dichas emociones se
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
60

centran en objetivos propios, estableciendo horizontes con finalidades. El


reconocimiento de la vulnerabilidad patentiza la necesidad que el sujeto
tiene con el otro, pues lo considera como importante para su florecimien-
to y su supervivencia. Por lo tanto, las emociones no solo constituyen un
mecanismo para la supervivencia individual, sino para la orquestación de
un marco común, basado en la cooperación.

Hay que afirmar que las emociones poseen una dimensión cog-
nitiva evaluadora, implica la derogación de una tradición que imprimió
sobre las emociones un carácter irracional. El acierto de Nussbaum con-
siste en atribuir a las emociones, una naturaleza valorativa-cognitiva,
que se refiere a la recepción y al procesamiento de información que
tiene cabida en las emociones. Esto quiere decir, que las emociones se
refieren algo, su identidad reside en esta referencia a un objeto que está
relacionado con la biografía de cada individuo y que es estimado como
valioso para su proyecto personal.

Las emociones son juzgadas por facultades cognitivas y de ello


depende su aceptación o su rechazo. La historia ha sido testigo del rol
trascendental que ocupan las emociones en la toma de decisiones de
sujetos, por lo tanto, es necesario un desarrollo teórico y práctico de la
inteligencia de las emociones, en la medida que responden a determina-
dos contextos y estructuras de cada individuo, lo cual puede desencade-
nar la acción o la inhibición de actividades.

Además, Nussbaum afirma que, si bien las emociones son el co-


rrelato de procesos químicos del cuerpo, esto no minimiza su carácter
intencional cognitivo a movimientos involuntarios, sino que, por el con-
trario, obedecen a estructuras intrincadas de la cognición, conformadas
por creencias y percepciones. Nussbaum (2008), al reformar la identi-
dad de las emociones y dotarles de un carácter inteligente, señala que las
emociones responden a un objeto, es decir responden a algo existente
fuera, que es inestable y por más que el sujeto se esfuerce por poseerlo to-
talmente, no puede detener su irremediable pérdida. Esta relación con el
objeto provoca en el sujeto una determinada emoción y, por consiguien-
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

61

te, los sujetos son capaces de identificar las emociones no solo como una
característica propia de la experiencia, sino como la necesidad del objeto
y su propia vulnerabilidad (que en la infancia termina en la vergüenza
que no es más que una emoción que traduce la finitud e impotencia del
infante). Por añadidura, las experiencias de las emociones son el material
de creencias arraigadas al esquema evaluativo del sujeto.
De acuerdo con lo expuesto hasta aquí, no resultaría extraño
afirmar que las emociones tienen un carácter ‘eudaimonista’,4 pues son
la condición para el florecimiento del sujeto, representan el bienestar.
Como se verá en el segundo apartado, la búsqueda del bienestar presen-
te en la literatura de Aristóteles, los estoicos, Spinoza y Nussbaum —por
citar solo algunos— no es ninguna invención filosófica y aún menos un
concepto que se ha impuesto en la política desde el nacimiento de la
filosofía griega, sino que responde a la propia homeostasis de todo orga-
nismo vivo. Junto con Nussbaum (2008), se podrá sostener que la bús-
queda de la eudaimonía va acompañada con la interrogante ¿Cómo ha
de vivir el ser humano? La respuesta ya fue practicada hace mucho tiem-
po por el pueblo griego, pues para ellos, la eudaimonía además de repre-
sentar el bienestar del sujeto representó el propio sentido de sociedades
del bien vivir, asistidas por los valores de la libertad y la democracia.
Antes de finalizar, es importante enfatizar que la reforma de la
identidad de las emociones propuesta por Nussbaum (2008), radica en
dos aspectos fundamentales que se han revisado a lo largo de este pri-
mer apartado: las emociones son catalizadores del florecimiento de los
sujetos y tienen un carácter cognitivo evaluador. En palabras de la filó-
sofa norteamericana:

4 Si bien este concepto no era ajeno al pueblo griego, el primero que lo formuló
filosóficamente fue Aristóteles en su Ética a Nicómaco (2001). En esta obra,
Aristóteles definió la eudaimonía como el bien vivir, como una forma de vida que
se atiene a la acción recta. Para el estagirita, la eudaimonía es el bien supremo,
debido a que es perfecta y ocupa el máximo lugar en la jerarquía de los bienes del
alma, llegando a la conclusión que el hombre feliz vive bien, discierne lo justo de
lo injusto y convive armónicamente en sociedades políticas.
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
62

La concepción cognitivo-evaluadora implica que el contenido emo-


cional en sí integra la búsqueda del florecimiento por parte de una
criatura. El hecho de que los seres humanos deliberen éticamente sobre
cómo vivir supone que las emociones son una parte fundamental de la
deliberación moral. (p. 201)

Entendiendo que el carácter cognitivo evaluador de las emocio-


nes mantiene una estrecha relación con el florecimiento del sujeto, se
puede retomar la pregunta propuesta por la autora, ¿Cómo vivir bien?
En esta interrogación, las emociones desempeñan un rol capital, debido
a que su cultivo implica la generación de cambios en las personas, como
el reconocimiento de su condición vulnerable y, por lo tanto, el recono-
cimiento de su necesidad con los demás. Si bien, las personas no dejan
de ser nunca proyectos individuales, reflejado en el propio ciclo de vida:
nacimiento, desarrollo y muerte (es decir se nace y se muere solo), la
cooperación con base en relaciones de justicia, amor y solidaridad es la
clave del progreso humano.

Esta íntima relación entre emociones y sociedades que actúan


cooperativamente (se debe reparar que la definición de sociedades
sin cooperación es difícil, por no decir imposible), tiende a la justicia
y alienta la participación de sujetos políticos en un sistema tan difí-
cil como el democrático, que exige reparar en los problemas globales,
mediante la imaginación y la creatividad, como expondría Nussbaum
(2010) en su obra, Sin fines de lucro. Los individuos se identifican con los
procesos políticos, en virtud de alcanzar el bien vivir, y la razón de esto,
posiblemente radicaría en los propios mecanismos desarrollados por la
evolución, constituyendo las emociones, uno de ellos.

El fomento de emociones políticas como el amor, la compasión


y la simpatía, debe superar e inhibir a otras emociones que debilitan el
sentido de la democracia, como el asco, la vergüenza y el odio. En este
sentido, los programas educativos son las piezas maestras para el cul-
tivo de emociones saludables para la democracia. Según Nussbaum, el
Estado genera ‘emotividad pública’ mediante múltiples estrategias como
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

63

los monumentos, el arte, el sistema educativo, etc. Aquellos mecanismos


desarrollan dichas emociones políticas propias de cada contexto político.
Por ejemplo, el patriotismo es un nexo necesario entre las emociones
cotidianas de los sujetos y el conjunto de intereses generales y unificados.

Para que los ciudadanos desarrollen un grado de emotividad de-


ben establecer un sentido de pertenencia. En el colofón de lo razonable,
el Estado debe velar por emociones eudaimonistas, ya que pueden ser
elementos con un enorme potencial para el progreso de una nación,
liderada por procesos de cooperación y no por una competencia des-
carnada. Esto claro está, no niega la individualidad, sino que la canaliza
hacia la consolidación del espacio público, entendido en el sentido de
Arendt (1993): un lugar donde pueda “ser visto y oído por otros” (p.
66), y por consiguiente a la construcción de sociedades democráticas,
inspiradas en el bien vivir. Se trata de reparar en las necesidades de un
mundo plural, en pos de deliberar sobre consensos a partir de una base
común y razonable tal como sostendría John Rawls (2002). Y esto, im-
plica necesariamente el fomento de emociones como el amor, la com-
pasión y la simpatía.

El valor biológico de las emociones,


su rol dentro de la homeostasis social
El estudio de las emociones en el plano de la neurobiología ha al-
canzado tal nivel de precisión, que en la actualidad ya no es un misterio
el conocimiento exacto de las estructuras biológicas que participan en la
producción de emociones tan modestas como el miedo o la ira, y otras
de orden más complejo como el amor. En general, el estudio biológico
de las emociones ha mostrado que estas son los heraldos de tiempos
remotos, de estadios pasados en la evolución de la vida, de un mundo
lejano y extraño, en el que no existía registro de la conciencia. Estas
conclusiones iniciales suponen una clave para comprender el desarrollo
de la humanidad como especie, el carácter de sus instituciones morales,
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
64

políticas y sociales, y a su vez, proporcionan la clave para organizar la


sociedad bajo las propias exigencias de la naturaleza humana.

Las emociones deben ser leídas bajo el valor biológico que re-
presentan, es decir como un mecanismo para la supervivencia, según
prescribirían los neurobiólogos Damasio (2003) y LeDoux (1999). Si
bien existe un límite definido entre fenómenos sociales y fenómenos
biológicos, es difícil negar que los comportamientos más básicos del ser
humano son encontrados en escenarios más difíciles como el religioso,
cultural, político, o social. Las formas de organización del ser humano
en grupos, aldeas, ciudades y naciones inclusive recuerdan a organiza-
ciones de niveles más humildes, como los celulares.

Es asombroso el descuido que las investigaciones actuales han


presentado sobre un aspecto tan fundamental sobre la vida: el descu-
brimiento de analogías entre el orden celular y los más complejos de
la vida organizada. En último análisis, quizá sea este descuido, la causa
del abismo encontrado entre los fenómenos biológicos y los fenómenos
sociales, pues los mecanismos más básicos para la supervivencia y la ho-
meostasis son encontrados en los niveles celulares y en sistemas sociales.

En los organismos multicelulares o de segundo orden según la


terminología de Maturana y Varela (2003), estos mecanismos si bien
adquieren un nuevo carácter (a consecuencia de las exigencias del am-
biente) responden a las mismas necesidades de aquellos órdenes inferio-
res. Son precisamente, las emociones uno de estos mecanismos, que en
el universo social desempeñan funciones nada menospreciables; pues
algunas de ellas, como la compasión y el amor han sido la condición sine
qua non de una sociedad regida por ideas de justicia y democracia. En
este sentido, las emociones no solo han permitido la llana supervivencia,
sino la supervivencia en términos de bienestar, es decir, se encaminan al
bien vivir, por usar la fraseología aristotélica.

Los niveles celulares rigen de forma inconsciente y automatizada


sobre el comportamiento animal (incluyéndose el hombre). Hace dos
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

65

mil millones de años, la colonización de las bacterias sobre la Tierra


sentó los cimientos para el desarrollo de las distintas formas de vida que
han existido, existen o existirán, una vez que el ser humano desaparezca
del universo. Estos cimientos no son otra cosa que los códigos genéticos
encontrados en organismos unicelulares como las amebas, o multicelu-
lares como el ser humano, cuyo principal objetivo, es transmitir com-
portamientos adaptativos para las siguientes generaciones, a partir de
uno de los mecanismos más revolucionarios en la historia del universo:
la reproducción.

Damasio (2010) sostiene que estos organismos unicelulares que


marchaban en un inicio individual e indiferentemente a las posibles for-
mas de asociación simbiótica ya presentaron “un comportamiento en
apariencia inteligente y orientado a objetivos” (p. 62), reflejado en accio-
nes destinadas al mantenimiento de la vida. Una vez, que estas primeras
células establecieron asociaciones entre ellas, se suscitaron formas de
cooperación inusitadas, que permitieron el nacimiento de organismos
multicelulares. La principal diferencia entre los organismos unicelulares
y multicelulares reside en que los primeros se mantienen a sí mismos,
mientras que los segundos dependen de la organización y la asignación
de tareas específicas a las distintas células que conforman sus diversos
aparatos anatómicos-funcionales.

Como se puede observar, la adaptación, la regulación de la vida y


la cooperación son patrimonio común de las primeras fases de la evo-
lución. Estos tres componentes que se pueden agrupar bajo un mismo
objetivo, que no es otro que la supervivencia, pueden ser homologables
con un aspecto fundamental de la Ética de Spinoza (1980), pues en esta
obra se encuentra que todo organismo trata de perseverar en su ser, es
decir tiene una tendencia innata hacia el equilibrio y el mantenimiento
de la vida. En el origen de la vida, mucho antes del nacimiento de la ra-
zón, se establecieron mecanismos que automatizaron comportamientos
o reacciones para huir del peligro, buscar recursos, mantener el equili-
bro químico, y alejar agentes potencialmente dañinos. La palabra que
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
66

agrupa a este conjunto de reacciones funcionales para la regulación de


la vida es homeostasis, de modo que la especialización celular trajo con-
sigo mecanismos más sutiles y complicados, para responder justamente
a la homeostasis no solo individual, sino social; siendo la emoción uno
de ellos como se indicó anteriormente.

De acuerdo con una de las definiciones más sencillas de emo-


ciones, aportada por Damasio (2003), estas vendrían a ser justamente
un mecanismo para regular la vida, constituido por “reacciones simples
que promueven sin dificultad la supervivencia de un organismo” (p. 40),
y que, en virtud de este valor funcional para la vida, persistieron a lo
largo de la evolución. En el curso de la evolución, estos mecanismos
al automatizarse se convirtieron en factores innatos, en la base para el
funcionamiento de la homeostasis, encontrándose en comportamientos
tan familiares para la supervivencia, como el acercamiento o la huida de
un organismo frente a algún objeto. Estas formas de relación entre emo-
ciones y objetivos causativos, además de encontrarse predeterminadas
por disposiciones genéticas (que bien pueden reforzarse o debilitarse
por la cultura), guardan un carácter homologable con el planteamiento
de Martha Nussbaum (2008), de acuerdo con el cual, las emociones son
efecto, valorativas o evaluativas, pues seleccionan o rechazan objetos
que un organismo considera importantes para su bienestar. Y en pala-
bras de Damasio (2010) “las emociones son las albaceas respetuosas y
las servidoras del principio del valor, las descendientes más inteligentes
no obstante del valor biológico” (p. 173).

Para Damasio (2003), “las emociones son la corona de la regu-


lación automatizada de la vida” (p. 45), dado que su almacenamiento
y su transmisión a nivel genético, han sido dos procesos capitales para
la supervivencia de organismos de distintos órdenes y diversos reinos
animales. Las emociones son innatas, tienden a la regulación de la vida,
al establecimiento de la homeostasis, que no solo se contenta con la su-
ministración de un estado equilibrado, sino con un estado de bienes-
tar; mismo que no fue nada extraño para Spinoza, quien sostuvo que el
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

67

conatus, es el esfuerzo de todo organismo para preservar en el ser. Este


concepto ha captado con asombrosa exactitud el aspecto definitorio de
la vida misma: su regulación en pos de proporcionar y potenciar el es-
tado de máximo bienestar. Y en el plano político, se concederá que los
griegos intuitivamente concibieron estas premisas, pues para ellos no se
trataba meramente de la vida (zoé), sino de la vida buena.

La vida en síntesis puede ser definida filosóficamente como esta


tendencia del organismo para preservar en el ser; contando con las emo-
ciones para acercar todo aquello que represente un valor eudaimonista,
o para rechazar todo aquello que represente una potencial amenaza. La
vida sin emociones no se hubiese desarrollado y aún menos evolucio-
nado, pues no hubiera contado con los mecanismos para despejar las
amenazas y encontrar satisfacción a algunos de sus procesos más ele-
mentales, como alimentarse, saciar la sed, o reproducirse.

Las emociones funcionan como sensores para cuidar la homeosta-


sis del organismo. El miedo, la repugnancia, la simpatía, la compasión, la
vergüenza o el amor cumplen esta misma función que, si bien se sutilizan
en niveles de organización más complejos como las sociedades humanas,
no eliminan su valor biológico. Sin querer decir que las emociones so-
ciales como el amor o la repugnancia, no se encuentran en niveles más
básicos de la organización biológica, es claro que estas emociones en un
grupo social tienen por objetivo, la promoción de la supervivencia.

Entendiendo que las emociones sociales o políticas si se quiere,


son altamente selectivas, no es difícil suponer que esta cualidad es su
mejor contribución al fortalecimiento de relaciones cooperativas (con-
dición sin la cual, la supervivencia de la humanidad como especie hu-
biese sido un caso difícil). Esta cualidad selectiva ha implicado la gene-
ración de simpatía dentro de un grupo y la generación de repugnancia
o rechazo hacia otros grupos. De ahí, que la supervivencia de la especie
humana en un inicio estuvo marcada por un sinnúmero de guerras. La
permanencia en el genoma humano de emociones como la repugnancia
o la ira afirma su valor biológico, pues en sociedades dividas por clanes
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
68

triviales fue una cuestión de vida o muerte, desarrollar este tipo de me-
canismos para la supervivencia.
Si la repugnancia y la ira constituyen aún emociones indispensa-
bles para la supervivencia del ser humano (puesto que implican el recha-
zo y la protección del organismo frente a objetos potencialmente perni-
ciosos), y un importante registro para conocer la evolución filogenética
de la humanidad; en la sociedad contemporánea, marcada por difíciles
problemas relativos a la pluralidad de etnias, religiones y sistemas polí-
ticos- culturales, estas emociones pueden representar una seria amena-
za. Para Damasio (2003) “algunas emociones son consejeras terribles”
(p. 51), siendo precisamente la ira y la repugnancia, algunas de ellas, en
tanto, sus efectos dentro de la sociedad son desastrosos. En la historia se
encuentran ejemplos del peligro que pueden presentar estas emociones
en el nivel social, dos de ellos son holocaustos: el indígena en Améri-
ca Latina y el judío en la Alemania fascista. Los prejuicios sociales que
acompañan en la actualidad a estas emociones no solo pueden terminar
debilitando el sentido de sociedades democráticas, sino de la vida buena
que tantos costos implican a los individuos y los grupos humanos.
Del otro lado, emociones como la simpatía, la compasión y el
amor han tenido un papel decisivo no solo en la hominización del ser
humano, sino en la orquestación de sociedades del bien vivir. Hay que
afirmar que estas emociones han generado el sentido de lo humano y
que su existencia es determinante para la supervivencia, no tiene en lo
absoluto una función de moralizar en términos religiosos, sino de mos-
trar un aspecto que usualmente pasa desapercibido. Esta es la opinión
de Maturana (1993), para quien la emoción “que funda lo social como
la emoción que constituye el dominio de acciones en el que el otro es
aceptado como un legítimo otro en la convivencia, es el amor” (p. 15).
Este argumento que pueda parecer en un inicio extraño es esclarecido
en cuanto se conceda que el sentido de lo humano reside en su lenguaje,
en esta capacidad singular que ha permitido efectivizar relaciones de
intercambio, negociación y, por lo tanto, relaciones necesarias para la
supervivencia.
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

69

Maturana a través de argumentos sumamente interesantes sos-


tiene que las modalidades de vida del ser humano, basadas especial-
mente en asociaciones y acciones cooperativas, tuvieron que incentivar
en los primeros desarrollos de la evolución filogenética de esta espe-
cie, un particular sentido de la sensualidad, teniendo por consecuencia
cierta preocupación por el otro que se vio expresada en el lenguaje. Esta
propuesta de Maturana no es una novedad, ya ha sido vista en una de
sus obras capitales, escrita en colaboración con Varela: El árbol del co-
nocimiento (2003). En esta obra, los autores afirman que “los cambios
en los homínidos tempranos que hicieron posible la aparición del len-
guaje tienen que ver con su historia de animales sociales, de relaciones
interpersonales afectivas estrechas, asociadas al recolectar y compartir
alimentos” (p. 144).

Sin embargo esto solo es una parte que ha configurado el sentido


de lo humano, en la medida que las emociones como la compasión, la
simpatía y el amor han demostrado por su sentido social (que por cierto
no es patrimonio privado del ser humano, ya que se encuentra en otros
animales como se verá en el próximo apartado), ser eficientes en los me-
canismos para fundar la convivencia social. Si se llega al común acuerdo
de que toda acción humana se basa en alguna emoción, no resultará
extraño sostener que estas tres emociones han fundado sociedades, y
que en último término pueden ser tomadas como las condiciones de
sistemas democráticos que, a pesar de sus problemáticas y su fragilidad,
expresan relaciones sociales fundamentadas en la compasión y la preo-
cupación por el otro.

Esta es una mera hipótesis que no puede ser tomada seriamente


con algún valor de ley, pues no existe un gen democrático escondido
en el ADN humano. No obstante, sí se puede afirmar que existen cir-
cuitos neuronales que llevan inscritos determinados patrones para la
producción de emociones como las tres señaladas y que, en último tér-
mino, facilitan relaciones de convivencia y cooperación fundamentadas
en un valor biológico, es decir, funcional a la supervivencia. Además, la
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
70

inscripción de estas emociones en el genoma humano plantea la posi-


bilidad que las sociedades democráticas, si bien no alcanzan a satisfacer
las utopías humanas, representan probablemente lo mejor que el ser hu-
mano dispone en este momento, a consecuencia de su proceso evolutivo
que aún no ha terminado.

Por controvertidos que parezcan estos supuestos, la posible acep-


tación universal de la democracia, residiría en la promoción de un mar-
co de libertad y seguridad, que permite el florecimiento del ser humano.
El florecimiento de facultades tan originales como la creatividad y la
imaginación (traducido en el desarrollo de ciencia, arte y tecnología)
usualmente ha sido posible por un marco político que garantiza las li-
bertades. Y nadie podrá negar que las invenciones surgidas de la creati-
vidad suponen una función para la homeostasis social. Al fin y al cabo,
parecería que las intuiciones de Kant (1941) se cumplen, pues las dis-
posiciones naturales del ser humano alcanzan su desarrollo en períodos
de libertad y seguridad, que han sido precedidos por períodos de largo
sufrimiento, marcados especialmente por el signo de la guerra.

El amor y la compasión como valores fundamentales


dentro de sistemas democráticos liberales
Tradicionalmente el amor es concebido como un valor, una emo-
ción o un sentimiento que sostiene diversas dimensiones sociales. De
el se desprende otro conjunto de valores tales como la compasión, la
justicia, la equidad, que han permitido la construcción de un sistema
social que tiende hacia el equilibrio, la seguridad, la igualdad y la paz,
frente a las problemáticas de un mundo plural, diverso en opiniones
y modalidades de existencia. Es imposible pensar al hombre como un
ser carente de emociones, puesto que forman parte de su naturaleza y
la sociedad que construye en cooperación con los otros, se encuentra
matizada por emociones tal como indica Nussbaum (2014) “todas las
sociedades están llenas de emociones, las democracias liberales no son
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

71

ninguna excepción […] ira, miedo, simpatía, asco, envidia, culpa, aflic-
ción y múltiples formas de amor” (p. 14).

El amor juega un rol fundamental en la construcción de sistemas


democráticos liberales, en la medida que existe un tipo de amor civil,
que por extraño que parezca suspende el juicio y la individualidad, para
ocuparse únicamente con el bien común. Generalmente, los seres huma-
nos buscan explicar los fenómenos de manera racional, pero en deter-
minadas ocasiones se detiene el juicio, llevándose a cabo acciones que se
encuentran comúnmente asociadas al instinto, como la preparación para
un conflicto bélico. Y de acuerdo con Nussbaum (2014), es precisamente
en estos momentos de tensión, cuando se pronuncia el amor cívico, que
al igual que el amor feudal, es obediente y jerárquico, aun cuando sea la
voluntad general quien ostenta la soberanía y no el individuo.

Es difícil la organización de sistemas sociales que funcionen sin


algún tipo de jerarquía. Las relaciones jerárquicas forman parte de dis-
tintos niveles de la organización de la vida, de modo que un examen
riguroso sobre estas relaciones debe reparar en su valor biológico, es de-
cir, en su función para la supervivencia.5 Las jerarquías contribuyen al
orden social y fomentan sociedades normadas e institucionalizadas, tal
como la familia, la iglesia, el ejército, las escuelas, el gobierno, etc. Estos
macrosistemas sociales se relacionan intrínsecamente con las emocio-
nes, y manipulan a las mismas por medio del discurso, ya sea en socie-
dades monárquicas o democráticas.

Para Nussbaum (2014), “las monarquías confían desde hace mu-


cho tiempo en el cultivo de emociones como la dependencia infantil y

5 Para Damasio (2003), “el rasgo de la dominancia (como su complemento, la sumi-


sión) es un componente importante de las emociones sociales. La dominancia
posee una cara positiva en el sentido de los que los animales dominantes tienden
a proporcionar soluciones a los problemas de una comunidad. Llevan las nego-
ciaciones y dirigen las guerras. Encuentran el camino de la salvación a lo largo de
las rutas que conducen al agua, a los frutos y al refugio, o a través de los senderos
de la profecía y la sabiduría” (p. 183).
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
72

animan a sus súbditos a depender del rey como si este fuera un padre cuasi
divino” (p. 143). Este es uno de los mecanismos por los cuales un sistema
social fomenta el “amor cívico”, que implica luchar por los ideales comu-
nes y altruistas. No obstante, el amor cívico no se restringe a sociedades
monárquicas, puesto que puede ser observado en los gestos de heroísmo
militar por una nación, la preocupación de la iglesia por la humanidad,
y en general, cualquier acto de compasión experimentado en familia, que
vendría a ser, uno de los bienes más importantes de la sociedad.

Por otra parte, para comprender las emociones políticas es rele-


vante la dimensión de la “cultura política” en los sistemas democráticos
liberales, en la medida que las ideas de justicia de este sistema direc-
cionan la formación de sus ciudadanos y el tipo de sujetos educativos:
sumisos-obedientes o críticos-rebeldes. Si la cultura política de una na-
ción se doméstica y se acomoda, sus ciudadanos habrán renunciado a
ser plenamente individuos, convirtiéndose en piezas de un ajedrez per-
verso o en simples rebaños que siguen a su pastor, porque saben que los
conduce a pastos tranquilos o porque sienten un especial afecto hacia
él, pero no por la búsqueda del bien común. La cultura política es el
camino hacia la libertad y está comprendida como una lucha constante,
atravesada por “valores centrales”, como el derecho, la equidad y el res-
peto. De acuerdo con Nussbaum (2014), estos valores en su conjunto
conducen a la justicia, la igualdad y al amor como fin último.

La igualdad se consolida socialmente no como un conjunto de


reproducciones simétricas, sino como el valor que todos tienen como
ciudadanos, de allí que para Nussbaum (2014):
En el núcleo central de la concepción de nuestras sociedades está la
igualdad humana, todos los seres humanos tienen la misma valía y ese
valor es inherente o intrínseco y no depende de la relación de una per-
sona con respecto a otras. (p. 148)

La persona en sí misma tiene valor y comprende un conjunto


de valores que rigen sobre la realidad social. Sin embargo, la igualdad
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

73

humana en las sociedades democráticas liberales atraviesa por serias di-


ficultades, que consisten en el ‘olvido del ser’, para emplear una expre-
sión de Martín Heidegger (1954), y en la ‘cosificación del hombre’ como
prescribiría Karl Marx (1980), sometiéndose el ser humano a la eterna
dialéctica del amo y del esclavo, donde unos ‘son’ y otros ‘hacen’.
La dignidad está estrechamente ligada a la idea de respeto, su sig-
nificado se encuentra en un sistema de ideas y conceptos en el que se
inscribe. La dignidad no es solo una metáfora política, sino que cons-
tituye un valor de concreción social, pues para vivir bien, las personas
necesitan comida, cuidados, protección y sustento de múltiples clases.
Además, los seres humanos tienen la necesidad profunda de contar con
ámbitos de actividad protegidos, que incluyen libertad religiosa y liber-
tad de expresión. De ahí, que la prevención de la violencia y el fraude
sea para Nussbaum (2014) un objetivo capital para todas las sociedades
democráticas, en tanto es la base de los sistemas jurídico-legales que
velan por la vida.
Junto a los valores de igualdad, dignidad y equidad, encontra-
mos a la compasión, que es entendida por Nussbaum (2014) como “una
emoción dolorosa orientada hacia el sufrimiento grave de otra criatura
o criaturas” (p. 175). Esta emoción no es patrimonio privado del hom-
bre, ya que otros animales no humanos se preocupan y se afligen; expe-
rimentan compasión y el sentimiento de la pérdida, y realizan actos de
altruismo que parecen estar motivados por poderosas emociones. Para
tener una idea de lo afirmado, que mejor ejemplo que la historia pro-
porcionada por Nussbaum:
En septiembre de 2010, en Bengala Occidental, la India, dos bebes ele-
fante quedaron atrapados en una vía de ferrocarril cuando su manada
cruzaba la línea férrea, que atraviesa una zona densamente arbolada.
Un tren se acercaba a toda velocidad y cinco hembras del grupo dieron
media vuelta y se colocaron en torno a los bebes, tratando de prote-
gerlos de todo daño. Murieron los siete. El resto de los miembros de la
manada se quedaron allí, en el escenario de la matanza, velando a sus
compañeros muertos y moribundos. (p. 170)
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
74

A la luz de este testimonio, Nussbaum (2014) sostiene que “es-


tudiando las emociones y la conducta emocional de animales sociales
complejos, como los simios y los elefantes, aprendemos mucho acerca
de nuestro propio legado animal y, por consiguiente, acerca de nuestras
posibilidades actuales” (p. 170). Es una vanidad del ser humano, tratar
de ‘privatizar’ la compasión y el dolor como emociones pertenecientes
exclusivamente a él, pues las emociones son comunes al “reino animal”,
del cual nunca se podrá desvincular el ser humano, por más que trate de
negar sus aspectos animales. Considerar el dolor y la compasión, como
emociones inherentes a la naturaleza humana, permite redescubrir el
mecanismo de la vida, el ordenamiento de niveles de vida más comple-
jos, y, en definitiva, brindaría ciertas oportunidades para convivir con
otros iguales o distintos.

Adicionalmente, resulta esclarecedor el análisis realizado por Vic-


toria Camps (2011) de la compasión como proceso histórico y asumido
por la filosofía como valor elemental. Para esta autora, “la compasión
es la emoción más aprobada por la tradición filosófica a lo largo de los
años […] el sentimiento moral más propio de nuestro tiempo” (p. 131).
Tanto en la antigüedad como en la contemporaneidad, la compasión
continúa siendo un valor filosófico fundamental, en la medida que se
encuentra vinculada con la conciencia del ser humano sobre su propia
finitud. El dolor que implica el conocimiento sobre la mortalidad ha
sido parcialmente contrastado por la compasión, pues a través de esta
emoción, se adquiere el sentido de lo humano, provoca el acercamiento
a la realidad del otro con profunda conciencia de dolor y angustia de su
semejante. Quien ha pasado por el umbral del dolor es capaz de com-
prender al otro y sentir compasión. Para Camps (2011):
[…] siente compasión el que se ha visto cerca del mal, lo ha sufrido en
su propia carne o no ha podido escapar de él, sienten compasión por
tanto los sensatos (los ancianos) y los instruidos porque son los más
razonables. Todo lo que es susceptible de producir compasión es a su
vez expresión de la debilidad humana: la muerte, la violencia, la vejez,
la enfermedad, la ausencia de amigos, la fealdad, la invalidez. Esa rela-
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

75

ción con los aspectos más vulnerables de la existencia lo que convierte


al objeto de la compasión en algo injusto algo que no debería haber
ocurrido porque no ha sido merecido. (p. 132)

En la línea finita de la existencia, el hombre se encuentra frente a


una ‘encrucijada’ latente, donde tiene que decidir entre tomar concien-
cia de su existencia o vivir un sinsentido condicionado por la enferme-
dad, la angustia y la muerte, siendo esta última, una realidad inevitable
de la cual no puede escapar. En este sentido, los valores deben ocupar el
lugar central en los espacios de reflexión filosófica, pues ellos enrique-
cen la existencia con sentido y fundamento; y, además, permiten tomar
conciencia del inquebrantable vínculo con el otro, al cual se accede me-
diante la empatía, que es una capacidad acompañada por la imagina-
ción, en tanto permite comprender la situación del otro, colocándose en
su lugar. La empatía por sí sola no es suficiente para la compasión, pues
una persona sádica puede sentir una considerable empatía con la situa-
ción de otro individuo y aprovecharla para hacer daño a esa persona,
por eso la empatía y la compasión deben ser orientadas hacia el amor,
como propone Nussbaum (2014).
Así como existen emociones que fomentan relaciones saludables
y alientan la cooperación, hay otras emociones que debilitan el vínculo
social, tal como el asco, la vergüenza y el odio. Para Nussbaum (2014), el
asco está directamente relacionado con la idea de contaminación: pone de
manifiesto la angustia que produce la posibilidad que el yo se contamine
al recibir algo que sea envilecedor. Así, las propias excreciones corporales
del ser humano (sudor, orina, heces, semen, moco, sangre), recuerdan los
rasgos compartidos con otros animales no humanos, mientras que los
cadáveres, recuerdan el carácter mortal y frágil de la condición humana.

Antes de finalizar, cabría señalar que las emociones cambian a las


personas, hasta el punto de afectar sus juicios, pues el ser humano no es
solamente razón. Las emociones forman parte del juicio, se incluyen en
las decisiones y en ocasiones no son muy acertadas; emociones como el
miedo o la compasión consisten en modificaciones corporales o psíqui-
Diana Cherres, Diego Vera y Pablo Heredia
76

cas que indican que se ha visto, oído o adivinado algo que produce una
suerte de conmoción, sin tener en muchos casos, una evidencia para tal
creencia. Mientras que, en otros casos, representan serias oportunidades
para fortalecer sociedades del bien vivir y la importancia de sistemas
democráticos. Para Camps (2011), el sufrimiento que implica la propia
finitud pone de manifiesto las limitaciones de la existencia, la indefen-
sión, la debilidad y la necesidad de los demás.

A su vez, Nussbaum (2008) sostiene que el amor no puede conce-


birse sin la representación de la persona querida, sin el deseo y la lucha
por la felicidad, la glorificación y la posesión de un objeto concreto. Así
como el amor erótico se dirige hacia la persona amada, el amor cívico y
la compasión se materializan dentro de sistemas democráticos liberales,
orientados a la equidad y basados en la prudencia. Es evidente, que la
prudencia según la misma Nussbaum (1995) afirma no es un saber cien-
tífico deductivo (episteme), sino que se refiere a lo particular externo. Es
análoga a la intelección teórica (nous), pues el nous es de los principios
extremadamente simples, para los que no hay justificación externa.

Finalmente, se puede agregar que la familia y las emociones es-


tán relacionadas intrínsecamente, ya que no es posible hablar de la fa-
milia sin evocar un conjunto de emociones y sentimientos, sobre todo
cuando se está lejos del núcleo familiar. La familia es una organización
fundamentada en emociones como la compasión y el amor, forma par-
te de la estructura básica de la sociedad, y asegura la reproducción de
la cultura de una generación a otra. Las emociones que se encuentran
en esta primera forma de organización pueden ser tomadas como los
andamios que sostendrán una sociedad bien ordenada, con base en la
justicia según Rawls (2002), cuyos principios obedecen probablemente
a la ‘homeostasis social’, observada en todos los niveles de organización
social que comprende la humanidad.
La importancia de las emociones políticas en la vida de la democracia

77

Conclusiones
En este trabajo se ha podido mostrar que el estudio filosófico tra-
dicional sobre las emociones se sostiene en un error de interpretación,
al atribuirles un carácter irracional, ajeno a la objetividad que requieren
las decisiones políticas. Este error a pesar que aún persiste en la cotidia-
nidad ha sido corregido por planteamientos provenientes de la biología,
la psicología evolutiva y la misma filosofía. El neoestoicismo propuesto
por Martha Nussbaum, representa en la actualidad, una de las defensas
filosóficas más importantes sobre el carácter inteligente de las emocio-
nes. El mérito de su trabajo radica en un estudio de las emociones que
abarca investigaciones de orden neurobiológico (como los trabajos de
Damasio y LeDoux) y psicológico.

Las investigaciones en estos campos han supuesto una verdadera


revolución en la forma de entender las emociones, pues mediante di-
chos estudios, se ha comprobado que las emociones son mecanismos
desarrollados por la evolución y patrimonio común de varias organiza-
ciones de vida, que abarcan organismos celulares o multicelulares. Estas
conclusiones han sostenido la hipótesis de este trabajo: las emociones
políticas forman parte la homeostasis social, y han permitido el desa-
rrollo de sociedades democráticas. Si bien, no existe un gen democrá-
tico, sí se puede afirmar de acuerdo con lo investigado, que emociones
como la compasión y la simpatía (que por cierto no son exclusivas del
ser humano, pues se encuentran en otros animales), fundan un sentido
de cooperación y preocupación con los demás. En este sentido, se puede
concluir parcialmente que el desarrollo de estas emociones fueron las
condiciones para el establecimiento de principios de igualdad, respeto y
libertad, que caracterizan a los sistemas democráticos liberales.

Bibliografía
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Rawls, J. (2002). La justicia como equidad. Paidós.
The asymmetry between
blame and forgiveness

Sara Madera-Gómez1
maderagomez@[Link]

In the following essay, I am going to discuss the relationship bet-


ween blame and forgiveness. My thesis is that blaming and forgiving rest
on an asymmetrical relationship, because it is plausible to consider cases
where a third person can blame, despite the matter being “none of her
business”; however, only the direct victim is in a position to forgive the
wrongdoer. For my account of blame, I will turn to Macalester Bell, who
explains that accusations of hypocrisy or other violations on the part of
the blamers are “beside the point” (2012, p. 265) and that what matters is
to recognize that the action that has been perpetrated is morally wrong.

Regarding forgiveness, I will appeal to Margaret Urban Walker


(2013) who defends the victim’s right to be the only one who can forgi-
ve, in contrast to accounts, such as Glen Pettigrove’s (2009) which assu-
me that third parties can also do so.

My argument progresses as follows: (1) by blaming, we point out


a wrongdoing done to us or to others, and this wrongdoing violates sha-
red values to which we are committed as a community; (2) it may be the
case that third parties are always able to blame, even if it is none of their
business, insofar as they are defending the aforementioned shared values;

1 Candidata a PhD en Filosofía en Erasmus Universiteit Rotterdam. MSc en


Philosophy por The University of Edinburgh. Licenciada en Filosofía y Pedagogía
por la Universidad Politécnica Salesiana. Actualmente trabaja sobre derechos de
los animales y ética ambiental en la filosofía racionalista del siglo XVII.
Sara Madera-Gómez
80

(3) by forgiving we relieve the wrongdoer from further reproach from the
emotional and physical costs of his/her wrongdoing; (4) it seems that only
the direct victim of the wrongdoing can forgive the wrongdoer, because
only the victim has experienced through her mind and body the costs of
the wrongdoing. Therefore, it seems plausible for third parties to blame
the wrongdoer, but only the direct victim can forgive.

In order to understand the magnitude of the problem, I will use an


example. I am going to assume that an individual has been the victim of
rape on a university campus. What I want to show then, is that although
the victim’s family, authorities and others in the community all have the
right to blame the perpetrator, only the victim can —dependent on the
wish to do so— forgive the aggressor. My essay will be structured as fo-
llows: in the first section I will talk about blame, and how it is possible for
a third party to blame; in the second section I will refer to Walker in order
to explain why the victim is the only one in a position to forgive; in the
third part I will discuss two possible objections and try to answer them.

Blaming
I assume that, as a community, we share specific values and feel
committed to respecting them. In this sense, blame is something that
we exercise as members of the community, in order to point out certain
actions through which we or someone else has been attacked, and which
constitute a violation of our communal values.

For Bell, “blame is positional” (2012, p. 264) and this thesis rests
on two principles. First, it indicates the establishment of a relationship
between the person who blames and the target of the blame. Bell points
out the existence of certain relationship dependent rules, implying that
it is appropriate to morally blame certain subjects only if there is some
relationship between the person who blames and the target of their bla-
me. For example, it is morally right for a teacher to blame one of his
students if he discovers that the student is copying on an exam, but it
The asymmetry between blame and forgiveness

81

would not be appropriate for someone working in the college cafeteria


to blame the student for the same reason. Nonetheless, Bell recognizes
that if blaming solely depended on this type of norm, we could only
blame under certain circumstances, so she later recognizes that “we are
all well positioned to hold people responsible for serious wrongdoing
and injustice” (2012, p. 278). Moreover, in cases where the wrongdoing
is severe or unfair, it is not only those who are involved or who maintain
some relationship with the target who are in a position to blame, but
third parties are also able to do so.

This is precisely the case in our example. Given a rape case on a


university campus, we may think that the victim is in a position to blame
the perpetrator, as well as her family, as secondary victims, and even the
university, as the agency in charge of ensuring the safety of its students.
However, it also seems entirely plausible for the owner of the university’s
cafeteria, for example, to blame the aggressor. Even if he does not express
this blame, that is, third parties can blame a wrongdoer in their hearts.

What I consider the third party to be doing is exercising his right


to defend the values we share as a community. Furthermore, it seems
that in this type of case, third parties are not only in a position to blame
the rapist, but they must do so. What would we think of someone who
did not blame the rapist? Would we think that he was doing the right
thing by staying out of the problem, or do we expect him to react as
a member of the community? My intuition is that most of us expect
some type of response from third parties in this type of situation. The
rapist responds to the blame of the victim and the community, where
the community is understood as people who are unrelated to the victim
but who share the same values.

The second sense in which blame is positional, according to Bell,


is related to the emotional tone that accompanies blame. In her account,
only the victim is in a position to the blame the wrongdoer resentfully,
i.e. it is only the victim who can blame in a way that a third party cannot.
This seems plausible, but at the same time, it is certainly problematic to
Sara Madera-Gómez
82

delimit our emotional responses. If we consider the victim of rape, it is


logical to think that when she blames her attacker, that blame is full of
resentment as well as other powerful emotions. For Bell, third parties
may feel outraged, but they are not in a position to blame with resen-
tment. I consider it difficult to separate our emotions at the moment of
blaming, and for that reason, Bell’s account of this matter seems com-
plicated; if we again think of the owner of the cafeteria blaming the ag-
gressor, his blame is tinged with indignation, but it would be impossible
to say where this indignation becomes a different emotion.
However, I believe it is essential to recognize that the victim feels
something different than third parties when blaming, even if we can-
not fully explain this distinction. This is the basis that will allow us to
recognize that only the victim can forgive the aggressor. I assume that
both the victim and a third party could blame the aggressor and feel
resentment (perhaps for different reasons), but unlike the third party,
the victim also has to bear the experience of the emotional and physical
costs that the wrongdoing has caused; in the case of rape, the psycholo-
gical and physical trauma to her body and mind. Nobody apart from the
victim has access to these experiences
Thus, when the victim blames her aggressor, she does so prima-
rily for the damage that he has directly caused her, and resentment and
other emotions may accompany this blame. When the owner of the ca-
feteria blames the aggressor, he does so for his violation of community
values, not because he himself has been directly affected, and indigna-
tion, resentment and other emotions may also accompany this blame.

Forgiving
Continuing with our example, suppose that given the circum-
stances of the case the victim decides not to forgive the aggressor,2 even

2 In this kind of cases it is not clear if the victim owns forgiveness to the aggressor.
Possibly not, given the magnitude of the wrongdoing. However, in less serious
The asymmetry between blame and forgiveness

83

though he has asked for forgiveness, feels remorse, etc. Faced with this
situation, the owner of the cafeteria approaches the aggressor and says, “I
forgive you”. Does this make any sense? Does the aggressor feel forgiven?
This does not seem plausible, because, although the community as a who-
le can be involved when its shared values are violated, no one apart from
the victim has had to suffer the psychological and physical damage that
accompanies the violation. If the aggressor feels remorse and apologizes
to the victim, he is apologizing for the damage that he has caused her
directly. For this reason, positions such as that of Pettigrove, who affirms
that it is possible for third parties to forgive, are remarkable.

Following Walker, I consider that by forgiving, we are “making


a practical commitment [...] to release the wrongdoer from further
grievance, reproach, and direct demands” (2013, p. 510) based on the
emotional and physical costs of his/her wrongdoing. If we have already
asserted that it is the victim who has to bear the costs of the aggres-
sion, then it seems logical that only the victim can release the aggressor
from future blame and reproach. When Pettigrove tries to show that
third parties are also in a position to forgive, I consider that he does so
without considering extreme cases in which the damage caused can only
be understood from the perspective of the victim. Pettigrove discusses
four types of argument according to which only the victim can forgive;
these are the debt-canceling argument, the emotion-based argument,
the relation-based argument and the normative difference argument.
My position is founded on the emotion-based argument.

Pettigrove criticizes the latter position, following Murphy and


Butler, when he affirms that by forgiving we are “forswearing resen-
tment” (2009, p. 586). In this sense, if only the victim feels resentment
—as Bell also proposes— she is the only one who can overcome it and
forgive; however, I agree with Pettigrove when he says that it is plausible
that others besides the victim may feel resentment, for example, the pa-

cases, it seems that if the victim does not forgive the wrongdoing, is being some-
how morally irresponsible.
Sara Madera-Gómez
84

rents of the victim. A possible solution to this problem lies in conside-


ring that the emotion-based argument could be understood differently,
without putting the focus entirely on resentment.

Therefore, like Walker, I believe that by forgiving, the victim is


not giving up resentment as a basis for forgiveness; rather, what she is
doing is releasing the aggressor from future blame and resentment by
internalizing the costs of the wrongdoing. Furthermore, this emotional
internalization, which may be part of the “healing” process, can only be
done by the victim; as with any physical wound, it is evident that pain
and emotions are personal and unique. Overcoming resentment in this
case is only a secondary consequence of having freed the aggressor from
future blame. Thus, to forgive is not only to overcome resentment, be-
cause that is something that could also be done by a third party.

Applying this idea to our example, we may find that the victim,
after a long process, comes to forgive the aggressor. The victim forgives
him for what his actions have directly brought her and frees him from
future blame. If a third party also “forgives” the aggressor, this does not
ultimately make any difference to the aggressor, because he would still
be awaiting the actual forgiveness from the victim. However, I also ac-
knowledge that in circumstances where the victim dies, secondary vic-
tims may forgive the aggressor, although they will ultimately do so for
the damage done to them.

Objections
Some may argue against my second premise that in some instan-
ces third parties lose the standing to blame. It could be that these third
parties have themselves committed the same actions they are criticizing;
thus they are hypocrites and therefore lose the standing to blame. I be-
lieve that Bell is right when she denies this approach, because blame is
about an action that has been committed which violates certain norms,
and not about who has done what. I want to propose a small thought
The asymmetry between blame and forgiveness

85

experiment to exemplify this. Suppose that a global disease kills the vast
majority of the population, with only two survivors. These survivors
meet, and person A explains to person B that before everybody else died,
he had cheated on his partner; person B is outraged and blames A for
his actions. However it is the case that B had also cheated on his partner
in the past and, furthermore, A knew about this, so A deflects the blame
of B under the accusation of hypocrisy. However, if B is the only person
who can blame A, should he not do it anyway? I think so. Even if B is
hypocritical and has made the same mistakes as A, B should blame A,
simply because his actions are reprehensible.

Another person could argue against the very asymmetry of the


relationship between blame and forgiveness, considering it strange.
However, I contend that third parties can blame but not forgive because
blame and forgiveness depend on two different relationships. The rela-
tionship of the aggressor to the community is a relation of the part to
the whole; a relationship that ultimately we do not choose, but whose
rules we follow. However, when the aggressor decides to harm a parti-
cular person from among the community, he is converting her into a
victim. The aggressor is in a particular position concerning the victim,
and therefore only the victim can release him.

Given that the relationship which the aggressor maintains with


the community is not particular but of a more general nature —ulti-
mately with the totality of the community— it seems plausible that all
members of the community could and should hold him accountable for
his actions. In a way, given that the wrongdoer decided to carry out a
morally reprehensible action, he must accept that he violated commu-
nal values and at the same time harmed a particular person, so he is ac-
countable on two different levels. Therefore, and given that only victims
can forgive, the asymmetry is instantiated.
Sara Madera-Gómez
86

Conclusions
I have argued that blaming and forgiving occupy an asymmetri-
cal relationship with regard to third parties. Since living in a community
involves sharing specific values, we are all called upon to blame a perpe-
trator when we know that he has violated those values. However, given
that the victim is the only one who has had to bear the physical and
emotional costs of the wrongdoing, she is the only one who can forgive
the aggressor and thus free him from future blaming.

References
Bell, M. (2012). The Standing to Blame: A Critique. In Coates, D. Justin, and Neal
A. Tognazzini (Eds.), Blame: Its Nature and Norms. Oxford University
Press. [Link]
Pettigrove, G. (2009). The Standing to Forgive. The Monist, 92(4), 583-603.
[Link]
Walker, M.U. (2013). Third Parties and the Social Scaffolding of Forgiveness.
Journal of Religious Ethics, 41(3) 495-512. [Link]
jore.12026
La justificación científica
de la psicología: aportes
desde la epistemología

David Francisco Balseca-Bolaños1


dfbalseca@[Link]

Frank Bolívar Viteri-Bazante2


fviteri@[Link]

Este estudio pretende establecer un análisis conceptual y epis-


temológico del quehacer científico de la psicología en la actualidad, a
la luz de la filosofía de la ciencia que busca fundamentar el quehacer
científico de la labor de la psicología, evitando sesgos cognitivos o teó-
ricos para dar paso a un principio de demarcación claro que delimite
las proposiciones utilizadas por la ciencia en general. Después de ello
se presenta un análisis del objeto de estudio de la psicología que busca
establecer un principio de demarcación y producción de proposiciones
protocolarias que van a generar un desarrollo claro de la ciencia psico-
lógica y de su acción para que desde allí hacer un análisis de cada uno de
los elementos que la psicología debe usar para su justificación en cada
uno de sus ámbitos, con la presentación de casos hipotéticos e históricos
que permitan fundamentar el recorrido analítico de este artículo.

1 Máster en Neurociencias Cognitivas del Comportamiento. Psicólogo Clínico.


Docente de la Universidad Central del Ecuador. Ecuador.
2 Doctor en Filosofía en la Pontificia Universidad Bolivariana- Colombia. Magister en
Filosofía. Maestrando en Psicología. Docente de la Universidad Politécnica Salesiana.
Actualmente trabaja temas de epistemología de la psicología y las ciencias sociales.
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
88

Introducción
El problema de la psicología se ha constituido en una cuestión
fundamental en el desarrollo científico y epistemológico a lo largo de
la tradición académica e institucional, sobre todo en los últimos siglos,
en la que ha luchado por establecerse como ciencia específica, dejando
de lado la filosofía desde su tradición antropológica ya sea dualista o
monista, así como también la tradición fisiológica que pone las prime-
ras bases desde el laboratorio de psicología de la Universidad de Leipzig
de Wundt, en la que se establece un principio científico-experimental
adherente a la psicofisiológica.

Se establecen procesos metodológicos y filosóficos de la psicolo-


gía para pasar a comprenderse como una ciencia independiente, aun-
que sin un objeto bien preciso (…) el mismo que ha causado revuelo
en la comunidad científica, pero de hecho no hay ciencias totalmente
independientes. Todas las ciencias fácticas dependen de la lógica y de
la matemática, y cada una de ellas interactúa con otras ciencias y con
la filosofía (Bunge, 2002), dejando de lado la posibilidad de establecer
ciencias puras o con una construcción metodológica única al abordar el
objeto de estudio.

Pero llegamos a los albores de nuestra época y establecemos pro-


cesos de comprensión de la psicología como una ciencia que lucha por
liberarse de los preceptos epistémicos de la filosofía, salud o educación,
para dar paso un campo amplio que tenga como objetivo el estudio de
la “psique”: alma, consciencia, comportamiento, conducta, emociones
y demás dando paso a la comprensión del ser humano, no como un
elemento orgánico anatómico, ni como un soporte sociocultural de las
ciencias sociales, sino como un problema de la interioridad humana ya
sea cuantificable o cualificable que se desarrolla en el contexto social.

Pero el problema de las ciencias no es solo el objeto de estudio


sino también la estructuración de un método científico por el cual se
aborda el objeto específico que muchas veces puede ser sometido a los
La justificación científica de la psicología: aportes desde la epistemología

89

estudios neuro-cerebral, cognitivo conductuales y neuronales, simbóli-


cos pero que no logran satisfacer el abordaje de la psique, ya que el hom-
bre responde también a una realidad sociocultural en la que juega un
papel fundamental, es decir, construir una realidad cerebro-neuronal
que se manifiesta de manera simbólica para responder a sus significa-
ciones sociales, tomando en cuenta que: “el foco de la psicología, sea
individual o social, es el individuo en su medio natural o social” (Bunge
& Ardila, 2002, p. 39), constructo teórico en la que el método científico
ya no es delimitado como la ciencia actual, sino que queda abierta hacia
una conceptualización epistémica al igual que las demás ciencias, en la
que “la investigación científica, tanto en psicología como en cualquier
otro campo del conocimiento, no se conduce en un vacío filosófico, sino
sobre el fondo de un complejo marco filosófico de referencia” (Bun-
ge & Ardila, 2002, p. 29), pero sin dejar por ello la fundamentación de
un componente teórico, la psique, alma, interioridad, consciencia y el
hombre mismo que como humanidad lucha por ser reconocida no solo
como problema sino como realidad en sí misma, que se manifiesta en la
psicología como ciencia teórica contemporánea:
La ciencia teórica contemporánea se ocupa predominantemente de
inobservables tales como las partículas elementales, los campos electro-
magnéticos, la evolución geológica y biológica, la economía nacional,
etc. El excluir una pregunta, simplemente porque no cabe dentro del
marco de una filosofía empirista superada por las ciencias naturales,
es signo de dogmatismo filosófico, no de apertura mental y de rigor
científico. (Bunge, 2002, p. 129)

Rigor que exige cada día a la psicología repensarse desde los di-
versos métodos y enfoques, no como una lucha interna sino más bien
como un enriquecimiento mutuo entre las diversas escuelas y líneas de
trabajo. Dando paso a una comprensión epistemológica de las traduc-
ciones actuales en las que las ciencias para ser llamadas como tal deben
establecerse con base al modelo actual en la que se desarrollan con cua-
tro características distintivas:
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
90

• Mutabilidad, las ciencias no son estáticas, sino que se van desa-


rrollando a partir del avance investigativo enriqueciendo o corri-
giendo los conocimientos que se van generando.
• Compatibilidad con el grueso de los conocimientos precedentes,
que permiten establecer un proceso conceptual de correlación
epistemológica con los conocimientos previos debidamente fun-
damentados y validados.
• Intersección parcial con al menos alguna otra ciencia, la realidad
compleja en la que vivimos exige establecer parámetros de com-
prensión sistémica fundamentalmente a partir de los postulados
científicos que se consolidan en torno al problema específico.
• Control por parte de la comunidad científica el mundo de la
investigación no es un apartado aislado de la realidad social, sino
que se establecen en procesos de relaciones que permiten generar
un trabajo colectivo pero institucionalizado a partir de la divul-
gación científica y la socialización de los resultados de investiga-
ción para ponerlos al servicio de la sociedad (Bunge, 2010).

La psicología no deja de lado esta concepción de ciencia, de he-


cho, establece o pretende establecerse en el discurso científico actual
permitiéndose a sí misma, generar un método que le permita reivin-
dicarse en el grueso de conocimientos actuales con el fin de establecer
su accionar con base en los postulados científicos resultantes de la apli-
cación de un método científico debidamente fundado, en la compren-
sión de su objeto de estudio. Este quehacer exige el acercamiento a la
discusión epistémica de los métodos de la psicología, que muchas veces
generan inconvenientes en la comunidad académica sobre todo por la
sobrevaloración de un proceso u otro, pero a la vez depura el accionar
del psicólogo como científico.

La justificación científica de la psicología y sus críticos


Karl Popper recalcaba que la ciencia exige un juego distinto, por
ejemplo, al de la metafísica o al de las pseudociencias. Por ello, se ha-
La justificación científica de la psicología: aportes desde la epistemología

91

cía indispensable un criterio claro de demarcación de hecho él presenta


como “un criterio que nos permita distinguir entre las ciencias empíri-
cas, por un lado, y los sistemas «metafísicos», por otro” (Popper, 1980,
p. 34). Hay que recalcar que el criterio de demarcación no pretendía
invalidar la metafísica u otras formas de saber legítimas, por supuesto,
en su campo respectivo de aplicación.

Simplemente pretendía delimitar el campo de acción de las diver-


sas disciplinas. Así la demarcación es pragmática en el sentido que nos
permite evitar errores de intrusión disciplinar. Por ejemplo, nos permi-
tía ver porque no podemos explicar un fenómeno a partir de categorías
metafísicas como la paradoja de Moliere, en donde se pretendía explicar
la acción del opio recurriendo a una supuesta “virtud dormitiva”, la ex-
plicación era correcta, filosóficamente hablando, pero absurda, en su
justificación empírica (Kenny, 2000).

Además, no anula como saber ilegítimo aquello que no es ciencia,


al contrario, le da su espacio, pero fuera de la ciencia; al contrario que
los positivistas, cuando ellos sí pretendían establecer un criterio entre
proposiciones significativas y las que no lo eran. “El criterio empirista
de significado comienza refiriéndose al significado de la proposición, re-
chazando tajantemente la pseudo proposición o proposición sin senti-
do, y termina aplicándose globalmente al sistema de postulados y reglas
de correspondencia” (Hernández, 1993, p. 72). Pero de hecho el pro-
blema de la pseudo proposición, va a atacar los principios metafísicos,
ontológicos y filosóficos en la postura de los positivistas.

Popper fue el primero en usar este criterio dentro del campo de


la psicología. Llevó a cabo una crítica de las teorías de Freud y Adler
considerándolas no científicas porque sus postulados no podían ser re-
futables (Popper, 1983). Otros filósofos de la ciencia como Lakatos y
Grumbaum, con distintos métodos a la falsación, también llevaron a
la palestra a las doctrinas freudianas. Aunque los filósofos de la ciencia
tienen claro, o al menos parecen estarlo, entre lo que es ciencia y no,
los psicólogos suelen fallar en ese sentido. Esta falencia se debe a dos
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
92

situaciones particulares. La primera tiene que ver con el origen de la


psicología. En sus inicios hubo una alta proliferación de escuelas y sis-
temas, con métodos diversos y aceptados hasta cierto punto por toda la
comunidad. Segundo, amparados bajo la noción de “paradigma”, im-
portada por Kuhn:
Ciencia normal significa investigación basada firmemente en una o más
realizaciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad
científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamen-
to para su práctica posterior. [...] Voy a llamar, de ahora en adelante, a
las realizaciones que comparten esas dos características, ‘paradigmas’,
término que se relaciona estrechamente con ‘ciencia normal. (Kuhn,
1992, p. 33)

A partir de este punto parece haber cabida en la psicología a teo-


rías inconmensurables unas de otras, como el conductismo y el huma-
nismo, y justificadas por el “acuerdo común” de sus propulsores, es de-
cir por la subjetividad de los propios psicólogos y no adecuadas a una
justificación científica en el más alto sentido de la palabra. A pesar de
ello, en la actualidad han ido desapareciendo los sistemas y quedan ya
pocas escuelas. La psicología moderna, al contrario que la de hace cien
años, se ha querido posicionar como una única ciencia y como tal se ha
adecuado a esas exigencias, y por ello se ha hecho necesario un crite-
rio de demarcación entre la misma disciplina. Muchos han tomado esta
situación de manera negativa y han acusado de positivista, reduccio-
nista o determinista a aquella psicología quienes se han regido bajo los
lineamientos del método científico (Koch, 1973). Como veremos más
adelante muchas de estas críticas son enteramente infundadas.

Para ello, usaré el criterio de demarcación como toda teoría que


se adecue al método científico, o a los elementos de la ciencia (Bunge,
2013), más allá de la simple falsación, o verificación promulgada por
Popper o los positivistas. Con ello, lo que se desea establecer en psicolo-
gía cuando una teoría u orientación cumple el criterio de cientificidad
o no. En caso de no hacerlo, se puede deber a que la teoría no necesita
La justificación científica de la psicología: aportes desde la epistemología

93

justificación científica debido a su campo de acción distinto, lo cual es


un saber significativo fuera de esta área, como la filosofía o las huma-
nidades. Por otro lado, el criterio de justificación científica someterá a
prueba aquellas teorías que pretendan ser inmunes a dicha justificación
y que, sin embargo, usen proposiciones o teorías susceptibles de veri-
ficación empírica o consistencia lógica propias de la ciencia, como el
psicoanálisis freudiano, por ejemplo. Hay que recordar que no son ya las
orientaciones psicológicas las que determinarán su significación cientí-
fica; es la propia ciencia su propio juez.

Elementos de la psicología para justificar su acción


Una vez comprendido el marco de acción de la epistemológica
como fundamento de la práctica científica de la psicología conviene ha-
cer un análisis de cada uno de los elementos que la ciencia psicológica
debe usar para su justificación, como lo son sus metas: observación, ex-
plicación, predicción e influencia.

Observación
La observación es el primer criterio por donde toda la ciencia, in-
cluida la psicológica, debe empezar. No puede haber ningún enunciado
significativo dentro de la ciencia que no derive últimamente de la expe-
riencia. Gran parte de estos enunciados se los conoce como enunciados
protocolares (Popper, 1980), es decir enunciados acerca de fenómenos,
además se presentan bajo la forma de enunciados singulares delimita-
dos en un contexto espacial y temporal determinado. En donde se toma
lo “dado”, a los “datos sensoriales”: “describen los contenidos de la ex-
periencia inmediata, o fenómenos; y, por tanto, los hechos cognoscibles
más simples” (Popper, 1980, p. 92).

Estos hablan de los hechos del mundo, por lo que en filosofía se


los conoce como proposiciones sintéticas. Pueden tomar forma de dos
fenómenos que aparecen contiguamente, o un atributo de un organis-
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
94

mo de forma recurrente. Otra característica de estos enunciados es que


pueden darse de forma casual y no elaborada, a lo que en filosofía de la
ciencia se conoce como contexto de descubrimiento. Es en este contexto
en donde la ciencia se une con el sentido común. Hay que considerar
que estas observaciones pueden surgir del sentido común.

Una persona como Juan puede ver que cada vez que llueve sus
sembríos crecen. La ciencia parte de este mismo dato, pero se aparta
de la concepción de Juan cuando decide sistematizar estos fenómenos
contabilizándolos y repitiendo las observaciones de manera aumentada.
En los enunciados protocolares no hay conflicto entre sentido común y
ciencia. Esto es importante porque nadie se atrevería a decir que Juan es
positivista por el mero hecho de observar la ocurrencia de determina-
dos fenómenos para utilidad propia. En un ejemplo de ciencia en psico-
logía, podríamos citar a (Pavlov, 1927) cuando observó que los perros
salivaban cuando entraban al laboratorio y no les presentaban ningún
alimento como para que emitan dicha conducta. Esta observación le
permitió posteriormente justificar científicamente este fenómeno con
la teoría del condicionamiento.

Aunque los críticos suelen creer que este tipo de fenómenos es


loable dentro de la ciencia natural, ya que se pueden estudiar dos cosas
físicas a la par, piensan que este mecanismo de observación no puede
llevarse a cabo con lo psicológico. Bajo un dualismo explícito, declaran
que, si bien la parte física o motora del hombre puede estudiarse como
en las ciencias naturales, lo subjetivo o lo psicológico no puede llevarse a
cabo de tal manera. Como se puede ver este es un error que ha persegui-
do al pensamiento occidental desde Descartes. Ya Wittgenstein (1953)
dio un duro golpe al mentalismo de corte subjetivista argumentando
que no existe un lenguaje privado, que lo mental, por más íntimo que
sea necesita criterios externos y públicos. Y estos criterios conductuales
públicos siempre tienen sentido y justificación en un contexto determi-
nado. De ahí que conducta y contexto van de la mano.
La justificación científica de la psicología: aportes desde la epistemología

95

En un ejemplo podríamos decir lo siguiente. Puedo decir, Juan


interpreta su situación como demasiado desgarradora. Este, a pesar de
lo “subjetivo” del asunto, es un indicio de observar cómo una persona
interpreta como desgarradora su situación de pérdida. Él me lo hace
comprensible a través de su lenguaje. No hay nada oculto o misterioso.
Puede que esté lleno de carga personal muy fuerte, es cierto. Pero ello
no lo hace privado. Nuevamente, si nadie se atreviese a decir que Juan es
un objetivista por observar el dolor de Carlos. Esta es la base para que el
psicólogo recolecte estas historias, y comprenda cuáles son las caracte-
rísticas de la depresión. Esto no quita la individualidad a Juan.

Explicación
Después de observar repetidamente regularidades entre determi-
nados fenómenos, incluyendo los conductuales, se puede pasar, median-
te proceso de inducción, a enunciados generales. A menudo se tratan
de enunciados universales como “Todos los niños que son sometidos
a maltrato desarrollan depresión”. A través de un proceso de inducción
podríamos decir que se ha logrado establecer una proposición general
sobre un determinado fenómeno. Nuevamente la generalidad es sinóni-
mo de regularidad natural. Es decir, en la naturaleza podemos observar
regularidades (Artigas, 2006) que, desde un punto de vista pragmático,
nos permite vivir en un mundo seguro y habitable. Desde un punto
de vista científico, nos permite adquirir verdades aproximables. Estos
enunciados generales si bien son enunciados que parten de un sustrato
empírico, su generalización o inferencia, es teórica y, por lo tanto, no es
positivista, es decir no sujeta a verificación (Kukla, 2001). Ya que no po-
demos llegar siempre a generalizaciones observando todos y cada uno
de los fenómenos.

Estas regularidades son indispensables dentro de toda ciencia y


la psicología no es la excepción. Como gran parte de estas regularidades
se dan entre fenómenos adyacentes como cuando X es precedida por Y,
se tiende a decir que la una causó a la otra. Muchas de estas explicacio-
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
96

nes son recurrentes dentro de la psicología como ciencia. Sin embargo,


muchos lo han desestimado como modelos causalistas o nomológicos,
propios de la ciencia positivista (Barranco, 2009). Y que los fenómenos
enteramente psicológicos no siguen este modelo, sino que la conducta
humana debería explicarse por motivaciones, deseos o razones. Nótese,
sin embargo, que incluso en la vida humana y en el lenguaje ordinario
usamos la palabra “causa”, como explicación. Consideremos: Juan es-
capó de la situación que le causaba miedo. Sin mencionar que cuando
usamos el esquema a causa B, o como A incide sobre B, estamos hablan-
do de manera independiente de si son hombres o cosas. Este sentido de
causalidad es independiente del tipo de cosas de las que hablamos. Es
lo que se denomina principio de neutralidad ontológica en causalidad,
siguiendo a Grünbaum (1984) nos manifiesta que:
De un estado antecedente X respecto a una ocurrencia Y no es en abso-
luto una cuestión de la fisicalidad de X; en cambio, la relevancia causal
es una cuestión de si X (ya sea física, mental o psico-física) hace una
diferencia para la ocurrencia de Y, o afecta la incidencia de Y. (p. 74)

Hablar de causa, por tanto, no tiene que ver con una cuestión
de fisicalidad, o de reduccionismo tal como se ha pretendido establecer
dentro de la psicología al marco positivista de explicación.

Predicción
La predicción se deriva automáticamente de las explicaciones ge-
nerales de la ciencia. Por lo general toman forma de enunciados de proba-
bilidad como: existe una alta probabilidad que un evento B vaya precedi-
do por un evento A. En la ciencia moderna se usa el término probabilidad
debido a que la justificación de leyes a través de la inducción no puede
dar un conocimiento seguro de un fenómeno. Sin embargo, la ciencia no
busca verdades absolutas, sino aproximaciones sucesivas a un evento real.
[Una teoría] se aproxima más a la verdad o es más semejante a la verdad
que [otra] si, y solo si, se siguen de ella más enunciados verdaderos,
pero no más enunciados falsos o, al menos, igual cantidad de enuncia-
La justificación científica de la psicología: aportes desde la epistemología

97

dos verdaderos y menos enunciados falsos... la teoría más potente, de


mayor contenido, será también de mayor verosimilitud. (Popper, 1992,
pp. 58-59)

Y estas aproximaciones se dan a través de la probabilidad. En


psicología, el pensamiento de Skinner es el que más ha usado el térmi-
no probabilidad para referirse a fenómenos conductuales futuros. Así,
desde el paradigma operante se dice que un reforzador negativo, es un
estímulo que una vez retirado, aumenta la probabilidad de emitir de-
terminada conducta. Se puede llevar este principio a una situación más
cotidiana. Existe una alta probabilidad que una persona incremente su
respuesta depresiva si en el futuro se ve expuesta a una pérdida signifi-
cativa, la cual ha sido reforzante en su pasado. De hecho, este es el para-
digma principal de la depresión.

Esto nos enfrenta al problema del determinismo. Muchas de las


psicologías que se hallan en contra del método científico han acusado a
este esquema de determinista. Y que no se toman aspectos importantes
como el libre albedrío o la indeterminación de lo espontáneo, según la
psicología humanista, por ejemplo. En el campo de la libertad, según
como algunos psicólogos lo conciben, se quiere establecer que de un
evento A no causa o influye sobre la decisión de B. Grünbaum (1952)
recalca del siguiente modo: “Algunos (autores) arguyen que los méto-
dos de las ciencias naturales son en principio incompetentes para hacer
predicciones de la conducta humana o de la conducta social” (p. 667).
Sin embargo, él manifiesta que en principio si no existiese tal predicción
simplemente no habría hechos que guíen nuestro conocimiento actual
de la conducta humana, proveniente del pasado. Tomando el ejemplo
anterior, no podríamos saber cuáles son los eventos que podrían causar
la depresión, y por tanto prevenirlos.

Influencia
Finalmente, la influencia es una de las áreas más importantes de
la ciencia, y por ende de la psicología. Ian Hacking (1983) mencionaba
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
98

que la gran empresa científica no solo es entender el mundo, como en las


primeras etapas del proceso científico. Sino que apunta a transformarlo
y por ello a intervenirlo. Aunque en psicología se usó durante mucho
tiempo el término control, ahora se sugiere usar el término influencia,
ya que la conducta de la persona es el objeto de esa intervención. Bajo
el esquema pragmático, se establece que las relaciones adyacentes entre
dos fenómenos conductuales, puede ser cambiada si se cambia el evento
antecedente. Por lo general los eventos que gobiernan la conducta son
los eventos ambientales. El paradigma bajo cual se expresa esta meta es
indudablemente la psicoterapia, donde se pretende influenciar la con-
ducta o las emociones de la persona. Aquí la siguiente proposición es ra-
dical: si esta meta no se puede dar, simplemente la ciencia psicológica no
es posible. Incluso los psicólogos más humanistas o libertarios cavila-
rán en este sentido. Incluso Rogers en su psicoterapia humanista donde
valoraba la libertad y era menos directiva que otras terapias, apuntaba
por todos los medios a crear un ambiente propicio para el desarrollo
de ciertas capacidades en sus clientes. Rogers debía crear condiciones
para que se desarrollen determinadas características. Al igual que otras
formas de terapia, la influencia toma igual postulados condicionales, de
si A entonces B. Aquí decimos como un factor, llámese mi intervención,
ayuda o promueve el desarrollo de otra persona.

Además, hay que tomar en cuenta, desde un criterio, pragmático,


en psicología clínica, la influencia de los fenómenos psicológicos siem-
pre va ligada a los objetivos y valores del paciente (Hayes et al., 2014).
Las metas del paciente son las que en última instancia guían el accionar
terapéutico. Esto va en contra de criterios en los cuales se piensa que los
objetivos de la psicología deben imponerse a los del paciente. Al contra-
rio, es el paciente quien guiará este objetivo. Son los mismos pacientes
quienes se preguntan por qué están así y que pueden hacer al respecto
(Hayes et al., 2014). Con base en esa situación inicial, el psicólogo es
quien busca cómo cambiar el curso inicial de los acontecimientos, de
modo que la persona en concreto, con ese problema psicológico en par-
ticular, pueda conseguir un mejor resultado.
La justificación científica de la psicología: aportes desde la epistemología

99

A modo de conclusión
La psicología en la actualidad exige una valoración epistémica
desde cada uno de sus enfoques, generando a su vez principios y méto-
dos científicos que permitan abordar el objeto de estudio de la psicolo-
gía, para permitirse a sí misma, una mejor aproximación al ser humano
y su problemática, con un saber validado y fundamentado, con el fin de
garantizar el éxito en mencionada empresa. De hecho, en la actualidad,
debido a la juventud de la psicología, los epistemólogos contemporá-
neos (Ayer, 1940; Bunge & Ardila, 1988; Ardila, 1988; Quine, 1960) han
expresado su preocupación directa por la reflexión epistemológica de
la psicología, generando no solo discusión sino también la apertura a
procesos de validación propio de las ciencias físicas para generar una
validez objetiva en las proposiciones propias del quehacer psicológico.

Pero esto no exige tomar una sola postura y absolutizarla sino


más bien generar el debate en torno al accionar de la psicología en el
grueso de la ciencia actual, buscando solidificar sus proposiciones a tra-
vés de un método debidamente validado y justificado, donde la apertura
se debe dar a las diversas posturas, pero siempre que se valide un estatu-
to epistemológico mínimo con el que se pueda dialogar.

La psicología necesita un criterio de demarcación, el cual sola-


mente puede ser establecido por su alineación al método científico y al
desarrollo de sus metas: descripción, explicación, predicción e influen-
cia. Los enunciados de la psicología siempre parten de la experiencia y
la observación de repetida de fenómenos. Estos enunciados, denomi-
nados protocolares, pueden provenir inicialmente del sentido común y
un contexto de descubrimiento. La primera observación se dirige hacia
la conducta que, en su sentido más amplio, abarca los pensamientos,
emociones, sensaciones, etc. Estos enunciados, mediante observación
repetida y sistemática, se convierten en enunciados generales, propios
de lo que se conoce como explicación. La explicación se forma de dos
fenómenos regulares que, en principio, no tiene nada que ver sobre su
estatuto ontológico de causalidad. Es decir, puede ser aplicado a con-
David Francisco Balseca-Bolaños y Frank Bolívar Viteri-Bazante
100

ductas humanas, sin que por ello pierda su carácter causal. Solamente
cuando se ha llegado a formular estas generalizaciones se puede inferir
predicciones. Las predicciones son proposiciones en las cuales se usa
el término probabilidad. A pesar que se suele manifestar que la con-
ducta humana no es susceptible de determinismo, el término probabi-
lidad deja abierta la posibilidad que los fenómenos conductuales sean
posibles y no necesarios. Aun así, el conocer esta posibilidad, la psicolo-
gía, a través de la psicoterapia, puede influenciar la conducta humana.
Los cambios solamente pueden producirse y proporcionarse cuando se
atraviesan los pasos previos. Y si bien es cierto se ha alegado que no
puede haber un control sobre la conducta humana, no es menos cierto
que toda la psicología, en su parte aplicada, ha demostrado que un buen
grado de influencia es posible.

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La necesidad de un lenguaje
referencial normalizado
y sus repercusiones
en la educación formal

César Rafael Chávez-Lloay1


crafaelchavezll@[Link]

William Orlando Cárdenas-Marín2


wcardenas@[Link]

La teoría de la referencialidad establece un nexo de la representa-


ción mental (sea esta lingüística o no) con la realidad sensible, configu-
rando así en gran medida la relación que tiene el sujeto cognoscente con
el mundo sensible en el cual se desenvuelve. Por consiguiente, partiendo
de un acercamiento positivo con esta realidad objetiva, el ser humano es
capaz de codificar su experiencia sensorial de manera que pueda alma-
cenarla, ordenarla, clasificarla, evocarla, usarla y posteriormente meto-
dizarla, haciendo del acceso a la información efectivo, pronto, adecuado
y presto a una fiabilidad necesaria para el desarrollo del conocimiento
formal, ya sea este importante para el desenvolvimiento eficaz del pro-
pio individuo (vida personal, interpersonal, comunicacional, social etc.)

1 Licenciado en Filosofía y Pedagogía en Universidad Politécnica Salesiana.


Actualmente trabaja en visiones contemporáneas sobre la educación desde la filoso-
fía, adecuaciones desde una situación de pandemia. Coautor del proyecto literario y
audiovisual: Fiesta popular y construcción de identidad cultural latinoamericana.
2 Candidato a PhD en Filosofía en la Pontificia Universidad Bolivariana-Colombia.
Docente en la Universidad Politécnica Salesiana Ecuador. Actualmente trabaja el
tema de la justificación epistémica del principio de probabilidad en la inducción
para la ampliación del conocimiento científico y filosófico.
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
104

o, en un segundo momento, en el avance epistemológico de cualquier


campo en el cual la labor heurística permita el desarrollo de un correcto
y fiable contenido.

Es por esta razón que el esfuerzo por buscar la manera propicia


de codificar el mundo referencial presenta una validez epistemológica
y educativa, centrándose en el alcance de fiabilidad y metodicidad del
contenido codificado. La forma en la cual esta cuestión de codificación,
acceso y uso de información se hace presente es indiscutiblemente el
lenguaje (en todas sus formas: escrita, simbólica e incluso matemática y
lógica, etc.) y la capacidad del individuo para discernir concretamente
los elementos específicamente referenciales (recordemos que el lengua-
je tiene más funciones tales como expresiva, apelativa, relacional, etc.)
con los cuales tiene o tendrá que desenvolverse; para ello se presenta un
breve recorrido a través de propuestas de Wittgenstein y su configura-
ción del mundo por medio del lenguaje y las proposiciones con sentido,
pasando por las propuestas complementarias de Russel y su atomismo
lógico, desembocando en un análisis profundo de la teoría de la referen-
cialidad de Frege y concluyendo con aportaciones de Kripke y Putnam
con el fin de darle una extensión practica y aplicativa a la teoría de la
referencialidad propuesta en el presente artículo.

La referencialidad tratada en este artículo, será propuesta como


el primer eslabón en una cadena causal de conocimiento de la realidad
(en espectro amplio), de esta manera el lenguaje referencial presenta el
primer nivel de complejidad para la correlación del mundo subjetivo
con el mundo objetivo (relación pensamiento, lenguaje y realidad); el
desarrollo de la adquisición y dominio del leguaje complejo y designa-
dor de elementos no referenciales inmediatos positivos, funciones me-
talingüísticas y usos mucho más complejos del lenguaje, serán tratados
en otro nivel de complejidad y presentados en siguientes artículos ya
que demandan implicaciones ontológicas, lógicas, metodológicas e in-
cluso metalingüísticas.
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

105

Introducción
El desarrollo del conocimiento indiscutiblemente se ha dado en
torno al desarrollo propio del lenguaje, es decir, sin lenguaje no puede
avanzar el conocimiento. Las implicaciones en lo cognitivo van desde la
sistematización, compilación, transmisión, formalización, etc. cuestio-
nes que evocan el presupuesto de la existencia del lenguaje. Este traba-
jo pone en evidencia la necesidad primigenia del lenguaje: nombrar la
realidad, por tanto, la función referencial del lenguaje será tratada como
génesis del conocimiento mismo, por consiguiente, se presenta la ne-
cesidad de la formalización en cuanto normalización del lenguaje refe-
rencial. Este es un problema nominal que consta de implicaciones tanto
a nivel subjetivo como objetivo, en cuestiones de entender el mundo
y de transmitir ese conocimiento, por ello, el lenguaje referencial nor-
malizado adquiere carácter sine qua non para el desarrollo apropiado
del conocimiento. La referencialidad clara y precisa como condición
primigenia para desarrollar cualquier tipo de conocimiento que tenga
como desiderátum la validez universal. Las repercusiones en el ámbito
educativo dejarán entrever la eficiencia o en su defecto ineficiencia, de la
educación a un nivel teórico conceptual y de contenido. La importancia
de un lenguaje referencial normalizado es un eje transversal y necesario
para una correcta ‘transmisión’ y construcción de conocimientos con-
ceptuales necesarios para adquirir, sistematizar y producir conocimien-
to a nivel escolar.

La necesidad de un lenguaje referencial normalizado para ase-


verar el correcto desarrollo del conocimiento trata de fundamentar al
lenguaje nominal como el punto de partida para la cognición de la reali-
dad, propiciando por consiguiente su entendimiento, sistematización y
posteriores usos, por tanto, esta necesidad como teoría se valdrá de una
serie de postulados en cuanto a teorías de la referencialidad, aplicacio-
nes, sistematizaciones y controversias. Los autores para considerar son
Hilary Putnam, Saul Kripke, Gottlob Frege, Ludwig Wittgenstein y Ber-
trand Russell, sin embargo, no se delimitan a los mismos ya que durante
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
106

el proceso de formulación de la teoría y mediante un proceso dialéctico,


autores complementarios, ya sea en labor de explicación o de comple-
mentación a las teorías tratadas, serán abordados de manera oportuna.

Lenguaje y cognición del mundo


La experiencia humana a través de una serie de pasos se conso-
lida en cognición fiable. Un primer acercamiento objetivo de la reali-
dad parte de la exposición inmediata de los sentidos a estímulos que
en posteriores pasos se codificarán y decodificarán dando lugar a una
sistematización ordenada (en lo posible) del mundo real. Sin embargo,
la consolidación deseada en el conocimiento requiere un nivel de abs-
tracción tal que los contenidos logren la decodificación, almacenamien-
to y posterior evocación que refiera una experiencia del mundo real tan
confiable como la experiencia primigenia.
El lenguaje humano se erguirá como la herramienta de abstrac-
ción más poderosa para sistematizar el conocimiento del mundo, es de
esta forma que el lenguaje, su desarrollo, formalización y aplicación des-
envolverá un papel prioritario para la evolución de la cognición huma-
na. De este modo se tratará al lenguaje como:
(…) un signo artificial, ya sea descrito, proferido o bajo cualquier otra
forma, (…) que (i) representa otro objeto (físico o conceptual) o es
parte de un objeto que lo representa, (ii) pertenece a un sistema de sig-
nos (= lenguaje), dentro del cual puede concatenarse con otros signos
para producir más signos tal que la totalidad del sistema sea utilizada
para (iii) la comunicación o transmisión de información acerca del
estado de las cosas, de ideas, etc. (Bunge, 2011, pp. 31-32)

Una vez consolidada la comprensión del concepto de lenguaje


para la designación de lo real, cabe realizar especial énfasis en el uso
específico del lenguaje simbólico conceptual, en un primer momento,
es decir “un lenguaje que use símbolos, indiferente a las circunstancias
particulares y que designa constructos” (Bunge, 2011, p. 37), este len-
guaje es propiamente el lenguaje humano referencial.
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

107

En este primer acercamiento es importante aclarar que la desig-


nación de lo real será delimitada al mundo experiencial sensible, es decir,
únicamente para el análisis primigenio de un lenguaje referencial, solo se
tomará las designaciones atinentes a la objetividad de los sentidos. Por
tanto, en este primer apartado las designaciones que pertenezcan a cate-
gorías etéreas —elementos que constituyen la realidad en una dimensión
no sensible— caso de pensamientos, ideas, sentimientos, cuestiones me-
tafísicas aceptadas, entre otras, serán excluidas temporalmente.

Wittgenstein así lo defenderá en su Tratactus Lógico-Philosophicus


(2009) cuando asevera que el conjunto de las proposiciones correspon-
de al conjunto de lo que conocemos del mundo: “La enumeración de
todas las proposiciones elementales verdaderas describe el mundo com-
pletamente” (4.26) en su propuesta de isomorfismo lenguaje-mundo
defiende entre otras cosas, que lo que no es experimentable no es mere-
cido de un análisis enfocado a la cognición fiable; por tanto, el lenguaje
referencial tendrá que ser tomado fuera de la subjetividad y fuera de lo
no experimentable.

El aporte de Wittgenstein en su primera fase es esencial para en-


tender cómo el lenguaje es la configuración abstracta pero coherente,
pertinente y sistemática (a través de proposiciones) del mundo real
objetivo:
El lenguaje es una estructura lógico-formal plenamente coherente y
unitaria, derivada por aplicación sucesiva de una única constante lógi-
ca: la forma general de la proposición. Por su identidad de estructura
lógica con el mundo es figura de él. (Reguera, 2009, p. 132)

Concatenando las implicaciones de cada uno de los componentes


en este caso de los nombres que “tienen significado (las cosas que nom-
bran o el uso del propio nombre)” (Reguera, 2009, p. 135) y las propo-
siciones, dan “sentido (en tanto figuran un hecho del mundo)” (p. 135).

Según Wittgenstein, donde acaba el sentido acaba la capacidad


de pensar, no se puede pensar lo que no tiene sentido o lo que no está
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
108

lingüísticamente conformado, “Los objetos solo pueden ser nombrados.


Los signos son sus representantes” (3.221).

El solipsismo wittgenstainiano, tratado en la primera fase del au-


tor, si bien no es lo más indicado en teorías de la objetividad sí da un pre-
ciso entendimiento de cómo el lenguaje puede configurar la cognición
del mundo, esto se explicita en “Los límites de mi lenguaje significan los
límites de mi mundo” (5.6). Por tanto, cada persona está delimitada por
lo que conoce lógicamente y puede transformar en lenguaje, entonces
tu mundo no es igual a mi mundo, casi exclusivamente por la capaci-
dad que se tiene de conocer la categoría conceptual de un determinado
objeto, sin embargo, esto se extiende a la posibilidad gnoseológica sien-
do “Lo que no podemos pensar no podemos pensarlo. Tampoco, pues,
podemos decir lo que no podemos pensar” (5.67), por tanto, si no lo
podemos nombrar no existe.

Wittgenstein sostuvo que las capacidades solipsistas fundan el co-


nocimiento a través del lenguaje como capacidad de exteriorizar y sistema-
tizar este conocimiento del mundo, es decir solo aceptando que el lenguaje
configura mi versión del mundo, se puede estar seguro que este es objetivo.
5.62 Esta observación ofrece la clave para resolver la cuestión de en
qué medida es el solipsismo una verdad. En rigor, lo que el solipsismo
entiende es plenamente correcto, solo que eso no se puede decir, sino
que se muestra. Que el mundo es mi mundo se muestra en que los lími-
tes del lenguaje (del lenguaje que solo yo entiendo) significan los límites
de mi mundo. 5.621. El mundo y la vida son una y la misma cosa. 5.63,
Yo soy mi mundo. (El microcosmos)

Toda cognición por tanto es presta de una experiencia previa, sea


cual sea y a través de los sentidos:
Ninguna parte de nuestra experiencia es tampoco a priori. Todo lo
que vemos podría ser también de otra manera. En general, todo lo que
podemos describir podría ser también de otra manera. No hay orden
alguno a priori de las cosas. (5.634).
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

109

Cada formalización conceptual lingüística, por consiguiente, es a


posteriori y en cierto sentido debería conformar un convencionalismo
para que las implicaciones gnoseológicas sean relevantes para todos los su-
jetos. “Se ve aquí como, llevado a sus últimas consecuencias, el solipsismo
coincide con el puro realismo. El yo del solipsismo se contrae hasta conver-
tirse en un punto inextenso y queda la realidad con él coordinada” (5.64).

Las palabras solo tienen significado dentro de la proposición que


está en concordancia con la estructura de los hechos de un mundo a
posteriori, y las proposiciones solo tienen sentido dentro del lenguaje. El
sentido es una combinación, conexión o estructura de significados que
corresponde a las cosas en un hecho del mundo.

Por esa razón, se tratará al lenguaje como límite del pensamiento,


una relación en tanto que positivista, referencial, y descriptiva de la realidad.

De Wittgenstein a Russell, necesidad de la superación


de los hechos atómicos
La propuesta en curso se centra en la conmensurabilidad del len-
guaje y mundo referencial objetivo ya sea por un lenguaje natural o por un
lenguaje formalizado por medio de cuantificadores existenciales, por esta
razón, cuanto más se pueda atomizar el lenguaje sin que las partes pierdan
una autonomía cognoscitiva per se, el tratamiento de las implicaciones
gnoseológicas de este lenguaje referencial se verá enriquecido, por lo tanto,
el atomismo wittgenstainiano no es suficiente ya que para Wittgenstein:
El lenguaje es una figura o modelo de la realidad, el lenguaje es la
totalidad de las proposiciones, así como el mundo es la totalidad de los
hechos, así pues, toda proposición simple y con sentido figura un hecho
porque en ella los signos simples, las palabras, penden unos de otros del
mismo modo que en el hecho lo hacen los objetos simples, las cosas.
Es decir, estructuralmente, lenguaje y mundo son análogos y muestran
una construcción lógica común; esa forma lógica común es la que posi-
bilita que uno figure al otro. (Reguera, 2009, p. 130)
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
110

Sin embargo, esta teoría de referencialidad inmediata (y pos-


teriormente mediata) por medio del lenguaje dista de las propuestas
wittgenstianianas de “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las
cosas” (Reguera, 2009, p. 131) ya que realizando un análisis genérico de
la obra, se centra en la relación de las cosas en el mundo y cómo estas
generaran proposiciones que redactarán específicamente los hechos;
mientras que la propuesta en curso realiza énfasis en cómo se da el
paso del mundo sensible objetivo a una abstracción lingüística con-
ceptual pertinente para iniciar el proceso de las proposiciones. En tér-
minos concluyentes, el nombrar de las cosas. De este modo, el análisis
superara a los ‘hechos atómicos de Wittgenstein’ y toma el atomismo
lógico de Russell como una propuesta de tratamiento de singularida-
des atómicas, en este caso referencias como nombres y cuantificadores
existenciales referenciales, que propician el punto de partida para un
análisis más profundo de la realidad.

La limitación de Wittgenstein en su Tratactus Lógico-Philosophi-


cus está en su determinismo contextual, ya que su propuesta versa “si las
cosas pueden entrar en un hecho atómico, esta posibilidad debe estar
ya en ellas (Algo lógico no puede ser solo posible. La lógica trata de
toda posibilidad y todas las posibilidades son sus hechos)” (2.0121), lo
cual delimita en gran medida como conocemos las cosas en su simple
referencialidad; continúa proponiendo una idea concluyente, aplicativa
pero no absoluta acerca de las condiciones de existencia “Lo mismo que
no nos es posible pensar objetos espaciales fuera del espacio y objetos
temporales fuera del tiempo” (2.0121), dándole categorías necesarias
existenciales a lo que podemos concebir a través del lenguaje, es decir
condiciones intrínsecas de temporalidad y espacialidad, objetividad, sin
embargo continúa “así no podemos pensar ningún objeto fuera de la
posibilidad de su conexión con otros. Si yo puedo pensar el objeto en el
contexto del hecho atómico, no puedo, sin embargo, pensarlo fuera de
la posibilidad de ese contexto” (2.0121). Esta limitación es contundente
en el área gnoseológica ya que, si bien es cierto en condiciones existen-
ciales de temporalidad y espacialidad necesarias para la consecución de
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

111

la cognición a través del lenguaje, trata de limitar la referencialidad a un


contexto intrínseco que le dé sentido.

Es cierto que cuando se piensa un concepto referencial este con-


lleva posibilidades de sentido —lo que Wittgenstein llamaba posibilida-
des de hechos atómicos— relacionadas estrechamente con una visión
ontológica de lo que se estuviese tratando “Si yo conozco un objeto, co-
nozco también todas sus posibilidades de entrar en los hechos atómicos
(Cada una de tales posibilidades debe estar contenida en la naturaleza
del objeto.) No se puede encontrar posteriormente una nueva posibili-
dad” (2.0123). Pero bajo esta premisa la condición gnoseológica objetiva
de un existencial se ve coartada a su relación con su entorno de sentido,
es decir el análisis propio de un nombre, elemento simbólico concep-
tual singular, no podría realizarse, sin embargo es propicio superar este
determinismo de sentido, ya que la referencia en sí puede dar muestra
de contenido gnoseológico veritativo, y esto puede suceder si el símbolo
conceptual o formalizado guarda la relación pertinente con su elemento
referencial. Russell propone esta superación del primer Wittgenstein de
manera mucho más acertada que el segundo Wittgenstein lo hizo.

Russell, en superación a Wittgenstein, recurre a la propuesta que


los átomos lógicos comparten las mismas características lógicas que las
sustancias, en analogía con los átomos físicos de la realidad. Los compo-
nentes de una proposición pueden ser analizados con especial indaga-
ción atómica, es decir, separados en tantas partes como sea posible sin
que pierdan una distinción gnoseológica propia, es decir sentido autó-
nomo. Es a través de este tratamiento tan específico de los componentes
atómicos de una proposición como se llega a la conclusión que los exis-
tenciales no necesariamente responden siempre a los mismos sentidos,
ya que si la cognición está tan determinada a predicados, los átomos
lógicos carecerían de valor gnoseológicos en sí mismos y solo adquiri-
rían ontológicamente los predicados (hechos atómicos) que se les dice
en dicho predicado, así:
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
112

Quienes no hayan sucumbido a la lógica del sujeto predicado no tie-


nen, por su parte, sino que dar un paso más y admitir relaciones entre
dos términos tales como antes y después, mayor y menor, izquierda y
derecha. El lenguaje mismo contribuye a llevarnos más allá de la lógica
del sujeto predicado. (…) la extensión de la lógica más allá del sujeto
predicado está justificada, por lo tanto, en nuestro caso, y de igual modo
se podría demostrar, valiéndonos de argumento exactamente similares
la necesidad de ulteriores extensiones. Ignoro en qué medida sea nece-
sario remontarnos en la serie de las relaciones de tres cuatro cinco…
términos. Pero, desde luego, será necesario ir más allá de las relaciones
didácticas. (Russell, 1981, p. 468)

La necesidad de la superación desemboca en la propuesta básica


de esta teoría de la referencialidad inmediata o mediata a través de len-
guaje simbólico conceptual ya sea en su forma natural o en su forma
formalizada a través de cuantificadores existenciales, ya que la implica-
ción gnoseológica radica en la designación de una parte de la realidad
objetiva mediante un “nombre”, un concepto, que realiza una abstrac-
ción pertinente y permite el posterior desarrollo del conocimiento de
la realidad a través del ya mencionado atomismo lógico de Russell. Es
claro, entonces, que los esfuerzos tanto de Wittgenstein como de Russell
proponen un criterio de verdad de un existencial con respecto a su pre-
dicado, consecuentemente del sentido de las proposiciones y los átomos
lógicos; es decir, concluir la veracidad o falsedad de una aseveración for-
mulada lingüísticamente en concordancia con los hechos. Sin embargo,
la presente propuesta trata de dar un paso más atrás en el análisis de
lenguaje como configuración de la realidad: el de la existencia a través
del lenguaje, si se puede designar a una porción de la realidad a través
de una palabra o cuantificador que pueda probarse objetivamente en la
realidad sensible. Por tanto, el cuantificador que se le desee dar existe,
así el predicado universal sería tácito pero entendido de una palabra o
un cuantificador existencial referencial que es X lo cual designaría que
X existe en la realidad objetiva, siendo esta afirmación (después del tra-
tamiento de verdad pertinente) totalmente fiable.
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

113

Predicados y funciones de referencialidad


La pertinencia de revisar los predicados como consecución del
lenguaje y estrecha relación con la existencia del mundo objetivo refiere
a postulados que tratan a las proposiciones y su criterio de verdad laten-
te, el propio Wittgenstein y Russell son autores de esta línea.

Se explica el concepto predicado recurriendo a definiciones de


función desde las matemáticas, así:
Una función f es una correspondencia entre dos conjuntos A y B, tal
que para todo miembro x de A haya un único elemento y de B
donde A es el dominio y B es recorrido de f. El valor que asume f en x Î
A designada por medio de f(x), el cual es a su vez, un elemento y de B.
O sea (Bunge, 2011, p. 39)

En este caso la atención se centra en un tipo específico de predi-


cados atómicos (“simples desde el punto de vista lógico” (Bunge, 2011,
p. 40)) designadas funciones referenciales. Este tratado está bajo las fun-
ciones proposicionales, sin embargo, está también específicamente en el
campo de un predicado y será “x existe en la realidad objetiva” de este
modo: “existe (en la realidad objetiva)” es una aplicación R de un con-
junto D de objetos, tal que, para un elemento o contenido en D, R(o)
sea la proposición “o existe en la realidad objetiva”. De manera abreviada
en el cual D es el domino es el conjunto de organismos y S
el conjunto de enunciados en los que se aplica específicamente R como
condición de existenciario objetivo.

Se sustenta la aplicabilidad específica, pero a la vez general de una


función atómica de referencialidad objetiva en la definición primigenia
de predicado, refiriendo específicamente a la correspondencia única en-
tre A y B, donde A sería el dominio de objetos referenciales prestos en
la realidad objetiva y B las designaciones simbólico y conceptuales que
mediante procesos adquiriría A.
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
114

Se sustenta la aplicabilidad específica, pero a la vez general de una


función atómica de referencialidad objetiva en la definición primigenia
de predicado, refiriendo específicamente a la correspondencia única en-
tre A y B, donde A sería el dominio de objetos referenciales prestos en
la realidad objetiva y B las designaciones simbólico y conceptuales que
mediante procesos adquiriría A.

La clave de la referencia
Tanto Wittgenstein como Russell apoyan sus aportes en postula-
dos de Gottlob Frege, el autor en cuestión trata de configurar una filo-
sofía analítica centrada en el tratamiento de designaciones, tanto a nivel
referencial como a nivel de adquisición de sentido bajo circunstancias
específicas de uso. De este modo, Frege conforma un referente específico
para la teoría de referencialidad. Cabe destacar que en su publicación
“Sobre sentido y referencia” escrito en 1892 hace un análisis primige-
nio sobre la posibilidad de la semántica y su relación necesaria con el
lenguaje natural y posteriormente formalizando cuestiones que atañen
a un conglomerado irreparablemente inseparable entre sentido y refe-
rencia, sin embargo, para el análisis de este trabajo es necesario imbricar
la referencia sobre el sentido, con el fin de sustentar la tesis promulgada
en apartados anteriores. Frege en un primer acercamiento conclusivo
dirá: “Un nombre propio (palabra, signo, fila de signos o expresión) ex-
presa su sentido, se refiere a su referencia o la designa. Con un signo
expresamos su sentido y designamos su referencia” (Frege, 1984, p. 59),
aporte que en los siguientes apartados se analizará con mira a desvelar la
necesidad de una teoría referencial cada vez más formal que acompañe
propiciamente a un desarrollo correcto del conocimiento.

Frege sentido y referencia


La concordancia entre mundo objetivo y designación a través
del lenguaje es especificada desde el inicio, ya que para defender una
marcada postura acerca de cómo el lenguaje tiene incidencia ineludible
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

115

en la abstracción coherente del mundo para su cognición se evoca la


categoría de la identidad. Frege inicia su escrito con una aseveración
acerca de cómo se debe tratar la identidad, específicamente defiende que
la identidad, en términos de lenguaje y cognición del mundo, es una
concordancia entre A y B; es decir, entre objetos y nombres o signos de
objetos (Frege, 1984).

La identidad a priori será desechada por su escaso avance cog-


noscitivo a=a, la identidad de especial relevancia tendrá su expresión en
a=b en la que elementos de dos conjuntos en demasía grandes (objetos
y designaciones) se corresponden únicamente, “a= a vale a priori y, si-
guiendo a Kant, puede denominarse analítico, mientras que enunciados
de la forma a=b contienen frecuentemente ampliaciones muy valiosas
de nuestro conocimiento y no siempre pueden justificarse a priori”
(Frege, 1984, p. 51). De hecho se verá luego por efecto de la teoría refe-
rencial objetiva que se concretan exclusivamente a posteriori.

Esta necesidad de evaluar la relación que existe entre objeto y de-


signación según Frege es el punto específico de análisis en torno a la re-
ferencia, ya que, mediante la pertinencia de la designación, y cuestiones
atinentes a esta que serán evaluadas en posterioridad, se muestra el pro-
ceso de abstracción que se está fecundando y se presenta la necesidad
del lenguaje, en este caso en su función nominal, para abstraer el mundo
y precisar una génesis de formalización del conocimiento. Prueba de
ello es la designación fútil que, valida en un primer momento “cuando
se usan palabras de la manera habitual, aquello de lo que se quiere ha-
blar es su referencia” (Frege, 1984, p. 55) esta, así llamada, designación
fútil presenta un apartado vacuo, pero de categoría sine qua non para el
desarrollo próspero epistémico gnoseológico, fiable de la realidad.

En los apartados siguientes se presentará cómo mediante el estable-


cimiento de una investigación empírica, semántica y metalingüística las
designaciones se enriquecen, por tanto, la trivialidad de a=a como identi-
dad a priori y la vacuidad de a=b como designación habitual es superada
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
116

con la intervención de lo que por ahora explicita a=b=c donde a es el ob-


jeto, b la designación habitual y c la designación a posteriori enriquecida.

Por qué la necesidad de una formalización,


la ambigüedad arbitraria
El análisis de la función referencial que adquiere una determi-
nada designación sea esta un nombre o una formalización existencial,
propone en sí un primer acercamiento a una construcción del cono-
cimiento. En el lenguaje natural, específicamente en la aplicación de
nombres del mundo real, se debe tener presente que una sola referencia
puede adquirir distintas designaciones, siendo estas deliberadamente
asignadas a un elemento referencial, dos designaciones que no tienen
ninguna conexión designarían arbitrariamente su pertenencia a un ele-
mento objetivo.
Parece que lo que se quiere decir con a=b es que los signos o nombres
“a” y “b” se refieren a lo mismo, y por lo tanto en la igualdad se trata-
ría precisamente de estos signos; se afirmaría una relación entre ellos.
Pero esta relación existiría entre los nombres o signos únicamente en
la medida en que estos denominan o designan algo. Sería una relación
inducida por la conexión de cada uno de los dos signos con la misma
cosa designada. Esta conexión es arbitraria. (Frege, 1984, p. 52)

La arbitrariedad conlleva un proceso de asignación de ambigüe-


dad (incertidumbre epistémica) innecesaria, en la cual el conocimiento
en lugar de verse enriquecido cae en un proceso de asignación de verdad
lógica inexacta, “Con ello, el enunciado a=b no se referiría entonces ya
a la cosa misma, sino tan solo a nuestro modo de designación; con ella
no expresaríamos ningún verdadero conocimiento” (Frege, 1984, p. 52).

Es necesario aludir a una necesidad de mínima formalidad en la


designación de un referencial, ya que el problema de la ambigüedad ar-
bitraria conlleva un entorpecimiento del proceso del conocimiento de
lo real, procurando confusiones veritativas y relatividad excesiva al mo-
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

117

mento de una comunicación, por esto Frege alude al sentido en el que se


debe tomar las designaciones plurales de un referencial.
El mismo sentido puede expresarse en diferentes lenguas, e incluso en
la misma, de diversas maneras. Naturalmente, hay excepciones a esta
situación regular. Es verdad que, en un conjunto perfecto de signos, a
cada expresión debería corresponderle un sentido determinado; pero
las lenguas naturales a menudo no cumplen este requisito, y hay que
darse por satisfecho si, solo en un mismo contexto, tiene la misma pala-
bra siempre el mismo sentido (Frege, 1984, p. 54)

De este modo se percibe que las designaciones acuden a la manera


subjetiva de abstracción de las personas, o conjunto de personas, sea esta
llamada comunidad lingüística, en las cuales la carga cognoscitiva previa,
sean cargas emocionales o meramente cognoscitivas afecta a la designa-
ción propia de un objeto determinado, es entonces cómo el sentido ya
subjetivo realiza una asignación de ambigüedad intrusiva en la referencia.
De la referencia y del sentido de un signo hay que distinguir la representa-
ción a él asociada. Si la referencia de un signo es un objeto sensiblemente
perceptible, la representación que yo tengo de él es entonces una imagen
interna formada a partir de recuerdos de impresiones sensibles que he
tenido, y de actividades que he practicado, tanto internas como externas.
Esa imagen está frecuentemente impregnada de sentimientos; la claridad
de cada una de sus partes es diversa y vacilante. No siempre, ni siquiera en
la misma persona, está unida la misma representación al mismo sentido.
La representación es subjetiva: la representación de uno no es la del otro.
Por ello se dan múltiples diferencias en las representaciones asociadas al
mismo sentido. Un pintor, un jinete y un zoólogo asociarán probablemente
representaciones muy distintas al nombre “Bucéfalo”. (Frege, 1984, p. 56)

Por lo tanto, para resolver la problemática propuesta se debe acu-


dir inevitablemente al sentido del surgimiento de la pluralidad de signos,
designaciones o nombre propios de un referencial, de modo que en lugar
de entorpecer el proceso del conocimiento pueda generar herramientas
capaces de aportar una concepción en la designación formal, dentro de la
pluralidad de designaciones, que mejor represente a un referencial.
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
118

Avance del conocimiento, el aporte


del sentido a la teoría referencial
Es fácil notar la problemática que acarrea la designación arbitraria:
La conexión regular entre el signo, su sentido y su referencia es tal, que
al signo le corresponde un determinado sentido y a este, a su vez, una
determinada referencia, mientras que a una referencia (a un objeto), no
le corresponde solamente un signo. (Frege, 1984, p. 54)

La existencia de más de un nombre propio, como Frege atañe a las


designaciones y los signos, presenta que de alguna manera estas desig-
naciones pueden aumentar el conocimiento de un referencial aludien-
do únicamente al sentido en el que surgirán estas designaciones. Frege
realiza una explicación concreta de la manera en que los signos pueden
acarrear la comprensión mejorada de un referencial a través del surgi-
miento de más de una designación para este mediante el ejemplo de la
intersección de las rectas de un triángulo:
Una distinción puede darse únicamente en el caso de que la diferencia
de signos corresponda a una diferencia en el modo de darse lo designa-
do. Sean a, b, c las rectas que unen los ángulos de un triángulo con el
punto medio de los lados opuestos. El punto de intersección de a y b es
entonces el mismo que el punto de intersección de b y c. Tenemos, pues,
designaciones distintas para el mismo punto, y estos nombres (“inter-
sección de a y b”, “intersección de b y c”) indican al mismo tiempo el
modo de darse el punto, y de ahí que en el enunciado esté contenido
auténtico conocimiento. (Frege, 1984, p. 52)

Pero es pertinente tomar muy en cuenta que una designación que


promulgue un sentido no necesariamente alude a una referencia con-
creta, Frege lo explica:
Quizá puede admitirse que una expresión gramaticalmente correcta
que sustituye un nombre propio tiene siempre sentido. Pero con ello no
se ha dicho que al sentido le corresponda también una referencia. Las
palabras “el cuerpo celeste más alejado de la Tierra’ tienen un sentido;
pero que tengan también una referencia, es muy dudoso. La expresión
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

119

‘la serie menos convergente” tiene un sentido; pero se demuestra que no


tiene referencia, puesto que para cada serie convergente puede encon-
trarse otra menos convergente, pero que, no obstante, es convergente.
Así pues, por el hecho de que se conciba un sentido, no se tiene con
seguridad una referencia. (Frege, 1984, pp. 54-55)

Es preciso delimitar que esta es una teoría principalmente refe-


rencial, y tal como Frege lo propuso, un sentido por sí solo no siempre
procura una referencia y su designación, pero una referencia siempre
procura un sentido y una designación.

El pensamiento, límite de la referencia


La manera cómo el pensamiento realiza una abstracción del
mundo real presenta una problemática en la teoría referencial, ya que
la producción de ideas y la combinación de estas pueden dar paso a
enunciados que aparentemente tengan una referencia inmediata, ob-
jetiva, pero en realidad pueden ser solo representaciones lingüísticas.
Esto atañe específicamente a la distinción entre sentido de una referen-
cia mediante la designación y la designación propia que posee una de-
terminada referencia, por tanto “El pensamiento no puede, pues, ser la
referencia del enunciado; por el contrario, deberemos concebirlo como
su sentido” (Frege, 1984, p. 60).

Esta situación, en tanto que problemática, acerca de la existencia


de la referencia de un enunciado es propiamente un apartado de condi-
ción veritativa en el proceso de construcción del conocimiento, ya que
enunciados que tienen sentido, pero no referencia, en realidad, no pue-
den contribuir en nada al proceso del conocimiento ya que su extensión
de verdad o falsedad ni siquiera entraría en cuestión.
Los enunciados que contienen nombres propios sin referencia serán
de este tipo. El enunciado “Ulises fue dejado en Ítaca profundamente
dormido” tiene evidentemente un sentido. Pero, como es dudoso que
el nombre “Ulises” que aparece en ella tenga una referencia, también
es dudoso que lo tenga el enunciado entero. Pero lo que es seguro, no
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
120

obstante, es que alguien que crea en serio que el enunciado es verdadero


o falso, también atribuirá al nombre “Ulises” una referencia, y no solo
un sentido; pues es justamente de la referencia de este nombre de lo que
se afirma o se niega el predicado. Quien no admita una referencia no
podrá afirmar ni negar de ella un predicado. (Frege, 1984, pp. 60-61)

Es claro que el aporte del pensamiento creativo queda en en-


tredicho en la teoría referencial, ya que “El pensamiento pierde valor
para nosotros tan pronto como vemos que a una de sus partes le fal-
ta la referencia” (Frege, 1984, p. 61). Este es específicamente el trata-
miento de la necesidad de lo expresado en el apartado de predicados
y funciones de referencialidad; de momento se puede sostener que
para que el conocimiento avance de manera propicia y formal es ne-
cesaria la referencialidad, ya que al carecer de esta, lo único en lo que
caería el pensamiento es en la función analítica a posteriori, que en la
mayoría de los casos no expande ningún conocimiento y en muchos
otros—incluso— entorpecerlo.
Estamos, pues, bien justificados al no contentarnos con el sentido de un
enunciado, y al preguntarnos también por su referencia (…) Es la bús-
queda de la verdad lo que nos incita a avanzar del sentido a la referencia.
(Frege, 1984, pp. 61-62)

Sin embargo, es preciso explicitar que el valor del arte, la poesía o


la novela no es para nada desechable, solo es puesto en paréntesis al rea-
lizar el análisis referencial de la realidad y del proceso de conocimiento
de esta. Frege lo pondrá en el sentido del goce estético en distinción,
pero no en contraposición, del conocimiento científico:
Si nos preguntásemos por su verdad (de los enunciados del pensa-
miento creativo), abandonaríamos el goce estético y nos dedicaríamos
a un examen científico. De ahí que nos sea indiferente el que el nombre
“Ulises”, por ejemplo, se refiera a algo o no, mientras consideremos el
poema como obra de arte. (Frege, 1984, pp. 61)

Como aporte conclusivo es preciso adoptar una posición criti-


cista (en el sentido kantiano de conjunción de puntos de posibilidad
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

121

de conocer) para el desarrollo del conocimiento dentro del campo de


la teoría referencial, ya que el pensamiento en conjunción con su valor
de verdad en relación con la referencia, construye la génesis de un pro-
ceso epistemológico posterior al conocimiento del mundo real: “Nunca
podemos quedarnos tan solo con la referencia de un enunciado; pero
tampoco el mero pensamiento proporciona ningún conocimiento, sino
únicamente el pensamiento junto con su referencia, es decir, su valor
veritativo” (Frege, 1984, p. 63).

El predicado como límite de la referencia


Del análisis previo se puede desprender el enfoque de esta teoría
referencial: precisar el avance del conocimiento a través de la conexión de
una designación con su referencia, de modo que para siquiera considerar
el tratamiento veritativo de un enunciado debemos partir de la relación
que tienen sus componentes con una referencia. En otras palabras, iden-
tificar si un componente de cualquier enunciado tiene referencia directa
objetiva para proceder a realizar un análisis veritativo posterior.
En el sentido estricto del presente tratamiento, la referencia con-
figura un apartado gnoseológico sine qua non del proceso del conoci-
miento. Es decir, una designación debe tener referencia y sentido; poste-
rior a esta aseveración, queda por analizar lo que sigue después de tener
un valor de verdad existencial de un objeto determinado, y es el valor
cognoscente que adquiere en un enunciado con respecto a la designa-
ción del objeto.
Para este tratamiento se toma por supuesto gnoseológico la for-
ma estándar de un enunciado: sujeto, verbo, predicado, siempre y cuan-
do se haya tenido un previo análisis del sujeto con la función referencial
y condición de existencia. Ahora la función referencial puede adquirir
un nuevo sentido y ampliación de contenido del designador de exis-
tencia, sin embargo, su condición de referencia puede coartarse defi-
nitoriamente. Esto sucede cuando el predicado tergiversa el referente
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
122

primigenio que en este caso está funcionando como sujeto. Este es el


caso concerniente a lo que Frege llama enunciados subordinados.

Los enunciados subordinados son referencias de una referencia


(referencia indirecta), es decir enunciados que recurren a enunciados
previos que usan una referencia específica y cuyo valor de verdad pue-
de ser probado, y “estos aparecen como partes de una estructura enun-
ciativa que, desde el punto de vista lógico, es asimismo un enunciado,
a saber, el enunciado principal” (Frege, 1984, p. 66). Dentro de estos
enunciados subordinados se tomará un caso específico los descritos por
Frege “en los que las palabras tienen ciertamente su referencia usual,
pero sin que aparezca un pensamiento como sentido, ni un valor verita-
tivo como referencia” (p. 70).

Para el abordaje de esta problemática de manera metódica se ini-


ciará por la explicación de estos enunciados subordinados nominales,
con mira a determinar porqué una designación referencial puede verse
en entredicho por su predicado. Se tomará el ejemplo propuesto por
Frege para este tipo de enunciados subordinados: “El que descubrió la
forma elíptica de las órbitas planetarias murió en la miseria” (Frege,
1984, p. 70).

Frege explica:
Si en este caso el enunciado subordinado tuviera por sentido un pen-
samiento, tendría que ser posible expresarle también en un enunciado
principal. Pero esto no puede ser, porque el sujeto gramatical ‘el que’
no tiene ningún sentido independiente, sino que proporciona las rela-
ciones con el segundo miembro del enunciado, “murió en la miseria”.
(Frege, 1984, p. 70)

Es claro cómo el uso de los enunciados subordinados evoca a una


referencia anterior y provocan un conocimiento ampliado, sin embar-
go, no es hasta la unión de los dos que el referente se hace presente. La
conjunción de los dos enunciados “el que” y “murió en la miseria” dan
la categoría existenciaria a lo que es un referente tácito pero evidente
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

123

(según sea el caso de historia y ciencia), de la designación singular de


un hombre que descubrió la forma elíptica de las órbitas y que también
murió en la miseria, Kepler.

Ahora es clara la incidencia de un predicado a su referencia, pero


siguiendo la línea procesual existe una imposibilidad en el predicado si
se quiere seguir una condición de verdad positiva:
Cuando se afirma algo, siempre es evidente la suposición previa de que
los nombres propios utilizados, ya sean simples o compuestos, tienen
una referencia. Así pues, si se afirma ‘Kepler murió en la miseria’, se
presupone con ello que el nombre ‘Kepler” designa algo; pero por esto,
sin embargo, en el sentido del enunciado ‘Kepler murió en la miseria”
no está contenido el pensamiento de que el nombre ‘Kepler” designa
algo. Si este fuera el caso, la negación no podría ser. (Frege, 1984, p. 70)

Se asegura que el enunciado ‘el que descubrió la forma elíptica de


las órbitas planetarias’ es subordinado de ‘existió uno que descubrió la
forma elíptica de las órbitas planetarias’ la función referencial quedaría
a la deriva ya que el predicado es de quién depende la certeza de una
referencia. Así obtener la referencia Kepler es función del predicado del
enunciado subordinado, pero no se presenta la condición única que se
cumpla satisfactoriamente (dentro de la teoría referencial); si este fuera
el caso la negación no sería ‘Kepler no murió en la miseria’ sino más
bien: “el que descubrió por primera vez la forma elíptica de las órbitas
planetarias, no murió en la miseria, o bien no hubo nadie que descu-
briese la forma elíptica de las órbitas planetarias” (Frege, 1984, p. 72).
Esto radica, pues, en una imperfección del lenguaje, de la que, por lo
demás, tampoco está completamente libre el lenguaje simbólico del
análisis; también en este último caso pueden aparecer filas de signos
que producen la ilusión de que se refieren a algo, pero que, por lo menos
hasta este momento, todavía carecen de referencia, como, por ejemplo,
series infinitas divergentes. (Frege, 1984, p. 72)

Al conseguir un predicado arbitrario y proponer ‘Kepler no mu-


rió en la miseria’ el referente Kepler pierde su valor veritativo positivo y
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
124

por tanto el referente queda en duda; esto es posible únicamente porque


la designación Kepler responde a un ente que existe objetivamente, en
el cual se puede comprobar empíricamente sus valores predicativos, es
decir una teoría descriptiva.

La conclusión lógica de este análisis se vuelca a la necesidad de


la clarificación explícita, es decir formalización, de los referentes que
pueden ser tratados.
De un lenguaje lógicamente perfecto (ideografía) hay que exigir que cada
expresión, que se haya formado como nombre propio a partir de signos
ya introducidos de manera gramaticalmente correcta, designe realmente
también un objeto, y que no se introduzca ningún signo como nombre
propio sin que antes, no se le haya asegurado una referencia. En los trata-
dos de Lógica se previene en contra de la multivocidad de las expresiones
como fuente de errores lógicos. (Frege, 1984, pp. 72-73)

Alcance de la teoría de la referencialidad


Hasta el momento implícitamente se ha tratado a las designa-
ciones de los referentes de modo exclusivo para objetos existentes en la
realidad sensible, pero objetos y designaciones puntuales a un referente
considerado como un todo, sea este singular. Sin embargo, existe la po-
sibilidad y necesidad de extrapolar esta teoría a un nivel genérico, pasar
de Aristóteles o Kepler a la categoría de hombre, o incluso tomar ya en
cuenta a designaciones indirectas pero objetivas de la realidad, como
los números. Frege trata de hacer un acercamiento a esta problemática:
Desde un punto de vista lógico, los lugares, instantes e intervalos son
objetos; por lo tanto, la denominación lingüística de un determinado
lugar, de un determinado momento o intervalo temporal debe ser con-
siderada como un nombre propio. Enunciados adverbiales de lugar y de
tiempo pueden entonces ser utilizados para la formación de un nombre
propio semejante, (…). Asimismo, pueden formarse expresiones de
conceptos que se refieren a lugares, etc. También aquí hay que hacer
notar que no puede volverse a dar el sentido de estas subordinadas en
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

125

una principal, porque falta un componente esencial, a saber, la deter-


minación espacial o temporal, a la que solo se alude por medio de un
pronombre relativo o una conjunción. (Frege, 1984, p. 74)

Debido a la categorización que se pueden extrapolar singulares


a generales, es decir, la condición necesaria para que una nominación
pueda ser genérica y adquirir un valor veritativo positivo con respecto
a la condición de existencia y función referencial, recae específicamente
en la extrapolación de condiciones singulares. Por lo tanto, mediante el
ejercicio de la categorización usando la comparación, las nominaciones
pueden responder efectivamente a una generalización de singulares, la
teoría que más puede convenir para apoyar estos postulados se enmarca
en la designación descriptiva.

Ahora bien, en el caso de los números aluden inevitablemente a


una situación de enunciado subordinado, ya que es un metalenguaje de
los existentes objetivos y también deben formar parte de una realidad
sensible; es gracias a la generalización que los números pueden aludir
específicamente a la existencia objetiva, así la condición necesaria para
determinar y designar nominalmente los números viene de la necesidad
de medir formalmente la realidad sensible.

Sin embargo, para este último postulado cabe destacar que el


análisis de los números y sus designaciones como tratados metafísicos
(en el sentido que pueden trascender la realidad sensible y enmarcarse
en un pensamiento de análisis matemático puro) no atañen a una teoría
referencial y su análisis no es parte del presente, pero no se descarta la
existencia nominativa de estos.

Teorías de la designación
Saul Kripke como heredero de Frege y Russell trata la importan-
cia de nombrar el mundo y su relación intrínseca con la necesidad gno-
seológica de hacerlo, una teoría que es tratada en la serie de conferencias
que dictó en Oxford y su compilación posterior en El nombrar y la ne-
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
126

cesidad, conferencia en la cual partiendo desde postulados de Leibniz de


identidad, posteriormente realizando un análisis de Frege y Russell de
las teorías de la designación en tanto que descriptivas, propone maneras
en las cuales se debe tratar a los designadores, tanto en la realidad sen-
sible como en lo que él llamará mundos posibles —visiones contrafac-
tuales que podrían existir y, mediante los cuales, un designador podría
incurrir en distintos sentidos.

Kripke usa los designadores rígidos en tanto nombres que atañen


específicamente a una porción de la realidad, denotando que estos nom-
bres en realidad no son necesariamente descriptivos, sino más bien son
expresiones que, estrechamente relacionados con un referente, identifi-
can a este en nivel abstractivo —lenguaje—. Sin embargo, la importan-
cia de tratarlos como rígidos se encuentra en que estos no cambiarían
si el mundo posible no fuese el de condiciones bajo el cual se designó
cierta porción de la realidad. Para tratar esta expresión “Llamemos a
algo un designador rígido si en todo mundo posible designa al mismo
objeto; llamémoslo un designador no rígido o accidental si eso no es el
caso” (Kripke, 2005, p. 51).

Para la teoría de referencialidad que se trata de sostener el des-


criptor rígido que se debe usar es el denominado por Kripke como de-
signador rígido en sentido fuerte:
Cuando pensamos que una propiedad es esencial al objeto, lo que
generalmente queremos decir es que es verdadera del objeto en cual-
quier caso en el que el objeto hubiese existido. Un designador rígido de
algo necesariamente existente puede llamarse rígido en sentido fuerte.
[strongly rigid] (Kripke, 2005, p. 51)

Se debe realizar una aclaración en el tratamiento de los desig-


nadores no rígidos, ya que para Kripke estas expresiones abarcan una
descripción del objeto al cual atañen, pero esta descripción es parcial.
Mediante el ejemplo de Aristóteles y tomando como designador rígido
de carácter: nombre propio Aristóteles, se debe distinguir de la desig-
nación: el maestro de Platón, ya que la segunda designación, aunque
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

127

puede atribuirse a Aristóteles en sentido amplio el maestro de Platón es


solo una característica accidental de Aristóteles, por tanto, los designa-
dores no rígidos o accidentales solo despiertan una parte descriptiva de
su referente. Por consiguiente, la identidad no está del todo completa ya
que la expresión no satura —término saturado en el cual la identidad en
el sujeto se cumple en totalidad y no tiene más que decirse, a=a, diferen-
ciada de expresión no saturada en la cual el predicado puede aportar al
sujeto, tal es la descripción mediante la experimentación, a=b en donde
b es el nuevo conocimiento— por completo, pero sí permite una am-
pliación del conocimiento, siempre y cuando este elemento predicativo,
designador no rígido, cumpla con criterios de verdad fácticos.

Al tomar en cuenta esta aclaración previa, la concepción de mun-


dos posibles de Kripke se desarrollan como situaciones contrafácticas
que pueden afectar al designador.
Más aún, si uno desea evitar la Weltangst y las confusiones filosóficas
que muchos filósofos han asociado a la terminología de “mundos”,
recomendaba como posiblemente mejor la terminología de “estado
(o historia) posible del mundo” o “situación contrafáctica”. Uno debe
incluso recordarse a sí mismo que la terminología de “mundos” puede
reemplazarse frecuentemente por el habla modal “es posible que…”.
(Kripke, 2005, p. 21)

La pretensión del designador rígido es superar estas situaciones


que procuran la ambigüedad de un designador no rígido tomado este
solo como descripción de una parte o de un sentido de un referente.

En la medida que una expresión es atada a su referencia cabe la


pregunta ¿Por qué tal nombre se le es asignado a una referencia específica?
Kripke trata de explicar esta designación en tanto que arbitraria pero fun-
damentada en los actos comunicativos en los cuales repercuten una teoría
de la referencia, de esta manera un ritual de designación cabe en este bau-
tismo inicial dando una designación a un referente. Kripke lo define así:
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
128

Tiene lugar un “bautismo inicial”. En este caso el objeto puede nom-


brarse ostensivamente, o la referencia del nombre puede fijarse median-
te una descripción. Cuando el nombre pasa “de eslabón en eslabón”,
quien recibe el nombre, pienso yo, al aprenderlo tiene que usarlo con la
misma referencia con la cual lo usa el hombre de quien lo escuchó. Si
escuchó el nombre “Napoleón” y decido que sería un nombre simpático
para mi oso hormiguero doméstico, no satisfago esta condición. Tal vez
alguna falla en conservar la referencia fijada es la que da cuenta de la
divergencia entre los usos presentes de “Santaclós” y el pretendido uso
original. (Kripke, 2005, p. 96)

Se funda una teoría ostensiva pero real de la designación, este


bautismo inicial toma especial relevancia en el acto comunicacional, ya
que es a través de una cadena causal de la comunicación que la desig-
nación o nombre propio adquiere validez, es decir cuando una designa-
ción pasa de eslabón en eslabón, tomando como eslabones a cualquier
agente de comunicación que reafirme la designación atada a un refe-
rente dado. Es decir, cada vez que por medio del acto comunicativo la
información de un referente atado a una designación se evoque se está
al mismo tiempo asentando la validez de la designación sobre su objeto.
Kripke lo explica:
Alguien, digamos un bebé, nace, sus padres le dan un cierto nombre.
Hablan acerca de él con sus amigos. Otra gente lo conoce. A través
de distintas suertes de discurso el nombre se va esparciendo de esla-
bón en eslabón como si se tratara de una cadena. Un hablante que se
encuentra al final de esta cadena, el cual ha oído hablar, por ejemplo,
sobre Richard Feynman, en el mercado o en otra parte, puede refe-
rirse a Richard Feynman, aun cuando no pueda recordar a quién oyó
hablar por primera vez de Feynman o a quién oyó hablar alguna vez
de Feynman. Sabe que Feynman es un físico famoso. Determinada
transmisión de comunicación que conduce en último término hasta
el hombre mismo llega al hablante. Él, entonces se refiere a Feynman,
aun cuando no pueda identificarlo como algo único. No sabe lo que es
el diagrama de Feynman, no sabe lo que es la teoría de Feynman de la
producción y aniquilación de pares. No solo esto; se vería en problemas
para distinguir entre Gell-Mann y Feynman. De manera que no tiene
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

129

que saber estas cosas; pero en cambio, se ha establecido una cadena


de comunicación que llega hasta Feynman mismo en virtud de que el
hablante es miembro de una comunidad que pasó el nombre de esla-
bón en eslabón y no mediante una ceremonia que realiza en privado en
su estudio: “Querré decir con ‘Feynman’ el hombre que hizo tal y cual
cosa”. (Kripke, 2005, pp. 91-92)

Es mediante estas convenciones que aprobadas por los actos co-


municativos que una designación adquiere fehaciente ejercicio sobre su
referente, esto podría fundar inevitablemente un convencionalismo que
posteriormente podría ser tratado a nivel epistémico para la asignación
de designadores a referentes.

Designador rígido fuerte por convención


La referencia es el sentido primigenio del conocimiento huma-
no, la manera cómo la designación constituye la primera relación de
abstracción entre el sujeto y su realidad crea las condiciones para que
el conocimiento —en el modo predicativo de las referencias como rela-
ción a posteriori avance gnoseológico— siga un cauce y una finalidad,
la cual será ampliar el conocimiento del mundo, con especial énfasis en
dirección al conocimiento científico y teorías de verdad.

Sin embargo, una vez que la teoría referencial postule bases fir-
mes desde donde el conocimiento puede ser fehaciente, el sentido cobra
una especial importancia, ya que como apoyo a la teoría referencial el
sentido abarcará las posibilidades de la referencia antes fundada.
En el caso de un verdadero nombre propio como “Aristóteles”, natu-
ralmente pueden dividirse las opiniones en cuanto a su sentido. Por
ejemplo, se podría suponer que este sentido es: el discípulo de Platón y
maestro de Alejandro Magno. Quien suponga esto, atribuirá al enunciado
“Aristóteles era originario de Estagira” un sentido distinto de aquel para
quien el sentido de este nombre fuera: el maestro de Alejandro Magno
originario de Estagira. Mientras la referencia siga siendo la misma, pue-
den tolerarse estas oscilaciones del sentido, a pesar de que deben evitarse
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
130

en el edificio conceptual de una ciencia demostrativa y de que no debe-


rían aparecer en un lenguaje perfecto. (Frege, 1984, pp. 53-54)

Es decir, en un tratamiento predicativo el sentido en el cual se


use la referencia abrirá el espectro de un sinnúmero de usos lingüísti-
cos. Esta referencia evocará indiscutiblemente a la expresión que pueda
definir mejor a un referente; una designación que trate de adquirir un
tratado unívoco de su porción de la realidad objetiva y que establece
un nexo inquebrantable con ese ente, por tanto siempre que la expre-
sión se use, aun así sea con otros fines comunicativos o incluso de una
designación subordinada, el referente al cual está anexado se evocará
indiscutiblemente, la adquisición de sentidos entra en cuestión cuando
la expresión es usada para diversas finalidades, estas pueden ser desde
un uso coloquial hasta un uso científico epistemológico.

Se fundamenta la necesidad de un cuantificador, designador que


pueda ser fiable para escoger una parte específica de la realidad sensible
tratada durante todo el artículo como referencia.

Se fundamenta la necesidad de un cuantificador, designador que


pueda ser fiable para escoger una parte específica de la realidad sensible
tratada durante todo el artículo como referencia.

El designador rígido fuerte por convencionalismo será un desig-


nador que adquiera un referente y está ligado a él de manera definitoria,
fundado en una evolución epistémica de contacto con el referente de
dicho descriptor; por este motivo el descriptor rígido fuerte por con-
vencionalismo es la evolución de las teorías de Frege, Russell y Kripke.

Para explicar el designador rígido fuerte por convencionalismo


cabe destacar las propiedades que se deben otorgar, sean estos sentido
neutral, validez epistémica y convención propuesta.

Este designador se forma debido a la evolución de sentidos, es de-


cir este designador propuesto debe tener sentido neutral —en la medida
que puede evocar y con pretensión a agotar los sentidos que puede to-
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

131

mar el designador— y validez epistémica. Para explicar la validez epis-


témica tomamos los ejemplos de Frege en “Sobre sentido y referencia”,
ya que por aproximaciones sucesivas la distinción de sentidos de estrella
matutina y estrella vespertina pueden fundirse en la designación Venus,
pero esto solo es posible gracias a una experiencia concreta y desarrollo
científico pertinente que permitió identificar que la estrella matutina y
la estrella vespertina son el mismo cuerpo celeste y cuya denominación
rígida y convencional es Venus. En otro ejemplo Frege evoca:
Sean a, b, c las rectas que unen los ángulos de un triángulo con el
punto medio de los lados opuestos. El punto de intersección de a y b es
entonces el mismo que el punto de intersección de b y c. Tenemos, pues,
designaciones distintas para el mismo punto, y estos nombres (“inter-
sección de a y b”, “intersección de b y c”) indican al mismo tiempo el
modo de darse el punto, y de ahí que en el enunciado esté contenido
auténtico conocimiento. (Frege, 1984, pp. 52-53)

Ahora por conocimiento geométrico se sabe que las rectas men-


cionadas son denominadas medianas y la designación de su punto de
corte es el Baricentro, esto da pleno ejemplo de la aproximación empí-
rica sucesiva de los designadores que expresan realmente un avance en
el conocimiento.

Por último, la convención atañe a la elucubración de un designa-


dor para una parte de la realidad en concreto, esta convención debe es-
tar fundada en la validez epistemológica, tal como Kripke proponía un
bautismo inicial ostensivo y, en tanto, quarbitrario. En esta convención
la validez debe ser el eje primordial de la configuración, de tal mane-
ra los designadores rígidos en un primer momento no son inmedia-
tamente rígidos validos ya que aludiendo a teorías de Karl Popper y su
falsacionismo se explica que el avance científico se da por conjeturas,
permitiendo que siempre después de la experimentación avance el co-
nocimiento, aplicando esto a la teoría de la referencialidad, se puede dar
el carácter de conjeturas a los designadores rígidos primigenios, y me-
diante un avance de investigación posterior pueden o no cambiar y con-
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
132

vertirse en sentidos rígidos ya que, según Frege, las expresiones pueden


cambiar su condición, o en palabras de Kripke designadores no rígidos
o accidentales puedan convertirse en rígidos posterior a investigaciones
empíricas. Esto podría apoyar a una teoría de descripciones para fundar
un descriptor rígido nuevo.

Ahora bien, las implicaciones recaen inevitablemente en la trans-


misión de responsabilidad de una teoría de la designación a alguien en
específico para que sea una convención aceptada. Hilary Putnam habla-
rá de la comunidad lingüística de expertos, “La “cadena causal” es una
cadena de cooperaciones que conecta al oyente con los expertos relevan-
tes, en tanto que determinados por la sociedad” (Putnam, 1975, p. 287).

Por consiguiente, si el “introductor” de un término de género


natural no necesita ser el primer individuo que introdujo el término,
sino que puede ser un individuo distinto, si bien ha de ser un experto,
hay que dejar abierta la posibilidad de que diferentes expertos —o, si se
prefiere, diferentes “expertos relevantes”— lleven a cabo distintas intro-
ducciones del término y den lugar a distintas cadenas de transmisión del
término. (Fernández-Moreno, 2006, p. 46).

El último apartado con respecto a la convención en los desig-


nadores rígidos fuertes encuentra un tratado acerca de la conmensu-
rabilidad de dichos designadores, es decir, el problema del lenguaje y
la traducción. La convención resolvería este dilema ya que, dentro de
una comunidad lingüística, cualquiera que esta sea, la asociación de ex-
pertos denominaría los designadores pertinentes a usar en el caso más
común. Sin embargo, la convención en cuanto a comunidad lingüís-
tica va más allá de los idiomas, propugnando la validez de un idioma
que pueda ser mediador del conocimiento; este por convención sería el
idioma sobresaliente, que en el caso empírico inmediato es un idioma
acordado por la comunidad científica mundial, sea el caso del idioma
inglés, el cual adquiere, por convención, el nivel que más abraca y más
conmensurable para que los designadores puedan tener un equivalente,
sea así el mérito a lingüistas y traductores que mediante una validación
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

133

epistemológica puedan realizar esta traducción fehaciente de manera


que el referente aun teniendo varios designadores en este caso por el
idioma, no sea motivo de ambigüedad de significación referencial, en
su lugar deberá realizarse mediante aproximaciones, investigaciones y
validez epistemológica una equivalencia de designadores, es decir que
en distintos idiomas refieran a la misma porción de la realidad, pero en
tratamiento específico sean equiparables, este es valor de la traducción
como elemento de convención gnoseológico.

Conclusiones
Las teorías de la referencia contienen un nivel aplicativo evidente
en los campos de la gnoseología y, por ende, en la pedagogía. A través de
las propuestas del lenguaje como cognición del mundo que las personas
pueden abrirse a descubrir la realidad, se parte de la premisa que susten-
ta el nivel abstractivo del lenguaje respecto al mundo. La sistematización
y el correcto ordenamiento de ideas parte de una elucubración y fomen-
to del lenguaje. El avance en nivel lingüístico funda un avance cognitivo
que posteriormente en el campo de la educación formal procurará un
desarrollo científico sustentable.

La teoría referencial propone las bases para el conocimiento del


mundo inmediato siendo este objetivo y fehaciente, tal que las estructu-
ras cognitivas del sujeto puedan configurarse en torno a un eje lingüís-
tico que permita el correcto desarrollo de su posterior conocimiento; es
por esto que un análisis lenguaje-cognición del mundo es imprescindi-
ble en labores pedagógicas previas al tratamiento de contenidos fijados
“el análisis de la institución-lenguaje consistirá para Sapir en la descrip-
ción de un sistema que haga posible esa transformación de la experien-
cia individual y única en unidad de lenguaje común a los miembros del
grupo” (Bronckart, 1980, p. 104).

Pedagógicamente la teoría de la referencialidad y las propuestas


tanto de cuantificadores existenciales así como de los designadores rígi-
César Rafael Chávez-Lloay y William Orlando Cárdenas-Marín
134

dos fuertes convencionales presentan el impacto en la relación alumno


conocimiento ya que la dimensión subjetiva del conocimiento pasa al
tratado objetivo, de manera que en los actos comunicativos el lenguaje
como herramienta para el desarrollo gnoseológico de los alumnos es un
factor decisivo: “todo el mundo participa en el mundo 3 (…) por medio
del lenguaje, el conocimiento subjetivo se vuelve también conocimiento
objetivo abriendo así la vía al tercer mundo de las ideas y las teorías”
(Popper, 1997, p. 206).

Cabe destacar que la propuesta en un primer momento es tra-


tada desde un lenguaje simbólico conceptual “designa constructos en
lugar de —o además de— hechos, sentimientos, etc. Ejemplo: castella-
no” (Bunge, 2011, p. 32), sin embargo, esta teoría puede ser extendida
al lenguaje simbólico no conceptual “Representa de todo menos cons-
tructos. Ejemplo: mímica, notación musical” (Bunge, 2011, p. 32) como
requerimientos pedagógico-didácticos con el fin de proporcionar ele-
mentos propicios para extender la capacidad abstractiva —en sentido
de sistematiza a posteriori el mundo en un nivel mental— del alumno.

Son considerables las repercusiones en el ámbito científico edu-


cativo, considerando que la teoría de la referencia aquí tratada pertenece
estrictamente al campo de la semántica de sentido y referencia Bunge
explica esta relación y la importancia de una distinción semántica re-
ferencial fidedigna “Esto sugiere que, a pesar del operacionismo la se-
mántica debe preceder a la metodología: antes de proponer el problema
de poner a prueba un enunciado, debemos saber a qué se refiere ese
enunciado” (Bunge, 2011, p. 63).

Desiderátum estaría en que los docentes que impartirán cual-


quier tipo de asignatura, puedan tener esquemas mentales lingüística-
mente conformados acerca del referente que dicha signatura debe tratar,
es cierto que en el presente artículo se exacerba el valor veritativo de la
ciencias empíricas, cabe destinar la posibilidad de un tratamiento fi-
dedigno de aquellas temáticas que tratan elementos no empíricos o en
su defecto cuasi demostrables empíricamente, sea el caso de psicología,
La necesidad de un lenguaje referencial normalizado y sus repercusiones en la educación formal

135

teología y demás ramas que invitan a una reflexión activa pero sin valor
empírico fehaciente y determinante para una teoría referencial.

Es deseable que esta preparación y acercamiento tanto a las cate-


gorías a tratar, conceptos definidos y referentes precisos fundamenten el
curso de una educación pertinente y veritativa dentro de los parámetros
deseables, por tanto, la discusión estaría en el ámbito de la convención
y propondrá al docente como un elemento de la comunidad lingüísti-
ca que dé valor a designadores de la realidad. Es decir, en palabras de
Putnam, el docente estaría dentro de la comunidad de expertos, ya sea
como un eslabón de unión entre esta cadena que examina los designa-
dores y les da validez y la cadena de acción comunicativa de las personas
de una comunidad lingüística cualquiera.

Es interés de la teoría referencial propugnar un correcto desarrollo


del conocimiento tanto natural como científico estableciendo paráme-
tros de validez inmediata a través de la experimentación y acercamiento
sucesivo en la dimensión epistemológica y de la validez mediata a través
de los designadores y las comunidades lingüísticas que los aprueban, de-
notando de esta forma la génesis del conocimiento fundamentado que
propugne desarrollo satisfactorio y repercusiones positivas en el campo
pedagógico y científico.

Bibliografía
Bronckart, J.P. (1980). Teorías del lenguaje. Herder.
Bunge, M. (2011). Semántica I Sentido y Referencia. Gedisa, S.A.
Fernández-Moreno, L. (2006). Cambios de referencia: Kripke y Putnam. Críti-
ca Revista Hispanoamericana de Filosofía, 38(114), 45-67. [Link]
ly/3ldn79m
Frege, G. (1984). Sobre el sentido y la referencia. En G. Frege, Estudios sobre
Semántica (pp. 51-86). Ariel, S. A.
Kripke, S. (2005). El nombrar y la necesidad. Instituto de Investigaciones
Filosóficas.
Popper, K. (1997). El cuerpo y la mente escritos inéditos acerca del conocimiento.
Paidós.
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136

Putnam, H. (1975). Language and Reality. En H. Putnam, Mind, Language and


Reality (pp. 272-290). Cambridge University Press.
Russell, B. (1981). Atomismo lógico. En B. Russell, Volumen de lógica y conoci-
miento (p. 468). Taurus.
Wittgenstein, L. (2009). Tractatus Logico-Philosophicus Investigaciones Filosófi-
cas sobre la certeza. Gredos.

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