Desmemoriados Musica Cubana
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COM
HASTA GUAPACHA
1. EL SWING NUESTRO DE CADA DIA. LOS BAILADORES DE
JAZZ DE SANTA AMALIA
No es posible evadir el lugar común: es ésta una historia acerca de la amistad y del
amor. De amistad honrada desde la más temprana juventud hasta la longevidad, sin
hacer caso al rumbo que tomaron las vidas de cada uno de ellos, ni los avatares
imponderables de la sociedad en que han vivido. De amor reverenciado a un género
musical y a los que, como ellos, también lo hicieron suyo, a una música que se convirtió
para ellos en razón de vida. Nadie se explica la energía que despliegan, el entusiasmo
que exhiben, ni la sonrisa perenne con que parecen conjurar todos los
inconvenientes. Para ellos no hay distancia demasiado lejana, dolores que les
paralicen, ni obstáculos que, por cotidianos, no puedan sortear. En el curso de los más
de sesenta y cinco años que han vivido como grupo, ningún acontecimiento político,
social o personal pudo amilanarles. Ellos mismos lo aseguran a coro: es la música, el
baile, el jazz, lo que los mueve y lo que les ha mantenido unidos y bailando a través de
más de medio siglo. Por mucho que se trate de prefigurar una imagen, siempre
sorprenderá verles llegar con sus mejores galas, aun en tiempos azarosos, y sostener
con firmeza la mano de su pareja a la hora de sacarla a bailar para enseguida asumir la
vivencia del baile con todo sentido del ritmo que acompaña siempre al virtuosismo
implícito en los standarts de aquellas big-bands de la era del swing, que es lo que más
les gusta bailar. Son Los Bailadores de Jazz de Santa Amalia. De la agilidad,
precisión y virtuosismo casi acrobático en algunos de ellos, ¡ni qué decir! Verles en la
improvisada pista es una experiencia única. El tap genuino de Papito; el “feeling” casi
intelectual que Julián le imprime a sus originales pasos a través de una actitud muy
suya… la grácil agilidad y el ritmo inderrotable de Mayi … Los tres son fundadores; y de
aquel grupo primigenio, los que han sobrevivido hasta hoy son casi todos ya
octogenarios, como Elsa Padrón, que en un momento crucial de su vida defendió su
derecho a seguir bailando jazz. O como Juan Picasso, que aún con problemas de
locomoción, asombrara cuando se decidía a salir a bailar como un muchachón sin
años. Por eso todo resulta aún más increíble.
Juan Picasso bailando en una de las reuniones en el Bosque de La Habana. Finales
de los 40.
(Cortesía Juan Picasso)
Es errado pensar que se trata de una mera atracción
turística. Absolutamente. Los bailadores de jazz de Santa
Amalia constituyen un fenómeno singular en la historia musical cubana: el
elemento aglutinador ha sido el jazz, asumido a través de la expresión
corporal y danzaria, como experiencia colectiva en tanto bailadores y
degustadores de lo mejor de la música norteamericana en la era
del swing y los años iniciales del bebop. Sus integrantes fueron primero
que todo, fanáticos melómanos y bailadores de los ritmos cubanos y
portadores, en su época de esplendor, de un modo de bailar y de asumir la
entrega musical de los más afamados conjuntos y orquestas populares de
las postrimerías de los 40 y de los años 50 y hasta 60. Bailaban también
con Arcaño, con la Melodías del 40, con Jorrín, con la Orquesta América,
con la Aragón, con el Conjunto Casino, a los que seguían a todas partes,
aunque algunos eran religiosamente fanáticos del swing y la música
americana.
LOS INICIOS
Comenzaron a reunirse a finales de los cuarenta y primeros años de la
década de los cincuenta para patinar en la explanada de la Avenida de las
Misiones, que discurre delante del antiguo Palacio Presidencial. Allí en
una de las esquinas que desembocan en la Avenida, estaba –y aún está,
aunque con nueva fisionomía- el bar Lucero, famoso entonces entre la
muchachada por amplificar los programas de radio y hasta los discos que
giraban en su muy moderno tocadiscos. Lo suyo era bailar, pero también
demostrar lo actualizados que estaban en lo que a música norteamericana
se refería y en esto, la radio jugó un papel esencial. La radio fue vital para
ellos en el descubrimiento de la música norteamericana y en el
conocimiento de la música cubana en general. “Era accesible a las
posibilidades de todos- cuenta Lázaro Montero-. El aparato de radio se le
compraba a los polacos a plazos, se pagaban 0.25 centavos a la semana.
Oíamos todos los programas de música americana: Bing Crosby, Frank
Sinatra, Nat King Cole, Benny Goodman. Todo swing.”
Parte del grupo en la Avenida de las Misiones. Delante sentados, Mayi y Lázaro, en el extremo derecho.
Archivo Noemí Suárez .
Todos escuchaban en especial los programas que en varias radioemisoras
transmitían música norteamericana: El Club del Swing – donde por
primera vez músicos cubanos tocaban jazz en vivo- y Sinfonía del Jazz, en
la CMQ de Monte y Prado; el programa de jazz de la Mil Diez; Jazz
Club en CMBQ Radio Ideas Pazos; Swing and Melody, en CMBZ Radio
Salas, y otros. Las ondas radiales traían otros espacios para el jazz,
cuando aún era swing lo que sonaba, como la muy popular Radio Kramer,
que transmitía en inglés. La radio fue en los inicios la conexión con el
mundo sonoro que preferían, pero el cine les aportó otra experiencia a
nivel sensorial: el descubrimiento visual de un mundo hasta ese momento
sólo representadas a partir del imaginario personal, y la revelación para sí
mismos de que querían y podían emular la tremenda originalidad y
virtuosismo a aquellos negros norteamericanos que serían para siempre
sus ídolos irreemplazables. El cine fue el impulso definitivo. Siempre que
el bolsillo lo permitía, iban una y otra vez a la sala oscura, en cines de
barrio donde la entrada costaba poco menos de 15 centavos: allí vieron
hasta el cansancio uno de sus filmes preferidos: Stormy Weather (1943) y
se asombraron con la rítmica creatividad de Bill Robinson, el estilo
acrobático y vital de Los Nicholas Brothers, el hilarante performance de
Cab Calloway al frente de la orquesta delCotton Club. Los muchachos los
imitaban no sólo en sus proezas danzarias, sino hasta en la forma de
vestir y caminar. Las “muchachitas” asumían las maneras y el estilo de
Lena Horne. Ver a Louis Armstrong en Cabin in the Sky (1943), a Gene
Kelly, Glenn Miller, Nat King Cole, Frank Sinatra fue algo más que una
fiesta de los sentidos, resultaron verdaderos descubrimientos. En los
bares del puerto –Lázaro Montero recuerda el Two Brothers , La Flota,
Navys, Sailor- la mayoría actualizados en música gracias a la afluencia de
buques norteños, los muchachos conseguían comprar o cambiar discos de
sus músicos y cantantes preferidos, a la vez que confrontaban con los
marineros norteamericanos que habían zarpado del puerto de New
Orlenas los nuevos pasillos y evoluciones. Sin llegar a ser
auténticos hipsters, los chicos que bailaban jazz iban mucho más allá en
su adoración por la cultura, la música y el way of life que sus ídolos
representaban.
Noemí Suárez "Mayi" con sus discos un día de los años cincuenta. Archivo de Noemí Suárez.
Vinculados a algunas de las figuras primigenias del movimiento
del feeling y a su bohemia, muchos de Los Bailadores… fueron testigos de
sus primeros pasos, en tanto formaron parte de aquel grupo donde unos
iniciaban un nuevo modo de componer y cantar canciones, con la
influencia que se recibían de la música y los músicos
norteamericanos, y otros acudían entusiastas a escucharles y
apoyarles. “Con el feeling y a través de sus músicos conocimos el bebop,
como un momento de desarrollo en el jazz” -apunta Lázaro Montero.
Ningún sitio quizás pudo ser más simbólico del vínculo de estos hombres con la música
cubana: en Santa Amalia vivieron músicos relevantes, desde Doña Irene, creadora de
la primera orquesta femenina, a finales del siglo XIX; Bebo Valdés, su hijo Chucho
siendo muy niño; los hermanos Barreto (Guillermo, el gran baterista; Roberto “Robby”,
clarinetista y Alejandro “Coco”, con la trompeta); Roberto Alvarez, pianista del
Conjunto Casino, el director orquestal y pianista Rafael Ortega; el saxofonista y
arreglista René Ravelo, y muchos otros, sin contar los jóvenes, como el saxo y
clarinetista Germán Velazco, el trompetista Julio Padrón; el trombonista Juan Carlos
Marín, quienes viven orgullosos de su pertenencia al musical barrio de Santa
Amalia. Nunca se sabrá cuántas canciones, sones, guarachas, mambos, chachachás
que hoy son verdaderos clásicos del repertorio cubano, nacieron en las modestas
casas amalianas. En las décadas de los 40 y 50 la popular barriada era visita obligada
de otros grandes, que acudían lo mismo en busca de un tema musical, inquiriendo un
arreglo, o simplemente, para disfrutar en fiestas y encuentros memorables. Sostenido
por esta historia legendaria, Gilberto Torres hizo su gran contribución a Santa
Amalia: volvió a reunir al grupo, al convertir su modesta, pero cálida casa en el sitio de
Los Bailadores de Jazz, que ahora completaban su nombre con el del barrio que les
acogía. Sin reparar en distancias, aquel grupo de amigos renovó su entusiasmo, ese
que reservaban convencidos de que que nada los detendría, que vendrían tiempos
mejores para la música que amaban, y convirtieron la casa de Gilberto en una marca
musical: La Esquina del Jazz. Tuvieron que sortear obstáculos desagradables y turbias
percepciones autoritarias, pero la “Peña del Jazz”-como también la llaman- se mantuvo
contra viento y marea, hasta que tras la grisura de una época no tan corta como se
hubiese deseado los grandes músicos cubanos que cultivaban el jazz fueron
derribando barreras y haciendo un espacio al género, desde posiciones genuinamente
musicales. Cuando en 1979 el multinstrumentista y showman Bobby Carcassés crea el
Festival Jazz Plaza, habría también un lugar allí para Los Bailadores… Dizzy Gillespie
fue la figura más prominente que participara en este evento, en sus ediciones de 1985
y 1986 y hasta Santa Amalia fue a ver a los ya cincuentenarios bailadores de Jazz,
quienes le impresionaron tanto, que los invitó a bailar en su concierto en el teatro
habanero Karl Marx. Allí rindieron homenaje a su coterráneo el gran Chano Pozo,
bailando Manteca, acompañados por Gillespie y su improvisada banda de respaldo. A
La Esquina del Jazz en Santa Amalia llegaron nombres que siempre habían sido
objetos de adoración para el grupo: Dizzy Gillespie, Carmen Mc Rae, Roy Hardgrove,
Arturo Sandoval, Chucho Valdés, Juan Formell y muchos otros, y todos los jazzistas y
amantes del género que han pasado por La Habana, han ido a Santa Amalia, o han
compartido con Los Bailadores que cada vez con más frecuencia desafían el tiempo
sobre diversos escenarios. Cuando hace poco menos de un mes los vimos bailar en el
habanero Teatro Mella junto con la Preservation Hall Jazz Band, de New Orleans
asistimos a un suceso de extraordinaria emotividad, algo que debió ocurrir hacía mucho
tiempo.[8]
CONTINUIDAD
FUNDADORES SOBREVIVIENTES
NOEMI SUAREZ ECHARTE “MAYI”
ELSA PADRON SOLA
JULIAN ZUAZNABAR PINTADO
ABRAHAM PEÑALVER BELTRAN “PAPITO”
MERCEDES PEREZ MUÑIZ
LAZARO MIRABAL BETANCOURT
ROBERTO CABRERA GONZALEZ
JESUS TERRY RODRIGUEZ
WILFREDO SOTOLONGO COSSIO
NORMA LANDEAU
NEYDA ZUAZNABAR
TERESA ORTA
ADAMARI
GILBERTO VALDES ZEQUEIRA
JACKIE DE LA NUEZ
FUNDADORES FALLECIDOS
GILBERTO TORRES – creador
CARLOS CARRILLO
ROBERTO UREÑA
EZEQUIEL CARDENAS
CARLOS FERNANDEZ
DANDY CRAWFORD
WILFREDO SAMA “EL FELLO”
FRANK GOIRY
ROBERTO TOIRAC
ALBERTO MUÑOZ
HECTOR CRUZ
RAMIRO DE LA CUESTA
ROBERTO MANZANO
GABINO
DEMETRIO
JULIO BEQUÉ
PAULINA UGARTE
DORA SAMÁ
ALICIA LAZA
JUSTINA JUSTINIANI
JUAN PICASSO
LAZARO MONTERO FRAGOSO
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2.
JAN
Así cantaba Benny Moré su homenaje a los rumberos de ley, que habían abandonado el plano
terrenal para convertirse en leyenda:
Qué sentimiento me da
Cada vez que yo me acuerdo
De los rumberos famosos
Qué sentimiento me da
Oh! Chano, murió Chano Pozo.
La muerte de Andrea Baró
Malanga también murió
Cayó Lilón y Pablito.
Murió Mulence y René.
Oh Chano, murió Chano Pozo.
Lo tituló "Rumberos de ayer", lo grabó en 1951 y lo clasificó como “rumba” -es un guaguancó-,
aunque tiene también de son. Entre ellos, dos nombres que, con seguridad, siempre han
resultado un poco enigmáticos, junto a otros rotundos, cuyas leyendas han corrido de voz en voz,
como Chano Pozo, Mulence y Andrea Baró. Para estar en esa selección de dioses, había que ser
muy, pero que muy bueno en eso de rumbear. Y Pablo Duarte y Georgina Fernández “Lilón” lo eran
en su época; tanto, que mucho antes que Benny, fue Miguelito Valdés quien reconoció su prestigio
y popularidad como bailadores cuando los menciona en una de las inspiraciones que hizo al grabar
la conga“José Isabel” en marzo de 1939 con la orquesta Casino de la Playa:
En marzo de 1940, el gran Ernesto Lecuona encabeza una embajada artística que se presentaría
en varias ciudades de Suramérica. Incluye en el elenco una pareja de bailes –no pueden ser otros
que Lilón y Pablito-, además de las exquisitas voces de Hortensia Coalla, Esther Borja y Miguel de
Grandy, entre otros, y el polifacético Ignacio Villa “Bola de Nieve”. Para los rumberos sería su
primera gran presentación fuera de Cuba. En Argentina bailaron entre el 25 de septiembre y el 11
de noviembre en el teatro Ateneo, con las revistas La Habana en Buenos Aires y Estampas
Cubanas, ambas de Lecuona, aunque la segunda incluiría obras de otros autores cubanos. En
cartas enviadas desde Buenos Aires, Lecuona comentaba el éxito de sus espectáculos y
encomiaba el desempeño de la afamada pareja de rumberos. En paralelo Pablito y Lilón se
presentan también en otros sitios nocturnos, como el famomso Tabarís, y luego, según remarca el
propio Lecuona en su correspondencia con el columnista Arturo Ferrer de Couto, la pareja
inaugura “…una nueva boite de gran lujo que quiere competir con el Tabarís: Singapur”.
[4] Después, al iniciar 1941, viajan a Chile integrando también otro espectáculo dirigido por el gran
pianista y compositor con parte del elenco anterior y se presentan en el Casino de Viña del Mar, en
Valparaíso, los días 15 y 16 de enero. De ahí van a Lima, donde actúan el 2 de febrero, antes de
que la mayor parte de la compañía emprenda su regreso a La Habana, fijado para el 27 de febrero.
[5]
Llegada a Buenos Aires de la Compañía de Ernesto Lecuona. Lilón junto a Lecuona y Pablito agachado
en el centro. 1940.(Foto: Cortesía Colección Ramón Fajardo Estrada).
Unos meses después, y precedidos de la repercusión de sus éxitos en Argentina, Chile y Perú,
Pablito y Lilón son contratados para presentarse de manera independiente en Panamá, lo que es
resaltado por la revista Bohemia:“Pablito y Lilón, embajadores de los ritmos cubanos que actuaron
con el maestro Lecuona en la Argentina y tomaron parte en diversas películas como “Sucedió en La
Habana”, etc. y que en la actualidad se encuentran cosechando éxitos en el cabaret Florida de
Colón, Panamá”.[6]
Las próximas noticias que se tienen de los famosos bailarines los ubican entre 1941 y 1942 en
México, donde su rumba también dejó huella. Se inventan un espectáculo que triunfa bajo el
nombre de Los Diamantes Cubanos y que incluía también a un percusionista acompañante: el
bongosero Antonio Díaz Mena “Chocolate” , quien trabajó por muchos años en México, radicándose
posteriormente en ese país. “Chocolate” contaría al periodista mexicano Gonzalo Martré: “…llegué
a México en 1940 con los Diamantes Cubanos (Pablito y Lilón) contratados para El Patio por el
extinto Vicente Miranda. En aquel entonces, El Patio era el centro nocturno de moda y ahí
duramos cuatro meses y medio. Ahí tocaba los bongoes con Pablito y Lilón. Al terminar nos fuimos
al cabaret Río Rosa, y después hicimos una gira en provincia.” [7] A partir de ahí, “Chocolate” no
siguió con ellos, según explicó.
Ni tampoco Pablito y Lilón seguirían en México, pues la revista Billboard en sus ediciones del 9 y el
16 de enero de 1943, insertaba el anuncio de la presentación de The Four Cuban Diamonds dentro
de la lista de artistas y su ubicación en los diferentes nite-clubs y teatros neoyorkinos. Pero no es
hasta el 20 de marzo en que un anuncio gráfico en la propia Billboard se refería a la presentación
de The Four Cuban Diamonds con Lilón y Pablito, en el club latino Havana-Madrid, con prórroga de
contrato por dieciséis semanas ante el éxito conseguido. Se anuncia que, además, durante la
semana de marzo 19 doblarían nada más y nada menos que en el Teatro Apollo, de Harlem. El
anuncio en el recuadro incluía una foto de los artistas, junto a otros percusionistas: Carlos Vidal
Bolado, y probablemente, “Chocolate” Mena.[8] Acerca del espectáculo que ofrecían los Four
Cuban Diamonds, el cronista acotaba: “…Un espectáculo danzario muy llamativo y auténticamente
cubano, que puede mantenerse dentro de los cánones del show y a la vez, encontrar un lugar
propio dentro de la revista”.[9]
El estupor y tristeza por la noticia divulgada en la prensa cubana fueron del mismo tamaño de la
popularidad que tenían en su propio país. El 24 de julio de 1949, la revista Bohemia publicaría un
artículo anónimo, acompañado de 4 fotos de la pareja, firmadas por Oswaldo Salas, el gran
fotógrafo cubano que por entonces, vivía y trabajaba en Nueva York, donde tenía su estudio, y
quien se había convertido en asiduo al Havana-Madrid para admirar a la famosa pareja de
rumberos. Otra foto de Lilón, aparecería sin crédito. El artículo “La última rumba de Pablito y
Lilón”,decía textualmente:
“Vivían en un modesto cuartico de 65 Street. Ocho años hacía que no veían su patria y preparaban
las maletas. Al día siguiente iban a embarcar para La Habana. Se habían despedido de amigos y
admiradores en el cabaret Havana-Madrid donde actuaban. Un cable que pasaron anunciaba su
arribo para horas después. Y fue entonces, inesperada, cruel y terrible que estalló la tragedia. Sus
cadáveres fueron acuchillados sin vida. Como si fuera poco, para acabar con cualquier esperanza,
la llave abierta del gas iba llenando de muerte el cuartico del 65 Street. Cuando llegó la policía
neoyorkina, halló dos muertos. Pablito y Lilón habían bailado poco antes, su última rumba en la
pista del cabaret de Broadway.
Pablito, poco después de montar “Tambores sobre La Habana” 8 años atrás en la escena del
Teatro Martí, hizo a Georgina Fernández su novia, su esposa después y su compañera de
baile. Pablo Duarte, muerto René el compañero de Estela, había de ser el mejor bailador de
rumba. Pablito y Lilón fueron dos nombres que iluminaron muchas fachadas de teatros en nuestro
continente. Sus triunfos se sucedían. Ahora, ya en La Habana, actuarían en [el cabaret]
Montmartre. Habían fabricado una casita en Marianao…. Para cuando se retiraran. Se llevaban
bien. Tenían buen carácter y la tragedia que armó la mano de Pablito para acabar con Lilón y
después consigo mismo, ningún íntimo de ellos se la explica. ¿Acaso será un secreto para toda la
vida éste que les costó la muerte? Allí, entre las cuatro paredes de 65 Street, es posible que quede
encerrada para siempre la sinrazón de este drama sangriento, cruel e inesperado y
doloroso. Pablito y Lilón han acabado de bailar. Han muerto los reyes de la rumba. Juntos, como
cuando rugía el bongó y trepidaban los aplausos, han hecho mutis para jamás volver a la vida.” [14]
Con la muerte inútil de Lilón y Pablito, a poco menos de seis meses de otra muerte sentida, aunque
previsible, en la misma ciudad de Nueva York, –la de Chano Pozo-, los rumberos cubanos seguirían
llorando la desdicha que llevó a sus ídolos a esa ciudad, para alcanzar en dicotomía trágica, el
estremecimiento de la fama, y también el final de sus cuerpos, porque, a fin de cuentas, tanto el
autor de Manteca, como la incansable pareja de rumberos se quedaron para siempre flotando entre
un guaguancó y una columbia, entre La Habana y Nueva York, alimentando una leyenda que no
deberíamos dejar morir.
NOTAS
1] Gonzalo Martré: Rumberos de ayer. Músicos cubanos en México (1930-1950). Instituto Veracruzano
de Cultura. México, 1997. Pag.72.
[2] Rua Consulado, Sector Cinematográfico. En revista Bohemia, octubre 9 de 1938.
[3] Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano. Tomo II (1937-1944). Ediciones
ICAIC . La Habana. Pag. 79
[4] Ramón Fajardo Estrada: Ernesto Lecuona. Cartas. Ediciones Boloña. La Habana. Pag. 201
[5] Idem. Pp. 146 y 147
[7] Gonzalo Martré: Rumberos de ayer. Músicos cubanos en México (1930-1950). Instituto
Veracruzano de Cultura. México, 1997. Pag.88
[13] Raúl Fernández: From Afro-Cuban Rhythms to Latin Jazz. University of California Press. 2006.
Cristóbal Díaz Ayala: Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana.
María Argelia Vizcaíno: Famosas parejas de baile popular cubano (en [Link])
Bobby Collazo: La última noche que pasé contigo. Editorial Cubanacán, Puerto Rico.
Revista Bohemia. Años 1938 a 1949.
Revista Cinema. Años 1938 y 1939.
[
Publicado 4 weeks ago por Rosa Marquetti
Etiquetas: Armando Peraza Benny Moré Chano Pozo Lilón y Pablito Mongo
Santamaría Música cubana. Rumba Cubana Rumberos
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3.
JAN
(Ranchuelo, Las Villas. 4 de abril de 1928 – Nueva York, USA. 6 de enero de 2016)
Chocolate Armenteros, con la banda inicial del Benny. Aparece sentado, el cuarto de derecha a
izquierda.
Me quedé con ganas de conocerle. Desde la admiración por su talento, me atraía no sólo su sonrisa
que intuía eterna, siempre lista para allanar el camino de quienes se le acercaban con el más
absoluto respeto, sino esa historia, ese extraordinario trayecto que recorre un trecho larguísimo de
la vida musical cubana y que sonaba a cubanía pura. Que sus notas high hayan sonado en los
predios musicales de Arsenio Rodríguez y Benny Moré bastaría para situarlo entre los notables,
pero su vida de trompetista fue mucho más. Innumerables fueron los conjuntos y las orquestas con
las que tocó: además de Arsenio y la tribu del Benny –de la que fue fundador-, La Sonora
Matancera, las orquestas de Julio Gutiérrez, Mariano Mercerón, Bebo Valdés, Fajardo y sus
Estrellas, el sexteto La Playa, César Concepción Machito y sus Afro-Cubans, Charlie y Eddie
Palmieri, sin contar las numerosas grabaciones para las que fue solicitado por nombres tan
incontestables como los de Paquito D’Rivera, Israel “Cachao” López, Poncho Sánchez, y otros.
Después de haber leído el riguroso y emocionado texto “Sabor a Chocolate” que hace algunos años
le dedicara el profesor Raúl Fernández, no me atrevo a escribir una línea más. A él los remito,
aunque antes rindo tributo a quien, sin dudas, seguirá dando, junto a Florecita, Chappottín, Varona
y el Negro Vivar, las notas más altas de esa orquesta tremenda que se está formando allá arriba.
Publicado 4 weeks ago por Rosa Marquetti
Etiquetas: Arsenio Rodríguez Benny Moré Chocolate Armenteros Música
cubana Raúl Fernandez Trompetistas cubanos. Latin Jazz
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4.
NOV
27
Aquí pueden escuchar al Dandy, en dos incursiones en el programa El Club del Swing, que se
transmitía los miércoles desde los estudios de la radioemisora CMQ, en Monte y
Prado, acompañado por una big band dirigida por un pionero del jazz en Cuba: Armando Romeu,
y cantando Lady Be Good (G. Gershwin), en una grabación de 1945) y Candy (Kramer-David-
Whitney) en registro fechado el 13 de junio de 1945).[2]
Pero probablemente mucho antes, ya Dandy, con esa pasión que sentía por la música
norteamericana y sin saber que estaba siendo parte de un hecho fundacional, era inseparable de
algunos muchachos que no llegaban a los veinte y con los que compartía idénticos gustos. Solían
frecuentar los bares del puerto para encontrarse con los marineros que desde New Orleans, venían
en tripulaciones de paso por la Habana y traían aquellos discos que perseguían sin tregua los que
luego serían “los muchachos del feeling”. Dandy estuvo muy vinculado, desde sus inicios, al
movimiento del feeling y es en aquellas reuniones que hoy pueden llamarse descargas, donde
comenzó a incursionar en el scat vocal, según Leonardo Acosta, fue el primer cantante cubano que
logró hacerlo.[4] “Es cierto que el bebop, incluso en su vertiente cantada (scat vocal) tiende a
convertir la voz humana en un instrumento, lo que no sucede en el feeling, y sin embargo de este
movimiento surgieron los dos primeros cantantes de scat de Cuba: Dandy Crawford y Francisco
Fellove, que fue el creador de un scat con fraseo cubano”- remarcaría Acosta[5].
Muchachos del jazz y el feeling: Dandy Crawford con sombrero, junto a Panchita Swing.
Angelito Díaz a la izquierda y detrás, Luis Yáñez. (Años 40)
De aquellos inicios, contó el compositor y cantante Angel Díaz, uno de los fundadores del
movimiento del feeling: “Cuando yo tenía 16 ó 17 años, era amigo de Luis Yáñez y de Dandy
Crawford, y nos íbamos al puerto en La Habana Vieja para oír jazz. Allí bailábamos, y
escuchábamos a Dizzy Gillespie, Billie Holiday, Benny Goodman, porque que en todos los bares del
puerto –estoy hablando de los años 30, 40- habían victrolas, y los marineros norteamericanos
bajaban… Nosotros queríamos bailar boogie-woogie, y jitterburg. (…) Por qué la palabra feeling?
Porque cuando nosotros bailábamos en casa del saxofonista Bruno Guijarro, en Pogolotti –yo, Luis
Yáñez, Dandy Crawford, Humbertico- nosotros habíamos escuchado en dos o tres canciones, que
decían “feeling, feeling”. Le preguntamos a Dandy Crawford, que sabía inglés qué quería decir
“feeling” y él respondió: Sentimiento. Entonces empezamos a usar esa palabrita: Tú tienes
feeling, tú no tienes feeling. Cualquiera que fuera nuestro estado de ánimo, tenías feeling o no.”[6]
Dandy Crawford con Nat King Cole en Tropicana. Año 1954. (Foto tomada de la revista Tropicana
Internacional)
Se gestaba entre esos jóvenes un nuevo modo de componer y cantar canciones, donde la letra
daba paso a textos más cercanos a la poesía y la música, a partir de la riqueza del bolero, denotaba
complejas armonías y las cercanas influencias del jazz. Dandy no era compositor, pero con su voz
y estilo, fue entusiasta y asiduo participante en aquellas descargas que organizaban los muchachos
de feeling (José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Jorge Mazón, Angel Díaz, Rosendo Ruiz
Quevedo, Luis Yáñez, Armando Peñalver, y muchos otros), en especial las “descargas de jazz y
son” que organizaba la compositora y pianista Isolina Carrillo, y que frecuentaban la cantante
Paulina Alvarez, el saxofonista Virgilio Vixama y el contrabajista Alfredo León. [7] Allí, en el grupo de
los creadores delfeeling, junto a Francisco Fellove –quien luego en México acabaría por ser El
Gran Fellove- iniciarían un modo de cantar, un fraseo inusual que los definiría como los primeros en
Cuba en hacer scat vocal, no en un entorno específicamente jazzístico, pero sí fuertemente
influenciado por el jazz.[8]
Dandy continuaría en el entorno de aquel grupo filinesco y por ello, se le vería como cantante
principal, a finales de 1949, de un grupo ocasional que se formó para presentarse en una fiesta
durante la celebración del 31 de diciembre en la Community House, una sociedad de
norteamericanos residentes en Cuba, junto a José Antonio, en la guitarra eléctrica; Rosendo Ruiz
Quevedo –guitarra acústica; Frank Domínguez –piano; Isauro Hernández –contrabajo; Leonardo
Acosta en el saxo alto: Francisco Fellove –congas y voz (en las guarachas y los mambos); Luis
Yáñez en las maracas, güiro y claves, así como en los coros. Dandy tenía a su cargo los boleros y
las canciones en inglés.[9] Después permanecieron como grupo un tiempo más, con las lógicas
altas y bajas.
En julio de 1954, viaja contratado a Santo Domingo, Rep. Dominicana, para presentarse en varios
centros nocturnos.[10] Vuelve a Tropicana, en enero de 1956 para formar el elenco de los
shows Fantasía Mexicana y Noches del Trópico, junto a los bailarines estelares Ana Gloria y
Rolando, Leonela González y Henry Boyer, la soprano Xiomara Alfaro, el Cuarteto D’Aida (en su
formación original), coincidiendo con el debut de Nat King Cole en el afamado cabaret, y teniendo
entre sus distinguidos espectadores a los actores Marlon Brando y Joan Crawford, y su entonces
esposo Alfred Steele.[11]
En los camerinos de Tropicana con la actriz norteamericana Joan Crawford (de pie al centro).
(Foto tomada de la revista Tropicana Internacional)
Moraima Secada, Felo Bergaza, Aida Diestro, persona sin identificar (de pie) Dandy Crawford y Omara Portuondo. (Años 50)
El siguiente año, 1957, traería a Dandy su primera y única oportunidad cinematográfica, el ser
aceptado en el numeroso elenco del filme mexicano rodado en Cuba Yambao, del realizador
germano-mexicano Alfredo B. Crevenna, con la famosa Ninón Sevilla en el rol protagónico. Ese
mismo año aparece en el programa televisivoJueves de Partagás, del circuito CMQ, donde
comparte cartel nada más y nada menos que con Rita Montaner. Eran los años en que actuó en el
cabaret Sans Soucí como cantante del grupo dirigido por el pianista Frank Domínguez, y formado
por César Portillo de la Luz, Gastón La Serie, Alfredito León, entre otros, en tandas alternas con el
Cuarteto D’Aida. Después se presentarían también, en formato similar, en el
cabaret Montmartre y más tarde en el clubSherezada. En octubre de 1958 Dandy vuelve al Sans
Soucí, pero esta vez en el elenco de una revista de ambiente haitiano montada por Víctor Alvarez,
junto a Martha Jean Claude entre otros, donde también demostraba su dominio del francés.[12]
El Cuarteto D'Aida, Frank Domínguez, Dandy Crawford , César Portillo de la Luz,en Sans Soucí.
Viajó también a Haití, Colombia y Estados Unidos, llevando su arte escénico variado y colorido, y su
excelente voz a sitios nocturnos de esos países.
No abandona el jazz, sigue vinculado a los músicos y sus avatares, y es de los primeros en acudir a
las descargas de jazz que organizaban en Tropicana los músicos de su orquesta de planta
apoyados por otros que iban a descargar y cuyos nombres hoy forman parte de la historia del
género en Cuba: Bebo Valdés, Armando Romeu, Fernando “El Negro” Vivar, Leonardo Acosta, y
muchos otros.[13]
Dandy Crawford en un programa televisivo. Al fondo a la izquierda, la vedette Maricusa Cabrera.
(Foto tomada de la Revista Tropicana Internacional)
En 1956 el apuesto cantante y actor afroamericano Harry Belafonte publicaba su tercer álbum de
estudio bajo el título Calypso (RCA-Victor LPM-1248), que se convertiría en su segundo álbum en
alcanzar el primer lugar en la lista Top Pop Albums de la revista Billboard y donde permanecería por
31 semanas consecutivas. Comenzaría así la gran popularidad del calypso, que el carisma de
Belafonte ayudaría a expandir. A su fama en Cuba contribuyó también su presencia en el
filme Island in the Sun, como actor y compositor –junto a Irving Burgie- del tema que da título al
filmeIsland in the Sun, dirigido por Robert Rossen, junto a Dorothy Dandridge y Joan Collins,
aunque lo más popular en Cuba, a donde la voz de Belafonte llegó con la rapidez usual
entonces, fueron sus versiones de Day-O (Banana Boat), una canción tradicional jamaicana, no
precisamente calypso; Jamaica Farewell, y Matilda, Matilda.
Moraima Secada, Felo Bergaza y Dandy Crawford. Años 50
Pues bien, ¿en Cuba quién si no Dandy Crawford podía asumir el reto del nuevo ritmo foráneo?
Como era habitual en él, replicó con creatividad el canto y el ritmo de Belafonte, dicen que de modo
excelente. En 1959 ante la popularidad del calypso Julio Gutiérrez vuelve a demostrar su ductilidad
para asimilar los nuevos ritmos de moda, cuando crea la formación Julio Gutiérrez y sus Cuban
Calypsos, y por supuesto, ahí está Dandy Crawford como voz solista. Con esta formación realizó
sus únicas grabaciones de estudio, cinco calipsos y una canción que, si bien se alejan
completamente del jazz, permiten a Crawford mostrar su capacidad para asimilar otros géneros.
Como saldo significativo de la década de los cincuenta, además, Crawford había transitado por los
escenarios de los más importantes cabarets del país: el Casino Nacional, Montmartre, Zombie Club,
acreditando lo que caracterizaría su carrera musical: ser un cantante de cabaret.
Cuando a finales de la década de los 50 se crea el Club Cubano de Jazz, ahí está Dandy, presto a
incorporarse a sus actividades y descargas. Fue uno de los cantantes que se presentó en
sus sessions.[14]
A partir de 1960 la carrera musical de Crawford le lleva a los clubs que, emulando a los grandes
cabarets aunque con un sello propio, se multiplicaban por la ciudad desde finales de la década
anterior. En julio de 1960 trabaja una temporada en el club La Gruta, en 23 y O, en la céntrica
Rampa con Esther Montalván y las Hermanas Cano, como siempre, con un repertorio internacional
en idiomas inglés, francés y portugués, y motivando positivas opiniones en la prensa especializada.
A mediados de 1960 participa en la descargas programadas en el Hotel St. John’s,compartiendo la
pista con Doris de la Torre, Elena Burke y Frank Domínguez, Pacho Alonso, el duó Renée y Nelia,
Felo Bergaza, Ela O’Farrill y otras figuras de la onda feeling. En enero de 1961 se le podía ver y
escuchar en el Club Le Mans , recién inaugurado un mes antes, junto a Pacho Alonso, y otros
populares artistas. En el Cabaret Nacional, con Fernando Alvarez, Pío Leyva, Anisia y Rolando,
Amparito Valencia, Berta Pernas. En el Habana Libre participa en la descarga Constelación de
Estrellas, en homenaje a Humberto Anido, junto con Gina León, Juana Bacallao, Tata Güines, el
Cuarteto de Meme Solís entre otros.
En 1961 vuelve al gran cabaret, esta vez en una producción de envergadura, como lo fue “Me voy
pa’l Brasil”, en elCasino de Capri (hoy Salón Rojo) con Los Bucaneros, Gina León, Tony
Escarpenter. En el escenario rivaliza con Juana Bacallao en situaciones hilarantes. De su
desempeño en este espectáculo, diría la prensa: “Dandy ha sido sorpresa para todo el mundo.
Estaba preterido, virtualmente eclipsado, pese a sus estupendas aptitudes histriónicas. Su labor lo
pone a la cabeza de todos los cantantes revisteriles del año artístico.” Al final del año, en el balance
que realizaba anualmente la revista Show es elegido el mejor cantante en ese estilo.[15] La pista
del Capri vuelve a recibirle en octubre de 1962 al figurar en el elenco del recordado show “La
Caperucita se divierte” junto a Juana Bacallao, Maggie Prior y el Cuarteto de Meme Solís.[16] El
periódico Revolución lo señala como cantante destacado en un show o producción durante ese año.
[17] Muchos hoy recuerdan el excelente y divertido tándem que conformara junto a la
Bacallao. También en 1963 el mismo periódico lo selecciona entre los artistas de cabaret más
destacados, junto a Elena Burke, Marta Strada, Juana Bacallao, con mención a Miriam Acevedo,
Las Capella y Los Bucaneros. Poco más de año y medio después vuelve al gran cabaret, en
diciembre de 1964 con el estreno de la producción “Gina a lo Riviera” en el Copa Room del Riviera,
con Gina León, como figura estelar, y Juana Bacallao, Las D’Aida y Los Papines, en el elenco. En
octubre de 1966 está en el cabaret Nacional de Prado y Neptuno y en agosto de 1967 se le podía
escuchar en el entonces famoso bar Pico Blanco del Hotel St. Johns, junto a Moraima Secada y
otros. En septiembre de 1971 está en el Copa Room del Hotel Havana Riviera con Los D’Enríquez,
Bobby Carcassés, Los Geovani, Las Hermanas Valdivia y Las Capellas. En noviembre de 1972 está
en Rincón Azul con Ezequiel Cárdenas y otros.[18]
También en la década de los setenta, como uno de sus últimos trabajos en el gran cabaret, Dandy
fue figura importante en la producción “Se cambia, se cambia” en el ya Salón Rojo del Capri, bajo la
dirección de Olga Navarro, compartiendo cartel, entre otros, con los mimos Olga Flora y Ramón, y
de nuevo con Juana Bacallao.
El cierre de muchos centros nocturnos en dos ocasiones distintas, a finales de la década de los
sesenta y en los inicios de los setenta, privó a muchos artistas de su medio natural de expresión, al
limitar sus posibilidades de trabajo. Fue el caso de Dandy Crawford quien, como se aprecia,
desarrolló la mayor parte de su carrera, por no decir toda, en el cabaret y los centros
nocturnos. Esta situación fue solventándose de un modo otro, pero algunos decisores desde
posiciones de poder enfrentaron el cabaret a los proyectos que se encaminaban para elevar la
cultura popular, estigmatizándolo y limitando, con ello, la identificación de figuras de valía musical
con esos escenarios, como sí había ocurrido en años anteriores. Tal antagonismo, la subvaloración
de sus reales posibilidades y las renuncias lógicas que le siguieron están en los orígenes de una
verdad: el cabaret, como hecho artístico, nunca volvería a tener la relevancia que le caracterizó en
décadas anteriores.
Para colmo, el de los showmen en la tradición de Broadway, nunca fue un estilo de amplio
reconocimiento popular en Cuba, y más bien disfrutó de sus días de gloria únicamente en los
escenarios de cabarets y night clubs.
Con poco más de media centuria de vida Dandy ya no podría reinventarse y así, como ocurrió con
su medio natural, asistió a la desaparición de un estilo: el de los showmen al estilo norteamericano
que le inspiraron y que él imitó con el acierto que siempre le fue reconocido, recorriendo un camino
de géneros que lo llevara desde el swing hasta elcalypso, pasando por los géneros cubanos más
raigales.
Y de ese modo, los días se le hicieron más breves y las noches perdieron el encanto que para él
tuvieron siempre; regresó todos los días cada vez más temprano a su Cayo Hueso, hasta que las
luces se apagaron y los escenarios desaparecieron para siempre bajo sus pies.
Como sus compatriotas Francisco Fellove y Amado Borcelá “Guapachá”, exponentes únicos
del scat vocal en Cuba, Dandy Crawford tampoco fue popular, no logró nunca el favor general del
público, ese ansiado “pegarse”, y debió contentarse con los aplausos que recibió casi siempre en
los principales cabarets y night clubs que inundaron La Habana hasta bien entrados los años
sesenta.
o Lady Be Good
o Candy
o Blue Sky
o Kalamazoo
GRABACIONES DISCOGRAFICAS
DANDY CRAWFORD CON JULIO GUTIERREZ Y SUS CUBAN CALYPSOS (1959)
FUENTES CONSULTADAS
Luc Delannoy: Carambola: Vidas en el jazz latino. Fondo de Cultura Económica. México, 2005.
Cristóbal Díaz Ayala: Música cubana del areyto al rap cubano. Fundación Musicalia. Puerto Rico. 4ta.
Edición. 2003.
Bobby Collazo: La última noche que pasé contigo. 40 años de farándula cubana. Santo Domingo, 1987.
Ramón Fajardo Estrada: Rita Montaner: testimonio de una época. Edición Casa de las Américas de
Cuba /Ministerio de Cultura Colombia. 1997
[1] Francisco Gutiérrez Barreto. Libro de la Farándula Cubana 1900-1962. Vol. I Pag. 69.
[2] Digitalización realizada por la autora de dos placas radiales que fueron descartadas.
[3] Leonardo Acosta. Un siglo de jazz en Cuba. Editorial Museo de la Música. La Habana, 2012. Pag.
80
[6] Angel Díaz, citado por Ned Sublette en Cuba and Its Music. From the First Drums to the Mambo.
Chicago Review Press. 2004. Pag. 526,
[7] Leonardo Acosta. Un siglo de jazz en Cuba. Editorial Museo de la Música. La Habana, 2012. Pp.94
y 95.
[9] Acosta, Leonardo: Recordando al King. En “Elige tú que canto yo”. Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 1993. Pág.120.
[11] Rosa Lowinger y Ofelia Fox: Tropicana Nights. The life and times of the legendary cuban night club.
Harvest-Harcourt, USA. 2006. Pag.388
[13] Leonardo Acosta: Recordando al King. En “Elige tú que canto yo”. Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 1993. Pag. 138
[14]Leonardo Acosta: Recordando al King. En “Elige tú que canto yo”. Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 1993. Pag. 178
[15] Datos tomados de la revista SHOW en sus números 78 de 1960; 85, 88-89 y 103-104 de 1961 y
enero de 1962.
3
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5.
NOV
Nadie repara en su imagen actual. No figura en ninguna de las rutas formales que
llevan a los turistas de manera empecinada a lugares diversos y recurrentes de la
ciudad. No hay siquiera un aviso, una alerta, un llamado de atención, un anuncio…
Acaso no se mantuvo en pie el farol debajo del cual seguía cantando cuando las
puertas del bar, muy cerca del amanecer, comenzaban a cerrarse invitándola a
abandonar el lugar. Pocos recuerdan que se trata de uno de esos sitios en la capital,
que existieron para identificarse hasta la eternidad con una figura excelsa, famosa, o
popular. Desde hace décadas, convertido hoy en un inverosímil ente burocrático, la
imagen del bar Celeste dejó de ser la misma de aquellos años, cuando ella llegaba y
comenzaba a entonar con su voz andrógina un bolero, una canción, un standart de jazz
hasta el cansancio, sin más acompañamiento que su angustioso desenfado, sólo a
cambio de que unos tragos le permitieran abrir las compuertas para que saliera aquel
torrente imparable de sentimientos. Probablemente, nunca pretendió mucho más con
su voz de contralto increíble, que cantar como confesión catártica a los
trasnochadores que quisieran escucharle en aquel bar, convertido sin permiso de nadie
en su refugio personal; o quizás cantar sólo para conjurar, desde la más auténtica
humildad, los temores y los dolores que, parece ser, nunca la abandonarían… como
luego alcanzara a adivinar con veracidad, pero sin demasiada información antecedente,
Ela O’Farrill en su canción homenaje.
Desde que descubrí sus grabaciones, me dejo perseguir por esa imposible voz
femenina cuando canta The Man I Love; me contagia la tristeza ostensible de
su Noche de Ronda, y pienso cada vez en ella, en su destino triste y en su vida frugal y
breve en demasía, con el consuelo probable de que, al menos, fue feliz en la
transitoriedad de las ovaciones que noche a noche la despedían adorándola, desde el
bar Celeste, hasta la candilejas del Casino de Capri. Escuchando una y otra vez esas
doce canciones, siempre conjeturo acerca de qué gran tesoro habría quedado en cintas
magnetofónicas, si Freddy hubiera alcanzado a grabar todos los títulos que el
anecdotario y la memoria ajena le adjudicaron como intérprete en aquellas noches: No
te empeñes más; I love Paris, Stormy Weather, Anoche aprendí, Cada vez
más, Nocturnal, Añorado encuentro, Yo tengo un pecado nuevo, Nosotros… Y me
pregunto cómo pudo demostrar tal refinamiento y buen gusto al elegir de modo
espontáneo lo que iba a cantar. Es indudable que su referente inicial tenía que ser
únicamente lo que escuchaba a través de la radio, en medio de las labores que le
aseguraban su frugal sustento.
Freddy en el bar Celeste, rodeada de amigos. Al fondo, Miguel Angel
Blanco, presentador del cabaret Tropicana. Al fondo a la derecha, el
cantante francés Roland Gerbeau. Año 1960
Esas canciones se escuchaban en el Celeste, de su propia voz, cualquier día de aquel
tremendo 1959. Los astros se alinearon para que un día venturoso de ese año Marta
Valdés reparara en aquella extraordinaria voz de contralto y asumiera como
compromiso consigo misma convocar a todos los posibles e imposibles a escuchar y
conocer a aquella revelación de voz grave, profunda. Acerca del papel que jugó la
Valdés en el descubrimiento de Freddy y de lo mucho que hizo para intentar encauzar
aquel talento natural y desbordante, no digo más, no podría hacerlo mejor que ella
misma, así que recomiendo de modo absoluto, la lectura de “Freddy la cantante” su
invaluable testimonio en su libro “Palabras”.[1] También los astros favorecieron a
Freddy para que el abogado y criminalista Carlos Manuel Palma, conocedor e
influyente como pocos en el mundo del espectáculo, fundador y dueño de la popular
revista Show y morador de un apartamento en los altos del bar Celeste, también
descubriera su potencial genuino, y en un trance premonitorio se decidiera a escribir en
su propia revista: “Del servicio doméstico surge una bolerista que ha de ser célebre.
(…) Se llama Freddy García y pesa nada menos que 220 libras. Su rostro parece una
luna llena color sepia. ¡Pero cómo canta boleros esta voluminosa mujer! La
escuchamos en el bar Celeste, junto a integrantes del Cuarteto “Los Riveros” y el
bailarín Arnaldo Silva y nos quedamos estupefactos. Hizo una creación de “Cada vez
más” de René Touzet. Siguió en sus interpretaciones, con un estilo tan original, tan
único, tan distinto, que su poder creador nos permitió a todos vaticinarle un porvenir
triunfal, un futuro sin inquietudes. Sus días en el servicio doméstico naturalmente que
están contados, porque cuando cualquier empresa la lance habrá enseguida que
programarla en televisión, en radio, la harán cantante favorita y las compañías
disqueras se disputarán sus grabaciones.[2] Muchos comenzaron a recalar en el
“Celeste”, atraídos por el canto de aquella sirena de voluminosa ternura, pues de algún
modo, sabían que algo importante se estaba gestando allí.
Freddy cantando en la pista del Casino de Capri. Año 1960
Pero, sin dudas, Humberto Anido, el mago descubridor que se estrenaba como
productor del Casino de Capri, fue quien tomó los mayores riesgos, convencido de
estar ante un diamante en bruto y de que su promoción a los escenarios sería “un
escándalo mucho más grande de lo que se piensa”.[3] Convenció a la empresa que
gestionaba el cabaret, a través de su manager Marvin Krause, para incluírla en el
próximo show que ya se ensayaba. Así, ya oficialmente rebautizada como Freddy, con
sólo 24 años, en septiembre de 1959 Fredesvinda (¿o Fredelina?) García haría su
debut profesional en el espectáculo “Pimienta y Sal”, una producción del propio Anido
con coreografías de Ceferino Barrios, y en los créditos principales la vedette Raquel
Mata, Rolo Martínez, Isidro Cámara, Kary Russi, la pareja de bailes Mitsuko y Roberto
y el Cuarteto de Faxas. Freddy tuvo la fortuna de montar las canciones que
interpretaría bajo la guía de Rafael Somavilla, uno de los grandes pianistas, arreglistas
y directores orquestales de Cuba, y quien entonces dirigía la orquesta del Casino de
Capri.[4] Suerte de angel guardián, Humberto Anido apostó sin reservas por aquella
voz que no tenía el respaldo seguro de una belleza moldeada en la esbeltez de un
cuerpo, o en un rostro fascinante. Freddy era un amasijo de potencia vocal, expresión
palpable y sentimiento en estado puro, transmutado en una capacidad inusual de
comunicación e inducción al éxtasis del disfrute. Los titulares de los principales medios
subrayaban la conmoción que el fenómeno Freddy ocasionaba en el público del
afamado cabaret. Comienzan a llamarle “la Ella Fitzgerald cubana”.
Freddy junto al director orquestal Rafael Ortega, en el Casino de Capri. Año 1960.
En su columna en el diario Revolución, la compositora Marta Valdés, complacida de su
hallazgo, llamaba también la atención de los lectores, suscribiendo el éxito que estaba
conquistando la nueva revelación: “No podemos contentarnos con valorar el suyo
como uno más de los números que componen la nueva producción del Capri. Hay que
dar crédito a la increíble Freddy como voz y como realidad en la pista. Por primera vez
en mucho tiempo, una figura –y nuestra- ha puesto de pie al público de un cabaret,
levantando aplausos de teatro.”[5] Aunque su popularidad en ese momento se limitaba
a los que frecuentaban estos sitios –que no eran, ni con mucho, la mayoría- , pero
comenzaban a correr la voz.
Carlos M. Palma, en su afán de destacar los valores de la cantante y el impacto que ya
causaba a pocos meses de su aparición en el mundo del espectáculo, la declara Mujer
del Año en el recuento anual realizado por la revista Show al finalizar 1959.[6] La
producción Pimienta y Sal continuó triunfante en la cartelera del Casino de Capri,
aunque en enero de 1960, a casi cuatro meses de su estreno, Anido decidió renovar el
elenco, pero a los únicos que mantuvo fue a Rolo Martínez y a Freddy, quien ya
arrasaba con sus personalísimas versiones de “El hombre que yo amé” (The Man I
Love) y “Noche de Ronda”,acompañada por una orquesta también renovada, ahora
dirigida por otra grande y olvidada batuta: Rafael Ortega.
En abril el escenario del Capri exhibía una nueva producción de Anido: “Ajiaco a la
francesa”, donde también la diva de la voz grave centraba un elenco de estrellas: los
cantantes Manolo Torriente, Luis Donald, Raúl D’Mesa; la vedette Nelly Castell, el
Cuarteto Rendón, Teresita Ferrán, y los bailarines Clarita Castillo y Néstor Vichot.
Freddy impactaba cada noche con sus personalísimas recreaciones de Stormy
Weather (Harold Arlen y Ted Koehler), I Love Paris (Cole Porter) y Anoche
aprendí (René Touzet). Tanta fama nocturna llevó también a Freddy a las pantallas de
la televisión cubana, donde hizo su aparición en el programa Jueves de Partagás, del
Canal 6, se dice que compartiendo cartel con Benny Moré y Celia Cruz. El popular
programaCasino de la Alegría –en horario estelar- la presentaría el 16 de marzo de ese
mismo 1960, junto Alba Marina, Los Rivero, la Orquesta Sensación y al cantante
panameño Tony Moro, quien era popular en La Habana por aquellos días. Por
desgracia, los kinescopios de esos programas parece que no sobrevivieron para llegar
a nuestros días y confirmar estas afirmaciones.
Freddy y parte del elenco del show Ajiaco a la Francesa,saludando al público
en el Casino de Capri. Año 1960
En abril, la carrera de Freddy llegaba a otro momento lógico: Jesús Goris, dueño del
sello Puchito, la contrata para grabar un vinilo de larga duración (LP), con el respaldo
de la orquesta de Humberto Suárez, que serían, en definitiva, las únicas grabaciones
que quedarían de la cantante del bar Celeste. Como era usual entonces, a la salida del
LP le antecedieron algunos discos de 45 rpm, que recogían siempre los temas de
mayor impacto en el momento. En el caso de Freddy, consta que, al menos, fueron
editados en formato de 45 rpm los temas El hombe que yo amé (The Man I Love)
y Noche de Ronda (Puchito 521) y Bésame mucho (Consuelo Velázquez)
y Tengo (Marta Valdés) (Puchito 522), aunque probablemente hubo otros. La
revista Bohemia anunciaba, en su edición del 24 de abril de 1960, la salida al mercado
del LP-556 del sello Puchito bajo el título“Freddy”, con un penoso diseño de carátula,
que en nada hacía justicia a la riqueza musical que contenía.[7]
Marta Valdés, tras el seudónimo de M. Elevé, escribiría desde su columna en el
diario “Revolución”, para anunciarlo a los cuatro vientos: “El LP de Fredy ya salió”
(sic). En reseña con este título, la Valdés no dudó en exponer sinceramente lo que
pensaba sobre el disco, el tratamiento dado a las extraordinarias condiciones
interpretativas de Freddy y sus posibilidades aún sin revelar para el gran
público: “Estimamos que para ser un primer intento de sacar esta voz a la calle, el
disco se ha concebido con dignidad, se nota en la elección del material el deseo de
llegar a todos los gustos –tal vez con demasiada tendencia a caer en lo que
pudiéramos llamar “clásicos” de la canción latina (…). Puede que esto, y la inclusión de
melodías americanas con letras en español- de las cuales la única cuya presencia el
disco está justificada, por haber sido durante mucho tiempo repertorio de Freddy es “El
hombre que yo amé”, sea un acierto en cuanto a las posibilidades comerciales. Como
tal, lo aceptamos, es un primer LP. Pero Freddy tiene una cosa “suya” y hay que
tender a desarrollarla, con un repertorio característico de ella. Por ejemplo: más
justificada que “Bésame mucho”, habría resultado incluír “Nocturnal”, “Cada vez más”,
“Añorado encuentro”, o “Yo tengo un pecado nuevo”, números en los cuales esta
cancionera logra una creación desde hace mucho tiempo. Y llegamos al punto preciso:
lo que por una parte –como decíamos-puede resultar beneficioso a la intérprete, resulta
perjudicial en el sentido de que ha tenido que atarse a las exigencias de un repertorio
que no puede serle cómodo (conocemos bien su estilo) y a ciertos aspectos de los
arreglos que la fuerzan en cuanto a interpretación”. [8] Hay, necesariamente, que
coincidir con Marta Valdés cuando lamenta lo inadecuado de las orquestaciones,
distantes de la altura que demandaba la entrega íntima y visceral de Freddy en cada
canción, y añora piezas más acertadas en la selección de los temas, que acusa una
presencia intencionada de boleros de compositores mexicanos, quizás en previsión de
una posible incursión de la cantante por aquel país. Años después, convertida ya
Freddy en mito incontestable, muchas han sido las valoraciones coincidentes con este
criterio, y se destacan en particular las de estudiosos como el Dr. Cristóbal Díaz Ayala,
desde Puerto Rico y Jairo Grijalba desde Colombia.[9]
Freddy en discos Puchito. Año 1960. (Foto cortesía del blog [Link])
Mientras tanto, Freddy continuaría su nueva vida de cantante, sobre todo desde la
pista del Casino de Capri. Durante los carnavales de 1960, formaría parte de un show
presentado por la cerveza Cristal en una de las tarimas creadas para realizar bailables
y presentar espectáculos durante los festejos. En ese show, la cantante compartió
cartel con el cuarteto Los Rivero, Rolando Laserie, la pareja de bailes Anisia y Rolando,
Pototo y Filomeno, Las Mulatas de Fuego, Merceditas Valdés y El Jilguero.
Según la citada revista Show, allí es acogida en el hogar del músico y compositor
Bobby Collazo, en Santurce, en la calle Figueroa No. 656. Para muchos artistas
cubanos, son meses de incertidumbres y decisiones dramáticas y hasta definitivas, en
términos de vida. Según Carlos M. Palma, citando a Bobby Collazo, Freddy había
dejado a su pequeña hija de 9 años al cuidado de una amiga nombrada María
Sánchez, que residía en la calle San Gregorio del barrio del Pilar. Diversas e intensas
debieron ser las emociones y sentimientos que violentaron por esos años la vida de
Freddy, desde que su talento nato la catapultó, de la cocina de la residencia de la
familia Bengochea, al escenario del Casino de Capri, y después a triunfar en otros
países. Su corazón soportó demasiado, además del sobrepeso, las emociones
enfrentadas de una alegría inmensa y frecuentes tristezas, y a pesar de que la noche
anterior fue de jolgorio en una de las tertulias que animaba Collazo en su casa, le
sobrevino un sorpresivo infarto y la vida abandonó su cuerpo el 31 de julio del propio
1961. La cantante boricua Myrta Silva, quien había vivido muchos años en Cuba y fue
para siempre una de las voces más trascendentes de las muchas que pasaron por La
Sonora Matancera, se empeñó en ayudar para que Freddy, en su final, tuviera la
dignidad que merecía, decisión que apoyaron muchos artistas cubanos que entonces
se encontraban en Puerto Rico.[18]
Freddy en 1960.
No creo que exista en la música cubana un mito como el de Freddy, quien en escasos
dieciocho meses y un puñado de doce canciones precariamente orquestadas se
instaló en el imaginario musical de un país de un modo tan persistente, que su imagen
y su voz se resisten a abandonarla. Su disco long playing es de esas piezas que, a
pesar de su imperfección, han clasificado por años como objeto de culto para legiones
de melómanos y ha mantenido esta cualidad a través del relevo en los formatos de
consumo musical, desde el vinilo, al CD y luego al download y el streaming. La vida
breve no le alcanzó para conquistar y disfrutar la fama, eso vino después, cuando
redescubierta en esas canciones no ha parado de hacerse escuchar. Su huella marcó
a hombres y mujeres de más de una generación, que la siguieron y veneraron desde el
asombro todo el tiempo que les fue posible, que fue muy poco.
Uno de ellos, el eminente escritor Guillermo Cabrera Infante fue también de los
primeros en descubrirla y experimentar el impacto de su inmensidad corporal y de la
ternura de aquella voz de contralto excepcional. Quizás sin proponérselo, Cabrera
Infante aseguró la inmortalidad de Freddy en su novela Tres Tristes Tigres. La historia
de “La Estrella Rodríguez” retrata con ingenio y dosis habituales de ironía en la
literatura de su autor, la relación del fotógrafo Códac con aquella inconcebible voz, con
una fuerza y un brillo de tal relevancia dentro de la narrativa de la obra, que en sí
misma adquiere independencia, al punto conquistar, treinta años después, su propio
camino reviviendo en la publicación de “Ella cantaba boleros” como historia
independiente en su catálogo autoral.
Freddy debió nacer, en 1935, y aunque la mayoría de las fuentes consultadas fijan su
nacimiento en la provincia de Camagüey, la propia cantante, en entrevista realizada en
Radio Progreso y publicada luego en la revista Pizarra Verde (agosto de
1960)dice: "nací en el Cerro".
Después de escribir este trabajo, tuve acceso al sitio [Link] y ahí pude
acceder al Registro Civil de Puerto Rico. En él hallé y consulté el Certificado de
Defunción emitido por el Dpto. de Salud del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que
por una serie de coincidencia se puede asegurar que está referido a nuestra Freddy.
El documento aporta datos de importancia sobre la cantante, si se tiene en cuenta
que hasta ahora, al parecer, no ha sido localizado ningún documento que los
proporcione: su nombre verdadero se indica como FREDELINA GARCIA. Según el
mismo documento, nació en La Habana el 11 de noviembre de 1934 y sus padres
fueron Justo García y Manuela Herrera, ambos de La Habana, Cuba. Consigna como
su oficio "TEATRO". La hora del fallecimiento se indica a las 4pm y las causas del
deceso, insuficiencia cardíaca congestiva, hipertensión y obesidad. El documento
también indica que hacía un mes que residía en Puerto Rico, que fue atendida en el
Hospital de Mujeres de Santurce y su cadáver fue enterrado en el Cementerio de la
Capital. Se consigna como Informante a Eugenio M. Portilla, y en la casilla "Relación
con el fallecido" se indica "FUND/DIR" (probablemente Director de Funeraria, que
debió ser, según el mismo documento, el Puerto Rico Memorial, de Santurce. El
Certificado de Defunción está fechado un día después de su fallecimiento, el 1 de
agosto de 1961, con el número 1131, registro 64. Aquí pueden ver una copia
fascimilar:
GRABACIONES
LP Puchito 521 "FREDDY. LA VOZ DEL SENTIMIENTO"(Re-ediciones:
USA como Adria P-50. En formato CD Antilla-50; USA Melodie
79599.2 en Francia en 1995; Big World en 1995; Música del Sol MSCD-
7201 en 1998; en descarga digital en Itunes bajo el sello Antilla
Records, etc.)
The Man I Love (G. Gershwin)
Tengo (Marta Valdés)
La Cita (Gabriel Ruiz)
Noche y Día (Cole Porter)
Vivamos hoy (Wilfredo Riquelme)
Freddy (Ela O'Farrill)
Noche de ronda (Agustín Lara)
Tengo que decirte (Rafael Pedraza)
Debí llorar (Piloto y Vera)
Sombas y más sombras (Humberto Suárez)
Gracias, mi amor (Jesús Faneity)
Bésame mucho (Consuelo Velázquez)
Notas
[2] Carlos M. Palma “Del servicio doméstico surge una bolerista que ha de ser
célebre”. En Revista Show. Año VI. No. 65. Julio 1959.
[3] Citado por Senobio Faget en: La gorda del bar Celeste. En revista SALSA
CUBANA, Abril de 1998.
[4] Inicia el Casino de Capri su nueva revista musical. En revista SHOW. Octubre de
1959. Pp. 38 y 39
[7] Este disco fue reeditado reeditado en CD Antilla 50, en Big World en 1995 y CD
Musica del Sol MSCD-7201 en 1998. (Nota de la autora, a partir de la información de
Cristóbal Díaz Ayala en su obra: Cuba canta Enciclopedia Discográfica de la Música
Cubana).
[10] Rafael Lam: Freddy, la estrella del bar Celeste. En Polvo de Estellas. Centro
Nacional de Escuelas de Arte. La Habana, Cuba. 2008. Pag. 113
[11] Revista SHOW. Año VI. No. 81. Noviembre de 1960. Pag.77
[12] Bernardo Viera Trejo: en revista Elite, Caracas, 22 de octubre de 1960. Citado
por Jairo Grijalbo en “Sombras y más sombras. Vida y obra de Freddy la bolerista”,
en [Link]
[13] Revista SHOW. Año VI. No. 80. Octubre de 1960. Pag.50
[14] Revista SHOW. Año VII. No. 85. Marzo de 1961. Pag. 10
[15] Marta Valdés: Palabras. Ediciones Unión. La Habana, Cuba. 2013. Pag. 144
[16] Falleció Freddy en Puerto Rico. Revista SHOW. Año VII. No. 99. Agosto-
Septiembre 1961. Pag. 5
[17] Registro de entradas y salidas. Dpto. de Inmigración y Naturalización del Estado de la Florida.
(Consultado a través de [Link])
[18] Falleció Freddy en Puerto Rico. Revista SHOW. Año VII. No. 99. Agosto-
Septiembre 1961. Pag. 5
Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959-1973. Año
2006. Editorial Letras Cubanas.
Revistas Bohemia y Show . años 1959 al 61.
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6.
OCT
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Se sabe que Gutiérrez encargó los arreglos a otros músicos y que él mismo
asumió también de manera genial el piano. No hay certeza ni recuerdos sobre
el staff completo que acompañó a la Portuondo y a Gutiérrez en estas
grabaciones, realizadas en el estudio de Radio Progreso, en el omnipresente
edificio de la emisora en las calles Infanta y 25, en La Habana. Marta Valdés
comenta sobre ello: “Emociona de verdad escuchar los movimientos
armónicos o los solos de Julio Gutiérrez al piano, la transparencia del bajo de
Salvador Vivar, la promisoria trompeta de El Negro, la audaz presencia en
semejante repertorio del acordeón que ejecuta Eddy Gaytán. No me aventuro a
asegurar los nombres de otros músicos que, según mi parecer, asumen otras
partes. Casi me atrevería a asegurar, según mi percepción muy personal, que en
la guitarra se escucha a Carlos Emilio Morales (no me inclino a pensar en
Pablo Cano).”[2]
Cristóbal Díaz Ayala afirma: “Tanto Julio [Gutiérrez], como el resto de los
compositores jóvenes de los años cuarenta aprenden una lección de
Lecuona: para tener éxito hay que componer, pero muchas veces hay que
crear y hacer el intérprete, y Julio crea, sobre todo en los años cincuenta, a
muchas cantantes, como Enma Roger, que después se va a Puerto Rico; Elena
Burke, Omara Portuondo, Olga Rivero, Eva Flores, etc.” [3] Como el vino añejado,
al revisitarMagia Negra tenemos siempre la certeza de estar ante una obra
cumbre en la discografía de Omara Portuondo y uno de los discos más completos
jamás realizados en Cuba.
LP Magia Negra, primer disco grabado en solitario por Omara Portuondo (sello
Velvet)
Julio Gutiérrez era manzanillero, pero muy pronto se trasladó a La
Habana. Antes había iniciado sus primeros pasos en la música, dominaba el
piano desde temprana edad y con 14 años creó en su ciudad natal un pequeño
grupo, cuyo nombre y huella se resisten a aflorar en el recuerdo brumoso de la
época. En una gira que la orquesta Casino de la Playa realizaba por la antigua
provincia de Oriente, conoce por esos años a Miguelito Valdés, quien entonces
integraba la banda, y éste le aconseja que vaya para La Habana. Lo escucha y
en 1940 logra concretar el viaje. En la capital Miguelito lo ayuda, con su
proverbial generosidad; asiste a clases de piano y violín en el Conservatorio
Municipal de Música, y después logra entrar como pianista, por breve tiempo,
en la propia Casino de la Playa, cuando Dámaso Pérez Prado abandona este
puesto para marchar a México, iniciando el camino de sus éxitos en ese
país. Con la Casino de la Playa se inicia probablemente su carrera como
compositor al estrenarle la famosa banda las piezas Macurijes, Cuando vuelvas
a quererme y Desconfianza así como varias congas, siguiendo la furia que este
género había entronizado en las orquestas de formato big band, y cuyos ecos
llegarían hasta el mismísimo Nueva York desde finales de los 30 y principios de
los 40. La Casino de la Playa, sin embargo, había comenzado a decaer, con la
salida de su pianista Dámaso Pérez Prado, a pesar de la presencia de Gutiérrez
en su lugar y también como compositor, y de Cascarita, sustituyendo a
Miguelito Valdés, voz ya exitosa en el contexto de la orquesta.
Según Cristóbal Díaz Ayala, Gutiérrez “…empieza a aparecer en los conciertos
de Lecuona, que es la otra ayuda que tiene el grupo de compositores nuevos,
porque Lecuona los anima y los aconseja. En los conciertos estrena Julio
canciones clásicas en el repertorio cubano, como Inolvidable y Llanto de Luna”.
[4] Se trata de los memorables conciertos en los que Lecuona reunía seis u ocho
pianos y junto a Gutiérrez estarían también los pianistas y compositores Bobby
Collazo, Mario Fernández Porta, Orlando de la Rosa, Juan Bruno Tarraza, Felo
Bergaza, Humberto Suárez, Fernando Mulens, y otros.
A partir de su llegada a Nueva York, Julio Gutiérrez graba varios discos con
diversas formaciones musicales, y también como productor de otros
cantantes. Baste mencionar algunos: cerca de 1968 graba con el tenorista
cubano José “Chombo” Silva el LP “Instrumentales para ti”, un agradable disco
con temas de su propia autoría. Poco después alrededor de 1970 para
demostrar que el tiempo no pasa en vano, organiza y graba otra candente
descarga: “Progressive Latine”, que reúne, además de Silva, al saxo Jesús
Caunedo y al “Negro” Vivar en la trompeta. [15] De ese mismo año es el LP
“Julio Gutiérrez y Los Guajiros”, de 1970, con La India de Oriente y Leonela
González, entre otros; con su Charanga All Stars graba en 1978 del
LP “Close encounters of the Latin kind”, para el sello Neón; y en 1982 “Viva
América Latina – Julio Gutiérrez Instrumental” con temas famosos del repertorio
latinoamericano.[16]
Julio Gutiérrez pasa sus últimos años amenizando el famoso Víctor’s Café de
Nueva York. Fallece en esa ciudad el 15 de diciembre de 1990. Había nacido en
Manzanillo, el 18 de enero de 1918.
De su sagacidad como descubridor de talentos, director, arreglista, promotor y
compositor son deudores muchos cantantes que se colocaron bajo su
batuta: Blanca Rosa Gil, Pedro Vargas, Toti Lavernia, Pino Baratti, Carlos
Argentino, Floriana Alba, Ernesto Bonino, René Cabel, Dandy Crawford, Olga
Rivero, Daniel Santos, Nelo Sosa, Vilma Valle, el Cuarteto de Carlos Faxas, las
puertoriqueñas Myrta Silva, Ruth Fernández y Lucy Fabery, Rosita Fornés, las
Hermanas Lago, Los Rivero, las Hermanas Romay, Jack Sagué, el dúo chileno
Sonia y Miriam, el cuarteto Les Cavaliers, Dúo Cabrisas-Farach y muchos otros.
NOTAS
[1] Entrevista de la autora con Omara Portuondo (Octubre 2015). También puede
verse en:
Marta Valdés: Omara, a medio siglo de su primer disco. En su columna “Palabras”
en [Link] (24.10.2010)
[3] Cristóbal Díaz Ayala: Música cubana. Del Areyto al Rap Cubano. Fundación
Musicalia. San Juan, Puerto Rico. 4ta. edición. 2003. Pag. 207
[4] Cristóbal Díaz Ayala: Música cubana. Del Areyto al Rap Cubano. Fundación
Musicalia. San Juan, Puerto Rico. 4ta. edición. 2003. Pp. 206-207
[6] Cristóbal Díaz Ayala: Cuando salí de La Habana. 1898-1997: Cien años de música
cubana por el mundo.
Fundación Musicalia. Tercera Edición. 2001. Pag. 227.
[7] Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano. Tomo III
(1945.1952). Ediciones ICAIC, La Habana. Pag. 195 y 196
[8] Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano. Tomo III
(1945.1952). Ediciones ICAIC, La Habana. Pp. 228 y 229.
[10] Véase: Max Salazar: La Descarga Cubana. The Beginning and Its Best. En
revista Latin Beat (USA), Febrero de 1997. Pag. 18
[12] Revista Show. Año VI. No. 64. Junio de 1959. Pp. 36, 46 y 47.
[13] Revista Show. Año VI. No. 67. Septiembre de 1959. Pag. 54.
[14] Max Salazar: Mambo Kingdom. Latin Music in New York. Schimer Trade
Books. New York. 2002. Pp.170-171
[15] Nat Chediak: Diccionario del Jazz Latino. Ediciones AUTOR. Pag. 56
[16] Cristóbal Díaz Ayala: Cuba Canta y Baila. Enciclopedia Discográfica de la Música
Cubana (consultada en versión digital)
Oscar Luis López: La radio en Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981.
Adriana Orejuela Martínez: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959-
1973. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2006
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7.
SEP
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DESCARGA...
Todo esto es parte del patrimonio personal de quienes hemos tenido a muchos
de esos nombres como banda sonora de nuestras vidas. Es el archivo de
grabaciones de la cultura musical cubana de muchas décadas pasadas desde
1960 hasta fecha muy reciente (ahora Producciones Colibrí ha sido el relevo en
eso de fijar sonoramente lo mejor y de más calidad en la creación musical
cubana). Todo esto parte del catálogo EGREM. ¿Qué te parece? ¿Lo sabías?
Publicado 21st September 2015 por Rosa Marquetti
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8.
AUG
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Celia Cruz, por ejemplo, se dice que arribó por primera vez a Caracas
integrando Las Mulatas de Fuego en 1948. Además de “La Reina”, muchas
de las que pasaron por sus filas llegaron a ser figuras prominentes en la
faceta artística que eligieron: Elena Burke y Omara Portuondo, como
cantantes, ya convertidas en mito; Sandra Taylor y Martha Castillo, como
vedettes destacadas del cabaret Tropicana y Vilma Valle, también como
destacada bolerista.
[1] El Edén Concert fue fundado por el brasileño Víctor de Correa, el mismo que
años más tarde estaría en la creación del cabaret Tropicana en los terrenos de Villa
Truffin. El Edén Concert estaba ubicado en la calle Zulueta, entre Animas y
Virtudes, en la zona de La Habana Vieja. Alfredo Brito era el director titular de su
orquesta(Nota de la autora).
[2] Rosa Lowinger y Ofelia Fox: Tropicana Nights. The life and times o the legendary
cuban night club. Harcourt Books. USA, 2005. Pp-122-123.
[3] Bobby Collazo: La última noche que pasé contigo. 40 años de farándula cubana.
Santo Domingo. Pag. 277.
[4] Idem. Pag. 384 En algunas fuentes aparece como Olivia Belizaire, que parece
ser el apellido correcto.
[6] Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano. Tomo III
(1945-1952). Pp. 199, 238 y 267.
[7] Para ampliar sobre Estela, véase la entrada ESTELA REINO EN BROADWAY (Nota
de la autora)
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9.
JUL
Para escuchar "No te importe saber", haz click en este otro enlace
Sin embargo, Pilar Morales nunca cantó desde las pistas de cabarets ni salones de baile, ni se
presentó en espectáculos teatrales, tan habituales en aquellos años. Fueron la radio y la naciente
televisión los que acogieron en otra faceta a la cantante: “Me presenté en el Sepia Café, espacio
estelar que centraba la cantante Olga Guillot, en el Canal 4 de la televisión cubana. También en
varios programas del circuito CMQ, como el que centraba Bola de Nieve todos los jueves en
Radiocentro, y donde me presenté en dos ocasiones; y con un contrato diferente, en otro programa
con frecuencia mensual a base de órgano y voz, con el recordado Paquito Godino”, - comentaría
Pilar al periodista catalán Jordi Roura.[2] Fue privilegiada al tener a una muy joven Enriqueta
Almanza y al excelente Orlando de la Rosa como pianistas acompañantes ocasionales.
Escucho a Olga Ochandarena, prima de Pilar narrar con qué constancia y decisión Pilar se empeñó
en abrirse paso en el panorama artístico de La Habana de los cincuenta, sin que viera
compensados tales esfuerzos. Ella cantaba boleros, justo en años en que eran contados y muy
famosos los nombres de aquellas cantantes que capitalizaban el género, tanto a nivel discográfico,
como escénico.
La década de los cincuenta llegaba a su medianía y ya se habían hecho muy populares en Cuba
una serie de agrupaciones integradas por músicos españoles, quienes a golpe de pasodobles y
gitanerías, se convirtieron en imprescindibles, estableciendo un patrón muy aceptado, casi
ineludible, de contenidos musicales en los principales cabarets habaneros, frecuentados entre otros
por integrantes de la populosa colonia española y sus descendientes, convertidos en industriales,
hacendados, comerciantes que nutrían las clases media y alta de la sociedad. Curiosamente,
formaciones musicales como Los Chavales de España, Los Churumbeles, la orquesta Solera de
España y el conjunto vocal vasco Los Xeys, y otros dejaron numerosas grabaciones en Cuba, pero
son prácticamente desconocidos en el país ibérico, ya que sus triunfos se localizaron de este lado
del océano, con la excepción de Los Xeys, que sí eran ya famosos en la España de los 50. Del
mismo modo, otros peninsulares ávidos de éxito comercial, se aventuraron a hacer el recorrido a la
inversa, llevando a España desde Cuba a músicos, cantantes y bailarines, hasta compañías
enteras, acrecentando el gusto de ciertos sectores de la población española por la música
cubana. Uno de ellos, de los más listos, era Jaime Camino, cuya trayectoria como líder de
orquestas es difícil de rastrear en detalle, pero aun así, se sabe de sus múltiples viajes a Cuba, a
Venezuela y a otros países de Suramérica, siempre al frente de una orquesta cuya formación se
nutría de músicos de disímiles nacionalidades y sus integrantes, al parecer, variaban con
frecuencia. Después de más de doce años haciendo estas giras, decide formar una nueva orquesta
con músicos de diferentes países, pero con un grupo importante de músicos cubanos.
Durante la actuación de la orquesta en el Olympia, de París. Pilar Morales es la segunda de derecha a izquierda, de pie.
(Foto: Cortesía de Georgina Almanza)
Pilar cuenta en la citada entrevista con Jordi Roura: “[La pianista] Enriqueta Almanza tenía la
misión de formar, para la orquesta, un trío de voces, y por supuesto, pensó en mí. Estuvimos
ensayando las voces de manera independiente, de modo que no conocí a ninguno de los
integrantes de la compañía hasta que nos vimos en el aeropuerto para viajar a Madrid el 8 de enero
de 1955. Ya en esta ciudad comenzamos a ensayar, porque en Cuba se contrató y viajó sólo la
mitad de la orquesta, ya que el convenio era que la otra mitad debían ser músicos españoles. Para
fijar y concretar esta orquesta tuvimos que iniciar los ensayos, ya en Barcelona, en el [Teatro]
Novedades.” [3] De Madrid viajan de inmediato a Barcelona, donde permanecen 45 días y
empiezan ya a actuar con la orquesta al completo. Para Pilar Morales, su llegada a Barcelona
contratada por Jaime Camino junto a Enriqueta Almanza, quien ya era su gran amiga, Las Mulatas
de Fuego; Salvador Lestapier, el as de la armónica; El Negrito Silva, y otros músicos
cubanos, supuso un cambio drástico en cuanto al tipo de espectáculo donde debía trabajar, pues
se trataba de presentaciones en salas de fiestas y bailes, muy diferente al público que estaba
acostumbrada en sus años de cantante en Cuba. Entre los músicos españoles que integraban la
orquesta estaba Vicente Montoliu Meliá, el padre de Tete, que la dirigía, y cuentan que, donde
quiera que se presentaba, Pilar era la verdadera sensación del espectáculo. Ella era la estrella y la
orquesta, el respaldo a sus canciones, boleros y otros géneros que entonces llamaban
“caribeños”. Salen en gira por varios países de Europa y Pilar Morales llega a cantar hasta en el
Olympia de París.
Flyer anunciando a Pilar Morales en el Atelier Club (Colección Familia Montoliu Morales)
Boda de Pilar Morales y Tete Montoliu el 5 de abril de 1956, en Barcelona (Foto:
Colección Familia Montoliu Morales)
Tocaban regularmente música latina en el Atelier Club, en la plaza Calvo Sotelo, cuando llega a
Barcelona el célebre vibrafonista norteamericano Lionel Hampton. Tete y Pilar fueron, como
público, a su concierto en el Windsor Palace, pero al concluír, el pianista catalán subió al escenario
donde aún permanecía Hampton y comenzó a jazzear en una memorable descarga. Aquel 13 de
marzo de 1956 cambiaría el curso de la carrerea de Tete Montoliú… y también la vida de Pilar
Morales. Montoliú contaría años más tarde: “Lionel Hampton me invitó a participar con su orquesta
en una gira de tres semanas por Francia. Al finalizar, teníamos que viajar a los Estados Unidos,
pero la mujer de Hampton, que además, era la que llevaba los asuntos de la orquesta, se opuso
diciendo que en América no podía presentarse con un pianista blanco. Tuve que volver a
Barcelona y seguir tocando comercial en salas de fiesta como el Bikini de la Diagonal”. [5] Meses
después, Hampton se presenta en Madrid y aprovecha la ocasión para grabar su mítico disco Jazz
Flamenco, en el que invitó a Tete a participar en tres temas en formato de quinteto (Lionel Hampton
y su quinteto Flamenco Five), aunque su nombre no aparecerá en los créditos del disco ni en la
edición española, ni en la norteamericana. Serían estos los primeros temas jazzísticos grabados
por Montoliu.[6]
Jorge Candela, Tete Montoliu y Pilar Morales (Tete Montoliu y su Conjunto Tropical)
Carátula de disco EP - Sello Columbia
Entre tanto, Pilar Morales había iniciado con buen pie su camino en España. Además de sus éxitos
con la orquesta de Montoliu padre, sus primeras grabaciones discográficas en la Península las hizo
también en 1956 junto a Tete Montoliu, en un formato bajo el nombre de Tete Montoliu y su
Conjunto Tropical: se trataba de cuatro discos de 78 rpm con ocho temas que luego se reeditaron
en dos discos extended play de 45 rpm con cuatro canciones cada uno. El Conjunto Tropical lo
integraban, además, José Dib y Ramón Aragay en las trompetas; Eugenio Murgui en el saxo alto;
Jorge Candela, en saxo tenor y voz; Mario Valero en la batería y Rafael Verdura en la percusión.
Pilar asumía regularmente los boleros, mientras que Jorge Candela se ocupaba de los ritmos más
movidos. Registran en Barcelona para el sello Columbia, los temas: Ayer no viniste, Playa
Escondida, Qué cosas…, qué cosas! y No me hagas cosquillitas. Luego, en febrero de 1957 Pilar
y Tete entran nuevamente en estudio para grabar bajo el sello Phillips, los temas Abrázame
así y Tan enamorada, Cha-cha-cha-Chabela, La mujer vespa y Te, chocolate o café,bajo el
nombre de Pilar Morales con Tete Montoliú y su Conjunto, que serían ellos mismos además de
Manolo Bolao en la guitarra, José Vives en el contrabajo y Ramón Farrán en la batería. Las
actuaciones en vivo de Tete Montoliú y Pilar Morales no se prolongaron por largo tiempo, pero
quedaron estos registros fonográficos que constituyen un momento muy singular en la carrera de
Pilar Morales y sobre todo, en la discografía del pianista catalán, al tratarse de parte de sus
grabaciones iniciales y acercarlo a lo que podría considerarse un segmento ibérico temprano
del latin jazz.
Cover del EP grabado por Tete Montoliu y su Conjunto, cantando Pilar Morales,
para el sello Phillips.
En 1956 ya Pilar Morales es “La Voz del Trópico” y tiene también la posibilidad de realizar su debut
cinematográfico –y único acercamiento al celuloide- al aceptar que su voz se dejara escuchar en el
filme mexicano-español “La herida luminosa” dirigido por Tulio Demicelli, protagonizado por Arturo
de Córdova y Amparo Rivelles, y rodado esencialmente en locaciones de Cataluña.
No es difícil comprender que las carreras del pianista y la cantante se encontraban ambas en un
punto de despegue hacia un posible éxito, de diferente intensidad y gradación, pero despegue al fin.
Justo en ese momento nadie podía predecir hasta donde llegarían. Tete Montoliú, por su parte,
realizaría elogiosos performances con Lionel Hampton y en algunos festivales de jazz, que serían
peldaños en su ascenso hacia la fama como uno de los pianistas de jazz más singulares en
Europa. Pilar Morales, por su parte, había llegado al país ibérico en busca de trabajo y éxito como
cantante y también de una vida próspera para sí y para los suyos que quedaron en la Isla; en ese
camino experimentó la aceptación de un público que no era el suyo en cuanto a origen, y pudo
atisbar las posibilidades que se le abrían como cantante dueña de un singular estilo y una atractiva
voz. Entre los hallazgos, también encontró el amor, y al parecer, éste condicionó sus decisiones
inmediatas. No es desatinado pensar que debió verse ante la disyuntiva de entregarse de lleno a
su carrera como cantante, o aceptar ciertos cánones sociales que, si bien no cancelaban sus
sueños y expectativas, al menos las posponía de modo indefinido. Aunque quiero creer que,
quizás, Pilar, con veintiséis años de edad, soñó que los dos podrían hacer posible sus carreras, si
ambos se amaban.
Sin embargo, coincidiremos en que, en plena década de los cincuenta, España estaba muy lejos de
ser un país avanzado en ideas de independencia femenina, más bien, las vidas de sus ciudadanos
transcurría aún apegada a estereotipos muy estrictos y poco edificantes en cuanto al lugar de la
mujer en la sociedad y sobre todo, dentro de la familia, a partir de la unión matrimonial. Las
costumbres suelen ser demasiado fuertes para removerlas a corto plazo y de este modo la propia
condición de Pilar –inmigrante en tierra ajena-, la tradicional supeditación de la mujer respecto a la
voluntad del hombre; la genialidad de Tete Montoliu como pianista, las posibilidades profesionales
que se le abrían y su condición de invidente, terminaron imponiéndose, arropados por una relación
inicialmente muy unida y amorosa, pero en la que, a mi juicio, a Pilar le tocó el mayor de los
sacrificios: renunciar a sus sueños, a su carrera. Miquel Jurado, biógrafo de Montoliú, razonaba en
una entrevista con Sebastián Iñigo: “(…) Y sí, yo creo que Pilar Morales sacrificó por Tete su vida
profesional, puesto que ella era una cantante de boleros con una voz sumamente profunda y muy
potente, que pudo haber hecho grandes cosas en el mundo del bolero.(…) Por tanto, siempre nos
quedaremos sin saber si la voz de Pilar Morales podía haber explotado o no, pero ella escogió la
familia, escogió a su compañero, y eso siempre tendremos que agradecérselo”[7]
Pilar Morales en Televisión Española (finales de los años 50)(Foto: Bariego - Cortesía Familia Montoliu Morales)
Al parecer, los padres de Tete Montoliu vieron natural y por tanto, crearon las condiciones propicias
para que Pilar Morales, la llamada Voz del Trópico, aquella que había asombrado a quienes la
habían visto y escuchado en Barcelona, pudiera abandonar su carrera para apoyar la de su marido
como persona imprescindible en su vida y convertirse además en un especie de road manager, que
le acompañaría siempre y a todas partes, a todos los conciertos, ocupándose de todos los detalles
prácticos de su carrera. Eran años en que el jazz era un género con una ínfima presencia en
España, y concretamente en Barcelona. Y Tete Montoliu había decidido hacer jazz, lo que
implicaba necesariamente plantearse vivir fuera de España. Montoliu y Pilar se radican primero en
Berlín y luego en Copenhague, donde “…había una visión jazzística muy importante, y allí fue
donde Tete comenzó a labrarse un nombre como gran músico, y donde tuvo la oportunidad de tocar
con los más grandes, como Dexter Gordon, Roland Kirk, Ben Webster… con este último tuvo un
cuarteto y grabó incluso varios discos.” [8] En Copenhague, Pilar conoce a quien sería de por vida
una de sus mejores amigas: la sueca Lena Solfors, entonces pareja de Gordon. Viajan a
numerosos países y el 26 de junio de 1957 nace Nuria, la única hija de Tete Montoliú y de Pilar
Morales, que, por decisión de sus abuelos paternos, quedaría a su cuidado, en aras de que la
cubana continuara en el rol de persona insustituíble que se le había asignado en la vida y la carrera
del pianista catalán.
Pilar Morales y Tete Montoliu (Finales de la década de los 50) (Foto: Colección Familia Montoliu
Morales)
Nuria, Tete y Pilar (años 60)(Foto: Colección Familia Montoliu Morales)
Pilar continuaría aparcando sus sueños de cantar y hacer una carrera pensada y coherente. Intenta
no dejar la canción. En junio de 1960 se presenta, junto al Dúo Dinámico, en el espectáculo de
variedades “Dinamic Carrousel”, con una positiva repercusión mediática. Cuatro años después de
aquellos registros comerciales que realizara en 1956 y 1957, graba ocho temas con un conjunto
que dirigía el guitarrista Fernando Orteu. Se trataba, según Jordi Roura, de trabajos impuestos por
la casa editorial que no fueron del agrado de Pilar y no tuvieron aceptación por parte del público,
pues resultaban extemporáneos los aires latinos impostados de algunos arreglos en momentos de
fuerte influencia de la canción italiana en España.
Promo de "Dinamic Carrousel" - Pilar Morales y Dúo Dinámico (Foto: Colección Familia Montoliu
Morales)
El EP publicado por la discográfica SAEF destaca que los temas Presentimiento y Tus ojos
grises obtuvieron el segundo y tercer lugares en el 3er. Festival de la Canción Mediterránea de
1961, un importante festival que desde 1959 organizaban Radio Nacional de España, Televisión
Española y el Ayuntamiento de Barcelona. Entre los temas grabados, además, está el
afro Frontera y otros de diverso género: Amor es mi canción, Brigitte Bardot, Sucu sucu, Oro
negro, y Desde hoy. [9] Según Roura “.. con el tiempo, sorprende y resulta atractiva la
combinación, pero solamente como rareza y como objeto de coleccionista”. Asegura también que
Pilar nunca las cantó en público, ni tampoco se lo planteó hacerlo.[10]
Sus últimos registros los hizo en 1964 en Madrid, en condiciones precarias, al reencontrarse
casualmente con el pianista cubano Alcibiades Agüero, quien la había acompañado en sus años de
la radio en Cuba, y fueron los bolerosNuestras Vidas, Vieja luna y De qué te quejas tú? aunque ya
se aprecian cambios en el color y la potencia de su voz, los que serían irreversibles. Aun así, Pilar
apreciaba estas grabaciones y remarcaba siempre el valor que le concedía, según testimonio de
periodista Jordi Roura. [11] Nunca más Pilar entraría en un estudio de grabación.
Tete Montoliu, en cambio, pudo realizar, gracias a su talento innegable, y a la gran dedicación y
generosidad de la cubana, la carrera que merecía, conquistó el reconocimiento internacional y tiene
hoy un sitio indiscutible en el panorama del jazz en el mundo de habla hispana. Pilar Morales no
cantó nunca más para el gran público y sus anhelos de triunfar delante de un micrófono engrosaron
el pasado perfecto de su vida. Y un día –veinticuatro años después de aquella noche en que
escuchó por primera vez la voz de la cubana- a Tete Montoliu la fama o el tiempo o quien sabe qué,
le cercenó el amor. Aunque el divorcio se formalizó años después, en 1993, los mismos prejuicios
que le impusieron más de un deber inexplicable, le impedían ahora a Pilar rehacer su vida. Ya era
tarde para volver a empezar. Con cerca de cuarenta y nueve años, probablemente la constatación
de esta realidad, la automutilación de su carrera profesional y la lejanía de su familia cubana
pasaron factura a su autoestima y a su alegría. Aun así, dio a su vida otro sentido: su voz
musical, cálida y pausada, tuvo otros destinos no menos meritorios, consciente como seguramente
estuvo de todo lo que nunca más debería repetirse en su entorno inmediato y con sus seres más
queridos: supo moldear con tino y dulzura, junto a su hija Nuria, la inteligencia, la independencia y
la alegría contagiosa de esa persona que hoy es su nieto, el actor Jordi Blesa, y apegarse, del
modo que supo y pudo, a esta otra familia que se iba formando y de la que ha sido, a pesar de todo,
uno de los troncos vitales imprescindibles.
Aunque muchos la recordarían como “La Voz del Trópico”, Pilar Morales desde entonces rehusó
cualquier acercamiento a los medios, a pesar del interés de algunos periodistas y directores de
programas. Unicamente Jordi Roura tendría suerte al conseguir en junio de 2003 que aceptara
conceder una corta entrevista, que salió al aire en su programa radial “Noms propis” (Nombres
propios), en la edición dedicada a artistas cubanos residentes en Cataluña.
Tete Montoliu vino a La Habana a mediados de los ochenta y tocó en el Festival Internacional Jazz
Plaza invitado por Bobby Carcassés, su creador y entonces Presidente. Viajó sin Pilar, quien ya
entonces no estaba más a su lado. Ella, sin embargo, lo hizo años después, en un viaje sorpresa
que Nuria le regaló para que se reencontrara con su familia habanera, con su Malecón, y sus
mejores recuerdos de los tiempos en que era la negra bella de Radio Salas, RHC Cadena Azul y
CMQ. Nunca más ha vuelto, aunque sí llegaron sus boleros y canciones gracias al tributo del
productor e investigador Jordi Pujol, al recopilar, en el CD “Historia de un amor. Tete Montoliu y
Pilar Morales” (Alma Latina-Blue Moon) todas las grabaciones comerciales realizadas en España
por Pilar, y también las que registrara el pianista con la orquesta de Lorenzo González, como
homenaje a ambos músicos.
Cerca de cumplir sus 85 años, en su lucidez de niebla Pilar tiene cerca a su hija Nuria, a sus nietos
Jordi (41 años) y Nuria (38), y a sus bisnietos Jalen (14) y Naia (12), todos mulatos catalanes, con
sangre cubana. Hoy, La Habana debe ser para Pilar Morales, probablemente, un recuerdo brumoso,
desdibujado, lejano. O quizás no. Quizás sea una sacudida estremecedora, algo más que una
marca indeleble tatuada en el pensamiento de cada día, el lugar al que quiso volver, al que debió
volver para cantar siempre, pero le sobró generosidad y, probablemente, le faltó decisión y
autoestima para no mirar atrás, y hacerlo. Sesenta años son muchos, demasiados para marcar la
fecha de una partida, de una distancia, y lo único que queda, para Pilar Morales, es recordar
desde esa neblina, porque el balance de lo que ha sido su vida quizás le devuelva la tranquilidad de
un deber cumplido por amor, o por el contrario, la amarga certeza de que nunca, por nada de este
mundo, debió renunciar a sus boleros.
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Este trabajo habría sido imposible sin la amorosa colaboración de Nuria Montoliu
Morales y su hijo Jordi Blesa. Gracias por el apoyo! Agradecimientos especiales al
Arq. José María Pérez, melómano admirador de Tete Montoliu y amigo grande que se
enroló en esta investigación desde la idea misma, aportando datos, música y su
tiempo; a mi colega Agnela Domínguez, de SGAE-Cataluña por su decisiva ayuda; a
Jordi Roura, quien compartió conmigo con total desinterés lo mucho que ha atesorado
sobre Pilar; a la querida Lena Solfors, por tantos recuerdos entregados desde el cariño
hacia Pilar Morales; a mi querido James Rodríguez, a quien agradezco las rarezas que
son las grabaciones radiales de Pilar Morales en La Habana y al también querido
Jaime Jaramillo, que aportó entusiasta la localización del filme “La herida luminosa”; a
Georgina Almanza, habanera, actriz y amiga de Pilar, por su foto y su memoria; a Olga
Ochandarena, desde el barrio de Colón, en La Habana, por la emoción y las
vivencias.
GRABACIONES DE PILAR MORALES
Grabaciones radiales en programas de la emisora CMQ. La Habana (1950-1954)
PILAR MORALES CON EL CONJUNTO DE ORLANDO DE LA ROSA
1 Nuestras vidas (Orlando de la Rosa)
2 No te importe saber (René Touzet)
3 Acuérdate
Grabaciones comerciales
Disco COLUMBIA ECGE 70242 QE837-8 (1956)
TETE MONTOLIU y su CONJUNTO TROPICAL
1 ¡Que cosas... que cosas! bolero (J. P. Latorre ) canta Pilar Morales
2 La mujer vespa. Cha cha cha (J. Sancha y Gil Serrano) canta Jorge Candela
3 No me hagas cosquillitas. Bolero rítmico (Sixta Batista) canta Pilar Morales
4 Té, chocolate o café cha cha cha (J.P. [Link]) canta Jorge Candela
Otras grabaciones
PILAR MORALES CON ALCIBIADES AGÜERO AL PIANO
Realizada en Madrid, en 1964, sin que fuera editadas con anterioridad al CD “Historia de un amor.
Tete Montoliú y Pilar Morales”.
1 Nuestras vidas (Orlando de la Rosa)
2 Vieja luna (Orlando de la Rosa)
3 ¿De qué te quejas tú?
CD “Historia de un amor. Tete Montoliú y Pilar Morales” (Alma Latina-Blue Moon)
Se incluyen todas los temas antes relacionados, excepto las 3 grabaciones radiales realizadas en
La Habana en la primera mitad de la década de los cincuenta.
NOTAS
[1] María Cruz Hernández: Pilar Morales. Diez años felices. En “Barcelona Femenina”. 9.3.1966.
[2] Entrevista realizada por Jordi Roura a Pilar Morales, en Barcelona, en 2003.
[3] Entrevista realizada por Jordi Roura a Pilar Morales, en Barcelona, en 2003.
[4] Entrevista de Miquel Jurado a Tete Montoliú. Febrero de 2006. Cita tomada de L’Ostia Latin Jazz
(2011)
[5] Entrevista de Tete Montoliú con Miquel Jurado. En Quartica Jazz # 1. Abril 1981.
[11] Ibidem
1
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10.
JUN
19
Louis Aguirre y el Arditti String Quartet en el Ferienkurse Für Neue Musik de Darmstadt,
Alemania (2010)
en el estreno de Ochosi.
Louis Aguirre con el ensemble Snow Mask (Dinamarca), del que es director artístico,
en uno de sus conciertos en Copenhagen.
A su sólida formación académica, Aguirre ha sumado el impulso que le viene del
mundo espiritual y figurativo donde transcurre, en lo personal, su religiosidad. Sobre
esto, ha dicho el compositor:
“Mi obra se nutre de las ceremonias de la Santería, del Palo Monte, donde la música
forma parte integral del contacto con «otros mundos»: dioses,deidades, orishas y
ancestros; y «otra realidad»: trance, posesión y adivinación. En la mayor parte de mi
música el sonido es un vehículo de catarsis y significación sagrada. […] En realidad,
fueron mis creencias espirituales las que originaron mi necesidad de lograr un
sonido/timbre capaz de reflejar las sonoridades complejas de los rituales afrocubanos;
un sonido susceptible de transmitir la atmósfera violenta, telúrica y brutal de estas
ceremonias: su energía, su pavor, su magia, su ritmo. […]”
Probablemente por eso, la percusión, en su riqueza instrumental universal, constituye
uno de los complejos tímbricos preferidos por Aguirre para reflejar el mundo en el cual
crea, vive y se inspira: muchas de sus obras incluyen, con roles
protagónicos, instrumentos de percusión afrocubana, desde las congas a los batás, y
también tambores indios (tablas y mridangan), japoneses (taikos), chinos (zan gu),
cubanos (batá, bongó y congas), africanos (doum-doums) y de la música occidental
(tom-toms, tam-tam y bombo), así como gones tailandeses, javaneses, koreanos y de
la ópera china. Aguirre acude también a instrumentos poco habituales en el entorno
musical académico cubano y caribeño como el clavicémbalo, el órgano, acordeón,
flauta de pico, mandolina y también el piano con afinación microtonal.
Louis Aguirre en el Festival Internacional de Granada 2010 (España), dirigiendo el ensemble Residencias en el estreno de su obra Oddúa.
Al decir del musicólogo cubano Dr. Iván César Morales, uno de los más tenaces
estudiosos de la obra de Louis Aguirre:
“Los llamados “éxitos” de hoy no amanecen, cada día tengo que renovarlos o dejaría
de existir como compositor. Los músicos esperan en cada nueva obra que te
encargan algo mejor, más complejo, con un grado más alto de reto para ellos,
intelectualmente y como músicos, lo que se hace extensivo a mí, como creador.
Vivimos en una sociedad cansada, sin memoria, con poca capacidad para ser
removida de sus asientos, y para mí, la función del Arte no es hacerte sentir cómodo, o
adormecerte en el sofá. Eso se lo dejo al entretenimiento, del cual ya tenemos
demasiado. El Arte debe estremecerte, sacudirte del mundo en que crees vivir,
sacarte el hígado y el alma y hacer que te cuestiones la existencia. Como decía en sus
escritos el gran poeta Eugenio Montale: esa es la segunda vida del arte: cuando ésta
queda en los sentidos del espectador y sigue viva en su memoria mucho después de
que haya sido golpeado por el impacto de la obra.”
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11.
MAY
14
DECONSTRUYENDO AL CHORI
Por Rosa Marquetti Torres
Sobre la franja derecha de la Quinta Avenida en la Playa de Marianao –viniendo desde el centro de
La Habana- pesa desde hace décadas una maldición que presiento será eterna. Los que lo vivieron
cuentan que de aquel aire de guaracha perenne con olor a fritanga y aguardiente, ya no queda
nada. La grisura se ha apoderado irremisiblemente de la Playa de Marianao. Ya no estará más El
Chori.
La firma autografa del Chori.
“Chori. Vida, pasión y muerte del más celebre timbalero cubano” [1], que deberemos
siempre agradecer al inmenso Leonardo Padura, fue, quizás el aguijón que espoleó mi interés por
este personaje, aunque me temo que la gran mayoría de los que se sienten seducidos por las
historias que sobre él se cuentan –tengan sólo una referencia tangencial, cercana a la tradición
oral, y nunca le hayan escuchado ni visto en acción, o quizás, ni siquiera un foto.
Al principio, lo único que sabía era que alguien con una inacabable tiza en mano tapizaba las
paredes de la capital con una caligrafía sorprendente, impecable, mostrando su peculiar apelativo.
Ahora no tengo dudas: como lo calificara el cronista y crítico Orlando Quiroga, El Chori fue, además,
un precursor del automarketing. Casi todo lo que tenemos del Chori es lo que nuestra imaginación
ha prefigurado a partir de una escasa información escrita y de referencias orales que nos han
llegado, casi siempre como anticipo del mito. Relatos varios, como éste, nos lo describen así:
“El excéntrico Chori, de atuendo estrafalario, pañuelo colorado y cruz al cuello, montaba un show
escalofriante con música sacada de botellas llenas de agua y sartenes y gritos selváticos (…)
El rumbero se volvía rugiente león, tigre malabarista, leopardo escurridizo, creando con tambores y
gritos una ilusión de jungla misteriosa, en medio de la escenografía bantú o carabalí, de güira y
guano.” [2]
Silvano Shueg Hechavarria / Chori
Hoy sabemos que era algo más que un excéntrico: era un percusionista con un sentido nato del
ritmo e ingenio musical.
En la libreta que mostró al periodista Fernando G. Campoamor un día de 1966, Silvano Shueg
Hechavarría escribió de su propia mano y ortografía:
“Nací el 6 de enero de 1900 en buelto en un pellejito en la calle Trinidad 56 entre Reloj y Calvario.
Soy de Santiago de Cuba. Mi mamá Eloysa Hechavarría. Mi padre hijo reconocido Silvan S. France
(…) Mi aguela Severiana Hechavarria. Mi aguelo Agustin Lebeque (…) Mi hermana por parte de
padre Carmita Shueg.”[3]
Ya Chinolope -que sirvió de introductor y de fotógrafo inestimable para aquella única entrevista- lo
sabía, pero ahora el mismísimo Chori se lo contaba a Campoamor, quien escribía:
“A los veinte años comenzó con canciones, como los prosistas comienzan con versos. Y se
apoderó del timbal como de un chivo. Corona y Sindo Garay lo conocieron entonces en su tierra
caliente.”[4]
Llegó a La Habana en 1927, y sus primeros toques se escucharon en la academia de baile Marte y
Belona, que se ubicaba en la confluencia de las calles Monte y Amistad, pero enseguida recaló en
la Playa de Marianao, primero con Ernesto González en Los Tres Hermanos, donde dicen que “…
debutó con un concierto de botellas llenas de agua que dejó perplejos a los
parroquianos.”[5] Luego sería en La Choricera, El Pennsylvania, El Niche, El Paraíso, elRumba
Palace, La Taberna de Pedro… conviviendo con chinchales variados y dicen que hasta con
exitosos burdeles de diverso género. En esos primeros años eran un amasijo de precarias
construcciones de tablas de palma, maderas nada nobles, pisos de cemento pulido por los pies de
los bailadores, y techos de guano, con olor a manteca refrita y sudor agridulce, que pronto
comenzó a ser conocida por lo que sería después una denominación de origen: Las Fritas.
Desde sus inicios, la moral de una sociedad enferma estigmatizó al ala este de la Quinta Avenida,
acusándola de lo mismo que seducía sin sosiego a los entes masculinos que la integraban. Y así,
con tales componentes aderezados con una música sublime que se hacía cada vez más popular –el
son- comenzó a dibujarse el mito y la historia de Las Fritas, La Playa de Marianao y, en el rol
protagónico, su santo y seña: El Chori.
TRES POETAS
La referencia más antigua de El Chori que encuentro data de 1930 y está relacionada con tres
grandes nombres de la poesía universal; que nos permite ubicarlo con un formato sonero en la
Playa de Marianao ya en ese año.
Se acabó la choricera
Bongó camará.
Bongó camará.
“Recuerdo que una noche, estando con Hughes, me pidió que le prestara cinco pesos. Aunque me
sorprendió la petición, le di el dinero, que era lo único que yo tenía encima. Langston tomó el billete
y se lo pasó al Chori, con lo cual nos quedamos los dos sin un centavo. ”[6] Es muy relevante que
sea, precisamente nuestro Poeta Nacional, quien aporte la constatación fehaciente, en calidad de
fuente primaria, de la presencia del Chori en Las Fritas de la Playa de Marianao tan temprano como
en los primeros meses de 1930 y del tipo de espectáculo que presentaba entonces, con elementos
dramáticos de sainete cómico, además de la música.
Era viernes aquel 7 de marzo de aquel año y arribaba al puerto habanero, precedido ya de
reconocimiento, un joven poeta y dramaturgo español que respondía al nombre de Federico
García Lorca y que sería recibido por lo más granado de la intelectualidad citadina con todos los
mimos y honores pertinentes, pero también por una Habana otra, que le abrió sus brazos para
propiciarle, en ambientes de una seductora marginalidad, el descubrimiento de un disfrute hasta
entonces desconocido. El son no había penetrado aún los espacios musicales en Estados Unidos,
si bien había sido apreciado por ejecutivos de casas discográficas, como la Víctor, que se
apresuraron a realizar los primeros registros sonoros, llevando a músicos cubanos, a grabar en sus
estudios de Nueva York y haciendo lo mismo en La Habana, incluso con equipos portables de cierta
rusticidad. Justo por esos meses en que Antonio Machín con la orquesta de Don Azpiazu asombra
a la Gran Manzana con su versión de El Manisero, de Moisés Simons, y comenzaría la cuban
fever de esa década en tierras norteñas. Mucho menos conocido, era el son en España, aunque
ya se hacía fuerte en ciertos espacios nocturnos que luego serían icónicos en París. Pero Lorca lo
descubre, al parecer, al pisar tierra habanera. Es el musicólogo y crítico Adolfo Salazar, amigo del
poeta y compañero de sus aventuras habaneras en aquella visita, quien narra ocho años después,
el encuentro de Lorca con el son y la Playa de Marianao:
“Se había hecho amigo de los morenos de los sextetos y no había noche que la excursión no
terminase en las “fritas” de Marianao. Primero escuchaba muy seriamente. Luego, con mucha
timidez, rogaba a los soneros que tocasen éste o aquel son. Enseguida probaba las claves, y como
había cogido el ritmo y no lo hacía mal, los morenos reían complacidos haciéndole grandes
cumplimientos. Esto le encantaba: un momento después, Federico acompañaba a plena voz y
quería ser él quien cantase las coplas”. [7]
“Esa música estaba –y entraba- por todas partes, desde los solares arrabaleros hasta los bares y
cafetines modestos, donde trasnochaban intelectuales, marineros y gente humilde del pueblo. Sin
embargo, su principal centro difusor se localizaba en las famosas “fritas”, conjunto de humildes y
sencillos cabareses en los cuales el frescor de la nocturnidad se combinaba con la incitación de los
juegos, los bailes y las variadas comidas. (…) Los sones escenificados de El Chori –dueño de uno
de los establecimientos montados allí- atrajeron público en demasía y fueron espectáculo
sensacional y único durante varias décadas.”[8]
Nicolás Guillén afirmaba según la investigadora española Carmen Alemany: «(A Lorca) le gustaba
irse en las noches a las “fritas”, a los cafetines de Marianao, donde ya está el Chori, y allí se hizo
amigo de treseros y bongoseros»[10]. Alemany, refiriéndose a Lorca, concede relevancia aún
mayor al encontronazo con el son y esa inusitada preferencia del poeta andaluz: “(…)creemos que
su contacto con los soneros o con los reyes de la rumba en las playas de Marianao y en los barrios
populares de La Habana, como Jesús María, Paula o San Isidro, le ayudaron a completar su “teoría
del duende”, como también le ayudaron los músicos negros del barrio de Harlem [en Nueva York]
con el jazz.”[11]
Sin duda, la impronta del timbalero de Santiago de Cuba y su hábitat en la Playa de
Marianao, que disfruto junto a sus cicerones noctámbulos -que Pio Serrano identifica en el poeta
guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, el propio Salazar y el pintor Gabriel García Maroto-, quedo
grabada en días de calor y euforia de un son que para Federico debió haberle bastado de pretexto
salvador para dejarle anclado en tierra y no zarpar hacia la muerte.
Según asegura el músico y compositor cubano Bobby Collazo, el famoso compositor “…se sintió
tan atraído por la vida musical capitalina que visitó desde el Summer Casino hasta La Choricera, de
la que se hizo asiduo en breves días. Eran los años del son y en los cafetines de la Playa de
Marianao lo hacían sonar de lo lindo, y se hablaba ya de la locura que era El Chori ante los
timbales.”[13]
Es muy probable que Collazo haya estado en lo cierto, a juzgar por la confesión que hace el
célebre músico norteamericano en carta a su amigo el financista George Pallay –citada por Pollack-
sobre sus vacaciones en Cuba aquel año: “Pasé dos semanas histéricas en La Habana, en las
que, insomne, apenas dormí, pero la cantidad y calidad de la diversión que experimenté lo valían…
Cuba resultó de lo más interesante para mí, especialmente por sus pequeñas orquestas de baile,
que tocan los más intrincados ritmos de la manera más natural. Espero volver cada invierno, si esto
es posible, pues justo ese clima cálido debe ser lo que necesita mi sistema para relajarse”. [14]
Al mencionar a las “pequeñas orquestas de baile” se refería Gershwin a los sextetos de sones
tan de moda entonces y obviamente, el sitio más popular para verles y escucharles, no eran las
noches de gala del hotel Almendares, sino la Playa de Marianao. Estremecido aún por sus
experiencias habaneras meses más tarde Gershwin compone su pieza sinfónica Cuban Overture,
en la que incluye fragmentos de los famosos Echale Salsita (Ignacio Piñeiro) y El Manisero (Moisés
Simons), cuyas versiones más impactantes, probablemente escucharía en la Playa de Marianao,
incluso con El Chori.
UN TIMBAL MAYOR
Los músicos norteamericanos venían con frecuencia a La Habana, y los cabarets de primera habían
comenzado a contratar a algunos famosos, aunque concedo la mayor importancia al encuentro del
Chori, en febrero de 1957, con un músico de fama mundial, con el que compartía el mismo
instrumento y que, quizás como pocos, podía ponderar la real valía de Silvano Shueg como
instrumentista: el famoso timbalero puertorriqueño Tito Puente, voz autorizada como pocas, quien
en el recuento de su vida no ocultó la fascinación que le produjo estar en presencia del mítico
timbalero cubano, ni las reiteradas ocasiones en que acudió a verle. Puente no vaciló en
calificarlo como “lo nunca visto, lo mejor”. En varios libros, Tito Puente y sus biógrafos hacen
referencia al Chori, y en uno en particular, el propio músico dedica amplio espacio a narrar sus
cuatro visitas a la Playa de Marianao para presenciar el show del Chori:
“Como es natural, yo estaba interesado en ver tocar a timbaleros cubanos. Es gracioso, pero en
Cuba, los timbaleros no hacen solos en los números musicales, éstos están reservados únicamente
a los que tocan las tumbadoras y el bongó”. Pero yo había oído hablar de aquel tipo, uno que le
decían El Chori. Me habían dicho que era el mejor timbalero de Cuba”, contó Puente a la
investigadora norteamericana Josephine Powell, cuando ésta lo entrevistó en 1998.[15] Ya antes,
en 1995, había narrado a la Powell:
“Solía ir a ver al Chori. Me habían dicho que era el mejor timbalero de Cuba. Miguelito [Valdés]
me llevó la primera vez. Fuimos a “La Playa”, le llamaban Coney Island. Todos los turistas iban
allá. La segunda vez fui con Luis Yáñez, el compositor cubano que era vicepresidente de la unión
de compositores. La tercera vez fui a ver al Chori con Walfredo (de los Reyes). Quien al respecto
comenta: "(…) era fenomenal, a veces, en el ritmo, no repartía, solamente marcaba el ritmo de la
rumbera, y era simplemente perfecto, genial. Tito Puente me decía: "!Oye eso!", era una sola nota,
pero la ponía donde era, ahí está la belleza de lo cubano, en la perfección de la clave y el tiempo,
en ese oficio que es aprendido y casi nato”.
Y volví, la cuarta vez, con Marcelino, otro timbalero. [16] Conocía a Marcelino porque él había sido
tamborero con Estela y René. Nos conocimos en New York. Marcelino tocaba también en La
Playa. Fui cuatro veces. La primera vez, cuando me llevó Miguelito, estuvimos en una especie de
balcón y él [Chori] estaba borracho y me hizo una mueca cuando Miguelito me presentó. Quise
agarrarlo, pero ellos me pararon. Tiempo después, cuando volví con Marcelino, El Chori estuvo
genial esa noche: nunca vi nada igual. Ellos [los cubanos] tenían un montón de timbaleros y
tocadores de tumbadoras, pero El Chori era el mejor. Le decían “El marca”, que quería decir que
era él quien marcaba a la rumbera, para que los siguiera y a su alrededor todos se movían. Bam!
Es lo que hacía la bailarina. Como hacía Estela, la reina (…).
Y continuaba Tito Puente: “Pero aquel club era muy pequeño, muy estrecho, del tamaño de la salita
de una casa, pero allí iban todos. Todos los bailarines, los músicos, los percusionistas, los turistas,
los grandes bailarines y los grandes drummers! El club estaba afuera y tenía pequeñas mesas con
velas. Era pequeño, y el piso tenía hoyos, pero cuando el show comenzaba y el Chori empezaba a
tocar, reinaba el silencio. Chori acompañaba a la rumbera, una gorda grande, y la seguía por
completo. Alguien me dijo que la rumbera era su mujer. "Entonces, vi aquella cruz que llevaba
colgada al cuello aquel tipo grande, con una cadena de oro", dijo Tito. Le ofrecí un poco de dinero,
pero dijo que no! Así que Marcelino le hizo una apuesta. Yo contra él. Se quitó el reloj grande y lo
puso sobre la mesa. Marcelino dijo: “Deja que este muchacho se siente a tocar! Me dijo que no!
Pero él se quejó, se quitó el reloj. “Apuesto esto!”, dijo y me subió. Era un trío, creo. Con una
trompeta. Tocaron para mí, así que yo también tenía que hacer lo mío!, Marcelino había
apostado por mí, pero sólo fue un voto, porque no sólo me hizo la marca, sino que también me
hizo esos redobles… eso era algo diferente. Toqué realmente bien, con mucha técnica. Y gané el
reloj!!!” [17] Tito Puente agrega:
“Hicimos una apuesta sencilla: Chori tenía que darle un número determinado de golpes al timbal y
a una llanta de neumático que tenía, y Tito haría lo mismo según lo acordado. Entonces, si Chori
perdía, perdería el reloj. Si, por otro lado, Chori era el que ganaba la apuesta, sería Tito quien
perdería todo el dinero que tenía en el bolsillo, y que ya para entonces lo había colocado sobre la
mesa.
Tengo que decirte que aquel cubano grande, sudoroso, negro, lo que hizo con los timbales fue
algo endemoniado- dijo Tito. El número era muy largo. Contuve la respiración todo el tiempo. Y
cuando El Chori terminó, yo estaba absolutamente exhausto. Luego se sucedieron los turnos de
cada uno para tocar, y un breve descanso cada vez. Fue pura resistencia. El Chori estaba
empapado de sudor, y yo también. Y cuando él golpeó todas esas botellas, aquello sonó como una
verdadera banda, como una orquesta. Te digo, yo nunca vi nada igual en mi vida” Y cerrando la
anécdota con todas estas loas hacia El Chori, Tito Puente concluyó sorpresivamente: Bueno, fui
yo quien gané la apuesta, y eso fue lo más destacado de mi viaje.”[18]
Que un músico de su mismo instrumento, con una inmensa fama, reconociera en las postrimerías
de su vida la importancia que tuvo para él la interacción con El Chori, sería más que suficiente para
rechazar que se reduzca al mítico timbalero cubano a la figura de un mero excéntrico musical… y
nada más. Puente sabía de lo que hablaba y de lo que se nutría. Hoy, a más de sesenta años,
valdría la pena preguntarse si la gestualidad que caracterizó el desempeño escénico posterior del
gran Tito Puente –los malabares con las baquetas, la lengua afuera, los movimientos de los ojos, el
histrionismo y algunos trucos- no tuvo su génesis en aquella Playa de Marianao, donde un Chori
ebrio, irreverente y genial, le dejó para siempre una huella didáctica e imborrable.
La celebridades extranjeras que fueron a conocerle en plena acción desde la década de los años
30 del pasado siglo XX es quizás lo más conocido de su historia y es, en esencia, la levadura que
fue acrecentando la leyenda del Chori: Ava Gardner y Toña La Negra, María Félix y Agustín Lara,
Gary Cooper, Lucho Gatica, Josephine Baker, Linda Darnell, Imperio Argentina, y hasta Tennessee
Williams.
Todo parece indicar que fue Cab Calloway el primer jazzman que actuó en La Habana. Vino
contratado por el cabaret Montmartre en 1949 y se presentó también en teatros capitalinos. Fue tal
el éxito que regresó de nuevo al año siguiente pero esta vez firmado para Tropicana. El bajista
Sabino Peñalver tocó con el Chori, inicialmente, por los años 40, en El Ranchito y en otros sitios
y contó a Leonardo Padura, que una vez apareció Cab Calloway y se sentó muy junto a la tarima
donde tocaba el timbalero:
“… y estaba embobado con la música del Chori, que también tenía una voz tremenda. Y de pronto
empieza Chori con sus monerías y le agarra con dos dedos así, como si fuera una tenaza, la nariz a
Cab Calloway y seguía tocando con la otra mano, y Cab Calloway sin poder zafarse de los dedos
del Chori. Y bueno, pa’ que contarte, se acabó la amistad del Chori y Cab Calloway. Qué
Choricera ese!”
Marlon Brando, de quien dicen que ya desde Nueva York, le gustaba tocar tumbadora, llegó a La
Habana sólo por tres días en marzo de 1956, y si no hubiera sido por la deliciosa crónica escrita
para la revista Carteles por G. Caín–“Marlon Brando, un amigo”- no nos habríamos enterado de
mucho más, pues su visita. Guillermo Cabrera Infante -semioculto tras aquel [Link]ín con cierto
sabor a malevolencia- en ua pieza periodística de memorable frescura, deja constancia, entre otras
muchas impresiones y hechos casuales, reales y otros al parecer ficticios, del modo en que el
afamado actor se enroló en una excursión a los bajos fondos de la Playa de Marianao para ver tocar
al Chori. Dicen que eso fue en su segunda noche habanera, con su amigo Sungo Carreras, pelotero
cubano de Grandes Ligas, como lugarteniente y cómplice. Dicen que Brando cumplió su sueño
de tocar con el Chori en La Choricera, ante el asombro receloso del cubano, que no veía en el actor
alguien capaz de medirse con él. Como la estrella era Brando, el final no podía ser otro: una
salida estrepitosa y rápida, abandonando el lugar, presumiblemente al ser reconocido y sentir que el
tibio escozor de la fama, a veces molesta. Pero en todo caso, a la otra estrella, El Chori, Caín le
hizo, quizás sin saberlo, el gran favor de inmortalizarlo, con aquel escrito. El Chori, como la
gorda-mitoFreddy, inmortalizada como “La Estrella” en las novelas de Cabrera Infante, sería
también un alma viviente de la mitología citadina del escritor, que en su caso le hacía abandonar los
sitios del Vedado omnipresente en su obra narrativa para regodearse en la decadente Playa de
Marianao. A él volvería años más tarde, una y otra vez, en páginas de memoria sobre una
Habana que permanecía intacta en su recuerdo y que como nadie supo describir y universalizar.
[19] Un Brando ya en cuenta regresiva escribiría sus memorias “Las canciones que mi
madre me cantó”donde dedica un espacio importante a su breve estancia en La Habana, en
busca de unas tumbadoras, y las peripecias que incluyeron el encuentro con El Chori.
Algo similar ocurrió al actor norteamericano Errol Flynn, cuando llegó a La Habana, en mayo de
1956 junto al equipo de realización del filme “The Big Boodle” (La Pandilla del Soborno), también
rodada íntegramente en locaciones habaneras, en el que Flynn asume uno de los papeles
protagónicos junto a Rossana Rory y Pedro Armendariz, dirigidos por Richard Wilson y con
apariciones de Guillermo Alvarez Guedes, Aurora Pita, Velia Martínez y Carlos Mas.[21].
Aqui haciendo click veras al Chori en "La pandilla del soborno" (The big boodle)
Quizás otros cineastas extranjeros de visita en Cuba, acudieron a ver al Chori, pero, al menos
sabemos que el gran guionista italiano Cesare Zavattini, dejó constancia escrita de aquel
encuentro. Lo trajo a La Habana la celebración en 1953 de la primera Semana de Cine Italiano en la
capital, en pleno auge del neorrealismo, y a la que asistió en compañía de las actrices Mónica
Belli y Silvana Mangano, entonces una rutilante estrella, adorada por los cubanos por el cuerpo
exhibido en su filme “Arroz amargo”, al punto de inspirar a Pérez Prado un mambo homónimo, raro
título para un tema musical: su nombre y apellido; pero, hay que decirlo, tras la visita de la
Mangano, los cubanos se sintieron decepcionados al ver la delgada figura de la actriz, muy distante
de las curvas que le admiraron en el filme. También les acompañaba en el viaje el entonces
productor y esposo de la Mangano, Dino de Laurentis. La revista italiana Cinema Nuovo publicó un
artículo de Zavattini con sus impresiones acerca de este viaje a la Isla, y que sería reproducido bajo
el título de “Zabattini y Cuba” (sic) por la revista cubana Nuestro Tiempo, órgano de la sociedad
homónima, a la que pertenecían algunos de los que recibieron a Zavattini en La Habana, entre
ellos,Alfredo Guevara. Además de sus impresiones sobre los encuentros con los jóvenes de la
Sociedad Nuestro Tiempo, sobre la vida en la ciudad y sobre ella misma; su sensible reacción ante
los grandes contrastes encontrados en la capital cubana y la constatación de la existencia de zonas
de pobreza extrema, el cineasta italiano escribiría: “Dos cosas muy bellas en Cuba fueron los
encuentros con Clelia Bellochio y con Panebianco. Mi querida Clelia pinta retratos de cubanos y
ahorra un poco de dinero como una hormiga para comprarse un hotelito en la isla de Giglio, y
envejecer bien, y juntos fuimos al Chori, un negro que toca el jazz de una manera inspirada.” [22]
Curiosa clasificación la que hace Zavattini del género o estilo del Chori, quien probablemente, a
esas alturas ya improvisaba más allá del son, y muy cercano a la libertad que sólo podía ofrecer el
jazz. Ya para entonces, el lugar donde reinaba El Chori había perdido su razón social y
comercial, y era conocido por el apelativo de su figura estrella, el mayor “gancho” que podía tener
para atraer a la variada clientela.
“(…) De allí transporté a Titón en la alfombra mecánica de una guagua al barrio de San Isidro, a la
misma calle San Isidro (que debía serme familiar por razones que olvido), a mostrarle una casa de
dos pisos donde había un letrero grande que anunciaba: “Academia de Rumba.” Titón admitió
ignorar hasta ese momento que la rumba se podía enseñar como una asignatura. Pero le dije, ¿no
se enseña el ballet, esa rumba conpas en vez de pasillos, tiesa, que sustituye la gracia por la
gravedad? Además, agregué, hay varias asignaturas en el curriculum: Rumba Columbia, de ritual
para iniciados, Rumba Abierta (para toda la compañía) y Rumba de Salón. Pero no pude por menos
imaginar qué diría Platón de esa akademia de rhumba, helenizado el nombre para que lo
comprendiera mejor la sombra del filósofo de anchas espaldas que tenía en común con muchos
músicos negros habaneros el ser conocido por su apodo: Chori, Chano Pozo.”[23]
De aquí, probablemente, surgiría la motivación para que Titón insertara imágenes del
Chori en una de las ediciones de“Cine Revista” que dirigió en 1957, aunque por alguna
razón decidió no conservar el sonido original, sino sonorizarlo con una versión ajena
de Son de la Loma, según nos explicó el experto José Galiño Martínez.
Antes, en “Tres Tristes Tigres”, Cabrera Infante señalaba al Chori, como uno de los sitios de
frecuente concurrencia con sus amigas y amigos, además de categorizarlo, como lo consideraba:
“(…)¿A dónde llevarla? Eran más de las tres. Estaban abiertos muchos sitios, ¿cuál era el
apropiado para esta niña rica? ¿Uno miserable, pero sofisticado como El Chori?(…)” [24]
A pesar del tiempo, desde 1930 El Chori se había mantenido como un fenómeno perdurable de
interés constante enLa Choricera, Los Tres Hermanos, El Niche, La Taberna de Pedro… La Playa
de Marianao, con toda la retahíla de antros y espacios de nombres imposibles seguía siendo un
lugar imprescindible para tomarle el pulso a la música cubana más popular, más auténtica. No
pocos músicos que luego serían trascendentes, empezaron o pasaron por esos sitios.
La leyenda se nutrió también del reto perenne que envolvía al Chori con otro buen
timbalero: Marcelino Teherán, dueño también de su pedacito de fama en otro precario espacio
de la Playa de Marianao. Poco se sabe de Teherán, salvo tres datos brumosos: vivió un tiempo
en Nueva York, fue tamborero de Estela y tocó con relativo éxito en elCotton Club, en la época
de Duke Ellington y Cab Calloway. Era punto fijo también de la Playa de Marianao y con
historia contada suficientemente atrayente como para ser él mismo otro mito, pero a quien, al
parecer, la gracia y el talento no le alcanzaron para tan siquiera igualarse o vencer la fama del
Chori. La contienda se hizo permanente y duró hasta que en los sesenta aquellas dos manzanas de
la Playa de Marianao pasaran a otra vida, y de ella dio fe Orlando Quiroga, al contar sobre el show
del Chori en La Taberna de Pedro en 1961:
“… al lado, también el tam-tam frenético del caballeroso Teherán –su apellido, en realidad, es
Terán- que brilló en Broadway en la época de Cab Calloway, cuando comenzaba a perfilarse el
milagro de Ella Fitzgerald. Teherán, hoy, toca ante un público de gente elegante y gente sencilla en
su primario “Niche Club”, sosteniendo la eterna, eterna guerra con El Chori, por el cetro del mejor
timbalero de Cuba.”[27]
Comenzaba 1959 y el primer día de enero al Chori le amaneció en su cueva playera, lo mismo
que a su rival Teherán. Allí estuvieron sin que nadie los perturbara demasiado durante los primeros
años de la década de los sesenta. Incluso en 1960, una de las primeras ediciones del
Noticiero ICAIC Latinoamericano, dirigido por el gran documentalista Santiago Alvarez,
le dedicó un reportaje de dos minutos aproximadamente, al timbalero mayor. Sin
embargo, la historia de aquellos cabarets de mala muerte tenía ya fecha de caducidad. En julio de
1963 se inició y concluyó lo que se dio en llamar el plan de saneamiento de la Playa de Marianao,
emprendido con prisa, pero sin pausa por el entonces Instituto Nacional de la Industria Turística
(INIT), con lo cual desaparecieron los famosos El Niche, La Taberna de Pedro y otros antros
memorables en aquella zona de la diversión y la gozadera, junto a otros menos tolerables donde
por décadas coexistieron en buena vecindad, músicos, bailarinas, vividores, friteros, proxenetas,
traficantes, turistas y escritores, periodistas, poetas y pintores, y los más disímiles especímenes que
esperaban que avanzara la noche sobre aquella zona agreste y sórdida anexa a la lujosa Quinta
Avenida, para ser ellos mismos. Como era previsible, los medios de prensa respaldaron tal iniciativa
sustentada por el poder: la revista Cinemaanunciaba lapidaria:
“El Niche y La Taberna de Pedro quedaron en la página dos: no reunían las apropiadas
condiciones para ofrecer espectáculos decorosos. El Pennsylvania sigue viento en popa, ahora
bajo administración del INIT.”[28]
Resultaba paradójico, porque justo una de las zonas más endemoniadamente turísticas de La
Habana, hasta los inicios de la década de los sesenta, fue la Playa de Marianao con el Chori como
portaestandarte. Como inexplicable contradiccion, al establishment burgués siempre le
convino no tomar en serio a Silvano Shueg Hechevarría, era mucho mejor que fuese sólo El
Chori, un showman a quien más valía tener por payaso que encomiar sus dotes
musicales, encerrado en un bar marginal y sin perspectivas de dar el gran salto que le valiera
ser reconocido no como un “excéntrico musical" –título con un tufo demasiado evidente a
subestimación-, sino como el gran percusionista que fue, desde el empirismo más visceral; pero la
nueva clase en el poder tampoco aceptaba al Chori, no lo tomó en serio, se avergonzaba de
personajes como él y de entornos como la Playa de Marianao, y preferiría optar por la táctica de
tierra arrasada: tampoco el triunfo revolucionario le permitió disfrutar del reconocimiento al que era
ya merecedor el gran rey del timbal, no desde una perspectiva de atracción turística, sino desde la
constatación de su genialidad como músico y figura singular del espectáculo.
La mutilación de la Playa de Marianao ocurría a poco menos de dos años de aquellos intensos
debates y el cisma que, entre la intelectualidad y sobre todo, entre los cineastas,
motivó el documental PM (Pasado Meridiano) de los realizadores Orlando Jiménez Leal y Sabá
Cabrera Infante. Para cualquier habanero, un día cualquiera de trabajo, estudio, entrega a la
construcción y defensa de la nueva vida que comenzaba, podía terminar, para “despejar”, en los
bares del puerto o de la Playa de Marianao. Eso fue lo que trataron de mostrar, en la línea del free
cinema, los realizadores del controversial cortometraje. Pero la lectura fue otra y la historia, ya la
sabemos.
Estos –el fin de la Playa de Marianao y el documental- serían hechos inconexos si la figura del
Chori no hubiese permeado a PM de la fuerza telúrica de su genio y sus timbales, como expresión
de un mundo músico-visual que sugería, y lo que fue peor entonces, representaba: un patrón de
disfrute en exceso lúdico y banal para un país que virtualmente estaba en pie de guerra, inaceptable
según el pensamiento de quienes decidieron el destino de aquel cortometraje, que ya no sería visto
en las pantallas de nuestros cines. Muchos años tuvieron que pasar para que yo pudiera saber qué
cosa fue PM, y, decantado por la inexorabilidad del tiempo, sentir al verlo que no comprendía por
qué nunca pude, hasta ese día, ver al Chori, baquetas en ristre, en 35 mm. La presencia del Chori
en PM no era gratuita: su imagen, el sonido de los múltiples artefactos que completaban cada vez
de un modo diferente sus mágicos timbales, estaba enraizada no sólo en la perspectiva de realidad
y gozadera de la noche habanera menos circunspecta –con relajo incluído-, sino también en el
imaginario de intelectuales y artistas del más diverso signo de notabilidad, que siguieron desde
1930 la ruta hacia la Playa de Marianao, frecuentando desenfadados aquella zona, pero sobre todo,
yendo a ver al Chori y legando después, desde diferentes ópticas y modos de expresión, el
testimonio de aquella peculiar manera de aprehender la diversidad noctámbula en La Habana, y
sobre todo, su relación de elogio y cercanía con ese músico inverosímil y auténtico.
En este enlace, El Chori en el documental "P.M." Haga click aqui.
Acerca del affaire PM, Alfredo Guevara reconocería años después: “No soy ajeno al mundo que
recoge PM. Titón, Guillermo Cabrera Infante y yo, con Olga Andreu y alguna que otra vez con Villo
Olivares estuvimos en El Chori, un cabaretucho de la playa que impregna con su experiencia el hilo
conductor del documental; los bajos fondos, la embriaguez (y la mariguana), la música quejumbrosa
que acompaña al alcohol y el abandono de sí mismo.” [29]
En su novela Calembour (1988) el escritor cubano César Leante, transfiere a la literatura lo que
pudo ser la línea argumental de PM, narrada de modo resumido a través de uno de los personajes y
donde es inevitable referirse al Chori: "(…)un individuo vive en Regla y viene a divertirse a La
Habana un sábado por la noche. Se toma una cerveza o un ron en algún bar de la Avenida del
Puerto, se da una vuelta por el Prado y luego coge una guagua para venir a la playa de Marianao.
Aquí se mete en el Coney Island, se pone a ver bailar junto a las parejas de Mi Bohío, juega al tiro
al blanco y por fin viene aquí, al Chori, donde pasa el resto de la noche. Esta sería la secuencia
más larga y la aprovecharía para filmar al Chori: tocando sus botellas, sus sartenes, sacando la
lengua y tirándole trompetillas al público, en fin, trataría de captar todo el ambiente que hay aquí. La
película terminaría con el individuo regresando a Regla en la lancha que se aleja por la bahía ya
casi amaneciendo".[30]
La narrativa cubana continuó siendo, en alguna medida, deudora del Chori, a la hora de representar
el imaginario de la diversión y la originalidad musical más raigal, a través del que se expresaban
ciertos sectores sociales, incluso alejados del mundo marginal. A casi cinco años de su muerte, el
inefable timbalero vuelve a aparecer en la novelística cubana, mencionado por Alejo Carpentier en
la novela “La consagración de la primavera” (1979):“Pasaban los días en esta busca de mis raíces
–harto olvidadas durante años- y siempre aplazaba la fecha de la inevitable visita a la Condesa, con
la cual tenía que tratar, por lo demás, de cuestiones tocantes a mi economía. “Mañana”. Siempre lo
dejaba para mañana. Pero un día en que había dormido hasta más allá de la hora habitual, por
haberme trasnochado en la Playa de Marianao, oyendo con Vera –entusiasmada por la novedad- la
orquesta de “Chori”, fui devuelto al ineludible presente por una voz imperiosa que me alcanzaba
tras de reiterados timbrazos telefónicos (…)”[31]
No olvidemos, sin embargo, algo esencial: ni siquiera pudo con El Chori, la contienda sempiterna
que le planteaba su eterno rival Marcelino Teherán. Tampoco pudieron sacarlo de allí los
ofrecimientos tentadores que, según reza la leyenda, le hizo Marlon Brando para que viajara al
Norte en pos del vellocino de oro. Muchos menos, según dicen, los ruegos y bondades de su amigo
Miguelito Valdés para que dejara los cabaretuchos y se convirtiera en una estrella del Sans
Souci. Sólo pudo lograrlo una ordenanza arrasadora en el epicentro de la gozadera barata. Se
decidió que ya no más, y el mítico timbalero perdió su hábitat nocturno y tuvo irse con su timbal, sus
botellas y demás cacharros, literalmente con su música a otra parte, aunque él mismo no supiera a
dónde. Sólo así El Chori abandonó la Playa de Marianao. O más bien, la Playa abandonó al Chori a
su suerte.
Me habría gustado encontrármelo por alguna calle de La Habana Vieja, o de Centro Habana, o
incluso en ese Vedado que, quizás, no le gustaba mucho, pero al que necesariamente tuvo que ir
cuando el mexicano Alfonso Arau, afincado en Cuba por esa época, lo invita a su recordado
programa “El Show de Arau”, de gran popularidad a inicios de los 60: todo indica que era la primera
vez que El Chori entraba en un estudio de televisión, puede que incluso haya sido la primera vez
que se acercara al flamante Radiocentro, y por supuesto, sería la primera vez que sus baquetas,
sus ojos saltones y su lengua sobresaliente apareciera en la pantallita de un televisor. El cronista
Orlando Quiroga fue uno de los pocos –aunque quizás haya sido el único- que dio espacio al Chori
por ese tiempo en su “La Habana noche tras noche”, de la revista Bohemia, y sin escatimar
espacio también para Teherán, su eterno contrincante: “Busque, por allí, “La Taberna de Pedro” y
“El Niche Club”. En la primera, erguido sobre su trono de madera, con un gran crucifijo de madera y
un pañuelo en el cuello, está El Chori, el más grande timbalero de Cuba, sonando
estruendosamente su batería, mientras una multitud homogénea baila sobre el piso de cemento, o
cantando “Frutas del Caney”, con una voz cuyo poder no han vencido los años. Al lado, en “El
Niche”, el rival del Chori: Teherán. Más moderno, pero menos genial; incapaz de sacarle la lengua
a sus admiradores, como hace El Chori, Teherán tiene su público, y tiene a Yimba, último ejemplar
de una raza de rumberas que desaparece…” [32]
Sin los pequeños cabarets que llenaban aquellas dos manzanas de la Playa de Marianao, y con
más de sesenta años en las costillas, lo que ocurrió con el mítico timbalero fue como un viaje a la
semilla. El Chori, que en cuanto a su formato y repertorio siempre estuvo dentro del son y la rumba,
en sí mismo había evolucionado y su estilo dicen que se había trasmutado, con todas las
implicaciones, en algo indefinible y descargoso, donde la improvisación seguía marcando la
esencia de su entrega. Comenzó a frecuentar los encuentros dominicales de viejos trovadores y
soneros que se reunían en una herrería de la calle Santa Rosa # 211 entre Infanta y Cruz del
Padre, en la barriada del Cerro, animada por su dueño, Alfredo González Suazo “Sirique”. El Chori
se hizo habitual de la famosa Peña de Sirique, a la que también acudían, ya como un alto al final
del camino, un casi centenario Sindo Garay, y los ya ancianos Miguel Matamoros, Graciano Gómez,
la actriz Blanquita Becerra, y muchos otros trovadores y soneros. Cuenta Lino Betancourt:
“Cuando [Sirique] fundó su peña en 1962 decidió formar un conjunto musical integrado por viejos
soneros jubilados, que en otros tiempos fueron verdaderas estrellas en los sextetos o septetos que
integraron. A ese peculiar conjunto lo llamó jocosamente Los Tutankamen, y su lema era: “un
maestro en cada instrumento y en conjunto un hogar de ancianos”. Lo dirigía el experimentado
bongosero Manolo Pla, antiguo director del sexteto El botón de Rosa, y entre sus principales
atracciones figuraba el percusionista Silvano Shueg Hechavarría, un verdadero showman, conocido
por El Chori (…).[34]
El Chori, como espectador, en un breve segmento del documental "La herreria de Sirique"
La trovadora Hilda Santana diría a Leonardo Padura sobre la voz del Chori:
“Era una voz gruesa, así, profunda, de este gordo, y hacía uno de los mejores segundos que he
oído en mi vida, y yo he oído bastante. Y eso que cuando lo oí bien ya él estaba viejo. Y fue en los
años 60, cuando nosotros coincidíamos mucho en la peña que tenía Sirique en su taller del Cerro,
un lugar donde se reunían los mejores trovadores de Cuba. Hasta Sindo Garay iba. Allí conocí al
Chori, lo oí cantar y lo vi tocar en un lugar que Sirique había preparado especialmente para él, con
sus sartenes y botellas, y lo recuerdo como un hombre cómico, con un chiste siempre en la boca,
aunque pensándolo bien, a veces se quedaba serio, pensativo, como si de pronto se pusiera muy
triste.”[35]
La imagen del Chori, ahora espectador, pero con la misma gestualidad que lo caracterizó, quedó
fijada en el documental “La herrería de Sirique”, que agradecemos al director cubano Héctor Veitía,
realizado en 1966, y es el último de los cuatro momentos en la filmografía del famoso timbalero.
Ese mismo año, aparece en la revista Bohemia el reportaje “Chori”, firmado por Fernando G.
Campoamor, después de franquear el acceso restringido que el inefable timbalero había puesto, a
golpe de cerrojo, a su cuarto en el solar de la calle Egido, en el número 723. El periodista tuvo que
valerse de Chinolope, para poder llegar hasta El Chori en su cuartucho de La Habana
Vieja. Chinolope era su amigo, punto casi fijo en la Playa desde los años de gloria para el timbalero
y hoy sabemos que muchas de sus mejores fotos fueron tomadas por ese chino sin edad. Es la
obra de un artista que supo apresar gestualidad, instrumentos y genio de otro artista.
Silvano Schueg Hechavarría “El Chori” murió en La Habana, en 1974, sin que haya
podido precisarse el día exacto de su partida. Al menos en dos obras musicales se le
reconoce su autoría: los sones “Hallaca de maíz” y“La Choricera”. Hasta donde se sabe,
nunca grabó un disco: su genialidad no interesó a ninguna de las casas discográficas ni
antes ni después, y sólo se conserva en estos cuatro momentos fílmicos su imagen y el
sonido que supo sacar a cuanto elemento percusivo se le pusiera por delante.
Agradezco a mis amigos Iván Giroud, Jaime y Alba Jaramillo, Chinolope y José
Galiño por su ayuda inestimable.
Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Laves para una historia 1959-1973.
Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2006.
Alicia Castro - Ingrid Kummels: Anacaona. The amazing adventures of Cuba’s first all-
girl dance band. Atlantic Books. Londres. 2002.
Ann Marie Stock: World Film Locations. Havana. Intellect Book. The University of
Chidago Press. Chicago, IL, USA. 2014.
Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco: Sobre los pasos del cronista (El quehacer
intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965). Ediciones Unión. La
Habana, 2010.
Rosa Lowinger and Ofelia Fox: Tropicana Nights. The life and times of the legendary
cuban nightclub. Harvest Book-Harcourt Inc. 2006.
NOTAS
[1] Leonardo Padura: Chori. Vida, pasión y muerte del más célebre timabalero cubano. En: “El viaje más
largo”. Ediciones Unión, La Habana, 1994. Pag. 200-206.
[2] César Beltrán: Breve historia de la jungla de Marianao (y algunos marianenses ilustres) en tiempos
de la Segunda Guerra mundial) [Link]. Julio 6, 2008.
[3] Fernando G. Campoamor: Chori. En Bohemia. Año LVIII. No. 13. Pag. 24-27. Abril de 1966
[4] Ibidem
[5] Orlando Quiroga: Nada es imposible. Memorias. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1966. Pag.
141
[6] Nicolás Guillén: Páginas Vueltas. Ediciones Unión. La Habana, 1982. Pp. 105-106
[7] Adolfo Salazar: “El mito de Caimito” en revista CARTELES. XXXI (8). Pag. 24. 20.02.1938
[8] Urbano Martínez Carmenate: García Lorca y Cuba: todas las aguas. Centro de Investigaciones
Socio-Culturales Juan Marinello. Pag. 80
[9] Pío E. Serrano: Lorca en La Habana. De la serie “Lorca: viajero por América”, Centro Virtual
Cervantes.
[10] Carmen Alemany Bay: Federico García Lorca en Cuba: Vivencias personales y literarias. Su
huella. Universidad de Alicante. En Centro Virtual Cervantes.
[11] Ibidem. Para leer “Juego y teoría del duende” de Federico G. Lorca, visitar este
link: [Link]
[12] Howard Pollack: George Gershwin: His Life and Work. Pag. 534
[13] Bobby Collazo: La última noche que pasé contigo. 40 años de farándula cubana. Editorial
Fundación Musicalia. Puerto Rico. Pág. 123.
[14] Howard Pollack: George Gershwin: His Life and Work. Pag. 534
[15] Josephine Powell: Tito Puente: When the drumms are dreaming. Pag. 208.
[16] Se refiere a Marcelino Teherán, de quien se habla más adelante en este escrito.(Nota de la autora).
[17] Ibidem: En esta cita: Miguelito Valdés, famoso cantante y percusionista cubano. Luis Yáñez,
compositor del grupo fundador del feeling y de la editorial Musicabana, a la que probablemente se refería
Puente cuando menciona a la “unión de compositores”; Walfredo de los Reyes, relevante baterista
cubano radicado en Estados Unidos (Nota de la autora)
[18] Josephine Powell: Tito Puente: When the drumms are dreaming. Pag. 208.
[19] G. Caín (Guillermo Cabrera Infante): “Marlon Brando, un amigo”. En revista CARTELES, No. 10.
Marzo 4, 1956. P. 42
[20] Revista SHOW. Cuba. Año I. No. 6. Agosto 1954. Pp. 18-19.
[21] [Link]
[22] Revista “Nuestro Tiempo”. No. 1. Abril de 1954. Pp. 9 y 12, que lo reprodujo de la revista italiana
Cinema Nuovo. También fue reproducido por Lisandro Otero en su columna “Escena” dedicada al cine,
en el diario EXCELSIOR el 10 de mayo de 1953.
[23] Guillermo Cabrera Infante: La Habana para un infante difunto. Seix Barral Biblioteca Breve.
Barcelona. 2007. Pag. 457
[24] Guillermo Cabrera Infante: Tres Tristes Tigres. Fundación Biblioteca Ayacuch 1990. Pag. 84
[27] Orlando Quiroga en sección La Habana noche tras noche. Revista Bohemia. Octubre 8 de 1961.
Año 53 No. 41. Pag. 98
[29] Las revoluciones no son paseos de riviera. Entrevista concedida por Alfredo Guevara a Wilfredo
Cancio Isla para La Gaceta de Cuba. Diciembre 1992 (Tomada de: Alfredo Guevara: Revolución es
lucidez. Ediciones ICAIC. La Habana, 1998. Pag. 89)
[30] César Leante: Calembour. Editorial Pliegos. Madrid 1988. Pag. 150
[31] Alejo Carpentier: “La Consagración de la Primavera”. Editorial Siglo XXI. Pag. 217
[32] Orlando Quiroga: Sección La Habana noche tras noche. Revista Bohemia. Diciembre 31 de 961.
Año 53 No. 53. Pag. 81
[34] Lino Betancourt: En [Link]. Sección “Cita con la trova: La Peña de Sirique”.
26.10.2011.
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12.
APR
20
Para los que no podemos resistir el deseo inquietante de encontrar el disco de vinilo que buscamos,
Rafa nos viene que ni pintado. Esto de los vinilos es algo más que un afán sonoro: no basta guardar
en mp3 o wav esta o aquella grabación memorable, cincuentenaria o más añeja: hay que tener ese
redondel vinílico en nuestras manos (a veces difícil, a estas alturas); manosearlo, más bien
acariciarlo, admirar -o no- su portada o criticar la contraportada por lo escaso de la información que
nos aporta, descubrir lo que tiene que revelarnos, necesariamente.
Rafa es el mago regente que no sólo satisface esa especie de búsqueda delirante, sino que,
además, nos fideliza en otras locuras melómanas no menos intensas. Siempre está ahí, a mano y
dispuesto. Lo digo no sólo por la céntrica ubicación del tugurio donde tuvo necesariamente que
recalar con sus discos a cuestas, sino porque Rafa es algo más, mucho más que un simple
comprador y vendedor de discos viejos. Rafa puede olfatear, intuir y llegar a sensibilizarse con tu
deseo, y también dejarte de piedra, desde su humildad invencible y con voz de susurro, con lo que
sabe acerca de los discos.
Rafa no titubeó: “La mayoría de los catálogos de los sellos disqueros más importantes a nivel
mundial está ya digitalizada, pero no todo lo que se grabó hace 40, 50, 60, 70 años lo está. Y en el
caso de la música cubana, muchísimas grabaciones de los 60 y hasta que se introdujo en Cuba el
CD no lo están. No importa el soporte que esté de moda, ni lo que venga más moderno: estos
discos siempre se van a vender, en el mundo entero hay tiendas especializadas en su compra y
venta, tienen su mercado asegurado en el coleccionismo, la conservación y las investigaciones y
también, y -no menos importante-, en aquellos que no sólo ven en el disco negro una fuente de
sonidos, sino también un objeto portador de nostalgia, asociado a alguna etapa o a algún recuerdo
de sus vidas”.
Rara, vendedor de discos de vinilo en La HabanaRafa tiene razón: en el transcurso de los primeros
60 años del siglo XX en Cuba no sólo los sellos discográficos foráneos más famosos (Victor, Decca,
Brunswick, Columbia en las primeras décadas y RCA Victor, Seeco, Montilla y otros, después)
registraron el curso y la vida de ritmos, cantantes, dúos, tríos, solistas, conjuntos y orquestas que
hicieron la música cubana de entonces. Surgieron en años posteriores casas discográficas nativas
con un enorme éxito y una gran responsabilidad en el registro de lo que en esos años ocurría
musicalmente en el país: Panart, Puchito, Kubaney, Gema… Y después de 1960 (en un período
coincidente con la aparición del casete y hasta la irrupción del CD), el sello Areíto produjo en su
inmensa mayoría los fonogramas que salieron en Cuba en formato LP y discos de 48 rpm. (1)
Muchas zonas de esa música cubana permanecen aún asequibles sólo en un disco negro, ya sea
long play (LP) o en placas de 78 y discos 45 rpm. Muchas son las personas que nutren los grupos
de coleccionistas o simples melómanos que siguen prefiriendo la escucha de esos viejos soportes e
impiden, con ello, la muerte del disco negro, al tiempo que han propiciado su pacífica convivencia
con el CD, los más recientes reproductores y dispositivos de almacenamiento en formato digital y
hasta las ya establecidas plataformas de escucha (streaming) y descargas (download) de música.
Aunque a todo -o casi todo- se acostumbra una, la primera vez que fui en su búsqueda me
sobrecogió lo que vi no más pararme en el umbral de la tienda Seriozha -tal es el nombre actual de
la otrora y probablemente resplandeciente tienda Waterloo, que, con la lejana sovietización de
nuestras vidas, quedó rebautizada con tal diminutivo-, destinada por algún designio divino a acoger
a los vendedores por cuenta propia que encontraron acomodo en ella sin diferenciar la actividad a la
que dedican sus esfuerzos mercantiles.
Allí, rodeado de sifas, tuberías, herrajes sanitarios, artículos de manicure y tocador, útiles de
carpintería, hilos y agujas, pajillas para muebles republicanos, bisutería barata, elementos de
mueblería menor, piñatas y artilugios para fiestas infantiles y todo lo que puedas imaginar,
recorrerás el pasillo central y justo al final ya habrás vislumbrado algo diferente, un amasijo
polícromo y organizado de discos de vinilo, perfectamente colocados en cajas protectoras que a la
vez permiten, con códigos que sólo Rafa conoce, la búsqueda rápida o su resguardo oportuno en
previsión de cualquier pérdida, daño o contingencia.
Y junto a ellos, o más bien entre ellos, te recibirá la sonrisa de quien se siente el anfitrión de una
fiesta. Rafa reina en Neptuno, y más exactamente en el número 408 de esa calle, entre San Nicolás
y Manrique, las señas del micromundo que habita desde las 11 a.m. hasta que van llegando las
cinco de la tarde, ejerciendo de mago gentil y solícito, adivino previsor y seguro.
A veces hace diagnósticos como si fuera un médico, en su afán de no ofrecer un disco que podría
estar dañado o ser inservible. Y aunque no sea su intención, ejerce de sabio. Conoce como pocos
los entresijos de la discografía comercial cubana y maneja con igual rigor sus datos, números
oficiales y el anecdotario que los adereza. Con una memoria de vértigo, Rafa puede decirte cuántas
ediciones tuvo aquel disco de Los Van Van, cuáles de los tracks del único disco de Freddy vieron la
luz primero en formato de 45 rpm, en qué discos aparece la segunda generación de Irakere;
aclararte la relación de génesis entre Guaguancó Matancero y Los Muñequitos de Matanzas,
cuántos vinilos grabó La Sonora Matancera en Cuba, de cuántos fonogramas se compone la
discografía de este o aquel cantante, y en qué disco está aquella canción que te gusta tanto y que
persistes en hallar.
Sobre la discografía no cubana que circuló en el país en discos de vinilo, Rafael puede ser también
una buena fuente. Y lo hace fuera de toda pose, como quien ve natural el manejo de un
conocimiento de tal envergadura sobre un tema específico; es decir, el conocimiento de su negocio
y su promoción desde una responsabilidad loablemente cultural.
Lo he visto tratar con igual cortesía y pericia lo mismo a un melómano empedernido, a un simple
comprador advenedizo, a un vendedor desesperado o a una estrella de Hollywood. Con los que
escribimos e investigamos sobre música se esmera en sernos útil y su ayuda termina siendo de
gran valor, lo que, al menos para mí, resulta sumamente meritorio, sabiendo que la compra y venta
de discos de vinilo es su negocio, de lo que vive.
Todos estos sonidos flotan en el aire caluroso y enrarecido de esa tienda habanera, y como
espíritus protectores no abandonan esa demarcación intangible que son los predios donde todavía
permanecen confinados Rafa y sus discos. Nada disminuye su motivación.
“Disfruto cuando logro encontrar un disco que sé que es importante para algún cliente. Disfruto
cuando, con esmero y paciencia, logro devolverles una imagen aceptable a aquellos que por años
permanecieron en la desidia y el olvido de sus antiguos propietarios. Disfruto cuando puedo
satisfacer el pedido o la curiosidad de un cliente. En definitiva, más allá del aspecto económico, sé
que culturalmente todo eso es importante”, asegura Rafael con total convicción.
Da igual si hay calor o si no hay luz en la tienda Seriozha. Rafa es un encantador de serpientes: su
conversación te atrapará, le comprarás algún disco -o no- y se hará el milagro de que te sientas
muy cómodo entre tanta música prensada, tanta sonoridad prometedora, tanto calor, y tanto polvo.
Y en este punto es en el que te invade la convicción de que Rafa y sus discos merecerían un sitio
mucho mejor para convivir que la inefable tienda Seriozha. Allí, en los predios de Rafa, habita
siempre la música, esa que aún tiene muchísimos secretos que revelarnos y que, atrapada en un
vinilo, con scratch asegurado, puede acercarnos a sonoridades desconocidas o a otras que, por
sabidas, son demasiado amadas como para dejarlas desaparecer. Por eso, Rafa precisaría de otro
lugar para su reino de vinil.
Notas
1. José Reyes Fortún: Un siglo de discografía musical cubana. Ediciones Museo de la Música. La
Habana. 2009.
(Publicado en [Link])
Publicado 20th April 2015 por Rosa Marquetti
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13.
MAR
27
Subió a la pista del Sans Souci por primera vez el martes 29 de enero, ante un
público que abarrotó el lugar. Según cuenta el músico y cantante Gilberto
Valdés Zequeira, testigo presencial, los que acudieron eran conocedores y
adeptos del jazz, muy pocos cubanos cuyos recursos se lo permitieron, y
norteamericanos que residían en Cuba o se encontraban ocasionalmente.
[2] El Diario de la Marina calificaba el 2 de febrero a Sarah Vaughan como “…
la más destacada intérprete del jazz (…), cuya actuación está constituyendo la
máxima atracción de la temporada invernal en Cuba”. Subraya además “…las
fastuosas producciones de Alberto Alonso “Endoki” y “Sueño en Bagdad”, a las
10.30pm y 1.30 am respectivamente. Sarah será la atracción principal de los
mismos, con las que intervendrán además la mangífica bailarina Lolita Monreal,
el popular Cuarteto de Aida, el notable conjunto vocal de Cuca Rivero, Sonia
Calero y Víctor Alvarez, insustituible pareja de bailes, el compositor de moda,
Frank Domínguez y las vedettes cubanas Raquel Mata y María
Magdalena.” Según el mismo diario, en el Nevada Cocktail Loung -el bar
del Sans Souci-, alternaban Frank Domínguez y su conjunto, César Portillo de la
Luz, Pepe Reyes, Dandy Crawford y también el Cuarteto D’Aida. Al parecer, en
algunos temas Sarah se hizo acompañar por la orquesta de planta del Sans
Souci, dirigida entonces por Rafael Ortega, en cuyo scrap book personal, según
la revista Show, consta el agradecimiento de la diva, con un escueto "Muchas
gracias, Rafael, por su gran acompañamiento." En el recuerdo de Josefina
Barreto y de Gilberto Valdés Zequeira, cincuenta y ocho años después, Sarah
cantó cerca de una hora, un repertorio integrado por los temas de mayor
popularidad. Josefina, quien también cantaba, era seguidora incondicional de
la Vaughan y aún hoy en sus ochenta recuerda aquel Over the rainbow que
cantó la diva aquella noche en que su novio Giraldo Piloto la llevara a Sans
Souci a cumplir un sueño.
Cuenta Acosta que “…a diferencia de Nat King Cole, [Sarah Vaughan]
compartió con músicos y cantantes cubanos en distintos jam
sessions.”[3] Acosta rememora la descarga que protagonizara la Vaughan en
el club Las Vegas, de Infanta y 25, como “la más estelar (…) a la que
asistieron sus músicos y la mayoría de los jazzistas cubanos, incluyendo a Bebo
Valdés, Guillermo Barreto y El Negro Vivar, que no eran habituales a las
descargas de Las Vegas, así como integrantes del feeling como Elena Burke,
José Antonio Méndez y Omara Portuondo.” [4] El hoy cabaretLas Vegas,
enclavado en lo que podría ser el límite entre Centro Habana y El Vedado,
curiosamente ha resistido el paso del tiempo y sigue ahí, aunque distinto,
enfrentado al edificio de Radio Progreso, que también ha resistido desafiante y
señero, recordándonos cuánta historia musical se grabó y se aplaudió en sus
estudios. Sin embargo, muy distinto a hoy, Las Vegas en 1957 era un club,
cuyo dueño, además de las habilidades para insertarse y ser aceptado en los
más disímiles ambientes humanos, era un amante declarado del jazz, lo que
propició que el sitio se convirtiera, en punto de encuentro de jazzistas y
adeptos al género y, en definitiva, en uno de los sitios más populares de
descargas y jam sessions por esos años.
Sarah Vaugahn, Bebo Valdés y Nat King Cole (en Sans Souci o Tropicana?)(Foto.
Colección Carolina González).
Una de esas noches de aquella semana de 1957, al concluír el segundo show,
se produjo otra descarga, espontánea, en el bar del Sans Souci, donde Sarah y
sus músicos interactuaron con sus colegas cubanos . El recuerdo de Leonardo
Acosta es, quizás, lo único que ha quedado escrito como testimonio de esas
memorables horas: “La sesión comenzó con un trío integrado por Bebo Valdés
(piano), Papito Hernández (contrabajo) y Guillermo Barreto (batería); luego tocó
el trío de Sarah, que comenzó con un fenomenal But not for me donde
sobresalió la maestría pianística de Jimmy Jones. Sarah se sumó cantando
varios números, entre ellos un How High the Mooncon improvisaciones en scat
y también inventando nuevos textos. Al final compartimos músicos cubanos y
norteamericanos: Pedro Chao y Leonardo Acosta (saxos tenores), Frank Emilio
(piano), Richard Davis (bajo) y alternando Walfredo de los Reyes y Roy Haynes en
la batería. En cierto momento le pedimos a Richard Davis que tocara un tema
de su preferencia como único solista; sugirió The Nearness of You y le
preguntó a Frank Emilio si lo conocía. Frank respondió con otra pregunta,
habitual en él: “¿En qué tono, mulato?”. El solo de contrabajo de Richard fue
sensacional.
Continúa Acosta sobre la visita de Saraha Vaughan a La Habana: “Otra
descarga “monstruo” fue celebrada en una casa particular en la zona del
Country Club (hoy Cubanacán), junto a una piscina, a la cual asistieron cerca de
veinte músicos de jazz cubanos, Sarah y su trío, y también los integrantes del
trío de Nat King Cole: John Collins, Richie Harvest y Lee Young. Sólo Nat
King brillo por su ausencia. Pero entre los cubanos se hallaba Chico O’Farrill,
recién llegado de Estados Unidos, quien tocó el piano en el estilo típico de los
arreglistas. Lo primero que hizo al llegar fue preguntarme por Jimmy Jones, el
hombre a quien Sarah Vaughan calificó como “el mejor acompañante del
mundo”.[5] Josefina Barreto también estuvo en esa descarga junto con Giraldo
Piloto y recuerda que se trataba de la residencia del reconocido arquitecto
cubano Cavarrocas y entre los asistentes asegura que estuvieron también
Guillermo Barreto, Merceditas Valdés, entre otros.[6]
Todo parece indicar que los días y horas habaneras de la gran diva del jazz
transcurrieron en muchos sitios más allá del escenario del cabaret Sans
Souci. Sarah, a diferencia de su coterráneo Cole, tenía vivo interés en tan
breve tiempo, relacionarse con los músicos cubanos y adentrarse en lo posible
en la experiencia de conocer la música cubana y sus raíces. Cuando Juan
Picasso, uno de los legendarios bailadores que se reúnen en la Esquina del Jazz
de Santa Amalia, apasionado del swing y habitual de cabarets y
sociedades entonces llamadas “de color”, cuenta que llegó una noche a una
fiesta de santo y allí se la encontró a Sarah Vaughan bailando y cantando, quiero
imaginarla muy diferente a las divas rosadas de sonrisa hierática y pose gélida,
que nos devuelven las revistas de entonces. La veo desandando las calles de
Cayo Hueso o Pueblo Nuevo, La Habana Vieja o el Vedado, como una más. [7]
3
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14.
MAR
20
LA MORA
Por Rosa Marquetti Torres
ANACAONA
Orquesta Anacaona. Moraima Secada, primera de izquierda a
derecha.
(Archivo María Caridad Secada)
Cuentan que avanzaba ya el año 1950 y Portillo de la Luz se entera de
que Concepción Castro, directora de la orquesta
femenina Anacaona, buscaba una cantante, y de inmediato le
avisa a María Micaela, quien se aventura, se presenta y es aceptada
en la banda de las numerosas hermanas Castro. Sería su primera
incursión en un formato musical profesional. Ya entre
las Anacaona estaba Haydeé Portuondo, hermana de Omara, y con
quien los años siguientes le depararían la unión en una de las
formaciones vocales más trascendentales de la historia musical
cubana. Con las Anacaona viajó a Venezuela, Haití y Santo
Domingo, pero su voz no quedó en ningún registro sonoro con esta
agrupación.
Otra foto de las Anacaona. Moraima es la primera sentada de
izquierda a derecha.
(Archivo María Caridad Secada)
CUARTETO D’AIDA
Unos dicen que fueron Haydée y Omara las de la idea de formar un
cuarteto, y que reclutaron a Elena, quizás al amparo de los buenos
recuerdos y el excelente hacer del cuarteto de Orlando de la Rosa,
donde se unieron la Portuondo y la Burke en los albores de la década
de los 50. Otros dicen que fue Aida quien las buscó y las
juntó. Unos hablan de que debutaron el 16 de agosto de 1952 en un
programa de nombre Carrousel de Sorpresas; otros, que su estreno
fue en el famoso Show del Mediodíadel circuito CMQ, pero que
después estuvieron mucho tiempo sin encontrar trabajo ni dónde
cantar, hasta que comenzó la espiral hacia la fama. Lo cierto es
que Aida creó, con esas lindas, afinadas y guapachosas mulatas, el
cuarteto vocal más trascendental de todos los tiempos en
Cuba: Elena Burke, Omara y su hermana Haydeé Portuondo y,
Moraima Secada –¡había dejado de ser María Micaela!- añadirían a sus
excelentes voces, al cuidado repertorio y al excelente montaje de
voces –estos dos a cargo de la gorda Aida Diestro- una sensualidad
nunca antes vista en esta proyección de conjunto vocal.
El Cuarteto D'Aida original. De izquierda a derecha: Moraima, Elena,
Haydeé y Omara
(Archivo María Caridad Secada)
El éxito es inmediato. Se hacen populares y hasta habituales en
programas de radio y televisión, como El Bar Melódico de Osvaldo
Farrés, por el canal 2, por sólo citar uno. Son reclamadas en los
mejores cabarets de la época: en su número del mes de agosto de
1954, la revista Show informaba de la presencia del Cuarteto Vocal
D’Aida en el elenco del show Ritmolandia en el cabaret Montmartre,
bajo la producción de Mario Agüero, y en el que se presentaban figuras
ya consagradas como Benny Moré, Sonia Calero y el Ballet de Alberto
Alonso. En noviembre de ese mismo año ya Aida había firmado el
contrato que refrendaba la decisión de Rodney, el mago del
espectáculo: iniciando el año 1955 el Cuarteto D’Aida subiría a la
pista del salón Bajo las Estrellas del cabaret Tropicana.
Van de un éxito en otro y con rapidez conquistan el derecho a
presentarse en los más reputados escenarios del espectáculo en Cuba
y en el extranjero. Se suceden los contratos y viajan a numerosos
países. En 1956 las chicas de Aida Diestro vuelven a Tropicana en
las dos producciones de Rodney previstas para inicios del
año: Evocación y Seis Lindas Cubanas, en las que compartirían
cartel con el tenor Manolo Alvarez Mera, Estelita Sanatló y Xiomara
Alfaro, en roles estelares, y con el Cuarteto de Carlos Faxas, el trío de
las Hermanas Lago, Celina y Reutilio, Ramón Veloz y la pareja de baile
de Ana Gloria y Rolando.
En febrero de 1957, la revista Bohemia destacaba la presentación
del Cuarteto D’Aida en The Steven Allen Show, en el canal NBC de la
televisión estadounidense, en un programa con fuerte presencia
cubana asegurada con ella junto a la cantante lírica Marta Pérez,
Sonia Calero y el Trío Taicuba, obteniendo elogiosas críticas.
El sólo hecho de haber sido una de las voces elegidas por Aida Diestro
para formar y estrenar su famoso Cuarteto, le bastaría a María Micaela
Secada Ramos –para siempre Moraima Secada- para ser un nombre
de culto en la música cubana. Sin embargo, su presencia en otras
formaciones de indiscutible protagonismo y trascendencia y luego, su
memorable trabajo en solitario, la sitúan entre los insoslayables. De
los cincuenta y cuatro años que alcanzó a vivir, cincuenta y
uno estuvieron signados por la música, cifras que sólo admiten una
reverencia. Habrían sido mucho más, si las ganas de vivir no la
hubieran abandonado. El 6 de octubre de 1976 un avión de Cubana
de Aviación explotaba en pleno vuelo y caía incendiado en las aguas
de Barbados, como consecuencia de uno de los más crueles
sabotajes contra Cuba. Ahí viajaba, por un fatídico azar, Lázaro
Serrano Mérida, sobrecargo de una de las tripulaciones que iban en
esa aeronave. Era además, compositor. Su nombre artístico era
Chany Chelacy, el hombre a quien Moraima amó en los últimos años
de su vida y con quien, se dice, vivió sus mejores y más amorosos
tiempos. Ya nada sería igual para ella, ni siquiera ella misma. Ni
sus hijas Clara y Nildé consiguieron devolverle la alegría.
Introducción
Y con tus palabras (Marta Valdés)
Yo soy la ley (Casals -González)
Que me hace daño (José Dolores Quiñones)
LD-3445 Areíto
Se llama tú (Chany Chelacy)
OTRAS GRABACIONES
Existen evidencias que permiten afirmar que Moraima Secada grabó
en el Estudio EGREM de la calle San Miguel, en La Habana,
los siguientes temas: Ya ves, vuelves a jugar con el amor (autor
desconocido) y Por qué seguir viviendo así (Esteban Pons) (orquesta
acompañante no identificada)
Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959-
1973. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba. 2006.
Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Ediciones Museo Nacional de la
Música. La Habana, Cuba.
Cristóbal Díaz Ayala: Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la
Música Cubana (1925-1960)
Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Editorial
Letras Cubanas. La Habana, 2007.
Ezequiel Rodríguez: Moraima Secada in memoriam. Empresa Artística
“Ignacio Piñeiro”, 1985.
Senén Suárez: Reflexiones y Vivencias: María Micaela Secada Ramos. En
[Link]
Revista Show (1954-1962)
Radiomanía y TV (1952 – 1959)
Revistas Bohemia (décadas 1955- 1980)
El Blog de Tania Quintero.
[Link]
Archivo Fonográfico EGREM
16
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15.
JAN
27
Leonel Bravet cantando en el club Barbaram, de la calle 26, en Nuevo Vedado, La Habana. Años 60.
Jazz y feeling centrarían nuevamente la vida musical de Leonel Bravet, que
serían también, en buena medida, elementos del andamiaje de una parte de
la vida nocturna habanera, en la franja que delimitaba las cercanías a la
famosa Rampa en la calle 23, de La Malecón y otras zonas de El Vedado. Se
constata que en marzo de 1961 figura en el excelente cartel que
protagonizaba la famosa Descarga del Capri (Frank Emilio Flynn y su grupo,
Bobby Jiménez, Maggie Prior, Ela Calvo, Víctor Franco). El entonces famoso
club La Red – predio de la visceral Lupe- acoge en marzo de 1962 a Bravet
en un espectáculo que incluía a Los Armónicos de Felipe Dulzaides y a
Caridad Cuervo, entre otros, y durante los meses de abril, mayo junio y julio
es figura puntual en el popular y jazzístico Descarga Club, junto a Armandito
Zequeira y su grupo, Maggie Prior y Mercy Hernán.
Serían, quizás, sus últimas presentaciones al público, porque sin saber cómo
ni por qué, repentinamente, Leonel Bravet fallecía en La Habana a
consecuencia de una cardioesclerosis el 12 de diciembre de 1969, a la edad
de 41 años, según se confirma en los registros del Cementerio habanero de
Colón. Nacido en la misma ciudad donde moriría, e hijo de Basilio y
Margarita, la documentación de la necrópolis habanera consigna que había
muerto a consecuencia de una cardioesclerosis en el hospital Calixto
García.
Hasta bien entrada la década de los sesenta, Leonel Bravet, junto a Regino
Tellechea, Nelia y René, Ezequiel Cárdenas contribuirían con fuerza a la
difusión del repertorio del feeling y también a la sobrevivencia del jazz vocal
en un ambiente que entonces no se caracterizaba precisamente por la
amabilidad. Sin embargo, defendieron estos géneros desde la nocturnidad
del club y el cabaret, desde la comunicación directa, probablementesin saber
que arrostrarían la marca indeleble de lo no comercial, lo que quizás fue
dominante a la hora de que los directivos del único sello discográfico
entonces decidieran quiénes grababan y a quiénes se difundirían.
Agradezco al Maestro Rey Montesinos, admirador del estilo de Leonel Bravet, quien me
puso en el camino de encontrar a sus familiares; también a los arquitectos-y melómanos-
Sergio Santana Archbold y José María Pérez quien desde Colombia y España,
respectivamente, me facilitaron importantes fuentes sonoras y documentales; y a mis
amigos Jorge Rodríguez, Lisette Díaz, Adriana Pazos y Vicente Prieto, del Archivo EGREM,
por la colaboración y entusiasmo de siempre. Gratitud especial a la familia de Leonel
Bravet (su viuda Regla; Nancy, su hija, y Michel Bravet, su nieto, estos últimos
continuadores del camino musical de su antecesor).
[1] En la década de los 60, este apelativo también lo recibió el cantante Ezequiel Cárdenas
(Nota de la autora)
[2] Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Pag. 92. Ediciones Museo de la Música. La
Habana. 2012.
[4] Max Salazar: Two Centuries of Charanga. The American Charangas. Part 3
(Conclusion). En Latin Beat Magazine, Noviembre 1994. Pag. 32.
[5] Nestor Emiro Gómez Ramos: Entrevista a Charlie Palmieri el 6.8.1981 en Barranquilla,
Colombia. En artículo Charlie Palmieri y su Duboney. Tomado de [Link]
[7] Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Apéndice. Editorial Letras Cubanas. La
Habana.
[8] Datos encontrados en Listas de Pasajeros de la Florida 1898-1963 (de Chicago a Miami, el 12 de
junio de 1959), consultada en [Link]
10
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16.
JAN
13
La Rosa Estrada: tamborero, bailarín, cantante. Foto de Roger Wood tomada del libro:
KATHERINEDUNHAM: HER DANCERS, SINGERS, MUSICIANS, publicado en Londres por
BALLETPUBLICATIONS LTD. en 1949. Edición: Richard Buckle. La foto corresponde a una sesión de
estudio realizada en 1948.
The Dunham Drummers: Arriba, con el bongó, La Rosa Estrada. Abajo sentado a la izquierda de la
foto:
Julio Méndez, con la tumbadora. Foto de Roger Wood tomada del libro:KATHERINEDUNHAM: HER
DANCERS, SINGERS, MUSICIANS, publicado en Londres por BALLETPUBLICATIONS LTD. en 1949.
Edición: Richard Buckle. La foto corresponde a una sesión de estudio realizada en 1948.
Tanto Julio Méndez, como La Rosa Estrada –cuyo nombre real quizás no haya sido
exactamente éste-, aparecen acreditados reiteradamente en los programas de mano,
críticas, promociones y publicaciones relativos a los espectáculos de la compañía de
Katherine Dunham a partir de 1946. Especialmente Estrada, dejaría quizás la más larga
huella temporal junto a la Dunham y su labor directriz y coreográfica, como ella misma
constatara. Sin embargo, en los fondos documentales del legado de la insigne
coreógrafa que se conservan en la Southern Illinois University (Colección Especial de la
Carbondale Morris Library), y en el Museo de la Fundación Katherine Dunham, poco
hemos encontrado que nos ilustre qué fue de estos dos cubanos. Al parecer, Méndez
se aleja de la compañía a mediados de la década de los 50, sin que se tengan noticias
más inmediatas.
Con Fernando Ortiz, de izquierda a derecha: Aguedo Morales, Pablo Roche y Jesús Pérez
La coreógrafa afirmó siempre que había sido Fernando Ortiz quien le había presentado
a Pérez. Inmersa como estaba ya en prácticas respetuosas de ciertas religiones
afrocaribeñas, y para no romper la sacralidad de los tambores batás consagrados,
Dunham encargó a Pérez la construcción de un set nuevo de estos instrumentos para
su compañía. Las investigaciones realizadas por la Dra. Moreno Vega le han permitido
afirmar que fueron éstos los primeros batás introducidos en Nueva York y que hoy se
conservan en el Katherine Dunham Museum en St. Louis.[11] Probablemente en esa
visita fue que Dunham vio a los tamboreros Francisco Aguabella y Julito Collazo,
quienes, según Olupona y Rey, tocaban en el grupo que el Dr. Fernando Ortiz había
organizado como parte de su labor de investigación y preservación de las tradiciones
músico-religiosas africanas y la bien llamada por él transculturación de estas
manifestaciones.[12] Collazo, en particular, había sido discípulo del mítico tamborero
Pablo Roche. Entre 1951 y 1952, el habanero cabaret Sans Souci presentaba la
primera producción coreográfica de Roderico Neyra Rodney; Zunzundamba-é, que
reunía a Celia Cruz, Xiomara Alfaro y Merceditas Valdés, entre otras luminarias.
Dunham viaja a La Habana en busca de tamboreros ante la proximidad de una gran
gira europea y la imposibilidad de encontrarlos en Nueva York. Se reencuentra con
Julito Collazo y Francisco Aguabella, que como músicos se presentaban en ese show
del Sans Souci, y contrata a este último.
A la izquierda, Julito Collazo (La Habana, 1925 – Nueva York, 5.3.2004) junto a Trinidad Torregrosa y
Raúl Díaz. Foto cortesía de Mark Sanders a través de su blog Fidel Eyeglasses.
Un momento muy especial vinculado a la presencia cubana en la compañía de
Katherine Dunham es, sin duda, el filme Mambo, del realizador Robert Rossen, con la
actriz italiana Silvana Mangano, en el rol protagónico, además de Shelley Winters y
Vittorio Gassman, coreografías de Katherine Dunham –quien también actuó y cantó en
la cinta-, rodado en Italia y producido en 1954 por Carlo Ponti y Dino de Laurentis para
la Paramount. La soprano cubana Xiomara Alfaro tiene una breve aparición en el
cuadro inicial, donde también aparece la figura de Francisco Aguabella en el bongó, y
cuyo nombre ha sido acreditado en los registros históricos del filme.
Clip del filme "Mambo"(1954)Al inicio mismo aparece Francisco Aguabella, con el bongó, como parte de
la Compañía de Katherine Dunham. Después en una breve aparición canta la soprano cubana Xiomara
Alfaro. Silvana Mangano baila un estilizado mambo junto a miembros del ensemble Dunham.
En 1955 el sello norteamericano Audio Fidelity publica el LP Katherine Dunham
present the Singing Gods: Drum Rhythms of Haití, Cuba and Brazil (AFLP-1803), en el
que ya participan y se acreditan los renombrados Aguabella y Collazo, en temas
rituales yoruba y abakuá. Katherine Dunham diría de ellos: “Francisco y Julio se
integraron con mucha firmeza en la Compañía Dunham. Sus nombres ya son
reconocidos como capitales en ese mundo de la sutileza y precisión en el toque de sus
tambores y de la intensidad de sus cantos y coros de "santo" y ñáñigo.”[13]
Joyce Aschenbrenner en su libro biográfico citado refrenda la cubanía del
percusionista Joe Sircus[14], vinculado al ballet de Alvin Alley, que asistía
regularmente a los seminarios que organizaba la Compañía de Katherine Dunham, y
colaboró especialmente, junto a otro percusionista mexicano, en las clases sobre ritmos
cubanos y brasileros.
El vínculo de Katherine Dunham con Cuba fue más allá de la presencia de estos
percusionistas. La contribución de su legado y su influencia en el desarrollo de la
danza contemporánea y folklórica en Cuba es incuestionable y ha sido reconocida por
grandes nuestros como Ramiro Guerra -quien estuvo muy cerca de su magisterio- y
merecen siempre la atención y estudio de los entendidos. Katherine Dunham fue
mucho más que una bailarina: fue coreógrafa, antropóloga, actriz estrella, directora,
productora, ensayista y también fundadora y supervisora de su propia escuela de
danza, a la vez que pudo vanagloriarse de dejar un legado fonográfico específico y raro
en la interpretación de cantos litúrgicos y folklóricos de las más diversas
manifestaciones de lo africano en el crisol del Caribe. Siempre remarcó la impronta de
lo cubano en el trabajo de su compañía y en el espíritu de su creación, empeñada
como estaba en reconciliar la cultura de su país con la parte africana de sus ancestros,
y su diáspora.
En cualquier caso, los músicos cubanos que trabajaron bajo su genial dirección
crecieron a su lado y bajo su magisterio, supieron proyectar el modo de tocar y de
decir, como algo raigal y abarcador, más allá de la ritualidad y la religiosidad, o más
bien, como una externalización de aquéllas. Chano Pozo, el más grande, se hizo
mito. Francisco Aguabella llegó a ser uno de los más grandes y famosos
percusionistas en Estados Unidos. Chino Pozo figura entre los bongoseros más
recordados y de más amplia hoja de vida profesional en ese país. Julito Collazo,
batalero, tamborero, babalawo, tiene por derecho propio un lugar en la expansión de
estos instrumentos y de la Regla de Ocha en el ámbito neoyorkino. La voz y el toque
de Julio Méndez son parte del legado inicial cubano en la troupe de Katherine Dunham.
Y cuando el 15 de enero de 1979 se reunieron en el Carnegie Hall de Nueva York tres
generaciones de bailarines y músicos que trabajaron con la Sra. Dunham, para rendirle
tributo, cuenta la revista Performing Arts[15] que allí apareció “el venerable La Rosa
Estrada, uno de los percusionistas líderes de la compañía de Katherine Dunham”, casi
cuarenta años después que el encuentro con la genial danzarina le cambiara la vida.
Otras fuentes
o [Link]
o [Link]
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17.
NOV
25
Pocos años después, la noche del 26 de abril de 1930, Don Aspiazu y su cantante
Antonio Machín comenzarían a construír el hito más alto alcanzado por la música
cubana en Estados Unidos hasta esa fecha, cuando en el Teatro de la RKO en
Broadway y la 46, en Nueva York, hicieran sonar su versión de “El Manisero”
de Moisés Simons. El éxito venía ya en camino, pues a menos de un mes, el 13
de mayo, ya la RCA Víctor estaría grabando la versión de Aspiazu y Machín, y
siete meses después saldrían las placas de 78 rpm al mercado estadounidense:
era el primera fiebre de la música latina en la llamada Gran Manzana, era la
locura de la rumba.[4] Con una increíble rapidez la popularidad de “El
Manisero” se propagó por muchos estados de la Unión, y hasta traspasó
fronteras: algo similar comenzaría a ocurrir en la lejana París, y de lo cual, uno
de los responsables también sería el cubano Don Azpiazu. Las crónicas de Alejo
Carpentier, testigo presencial y partícipe, ilustran este momento mejor de lo que
cualquier otro pudiera hacerlo.[5] Más allá del espectro sonoro, en 1931 la
Warner Brothers tomó la obra de Simons comoleitmotiv para llevar a la pantalla
a la mexicana Lupe Vélez y al cantante operático Lawrence Tibbett en un filme
que pretendió recrear con escaso acierto y menor información un ambiente
cubano, pero donde “El Manisero” fue más que una canción, un verdadero
protagonista: ese filme es Cuban Love Song, dirigida por W.S. Van Dyke. Y por
supuesto, era válido tan siquiera el interés demostrado por acercarse con
curiosidad, aunque con poco rigor, a la vida de un país que comenzaba a hacer
mover rítmicamente los pies a los norteamericanos, aunque los desaguisados
quedaron para la posteridad. Para este empeño, hicieron viajar directamente
desde La Habana, a Ernesto Lecuona con la Orquesta de los Hermanos Palau, y
también a la soprano Carmen Burguette y la actriz Sol Pinelli, como doble de
Lupe Vélez, pero aun así, ni la Vélez, ni mucho menos Tibbett –reputados con
respectivas exitosas carreras- lograron ir más allá de una epidérmica versión de
“El Manisero”. Sol Pinelli dejó constancia de su disgusto y de cuánto hizo junto al
Maestro Lecuona por revertir, inútilmente aquella visión adulterada de lo
cubano. Sobre esto le comentaría al periodista Germinal Barral (Don Galaor) “…
[el filme] estaba fuera de ambiente y ridiculizaba en parte nuestras costumbres
y hasta nuestro carácter. Por ciertas cosas que ocurrieron me negué a hacer
algunas escenas. […] Terminé mi contrato, pero no pude evitar, como no lo pudo
evitar el maestro [Ernesto] Lecuona que nos acompañaba a Carmen Burguette, a
la orquesta de los Hermanos Palau, a Armando Mario, que la película fuese
desde el punto de vista ambiental, un desastre.”[6]
El 5 de diciembre del propio 1931 el filme Cuban Love Song tendría su estreno
mundial, arropado por el éxito arrasador de “El Manisero” en la voz de Antonio
Machín. No se hablaba de son en Estados Unidos, se hablaba entonces de
rumba, generalizando bajo esa palabra todo lo que sonara cubano, aunque en
esencia, distara mucho de los patrones rítmicos y esenciales de ese género
maravilloso surgido en los barrios empobrecidos de La Habana y Matanzas. Para
algunos norteamericanos que, más allá de lo que veían en la pantalla del cine y
en los cabarets citadinos, se acercaban a lo que sonaba en las
zonas periféricas y humildes de la ciudad de La Habana, se hacía ostensible la
diferencia. El periodista norteamericano Joseph Herhesheimer, en su
crónica “La Habana, la ciudad oscura” publicada en la revista Bohemia el 19 de
marzo de 1933 advertía apasionado: “A veces, sintiendo la atracción y la
sugerencia de la música nativa embargando mi imaginación, acudía a los
lugares en que sabía que la rumba era bailada en toda su original y violenta
emoción. La rumba, al revés del refinado danzón, es un baile que no puede
mostrarse en su verdadera intensidad fuera de Cuba.[…] La música tenía una
forma fundamentalmente sencilla, no más complicada que el golpear del corazón
sobre el pecho. Era continuada e integrada por un constante sonar de
maracas, güiros y palitos [7]. Los güiros producían un seco e incesante sonido,
los palitos adquirían de cuando en cuando un mayor énfasis en su golpear. La
rumba comenzaba, bailada por un hombre y una mujer. La música era lenta
como los sonidos de la naturaleza. El auditorio se reunía en círculo en el piso de
tierra, permaneciendo silencioso y atento. Cada uno de aquellos individuos,
era evidente, se sentía saturado por el ritmo. La tensión de la audiencia de los
danzantes era extraordinaria. En la oscura luz, mil, diez mil años ya pasados
se revivían. El sonido de las maracas era monótono y
enloquecedor. Contribuía a magnificar, a hacer audible el golpear de la
sangre. La rumba, pude comprobarlo, no era un símbolo, era un acto profundo
e inmemorial. Al mismo tiempo, era algo más que una manifestación física de
aquel arte primitivo.”[8]
A pesar de esto, la rumba edulcorada a la medida de los asiduos a
los ballrooms norteamericanos continuó penetrando triunfante durante la
primera mitad de la década de los treinta en el gusto de multitudes en aquel
país. El baile de una adolescente blanca -Alicia Parlá- llamaría la atención del
empresario Leo Reisman –quien quizás nunca vio bailar una rumba como debía
ser- y la contrata; Mariana, que sería su nombre artístico, debuta en el Central
Park Casino de Boston, como “rumbera” de la orquesta de Don Aspiazu, con un
paso fugaz por escenarios de Estados Unidos, y saltando de inmediato con
Aspiazu y el éxito momentáneo al Viejo Continente. [9] Pero eso, es otra
historia.
Un año y medio después del estreno de Cuban Love Song, los ojos del mundo
mirarían hacia Chicago, donde el 27 de mayo de 1933 se
inauguraba la Century of Progress World Exposition, que se prolongaría hasta
noviembre del mismo año. Apenas mes y medio después, comenzaría
a concretarse la idea de mostrar la rumba cubana en esta feria mundial. Con
apenas diecisiete años, una linda mulata de ojos muy rasgados que delatan la
definitiva cercanía de su compartido origen chino, acompañada de un negro
acharolado, delgado y elegante, casi de su misma edad, abordarían el 8 de julio
de ese mismo año el vapor Florida en el puerto habanero con rumbo a
Tampa. Su destino final, de momento, era también Chicago. Ramona Ajón
Pérez, nacida en La Habana, era ya, quizás, la Estella que reinaría en los
escenarios neoyorkinos, pero ella misma no lo sabía, aunque declarara ante las
autoridades migratorias de Tampa ser bailarina, tener 21 años y residir en la
calle de la Línea No. 150 en La Habana. Bailarina era, y parecía no tener
rival. Bailaba desde muy pequeña, y hasta había ganado una competencia
escolar. Integró la compañía infantil de Roberto Rodríguez, donde, según sus
propias palabras, hizo mucho por que la pusieran a bailar rumba, ya que,
normalmente, le asignaban roles en bailes orientales y hasta brasileros, según
contó a Don Galaor en entrevista publicada en la revista Bohemia el 15 de
agosto de 1954. Casi sin salir todavía de la infancia había formado pareja
con René Rivero Guillén en esto de bailar, y con él ganó un concurso en Cuba
cuando sólo tenía catorce años. Había aprendido los secretos de la rumba en las
calles y esquinas de La Habana. Su primer contrato profesional como bailarina
lo firmó por tan solo un dólar y cincuenta centavos a la semana. Gradualmente
fue capaz de ir ascendiendo y consiguiendo mejores salarios en Cuba. [10] En
la pista del Chateau-Madrid y también en elEdén Concert de Víctor Correa, fue
de las primeras mulatas que reinaron en esos sitios de diversión. Junto a
René decidió que en lugar de Ramona, su nombre artístico sería Estela. Y
René debió que ser ya el extraordinario, elegantísimo y casi inimitable bailarín
que llegó a ser, habiendo nacido en cuna rumbera, en Cárdenas, como dejó saber
a los mismos oficiales de inmigración cuando le preguntaron, confesando tener
también veintiún años. (Colijo, por documentos encontrados durante la
investigación, que ambos habrían nacido entre 1915 y 1916, pero quizás, con
diecisiete años, no habrían podido embarcarse solos en aquella aventura, por lo
que habrían decidido aumentar sus edades). [11] Ante la perspectiva de que
ocurriera un suceso trágico o excepcional durante la travesía, tan jóvenes
como eran ambos, dieron a las autoridades los nombres sus respectivas
madres: Pilar Pérez, la de Estela; y Concepción Guillén, la de René, que ya vivía
en La Habana, en la calle Clavel No. 19.[12]
René y Estela en el filme "Tierra Brava". Foto publicada por la revista Cinema
(Cuba), 1938.
Otro filme sería “México lindo”, donde Estela y René también son
acompañados por el conjunto Hatuey y bailan “Cuidadito Compay Gallo” de
Antonio Fernández “Ñico Saquito”.
René y Estela en filme "México lindo" Repercusión en revista Cinema. Feb. 1939.
René y Estela en el filme "México Lindo" con el conjunto Hatuey en "Cuidadito
Compay Gallo", de Ñico Saquito. 1938.
René y Estela en otra escena del filme "Tierra Brava". ¿Quién dice que esto no es
bailar casino?
Finalmente, “María”, cinta dirigida por el mexicano Chano Urueta con las
actuaciones de Lupita Tovar, Josefina Escobedo, Juan de Landa y basada en la
novela de Jorge Issacs, donde René y Estela interpretan los roles de Tiburcio y
Salomé. [17] Este último filme inició en 1939 la temporada cinematográfica del
Teatro Martí, devenida sala de cine en virtud de un contrato suscrito para la
proyección de filmes hablados en español y películas francesas. “Tierra Brava”
sería programada en el Martí diez días después.[18]
Tal era la fama y la simpatía conquistada por la pareja de rumberos, que en 1939
se produce la entrada de René y Estela a Hollywood, con su presencia en el
filme “Another thin man”, producida por la Metro Goldwyn Mayer, en cuyos
estudios se realizaron todas las filmaciones. René y Estela, aparecen en los
créditos como René and Stella, y bailan en el filme el tema Siboney, de
Ernesto Lecuona, haciéndose acompañar de un sexteto en The West Indies Club.
René asombra por sus extraordinarias cualidades, en el famoso baile de
tornillo que, tras el estreno del filme el 17 de noviembre de 1939, lo convertiría
en un mito viviente y exótico entre los bailadores y bailarines en los Estados
Unidos. Pero en modo alguno sería casual la elección de René y Estela para
ilustrar un momento musical en este filme: la locura de la rumba tenía que
estar presente y por todo lo alto: con sus mayores exponentes reconocidos. Sin
embargo, René y Estela supieron mostrar la esencia de la verdadera rumba, del
verdadero son, como expresión de resistencia cultural ante las versiones
confusas y manipuladas que se expandían, como rumba, por todo el territorio
de la Unión y más allá de sus fronteras.
René y Estela en el filme norteamericano "Another Thin Man" (1939)
En todos ellos, desde 1935 y hasta que Estela se casara con Pedrito Hernández,
fue Agustín Brito el percusionista que acompañó a René y Estela en sus
actuaciones.[20] A propósito del Park Plaza, el italo-norteamericano Vicent
Livelli, quien llegaría a ser uno de los más famosos y virtuosos asiduos a esta
sala de baile, ha rememorado los gratos recuerdos junto a Estela y René,
quienes le iniciaron en la pasión por los ritmos afrocubanos. La lúcida
longevidad de Livelli permitió que contara a Robert Farris Thompson, qué le
ocurrió al tercer día de ir por primera vez al Park Plaza y contemplar inmóvil y
admirado a los danzantes, sin decidirse a salir a la pista. Tras declinar
cortésmente bailar con una muchacha que lo invitaba “… se me acercó René, el
maestro de la rumba, y me preguntó: “Por qué no baila?” y le
respondí: “Porque no sé cómo hacerlo”. René señaló a su pareja, Estela, y le
pidió que me enseñara. Era como si le hubiera pedido a Derek Jeter que me
entrenara jugando baseball, o a Venus Williams, que me enseñara a jugar tenis ”.
[21] Así fue su primer encuentro con Estela y René cerca de 1938, y en el citado
artículo, Livelli se extiende en detallar el desempeño escénico de René y
Estela, con técnicas “casi acrobáticas” en su opinión y con una interacción
impecable con la música. “El final era algo de altísimo rango, digno del acto que
interpretaban, signado por una elevada calidad, creatividad e inventiva, muy
elaborado, sí, pero totalmente auténtico. Estela era una imagen llena de
sensualidad, gracia y aristocrática elegancia: en realidad René y Estela
representaban, ambos, la realeza afro-cubana.”[22]
René y Estela en Chicago, retratados por el famoso fotógrafo Maurice Seymour.
Años 30.
Se hace difícil evaluar el desempeño de Estela y Papo, pues a día hoy no se han
encontrado imágenes audiovisuales que lo permitan, quedando insatisfecho el
intento de la comparación inevitable con el tremendo bailarín que fue René
Rivero, pero la propia Estela, como dijimos, se encargo de dejar su opinión
autorizadísima. Aun así, no creo que haya disminuido el talento de la mítica
rumbera y la fascinación que provocaba su baile. Lo que se fue apagando fue
larumba craze, dando paso a otras locuras: la de la conga, con la que
irrumpió a paso arrollador el gran Miguelito Valdés, imitado con desafuero
mediático por el santiaguero Desi Arnaz; y muy pronto, la del mambo, que, de la
mano de Dámaso Pérez Prado, retumbó en los cuatro confines del
universo. Curiosamente, esto ocurre cuando se afianza otra locura de rumba y
de mambo, un poco más al sur del gigante del Norte: en México, dando trabajo a
una cifra relevante de músicos y bailarinas cubanas y de la cual el cine azteca
exhibe un portentoso legado.
En 1941 Estela aparecerá, junto a Armando Oréfiche y los Lecuona Cuban Boys
en el filme argentino "Mamá Gloria", y esta vez su pareja será Chiquito Oréfiche,
integrante de esa orquesta. Por primera vez se verá en un filme a Estela y su
bata cubana con sus famoso cinturón de maracas atado a sus caderas. Viaja a
otros países de Suramérica junto a los Lecuona Cuban Boys y regresa cada vez
a Cuba. A propósito del trabajo de Estela junto a Armando Oréfiche, el Dr.
Cristóbal Díaz Ayala me ha confirmado algo que alguna vez leí sin constar su
origen ni alcanzar a verificarlo: Oréfiche contaba que había escrito Mesié
Julián inspirado no en el gran Bola de Nieve, sino en René, el de Estela, y
ciertamente, el refinamiento del estilo de René podría haberlo provocado.
Estela y los Lecuona Cuban Boys, con Chiquito Oréfiche como pareja, en una escena
del filme argentino
"Mama Gloria" (1941)
Notas
[1] Revista Bohemia – 1957. También hay referencias en otras fuentes acerca de la
presencia de Regino López, Lina Frutos y otros artistas del Alhambra en Nueva York
en 1922. Para ampliar sobre Lina Frutos, véase: Federico Villoch: La rumba de Lina
Frutos en revista Carteles. No. 36, de septiembre 4 de 1938. Páginas 11 y 12.
[2] Josephine Powell: Tito Puente: when the drums are dreaming. Ebook. Author
House, Bloomingto, IN. Pág. 24
[4] Max Salazar: Mambo Kingdom. Latin Music in New York. Schirmer Trade Books.
New York. 2002. Pag.2
[5] Alejo Carpentier publicó esas crónicas en la revista Carteles los días 20 y 27 de
noviembre de 1932 bajo los títulos DON ASPIAZU EN PARIS y EL ALMA DE LA
RUMBA EN EL PLANTATION, respectivamente. Pueden consultarse en LA MUSICA
EN CUBA. TEMAS DE LA LIRA Y EL BONGO, Editorial Museo de la Música, La Habana.
Pp.457-465
[6] Don Galaor: Sol Pinelli. La mujer que muere todos los días. En revista Bohemia.
21 enero de 1941.
[11] En una lista de pasajeros de julio de 1935, Ramona Ajón aparece con la edad de
20 años, mientras que René figura con 22. En otra lista correspondiente a
septiembre de 1936, René aparece con 23 años y Ramona “Estela” con 20 otra vez.
En otra lista de pasajeros aéreos procedente de Barranquilla, Colombia y con destino
a Miami, el 31 de mayo de 1946 Ramona Ajón Pérez aparece con 30 años de
edad. (Nota de la autora)
[12] List or Manifest of Alien Passengers for The Unites Inmigation Officer at Port of
Arrival (Tampa). Buque Florida. Havana, Cuba, July 8 – Tampa, Fla. July 9, 1933.
(En [Link]) El apellido de la madre de René aparece en este documento
como VILLEN.
[13] Jesús Blanco Aguilar: 80 años del son y soneros en el Caribe. 1909-1989. Fondo
Editorial Tropykos. Caracas, 1992. Pag. 66
[15] Véase: Leonardo Padura: Carmen con y sin nostalgia. En diario Juventud
Rebelde. La Habana, junio 26 de 1988.
[17] Revista Carteles. Octubre 9 de 1938. La Cronología del Cine Cubano en su tomo
II también consigna la presencia de Estela y René en el filme mexicano “María”, de
Chano Urueta.
[18] Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano. Ediciones
ICAIC. (1837-1944)Vol. II. Pag. 136
[19] Josephine Powell: Tito Puente: When the Drums are Dreaming. Pág.55.
[21] Robert Farris Thompson, Vicent Livelli & Pablo E. Yglesias: Savoring the Roots
of New York Mambo. The Park Plaza Chronicles of Vincent Livelli.
[22] Idem
[23] Yesenia Fernández-Selier: The Making of the rumba body: René Rivero and the
Rumba Craze
[24] Idem.
[26] El nombre de pila de Papo lo aporta Josephine Powell en su libro “Tito Puente:
when the drums are dreaming”.
[27] Jess Losada: Rumba y Deporte en Broadway. Revista Bohemia. Mayo 5, 1940.
[31] Bobby Collazo: La última noche que pasé contigo. 40 años de farándula
cubana. Editorial . Puerto Rico. Pag. 360.
[32] Josephine Powell: Tito Puente: when the drums are dreaming. Pag. 213
[33] Rosendo Rosell: Vida y milagros de la farándula cubana. Tomo 5
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18.
OCT
31
“SOY CUBA”. TRES HISTORIAS SOBRE SU
MUSICA...MEDIO SIGLO DESPUES: PELLO EL AFROKAN
Se iniciaba el mes de abril de 1963 y Tropicana, tras un espectáculo de
transición, estrenaba “Senseribó”, el nuevo show que uniría en la pista del
salón Bajo las Estrellas, entre otros, a Caridad Cuervo, Paulina Alvarez, María de
los Angeles Rabí, Miguel Angel Ortiz, Roberto Barceló y Pello el Afrokán,
considerado para entonces una emergente revelación de la percusión
cubana. Con apropiaciones artísticas de la ritualidad afrocubana,
especialmente abakuá, con énfasis en unos diseños que reinterpretaban su
simbología, Senseribó resultaba a la vez un espacio ideal para que un joven
llamado Pedro Izquierdo Afrokán proyectara desde ese escenario y ante un
público diverso sus dotes como estilista de la percusión. Pero sobre todo,
resultó la vía expedita para que él mismo, sus tambores y una recreación de
alguno de los cuadros de ese show aparecieran en el filme Soy Cuba.
Todo fue cuestión de meses: a inicios de 1963, Pello no alcanzaba aún los
niveles de popularidad que consiguió meses después; luchaba en febril quehacer
por concretar lo que tanto deseaba: formar una gran banda de tambores. La idea
en sí misma no era original, pues tenía como antecedente inmediato la creada
por el santiaguero Enrique Bonne en 1962. Y es que comenzaban entonces a
proliferar formaciones musicales con predominio de instrumentos de percusión,
lo que pocos años después iría en aumento. Bonne, desde su Santiago de
Cuba, se había propuesto desprejuiciar la mirada popular hacia el tamborero, el
tumbador, el conguero, “…sacar la percusión de esa cosa callejera, porque en
realidad la gente rechazaba la percusión (…) lo veía como lo último, no le veían
con importancia.”[1] Pero Pello quería lo mismo y a la vez, otra cosa: su gran
aporte sería sumar a ese conglomerado de tambores, la brillantez de los
metales. En lo personal, y en esto de andar por los escenarios tumbadora en
ristre, ya tenía un camino recorrido cuando en 1945, con sus escasos doce años,
actuó en el Teatro Martí, junto a sus hermanos Roberto y Gilberto. Se dice que
en 1959 formó un pequeño grupo, sin mayor trascendencia, y que a la creación
de la Escuela Nacional de Arte, fue llamado para participar como
instrumentista en las clases de danza y percusión.
Afrokán inspiró e influyó también en Carlos Santana, quien grabó, con éxitos de
ventas, su versión de María Caracoles y hasta hoy la mantiene en algunos de
sus conciertos. En 1977 Pete & Sheila Escovedo incluyen Azteca
mozambique en su LP “Solo Two”y el percusionista
puertorriqueño Cachete Maldonado y su grupo Batacumbele, grabaron su
versión de La pillé. Pello mismo, en persona, recorrió muchos países llevando
la alegría y rotundidad de su ritmo. Sin embargo, como ocurrió a muchos
músicos cubanos, fue víctima de su propia circunstancia epocal. El auge de
su mozambique ocurre en momentos donde no pudieron ser frecuentes los
intercambios personales entre los músicos que vivían en la Isla y sus iguales en
Norteamérica y por ello la expansión internacional del mozambique no
repercutió en beneficios económicos significativos que refrendaran su éxito .
Durante la década de los sesenta el ambiente musical se caracterizó por la
aparición de nuevos ritmos, como elpacá de Juanito Márquez, el pilón de
Enrique Bonne y Pacho Alonso, el dengue de Pérez Prado popularizado en Cuba
por Roberto Faz y su conjunto; sin embargo, la fiebre del mozambique duró varios
años, y aquí sí las diversas manos que tejían y destejían sin cesar, como
Penélope, los hilos mediáticos, tuvieron mucho que ver con la prolongación de
su permanencia. Al Afrokán se le permitió centrar el programa de
televisión Ritmos de Juventud, dirigido de manera elocuente a los segmentos
más jóvenes de la teleaudiencia y que se mantuvo en pantalla durante
cuatro años consecutivos. También su presencia fue más que recurrente en
muchos programas de radio y otros espacios televisivos. Una profusa
iconografía relacionada con los medios de prensa ha preservado para la historia
la imagen del Afrokán. Pello quiso y se dejó querer por el poder mediático, pero
ni más ni menos que lo que ocurre y ocurrió hoy y siempre con artistas que
llegan a alcanzar renombre. Cercano el fin de la década de los sesenta, quizás
consciente de lo que se avecinaba, Pello quiso refundar su mozambique, y los
que asistieron al show que en 1972 encabezaba en el cabaret Parisién del Hotel
Nacional pudieron constatarlo. Afrokán sabía dirigir grupos de numerosos
percusionistas y bailarines y manejaba como pocos, los entresijos de las
producciones musicales carnavalescas.
LD-4365 Areíto-EGREM
A1 El mozambique
A2 Ileana quiere chocolate
A3 María Caracoles
A4 Qué es esto que llega
A5 Se formó el tiquitiqui
A6 Oyeme
B1 Mozambique internacional
B2 Camina como cómico
B3 Jacilitín y Pepe
B4 La pillé
B5 Y qué voy a hacer
B6 Arañaquiñá
En 45 rpm vynil**
EGREM-45-2486 María Caracoles / Ahora sí
EGREM-45-2599 Oye te llamo así / Ileana quiere chocolate
En recopilatorios
LD-3249 Sorpresa Musical (con el tema “María Caracoles”) Areíto
EGREM.
Otras Fuentes:
o Entrevista de Julio Ramos a Livio Delgado. En [Link]
o Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas. La
Habana. 2006
o [Link]
o Luis Tamargo: Pello el Afrokán: el sabor que canta. En La Opinión. Los
Angeles, CA.
o Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Editorial
Letras Cubanas. La Habana,.
o Catálogo Discográfico EGREM-Areíto.
o Revista Cinema 1963 y 1964
o [Link]
o Archivo EGREM
19.
SEP
26
El álbum “Song for Maura”de Paquito D’Rivera (La Habana, 1948) y el Trío
Corrente conquistó el preciado fonógrafo en la anterior edición de los Grammy
Awards en enero pasado, en el apartado Mejor Album de Latin Jazz. Para esta
XV edición de los Latin Grammy, ha sido nominado en idéntica categoría y se
suma a la ya extensa lista de reconocimientos de la Academia Latina al trabajo
del genial clarinetista, saxofonista y compositor.
La categoría Album del Año premia también a los productores y técnicos, y ahí
aparece el nombre de la joven ingeniera Olimpia Calderón (La Habana, 1979),
de los estudios Ojalá, por su participación en la grabación de “Ojos color
sol” que figura en el disco “Multiviral” de Calle 13. En ese mismo apartado
vemos al nombre de Aneiro Taño, uno de los responsables de la grabación en el
disco “Raíz”, que unió a Lila Downs, Niña Pastori y Soledad. Y quizás por
primera vez aparezca el nombre de un técnico cubano en la categoría Grabación
del Año, una de las más codiciadas: aquí, Maykel Bárzagas Remón (La
Habana, 1983) adiciona otro distinción a “Bailando”, esta vez, como parte de
los técnicos e ingenieros responsables de la grabación, mezcla y masterización
de este corte fonográfico. En la parte técnica, el habanero Guianko Gómez
Medina comparte nominación en Album del Año como grabador en el
disco “Más Corazón Profundo” del colombiano Carlos Vives. Guianko aparece
nominado también en su condición de compositor en las categorías Canción del
Año y Mejor Canción Tropical como co-autor del tema“Darte un beso” en la voz
de Prince Royce.
(Publicado en [Link])
Publicado 26th September 2014 por Rosa Marquetti
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20.
SEP
11
Carlos Fariñas
Carlos Fariñas parece haber interpretado cabalmente lo que deseaba Mijail
Kalatozov para su filme: la música original se inserta en la esencia épica que
pretendía reconstruír un período demasiado abarcador de la más reciente
historia cubana; en la dinámica de las escenas y en la grandilocuencia y el ritmo
de la narración cinematográfica. Desde el exotismo tropical que, al decir del
maestro Carlos Fariñas “…ellos [los soviéticos] evadían en sus películas y de
modo ingenuo querían exaltar aquí como las secuencias del pecado erótico
caribeño” en la famosa escena de la piscina del hotel Capri; los pasajes que
recrean la lucha insurreccional en las ciudades y en las montañas; las escenas
de desenlaces conmocionantes y trágicos, hasta otros momentos que
quedaron para siempre en el anecdotario del filme, y que hacen pensar que no
todo fue tan organizado como podríamos suponer: además de los ya narrados
en el caso de Los Diablos Melódicos, hubo momentos de cándida improvisación,
y uno en concreto, nos dejó como saldo no premeditado una de las obras más
importantes de la música contemporánea cubana para guitarra de los últimos
cincuenta años: la mundialmente interpretada Canción Triste, del maestro
Fariñas. En el excelente documental “Soy Cuba. O mamute siberiano” (2005),
del realizador brasileño Vicente Ferraz, quien reencuentra, 41 años después a
muchos de los que integraron el equipo de realización de Soy Cuba, Fariñas
cuenta que “esa canción estaba programada por Kalatozov para un personaje
de carácter popular, para un trovador popular, para el cual Enrique Pineda y yo
debíamos componer una canción. No había todavía una selección de un actor
que hiciera ese personaje… y Enrique y yo hicimos una canción. Pero la sorpresa
nuestra es que a los tantos días sabemos que Kalatozov ya había filmado esa
secuencia con un personaje que encontró por la calle, y cuando vemos por
primera vez las imágenes, nos damos cuenta que era un hombre que ni siquiera
tocaba guitarra, ni siquiera que cantaba, sino que Kalatozov lo había
seleccionado sólamente por la imagen que le ofrecía.”
Fuentes:
o Entrevista a Chucho Valdés. Julio de2014.
Entrevista a José Galiño. Junio de 2014
o Documental “Soy Cuba. El Mamut Siberiano” de Vicente Ferraz (Brasil)
o [Link]
[Link] (sitio web oficial de Chucho Valdés)
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21.
AUG
18
Version del poster original de Soy Cuba, con diseno y flora de Rene
Portocarrero
(utilizado en el re-lanzamiento internacional del filme)
Imitaban a tal punto a sus alter ego rockeros Sammy Davis Jr. y “Little”
Richard, que hasta el final de sus días merecieron ser llamados “ Sammy”
y “Richard”, hasta por sus propios padres, sucesivos hijos y futuros nietos.
Para colmo, el parecido físico y performático de “Sammy” con Sammy Davis
Jr. era innegable. Ignacio Esteban Aymet Castro “Richard” y Félix Pérez
Castro “Sammy” eran primos hermanos y formaban el dúo Los Diablos
Melódicos, de los pocos en Cuba que tenían como referentes, al menos en lo
formal y externo, a los íconos negros del rock-and-roll norteamericano de
entonces.
Haz click aqui para ver a "Los Diablos" en "Soy Cuba" interpretando "Loco
amor".
La proyección armónica del dúo se iba enriqueciendo con arreglos para grupos
de pequeño formato que realizaba el propio Richard, quien era músico de
conservatorio. Así pudieron hacerse acompañar por otros músicos en diversos
sitios; por ejemplo, en el cabaret Venecia, en Santa Clara los acompañó el
grupo de rock Los Fantasmas, que en aquel espectáculo tenía a un jovencísimo
Enrique Pla en la batería, y que aún hoy recuerda su trabajo con Los Diablos
Melódicos.
En 1962 ya el rock y el twist ganaban cada vez más adeptos y copaban
ciertos espacios musicales, dominados por Luisito Bravo, Los Astros de Raúl
Gómez, y por Los Diablos Melódicos. También se destacaban Dany Puga, quizás
el primer intérprete de twist, Ricky Orlando, Jorge Bauer, Pedrito Tamayo, Lita
del Real, el dúo de Dino y Freddy, entre otros. Algunos sellos disqueros habían
avizorado un filón comercial en este boom de los “ pepillos” del rock-and-roll: tan
temprano como en julio de 1960, el sello Maype graba a Dany Puga en su éxito
“Muñequita”; la marca Velvet, por su parte, firma a Luisito Bravo como artista
exclusivo, a partir de su éxito en programas de televisión y en el Show de las
7 de Radio Progreso; el sello Modiner tiene como artistas exclusivos a Los
Pibes, integrados por Adel y Willy y presentados como Los Ases del Rock cubano
(Revista Show, julio 1960). Ya en octubre, Show reseñaba también el éxito
de Luisito Bravo con “…uno de los éxitos del momento: Elenita”, grabación del
sello Velvet. (Revista Show, octubre 1960). Al año siguiente, en marzo, la
misma publicación subrayaba el éxito de Bravo con los temas “Oh, Carol” y
“Adán y Eva”, publicados en un disco single de 45 rpm, al tiempo que anunciaba
la salida del segundo vinilo de larga duración del rockero. Poco más podría
encontrarse en cuanto a grabaciones comerciales del rock-and-roll en Cuba, en
esos años.
En octubre de 1962 Los Diablos Melódicos ya hacían lo suyo en el
club Olokkú, situado en la esquina de Calzada y E, en El Vedado, junto a Free
American Jazz, Pedrito Tamayo, Lita del Real, y su más fuerte competidor: Raúl
Gómez con Los Astros. (Adriana Orejuela, 457). Doblaban después en el cercano
club Le Mans, de 5ta. y B, haciendo el último show. Eran muy populares y
seguidos, al punto de que ese mismo año aparecerían en la selección de los más
destacados, según el diario Revolución, en la categoría de Rock y Twist, junto a
Dany Puga, Ricky Orlando, Pedrito Tamayo y Lita del Real. ( Adriana Orejuela,
460). “Había un movimiento de rock muy fuerte encabezado por Luisito
Bravo. En la noche rockanrolera en La Habana los que brillaban eran Luis
Bravo –que tenía en el Cabaret Nacional en Prado y Neptuno su cuartel general-;
Raúl Gómez y Los Astros, y Los Diablos Melódicos que capitalizaban la atención
de su fanaticada en el Olokkú, principalmente.” –afirma “Richard”. Los Diablos
Melódicos hacían uno de los dos shows nocturnos cerca de las doce de la
noche; recorrían después la corta distancia hasta Le Mans, y allí hacían el
show después de la medianoche, alternando con cantantes y bailarines.
Quiero creer que los soviéticos recorrieron muchos de los night clubs y
cabarets que proliferaban en La Habana de 1963 en medida directamente
proporcional a su ausencia en la fría ciudad del Kremlin. La frenética presencia
del rock-and-roll en ciertas zonas de La Habana nocturna, y su impacto en
grupos crecientes de jóvenes, ¿sería acaso para ellos lo más identificable con
el pasado capitalista destinado a ser barrido por las revoluciones? Tan lejano
de Moscú, y tan cercano de La Habana, ¿sería la música que podría identificar –
dentro de los lindes modélicos del realismo socialista- a una sociedad burguesa
representada también de forma estereotipada y lúdica, y que debía ser mostrada
en el filme como el pasado de no retorno? Quizás fue eso: lo más
“musicalmente capitalista” para ambientar las escenas que prefiguraban La
Habana anterior a 1959, fue el rock-and-roll, en sus dos antípodas: el rock
“duro”, actuado, que no sonado, por Raúl Gómez y Los Astros en la escena de la
piscina (Richard asegura que eran ellos y no otros los de esa escena) y el slow
rock sensual, romántico y dulzón de Los Diablos Melódicos.
Richard guarda todavía aquel telegrama citatorio que recibió cuando Los
Diablos se encontraban de gira en Santiago de Cuba, aunque confiesa que
nunca supo quién decidió que ellos estuvieran en el rodaje de Soy Cuba.
Regresaron de inmediato a La Habana, directo a la habitación en el hotel Habana
Libre donde él y Sammy se encontraron por primera vez con Mijail Kalatozov,
acompañado en ese momento por algunos de sus asistentes y por René
Portocarrero, quien tuvo a su cargo los diseños en Soy Cuba. Richard recuerda
que le pidieron que cantaran algo y lo hicieron: El Rock de la Cárcel –que a
mediados de 1960 fuera éxito de ventas de The Teen Tops con el sello
Columbia- , Mi oración, Crazy love (Loco amor). Desde uno de los locales del
ICAIC – en un edificio en la calle 23, pero entre 18 y 20- tomarían cada día de esa
semana el ómnibus que los llevaría al set de filmación en los estudios
Cubanacán. En el filme Los Diablos cantan un inverosímil “Loco amor”, versión
cubana de Crazy Love (1958), en la cuerda del slow rock, que era en ese
momento, una especie de himno entre los quinceañeros y jóvenes de otras
edades que martirizaban cada día y cada noche, los surcos del
famoso longplay vulgarmente conocido como “Los 15 de Paul Anka”, de
obligada presencia en toda fiesta juvenil que se preciara de serlo.
Fragmento de invitacion del Club La Red
Según Richard, Los Diablos grabaron con sonido directo durante el rodaje de las
escenas del bar. Sin embargo, después Kalatozov decidió enriquecer la
interpretación del dúo con un pequeño grupo, que integrarían Chucho Valdés, en
el piano; Guillermo Barreto en la batería y Orlando “Cachaíto” López en el
contrabajo. Grabaron en el estudio de Prado 210, el antiguo estudio del Canal
Escuela de Televisión de Pumarejo y que se estrenaba como estudio de sonido
del ICAIC. Y Chucho Valdés recordaría cuán difícil les resultó sincronizar
música e imágenes del rodaje, con dos cantantes que se estrenaban en estas
lides cinematográficas y musicales. Durante una semana, entre ensayos,
filmación y grabaciones, Sammy y Richard estuvieron inmersos en un mundo
que desconocían hasta entonces, sin saber que aquella incursión en el cine los
instalaría, varias décadas después, en un pedacito de lo mejor del cine en el
siglo XX.
Después de Soy Cuba, y durante todo 1963 y parte de 1964 continuaron siendo
muy populares; llegaron a presentarse en el mítico bar Las Cañitas del Hotel
Habana Libre –según recuerda Richard-, y continuaron en clubes, salas y teatros
del país a donde muchos de sus seguidores acudían para disfrutar de sus
versiones en español de temas icónicos del rock-and-roll y algunos de autores
cubanos. Los hechos ocurren demasiado rápido, pero si intentamos reconstruír
aquellos meses de 1963, concluiremos en que Los Diablos –influenciados como
estaban por el rock afroamericano y en especial por sus conjuntos vocales
armónicos- constituyeron sin proponérselo un antecedente inmediato al
surgimiento de quienes luego serían inmensamente populares: Los Zafiros,
quienes llegan a la cúspide el éxito en 1964.
Los Diablos siguieron con su música en otras partes, hasta que Sammy es
convocado al ejército en 1964, en el primer llamado del recién inaugurado
Servicio Militar Obligatorio y el dúo llega a su fin. Richard se reinventa, gracias,
según él, a que nunca tuvo fronteras en el gusto musical, a pesar de su fiebre
rockera. Amigo de Pello el Afrokán, se le une a la célula inicial de la banda del
Mozambique, de la que fue cantante fundador; luego, al llamado de Carlos
Embale, se incorpora al Septeto Nacional Ignacio Piñeiro como guitarrista , de
1992 a 2003, año en que forma su propia agrupación de música tradicional, el
Septeto Antonio Machín, con el que hoy continúa entre sones, boleros y
guarachas.
Hasta aquí, habrán podido intuír que en este caluroso verano de 2014 fui
tras Los Diablos Melódicos, cincuenta años después de que dejaran en el
celuloide el único registro de sus voces e imágenes que se ha
conservado. Sammynunca dejó de cantar, fue el que me pareció que estuvo
siempre más “visible” por su permanencia prolongada en la orquesta Ritmo
Oriental y también como solista en espectáculos del cabaret Tropicana y con la
agrupación de música afrocubana de Papo Angarica. Después integró
la Charanga All Stars, formación con la que se presentó en escenarios de
Estados Unidos y otros países. En los últimos tiempos podía vérsele cantando
en la Taberna Benny Moré, en la Plaza Vieja del Centro Histórico habanero.
Acaricié la idea de entrevistar juntos a los antiguos Diablos, al tiempo que les
proyectaba “Soy Cuba”; me sedujo la posibilidad de presenciar sus reacciones,
tantos años después de su transfiguración rockera, y fui tras ellos. Anduve
poco, porque casi al iniciar mi búsqueda me paralizó la noticia de que la vida de
Félix Pérez Castro “Sammy” había terminado en enero pasado, aquí en La
Habana, como consecuencia de complicaciones de la cardiopatía y la diabetes
que padecía, agravadas por un cáncer de pulmón. Semanas después tuve la
suerte de encontrar a “Richard”, quien con sus increíbles setenta años
conserva una memoria de privilegio. Y por él me enteré de todo, o casi todo.
Sammy con la Orquesta Ritmo Oriental, es el segundo de pie, de derecha a izquierda.
* * * * *
FUENTES
Humberto Manduley López: Parche: Enciclopedia del Rock en Cuba. En
proceso de edición.
Adriana Orejuela Martínez: El Son no se fue de Cuba. Claves para una
historia 1959-1973. Editorial Letras Cubanas, 2006.
Diccionario del Cine de España e Hispanoamérica. Editado por la SGAE.
España. 2012.
Revista Show. Ediciones de 1960 y 1961.
Revista Cinema. Ediciones de 1962 a 1964
Conversaciones con Chucho Valdés y Enrique Pla.
Entrevista vía email a Rosarito Moreno.
Entrevista a Ignacio Esteban Aymet “Richard”
© 2014. Rosa Marquetti Torres
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JUL
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La única magia que le tocó e hizo el milagro fue la del talento inmenso
convertido en voz poderosa, abarcadora como ninguna otra, y ese indefinible
estado de gracia con que entona un son, una columbia, un yambú, un
guaguancó. Coincidiremos seguramente al afirmar que las de Carlos Esteban
Embale[1] fueron unas de las cuerdas vocales mejores dotadas del panorama
sonoro cubano de todos los tiempos, y eso, unido al sentido de pertenencia a los
géneros más auténticos de nuestra música y su increíble capacidad para
emocionar, constituyen las expresiones más relevantes de su valía como sonero
y como rumbero, entendiendo el son y la rumba en sus disímiles modos y formas.
Siempre me ha impresionado el color y el registro de su voz, de poderosa
amplitud, clara y estremecedora como ninguna otra; un son cantado por él es
pura cadencia y virtuoso lirismo. En el guaguancó, en cambio, me gusta su
tono “peleón”, de ataque, su ritmo incomparable y su capacidad
improvisatoria. Es además, melodioso y afinado como pocos. Es Embale.
Sin embargo, el otro toque de hadas –o hados-, ese que hace posible que el
talento consiga expandirse y vencer la insularidad y otras plagas a las que
estamos condenados, ese que permite lograr otras glorias y estadíos humanos y
geográficos, ese no alcanzó al grande que fue Carlos Embale, cuya voz, en otras
circunstancias debió haberle asegurado, por sí sola, la dignidad de una vejez
cuidada y apacible. Somos muy dados al cliché, al nombre fácil tantas veces
repetido, al estereotipo. El de Carlos Embale no es de los que primero se
menciona, que viene a la mente al hablar de grandes de la música cubana, pero
cuando se pronuncia de golpe, sobreviene el asombro, la afirmación de la
excelencia y de estar en posesión de uno de esos lugares reservados
únicamente a los grandes grandes. Debió haber tenido más suerte. La
merecía. Se lo había trabajado a golpe de buen cantar y de demasiada
humildad. Desde que murió, cuando oigo su voz me derrota un sentimiento de
permanente admiración y otro de profunda pena, de vergüenza irrefrenable,
como si de mí hubiera dependido que su final fuese menos miserable y la
memoria más perdurable. De todos dependía….
Los inicios…
La radio fue para él, en sus inicios, el puente de plata que lo enrumbaría hacia la
música y el éxito frente al público. Fue en 1938 en La Corte Suprema del Arte, de
la radioemisora CMQ, donde cantó por primera vez. Alguna vez narró Embale
a la investigadora Erena Hernández que, aunque ganó dos veces el premio,
nunca consiguió que lo contrataran como cantante profesional en CMQ por el
simple hecho de ser negro. “Uno que le decían Carioca y un recitador llamado
Arístides fueron los dos únicos negros que tuvieron suerte en La Corte
Suprema… Por eso muchas veces tenía que irme hasta la playa de Marianao
para conseguir una peseta y comerme una frita. Cantaba con Choricera [el
famoso Chori, que ya labraba tempranamente su fama legendaria] , y esperaba
que me dieran alguna propina, si no, me unía a cualquier conjunto: cuando no
encontraba nada, tenía que irme al muelle a trabajar de barrendero. En el 40
empecé a ser suplente de las orquestas; después entré en el Conjunto Dandys
del 40”. (Erena Hernández, 158-159)
Según Helio Orovio, a partir de entonces, y casi un adolescente canta en
septetos como el de Alfredo Boloña y el Septeto Bolero. ( Helio Orovio, 132).
Después lo hace con la orquesta de Neno González, exitosa danzonera por
entonces, y en 1939 se incorpora en la orquesta Fantasía de José Ramón
Fernández, y después, ese mismo año, a la de Carlos del Castillo. Canta también
en academias de baile hasta que logra hacer una temporada con la orquesta
Melodías del 40 y con Los Dandy del 40 entre los años 1944 y 1946. ( Radamés
Giro, 2; 58-59).
Con el Septeto Matamoros… después del Benny
Algunas fuentes señalan el año 1946 como el de la llegada del Conjunto
Matamoros (a veces se presentaba también como Conjunto Baconao) a México,
cuya voz principal era un joven demasiado delgado que habían encontrado
buscándose la vida en el restaurant El Templete de la Avenida del Puerto, y que
respondía al nombre de Bartolomé Maximiliano Moré, quien poco después se
haría llamar para siempre Benny, Benny Moré. El Conjunto Matamoros regresa
a Cuba, pero Benny se queda en México y, teniendo como tenía un contrato fijo
con la radioemisora Mil Diez, Matamoros debió buscarle sustituto. Y
Matamoros no podía equivocarse: ese no fue otro que Carlos Embale.
Si las fechas de los archivos de RCA Víctor son ciertas, Embale grabaría ese
mismo año 1946 con el conjunto Matamoros el son "Noche Buena del
propio Matamoros, en lo que parece ser su primer registro sonoro.
Tres años después, en 1949, grabará para la misma casa disquera, cuatro temas
más con el Conjunto de Miguel Matamoros, y en 1950 registrará otros tres para
el mismo sello, abarcando guajiras, sones, bolero-sones, guarachas y una conga.
(Cristóbal Díaz Ayala. Sección 2 E-F. 841). Con Benny Moré, el recuerdo le avisa
de un encuentro posterior a esta sustitución, arropado por la barra de una bar en
el barrio de Belén y aguardiente de esos que te queman la garganta sin piedad:
contó alguna vez Embale que sería suficiente para que los dos jóvenes cantaran
al desengaño amoroso a ritmo de bolero (María del Carmen Mestas, 66)
Embale fue, como el propio Ignacio Piñeiro, Bienvenido León o Abelardo Barroso,
por sólo citar algunos, de los soneros que, sin sonrojo, asumieron la rumba como
algo propio. A propósito de esto, confesaría a la periodista María del Carmen
Mestas: "A fines de 1954, [Ignacio]Piñeiro, [Odilio]Urfé y [Rafael] Ortiz me
hicieron como una especie de complot para que yo cantara guaguancó, porque
hasta estos momentos lo que más hacía eran boleros, canciones y el son. Yo
sabía muchas rumbas porque tenía un hermano [Luis Embale] que murió joven,
que cantaba como nadie el guaguancó; he conocido destacados intérpretes de
esa música, pero como Luis ninguno; es lástima que su voz, como la de Pedro
Quevedo, no quedara grabada...". (María del Carmen Mestas, 68)
Esta grabación, devenida hoy en un mítico encuentro de grandes, unió por única
vez a Embale y los ya mencionados con Andrés Hechevarría “ Niño Rivera” en el
tres; Willie Bobo, en las pailas; y Papito Hernández y Fernando Vivar, en el
contrabajo, entre otros. El resultado sería el LP “Mongo in Havana. Bembé”
(Our man in Havana), hoy todo un clásico del género y de la discografía personal
de Mongo Santamaría, el mítico tumbador cubano que años después rompería
los cueros de la salsa neoyorkina y fijaría su nombre también en la historia del
jazz en Norteamérica. “Es un producto de excelsa calidad musicológica, al
punto de que las notas para el disco fueron escritas por un notable antropólogo
de la Universidad de California en Berkeley, experto en la religión, música y
lenguas de Nigeria, el doctor William Bascom. La importancia cultural y el
impacto de esta grabación es tal que debemos examinar su contenido en
detalle. (…) El lado B incluye cinco rumbas: tres guaguancós y dos
columbias. Las voces son las de Merceditas Valdés, Macucho y otro rumbero
de Jesús María y famoso sonero cubano, Carlos Embale.”(Raúl Fernández, 29-30)
De nuevo Urfé… y después….
Vuelve Odilio Urfé a ponderar la valía de Carlos Embale, una y otra vez: dos años
más tarde, el Primer Festival de Música Popular Cubana, organizado por el
incansable músico y musicólogo se convierte en el suceso cultural más
relevante de 1962; en él se reunió una cantidad sin precedentes de intérpretes
representativos de las más variadas manifestaciones de la música popular
cubana. Nunca antes las paredes del Teatro Auditorium –edificación a punto de
convertirse hoy, nueva y dolorosamente en las ruinas del Teatro Amadeo Roldán-
fueron testigos de un espectáculo similar. Desde el 18 de agosto se sucedieron
conciertos y representaciones de una trascendencia cultural que si bien no tuvo
precedentes, me atrevo a asegurar que tampoco tuvo émulos posteriores. En la
escena del Auditorium estuvieron, entre otros: Benny Moré, La Estudiantina
Invasora, Aberlardo Barroso y el Sexteto Habanero, el tresero Isaac Oviedo,
Cheo Marquetti, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, el Conjunto de Félix
Chappottín con Miguelito Cuní, el Trío Servando Díaz, Carlos Puebla y sus
Tradicionales, Rolo Martínez, Pacho Alonso, la orquesta de Cheo Belén Puig,
Paulina Alvarez… El 26 de agosto, como parte de “ …los estratos más humildes
y representativos del pueblo cubano…” (Odilio Urfé, [Link].), se presentaron,
entre otros, el Grupo Folklórico de Obreros de Oriente, con la conga santiaguera
y el cocoyé; Rafael Gómez “Teofilito” –el autor de “Pensamiento”- y coros de
clave espirituanos, Los Muñequitos de Matanzas con Saldiguera y Virulilla; Los
Timberos de Sabanilla del Encomendador, y Celeste Mendoza. “El rumbero y
sonero –¡de altura!- Carlos Embale, Adriano Rodríguez, Esteban Regueira
Bienvenido León y Estela Rodríguez, conformaron el Coro Folklórico Cubano, que
bajo la orientación de Rafael Ortiz (“Mañungo”) interpretó entre otras
memorables rumbas: A Malanga, Guaguancó de la Cárcel, La última rumba y
Saludo del Coro Ronco de Pueblo Nuevo.” (Adriana Orejuela, 206-207).
En 1964, Embale también aparecía en el Coro Folklórico, formación que en ese
año, la integraban además Cheo Marquetti, Ana María García, Estela Rodríguez,
Yuya Romay, Santos Ramírez, Esteban Regueira, Bernal y Herrera. (A. Orejuela,
242).
Carlos Embale y el Coro Folklórico cantando
El Edén de los Roncos (Ignacio Piñeiro) y Consuélate como Ayer
(Gonzalo Ascensio "Tío Tom")
Sin embargo, si nos atenemos a esta misma fuente, ese año Embale no
figuraba entre los cantantes del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, indicando
sólo a Joseíto Núñez como voz principal; Bienvenido León como voz segunda. A
finales de los 60 o inicios de los 70 graba con su Conjunto Guaguancó una
serie de discos de vinilo para el sello Areíto.
El segundo regreso al Septeto Nacional
En 1975 regresa al Septeto Nacional Ignacio Piñeiro. “Yo empecé en el Septeto
en 1953 – comentó Embale-. En el 64 me cambiaron para el
Conjunto Folklórico[2], porque además del son interpreto el guaguancó; pero
cada vez que se enfermaba el cantante, yo lo sustituía. Después me
propusieron que hiciera un conjunto de guaguancó, que a la larga se convirtió en
un problema, porque era mucho trabajo y me decidí por el Septeto [Nacional] en
el 75.” (Erena Hernández, 158-159 ). En 1980 sería el cantante más joven dentro
del Septeto Nacional. Con él graba varios discos de vinilo de larga duración,
y llega a sobrevivir en la agrupación a los últimos integrantes históricos.
El final no llegará…
La voz de Embale se hizo aún más popular cuando en 1978 irrumpía con
optimismo a través del programa televisivo“Yo también soy joven” con guión y
dirección de Loly Buján y Eugenio Pedraza Ginori. El tema que abría y cerraba
el programa lo encargó Pedraza Ginori a Rafael Ortiz “ Mañungo”, a partir de una
letra suya, en la que la permanencia de la eterna juventud, a voluntad, era la
idea central coincidente con la del programa. Grabado en el estudio 1 de Radio
Progreso, y contando con la trompeta del legendario Lázaro Herrera junto al
resto del Septeto Nacional de entonces, “El final no llegará” se convertiría en
uno de los bolero-sones “de fin de siglo” con mayor popularidad hasta hoy. ( Yin
Pedraza Ginori, su blog)
Como autor, Embale tuvo una discreta obra, que se limita a algunos guaguancós,
como A los Embales, Y a Matanzas, Timbalaye y Oh, humanidad (en co-autoría
con Pablo Cano), A San Miguel del Padrón, Rumba de Inesita, La casa de
mamita, entre otros.
Embale casi no salió de Cuba. Erena Hernández señala que lo hizo por primera
vez en 1979, cuando Odilio Urfé vuelve a encomiar su quehacer y lo lleva a
Nueva York, junto a Pello El Afrokán, para participar en un evento de música
folkórica que culminó con una presentación en el Carnegie Hall. A Panamá
fue entre el 17 y el 25 de junio de 1981 con el Septeto Nacional, del que aún
formaba parte. (Erena Hernández y Radamés Giro, obras citadas). Sobre esto,
Embale insistió alguna vez, premonitorio: “He hecho giras por el interior del
país, pero no nos quieren sacar al extranjero, porque dicen que hay muchos
viejos aquí [se refería al Septeto Nacional] y se pueden morir. ¡Pero si
cuando vamos a Oriente se suben a un avión que viaja a una altura de venticinco
mil pies! Lo mismo se mueren allá que aquí, y nos hace falta salir, porque la
música cubana ha cogido un auge muy grande en el exterior, y la mejor manera
de acabar con la “salsa” es llevando los grupos oriundos de Cuba, para que
sepan esa gente lo que es el son de verdad” (Erena Hernández, 159-160). No
podía suponer Embale que, pocos años después, la suerte cambiaría
radicalmente las vidas de algunos de sus coetáneos músicos, pobres y soneros,
pero esta vez, tampoco la magia a él lo elegiría.
Nunca se hizo presente el foráneo salvador –¿por qué siempre tienen que venir,
como las carabelas de Colón, de allende los mares?- que pudo haber colocado la
poderosa voz de Carlos Embale en las cuatro esquinas del mundo. Poco a poco
el bardo se nos hizo menos visible, aunque su voz seguía retumbando, de vez en
vez, como llamarada sonora en el recuerdo. Quizás nunca concibió su vida sin
cantar un guaguancó o un son montuno; quizás nunca imaginó que tendría que
aprender a vivir sin el aplauso, y conformarse con que quienes antes le llamaban
para cantar, ahora le ignoraran. Al parecer, prefirió quedarse colgado y flotando
en aquella zona del recuerdo en que fue inmensamente feliz. Nunca lo vi, pero
dicen que deambulaba en actitud mendicante por las calles de La Habana Vieja,
como nunca debimos permitir que se viera, que estuviera; la memoria lo había
abandonado, se le fue marcando el ritmo de un yambú o quizás, de una
columbia; la voz le quedó huérfana de la melodía del son y le abrazó el olvido de
sí mismo, de quien era y de quien llegó a ser. Carlos Embale, que había nacido
en La Habana, en 1923, un 3 de agosto, moriría en La Habana el 12 de marzo
de 1997 a los 74 años de edad.
Algo muy malo nos ocurre, como conglomerado humano, cuando no tenemos o
no queremos tener memoria. No es posible que alguien como Carlos Embale
nos haya dado tanto y nosotros le hayamos devuelto tan poco.
LP “Festival in Havana”
Consuélate como yo – rumba-guaguancó
Dónde estabas anoche – rumba-guaguancó – Ignacio Piñeiro
(Embale canta junto a Bienvenido León)
Desengaño de los roncos – rumba-guaguancó
Malanga – rumba-columbia
Ave María Morena – rumba-yambú
LP Riverside 4005 – Grabado en La Habana en 1955 con la supervisión técnica de
Odilio Urfé y el Instituto Musical de Investigación Folklórica. Reeditados estos
temas en TJudson J3011 bajo el título “Cuban Carnival”; Washington WLP-728 bajo el
título “Cuban Festival. Traditional Music of the famous Havana Festival; Milestone
MCD-9337-2 con título “Festival in Havana” y CD-708 “El Yambú de los Barrios”.
Carlos Embale en coros de otros temas. Músicos participantes: Ignacio Piñeiro,
Oscar "Floresita" Velasco, Pedro Mena, Carlos Embale, Bienvenido León, Adriano
Rodríguez, Oracio Endibo, Ana Maria García, Giraldo Rodriguez, Pedro Aspirina, Raul
"Nasaco" Díaz, Gerardo Valdés, Nicolas Mauro.
LP “Carlos Embales (sic). La Voz del guaguancó”. Con Los Roncos Chiquitos.
Día que
Por que me guardas rencor
Soñando el guaguancó
A los Embales
Guaguancó sabroso
Milonga española
Callejón de los rumberos´
A San Miguel del Padrón
Si cocina como camina
Ya se acabaron las penas
Quítalo del rincón
E, A
LP Areíto 4185. Los créditos indican la dirección de Rafael Ortiz “Mañungo” y las
orquestaciones de Carlos Embale. Disco de rumbas y guaguancós. Grabado en los
estudios EGREM, en La Habana, cerca de 1984.
LP “Todavía me queda voz”
Todavía me queda voz
Rumba pa’gozá
Bueno, y qué
Préstame el quinto
Mi puchunga de amor
Pim pam pun /Blen blen blen
Rumba de los rumberos
Hoy no es ayer
Rumba de Inesita
La casa de Mamita
Por qué me guardas rencor?
1, 2 y 3
LP Areíto 4297. Dirección Rafael Ortiz. Disco de rumba, guaguancó, conga y
yambú. Grabado en estudios EGREM en La Habana, en 1985.
LP “Carlos Embale”
Me encanta oírte cantar
Timbalaye
Calla
El viandero
Añoranza lejana
El diablo tun tun
Se fue
La mujer de Antonio
En el tiempo de la colonia
Estrella de amor
LP Areíto 4370. Dirección: Adolfo Pichardo y Pedro Depestre. Orquestaciones Rubén
González Fontanil. Grabado en estudios EGREM en La Habana, en 1986.
CD “Rumbero Mayor”
María La O
Tumbando caña
Rosina y Virginia
El Paso Franco – Bardo
Bombón
Tú eres muy niña
Solo solo bembele Changó
Alla viene como viene
Desengaño de Los Roncos
Dónde estabas anoche
El mulato rumbero
Oh humanidad
Llora como lloré
Con su guaraguara
Si cocina como camina
Ya se acabaron las penas
A los Embales
EGREM CD-020. Publicado en 1997, a partir de grabaciones realizadas por Carlos
Embale con diferentes formaciones. Fonograma descatalogado por la casa
discográfica (no aparece actualmente en su catálogo de ventas)
EN COMPILACIONES
LP Cuba 100 Years of Rhythm and Rum (Publicado en 1978)
A Malanga – Carlos Embale con el Coro Folklórico Cubano
EGREM LD-3709 y LD-3710.
FUENTES
- Helio Orovio: Diccionario de la Música Cubana. Biográfico y Técnico. Editorial
Letras Cubanas. La Habana, 1981.
- Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Editorial Letras
Cubanas. La Habana, 2007.
- Erena Hernández. La música en persona. Editorial Letras Cubanas. La Habana,,
1986.
- Cristóbal Díaz Ayala. Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música
Cubana, FIU, Miami.
- María del Carmen Mestas: Pasión de rumbero. Puvill Libros, 1998.
- Ricardo R. Oropesa y Omar Vázquez: “El grato sabor de la leyenda. Los 80 años del
Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro” en revista Tropicana Internacional No. 25-2007
- Jesús Blanco Aguilar: 80 años del son y soneros en el Caribe 1909–1998. Fondo
Editorial Tropykos. Caracas, 1992.
- Odilio Urfé. Notas al Programa del Primer Festival de Música Popular Cubana.
1962.
- Raúl Fernández. Hablando de música cubana. Editores S.A., Manizales,
Colombia, 2008.
- Adriana Orejuela Martínez: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia
1959-1973. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2006.
- Joaquín Ordoqui García: El Melodioso. En revista [Link]. Abril 22
de 2003.
- Ramón Fernández Larrea: Kabiosiles: los músicos de Cuba. Linkgua Digital, 2006.
- Oscar Luis López: La radio en Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana. 1981.
- Reinaldo González en las notas al DVD Nosotros la Música, de la Colección
Clásicos del Cine Cubano. Video ICAIC. La Habana.
- Archivo EGREM
- El Blog de Pedraza Ginori ([Link]
- John Storm Roberts en [Link]
- [Link]
- [Link]
- [Link]
- [Link]
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23.
JUL
15
Buscando las causas que habrían podido motivar la apreciación de este disco
de vinilo, logro entender, al escucharlo, la loable ejecución del guitarrista y la
importancia de esta placa como uno de los escasos registros sonoros
de rockcubano y en específico, de los años tempranos del twist en
Cuba. Pero si nos guiamos por algunos comentarios aparecidos en la red,
nada de esto tendría, quizás, mayor trascendencia aparencial, si no fuera
porque, según éstos, Wilson completa su empaque en la carátula del disco,
sosteniendo entre sus manos, en actitud de ejecución musical, una magnífica
guitarra eléctrica Fender Stratocaster, también conocidas como Strat, lo cual
añade, según esos comentarios, un valor adicional y muy importante al
fonograma, ya de por sí una rareza. Reputada como una de las más populares e
icónicas, si no la más, y objeto de culto entre músicos y coleccionistas de este
instrumento, lasFender Stratocaster disponen en la red de una información
vasta y detallada, que va desde listados de sus números de serie según los años
de fabricación y especificaciones, hasta nombres de sus muchos y muy ilustres
propietarios. Con un mítico aval, las primeras datan de 1954 y son
consideradas entre los especialistas como un modelo “ pre-CBS”, es decir,
previas al momento en que en 1965 el emporio mediático CBS compró la
marca Fender, y por éste y otros motivos son las más buscadas por los
coleccionistas. Esa es la de Wilson. En el LP Magic Guitar el sonido de
su Fender Stratocaster es hermoso, se aprecia el dominio del instrumentista y
lo inteligente y agradable de los arreglos, lo que se resume en una magnífica
sucesión de temas, algunos de ellos de la autoría del propio Wilson y otros, como
el caso de El Manisero, una recreación de un clásico, desde una mirada fresca y
creativa en su época.
Pero, ¿quién era o es Wilson? ¿Quién era o es ese negro cubano o jamaicano que
ya desde finales de los 50 era conocido por la calidad de las guitarras con las
que tocaba? Según las notas que acompañan a éste, presumiblemente el único
disco que grabara, al menos, para un sello discográfico cubano, los padres
de Conroy (Conrado) Sten Wilson Bryan eran jamaicanos y al parecer, el
músico habría nacido en Cuba o se habría asentado primero en Santiago de
Cuba, y luego en La Habana, donde se sabe vivía a inicios de los 60. Carpintero
de profesión, se fabricó él mismo su primera guitarra. Además, tocaba violín y
contrabajo, y se aventuraba en la composición. Habría visitado el país de sus
ancestros y Estados Unidos.
FUENTES CONSULTADAS
Cristóbal Díaz Ayala: Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la
Música Cubana.
Adriana Orejuela. El Son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas. 2006.
Radamés Giro. Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Editorial
Letras Cubanas. 2007.
Humberto Manduley. - El rock en Cuba. Atril Ediciones Musicales. 2001.
- Parche. Enciclopedia del rock
en Cuba (en proceso de edición)
Revista Show (1960 y 1961)
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
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24.
JUN
16
Pero esto casi nadie lo sabe. Ni Margarita Prior Kindelán, ni Maggie Prior
han existido hasta ahora en los diccionarios y textos analíticos y
enciclopédicos sobre música cubana. Tampoco ningún cronista se ha
ocupado de ella, salvo las atinadas excepciones de algunos textos referidos
al jazz que la mencionan y contextualizan: los escritos por el ensayista
y jazzman Leonardo Acosta; el saxofonista y escritor Paquito D’Rivera, y la
investigadora colombiana Adriana Orejuela, quienes la sitúan puntualmente
en el contexto del jazz.[1] Nadie puede confirmar las fechas de su
nacimiento y muerte. No abundan fotos suyas y las cintas con su voz,
transidas de tanto olvido, decidieron desaparecer. Sin embargo, su nombre
está irremediablemente ligado a la historia de ese género en Cuba y también
de otros no menos importantes. Leonardo Acosta afirma que fue“(…)
Maggie Prior, la única cantante además de Delia Bravo que se mantuvo
durante más de treinta años dedicada al jazz”.[2] En el intento de
deconstruír su huella en la vida músical de la última mitad del siglo XX
cubano, el punto de partida, es sin duda, el jazz, en definitiva, principio y
pretexto en su largo y azaroso camino de hallazgos y desalientos. Es el jazz
su seña identitaria.
Maggie Prior en los 60. Archivo personal de Zenaida González
Pero también las muchas Maggies que habitaron en ella son recordadas,
para bien o para mal, devolviéndonosla como alguien con un perenne
espíritu de búsqueda, apreciada por adeptos y denostada por detractores;
alguien que, al decir de Gilberto Valdés Zequeira[3], era portadora de una
contagiosa y burbujeante alegría y una fuerte personalidad, alguien que, en
modo alguno, podía pasar inadvertida y mucho menos, obviada. Decido
comenzar un verdadero peregrinaje, casi arqueológico, tras sus huellas,
empecinada en encontrar entre los que la conocieron y aún pueden contarlo
con coherencia, su imagen, su temperamento, su obstinación por cantar,
siempre cantar; apresar la rebeldía de su espíritu y la ternura que intuyo en
su gesto, y sobre todo, constatar las claves conflictuales que marcaron, en
ciertas etapas, su cuestionable capacidad de inserción y aceptación de una
realidad político-social con la que tuvo que interactuar, irremediablemente.
SOFISTICATED LADY
Alguien que la conoció en sus primeros años habaneros afirma –sin que
hayamos podido comprobarlo- que Maggie tuvo ancestros paternos en la
caribeña isla de Barbados[4], pero ella rechazaba referirse a ese vínculo filial
y ocultaba tras el silencio el trauma perceptible asociado a la figura del
padre. Habría nacido en Santiago de Cuba, un acuariano 25 de enero de
1942[5], desde donde viajó muy temprano a La Habana. A finales de la
década de los 50, ya Maggie formaba parte de ese grupo de jóvenes que
peregrinaban hasta las zonas más increíbles de la ciudad, para escuchar un
nuevo disco, leer la última revista sobre música norteamericana o bailar y
cantar hasta la extenuación, siempre jazz, todo el tiempo blues, jazz,
mezclado también con un estilo composicional e interpretativo que ya se iba
identificando como feeling.
En ese tiempo, una versátil Maggie Pior frecuentaría también las descargas y
conciertos organizados por el recién fundado Club Cubano de Jazz.[9] Otros
cantantes que actuaban en sus conciertos y jamm sessions, además de
Maggie, fueron el veterano de mil batallas filineras y jazzísticas y Dandy
Crawford; también la cantante de jazz y feeling Doris de la Torre, entonces
con el grupo de Felipe Dulzaides.
Cuenta el guitarrista Rey Montesinos que fue allí donde la vio por primera
vez. En 1963, Montesinos tocaba ocasionalmente con el Free American Jazz
“… y una noche se apareció y descargó con nosotros. Era la primera vez
que yo veía ante mí lo que había escuchado en grabaciones: a una cantante
hacer scat… y era una cantante cubana!! Ella era seguidora de Sarah
Vaugham y Ella Fitzgerald; se notaba que conocía parte de los repertorios de
estas dos cantantes jazzistas que eran las mejores del mundo en ese estilo.
Eso se repitió muchas veces, pues Maggie frecuentaba los lugares donde se
hacía el jazz. Descargó también en las jam sessions que se hacían en un
local del ICAIC, en la esquina que forman las calles 23 y 10, donde
asistíamos todos los músicos de jazz de la época. Eso hizo que nuestras
relaciones se hicieran más sólidas. Un día me preguntó si estaba dispuesto
a acompañarla como guitarrista en un concierto en la sala teatro El Sótano y
por supuesto, le dije que sí, y eso se hizo reiterativo en diferentes teatros y
sitios culturales, como la sala teatro de la Casa de las Américas, por
mencionar sólo uno. Para mí fue muy importante acompañarla, pues así yo
me obligaba a superar tanto mi técnica como un estilo de acompañamiento.
Su repertorio iba desde lo más movido hasta el slow, basado principalmente
en los standards del jazz y algunos temas del feeling. Creo que fue una
buena cantante… siempre la recuerdo como una jazzwoman.”[22]
STORMY WEATHER
Ya en 1962 se dejaban sentir las escaramuzas en contra de la presencia del
jazz como género en la radio y la televisión, así como en espacios nocturnos,
a juzgar por lo que, en su sección “De viernes a viernes” de la revista
bohemia, publicaba Orlando Quiroga el 14 de diciembre:
“(…)el redactor quisiera conocer a los extremistas por cuya culpa el jazz,
música de nuestro siglo, ha desaparecido de los programas de televisión.
(…)los que amamos el jazz, que es una manifestación anti-imperialista
desde el momento que proviene de los ritmos negros del Sur y representa,
como los lamentos negros cubanos, una protesta contra la discriminación
racial (…) no podemos escucharlo.” Algunas voces empoderadas
incriminaban a quienes cantaban en inglés o asumían cualquier actitud no
convencional, que podía ser tildada de “extranjerizante”. Pero otras voces,
simplemente desde la música, resistían el embate, arropadas por el brillo de
la noche habanera.
Maggie Prior, como casi todos, vivía a plenitud aquel esperanzador presente
que se gestaba en los años 60. Eran años de fervor patriótico y
revolucionario, de profundos cambios en las estructuras sociales; habíamos
alimentado la certeza de que estábamos construyendo el futuro mejor que
deseábamos. Y dicen que Maggie apostó sinceramente por estos cambios y
por ese futuro promisorio. Corrían tiempos de reafirmación racial y de
validación de lo afrocubano en nuestra cultura; también de expresión de
apoyo a las aspiraciones que en otros países movilizaban a amplios sectores
de la juventud y la intelectualidad. Eran también los años de lucha en todo
el mundo contra la guerra en Vietnam. Nos hacíamos eco de las batallas de
los afroamericanos contra la segregación racial, por los derechos civiles.
Algunos de estos luchadores, comenzaron a hacerse presentes en La
Habana. Uno de los primeros, Robert Williams, además de contribuir a la
toma de conciencia sobre las luchas por las reivindicaciones raciales en USA,
también ayudó en la organización de aquel primer festival de jazz en mayo
del 63, inaugurándolo él mismo con una alocución que invitaba a la reflexión
sobre la verdadera naturaleza del jazz, su universalidad y vinculación
intrínseca con las luchas de los negros norteamericanos.[32] El discurso de
Williams encajaba oportunamente en la línea que pretendía detener los
ataques que ya sufría el jazz, sus cultores y la música anglosajona, que
comenzaban a ser etiquetados como nocivos a la idílica pureza propuesta
como ideal de alcance inmediato.
TENDERLY
Durante la primera mitad de los sesenta, Maggie, relacionada como estaba
con muchos intelectuales cubanos, conoce al escritor argentino Julio
Cortázar, quien por aquellos años descubriría una Habana seductora, que
reconocería su ideario en los proyectos de cambios sociales que se
producían en la isla y que lo convertiría en un apasionado defensor y
recurrente visitante. Su entorno inmediato sería el más próximo a Casa
de las Américas, al ser invitado en 1963 y 1967 como jurado del Premio
Casa y tras largas sesiones diarias de lecturas, El Gato Tuerto le abriría cada
día sus brazos y sus puertas, como un paliativo dulce para inaugurar la
noche. El jazz sería uno de esos vasos comunicantes que propiciaron entre
Maggie Prior y Julio Cortázar una especial empatía, que devendría fuerte y
significativa relación. Glosando una anécdota de aquellos encuentros, que
demuestra el papel de la música en este vínculo, cuenta Leonardo Acosta:
“En el consultorio y clínica del doctor Caíñas había un local con piano en el
que además, ensayaron agrupaciones como el Tres más Uno y la Orquesta
Los Van Van de Juan Formell. Ahí organizamos la cantante Maggie Prior y
yo una descarga para el escritor argentino Julio Cortázar, gran fanático del
jazz y trompetista aficionado, quien unos años más tarde y en otra visita
pudo conocer y escuchar a nuestros dos trompetistas del momento: Arturo
Sandoval y Jorge Varona.”[33]
Algunos aseguran que Cortázar hizo mucho para que Maggie lo siguiera a
París, pero no fue suficiente para reventar todos los cerrojos que abrirían a
la cantante las puertas hacia Europa. Otros lo desmienten y afirman que
Maggie, a pesar de la situación de decadencia existencial por la que ya
empezaba a transitar, nunca quiso aceptar la invitación de Cortázar a
seguirlo a París, incapaz de soportar como emigrada la tierra prometida, de
renunciar a lo que le era raigal, y decidió permanecer en La Habana, contra
todos los vientos y todas las mareas que la azotaron.
Maggie Prior, Marta Valdés, Pablo Milanés, Olga Flora Fábregas y Noel Nicola en
Casa de las Américas. Agosto 1968. Cortesía del Archivo Fotográfico de Casa de las
Américas
En efecto, desde los primeros meses de 1967 en Casa de las Américas se
suceden una serie de conciertos que unieron a un grupo de músicos, unos ya
adentrados en el gusto popular, otros menos conocidos, o de incipiente,
aunque prometedor desempeño, pero interesados todos en ese tipo de
canción de contenido social, que ya venían haciendo y que cantaba contra la
guerra en Vietnam y en favor de las luchas sociales y las libertades en todo
el mundo. Allí estuvieron los que comenzaban ya a ser íconos del aún
inexistente Movimiento de la Nueva Trova –Silvio, Pablo, Noel-, junto a
Eduardo Ramos, Martín Rojas, Belinda Romeu, Los Dimos, Olga Flora,
Ramón Díaz y otros. Maggie Prior también participó en todos los
conciertos. En una entrevista reciente, Omara Portuondo contó que fue
Maggie Prior quien la invitó a participar en estos conciertos. Aceptó hacer la
segunda parte del que compartiría con Maggie y fue allí donde cantó "La era
está pariendo un corazón", de Silvio Rodríguez. En esos encuentros -me
revela Marta Valdés- estrenó “Hagamos la canción”, tema de su autoría e
inspirado en una impactante foto de los sucesos bélicos en Vietnam. Marta
recuerda lo singular de la entrega de Maggie, en un arreglo que exigía de la
guitarra acompañante una función percusiva de raro protagonismo. Ella
misma la acompañó en la interpretación de este tema, que estrenara en
Casa de las Américas. Al decir de Marta, Maggie Prior se destacó por hacer
con su música y su voz, en esa época, lo que nadie hacía.[35]
Martín Rojas, Eduardo Ramos, Omara Portuondo, Sergio Vitier y Maggie Prior en conciertos de la Canción Protesta.
Casa de las Américas. 1967. Cortesía del Archivo Fotográfico de Casa de las Américas.
Por esos años finales de los sesenta, Maggie inicia una relación sentimental
con el actor Rolen Hernández, quien la acercó aún más al teatro, estimuló
su presencia en la escena musical e intentó dar respaldo a su a veces
insegura actuación ante los escollos que cada vez más atravesaban su
camino. Se le ve en el elenco de un grupo de teatro de aficionados del que
salieron importantes actores, como Daisy Granados, Francisco García y
Susana Alonso. Tomó clases con José Milián y Pepe Santos. Esta experiencia
le valió para vincularse después, por corto tiempo, al grupo teatral La
Ronda. En años de la llamada “parametración”, está cerca también de su
amigo Vicente Revuelta y del “Grupo de los 12”; de ellos también nutrió su
interés por el teatro, al tiempo que ayudó mucho espiritual y materialmente
a directores, dramaturgos y actrices que fueron víctimas de este absurdo y
devastador proceso.
La creación por Bobby Carcassés en 1979 del Festival Jazz Plaza podía
suponer para Maggie la acogida en un foro que debió serle natural. Sin
embargo, no fue exactamente así. No hubo un espacio fácil allí para los
cantantes de jazz, al menos en sus años iniciales. No es hasta en 1988,
según explica Leonardo Acosta, que el Festival Jazz Plaza concedió un sitio
amplio a algunos cantantes, que en las últimas décadas habían estado
ausentes de los espacios dedicados a este género en los diferentes medios.
Por los escenarios del evento pasaron Mayra Caridad Valdés y Bobby
Carcassés, y también Maggie junto a otras cantantes, no esencialmente
jazzistas, pero que de algún modo se acercaban al género, como Beatriz
Márquez, Argelia Fragoso y los grupos Eco y Vocal Juventud.[45] Como
excepción, en la década de los 80, indica Leonardo Acosta, Maggie subió al
escenario en algunas ediciones del Festival de Jazz, haciéndose acompañar
por el trío de jazz Fusión 3, formado por el pianista Freddy González, con
Jesús Fernández en el bajo y René Lauzurique en la batería.
El programa de televisión "Y algo más", dirigido por Pedraza Ginori, dedicó
parte de su emisión del 15 de febrero de 1983 al jazz, presentando a Arturo
Sandoval, Mayra Caridad Valdés, Maggie Prior y a Gilberto Torres y Los
Bailadores de Jazz de Santa Amalia. Quizás sea ésta la última referencia
sobre la presencia Maggie en la televisión cubana.
Cansada de tantos molinos de viento, ya por los ochenta, Maggie rinde las
armas del jazz, al menos, públicamente, y comienza a transitar un camino
de renuncias y reveses por la llamada música popular. El declive y la
marginación en escenarios y medios cubanos la obliga a derivar poco a poco
hacia la balada y la canción, donde no brillaría como antes. Se integra a
diversos espectáculos diseñados por Alexis Vázquez, su compañero en la
vida por aquellos años, y se presenta en varios países de Europa del Este y
Japón, sin mayor trascendencia ni mediática y artística. Ya nunca más fue la
misma. Se apagaba su esplendor; comenzaría una larga estela de conflictos
familiares y la frustración la abatiría definitivamente. Se inicia así el conteo
regresivo. Son los primeros pasos hacia la soledad y el olvido.
En 1988, cuenta su hijo Flavio, sufrió el primer accidente cerebrovascular:
el reto de una secuela motriz que ella se empeñó decididamente en superar.
Cuatro años después, sobrevendría el segundo y tras varios meses de lucha
tenaz por su rehabilitación en el hospital Hermanos Ameijeiras, de La
Habana, dicen que Maggie perdió junto a sus deseos de vivir, sus facultades
esenciales. Su hijo asegura que moriría un día de 1992, olvidada y
abandonada por todos.[46]
Más allá de sus dotes y aptitudes como cantante, Maggie Prior fue
absolutamente importante, porque supo desde su condición de mujer resistir
y defender el jazz, en circunstancias adversas y hasta hostiles. Es esta la
razón de ir tras sus huellas e intentar encontrar algo más que ese recuerdo
intangible y la constatación de cuán laboriosa ha sido la desidia.
Ya ves
nada es serio ni digno de que se tome en cuenta
nos hicimos jugando todo el mal necesario
ya ves, no es una carta esto,
nos dimos esa miel de la noche, los bares,
el placer boca abajo, los cigarrillos turbios
cuando el cielo raso tiembla la luz del alba,
ya ves,
yo sigo pensando en ti,
no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa
y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube
y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.
Nos hicimos jugando todo el mal necesario,
el tiempo pone el resto, los oseznos
duermen junto a una ardilla deshojada.
Julio Cortázar
FUENTES CONSULTADAS
Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Editorial Museo de la Música.
Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas.
Paquito D'Rivera: My sax life. A memoire. Northwestern University Press.
Toni Pinelli: La evaluación: error o acierto?. 2010 (artículo)
Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal: Buscando a Caín. Ediciones ICAIC 2012
Jorge Fornet: El 71. Anatomía de una Crisis. Editorial Letras Cubanas.
Revista Bohemia Años 60 y 70.
Revistas Cuba y Cuba Internacional Años 60 y 70.
Revista Show. Años 60
Revista Revolución y Cultura. Añoso 60 y 70
Fonotecas Radio Rebelde, Radio Progreso, CMBF y Radio Habana Cuba.
Archivo Fílmico ICRT
Archivo Fotográfico Casa de las Américas.
Documental "Canción Protesta" de Alejandro Saderman.
El Blog de Pedraza Ginori ( [Link]
Blog de Inés María Martiatu ([Link]
[1] Leonardo Acosta: El Jazz en Cuba. Ediciones Museo de la Música, 2012; Adriana
Orejuela: El Son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas; Paquito D’ Rivera: Mi
vida sexual.
[3] Gilberto Valdés ha sido baterista e integrante del Cuarteto Les Cavaliers, Los
Modernistas de Gilberto Valdés. Vinculado al entorno del jazz desde la década de
los 50. (Nota de la autora)
[5] Este dato no ha podido ser confirmado a través del registro civil .
[9] Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Editorial Museo de la Música. 2013.
Pág. 178
[10] Adriana Orejuela: El Son no se fue de Cuba. Pág. 162-163. Editorial Letras
Cubanas.
[11] Entrevista de la autora con Aries Morales. 28 de febrero de 2014, en Ciudad de
La Habana.
[12] La Revista Show, en su edición del 28 de mayo de 1961, señala la nueva sede de
las descargas que antes se realizaban en el cabaret Tropicana.
[21] Adriana Orejuela. Obra citada. Pag. 456. También Revista Bohemia. 5.10.1962
[22] Testimonio del guitarrista Rey Montesinos, a solicitud de la autora, vía email. 12
de febrero de 2014.
[25] Quiroga hace referencia aquí al famoso encuentro sobre el feeling de 1963 y a la
polémica en torno a la canción “Adios felicidad” de Ela O’Farrill. Revista Bohemia,
edición del 19 de abril de 1963.
[26] Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Pág. 190. Ediciones Museo de la
Música. 2012
[28] La única foto encontrada de Maggie cantando en este evento forma parte del
Archivo Fotográfico de la Agencia Prensa Latina. Las normativas comerciales de
esta entidad impidieron a la autora obtener una copia digital para compartirla con
los lectores de este artículo.
[29] Revista CUBA. No. 14. Junio 2013. Pp. 63-71. De este evento, en el archivo
fotográfico de la Agencia Prensa Latina se conserva una única foto de Maggie sobre
el escenario. La autora no ha podido tener acceso a su utilización en esta
investigación.
[32] Leonardo Acosta. Obra citada. Pag. 186. Para ampliar véase artículo “Jazz en
Cuba”, de Enrique López Oliva y Jorge Timossi. Revista Cuba, 1963
26
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25.
JUN
GUAPACHA
Carátulas de los dos extended plays de Guapachá con el combo de Chucho Valdés
EGREM-45-2471
Guapachá el mejor – Luis Sosa
Indestructible – Chucho Valdés
EGREM-45-2474
Retozón – Calixto Callava
Que no me digas ná – Alberto González
DISCOS LP
Guapachá en La Habana
Areíto Cubartimpex – LP-1036
Areíto
Con Chucho Valdés y su combo
Que no me digas ná – Alberto González
No creo en ti – Luis Iglesias
Mi existir – José M. Sosa
No tienes tema - [Link] y [Link] (Reeditado en LP Areíto 1030
“Paila, bongó y cencerro” 196?)
Indestructible – Chucho Valdés y Luis Yáñez
Retozón – Calixto Callava
Melodías de Abril – Urbano Gómez Montiel
Oye Rebeca – Fernando Vivar y José Slater Badan
Pudiera ser – Eloísa Méndez
El mozambiquero – Yáñez y Gómez
El panzón – Enrique Martínez (Reeditado en LP Areíto 1030 “Paila, bongó y
cencerro” 196?)
Guapachá el mejor – Luis Sosa (Reeditado en LP Areíto 1030 “Paila, bongó y
cencerro” 196?; También en LP Areíto 1044 “La Habana de noche”-
recopilatorio)
[1] Datos aportados a la autora por Milagros González Ferrer, viuda de Amado
Borcelá “Guapachá”.
[3] Mats Lundahl: Bebo de Cuba. Bebo Valdés y su mundo. Editorial RBA Libros, S.A.
España. 2008. Fragmento de entrevista realizada a Bebo Valdés por Mats Lundahl el
21 de septiembre de 2000. Pag. 174
[5] Marta Valdés: Donde vive la música. Pag. 131 y 132. Ediciones Unión. 2004. La
Habana, Cuba.
Kiko Mendive en 1945, junto a una hoy antigua filmadora de Estudios Azteca.
Kiko, escoltado por el trío Los ángeles del infierno y Ninón Sevilla,
Se publicó en Caracas una novela corta con Kiko de personaje central. Fue
escrita por un amigo suyo bien cercano, según se expone. Sin embargo, el trato
que recibe Kiko es humillante. Lo describe haciendo un trabajo no muy digno
para la herencia cultural que dejó. El sobre nombre dado es, según mi parecer,
burlón, irrespetuoso. Aparece como ladrón y mientras transportaba el bien
hurtado, fue baleado por un francotirador cuando los hechos sangrientos del
Caracazo. Su muerte, según el escritor, tiene alguna causa en esta acción. Hay
otros detalles, omitidos por espacio.
Es ficción, eso lo entendemos los lectores que sabemos de Mendive, pero somos
pocos. Más el público no conocedor se formará o ha formado un concepto errado
del gran caballero honrado y honorable, que fue el habanero. El Caracazo
empezó el 27 de febrero de 1989 y se extendió por varios días de saqueos y
muertes. Cecilio Francisco, a como apuntamos antes, falleció a causa de un
problema pulmonar el 5 de abril del año 2000 ó sea dos años después de los feos
sucesos. El libro confunde, pues la memoria colectiva es vaga.
o [Link]
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2.
MAY
19
A finales de 2002 hurgaba en los orígenes de mi primer apellido, de evidente procedencia italiana.
Me quedaba claro de qué modo surgieron los Marquetti negros, porque mis padres fueron previsores
en satisfacer mi innata curiosidad y me contaron lo que sabían de Patrocinia y Marcelino Marquetti,
mis bisabuelos lucumíes traídos como esclavos, y sobre nuestros ancestros africanos. Pero quería
saber más: debía conocer cómo llegaron los primeros Marquetti blancos, presumiblemente
italianos, a la Isla.
En ese momento, Annette Motroni había conseguido crear un sitio web familiar que honraba la
memoria de aquel primo trágicamente desaparecido. Ese fue mi punto de partida en el conocimiento
de la vida de Marco Motroni y su vínculo con la música cubana.
A medida que encontraba referencias sobre él, aumentaba el asombro ante mi propia ignorancia
sobre la existencia de este hombre que, desde la afamada Orquesta Novel, defendió sin parar, por
más de veinte años, la música cubana que conoció en los años de su infancia insular, ahora
proyectada desde la ciudad que lo había acogido en los albores de su pubertad: Nueva York.
El sábado 19 de mayo de 1945 nació en La Habana Marco Alberto Motroni Suárez, segundo hijo de
Marco Antonio Motroni y Lilia Inés Suárez. Los años tempranos de su niñez, que transcurrieron en
esta ciudad, marcaron la vida futura del pequeño, pero en 1955 la muerte de su padre sacudió a la
familia. Este hecho y la situación de creciente confrontación política en la Isla motivaron, un año
después, el traslado de Lilia con sus hijos Héctor Juan y Marco Alberto, y más tarde, otros miembros
de la familia, al Upper West Side en Nueva York.
Con apenas once años, Marco Alberto continuó su educación en Estados Unidos, llegó a dominar el
inglés, y en 1963 se graduó en el George Washington High School, en Manhattan, pero sus raíces
cubanas permanecieron intactas y afloraron.
Marco Motroni (aún bebé) con su padre y hermano cuando aún vivían en Cuba.
Por esos mismos años, un muy joven Marco Motroni comenzó a cantar en una agrupación típica
cubana... formada en Nueva York. Era la Orquesta Típica Novel, fundada en 1961, y una de las
formaciones que brilló en el espacio neoyorkino de la música latina, asumiendo conscientemente la
mejor influencia de la música popular cubana a través de los predecesores y exponentes más
auténticos de los formatos del conjunto sonero y de la charanga: el conjunto de Arsenio Rodríguez,
así como las orquestas Aragón y Fajardo y sus Estrellas. Marco fue uno de sus primeros integrantes y
permaneció allí como cantante durante casi dos décadas.
Más allá de la información discográfica, no abundan datos acerca de la Orquesta Típica Novel.
Encuentro interesantes los que en 2011 aportaba el periodista e investigador José Arteaga en su
programa radial “La hora faniática”, de la emisora Radio Gladys Palmera, dedicado a la amplia
discografía del sello Fania.[1]
Según Arteaga, “la Típica Novel se ajustaba al formato de la charanga y su formación inicial incluía al
cantante Eddie Rodríguez y el timbalero Héctor Zeno, además de otros nueve músicos, entre ellos el
violinista Oscar Bouffartique, el violinista y flautista Henry Álvarez, y el pianista Gil Suárez. Casi en
sus mismos inicios, se incorpora Marco Motroni como cantante”.
La primera foto de la Típica Novel. Marco Motroni es el primero de derecha a
izquierda en la fila delantera.
A finales de la década de los ´60 hubo frecuentes cambios en la formación hasta que permanece de
manera estable un grupo de músicos jóvenes encabezados por el pianista cubano Willie Ellis, quienes
deciden en lo adelante nombrar a la banda como Típica Novel.
Apunta Arteaga que los primeros discos sencillos de 45 rpm los grabaron para el sello Fonseca, pero
después fueron firmados por el sello TR (Tito Rodríguez Records), ambos de Nueva York, con el que
registraron varios singles con temas como “No me regañes”, “Canto a Puerto Rico”, “Juguete”, “Que
viva el son montuno”, “Traigo un guapachá”, “Las penas de Teresa”, “Tierra bendita” y “Total”.
Orquesta Típica Novel en Nueva York. Marco Motroni, cantando al centro. Años 60
En esos años el boogaloo copaba la preferencia entre los bailadores de ritmos latinos en Nueva York
y, de algún modo, la nueva sonoridad se iba imponiendo. El formato de la Típica Novel seguía siendo
el de la charanga, lo que la ponía en cierta desventaja a la hora de encontrar contrataciones para
los night clubes y salas de baile, ya que sus dueños preferían sonidos más metálicos, donde
predominaran la trompeta y los trombones, ausentes en el formato de la charanga. Eso los obligó a
adaptarse a las exigencias del mercado: incorporaron bongós, campana y un trombón en algunos
temas del repertorio. De hecho, será de las primeras charangas neoyorkinas en adaptarse al nuevo
formato salsero.
"Se coló la Novel", primer LP de la Típica Novel. Marco Motroni es el primero de izquierda a derecha.
Marco Motroni intervino como cantante en los cinco LP que la Típica Novel grabara con el sello de
Tito Rodríguez (TR Records): Se coló la Novel (de 1973), Super Típica (1974); Tipicante y Sabrosa
Novel (1975) y With a Touch of Brass(1976), antes de que ocurriera un cambio que sería
trascendente en su historia: el fichaje de la Típica Novel por la Fania en 1976.
LP "Supertípica"(Marco Motroni, en la cuarta imágen de izquierda a derecha)
El famoso sello disquero vivía su mejor etapa: tenía virtualmente el monopolio de la difusión y las
ventas de todos los estilos de la llamada “salsa” en Nueva York. Aun así, necesitaba incorporar
charangas a su catálogo de artistas y eligió a la Típica Novel, que se convierte a partir de entonces en
Orquesta Novel.[2]
Carátula del LP "Salsamanía", primer disco grabado por la Novel para Fania.
Marco Motroni es el primer a la derecha en la segunda fila.
Con el sello fundado por Johnny Pacheco y Jerry Masucci, la Orquesta Novel se estrenó con el
disco Salsamanía, grabado y lanzado al mercado en 1976, con un sonado éxito por aquellos años.
De inmediato la agrupación trabaja en su siguiente disco para Fania, que salió dos años después, en
1978, bajo el títuloSalud, dinero y amor, con Marco Motroni, Alberto González y Felo Barrios en las
voces.
Portada y contraportada del LP "A mí me gustó" grabado por la Fania. Marco Motroni, en los
créditos.
Siguen los éxitos y, prácticamente de año en año, Fania pone en el mercado nuevos discos de la
Orquesta Novel: Canta y encanta (1979), Novel Invite you to a Novel Experience (1980), Que viva el
son montuno (1980), A mí me gustó (1981) -con la participación del importante percusionista
cubano Ignacio Berroa- y Prestige (1984). En esos cinco discos se escucha la voz de Marco Motroni,
uno de los dos cantantes solistas, validada en los créditos.
LP Prestige, Orquesta Novel. Marco Motroni es el segundo a la derecha, de abajo hacia arriba
En ese año, la Novel registra –también para Fania- el disco From New York, en el que Marco
Motroni compartió el crédito de productor con su coterráneo Willie Ellis. De este modo prolongó su
vínculo entrañable con la agrupación y con la música cubana por casi tres décadas.
Según el flautista Néstor Torres, la Orquesta Novel fue de mediados de los ´70 a principios de los
´90 una de las más importantes formaciones de su tipo en el ámbito de la música latina en Nueva
York.[3] El sonido salsero de sus discos traspasó fronteras y alcanzaron éxitos en Colombia,
Venezuela, Panamá, Francia, Japón y otros países. Sin embargo, en Cuba eran desconocidos. El
radical distanciamiento que se produjo a partir de 1959 entre los músicos cubanos que continuaron
su carrera en Estados Unidos y el público de la Isla, la suspensión del comercio, que incluía la
importación y exportación de discos, y los escasos contactos personales, caracterizaron las tres
décadas siguientes.
Esto influyó en el hecho de que el público cubano tuviera muy poco conocimiento entonces de lo que
verdaderamente se cocinaba en la escena musical neoyorkina, y por tanto, el boogaloo primero, y
la salsa después, nos llegaron como un eco retardatario y enajenado con respecto al nivel de éxitos
que ya habían cosechado estos estilos y sus cultores en todo el continente.
De ahí que el trabajo de la orquesta Novel, y el de Marco Motroni en particular, fueran poco
conocidos, por no decir desconocidos para el gran público que en esos años seguía y bailaba acá
hasta el delirio con Juan Formell y Los Van Van, y también con Irakere de Chucho Valdés.
Marco Motroni bailando con su madre, Lilia I. Suárez. Foto cortesía de Annette
Motroni.
Marco Motroni con sus hijos Christopher, Mark y George, y su hermano Héctor. Foto
cortesía de Annette Motroni
Cuando el 11 de septiembre de ese fatídico año, a las 8:46 am, el Boeing 767 que cubría el vuelo 11 de
America Airlines fue estrellado contra los pisos del 93 al 98 de esa torre, Marco se encontraba
laborando en el turno de la mañana.
En el tema “No me regañes”, Marco Motroni retoma una frase de una conocida canción cubana: “El
día que yo me muera, no quiero llanto, no quiero flores”. Sin embargo, tuvo miles de ellas, junto a la
esperanza de los suyos en encontrar, en alguna parte, algo más que su voz limpia y melodiosa de
cubano.
Aquí pueden escucharlo:
**********
FUENTES
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
Blog: [Link]
César Miguel Rondón: El libro de la Salsa: crónica de la música del Caribe urbano. Ediciones B. Grupo Z. 2007.
Max Salazar: Mambo Kingdom. Latin Music in New York. Schirmer Trade Books. NY, 2002.
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3.
MAY
Sí, es el mismo de ese dúo sonoro y popular: Piloto y Vera. Es el mismo que compuso
ese Añorado Encuentro que cada mujer quisiera haber inspirado en un trance de pasión y
desenfreno. Y si además te menciono Fidelidad, Duele, Debí llorar, Perdóname conciencia, Y
deja, Scherezada cha cha cha, Aquí o allá, Y sólo tú y yo, convendremos entonces en que se
trata de dos compositores enraízados en la historia de la buena, buenísima, canción cubana,
gracias también a la empatía con intérpretes como Elena Burke, Vicentico Valdés, Gina León,
Frank Emilio, Pablo Milanés, Beatriz Márquez, Machito, Fajardo y sus Estrellas, Fernando
Alvarez y otros muchos no menos relevantes.
Pero en sus 38 años de una vida fecunda, truncada prematura y lamentablemente, Giraldo
Piloto Bea hizo mucho más que componer canciones. Cuando su viuda y eterna enamorada
Josefina Barreto Brown habla de su tema preferido –la vida y obra de su esposo- impresiona
constatar cuánto hizo este hombre apuesto, culto, apasionado, cubanísimo y, al parecer, muy
especial, y cuánto dejó de huella en la música cubana. Digo especial, porque también leyendo y
escuchando a Marta Valdés el calificativo se confirma con creces. Piloto cursó hasta quinto año
de violín, a la par que se graduaba con título de Constructor Civil en la Escuela de Artes y Oficios
de La Habana –fue allí donde conoció a Alberto Vera- y luego pasó a trabajar en una institución
dedicada a la cartografía. Sólo el tiempo que le quedaba libre –como la gran mayoría de los
compositores y hasta intérpretes entonces- era el que podía dedicar a la música. Cortejando a
Josefina Barreto- quien después sería la mujer de su vida- comienza a frecuentar el barrio de
Santa Amalia, en la periferia de la capital. En dos casas contiguas ubicadas en la calle Rivera,
vivía la música. La familia Barreto, con el patriarca del clan Primo Barreto, violinista y
clarinetista, y con tres hijos instrumentistas –Guillermo, Alejandro “Coco” y Roberto “Robby”- y
tres muchachas –Lita, Josefina y Estela- que estudiaban música, tocaban y cantaban todo el
tiempo, tenía como vecinos inmediatos a Bebo Valdés y su hijo Chucho. Ambas casas eran el
punto de encuentro de muchos músicos –hoy figuras icónicas, en su mayoría- que lo mismo
iban a ensayar, a encargar un arreglo, encontrar una canción, que a escuchar jazz, en aquellos
discos que Guillermo Barreto conseguía –traídos por marinos norteamericanos- en sus
incursiones por los bares del puerto. El nivel de actualización sonora era muy grande y de esas
aguas bebió, y mucho, Giraldo Piloto. Sin dudas, haber conocido a Josefina y frecuentar el
ambiente de Santa Amalia, además de los discos y revistas especializadas de jazz que recibía de
su padre desde Nueva York, influyeron en el enriquecimiento de su acervo musical y en su nivel
de actualización respecto a lo más novedoso de las producciones discográficas en
Norteamérica.
En el camino de la música, Giraldo Piloto dejó importantes huellas. No hablaré aquí de sus
empeños, junto a un grupo de ágiles y emprendedores compositores, en la creación y desarrollo
de la editora musical Musicabana, iniciativa liberadora y necesaria entonces, capítulo éste de la
vida de Giraldo Piloto poco conocido. Tampoco abundaré en su acuciosa labor como periodista
en el extinto diario Revolución a inicios de los sesenta, cuando en sus páginas escribía la
columna “Jazz y algo más”, genial actualización de lo que ocurría en la escena jazzística
internacional y donde encontró reflejo el quehacer del Club Cubano de Jazz, en momentos en
que por su intermedio visitaron La Habana importantes jazzistas norteamericanos, como Vinnie
Tanno, Harold McNear, Zoot Sims, y Philly Joe Jones. Esta columna especializada le sería
encargada por la dirección del diario Revolución, atendiendo a sus probados econocimientos,
cultura e influencia. Tanto el papel que desempeñó en la editora Musicabana, como la labor de
Piloto como cronista de jazz son hechos que merecen un abordaje aparte y sustancioso, y una
más amplia difusión.
Ahora que la casa comercial EGREM festeja sus 50 años en el mundo del disco como sello y
entidad productora, quiero regresar a los primeros años de la década de los 60, en que, como
antecedente glorioso, se funda el sello Areíto y con él, la impresionante colección que con los
sellos Palma y Areíto se agrupó bajo la marca CUBARTIMPEX. Nada mejor que citar aquí a
Marta Valdés, partícipe y gestora privilegiada de ese momento, con las mismas palabras con las
que en su libro “Donde vive la música”, recuerda al amigo con quien anduvo en creación
irrefrenable de canción en canción:
“Cuando en 1960 supe que se crearía un sello discográfico con una óptica puramente cultural y
tuve la oportunidad de opinar al respecto, lo propuse [a Giraldo Piloto Bea] para asumir la
dirección y fue aceptado. Su pasión por el disco hizo que se realizara desde este sitio que tenía
un alcance puramente nacional en términos de mercado y, años después, al crearse una línea
de exportación de discos, se le promovió para que la dirigiera. Piloto, desde ese sello
discográfico, fue una garantía para que los más asombrosos brotes de la música cubana en la
década de los sesenta quedaran registrados para siempre”.[1] La propuesta de Marta fue más
que acertada. Siempre le seremos deudores de esa elección iluminada, pues en Piloto confluían
esa pasión por los discos que lo hacía poseedor de un amplio conocimiento del mundo musical
tanto en Cuba, como en Estados Unidos y otros países; una sensibilidad paradigmática para
apreciar las artes visuales y ese rara virtud de estar en posesión de información inmediata y
amplia, tan deseada y tan necesaria cuando de producir y difundir la música se trata. Su fino
gusto y su estado de absoluto conocimiento respecto a lo mejor y más novedoso del ámbito
musical cubano y –no menos importante- su participación personal en los sucesos mismos; su
entrega total a un proyecto que le apasionaba, lo hacían la persona ideal.
En los primeros tiempos la oficina de Piloto, como jefe de ventas de CUBARTIMPEX –empresa
comercial creada para la venta internacional de productos culturales- , radicaba en Palacio
Aldama, a donde llegaba cada mañana con un hervidero de ideas en su cabeza, la música como
acompañante sempiterna y una desbordada energía. Las grabaciones más relevantes del sello
Areíto eran reempaquetadas en LPs con un diseño diferente, atendiendo a las exigencias del
mercado internacional, con un alto nivel artístico en su portada y contraportada y notas
trilingües en español, inglés y francés. A mediados de los sesenta, CUBARTIMPEX registra –a
iniciativa de Piloto- fonogramas que han devenido referentes absolutos en la discografía
cubana: las primeras grabaciones deChucho Valdés, como Jesús Valdés y su Combo,
prensadas para distribución nacional bajo el título de Descarga., Volumen I y II [2], y para
el mercado internacional como Jazz Nocturno; el despegue definitivo de Omara
Portuondo como solista, anticipado en el extended play Como un milagro, y confirmado
con la salida del LP Esta es Omara Portuondo, ambos al cuidado de Juanito Márquez,
en la dirección musical y producción musical, y con algunos temas de su propia autoría; la feliz
empatía lograda por Felipe Dulzaides y sus Armónicos con Doris de la Torre, en el
disco Armonía con Los Armónicos. [3]
LPA 1010 - Jazz Nocturno (Jesús Valdés y su Combo). Diseño y obra plástica: Silvio Gayton
Dos carátulas para un mismo disco de Felipe Dulzaides: LP-1014 "Armonía con los Armónicos".
La aguda intuición de Piloto permitió los primeros registros de artistas entonces emergentes o
recién llegados a la popularidad, como Los Zafiros, el Cuarteto de Meme Solís,
el Cuarteto Los Bucaneros, de Roberto Marín; y Amado Borcelá “Guapachá”. En este
último caso, las grabaciones producidas por CUBARTIMPEX se convertirían, sin proponérselo,
en el legado póstumo de este increíble cantante. Gracias a aquel Piloto apegado al feeling y sus
cultores, hoy tenemos registros importantes –algunos primigenios- de la voz y la guitarra
de José Antonio Méndez; el Combo de Juanito Márquez, de Ñico Rojas a la guitarra;
el Noneto de Jazz de Pucho Escalante; Leonardo Timor y Generoso Jiménez, ambos
como instrumentistas y muchos otros.
LPA-1035 "Mírame fijo" de Los Zafiros. Foto: Roberto Salas. Diseño: Silvio Gayton
LPA-1049 "Son los Meme"del Cuarteto Meme Solís. Foto Mario García Joya "Mayito". Diseño: Eduardo
Potrillé
Piloto era un incansable promotor, en cuyas manos, el catálogo discográfico CUBARTIMPEX era
ponderado con conocimiento de causa. Así, como parte de su estrategia de ventas
internacionales, uno de los puntos fuertes del pabellón de Cuba en la Exposición Mundial Expo-
67 en Canadá, fue la presentación de los discos cubanos, producidos y defendidos por Giraldo
Piloto, entre los principales productos portadores del mensaje de un país que proponía
renovarse en todos los sentidos.
De regreso a La Habana, el avión en que viajaba Giraldo Piloto sufre un catastrófico accidente.
La inhalación del humo producido por el incendio fue una carga insoportable para las secuelas
de aquella dolencia pulmonar que una vez sufrió. Muere el 6 de septiembre de 1967 en Gander,
Canadá. Había nacido en La Habana, 29 de julio de 1929.
Todo indica que las producciones bajo el sello CUBARTIMPEX continuaron publicándose hasta
los primeros años de la segunda mitad de los sesenta, y alcanzaron una cifra cercana a los 50
discos de vinilo (LP). Hoy, son tentadores objetos de coleccionistas y portadores definitivos de
lo mejor que se grabó en música cubana en la década de los sesenta.
FUENTES
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4.
MAY
DIOS DE PUEBLO
De qué modo devolverte tanta entrega, Juanito, tanto amor y tanta música? Ya
no puedo hacer otra cosa que llorarte, venerarte y decirte: GRACIAS,
FORMELL, por estar entre nosotros. Gracias por la música, gracias por el
cariño. Te quiero mucho, Juanito, mucho.
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5.
APR
28
ARMANDO PERAZA.
Un día se entera que Alberto Ruiz, el director del Conjunto Kubavana necesitaba
un percusionista para su banda y ni corto ni perezoso, decide presentársele al
líder de uno de los conjuntos más populares del momento y convencerle de sus
habilitades como bongosero y tumbador. Sólo que nunca Armando había tocado
ni una tumbadora ni un bongó, pero su terrible situación económica justificaba el
embuste. Convenció a Alberto Ruiz y esa misma noche se enfrentó sobre el
escenario con el instrumento. Con el Kubavana, Armando Peraza inició un
camino musical que no se detendría más. Continuó trabajando como obrero de
la construcción al tiempo que se establecía como bongosero del Kubavana.
[1] Creado según algunas fuentes en 1937 y según otras, en 1940, el
Kubavana tenía gran popularidad entonces. En su formación figuraban nombres
que aseguraban su éxito: Patato Valdés, tumbadora; Carlos Querol, guitarra y
canto; Orlando Vallejo, en la voz, canto; Antonio Palau en una de las trompetas y
Yoyo Casteleiro, en el piano. Pero por el grupo pasaron también Roberto Faz,
Laito, Mario Recio, El Negro Vivar, Ñico Cevedo y Alberto Armenteros. Peraza
participa en grabaciones que el Kubavana realizó entre 1944 y 1947, en las que
se destacan temas como “Rumba en el patio” y “Sonaremo el tambó”. En la
segunda mitad de la década de los 40 colabora con Niño Rivera, y con las
orquestas de Paulina Alvarez , Julio Cueva, Dámaso Pérez Prado, y el
conjunto Bolero. [2]
Otro suceso trágico vuelve a estremecer a los músicos cubanos que entonces
vivían en Nueva York: a mediados de 1949, Pablito mata a Lilón y luego se
suicida. Los dos cuerpos calcinados son encontrados por la policía en el
pequeño apartamento de la 65 St. Esto hecho sangriento pone fin a los Black
Cuban Diamonds. Pero Armando decide permanecer en Estados Unidos, pues los
valores de los percusionistas cubanos están en alza, tras el éxito que supuso la
inserción del finado Chano Pozo en la banda de Dizzy Gillespie. Peraza
consigue un contrato para trabajar con el grupo de jazz de Slim Gaillard, en lo
que parece ser su primera incursión de manera directa en un formato de jazz
norteamericano. Con Gaillard realiza varias grabaciones, entre ellas, Down by
the station , el 7 de noviembre de 1949 en Nueva York . [3] Viaja por todos los
Estados Unidos: Kansas City, Chicago, Baltimore, los estados sureños y San
Francisco, ciudad que le enamora con su bahía y su mar inmediato.
A inicios de los 60, toca con la banda de Stan Kenton en la inauguración del famoso Hollywood
Bowl. Por intermedio de su amigo Shelly Mane es presentado a Judy Garland, quien de
inmediato lo contrata para su programa televisivo The Judy Garland Show, en el que se presenta
de manera regular junto la orquesta de planta entre 1963 y mediados de 1965.
Otra etapa se iniciaría para Peraza también por esos años iniciales de la
década de los 60, junto al famoso vibrafonista Cal Tjader, en cuya banda
permanecería durante seis años. Uno de los muchos discos en cuya
grabación participa, se convertiría en un clásico del latin jazz: “Soul Sauce”,
uno de cuyos track Guachi Guaro (de Chano Pozo y Dizzy
Gillespie), alcanzó una repercusión excepcional. Muchos músicos
reconocerían la influencia del binomio Tjader-Peraza, que alcanzara una
remarcable popularidad. Peraza continúa con Tjader durante varios años y a
inicios de los 70 conforma, junto a Mongo Santamaría, un grupo de jazz con
clara raíz afro-cubana. Se presentan en el Festival de Jazz de Montreux en
1971 donde quedó registrada su espectacular actuación.
Por esos años, el trabajo de Armando es reclamado por músicos de muy
diverso estilo, y sale airoso de este trance. Quizás como ningún otro
percusionista en esos años, Peraza se distinguía no sólo por sus complicados
toques, su rapidez e incuestionable histrionismo sobre el escenario, sino
también por su capacidad de adaptación y su amplitud mental a la hora de
enfrentarse a diversos formatos. Probablemente haya sido el único de ellos
que transitó por tan disímiles y diversos géneros. Todo parece indicar que fue
el primer cubano ejecutante de percusión afro-cubana en tocar en la grabación
de una canción de rock: en Cristo Redentor, de Harvey Mandel, grabado en
1968. Y algo aún más inusitado: Peraza se une a Sly and The Family Stone,
una banda de funk, rock y soul de San Francisco, muy popular en los
setenta, y graba con ellos en 1976 en el disco "Heard ya Missed Me, Well I'm
Back". Su nombre se acredita en ese disco junto a los integrantes del grupo y a
Peter Frampton, quien estuvo como músico invitado, con su guitarra en el
tema Let's Be Together.
Con Santana, Armando estuvo un largo período, desde 1972 hasta 1990 y
aparece en una buena parte de la discografía del célebre guitarrista, incluso en
16 temas su nombre se registra como co-autor. Memorable fue el momento
en que sube al escenario del International Amphitheatre integrando el line up
de Santana en el mítico concierto protagonizado por el guitarrista chicano y su
colega John McLaughlin en Chicago, el 1 de septiembre de 1973, y que quedara
registrado en el disco "Live in Chicago". En más de una ocasión valoró su
trabajo con Santana como una experiencia diferente y enriquecedora; reconocía
que fue hermoso para él poder llegar a un público más joven a partir de lo
experimental que había en el trabajo de Santana, introduciendo elementos del
blues, la música latina y el jazz en un formato esencialmente rockero.
Después de esto, convendrán conmigo en que hay que inclinarse ante un hombre
así.
FUENTES
Radamés Giro: Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana. Editorial Letras
Cubanas. La Habana.
Luc Dellanoy: Caliente! Una historia del jazz latino. Fondo de Cultura Económica.
2001
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[2] Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Tomo III. Pag.
217.
[3] [Link]
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6.
APR
15
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7.
APR
14
GIGI AMBAR
QUIEN FUE? QUE FUE DE ELLA?
A propósito de la entrada sobre el Capri, me preguntan por Gigi Ambar: unos, quién fue para
aparecer entre tantos nombres de brillo; otros, qué fue de ella. Poco he podido averiguar, entre
amigos que la conocieron y alguna prensa de esos años. Nacida con el nombre de María del
Carmen Rodríguez, Gigi Ambar fue una de las cantantes que hicieron furor en La Habana de los
sesenta, pero que ya nunca podremos escuchar y valorar. Sencillamente, es una de las tantas y
tantos cantantes de la década de los sesenta que no dejaron grabaciones en Cuba.
Gigi Ambar en 1960
Si confiamos en lo que refleja la prensa de la época, tendremos que convenir en que Gigi tuvo
una ascendente carrera y llego a cotas muy altas en el favor del público. En su edición de enero
de 1960, la revista Show dedica una página a la semblanza que su corresponsal en Caracas –
identificado como El Chiclayano- hace de la cantante cubana, bajo el título “Gigi Ambar, (sic)
enloquece a los públicos del Sur América”.[1] Según este artículo, Gigi tuvo una carrera
ascendente en Suramérica a partir de de la segunda mitad de los cincuenta. Inició sus
actuaciones en Brasil, primero en Sao Paulo y luego en Río de Janeiro donde obtiene un
contrato de un canal televisivo por un año. Despúes pasa a Argentina, donde se presenta en
el Teatro Tabarís, un clásico del repertorio revisteril, y en el Nacional de Buenos Aires. Sigue a
Chile, como estrella de la compañía Bim Bam Bum y actúa en el teatro Opera. Fue allí -según El
Chiclayano- donde recibe el nombre artístico por el que se le conocerá rotundamente. En Chile
permanece un año, y se presenta en los mejores night clubs de varias ciudades. En Lima, Perú
es contratada para el lujoso Grill Bolívar yEmbassy y realiza presentaciones con la
compañía Bim Bam Bum, durante todo un año, llegando a ser proclamada como la Reina de los
Artistas del Perú.
Viaja luego a Venezuela fichada por Radio Caracas TV, para los programas Show de las 12 y El
Show de Renny Ottolina, los mejores de ese momento. Su triunfo también ha sido rotundo: es
la única artista que se presenta dos veces en los mismos shows en una misma temporada, un
record entonces en Radio Caracas TV. Regresa a La Habana en 1960, luego de esta prolongada
gira suramericana y de inmediato es contratada para en el Autopista Club, en la zona que
entonces llamaban Alturas del Biltmore, en Miramar, integrándose al show del productor y
coreógrafo Henry Bell, junto a otras cantantes que ya también empezaban ya a destacarse en los
escenarios: Gina León y Vilma Valle.[2] Como descubrimiento feliz, corren las voces sobre la
presencia de Gigi en La Habana y la excelencia de su desempeño en el Autopista Club. Para
verla y escucharla, el Autopista se pone de moda y muchos artistas y cantantes acuden a verla.
Ninón Sevilla baila y canta con Gigi Ambar en el escenario del Autopista Club. La
Habana,1960
Así, en agosto de este año, Show destaca la presencia en el Autopista, entre muchos otros, del
maestro Gilberto Valdés, notable compositor y productor musical, y de la afamada vedette
cubana, radicada en México, Ninón Sevilla. Valdés señala que Gigi posee los requisitos
indispensables para ser una gran cantante dentro del género en que se ha especializado, que son
timbre, afinación, medida y gusto para expresar, concluyendo que en su opinión es una de las
vedette más sensacionales de la época. El titular de ese artículo es bastante elocuente: “GIGI
AMBAR, (sic) constituye la más genuina atracción del momento artístico cubano.” [3]
Gigi Ambar (izq.) y Celeste Mendoza (der.) en la pista del cabaret Parisién del Hotel Nacional (1960).
En septiembre, Gigi ya está en el Parisién del Hotel Nacional, cuyo show integraba la
indiscutible supremacía de los cuatro mejores en los mejores hoteles: el cabaret Caribe del hotel
Habana Libre; el Copa Room en el hotel Riviera y el Casino de Capri-Salón Rojo en el hotel
Capri. La crítica especializada se hace eco del mano a mano entre Gigi Ambar y Celeste Mendoza
en la pista del Parisién, momento estelar del show “Afrocubana” producido por Julio Sandor,
con un elenco que también integraban el cuarteto Los Modernistas, Ana Gloria (sí, la misma de
Rolando en Tropicana), la pareja danzaría de Guille y Willy, y el llamado “Tenor de las Anillas”,
René Cabel.
Un mes después, el jueves 27 de octubre, Julio Sandor estrena un nuevo show en la pista del
Parisién, con música cubana y brasilera. Mantiene a parte del elenco del espectáculo anterior
(Celeste Mendoza, Ana Gloria Varona, Guille y Willy y René Cabel), sustituye al cuarteto Los
Modernistas por el Cuarteto D’Aida, -ya sin Elena y sin Moraima-, pero Gigi Ambar está
ostensiblemente ausente. Al parecer, se intenta reemplazarle por otra vedette menos conocida:
Martica Stincer.[6]
No encuentro más noticias sobre Gigi Ambar hasta marzo de 1961 en que aparece presentándose
en el Club Le Mans, en la confluencia de las calles 5ta. y B, en El Vedado. Allí comparte cartel
con Pacho Alonso. La crítica de Show la destaca y elogia su interpretación de Tengo una
debilidad y remarca sus impresionantes registros vocales y su excelente proyección escénica. [8]
Tras un breve paso por el show Serenata Mulata, enmarcada en el empeño de su productor
Humberto Anido de encontrar el reemplazo de Olga Guillot, Gigi viaja a México y actúa entre
otros sitios, en El Señorial. La revista Tele-Guía le dedica su portada y“pide versos de Neruda
en mármoles para esa gran artista que es un sueño”. Esto lo reproduce la revista Show en su
edición de junio-julio de 1961. En un cabaret de Guadalajara actuaba al cierre de ese año.[9]
Llega a ser una verdadera atracción en el show del Teatro Margo, en el Distrito Federal. A Gigi
Ambar se le acredita una única aparición en el cine: en un rol secundario en el filme mexicano
“El dengue del amor” de 1965 dirigida por Roberto Rodríguez, y en el que también interviene
Dámaso Pérez Prado.[10]
Gigi permanece en México, y según referencias, tras una corta vida, muere en ese país a finales
de la década de los 60.
Quien pueda aportar más información sobre Gigi Ambar, será siempre bienvenido.
[2] Revista SHOW. Julio 1960. Año VII. No. 77. Pag. 55
[3] Revista SHOW. Agosto 1960. Año VII. No. 78, Pp. 34 y 35
[4] Revista SHOW. Septiembre 1960. Año VII. No. 70. Pp. 14 y 15
[5] Revista SHOW. Octubre 1960. Año VII. No. 80. Pág. 37
[7] Revista SHOW, Octubre 1960. Año VI. No. 80. Pag. 48
[8] Revista SHOW. Marzo 1961. Año VII No. 85. Pág. 58 y 59
[9] Revista SHOW. Junio-Julio 1961. Año. VII. Nos. 88 y 89. Pag.10 y 11. Nos. 103 y 104. Enero 1962. Pag.9
[10] [Link]
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8.
APR
EL CAPRI...
BASTAN FREDDY, GINA, ELENA, OLGA, MEME, JUANA,
Por estos días me entero de la ansiada reapertura del hotel Capri, algo que parecía no ocurriría
ya nunca más. Pero me alegra haberme equivocado. El Capri que conocí a finales de los 70, y
que estremeció mi escasa y provinciana década y media de vida ante la fastuosidad de su Salón
Rojo con su enorme araña luminiscente y la íntima y húmeda calidez del Bar Azul, ocupa un
sitio absolutamente relevante y omnipresente en mi imaginario personal.
Anido la incluye en el show “Pimienta y sal” (producción y diseños del propio Anido y
coreografías de Ceferino Barrios), que se mantuvo en la pista del Casino de Capri desde finales
de 1959 hasta mediados de abril de 1960. Sus 27 años y aquellas 300 libras de peso, sostenían
una voz profunda, grave, y arropaban su entrega sentida más allá del dolor, que arrebató de
inmediato a todos los que asistían a sus presentaciones. Su catártica interpretación de “The
Man I Love” hizo historia para siempre en la pista del Capri.[1]
De izquierda a derecha, Rafael Ortega, director de la orquesta del Casino de Capri, el cantante Raúl
D'Mesa y Freddy, en los camerinos del Capri. Foto: Revista Show. Enero de 1960.
El 18 de ese mismo mes, el binomio Anido-Barrios estrena una nueva producción; “Ajiaco a la
francesa”. El éxito de la voluminosa contralto fue tal, que el productor mantuvo su estelar
presencia en este escenario hasta octubre del mismo 1960, en que viajó con un ventajoso
contrato a Caracas, Venezuela. La revista Show destaca con elogios su personal versión
de Stormy Weather, I love Paris y Anoche Aprendí.[2]
Freddy canta en el Capri. Foto: Revista Show. Enero de 1960.
A Freddy le bastó sólo un disco, un único LP de vinilo para consagrarse y proyectar su mito
hacia el futuro que ya era inmediato. Elevada desde el Bar Celeste a la novelística mundial por el
gran escritor cubano Guillermo Cabrera Infante[3], consiguió en la pista del Capri la realización
personal y los aplausos que, sin duda, merecía.
Humberto Anido. Director, productor y diseñador de los shows más exitosos del Capri. Foto: Armand. Ca.
1959
Cuando en marzo de 1961, Anido estrenó la superproducción “Serenata Mulata”, ya el Casino
del Capri se había instalado con firmeza delante de Tropicana y continuó arrasando, a juzgar por
los elogios de la crítica especializada. Olga Guillot centraba el espacio de la cortina principal, lo
que aseguraba, entre otros aspectos, un éxito absoluto de público. La producción musical
“Serenata Mulata”, en todo el tiempo que estuvo en cartelera, contó además con la
participación de Celeste Mendoza, Gigi Ambar, la vedette Clarita Castillo, el crooner Tony
Escarpenter y una cada vez más destacada y aplaudida Juana Bacallao, entre otros; Joaquín
Riviera colaboró en la coreografía y Rafael Ortega, en la dirección musical.
Pero la presencia de la Guillot duró poco. El Casino de Capri también fue testigo y espacio de su
despedida ese mismo mes. Olguita anunciaba que partiría a Caracas, tras aceptar una jugosa
oferta contractual.[4] Pero nunca más regresó. Sólo una voz y una presencia podían ocupar el
espacio que dejaba la Guillot, y Anido lo sabía. Era Gina León, cuyos éxitos en el cabaret del
Hotel Habana Libre y también en los programas estelares de la televisión de entonces, ya habían
dado fe de su magnífica voz, su excelente proyección escénica y el acierto en la elección de su
repertorio, que ya había empezado a grabar, en doce temas, para el sello Gema, de Guillermo
Alvarez Guedes. Tras una breve incursión transicional de Gigi Ambar en el espacio dejado por la
Guillot, Gina León debutó por todo lo alto en el show del Capri.
Gina León en poster oficial del show "Serenata Mulata".
Gina León en la pista del Casino de Capri, con un diseño de Humberto Anido.
Fue ella, sin dudas, quien aportó el esplendor definitivo que identificó, a partir de ese momento,
el cabaret Casino de Capri. Gina continuó siendo la soberana absoluta de ese escenario y por
ello Anido mantuvo su espacio estelar en la nueva producción “Me voy pa’l Brasil”, estrenada a
finales de julio de 1961 y permaneciendo en cartelera durante todo el año. Gina León fue la
musa de Anido. Los diseños más creativos y atrevidos los concibió el artífice para ella. Lo tenía
todo para ser la gran diva regente.
Gina León en 1961. Foto: Revista Bohemia
Las canciones con las que triunfó en el Capri fueron registradas en un disco de vinilo que salió
al mercado en 1962 bajo el título“Gina canta en el Capri”.[5] Aléjate –su gran éxito- Nada son
mis brazos, Debí Llorar, Qué nos pasa, Eclipse son algunas de ellas. Salvo error, creo se trata
del primer y único disco que tiene al Capri como escenario de interpretación y referencia.
La excelencia musical que acusaban las producciones del Capri, la presencia de éstas y otras
figuras de fama y popularidad en esos años, hicieron de sus salones sitio de obligada presencia y
asiduidad para un público heterogéneo, pero apegado al gusto por la innovación. Otros nombres
que llenaron las noches del Capri en la década de los sesenta, merecen también ser destacados:
el Cuarteto D'Aida, el cuarteto Los Bucaneros, Leonora Rega -quien hizo su debut como solista
en ese escenario en mayo de 1963, tras su paso triunfal por el Cuarteto D'Aida-, Felipe Dulzaides
con sus Armónicos, Ela Calvo, Luis Carbonell, Merceditas Valdés, Rosita Fornés, Moraima
Secada, Los Zafiros, Los Papines, Daisy Granados, Marta Strada, Senén Suárez y su combo,
María de los Angeles Santana, Germán Pinelli, Joseíto Fernández, Ana Gloria Varona, Yolanda
Brito.... y otra deidad: Elena Burke, quien estrenó en el Capri muchos de sus éxitos más
notables.
En esos años convulsos, en los salones del Capri convivieron políticos, jugadores, aventureros,
curiosos y advenedizos; bailarinas, modelos, diseñadores, modistos, periodistas, actores y
actrices, músicos, intelectuales, junto a jóvenes guerreros, ebrios de una victoria que por
conquistada, no fue menos sorprendente; empoderados, ávidos de diversión y fiesta en la
noche, tras días de febril actividad, y aún de balas y ametralladoras, carros militares y Cadillacs,
aciertos y errores. Imponían moda con sus barbas y pelos largos; seducían y se dejaban seducir.
Aún convivía un mundo que se quería cambiar, pero se resistía, y otro nuevo que empujaba por
hacerle espacio a los cambios que vendrían para bien y para mal. Pero lo que sí no cambió fue
la buena música y la excelencia escénica que privilegió al Capri por encima de los demás sitios
de la noche habanera.
Por eso, me gustaría trascender drásticamente las historias de la mafia que tanto seducen a
quienes, al parecer, las añoran. Quiero pensar que serán, en definitiva, los espíritus tutelares de
Freddy, Olga Guillot y Elena Burke, y no los de Meyer Lansky y George Raft los que podrían
propiciar al reinaugurado hotel de 21 y N, en El Vedado habanero, la reescritura posible de un
éxito ya conocido.
Una nota más......
LP “GINA CANTA EN EL CAPRI” - Créditos
CARA A
INUTIL VIVIR SIN TI – O. Alburquerque (con Orq. Imprenta Nacional de Cuba) (track inservible, no se
incluye)
CARA B
PERDONAME – Felo Bergaza (con Orq. INC)
[2] Revista Show. La Habana. Cuba. Abril 1960. No. 74. Pág. 54
[3] Para ampliar, véase Guillermo Cabrera Infante: Tres Tristes Tigres. Premio Biblioteca Breve 1964.
[5] LP GINA CANTA EN EL CAPRI. Sello: Imprenta Nacional de Cuba. Ref. 1011. No ha sido reeditado en
CD.
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1. CARLOS VIDAL BOLADO. Algo sobre su vida musical...
(Fragmento del libro inédito “Carlos Vidal Bolado, el desconocido. Un cubano en el reino del jazz” (Título
provisional), de Rosa Marquetti Torres)
Son muchos los momentos en la vida de Carlos Vidal Bolado, que le bastarían para ocupar un lugar en la
historia cubana del latin jazz. Su presencia en Nueva York durante la década de los 40 fue decisiva en
aquellos primeros años de esta maravillosa historia de seducción, encantamiento y maridaje entre la
música cubana y el jazz.
Carlos Vidal Bolado. Década de los 50. Los Angeles. Foto: Cortesía de la familia
Vidal de California.
Carlos Vidal Bolado habría nacido el 2 de julio de 1914, en algún lugar de la provincia de Matanzas, que
rápidamente dejó atrás para probar fortuna en la capital habanera. Las primeras –y muy
brumosas- noticias sobre su vinculación a la vida musical capitalina lo asocian, presumiblemente,
al Conjunto Afrocubano de Santos Ramírez; en algún momento, a la orquesta Casino de la Playa y al
ámbito de las comparsas del carnaval habanero. Pero nada de esto ha podido ser verificado
debidamente.
Tras este paso por La Habana, Vidal Bolado seguiría la ruta de muchos otros músicos cubanos que desde
la década de los 30 tentaban la suerte en los Estados Unidos. Carlos Vidal Bolado estaría entre los
primeros percusionistas que llegaron en los mismos inicios de los años 40, precedido únicamente por
unos pocos que se asentaron en Nueva York, como los timbalerosTony “El Cojito” Escollies y José
Montesinos –mentor este último del entonces adolescente Tito Puente; Alejandro Ramírez, el
bongosero que Mario Bauzá consiguió incorporar por algún tiempo a la banda de Cab Calloway; el
bongosero Chino Pozo, que arriba a Nueva York en 1937; Diego Iborra y Guillermo “Bill” Alvarez, que se
cuentan entre los pioneros en tocar con jazzistas afroamericanos.
Carlos Vidal Bolado, Chocolate, Lilón y Pablito: The Black Cuban Diamonds, en
1943.
Pero Vidal Bolado está en Norteamérica antes que Chano Pozo, Mongo Santamaría, Francisco
Aguabella, Cándido Camero, Patato Valdés…. Según la revista Billboard, en marzo de 1943 aparece en
el club Havana-Madrid junto a Lilón y Pablito en la agrupación The Four Cuban Diamonds, como
tumbador, bailarín y cantante. Pero hay indicios de que pudo estar ya en Nueva York incluso antes, en
1941. Sus dotes de buen tumbador le sirven a Vidal Bolado de carta de presentación y José Curbelo lo
llama para tocar y grabar con su orquesta, que entonces integraban también Tito Puente y Tito
Rodríguez, con la cual graba temas considerados entre las primeras manifestaciones del mambo en
Nueva York. Su aporte es rotundamente reconocido por algunos investigadores que han estudiado esta
etapa, como Ellen Kosoff y John Storm Roberts.
De esa época son también algunas grabaciones de la orquesta de Anselmo Sacasas, donde los créditos
mencionan a Carlos Vidal Bolado en la tumbadora.
Machito y sus Afrocubans. Carlos Vidal Bolado con su conga, en el extremo derecho. Ca. 1946.
Fotograma de corto filmado por la Columbia Pictures.
En 1946 Vidal Bolado está ya con Machito y los Afrocubans, donde permanece hasta finales de
1948. Según muchos estudiosos, con él se integra la tumbadora de manera estable a la sección rítmica
de la banda, hecho considerado por algunos como un hito en el camino de la fusión del jazz y los
instrumentos de percusión afrocubana.
Machito y sus Afrocubans. Delante, de izquierda a derecha: Graciela, José Mangual y
Machito. Detrás, Carlos Vidal Bolado, Ubaldo Nieto y al piano, René Hernández.
Nueva York, 1946.
En 1947 tienen lugar las que se consideran las primeras grabaciones comerciales de rumbas, columbias,
guaguancós y temas abakuá bajo el título de Ritmo Afrocubano 1, 2, 3 y 4. Las produce Gabriel Oller
para el sello Spanish Music Center (SMC) y las protagoniza Chano Pozo, junto a peculiar piquete donde
destacaban Carlos Vidal Bolado, Arsenio Rodríguez en el tres, Miguelito Valdés, Kiki Rodríguez (hermano
de Arsenio), el boricua José Mangual. Estos dos discos de 78 rpm salen al mercado en 1949, tras la
trágica muerte de Chano Pozo, de conjunto otros dos, donde Vidal Bolado era la figura principal. Se
desconoce la fecha exacta de las grabaciones de Vidal Bolado, pero cabe suponer que la desaparición
de Chano truncó el proyecto completo de la casa discográfica y entonces, Vidal Bolado le sustituyó en la
grabación de su continuidad: los tracksRitmo Afrocubano 5, 6, 7 y 8. La relevancia e impacto en Estados
Unidos de estas grabaciones no fue ignorada por la crítica especializada y la prensa en general. Al
momento de salir estos 4 discos, la revista Billboard en su edición del 26 de noviembre de 1949 se hizo
eco de este acontecimiento valorando a Chano Pozo y a Vidal Bolado como “…dos percusionistas y
cantores afrocubanos de gran prestigio… ellos, básicamente son los responsables de la mayor parte de la
emoción que despierta esta entrega”.
Cover del disco de 78 rpm editado por SMC con temas afrocubanos interpretados por Chano Pozo y Vidal Bolado.
Muy interesante, sin duda, resulta que cincuenta y dos años después, en la “Guía de las Grabaciones
Clásicas del Jazz”, Tom Piazza incluya estas grabaciones como verdaderos antecedentes de obras
experimentales del jazz de, citando su influencia en temas compuestos por Dizzy Gillespie en los años
en que Chano Pozo dotó a su banda de una nueva y espectacular sonoridad.
Disco de 78 rpm editado en 1948 por el sello SMC grabado por Vidal Bolado en Nueva York.
Colección personal de la autora.
Vidal Bolado aparece citado en una gran parte de los libros que se han escrito sobre la historia del latin
jazz, al considerar sus autores como un hito importante la grabación que hizo Stan Kenton de El
Manisero en 1947, incorporando a su big band la sección rítmica de Machito, que entonces integraba
también el cubano.
Carlos Vidal Bolado, sonriente en el "Down Beat" (extremo izquierdo). Ca. 1948.
Durante 1949 Carlos Vidal tiene una febril actividad musical: graba con la orquesta de Miguelito
Valdés una serie de temas para el sello SMC, entre ellos, el guaguancó “Chano Pozo”, según algunas
fuentes, de la autoría de Carlos Vidal Bolado, y que se dice fue cantando en los funerales del mítico
conguero en Nueva York y La Habana. Pero quizás lo más relevante este año es su inequívoca inserción
en bandas y grupos lidereados por renombrados jazzistas. Con el saxofonista Charlie Barnet y su big
band, deja temas memorables como “Panamericana” donde es recordado por su desempeño; los
músicos del bop, frescos aún en su memoria los sonidos que el ya extinto Chano Pozo sacara a sus
congas en la banda de Dizzy Gillespie, no quieren renunciar a las sonoridades afrocubanas dentro de sus
formaciones: Vidal Bolado será habitual en muchos de los clubes de jazz más renombrados. Toca en el
Royal Roosts con los Big Ten de Tadd Dammeron y también con Miles Davis y Charlie “Bird”
Parker. De este mismo año es la grabación del tema Visa por Parker, que aparece en la inmensa
mayoría de los recopilatorios sobre lo mejor de la obra del genial saxofonista y en el que Vidal Bolado
integra una banda de lujo. También toca y graba con el trompetista Fats Navarro, el pianista Al Haig, y
el saxofonista Stan Getz, y muchos otros nombres de los imprescindibles, como Dexter Gordon, Max
Roach, Curly Rusell.
En 1950 Stan Kenton vuelve a contratar a Vidal Bolado, esta vez para su Innovation Orchestra, con la
que grabó temas antológicos como Cuban Fire, Cuban Episode y también Incident in Sound donde
Vidal brilla tanto en la percusión como en la parte vocal. Billboard en su edición del 11 de febrero de ese
año da fe de ello con una muy favorable crítica para el cubano. Estudiosos como John Storms Roberts y
Carol Easton destacan la participación de Vidal Bolado en la banda de Kenton.
Otro de los grandes fotógrafos del jazz, Hermann Leonard, inmortaliza a Vidal Bolado en la banda
de Stan Kenton, con imágenes verdaderamente geniales. Así, nuestro compatriota aparece en dos de
las más importantes colecciones fotográficas de la historia del jazz en Estados Unidos: la
de William Gottlieb y la de Hermann Leonard.
Estos ecos llegaban, sin dudas, a La Habana. Resulta especialmente relevante que en mayo de 1950, en
un artículo titulado“Saba, Samba y Bop” publicado en el Mensuario de Arte, Literatura Historia y
Cultura, Fernando Ortiz destacara el nombre de Carlos Vidal al referirse a la contribución que estaban
haciendo los percusionistas cubanos en el desarrollo del bop: “Claro está que Chano Pozo no fue el
único cubano que hacía “hablar al tambor” en las orquestas de jazz. A ello contribuyó esa multitud de
cubanos humildes, artistas hirviendo en su sangre los ardores de su tierra, que se encuentran en todas
partes, llevando a los pueblos fríos, calores de humanidad y de trópico, sandunga vital. El jazzista Stan
Kenton utilizó todo el trío de tambores afrocubanos de la orquesta de Machito para el fondo rítmico en
su interpretación de “El Manisero” y siguió utilizando al tamborero Carlos Vidal; y varias orquestas de
jazz también emplearon tamboreros afrocubanos.” Ortiz fue enfático al remarcar la decisiva influencia
de los músicos cubanos, en particular Mario Bauzá y Machito en lo que llamó “el entrecruce de ambas
músicas afroides”, que derivó en un estadío superior del jazz norteamericano de finales de los 40. En el
prólogo a la compilación “Estudios Etnosociológicos” (Ed. Ciencias Sociales), que recoge diversos
trabajos Fernando Ortiz en este ámbito, Isaac Barreal señalaba: “…junto a los nombres merecidamente
divulgados de Louis Armstrong, Charlie Parker, Stan Kenton o Dizzy Gillespie, aparecen (en el artículo
antes citado) los menos conocidos de los músicos cubanos que participaron en esta revolución musical,
como Mario Bauzá, “Machito”, Carlos Vidal, y sobre todo, Chano Pozo, para el cual reclamaba Ortiz que
se le recordara, de modo que su nombre no se perdiera como los de tantos otros que mantuvieron la
genuina cubanía de nuestra música.”
Fotograma del filme Cha Cha Cha Boom (1955) en el cualPérez Prado y su orquesta
aparecen interpretando fragmento de la Voodoo Suite. Carlos Vidal Bolado y
Modesto Durán en las congas
Hay un dato que podría constituír, al decir de mi amigo, el Prof. Raúl Fernández, un record único: Carlos
Vidal Bolado ha sido el único tumbador que tocó con las tres bandas que marcaron los tres estilos del
jazz a finales de la década de los 40 y que constituyen la génesis del latin jazz: Machito y Bauzá con
los Afrocubans, Stan Kenton y Dizzie Gillespie.
Con la banda de Kenton, Vidal Bolado llega a Los Angeles y decide quedarse allí, directamente en
Hollywood. Se iniciaba con la década de los 50 el auge de ciertas corrientes que luego serían
identificadas bajo el rótulo de West Coast Jazz. Carlos Vidal Bolado se convierte en una atracción en las
descargas de Howard Rumsey en el Lighthouse Café de Hermosa Beach, en Los Angeles, considerado
uno de los lugares icónicos de la ruta del jazz en la Costa Oeste. Figura en las nóminas de varios de los
primeros discos de la Lighthouse All Stars, de Rumsey. Durante la primera mitad de los 50 alterna sus
apariciones en el Lighthouse Café con las sesiones en Hollywood, participando en grabaciones para
bandas sonoras y también en grupos de pequeño formato y grabaciones. Su nombre aparece durante
la década de los 50 también en la discografía de Dámaso Pérez Prado, Harry Belafonte, Xavier Cugat,
René Touzet, Chico O’Farrill, Nat “King” Cole, Eartha Kitt, Peggy Lee, Kitty White, Mike Pacheco, Jack
Costanzo, y muchos otros. Relevante es su desempeño en la Voodoo Suite –una de las tres piezas de
carácter sinfónico de la autoría de Dámaso Pérez Prado- grabada en los estudios de Capitol en
Hollywood en 1955. De estos años es su único LP como artista principal: “Congodrums”, del sello Tampa
Records, considerado hoy como antológico en la discografía de la
afropercusión. Con Shorty Rogers retoma en 1958 elemento afrocubano en una visión contemporánea
del jazz en el disco “Manteca. Afrocuban Influence”, donde brilla especialmente en su “Wayacañanga
Suite”.
En los años 60 destaca su trabajo con The Jazz Crussaders, los Estrada Brothers, Poncho Sánchez, Willie
Bobo, Vince Guaraldi y otros músicos vinculados al jazz en California. Junto a Mongo Santamaría,
Armando Peraza, Modesto Durán, Luis Miranda, Francisco Aguabella, formó el verdadero “todos
estrellas” de la percusión cubana en la Costa Oeste norteamericana, que nos legara verdaderas joyas
discográficas del género, como los fonogramas Yambú y Afroroots, ambos con Mongo Santamaría como
músico principal.
(Según David Peñalosa, foto tomada durante la grabación del disco "Yambú" en
1958)
Carlos Vidal Bolado falleció en Los Angeles, el 24 de agosto de 1996, a la edad de 82 años. Con una
carrera musical de poco más de 50 años deja un legado importante en cuanto a la presencia de la
percusión afrocubana en la historia del jazz y una huella que valdría para reivindicarle dentro de la
historia de la música cubana.
Fuentes: Además de numerosos textos sobre la historia del jazz en USA y en Cuba; y los músicos
cubanos en México, y de publicaciones periódicas cubanas y norteamericanas, fueron entrevistados por
diferentes medios: en USA - Jack Costanzo, Luis Miranda, Armando Peraza, Howard Rumsey, Lalo
Schifrin, David Peñalosa, José Curbelo (r.i.p.), Raúl Rico, Walfredo de los Reyes, Steven D. Harris. En
Cuba: Leonardo Acosta; Radamés Giro, Arístides Soto "Tata Güines" (r.i.p.), Ricardo Abreu "Papín"
(r.i.p.), Gregorio Hernández "Goyo" (r.i.p.), Adriano Rodríguez, Danilo Orozco (r.i.p.), Jesús Blanco
Aguilar, José Reyes Fortún, María Teresa Linares, Minini, Petrona Pozo (r.i.p.)
Agradezco a todas estas personas y otras muchas que colaboraron con esta investigación y en especial a
Dianne Vidal-Rilley, ex-esposa de Carlos Vidal; y a sus hijos Marc, Brian, Suzanne y Lisa en California, y
también a Yvonne, en Florida. También, y mucho, a Barry Cox.
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2.
JAN
19
Siempre he pensado que uno de los músicos cubanos más extraordinarios, pero
menos conocidos y valorados es Dámaso Pérez Prado. Su legado musical es
inmenso, pero en ocasiones, es víctima de una mirada reduccionista
centrada en la trascendencia universal del mambo, sin apreciarse justamente
otros aportes suyos a la composición y también a la interpretación. Más allá
del famoso mambo, Pérez Prado escribió tres conciertos de aliento sinfónico,
con aproximaciones al jazz y otros géneros y estilos contemporáneos y con
fuerte presencia de los metales y la percusión afrocubana: la Exotic Suite de
las Américas, el Concierto para Bongó y la Voodoo Suite.
Voodoo Suite
Por esos dias, el Rey del Mambo recibe el encargo del propio Díaz
Jr., para componer una obra de alto vuelo e impacto, que uniera los sonidos
afro, con el mambo y los elementos básicos del jazz americano. El entusiasmo
del cubano fue tal, que en 24 horas tuvo lista la partitura manuscrita de una de
sus más ambiciosas obras: la Voodoo Suite. Con los papeles pautados en
mano y toda la decisión que le era posible, conminó a los ejecutivos de la RCA
a convocar a los músicos que necesitaba.
Dámaso Pérez Prado dirige una orquesta integrada por 37 músicos y cuenta con
un pilar decisivo: el gran músico norteamericano Shorty Rogers, quien fungió
como asesor y arreglista. El rol de Rogers fue importante en la propia
gestación de esta obra, a la vez que resultaba una nueva incursión
personal del virtuoso músico norteamericano en algo que le fascinaba: la
música afrocubana. Un año antes, Rogers había grabado con su propia banda
varios temas en los que el swing característico y las virtuosas improvisaciones
de los jazzmen de la West Coast se unían en singular armonía con el potente
ritmo afrocubano. Pérez Prado contó además con Maynard Ferguson en una de
las trompetas y Shelly Mane en el drums, entre otros prominentes
instrumentistas.
En Cuba durante los años sesenta no era fácil encontrar información y mucho
menos música de los artistas cubanos que habían decidido permanecer fuera de
Cuba después del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. De las nuevas
creaciones del Rey del Mambo poco se sabía a nivel popular, a excepción del
ritmo dengue, del que se supo en 1963 y que fue asumido y popularizado por
Roberto Faz con su conjunto, en versión personal. Pero de la Exotic Suite de
las Américas no se tuvo noticia en Cuba hasta que el documentalista Santiago
Alvarez decidió convertir su primer movimiento en la banda sonora del Noticiero
ICAIC Latinoamericano en edición especial No. 382 del 16 de octubre de 1967
por la muerte en Bolivia de Ernesto Che Guevara. Este noticiario se exhibía
semanalmente en todos los cines del país y esa edición especial tuvo un fuerte
impacto a nivel popular por la circunstancias en que ocurría y también por ser
entonces el cine en Cuba un medio masivo de difusión, con muy bajos costes de
acceso y una amplia y variada programación. Desde entonces, los compases
de la Exotic Suite de las Américas se han convertido en una especie de
identificación sonora de la imagen del guerrillero argentino-cubano y su
lucha.
Lamentable resulta que la información del disco sea precaria en cuanto a los
nombres de los instrumentistas, pues ni siquiera aparece el del solista que
ejecutó magistralmente el solo de bongó. Ciertas fuentes han señalado,
erróneamente, que fue Clemente Chicho Piquero, el legendario bongosero que
tocara un buen tiempo en una de las varias formaciones dirigidas por Pérez
Prado, y de Benny Moré, en cuya banda gigante echó raíces luego de su regreso
desde México, a finales de la década de los cincuenta. Chicho nunca más
regresó a México y en la época en que Pérez Prado grabó e interpretó en directo
con su orquesta esta pieza, Chicho Piquero vivía con sus recuerdos
tranquilamente en La Habana. Años más tarde, al ser entrevistado por Zenobio
Puri Faget –quien ha investigado sin cesar la obra y las circunstancias del
Bárbaro del Ritmo- Chicho Piquero le aseguraba que nunca más regresó a
México.
Hace algunos años fue publicado el libro biográfico “Julio del Razo”, una larga
entrevista al bongosero mexicano del mismo nombre, en el que narra los
avatares y recuerdos de toda su vida musical. Del Razo trabajó con Pérez
Prado, principalmente en la década de los sesenta. Lo había admirado desde
los años en que el “chaparrito cara de foca” era el pianista y arreglista de la
orquesta cubana Casino de la Playa. En el libro, el percusionista narra su
versión acerca de quién fue el bongosero que interpretó el Concierto para
Bongó: “(…) aunque el público ya no lo dejaba estrenar cosas, realizó [Pérez
Prado] algunas obras grandes como el Concierto para Bongó que grabó aquí en
México un baterista que le dicen “El rabito” y se apellida Agüero. En la
grabación estuvimos en las tumbas El Morado y yo, pero ya en el teatro lo
tocaba yo en los bongós, leyendo el papel que había escrito Pérez Prado, porque
(…) es un concierto sólo para ese instrumento, todo estaba escrito. Yo tenía
silencios cuando la orquesta intervenía, allí no podía yo improvisar pero la
orquesta durante mis solos sí tenía intervenciones reforzando algunos
efectos. En Japón ese número fue un éxito”.[6]
Fuentes
[Link]
[1] Billboard, abril 24 de 1954.
[4] Billboard. Sección: Album Review. 21 de mayo de 1966. Vol. 78 No. 21. Pag.
31
[5] Pablo Solís: Pérez Prado, el rey del mambo. En revista ACIDCONGA.
Consultada en [Link]
[6] Rafael Figueroa Hernández: Julio del Razo. Editorial Conclave. Xalapa,
México. 2003. Pp. 85 y 87
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1. JAZZ EN CINE CUBANO
Las producciones cinematográficas cubanas anteriores a 1959 compartían los cánones empleados
por Hollywood a la hora de diseñar sus bandas sonoras o de simplemente, utilizar la música como
parte del discurso visual. Estos cánones apuntaban al empleo y de la llamada música culta, como
convención, y en el caso de los filmes musicales, a la inclusión de temas pre-existentes de la
llamada música popular cubana. El jazz era entonces, objeto de culto de una manifiesta minoría,
con escasa proyección en los mass-media y por tanto, con muy limitado poder de conexión con el
gusto popular. Era, por tanto, natural que el cine cubano no hiciera uso de él durante la primera
mitad del siglo XX.
Con la creación del ICAIC y aglutinándose en torno a Alfredo Guevara un grupo de jóvenes con
mayor o menor experiencia cinematográfica, pero con una cultura creciente y ávidos de
renovación, el cine cubano es estremecido por cambios medulares, que van, desde el mismo
modo de hacerlo, las temáticas a abordar, hasta la preeminencia de criterios estéticos
vanguardistas que incluían también el uso de otros elementos externos, como lo es, en este caso, la
selección de la música para las bandas sonoras. Los directores comenzaron a recurrir a músicos
cuya creación sintonizaba con estas nuevas concepciones. Estos músicos en muchos casos, eran
cultores o admiradores del jazz norteamericano y se autorreconocían en tal filiación. El primer
nombre a mencionar es el de Bebo Valdés, cuyo nombre aparece en la cinta "Cuba'58" producida
en una temprana fecha de 1960 y dirigida por Jorge Fraga yJosé Miguel García
Ascot. Este sería su único trabajo para el cine cubano. Bebo Valdés comparte aquí créditos con el
prominente compositor Félix Guerrero, como autores de la música para el cuento “Un día de
trabajo”, dirigido por García Ascot y, salvo error, parece constituír el primer hito en esta historia de
relación entre el jazz y sus músicos, con el cine cubano. Esta afirmación no es concluyente, pues
falta aún bastante por investigar en este sentido, pero las evidencias favorecen tal
afirmación. Bebo va a tener, 54 años después, una presencia significativa en varios importantes
filmes españoles, siempre dirigido por su amigo y promotor Fernando Trueba.
Dos años después, en 1963, Nicolás Guillén Landrián, dentro del equipo del Noticiero ICAIC
Latinoamericano, filma el corto “Un festival”, donde incluye fragmentos de interesantes
improvisaciones sobre un standart de jazz, donde intervienen únicamente un saxo alto y un drums,
en unos casos, y en otros, saxo alto, drums y contrabajo, y saxo alto, drums, contrabajo y
piano. Estos fragmentos, lejos de servir de mera apoyatura al discurso fílmico, resultan elementos
totalmente dialogantes . No existen en ICAIC datos que permitan saber quiénes fueron los
instrumentistas. Guillén Landrián, sin dudas, afín al jazz, tan temprano como en 1963 se atrevió a
incorporarlo explícitamente a su producción cinematográfica.
Dos años después, en 1966, un muy joven Leo Brouwer compuso una partitura eminentemente
jazzística para “Papeles son papeles”, comedia fílmica dirigida por Fausto Canel. Sin embargo,
su autor no la encasilla genéricamente, por considerar que la obra musical encargada debe estar
plenamente en función de los requerimientos de la imagen audiovisual.
1967 marca el inicio de la reiterada presencia de Chucho Valdés y su música dentro de las
producciones del ICAIC. Aunque nunca ha asumido el trabajo de composición en un largometraje
de ficción, Chucho y sus composiciones parecen tener la preeminencia entre los jazzistas en
cuanto a presencia en la filmografía cubana. En 1967, la relevante realizadora Sara Gómez filmaba
al Quinteto Cubano de Música Moderna –también llamado por entonces Jesús Valdés y su
Combo, para su imprescindible documental “… Y tenemos sabor”. Quizás Sarita estaba lejos de
imaginar que con este hecho, nos estaría legando las primeras imágenes en movimiento del gran
Chucho Valdés que han llegado a nuestros días. Son también, quizás, las únicas de un nombre
que significó un fenómeno inigualable en la escena jazzística cubana: Guapachá. Pero lo más
relevante, es, a todas luces, el papel que la gran cineasta cubana le concedía a la creación musical
del muy joven Chucho Valdés y de Guapachá, dentro de la larga y rica corriente de sabrosura
rítmica que nos identificaba en las postrimerías de la década de los 60 del siglo pasado. Sarita,
dicen testigos, estaba fascinada con el fenómeno “Guapachá” y no dudó en incluírlo junto a
verdaderos íconos vivientes de la trova tradicional, el son, y las manifestaciones populares más
raigales de nuestra música, dentro de lo que, a su juicio, ameritaba ser destacado como crucial en
ese momento para la cultura musical cubana.
También ese año el Noticiero ICAIC Latinoamericano, en sus ediciones del 12 de junio y 25 de
septiembre respectivamente, presta atención al quehacer de ese joven Chucho, junto a Enrique Pla,
Paquito D’Rivera, Carlos Emilio y Cachaíto López y nos ofrecen poco más de 2 minutos y medio en
cada caso interpretando Pastilla de Mentay Llavimaso.
Ese mismo año, Chucho recibe también del director rumano-cubano Sandú Darié el encargo de
componer la música para el corto de animación “La cocotología”, en lo que constituye su primer
trabajo para el cine en calidad de compositor.
Al año siguiente, en 1968, Sarita Gómez vuelve a recurrir a Chucho Valdés, y le encarga la
música para su documental “Una Isla para Miguel”, en la cual puede reconocerse la sonoridad de
lo que entonces eran Jesús Valdés y su Combo, según las míticas grabaciones realizadas en 1967
y editadas en discos LP bajo el nombre de Descargas No. 1 y 2. Se trataba, ni más ni menos, que
de la reasunción por Chucho de los elementos jazzísticos bajo una óptica personal de sello
inobjetablemente cubano.
Chucho, solo o con su formación IRAKERE, aparecía después en otras producciones del ICAIC. El
documentalistaOscar Valdés los contempla para la realización de 4 documentales: en “Arcaño y
sus Maravillas” de 1974, la presencia de Chucho con Irakere demuestra la trascendencia del
danzón o “ritmo nuevo”, como lo llamaba a Arcaño, perceptible en un fragmento del danzón de
Chucho Valdés “Valle de Picadura”. IRAKERE aparecería también en el documental “Rompiendo
la rutina” del mismo realizador y producido también en 1974, en el que el mismísimo Alejo
Carpentier habla sobre la evolución de los bailes y la música popular cubanos, que él denomina
“nuestro folklore urbano”.
Algo similar ocurre con el corto “El danzón”, que en 31 minutos sintetiza la evolución histórica y
musical del llamado baile nacional, y donde IRAKERE alcanza momentos culminantes de
virtuosismo en la asunción del danzón como forma expresiva contemporánea, con su conocido
“Cien años de juventud”
Finalmente, en 1986, Oscar Valdés dirige el corto “Michel Legrand”, a propósito del concierto
ofrecido por el músico francés en el teatro Karl Marx. Chucho evalúa la música de Legrand y sus
influencias y evolución.
En 1986, Bernabé Hernández realiza su documental “Latin Jazz o Música Cubana?”, a propósito
de uno de los Festivales Jazz Plaza, donde esta interrogante es respondida por músicos de
generaciones diferentes, como Armando Romeu, Gonzalo Rubalcaba y Oriente López entre
otros. Me parece importante este documental pues de manera directa testimonia parte de la escena
jazzística cubana en aquel momento, y nos identifica a figuras importantes como Ernán López-
Nussa, Fernand “Teo” Calveiro, Pablo Menéndez, Lucía Huergo y Oscarito Valdés entre otros.
Otro director, José Padrón, supo valorar la trascendencia de lo que ocurría en el Teatro Karl Marx
en 1979 y recogió los conciertos realizados por Leo Brouwer con Irakere en ese escenario,
legándonos la permanencia de esas imágenes y su sonido en su documental “Leo-Irakere”, de
1979. El mismo realizador incluye selecciones de estos conciertos en su documental “Leo
Brouwer” (2000) sobre la obra del genial guitarrista y director orquestal.
Me atrevo a asegurar que el legado del GES trazó un camino, una línea conductual en esta
específica esfera de la creación musical, que haría más natural en lo adelante la aprehensión y
aceptación de formas y elementos musicales de vanguardia como soportes e incluso,
acompañantes protagonistas de las historias narradas en el cine cubano.
Leonardo Acosta, quizás el más vinculado al jazz de todos los músicos del GES, tiene en su haber
la composición de la música para la película “Prisioneros desparecidos” del chileno Sergio
Castilla, producida por el ICAIC. Esto ocurrió poco tiempo después de disuelto el GES, en 1979.
El otro ente es el Noticiero ICAIC Latinoamericano, creado en 1960 por su director Santiago
Alvarez. Santiago y su equipo fueron rupturistas a la hora de abordar el uso de la música en
la banda sonora de sus producciones. Esta absoluta libertad de elección incluyó desde lo más
nuevo en las sonoridades del rock, hasta el jazz más vanguardista. Y si bien resulta casi imposible
reconstruír la totalidad de los créditos musicales de cada uno de los Noticieros, sí llaman la
atención los géneros y formas musicales asumidos como apoyatura de la imagen noticiosa que se
proyectaba cada semana en los cines de toda Cuba. La particular visión de la música como banda
sonora de las emisiones del Noticiero ICAIC Latinoamericano y también de la obra
documentalística de Santiago Alvarezamerita un estudio posterior más detallado y profundo, por su
carácter absolutamente vanguardista, distintivo y renovador.
Como recuento de estas dos décadas, de 1960 1979, puede afirmarse que el trabajo de los más
prominentes jazzistas cubanos encontró reflejo en el cine cubano tanto en largometrajes como en
documentales.
A partir de la década de los 80, el trabajo de Chucho Valdés & Irakere seguía siendo objeto de
atención para algunos cineastas cubanos. En “Son de Almendra” (1983), es la versión que Irakere
hace de éste clásico del danzón , la que elige su director Santiago Villafuerte para mostrar el arte
de los bailarines Andrés Williams y Sonia Calero.
Otro realizador que abordó el trabajo de Chucho Valdés es Héctor Veitía, con sus cortos
“Concierto diurno” y “Concierto para tres pianos” ambos de 1983. Quiero detenerme en este
último, porque a mi juicio, constituye un documento de inapreciable valor. Raras veces es posible
recoger en imágenes la coincidencia de tres pianistas, tres estilos y hasta tres épocas. Aquí, Veitía
pone en escena a Luis “Lilí” Martínez Griñán, Chucho Valdés y un muy juvenil Frank
Fernández, haciendo gala los tres no sólo de virtuosismo, sino también de interinfluencias que
demuestran, entre otros confirmaciones, cuán deudor es nuestro jazz de nuestros géneros
populares y bailables.
Más recientemente, en 2006 Jorge Luis Sánchez encarga a Chucho uno de los temas de la
banda sonora original de su ópera prima “El Benny", que es interpretado parcialmente por el
propio pianista.
En el aspecto temático, resulta curiosa la poca atracción que, sobre los cineastas cubanos, han
ejercido los personajes de la escena del jazz en Cuba. Sólo dos excepciones confirman esta
regla: el documental biográfico “Buscando a Chano Pozo”, realizado en 1987 por Rebeca
Chávez, donde su directora emprende una búsqueda audiovisual en el intento de encontrar los
orígenes, la evolución, y la esencia de uno de los más grandes tamboreros de Cuba, hasta
aproximarse a la trágica noche donde una bala puso fin a su aún corta vida. En 1987 aún vivían
muchos coetáneos de Chano –ahí podemos ver y escuchar a Niño Rivera, Tata Güines, etc.-
cuyos testimonios constituyen referentes invaluables a la hora de hurgar en la vida del músico y
autor de “Manteca”. Un tercer ejemplo sería el acercamiento que hace la realizadora Gloria
Rolando a la génesis y la vida de Los Bailadores de Jazz de Santa Amalia en su
documental “Nosotros y el jazz”. Gloria enfatiza aquí la íntima relación que existió entre Los
Bailadores.. y los filmes norteamericanos que en la década del 50 llegan a los cines habaneros y
por donde desfilaron muchos de los ídolos del jazz, convertidos en paradigmas de estos
habaneros.
En los últimos años, las nuevas hornadas de músicos del jazz en Cuba comienzan a dejar su
huella en nuestro cine. Si en las tres últimas décadas del pasado siglo, Chucho Valdés e
Irakere iban a capitalizar esta presencia y las preferencias de los directores, a partir de ahora, otros
serían los nombres que aparecerían en los créditos de música de largometrajes, cortos y
documentales.
En 1997, Roberto Carcassés, Yosvany Terry y Dafnis Prieto, serían los responsables, junto
a Descemer Bueno, de la música en el filme cubano-mexicano “Violeta” dirigido por Alberto
Cortés con guión del propio Cortés y del cubano Nicolás Dorr. Robertico repetiría su trabajo para el
cine en 2003, reclamado por el fallecido realizadorTerence Piard, para componer la música del
corto “Bajo Habana”.
Esteban Insausti, Léster Hamlet y Pavel Giroud conforman una especie de tríada joven que
inaugura la realización de largometrajes en el siglo XXI cubano. Además del talento y el renovador
lenguaje cinematográfico, los tres tienen en común su exquisito gusto y sabiduría en lo que a
música se refiere: los tres han acudido al jazz y a los jazzistas cubanos, ya sea en el aspecto
temático de su creación, ya como apoyatura de su discurso fílmico. Esteban Insausti dedica en
2002 su laureado documental “Las Manos y El Angel” a un ícono del jazz donde los
haya: Emiliano Salvador. Gracias a Insausti quienes no conocieron a Emiliano tienen a su
disposición un extraordinario recorrido fílmico por su vida, pero sobre todo, por su obra y su
legado.
Para su filme “Casa Vieja” (2010), Léster Hamlet acude al excelente pianista y compositor Aldo
López-Gavilán, a cuyo cargo está una buena parte de la banda sonora original del filme. Pavel
Giroud, por su parte, si bien no ha recurrido a temas o a figuras del jazz para componer la música
de algunos de sus filmes, merece un lugar destacado en este análisis, y a ello nos referiremos más
adelante.
A mi juicio, a desde finales de la última década del pasado siglo, asistimos a un proceso un tanto a
la inversa: un recurrente interés de directores y productoras cinematográficas extranjeras por temas
relacionados con el jazz cubano y sus hacedores. Sólo algunos ejemplos: el realizador
cubano Rigoberto López, en su documental “Yo soy del son a la salsa”, de 1996, para Ralph
Mercado y su productora RMM, de Estados Unidos, hurga en los orígenes del latin jazz, y sus
confluencias con el fenómeno “salsa” en Estados Unidos y Puerto Rico , al abordar las figuras
de Mario Bauzá, Chano Pozo y Machito.
Fernando Trueba, por su parte se acredita varios filmes: “Calle 54” –donde aparecen Chucho y
Bebo Valdés, Cachao, Chico O’Farrill, Paquito D’Rivera, Horacio “El Negro”
Hernández y Pedrito Martínez; “El Embrujo de Shanghai”, con Bebo Valdés en un memorable
cameo; repite Bebo, esta vez protagonizando, junto a Diego El Cigala el documental “En blanco y
negro”, y aparece también, como músico, y en el rol de actor –en el personaje de sí mismo-, en “El
Milagro de Candeal”. A Bebo dedica el realizador cubano-americano Carlos Carcas, su muy
emotivo “Old Man Bebo”, en el que se sitúa en tiempo y espacio la figura de Bebo y su impronta en
el ya largo camino del jazz en Cuba. Y finalmente, el único caso de un largometraje musical de
animación: “Chico y Rita”donde comparte dirección con Javier Mariscal y Tono Errando, que
intenta apresar combinando ficción y realidad un momento crucial de la historia del jazz en Estados
Unidos y Cuba.
Rolando Almirante realiza en 2004 el documental “Jazz de Cuba” , por encargo de su productora
ejecutiva a Sandra Carter. Ileana Rodríguez Pelegrín y Neris González Bello retomaron la
leyenda del mítico tumbador en “Chano Pozo, la leyenda negra”, de 2006, producido por
Disconforme Producciones, de Barcelona. Pavel Giroudpor su parte, es el artífice del apreciado y
polemista documental “Manteca, Mondongo y Bacalao con Pan”, donde hace un recorrido
audiovisual por el que desfilan Bobby Carcassés, Chucho Valdés, Leonardo Acosta, Gonzalo
Rubalcaba, Orlando Valle “Maraca” y muchísimos nombres de nuestro jazz, protagonistas
de momentos importantes de su historia en Cuba. Se trata de un encargo de Televisión Española
para la serie “Historias de la Música Cubana” concebida y dirigida en 2009 por el cineasta español
Manuel Gutiérrez Aragón. La joven realizadora cubana residente en Nueva
York, Tané Martínez, por su parte, se ocupó de Robertico Carcassés en su
documental “Interactivo La Película”(2011), en su fase de director de esta agrupación.
También habría que destacar la presencia del jazz cubano en filmes de otros países, a través de
temas de compositores cubanos y de la presencia misma de instrumentistas del jazz cubano en sus
bandas sonoras, pero también debe ser objeto de un estudio posterior.
Esta del jazz y el audiovisual cubano es una historia no concluída. Quizás no estén aquí todos los
ejemplos, todos sus hitos pasados y presentes. Hay muy buen jazz cubano, magníficos jazzistas
que podrían crear excelentes bandas sonoras; hay muchas historias , muchos personajes del jazz
en Cuba, que bien merecen ser atendidos por los guionistas. Es un maridaje, este del jazz y el cine
cubanos, sino perfecto, al menos disfrutable. Es, además, un estudio que aún debe ser
profundizado. Este trabajo es únicamente una pequeña contribución más en ese camino.
Nota: Este trabajo ha contado con la valiosa colaboración de José Galiño, voz erudita en cuanto a
los vínculos de la música con el cine.
Los datos de los audiovisuales producidos por el ICAIC han sido cotejados con la información del
sitio [Link]
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2.
JAN
17
AURORA LINCHETA
AURORA LINCHETA.
APUNTES PARA LA RECONSTRUCCION DE SU
LEYENDA NEGRA
Era extraño que su nombre apareciera en textos y noticias junto a las llamadas
“líricas de Lecuona”; que figurara en producciones cinematográficas en las
décadas de los 30 y los 40… y que de ella se supiera tan poco. Ya cuando leí lo
escrito por el Dr. Cristóbal Díaz Ayala en su monumental Enciclopedia - “Otra
cantante cubana que fue popular a finales de los años 30. Quizás el color de su
piel no le permitió triunfos mayores ”- quise saber más sobre el destino de Aurora
Lincheta, catalogada como “ la reina del pregón”, y encasillada entonces, al
parecer, al género afro-cubano con tintes folkloristas.
Estrellas nacientes de La Corte Suprema, esperando en el estudio. Aurora Lincheta, segunda de izquierda
a derecha. 1938.
1939 fue un año estupendo para la linda mulata: además de los éxitos en las
emisoras radiales, se le abren las puertas del celuloide: reclamada por la
Productora Compañía Habana Industria Cinematográfica (CHIC), integra el
elenco del filme cubano-mexicano “Ahora seremos felices”, dirigida por los
norteamericanos William Nolte y Fred Bain, y que sería la primera comedia
musical rodada en los estudios CHIC. Ya en marzo, la Lincheta entraba en
estudios y compartiría cartel con los actores principales Juan Arvizu, Mapy
Cortés y Pituka de Foronda, y estaría bajo la dirección musical de Rafael
Barros. La novel Lincheta tendría que validar lauros junto a músicos muy
aclamados ya, como la Orquesta Hermanos Castro, el entonces Septeto Jóvenes
del Cayo, el Trío Antillano y la pareja de rumberos conformada por Pablito y
Lilón. Aurora cantó “Manguito mangüé”, acompañada por los Jóvenes del Cayo, y
justo podemos verla en los escasos cuarenta minutos que se pudieron
recuperar de este importante filme musical.
Siboney, dirigida por Juan Orol, quien a su vez asumió el rol principal junto a la
tiple Luisa María Morales, la bailarina y actriz Chela Castro, Jorgelina Junco y
una desconocida deportista llamada María Antonieta Pons. Para la Lincheta se
reservó el rol secundario de Candelaria, interpretando los temas “Ay,
Candelaria” y de Rafael Barros, “Melodía del palmar”, en una interpretación
donde brilla en su condición de soprano.
Fotograma del filme “Siboney”. De izquierda a derecha, Aurora Lincheta , Consuelo Sainz y María
Antonieta Pons.
Poster que anunciaba la proyección de Cancionero Cubano en la temporada del cine Rialto.
Aurora Lincheta, con belleza, talento y menos edad, pero sin la experiencia, la
genialidad absoluta y el camino recorrido por Rita, tendría que vérselas entonces
con estos obstáculos de alcance no despreciable, sin que fuese posible predecir
un final feliz, al gusto y los sueños de la jovial cantante. No le fue posible, ni
entonces, ni después, dedicarse a otros géneros para los que tenía talento, tal y
como lo demuestran sus grabaciones y hasta testimonios de algunos coetáneos
entrevistados. José Antonio Alonso, voz cantante y cabeza visible de La Corte
Suprema, se había encargado de que cada una de sus “ estrellas nacientes”
tuviera su género como elemento distintivo. A la Lincheta se le asignó el afro,
el pregón… Años más tarde, al encontrarse en Madrid, Aurora confiaría a Luis
Carbonell su certeza de que Alonso había delineado para ella esa figura en el
imaginario popular y, de algún modo, también habría trazado el destino de su
carrera musical.[14]
A pesar de esto, Aurora continúa indetenible. En 1940 la R.H.C. Cadena Azul,
de Amado Trinidad, competía con CMQ en radioaudiencia. Según Bobby
Collazo, Trinidad consigue que tres populares cantantes acepten sus
contratos: Aurora Lincheta, María Ciérvide y René Cabel, “…cada una en su
género musical… Como orquesta acompañante , a un conjunto formado y
dirigido por Fernando Mulens.” Y a pesar de que la gran mayoría de las fuentes
consultadas se refieren a que fue Aurora Lincheta, con su interpretación de
“Rumba Matumba” la ganadora del certamen, el propio autor de este tema –
Bobby Collazo- niega este hecho, argumentando que Aurora nunca cantó en ese
programa, porque “…ningún compositor había presentado un número musical en
tiempo de guaracha o mambo o género afro-cubano…Al mes de estar cobrando
sueldo y no actuación, decidió aceptar un compromiso cinematográfico y la
cantante Jorgelina Junco ocupa su lugar. Vienen entonces las producciones
de rumbas y guarachas de donde nace mi “Rumba Matumba”.[15]
Ya en 1941, la Lincheta era una favorita del público que la seguía a través de
populares programas de la radiodifusión nacional. Es artista de la R.H.C.
Cadena Azul, ante cuyos micrófonos triunfa rotundamente. Muy relevante
resulta su participación en la gala “ Noche de Estrellas” en el Teatro
Auditorium, el 26 de junio de ese año, con los mexicanos Gabriel Ruiz y Genaro
Salinas, y los cubanos Xiomara Fernández, Olga, Chorens, Elsa Valladares, Otto
Sirgo, Aníbal de Mar, Margot Alvariño, Miguel Angel Ortiz, y la cantante brasileña
Malena de Toledo, entre otros. Y aún más, el 1 de octubre hace su debut
teatral con la compañía de Ernesto Lecuona, en el Teatro Principal de la
Comedia, en el elenco que propició una reposición de la zarzuela “ Lola
Cruz. Dos días después se la verá en el estreno del sainete lírico “ La de Jesús
María”, en el que tuvo a su cargo el personaje de “ Maniquí”. Aquí compartió
escena con Antonio Palacios, Zoraida Marrero, Rolando Ochoa, Miguel de
Grandy, Alicia Rico, Julio Díaz, Pepa Berrio y la tiple española Eugenia Zuffoli.
[17] Fue la Lincheta quien estrenó esta pieza, pero sería María de los Angeles
Santana quien la convertiría después en una verdadera sensación, según
afirma su biógrafo Ramón Fajardo Estrada.[18]
Entre 1938 y 1941 se acreditan a Aurora Lincheta, como voz principal, una
serie de grabaciones realizadas por la Orquesta Casino de la Playa para el sello
Víctor en La Habana (ver discografía al final). De hecho, y atendiendo a los datos
aportados por Cristóbal Díaz Ayala, acaso sería Aurora Lincheta la primera mujer
en grabar como invitada con esta formación musical, hecho que ocurriría por
primera vez el 26 de septiembre de 1938, cuando fijó los temas Chivo que rompe
tambó, de Moisés Simons, y El Sun sun, de Ernesto Lecuona.[19] La popularidad
conquistada por la Lincheta, a escasos 2 meses de su triunfo en La Corte
Suprema del Arte, debió ser muy alta para que una orquesta tan reputada ya
como la Casino de la Playa la invitara a grabar.
Entre 1940 y 1942 realiza tournées por el país, visitando Santiago de Cuba, Santa
Clara, Sagua de Tánamo y otras ciudades. También se presenta en diversos
escenarios capitalinos. Francisco Gutiérrez Barreto, en su Historia de la
Farándula Cubana 1900-1942 resalta el éxito de la Lincheta como figura central
del cabaret Montmartre en la revista “Babalunga”, donde canta y baila los
afros: Sabelo tó, de Luis Marquetti; Euchituve, de Margarita Lecuona y Yima
na yimo de Rafael Blanco Suazo.[21] Se presenta también en el Teatro
América, con su espectáculo “Show de Shows”. En la radio, y afincada ya en
los predios de Amado Trinidad, en la RHC, brilla en los programas “ Trinidad y
Hno.”, que se transmitía a las 11.00 am y “ Eslabones de Oro”, a las 10.30
pm[22] Un dato curioso aparece al revisar el archivo de la revista
norteamericana Billboard: el crítico David Coupau, en la revista norteamericana
Billboard, tras presenciar el espectáculo en el Tabarin, con la orquesta
Cosmopolita dirigida por Alfredo Brito, y escribió: “…Aurora Lincheta, is a
vivacious, personality-full Singer of risque tunes peppered with brash re marks
at patrons”.[23]
Otra prueba del nivel logrado por la Lincheta por aquellos años, lo es su
intervención en la función homenaje a Amado Trinidad, dueño de RHC Cadena
Azul, organizado por Rita Montaner junto a Miguel De Grandy, motivados por el
respeto que le profesaba a quien, a su juicio, hacía mucho por los músicos y
artistas. El Teatro Campoamor acogió el 24 de enero de 1943 este concierto
de gala, como reconocimiento también a la gestión empresarial de Trinidad en
los espectáculos ofrecidos en ese auditorio el año anterior. Se representa para
este acto, el pasatiempo lírico-cómico Las Leandras, con las actuaciones de la
propia Montaner, Maruja González Hortensia Coalla, Zoraida Marrero, Rosita
Fornés, Esther Borja, Miguel de Grandy, Rene Cabel, Miguel Angel Ortiz y Antonio
Palacios. En la segunda parte, aparecen los intérpretes de La Tremenda Corte,
la cual concluye con variedades a cargo del trío Marvel Sisters, Margot Alvariño,
Aurora Lincheta, Chano Pozo y los coros de la RHC Cadena Azul. [24]
En 1945 está en México y graba para el sello Víctor con la orquesta del
cubano mexicanizado Absalón Pérez[27]. Se trata de los temas Lo último, de
Rafael Blanco Suazo, y Tin Tin, de Chano Pozo; Dice mi gallo, de Ñico Saquito
y El Melcochero, tema éste con el que retoma su reinado en el género del
pregón.[28] Viaja en 1946 de nuevo a Venezuela, y también a Puerto Rico y Santo
Domingo. De estos viajes y presentaciones no hemos encontrado información
más precisa.
En julio de 1947 está aún en México y forma parte del espectáculo estelar
de El Tívoli, siendo presentada como “el huracán que canta”, junto a “Medel, el
cómico de México”; “la sensacional Rosita Fornés”; “el colosal Luis Aguilar” y “
la exquisita voz de María Luisa Landín”. El Tívoli era el sitio de moda por
entonces, y ese día sucedería algo especial: una casi quinceañera venida de
California y llamada Yolanda Montez hacía su debut bajo el nombre artístico de
“Tongolele”.[29]
A su regreso de esta gira, que según Bobby Collazo, la llevó también a Chile y
Uruguay, Aurora Lincheta debuta en el famoso programa “ De fiesta con Bacardí”,
en la C.M.Q.[34]
Su foto en el extremo superior izquierdo. ABC. 21 de noviembre de 1952. Tomado del diario La Vanguardia
de España.
Es reclamada en Madrid, y para los primeros días de noviembre integra el
cartel de la sala de fiestas Teyma, en el Palacio de la Prensa, en un espectáculo
junto a músicos y cantantes españoles. Le siguen otras presentaciones en
similares escenarios madrileños, como la sala de fiestas J-Hay. Sería presencia
frecuente en estos mismos escenarios madrileños durante estos años. El 29 de
diciembre aparece en el Teatro Victoria junto a Dick y Biondi en el
espectáculo “Las 100 y una piernas”. [36]
De especial relevancia son las grabaciones que realizara Aurora Lincheta para
el sello Columbia de Juan Inurrieta, de San Sebastián, entre 1950 a 1952 y que
fueron, sin dudas, el resultado de su éxito y popularidad en España.
Con ellas, se editaron al menos 5 discos con 10 temas, que incluyen un
espectro de los géneros abordados por Aurora en su repertorio y que hoy
constituyen verdaderas rarezas discográficas (Ver discografía).
Disco de Aurora Lincheta para el sello Columbia de Juan Inurrieta, con los temas Arrimate
Cariñito y Siboney. Nótese el singular diseño de la placa, con la foto de la cantante cubana.
Durante la segunda mitad de la década de los 50, Aurora actúa en otras ciudades
europeas, y también en el norte de Africa. Se presenta en Túnez, en 1957
se convierte en la máxima atracción de “ La Cabaña Cubana” del
hotelMajestic donde permanece una exitosa temporada.[44] Regresa a París,
donde fueron memorables a partir de 1956 sus presentaciones en el “L’Aiglon”.
En diciembre de 1958, la revista Bohemia, en su sección La Farándula Pasa,
reseñaba: “Aurora Lincheta, la dinámica vedette cubana, sigue su periplo
triunfal por Europa. Ahora es atracción principal en el “L’Aiglon”, el mismo nite
club que la mantuvo en su cartelera hace dos años, durante más de dos
meses. Ya lleva cuatro semanas en su show, y es tanto lo que gusta, que sus
empresarios acaban de firmarla por seis meses más. Su número de éxito es un
afro de Mercerón[45], “Tierra va a temblá”. Lo increíble: Aurora lo escuchó
por primera vez, hace unos cinco meses, interpretado por una cantante
norteamericana que estaba actuando en Vichy, y, como le gustó, lo agregó a su
repertorio, ahora, hecho por ella, constituye un triunfo apoteósico…”. [46]
Mientras tanto, espero por ustedes, mis lectores. Quizás alguien traiga nuevas
noticias sobre este ciclón cubano, talentoso y olvidado, que fue Aurora Lincheta.
Fuentes:
Cristóbal Díaz Ayala: Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana.
1938
Victor 82516-2
1939
Victor 82670-1
1940
Victor 83455-1
1941
Victor 83455-2
Victor 83586-A
Victor 83586-B
1945
Victor 70-7322
Grabado en México
Victor 70-7322
Grabado en México
Víctor 70-7323
Grabado en México
Grabado en México
1951
Grabado en España.
Grabado en España.
Grabado en España
Grabado en España.
Grabado en España
Grabado en España
Grabado en España
1952
Grabado en España
NO DIGAS NADA
[2] Bobby Collazo. La última noche que pasé contigo. Editorial Cubanacán. Pag. 147
También: Bohemia. Junio 19 de 1938. Pag. 39
[8] Wilfredo Gil Figueredo y Juan Pérez Díaz: La COCO. Historia de una Radio.
En [Link] También la revista Cinema en su edición del 3.12.1939 deja
constancia de la visita de Negrete a La Habana invitado por Eliseo Grenet y sus
presentaciones en Cuba.
[9] Revista Cinema. Edición citada. Pag. 8 Veáse también Emilio García Riera:
Historia Documental del Cine Mexicano. Tomo I. Pag. 229, donde se indica que esta
cinta musical “… se hizo popularísima en toda la zona del Caribe”.
[10] Nunca han sido encontrados los rollos del filme “Cancionero Cubano”, sin duda
una enorme pérdida que ha impedido presenciar el desempeño de su magnífico
elenco y de figuras que nunca hemos podido ver en imágenes audiovisuales. (Nota
de la autora)
[11] Véanse: Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano II
(1937-1944) Ediciones ICAIC; Eduardo G. Noguer: Historia del cine cubano: cien
años, 1897-1998. Ed. Universal. 2002; Juan Antonio García Borrero:Guía Crítica del
Cine Cubano de Ficción. Ed. Arte y Literatura. 2001; Alfonso J. García Osuna: The
Cuban Filmography: 1897-2001. McFarland &Co. 2004.
[12] Para ampliar, véase: Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine
Cubano II (1937-1944) Ediciones ICAIC. Pp. 147,153,162,164,188.
[13] Ramón Fajardo Estrada. Obra citada. Pág. 1977. Editorial Casa de las Américas
(con la colaboración de Colcultura, de Colombia)
[15] Bobby Collazo: La última noche que pasé contigo. 40 años de farándula
cubana. Pág. 212. Editorial Cubanacán. Puerto Rico. Sin embargo, Cristóbal Díaz
Ayala, en Música cubana: del areyto a la Nueva Trova (pág. 207) narra que “…Hay
un concurso de canciones en RHC en 1940 y Bobby piensa presentar algo romántico,
pero Fernando Mulens, director artístico del mismo le ruega que presente alfo afro,
porque Aurora Lincheta está de intérprete en el concierto. Bobby Collazo escribe
“Rumba Matumba” y se lleva el segundo premio y es su primer hit”.
[16] Ramón Fajardo Estrada: Ernesto Lecuona. Cartas. Ediciones Boloña, 2012.
Ernesto Lecuona en carta a Ferrer de Couto. No se precisa la fecha en que Lecuona
escribió en Buenos Aires esta carta. Se publicó en ¡Alerta! el 2 de septiembre de
1940, p. 4.
[17] Ramón Fajardo Estrada: Ernesto Lecuona. Cartas. Ediciones Boloña, 2012.
Tomo II. Pág. 379
[18] Ramón Fajardo Estrada: Yo seré la tentación. María de los Angeles Santana.
Editorial Plaza Mayor. 2004. Pag. 533
[24] Ramón Fajardo Estrada: Rita Montaner. Testimonio de una época. P. 232.
Editorial Casa de las Américas, 1998.
[30] Armando de María y Campos: Balance frívolo. De María Conesa a Marga López
pasando por Rosita Fornés, en [Link].
También del mismo autor: El teatro está siempre en crisis. Pag. 175. Editorial
Arriba el Telón. 1954. Información verificada en entrevista de la autora a Rosita
Fornés el 16 de enero de 2014.
[33] Ramón Fajardo Estrada: Deja que te cuente de Bola. Pág. 163. Editorial Oriente.
Stgo. De Cuba. 2011.
[43] [Link]
[44] Revista Bohemia, 1957. Sección “Baraúnda”.
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GRABACIONES CUBANAS EN HALL OF FAME DEL LATIN GRAMMY
Los albumes IRAKERE-RECITAL TEATRO AMADEO ROLDAN; DESCARGA/CUBAN JAM SESSIONS y el sencillo
COMO FUE fueron elegidos este año 2013 para figurar en el Salón de la Fama del Latin Grammy.
El Salón de la Fama del Latin Grammy (Hall of Fame) se creó el año 2001 para honrar a aquellas grabaciones
realizadas hace más de 25 años que han resistido el paso del tiempo atendiendo a criterios de calidad y/o
significado histórico. La elección es realizada anualmente por un comité de expertos integrado por
relevantes profesionales con amplio conocimiento de los diferentes géneros y criterios de excelencia en las
artes de la grabación musical.
La grabación del fonograma de IRAKERE recoge en vivo el inolvidable concierto de la banda dirigida
por Chucho Valdés en el Teatro Amadeo Roldán en 1974 y editado por el sello Areíto de EGREM. Era la
banda original con Chucho en la dirección y teclados; Carlos del Puerto, en el bajo; Paquito D’Rivera, en el
saxo alto; Carlos Averhoff, en saxo tenor; Jorge Varona, en la trompeta; Oscar Valdés, en la voz y
percusión; Carlos Emilio Morales, en la guitarra eléctrica; Bernardo García, en la batería; “Tato” Alfonso, en
las congas; y Silvia Acea y Ele Valdés en los coros de “Danza de los Ñáñigos”, tema que junto Bacalao con
Pan, Valle Picadura y Taka Taka Ta La Verdad, Luisa, Quindiambo, Misaluba, conforman la lista de tracks de
este disco de larga duración. Según los créditos del disco, la grabación estuvo a cargo de Eusebio
Domínguez y diseño de carátula de Rodolfo Shelton. Se trata de la primera grabación realizada por Chucho e
Irakere, ya conformado el grupo, que es editada comercialmente.
DESCARGA recoge las míticas sesiones dirigidas por Israel “Cachao” López en 1957 bajo la producción del
sello Panart y editadas en prensaje inicial bajo la referencia Panart – LD 2092 y posteriormente, en 1962,
como EGREM– LD 2092 y también en soporte de CD. Participaron en diferentes temas de esta grabación,
entre otros, el propio “Cachao” en el contrabajo; Guillermo Barreto en las pailas; Tata Güines en las
congas; Gustavo Tamayo en el güiro; los bongós a cargo de Rogelio “Yeyo” Iglesias y en la trompeta, “El
Negro” Vivar; Generoso Jiménez, trombón; Emilio Peñalver como sax tenor; Virgilio Vixama en el saxo
barítono y Richard Egües en la flauta.
Benny Moré grabó el 3 de marzo de 1953 el tema COMO FUE del también cubano Ernesto Duarte,
acompañado por la orquesta del autor. Esta grabación, con referencia del máster V-23-5966, fue producida
por la RCA Víctor y luego reeditada en múltiples soportes y está considerada uno de los temas más difundidos
y notables en la discografía del Bárbaro del Ritmo.
Desde su creación, verdaderos clásicos cubanos han sido incluídos en el Salón de la Fama del Latin
Grammy: El Manisero, deMoisés Simons, en la grabación de la orquesta de Don Aspiazu en 1930 y Mambo #
5, de Dámaso Pérez Prado, en grabación RCA Víctor de 1950. En el año 2007 merecieron tal
reconocimiento Son de la loma, por el Trío Matamoros, en grabación Víctor de 1928 y el álbum Irakere,
de Chucho Valdés & Irakere, del sello Columbia con grabación de 1979. También el álbum Cole en Español,
queNat King Cole grabara, principalmente, en La Habana, en 1958 en los actuales estudios EGREM de San
Miguel, en 1958, acompañado en su totalidad por músicos cubanos .
Así, nombres de músicos cubanos de trascendencia universal, hacedores de grabaciones que atesora nuestro
patrimonio fonográfico, son parte de este Salón de la Fama, junto a otras que han perdurado en el imaginario
colectivo a nivel mundial: El día que me quieras, Adios Nonino, Bésame mucho, Caballo Viejo, Concierto de
Aranjuez, Mediterráno, Oye como va, Desafinado, El Rey, Somos novios, Siembra y La Chica de Ipanema.
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Maggie Prior fue una influyente figura en el jazz cubano de los años 60, contribuyendo significativamente al movimiento pese a ser poco reconocida en registros enciclopédicos . Se destacó por su interpretación y enfoque creativo en el jazz, mezclando el repertorio norteamericano con influencias locales y poéticas, lo cual resonó con las aspiraciones culturales de la época en Cuba . La interacción de Prior con artistas y escritores como Julio Cortázar subraya su inclusión en el núcleo cultural intelectual de La Habana, donde el jazz servía como un puente cultural . Sin embargo, enfrentó retos significativos debido a las restricciones políticas e ideológicas que marginalizaban el jazz, etiquetado como "la música del enemigo", y también por la estigmatización social hacia su apariencia y elección de expresiones artísticas . Su persistencia y actuaciones en clubes icónicos como el Capri y sus colaboraciones con agrupaciones prestigiosas como el Free American Jazz muestran su relevancia en la escena jazzística, aunque no siempre fue adecuadamente valorada en su tiempo ."}
El Chori jugó un papel significativo en la representación cultural y social de La Habana durante el siglo XX al convertirse en un ícono de la vida nocturna y la música popular. Actuó en la Playa de Marianao, donde su talento musical y su capacidad para crear un ambiente festivo atrajeron a visitantes famosos, incluidos artistas y cineastas extranjeros como Marlon Brando y Tito Puente, quienes quedaron impresionados con su estilo . El Chori fue inmortalizado en la literatura cubana, siendo mencionado en las obras de escritores como Guillermo Cabrera Infante y Alejo Carpentier, lo que subraya su influencia cultural más allá de la música . Asimismo, su actuación fue captada en el cine, apareciendo en películas extranjeras filmadas en Cuba, lo cual amplió su impacto cultural . A pesar de haber sido una figura emblemática, enfrentó presiones para cambiar su entorno profesional, aunque permaneció fiel a su estilo hasta que fue desplazado por cambios sociales y la clausura de los cabarets que frecuentaba .
La ordenanza del plan de saneamiento de la Playa de Marianao en 1963 afectó significativamente a músicos como El Chori y Marcelino Teherán al desmantelar los lugares donde solían presentarse, como El Niche y La Taberna de Pedro . Esto provocó que El Chori perdiera su principal plataforma de actuación, dejándolo prácticamente sin un lugar donde trabajar . Su habilidad musical y carismático espectáculo, que había atraído a figuras notables y era celebrado en la narrativa cultural, ya no pudo ser exhibido en La Habana . A Marcelino Teherán, quien compartía el escenario musical con El Chori, también le afectó el cierre de estos espacios, poniendo fin a su conocido enfrentamiento musical y alterando su forma de vida en la Playa de Marianao .
Las interacciones con músicos internacionales enriquecieron el desarrollo del jazz cubano al proveer una influencia directa y oportunidades de colaboración que llevaron a la integración de nuevos estilos y técnicas. Figuras como Chano Pozo establecieron conexiones significativas con músicos estadounidenses como Dizzy Gillespie, lo cual desembocó en la creación del jazz afrocubano, fusionando ritmos cubanos con el jazz con un éxito notable . Eventos como el Festival Jazz Plaza, que atrajeron artistas internacionales como Dizzy Gillespie en 1985 y 1986, facilitaron el intercambio cultural y musical, inspirando a músicos cubanos y manteniendo viva la tradición de improvisación y colaboración . Además, documentales y filmes, tanto cubanos como internacionales, han destacado el papel de prominentes jazzistas cubanos como Bebo Valdés y Chucho Valdés en el contexto global del jazz, fortaleciendo sus conexiones con el jazz internacional . Estas interacciones y la creciente visibilidad global contribuyeron a la evolución y el reconocimiento del jazz cubano como un género dinámico e influyente.
La Playa de Marianao desempeñó un papel crucial en el desarrollo de la música cubana siendo un epicentro de interacción cultural y musical durante gran parte del siglo XX. Este lugar fue famoso por su ambiente vibrante y diverso, donde confluyeron músicos, intelectuales y artistas en busca de inspiración y disfrute. Asimismo, fue el hogar de figuras esenciales como El Chori, un legendario percusionista que se convirtió en un símbolo de la cultura musical cubana gracias a su habilidad para atraer a destacados músicos y su impacto en la música popular . La Playa de Marianao fue reconocida por su autenticidad y por reunir a músicos que posteriormente se convertirían en referentes del género . Sin embargo, las iniciativas gubernamentales de saneamiento en la década de los 60 terminaron con este enclave cultural, eliminando muchos de sus famosos lugares como El Niche y La Taberna de Pedro, lo que privó a la escena musical cubana de un espacio vital para la difusión del son y otras formas de música popular .
Las decisiones administrativas, especialmente el plan de saneamiento de la Playa de Marianao en 1963, afectaron profundamente la carrera de El Chori. Estas políticas resultaron en la clausura de los espacios donde él prosperó, privándolo de su entorno natural de actuación y obligándolo a relocalizarse. Aunque fue invitado a programas de televisión por figuras como Alfonso Arau, su carrera sufrió al perder sus icónicos escenarios de actuación, lo que provocó que su presencia mediática disminuyera considerablemente en un periodo en que las políticas gubernamentales transformaban el panorama cultural cubano .
El ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) juega un papel crucial en la preservación y promoción de la cultura musical cubana a través del cine, integrando notablemente elementos de música afro-cubana y jazz en sus producciones. Desde su formación, ha incluido a destacados músicos cubanos en sus documentales y películas, como Chucho Valdés, mostrando la riqueza del jazz cubano y destacando su influencia en la música mundial . Además, los documentales del ICAIC documentan y preservan las tradiciones musicales cubanas, incorporando actuaciones y composiciones originales que reflejan la diversidad y evolución de la música cubana . Esto no solo ha promovido la música a nivel nacional sino que también ha contribuido a su internacionalización .
La narrativa oral, conocida como Radio Bemba, jugó un papel significativo en la difusión de la música y los concursos de popularidad en La Habana, actuando como un canal informal de comunicación que complementaba la influencia de la radio formal . Esta forma de comunicación era fundamental para compartir información sobre los eventos musicales y novedades discográficas, ya que los discos nuevos que llegaban a la ciudad eran a menudo discutidos y difundidos mediante esta red informal de comunicación . Radio Bemba facilitaba el boca a boca entre la gente común, permitiendo a los aficionados de la música mantenerse actualizados sobre los nuevos lanzamientos y eventos, además de fomentar un sentido de comunidad entre los seguidores de la música popular ."}
El Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES), creado en 1969 bajo la dirección de Leo Brouwer, tuvo un impacto significativo en la música cubana al introducir e integrar elementos de jazz y otras influencias vanguardistas en la música popular. Este grupo no sólo enriqueció la banda sonora de producciones cinematográficas del ICAIC, sino que también fue punta de lanza en la fusión musical al validar y reinventar géneros tradicionales cubanos, amalgamándolos con tendencias modernas y experimentales . La participación de importantes jazzistas cubanos como Leonardo Acosta, Emiliano Salvador y Sergio Vitier en el GES fomentó un intercambio cultural que facilitó una aceptación más amplia de formas musicales contemporáneas en el entorno creativo cubano . Además, la inclusión de ritmos y sonidos innovadores en las producciones del ICAIC fortaleció la percepción del jazz no solo como un género extranjero, sino como parte integral del desarrollo musical cubano .
Los cambios sociales y políticos en Cuba durante los años 60 impactaron significativamente en la música y los artistas. La Revolución cubana trajo una ola de cambios en las estructuras sociales que influyó en todos los aspectos de la cultura, incluyendo la música. Hubo un resurgir del fervor patriótico y una reafirmación de lo afrocubano como parte esencial de la identidad cultural del país . Esto se reflejó en la validación de la cultura afrocubana a través de la música, mientras que géneros influenciados por la música estadounidense, como el jazz, enfrentaron críticas bajo la mirada del nuevo gobierno revolucionario que buscaba unificar la cultura nacional y protegerla de influencias extranjeras consideradas perjudiciales . En torno a la música cubana, los años 60 vieron la producción de discos en formatos como LP y 45 rpm que aún no han sido completamente digitalizados, lo que habla del rico y diverso patrimonio musical que se desarrolló en esa época a pesar de las tensiones políticas . Además, se promovieron eventos culturales como el primer festival de jazz que se llevó a cabo en 1963, reflejando una cierta tolerancia y apreciación por el jazz, además de enriquecer la escena cultural local . En resumen, los cambios políticos y sociales de los años 60 en Cuba impulsaron la valoración de lo autóctono y transformaron las influencias culturales, todo lo cual contribuyó a un período vibrante y complejo para los músicos y artistas de la época.