EL RITUAL ROMANO HA SIDO DEROGADO “IN TOTO”
El Ritual Romano (Rituale Romanum) fue derogado como todos los demás libros
litúrgicos anteriores a la reforma litúrgica del Vaticano II (derogar = lo mismo que
abrogar o abolir, es decir, dejar sin vigencia / efecto una ley, precepto, costumbre,
etc.).
La certeza de esta derogación no nos viene de la Carta Apostólica en forma de
Motu Proprio Traditiones Custodes, porque sobre este punto se podrían presentar
algunas perplejidades, algunas “Dubia”, sino de las respuestas a las Dubia que
publicó la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en
diciembre del año pasado (2021): «Esta Congregación, ejerciendo, para los asuntos
de su competencia, la autoridad de la Santa Sede (cf. TC 7), retiene que, queriendo
avanzar en la dirección indicada por el Motu Proprio, no se deba conceder la
licencia para hacer uso del Rituale Romanum y del Pontificale Romanum
precedentes a la reforma litúrgica, libros litúrgicos que, como todas las normas,
instrucciones, concesiones y costumbres anteriores, han sido abrogados (cf. TC 8).»
Desde entonces tenemos la certeza plena e irrefutable de que el Ritual Romano,
así como todos los demás libros litúrgicos anteriores a la reforma del Vaticano II, ha
sido derogado. Habiendo sido derogado, no en alguna parte sino “in toto”, o sea en
todas sus partes, el Ritual Romano ya no puede ser utilizado para la celebración y
producción de Sacramentos y sacramentales, incluido el sacramental del exorcismo
y las bendiciones constitutivas del agua exorcizada, de la sal exorcizada, del aceite
exorcizado, del incienso exorcizado, etc.
Cuando hablamos de agua exorcizada, aceite exorcizado, etc., nos referimos al
destino de estas realidades (agua, aceite, etc.) que mediante la bendición recibida
pretenden contrarrestar no sólo la acción ordinaria del demonio sino también la
extraordinaria, como se deduce de las mismas fórmulas con las que se bendecían el
agua, la sal, el aceite y así sucesivamente. Este destino ya no está asegurado por el
nuevo Bendicional, porque en el nuevo Bendicional, en las fórmulas con que el
sacerdote, o incluso el diácono, bendice el agua, el aceite, la sal, etc., no aparece
nada que se refiera a la lucha contra la acción ordinaria y extraordinaria del demonio.
Por lo tanto, concretamente, hoy en día ya no es posible tener agua exorcizada,
sal exorcizada, aceite exorcizado, etc., porque ya no existe ninguna fórmula de
bendición que destine dichos elementos de la creación a este propósito.
La única excepción es con respecto al agua y a la sal, que pueden ser bendecidas
con un propósito exorcístico a través de las fórmulas que contiene el DESQ al
comienzo del rito (cf. DESQ núm. 41-43). Sin embargo, estas fórmulas de bendición
de agua y sal sólo pueden ser utilizadas por el sacerdote que tiene licencia para
exorcizar, no por el exorcista emérito (que ya no es exorcista en acto), ni por otros
sacerdotes y mucho menos por los diáconos.
Por lo tanto, en la actualidad, sólo se puede tener agua exorcizada y sal exorcizada
cuando un sacerdote exorcista los destine a esta finalidad utilizando las fórmulas del
DESQ. Esta es la situación y no podemos cambiarla. En un futuro puede ser que la
Iglesia retome lo que ha dejado de lado en este momento.
Atención: la derogación del Ritual Romano y de su contenido no hacen “herético”
el Ritual Romano, que conserva todo su valor doctrinal. Sólo que hace ilícito su uso
si se usa con el propósito de producir Sacramentos o sacramentales. No olvidemos
nunca que tres cosas son necesarias para celebrar un Sacramento o un sacramental:
• un ministro idóneo;
• un rito aprobado por la Iglesia “ad hoc”;
• que el ministro que usa este rito tenga la intención de hacer lo que hace la
Iglesia.
Por lo tanto, un sacerdote, incluso un exorcista, que quisiera bendecir el agua para
que se convierta en agua exorcizada usando el Ritual Romano, actúa de manera
ilícita, con todas las consecuencias que de ello se derivan en el plano moral y en el
de la eficacia sacramental.