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LOS DOCE CESARES Final

El documento describe el reinado de Nerón como un período de transición entre las costumbres clásicas y nuevas creencias. Nerón tuvo una educación influenciada por su madre Agripina y Séneca, pero eventualmente se volvió paranoico y cruel, envenenando a su hermano y madre.

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LOS DOCE CESARES Final

El documento describe el reinado de Nerón como un período de transición entre las costumbres clásicas y nuevas creencias. Nerón tuvo una educación influenciada por su madre Agripina y Séneca, pero eventualmente se volvió paranoico y cruel, envenenando a su hermano y madre.

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1

JESÚS GERARDO CORREA HUANTE


LOS DOCE CESARES
NERÓN CLAUDIO

Introducción:

El principado de Nerón Cesar puede ser considerado como un período de transición entre las costumbres

clásicas y el surgimiento de nuevas creencias y posturas, así como de crisis y, por tanto, perturbado por la

evolución y las transformaciones que se suceden en su entorno. “Los cristianos, clase de hombres llenos de

supersticiones nuevas y peligrosas, fueron entregados al suplicio”.1

La sociedad neroniana vivía en constante presión. Las tradiciones ancestrales que se encontraban

arraigadas contraponiendo las influencias ciertamente reformadoras. A todos los tipos de castas o roles de la

antigua Roma como los esclavos, libertos y comerciantes, que circulaban por todas partes del Imperio, se

enfrentaban al senado principalmente concentrado en la figura "pater" que de todas formas sus ideas seguían

establecidas con principios de conservadurismo e intransigencia. La religión y las viejas costumbres se

enfrentaban y chocaban con las nuevas filosofía y religiones orientales (La religión cristiana). “Bajo su reinado

se reprimieron y castigaron muchos abusos, dictándose reglamentos muy severos. Puso límites al lujo: las

comidas que se daban al pueblo quedaron convertidas en distribuciones llamadas sportula; prohibió que se

vendiese nada cocido en las tabernas, exceptuando legumbres, siendo así que antes se vendían en ellas toda

clase de manjares”2

Estas disparidades y cambios sitúan a la época de Nerón como una de las más interesantes y

controvertidas de la antigüedad en mi opinión. Esta no es el inicio del imperio, sin embargo, existe ya con

todas las características que lo ponen en establecido., incluso puede ser considerada como el final de un

primer periodo inicial, en el cual Augusto y su sucesión estructuraron las bases del poder imperial.

1
Suetonio, Los Doce Cesares, (Primera edición, Tarragona: 1596.) p.182.
2
Ibid., p. 188.
2

El propio Tiberio Claudio Nerón, último de la Dinastía Julio-Claudia es un personaje severamente

controvertido. Desde la antigüedad fue juzgado como uno de los más lamentables y terribles Césares

romanos, como un tirano, criminal y vicioso. Esta opinión, es prácticamente puesta sobre cemento en la

historiografía clásica y que continúo reafirmándose en el periodo posterior al inicio del cristianismo que

fomentaron tal visión, esta visión es principalmente del autor que nos compete Suetonio. “Primero se entregó

sólo por grados y en secreto al ardor de sus pasiones: petulancia, lujuria, avaricia y crueldad, que quisieron

hacer pasar como errores de juventud, pero que al fin tuvieron que admitirse como vicios de su carácter. En

cuanto obscurecía, cubríase la cabeza con un gorro de liberto o con un manto, recorriendo así las tabernas de

la ciudad y vagando por todos los barrios y cometiendo fechorías; lanzábase sobre los transeúntes que

regresaban de cenar, los hería cuando resistían y los precipitaba en las cloacas. Destrozaba y saqueaba las

tiendas, y tenía establecido en su casa un despacho donde vendía, por lotes y en subasta, los objetos robados

de esta manera, para disipar al punto su producto”.3

Sobre Nerón

El 15 de diciembre del año 37 d.C. nació en Antium (región de Lacio) aquel que llegaría a gobernar bajo el

nombre de Nerón y que pasaría a los anales de la historia como el Emperador más perturbado, sanguinario y

megalómano de cuantos hubo, superando incluso la figura del desequilibrado Calígula, aunque como

siempre, se debe tener mucho cuidado y cuidar las fuentes que tratamos, en este caso Suetonio.

Nacido fruto de la consanguinidad, pues sus padres Gneo Domicio Enobardo y Agripina, pertenecían

al mismo linaje de los Julio-Claudia, el mismo no debe tratarse como fruto del incesto.

Los datos que nos deja Suetonio, debemos considerar que el historiador cuenta con un sesgo y que

va acorde a distintos factores, como la moralidad, las creencias, la visión histórica y saber que el mito, la

imaginación, la adulación, el odio, el morbo y la realidad se mezclan de tal forma en los textos clásicos es

3
Ibid., p. 187.
3

complicado discernir qué tanto hay de cierto en ellos; sin embargo, son las fuentes históricas las que nos guían

en el estudio y es imperante considerarlas.

Nos dicen, que, lejos de la pulcritud, elegancia y refinamiento de los primeros, Nerón tuvo como

preceptores a un barbero y un bailarín y como maestros literarios a Aniceto y Berilo, “Desterrada a poco su

madre, quedó reducido poco menos que a la indigencia y fue educado en casa de su tía Lépida, siendo sus

maestros un barbero y un bailarín. Bajo el reinado de Claudio recuperó, no obstante, la fortuna de su padre,

y hasta enriqueciese con el caudal de su suegro Crispo Pasieno4”.

A lo anterior habría que añadir la gran influencia oriental recibida por sus nodrizas y que algunos

autores señalan cierta influencia egipcia, que se desarrollaría en la importancia que el culto solar tuvo en el

emperador, siendo representando en varias ocasiones como el propio Helios.

Dicho lo anterior, habría que añadir el hecho de que Nerón fue educado en el destierro, pues su

madre había estado involucrada en una de las conjuras contra el emperador Calígula. Las fuentes clásicas nos

reflejan un marcado carácter rencoroso y confabulador de Agripina, que probablemente contagiase a su hijo.

“La influencia de su madre, llamada del destierro, le hizo elevar tanto, que corrió incluso el rumor de que

Mesalina, esposa de Claudio, había intentado hacerle estrangular dormido, como a peligroso rival de Británico.

Añádase que los asesinos huyeron espantados al contemplar una serpiente que salía de su lecho. Motivó esta

fábula el haberse encontrado un día cerca de su almohada restos de una piel de serpiente, que su madre le

hizo llevar algún tiempo en un brazalete de oro sujeto al brazo derecho. Más adelante dejó este brazalete,

que le traía a la memoria recuerdos importunos, y cuando lo pidió en sus últimos momentos no se pudo

encontrar”5

4
Ibid., p. 177.
5
Ídem.
4

Por suerte, la educación de Nerón, tuvo una contraparte positiva, Séneca, que transmitió al joven

infante una exquisita formación cultural. “Dícese que Séneca soñó a la siguiente noche que tenía a Calígula

por discípulo, sueño que Nerón no tardó en justificar con las precoces muestras de su detestable carácter 6”.

Con todo este bagaje cultural, un Nerón adolescente consigue ser emperador con tan sólo trece años,

en buena parte gracias a su madre Agripina, que convenció a Claudio para que le nombrase hijo adoptivo y

heredero del imperio.

Lejos de la imagen megalómana y depresiva de sus últimos días, todo parece indicar que el joven

emperador Nerón, instruido en las nobles artes helénicas (influencia que se demuestra a lo largo de toda su

trayectoria política) y de aspecto bien parecido y saludable, recuperó las viejas tradiciones romanas,

ofreciendo diversión y juegos al pueblo, en los que el mismos participaba, siendo muy aclamado por ello,

sobre todo en las clases más populares.

Tiempo más tarde, el joven se convertiría en emperador a la muerte de Claudio, con tan sólo

diecisiete años. Es en esta época cuando la influencia de Séneca en su instrucción trasciende a su vida política,

reforzando los vínculos con el Senado y acometiendo algunas reformas en la urbe romana que le concedieron

años de esplendor esto de acuerdo con los principios de Augusto. Abolió o disminuyo ciertos impuestos, hizo

distribuir al pueblo cuatrocientos sestercios por persona, estableció distribuciones mensuales y gratuitas para

las cohortes pretorianas, etc.

Amante del arte, declamaba en público, dando espectáculos variados los juegos juveniles fiestas en

el Circo, representaciones teatrales y combates de gladiadores

Así, la constante intromisión de su madre en sus actuaciones políticas y privadas, no tardó en pesarle

consecuencia, ya que observando sus actos y palabras Agripina reprendía a Nerón a veces amargamente. Al

6
Ibid., p.178.
5

principio, para hacerla odiosa, fingió que iba a abdicar el Imperio y a retirarse a Rodas; le quitó luego todos

los honores y el poder, retiró los soldados de su guardia germánica, alejándola de su lado y de su palacio;

después no hubo vejación que no la hiciese sufrir por medio de sus agentes; cuando estaba en Roma éstos le

suscitaban multitud de litigios, y cuando se retiraba al campo, pasaban frente a su casa, en carruaje o por mar,

abrumándola de injurias y burlas. Asustado, al fin, por sus amenazas y por su violencia, decidió darle muerte.

El emperador no tardaría mucho en envenenar a su hermano en mitad, “celoso de Británico, que

tenía mejor voz que él, y temiendo, por otra parte, que por el recuerdo de su padre se atrajese algún día el

favor popular, resolvió deshacerse de él por medio del veneno7”.

Un Nerón deformado por una vida de excesos con un carácter avinagrado con sus semejantes,

iracundo y siempre preocupado por la traición, la cual veía en todas partes. Desengañado de esta esperanza,

empobrecido y agotados sus recursos hasta el punto de retrasar la paga de los soldados y las pensiones de los

veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones. Estableció, en primer lugar, que se le adjudicarían

los cinco sextos en vez de la mitad de las herencias de los libertos que, sin razón plausible, hubiesen utilizado

el nombre de alguna familia enlazada con él; que los bienes de aquellos que en su testamento se hubiesen

mostrado ingratos con el príncipe pertenecerían al fisco y que serían castigados los jurisconsultos que lo

hubiesen escrito o dictado, y que se perseguiría, en fin, por delito de lesa majestad a todos aquellos a quienes

denunciasen por sus palabras y actos.

Su influencia griega y sus ansias de reforma, al estilo de las viejas monarquías helenas, fueron

llevadas al extremo. A ellas se les atribuye en gran incendio de Roma del 64 d.C., con el que al parecer

pretendía allanar la urbs para erigir un nuevo estilo griego en el corazón de Roma: lo anterior de acuerdo a

Suetonio ya que aún no se sabe que causo el incendio.

7
Ibid., p. 190.
6

Nerón, eclipsado por su ideal de belleza, confiscó propiedades a los nobles y aumentó la cuantía de

los impuestos con el fin de costear sus reformas y con todo ello, el descontento nobiliario empezó a crecer de

forma paulatina.

Autoproclamado mecenas de las artes y la cultura, Nerón despilfarró las arcas del Estado para llevar

a cabo los más grandes juegos y recitales literarios y musicales, en los que el propio emperador participaba,

recibiendo grandes alabanzas.

Mientras dilapidaba la fortuna del Imperio Romano en satisfacer su propio ego, la nobleza dio

muestras públicas de descontento y aquello irritó a un Nerón que hacía tiempo que había roto sus lazos con

la realidad.

Comenzó entonces una época de terror y persecución, de asesinatos indiscriminados y las

desapariciones de personajes notables como Séneca (obligado a suicidarse), Petronio o Lucano.

La rebelión de las regiones contra el emperador viendo la situación, las provincias del

imperio comenzaron a rebelarse contra su tiranía. Regiones como las de Britania, Judea, Hispania y la Galia le

plantarían cara.

Se organizó un nuevo intento de golpe de estado para derrocar al gobernante. Julio Vindice, Sulpicio

Galba y Otón organizaron una rebelión contra Nerón.

Los pretorianos se les unieron, así como el mismísimo Senado, que decidió deponer al emperador en

el año 68. Debido a la situación, Nerón huyó de la ciudad y viendo que iba a ser arrestado, ordenó a uno de

sus secretarios que le matara el 6 de junio del año 68 en una de sus villas, contándose que en su último aliento

llegó a decir: “¡Qué gran artista muere conmigo!”.


7

Conclusión y Comentarios

Suetonio retrata la vida de Nerón de manera similar a la de Calígula: comienza con un relato de cómo Nerón

asumió el trono antes que el hijo de Claudio, Britannicus, y luego desciende a un relato de varias atrocidades

que supuestamente cometió el joven emperador.

Una característica de Nerón que describe Suetonio fue el disfrute de la música de Nerón. Suetonio describe a

Nero como un músico talentoso. Este solía ofrecer grandes conciertos con una asistencia obligada para los

romanos de clase alta. Algunos conciertos duraban horas y horas, y se rumoreaba que algunas mujeres daban

a luz durante ellos, o hombres que fingían la muerte para escapar (Nerón prohibió que nadie abandonara la

función hasta que estuviera terminada).

Las excentricidades de Nerón continuaron en la tradición de sus predecesores en perversiones mentales y

personales. Según Suetonio, Nerón hizo castrar a un niño llamado Sporus y luego tuvo relaciones sexuales con

él como si fuera una mujer. Suetonio cita a un romano que vivió en esa época y que comentó que el mundo

habría estado mejor si el padre de Nerón, Cneo Domicio Ahenobarbo, se hubiera casado con alguien más

parecido al niño castrado.

Es en Suetonio donde encontramos el comienzo de la leyenda de que Nerón "tocaba el arpa mientras Roma

ardía ". Suetonio cuenta cómo Nerón, mientras veía arder a Roma, exclamó lo hermosa que era y cantó un

poema épico sobre el saqueo de Troya mientras tocaba la lira.

Suetonio describe el suicidio de Nerón y comenta que su muerte significó el fin del reinado de los julio-

claudianos (porque Nerón no tenía heredero). Según Suetonio, Nerón fue condenado a muerte por el Senado.

Cuando Nerón supo que el Senado había enviado soldados para matarlo, se suicidó.
8

BIBLIOGRAFIA

Suetonio, Los Doce Cesares, Primera edición, Tarragona: 1596. Primera edición n la colección “sepan

cuantos…” 1981 núm. 355 Decimo primera edición. Ed Porrúa pág. 175-203

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