Derecho Constitucional Orgánico – Universidad Viña del Mar - Hugo Tórtora Aravena – 2013
I UNIDAD
GOBIERNO
SUMARIO: I. El Presidente de la República (aspectos generales); II. El Presidente de la
República (atribuciones); III. Los Ministros de Estado; IV. Bases Generales de la
Administración del Estado
I. El Presidente de la República (aspectos generales)
(El Presidente en su doble Jefatura – Elección del Presidente de la República – Duración
del Mandato - La cuenta al país – Impedimentos Temporales o Definitivos – El ex
Presidente de la República)
El Presidente de la República en su doble Jefatura de Estado y Jefatura de Gobierno.
Para poder entender la regulación constitucional sobre esta materia, es necesario
precisar los términos “Jefatura de Estado” y “Jefatura de Gobierno”.
Según el inciso primero del art. 24 de la CPR, “[e]l gobierno y la administración del
Estado corresponden al Presidente de la República, quien es el Jefe de Estado”.
Por lo tanto, el Presidente de la República asume, paralelamente ambas calidades: Jefe
de Gobierno y Jefe de Estado.
Esta característica, en verdad, es propia de los regímenes presidenciales como el
nuestro y como casi la totalidad de los modelos latinoamericanos. Ello, a su vez, marca la
diferencia con los sistemas parlamentarios que se caracterizan, entre otras cosas, por la
existencia de dos autoridades diversas: una que ejerce la Jefatura de Estado (que puede ser el
rey como en España, o el Presidente como en Italia), y otra que ejerce la Jefatura de Gobierno
(Primer Ministro o Canciller).
Como Jefe de Estado (entendámoslo como “Jefe del Estado”) el Presidente de la
República viene en simbolizar la unidad nacional. Por este motivo, representa al Estado
internacionalmente (y como consecuencia de esto, negocia, firma y ratifica los tratados
internacionales; y acredita a los agentes diplomáticos y consulares); nombra a los Magistrados
de los Tribunales de Justicia; otorga indultos particulares; decreta los estados de excepción
constitucional: declara la guerra; y asume la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas en
tiempo de guerra. Es en estricto rigor, la máxima autoridad del país, y decide en gran medida
las cuestiones más importantes del Estado.
Por su parte, como Jefe de Gobierno, la autoridad del Presidente de la República
involucra fijar la orientación política fundamental del Estado. Es el jefe máximo de la
Administración del Estado, y dirige la burocracia. Puede impartir las órdenes directas a los
funcionarios subalternos que pertenecen a los servicios públicos y a los Ministerios. Para
desarrollar esta función, el Presidente se somete a un “programa de gobierno”, que ejecuta con
la debida colaboración de los Ministros de Estado.
Si bien es el Presidente quien desarrollará ambas funciones, debe tener muy presente
en el ejercicio de ellas, que en rigor son diferentes, y que las decisiones que adopte en cada
uno de esos roles amerita un procedimiento diferente. Cuando el Presidente actúa simplemente
como Jefe de Gobierno, la decisión la adoptará seguramente con el consejo de sus ministros,
sus asesores directos y con los partidos políticos que conforman la coalición “de gobierno”. Sin
embargo, lo ideal sería que las decisiones que se adopten en su rol de Jefe del Estado, se
realice en conexión con los diferentes sectores del país, con el oficialismo y la oposición, por
cuanto son resoluciones que no son meras “Asuntos de Gobierno”, sino que más bien se trata
de “Asuntos de Estado”.
Elección del Presidente de la República
En este apartado, debemos estudiar: los requisitos para ser elegido Presidente de la
República, su sistema de elección, la figura del “Presidente electo” y las formalidades para
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asumir el cargo.
1. Requisitos para ser elegido Presidente de la República . La Constitución de 1833,
señalaba que “para ser Presidente de la República, se requiere…”, de lo que se
deducía que los requisitos se exigían al momento de asumir el cargo. En cambio, las
Cartas del ’25 y ’80 han establecido requisitos “para ser elegido Presidente”, por lo que
se entiende que estas exigencias deben estar presente al momento de la elección.
El artículo 25 de la Constitución Política actual, establece que los requisitos
para ser elegido Presidente de la República son los siguientes:
a) Tener la nacionalidad chilena de acuerdo a lo dispuesto en los números 1º ó 2º
del artículo 10 (o sea, por vías originarias, esto es, por ius solis o ius sanguinis,
y no por vías derivadas);
b) Tener cumplidos 35 años de edad; y
c) Poseer las demás calidades para ser ciudadano con derecho a sufragio (por lo
tanto, que sea ciudadano según las condiciones del art. 13 CPR, sin que
concurra ninguna circunstancia suspensiva del derecho a sufragio del art. 16, ni
de pérdida de la ciudadanía del art. 17 CPR) . Además, en el caso de los
chilenos del art. 10 Nº 2, requerirá que se encuentren avecindados por más de
un año en Chile (art. 13 inciso 3º), ya que éste es el requisito para que aquellas
personas, en general, puedan ejercer la ciudadanía chilena.
Cabe hacer notar que en este punto, la Ley de Reforma Constitucional Nº
20.050 de 2005, modifica en dos sentidos las antiguas exigencias para ser electo
Presidente.
En primer lugar, deja de ser requisito el hecho de haber nacido en territorio de
Chile, cambiándose simplemente por el de ser chileno por vías “no adquiridas”. Por
lo tanto, no podrán postular a la Presidencia, los nacionalizados chilenos, o a
quienes se le hubiere conferido la nacionalidad chilena por gracia.
En segundo término, se rebaja la edad mínima para ser electo Presidente, de
40 a 35 años, uniformándose esta última como la edad exigible también respecto de
Senadores (art. 50 CPR).
Por último, no debe olvidarse que de acuerdo a la LOC 18.700 (arts. 13 y 14)
sobre Votaciones Populares y Escrutinios, sólo podrán presentarse como
candidatos a la Presidencia de la República quienes sean patrocinados por:
a) partidos políticos constituidos en todas las regiones del país; o
b) partidos políticos constituidos sólo en algunas regiones, siempre que
la cantidad total de afiliados no sea inferior al 0,5% de los que
hubieren sufragado en la anterior elección periódica de Diputados; o
c) un número de ciudadanos inscritos en cualquier parte del territorio
nacional, no inferior al 0,5 % de los que hubieren sufragado en la
anterior elección periódica de Diputados.
2. Elección del Presidente de la República
a) Aspectos Generales. En derecho comparado, se reconocen dos formas
diferentes para elegir al Presidente de la República. Estas son por vía directa o
por vía indirecta. A su vez, la elección indirecta puede efectuarse por electores
designados especialmente para designar al Presidente (Estados Unidos de
Norteamérica, o Chile bajo la Constitución de 1833) o bien por el Congreso
Nacional (Chile bajo la Carta de 1925, aunque sólo en la segunda vuelta o
“ballotage”) o por una rama de él.
b) Situación en la Constitución chilena de 1980. De conformidad al art. 26 CPR
(inciso primero, primera parte), el Presidente será elegido “en votación directa
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y por mayoría absoluta de los sufragios válidamente emitidos”. Para estos
efectos – y también para la denominada “segunda vuelta” – los votos en blanco
y nulos se considerarán como no emitidos (art. 26 inciso tercero CPR).
c) Momento en que debe efectuarse la elección. “La elección se efectuará
conjuntamente con la de parlamentarios, en la forma que determine
la ley orgánica constitucional respectiva, el tercer domingo de
noviembre del año anterior a aquel en que deba cesar en el cargo el
que esté en funciones” (art. 26 modificado reforma constitucional 20515 de
2011). La Ley Orgánica a la que alude la disposición anterior, corresponde a la
LOC Nº 18.700 sobre Votaciones Populares y Escrutinios. La simultaneidad de
ambas elecciones (presidenciales y parlamentarias) se introdujo por la Reforma
Constitucional de 2005 y busca hacer coincidir no sólo las elecciones mismas
(concentrando los esfuerzos económicos del Estado en un número inferior de
actos electorales, reduciéndose notablemente el gasto público), sino que
además los períodos respectivos, evitando de esta forma, que el Presidente
cuente sólo en los primeros años de su mandato, con un Parlamento “amigable”
y en los últimos, con un Parlamento “hostil”.
d) La segunda vuelta o “ballotage”. De acuerdo al artículo 26 CPR inciso segundo,
si a la elección presidencial se presentaren dos o más candidatos y ninguno
obtuviere más de la mitad de los sufragios válidamente emitidos, se procederá
a una segunda votación que se circunscribirá a los candidatos que hayan
obtenido las dos más altas mayorías y en ella resultará electo aquél de los
candidatos que obtenga el mayor número de sufragios. Esta nueva votación se
verificará, en la forma que determina la ley, el cuarto domingo siguiente de
efectuada la primera.
3. La figura del “Presidente Electo”.
El Tribunal Calificador de Elecciones, concluido el proceso de calificación de la
elección presidencial (que no podrá extenderse más allá del decimoquinto día
posterior a la primera o segunda votación, según corresponda), deberá comunicar al
Presidente del Senado, la proclamación del Presidente Electo (art. 27 inc. 1º y 2º
CPR).
4. Las formalidades para asumir el cargo de Presidente de la República.
El Presidente del Senado deberá comunicar al Congreso Pleno, de la
designación hecha por el Tribunal Calificador de Elecciones, en un acto que tendrá
lugar el día en que deba cesar de sus funciones, el Presidente en ejercicio. En este
mismo acto, el Presidente electo prestará ante el Presidente del Senado, juramento o
promesa de desempeñar fielmente el cargo de Presidente de la República, conservar la
independencia de la Nación, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes. Una
vez realizado el juramento o promesa, asumirá de inmediato sus funciones (art. 27
inciso final CPR). Desde ese momento, el Presidente Electo, se transforma en
Presidente en Ejercicio.
Duración del Mandato Presidencial
En relación con el mandato presidencial, corresponde indicar lo que sigue:
1. Breve referencia histórica.
Recordemos que según la Carta Fundamental de 1925, el Presidente de la
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República duraba en su cargo por el término de seis años y que no podía ser
reelegido para el período siguiente (art. 62).
Por su parte, el texto original de la Constitución de 1980 (art. 25) establecía
un período presidencial de 8 años, sin reelección inmediata.
El año 1989 se incorpora, sin embargo, la vigésimo novena disposición
transitoria a la Carta Fundamental, por la cual, en el caso que no resultare
electo por plebiscito, el candidato propuesto por la Junta de Gobierno, quien
resultara electo en la próxima elección presidencial, duraría cuatro años
(situación que afectó al período del ex Presidente Patricio Aylwin) y sin
posibilidad de reelección inmediata. A pesar de ello, se mantiene para todas las
demás elecciones, el período de ocho años.
Posteriormente, por ley de reforma constitucional Nº 19.295 de 1994, se
modifica el artículo 25 de la Constitución, estableciendo un período de seis
años, sin que existiera tampoco posibilidad de reelección para el período
siguiente. Esta regulación se aplicó a los mandatos de los presidentes Frei
Ruiz-Tagle y Lagos.
Esta situación, sin embargo, sufre su última modificación el año 2005 de la
forma como se indicará en las próximas líneas.
2. Situación actual.
De conformidad al actual artículo 25 CPR, inciso segundo (reformado por la
Ley Nº 20.050), el Presidente de la República durará en el ejercicio de sus
funciones por el término de cuatro años, y no podrá ser reelegido para el
período siguiente.
Para eliminar toda sombra de dudas respecto de la situación del entonces
Primer Mandatario, don Ricardo Lagos E., la duodécima disposición transitoria,
estableció que su mandato sería de seis años, no pudiendo ser reelegido para
el período siguiente.
La cuenta al país
El actual artículo 24 inciso tercero establece la obligación del Presidente de la República
de dar cuenta al país, “del estado administrativo y político de la Nación”
La misma disposición establece, a partir de la Ley de Reforma Constitucional Nº 20.050,
que este acto se realizará el día 21 de mayo de cada año. Así, se concreta una práctica
constitucional incorporada a nuestra tradición republicana desde 1925, toda vez que si bien ni
la Carta del ’25 ni el texto original de la actual, fijaban fecha alguna para esta ceremonia,
históricamente siempre se realizó en aquella oportunidad del año.
La actual norma, además, fija el órgano ante el cual deberá rendirse esta cuenta, siendo
éste es el Congreso Pleno. De esta forma, se reproduce la fórmula recogida en su
oportunidad por la Constitución de 1925, que así también lo establecía.
En definitiva, la redacción del artículo 24 vigente, inciso tercero, indica que: “El 21 de
mayo de cada año, el Presidente de la República dará cuenta al país del estado
administrativo de la Nación ante el Congreso Pleno”.
Impedimentos temporales y definitivos
Para el estudio de este acápite debemos distinguir tres estadios temporales a saber:
1. Impedimentos de los candidatos presidenciales antes de la “segunda vuelta”.
2. Impedimentos del Presidente Electo.
3. Impedimentos del Presidente en Ejercicio.
1. Impedimentos de los candidatos presidenciales antes de la “segunda
vuelta”
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Si, entre la primera y la segunda votación presidencial, falleciere uno o
ambos candidatos a los que les correspondía participar del ballotage, el
Presidente de la República, dentro de los treinta días siguientes al deceso,
convocará a una nueva elección, la que “se celebrará el domingo más cercano
al nonagésimo día posterior a la convocatoria”.
Cabe acotar que el artículo 20 inciso primero de la LOC Nº 18.700 sobre
Votaciones Populares y Escrutinios, regula la situación que se produciría si el
fallecimiento se produjera antes de la primera votación. En lo pertinente,
dispone:
“Si un candidato a Presidente de la República, Diputado o
Senador fallece después de inscrito y antes del octavo día anterior
a la elección, el partido o el pacto electoral al cual pertenezca el
candidato o las personas que hayan requerido la inscripción del
candidato, en caso de candidaturas independientes, podrán
reemplazarlo por otro, dentro de tercero día de de la fecha del
deceso. Si las cédulas correspondientes ya se encontrasen
impresas, se entenderá que los votos obtenidos por el candidato
fallecido corresponden a su reemplazante”
Una cuestión no resuelta, según lo advierte el profesor Guillermo Bruna, es
la que se produciría si falleciere el candidato, entre el octavo día anterior a la
elección y la fecha en que el Tribunal Calificador de Elecciones proclama al
“Presidente Electo”. Este impasse no lo soluciona el legislador, por lo que, de
suceder se originaría “un grave problema político”.
2. Impedimentos del Presidente Electo.
a) Impedimento Temporal. “Si el Presidente Electo se encontrare impedido para
tomar posesión del cargo, asumirá, mientras tanto, con el título de
Vicepresidente de la República, el Presidente del Senado; a falta de éste, el
Presidente de la Cámara de Diputados, y a falta de éste, el Presidente de la
Corte Suprema” (art. 28 inciso primero CPR). Este orden corresponde al
establecido por la Reforma Constitucional de 2005, ya que con anterioridad a
ella, la prelación era la siguiente: Presidente del Senado, Presidente de la Corte
Suprema y Presidente de la Cámara de Diputados.
b) Impedimento Definitivo. Si el impedimento fuere absoluto o debiere durar
indefinidamente, el Vicepresidente de la República deberá convocar a una
nueva elección la que se realizará dentro de los 60 días posteriores a dicha
convocatoria. El Presidente que resulte electo ejercerá su mandato hasta la
fecha en que lo habría hecho aquél a quien le reemplazó (art. 28 CPR inciso
segundo).
3. Impedimentos del Presidente en Ejercicio.
a) Impedimento Temporal. Puede deberse a enfermedad, ausencia del territorio u
otro grave motivo. En estos casos, subrogará con el título de Vicepresidente de
la República, el Ministro titular que corresponda según el orden de precedencia
legal, y a falta de todos ellos, le subrogarán sucesivamente el Presidente del
Senado, el Presidente de la Cámara de Diputados y el Presidente de la Corte
Suprema. (art. 29 inciso primero CPR)
Cabe indicar que el orden de precedencia a la que alude la norma citada se
encuentra establecido en el DFL Nº 5802 de 1942 y en el DFL Nº 3612 de 1930.
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En la actualidad, el orden de precedencia es el siguiente:
- Ministerio del Interior
- Ministerio de Relaciones Exteriores
- Ministerio de Defensa Nacional
- Ministerio de Hacienda
- Ministerio Secretaría General de la Presidencia
- Ministerio Secretaría General de Gobierno
- Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción
- Ministerio de Planificación
- Ministerio de Educación
- Ministerio de Justicia
- Ministerio del Trabajo y Previsión Social
- Ministerio de Obras Públicas
- Ministerio de Salud
- Ministerio de Vivienda y Urbanismo
- Ministerio de Agricultura
- Ministerio de Minería
- Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones
- Presidente de la Comisión Nacional de Energía
- Ministerio de Bienes Nacionales
- Servicio Nacional de la Mujer
- Consejo Nacional de la Cultura y las Artes
- Ministerio del Medio Ambiente
b) Impedimento Definitivo. Puede ocurrir:
- Por muerte.
- Por sentencia condenatoria en juicio político, dictada por el Senado,
previa acusación constitucional formulada por un número de diez a veinte
diputados, en razón de haber comprometido gravemente el honor o la
seguridad de la Nación, o infringido abiertamente la Constitución o las
leyes (arts. 53 Nº 1 y 52 Nº 2 letra a) CPR)
- Por inhabilidad declarada por el Senado, para lo cual deberá oir
previamente al Tribunal Constitucional (art. 53 Nº 7 CPR)
- Por Renuncia o Dimisión fundada, debidamente calificada por el Senado,
para lo cual también deberá oír al Tribunal Constitucional (art. 53 Nº 7
CPR).
El impedimento definitivo del Presidente de la República origina lo que
el artículo 29 de la CPR denomina “vacancia”. Mientras no se designe el
Presidente de la República, operará la subrogación en los mismos términos
que los señalados respecto del impedimento temporal. Para designar al nuevo
Presidente de la República debe distinguirse el momento en el que se produce
la vacancia (art. 29 CPR):
b.1. Si la vacancia se produce faltando menos de dos años para la próxima
elección presidencial: lo elegirá el Congreso Pleno por la mayoría
absoluta de los senadores y diputados en ejercicio. Esta elección tendrá
lugar dentro de los 10 días siguientes, y el elegido asumirá su cargo
dentro de los 30 días siguientes.
b.2. Si la vacancia se produce faltando más de dos años para la próxima
elección presidencial: el Vicepresidente, dentro de los 10 primeros días
de su mandato, convocará a los ciudadanos a elección presidencial
dentro del sexagésimo (60º) día después de la convocatoria, y el elegido
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asumirá su cargo al décimo día siguiente a su proclamación.
El Presidente elegido por vacancia durará en su cargo hasta que finalice
el período de quien reemplaza y no podrá postular como candidato a la
elección presidencial siguiente.
El Ex Presidente de la República
Se entiende por Ex Presidente de la República, el que hubiere desempeñado el cargo
de Presidente de la República por un período completo (art. 30 CPR). Por lo tanto, no asumirá
esta calidad quien asuma el cargo presidencial por vacancia o que haya sido declarado culpable
en juicio político.
La calidad de Ex Presidente de la República constituye dignidad oficial, y además,
concede dos beneficios:
- fuero e inmunidad penal, en los mismos términos que lo poseen senadores y diputados
(art. 61 incisos 2, 3 y 4, por aplicación del artículo 30 CPR); y
- dieta equivalente a la remuneración de un Ministro de Estado, incluidas todas las
asignaciones que a éste le corresponden (art. 62, por aplicación del art. 30 CPR).
Hasta antes de la Reforma Constitucional de 2005, los ex Presidentes de la República
asumían además, como Senadores vitalicios, cargo al cual podían renunciar sin perder su
dignidad de Ex Presidentes. La reforma indicada elimina los Senadores Vitalicios, y por lo tanto,
la posibilidad de asumir y renunciar a dicho cargo.
III. El Presidente de la República (atribuciones especiales)
(Distinciones previas – Atribuciones Constituyentes Atribuciones legislativas –
Atribuciones Gubernamentales Atribuciones Administrativas – Atribuciones Judiciales)
Distinciones previas
En materia de Atribuciones del Presidente de la República, es imprescindible distinguir
entre dos clases de atribuciones: generales y especiales.
Las primeras se encuentran establecidas en el art. 24 de la CPR, las segundas en el art.
33 de la CPR.
Lo anterior se puede graficar de esta manera:
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Conservación del orden público interno
Generales
(art. 24) Conservación de la seguridad externa de la República
Constituyentes (N 1 y 4)
Legislativas (N 1,2 y 3)
Políticas (N 4 y 5)
Atribuciones Internacionales (N 8 y
del Pdte Rep 15)
Gubernamentales
Militares (N 16, 17, 18 y
19)
Financieras (N20)
Especiales
(art. 32)
Potestad
Reglamentaria (N 6)
Administrativas Nombramiento y
Remoción
(N 7,8,9,10y12)
Vigilancia (N 13)
Judiciales (N 11 y 14)
1. Atribuciones Generales del Presidente de la República. Son aquellas que
corresponden, genéricamente a las funciones gubernativas y administrativas (o
“funciones de gobierno” y “funciones de administración”). Nuestra Constitución la
establece en forma expresa en el artículo 24 inciso segundo cuando señala, respecto
del Presidente de la República: “Su autoridad se extiende a todo cuanto tiene por
objeto la conservación del orden público en el interior y la seguridad externa de la
República, de acuerdo a la Constitución y las leyes.”
Si bien las facultades genéricas parecen ser amplias (“a todo cuanto tiene por
objeto la conservación del orden público en el interior y la seguridad externa de la
República”), se establece inmediatamente como límite para la acción del Ejecutivo, el
respeto “a la Constitución y las leyes”, lo que implica una confirmación a los principios
de supremacía constitucional y de legalidad (arts. 6º y 7º de la CPR). Además, no
debemos olvidar, como segundo límite, el necesario respeto por los derechos
esenciales que emanan de la naturaleza humana, según lo establecido en el art. 5º
inciso 2º CPR.
2. Atribuciones Especiales del Presidente de la República. Son aquellas que
constituyen una consecuencia específica de las atribuciones generales antes
señaladas, las que a su vez, se encuentran establecidas en el artículo 32 CPR y que
pueden ser subclasificadas (Mario Verdugo y Emilio Pfeffer) en:
a) Atribuciones Constituyentes (art. 32 números 1 y 4)
b) Atribuciones Legislativas (art. 32 números 1, 2 y 3)
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c) Atribuciones Gubernamentales:
c.1. De naturaleza política (art. 32 números 4 y 5)
c.2. De naturaleza internacional (art. 32 números 8 y 15)
c.3. De naturaleza militar (art. 32 números 16, 17, 18 y 19)
c.4. De naturaleza financiera (art. 32 número 20)
d) Atribuciones Administrativas (art.32 números 6, 7, 8, 9,10, 12 y 13)
e) Atribuciones Judiciales (art. 32, números 11 y 14)
Atribuciones Constituyentes del Presidente de la República
El Presidente de la República integra, junto al Poder Legislativo y al Pueblo, el Poder
Constituyente Derivado, por lo que puede actuar en determinados casos en el proceso de
Reforma Constitucional. Las atribuciones constituyentes del Presidente de la República son:
Art. 32 Nº 1: “Concurrir a la formación de las leyes con arreglo a la Constitución,
sancionarlas y promulgarlas”, incluyendo dentro de estas leyes, las de Reforma
Constitucional. Vale decir, puede presentar proyectos de reforma constitucional (mediante
mensajes); puede aprobar, rechazar o formular observaciones a los proyectos presentadas
por las Cámaras (mociones); puede participar de la discusión a través de sus Ministros;
puede formular vetos; debe promulgar y publicar las reformas.
Art. 32 Nº 4: “Convocar a plebiscito en los casos del artículo 128”. Vale decir, en los
procesos de Reforma Constitucional, cuando tiene lugar la hipótesis que establece el citado
art. 128 CPR.
Atribuciones Legislativas del Presidente de la República
El Presidente de la República participa también de la actividad legislativa, y además,
puede dictar ciertas normas de jerarquía legal:
Art. 32 Nº 1: “Concurrir a la formación de las leyes con arreglo a la Constitución,
sancionarlas y promulgarlas”. Esta actividad se manifiesta de distintas formas:
a) Iniciativa legal: El Presidente se encuentra facultado para presentar proyectos de ley,
en cuyo caso se denominan “mensajes del Presidente” o “mociones
gubernamentales”. Incluso en algunos determinados casos, algunas materias son de
su iniciativa exclusiva, y corresponde a aquellas señaladas en el artículo 65 de la
Constitución.
b) Determinación de la urgencia de un proyecto de ley: La urgencia es la preferencia
para la tramitación de un proyecto de ley, el cual conforme al artículo 74 de la CPR le
corresponderá calificarla al Presidente de la República. La L.O.C. Nº 18.918 del
Congreso Nacional establece la forma en que deberá solicitarse por parte del
Presidente como también su calificación. La calificación podrá ser “simple urgencia”,
“suma urgencia” o de “discusión inmediata”. Si nada se señala en cuanto a la urgencia
se entiende que es simple urgencia. Cuando un proyecto sea calificado de simple
urgencia, su discusión y votación en la Cámara requerida deberán quedar terminadas
en el plazo de 30 días; si la calificación fuere de suma urgencia, ese plazo será de 10
días, y si se solicitare discusión inmediata, será de 3 días, caso en el cual el proyecto
se discutirá en general y en particular a la vez (art. 27 inciso 2º de la L.O.C. del
Congreso Nacional). El plazo se contará desde la sesión más próxima que celebre la
Cámara respectiva.
c) Participación en el proceso de debate de la ley: Se realizará a través de los Ministros
de Estado donde podrán tomar parte en las discusiones, con preferencia en el uso de
la palabra, pero sin derecho a voto.
d) Sanción, promulgación y publicación de la ley: Durante la tramitación de un proyecto
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de ley el Presidente de la República podrá sancionarla y promulgarla, empero,
además, podrá presentar observaciones. La sanción equivale a la aprobación del
Presidente de la República del proyecto de ley. La promulgación es el acto jurídico
solemne, expresado en un Decreto Supremo, mediante el cual el Presidente atestigua
a la Nación de la existencia de un a ley y ordena su cumplimiento. La publicación, de
acuerdo con el art. 7º del Código Civil, debe practicarse en el Diario oficial, salvo que
la propia ley disponga lo contrario, lo cual, en conformidad al art. 75 de la Carta
Fundamental deberá practicarse dentro de un plazo de cinco días desde que quede
totalmente tramitada la promulgación.
e) Presentación de Observaciones. Dentro de los 30 días de recibido el proyecto para su
aprobación el Presidente podrá presentar observaciones. (Art. 73 inciso 1º C.P:R.) a
través de un “veto”. Ello quiere expresar la idea que el Presidente de la República se
opone al proyecto de ley.
Art. 32 Nº 2: “Pedir, indicando los motivos, que se cite a sesión a cualquiera de las ramas
del Congreso Nacional. En tal caso, la sesión deberá celebrarse a la brevedad posible”.
Antes de la Reforma de 2005, existían legislaturas extraordinarias y extraordinarias, y el
Presidente de la República podía convocar a una u otra. Al desaparecer éstas, se modifica
la redacción anterior en los términos señalados.
Art. 32 Nº 3: “Dictar, previa delegación de facultades del Congreso, decretos con fuerza de
ley sobre las materias que señala la Constitución”. Esta facultad se encuentra regulada en
el artículo 64 de la CPR, estableciendo la figura de los que en doctrina se denomina
“delegación legislativa”.
Según esta norma, el Presidente de la República podrá solicitar al Congreso Nacional
autorización para dictar disposiciones sobre materia de ley (indicadas en el art. 63 de la
CPR), y con fuerza de ley. Este permiso lo concederá el Congreso Nacional a través de
una ley, denominada “ley habilitante”.
A su vez, esta autorización está sujeta a dos tipos de limitaciones: una de carácter temporal
y otra de carácter material.
La limitación temporal se refiere a que el plazo para dictar un DFL no puede ser
superior a un año.
La limitación material se refiere a que la autorización no se puede extender a
determinados asuntos: nacionalidad, ciudadanía, elecciones, plebiscitos, garantías
constitucionales, materias propias de leyes orgánicas constitucionales o de quórum
calificado. Tampoco podrán comprender facultades que afecten la organización,
atribuciones y régimen de los funcionarios del Poder Judicial, Congreso Nacional, Tribunal
Constitucional, ni Contraloría General de la República.
Además, la autorización legislativa deberá señalar las materias precisas sobre las cuales
recae la delegación y podrá establecer las limitaciones, restricciones y formalidades que
estime convenientes.
Si bien, los DFL no se encuentran sujetos a control de constitucionalidad obligatorio
ante el Tribunal Constitucional, a la Contraloría General de la República le corresponderá
efectuar la revisión, mediante el trámite de “toma de razón” tanto de la constitucionalidad
como de la sujeción de estas normas a la ley habilitante.
Los decretos con fuerza de ley estarán sometidos a las mismas normas que rigen para
las leyes, respecto de su publicación, vigencia y efectos.
Atribuciones Gubernamentales del Presidente de la República
Según los autores de los cuales se extrae la clasificación que se estudia (Verdugo
Marinkovic y Pfeffer Urquiaga), estas funciones son “aquellas atribuciones del Presidente de la
República que se ejercen con el fin de tomar decisiones ante situaciones nuevas y únicas, no
subsumibles en normas o precedentes”.
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Vale decir, tienen por objeto fijarlas grandes directivas en la orientación política,
dirigiendo a la Nación por un camino determinado; y pueden ser de naturaleza política,
internacional, militar o financiera.
1.- Atribuciones gubernamentales de naturaleza política
Art. 32 Nº 4: “Convocar a plebiscito en los casos del artículo 128”. Según Verdugo y
Pfeffer, esta atribución no sólo es de carácter constituyente, sino que además implica una
decisión política relevante y por este motivo, también se le incluye dentro de estas
categorías.
Art. 32 Nº 5: “Declarar los estados de excepción constitucional en los casos y formas que
se señalan en esta Constitución”
2.- Atribuciones gubernamentales de naturaleza internacional.
Estas son funciones que se conectan directamente con la calidad del Presidente de la
República como “Jefe de Estado” y como tal, el representante internacional del Estado de Chile.
Art. 32 Nº 8: “Designar a los embajadores y ministros diplomáticos, y los representantes
ante organismos internacionales”. Todos estos funcionarios serán de exclusiva confianza
del Presidente de la República y se mantendrán en sus puestos mientras cuenten con ella.
Art. Nº 15: Este numeral involucra diferentes atribuciones:
- conducir las relaciones internacionales con las potencias extranjeras y los organismos
internacionales,
- llevar a cabo las negociaciones,
- firmar y ratificar los tratados internacionales que estime convenientes para el país,
- establecer que las discusiones y deliberaciones sobre estos objetos sean secretos.
3.- Atribuciones gubernamentales de naturaleza militar
Art. 32 Nº 16: “Designar y remover a los Comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada,
de la Fuerza Aérea y al General Director de Carabineros en conformidad al artículo 104, y
disponer los nombramientos, ascensos y retiros de los Oficiales de la Fuerzas Armadas y
de Carabineros en la forma que señala el artículo 105”
Art. 32 Nº 17: “Disponer de las fuerzas de aire, mar y tierra, organizarlas y distribuirlas de
acuerdo con las necesidades de la seguridad nacional”.
Art. 32 Nº 18: “Asumir, en caso de guerra, la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas”.
Art. 32 Nº 19: “Declarar la guerra, previa autorización por ley, debiendo dejar constancia de
haber oído al Consejo de Seguridad Nacional”.
4.- Atribuciones gubernamentales de naturaleza financiera
Art. 32 Nº 20: Este numeral involucra también diferentes atribuciones específicas:
- Cuidar de la recaudación de las rentas públicas.
- Decretar su inversión con arreglo a la ley (principio de “la legalidad del gasto”, también
presente en lo dispuesto en el artículo 100 CPR).
- Dictar “Decretos Constitucionales de Emergencia Económica”, en casos urgentes
establecidos en esta misma norma, por el cual se puede girar una suma no superior
al 2% del monto de los gastos que autorice la Ley de Presupuestos.
Atribuciones Administrativas del Presidente de la República
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A través de ellas, según Verdugo y Pfeffer, permiten satisfacer los intereses del público,
proveer a las necesidades corrientes y desarrollar coordinada y eficientemente los programas y
políticas gubernamentales.
Si bien no lo señalan expresamente estos autores, y sólo para fines didácticos, podemos
subclasificar estas atribuciones en: ejercicio de la potestad reglamentaria, potestad de
nombramiento y remoción, y potestad de vigilancia.
1.- Atribuciones administrativas relacionadas con el ejercicio de la potestad
reglamentaria
Art. 32 Nº 6: “Ejercer la Potestad Reglamentaria en todas aquellas materias que no sean
propias del dominio legal, sin perjuicio de la facultad de dictar los demás reglamentos,
decretos e instrucciones que crea convenientes para la ejecución de las leyes”
En términos amplios, la Potestad Reglamentaria es la facultad del Presidente de la
República “para dictar decretos, reglamentos e instrucciones para proveer al gobierno y
administración del Estado” (Humberto Nogueira).
La potestad reglamentaria, a su vez, puede ser de ejecución o reglamentaria.
A) La potestad reglamentaria es “de ejecución”, cuando tiene por objeto, aplicar y
ejecutar las leyes, para que estas últimas puedan producir todos sus efectos. Se
ejerce a través de Decretos, Reglamentos de Ejecución e Instrucciones.
B) La potestad reglamentaria es “autónoma”, cuando tiene por objeto dictar normas en
materias que no sean de dominio exclusivo de ley. El artículo 63 CPR establece las
materias que sólo podrán ser reguladas por ley, de manera que en todos los
demás ámbitos, podrán dictarse normas propias de esta clase de potestad. Se
ejerce exclusivamente a través de los Reglamentos Autónomos.
Por su parte, debemos distinguir las siguientes clases de normas:
- Los Decretos son mandatos u órdenes dictadas por una autoridad dentro de su
competencia.
Pueden clasificarse en “Decretos Supremos”(si los dicta el Presidente de la
República), y “Simples Decretos” (si los dicta otra autoridad).
Respecto de los Decretos Supremos (que son los que nos interesan en este
capítulo), ellos deben cumplir con requisitos de fondo y forma.
Los requisitos de fondo de los DS son: (1) el Presidente debe actuar dentro
de su competencia; y (2) debe acatarse la Constitución y las leyes. Ambas
circunstancias son revisadas previa a la entrada en vigencia de los mismos, por la
Contraloría General de la República mediante el trámite denominado “Toma de
Razón”: si el Decreto Supremo está en orden, se tomará de razón de ellos; en
caso contrario, la Contraloría “lo representará”.
Los requisitos de forma de los DS son: (1) deben constar por escrito; y (2)
debe estar firmado por el Presidente de la República y el Ministro respectivo (art.
35 CPR).
Los Decretos, y dentro de ellos también los Supremos, constituyen normas
de carácter particular, y se agotan por su sola aplicación.
- Los Reglamentos (también denominados “Decretos Reglamentarios”) son normas
dictadas por el Presidente de la República, de carácter general e impersonal, y
cuyos efectos normativos no se agotan con su sola aplicación.
Los reglamentos serán, a su vez, reglamentos de ejecución o autónomos,
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según si se limitan a aplicar las leyes o a normar materias que no sean de dominio
legal, respectivamente.
- Las Instrucciones, finalmente, son órdenes que emite el Presidente de la
República, un Ministro u otra autoridad para el mejor desempeño de la función
administrativa, las que van dirigidas especialmente a los subordinados jerárquicos.
Las instrucciones, por su parte, pueden ser facultativas o imperativas. Son
facultativas aquellas que son meras recomendaciones del superior; en cambio,
son imperativas cuando se expresan en órdenes obligatorias que deben ser
cumplidas por los funcionarios a quienes se dirija.
2.- Atribuciones administrativas relacionadas con el ejercicio de la potestad de
nombramiento
Art. 32 Nº 7: “Nombrar y remover a su voluntad a los ministros de Estado, subsecretarios,
intendentes y gobernadores” . Cada una de estas autoridades son de confianza exclusiva
del Presidente de la República y se mantendrán en sus puestos mientras cuenten con ella
(art. 32 Nº 8, frase final).
Art. 32 Nº 8: “Designar a los embajadores y ministros diplomáticos, y los representantes
ante organismos internacionales”. También son cargos de exclusiva confianza del
Presidente de la República.
Art. 32 Nº 9: “Nombrar al Contralor General de la República, con acuerdo del Senado”
Art. 32 Nº 10: “Nombrar y remover a los funcionarios que la ley denomina como de su
exclusiva confianza y proveer los demás empleos civiles en conformidad a la ley”.
La misma norma agrega que la remoción de los demás funcionarios, se hará de
acuerdo a las disposiciones que la ley establezca.
Art. 32 Nº 12: Nombramiento de determinadas autoridades judiciales y del Ministerio
Público, en la forma establecida por la Constitución:
- nombramiento de magistrados y fiscales judiciales de las Cortes de Apelaciones, a
proposición de la Corte Suprema;
- nombramiento de los jueces letrados, a proposición de las Cortes de Apelaciones; y
- nombramiento al Fiscal Nacional del Ministerio Público, a proposición de la Corte
Suprema, y con acuerdo del Senado.
3.- Atribuciones administrativas relacionadas con el ejercicio de la potestad de vigilancia
Art. 32 Nº 13: “Velar por la conducta ministerial de los jueces y demás empleados del
Poder Judicial y requerir, con tal objeto, a la Corte Suprema para que, si procede, declare
su mal comportamiento, o al ministerio público, para que reclame medidas disciplinarias del
tribunal competente, o para que, si hubiere mérito bastante, entable la correspondiente
acusación”.
A diferencia de los funcionarios de exclusiva confianza del Presidente de la República,
los jueces y empleados del Poder Judicial no pueden ser removidos por el Jefe de Estado.
Por el contrario, lo único que éste puede realizar es velar por el buen comportamiento de
estas personas, de manera de poder requerir de quien corresponda, las acciones
correspondientes.
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Atribuciones Judiciales del Presidente de la República
Consisten en decisiones particulares que debe adoptar el Presidente de la República,
para lo cual deberá analizar el caso concreto y aplicar la ley o los principios que correspondan,
según corresponda.
Algunas de estas atribuciones si bien no parecen en estricto rigor, judiciales, se asemejan a
ellas, por cuanto significan la materialización de una norma jurídica en un caso concreto, de
una forma similar como lo hace el juez en su sentencia:
Art. 32 Nº 11: “Conceder jubilaciones, retiros, montepíos y pensiones de gracia, con arreglo
a las leyes”.
Las jubilaciones (DL 338 de 1960) son “un beneficio concedido al funcionario que se
aleja de su cargo, para que perciba una remuneración sobre la base de los servicios
prestados, años de servicios, cargo desempeñado y causal de jubilación a la cual se
acogió”, siendo estas causales: la edad, la incapacidad física o mental sobreviniente, o el
término obligatorio de funciones.
El montepío es la pensión que corresponde a los parientes más próximos del
funcionario que fallece, según las condiciones que establezca la ley.
Por último, la pensión de gracia es un beneficio que se otorga cuando, a juicio del
Presidente de la República, una persona se encuentra en una situación de injusticia social
y que la priva de los medios necesarios para su mantención. A partir de la Constitución de
1980, esta facultad ha quedado radicada en el Presidente de la República, puesto que bajo
la Carta del ’25, se fijaba por ley.
Art. 32 Nº 14: “Otorgar indultos particulares en los casos y formas que determine la ley”. El
Indulto es un beneficio que tiene por objeto eximir a una persona del cumplimiento de la
pena, ya sea en forma total (no cumple pena alguna) o parcial (se rebaja o se conmuta por
otra pena).
Es importante aclarar que la atribución del Presidente de la República se refiere sólo a
Indultos Particulares, y no a Indultos Generales ni a Amnistías. Los Indultos Generales se
conceden no para persona determinada, sino que en forma amplia para todos quienes se
encuentren en determinada hipótesis; mientras que las Amnistías tienen por objeto hacer
desaparecer no sólo la pena o castigo, sino que la ley presume que jamás hubo
responsabilidad penal. Los indultos generales y las amnistías, sólo se podrán establecer en
virtud de una ley (art. 63 Nº 16)
También es necesario indicar que en determinados casos, no procede el indulto
particular:
- cuando aún no se haya dictado sentencia ejecutoriada en el caso particular (art. 32 Nº
14);
- cuando se trate de funcionarios acusados por la Cámara de Diputados y condenados
por el Senado, quienes sólo podrán ser indultados por el Congreso (art. 32 Nº 14); y
- cuando la persona haya sido condenada por delito terrorista (art. 9º inciso final); salvo
que se trate de delitos cometidos antes del 11 de marzo de 1990 (disposición séptima
transitoria de la Constitución).
IV. Los Ministros de Estado
(Concepto – Requisitos, inhabilidades e incompatibilidades–
El Refrendo Ministerial – La Responsabilidad de los Ministros – Las Citaciones,
Respuestas e Interpelaciones)
Concepto
Los Ministros de Estado son los “colaboradores directos e inmediatos del Presidente de
la República en el gobierno y administración del Estado” (art. 33 inc. Primero CPR).
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En esta calidad, son funcionarios de exclusiva confianza del Presidente de la República
y por lo mismo, son designados por él, y se mantendrán en sus cargos mientras cuenten con
dicha confianza (art. 32 Nºs. 7 y 8 CPR).
A su vez, los Ministros asumen un carácter dual. Por una parte, son colaboradores
directos del Presidente de la República; pero a su vez, son los jefes de un departamento
administrativo, como es el Ministerio.
En su calidad de colaboradores directos del Presidente de la República, “podrán,
cuando lo estimaren conveniente, asistir a las sesiones de la Cámara de Diputados o del
Senado, y tomar parte en sus debates, con preferencia para hacer uso de la palabra, pero sin
derecho a voto. Durante la votación podrán, sin embargo, rectificar los conceptos emitidos por
cualquier diputado o senador al fundamentar su voto” (art. 37 inciso primero CPR)
Requisitos, inhabilidades e incompatibilidades
1. Requisitos
Según el inciso primero del art. 34 CPR, para ser nombrado ministro se requiere:
1º Ser chileno;
2º Tener cumplido 21 años; y
3º Reunir los requisitos generales para el ingreso a la Administración Pública. Estos
requisitos están establecidos en el art. 12 del Estatuto Administrativo (Ley Nº
18.834 de 1989):
a) Ser ciudadano,
b) Haber cumplido con la ley de reclutamiento y movilización, cuando fuere
procedente,
c) Tener salud compatible con el desempeño del cargo;
d) Haber aprobado la educación básica, y poseer el nivel educacional o título
profesional o técnico que por la naturaleza del empleo exija la ley;
e) No haber cesado en un cargo público como consecuencia de haber obtenido una
calificación deficiente, o por medida disciplinaria, salvo que hayan transcurrido
más de cinco años desde la fecha de la expiración de funciones; y
f) No estar inhabilitado para el ejercicio de funciones o cargos públicos, ni hallarse
condenado por crimen o simple delito.
2. Inhabilidades
Entendemos por inhabilidades, “las limitaciones que tienen quienes desempeñan las
funciones de Ministros para postular al desempeño de otras funciones” (H. Nogueira).
Al respecto, los Ministros no podrán:
1º Ser candidatos a Diputados o Senadores (art. 57 Nº 1 CPR). También se extiende a
quienes hubieren tenido la calidad de Ministros de Estado dentro del año
inmediatamente anterior a la elección. A su vez, si un candidato a parlamentario no
fuere elegido, estará inhabilitado para ser nombrado Ministro hasta un año después del
acto electoral (art. 57 inciso final);
2º Ser candidatos a Consejeros Regionales (art. 32 LOC Nº 19.175 sobre Gobierno y
Administración Regional);
3º Ser candidatos a alcaldes o concejales (art. 74 LOC Nº 18.695 de Municipalidades)
3. Incompatibilidades
Se refiere a funciones que no podrán ser desempeñadas simultáneamente.
Así, el cargo de Ministro es incompatible con el de Senador y Diputado (art. 58 de la
CPR), salvo durante guerra exterior (art. 59 inciso segundo CPR)
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El Refrendo Ministerial
De acuerdo al art. 35 inciso primero de la Constitución, los reglamentos y decretos del
Presidente deberán firmarse por el Ministro respectivo. A este trámite o firma se denomina
“refrendo ministerial”.
Este requisito es esencial, y su falta conduce a que dichos instrumentos no serán
obedecidos.
Se ha entendido que este requisito opera como un verdadero “control intraorgánico”,
vale decir como un control que se verifica al interior del propio Ejecutivo, correspondiéndole al
Ministro confirmar lo regular de la actuación del Mandatario.
Sin embargo, no debe olvidarse que, finalmente, los Ministros de Estado son cargos de
exclusiva confianza del Presidente de la República, por lo que la negativa de alguno de ellos a
refrendar un acto presidencial, puede provocar su remoción.
Las responsabilidades de los Ministros de Estado
A este respecto debe distinguirse las siguientes responsabilidades:
a) Responsabilidad por actuación personal de los Ministros.
Vale decir, se refiere a las conductas que realizan los Ministros como cualquier
particular, “fuera” de sus labores ministeriales.
En estos casos, los Ministros responden por sus hechos particulares como cualquier
otro ciudadano, debiendo hacer al respecto las siguientes menciones:
- Causas Civiles: las causas civiles en que sea parte o tenga interés un Ministro de
Estado, serán conocidas por un ministro de la Corte de Apelaciones respectiva (fuero
establecido en el art. 50 del Código Orgánico de Tribunales).
- Causas Penales: a partir de la reforma procesal penal, los Ministros de Estado carecen
de fuero en materia penal. Sólo se mantiene este fuero para senadores y diputados
(arts. 61 inciso segundo a cuarto CPR, y 416 y siguientes del Código Procesal Penal)
b) Responsabilidad por actuación propiamente ministerial
b.1. La responsabilidad del art. 36 CPR. “Los Ministros serán responsables individualmente
de los actos que firmaren y solidariamente de los que suscribieren o acordaren con los
otros Ministros”.
Se entiende que las responsabilidades a las que alude esta norma son de
carácter civil, sin perjuicio de las responsabilidades penales o administrativas que
también pudieren hacerse efectivas.
Lo anterior, simplemente, porque no es posible referirse a responsabilidades
penales o administrativas que sean “individuales o solidarias”, lo que lleva a concluir
que sólo se refiere a responsabilidades de carácter civil.
De esta forma, habrá responsabilidad individual si el acto emana de un solo
Ministro, o solidaria si emana de dos o más Ministros, vale decir, en este último caso,
la responsabilidad se podrá exigir a cualquiera de los ministros que hubieren
participado del acto lesivo.
Por su parte, el Senado deberá decidir si se admiten o no a tramitación las
acciones judiciales que se pretendan iniciar en contra de algún Ministro de Estado,
con motivo de los perjuicios que pueda haber sufrido injustamente por acto de éste en
el desempeño de su cargo; lo que constituye un verdadero “antejuicio”, llevado a cabo
ante la Cámara Alta (art. 53 Nº 2 CPR).
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b.2. La responsabilidad de los artículos 52 y 53 CPR.
Por último, la Cámara de Diputados podrá acusar constitucionalmente a los
Ministros de Estado, por haber comprometido gravemente el honor o la seguridad de
la Nación, por infringir la Constitución o las leyes o haber dejado éstas sin ejecución, y
por los delitos de traición, concusión, malversación de fondos públicos y soborno (art.
52 Nº2, letra b, CPR).
El Senado, por su parte, como jurado, y por la mayoría de sus miembros en
ejercicio, le corresponderá decidir si el Ministro acusado, es o no culpable del delito,
infracción o abuso de poder que se le imputa. La declaración de culpabilidad genera
destitución del cargo, e inhabilidad para desempeñar todo tipo de función pública
durante cinco años. Sin embargo, la aplicación de la pena señalada al delito si lo
hubiere, como la fijación de las responsabilidades civiles por los perjuicios causados,
serán resueltos por el Tribunal competente.
La responsabilidad a la que alude estas normas, no constituye
responsabilidad política, por cuanto ella, no puede ejercerse en contra de los
Ministros, puesto que ellos son meros ejecutores de las órdenes del Presidente de la
República, quien es el único responsable políticamente por la gestión del Gobierno.
Se trata, pues, de una responsabilidad “Constitucional”, por “Ilícitos
Constitucionales”, cuya comisión convierten al Ministro en acreedor de la sanción
respectiva.
Las Citaciones, Respuestas e Interpelaciones
Hasta la Reforma Constitucional de 2005, las facultades fiscalizadoras del Parlamento,
especialmente, de la Cámara de Diputados se veían notablemente disminuida por cuanto, las
citaciones que las cámaras congresales efectuaran a los Ministros no resultaban obligatorias
para éstos, y en la práctica no siempre eran obedecidas.
Con el afán de fortalecer dichas facultades, se modificaron diferentes disposiciones de
la Carta Fundamental, las cuales podemos clasificar en:
1. Citaciones.
Los Ministros deberán concurrir personalmente a las sesiones especiales que la
Cámara de Diputados o el Senado convoquen para informarse sobre asuntos que
perteneciendo al ámbito de atribuciones de las correspondientes Secretarías de Estado,
acuerden tratar (art. 37 inciso segundo CPR).
Además, deberán concurrir personalmente a las comisiones investigadoras que cree la
Cámara de Diputados y que tengan por objeto reunir informaciones relativas a
determinados actos del Gobierno. Frente a estas comisiones, los Ministros deberán
suministrar los antecedentes e informaciones que se le soliciten. A pesar de ello, los
Ministros de Estado no podrán ser citados más de tres veces a una misma comisión
investigadora, sin previo acuerdo de la mayoría absoluta de sus miembros (art. 52 Nº1, letra
c de la CPR)
2. Respuestas
El Presidente de la República por intermedio del Ministro que corresponda, deberá
responder fundadamente los acuerdos y sugerencias de observaciones que le formulen la
mayoría de los diputados presentes, dentro de las labores de fiscalización de la Cámara. De
la misma forma deberá responder la solicitud de antecedentes que cualquier diputado le
formule, con el voto favorable del tercio de los miembros presentes de la Cámara. En
ambos casos, el plazo para responder será de treinta días. (art. 52 Nº1, letra a CPR)
3. Interpelaciones
De acuerdo a la letra (b) del art. 52 Nº 1 de la CPR, la Cámara de Diputados, a petición
de a lo menos un tercio de sus miembros en ejercicio, podrá citar a un Ministro de Estado, a
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fin de formularle preguntas en relación con materias de su cargo.
Su asistencia será obligatoria y deberá responder a las preguntas y consultas que
motiven su citación. Con todo, un Ministro no podrá ser citado más de tres veces para este
efecto dentro de un año calendario, sin previo acuerdo de la mayoría absoluta de los
diputados en ejercicio.
Formalmente, esta nueva facultad de la Cámara Baja, consistente en la posibilidad de
poder citar y consultar a los Ministros, se denomina “interpelación”. Sin embargo, la autora
Ana María García Barzelatto indica que, en rigor, no correspondería técnicamente a una
interpelación, y para ello, entrega dos fundamentos. Primero, porque ellas sólo tienen lugar
en regímenes parlamentarios y no en los presidenciales como el nuestro. Y segundo,
porque en Chile no pueden dar lugar a un voto de censura como en aquellos sistemas, y
que signifiquen la pérdida del cargo.
V. Bases Generales de la Administración del Estado
(Regulación – Responsabilidad por actos de la Administración del Estado)
Regulación
De acuerdo al artículo 38 inciso primero de la Constitución Política, será materia de Ley
Orgánica Constitucional, regular las siguientes materias:
- la organización básica de la Administración del Estado;
- la garantía de la carrera funcionaria y los principios técnicos y profesionales en que ella
debe fundarse;
- la seguridad que dicha carrera empleará el principio de igualdad de oportunidades; y
- el perfeccionamiento y capacitación de los integrantes de la Administración.
Se dio cumplimiento a esta exigencia, mediante la dictación de la LOC Nº 18.575 de
1986, sobre Bases Generales de la Administración del Estado.
Responsabilidad por actos de la Administración del Estado
El artículo 38 inciso segundo de la CPR dispone: “Cualquier persona que sea lesionada
en sus derechos por la Administración del Estado, de sus organismos o de las municipalidades,
podrá reclamar ante los tribunales que determine la ley, sin perjuicio de la responsabilidad que
pudiere afectar al funcionario que hubiere causado el daño”.
Esta norma debe ser complementada, a su vez, por lo dispuesto en los siguientes
artículos de la ya citada LOC Nº 18.575 de 1986, sobre Bases Generales de la Administración
del Estado:
Artículo 4º: “El Estado será responsable por los daños que causen los órganos de
la Administración en el ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de las
responsabilidades que pudieren afectar al funcionario que los hubiere ocasionado”.
Artículo 42: “Los órganos de la Administración serán responsables del daño que
causen por falta de servicio.
No obstante, el Estado tendrá derecho a repetir en contra del funcionario
que hubiere incurrido en la falta personal”.
De la aplicación de las normas citadas, se desprende lo siguiente:
1. Lo que se le regula es lo que se entiende por “Responsabilidad Extracontractual del
Estado y de los órganos de la Administración”. Se dice que es “extracontractual” por
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oposición a la “responsabilidad contractual”, que es la que se origina por el
incumplimiento de contratos.
2. En virtud de ello, la Administración del Estado será responsable civilmente por los
perjuicios que ella causare a los particulares, quienes podrán hacer efectiva dicha
responsabilidad, mediante las acciones civiles que correspondan, por ejemplo, a
través de una demanda por indemnización de perjuicios.
3. Estas acciones se deberán entablar “ante los Tribunales que determine la ley”, lo que
en este caso corresponde a los Jueces de Letras en lo Civil.
4. Las acciones respectivas deberán dirigirse directamente en contra del Estado, a través
de su dimensión patrimonial denominada “Fisco de Chile”. Sin embargo, de tratarse
de daños causados por órganos descentralizados, deberá demandarse a éstos,
puesto que gozan de personalidad jurídica y patrimonio propios.
5. Por lo tanto, quien responde frente al administrado no es el funcionario público, sino
que la Administración. En todo caso, el Estado podrá repetir en contra del
funcionario que hubiere incurrido en la falta personal. Ello significa que, una vez
resarcido los daños por el Estado o por el órgano descentralizado, aquéllos podrán
cobrar al funcionario aquello que hayan debido pagar al sujeto afectado.
6. Por lo mismo, la causa o “título de imputación” que justifica el cobro de la indemnización
no es el dolo o culpa del funcionario público, lo que no será necesario probar en el
proceso judicial respectivo. Sino que, lo será la falta de servicio en la que haya
incurrido el órgano respectivo.
7. Respecto del concepto de “falta de servicio” a los que alude el art. 42 de la Ley de
Bases de la Administración del Estado, aquél no está expresamente redactado en
nuestro derecho positivo. Por lo mismo, a efectos de interpretar dicha denominación se
deberá recurrir a lo que la ciencia jurídica estima por tal.
8. Para tales efectos, como principal referente, podemos recurrir a la visión del profesor
Osvaldo Oelckers quien señala que: “La Administración bajo el contexto de la falta de
servicio responde por el daño que terceros sufran como consecuencia del
funcionamiento anormal del servicio público, abarcando esta noción todo el hacer y
actuar de la administración, esto es de toda gestión administrativa en general (…).
Quedan, pues, comprendidos aquí todos los daños ilegítimos, consecuencia de una
actividad o inactividad de la administración”. Luego, el autor continúa: “La falta de
servicio se configura ante una mala organización o funcionamiento defectuoso de la
Administración. Es decir, nos encontramos con una administración responsable, quizás
bien intencionada, pero en la cual recae la responsabilidad en razón de una posición
que ella ha tomado en relación a su funcionamiento y que consecuencialmente produce
un daño al administrado, existiendo la relación causal. (…) Así, pues, la noción falta de
servicio se configura en las siguientes hipótesis:
a. cuando la organización pública ha funcionado mal, o sea, el daño es causado
por una acción positiva;
b. cuando no haya funcionado, o sea, el daño se ha cometido por omisión,
cuando existe un deber funcional de actuar;
c. cuando lo haya hecho tardíamente, o sea, cuando el daño es cometido por
una falta de diligencia funcional”
BIBLIOGRAFÍA
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