Pasaron cosas
(editores)
Marcelo Nazareno
Ma. Soledad Segura
Guillermo Vázquez
Autores/as: Marcelo Nazareno es Licenciado en Historia y
María Inés Peralta Magíster en Administración Pública por la Universidad
Diego Tatián Política y políticas públicas Nacional de Córdoba (UNC) y Doctor en Ciencias
Sociales por FLACSO-Argentina. Se desempeña como
Marcelo Nazareno en el gobierno de Cambiemos Profesor Titular por concurso de Teoría Política,
María Soledad Segura Democracia y Estado Argentino en la Facultad de
Guillermo Vázquez No resulta sencillo caracterizar al gobierno encabezado por Mauricio Macri en la Argentina: Ciencias Sociales y Profesor Adjunto de Teoría Política
Flavia Dezzutto ¿neoliberal? ¿oligárquico? ¿fascistoide? ¿liberal-conservador? ¿neocolonial? ¿un poco de todo en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC.
Silvia Morón Docente e Investigador de la Unidad Asociada al
esto? ¿o algo nuevo que aún no hemos sabido nombrar adecuadamente? Esta publicación analiza CONICET de la Universidad Católica de Córdoba y
Julieta Almada
los principales procesos político-ideológicos y gran parte de las políticas públicas sectoriales de la Director del Doctorado en Política y Gobierno en esa
Política y políticas públicas
en el gobierno de Cambiemos
Federico Reche universidad. Dirige actualmente un proyecto de
gestión de la Alianza Cambiemos desde su inicio a fines de 2015 y hasta fines de 2018, en el marco
Sergio Saiz Bonzano investigación (radicado en la FCS y financiado por
del resurgimiento de diversas expresiones políticas de derecha en América Latina, y de resistencia
María Susana Bonetto Secyt-UNC) sobre procesos políticos y hegemonía en
Valeria Brusco de las organizaciones populares, en procura de dar respuesta a esos interrogantes sobre la América Latina.
Eva Da Porta naturaleza y los efectos sociales, económicos, políticos y culturales que generó en sus primeros
Iván Ase años de gestión. María Soledad Segura es Licenciada en
Leticia Medina Comunicación Social y Magister en Comunicación y
Sus autores/as son profesores/as, investigadores/as y adscriptos/as de la Facultad de Ciencias Cultura Contemporánea por la UNC y Doctora en
Nora Britos
Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Los capítulos combinan rigurosidad teórico- Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.
Rubén Caro
conceptual y metodológica con un estilo ameno y accesible. Pretende ser una contribución de Se desempeña como Profesora Adjunta por concurso
Valeria Plaza
nuestra joven Facultad a la comunidad académica del país, y también a los diferentes actores en la Facultad de Ciencias Sociales, como Profesora
Magdalena Brocca
sociales que forman parte del campo popular, para comprender el proceso en curso y proyectar Asistente por concurso en la Facultad de Ciencias de la
Susana Morales
Comunicación de la UNC, e Investigadora Adjunta de
escenarios futuros.
Pasaron cosas
María José Franco
CONICET. Sus últimos libros son: De la resistencia a la
Natalia Becerra incidencia. Sociedad civil y derecho a la comunicación
Karina Tomatis en la Argentina (Ediciones UNGS, 2018) y Estado,
María Teresa Bosio
Marcelo Nazareno - Ma. Soledad Segura - Guillermo Vázquez sociedad civil y políticas culturales. Rupturas y
Alejandra Domínguez continuidades en Argentina entre 2003 y 2017
(editores)
Alicia Soldevilla (editado con A. V. Prato, RGC Ediciones, 2018).
Gabriela Bard Wigdor
Pasaron cosas
Patricia Acevedo Guillermo Vázquez es Licenciado en Filosofía y
Susana Andrada Abogado por la UNC. Está finalizando su Doctorado en
Eliana López Filosofía en esa universidad. Se desempeña como
Eugenia Rotondi Profesor Asistente en la cátedra de Teoría Política,
Política y políticas públicas
Ana Paola Machinandiarena Democracia y Estado Argentino y de Teoría Política I
María Teresa Piñero (Clásica) de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC.
Gala Aznarez Carini También es Prosecretario de Relaciones Interna-
Mariana Gamboa Fernández
en el gobierno de Cambiemos cionales e Interinstitucionales de la Facultad de
Filosofía y Humanidades de la UNC.
Marcelo Nazareno
María Soledad Segura
Guillermo Vázquez (editores)
Pasaron cosas
Política y políticas públicas
en el gobierno de Cambiemos
Título: Pasaron cosas: política y políticas públicas en el gobierno de Cambiemos
Edición: Marcelo Nazareno, María Soledad Segura, Guillermo Vázquez
Autores/as:
María Inés Peralta Eva Da Porta Alejandra Domínguez
Diego Tatián Iván Ase Alicia Soldevilla
Marcelo Nazareno Leticia Medina Gabriela Bard Wigdor
María Soledad Segura Nora Britos Patricia Acevedo
Guillermo Vázquez Rubén Caro Susana Andrada
Flavia Dezzutto Valeria Plaza Eliana López
Silvia Morón Magdalena Brocca Eugenia Rotondi
Julieta Almada Susana Morales Ana Paola Machinandiarena
Federico Reche María José Franco María Teresa Piñero
Sergio Saiz Bonzano Natalia Becerra Gala Aznarez Carini
María Susana Bonetto Karina Tomatis Mariana Gamboa Fernández
Valeria Brusco María Teresa Bosio
Corrección: Rocío Longo
Foto de tapa: Mickaela Hubeli. Imagen de Adrián Albornoz.
Nazareno, Marcelo
Pasaron cosas : política y políticas públicas en el gobierno de Cambiemos /
Marcelo Nazareno ; María Soledad Segura ; Guillermo Vázquez ; editado por
Marcelo Nazareno ; María Soledad Segura ; Guillermo Vázquez. - 1a ed . -
Córdoba : Brujas ; Córdoba : Universidad de Nacional de Córdoba (UNC), 2019.
412 p. ; 25 x 17 cm.
ISBN 978-987-760-211-1
1. Política Argentina. 2. Análisis de Políticas. 3. Políticas Públicas. I. Nazareno,
Marcelo, ed. II. Segura, María Soledad, ed. III. Vázquez, Guillermo, ed. IV. Título.
CDD 320.82
© De todas las ediciones, los autores
© 2019 Editorial Brujas, Universidad de Nacional de Córdoba
1° Edición.
Impreso en Argentina
ISBN: 978-987-760-211-1
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de tapa, puede ser reproducida,
almacenada o transmitida por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico,
óptico, de grabación o por fotocopia sin autorización previa.
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Tel/fax: (0351) 4606044 / 4691616– Pasaje España 1486 Córdoba–Argentina.
Índice
Prefacio......................................................................................................... 7
Prólogo......................................................................................................... 9
Presentación................................................................................................ 17
Parte I. La política....................................................................................... 21
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico”
de la nueva derecha argentina...................................................................... 23
Marcelo Nazareno
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos................................... 45
Flavia Dezzutto
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de
acumulación en Argentina bajo la alianza Cambiemos................................. 61
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
Democracia y populismo............................................................................. 91
María Susana Bonetto
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el
gobierno de Cambiemos............................................................................ 115
Guillermo Vázquez
Votantes crédulos de candidatos increíbles. El voto a Cambiemos de
trabajadores del sector informal en Córdoba.............................................. 131
Valeria Brusco
5
Parte II. Las políticas públicas................................................................... 147
La “revolución educativa” de Cambiemos.................................................. 149
Eva Da Porta
Un modelo cada vez más excluyente. Las políticas de comunicación del
gobierno de Cambiemos............................................................................ 171
María Soledad Segura
Cobertura Universal en Salud: ¿garantía del derecho a la salud o el nuevo
nombre del ajuste?..................................................................................... 199
Iván Ase
De trabajadores a “costo laboral”. Las políticas laborales en la era macrista...... 221
Leticia Medina
Regresividad, remercantilización y dualización. Las reformas previsionales de
la alianza Cambiemos................................................................................ 245
Nora Britos, Rubén Caro
La política de seguridad de Cambiemos: continuidades, rupturas y la
legitimación política de la violencia policial............................................... 267
Valeria Plaza, Susana Morales, Magdalena Brocca
“Un país con 40 millones de emprendedores”. La política de economía
social y popular para superar la pobreza..................................................... 287
Natalia Becerra, María José Franco, Karina Tomatis
Demandas feministas en la Argentina contemporánea: las políticas
de género en el marco del neoliberalismo.................................................. 311
María Teresa Bosio, Alejandra Domínguez, Alicia Soldevila, Gabriela Bard Wigdor
Políticas de juventud en tiempos de Cambiemos: ¿de la inclusión a la
meritocracia?.......................................................................................... 335
Mariana Patricia Acevedo, Susana Silvia, Mónica Andrada, Eliana López,
Eugenia Rotondi
Niñez: paradigmas y políticas en los tiempos de Cambiemos..................... 359
María Inés Peralta, Ana Paola Machinandiarena
Neoliberalismo periférico en relaciones internacionales: Macri
y su política de inserción internacional...................................................... 375
María Teresa Piñero
Políticas de ausencias, una receta neoliberal para la ruralidad.................... 395
Gala Aznárez Carini, Mariana Gamboa Fernández
6
Prefacio
La Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba se
propone contribuir al conocimiento crítico en el campo que le compete, porque
es desde ese lugar que nos interesa construir su legitimidad y reconocimiento
social.
Un modo de hacerlo es a través de este libro, que es una muestra –como
bien señalan sus editores/ra– del “potencial analítico que reunimos en nuestra
joven Facultad” ya que reúne aportes de “32 docentes, investigadores/as y/o ads-
criptos/as pertenecientes a las tres carreras de grado, y a los tres centros de inves-
tigación y posgrado de nuestra Facultad”.
Surgió de la iniciativa de un grupo de docentes e investigadores que invitan
a otros a escribir sobre las temáticas que sus equipos ya venían investigando o
enseñando, desde el desafío de aportar “al examen crítico de los procesos políti-
co-ideológicos y de diez políticas públicas sectoriales del gobierno de la alianza
Cambiemos desde su inicio y hasta fines de 2018, en el contexto del resurgimien-
to de diversas expresiones políticas de derecha y ultraderecha en América Latina”.
La invitación tenía el encuadre de combinar “rigurosidad teórico-concep-
tual y metodológica con un estilo ameno y accesible que permita su fácil lectura
a quienes no son especialistas” y fue definido como un “libro de intervención
social y política”.
El tipo de producto, la temática propuesta y la estrategia de producción
expresan una concepción de trabajo colectivo y colaborativo que resulta de gran
interés, y que nos importa estimular en nuestra joven Facultad, entendiendo que
las instituciones van definiendo su propia cultura en el camino de cumplir con la
misión que les dio origen.
En el caso de este libro, equipos de docencia e investigación, cuyos obje-
tos de conocimiento guardan especificidades, multiplican su potencial analítico
cuando dialogan esas especificidades en torno a una preocupación teórica e ideo-
lógica compartida: la valorización de lo político y la política como dimensiones
transformadoras de la injusticia, la convicción en el paradigma de los derechos
como marco de lectura crítica, la indignación ante la pérdida de derechos por par-
te de los sectores más castigados material y simbólicamente en nuestra sociedad.
El proceso de producción se dio, además, a lo largo de un año paradigmá-
tico en nuestra Facultad. El 2018 fue el año de finalización del proceso de nor-
7
Prefacio
malización, del primer proceso de elección directa de autoridades, del inicio de
un cuatrimestre con profundas y sostenidas medidas de acción directa en defensa
de la educación pública. En definitiva, un año de intenso debate político interno
y externo nos atravesó, nos interpeló, nos reunió y nos fortaleció.
Este libro es solo una pequeña muestra de un modo de hacer las cosas que,
como marca de origen de la Facultad de Ciencias Sociales, queremos resaltar.
Mucho más tenemos para aportar considerando el conjunto de equipos que tra-
bajan y producen conocimiento crítico y prácticas transformadoras en nuestra
institución.
Por todo ello, solo queda agradecer esta iniciativa colectiva impulsada des-
de el trabajo cotidiano, sostenido y sistemático.
María Inés Peralta
Decana de la Facultad de Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Córdoba
8
Prólogo
1. Nacida del Terror ejercido desde el Estado, la más reciente cultura de-
mocrática argentina se confronta desde 2015 con la novedad de un acceso al po-
der por vía electoral de la clase dominante que, por primera vez en 1930, se había
apropiado periódicamente de él por medio de golpes de Estado perpetrados por
las Fuerzas Armadas a instancias –o con la connivencia– de sectores civiles. El
macrismo es un gobierno detentado por los civiles que fueron parte de la última
dictadura (cívico-militar) y por sus descendientes directos, que accedieron a él
por medio del voto; una continuación de la dictadura por otros medios que estable-
ce una forma de dominación diferente a las que hasta ahora tuvieron lugar –tanto
en tiempos democráticos como en períodos inconstitucionales–, irreductible a
una dictadura –y por tanto a la dictadura, de la que es continuación. El “por
otros medios” es lo que marca el punto de irreductibilidad y lo que requiere ser
pensado sin subestimación y sin el recurso de lo ya conocido.
La continuación lo es de un plan económico que en los años ‘70 debió impo-
nerse por medio del Terror, y ahora por otros medios, que conjugan una indetermi-
nada violencia institucional con una retórica de la alegría: la entrega por endeuda-
miento, el saqueo del patrimonio público, el disciplinamiento social, el desprecio
por los derechos humanos, la renovada amenaza de destruir los más básicos dere-
chos sociales mediante un retorno –en este caso no sistemático sino planificado en
sus dosis– de represión, de encarcelamientos por motivos políticos, de espionajes
ilegales y listas negras con las que intimidar a intelectuales, sindicalistas, dirigentes
sociales y estudiantiles; extorsiones judiciales, encubrimiento –al menos– de una
desaparición, habilitación de pulsiones “fascistas” conservadas en napas sociales que
nunca dejaron de estar allí –antes inhibidas por la política, ahora promovidas a
su emergencia inmediata–; sometimiento cultural, financiero y político a los po-
derosos del mundo en detrimento de una fraternidad continental; destino arma-
mentista de los dineros públicos, imposición de un principio de crueldad –contra
los pueblos originarios y sus dirigentes, contra los jóvenes de sectores populares
arrojados a la marginación por sustracción del Estado; contra militantes políticos y
luchadores sociales…–, que obtiene su eficacia en un siniestro ejercicio de violencia
acompañado por una retórica del amor y la felicidad.
La novedad –eficaz en la satisfacción de una sensibilidad pública que ella
misma produce por muy sofisticadas técnicas de captura de deseos y motivacio-
9
Prólogo
nes– por medio de la cual se ejerce una forma de dominación ideológica, eco-
nómica y política (ni dictatorial ni democrática, acaso post democrática –según
un término aún por pensar), es lo que sin “optimismo” ni “entusiasmo” deberá
descifrar el pensamiento crítico para su reversión.
Como repetición histórica de la crueldad, en efecto, algo del orden de lo
siniestro es el implícito de la “modernización” –que, elevada a ministerio, pro-
porciona el núcleo confesable del relato macrista. Como en 2001, la Argentina
es nuevamente objeto de un experimento a gran escala, esta vez no solo econó-
mico; también informático, mediático, judicial, militar, empresarial, ambiental,
represivo-“compasivo”, que –este es el punto a pensar– no es ya del orden de la
democracia ni de su contrario, y no tiene que ver estrictamente con la política
entendida como conjunto de instituciones que manifiestan de manera pacífica
–es decir agonística– los conflictos de intereses, la disputa ideológica y la lucha
de clases.
La enorme y evidente eficacia de las antropotécnicas en curso impone una
renovación de las viejas “armas de la crítica”, y su comprensión excede asimismo
lo que proporciona el –imprescindible– análisis politológico y científico-social
que se atiene rigurosamente a los hechos y los datos duros. “Siniestro” (unhei-
mlich) vale aquí como término técnico con el que designar la angustiante irrup-
ción de algo conocido vuelto ominoso; el ensayo de 1919 sobre El hombre de
arena de Hoffmann que Freud llamó Das Umheinliche quizá proporciona una
clave importante, aunque debamos apartarnos de su sentido estricto para pensar
un “siniestro social” –e incluso histórico– que afecta a los cuerpos con su oprobio
contundente y vago al mismo tiempo, y cuya explicación desborda los avatares
de la vida psíquica.
Lo que se presenta bajo el nombre de “macrismo” es a la vez conocido y
desconocido, familiar y extraño, viejo y nuevo, perverso en su violencia afectada
de buenos modales, lúgubre en su propósito más íntimo y –sobre todo– en su
“compasión”. Más que sucumbir a la fascinación intelectual por la eficacia de las
nuevas técnicas de dominación, las ciencias sociales críticas procuran su desac-
tivación por desciframiento exhaustivo, por obra de una réplica autoexigente e
intensa, sin permitirse ningún autoengaño y sin negacionismos de la adversidad.
2. Si bien en sus acepciones más antiguas el derecho de resistencia remite
a la tiranía, a la opresión, a los gobiernos surgidos de golpes de Estado o a la
invasión extranjera de un país, con el tiempo el concepto se extendió a prácticas
civiles no violentas contra gobiernos, de origen electoral o no, cuyas acciones son
o han devenido ilegítimas por entregar los bienes comunes a la rapiña financiera,
activar la persecución política, conculcar derechos populares conquistados por
viejas luchas sociales, ejercer la violencia institucional sobre disidentes o practicar
sistemáticamente la represión contra manifestaciones y protestas ciudadanas. La
resistencia llega a ser así un recurso democrático inmanente al estado de derecho.
10
Diego Tatián
Como institución democrática, la resistencia civil (que en los Estados Uni-
dos tiene una larga tradición –piénsese en los movimientos negros de los años
‘60– y uno de sus mayores manifiestos en el libro Desobediencia civil de Henry
David Thoreau) genera una ubicuidad que excede los ámbitos previstos para
la oposición política –principalmente el Parlamento, la contienda electoral y la
prensa (cuando es libre y no monopólica)–, sin ser incompatible con ella. En la
historia política argentina, en tanto, la palabra “resistencia” evoca el conjunto de
acciones contra la dictadura de Aramburu y la secuencia de gobiernos militares
y civiles desde el golpe de Estado de 1955 hasta el fin de la proscripción del
peronismo en 1973 –y también a estallidos sociales como el Cordobazo, el movi-
miento piquetero en los ‘90 o la revuelta del 2001. En cuanto a las Madres, que
nacieron por la invención de una resistencia –casi la única durante la dictadura–,
llegan al final de su camino debiendo ejercerla otra vez.
¿Qué es practicar una resistencia aquí y ahora? No todo gobierno adverso
al campo popular la activa. Este lo ha hecho tal vez como ningún otro antes,
y nada indica que vaya a decaer. Si portadoras de una alternativa política aún
incierta, las prácticas de resistencia al macrismo van a requerir una lucidez teó-
rica y una sabiduría militante inventivas y nuevas. Sobre todo una cultura de
la manifestación política que nunca deje de ser pacífica –como lo ha sido hasta
ahora. Y también una experiencia del tiempo activa y paciente, consciente de que
la temporalidad de los acontecimientos políticos es plural; de que hay muchos
tiempos y es necesario elegir uno de ellos para pensar, para producir comunidad,
para militar. Resistencia es lo que rehúsa la captura en el tiempo apresurado y
corto de la adaptación a la adversidad inmediata, y adopta en cambio un tiempo
imprevisible y misterioso –dispuesta a que sea largo, aunque finalmente no lo
sea–, abierto por la memoria de quienes ya no están y, anticipadamente, por la
memoria de los que van a venir.
3. Abierto a la memoria. El poder de la memoria es el poder del pasado en
el presente. Las sociedades humanas nunca están únicamente en el presente sino
siempre acechadas por una espectralidad e inscriptas en una trama de tiempos
diversos, en una temporalidad plural donde conviven pasado, presente y futuro.
Y donde conviven la temporalidad del mito y la temporalidad de la historia, la
repetición y lo irrepetible. También el lenguaje está investido por la historia, y
la memoria de las palabras preserva los restos de antiguos combates sociales con
los que abrir el porvenir. Promesa emancipatoria del anacronismo que deberá
activarse contra el progresismo reaccionario del relato que aloja la nueva derecha
argentina. Llamamos aquí “progresismo reaccionario” a una lógica de coloniza-
ción del tiempo, los objetos y los cuerpos, conforme la cual nada nuevo podría
surgir. Es la ideología que sustenta al “discurso competente”,1 liquida memorias,
1
Ver Chaui, M. (2005) Cultura e democracia: o discurso competente e outras falas, São Paulo:
Cortez, pp. 15-25.
11
Prólogo
bloquea la imaginación crítica y presenta lo dado como inexorable. El “progreso”
es aquí determinado como perpetuación acumulativa de lo mismo, desarrollo de
lo existente inmune al riesgo y a las implicancias disruptivas de un saber institu-
yente capaz de hacer un hueco en lo que hay.
Desde los años ‘60, a partir de la obra de Daniel Bell, la expresión “fin de
las ideologías” está orientada por la idea weberiana según la cual la racionalidad
tecnocientífica sacaría a las sociedades industrializadas de las aguas revueltas de
la historia y las introduciría en la tranquilidad poshistórica de una existencia, al
fin, desideologizada. La racionalidad técnico-social permitiría finalmente supri-
mir los disensos normativos y los conflictos ideológicos. Se trata así de concebir
un modelo social sin necesidad de una legitimación democrática y de identi-
dades político-culturales; utopía de una paz ideológica perpetua que se asiente
en una estrategia de resolución puramente técnica de los “problemas” sociales.
Conforme el principio del merit, el discurso competente pretende sentar criterios
racionales para la perpetuación de la desigualdad social, justificada si resulta de
una adecuada medición de rendimientos. El neoliberalismo aloja una “teoría de
la justicia” basada en exámenes motivacionales y mediciones de talento que dan
lugar a una credential-society y vuelven calculable la distribución “justa” de la
riqueza y el poder. Programas computacionales validos de neutralidades algorít-
micas sustituyen los viejos conflictos sociales.2
4. Perimida, la diferenciación entre “derecha” e “izquierda” sería cosa del
pasado, mientras que la polaridad en el presente se establece entre un “centro
político” (con matices en su interior) y un “margen extremista” (lindero del te-
rrorismo). Los autodesignados representantes del “centro político” reivindican
una aplicación de racionalidad instrumental a los problemas sociales como forma
“técnica” de resolución de conflictos, contra la vieja política que atribuye esos
conflictos a posicionamientos “ideológicos” que conducen al camino sin salida
de la contienda política. Frente a esta justificación “progresista” de la dominación
social existente, el anacronismo de las tres mayores palabras atesoradas por la
tradición revolucionaria (libertad, igualdad, fraternidad), ofrendan siempre una
inspiración renovada al trabajo de las generaciones que, animadas por una “espe-
ranza en el pasado”,3 mantienen viva la pregunta por la emancipación humana.
2
Ver Dubiel, H. (1993) ¿Qué es neoconservadurismo?, Madrid: Anthropos, pp. 71-86.
3
Expresión de Peter Szondi (Espoir dans le passé. A propos de Walter Benjamin, 1961) citada
por Georges Didi-Huberman, (Ante el tiempo. Historia del arte y anacronismo de las imágenes,
Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2018, p.151). Para Didi-Huberman existe una fatalidad del
anacronismo, cuya necesidad puede ser considerada como una riqueza. Asumido de este modo
y elaborado como práctica y como método, el anacronismo es inventivo y revelador –es lo
contrario de la repetición. Así, todo acontecimiento puede ser considerado un objeto de tiempo
complejo, de tiempo impuro, de tiempos mezclados y plurales: un extraordinario montaje de
tiempos heterogéneos formados por anacronismos de distintas proveniencias. Más allá de una
iconología o motivo filosófico-político explícito, para Didi-Huberman se trata de obtener del
12
Diego Tatián
Asentida por todo el arco ideológico –en efecto, es un término del que
nadie abjura–, la palabra libertad no se halla exenta sin embargo de una disputa
por su significado. Distinto es lo que sucede con la palabra igualdad: impronun-
ciable por las derechas en cualquiera de sus variantes, la lengua neoliberal apenas
es capaz de decir –casi siempre con cinismo– “reducción de las desigualdades”.
Nunca de pronunciar la palabra igualdad sin más. Como si no existiera en su no-
menclatura más que la “responsabilidad social empresaria” ante un mundo donde
hay pobres con los que se pretende no tener nada que ver, y con los que en todo
caso es necesario hacer algo por la amenaza que portan.
Sin embargo, esos pobres son efecto necesario de un régimen de ganancia.
A poco que se la piense, la cuestión de la igualdad revela que habrá pobres mien-
tras haya ricos, y que resulta imposible combatir la pobreza sin al mismo tiempo
combatir la riqueza no distribuida, pues la riqueza de los ricos es la causa de la
pobreza de los pobres. La ideología de la “responsabilidad social” oculta lo que
es: devolución infinitesimal de lo que se ha despojado en gran escala. La obra
democrática, que para ser tal deberá orientarse por la igualdad y los derechos
económicos (junto a los políticos, sociales, culturales, sexuales…), no podrá por
ello escindir la lucha contra la pobreza de la lucha contra la riqueza concentrada
en unos pocos, a costa del trabajo y la falta de trabajo de los sectores populares.
Cuando inspirada por el anhelo de igualdad entre los seres humanos, la
acción política concibe que sin ella no resulta posible la libertad ni la diferencia;
que sin ella solo impera la dominación, la prepotencia de clase, la explotación,
y que ninguna libertad puede convivir con la dominación como lógica de las
relaciones sociales. No hay libertad ni diferencia sin igualdad (aunque sí puede
haber igualdad sin libertad, y la historia enseña el deber de rechazarla cuando se
plantea de ese modo). No hay liberalismo político sin justicia social. Por ello el
neoliberalismo económico es el obstáculo mayor del liberalismo en tanto sistema
de las libertades individuales y colectivas.
En otros términos: no hay libertad de expresión (en tanto núcleo del libe-
ralismo político: posibilidad de pensar lo que se quiera y decir lo que se piensa) si
un monopolio de los medios de comunicación concentra la circulación de signi-
ficados sociales; si hay una concentración de la riqueza cuyo efecto es un despojo
social que condena a millones de seres humanos a solo lidiar con el reino de la
necesidad. Dominación no es libertad sino su imposibilidad.
Cuando los tiempos son aciagos, como lo es el nuestro en América Latina,
una de las tareas políticas mayores es la de construir una fraternidad –tercera pa-
pasado una inspiración y un legado intelectual que permita construir un pensamiento capaz
de interpretar y descifrar la actualidad de manera inactual. Ello presupone llevar a cabo una
arqueología política crítica de los grandes conceptos y contenidos olvidados, o que han sido
neutralizados y domesticados.
13
Prólogo
labra del acervo revolucionario cuya evocación democrática revela una importan-
te anacronía crítica– entre las organizaciones del campo popular (que puede ser
provisoriamente definido en base a lo dicho antes): en este caso los movimientos
sociales, las izquierdas, los peronismos, los kirchnerismos, el radicalismo que aún
atesora el legado de Alfonsín, el socialismo que busca honrar esa palabra y no
malversarla con su puesta a disposición de los poderosos… Fraternidad es una
forma de vínculo que no produce uniformidad, ni destituye diferencias, ni exige
una renuncia de las identidades y las tradiciones en las que esas identidades se
reconocen. Fraternidad es siempre “fraternidad entre”, unidad de los diferentes
que no dejan de serlo por componer una convergencia política.
Si libertad e igualdad son ideas que trazan el horizonte de la acción política
emancipatoria, fraternidad es lo que dota a esa acción de una imprescindible
inscripción afectiva común, sin la cual sería frágil, impotente e ineficaz. La expre-
sión “fraternidad latinoamericana”, de fecunda deriva teórica desde el siglo XIX y
por un momento vuelta realidad en el siglo XXI, es el reverso del racismo –en el
sentido más extenso del término, como desprecio del otro–, también él una for-
ma de vínculo que hoy se propaga en la Argentina en detrimento de la inclusión
obtenida, y de la que falta.
Concebida como sentimiento de apertura, fraternidad no procura reducir
las intensidades de la política ni se propone disolverlas ingenuamente en una
impostación de buenos modales, sino algo bien distinto: alojar los conflictos de
intereses y los debates de ideas que atraviesan el campo popular en una trama
de composición capaz de generar una potencia democrática compleja; orienta-
da a transformar la dispersión autodestructiva –y destructiva de organizaciones
compañeras o que podrían serlo– en un poder colectivo de disputar sentidos y
proteger derechos de su destrucción. No solo resistencia sino también disputa y
emergencia de una sabiduría colectiva de la adversidad, arte de transitar el tiempo
oscuro y acuñación de una lengua capaz de expresarlo en su sentido más oculto.
Libertad, igualdad y fraternidad –al igual que memoria, verdad y justicia–
son palabras que se protegen entre sí y adquieren su significado pleno cada una
por relación a las otras. La construcción de una fraternidad popular entre las dis-
tintas organizaciones acaso contribuya a revitalizar los combates por la igualdad
y las libertades que el macrismo denuesta, y acaso logre dotar a las luchas sociales
con una afectividad de la que los puros conceptos carecen.
5. El inagotable trabajo crítico de los conceptos realizado por las ciencias
sociales y la filosofía se orienta a obtener una reducción de la violencia institu-
cional que, aunque no vaya nunca a alcanzar su desaparición, permite concebir
sociedades cada vez más democráticas. El terrorismo de Estado puede ser pen-
sado como una forma extrema de violencia institucional; la violencia institucio-
nal como un Terrorismo de Estado de baja intensidad. Existe entre ambos un
14
Diego Tatián
continuum, por lo que el límite entre uno y otro no siempre es preciso, como
tampoco lo son las transiciones entre ambos. Todo Estado es violento –detenta el
“monopolio de la violencia”–, pero no todo Estado es terrorista. Aunque ciertas
tradiciones anarquistas vuelven irrelevante esta distinción, es muy importante
preservarla. “Democratización” es la palabra que desde hace casi cuarenta años
designa en la Argentina ese proceso sin término donde el trabajo intelectual se
compone con las militancias y los movimientos sociales existentes para generar
formas menos despiadadas y excluyentes –es decir más justas– de estar juntos.
Ese proceso se orienta a un incremento de la potencia popular de actuar y de
pensar, y a una merma de la violencia que las instituciones ejercen sobre movi-
mientos sociales, sujetos colectivos y personas.
Un hostigamiento institucional hacia los sectores populares y los disidentes
–escasamente disimulado por una cínica angelicalidad retórica– ha adquirido en
la Argentina una peligrosa legitimación y un ejercicio naturalizado por el gobier-
no macrista. Activadas por una imposible aspiración de “seguridad” –imposible
por la criminalización creciente de los sectores más desfavorecidos y subalter-
nos–, el punitivismo y la violencia institucional habilitada para ser ejercida en la
anomia, perpetúan las condiciones de exclusión y con ellas la “inseguridad” que
esas condiciones producen como su efecto necesario. El anhelo democrático de
vivir en ciudades “tranquilas”, en cambio, requiere de un trabajo social diferente,
más paciente e inventivo, y que en la explicación de los conflictos asume otros
presupuestos.
El cuidado empírico de la ciencias sociales, su concentración en la com-
prensión de aspectos precisos de la existencia común, su interés por la vida de
los otros en lo que esa vida tiene de más desatendido y dañado, se compone –o
puede hacerlo– de una manera fecunda con la tarea más específicamente filosó-
fica de inventar conceptos que permitan abrir el mundo –en este caso el mundo
social– y con esa composición procurar comprensiones más generales de los pro-
cesos en los que nos hallamos incursos, a la vez que el desarrollo de una capaci-
dad de juzgar públicamente la singularidad de los acontecimientos y momentos
históricos de los que somos contemporáneos. Así concebida, la alianza entre los
estudios empíricos y la invención de conceptos –que se conjuntan a su vez con
el trabajo inmediatamente político en los territorios–, obtienen una potencia
de comprensión que no se desentiende de la pregunta por el sentido. Lo que,
en este preciso momento, además de lo anterior, entrega el pensamiento social
así concebido es un aviso de incendio y una alerta democrática para reactivar y
movilizar la promesa que hace más de treinta años la sociedad se hizo a sí misma
con la expresión “Nunca más”.4
4
Ver el reciente artículo de Alejandro Kaufman, (2018). Habitar el Antropoceno: lejanía,
inmediatez, apatía. Pensamiento de los confines, Nº31-32.
15
Prólogo
El conjunto de contribuciones que este volumen ofrenda, pone en debate
de manera minuciosa y comprometida un conjunto de políticas públicas que en
los últimos años han sumido en un deterioro vertiginoso a la sociedad argenti-
na. Y renueva la antigua alianza reformista entre producción de conocimiento y
compromiso social, que busca así preservar la autonomía de su malversación en
indiferencia, y sustraer al saber generado de manera pública de la “ciencia politi-
zada” que el capitalismo cognitivo y el neoliberalismo académico imponen como
si se tratara de una pura neutralidad. Es decir, renueva la inspiración más noble
de las ciencias sociales, que encuentra en la crítica el alma de su trabajo y su más
auténtica objetividad.
Diego Tatián
16
Presentación
El 22 de noviembre de 2015, Mauricio Macri ganó la segunda vuelta de las
elecciones presidenciales de Argentina con el 51,42% de los votos. Se convirtió
así en el primer presidente con un discurso de campaña de centroderecha que
fue electo por el voto popular desde la restauración democrática. Lo hizo encabe-
zando la alianza Cambiemos, liderada por el PRO (Propuesta Republicana), un
partido de no más de una década de antigüedad que se jactaba de no responder a
las lógicas tradicionalmente bipartidistas de la política nacional: no es peronista
ni radical (aunque incluya a muchos dirigentes con esos orígenes). La alianza
triunfante también está integrada por la Unión Cívica Radical y la Coalición
Cívica-Afirmación para una República Igualitaria, entre otros partidos minori-
tarios. Los primeros dos años de gestión gobernó sin contar con mayorías en el
Congreso –tejiendo hábilmente alianzas parlamentarias con sectores del Partido
Justicialista y otros partidos provinciales–, lo que se atenuó a partir de su triunfo
en las elecciones de medio término en 2017, aunque siguió sin conseguir mayo-
ría en ninguna Cámara. En un 70% de los cargos del Poder Ejecutivo Nacional
designó a directivos de corporaciones nacionales y transnacionales. Rápidamente
reorientó el accionar del Estado en todas las áreas según un nuevo modelo de
acumulación.
Sin embargo, no resulta sencillo caracterizar a este gobierno: ¿neoliberal?
¿oligárquico? ¿fascistoide? ¿liberal-conservador? ¿neocolonial? ¿un poco de todo
esto? ¿o algo nuevo que aún no hemos sabido nombrar adecuadamente? Esta
publicación analiza los principales procesos políticos y gran parte de las políticas
públicas sectoriales de este gobierno, en procura de dar respuesta a esos interro-
gantes sobre la naturaleza y los efectos sociales, económicos, políticos y culturales
que generó en sus primeros años de gestión.
La frase que da título al libro: “Veníamos bien, pero de golpe pasaron co-
sas” fue dicha por el presidente Macri el 17 de junio de 2018 en una entrevista
realizada por Jorge Lanata en el programa PPT en el canal Todo Noticias, en rela-
ción a la devaluación, el deterioro económico y la brutal caída –más pronunciada
aun que la de los años anteriores– de todos los índices vinculados al desarrollo
que experimentó el país en aquellos meses. Esa expresión bien puede ayudar a
pensar lo que Cambiemos produjo en la Argentina: si en la campaña de 2015
prometían no tocar prácticamente nada y corregir cuestiones institucionales más
17
Presentación
vinculadas a las formas (cadenas nacionales, índices de referencia como los del
INDEC, valoración de la opinión de medios opositores, etcétera) o metas uni-
versalmente aceptadas sin decir cómo iban a lograrlas (“pobreza cero”), llegando
al final de su mandato, las cosas que hicieron e intentan hacer representan un
profundo cambio de rumbo respecto del modelo de gestión político-económica
del proceso político abierto en el siglo XXI. La foto de tapa, tomada por la fo-
tógrafa cordobesa Mickaela Hubeli a Adrián Albornoz, empleado de la Fábrica
Militar de Río Tercero, Córdoba, el 17 de agosto de 2018 (apenas dos meses des-
pués de la entrevista presidencial), cuando se enfrentaban a la lectura de la lista de
59 despedidos/as en esa empresa en el marco de un clima de tensión y represión,
retrata las consecuencias de estos cambios.
Esta es una publicación de profesores/as, investigadores/as y adscriptos/
as de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba
(FCS-UNC) dedicada al examen crítico de los procesos político-ideológicos y de
doce políticas públicas sectoriales del gobierno de la alianza Cambiemos desde su
inicio y hasta fines de 2018 en el contexto del resurgimiento de diversas expre-
siones políticas de derecha y ultraderecha en América Latina.
Es un libro académico, político e institucional, cuyos textos se terminaron
de escribir a fines del 2018. Se pensó y gestó de esa manera, por un lado, en el
marco del proceso de institucionalización de nuestra Facultad durante el gobier-
no cambiemita en la Nación y en la Universidad Nacional de Córdoba; y, por
otro lado, en medio de jornadas de lucha de la docencia universitaria y la inves-
tigación científico-tecnológica ante las políticas de vaciamiento y deterioro del
sector promovidas por la alianza gobernante, particularmente para las –siempre
críticas y a contramano del productivismo mercantil– Ciencias Sociales y Huma-
nas en el país.
Lo proponemos y editamos en nuestro carácter de integrantes de la cátedra
Teoría Política, Democracia y Estado Argentino de la Licenciatura en Trabajo
Social de la Facultad de Ciencias Sociales. La idea surgió a partir de comenzar a
reunirnos en 2017 en el Espacio de Pensamiento Libre, Horizontal y Colectivo
sobre Política y Sociedad en Latinoamérica (PoSLat) junto con otras cátedras de
temáticas afines de la Facultad de Ciencias Sociales. Las autoridades decanales,
la exdecana normalizadora, Silvina Cuella, y la actual decana, María Inés Peralta,
apoyaron y alentaron desde el inicio este proyecto: nuestro agradecimiento a
ambas. Todos sus capítulos fueron escritos por 32 docentes, investigadores/as y/o
adscriptos/as pertenecientes a las tres carreras de grado y a los tres centros de in-
vestigación y posgrado de nuestra Facultad. De este modo, expresa una vocación
por la pluralidad y es una muestra de la diversidad de la FCS-UNC en términos
de pertenencia a espacios institucionales, opciones políticas, perfiles académicos,
generaciones y géneros de sus autores/as, aunque todos/as comparten una visión
18
Marcelo Nazareno, María Soledad Segura y Guillermo Vázquez
crítica del proceso político iniciado en diciembre de 2015 en Argentina.
Los capítulos combinan rigurosidad teórico-conceptual y metodológica
con un estilo ameno y accesible que permite su fácil lectura a quienes no son
especialistas. Es un libro de intervención social y política, pero que respeta los
estándares académicos más usuales y razonables.
Una publicación con estas características puede ser una contribución im-
portante de nuestra Facultad a la comunidad académica de la Universidad Nacio-
nal de Córdoba y otras universidades del país, como así también a los diferentes
sectores y actores sociales que forman parte del campo popular, en el marco de
un proceso que requiere de la emergencia de múltiples instancias de crítica y
reflexión sobre la realidad social y política de nuestro país y nuestra región. En
particular, durante la coyuntura de un año electoral como el que se vivirá en
Argentina en 2019, cuando este proceso político será intensamente discutido y
será objeto de campañas mediáticas, políticas y geopolíticas, este libro busca ser
un material documentado y meditado para el debate público nacional. Consi-
deramos que la publicación aportará sin dudas valiosas herramientas teóricas,
analíticas y empíricas para comprender el proceso en curso, y para poder proyec-
tar escenarios futuros. Además, esperamos que contribuya a mostrar el potencial
analítico que reunimos en nuestra joven Facultad.
El libro está organizado en dos partes. En la primera, se abordan aspectos
que contribuyen a una comprensión sobre la naturaleza y los efectos sociopo-
líticos y/o culturales del gobierno de Cambiemos. En la segunda, se analizan
políticas públicas sectoriales específicas.
En la primera parte, se caracteriza el proyecto hegemónico de la nueva de-
recha argentina. Marcelo Nazareno y Flavia Dezzutto plantean la pregunta sobre
las características que emparentan a este proceso político con el neoliberalismo y
el fascismo, respectivamente. María Susana Bonetto discute también sus diferen-
cias con la democracia y el populismo. Silvia Morón, Julieta Almada, Federico
Reche y Sergio Saiz Bonzano analizan el nuevo modelo de acumulación como
eje crucial de la disputa hegemónica. Guillermo Vázquez aborda el vínculo entre
historia y política en Cambiemos. Valeria Brusco, por su parte, se pregunta por
la naturaleza del voto por Cambiemos, particularmente dentro de los sectores
populares.
En la segunda parte, Eva Da Porta analiza las políticas de educación; María
Soledad Segura las de comunicación; Iván Ase las de salud; Leticia Medina las
laborales; Nora Britos y Rubén Caro las de previsión social; Valeria Plaza, Mag-
dalena Brocca y Susana Morales, las de seguridad; María José Franco, Karina
Tomatis y Natalia Becerra, las de economía social; María Teresa Bosio, María
Alejandra Domínguez, Alicia Soldevilla y Gabriela Bard Wigdor, las de géne-
ro; Patricia Acevedo, Susana Andrada, Eliana López y Eugenia Rotondi, las de
19
Presentación
juventud; María Inés Peralta y Paola Machinandiarena, las de infancia; María
Teresa Piñero, las de relaciones internacionales; y Gala Aznarez Carini y Mariana
Gamboa Fernández, las de ruralidad.
Todas estas políticas públicas sectoriales son analizadas y evaluadas des-
de una perspectiva de derechos en contraposición al paradigma mercantil que
orienta a la gestión de Cambiemos. En todos los casos, se muestra el cambio
radical con respecto a la orientación que tenían las políticas en los gobiernos de
Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Además, se analizan en relación con las
prácticas de resistencia y oposición de los movimientos sociales, de modo que se
muestran tanto la acción del Estado como la conflictividad social. En todos los
capítulos queda en evidencia la regresión que, en materia de derechos, implicó la
gestión del actual gobierno. No obstante, en ellos también queda claro el enorme
potencial de resistencia e incluso contraofensiva de las diferentes organizaciones
del campo popular.
Este libro pretende ser también un reconocimiento a estas prácticas políti-
cas populares y, por intermedio de quienes lo lean, una modesta contribución a
la búsqueda de alternativas para construir una sociedad más justa.
Marcelo Nazareno, María Soledad Segura y Guillermo Vázquez
Córdoba, marzo de 2019
20
Parte I
La política
21
Neoliberalismo profundo.
Apuntes sobre el “proyecto hegemónico”
de la nueva derecha argentina
Marcelo Nazareno1
La pregunta sobre qué es el gobierno de Cambiemos2 parece, en principio,
tener una fácil respuesta. Es un gobierno de derecha. No solo eso, de derecha
neoliberal. Son varias las señales, claras, que apuntan en ese sentido. No obstan-
te, el gobierno de Cambiemos parece haber generado cierto desconcierto entre
quienes quieren caracterizarlo o, al menos, entre quienes miramos el conjunto
de estas caracterizaciones. En efecto, en ellas se recurre a una serie de nuevos
términos o conceptos con los cuales se indica que el neoliberalismo de Cambie-
mos presenta una serie de novedosas singularidades sobre cuya naturaleza, sin
embargo, no parece haber del todo acuerdo. Se habla así de “posneoliberalismo”,
“neoliberalismo después del neoliberalismo” o “liberalismo tardío” (haremos re-
ferencia a alguna de estas nociones y su contexto conceptual más adelante). En
algunos casos las caracterizaciones del gobierno de Cambiemos señalan, más o
menos explícitamente, que aquellas particularidades descansan en un cierto re-
lajamiento de su conexión con el neoliberalismo. A esto se suman (ya más en
el plano de la disputa ideológico-política) quienes ven al gobierno como una
versión casi idéntica al neoliberalismo de la década del noventa del siglo pasado
(o sea, “neoliberalismo a secas”), y aún quienes niegan (no siempre desde un
alineamiento político o ideológico cerrado con el gobierno) que se trate de un
gobierno neoliberal (o incluso de derecha).
1
Licenciado en Historia y Magíster en Administración Pública. Doctor en Ciencias Sociales
por Flacso-Argentina. Profesor titular por concurso de Teoría Política, Democracia y Estado
Argentino en la FCS-UNC y profesor adjunto de Teoría Política en la FFyH-UNC. Docente
e Investigador de la Unidad Asociada al CONICET de la UCC y Director del Doctorado en
Política y Gobierno en esta Universidad. Dirige actualmente un proyecto de investigación
(radicado en la FCS y financiado por Secyt-UNC) sobre procesos políticos y hegemonía en
América Latina. Correo electrónico: nazarenomarcelo55@[Link]
2
Cambiemos es una coalición electoral, pero su gobierno no es uno de coalición. En los hechos
se trata del gobierno del PRO (Propuesta Republicana), partido en el que hay una participación
muy marginal o nula de sus socios electorales en las grandes decisiones estratégicas. No obstante,
por respeto a las notaciones usuales y del habla cotidiana sigo hablando en este trabajo del
“gobierno de Cambiemos”, cuando en realidad significo “gobierno del PRO”.
23
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
Por cierto, el gobierno de Cambiemos no es una experiencia aislada en
el contexto latinoamericano. Forma parte de una tendencia regional de forta-
lecimiento y renovación de expresiones políticas que, aunque más no sea por el
hecho de que surgen como oposición a gobiernos o movimientos de izquierda,
pocos dudarían en calificar de derecha (cualquiera fueran sus connotaciones es-
pecíficas y su conexión con el neoliberalismo).
Hay cierto consenso en llamar a esta derecha “nueva derecha latinoame-
ricana” (NDL) que en varios países latinoamericanos demostró poder afrontar
competitivamente elecciones (nacionales, provinciales y/o municipales) y, even-
tualmente, ganarlas.
Esta NDL abre una serie de preguntas ¿Efectivamente ha surgido una nue-
va derecha en le región? ¿Cuáles y cómo son sus relaciones con las viejas derechas?
¿Cuáles son los países en los que estas nuevas derechas se han consolidado y por
qué? Y la que considero una pregunta clave: ¿Cuál es la naturaleza de su novedad?
La nueva derecha argentina (NDA) presenta una serie de rasgos que, al
darse conjuntamente, la destacan en el contexto latinoamericano y hacen de su
estudio un potencial aporte muy importante para la caracterización de las NDL:
Cambiemos es una de las experiencias más nuevas de las NDL, una de las que
más rápidamente llegó al poder, lo hizo en elecciones libres y limpias y en un
contexto previo dominado por una expresión relativamente intensa de lo que se
llamó la “nueva izquierda latinoamericana” (NIL), el kirchnerismo, y oficial y
públicamente, ha cortado lazos políticos (aunque no programáticos) con la dic-
tadura previa a la recuperación democrática. De algún modo, Cambiemos es la
“más nueva” y quizá la más (hasta ahora) exitosa de las NDL.
Los motivos para reflexionar sobre la NDA están lejos de ser solamente
académicos. Lo que genéricamente podríamos llamar el “campo popular” en el
país está hoy, en buena medida, políticamente a la defensiva. Podemos asumir
que, para este campo, resistir exitosamente a la implementación del programa
de la derecha y pasar luego a constituir una alternativa política capaz de disputar
electoralmente con el actual gobierno, depende, entre otras cosas, de una ade-
cuada caracterización de la presente coyuntura; y, dentro de esta caracterización,
una ajustada comprensión de lo que es y hace (y quiere hacer) Cambiemos es
clave. Desarrollar elementos que contribuyan a esta adecuada caracterización es
el principal objetivo de este capítulo.3
La idea que sostengo, en este sentido, es que Cambiemos opera política-
mente, en el nivel de lo político, esto es, el ámbito en el cual “se instituye la socie-
dad” (donde se definen las identidades sociales y la naturaleza de las relaciones que
3
No abordaremos aquí, por razones de espacio y del capital intelectual disponible en este
momento, cuestiones de una –también obvia– gran relevancia que corresponden a cómo, por qué
y hasta dónde puede (y podrá) Cambiemos hacer lo que hace. Varios aspectos vinculados con estas
preguntas son abordados en otros capítulos de este libro.
24
Marcelo Nazareno
las vinculan). Este ámbito provee la base sobre la cual opera y funciona la política
(el conjunto de hechos, instituciones y de prácticas de la política convencional,
Mouffe, 2007, p.16). El diseño y el conjunto de prácticas de esta operatoria es lo
que llamo proyecto hegemónico y constituye la novedad sustancial de esta nueva
derecha respecto de las anteriores. Se trata de un proyecto político “fundacional”,
para el cual diferentes aspectos de la contienda política y de las políticas públicas
tienen un carácter instrumental respecto de los cambios de base que propone. Es
la “profundidad” de este proyecto neoliberal que se impulsa desde el Estado (o
sea, desde arriba), lo que lo distingue de los proyectos neoliberales previos que
operaron, más allá de los costos sociales que implicaron, en la “superficie” políti-
ca de lo político. De allí que caracterizar al gobierno de Cambiemos solamente a
partir de sus acciones políticas lleva, cuando menos, a una idea muy incompleta y
sesgada respecto de su naturaleza y, en el peor de los casos, a una imagen errónea
de lo que su gobierno implica para la vida social y política de nuestro país (más
allá de eventuales derrotas electorales que pueda sufrir en un futuro cercano y de
la actual crisis profunda de su modelo de política macroeconómica).
El trabajo consta de tres partes, además de la presente introducción. En
la primera abordo dos cuestiones: I) qué tiene de “derecha” la NDA, y II) las
respuestas que se dieron en la literatura a una cuestión que suscita más debate:
qué tiene de “nuevo” y hasta dónde esto nuevo hace a la NDL y la NDA “menos”
de derecha. En la segunda parte paso a desarrollar mi argumento de que, más
allá del valor de aquellas respuestas, tal novedad no radica tanto en sus acciones
propiamente políticas, sino en los cambios que propone e intenta llevar adelan-
te, usando las herramientas del Estado, en el campo de lo político; abordo aquí
algunas cuestiones teórico-conceptuales para establecer en qué consisten estos
cambios. Finalmente, a modo de conclusión, me aproximo a la cuestión de las
implicancias que esto tiene en términos de las opciones y las identidades políticas
del campo popular.
1. Cuán de derecha y nueva es la NDA
Ciertos rasgos del gobierno de Cambiemos han llevado a algunos analistas
e intelectuales a preguntarse sobre su identidad ideológica. Cierta “sensibilidad
social” expresada en el llamado “gradualismo” y el no desmantelamiento com-
pleto de planes sociales implementados por el gobierno anterior, la asunción –en
algún momento explícita– del “desarrollismo” como norte programático, e inclu-
so lo que sería un compromiso firme con las reglas del juego democrático, han
sido señalados como rasgos de lo novedoso de esta expresión de derecha, la cual,
precisamente por estas novedades, sería algo menos de derecha y, quizá, nada de
derecha en absoluto.4
4
En un registro diferente al de la cuestión del posicionamiento ideológico del gobierno, pero
25
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
En síntesis, la pregunta sería: ¿la NDA es tan novedosa que ha diluido
buena parte de sus rasgos de derecha, corriéndose efectivamente hacia el centro
e incluso, como proponen algunos intelectuales orgánicos del gobierno, a la cen-
troizquierda del espectro ideológico?
Por supuesto la respuesta a esta pregunta depende de qué consideremos
derecha (e izquierda). Como todo en ciencias sociales, esta cuestión conceptual
es debatible y no hay pleno consenso. Pero en general es bastante aceptada la vi-
sión de Bobbio (2001) sobre el tema, y es la que asumo aquí. Desde el punto de
vista del teórico italiano, la derecha se diferencia de la izquierda por su posición
frente a la desigualdad. La derecha sacraliza el derecho individual de la propiedad
(derecho cuya vigencia plena identifica con la noción de “libertad”) y rechaza
que, con el fin de corregir las desigualdades que el ejercicio de aquel derecho
pueda producir, este sea menoscabado por la intervención del Estado. Esto se
complementa con la idea, sustentada en un aparato analítico extremadamente
sofisticado desarrollado por las corrientes neoclásicas primero y neoliberales des-
pués, de que este respeto pleno por los derechos individuales de propiedad resulta
en el mejor desempeño posible de la economía y, con ello, en la mejor situación
esperable en términos del bienestar general.
El programa económico concreto que resulta de esta posición ideológico-
académica puede rastrearse por lo menos hasta las formulaciones de Friedrich
Hayek en la década del cuarenta del siglo pasado: eliminación de controles sobre
el sistema de precios, plena integración a los mercados financiero, comercial y de
capital internacional, reducción de impuestos al capital para favorecer la inver-
sión (estimulación de la economía por el lado de la “oferta”), control de la infla-
ción a través de instrumentos monetarios y cambiarios, liberalización máxima del
mercado de trabajo, entre otros aspectos.
No hace falta indagar demasiado en las medidas económicas que el go-
bierno viene adoptando desde que asumió el poder, para darnos cuenta de que
su programa económico (tanto la parte que pudo implementar como la que no
pudo, aún, hacerlo) coinciden punto por punto con estas prescripciones. En
materia de política económica y redistributiva Cambiemos no es solo de derecha,
sino de una derecha “vieja”, que adopta prácticamente sin elemento novedoso
alguno los principios propios de los gobiernos neoconservadores de la década del
ochenta del siglo pasado en los países centrales y las prescripciones del “Consenso
de Washington” que impregnaron las políticas económicas latinoamericanas du-
rante la década del noventa del mismo siglo.5 Pero entonces, ¿qué es lo “nuevo”
que resalta cierta dimensión progresista de Cambiemos, Murillo (2017) sostiene que el actual
gobierno puede verse como una etapa más del proceso de expansión de los derechos civiles que se
inició con la recuperación democrática.
5
Respecto a las políticas económicas del macrismo, su base de clase y su conexión con la agenda
neoliberal ver Zícari (2016), Varesi (2016) y Wainer (2017).
26
Marcelo Nazareno
que parece mostrar, lo que la distingue de las “viejas” derechas?
Este es un interrogante que varios autores se han hecho respecto no solo
de la Argentina, sino también de América Latina en general. Como dice el título
del artículo de Giordano (2014): ¿Qué hay de nuevo en las “nuevas derechas”?
Una primera alternativa de distinción es su relación con la democracia. Las
NDL tendrían un compromiso con las reglas democráticas que no tuvieron sus
predecesoras, más proclives a hacerse con el poder a través de golpes de Estado y
la instauración de dictaduras militares.
Sin embargo, como señala Giordano (2014), la revalorización de la demo-
cracia y el compromiso con ella fue una característica distintiva de los partidos
que promovieron los ajustes neoliberales en las décadas del ochenta y del noventa
del siglo pasado. Es cierto que este compromiso era “instrumental”, en el sentido
que el respeto por las reglas democráticas se visualizaba en ese entonces por las
fuerzas de derecha como el mejor modo de impulsar las reformas neoliberales.
No obstante, este compromiso fue real y efectivo, por lo que este criterio de dis-
tinción no parece procedente.
Un segundo criterio remite también al régimen democrático, pero de un
modo diferente. No refiere al compromiso con la democracia, sino al contenido
del proyecto político-económico de las NDL “dentro” de los sistemas demo-
cráticos, los cuales son tomados ahora por estas fuerzas políticas como un dato
que no pretenden (y asumen que no pueden) cambiar. En este sentido, las NDL
abandonan el carácter instrumental de su compromiso democrático. Dado que
deben confrontar con fuerzas políticas de izquierda o de centroizquierda, política
y electoralmente consolidadas, “las derechas ostentan como elemento ‘nuevo’ la
bandera de la inclusión, junto con una reivindicación de la democracia política
que no es nueva” (Giordano, 2014, p.53). Vommaro (2017a) parece compartir
esta visión cuando sostiene que el gobierno de Cambiemos se apartó de la idea
neoliberal de que las reformas implican un “costo”, y que se comprometió con la
idea de que, mientras se dé el tránsito hacia una economía y una sociedad más
libres, el Estado debe asumir el “cuidado” de los sectores más vulnerables (a través
de la continuidad de los planes sociales y de un plan masivo de creación de in-
fraestructura). A su vez, esta mirada inclusiva se corresponde con otra considera-
ción respecto del rol del Estado y las políticas públicas. Las NDL no incorporan
en su agenda propuestas reprivatizadoras (Stefanoni, 2014, en Giordano, 2014,
p.49), reivindican el rol activo del Estado en la economía, destacan la importan-
cia de la salud y la educación pública y prometen mantener las políticas sociales
en caso del llegar al poder (Natanson, 2018). Esto es, “cuando se habla hoy de
‘nuevas derechas’ parece claro que no se está haciendo referencia a esas derechas
portadoras de la agenda del Estado ‘mínimo’ y el ajuste estructural” (Giordano,
2014, p.51). En este sentido, entonces, las NDL ya no serían neoliberales, sino
27
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
“pos-neoliberales” (Barriga y Szulman, 2015, p.124). Podríamos decir que las
NDL se caracterizan por ser, además de democráticas, más estatistas y más sensi-
bles socialmente, esto es, por ser “menos social y políticamente de derecha” que
sus predecesoras.
El problema con esta perspectiva es que, si bien algunos rasgos que señala
son reales (efectivamente, Cambiemos no desmanteló, por ejemplo, los planes
sociales del gobierno previo), no especifica la relación entre este supuesto pos-
neoliberalismo y los rasgos neoliberales y de derecha clásica que señalamos más
arriba. ¿Se trata de aspectos contradictorios que generan una tensión que ter-
minará por expresarse políticamente? ¿O bien son aspectos complementarios,
siendo esta complementariedad lo “nuevo” de las NDL? Pero en este caso ¿en
qué consiste esta complementariedad y cómo se procesa en términos políticos?
En este sentido es paradigmático que el gobierno de Cambiemos, al tiempo que
mantiene los planes sociales, reduce las prestaciones del sistema de seguridad
social y tiende a disminuir de hecho las inversiones estatales nacionales en salud
y educación. Si la novedad de la NDL es la “inclusión”, se trata de una inclusión
que no responde a la conceptualización que hasta ahora teníamos de la misma.
Una tercera mirada es la que proponen García Delgado y Gradin (2017) y
otros investigadores del área de Estado y Políticas Públicas de FLACSO-Argen-
tina. Para estos autores, lo novedoso en la etapa actual es que las fuerzas políticas
de la derecha son expresión de un “neoliberalismo tardío”, esto es, de un neoli-
beralismo cuyo impulso en nuestro país y la región se da en un contexto inter-
nacional poco favorable para su desarrollo y arraigo. A este contexto, los autores
suman ciertas características específicas de los partidos y gobiernos de la NDL
y sus prácticas políticas, como son sus modalidades de acción político-electoral
(con la preminencia que en ella tiene el uso de nuevas tecnologías y las redes
sociales), sus programas económicos orientados a la especialización productiva
apalancada por un fuerte endeudamiento externo y la “judicialización de la po-
lítica”, entre otros.
Se trata, sin dudas, de una caracterización de la NDL y la NDA rica por su
multidimensionalidad. Más allá de sus méritos, sus limitaciones surgen de la falta
de articulación analítica entre las diferentes dimensiones y su posible jerarqui-
zación teórica y conceptual. Así, por ejemplo, podríamos preguntarnos si todos
estos rasgos son propios de la (nueva) naturaleza de Cambiemos o bien algunas
son sustanciales y otras adquieren un estatus instrumental respecto de aquellas.
Si hacemos un balance conjunto de todas estas perspectivas (y asumiendo
que muestran aspectos diferentes y parciales de una misma realidad), sumado
a lo dicho anteriormente sobre las políticas económicas de Cambiemos, lo que
tenemos es un panorama muy poco claro sobre lo que son las NDL.
Frente a esto, una opción es plantear que la novedad de las NDL y de la
NDA es que no tienen un programa político consistente, que sufren de cierto
28
Marcelo Nazareno
desconcierto aun cuando llegan al gobierno y que apelan, un tanto anárquica-
mente (desde el gobierno de Cambiemos se dice “pragmáticamente”), a un con-
junto de acciones políticas y de políticas públicas inconsistentes y contradicto-
rias, las cuales, indefectiblemente, terminarán por generar una crisis que marcará
el ocaso de esta experiencia política en la región.
Sin descartar completamente esta opción o, al menos (lo que parece más
probable) aceptar que describe parcialmente el cuadro real de situación, me pare-
ce valioso explorar otra alternativa: que estos rasgos múltiples y en algunos casos
contradictorios obedecen no a una situación de desconcierto o incapacidad, sino
que constituyen la expresión de un núcleo político estratégico en el que encuen-
tran su coherencia más allá de sus más o menos reales inconsistencias.
Este núcleo político estratégico ha sido insinuado por varios autores: Cam-
biemos, más allá (o más acá) de las políticas concretas que impulsa y de los
rasgos que asume su operatoria político-electoral, parece expresar un objetivo
hegemónico.
Así, García Delgado y Gradin (2017, p.22) afirman que el gobierno de
Cambiemos sostiene una “batalla cultural” con el fin de generar una hegemonía
por la cual “los sectores subordinados acepten la visión del mundo de los domi-
nadores”; Vommaro (2017b) plantea que (de un modo pragmático y gradual) el
gobierno de Cambiemos pretende generar un cambio cultural “irreversible” que
haga posible y sustentable un país normal comprometido con la apertura y la
inversión; Natanson (2018) sostiene que Cambiemos avanzó en la construcción
de una nueva hegemonía, interviniendo y ganando en la disputa por la subjeti-
vidad social (la cual estaría en la base de su éxito electoral); mientras, Rodríguez
(2017) se pregunta (un tanto irónicamente pero dando una respuesta positiva) si
en Cambiemos “leen a Gramsci”, dada su capacidad para operar en el terreno de
la lucha hegemónica.
Quizás quien más claramente expresó esta “lectura gramsciana” de la NDA
sea Natanson, al referirse lo que indicaban los triunfos electorales de Cambiemos
en las elecciones de 2015 y 2017:
El gobierno consolidó su dominio electoral y fortaleció la impresión
de que está logrando construir una nueva hegemonía, entendida en su
sentido más básico, el que Gramsci elabora a partir de Lenin: la capaci-
dad de un grupo de asumir la conducción político-moral de la sociedad
y transformar sus valores en los dominantes. (Natanson, 2018, p.22)
Sin embargo, estas apreciaciones sobre el carácter hegemónico de la NDA
no pasan de ser señalamientos muy generales, sin precisiones –o en casos como
la cita anterior, con inexactitudes– conceptuales, ni especificación de los meca-
nismos y las modalidades a través de las cuales este cambio cultural estaría siendo
29
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
impulsado (ni, por supuesto, hasta dónde y por qué este impulso estaría teniendo
éxito, si tuviera alguno). En efecto, todas ellas remiten (a veces implícitamente) al
concepto gramsciano de hegemonía, pero en ningún caso asumen y desarrollan
las implicancias analíticas que esta categoría supone.
No obstante, creo que esta línea de abordaje establece el terreno de análisis
más fértil para intentar captar la naturaleza profunda de la NDL y de la NDA.
Si nos situamos en este marco es posible, como intento mostrar en el próximo
apartado, entender que las nuevas derechas en la región son, al mismo tiempo,
más y menos neoliberales que las derechas del “Consenso de Washington”, que
en esta aparente contradicción se basa la consistencia de su proyecto político y
que, más allá de ciertos rasgos superficiales “novedosos” y ciertas contradicciones
operativas y de política pública, intentan generar una ruptura sustancial respecto
tanto de las estrategias y los proyectos que hasta ahora desarrollaron las derechas
en la región, como de las trayectorias de desarrollo que hasta el presente siguieron
nuestras sociedades.
En el siguiente apartado desarrollaré y fundamentaré estas ideas en términos
teóricos y la ilustraré con algunas referencias al caso del gobierno de Cambiemos.
2. Lo realmente nuevo de las NDL y la NDA
¿En qué consisten el proyecto y la operatoria hegemónica de Cambiemos
y en qué sentido es (o pretende generar) una ruptura con el pasado? ¿De qué
modo este proyecto da coherencia a un conjunto de características y de acciones
políticas que de otro modo parecen desarticuladas y reactivas?
Para examinar estas cuestiones necesitamos, obviamente, precisar lo que
entendemos por hegemonía. No estoy en condiciones de desarrollar aquí una
recuperación reflexiva y crítica del concepto –complejo, no siempre consistente
y con múltiples derivaciones– en la obra de Gramsci y de la inmensa literatura
(muchas veces discrepante en diferentes aspectos) que existe sobre la cuestión.
Me limitaré a tomar una conceptualización lo más elemental posible, para pasar
luego a proponer que, para desarrollar su potencialidad analítica respecto de la
actual realidad argentina (y eventualmente la latinoamericana), es necesario arti-
cularlo con la distinción que Mouffe (2007) hace entre la política y lo político. A
partir de este marco teórico-conceptual desarrollaré una interpretación respecto
de la naturaleza y las implicancias de las acciones políticas de la NDA y la NDL,
con lo cual, tras abordar, a modo de ilustración, algunos aspectos del caso argen-
tino, cierro el presente apartado.
Para Gramsci uno de los significados de hegemonía, que es el que nos inte-
resa aquí, refiere a la dirección cultural, moral e ideológica de un grupo sobre el
resto de la sociedad, de tal modo que la concepción del mundo de aquel deviene
30
Marcelo Nazareno
en “sentido común” (Portelli, 1975; Mouffe, 1985). El grupo social que ejerce la
hegemonía se hace con una supremacía que trasciende la dominación (basada en
la imposición y la coacción), permitiéndole constituirse así en un grupo o clase
no solo dominante sino también dirigente.
Esta noción de hegemonía tiene numerosas implicancias, muchas de ellas
abordadas por el propio Gramsci a lo largo de su obra. Hay tres que son de
particular interés para el objetivo del presente trabajo. En primer lugar, ¿cuál
es el rol del Estado en la construcción/preservación de la hegemonía del grupo
dominante? En segundo lugar, ¿cuáles son los actores sociales centrales en el pro-
ceso de construcción hegemónica? Finalmente, ¿cuál o cuáles son los contenidos
específicos de la concepción del mundo del grupo dominante que se constituyen
en sentido común? En otros términos, ¿cuál es el contenido ideológico específico
y sustantivo de una operación hegemónica? Estas cuestiones pueden resumirse en
el “dónde”, el “quiénes” y el “qué” de los procesos de construcción/reproducción
hegemónica.
En cuanto al rol hegemónico del Estado (entendido este en sentido estric-
to, o como “sociedad política” según la terminología gramsciana), a pesar de que
hay elementos para sostener que Gramsci veía la función hegemónica operando
enteramente en la “sociedad civil” (Gramsci, 1972) quedando para el Estado
la función de coerción,6 para algunos autores (Portelli, 1975; Gruppi, 1978) la
mirada definitiva del revolucionario italiano sobre esta cuestión es que el Estado
cumple o puede cumplir funciones esenciales de construcción y preservación de
la hegemonía. Esta función hegemónica del Estado constituye lo que Gramsci
llama “hegemonía política” que se diferencia de la que opera en la sociedad civil
(“hegemonía civil”) (Anderson, 1991).
En cuanto al “quiénes” de la hegemonía, es muy conocida la importancia
que Gramsci otorga a los intelectuales y al partido. A aquellos los concibe en una
doble función: “Los intelectuales son los ‘empleados’ del grupo dominante para
el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno
político” (Gramsci, 1972). Si pensamos al Estado como un aparato hegemónico,
son entonces los intelectuales los que tienen a cargo el desarrollo de tales funcio-
nes, a la par de las que ejerce como aparato de dominación. Estos intelectuales,
contrariamente a la burocracia que está constituida por una capa de funcionarios
de carrera, normalmente alcanzan los altos puestos de gobierno por medio de los
partidos políticos. La función hegemónica del Estado es desempeñada por quie-
nes se formaron en la vida política dentro de estas organizaciones, en las cuales
pudieron desarrollar y aprender toda la variedad de elementos vinculados con la
formación y la lucha ideológica: “es innegable que los ‘partidos’ son, hasta ahora,
6
“Se podría decir que el Estado es igual a la sociedad política más la sociedad civil, es decir, la
hegemonía reforzada por la coerción” (Gramsci, 1984, p.78).
31
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
el modo más adecuado para formar los dirigentes y la capacidad de dirección”
(Gramsci, 1984, p.32).
Respecto a nuestra tercera pregunta, el “qué” de la hegemonía, o sea, los
contenidos específicos que configuran la “visión del mundo” que a través de la
operación hegemónica se difunden en toda la sociedad, Gramsci no dio muchas
precisiones. Va de suyo que más allá de las especificidades de las distintas socie-
dades, en los sistemas capitalistas el elemento “mínimo común denominador”
de esta visión del mundo debe ser la exaltación (o al menos aceptación) de la
propiedad privada de los medios de producción.7 A partir de este núcleo, con-
dición de existencia de una sociedad capitalista, se abre una infinita variedad de
posibilidades y combinaciones de “concepciones del mundo” que corresponden a
las características específicas de cada formación socio-política tanto en su aspecto
económico-estructural como cultural y político-institucional.
Más allá de estas particularidades, la disputa hegemónica básica, donde se
decide el destino de la sociedad capitalista, se da (o se evita que se dé) en torno
de la preservación o sustitución de este núcleo ideológico. Por supuesto, esto no
quiere decir que las operaciones hegemónicas y las luchas político-ideológicas
solamente refieran a este núcleo consensual. Puede pensarse en una infinidad
de ámbitos sociales y temáticos en los cuales el “consenso social” es permanen-
temente desafiado y parcialmente reestructurado, cualesquiera sean sus vínculos
directos o indirectos con aquel núcleo, o incluso cuando estos vínculos no exis-
tan o hayan dejado de existir. La sociedad capitalista basa su perduración en esta
flexibilidad, por la cual su aspecto básico y distintivo (su núcleo hegemónico) es
capaz de convivir con una multiplicidad de formatos y contenidos ideológicos
que no son tributarios directos de él, pero que no lo contradicen, aún cuando
sean capaces de cambiar sustancialmente los rasgos de una sociedad que, de este
modo, será al mismo tiempo (muy) distinta pero, básicamente, la misma.8
Mi propuesta es que el ámbito central en el cual se configuran las disputas
hegemónicas, cambios y consensos básicos “dentro” de las sociedades capitalistas
7
Si no hay nada de esencial en el capitalismo como formación hegemónica, es imprescindible la
construcción discursiva de un “centro” que fije, al menos parcialmente (y siempre provisoriamente),
a través de “puntos nodales” el sentido de lo social, conteniendo lo que de otro modo sería un
devenir sin sentido de las diferencias (Laclau y Mouffe, 2004). Ese centro discursivo y núcleo
último de la formación capitalista es el “derecho” a la propiedad. Es, por ende, el referente último
de cualquier disputa hegemónica y, por ello, no parece del todo apropiado asociarla con una
“dominación mínima” como sostiene Balsa (2006).
8
Lo cual no quiere decir que estos cambios sean intrascendentes tanto en términos emancipatorios
como con respecto a la “futura” supervivencia de las sociedades capitalistas. Esta flexibilidad
político-ideológica del capitalismo puede asociarse con la especificidad de la política y la ideología
en las sociedades capitalistas sobre la que insiste Poulantzas (1982), resultado de un Estado que
se “disocia” de la sociedad civil. En este sentido, las sociedades capitalistas serían las primeras
plenamente políticas y hegemónicas.
32
Marcelo Nazareno
(esto es, reiteramos, preservando su núcleo ideológico), es el de lo político, en el
sentido que Chantal Mouffe (2007) da a este término. Estos cambios producen
modificaciones sustanciales en los contenidos del “sentido común” que da for-
ma y sostiene la vida política en las formaciones capitalistas y, con ello permite
(o impide) al sistema político en su conjunto, su adaptación y articulación con
cambios que se producen en otras esferas, particularmente la económica. Como
veremos, en el ámbito de lo político se ponen en juego no solo identidades po-
líticas, sino también “concepciones” respecto a la naturaleza de lo social y de las
relaciones sociales.
Mouffe distingue lo político de la política. El primero se refiere al nivel “ón-
tico” (el de la esencia) donde se establece “el modo mismo en que se instituye la
sociedad” (Mouffe, 2007, p.16). La segunda se refiere al nivel “ontológico”, esto
es, a la multitud de prácticas de la política convencional. Ambos se encuentran
relacionados según un esquema que podría plantearse como de base (lo político)
y súper estructura (la política), en tanto la política crea un determinado orden en
un contexto “derivado de lo político” (Mouffe, 2007, p.16).
Mouffe distingue tres concepciones de lo político. Una corresponde al libe-
ralismo, para el cual las relaciones humanas constituyen, más allá de la pluralidad
de valores y perspectivas, un conjunto armonioso y no conflictivo, con el “indi-
viduo” como elemento básico y central de las relaciones sociales. Una segunda
perspectiva es la que la autora atribuye a Carl Schmitt, para quien “(…) el cri-
terio de lo político, su differentia specifica, es la discriminación amigo/enemigo.
Tiene que ver con la formación de un ‘nosotros’ como opuesto a un ‘ellos’, y se
trata siempre de formas colectivas de identificación; tiene que ver con el conflicto
y el antagonismo y constituye, por lo tanto, una esfera de decisión, no de libre
discusión” (Mouffe, 2007, p.18).
De lo anterior surge que lo político queda establecido como un campo
que se configura en dos dimensiones. Una es, obviamente, la existencia o no
de antagonismo entre las entidades que constituyen la totalidad social. La otra
dimensión corresponde a la naturaleza de estas entidades: en el caso del libera-
lismo se trata de entidades (individuos) “previas” a la relación que se establece
entre ellas. En el caso del decisionismo, estas entidades no son anteriores, sino
que se constituyen en el propio proceso de interacción social y política, esto es,
en el propio proceso de confrontación antagónica. Las identidades sociopolíticas
son relacionales: “se trata siempre de la creación de un ‘nosotros’ que solo puede
constituirse por la demarcación de un ‘ellos’” (Mouffe, 2007, p.22).
Tomando estas dos dimensiones y sus posibles “valores” podemos definir,
lógicamente, otras dos nociones de lo político, como se muestra en el cuadro
de la página siguiente. Una tercera noción de lo político corresponde al mar-
xismo, que comparte con el decisionismo su concepción de que lo constitutivo
33
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
de lo social es un antagonismo irreductible, pero que asume, con el liberalismo,
que las identidades sociales (en este caso clases, no individuos) no emergen de
un proceso relacional de tipo político, sino que son “previas” a estas relaciones.
Finalmente, podemos pensar en una visión de lo político que asume el carácter
relacional de las identidades sociopolíticas, como el decisionismo, pero no su-
pone la absoluta irreductibilidad del antagonismo (esta sería la posición agonal
sostenida por la propia Mouffe, para quién las relaciones antagónicas definen la
naturaleza de lo político, pero son susceptibles de ser “suavizadas” de modo tal
que las relaciones amigo / enemigo concebidas por Schmitt, se transformen en
relaciones entre adversarios que acuerdan un marco democrático para la resolu-
ción de los conflictos).9
Sustituimos el término “decisionismo” por “populismo” en el sentido que
Laclau (2009) da a este término. No puedo justificar plenamente aquí esta susti-
tución, salvo referir a que la concepción laclauliana de populismo preserva buena
parte de la concepción antagónica y relacional, al tiempo que establece ciertos
rasgos de lo político y la política que parecen más adecuados para el estudio y
comprensión de las sociedades actuales, particularmente las latinoamericanas.
Además, sustituimos el término liberalismo por el de neoliberalismo en tanto es
este último el que enfatiza al individuo como referente prácticamente exclusivo
de la práctica política y de las relaciones socioeconómicas.10
Campos Hegemónicos (formas de lo político)
RELACIONES RELACIONES
NO- ANTAGÓNICAS ANTAGÓNICAS
IDENTIDADES
Campo Neoliberal Campo Clasista
CONSTITUIDAS
IDENTIDADES
Campo Agonal Campo Populista
RELACIONALES
9
Como siempre sucede en estas tipologías, pueden pensarse posiciones intermedias entre las
diferentes “celdas” y, de hecho, son notorios los casos de autores que desde el liberalismo se
acercan a la posición marxista en lo que hace al “sujeto” político “clase” (ver, por ejemplo, Lipset
(1987) y su noción de “lucha democrática de clases”), como los de aquellos autores marxistas que
se acercan a posiciones relacionales al postular que las clases se constituyen como tales en la lucha
política (por ejemplo, Thompson (1977) entre otros).
10
El neoliberalismo, como doctrina, se caracteriza por proponer una universalización de la lógica
del mercado, en el que lo fundamental no es tanto el intercambio sino la competencia entre
individuos que asumen la responsabilidad de su propio desarrollo (Foucault, 2007). El liberalismo
de mediados del siglo veinte, contra el cual en buena medida el neoliberalismo reacciona, asume
una concepción mucho más asociativa y politizada de lo social, que lo llevó a posiciones de
promoción y defensa del Estado de bienestar, la “bestia negra” de los intelectuales neoliberales.
34
Marcelo Nazareno
Mouffe trata a estas diferentes nociones de lo político como propuestas
alternativas (y excluyentes) respecto de la “verdadera” naturaleza de lo político.
Mi idea es que no se trata de categorías trascendentales, sino de diferentes
formas que asume (o puede asumir) lo político en el sistema capitalista, de tal
forma que, normalmente, conviven más de una en una formación social dada
si bien, en general, una de ellas, en un período histórico dado, tiene primacía
respecto del resto.
Cada forma de lo político define a los sujetos sociopolíticos que son reco-
nocidos y que, como tales, intervienen en los procesos políticos. Esto es, de la
forma de lo político depende tanto la naturaleza de los conflictos políticos como
la de quienes están involucrados en los mismos y el modo en que estos serán
procesados políticamente. Configuran un tipo específico de sentido común a
partir del cual es posible que se desarrollen ciertas modalidades de relaciones
sociales y políticas (y quedan marginadas otras) con sus correspondientes instan-
cias de conflicto y cooperación. En este sentido, puede decirse que las diferentes
formas de lo político constituyen diferentes campos hegemónicos: se constituyen
hegemónicamente (expresan la extensión de una concepción del mundo que se
vuelve sentido común), pero dado su nivel de abstracción, configuran lo que
Gramsci –al referirse a las ideologías orgánicas– llamó: “el terreno en medio del
cual se mueven los hombres, adquieren conciencia de su posición, luchan, etcé-
tera” (Gramsci, 1971, pp.56-57). Los campos hegemónicos, entonces, establecen
las coordenadas de referencia para la lucha política e ideológica y para la práctica
hegemónica y contrahegemónica en los diferentes ámbitos de la formación so-
cial. Definen una hegemonía de “primer orden” dentro de la cual se establecen,
se desarrollan y eventualmente cambian hegemonías de “segundo orden”. Los
campos hegemónicos establecen el sentido común dentro de cuyos límites se da
la disputa por los sentidos comunes.
Desde este punto de vista, entonces, las ideas teóricas respecto de lo polí-
tico son formas de la lucha ideológica en la que se dirime la primacía de una u
otra forma de lo político y se establece uno u otro tipo de campo hegemónico.11
Cada campo hegemónico asume ciertos rasgos específicos en cuanto al
formato y la dinámica de la política, las características o “formas” del Estado,
el vínculo entre este y la “economía”, la estructura de clases y los vínculos entre
ellas, el tipo de élite política que se constituye y participa de los conflictos polí-
ticos, etcétera.
11
Mouffe (2007) parece acercarse a esta idea cuando habla de que es la hegemonía indiscutida
del liberalismo la que ha impedido hasta ahora pensar lo político en términos de antagonismo.
A menos que concibiéramos esta hegemonía como algo operativo solo en el terreno de las ideas
políticas sin ningún efecto sobre lo real-político (algo ciertamente en las antípodas de una
concepción gramsciana de hegemonía), lo que está implícito en esta afirmación es que lo político
es una construcción hegemónica. Sin embargo, la autora belga no sigue este hilo de razonamiento.
35
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
La transición de un campo hacia otro implica el diseño y la puesta en ac-
ción de un proyecto de transformación hegemónica o proyecto hegemónico que apun-
ta a restablecer la coordinación entre el sistema político, los conflictos que dirime
y cómo los dirime, de una parte, y los rasgos que asumen las relaciones y las
estructuras sociales (que no pueden ya ser procesados políticamente en el terreno
del “viejo” campo hegemónico), de la otra.
Se trata de transformaciones de gran envergadura, en las que se involucra
la movilización de grandes masas de recursos político-ideológicos de todo tipo y
en los cuales se despliegan una gran cantidad y variedad de conflictos que reflejan
el carácter antagónico de la disputa entre el “viejo” y el “nuevo” orden, a lo que
debe sumarse la apertura para el impulso de potenciales “terceras alternativas”.
La historia política latinoamericana puede leerse como una sucesión de
diferentes campos hegemónicos, con transiciones que involucran la construcción
y operación de hegemonías políticas impulsadas por partidos “progresistas” (en
el sentido gramsciano del término) e intelectuales políticos, y que va desde la
primacía de la lógica liberal (que no es neoliberal) entre fines del siglo diecinueve
y las primeras décadas del siglo veinte, pasa por un lógica de antagonismo pue-
blo/antipueblo durante la etapa populista, adquiere rasgos propios de una lógica
agonal en las décadas del ochenta y el noventa, para culminar en una fase actual
de transición en la que se abre un espacio de fuerte disputa por el impulso que
algunos grupos sociales dan a un proyecto hegemónico neoliberal.12 La debilidad
política de las clases sociales latinoamericanas y la correlativa importancia del
Estado como elemento estructurante de la vida socioeconómica (Aricó, 2005;
Portantiero, 1999), implicó que estos procesos de reconfiguración hegemónica
fueran conducidos desde el Estado, esto es, adquieran el formato y la dinámica
propia de una “hegemonía política” impulsada por partidos e intelectuales con-
formados en torno a la aspiración de acceder al control del aparato estatal para
impulsar una “reforma político-moral”. Los campos hegemónicos se edificaron
y se transformaron en el ámbito de la “sociedad política” antes que en el de la
“sociedad civil”.
El ser los agentes impulsores de un proyecto que apunta a la conformación
de un “nuevo” campo hegemónico neoliberal, utilizando las estructuras del Es-
tado para iniciar y sostener este impulso “desde arriba”, es la novedad sustancial
que distingue a la NDL, tanto de las viejas derechas que operaron como uno de
los polos de la lógica amigo / enemigo del campo hegemónico populista, como
de aquellas que impulsaron e implementaron políticas neoliberales sin cuestionar
en sus fundamentos aquella lógica, dando lugar, así, a los llamados “neopopulis-
mos” latinoamericanos.
12
Desde mi punto de vista, durante las décadas del ochenta y del noventa del siglo pasado,
pletóricas de políticas neoliberales en diferentes países, no hubo un proyecto de implantación de
un campo hegemónico neoliberal, sino una operatoria limitada al nivel de la política.
36
Marcelo Nazareno
El PRO y el gobierno de Cambiemos son un ejemplo acabado de esta ca-
racterística singular de la NDL. Luego de cuarenta años de deterioro y paulatina
disolución del campo hegemónico populista y la relativamente fugaz alternativa
de un campo agonal que no pudo consolidarse, lo que emergió es un partido
(el PRO), constituido por un nutrido y decidido grupo de intelectuales políti-
cos con un proyecto de largo alcance capaces de construir una alianza electoral
(Cambiemos) que les permitiese llegar al gobierno e impulsar, desde el Estado,
una reconfiguración del campo hegemónico, subordinando la estrategia política y
el contenido de las políticas públicas a este objetivo central.
Que el PRO consistió en un proyecto político de transformación sustanti-
va orientado a constituir y liderar una nueva “voluntad colectiva” (y no una sim-
ple aventura oportunista o una expresión meramente económico-corporativa)
tiene, a mi entender, suficiente apoyo empírico en los trabajos que se ocuparon
de su constitución, desarrollo y llegada al poder (entre los principales y mejor do-
cumentados en este aspecto, se pueden ver Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015,
y Vommaro, 2017).
En cuanto a su acción gubernamental, no estoy en condiciones de presen-
tar aquí una evidencia empírica amplia que respalde la idea de que la naturaleza
profunda de aquella reside en que se trata de un proyecto hegemónico. Me limi-
taré a señalar, como un modo de mostrar la plausibilidad de esta propuesta y su
potencial interpretativo, dos rasgos de la gestión y la acción política del gobierno.
Uno de ellos (su práctica discursiva) constituye, a mi entender, uno de los indi-
cios más importantes del modo y la intensidad con que el gobierno operó en el
nivel de lo político para transformarlo hegemónicamente. El otro corresponde
a ciertas características de las políticas públicas respecto de las cuales pretendo
mostrar que alcanzan inteligibilidad (a pesar de su aparente carácter contradicto-
rio) cuando se las piensa en el marco de un proyecto hegemónico.
En cuanto al “discurso” 13 del gobierno, su tono fuertemente individualista
se reflejó en una serie de iniciativas político-institucionales, pero particularmen-
te y de un modo destacado, a través de una intensa retórica que se desplegó en
todos los niveles del gobierno y en diferentes ámbitos de acción gubernamental.
El despliegue de esta retórica y esta práctica discursiva operó, al menos, en tres
dimensiones. Una más propiamente político-electoral, en la que el ciudadano es
configurado retóricamente e interpelado en su cotidianeidad individual (o fami-
liar) y para quien la política es (debe ser) una esfera que tiene la función de ga-
rantizarle las condiciones básicas para poder desplegar y disfrutar de sus propias
potencialidades individuales. El “timbreo” es la expresión más clara de este dis-
13
Tomamos aquí discurso en el sentido de Laclau y Mouffe (2004), como una totalidad material
(articulación entre elementos lingüísticos y no lingüísticos) que engloba tanto aspectos discursi-
vos como prácticos.
37
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
curso. En su significado más profundo, lo que esta práctica electoral implica no
es tanto que el político se acerca a escuchar lo que el ciudadano (individualmente
y de modo privado) tiene para decirle o eventualmente reclamarle, sino que aquel
reconoce a este (y lo valida) en su particularidad y en el lugar (privado) que le es
propio (su hogar). Como señala Touzon (2017, en Natanson, 2018, p.84) esta y
otras prácticas de campaña electoral, no corresponden tanto a un diagnóstico de
una sociedad despolitizada y que se recluye en el ámbito privado, sino que cons-
tituyen un programa. Esto es, corresponden a un tipo de sociedad y de ciudadanía
política que se quiere construir a partir de la implantación de un nuevo “sentido
común” de la política, sus sujetos y sus procedimientos.
La otra dimensión discursiva es la económico-social. En ella el gobierno
apeló retóricamente a un nuevo sujeto, el “emprendedor”, que universaliza sim-
bólicamente la condición ética de individuos quienes, más allá de todas sus dife-
rencias, se igualan en la aspiración y la capacidad de ser responsables de sí mismos
y generar, por su propia cuenta y riesgo (a partir de ciertas “oportunidades” igua-
les para todos), las condiciones de reproducción y desarrollo de su propia vida.
Así como en el discurso político del gobierno, el ciudadano individual se vincula
con la política sin mediaciones partidarias (a lo sumo lo hace con un “administra-
dor” con quien interactúa cara a cara o a través de las redes sociales), en el ámbito
económico el emprendedor individual se vincula sin mediaciones colectivas con
el mercado, haciendo valer sus propias competencias, aspiraciones y deseos. La
ola retórica del gobierno en la promoción y ensalzamiento del “emprendeduris-
mo” ha sido apabullante, llegando en algunos casos al ridículo (como cuando
Macri habló de convertir a la Argentina en “un país de cuarenta millones de
emprendedores” o cuando calificó a Manuel Belgrano como un “emprendedor”).
No obstante, la ofensiva en este sentido no fue solo retórica: fue también institu-
cional (la Secretaría de Pymes pasó a ser Secretaría de Pymes y Emprendedores,
entre otras iniciativas), de política pública (se generaron programas de apoyo
económico a iniciativas vinculadas con los llamados “microemprendimientos”
de diferente tipo), y de política electoral (algunos notorios emprendedores fue-
ron incorporados como candidatos o funcionarios). Obviamente, el programa
macrista no consiste en transformar a todos en emprendedores (como tampoco
pretende llegar a todos los hogares para hablar con los vecinos). De lo que se trata
es de fomentar y extender una nueva “racionalidad” social, una individualización
de las identidades políticas y sociales a partir de las cuales se fijen las coordenadas
de la interacción y de los conflictos políticos (incluso cuando involucren, como
seguramente lo seguirán haciendo, a actores colectivos como sindicatos o movi-
mientos sociales).
La tercera dimensión discursiva es la represiva. Es un aspecto central del
discurso gubernamental sobre el que no puedo extenderme aquí. Contracara o
38
Marcelo Nazareno
“lado oscuro” de la parafernalia individualizante y privatista del ser político y
social, la coerción y la coacción emergen (en formatos que van desde la violencia
institucional hasta el uso de la “justicia” para perseguir a dirigentes opositores)
como factores de desarticulación y debilitamiento de las opciones políticas que
operan y promueven lógicas no-neoliberales de lo político.
Este discurso gubernamental, multidimensional y dinámico, expresa (y
concreta) el compromiso con una reforma intelectual y moral, con una reconfigu-
ración del campo hegemónico para centrarlo en un individuo que se constituya
en el “dato previo” de toda acción social y política.14
En segundo lugar, como dijimos, algunos rasgos relevantes de las políticas
socioeconómicas del gobierno de Cambiemos se hacen comprensibles cuando las
pensamos como una dimensión subordinada del proyecto hegemónico. Como ya
lo mencionáramos, estas políticas han sido evaluadas de modo muy diferente por
distintos analistas y estudiosos. Unos señalan su “gradualismo” (por ejemplo, no
hubo una reducción drástica del gasto público hasta la crisis económica actual),
la atención que prestaron a la cuestión social (no solamente se mantuvieron polí-
ticas sociales del anterior gobierno, sino incluso se ampliaron, como en el caso de
la cobertura de la Asignación Universal por Hijo) y que se mantuvo un rol activo
del Estado (no hubo prácticamente privatizaciones y la obra pública se dinamizó
sustancialmente). Otros, en cambio, remarcan el fuerte ajuste que implicaron
estas políticas (particularmente en el caso del aumento de las tarifas), señalan las
consecuencias sociales de reducción del empleo de calidad y el aumento del tra-
bajo precario, entre otros efectos negativos que produjo de la política económica,
y apuntan al desfinanciamiento del Estado que generó la reducción de impuestos
a ciertos sectores privilegiados del sistema económico al tiempo que, como con-
secuencia, se iniciaba un proceso de fuerte endeudamiento externo.
Pareciera que, si la política socioeconómica del gobierno es neoliberal, se
trata de un neoliberalismo extraño, una especie de “neoliberalismo después del
neoliberalismo” como señalan Bellotti, Morresi y Vommaro (2015). Para estos
autores, esta ambigüedad encierra una paradoja o una contradicción: el PRO
sostuvo la importancia del rol del Estado, pero con el fin de fortalecer y ampliar
el ámbito del mercado; como lo notara Foucault (2007), este es uno de los pro-
blemas cruciales del neoliberalismo. Desde mi punto de vista, este rol del Estado
y del mercado no es contradictorio ni paradójico porque opera, en el proyecto
del gobierno de Cambiemos, en niveles diferentes. En el nivel de la política el
14
Esta pretensión de universalización de una subjetividad individualista puede asimilarse a lo
que Lander (2002) llama, la “utopía del mercado total”, solo que lo que importa del mercado
no es tanto, como señala Foucault (2007), el intercambio, sino la competencia (en su doble
significado, agregamos, de rivalidad con los otros y de capacidad para desarrollarse uno mismo).
39
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
Estado aparece jugando un rol más relevante, siempre dentro de un marco en el
que la liberación de las fuerzas del mercado permanece como un objetivo priori-
tario. En este ámbito, es donde el gobierno se muestra como “menos neoliberal”
que los de la década del noventa del siglo pasado. Por su parte, en el nivel de lo
político es donde, como vimos, el gobierno opera con una agenda plenamente
neoliberal. En este nivel es “más neoliberal” que los gobiernos neoliberales ante-
riores. Por cierto, ambos niveles de neoliberalismo están asociados. Las políticas
socioeconómicas con mayor presencia del Estado aparecen como un elemento
que sostiene y hace posible la operatoria hegemónica neoliberal en el nivel de lo
político. Después de todo:
El hecho de la hegemonía presupone indudablemente que se tenga en
cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales se
ejercerá la hegemonía, que se forme un cierto equilibrio de compromi-
so, es decir, que el grupo dirigente haga sacrificios de orden económico-
corporativo; pero también es indudable que estos sacrificios y este
compromiso no pueden referirse a lo esencial, porque si la hegemonía
es ético-política no puede dejar de ser también económica, no puede
dejar de tener su fundamento en la función decisiva que el grupo diri-
gente ejerce en el núcleo decisivo de la actividad económica. (Gramsci,
1984, p.36)
La crisis cambiaria que se desató en abril de 2018 muestra que los sectores
en cuyo nombre Cambiemos pretendió y pretende gobernar no están dispuestos
a cumplir su cuota, no ya de sacrificio, que no les fue solicitado, sino de pacien-
cia para dar tiempo a la consolidación del proyecto hegemónico. No obstante,
esto no contradice lo que proponemos aquí. El proyecto de Cambiemos fue y es
hegemónico, como tal operó y opera en el nivel de lo político y a esta operatoria
subordinó el carácter, la intensidad y el contenido de la política pública bajo la
fórmula “menos neoliberalismo (en la política) = más neoliberalismo (en lo po-
lítico)”. La crisis económica pone en cuestión la sustentabilidad de una fórmula
tal. No obstante, no puede ignorarse su potencialidad, bajo el peligro de habili-
tar, en el futuro, mejores condiciones para su operación.
3. Un cierre para abrir
Creo que frente al proyecto hegemónico neoliberal aparecen para el cam-
po nacional-popular tres aparentes opciones las cuales, en realidad, constituyen
serios peligros a evitar. Ellas son las que llamo la estrategia del “todo pasa (y el
neoliberalismo también)”, la estrategia del “volveremos” y la estrategia de “únete
a tu enemigo (si no puedes vencerlo)”. Estas estrategias no son contradictorias,
40
Marcelo Nazareno
sino más bien complementarias y, de hecho, hay señales de que se despliegan
conjuntamente. Todas comparten un diagnóstico implícito: el neoliberalismo,
en la Argentina, es un proceso que se desarrolla y se agota en el nivel de la po-
lítica y no penetra en el nivel de lo político, esto es, asimilan el neoliberalismo
de Cambiemos a una versión apenas modificada del neoliberalismo menemista.
Consiguientemente, y más allá de los costos sociales enormes que produzca (y
precisamente por ellos), sostienen que, como sucedió con el neoliberalismo no-
ventista, sus chances de perduración son (más tarde o más temprano) nulas.
La estrategia del “todo pasa” expresa cierta condescendencia respecto de un
neoliberalismo al que se considera incapaz, más allá de sus triunfos electorales, de
penetrar en las capas profundas de la realidad sociopolítica y, por ende, condena-
do a diluirse en tanto propuesta de transformación sustancial de lo social. Arditi
(2009) expresa, creo, en términos teóricos ciertamente atractivos y sofisticados,
esta idea. Para el autor mexicano el post-liberalismo, con un nuevo sentido co-
mún político-cultural y socioeconómico que coloca a la igualdad y la inclusión
en el centro de la agenda política, ya está entre nosotros y, es en buena medida,
inmune a los resultados electorales y a las consecuencias de las políticas públicas.
Es más, la derecha es traccionada por este nuevo sentido común, lo cual se refleja
en sus programas, ahora más socialmente sensibles. Creo que es evidente, dado lo
dicho más arriba, lo errado de este pronóstico. Arditi toma lo que la derecha hace
en el nivel de la política como equivalente de su programa en el nivel político. El
proyecto hegemónico del neoliberalismo profundo apunta, precisamente, a des-
articular en su base subjetiva más básica cualquier resabio igualitarista e inclusivo
que pudiera haber quedado del pasado populista y de la acción política de las
izquierdas gubernamentales recientes. La igualdad y la inclusión están hoy en el
centro de una disputa hegemónica en la cual el neoliberalismo tiene un programa
más claro y consistente que treinta años atrás.
La estrategia del “volveremos”, por su parte, apela a la reactivación del cam-
po populista. Es más activa que la estrategia anterior y apela a la “insumisión” de
los sectores populares frente a los costos del proyecto neoliberal, mientras espera
y promueve la generación de un “acto instituyente” (Alemán, 2018), a partir del
cual generar el relato épico que permita plantear una alternativa política basada
en el “pueblo”. No se trata de que esta estrategia no haya sido eficaz anterior-
mente y, en buena medida, la única salida política de los sectores populares tal
como se fueron configurando a lo largo del siglo veinte. Lo que sucede es que el
proyecto hegemónico de la NDA ha corrido (y esto es ya un éxito de su parte) el
escenario en el que se define la naturaleza de la futura configuración política y,
con ello, el sentido de las interpelaciones políticas (pasamos de la “guerra de mo-
vimiento” a la de posición, pero el campo asediado y el sujeto cercado es otro).
El discurso y la práctica política (y también económica y cultural) de la NDA es
41
Neoliberalismo profundo. Apuntes sobre el “proyecto hegemónico” de la nueva derecha
extremadamente potente porque articula la crisis de las identidades políticas po-
pulistas (una de cuyas manifestaciones más dramáticas son los gigantescos cam-
bios en el mercado laboral y la ruptura entre la expresión político-partidaria del
populismo y su líder con buena parte de los movimientos sociales y la dirigencia
sindical) con una propuesta que reestructura las identidades políticas en torno
a una identidad “pre-política”, contundente en cuanto a su inmediata materiali-
dad: el individuo y su trabajo, su familia, su educación, su ingreso, etcétera. Bajo
estas condiciones, la estrategia populista enfrenta un doble desafío que la torna
inviable: debe rearticular, con nuevas apelaciones equivalenciales, las identidades
populistas degradadas o desarticuladas por la crisis, por un lado, y, por el otro,
debe hacerlo al mismo tiempo que está operando una alternativa identitaria que
“corta camino” por referencia a una identidad social (el individuo apolítico y
“cansado” de la política) que ya está ahí.
La tercera alternativa es, quizá, la más perjudicial de todas. Implica apro-
piarse de algunos mecanismos de acción e interpelación político-electoral neo-
liberales, con el fin de utilizarlos para derrotar electoralmente al neoliberalismo.
Creo que la última campaña del kirchnerismo en 2017 mostró, junto con algu-
nos aspectos positivos, algunas señales en este sentido. Se percibe un corrimiento
(que como vimos es imprescindible) desde la posición populista, pero hacia la
dirección “incorrecta”: la interpelación a un “ciudadano” cuya subjetividad se
distingue de la neoliberal solo por ser “sufriente” de las políticas neoliberales. Esto
implica combatir al neoliberalismo en el ámbito ontológico (la política) con las
armas que el neoliberalismo despliega y usa en el ámbito óntico (lo político), lo
cual, como es obvio, solo puede resultar en su consolidación social, más allá de
los resultados electorales.
¿Cuáles son entonces las opciones que se abren? Estoy lejos de tener una
mínima claridad al respecto. Intuitivamente, y dada la complejidad sociopolítica
actual de las sociedades latinoamericanas, pareciera que la salida es “rodear” al
neoliberalismo con una articulación lo más equilibrada posible entre los campos
agonal, populista y clasista. Se trata de una opción cuyas enormes dificultades,
parafraseando a Gramsci, despiertan el saludable pesimismo de la inteligencia.
No obstante, algunas experiencias latinoamericanas (que deberemos mirar con
mucha más atención) y la actual crisis del proyecto hegemónico neoliberal en
nuestro país, abren las puertas para el optimismo de la voluntad sin el cual, como
señalara el genial teórico italiano, no es posible la acción política transformadora.
42
Marcelo Nazareno
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44
La pregunta por el fascismo
en la era de Cambiemos
Flavia Dezzutto1
Si aprendiéramos a mirar en vez de papar moscas, / veríamos el horror en el
corazón de la farsa; / si simplemente actuáramos en lugar de hablar tanto, / no
acabaríamos, una y otra vez, yendo de culo. / ¡Hombres no celebréis todavía
la derrota / de lo que nos dominaba hace poco! / Aunque el mundo se alzó y
detuvo al bastardo, / la perra que lo parió está otra vez en celo.
La resistible ascensión de Arturo Ui, Bertolt Brecht, 1941.
La noche de la victoria electoral del actual presidente argentino Mauricio
Macri en el ballotage presidencial de 2015 no pude evitar asociar ese triunfo al
retorno de las fuerzas económicas y sociales que impulsaron a la última dictadura
cívico-militar al gobierno de Argentina, por otros medios, como una suerte de
intuición de lo aún por venir.
La asociación no fue caprichosa, cualquiera que hubiera observado la ac-
tuación de Macri en el gobierno de CABA, su itinerario político, sus sostenedo-
res económicos, sus impulsores sociales, podía llegar a una similar conclusión. El
gobierno de Macri, pronto se comprobó, no significaba una mera reedición del
neoliberalismo de los ‘90. En esa estela ponía en escena a unos actores y a unos
discursos que evocaban otros tiempos, y que, en la historia argentina del siglo
XX, accedieron al poder por vía militar, pero también a otros nuevos, que, de
diversos modos, actualizaban y complejizaban el panorama político en la era de
Cambiemos.
El preámbulo del triunfo electoral de la alianza UCR-PRO se había ci-
mentado en un registro discursivo odiante, como se hizo ostensible en las con-
centraciones “ciudadanas” que repartían sus afectos violentos entre el gobierno
del Frente para la Victoria y la figura de Cristina Fernández de Kirchner, y un
conjunto variopinto de colectivos insultados, desde los “choriplaneros”, los inmi-
grantes, las mujeres que recibían la asignación universal por hijo, los piqueteros,
las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, entre otros.
1
Licenciada en Filosofía, UNR. Profesora Adjunta a cargo de Filosofía Antigua, UNC.
Vicedecana de la Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC.
45
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
Si en los años ‘90 una mediación decisiva para lograr consensos sociales y
políticos para la instauración del régimen neoliberal fue el Partido Justicialista
en sus diversas formas de articulación, el gobierno macrista vino a suplantar
una mediación partidaria por la mediación del odio como elemento aglutinante,
profusamente atizado por los medios de comunicación hegemónicos y los mer-
cenarios de las redes sociales. La UCR, socia principal de esta alianza y dadora de
cierto poder territorial, se sumó rápidamente a esta constelación de significados
sociales y políticos, reeditando y profundizando sus peores versiones proclives al
llamado “gorilismo”, es decir, a un sentimiento antipopular común en las clases
medias acomodadas argentinas.
Ante este panorama mis primeras observaciones en diversos espacios de de-
bate relativos al actual gobierno de Cambiemos y al régimen de significados por
él instaurado, consistió en señalar que nos encontrábamos frente a un fenómeno
de “fascismo social” generado en esta etapa.
Esa calificación despertó en general un cierto rechazo, en la medida en que
el fascismo se expresó históricamente como un régimen político de consecuencias
sociales y culturales muy determinadas, que no podían ser atribuidas de modo
inmediato al actual gobierno, aquello que conocemos como fascismo histórico.2
No obstante, decidí mantener esa caracterización sobre la base de un cierto
número de conceptualizaciones surgidas en diferentes escenarios teóricos e his-
tóricos, aptas para dar cuenta del denominado “fascismo social”, que no pone en
cuestión la legitimidad de origen del gobierno de Cambiemos desde el punto de
vista electoral, pero sí lo hace respecto de los efectos sociales, políticos y cultura-
les, de las subjetividades colectivas producidas por él.
En su libro Reinventar la democracia. Reinventar el Estado, Boaventura de
Sousa Santos (1999) escribe:
No se trata de un regreso al fascismo de los años treinta y cuarenta. No
se trata, como entonces, de un régimen político sino de un régimen
social y de civilización. El fascismo societal no sacrifica la democracia
ante las exigencias del capitalismo sino que la fomenta hasta el punto
en que ya no resulta necesario, ni siquiera conveniente, sacrificarla para
promover el capitalismo. Se trata, por lo tanto, de un fascismo plura-
lista y, por ello, de una nueva forma de fascismo. (De Sousa Santos,
1999, p.29)
2
Una buena síntesis de las caracterizaciones de la noción de fascismo histórico puede verse
en: Buchrucker, C. (2008) El Fascismo en el Siglo XX. Una historia comparada. Buenos Aires:
Emecé Editores. En cuanto a ese concepto en el concierto de nuestro país en las últimas décadas:
Borón, A. 2003. “El fascismo como categoría histórica: en torno al problema de las dictaduras en
América Latina”, en Estado, capitalismo y democracia en América Latina, Buenos Aires: CLACSO.
46
Flavia Dezzutto
El autor portugués brinda en el mismo texto un catálogo de modalidades
del fascismo societal, o social, que cubre una amplia diversidad de aspectos de
la vida social, económica y política de nuestros países, mostrando con eficacia el
campo cubierto por este fenómeno.
De Sousa Santos destaca en esta noción al fascismo del apartheid social, al
fascismo del Estado paralelo y paraestatal, al fascismo territorial, al fascismo po-
pulista, al fascismo de la inseguridad, y el fascismo financiero, siendo este el más
plural y grave de todos por las dificultades que plantea a toda forma de regulación
democrática.
La amplia gama de manifestaciones del fascismo social evidencia que no
puede reducirse su ocurrencia a un fenómeno ideológico o de una cierta psico-
logía social. Este, a su vez, es acompañado por la acción sistemática e insidiosa
de los medios de comunicación sostenedores de los poderes fácticos, que logran
inocular en la sociedad multitud de mentiras y noticias falsas que van moldeando
ciertas construcciones reaccionarias y violentas.
Si nos detenemos a pensar en la injusta cárcel que sufre Milagro Sala, desde
los comienzos del gobierno de Macri, implementada por su socio político de la
UCR, Gerardo Morales, podemos observar una prueba ostensible que combi-
na varios aspectos del fascismo social descripto, por el cual el Estado lleva ade-
lante una acción cuestionada por multitud de organismos de DDHH, incluida
la CIDH, cuyo soporte social se construyó desde los medios de comunicación
hegemónicos.
No es razonable despreciar el rol de estos medios como configuradores
ideológicos, pero tampoco puede obviarse la consideración de su sustento polí-
tico, económico, social. En otras palabras, el fascismo social no es pensable si no
en la trama del capitalismo en su etapa actual, y de sus formas de control social,
a las que ya no le son funcionales los mecanismos formales de las democracias.
A continuación, señalaré algunas claves de análisis que permiten reflexio-
nar sobre aspectos sustantivos de esta configuración política y social.
1. La guerra total, “periodismo de guerra”
Según lo expresado antes, una nota central de los hechos que tramaron el
advenimiento del macrismo en Argentina, y que lo alimentan y apuntalan en la
actualidad, es el papel de los medios de comunicación, en particular el del perio-
dismo llamado “hegemónico”.
La “hegemonía” del mentado periodismo se edificó sobre la base material
de una fenomenal concentración de empresas de medios de comunicación, que
monopolizó y monopoliza, en términos concretos, el grueso de la información
que circula socialmente. Tal concentración económica de estas empresas fue y
47
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
es condición de posibilidad de su capacidad de bombardear a la opinión públi-
ca con informaciones claramente direccionadas a la construcción de enemigos
políticos y sociales, a la atribución de responsabilidades económicas y políticas
respecto de las penurias populares a tales enemigos, que resultan coyuntural o
estructuralmente un obstáculo para la realización de sus objetivos empresariales
y de sus mandantes internacionales y locales.
Sin dudas la injerencia del poder mediático en la vida social y política
mundial y continental no es novedosa, quizás uno de los ejemplos más claros
de su capacidad destructora y su alianza con los poderes fácticos, políticos, eco-
nómicos, religiosos, sea la intensa ofensiva llevada adelante por la televisión y la
prensa chilena durante el gobierno de Salvador Allende, especialmente protago-
nizada por el Diario El Mercurio, entre otros medios escritos y televisivos,3 que
culminó en el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973.
Lejos de las marcas del nacimiento de una esfera de opinión pública crítica
a finales del siglo XVIII, tal como analiza Habermas (1981) en su estudio Histo-
ria y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública,
asistimos desde hace largo tiempo a una captura de la opinión pública por parte
de un empresariado mediático que hace creíbles, en tanto da un sustento de cre-
dibilidad, las falsas noticias y diversas formas de la infamia propagadas a través
de otros soportes tecnológicos y comunicativos, como las redes sociales, que,
aunque hijas del universo virtual, no dejan de tener bases materiales.
La conocida frase del periodista Julio Blanck, del Grupo Clarín, quien en
2016 confesó en una entrevista que durante el gobierno kirchnerista se había
llevado adelante un “periodismo de guerra”,4 pone blanco sobre negro cuál sea
el cometido fundamental de las actuales empresas periodísticas: llevar adelante
una guerra total, que prescinde por completo de la relación entre la información
divulgada y la realidad, para favorecer intereses muy determinados y acordes a los
planes de los grupos económicos concentrados.
No se trata meramente de un acontecimiento acorde con la noción de
“posverdad”, sino de un montaje político ideológico de factibilidad imposible sin
el proceso de concentración mediática que impide cualquier disonancia informa-
tiva. Este estado de cosas se ha cimentado en decisiones políticas y económicas
que, aunque en el caso del Grupo Clarín tuvieron su origen en la última dictadura
militar, fueron puntualmente convalidadas en los gobiernos democráticos de las
últimas décadas.
El gran pensador vienés Karl Kraus, crítico agudo del periodismo y los
3
Al respecto puede consultarse: Carmona, E. (editor) (1997). Morir es la noticia. Colectivo de
la Escuela de Periodismo de la Universidad ARCIS, [Link]
reporter/, en su primera sección “Periodismo, política y DDHH”.
4
La entrevista y su transcripción puede consultarse en [Link]
Julio-Blanck-En-Clarin-hicimos-un-periodismo-de-guerra
48
Flavia Dezzutto
medios de prensa de su época, dejó en claro en muchos lugares el rol bélico de
esta actividad en contextos ya no tan diversos a los nuestros.
¿Es la prensa un mensajero? No: es el acontecimiento. ¿Un discurso?
No: es la vida. No solo plantea la exigencia de que el verdadero acon-
tecimiento lo constituyan sus noticias sobre los acontecimientos, sino
que provoca también esa siniestra identidad por la cual, en aparien-
cia, se informa de los hechos antes de que se hagan realidad. (...) La
prensa no es un mozo de equipajes. Es el acontecimiento. De nuevo el
instrumento nos ha superado. Hemos colocado al hombre, que debe
comunicar la existencia de un incendio y que debería jugar el papel más
subalterno dentro del Estado, por encima del mundo, del incendio, de
la casa, de los hechos y de nuestra imaginación. (Kraus, 2011, p.289)
“El instrumento nos ha superado”, dice Kraus, y hemos puesto a la pren-
sa por encima de las instituciones, e incluso por encima de la imaginación. Al
respecto, y en su notable ensayo sobre Karl Kraus, Walter Benjamin señala la
obsesión del vienés por desmontar lingüísticamente este perverso edificio: “reco-
rre por las noches las construcciones sintácticas de los diarios y espía el interior,
detrás de las fachadas de los tópicos, descubriendo la violación y el martirio de las
palabras en las orgías de la ‘magia negra’” (Benjamin, 1998, p.83).
La “magia negra” de la prensa, su acontecimiento, debe ser examinada tam-
bién en un registro del lenguaje que acontece en las voces, en el habla social que
ingresa a simple vista en una dimensión babélica, pero que es, sin embargo, capaz
de organizar sentidos.
Elías Canetti en uno de sus escritos sobre Karl Kraus destaca un rasgo de
su personalidad intelectual cuya sustancia resume en la “cita acústica”, aquella
posibilidad de dar cuenta de lo que se dice en las calles. Entiendo que esta capa-
cidad es capital hoy, pues en ella podemos examinar las inflexiones que replican
o se desvían de aquellos discursos sistemáticamente socializados. La cuestión es si
el discurso mediático unidimensional puede resistirse, horadarse, contando con
una aguda percepción de un habla cotidiana que pueda ser citada acústicamente
en clave política, una política “acústica” que lea los documentos de barbarie en
aquellos que se suponen de civilización, en palabras de Walter Benjamin:
Kraus era perseguido por voces, una situación que no es tan rara como
se suele pensar, pero con una diferencia: las voces que lo perseguían
existían de verdad en la realidad vienesa. Eran frases sueltas, palabras,
exclamaciones que él podía oír en todas partes, por las calles, en las
plazas, en los bares. La mayoría de los escritores de entonces era gente
experta en oír al paso. Estaba dispuesta a tratar con sus semejantes,
escucharlo a veces y, más a menudo, replicarles. Es el vicio hereditario
49
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
del intelectual considerar que el mundo está formado por intelectuales.
Kraus también era un intelectual: de otro modo no hubiera podido
pasarse la vida leyendo periódicos de tendencias muy distintas Y en
todos los cuales, aparentemente, se decían las mismas cosas. Pero como
su oído estaba siempre abierto –nunca se cerraba, se hallaba en acción
constantemente, siempre estaba oyendo–, debía de leer esos periódicos
como si los estuviera oyendo. Las palabras negras, impresas y muertas
eran para él palabras sonoras, pues luego, cuando las citaba, parecía
hacer hablar diversas voces: citas acústicas. (Canetti, 1981, p.32)
El odio que circula en las calles de nuestro país, de nuestra América, toma
las palabras, expresiones, imágenes, de un lenguaje heteróclito, que no significa
tanto como transporta y envía hacia un consenso en el rechazo de otros, en su
supresión, en hacer de esas existencias y de esos cuerpos estigmas vivientes. Des-
cifrar sus claves consiste en “leer los periódicos como si se los estuviera oyendo”.
El repudiable asesinato por la espalda del joven Juan Pablo Kukoc, en el
contexto de una persecución policial a manos del agente Luis Chocobar, fue
presentado como un acto de heroísmo, reconocido por el presidente Macri y su
ministra de Seguridad Patricia Bullrich. El sentido de este acontecimiento fue
construido socialmente por cientos de voces, en función de un consenso respecto
de la “inseguridad” por el que se habilita el uso irrestricto de la violencia, hasta
llegar a la muerte, por parte de la fuerza pública. Son estas voces, preexisten-
tes, las que fueron convalidadas y encauzadas por el macrismo. De hecho, esta
circunstancia dio origen a la llamada “doctrina Chocobar”, que entiende como
correctas y apropiadas a las ejecuciones sumarias por parte de miembros de la
institución policial ante la comisión, o la mera sospecha de comisión de hechos
delictivos.5
2. Contra el pensamiento crítico y la cuestión de la verdad
A un escenario como el que venimos describiendo se suma un factor cen-
tral, que es la subordinación de todo pensamiento sobre lo político y lo social a
un propósito funcional. La lógica tecnocrática como configuración dominante
en todas las esferas de la vida contemporánea, en particular en la vida política,
instrumentaliza radicalmente las actividades humanas, entre ellas, la actividad
intelectual y cognitiva, en términos individuales y colectivos.
Existe una copiosa bibliografía que da cuenta de ese rasgo decisivo de las
sociedades modernas en lo que concierne a su origen y su despliegue, destacamos
5
Sobre la “doctrina Chocobar”, resulta de importancia consultar el siguiente documento de la
CORREPI: [Link]
50
Flavia Dezzutto
a La Crítica de la Razón instrumental de M. Horkheimer (1973), y Dialéctica de
la Ilustración de T.W. Adorno y M. Horkheimer:
Cuando se pide al hombre común que explique qué significa el con-
cepto de razón, reacciona casi siempre con vacilación y embarazo. Sería
falso interpretar esto como índice de una sabiduría demasiado profun-
da o de un pensamiento demasiado abstruso como para expresarlo con
palabras. Lo que ello revela en realidad es la sensación de que ahí no
hay nada que explorar, que la noción de la razón se explica por sí mis-
ma, que la pregunta es de por sí superflua. Urgido a dar una respuesta,
el hombre medio dirá que, evidentemente, las cosas razonables son las
cosas útiles y que todo hombre razonable debe estar en condiciones de
discernir lo que le es útil. (Horkheimer, 1993, p.9)
La crasa constatación de Horkheimer nos conduce de inmediato al despre-
cio contemporáneo, propio también de los voceros y del programa de Cambie-
mos, por la actividad del pensamiento, especialmente por el pensamiento crítico.
La impugnación de la tarea crítica de la razón efectuada por el “filósofo”
de cabecera de Mauricio Macri, Alejandro Rozitchner, no es en modo alguno in-
genua. Combina una exhortación al entusiasmo y a la felicidad a la que la crítica
intelectual sería refractaria, con una actitud que fustiga al pensamiento crítico
como obstáculo para el rol emprendedor que el individuo debería protagonizar
en la actualidad, llenándolo, en cambio, de incertezas y amargura.
Desde mi punto de vista esta mirada, que podría ser considerada naif, guar-
da el germen de un antiintelectualismo cuya ferocidad va creciendo a medida que
el control social asciende, en contextos de luchas sociales y políticas opuestas al
expolio y a la violencia social implementada desde el gobierno de Cambiemos.
Es clave comprender que la “razón instrumental”, la razón que solo repara
en lo útil, además de entender a la racionalidad como procedimiento en orden
a unos fines provistos por poderes exteriores, interiorizados en mayor o menos
medida, labra sus fetiches con los materiales de la propaganda masmediática y de
las valoraciones sociales impuestas unidimensionalmente. Ellos poseen un gran
poder de cohesión y de generación de significados colectivos, en tanto se nutren
del mecanismo de homogeneización propia de la circulación mercantil de los
objetos y los valores.
A modo de ejemplo, instituciones y experiencias tan caras y acrisoladas en
nuestra historia colectiva como la universidad pública, se ven hoy en día amenaza-
das por esta mentalidad tecnocrática y mercantil. La generación de conocimiento
como bien social es reemplazada en el proyecto de Cambiemos por la “fábrica de
títulos” que fustigaban los reformistas de 1918, títulos “basura” dependientes de
las demandas de un mercado laboral cada vez más precario y voraz, que atomiza
la ciudadanía universitaria, flexibiliza la formación, en definitiva, traslada, punto
51
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
por punto, el rechazo del pensamiento crítico y socialmente comprometido, así
como el encomio del entusiasmo emprendedor individualista, al diseño institu-
cional de la universidad pública.
Por otra parte, y ampliando nuestro análisis, los efectos letales de esta de-
fección del pensamiento y de la capacidad de juicio y reflexión, se manifiestan, en
los autores citados, en aquello que denominan “el comportamiento antisemita”,
de un modo tal que resulta iluminador para nuestro presente:
El comportamiento antisemita se desencadena en situaciones en las que
hombres cegados y privados de subjetividad son liberados como suje-
tos. Su obrar consiste, para los interesados, en una serie de reacciones
mortales y además absurdas, como las que los conductistas describen
sin explicarlas. El antisemitismo es un esquema rígido, más aún, un
ritual de la civilización, y los pogroms son los verdaderos asesinatos ri-
tuales. En ellos se demuestra la impotencia de aquello que los podría
frenar: de la reflexión, del significado, en último término, de la verdad.
En el necio juego del homicidio halla su confirmación la vida dura y
hosca a la que hay que adaptarse. (Adorno, 1994, p.216)
La ley de la adaptación a una vida “dura y hosca” pone de relieve esa extra-
ña combinación merced a la cual la mentalidad tecnocrática se articula en indi-
viduos y colectivos “cegados y privados de subjetividad” que resultan “liberados
como sujetos”. Estos agentes sin reflexión ni juicio ejecutan ritos y se prosternan
ante mitos respecto de los cuales la verdad es impotente.
Es justamente el problema de la verdad el que se vuelve urgente en este
contexto, cuando la guerra total de los monopolios informativos y el sistema
bélico de circulación e instauración de sentidos ocupa cada poro de la vida social,
organizando la mentira como moneda de intercambio colectivo. Finalmente, la
posverdad no es más que la mentira, y la impugnación del pensamiento crítico,
preámbulo necesario de la posibilidad de un pensamiento transformador, es una
forma eficaz de acrisolar la mentira con la fachada de entusiasmo, felicidad pueril
y emprendedora, en medio del panorama desolador que nos rodea, banalizado y
falseado hasta la náusea.
El antisemitismo se basa en la falsa proyección. Esta es lo opuesto a la
verdadera mimesis, pero es profundamente afín a la mimesis reprimida:
quizás, incluso, el rasgo morboso en el que esta cristaliza. Si la mímesis
se asimila al ambiente, al mundo circundante, la falsa proyección asi-
mila, en cambio, el ambiente a sí misma. Si para aquella lo externo se
convierte en el modelo al que lo interno se adecúa y lo extraño se vuelve
familiar, la falsa proyección transpone lo interno, a punto de estallar, en
lo externo y configura incluso lo más familiar como enemigo. (Adorno,
1994, pp.230-231)
52
Flavia Dezzutto
Esta dimensión mimética, que amalgama la vida social, es analizada por
Adorno y Horkheimer en cuando al antisemitismo como un elemento defini-
torio de la experiencia del fascismo histórico en el que ellos se vieron inmersos.
Resulta relevante hoy en cuanto permite descubrir el proceso mediante el cual
se materializan los modos de internalización y de extrañamiento social, que con-
vierten a lo externo en un espacio de guerra nacido de esa falsa proyección, y
constituyen a lo familiar en enemigo.
3. “El lenguaje es más que sangre”
La cita que titula esta sección pertenece a Franz Rosenzwieg y fue consig-
nada por Victor Klemperer, filólogo alemán de origen judío, en el inicio de un
libro magistral de su autoría: LTI. La Lengua del Tercer Reich. Sin dudas tanto la
cita como el libro dan cuenta de un asunto fundamental: el lenguaje posee una
fuerza configuradora de enorme magnitud, capaz de grabar a fuego significados
en la vida social.
Klemperer se dedicó a recopilar escritos de prensa, anuncios, carteles, a
registrar las voces cotidianas. Se trata de una pluralidad de material lingüístico
que le brindó elementos centrales para su examen de la Lengua del Tercer Reich,
no la lengua de los discursos de Hitler o Goebbels, que los parroquianos oían sin
oír en las tabernas, mientras jugaban a los naipes, nos dice el autor, sino aquellas
repetidas millones de veces, “adoptadas de modo mecánico e inconsciente”, in-
troducidas así “en la carne y en la sangre”.
Pero el lenguaje no solo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis
emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores
son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él. ¿Y si la
lengua culta se ha formado a partir de elementos tóxicos o se ha con-
vertido en portadora de sustancias tóxicas? Las palabras pueden actuar
como dosis ínfimas de arsénico: uno se las traga sin darse cuenta, pare-
cen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto
tóxico. (Kemplerer, 2001, p.31)
Hablamos del veneno de las palabras que un régimen no necesariamente
inventa, pero a las que recubre de significados por reiteración, por proliferación,
la toxicidad del empleo de cierta jerga, sea la jerga mecánica o fabril, o la del em-
presariado y el marketing, la utilización de términos que animalizan o cosifican a
seres que quedan allende lo humano a disposición del destino cruel que aparece
en la lengua que los nombra.
El entusiasmo pueril de los festejos de Cambiemos, del “juntos podemos”,
o el “sí se puede”, sin alusión alguna a las desigualdades e injusticias que obturan
53
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
cualquier “posibilidad”, el del lenguaje emprendedor, que juzga a la persona por
sus éxitos, el de las competencias educativas, y los créditos académicos, destilan
gota a gota su veneno en la vida social, marginan, separan, silencian.
La animalización o estigmatización por la condición social o racial se evi-
dencia en diferentes términos de uso corriente: desde los planeros, los negros,
las que se embarazan por la Asignación Universal por Hijo, los extranjeros como
enemigos, bolitas, paraguas. También las disidencias sexuales, los putos, las torti-
lleras y las travas, quienes, conscientes del poder de la lengua se han reapropiado
del estigma en su favor, pero aún son nombrados en la lengua del desprecio. No
es posible obviar a la expresión “feminazi”, en la que se contiene el odio de quie-
nes ven cuestionado su dominio patriarcal, el violento mundo que los sustenta
y los cobija.
Los sectores políticos de oposición, desde el kirchnerismo, los “kukas”
cuya líder es una “yegua”, los “zurdos de mierda”, y los anarquistas sucios y vagos,
completan el cuadro del espantoso universo de la lengua cotidiana de esta era,
reiterado hasta el hartazgo por los lenguaraces de los poderes mediáticos, los figu-
rones del espectáculo, los políticos de toda laya, economistas “serios”, opinólogos
varios, y sobre todo, fundamentalmente, por las voces de la calle, que enarbolan
esa lengua como bandera, la falsa mímesis que hace imposible la verdad. Es va-
lioso traer al análisis aquí a una teoría del lenguaje que podemos encontrar en
Simone Weil, plena de advertencias y verdades, que desde una ontología y una
ética muy determinada nos pone frente al poder de las palabras: Cuando se habla
del poder de las palabras se trata siempre de un poder de ilusión y de error. Pero,
por el efecto de una disposición providencial, hay algunas palabras que, si se hace
de ellas buen uso, tienen en sí mismas la virtud de iluminar y elevar hacia el bien.
Son las palabras a las cuales corresponde una perfección absoluta e inasible para
nosotros. La virtud de la iluminación y del impulso hacia lo alto reside en estas
palabras en sí mismas, en estas palabras como tales, no en ninguna concepción.
Porque hacer un buen uso, es antes que nada no hacerles corresponder ninguna
concepción. Lo que expresan es inconcebible. Dios y verdad son palabras como
esas. También justicia, amor, bien. El empleo de estas palabras es peligroso. Su
uso es una ordalía. Para que se haga un uso legítimo de ellas, es necesario a la vez
no encerrarlas en ninguna concepción humana y unirles concepciones y acciones
directa y exclusivamente inspiradas por su luz. De otro modo son rápidamente
reconocidas por todos como mentiras. Son compañeros incómodos (Weil, 2000,
p.61). Esta cita se justifica en el desarrollo de una idea central, el uso de cier-
tas palabras, como Dios, verdad, justicia, bien, sobresaturadas de concepciones
y contenidos, constituye una “ordalía”, ellas son peligrosas. Hay palabras, para
Weil, cuyo uso supone el carácter incondicionado, su posibilidad de luz reside en
permanecer en ese estado y resistir todo condicionamiento de contenido. Fuera
de tal esfera son palabras mentirosas, “compañeros incómodos”. Palabras como
54
Flavia Dezzutto
estas se lanzan hoy a la palestra del discurso social, se pasan de mano en mano
con propósitos inconfesables y crueles. Ellas solo difunden error e ilusión, a par-
tir de ellas se despiertan monstruos variopintos y violentos que justifican en su
invocación de absoluto al silenciamiento y a la supresión de otros. Las palabras
pertenecientes a la región media, según nos dice Weil en el mismo texto, derecho,
democracia, persona, se ubican en el ámbito de lo condicionado, de lo mediado.
Su mismo carácter condicionado les plantea una ardua tarea, la de dar sustancia,
sin pretensiones de colmar el sentido, a la vida colectiva, a la vida política de
las comunidades. Finalmente, el lenguaje humano, para Weil, se despliega en el
mundo de las relaciones entre personas y mundo, que es preciso comprender y
precisar cada vez.
4. “Fascismo y gran capital”
El historiador anarcomarxista Daniel Guerin escribe entre 1934 y 1936, a
instancias de la sugerencia de Simone Weil, su estudio titulado “Fascismo y Gran
Capital”. Según informa el autor en la presentación de su obra, Weil afirmaba
que era preciso combatir al fascismo mediante estudios eruditos acerca de él, idea
que estimula a Guerin a emprender su obra.
El fenómeno del fascismo, una experiencia política muy novedosa por en-
tonces, estaba en desarrollo al momento de la publicación del libro de Guerin, en
1936. Él reconoce esta circunstancia en el prólogo a la segunda edición de 1945,
pero también señala la importancia de haber realizado aquel primer trabajo, que
no se vio desmentido en sus aspectos nodales. Nuevos elementos surgieron a
partir del año 1939, que combinaron el concepto de fascismo, definido por la
movilización total de las fuerzas sociales y estatales contra la clase obrera organi-
zada políticamente, con la guerra imperialista, dotando al militarismo presente
en su análisis de 1936 de otros sentidos y alcances.
En este aspecto es claro que el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania,
pero también el régimen franquista en España, se cimentaron en el combate total
por parte del Estado, mediante las fuerzas estatales y paraestatales, contra la clase
obrera y sus avances políticos, en el contexto mundial de entre guerras, con la
gravitación de la amenaza de la revolución bolchevique en términos geopolíticos.
Guerin analiza las bases económicas de los procesos italiano y alemán, des-
de el punto de vista de la presión del gran capital y su contradicción con las luchas
obreras. En ese marco examina el rol de las clases medias descontentas, que en el
contexto de presión quedan del lado del capital, y se constituyen en una correa
de transmisión social del fascismo, captada en sus descontentos y frustraciones:
La amenaza fascista hizo descubrir a muchos el problema de las clases
medias. Antaño, los partidos de izquierda no veían en ella sino una
55
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
clientela electoral fácil, fiel y estable. Pero cuando se vio que sus oscila-
ciones, ampliadas por las crisis económicas, podían llevarlas al campo
enemigo, que las podía una especie de locura colectiva, haciéndolas
vestir camisas de diversos colores, esos mismos partidos no tuvieron
otra preocupación que retener a las clases medias. (Guerin, 1973, p.24)
Esta observación de Guerin, en el horizonte de una disputa entre orien-
taciones políticas de izquierda, en particular con los partidarios de la estrategia
del frente popular de procedencia soviética de aquellos años, entiende que solo la
más contundente contienda anticapitalista podrá superar el estado de cosas. En
la batalla por la conquista política de las clases medias la lógica del capital agrava
a la larga o a la corta la situación social y económica de este sector, creando con-
diciones para que sea arrastrado por el fascismo. Es importante comprender que
este análisis, situado y determinado en términos históricos, no deja de estar pleno
de sugerencias para el presente, en la medida en que el fascismo social referido al
comienzo de este escrito se consolida no necesariamente como Estado fascista,
aunque pueda generarse una alternativa similar de nuevo tipo, sino como for-
ma social de control en el marco de la dinámica capitalista contemporánea, con
fuerte protagonismo del capital financiero, contra cualquier conato de igualdad.
Retornando al libro de Guerin en esta perspectiva, nos dice: “El fascis-
mo recoge todas las aspiraciones retrógradas de la pequeña burguesía, y, al mis-
mo tiempo se empeña en apartar a las masas del socialismo proletario” (Guerin,
1973, p.130). El autor recuerda, a este propósito, que hay también una ascética
del fascismo, de aceptación de sacrificios para la renovación colectiva, para lue-
go confiar sus destinos al “hombre providencial”, figura, dice Guerin, que se va
construyendo paso a paso.
León Trotsky escribe, a su vez, en Democracia y Fascismo de 1932, que cuan-
do la burguesía debe despojarse de las presiones obreras, emerge el fascismo: “El
fascismo tiene como función esencial y única la destrucción hasta en sus cimientos
de todas las instituciones de la democracia proletaria” (Trotsky, 1932, p.31).
La insistencia en estos textos y autores reside en que en su propia hora ellos
desnudaron la compleja trama política, social y económica de este fenómeno
entonces nuevo. Las afirmaciones de la tradición marxista sobre el fascismo dejan
en claro un rol histórico que no es posible trasplantar al presente sin más, pero sí
interpretar en la luz de esta hora, en otra geografía.
El fascismo social, instalado en el clima político, social y cultural de nues-
tro continente, se manifiesta desde una fase más aguda, con el triunfo electoral
de Bolsonaro en Brasil, con un programa abiertamente conservador, racista, ho-
mófobo, misógino, violento en todos sus rangos, y se extiende hasta las mo-
dificaciones en la vida, discursos y prácticas sociales, pero también estatales e
institucionales, con el gobierno de Cambiemos en Argentina.
56
Flavia Dezzutto
El núcleo de este fascismo social es el odio a la igualdad en todas sus for-
mas, aún las más tibias, odio que aparece junto a su acompañante habitual, el
miedo, asunto que merecería otras consideraciones. Se trata de un odio que nace
de un capitalismo cada vez más voraz, territorialmente extendido, pluralmente
presente, difícilmente regulable y controlable por los Estados y sus instituciones.
La demolición de las huellas, luchas y conquistas de libertad sustantiva e igualdad
social, económica y política en nuestra América por parte de un fascismo social
que se desplaza por diferentes canales de nuestra vida colectiva, genera subjeti-
vidades que segregan, destruyen, desprecian, silencian, realizando por diversas
vías el trabajo, hoy como ayer, del Gran Capital, cuyo sostenimiento precisa de
nuevas formas de control y de subjetivación colectiva.
Los puntos que hemos recorrido anteriormente intentan dar cuenta de
ello, de algunas de sus claves, lógicas, procedimientos.
La dinámica de totalidad de un fascismo social cuyos rasgos vemos apa-
recer en lo que algunos han llamado “fascismo postmoderno”, expresa inequí-
vocamente a los fascismos viejos y nuevos, pues, a pesar de los pesares, o del fin
de ideologías que gozan de buena salud, el capitalismo actual y sus formas de
apropiación, de propiedad, de reproducción, siguen funcionando en la lógica de
totalidad y universalización que lo determinan como sistema, lo cual no supone
la ausencia de grietas, discontinuidades, e interrupciones, que intenta conjurar
con medios siempre renovados.
Al respecto dice Diego Sztulwark en un artículo reciente titulado “¿Puede
volver el fascismo?”:
Racismos, machismos y clasismos arraigan en lo que desde hace unos
cuantos años Santiago López Petit señala como la pervivencia de un tipo
de fascismo “postmoderno” que actúa repitiendo uno de los rasgos fun-
damentales del fascismo histórico: la movilización total. Ya no se trata
de ideales, sino de una movilización entera de la vida por lo obvio. En el
momento en que el capitalismo se revela ya no como simple fábrica de
mercancías, sino como una completa fábrica de subjetividades, se plantea
como nunca antes la necesidad de establecer una correlación entre econo-
mía, deseo y política. Una ecuación en la que el deseo de revolución deja
lugar a un intenso deseo de normalidad que las izquierdas procuran codi-
ficar como inclusión social y las derechas como integración meritocrática
al mercado. El reverso de ese deseo de norma, como lo muestra la obra
de teatro Diarios del odio, dirigida por Silvio Lang, es una desinhibición
general de la pasión por el odio a la igualdad. (Sztulwark, 2018)
La idea de que el capitalismo fabrica subjetividades parece simple, pero
en rigor es extremadamente compleja, su borramiento u omisión, el olvido del
antiguo factor “ideológico”, que supone la ardua relación entre teoría y praxis,
57
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos
saber y hacer, en los procesos de conciencia y organización, plantea consecuen-
cias desastrosas.
Vivimos, para focalizar nuestras miras, en la Argentina en la que el Estado
es culpable de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldona-
do, del asesinato por la espalda de Rafael Nahuel. Mientras escribo estas líneas, se
difunde la noticia de la muerte de dos militantes de la CTEP (Confederación de
Trabajadores de la Economía Popular) a manos de la policía provincial, Rodolfo
Orellana y Marcos Soria, en Buenos Aires y Córdoba. Como en los casos de
Maldonado y Nahuel, las muertes tuvieron por contexto la disputa por la tierra,
por el espacio para la vida. El antiquísimo despojo de los pueblos indígenas de
nuestra América, en este caso el pueblo Mapuche, la más reciente, aunque con-
solidada, expulsión hacia los bordes de la vida política, social y económica en el
espacio urbano o conurbano de vastas mayorías en nuestro país, dibuja los con-
tornos actuales de la Grande Argentina de la década infame, de una Nación para
un desierto de finales del siglo XIX, y despierta la memoria afectiva y política de
nuestros muchos terrores, también de los de la última dictadura.
No es posible obviar esas referencias en el territorio de nuestra historia, es
necesario no hacerlo jamás.
Tengo para mí que la lógica del fascismo social es ante todo una lógica de
despojo, despojados materialmente han de ser los y las segregadas, insultados,
violentados. Despojada es la subjetividad fascista que no puede hacer experiencia
de sí y de los otros que no esté mediada y expresada por alguna forma del odio y
la instrumentalización, cuidadosamente cultivada por la movilización total de la
destrucción que se cuece en los calderos de la existencia capitalista. Se trata, en
palabra de Deleuze, de garantizar una paz terrible, siempre al acecho, siempre en
el corazón de alguna guerra: abyssus ad abyssum invocat.
La pregunta por el fascismo en la era de Cambiemos remite entonces a
algunos análisis, a ciertas constataciones, a tareas diagnósticas, pero también a
una lucha decidida y sin cuartel, con colectiva lucidez, que propugne subjetivi-
dades nuevas, revolucionarias, emancipatorias, anticapitalistas, que las traduzca
en potencia política, potencia de igualdades y libertades sustantivas, de largas
justicias de una vez cumplidas. No se nos pedirá menos, como sentenció Rosa
Luxemburgo: “Hay que dar vuelta un mundo”.
58
Flavia Dezzutto
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59
El regreso de la miseria planificada:
disputa hegemónica y dinámica de acumulación
en Argentina bajo la alianza Cambiemos
Silvia Morón1
Julieta Almada2
Federico Reche3
Sergio Saiz Bonzano4
Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin em-
bargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores
violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política
económica de este gobierno debe buscarse no solo la explicación de sus crímenes
sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la mi-
seria planificada.
Rodolfo Walsh, Carta abierta de un escritor a la Junta Militar (1977)
En el marco de una crisis económica y social cuya magnitud y profundidad
registra pocos antecedentes en la historia reciente de nuestro país, la gran mayoría
de los análisis que la abordan en el debate público a través de los medios masivos
de comunicación, junto a una buena parte de los que se producen desde diferen-
tes ámbitos académicos, encuentran sus causas en el corto plazo y/o en circuns-
tancias externas. Así, a casi tres años de gestión de la alianza Cambiemos al frente
del gobierno nacional, al intentar explicar el deterioro progresivo del conjunto de
los indicadores económicos y sociales desde diciembre de 2015, acelerado a partir
de mayo del corriente año, incontables especialistas remiten sus argumentos –de
1
Doctora en Ciencias Sociales (FLACSO - Sede México). Profesora Titular de Economía Política
(FFyH-UNC) y Economía Política I (FCS-UNC). Profesora Adjunta de Economía Política II y
Desarrollo Económico y Social (FCS-UNC).
2
Licenciada en Historia (FFyH-UNC). Becaria doctoral del CONICET. Doctoranda en
Historia (FFyH-UNC). Profesora Asistente del Curso de Nivelación en Historia (FFyH-UNC).
3
Licenciado en Historia (FFyH-UNC). Becario doctoral del CONICET. Maestrando en
Sociología Económica (IDAES-UNSAM) y Doctorando en Historia (FFyH-UNC).
4
Licenciado en Historia y Doctorando en Historia (FFyH-UNC). Profesor Asistente de
Economía Política I, Economía Política II e Introducción a la Sociología (FCS-UNC).
61
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
modo recurrente y en combinaciones de grado variable– al impacto de ciertas
condiciones internacionales negativas, a “errores” o “inconsistencias” de las deci-
siones de política, a la “falta de coordinación” al interior del equipo económico o
la “incompetencia técnica” de determinados funcionarios.
Nos interesa aquí proponer otra mirada, organizada en torno al análisis de
los fundamentos económico-políticos de la alianza Cambiemos. Considerados
desde este punto de vista, creemos que es posible afirmar que aquellos “errores”
configuran, por el contrario, los objetivos de política que sintetizan el proyec-
to hegemónico del bloque social actualmente dominante; mientras que aquellas
“inconsistencias” –supuestamente derivadas de fallas de coordinación o la in-
competencia de los ejecutores– expresan, más bien, la conjunción de los lími-
tes estructurales de la dinámica dominante de valorización y las contradicciones
internas entre las fracciones del capital que lo impulsan. En el mismo sentido,
entendemos que esta clave de análisis permite no solo comprender la crisis actual
como resultado previsible de las políticas implementadas –antes que de inespe-
rados “shocks externos”–, sino también estimar sus alcances y delinear los trazos
centrales de sus alternativas de desenlace. En este sentido intentaremos mostrar
que, analizado desde la composición del bloque social de fuerzas que expresa, el
conjunto de las intervenciones estatales desplegadas desde diciembre de 2015 por
la alianza Cambiemos adquiere un alto grado de coherencia, tanto en relación a
la orientación de la dinámica económica como en cuanto a su direccionalidad
de clase: todas estas intervenciones se dirigieron a restituir la valorización finan-
ciera del capital como patrón de acumulación dominante, así como a garantizar
su condición estructural de posibilidad mediante la redistribución regresiva del
ingreso en contra de los/as trabajadores/as.5 No obstante, desde nuestro punto
de vista, el objetivo estratégico del proyecto hegemónico hoy expresado por la
alianza Cambiemos excede con creces una mera voluntad restauradora: por esa
vía aspira a introducir un conjunto de transformaciones sustantivas que, en con-
5
Numerosos autores coinciden en señalar que la última dictadura cívico-militar argentina
interrumpió deliberadamente el proceso de industrialización sustitutiva e impuso, mediante
el terrorismo de Estado, un nuevo régimen de acumulación (Basualdo, 2006). Sintéticamente,
según esta interpretación, el nuevo régimen de acumulación por valorización financiera, que
se mantuvo vigente –aún bajo gobiernos democráticos– hasta el año 2001, importó una nueva
modalidad de reproducción ampliada del capital que se organizó en torno a la apropiación –vía
renta financiera– de la redistribución del ingreso en contra de los trabajadores, en una dinámica
que articuló de modo estructural el endeudamiento externo y la fuga de capitales. Las fracciones
del capital dominantes contrajeron deuda externa para luego realizar colocaciones en activos
financieros en el mercado doméstico, valorizándolos a partir de la existencia de un diferencial
positivo entre la tasa de interés interna y la internacional, para fugarlos posteriormente al exterior.
La intervención estatal resultó central para garantizar este proceso mediante diversos mecanismos,
entre los cuales el principal fue financiar la fuga de capitales a través del endeudamiento externo
del sector público.
62
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
sonancia con la tendencia que se advierte en la mayoría de los países de la región
durante los últimos años, se orientan a clausurar el (re)surgimiento de proyectos
alternativos de base popular.
1. Bloque social dominante y dinámica de acumulación
Antes que una simple alternancia entre coaliciones políticas de distinto
signo, el recambio presidencial derivado del triunfo electoral de la alianza Cam-
biemos en noviembre de 2015, dio cuenta de la consolidación de un nuevo blo-
que social de poder dominante, conformado por el capital financiero y el capi-
tal extranjero (siendo la primera de estas fracciones la que devino en dirigente
durante esta etapa), junto a la burguesía agropecuaria y los grupos económicos
locales.6 Como intentaremos mostrar, su inserción estructural, así como sus ob-
jetivos e intereses comunes orientan la direccionalidad de la intervención estatal
desplegada por la administración de Cambiemos, especialmente el conjunto de
su política económica.
Al mismo tiempo, considerado en perspectiva histórica, entendemos que el
objetivo estratégico de este bloque de fuerzas y las políticas desplegadas en estos
años se inscriben, con modalidades y características propias, en el marco de un
proyecto refundacional de mayor alcance: aquel que orientó a la última dictadu-
ra cívico-militar en nuestro país, profundizado fundamentalmente mediante las
reformas estructurales introducidas durante la década de 1990. Como entonces,
hoy el bloque dominante procura instituir un conjunto de transformaciones y
condicionamientos que profundicen nuestra condición dependiente, con el an-
helo de volverla irreversible.
Creemos que esta clave posibilita comprender el alcance de las significa-
tivas coincidencias entre la dinámica económico-política de la etapa actual y la
que caracterizó al período 1976-2001; coincidencias que exceden las sugerentes
similitudes de buena parte del conjunto de políticas aplicadas, los fundamentos
conceptuales en los que abrevan y los argumentos bajo los cuales se presentan
en el debate público. Desde nuestro punto de vista, por su mayor relevancia
explicativa cabe resaltar centralmente la correspondencia que existe entre las frac-
6
Cabe resaltar que estas fracciones del capital integraron el bloque social dominante en nuestro
país entre los años 1976 y 2001 pero con una jerarquía interna y liderazgos diferentes. En efecto,
en aquella etapa la burguesía agropecuaria y el capital financiero fueron socios en un bloque
en que la dirección política fue ejercida por la oligarquía diversificada; función dirigente que
se acompasó, durante la mayor parte de ese largo periodo, con la predominancia económica al
interior de la dinámica de acumulación (Basualdo, 2001). En ese sentido, el carácter “novedoso”
que señalamos pretende destacar tanto el cambio operado en relación a la etapa inmediata
anterior, como el rol dirigente asumido actualmente por el capital financiero internacional.
63
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
ciones del capital que integran el bloque de poder dominante, la imposición de
la valorización financiera como patrón de acumulación y la primarización de la
estructura productiva resultante, al igual que el endeudamiento externo como
mecanismo privilegiado de (re)distribución del excedente y condicionamiento
estructural.
Sin embargo, tal como señalábamos hace un momento, la alianza Cam-
biemos se inscribe dentro de aquel proyecto refundacional con características
específicas. Dos de ellas nos interesan puntualizar aquí. En primer término, y
en evidente contraste con la última dictadura cívico-militar, el bloque de cla-
ses expresado en Cambiemos accedió al control del Poder Ejecutivo Nacional
mediante elecciones libres y competitivas. En otras palabras, aun considerando
el significativo deterioro del Estado de derecho y la institucionalidad democrá-
tica que han signado esta etapa, dicho bloque de clases devino políticamente
dominante en la medida que logró construir y articular una serie de consensos
sociales, vinculados –central, aunque no exclusivamente– al diagnóstico de los
principales “problemas económicos” nacionales, validándolos electoralmente en
dos oportunidades.
Aún así, en cierto sentido, ello no entraña estrictamente una novedad, en
la medida en que la valorización financiera impuesta por dicho bloque de poder
mediante la última dictadura cívico-militar, aún con su carácter inherentemente
regresivo y socialmente excluyente, se mantuvo como patrón de acumulación do-
minante entre 1983 y 2001 bajo diferentes gobiernos electos democráticamente.
En ese marco, la segunda característica específica que nos interesa destacar aquí es
que, mientras durante dicho período la dominación de este bloque social requi-
rió de la mediación del conjunto del sistema político y especialmente su estruc-
tura de partidos tradicionales, actualmente aquella es ejercida de modo directo
por las diferentes fracciones del capital que conforman el bloque dominante.
Esta novedosa estrategia de representación directa a la que aludimos no refiere
única ni principalmente a la pertenencia o la trayectoria previa que comparten,
mayoritariamente, el nuevo elenco de funcionarios de primera línea al interior
del gabinete nacional. Su alcance es más vasto y profundo ya que incluye la cons-
trucción de una estructura partidaria orgánica y propia,7 en el marco de las pro-
fundas transformaciones que introdujo en el sistema político argentino la crisis
de representación que inauguró el siglo XXI. Diseñada a partir de sus intereses,
orientada por sus objetivos de conjunto y cimentada en torno a la programática
neoliberal, dicha estructura permitió a las fracciones del capital hoy dominantes
acceder –por vía electoral– a la conducción del gobierno central y a la coloniza-
ción de posiciones estratégicas al interior del Estado, desde las cuales apropiarse
7
Inscripta en los registros electorales en 2005 e inicialmente nominada Compromiso para el
Cambio, esta devino en Propuesta Republicana (PRO) a partir de 2008.
64
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
de rentas de privilegio y desplegar una embestida frontal contra la totalidad de la
clase trabajadora.
Este elemento no solo debe ser destacado atendiendo a la ratificación elec-
toral que Cambiemos obtuvo en las pasadas elecciones de medio término, cuan-
do las principales políticas que expresaban su orientación estratégica habían sido
ya instrumentadas; las contradicciones con su plataforma electoral inicial y sus
compromisos durante la campaña presidencial eran ya evidentes; e incluso, sus
consecuencias económicas y sociales comenzaban a ser palpables para las gran-
des mayorías. Lo resaltamos aquí porque consideramos que la forma específica
que asumió esta estrategia de representación directa es un elemento sustancial al
intentar comprender tanto la vertiginosidad con la que se introdujeron, como
la profundidad que alcanzaron el conjunto de transformaciones que alteraron
radicalmente la dinámica de acumulación. Asimismo, dicha estrategia configuró
el modo en que las contradicciones –secundarias– entre las distintas fracciones
que conforman el bloque dominante, han sido y son procesadas a su interior;
modalidad específica que, creemos, permite dilucidar tanto ciertas decisiones
aparentemente erráticas en materia de política económica, como así también la
configuración de la actual crisis y su desarrollo.
Dedicaremos entonces los próximos apartados de esta sección a presentar
la unidad de intereses que articula al bloque social actualmente dominante, al-
gunos rasgos centrales del proyecto hegemónico de mayor alcance en el que se
inscribe, así como ciertas particularidades que instituye esta nueva modalidad de
mediación política. Confiamos en que estos elementos permitirán enriquecer el
análisis posterior de la política económica de la alianza Cambiemos, así como
delimitar las razones principales que explican –según creemos– la inestabilidad
creciente de la dinámica de acumulación imperante.
1. 1. El consenso de los intereses
Consideradas desde su inserción estructural, el capital financiero, el capital
extranjero, la burguesía agropecuaria y la oligarquía diversificada comparten un
conjunto de intereses comunes: un marco objetivo de coincidencias que surge de
sus propias lógicas de reproducción ampliada en tanto fracciones del capital. Ello
habilita la posibilidad de que se unifiquen con el propósito de imponer una de-
terminada modalidad de acumulación: aquella que mejor se adecúe a la realiza-
ción de dichos intereses; dinámica de acumulación que requiere, necesariamente,
de formas específicas de intervención estatal.
En ese sentido un punto central a destacar es que los niveles de empleo y
de salarios les son prácticamente indiferentes para su dinámica de reproducción,
ya sea porque operan con prescindencia del volumen del mercado interno (como
en el caso del conjunto del sector financiero y del sector transable, tanto agro-ex-
portador como industrial); ya porque captan cuasi-rentas de privilegio (Notcheff,
65
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
1994), bien por su control de mercados cautivos, en condiciones oligopólicas
y bajo (des)regulaciones estatales que les favorecen (como en el caso del sector
energético) o bien por su participación en lo que Schvarzer (1979) denomina
como el complejo económico estatal-privado (tal es el caso de las constructoras
contratistas del Estado). A diferencia de otras fracciones del capital cuya repro-
ducción depende enteramente del consumo interno privado, la reducción de los
salarios reales medidos en dólares –incluso por debajo de los niveles de subsisten-
cia– configura un objetivo sustancial para estos sectores. No solo porque compri-
me su estructura de costos e incrementa su tasa de plusvalor, sino –centralmen-
te– porque la disminución de la participación del conjunto de asalariados/as en
el ingreso nacional opera como condición de posibilidad de la apropiación de
excedente que es consolidado como ahorro externo en dinero mundial (divisas),
a través de la fuga de capitales.
Desde nuestro punto de vista, el núcleo de coincidencias objetivas que aca-
bamos de presentar sucintamente ayuda a comprender, como adelantáramos, la
direccionalidad global de la intervención estatal desplegada por Cambiemos, espe-
cialmente el conjunto de su política económica. De allí que la devaluación, la libe-
ralización financiera y del mercado de cambios, junto al endeudamiento externo,
por ejemplo, hayan sido objetivos centrales y complementarios de política a partir
de 2015. Igualmente debemos señalar que las fracciones del capital que integran
el bloque dominante mantienen entre sí diferencias estructurales: contradicciones
secundarias que, ante la debilidad relativa del conjunto de la clase trabajadora y
las fracciones del capital subordinadas durante esta etapa, han cobrado especial
relevancia. El principal ejemplo de ello son las tensiones en torno al nivel del tipo
de cambio, recrudecidas a partir de mayo de 2018 cuando se desató la corrida
cambiaria aun latente, manifestación más inmediata y evidente de la crisis actual.
Antes de avanzar en torno a estos puntos, quisiéramos presentar aquí otra
dimensión del consenso de intereses que aglutina al bloque social dominante:
aquella que excede sus coincidencias económico-corporativas, se proyecta como
vocación hegemónica e inscribe a la alianza Cambiemos dentro del proyecto
refundacional de mayor alcance al que referíamos. En este sentido considera-
mos que, como en 1976, dicho bloque de fuerzas se encuentra unificado por un
objetivo estratégico (destruir las bases sociales de cualquier alternativa de corte
nacional-popular),8 que estructura –hoy como ayer– su programática ético-po-
lítica (neoliberal).9
8
Por cierto, por su carácter estratégico, este objetivo comprende múltiples dimensiones, que
se extienden desde el campo geopolítico hasta el epistemológico. Por razones de espacio y
pertinencia no podremos precisarlas aquí.
9
Delimitamos aquí al neoliberalismo como una programática ético-política; es decir, un tipo
de proyecto con vocación hegemónica que, mediante la articulación de dispositivos discursivos
y extra-discursivos, se orienta a instituir una forma particular de relación entre los sujetos y del
66
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
Interpelado en esta clave, el cambio, como noción que funcionó de nú-
cleo central de articulación de sentidos al interior de la discursividad macrista
desde sus inicios, adquiere nuevos alcances. No solo logró configurarse como
un significante vacío –en los términos de Laclau y Mouffe (1987)– de creciente
potencia electoral gracias, precisamente, a su indeterminación deliberada en tor-
no a su orientación, su magnitud y sus implicancias.10 Aun cuando creemos que
estas eran previsibles, en su materialización a partir de 2015 aquella noción se
especifica y adquiere así, desde nuestro punto de vista, una particular densidad y
profundidad históricas: sintetiza un viejo proyecto bajo nuevas formas. Tal como
sostienen Laval y Dardot (2013) en su análisis de la racionalidad neoliberal,
el conservadurismo ha cambiado de rostro y ha querido mostrarse como
una «revolución» o una «ruptura» con el pasado en nombre de los va-
lores de la modernidad. La nueva derecha ha querido presentarse como
una fuerza anticonservadora y «antisistema», que tiene en sus manos el
monopolio de la reforma y el cambio, aprovechando de este modo a
su favor el descontento de las fracciones populares y recurriendo para
ello a un populismo anti-élite y anti-Estado, a menudo teñido de xe-
nofobia. Una de las constantes de la retórica de la nueva derecha ha
consistido en movilizar la opinión contra los «derroches», los «abusos»
y los «privilegios» de todos los parásitos que supuestamente pueblan la
burocracia y viven a expensas de la sana población honrada y laboriosa.
(2013, p.293)
sujeto consigo mismo. En este marco, la especificidad de la programática neoliberal importa para
nosotros una concepción agregacionista de lo social, fundada en la interpelación al individuo
como marco excluyente de referencia; un ethos fetichizado, que instituye la obligación de elegir
bajo la forma de la libertad de elegir; una forma particular de racionalidad, estructurada en
torno a la competencia; así como una modalidad singular de subjetivación, sintetizada en la
figura del emprendedor –como voluntad artífice de sí– y orientada por la valorización indefinida;
elementos que, asimismo, se encuentran «encastrados» –en el sentido propuesto por Polanyi–
con la dinámica de valorización financiera del capital. Cabe señalar que esta propuesta de
conceptualización recupera los significativos aportes de Laval y Dardot (2013), quienes definen
al neoliberalismo como «razón global» –en sus dos sentidos: mundial y totalizadora–, aunque
implica al mismo tiempo un conjunto de desplazamientos en relación al espacio categorial
foucaultiano –y sus efectos teórico-políticos– en el que se sitúan estos autores, como hemos
intentado precisar en otro trabajo (Saiz Bonzano, 2018).
10
“Somos argentinos convencidos de que el cambio que queremos para nuestro país es posible
y que podemos hacerlo realidad mirando hacia adelante juntos”; así inicia su presentación
institucional Propuesta Republicana (PRO) en su página web, más que ilustrativa en este sentido
(recuperado de: [Link] Igualmente, las consignas electorales de Cambiemos fueron
formuladas apelando a múltiples generalizaciones (“unir a los argentinos”, “pobreza cero”,
“revolución de la alegría”, etcétera), especial e intencionadamente imprecisas en relación a los
instrumentos y las decisiones a adoptar para “alcanzar” esas metas.
67
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
El cambio consiste así en una transformación abrupta y radical del Estado,
la estructura productiva y la sociedad en su conjunto. Su objetivo estratégico no
es otro que el que orienta al bloque social de poder que lo sustenta: “reorganizar
la nación”, refundarla sobre nuevos cimientos; este es, según entendemos, el pro-
pósito –oculto– de la “revolución de la alegría”. Se trata, en suma, de suprimir
toda posibilidad de desarrollo nacional autónomo y subordinar de este modo,
definitivamente, a sus principales protagonistas: el conjunto de los sectores po-
pulares y, especialmente, el movimiento obrero organizado.
En la tarea de construir consensos mayoritarios en torno a este objetivo,
destaca la insistente y recurrente coincidencia entre intelectuales y expertos orgá-
nicos a las clases dominantes quienes, desde hace décadas, apuntan en una misma
dirección al momento de encontrar las razones –económicas, sociológicas, polí-
ticas, históricas– de “los males que aquejan a la Argentina desde hace 70 años”.
Si tuviéramos que sintetizar sus conclusiones en una frase, bien podría ser la
siguiente: “El problema de la Argentina tiene un nombre: se llama peronismo”.11
Coincidiendo con este diagnóstico, Federico Sturzenegger, primer presi-
dente del Banco Central durante la gestión de Cambiemos y Secretario de Polí-
tica Económica de la primera Alianza durante el fatídico año 2001, vincula los
problemas del crecimiento económico con la inestabilidad política y afirma:
en el caso de Argentina esa inestabilidad está dada justamente por su
configuración política con un partido relativamente importante que es
el Partido Peronista, que hace que cuando están en el gobierno, en cier-
to sentido, no tiene muchos controles justamente por esa preeminencia
política [sic]. (Sturzenegger, 2017, p.54)
Una lectura apresurada de este diagnóstico parecería sugerir que “el Partido
Peronista” es el principal obstáculo al que se enfrenta aquel proyecto refundacio-
nal para alcanzar su objetivo estratégico. Sin embargo, dicha lectura no permite
dimensionar los verdaderos desafíos que este afronta, ya que no se trata de lograr
subordinar –solo– a un partido político.12 Antes bien, el problema se sitúa, según
11
La desembozada prosa de Ricardo Zinn en La segunda fundación de la República (1976),
resume esta tesis de modo paradigmático: “De 1943 a 1946 comienza la era demagógica a la que
pronto se habrá de sumar el populismo y de esa fórmula lóbrega, populismo más demagogia,
habrá de nacer la Argentina inválida que hemos heredado. La interminable fiesta permisiva, en
la que los gobiernos peronistas declinaron su deber de conductores y elevaron a la categoría de
conquista nacional el sometimiento de la responsabilidad del poder político por el capricho de la
puerilidad populista, encerraba una trampa. Cuando un gobierno proclama que solo hará lo que
el pueblo quiera, es porque ha encontrado las formas ocultas de domesticarlo para que quiera lo
mismo que desea el gobierno” (Zinn, 1976, p.43).
12
De hecho, puesto en esos términos, debe señalarse que el bloque social dominante ha logrado
–en diferentes coyunturas, por diversos mecanismos y con distintos grados de profundidad– no
solo subordinar parte de la estructura partidaria del justicialismo, sino incluso –actualmente– a
un partido centenario con presencia territorial nacional como la Unión Cívica Radical.
68
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
la perspectiva de los sectores dominantes, en la propia configuración del sistema
político y, más precisamente, en los “desbalances” y las “distorsiones” que –siem-
pre desde su mirada– introdujo a su interior el peronismo: una lógica clientelar y
prebendaria; un Estado sobredimensionado, tutelar y dirigista; etcétera. Es más:
en términos de la construcción de hegemonía, el problema alcanza a las comple-
jas y profundas solidaridades colectivas que la propia identidad peronista articula
y expresa.
Es en torno al sentido profundo de este diagnóstico central y con la in-
tención de convertirlo en una verdad extendida que, desde 1976 al presente, los
intelectuales y expertos orgánicos a las clases dominantes han delineado discursi-
vamente aquel proyecto refundacional. Así, “agotado el populismo”,
llegaba la hora de construir de modo definitivo una verdadera economía
de mercado libre, en la cual los procesos de producción, distribución y
consumo sean regidos por el mercado, espacio donde naturalmente y
sin arbitrariedades políticas se define la asignación de recursos.
La construcción de la economía libre, sin embargo, no se agotaba para
los intelectuales y expertos en sustituir el intervencionismo estatal por
un Estado constructor de situaciones de mercado, sino que, al mismo
tiempo, la contrainteligencia por ellos impulsada contra las concepcio-
nes “colectivistas” tenía como finalidad iniciar una profunda recons-
trucción ética y moral de la sociedad. (...) la construcción de una eco-
nomía libre sobre la base de hábitos y pensamientos “colectivizados” y
“colectivizantes” estaba destinada al fracaso, por ello, la transformación
económica debía articularse con lo que el Ministerio de Economía di-
rigido por Martínez de Hoz llamó, entre 1976 y 1981, “un cambio de
mentalidad”. (...) Este suponía la construcción de un nuevo individuo,
cuya subjetividad y racionalidad se estructurara sobre bases completa-
mente diferentes a las anteriores. La ruptura con la cultura constituída
por la industrialización y el peronismo significaba (...) la construcción
de una subjetividad constituída por el cálculo individual, maximizador
y eficiente, la competencia permanente y la persecución de una auto-
superación (auto-valorización) indefinida. (Gerchunoff, 2018, pp.149-
150, cursivas en el original)
Según consideramos, se encuentran aquí las claves centrales de la progra-
mática neoliberal en torno a la que se organizó y se organiza, a nivel ético-polí-
tico, el proyecto hegemónico del bloque social actualmente dominante. De allí
que, en la tarea de construir un nuevo tipo de subjetivación, el lenguaje perfor-
mativo utilizado por Cambiemos apela sistemáticamente a la articulación entre
el espíritu privado de empresa, el voluntarismo y una visión emprendedorista de
los individuos:
69
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
Creemos que la función pública es servicio. Que las personas necesitan
herramientas y ayuda para desarrollarse y avanzar con su deseo en un
mundo complejo y desafiante.
Creemos en el talento, la creatividad y el entusiasmo de los argentinos
para hacerse cargo de su vida y de sus problemas. Apostamos a la volun-
tad de emprender, es nuestra oportunidad de mostrarle al mundo todo
lo que somos capaces de lograr cuando estamos juntos.13
Así, emprendedurismo, voluntariado y espíritu de empresa no solo permean
las políticas educativas, culturales, sociales y laborales del gobierno nacional, sino
que se constituyen como los valores dominantes de una gestión pública que expresa
una estética festiva y un liderazgo propio de un team leader empresarial (Vommaro,
2014).14 En ese sentido, se resignifica radicalmente también el rol del Estado, que
asume al crear oportunidades de negocios y el potenciar las energías privadas como
dos de sus principales objetivos (Cao y Laguado Duca, 2018).
La explícita y promocionada decisión presidencial de encargar la direc-
ción de las funciones ejecutivas del Estado a hombres con expertise empresarial,
retoma y potencia así una noción estructurante de la programática neoliberal:
asimilar las características, funciones y lógicas del Estado a las de los restantes
“agentes económicos” (familia, empresa), equiparando –cuando no directamen-
te subsumiendo– la gestión pública a la privada. En este marco, la supremacía
numérica de los CEOs en la administración pública nacional que analizaremos a
continuación se presenta discursivamente en torno a un conjunto de oposiciones
binarias, donde eficiencia, expertise y modernización se postulan como caracterís-
ticas inherentes al ámbito privado; mientras que lo público es sistemáticamente
asociado a lo ineficiente, lo corrupto y lo antiguo (Canelo y Castellani, 2016).
Se trata, en cierto modo, de introducir criterios propios de la administración
privada en lo público (Cao, Rey y Laguado Duca, 2016), cuyo objetivo último es
la privatización de los criterios que orientan la jerarquización, la orientación, el
diseño y la ejecución de las políticas públicas en su conjunto. Así, la gestión del
Estado bajo el modelo de la empresa,
no se da como objetivo corregir sistemáticamente los «fracasos del mer-
cado» en función de objetivos políticos que se juzguen deseables para el
bienestar de la población. Su meta es, en primer lugar, crear situaciones
de competencia que supuestamente son ventajosas para los más «aptos»
y los más fuertes, así como para adaptar a los individuos a la compe-
13
Recuperado de [Link]
14
Vale recordar aquí que La rebelión de Atlas, en el que se promueve la creatividad individual a
partir de la libertad de mercado, fue reconocido por el presidente Mauricio Macri como su libro
de cabecera.
70
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
tencia, considerada fuente de todo lo que es beneficioso. (...) Por eso
las tecnologías del management privado son consideradas remedios más
eficaces a los problemas planteados por la gestión administrativa que las
reglas del derecho público. (Laval y Dardot, 2013, p.291, cursivas en
el original)
Bajo la entera subordinación que aquí subyace de la gestión pública a la
lógica del capital (que solo reconoce la maximización del beneficio como única
ley), se acaba finalmente por reposicionar al empresariado como el único sujeto
capaz de liderar el “necesario” proceso de transformación estructural de la socie-
dad. Es al interior de esta programática neoliberal, donde se inscribe la nueva
modalidad que asume la representación de intereses bajo la alianza Cambiemos.
1. 2. La CEOcracia como problema
La participación de representantes sectoriales en funciones de gobierno,
fundamentalmente aquellos vinculados a las distintas fracciones del capital, sus
entidades corporativas y sus aparatos ideológicos orgánicos, registra numerosos
antecedentes en nuestro país. No obstante, la especificidad que ella asume en la
etapa actual y su contraste con las experiencias históricas previas debe ser precisa-
da atendiendo a su nueva modalidad, profundidad y alcance.
En efecto, limitándonos a sus momentos más álgidos en nuestra historia
reciente, tanto durante la última dictadura cívico-militar como en la década de
1990 dicha participación tuvo un carácter localizado, según áreas o carteras y
niveles jerárquicos de los funcionarios. Así, aunque decisiva en la gestión públi-
ca, la incorporación de representantes de estos intereses de clase a funciones de
gobierno fue focalizada (principalmente en áreas consideradas claves), dirigida
desde el exterior hacia el Estado (como resultado de diversos tipos de presiones,
negociaciones y/o acuerdos), y se encontraba mediada por la cogestión con las
Fuerzas Armadas o con las diferentes representaciones de los partidos mayorita-
rios tradicionales del sistema político argentino.
En contraste, la administración de la alianza Cambiemos representa el ac-
ceso empresario a posiciones al interior del Estado en una profundidad y escala
novedosa, como puede advertirse en la composición del gabinete nacional a nivel
de ministerios, secretarías y direcciones, y tal como sintetiza la trayectoria del
propio presidente Mauricio Macri. Al mismo tiempo, esta suerte de captura a
escala de las principales funciones ejecutivas al interior del Estado por parte de las
fracciones de capital que integran el bloque dominante presenta otra particulari-
dad: la presencia masiva de funcionarios que se desempeñaron como directores
ejecutivos (CEOs, por sus siglas en inglés) de firmas y conglomerados que com-
ponen la cúpula empresarial, expresión de los sectores más concentrados de la
71
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
economía nacional. Este carácter novedoso de la administración de Cambiemos,
ha sido sintetizado en diversos análisis bajo la fórmula de “gobierno de los CEOs”
o CEOcracia, procurando con ello destacar ciertos rasgos comunes y singulares
que presenta el elenco de funcionarios nacionales, vinculados a sus procedencias
y trayectorias previas, sus ámbitos de formación y sus formas de reclutamiento.
En ese sentido, estudios como los del Centro de Investigación y Formación
de la República Argentina (CIFRA-CTA) y del Observatorio de las Élites Argen-
tinas IDAES/UNSAM, resaltan que dichos funcionarios provienen mayorita-
riamente de empresas privadas y/o cuentan con formación en ámbitos de ense-
ñanza que estratégicamente asumen el rol de formación y preparación de grupos
dirigenciales empresarios.15 Estas indagaciones han demostrado también que la
mayoría de los ministros y secretarios nacionales provienen de cargos directivos
de empresas nacionales y extranjeras,16 organizaciones gremiales empresarias, or-
ganizaciones de técnicos e intelectuales de la economía, así como de estudios
jurídicos o consultoras vinculadas al mundo empresario;17 en efecto, solo una
15
Sus credenciales educativas expresan que, frente a la tradicional formación universitaria pública
de los funcionarios estatales, el gabinete de Cambiemos destaca por la gran participación de
personal cuya formación –de grado y posgrado– se desarrolló en universidades privadas (Canelo
y Castellani, 2016). Destacar este punto es de suma relevancia, ya que estas constituyen núcleos
históricos de formación de intelectuales orgánicos de las clases dominantes, que se inscriben a
su vez dentro del conjunto más amplio que conforman sus aparatos ideológicos y que incorpora
múltiples usinas de pensamiento como FIEL, CEMA y FM-IERAL, por citar las principales
(CIFRA, 2016).
16
La gran mayoría de representantes directos provienen de lo que hemos identificado como
las fracciones que lideran el nuevo bloque social dominante, el capital financiero y el capital
extranjero. En efecto el gobierno fue formado con integrantes provenientes de bancos, financieras
o consultoras internacionales ligadas al mundo de las finanzas (como Compass Lexecon, JP
Morgan, HSBC, Deutsche Bank, ICBC, Goldman Sachs, Citibank, Morgan Stanley, Thomson
Reuters); empresas energéticas (tales como Shell, Pan American Energy, Total, Wintershall
Energía, Edenor, Edesur, Axion, Duke Energy); firmas trasnacionales líderes en distintos sectores
(Telecom, Telefónica, General Motors, DirecTV, LAN, L’Oreal); y, minoritariamente, de grupos
económicos locales (Arcor, Techint, Banco Galicia, Grupo Pegasus). Al respecto, véase Canelo y
Castellani (2017) y CIFRA (2016).
17
La mayoría de las cámaras empresariales ubicaron dirigentes entre los funcionarios claves.
Sugerentemente, al margen de algunos grupos económicos locales que ya hemos destacado por
su participación con miembros provenientes de sus filas, la oligarquía diversificada ha plasmado
su participación a través de mediaciones gremiales empresarias. Este es el caso de la Asociación
Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA); la Coordinadora
de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL); la Confederaciones Rurales Argentinas
(CRA); la Unión Industrial Argentina (UIA); el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG);
la Asociación Argentina de Energía Eléctrica (ADDERA); la Asociación Argentina de Productores
de Granos (APROGRAN); la Cámara de Agentes Independientes de Inspección de la República
Argentina (CAIDIRA); el Colegio Argentino de Ingenieros de Minas (CADIM) y la Cámara
de Feedlot. Una constatación de este tipo puede realizarse también al considerar funcionarios
provenientes de distintas fundaciones, consultoras y estudios jurídicos y contables vinculados al
72
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
minoría de funcionarios proviene de la gestión pública, vinculados en general a la
experiencia de gestión PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Canelo y
Castellani, 2016 y CIFRA, 2016). Al mismo tiempo, este tipo de investigaciones
ha destacado que la presencia de funcionarios de origen empresario dentro del
gabinete es muy dispar y se concentra en Jefatura de gabinetes de ministros, las
secretarías de presidencia, los Ministerios del Interior y Modernización, junto a
las carteras vinculadas a la gestión económica (hacienda, energía, producción,
agroindustria). En ese sentido, cabe resaltar que estas dos últimas concentran las
representaciones provenientes de las organizaciones gremiales empresarias, aun-
que las corporaciones patronales ubicaron miembros en la Jefatura de gabinete,
Ministerio del Interior y el Banco Central, pero también en salud, cultura y tra-
bajo (Canelo y Castellani, 2016).
Aunque esclarecedores y contundentes, los estudios que se concentran ex-
clusivamente en el origen empresarial de los funcionarios estatales –así como
la noción CEOcracia– sin mayores precisiones, conlleva el riesgo de suponer
que existe una identificación inmediata o traslación automática de los intereses
de clase en su proceso de expresión y representación (individual o colectiva);
desconociendo que la propia noción de intereses de clase involucra el proceso de
lucha en el que estos se definen y refiere al resultado de un complejo construc-
to social, determinado por elementos estructurales, ideológicos y políticos. En
otras palabras, el riesgo al que aludimos conlleva una suerte de reduccionismo
economicista en el que la práctica de los agentes es derivada –a priori– de la mera
pertenencia a determinado grupo social, cierto tipo de trayectoria (profesional o
educativa), etcétera. De allí nuestro énfasis previo en cuanto a las transformacio-
nes operadas en torno al tipo de mediación política que supuso la exitosa estrate-
gia de representación directa de intereses implementada por el bloque de poder
actualmente dominante, y que configura una de las principales notas distintivas
de la alianza Cambiemos en términos históricos.
En este sentido, un primer punto a destacar es que el tipo de configura-
ción del gabinete nacional resultante de esta nueva forma de mediación política,
pone en evidencia los notorios conflictos de intereses que supone la denominada
“puerta giratoria”, en alusión a la incorporación de empresarios –hasta hace un
momento ejecutivos y accionistas– a funciones estatales que involucran la regu-
lación, control, etcétera, de esos mismos intereses sectoriales (Castellani, 2018).18
ámbito empresario. Al respecto son muy esclarecedores los informes y documentos de CIFRA
(2016) y del Observatorio de las Elites Argentinas (Canelo y Castelani, 2016).
18
Uno de los casos más paradigmáticos es el de la cartera dirigida hasta junio de 2018 por
el ex-CEO de Shell Argentina, Juan José Aranguren: en Energía la mitad de los funcionarios
desempeñaron un alto cargo directivo en compañías internacionales y nacionales del sector
energético (Axion Energy, Exon Mobil, Bridas, ESSO, EDESUR, CAMMESA, Pan American
Energy, Shell y Repsol-YPF), algunos de los cuales ocupaban un puesto de alta gerencia
73
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
No obstante, este tipo de circulación de representaciones entre el sector privado
y el sector público, débilmente reglamentada, no implica perjuicios sociales so-
lamente por el uso de instrumentos estatales para el beneficio de los particulares
o sus empresas de origen (algunos de los cuales, incluso, continúan percibiendo
sueldos de manera diferida por medio de “bonos” o “compensaciones” de sus
“antiguos empleadores”). Tampoco sus efectos profundos se agotan en las rentas
extraordinarias a las que pueden dar lugar de manera ocasional, aunque previsi-
ble, tanto el acceso a información sensible o privilegiada, como el conocimiento
sobre normas, lógicas de funcionamiento y/o vínculos personales. Antes bien,
esta estrategia de representación de los intereses de las fracciones del capital que
conforman el bloque dominante impactó de modo directo en la fuerza y el alcan-
ce con el que operó la colonización de la decisión estatal, por parte de empresas
que estructuran el eje de sus negocios en el vínculo con el Estado o lo constituyen
de manera directamente dependiente de la decisión estatal. En otras palabras,
la referida captura de posiciones estratégicas al interior del Estado impacta en
la consecuente capacidad de restablecer o conformar ámbitos privilegiados de
acumulación: “es decir, espacios en donde las empresas privadas involucradas
obtienen ganancias extraordinarias derivadas de la existencia de privilegios insti-
tucionalizados y no institucionalizados generados por el accionar estatal” (Cas-
tellani, 2009, p.23).
Sin embargo, los elementos que hemos presentado hasta el momento no
expresan acabadamente aun la especificidad de la alianza Cambiemos. Tanto la
predominancia de la programática neoliberal y su vocación por mercantilizar el
conjunto del espacio social, como la apropiación de rentas extraordinarias me-
diante la conformación de ámbitos privilegiados de acumulación, entre otros
aspectos señalados hasta aquí, caracterizaron también el periodo 1976-2001. En
este sentido, quizá el rasgo más distintivo de la etapa actual es la organización del
gabinete de ministros a partir del modelo de dirección de la gran empresa. Así,
en abierta incongruencia con las permanentes alusiones a la necesidad de ajustar
el gasto fiscal, dicho modelo dio lugar a la multiplicación de unidades y cargos
de gestión, junto a la creación de un sistema de dirección con gerencias de con-
trol, que se centralizaron en torno a la Jefatura de Gabinete (especialmente en las
figuras de Marcos Peña, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana).
De este modo, la proliferación de ministerios, secretarías, subsecretarías
y direcciones nacionales, se configuró así como condición de posibilidad para
la consumación de la estrategia de representación directa de las diferentes frac-
ciones dominantes: mediante su incorporación a posiciones estratégicas para sus
intereses inmediatos, se desplegó así una suerte de distribución de “zonas de
ocupación” sobre el territorio estatal entre las diferentes fracciones del capital,
inmediatamente antes de asumir el cargo público (Canelo y Castellani, 2017).
74
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
según su predominancia al interior del nuevo bloque dominante.19 La escala y
profundidad de esta distribución de las funciones de gobierno al modo del re-
parto del botín entre vencedores, alteró radicalmente las tradicionales formas de
negociación política, construcción de lealtades e incorporación de aliados a la
gestión gubernamental. Se conformó así un nuevo tipo de mediación política
que permitió desplegar una estrategia de representación de intereses igualmente
novedosa, sintetizada en la masiva presencia de CEOs en la conducción de dife-
rentes carteras del Estado.
Esta nueva forma de mediación política, junto a las sustantivas asimetrías
entre el PRO y sus socios menores dentro de la “segunda Alianza”, ponen en
evidencia rasgos propios y contradicciones –secundarias, pero de raíz estructu-
ral– del nuevo bloque social dominante y su proyecto hegemónico, impulsado
desde la gestión estatal. Desde este punto de vista, los profundos problemas de
coordinación, coherencia y cohesión que evidenció la gestión, no se explican
solamente por la superposición de funciones y ámbitos de actuación al interior
de la administración nacional. Antes bien, resultan un componente inherente de
la triunfante estrategia de representación directa de los intereses inmediatos de
cada una de las fracciones del capital que lo sustentan, provocando una notable
y persistente exhibición de los conflictos intra-capital en la dinámica política;
contradicciones que solo encuentran una resolución –siempre provisoria y par-
cial– dentro de la dinámica de gestión estatal, a partir de la intervención de la
decisión presidencial.
En este sentido, la necesaria intervención del Presidente en torno a nu-
merosos y recurrentes conflictos sectoriales que se expresan como desacuerdos
entre su propio elenco de funcionarios, se constituyó como imprescindible para
restituir el inestable equilibrio de fuerzas al interior del propio bloque dominan-
te. Al mismo tiempo, la visibilización recurrente de estas contradicciones y la
consecuente necesidad de la mediación presidencial en el debate público, acabó
erigiéndose en un elemento nodal del desgaste del propio Mauricio Macri, quien
pone en juego sistemáticamente por entero su capital político ante cada conflicto
entre las decisiones estratégicas que adoptan sus funcionarios, y que resultan a to-
das luces contradictoras entre sí. Incontables situaciones y tensiones de este tipo
pueden referirse para dimensionar este punto; para mencionar solo una de ellas:
la inconsistencia entre el objetivo de reducir la tasa de inflación –primordial para
19
El cambio referido en la modalidad de articulación de las elites políticas y elites económicas
complejiza, asimismo, el tradicional problema argentino respecto de la inestabilidad política
originada en la no correspondencia entre hegemonía política y predominancia económica al
interior del capital. En ese sentido, las contradicciones intra-capital entre las fracciones que asumen
el liderazgo político del bloque dominante y aquellas que concentran el predominio económico,
han constituido un asunto de privilegiada preocupación para la economía política argentina desde
los ya clásicos estudios de O’Donnell (1977), Portantiero (1973) y Braun (1970 y 1973).
75
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
el capital financiero– y la decisión de establecer mayores márgenes de ganancia
para las empresas energéticas, mediante la dolarización de tarifas y del precio de
los combustibles.
Entendemos que las consideraciones presentadas hasta aquí, orientadas a
delinear una caracterización general de la alianza Cambiemos y los rasgos centra-
les que la especifican al interior del proyecto refundacional en el que se inscribe,
permitirán enriquecer el análisis de su política económica, las profundas transfor-
maciones socioeconómicas que esta introdujo, así como las razones principales
que explican la inestabilidad creciente de la dinámica de acumulación imperante.
2. La construcción del ajuste
Ya en funciones, el gobierno de Cambiemos produjo una alteración radical
de los objetivos de política que, con variaciones en cuanto a su jerarquía y sus
instrumentos específicos, habían organizado la dinámica macroeconómica du-
rante más de una década en nuestro país. Este giro copernicano impuesto por el
nuevo bloque dominante se orientó a restituir los mecanismos que posibilitan la
valorización financiera del capital. Sin embargo, como veremos, el modo en que
han sido y son procesadas a su interior las contradicciones –secundarias– entre las
distintas fracciones que lo integran, le imprimieron una inestabilidad creciente.
En este sentido, los resultados de las decisiones de política lograron construir, en
menos de tres años, un escenario de crisis social y económica, debilitamiento es-
tatal y aumento del condicionamiento estructural de agentes externos, de notable
complejidad.
Como ya señaláramos, dicho bloque dominante logró imponer esta tras-
formación abrupta en la medida que logró construir, articular y validar electo-
ralmente una serie de consensos sociales mayoritarios. Entre ellos, uno de los
principales se vinculaba al diagnóstico sobre la situación económica y sus causas
asociadas. Comenzaremos entonces por presentar algunos de sus elementos cen-
trales, para luego intentar precisar la orientación de las principales decisiones de
política, así como algunos de sus impactos diferenciales al interior del conflicto
capital-trabajo e intra-capital.
En relación a la caracterización de la situación económica nacional vigente
en el año 2015, Cambiemos logró presentarla socialmente enlazando un conjun-
to de simplificaciones deliberadas de notable eficacia discursiva, con informa-
ción parcializada –o directamente falsa– acerca del desempeño de los principales
indicadores macroeconómicos. Esquemáticamente, su lógica argumental podría
resumirse del siguiente modo:
76
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
La argentina está aislada del mundo: nadie está dispuesto a poner un dólar
en nuestro país. Y eso es producto de que tenemos una economía encepada,
resultado de un Estado que ahoga a la producción, despilfarra y es ineficiente:
tenemos una presión impositiva brutal y, encima, gastamos de más y gastamos
mal. Entonces, para cubrir el déficit fiscal, el gobierno le da a la maquinita,
emite sin control y eso dispara la inflación. Para contenerla aprieta a los
empresarios, atrasa el tipo de cambio, gasta una barbaridad en subsidios para
planchar las tarifas y pone controles por todos lados. El resultado: todos los
precios de la economía están distorsionados. El ejemplo más evidente es el
precio del dólar: tenemos un dólar súper barato que mata a la producción, a
un precio que es mentiroso y que encima no lo puede comprar nadie porque
ya no hay más dólares; por eso pusieron el cepo. En estas condiciones, nadie
invierte en la Argentina. Por eso tenemos una economía estancada hace cua-
tro años, que no crea empleo y con altísima inflación, que es el peor impuesto
porque lo sufren más los que menos tienen.20
Los argumentos con los que iniciamos y finalizamos la síntesis esquemá-
tica que acabamos de presentar, son intencionales. De algún modo resumen la
victoria de este paradigma en la conquista del sentido común de amplios secto-
res, al haber logrado identificar los intereses particulares de ciertas fracciones de
clase, como el “regreso al mundo” –alusión genérica de contenido muy concreto
y cuyo significado es el mercado internacional de capitales–, con los intereses
del conjunto social –en particular, “de los que menos tienen”, las grandes ma-
yorías populares–. Al mismo tiempo, en aquel argumento inicial se resume la
condición sine qua non del crecimiento económico para el paradigma teórico
que sostiene esta perspectiva: incentivar la inversión, en particular la inversión
extranjera, ante la insuficiencia crónica de ahorro interno que presentan países
como la Argentina. En contra de Keynes y junto a Say, se afirma así que la oferta
crea su propia demanda, al tiempo que se enfatiza que es la inversión privada la
única capaz de generar “empleo genuino”. En ese sentido no es casual que, cada
vez que se proyecta el crecimiento económico esperable, los planteos del actual
gobierno nacional refieran a dos componentes centrales: “la tasa de inversión y
20
Como adelantamos, antes que un extracto textual, se trata aquí de un resumen simplificado
de elaboración propia que intenta poner en relación diferentes muletillas o expresiones
reiteradas a partir de las cuales se articuló aquel diagnóstico, con la intención de resumir su
lógica argumental; de allí, sus marcas textuales diferenciadas (comillas, alineación, interlineado,
cursivas). Si bien, como señaláramos, en su construcción y circulación dentro del debate público
participaron sostenidamente durante años el conjunto de aparatos ideológicos orgánicos a las
fracciones actualmente dominantes (en particular, los conglomerados mediáticos concentrados),
basta con consultar cualquiera de las intervenciones de los principales asesores económicos de
Cambiemos durante la campaña presidencial de 2015 –a la postre funcionarios de primera línea–
(Federico Sturzenegger, Alfonso Prat Gay, Carlos Melconián, Javier González Fraga, etcétera),
para constatar que nuestra síntesis, aunque esquemática, no es antojadiza.
77
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
las exportaciones de productos basados en las ventajas comparativas resultantes
de la abundante dotación de recursos naturales” (Rofman y García, 2017, p.7).
Ambos suponen un escenario de crecimiento de la actividad basado en la diná-
mica de la oferta, donde las decisiones de inversión de los mercados externos e
internos deben ser estimuladas desde el Estado mediante políticas orientadas a
mejorar la “competitividad” (rentabilidad). En consonancia con la programática
neoliberal, ello requiere “dejar actuar” al mercado para que este –como mejor
mecanismo asignador de recursos– pueda orientar a los participantes a actuar
del modo más eficiente a través de las “señales” que otorgan los precios. Así, “le-
vantar los cepos” y “liberar a los mercados” se constituyeron en pilares claves que
articulaban aquel diagnóstico con sus propuestas de política derivadas. Desde
estas premisas, el camino emprendido fue entonces “sincerar los precios” de la
economía, “modernizar” el país para “ganar en competitividad”, y “volver a cre-
cer” convirtiendo a nuestro país en “el supermercado del mundo”. En este marco,
la política económica desplegada por la administración Cambiemos jerarquizó,
desde el primer día, los “problemas” a atacar. En menos de un mes de gestión, ya
se habían adoptado buena parte de las principales decisiones que vertebraron el
nuevo régimen macroeconómico.
2. 1. La (contra)revolución de la alegría
La acción de gobierno avanzó a ritmo acelerado hacia la apertura de la
cuenta capital y el pago a los holdouts, a fin de garantizar el acceso al crédito ex-
terno y la reincorporación al mundo... de las finanzas globales. La liberación de
los “grilletes” que sobre la economía había dejado el kirchnerismo, comenzó con
la desregulación del mercado de cambios: se eliminaron los requerimientos de
autorización previa para la compra de divisas, los controles sobre la procedencia
de activos y –progresivamente– los topes de cantidades mensuales máximas per-
mitidas. Se introdujo de ese modo una fortísima devaluación, la más pronuncia-
da desde la salida de la convertibilidad hasta ese momento, que llevó el dólar de
$9,75 a $13,40 en un solo día, para luego promediar casi a $15 durante 2016.
Esta sola decisión en busca de “sincerar” los precios internos, tuvo los efectos
distributivos de toda devaluación, amplificados por su magnitud. Por una par-
te, permitió una ganancia patrimonial del orden de entre 40% y 50% para los
sectores más concentrados de la economía, quienes para diciembre 2015 habían
logrado consolidar unos U$D 200.000 millones –según las estimaciones dispo-
nibles– como activos en el exterior, mediante la fuga de capitales.21 Por otro lado,
generó un incremento artificial –vía precios relativos– de la rentabilidad de los
21
Este número sideral quizá pueda dimensionarse con mayor claridad si se considera que
equivalía a casi ocho veces el total de reservas internacionales del Banco Central al 30/11/2015
(25.615 millones de dólares).
78
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
sectores exportadores, quienes además vieron comprimidos sus costos salariales
en dólares en la misma proporción.22 Finalmente, sus efectos inflacionarios im-
pactaron de lleno en el poder adquisitivo del conjunto de los salarios.
Esa alteración de precios relativos se vio profundizada por la decisión del
Banco Central de fijar una tasa de interés real positiva que permitiera atraer
la colocación de inversiones en las finanzas locales. La conjugación de tasas de
interés superiores a la tasa de devaluación de la moneda con la desregulación
de la entrada y salida de capitales (eliminación de controles, plazos mínimos
de estadía, etcétera), habilitó un negocio especulativo fenomenal que permitió
a importantes sectores del capital –local y extranjero– apropiarse de crecientes
masas de excedente. En este marco, la emisión acelerada de Letras de Cambio del
Banco Central (LEBACs) fue el instrumento privilegiado tanto para establecer la
(elevada) tasa de interés de referencia, como para regular la inflación y la presión
cambiaria, conteniendo la expansión monetaria frente a la llegada de capitales
impulsada por los márgenes de rentabilidad financiera. Empezó así el ensamblaje
de la “bomba de tiempo” en la que acabaron convirtiéndose las LEBACs, apos-
tando a que el crecimiento económico que impulsarían las inversiones arribadas
permitiría solucionar el exceso de pesos creados y retirados de circulación a través
de ese instrumento de esterilización monetaria.23
Asimismo, en un claro gesto de consustanciación de intereses, el gobierno
eliminó los derechos de exportación (“retenciones”) al conjunto del sector mi-
nero e hidrocarburífero, así como al complejo agroexportador (con excepción
de la soja, producto sobre el que se disminuyó la alícuota en el marco de un
cronograma de reducción progresiva). Por otro lado, los sectores exportadores se
vieron favorecidos por la flexibilización –y posterior eliminación– de los plazos
máximos para la liquidación de divisas.24 Combinadas, estas medidas tuvieron
profundas consecuencias distributivas y macroeconómicas. Por un lado, la enor-
me transferencia de ingresos que significó la eliminación/reducción de retencio-
22
En lugar de incrementar sus ganancias a partir de mejoras en la productividad, lo que requiere
de inversiones, el salto del tipo de cambio les permite a quienes producen para el mercado
externo obtener –por la misma cantidad de dólares– más pesos; al tiempo que su estructura de
costos –pesificada, ya que se conforma de insumos producidos en el país, salarios, etcétera– se
mantiene constante (o bien, para aquellos bienes con insumos importados, se incrementa en
menor proporción). De allí que se trate de una rentabilidad artificial, en la medida en que no se
encuentra derivada de la producción de nuevo valor, sino de la redistribución de valor provocada
por la alteración de los precios relativos.
23
Cabe destacar que la gestión de Cambiemos elevó notablemente los volúmenes de inversión
extranjera, solo que esta se concentró –casi en su totalidad– en el sector financiero, sector cuyas
tasas de crecimiento y rentabilidad en efecto fueron positivas y elevadas desde 2015, a diferencia
de las del resto de la economía.
24
Para ser estrictos, estos no se eliminaron, sino que se extendió “hasta la eternidad”, llevándolo
a 10 años.
79
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
nes, disminuyó en idéntica magnitud los recursos apropiados por el Estado y,
en consecuencia, esa sola decisión de política duplicó el déficit fiscal primario.25
Al mismo tiempo, la eliminación de retenciones a los productos agropecuarios
(bienes-salario, ya que integran la canasta alimentaria), “dolarizó” sus precios
en el mercado interno, impulsando por una nueva vía el proceso inflacionario
derivado de la devaluación y sus consecuencias negativas sobre los salarios reales.
Finalmente, estas políticas articuladas alrededor de la cuestión impositiva y como
parte de la desregulación de la cuenta capital, “obligaron” a mantener una tasa
de interés elevada que –vía ingreso de inversiones externas de cartera– “sustitu-
yera” los dólares necesarios para las compras al exterior, la formación de activos
externos y el giro de utilidades, contenidas durante años por el “cepo cambiario”.
La gestión estaba en marcha. Aunque parezca abrumador, cuando estas
decisiones de política ya se habían adoptado, la administración Cambiemos con-
taba solo con una semana en funciones: corría recién el 17 de diciembre de 2015.
Complementariamente, se inició un acelerado proceso de apertura comer-
cial asimétrica. Por el lado de las exportaciones, a las ventajas que acabamos
de señalar se sumó la eliminación de las regulaciones orientadas a garantizar el
abastecimiento al mercado interno. En cuanto a las importaciones, se eliminaron
o redujeron fuertemente los aranceles y se suprimieron las barreras para-aran-
celarias. La avalancha importadora resultante afectó fuertemente la estructura
productiva, incentivando un proceso de primarización y destrucción de empleo:
su impacto, combinado con la caída de la demanda interna, alcanzó a la totalidad
del sector industrial vinculado al mercado doméstico y, en particular, a la peque-
ña y mediana empresa. Al mismo tiempo, este crecimiento exponencial de las
importaciones presionó sostenidamente la balanza comercial, que se volvió siste-
máticamente deficitaria hasta setiembre de 2018, cuando la megadevaluación y
sus efectos recesivos sobre el nivel de actividad contrajeron abruptamente el nivel
de compras al exterior. Así, la cronificación del déficit comercial no hizo más que
incrementar las necesidades de financiamiento externo.
Aun cuando esta apertura importadora tenía entre sus objetivos –además
de “fomentar la competitividad y la eficiencia”– contener el proceso inflaciona-
rio, este no se detuvo, ni siquiera en los períodos –como el actual– de fuerte caída
de la actividad. La razón fundamental se encuentra en que, a los efectos com-
binados de las sucesivas rondas devaluatorias y la eliminación de retenciones a
los bienes-salario, se agregaron los incrementos siderales de los precios regulados
por el Estado, principalmente servicios públicos y combustibles.26 Como contra-
25
En el año 2016, la transferencia total derivada de la eliminación de las retenciones alcanzó los
USD 4.500 millones.
26
Entre diciembre de 2015 y octubre de 2018, las tarifas de gas se incrementaron en promedio
un 2.231% (22 veces), mientras que las de luz lo hicieron a un ritmo “menor” (1.768%, 17
veces). La nafta súper, por su parte, aumentó un 182% en el mismo periodo.
80
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
partida de este nuevo impulso inflacionario traccionado por los ajustes tarifarios
autorizados y la dolarización de los precios internos de la energía (luz, gas, nafta,
gasoil, fueloil, etcétera), componentes que impactan sobre la totalidad de los
hogares y las cadenas de valor, se multiplicaron así –de manera planificada– las
ganancias de las empresas del sector.
Queda aún por considerar el inicio, el origen de todos los males según
aquel diagnóstico triunfante: el déficit fiscal. A pesar de la obsesión ortodoxa por
el “ajuste del gasto”, el déficit fiscal alude a una relación entre ingresos y egresos.
Por lo tanto, conviene analizar el comportamiento de ambos componentes.
En cuanto a los ingresos, debemos recordar que la “asfixiante presión tri-
butaria” conformaba uno de los núcleos del problema según dicho diagnóstico;
en palabras de Sturzenegger: “la presión tributaria se refiere a cómo bajamos los
impuestos para ayudar a crear las condiciones de rentabilidad para el proceso de
inversión” (2017, p.66). En este marco se inscriben el conjunto de reducciones
impositivas y arancelarias que mencionáramos, que beneficiaron sistemáticamen-
te a los sectores concentrados del capital y erosionaron las cuentas fiscales por la
vía de los ingresos, denotando con claridad la direccionalidad de clase de la inter-
vención estatal.27 Solo resta agregar que la presión tributaria aumentó, en especial
sobre los sectores de menores ingresos, gracias a la eliminación de reducciones y
devoluciones de IVA a jubilados/as y a compras con tarjetas de débito.
De modo coherente con el paradigma en que se inscribe, la alianza Cam-
biemos –tanto en campaña como en gestión– acabó entonces por reducir el pro-
blema del déficit fiscal a uno de gasto público. Y este fue señalado tanto por su
tamaño como por su orientación: como resulta previsible desde su perspectiva
de management empresarial, la consecuente relación costo/beneficio que debe
primar a la hora de orientar la política pública, hace injustificables el destino de
recursos a áreas o conceptos que no estimulen la “inversión”, la “competitivi-
dad” y la “eficiencia”. En este sentido, su política en relación al gasto fue mucho
más abarcativa y explícita que la vinculada a los ingresos: no solo tuvo mayor
profundidad en su magnitud y su direccionalidad de clase en relación a las trans-
ferencias que implicó, sino que además desplegó en ella casi por completo la ar-
tillería discursiva neoliberal. Así, eliminó programas y áreas completas del Estado
orientadas a garantizar o promover mayores condiciones de acceso a derechos;
implementó una política de despidos –masiva primero, reticular luego– sobre
el conjunto de la administración pública nacional, argumentando el exceso de
“grasa militante” y/o criterios de eficiencia que calculaban las subgerencias de
control, planillas Excel en mano; degradó, institucional y presupuestariamente,
27
Mientras tanto, los trabajadores esperanzados con el cambio siguen esperando la eliminación
del impuesto a las ganancias, por cierto –y al margen de las reales injusticias que genera al interior
de las escalas salariales– único impuesto progresivo del país.
81
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
múltiples unidades de gestión centrales al interior del gabinete, especialmente
aquellas vinculadas a funciones de control y regulación; reorientó el conjunto de
la política social y educativa, reorganizándolas en torno a criterios meritocráticos;
la lista sigue, y es demasiado extensa como para completarla aquí.
Por su parte, para dimensionar el alcance de las transferencias vinculadas a
la política de gasto quizá solo baste mencionar que el “ahorro” fiscal derivado de
la reducción de subsidios económicos –argumento central de los ajustes tarifa-
rios–, acabó por ser equivalente al incremento de los intereses netos pagados por
el sector público nacional no financiero; y ello sin considerar los pagos por inte-
reses de las LEBACs. Así, la caída del salario indirecto fue apropiada enteramente
por los sectores más concentrados, vía renta financiera.
Nuevamente en estricta coherencia con sus presupuestos monetaristas que
identifican emisión con inflación, la decisión de financiar el “gradualismo” recu-
rriendo al endeudamiento como respuesta al déficit fiscal heredado –y amplifi-
cado, como vimos, por la gestión de Cambiemos–, no solo multiplicó el déficit
cuasi-fiscal por la carga de intereses que supuso. Como señalamos al inicio de
este apartado, la apertura de la cuenta capital y la liberalización cambiaria eran
solo el primer paso en el camino de “regreso al mundo” de los mercados interna-
cionales de crédito. Para recorrerlo enteramente, era preciso aun resolver uno de
los principales conflictos en torno a la soberanía nacional que mantuvo en vilo
a la gestión anterior, limitando sus posibilidades de financiamiento: la disputa
con los llamados holdouts. Y la gestión Cambiemos lo resolvió rápidamente...
arrodillándose: pagó a los fondos buitres según sus exigencias, con el apoyo im-
prescindible de un sector del Partido Justicialista que sinceró así sus acuerdos
estratégicos con el actual gobierno.
El proceso de endeudamiento externo iniciado a partir de ese momento, de
una magnitud y velocidad inéditas en la historia argentina, superó con creces las
necesidades de financiamiento de los abultados y crecientes déficits comerciales
que mencionáramos, justificándose en la necesidad de atender el déficit fiscal.
Cabe aquí preguntarse por qué, siendo que los gastos corrientes del Estado se
encuentran nominados en pesos, apelar al endeudamiento en divisas frente a
los mayores costos y riesgos que este supone. La razón se encuentra en que el
endeudamiento externo del Estado era el tercer pilar fundamental –junto a la
desregulación financiera y la tasa de interés real positiva– para la restitución de la
valorización financiera del capital: alguien debía aportar los dólares que permi-
tieran financiar la fuga de capitales y la cuenta se cargó, al igual que entre 1976 y
2001, al conjunto de la sociedad argentina.
La condición de posibilidad del explosivo endeudamiento desplegado por
Cambiemos se encontraba, vale recordar, en el corazón de la “pesada herencia”
legada por el kirchnerismo: el proceso de reestructuración de deuda soberana y el
82
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
sostenido desendeudamiento desplegado entre 2005 y 2015.28 Como señala un
informe del CIFRA (2018, p.8), “el ratio de la deuda pública total sobre el PIB
pasó del 49,6% en 2001 a 39,5% en 2015. En apenas dos años y un trimestre
volvió a trepar a 56,8%”, donde se ubicaba en marzo de 2018; a tal ritmo, a fines
de este año alcanzará a casi la totalidad del producto bruto, como ya se prevé en
los comunicados de los organismos internacionales. Debe destacarse aquí que
este acelerado sobreendeudamiento público fue impulsado centralmente por la
emisión de deuda externa, que pasó de representar el 15,8% del PIB en 2015,
al 29% en el primer trimestre de 2018; cifras que no computan el posterior
acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por un monto global de
USD 57.100 millones. Y es que el sostenimiento del circuito de valorización fi-
nanciera requiere de cada vez mayores volúmenes de moneda internacional para
garantizar la fuga de capitales al exterior. Así, por ejemplo, las reservas existentes
al ingreso y a la salida de Nicolás Caputo de la Presidencia del Banco Central
(junio-setiembre de 2018) se situaban casi en el mismo nivel (49.065 y 49.535
millones de dólares, respectivamente); entre tanto, los USD 15.000 millones
que ingresaron por el primer desembolso del acuerdo con el FMI, ya se habían
fugado de la economía nacional en su totalidad.29
2. 2. Instrucciones (breves) para construir una crisis
Examinadas en conjunto, las decisiones de política que configuraron el
nuevo régimen macroeconómico y restituyeron la valorización financiera como
dinámica de acumulación dominante, hacían previsible –según creemos– un fu-
turo escenario de crisis, ya desde el inicio de la gestión de Cambiemos. Quedaba
aún por verse cuándo se desataría esta y cuán profundo sería su alcance. Los
elementos para responder esas preguntas acabaron de delinearse con el inicio de
la corrida cambiaria, desatada en mayo de 2018 y que aún permanece latente.
Develada la crisis, esta acabó por reforzar el predominio económico del capital
bancario y financiero, multiplicando a su vez los condicionamientos por parte de
acreedores externos.
Dos variables principales quizá permitan sintetizar la dimensión estructu-
ral tanto de la crisis actual como de la corrida que la desató, junto a la vinculación
28
Como sostiene un informe del Ministerio de Economía de la Nación (MECON, 2014, p.13),
“Argentina es el país que más se desendeudó entre 2002 y 2012. El ratio deuda pública a PIB
cayó un 73%, mientras que para el promedio de los países se observó un incremento del 38%”;
incrementos que alcanzaron –en el mismo periodo– al 136% en el caso del Reino Unido, el 88%
en el caso de EE. UU. y un 73% para el caso de España, por ejemplo.
29
El informe del CIFRA al que ya hemos referido, elaborado en agosto de 2018, es decir un
mes antes de la renuncia de Caputo y cuando las reservas aún no habían disminuido a los niveles
que acabamos de señalar, advertía: “Si bien las reservas internacionales aún son elevadas (USD
54.655 millones), debe considerarse que representan el 9,4% del PIB, valor muy cercano al de
septiembre de 2001, pocos meses antes del estallido” (CIFRA, 2018, p.5).
83
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
orgánica entre ambas y la política económica desplegada por Cambiemos: nos
referimos al nivel del tipo de cambio y el nivel de endeudamiento (externo, en
particular). El problema podría aquí resumirse en estos términos: quién pone los
dólares y a qué precio. Tal vez recuperar algunos de los elementos que ya hemos
presentado nos permita, esquemáticamente, ilustrar este punto.
Por su carácter dependiente, la economía argentina enfrenta dificultades
permanentes para acceder a las divisas que permitan financiar la expansión de
su nivel de actividad (crecimiento); dificultades que se multiplican si se pretende
implementar una política de desarrollo. Si la valorización financiera del capital
se constituye en la dinámica de acumulación dominante los problemas del sector
externo se agudizan: por un lado, porque se requiere financiar –adicionalmente–
la fuga de capitales inherente a esta; por otro lado, por las consecuencias de la
apertura de la cuenta capital que aquella supone, al amplificar la vulnerabilidad
de la economía doméstica por su creciente exposición a los cambios que puedan
ocurrir en el escenario internacional.
Bajo estas condiciones, las decisiones de política adoptadas por la admi-
nistración Cambiemos operaron de modo deliberadamente contradictorio e in-
consistente sobre el mercado de cambios: multiplicaron la demanda de dólares
y redujeron su oferta. En cuanto al incremento de la demanda de divisas, la
liberalización cambiaria tuvo un impacto decisivo al potenciar la remisión de
utilidades, la formación de activos externos, la compra minorista y la salida de
dólares por la cuenta turismo (emisor). En el mismo sentido operó la apertura
comercial asimétrica y su resultante avalancha importadora. Finalmente, la tasa
de interés real positiva incentivó el ingreso de capitales especulativos que, si bien
en un inicio “refuerzan” las reservas del Banco Central, al momento de retirarse
suponen una salida de dólares por una magnitud superior a la que ingresaron
(renta financiera). Por el lado de la oferta, la eliminación de plazos máximos de
liquidación de divisas por parte de los exportadores secó la plaza cambiaria de
“dólares genuinos” (comerciales). La oferta de divisas acabó así por limitarse a las
ventas realizadas por el Banco Central, provenientes de sus reservas internaciona-
les que, a su vez, solo pasaron a nutrirse del ingreso de capitales especulativos o
del endeudamiento externo contraído.
Bajo esta dinámica, el creciente déficit de balanza comercial, la acelerada
fuga de capitales y el elevado nivel de endeudamiento contraído por la gestión
de Cambiemos, dificultaron progresivamente su acceso al mercado de crédito
internacional, por el riesgo de incumplimiento que esta misma lógica genera. En
el marco de una disminución de la liquidez internacional, cuando estas restric-
ciones se hicieron evidentes comenzó la estampida. Los capitales financiarizados
desarmaron sus posiciones en títulos, cambiaron pesos por dólares en inmensas
cantidades y, ante una oferta casi inexistente, comenzó la escalada del tipo de
84
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
cambio. Mientras los sectores exportadores se sentaban sobre sus divisas a disfru-
tar el incremento patrimonial que suponía cada ronda de devaluación, el capital
financiero aceleró su salida intentando limitar el recorte de rentabilidad en dóla-
res; finalmente miles de personas se agolparon en los bancos buscando preservar
el poder adquisitivo de sus ahorros. Desatada la corrida, se evidenció aquella
dinámica que referíamos: muchos demandantes y un solo oferente. Entre tanto,
el Banco Central rifaba reservas (vendiendo hoy a 20, mañana a 22, pasado a
25...), permitiendo ganancias de arbitraje fabulosas, al tiempo que disparaba la
tasa de interés procurando contener a los inversores especulativos, otorgándoles
una mayor rentabilidad financiera.
Este tipo de gestión de la(s) corrida(s), a todas luces inconsistente en tér-
minos macroeconómicos, se estructuró de este modo a partir de una lógica de
compensaciones a las fracciones dominantes: devaluación en beneficio de los ex-
portadores, tasa de interés superior a esta en beneficio del capital financiero,
completa dolarización de tarifas –y posterior compensación ilegal por el salto
cambiario– para las empresas del sector energético. Se espiralizaron así el tipo de
cambio, la tasa de interés y el endeudamiento: se recurrió de urgencia al FMI,
prestamista de última instancia, a fin de “despejar dudas sobre el financiamiento
futuro” ... de la fuga de capitales y el endeudamiento ya contraído con ese mismo
objetivo.
El acuerdo con el FMI, que opera como reserva y garantía del circuito que
acabamos de describir, supuso asumir las condicionalidades típicas de sus “planes
de estabilización”. Desde hace más de 60 años, estos adoptan la forma de una
recesión programada: contracción abrupta del nivel de actividad (por vía fiscal,
monetaria y cambiaria), con un doble objetivo: disminuir tanto los salarios reales
(“incrementar la competitividad y la eficiencia”, para “impulsar una nueva fase
de crecimiento”), como las importaciones (generando, vía la reversión del déficit
comercial, los dólares para afrontar los “compromisos con el mundo”).
Esperamos que los elementos presentados hasta aquí permitan vincular
algunas de las claves de lectura que proponíamos al iniciar estas páginas, en torno
a los fundamentos económico-políticos de la alianza Cambiemos; en particu-
lar, aquellas referidas a los alcances de la articulación de intereses que expresa el
bloque de fuerzas que la sustenta, como así también a la modalidad y las con-
tradicciones específicas que asume su articulación en esta etapa. En este sentido
solo quisiéramos destacar finalmente que, aun considerando las importantes con-
quistas –materiales y simbólicas– que alcanzó sobre amplios sectores sociales, el
proyecto refundacional del bloque social actualmente dominante se enfrenta hoy
a las limitaciones –estructurales– que impone aquella modalidad –novedosa– en
torno a la cual se articularon los intereses de las fracciones que lo integran: una
estrategia de representación directa de intereses que, finalmente, acabó operando
85
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
bajo una lógica de compensación inmediata orientada a captar cuasi-rentas de
privilegio, sin consideración alguna sobre las sustentabilidad del proyecto hege-
mónico del conjunto.
Desde este punto de vista, aquel objetivo estratégico que destacáramos an-
tes se enfrenta, bajo esta nueva modalidad de mediación política, a un límite evi-
dente: el que impone la voracidad, la satisfacción de los “apetitos inmediatos” de
los sectores dominantes. En otras palabras: mientras que estas mismas fracciones
del capital lograron estabilizar durante veinticinco años (1976-2001) la valoriza-
ción financiera del capital y sus lógicas predatorias, sus modalidades específicas
de mediación política en la actualidad acabaron por desatar una crisis de magni-
tud y celeridad inéditas. Aun así, bajo esta inestabilidad creciente del patrón de
acumulación, el bloque dominante logró instituir alteraciones significativas en la
dinámica económica y distributiva, así como profundos condicionantes estruc-
turales orientados a consolidar la nueva relación de fuerzas.
3. La pesada herencia de Cambiemos
Evaluados desde los propios argumentos que articulaban aquel diagnós-
tico inicial que logró amplios consensos sociales, los resultados alcanzados por
la política económica de Cambiemos indicarían su fracaso rotundo. Frente a la
reducción del déficit fiscal y la inflación que se proponía la gestión macrista, sus
propias decisiones de política no hicieron más que multiplicarlos hasta niveles
inéditos en las últimas décadas. Si aquellas eran dos de las claves principales que
impulsarían el crecimiento económico, la creación de empleo y la mejora de los
salarios, no es de extrañar que en estos rubros el desempeño no fuera tampoco el
anunciado, sino el contrario.
Sin embargo, el balance se invierte radicalmente si se consideran los resul-
tados de política atendiendo al bloque social dominante que Cambiemos expre-
sa, y las fracciones del capital que lo componen. Como ya hemos señalado, por su
inserción estructural, a estas les resultan prácticamente indiferentes los niveles de
salario y empleo. Antes bien, la disminución de los salarios reales configura uno
de sus objetivos prioritarios: no solo porque incrementa su tasa de plusvalor, sino
porque la distribución regresiva del ingreso opera como posibilidad del patrón
de acumulación por valorización financiera. Los mecanismos para conquistar
este objetivo combinaron un acelerado –y deliberado– proceso inflacionario,30
la reducción y/o eliminación lisa y llana de la mayoría de los componentes del
30
Cabe resaltar que, ante la inflexibilidad a la baja de los salarios nominales (ya que difícilmente
los trabajadores acepten un recorte de este tipo), los procesos inflacionarios –combinados con la
presión sobre las recomposiciones salariales (“techos paritarios”)– son el principal mecanismo al
que recurren los sectores patronales para forzar la caída del salario real.
86
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
salario indirecto, junto a la flexibilización laboral y los despidos que operaron
como principales mecanismos económicos de disciplinamiento.31 Como expre-
san Rofman y García:
Esta arquitectura del modelo de acumulación de la restauración neoli-
beral requiere (...) de una política desvalorizadora del salario directo e
indirecto. No solo implica la contracción del salario que funge como
costo a disminuir, como mecanismo para agregar competitividad exter-
na, sino que afecta a todo el espacio muy amplio de la retribución no
monetaria del trabajador. El desmonte permanente de las políticas de
bienestar, la flexibilización laboral, la eliminación de beneficios sociales
o su recorte, etcétera, también se constituyen en políticas centrales para
bajar costos. (2017, p.8)
Consideradas desde este punto de vista, las consecuencias inflacionarias de
las principales políticas adoptadas, que a su vez favorecieron de manera directa a
las fracciones dominantes (devaluación, eliminación de retenciones, incremento
de tarifas, etcétera), antes que “efectos indeseados” o secundarios, resultaron ob-
jetivos primordiales de la política económica implementada. Los fundamentos
de esta interpretación se refuerzan al considerar el desempeño del “programa
de metas de inflación”,32 principal política antiinflacionaria de Cambiemos: su
incumplimiento sistemático parecería indicar que, antes que la reducción de la
inflación, su propósito era el de operar como “ancla salarial”, fijando una pauta
general para las negociaciones paritarias que –al establecerse por debajo del in-
cremento de precios– se encontraba orientada a disminuir los salarios reales.33
31
Junto a estos se desplegaron otros tantos de naturaleza extraeconómica, que se orientaron
en la misma dirección (como, por ejemplo, el debilitamiento de las estructuras sindicales y las
instancias de negociación colectiva) y que alcanzaron–de manera creciente– a la persecución y la
represión abierta.
32
Los llamados “programas de metas de inflación” son un tipo de política macroeconómica
que se sostiene en los supuestos conceptuales del monetarismo. Sintéticamente, las metas de
inflación suponen asumir los niveles de precios como objetivo primordial y exclusivo de la
política monetaria y fiscal, al que se subordinan todos los demás objetivos de política: nivel de
actividad, nivel de empleo, nivel de endeudamiento, equidad distributiva, etcétera. Se establecen
metas anuales de incrementos de precios y, para alcanzarlas, se libera la administración del tipo
de cambio, se liberaliza el movimiento de capitales y se subordina a dichas metas la política
monetaria (emisión y tasa de interés) y la política fiscal (gasto público). En otras palabras, las
denominadas “metas de inflación” encuentran principalmente en el Banco Central la solución a
los procesos inflacionarios, solución que implica una política monetaria contractiva (que restringe
la emisión de dinero –o directamente lo retira de circulación– y sube la tasa de interés), además
de la reducción del gasto público y congelamiento de salarios, utilizando así el tipo de cambio y
la retracción del nivel de crecimiento como ancla de los precios domésticos.
33
En efecto, se observa un incumplimiento sistemático de las metas definidas, así como brechas
significativas entre estas y el nivel de inflación efectiva. Así, mientras la meta de inflación para el
87
El regreso de la miseria planificada: disputa hegemónica y dinámica de acumulación...
Otro tanto puede decirse respecto a la caída del empleo. Desde el inicio de
la gestión de la alianza Cambiemos, los criterios de “modernización” y las “pla-
nillas Excel” destruyeron miles de puestos en la administración pública nacional,
al tiempo que estos funcionaron como “señal de largada” para el sector privado,
explicitando la nueva orientación –PRO-patronal– del Estado respecto a las re-
gulaciones laborales. Junto a las decenas de miles de despidos en nombre de la
“competitividad”, las crecientes tasas de desempleo y subempleo comenzaron a
expresar el impacto combinado del conjunto de las decisiones de política: des-
trucción neta del empleo privado resultado, a su vez, de una economía estancada
o recesiva –según el período que se considere– con fuertes caídas de actividad de
los sectores más intensivos en mano de obra. Así, por ejemplo, el debilitamiento
de la actividad industrial generado por la apertura importadora y atizado por los
dolarizados costos de la energía, se propagó debido al derrumbe del consumo
empujado por la contracción de los salarios reales y los niveles de ocupación.
No obstante, la profundidad y el alcance de la política desplegada por el
bloque dominante expresado en Cambiemos exceden largamente a la violenta
regresividad en la distribución del ingreso instrumentada a través de los meca-
nismos que acabamos de presentar brevemente. La resultante primarización de
la estructura productiva, sus persistentes y crecientes niveles de concentración y
extranjerización, así como los efectos del desmantelamiento del sistema nacio-
nal de ciencia y tecnología, constituyen igualmente –entre otros que podríamos
mencionar– aspectos centrales de la “pesada herencia” de la alianza Cambiemos.
En este marco, el nivel de endeudamiento externo junto la subordinación a los
intereses del capital financiero internacional –y de los acreedores externos en
particular– que este conlleva, se sitúa nuevamente –al igual que entre 1976 y
2001– como el instrumento privilegiado por el bloque dominante para profun-
dizar nuestra condición dependiente y obturar cualquier alternativa de desarrollo
nacional autónomo de base popular.
Puesto en esta clave, el “gradualismo” enarbolado en la primera etapa de la
gestión, como supuesta búsqueda por hacer “soportable” el costo social del ajuste
año 2016 se situaba en una banda entre 20 y 25% anual, la inflación efectiva alcanzó al 41,1%
según datos del IPC de la Ciudad de Buenos Aires (83% superior a la meta); cabe recordar
aquí que el INDEC inició un –conveniente– “apagón estadístico” en diciembre de 2015, por
lo que no se cuentan con datos oficiales nacionales del IPC para 2016. En 2017 la meta se
postuló en torno al 12/17% anual, mientras que la inflación alcanzó al 24,8% según el INDEC
(71% superior a la meta). Para 2018 la meta incorporada al presupuesto era del 10% y, sin que
hubieran transcurrido 24 horas desde su sanción por parte del Congreso de la Nación, el Jefe
de Gabinete informó que el propio gobierno la desconocía: con el solo “recurso institucional”
de una conferencia de prensa, anunció que esta se elevaba al 15%. La inflación acumulada a
octubre de 2018 según datos del INDEC se sitúa en 39,5%; los porcentajes pierden ya sentido
para presentar su desvío respecto de la meta, que alcanzó las 3,9 veces (395%) en relación a la
proyectada en el presupuesto y 2,6 veces (263%) a la “corregida” violando la “ley de leyes”.
88
Silvia Morón, Julieta Almada, Federico Reche, Sergio Saiz Bonzano
que orientaba aquel diagnóstico inicial y el conjunto de la política económica,
adquiere otro significado. A la luz de la gestión de la crisis (autoinfligida) desa-
tada en mayo de 2018 y al calor de la terapia de shock acordada con el FMI, el
“gradualismo” parece más bien haber permitido –estratégicamente– ampliar los
márgenes de lo esperable como “ajuste real” al que finalmente Cambiemos estaba
dispuesto a llegar para alcanzar aquel objetivo.
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90
Democracia y populismo
María Susana Bonetto1
1. Una revisión teórica
Si bien se reconoce que las teorías políticas orientan la explicación, inter-
pretación y crítica de la lectura de los procesos políticos, no se puede desconocer
que su utilización está vinculada a una posición política y a las tradiciones que
esta recupera, con un inescindible recorte interpretativo de un determinado con-
texto histórico-social. En este escenario, se destaca que este trabajo se plantea
desde una mirada regional que pretende ser descolonizada y crítica (en su más
amplio sentido). Así también, en las actuales circunstancias de avance mundial
del capitalismo financiero y gobiernos neoliberales, se entiende que innovar es
mantener una comprometida interrelación con las perspectivas de la descoloni-
zación y las miradas críticas del posmarxismo regional y europeo.
Nuestra preocupación, desde hace un tiempo se orienta al estudio de la
democracia. En esta cuestión desde el ascenso al poder del actual gobierno, han
logrado con destacable aceptación, construir la idea de que representan la de-
mocracia “liberal republicana” y el anterior gobierno así como otros que se opu-
sieron al neoliberalismo en la región, fueron gobiernos “populistas” con toda
la carga de descalificación y descrédito que sobre el particular han expandido
los medios dominantes En ese marco es posible interrogarse cuán cercano a la
democracia se encuentra el neoliberalismo y en la misma línea indagar sobre de-
mocracia y populismo. El tema se desarrollará a partir de una genealogía de dos
tradiciones democráticas que con sus reformulaciones y contingentes discursos
han signado el devenir democrático en la región: la “liberal republicana” y la
“democrática-popular”.
1
Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNC, con posdoctorado en Sociología Política
en el CEA. Es profesora titular en la cátedra de Fundamentos de Ciencia Política en la FCS-
UNC, y también en la Universidad Nacional de Villa María. Dirige el doctorado en Ciencia
Política del Centro de Estudios Avanzados de la UNC. Ha publicado diversos libros y artículos
en publicaciones nacionales e internacionales.
91
Democracia y populismo
1. 1. La tradición “liberal-republicana”2
Este trabajo asume un recorte temporal para analizar la democracia desde
su transición y consolidación en la región, hasta el presente. Así ya en los inicios
del nuevo siglo, Teothônio Dos Santos (2003) realiza una dura crítica a las de-
mocracias regionales de la transición. Por una parte, advierte que su construcción
fue impulsada por EE. UU., en tanto que, producida ya la derrota de los movi-
mientos populares por los gobiernos militares y luego de la emblemática caída
por golpe de Estado de Salvador Allende, la situación estaba “bajo control” y se
podía iniciar un período constructivo de democracias liberales estables.
En este contexto se inician las transiciones democráticas con una firme
orientación de restauración del Estado de derecho liberal, frente a la anterior
lógica de Estados represivos e incluso terroristas, paradójicamente promovidos
casi dos décadas atrás por el país del Norte. Así se restaura la legalidad acompa-
ñada por un desarrollo dependiente en el marco de democracias restringidas, y
mientras los derechos individuales son restaurados, los derechos económicos y
sociales son vaciados (Dos Santos, 2003). Coincidiendo con el autor resultan
sorprendentemente relevantes las posiciones adoptadas por Fernando Enrique
Cardozo, quien reformula su pensamiento “teórico-dependentista” y defiende la
viabilidad de un proceso de democratización al interior de un capitalismo globa-
lizado dependiente. Abandona así, el enfrentamiento con este y sus expresiones
monopólicas. Por ello “limitaba sus objetivos reformistas, los objetivos liberales,
al proceso de desestabilización y destrucción de dictaduras, para construir regí-
menes democráticos dependientes” (Dos santos, 2003, p.90).
En el diagnóstico y reparación de las sociedades dominadas dictatorialmen-
te, se puso el acento en la interpretación de los efectos negativos de las dictaduras,
sobre todo en las causas endógenas, principalmente en las consecuencias socio-
culturales del autoritarismo, y se implementaron políticas restauradoras de las
estructuras jurídicas institucional-procedimentales, con un discurso orientado a
los valores de la cultura política democrática. Subyace el temor a una involución
autoritaria y no solo por parte de los militares, sino que también se incluye como
tal al “populismo corporativo” y a la “izquierda militante”. La democracia liberal
2
Se requiere precisar el sentido de “liberal republicana”. En principio adoptamos el sentido
autoatribuido por quienes critican a las democracias “nacional-populares” o “populistas” en
el contexto regional, imputándoles transgredir la institucionalidad y la legalidad del Estado
de Derecho Liberal. La perspectiva asumida por estos “liberales-republicanos” encuentra sus
raíces más acabadas en un republicanismo conservador, diferente al clásico, que se vincula en su
construcción a partir de las opiniones y discusiones enmarcadas en el escenario de la sanción de la
Constitución de los EE. UU. reflejadas en la prensa de ese momento y luego publicadas en un texto
clásico: El Federalista, de Hamilton, Madison y Jay (1788). Para una explicación más amplia ver:
¿Republicanismo contra democracia? Reflexiones desde A.L. En Política y Desborde. Mas allá de
la democracia neoliberal. (2012) Bonetto-Martínez (comp.). Eduvim: Argentina.
92
María Susana Bonetto
ocupó así, el centro de atención como concepto liminar opuesto al autoritarismo.
La nueva propuesta se concretó en la revalorización de la legalidad, la cultura
política y los derechos individuales y no obtuvieron centralidad los temas que
produjeran cuestionamientos al poder económico. Se respetó la “legalidad” de
los compromisos contraídos por la Dictadura, como el pago de la ilegítima deuda
externa, considerada “correcta” en la nueva lógica del capitalismo globalizado.
Así se produce lo que sostiene Lechner es la base del liberalismo: “separar
la economía mercantil como relaciones pre-sociales y organizar las relaciones so-
ciales como relaciones mercantiles” (1995, p.22).
Desde esta perspectiva, se fue instituyendo en la transición y con mayor
intensidad en los años noventa, la construcción de una democracia de corte ne-
tamente liberal, básicamente representativa y limitante de la soberanía popular,
con su efecto de revalorización de las formas y procedimientos, por encima de
los contenidos materiales, haciendo abstracción de las relaciones y estructuras
socioeconómicas que constituyen su condición de posibilidad. La definición de
democracia adquiere un sentido minimalista, tal como lo expresa el concepto de
poliarquía de Dahl.
En ese marco, coincidiendo con Castorina: “La utopía de libre mercado
iría ganando terreno sobre las utopías de la igualdad social, sustituyendo demo-
cracia por liberalismo y ocultando o diluyendo la profunda interconexión entre
liberalismo económico y autoritarismo”. (2007, p.57)
A partir de estas transformaciones políticas, que dejaron sin reformular la
economía instaurada en la Dictadura, se instaló fluidamente el neoliberalismo
en los ‘90 y se consolidó la preeminencia del mercado, con todos sus efectos y
restricciones, que disciplina la sociedad con políticas de ajuste que afectan a los
sectores populares.
La política se transforma, sin resguardos, en la gestión del mercado y en
intermediaria de aplicación de las políticas de los organismos internacionales de
crédito, tales como el FMI y otros también disciplinantes, como la Organización
Mundial de Comercio. El gobierno argentino, en el período de los presidentes
Menem y De la Rúa, se somete al monitoreo, contralor e incluso imposición de
sus políticas por parte de esos organismos. De ahí se expande la ola de desre-
gulación, privatización, liberalización y aperturas indiscriminadas del mercado,
mediante las cuales los grupos de mayor poder económico se hicieron de las
empresas estatales y los servicios públicos más rentables.
Sin embargo, se consideran también muy relevantes otras transformacio-
nes que parecen perdurar en amplios sectores hasta el presente. Ya que en este
marco se produjo un debilitamiento extremo de la integración social y de los la-
zos sociales. Así también sucedió con la trama de solidaridades populares, lo que
puso en crisis las estructuras de representación de los intereses colectivos, esto
93
Democracia y populismo
unido a un profundo vaciamiento de la política y de toda movilización popular.
La democracia liberal inicial de la transición había estimulado estrategias socio-
culturales individualistas, poco propicias a la acción colectiva y esto habilitó que
se esfumara toda participación popular en la definición de los asuntos públicos,
lo que permitió la imposición de programas neoliberales.
La democracia de ese periodo coincide con la propuesta por Hayek (1982)
como una democracia legal que refuerza los límites estrictos del poder del Estado
frente a las decisiones de las mayorías, en tanto estas, aún realizadas con procedi-
mientos democráticamente correctos, no están exentas de arbitrariedad.
Por eso no debe extrañar, que existiendo ya una base considerable de pen-
samiento “liberal-republicano” propio de esta tradición, en la región, y en espe-
cial en Argentina, desde el triunfo del actual gobierno del PRO, el neoliberalismo
se constituye en una ofensiva, con amplia aceptación, como lo fue en los años
noventa, y sobre todo para descalificar las políticas soberanas, a través de las
cuales, durante la hegemonía kirchnerista, la mayoría de la población organizó
la comprensión social del país, la región y el mundo en lo político y económico,
que emergieron conjuntamente con los proyectos nacionales-populares de los
gobiernos de “la nueva izquierda latinoamericana” y se encarnaron en la Unasur.
Desde este pensamiento, que con matices se encuentra parcialmente insta-
lado en el imaginario regional, se consideran a las políticas redistributivas como
típicamente populistas y destructoras de la “natural” meritocracia social. Así tam-
bién resulta totalmente despreciado por autoritario, el convocar a participar al
pueblo en la discusión y movilización, para presionar el voto de quienes lo repre-
sentan, en asuntos que están “fuera de su comprensión”, ya que resulta inadmisi-
ble desde una visión “republicana-neoliberal”.
En la región y en especial en Argentina, desde el triunfo del actual gobier-
no, el neoliberalismo se constituye en una ofensiva para descalificar las políticas
soberanas que se oponen a los dictados del FMI y las estrategias en esa línea que
apoyan proyectos políticos para confrontar el neoliberalismo.
En especial la avanzada neoliberal ha tratado, con considerable éxito, de
modificar el sentido común, entendido este como un conjunto de creencias que
organizan de modo predominante las relaciones intersubjetivas, producen cer-
tidumbres y reproducen legítimamente el orden social. Se busca transformar la
memoria histórica nacional-popular que ordenó los hechos sociales de acuerdo
a una determinada estructura ideológica, y desorganizar así, las condiciones de
reconocimiento entre sujetos sociales.
El neoliberalismo trata de desmontar las convicciones que legitiman los
procesos históricos de recuperación soberana tales como la nacionalización de
los recursos naturales, la reforma de las instituciones y la producción igualitaria
de ampliación de derechos, a través de políticas estatales que modifican la in-
94
María Susana Bonetto
equidad social. Se trata de desestructurar esas convicciones para que se acepte el
contenido privatizador de las políticas públicas, sobre todo las económicas que
amplían la desigualdad social. En definitiva, se orienta a deslegitimar el grado de
democratización obtenido a través de las luchas populares.
Además, se trata de eliminar, con un discurso “racionalizador” la posi-
bilidad de pensar alternativas, argumentado la superioridad de la racionalidad
instrumental-tecnocrática del liberalismo.
Desde una perspectiva crítica y a fin de precisar el sentido de este discur-
so, corresponde destacar que lo que distingue al neoliberalismo económico y
político del liberalismo clásico, no es el contenido normativo, el modelo social
o la antropología política que básicamente son los mismos (Tapia, 2008). La
diferencia consiste en que los primeros liberales fueron ideólogos de reformas y
experiencias de la nueva sociedad frente a la antigua estamental y de la libertad
individual frente al absolutismo, generando un institucionalismo protector de los
derechos individuales.
El neoliberalismo, en cambio, es un discurso y una política negadores de
los desarrollos históricos de la igualdad en lo político y lo económico, experi-
mentada en las sociedades contemporáneas por el avance de la democracia, sobre
todo en los siglos XIX y XX.
Así se comprende lo peculiar del discurso neoliberal, que interpreta que los
problemas y crisis contemporáneas se deben al desvío producido por las políticas
igualitarias de los gobiernos “nacional populares”, de la “natural meritocracia” y
no se admite que estos problemas provienen del resultado de las estructuras im-
puestas por las relaciones del mercado capitalista.
Por el contrario, las soluciones propuestas por el neoliberalismo consisten
en reintroducir, reformuladas a las actuales estructuras económicas y tecnoló-
gicas, la universalización de las convicciones sobre la naturaleza humana y las
instituciones políticas y económicas develadas ya, como las únicas naturales por
el antiguo liberalismo.
En este marco, el eje neoliberal actual de Cambiemos, se focaliza y dirige
a destruir el grado de democratización política y social que la historia moderna
produjo en el país, como sumatoria de los procesos de reforma que en cierta me-
dida redujeron los monopolios políticos y económicos que son constitutivos de
las sociedades capitalistas modernas.
En ese sentido, es una estrategia de reconstrucción oligárquica y opresora
de las sociedades, orientada a la reversión de los procesos de democratización y a
una reducción de la ciudadanía.
Para países periféricos como el nuestro, que han tenido ampliación de de-
rechos a partir de constantes luchas populares, el neoliberalismo es una estrategia
de inmovilización de estas luchas sociales, deslegitimando también políticas in-
95
Democracia y populismo
terventoras del Estado, que permitieron una mayor inserción de poder de la clase
trabajadora, y habilitaron por algún tiempo una mayor participación política y
una mayor apropiación del excedente por esos sectores.
En ese contexto, los programas de “ajuste” auspiciados con obstinación por
el Fondo Monetario Internacional, producen el beneplácito del gran poder eco-
nómico, pero generan recesión, desempleo y una sensible caída en el nivel de vida
de los sectores populares. Coincidiendo con Borón (2003) también son gravísi-
mos los efectos más retardados y persistentes de estas políticas, que desprestigian
a las democracias, ya que los sectores populares contemplan que bajo ese régimen
sus demandas son desoídas, mientras que un reducido estrato empresarial se en-
riquece gracias a sus relaciones privilegiadas con el Estado.
Por ello, recuperando algunas cuestiones centrales propuestas por Tapia en
Política Salvaje se evidencia que el neoliberalismo es el pensamiento y la acción
de desmontaje de los escenarios de igualdad, alcanzados en los procesos de de-
mocratización modernos. Lo neoliberal es la negación política del principio de
igualdad posible o alcanzable en la sociedad, ya que “en esencia” somos iguales
jurídicamente, pero desiguales como competidores. En tanto la contingencia de
la desigualdad se articula con una idea de individuo egoísta y calculador en com-
petencia con los demás, se justifica una meritocracia desigual en la sociedad. Solo
se piensa la interacción individual a partir de la intersubjetividad instrumental.
Se quiere así, que la política cumpla funciones diferentes al mercado, pero bajo
la lógica del mercado.
Si tratamos otros de los rasgos de la actual reinstalación del neoliberalismo
en la región y en especial los procesos de “cambio” en Argentina, se advierte que
nos acercan características distintivas de la nueva versión de esta propuesta en su
resignificación del relato sobre la relación de la política con la democracia.
Para citar algunos ejemplos, se advierte que la negación de la dimensión
antagónica impide la aceptación legítima de la pluralidad de perspectivas, sobre
todo de las críticas, que enfrentan propuestas alternativas en los procesos demo-
cráticos, e impiden el “consenso”.
Por otra parte, los principios racionalistas-individualistas dificultan el reco-
nocimiento y descalifican a los afectos y pasiones por proyectos que se juegan en
la política y que habilitan la formación de identidades colectivas emancipatorias.
Pretenden instalar una deficiencia que hace tiempo Mouffe destacaba en
los países centrales: esto es, que la referencia a la soberanía popular ha sido prác-
ticamente eliminada en la concepción de la democracia.
En la democracia liberal siempre existió la tensión constitutiva entre Es-
tado de derecho y soberanía popular, habilitando en algunos contextos, ciertas
preeminencias alternativas. Pero en las últimas décadas se consideró legítimo
abolir la segunda, a partir de la hegemonía del Estado de derecho y el liberalis-
mo. Al suprimir, en los hechos, la soberanía popular, se pierde la convicción de
96
María Susana Bonetto
que el pueblo puede modificar en alguna medida lo establecido. En ese marco el
neoliberalismo elimina la existencia de un “nosotros” y un “ellos” y se suprime
uno de los pilares de la democracia pluralista adversarial: los procesos de disputa
colectiva por construir márgenes más amplios de igualdad. Por ello la principal
diferencia de la democracia liberal se sitúa en negar como valioso el valor demo-
crático de la igualdad y sus defensas por identidades colectivas, sustituyéndolos
por escenarios de pura competencia individual meritocrática.
En definitiva, en principio, puede interpretarse, según lo desarrollado has-
ta este punto, que el devenir de la tradición liberal-neoliberal, no se articula po-
sitivamente con la democracia, en tanto, fue una vinculación contingente, sobre
todo en el marco de la economía keynesiana y que, en el presente, al producirse
su ruptura, defiende una institucionalización inmodificable, que pretende erra-
dicar aquellos aspectos distintivos de soberanía popular, igualdad y participación.
1. 2. La tradición democrática “nacional-popular”
Luego de dar cuenta de la genealogía de la construcción “liberal-republi-
cana”, si se atiende al discurso dominante actual de Cambiemos en este caso,
y se acepta, que la construcción de identidades es relacional, se advierte que
“lo otro” de esta nueva versión del neoliberalismo y que disputa su discurso, es
el populismo, considerado como “los ellos” que definen su propio “nosotros”.
La cuestión permite así, orientarse a la articulación posible entre democracia
“nacional-popular” y populismo.
Esto nos lleva a realizar una rápida revisión de esa otra tradición consti-
tutiva de la democracia en Argentina y la región. En este nuevo tramo también
se intentará una interrelación entre teoría y procesos sociales. En esta línea se
propone una reflexión sobre las realidades regionales, fuera de los marcos teóri-
cos generados por las ciencias sociales de la tradición canónica de la racionalidad
universalista liberal, hegemónica en los estudios de la democracia.
A esos fines, realizaremos un recorrido teórico heterogéneo, a partir de
una recuperación intencionalmente ecléctica, cuestionable y polémica de algunas
dimensiones analíticas que consideramos necesario incluir como “instrumentos
explicativos” para iniciar aproximaciones hacia la descripción y construcción de
una de una “democracia regional emancipatoria”, ¿y populista?
Para ser consecuentes con esta propuesta, se recupera selectivamente al-
gunos de los más destacados aportes de la teoría democrática del siglo XX, en
Latinoamérica y en los países centrales. En este último caso, se inicia el trayecto
tomando algunos de los pocos análisis que se realizaron de su funcionamiento en
escenarios periféricos, no sesgados por una universalización eurocéntrica.
Así un antecedente importante fue la obra de Macpherson, un liberal radi-
cal, quien planteó ya en el año 1966 que la democracia no debía ser identificada
97
Democracia y populismo
única y exclusivamente con la democracia occidental liberal, sino que existían
otras variantes como la democracia comunista y la de los países subdesarrollados.
(Macpherson, 1966). El autor canadiense entiende que las construcciones demo-
cráticas del “tercer mundo” no se identifican con la liberal ni la marxista. Por el
contrario, parecen retrotraerse a la antigua noción inaugural de democracia que
consistía en el gobierno de y para el pueblo oprimido, en el marco de la polis.
Esto es así, en tanto en estas democracias, su construcción no ha sido masi-
vamente resignificada por el individualismo de posesión del liberalismo, ni mol-
deada total y exactamente según el patrón de clases del marxismo. Así, en su
constitución, se han opuesto y aceptado algunos elementos de las dos. Rechazan
mayoritariamente la tendencia individualista de la democracia liberal, ya que, en
alguna medida, la igualdad dentro de la comunidad es tan o más valorada que la
libertad individual. Por otra parte, en cuanto a sus prácticas, las circunstancias
de las luchas por su liberación favorecieron la aparición de partidos dominantes
que representan a las mayorías populares. Así también, continuando con la línea
de pensamiento del autor, en el escenario de estas democracias la conciencia
política de quienes la expresan se construye de modo nacionalista, pero en el sen-
tido defensivo de emancipación, no de expansión, y buscan representar la volun-
tad general, la cual pueden reclamar en muchos casos con justificación. En este
sentido entiende Macpherson que a este experimento democrático basado en la
participación popular “llamarlo democrático es poner el acento en los objetivos.
Es utilizar como criterio de la democracia el logro de fines colectivos igualitarios,
que comparte la gran masa del pueblo y que esta sitúa por delante de los objetivos
individuales”. (1966, p.44).
En definitiva, según el juicio de Macpherson, la legitimidad de este tipo
de democracia no coincide ni con la liberal ni la marxista. Sin embargo, según el
autor, se apoya, al igual que el modelo marxista, en el análisis crítico del capita-
lismo, de la alienación humana y la deshumanización que este produce, propo-
niendo en lugar de la superación de clases, la idea de equidad social e igualdad
del pueblo. Por otra parte, no rechaza totalmente la institucionalidad liberal, sino
que la resignifica y trasciende sus estrechos sentidos fijados en las construcciones
originarias del “primer mundo”, en tanto no centra su atención en las institucio-
nes y la participación ciudadana individual, sino en la movilización colectiva que
legitima las acciones políticas transformadoras en el lugar democrático constitu-
tivo de la soberanía popular.
A pesar de las diferencias epocales que permiten entender algunas variacio-
nes en los términos de la argumentación con respecto a los que predominan en
los debates actuales (ya que las referencias de Macpherson se dirigen a las demo-
cracias “nacionales-populares” o “populistas” de los años cuarenta y cincuenta),3
3
El populismo señala una vertiente fundamental de la tradición democrática en la región.
Dicha tradición desarrolló su identidad política, en gran parte en oposición a los regímenes
98
María Susana Bonetto
la descripción de la democracia planteada se entiende como un antecedente ana-
lítico no eurocéntrico de las democracias regionales, al caracterizar la peculiari-
dad de sus rasgos particulares. Esta tradición es recuperada en las actuales teori-
zaciones sobre los procesos políticos surgidos luego de las crisis neoliberales en
la región a comienzos del nuevo siglo que introducen una propuesta post-liberal
de democracia.
Así como explicamos en el marco de la otra tradición las características
de las democracias de la transición y en los ‘90, esta otra recupera y resignifica
sus tradiciones y prácticas, luego de la profunda crisis del 2001, cuando nuevos
gobiernos sustituyen a las democracias liberales emergentes en Latinoamérica.
En ese período, en Argentina, la recuperación de los ideales de emanci-
pación e igualdad, formulados en clave revolucionaria en los ‘70, no podían ser
aplicados a la construcción democrática, en tanto se consideraban tradiciones
autoritarias sepultadas que no contaban para esta nueva instancia. A esto se debe
que quedaron invisibilizados en los ‘80 y ‘90, pero fueron recuperados por el
kirchnerismo, en una interpretación superadora y performativa entre la rup-
tura necesaria para cualquier transformación y la estabilidad necesaria para el
sostenimiento de cualquier orden, en un escenario signado ya por otras formas
democráticas.
En este marco, corresponde dar cuenta de dos conceptos insustituibles
de esta otra tradición democrática: inerradicabilidad del conflicto y modelo
adversarial.
Coincidiendo con Mouffe (2009), los términos claves del discurso neolibe-
ral ya mencionado al final de la anterior aproximación, son “buena gobernanza”
frente a “democracia partisana”. Por ello, su análisis de la democracia conflictual-
adversarial surge de una ontología del conflicto como constitutivo de la política
y de la necesidad de producir transformaciones al orden existente, lo que desde
la otra perspectiva es considerada como algo que debe evitarse, y en su lugar
se recomienda una democracia consensual completamente “despolitizada” que
permite el mantenimiento y conservación del statu quo. Esto es así porque existe
una negación del conflicto como constitutivo de la realidad social y política, y
como tal, si damos cuenta de esta ontología en nuestro actuar democrático las
posibilidades de transformación del orden social son amplísimas en cuanto a la
superación del único orden “racional universalmente posible”.
Así, es claro que lo que está en juego en la lucha agonista es la configuración
misma de las relaciones de poder que estructuran una sociedad. Por ello, es una
democrático-liberales que imperaron según lo construyeron los órdenes oligárquicos. Liberalismo
y democracia estaban imbricados en una relación tensa y conflictiva en la región. La imposición
del ideal democrático populista debe ser vista como un emergente de dicha peculiar dialéctica
entre liberalismo, democracia y marxismo.
99
Democracia y populismo
lucha entre proyectos hegemónicos, que nunca pueden reconciliarse de un modo
racional, pero que se desarrollan bajo condiciones reguladas por un conjunto de
procedimientos democráticos aceptados por los adversarios. Cabe destacar que
todos los discursos y las políticas adoptadas por los gobiernos “de izquierda” en
Latinoamérica reflejan esta situación: rechazan el pretendido “consenso liberal”,
lo que les permite adoptar una identidad común que comparte un fuerte rechazo
al neoliberalismo. La ruptura no solo tiene un sentido económico sino también
político, implica romper con el orden anterior (Panizza 2008), y aquí radica la
definición del adversario político.
El consenso solo se requiere respecto a las instituciones democráticas, aun-
que siempre se puede polemizar sobre sus valores fundantes, porque estas no son
neutras, es decir, tienen fundamentos ideológico-políticos y no son solamente
marcos institucionales. Por consiguiente, es claro que siempre existirá también
desacuerdo en lo referente a sus sentidos y al modo en que deberían ser imple-
mentados. Y en una democracia pluralista esos desacuerdos no solo son legíti-
mos, sino también necesarios.
Por ello no se puede ignorar, en la Argentina, la dimensión antagónica de
“lo político” y pensar que la política pueda reducirse a un conjunto de procedi-
mientos técnicos y neutrales, ya que esta formulación sostiene implícitamente
que la democracia liberal y sus peculiares instituciones constituyen la única solu-
ción racional universalmente aceptable para organizar la convivencia social.
Continuando en el análisis de la democracia regional se incluyen dos di-
mensiones analíticas en la praxis de esta otra tradición democrática: igualdad y
participación. En este marco regional resulta relevante y muy pertinente, recu-
perar una interesante interpretación de la democracia realizada por Luis Tapia
(2009) quien sostiene que la noción de democracia se ha modificado a través de
las distintas épocas, de las sociedades y los países, en tanto entiende que la vida
política tiene que ser pensada en su historicidad, y en esta condición se requiere
ir modificando el modo de conceptualización.
Ese contexto, nos habilita a reflexionar sobre el hecho de que, para articu-
lar propuestas democráticas, propias de la región, es necesario una revisión de la
estructura conceptual de las definiciones de democracia instauradas hegemóni-
camente desde el pensamiento norteamericano, en tanto sirven como discurso
de legitimación de un solo tipo de democracia: la liberal. Por el contrario Tapia
(2009) da cuenta con gran solvencia argumentativa cómo en las mayorías de
las transiciones, si bien se restituyeron los derechos políticos que permitieron la
renovación de los regímenes políticos y la selección de los nuevos gobernantes,
estas transiciones liberales acompañadas de procesos de privatización y creciente
control trasnacional de las economías nacionales, han producido resultados que
tienen como efecto una mayor desigualdad en cada uno de los países y en toda la
región. En definitiva, siguiendo a Tapia, las transiciones, al adoptar este modelo,
100
María Susana Bonetto
tuvieron como resultado en el conjunto del continente “la desarticulación de la
soberanía política o de las condiciones materiales que la soportaban, o hacían po-
sible, el grado y el tipo de soberanía política que se ejercían en los distintos países
como producto de los procesos de construcción de Estados-nación y, en algunos
lugares, de construcción de instituciones democratizantes del Estado” (Tapia,
2009). Esto ha tenido consecuencias negativas, ya que reduce las posibilidades de
autogobierno y, como consecuencia, también reduce la posibilidad de políticas
tendientes a la igualdad, a partir de la continuidad de la institucionalidad liberal
que prioriza la protección de la propiedad y la no intervención del Estado para
modificar tal situación. Por ello, para revertir estos efectos se requiere hacer una
revisión de la estructura conceptual de las democracias instaladas en la transición.
Esto es así porque, las teorías liberales-poliárquicas –en especial la propues-
ta de Dahl– definen la democracia como un método de selección de gobernantes
y un conjunto de instituciones jurídicas que constituyen sus condiciones de posi-
bilidad. Así, se explica la democracia solo por una parte de ella, por su método y
sus condiciones institucionales de implementación, quedando sin teorizar el pro-
ceso de gobierno, –que, en el caso de la democracia, es el autogobierno con todas
sus implicancias transformadoras– que solo en algunos casos se referencia en la
democracia liberal y de una manera débil, por mecanismos de representación.
Sin embargo, coincidiendo con el autor, este proceso es definitorio de la
democracia, de allí la importancia de la participación. Y la reconceptualización
de esta, es un rasgo que debe ser acompañado por otro con el que constituirían el
núcleo central de la definición de la democracia: la igualdad. Esta tampoco forma
parte del núcleo central de la democracia liberal, salvo en su versión más débil
que es la igualdad de derechos para participar de la selección de representantes.
Por el contrario, una definición alternativa a la democracia liberal implicaría
sostener que la democracia es una forma de autogobierno entre sujetos políticos
iguales que tienen la finalidad de ampliar áreas de igualdad socioeconómica y
participación ciudadana.
Así, frente a las democracias latinoamericanas versión ‘80 y ‘90, gerencia-
doras del mercado y asentadas en la idea del consenso, y la negación del conflic-
to propias del modelo neoliberal, las democracias representativas de “la nueva
izquierda latinoamericana” surgidas a modo de respuesta a las crisis de inicio
del siglo XX, vuelven a recuperar las perspectivas emancipadoras y populares.
Así también, retoman ese vínculo originario y lejano que, como lo entendía
Macpherson (1966), vincula estas democracias a su construcción original.
Entones, se requiere comprender que el escenario de variadas prácticas y
tradiciones de constitución de una democracia “legítima” en la región es dife-
rente al de los países centrales por su distinta construcción histórica. Ya que la
adhesión a la democracia, de los sectores populares, se produce en gran medida
porque habilita a la participación para la ampliación de derechos y la búsqueda
101
Democracia y populismo
de igualdad socioeconómica en sociedades dependientes e inequitativas.
Por ello, es preciso dar cuenta de otra de las características de esta tradi-
ción democrática: la construcción contingente de los gobiernos de “la nueva
izquierda”.
En la búsqueda de apuntalar el reconocimiento de legitimidad de las de-
mocracias regionales, resulta pertinente reiterar el análisis de algunas dimensio-
nes de los procesos latinoamericanos, signados por democracias participativas o
militantes como en Argentina, con marcos conceptuales específicos de la región
y diferentes a las clásicas dimensiones analíticas de los países centrales, pero no
con menor potencial explicativo. Puede tomarse como base de los procesos re-
gionales, la adopción de dos presupuestos particularmente representativos: que
se dio un giro a la izquierda en nuestro continente, y que cada vez es menos claro
qué se entiende por izquierda (Arditi 2009). En ese marco, indagando el sentido
político de estas nuevas izquierdas, se advierte que no están apegadas al pen-
samiento político marxista, sino que resignifican las concepciones de igualdad,
solidaridad y la crítica al statu quo, como dependientes del contexto y no como
un conjunto de consignas ideológicas; coexisten con la propiedad privada y el
mercado, aunque desafían a la ortodoxia neoliberal como la única racionalidad
económica posible. Y aunque la democracia electoral y gran parte de la institu-
cionalidad liberal integre el funcionamiento de estas nuevas izquierdas, también
proponen la experimentación con formatos posliberales de participación política
(Arditi 2009).
Pero si se quiere desentrañar sus características, sostener que la izquierda
busca cambiar el orden existente y está orientada a impulsar la igualdad y la soli-
daridad, no basta para producir una definición. Esto es así, porque el significado
de estos términos esta desligado de un determinado contenido universal, sino
que en la región es un efecto contingente de polémicas entre actores políticos
enmarcados en específicos contextos. Aunque en las izquierdas latinoamerica-
nas estos rasgos son definitorios, su configuración es contingente, y pueden ser
caracterizadas a partir de la pretensión de cambio del orden vigente, y en el mo-
mento de su emergencia y de quiebre histórico con el Gran Otro, el adversario:
el neoliberalismo. Aunque hay ideología en el momento de fractura (el momento
populista) hay que destacar la pretensión de quiebre y definición del adversario
para comenzar a articular la identidad del “nosotros”. Luego deviene el proyec-
to ideológico “de izquierda” que toma para sí ciertas banderas postergadas y de
aquellos grupos desfavorecidos y excluidos, según las condiciones de cada país.
Por ello, aunque se sostienen valores que pertenecen a las tradiciones de
izquierda, estas carecen de precisión de su sentido político fuera de los casos de
desacuerdo o polémica donde se hace referencia a su efectiva defensa, en el mar-
co de fuerzas antagónicas que representan proyectos políticos alternativos. Así,
la identidad de estas agrupaciones se va modificando de acuerdo a los aciertos
102
María Susana Bonetto
y fracasos de sus proyectos, los distintos adversarios con los que se enfrentan y
las representaciones que se hacen de sí mismos. En definitiva, representan una
ruptura del “consenso” postulado por el “republicanismo liberal”. Por otra parte,
la contingencia de los adversarios no excluye un proyecto ideológico en función
del cual se define quién va a ser –y quién no– definido como adversario político.
A pesar de estas “limitaciones”, parece constatarse en la región que la narra-
tiva de izquierda se ha constituido en un importante eje del conflicto político. En
todos los países, la desigualdad y la discriminación han pasado a ocupar un lugar
central en la agenda pública. Es evidente el contenido socioeconómico del signi-
ficado de la democracia que no se evidencia de la misma manera en otros lugares.
Coincidiendo con Arditi (2009), esta resignificación del conflicto político
nos permite interpretar el giro a la izquierda de Latinoamérica, y aun cuando
en muchos casos fracase, ya ha logrado dos cosas: 1- haber vuelto a colocar la
discusión de la igualdad, la redistribución y la inclusión en la agenda pública;
y 2- abrir el camino al crecimiento económico con equidad. Este reacomoda-
miento tiene una visión de continuidad, más allá de los éxitos electorales de estos
gobiernos, tanto es así que obliga a ser esgrimido, por lo menos en apariencia,
como fundamento de las políticas de “los otros”.
A diferencia del marxismo tradicional, esta izquierda tiende a exigir la igual-
dad y dar respuestas a las demandas redistributivas, sin necesariamente abolir el
capitalismo. En este caso, en su dimensión político-institucional, se trata más de
un post-liberalismo que de un antiliberalismo, porque se remite a algo que no
puede ser contenido en la forma liberal.
También, hay fenómenos y temas que ocurren en los bordes de las institu-
ciones liberales y su estatus es dificil de precisar. Además, indican que la democ-
racia no se agota en su encarnación liberal, como ya lo había percibido Macpher-
son (1968). Así, entendemos que Arditi lleva la tesis del post-liberalismo más allá
de la propia argumentación de Macpherson (1968), y nos propone una imagen
de un pensamiento político que incluye pero a la vez trasciende su formato insti-
tucional. Así, se insiste en que se debe usar el Estado para promover una agenda
progresista e impulsar nuevas formas de hacer política. Pero a diferencia del con-
sumismo y la pasividad ciudadana del desarrollismo bienestarista, por el con-
trario, la recuperación del Estado para limitar el capitalismo y promover mayor
equidad, fue acompañada por gran parte de la población con un compromiso de
participación política y de militancia, con una identificación en la construcción
colectiva de otro proyecto político. Es decir, como ya se ha planteado, es lo que
caracteriza el “reencantamiento de la política” que se advierte en ciertos sectores,
en la democracias post-liberales de la región.
En América latina, y en Argentina en particular, quienes lucharon contra
el neoliberalismo y pugnaron por la instauración de democracias alternativas en-
carnaron un reencantamiento de la política, que radica en la fuerza movilizadora
103
Democracia y populismo
de una promesa de algo por venir. Estas acciones, además de conflictos por el
reconocimiento y de distribución en el sentido habitual, fueron más que eso: se
produjeron asociadas a procesos de subjetivación política. Es decir, se orientaron
a la búsqueda de desclasificación del lugar que ocupaban, que les había sido
asignado por otros, y además, se formuló un reclamo por una identificación con
un nombre que aún no resulta ser un nombre válido aplicable a la situación en
el orden existente (Rancière, 1996). Así, el proceso de subjetivación no consiste
solo en reafirmar una identidad, sino en rechazar la impuesta por otro (Rancière,
1996). Si se trata de partes que no son partes, significa que solo podrán serlo si
pueden generar una nueva re-partición del mundo-comunidad. La democracia
regional valoriza esa práctica de choque, que hace entrar en escena otra relación
de lo sensible y lo decible. La política se sitúa en el conjunto de actos que desha-
cen las divisiones sensibles del orden policial y reconfiguran los espacios donde
se definen las partes y su ausencia. La política genera una multiplicación de esas
operaciones de sustitución, que permiten la construcción de lo común, que a su
vez implica disentimiento con el orden establecido anteriormente.
Hay en estos proyectos un desacuerdo con el orden existente. Por una
parte, los nuevos gobiernos de izquierda han generado una efervecencia entre
quienes han sido excluídos por ser pobres, indígenas, mujeres, jóvenes o afrodes-
cendientes. En ese marco la construcción post-liberal permite el reencantamiento
de la política, en tanto funciona como medio para generar sentido de pertenencia
de tantas partes que no estaban incluídas en la pura representación y aspiran a
múltiples canales de consulta, participación y diálogo, en tanto las elecciones
y la ciudadanía electoral, no tienen que ser vistas como la jaula de hierro de la
participación democrática. Sin embargo, esta fuerza instituyente-transformadora
necesita conciliar su percepción de opciones post-liberales con una reticencia a
cuestionar la democracia representativa. Esta nueva realidad implica que America
Latina, aunque respetando la institucionalidad tradicional, también está alta-
mente movilizada para su transformación. Pero la movilización es no conven-
cional, estos grupos están interesados en el destino de su sociedades, “pero están
negando las formas tradicionales de hacer las cosas, inventando nuevas maneras
de expresarse” (Latinbarómetro, 2008, en Arditi, 2009).
En este marco, entendemos que, en Argentina,. a partir de la asunción
de Néstor Kirchner como presidente y la implementación de otros discursos y
decisiones, se produce un reencantamiento con la política y la construcción de
un compromiso político resignificado a la nueva época democrática. Entende-
mos también, que más allá de los aciertos y los errores, de las marchas y con-
tramarchas, de los triunfos y los fracasos, esta nueva forma de compromiso y
construcción democrática es la que expresa las mayores y mejores posibilidades
de democratización en Argentina. Y esto porque constituyó un escenario en el
cual, la emancipación tomó a la igualdad como una presunción que sirve de base
104
María Susana Bonetto
a su propia práctica, permite deshacer la materialidad de los órdenes jerárquicos
establecidos, interfiriendo la división de las identidades, las fronteras de clases y
saberes.
A pesar de los avances de la derecha en la región, las huellas de la construc-
ción post-liberal, realizada por los gobiernos de comienzos de siglo, continúan
funcionando como un medio para generar sentido de pertenencia a aquellas par-
tes que no estaban incluidos en la representación.
Coincidiendo con Rancière, la democracia es la acción que arranca cons-
tantemente a los gobiernos oligárquicos su monopolio de la vida pública. Las ac-
ciones de quienes luchan por la restauración emancipatoria en la región a inicios
de este siglo coinciden notablemente con esta descripción. Finalmente, resta vin-
cular esta tradición emancipatoria democrática en su relación con el populismo.
En esto se concentrará la última parte del trabajo.
2. Democracia y populismo
El populismo, en la conciencia de sentido común de grandes sectores so-
ciales posee una mayoritaria connotación negativa, ya que los medios de comu-
nicación hegemónicos que responden al “republicanismo liberal” lo vinculan con
una falta de cultura cívica, y a una relación políticamente demagógica, que no
respeta la legalidad.
Si nos atenemos a algunos aportes teóricos tradicionales sobre populismo, se
advierte que en la Argentina tanto la perspectiva funcionalista expresada por Gino
Germani (1956-1978), como la de Torcuato di Tella (1965-2003), lo consideran
como una anomalía del paso de una sociedad tradicional a una moderna, con élites
desplazadas y masas en disponibilidad, en un escenario contrario al statu quo, que
en definitiva dañan los supuestos básicos del funcionamiento de la democracia
liberal-representativa. Por otra parte, la perspectiva histórica-descriptiva de Murnis
y Portantiero (1971), lo considera como un cierto producto de alianza de clases
vinculado a un determinado período histórico de desarrollo y redistribución. Así
también se pueden citar a Cavarozzi y O’Donnell, que lo piensan como un fenó-
meno circunstancial restringido a determinada situación de desarrollo moderniza-
dor. No nos detendremos a ahondar en estas discusiones que no interesan a nuestra
indagación. Por ello, se decidió trabajar con autores que vinculan el populismo a la
democracia y la representación, aunque de diferentes maneras.
Sin embargo, desde otra perspectiva, Margaret Canovan (1999, pp.2-16)
propone una definición de populismo que comparte con Worsley (1969) en la
cual se sostiene el argumento según el cual, así como la constitución de identida-
des populares es central en el populismo, este en las sociedades democráticas “es
entendido como una apelación al pueblo contra la estructura de poder y los va-
105
Democracia y populismo
lores dominantes de la sociedad”. Así, la apelación a la soberanía popular es parte
de la democracia y, cuando se la limita en una institucionalidad que la excluye,
explota en su apelación populista. Esto coincide con el pensamiento de Mouffe
(2009), para quien aquellos que consideran que la política puede ser reducida a
motivaciones individuales y solo por intereses personales, no advierten, como
sí lo hacen los populistas, que la política consiste siempre en la creación de un
“nosotros” y un “ellos”.
También, en coincidencia con la politóloga belga, cabe destacar que, para
entender el populismo al interior de la democracia, es necesario dar cuenta del
fracaso de masivos apoyos populares en las construcciones políticas tradicionales
de la teoría política liberal, al absolutizar los principios racionalistas-individualis-
tas en sus construcciones institucionales, así como su negativa e incapacidad para
comprender el rol central de las pasiones en la constitución de las identidades
colectivas. También debe agregarse como característica de la democracia liberal,
el abandono de la apelación a la soberanía popular, por ello el populismo surge al
interior de la democracia convocado por los déficits de participación y represen-
tación en un marco cerrado e inmutable de un irreformable “Estado de derecho”.
En esa misma línea Biglieri y Perelló (2007) recuerdan que Worsley (1970)
liga el concepto de populismo a la cuestión de la democracia, pero desprendién-
dose del supuesto de que aquel es una amenaza para esta. En ese marco, frente a
la discusión sobre las imprecisiones del término populista, se entiende que Wors-
ley propone rescatar la dimensión participativa del populismo, que es un aspecto
mantenido en desuso por la democracia liberal, restringiéndolo solo a los canales
institucionales. El populismo, por el contrario, recupera la idea de participa-
ción, más allá de su aspecto procedimental. En definitiva, el análisis de Worsley
habilita a considerar que el populismo, en su dimensión participativa, permite
superar los límites de la tradición estrictamente formal-institucional en relación
a la democracia. Aunque no se pueden vincular de manera definitiva democracia
y populismo, es claro que la reflexión sobre esa posibilidad aporta una dimensión
que permite superar los límites de una visión puramente institucionalista.
Desarrollando con mayor detenimiento el pensamiento de Canovan
(1999), se advierten con más claridad las coincidencias con Worsley, aunque des-
de otros supuestos. Inicia su argumentación retomando conceptos de Oakeshott
(1998), quien sostiene que existen dos estilos de la política: el de la fe y el del
escepticismo.
En el mismo sentido, Canovan deja de lado la ideología y el contenido
de las políticas populistas, y analiza el fenómeno en relación a la democracia.
Así hace mención, recuperando los conceptos de Oakeshott, a dos caras de la
democracia: la cara redentora (la política de la fe) y la cara pragmática (la política
del escepticismo). Entiende que la democracia tiene ambas caras, que no existen
106
María Susana Bonetto
de manera independiente y que no hay posibilidad de reconciliación entre ellas.
Por una parte, la democracia moderna tiene una cara redentora que promete
un mundo mejor a través del pueblo soberano, pero también –desde la visión
pragmática– se propone resolver pacíficamente los conflictos a través de reglas
institucionales. Por otra parte, la noción redentora reivindica el poder popular
eje de toda democracia, y la promesa de soberanía popular facilita la formación
de identidades colectivas que pueden llegar a influir en la toma de decisiones,
en cambio la cara pragmática necesita que el poder se haga efectivo a través de
instituciones y procedimientos.
En determinadas circunstancias, esta última necesita el resurgimiento de
la fe para su renovación. Aunque ambas deben coexistir en una especie de con-
cordia/discordia. Pero cuando se abre una brecha entre el ideal del poder del
pueblo y el desempeño real de las instituciones democráticas existentes –brecha
que es constitutiva de las democracias modernas– se constituye el escenario en el
que emerge el populismo. No hay entonces una relación de exterioridad entre de-
mocracia y populismo, sino que puede ser pensado como una dimensión interna
de las democracias modernas, como una respuesta al exceso de pragmatismo. El
populismo es una sombra proyectada sobre el componente liberal de las demo-
cracias modernas, siendo así una posibilidad interna de la democracia.
También, a los fines de dar cuenta de la relación populismo y democracia,
se analiza la posición de Arditi, que difiere en parte de los supuestos analíticos an-
teriores, pero concluye su análisis casi en la misma línea que los autores citados.
Por una parte, al igual que los autores anteriormente desarrollados, entien-
de que no hay una relación de exterioridad entre democracia y populismo como
los sostienen los críticos conservadores. Sin embargo, es posible admitir en el
análisis de Arditi que esta relación es contingente, presentándose tres modalida-
des de relacionamiento.
Así, hay una primera modalidad de relacionamiento populismo-democra-
cia de clara e incuestionable interioridad. A partir de la actual “democracia de
audiencias” según la categorización de Manin (2001), es una etapa en que las
emociones y los alineamientos identitarios son importantes en el funcionamien-
to de las democracias. También resulta relevante que exista una relación de perso-
nalización entre candidatos y electores, tornándose los partidos en instrumentos
del liderazgo de los candidatos, lo cual se aproxima a una relación cara a cara. Por
otra parte también, la acción gubernamental se ha expandido y complejizado,
exigiendo por parte de los ejecutivos una rápida decisión sobre un considerable
número de temas. Por ello, Manin entiende que hoy se requiere lo que Locke
había denominado “poder de prerrogativa”, es decir, un cierto margen de dis-
crecionalidad de los gobernantes, por tanto, adquiere especial importancia, la
confianza personal en los candidatos.
107
Democracia y populismo
Esto refuerza la tesis de interioridad del populismo y la democracia, ya que
en la política cotidiana de las democracias actuales impera un modo de repre-
sentación populista que entrelaza el tradicional “actuar por otros” y la “autoriza-
ción”, con un fuerte rol de la imaginería simbólica. Por otra parte, es claro que los
sectores progresistas ven con buenos ojos el populismo latinoamericano, dada su
posición antiimperialista y su rol de vehiculizador de la inclusión de los desposeí-
dos y de ampliación de derechos en la agenda pública. En definitiva, concebido a
nivel de régimen político, en determinados contextos regionales (como el latino-
americano) y dadas las características de las democracias contemporáneas, es cada
vez más difícil ver al populismo como un “afuera” de las políticas democráticas.
En la segunda modalidad, Arditi corre la relación populismo-democracia
del lugar institucional del régimen político al del imaginario democrático de la
política moderna y lo considera como un síntoma de la democracia, o sea, es po-
sible sostener que es un retorno de lo reprimido. Así, Arditi entiende el populis-
mo como síntoma o periferia interna, refiriéndose a los fenómenos que aparecen
en las regiones más turbulentas de la democracia para obtener un mayor peso del
poder popular, y que son rechazadas por aquellos que solo la entienden en un
sentido procedimental. Sin embargo, el autor entiende que el populismo como
síntoma funciona como un elemento que pertenece a la democracia (como de-
bate público y participación), y a la vez impide que esta se cierre como un orden
político puramente domesticado y normalizado dentro de procedimientos esta-
blecidos y marcos institucionales. Así, el “ruido populista” describe una práctica
en la cual el pueblo se niega a aceptar el lugar asignado de subalterno para montar
el desacuerdo en el sentido de Rancière (1996), o sea, cuando emerge la política
irrumpiendo en el orden policial, “domesticado-normalizado”, y convoca al pue-
blo a desafiar la partición de lo sensible. Es el escándalo que trae la democracia
irrumpiendo para desmontar el cierre de la partición de lo sensible como puro
elitismo, pudiendo torcer así el orden policial (Rancière, 1996).
Es una manera de plantear la redención en los términos de Canovan (1999),
a expensas de la interpretaciones más cerradas y conservadoras del Estado de De-
recho. O sea que puede funcionar como promesa de redención, perturbando el
orden normalizado de un Estado de derecho conservador y extender el alcance de
la participación que impugne el marco “normalizado” de la política institucional.
Es la promesa democrática de la “voluntad popular”, que ocurre en los márgenes
más ásperos, pero más inclusivos del imaginario democrático.
Por último, la tercera modalidad de relacionamiento populista es propues-
ta por Arditi (2010) como antitética o contraria a la democracia. Esto se produce
cuando predomina el supuesto de infalibilidad del líder, cuando el control verti-
calista anula toda expresión autónoma de la voluntad popular, cuando se pierde
todo amarre institucional de la soberanía popular. Esto es, cuando la visión re-
dentora de la política arrasa con todo marco institucional, entonces el populismo
108
María Susana Bonetto
es opuesto a la democracia (se debe aclarar que esto también sería una anomalía
del populismo, por lo menos en el sentido de Laclau).
También se propone un análisis de democracia y populismo desde la mi-
rada de Boaventura de Sousa Santos. Está claro que el tema del populismo no ha
sido central en los debates y propuestas del autor. Su concepción del populismo
mantiene algunas consideraciones tradicionales, pero también habilita la posibi-
lidad de otras interpretaciones de su obra sobre dicho tema.
Boaventura de Sousa Santos considera que el populismo implica una cons-
trucción de subjetividades y formas de acción política contrarias a las mediaciones
de la democracia liberal representativa. También entiende, que se presenta como
insuficiente para una distinción determinante de la oposición entre izquierda y
derecha, tema de su especial interés. Aunque, por otra parte, la constitución clara
de sus enemigos radicaliza su voluntad política transformadora contra el statu
quo y permite una clara distinción entre el “nosotros” y el “ellos”.
Según el cientista social portugués, el populismo tiende a privilegiar la
participación frente a la representación, con una vocación antielitista, aunque
sin embargo a veces delega en un líder, un proyecto y las esperanzas de trans-
formación emancipatoria, construida y compartida con movilizaciones masivas
intensas. Por eso, entiende que el populismo es una idea política extremadamente
ambigua (Santos, 2016).
Finalmente, considera que la relación entre populismo y democracia tam-
bién es ambigua, ya que si por un lado la convocatoria a la participación y, por
lo tanto, a la democratización de la democracia resulta positiva, por el otro, esta
intensificación de la participación puede tener objetivos antidemocráticos (Por
ejemplo, la exclusión de los inmigrantes, como se da en algunos populismos
europeos).
En definitiva, entiende que el populismo, como puede tener diferentes
valores e ideologías, es un dispositivo político cuyo uso beneficia a quienes lo-
gran el poder político (es decir la hegemonía) para definir ideológicamente una
determinada realidad política.
Lo interesante del análisis del autor portugués es que advierte que cuando
la derecha es declarada populista no le produce mayores daños e incluso puede
resultar beneficiada. Pero cuando la izquierda es declarada populista el objeti-
vo es retirarle legitimidad democrática para proponer una alternativa creíble al
neoliberalismo. Esto permite interpretar que el populismo democrático y trans-
formador –denominado por Mouffe “populismo de izquierda”– es el verdadero
objetivo de crítica del neoliberalismo, porque constituye un potencial democrá-
tico emancipador.
Por ello entendemos que, en una interpretación del autor, se podría pensar
la institución del populismo dependiendo del contexto de emergencia. Así el
109
Democracia y populismo
populismo de izquierda fortalece la voluntad emancipatoria de la soberanía po-
pular, como hasta el presente fue realidad en la región.
Pero en su versión europea de derecha se pronuncia por políticas de aus-
teridad, antipopulares y expulsiva de los inmigrantes, por ello en ese contexto el
populismo se transforma en enemigo de la democracia.
Es ese populismo de derecha el que rechaza Boaventura de Sousa Santos,
y así coincidiría con Mouffe, quien además entiende que es necesario que la iz-
quierda se apropie del populismo, ya que es un modo de hacer política y no una
ideología. Por eso su apelación negativa es usada para descalificar, cuando estos
populismos buscan una emancipación apoyada en la soberanía popular que han
abandonado los partidos demoliberales. Así se entiende –como sucede en Euro-
pa– que cuando esto se intenta –tal es el caso de Podemos en España– sufre el re-
chazo de los partidos tradicionales, aún de izquierda, que descalifican esta nueva
forma de construcción política. Lo que se rechaza es la apertura a nuevos modos
de construcción política de signo plebeyo que se constituyen reivindicando la
importancia de las peculiaridades de cada contexto cultural y de cada experiencia
política, así como también se rechazan las identidades colectivas y los afectos en
la política. En ese marco se desconoce la importancia de la movilización de afec-
tos comunes en las formas políticas de identificación.
3. Reflexiones finales
Revisando atentamente los análisis que vinculan democracia y populismo,
podría entenderse que el populismo es interior y refuerza la democracia, si lo
entendemos en sentido de los análisis post- liberales y post-marxistas, para los
que no existen relación de exterioridad entre populismo y democracia. Y en una
interpretación tradicional tanto de derecha o izquierda, sobre la “ambigüedad del
populismo” o su oposición a la institucionalidad democrática, es usada por los
partidos demoliberales tradicionales para impedir su legitimación como posibi-
lidad de regeneración de la soberanía popular, salvo en los posibles populismos
de derecha que logran adeptos, por la resistencia de la izquierda a aceptar estas
dimensiones afectivas y de identidades colectivas que emergen en la actualidad
en los procesos políticos.
Así, coincidiendo con Mouffe (2018), estamos atravesando un “momento
populista” como expresión de resistencia frente a la hegemonía neoliberal que
orienta y expande construcciones post-políticas que son compatibles con sus po-
líticas económicas, y que mantienen reprimidas las alternativas populares.
En ese marco, Mouffe propone la construcción de un “populismo de iz-
quierda” con una cadena de equivalencias “cuya unidad esté asegurada por la
110
María Susana Bonetto
identificación con una concepción democrática radical de ciudadanía y una opo-
sición común a la oligarquía” (Mouffe 2018). Es decir, es de izquierda por el
modo partisano en que se construye el pueblo, y porque defiende los valores
de igualdad y justicia social. Puede ser construido de diferentes maneras, pero
siempre entendido como promesa de radicalización de la democracia frente a la
hegemonía neoliberal.
Por ello, es posible reconocer rotunda y ampliamente en todas sus dimen-
siones que el populismo en Latinoamérica enriquece y fortalece la tradición “na-
cional popular” en la región, la cual es la única realización democrática que per-
mite cumplir los ideales de igualdad, soberanía popular y participación. Incluso
es posible vincular el populismo en su interrelación con la política democrática
de Rancière, en tanto toma una posición como la “promoción de la parte de los
sin parte”, la irrupción de los excluidos que destruye cualquier orden “legítimo”,
basado en el nacionalismo, la capacidad o la ley divina. Coincidiendo con Barros
la vinculación con la filosofía ranceriana está dada, ya que “sería una forma espe-
cífica de ruptura de la institucionalidad vigente a través del planteamiento de un
conflicto por la inclusión de una parte irrepresentable dentro de esa instituciona-
lidad” (Barros, 2005, p.8).
En definitiva, se teme al populismo emancipador por su potencial para
ampliar el canon democrático. Pero no son descalificados como “populistas” los
gobiernos de derecha que se articulan con los intereses de la globalización eco-
nómica neoliberal, que adoptan ese modo de hacer política y que están logrando
un considerable éxito. Sobre todo, esto constituye un interrogante y un desafío a
trabajar en Latinoamérica en el marco de su expansión en la región.
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113
Que la muerte esté tranquila:
sobre el vínculo entre historia y política
en el gobierno de Cambiemos
Guillermo Vázquez1
1. El anhelo de una política sin historia
El acervo histórico de un movimiento político siempre ha sido en Argenti-
na motivo de disputa, discusión y contemplación por parte de la teoría política.
Es que todo imaginario político se construye, en mayor o en menor medida, con
un relato –un conjunto de ellos– del pasado, con una “comunidad imaginada”
donde la nación tiene próceres, lugares, fechas, “líneas históricas” (Yrigoyen-Pe-
rón-Frondizi; San Martín-Rosas-Perón, etcétera), acontecimientos que dan senti-
do al quehacer de la práctica política. Algo muy particular sucede con la alianza
Cambiemos que, desde su llegada al poder nacional en diciembre de 2015 –antes
incluso también, pero no será objeto de este breve trabajo–, su estrategia con la
historia nacional, con un relato de hechos y actores nacionales y/o continentales,
ha sido sistemáticamente negado, ocultado o puesto en un segundo plano de
muy poca relevancia, con excepciones atendibles.
Esta situación es, además de inédita, estratégicamente explicitada por los
principales actores de Cambiemos, fundamentalmente su línea PRO –y no otros
partidos, como la UCR, que acompañan la alianza–, pero a su vez –esbozare-
mos aquí como hipótesis– ha tenido grandes dificultades para ser sostenible,
producto de que una política sin un relato de la historia no es posible, al menos
no por el tiempo que dure un mandato presidencial. Ocurre que la estrategia de
negación del pasado histórico como referencia para la actuación política sobre
la que se pliega Cambiemos, se da en un marco muy particular, y en el cual los
resquicios, lapsus y manifestaciones de los actores de la alianza gobernante, dejan
1
Licenciado en Filosofía. Abogado. Doctorando en Filosofía en la FFyH. Profesor Asistente
en la cátedra de Teoría Política, Democracia y Estado argentino y de Teoría Política I (Clásica)
de la Facultad de Ciencias Sociales-UNC. Prosecretario de Relaciones Internacionales e
interinstitucionales de la Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC. Correo electrónico:
Guillermo_javaz@[Link]
115
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
traslucir un cierto relato –no del todo novedoso, y básicamente clásico–de una
derecha argentina con bases estructuradas en la oligarquía tradicional, el capita-
lismo nucleado en los sectores lobistas que conglomeran empresas e industrias
(IUA, ADEA)2 y la casi totalidad de los medios de comunicación del oligopolio
empresarial que los sostiene, entre otros sectores no del todo influyentes como los
vinculados al brazo militar del terrorismo de Estado.
En su Prólogo al libro de Nicole Loraux sobre la guerra civil ateniense,
la historiadora vasca Ana Iriarte (2008) menciona como ejemplo al Partido
Popular español (una de las preferencias de vínculos y modelos políticos del
presidente Macri, tanto con José María Aznar como con Mariano Rajoy) y
su negativa de “conmemorar” a las víctimas de la guerra civil española.3 Los
referentes del Partido Popular, ante el proyecto de Ley de Reconocimiento y
Extensión de los derechos a las víctimas de la guerra civil y de la dictadura,
propuesto por el gobierno del Partido Socialista Español (PSOE) encabezado
por José Luis Rodríguez Zapatero en 2006, intentaban hacer valer una cláu-
sula del Pacto de la Moncloa (1978) para “no volver sobre el pasado”; aducían
que el proyecto de ley rompía ese acuerdo, ya que “los españoles quieren mirar
al futuro y no hablar de la República y el franquismo”, y que “revisar la histo-
ria es una enorme equivocación que no sirve a ningún efecto” (Iriarte, 2008,
p.6). La obra de la historiadora francesa Nicole Loraux, que Iriarte prologa,
cuya obra en varios planos busca mostrar las raíces de la conmemoración a los
muertos en Occidente –máximo ejemplo fue la “Oración fúnebre” de Pericles
que conocemos por la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides–, y el
valor de la historia para la praxis política, de gran importancia en la Atenas
democrática. El Partido Popular, de gran anclaje ideológico y político con los
remanentes del franquismo, no buscaba una “memoria completa” –como en
Argentina blanden desde sectores militares y civiles imputados y/o conde-
nados por delitos de lesa humanidad–, sino dejar atrás cualquier recuerdo,
cualquier vestigio de reconstrucción política a partir de la memoria sobre
acontecimientos pasados.
En aperturas de sesiones legislativas, entrevistas y conmemoraciones his-
tóricas de relevancia como el Bicentenario de la Independencia, una de las gran-
des diferencias entre Cristina F. de Kirchner y Mauricio Macri es la ausencia de
cualquier apelación de la historia política argentina o latinoamericana por parte
de este último, aunque no solamente. La trama en que la negación estratégica de
la historia política argentina se da en el gobierno de Cambiemos, es en primer
2
Ello al menos hasta 2017 inclusive. El quiebre de buena parte de estos sectores industriales con
Cambiemos desde 2018 ha sido muy relevante también.
3
Con muchas más limitaciones (que Iriarte señala), hay que decir, con que dicha
conmemoración se hizo en Argentina como política de Estado, fundamentalmente desde
2003, en torno a las víctimas de la dictadura de 1976.
116
Guillermo Vázquez
lugar, una presunta respuesta a la repolitización de la década kirchnerista. El
kirchnerismo sobrepobló una pedagogía de la Historia: del personaje Zamba de
Paka Paka –un niño que rompía con la lógica caucásica de los dibujos infantiles
y viajaba al pasado buscando entender acontecimientos históricos de relevancia–
a las políticas de Verdad, Memoria y Justicia; del Instituto Dorrego al traspaso
del sable corvo legado por San Martín a Rosas; de las variantes en monumentos
(Juana Azurduy por Colón) a los billetes de Evita, y así sucesivamente. Pero fue
fundamentalmente la propia dimensión discursiva de la expresidenta Cristina
Fernández de Kirchner la que se inscribía en una constelación textual –con sus-
tantivas diferencias que no viene al caso explicar aquí– similar a la que Elvira
Narvaja de Arnoux (2008) describe en El discurso latinoamericanista de Hugo
Chávez. Entre otros elementos de análisis del discurso, la autora retoma allí la ca-
tegoría bajtiniana de “cronotopo” para describir las operaciones discursivas: una
articulación del espacio-tiempo como marco y orientador de la acción política
(pp.61-64). Los simbolismos de la expresidenta transitaban una cantidad ingente
de lugares, acontecimientos, personajes: iban del siglo XIX a la actualidad, de los
mitos clásicos del peronismo a mostrarse como continuación de las disputas que
el alfonsinismo quiso dar, más allá de sus resultados; de las tradiciones liberta-
doras de Mayo a la reivindicación de los lugares menos conocidos, pero de gran
relevancia simbólica de la izquierda peronista de los ‘70 –como el gobierno de
Jorge Cepernik–. Hasta los viajes comerciales de Cristina Kirchner apuntaban a
historias de liberación nacional: en Vietnam, por caso, la foto en los túneles de
la resistencia vietnamita fue acompañada de la comparación de Ho-Chi Minh
con San Martín; en Angola, la reivindicación del proceso de liberación nacional
conducido por Agostinho Neto en los ‘70, etcétera.
En el macrismo estos “cronotopos” están descentrados a lugares mucho
menos presentes o verosímiles en la tradición nacional o continental: preguntado
el presidente por sus referentes políticos, responde con los nombres de Mahatma
Gandhi o Nelson Mandela. Slavoj Zizek (2013), sin referirse puntualmente a
Macri, sino a otros personajes más relevantes de la política mundial, a propósito
del funeral de Mandela en 2013, señaló cómo las lágrimas de cocodrilo de todo
el poder mundial hacían gala de corrección política, de Obama a Putin, de Raúl
Castro a Nicolás Sarkozy, de Mariano Rajoy a Dilma Rousseff. Lo que había ahí
es una figura sin conflictos aparentes. ¿Cuál es la referencia política de Mande-
la? Todas y ninguna a su vez. (La referencia política a Sudáfrica en la Argentina
reciente, nunca por parte del presidente Macri, está básicamente consolidada en
el pedido de cierre de los procesos de Memoria, Verdad y Justicia, armando una
amnistía general a los represores de la última dictadura militar, pedida por una
gran parte de referentes de Cambiemos, como Elisa Carrió y Nicolás Massot, así
como sostenida en diversos trabajos por un conjunto de intelectuales argentinos,
117
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
no todos vinculados a Cambiemos). En relación a un paro docente, el presidente
Macri subió a las redes sociales una foto de un profesor japonés dando clases en
una Hiroshima arrasada después de la bomba: esa geografía ectópica tan lejana (y
universal a la vez) es una manera de distancia con la historia más cercana.
Tampoco hay referencias geográficas comparativas con la excepción de
Venezuela, como inferno que le espera a las almas que decidieran continuar la
senda del proceso político kirchnerista (“íbamos camino a ser Venezuela”, es un
latiguillo repetido hasta el cansancio por toda la dirigencia de Cambiemos, de
Macri a los legisladores provinciales, de la UCR a los periodistas oficialistas).
Durante el kirchnerismo, a cuyo éxito económico –sobre todo en los primeros
años del proceso político: superávits gemelos, baja de la pobreza y el desempleo,
incrementos salariales por encima de la inflación, etcétera– siempre se le ponía
el pero geográfico: podríamos ser como Chile, como Brasil, como Perú, como la
India, como Australia, como Canadá. Eran modelos que tenían algunos datos
para mostrar para la ortodoxia económica, sumándolos a un institucionalismo de
baja conflictividad social y casi nulo movimientismo popular.
Se sabe: el mundo cambió por fuera de los planes de Macri: la globali-
zación y los acuerdos de libre comercio de la OMC son cuestionados por las
grandes potencias mundiales (Rusia, y EE. UU. con el trumpismo a la cabeza).
La geopolítica del macrismo se complicó y perdió referencias, además de tem-
porales, espaciales. La revista literaria “La mujer de mi vida” años atrás había
sacado un número que se burlaba de la corrección política básica, de una suerte
de centrismo político universal que residiría en los países escandinavos y tituló
a su dossier Cómo me gustaría ser sueco: no solo el lugar de la corrección política,
sino también una dimensión inalcanzable y desentonada. No implica un modelo
económico: Chile, Perú o Brasil. Finlandia, por caso, implicaba un modelo edu-
cativo del cual se conocía poco, pero se sabía de su efectividad en el país nórdico,
en relación a los índices que occidentalmente aprueban un sistema educativo.
¿Por qué el relato de la historia permanece vedado en el macrismo? En fin,
muchas son las hipótesis, y en tantos casos no contradictorias entre sí. Algunas
de estas hipótesis de trabajo: a) La vinculación empresarial antes que la política;
b) un presunto resultado de encuestas cuyos algoritmos –elemento favorito de los
consultores presidenciales– mencionan que es preferible no hablar de historia en
relación a los actores políticos; c) la idea “refundacional” ante una crisis general de
la dirigencia política que se lleva puesta, también, los grandes relatos históricos;
d) La primacía del individualismo meritocrático por sobre el sujeto colectivo. Y
un largo etcétera. Arriesgaremos en estas páginas una: el ocultamiento estratégi-
co de su relato implica la carencia absoluta de prestigio entre sectores medios y
populares de las referencias históricas y de los linajes familiares de Cambiemos,
por un lado –una suerte de ocultamiento de su acumulación originaria–; y por
otro, el ocultamiento de la mismidad: ante la acusación del modelo económico
118
Guillermo Vázquez
–y político en muchos casos– de Cambiemos como iteración del plan oligárquico
de la primera mitad del siglo XX, el revanchismo político de 1955 sobre el pero-
nismo opositor, las referencias a la dictadura militar, a los fracasos –económicos y
sus derivas políticas– del radicalismo, al neoliberalismo menemista, así como a la
alianza cuyo final en 2001 muchos anticipan a este actual proceso.4
Tras su derrota electoral en 2015, y tras el difícil rearmado del espacio polí-
tico, el kirchnerismo vuelve a los cronotopos, con algunas referencias fundamen-
tales al proceso de la Resistencia Peronista iniciado a fines de la década del ‘50
con el peronismo proscripto. Por ejemplo, a comienzos de agosto de 2016, muere
Raimundo Ongaro. Cristina Fernández de Kirchner, en una de sus primeras apa-
riciones públicas, asiste a su funeral. La expresidenta, no tuvo ningún vínculo en
vida con Ongaro –no por razones políticas, sino porque el histórico líder sindical
de los Gráficos, es sabido, desde hacía ya un tiempo largo estaba con dificulta-
des de comunicación por dificultades psiquiátricas–, pero asistió a ese funeral
poco antes que se armara en Ferro la Corriente Federal de los Trabajadores, línea
interna de la CGT, que se había iniciado buscando infructuosamente un lugar
en el Triunvirato cegetista –distante con la expresidenta y con una búsqueda de
integración y baja conflictividad con el nuevo gobierno de Cambiemos– que se
armó pocos días después. En el acto de esa misma Corriente Federal se gritó con
fuerza el nombre de Raimundo Ongaro y buscó marcar una continuidad con los
programas obreros de La Falda y Huerta Grande, el de la CGT de los Argentinos
y los 26 puntos de Ubaldini.
Lo de Cristina Fernández de Kirchner con Ongaro fue una búsqueda de
referencia histórica –como las apelaciones, acaso, de Obama con Martin Luther
King y sus familiares–, donde ya no había que hallarla en los grandes patriotas
fundadores –como se hace mientras se es el jefe máximo del Estado–, sino en la
resistencia. El sindicalismo combativo, antiparticipacionista, de oratoria y prácti-
ca política pensada para los Grandes Relatos, de unidad con la Juventud. Era un
fallecimiento: muerto Raimundo Ongaro, larga vida al ongarismo.
2. Animales sueltos
Un interesante libro de la investigadora y artista cordobesa Patricia Ávila
(2008), relata cómo en la historia del papel moneda, epígono de la transforma-
ción de la naturaleza en cultura, también puede leerse una historia de la nación:
próceres, acontecimientos, simbolismos varios entre el neoclásico y el barroco se
dan en una narración de intentos fundacionales en el intento de fortalecimiento
4
El editorial del diario La Nación del 15 de abril de 2018 “¿Gobierno de ricos y para ricos?”
intenta combatir la idea, que retornó con fuerza a la discusión pública argentina, de “oligarquía
vacuna” como parte central de la élite gobernante.
119
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
de una moneda nacional. En ese objeto persiste una tensión entre “la coexisten-
cia de valores cuantitativos y cualitativos”. El libro de Patricia Ávila describe esto
desde la fundación de la Casa de la Moneda por Rivadavia –y su importación
de papel moneda norteamericano, con efigies de George Washington y William
Penn– hasta finales del siglo XX. Su texto en revista Deodoro (Ávila, 2013), es una
suerte de micro capítulo que completa bastante el sentido del libro llegando a los
billetes de Malvinas y Evita por parte del kirchnerismo. Más allá de su interpre-
tación puntual de muchas de estas narraciones en el papel moneda –con varias
de las cuales no coincidimos–, el libro de Ávila deja ver las complejidades narra-
tivas de una idea de nación en el papel moneda, uno de los lugares privilegiados
para estos relatos. Una de las políticas del macrismo sobre el cambio de moneda
fue, precisamente, borrar todo vestigio de acontecimientos, lugares y personajes
históricos, el paso de la naturaleza a la cultura que describe Ávila con referencias a
Simmel, Marx, Benjamin y otros autores, y poner a la fauna argentina en los bi-
lletes. Se había mencionado que la figura de Arturo Frondizi5 encabezaría el bille-
te de 500 pesos, pero al parecer triunfó la estrategia de negación de lo histórico.
El jefe de gabinete Marcos Peña –entrevistado por el periodista Carlos
Pagni en el Coloquio IDEA– mostró su regocijo al describir uno de los puntos
5
Muy interesante en este punto es la carta que la mayor parte de la familia Frondizi hizo pública
en el año 2012, tras salir en público una agrupación vinculada al PRO llamada “La Frondizi”. A
pesar de su extensión para una nota al pie, amerita ser transcripta en su totalidad. La carta, titulada
“Con nosotros no, ingeniero Macri”, decía: Los abajo firmantes, en nuestra condición de integrantes de
la familia Frondizi, nos vemos obligados a manifestarnos públicamente puesto que, sorpresivamente, nos
hemos enterado por la prensa escrita y las redes sociales de un hecho político que involucra nuestro apellido
y desde nuestra óptica, se ubica en las antípodas de nuestra propia historia familiar. En efecto, a estar por
dichas informaciones, un grupo de jóvenes afiliados al PRO –partido que pertenece al ingeniero Mauricio
Macri– ha lanzado una Agrupación que auto titulan “La Frondizi”. Debe saberse que no cuentan con
nuestro aval, no solo porque no hemos sido consultados, sino que desde la mirada de los abajo firmantes
expresan intereses políticos e ideológicos que nada tienen que ver con nuestra historia y nuestro pensamiento.
Nada tenemos que ver con las políticas de derecha ni con el espíritu reaccionario con el que ese partido
político, el PRO de Mauricio Macri, pregona la conveniencia y necesidad de una Argentina para pocos.
Si al menos los jóvenes PRO recordaran que Arturo Frondizi fue derrocado mediante un golpe de Estado
y detenido en la isla Martín García, por lo más reaccionario de la élite militar, política y económica de la
Argentina. Si esa agrupación que quieren llamar “La Frondizi” reivindicara –como lo hacemos nosotros–
a Diego Ruy Frondizi, militante peronista asesinado por la policía de la provincia de Buenos Aires en
marzo de 1971; a Silvio Frondizi y Luis Mendiburu, asesinados por las Tres A de Isabel Martínez y José
López Rega; a Gastón Gonçalvez asesinado por el genocida Patti, esposo de Mercedes Faggionatto, sobrina
de Elena Faggionatto, esposa del ex presidente Arturo Frondizi; y si exigieran -como no hemos cesado de
hacerlo- juicio y castigo para todos y cada uno de los responsables de estos crímenes atroces, entonces no
sería necesario manifestarnos. Por esto, en diversos momentos de la vida política argentina, de un modo
u otro, privada y públicamente los abajo firmantes nos hemos pronunciado; esta vez, por supuesto, no
puede ni debe ser distinto.- FIRMAN: Marcelo H. Frondizi – Álvaro R. Frondizi – María Frondizi
– Manuel Frondizi – Inés Frondizi – Beatriz Manfredi de Frondizi – Isabel S. Frondizi – Ulisse D.
Frondizi – Mariana Mendiburu – Teresa Bellardini – Giulia Frondizi.
120
Guillermo Vázquez
más altos, según su mirada, en torno a esta estrategia que deja a la historia –a la
construcción de un relato sobre la misma– por fuera de la discusión política:
La obsesión que tenemos por analizar la coyuntura en función del pa-
sado no es normal. En otros países no pasa eso, y está bueno saber que
eso es una patología nuestra. Para mí, una de las cositas chiquitas pero
simbólicas más lindas que hicimos es poner animales en billetes porque
es la primera vez en la historia argentina que hay seres vivos en la mone-
da nacional y que dejamos la muerte atrás, que la muerte esté tranquila
y que descanse en paz, y vivamos nuestra vida.6
En muchos de sus trabajos, como Política y Tragedia: Hamlet entre Hobbes
y Maquiavelo, Eduardo Rinesi ha mostrado las potencialidades de Shakespeare,
sobre todo de Hamlet, para pensar la política. Lo de Marcos Peña recuerda a la
súplica del príncipe de Dinamarca (I. 5) al fantasma de su padre Claudio para
que descanse (descansa, descansa, espíritu perturbado7). Pero es también, en la
escena final, el joven príncipe Fortimbrás (proclamado como tal tras la muerte
de Hamlet), pidiendo que retiren a los cadáveres, porque “un cuadro como este
conviene al campo de batalla/ pero aquí luce fuera de lugar”8 (Shakespeare, 2016,
p.199). Fortimbrás quería que retiraran esos cuerpos, ese pasado de muerte y
lucha por el poder, para lograr un cielo más despejado en el cual posar los ojos
en el nuevo gobierno.
El –como Ávila– también artista y ensayista Daniel Santoro (2016), en un
texto con un título sugestivo para el tratamiento de estos temas (“La vuelta a la
naturaleza o el buen salvaje neoliberal”), también se refirió a la inversión del paso
de naturaleza a la cultura en los billetes del macrismo:
El nuevo régimen escópico cambió estas memorabilias nacionales por
amistosas fotos de familia sacadas en parques y jardines, fondos de pura
naturaleza, sin requerimientos, sin claves visuales a desentrañar; solo
una muda y primitiva parodia danzante en el balcón de nuestros más
caros discursos fundacionales bastó para que entendiéramos el nuevo
paradigma, y esta vuelta de lo natural incluye por supuesto el papel
moneda, por tierra mar y aire se muestra la incontenible fuerza de la
naturaleza, se exhibe un territorio a explorar, libre de cualquier prejui-
cio ideológico, purgado de las molestas pretensiones del que viene con
opiniones propias. Ingrávidos, sin el peso de las herencias simbólicas,
podremos ingresar al fin, con la naturalidad del buen salvaje, al paraíso
“naturalizado” del poder global financiero. (Santoro, 2016)
6
Fragmento del discurso. Recuperado de [Link]
7
[“Rest, rest, perturbed spirit!”].
8
[“Take up the bodies: such a sight as this /Becomes the field, but here show much amiss”].
121
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
David Viñas (2003) veía una continuidad entre el proceso iniciado en la
Conquista del Desierto en 1879, y la conmemoración que hizo la Dictadura
(“Los indios, ¿fueron los desaparecidos de 1879?”, p.18), a través de su moneda
(las de 50 y 100 pesos), de aquella incursión militar en territorio indígena que
terminó en genocidio.
Otro epígono de la animalidad tiene que ver con el perro del presidente
llamado “Balcarce” y una foto de ese animal sentado en el sillón de Rivadavia.
Néstor Kirchner había sentado, por ejemplo, a Juan Carlos Livraga, sobreviviente
de los fusilamientos de los basurales de José León Suárez en 1956 (y con el cual
comienza el libro de Walsh Operación Masacre, Livraga es el referido en “Hay un
fusilado que vive”). Dos fotos paradójicas sobre las ideas divergentes del vínculo
entre historia y política, entre el pasado y la autoridad presente; pero también –y,
sobre todo– en la factibilidad de quien puede –porque la historia ha legitimado
esa lucha– mostrar una línea histórica y quien no puede (y decide) no hacerlo –por-
que lo expondría a dar más explicaciones sobre su actuación y la de los suyos,
que otra cosa.
3. Lo siniestro
En un texto de 1919, Freud da una posible definición de “lo siniestro” –
con referencia a Schelling– diciendo que es todo lo que debía haber quedado ocul-
to, secreto, pero que se ha manifestado. Tirar debajo de la alfombra algo que, tarde o
temprano, emerge. En conjunto con una pedagogía de la historia, y con un relato
sobre el pasado que actuaba con una insistencia muy particular en el presente
de la acción política, el kirchnerismo también revitalizó y desempolvó apellidos,
linajes, nombres: de Abal Medina a Puiggrós, de Cámpora a Eduardo Luis Du-
halde. Resulta que el macrismo también, pero sin reivindicarlos, y tratando de
nombrarlos lo menos posible. Acaso el último que lo hizo fue Mario Llambías,
dirigente de CARBAP (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires
y La Pampa), en el conflicto por la resolución 125 que subía la alícuota de las
retenciones a la soja (en el año 2008): mostró el orgullo del apellido Martínez
de Hoz, fundador de la Sociedad Rural, contra la crítica que había recibido de
Kirchner “son los hijos de Martínez de Hoz”. El macrismo fue, paradójicamente,
mucho más ambicioso en los linajes con los que formó sus equipos técnicos. El
libro de Fernando Cibeira (2017) lo prueba, tanto como el de Norberto Galasso
(2015). Diego Tatián lo expresa en el prólogo a este libro diciendo que es el go-
bierno de los civiles de la Dictadura.
Párrafo aparte, en relación a lo siniestro, merece el tratamiento oficial del
gobierno a la última dictadura militar. No profundizaremos demasiado el análisis
sobre este punto, pero sí podemos tomar nota de las veces en que el presidente
122
Guillermo Vázquez
Macri, desde su asunción, se ha referido a la dictadura. Recién a más de dos años
de su asunción, y por redes sociales, pudo mencionar a la misma como terroris-
mo de Estado. Sobresale la reiterada mención a la oscuridad: época más oscura de
nuestra historia y sus variantes (además del adjetivo suciedad: la guerra sucia). Esa
oscuridad es precisamente aquello sobre lo que Cambiemos prefiere no echar luz
alguna: cualquier vinculación con la Dictadura –cuyo eje “cívico” fue borrado
oficialmente por el gobierno–. Es la idea de la historia: la muerte, la oscuridad,
los cadáveres –recordando el poema de Perlongher: están en todos lados.
En la victoria electoral de 2015, María Eugenia Vidal tuvo un lapsus que
corrigió inmediatamente con una sonrisa cómplice: “¡Lo logramos!: cambiamos
futuro por pasado”. La frase, bien o mal puesta, resume de todas maneras lo que
quiere Cambiemos: una refundación; una suerte de pacto donde pueda inter-
cambiarse la promesa de futuro con el pasado acechante de los gobiernos de las
derechas en Argentina.
En 2018, en La Plata, a instancias de Cambiemos se inaugura una estatua
de bronce de Alfonsín, donde se lo ve cabizbajo y meditativo (¿es acaso la ima-
gen que se ve en la célebre foto caminando por los jardines de Balcarce 50 junto
con Menem, cerrando el Pacto de Olivos?). Sobre esa estatua el ensayista Mar-
tín Rodríguez bien se anima a describirla como la identificación entre derrota y
democracia (es una figura débil, con la cabeza gacha): “Porque para liberales y
republicanos Alfonsín tiene dos condiciones: es un demócrata y es un derrotado
(es un demócrata porque es un derrotado)” (Rodríguez, 2018). Mientras que
para el kirchnerismo –que homenajeó con un busto a Alfonsín los últimos años
de su vida, durante la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner–, se buscó
un Alfonsín combativo, “de izquierda”, que se le plantaba a Reagan, a la Iglesia,
a la Sociedad Rural, a Clarín, que viajó de manera inédita para los presidentes de
la región a Cuba. El Alfonsín que, en más de una entrevista, ponía como límite
a Macri. La imagen que el kirchnerismo difundía de Alfonsín era gritando –ante
un silbido generalizado, cuyo público se veía más intimidado que intimidan-
te– la complicidad de la oligarquía argentina con la dictadura militar en medio
de la lluvia en la exposición anual de la Rural. Otro video que el kirchnerismo
difundió por doquier fue cuando Alfonsín se sube al púlpito de una Iglesia para
contestar una homilía sacerdotal (imagen que podría resumir la densa idea de
“religión civil” de la que tanto abrevó el primer radicalismo yrigoyenista9). El
busto de Cambiemos10 era armado por
9
Cfr. al respecto la excelente compilación –y su estudio introductorio– de Marcelo Padoan
(2002).
10
En 2018 Macri inaugura la muestra fotográfica y audiovisual “Alfonsín por Alfonsín” en Casa
Rosada. Los rasgos que destaca en su breve discurso sobre el primer presidente de la transición
democrática son básicamente esas abstracciones de las que hablamos: dejar atrás la etapa “oscura”
(sin mencionar la dictadura); paz y libertad (sobre todo de expresión, pensamiento y “elegir qué
123
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
esa clase que lo condenó (y) ahora escribe el adagio de un Alfonsín
gandhiano, campechano, débil, más bueno que Lassie, que soportaba
todo y negociaba todo: los paros generales, las agachadas peronistas, las
sublevaciones militares. Es el nuevo Illia, ‘otro hombre que no entendi-
mos a tiempo’. En ese Alfonsín que se consagró ‘devolviendo el poder’
se arma el Alfonsín de Cambiemos: radicales que aceptan las condicio-
nes, su asimetría frente al poder del otro. (Ídem.)
4. El fin de la historia
Francis Fukuyama, el teórico del liberalismo económico-político más con-
cluyente tras el colapso del Muro de Berlín, proclamó el fin de la historia, lo que
requería que, para negarla, había que superarla conteniéndola –por eso en el libro
se encuentra una descripción, discutible, pero reconocida al fin, historia política
del siglo XX–, de allí el hegelianismo de El fin de la historia y el último hombre
(Fukuyama, 1992). En Cambiemos, hay una búsqueda de la novedad absoluta,
sin tener un relato de la historia argentina que los haga derivar en eso. Como si
fuera un toque de magia, aparecieron. Como el propio Hegel supo decir –con
su metafísica colonialista–, los pueblos y las religiones de Oriente “no tienen
Historia”. Cambiemos y su religión new age –más que el nuevo evangelismo
pentecostal como en el caso del Brasil de Bolsonaro, el macrismo se ha vinculado
con filosofías religiosas de Oriente, como la de India “El arte de vivir”– buscan el
alineamiento en este punto con lo expresado por Hegel: la expansión milenaria
del tiempo y espacio que hace Oriente viene como anillo al dedo del pensar por
fuera de la Historia.11 La “producción del vacío” –lema budista– y el evitamiento
de la narración histórica clásica a cambio de ejes discursivos diversos, es algo que
hay que atender tanto como sus políticas públicas.
Cambiemos, a diferencia del fukuyanismo –tan determinante en el Con-
senso de Washington y sus reverberaciones, tan de moda en intelectuales varios
por mucho tiempo y de diversas maneras, expresado generalmente en el tono
admonitorio del “ya basta”–, no construye un fin de la historia. En primer lugar,
porque niega cualquier vínculo con la historia política –no puede hacer derivar
ningún continuum, nada que lo lleve de un lado a otro–, pero porque tampoco pue-
de prometer bienestar alguno –al menos desde el comienzo de la gestión. Descentra
lo histórico-político hacia esa expansión del tiempo-lugar de lo new age.
¿Y la historia nacional? Se cuela: Esteban Bullrich reivindicando la campa-
ña del desierto, Lopérfido y Gómez Centurión haciendo aspaviento orgulloso de
queremos ser sin condicionamientos”); inspirador de valores (justicia, honestidad, respeto); el
rechazo “a la violencia de acción y de palabra”, etcétera.
11
Entre otros, puede verse: Natanson, J. (2015).
124
Guillermo Vázquez
negacionismo en torno al terrorismo del Estado; Patricia Bullrich diciendo que
de un lado no eran tan ángeles ni del otro lado tan demonios (cerrando así la
brecha de los dos demonios hacia uno solo y no precisamente el estatal), Macri
afirmando que todos los argentinos descienden de los europeos, o acentuando
una supuesta angustia de los firmantes de la Independencia nacional. La historia
nacional aparece como lo siniestro, después de intentar esconder bajo la alfombra
esas trayectorias, esas lecturas de la historia.
Una frase de campaña de Cambiemos era “No es cambio, es evolución”.
Implicaba ahí un nuevo modo de pensar donde la humanidad no tenía que ren-
dir las mismas cuentas con el pasado histórico, sino con escalas de la evolución –
hechas con el afán de supervivencia de una especie– que rompen cualquier conti-
nuidad política. No pensamos una historia política del homo erectus (en todo caso
habrá una antropología), sino una historia política de Grecia, Roma, la década
infame o el gobierno de Obama. Son tiempos milenarios, ejemplificativos, que
desvían cualquier línea de tiempo lo que sigue una buena parte del discurso de
Cambiemos. Al respecto, un hombre clave de Cambiemos, el economista Lucas
Llach, vicepresidente del Banco Central, hace una defensa pública de la “dieta
precámbrica”, que es la del hombre antes de la agricultura y la domesticación
de animales.12 El asesor presidencial Jaime Durán Barba es uno de quienes más
insiste en la idea de pensar, no en los términos de la historia política conven-
cional, sino en un borramiento de esta a partir de la instalación de un tiempo
milenario. “Estamos entrando en una nueva escala de la especie humana”, dice
en una entrevista con Jorge Fontevecchia. Su pequeña sugerencia como consejero
del Príncipe titulada “Libros que debe leer un joven político” (Perfil, 12 de enero
2019), muestra libros donde hay en marcha una “nueva humanidad”, llevando al
límite al borramiento absoluto de la historia (y de la finitud de los cuerpos que
la constituyen): la inmortalidad (que, en pocos años, dice Durán Barba, será una
realidad). El “sujeto histórico” –referencia de las luchas y análisis políticos desde
el siglo XIX a esta parte– es lo que también busca hacerse desaparecer. Desde
que Hernán Lombardi es responsable de los medios públicos, a los trabajadores
de Canal 7 y Radio Nacional se los llama “colaboradores” –una línea seguida al
gobierno de Piñera en Chile y en varios ministerios de Perú. Lo mismo el minis-
tro de Producción de la Provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Vidal,
Javier Tizado, que llama públicamente colaboradores y no trabajadores a aquellos
del sector formal.
12
Al respecto, véase Verbitsky, H. (2015).
125
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
5. Criminalización del pasado
Otra de las maneras en que el eje sobre la discusión política del pasado se
descentra es ponerlo no en el casillero de la historia, las ideologías y la política,
sino en el de justicia criminal.
Cambiemos utiliza como referencias temporales a grandes extensiones
(“hacía 30 años que no se hacía esto”, el “mejor equipo de los últimos 50 años”,
“no podemos cambiar los errores que se vienen haciendo desde hace 70 años). El
concepto de “pesada herencia” comenzó a instalarse poco tiempo después del
triunfo electoral de 2015. Al comienzo, el último –o los dos últimos, según el
interlocutor– gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; luego se extendió
a la década kirchnerista, para asumir finalmente que el problema eran los “70
años” donde –para Cambiemos– tuvo hegemonía el peronismo.
A su vez, la trama del pasado histórico –sobre todo el reciente– no queda
en una discusión sobre la herencia recibida: qué números ameritan tomarse de
referencia (¿INDEC? ¿CEPAL? ¿Banco Mundial? ¿Consultoras privadas?), qué
políticas públicas fueron positivas, cómo medir el éxito o el fracaso de un go-
bierno, qué institucionalidad pudo producirse, etcétera. El pasado reciente, en el
gobierno de Cambiemos, tiene otra trama que es su absoluta criminalización (no
ya la judicialización). Como no es necesaria de historizarse la mafia, tampoco la
década kirchnerista: Cambiemos apuesta a su descrédito absoluto de la misma
poniéndola no en la historia política y la crítica ideológica, sino en el aniqui-
lamiento mediante la operación de reducirla a un saqueo perpetrado por una
asociación ilícita. San Agustín –en La Ciudad de Dios– se hizo una pregunta –la
misma luego tomaría mucho cauce en la filosofía del derecho, por ejemplo en
Kelsen– que era nada menos que el fundamento de la legitimidad de un Estado:
¿cómo diferenciar un Estado (Agustín hablaba de Reino en ese entonces) de
una banda de ladrones (que “empíricamente” podrían moverse de esa manera:
allanando lugares, reduciendo gente, quitando propiedades, obligando a pagar
cánones, incluso quitando la vida, etcétera)? La denominada “doctrina Irurzun”,
salida del Poder Judicial Federal con más vínculos con el macrismo,13 mediante
13
Un bloque histórico no es conformado solo –y a veces, ni principalmente– por su burocracia
político-estatal, ni sus representantes elegidos en procesos electorales. Esa ficción (de rango
constitucional) de que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes.
Comprenden también ese bloque histórico, esa hegemonía político-cultural los “intelectuales” en
sentido gramsciano, las empresas y sus publicidades (grandes creadores de deseos y subjetividades),
los artistas, los novedosos trolls. Estos “aparatos ideológicos” –tomando la expresión de Althusser–
no residen visiblemente en la estructura estatal (sobre todo el Poder Ejecutivo), aunque sí puedan
orbitar la lógica del Estado (recibir instrucciones, dinero, posiciones, promesas, etcétera). Más
importantes que las publicidades del Ministerio de Trabajo pueden ser las del Banco Santander
Río o las de Chevrolet. Más relevantes pueden ser las notas de opinión de Eduardo Van der Kooy
en el diario Clarín o los editoriales orgánicos y sin firma del diario La Nación, que las opiniones
126
Guillermo Vázquez
la cual el hecho de haber pertenecido como funcionario al gobierno anterior da
razones in abstracto de peligrosidad, es un buen resumen de este argumento: no
ya la judicialización del pasado, sino más bien su criminalización: el pasado es
un plan criminal del cual hay que huir, o juzgarlo para que públicamente quede
expuesta su imposibilidad de retorno (resumida en la frase favorita del entusiasta
de Cambiemos con el sintagma: “no vuelven más”).
6. Conclusiones
Cambiemos defiende públicamente, y con absoluta tibieza, algunos sim-
bolismos históricos: Frondizi, el mito de la Argentina del “Centenario” como
granero del mundo, Alfonsín, no mucho más. Las palabras de Marcos Peña re-
suenan a aquellas de Marx en los comienzos de El 18 Brumario: las generaciones
muertas son una pesadilla que oprime el cerebro de los vivos, el legado es un
problema para el accionar futuro; que los muertos entierren a sus muertos dirá
Marx. Sin embargo, aunque para Marx ese peso de la memoria, ese conjurar con
los fantasmas y ropajes del pasado los desafíos de la revolución futura eran un
problema bien claro, es cierto también que señaló tantas veces allí cómo procesos
revolucionarios se inspiraban y retomaban lemas de las generaciones derrotadas
y fallecidas (con lo que Walter Benjamin construye buena parte de su teoría de
la historia).
El kirchnerismo las tomó como referencia de orgullo, fuente de inspira-
ción y relato de continuidad histórica; el macrismo como algo que oprime los
cerebros, como un peso que impide cualquier avance, pero también como una
amenaza de develamiento: lo que es mejor dejar tranquilo, la oscuridad sobre la
cual no hay que echar luz, la grieta que es preferible no alimentar. La familiaridad
kirchnerista con la izquierda peronista –y las otras tradiciones de las que abre-
vó– es la contracara de lo siniestro-freudiano del macrismo, como ocultamiento
de los vínculos familiares y de las posibles continuidades históricas entre sus re-
ferencias de política comparada más obvias. ¿Qué son y qué se hacen? Debería
ser la pregunta. La segunda es lo que hemos intentado en este trabajo mostrar: la
naturaleza, lo new age, Gandhi-Mandela, “Alfonsín más decisión política” –según
una expresión de Elisa Carrió para definir al presidente Macri–, “Frondizi con
gradualismo” –según la expresión de Rogelio Frigerio, también sobre Macri.
–coucheadas hasta el ridículo, citando de memoria como un alumno prolijo– de Carolina Stanley
o Esteban Bullrich. Allí, las sentencias del Poder Judicial Federal con asiento en los juzgados de
Comodoro Py, de notable sintonía con el gobierno de Cambiemos –que aquí no tendríamos
tiempo de resumir–, se ha convertido, junto con el brazo mediático, en el puntal político más
relevante para correr de escena a la oposición.
127
Que la muerte esté tranquila: sobre el vínculo entre historia y política en el gobierno...
Una caracterización posible del macrismo tiene que ver con el lugar en la
historia política que narra; no en su breve y distante relato de “historia oficial”,
sino en la esfera más elemental de sus linajes, sus prácticas y sus discursos menos
ensayados. Parafraseando el muy parafraseado apotegma kantiano: el análisis del
macrismo sin atender sus novedades es ciego, pero analizarlo solo a partir de su
presunta novedad es vacío.
En la parte conclusiva de su libro ¿Por qué? (2018), José Natanson pre-
gunta a Alejandro Rozitchner, asesor de Cambiemos: “¿son o se hacen?”, a lo
que Rozitchner confiesa que la simplicidad, una cierta liviandad, no mostrar un
relato histórico, representa de alguna manera, para él, una virtud. Y la pregunta
acaso está mal planteada. ¿Qué sería ser lo que son? ¿Lo new age? Esa pregunta
parte de una contradicción entre realidad y apariencia, verdad o ficción. Y allí
está el problema de Natanson. Acaso las preguntas a hacer son dos: ¿quiénes son?
y ¿para qué se hacen lo que muestran ser?
Es innegable que actúan, que el coaching modifica almas: mirar, si no, sus
videos de antes o después del coaching (el caso María Eugenia Vidal es paradig-
mático, pero también la dicción, vestimenta y actitud facial de Macri) habla
mucho de esto. En la serie animada Padre de Familia (Family Guy), de Seth
MacFarlane, hay un capítulo que satiriza una campaña de afiliación al par-
tido de ultraderecha norteamericano Tea Party, y en la cual un millonario,
para hacerlo, se disfraza de obrero (luego, claro, es descubierto). Cambiemos
actúa, también, un ánimo conciliatorio y gradualista cuya negación práctica
es permanente (discursiva tanto como material). La respuesta es que actúan,
indudablemente –la política es, también, teatralidad, exposición, relato. Pero
también son. Son el retorno de lo reprimido apenas relajan mínimamente el coa-
ching. Empezar a rendir cuentas con un pasado que no quieren, no pueden y no
tienen cómo defender. Entonces, ¿quiénes son? Y la respuesta ha venido de parte
de la oposición más anclada en el pasado: son la oligarquía, el ‘55, la dictadura,
el neoliberalismo, la alianza. La discusión es sobre la persistencia del pasado en el
presente, de la que hablaba Gramsci.
No pensamos que la política dependa necesariamente de un grado de ver-
dad de los acontecimientos sin mediación de un relato. Pero es cierto que un
relato de ocultamiento tiende a limitarse en el tiempo, no tanto por el “descubri-
miento” de su falsedad, sino fundamentalmente por un trabajo crítico (teórico,
pero sobre todo político) sobre el mismo. He allí una posible “estrategia”: per-
sistir en la trama histórica contra lo que viene a presentarse la novedad absoluta.
El hilo de Ariadna pudo salir del laberinto. Y no solo eso: que quienes gobiernan
bajo ese relato, han sido históricamente –y en el presente está a la vista– los que
más han propiciado dolor (humano, simbólico, material) a las clases populares
argentinas.
128
Guillermo Vázquez
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129
Votantes crédulos de candidatos increíbles.
El voto a Cambiemos de trabajadores
del sector informal en Córdoba
Valeria Brusco14
Entre quienes trabajan por fuera del empleo registrado y que votaron por
la alianza Cambiemos que encarna el presidente Macri, hay quienes expresan que
votarán en el mismo sentido el año entrante. ¿Cuál es el mecanismo por el que
las personas confían en proyectos políticos que perjudican su bienestar recor-
tando derechos para su sector o clase? ¿El comportamiento electoral se relaciona
con nuevos clivajes sociales, de empleo formal, desempleo o trabajo informal?
¿Se trata de condicionantes estructurales, de información y educación? ¿O tiene
que ver con factores de comportamiento como por ejemplo el grado de involu-
cramiento colectivo? ¿Quizás se trata de un momento histórico, –una fase del
neoliberalismo– donde se construye la apatía y la igualación nihilista de “todos
son unos ladrones”, “son todos iguales”, mediante tecnologías de manipulación
mediática? Tan ambiciosa lista de preguntas no será abordada en este trabajo,
principalmente porque los datos están en fase de recolección,15 sin embargo, es
una buena oportunidad para anotar los interrogantes en una agenda de investiga-
ción. Este trabajo es resultado de una primera indagación empírica, que se inició
a comienzos de 2018 y consiste en entrevistas a personas con empleos en el sector
informal que votaron a Cambiemos en 2015.
14
Licenciada en Relaciones Internacionales y Doctora en Ciencia Política. Profesora Adjunta en
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Codirectora del proyecto
SeCyT Formar 2018-2019: “Hegemonía, contra-hegemonías y empate hegemónico en América
Latina. Nueva ofensiva neoliberal y prácticas emancipatorias en las democracias latinoamerica-
nas.” Correo valeriabrusco71@[Link]
15
La recolección de datos fue provisoriamente suspendida cuando la crisis alcanzó un pico a fines
de agosto 2018. El dólar alcanzó la mayor cotización en 2018, 42 pesos, se cambiaron ministros
de economía y presidentes de Banco Central, se abrió una gran incertidumbre y el gobierno salió
a pedir más dinero al FMI. Con ese contexto se hizo dificultoso obtener respuestas de votantes
al gobierno. Ver [Link]
[Link]
131
Votantes crédulos de candidatos increíbles. El voto a Cambiemos de trabajadores...
Asumiendo el compromiso de contribuir al desarrollo de unas ciencias
sociales críticas y comprometidas, coincidimos con Charles Wright Mills quien
afirmaba:
No conozco respuesta para la cuestión de la irresponsabilidad política
en nuestro tiempo ni para la cuestión cultural y política del robot ale-
gre. Pero ¿no es evidente que no se encontrarán soluciones a menos que
no se afronten esos problemas? ¿No es manifiesto que quieren deben
afrontarlos son, más que nada, los investigadores sociales de las socieda-
des ricas? (1961, p.188)
Desde una posición de investigación comprometida con la realidad, con-
sideramos que la democracia, sus desafíos y mecanismos son cuestiones de la
ciencia política que nos interpelan. En esa línea de estudios, el modo de elegir
gobernantes –además de procesos y reglamentaciones– hace foco en comporta-
mientos, creencias y actitudes, literatura en la que esta indagación se inscribe.
Iniciamos esta exploración en un momento histórico de cierta novedad: el go-
bierno que asumió en 2015 es el primer gobierno de derecha elegido por el voto
popular en Argentina.
En el mes de junio de 2018 comenzamos a entrevistar a personas de un
sector de la clase trabajadora –uno que carece de derechos laborales–, sobre su
voto a Macri y su evaluación del curso de gobierno y sobre su voto futuro. En
agosto la inflación desbordada, la devaluación y la notoria recesión económica
generaron un estado de opinión que hizo más difícil hacer contacto con votantes
que mantuvieran su confianza en las promesas del gobierno.
El recorrido por el artículo es el siguiente. En la sección que sigue se re-
cupera la cuestión de la confianza interpersonal y/o en las instituciones y su im-
pacto en la democracia. A continuación, se ofrece un panorama de los enfoques
que la ciencia política argentina ha realizado sobre comportamiento electoral,
como manera de guiar nuestra indagación empírica. En la siguiente sección se
presentan las expectativas de la indagación, de acuerdo con las teorías sobre el
comportamiento y luego, los primeros resultados. La sección final plantea algu-
nas reflexiones.
1. ¿Confiar en las promesas?
Stokes (2001) estudió los casos en América Latina en los que los candida-
tos mentían sobre sus programas de gobierno: eran votados y hacían exactamente
lo contrario a lo prometido. En casos como el de Paz Zamora en Bolivia, Fujimo-
ri en Perú, Carlos Andrés Pérez en Venezuela y Carlos Menem en nuestro país, se
trataba de candidatos con un discurso popular, de apoyo al salario y al mercado
132
Valeria Brusco
interno que, además y, sobre todo, contaban con trayectorias políticas vinculadas
a los sectores populares. Se plantea una preocupación democrática en torno al
tema de la política económica y su impacto sobre las instituciones representati-
vas. Desde el punto de vista de la democracia, la adopción de reformas neolibera-
les drásticas por parte de gobiernos electos con plataformas electorales contrarias
plantea problemas sobre el significado de la representación. Rumbos económicos
contrarios a las promesas de campaña, en violación del mandato electoral, es lo
que acerca el análisis de este libro de Stokes al gobierno argentino elegido en
2015 con promesas beneficiosas para clases bajas, medias y también para las altas,
que no se implementaron. Más bien por el contrario, una vez en el gobierno, se
llevaron adelante políticas perjudiciales para las clases medias y populares. Stokes
(2001) analiza en profundidad los giros realizados por los presidentes en América
Latina y encuentra que, el hecho de que un político abandone las promesas de
su campaña electoral, se vincula con los siguientes factores: creencias diferentes
entre políticos/as y votantes, elecciones muy competitivas, votantes no seguros/
as del impacto de las políticas sobre su bienestar, efectos poco predecibles de las
políticas públicas, juventud del partido político en cuestión y un gobierno de
minoría o de coalición.
El trabajo mencionado incorpora en primer lugar, el papel de la incer-
tidumbre en la esfera económica, y, en segundo término, el hecho de que las
preferencias ciudadanas no son ni exógenas ni fijas. Desde este punto de vista,
si el/la elector/a tiene oportunidad de evaluar y castigar al gobierno en función
de resultados –no con un concepto mecánico de consistencia programática–, la
representación es posible y se actualiza mediante la rendición de cuentas. Desde
esta perspectiva, sugiere Stokes, la violación de mandatos puede ser consistente
con la representación si la toma de decisiones económicas atiende tanto a las
preferencias ciudadanas como a su impacto económico esperado. En este caso,
mecanismos de rendición de cuentas pueden inducir la adopción de políticas res-
ponsables que, si bien se oponen a las preferencias ciudadanas, ofrecen resultados
económicos y políticos que benefician directamente al/la elector/a, quien tiene
siempre la última palabra en la siguiente elección. En sentido opuesto, el giro
programático del gobierno de la alianza Cambiemos tiene que ver con el incum-
plimiento de promesas (eliminar impuesto a las ganancias, no devaluar, proteger
el empleo, no imponer retenciones, etcétera) que no benefician al elector. Por
otra parte, y a diferencia de los casos de los años neoliberales de la década del ‘90,
la trayectoria de Macri no está vinculada a los sectores populares por lo que era
esperable que las políticas no fueran beneficiosas para dichos sectores. Aun así,
de acuerdo con la teoría, si el/la elector/a evalúa ex post las políticas neoliberales
como beneficiosas, vuelve a votar al gobierno y se trataría de un gobierno que
representa a sus votantes.
133
Votantes crédulos de candidatos increíbles. El voto a Cambiemos de trabajadores...
La literatura ofrece estudios recientes sobre el voto a la alianza Cambiemos.
Grondona (2018) reseña lo que se llamó “el debate Natanson” luego de las elec-
ciones de medio término de 2017.16 La crisis económicosocial generada a partir
de las políticas de ajuste y la derivación en el acuerdo con el FMI en 2018 obligan
a revisar esos estudios.
2. Factores de comportamiento
Por un lado y siguiendo la clasificación de Lodola (2013), existen estudios
que indagan sobre el impacto de las percepciones, actitudes y experiencias indivi-
duales en las decisiones de voto y son denominados “factores de comportamien-
to”. Distingue el autor, a su vez, dos grandes vertientes de estudios; por un lado, el
voto por temas (issue voting) que vincula la ubicación ideológica del votante y su
percepción de la ubicación del/a candidato/a; a mayor coincidencia, hay mayor
probabilidad de votarlo/a. El otro análisis es el del voto económico, que examina
la relación entre las percepciones individuales sobre la marcha de la economía y el
comportamiento electoral, como el que hace Ratto (2011). Es oportuno revisar
en esta teoría y en las perspectivas racionales en general la variable “información”
con la que hacemos estos cálculos y cómo procesamos esa información. En esa
línea, Rieznik y otros (2017) se preguntan si podemos ser engañados, si somos
capaces de ofrecer las razones de nuestras acciones –por decisiones que no toma-
mos– y si todo este procedimiento nos puede llevar a cambiar nuestra decisión
original. Aun reconociendo el peso que tiene el llamado “nivel de sofisticación” –
capacidad de interpretar la política en el marco de una ideología– la pregunta que
se formulan estos autores tiene que ver con el proceso de reflexión y decisión. Los
autores indagan sobre la manipulación y el engaño en las decisiones. Como tra-
taremos más abajo, hay una respuesta que proviene de los factores estructurales y
refiere al peso del sentido común hegemónico en nuestras decisiones. En paralelo
con estudios sobre estos mecanismos de manipulación de la información, están
desarrollándose investigaciones sobre la influencia de las emociones en la manera
de votar, que se inscribirían en los factores de comportamiento. Las emociones
que suelen ser objeto de estudio son aquellas que se caracterizan por su alto nivel
de relevancia política y por despertar el estado de alerta de los individuos; por
eso, buena parte de la literatura se centra en estudiar emociones negativas como
el miedo, ansiedad y enojo (Isbell, 2012).
16
Se denominó “el debate Natanson” a las respuestas que siguieron a la publicación del texto de
José Natanson, El macrismo no es un golpe de suerte, en el que, luego de los resultados preliminares
de las PASO, se proponía una interrogación y caracterización compleja de Cambiemos como
fenómeno político.
134
Valeria Brusco
Retomando el problema de la confianza antes expuesto, observamos que
un proceso político que pone a prueba la confianza de las personas que votan,
que tienen confianza personal en sus candidatos/as y que así expresaron su voto
en 2015, así como también de votantes que expresan su decepción. Nos pregun-
tamos entonces con Cleary y Stokes (2006): ¿Qué actitudes ciudadanas son más
propicias para la democracia? Los autores responden que es más propicia una
cultura política del escepticismo: ciudadanos/as que desconfían de las cualidades
personales de los políticos para gobernar adecuadamente, y que sí confían en
las instituciones que facilitan la rendición de cuentas como condición de buen
gobierno. Cleary y Stokes (2006) identifican dos grandes perspectivas teóricas
relativas a la relación entre democracia y confianza, las cuales abrevan en la tradi-
ción de la cultura cívica. La confianza interpersonal, y del escepticismo, respecti-
vamente. La primera, de corte neotocquevilleano, tiene su principal antecedente
contemporáneo en el clásico trabajo de Almond y Verba (1963) The civic culture,
y continúa con los estudios sobre “capital social”. La proposición principal es
que la confianza (interpersonal) redunda en buenas democracias. Sostienen que
es bueno para la democracia que los/as ciudadanos/as confíen unos/as en otros/
as, porque la confianza interpersonal hace que la democracia funcione mejor
en la medida en que hace más gobernables los conflictos. La segunda, a la que
suscribimos, pone en cuestión la fuerza de la confianza interpersonal y el capital
social. El argumento que subyace a esta perspectiva es que los/las gobernantes,
más allá de sus características personales, solo gobernarán mejor si están bajo
control, si tienen que rendir cuentas. Esta perspectiva escéptica tiene sus raíces en
Montesquieu, Hume y Madison, y en su versión contemporánea se sintetiza en la
siguiente proposición: la desconfianza política fortalece a las democracias. A dife-
rencia de la perspectiva de la confianza interpersonal, supone una confianza débil
en los candidatos y/o gobernantes y vincula a la democracia con el escepticismo.
3. Factores estructurales
Por otro lado, entre los trabajos que se inscriben en explicaciones “estruc-
turales” del comportamiento electoral, (Lodola, 2013), se ha considerado el peso
decisivo del voto generacional de las personas adultas mayores con peso demo-
gráfico creciente (Chávez Molina y Molina Derteano, 2017) y las nuevas bases
sociales de la política (Etchemendy, 2017). En otros estudios donde se trata el
paso del radicalismo al macrismo (Casullo, 2017), se afirma que Cambiemos es
una coalición socialmente transversal (Lodola, 2017) o que en Argentina se está
dando el retorno al bipartidismo (Malamud, 2017). Natanson (2017) propone la
idea de que el macrismo es una nueva hegemonía, Rosso (2017) niega que lo sea,
y Trotta (2018) la denomina “hegemonía líquida”. Por fin y en línea con nuestro
trabajo, Scaletta (2017) afirma que Cambiemos no construye nueva hegemo-
135
Votantes crédulos de candidatos increíbles. El voto a Cambiemos de trabajadores...
nía porque no es económicamente sustentable. Estos últimos autores recurren
al concepto gramsciano de “hegemonía”, que es central en nuestro proyecto de
investigación.
Como un gran autor de los factores estructurales, Gramsci nos permite
leer las consideraciones individualistas en nuestras entrevistas como reflejo de
un sentido común, una explicación de la realidad difundida de manera exitosa
y por ello, hegemónica. Gramsci, un pensador de las derrotas, reflexiona sobre
la revolución que no se logra en Europa en los años ‘20 y nos ayuda a responder
las preguntas: ¿Por qué fue posible el triunfo de Cambiemos?, ¿por qué entre un
populismo reformista y un giro reaccionario, triunfa este último? Los trabajado-
res votan respondiendo a diferentes clivajes, y el de clase no es monolítico. Hay
un clivaje regional dice Gramsci, y existe el peso del factor religioso. Los vectores
ideológicos, los llama, y señala que se encuentran fuera del Estado, pero en la
periferia: la escuela, la iglesia y los medios. Desde allí otorgan coherencia a una
cosmovisión y la ordenan.
Un ejemplo de la construcción de la hegemonía desde los medios masivos
de comunicación fue una noticia pequeña pero repetida incesantemente. En un
lugar en la provincia de Córdoba llamado Guanaco Muerto se identificó que
casi la totalidad de la población recibía un subsidio por discapacidad. Esta lo-
calidad de 320 habitantes, de las más pobres del norte cordobés, con presencia
del mal de Chagas, es el ejemplo del dispendio, del derroche de pensiones que
busca corregir el gobierno de Cambiemos. Esta noticia fue ampliamente difun-
dida desde el 15 de junio de 2017, cuando el Ministerio de Desarrollo Social de
la Nación dio de baja miles de subsidios a personas con discapacidad. Se pueden
leer al menos una cincuentena de entradas con la misma noticia en el buscador
de Google escribiendo “Guanaco Muerto discapacitados pueblo”. El mecanismo
de construcción y consolidación de la hegemonía neoliberal a través de la repeti-
ción del escandaloso derroche se utiliza para justificar los recortes a personas con
discapacidad. Constatamos en nuestras entrevistas que la repetición de la noticia
de Guanaco Muerto operó como discurso de justificación de todos los recortes,
siempre, en cualquier caso.
El caso de Guanaco Muerto es ilustrativo porque le da un orden al relato
de que el gobierno de Cristina Fernández estaba corrompido y que todo, incluso
las políticas de inclusión, era discrecional y que debía ser corregido por el gobier-
no de Cambiemos. Una de las entrevistadas expresa:
Yo digo que un pueblo, por ejemplo, de 1000 habitantes que cobraban
todos como discapacitados; a esas personas se les sacó el plan porque
puede haber personas discapacitadas que lo necesitaban y la plata iba
para esas personas que no la necesitaban. Y ahora, todavía no se ve mu-
cho el cambio, hay mucha inflación, pero poco a poco puede ir mejoran-
136
Valeria Brusco
do. Para mí es así, Y creo que de a poco v air cambiando el país, aparte, la
Cristina dio un montón de planes, ayudaba a la gente, pero era como que
el país no progresaba, se estancaba. Y por eso lo voté a Macri.
Usar noticias con pequeños elementos de realidad, para desarrollar justi-
ficaciones, nos lleva a considerar las noticias falsas o las piezas que trabajan con
la llamada “post verdad” sobre las que Chomsky afirma que son problemáticas
para la democracia en tanto que “la gente ya no cree en los hechos”17 (Martínez
Ahrens, 2018). Para profundizar en trabajos sucesivos nos preguntamos: ¿Cómo
inciden estos nuevos elementos en el complejo proceso de recopilación de infor-
mación sobre la realidad al momento de votar?18
En una serie de cámaras ocultas que hizo Channel 4 de Inglaterra, cono-
cimos que los ejecutivos de Cambridge Analytica trabajaron en Argentina. (La
Nación, 20 de febrero de 2018). En esos registros fílmicos describen cómo hace
la organización para entrar al país como “fantasmas” –que hacen el trabajo y
salen como fantasmas. Hablan de los votantes persuadibles, confiados, de cómo
se debe hacer para identificar votantes independientes y darles el mensaje exacto.
Sostienen que no tiene sentido hacer una campaña hablando sobre hechos, por-
que lo único que hay son emociones. Uno de estos ejecutivos desenmascarados
por un periodismo crítico cuenta la campaña de reelección del presidente Uhuru
Kenyatta en Kenia. Fue una campaña de noticias falsas –fake news– y mala in-
formación que ellos dirigieron incluyendo exespías. La receta que ofrecen es que
“tiene que ocurrir de un modo que nadie se dé cuenta que es propaganda”. Este
personaje –Alexander Nix– dice en una cámara oculta que “hay cosas que no
necesitan ser verdad mientras sean creídas”.19
4. El/La votante cordobés/esa
En una entrevista en 2017, Lodola expresaba:
La pregunta hacia el futuro es si el gobierno logrará mejorar la econo-
mía. Si lo hace, podrá contener a estos sectores. Si no, corre el riesgo de
perderlos y convertirse en una coalición conservadora popular, con el
apoyo de sectores altos y bajos. (El Economista, 2017)
17
Amnistía Internacional publicó el 19 de marzo 2018 un informe [Link]
debate-publico-limitado-amnistia-internacional-da-cuenta-del-efecto-disciplinador-de-los-ata-
ques-en-twitter-argentina/
18
Sobre el riesgo de la tecnología digital para la democracia, ver [Link]
rica/tecno/2018/10/20/las-tecnologias-digitales-estan-a-punto-de-derrotar-a-la-democracia-y-
el-orden-social/
19
La afirmación se escucha en el minuto 15’ de la cámara oculta de Canal 4 [Link]
[Link]/watch?v=mpbeOCKZFfQ
137
Votantes crédulos de candidatos increíbles. El voto a Cambiemos de trabajadores...
El apoyo que en Córdoba mantiene Cambiemos en sectores bajos fue
nuestro punto de partida ¿Con qué se vinculan las actitudes respecto al potencial
voto a Cambiemos en 2019?
Esperaríamos encontrar, de acuerdo con las teorías del voto económico,
que no se vota a quien no beneficia el bolsillo, como mostró Ratto (2011).20 Ade-
lantando lo que esta muy inicial indagación ha conseguido elucidar, diremos que
ciertas personas apoyarán a Macri en 2019 aun reconociendo la mala situación
social y económica, propia y general. Más aún, estas entrevistadas reconocen las
características de un gobierno “para ricos”.
Las entrevistas abordan la cuestión de la confianza en las promesas políti-
cas. ¿Se da cuenta si le mienten? ¿Cómo se vuelve a creer? ¿Se convence más fácil-
mente a las personas que saben, que estudian, que “entienden de política”? A los
jóvenes, ¿es más difícil convencerlos? La literatura especializada nos enseñó sobre
los repertorios de contestación, de protesta y de resistencia, pero ¿cuáles son los
repertorios de la aquiescencia? ¿Cómo incide la crisis económica en la confianza?
Las personas que entrevistamos hacen en total un promedio de 38.8 años
de edad, con casos entre 24 y 58. Son 9 mujeres y 6 hombres. Todas y todos tie-
nen hijos. Trabajan en negro –de taxistas, técnicos independientes, empleadas de
casas particulares– salvo dos personas con empleo registrado, que trabajan como
cartero y en casas particulares. Fueron contactadas/os mediante informantes cla-
ves que nos permitieron hablar a personas con trabajos en el sector informal que
votaron por Macri en 2015. Se usó la técnica de bola de nieve, en la que se hace
contacto con una persona y de esa persona se obtiene el siguiente, con lo cual se
trata de una muestra no representativa, porque los casos no son seleccionados al
azar. El modo de continuar con la construcción de la muestra será el criterio de
muestreo teórico o de saturación (Glaser y Strauss, 1967). Todas las respuestas es-
tán en la Tabla Resumen (Entrevistas realizadas por la autora entre abril y agosto
2018. A disposición de quien la solicite a la autora).
Una mitad de los entrevistados/as declara estar peor que antes y otra mi-
tad asegura estar igual. Una minoría declara estar mejor. La mitad de nuestros/
as entrevistados/as se consideran personas confiadas. Una minoría dice que su
confianza depende del contexto.
20
Otro camino podría ser el del votante políticamente activo e informado. Esa persona que está
más alerta sobre las políticas públicas, por ejemplo, la de tarifas, es renuente a volver a apoyar
al gobierno actual que subió dichas tarifas. Y quizás ese votante activo e informado es el/ la que
participa de colectivos, en organizaciones. En Brasil quienes se manifestaron a favor del gobierno de
Dilma se movilizaron mayoritariamente convocados por sus grupos afines y declararon pertenecer
a sindicatos (27%), movimientos sociales (24%), partidos políticos (24%), asociaciones de barrio
(11%), gremios, centros académicos, agrupaciones estudiantiles (6%) y grupos religiosos (10%).
Por su parte, en las marchas de oposición al gobierno los manifestantes declararon haberse
enterado por los mensajes genéricos en redes sociales y no reportaron prácticamente ningún tipo
de afiliación. Para los primeros, los medios de comunicación tradicionales seguían siendo los más
poderosos; para los segundos, lo eran las redes sociales Ver: Zaremberg, G. (2017).
138
Valeria Brusco
La pregunta de interés –¿Votaría otra vez a Macri?– se responde mayorita-
riamente con la negativa. Diez contra tres. Una persona responde que eso depen-
derá de quién sea el /la otro/a candidato/a. Entre las mujeres, la mitad no votará
otra vez a Macri, mientras que entre los hombres el rechazo es total. Ninguno lo
volverá a votar.
Entre las personas que no se consideran a sí mismas confiadas/os, consis-
tentemente una mayoría no volverá a confiar en Macri. Interesante resulta, en
cambio, que entre las personas que sí confían en otras personas, una mayoría
no confiará nuevamente en Macri. Un entrevistado que hace depender su voto
del candidato/a que se ofrezca en la oposición, es una persona que no se define
confiado ni desconfiado. Sucede lo que es esperable: que entre las personas que se
consideran en una peor situación económica desde que gobierna Macri, no hay
voluntad de volver a votarlo. Pero lo opuesto no ocurre: entre quienes sienten que
están mejor, no cosechará votos. Entre quienes se consideran en igual situación,
ni mejor ni peor, la mitad volverá a votarlo y la otra mitad, no lo hará.
En el siguiente gráfico se aprecian las características de la muestra de las
personas entrevistadas. Las edades, agrupadas por sexo, (los hombres más a la
izquierda, las mujeres hacia la derecha) y las respuestas negativas se ubican de-
bajo de la línea del cero. Es decir, si trabaja en blanco, se observa en el extremo
superior de la barra, mientras que las personas que no trabajan en blanco están en
el extremo inferior de la barra. Lo mismo sucede con el voto a Macri, con tener
confianza en los demás y sentir que está mejor.
5. Quienes no volverán a votar a Macri
Entre las personas que no votarán otra vez a Macri los argumentos varían.
Algunos obedecen a una regla: “No voto dos veces al mismo. La segunda vez
hacen macanas”. Otros se ubican en el orden de la decepción:
pensaba que iba a hacer mejor las cosas, pero es tan atorrante como
los otros. Mi esposa sigue creyendo y me dice ‘un tiempo más y va a
mejorar’. Yo le digo que ese tiempo ya está o nos morimos de hambre.
Otro afirma: “No hizo el gobierno que esperaba”. Algunos describen un
malestar específico:
desde que está Macri nosotros estamos mal en todo sentido. El trabajo
está con dificultades y la obra social que me brindaba todo para mi hija
discapacitada está complicada en el tema pagos a terapeutas, transporte,
coberturas de medicamentos y mucho más. Ningún beneficio ha traí-
do, sin trabajo y cero dólares.
139
Votantes crédulos de candidatos increíbles. El voto a Cambiemos de trabajadores...
Alusiones al gobierno anterior son parte de la argumentación: “Sí, lo voté
por un cambio. No me convencía la política de Cristina. Hoy no la estoy pasando
bien económicamente así que no lo votaría de nuevo”. En esa misma línea:
No lo volvería a votar. No fue buena la experiencia. Quería que salieran
los K. Hay que hacerse cargo de los errores: no quería que siguiera la
era Kirchner. Mi error fue que por no querer algo hice algo y al final
fue peor. Con los k mis hijos comían al mediodía y a la noche. Ahora o
cocino al mediodía o la noche. Rinde menos la plata.
Una lectura de pertenencia a un sector o clase expresa:
Con Macri los pobres vamos para atrás. No lo votaría a Macri porque la
verdad hay mucha más pobreza que antes. Todas las semanas al súper.
Los que no cobran $12 mil son pobres. Yo gano $5600 por mes, mi
marido $12 mil. Yo aparte, hago costura y busco trabajar más.
Una persona que fue fiscal de mesa de Cambiemos en pasadas elecciones,
también en la línea de la decepción, expresa: “Voté a Macri, fui fiscal de mesa, no
cobré nada. Le hicimos el laburo gratis porque confiábamos”.
Eli también trabaja como empleada de casas particulares, en la zona norte
de la ciudad. Vive con su marido y sus dos hijos de 8 y 11 años, en una casa
propia que están terminando con apoyo del gobierno de la provincia. Comienza
diciendo amablemente que no le interesa nada la política, que no entiende y que
no le gusta, pero que si eso me sirve me responderá. Como ocurre con frecuencia
y entre mujeres especialmente, a su “no entiendo de política” le siguen lúcidas
expresiones sobre la realidad. Por ejemplo, menciona que “los que no cobran
$12000 son pobres. Yo gano $5600 por mes, mi marido $12000” y registra
su situación como mejor que otros, pudiendo cocinar “milanesas, carne, yogur,
fruta”. Sus primeras respuestas son normativas: “No creo en la política. El que es
presidente, todo depende de él, tenemos que apoyarlo, todos tenemos que trabajar,
no esperar nada de nadie”. Sin embargo, cuando avanza la charla sobre cómo es la
democracia y cómo el apoyo al gobierno depende de cómo se gobierne, ella irrum-
pe mostrando su descontento: “Mirá cómo estamos, eligiendo mal”.21 Coincide
con el diagnóstico que otros entrevistados tienen: “El país está como está porque
regala plata. La CFK le daba por estar embarazada, por esto, por el otro”.
Durante la conversación encuentra su comodidad y puede responder que
votó a Macri “por la necesidad de creer en algo, que esto iba a cambiar. Yo pen-
sé que la gente humilde iba a estar mejor, que iba a haber más trabajo, y más
s