LOS REYES CATÓLICOS
0. LA UNIÓN DINÁSTICA
La unión dinástica de la Corona de Aragón y de Castilla se produce por el
matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en 1469.
En 1474, Isabel I es proclamada reina de Castilla y en 1479 Fernando II de Aragón
hereda los dominios de su padre, uniéndose las Coronas de Castilla y Aragón en la
persona de sus reyes. Nacía así la Monarquía Hispánica pero no supuso la unión
política, ni la unidad de los pueblos, sino solo una unión dinástica, es decir, que lo
único que tenían en común era la figura de los monarcas. Por lo demás, cada reino
conservó su organización institucional, sus antiguas leyes, sus propias formas de
recaudar impuestos, y sus monedas, pesos y medidas. Así también, cada reino
continuó teniendo su particular estructura económica y social, e incluso, en el plano
legal, los súbditos de una Corona eran considerados extranjeros en la otra. Las aduanas
entre unos y otros territorios certificaban esta situación de independencia.
A pesar de todo, la unión era completamente asimétrica. La corona de Castilla tenía
una estructura unitaria y que afianzaba el poder autoritario del monarca. Aragón
constaba de tres estados, Aragón, Cataluña y Valencia, con una estructura pactista. Por
otra parte, Castilla era mucho más extensa y mucho más poblada, con unos 4 millones
de habitantes frente a los 800.000 del reino de Aragón.
1. LA FORMACIÓN DEL NUEVO ESTADO
Los Reyes Católicos sentaron las bases del Estado Moderno para lo cual reforzaron
considerablemente la autoridad real, estableciendo una monarquía autoritaria,
reorganizaron la administración y socavaron los privilegios políticos de la nobleza, la
Iglesia y las ciudades.
Los nobles fueron sometidos a la autoridad real y perdieron su poder político,
aunque continuaron teniendo grandes riquezas e influencias. Así, por ejemplo, los
principales cargos fueron ocupados por miembros de la baja nobleza, funcionarios y
letrados formados en las universidades y, por tanto, expertos en leyes. Como
contrapartida, reforzaron la institución del mayorazgo que permitía el traspaso
indiviso del patrimonio nobiliario de padres a hijos, preservando así su poder
económico.
Para garantizar el orden público, crearon la Santa Hermandad en 1476, organismo
de carácter policial y judicial, integrado por milicias populares y que ejercía su
jurisdicción en los caminos, persiguiendo a malhechores y asaltantes.
Reforma de las instituciones del Estado.
o La estructura de la administración estaba basada en los Consejos, de carácter
territorial (Consejos de Castilla, de Aragón, de Italia), o de ámbitos
determinados (Consejo de Ordenes Militares, Consejo de la Inquisición –único
con jurisdicción en toda la península, de Hacienda...). Por encima de todos ellos
estaba el Consejo Real de Castilla, que se convirtió en el principal órgano de
gobierno después del rey.
o Los secretarios reales eran funcionarios que se encargaban de mediar entre los
consejos y los reyes.
o Los virreyes representarían a los soberanos en aquellos territorios que por su
lejanía hacía imposible la presencia de los reyes. Así, en la Corona de Aragón,
las frecuentes ausencias del rey Fernando hicieron necesario el mantenimiento
de esta figura, que se reforzó y consolidó durante el reinado.
o A nivel judicial, la Audiencia o Chancillería era el órgano supremo de la
administración de justicia. Los reyes eran los jueces supremos y este
fortalecimiento de la justicia real supuso un duro golpe para la nobleza. En
Castilla había dos audiencias: la Chancillería de Valladolid que juzgaba todos los
delitos al norte del Sistema Central, y la Chancillería de Granada para el resto.
En Aragón había una audiencia para cada uno de los reinos, pero allí los
señores conservaban gran parte de sus atribuciones judiciales.
o En el ámbito local, desarrollaron la figura del corregidor, representante directo
del rey en los municipios, encargado de hacer cumplir las normas establecidas
por el poder regio. Su actuación frenó el poder de las oligarquías locales
(nobleza y burguesía) en favor de la autoridad real.
o La tendencia a gobernar sin convocar las Cortes como prueba del
fortalecimiento de la autoridad real se hizo habitual en Castilla durante el
reinado de los Reyes Católicos. Sus funciones quedaron relegadas al juramento
del príncipe heredero y al voto de nuevos impuestos en situaciones de
necesidad financiera. En Aragón, en cambio, donde la doctrina pactista no
conoció cambios sustanciales, fue necesaria su convocatoria en cada uno de los
reinos si querían conseguir que éstos apoyaran las empresas reales, por lo que
aquí resultó más difícil el fortalecimiento de la autoridad real.
o Además los Reyes Católicos crearon un ejército real permanente, pagado por la
monarquía e independiente de la nobleza.
La política religiosa. Los Reyes Católicos pretendieron realizar la unidad religiosa, en
torno al cristianismo, además de someter a la Iglesia a su poder. Ante ellos se
encontraban dos núcleos no cristianos: los judíos y los musulmanes.
o Valiéndose de una bula del papa Sixto IV, de 1478, crearon el Tribunal de la
Inquisición, dependiente de la Corona y no de Roma. Además, se autorizaba a
los Reyes Católicos a nombrar inquisidores en sus reinos. Era la única
institución con jurisdicción tanto en la Corona de Castilla como en la de Aragón.
La Inquisición comienza a actuar en Sevilla, desde donde se extendió a otras
ciudades castellanas, a la Corona de Aragón y a Navarra, una vez incorporada a
la Corona de Castilla.
Inicialmente, la Inquisición sólo se ocupaba de los conversos, de los que se
sospechaba que seguían practicando el judaísmo, pero después fue ampliando
su campo reprimiendo cualquier manifestación de herejía o desviación de la
ortodoxia (brujería, homosexualidad, bigamia…).
o Los reyes consiguieron el Patronato Regio, es decir, el derecho a controlar el
nombramiento de los altos cargos eclesiásticos (abades, obispos y cardenales)
mediante la presentación de los posibles candidatos al Papa. Este hecho, junto
al ya citado, de una Inquisición dependiente de la monarquía, son una prueba
del intento de los Reyes de mantener a la Iglesia sometida a su autoridad.
o En 1492, la reina Isabel, ante la imposibilidad de resolver el problema de los
judaizantes, promulgó un decreto de expulsión de todos los judíos que no
aceptaran la conversión al cristianismo. El motivo pudo ser el de evitar que los
judíos influyesen en los conversos y les arrastrasen a seguir practicando su
religión; también esperaban una conversión masiva que no se produjo en la
proporción que esperaban. Muchos judíos prefirieron marcharse. Unos se
fueron a Portugal y al norte de África, otros al Imperio Turco, algunos a Italia y a
Flandes.
Las consecuencias de la expulsión fueron las siguientes:
- Pérdida cuantitativa de población (se calcula que pudieron salir unos
100.000 judíos).
- Pérdida cualitativa, ya que se dedicaban a actividades económicas de
gran utilidad: médicos, artesanos especializados, comerciantes...
- Entre la población se extendió una mentalidad de rechazo a ciertas
actividades económicas, por identificarlas con los judíos.
o En cuanto a los musulmanes, ahora mudéjares, con la ocupación cristiana de
Granada y de acuerdo con las capitulaciones, se acordó el respeto a su religión,
leyes, libertades y bienes. El primer arzobispo de de Granada, fray Hernando de
Talavera, consiguió por métodos suaves la conversión de un gran número de
mudéjares. Pero el cardenal Cisneros inició una política de intolerancia (cierre
de mezquitas, destrucción de ejemplares del Corán...) que dio lugar a una
rebelión de los mudéjares granadinos (1500). Los Reyes Católicos declararon
nulas las capitulaciones y dieron a elegir a los vencidos entre el bautismo o la
emigración (1501). La mayor parte optó por la primera vía para no tener que
abandonar Granada.
En 1502, los monarcas aplicaron la misma política a todos los mudéjares
castellanos. Los mudéjares convertidos al cristianismo, pasaron a llamarse
moriscos: musulmanes bautizados, cristianos nuevos, pero que siguen
practicando su religión a escondidas.
La medida de conversión forzosa al cristianismo se extendió a los mudéjares
de la Corona de Aragón más tarde, con Carlos I en 1526.
2. LA CONQUISTA DE GRANADA
El reino de Granada comprendía las actuales provincias de Granada, Almería y
Málaga, con pequeñas porciones de Jaén y Cádiz. Cabe preguntarse cómo pudo
mantenerse el pequeño reino nazarí después del gran impulso reconquistador
castellano del siglo XIII. En realidad, las razones son diversas:
La naturaleza montañosa, que facilitaba de forma notable la posible defensa
del territorio.
Las intermitentes crisis internas de la monarquía castellana desde el final del
reinado de Alfonso X el Sabio.
El estado nazarí pagaba tributos (parias) a cambio de la paz con los castellanos,
lo que suponía una constante fuente de ingresos para éstos, de modo que
tampoco manifestaron un gran interés por reconquistar el reino mientras la
convivencia fuera pacífica.
Terminada la guerra civil, la conquista de Granada se convirtió en el primer objetivo
de los monarcas. Con esta empresa, los Reyes Católicos pondrían fin a la Reconquista,
al ocupar el último territorio en poder de los musulmanes en la Península y, por otro
lado, avanzaban hacia la unificación territorial de España. La excusa para iniciar la
guerra fue la reclamación, por parte de los Reyes Católicos, del pago de unas supuestas
parias atrasadas que debía el Reino de Granada.
Las disputas internas dentro de la familia real granadina o dinastía nazarita (entre el
rey Muley Hacén, su hermano el Zagal y el hijo del primero, Boabdil) facilitaron la
conquista.
La guerra dura diez años (1482-1492), con una fuerte resistencia de los
musulmanes. Tras el cerco castellano a la ciudad de Granada, Boabdil no tuvo más
remedio que negociar. Aislada y sin víveres, el 2 de enero de 1492 los reyes entraban
solemnemente en la capital y Boabdil les entregó oficialmente las llaves de la ciudad y
de la Alhambra. En el pacto de rendición se prometió a la población musulmana de
Granada la conservación de sus propiedades, sus leyes, su fe y su forma de vida.
Consecuencias:
- Los Reyes Católicos se atrajeron a la nobleza, a la que consiguieron hacer participar
en la guerra aludiendo al espíritu de cruzada y de lucha contra el infiel.
- Reforzaron el flanco mediterráneo de la monarquía frente al avance turco y a la
acción de los piratas berberiscos.
- Aumentó el prestigio de la monarquía al conseguir incorporar el último reducto
peninsular que permanecía bajo poder musulmán.
- Consiguieron la unión de todos los reinos bajo el mando de los Reyes Católicos: en
la guerra participaran castellanos y aragoneses, convirtiéndose en la primera
empresa común de la nueva monarquía.
3. POLÍTICA DE EXPANSIÓN TERRITORIAL
En la Península Ibérica, se orientó a la conquista del Reino de Granada como
una continuación del espíritu de reconquista, y la anexión de Navarra, territorio
disputado por los Reyes Católicos y por Francia. En 1512, ya muerta Isabel, en
el contexto de conflictos con Francia, Fernando invadió el reino con el
beneplácito del Papa y, sin apenas resistencia, lo incorporó a la Corona de
Castilla, con la promesa de respetar las instituciones, privilegios y fueros
navarros.
En Italia, Fernando continuó la confrontación, iniciada durante los siglos
anteriores, con la monarquía francesa, también con afanes expansionistas en la
zona. Carlos VIII de Francia se apoderó de Nápoles en 1495. Los tercios
(unidades militares españolas) dirigidos por Gonzalo Fernández de Córdoba
(más conocido por el apodo de Gran Capitán), derrotaron a los franceses en
varias batallas. Nápoles quedó incorporado a la Corona de Aragón en 1503.
Por otro lado África, donde se conquistaron los enclaves de Melilla, Orán, Bugía
y Trípoli. Con ello se evitaban las actividades de los piratas berberiscos,
incrementados después de la conquista de Granada, y se detenía el avance
turco por el Mediterráneo occidental, además de obtener botín y favorecer el
tráfico de esclavos.
La expansión por el Atlántico. Las Islas Canarias, conquistadas antes de los
Reyes Católicos, habían quedado bajo la soberanía castellana por el Tratado de
Alcaçovas (1479) firmado con Portugal, que reconocía a Isabel como reina de
Castilla. En 1496 se finaliza la empresa con la conquista de Gran Canaria, La
Palma y Tenerife. El papel de Las Canarias fue clave en la expansión atlántica de
Castilla y desde 1492 en la ruta hacia América.
3.1. El descubrimiento de América
Los comerciantes europeos realizaban viajes a Asia, a través de la Ruta de la Seda,
para obtener productos de lujo desconocidos hasta entonces en Europa: seda,
porcelana, papel, piedras y metales preciosos… y sobre todo, especias. Era un
comercio muy ventajoso porque proporciona grandes beneficios.
Pero en el año 1453 los turcos conquistan Constantinopla y se hacen con el control
del Mediterráneo, cerrando el paso a los comerciantes europeos que iban a Asia. Se
hacía urgente buscar otras rutas alternativas para llegar a la India o China, y surgen dos
propuestas:
a) La ruta del sur. Ensayada por Portugal, esta propuesta consistía en navegar
rodeando África hasta su extremo sur, y después hacia el este para llegar a Asia. Los
portugueses, con Vasco de Gama, lograron llegar a la India en 1498.
b) La ruta del oeste, propuesta por Cristóbal Colón. Conocedor de la teoría de la
esfericidad de la Tierra, Colón proponía navegar hacia el oeste hasta llegar a China y
Japón.
Tras ser rechazado su proyecto en la corte portuguesa, lo presenta ante los Reyes
Católicos, quienes en un principio tampoco lo aceptan, empeñados como estaban en la
conquista de Granada. Pero tras conseguir su objetivo, ven con buenos ojos el
proyecto de Colón, buscan financiación y firman con él las Capitulaciones de Santa Fe,
en las que se establecen las condiciones del viaje.
Finalmente, el 3 de agosto de 1492, salen del Puerto de Palos las tres carabelas:
Santa María, Pinta y Niña, y después de una larga travesía, el 12 de octubre llegaron a
las islas del Caribe.
Colón creyó haber llegado a Japón y nunca fue consciente de su hallazgo. De hecho,
murió sin saber que había descubierto un nuevo continente: América.
4. GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN DE AMÉRICA
4.1. Toma de posesión de los nuevos territorios
Los descubrimientos de Colón hicieron resurgir las tensiones con Portugal por el
control de las nuevas tierras: el Tratado de Alcaçovas reservaba a Portugal las tierras
descubiertas y por descubrir en el Atlántico, con la excepción de las Canarias,
adjudicadas a Castilla. Por eso, el rey de Portugal reivindicaba como suyos los
territorios descubiertos por Colón. En un primer momento el Papa Alejandro VI (el
papa era el único árbitro competente para dirimir los conflictos entre reyes cristianos)
promulgó la Bula inter caetera (1493) por la cual todas las tierras "halladas y por
hallar" al oeste de una línea de demarcación situada a 100 leguas al oeste de Las
Azores y Cabo Verde, pertenecerían a los reyes de Castilla. Pero Portugal reaccionó
ante lo que consideraba un grave perjuicio a sus intereses y obligó a firmar un nuevo
acuerdo (Tratado de Tordesillas, 1494). Por medio de este tratado se trazaba una línea
imaginaria a 370 leguas al oeste de las Islas Cabo Verde, las tierras “descubiertas o por
descubrir” al oeste de esa línea serían para Castilla y las situadas al este, para Portugal.
Por este acuerdo, Brasil quedó para Portugal.
Igualmente, el papa Alejandro VI concedió a la Corona de Castilla el derecho a
evangelizar esos territorios (según la mentalidad medieval el Papa, como vicario de
Cristo, es el dueño legítimo de los pueblos poblados por infieles). Desde el punto de
vista legal, los indígenas fueron considerados súbditos de la Corona Castellana, igual
que los peninsulares, si bien en la práctica fueron sometidos a innumerables abusos
que con los siglos forjó la leyenda negra de las Indias.
4.2. Las instituciones de gobierno
Los nuevos territorios fueron incorporados a Castilla, desde donde se ejerció su
control político y económico.
El Consejo de Indias, creado en 1524, se encargaba de gobernar los territorios
americanos desde Castilla. Ejercía funciones legislativas, ejecutivas (proponía al rey
candidatos a los principales cargos administrativos en las Indias) y judiciales. Realizó
una extraordinaria tarea legislativa, pues debió adaptar las leyes castellanas a las
necesidades del Nuevo Mundo o elaborar otras nuevas, si era necesario.
La Casa de Contratación. Fundada en 1503 por los Reyes Católicos, se estableció en
Sevilla y tenía como cometido organizar y controlar todo el comercio y la
navegación con América (inspección de los navíos, recaudación de impuestos sobre
el transporte de mercancías y viajeros, así como el quinto real, concesión de
permisos, elaboración de mapas, formación de pilotos, etc.).
Los virreinatos, circunscripciones a cuya cabeza se situaba el virrey, que era el
representante del rey en esa demarcación, y por tanto la máxima autoridad. El
primero fue el de Nueva España (con capital en Ciudad de México, abarcaba
Centroamérica) y luego el de Perú (con capital en Lima, para Sudamérica). Los
virreinatos se dividían en provincias, al frente de las cuales se encontraban los
gobernadores. Cuando las provincias estaban situadas en zonas fronterizas con
importante valor estratégico se denominaron Capitanías Generales, dirigidas por un
capitán general, con funciones administrativas, militares y judiciales.
La Audiencia era la encargada del ámbito judicial. Pero a diferencia de las
peninsulares, sus competencias no se limitaban a administrar justicia, sino que se
extendían al ámbito administrativo (por ejemplo supervisar la actuación de los
funcionarios) y al político (como proteger a los indígenas).
En los municipios se establecieron cabildos, a cuyo frente estaba el corregidor que
actuaba en nombre del monarca e intentaba controlar el poder de las familias
criollas.
5. LA EXPLOTACIÓN ECONÓMICA DE AMÉRICA
5.1. La encomienda y la mita
La explotación agraria se basó en la existencia de grandes latifundios dedicados a la
producción de cultivos de exportación (plantaciones) o a la ganadería y cultivo de
cereales para el consumo americano (haciendas)
Estas tierras, que necesitaban mucha mano de obra, fueron repartidas entre los
colonizadores, a los que se les entregaba un grupo de indios que trabajarían para él a
cambio de ser protegidos y evangelizados. Era la llamada encomienda, que en la
práctica, explotaba a los indios en unas condiciones similares a la esclavitud.
A partir de 1540 empezaron a extraerse grandes cantidades de plata de las minas de
Zacatecas (México) y Potosí (Perú). La propiedad de las minas era del rey, que
concedía su explotación a cambio de un 20% de la producción (quinto real). Para el
trabajo en las minas se utilizó el sistema de la mita, por el que cada tribu suministraba
un grupo de indios que tenían que trabajar en las minas de manera obligatoria.
El hecho de que el indio fuese una persona sin evangelizar, que sus conocimientos
fuesen inferiores a los europeos, y que la monarquía y su poder se hallasen lejos de
América, favorecieron la explotación del indio por los colonizadores, a veces de forma
despiadada. Algunos religiosos, escandalizados por el trato dado a los indios,
promovieron denuncias, como las encabezadas por Antonio de Montesinos y
Bartolomé de Las Casas, que defendía que los indios eran seres racionales, poseedores
de derechos y, en consecuencia, no podían ser esclavizados. La Corona intentó evitarlo
publicando leyes que venían a proteger a los indios; en concreto, las Leyes de Burgos
(1512) y las Leyes Nuevas (1542). Se abolían las encomiendas, al prohibir las
prestaciones personales y las prácticas abusivas. Pero las protestas a que dieron lugar
llevaron al incumplimiento generalizado de las Leyes Nuevas, a lo que se añade la
distancia y la incapacidad de los reyes de controlar un territorio tan amplio. Es por ello
que las encomiendas no desaparecieron por completo hasta la segunda mitad del siglo
XVIII.
5.2. La explotación comercial
El descubrimiento y colonización de América convirtieron a la monarquía hispánica
en una gran potencia económica y colonial. Se reservaba el monopolio del comercio
con América, de manera que cualquier mercancía española o extranjera que se
quisiera vender en el Nuevo Mundo debía ser registrada en la Casa de la Contratación
de Sevilla y pagar los impuestos correspondientes. La Flota de Indias, navíos
mercantes escoltados por navíos de guerra, llevaba las mercancías a los puertos
centroamericanos y regresaba a Sevilla cargada de productos americanos, oro y plata,
de los que la Corona se cobraba el quinto real y se pagaban las mercancías enviadas en
el viaje de ida a América.
No obstante, el comercio tuvo que hacer frente a los ataques de piratas y corsarios
de países enemigos que trataban de apoderarse del oro y la plata de la flota de Indias,
así como al contrabando que burlaba el monopolio español, todo lo cual privó a la
monarquía de importantes ingresos (impuestos que dejaban de pagarse).
6. EL IMPACTO DE AMÉRICA EN ESPAÑA, EUROPA Y EN LA POBLACIÓN INDÍGENA
6.1. Consecuencias económicas
Las Indias fueron una fuente de intercambios comerciales. España suministró a
América plantas y animales hasta entonces desconocidos y que cambiarían la vida
agrícola de muchas regiones (por ejemplo, el trigo, la vid, el olivo, el arroz, los
caballos, los cerdos, las ovejas…). De allí nos llegó, en cambio, el maíz, el cacao, la
patata, el tabaco, el pimiento, el tomate… que introdujeron nuevos hábitos de
consumo de los europeos.
La llegada del oro y de la plata americanos remediaron la escasez de moneda que
existía en Europa, impulsaron un crecimiento económico, y permitieron el desarrollo
del capitalismo comercial. Además, puso a disposición de la Corona una importante
cantidad de dinero para poder costear su política imperial. Ahora bien, la
disponibilidad fácil de tanto oro y plata no benefició a medio plazo a la economía
española. En lugar de dedicar las ganancias americanas a la renovación de la
industria artesanal propia, era más rentable comprar en otros países europeos las
mercancías que se necesitaba o permitir que esos mismos países las vendieran a
América. Así que, económicamente, la colonización de América supuso dinero
rápido y fácil, pero paralizó la industria propia, contribuyendo a fomentar, por el
contrario, el desarrollo de la europea. América fue, por tanto, una oportunidad
perdida cuyos beneficios se desviaban a los prestamistas italianos y alemanes para
sufragar las guerras del siglo XVI.
La llegada de metales preciosos provocó una espectacular subida de precios como
consecuencia de la mayor circulación de dinero: fue la revolución de los precios.
Como la Corona pagaba sus deudas a los banqueros y a los particulares extranjeros
que exportaban productos a España con el oro y la plata americanos, este fenómeno
se extendió a Europa.
La hegemonía comercial del Mediterráneo se trasladó al Atlántico.
6.2. Consecuencias sociales
Los indígenas americanos sufrieron una gran mortandad debido a la difusión de
enfermedades europeas desconocidas en el nuevo continente, como, por ejemplo,
la viruela, a los enfrentamientos militares y a la dureza del trabajo a que fueron
sometidos en algunos lugares. Precisamente, hubo zonas, como las Antillas, donde,
ante el descenso de la mano de obra indígena, se transportó población negra de
África para que trabajase como esclava.
Asimismo, se produjo un mestizaje étnico y cultural entre los nativos y los
colonizadores.
La destrucción de las formas de vida tradicionales de la población india.
6.3. Consecuencias culturales
Revolución de las ciencias (Ciencias Naturales, Botánica, relacionadas con el estudio
de nuevas especies de fauna y flora, Cartografía o elaboración de mapas, Geografía,
que conlleva la exploración de los nuevos territorios...), de las rutas comerciales y
de los conceptos de «hombre» y «mundo». El descubrimiento del «nuevo»
continente supone un cambio de pensamiento y pone fin a la Edad Media.
Traspaso de la cultura, lengua y religión peninsulares a América, sustituyendo a los
sistemas de creencias y valores culturales de los indígenas. Los idiomas español y
portugués se impusieron en sus respectivas zonas de dominio, y la religión católica
pasó a ser dominante.