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Intuición y Racionalidad 2012

1) El documento discute la intuición y la racionalidad, y cómo a veces la intuición puede estar equivocada a pesar de que nos proporciona un conocimiento directo. 2) Señala que existen nuevos enfoques para desarrollar la intuición a través de cruceros y cintas de audio, pero que estos pueden ignorar investigaciones psicológicas recientes. 3) Explica que tanto la intuición como la racionalidad son importantes, y que vale la pena examinar críticamente los poderes y peligros de la intuición humana para separar
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Intuición y Racionalidad 2012

1) El documento discute la intuición y la racionalidad, y cómo a veces la intuición puede estar equivocada a pesar de que nos proporciona un conocimiento directo. 2) Señala que existen nuevos enfoques para desarrollar la intuición a través de cruceros y cintas de audio, pero que estos pueden ignorar investigaciones psicológicas recientes. 3) Explica que tanto la intuición como la racionalidad son importantes, y que vale la pena examinar críticamente los poderes y peligros de la intuición humana para separar
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INTUICIÓN Y RACIONALIDAD

Gracias a la ciencia y a la experiencia cotidiana, sabemos que la intuición en ocasiones yerra. La intuición
constituye nuestra capacidad de lograr un conocimiento directo, una percepción inmediata sin la observación o la
razón. El pensamiento intuitivo es como una percepción, rápido y sin esfuerzo. En contraste, el pensamiento
deliberado es como un razonamiento, crítico y analítico.
Ahora bien, ¿tenemos todos poderes intuitivos desarrollados? ¿Tendríamos que seguir el ejemplo de Luke
Skywalker en La guerra de las galaxias, apagando nuestros ordenadores para confiar en la Fuerza? ¿O precisamos,
por el contrario, cotejar de modo más enérgico la intuición con la realidad y someter las corazonadas creativas a un
escrutinio escéptico con el objeto de pensar y de actuar de un modo más agudo?
En esta New Age posmodernista, estudiosos, divulgadores y gurús de seminarios adiestran a los individuos para
que confíen en sus corazones tanto como en sus mentes. Cualquiera dispone de numerosas opciones si desea
desarrollar su intuición. Está en su mano apuntarse a un crucero de intuición por el Caribe, donde «relevantes
intuitivos brindan un amplio programa para utilizar la intuición con el fin de promover todos los sectores de su vida».
Para cultivar sus «recursos internos e intuitivos» cuenta con la posibilidad de escuchar cintas de «Educación de la
Intuición». Podría ir incluso más allá gracias a uno de los numerosos manuales sobre la intuición que le prometen el
desarrollo de su sexto sentido, el aprovechamiento de su sabiduría interior, la explotación del poder de la mente
subconsciente.
¿Qué pensar de este nuevo e improvisado sector? Los autores y educadores de la intuición -los «intuitivos»,
como se llaman a sí mismos- parecen prescindir en gran medida de las nuevas investigaciones de la psicología acerca
del modo en que procesamos la información. ¿Son válidas sus intuiciones acerca de la intuición? ¿Es a veces invadida
nuestra conciencia por una verdad espontánea que se nos tornaría visible con sólo prestar atención a la vocecita
interior? ¿O sus textos intuitivos ofrecen poco más que un mundo de mentirijillas, una realidad ilusoria como
sustitución de lo auténtico?
«Hay verdades triviales y grandes verdades», declaró el físico Niels Bohr. «Lo opuesto a una verdad trivial es
sencillamente falso. Lo opuesto a una gran verdad es también cierto.» Y así sucede con la intuición humana, que
posee poderes y peligros sorprendentes. Por un lado, la ciencia cognitiva reciente pone de manifiesto una
fascinadora mente inconsciente -otra mente entre bastidores- de la que nada nos dijo Freud. En mayor medida de lo
que creíamos hace una década, el pensamiento no sobreviene en el escenario, sino fuera de él, lejos de la vista. Los
estudios sobre el «procesamiento automático», la «disposición subliminal», la «memoria implícita», los
«heurísticos», la «inferencia espontánea de un rasgo», el procesamiento del cerebro derecho, las emociones
instantáneas, la comunicación no verbal y la creatividad desvelan nuestras capacidades intuitivas. El pensamiento, la
memoria y las actitudes operan en dos niveles (consciente y deliberado, inconsciente y automático), en un proce-
samiento dual, como lo llaman los investigadores actuales. Sabemos más de lo que sabemos que sabemos.
Pero la intuición no sólo constituye un tema palpitante, sino que además desempeña un gran papel en la adop-
ción de decisiones de los seres humanos. La verdad complementaria es que la intuición a menudo yerra. Aparte, por
un momento, su mente racional y los instrumentos analíticos que utiliza. Prescinda de esa vara de medir, respire
hondo, relaje su cuerpo, calme su «mente adicta a la charla» y sintonice con ese sexto sentido.
Escuche su voz queda cuando le dice, inmediata y directamente...
1) ¿A qué altura del triangulo está el punto. Mi intuición me dice que está más cerca del vértice
que de la base. Sin embargo, la verdad refuta nuestra intuición. El punto se encuentra exactamente en
la mitad del triángulo (aunque la intuición -el conocimiento directo- nos diga que se halla más arriba).
2) Cuál de estos segmentos (A o B) es más largo? Ambos segmentos son idénticos en longitud si bien nuestra in-
tuición nos señala que b es más corto).
Quizás haya advertido algunos de estos efectos de la percepción, que figuran entre docenas de
ilustraciones sobre cómo las normas de nuestro cerebro para la percepción del mundo -reglas que
por lo común permiten una intuición correcta- nos confunden a veces. Las cosas pueden no ser lo
que parecen. ¿Se limitan los errores de la intuición a los engaños de la percepción?
La historia de la ciencia es la de un reto tras otro a nuestra intuición. El corazón, nuestros corazones nos decían
antaño, es la sede de la mente y de las emociones. El corazón sigue siendo nuestro símbolo del amor, pero hace ya
tiempo que en ese plano la ciencia se impuso a la intuición. Es su cerebro y no su corazón el que se enamora. A lo
largo de toda la historia humana, nuestros antepasados observaron diariamente el paso del Sol por el firmamento.
Disponían al menos de dos explicaciones plausibles: a) el Sol giraba alrededor de la Tierra o b) la Tierra giraba
mientras que el Sol permanecía inmóvil. La intuición prefería la primera. Las observaciones científicas de Galileo
exigieron la segunda.
El campo de la ciencia psicológica ha confirmado a veces intuiciones populares. Un matrimonio prolongado y
comprometido promueve la felicidad de los adultos y el cuidado de los hijos. Los medios de comunicación que
difunden comportamientos violentos y sexualmente impulsivos afectan a las actitudes y acciones de los
espectadores. La libertad percibida y los sentimientos de control favorecen la felicidad y el logro. Pero al mismo
tiempo, nuestras intuiciones pueden decirnos que la familiaridad suscita desdén, que los sueños predicen el futuro y
que una elevada consideración de sí mismo resulta invariablemente beneficiosa, ideas que no se hallan confirmadas
por datos accesibles. Las Investigaciones recientes relegan asimismo a la papelera otros axiomas intuitivamente
correctos de la psicología popular. «La ciencia -dijo Richard Feynman- es una larga historia de aprender a no
engañarnos.»
¿Por qué importa esto? ¿Tiene relevancia comprender los poderes y peligros de la intuición? Sí importa, y en
grado considerable. Las intuiciones de jueces y jurados determinan el destino de vidas. (¿Dice esta mujer la verdad?
¿Volverá a hacerlo este hombre si le dejan en libertad? Las intuiciones de los entrenadores guían sus
decisiones acerca de quiénes han de jugar. (¿Se encuentra hoy en forma esta chica? ¿Sufre un bajón
este jugador?). Las intuiciones de los profesionales clínicos orientan su práctica. (¿Presenta un riesgo
de suicidio? ¿Fue objeto de abusos sexuales?).
Luego sí, vale la pena dedicar un tiempo a examinar los poderes y peligros de nuestra intuición
humana. Conviene que separemos el grano de la paja. Es recomendable que nos consagremos a la búsqueda de la
verdad. ¿Le han dicho alguna vez que es usted sorprendente? Pues lo es. Procesa vastas cantidades de información
fuera de la pantalla. Delega sin esfuerzo la mayoría de sus reflexiones y tomas de decisiones en multitud de
trabajadores cognitivos que en todo momento se afanan en el sótano de su mente. Sólo las tareas verdaderamente
importantes llegan a la mesa ejecutiva, donde opera su mente consciente. Cuando le preguntan «¿En qué piensas?»,
su director ejecutivo mental responde hablando de preocupaciones, esperanzas, planes e interrogantes, sin tener en
cuenta a todos los empleados del piso inferior.
Esta gran idea de la ciencia psicológica contemporánea -según la cual la mayoría de nuestros pensamientos,
sentimientos y actos cotidianos operan al margen de la conciencia consciente- es «de difícil aceptación por parte de
las personas». Nuestra conciencia juzga con parcialidad que sus propias intenciones y elecciones deliberadas
gobiernan la existencia (lo cual es comprensible, puesto que tal conciencia, que constituye la punta de un iceberg,
conoce sobre todo a su ser visible). Pero la conciencia sobrestima su propio control. Fíjese en algo tan simple como
hablar. Sartas de palabras manan con facilidad de su boca con una sintaxis casi perfecta (cosa sorprendente, habida
cuenta de las numerosas posibilidades de que se embrolle). Sucede como si hubiese escaleras abajo unos criados
componiendo afanosamente frases que una vez concebidas brotaran con fluidez de su boca. Apenas posee un indicio
de cómo lo consigue. Pero ahí está.
Poseemos, al parecer, dos mentes: una para aquello de lo que somos momentáneamente conscientes y la otra
para todo lo demás.
O veamos el caso de la conducción. Cuando uno aprende a conducir, se exige el nivel de atención del director
ejecutivo. Reducimos al mínimo las conversaciones y nos concentramos en la carretera. La
primera semana de un español al volante en Gran Bretaña o de un británico en España es de
nuevo la de un conductor novato que necesita concentrarse hasta que domine la conducción
a la izquierda o a la derecha. Con el tiempo, la técnica de conducción es aprendida y luego
«sobreaprendida». Al igual que la mayoría de las acciones de la vida, se torna automática,
liberando así la conciencia para el trabajo ejecutivo. El semáforo se pone rojo y recurrimos al
freno sin decidirlo conscientemente. Es posible que cuando regresamos a casa desde el trabajo nos hallemos
absortos en la conversación o en las preocupaciones, de tal manera que los pies y las manos nos lleven hasta el
punto de destino.
Indudablemente, en ocasiones nos conducen a casa cuando teníamos que ir a otra parte. «La distracción es un
precio que hay que pagar a causa de la automatización». Si la jefa no determina una ruta diferente, los
servidores-que atienden a nuestros intereses habituales hacen aquello para lo que han sido preparados. Pero la
Conciencia Jefa puede intervenir en cualquier momento. Alégrese de este «automatismo del ser». Su capacidad de
volar durante la mayor parte de la vida con el piloto automático le permite operar eficazmente. Mientras que sus
criados mentales se encargan de la rutina y de tareas muchas veces realizadas, usted puede concentrarse en cosas
importantes. En tanto que otros cuidan del césped de Moncloa, preparan comidas y responden al teléfono, el
presidente es capaz de reflexionar sobre el estado de la nación. En usted sucede en gran parte lo mismo.
Extraído de Myers, D. (2003). Intuición. Barcelona: Paidós.

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