La investigación
Con los funcionarios señalados, llegaron peritos criminalistas, quienes procedieron a tomar
impresiones de las huellas dactilares del cadáver.
Tras identificar al occiso, porque tenía antecedentes penales en la Dirección General de Policía
y Tránsito, los detectives iniciaron sus pesquisas con bases firmes. Los agentes supieron que
Pablo Díaz Ramírez también se hacía llamar Pablo Díaz Rincón, Pablo Díaz Gallegos y Rafael Díaz
Ramírez.
Además, en la ficha signalética de Pablo aparecía como su domicilio la calle de República
número 1, colonia Portales. Al llegar a ese lugar, los investigadores supieron que Pablo y su
esposa tenían seis meses de no vivir allí. Pablo tenía tres años de haber contraído nupcias con
María Trinidad. Era su segunda esposa y con ella no procreó hijos. Se mudaron a vivir en la calle
de Pirineos.
Hasta ese segundo hogar fueron conducidos los agentes por sus pesquisas. Allí encontraron a la
mujer y luego de interrogarla, terminó por confesar el crimen. Debido a que para la policía
resultaba imposible que ella sola hubiera perpetrado el asesinato, continuó la investigación y
localizó a Mario Reséndiz Pacheco en la colonia Santa Isabel, Iztapalapa, y al excarnicero Pedro
Martínez Ramírez.
Estaba amenazado de muerte
La brillante y rápida investigación del Servicio Secreto arrojó también como resultado que el
yerno de María Trinidad, Mario Reséndiz, había amenazado de muerte al peluquero. Mario
Reséndiz en una ocasión expresó que él había asesinado a un hombre en el municipio de
Chalco, Estado de México, y que lo había decapitado. "Esa misma suerte vas a correr tú", dijo a
Pablo Díaz Ramírez.
El difunto, según declararon sus vecinos, era una persona tranquila y apacible que nunca tuvo
problemas con nadie y no gustaba de tomar licor. La propietaria de la vecindad donde ocurrió el
crimen manifestó que Pablo tenía problemas de vez en cuando con su esposa, debido a que los
hijos de ésta eran muy traviesos y por ello los golpeaba.
Acerca de María Trinidad -que era originaria de Tequixquiac, Estado de México-, los vecinos
indicaron que tampoco gustaba de platicar con ellos. La vivienda en la que fue perpetrado el
asesinato constaba de tres cuartos, uno de ellos -el primero- estaba habilitado como recámara,
allí había dos camas de tipo individual; el segundo servía de cocina y comedor y, el tercero, más
pequeño, era bodega.
En ella dormían los menores Reina de 10 años, Guillermo de 6, Mario de 11, Isabel de 15 y
Pedro Martínez Ramírez. Del caso conocieron también las autoridades de la duodécima
delegación, que realizaron una inspección ocular en la vivienda.
María Trinidad fue conducida nuevamente a la Dirección General de Policía luego de señalar el
sitio en que escondió la cabeza de su esposo. Los otros dos detenidos también estuvieron en
poder del Servicio Secreto, donde dieron a conocer sus declaraciones y, posteriormente, serían
remitidos a la Procuraduría del Distrito para que se les consignara al juez penal.
Descuartizado en vida
María Trinidad Ramírez Poblano descuartizó a hachazos a su marido cuando este estaba aún
con vida, informó el médico legista, Enrique Márquez Barajas.
La secuela de los hechos ocurridos la noche del sábado 17 de julio de 1971 en la vivienda de
Pirineos 15-B, colonia Portales, de acuerdo con las revelaciones de la autopsia es la siguiente:
La presunta autoviuda descargó cuatro golpes con instrumento contundente sobre la cabeza de
su marido Pablo Díaz Ramírez de 53 años.
Cuando el hombre que fue peluquero del Departamento del Distrito Federal estaba
inconsciente, en estado de coma, la mujer le amputó las piernas con el hacha. Luego, con el
mismo instrumento procedió a desprender le la cabeza. La tercera y cuarta vértebras cervicales
estaban machacadas, dijo el médico Márquez Barajas.
Sin embargo, el médico apuntó que no sé descartaba la posibilidad de que los huesos hubieran
sido cortados con segueta, como lo presumía el Servicio Secreto. El galeno expresó también que
el desprendimiento de las extremidades inferiores y de la cabeza fue realizado por la recién
autoviuda cuando su marido estaba vivo. “Solo así se explica -continuó- la poca sangre en los
restos mortales y en el lugar en que estos fueron encontrados".
Resultado de la autopsia
La autopsia fue hecha por los médicos Enrique Márquez Barajas y Óscar Lozano González en el
Servicio Médico Forense del Distrito Federal. Los médicos, al rendir su dictamen, expresaron
que Pablo Díaz Ramírez murió a consecuencia de un conjunto de lesiones. Al solicitar que se
explicara lo anterior, manifestaron.
Pablo presentaba cuatro heridas contusas en la cabeza, tres de ellas en la región superior y la
cuarta en la región geniana derecha, es decir, del lado derecho de la nariz.
Los golpes que recibió el peluquero le ocasionaron fractura radiada de la bóveda y base
craneana así como desgarre de cerebro y cerebelo. Estás lesiones privaron del conocimiento a
Pablo y ello fue aprovechado por María Trinidad, quien posiblemente creyó que su esposo
estaba muerto para descuartizarlo.
Los médicos opinan que las extremidades inferiores fueron las primeras en ser amputadas,
puesto que de otro modo no se hubiera desangrado; si cortaba primero la cabeza, el corazón
dejaba de latir y se hubiera detenido la sangre.
Pablo Díaz Ramírez, quien tenía antecedentes penales, se desangró por las venas de las arterias
de las piernas. Durante la autopsia fue encontrada muy poca sangre; mientras que en el
estómago, los galenos encontraron residuos alimenticios.
Habría otro dictamen
Finalmente, los médicos legistas informaron que sobre el instrumento que se utilizó para
mutilar el cuerpo, la homicida ocupó probablemente el hacha. Aunque no descartaban la
posibilidad de que se hubiera utilizado un instrumento dentado, debido a las huellas que se
encontraron en algunos huesos. Sería preciso esperar las conclusiones finales de los médicos
legistas, las cuales serían definitivas. Pero, de resultar cierto, se comprobaría que María
Trinidad con toda seguridad habría contado con la ayuda de cómplices.
La policía, y sobre todo el Servicio Secreto, tenían la certeza de que dichos individuos si no
participaron junto con María Trinidad en el desmembramiento, por lo menos sí lo habrían
hecho en el traslado del cuerpo trozado.
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Encubría a un cómplice
“La noche del sábado 17 de julio de 1971, Pablo y yo nos pusimos a hacer los tamales para la
venta del domingo. De pronto, mis hijos comenzaron a jugar en la cama sobre la ropa limpia. Él
les pegó y me dio mucho coraje", dijo la detenida.
Explicó que constantemente les pegaba a los niños con un cinturón o con lo que tuviera a la
mano. A las 20:30 horas del sábado, Pablo fue a comprar pan y cuando regresó le dijo que como
le molestaba que corrigiera a sus hijos, se iban a separar.
María Trinidad continuó en la elaboración de los tamales y entre las 21:00 y 22:30 horas, sus
hijos se fueron a acostar. Pablo veía la televisión en calzoncillos, camiseta y camisa. Ella recordó
los golpes a los niños y le dio mucho coraje. Entonces, tomó el bate, le asestó el primer golpe y
comenzó a quejarse. Lo golpeó otra vez y como notó como que se ahogaba, continuó.
Se le preguntó si lo golpeó con intenciones de matarlo. Contestó que desde un principio pensó
en asesinarlo. Luego relató cómo lo descuartizó con el hacha y lo metió en un costal de ixtle que
tenía cerca de unos botes de basura.
Indicó que al ver que la cabeza no cabía, pensó que era mejor ocultarla para que Pablo no fuera
identificado. Pero no contaba con que la policía lo identificaría con las huellas dactilares, puesto
que fue detenido en 1937 por lesiones; en 1943 por lesiones y estupro y, finalmente, fichado en
1968 cuando ingresó a trabajar en el Departamento del Distrito Federal.
Protección social intervino
El crimen fue cometido con la luz de la pantalla de televisión. Relató cómo oculto el cadáver
bajo la cama, primero vestido y luego mutilado y encostalado. El domingo vendió solo cien
tamales.
El trayecto que siguió María Trinidad para arrojar los restos de su esposo en la colonia Justo
Sierra, la madrugada del lunes fue de Pirineos a la calle de Miravalle, hacia el sur, luego hacia
oriente por Emiliano Zapata.
Regresó a su casa, desayunó y continuó sus labores. El lunes fue detenida cuando escuchaba la
radionovela "Los Huérfanos" y hasta las 20:30 horas confesó ser la homicida. Los tres pequeños
hijos que vivían con María Trinidad fueron enviados a una casa de protección social en
Azcapotzalco, puesto que el resto de sus hermanos estaban casados y vivían separados de su
madre.
María Trinidad mintió
María Trinidad Ramírez Poblano, la mujer que asesinó y descuartizó a su marido, ha mantenido
en sus declaraciones que fue ella la única que cometió el crimen, por lo cual se creía que
trataba de proteger a alguien que, probablemente, le ayudó a mutilar el cadáver, así lo
afirmaron los doctores Rafael Moreno González y a Ramón Fernández Pérez, director de los
Servicios Periciales y jefe del Laboratorio de Criminalística de la Procuraduría del Distrito.
La afirmación de los expertos estuvo fundamentada en el hecho de que Pablo Díaz Ramírez fue
descuartizado cuando aún vivía y las mutilaciones fueron hechas casi simultáneamente. El
hecho de que las heridas que presentaba el cadáver de Pablo Díaz fueron producidas
premortem y con diversos instrumentos, en opinión de los peritos, representaba la
participación de por lo menos otra persona.
Sin embargo, María Trinidad declaró en muchas ocasiones que ella sola realizó el trabajo y negó
haber utilizado una sierra para cortar los huesos de su esposo. El peritaje rendido por los
criminalistas del laboratorio de la Procuraduría coincidió con el revelado por los médicos
legistas del Servicio Médico Forense, como lo publicó LA PRENSA en su edición del 20 de julio
de 1971.
Los peritos dijeron que en los cortes observados en el cuerpo del expeluquero del
Departamento del Distrito Federal, se apreció que fueron utilizados un cuchillo, un hacha y
posiblemente una segueta.
Cortes simultaneo.
El doctor Fernández Pérez informó que si la mujer descuartizó sola a su marido, hubiera
alcanzado a mutilarlo de una pierna cuando estaba vivo y el resto de esa macabra labor hubiera
sido hecha ya cuando Pablo estaba muerto.
El galeno explicó que cuando se amputa una pierna, sólo bastan unos pocos minutos para que
la víctima perezca desangrada y, en el presente caso, todas las mutilaciones fueron hechas
cuando el peluquero vivía.
Se supo que el descuartizamiento fue efectuado cuando Pablo vivía, porque en los músculos de
las piernas y en el cuello había infiltraciones sanguíneas, que no se presentan cuando la
persona ha muerto.
LA PRENSA informó oportunamente sobre el resultado de la autopsia, la cual reveló que Pablo
fue descuartizado cuando estaba en estado comatoso, debido a cuatro golpes contusos en la
cabeza. La cronología que el doctor Fernández Pérez dio a conocer sobre la sucesión del caso
también coincidió con la de los médicos legistas.
Afirmó el galeno que Pablo fue golpeado en la cabeza; luego le amputaron las piernas y
finalmente la cabeza. María Trinidad declaró el 20 de julio de 1971 que ella sola descuartizó al
peluquero y que en la maniobra utilizó cerca de dos horas, cosa que resultaba improbable,
según los médicos.
La mujer miente
La base de la que partían los peritos para afirmar que era imposible que en dos horas hubiera
sido descuartizada la víctima, estribaba precisamente en que sólo en minutos podía morir
desangrada una persona cuando le cercenan la vena femoral de cualquiera de las piernas.
Por ello, se tenía la seguridad de que María Trinidad mentía y, por ello, provocó que existieran
una serie de puntos oscuros en el caso que deberían ser resueltos por la policía, a pesar de que
se contaba ya con su confesión y todos los instrumentos y la evidencia la señalaba a ella
únicamente.
Por ejemplo, dijo que después de que mató a su esposo lo escondió bajo la cama. No obstante,
veinte horas más tarde, afirmó que lo mutiló. De haber sido cierto lo anterior, el cadáver no
hubiera contado con las infiltraciones sanguíneas a que se aludió.
Se tuvo también la seguridad de que una pierna fue cercenada a hachazos y la otra con un
cuchillo y una segueta, pues en los bordes de una pierna existieron las huellas de un
instrumento dentado y, en la otra, de un objeto corto contundente como el hacha. Debido a
que los cortes fueron hechos simultáneamente, la policía debería investigar quién o quiénes,
además de la mujer, participaron en el descuartizamiento del cuerpo de Pablo, el peluquero.
Formal prisión. El crimen fue descubierto la mañana del lunes 19 de julio de 1971, cuando una
dama localizó el costal en donde estaban los restos de Pablo Díaz Ramírez, que había sido
abandonado frente a su domicilio en la colonia Justo Sierra.
En menos de seis horas y tras una magnífica investigación, los agentes Gonzalo Balderas, Juan
Ayala Ángeles y José Cabrera, bajo la dirección del mayor J. Jesús García Jiménez y el
experimentado comandante Ángel Godinez Guillén lograron dar solución a este caso. María
Trinidad fue detenida en su domicilio de Pirineos 15-b, colonia Portales. Al ser detenida, no
estaba nerviosa. Cuando se le informó que su esposo había muerto, no hubo ninguna reacción
en ella. Esa fue la clave para que los detectives sospecharan que era la autora del crimen.
Formal prisión a la descuartizadora.
Con lágrimas en los ojos, fatigados por el insomnio, la expendedora de tamales María Trinidad
Ramírez Poblano escuchó el 30 de julio de 1971, a las 14:00 horas, el auto de formal prisión que
le dictó el juez Eduardo Neri Acevedo.
La secretaria del juzgado, abogada Amanda Alfaro Alamilla, y su auxiliar, Guadalupe Romero
Rocha, se encargaron de notificar a la inculpada la resolución judicial. El juez abrió juicio ordinario
contra Trinidad, por los delitos de homicidio, violación a la Ley General sobre Inhumación y
profanación de cadáver.
En defensa de mis hijos, dijo
Apenas notificada de la formal prisión, María Trinidad dijo a los periodistas que estaba
arrepentida, que no era su intención destazar el cuerpo del hoy occiso y que todo lo hizo por
defender a sus hijos ya que Pablo los odiaba porque no eran suyos.
Litigantes conocedores de este caso, comentaron que la acusada podría alegar trastorno mental
transitorio porque en realidad su impresión fue tan grande cuando vio que el finado golpeaba a
los vástagos, que se ofuscó a tal grado que sólo pensó en vengarse, matándolo.
Empero, otros abogados consideraron que sería muy difícil probar que la presunta responsable
hubiera cometido el delito en estas condiciones. "Si esto fuera comprobado, sería absuelta".
Las oficiales judiciales Cristina e Irene Villarreal Espinosa, así como Alicia Ravelo, informaron que
el defensor de oficio, Ángel Lima Morales, se abocaría a la defensa de María Trinidad.
Fue acusada por homicidio y violación a la ley general sobre inhumaciones y profanación de
cadáveres, por una sentencia de 40 años de prisión, pero salió en 20 años por buen
comportamiento.
María murió en 1995 en Tequixquiac, Estado de México, a donde regresó tras haber cumplido
su condena. De sus hijos nada se volvió a saber.