TDH
Caso:
Los padres traen a la consulta de pediatría a su hijo de 7 años de edad, al que conocemos desde el
nacimiento, que va a empezar 2.º de Educación Primaria y es el mediano de 3 hermanos. No ha
repetido curso nunca. El niño ha tenido algunos problemas para seguir el ritmo de la clase de 1.º. En
3.º de Educación Infantil era bastante inquieto en clase. Ha acudido varias veces al servicio de
urgencias por haber sufrido caídas, cortes y algunos accidentes de bicicleta, ya que hace las cosas sin
pensar. El motivo de consulta fue la presencia de dificultades para seguir el ritmo de la clase y una
excesiva inquietud psicomotriz.
En casa evita hacer deberes, hay que obligarlo a terminarlos, porque si no, los hace rápido sin importarle
hacerlos mal. Le cuesta seguir instrucciones que tienen varios pasos (como «ponte el pijama» y «ven a
cenar»), y frecuentemente la madre lo encuentra haciendo otra cosa porque ha olvidado lo que le ha
pedido. Además, no para de moverse, de levantarse, de enredar en clase, interrumpe, contesta sin dejar
que se acabe la pregunta y es muy impaciente. Debido a estos problemas en casa y en el colegio, están
empeorando sus notas y cada vez le está costando más mantener el nivel.
Nació a las 40 semanas, con un peso de 3.300 g, tras un parto vaginal a término, no instrumentado; no
precisó reanimación ni incubadora. Embarazo normal. Desarrolló el lenguaje sin problema, y es muy
interactivo con la gente a su alrededor.
Aprendió a leer sin dificultades, y su lectura sigue avanzando bien. Tras una evaluación de inteligencia
en el colegio realizada el año pasado, el niño obtuvo un cociente intelectual (CI) total de 103, CI verbal
de 104 y CI no verbal de 102. Los padres dicen que no es tímido, suele llevarse bien con otros niños,
duerme bien; no tiene miedo a la oscuridad, a dormir solo o a estar solo en su cuarto, ni lloró
excesivamente al ir al colegio. Se queda en casa de las abuelas sin problema, o en casa con una
cuidadora si los padres tienen que salir a cenar, por ejemplo.
No tiene tics ni problemas serios del humor, y su inteligencia es normal. En el colegio se lleva bien con
los otros niños, aunque no mantiene las amistades a largo plazo, va de un grupo a otro; no se aficiona a
las cosas; pasa de estar en el equipo de fútbol a apuntarse a judo, y tras unas pocas semanas pide
cambiarse al grupo de atletismo. A veces se frustra si no le hacen caso o no se juega a lo que él dice, o
como él quiere, y puede llegar a gritar o insultar.
Tras llevar 1 mes con la medicación, los padres vuelven a la consulta. El niño está más atento, aguanta
más sentado, no precisa tanta supervisión y es más autónomo trabajando en casa y en el colegio. Ha
perdido 1 kg de peso y no ha crecido nada, come poco y cena mucho. Duerme bien y no tiene tics. Su
humor es bueno, está contento con su avance en el colegio y con el hecho de que ahora le echan menos
broncas porque ya hace las cosas él solo. Ha sacado alguna nota muy buena en algún examen.
CASO
El caso que nos atañe es el de un niño de 7 años, hijo mayor de dos hermanos de 5 y 2
años, escolarizado en 2 de primaria en un colegio público. Es aconsejado por parte del
profesorado del colegio que sea valorado por expertos por presentar desde el curso
anterior, síntomas y signos detonantes de TDAH y que desde hace unos 3 meses han
evolucionado a peor, manifestándose con gritos, descontrol de impulsos, agresiones
verbales e incluso físicas hacía sus compañeros y profesorado. Sus padres, acudieron al
pediatra de su centro de salud, donde les derivó a consulta de salud mental infantil.
Una vez allí, le realizaron diversos test, dieron información oportuna a la familia, hablaron
con los logopedas que llevaban al niño desde primero de infantil (problemas en el habla) y
concluyeron entre todos que la mejor opción sería ponerlo en tratamiento con
metilfenidato 36 mg/ 24h.