OACI
(ORGANIZACIÓN DE AVIACIÓN CIVIL INTERNACIONAL)
La OACI se sostiene económicamente con el aporte de 193 gobiernos nacionales
que, en su calidad de Estados signatarios del Convenio de Chicago (1944), dirigen
la actividad de la Organización con el objetivo de favorecer entre ellos la vía
diplomática y la cooperación en el transporte aéreo.
La función central de la Organización es mantener una burocracia administrativa y
especializada (la Secretaría de la OACI) que facilita esas interacciones
diplomáticas, e investigar nuevas políticas de transporte aéreo e innovaciones de
normalización de acuerdo con el mandato que recibe de los gobiernos a través de
la Asamblea de la OACI, o del Consejo de la OACI que la asamblea elige.
La industria y la sociedad civil y otras organizaciones regionales e internacionales
también participan en el estudio y desarrollo de nuevas normas en la OACI en
calidad de organizaciones invitadas.
A medida que las partes interesadas plantean nuevas prioridades, la Secretaría de
la OACI organiza grupos expertos, equipos especiales, conferencias y seminarios
para analizar sus aspectos técnicos, políticos, socioeconómicos y demás. Como
siguiente paso, presenta ante los gobiernos los mejores resultados y
asesoramiento posibles para que sean ellos quienes, en un proceso colectivo y
diplomático, establezcan las nuevas normas y métodos recomendados para la
aviación civil internacional.
Una vez que los gobiernos aprueban por consenso diplomático el alcance y los
detalles de una nueva norma, esa norma es adoptada por los mismos 193 países,
que de esta forma armonizan mundialmente sus reglamentos nacionales para
contribuir a la seguridad y sostenibilidad de las operaciones aéreas con un alcance
efecto verdaderamente mundial.
Adicionalmente a estas funciones diplomáticas y de investigación que constituyen
su objeto principal, la OACI actúa como plataforma crítica de coordinación en la
aviación civil a través de sus siete oficinas regionales.
Además, realiza actividades de difusión con fines educativos, forja coaliciones,
efectúa auditorías, dicta capacitación, y realiza actividades de formación de
capacidad en todo el mundo de acuerdo con las necesidades y prioridades que
definen y formalizan los gobiernos.
La OACI no dicta reglamentos mundiales
Las disposiciones que contienen las normas de la OACI no tienen prelación sobre
los requisitos de los reglamentos nacionales. Los Estados soberanos aplican
siempre sus propios reglamentos locales y nacionales, que deben ser cumplidos
por los explotadores de servicios aéreos que utilizan sus espacios aéreos y
aeropuertos.
Contrariamente a los dramáticos retratos de los organismos de la ONU que se
encuentran en medios de comunicación, estas organizaciones no tienen autoridad
alguna sobre los gobiernos nacionales en sus respectivas áreas de actuación
internacional. Las críticas a la ONU por lo común obedecen a la creencia en
capacidades y autoridades fantásticas que los Estados soberanos nunca jamás
cederían a un organismo multilateral.
La OACI no es un ente regulador de la aviación internacional, de la misma manera
que INTERPOL no es la policía del mundo. La OACI no puede cerrar o restringir el
espacio aéreo de un país arbitrariamente, ni cerrar rutas u ordenar el cese de
aeropuertos o líneas aéreas por no mantener las condiciones de seguridad o
brindar mala atención al público.
Si un país incumple una norma internacional adoptada a través de la OACI, la
función que corresponde a la Organización de acuerdo con su misión básica y sus
capacidades diplomáticas es ayudar a los países a entablar las conversaciones
que consideren apropiadas y disponer las sanciones que pudieran corresponder
conforme al Convenio de Chicago y sus Anexos en el marco del derecho
internacional.