R E V I S TA
DE
Estudios
Extremeños
AÑO 2019 ~ TOMO LXXV
NÚMERO II
MAYO - AGOSTO
CENTRO DE ESTUDIOS EXTREMEÑOS
DIPUTACIÓN DE BADAJOZ
Estudios Extremeños
revista
histórica, literaria
y artística
(Fundada en 1927)
revista
de
Estudios
Extremeños
AÑO 2019 ~ TOMO LXXV
NÚMERO II
MAYO - AGOSTO
CENTRO DE ESTUDIOS EXTREMEÑOS
DIPUTACIÓN DE BADAJOZ
Director:
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Consejo de Redacción:
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Revista de Estudios Extremeños
Rafael España Fuentes (Fundada en 1927)
Rafael Rufino Félix Morillón
D. L.: BA-14-1958 - I.S.S.N.: 0210-2854
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SECRETARIO:
La Revista de Estudios Extremeños
José Sarmiento Pérez es cuatrimestral y el importe de su
suscripción anual es de 9,02 euros
SUMARIO
Pág.
Estudios......................................................................................................... 9
Aranda Frutos, Rufino: La Beturia en la historia
de Extremadura....................................................................................... 11
Antón Gil, Enrique: Publio Carisio. Deductor de la Colonia
Augusta Emerita...................................................................................... 39
Conde Caballero, David: Memorias de escasez y hambre.
La postguerra extremeña vista por un antropólogo................................. 77
Grande Quejigo, Francisco Javier: La Fundaçión desta casa
de Guadalupe trobada, crónica en verso hacia 1521............................... 99
Nievas Rojas, Adalid: La verdadera familia del Divino
Capitán: dos ramas Aldana frente a frente............................................ 125
Nieto Caballero, Guadalupe: Francisco Valdés en la prensa
extremeña: un acercamiento a sus colaboraciones en
el periodo de 1914 a 1936.......................................................................... 151
V i o l a M o r at o , S i m ó n : L a r e v i s t a A n g e l u s
(Una aportación al estudio de la poesía de postguerra
en Extremadura)......................................................................................... 173
Correa Gamero, Feliciano: Julio Cienfuegos Linares y
Manuel Pecellín Lancharro, dos humanistas cercanos.......................... 191
Luxán Meléndez, José Mª de; Luxán Meléndez, Luis de:
Ortografía y política en el liberalismo español.
La x de los Luxanes de Castuera........................................................... 209
Moreno García, Abdón: Escritos Bíblicos y Teológicos
inéditos de Pedro de Valencia................................................................ 267
Real Apolo, Carmelo: La Escuela Normal de Maestros de
Badajoz: Su segundo periodo histórico (1849-1863)............................ 293
López Fernández, Manuel: De Granadilla a Montemolín.
La Orden de Santiago y la Vía de la Plata en tierras de
Extremadura (siglos XII-XIII).............................................................. 319
Cillán Cillán, Francisco: Expediciones de Ñuflo de Chaves
por América Austral.............................................................................. 349
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Montojo Montojo, Vicente: Cartagena, la Guerra de
Restauración Portuguesa (1640-1668) y el aprovisionamiento
al frente de Extremadura....................................................................... 381
Ruiz Durán, Manuel: Historial de las parroquias
Castrenses de Badajoz (1766): la Concordia (1802) y
problemas con los archivos del vicariato y parroquiales....................... 405
Martínez-Carande Corral, José Andrés: La Extremadura
contra la Mesta: El Memorial de Extremadura como antecedente
del artículo 388 del Código Civil. Un aspecto de la extraordinaria
labor del abogado pacense Vicente Paíno y Hurtado............................ 429
Sarmiento Pérez, José: La entrada de las tropas españolas y
francesas en Portugal, según la correspondencia entre el III
Conde de la Torre del Fresno y el Ministerio de la Guerra................... 463
Alonso Asensio, Roberto: Pasado y presente del comercio
minorista en la ciudad de Badajoz......................................................... 499
Rubio Navarro, Guadalupe: Transformaciones Urbanas en la
ciudad de Zafra entre 1879 y 1936. De la llegada del
ferrocarril a la ciudad al estallido de la Guerra Civil............................ 525
García Álvarez, Manuel: Desarrollo rural y patrimonio:
El impacto de las políticas europeas en la conformación de
nuevos imaginarios de ruralidad.Aproximaciones a partir
del estudio de caso de Monfragüe......................................................... 561
Mateo Gómez, Isabel; López-Yarto Elizalde, Amelia:
Un Ecce Homo de Luis de Morales en cobre, coronando
un relicario de plata con escenas de La Pasión..................................... 599
Serantes García, Luis: Origen de las boticas cacereñas.................... 639
García García, Antonio: Dos corcheros catalanes en la
Extremadura del siglo XIX (Mérida 1.858-1.891)................................ 671
Sinergia ..................................................................................................... 683
Cayetano Rosado, Moisés: Portugal y la Raya luso-española
en los estudios de la Revista de Estudios Extremeños........................... 685
Reseñas ...................................................................................................... 717
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Estudios
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 11-37
La Beturia en
la historia de Extremadura
Rufino Aranda Frutos
[email protected]
Resumen
El estudio de la Beturia del siglo II y I a.C. En la provincia de Badajoz
es sin duda uno de los temas más complejos debido a la gran cantidad de res-
tos arqueológicos que se encuentran en su territorio, la mayoría no han sido
estudiados en profundidad. Desde este escrito se intenta aclarar tanto las vías
pedestres y divisorias como los límites geopolíticos no solo con la presencia de
pueblos autóctonos sino también con la llegada de los romanos que fueron los
que transformaron el paisaje y las estructuras sociales que existían hasta ese
momento. Las primeras manifestaciones escritas se encuentran en la gran obra
Historia Natural de Plinio el Viejo haciendo un estudio sobre la ruta que pudo
haber seguido a su paso por la provincia de Badajoz.
Palabras clave: Extremadura, Beturia, vías pedestres, romanos, Plinio, prefec-
turas, pueblos autóctonos, municipio romano
Abstract
The study of the Beturia of the 2nd and 1st century BC. In the province of
Badajoz is undoubtedly one of the most complex issues due to the large number
of archaeological remains found in its territory, most have not been studied
in depth. From this paper we try to clarify both the pedestrian and dividing
ways and geopolitical limits not only with the presence of native peoples but
also with the arrival of the Romans who were the ones who transformed the
landscape and the social structures that existed up to that moment. The first
written statements are in the great work Natural History of Pliny the Elder,
making a study on the route that could have followed its passage through the
province of Badajoz.
Keywords: Extremadura, Beturia, footpaths, Romans, Pliny, prefectures, indi-
genous peoples, roman municipality
12 Rufino Aranda Frutos
1. INTRODUCCIÓN
La BAETURIA, nombre propio latinizado que proviene probablemente
de VETTONIA, formó una extensión tan amplia que llegó a convertirse en parte
de una provincia romana ocupada por Vettones, una etnia indígena que estaba
instalada antes que celtas y túrdulos, de los que desconocemos su cultura material
y su arte, confundiéndolo desgraciadamente con otros pueblos como los tartessos.
Eran comunidades indígenas sedentarias y cerradas, unidas en la lucha
contra el enemigo de cualquier procedencia, incluidos los romanos y convir-
tiéndose en un foco de resistencia, antes y durante las guerras lusas. Con la
creación de una nueva provincia, los romanos se aseguraban su hegemonía en
el sur de Hispania.
Baeturia se latiniza confundiéndose con Baetica que aunque muy parecidos
en la lengua hablada no tiene una raíz común, las primeras manifestaciones
escritas se encuentran en Plinio (23-79 a.C.), cuando ya la Bética estaba cons-
tituida pero sin repoblar en su totalidad. Los Baeticus hicieron sus incursiones
en tierra indígena, habitada por célticos, túrdulos y celtiberos, conviviendo
en una extensión territorial mucho mayor de lo que se cree hasta el momento.
Su estudio se debe a la posibilidad poco remota de que Plinio fuera en-
viado a la Beturia por su protector el emperador Vespasiano (69-79), para que
comprobase el grado de romanización y sometimiento, después de las guerras
civiles de Galba, Otón y Vitelio (68-69 d.C.), ha hecho que todo estudio se centre
en estos momentos de la historia romana.
Su misión pudo haber sido un recorrido planeado, siguiendo un camino
ya trazado por otras culturas y comprobar aquellas zonas donde pudieran existir
focos adversos a la política romana y así tomar medidas contra los insumisos,
no se puede omitir que aún estaba presente en la memoria la rebelión del líder
Viriato, sobre todo en la Baeturia, donde los celtas y los túrdulos se oponían al
sometimiento y a los criterios imperiales romanos, y que sin lugar a dudas cada
vez tomaba más adeptos.
Se cree que fue una estrategia militar disfrazada de una visita de organi-
zación territorial para la recaudación de impuestos, que no se duda, pero en el
fondo quería la situación exacta y estratégica del oppida céltico o el castrum,
es cierto que muchos no los visitó, sobre todo aquellos que quedaron fuera de
esa ruta marcada y llamada ( la Ruta de Plinio), por ser más segura y encontrar
contingente romano, no obstante cuando llega Plinio el grado de romanización
es aceptable incluso elevado, aunque corrían el riesgo de ser asesinados por
grupos rebeldes, así pues la comisión pliniana pasaba de largo o incluso no
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Beturia en la historia de Extremadura 13
se adentraba, los datos se copiaban de unos libros a otros sin importarles los
errores que contenían.
2. LA OCUPACIÓN TERRITORIAL
La ocupación de la Península Ibérica se inició a finales del siglo III a.C.
en función de la pugna con los cartagineses y concluyó en tiempo de Augusto
a fines del siglo I a.C. (Pax Augusta).
El proceso de conquista se efectuó a lo largo de varias etapas interrumpidas
por períodos de tregua, obedeciendo a sus conflictos con los cartagineses en
las guerras púnicas. Los romanos no se limitaron a cortar las bases costeras de
aprovisionamiento cartaginés (Málaga, Almería, Cádiz) sino que se adueñaron
de unas tierras ricas y codiciadas que le podían administrar productos agrope-
cuarios, metales, esclavos, etc. La codiciada Iberia.
•(264 – 241 a.C.) Primera Guerra Púnica. Roma se consolida como una
potencia hegemónica en el norte del Mediterráneo y Cartago se reduce a las
colonias del norte de África y algunas del sur de España.
•(206 – 83 a.C.) El avance militar se fija en Portugal y Extremadura; se
divide Hispania en dos, citerior y ulterior. Comienzan a producirse las primeras
revueltas indígenas por el abuso de los administradores romanos sometiendo a
los íberos a un constante saqueo.
Las guerras celtíberas y lusitanas fueron propulsadas por varias razones:
La primera fue que Roma “El Senado”, quiso ampliar sus dominios y
eliminar los focos de resistencia que se lo impedían. Los lusitanos eliminaban
sus fronteras capitaneados por Viriato y los “celtíberos” veían en la frontera
romana un obstáculo para conseguir una federación fuerte.
La Baeturia se puede dividir en zonas metalíferas. Estrabón la define
como Beturia Céltica explotaciones de hierro y túrdula metalurgia del plomo.
En la actualidad las explotaciones mineras de plomo se encuentran en Azuaga,
Berlanga, Villagarcía (Domergue, 1987).
•Guerras de Sertorio (79 – 76 a.C.) (Domergue, 1971) y explotación de la
Beturia, con un mayor número de habitantes romanos, soldados en su mayoría,
pues se han hallado un gran número de balas de honda hechas de plomo tienen
su apogeo en época republicana extendiéndose hasta época Bajo Imperial.
La pacificación no fue total y se produjeron varias revueltas motivadas
por la falta de tierras de cultivo, la penuria económica y el abuso de los impues-
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
14 Rufino Aranda Frutos
tos; hubo movimientos poblacionales, exterminio de rebeldes y un progresivo
alistamiento de indígenas en las tropas auxiliares romanas, lo que favoreció la
progresiva pacificación.
•Guerras de Pompeyo y Julio César, Hasta el 29 a.C., Hispania (Ulterior y
Citerior) fue escenario de conflictos bélicos que obedecían a las guerras civiles
con motivo de la crisis republicana. Julio César actuaba en la Hispania Ulterior
con capital en Córdoba, pacificando los focos rebeldes lusitanos, ahí radica la
importancia de la Baeturia cercana a Córdoba y a la Lusitania.
•Guerras de Augusto (29 – 19 a.C.) las guerras cántabro-astures.
Augusto procedió a dividir la Hispania Ulterior en dos provincias, la Bética
y la Lusitana, no conforme los lusitanos con esta primera división, Augusto se
vio obligado a una segunda.
Desde el año 206 al 83 a.C. se consolidan los territorios conquistados y
el avance militar se fija hacia el centro y el oeste (Portugal y Extremadura). Se
divide Iberia en dos y comienzan a producirse las primeras revueltas indígenas
por el abuso de los administradores romanos, sometiendo a los hispanos a un
constante saqueo.
Las guerras celtibéricas y lusitanas fueron propulsadas por varias razones,
Roma (el senado) quiso ampliar sus dominios y eliminar focos de resistencia.
Los lusitanos suprimían las fronteras creadas por Roma al frente de Viriato
y los celtíberos veían en la frontera romana un obstáculo para conseguir una
federación fuerte.
Estas guerras (154-133 a.C.) supusieron la coordinación de los romanos
para batirse en dos frentes, no había una unidad patriótica. Estas guerras termi-
naron con la caída de Numancia (133 a.C.) y la muerte de Viriato (139 a.C.);
Viriato pactó con Roma y es asesinado por el procónsul Cepión.
La conquista del territorio lusitano abrió la penetración romana hacia
el noroeste peninsular. La entrada por el sur de Portugal cruzando el estrecho
es más que probable de esa forma controlaban los puertos marítimos, con un
gran refuerzo por romanos venidos del norte invadiendo lo que hoy es Portu-
gal. Excepto los territorios cántabros y astures, Roma controlaba el resto de la
península ibérica.
De nuevo la pacificación no fue total y se produjeron varias revueltas mo-
tivadas por la falta de tierras, la penuria económica y el abuso de los impuestos,
se hizo notar en la Baeturia, donde para borrar la impronta céltica y túrdula, se
asentó la población romana contribuyendo a la romanización y procurando no
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La Beturia en la historia de Extremadura 15
perder la identidad celta , celtíbera o túrdula, dándoles identidad romana a sus
fundaciones( Nertobriga era el castrum y Nertobriga Concordia Iulia la pro-
vincia a la que pertenecía); creando asentamientos ex-novo, con una población
sometida indígena en su mayoría y una clase dominante romana en su minoría,
sometieron al exterminio de los rebeldes y el progresivo alistamiento militar de
los indígenas en las tropas auxiliares de campaña, favoreciendo con esta acción
la pacificación a largo plazo.
Hasta el 29 a.C., la Baeturia y Lusitania fueron escenarios de conflictos
bélicos protagonizados por Sertorio Pompeyo y Julio César, que obedecían a las
guerras civiles con motivo de la crisis de la República. Durante estas revueltas
cesarianas, su caudillo pacificó a los focos rebeldes lusitanos y betúricos, con-
cediéndoles nuevas tierras para su cultivo y sustento familiar, con esta medida
y la concesión de estatutos privilegiados a esas nuevas provincias, dotándolas
del cognomen Iulia, y que en el amplio territorio que nos atañe encontramos
cinco reparticiones territoriales:
1.Sería Fama Iulia (SFI)
2.Nertobriga Concordia Iulia (NCI)
3.Segida Restituta Iulia (SRI)
4.Ugultunia Contributa Iulia (UCI)
5.Lacimurga Constantia Iulia (LCI)
Este reparto favoreció a la romanización del territorio y sin duda fue el
origen de las guerras cesarianas, pues al ser un territorio rico en minerales y
en contingente, era de vital importancia para Roma que consiguió adueñarse
gracias a su política territorial, con estas medidas se conseguía el objetivo de
pacificación y dominio del territorio que sin duda pertenecía en su origen a la
Lusitania, aunque poco a poco se fue deteriorando, en un principio pertenecieron
administrativamente a la Hispania ulterior, cuya primera capital fue Cartago
nova (Cartagena) y luego pasó a ser Corduba (Córdoba).Colonia Patricia Cor-
duba: (83 a.C.-29 a.C.) (206-83 a.C.) siendo este periodo cuando se crean los
primeros contactos entre las provincias julias, aprovechando las calzadas creadas
anteriormente por otros pueblos para el comercio, conectando el norte con el
sur, nacerán nuevos municipios y que formarán parte de la red viaria romana.
De vital importancia para la romanización fue Mértola (Portugal), puerto
marítimo (portus) de la Beturia, se organizaba a partir de aquí una importante
vía de comercio con el interior llegando hasta Toletum. La Baeturia, debe su
importancia como lugar estratégico y de paso obligatorio de mercancías y per-
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16 Rufino Aranda Frutos
sonas en dirección hacia Toledo, creando así esta línea una frontera por la que
lucharon Lusitanos y Béticos.
A lo largo de estos ejes de comerciales vivía la población romana mucho
más civilizada que la autóctona, sus municipios no estaban dispersos y aislados
como los oppida célticos y túrdulos que fueron antes de llegar los romanos,
sociedades cerradas creadas en su mayoría para no tener conflictos, no estaban
entrenadas para luchar, no son sociedades guerreras, y que no tienen contacto
con otros oppida. La componían pequeños clanes, de ahí su escasa extensión y
que cuando aumentaba, la presión demográfica y los conflictos entre individuos
del mismo clan generaba una separación pacífica y se marchaban buscando
controlar un nuevo territorio. Tal es el caso del Castrejón de Capote (Higuera
la Real), Los Castillejos (Fuente de Cantos) y Belén (Zafra).
3. LA BETURIA CÉLTICA EN EXTREMADURA
El sector céltico que es mi área de estudio se corresponde en la actualidad
con la mitad occidental de la provincia de Badajoz, comprendiendo las comarcas
de Jerez de los caballeros, Segura de león, Zafra, se prolonga hacía la serranía
de Huelva y el Alentejo Portugués en las mancomunidades de Sierra Grande;
Zafra- Rio Bodión; Tentudía, Picos de Aroche y el Parque Natural do Vale do
Guadiana.
Mapa 1: La Beturia en el sur de Badajoz
Durante el 49/45 ac se desarrollará un proceso de anexión y control de
la Beturia culminando con la política de Julio César, primer político romano
que plantea una integración jurídica de los provinciales concediendo a algunas
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La Beturia en la historia de Extremadura 17
ciudades indígenas el estatuto de municipios y otorgando a sus habitantes la
ciudadanía latina de la que son prueba los apelativos de estos cinco municipios:
1.Seria fama iulia
2.Nertobriga concordia iulia
3.Ugultunia Contributa iulia
4.Segida Restituta Iulia
5.Lacimurga Constantia Iulia
Ello puedo deberse a una reorganización del territorio betúrico céltico y
a apoyar la causa cesariana, permitió la integración definitiva en la Ulterior y
controlar directamente las tierras lusitanas (Bellum Hispaniense XII, 7)
Pese a que el cognomen iulia que aparece en las titulaciones de algunas
ciudades ayuda a conocer si fueron promocionadas por J. César, este método
presenta problemas pues la temprana muerte del dictador, debió haber dejado
muchos proyectos sin realizar entre los que figuran posiblemente la concesión
del derecho latino y romano a aquellas comunidades que le hubieran prestado
apoyo en la guerra civil, por tanto pudo ser Augusto quien se encargara de dar
el definitivo estatuto municipal a estas comunidades que presentan el apelativo
iulia, aceptados estos planteamientos se fecha la promoción jurídica de los mu-
nicipios de la Beturia entre el periodo comprendido entre 49 y 27 AC a partir
del cual la aparición del cognomen augustus en la titulación ciudadana permite
atribuir a Augusto la fundación de otras ciudades. (Roldán 1996)
El territorio de la Beturia céltica ocupa las cuencas del Guadiana como
rio principal, con sus afluentes Chanza y Múrtigas, rivera del Peramora, Ardila,
Alcarrache, entre otros muchos arroyos. Para Beltrán y para Olivares Pedreño
los municipios de la Beturia Céltica que citaba Plinio estarían situadas al norte
del Guadalquivir y no en otro lugar.
Estas cinco ciudades nunca formaron un grupo político que desempeñara
sus propias actividades.
3.1 Los límites
Ocupó el Bajo Alentejo Portugués, norte de la provincia de Huelva, y un
amplio territorio de la provincia de Badajoz, pero con los continuos enfrenta-
mientos y luchas se fue reduciendo considerablemente, fue una de las zonas más
romanizadas, fácilmente accesible por mar. Estaba dividida en Conventus geopo-
líticos-administrativos, siendo el hispalense y el cordubense los que se disputaron
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
18 Rufino Aranda Frutos
su posesión y control, se unieron otros en la época trajana (98-117), el italicense,
y todos rivalizaron con el emeritense queriendo marcar sus limes o fronteras, hay
que destacar que pudo pertenecer territorialmente a Emérita Augusta.
La consecuencia del prestigio de Roma será la aspiración a la ciudadanía
conseguida por los Betúricos, ésta consistía por pago o por fidelidad, en el caso
que me ocupa por lo segundo, aunque con ciertos matices consuetudinarios.1
A estas nuevas poblaciones llegaron inmigrantes romanos de orígenes
itálicos y agrupados en gens, estableciéndose en urbes, municipios y villas2, de
ahí que haya tantos restos romanos repartidos por los campos de la geografía
pacense.
La Baeturia queda anexionada a la Baetica que son prerromanos en for-
ma de vida y costumbres frente a los turdetanos (Estrabón) [Geogr. III, 2, 15].
Las fronteras Lusitania-Baetica, como todas son divinos (Divis Iupiter),
hay que respetar los límites marcados por Júpiter su protector, pronto hay que
reforzarlos con baluartes, situados en los pagus, marcar fronterizas como los
limes (translucanus ,suburbano y Marmorarius)estos limes se confunden
generalmente con municipios, son fronteras geopolíticas aunque algunos se
identifiquen con su procedencia, los campesinos ejercían el papel recaudatorio
fueron funcionarios de la administración romana de época Flavia (69-96 d.C.).
este control no fue necesariamente para los municipios romanos sino también
para los castrum celtas pertenecientes ahora desde el punto de vista económico
al imperio romano, su carácter era ganadero y minero Estos pagi fueron centros
cívicos-políticos. Administrativos superiores a la villa, contenían dentro de su
territorio alguna mansio y una urbe. El proceso de adaptación fue muy lento,
coexistiendo elementos romanos y célticos, y con progresiva desaparición de
uno en beneficio del otro.
En tiempos de Augusto (27-14 d.C.) el territorio fue reorganizado mu-
chas veces en base a las ciudades, con las subdivisiones en pagi, construidos
por un determinado número de fundí regidos desde las respectivas villa, Como
consecuencia, los antiguos poblados fortificados desaparecen, provocando un
desplazamiento poblacional buscando estas comunidades indígenas una esta-
bilidad económica y una integración social. La introducción de estas nuevas
formas de explotación del suelo, con las subdivisiones del mismo, entregadas a
los indígenas acabará con buena parte de la propiedad colectiva céltica y túrdula.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Beturia en la historia de Extremadura 19
Los celtas y los túrdulos comprueban como llegan a su territorio para
instalarse soldados y comerciantes, admirando sus formas de vida, sin descartar
que hay muchos itálicos que buscan tierras y mejores condiciones de vida en
la Baeturia.
En el s.I está presente una centralización, siendo esto un fenómeno cohe-
rente y genérico en la Península, dando lugar a la creación de nuevas poblaciones
con realidades distintas. Era un requisito juntar cierto número de individuos para
aplicar la LEX IULIA MUNICIPALIS de época cesariana o para un Ius Latii
con el que se reconocía a los autóctonos como ciudadanos latinos con plenos
derechos, fenómeno conocido como municipalización.
3.2 La Beturia Céltica y Túrdula
Trato de explicar en mi hipótesis, sobre la utilización de una vía tartésica
existente en el primer milenio a.C., se trata de una ruta alternativa de comercio
que uniría Faro (Portugal), rica en minerales como el estaño, hacia el norte y
levante de la Península Ibérica, sin tener que cruzar por el estrecho de Gibraltar,
ya que las relaciones marítimas con Oriente se interrumpen por la invasión de
los pueblos del mar, comercializando objetos de bronce principalmente. La
introducción de los celtas en el sur de España se originó buscando el hierro, ya
que eran grandes artesanos de la metalurgia del hierro. Esta nueva ruta interior
provocó la caída de ciertos imperios comerciales costeros (Cádiz, Málaga,
Almería) que más tarde se buscaría devolver la hegemonía al Mediterráneo
con los Fenicios y la posterior eliminación de los Celtas del sur de Portugal
(Algarve), que originó una ola de emigrantes que se refugiaron en la Baeturia
creando la Baeturia Céltica, de igual forma sucedió con los túrdulos, instalándose
y compartiendo territorio.
Este territorio de enormes proporciones se corresponde con Osset, habitada
por tartessos y cuya capital fue Astartetosset. Reducido a su mínima expresión
por la invasión constante en busca de su riqueza mineralógica, las constantes
oleadas de pueblos invasores lo acabaron reduciendo a la Baeturia; que se
mantuvo rebelde ante las colonizaciones marítimas por la situación que ocupa
y de fácil acceso a través del Golfo de Cádiz ( golfo tartésico) que se extendía
desde la desembocadura del Guadalquivir (Osset) San Lucar de Barrameda
en Cádiz hasta la desembocadura del Anas (Guadiana) Huelva( Osset Nova)
incluso con la gran invasión romana. Vía de reconocida trascendencia desde el
siglo VIII a.C., creada para la comercialización de productos griegos y etruscos.
Cayó en decadencia por el mayor interés del hierro dejando atrás el cobre y por
la presión de los celtas.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
20 Rufino Aranda Frutos
El inicio de la ocupación romana tuvo lugar en el 206 ac tras la batalla
de Ilipa, la II guerra púnica en cuyo trasfondo estaba la explotación de recursos
agropecuarios y mineros a través del control territorial.
En el 197 ac los pueblos de la Beturia se levantaron contra Roma por el
abuso de sus administradores romanos
En el s III ac los Lusitanos irrumpen ocupando el Guadiana y la mayo-
ría de sus poblaciones participaron con ellos contra la ocupación romana. La
situación de la Beturia céltica era estratégica entre los pueblos de la meseta y
los ejércitos turdetanos del sur estando en guerra abierta y continua hasta el
año 155 ac. La participación de la Beturia en estas guerras lusitanas las narra
Polibio en el año 152ac.
El procónsul de la Hispania Ulterior Marco Marcelo hubo de ser ayudado
por el pretor Marco Atilio en la toma de Nertobriga que estaba en poder de los
Lusitanos.
La Beturia se convierte en la base de operaciones de Viriato, en el 143 ac,
desde Erisane el caudillo Viriato toma Iptucci y ataca al pretor Quintius que se
vio obligado a retirarse hacía Córdoba.
La contraofensiva romana en el 141 ac a cargo de Máximo Fabio Serviliano
obliga a Viriato a abandonar Iptucci y huir a la Lusitania tras su captura Serviliano
ocupó algunos enclaves de la Beturia que quedaban a su paso (Schulten 1937)
La pacificación no es total y estos castros betúricos apoyan a la rebelión
de Sertorio contra los ejércitos fieles a Sula en Hispania, el suroeste ocupado
por Lusitanos y Betúricos apoyan al partido de Mario con Sertorio legitimado
como procónsul. (Chic García 1983)
La participación de la Beturia en estas guerras lusitanas se manifiesta
por los glandes encontrados en las peñas de Aroche y san Sixto, situando los
episodios anteriormente descritos en estas tierras, por sus cercanías con la
Lusitania y teniendo muy cerca de Nertobriga (Mértola) que con solo cruzar
el rio Guadiana entrabas en otra jurisdicción, además los picos de Aroche se
encuentran en la vía que une Córdoba con Beja y por donde se pudo efectuar
la huida del pretor Quintius hacía Córdoba.
Tras la desaparición de Sertorio, Julio César decide reformar la adminis-
tración en Hispania y durante su propretura en la Hispania Ulterior ( 61 ac) hizo
desaparecer los impuestos especiales, reorganizó el pago de deudas y creó nuevos
municipios, pudiendo ser estos cinco municipios en estudio ( Lacimurga, Ner-
tobriga, Segida, Seria y Lacimurga) aunque también es posible que su fundador
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sea Augusto ( García Iglesias 1971) con ella llegaría la concesión del derecho
de ciudadanía, la apariciones de los municipios y la inclusión de las ciudades
en la tribu Galeria y los latifundios de los Baebii y los Calla ( Marín Díaz 1987)
3.3 Rutas betúricas:
3.5.1. La ruta tartésica
La ruta tartésica comenzaba en Faro, hasta Mértola, Serpa, Aroche, Ba-
rrancos, Encinasola, Oliva de la Frontera, Jerez de los Caballeros, Burguillos del
Cerro, Zafra, siendo este territorio el que se ocupa mi estudio, buscando Toledo.
A esta larga ruta como es obvio se unirían otros ramales en otras épocas bien
distintas destacando sin duda la romana conocida por sus calzadas y caminos.
3.5.2. La ruta aeneanici
Un ramal de gran importancia para la Beturia fue la llamada ruta aeneanici
de carácter minero por la abundancia de minerales en su recorrido que lo hace
partiendo desde Almadén de la Plata y llega hasta Aroche, para luego enlazar
con la tartésica. Situada en el norte de la provincia de Huelva, y procedente
desde Córdoba; data entre 1.800 -1.000 a.C. cuando están productivas las minas
de estaño de Ossa Morena, no transportaban mineral sino productos manufac-
turados realizados en cobre, bronce y estaño. Con el cobre de los Callenses y el
estaño del Andévalo obtenían la aleación para producir bronce, creando una red
de artesanos que elaboraban productos cerámicos y de metal, incluso joyas ya
que existía una gran demanda social. Los celtas se asientan en estos territorios
en la primera mitad del I milenio a.C., procedentes del Pirineo y Francia, están
asociados con el hierro.
Los límites de la Baeturia no se encuentran en los ríos Ardila y Bodión,
simples riachuelos comparados con los verdaderos ríos fronterizos el Chanza y
el Múrtigas, y por extensión con el Guadiana y el Guadalquivir los verdaderos
límites fronterizos.
4. PLINIO “EL VIEJO”Y LA BETURIA
El patricio Cayo Plinio Secundo, almirante de la Flota del Tirreno es-
cribió una magna enciclopedia titulada Naturalis Historia, formada por 34
volúmenes que recogían todo el saber del momento. El libro III dedicado a la
Hispania Ulterior, describe los pueblos prerromanos peninsulares, dedicados a
los célticos de la Beturia.
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Destaca la personalidad, fueron oriundos de los celtíberos y llegados de
la Lusitania, sus poblaciones célticas serían Nertobriga, Ugultunia, Curiga, etc.
La posibilidad (poco remota) de que Plinio fuera un enviado a Hispania
por su protector el emperador Vespasiano para que comprobase el grado de ro-
manización y situación después de las guerras civiles de Galba, Otón y Vitelo,
cada vez ocupa una buena posición en el estudio de la Hispania romana.
En su estrategia se trataba también de eliminar y echar por tierra a la
anterior dinastía Iulia, en pro de la que representaba su emperador Vespasiano,
la Flavia, razón por la cual no situó en el mapa los cinco municipios julios.
Fue un enviado para hacer un recorrido por aquellas zonas donde existieron
focos adversos a la política romana (la Beturia de Viriato) ya que se opuso a la
política imperial romana cesariana.
Mezcla tanto oppidum romanos como castros celtas. Su recorrido era
siguiendo las antiguas vías y no necesariamente romanas. Cuando Plinio realiza
la inspección es entre el 69-79 d.C.
Se deduce que después del edicto de Vespasiano (Ius Latii) derecho latino
a todos los indígenas, la mayoría de los oppida/castros se abandonan para vivir
en los municipios hasta entonces con conflictos con los celtas, se consigue de
esta forma a través de la contributio, el grado más satisfactorio de romanización
desde época cesariana. Al senado romano lo que le interesaba eran si existían
posibles focos antirromanos o de intervenciones foráneas o lusitanas.
Se piensa que Plinio nos da una visión deformada y romanizada del terri-
torio indígena, imponiendo el carácter administrativo y militar de la sociedad
romana, dándole al territorio y a sus moradores conceptos concretos irreales
como “célticos, túrdulos, Bética, Conventus” son arbitrarios pero muy maneja-
bles para que Plinio escriba su obra. Hay que interpretarlos como la consecuencia
de unas transformaciones muy lentas y de varios siglos.
Esta hipótesis engloba a la provincia de Huelva, Badajoz, Alto y Bajo
Alentejo y solamente en esta amplitud territorial es posible entenderlo. En los
escritos de Plinio aparecen oppidas célticos: Arucci, Arunda, Arucci, Turobriga,
Lastigi, Salpesa, Saepone y Serippo. Además otros túrdulos: Arsa, Mellaria,
Mirobriga, Regina, Sositingi, Sisapone
Plinio no menciona para Hispania ni un solo municipio latino salvo
aquellos que pudieran hallarse detrás de la expresión “oppida latii” “veteris
latii”. (García Fernández 2005)
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5. LA “PAX IULIA”
Se realizó dándole a cinco municipios el cognomen de Iulia, familia a la
que pertenecía Julio César, hay que interpretarlos y estudiarlos como municipium
o cómo oppida latii, adscritos a la tribu Galeria. Con la paz, estos oppidum no
estaban amurallados ni en alto, ocupando poca extensión territorial; si es cierto
que con la protección de ciertos emperadores evolucionaron hasta municipios
pero para ello necesitaron tiempo y dinero; además de ciudadanos para mantener
las infraestructuras.
Promocionados por Julio César, se adueñó de la Beturia para pacificarla
conviviendo las dos culturas, celta y romana, con ello conseguía un mejor con-
trol territorial. Lo hizo para conseguir apoyo en contra de Pompeyo, y cuando
salió victorioso le otorgó beneficios a los betúricos celtas, repartiendo su terri-
torio, con la creación de cinco centros de control romano, fueron habitados en
su mínima expresión ciudadana por veteranos de sus ejércitos que ocupaban
cargos de cierta relevancia dentro del oppidum, comenzó un nuevo modelo de
organización territorial.
La cognonimia “Julia” se generalizó en la segunda mitad del siglo I a.C.
es sin duda una propaganda política de favor, puesta en marcha por Julio César,
tras su victoria en Munda (Marín Díaz, 1988).
Los oppidum en llano lograron atraer a grupos indígenas que se latini-
zaron, adaptándose a la política romana, sin duda novedosa .Fue necesaria la
colaboración celta, pues se requería un número de habitantes para conseguir
ciertos beneficios.
El terreno betúrico elegido por Julio César era un territorio de fronteras,
lo cual resultó conflictivo durante muchos años por la repartición del territorio.
Surgieron los problemas cuando Emérita quiso acceder al rango de colonia y
necesitaba incolae para conseguirlo. Augusto siguiendo la política cesariana de
su padre, lo tomó en propiedad para la fundación de su colonia. Eliminó estos
cinco distritos y los convirtió en prefecturas, que luego fueron repartidas entre
la Bética y la Lusitania. Comienzan así una serie de luchas entre Lusitania y la
Bética, hasta que en el año 2 a.C. la prefectura mullicensis queda adscrita a la
Bética, perdiendo Nertobriga y Epora. (Mértola y Évora en Portugal)
Estos oppidum son:
1.Seriae aciditur Fama Iulia
2.Nertobrigae Concordia Iulia
3.Segidae Restituta Iulia
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4.Contributa Iulia Ugultiniae cum qua et Curiga nunc est
5.Lacimurga Constantia Iulia
Al estar en tierra céltica, tomó un nombre celta de primero como ardid
para la integración, en estos oppidum debe haber dos partes bien diferenciadas,
la romana y la celta, y en su subsuelo hay restos celtas y romanos en superficie y
en la ampliación que todos sufrieron a medida que crecía la población romana,
por ello a veces el urbanismo no cumple con el prototipo ortogonal , ya que son
célticos-romanos, los demás edificios característicos se implantarían a medida
que va creciendo por tener necesidades nuevas como ciudadanos romanos. El
periodo de esplendo se realizó durante el período Julio-Claudio (Augusto, Tibe-
rio, Calígula, Nerón y Claudio), luego paulatinamente se va perdiendo el culto
hasta llegar a desaparecer como municipios tomando otros nombres y otros usos.
Los nombres de estos cinco oppidum describe el ideario político de Ju-
lio César, unido a los valores tradicionales religiosos, en que se asentaba la
sociedad romana y todo el Imperio. (Faria 1997)
La primera y única referencia sobre la Beturia la realiza Plinio el Viejo, es
una lista de oppida, serán las causantes de los primeros municipios de derecho
latino con el cognomen Iulia; son Seria, Nertobriga, Segida, Ugultunia, Curiga
Lacimurga (NH, 3, 13, 14), nombres al parecer de naturaleza celta se cree que
son de la época de las guerras lusitanas o posteriores y son llamados castros de
ribera (Capote de Higuera la Real).
Es el proceso de aculturación que experimentaron las regiones conquis-
tadas por Roma, ejemplo la Baeturia, fue muy lento, incorporó su modo de
organización político-social y sus costumbres. El sur de Hispania fue el más
romanizado y el más temprano; el oeste fue más tardío. La consecuencia del
prestigio de Roma será la aspiración a la ciudadanía conseguida por los indígenas
a cambio de dinero y ellos juraban fidelidad a Roma, junto a los autóctonos con-
vivían inmigrantes romanos que creaban a partir de los municipios romanizados
focos de difusión cultural, control político y administrativo.
La política colonizadora de Julio César y Augusto (siglo I a.C.) fue el
impulso definitivo con la llegada de soldados y comerciantes en busca de tierras
y mejores condiciones de vida.
El ius latii es el derecho de ciudadanía para todos los hispanos libres de
origen indígena, concedido por el emperador Vespasiano; fue ampliado por
Caracalla que concedió ciudadanía romana a todos los habitantes libres del
imperio romano. Constitutio Antoniana, siglo III d.C.
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A partir del siglo III, el imperio romano se encuentra en decadencia, es
patente que el poder político se haya controlado por el ejército, tienen su centro
de gravedad en las capitales de provincia (Emérita y Córdoba) aún enfrentadas.
En la capital Bética (Córdoba) la disciplina militar se ha resquebrajado y
cunde la anarquía, provocando un debilitamiento de los controles fronterizos,
están bajo los emperadores:
•Aureliano: 270 – 275
•Diocleciano: 284 – 305
•Constantino: 324 – 337
En la época de Constantino ya no existe nada en La Baeturia; los empe-
radores están bajo presión y centran su punto de mira en las ricas provincias
orientales.
Las rutas-vías pedestres y comerciales empiezan a desaparecer, están mal
abastecidas por la inseguridad de los transportes y la decadencia del comercio
interior. Poco a poco van desapareciendo las urbes, la plebe urbana junto a otros
cargos senatoriales se traslada a vivir a sus villae, creando grandes fundus, donde
en régimen de servidumbre obtendrán los medios de manutención indispensables
(pagus prontianus, pagus campanus, etc.)
La libertad de ocupación y movimiento se reservó para los terratenientes
poseyendo este grupo social todos los beneficios políticos, económicos y de
prestigio social, acapararon los cargos burocráticos provocando la división
entre sus mismos grupos.
Hay que añadir la crisis espiritual, se hunde el pensamiento racionalista,
en aras de un sentimiento cada vez mayor de otras creencias orientales (Isis,
Mitra,…)
La desaparición total de La Baeturia es a partir del año 476 d.C. dando
paso a los visigodos asentados en La Galia, es de suponer que por su situación
fue Mérida la ciudad que influyó en este territorio con la cultura visigoda aunque
de escasa presencia incluso cristiana.
6. LA ROMANIZACIÓN Y EL TRIFINIUM BETÚRICO DE LAS
TRES PREFECTURAS
Los límites precisos entre la Beturia y la Lusitania se encuentran en la
Itinerario de Antonino (s.III y IV), además de otras fuentes textuales que lo
sitúan donde acaba el espacio territorial perteneciente a Emérita Augusta y
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por consiguiente a la Lusitania, por ser esta ciudad capital de la provincia. Se
prolongaría a unos 59.2 kms al sur del Guadiana, indicado por el miliario en-
contrado en el término municipal de los Santos de Maimona, donde se aprecia
claramente el cambio de vía, es justo en este punto donde empalma con otra vía
conocida como la tartésica proveniente desde Mértola, cruza toda la provincia
de Badajoz, dividiendo así dos provincias romanas ( Bética y Lusitania) pero
que en su trazado original no dividía ningún territorio, luego con los siglos di-
vidió la Beturia Céltica de la Túrdula, y a la vez los dos conventos adscritos el
Hispalense y el Cordubense y se le añade un tercero el Conventus Emeritense.
La decisión de tomar o de sobrepasar esa línea que entonces como ya digo
no era tierra de nadie, sino de la Hispania Ulterior romana, esta vía no supuso
un límite, ni un impedimento para la promoción de Mérida de estatus, solamente
fue hasta donde llegó el territorio centuriado y contigua sus prefecturas hacía el
sur, ya que hacía el norte, este y oeste era tierra vetona y enemiga.
La elevación de su estatus a colonia trajo consigo una ampliación del
territorio por aumentar considerablemente los ciudadanos o por contar con los
ciudadanos instalados en estas tierras pues la Beturia estaba densamente poblada
por célticos y túrdulos, sería lógico pensar que para el ascenso se practicara una
centuriación hacía el sur del Guadiana ( 79-71 ac) ( Canto 1992)
•Se le dio territorios in Beturia y se le asignaron prefecturas. (Higinio).
•El territorio de fronteras se debe estudiar y conocer, las fronteras
cambiaron de un emperador a otro especialmente con Julio César y Augusto
(Fernández Corrales 1987).
•La frontera septentrional de Emérita Augusta pudo seguir el trazado de
alguna calzada ya existente (Haba Quirós 1998).
•Las prefecturas se añadían por necesidades posteriores pero no era el
lugar inicial del asentamiento de ciudadanos (Frontino).
•Con Julio César se le denominó Pax Iulia, con Augusto Pax Augusta al
mismo territorio que fue protegido por la familia Julia-Claudia
Si este territorio fue dividido en prefecturas hay que hablar de época Augus-
tea, no de época cesariana que es cuando se divide en las cinco comarcas dentro de
la Hispania Ulterior, es importante no confundir épocas ni caer en anacronismos
para poder entender este estudio y hay que dejar a un lado las delimitaciones
medievales y Modernas, no obstante las prefecturas han sido un factor determi-
nante para conocer la organización territorial de Badajoz, Huelva y el Alentejo
portugués, marcadas por accidentes naturales, ríos, cadenas montañosas, etc. Como
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anunció Sánchez Barrero hoy en día se están trazando líneas divisorias ficticias
en los territorios que en la Antigüedad estuvieron bajo una misma jurisdicción.
Del 29 al 19 a.C. Augusto hizo una nueva división territorial, conocida
como la segunda división de la Bética, los territorios pertenecientes a las cinco
provincias comarcales Julias y repartidos dentro de la Beturia, se convertirán
en prefecturas de la recién creada Emérita Augusta, ya hubo algunos cambios
de importancia geopolítica, pues se fusionó Lacimurga y Nertobriga aunque se
seguía llamando Nertobriga siendo una provincia de una gran extensión y riqueza
con dos grandes puertos, uno marítimo y otro fluvial, esta provincia junto con
Évora fueron separadas de la Bética para concedérsela a Emérita Augusta y por
ende a la Lusitania, gracias a estos territorios la nueva urbs consigue el status
colonial, los habitantes de estos municipios son ciudadanos romanos formando
parte del Imperio Romano.
Se formaron tres prefecturas con la nueva ordenación, aunque no ocuparon
toda la Beturia, si una gran parte de su territorio.
•Mullicensis
•Curigalensis
•Metellinensis
La Beturia cambia los límites con la fundación de Mérida y su centuria-
ción, por el sur es apreciable hasta el miliario XXXI en los Santos de Maimona,
final de la calzada que salía de Mérida hacia el sur empalmando con la Gran Vía
Tartésica, hay que destacar que las prefecturas no han sido centuriadas nunca
(Corzo 1976).
En el año 25 a.C. todo este territorio formaba parte de la Hispania Ulte-
rior, no estaban definidas ni la Bética ni la Lusitania, aunque ejercía un fuerte
poder de control territorial Córdoba, que abarca de costa a costa (Mediterráneo
- Atlántico).
Poseía y controlaba grandes puertos de una riqueza descomunal, queriendo
convertirse en la potencia hegemónica del sur, creando la Bética.
Pero en la segunda división provincial la presión de la capital Lusitana
sobre el control del territorio le hace perder provincias disminuyendo consi-
derablemente su influencia, creando la discordia entre ambas urbes, Mérida
versus Córdoba.
Al margen de la gran extensión de tierras asignadas se le concedieron
tres deductiones (Frontino).
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Las prefecturas de Mérida se orientaron al sur y son parcelas a lo ancho,
en este caso dos cumplen en forma y la tercera está alejada no respondiendo a
ningún canon, fueron tres:
•Mullicensis
•Thurigalensis/ curigalensis ( Curiga)
• Metellinensis
Hoy en día están repartidos de la siguiente manera, la Mullicensis y Thu-
rigalensis ocupa los territorios de la mancomunidad de Tentudía y la Metelli-
nensis ocupa una parte de la mancomunidad de la Campiña Sur. Se citan estas
prefecturas como Lusitanas siendo así por que pertenecían al ager emeritense
y Emérita Augusta fue la capital.
6.1 Prefectura Mullicensis
Coincide con el territorio que delimita el conocido hito de Montemolín,
en plena Beturia Celticorum, cerca de Curiga, ambas zonas de prata (pastos)
(Canto 1992), tiene la misma orientación que la Curigalense como ya lo indicaba
Higino el agrimensor en sus tratados.
Abarca los territorios al sur de la provincia de Badajoz, comenzaba pro-
bablemente con el miliario XXXI situado en Los Santos de Maimona, estaban
orientadas con el cardo de Emérita. Se corresponde con los Mullicus zona
delimitada en la época de Julio César y se fundó Ugultunia Contributa Iulia
(Medina de las Torres). Con los cambios territoriales y gubernamentales fue
incluida dentro del Conventus Hispalense.
No fue ésta una prefectura minera sino de pastos por la aridez del terreno y
la poca densidad poblacional por ende no fue poblada y no se encuentra ningún
asentamiento ni celta ni romano en sus límites.
6.2 Prefectura Thurigalensis.
También llamada Turgalensis o Curigalensis, su nombre se corresponde
con la Curiga que bien pudo nominarse Turiga, se sitúa en la línea recta del
cardines emeritense, este territorio se le concedió a Emérita, quitándoselo a
Curiga, de ahí que se nombre la prefectura como regio turigalensis por tener
correspondencia con una ciudad ya existente.
Derivó en Curiga y hoy en día en Murtiga, topónimo del río que la
delimita, es la segunda prefectura emeritense y contigua a la mullicensis
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La Beturia en la historia de Extremadura 29
dirección oeste, es uno de los territorios habitados desde la época Antigua, la
cruza la Vía Tartésica, aunque no fue un factor delimitador en tiempo poste-
riores cuando se reparte el territorio, Su extensión es poco considerable, tuvo
más importancia geopolítica que minera, ya que no se hayan yacimientos de
importancia, estuvo poco poblada a excepción del asentamiento de Curiga a
la cual debe su nombre.
6.3 prefectura Metellinensis
Fue un resto antiguo de la primitiva gran asignación emeritense,
lo que se hace antes de definir con propiedad la Lusitania, con estas
prefecturas y el centuratio emeritense, las fronteras lusitanas se amplían
enormemente.
Se cita a Metellinum como Lusitana, y están en lo cierto, puesto que se
encuentra al otro lado del Guadiana (Como Emérita Augusta), su territorio físico
y administrativo se encuentra en la Lusitania.
Prefectura integrada en el territorio luso-emeritense quedó olvidada por
parte de los historiadores confundida a menudo con Medellín (Badajoz) por
tener únicamente un cierto parecido fonético.
7. FUENTES GRECOLATINAS RELACIONADAS CON LA BETURIA
•PLINIO EL VIEJO, permaneció en Hispania como gobernador de la
Tarraconense, situando este territorio en el contexto de las guerras civiles entre
Pompeyo y César, su obra aludida fue realizada en la segunda mitad del s. I dc.
en las fuentes pliniana aparece SFI como preagustea.
….la región se extiende desde el Baetis hasta el Anas, se le llama Be-
turia y se divide en dos partes, los célticos que lindan con la Lusitania y son
del Conventus Hispalense…. Que los célticos han llegado por la Lusitania de
origen celtibero es manifiesto por los cultos, la lengua y por los nombres de
sus poblaciones…..a Seria la llaman Fama Ivlia, a Nertobriga Concordia Ivlia,
a Segida Restituta Ivlia, a Ugultunia con la que ahora está Curiga la llaman
Contributa Ivlia y a Lacimurga Constantia Ivlia….
•APIANO, describe la Beturia en el momento de las guerras celtíberas
con los Lusitanos como principal pueblo autóctono ( 143/141 ac)
Alrededor del 143 ac los romanos enviaron a Quinto Fabio Máximo
Serviliano invadiendo Tucci.
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Serviliano fue cónsul junto a Cecilio Metelo, trató de entrar en la Lusita-
nia por Tucci ( Iptucci) , los sediciosos lo persiguieron y en el 141 ac ocupó la
Beturia asesinando a los líderes rebeldes.
•La referencia a Viriato en su enfrentamiento con Quintio también hace
una clara alusión. Viriato ( 180-139 ac)
Viriato se retiró a la Lusitania y Serviliano como no pudo darle alcance
invadió la Beturia y saqueó cinco ciudades que se habían puesto de parte de
Viriato.
El estudio en cuestión puso en tela de juicio si estas cinco ciudades fueron
las cinco ciudades que fueron Julias, tales como Seria, Nertobriga, Segida, Ugul-
tunia y Lacimurga pudiendo ser que estos castros ya destacaran en el territorio
aunque es posible que fueran otras debido a que las que nombra Plinio son
romanas, sería más lógico pensar que fueron Iptucci, Ituca, Erisane, Dipo, etc...
Llega la política pacificadora de D.J.Bruto en el año 136 ac, en estos mo-
mentos Viriato toma Tucci atacando a Quintio obligándole a retirarse a Córdoba
y estas poblaciones apoyarían a Sertorio contra los ejércitos de Sila.
Desaparecido Sertorio, Julio César realizará las reformas en la administra-
ción durante su propretura con estas cinco ciudades adscritas a la familia Iulia, le
conceden el derecho de ciudadanía, declarándolas como municipios y la inclusión
en la tribu Galeria, también están presente los emigrantes itálicos de la gens Baebii
y Calla que como la mayoría de estas familias se convertirán en latifundistas.
Durante el s.I ac las poblaciones betúricas lucharan en las diferentes
Guerras Civiles, la Beturia fue reconquistada por Fabio Máximo Serviliano y
la pacificación definitiva llegó con la muerte de Viriato y el estacionamiento de
tropas en los cuarteles de invierno (Canto de Gregorio 1974)
8. GENERALIDADES COMUNES
Es necesario penetrar en la obra de cada autor para comprender su sistema
descriptivo y hallar en la medida de lo posible un criterio de localización de las
ciudades enumeradas.
El tipo de emplazamiento no está generalizado, aunque parece predominar
el llano con topografía suave, con una altitud de 200/300 ms modelados por
barrancos cercanos a los emplazamientos.
Además de tener en común el epíteto de Iulia añadidos a sus topónimos
celtas adquieren una nueva realidad que en su definición hablan del carácter del
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La Beturia en la historia de Extremadura 31
estado romano propicio para su romanización, tales como la Fama, la Concordia,
hay que destacar que el topónimo celta pudo sufrir variaciones hasta la llegada
de los romanos que lo plasmaron en la escritura
Estas cinco ciudades no fueron una barrera contra los lusitanos, ya que tenían
una barrera natural que es el rio Guadiana, fueron municipios creados para la ex-
plotación y control del territorio, formando parte de la romanización de la Beturia.
La cuenca del río Ardila es muy escasa para situar a las cinco urbes plinia-
nas, la extensión debe ampliarse, la auténtica barrera con la Lusitania fue el río
Anas, por lo tanto se han de situar cerca o las mismas urbes son campamentos
romanos con guarniciones romanas, presidios y todas relacionadas entre sí,
todas agraciadas con el epíteto de Iulia (Pérez Vilatela)
Al epíteto Iulia se le añaden a las virtudes de la gens imperial (FAMA,
CONSTANTIA, CONCORDIA) está claro que este privilegio hubo de otorgarse
a todas a un mismo tiempo y con una misma ley, posiblemente por su apoyo en
la Guerras Civiles, al ser urbes ex novo se eligió el lugar apropiado, por estar la
Beturia densamente poblada, obviamente tuvo que estar cerca de algún oppida
(Romero y Pérez Macías)
Es muy probable que estas cinco ciudades marcaran un límite puramente
romano, dividiendo a la Lusitania de la Bética.
No se pueden adscribir el nombre de estos yacimientos al que hoy reciben
cuando el contexto histórico apunta en otra dirección
Civitas sine urbe, estas cinco ciudades generaron un sistema de control
que vertebraba el territorio rural circundante con funciones fiscales, jurídicas,
económicas, administrativas y religiosas. No se desarrollaba una trama urbanís-
tica, solamente necesitaban una posición estratégica y un pequeño centro para
el desempeño de sus funciones, siendo administrado al modelo de “ civitas”,
formada por escasas elites locales que viven en grandes villas demostrando su
jerarquía social que controlaban es proceso, situación reforzada a partir de la
concesión del ius latii de Vespasiano.
Su existencia tiene rasgos comunes:
•Zonas montañosas sin tradición urbana.
•Zonas donde un determinado recurso fuera de interés, creando un pequeño
grupo administrativo que controla la producción.
•Las pocas domus que la forman demuestran un grado de bienestar y
opulencia.
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•Pequeños hábitats no excesivamente ricos, destinados a la producción
dolia, prensas de vino y de aceite, ya que podrían ejercer funciones de mercado
y acumulación de excedentes.
•Epígrafes honoríficos, indicativo de la existencia de un centro adminis-
trativo con representación de Roma y del culto imperial.
Este modelo se encuentra repartido por todo el imperio, y muchas de estas
muestras de esta tipologías está en Italia, en Francia y son llamadas “aglomera-
ciones secundarias”, en África proconsular se conocen por pagus con función
administrativa y en todo el imperio se repite el modelo de “no ciudad” (Cracco
Ruggini 1989)
En la Beturia la política de colonización cesariana fue continuada después
de su muerte en el año 44, las fundaciones cesarianas fueron adscritas a la tribu
Papiria y las de Augusto a la Galeria; normalmente se ha considerado el epíteto
iulia que fue usado para las fundaciones cesarianas, triunvirales y augusteas
anteriores al 27 ac pero los últimos datos contradicen dicha suposición ya que
Augusto en sus últimos años le interesaba traer a la memoria la figura de Julio
César para asegurar la aceptación de un miembro de la familia Ivlia como su-
cesor al trono. Todo ello tiene su explicación dentro de la política fundacional
augustea fiel a la iniciada por César construyendo una figura casi mítica de su
padre, difundiendo gloria y fama incluyendo el cognomen Iulius en nombre de
la ciudad símbolo de prestigio y honor.
También el adjetivo Iulia no se incorporaba en tiempos de Augusto o de
Tiberio sino posterior cuando le interesaba al emperador resaltar su vinculación
con la gens iulia, su sentido etimológico era devolver a la memoria, después en
el s. II aparece la omisión del nombre porque significaba decadencia, condena
y olvido, rasgo que siguieron las cinco ciudades de la Beturia.
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 39-75
Publio Carisio. Deductor de la Colonia
Augusta Emerita
Enrique Antón Gil
profesor del IES Puente Ajuda de Olivenza
Licenciado en Historia por la Universidad de Valladolid
[email protected] Resumen
El presente trabajo pretende dar a conocer a Publio Carisio, uno de los
grandes desconocidos de la fundación de Augusta Emerita. De Publio Carisio se
tiene documentación durante su etapa como gobernador de la provincia Ulterior
entre los años 27 a. C. y 22 a. C. Pero, ¿qué se sabe del personaje antes de su llegada
a Hispania?, ¿cuáles fueron sus orígenes?, ¿cómo llegó a ganarse la confianza de
Augusto para responsabilizarle del frente occidental en las guerras astur-cántabras
al mando de tres legiones, para gobernar la Ulterior y para fundar y establecer en
las orillas del río Ana a unos colonos tan “especiales” como los eméritos de las
Legio V Alaudae y Legio X Gemina? o ¿qué consiguió tras partir de Hispania
en el año 22 a. C?. Preguntas todas ellas a las que se trata de dar respuesta en
este estudio. Además, se describen cuáles fueron los criterios que utilizó para la
elección del lugar en el que ubicó la colonia y cómo llevó a cabo este proceso.
Palabras clave: Publio Carisio, fundación de Augusta Emerita, eméritos,
deductor, provincia Ulterior..
Abstract
The present essay aims to present Publio Carisio, one of the unknown
figures that funded the town of Augusta Emerita. There is information about
him during his period as governor of the Ulterior province from 27 BC to 22 AD.
However, what do we know about this person before his arrival in Hispania?, which
were his beginnings? how did he earn the trust of Augusto to become the leader of
the occidental front in the Astur-Cantabra wars with three legions under his rule,
to govern the Ulterior province and to found and settle down near the river Ana to
such special settlers as the emeritos from Legio V Alaudae and Legio X Gemina
were? and what did he reach when he left Hispania in 22 BC?. All those questions
are going to find answers in this paper. Moreover, the criteria used to choose the
place where the colony settled down and the process are described in this study.
Keywords: Publio Carisio, funded the colonia of Augusta Emerita, emeritos,
deductor, Ulterior province.
40 Enrique Antón Gil
PUBLIO CARISIO. DEDUCTOR DE LA COLONIA AUGUSTA
EMERITA
A la hora de hablar de la fundación de Augusta Emerita y lo que fueron
sus inicios, sus primeros pasos, un personaje fundamental junto a Augusto y
Marco Agripa, fue Publio Carisio. Y fue clave en la historia de Augusta Emerita
porque fue su deductor1, su fundador, la persona sobre la que Augusto delegó
la responsabilidad de asentar a los eméritos de las guerras astur-cántabras. Sin
embargo, Publio Carisio es un gran desconocido del que no se sabe práctica-
mente nada hasta su llegada a Hispania en el año 27 a. C. para hacerse cargo del
gobierno de la provincia Hispania Ulterior como Legatus Augusti Pro Praetore
(Imagen 1). Y lo mismo se puede decir a partir del año 22 a, C., cuando abandona
sus responsabilidades como gobernador, ya que se vuelve a perder su rastro y
no se menciona en ninguna fuente ni en ningún otro momento.
Imagen 1. As de la ceca emeritense emitido por P. Carisio como Legatus Augusti Pro Praetor.
Nº.Inv. CE27758. MNAR.
Por todo ello, por la gran importancia que tiene Publio Carisio en la
fundación de Mérida y por lo poco que se conoce del personaje, se plantea este
trabajo que trata de indagar en la figura de Publio Carisio, una de las más rele-
vantes de la fundación de la antigua Augusta Emerita. Con ese doble objetivo se
estructura el trabajo en tres partes fundamentalmente. En la primera de ellas se
analiza la figura de Publio Carisio, sus orígenes y su gens y se trata de responder
a dos cuestiones: ¿cuándo y para qué vino a Hispania?. En la segunda parte se
estudia su papel como deductor de la colonia, el proceso de la fundación colo-
nial y todos los condicionantes que le llevaron a elegir la ubicación de Augusta
Emerita. Finalmente en una tercera parte se establecerán las conclusiones que
este trabajo puede aportar al conocimiento del personaje.
1
SAQUETE CHAMIZO J.C. “Aspectos políticos, estratégicos y económicos en la fundación de
Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, Pedro Mateos Cruz (coord.). Actas Congreso
Internacional 1910-2010: El Yacimiento Emeritense. 2011. ( pp. 115). Mérida: Ayuntamiento de Mérida.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 41
PUBLIO CARISIO. ORÍGENES Y SU CONOCIMIENTO HISTÓRICO.
De Publio Carisio sabemos que fue gobernador de la provincia Ulterior
entre el año 27 a. C. y el 22 a. C.2 , que fue comandante de las tropas de Augusto
en el frente occidental de las guerras astur-cántabras al mando de tres legiones:
V Alaudae, X Gemina y VI Victrix 3, que tenía un carácter cruel y violento Dión
Casio (LIV, 5, 1-3) y que con los eméritos de las dos primeras legiones antes
citadas funda Mérida en el año 25 a. C4.
Pero, ¿qué más se sabe de Publio Carisio?, ¿se casó?, ¿tuvo descendencia?,
¿fue patrono? ¿dónde y cuándo nació?, ¿quién fue su padre?, ¿qué se sabe de su
gens? ¿cuándo y dónde murió?, ¿cómo fue su carrera política y militar?, ¿por qué
llegó a ser elegido por Augusto para comandar el frente astur, para gobernar la
Ulterior o para fundar Augusta Emerita?, ¿qué hizo tras su paso por Hispania?,
etc. Preguntas todas ellas que tienen difícil respuesta porque las fuentes solo
nos hablan de Publio Carisio durante su estancia en Hispania entre el 27 y el
22 a. C., y para el período anterior y el posterior son “mudas”.
Y los historiadores actuales, ¿qué cuentan sobre Publio Carisio?. Tampoco
hay mucho publicado sobre el personaje. Actualmente no hay ningún trabajo o
publicación que aborde su figura de manera monográfica. Existen referencias en
diferentes trabajos de investigación que no se centran específicamente en el estu-
dio de su figura, sino que estudian su labor en aspectos más generales como es el
caso de su papel en las guerras astur-cántabras o en la acuñación de monedas. En
este sentido destacamos los trabajos de Santos Yanguas, N: Publio Carisio y las
guerras astur-cántabras publicado en el año 1981 y Las acuñaciones monetales
2
OLMO LÓPEZ, R. El centro en la periferia: las competencias y actividades de los gobernadores
romanos en las provincias hispanas durante el Principado 27 a.C.-235 d.C. 2016. (pp. 709).
Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense.
3
ROLDÁN HERVÁS, J.M. “Las guerras cántabras y la fundación de Mérida.” Militaria. Revista
de cultura militar, 15. 2001.(pp. 26).
4
Respecto a la fundación de Augusta Emerita se estableció un interesante debate entre la doctora
CANTO A. M. Colonia Iulia Augusta Emerita: Consideraciones en torno a su fundación y territorio.
Gerión n.º 7. 1989. (pp. 149-206) y SAQUETE CHAMIZO J.C. Las élites sociales de Augusta
Emerita. Mérida: Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. 1997. (pp. 23-39). Mientras que para
la primera existiría un asentamiento previo en época cesariana, la gran mayoría de la comunidad
científica acepta el año 25 a.C. como la referencia fundamental para una fundación ex novo.
Posteriormente se añadió VENTURA, A. Fasti Douvurales Colonia Augusta Emeritae: Reflexiones
sobre la concepción, gestación y nacimiento de la ciudad de Mérida. Zeitschritf fur Papyrologie
und Epigraphik, 170. 2009. (pp. 215-246), quien sitúa la fundación de Mérida el 21 de abril del
año 24 a.C. Por último, Pedro Mateos, MATEOS CRUZ, P: “Augusta Emerita. La investigación
arqueológica de una ciudad de época romana.” Archivo español de arqueología. Vol. 74. N.º 183-
184. 2001. (pp. 185-186) que retrasa la fundación de Mérida y propone una fechas más tardías.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
42 Enrique Antón Gil
de Publio Carisio y la conquista romana del noroeste peninsular publicado en el
año 2003. También hay que tener en cuenta que su figura ha sido recientemente
tratada por el profesor Julio Mangas Manjarrés en el Museo Nacional de Arte
Romano de Mérida en la ponencia desarrollada el pasado 11 de enero del año
2.018 y titulada Publio Carisio y los orígenes de Augusta Emerita.
Junto a estas aportaciones existen también otras conferencias, trabajos
y publicaciones de otros muchos investigadores, todos ellos recogidos en la
bibliografía, de los que se pueden extraer datos importantes. Investigaciones
y ponencias relacionadas con la fundación de la colonia, con la labor de los
gobernadores en Hispania y Lusitania o con las guerras astur-cántabras. Además,
están las fuentes epigráficas, numismáticas y pasajes de historiadores clásicos
como Apiano (B.C. LV, 111), Dión Casio (LII, 26,1, LIII, 25, 8, LIV, 5, 1-3),
Floro (II, 33, 54-58), Orosio (VI, 21, 9-10), Frontino (De controversiis agrorum.
51, 20 ss-52), Higino Gromático (De limitibus constituendis. 170 ss- 171, 1-3)
y Agenio Úrbicus (Th, 44-57). Historiadores posteriores y en algún caso muy
posteriores a los hechos narrados, especialmente los que se centran en las guerras
astur-cántabras, que realizan una obra muy esquemática y resumida que toma
como referencia la obra perdida de Tito Livio. Este aspecto complica la tarea
de rastrear los pasos de Carisio y los eméritos con los que funda Mérida en el
frente occidental de las guerras y surgen muchos problemas, lagunas y debates
enconados en torno a cuestiones cronológicas y de ubicación5.
5
Actualmente el debate historiográfico se centra en dos aspectos fundamentales: la ubicación
de Lancia y la penetración de los romanos a través de tres vías por los cordales montañosos
desde la Asturica Cismontana hasta la costa.
La gran mayoría de la comunidad historiográfica sitúa a Lancia en Villasabariego. Sin embargo,
frente a esta ubicación han surgido diferentes estudios que plantean una localización diferente
para Lancia. Estos la sitúan en el castro de Las Labradas en el Arrabalde en la actual provincia de
Zamora. SANTOS YANGUAS. N. V. “Lancia de los astures: ubicación y significado histórico”.
Hispania antiqua. Nº 28. 2004. (pp. 71-86). “Lancia de los astures en las fuentes clásicas”. Studia
Zamorensia. N.º 7. 2005. (pp. 311-325), VICENTE GONZÁLEZ, J.L. “Bellum Astúricum una
hipótesis ajustada a la historiografía romana y al marco arqueológico y geográfico de la comarca
de Los Valles de Benavente y su entorno”. Brigaecio: revista de estudios de Benavente y sus
tierras, N.º 18-19. 2008. (pp. 13-77). Esta tesis plantean que el castro de Villasabariego queda muy
descolgado del grueso de los asentamientos astures, lo que resulta bastante extraño tratándose de
una capital tribal. Además argumentan que la localización de Lancia en Villasabariego y los tres
acuartelamientos romanos en Santibañez de Vidriales, Castrocalbón y Huerga de Rosales no tiene
sentido desde el punto de vista militar, pues quedaban a más de 50 km de distancia del presunto
objetivo, que además estaban separados por ríos de la envergadura del Órbigo y el Esla. Frente a
ello, en las proximidades de Las Labradas si atestiguan tres destacamentos romanos. El primero de
los campamentos que proponen es el de Petavonium, Rosiños de Vidriales, que además identifican
como el asentamiento de la Legio X Gemina a partir de los restos de tejas con las marcas de LXG
que han sido relacionados con Legio X Gemina y se llega a la conclusión de que esta misma
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 43
Antes del año 27 a. C., la única posible alusión a Publio Carisio la
realiza Apiano (B. C. LV, 111) donde nos dice: Dio a Titinio el mando del
unidad fue la que levantó el recinto militar. El recinto del campamento de Petavonium era algo
inferior para poder asentar a la legión completa por ello creen que una parte de los efectivos de
esta legión acuartelada en Petavonium se asentarían en los otros dos campamentos restantes que
cercaban las Labradas. Otro de los campamentos sería el de la Chana, que controlaría el acceso
al valle entre la vertiente norte de la sierra de la Calpurnia y el río Ería. Este campamento pudo
estar integrado por una cohorte y reforzada por un número indeterminado de tropas auxiliares de la
Legio X Gemina ya que su cabida era de unas 4 hectáreas. Para estos historiadores la disposición
de los campamentos de la Chana y Petavonium se adaptan perfectamente a esta tesis de cortar
los suministros y accesos a Lancia, además ambos campamentos tenían acceso de agua potable
mediante una serie de arroyos y contacto visual entre ellos, lo que facilitaba el control de Lancia.
Se creó además una calzada que unía Petavonium y la Chana lo que garantizaba la logística de
todo el dispositivo del asedio a Lancia. Más complicado es identificar el tercer campamento que
debía estar situado en el flanco sur ya que era el único flanco no cubierto desde los otros dos
campamentos. Estos historiadores lo sitúan en Valmoro y lo argumentan de la siguiente manera:
guarda una distancia respecto a Petavonium similar a la que tenía la Chana y existía un arroyo
que garantizaba el agua potable al campamento. Estos dos últimos campamentos, el de Chana y
Valmoro, serían campamentos de campaña, siendo el de Petavonium el campamento base de los
otros dos establecimientos durante la campaña de Lancia y debieron tener una ocupación muy
poco prolongada. A partir de todos estos datos, se llega a la conclusión de que Carisio debió de
elegir la localización de estos campamentos para el asedio de manera muy concienzuda. Entre
estos campamentos existía comunicación visual directa al tiempo que ellos quedaban fuera del
alcance de la mirada de los habitantes de Lancia y además tenían garantizado el abastecimiento
de agua dulce a través de unos arroyos próximos a los campamentos. En función de todo ello, el
asedio de Carisio se basaría en la X Gemina que se establecería en los tres campamentos citados,
mientras que él permanecería en su pretorio en Villaveza del Agua con las legiones V Alaudae y
VI Victrix esperando a que llegara el verano para iniciar las hostilidades. Sin embargo, el ataque
de los astures precipitó los acontecimientos. Frente a estos indicios alegan una ausencia absoluta
de restos arqueológicos de recintos militares romanos en las proximidades de Villasabariego
coetáneos con las guerras, la ausencia del recinto amurallado al que aluden las fuentes romanas y
las propias declaraciones del profesor Jordá, director de las excavaciones de Lancia entre 1957 y
61, quien se mostró escéptico al final de su carrera sobre la ubicación de Lancia en Villasabariego.
Otro debate interesante es la forma de penetración de las tropas de Carisio hasta la costa
cantábrica que sería el objetivo final de la ofensiva contra los astures. Establecen una triple
penetración a través de tres vías de montaña: Carisia, Mesa y otra más occidental en la zona
montañosa entre los ríos Eo y Navia. Frente a este planteamiento defendido por Camino Mayor
y Peralta Labrador entre otros investigadores, CAMINO MAYOR, J. “La línea de operaciones
de la vía Carisia”. En Jorge Camino Mayor, Eduardo Peralta Labarador y Jesús Francisco Torres
Martínez (coords.). Las guerras astur cántabras. 2015. (217- 238). Gijón: KRK Ediciones.
SANTOS YANGUAS N.V. “La conquista de Asturias por Roma: una nueva perspectiva”. Gerión.
Vol. 35. N.º Extra, ejemplar dedicado a la Hispania de Augusto. 2017. (pp. 151-162). plantea
que esta penetración hasta la costa cantábrica no se llevó a cabo en el momento de la conquista
sino que estas se desarrollarían en momentos posteriores a los combates y se consolidarían con los
sucesores de Augusto. Este investigador solo reconoce acciones militares en la zona Cismontana y
en la franja costera, mientras que la zona de tránsito entre una y otra, los romanos se contentaban
con controlar la zona a través de pactos con los indígenas.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
44 Enrique Antón Gil
ala derecha, y a Carisio el de la izquierda, y él en persona embarcó en una
liburnia y navegó alrededor de toda la flota animando a todos. Según esta
referencia, Augusto responsabiliza a Carisio del mando del ala izquierda de
su flota en la batalla de Tauromenio en las guerras contra Sexto Pompeyo en
el año 36 a. C. Pero se trata de una cita muy vaga en la que ni tan siquiera
sabemos si se refiere a Publio Carisio o a cualquier otro Carisio, ya que solo
lo nombra como Carisio.
A partir del año 22 a. C., momento en el que finaliza sus labores como
gobernador de la Ulterior, se vuelve a perder su rastro y no hay ninguna
constancia de Publio Cariso en ninguna fuente. No obstante, hay un aspecto
que puede ser relevante. Carisio no llegó a ser cónsul y eso después de una
campaña militar exitosa como la astur-cántabra llama la atención. Sin ir más
lejos, Tito Estatilio Tauro que también fue vencedor en las mismas guerras
que Publio Carisio, fue designado cónsul en el año 26 a. C. A partir de este
dato se plantea la posibilidad de Publio Carisio quizás murió al poco tiempo
de finalizar su mandato como gobernador. Una hipótesis que se puede refor-
zar con el hecho de que actualmente no hay ninguna evidencia epigráfica,
histórica o arqueológica que establezca que Publio Carisio fuera designado
como patrono por alguna comunidad de la provincia de la que fue gobernador
o de la misma Augusta Emerita de la que fue deductor. De nuevo se trata de
un aspecto interesante si se compara con otros gobernadores, comandantes
o deductores, caso de Lucio Elio Lamia o Tito Estatilio Tauro6. ¿Por qué
6
Un aspecto muy interesante que se puede derivar del papel de Carisio como gobernador de la
Ulterior y como deductor de la colonia, es la posibilidad de que fuera elegido como patrono
por alguna de las comunidades de la provincia de la que fue gobernador o por la colonia
emeritense de la que además fue deductor SAQUETE CHAMIZO J..C. “La fundación de
Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.).
Lusitania Romana, origen de dos pueblos = Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp.
122). Mérida: Gobierno de Extremadura, Consejería de Educación y Cultura. Fueron muchas las
ocasiones en las que los gobernadores eran elegidos como patronos por su rango senatorial y su
cercanía con el poder imperial HARMAND, L.. Le patronat sur les colletivités publiques des
origines au Bas- Empire. París: Presses Universitaires de France. 1957: (pp. 39). Además, hay
que destacar la costumbre republicana de tomar como patronos a los deductores de las colonias,
costumbre se extendió en las colonias itálicas fundadas hasta la época de Augusto HARMAND,
L. Le patronat sur les colletivités publiques des origines au Bas- Empire. 1957. ( pp. 23 ss y 159
ss). París: Presses Universitaires de France. y costumbre que también podemos ver en Hispania
en la Ley Genitiva Iulia destacando su artículo 97 en la que establece la posibilidad de que el
deductor de la colonia fuera designado como patrono de la colonia SAQUETE CHAMIZO J..C.
“La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, António Carvalho, Carlos
Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos = Lusitânia Romana, origem de dois
povo. 2015.(pp.122). Publio Carisio fue ambas cosas, gobernador y deductor.
En Hispania se han hallado epígrafes en los que un ex-gobernador aparece mencionado como
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 45
no hay evidencias de Publio Carisio como patrono?. Bien porque no se han
hallado o porque ninguna comunidad le eligió como patrono. Y en ese caso,
¿por qué ninguna comunidad le eligió como patrono si acumulaba méritos
más que de sobra?. Posiblemente porque murió al poco tiempo de acabar su
mandato provincial en la Ulterior, por lo que, ¿para qué elegir a un muerto
como patrono?, ¿de qué manera va a defender los intereses de la comunidad
en Roma, una persona que ha fallecido?.
Pero, ¿a qué vino Publio Carisio a Hispania?. En el año 27 a. C. Cari-
sio llegó a Hispania, quizás desembarcando en Olisipo por su privilegiado
puerto natural7 , fundamentalmente para dos cosas. Una, dirigir el frente
occidental en las guerras astur-cántabras. Y dos, gobernar la provincia
Ulterior. Y como consecuencia de las campañas contra los astures y de
su cargo como gobernador se genera la otra responsabilidad, la de fundar
Augusta Emerita con los eméritos de las legiones V Alaudae y X Gemina
(Imagen 2), que junto con la VI Victrix estaban a sus órdenes en las guerras
del norte peninsular.
patrono de una comunidad. En Roma se han encontrado inscripciones dedicadas por comunidades
hispanas a Lucio Elio Lamia como patrono como consecuencia de sus éxitos militares en la
provincia Citerior de la que fue gobernador entre el 24 y el 22 a. C OLMO LÓPEZ, R. El centro
en la periferia: las competencias y actividades de los gobernadores romanos en las provincias
hispanas durante el Principado 27 a.C.-235 d.C. 2016. (pp. 558-563). Tesis doctoral. Madrid:
Universidad Complutense. 558-563). También Tito Estatilio Tauro fue elegido como patrono por
la colonia Ilici (CIL II, 3556), de la que fue deductor del asentamiento de veteranos que lucharon
con él en las guerras astur cántabras OLMO LÓPEZ, R. El centro en la periferia: las competencias
y actividades de los gobernadores romanos en las provincias hispanas durante el Principado 27
a.C.-235 d.C. 2016. (pp. 560). Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense. Se hace referencia
a estos personajes tratando de establecer paralelismos con Publio Carisio porque se observan
importantes similitudes administrativas, cronológicas y militares. Si estos personajes recibieron
esas inscripciones por su patronazgo sobre esas comunidades como consecuencia de su cargo de
gobernador, de sus victorias militares o por llevar a cabo una deducción colonial, ¿por qué no
ocurrió lo mismo con Carisio que fue también gobernador, deductor y comandante victorioso?
7
SAQUETE CHAMIZO J.C. El gobernador provincial de Lusitania y sus actividades. En AA.VV.,
Poder central y autonomía municipal. La proyección pública de las élites romanas de Occidente.
2006. (pp. 92). Córdoba: Universidad de Córdoba, Servicio de publicaciones.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
46 Enrique Antón Gil
Imagen 2. Semis de la ceca de Emerita. MNAR. Mérida. N.º Inv. CE30792.
La presencia de Publio Carisio está bien documentada en el frente occiden-
tal de las guerras astur cántabras por Dion Casio (LII, 26,1, LIII, 25, 8, LIV, 5,
1-3), Floro (II, 33, 54-58) y Orosio (VI, 21, 9-10). Pero además, existe material
numismático que lo sitúan en las guerras, unos restos que van a servir como un
recurso fundamental para poder establecer una cronología de la presencia de
Carisio en las mismas. Pero es que también, especialistas como Jorge Camino
Mayor consideran la vía Carisia y su onomástica como una prueba irrefutable de
la intervención de Publio Carisio en el conflicto, pues este investigador data su
construcción en la época de las guerras y la considera vital para la penetración
hasta la costa cantábrica que sería el objetivo militar fundamental de Carisio
en estas campañas8 .
De todos estos testimonios se concluye que: Publio Carisio fue el co-
mandante responsable de la guerra contra los astures y por lo tanto del frente
occidental de las guerras. Que su operación militar fue muy estudiada y contó
con mucho trabajo ya hecho gracias primeras campañas preparatorias de los
años 36-31 a. C., dirigidas por los procónsules Cayo Norbano, Marcio Filipo,
Claudio Pulcro y Calvisio Sabino que precedieron a Estatilio Tauro. Que una de
sus principales prioridades hubo de ser la de garantizar el abastecimiento diario
de sus hombres, posiblemente desde la Ulterior. Que desarrolló una serie de
calzadas de campaña con estructura hipodámica9. Que se encontraba preparando
8
CAMINO MAYOR, J. “La línea de operaciones de la vía Carisia”. En Jorge Camino Mayor,
Eduardo Peralta Labarador y Jesús Francisco Torres Martínez (coords.). Las guerras astur
cántabras. 2015. (pp.218). Gijón: KRK Ediciones.
9
Carisio planificó detalladamente el operativo militar generando un mapa de operaciones basado
en una estructura hipodámica (Imagen 3). Estaría enmarcado al norte por la costa cantábrica
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 47
la campaña contra Lancia con el establecimiento de tres campamentos cuando
fue avisado por los brigaecinos de un ataque por sorpresa de los astures que
habían bajado de las nevadas montañas y que habían dividido sus fuerzas en
tres líneas de ataque, cada una de ellas contra cada uno de los campamentos
de Carisio. Que la ayuda de los brigaecinos fue clave para poder derrotar a los
astures que se refugiaron en Lancia que finalmente fue tomada por Publio. Que
posteriormente sometió otras muchas, refiriéndose a la penetración a través
de tres vías con dirección sur-norte hasta llegar a la costa cantábrica, dando
por finalizadas las guerras en el frente occidental. Que este será el momento
elegido por Carisio para venirse a fundar Augusta Emerita con los eméritos de
la X Gemina y la V Alaudae. Que los problemas para Carisio en el frente astur
no acabaron en este momento ya que tuvo que hacer frente a una rebelión de
los astures como consecuencia de su carácter violento y cruel, una sublevación
que le puso contra las cuerdas, refugiándose en el campamento de Currielos10
en la Carisia, hasta el punto de que pudo salvar la situación gracias a la ayuda
de C. Furnio que acudió desde la Tarraconense. Y que como consecuencia de
las guerras va a generalizar el establecimiento de un sistema monetario11 en el
y al sur por una artería terrestre paralela a la cordillera y que recorrería el norte de la Meseta,
vía XIX, que se uniría y se complementaría con la procedente de Tarraco desde el este y con la
procedente de la Ulterior desde el sur. A partir de estos marcos al sur y al norte, estructura tres
avances paralelos y perpendiculares con dirección sur-norte que fragmentaron el territorio de
los astures dominándolo desde las alturas. CAMINO MAYOR, J. “La guerra contra los astures”.
Las guerras astur-cántabras. Desperta Ferro n.º 45. 2018. (pp. 24).
10
Los argumentos que se utilizan para localizar a Carisio en Currielos son arqueológicos y
estos se basan en el hecho de una notable refortificación del campamento después del año 23
a. C., lo que denota una estrecha relación con la sublevación, se establece también el hallazgo
en este campamento de una moneda de la colonia de Celsa, en la zona del Ebro, que bien pudo
ser transportada por las unidades militares de la Tarraconensis que vinieron a socorrer a Carisio
CAMINO MAYOR, J. “La línea de operaciones de la vía Carisia”. En Jorge Camino Mayor,
Eduardo Peralta Labarador y Jesús Francisco Torres Martínez (coords.). Las guerras astur
cántabras. 2015. (pp. 235). Gijón: KRK Ediciones.
11
Los soldados que estaban luchando en este frente a las órdenes de Carisio cobran un sueldo,
un sueldo que hay que pagar. Debido a esta necesidad de pagar los salarios de sus tropas, Carisio
emitió toda una serie de monedas, parece ser que primeramente en cecas móviles en la misma
zona de conflicto y posteriormente en Augusta Emerita. Estas monedas en un primer momento se
concentrarían en manos de estos soldados y posteriormente terminaron llegando a los indígenas.
De esta manera se va estableciendo en la zona de manera paulatina y parcial la sustitución de
ese trueque por un primer sistema monetario basado en las monedas emitidas por Carisio. Por
lo tanto, Publio Carisio va a contribuir al desarrollo de un incipiente sistema monetario en la
zona noroccidental de la Península que paulatinamente va a ir sustituyendo al trueque imperante.
¿Qué monedas emitió Cariso para hacer frente a sus obligaciones con respecto a sus tropas?.
Pues principalmente dos tipos de monedas. En un primer momento, 27-25 a. C emitió unas
monedas llamadas tipo caetera GIL FARRÉS, O. La moneda hispánica de la Edad Antigua.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
48 Enrique Antón Gil
territorio noroccidental de la Península que va a ir paulatinamente sustituyendo
al trueque predominante en la zona12.
1966. (pp. 236). Madrid: Altamira, por la decoración de las mismas fundamentadas en el escudo
característicos de las poblaciones indígenas contra las que estaban luchando en este conflicto. Este
tipo de monedas serían ases, dupondios y sestercios, monedas más fraccionadas y manejables que
los denarios. Unas monedas por lo tanto que facilitarían el día a día económico a estos soldados.
A día de hoy no se sabe muy bien donde se emitirían estas monedas de caetera, aunque estas se
situarían en la zona noroccidental de la Península SANTOS YANGUAS N.V. “Las acuñaciones
monetales de Publio Carisio y la conquista romana del noroeste peninsular”. Aquila legionis:
cuaderno de estudios sobre el Ejército Romano. N.º 4. 2003. (pp. 176). Junto a estas monedas,
a partir de la fundación de Augusta Emerita y desde Augusta Emerita se crearían una serie de
cecas que emitirían unas nuevas monedas caracterizadas por la aparición de la leyenda P CARISI
LEG, P CARISIUS LEG AUGUSTI y P CARISIUS LEG PRO PR, SANTOS YANGUAS N.V.
“Las acuñaciones monetales de Publio Carisio y la conquista romana del noroeste peninsular”.
Aquila legionis: cuaderno de estudios sobre el Ejército Romano. N.º 4. 2003. (pp.173-174). Se
trata de quinarios aureus, denarios, dupondios y ases que se emitieron por orden de Carisio y
con el permiso de Augusto en Augusta Emerita a partir de la fundación de la colonia en el año
25 a. C. Unas monedas que se emitirían con la misma finalidad que las anteriores, pagar a los
soldados que luchan en el frente astur y a los eméritos asentados en Augusta Emerita. Por lo tanto
estas monedas además de quedarse en la colonia, otras se transportaron a la zona de conflicto.
Se trata de unas acuñaciones con un gran valor histórico ya que son las únicas conocidas de las
acuñadas en las provincias hispanas que mencionan el nombre del gobernador OLMO LÓPEZ,
R. El centro en la periferia: las competencias y actividades de los gobernadores romanos en
las provincias hispanas durante el Principado 27 a.C.-235 d.C. 2016. (pp. 398). Tesis doctoral.
Madrid: Universidad Complutense, iniciando una nueva etapa en la política monetarial imperial
en Hispania ya que a partir de estas acuñaciones de Carisio en Emerita, las cecas de oro y plata
se establecerán en las colonias y dejaron de depender de las cecas castrenses que controlaban los
generales GARCÍA BELLIDO, Mª.P. “El abastecimiento monetario al ejército durante el período
augusteo y tiberiano”. En Ángel Morillo Cerdán (coord). El ejército romano en Hispania, guía
arqueológica. 2007. (pp. 163). León: Universidad de León.
En definitiva, Carisio como gobernador provincial de la Ulterior y comandante de las legiones
que luchaban en el frente astur supervisó y autorizó la acuñación de las monedas de caetera
y la acuñación de monedas en Augusta Emerita, con la plata que se extraía y se trasladaba
desde Riotinto. SAQUETE CHAMIZO J.C. “Aspectos políticos, estratégicos y económicos
en la fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, Pedro Mateos Cruz
(coord.). Actas Congreso Internacional 1910-2010: El Yacimiento Emeritense.2011. (pp. 117-
118). Mérida: Ayuntamiento de Mérida, en las que incluyó su nombre, y que eran trasladadas al
frente astur para hacer efectivos los pagos a los legionarios. Unas monedas que además de generar
un incipiente sistema monetario en la zona del noroeste peninsular también buscaron prestigiar
a la nueva colonia emeritense y potenciar su despegue económico favoreciendo la circulación
monetaria imperial en la zona del suroeste peninsular y la potenciación de la región emeritense
en los circuitos comerciales peninsulares.
12
SANTOS YANGUAS N.V. “Las acuñaciones monetales de Publio Carisio y la conquista romana
del noroeste peninsular”. Aquila legionis: cuaderno de estudios sobre el Ejército Romano. N.º
4. 2003. (pp. 165-166).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 49
Imagen 3. Red de calzadas de campaña atribuidas a Publio Carisio. Elaboración propia
Gracias a los Fasti Hispaniense13 sabemos que Publio Carisio desem-
peñó el cargo de Legatus Augusti Pro Preatore entre el 27 y el 22 a. C. Carisio
gobernó la provincia por delegación de Augusto que era el verdadero titular del
Imperium y de éste recibía sus poderes para que gobernase en su nombre. Como
gobernador de la provincia Ulterior, Publio Carisio tuvo que saber conjugar
su labor como comandante en el frente astur, tarea que seguramente le llevó
la mayor parte de sus atenciones, con las labores propias que estaban bajo la
responsabilidad de un gobernador provincial.
Y por último, Publio Carisio también fue el deductor de la colonia Augusta
Emerita como consecuencia de su cargo como gobernador de la provincia Ulteri-
or. Como la nueva colonia se va a fundar en la provincia Ulterior, Augusto delega
en el gobernador de esta provincia la responsabilidad de la deducción colonial.
Una responsabilidad que por lo tanto adquirió por orden de Augusto y que llevó
a cabo posiblemente durante el otoño o el invierno14 del año 25 a. C, tras cumplir
13
OLMO LÓPEZ, R. El centro en la periferia: las competencias y actividades de los gobernadores
romanos en las provincias hispanas durante el Principado 27 a.C.-235 d.C. 2016. (pp. 709).
Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense.
14
Se plantea la posibilidad de otoño o invierno para la fundación de Mérida en función del
testimonio de Floro (II, 33,54-58) que alude a que los astures atacaron a Carisio y sus tres
acuartelamientos que asediaban Lancia bajando de sus nevadas montañas. Esta descripción
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
50 Enrique Antón Gil
su misión de llegar hasta la costa cantábrica. La deductio de Augusta Emerita la
llevó a la práctica Carisio con los eméritos de la V Alaudae y la X Gemina como
deja bien claro Dión Casio (LIII, 26, 1) y las fuentes numismáticas (Imagen 2).
¿Qué se sabe de Publio Carisio antes de su llegada a Hispania?. Como
ya se ha dicho, exceptuando la vaga referencia de Apiano, no se sabe nada. No
obstante, partiendo de una cita de Dion Casio (LIII 25, 8), cuando dice: « (...) y
posteriormente Tito Carisio conquistó Lancia, la mayor aldea de los astures, que
había sido abandonada y sometió otras muchas», se puede extraer información
sobre los orígenes de Publio Carisio. En este pasaje, Dión Casio cita a Tito Carisio
y no a Publio, lo que puede ser debido a un error del historiador romano, muy
posterior a los acontecimientos narrados, que lo confunde con quien posiblemente
fuera su padre15 . A partir de esta alusión de Dión Casio a Titus Carisius, se abre
una línea de trabajo: ¿quién pudo ser y qué relación pudo tener con Publio Carisio?
La primera información se obtiene a partir de unos denarios de plata
fechados en el año 46 a. C., en los que aparece la inscripción T. CARISIUS III
VIR (Imagen 4). Unos denarios que informan de que ejerció el cargo de III Viri
Aere Argento Auro Flando Feriundo. Gracias a ello se puede establecer que se
trata de un personaje del ordo senatorial cuya responsabilidad se circunscribía a
la de acuñar monedas y que proviene de una gens con una cierta influencia para
conseguir que uno de sus miembros ejerza uno de los cargos más importantes del
vigintisevirato ya que conseguía acuñar su nombre en las monedas, un recurso
propagandístico muy demandado en la sociedad romana. A partir de esta primera
conclusión y como consecuencia de la vinculación de ese cargo de III vir monetal
con la magistratura de cuestor, es muy posible tras realizar estas labores, la pri-
mera de las magistraturas que desarrollara este Tito Carisio fuera la de cuestor.
permite situar la ofensiva astur en los finales del invierno o los principios de la primavera del
año 25 a. C. Como consecuencia de este ataque, Lancia cayó en poco tiempo y parece ser que
tras la toma de la capital de los astures cismontanos se lanzó una ofensiva estival a través de los
cordales de las montañas que permitieron en pocos meses llegar hasta la costa, ya que ese era el
gran objetivo militar de la campaña contra los astures. La penetración hasta la costa cantábrica se
realizaría en pocos meses y especialmente durante los meses de verano CAMINO MAYOR J. La
guerra contra los astures. Las guerras astur-cántabras. Desperta Ferro n.º 45. 2018. (pp. 23). Este
aspecto es muy importante ya que como consecuencia de ello, Carisio, por orden de Augusto,
fundaría Augusta Emerita con los eméritos de estas guerras a finales del año 25 a. C, entre el otoño
y el invierno, una vez conseguido el objetivo de llegar a las costas cantábricas durante el verano
del año 25 a. C. Cumplido el objetivo militar a finales del verano, y posiblemente por la misma
vía que se suministraba a sus ejércitos desde la Ulterior, Carisio se trasladó con los eméritos de
estas guerras de la V Alaudae y la X Gemina a fundar Augusta Emerita.
15
SANTOS YANGUAS N.V. “Lancia de los astures: ubicación y significado histórico”. Hispania
antiqua. Nº 28. 2004. (pp. 74).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 51
Imagen 4. Denario del año 46 a. C., con la inscripción de Titus Carisius III Vir. www.tesorillo.
com/republica/carisia/carisia.htm (Consulta: 12 de junio 2.018).
Profundizando en la figura de Tito Carisio destaca el hallazgo, fuera de la
Urbe, en la provincia de la Galia Transalpina, de dos inscripciones en la que aparece
de nuevo un Tito Carisio, una en Avignón (CIL XII 1028) (Imagen 5) y otra en
Beaucaire (Imagen 6). Dos inscripciones que hacen referencia a un Tito Carisio,
hijo de Tito y que desempeñó el cargo de praetor de los Volques Aerocómicos,
una magistratura senatorial desempeñada en la región de los Volques Aerocómi-
cos que federaba a 25 oppidum y cuyo centro organizativo se situaba en Nimes.
Ambas inscripciones han sido datadas en el período que oscila entre el 49 - 22 a.
C., para el caso de la de Avignón16 , y entre el 50 - 30 a. C. para la de Beaucaire17 .
Imagen 5. Inscripción de Avignon. M. Christol. Une nouvelle dedicace de Titus Carisius, praetor
Volcarum, prés d”Urgenum. 2005
16
CHULSKY, C. Notables nimois. Senateurs, chevaliers et magistrats issus de la cité de Nimes
a l´epoque romaine. 2012. (pp. 104). París.
17
CHRISTOL/FICHES/GASCÓ/MICHELOZZI. “Une nouvelle dédicace de Titus Carisius,
praetor Volcarum, prés d´Ugernum, Beaucaire”. Grad. Reveu archéologique de Narbonnaise,
tome 38-39. 2005. (pp. 413).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
52 Enrique Antón Gil
Imagen 6. Inscripción de Beaucaire. M. Christol. Une nouvelle dedicace de Titus Carisius, prae-
tor Volcarum, prés d”Urgenum. 2005
¿Podría tratarse del mismo Tito Carisio que fuera III vir en la Urbe en el
año 46 a. C.?. La cronología tanto de las monedas como de las inscripciones
lo sitúan en el mismo período cronológico de la segunda mitad del S. I a. C.,
aunque en zonas geográficas diferentes, pero no muy alejadas. Por lo tanto, pudo
ser el mismo joven que tras desarrollar el vigintisevirato en Roma en el año 46
a. C. siendo III vir monetal, llegó a ser cuestor. Siguiendo el orden lógico del
cursus honorum senatorial posteriormente fue praetor, primero un año en la
Urbe para luego ser destinado a la Galia Transalpina desempeñando el cargo de
praetor de los Volques Aerocómicos, a lo largo de la década de los años 30 del
S. I a C, donde ejerció sus funciones judiciales, momento en el que se llevaron
a cabo las dos inscripciones.
Si se asume este planteamiento como válido y a partir del cursus honorum
del ordo senatorial de finales de la República, se plantea un problema. ¿Realmente
este Titus Carisius era el padre de Publio Carisio?. La lógica del cursus honorum
tardo-republicano plantea que difícilmente pudiera ser el padre de Publio Ca-
risio. En el año 46 a. C., Titus Carisius debería tener entre 16 y 25 años, por lo
tanto, nacería entre el año 71 y el 62 a. C. De la misma manera, Publio Carisio
en el año 27 a. C. era Legatus Augusti Pro Praetore en la provincia Hispaniae
Ulterior, y a ese cargo se accedía con una edad superior a los 30 años, lo que
indicaría que Publio Carisio nació como muy pronto en el año 57 a. C. Además,
hay que añadir otro dato, es muy posible que Publio no fuera el hijo primogénito
de Tito. Generalmente en la onomástica romana de finales de la República, era
el primogénito quien asumía el praenomen del padre, y el hecho de que nuestro
protagonista llevara el praenomen Publio en lugar de Tito, estaría indicando que
no era el hijo primogénito. Se establece como conclusión que Publio Carisio era
hijo de Tito Carisio y también hermano menor de otro Tito Carisio quien llegó
a ser praetor en los Volques Aerocómicos y fue III viri monetal.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 53
Establecidos un padre y un hermano para Publio Carisio, ¿qué se sabe
de la gens Carisia?. A día de hoy la comunidad historiográfica tiene dudas en
lo relativo a los orígenes geográficos de esta gens. Se establecen dos grupos de
historiadores: los partidarios de un origen italiano18 y los partidarios de un origen
celta y provincial19, localizado en la Galia Transalpina. ¿Fue Publio Carisio
uno romano de origen italiano o por el contrario fue un romano de origen pro-
vincial, teniendo sus raíces en la Galia Transalpina?. Independientemente de
su origen italiano o celta, el hecho cierto es que se tuvo que trasladar a la Urbe
donde desarrolló su carrera senatorial como consecuencia de la prosperidad
económica de la familia.
Una vez establecido en la Urbe, Publio Carisio tuvo que desarrollar su
carrera senatorial enfocada hacia el mundo militar. Iniciando su formación en
la milicia, bien desarrollando alguno de los cargos más bajos de la oficialidad
de una legión, o bien con la incorporación al consilium de un general, lo cual
era bastante habitual entre los jóvenes que comenzaban su carrera política. Una
carrera militar en la que debió de brillar lo que le pudo llevar a convertirse en
tribuno militar. Este planteamiento se argumenta en que Publio Carisio se supo
18
Un amplio grupo de historiadores, cuyo referente fundamental es M. Christol, aún
reconociendo que la gens Carisia es un gentilicio raro en Italia, van a establecer su origen en
Italia y más concretamente en la zona de Campania. M. Christol, argumenta los orígenes italianos
de los Carisius porque los gentilicios acabados en -isius- es muy raro que sean originarios de
Nimes y en el caso de que se tratara de un gentilicio de origen celta su terminación sobre Carus
sería más bien Carius o Carinius y no Carisius. CHULSKY, C. Notables nimois. Senateurs,
chevaliers et magistrats issus de la cité de Nimes a l´epoque romaine. 2012. (pp. 105). París.
CHRISTOL/GOUDINEAU. “Nîmes et les Volques Arècomiques au Ier siècle avant J.-C”. Gallia.
Année 1987. 45. 1987. (pp. 94-95).
19
Esta hipótesis sitúa a los Carisius en la Narbona, pues lo considera como de desinencia
no latina y creen que la raiz Caro sería de origen galo y lo incluye entre los nombres celtas,
específico de dialectos narbonensis. Siguiendo este planteamiento, la gens Carisia sería
una gens de origen provincial que se enriqueció con algún tipo de actividad económica y
comercial relacionada con el Ródano y sus zonas portuarias, lo cual quedaría argumentado por
la concentración epigráfica en esta zona, especialmente importante sería un tituli picti, en un
ánfora de Porquerolles, CEBELLIAC, M. Les Magistrats des cités italiannes de la seconde guerre
punique á Augustes: le Latium et la Campanie. 1998. (pp. 149). Roma: École Français de Rome,
que justificaría estas actividades comerciales de los Carisius en la zona. Una actividad comercial
que les reportaría el beneficio económico suficiente como para que dos de sus miembros, Titus y
Publius, pudieran desarrollar carrera senatorial en Roma. Uno como III vir monetal, posiblemente
cuestor y pretor, caso de Titus, y otro como Publio que llegó a ser Legatus Augusti Pro Praetore
de la Hispania Ulterior entre el 27 y el 22 a C. SYME/BIRLEY. Provincial at Rome and Rome
and the Balkans 80 BC-AD 14. 1999. (pp. 123). Liverpool University Press. LAMOINE, L.
“Survivance de noms gaulois dans la nomenclature des magistrats des cités galoromaines”.
En Lambert P.-Y. et G.-J. Pinault (eds.). Gaulois et Celtique continental. Actes du colloquede
Clermont-Ferrand. 1998. (pp. 45 et 62).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
54 Enrique Antón Gil
y se tuvo que ganar de alguna manera la confianza de Augusto para dirigir en
las guerras astur-cántabras unas legiones y a unos legionarios con los que se
había enfrentado en la guerra civil contra Marco Antonio. En este punto se
retoma Apiano (B.C. LV. 111) y su vaga referencia a un Carisio que destacó
como legatus de la flota de Augusto en el 36 a C en las guerras contra Sexto
Pompeyo como uno de los legados de Augusto en la batalla de Taormina diri-
giendo el ala izquierda de su flota. Aunque bien es cierto que no se menciona
como Publio, se plantea que sí pudiera haber sido Publio Carisio, planteamiento
que ya insinúa Syme20 . Las guerras contra Sexto Pompeyo fueron unos enfren-
tamientos eminentemente marítimos, unos enfrentamientos en los que tanto la
marina como los mandos de la flota de Augusto eran notablemente inexpertos y
mediocres. Quizás, entre tanta mediocridad destacó por méritos militares Publio
Carisio, quien ya en estas guerras se pudo ganar la confianza de Augusto para
que posteriormente le delegara la responsabilidad de dirigir tres legiones en las
guerras contra los astures, la responsabilidad de gobernar la provincia Hispaniae
Ulterior y la responsabilidad de fundar Augusta Emerita.
Las legiones que tuvo Carisio a sus órdenes en las guerras contra los as-
tures y con las que luego funda Augusta Emerita, la V Alaudae y la X Gemina,
eran unas legiones un tanto “especiales”. Se trata de unas legiones que habían
luchado contra Augusto a las órdenes de Marco Antonio en la guerra civil. Unos
legionarios que fueron reclutados entre el 45 y el 41 a. C., y que lucharon casi la
mitad de sus años de servicio a las órdenes de Marco Antonio, pasando la gran
mayoría a las órdenes de Augusto a partir de la victoria de Actium en el año 31
a C21 . En definitiva, dos legiones y unos legionarios muy próximos a Marco
Antonio22. Especialmente vinculada a Marco Antonio estaba la V Alaudae de la
que extrajo su guardia personal23 y a la que algunos definen como la legión «fa-
vorita» de Marco Antonio24. Carisio fue también deductor de estos veteranos que
rondarían los 35 y 46 años y que llevaban cerca de 20 años luchando. Deductor
de unos eméritos que vinieron a recibir su premio de muy mala gana ya que se
trataba de una colonia en la periferia, y que por aquel entonces no era capital
20
SYME, R. (1939). The Roman revolutión. Orford University Press. 1939. (pp. 236).
21
SAQUETE CHAMIZO, J.C.. Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 40-41) Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
22
SAQUETE CHAMIZO, J.C. . Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 39-40)
Mérida: Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
23
SAQUETE CHAMIZO, J.C. Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 39) Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
24
RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, J. (2001). Historia de las legiones romanas. 2001. (pp. 186).
Madrid: Signifer Libros.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 55
de nada. Unos eméritos “cabreados” que preferían lotes de tierras en Italia o
en las colonias orientales mucho más ricas y atractivas que Augusta Emerita.
Que Augusto le delegara a Publio Carisio la responsabilidad de dirigir y
deducir a estos legionarios y legiones tan especiales es un aspecto fundamental
para poder entender su figura y su cercanía con Augusto. Como consecuencia
de la manera en la Augusto llegó al poder de Roma, respetaba mucho a los
legionarios ya que sabía que ellos le habían dado el poder y por lo tanto pueden
ser ellos también quienes se lo quiten. Augusto era consciente de esa realidad
y esta realidad hay que tenerla muy presente para poder entender la política de
desmovilizaciones militares y de asentamiento y fundaciones coloniales que llevó
a cabo. Augusto lo tenía muy claro y prefería asentar en Italia y en las proximi-
dades de la Urbe a las legiones de su confianza y que siempre lucharon a su lado
y por el contrario prefería asentar en las zonas periféricas las legiones que menos
confianza le generaban. La idea es simple y fácil de entender, en caso de tener
problemas prefería tener cerca las legiones de su confianza y lejos a aquellas
de las que desconfiaba. Este aspecto lo ejemplifica perfectamente el profesor
Saquete Chamizo comparando las fundaciones de Augusta Praetoria y Augusta
Emerita, coetáneas según Dión Casio. En la colonia de Augusta Praetoria, por
estar situada en una zona de vital importancia desde un punto de vista estratégico,
era la puerta de acceso a Italia desde los Alpes, Augusto asienta a legionarios
de su confianza. Frente a ello, en Augusta Emerita, colonia establecida en una
zona totalmente periférica, Augusto asienta a legionarios de poca confianza 25.
La idea que se pretende resaltar es la de insistir en la difícil tarea y respons-
abilidad a la que tuvo que hacer frente Publio Carisio. Se trataba de una tarea
difícil por el perfil tan especial de estas legiones y estos legionarios que tenía a
su mando y por la importancia que, como se ha visto, Augusto le concedía a las
legiones y los legionarios, especialmente cuando se convertían en eméritos. Por
todo ello se plantea que Publio Carisio tuvo que contar con toda la confianza
de Augusto para responsabilizarle la gestión de unos legionarios tan próximos
a Marco Antonio en la guerra contra los astures y además asentarles en una
colonia tan poco atractiva para ellos.
Concluyendo, Publio Carisio llegó a Hispania como consecuencia de
su formación militar, lo que le permitió conseguir méritos en la guerra contra
Sexto Pompeyo que le valieron para ganarse la confianza de Augusto y que éste
le delegara importantes responsabilidades en Hispania.
25
SAQUETE CHAMIZO, J.C. Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 42-44) Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
56 Enrique Antón Gil
PUBLIO CARISIO Y LA FUNDACIÓN DE AUGUSTA EMERITA.
Publio Carisio fue el deductor de la colonia Augusta Emerita como
consecuencia de su cargo como gobernador de la provincia Ulterior. Como
la nueva colonia se va a fundar en la provincia Ulterior, Augusto delega en el
gobernador de esta provincia la responsabilidad de la deductio colonial. Una
responsabilidad que por lo tanto adquirió por orden de Augusto y que llevó a
cabo posiblemente durante el otoño o el invierno del año 25 a. C., tras cumplir
su misión de llegar hasta la costa cantábrica.
Ya se ha dicho que Augusto como consecuencia de su ascenso político y
de lo útil que le fueron los legionarios en la consecución del poder, les respetaba
mucho. Y es por ello que, cuando terminan su servicio militar les premia con la
concesión de toda una serie de lotes de tierra para obtener así un medio de vida
para el resto de sus días. Asentando a sus hombres de confianza cerca y lejos, en
la periferia, a aquellos que habían luchado previamente junto a Marco Antonio.
Es en este contexto de política de desmovilización militar y de asentamiento de
legionarios eméritos en colonias en el que se debe entender la fundación de Au-
gusta Emerita. una colonia que además se funda con la finalidad propagandística
de mostrar a Augusto como pacificador de Occidente26
Cuando Publio Carisio asienta a sus eméritos en la nueva colonia, una
de sus prioridades debió de ser la de que los colonos percibieran “su” Augusta
Emerita como “su” trofeo militar, el trofeo que ellos se habían ganado y que se
perpetuará en el recuerdo de la victoria militar sobre los pueblos del norte de
Hispania27. Que sus eméritos tuvieran la impresión de que Roma estaba orgullo-
sa de ellos, orgullosa de sus legionarios que hacen la guerra, logran la victoria
y llevan la paz, el orden y el desarrollo en su nombre donde antes solo había
caos y barbarie. Y al mismo tiempo desarrollar en estos eméritos la sensación
de sentirse ellos también orgullosos de formar parte de Roma, orgullosos de su
pasado como legionarios, orgullosos de su victoria contra los astures y orgullosos
del poder de Roma y de su emperador.
Una idea que se argumenta a partir de las primeras monedas acuñadas en
la colonia, algunas de ellas emitidas por Carisio. Unas primeras acuñaciones
26
Álvarez, J.M./Nogales, T. (2015). La ideología del Principado en la fundación de Augusta
Emerita. Navigarenecesseest, estudios en homenaje a J.M. Luzón Nogués. 2015. (pp. 50-54).
Universidad Complutense. Madrid..
27
ARCE MARTÍNEZ, J. “Augusta Emerita, o la monotonía de una capital provincial romana”.
En Xavier Dupré (ed.). Las capitales provinciales de Hispania. Mérida Colonia Augusta Emerita.
2004. (pp.8). Roma: L´ERMA di BRETSCHNEIDER.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 57
en las que se transmite un claro mensaje28: Roma y sus legionarios van a los
confines de Hispania para hacer la guerra contra los bárbaros, consiguen la
victoria y traen la paz, el orden, el desarrollo y la armonía a estos pueblos. En
estas monedas el mensaje de la guerra lo vemos en la representación de las
armas de los enemigos (Imagen 7). La victoria en el estandarte romano sobre
las armas conquistadas y la victoria alada coronando un trofeo (Imagen 8). Y
por último la paz con la representación de la puerta monumental de la nueva
ciudad creada y amurallada (Imagen 9).
Imagen 7. Denario de la ceca de Mérida emitido por Publio Carisio como Legatus Pro Praetor.
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Nº Inv. CE36856.
Imagen 8. Quinario de la ceca de Mérida emitido por Publio Carisio como Legatus Pro Preator.
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Nº Inv. CE30800.
28
VELÁZQUEZ JIMÉNEZ, A. “Monedas de la ceca de Emerita con reversos alusivos a la
Guerra y Pax augustea”. En Augusto y Emerita. 2014. (pp. 106). Mérida: Museo Nacional de Arte
Romano. TRILLMICH, W. Colonia Augusta Emerita, die Hauptstadt von Lusitanien. Stadtbild
und Ideologie. 1990. (pp. 300-302). München.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
58 Enrique Antón Gil
Imagen 9. As de la ceca de Mérida emitido por Publio Carisio como Legado Augustal. Museo
Nacional de Arte Romano de Mérida. Nº Inv. CE30790.
Una vez que Augusto le dio la orden a Publio Carisio de fundar la nueva
colonia (Dión Casio LIII, 26,1), hay que buscar el lugar ideal para establecerla
y Publio Carisio se puso “manos a la obra”. Como la fundación iba a ser en la
Ulterior y alejada de la zona de conflicto29, Carisio fue una de las personalidades
fundamentales a la hora de elegir la ubicación de la nueva colonia30 porque
ya conocía la provincia en la que ya se había establecido desde el año 27 a. C.
y además ya había estado acuartelado en la zona antes de las guerras con los
mismos soldados con los que luego fundará la colonia 31.
A la hora de decidir la ubicación de la colonia, Carisio se basó en
cuatro criterios: la existencia de cursos de agua, la disponibilidad de tierras
baratas, la existencia de canteras cercanas y las posibilidades económicas
de la zona.
29
Hay un aspecto en la fundación de Augusta Emerita que llama mucho la atención y ese
es su localización tan alejada de la zona de conflicto. Generalmente este tipo de fundaciones
coloniales se solían establecer en las zonas próximas al conflicto como símbolo de castigo a los
vencidos habiendo buenos ejemplos de ello en Hispania, caso de Genitiva Iulia fundada por
César para conmemorar la victoria de Munda. Sin embargo, Emerita se funda muy lejos de la
zona de conflicto y la razón fundamental sea posiblemente que la guerra aún no estaba concluida.
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 119). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura..
30
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 120). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura..
31
SAQUETE CHAMIZO, J.C. Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 68) Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 59
Primero, la necesidad de la existencia de agua y corrientes de agua
próximas. Este aspecto fue decisivo para Carisio a la hora de ubicar la nueva
colonia, por ello no es ninguna casualidad que Mérida se asiente junto a los ríos
Guadiana y Albarregas y la confluencia de ambos. La necesidad de corrientes
de agua próximas en la nueva colonia permitía abastecerse de aguas limpias
para el desarrollo y establecimiento de fábricas, especialmente de tejas con las
que poder construir las nuevas casas de los colonos, por ello la gran mayoría de
fábricas se establecieron aguas arriba para conseguir aguas limpias. Además, hay
que tener en cuenta el vado natural en el que se encuentra Emerita que permitía
la posibilidad de vadear el río en época de estío, mientras se construía el puente.
Una pequeña isla natural en el río que facilitó la construcción del puente, una
de las primeras obras de la colonia. Una isla que bien pudiera recordar a alguno
de los legionarios la existente en la Urbe. Siguiendo con esta línea sentimental
y romántica se destaca también la existencia de pequeños cerros que se sitúan
próximos a Mérida y que alguno de los primeros eméritos pudiera identificar
con las siete colinas de Roma32. Para Carisio también fue clave que en el lugar
en el que ubicó la colonia se produjera la confluencia de los ríos Guadiana y
Albarregas, ya que facilitaba la eliminación de residuos como punto de desague
de las cloacas33. En definitiva, el agua para Carisio era fundamental y en esta
línea se aporta otro dato, en Mérida hay también un importante abastecimiento
de aguas subterráneas con abundantes acuíferos lo que permitió que en las casas
romanas de los emeritenses proliferaran los aljibes y los pozos34 .
Segundo, era un territorio poco poblado por indígenas. Es muy posible
que el solar donde actualmente se ubica Augusta Emerita cuando llega Carisio
fuera un territorio despoblado de indígenas35 y eso era una ventaja para Augusto
ya que podía conseguir tierras en abundancia y baratas, en un momento de serias
dificultades económicas. Esta afirmación se argumenta a través de la epigrafía.
32
Se trata de dos reflexiones que planteó Miguel Alba Calzado en su ponencia titulada: Vestigios
arqueológicos sobre el origen de Augusta Emerita desarrollada en el Seminario Internacional.
Consideraciones sobre la fundación de Augusta Emerita. Celebrada en Mérida el pasado mes
de diciembre del año 2017 .
33
MATEOS CRUZ, P. “Topografía e urbanismo en Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, Pedro Mateos Cruz (coords.). Actas Congreso Internacional 1910-2010: El Yacimiento
Emeritense. 2011. (pp. 128-129).
34
Esta reflexión también la planteó Miguel Alba Calzado en su ponencia titulada: Vestigios
arqueológicos sobre el origen de Augusta Emerita desarrollada en el Seminario Internacional.
Consideraciones sobre la fundación de Augusta Emerita. Celebrada en Mérida el pasado mes
de diciembre del año 2017.
35
SAQUETE CHAMIZO, J.C. Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 53) Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
60 Enrique Antón Gil
Desde un punto de vista epigráfico se observa como la onomástica indígena es muy
reducida, de lo que se deduce que había pocos indígenas y los que hubieran fueron
trasladados. Trasladados, ¿a dónde?. A partir de la concentración de onomástica
indígena en la periferia, a las zonas de las actuales Madrigalejo y Trujillo36. Este
despoblamiento y disponibilidad de tierras se conoce también gracias a Frontino
(De controversis agrorum, 51, 20 ss- 52) quien informa de que incluso después de
tres asignaciones de tierra todavía quedaba terreno libre sin asignar. Queda claro
por lo tanto que cuando Carisio buscaba el lugar ideal para establecer la colonia
este territorio era una buena oportunidad económica por la disponibilidad de tierras
vacías. Pero, ¿por qué esa escasez de población indígena?. Pues posiblemente
como consecuencia de las guerras civiles desarrolladas en Hispania a lo largo de
las décadas de los años treinta y cuarenta las cuales contribuyeron a una cierta
movilidad geográfica en la zona y muchos indígenas se vieron obligados a salir
del territorio para servir como tropas auxiliares en las legiones37.
Tercero, la existencia de canteras cercanas. Otra de las variables que
debió contemplar Carisio a la hora de elegir la ubicación de la colonia fue el
que existiera en las cercanías canteras de las que poder obtener granito, dio-
ritas, arcillas o calizas, que fueron el material constructivo fundamental para
las primeras edificaciones, tanto privadas como públicas. La reflexión es muy
simple: voy a fundar una colonia ex novo que necesita casas y edificios y para
construir esos edificios y casas necesito materiales constructivos cercanos y
próximos a la colonia. Actualmente se han localizado próximas a Mérida ca-
torce lugares de extracción, no superándose una distancia media de 18,25 km
y siendo todas ellas a cielo abierto. Esta cercanía de las canteras a Mérida fue
clave porque permitía un abastecimiento de materiales de manera barata para
la construcción de una colonia ex novo y en consecuencia se construyó una red
de caminos periurbanos que permitieron la llegada y disposición de material
de manera rápida y barata38 .
Cuarto, las posibilidades económicas de la zona. Es evidente que para
ubicar la colonia Carisio tuvo en cuenta que se trataba de una zona en los valles
36
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 121). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura.
37
EDMONSON , J. “La presencia romana en el sur de la Lusitania en vísperas de la fundación
de Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, Pedro Mateos Cruz (coords.). Actas
Congreso Internacional 1910-2010: El Yacimiento Emeritense. 2011. (pp. 106-107). Mérida:
Ayuntamiento de Mérida.
38
Corrales, 2014: 241.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 61
del Guadiana con tierras fértiles para la agricultura, destacando la trilogía medi-
terránea y tierras ricas para la ganadería. Siendo importante lo anterior, la razón
económica fundamental para la ubicación de Augusta Emerita fue la minería.
Y ello se justifica en desde dos puntos de vista. Primero, Emerita se funda para
controlar la explotación mineral del oeste peninsular. Así, por esa necesidad de
control minero del oeste peninsular, se crearía ya desde época augustea una red
viaria para controlar las explotaciones mineras de Abrantes, Beiras, Zarza La
Mayor, Plasenzuela, y La Serena39. Segundo, Mérida fue un punto clave para
conectar la plata de Riotinto y las tropas estacionadas en el frente norte penin-
sular. Como consecuencia de esta necesidad, la fundación de Mérida supone
un desplazamiento hacia el oeste de las rutas que comunicaban el sur con el
norte con un trazado mucho más directo y recto que el que iba por Metellium
y Norba40 . Augusto necesitaba plata con la que poder acuñar monedas, unas
monedas con las que poder pagar a los legionarios que estaban luchando en el
frente astur y Emerita jugó un importante papel como intermediario entre las
minas de plata de Riotinto y los soldados establecidos en el frente astur. Esa
plata llegaría hasta Emerita desde Riotinto, en Mérida se acuñaban los denarios
y quinarios de Carisio y se transportaban hacia el frente astur por la calzada que
era la fuente de abastecimientos de las tropas de Carisio desde la Ulterior. En
definitiva, la fundación de Augusta Emerita establecía y permitía una comu-
nicación y el abastecimiento del norte desde el sur de una manera más directa
y rápida y facilitaba el control y el acceso a una zona de gran riqueza mineral.
Una vez elegida la zona en la que se levantará la nueva colonia, Carisio
se hizo cargo del proceso de deducción y fundación de la colonia emeritense,
un proceso complicado y complejo en el que tuvo que supervisar la organi-
zación y distribución de tierras centuriadas, definir el territorio a repartir y su
estatuto jurídico, concretar las características de los beneficiarios, nombrar los
comisarios que llevarían a cabo el reparto y a los agrimensores que organizaron
la limitatio o parcelación de tierras41. Generalmente este proceso solía durar
39
SAQUETE CHAMIZO J.C. “Aspectos políticos, estratégicos y económicos en la fundación de
Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, Pedro Mateos Cruz (coord.). Actas Congreso
Internacional1910-2010: El Yacimiento Emeritense. 2011. (pp. 123). Mérida: Ayuntamiento de Mérida..
40
SAQUETE CHAMIZO J.C. “Aspectos políticos, estratégicos y económicos en la fundación de
Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, Pedro Mateos Cruz (coord.). Actas Congreso
Internacional1910-2010: El Yacimiento Emeritense. 2011. (pp. 117). Mérida: Ayuntamiento de Mérida.
41
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 122). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura..
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
62 Enrique Antón Gil
unos tres años42 y si Emerita se funda en el otoño o invierno del año 25 a C,
es muy posible que todo el proceso lo supervisara Carisio ya que la fundación
terminaría en el año 22 a C., momento en el que finaliza su mandato provincial.
Aunque su prioridad en ese año 22 a. C. fuera la rebelión astur que le colocó en
una situación muy difícil. Por lo tanto, como deductor, Carisio revisó todo el
proceso del nuevo establecimiento colonial y se comunicó con Augusto, quien
estuvo informado en todo momento dando su aprobación e incluso su permiso
para la acuñación de moneda43 .
Publio Carisio llevó a cabo el triple proceso que conlleva la fundación de
una colonia: la adscriptio, la deductio y la sortitio. Al mismo tiempo organizó
a los ciudadanos en curias y fue estableciendo las distintas instituciones mu-
nicipales y es muy posible que fuera el propio Carisio quien designara a dedo a
estos primeros magistrados de entre los eméritos, utilizando para ello criterios
de escalafón militar así como méritos y logros militares44 .
El primer paso de este complejo proceso era la denominada adscriptio, que
no era otra cosa que la realización de la lista de veteranos que voluntariamente
se querían beneficiar del reparto de tierra 45. A partir de esta primera lista de
veteranos, Carisio y su officium crearían el primer censo de la colonia. A día
de hoy no se sabe el número de legionarios que formaron parte en este primer
momento, se sabe que hubo asentamientos posteriores con Agripa y Otón, pero
no se sabe con seguridad el número de esos primeros eméritos que fundaron
Mérida. Las cifras barajadas oscilan entre los 6.000-5.00046 o los 3.000-4.000
eméritos47 para constituir el primer censo de la colonia.
42
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 122). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura.
43
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos =
Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 122-23). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura.
44
.- Se trata de una reflexión que planteó J.C. Saquete Chamizo en su conferencia titulada:
Primeros emeritenses: su origen y vivencias, celebrada en el MNAR el jueves 16 de Noviembre
del año 2016 e integrada en el ciclo de conferencias: “Vivir Roma”.
45
CABALLOS RUFINO, A. El nuevo bronce de Osuna y la política colonizadora romana. 2006.
(pp. 366-367). Sevilla: Secretariado de publicaciones de la Universidad de Sevilla.
46
ARCE MARTÍNEZ, J. “Augusta Emerita, o la monotonía de una capital provincial romana”.
En Xavier Dupré (ed.). Las capitales provinciales de Hispania. Mérida Colonia Augusta Emerita.
2004. (pp.10). Roma: L´ERMA di BRETSCHNEIDER.
47
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 63
Posteriormente, tras la elaboración de esa lista de colonos, se llevaba a
cabo la deductio que consistía en el traslado y la instalación de los colonos en la
nueva colonia, que para el caso emeritense se realizaría en bloque y siguiendo la
vía que unía el frente astur con la Ulterior48. Unos colonos que como ya hemos
comentado anteriormente ya conocerían la zona en la que se iban a asentar pues
anteriormente a su participación en las guerras habían estado acuartelados en el
sur de la Península a las órdenes de Carisio49
Si tomamos como referencia las leyes coloniales Genitiva Iulia, Carisio
a cada militar de graduación, seguramente centuriones que serán los futuros
decuriones de la colonia, le concedería en la ciudad una parcela para la ed-
ificación de una casa de 600 tejas y al soldado sin graduación una parcela
para el desarrollo de una casa de 300 tejas, teniendo un plazo de dos años
para llevarlas a cabo. Esta diferenciación de casas a las que aluden las leyes
coloniales Genitiva Iulia quedan constatadas arqueológicamente en Augusta
Emerita, a partir del estudio arqueológico de algunos tramos de vías. Se habla
de la existencia de insulae generalizadas y frecuentes cuyo ancho era de 48
metros y de otras más grandes ubicadas en las zonas próximas al área forense
de la colonia que disponían un ancho de 66 metros50. A partir de estos datos se
observan manzanas residenciales de 5.445 m2 frente a las manzanas estándares
de 3.550 m251. Estos datos arqueológicos llevan a pensar que efectivamente,
tal y como señalan las leyes coloniales Genitiva Iulia, hubo casas para dos
grupos de colonos diferentes52. También Carisio concedió la posibilidad de
que algunos colonos se establecieran extramuros ya que desde época augustea
hay documentadas viviendas extramuros que no estaban sujetas a los corsés
normativos con los que se planificaba intramuros y además en estos espacios
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 122). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura.
48
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 122). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura.
49
SAQUETE CHAMIZO, J.C. Las élites sociales de Augusta Emerita. 1997. (pp. 68) Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
50
CORRALES ÁLVAREZ, A. La arquitectura doméstica de Augusta Emerita. 2014. (pp. 216).
Tesis doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura.
51
CORRALES ÁLVAREZ, A. La arquitectura doméstica de Augusta Emerita. 2014. (pp. 127).
Tesis doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura.
52
CORRALES ÁLVAREZ, A. La arquitectura doméstica de Augusta Emerita. 2014. (pp. 216).
Tesis doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
64 Enrique Antón Gil
también se podrían desarrollar actividades agropecuarias, que en el interior
serían imposible53.
Este desigual reparto efectuado por Carisio en la deductio es el germen
de la jerarquización social emeritense fundamentada en la graduación militar
de estos primeros colonos, ya que en función de ello se establece el desigual
reparto de viviendas y la designación de los primeros IIviri y magistraturas de la
colonia. Así pues, Carisio designando a dedo a los centuriones para las primeras
magistraturas de la colonia y a los que les concedió además viviendas de un
mayor tamaño en las proximidades del Foro Colonial, generaba las primeras
élites sociales y jerarquizaba socialmente la colonia.
A estos eméritos se les concedía un período de dos años para levantar
sus casas en la colonia y de esta manera Publio Carisio se aseguraba de que la
población inicial pusiera en marcha la vida colonial y la construcción de los
primeros edificios públicos54. Los primeros colonos además de poner en pie
sus casas tuvieron que realizar trabajos obligatorios y comunales, las llamadas
munitiones, que afectaban a todos los colonos mayores de 14 años y menores
de 60 años. Gracias a estos trabajos comunales y obligatorios se construyeron
las primeras obras públicas de la ciudad. Evidentemente fue una prioridad la
construcción de acueductos para garantizar el abastecimiento y la llegada de
agua. Las cloacas, el recinto amurallado con su correspondiente foso, se habla
incluso de la posibilidad de un doble foso para la colonia emeritense55. El puente
que actuó como genitor urbis. La planificación de las primeras calles inicialmente
en tierra batida, con la delimitación inicial de los primeros pórticos, qué si bien
se desarrollarían más tarde, en la delimitación inicial seguro que se delimitaron
ocupando un papel funcional muy importante para dejar material del proceso
constructivo de las casas sin impedir el tránsito normal56, etc.
53
MATEOS CRUZ, P. “Arqueología de la tardoantiguedad en Mérida: estado de la cuestión”.
En Velázquez, A., Cerrillo, E., Mateos, P. (eds.). Los últimos romanos en Lusitania. 1995. (pp.
131). Mérida: Museo Nacional de Arte Romano.
54
SAQUETE CHAMIZO. J.C. “La fundación de Augusta Emerita”. En José María Alvarez
Martínez, António Carvalho, Carlos Fabiao (coord.). Lusitania Romana, origen de dos pueblos
= Lusitânia Romana, origem de dois povo. 2015. (pp. 122). Mérida: Gobierno de Extremadura,
Consejería de Educación y Cultura.
55
La posibilidad de que para Augusta Emerita exista un doble foso en el recinto amurallado la
planteó Alba Calzado en virtud de los hallazgos que actualmente se están llevando a cabo en las
diferentes excavaciones arqueológicas. Esta posibilidad la planteó el arqueólogo del Consorcio
de la Ciudad Monumental de Mérida en su conferencia titulada: Vestigios arqueológicos sobre el
origen de Augusta Emerita desarrollada en el Seminario Internacional. Consideraciones sobre la
fundación de Augusta Emerita. Celebrada en Mérida el pasado mes de diciembre del año 2017.
56
CORRALES ÁLVAREZ, A. La arquitectura doméstica de Augusta Emerita. 2014. (pp. 123).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 65
Finalmente se llevó a cabo la sortitio que consistía en la asignación por
sorteo de los lotes de tierra previamente centuriados por los agrimensores que
posiblemente fueran militares de las legiones con las que Carisio fundó Augusta
Emerita y que sirvieron a las órdenes de Carisio en el frente astur. Esta asignación
por sorteo, que para el caso emeritense se realizó en lotes desiguales por gradu-
ación militar, se llevaría a cabo por decurias, que eran grupos de diez personas.
Cada decuria extraía al azar un lote, luego ese lote asignado a la decuria se
repartía de nuevo por sorteo para que cada miembro obtuviera su lote personal57.
En función de las referencias realizadas por agrónomos como Agennio
Urbico (Thulin, 1913, 44, 5), las primeras asignaciones serían las de las zonas
periféricas, para ir posteriormente hacia las zonas de interior del territorio emer-
itense. Por lo tanto, el reparto se realizó desde fuera hacia adentro, situando a
los primeros veteranos en los límites y muy pocos alrededor de la colonia y del
río. El territorio a repartir era muy amplio y por eso el tamaño de las centurias
emeritense que se asignaron a cada colono también lo fueron. Higino Gromático
(De limitibus constituendis. 170, 17 ss - 171, 1-3) menciona el tamaño de las
centurias emeritenses que debido a la extensión del territorio se realizaron con
un módulo de 40x20 actus, que significarían una superficie de 400 iugeras, lo
cual significaba el doble del tamaño normal de los módulos que generalmente
eran de 200 iugeras. Este aspecto le daba a la colonia un carácter extraordinario
y por eso es la única colonia de Hispania que aparece mencionada en el Corpus
Agrimensorum58. Este proceso de centuariación, sabemos por Agennio Urbico
(Thulin, 1913, 44, 5), que se desarrolló tanto al norte como al sur del río Ana,
aunque a día de hoy solo la centuriación del sur puede ser rastreada. Esta cen-
turiación al sur del Guadiana se estructura y organiza entre los ríos Matachel
y Guadajira que serían los límites este y oeste del parcelario, la sierra de San
Serván como el límite norte y la zona de los Santos de Maimona como límite sur.59
Ya sabemos los criterios que utilizó Carisio para elegir la ubicación de la
colonia e incluso cómo llevó a cabo el proceso de fundación. Pero, ¿qué tipo
de colonos llegaron con Carisio y se asentaron en la recién fundada Augusta
Emerita?. Ya se ha dicho algo de ellos anteriormente, eméritos que sirvieron gran
parte de su militar a las órdenes de Marco Antonio y lucharon contra Augusto y
Tesis doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura.
57
CABALLOS RUFINO, A. El nuevo bronce de Osuna y la política colonizadora romana. 2006.
(pp. 370), Sevilla: Secretariado de publicaciones de la Universidad de Sevilla.
58
LÓPEZ, P. La economía política de los romanos. La ciudad ideal 1. El territorio. 1994. (pp. 103).
59
ARIÑO, E./GURT, J.M. “Catastros romanos en el entorno de Augusta Emerita. Fuentes literarias
y documentación arqueológica”. Studia historica. Historia antigua, Nº 10-11. 1992. (pp. 51-58).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
66 Enrique Antón Gil
vinieron “cabreados” a una colonia en la periferia. Unos legionarios que según
Dión Casio (LIV, 25, 1) ingresarían en la legión con unos 18-23 años, allá por el
año 41 a. C., y que llegarían a Augusta Emerita con unos 34-39 años tras unos
16 años de servicio. Unos legionarios que estuvieron luchando en el norte y que
tras la toma de Lancia y conseguir el objetivo de llegar a las costas cantábricas
en una rápida ofensiva por los cordales montañosos en el verano del año 25 a. C.,
en otoño o invierno se asentaron en la nueva colonia, que tuvieron que construir.
Además, en el momento de su fundación Emerita era una colonia más y sin ningún
tipo de atractivo, pues no se designará como capital de la nueva provincia de
la Lusitania hasta tiempo más tarde. Por lo tanto, se trataría de legionarios que
vendrían a Emerita resignados y decepcionados pero orgullosos de su pasado
militar y de formar parte de Roma. Y orgullosos de hacer una colonia y trasladar
el modelo campamental a la colonia y a su construcción. Un modelo campa-
mental, una estructura castrense que queda patente en la estructura urbana o en
la construcción de la muralla y su correspondiente foso, e incluso, doble foso.
En función de la reducida onomástica de la escasa epigrafía hallada en
granito y datada en época augustea y de la tipología de las primeras tumbas de
tradición itálica se puede llegar a la conclusión de que estos primeros legionarios
que asentó Carisio eran de procedencia itálica con una onomástica vinculada con
Italia central y del sur y Etruria, destacando una serie de nombres raros y poco
corrientes60. También se piensa que algunos de los legionarios fueron reclutados
en provincias orientales, Macedonia y Asia Menor61.
Uno de esos primeros eméritos que se establecieron con la deductio de
Carisio pudo ser Caius Voconio62 un militar de baja graduación por los elementos
decorativos hallados en la llamada tumba de los Voconios, ya que eran los propios
de un rango militar de nivel inferior al de centurión63. En ese espacio funerario
60
Respecto al origen geográfico de los primeros colonos tomamos como referencia al profesor
Edmonson y su conferencia titulada: La formación de una sociedad colonial en Augusta Emerita
desarrollada en el Seminario Internacional. Consideraciones sobre la fundación de Augusta
Emerita. Celebrada en Mérida el pasado mes de diciembre del año 2017. Ante el hecho de tratarse
de nombres raros y poco corrientes se le pregunta una posible relación con el establecimiento de
colonos que pudieran ser auxilia, planteamiento que Edmonson descartó categóricamente. Entre la
onomástica de estos primeros colonos destaca Orbius, zona de Campania. Murrius documentado
en Etruria. Ofilius y Tursidius procedente de Umbria o Baevius y Barbatius del sur de Italia
61
EDMONSON, J. Granite Funerary stelae from Augusta Emerita. 2007. (pp. 116-120). Mérida:
Museo Nacional de Arte Romano.
62
EDMONSON, J. “Conmemoración funeraria y relaciones familiares en Augusta Emerita”. En
J.G. Gorges, T. Nogales Basarrate (coords). Sociedad y cultura en la Lusitania romana: IV Mesa
Redonda Internacional. 2000. (pp. 300). Mérida: Editorial Regional de Extremadura.
63
BENDALA GALÁN, M. “Los llamados columbarios de Mérida”. Habis, 3. 1972 (pp. 240-245).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 67
aparece representada su mujer, lo cual da pie a poder indagar sobre estas prim-
eras mujeres que acompañaron a los primeros colonos. Es muy posible que las
primeras mujeres que se asentaron en la colonia no vinieran de Italia ya que se
descarta la posibilidad de que los colonos trajeran consigo a sus mujeres. Los
soldados romanos durante las campañas no se llevaban a sus mujeres, buscaban
mujeres locales como parejas sexuales, e incluso los funcionarios romanos garan-
tizaban prostitutas en forma de esclavas que eran llevadas a los campamentos64.
En función de la información epigráfica se plantea que estos colonos se trajeron
a mujeres indígenas de la zona del noroeste peninsular como esclavas o como
amantes y posteriormente, en algunos casos se casaron con ellas y las concedieron
la ciudadanía y en otros la manumisión. En definitiva, es posible que los primeros
legionarios viajaran hasta Emerita con estas esclavas y amantes indígenas desde
las campañas del norte y que algunas se convertirían en sus mujeres.
A algunos de estos primeros colonos que asentó Carisio se les puede poner
rostro, pues actualmente en el MNAR de Mérida existen toda una colección de
bustos-retratos masculinos datados algunos de ellos en época fundacional. Se trata
de retratos de personajes de una edad ya madura, de estilo cesariano y tardo-re-
publicano, con el pelo corto típico de los soldados romanos y caracterizados por
el gran realismo propio de las primeras producciones de la colonia emeritense.
Sin embargo, al que no le podemos poner rostro es a Carisio, ya que a día
de hoy no existe identificada ninguna imagen de suya. A pesar de ello, es muy
posible que existieran en la colonia algunas esculturas de este personaje, pues
fue el deductor de la colonia y el gobernador de la Ulterior en el momento de la
fundación. La profesora Nogales Basarrate65 plantea que como mínimo existieron
en Augusta Emerita dos estatuas de Publio Carisio. Una de ellas estaría en el
Foro Colonial. El argumento es el siguiente, el foro colonial de Mérida copia a
foro Augusto de Roma y por ello representa a los Summa Viri como reflejo de la
historia de Roma. De manera paralela se representaría también en el foro colonial
64
EDMONSON, J. “La presencia romana en el sur de la Lusitania en vísperas de la fundación de
Augusta Emerita”. En José María Alvarez Martínez, Pedro Mateos Cruz (coords.). Actas Congreso
Internacional 1910-2010: El Yacimiento Emeritense. 2011. (pp. 98). Mérida: Ayuntamiento de Mérida.
65
Se trata de una reflexión aportada por Trinidad Nogales Basarrate en la conferencia dada por
Julio Mangas Manjarrés titulada Publio Carisio y los orígenes de Augusta Emerita celebrada en
Mérida el 11 de enero del año 2018. La misma Trinidad Nogales Basarrate en una nueva ponencia
desarrollada el pasado jueves 21 de febrero del año 2019 celebrada en Mérida y titulada Los
colonos en Augusta Emerita. En esta conferencia comenta que el personaje al que se propone
como Carisio fue un personaje de una importancia destacada en los primeros momentos de la
colonia y habla de una posible función de patronazgo por la ubicación del busto cuando fue
encontrado en la zona del peristilo del teatro romano de Mérida, aunque deja abierta también la
posibilidad de que su ubicación en el peristilo del teatro sea fruto del azar.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
68 Enrique Antón Gil
de Mérida una serie de esculturas que mostrarían la historia de la colonia, y aquí
ya sabemos que Cariso jugó un papel determinante. Así, en el foro colonial se
representó a los Summa Viri de Roma y también a los Summa Viri de Emerita
y entre ellos lógicamente se encontraba Publio Carisio. La segunda estatua de
Publio Carisio la localiza en el frente escénico del teatro junto a Augusto y Agripa,
cerrando así el trío de personajes fundamentales en la fundación de la colonia.
A partir de este planteamiento de la profesora Nogales Basarrate, llama la
atención un busto retrato masculino hallado en las excavaciones del peristilo del
teatro y con las características propias de las esculturas de este período fundacional
(Imagen 10). Este busto es de un personaje de una importancia destacada en la
colonia pues aparece fuera de un contexto funerario, aunque bien es cierto que
pudiera haber llegado hasta el peristilo del teatro de manera fortuita. No se sabe la
identidad del personaje pues ha aparecido descontextualizado y sin ningún tipo de
inscripción, pero se trataría de un personaje con cierta influencia y relevancia en
los primeros momentos de la colonia. Es cierto que pudiera ser cualquiera de los
primeros colonos, pero también pudiera ser Publio Carisio. Sería un enorme golpe
de suerte, pero de la misma manera que pudiera ser cualquiera, también pudiera ser
Publio Carisio. Tenemos el aval de la cronología, el del estilo tardo-republicano,
el de la edad madura del personaje, el de la importancia del personaje y el hecho
de ser hallado en las proximidades del teatro donde la profesora Nogales Basarrate
localiza una imagen de Carisio junto a las de Augusto y Agripa.
Imagen 10. Busto de cronología augustea hallado en el peristilo del teatro. Museo Nacional de
Arte Romano de Mérida. Nº Inv. CE 07131.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 69
PUBLIO CARISIO. CONCLUSIONES.
En definitiva, ¿qué aporta este trabajo al conocimiento de Publio Carisio?.
Se apuntan varias conclusiones.
Nació en el seno de una gens influyente de onomástica rara que algunos
sitúan en Italia y otros en la Galia Transalpina en una fecha próxima al año 57
a. C. Su padre se llamaba Tito al igual que su hermano mayor, no siendo por lo
tanto el primogénito. Su hermano se estableció en Nimes como praetor de los
Volques Aerocómicos tras ejercer como III vir monetal en la Urbe en el año 46
a. C lo que muestra que Publio pertenecía a una gens con una cierta influencia en
la Roma del momento. Pero el hecho de que sea considerada como onomástica
rara indica que se trataría de unos homi novi que llegaron al rango senatorial
gracias a sus riquezas comerciales vinculadas con actividades en el Ródano.
No se sabe si se casó o no se casó o si tuvo o no tuvo hijos, pero es muy
posible que muriera poco tiempo después del año 22 a. C. tras finalizar sus
labores como gobernador de la Ulterior lo que indicaría una muerte prematura
posiblemente en la cuarta década de su vida. Dato que se argumenta por no
haber conseguido el consulado tras unas campañas militares victoriosas ni tener
ninguna constancia de que fuera elegido patrono por ninguna comunidad de la
provincia de la que era gobernador ni por la propia Augusta Emerita de la que
fue deductor.
Tampoco se conoce como era físicamente porque no existe ningún retrato
del personaje. No obstante, en este trabajo se plantea una posibilidad (Imagen,
10) a partir de un retrato hallado en el peristilo del teatro en función de su ubi-
cación, estilo y cronología.
En la Urbe inició su vida política muy vinculada al ejército, ingresando
desde muy joven como tribuno de la legión donde adquirió una experiencia y
conocimiento militar que le valió para que Augusto le delegará el mando del
ala izquierda de su flota en la batalla de Tauromenio en las guerras contra Sexto
Pompeyo en el año 36 a. C. Unas guerras en las que se supo ganar la confianza
de Augusto para que posteriormente le diera la responsabilidad del comandar
el frente astur con legiones como la V Alaudae y X Gemina que estuvieron al
servicio de Marco Antonio en la guerra civil. Y no solo eso, sino que además
fue el encargado de asentar a los eméritos de estas legiones en Augusta Emerita.
Carisio llegó a Hispania posiblemente a través de Olisipo en el año 27
a. C. para hacerse cargo del gobierno de su provincia hasta el año 22 a. C.
momento en el que acabó sus mandato y posiblemente abandonara Hispania
también por el mismo lugar que llegó, Olisipo. A pesar de que su gobierno vino
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
70 Enrique Antón Gil
determinado por la guerra contra los astures, también tuvo que hacer frente a sus
responsabilidades como gobernador entre las que sobresalía la administración
de justicia, el control del censo, la buena articulación de los límites territoriales,
el control de las cuentas públicas, etc, labores para las que contó con la ayuda
de su officium posiblemente compuesto por militares de sus legiones.
En las guerras astur-cántabras demostró ser un comandante competente y
a finales del verano del año 25 a. C. ya había conseguido los objetivos encomen-
dados por Augusto: controlar la zona cismontana y llegar a la costa cantábrica.
En estas guerras muestra también sus dotes como estratega ya que una de sus
principales preocupaciones hubo de ser la logística, garantizar el abastecimiento,
el alimento y sustento diario a unos 20.000 soldados, cerca de 2.100 mulas y
unos 360 caballos. 66
Publio Carsio desarrolló un sistema de calzadas de campañas adaptadas a
sus intereses y necesidades militares y de abastecimiento. Articuló y organizó la
zona astur cismontana y transmontana a través de tres vías de penetración que
66
Cada legionario consumía cerca de 2 kilogramos de comida diaria y a ello hay sumarle la
comida del ganado. Para 15-20 días de sustento garantizado serían necesario 270 toneladas de
alimento para cada legión RAMOS OLIVER, F/JIMÉNEZ MOYANO, F. “Estrategia y logística de
la conquista de la cornisa cantábrica, una operación previa a la campaña sobre la Gran Germania”.
En Jorge Camino Mayor, Eduardo Peralta Labarador y Jesús Francisco Torres Martínez (coords.).
Las guerras astur-cántabras. 2015. (305-322). Gijón: KRK Ediciones. RAMOS OLIVER, F. Las
guerras astur-cántabras (29-19 a. C.): estrategia y logística. Centro asturiano de Madrid. 22 de
marzo de 2.016. https://youtu.be 9dCoBR22IjA. (Consulta: 12 de diciembre de 2018). Cuando
se habla de alimento, nos referimos a trigo, cebada, avena, sal, carne, vino, aceites y mijo para el
ganado. Ahora, organiza todo esto: almacenamiento, transporte, escolta militar para el transporte,
mantenimiento, obras, infraestructuras, crea moneda para pagar a esos soldados, busca minas de
plata, traslada esa moneda, etc. ¿Cómo solucionó Carisio este problema?. Las fuentes clásicas
hablan de que Carisio recurrió al cereal de la Aquitania que era transportado por mar a través de
la flota establecida en el Cantábrico, una flota aquitana que según Floro (II, 33, 49) y Orosio (VI,
21, 4), pudo desplegarse a lo largo de toda la costa cantábrica para facilitar una maniobra en tenaza
y completar el avituallamiento del contingente terrestre SANTOS YANGUAS N.V. Augusto:
conquista y administración del territorio de Asturias. Studia Histórica. Historia Antigua, n.º 32.
2014, (pp. 158). Sin embargo, seguramente la mayor parte del abastecimiento y logística de las
tropas de Carisio se desarrolló desde la provincia Ulterior de la que era gobernador. Parece ser
que las funciones de logística las delegó en la legión VI Victrix y esta estableció como zona base
de recepción del abastecimiento en el campamento de Petavonium en Rosiño de Vidriales y desde
ahí se abastecería a los legionarios que se encontraban penetrando hacia el norte a través de toda
una serie de calzadas RAMOS OLIVER, F/JIMÉNEZ MOYANO, F. “Estrategia y logística de la
conquista de la cornisa cantábrica, una operación previa a la campaña sobre la Gran Germania”.
En Jorge Camino Mayor, Eduardo Peralta Labarador y Jesús Francisco Torres Martínez (coords.).
Las guerras astur-cántabras. 2015. (305-322). Gijón: KRK Ediciones. RAMOS OLIVER, F.
Las guerras astur-cántabras (29-19 a. C.): estrategia y logística. Centro asturiano de Madrid.
22 de marzo de 2.016. https://youtu.be 9dCoBR22IjA. (Consulta: 12 de diciembre de 2018)
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Publio Carisio. Deductor de la Colonia Augusta Emerita 71
llegaron a la costa y las comunicó con la Citerior y la Ulterior, desplazando
esta vía hacia el oeste a partir de la fundación de Augusta Emerita (Imagen, 3).
A Publio se le puede atribuir también la articulación en la zona del noroeste
peninsular de un incipiente sistema monetario que sustituyó al trueque imperante
en la zona. Carisio acuñó unas monedas para pagar a sus soldados y cubrir sus
necesidades militares, unas monedas que serán las primeras en Hispania que
llevaban grabado su nombre, y que de manera paulatina fueron llegaron a los
indígenas que fueron abandonando el trueque.
El carácter de Publio según las fuentes, Dión Casio (L IV, 5, 1-3), era
cruel y violento. Y ese carácter fue el que provocó una rebelión que le generó
una situación muy delicada en el año 22 a. C., que le puso “contra las cuerdas”
y le hizo pasar por un momento muy difícil, refugiándose en el campamento de
Currielos en la vía Carisia. Tan difícil fue la situación que se vio en la necesidad
de ser socorrido por C. Furnius, que era legatus de la provincia Hispania Citerior.
En su papel de deductor de la colonia Augusta Emerita, Carisio jugó un
papel muy destacado por ser el gobernador de la provincia en la que se estableció
la colonia. Fue uno de los principales artífices de la localización de la colonia
en una zona tan al sur del escenario bélico porque ya conocía la zona. En su
decisión pesaron varios motivos. Primero, porque era una zona con fácil acceso
a las corrientes de agua y al agua subterránea y donde además se facilitaba el
paso del río gracias al vado existente que ayudó a construir el puente. Segundo,
porque era una zona donde, dado la escasez de indígenas, abundaba la tierra
libre lo que significaba un asentamiento de colonos muy barato para Augusto.
Tercero, la existencia de canteras cercanas. Y finalmente porque desde Emérita
se controlaba una zona minera fundamental en la zona oeste de la Península
y servía como intermediario entre las minas de Riotinto y los legionarios que
estaban luchando en el norte.
Carisio además supervisó todo el proceso legal y administrativo de la
deductio, un proceso complejo y largo de casi tres años. Supervisó la adscriptio,
la deductio y la sortitio, centuriándose unas parcelas excesivamente grandes
para el caso de la colonia y pudiéndose observar restos de esa centuriación en
la zona del sur del Guadiana. En este proceso se generalizó una adjudicación
diferenciada entre los eméritos en función del rango militar y la elección a dedo
por parte de Carisio de los primeros magistrados de la colonia entre los centu-
riones deducidos. Vemos por lo tanto en esta actuación de Carisio el germen de
la jerarquización social y de la aparición de las élites en la colonia.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 77-97
Memorias de escasez y hambre: la postguerra
española en Extremadura vista por un antropólogo
David Conde Caballero
Universidad de Extremadura
[email protected] Resumen
El primero de abril de 1939 se puso fin a la Guerra Civil Española. Menos de
tres años fueron suficientes para inundar las calles de rencor y heridas sangrantes.
Aún así, lo peor estaba por llegar. Para muchos, el libro de los acontecimientos tan
solo estaba abierto por la mitad. En aquella España los vencedores se apresuraron
a imponer una particular política económica conocida con el nombre de autarquía.
Los resultados fueron demoledores y pronto, tras la llegada del racionamiento,
una buena parte del país se sumió en la más absoluta de las pobrezas y hambre.
Adentrarme en los recuerdos de las personas que vivieron aquella expe-
riencia en el contexto de Extremadura ha sido el objetivo principal de esta inves-
tigación. Evidencias empíricas que he abordado desde la particular óptica del
etnógrafo especializado en cuestiones de alimentación, no habiéndome interesado
únicamente por dar voz a los afligidos, sino que, además, desde el enfoque de la
cultura, he tratado de descifrar las experiencias humanas y las representaciones
culturalmente construidas alrededor de una de las experiencias más aterradoras
que se pueden vivir, el hambre; y en este caso, el hambre en la postguerra.
Palabras clave: Hambre; Extremadura; postguerra; memoria; antropología; cultura.
Abstract
The Spanish Civil War ended on the first of April 1939. Less than three
years were enough to flood the streets with rancor and bleeding wounds. Still, the
worst was yet to come. For many people, the book of events was only half open.
In that Spain the victors rushed to impose a particular economic politic known as
autarchy. The results were devastating and soon, after the arrival of rationing, a
good part of the country was plunged into the most absolute poverty and hunger.
The main objective of this research has been to delve into the memories of the
people who lived that experience in the context of Extremadura. Empirical evidence
that I have approached from the particular point of view of the ethnographer special-
ized in food issues, not having been interested only in giving voice to the afflicted, but
also, from the perspective of culture, I have tried to decipher human experiences and
culturally constructed representations around one of the most terrifying experiences
that can be lived, hunger; and in this case, hunger in the postwar period.
Keywords: Hunger; Extremadura; postwar; memory; anthropology; culture.
78 David Conde Caballero
El primero de abril de 1939 Franco firmó en Burgos un documento con el
que se pondría fin a la Guerra Civil española. Un punto final que, sin embargo,
muy pronto se convertiría en una hilera de puntos suspensivos para cientos
de miles de familias, que, de repente, cuando pensaban que lo peor ya había
pasado, se vieron devorados por un clima de recelos, delaciones, sospechas y
enfrentamientos a los que se vendrían a sumar dos enemigos si cabe aún más
atroces: el hambre y la pobreza.
Aquellos duros tiempos posbélicos han sido muy bien abordados desde
el prisma de la historia en todas sus vertientes, con un reciente desplazamiento
desde la historia política a la historia social. También es posible encontrar
disertaciones al respecto desde ciencias tan variadas como lo son la economía,
la antropometría, el periodismo, las ciencias políticas, la antropología física,
los estudios de género o incluso la medicina, por citar solo algunos de ellas.
Sin embargo, extrañamente otras ciencias han permanecido alejadas a aquellos
tiempos y aquellas circunstancias. De entre todas, las ciencias sociales en general
y la antropología en particular son las grandes señaladas, al mostrar durante
muchos años una suerte de atonía cuando de aproximarse a las experiencias, a
las significaciones, a los comportamientos y a las representaciones generadas
en torno a este periodo de tiempo se trataba. Una época que por alguna razón
parece haberse desvanecido en el particular universo de los científicos sociales,
como si los antropólogos hubieran sentido un cierto menosprecio por aquellos
relatos venidos desde la postguerra, de manera que semejante ceguera disciplinar
ha generado una auténtica deuda pendiente con unos años y unas circunstancias
que piden a gritos un análisis que se de también desde la cultura1.
Es por ello por lo que las líneas que siguen aspiran a contribuir desde la
modestia a llenar una parte de esos vacíos, al menos en el particular contexto
de la región de Extremadura. Para lograrlo, he tratado de adentrarme en lo que
allí ocurrió a través de una investigación etnográfica cuya base ha sido la de
escuchar para recuperar experiencias y trabajar aquello que trabajan los antropó-
1
Las aportaciones desde la cultura que se pueden encontrar en la literatura existente se reducen
a algunos pocos e interesantes escritos de González de Turmo (1995; 2002) en Andalucía.
Gracia, que se centró en la potencia culinaria y simbólica de la carne en tiempos de postguerra
(2002). O López García (2005), en prácticamente la única incursión realizada en este sentido
en Extremadura. Es posible citar también los esfuerzos de Espeitx y Cáceres (2010) para el
contexto de la ciudad de Barcelona; Barranquero y Prieto (2003) para el contexto de la provincia
de Málaga, al igual que Badillo, Ramos y Ponte (1991); Pérez González (2004) para la provincia
de Cádiz; o la Tesis Doctoral de Palomo (2008) para el caso de Huelva; y, sobre todo, Alicia
Guidonet (2007; 2008; 2010), que ha sido la autora que mayores esfuerzos ha puesto en una
abordaje de la cuestión desde este particular prisma.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Memorias de escasez y hambre: la postguerra española 79
en Extremadura vista por un antropólogo
logos, es decir, los correlatos y los modos de representación. Escarbando entre
los pliegues de la memoria, se podría decir, me he acercado a la comida de una
época y, a través de la “voz de los alimentos”, que diría Hauck-Lawson (2004),
he tratado de entender la forma en la que han llegado hasta nosotros aquellos
tiempos duros y aquella sociedad de postguerra y hambre. Hubo hambre en la
Extremadura y en la España de postguerra y, sin duda, merece ser recordada,
interpretada, aprendida y explicada con todo lujo de detalles, también desde esa
particular visión que son capaces de aportar los etnógrafos.
ALGUNAS PINCELADAS METODOLÓGICAS.
La investigación que aquí presento, siempre desde una perspectiva
netamente etnográfica, se ha sustentado en un trabajo de más de cinco años
de duración dentro de un proyecto de Tesis Doctoral (Conde Caballero, 2018c).
Un trabajo de campo que se ha basado sobre todo en fuentes orales, para lo
que he entrevistado a un total de 61 informantes que vivieron los tiempos de
postguerra en primera persona, de las que 40 fueron mujeres y 21 hombres; 39
vivían en la provincia de Cáceres por aquellos entonces y 22 de ellos lo hacían
en la provincia Badajoz.
Además, también he tratado de atender a las recomendaciones de un buen
número de autores que, como Thompson (1988) o Fraser (1990), han hecho a
cerca de combinar la memoria oral con otro tipo de investigación de archivos
y/o consulta de periódicos locales2.
Como es lógico, ésta ha sido una etnografía que ha tenido que trabajar
codo con codo con la historia, siempre desde el convencimiento de que es
posible hacer trabajo de campo etnográfico sobre tiempos pasados si uno es
consciente de la evidencia de que estamos accediendo a él desde el presente,
algo que por muy tautológico que parezca no siempre se contempla. Por ello,
la investigación que he llevado a cabo podría ser definida grosso modo como
una suerte de “historia antropológica”, puesto que ha sido un ejercicio en el
2
Para mi caso, he llevado a cabo una intensa búsqueda en distintos archivos tales como el
Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares (AGA), el Archivo Municipal de
Cáceres (AHMC), el Archivo Provincial de Cáceres (AHPC), el Archivo de la Diputación de
Cáceres (AHDC) o el Archivo Histórico Provincial de Badajoz (AHPB), a lo que se unieron las
consultas on-line en Instituciones como la Rockefeller Foundation de la ciudad de Nueva York
o el National Archives de Londres. Junto a ello, realicé pesquisas en los formatos digitales de
la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, la
Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España y la Hemeroteca digital del Diario ABC,
a lo que hay que sumar la ingente cantidad de horas que pasé buceando en la Hemeroteca de El
periódico Extremadura, Diario Católico que se encuentra disponible íntegramente en el AHMC.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
80 David Conde Caballero
que obligatoriamente han tenido que confluir la historia y la antropología,
algo que es perfectamente factible, esa es mi opinión, porque el estudio de un
acontecimiento pasado no puede circunscribirse únicamente al hecho histórico
en sí, sino que además también hay que ser conscientes de que lleva implícito
un hecho social y cultural, y de que éste debe ser necesariamente abordado por
la particular mirada que solo son capaces de aportar los científicos sociales.
No obstante, a pesar de esta continúa confluencia entre las dos disciplinas,
antropología e historia tienen perfectamente delimitado su espacio de trabajo,
algo que también ha quedado ciertamente subrayado en esta investigación. Por
tanto, más allá de la necesaria labor que he realizado con fuentes historiográficas
y archivísticas, este es un texto cuyo abordaje se ha realizado principalmente
desde la antropología, por lo que su valor no radica tanto en el trabajo de buceo
histórico, sino más bien en haber tratado de dar preferencia a las experiencias
personales y a las emociones contenidas en torno al sufrimiento, indagando en
cómo las personas han asignado significados en el presente para generar modos
de representación a través de sus propios procesos de interpretación.
Sin duda, merece ser subrayada aquí la particularidad metodológica que
ha supuesto el hecho de haberme adentrado en los enrevesados pliegues de una
memoria que en muchas ocasiones ha supuesto un laberinto que ha acabado
dibujando trazos de renglones un tanto torcidos. No obstante, estoy convencido
de que los fallos y deformaciones de la memoria, su selectividad y su capacidad
para el olvido, no tienen porque ser entendidos como un problema metodológico
en sí, y sí más bien como una particularidad inherente a un campo de trabajo
distinto que no ha pretendido en ningún momento aspirar a la objetividad po-
sitivista. Por ello, esta es una investigación en la que he acabado asumiendo el
hecho de que lo que realmente debía esperar de mis informantes era recoger el
valor que aporta la subjetividad, las experiencias y las significaciones de sus
relatos, aceptando que las reinterpretaciones que se puedan dar, lejos de ser
“sesgos”, deben ser entendidas como la marca misma de la cultura, puesto que
los procesos de reconstrucción de los recuerdos no son individuales, sino que
más bien lo que son es construcciones sociales y culturales.
TIEMPOS DE POBREZA. EL CONTEXTO SOCIOECONÓMICO
AUTÁRQUICO.
Un repaso por la literatura histórica pone de relieve con meridiana claridad
los procesos de imposición de la perspectiva de los vencedores que se pusieron en
marcha en la inmediata postguerra, no solo en lo social y político, sino también
en lo económico. La estrategia financiera del nuevo régimen se desarrollaría
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Memorias de escasez y hambre: la postguerra española 81
en Extremadura vista por un antropólogo
entonces ad hoc y centrada casi en exclusiva en las decisiones tomadas por Fran-
co. Lo que se imponía era siempre su voluntad política-dictatorial por encima
de cualquier sugerencia, documento u opinión fundada que pudiera recibir,
conformando con ello una política económica personalista que fue conocida
con el nombre de autarquía, y que básicamente se sustentaba sobre dos pilares
esenciales: una pretendida independencia económica y la autoridad absoluta3.
Para España, por aquel entonces un país atrasado, con un mercado inte-
rior pobre, subdesarrollada científica y tecnológicamente, con un alto nivel de
analfabetismo, mal dotado de productos energéticos, con un presupuesto raquí-
tico, con una fiscalidad ineficiente y lastrado por el fraude… aquella forma de
entender la economía no fue más que un suicidio4. Un disparate que determinó
que la renta de los españoles cayera un 23% respecto de la que había antes de la
guerra, presentando sus peores datos macroeconómicos de todo el siglo XX y
convirtiéndose en uno de los Estados más pobres y subdesarrollados del contexto
europeo. Un suicidio que determinó un descenso de la calidad de vida tal que
llegó a situarse muy por debajo de la de los niveles previos a la contienda, favo-
reciendo la aparición de una pobreza extrema, de una miseria generalizada, de
carencias y de hambre; sobre todo de mucha hambre en una buena parte de los
ciudadanos que se vieron obligados a vivir bajo una economía de subsistencia
(Di Febo y Santos, 2005, p.42; Rodríguez Barreira, 2011, p.6; Martí, 1995, p.3;
Eiroa, 1995, p.104; Del Cura y Huertas, 2007, p.72; Moradiellos, 2000, p.114;
Cabañete y Martínez, 2013, p.6; Del Arco, 2006).
En esa trama de empobrecimiento se presentaron las “cartillas de raciona-
mento”5. Una suerte de talonario formado por una serie de cupones -llamados de
3
Aún así, ésta tampoco era una forma de entender la economía del todo novedosa, puesto que
en esencia encontraba su inspiración en las ideas económicas de Benito Mussolini (Tamames,
2005, p.17) y la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler (Cazorla, 2015).
4
Como una gran parte de los estudiosos de la economía han demostrado, ni las secuelas de
la Guerra Civil, ni el acoso internacional provocado por el aislamiento, ni la incorporación a
la economía nacional de la zona republicana, ni tan siquiera la tan “pertinaz” sequía fueron
motivos suficientes como para justificar la catástrofe económica que llegaría a asolar a
España en la década de los cuarenta. Fue la autarquía, según los más reputados historiadores
económicos, la verdadera causa de la situación que se legaría a vivir (Barciela, López,
Melgarejo y Miranda (2001); Barciela y López (2003; 2014); Delgado (2000); Cazorla (2015);
Carreras (1989); Payne (1987) o Moradiellos (2000)).
5
El 14 de mayo de 1939 se instauró en todo el país el sistema de racionamiento de artículos
de primera necesidad por parte de la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes
(CGAT). Un organismo que, creado por Ley de 10 de marzo de 1939 y Decreto de 28 de abril
del mismo año, que se encargó de la regulación, el control del abastecimiento y el racionamiento
de artículos de primera necesidad en todo el país.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
82 David Conde Caballero
manera coloquial “sellos”- ante cuyo corte y entrega se presuponía el despacho
de unas raciones tipo que habían sido fijadas por Decreto de 28 de junio de 19396,
y a través de las cuales el régimen aspiraba a mitigar las escaseces garantizando
los bienes básicos de consumo a la población. Sin embargo, lo pensado como
solución no hizo más que ensanchar el problema dada la incapacidad guber-
namental para garantizar los suministros mínimos que debían entregarse. Tal
fue la cuestión que la “cartilla de racionamiento” llegó a convertirse de alguna
manera en la representación material de todo un país asediado por la falta de
alimentos y el hambre.
Para el caso concreto de la región de Extremadura, a todo lo anterior
había que sumar una precariedad añadida que hundía sus explicaciones en raí-
ces históricas. De este modo, si bien durante la Guerra Civil los daños fueron
limitados en comparación con otros lugares por su condición de ocupada
desde el principio, las consecuencias de la crisis provocada por la política
económica de Franco fueron, si cabe, mayores que en el resto del país
(Linares y Parejo, 2013). Un hecho que llevó al desastre a un importante
número de extremeños, contribuyendo además a aumentar las desigualdades
entre el campo y la ciudad; entre ricos y pobres7. Una situación que quedó bien
recogida en el testimonio de Antonia, vecina por aquel entonces de la localidad
pacense de Campanario (Badajoz):
“Había muchos jornaleros por estas tierras y el capital estaba muy mal
repartido. Lo tenían entre ocho o diez familias y los demás pues... los demás
pues a pasar hambre porque daban mu pocos jornales y encima cuando los daban
pagaban una miseria. Entonces el problema era que no había dinero, ese era el
problema… porque la mayor parte del tiempo se pasaba y no había trabajo, ni
había nada […] Mi padre trabaja en el campo a lo que salía… porque no traba-
jaban todos los días… había jornalitos y les daban de vez en cuando jornales.
Y cuando el tiempo que no trabajaban pues a base de prestao… a ver quién le
prestaba alguna cosa […] Y por eso nuestra vida ha sio mu mala, mire usted,
porque estábamos mu mal, no teníamos de nada porque mi padre tenía seis hijos y
ganaban mu poco, y estábamos mu mal, y luego vino el año del hambre… Usted
6
BOE n.º 182 de 1 del 7 de 1939. Ministerio de Industria y Comercio: Decreto de 28 de junio
de 1939.
7
Si por algo se caracterizaba la sociedad extremeña de la época era por estar atravesada por
líneas divisorias impermeables. Terminada la guerra la nota general era la desigualdad, por
lo que junto a los grandes latifundistas que conformaban el estamento más elitista de una
sociedad en la que hacían y deshacían a su antojo, se encontraban los campesinos, quienes
encarnaban el prototipo de la extrema pobreza extremeña en un contexto en el que casi dos
terceras partes de los activos de la época en la región se dedicaba a la realización de labores
agrícolas y ganaderas (García Pérez, 2015, p.134).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Memorias de escasez y hambre: la postguerra española 83
en Extremadura vista por un antropólogo
no sabe el hambre que pasamos por estas tierras, sin pan y sin ná, más lo que
nos quería dar la gente porque mi padre ganaba mu poco, ganaba mu poco…”8.
MEMORIA, VIVENCIAS Y RESISTENCIA.
En medio de semejante pobreza, a medida que la postguerra y las
políticas autárquicas fueron avanzando, el universo culinario anterior a la
guerra de la mayor parte de los extremeños se fue reduciendo a poco más
que un mendrugo acompañado por un puñado de legumbres, regadas por una
mínima cantidad de aceite, si era posible, alguna sopa o “guiso lavado”, un
excepcional consumo de productos cárnicos que se reservaba, si es que se
podía, para los momentos festivos, y un muy limitado consumo de frutas y
verduras. Poco a poco fue desapareciendo todo lo que anteriormente había
configurado platos y servía para la comensalidad, de modo que muchas
personas se vieron empujadas a caminar por el abismo de los límites. Pobres
abocados a la desesperación del que no tiene nada para comer, donde las
preocupaciones las marcaba la búsqueda por encontrar algo que llevarse
a la boca.
La comida y sobre todo su escasez se erigieron entonces como determi-
nantes actitudinales de primer orden. Ante aquella situación, la respuesta de
una buena parte de los extremeños vino en forma de una extraordinaria mul-
tiplicación de “estrategias” –tanto mayor la respuesta a mayor la penuria- de
adaptación frente a las escaseces y el hambre, a través de lo que algunos autores
han denominado como “armas de los débiles”9. Todo un conjunto de maniobras
de resistencia cotidiana que variaron en diferentes momentos o circunstancias
condicionadas por los imaginarios y las nociones morales en liza (Rodríguez
Barreira, 2011, p. 19; 2013, p. 151-158) y que, en tiempos de convulsión, de
odio, de imposiciones y de divisiones, es muy probable que se comportaran
como auténticos estabilizadores sociales. La mayor parte de aquellas personas,
se podría decir, respondieron con una batería de “medidas urgentes” (Thompson,
1971), de “retóricas” o “resistencias culturales”10, que las llamaría Carrithers
8
Testimonio de Antonia (Campanario, Badajoz).
9
El concepto de “armas de los débiles” ha sido acuñado por Rodríguez Barreira (2011; 2012;
2013), a partir del original de James C. Scott (2003; 2008) de “weapons of the weak”, y es de
utilidad en este caso para poner énfasis en la lucha cotidiana de una buena parte de la población
extremeña ante el hambre.
10
La cultura aparecería aqui como oportunidad, un hecho que sin duda merece de cierta
reflexión, puesto que al menos en principio iría en contra de una de las afirmaciones más
repetidas en la antropología de la alimentación desde los tiempos de Holmberg ([1950] 1969),
cuando afirmaba que ante la llegada del hambre era inevitable que la naturaleza sobrepase a
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
84 David Conde Caballero
(2009, p. 6) -si el enfoque es el de un etnógrafo-, que se multiplicaron en una
circunstancia límite y cuyo objetivo no fue otro que el de luchar contra la acu-
ciante necesidad de saciar el apetito.
En este terreno de complejas respuestas, el estraperlo y el “mercado
negro” se alzaron como el más importante de los fenómenos sociales al que se
vio abocada una buena parte de la población empujada por la crítica miseria
cotidiana los que más; pero también por las ansías de enriquecerse los que
menos. Ya fuera como suministradores, como consumidores, o ya fuera como
intermediarios, el caso es que casi todo el mundo acabó participando en la post-
guerra extremeña de una suerte de economía informal “adaptada a un sistema
de subterfugios” -que indica Delgado (2000, p. 162)-, regida por sus propias
leyes que se deslizaban al margen de la legalidad para crear toda una estructura
paralela de aprovisionamiento (Medina García, 2003, p .115) favorecida por la
cercanía de Portugal.
Junto al “mercado negro”, es posible hacer referencia también aquello
que algunos autores han llamado como “mercado gris” (Rodríguez Barreira,
2013, p. 170). Un recurso de acopio en forma de trueque que en esta ocasión
llegaba desde lo más profundo de la ruralidad extremeña y que en ciertos mo-
mentos llegó a cobrar en la región una transcendencia inusitada. Algo que en
cierto modo supuso una ventaja decisiva para enfrentarse a la precaria situación
de la época frente a otros lugares de la geografía española donde este tipo de
estrategia no fue tan habitual.
También fuera de la Ley, como los dos casos anteriores, se encontraba
un fenómeno que fue fiel reflejo de hasta qué punto surgieron fricciones en una
sociedad en la que las desigualdades hacían que a duras penas pudieran convi-
vir el derecho a la propiedad con el derecho fundamental a la vida. Me refiero
aquí a los pequeños hurtos o robos que eran practicados por personas de muy
humilde condición a las que ni tan siquiera les quedaba el recurso de acudir a
otras posibilidades11.
La solidaridad como retórica también merece ser subrayada. Tal y como
la cultura. Lo que ocurrió en la postguerra fue justo lo contrario, en el sentido de que llegaron
nuevos ingenios en forma de una verdadera multiplicación de reacciones.
11
Para hacernos una idea de la dimesión que llegó a alcanzar la cuestión, Sánchez Marroyo (2015,
p. 59; 2003, p. 629), uno de los autores que más ha estudiado la cuestión, indica sobre la base
de los datos extraídos de las sentencias ejecutadas en la Audiencia Provincial de Cáceres, cómo
los delitos contra la propiedad supusieron en la década de los cuarenta el 46% de los juzgados
en total; llegando inclusive a un escandaloso 70% en el año 1942, donde se tomaba parte en los
delitos cometidos en 1941 -uno de los años en los que las carencias de alimentos fueron mayores-.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Memorias de escasez y hambre: la postguerra española 85
en Extremadura vista por un antropólogo
he abordado en otros lugares (Conde Caballero, 2018a; 2018b), se podría decir
que se trató de una estrategia dinámica determinada por la variabilidad de las
circunstancias individuales y familiares puestas en liza. No se podría, por tanto,
hablar de una uniformidad de comportamientos o de una estrategia o respuesta
cultural generalizada, y sí más bien de una retórica ciertamente dinámica que
variaba en función de los entornos de hambre y de la disponibilidad de alimen-
tos. Una serie lineal de adaptaciones al estrés que determinaría que, mientras
que para algunos la solidaridad fue una elección, para otros muchos fue una
verdadera estrategia o retórica cultural que se vendría a sumar a las que vengo
describiendo.
La comida -pero también su ausencia- constituyen ámbitos de signifi-
cados sociales centrales que deben ser resueltos, y en la postguerra no pudo
ser de otra manera. Por ello, junto a las estrategias que incluyeron la lucha
por la adquisición de alimentos desde una perspectiva más material que ya he
descrito, también hay que hablar de aquellas otras que buscaban reparar las
ausencias en el ámbito de lo simbólico a través de eso que Goody (1995) ha
denominado como “cocina del hambre”, demostrando una vez más la posibi-
lidad que tienen los agentes sociales de dar respuestas subjetivas a situaciones
objetivas (Godinho, 2018).
La elección continúa de la cuchara, por muy parco de contenidos que estos
platos fueran, puede ser un buen ejemplo de lo que aquí estoy tratando de decir.
Así, con lo poco que se podía conseguir se trataba de utilizar la cultura y los
preceptos simbólicos para que las comidas “llenaran” o “saciaran” en lo material
todo lo posible, pero que también lo hicieran en un plano ideológico. Mismo
razonamiento que perseguían otras estrategias como por ejemplo la inventiva o
los recursos imaginativos. Llevarse algo a la boca se convirtió de esta manera en
un ejercicio que precisó de unas dotes de imaginación que por aquellos tiempos
encontró un amplio campo para expresarse (González de Turmo, 2002; Abella,
2008). Así, en la postguerra se hicieron verdaderos esfuerzos por darle a los
alimentos disponibles el aspecto y el lugar de aquellos que faltaban; todo con el
objetivo final de que permaneciera el significado cultural, para que continuaran
vivas todas sus propiedades simbólicas más allá de las puramente materiales.
La postguerra se convirtió de esa manera en el escenario perfecto para eso que
Fischler llamó en su momento toda una suerte de “bricolaje culinario” (1995,
p. 157), y que estaba destinado a reproducir lo mejor posible los platos y los
alimentos que se echaban en falta. Carmen, de Herrera del Duque (Badajoz), nos
aporta un testimonio que permite abordar lo que aquí estoy tratando de explicar:
“El pan de bellota pos lo triturabas bien y luego en una lata de estas de
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
86 David Conde Caballero
cinco kilos de las sardinas grandes antiguas pues lo llenaban, y lo ponían a la
lumbre hasta que se cociera y de ahí se comía. Se hacía un trocito cada día, pero
mu duro, una corteza como mu dura que poco tenía que ver con el pan del bueno,
pero es lo único que había…”12 .
Aún con todo, los rigores de un hambre que no daba tregua obligaron a
muchos a ir más allá. Llegaron a comerse alimentos que poco antes eran impen-
sables y que siempre son rechazados en tiempos de bonanzas. Alimentos a los
que Leach (1974) se refirió en su momento en términos de “conscientemente
tabuizados”, y que habitualmente son dejados al margen o son solo utilizados
para dar comer a los animales. Un tipo de cocina y pertrechos que, sin embargo,
en la postguerra entraron en juego a través de una plasticidad cultural capaz de
ensanchar los límites de las definiciones de lo que se considera comestible. La
renuncia consciente a una buena parte de las particularidades organolépticas de
aquello que se comía, es decir “hacer de tripas corazón”, fue un recurso cultural
que se tuvo que utilizar en este sentido. Para muchos, especialmente los más
necesitados, fue preciso toda una deconstrucción de las significaciones asociadas
a las propiedades de la comida tan importante que llegó a adquirir el corpus de
una nueva “arma” o “estrategia” de afrontamiento. Algo para lo que se sacrificó
la importancia de casi todas las sensaciones en aras de perpetuar el significado y
de mantener la posición de los alimentos en la estructura alimentaria (González
de Turmo, 2002, p. 304). El testimonio de Ángel clarifica bien esta cuestión:
“Cuando hay hambre no hay mucha delicadeza... uno se come lo que
sea porque sabe que no hay otra cosa que comé […] Yo mismo me he comido
a lo mejor algo que estaba cocido de cualquier manera, y que sabía a rayos, o
algo que era asqueroso. Pero a vé, era la comida que me daban y no había otra
cosa. Si no te comías eso te quedabas sin nada, asín que era mejor hacer de
tripas corazón…”13.
Ahora bien, en una sociedad tan marcada como era la extremeña, el ham-
bre tuvo, por supuesto, un importante gradiente social. No todos los cuerpos
sufrieron de igual forma el impacto de las escaseces, ni todos pudieron esgrimir
las mismas estrategias de supervivencia. El rescate de la memoria nos permite
adentrarnos también más allá de las fronteras culturales. Allan Holmberg sentaría
las bases de los enfoques que defienden la idea de que el hambre es indisoluble
del “adelgazamiento o pérdida cultural” ([1950] 1969), p.81). Caparrós (2004)
afirmó en su momento que somos más humanos cuanto más saciados estamos,
por lo que nos volveríamos más animales a medida que el hambre acecha. Rossi
12
Testimonio de Carmen (Herrara del Duque, Badajoz).
13
Testimonio de Ángel (Alcuéscar, Cáceres).
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Memorias de escasez y hambre: la postguerra española 87
en Extremadura vista por un antropólogo
(2013, p. 35) ha defendido igualmente que la presencia del hambre extrema se
vuelve una necesidad tan dramática que las costumbres se dejan de lado y uno
se precipita sobre la comida, devastando en ese proceso las normas sociales.
Esto incluye situaciones en que la solidaridad obligada se pierde -padres que
niegan la comida a sus hijos, guardándose la mejor parte de las raciones, es-
condiendo el pan para comerlo luego en soledad- o se amplían las fronteras de
lo comestible hasta lugares donde se pone en peligro la salud. Y La postguerra
en Extremadura fue sin duda también el escenario para este tipo de dramáticas
experiencias. Quienes caminaron por los espacios de aquella hambre lo hicieron,
como muestran los relatos, por plazas sombrías cuyo tránsito supuso alejarse de
lo humano para acercarse a lo animal. Solo así es posible explicar la forma de
comportarse de aquellos seres famélicos que, acuciados por el terrorífico puñal
de la necesidad, obraban más como reses embravecidas que como personas
racionales. Espacios donde la cultura ya no definía al hombre y donde sin ella el
hombre se convirtió en “bestia”, tal y como lo define alguna de mis informantes:
“Como las bestias, claro que sí, claro que sí. Comíamos lo que podíamos
como si fuéramos unas auténticas bestias. Había otras hierbas que se criaban
mucho cuando llovía porque en aquellos años estaban todos esos parrales llenos
de hierbas. Esas hierbas, el regajo, los aderones los comía mucha gente. Los
regajos en ensalá… porque eso se criaba mucho en los canchales. Ibas con una
tijera, le cortabas ná mas así porcima, y si tenías mucha hambre te los comías
tal cual […] Y los “aderones”. Eso es una hierba que nace en el sembrao. Pero a
esa la llamaban la lengua de pájaro. Porque son muy fininas. Luego las hay que
los llamaban “aderones moriscos”, que son más grandes. Que son una hojita así,
una hojita más grande. Y también comíamos muchos de esos… Y se echaba
mano de los algarrobos, comida que era para los animales, qué abriéndolos
les acaban las semillas qué puestas a remojo sustituían a las lentejas. Como si
fuéramos bestias. Eso es para el ganado, pero nos lo comíamos las personas del
hambre que pasábamos…”14.
REPRESENTACIONES DE UN HAMBRE QUE A MENUDO APA-
RECE EN LA PIEL DE LOS OTROS.
Pues bien, al bucear entre todas estas mareas de memoria que vengo
describiendo, es importante subrayar que no solo cobra trascendencia el rescate
de las vivencias, sino que, además, cuando uno trata de hacer lo que se supone
que deben hacer los antropólogos, es decir, pensar a cerca de los marcos de
significación y las representaciones mentales, hay que prestar también atención
a la construcción que los individuos han hecho de toda aquella experiencia en
14
Testimonios de Crescencia (Montehermoso, Cáceres).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
88 David Conde Caballero
el presente. No es la memoria ni mucho menos un contenedor vacuo en el que
se van almacenando unos recuerdos que permanecen invariables por el resto
de la vida; sino que más bien se trata de una caja llena de significaciones, de
sentidos y, sobre todo, de representaciones que se modifican en función de
aspectos culturales y experiencias vividas en el pasado más cercano y en el
presente, y que se muestra capaz de modificar los tiempos lejanos para llegar
incluso a recubrirlo de una verdad que no siempre es tal. Relacionado con esto,
trabajar con la memoria del hambre -desde un enfoque fenomenológico como
el que aquí he utilizado- me ha permitido adentrarme en un interesante debate
al comprobar como en muchas de las entrevistas emergía un hecho ciertamente
desconcertante: me encontré con muchos relatos que se esforzaban por subrayar
que esa hambre que vengo describiendo fue cosa de otros, nunca de uno mismo.
De este modo, un número muy elevado de informantes se referían a aque-
llos tiempos de postguerra a través de la representación de “escasez”, entendida
como un estado casi liminal, que ni era estar “saciado” ni era estar “hambrien-
to”: “se puede decir que estaba en el filo de la espada, ni hambre ni saciao del
todo…”, explica Mari Carmen15. Son muchos los relatos que comenzaban de
forma muy parecida: “nosotros no pasamos hambre, teníamos (...) pero hubo
mucha gente que la sufrió de veras. Pasamos mucha escasez, eso sí, pero no
pasamos hambre, eso fueron los más pobres, nosotros no...”16. Desde la recons-
trucción del presente se enfatiza por tanto la existencia de un hambre atroz a la
vez que de alguna manera se niega. El hambre, construida como un estigma,
aparece en muchas ocasiones por lo tanto en la piel exclusivamente de los otros:
“El hambre era para otros, yo en mi casa lo que hubo fue mucha escasez
de todo. Nos íbamos apañando con lo que podíamos, sacábamos la comida de
donde podíamos, pero vamos, yo hambre, hambre no he pasao...”17.
Sin embargo, frente a esto, otros muchos enfoques sí que han constatado
la extendida presencia del hambre. Por poner un ejemplo, estudios antropomé-
tricos18 (Linares y Parejo, 2013;2015, Linares y Valdivieso, 2013) utilizados para
15
Testimonio de Mari Carmen (Badajoz, Badajoz).
16
Testimonio de Celedonio (Castilblanco, Badajoz).
17
Testimonio de Jesús (Cáceres, Cáceres).
18
Estudios antropométricos que sostienen que la talla es un indicador del estado nutricional
y un excelente proxy del bienestar y la desigualdad y que, sin ahondar en cuestiones técnicas,
tratan de demostrar la falta de alimentos en la Extremadura de la época a partir de la estatura
de los quintos de algunas de las principales ciudades, agro-ciudades y pueblos de Extremadura.
Para ello, toman como base, entre otros, los datos aportados por las actas de reclutamiento,
desde el convencimiento de que el análisis de la talla arroja información sobre la dimensión
de las crisis alimentarias. Así, los autores a los que aquí me refiero han tratado de medir el
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Memorias de escasez y hambre: la postguerra española 89
en Extremadura vista por un antropólogo
evidenciar las condiciones de vida en la postguerra afirman, con rotundidad, la
certeza de grandes carencias alimenticias en la Extremadura de la época. Para
estos autores, “ni siquiera la cercanía a los recursos agrarios pudo paliar las
carencias” (2013, p. 31), afirmando cómo llegó a ser la población rural la que
más sufrió las consecuencias y penurias derivadas del conflicto y la postguerra
en forma de grandes privaciones alimentarias (Linares y Valdivieso, 2013).
En mi opinión, es imposible entender esta contradicción sin tener en
cuenta la capacidad de los aspectos simbólicos para “reconstruir” los hechos.
Algo que demasiado a menudo no se contempla en el análisis de los tiempos
pasados, y que en el caso que nos ocupa viene determinado fundamentalmente
por la presencia o ausencia del pan de trigo y su potencia simbólica para definir
la presencia o ausencia del hambre. Algunos alimentos tienen la capacidad para
centrar la atención y el enfoque como ningún otro puede hacerlo en un contexto
determinado (De Garine y De Garine, 1998). Alimentos que son muy nutritivos
en términos calóricos, es evidente, pero que sobre todo resultan densamente
culturales, a menudo revestidos de un cierto halo de semi-divinidad (Jelliffe,
1967, p. 279). Alimentos interiorizados hasta formar parte de un entramado
cultural propio a los que se le ha añadido una intensa carga afectiva, y que, por
lo tanto, resultan no solo nutritivos en términos biológicos, sino que además
también lo son en términos culturales, hasta el punto de que su falta conduce
de forma irremediable hacia una representación de hambre. Y es precisamente
esto lo que se deduce de los relatos respecto de la construcción de la “memoria
del hambre” en Extremadura con el paso del tiempo. Fue la ausencia total del
pan de trigo como alimento cultural básico y la imposibilidad de conseguirlo
la clave de bóveda sobre la que se construyó -y aún se sigue construyendo- esa
transcendental separación. Con pan, lo que se recuerda es “escasez” porque con
el paso del tiempo cierta saciedad simbólica ha pemitido “alimentar las mentes”;
sin él, independientemente de la presencia de otros alimentos en mayor o menor
cantidad, lo que se recuerda es una representación de esa hambre dura a la que
se refieren como “hambre de verdad”19:
contexto en el que crecieron los mozos nacidos a partir de 1920 a través de la medición de la
talla, lo que les permitiría captar el estado nutricional neto de esos individuos en la postguerra
(Linares y Valdivieso, 2013).
19
Nada nuevo, en cualquier caso, puesto que como indican López García y Mariano Juárez
(2006, p .218) todos los estudios que se han realizado histórica y transculturalmente acerca
del hambre vienen a determinar que es la ausencia de los alimentos culturalmente cargados
de valores, aquellos que se pueden llamar como alimentos “fetiche”, los que realmente quitan
el hambre y los que realmente generan las representaciones locales en torno al concepto de
hambre. El pan sería, para el caso de la postguerra, lo que el maíz para la experiencia de Mariano
Juárez (2013) y López García (2000), o lo que los frijoles para la brasileña de Scheper-Hughes
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90 David Conde Caballero
“Si no comías pan del blanco es como si no comieras. Ya podías comer
carne o lo que te diera la gana, que si no comías pan del bueno seguías teniendo
hambre igual. Usted no sabe el hambre que pasamos sin pan. Sin pan lo que
había era hambre, hambre del de verdad...”20.
DOS GRANDES BLOQUES DE CONCLUSIONES.
Dos grandes bloques de conclusiones -abordadas más ampliamente en
otros lugares (Conde Caballero, 2018)- podrían extraerse de esta investigación.
Por un lado, aquellas que podríamos llamar de un índole social y cultural; mien-
tras que del otro se situarían aquellas otras de un cariz más político.
En relación con los aspectos sociales y culturales, esos a los que el an-
tropólogo debe atender siempre, esta etnografía ha venido a confirmar el hecho
que supone la imposibilidad de mirar al hambre de forma “holística” si ello
no se hace también desde el análisis que es capaz de aportar la antropología,
sobre todo porque, como dijo Barthes (2006), sus unidades de análisis son muy
distintas de las utilizadas por el resto.
De este modo, si algo ha quedado claro en esta etnografía ha sido que
la realidad del hambre y la construcción de su memoria no puede objetivarse
únicamente en censos alimentarios que entienden el hambre como una realidad
universal y fáctica que aparece en todos los cuerpos privados de alimentos por
igual. Sino que, muy al contrario, se inserta en transacciones simbólicas -el
significado del pan de trigo, por ejemplo- con aspectos materiales -el acceso al
mismo-. La comida y el comer, pero también su ausencia, es decir, el hambre,
podríamos sentenciar, se alzan entonces como universos extraordinariamente
complejos que van mucho más allá de encontrar algo que simplemente llevarse
a la boca, y que, por ello, su análisis precisa de un dialogo que siempre se debe
dar entre variados frentes.
Sobre esta base, mi trabajo viene a reclamar que uno de esos frentes en la
reconstrucción de la “memoria del hambre” debe ser siempre la mirada de los
antropólogos, puesto que solo a través de ella podemos percatarnos de la forma
en la que se puede llegar a tensionar el concepto de hambre. O comprender las
respuestas que en la postguerra buscaban luchar contra las perdidas de alimentos en el
([1992]1997). Se trataría de la comida por excelencia, de ese alimento cuyas propiedades
materiales, pero también simbólicas e identitarias, permiten satisfacer y nutrir. El resto de
los alimentos, pueden llenar ese agujero que se forma en el estómago (Ibid., p, 160), pero no
el que se da en la mente.
20
Testimonio de Ángel (Alcuéscar, Cáceres).
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en Extremadura vista por un antropólogo
sentido material, pero que también lo hacían contra las pérdidas de los valores culturales.
Y solo desde esta forma de ver las cosas es cuando resulta posible entender esa cierta
negación del hambre a la que anteriormente me he referido, y que de no ser mirado con
este enfoque podría llevar a más de un equivoco cuando nos acercamos a aquellos tiempos
y aquellas circunstancias. La experiencia del hambre, por concluir parafraseando a
Mariano Juárez y López García (2013), se enmarcaría por lo tanto dentro de unas
reglas culturales determinadas que ofrecen sentidos y significados particulares,
algo que sin duda también ha ocurrido en esta investigación a pesar del paso del
tiempo. En consecuencia, merece la pena subrayar que el tratamiento de la me-
moria del hambre de postguerra y su interpretación bajo el prisma de la cultura
resulta enormemente rica en unos matices que en gran parte aún se encuentran
por explorar, por lo que desde mi punto de vista la “memoria del hambre”, ya sea
en Extremadura o en otros lugares, es una memoria que aún está por construir.
Por otro lado, habría un segundo bloque de conclusiones. Me refiero a
aquellas otras que podríamos ubicar en un plano algo más político, por definirlo
de alguna manera. Creo que es imposible, al menos esa es mi opinión, que un
científico social especializado en temas de comida que se adentra en los tiempos
de postguerra no se pronuncie de algún modo en relación con las motivaciones de
las políticas franquistas, sobre todo cuando una buena parte de ellas estuvieron
estrechamente relacionadas con los alimentos y con su ausencia.
No parece descabellado en este sentido que tome parte para alinearme
con aquellos autores que, como Richards (1999) o Rodríguez Barreira (2011;
2012; 2013), han visto antes que yo en el hambre de postguerra una forma más
de esa represión y control social, a través de la que en mi opinión el régimen
pretendió controlar -al tiempo que esquilmar moralmente- a las capas menos
privilegiadas y probablemente menos afectas con su política21. Pocas cosas son
mejores para lograr el sometimiento total de un pueblo que algo tan primario
y absolutamente necesario para la vida como el alimento. Una afirmación que
es posible realizar a partir del análisis que he realizado del modo en que el ré-
gimen utilizó por ejemplo los comedores de “Auxilio Social” como centros de
adoctrinamiento, control, opresión y vigilancia; del análisis de la degradación
que suponían las diferencias entre los unos y los otros; de la falta de suminis-
tros de pan en la ruralidad habitada por jornaleros; de la humillación moral que
suponían la intensa legislación alrededor de la circulación de alimentos y de la
21
No obstante, parece pertinente apuntar que no es ésta una postura que goce de unanimidad.
El debate al respecto permanece abierto, de modo que es posible encontrar a autores como
Molinero y Peré (2003) para quienes la degradación de las condiciones de vida de buena parte
de la población no fue para nada un objetivo perseguido por parte del régimen.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
92 David Conde Caballero
matanza; del modo en que el régimen procuró toda una surte negación constante
de la humanidad de los más pobres a través de la estandarización controlada
de lo que se comía; o del oxímoron que suponía la “cartilla de racionamiento”
y sus cuotas nutricionales cuidadosamente calibradas que habrían tratado de
mantener a la población al borde del abismo, tal y como resulta posible deducir
de los relatos de Nicolasa o Bibiana: “Un bollo todos los días, muy pequeñito,
pero todos los días…”22; “las cosas muy contadas…”23.
Como afirman Badillo et al. (1991,) es muy probable que se pudiera
haber hecho mucho más de lo que se hizo, pero el régimen no tomó suficientes
medidas que disminuyeran el hambre o las epidemias, algo que contribuyó en
mi opinión a esa dominación y humillación moral que, a través de los alimentos
-y su falta-, y haciendo mías las palabras de Scott (2003), perseguía intimidar
a los “subordinados” para lograr su obediencia eficaz y permanente, al tiempo
de evitar cualquier tipo de atisbo de disenso contra el poder.
No obstante, queda para el debate y líneas futuras de investigación la cuestión
de si el régimen consiguió sus objetivos o por el contrario los efectos estuvieron
en las antípodas, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de respuestas en el
ámbito culinario que se generaron y las resistencias que se dieron en una buena
parta de la población.
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 99-124
La Fundaçión desta casa de Guadalupe
trobada, crónica en verso hacia 1521.1
Francisco Javier Grande Quejigo
Departamento de Filología Hispánica
de la Universidad de Extremadura
Resumen
El manuscrito IV.a.10 de la Biblioteca del Real Monasterio del Escorial
guarda desde el siglo XVI un curioso poema sobre la leyenda de Guadalupe que,
tras su publicación en la revista Guadalupe y en la edición que de la Crónica
de Guadalupe del Padre Écija hizo fray Arcángel Barrado, no ha sido objeto
de ningún análisis. En el presente artículo se estudia y analiza este poema gua-
dalupense redactado hacia 1521.
Palabras clave: Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Crónica de
Guadalupe, Leyenda de Guadalupe, Padre Écija, Crónica en verso
Abstract
The manuscript IV.a.10 of the Library of the Royal Monastery of El
Escorial preserves from the XVI century an interesting poem about the Leg-
ende of Guadalupe which, since its publication in Guadaluoe magazine and
the edition of the Chronicle of Guadalupe done by Brother Arcámgel Barrado
(originally written by father Écija), has not been the subject of analysis. This
will be the aim of the present paper.
Keywords:Royal Monastery of Santa María de Guadalupe, Chronicle of Gua-
dalupe, Legende of Guadalupe, Father Écija, Chronicle in verse.
1
Este Este trabajo se realiza dentro de las líneas de investigación del Grupo Barrantes-Moñino
(GRILEX) integrado en el Instituto Universitario de Investigación del Patrimonio (I-PAT)
de la Universidad de Extremadura. Una versión inicial de este artículo se presentó en las I
Jornadas Internacionales de Historia y Literatura en la comarca de Las Villuercas celebradas
en Logrosán en 2009, sin difusión posterior.
100 Francisco Javier Grande Quejigo
En los folios 6v-26r del manuscrito iv.A.10 de la biblioteca del Real
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se conserva un poema de 117 coplas
de arte mayor rubricado como Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada.
En su descripción, la crítica ha datado la obra entre 1490 y 15102. No obstante,
en línea con su editor fray Arcángel Barrado, hemos de retrasar su redacción,
al menos, a 15213. Ello es obligado por la referencia de la copla 62 que fecha
un acontecimiento en 1521:
Cómo el año 1521 se cobró el agua que se perdía.
En el año mil y cinco centenas
y más veinte y uno, se quiso perder
el agua ya dicha y sin parecer
se iba metiendo por unas colinas.
Dando Dios gracias atrapan las venas
y mucho cavando la traen a seguro
y hacen sus minas de muy fuerte muro,
porque así traída quitase de penas.4
Este hecho es la digresión sobre la construcción de la fuente realizada
por don Toribio de Mena (a finales del XIV) que es restaurada en 1521, según
relata la Crónica del Padre Écija en su capítulo IX:
Y después acá que es de religiosos, se han hecho en esto muchos gastos,
según la necesidad lo ha demandado y, así, después de muchos años, en el año
1521, siendo prior de este monasterio el muy reverendo padre fray Juan de Siruela,
2
Ha sido editado con el título “Fundación del monasterio de Guadalupe en verso latino y
castellano”, en Diego de Écija, Libro de la invención de esta imagen de Guadalupe, y de la
erección y fundación de este Monasterio..., Arcángel Barrado Manzano (Ed.), Publicaciones del
Departamento Provincial del Seminario de F.E.T. y de las J.O.N.S., Cáceres, 1953, págs. 373-414.
Su descripción puede verse en Philobiblon, BETA Manid 2665, Texid 2181. Da como fechas de
copia 1490-1500, según la descripción de Brian Dutton, Catálogo/índice de la poesía cancioneril
del siglo XV, Hispanic Seminary of Medieval Studies, Madison, 1982 (EM1) y 1500-1510 según
la de Julián Zarco Cuevas, Catálogo de los manuscritos castellanos de la Real Biblioteca de
El Escorial, Madrid-San Lorenzo del Escorial, 1924-29, vol. I, págs. 14-15. Consulta en red de
Philobiblon: http://sunsite.berkeley.edu/Philobiblon/phbusc.html [consulta mayo de 2019].
3
Aunque siempre anterior a 1535, fecha en la que, según fray Arcángel Barrado, fray Juan de Herrera
pudo redactar la Crónica de Guadalupe transcrita junto al Poema en el manuscrito escurialense.
4
Citamos por la edición del padre Barrado Manzano referida en nota 2.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 101
crónica en verso hacia 1521.
el agua de la dicha arca se hundió y se sumía junto por donde manaba, por unas
grandes colinas o vías que se había hecho la misma agua, junto con la cepa del
arca, pasando por debajo de ella, sumiéndose bien donde nacía, por espacio de
casi cinco estados; por tal manera no podía venir al monasterio y pueblo: así que,
de tres partes de agua que manaba, se perdían las dos o más, no pudiendo cogerse
en el arca, para que allí viniese al monasterio y pueblo, como solía, por sus caños.
Por lo cual estaban en mucha necesidad, a causa de las muchas huertas y
vergeles, que se secaban, por no se poder regar, y por la gran seca que el mismo
año hizo; mayormente en las partes de Andalucía, que llegó a valer una fanega
de trigo, en algunas partes de ella, 800 maravedíes, y aún a tres ducados. Pues
viendo esto el dicho padre prior, tomó consigo algunos frailes y oficiales albañiles
y fue allá; y Nuestra Señora, ayudándoles y mostrándoles por do habían de cavar,
en tal manera ahondaron y siguieron el agua, después de hallada por las minas
que ahora están hechas, que es muy notable edificio, que en cada ocho pies que
iban minando, se ganaba una cuarta de vara de medir de corriente.
De tal manera, que de cinco estados que se hundía, con la ayuda maravillosa
de Nuestra Señora, se ganaron dos varas de medir de corriente, más que antes
estaba. Así que ahora el agua no tiene aquel lugar de acocear, tornando atrás por
el caño que venía a los mismos manantiales, do nacía como antes. Y a la entrada
de las minas está puesta en la pared una gran plancha de metal, en que está es-
culpido en letra lo susodicho y otros avisos ad perpetuam rei memoriam. (p. 66)5
La sumaria inclusión en el Poema de la misma reconstrucción de 1521
relatada extensamente por el Padre Écija en su descripción de una fuente de
finales del XIV denuncia la directa utilización de la Crónica por parte del poeta,
por lo que su obra necesariamente ha de ser posterior.
La obra se inscribe dentro de las convenciones de la poesía cancioneril.
Estas tradiciones poéticas no eran extrañas a la Extremadura del XV6. Ya en el
Cancionero de Baena el propio monasterio estuvo representado por la Respuesta
de Alonso de Medina7. En la corte placentina de los Zúñiga, se documenta la
5
Como en el caso del Poema, la Crónica del Padre Écija la citamos por la edición del padre
Barrado Manzano reseñada en la nota 2.
6
Para el estudio y conocimiento de la literatura medieval extremeña sigue siendo la introducción
imprescindible la obra de Antonio Rodríguez Moñino, Historia literaria de Extremadura (Notas
para su estudio), Junta de Extremadura- El Periódico, Biblioteca de la Literatura Extremeña
y Universal, Badajoz, 2003 [edición original de fecha 1941-1950] y los trabajos de Fco. Javier
Grande Quejigo “Circuitos creativos de la literatura medieval en Extremadura”, en II Jornadas de
Historia Medieval de Extremadura: ponencias y comunicaciones, Julián Clemente Ramos y Juan
Luis De La Montaña Conchiña (Coords.), 2005, págs. 75-86; y “Bibliografía para el estudio de la
literatura medieval en Extremadura”, Revista de Estudios Extremeños, 60, 2004, págs. 983-1018.
7
Puede leerse en la excelente edición del Cancionero de Baena de Brian Dutton y Joaquín
González Cuenca, Visor Libros, Madrid, 1993. Sobre su contenido y valor en la historia literaria
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
102 Francisco Javier Grande Quejigo
obra poética de Evangelista, conservada en el Cancionero del British Museum
(LB1), la glosa a “La bella mal maridada” realizada por Diego de Jerez, deán
de la catedral de Plasencia, y la Glosa famossisima de Alonso de Cervantes,
primera glosa de las Coplas de Jorge Manrique publicada en Lisboa en 15018.
En la corte de los Feria, del segundo conde de Feria se publica una canción en
el Cancionero General de Hernando del Castillo (Valencia, 1511) y en su corte
se estableció un círculo poético dominado por el magisterio de Garci Sánchez
de Badajoz. En esta corte vino a recalar en sus últimos días Pedro Gratia Dei,
poeta gallego autor de La criança y virtuosa dotrina (publicada posiblemente
en Coria en 1488) y del Loor de linajes y ciudades de Castilla (1506).
El poema guadalupense conoce la estética del arte mayor9. Por ello, no ex-
traña que las coplas de su exordio, en concreto las coplas 2 y 3, sean adaptaciones
de las Trescientas de Juan de Mena, modelo de poeta por excelencia en el primer
tercio del siglo XV. Sirvan de ejemplo el inicio de ambas coplas. Las Trescientas
inician su canto con el verso Tus casos fallaces, Fortuna, cantamos,10 imitado
por el poeta guadalupense vuelto a lo divino: Tus hechos mirables, Señora,
cantamos. Más intensa se hace la imitación en la estrofa tercera que sigue
más de cerca al modelo del poeta del siglo XV. Así la imitación afecta ahora
a los tres primeros versos de Mena: Tú, Calíope, me sey favorable/ dándome
alas de don virtuoso/y porque discurro por donde non oso, se transforman en
el Poema en una imitación que se desliza del calco literal del primer verso a
la estructura sintáctica que va desplazando su copia hacia un nuevo valor de
testimonio devocional: Tú, Virgen bendita, me sé favorable/ dando a mi mano
esfuerzo animoso/ y porque ella escriba lo que yo no oso. Con ello, el Poema
promete un cantar que es inspiración devota de la Virgen cuya leyenda se quiere
historiar en verso. Esta huella de las Trescientas se vuelve a hacer presente al
final de la estrofa en la que los hechos cantados pretenden mantenerse en la
memoria de quienes los oigan. Levante la Fama su voz inefable/porque los
de Extremadura vid. Fco. Javier Grande Quejigo “La Respuesta de fray Alonso de Medina
en el Cancionero de Baena”, en Cancioneros en Baena. Actas del II Congreso Internacional
Cancionero de Baena, Ayuntamiento de Baena, 2003, II, págs. 171-195.
8
Vid. la información que proporciona Vicente Beltrán Pepió en su estudio Coplas que hizo Jorge
Manrique a la muerte de su padre: edición crítica con un estudio de su transmisión textual,
Barcelona, PPU, 1991, y el artículo de Fco. Javier Grande Quejigo, “Don Alonso de Zúñiga y la
Glosa de Alonso de Cervantes”, Revista de Estudios Extremeños, 63, 2007, págs. 405-428, que
aclaran aspectos de su fecha y autoría tradicionalmente errados en los estudios críticos sobre el autor.
9
Sobre esta estética puede leerse el magistral trabajo de Fernando Lázaro Carreter, “La poética
del arte mayor castellano”, en Estudios de Poética, Taurus, Madrid, 1976, págs. 75-111.
10
Los versos de la Trescientas o Laberinto de Fortuna se toman de la edición de Miguel Ángel
Pérez Priego, Madrid, Editora Nacional, 1976.
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La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 103
crónica en verso hacia 1521.
fechos que son al presente/ vayan de gente sabidos en gente:/ olvido no prive
de lo que memorable, dirán las Trescientas. El Poema recogerá el eco de estos
versos en su construcción, motivos y palabras en rima, aunque en este caso los
oyentes serán quienes mantengan en su devoción el recuerdo mariano: Pues
digan los hombres con voz inefable /las obras y hechos de ti excelente/y sean
sabidos por toda la gente/ y no se suprima lo que es memorable. Así mismo,
en su métrica acentual el poeta guadalupense elige el esquema métrico AB-
BAACCA, utilizado en las Trescientas.
Es extraña esta elección del arte mayor por parte del poeta, ya que este
arte va vinculado a un estilo elevado dominado por el ornato. No lo desconoce el
poema guadalupense, ya que este estilo lo utiliza en el catálogo de ilustres con el
que elogia a Alfonso XI, fundador del patronazgo del santuario, en la copla 58:
Alabanzas del noble rey don Alfonso
Homero, Virgilio, ni menos Lucano,
tampoco Salustio con su Tito Livio,
ni en prosa ni en verso, pues no por alivio
puja en victorta ni hecho romano;
ni otro poeta pondrá con su mano
victoria en tal punto que pueda igualar
al gran rey Alfonso, ni ponga en su par
batallas ni guerras al tal castellano.
Sin embargo, la dicción general del poema es sencilla. De hecho, en su
copla 115 hay un claro reconocimiento del uso del estilo llano, más apropiado
para el arte real del verso octosílabo:
Habla con el lector
Tú que leyeres, si quieres notar,
verás con verdad la historia contada
muy llana, muy cierta, en verso trovada,
que en libros antiguos se dio en recontar;
está más en ella, por la autorizar,
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
104 Francisco Javier Grande Quejigo
los días y años y meses pasados,
según en las cartas reales sentados
los reyes los dejan en este lugar.
La verosimilitud (verás con verdad) y el testimonio (la historia contada)
explican la utilización de la llaneza del estilo, encargada de asegurar la eficacia
de la comunicación. Esta llaneza, propia del arte real del octosílabo utilizada, por
ejemplo, por Jorge Manrique en sus Coplas, se va a trasladar al arte mayor por
ser este verso el propio del prestigio (por la autorizar) y del valor documental
(en libros antiguos). Testimonia así el autor el género al que adscribe su obra:
la crónica en verso, género poético apropiado para tratar temas con la autoridad
de la verdad indubitable.11
Este género poético que realiza crónicas históricas en arte mayor fue
iniciado por Pablo de Santa María, quien realiza una historia general en Las
siete edades del mundo (1404). Juan Barba, con su Consolatoria de Castilla
(1484), lo lleva a su máxima expresión realizando una historia mesiánica de
los Reyes Católicos. Juan de Padilla, el Cartujano, utilizando como modelo a
Juan de Mena, como nuestro poeta guadalupense, aplica en Los doce triunfos
de los doce apóstoles (1519) el género a la historia sagrada. El Poema aplica al
desarrollo de la leyenda guadalupana, y a los intentos de historiarla en el mo-
nasterio a lo largo del siglo XV, este nuevo género historiográfico, de prestigio
a finales de siglo. Con ello actualiza la leyenda hagiográfica y devocional que
se desarrolla desde el siglo XIII al XIV y que el monasterio lleva historiando en
prosa a lo largo del siglo XV.12 De hecho, la versión en verso viene a culminar
la historiografía medieval de la Virgen de Guadalupe.
11
Sobre la crónica en verso ha de consultarse la obra de Pedro Cátedra, La historiografía en verso en la
época de los Reyes Católicos: Juan Barba y su “Consolatoria de Castilla”, Universidad de Salamanca,
1989; y de Juan Carlos Conde, La creación de un discurso historiográfico en el Cuatrocientos
castellano: “Las siete edades del mundo” de Pablo de Santa María: (estudio y edición crítica),
Universidad de Salamanca, 1999. La obra de Juan de Padilla tiene, entre otros, el estudio de Mª Amor
Martín Fernández, El Mundo mitológico y simbólico de Juan de Padilla, “El Cartujano”: estudio
de “Los doce triunfos de los doce Apóstoles”, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, Córdoba, 1988.
12
Vid. sobre la leyenda guadalupana los trabajos del padre Sebastián García, “Guadalupe:
Santuario, Monasterio y Convento”, en Guadalupe: Siete siglos de fe y de Cultura, Arganda
del Rey, 1993, págs. 17-23 y “El Real Santuario de Santa María de Guadalupe en el primer siglo
de su historia”, Revista de Estudios Extremeños, 57, 2001, págs. 359-410; el libro de Eustaquio
Sánchez Salor, Guadalupe, leyenda e imagen, Asamblea de Extremadura, Badajoz, 1995 y el
artículo de José María Domínguez Moreno, “La Leyenda de la Virgen de Guadalupe. I: La
traslación”, Revista de Folklore 158 (1994), págs.. 39-46.
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crónica en verso hacia 1521.
Esta leyenda guadalupense surge dentro del desarrollo medieval de la
devoción mariana. En el ámbito teológico, el culto mariano ya está presente en
los Padres de la Iglesia, desde la Traditio apostólica, (del 215 D.C. aprox.), que
defendió los conceptos de la maternidad y la virginidad de María. El Concilio
de Éfeso (431) estableció la figura de María como Theotokos, Madre de Dios.
Los teólogos bizantinos, como Germán, obispo de Constantinopla (c. 640-730)
y San Juan Damasceno (c. 676-749), definieron la función de María como canal
de gracias. Por su parte, la teología occidental analizó las funciones marianas
de “corredención” y “mediación universal”, sobre todo durante el siglo XII con
las doctrinas de san Bernardo de Claraval en especial en su De aquaeductu.
Desde mediados del siglo IX surgieron un conjunto de devociones popu-
lares relacionadas con apariciones y devociones marianas, que alcanzarán su
cenit entre los siglos XII y XIII.13 Junto a estas prácticas de piedad, va desa-
rrollándose una abundante literatura en la que María aparece como madre del
género humano, hacedora de milagros y canal de redención. Se difunden en
todo el Occidente cristiano colecciones de milagros marianos en latín durante
los siglos XII y XIII. De ellas, destacan los Miracula Sanctae Mariae Virginis,
del inglés Guillermo de Malmesbury (1090-1143), el Dialogus miraculorum,
del cisterciense alemán Cesáreo de Heisterbach (siglos XII-XIII), la Scala coeli,
del italiano Juan de Gobi y los Miracles de Notre-Dame de Jean Mielot. Así
mismo, se transmitieron abundantes colecciones anónimas como el Libellus
de Miraculis beatae Virginis y el Mariale Magnum. En la Península Ibérica
también circularon estas colecciones de las que se conservan el Manuscrito
Alcobacense 149 de la Biblioteca Nacional de Lisboa, el Liber Mariae de Gil
Zamora, conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, el Manuscrito 110 de
la Biblioteca Nacional de Madrid y el Códice 879 del Archivo de la catedral de
Zaragoza. De forma paralela a las colecciones en latín, surgen desde el siglo XIII
diversas colecciones de milagros marianos en romance. Las más conocidas son
los Miracles de la Sainte Vierge de Gauthier de Coincy, los Milagros de Nuestra
Señora, de Gonzalo de Berceo y las Cantigas de Santa María, de Alfonso X.
Esta literatura devocional mariana también se generó en torno a la Virgen
de Guadalupe a lo largo del siglo XV. Se han conservado diversas colecciones
de Milagros de la Virgen de Guadalupe de los siglos XV y XVI en los códices 1
13
Tanto el fundamento teológico como el crecimiento de la devoción popular aplicados a la
leyenda guadalupense los sintetiza Gerardo Fabián Rodríguez, “Elaboración doctrinal de
una devoción popular. Presencia bíblica en los Milagros de Guadalupe (España, siglo XV)”,
Mirabilia, 3, 2001, artículo 10, consulta en: https://www.revistamirabilia.com/sites/default/
files/pdfs/2003_10.pdf [consulta mayo de 2019].
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106 Francisco Javier Grande Quejigo
al 4 del Monasterio de Guadalupe, el manuscrito A.IV.10 del Monasterio de San
Lorenzo del Escorial, el manuscrito 1176 de la Biblioteca Nacional de Madrid
y el códice 74 de la Biblioteca Nacional de Lisboa.14.
Así mismo, a lo largo de la Baja Edad Media crece la presencia de María
en diversas obras. Don Álvaro de Luna la incluirá en su cortesano Libro de las
virtuosas é claras mujeres (compuesto en la primera mitad del siglo XV)15. En
Extremadura, Juan López de Zamora, clérigo al servicio de los Zúñiga, escri-
birá la Vida de María, dirigida a doña Leonor Pimentel, condesa de Plasencia16
Dentro de estas tendencias teológico-devocionales, que cristalizan en una
literatura devocional, surgen las diversas formas de la leyenda medieval de Gua-
dalupe. En su desarrollo tendrá una importancia fundamental la base histórica
que documentan los diferentes privilegios del santuario. Hasta el advenimiento
de la comunidad jerónima en 1389, la Corona castellana había otorgado un total
de treinta y tres diplomas a la Puebla de Guadalupe, documentados los princi-
pales en la Crónica del Padre Écija. Entre ellos, destaca el patronazgo real del
santuario fundado por Alfonso XI en un privilegio fechado el 3 de diciembre de
1337 (Crónica del Padre Écija, Cap. VIII). El 25 de Diciembre de 1340 Alfonso
XI construye una nueva iglesia sobre la ermita original en acción de gracias por
la victoria del Salado (Crónica del Padre Écija, Cap. VIII). Estos privilegios
testimonian el primer núcleo devocional mariano. El crecimiento del santuario
se documenta en el Real Privilegio Rodado otorgado por Enrique II de Castilla
el 5 de noviembre de 1368 en Toledo, por el cual concedía al Prior del Monas-
terio de Guadalupe, Don Diego Fernández, la jurisdicción civil y criminal de
la villa extremeña (Crónica del Padre Écija, cap. XI). Los sucesivos monarcas
castellanos confirmaron los privilegios anteriores a 1389 y concedieron otros
nuevos para el funcionamiento de la economía de la “casa”. Por su parte, las
14
Sobre las colecciones de milagros guadalupenses vid. María Eugenia Díaz Tena, Los milagros
de Nuestra Señora de Guadalupe (siglo XV y primordios del XVI): Edición y breve estudio del
manuscrito C-1 del Archivo del Monasterio de Guadalupe, Mérida, Editora Regional, 2017, y I. Mª
Ribeiro Mendes, “A lenda de Nossa Señora de Guadalupe. Un documento da Biblioteca Nacional
de Lisboa”, Revista de Estudios Extremeños 46 (1990), pp. 521-540. Gerardo Fabián Rodríguez
inserta estos milagros en su marco medieval en el artículo “Los milagros en la religiosidad
hispánica (siglos XIII al XVI)”, Bulletin du centre d’études médiévales d’Auxerre. BUCEMA [En
red], Hors-série n° 2, 2008 : http://journals.openedition.org/cem/9002 [consulta mayo de 2019]
15
Vid. el libro de Emilio Luis Ramón García, La Virgen María en la literatura medieval,
Cervantes, Bilbao, 1999 y la edición de Álvaro De Luna, Libro de las virtuosas e claras
mujeres, Julio Vélez-Sainz (Ed.), Cátedra, Madrid, 2009.
16
Vid. Arturo Jiménez Moreno, Vida y obra de Juan López de Zamora, Ayuntamiento de
Zamora-UNED, Zamora, 2002, y su edición del Libro de las Historias de Nuestra Señora de
Juan López de Salamanca, San Millán de la Cogolla, Cilengua, 2009.
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crónica en verso hacia 1521.
Bula de Benedicto XIII vienen a confirmar eclesiásticamente la erección del
monasterio (Crónica del Padre Écija, Cap. XXII). Confirmada eclesiásticamente
la fundación y patronazgo mariano del Santuario de la Virgen de Guadalupe,
se documenta la posesión de Guadalupe por la Orden de San Jerónimo por su
primer prior, fray Fernán Yáñez, el 23 de octubre de 1389 (Crónica del Padre
Écija, caps. XXIII y XXIV).
Ancladas en este fondo documental, se escriben las primeras formas
literarias de la leyenda de Guadalupe en la Edad Media: se trata de las diversas
crónicas de Guadalupe redactadas por los frailes jerónimos desde 1400 a 152117.
La primera de ellas es la denominada la más antigua historia, redactada hacia
1400 y hoy perdida, aunque utilizada como fuente por las crónicas posteriores.
De las conservadas la primera es la Fundación antigua desta casa de Guadalupe,
anónima, conservada en el manuscrito 48B de la Academia de la Historia. Tras
ella, se ha conservado la Crónica del Monasterio de Guadalupe del Alonso de
la Rambla, anterior a 1484 y conservada en un manuscrito propiedad de Antonio
Rodríguez Moñino, cedido a fray Arcángel Barrado quien llegó a preparar una
edición que recientemente ha visto la luz gracias a la labor cultural del Ayunta-
miento de Guadalupe.18 Esta Crónica sirvió de fuente a diversas crónicas que
la siguen muy de cerca. Se trata de los manuscritos 101B de la Academia de la
Historia, los manuscritos &.II.22 y a.IV.10 del Monasterio de San Lorenzo del
Escorial, el códice 899 de la Biblioteca Nacional de Lisboa y los manuscritos
c3 y c1 del Archivo del Monasterio de Guadalupe. Junto a estas crónicas se
desarrollan las colecciones de Milagros de Nuestra Señora de Guadalupe ya
mencionadas. Cierra esta serie de crónicas y milagros, el Libro de la invención
de esta imagen de Guadalupe, y de la erección y fundación de este monasterio
del Padre Écija terminado hacia 1521.
Esta abundante literatura de crónicas de la fundación de la devoción ma-
riana guadalupense surge en un ambiente cultural ampliamente desarrollado a lo
largo del siglo XV. El monasterio jerónimo, casi desde su fundación, se vincula
a una intensa actividad médica que ha llevado a los historiadores a considerar
17
Sobre las crónicas de Guadalupe sigue siendo fundamental el artículo de fray Árcángel
Barrado Manzano, “Crónica del Monasterio de Guadalupe. Escrita por el Padre Fray Alonso
de la Rambla, monje jerónimo muerto en 1484”, Revista de Estudios Extremeños, 11 (1955),
págs. 275-277.
18
Fray Alonso de la Rambla, Crónica vieja del Monasterio de Guadalupe escrita por el P.
Fray Alonso de la Rambla, monje jerónimo de esta Casa, fallecido en 1484, transcrita por el P.
fray Arcángel Barrado Manzano, OFM (1907-1971), edición y notas de fray Antonio Arévalo
Sánchez, OFM, Sevilla, Ayuntamiento de Guadalupe, 2017.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
108 Francisco Javier Grande Quejigo
la existencia de una auténtica escuela médica19. De hecho, se documenta la
temprana existencia de un hospital desde el s. XIV. El profesor Guy Beaujouan
ha historiado la existencia de una prestigiosa escuela de medicina desde 1440
o 1460 hasta 1510.20 En ella se formaron médicos eminentes de la época de los
Reyes Católicos, como Juan de Guadalupe, Juan de la Parra y Luis de Madrid.
Junto a su escuela médica, el monasterio cuatrocentista muestra su ri-
queza cultural en la importante biblioteca que atesora21. Y tenemos noticia de
su existencia al menos desde 1415, contando ya con un edificio expresamente
dedicado a ella en 1469. Acorde con su actividad médica destaca la riqueza
de sus tratados médicos romances y latinos. Junto a estos fondos, destacan las
obras propias de la espiritualidad jerónima, como son las Biblias, las obras de
los santos Padres (en especial S. Jerónimo y S. Agustín) y diversas fuentes de la
devotio moderna (Vitae patrum, S. Juan Crisóstomo, S. Bernardo, S. Buenaven-
tura). Pobre es la escasa literatura romance que se documenta, aunque entre ella
encontramos obras de Ramón Llull, el Libro de Alexandre, y obras apropiadas
para la formación de predicadores como son el Libro de Barlaam y Josafat, el
Espejo de los legos y el Vergel de la consolación.
Juntamente a la riqueza cultural del monasterio de Santa María de Guada-
lupe, se genera en él un trato directo con la escritura. Por un lado, en Guadalupe
hay un importante scriptorum en el siglo XV y principios del XVI. Testimo-
nios de él son los ricos libros miniados realizados en sus talleres. Entre ellos,
mención especial merece el Libro de horas del prior (Diurnal), probable copia
del padre Diego de Écija, autor de la Crónica que recoge el fondo documental
del monasterio y sus tradiciones cronísticas22. Así mismo, es de gran interés el
19
Vid. J. I. de Arana Amurrio, Medicina en Guadalupe, Diputación Provincial de Badajoz, Badajoz,
1990, y “Medicina medieval en el monasterio de Guadalupe”, en El Humanismo Extremeño. III
Jornadas, Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, Badajoz, 1999, págs. 489-501.
20
“La bibliothèque de l’école médicale du monastère de Guadalupe à l’aube de la Renaissance”,en
Médecine humanine et vétérinaire à la fin du Moyen Age, Droz, Ginebra, 1966, págs. 367-468.
21
Vid. el citado trabajo de Beaujouan y los catálogos de L. de la CuadrA, Catálogo-inventario
de los documentos del Monasterio de Guadalupe, Servicio de Publicaciones del MEC, Madrid,
1973; E. Sarrablo Aguareles, A. Correa y A. Álvarez, Inventario del archivo del real Monasterio
de Guadalupe (Cáceres), Dirección General de Archivos y Bibliotecas, Madrid, 1958; H.
ZamorA, Catálogo de libros de la antigua biblioteca del Monasterio de Guadalupe, Monte
Casino, Zamora, 1976; y el actual de S. García y A. Ramiro Chico, Corpus bibliographicum
guadalupense, Servicios de la Biblioteca y Archivo del Real Monasterio, Guadalupe, 2000.
22
Vid. Sebastián García, Los miniados de Guadalupe: catálogo y museo, Ediciones Guadalupe,
Guadalupe, 1998; y, especialmente, Pilar Mogollón Cano-Cortés, “El Diurnal del monasterio
de Guadalupe y el libro iluminado de uso privado durante la Edad Media”, Norba-Arte, 20-21,
2000-2001, págs. 41-57.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 109
crónica en verso hacia 1521.
manuscrito 2147 de la Biblioteca Nacional de Madrid, traducción de la obra de
Lanfranco de Milán, copiado en Guadalupe por Alonso Fernández en 1481.23
Este scriptorum convive con la escuela de gramática documentada desde 1395
y con unos interesantes escritos de Guadalupe que no se limitan a la actividad
cronística y devocional ya reseñada. Por el contrario, muy tempranamente, hacia
1414, Alonso de Medina escribe una Respuesta en un debate cruzado de preguntas
y respuestas sobre la predestinación incluido en el Cancionero de Baena.24. Por
otro lado, el manuscrito 10883 de la Biblioteca Nacional de Madrid conserva
un curioso Viage e misterios de Tierra Santa en el que se refunden los relatos de
Antonio de Lisboa (1507) y de Diego de Mérida (1511), frailes del monasterio.25
La devoción, continuamente presente en el culto creciente del santuario,
la historia, celosamente custodiada en los privilegios y bulas del monasterio, y
la cultura de la escuela médica y de la actividad literaria pasiva (biblioteca) y
activa (scriptorium y escritores de Guadalupe) serán las fuentes de la leyenda
canónica de Guadalupe que fijará el Poema de Guadalupe en verso de arte mayor
inicialmente titulado en el códice que lo conserva como Fundaçion desta casa
de Guadalupe trobada. Con ello, esta crónica en verso de Guadalupe continúa
los diferentes intentos de historiar y prestigiar la Orden jerónima desde los
comienzos del siglo XV. Ello es claro en diferentes motivos desarrollados en el
poema, como es la justificación que se da en las coplas 66-69 de llegada de los
jerónimos a Guadalupe para garantizar el correcto servicio devocional a la Virgen:
Cómo el rey manda proveer la iglesia de personas honestas
[…]
23
Transcrito por E. J. Ardemagni, ADMYTE II. Archivo digital de manuscritos y textos
españoles. La Celestina entre la escritura medieval y la humanística, Micronet- Ministerio de
Educación y Cultura, Madrid, 1999. CDRom. Su presencia en España puede verse en la obra
de Guadalupe Albi Romero, Lanfranco de Milán en España: Estudio y Edición de la Magna
Chirurgia en traducción castellana medieval, Universidad de Valladolid, 1988
24
Vid. Nota 7.
25
Para su estudio y descripción vid. Antonio Rodríguez Moñino, Historia literaria de
Extremadura, Biblioteca de la Literatura Extremeñas y Universal, El Periódico de Extremadura,
Badajoz, 2003, págs. 120-124. El propio don Antonio las editó: Antonio de Lisboa, Viaje a
Oriente (1507), A. Rodríguez Moñino (Ed.), Diputación Provincial, Badajoz, 1949 (antes en
Revista de Estudios Extremeños, 5, 1949, págs. 31-103; y Diego de Mérida, Viaje a Oriente
(1511), A. Rodríguez Moñino (Ed.), Sociedad General de Publicaciones, Barcelona, 1946
(antes en Analecta Sacra Tarraconensia, 17, 1945, págs. 115-187). Vid. también el artículo de
Alberto Escalante Varona “La función de la ciudad en un libro de viajes medieval: el Viaje a
Oriente de fray Antonio de Lisboa”, Roda da Fortuna. Revista Eletrônica sobre Antiguidade
e Medievo 2015, Volume 4, Número 1-1 (Número Especial), pp. 211-235.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
110 Francisco Javier Grande Quejigo
Buscad religiosos, según que vos viéredes,
poblando la casa , según lo entendiéredes,
y yo les daré la renta y poblado
y en darles el término estó aparejado
para en que sirvan a esta Señora. (c. 69).
En este sentido, ha de entenderse el subrayado narrativo que se da a la efecti-
va jurisdicción de la Orden sobre los habitantes de Guadalupe (cc. 81-85 y 94-95):
Cómo el prior fue recibido del pueblo por señor
Manda que entonces y siempre reciban
al dicho prior con sus sucesores
en todas las cosas por propios señores,
los cuales juraron que así lo harían.
Y obedecidos, según convenía,
los mandamientos y cartas reales
besan las manos y ser muy leales
prometen a él y a los que vendrían. (c. 94).
La estructura del Poema, junto a un exordio y a un cierre final, responde
a una estructura hagiográfica tripartita que recoge tres momentos esenciales
de la historia del monasterio. Cada uno de estos momentos se articula en un
motivo literario vinculado al monasterio de principios del XVI: la imagen de
la Virgen, la Iglesia en la que se le rinde culto y la Orden que mantiene viva
la vida devocional del monasterio. Estos motivos se desarrollan con la doble
intención de fundamentar las devociones y de prestigiar a la Orden que mantiene
la infraestructura devocional. Esta es su extensión en el Poema:
• Exordio: cc. 1-4
• Leyenda de la imagen: cc. 5-52
• Historia de la iglesia: cc. 53-65
• Legitimación de la orden: 66-114
• Explicit: 115-117.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 111
crónica en verso hacia 1521.
La leyenda de la imagen, tomada de las fuentes cronísticas tradicionales,
va a incluir como elemento original una larga digresión sobre la pérdida de
España muy del gusto de la historiografía eclesiástica. Este es el esquema de
su desarrollo narrativo:
• La entrega de la imagen: cc. 5-11
• La destrucción de España: cc. 12-22
oDigresión moral: cc. 15-19
• La ocultación de la imagen: cc. 23-29
• La aparición de la imagen: cc. 30-44
o El vaquero: cc. 30-32
o La aparición de María: cc. 33-44
• Milagro de la vaca muerta: cc. 31-32
• Aparición de María: cc. 33-36
• Milagro de la resurrección del hijo del vaquero: cc. 37-40
• Relato del vaquero: cc. 41-44
• El descubrimiento de la imagen: cc. 45-52.
Muy breve es la segunda parte centrada en el motivo de la Iglesia. De
hecho, en su desarrollo se articula como una mera sucesión temporal que justifica
los dos momentos de interés para el poeta: la imagen de la Virgen que muestra
su mediación desde el milagro fundacional y la devoción actual del monasterio
jerónimo que actualiza esa mediación mariana en el presente de los receptores
del poema. Entre ambos extremos, está la historia hecha piedra de la iglesia que
acoge a la imagen mariana y a la Orden que la sirve. Y esa historia se realiza en
breves pinceladas entorno a los reyes que favorecen al templo:
• Alfonso XI, devoto de María y patrono de la iglesia: cc. 53-59
• Construcción de la iglesia nueva: cc. 60-62
o Digresión sobre la fuente: 61-62, idéntica, como ya vimos, a la in-
sertada en la Crónica del Padre Écija.
• Historia de la iglesia: 63-65
o Rápida sucesión de reyes y priores y establecimiento de capellanes.
La tercera y última parte del relato historiográfico se centra en la legitima-
ción del gobierno del monasterio por parte de la Orden de San Jerónimo. Para
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
112 Francisco Javier Grande Quejigo
ello se articula un relato en torno a tres puntos: la justificación salvífica de su
presencia, el legítimo y ejemplar gobierno jerónimo a favor del monasterio de
María y su prestigio intemporal como santuario mariano. Estos motivos ocupan
las siguientes coplas del poema:
• La llamada de la Orden a Guadalupe: cc. 66-86
o Elección de la Orden: cc. 66-73
o El encargo real: cc. 74-86
• Las gestiones del prior Juan Serrano: cc. 74-79
• El diálogo de Fernando Yáñez y el rey: cc. 80- 86. Explicación
y justificación documental de la jurisdicción eclesiástica y civil
sobre Guadalupe.
• La fundación del monasterio: cc. 87-102
o Posesión de Guadalupe: cc. 87-95
• Llegada de los 30 frailes: cc. 87-90
• Toma de posesión eclesiástica y civil ante don Juan Serrano: cc.
91-95
o Construcción del monasterio: cc. 96-100
o Muerte de fray Fernando Yáñez: cc. 101-102
• Loor de Guadalupe: cc. 103-114.
La estructura narrativa reseñada, si bien muestra una originalidad creativa,
también delata tras un análisis detallado su dependencia de una fuente cronística
concreta que no es otra que la Crónica del Padre Écija. Ello no es de extrañar
por haber recogido este cronista la tradición historiográfica anterior del mo-
nasterio. Quizás, por ello, cabría pensar que actúa de igual manera el autor del
Poema y que, más que depender directamente del Padre Écija, depende de una
tradición historiográfica común. Sin embargo, las similitudes estructurales y los
ecos textuales que vamos a señalar permiten concluir que la dependencia entre
el poema y el Padre Écija es directa, sirviendo la crónica en prosa de esquema
estructural de la crónica en verso. Por ello, no extraña advertir un paralelismo
estructural entre la Crónica del Padre Écija y el Poema. Écija titula su Libro
Primero Origen e invención de la imagen de Nª Sª de Guadalupe (cap. I-VI)
que viene a coincidir con la primera parte del Poema que hemos denominado
la leyenda de la imagen (cc. 5-52). El Libro Segundo de la Crónica se titula
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 113
crónica en verso hacia 1521.
Erección y fundación de la iglesia y monasterio de Nuestra Señora de Guada-
lupe (cap. VII-XII) que coincide con la segunda parte del Poema dedicada a la
historia de la iglesia (cc. 53-65). Por último, el Libro Tercero se titula Fundación
de la Orden de los jerónimos en España y llegada de ellos al monasterio de
Guadalupe (cap. XIII-XXV) y se corresponde con la legitimación de la Orden
(cc. 65-102) que cierra el Poema.
Junto a estos ecos estructurales, encontramos una relación directa entre
los capítulos de la Crónica y los diferentes episodios del Poema. Observemos
varios ejemplos.
La justificación de la elección de la orden para atender el culto de la
Virgen en Guadalupe se desarrolla en las coplas 66-73 del Poema. La Crónica
relata el mismo motivo en su capítulo XVI titulado Cómo el prior don Juan
Serrano suplicó al rey don Juan el I que se pusiesen religiosos en la Iglesia de
Nª Sª Sª Mª de Guadalupe. En él se motiva la llegada de la Orden a Guadalupe
para asegurar el servicio decoroso a María por una Orden de acreditada virtud.
El Poema desarrolla esta súplica del relato de la Crónica en forma de diálogo
entre prior y rey.
El encargo que el rey realiza al prior de la Orden para hacerse cargo del
santuario de la Virgen de Guadalupe ocupa las coplas 74-86 del Poema. En la
Crónica este episodio ocupa los capítulos XVII, Cómo don Juan Serrano buscó
religiosos a quien dar la iglesia de Guadalupe; y cómo procuró de traer a ella
los frailes de la Orden de nuestro padre San Jerónimo, y XVIII, Cómo el prior
fray Fernándiáñez y sus frailes recibieron la iglesia de Guadalupe; y cómo fue
llamado del rey y le dio las gracias por ello. Estos capítulos se corresponden
con los dos momentos narrativos de las coplas del Poema: las gestiones del prior
Juan Serrano se versifican en las coplas 74-79 y el diálogo de Fernando Yáñez
y el rey en las coplas 80- 86. De esta forma, el escueto relato de la crónica se
desarrolla en el Poema mediante diálogo y narración.
Como último ejemplo veamos el relato de la toma de posesión, ecle-
siástica y civil, del dominio de Guadalupe, de las coplas 87-95. Su paralelo
en la Crónica son tres capítulos, en esta ocasión no consecutivos: el capítulo
XIX, Cómo el prior Fernandiáñez vino a Guadalupe, con 31 frailes que trajo
consigo, para tomar la iglesia y casa de Guadalupe y alzarla en monasterio;
el capítulo XXIII, De la institución y posesión que el prior fray Fernandiáñez
con sus 30 frailes aquí nombrados, en presencia del obispo de Segovia don
Juan Serrano, comisario, tomaron del monesterio de Guadalupe y sus bienes;
y el capítulo XXIV, Cómo la puebla de Guadalupe recibió por sus señores al
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
114 Francisco Javier Grande Quejigo
prior y frailes de su convento deste monasterio y cómo quitó y puso oficiales
de justicia y juraron de les ser muy leales vasallos. El Poema articula estos tres
capítulos en dos secuencias narrativas que coinciden con el salto en la sucesión
de los capítulos: el primero de ellos se narra en el episodio de las coplas 87-90
(llegada de los 30 frailes) y los dos capítulos sucesivos siguientes en las coplas
91-95 (toma de posesión eclesiástica y civil ante don Juan Serrano). Con ello, el
Poema es capaz de dar forma narrativa a los documentos que inserta la Crónica
en los capítulos de referencia.
Junto a estos paralelismos de estructura y contenido, el Poema y la Crónica
mantienen ecos textuales muy cercanos que permiten colegir que, en ocasiones,
el autor viene a poner en verso diversos pasajes del cronista. Muchos son los
ejemplos que pueden aducirse. En aras a la brevedad, junto al motivo de la re-
construcción de la fuente de las coplas 61-62 ya recordado, obsérvense los ecos
textuales en el inicio del relato de la pérdida de España. Dice así el Padre Écija:
Después de la muerte del bienaventurado San Leandro y de San Isidoro
y del bienaventurado San Ildefonso, que fue arzobispo de Toledo, y de otros
muchos santos y prelados que fueron en aquel tiempo, reinó en España el rey
don Rodrigo, que fue el postrimer rey de los godos de occidente, que fue vencido
del vicio de la carne con una hija del conde don Julián,…(cap. IV).
El Poema versifica con el mismo comienzo literal, la misma secuencia y
denominación de los santos, la misma vinculación del desdichado rey Rodrigo
al “vicio/pecado de la carne”. Los ecos son tan claros que permiten observar
la copia directa:
Después que a la gloria se hubo llevado
Dios los sus santos, según que lo hallo,
Leandro e Isidoro con otros que callo
y el santo arzobispo Alfonso nombrado,
al rey don Rodrigo asaz desdichado,
que en setecientos y doce reinara
de carne vencido, según se mostrara,
perdió la nobleza con todo su estado. (c. 13).
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La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 115
crónica en verso hacia 1521.
Esta dependencia que tiene el Poema de la Crónica del Padre Écija
presentó al poeta un grave problema estructural en el cierre de su obra. La
estructura acumulativa de la serie de crónicas sobre el monasterio lleva al
Padre Écija a concluir su historia con un cuarto libro sobre la Vida de algunos
siervos de Dios de la Orden de los jerónimos en Guadalupe y de algunos casos
particulares que abarca desde el primer prior jerónimo hasta más allá de la
propia muerte del autor, ya que es una serie de relatos sobre monjes ilustres de
la santa casa que prolonga quien transcribe la obra original para su conservación
y noticia. La intención del autor del Poema es la de cerrar su obra con una
memoria viva y activa del monasterio. Para ello, solo utilizará de la Crónica
la vida del fundador, siguiendo los capítulos XX del Libro III que trata Cómo
el prior fray Fernandiáñez comenzó a edificar el monasterio; y cómo Nª Sª
le proveía muy cumplidamente de todo lo necesario; y de las reliquias que
hay en esta santa iglesia y parcialmente el capítulo XXVI del Libro IV De
la vida y buen acabamiento del venerable padre prior fray Fernandiáñez de
Figueroa. Con ello, el poeta ordena la historia de su poema cronológicamente,
siguiendo la vida del prior, y traza un eje temporal que discurre de la posesión
de Guadalupe a la construcción del monasterio para terminar su obra con la
realidad de su época ensalzada en el loor intemporal a Guadalupe por su locus
amoenus (cc. 103-105), su monasterio (cc. 106-111) y por la presencia de la
Virgen (cc. 112-114).
Junto a esta originalidad en la estructura, el autor presenta también ciertos
recursos que marcan su originalidad en su versificación de la Crónica del Padre
Écija. Ello es patente en diversos ejemplos de amplificatio de algunos motivos
secundarios en la Crónica. Valga de ejemplo la descripción de la vida disoluta
de los clérigos de Guadalupe y de sus históricos casos de judaizantes, tan vi-
vamente perseguidos por el propio cronista. El Padre Écija dice lo que sigue:
Porque sabrá vuestra Alteza que aquella santa iglesia está muy mal ser-
vida de clérigos, que no viven castamente, estando amancebados; y, con su mal
ejemplo, los seglares viven en el pueblo mal, como ellos, y, así, todos viven
revueltos en mucho denuesto de Nuestro Señor Dios y de su santa fe, siendo en
ello muy deservido; y siendo por esta causa muchos cristianos malos, por seguir
las costumbres de los dichos judíos y mal ejemplo de los clérigos (cap. XVI).
Por su parte, el poeta versificará ambos motivos, ciñéndose a unos breves
versos en el caso del amancebamiento y amplificando en una estrofa completa
la escueta referencia a los judíos de su fuente:
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
116 Francisco Javier Grande Quejigo
Dice al rey cómo hay muchos judíos en el pueblo
Están, así mismo, en uno mezclados
cristianos, judíos, en grande manera,
que gran daño viene a la fe verdadera
por esta mixtura con estos dañados.
Sean por vos, señor, apartados
en todo y por todo, según que conviene
y sea quitado el daño que tiene
en uno y en otro a estos turbados. (c. 68).
En otros lugares también deja el poeta huella de su conciencia de estilo,
como es en el tópico de la falsa modestia de la copla 116:
Excúsase de cualquier falta en la presente obra
La obra presente en fin concluída.
en todos sus yerros se pide perdón,
si algo es mal dicho en composición,
en pies o palabras o fuer de medida;
si algo de buenio, aquel que la vida
nos dá, nos le demos en todo loores
y su Madre con El nos ponga en amores,
que siempre nos libre de triste caída (c. 118)
La excusa de sus yerros, no evita que el poeta deje constancia de su dominio
de la técnica poética de la poesía cancioneril “en pies o palabras o fuer de medida”.
Así mismo, en la copla 117 cierra su poema con clara conciencia de su cultura:
Pide ser sometida a corrección
No quiero que necios de poco saber
tome en jueces la obra presente;
pues son como ciego que en nada no siente
colores diversas por sí discerner;
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La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 117
crónica en verso hacia 1521.
mas sabios prudentes, pues su parecer
será por razón muy bien nivelado,
cualquier defecto por ellos quitado
consiento que sea, pues tienen poder.
Como se ve, el Poema se defiende de la crítica o la intromisión de los
necios y solo permite a los “sabios prudentes” señalar o corregir “cualquiera
defecto” que encuentren en su digno versificar.
Tras un ligero análisis del contexto de producción y la estructura del
Poema cabe realizar una ligera explicación de su intención comunicativa. La
obra, como propia de un ambiente clerical, no se escapa a la intención didáctica
y doctrinal. Así lo ponen de manifiesto los diferentes apóstrofes amplificadores
que van dispersándose a lo largo del texto. Por tales apóstrofes cabe entender
coplas puestas directamente en boca del autor en forma de diálogo exhortativo
con el receptor que sirven de subrayado moral de ciertos motivos o pasajes
y que, según al receptor al que se dirijan (personajes de la obra o lectores),
tienen un valor retórico (en el caso de los personajes) u homilético (en el caso
de los lectores). Valga de ejemplo el apóstrofe dirigido al propio monasterio:
Y tú, Guadalupe, que tienes cerrado
dentro en tu cerco tan grande tesoro,
dí cuales perlas, ni plata, ni oro
hacen lugar en tanto nombrado.
Yo te prometo, por mal venturado,
si no reconoces en ti tanto bien,
pues ya por las obras has visto muy bien
ser de esta Señora cualquiera cuidado. (c. 113).
Los seis casos de apóstrofes amplificadores en la obra responden a diversas
funcionalidades que podemos sintetizar en el siguiente listado:
• Invocación tópica a la musa cristiana: cc. 2-4.
• Condena moral de los destructores de España: cc. 15-19. Digresión moral
propia del clero que asegura el castigo divino ante el pecado.
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118 Francisco Javier Grande Quejigo
• Consuelo a la cueva que guarda la imagen de la Virgen: c. 28. Subraya
el valor futuro del lugar de la aparición.
• Apelación a la Naturaleza que no destruyó la imagen de la Virgen: c.
47. Subraya el poder milagroso de la imagen.
• Loor de Guadalupe, cc. 103-114. Destaca el valor devocional del monaste-
rio y las riquezas espirituales que se derivan del servicio y presencia de la Virgen.
• Apelación final al lector: c. 115. Pone de manifiesto el valor documental
del relato.
Como puede observarse, en todos los casos referidos a Guadalupe se invita
al receptor a reflexionar sobre la riqueza que supone la presencia activa de María
en dicho lugar a través de su imagen y su monasterio, siendo ejemplo de vida cris-
tiana y de devota piedad por la obra de sus monjes como ejemplifica la copla 111:
...Habla con los religiosos de este monasterio
¡Oh cuánto dichosos podéis ser llamados,
pues dones tan grandes en tanta manera
tenéis en la casa que en rexcta carrera
aún sóis en la tierra al cieno donados!
¡Oh frailes, no frailes, más digo dotados
en algo del don de lo celestial,
pues siervos continuos de la imperial
y Reina del cielo vos fuisteis tomados!
Estos apóstrofes, unidos a la llaneza del estilo y la inmediatez del
testimonio de visu (en coplas como la 97 y la 100), muestran la presencia
de la claridad expositiva propia de la oratoria medieval y trasladada del
sermón a la prosa por autores como el Arcipreste de Talavera en su cono-
cido Corbacho26.
Este carácter homilético del poema coincide con la devoción popular de
las colecciones de milagros que promueven las peregrinaciones y donaciones al
monasterio. En este sentido, junto al Poema en arte mayor se conserva un breve
26
Vid. el estudio de Sara Mañero, El Arcipreste de Talavera de Alonso Martínez de Toledo,
Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, Toledo, 1997.
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La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 119
crónica en verso hacia 1521.
villancico en el que se invita reiteradamente en su estribillo a peregrinar a la santa
casa guadalupense:
A esta casa de oración,
templo de gran santidad,
vengan: que es en Guadalupe
los que quieren santidad.
Idéntica devoción popular aparece en la copla 114 cuando se nos invita a
que todos vengamos ante Ella ofrecidos, / rogándole humildes, con mucho fervor.
No obstante, este no será el tono propio del Poema en arte mayor. En
él se desarrolla una devoción más ilustrada que se transforma en crónica de
la Orden empeñada en demostrar al lector los fundamentos documentales
del culto y del patrimonio monástico de Nuestra Señora de Guadalupe. Por
ello, el texto se detiene en numerosos pasajes a legitimar documentalmente
el culto mariano detallando las diferentes donaciones y privilegios reales a
Guadalupe. En rápido repaso advertimos la serie cronológica de documentos:
• Mandatos de Alfonso XI (c. 55) y patronazgo (c. 59):
Pues deste rey noble, así visitada
y dadas ofrendas de grande valor,
toma esta iglesia en sí, en su favor
y patronazgo a él diputada. (c. 59)
•Pedro I: por sus privilegios que él aquí diera / a esta Señora, lo cual
conced iera,/ que fueron muy firmes con carro rodado (c. 63).
• Enrique II: dándole rentas según sus afanes/todo firmado por carta
real (c. 65).
• Y los muchos privilegios de Juan I a la Orden:
y yo les daré la renta y poblado
y en darles término estó aparejado
para en que sirvan a esta Señora (c. 69)
Y que él les dará allí muchos dones,
el término y pueblo, y más el rentar
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
120 Francisco Javier Grande Quejigo
con todo lo otro que así situar
pueden sus tierras con sus posesiones (c. 74).
Y yo os daré término y la granjería
con tierras e renta y junto a poblado
también la justicia e imperio doblado
con cartas muy firmes de toda valía (c. 81).
• En las coplas 82, 83 y 84 el Poema detalla los fundamentos jurídicos que
confirman el derecho y jurisdicción de la orden por la renuncia de los derechos
del Rey, del prior del patronazgo real y del arzobispado de Toledo:
y más para esto os ratificar
en privilegio será autorizado,
según que conviene y cumple mi estado
y esté muy seguro si[n] al que dudar. (c. 82)
• En las coplas 93-95 se testimonia la toma de posesión legal del señorío
sobre Guadalupe reiterando en cada estrofa el cumplimiento del documento real:
las cartas reales queriendo mostrar
y darle en cumplido la su posesión. (c. 93)
Y obedecidos, según convenía,
los mandamientos y cartas reales (c. 94).
En cómo mandaban las cartas reales (c. 95)
A la luz de estas referencias, la obra se muestra como un intento de legi-
timar el señorío monástico de Guadalupe en su época de esplendor. Y la mejor
legitimación, junto a su fundamentación documental, es el culto honesto, en
vida y en liturgia, a la Virgen titular del monasterio ofrecido de continuo por
los monjes jerónimos en su vida virtuosa:
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La Fundaçión desta casa de Guadalupe trobada, 121
crónica en verso hacia 1521.
Decirte la Orden y el bien que ellos crecen
ni basta la lengua, ni puede hablar,
pues sólo en ponerla la mente a pensar
sentidos y fuerzas así desfallecen.
Ten de muy cierto que asina parecen
en castos y humildes y en ser obedientes
y pobres; que dones en sí suficientes
teniendo, en virtudes y gracias florecen. (c. 110)
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 125-150
La verdadera familia del Divino Capitán:
dos ramas Aldana frente a frente 1
Adalid Nievas Rojas
Universitat de Girona
[email protected] Resumen
A continuación se ofrece una serie de pruebas documentales que evidencian
y corrigen un error, inadvertido hasta el día de hoy, que ha afectado a la genealogía
y a la verdadera identidad de la familia de Francisco de Aldana. Los nuevos datos
no dan lugar a dudas: la rama familiar a la que perteneció el poeta renacentista,
asentada en Florencia a raíz del matrimonio de Leonor de Toledo con Cosme I de
Médici, se ha confundido, debido a una engañosa atribución de parentesco trazada
por Cosme de Aldana, con la rama familiar Aldana oriunda de Alcántara que se
había establecido en el Reino de Nápoles.
Palabras clave: Francisco de Aldana, Cosme de Aldana, Villela de Aldana,
Alcántara, genealogía
Abstract
We present a series of documentary evidence that highlights and corrects
an error, unnoticed until now, which has affected both the genealogy and the true
identity of the family of Francisco de Aldana. The new data leaves no doubts in
its wake. The family branch to which the Renaissance poet belonged, settled in
Florence following the marriage of Leonor de Toledo to Cosimo I de’ Medici,
has been confused due to the deceptive attribution of kinship—established by
Cosimo de Aldana—with the Aldana family branch (originally from Alcántara),
settled in the Kingdom of Naples.
Keywords: Francisco de Aldana, Cosme de Aldana, Villela de Aldana, Alcan-
tara, genealogy
1
Este trabajo se inscribe en el proyecto «Garcilaso de la Vega en Italia. Estancia en Nápoles»
(2016-2019): FFI2015-65093-P, dirigido por Eugenia Fosalba. No puedo ni quiero silenciar mi
deuda con Juan Luis Sánchez, gran especialista en Historia Militar y autoridad mundial en la de los
Tercios españoles, a quien expreso desde aquí mi total admiración y mi más sincero agradecimiento
por su generosidad intelectual, y por haber corroborado, en un momento clave de mis pesquisas, mi
intuición en torno a lo que yo venía llamando el problema de los dos semilleros Aldana. Es muy
probable que estas páginas siguieran hoy sin redactarse de no haberme agraciado este infatigable
historiador, una madrugada de finales de enero, con el rayo de luz que mis ojos y mi ánimo
necesitaban para poder descubrir y recorrer confiadamente los caminos de la presente investigación.
126 Adalid Nievas Rojas
Se han hecho esperar, pero han llegado para quedarse. Me refiero a los
datos inequívocos que permiten detectar y resolver el escandaloso error que
hasta hoy ha persistido en torno a la identidad del padre de Francisco de Alda-
na. El hallazgo de los nuevos documentos no admite medias tintas, por lo que
trataré de ser claro: la dualidad de personajes que se esconden tras el nombre de
Antonio de Aldana no la consiguió advertir Elias L. Rivers en su clásico trabajo
de 1953, publicado en esta revista2, ni tampoco yo mismo en la investigación
que llevé a cabo en 2017, centrada en los años italianos del Divino3. Porque, en
efecto, Antonio Villela de Aldana, natural de Alcántara, capitán de infantería y
de caballos en Italia al servicio del Emperador, barón de Poggio Picenze, cas-
tellano de Gaeta y de Manfredonia, y hermano, entre otros, del célebre maestre
de campo Bernardo de Aldana no debe confundirse, como ha pasado, con el
Antonio de Aldana que formó parte del séquito que acompañó a Leonor de
Toledo a Florencia en junio de 1539 con motivo de su inminente matrimonio
con Cosme I de Médici. Este último Antonio de Aldana, posiblemente natural
de Guadalcanal, capitán de caballos en el Reino de Nápoles, capitán de justicia
de la ciudad de Barletta en 1540, capitán, hacia finales de 1541 o principios de
1542, de arcabuceros a caballo al servicio de Cosme I de Médici, castellano
de Livorno entre 1546 y 1553, y de la fortaleza de San Minitato, en Florencia,
desde 1554 hasta su muerte, en 1570, es el padre del gran poeta renacentista,
y no Antonio Villela (o Villena) de Aldana, el pariente del historiador Pedro
Barrantes Maldonado que aparece referido en la que hasta hoy se consideraba
la principal fuente de información sobre la genealogía del autor de la Epístola
a Arias Montano: la copia que Fabián Antonio de Cabrera y Barrantes sacó de
los «papeles originales que escrivió Pedro Barrantes Maldonado, hermano de
nuestro San Pedro de Alcántara, toccantes a algunas notizias de familias y cossas
suzedidas en estta villa»; esto es, el conocido manuscrito del que dio noticia
Pascual de Gayangos en el «Apéndice A» de su edición de las Ilustraciones
de la Casa de Niebla4, de Pedro Barrantes, custodiado en la actualidad por la
Biblioteca Nacional de España bajo la signatura 17.9965. Antes de presentar
2
RIVERS, Elias L.: «Francisco de Aldana, el divino capitán», Revista de Estudios Extremeños,
t. IX, n. 1-4, 1953, pp. 451-635.
3
NIEVAS ROJAS, Adalid: «Nuevos datos para la biografía de Francisco de Aldana (I). Años
italianos», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, vol. 20, 2017, pp. 45-84.
4
BARRANTES MALDONADO, Pedro: «Ilustraciones de la casa de Niebla», t. II, Memorial
Histórico Español, t. X, Madrid, 1857, pp. 471-537. En el apéndice, titulado «Extracto de las
memorias de Pedro Barrantes», Gayangos publica fundamentalmente cartas de Bernardo de
Aldana (y alguna de su hermano Juan Villela) dirigidas a Pedro Barrantes, sacadas de la copia
de Fabián Antonio de Cabrera.
5
Por fin se ha llevado a cabo una transcripción del manuscrito, que pude consultarse en Noticias
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La verdadera familia del Divino Capitán: 127
dos ramas Aldana frente a frente
los nuevos documentos y de establecer la diferente personalidad y progenie de
Antonio Villela de Aldana y de Antonio de Aldana, permítaseme que recuerde
algunos apuntes genealógicos de Pedro Barrantes relativos a la rama Aldana a
la que el historiador alcantarino estaba unido por una relación de parentesco6.
Dice Barrantes: «Pues este Francisco Villela y María de Oviedo tuvieron
quatro hijos y una hija. El mayor fue Gaspar de Mercado, que cassó con Fran-
cisca de Chaves, y tienen hijos a Francisco Villela de Mercado, que está en las
guerras de Flandes sirviendo al rey Don Felipe, y a Doña María de Aldana, y a
Doña Catalina de Aldana, y a Doña Ana de Mercado.
El hijo segundo de Francisco Villela fue Antonio de Aldana, que cassó
en Parma en Ytalia con hija del coronel Gonzalo de Aldana, primo hermano de
su madre María de Oviedo; y fue capitán de caballos en Ytalia y alcayde del
castillo del Águila en Ytalia y después alcayde del castillo de Gaeta en Nápoles.
Dexó tres hijos: el uno tiene esta alcaydía de Gaeta, el segundo es camarero
de Don Hernando de Toledo, Duque de Alva, y el tercero capitán de infantería
en Flandes oy.
El hijo terzero de Francisco Villela fue Bernardo Villela de Aldana, maestre
de campo del Emperador Carlos Quinto del terzio de Ungría y después capitán
general del artillería de Nápoles; y se halló en grandes cossas en servizio del
Emperador en Ytalia, Alemania, Franzia, Ungría y África, donde murió de
heridas que le dieron los turcos del armada, quando les ganaron los Gelves»7.
Los nombres del cuarto hijo (en realidad del tercero, ya que el cuarto era
Bernardo) y de la hija de Francisco Villela y María de Oviedo no se mencionan
en este párrafo, pero sí en otras partes del mismo manuscrito: ellos son Juan
Villela de Aldana, fraile de la Orden de Alcántara, luego arcipreste de Valencia
de Alcántara, y Catalina Álvarez de Aldana, mujer de Gabriel Barrantes8.
de Alcántara, ed. de Dionisio Á. Martín Nieto y Bartolomé Miranda Díaz, vol. I, Cáceres:
Diputación de Cáceres, 2010, pp. 195-407.
6
Lo señala el propio Barrantes: «Francisco Villela, primo segundo de mi madre María Villela»;
ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 26v; o Noticias de Alcántara, op. cit., p. 305.
7
Ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 10r; o Noticias de Alcántara, op. cit., p. 261.
8
Ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fols. 54r y 98r-v; o Noticias de Alcántara, op.
cit., pp. 362 y 263-264. Juan Villela de Aldana acompañó a su hermano Bernardo en la expedición
a Hungría (1548). Antonio Rodríguez Villa adjudicó a Juan Villela la autoría de un manuscrito
conservado en la Biblioteca de El Escorial que recoge los hechos de armas que el Tercio Viejo
de Nápoles, a las órdenes del maestre de campo Bernardo de Aldana, realizó en tierras húngaras
entre 1548 y 1552 (ver RODRÍGUEZ VILLA, Antonio: Expedición del maestre de campo
Bernardo de Aldana a Hungría en 1548, escrita por Frey Juan Villela de Aldana, su hermano,
clérigo de la Orden de Alcántara, Madrid, 1878). En 1986, Ferenc Szakály analizó el códice y
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
128 Adalid Nievas Rojas
Naturalmente, es el segundo hijo de Francisco Villela, Antonio Villela de
Aldana (considerado el primogénito en algunos pasajes) el que interesa destacar en
este estudio. En otros puntos del relato, se hallan más detalles sobre él y su familia:
«Antonio de Aldana, capitán de cavallos ligeros en Ytalia y alcayde del Aquila, de
Manfredonia y de Gaeta, padre del capitán Pablo de Aldana, cavallero del ábito
de San Juan que mataron los turcos en la Goleta, y de Diego de Aldana, camarero
que es del Duque de Alva Don Hernando de Toledo»9. Casi veinte folios más ade-
lante, en unas líneas pertenecientes con total seguridad a una fase de redacción un
poco más tardía que la del anterior fragmento (que a su vez parece originarse en
una etapa redaccional intermedia)10, se lee: «en la Goleta […], Paulo de Aldana,
cavallero del ábito de San Juan y capitán de ynfantería, fue allí cautivo; este era
hijo de Antonio de Aldana, alcayde de Gaeta, capitán que havía sido de cavallos
ligeros en Ytalia»11. Y en otro sitio: «El mayor de los hijos de mi tío Francisco
Villela de Aldana fue Antonio Villela de Aldana, que cassó en la ciudad de Parma
en Ytalia con hija del coronel Gonzalo de Aldana su tío, primo hermano de su
madre, el qual coronel passó con el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba
a la conquista del Reyno de Nápoles; y hizo un desafío con el capitán Peralta en
Parma y venziólo; y cassó allí y tuvo hijos a Szipión Aldana y otros e una hija
que cassó con el sobredicho Antonio Villela de Aldana. Y este sirvió mucho al
Emperador en todas las guerras de Ytalia y fue capitán de infantería y lo fue de
cavallos y le dio el Emperador el alcaydía de la ciudad de Aquila en el Reyno de
Nápoles y después, mejorándolo, le dio el alcaydía de la ciudad de Gaeta, cosa
señalada, donde ahora reside; aunque después de escrito esto fallezió este año»12.
Queda recoger todavía un último dato de las páginas del manuscrito refe-
rente a la genealogía inmediata de Antonio Villela de Aldana. Pese a su flagrante
contradicción y su vaga correspondencia con el resto del discurso, el comentario
no es baladí, ni ha dejado de ser determinante, pues ha servido para vincular a
Francisco de Aldana, el poeta hispanoflorentino, a esta rama familiar oriunda de
la correspondencia de Bernardo de Aldana conservada en el Archivo de Viena, y concluyó que
el hermano del maestre de campo no podía tratarse del autor del manuscrito (ver SZAKÁLY,
Ferenc, Bernardo de Aldana magyarországi hadjárata 1548-1552, Budapest: Európa, 1986, pp.
13-16). Años más tarde, Zoltán Korpás lo atribuyó, aunque no de forma concluyente, al secretario
del rey Fernando, Juan de Castillejo (ver KORPÁS, Zoltán: «La correspondencia de un soldado
español de las guerras en Hungría a mediados del siglo XVI. Comentarios al diario de Bernardo de
Aldana (1548-1552)», Hispania, vol. LX/3, n. 206, 2000, pp. 881-910; sobre la autoría, ver p. 905).
9
Ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 54r; o Noticias de Alcántara, op. cit., p. 362.
10
Para las diferentes fechas de composición del manuscrito, véase Noticias de Alcántara, op.
cit., pp. 188-189.
11
Ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 73v; o Noticias de Alcántara, op. cit., p. 403.
12
Ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 98r; o Noticias de Alcántara, op. cit., p. 263.
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La verdadera familia del Divino Capitán: 129
dos ramas Aldana frente a frente
Alcántara. Hablando Barrantes sobre las rentas de Bernardo Villela de Aldana,
escribe: «Havía mandado comprar en Alcántara renta de yerva y de zenssos, y
havíanle comprado más de 100.000 maravedís de renta, y mandó reedificar las
casas de su padre, que son en Alcántara, cerca del combento de San Benito, en
las quales se gastaron 3.000 ducados, aunque no se acabaron por su muerte. Toda
la renta que havía mandado comprar en Alcántara y los 100.000 maravedís de
renta de la tenencia de Sedella dio muchos años, y siempre hasta que fallezió, a
su madre María de Oviedo, y a su hermano Gaspar de Mercado, para sus gastos
y mantenimiento. Después de la muerte de su sobrino el capitán Francisco de
Aldana, que murió en el assalto de Lippa en Ungría, dio aquella capitanía a su
sobrino Francisco Villela de Aldana, hijo de su hermano mayor Antonio de Al-
dana, alcayde de Gaeta. Finalmente, al tiempo que pensava Bernardo de Aldana
descansar en su cassa, passó de orden del Rey a la empresa de los Gelves…»13.
Sin duda, fue una mala lectura de este pasaje la que inició la cadena de
errores con respecto a la filiación del Divino. La primera equivocación tiene
su origen en Pascual de Gayangos, quien afirmó que Bernardo de Aldana, al
morir sin hijos, dejó «por heredero de su hacienda, que era cuantiosa, al capitán
Francisco de Aldana, maestre de campo del Rey de Portugal Don Sebastián, en
la desastrosa jornada de África»14, afirmación sin base que desmontó Rivers acu-
diendo tanto al propio manuscrito de Barrantes (un párrafo sobre el testamento
de Bernardo que Gayangos evidentemente había pasado por alto), como a una
carta dirigida a Felipe II por los testamentarios Juan Zapata y Juan de Bolaños,
que el hispanista localizó en el Archivo General de Simancas15. Pero Rivers,
que acertó al señalar que el sobrino de Bernardo llamado Francisco de Aldana,
muerto en el asalto de Lippa (hoy Lipova, Rumania), «no puede ser nuestro
Francisco», erró totalmente al identificar al poeta renacentista en el nombre del
sobrino que, supuestamente, recibió una capitanía de Bernardo, y que era «hijo
de su hermano mayor Antonio de Aldana, alcayde de Gaeta». Así de rotundo
13
Ver Biblioteca Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 99r; o Noticias de Alcántara, op. cit., p. 265.
14
BARRANTES MALDONADO, Pedro: op. cit., p. 472.
15
Cita el estudioso norteamericano: «“Fallezió [Bernardo de Aldana] de heridas y calenturas,
confesando y hecho testamento…; murió… sin dejar hijos legítimos ni bastardos; a su mujer dejó
las cosas de Nápoles y su hermano Gaspar de Mercado la hazienda de Alcántara” (Biblioteca
Nacional, Ms. 17.996, fol. 99r). En una carta a Felipe II, Juan Zapara y Juan de Bolaños,
testamentarios de Bernardo, piden que el Rey “haga merced a un su sobrino, hijo mayor de Gaspar
de Mercado, su hermano, de la tenençia de Sedella… con cien mill maravedíes de provisión… Y
tuvo Bernardo de Aldana por cierto que no solamente esta pequeña merced sino otras mayores,
offresçiéndose, hará Vuestra Magestad a sus sobrinos, pues dexa tantos y todos hombres para
ser empleados en el serviçio de Vuestra Magestad”. (Archivo General de Simancas, Estados:
Nápoles, leg. 1050, fol. 127)»; ver RIVERS, Elias L.: op. cit., pp. 457-458, nota 12.
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130 Adalid Nievas Rojas
se expresaba el hispanista: «este sobrino sí que es nuestro Francisco»16. Es
una pena que ni la disonancia del comentario sobre el asalto de Lipova en el
conjunto del párrafo ni la, cuando menos, llamativa coincidencia del nombre de
los dos sobrinos de Bernardo (Francisco de Aldana, uno, y Francisco Villela de
Aldana, otro) indujeran a Rivers a servirse, en este punto clave del documento,
de sus propias advertencias acerca de la problemática elaboración de la obra:
«contiene el manuscrito una gran masa desorganizada de materia genealógica y
biográfica […]. En los detalles hay muchas repeticiones y hasta contradicciones
manifiestas»17. Aunque es cierto que Rivers tenía, como se verá enseguida, una
razón de peso para forzar la interpretación del fragmento, también lo es el hecho
de que seguramente habría reconsiderado su conclusión de haber leído la carta
que Juan Villela (hermano, recuérdese, de Bernardo Villela de Aldana) envió a su
primo Pedro Barrantes desde Hungría ‒transcrita por Gayangos en el «Apéndice
A» de su edición de las Ilustraciones de la Casa de Niebla‒, donde se descubre
que Francisco Villela de Aldana, el sobrino de Bernardo que murió en el asalto
de Lipova (noviembre de 1551) habiendo recibido antes una capitanía gracias
a la intercesión de su tío, era hijo de Antonio Villela de Aldana, castellano de
Gaeta. Escribe Juan Villela: «Esta jornada de Lipa contaré a v. md. como per-
sona de vista, en la qual yo me hallé, y no sin que me tocase parte de la fruta
de la guerra, con perder un sobrino, hijo del castellano de Gaeta, para quien el
Mestre de Campo, mi hermano, con su favor sus servicios avia alcanzado de
la magestad del Rey le hiciese capitán; el qual lo fue seis meses, mancebo de
veinte años, tan alto como mi padre…»18.
16
RIVERS, Elias L.: op. cit., p. 463.
17
RIVERS, Elias L.: op. cit., p. 458. El académico Vicente Barrantes, que, además de serlo en
las academias de la Lengua y de la Historia, era consejero de Instrucción pública y cronista
de Extremadura, poseía una copia —«muy correcta y adicionada por mí»— del manuscrito
copiado por Fabián Antonio de Cabrera y Barrantes, sobre el cual escribió: «D. Fabian de
Cabrera y Barrantes, que en el siglo pasado conservaba en Alcántara los manuscritos de nuestro
insigne historiador [Pedro Barrantes], bien porque el de esta obra no estuviese completo,
bien por otras causas difíciles hoy de averiguar, tuvo la desgraciada ocurrencia de mezclar y
confundir por lastimoso estilo, haciendo un solo volumen, las Antigüedades de Alcántara, con
los Apuntamientos para la historia de los Barrantes, Maldonados y Aldanas, y otros linages
nobles de Extremadura […], siendo imposible deslindar lo que pertenece a la historia del pueblo
natal de Pedro Barrantes y lo que se refiere a la de su familia»; ver BARRANTES, Vicente:
Narraciones extremeñas por D. V. Barrantes, vol. I, Madrid, 1873, p. 141, nota 2.
18
BARRANTES MALDONADO, Pedro: op. cit., p. 513. Sobre la capitanía dada a Francisco
Villela de Aldana hay detalles en el manuscrito de la Biblioteca de El Escorial que trata sobre la
expedición de Bernardo de Aldana a Hungría: «Y [el rey Fernando] le dio la compañía de Luis
Vélez, que se había partido para ir a servir al virrey de Nápoles, para su sobrino Francisco de
Aldana, aunque para esto le ayudó mucho la amicicia y solicitud de Luis Venegas de Figueroa,
a causa de estar inclinado el rey de darla a un caballero sardo llamado don Gaspar Castelvi,
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La verdadera familia del Divino Capitán: 131
dos ramas Aldana frente a frente
Si Rivers hubiera conocido esta carta19 y hubiese decidido igualmente
sostener su conclusión, tendría que haber aceptado que el Divino, cuyo año de
nacimiento era 1537, tuvo un hermano mayor homónimo que había nacido en
1531. Por supuesto, el hispanista tendría que haber aceptado también que An-
tonio de Aldana, el personaje que pasó al servicio del duque de Florencia hacia
1542, seguía ocupando el cargo de castellano de Gaeta en 1551, pese a saber a
ciencia cierta que, por esa época, el padre del poeta llevaba ya seis años como
castellano de Livorno. Es del todo probable que Rivers hubiera aceptado sin
problema esta última posibilidad, pues, al fin y al cabo, sostuvo que Antonio
de Aldana «conservó su posición de alcaide napolitano» aun en los postreros
años de su vida, es decir, hacia 1565, cuando era castellano de la fortaleza de
San Miniato de Florencia20. Sin embargo, no parece razonable que el estudioso
norteamericano hubiese apoyado el primer escenario. ¿Cómo iba Rivers a ad-
mitir la existencia de un hermano mayor del poeta que no fuera Hernando de
Aldana y que se llamara, para colmo, Francisco? ¿Cómo iba Rivers a admitir
la existencia de este hermano mayor, cuya muerte en combate y al servicio del
Rey en Hungría jamás hubiera sido silenciada por el capitán Francisco de Aldana
en su famoso memorial dirigido a Felipe II en 1577, en el que sí hizo constar,
obviamente, la pérdida de su hermano Hernando en la guerra de Flandes21? No,
de ninguna manera el primer gran biógrafo del Divino hubiera identificado a
su objeto de estudio en el pasaje del folio 99r del manuscrito de Barrantes. Es
casi seguro que la ilación del discurso del párrafo en cuestión es fallida, y que
los dos Franciscos que aparecen citados son en realidad una única y misma
persona: el sobrino de Bernardo de Aldana que murió en el asalto de Lipova en
noviembre de 1551, Francisco Villela de Aldana.
que era soldado de la compañía de Aldana»; ver RODRÍGUEZ VILLA, Antonio: op. cit., p.
76. Christopher F. Laferl compuso una relación alfabética de los españoles que sirvieron al
hermano de Carlos V, entre ellos numerosos oficiales y soldados que sirvieron en el tercio de
Bernardo de Aldana, a partir de la expurgación de varios legajos de la sección Quartierbuch
del Hofkammerarchiv de Viena. Francisco (Villela) de Aldana aparece citado, en efecto, en
1551 (aunque el autor, ignorando la muerte del sobrino de Bernardo en Lipova, sugiere que
podría tratarse del poeta renacentista); ver LAFERL, Christopher F.: Die Kultur der Spanier
in Österreich unter Ferdinand I. 1522-1564, Wien, Köln, Weimar: Böhlau Verlag, 1997, p. 212.
19
Sí la tuvo en cuenta y la citó (pese a heredar y mantener el error de Gayangos) el historiador
Antonio del Solar y Tobado, pero no parece que Rivers consultara su trabajo directamente;
ver SOLAR Y TOBADO, Antonio: Hijos ilustres de la villa de Alcántara, Badajoz, 1926, p.
24; RIVERS Elias L.: op. cit., p. 456.
20
RIVERS, Elias L.: op. cit., p. 471.
21
Archivo General de Simancas, Guerra Antigua, leg. 82, fol. 156; se puede ver la reproducción
del documento en RIVERS, Elias.: op. cit., pp. 550-551.
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132 Adalid Nievas Rojas
Pero Rivers, que desconoció, como he apuntado, que el sobrino de Bernar-
do que murió en Hungría era hijo ‒probablemente el primogénito‒ de Antonio
Villela de Aldana, vio confirmado en las confusas palabras de Barrantes (o en
la mala transcripción del copista) el parentesco entre Francisco de Aldana, el
Divino, y Bernardo de Aldana. Y sostengo que lo vio confirmado porque, como
ya he dicho, el estudioso partía de una poderosa razón para creerlo: la (falsa)
atribución de parentesco que trazó Cosme de Aldana entre su hermano y Bernardo
Villela de Aldana en el último soneto de sus tomos de homenaje a la memoria
de Francisco, cuyo epígrafe rezaba: «Ygualdad de valor y costumbres del Cap.
Francisco de Aldana, hermano del author, a su tío el S. Bernardo de Aldana,
maestre de campo de Infantería Española y general de la artillería del Reyno
de Nápoles, que murió sobre los Gelbes». Puesto que nunca se ha editado o
reproducido la composición, me parece este un momento oportuno para que la
exhume del impreso:
En la doctrina, el arte y la prudencia,
en el brío, fortaleza y confianza,
en el valor, saber y en la templanza,
en el ingenio, industria y la elocuencia,
en generosidad y experïencia,
en presteza, secreto y esperanza
de acabar cualquier hecho en la balanza
de gran justicia y recta conscïencia,
y en estar a razón tan sometido
en la humildad, denuedo y valentía,
en vigilante cura y sabia muestra.
¡Oh, Bernardo inmortal y esclarecido,
mucho este deudo a ti se parecía,
que eras gloria inmortal de la edad nuestra22!
22
ALDANA, Cosme de: Sonetos y octavas de Cosme de Aldana, Gentilhombre de su Magest.
Cathól. En lamentación de la muerte de su hermano el capitán Francisco de Aldana, Milán: Juan
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La verdadera familia del Divino Capitán: 133
dos ramas Aldana frente a frente
Aunque suene arriesgado, la autoridad fraternal que representa Cosme a la
hora de encarar la biografía de Francisco debe ponerse siempre en tela de juicio.
En este caso, por ejemplo, vemos que Cosme es el verdadero responsable, y no
Rivers, del embrollo genealógico que afecta a los Aldana al haber establecido un
parentesco sanguíneo entre su hermano y Bernardo Villela de Aldana, engañoso
parentesco que, a la postre, ha generado que las personalidades de Antonio de
Aldana, padre de nuestro poeta, y de Antonio Villela de Aldana, hermano mayor
del prestigioso maestre de campo, hayan confluido en una misma figura. Así,
pues, la mejor forma de resolver esta maraña pasa necesariamente por desmontar
a Cosme. Por suerte, la contundencia de las pruebas hoy halladas permite hacerlo
con bastante facilidad. Empecemos.
En primer lugar, se puede presentar la carta que Juan de Bolaños, testa-
mentario tanto de Bernardo como de Antonio Villela de Aldana, envió a Fer-
nando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, ante la muerte de Antonio para que
intercediese en favor de los hijos del difunto castellano de Manfredonia. El año
de su muerte, 1561, constituye sin duda un elemento definitivo para diferenciar
a este Antonio del padre de nuestro poeta, que murió, como es bien sabido, en
1570, siendo castellano de la fortaleza de San Miniato23. Escribe Bolaños:
Ill.ᵐᵒ y Ex.ᵐᵒ Señor:
A los nueve del presente screví a V.Ex.ᵃ la muerte de Antonio de Aldana,
Castellano de Manfredonia, y la miseria que en su casa queda, y si el favor
de V.Ex.ᵃ no lo remedia con obtener la gracia de S.M. del castillo para uno de
sus hijos. A V.Ex.ᵃ dexo la consideración de cómo quedaron ellos y su madre
Baptista Colonio, 1587, fol. 101v. Una libre versión al italiano cierra también las Rime di Cosimo
d’Aldana Gentil’huomo di sua Maestà Catholica in morte di suo fratello, Milano: Giacomo
Picaglia, 1587, fol. 48v: «Ygualità di costumi del Capitano Francesco d’Aldana fratello dell’authore
a quei del Sig. Bernardo di Aldana, suo zio, Maestro di Campo di Infanteria Spagnuola e Generale
della Artiglieria nel Regno di Napoli, il quale morì nella Giornata di Tropoli».
23
El dato se conoce desde la inaugural nota biográfica de Antonio Rodríguez-Moñino. Rivers
lo recoge en su trabajo, y yo he tenido la oportunidad de estudiar las reacciones a la muerte del
castellano de San Miniato gracias a las cartas que Francisco de Aldana, Chiappino Vitelli, el
duque de Alba o Cosme I de Médici escribieron sobre el asunto; ver ALDANA, Francisco de:
Epistolario poético completo, Noticia preliminar por A. Rodríguez-Moñino, Madrid: Ediciones
Turner, 1978 (reimp. facs. de la 1.ª ed., 1946), p. 8; RIVERS, Elias L.: op. cit., p. 499; NIEVAS
ROJAS, Adalid: «Algunas precisiones biográficas sobre los años italianos de Francisco de
Aldana (con más datos desconocidos)», Studia Aurea, vol. XII, 2018, pp. 89-126; NIEVAS
ROJAS, Adalid: «Nuevos datos para la biografía de Francisco de Aldana (II). Primera etapa
en Flandes (1567-1571)», Boletín de la Real Academia Española, en prensa.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
134 Adalid Nievas Rojas
con tanta necesidad y trabajo. El remedio de lo qual todo depende del favor de
V.Ex.ᵃ, a quien suplico por amor de Dios haga esta tan crescida obra de caridad y
misericordia para el sustento desta casa, pues los della an servido tan bien como
V.Ex.ᵃ sabe, y no les ha quedado otro ningún refugio de todos sus servicios, sino
suplicar por esta m(erce)d. a V. Ex.ᵃ. Al Duque de Alcalá se le ha pedido que
metiese en posesión uno de los hijos del Castellano, entre tanto que proveýa
S.M., y hasta ora no lo ha hecho, pero ha dado significación de que lo pondrá
en cabeça del Barón Aldana, qu(e) es su tío. Pero todo esto a ydo con un poco
de tibieza. Advi[é]rtolo a V.Ex.ᵃ por si, por ventura, scriviere a S.M. en favor de
otro por este castillo, y que el [sic] en quien más esperança tenía[n] su padre y el
M(aest)ro de Campo Aldana, que Dios tiene, era en Hernando de Aldana, aunque
es el menor de los tres, y ansí la tenemos aora todos; y para él lo pida V.Ex.ᵃ y
le mande despachar el previllegio, cuya Ill.ᵐᵃ y Ex.ᵐᵃ persona N. S. guarde y en
su tanto servicio conserve como sus criados y servidores deseamos. En Nápoles,
a 27 de septiembre 1561.
Besa los pies de V.Ex.ᵃ
su criado
J(uan) de Bolaños24.
Ciertamente, los datos que refiere la misiva son valiosísimos. Por un
lado, tenemos, como se ha señalado, la fecha de la muerte del castellano de
Manfredonia, una fecha que, de haber constado en aquel documento que halló
Rivers donde sí se anotaba que el salario del castillo de Manfredonia «vaca por
Antonio Villena de Aldana», habría despertado en el hispanista norteamericano
los suficientes recelos como para que pudiera desconfiar de su propios plan-
teamientos25. Por otro lado, la carta confirma varias noticias del manuscrito de
24
Archivo de los duques de Alba, C. 30, N.º 80. La vacante no se proveyó en el benjamín,
Hernando de Aldana, sino en la persona de Pedro de Castilla de Toledo, el 6 de noviembre de
1561; ver Archivo General de Simancas, Secretarías Provinciales, leg. 125, fol. 56v. Sobre el daño
que Antonio causó a la hacienda real por su administración del castillo mientras fungía el cargo
de castellano de Manfredonia se da noticia en OREFICE, Renata: Petizioni dei Relevi: repertorio
e indice analitico per Puglia e Basilicata. 1510-1698, Bari: Editrice Tipografica, 1988, p. 378.
25
«Lista de los castillos del Reyno de Nápoles con el salario que cada uno tiene […].
Manfredonia, 400. El de Manfredonia vaca por Antonio Villena [sic] de Aldana; tiene
quatrocientos ducados de salario y ayuda de costa…», Archivo General de Simancas, Estado:
Nápoles, leg. 1046, fol. 239. A propósito del documento el hispanista razonó muy sensatamente:
«Esta lista no lleva fecha; es probable que se escribiera después de muerto Antonio en 1570».
Parece claro que si esta relación hubiera estado fechada Rivers habría encendido todas las
alarmas; ver RIVERS, Elias L: op. cit., p. 463, nota 17.
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dos ramas Aldana frente a frente
Barrantes, como, por ejemplo, que Antonio Villela de Aldana y Bernardo Villela
de Aldana eran hermanos, en efecto, o que el Barón Aldana, es decir, Escipión
Aldana, hijo del coronel Gonzalo de Aldana, era tío (materno) de los hijos de
Antonio. Respecto a estos, Bolaños dice que eran tres, es decir, que en 1561
sobrevivían tres hijos del finado, lo cual coincide con el folio 10r del manuscrito
de Barrantes: «[Antonio Villela de Aldana] dexó tres hijos: el uno tiene esta
alcaydía de Gaeta, el segundo es camarero de Don Hernando de Toledo, Duque
de Alva, y el tercero capitán de infantería en Flandes oy». En otro lugar de la
misma obra, redactado, como ya se ha dicho, posiblemente algunos años después
de haberse escrito el anterior apunte, Barrantes nombra a dos hijos de Antonio
(uno de ellos, fallecido) y omite al tercero: «Pablo de Aldana, cavallero del
ábito de San Juan que mataron los turcos en la Goleta, y […] Diego de Aldana,
camarero que es del Duque de Alva».
Aunque las especificaciones sean escasas y falten algunos nombres
(Barrantes no hace nunca, por ejemplo, referencia explícita al hijo menor de
Antonio Villela, Hernando de Aldana, que nada tiene que ver, obviamente, con
el hermano mayor del Divino), no hay duda de que todas las noticias sobre los
Aldana recogidas en los papeles de Barrantes atañen a la rama, emparentada
con el historiador alcantarino, que se había establecido en el Reino de Nápoles,
y en absoluto a la rama genealógica a la que pertenecía nuestro poeta, que, a
la altura de 1561, llevaba casi veinte años radicada en el Ducado de Florencia.
Pero la filiación hecha por Cosme, hermano y editor del Divino, en el soneto
citado, y, por qué no decirlo, una serie de fatales coincidencias lo complicaron
todo, hasta distorsionar completamente la realidad de los hechos. Así, frente a
las líneas que Barrantes dedica a los hijos de Antonio Villela de Aldana, Rivers
se vio obligado a insistir en las deficiencias y contradicciones del manuscrito
para conseguir la aceptación de su hipótesis: que Hernando, Francisco y Cosme
de Aldana fueran hijos de Antonio Villela de Aldana, natural de Alcántara, y
parientes no muy lejanos del escritor Pedro Barrantes Maldonado y de su her-
mano uterino san Pedro de Alcántara. Argumenta Rivers: «No había ni Pablo ni
Diego en la familia de Francisco: los nombres parecen ser todos equivocaciones.
A base del primer pasaje, se saca en conclusión que el alcaide sería Cosme, el
hermano que se quedó en Italia; Francisco sería entonces, o el camarero o el
capitán, pues tanto él como su hermano Hernando estuvieron en Flandes con
el Duque de Alba. En el segundo pasaje, el llamado Pablo sería Hernando, de
quien se sabe que era caballero de una orden militar; queda entonces Francisco
para ser el camarero, el que Barrantes llama Diego»26.
26
RIVERS, Elias L.: op. cit., p. 499, nota. 54.
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La verdad es que solo acierta el hispanista en la primera afirmación.
Efectivamente, no había ni Pablo ni Diego en la familia de Francisco, pero no
porque no existieran, sino porque formaban parte de la rama familiar encabezada
por Antonio Villela de Aldana. Pablo y Diego eran hijos suyos, seguramente
el primero y el segundo de los tres que refiere Juan de Bolaños en su carta al
duque de Alba. Lo demostraré con datos.
Que hubo un Pablo de Aldana que vistió el hábito de la Orden de San
Juan de Jerusalén se puede corroborar sin dificultad gracias a la historia de la
institución escrita por Giacomo Bosio, donde «Fra Paulo de Aldana» aparece
entre los «Cavalieri della lingva di castiglia» que asistieron al socorro de Malta
(1565)27. Existen, además, dos testimonios que también sitúan a Pablo de Al-
dana en la pérdida de la Goleta: por un lado, está el relato del alférez Pedro de
Aguilar, que lo incluye «entre la gente que se perdió», siendo capitán de una
compañía28; por otro lado, está la crónica compuesta «en cinco cantos de octaua
rima» por Alonso de Salamanca: «Bargas, capitán, Pablo de Aldana / aquel buen
don Martín, dicho de Acuña […], / y don Francisco de Haro y de Meneses / con
ellos van cautiuos sin arneses»29. Por último, debe tenerse en cuenta un manus-
crito totalmente desconocido tan revelador como el manuscrito de Barrantes
por lo que se refiere a los Villela de Aldana. En dicho manuscrito, conservado
hoy en el Palazzo Falson Historic House Museum Collection, en Mdina, Malta,
ha quedado constancia de un litigio que tuvo lugar entre 1582 y 1587 a raíz de
la demanda que Diego Villela de Aldana presentó contra el Consejo de Justicia
y Regimiento de la villa de Ocaña por no considerarlo «hijodalgo notorio de
padre y de abuelo y bisabuelo de solar conoscido», y por querer obligarlo, en
consecuencia, a pechar y a contribuir sin que lo hubiesen hecho nunca sus ante-
pasados. Buena parte del documento está compuesto por las declaraciones de los
testigos que Diego Villela de Aldana presenta ante escribano para demostrar su
hidalguía. Entre los testigos se encuentran algunos vecinos de Alcántara, como
Ambrosio Bello, Agustín de Aguilar o Martín Morgudo, pero también persona-
jes de renombre como Fadrique de Toledo, IV duque de Alba, o don Fernando
de Toledo, prior de la encomienda de San Juan. Y todos coinciden en varios
hechos que nos pueden resultar conocidos, aunque otros no tanto: Diego Villela
de Aldana nació en Italia, concretamente en el Reino de Nápoles, y era hijo de
27
BOSIO, Giacomo: Dell’istoria della Sacra Religione et Ill.ᵐᵃ Militia di San Giovanni
Gierosolimitano, III, Roma: Facciotto, 1602, pp. 660-661.
28
AGUILAR, Pedro de: Memorias del cautivo en la Goleta de Túnez, Madrid, 1874, pp. 15 y 87-89.
29
«Libro de cassos impensados, perdidas y levantamientos de Reyes de Turquia…», Real
Biblioteca, Ms. II-1330, fol. 39r.
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Antonio Villela de Aldana (castellano de Gaeta y Manfredonia) y de Casandra
de Aldana, y nieto, por tanto, de Francisco Villela de Aldana y de María de
Oviedo, por la parte del padre, y del coronel Aldana, por la parte de la madre30.
Uno de los testigos asegura «aver conoscido a Pablo de Aldana, hermano del
dicho Diego Villela de Aldana que litigava, que fue comendador del ábito de
San Juan y murió capitán en la Goleta cuando se perdió»31. Sobre la ocupación
de Diego da buena cuenta el testimonio de Juan Moreno, alcaide de la ciudad de
Coria: «dixo este dicho testigo que conoscía al dicho Diego de Villela Aldana
que litigava, y la primera vez que le vio y consció fue en la ciudad de Gaeta,
en el castillo della, por el mes de henero del año que pasó de mill y quinientos
y cincuenta y seys, que le parescía a este testigo que podía aver veynte y siete
años poco más o menos, y que allí le vio nyño pequeño estar con su padre en
el dicho castillo de Gaeta, y de allí vio este testigo que su señora la Duquesa de
Alva que al presente era biva que estava en Gaeta se lo pidió a su padre para su
paje, y ansí le conosció este testigo y vio servir a la dicha Duquesa y al Duque
de Alva, que era difunto, e que quando el dicho Duque de Alva vino en España
la primera vez, que podía aver veynte y dos años poco más o menos, y vino
con el dicho Duque, y que después bolvió con él a le servir en Flandes, y que
quando el dicho Duque tornó a España que podía aver ocho años poco más o
menos se vino con él»32.
Además de este importante documento, se han conservado también las
dos ejecutorias sobre un pleito que sostuvo Diego Villela de Aldana desde
1589 con los herederos del III duque de Alba, María de Toledo, viuda de don
Fadrique de Toledo, IV duque, y Antonio Álvaro de Toledo, V duque de Alba,
por el pago de una donación que había recibido del difunto Fernando Álvarez
de Toledo como recompensa a sus servicios. La donación había sido de 50.000
maravedís anuales, a cobrar de un censo que el Gran Duque tenía sobre la villa
de Acehúche (1579), aunque finalmente se situó dicha renta sobre la villa de
Calzadilla (1580). Las ejecutorias incorporan copias literales de documentos
relativos a Diego Villela de Aldana, y entre ellos, la escritura de donación a su
favor por el duque de Alba, que reza así: «Sepan quantos esta carta de poder
bieren como yo, Don Fernando Álbarez de Toledo, Duque de Alba, mayordomo
mayor de S.M. y del su Consexo de Estado, eçetera, otorgo y conosco por esta
presente carta y digo que, teniendo consideraçión a lo mucho y bien que Diego de
Billela de Aldana, mi camarero, me a servido, y a otras causas y justos respetos
30
Palazzo Falson Historic House Museum Collection, Mdina (Malta), Ms. PFM 00044, fols. 18r-v.
31
Palazzo Falson Historic House Museum Collection, Mdina (Malta), Ms. PFM 00044, fol. 11r.
32
Palazzo Falson Historic House Museum Collection, Mdina (Malta), Ms. PFM 00044, fols. 40v-41r.
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que a ello me mueben de le dar, como por la presente le doy, y durante los días
de su byda, los cinquenta mil maravedís que yo tengo de çenso, al quitar en
cada un año a razón de a catorçe mil maravedís el millar sobre el conçexo de la
villa del Acauche, en el partido de Alcántara, para que los aya e goce desde el
primer día del mes de mayo de este año de mil y quinientos y setenta y nueve
años en adelante»33.
Otro testimonio destacable puede hallarse en las noticias genealógicas
y nobiliarias de Biagio Aldimari: «De’ discendenti di detto D. Antonio Villea
Aldani, D. Diego servì in Fiandra appresso la persona del Duca d’Alba, per lo
spatio d’anni undeci [el historiador se refiere al tiempo total que Diego sirvió
en Flandes, también bajo los gobiernos de Luis de Requesens y de don Juan de
Austria], stimato grandemente da quel Governadore, attenti i suoi gran talenti»34.
33
Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1740, no. 23, fol. 1v. Ver
también, en el mismo archivo, Caja 1725, no. 42. En un codicilo del Gran Duque de Alba redactado
en 1582, se menciona también a nuestro camarero: «Seis mil reales de limosna a vasallos pobres, que
dos años después de entrar en Lisboa mandé a Diego de Aldana me guardase para esto, y tuvo que
gastar en cosas de mi cámara»; ver DUQUE DE BERWICK Y ALBA, Jacobo Fitz James Stuart y
Falcó: Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública del Excmo. Sr.
Duque de Berwick y de Alba, Madrid, 1919, p. 105. Está probado que en 1603 Diego Villela de Aldana
residía en Madrid y que avaló un préstamo solicitado por don Pedro de Toledo Osorio, marqués de
Villafranca, para que pudiera partir a Valladolid, residencia entonces de la Corte. Para ello, Diego
Villela de Aldana hubo de hipotecar 8 pies de olivares que tenía en Ocaña, 20.000 maravedís de renta
en la misma villa y otros bienes, conservándose en el Archivo de Protocolos de Madrid diversos
documentos probatorios. Por ejemplo: «Poder de don Pedro de Toledo a Diego Villela de Aldana para
que en su nombre pueda tomar y recibir prestados de Alonso González o de otra cualquier persona la
suma de maravedís que quisiere y le pareciere, y sacar de su tienda o de otras, así de la dicha villa de
Madrid como de fuera de ella, las mercaderías de seda, plata y oro, paños y otras cosas en la cantidad
y a los precios que fuere su voluntad, sin limitación alguna, para lo cual don Pedro obliga sus bienes y
rentas. Madrid, 8 de Febrero de 1603», Archivo de Protocolos de Madrid, Juan Correas, n.º 2421 (sin
foliar); ver ASTRANA MARÍN, Luis: Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra,
vol. V, Madrid: Instituto Editorial Reus, 1948-1958, pp. 497-501 (la cita en p. 501). Ese mismo día,
el 8 de febrero de 1603, también en Madrid, Diego Villela de Aldana dio a Agustín de Pedrosa por
orden de don Pedro de Toledo 400 reales para una obra que el arquitecto debía hacer en Villafranca;
ver BOSCH BALLBONA, Joan: «La fortaleza que quiso ser palacio. Noticia de Camillo Camiliani
en España (1604)», Locus Amoenus, vol. XII, 2013-2014, p. 103, nota 45.
34
ALDIMARI, Biagio: Memorie historiche di diverse famiglie nobili, cosi Napoletane, come
Forastiere, Napoli, 1691, p, 195. Véase también, del mismo autor: Historia genealogica della
famiglia Carafa, III, Napoli, 1691, p. 371. Hay que precisar que Aldimari erró al identificar a
nuestro Diego con el homónimo presidente de la Regia Camera della Sommaria, en Nápoles,
desde 1599, que todavía lo era en 1605, aunque servía en ella al menos desde 1588, un Diego
de Aldana y Alviz, antiguo colegial del San Bartolomé de Bolonia, fallecido aproximadamente
en 1621. Para la comprobación de estos datos, véase: Archivo General de Simancas, Secretarías
Provinciales, lib. 148, fol. 196v (nombramiento a su favor para una de las plantas de presidentes
letrados de la Cámara de la Sumaria de Nápoles, vacante por fallecimiento del Doctor Juan
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La verdadera familia del Divino Capitán: 139
dos ramas Aldana frente a frente
El interés de todos estos papeles es enorme, pero mayor es sin duda el
valor de la consulta hecha a Felipe III en 1602 sobre la merced que había su-
plicado el año anterior el propio Diego Villela de Aldana. La información del
documento, localizado en el Archivo General de Simancas, no puede ser más
precisa ni más terminante:
Señor:
El Conde de Lemos, con carta del 21 de julio de 1601, embió la infor-
mación q(ue) se le mandó pedir y la Cámara de la Sumaria havía hecho de los
servicios y méritos de Diego Villela de Aldana, y por ella consta que su padre
fue castellano de Manfredonia, y que murió en aquel cargo, y que un tío suyo,
hermano del d(ic)ho su padre, fue Maestre de Campo y Capitán g(e)n(er)al del
artillería del Reyno de Nápoles, el qual fue preso en los Gelves y murió en la
prisión; que un hermano del d(ic)ho Diego Villela, del hábito de S(an)t Juan,
que fue Capitán de infantería, murió en la Goleta, y tuvo otro hermano Capitán
de galera. Y q(ue) él, a imitación de todos, sirvió cerca del Duque de Alva en la
guerra romana y del Tronto, y después en Flandes de entretenido; y que haviendo
venido a estos reynos el d(ic)ho Duque quedó él por governador del condado
de Baylen y Guabre con 400 escudos de sueldo, y continuó esto hasta q(ue) el
Comendador Mayor le empleó en el cargo de la contribución para la gente de
guerra de a caballo y arcabuzeros; y q(ue) en la rebelión de aquellos estados
fue preso, y lo estuvo muchos meses haziéndole maltratamiento hasta q(ue) fue
libertado en cambio de otro prisionero; y q(ue) por la buena relación q(ue) dél
tuvo el s(eñ)or don Juan de Austria le continuó su entretenimiento de 25 escudos
al mes, y le embió a estos reynos a tratar algunos negocios del servicio de la
Corona de V.M.; que assimismo sirvió en la guerra de Portugal cerca del d(ic)
Bermúdez de Quadros); Archivo General de Simancas, Secretarías Provinciales, lib. 185, fol.
59r (merced a favor de su viuda, María Bermúdez de Castro, de doscientos ducados anuales
de pensión en Nápoles); Biblioteca Nacional de España, Ms. 2979, fol. 292r (lista de asistentes
a las «Obsequias con pompa y ceremonias funerales que se hicieron en el arçobispado por
muerte del rey Don Phelippe 2º nuestro señor, en henero y primero de febrero, 1599», fol.
283r); TROYLI, Placido: Istoria generale del reame di Napoli, IV, III, Napoli, 1751, p. 363;
BORRAJO Y HERRERA, Pedro & GINER DE LOS RÍOS, Hermenegildo, El colegio de
Bolonia, Madrid, 1880, p. 227; CAPRIOLO Giuliana: «Paternas literas confirmamus». Il libro
dei privilegi e delle facoltà del mastro portolano di Terra di Lavoro (secc. XV-XVII), Napoli:
FedOA – Federico II University Press, 2017, pp. 106, 116-118 y 159. Es muy posible que sea
este último personaje el mismo Diego de Aldana que formó parte del círculo de confianza
de Ascanio Colonna, así como el «Diego de Aldana, governador de Ascoli», a quien Cosme
dedicó un soneto; ver ALDANA, Cosme de: op. cit., fol. 91r; MARÍN CEPEDA, Patricia: «El
peregrinaje cortesano de Luis Gálvez de Montalvo entre España e Italia a través de veintiocho
cartas inéditas», Boletín de la Real Academia Española, t. XCVI, c. CCCXIV, 2016, p. 632.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
140 Adalid Nievas Rojas
ho Duque de Alva, y que en aquella y las demás occasiones en que se halló se
huvo muy honrradamente, y fue estimado generalm(en)te de todos y en particular
del d(ic)ho Duque, y que no se halla q(ue) se le aya hecho m(e)r(ce)d ni dado
remuneración por sus servicios. Por todo lo qual y haver tenido en Flandes los
d(ic)hos 25 escudos de entretenimiento, paresció al d(ic)ho Conde de Lemos y
al Consejo Collateral que podía V.M. hazerle m(e)r(ce)d de trezientos ducados
de pensión al año35.
Gracias a las revelaciones de este impagable testimonio, puedo identificar
por fin y con total seguridad la figura de Diego Villela de Aldana en las varias
menciones inconcretas a un «Aldana» o a un «Diego de Aldana» que tenía de-
tectadas y sin resolver desde hacía tiempo en algunas ediciones documentales
del siglo XIX, como esta hallada en los completísimos resúmenes de Louis Pros-
per Gachard de la correspondencia de Felipe II sobre los asuntos de los Países
Bajos conservada en el Archivo General de Simancas, en la que se corroboran
y amplían algunos datos referidos en la citada consulta:
Le duc d’Albe conféra l’administration de quelques-unesdes terres confis-
quées à des Espagnols avec de bons traitements, plutôt pour les entretenir comme
anciens serviteurs du Roi, que parce qu’ils étaient bien nécessaires. Le grand
commandeur, par le même motif, les a conservés dans ces charges : seulement,
quand il en est venu quelqu’une à vaquer, il n’y a pas pourvu. Maintenant que les
biens confisqués vont être rendus, ces Espagnols demeureront sans ressources; or,
presque tous se sont mariés dans le pays, et plusieurs sont chargés d’enfants. Le
Roi décidera s’il ne convient pas de leur accorder quelque récompense. Entre eux
est Diego de Aldana, gouverneur du comté de Walhain, et qui jouit à ce titre de
400 écus de traitement. C’est un homme très-vertueux et très-capable; il a épousé
une sœur de Baptiste Du Bois; son père et son aïeul ont servi avec distinction
l’Empereur et le Roi en Italie. Le grand commandeur souhaiterait que, quand
il perdra le gouvernement du comté de Walhain, il lui fùt assigné aux Pays-Bas
une pension égale à son traitement36.
35
Archivo General de Simancas, Secretarías Provinciales, leg. 9 (sin foliar). La resolución del
Consejo, a 22 de mayo de 1602, fue la siguiente: «Por los servicios que en esta información se
refieren paresce al Consejo que bastaría hazer m(e)r(ce)d al supp(lican)te de veynte escudos
de entretenimi(en)to al mes en Nápoles, sin embargo q(ue) el Virrey y el Colateral concurren
en trezientos de renta por haverlos tenido en Flandes de entretenimi(en)to, pero V.M. resolverá
lo que más fuere servido».
36
GACHARD, Louis Prosper: Correspondance de Philippe II sur les affaires des Pays-Bas, t. III,
Bruxelles, 1858, pp. 444-445 (ver también p. 224). El fragmento citado se basa en el contenido
de varias cartas de Luis de Requesens a Felipe II de febrero de 1576, pertenecientes al legajo 565
del archivo simanquino. Más referencias a la actividad de Diego Villela de Aldana en Flandes
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La verdadera familia del Divino Capitán: 141
dos ramas Aldana frente a frente
A la luz de todos estos datos, es absolutamente indiscutible que Pablo de
Aldana, Diego Villela de Aldana y Hernando de Aldana fueron hijos de Antonio
Villela de Aldana. También lo fue el capitán de infantería Francisco de Aldana
(1531-1551), cuya muerte ante Lipova nos permite descartarle entre los tres que
cita la carta de Bolaños. No me ha sido posible averiguar si alguno de los tres
hermanos vivos en 1561 fue, en algún momento de su vida, alcaide de Gaeta
o capitán de infantería en Flandes, tal y como indica el historiador alcantarino
Pedro Barrantes Maldonado37. Ahora bien, de lo que no puede haber duda es de
que Pablo de Aldana fue caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén y de
que Diego Villela de Aldana sirvió de camarero a Fernando Álvarez de Toledo
en los Países Bajos, dos elementos circunstanciales que vinieron a guardar cierto
paralelismo con la situación del primogénito y el segundogénito del castella-
no de San Miniato, Antonio de Aldana, puesto que su hijo mayor, Hernando,
perteneció a la orden toscana de San Esteban (1571-1574)38, y su segundo hijo,
se hallarán en la correspondencia de Maximilien Morillon con el cardenal Antonio Perrenot
de Granvela; ver PIOT, Charles: Correspondance du Cardinal de Granvelle (1565-1583), t. V,
Bruxelles, 1886, pp. 45, 103 y 146 (Piot señala en nota, equivocadamente, que el «Aldana» que
menciona Morillon ‒así, solo por el apellido‒ podría ser Francisco de Aldana). Por último, hay
que añadir que la noticia, transmitida en la consulta, de que don Juan de Austria envió a Diego
Villela de Aldana a España nos permite identificar a este en las dos menciones (de nuevo, solo
se apunta el apellido) que aparecen en una carta que el héroe de Lepanto escribió al prior don
Hernando de Toledo en 1577, unas menciones que ya llamaron la atención de Elias L. Rivers
sin que llegara a descifrarlas (op. cit., p. 469, nota 22). Dice don Juan: «Ora lo que ello es, o
la parte que supiere, dirá Aldana, porque escriuirla yo no es posible»; y poco después: «[Al]
qual Aldana encomiendo yo a V.S. que fauorezca en [lo que] él le pidirá, porque V.S. y todos le
conocemos por hombre que merece y sabrá seruir en toda cosa»; ver Documentos escogidos del
Archivo de la Casa de Alba, publicados por la duquesa de Berwick y de Alba, Madrid, 1891, pp.
372-373 (el «Aldanica» que recuerda Magdalena Ruiz en su carta al duque de Alba ‒ver la p.
87‒ es, naturalmente, Diego Villela de Aldana, y no Francisco de Aldana, como creyó Rivers).
37
Parece ser que hubo un Pedro de Aldana que fue vicecastellano de Gaeta, probablemente
el mismo «Petrus Villela de Aldana» en quien se proveyó, en 1593, la vacante de castellano
de San Cataldo por muerte de Pedro de Vargas, un cargo que seguiría ocupando en 1602; ver
Archivo General de Simancas, Secretarías Provinciales, lib. 152, fol. 63r; PONTE, Giovanni
Francesco de: Decisionvm svpremi italiae consilii, Regiae Cancellariae, & Camerae
Summariae Regni Neapolitani, Neapoli, 1612, pp. 157-161; OREFICE, Renata: op. cit., pp. 378
y 404; BONI, Salvatore: Gaeta nello splendore della sua nobilità e i suoi governatori, Roma:
Instituto Poligrafico e Zecca dello Stato, 2008, p. 6. No hay, sin embargo, que yo sepa, razones
documentales para creer que este Pedro de Aldana fue hijo de Antonio Villela de Aldana. Lo
más seguro es que no, y que se tratara de un miembro de alguna rama genealógica cercana.
A favor de este supuesto estaría el hecho de que se pueda encontrar también a un «Tommaso
Villela de Aldana, spagnuolo», sin vínculo conocido con nuestros Villela de Aldana, que
ejerció de teniente en el Ducado de Amalfi en 1564; ver CAMERA, Matteo: Memorie storico-
diplomatiche dell’antica città e Ducato di Amalfi, vol. II, Salerno, 1881, p. 150.
38
Al respecto, ver NIEVAS ROJAS, Adalid: «Nuevos datos para la biografía de Francisco de
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
142 Adalid Nievas Rojas
Francisco ‒nuestro Divino‒, estuvo al servicio particular del duque de Alba desde
la entrada del ejército español en Flandes hasta, por lo menos, el inicio de la
campaña de Frisia (1567-1568)39. Es evidente que esta similitud innegable entre
las ocupaciones de los descendientes de Antonio Villela de Aldana y de Antonio
de Aldana no facilitó que Rivers pudiera cuestionar la relación de parentesco
que Cosme había establecido entre su hermano y Bernardo Villela de Aldana;
antes al contrario: las coincidencias solo allanaron el camino a sus intrincados
razonamientos, los cuales afianzaron, lamentablemente, la credibilidad de las
palabras de aquel gentilhombre solo y tan necesitado de protección y de alcurnia
que fue Cosme de Aldana tras la muerte de su amado Francisco40.
Pese a lo dicho sobre la argucia genealógica del primer editor del Divino,
cabe ser justos con su persona, pues Cosme contaba con un punto de apoyo
mínimo para vincular sanguíneamente la gloria de su familia con la gloria de
los Villela de Aldana: el matrimonio de su hermano mayor Hernando con María
de Aldana Maldonado, hija del Barón Aldana, es decir, de Escipión Aldana, su-
cesor del coronel Gonzalo de Aldana y hermano de la mujer de Antonio Villela
de Aldana, Casandra de Aldana41. O dicho de otra manera: aquella «ygualdad
de valor y costumbres del Cap. Francisco de Aldana, hermano del author, a su
tío el S. Bernardo de Aldana» Cosme la basó en la unión matrimonial de su
hermano Hernando con una sobrina política y prima segunda de Antonio Vi-
llela de Aldana, que no solo era cuñado del Barón, sino también primo, ya que
Escipión era, como se ha dicho, hijo del coronel Gonzalo, y este, tío y suegro
de Antonio. La noticia del matrimonio de Hernando de Aldana con María de
Aldana Maldonado la transmite una misiva conservada en el Archivio di Stato
di Firenze; una carta, desconocida hasta hoy, de Cosme I de Médici dirigida a
Marco Antonio Colonna con motivo de las nupcias de sus servidores:
Aldana (II). Primera etapa en Flandes (1567-1571)» op. cit., en prensa.
39
Ibídem., en prensa. La fuente más primaria de información sobre este punto de la biografía
del poeta nos la proporciona él mismo en su Respuesta a Cosme de Aldana (vv. 106-130); ver
ALDANA, Francisco de: Poesías castellanas completas, ed. de José Lara Garrido, Madrid:
Cátedra, 1985, p. 280.
40
Véase el fundamental trabajo de CERRÓN PUGA, M.ª Luisa: «Itinerario editorial de Cosme
de Aldana, “gentilhombre entretenido de su Majestad Católica”», Studi Ispanici, 1987-1988,
pp. 181-240.
41
Sobre Casandra de Aldana se conserva un valioso documento: el de la «merced a su favor
de trescientos ducados por una vez de ayuda de costa, por los servicios que prestó su padre, el
coronel Gonzalo de Aldana, y el capitán Antonio de Aldana, su marido», con resolución de 25 de
agosto de 1566; ver Archivo General de Simancas, Secretarías Provinciales, lib. 130, fols. 33r-v.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La verdadera familia del Divino Capitán: 143
dos ramas Aldana frente a frente
Del casamento concluso tra il figluolo del mio Castillano di San Miniato,
et la figlia del Baron Scipioni Aldana non solamenti dovevo io satisfarmi, ma
ne ho sentito come hora molto piacere si per le buone convenientie che vi sono,
come per vedere che si ha ricevuto da V.S. Ill.ᵐᵃ la presenti sua colla consolatio-
ne, et come che io per li meriti della servitù me co d’esso Castillano non possa
mancare d’havere et l’una parti et l’altra sempre in buon conto et farli quelli
honori, et commodi ch’io posso, tuttavia per veder quanto à V.S. Ill.ᵐᵃ sia grato
il Baron Scipione mi propongo volentieri come hora questo respetto di più à
trarne amorevole protittione, et sarà piccolissima cosa à quello ch’io desidero far
sempre in servitio, et satisfattione di quella la vui Ill.ᵐᵃ persona grandi et avere
da nostro Signore Dio quanto io hora prego. Da Fiorenza42.
La carta, copia de mano de un secretario del duque de Florencia, es una
perfecta muestra del encuentro de dos ramas Aldana, esto es, la que nace de An-
tonio, castellano de San Miniato, y la que surge de Escipión Aldana, que estaba
emparentada con la de Antonio Villela de Aldana. Nótese, además, que dicho
encuentro es un magnífico reflejo de ese otro encuentro superior que representa
la colaboración entre dos principales casas italianas como la de los Colonna y los
Médici (ambas próximas a la casa de Toledo, refugio natural de todos los Aldana)43.
Por otra parte, conviene señalar que la misiva es del 9 de noviembre de 156544, por
lo que ya podemos fechar con absoluta exactitud las famosas octavas del Divino
«hechas recitar en unos desposorios de un hermano suyo», es decir, Hernando de
Aldana45. Que la «figlia del Baron Scipioni Aldana» era María de Aldana Maldo-
42
Archivio di Stato di Firenze, Mediceo del Principato, 223, fols. 81r-v.
43
Muy ilustrativa me parece en este sentido la presencia activa y protagonista de Marco Antonio
Colonna en la ceremonia de coronación de Cosme I de Médici como Gran Duque de Toscana (1569);
ver LAPINI, Agostino: Diario fiorentino di Agostino Lapini. Dal 252 al 1596, Firenze, 1900, p. 167.
44
Esta fecha induce a pensar que la carta de Hernando de Aldana en la que este afirma que un
«tío» suyo ha muerto en la jornada de Trípoli, y que está sin fechar, podría ser, de tratarse ese
«tío» de Bernardo de Aldana, posterior a su matrimonio, es decir, posterior a noviembre de
1565, lo cual daría cierto sentido a esa denominación como tío. Aunque lo más probable y lógico
es que la carta sea de 1561 (fecha media del legajo), y que el pariente al que se alude sea un tío
sanguíneo de Hernando, tal vez un hermano desconocido de su padre, Antonio de Aldana. Véase
Archivio di Stato di Firenze, Mediceo del Principato, 5027 (sin foliar), y las reflexiones que
me ha suscitado dicha carta: NIEVAS ROJAS, Adalid: «Algunas precisiones biográficas sobre
los años italianos de Francisco de Aldana (con más datos desconocidos)», op. cit., pp. 120-121.
45
Ver ALDANA, Francisco de: Poesías castellanas completas, op. cit., pp. 209-218 (en los vv.
219-220 queda claro que el desposado es el hermano mayor de Francisco). Aprovecho este espacio
para dar noticia de que el matrimonio entre el «figliolo» de Antonio de Aldana, seguramente
Hernando, con la «figliola di Giovanni Naldini», Leonora Naldini, tan ansiado por Antonio (ver
NIEVAS ROJAS, Adalid: «Algunas precisiones biográficas sobre los años italianos de Francisco
de Aldana [con más datos desconocidos]», op. cit., p. 108, nota 52), nunca llegó a materializarse
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
144 Adalid Nievas Rojas
nado se puede afirmar gracias a los papeles genealógicos de Carlo Sebregondi, en
los que su nombre aparece apuntado junto al de su cónyuge «Ferdinando»46. Está
claro que fue a este vínculo al que se aferró Cosme de Aldana para embellecer su
linaje de cara al mundo, sobredimensionándolo no solo con la inclusión de figuras
como Bernardo Villela de Aldana, sino también con la de otras más antiguas, como
la del coronel Aldana. No tiene otro sentido el soneto que precede al de la capcio-
sa atribución de parentesco entre el Divino y el renombrado Bernardo, titulado
«Epitafio del author al sepulcro del S. Coronel Aldana», que no puede ser otro que
Gonzalo de Aldana, el abuelo paterno de la esposa de Hernando. Escribe Cosme:
Aquí yace un varón fiero y osado
que con su brazo, valeroso y fuerte,
puso en vida temor a Marte y muerte,
mas Muerte al fin al mundo le ha robado.
Tantas cosas obró, tanto ha ensalzado
su gran ser inmortal, su avara suerte,
en ciego olvido no hará que acïerte
jamás su nombre al mundo tan preciado.
debido a la desaprobación de los parientes de Leonora. El dato nos lo proporciona la siguiente
carta, también desconocida, del duque de Florencia al castellano de San Miniato: «Signore nostro
Carissimo: quanto al casamento de vostro figlio con la figlia di Gio. Naldini habbiamo inteso
quanto ci scriveste per scrittura de 18 et vi diciamo che a Firenze si costuma che li parentadi si
faccino unitamente d’accordo con tutte parenti della fanciulla. Perché sebene una fanciulla si
contentassi d’uno marito che il padre, zii, fratelli di lei non se ne contetassino in Firenze non si
usa procedere più avanti, però conviene disporre li parenti della fanciulla che noi non conosciamo
poterci fare altro. Dio vi conservi. Di Pisa, 22 de Novembre 1564»; ver Archivio di Stato di
Firenze, Mediceo del Principato, 220, fol. 69r. Como he dicho arriba, lo más probable es que el
«figlio» que Antonio procuró casar con Leonora Naldini fuera su primogénito (ya que fue este,
de hecho, quien se casó al año siguiente con María de Aldana), claro que no puede descartarse
todavía, por remota que sea, la posibilidad de que se tratara de Francisco de Aldana, que por
entonces contaba con veintisiete años. Sobre la hispanoitaliana Leonora Naldini (su madre era
Anna Vázquez, dama de la duquesa Leonor de Toledo) he podido averiguar que nació en 1546 y
que casó en 1569 con Giovanni Battista degli Albizzi; ver Archivio Naldini Del Riccio, Fondo
Naldini, Registri, 81, fol. 201r-v; Archivio Naldini Del Riccio, Fondo Naldini, Atti Patrimoniali,
140 (sin foliar); Archivio Naldini Del Riccio, Fondo Naldini, Atti Patrimoniali, 158-22 (sin foliar).
46
Y se le añade: «del Barone Scipione Aldana»; y en otro sitio: «dei Baroni di Tusci e
Montecchio»; ver Archivio di Stato di Firenze, Documenti Sebregondi, 61, «Aldana» (sin foliar).
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La verdadera familia del Divino Capitán: 145
dos ramas Aldana frente a frente
Las impresas tan arduas y subidas,
lo que ganó con su valiente mano,
no lo dirán las musas más subidas.
Queda pues, oh, varón tan soberano,
gozando en Dios la[s] glorias tan cumplidas,
que lo de acá todo es caduco y vano47.
47
ALDANA, Cosme de: op. cit., fol. 101r. Véase también la versión italiana, hecha por el propio
Cosme, en sus Rime, op. cit., fol. 48r. No debe confundirse a este coronel Aldana con el coronel
Juan de Aldana, natural de Tortosa, que, como es sabido, apresó al rey Francisco I en la batalla
de Pavía (1525), y cuya familia se asentó en Valencia en el segundo cuarto del siglo XVI. Sobre
este personaje y su rama familiar en general, véase: QUEROL COLL, Enric: «Els Aldana,
tortosins del segle XVI aveïnats a València: de les armes a les lletres», Pedralbes, 27, 2007, pp.
199-218; RAMOS, Rafael: «De Francisco a Marco Antonio Aldana pasando por Gaspar Gil Polo»,
Bulletin Hispanique, 114-1, 2012, pp. 345-365. No hay modo de saber, sin embargo, cuál de los
dos coroneles se batió en duelo con el capitán Peralta el 21 de noviembre de 1510 en la ciudad
de Parma. El episodio es conocido porque lo evoca Baldassare Castiglione (padrino en el duelo
del capitán Peralta) en su Cortesano (Libro II, LXXX, 1-10). Según Barrantes, se trataría de
Gonzalo de Aldana, «que hizo un desafío con el capitán Peralta en Parma y venziólo» (Biblioteca
Nacional de España, Ms. 17.996, fol. 98r; o Noticias de Alcántara, op. cit., pp. 263). Rivers, por
su parte, sigue al escritor alcantarino y afirma también «que ganó Gonzalo de Aldana» (op.
cit., p. 464). Sin embargo, tal afirmación no es cierta, por la sencilla razón de que fue el capitán
Peralta el vencedor del duelo; véase ERSPAMER, Francesco, La biblioteca di don Ferrante.
Duello e onore nella cultura del Cinquecento, Roma: Bulzoni Editore, 1982, p. 85. Desde el
otro lado, Ramos ha sostenido que Juan de Aldana «debió disfrutar en su época de fama de
militar valiente y esforzado, pues lo recuerdan autores como Baldassare Castiglione» (op. cit.,
pp. 352-353, nota 14), y Roberto Vetrugno ha relacionado al Aldana que aparece en El Cortesano
con un «Aldana spagnuolo» citado en una carta de Mario Equicola escrita durante el asedio de
Pavía (1522) y que podría ser perfectamente Juan de Aldana; ver VERTRUGNO, Roberto: «Una
lettera inedita di Mario Equicola a Isabella d’Este Gonzaga (Pavia, 11 aprile 1522)», Quaderni
Borromaici, I, 2014, pp. 45-57. Sea como fuere, lo cierto es que la ambigüedad actual que recae
sobre la identificación de estos personajes no la sufrieron tanto sus contemporáneos, a juzgar
por los apelativos que usaron para poder diferenciar a uno y otro. Así se expresaba, en 1557,
el embajador veneciano Federico Badoero en una de sus relaciones dirigidas al Senado: «Li
capitani di questa nazione, che sono stati adoperati dall’Imperadore e dal Re in carichi grandi e
in varj luoghi, sono i duchi d’Alva, d’Albuquerque, il conte d’Alcaudet, Giovanni de Vega, Don
Luigi d’Avalos, Don Alvaro di Sande, Vasco di Cuna, Alonzo Perez, i due colonnelli Aldana,
il vecchio e il giovine, e qualcun altro di queste simili condizioni»; ver ALBÈRI, Eugenio: Le
relazioni degli ambasciatori veneti al Senato durante il secolo decimosesto, serie I, vol. III,
Firenze, 1853, p. 261. Como puede verse, no es fácil desentrañar cuál de los dos era el viejo
y cuál era el joven. En cualquier caso, lo que interesa ahora es distinguir que el coronel del
soneto de Cosme es Gonzalo de Aldana, padre de Escipión Aldana, y suegro y tío de Antonio
Villela de Aldana. Respecto a su hoja de méritos y servicios, Barrantes y Aldimari coinciden
en que Gonzalo sirvió al Gran Capitán en la conquista del Reino de Nápoles. Puesto que está
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
146 Adalid Nievas Rojas
Las ansias de Cosme por unir su genealogía a la rama de los Villela de
Aldana, pasando por la de Escipión Aldana, se pueden apreciar también en
otras composiciones de la misma corona fúnebre de poesías por la muerte de
su hermano, como las dirigidas al Barón Andrés de Aldana, al capitán García
de Aldana o a Catalina de Aldana, hijos seguramente de Escipión48. La lectura
documentado que en 1526 el coronel Juan de Aldana se encontraba en Valencia, al mando
de las operaciones contra los moriscos amotinados en la Sierra de Espadán, y que contrajo
matrimonio en Tortosa en 1527 (RAMOS, Rafael: op. cit., pp. 352-353), me parece evidente
que el «colonello Aldana» que he localizado en varios frentes de guerra italianos entre 1526
y 1528 (en la zona de Toscana, primero, y después en la defensa de Manfredonia) es Gonzalo
de Aldana, el mismo que, según Aldimari, recibió «il castello di Pizzoli in Abbruzzo Citra dal
Vice Rè Principe d’Orange [Filiberto de Chalon] nel 1529» (op. cit., p. 194). Véase, además,
Real Academia de la Historia, Colección Salazar y Castro, Ms. A-42, fols. 300r-302v (Nápoles,
30 de abril - 1 de mayo de 1528: carta de Juan Pérez a Carlos V con noticias sobre el bloqueo
y sitio de Nápoles); TARGIONI TOZZETI, Giovanni: Relazioni d’alcuni viaggi fatti in diversi
parti della Toscana, vol. XI, Firenze, 1777, p. 297; Atti e memorie della R. Deputazione di
Storia Patria per le provincia parmensi, serie IV, vol. IV, Parma, 1903, p. 46; SERRICCHIO,
Cristanziano: «La fabricca del Castello di Manfredonia in un libro di conti del 1507-1529», 8º
Convegno Nazionale sulla Preistoria - Protostoria – Storia della Daunia, San Severo, 1988,
pp. 128-129. El poder logrado por Gonzalo en la región de los Abruzos explica la posesión (por
donación e influencia familiar) de feudos en esas tierras por parte de Escipión Aldana (Pizzoli,
Tusci, Bazzano, Monticchio, Poggio Picenze) y, por ende, de Antonio Villela de Aldana (Poggio
Picenze), como se comprueba en el documento oficial relativo al proceso de enfeudación de los
castelli de la provincia de L’Aquila a los capitanes españoles: «Pizzoli al magnifico Scipione, un
certo erede del magnifico Gonsalui de Aldana; Poggio di Picenze al magnifico capitaneo Antonio
de Aldana» (este feudo lo adquirió Antonio en 1533, baronía que poseyó hasta su muerte); ver
Privilegi, origine ed altre scritture della Famiglia Morron y Montagnez, en Biblioteca della
Facoltà di Lettere Università degli Studi L’Aquila, Ms. 1, fol. 18r; y MANTINI, Silvia: L’Aquila
spagnola. Percorsi di identità, conflitti, convivenze (secc. XVI-XVII), Roma: Aracne Editrice,
2008. Consúltese también GALEOTA, Antonio: «Cenni storici», La parlate i la memorie, vol.
II, Poggio Picenze: Associazione culturale Il castello, 2006, p. 54. Escipión Aldana y Antonio
Villela de Aldana aparecen en varias listas impresas de capitanes y barones junto con su feudo
correspondiente. Véase, por ejemplo, MOTTI, Antonio: Principi, dvchi, marchesi, conti, signori
et baroni del Regno di Sicilia citra Faro, Napoli: Appresso a Raymondo d’Amato, sin fecha
[1550-1571], (sin foliar); o los Nomi delle provintie, città, terre e castella del Regno di Napoli,
Napoli: Appresso Gio. Maria Scotto, 1563 (sin foliar). Concluyo esta nota con la noticia de una
carta firmada por un Gonzalo de Aldana, con fecha de septiembre de 1555, escrita en Bruselas
y dirigida a Francisco de Toledo, embajador imperial al servicio de los Médici, sobre el primer
encuentro entre Felipe II y Carlos V en el marco de las abdicaciones de Bruselas; ver Archivio
di Stato di Firenze, Miscellanea Medicea, 126 (4), fol. 125r.
48
Ver ALDANA, Cosme de: op. cit., fols. 89v-90r. Que Catalina de Aldana era hija de Escipión
Aldana y, por tanto, cuñada del hermano de Cosme, Hernando, es indudable, como reveló
Erasmo Ricca al haber podido consultar los muchos documentos sobre esta rama Aldana que
había en el Archivio della Commissione dei Titoli di Nobilità (hoy por hoy fondo del Archivio
di Stato di Napoli): «Alfonso [della Candida] impalmò la nobile Caterina Aldana figliuola del
Barone Aldana, Cavaliere Spagnuolo e Castellano della fortezza di Manfredonia»; ver RICCA,
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La verdadera familia del Divino Capitán: 147
dos ramas Aldana frente a frente
de esos versos ‒familiares, íntimos, afectivos‒ permite suponer que, tras el fa-
llecimiento de sus padres y de sus hermanos varones, Cosme trató de acercarse
a los Aldana que se habían establecido en el Reino de Nápoles, la familia de su
cuñada María de Aldana Maldonado, a quien, por supuesto, el autor del Discorso
contra il volgo dedicó también un soneto49. Cada uno de estos gestos de extremo
patetismo, así como la maniobra de filiar la sangre y la virtud del Divino a las de
Bernardo Villela de Aldana dejan traslucir la necesidad que debió sentir Cosme
de hallar, tal vez en uno de los momentos más frágiles e inciertos de su vida,
el amparo que garantizaba tener una familia, la protección y el favor que se
concedía a aquellos cuyos parientes habían despuntado y muerto heroicamente
al servicio de la Monarquía, como el gran Bernardo en la batalla de los Gelves
o el capitán Francisco de Aldana en la funesta jornada de Alcazarquivir.
Despejada ya la nube de confusión que se había instalado cómodamente
en los estudios sobre la ascendencia del Divino, quisiera poner fin a esta inves-
tigación con un brevísimo comentario acerca de lo que hoy podemos afirmar
sobre la verdadera familia del poeta.
El padre de Francisco de Aldana, Antonio de Aldana, era, lo más seguro,
natural de Guadalcanal, como recoge una nota de los antiguos ficheros del Ar-
chivio di Stato di Firenze, que Rivers conoció, y que llegó a transcribir en su
trabajo: «Cap. Antonio de Aldana, di Guadalcanale di Estremadura di Spagna».
Hasta el siglo XIX, Guadalcanal había sido una villa extremeña perteneciente a
la Orden de Santiago, que con la división provincial de España en 1833 quedó
adscrita a la provincia de Sevilla. Quizá por ello, algunos autores italianos del
siglo XX, conocedores de este dato, han hecho andaluz a Antonio de Aldana50.
Erasmo: La nobilità del Regno delle Due Sicilie, parte I, vol. IV, Napoli, 1869, p. 221. La esposa
de Escipión Aldana fue María Coll de Aldana (madre de María de Aldana Maldonado y, por
tanto, suegra de Hernando de Aldana), como se comprueba en el siguiente documento por el
cual podemos deducir la fecha de la muerte del Barón: el de la merced a su favor, como viuda de
Escipión Aldana, de cien ducados anuales de pensión librados en Nápoles, con resolución de 23 de
diciembre de 1580; ver Archivo General de Simancas, Secretarías Provinciales, lib. 142, fol. 41r.
49
Ver ALDANA, Cosme de: op. cit., fol. 96r. El poeta da buena cuenta de su contacto con los
miembros de la rama napolitana, entre los que parece haber encontrado alguna vez cobijo y
cariño. Expresa Cosme al Barón Andrés de Aldana: «Contra el dolor crüel, fiero, inhumano, /
que así aflige mi alma y mi cuidado, / el cielo de un tal daño lastimado / me proveyó de alivio
sobrehumano, / y en lugar del perdido y muerto hermano / a vos por otro tal señor me ha
dado, / que habéis siempre mi daño y mal curado»; y al capitán García de Aldana: «Vos, que
de la ciudad nombrada Flora / a la clara y gentil de la Sirena / me trujiste, Señor, porque mi
pena / aplacándose se fuese de hora en hora»; ver ALDANA, Cosme de: op. cit., fol. 89v (o las
versiones italianas de las Rime, op. cit., fols. 44v-45r).
50
Ver SPRETI, Vittorio: Enciclopedia storico-nobiliare italiana, vol. I, Milano, 1928, p. 349;
o DI CAGNO, Gabriela & PEGAZZANO Donatella: «San Salvatore in Ognissanti: gli altari
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
148 Adalid Nievas Rojas
Sin embargo, la posibilidad de que Antonio fuera natural de Alcántara no debe
descartarse, aunque solo sea por una fuente documental que así lo atestigua: la
exhaustiva obra que realizó Giorgio Viviano acerca de los caballeros que vis-
tieron el hábito de la Orden de San Esteban, donde se especifica: «D. Ernando
di D. Antonio Aldana, d’Alcantara, 13 Febbrajo 1570. ab. Jnc»51.
del Cinquecento (1561-1582) e il loro arredo nel contesto della Riforma Cattolica», en Altari
e Commitenza: Episodi nell’Età della Controriforma, ed. de Cristina de Benedectis, Firenze:
Angelo Pontecorboli, 1996, p. 95.
51
VIVIANO, Giorgio: La galeria dell’onore ove sono descritte le segnalate memorie del
sagr’Ordine Militare di S. Stefano P.E.M. e de’suoi cavalieri, II, Forlì, 1735, p. 497. La fecha
de la investidura de Hernando se basa en el calendario florentino, cuyo año nuevo, calculado
ab incarnatione (de ahí la abreviatura expresa «ab. [I]nc»), comenzaba el 25 de marzo, por lo
que ha de verse en dicha fecha la del 13 de febrero de 1571. El tipo de trabajo que llevó a cabo
Viviano («Usciti dalla lettura di questi proemali racconti, potrete, seguitando l’osservazioni,
girar lo sguardo sopra le città originarie de’ Cavalieri, registrate per regola d’alfabeto», se avisa
a los lectores en los preliminares) sugiere que este autor pudo llegar a consultar directamente
la documentación oficial relativa a la Orden de San Esteban (custodiada hoy en el Archivio di
Stato di Pisa), así que la noticia del origen alcantarino de Antonio tal vez figurase en alguno de
los papeles tocantes al ingreso de su hijo en la orden. Aunque conviene recordar, como ya he
señalado en otro sitio partiendo de los documentados estudios de Bruno Casini y de Marcella
Aglietti, que Hernando no consiguió reunir la documentación que necesitaba para defender su
abolengo debido a que tales escritos se encontraban en España. En consecuencia, Hernando no
pudo ser sometido al proceso habitual de probanza de la nobleza estipulado en las estatutos de
la orden, teniendo que ser Francisco I de Médici quien diera fe de ella por medio de un rescripto
(véase CASINI, Bruno: «I cavalieri spagnoli membri del Sacro Militare Ordine di Santo Stefano
nel secolo XVI», en Toscana e Spagna nel secolo XVI. Miscellanea di studi storici, Pisa: Edizioni
ETS, 1996, p. 144; AGLIETTI, Marcella: «Nobili e cavalieri di Santo Stefano tra Toscana e
Spagna a metà del XVIII secolo», Quaderni Stefaniani, XX, Pisa, 2001, pp. 125-126; de la misma
autora: «Patrizi, cavalieri e mercanti. Politiche di nobilità tra Toscana e Spagna in Età Moderna»,
en Instituzioni, potere e società. Le relazioni tra Spagna e Toscana per una storia mediterranea
dell’Ordine dei Cavalieri di Santo Stefano, Convegno Internazionale di Studi (Pisa, 18 mayo
2007), Pisa: Edizioni ETS, 2007, pp. 367-368; y NIEVAS ROJAS, Adalid: «Nuevos datos para la
biografía de Francisco de Aldana (II). Primera etapa en Flandes [1567-1571]», op. cit., en prensa).
En cualquier caso, la nota informativa que Viviano dedica al caballero stefaniano Hernando
de Aldana resulta sumamente atrayente y sugestiva: «Madre di molti e segnalati campioni fù
quest’ illustre prosapia; benche noi non potiam dar raguaglio se non di due, cioè di Bernardo
e Francesco. L’uno servì per Maestro di Campo Ferdinando Re de’ Romani nella guerra di
Transilvania […]. L’altro, non men versato nell’arte della milizia, ed avido oltremodo di gloria,
passò alla spedizione dell’Affrica per secondare i disegni del Rè Sebastiano» (p. 497). Existen,
por lo menos, dos formas de interpretar este texto. La primera sería entender que Viviano no
está emparentando sanguíneamente a Francisco y a Bernardo, sino que solo los evoca como
las personalidades más insignes del linaje Aldana. De ser esta la lectura, la precisón del origen
alcantarino de Antonio no tendría por qué cuestionarse necesariamente. La segunda forma
de encarar la explicación sería suponer que el autor sí creyó que ambos personajes estaban
de algún modo emparentados, claro que podría creerlo por razones muy distintas, de las que
dependería su credibilidad: una, por haber tenido constancia del matrimonio de Hernando con
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La verdadera familia del Divino Capitán: 149
dos ramas Aldana frente a frente
La referencia documental más antigua que nos queda de Antonio de Aldana
es la que aparece en la famosa lista hecha por don Pedro de Toledo en 1539 de
los hombres que debían formar la escolta nupcial de Leonor de Toledo: «Los
que han de yr con la duquesa mi hija para volverse son los siguientes»52. La
trayectoria de Antonio de Aldana anterior a esa fecha es, con el nuevo panorama,
un absoluto misterio. Por una carta del duque de Alba, en la que este asegura
«avelle conocido de muchos años atrás y en todos ellos por muy prencipal sol-
dado»53, podemos imaginar que Antonio sirvió en las mismas campañas que el
Gran Duque, acaso en la defensa de Viena, en 1532, o en la ensalzada expedición
a Túnez, en 1535, pero esto es todo. Puesto que mi anterior investigación por
lo que respecta a la andadura de Antonio en los años que siguen a la fecha de
1539 continúa siendo, según creo, válida, remito en este punto a aquellas páginas
para cualquier aproximación a su persona54, y paso ahora a dedicar unas pocas
líneas a la desconocida madre de Francisco de Aldana.
El nombre de la madre del Divino era María Salomé de Coccalá, dama
de honor de la duquesa de Florencia, Leonor de Toledo55. Por unos versos
del propio Francisco, sabíamos que sus antepasados pertenecían a la nobleza
siciliana56. Hoy, gracias a una carta de su primogénito, Hernando de Aldana,
de la que di noticia en las dos publicaciones que preceden a este estudio, po-
demos saber que María Salomé recibió una pensión de cien escudos por parte
del Reino de Nápoles a causa de la pérdida de sus propiedades en la ciudad de
Corón (Corone, en la península de Morea), tras haber sido evacuada por las
tropas imperiales en 153457. El documento revela, pues, inequívocamente, el
una sobrina política del hermano de Bernardo; otra, por haber caído en el engaño genealógico
que promovió Cosme de Aldana. La primera opción permitiría que siguiera siendo fidedigno el
dato de Alcántara; la segunda, como no podía ser de otra manera, lo desmentiría.
52
Archivio di Stato di Firenze, Mediceo del Principato, 5922a, fol. 11r.
53
Carta de Alba a Francisco I de Médici, Amberes, 31 de julio de 1570; ver Archivio di Stato
di Firenze, Mediceo del Principato, 5028, fol. 490r. Reproduzco la misiva entera en NIEVAS
ROJAS, Adalid: «Nuevos datos para la biografía de Francisco de Aldana (II). Primera etapa
en Flandes (1567-1571)», op. cit., en prensa.
54
NIEVAS ROJAS, Adalid: «Nuevos datos para la biografía de Francisco de Aldana (I). Años
italianos», op. cit., pp. 53-58; y «Algunas precisiones biográficas sobre los años italianos de
Francisco de Aldana (con más datos desconocidos)», op. cit., pp. 94-12.
55
Archivio di Stato di Firenze, Documenti Sebregondi, 61, «Aldana» (sin foliar).
56
Véanse las Octavas a lo pastoral hechas recitar en unos desposorios de un hermano suyo
(vv. 169-172), en ALDANA, Francisco de: Poesías castellanas completas, op. cit., p. 216.
57
Archivio di Stato di Firenze, Mediceo del Principato, 5027 (sin foliar). He hablado de este
episodio en NIEVAS ROJAS, Adalid: «Algunas precisiones biográficas sobre los años italianos
de Francisco de Aldana (con más datos desconocidos)», op. cit., pp. 120-121, nota 88.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
150 Adalid Nievas Rojas
origen griego de la madre, y, por tanto, el origen hispanoheleno de los hermanos
Aldana, Hernando, Francisco, Cosme, Porcia y la joven Sidonia58. El soneto de
Cosme con el que cierro el presente trabajo, dirigido al divino Francisco, y en
el que se alude metafóricamente a la «unión perfecta» de los padres, Antonio de
Aldana y María Salomé de Coccalá, me parece, sin lugar a dudas, un precioso
testimonio de ese origen:
La vengativa Grecia, que adornada
está de tantos triunfos de victoria,
y la gloriosa Iberia, cuya gloria
por tierra y mar está tan derramada,
hizieron una paz muy conformada
cual no se vio jamás ni está en historia,
y de esta unión perfecta una memoria
de perfición celeste es coronada.
Eres tú esta memoria, heroico hermano,
a quien Grecia ofreció luego, en naciendo,
sus musas con sus lauros y su fuente,
y España aquel valor tan soberano
con que por siempre está resplandeciendo
tu gloria entre las más, sola, eminente59.
58
Casi nada he podido averiguar de la que posiblemente fuera la más joven de los Aldana.
Sidonia murió en 1577, y fue inhumada en la capilla familiar en la Iglesia de Ognissanti. Por
lo que se refiere a Porcia, fue, como ya apunté en la pasada investigación, dama de la duquesa
de Florencia desde 1549. Casó en 1563 con Piero Ridolfi, un miembro destacado del patriciado
florentino que llegó a ser caballero de la Orden de San Esteban; ver Archivio di Stato di Firenze,
Documenti Sebregondi, 61, «Aldana» (sin foliar). Dejo, por ahora, a los hermanos varones,
sobradamente conocidos y tratados en diferentes sitios.
59
Cito aquí por la edición de Paolo Pintacuda: ALDANA, Cosme de: Algunos sonetos en
lamentación de la muerte de su hermano, Málaga: Servicio de Publicaciones de la Universidad
de Málaga, 2010, p. 53 (solo intervengo en la puntuación del último verso).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 151-171
Francisco Valdés en la prensa extremeña:
un acercamiento a sus colaboraciones
en el periodo de 1914 a 1936
Guadalupe Nieto Caballero
Dpto. de Filología Hispánica y Lingüística General
Facultad de Filosofía y Letras – Universidad de Extremadura
[email protected] Resumen
En este artículo proponemos perfilar el mapa de colaboraciones de Fran-
cisco Valdés en la prensa extremeña en las primeras décadas del siglo XX. Nos
centraremos para ello en un corpus de prensa que hemos ido confeccionando
a lo largo de varios años y que aglutina más de 600 entradas. Como se verá, el
escritor dombenitense tuvo especial dedicación hacia la prensa de Extremadura
durante toda su trayectoria. Su compromiso principal —aunque no el único— fue
con los diarios Correo de la Mañana y Hoy, desde donde introdujo la literatura
española y universal a la vez que difundía la propia literatura de Extremadura.
Abordará también desde sus páginas textos de creación y otros relacionados
con la reseña cultural y política.
Palabras clave: Francisco Valdés, prensa, literatura en Extremadura.
Abstract
In this article I propose to define an overview of collaborations of Fran-
cisco Valdés in Extremaduran press in the first decades of the 20th century. I
will focus on a press corpus that I have been preparing over several years and
that it currently has more than 600 entries. As will be seen, the writer from Don
Benito paid special attention to the press of Extremadura throughout his career.
His main commitment —although not the only one— was with the newspapers
Correo de la Mañana and Hoy, from where he introduced Spanish and universal
literature whilst disseminating Extremadura’s own literature. He will also deal
with creation texts and other texts relating to cultural and political review.
Keywords: Francisco Valdés, press, Extremaduran literature.
152 Guadalupe Nieto Caballero
1. INTRODUCCIÓN
En el periodo que se extiende de 1914 a 1936 el escritor extremeño
Francisco Valdés desarrolló una notable labor periodística en publicaciones
extremeñas y nacionales. Durante estos años, el autor dombenitense se adapta
a la vida en la capital y afianza su formación intelectual. De manera especial
entre 1914 y 1925 y, más tarde, entre 1931 y el final de su vida, en 1936, Valdés
dio a conocer la parte más amplia de su producción al escribir en periódicos
y revistas de prestigio como Informaciones, Luz, ABC, La Gaceta Literaria o
Isla, pero también —y de manera bastante representativa— en el Correo de la
Mañana y Hoy de Badajoz.
Parte de estas colaboraciones —especialmente las del Correo, cabecera
preferida del autor— sirvieron más tarde como base de sus obras publicadas en
forma de libro. Valdés alternaba en sus contribuciones distintos tipos de prosa:
creativa, literaria, política y cultural. Una característica de su prosa es precisa-
mente la fusión de géneros y formas, de tal manera que en buena parte de sus
textos resulta difícil señalar un molde o género concreto. Es el caso, por ejemplo,
de sus glosas y comentarios a obras literarias siguiendo la línea marcada por
Azorín en algunos de sus textos más recordados de Castilla (1912) y Clásicos
y modernos (1913). En estos textos Valdés escoge una obra o motivo literarios
y los transforma, de la misma manera en que Azorín proponía finales distintos
o cambiaba el devenir de una trama o un personaje. Todas las modalidades de
artículo mencionadas conforman la producción más olvidada y dispersa —y a
la vez necesaria— de Francisco Valdés.
Estas concreciones de su prosa, junto a los comentarios hacia su obra,
confirman el lugar de Francisco Valdés en el panorama literario español de
principios de siglo y su pertenencia al contexto de la Edad de Plata de la cultura
española1. El análisis y conocimiento de su producción en prensa aportan una
perspectiva mucho más amplia y completa a su obra. Este artículo forma parte
de una investigación más amplia sobre la trayectoria completa de Valdés. En el
curso de este estudio hemos recopilado y clasificado un corpus de más de 600
entradas en prensa con artículos escritos por el autor y otros relacionados con
1
El marbete Edad de Plata se suele emplear para referirse de manera amplia a la cultura
española del periodo 1898-1936. El término fue acuñado por José María Jover en Introducción
a la Historia de España. Más tarde fue asimilado por críticos e investigadores como José-
Carlos Mainer (1981), que recurrió a este sintagma en el título de uno de sus manuales más
reconocidos: La Edad de Plata (1902-1936). Ensayo de interpretación de un proceso cultural.
Si bien existe consenso en la fecha final de la Edad de Plata, no queda tan claro el inicio de
esta. Hay quienes lo sitúan en 1868, otros en 1898, y otros, como Mainer, en 1902.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 153
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
él, bien sea para hablar de su obra o su figura o para cuestiones relacionadas
con terceros que le involucran a él directamente. En los siguientes apartados
abordamos el contexto en que su obra surge, la situación de la prensa en Extrema-
dura y la producción del autor en distintas etapas en publicaciones de la región.
2. LA PRODUCCIÓN DE FRANCISCO VALDÉS: DE LA PRENSA
AL LIBRO
Hasta ahora, la mayor parte de los estudios dedicados a Francisco Valdés
se han centrado, casi con exclusividad, en sus obras publicadas en forma de
libro2. Esta es, evidentemente, la parte más conocida y accesible del autor y se
concreta en los siguientes títulos: 4 estampas extremeñas con su marco (1924), 8
estampas extremeñas con su marco (1932), Resonancias (1932) y Letras. Notas
de un lector (1933). Tanto 8 estampas como Letras han recibido la atención
investigadora en distintas ediciones. Se trata de las llevadas a cabo por Enrique
Segura (1953) y Manuel Simón Viola y José Luis Bernal (1998, 2013), en el
caso del primer título, y la de José Luis Bernal (1993) para Letras.
La lectura y análisis de estas cuatro obras dan cuenta de un autor que
atiende a dos vertientes principales: de un lado, prosa creativa; de otro, prosa
crítica. Los volúmenes de Estampas se corresponderían con la prosa de creación,
mientras que Resonancias y Letras con la prosa crítica. Sin embargo, en bas-
tantes casos —tanto de sus libros como de sus colaboraciones en prensa— los
límites entre crítica y creación se diluyen, de modo que a veces resulta difícil
delimitar dónde comienza el crítico y dónde el escritor. Sobre esta circunstancia
reflexionaba Azorín en un artículo publicado en ABC en 1912 titulado “El fra-
caso de los géneros”. En esta ocasión, el de Monóvar reniega de la tradicional
distinción entre literatura crítica y literatura imaginativa o creadora, ya que,
a su juicio, los límites entre ambas se desdibujan:
Llamamos géneros literarios a tales compartimentos de la producción
intelectual; pero anteriormente a la división en géneros hacemos otra gran
división, no menos ilógica y artificial: la de literatura crítica y la de literatura
imaginativa o creadora. Es decir, que según el concepto tradicional, a una parte
colocamos, por ejemplo, una novela y a otra un libro de crítica; a una banda
un poema y a otra un ensayo que nos inspira un cuadro, un paisaje o una sonata.
Lo artificioso del procedimiento salta a la vista, puesto que tan imaginativo, tan
creador es el crítico —a veces más— como el novelista o el poeta. ¿Cómo no
poner al mismo nivel de creación, por lo menos, las páginas de Taine sobre los
pintores italianos y las novelas de Zola, o los ensayos de Sainte-Beuve y la
2
Véanse algunos de los trabajos de José Luis Bernal (1986, 1991).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
154 Guadalupe Nieto Caballero
poesía de Baudelaire? Diremos más: el crítico, en cierto modo, es el verdadero
creador, y sin el crítico no existirían las obras de arte. Porque las obras de arte
son, existen, por la idea que de ellas nos formamos. Y esa idea, esa realidad, no
nos la dan sino los grandes videntes, aquellos espíritus que ven la obra de una
manera original y profunda. (Azorín, 1912)
En estas líneas, el autor de Castilla condensa el modelo crítico que sigue,
en el que apuesta por considerar la crítica como una obra de arte en sí misma.
Esta forma de proceder es la que toma Valdés en sus textos, razón por la que
no se puede establecer una división tajante, en prácticamente ninguno de sus
textos, entre una prosa y otra.
Aunque no sean el eje de este artículo, nos parece oportuno plantear las
principales características de estas obras por cuanto aportan al conocimiento
general de su obra y al tipo de textos que dará a la prensa en estos años. Los
volúmenes de las Estampas extremeñas son la contribución más significativa de
Valdés a la prosa de creación. El autor se sirve del molde literario de la estampa
para reflejar las duras condiciones de vida de los protagonistas del mundo rural
extremeño. En estos textos, Francisco Valdés cimienta su estética sobre la unión
entre paisaje y literatura. Las estampas que articulan el volumen combinan la
descripción del paisaje natural y humano con la historia, problemas sociales,
recuerdos y la imaginación del propio autor. Esta prosa se caracteriza, asimismo,
“por su fuerte componente poético y cierto sesgo indagador y tímidamente ex-
perimental” (Viola y Bernal, 2013: 25). Este evidente componente poético de la
estampa anuncia, además, la experimentación “e hibridación genérica cultivadas
por los escritores de los años 20, que dio lugar a formas tan heterogéneas y per-
sonales como la metáfora orteguiana, la glosa de D’Ors, los cuadros de Azorín
y las greguerías de Gómez de la Serna” (Altisent, 1989: 111).
Resonancias, por su parte, se sitúa a medio camino entre la prosa crea-
tiva y la prosa crítica, en la senda de Azorín. Se enmarca de manera decidida
en el ejercicio de rescate de clásicos nacionales y universales. Como señalan
Manuel Simón Viola y José Luis Bernal (2013: 112), Resonancias, difícilmente
clasificable, “sigue el modelo narrativo de Azorín […] en Los pueblos (1905),
en España (1909) o en Castilla (1912)”. Por último, Letras. Notas de un lector
continúa la línea del lenguaje del ensayo clásico para mostrar las excelencias o
deficiencias de una obra o autor, aunque no deja de haber ejemplos de esa crítica
con elementos creativos a la que nos venimos refiriendo.
Conocidos estos títulos publicados por Valdés en vida, resulta también
interesante el volumen de Vida y letras (1980), editado póstumamente por su
viuda, Magdalena Gámir, y por su hijo, Manuel Valdés, y con prólogo de Manuel
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 155
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
Hidalgo, discípulo de Valdés. En Vida y letras se recogen 76 artículos del autor
publicados en la prensa de los años veinte y treinta. Salvo alguna excepción,
no se especifica ni la fecha exacta ni la publicación en que apareció. Con todo,
esta selección de artículos ofrece una visión más completa de la trayectoria del
escritor. En el preliminar de la obra, Magdalena Gámir describe el método de
recopilación seguido para darle forma al volumen. Gámir (1980: 10) indica que
recorrió redacciones y hemerotecas “y de lo que encontré inédito reuní copiosa
cantidad de originales, unos exaltados y otros desconocidos, sin que faltasen
los injustamente olvidados”. De esta recopilación se excluyen, según Gámir,
artículos con un marcado componente político. Como señalamos, el volumen de
Vida y letras ofrece ya una idea del interés de Valdés por la prensa. Periódicos
y revistas se erigen a principios del siglo pasado en un medio muy útil para la
expresión de ideas, para el intercambio de opiniones con otros intelectuales,
para dar a conocer las primeras versiones de textos, etc.
3. LA PRENSA EN EXTREMADURA ENTRE 1914 Y 1936
El primer tercio del siglo XX —y especialmente las décadas de los veinte
y treinta—, fueron un hervidero de publicaciones de periódicos y revistas y de
cambios en la forma de producir y consumir literatura. La prensa de las primeras
décadas del siglo XX recogió el testigo de la centuria anterior y potenció su in-
flujo en la configuración ideológica de la sociedad y en la propagación de nuevas
ideas políticas, éticas y artísticas. La prensa española de estos años experimentó
un intenso repunte, como confirma la consulta directa de fuentes primarias y de
la abundante bibliografía al respecto (véanse, entre otros, Checa Godoy, 1989;
Gutiérrez Palacio, 2005; Ramos Ortega, 2001; Seoane y Sáiz, 1998). La Edad de
Plata, periodo en el que conviene ubicar a Francisco Valdés, se refleja en la litera-
tura y las artes en buena medida a través de la prensa. En este periodo se produjo
un notable incremento de cabeceras a nivel nacional (Rueda Laffond, 2001: 222).
La colaboración de intelectuales y escritores en la prensa se hace habi-
tual. Prende así la mecha del periodismo literario que practicaron figuras como
José Ortega y Gasset, Azorín, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu o Pedro
Salinas. Este periodismo “crea, dramatiza, especula o narra para hacer más
real, más entendible, lo meramente informativo. No tiene por qué hacer más
complicada la información, sino, por el contrario, conseguir más claridad con
el enriquecimiento de lo literario” (Gutiérrez Palacio, 2005: 62). Javier Gutié-
rrez Palacio ejemplifica esta afirmación con Ramón del Valle-Inclán, Azorín o
Unamuno, de los que dice que cuando escriben en un periódico “llegan al núcleo
de la realidad de forma más profunda y directa, y por supuesto más bella, que
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
156 Guadalupe Nieto Caballero
un periodista encasillado preceptivamente en que la objetividad solo puede ser
conseguida con un lenguaje directo y estandarizado: informativamente correcto”
(Gutiérrez Palacio, 2005: 63).
Precisamente, los casos José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, dos
de los intelectuales más destacados del siglo XX en España, son ilustrativos.
Ambos publicaron gran parte de su obra en la prensa. También el mencionado
Azorín, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramón Pérez de Ayala, los hermanos
Machado, Ramón Gómez de la Serna y Eugeni d’Ors “fueron colaboradores asi-
duos de los periódicos, e incluso algunos de ellos periodistas en sentido estricto”
(Seoane y Sáiz, 1998: 63). Hubo también otros autores con menos proyección,
pero igualmente volcados con el desarrollo de su obra en estos medios, como
Luisa Carnés, José María Alfaro, Manuel Bueno o el propio Francisco Valdés.
En el caso de nuestro escritor, además de dar a la prensa textos puramente
literarios —ya sea de creación o críticos—, se detiene en acontecimientos
coetáneos como la Primera Guerra Mundial o el advenimiento de la Segunda
República española. En ellos plantea un tema de actualidad y de manera paralela
y plenamente engarzada en el texto inserta elementos y referencias culturales y
literarias que enriquecen, sin duda, el asunto que le centra.
Todo este periodismo ofrece “prodigios de calidad literaria porque por
sus páginas han pasado todos los buenos escritores” (Sinova, 2002: 12). Es lo
que apuntan también María Cruz Seoane y María Dolores Sáiz cuando afirman
que el periodismo español de estos años
—deficiente por el lado de la información, sobre todo si se lo compara
con el del ámbito anglosajón o germánico— brilla a extraordinaria altura en el
aspecto intelectual y literario, porque se nutre tren gran medida de las plumas
de escritores e intelectuales, en una época excepcional de la cultura española.
(Seoane y Sáiz, 1998: 62)
En efecto, estos medios publican en cada número artículos de escritores “que
comentan la actualidad política o social, o escriben sobre temas estrictamente li-
terarios, científicos, o filosóficos. Puede afirmarse, sin exageración, que el ámbito
natural del escritor es el periódico más que el libro” (Seoane y Sáiz, 1998: 62).
Serán bastantes las voces que señalen que la prensa había desplazado al
libro en el terreno de la difusión literaria. Una de ellas fue la de Eduardo Gómez
de Baquero, Andrenio, que en 1928 afirmaba que la prensa española era “una
de las más literarias de Europa […]. Su influencia en las letras contemporáneas
es considerable en bien y en mal. La literatura le debe el inmenso servicio de
mantener y difundir el hábito de la lectura” (Gómez de Baquero (Andrenio),
1928: 121). Es la misma idea que difundía Francisco Valdés años antes en un
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 157
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
artículo del Correo de la Mañana (25 de junio de 1919), en el que decía que la
flor de los escritores del momento
desparrama por las hojas cotidianas sus comentarios, sus glosas, sus
poesías, sus cuentos, sus folletines, sus crónicas y sus ensayos. En torno a las
principales redacciones se agrupan los literatos para regar sobre la pública opinión
las ideas, los sentimientos y las imágenes que brotan de su jardín espiritual. La
situación del periodista español ha ganado económica y socialmente. Su prestigio
es más firme y sólido; su popularidad mayor. (Valdés, 1919)
Otro servicio —en palabras de Andrenio— que la literatura le debe a la
prensa en estos años es la oportunidad que brinda a los escritores jóvenes para
darse a conocer. Efectivamente, este medio permite al autor novel mostrar y
difundir sus textos y, en bastantes casos, con suerte, logra ver su obra publicada
en forma de libro. Francisco Valdés reconocía estas posibilidades en el antedi-
cho artículo de junio de 1919. En esta ocasión, el extremeño confirmaba que la
evolución del periódico español había sido rápida e intensa y que gracias a ello
las clases medias y trabajadoras habían podido acceder a otras formas de lectura:
Para estas clases resulta inútil y sobremanera caro el libro, presupuestas
su penuria económica y la escasez de tiempo para entregarse al esparcimiento
intelectual. Porque hoy, sin necesidad de acudir al libro, encuentran en los diarios
una pléyade de escritores valiosos, aptos para servirles los selectos manjares
culturales. (Valdés, 1919)
Lo cierto es que la prensa abrió una posibilidad bastante sugerente a creadores y
críticos literarios. Este periodismo que alterna información y literatura suponía,
sin duda, “una percepción nueva de inmediatez, urgencia y responsabilidad ante
la escritura” (Dueñas Lorente, 2008: XVII). Es el caso de Francisco Valdés.
En Extremadura, creación y crítica literarias quedaron prácticamente
destinadas a la prensa. La industria editorial era notoriamente más deficitaria
que en la mayor parte de España. Madrid y Barcelona continuaban concentrando
las mayores empresas editoriales y periodísticas. Las provincias seguían sien-
do, en general, tributarias de las dos grandes ciudades. En el desarrollo de la
prensa regional tuvieron mucho que ver las mejoras en transporte —en líneas
de ferrocarril y carreteras, principalmente—, pues permitieron distribuir de
una manera más rápida y eficiente las publicaciones. El espacio de la prensa en
Extremadura a lo largo del siglo XX lo han estudiado ampliamente Mercedes
Pulido y Tomás Nogales en Publicaciones periódicas extremeñas, 1808-1988
(1989). En este volumen se presenta un catálogo que recoge en torno a mil
quinientos títulos de publicaciones periódicas extremeñas “de variada temática,
de distinta finalidad, de tipología diversa, de calidades periodísticas y literarias
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
158 Guadalupe Nieto Caballero
diferentes, oportunistas o consecuentes, de vida larga o brevísima” (Pulido
Cordero y Nogales Flores, 1989: 18).
Como se puede comprobar a partir del trabajo de Pulido y Nogales y de
la consulta directa de las fuentes, ese afán renovador, los cambios a la hora
de consumir literatura y la difusión de los artículos de opinión comunes a la
literatura del momento se dejaron notar también en Extremadura. Los títulos
que surgen entonces contribuyen a canalizar la información regional, nacional e
incluso internacional. Estos periódicos y revistas permitirán también difundir la
literatura que se gestaba entonces en Extremadura y servirán a su vez para dar a
conocer a los extremeños obras clásicas y coetáneas de la literatura nacional y
europea. En estos casos resultaban fundamentales las críticas y folletones que
aparecían en sus páginas. Francisco Valdés será asimismo uno de los artífices
de la divulgación de la literatura en la región y de la que se desarrollaba en
otros puntos nacionales. Estas publicaciones supusieron, sobre todo, un empuje
interesante para los escritores extremeños, pues tuvieron la oportunidad de dar
a conocer su obra en estas páginas. Estos periódicos y revistas conforman la
cultura necesaria para la creación y crítica literarias.
No obstante, pese al auge de este tipo de publicaciones en regiones peri-
féricas como Extremadura, la concentración editorial y periodística en Madrid
y Barcelona era evidente. Las cifras de las empresas en activo en estas ciudades
en el periodo que nos centra muestran “un grado extremo de centralización en
el que la categoría de editor en el resto de provincias es prácticamente testimo-
nial” (Martínez Martín, 2001: 179). En Extremadura hubo tres publicaciones
significativas tanto por su tipología y enfoque como por su historia. Hablamos
de la Revista de Extremadura (1899-1911)3, la Revista de Estudios Extremeños
(1927) y el diario Hoy (1933) —estas dos últimas vigentes aún hoy. Francisco
Valdés participó en ambas. Resulta revelador el empeño de Francisco Valdés en
un artículo de julio de 1925 en el Correo de la Mañana, titulado “Notas de un
lector. Sobre el resurgimiento literario de Extremadura”, en el que aludía a la
necesidad de crear, de un lado, una colección de Clásicos extremeños; de otro,
un Centro de Estudios Regionales “que consiguiera llenar ese hondo y desolado
hueco de nuestra cerril ignorancia, que continuara nuestra tradición literaria y
artística” (Valdés, 1925a). Mostraba asimismo interés por la creación de una
3
El título completo de la publicación era Revista de Extremadura: Ciencia y Arte. Órgano
de las Comisiones de Monumentos de las dos provincias. Recomendamos la consulta del
monográfico La Revista de Extremadura, 1899-1911: perspectivas, coordinado por Esteban
Cortijo (2001) en la Editora Regional de Extremadura. En sus páginas se difundieron textos
de Rafael García Plata de Osma, Mario Roso de Luna, Diego María Crehuet, Publio Hurtado,
Carolina Coronado o Miguel de Unamuno.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 159
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
revista científica y literaria de Extremadura, interés que se cumpliría con la
aparición de la Revista de Estudios Extremeños dos años más tarde.
En otro trabajo posterior de Mercedes Pulido (1998), titulado “La prensa
extremeña en el tránsito del siglo XIX al XX”, la autora delinea el panorama
general de las publicaciones en la región en el periodo señalado. Extremadura
presenta un ritmo ascendente en cuanto al número de publicaciones, pese a un
“claro desajuste con el de lectores” (Pulido, 1998: 734). En este desequilibrio
tenían que ver los niveles de analfabetismo en la región. En este periodo la
tasa rondaba el 67 %. Según Manuel Simón Viola (1994: 28), este dato estaba
por encima del 59 % de la media nacional. Durante el periodo de la Segunda
República se promovieron medidas que ayudasen a atajar —o al menos redu-
cir— estos niveles de analfabetismo (Domínguez Rodríguez, 2005).
La obra de Francisco Valdés surge en el contexto que describimos. El autor,
como hemos indicado ya, vive a medio camino entre Madrid y Extremadura, los
principales núcleos —aunque no los únicos— de sus publicaciones. Valdés co-
menzará a colaborar en los años diez en otros títulos regionales como Heraldo de
Zamora, Bética (Sevilla) o El Norte de Castilla (Valladolid). En los años siguientes
publicaría también en La Gaceta Literaria, Luz, Isla, ABC o Informaciones. Con
todo, la mayor parte de su producción, especialmente entre finales de los diez y
comienzo de los veinte, se difundió a través del Correo de la Mañana de Badajoz,
y, a partir de su fundación en 1933, hasta su muerte, en el diario Hoy.
En los apartados siguientes trazamos una panorámica de las principales co-
laboraciones de nuestro autor en la prensa extremeña a lo largo de su trayectoria.
4. FRANCISCO VALDÉS EN LA PRENSA EXTREMEÑA
Los datos expuestos en el epígrafe anterior parecen confirmar la relevancia
de la prensa para el desarrollo de la obra de buena parte de escritores e intelec-
tuales de las décadas previas a la guerra civil española. Estas contribuciones,
lejos de ser complementarias para el conocimiento de su obra, son, sin duda,
indispensables para la definición de sus textos y del contexto en que surgen. Al
fin y al cabo, la forma periodística prediseña los textos de los autores, “define
unos géneros concretos y predispone unas tribunas concretas a los autores y
les obliga a no transgredir ciertos límites ideológicos o direcciones que cada
periódico ha definido en su origen” (Navarra Ordoño, 2010: 37).
A través de sus artículos en prensa podemos conocer las lecturas del autor,
los temas hacia los que mostró interés y sus contactos con otros escritores e
intelectuales. El importante número de artículos firmados por Valdés en publi-
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
160 Guadalupe Nieto Caballero
caciones extremeñas demuestra su innegable apoyo e interés por el progreso
cultural de la región. En la producción en prensa de Valdés encontramos artículos
de crítica literaria, de prosa creativa, de opinión y reflexión sobre cuestiones
políticas, sociales y culturales. La recopilación de textos la hemos hecho,
fundamentalmente, a partir de hemerotecas digitales, elementales actualmente
en un trabajo como el que aquí presentamos. Las principales hemerotecas con
las que hemos trabajado para conocer la obra de Francisco Valdés en la prensa
extremeña han sido la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España4
y el Portal Virtual de Prensa Histórica5, del Ministerio de Cultura y Deporte.
La Hemeroteca Digital de la BNE tiene como objetivo permitir la consulta y
difusión a través de internet del patrimonio bibliográfico español conservado en
la Biblioteca. El portal de Prensa Histórica, por su parte, presenta una extensa
y variada colección de periódicos y revistas custodiada por distintas institu-
ciones a nivel regional —en el caso de Extremadura, las Bibliotecas Públicas
del Estado de Cáceres y Badajoz o la Biblioteca de Extremadura, por ejemplo.
Hemos completado las búsquedas con la consulta del diario Hoy y de la Revista
de Estudios Extremeños.
Las búsquedas en las citadas hemerotecas arrojan los siguientes resultados:
168 artículos escritos por Francisco Valdés en 6 publicaciones diferentes que se
dividen de la siguiente manera:6
Título de la publicación N.º de artículos Periodo6
Correo de la Mañana 126 1914-1926
Correo extremeño 3 1928
Cristal 1 1936
Hispania: revista mensual. Letras, Artes, 1 1922
Ciencias
Hoy 32 1933-1936
Revista de Estudios Extremeños 5 1935
Para una exposición más clara de las colaboraciones de Francisco Valdés
en prensa dividimos los artículos en tres etapas: la primera, englobaría el pe-
riodo de 1914 a 1923; la segunda, de 1924 a 1931, y la tercera de 1932 a 1936.
Esta distribución se corresponde con los acontecimientos más destacados en la
4
Acceso desde http://hemerotecadigital.bne.es/index.vm (fecha de consulta: 3 de junio de 2019).
5
Acceso desde http://prensahistorica.mcu.es/es/inicio/inicio.do (fecha de consulta: 3 de junio
de 2019).
6
”Nos referimos al periodo documentado en el corpus”.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 161
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
trayectoria de Francisco Valdés. La primera etapa acoge los años desde su irrup-
ción en el panorama hemerográfico nacional hasta la publicación de 4 estampas
extremeñas con su marco, su primer libro. No hemos localizado publicaciones
anteriores a 1914. El segundo periodo es el que comprende el espacio entre la
salida de 4 estampas y 8 estampas, en 1932. La tercera etapa engloba sus últimos
años, los más fructíferos a nivel de publicaciones de libros y posterior recono-
cimiento, así como las colaboraciones en prensa más señaladas políticamente.
4.1. Colaboraciones de Francisco Valdés en la primera etapa (1914-1923)
En esta primera etapa contamos con 88 artículos. Entre ellos se distinguen
textos de creación, de crítica y reflexiones literarias y culturales. En estos años
publica algunas de sus primeras estampas, algunas de las cuales recogería más
tarde en sus volúmenes de creación. Muestra de ello es “Estampas. Pacis rustica-
rum” (Correo de la Mañana, 4 de enero de 1920). En este texto concede todo el
protagonismo al paisaje como condicionante de la vida en el campo extremeño:
El río no llevaba agua más que durante la invernada. Era un afluente del
Guadiana, y tenía su origen en una laguna que surte al pueblo donde, en los tiempos
de oro españoles, vivió el alcalde ejemplar que había en los escenarios, guiado
por la pluma inmortal de don Pedro Calderón de la Barca. Por esta circunstancia
de no correr más que durante la invernada el riachuelo, solo en esta época molían
las hacefias que, a lo largo de la corriente, dejan lamer sus cimientos por el agua,
siempre la misma y siempre otra distinta. (Valdés, 1920a)
Si bien en los conjuntos de las Estampas el paisaje suele ser un condicionante
negativo, en este caso alaba la paz y la armonía que se desprenden de esta
forma de vida:
¡Pacis rusticarum!: Campesina paz; de la pura, de la auténtica, de la que
no tiene adulterio ni falsificación; de aquella que se encuentra lejos del mundo
corroído por el bullicio y el pecado, para abandonarse a ella con toda el alma
y poder aspirar sus matices: los matices de la luz del sol, de las brisas, de las
tonadas campesinas, de las voces montaraces, de las ruedas de las carretas sobre
los enarenados caminos… (Valdés, 1920a)
La recurrencia al mundo rural será constante en estos primeros textos de
creación. Don Benito y su comarca aparecerán dibujados en estas incursiones
periodísticas. Un ejemplo destacado es “Tertulia de otoño e invierno. II”, publi-
cado también en Correo de la Mañana el 3 de noviembre de 1922. En este texto
habla de tipos del lugar que describe, que parece ser Don Benito y su comarca.
Así, habla de un maestro, de un estudiante católico, de un comisionista y de
un poeta filósofo. El detalle del lugar, que es el que nos interesa aquí, podría
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
162 Guadalupe Nieto Caballero
corresponderse con cualquier pueblo extremeño, pero añade una serie de ele-
mentos que parece que ayudan a identificarlo:
Ahora conviene, es oportuno, diseñar el rinconcito del mundo donde
ellos hablan. Es un pueblo extremeño. Acaso; acaso no fueran necesarias más
palabras para diseñarle. Con decir “un pueblo extremeño” basta. Mas no estaría
sobrado que añadiésemos unos trazos, recortados y nítidos de precisión. Helos
aquí: este pueblo extremeño está situado entre esas partes de la región oretana
que se llaman “La Serena” y “Tierra de Barros”. Cuenta más, poco más de veinte
mil habitantes. Sus cercanías son fértiles, productoras de cereales, hortalizas y
viñedos. Las frutas y legumbres se distinguen por su finura y gustoso sabor. Hay
tres parroquias y cinco comunidades religiosas. Las tabernas son incontables, pero
el zumo fermentado de la uva no logra despertar demasiada acometividad en sus
devotos. […] Solo nos resta añadir a los rasgos esenciales de su fisonomía, que
no hay ni un Ateneo, ni una pinacoteca, ni una biblioteca pública, ni una librería.
(Valdés, 1922b)
Podría ser Don Benito, ya que dice que tenía en torno a veinte mil habitantes,
cifra que confirma el Instituto Nacional de Estadística (21 059 en 1920). A esto
se suma la ubicación que ofrece —entre La Serena y Tierra de Barros— y otros
datos sobre el pueblo que parecen no dejar mucho lugar a la duda.
No solo el campo centrará su atención. En sus textos aparecerá también
la ciudad, y, concretamente, Madrid, ciudad que conoce bien y sobre la que
generará contrastes con el ruralismo extremeño. En “Crónica. Frío, hambre,
miseria” (Correo de la Mañana, 18 de diciembre de 1920), cuenta las penali-
dades de su vida en la capital: “he sentido palpitar a mi costado los estragos del
frío, la miseria y el hambre, implacable, alevosamente” (Valdés, 1920b). En una
curiosa contraposición con el artículo referido de “Tertulia de otoño e invierno.
II”, el autor describe también algunos tipos de Madrid, sobre todo aquellos que
protagonizan la noche de la gran ciudad:
Aparecía la gran ciudad muerta y desnuda. Tan solo en alguna tortuosa
calle, vieja y miserable, continuaba abierto algún antro, donde se recluía la escoria
social, los miserables, los parias, los hijos del vicio y del dolor: Mujeres pálidas,
cadavéricas, de canallescos modales y cínico y apagado mirar […]. Los machos
estaban taciturnos, cansados de no hacer nunca nada, agobiados y aplomados por
una indefinida pena rencorosa y agria. (Valdés, 1920b)
Por otra parte, los artículos sobre obras y asuntos literarios tienen una
importante presencia en estos años. Así hace, por ejemplo, con Ramón Pérez
de Ayala, uno de sus referentes, en “Al margen de los libros. Una lectura de
Pérez de Ayala” (Correo de la Mañana, 15 de febrero de 1923). En este artículo,
además de hablar de su admiración por la obra del escritor asturiano, reflexiona
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 163
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
sobre otras cuestiones relacionadas con la literatura como el mercado literario o
los cambios en los gustos del público español. En la parte centrada en Pérez de
Ayala reconoce el acrecentamiento de su producción gracias a su incesante labor
en la prensa. Afirma que entre 1910 y 1920 “lamentábamos ver a Ramón Pérez
de Ayala enfrascado en las cotidianas tareas del periodismo. Y todos ansiábamos
verle engolfado en la urdimbre de libros poemáticos y novelescos” (Valdés,
1923b). Se decanta asimismo por ubicar al autor de Belarmino y Apolonio en
la corriente de novela simbólica:
Simbolizar un concepto, una virtud, un vicio, un misterio, una tendencia,
una Verdad. Son a modo de estampas alegóricas; y sus hechos, parabólicos. Estos
personajes últimos de Pérez de Ayala7, al igual que los de Unamuno, parecen como
desprenderse de sus ligámenes al cieno de la vida. (Valdés, 1923b)
Francisco Valdés se mostrará siempre atento a autores coetáneos e in-
mediatamente anteriores como Rubén Darío, Maeztu, Ángel Ganivet, Antonio
Machado o Juan Ramón Jiménez. Un artículo en el que muestra su interés por
estos autores es “Al margen de los libros. Glosas” (Correo de la Mañana, 30
de marzo de 1922). En esta ocasión se detiene en Ganivet, del que lamenta el
injusto olvido en España —a su parecer— tras su muerte, mientras que en Ale-
mania recuperan su obra: “Sin insistir, sin porfiar, sin una atención generosa y
constante, no lograremos, españoles, nacer de las tinieblas a esta alma grande,
a este espíritu perspicaz y profundo, a este ingenio sazonado, a esta cultura
arquitectónica que significa este nombre” (Valdés, 1922a).
4.2. Colaboraciones de Francisco Valdés en la segunda etapa (1924-1931)
En esta etapa se ve disminuida la presencia de nuestro escritor en la prensa.
El número de artículos desciende a la mitad de los publicados en los primeros
años. En el corpus tenemos registradas 42 entradas en este periodo. Las razones
de esta reducción son muy diversas, pero tienen que ver, principalmente, con sus
estancias en el pueblo y la implicación en la gestión y cuidado del patrimonio
familiar, sobre todo a la muerte de su padre en 1929, así como su participación
en política local durante estos años —circunstancia de la que se deja constancia
en la misma prensa regional.
De nuevo, los principales tipos de artículos son de creación y crítica lite-
rarias. Un artículo curioso por la cantidad de referencias que recopila y por la
difusión de los límites entre géneros es “Notas de un lector. Antiguo y moderno”,
7
Se refiere a los de Luna de miel, luna de hiel y Los trabajos de Urbano y Simona, ambas
obras de 1923.
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164 Guadalupe Nieto Caballero
publicado en el Correo de la Mañana el 4 de julio de 1925. En este texto, retoma
dos artículos que ya había publicado previamente en abril de 1915 y noviembre
de 1921. En una de las partes del artículo se fija en la obra El túnel (1913), de
Bernard Kellerman, y, de manera más precisa, en el protagonista, Mac Allan.
Allan es un ingeniero que sueña con construir un túnel submarino que conecte
Europa con América. El proyecto sufre todo tipo de dificultades —problemas
financieros, accidentes, huelgas, etc.— y el ingeniero se convierte en el centro
de todas las iras. En el artículo de Valdés, uno de los interlocutores señala que
lo que se precisa en España “es la influencia poderosa de una raza fuerte como
la germana o la sajona, que levante el decaído espíritu español y le encamine
por nuevos derroteros. Lo que precisamente necesitamos es un centenar de Mac
Allan” (Valdés, 1925b). El túnel que pretenden construir los protagonistas de
esta parte serviría para enlazar no solo espacios geográficos, sino también formas
de vida y de moral distintas:
No es menos difícil, ni más tampoco —prosiguió el conversador— construir
el túnel ideal que ha de enlazar el viejo mundo de los egoísmos, explotaciones y
crueldades con el nuevo mundo de la justicia, el amor y la libertad. Los nuevos
túneles que han de horadar las montañas de la usura; los nuevos puentes que se
han de levantar sobre los ríos sensuales e hipócritas; los nuevos canales por donde
se deslicen los cauces del amor, la paz y la alegría. ¡Oh, Mac Allan, eres nuestro
ideal! Abracémonos al tesoro de la acción. Luchemos, esforcémonos, realicemos
obras, demos ejemplos con nuestra conducta de sacrificio y aceptación estoica del
dolor. Esto es lo primero. Destruir las viguetas, sucias y groseras, que apuntalan
el ruinoso edificio social, para que nazcan la paz fraterna, los hábitos morales, la
probidad, la dignidad humana. (Valdés, 1925b)
El interés por la literatura española inmediatamente anterior seguirá
ocupando espacio en sus colaboraciones. Así se aprecia en “Notas de un lector.
Literatura de la Restauración (con motivo del centenario de Valera)” (Correo de
la Mañana, 23 de noviembre de 1924). En este artículo, Valdés retoma la figura
de Valera, una figura a la que se había referido en otras ocasiones. Distingue, en
primer lugar, tres periodos literarios desde la restauración borbónica:
Desde la restauración borbónica hasta nuestros días se dibujan, con trazo
firme y segura pincelada, tres períodos literarios. Abarca el primero desde el año
1875 hasta la bancarrota colonial en 1898: fecha angustiosa; llaga aún sin cerrar en
el organismo sensible español. El segundo arranca de ese año luctuoso y corre hasta
la guerra europea. Alborea, en nuestros propios días, el tercero; más sugestivas sus
promesas infinitas que los frutos recolectados en los dos anteriores. (Valdés, 1924)
Francisco Valdés muestra su plena confianza en la nueva literatura, en la
surgida tras el estallido de la Primera Guerra Mundial y que coincide en España
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 165
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
con el novecentismo y las vanguardias, esencialmente. En este artículo, además
de demostrar sus dotes como lector, muestra su conocimiento sobre la historia
literaria misma. Tras hacer un recorrido por el siglo XIX, por autores, géneros
y tendencias, se detiene en el Noventayocho, fuente de numerosas lecturas:
Tanto ella [la generación del Noventayocho], como la generación de Va-
lera, como el romanticismo, como el clasicismo de XVIII, no son otra cosa que
floraciones parciales de un mismo y nuevo germen, difuso y sordo, que comienza
a principios de la instauración borbónica en España. Anillos de un mismo círculo
concéntrico en nuestros días. Aportaciones delimitadas hacia la obra que hogaño
se incuba. Fases de un proceso, cuyos resultados ahora comienzan a entreverse.
La obra literaria es tradición. Tiene su comienzo, su crecimiento, florecencia,
ancianidad y muerte. (Valdés, 1924)
Cierra el artículo con algunas reflexiones sobre Valera, el verdadero protagonista
del texto. Concluye diciendo que la obra del escritor cordobés
está anticuada, superada por la que ha surgido después. Sálvese del ol-
vido Pepita Jiménez, como típico ejemplar de una modalidad literaria de una
época histórica. Y afiancemos nuestra atención hacia otras luminarias, recientes
o antiguas, de las que podamos decir: son eternas y universales. (Valdés, 1924)
Resulta extraña esta valoración del autor, sobre todo porque un análisis de la
trayectoria de Francisco Valdés demuestra que son pocas las ocasiones en que
hace una reseña que no sea positiva con el autor o la obra seleccionada.
Una de las virtudes de la prensa en Extremadura en estos años, tal como
hemos adelantado, es la difusión de la obra de autores extremeños. Francisco
Valdés será uno de los artífices de esta labor. Así hace en el ya mencionado
“Notas de un lector. Sobre el resurgimiento literario de Extremadura”. Este
artículo se abre precisamente con la noticia de la publicación de Fuente Serena
(1925), de Antonio Reyes Huertas. Valdés destaca a partir de aquí el repunte
de la literatura en la región en el periodo de 1915 a 1925, momento en el que,
según su comentario, sobresalen
publicaciones estimables y actos culturales de positivo mérito y loable
intención, demostrativos del ansia que comienza a sentir la región por elevarse
espiritualmente. En varias poblaciones es visible ese noble deseo, manifestado en
certámenes poéticos, conciertos musicales, fundaciones de Ateneos, Exposiciones
pictóricas, publicaciones de semanarios sin enchufes políticos, conferencias y
excursiones de arte, editación de libros. (Valdés, 1925a)
Considera, no obstante, que la actividad intelectual extremeña
sigue los cauces de la amena literatura, para la cual es creencia vulgar
no se precisa apenas preparación intelectual. Hacia el periodismo y la novela
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
166 Guadalupe Nieto Caballero
van todas las tendencias espirituales, pudiendo presentar Extremadura cronistas
tan sugestivos como Arturo Gazul, que ha aportado a nuestras letras regionales
ese alado y ameno escoro de cosmopolitismo tan fino y vaporoso a veces, tan
hondo y sentimental otras; novelistas de fuste como Antonio Reyes Huertas,
en ondulante superación […], y a quien sigue, con su interesante novelita La
millonaria, Severo Ramos Almodóvar, en quien yo veo aptitudes completas para
encumbrarse en el género de la ficción.
Entre otros escritores extremeños menciona también a Luis Chamizo, un joven
Eugenio Frutos, Enrique Segura, Antonio Meca, Antonio Cuéllar y Antonio Juez,
y José López Prudencio. Todos ellos, según Valdés, son ejemplo del buen hacer
a nivel intelectual y literario.
4.3. Colaboraciones de Francisco Valdés en la tercera etapa (1932-1936)
El último periodo, aunque más reducido, es realmente productivo en la
trayectoria de Francisco Valdés. En estos años hemos localizado 38 artículos
en diversas publicaciones. Con Correo de la Mañana ya desaparecido, cobrará
relevancia entonces el diario Hoy. Los años treinta son los más decisivos para
su despegue y reconocimiento en el panorama literario español. De nuevo, los
artículos se decantan por temas literarios y por motivos creativos, aunque ahora
adquiere mayor relevancia que en periodos anteriores aquellos centrados en
asuntos políticos. La razón para que esto sea así estriba en su propia circuns-
tancia personal, ya que como propietario sufre invasiones a su finca, derivadas
de la promulgación de los Decretos Agrarios de Largo Caballero y la posterior
Ley de Reforma Agraria del 32. Francisco Valdés, que se mostraba inicialmente
entusiasmado con la llegada de la Segunda República, pronto vio amenazado su
statu quo con la aprobación de la mencionada Ley. Su posicionamiento político
virará hacia el conservadurismo, como demuestra en alguno de sus artículos,
especialmente aquellos publicados en medios nacionales como ABC, Luz o La
Época. En Extremadura el diario Hoy le servirá de tribuna para alzar la voz
contra lo que considera un perjuicio hacia su propiedad y sus intereses.
Uno de los artículos más representativos de las circunstancias que descri-
bimos es “Recuerdos del bienio. Cuniculosa Iberia” (Hoy, 1 de enero de 1935).
En él arremete duramente contra el régimen político de la República y el socia-
lismo y las Casas del Pueblo. Considera que la incultura conduce a las masas a
situaciones como la invasión de su finca. De esta manera describe su descontento
con la República y las consecuencias que, según él, se derivan de sus políticas:
Hordas numerosas de los pueblos cercanos —plena época de la siega—
invadieron las fincas irrumpiendo en los cotos, saltando mojoneras, atropellando
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Francisco Valdés en la prensa extremeña: un acercamiento 167
a sus colaboraciones en el periodo de 1914 a 1936
guardas y dueños, desafiando a la guardia civil. Venían pertrechados de arcaicas
escopetas, garrotes y azadones, palanquetas, hurones y perros, trampas y sacos.
Siempre había en toda partida un capitán. Sin duda, haciendo méritos para co-
locarse, muy en breve, el entorchado de una Alcaldía. […] La destrucción fue la
primera señal de ataque. (Valdés, 1935a)
Con todo, un par de años antes, en 1933, Valdés reconocía y era consciente
de los problemas que arrastraba el campo extremeño. Llegaba a la conclusión
de que no había más solución que proporcionar trabajo a los braceros para
atajar el problema:
El problema de los “sin trabajo” está en pie y ahora con mayor gravedad
que nunca. […]
En la mayoría de los pueblos se da esta crisis de trabajo. En casi todos
sobran braceros. ¿Cómo impedir que entre el hambre en los hogares de estos hom-
bres, la mayoría honrados, laboriosos y decentes, a pesar de haberse envenenado
sus rústicas conciencias con las drogas tóxicas del socialismo?
La solución es sencilla: dando trabajo para que esos brazos se ocupen
y lleven el pan a sus mujeres y a sus hijos. La solución es difícil: ¿quién ha
de proporcionar el trabajo? De tres elementos puede provenir: del Estado, del
municipio y del propietario. El Estado puede dar trabajo. Ahí están abiertas las
obras del pantano de Cíjara y ahí están por hacer carreteras en la provincia de
urgente precisión. […] Los propietarios… apenas pueden dar trabajo. Solamente
el necesario para el desarrollo de sus cultivos. (Valdés, 1933)
Dejando los asuntos políticos a un lado, Francisco Valdés sigue mostrando
su atención hacia autores extremeños. Así hace en “Los tres poetas de Guareña”
(Hoy, 10 de mayo de 1933). En este artículo destaca la producción poética de
Luis Chamizo, Eugenio Frutos y Ángel Braulio Ducasse. Lamenta el silencio
editorial de Chamizo tras el éxito de El miajón de los castúos a la vez que reconoce
que Frutos y Ducasse no habían llegado aún al gran público pues ninguno había
dado aún a conocer su obra en forma de libro. Concluye apuntando que los tres
poetas podían ser considerados casi los tres poetas extremeños “en los tiempos
que corren. Ellos llevan en su pensamiento y en su imaginación el resplandor
de la belleza” (Valdés, 1935c).
Las colaboraciones de Valdés se dispersan también en estos años —aunque
en menor medida— por la Revista de Estudios Extremeños. Sus colaboraciones
están dedicadas a reseñas de obras literarias y culturales. Así hace, por ejemplo,
en 1935 con Hechos del Maestre de Alcántara Don Alonso de Monroy, del
extremeño Alonso Maldonado y con estudio preliminar de Antonio Rodríguez
Moñino en la edición de 1935. En el volumen de Letras, en 1933, se anuncia
que Francisco Valdés estaba preparando una historia novelada de Alonso de
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
168 Guadalupe Nieto Caballero
Monroy, aunque nunca vio la luz. En el mismo número de la Revista de Estudios
Extremeños reseña obras de Baltasar Isaza Calderón, Lope de Vega, Hans Roger
Madol y Luis Chorot.
En 1935, coincidiendo con el tricentenario de su muerte, y uniéndose a los
homenajes diseminados por todo el país, Francisco Valdés dedica otro artículo
a Lope de Vega. Se trata de “Vida y letras. Ante el centenario de Lope” (Hoy,
23 de febrero de 1935). En esta ocasión, Valdés reconoce al autor de Fuenteo-
vejuna como el primer dramaturgo de la literatura española, además de ser “un
excelente prosista y un lírico insuperado” (Valdés, 1935b). Lamenta lo poco
que se representaba a Lope entonces y cree que una manera de retomarlo podría
ser la publicación de una antología de sus obras y dar a conocer a Lope en las
provincias y no solo en Madrid.
5. Apuntes finales
Como se ha podido observar a lo largo del artículo, Francisco Valdés será
un autor comprometido con el desarrollo cultural y literario de Extremadura
desde las posibilidades que le otorga la prensa. Esta breve muestra de artículos,
publicados, casi en su totalidad, en Correo de la Mañana y Hoy, confirma a
Francisco Valdés como un autor con un amplio bagaje de lecturas e intereses
literarios muy diversos. En las páginas de los periódicos extremeños contribu-
ye a la difusión de la literatura nacional y extranjera a través de comentarios
y reseñas, a la vez que ayuda a divulgar la producción de autores regionales.
Estos textos dan cuenta, en fin, de una personalidad universalista y abierta en un
contexto difícil, con unas tasas de analfabetismo elevadas, en el que la lectura
debía abrirse paso.
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 173-189
La revista Angelus
(Una aportación al estudio de la poesía
de posguerra en Extremadura).
Simón Viola Morato
Dr. Filología Hispánica
[email protected] Resumen
La aportación global de este estudio muestra cómo en la revista Ángelus
se vieron representadas, junto a corrientes del pasado (muestras epigonales pero
no desdeñables de Modernismo español, de poesía regionalista, de neopopula-
rismo), las más importantes tendencias poéticas de posguerra: Poesía arraigada
y desarraigada, Poesía social. Las relaciones que desde un principio estableció
con otras revistas y poetas de dentro y fuera de la región (también aparecen co-
laboraciones inglesas y portuguesas), mantuvo al grupo en contacto permanente
con la realidad literaria nacional. Su apertura a la creación poética extremeña
y la participación de otros escritores, algunos de la talla artística de Concha
Lagos, la convierten en un cauce de expresión cuyo estudio resulta imprescindi-
ble para el conocimiento en profundidad del panorama literario de posguerra.
Abstract
The global contribution of this study shows how in the Angelus magazine
they were represented, along with currents from the past (epigonal but not
negligible samples of Spanish Modernism, regionalist poetry, neopopularism),
the most important post-war poetic tendencies: Poetry rooted and uprooted,
social poetry. The relations that from the beginning he established with other
magazines and poets from inside and outside the region (English and Portu-
guese collaborations also appear), kept the group in permanent contact with
the national literary reality. Its opening to the poetic creation of Extremadura
and the participation of other writers, some of the artistic stature of Concha
Lagos, make it a channel of expression whose study is essential for in-depth
knowledge of the post-war literary panorama.
174 Simón Viola Morato
Los deseos de normalizar la vida cultural en la posguerra cristalizaron
en la creación de varias iniciativas que pretendían recoger la obra literaria de
quienes habían permanecido en España: tertulias (como Musa musae, iniciada
a los ocho meses de terminar la contienda), suplementos de diarios (como “Sí”,
del periódico “Arriba”)..., pero el mayor protagonismo se reservó a las revistas
literarias. En noviembre de 1940 sale a la luz Escorial, liderada por un grupo
de falangistas liberales -Laín, Ridruejo, Tovar-, que pretendió convocar a todos
los creadores posibles con un signo difícilmente aperturista en aquellos años.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La revista Ángelus (Una aportación al estudio 175
de la poesía de posguerra en Extremadura).
A Escorial, además de otras revistas de menor importancia - El Español,
La Estafeta literaria - le sucedió Garcilaso en mayo de 1943, cuya presentación
sugería ya un epígrafe para denominar ese momento literario: “Generación del
36” (“de los que podríamos enmarcarnos bajo las cifras decisivas del 36”). Los
editoriales de los números siguientes insistían en la voluntad integradora de la
revista (en el primer número aparecía un “Drama breve” de Eusebio García
Luengo y un soneto de Eugenio Frutos: “A la campana con reja de San Juan
de Cáceres”). En ella publicaron todos los poetas que por entonces escribían en
España, desde los mayores -Juan Ramón, M. Machado, D. Alonso, V. Aleixandre
o Gerardo Diego- a los más jóvenes: Leopoldo panero, L. F. Vivanco, C. J. de
Cela, José María Valverde, Bousoño, J. Hierro, García Nieto...
A pesar de su heterogeneidad pueden ya señalarse algunos rasgos prefe-
renciales: el neopopularismo, un garcilasismo leve e inauténtico, el paisaje de
Castilla, la religiosidad, los tonos melancólicos...Desapareció en abril de 1946.
El “garcilasismo” tuvo varios frentes de contestación; el más beligerante
fue el de Espadaña, revista leonesa aparecida en 1944. Sus redactores fueron
Eugenio de Nora, Antonio González de Lama y Victoriano Crémer. Desde ella
se denunció la excesiva dulzura de los poetas garcilasistas en tono burlón, su
clasicismo formal, la falta de incorporación de la vida a a la obra, su inauten-
ticidad...Desaparece en 1951 (a raíz de la publicación de un desgarrado soneto
de Blas de Otero: “Me haces daño, Señor. Quita tu mano...”).
El mismo año de la fundación de Espadaña, dos poetas del 27 ofrecen las
dos obras más importantes de la década: Hijos de la ira (D. Alonso) y Sombra
del paraíso (V. Aleixandre. El prestigio de estas figuras acabó por inclinar la
balanza del lado de una poesía problematizadora, existencial y religiosa -muy
lejos de la poesía sacra de “Juventud creadora”-, “desarraigada”..., antecedente
inmediato de la poesía social.
Tras Garcilaso y Espadaña, las revistas dejan de ser centros neurálgicos
de la vida poética española para convertirse en órganos sin características espe-
cíficas en donde encuentra cabida todo poeta. Quizá la pérdida de importancia
se debió a su excesivo número y a la falta de personalidad que les llevaba a
acoger cualquier tipo de colaboración.
A partir de 1950 el protagonismo vuelve a los libros de versos. De ellos
la poesía comprometida va ocupando progresivamente un espacio mayor (entre
1950 y 1973 aparece un total de 32 libros, la mayor parte de ellos publicados
entre la primera fecha y 1965).
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
176 Simón Viola Morato
EXTREMADURA EN LA POSGUERRA.
El panorama yermo que ofrece Madrid en la inmediata posguerra se repite
con mayor intensidad en las provincias. En Extremadura, la actividad editorial
se interrumpe. El estudio y la colaboración crítica cuentan, como único cauce,
con la Revista de Estudios Extremeños. La región vive unos años de atonía
intelectual del que irá saliendo paulatinamente en la segunda mitad del de la
década de los cuarenta.
Como en otras regiones, la guerra vino a interrumpir bruscamente la labor
de nuestros escritores. Unos encontrarán en ella la muerte, como Francisco Val-
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La revista Ángelus (Una aportación al estudio 177
de la poesía de posguerra en Extremadura).
dés o Angel Braulio Ducasse fusilados en el 36; otros conocerán el exilio -como
Enrique Díez-Canedo, desterrado en Méjico-; otros, por último, la persecución
por sus ideas, el exilio interior; tal es el caso de Medardo Muñiz, encarcelado
durante cinco años e inhabilitado durante 37 para ejercer la docencia, el de
Antonio Rodríguez-Moñino,el de Jesús Delgado Valhondo...
La estricta censura de esta década vigila cuidadosamente el libro impreso,
de modo que sólo puede aflorar una literatura anclada en el conservadurismo
ideológico y en actitudes no problematizadoras (como el poema Extremadura
del Luis Chamizo -1941-, las novelas de Reyes Huertas...pero la obra de Felipe
Trigo es sistemáticamente silenciada).
LAS REVISTAS.
El primer proyecto literario no institucional que ve la luz en la inmediata
posguerra fue la revista Alcántara, creada en Cáceres en 1945 por Tomás Martín
Gil, Fernando Bravo y Bravo, José Canal y Jesús Delgado Valhondo. Sufragada
en sus comienzos por los propios colaboradores, la Diputación Provincial se
haría cargo de ella a partir del número XV. Además de los citados, en sus pá-
ginas pueden encontrarse los nombres de Manuel Monterrey, Enrique Segura,
Juan Cordero...
En Badajoz, las primeras revistas son de aparición más tardía. En 1946
se funda Guadiana. Semanario de actividades extremeñas, dirigida por Fer-
nando Sánchez Sampedro. A pesar de la alta talla de sus colaboradores (Val-
hondo, Enrique Segura, López Prudencio, Eugenio Frutos, Reyes Huertas...)
se vio pronto inmersa en problemas financieros y sobrevivió sólo durante
once números. En febrero de 1950 se funda Alor, revista de creación literaria
subtitulada: “Hojas de poesía”, siendo costeada por su director Francisco
Rodríguez Perera; en septiembre de ese mismo año pasó a ser subvencionada
por la Diputación de Badajoz, incorporando como colaboradores habituales
a poetas sudamericanos. Ha dedicado números dobles de homenaje a López
Prudencio, Antonio Reyes Huertas, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez...
(Fuera ya del periodo ha pasado por diversas etapas con cambio de denomi-
nación: Nuevo Alor, Alor novísimo).
En septiembre de 1952 aparece Gévora subtitulada: “Hojas de poesía en
prosa y verso”. De periodicidad mensual y distribución gratuita era dirigida por
Manuel Monterrey. A pesar de su brevedad -8 páginas- ofreció una alta calidad
en sus colaboraciones (Alvarez Lencero, Jesús Delgado Valhondo, Manuel Pa-
checo, Enrique Segura Otaño, José Canal...). Gévora fue el primer cauce para la
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
178 Simón Viola Morato
edición de obras de Jesús Delgado Valhondo -La Muerte del momento y Canto a
Extremadura- en la región (en condiciones muy modestas, con copias a cilostil).
La poesía social contó en la región con revistas impulsadas por jóvenes
creadores que se movieron fuera de las subvenciones -y consiguiente vigilancia-
oficiales. Se trata, por ello, de empresas efímeras con un sustento financiero poco
sólido. Arcilla y pájaro (Cáceres) consigue publicar cinco números en los años
1952 y 1953. Anaconda, también cacereña, fue fundada por un grupo de jóvenes
desgajado de la anterior y logró sacar sólo dos números en 1954. Jaire (Badajoz)
edita tres números en los años 54 y 55.
La nueva poesía comprometida de los 50 ve la luz entre violentas reacciones
de los sectores conservadores y dificultades crecientes (de las que se veían libres
las revistas “oficialistas”: Alor, Gévora,Ángelus, Olalla). Los ataques de la prensa
conservadora, la exigencia de un “visado” previo por parte de los gobernadores
civiles...acabaron yugulando estos canales de expresión.
El grupo acabó dispersándose y la mayoría de ellos (Prudencio Rodríguez,
Juan Iglesias Marcelo, José María Gil Encinar, Emiliano Durán, Jacinto Berzosa...)
abandonó el terreno de la creación literaria. Únicamente consiguen publicar, fuera
de la región, Juan Manuel Robles Febré (Poemas de las dos orillas, Madrid, 1954
y otros poemarios, fuera ya de este periodo) y Pedro Lahorascala (Romería de hori-
zontes, Madrid, 1956; Canciones para ir a la tierra, Guadalajara, 1964). “Quienes
se quedaron en Extremadura, estaban condenados al ostracismo. El Gobierno Civil
y “cierta” sociedad a través de determinada prensa, no iban a permitir poemas
como los aparecidos en Arcilla y pájaro y Anaconda (Sánchez Pascual, 1987).
ÁNGELUS
En este contexto nacional y regional se edita en Zafra la revista de poesía
Angelus. Auspiciada por el Teologado claretiano de la ciudad, llegó a sacar, sin
periodicidad regular 13 números entre 1953 y 1960. Aunque predominan los
poemas de sacerdotes y estudiantes, la revista se abrió a colaboraciones externas
de poetas andaluces y extremeños.
La revista ofrecía un formato pequeño -10,5 + 15 cms- (a excepción del
último número: 12,5 + 17 ), con una presentación modesta y una correcta repro-
ducción tipográfica. Todos los números incluyen dibujos (de Carlos Díaz Muñiz,
Cerezo Barredo, Cienfuegos y Vaquero Poblador). Su periodicidad fue la siguiente:
Nº 1. 112 pgs., (Zafra, febrero de 1953); nº 2. 46 pgs., (Zafra, junio de
1953); nº 3. 46 pgs., (Zafra, enero de 1954); nº 4. 72 pgs., (Zafra, mayo de 1954);
nº 5. 62 pgs. (Zafra, 1954, sin indicación del mes); nº 6. 64 pgs. (Zafra, 1955, sin
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
La revista Ángelus (Una aportación al estudio 179
de la poesía de posguerra en Extremadura).
indicación del mes); nº 7. 54 pgs., (Zafra, octubre de 1955); nº 8. 36 pgs. (Zafra,
1956, sin indicación del mes); nº 9. 56 pgs. (Zafra, octubre de 1956); nº 10. 80
pgs. (Zafra, octubre de 1957); nº 11. 56 pgs. (Zafra, 25 de diciembre de 1958);
nº 12. 58 pgs. (Zafra, noviembre de 1959); nº 13. 96 pgs. (Zafra, septiempbre de
1960, impresa en Las Palmas de Gran Canaria).
(Los problemas económicos -habituales en proyectos de esta naturaleza-
pueden explicar lo irregular de su aparición. Mientras que en los cuatro primeros
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años ven la luz dos números (en 1954, tres), de 1957 a 1960 las entregas se espacian
más. El último número se cierra con una petición de ayuda -que nadie atenderá-
para editar una Segunda antología de poetas extremeños)
En los primeros doce números figura como director Francisco Juberías
(que colabora en las entregas 1 y 4), mientras que en el número 13 aparece Angel
Martín Sarmiento a título de “Seleccionador y anotador”. Todos los números
incluyen en la solapa de la contraportada los nombres de los censores por la
Congregación y por la Diócesis.
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de la poesía de posguerra en Extremadura).
COLABORADORES.
Concebida inicialmente como un órgano de expresión interno, predominan
en la revista los nombres de sacerdotes y alumnos del Teologado. “Conscientes
de nuestra vocación sacerdotal, y sin pretensiones de manifiesto, hemos lanzado
nuestro ángel a esos mundos de Dios para decir que la poesía no se nos muestra
fruto vedado, manzana de paraíso” (Presentación, nº 1, pg. 7).
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Abundan las colaboraciones esporádicas de poetas aficionados que apa-
recen en una sola entrega. Los escritores más habituales son: José Sierra Cortés
(en 7 números), Argimiro de la Fuente (6 números), Felipe Carbajo (4 números),
Jesús Tomé (4 números), Angel Martín Sarmiento (4 números), Santiago Ortega
Pedraza (4 números), Eladio Riol (4 números), Luis Martínez Guerra (3 números),
Guillermo de la Cruz-Coronado (3 números).
La entrega nº 10 anuncia la incorporación de poetas seglares de la última
promoción e incluye varios poemas de los hermanos Antonio y Carlos Murciano
(Arcos de la Frontera, nacidos en 1929 y 1931 respectivamente), ambos con
libros publicados. Esta práctica continuará en los números restantes y así, en
el siguiente aparecen tres poemas de Manuel Pacheco -que había colaborado
ya en el número 2-. Una nota biliográfica escrita por el poeta anuncia, junto a
sus libros editados, algunos inéditos que, curiosamente, no verán más tarde
la luz (“Tengo inéditos: Horizontes azules, Las vitrinas del asco, (...) El libro
de la odas, El libro de las descripciones...y otros muchos para varios libros
sin título aún”).
El número 12 se abre con la participación de Concha Lagos (4 poemas) y el
nº 13, íntegramente dedicado a los poetas extremeños, incorpora a los siguientes
escritores:
Jesús Delgado Valhondo (5 poemas, de los libros La esquina y el viento, La
montaña y Aurora. Amor. Domingo).
Francisco Cañamero (3 poemas).
Manuel Pacheco (5 poemas, de Todavía está todo todavía, El libro de las
odas y Poemas al hijo).
Francisco Rodríguez Pereda (6 poemas de Alba de gozo).
Luis Alvarez Lencero (5 poemas, de Sobre la piel de una lágrima).
Antonio Zoido Díaz (5 poemas, de Caireles al sol).
Manuel Monterrey (4 poemas, de Rima y Pétalos de sombra).
Eugenio Frutos Cortés (4 poemas, de Retablo de la pasión del Señor y La
soledad -en dos de ellos no hay indicación alguna).
Luis G. willemenot (4 poemas, de Manos femeninas).
Juan Bautista Rodríguez Arias (2 poemas).
Varias entregas de la revista son poemarios de algunos de los poetas cita-
dos. La número 5 (1954) incluye el libro Ángel Gabriel (poemas) de Guillermo
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de la poesía de posguerra en Extremadura).
de la Cruz-Coronado (había aparecido en Curitiba -Brasil- en 1953). Consta de
10 poemas de gran extensión distribuidos en dos apartados (Níño y Muchacho).
El siguiente número (1955) presenta el libro Palabra ungida de Pedro Mª
Casaldáliga. De temática predominantemente religiosa, se compone de 15 poemas
(sonetos, letrillas, “antífonas”, “Salmos”...)
Por último, en el número 8 (1956) aparece el poemario Los colores (poemas)
de José Sierra Cortés.
TENDENCIAS.
A pesar del alto número de colaboradores (entre asiduos y esporádicos su-
man 43 poetas), la revista ofreció una cierta homogeneidad de perfiles definidos.
Los poemas, con la excepciones que comentaremos más adelante, muestran un
mismo aire de familia que ha de ser interpretado como indicio de una concepción
poética compartida por la mayor parte de los escritores. Estos se proponen “saber
por qué es bella la luz, la rosa, la estrella, la vida; saber por qué nos duelen esas
caravanas de hombres como lentos dromedarios con su dolor a cuestas”, “ser
humanos con lo humano y divinos con lo divino en unidad de vida: ¡la vida en
plenitud! (Presentación, nº 1, pg. 8).
Los poemas atienden a la doble naturaleza, terrenal y divina, del hombre
y o deslizan su atención hacia un ser humano que se debate entre la felicidad de
un mundo reglado y la desdicha de su condición dolorida y mortal. Ángelus fue
así un órgano de expresión de la Poesía arraigada que desde las revistas madri-
leñas (Escorial, Garcilaso) se extendió, con un cierto retraso cronológico a las
provincias. Resulta ilustrador, en este sentido, el poema Los celestiales (Salmos
al viento, 1958) de José Agustín Goytisolo que recrimina, en un tono sarcástico,
la generalización de esta misma moda poética:
“se reunieron, pues, los poetas, y en la asamblea
de un café, a votación, sin más preámbulo,
fue Garcilaso desenterrado, llevado en andas, paseado
como reliquia, por las aldeas y revistas
y entronizado en la capital. El verso melodioso,
la palabra feliz...”
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184 Simón Viola Morato
El arraigo traduce una concepción del mundo afirmativa que ancla sus
raíces en la tradición o en las creencias religiosas. La mayor parte de la poesía
de Ángelus se sitúa en esta visión rehumanizada y profundamente cristiana
cuyos centros de atención son el hombre y Dios (en la estela de poetas del “36”
como L. Rosales, L. F. Vivanco, L. Panero o los más jóvenes Gaos, Bousoño y
Valverde). El grupo de Ángelus, asimismo, viene a coincidir sustancialemente
con la poesía que, por estos años, escriben en la región Jesús Delgado Valhondo,
Alfonso Albalá, Eugenio Frutos y la que ofrecen revistas como Alor, Alcántara,
Gévora, Olalla... Sus rasgos más destacados son:
Predominio de una temática religiosa y sacra. Abundan los poemas a la
Virgen (el número 4, monográfico, está íntegramente “dedicado a la Virgen In-
maculada”), villancicos, poemas a la Pasión del Señor, a los mártires... El senti-
miento religioso adopta diversas modulaciones: el poema/oración dirigido desde
la convicción de la inanidad esencial del hombre, el ansia mística de unión con
Dios... En otras ocasiones se poetiza cierto desgarro interior por la conciencia de
la propia imperfección, la presencia del dolor en el mundo...
El paisaje evocado (que no es nunca el paisaje de su entorno extremeño)
es en esta poesía una obra divina, bien hecha, un libro de Dios en donde leer la
confirmación de su existencia vigilante. La presencia en él de ciertos elementos
como el camino, el mar, la carretera, las montañas... adquiere un valor simbólico;
son imágenes del paso del tiempo, de la muerte, del deseo de unión con la divinidad.
Ha desaparecido la concepción de la poesía como puro juego lírico; el tono
ha adquirido gravedad en concordancia con unos temas más profundos y próximos
a las preocupaciones del hombre.
Formalmente, el versolibrismo de los primeros números deja paso de un
modo progresivo al predominio de estructuras clásicas (sonetos especialmente,
pero también décimas, serventesios) y populares (romance, redondillas), en unos
textos de cuidadosísima construcción técnica. El siguiente poema puede ejempli-
ficar todas estas características:
CORAZON DE MI ROCA...
Espuma inmóvil, que a la luz se aferra.
Altura embravecida. Vuelo lento.
Pleamar de las torres por el viento
para jugar a nubes con la tierra.
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La revista Ángelus (Una aportación al estudio 185
de la poesía de posguerra en Extremadura).
Ascuas humanas donde el sol encierra
su alegría sencilla. Yo presiento
horizontes enérgicos... Yo tiento
con mis ojos la altura de la sierra.
Voces en pie sobre el temblor del llano
que impacientan mi voz hasta mi mano.
Olas eternamente agonizantes.
Viaje del Universo, hacia lo alto.
Corazón de mi roca, ¡aprende el salto
de estas rocas feroces y constantes!
(El sentido del poema no requiere un comentario pormenorizado: la crestería
rocosa de una montaña es el motivo, aludido metafóricamente a lo largo del texto,
bajo el cual late un deseo de ascensión hacia Dios).
A lo largo de los trece números de la revista pueden rastrearse muestras de
otras tendencias menos transitadas. La Poesía desarraigada ofrece varios ejemplos
en las últimas entregas.
“Desgarro puro; herida que navega
singladura en mi carne; mar doliente;
mar donde el alama ahonda y sólo siente
un gemido abismal que no sosiega”.
(G. de la Cruz-Coronado. Mar de fondo)
Sabemos, por una reseña final aparecida en el número 12, que el grupo
conoció Hijos de la ira (“Agradecemos particularmente a Dámaso Alonso sus
libros y sus palabras”). En su estela se sitúan algunos de los poemas (como Los
expedicionarios de Ortega Pedraza, un extenso poema en verso libre en que
canta a los “Hombres en marcha. Un pueblo de viajeros...Unos han pensado irse
muriendo...Otros logran morir de pura muerte...”).
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“Aquí estamos, Señor, los malolientes
Hundidos en un sótano. Las ratas
miran con ojos tristes nuestro aspecto
de sepultados vivos. (...)
Oh Dios, el mundo,
igual que un muerto hinchado por la grasa,
viscosamente se licúa, fluye
por las grietas del sótano...”
(Jesús Tomé. Los escombrados)
Los poemas de este grupo presentan formas libres que hacen la expresión
más espontánea (con sonetos de ritmo descoyuntado mediante encabalgamientos)
y una dicción áspera, plagada de interrogantes e imprecaciones.
Las formas neopopulares están representadas por tres poetas. Pedro Mª
Casaldáliga las emplea en deliciosos cuadros paisajísticos en que subyace una
visión religiosa de la realidad.
CENTINELAS DEL INVIERNO.
Junto al cauce muerto,
tres álamos secos.
Parados.
¿Qué aguardáis, en fila,
centinelas blancos?
Invierno ¿qué esperan?
-Que agite el ribazo
campanillas nuevas
y pase el cortejo de risas
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La revista Ángelus (Una aportación al estudio 187
de la poesía de posguerra en Extremadura).
-por el cauce muerto- de la Primavera:
para abandonarme,
rindiéndose a ella...
¡Siempre me traicionan
estos centinelas!
(“Paisaje”. Palabra ungida)
AGUA IDEAL.
Agua redonda y cerrada,
el agua del pozo piensa.
El agua andante del río
es buena como una arteria [...]
...Yo busco un agua sin cauces,
pero pensativa y buena.
Honda y cercana. Y sonora.
¡Señor, el agua perfecta!
(“Paisaje”. Palabra ungida)
Antonio Zoido emplea el romance para los temas taurinos por los que se
siente tan atraído (“Banderillas”, “El molinete”, “La chicuelina”...). Sus poemas,
del libro Caireles al sol, inciden en enfoques conocidos y buscan la brillantez
metafórica y la gracia meridional, en la estela de una poesía taurina cultivada por
el “27” (García Lorca, Fernando Villalón..., los poemas recuerdan de un modo
especial a los de Gerardo Diego en La suerte o la muerte).
Nervatura de corcel.
Gimnasta. Músculo tenso.
Ímpetu. Freno codicia.
Caucho elástico en el cuello.
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188 Simón Viola Morato
Para quien sepa leer,
una etiqueta en el cuerno
lleva grabada, que dice:
¡AQUI HACE FALTA UN TORERO!
(“Un miúra clásico”. Caireles al sol)
Luis Álvarez Lencero está representado con cinco poemas (todos de Sobre
la piel de una lágrima). Tres de ellos emplean formas neopopulares (seguidillas,
coplas, canción con estribillo) para poetizar sobre realidades sencillas (el niño, el
trigo, el molino...).
Deja cantar al molino
molinero
los romances de sus aspas
con el viento
y habrá mañana pan blanco
para el pueblo.
(Y el molino
por entretener el sueño
rodaba como una estrella).
Silencio.
Deja moler al molino
molinero.
(Fragmento de “Pan”. Sobre la piel de una lágrima)
Los dos poemas restantes (“Los pastores”, “Los campesinos”) anuncian los
próximos caminos de su trayectoria: una poesía atenta al paisaje natural y humano
de su entorno, comprometida con las gentes sencillas del pueblo, que, dadas las
preferencias formales del escritor, tiende a expresarse en formas clásica (ambos
poemas emplean serventesios de alejandrinos).
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La revista Ángelus (Una aportación al estudio 189
de la poesía de posguerra en Extremadura).
“Ellos son los hermanos del mastín y la encina
con el yugo del lobo que les muerde los huesos
y una estrella de lana los alienta y anima
cuando vuelan sus manos como pájaros presos.
Lastimadas sus bocas por látigos de viento
por uñas de tormentas y puños de verano
escriben con pisadas un libro polvoriento
sobre el monte y el valle y el corazón lejano”.
(Fragmento de “Los pastores”. Sobre la piel de una lágrima).
La poesía social (o mejor, atisbos de poesía social) ofrece una muestra más:
el poema de Manuel Pacheco “Todavía” (“Todavía se matan los hombres, / se
mueren los niños / y la babosa del odio / mancha el campo del alma”).
En la revista pueden encontrarse, por último, manifestaciones poéticas
sobrepasadas plenamente en los años cincuenta. La poesía regionalista de ex-
presión dialectal cuenta con un texto, demasiado próximo a su modelo, de Juan
Bautista Rodríguez Arias: “Camino de los Remedios” (“-¿Dónde vas, compadre,
asina, / tan de disanto vestío...). La colaboración de Manuel Monterrey aporta un
Modernismo de tonos neorrománticos, fuera de su momento, en el que este poeta
ancla voluntariamente toda su poesía.
Como puede comprobarse en un balance de urgencia, en la revista Ángelus
se vieron representadas, junto a corrientes del pasado (muestras epigonales pero
no desdeñables de Modernismo español, de poesía regionalista, de neopopula-
rismo), las más importantes tendencias poéticas de posguerra: Poesía arraigada
y desarraigada, Poesía social. Las relaciones que desde un principio estableció
con otras revistas y poetas de dentro y fuera de la región (también aparecen co-
laboraciones inglesas y portuguesas), mantuvo al grupo en contacto permanente
con la realidad literaria nacional. Su apertura a la creación poética extremeña y la
participación de otros escritores, algunos de la talla artística de Concha Lagos, la
convierten en un cauce de expresión cuyo estudio (más riguroso que esta breve
reseña) resulta imprescindible para el conocimiento en profundidad del panorama
literario de posguerra.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
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Julio Cienfuegos Linares y Manuel
Pecellín Lancharro,
dos humanistas cercanos
Feliciano Correa Gamero
Académico
En el mes de mayo de 2019 han coincidido unos actos en los que he tenido
que intervenir, tanto por la confianza que me otorgaba el escritor Manuel Pece-
llín, como por el deseo cariñoso de la familia de quien fue docto personaje de
las letras, del derecho y responsable ejemplar como político allá donde estuvo
destinado; me refiero a Julio Cienfuegos.
El día 12 de mayo presenté en la feria del libro de Badajoz de 2019, la
obra Libre con libros, aparecida bajo el sello de Editamás, y que firmaba Pe-
cellín, compañero académico. Y el día 29 del mismo mes, en los locales de la
Real Sociedad Económica de Amigos del País, de Badajoz, me encargué, ante
un auditorio muy selecto y con el salón completamente repleto de personas, de
dar a conocer el trabajo colectivo que, con el respaldo editorial de la Funda-
ción cb, se ofrecía con el título de Julio Cienfuegos, un hombre poliédrico.
El recuerdo de tantos ratos junto a Julio, su condición de académico numerario
que tan bien fue acogida en esa corporación, así como por su talante de persona
siempre admirable que corría pareja con su condición de intelectual riguroso, es
la razón por lo que quise reflejar, dentro del tiempo que un acto de este diseño
lo permite, la dimensión singular de su figura.
Como me duele que se rompa la memoria de nuestros días, en esta épo-
ca tan fecunda en el pensamiento y tan preocupada por el sino y futuro de la
región que habitamos, y en la que ambas personalidades han profundizado,
siendo además protagonistas de no pocas realizaciones notables, es por lo que
me acojo a la REEx, que tanto auxilio presta siempre a quienes indagan sobre
esa identidad que se llama Extremadura, para escribir de ellos. Pues el discurrir
de esta tierra no pocas veces se ha descubierto por la trayectoria de mujeres y
hombres comprometidos con este solar por unos motivos u otros.
Quiero así, modestamente desde luego y en esta ocasión, preservar del
olvido la categoría y personalidad de estas dos figuras, pues ambas son parte
de páginas destacadas de nuestra contemporaneidad.
192 Feliciano Correa Gamero
JULIO CIENFUEGOS.UN HOMBRE POLIÉDRICO
La reseña que aquí se contiene es una reproducción matizada de lo ex-
puesto el día que se presentó este libro. Acaeció el día 29 de mayo de 2019, en
la sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, de Badajoz. Creo
que soy de este modo fiel a lo que había pensado sobre el escritor al que conocí
de cerca, y sobre la obra que en su honor se ha editado cuando se puso de largo
la publicación ante familiares, conocidos de Cienfuegos y público en general.
Es mi propósito esta noche aludir al homenajeado refiriendo algunas
cuestiones de fondo, algunos aspectos sustanciales que no aparecen en el libro
del que nos ocupamos.
Estoy convencido de que, aunque no seamos muy conscientes de ello,
somos protagonistas afortunados, es decir, formamos parte de la generación más
culta y preparada que haya podido tener Extremadura en toda su historia. Nunca
tantos han escrito tanto, y jamás con anterioridad un colectivo tan ilustrado ha
formado parte de esa sociedad civil que mucho nos interesa a algunos.
Pero con ser este hecho tan revelador en nuestro contexto cultural, se
revaloriza y alzaprima esta publicación con un quehacer destacable, voluntario,
y que se aleja de aquella tacañería tan habitual de algunas instituciones, en las
que lo suyo ha sido huir hacia adelante sin dejar constancia de los pasos prota-
gonizados por la sociedad en la que estaban insertadas. Me estoy refiriendo a
la feliz iniciativa, y que será mucho más estimada con el paso del tiempo, cual
es dejar huella escrita de algunos de esos individuos que vienen a componer
una corona de personas y personalidades que definen el sesgo de una época.
Debemos este proyecto de intentar perpetuar nuestro tiempo retando la flaqueza
de la memoria, a la Fundación cb, que desde luego por su cuenta y riesgo parece
que se ha separado de la vieja ubre condicionadora, donde la cuenta de resulta-
dos tanto mandaba, y que venía impuesta por la nodriza bancaria que la hacía
posible, limitando el discurrir de la Fundación al creído y pomposo consejo de
administración. Con esta decisión en libertad, la Fundación cb abre ahora una
loable posibilidad en el anchuroso campo de las humanidades, traduciendo la
retórica vaporosa de este tiempo nuestro en rostros palpables y en conductas
asequibles, entendibles, estudiando a cercanos paisanos que nos son todavía re-
conocibles en el recuerdo, junto a otros que por fortuna nos acompañan. Con esta
acción editorial quedarán anudados los eslabones del recuerdo como colectivo,
y ya nunca desaparecerán de los registros históricos de esta contemporaneidad.
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Julio Cienfuegos Linares y Manuel Pecellín Lancharro, 193
dos humanistas cercanos
Al publicar la fundación referida estas trayectorias bajo la denominación
de “PERSONAJES SINGULARES”, dentro de lo que es a todas luces una
colección singular, resulta que también el proyecto, a modo de coche-escoba,
incorpora en sus páginas, como de pasada, otros nombres, que vienen a ser de
alguna manera aliados imprescindible del biografiado. Estos otros que se refieren
en el estudio resultan determinantes para entender la complejidad de la figura
que se rescata con letras, pues se la enriquece con lo circundante, descubriendo
en esa contextualización el perfil de esos momentos que se estudian. De tal modo
que viene a resultar que esa nómina que también ahí aparece, no son persona-
jes secundarios, sino sustanciales en el reparto y desde luego imprescindible
para poder atrapar en verdad la entraña de lo que, como sabemos, Miguel de
Unamuno llamó la intrahistoria. Así, con ese colectivo que ayuda a conocer al
biografiado, bien con su propia aportación de letras, como en este libro vemos,
o por ser citado dentro de las narraciones, nos hace más comprensible tanto el
calendario como el repertorio de ideas que ahí se contienen.
Y quiero añadir que la necesidad de atrapar el tiempo es de tal grado
importante que solo se comprende la urgencia del propósito si pensamos en
la velocidad con que en nuestros días existimos. Pues resulta que hoy somos
testigos de cómo unos hechos se solapan con otros, y a veces la aceleración de
los acontecimientos es mucho mayor que la capacidad registradora de nuestra
inteligencia. Dice Manuel Castell en su libro LA SOCIEDAD REAL que:
“Hacia el final del segundo milenio de la era cristiana, varios aconteci-
mientos de trascendencia histórica han trasformado el paisaje social de la vida
humana. Una revolución tecnológica, centrada en torno a las técnicas de la
información, empezó a reconfigurar la base de un ritmo acelerado”
Y de tal manera es esto así, que hemos engendrado un modelo de vértigo
que no cabe en los ficheros neuronales para retenerlos, y menos para entenderlo.
Así que ha de ser, a través del estudio del talante humano de esos individuos
singulares, como podemos captar e interpretar mejor el sino de nuestros días,
su sentido y su camino.
Confieso que el análisis de la sociedad que habitamos, su enjundia y su
comprensión, es algo que me atrapa por ardua y difícil, pero eso no me desanima
para intentar saberla. Ha escrito el que fue director de la Real Academia de la
Historia, Gonzalo Anes:
“se ha afirmado muchas veces que el presente no tiene, en sí mismo, su
propia explicación. Y hay por ello que buscarlo en el pasado… Pues viene a
existir una especie de diálogo del presente con el pasado, entre los intereses de
hoy y el acontecer de ayer”;
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194 Feliciano Correa Gamero
una comunicación necesaria entre nosotros y los cercanos que nos han precedido,
agrego yo. Es por lo tanto oportuna para comprender los hechos y la tensión casi
metafísica y emocional que ello conlleva, la aproximación sosegada a figuras
que nos enseñen y que no se nos mueran porque sus ideas resulten válidas. Que
no se le muera es lo que anhelaba aquel Duque de Gandía, Francisco de Borja y
Aragón, al ver el cuerpo de la emperatriz Isabel de Portugal, una de las mujeres
más bellas de su tiempo, diciendo por ello que no volvería a servir a señor que
se le pudiera morir, y se hizo jesuita. Nuestro anhelo no es religioso sino que en
estos propósitos de airear a los maestros y personajes ejemplares, se pretende
indagar en ellos y no servirles como el de Gandía, sino servirnos de sus ense-
ñanzas, de su ejemplo, y lo podremos hacer gracias a esa institución de sesgo
no solo humanista sino humanizadora, que hilvana en papel las letras precisas
para la mejor comprensión de la realidad que habitamos, reteniendo los hechos
del pasado. Algo que tiene tanto sentido decirlo en este sitio de ilustración y de
fomento, al que tanta importancia le dio nuestro biografiado.
Y estas consideraciones que he planteado en el frontispicio de mi inter-
vención, no quieren quitarle espacio a Julio Cienfuegos Linares, que hoy aquí
nos cita, sino que por el contrario quieren ser mis palabras bloques de granito
para plantar lo que ahora diga sobre el pedestal que merece Julio, a fin de hacer
más visible la consistencia de su personalidad.
Este acto, según reza en la invitación, es para presentar un libro. Y tanto
por la reseña biográfica del homenajeado que en el texto se aporta, como por
los artículos de tan ilustres firmantes, la obra cumple perfectamente, aunque no
sobradamente, la intención de esta entrega editorial. Algunas colaboraciones
están llenas de interés, porque lo que cuentan pertenece al género literario de
las MEMORIAS, y vienen firmadas por hombres y mujeres que nos brindan
las diversas caras de ese poliedro, regular desde luego por clásico, equilibrado
y estético, que es la figura de Julio.
No puedo glosar cada aportación, porque ello requeriría el espacio que no
tengo, pero viéndolo con perspectiva es verdad que nuestro amigo resultó ser
una oportunidad perdida. Pues a pesar de representar un arquetipo completo y
culto, honesto y valiente, no se aprovechó, y eso no es extraño por aquí, pues
parece ser que esta región es experimentada en tales desafueros, bien lo refiere
Luciano Pérez de Acevedo en su relato.
Yo, como cuento en este libro, lo conocí en 1977, cuando regresé a Badajoz
de aquella obligada emigración. Y es lo cierto que siempre tuve con él varias
coincidencias que nos identificaron. Una primera era nuestra preocupación
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Julio Cienfuegos Linares y Manuel Pecellín Lancharro, 195
dos humanistas cercanos
por Extremadura. Viendo desde luego el tema como propuesta intelectual en
el marco de la necesidad de un regionalismo que había que articularse, asunto
al que luego me volveré a referir. Otra coincidencia resultó el patrimonio his-
tórico-artístico, materia que engendra señas de identidad y rasgos de nuestro
paso por los senderos de la historia y de las artes. El último artículo de Julio,
publicado póstumamente, está dedicado a una conferencia mía en el Congreso
sobre esta materia. Lo recuerda Joaquín González Manzanares en estas páginas.
Es un honroso texto para mí, donde llega a decir: “lo mejor del congreso fue el
discurso final pronunciado por Feliciano Correa”. Siempre he sostenido en mi
memoria desde abril de 1996 en que se nos fue, ese artículo postrero. Releerlo
hoy es una delicia. Por otra parte, tanto él como yo aspiramos a ser senadores
y fuimos descabalgados no por partidos de izquierdas, sino por formaciones de
centro-derecha, donde las envidias crecen como los berros en los arroyuelos de
aguas limpias. Dice Enrique Sánchez de León que
“un simple error de fechas fue esgrimido por una derecha vergonzante,
casi escondida, que impidió la carrera parlamentaria de quien estaba destinado
a dirigir los grupos parlamentarios centristas extremeños”.
En mi caso recurrí al Tribunal Constitucional, lo que me deparó eso que
alguien llamaría “una victoria sin alas”, pues aunque soy el primer español
que gana un contencioso electoral en tal alto tribunal como puede verse en la
jurisprudencia, cuando llegó la sentencia ya había desaparecido la UCD. Ade-
más, Julio y yo dimitimos de nuestros cargos, algo no muy común. Él como
Presidente de la Diputación de Badajoz y yo como Delegado del Ministerio de
Cultura, por entender que ciertas decisiones de la administración central podían
perjudicar a estas tierras.
Hay en nuestro ilustre amigo algo en lo que yo también participo. Es el
deseo de que no se mengue la memoria donde se registran tantas cosas, como
decía Cicerón. Un día, haciendo mudanza de una casa a otra, vi pasar por mis
manos tantos papeles, recuerdos, fotos amarillas, cartas olvidadas que me pro-
ducían pena y melancolía a un tiempo. Me paré y sentado encima de las cajas
donde iba almacenando todo, escribí un poema que comenzaba así:
“Me duele que se rompa a historia, que se evapore en nada mi latido, que
caigan para siempre las hojas del otoño…”.
Julio quiere dejar rastro, poso de su paso, de ahí sus fecundas colabo-
raciones en HOY, que vienen a ser como el desahogo imprescindible de sus
íntimas palpitaciones que galopan al paso de los días, de cada día. De su pluma
nacieron algunas piezas que merecen enmarcarse, pues sus registros semánti-
cos nos transmiten un casticismo sencillo, un costumbrismo que es palpable y
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penetrante a los sentidos. Su verbo es artesanal, aporta palabras que parecen
bordadas en telas de lino sobre un bastidor blanco en la sala de estar. Escuchen
lo que dedica al desaparecer el vendedor de limones:
“Su nombre no dice todo lo que el recuerdo de su voz, desflecándose por
las calles de nuestra ciudad … Hasta las cercanías de los cien años la figura de
Florentino ha cruzado las calles de Badajoz, día a día, con el frío y con el calor,
con la cesta al brazo arremangado, la camisa limpísima, faja ancha, chaleco, una
punta de cigarro constantemente pegada en la comisura de los labios hundidos,
los ojillos vivaces y la fina voz alegrando con sus pregones la calle ruidosa”.
Aquí Julio, no nos engañemos, pues aunque parezca otra cosa, lo que hace
es aplicar su lupa de conocedor de bodegones, de gran observador de paisanos
y paisajes, de auscultador fino como crítico de arte, y por ser condescendiente y
humano le lleva a ocuparse de este pardal desasistido que incomprensiblemente
hallaba unos granos de simiente de día en día para encarnar el milagro de vivir
milagrosamente. Julio nunca deja de ser observador crítico del quehacer artístico,
como demostró al ocuparse de Bonifacio Lázaro. De tal modo que acaba siendo
verdadero lo que dijo de Julio y de sus escritos, Manuel Monterrey:
“ Este selecto artista de la prosa/, que a golpe de cincel su bloque labra/
y la esculpe palabra por palabra/ en forma original y primorosa”.
Cienfuegos, mocetón de estampa caballerosa y con lanza en el verbo
cuando preciso era, muestra sin embargo y como contraste un toque de seda
y pulcritud delicada en su lira. Lo hace con la misma precisión que como se
ajustan las teselas en el delicado oficio de colocarlas en un mosaico romano.
He aquí una muestra cuando escribe a su madre:
” Mi madre, musical orfebrería/, agua oscura de pena remansada,/ dulce,
burlonamente triste/ su melancólica sonata.// Aquella cordobesa nazarina,/
rebuño de azahar y mejorana,/ con ojos de carbón y voz de espigas/ y silencios
de plata”.
Poliédrico Julio, amanuense del decir preciso, o punzante y sin concesiones
cuando hiciera falta.
Hijo de médico, como Cervantes, padre que al modo de Felipe Trigo, re-
corría sobre bestias los torcidos recovecos mineros para atender a los enfermos
o lisiados de la mina de plomo por tierras de Azuaga. Por tantas estampas que
contiene su vida no se me hace fácil presentar la enjundia humana y la dimensión
completa del escritor de novela, del articulista, del político extremeñista, que a
pecho descubierto se la juega. Hay que pararse y leer las ricas aportaciones que
como un cóctel de amor, traen aquí esos testigos que componen un jarrón de
aprecio a uno de los nuestros. Esta ciudad, la más importante de Extremadura,
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abocada a un futuro mejor, fue solar de sus preocupaciones, intentando siem-
pre enlazar la tradición (López Prudencio al fondo), con el futuro (el partido
regionalista AREX).
Fue políticamente hablando, y desde luego más como modelo sustantivo
que como afiliación necesaria a unas siglas, un liberal. Y eso, en un sistema
político tan cerrado como el que vivió, bien sabía Julio que las palabras pueden
convertirse en barrotes que te marginen y te anulen. El sistema de gobernación
imperante, y a pesar de sus logros al crear una clase media, achicó la posibilidad
de la confrontación política, y ello produjo el asesinato civil de algunos. Por eso, a
contrapelo sabía, como Paco Fernández Ordóñez, que solo estando en los puestos
de decisión podía influir y sumar a favor de estos parajes sureños. Por su valía es
lo cierto que si Julio hubiera querido habría hallado cobijo bajo las siglas de un
partido político bien asentado y con doblones. Pero el de Azuaga no tenía espíritu de
transfuga porque jamás se sintió objeto de mercadería. Vivió tiempos atolondrados
en los comienzos de esta restauración democrática, así que Julio, y otros, fuimos
conscientes de las luchas en el seno de la UCD, cuando él presidía el Instituto
Social de la Marina. Y es que entonces los sibilinos y disimulados contubernios
democristianos, formados por gentes que habían estudiado en Oxfort y en colegios
mayores de Londres, pergeñaban las maneras de no apearse del poder. Mientras,
por estas tierras, otros solo conocíamos el mar gracias a enrolarnos en un tren de
tablas camino de Chipiona bajo cuyas lonas blancas nunca se impartieron clases de
idiomas, y sabíamos que lograr influir para la mejora de nuestra región no era fácil.
Como resultado de esa situación, aquellos privilegiados políglotas, que parecían
haberse juramentado siguiendo lo que escribe San Lucas: “el que no está conmigo
está contra mí”, heredaron las marcas de las compañías financieras de sus padres
y estaban llamados a sentarse en los consejos de administración de los grandes
lobbyes industriales y energéticos. Desde ese sitial veían a estos atrevidos de la
política regional como un incordio que podía molestar a sus propósitos. Era Enrique
ministro y estaba en un buen palco para observar lo que pasaba, por eso ha escrito
“aún recuerdo el rictus amargo de Julio ante aquellos comportamientos,
entre la traición y la cobardía, y el rotundo silencio o parcialidad de algunos
medios de comunicación, tergiversando u omitiendo la verdad de lo que ocurría”.
Porque es lo cierto que sin mostradores cercanos que ejerzan un apadri-
namiento económico, la orfandad política es muy dura, así que tanto la región
como Cienfuegos fueron otra vez objeto de marginación, en él, las añejas y
lamentables experiencias, se repetían.
Al escudriñar en el personaje hallamos a un político que amaba la política,
no como escenario para el lucimiento o como garantía de pan, sino entendida como
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una propuesta moral al estilo en como Platón concebía la virtud, pero sabiendo
que para ser virtuoso en la acción pública hay que tener conocimientos, saber
qué es el bien para poder lograrlo. El filósofo griego afirmaba en La República:
“Sólo quien conoce la idea del Bien puede actuar correctamente, tanto
en lo público como en lo privado”.
Y Julio conocía cómo proceder con rectitud, porque era siempre estudioso y
fue maestro e iluminador de otros. Participó en la creación del CEDEU, Centro de
Estudios Universitarios, siendo profesor de muchos enseñando Derecho Político,
y también de Enrique Sánchez de León que ahí cursaba primer curso de Derecho,
persona a la que he de nombrar no por cortesía y por acompañarnos, sino porque
forma parte del guion de nuestro personaje. Su magisterio prosiguió, de tal manera
que cuando se quiso configurar AREX, él resultó imprescindible como autor doc-
trinario de esa formación. Se sabía el espíritu, y hacia dónde debían apuntar sus
flechas de intenciones, y solo tuvo que colocarle la letra. En la obra donde tuve el
honor de escribir una larga introducción, titulada Los reformistas del franquismo
en la Transición Política Española, que supongo estará en esta Real Sociedad, y
sino podemos proporcionarle un ejemplar, vemos al grupo de aquellos pioneros
que en el siglo XX conciben la manera de sustanciar las inquietudes regionalistas.
Una de las fotografías ahí impresas es reveladora, corresponde a cuando visitan
el Palacio de la Moncloa en entrevista con Adolfo Suárez. Naturalmente Julio era
en ese palacio un hábil Metternich que portaba un cogollo de pensamientos que
tenían que ser, urgentemente y necesariamente, reivindicativos.
No es posible pergeñar una opera omnia en este espacio dedicado al
personaje, así es que hoy, esta noche, con esa decantación de los juicios y los
conceptos que sobre los hechos el tiempo siempre depura, hemos de intentar
quedarnos con el Julio esencial, con los posibles quilates recogidos en una pa-
tena literaria donde hemos pretendido fundir metales de amistad y de justicia.
Y entre esos elementos vitales que en todo trance humano existen, hemos de
felicitarnos por haber conocido, convivido, compartido y pensado con quien
estaba dotado de tres condiciones excepcionales al darse juntas:
-Una. La suficiente experiencia para saber bien gestionar.
-Dos. La sobrada inteligencia para convencer
-Y tres, una estampa atractiva para poder seducir.
GESTIONAR, CONVENCER Y SEDUCIR, virtudes reunidas en él.
Quijote o Quijano al entender de Alfredo Liñán, cronista siempre, ma-
gistrado, académico electo de Extremadura desde 1995. Sé que la entrada de
Julio en la noble institución hubiera sido un beneficio para ella más que para él,
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pero tampoco ahí, por irse pronto, pudieron cuajar las posibilidades de enaltecer
con su aportación la cultura académica. Y… eso sí, a pesar de la adversidad en
tantos frentes, nos quedó el escritor, algo que repito y repetiré. Porque fue Julio,
como aquel de las coplas emilianenses, un paje leal con la lengua, hablando con
claridad al modo del decir del pueblo, y también luciéndose como un esteta oral
en el foro con el cultivo de su medido estilo.
Por todas esas secuencias que en su existir vemos, él ha recorrido pron-
tamente el camino que va de un contemporáneo a un clásico, tanto por lo que
hizo, como por lo que escribió y por lo que testimonió.
Al pararme a reflexionar sobre estas cosas suyas, me ha venido a la
cabeza cómo en los años de la II República española existió una tertulia de
inquietos pensadores y literatos en el Café Lión, sito en la Calle de Alcalá,
junto a las Cibeles. Allí coincidían Alfredo Marquerie, Rafael Sánchez Mazas,
Jacinto Miquelarena, Eugenio Montes, Agustín de Foxá (autor de Madrid, de
corte a checa, novela imprescindible para testar la realidad de aquellos años
de revolución y salvajismo); también José Antonio Primo de Rivera, Víctor
de la Serna y otros. Y es que Julio hubiera emparentado intelectualmente con
estas cabezas. En el salón donde los tertulianos expresaban sus opiniones y
controversias, había, según lo describe Samuel Ros: “un cuadro irregular con
pinturas murales y en sitio principal UN RELOJ, UN ESPEJO Y UN VELE-
RO”. Creo yo que representando simbólicamente el TIEMPO, el REFLEJO y
LA SINGLADURA.
Y traigo esto aquí porque EL TIEMPO era en Julio un reto, desde el con-
vencimiento de que las cosas se hacían en su tiempo o luego no se hacían debida-
mente. Un día salíamos del casino en los momentos en que se estaba pergeñando
la Historia de la Baja Extremadura, que patrocinó Bartolomé Gil Santacruz y
donde él aportó una excelente monografía sobre Zurbarán. Estaba también Ma-
riano Encomienda y recuerdo que tras el café se hablaba de lo que no fue posible
en política cuando el marqués iba a ser Subsecretario de Agricultura con Tomás
Allende y García Baxter de ministro; en el animado debate remataba Julio dicien-
do: “No te equivoques, Mariano, lo que ya no hicimos en esos trances, ya no lo
haremos”. Y así lo siguió viendo, por ejemplo, al conferenciar con motivo del
homenaje que se le brindó a Adelardo Covarsí el 31 de enero de 1986, al decir:
“He querido acercarme a la obra de Covarsí intentando FIJAR SU OBRA
EN EL TIEMPO que le tocó vivir, en su encrucijada histórica”,
porque la pintura, los motivos, el regionalismo plástico hay que entenderlo
en su momento.
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En cuanto al REFLEJO, digo que en la mochila intelectual de Julio hay
una tentación irrefrenable por contextualizar y hacer rebotar el pensamiento
propio en el frontón de otros, reflejándolo y referenciando el saber personal.
Entendiendo que comprendemos dónde estamos si nos reflejamos en los demás,
en los que con nosotros piensan al unísono o disienten. Escuchémoslos:
“Permitidme que me acoja a la sombra de tantos otros cavilosos como han
deambulado por la vida española… Y es que en cada región, en cada provincia
esos hombres han tenido SU REFLEJO EN OTROS HOMBRES, preocupados
por el acontecer local y de ahí es de donde nace la vena poderosa que lava la
esencia y descubre los duros brillos minerales de esa realidad llamada España”.
Y LA SINGLADURA. Tenía claro su camino, su propósito, que solo podía
recorrerse pertrechándose de rigor conceptual. Así que nos cuenta con motivo
del homenaje que se le brinda en la Diputación Provincial al concederle la Me-
dalla de Oro de la Provincia: “A esta casa llegué por el solo y único ejercicio
de una profunda y continuada dedicación a mi tierra”. Otra vez la navegación
a vela en su periplo pensando en la Extremadura como motivo y razón. Por su
elocuencia y brillantez expresiva hubiera conectado en aquel recinto que tenía
como símbolos un reloj, un espejo y un velero.
Esa era la brújula de su viaje como deliberador en el ejercicio pensante,
la dedicación y el servicio. Pareciera que una de sus convicciones profunda
fue la de ser hacedor, a él le gustaba hacer cosas, ser útil, tal vez el primer
propósito suyo era laborar, como si atendiera a aquella propuesta del hombre
en la tierra, que leemos en el Génesis. El hombre fue creado ut operaretur,
para que trabajara (et custodiret illum (Gn. 2,15), con el fin de que lo trabajara
y lo custodiase”: “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de
Edén para que lo trabajara y lo guardara”). Sabiendo igualmente Julio con
el poeta Horacio que Nihil sine magno vita labore dedid mortálibus; esto es,
nada dio la vida a los mortales sin gran esfuerzo. Así creo yo que era sus-
tancialmente este trabajador, ese explorador incansable en el mundo de las
ideas, ese era a mi entender el Julio esencial. Él sabía que sin dedicación y
trabajo del pensamiento no hay una realización posible que merezca en ver-
dad la pena. Al decir esto me viene a la mente aquello que los autores, Louis
Powels y Jacques Bergier, escriben en su obra “El retorno de los brujos”, al
referir lo siguiente:
“Mi padrasto, al que llamaré mi padre, era obrero sastre. Era un alma
vigorosa, un espíritu realmente mensajero, y decía a veces, sonriendo, que el
primer fallo de los clérigos se produjo el día en que uno de ellos representó por
primera vez a un ángel con alas; hay que subir al cielo con las manos”.
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Y traigo esta referencia porque las manos y la voz, la palabra sin duda, son
los verdaderos escuderos que valieron como auxiliares a este amigo nuestro.
Tal vez por ello admiraba las manos de los personajes pintados, tan difíciles de
atrapar en el lienzo, o la voz de los mejores oradores, pues son ambos manos
y palabras, puntales para la expresión del pensador.
Y lo bueno es que, a pesar de las barreras que la vida le puso, Julio Cien-
fuegos forma parte necesariamente de la historia de Extremadura y tenemos la
fortuna de poder estar aquí para contarlo y captar ese paso suyo evitando que
se desvanezca en los calabozos del silencio.
He querido con esta presentación animar a pasearse por la obra y a
encuadrar por mi parte al Julio que conocí y cuyas coordenadas he querido
transmitirles.
Podría yo cerrar mi intervención, que desde el alma agradezco la confianza
que se me ha otorgado para estar en la tribuna, tanto por parte de la familia como
por parte de la Real Sociedad, y alegrándome de haberse apuntalado apuntalando
la memoria gracias a la Fundación cb. Y digo que podría concluir trayendo la cita
de un pensador relevante. Pero no hallo mejor manera de acabar que escuchando
la voz de quien aquí nos reúne, al cual presto el sonido de mis propias cuerdas.
Señoras y señores, amigos que concurren hoy en la Real Sociedad Económica,
habla Julio Cienfuegos Linares:
“Decía D´Ors que todo lo que no es tradición es plagio, y de plagiarios
está llena nuestra patria: papanatas que también como dijera Machado, despre-
cian cuanto ignoran.
Quise ser un continuador y quise siempre tener ante mi vista los ejemplos
de cuantos, antecediéndome, habían experimentado los mismos cuidados, las
mismas cavilaciones, respecto a Extremadura. Después de lo andado, lo que
nadie nos podrá quitar como a Garcilaso su dolorido sentir, es el viejo amor a la
tierra a la que un día nos consagramos”.
Muchas gracias
A propósito del libro Libre con Libros
MANUEL PECELLÍN LANCHARRO
En el largo recorrido cultural del autor que hoy nos obsequia con una nueva
obra, hay numerosos y variados aspectos de su personalidad como intelectual.
Evidentemente no puedo pararme en todos ellos al reseñar su libro. Así que solo
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voy a mencionar de su curriculum dos aspectos que me resultan de gran signifi-
cación. Uno lo basó en su condición de Medalla de Extremadura, distinción que
le fue otorgada con la complicidad acordada de personas de un signo político
y otro. Otra es la publicación de once volúmenes de Bibliografía Extremeña.
Esto segundo es un servicio que no tiene precio y por lo tanto no se puede pagar.
Y este esfuerzo recopilador me trae a la mente una película que muchos de
los lectores conocen, se trata de ”El Príncipe de la mareas”. Narra la historia de
Tom Wingo (Nick Nolte), profesor de literatura y entrenador de fútbol america-
no que, en un momento de crisis vital y matrimonial, debe abandonar Carolina
del Sur y viajar a Nueva York, ya que su hermana gemela, Savannah (Melinda
Dillon), ha intentado suicidarse. La razón de su trastorno se explica por un hecho
acecido en la infancia y su hermano, Tom, ha de ayudarla a revivir y procesar
aquella tortura que habita en su mente, y que le ha hecho olvidar lo vivido. Pues
bien, en un momento dado Savannah confiesa que Tom le ha salvado de la os-
curidad y ha logrado recuperar las páginas ocultas, llega a decirle: ¡Tom, tú eres
su memoria! Esta publicación de nuestro autor, ese seguimiento ininterrumpido
de la producción literaria, esa disección de obras que ha llevado a cabo, es sin
duda un medio de hacer que no muera la producción de lo que hemos escrito en
Extremadura en las últimas décadas. Sin lugar a duda su contribución al mundo
del libro, de autores y editoriales es hasta ahora única y encomiable. De tal modo
que quien quiera saber lo que hemos producido, quién lo ha escrito y cómo lo
ha escrito y publicado, ha de pasar sin más remedio por el cedazo de Pecellín.
Por supuesto que en toda reseña el encargado de hacerla no puede sino
acometerla con voluntad de síntesis, y eso he de hacer, sabiendo que me dirijo
en esta revista a un grupo acostumbrado, seleccionado, para “sobrellevar” estos
análisis, cosa que por unas razones u otras no se produce en el gran público. En
muchas personas no interesa porque en absoluto conocen el esfuerzo creador
en cualquiera de sus maneras, en otra gente por estimar que eso de escribir es
una especie de ventolera que le da a algunos, una manía, a cuyos maniáticos
hay que dejar en paz y no hacerles mucho caso.
No sé si recuerdan la escena final de La Colmena, de Cela. En esos años
de postguerra y tente tieso, dos grises, policías, observan en la noche como tres
individuos se deslizan por unas callejuelas de la ciudad. Un policía se interesa
por los viandantes y pregunta al otro compañero uniformado que le acompaña
por esas personas que deambulan, el cual le responde, “No te preocupes, son dos
maricones y uno que escribe”. El que escribía en aquellos tiempos era inofensivo
porque la cesura lo cercaba, y los otros eran también inofensivos porque estaban
atemorizados ante los gendarmes.
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Hay una editorial llamada LIBROS LIBRES, y Manolo Pecellín ha titulado
su obra con una intención más larga: LIBRE CON LIBROS, lo que nos hace
considerar que solo desde el conocimiento se ejerce en verdad la libertad. La
cuestión es fácil de entender, porque conocer nos ayuda a elegir, y la ignorancia
secuestra posibilidades al desconocerse diversas propuestas sobre las que optar.
Les digo también que en este tratado de libertad y libros no hay terrenos
vedados para el autor del libro que presentamos: El manuscrito, el documento
antiguo, la crónica cercana, las reseñas puntuales de revistas o de obras de
variados géneros, dimensión e intención, tienen aquí su sitio.
Pero como una especie de postes que sostienen los cables por donde circula
la energía, de cuando en cuando se clavan en su diseño libresco palos que son
los textos que ha elaborado el propio Pecellín, dejándolos en pie en medio de
la selva producida por otros.
Los libros son como alacenas que nos proporcionan a veces encuentros
inesperados. Uno va leyendo y en ocasiones levanta la vista del papel y dice
: ¡Anda, pero si este, o esto, es…! Y recuerda un hecho, un momento o unas
personas que la escritura le ofrece. Expresado de otra manera, una obra como
esta es como una puerta que da acceso a una gran corrala, uno entra, lee, al
tiempo que otea a los allí residenciados, unos en planta primera, otros en
el gran patio central, algunos se asoman apoyados en el maderamen de sus
balconadas. Yo he entrado en esa corrala mayor y he vuelto a conectar con
obras leídas, con texto reconocibles e incluso con amigos lejanos, como es el
caso de Manuel Serrano Vélez, con el que compartí pupitre y sobresaliente
en fin de carrera en Madrid hace más de medio siglo, aragonés de Cariñena,
asentada su villa en la zona media del valle del Ebro. Serrano Vélez es autor
de El discreto heterodoxo Luis de Usoz, libro desconocido para mí, y hecho
posible por deseo de nuestro también culto amigo Manolo Pimentel, en su
editorial Almuzara.
En esta obra “pecellinesca” puede exprimirse mucho, con el centrifugador
de la propia inteligencia, sobre la realidad pretérita y presente de Extremadura,
que a tantos nos interesa. Así al comentar el trabajo de Antonio Moreno, Estar
no estando, dice Pecellín: “ Extremadura o la soledad fue lema que acuñó
Pedro de Lorenzo hace lustros. Más la proclamaría hoy el olvidado novelista,
considerando la despoblación creciente en las áreas rurales. Esa sensación de
vacío humano es lo que más impresiona a Moreno, su autor, capaz de recorrer
los caminos de la dehesa durante horas sin toparse con nadie”. Hay en esta frase
no solo una denuncia social sino el recordatorio de un problema que cada día
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más nos cerca sin que sea tema prioritario entre los gobernantes extremeños.
Quiero recordar que ya en el año 1984 el periodista cacereños Juan de la Cruz
Gutiérrez ofrecía un desgarrador testimonio sociopolítico de la atroz sangría
de extremeños al tener que emigra. Era aquella novela Tiempo de silencio, la
evidencia de una lacra social que no ha dejado de amenazarnos.
Consideremos también que el autor es filósofo y algunas de sus piezas
son el resultado del discurrir en posición de búsqueda. Bien comente o bien
cree, él no se queda en la cáscara del asunto, sino que, sacando de las alforjas
de su formación humanística, completa lo escrito con materiales propios, de
manera que va enriqueciendo lo glosado sobre otros. Esta acción de Pecellín
hay que verla como una propina añadida de su ser-intelecto, regalando cierta
ilustración a lo tratado.
Otra veta que el lector puede explorar es la condición de sabueso que el
autor ejercita. Me explico. Cuando Pecellín lee y luego comenta sus indagaciones
y casi por acto reflejo no deja de preguntarse ¿Dónde he leído yo antes algo de
esto? ¿Quién escribió de la materia que ahora releo? Así que desde esa posición
de oteador del horizonte donde pueda hallar referencias, busca una rendija para
pergeñar su comentario y se escapa para darnos señales sugerentes, referencias,
fuentes, citas jugosas alusivas a lo que trata; todo ello va poniendo músculo en
el texto que estudia, que a veces le llega escaso de forma y temperatura. Así
lo apreciamos en trabajos como Felipe Trigo, Sevilla en broma, entrando en lo
escrito por Ángel Martínez Ruiz.
Otros artículos aquí contenido son fruto de su producción creadora como
digo, cosa que no puede evitar, pues eso ocurre a todos los que escribimos.
Me refiero ahora a su alusión a esos primeros pasos en el vivir, pues no por
repetido es menos cierta la afirmación de Rainier Maria Rilke al asegurar que
“la verdadera patria del hombre es la infancia”. Algunos de estos retazos son
casi fotográficos, verdaderas pinturas de matices, páginas coloreadas tomando
referencias de la paleta pictórica guardada en la memoria:
Veámoslo en Diosa de la Fuente, escrito dedicado a su sobrino Antonio,
que también sabe de agua, dice
“Recuerdo con fruición que, en mi infancia, el amplio término de Moneste-
rio estaba marcado por fuentes. Más o menos abundantes (algunas casi angostadas
durante largos estíos), pero todas con aguas purísimas. Las ferruginosas eran
muy apreciables, tal vez porque se suponía que proporcionaban a la salud dosis
de hierro, escaso en las dietas mínimas, a la fuerza casi vegetaría, de la época.
Era frecuente que junto al chorro se localizase un cucharro de corcha (el buen
nudo de un troncón de alcornoque valía para ello), o una lata para uso común de
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cualquier sediento. Por lo demás, si faltaba el recipiente, se le podía sustituir con
una hoja de higuera hábilmente doblada o algo similar. Los fumadores abrían la
petaca y se servían de la parte superior como vaso propio. Mi padre me dio de
beber con ella muchas veces, dejándome un agradable sabor a tabaco. Él mismo
excavó no pocos de esto manantiales o los limpió de zarza u otras malezas”.
Y prosigue más adelante el autor usando materiales de su alacena de
erudición:
“Las fuentes han sido apreciadísimas en los territorios sureños, de escasas
lluvias, por razones obvias. Las hubo que han pasado a la historia literaria, como
la de Baldusia, a la que Horacio, uno de los mayores poetas latinos, dedicó
magníficos versos… a mí siguen emocionándome los que Fray Luis de León
dedicase a la fontana pura del huerto salmantino donde gustaba refugiarse,
escarmentado de las triquiñuelas de la inquisición… otros como San Juan de la
Cruz han utilizado estos fenómenos de la naturaleza, al escribir: “aquella eterna
fonte está escondida/ que bien sé yo dó tiene su manida/ aunque es de noche”.
Justo es avisar a los lectores que este trabajo no está anclado en el ayer
literario o bibliográfico, sino que en él puede testarse el pulso de nuestra tierra,
en algún modo su actualidad. Así se para Pecellín en el trabajo que desarrolla
el Foro Senior, y traslada a las páginas algunas inquietudes expresadas por esos
que piensan en el mañana, aunque tengan ellos por su edad menos mañana.
Pecellín no solo no esconde sus orígenes, sino que alberga una tentación
atávica incontenible, que yo no sé definir, la cual le lleva a destilar por su pluma
aquella esencia pretérita que le ha hecho como es. Y eso pasa más cuando deja
reposar a su oficio de crítico literario y se convierte en creador. Y es ahí donde
el lector puede ejercitarse en ser crítico del crítico. De tal manera que podemos
degustar al ensayista, al filósofo, al teólogo y sobre todo al relator y redactor de
estampas cercanas, de barrunto pretéritos cuyas vibraciones destila Pecellín por
su pluma, como hacen otros del mismo oficio, sin querer ni poder remediarlo,
retrotrayéndose a experiencias lejanas. En ese desnudo literario que sin pudor nos
regala, yo puedo rememorar a Reyes Huerta; es la narración con tintes de sabor
popular, algo necesario para envolver a la esencial. Leo y recuerdo a Mariano
José de Larra, a Mesoneros Romano o a Serafín Estébanes, cuyos nombres se
me entrecruzan con el de José María Pereda, complaciéndose también en Pe-
cellín al ejercitar un realismo costumbrista que reconocemos como propio de
estos parajes. En sus párrafos no hay trampa ni cartón, porque es sencillamente
retratista y protagonista de su tierra y de sus vivencias. Él, como paisano de
pueblo, se integra en el paisaje, casi se confunde con él, llegando a ser con otros,
parte del panorama de la naturaleza campera extremeña:
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Esto nos narra Pecellín:
“Hijos los dos de pequeños labradores, ambos fuimos a la escuela de
“El Llano”, donde sobresalía la figura de don Juan Calero, docente con dotes
excepcionales y singular pedagogía. Durante las largas vacaciones veraniegas,
ambos ayudábamos a nuestros padres en las labores agrícolas. Uno y otro sabe-
mos manejar la hazada; aparejar las bestias; conducir el trillo sobre las parvas
hirsutas o llenar las barcinas y vocarlas en los pajares”.
Aquí Pecellín rescata lo que ya forman parte en el vocabulario español
como palabras moribundas, y que pertenecen a la cultura del cuaternario, cuyos
oficios tal como fueron se pierden sin remedio.
“Un septiembre anterior, junto a otros familiares, habíamos ido en mula
hasta Alhájar, excursión de cuatro días a través de las sierras, hasta recalar en
la peña de Arias Montano. Bajo la experta guía de su padre, antiguo arriero,
pudimos transitar en mulas, alcornocales y dehesas, durmiendo al socaire, para
que los mayores cumpliesen con lo prometido a la virgen”.
Ante estas palabras resulta, como sugería antes, es el momento en que el
lector puede robar el fonendoscopio al crítico Pecellín, y el crítico es criticado,
usurpando quien lea la tarea a ese literato que a diario analiza la literatura.
Tal vez sin ser consciente de ello, o conscientemente ¡vaya usted a sa-
ber! ya que toda introspección es de suyo imperfecta, Manolo resulta parecer
en su producción literaria un corredor de caminos cuya brújula señala hacia
la ontogenia propia, es decir, a la búsqueda originaria del ser que es, tal vez
indagando, para saber más de esos tiempos donde empezó a engendrase lo que
luego ha llegado a ser.
En la primavera de 2017 viaja a Marruecos:
“Siento una enorme atracción hacia el país vecino, seguramente porque en
matices múltiples me reavivan sensaciones que experimenté durante mi infancia
extremeña. El sol imperioso, la amplitud del paisaje, la amabilidad de sus gentes,
gustos y olores miles, la austera escasez, las labores agrícolas hechas a mano, los
saludos vocingleros… hombres y mujeres prosiguen las faenas agrícolas, según
fórmulas arcaicas. Los he visto segar las cebadas con hoces y hacer vencejos para
los haces, anudando algún manojo aún verde. En las huertas, continúan tornas,
canteros, semilleros y tablas como las que mi tío Manuel y mi padre hacían en
“el cerezo”. Las patatas se extraen a suaves golpes de zacho. Cortan con hocino
la yerbabuena y el perejil…”.
Dicen que “el que escribe se proscribe”, es posible, pero sobre todo se
confiesa. Toda escritura supone delatarse inconscientemente. Y prueba de ello es
lo mucho que se podría extraer de estos textos propios que el autor nos brinda.
Pero, además, todos esos retazos creativos refuerzan mi tesis de esa vertiente
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Julio Cienfuegos Linares y Manuel Pecellín Lancharro, 207
dos humanistas cercanos
que delata un costumbrismo muy arraigado, asentado en el tuétano, y aunque
sea espontáneo e imparable, y puestos a sistematizarlo en una pizarra de aula,
bien podríamos emparejarlo con aquel costumbrismo primitivo que inauguraba
Honoré de Balzac en su Comedia humana (1842), a mediados del siglo XIX
es decir, estamos ante ese artículo de costumbres que yo mismo he cultivado
con frecuencia. El artículo, como género literario, tiene la virtud de la síntesis,
y si está bien escrito resulta ser un bombón de letras que siempre sabe a poco.
Cervantes tampoco fue ajeno a ese costumbrismo de la época. Y creo que su
valor como género es cada día mayor porque estamos habitando una sociedad
plana, igualada en formas y usos del lenguaje, participamos sin querer del tópico
y somos escasos en el uso del vocabulario en un tiempo donde la singularidad
de tipos y maneras es cada día más escasa. Por ello hemos de estimar a estos
rescatadores de escenarios periclitados. Y más se aprecia cuando estamos, como
en el caso de Pecellin, por ser un “setero de setas”, es decir, estamos ante alguien
que ha experimentado lo que glosa. Esa literatura que se apoya en el realismo
más que en la imaginación, es siempre más apetecible y fresca que esos “seteros
de libros”, teóricos acartonados que muchos tocan de oído, produciendo una
materia ortopédica y pegajosa, difícil de digerir.
Como ustedes pueden comprender no puedo llevar a cabo un análisis de
este compendio, que solo un científico social en ejercicio y con tiempo podría
diseccionar en su totalidad.
Sería bueno que en las Aulas de Mayores, donde el autor ahora ejercita
la docencia, cada alumno leyera uno o dos títulos y comenzaran luego las pre-
guntas al doctor Pecellín. Sería la manera de enriquecer lo escrito y dar ocasión
de explayarse a quien ha compuesto estas páginas.
Pero no me resisto para finalizar el traer ante ustedes un trabajo que titula
Inconsciente colectivo. Nos plantea aquí ese paso de los extremeños en el tránsito
desde la rebeldía que ejercitábamos a la resignación en la que habitamos. Se
remonta a los orígenes indomables de Viriato y a otros escenarios de historia o
de leyenda. Dígosles por mi cuenta y riesgo que siempre he creído que el extre-
meño es un ser mejor dotado para la aventura momentánea que para la empresa
de largo recorrido. Frente al arrojo de los catalanes o de la gente de Levante, o
incluso ante el riesgo de los gallegos, que han sido emblemáticos en el ejercicio
continuado de viajes peligrosos, mírese la Costa da Morte, luego también lo han
sabido hacer como emprendedores, mientras por aquí nos hemos sosegado en
una pasividad endémica, permitiendo incluso ser colonizados empresarialmente.
¿Por qué es esto así ? Tal vez porque la presión del Antiguo Régimen nos atara-
zó sobremanera achicando las posibilidades del ejercicio de la libertad y de la
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
208 Feliciano Correa Gamero
iniciativa. Las luchas N-S y E-O nos impidieron una organización metódica en
la agricultura. El reparto de tierras y el abuso del caciquismo continuaron aplas-
tando la voluntad de la mayoría hasta lo que he llamado el primerfranquismo. El
cacique, primero rural y luego urbano, sometía jarrapellejamente a los paisanos.
Este ejercicio repetido ha cercenado las iniciativas de rebeldía. Sé que me salgo
del guion, pero no puedo dejar de hacerlo ante el capote de mi compañero de
letras y de Academia al escribir sobre este Inconsciente Colectivo. Fijémonos
que cuando en nuestros días se ha reclamado la autorización para establecer una
refinería que hubiera equilibrado nuestro déficit comercial, ni movilizaciones
populares ni reivindicaciones oficiales se han escuchado frente a la negativa de
Madrid. Así las cosas, ha funcionado nuestro inconsciente colectivo, que se ha
ido tallando a golpes de autoritarismo conducentes a la sumisión. Tal vez Gre-
gorio de Salas con su décima tuviera razón al afirmar de nosotros vivimos bien
“cada cual en sí metido y contento en su rincón”. Todo esto nos hace ver que
este libro no es tampoco subproducto de un pergamino del ayer, sino actualidad,
la cual se comprende mejor tirando del hilo de estos textos.
Al cacique rural siguió el cacique urbano y a este el cacique político en
una partitocracia que en Extremadura no nos resuelve los problemas que nos
agobian. Les animo a entrar en estas consideraciones, no por mis palabras sino
por lo que en estas páginas se señala o se sugiere.
Pues bien traigo la conclusión al pregón de Guadalupe que pronunció en
ese monasterio, dice Manuel Pecellín:
“Vivimos tiempos especialmente dificultosos. La crisis socieoeconómica
actual, un fenómeno globalizado con repercusiones especiales en nuestra pe-
nínsula, ha venido a poner de manifiesto la endeblez de la escala de valores en
que la civilización occidental creía tan orgullosa como inconscientemente de
hallarse asentada de modo irrevocable. Tendremos que buscar entre todos, y con
urgencia, la forma de recomponer esa situación que parece írsenos de las manos”.
Solo añado que desde la libertad a la que no podemos renunciar, tal vez
este Libre con libros, nos resulte un estímulo para que, de cuando en cuando al
menos, aunque solo sea para dar que hacer a nuestra mente, acabemos negando
la razón al cura de Jaraicejo, Gregorio de Salas, y dejemos de estar en sí metidos
y menos aún, contentos en nuestro rincón.
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 209-265
Ortografía y Politica en el Liberalismo
Español. La X de los Luxanes de Casturera
José María de Luxán Meléndez
Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
Instituto Complutense de Ciencia de la Administración
[email protected] Luis de Luxán Meléndez
Instituto de Educación Secundaria de Llanes
[email protected] Verba volant; scripta manent
Resumen
El estudio del empleo de la x en Luxán como grafema del fonema velar
fricativo sordo, amplía la información sobre la recepción en el espacio público
y en el ámbito privado de las reglas ortográficas en el siglo XIX, así como sobre
la interacción entre lengua y política. La resistencia de la x en los Luxanes de
Castuera es una constante en el ámbito privado mientras que en el espacio
público, su uso se debilitará, y luego reaparecer, disociado de la ortografía
oficial, vinculado a la proyección científica, literaria, social y política de sus
protagonistas. Se presenta primero el marco lingüístico, que tiene en cuenta la
evolución del sistema fonológico del castellano, la confusión de g (ge, gi), j, x,
así como las relaciones entre x y j. En segundo lugar, se recoge la excepción de
Luxán desde la ilustración a la revolución liberal. Por último, se destaca la resis-
tencia de la x en el primer liberalismo, y su consolidación en el espacio público.
Palabras clave: Reformas ortográficas. Letra x. Liberalismo. Siglo XIX. Ex-
tremadura, Francisco de Luxán.
Abstract
The study of the use of X in Luxán, as a grapheme of voiceless velar
fricative phoneme. Extends the information about the reception in the public
space in the private sphere of orthographic rules in the 19th century, as well as
about language and politics interaction. The resistance of the “x” in the Luxanes
from Castuera is a constant in the private sphere while in the public space, its
use will be weakened, and reappear, dissociated from the official orthography,
linked to the scientific, literary, social and political projection of its protago-
nists. The linguistic framework is presented first, which takes into account the
evolution of the phonological system of Spanish, the confusion of g (ge, gi), j, x,
as well as the relations between x and j. Secondly, Luxán’s exception is taken
from the enlightenment to the liberal revolution. Finally, the resistance of the x
in the first liberalism, and its consolidation in the public space are highlighted.
Keywords: orthographic reforms. Letter x. Liberalism. XIX century. Extrema-
dura, Francisco de Luxán.
210 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
INTRODUCCIÓN1
Las profundas transformaciones sociales, económicas, jurídicas y
políticas del proyecto liberal, heredero de los postulados de la ilustración, y
los procesos de contra-modernización de la reacción absolutista, se exten-
dieron a la interacción entre la lengua y la política. En América el impulso
académico de racionalización ortográfica se verá lastrado en unos casos
por su radicalidad y en otros por asimilación con la metrópoli. En España
la expulsión de la letra x para escribir la palabra México y en el mismo
empujón la supresión de las excepciones como Luxán, o de los topónimos
como Xerez, Xalón, Xarama, Xàtiva, o Xúcar, implicaron una orientación
arbitrista, alejada del uso común, y de la memoria de la identidad colectiva
que almacenan las palabras.
La idea de que, con la revolución liberal, o con la quiebra de la socie-
dad estamental, la trayectoria pública, política o profesional se disoció de
la vida privada, y que en lo esencial a partir del ochocientos ambos ámbitos
actuarían en esferas separadas, contrasta con la continuidad de mecanismos
de conexión entre el espacio público y el privado. Estos, aunque dejaran de
contar con la rotundidad estamental, encontraron un punto de enlace en la
identidad familiar, que facilitará la aceptación de la nueva legitimidad basada
en el mérito personal que primaría sobre la cualidad de la cuna.
La precisión de las nuevas reglas ortográficas, y luego la regulación del
registro civil, contribuyeron a formalizar los lazos de identificación familiar.
Este nexo actuará como título de propiedad de las acciones del capital social,
que expresan “los bienes (reales o potenciales) … que nacen del sentido de
reciprocidad, obligación y confianza que comparte o moviliza la gente una
vez reunida en grupos” (Zozaya, 2015, pág. 23). Entre ellos sobresalen las
redes locales y familiares que actúan como un círculo primero de socializa-
ción, luego de apoyo y socorro mutuo.
El liberalismo del XIX supone que la separación en ámbitos distintos de
los quehaceres masculinos y femeninos no implica una valoración desigual.
“De ahí la popularidad de la doctrina de las dos esferas de influencia,
claramente delimitadas para las mujeres y para los hombres. Dos esferas, dos
ámbitos: el público y el doméstico… Para los hombres, el desarrollo intelec-
tual y la capacidad profesional serán la vía fundamental. Para las mujeres
1
El primer epígrafe y el Anexo son una versión revisada de nuestros trabajos inéditos: La x de
los Luxanes (Luxán Meléndez, Luis de, 1999) y Los Luxanes de Castuera (Luxán Meléndez,
José María de, 2013). La versión en Ingles del resumen y de las palabras clave es de Beatriz
de Luxán.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 211
La X de los Luxanes de Casturera
en cambio, la educación debe tener un carácter más moral que intelectual,
ya que su función social no tiene lugar a través de una labor profesional,
sino a través de la familia” (Gómez-Ferrer Morant, 2002, págs. 172-173).
La ortografía atraviesa el espacio público y se incrusta en el ámbito
doméstico para denominar un círculo de identidad familiar. Este marco de
segregación femenina, que impone un rol de género en el que las normas
de identificación, de atribución de parentesco por línea patriarcal, se verán
reforzadas mediante la consolidación legal de un régimen automático de
asignación de apellidos. Para las mujeres, reforzado mediante la adición
social, no legal, del apellido, del título o incluso de la profesión del marido,
que se presenta unas veces como su nuevo apellido y otras como un nuevo
segundo apellido -en un rasgo de subordinación-, que manifiesta una nueva
identidad adquirida con el matrimonio.
El estudio del empleo de la x por los Luxanes de Castuera amplía la
información sobre la aceptación de las reglas ortográficas en el siglo XIX
que aparece condicionado por el cambio político cuyo impacto es de enor-
me trascendencia en el desarrollo de la instrucción pública, de la prensa
y del lenguaje administrativo del Estado Liberal. Además, la evolución
ortográfica se sitúa en el marco del proceso de articulación política, social
y económica de las élites del Estado Liberal y de la sociedad industrial en
el siglo XIX.
El divorcio entre norma ortográfica y su uso lo ha expuesto con testi-
monios de la época Martínez González. La prensa “es el espacio idóneo para
calibrar la distancia entre norma y uso” (López-Quiñones Labella, 2015, pág.
19). Junto a ello, en este trabajo, para evaluar esta disociación, se añade el
lenguaje administrativo de la documentación institucional y el uso ortográfico
en los manuscritos del ámbito privado.
La resistencia ortográfica de los Luxanes de Castuera -léase con j y
nunca con ks, ni con gs- convertida en seña de identidad familiar, se expre-
sa en el ámbito privado y desde la política, la cultura y la ciencia alcanza
el espacio público. Manuel y su hijo Francisco forman parte del grupo
de liberales extremeños, que fueron protagonistas del primer liberalismo
español: Manuel de Luxán, abogado, relator del Consejo de Castilla y di-
putado por Extremadura; y Francisco, Mariscal de Campo, vicepresidente
de la Academia de Ciencias, diputado, ministro de Fomento y dirigente
del Partido Progresista y entre otras miembro de la Sociedad Matritense
de Amigos del País.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
212 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Ambos integran una saga familiar continuada por los nietos de Manuel,
entre los que destacan el médico José de Luxán Molina, el político liberal
Manuel de Luxán Olañeta, y sobre todo la figura de Elisa de Luxán Teruel,
dramaturga, musicóloga, que tuvo una activa presencia en la vida social y
cultural de la segunda mitad del XIX.
En Castuera, en la Serena extremeña, “una comarca dotada de unidad
histórica y geográfica, ceñida por el Zújar y el Guadiana, gobernada durante
años por la Orden de Alcántara” (Pelegrí Pedrosa, El tiempo y el patrimonio
histórico, 2000), nació en 1763 Manuel de Luxán, diputado en las Cortes de
Cádiz, cuya actuación resultó decisiva en la redacción del Decreto revolu-
cionario de 1810 con el que las Cortes proclamaron la Soberanía Nacional.
Su hijo Francisco, nacido ya en Madrid en 1799, desempeñó un papel des-
tacado en el reinado de Isabel II, una etapa de diseño y puesta en marcha de
nuevas instituciones que van a contribuir al desarrollo y consolidación del
Estado liberal y de la sociedad industrial. La alianza del trono y el pueblo
con la que se expresará en 1837 la idea del progreso recorre el compromiso
con el que los liberales plasman el anhelo del buen gobierno. Un marco
en el que Francisco de Luxán contribuyó de manera fundamental al diseño
de una política para la ciencia y para la sociedad industrial. Elisa, nieta de
Manuel de Luxán, nacida en Sevilla en 1833, es una escritora romántica
que, en la primavera de 1866, alcanzó un gran relieve en los salones de la
Condesa de Montijo.
A partir de 1741 la simplificación y racionalización ortográfica,
impulsada por la Academia, tuvo distinto impacto en el espacio público,
y en el ámbito privado. En el caso de la x, que perdió el papel que hasta
entonces había compartido junto a g y j, su función queda reservada para
representar dos sonidos sucesivos ks o gs, tal como se pronunciaba en latín.
Sin embargo, en numerosas ocasiones el fonema velar fricativo sordo /χ/
de Luxán, no se escribirá con j, sino con x, de manera que el apellido de
la misma persona unas veces aparecerá como Luján y otras como Luxán,
aunque se deban leer igual.
El peso del empleo de la x, normalizado por la Academia, está vincu-
lado -en el ámbito público- a la proyección de Manuel de Luxán en Cádiz;
y en un segundo momento, sin el respaldo ortográfico oficial, la utilización
de la x se asocia a la figura de Francisco de Luxán; y, tras la quiebra de la
monarquía de Isabel II, por último, se relaciona con la trayectoria pública,
profesional y cultural de la tercera generación familiar.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 213
La X de los Luxanes de Casturera
Este recorrido, de Castuera a Madrid, refleja una orientación de la
política y de la sociedad liberal que da cuenta de la transformación de
una élite local que, en su proyección nacional, reclamó transversalidad
política para enlazar la revolución liberal con el proyecto del progreso
legal y, desde la unidad de los liberales, ganar la guerra al absolutismo y
modular la deriva conservadora de la segunda mitad del XIX. Un cambio
en el que la identidad familiar incorpora pautas de legitimación social,
basadas en el mérito profesional, científico o literario, enraizadas en la
honra, pero mediante una estrategia diferenciada de otras líneas de actua-
ción que simbólicamente recurren a la legitimación tradicional a través
del ennoblecimiento.
Sirva de ejemplo el testamento de Francisco de Luxán, en el que se
dirige a su hijo, para exhortarle a
“que procure ser y valer como corresponde a su nacimiento y fami-
lia, recordando que su abuelo D. Manuel Mateo de Luxán, mi muy querido
padre, dejó un nombre esclarecido por su saber, por su honradez y por su
amor a la patria, en cuyo servicio murió en Cádiz el dos de octubre de 1812,
de la epidemia, siendo Diputado á Cortes y por no abandonar su puesto:
que recuerde también que yo por mi parte con mis esfuerzos y con el auxilio
de la providencia he procurado no desmerecer a mi querido Padre, y que
dejo a mis hijos un nombre sin mancha, conocido y respetado, que creo es el
mejor y mayor patrimonio que puedo dejarles: Le reitero á mi querido hijo
Don Manuel por todo mi amor y cariño que lo recuerde y procure sostener y
ensalzar cuanto pueda transmitiéndolo á sus hijos y encargándoles á su vez
que lo conserven siempre de padres a hijos en la familia de los Luxanes”
(AHPM. 27200)
La cuestión que se plantea tiene distintos planos. Se refiere en primer
lugar a la naturaleza, al alcance y al desarrollo de la escritura, uno de los
instrumentos principales de comunicación social, mediante un proceso
de simplificación y racionalización lingüística que avanza al ritmo de la
recepción de las normas ortográficas en el espacio público y en el ámbito
privado. En 1754 la Academia, junto a otras palabras, confirió a la pala-
bra Luxán un régimen singular que estipulaba, como excepción a la regla
de la j, que Luxán se escribirá con x. Modificación que, tras la reacción
absolutista, se suprimirá en 1815. Como ejemplo del uso de la x, nótese
(Figura 1) que, en el mapa de La Serena de 1786, Tomas López escribe
Truxillo y no Trujillo.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
214 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Figura 1. Tomas López, Mapa de La Serena, 1786. Real Academia de la Historia
El resultado será que, en el espacio público que configuran los periódicos,
la norma de 1754, la excepcionalidad, se adoptará progresivamente, mientras
que, tras su eliminación en 1815, la acomodación a la regla general se producirá
en los periódicos con extremada rapidez y de forma menos abrupta en la docu-
mentación institucional y en la edición científica, profesional, o artística, que en
algunos casos continuará empleando la x de Luxán hasta 1845. Esta uniformidad
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 215
La X de los Luxanes de Casturera
se verá bruscamente alterada por la revolución de 1854, con el nombramiento
de Francisco de Luxán como ministro de Fomento. La x de Luxán recuperará
entonces el espacio público, mientras que las otras excepciones ortográficas de
la j, excepto México, no rencontrarán el espacio perdido. Algún topónimo como
Xàtiva, que en 1815 pasó a escribirse con j, no recuperará hasta 1980 la x, pero
abandonando el fonema velar; aunque no lo hará de la mano de la Academia
sino de la democracia.
La normalización ortográfica en el espacio público implica una cuestión
general que en un contexto de expansión de los medios de comunicación afecta
a las relaciones de la política y la lengua. Lo que exige valorar si la regulación
lingüística se recibió como una cuestión alejada de la competición partidista, o
si los actores implicados en el poder político o académico, cuando modifican o
recomponen la ortografía, al mismo tiempo también refuerzan o debilitan sus
posibilidades de actuación.
Una segunda pregunta tiene que ver con la incorporación de la ortografía
académica al ámbito privado cuya adaptación tuvo distinto ritmo y un alcance
desigual. Desde 1754 y hasta 1815, en los textos escritos y firmados por gran
parte de los Luxanes se empleará la x. Y después en los periodos absolutistas
o en las etapas liberales, en el ámbito privado, una parte de ellos, al menos los
Luxanes de Castuera, continuarán empleando la x, mientras que otros Luxanes,
que al finalizar el XIX son todos los demás Lujanes, acabaran por emplear
siempre la letra j.
Ambos temas, la recepción de las normas ortográficas en los ámbitos
público y privado, se explican en un marco general que tiene que ver con la
interacción entre ortografía y política; un cuadro en el que la regulación de
la lengua, que en España protagoniza la Real Academia, y en América los
intelectuales nacionalistas, se verá reforzada por el desarrollo y consolidación
del Estado Liberal y de la sociedad industrial mediante la modernización de la
administración, la ampliación de la enseñanza y la expansión de los medios de
comunicación.
Una tercera cuestión, tras la recuperación pública y la consolidación pri-
vada de la x de los Luxanes, se refiere a la capacidad de identificación familiar
de la x que desde entonces estará limitada exclusivamente a los descendientes
de los Luxanes de Castuera.
En este trabajo (Tabla 1) se considera como espacio público, el ámbito de
comunicación social que se articula en los periódicos, los libros, y en los textos
impresos o manuscritos de la documentación institucional de la organizaciones
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216 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
públicas o privadas, que abarca actas, expedientes, memorias de actividad, y
las revistas o boletines editadas por instituciones sociales, científicas, culturales
o políticas, lo que incluye la Gaceta de Madrid. Y como espacio privado, se
identifica un ámbito de comunicación interpersonal organizado por el recuerdo,
la reflexión o el envío de noticias –cartas, diarios, lápidas-, y en la interacción
del individuo con las instituciones, los textos de puño y letra o firmados por los
interesados, como las instancias, declaraciones, y protocolos notariales.
Espacio público/ Comunicación Espacio privado Comunicación
social interpersonal
Periódicos Correspondencia
Libros Diarios
Documentación institucional Lápidas
impresa (memorias, boletines,
revistas)
Documentación institucional Documentación institucional
manuscrita (actas, expedientes manuscrita (instancias,
administrativos o políticos) declaraciones, protocolos notariales)
Tabla 1. Clasificación de las fuentes según el ámbito público o privado de la comunicación
En 2018 la Hemeroteca Digital cuenta con 557.872 páginas impresas entre
1756 y 1899, de las cuales, en 3.949 páginas aparece Luxán y en otras 15.498,
la palabra Luján. La Gaceta de Madrid, que no está incluida en la Hemeroteca
Digital, entre las mismas fechas, cuenta con 654.027 textos, de los cuales Luxán
aparece en 1.368 y Luján en otras 2.267 ocasiones. Y junto a los periódicos las
fuentes principales de este trabajo están en la Biblioteca de Extremadura (BIEX)
y en el Archivo General Militar (AGM).
Dado el objeto de este artículo, sin tener en cuenta la prescripción acadé-
mica o el uso familiar o social se diferencia la x o la j por la forma con la que
aparece escrita en textos que se han estudiado.
1. MARCO LINGÜÍSTICO
EVOLUCIÓN DEL SISTEMA FONOLÓGICO DEL CASTELLANO.
La confusión x-j no es un caso aislado en nuestro idioma, ni viene de
ahora. El castellano medieval tenía un sistema fonológico muy diferente del
actual. Disponía, por ejemplo, de dos eses (una sonora y otra sorda); de dos
antecedentes de la zeta actual (una sonora y otra sorda) —el fenómeno del seseo
tiene aquí su origen—; y de dos antecesoras de la jota moderna.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 217
La X de los Luxanes de Casturera
El castellano establecerá su sistema fonológico actual durante los siglos XVI
y XVII, en la forma que se indica en la Figura 2 (Menéndez Pidal, 1982 [1904]).
Así, por ejemplo, “dixo” en la Edad Media se pronunciaba con un sonido
distinto que “fijo” (hijo). La x representaba un sonido muy semejante al de la ch
francesa, la sh inglesa, la x gallega o la asturiana; y la j vendría a pronunciarse
como la j francesa, muy cercana a la y argentina (Lapesa, 1962 [1942]).
Edad Media Pronunciación S. XVI S. XVII Actual Grafía
aproximada
como la
s.ss (sorda) actual
como “casa” s sorda = =
s (sonora) en catalán s
ç (sorda) ts
Interdental
z (sonora) ds ts sorda =
sorda
z, c
x (sorda) ch francesa Velar
ch fran. = g, j,
j, g (sonora) j francesa sorda
x (1)
(1) Como excepción: México o Luxán
Figura 2. Sitema fonológico del Castellano. Elaboración propia
La confusión de g (ge, gi), j, x
Hasta el siglo XVI, el castellano contaba con dos fonemas antecedentes
de la j moderna, que compartían un espacio muy semejante en el sistema: am-
bos eran dorsopalatales fricativos; sólo se diferenciaban por ser uno sordo /š/,
indicado en la escritura mediante el grafema x; y el otro, sonoro /ž/ representado
ortográficamente mediante j, g (ge, gi).
Durante el siglo XVI desaparece la oposición sorda-sonora que los diferen-
ciaba, a favor del fonema sordo. Además, ya en el siglo XVII se ha desplazado
el punto de articulación de este fonema dorsopalatal fricativo sordo hacia la
zona velar (Figura 3), pronunciándose como la jota actual, es decir, como un
fonema velar fricativo sordo.
La ortografía, en cambio, seguía manteniendo el sistema medieval.
Estamos, por tanto, ante el panorama siguiente: tenemos tres letras g, j, x,
para representar un fonema único. Esta falta de concordancia entre el sistema
ortográfico y el fonológico se mantuvo en los mismos términos prácticamente
hasta principios del siglo XIX. En la octava edición de la Ortografía Académica
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218 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
(Real Academia Española, 1815) se suprime finalmente la grafía x con el valor
que hasta entonces había compartido junto a g y j. La letra x queda reservada
para representar dos sonidos sucesivos ks o gs, tal como se pronunciaba en latín.
Sin embargo, la dificultad ortográfica se mantiene porque las grafías g (ge,
gi) y j representan en la actualidad el mismo fonema. El problema se simplificó,
pero el desajuste ortológico-ortográfico persiste.
Figura 3. Desplazamiento del punto de articulación de la x
Elaboración propia a partir de (Navarro Tomas, 1974 [1918])
En el alfabeto fonético internacional, la /χ/ —puesta entre barras indica
que se trata de un fonema— que sirve para representar el sonido de la jota actual.
Igual que, por otra parte, sucede también en el alfabeto griego.
La x de los Luxanes. Algunas noticias de las relaciones entre x y j
El apellido Luxán, debió pronunciarse en la Edad Media como lo puede
decir ahora un asturiano o un gallego: “Lushán”; pero nunca “Lusán” ni, desde
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 219
La X de los Luxanes de Casturera
luego, “Luksán”. En el siglo XVI, la x iría retrasando su articulación hasta
adquirir en el siglo XVII el sonido que suele representar la jota moderna y que
internacionalmente se escribe con la letra griega χ (léase ji) entre barras.
Dejemos ahora hablar a los testigos de esa lucha, a veces tensa, entre la
x y la j por ocupar el mismo espacio en la ortografía española (Esteve Serrano,
1982, págs. 391-418) .
Todavía en el siglo XVI, el autor anónimo de la Gramática de Lovaina
(1559) distingue claramente los dos sonidos de los que procede la jota moderna.
Este autor describe la x como más “espessa” que la j, es decir, sorda frente a
sonora, respectivamente.
El primero que da noticias evidentes de la confusión entre la x y la j me-
dievales es López de Velasco, autor de una Orthographia publicada en 1582.
Juan de la Cuesta, en 1589, desaprueba la confusión y dice: “porque muchas
vezes he visto descuydarse enesto, no digo a niños solamente, sino los de mayor
edad, que por escribir Guadalajara dizen con x Guadalaxara”.
Al comenzar el siglo XVII, Mateo Alemán, en su Ortografía del año 1609,
ya no advierte ninguna diferencia entre los dos sonidos. A lo largo del siglo, se
suceden gramáticos que tratan de hallar la foma de distinguir qué grafía debe
utilizarse, porque ya no es fácil recurrir a pronunciaciones diferentes. Algo
parecido a lo que pasa en la actualidad con las letras ll e y, que representan ya
un único fonema para casi todos los hablantes.
No faltan tampoco los que proponen reformas que simplifiquen la ortogra-
fía y eliminen la confusión. Gonzalo de Correas es el más radical. Provoca una
polémica muy interesante cuando publica su Ortografía Reformada en 1630,
donde afirma sin ir más lejos: “La x es la más buena i la propia letra para xe, ke
las ke an usurpado su boz. A esta dejamos sola komo señora en su xuridizion.
Algunos kon un errado conzeto, o mal uso, ke tienen abituados les pareze duro
ke se aia de eskrivir Xuan, Xordan, Xusto, xoven. I no advierten ke se a de
eskrivir, komo se pronunzia”. Propone, ni más ni menos, que desaparezca la j.
En 1631, el gramático andaluz Juan de Robles, firme oponente de las
propuestas radicales de Correas, sostiene que deben seguir usándose las tres
letras, también “la vil x”, llega a decir: “De la j uso y usaré mientras viviere,
por ser la capital de mi nombre propio; y si por mis pecados se introdujese el
escrivirse Juan con x, es cierto me lo quitare y me llamare Gonzalo”.
Damián de la Redonda compone en 1640 unas curiosas reglas versificadas
para determinar en qué casos debían escribirse las grafías g, j, x:
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
220 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
“En el uso desta letra
ay mucho herror en Castilla,
aquesto no es maravilla.
(…/…)
como en gente, jente, xente
que con tres letras distintas,
una misma cosa pintas”…
Durante la segunda mitad del siglo XVII y pricipios del XVIII, todavía
son mayoría los que defienden la pervivencia de la x con valor de j. Sánchez
Montero (1713) argumenta que casi todas las palabras que empiezan con x
son arábigas (por ejemplo: Xátiva, xabón, xabelgar, Xerez, Xetafe, xugo, etc)
y que, por dicha razón etimológica, debe conservarse. Pérez Castiel, en 1726:
“Respondo que el usarse ahora la x en algunos nombres y verbos y no j, es
lo uno, por seguirlo assí graves autores modernos; y lo otro porque muchos
de ellos traen su origen del latín: exemplum, texo; y también por el privilegio
de jotear, como queda dicho; y se ve en este vocablo box, que es más natural
terminado en x que en j”.
Sólo algunos autores se atreven en esta época a criticar la existencia de
tres letras para representar un único fonema. Con ellos empieza, lo que podría-
mos denominar, el progresivo arrinconamiento de la x. Así, en 1728 Antonio
de Bordazar manifiesta que: “No ay necesidad de dar el oficio a la x, que puede
egercer la j”. O Antonio de Nebrija, en 1735: “No abusemos pues de la x para
el sonido gutural retengámosla para denotar la equivalencia de cs o gs como la
usaron los latinos”.
La Real Academia en 1726 admite la igualación x-j y señala el problema
ortográfico que se plantea para delimitar acertadamente el uso de uno u otro
signo: “La j y la x, son iguales en todas las combinaciones de las cinco vocales,
porque del mismo modo que se pronuncia ja, je, ji, jo, ju se pronuncia también
en muchas dicciones la x. La g, es sola antes de las vocales e, i”. Con el obje-
tivo de deslindar ambas grafías prescribe, por ejemplo, que debe utilizarse x y
no j, cuando las voces tienen en su origen s, como xabón, sapone, xugo, sucu,
porque “la s tiene el sonido muy parecido al de la x; y como los Españoles
tomamos de los Árabes la pronunciación gutural, y éstos pronuncian la s como
x, es natural la conversión de la s en x, y no en j”. En sucesivas publicaciones,
la Real Academia Española suavizará el criterio etimológico buscando la sim-
plificación de la ortografía.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 221
La X de los Luxanes de Casturera
La Academia completa las reglas de la j y la x en 1741, disponiendo
que “se escribirá x en las voces que terminan en pronunciación gutural, como
carcax, relox, que se conserva en los plurales carcaxes, reloxes”. En 1815, la
octava edición de la Ortografía Académica suprime la grafía x con el valor de
j (Real Academia Española, 1815). Únicamente proponía que se conservara
en las voces que terminaban en esa letra, como relox, box, carcax… Poco
tiempo le dura a la x el que parece su último reducto frente a la j; en 1844 la
Real Academia decreta su desaparición al final de palabra y ya escribe reloj,
carcaj, etc…, como ahora.
2.LA REVOLUCIÓN LIBERAL: LUXÁN COMO EXCEPCIÓN, DE
LA ILUSTRACIÓN A LAS CORTES DE CÁDIZ.
Desde 1754 la Ortografía de la Academia (1754, 1763, 1770, 1775, 1779
y 1792) establece repetidamente, que “se escribirán con X, algunos nombres
en los cuales, aunque no consta la razón del origen, hay la del uso común y
constante, como Faxardo, Luxan y Qixada” (Real Academia Española, 1754,
pág. 77), y en la edición de 1763 añade una “Lista de varios Apellidos, y
de algunos Pueblos y Ríos de España, que por ser de dudosa Ortografía, se
determina como se deben de escribir” (Real Academia Española, 1763, pág.
252), que incluye además otras 12 palabras escritas con x, entre ellas México,
Múxica o Xavier y Xerez.
De acuerdo con las excepciones ortográficas de 1754 y 1763, en los pe-
riódicos editados en la segunda mitad del XVIII y en el XIX (Tabla 2), en las
páginas en las que se escribe Luxán o Luján, hasta 1814 se empleó mayoritaria-
mente la grafía Luxán, que desapareció entre 1815 y 1853, y se recuperó desde
1854 hasta fin de siglo. La distribución de Luxán contrasta con el resto de las
palabras excepcionadas de j: En estas, hasta 1814 el uso de la x era en general
muy alto, de promedio se empleaba en el 74% de los casos, y al desaparecer la
excepcionalidad, el uso de la x disminuyó bruscamente hasta un 6% y de nuevo,
y esta es la diferencia con Luxán, a partir de 1854 volvió a descender, aunque
de forma más suave hasta un 4%.
De las palabras recogidas en las excepciones, hasta el ochocientos
Luxán es una en las que el uso de la x era menor y, por el contrario, en la
segunda mitad del XIX es la única que recuperó en el espacio público el
empleo de la x.
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222 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
1754-1814 1815-1853 1854-1899
2H
Tabla 2. Proporción de páginas impresas entre 1754 y 1899 en las que aparecen con x las excep-
ciones que expresamente recoge la ortografía de 1754 y 1763. (Hemeroteca Digital. BNE)
Una situación análoga se puede constatar si se presentan los resultados del
buscador de Google (Tabla 3) que recoge 83 citas de libros o revistas editadas
en español entre 1754 y 1814, en las que aparece la palabra Luxán (49,7%),
proporción que desciende tras la ortografía de 1815 (21, 3%) y que en la segunda
mitad del XIX, se incrementó hasta un 34.3%.
1754-1814 1815-1853 1854-1899
83 26 12
84 96 23
167 122 35
49,7% 21,3% 34,3%
Tabla 3. Libros y revistas recogidos en Google editados entre 1756 y 1899
en los que aparecen las palabras Luxán y Luján.
Los Luxanes de Castuera del XVIII, al igual que todos o casi todos los
Luxanes, respetan la prescripción académica, una conducta que, más allá de la
coincidencia del apellido, no les confiere ninguna vinculación familiar con sus
contemporáneos madrileños, protagonistas de la Ilustración, como son Juan
Francisco de Luxán y Arce, fallecido en 1765, del Consejo de Hacienda y Co-
rregidor e intendente de Madrid, o el poeta y dramaturgo José Benegasi y Luxán
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 223
La X de los Luxanes de Casturera
(1707-1770), y tampoco con Pedro de Luxán y Silva (1727-1794), duque de
Almodóvar, de la Real Academia Española, elegido supernumerario en 1758 y
académico de número en 1763 (sillón M), embajador o ministro plenipotenciario
en San Petesburgo, Londres y Lisboa, director de la Academia de la Historia,
ni con el escultor y arquitecto canario Luxán Pérez (1756-1815) y tampoco con
los Luxanes de Cuenca, Sevilla o América, etc. (Luján, 2011).
Figura 4. Número de páginas en las que aparecen Luxán y Luján entre 1740 y 1814
(Hemeroteca Digital. BNE)
Desde la publicación de la Ortografía de 1741, en la que se fija la regla
general, hasta la edición de 1754, cuatro años antes de la elección de Pedro de
Luxán y Silva, como académico supernumerario, y en la que expresamente el
apellido Luxán se exceptúa de la norma, en las publicaciones periódicas que son
todavía muy pocas, la forma ortográfica habitual es Luján. Sólo después de que
la Academia en 1763, el mismo año en que Luxán Silva es elegido académico
correspondiente, (Figura 4) en la lista de dudosa ortografía se incorporara la
excepción ortográfica de Luxán, al tiempo que se incrementó el número de títulos
que entre 1810 y 1814, llegará a 127, progresivamente aumentará también el
número de páginas en las que los periódicos utilizarán la x en el apellido Luxán.
En la Serena, el primero de los Luxanes del XVIII es Manuel de
Luxán Tena, nacido en Castuera, en el primer cuarto del siglo, hijo de
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224 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Juan Luxán y de María Tena, ambos también de Castuera, escribano de
su ayuntamiento, “signatario de protocolos notariales de 1748 a 1784”
(Pelegrí Pedrosa, 2009, pág. 448). La casa de los Luxanes de Castue-
ra era medianera con las casas consistoriales, estaba en “calle ancha
o de los Mesones, hoy plaza de España”. En la figura 5 (Pelegrí Pedrosa, 2012)
se ve una construcción de dos plantas con teja árabe. La fachada encalada. En
la planta baja cuatro ventanas con reja, una más pequeña. La puerta de madera
de dos hojas, remachada con clavos, con una puerta más pequeña en la hoja
izquierda, y enmarcada con piedra a la vista. En la primera planta, cuatro bal-
cones y una ventana más pequeña.
Figura 5. Casa de los Luxanes en Castuera (Archivo de Pelegrí)
En el espacio público, en los periódicos, hasta 1814, Luxán irá ga-
nando terreno a Luján. Esta preeminencia se vio reforzada, tal vez por
el nombramiento como Académico de la Española de Pedro de Luxán
y Silva, y en los primeros años del XIX, sobre todo a partir de 1810,
por el papel de Manuel de Luxán Ruiz Morillo en las Cortes de Cádiz.
Entre 1810 y 1814, en 112 páginas se escribe Luxán frente a 26 en las que se
opta por Luján. En 1813, además de Luxán, fallecerán también víctimas de la
peste (Luxán Meléndez J. M., 2013) los diputados, Capmany, Vega Infanzón y
el americano José Mexía.
La utilización de la x se refuerza con la publicación de algunos manuales
escolares que incorporan la lista académica de “varios apellidos, pueblos y ríos de
España, que por ser de dudosa ortografía se determina como se deben escribir”.
En sus libros, Benegasi Luxán se presenta siempre con x. Sobre Luxán
Arce, aunque el “Kalendario Manual y guía de forasteros de Madrid” se refiera
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 225
La X de los Luxanes de Casturera
a él como Luján, en la literatura contemporánea también se emplea la x. Y sobre
Luxán Silva, que utiliza distintos seudónimos,en su elogio fúnebre, Rodríguez
Laso se refiere a él, como D. Pedro de Luxán. Otros Luxanes, también emplean
la x, sirva de muestra la reclamación que en 1803 firma (Figura 6) Pedro Miguel
Luxán, abogado, del Campo de Criptana, en la que solicita una herencia.
Figura 6. Firma de Pedro Miguel de Figura 7. Firma de Manuel Luxan,
Luxan de Campo de Criptana en 1803, secretario de las Cortes de Cádiz
(AGS,SGU,LEG,7119,28) 1810 (AHN. ESTADO)
Los periódicos se refieren a Luxán, secretario de las Cortes de Cádiz, di-
putado por Extremadura, casi siempre con x, y los documentos oficiales Manuel
de Luxán los firma con x (Figura 7), Sirva de ejemplo la solicitud de matrícula
en la Universidad de Salamanca (AUSA. Libro de Matrícula 1777).
Señor Rector
Señor Dn Manuel Matheo Luxan y Bozzegas. Natural de la villa de Castuera
Priorato de Magacela con el grado de Bachiller en Artes ante V.Sa con el
profundo respeto suplica de orden a la secretaria de esta Unibersidad le
admita a la matricula de este presente año:
Fabor, que el suplicante espera de la notoria piedad de V. Sa, cuya vida
pido a Dios guarde en su mayor devoción y Grandeza
Salamanca y diciembre cinco de mil setecientos setenta y nuebe años
Manuel Matheo Luxan
Al finalizar el primer periodo constitucional, heredero del programa de
modernización social y económica de los ilustrados, en el espacio público y
en el ámbito privado, se ha impuesto la excepción prescrita por la ortografía
académica, y, el apellido Luxán se escribe Luxán. Pero Luxán no solo es un
apellido, también es un topónimo, que igualmente se escribe Luxán. En la
figura 8 se reproduce el esqueleto de los huesos encontrados en 1788 “de un
animal desconocido que se halló soterrado en la barranca del rio de Luxán” en
el Virreinato del Rio de la Plata.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
226 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Figura 8. Dibujo del esqueleto del “Megatherium americanum” encontrado en la barranca del río
Luxán (ARCHIVO GENERAL DE INDIAS. MP-BUENOS AIRES,248)
3.RESISTENCIA DE LA X EN EL PRIMER LIBERALISMO.
En 1815 la octava edición de la ortografía académica suprimió las
excepciones a la j. La ampliación de la regla tuvo un impacto distinto en los
ámbitos público y privado. En el espacio público, sobre todo en los periódicos,
hasta 1854 se impone la j, pero desde entonces de nuevo conviven las formas
Luxán y Luján. Por el contario en el ámbito privado los Luxanes de Castuera
en ningún momento modificarán la ortografía y seguirán escribiendo Luxán
siempre con x.
El espacio público
En el primer periodo absolutista de Fernando VII, que buscó legitimarse
con el Manifiesto de los persas, firmado por 69 diputados de la Cortes ordinarias
de 1813, entre ellos Luis de Luján Monroy, diputado por Toledo, todavía Luxán
para la prensa reaccionaria de Cádiz (El Procurador general de la nación y del
rey), y ya Luján para la imprenta de Gómez de Requena, (Manifiesto de los
persas, 1814, pág. 77), en el espacio público, la ortografía académica resolverá
la cuestión entre Luxán y Luján a favor de la j, y su prescripción tendrá un
éxito inmediato.
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 227
La X de los Luxanes de Casturera
Inicialmente la uniformidad en el uso de la j se impuso instantáneamente
y los periódicos, excepto para México y Múxica, dejaron de escribir con x las
palabras hasta entonces exceptuadas de j en las reglas de 1754 y 1763 (Tabla
1). Andrés Bello llamó la atención sobre el poder de la Academia y al formular
su propuesta de reforma subrayó que
“Al comparar el estado de la escritura castellana, cuando la academia
se dedicó a simplificarla, con el que hoy (sic) tiene, no sabemos qué es mas de
alabar, si el espíritu de liberalidad (bien diferente del que suele animar tales
cuerpos) con que la academia ha patrocinado e introducido ella misma las
reformas útiles, o la docilidad del público en adoptarlas, tanto en la península
como fuera de ella” (Bello, 1829, pág. 29).
Entre 1815 y 1853, los periódicos imprimen la palabra Luján en 5.984
páginas y Luxán en 19 páginas, un 0.3% (Figura 9). Sin embargo, desde de la
revolución progresista de 1854, la vicalvarada, se alteró esta situación y entre
1854 y 1867, se imprime Luxán en 2.806 páginas, un 36%, y Luján, que sigue
siendo la forma mayoritaria, se empleó en 4.974 páginas, dos tercios del total
(Figura 11).
En el reinado de Fernando VII, periodo en el que se redujo notablemente el
número de periódicos, la palabra Luján también perdió la presencia pública que
había adquirido con la forma Luxán durante el primer periodo constitucional, y
no recuperará una posición relevante hasta los sucesos de la Granja que dieron
paso a la Constitución de 1837.
Entre 1836 y 1853, el incremento de la presencia de la palabra Luján se
debe a los Luxanes de Castuera, sobre todo al papel de Francisco de Luxán.
Los periódicos se hacen eco de su actividad militar (Luxán Meléndez J. , (2019
-b-), de su labor científica (Luxán Meléndez J. , (2016 -c-). Y Boixereu Vila E.,
2016) de su posición como profesor de la reina (Luxán Meléndez J. , 2017),
o de su presencia en las sociedades progresistas de cultura científica (Luxán
Meléndez J. , (2019 -a-)) y sobre todo de su acción política como diputado por
Badajoz y Madrid (Luxán Meléndez J. , (2016 -a-)) o como dirigente del Partido
Progresista (Luxán Meléndez J. , (2016 -b-)).
Durante esta etapa del reinado de Isabel II, las únicas excepciones, todas
referidas a los Luxanes de Castuera, reflejan los primeros pasos profesionales del
médico José de Luxán Molina, en las oposiciones de plazas de baños minerales
(Diario Oficial de Avisos de Madrid, 1850, varias fechas), la publicidad de las
Lecciones de Geología de Francisco de Luxán (El Nacional, 2 de junio 1841), y
una carta de la dirección del Partido Liberal, firmada en 1853 por Francisco de
Luxán, junto a Evaristo San Miguel y Pascual Madoz, dirigida al Heraldo, para
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228 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
que acoja una suscripción para levantar un monumento a Argüelles, Calatrava
y Mendizábal (El Heraldo 16 de noviembre de 1853)
Figura 9. Número de páginas en las que aparecen Luxán y Lujan entre 1815 y 1853
(Hemeroteca Digital. BNE)
En Argentina, el cambio de la ortografía académica, la supresión de la
excepción de Luxán, no tiene un efecto inmediato. La distancia y la emancipa-
ción permiten que la ciudad de Luxán se siga escribiendo como Luxán (Figura
10), y no se emplee la forma Luján (Felice, 1987) hasta la década de 1830 y
que la Virgen, que se apareció en el XVII, como Nuestra Señora de Luxán,
tenga también que esperar, para transmutarse en Luján, ortografía con la que,
por León XIII, será coronada en 1886 (Echevarria de Lobato Mulle, 1962,
págs. 179-184) y luego nominada por Pio XI, en 1930, patrona de Argentina,
Uruguay y Paraguay.
En México, que se independiza en 1821, y no puede aceptar que la ex-
metrópoli le imponga la x, y un grupo de escritores siguen escribiendo México
y convierten la x en bandera del indigenismo y del progreso, frente a los que
escribían Méjico, o Mégico que eran tachados de hispanistas y conservadores.
Salvador Villalpando publicó en 1921 México-Méjico contra una reforma,
donde, basándose en razones etimológicas, concluye: “a la fecha no hai ni
podrá haber un argumento razonado para que se cambie por j la x”. Por el
contrario, desde 1815 y hasta 1867, los periódicos mexicanos escriben Luxán
siempre como Luján.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 229
La X de los Luxanes de Casturera
Figura 10. Acta del cabildo de Luxán-Argentina- el 9 de mayo de 1820
(Biblioteca Nacional de Argentina)
En el espacio público la rigidez ortográfica que impulsó la Academia al
incorporar el neografismo Luján, para escribir el apellido Luxán, no alcanzó a
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
230 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Chile, en donde la docilidad para aceptar el poder ortográfico es mucho más
reducida que en la península; por ejemplo, en la tercera edición, impresa en
1842, del Compendio en Verso de la Ortografía (1842 (3ª edición), pág. 9) se
mantienen las reglas anteriores a la ortografía académica de 1815. Esta edición
por lo demás es idéntica a la tercera edición de la (Ortografía en verso de la
lengua castellana, 1811 (3ª edición), pág. 9), publicada en Mallorca en 1811
para los alumnos de Antonio Pla (Figura 11). En ambas, en rima asonante, se
recuerdan las excepciones Faxardo y Luxán:
Con x algunos nombres
Que el uso común acepta,
Como Faxardo, Luxan,
Sin que el orijen se atienda
Por su modernidad es especialmente relevante que Fernando Zegers, en
1844, en su Tratado de Gramática Castellana, impreso en Santiago, sobre la
x, señale “que los sonidos fuertes o guturales que se representaban ántes con
x, en algunas voces, ahora se remiten constantemente a j (y que) la x conserva
la pronunciación gutural fuerte en los apellidos que la traen de su oríjen, v. gr.:
Muxica. Entiéndase, por punto jeneral, que los nombres de esta clase no están
sujetos a las variaciones ortográficas o prosódicas, que el uso o la conveniencia
van introduciendo en las lenguas” (Zegers, 1844, pág. 76).
Figura 11. Ortografía en verso de la lengua castellana, Mallorca 1811 (3ª edición) y Compendio
en Verso de la Ortografía Santiago de Chile 1842 (3ª edición)
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 231
La X de los Luxanes de Casturera
En todo caso en esas mismas fechas, tras la fragmentación progresista que
dará paso a la década moderada, en 1884 la Academia decreta la desaparición
de la x sustituyéndola por j, en su último reducto, al final de palabra y ya escribe
reloj, carcaj, etc…, como ahora, y además el Gobierno del Partido Moderado,
de Luis Gonzalez Bravo, en abril de 1844, mejoró el poder ortografico de la
Academia estableciendo que “todos los maestros de primeras letras enseñen
á escribir con arreglo a la ortografía adoptada por la Real academia española,
sin hacer variación alguna , bajo la pena de suspensión del magisterio, y de-
biendo los gefes políticos y comisiones de instrucción primaria celar el puntual
cumplimiento de esta disposición” (Gaceta de Madrid de 7 de mayo de 1844).
Esta reforzada ortografía académica que se imprimió en sucesivas ediciones
con el título “Prontuario de ortografía de la lengua castellana para el uso en las
escuelas públicas” recuerda que “La x se usaba en lo antiguo para expresar
dos sonidos : uno suave , que participa de la Je y s reunidas , ó más bien de g
y s ; y otro fuerte, igual al de la j. Este segundo está de todo punto abolido, y
solo se emplea la x para expresar el primero, como en axioma, exento” (Real
Academia Española, 1854 (quinta edición), pág. 22)
En este contexto, de uniformidad lingüística, de centralización estatal y
de deriva autoritaria, debe entenderse el alcance de la recuperación pública de
la x de Luxán, que se produjo a partir de 1854 (Figura 12). En el espacio pú-
blico los periódicos relajarán la aplicación de la norma ortográfica que requería
escribir Luxán con j, y asociada a la incorporación de Francisco de Luxán a los
gobiernos del bienio progresista, la x de Luxán recuperó gran parte del espacio
público, en un proceso no exento de polémica.
The barricades were scarcely removed at Madrid, at the request of Es-
partero, before the counter-revolution was busy at work… There are in the list
the names of Pacheco, Lujan, Don Francisco Santa Cruz, all of them notorious
partisans of Narvaez (Marx, 1854)
Carlos Marx, como en muchos otros periódicos de España, se refiere a
Luxán con la forma Luján, y por el peso de los notorious partisans de Narváez,
entre los cuales, con poco fundamento sitúa a Luxán, resume que el gobierno
de agosto tiene un carácter contra-revolucionario. Por su trayectoria junto a
Espartero, Luxán está lejos de que se le pueda considerar entre los partidarios
de Narváez.
Entre 1854 y 1867, las palabras Luxán y Luján se imprimen en los perió-
dicos en 7.780 páginas, sobre todo para referirse a Francisco de Luxán, en su
faceta política sea como ministro con Espartero o con O´Donnell, como Sena-
dor, o Consejero de Estado, pero también por su orientación científico-técnica
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
232 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
como vicepresidente de la Real Academia de Ciencias, miembro de la Comisión
General de Estadística, presidente de la Comisión de Pesos y Medidas, comi-
sario regio del Real Observatorio astronómico y meteorológico de Madrid, o
presidente de la Comisión para la Exposición internacional de Londres de 1862.
Figura 12. Número de páginas en las que aparecen Luxán y Lujan entre 1854 y 1867
(Hemeroteca Digital. BNE)
Un mes y medio después de haber sido nombrado ministro de Fomento,
el 15 de septiembre de 1854, la Gaceta de Madrid dejará de publicar las reso-
luciones del ministro de Fomento, firmadas como Luján para pasar a editarlas
como Francisco de Luxán, e igualmente en el libro de acuerdos del Consejo
de Ministros, desde el 30 de noviembre de 1854 hasta el 5 de junio de 1855
figurarán 106 actas elaboradas y firmadas por el ministro de Fomento, Francisco
de Luxán, a quien por ser el titular del ministerio más moderno le corresponde
desempeñar la Secretaría del Consejo de Ministros (García Fernández, 1996,
págs. 167-254). Igualmente, en la tramitación de los proyectos de Ley, el mi-
nistro Luxán usa siempre la x -baste de ejemplo el Proyecto Ley General del
ferrocarril de 1854 (ACD legajo 34)- y luego también Luxán en el expediente
personal del Senado (AHS).
El nuevo uso como Luxán contrasta totalmente con el de los años ante-
riores. Entre 1833 y 1854, aunque la Gaceta se refiera en numerosas ocasiones
a Francisco de Luxán, en sus textos no aparecerá nunca como Luxán, siempre
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 233
La X de los Luxanes de Casturera
como Luján. Solo será desde 1854 cuando sus actividades científico-técnicas,
políticas o culturales se reflejen en la Gaceta de Madrid como Luxán (Figura
13), y no como Luján.
Figura 13. Número de textos en las que aparecen Luxán y Lujan entre 1833 y 1868
en la Gaceta de Madrid (BOE)
En la semblanza de los diputados de 1849, se describe a Francisco de
Luxán como que es fino, mediano de estatura con voz clara y delgada (1850),
y en 1864, los progresistas, Manuel Palacio y Luis Rivera, añaden otros rasgos
físicos, lleva en la oreja un arete, y alguno biográfico, fue de Fomento minis-
tro, que mezclan con medias verdades, atribuyéndole que reformó su apellido,
cambiando la j por una x (Palacio & Rivera, 1864)
Lleva en la oreja un arete
á guisa de indiano rico,
y cuando hace algunos años
fué de Fomento ministro,
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Luis de Luxán Meléndez
reformó cambiando en x
la jota de su apellido.
La sátira de 1864 no es original, solo sigue la senda trazada, durante el
bienio progresista, por la prensa reaccionaria (El Padre Cobos) que ya había
utilizado el adorno que luce Luxán en la oreja derecha, combinado con la x,
como motivo de chirigota en su sátira política contra Luxán; sea para ridiculizar
la desamortización: ¡Cómo se alegraría el Sr. Madoz de que el Sr. Luxán fuese
perturbador, para desamortizarle el arete que lleva en la orexa! (El Padre Cobos.
10 de abril de 1855), sea para subrayar las dificultades financieras del bienio
progresista: Cuéntase que el tesoro descubierto en la plazuela del progreso
consiste hasta ahora en las siguientes partidas…Y el arete del Sr. Luxan (El
Padre Cobos. 25 de abril de 1855, o sea a propósito de los nombramientos en el
Ministerio: Si nos fuera lícito dar un consexo de instrucción pública al Sr. Luxán,
le aconsexariamos que se pusiera un par de aretes sin cristal en los oxos, como
lleva un anteoxo sin cristal en los oídos (El Padre Cobos. 10 de junio de 1856).
Pedro Monlau, en su Diccionario Etimológico, tercia en esta polémica y sobre la
ortografía de los apellidos, entre ellos sobre Luxán, destaca (Monlau, 1856, pág. 50):
“Ya es regla corriente, entre los gramáticos, que los nombres propios no
tienen ortografía; lo cual quiere decir que la ortografía tradicional de los apellidos
y de los nombres geográficos no ha de estar sujeta á modificaciones… y ya que
entre los modernos desfiguremos todos cuantos nos vienen á la mano, máxime si
su ortografía nos parece un poco enrevesada ; sigamos al menos la regla antes
citada respecto de los apellidos y de los nombres locales de las provincias de
España ; dejemos á Xátiva y á Truxillo con su x; no escribamos Castellón por
Castelló, Vique por Vich, etc.; y sobre todo guardémonos mucho de ridiculizar á los
Luxan, Ossorio, Ximenez y demás familias que con loable acuerdo rechazan todo
neografismo de su apellido, y lo escriben como lo escribieron sus antepasados.”
La cuestión de la x proseguirá después del fallecimiento de Francisco de
Luxán y todavía en 1871 J.M. de P. escribe en El Averiguador (Ortografía y
sintaxis de los apellidos, 1871, págs. 135-136):
“…no han faltado redentores que han creído deber restaurar sus nombres
escribiéndolos como sus mayores; pero los que tal intenten se exponen les pase lo
que á D. Francisco de Lujan, que, siendo ministro, cambió la j de su apellido por
la antigua x, y á quien, unos por burla, y otros por ignorancia, llamaron Lucsan”
Si en los periódicos o en la Gaceta la trayectoria pública de la x de los
Luxanes solo sólo se recuperó tras el gobierno del bienio progresista de 1854,
en la documentación institucional, y con la cobertura de la orden de 1844 que
obligó a la enseñanza de la ortografía académica pero “sin quitarse á cada
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 235
La X de los Luxanes de Casturera
escritor el derecho de usar individualmente de la ortografía que quiera en sus
obras, ya manuscritas, ya impresas” (Gaceta de Madrid de 7 de mayo de 1844),
la resistencia de la x fue mayor.
Cuando los textos impresos o manuscritos provienen de los Luxanes es
habitual el uso de la x, mientras cuando los elaboran los empleados o los res-
ponsables de cada institución, en muchas ocasiones Luxán deriva en Luján, pero
en no pocos casos en la misma publicación o en el mismo manuscrito, Luxán
y Luján conviven para referirse a la misma persona.
Entre los dirigentes del progreso solo Francisco de Luxán tiene una
formación científica o tecnológica. Su presencia en las instituciones cultura-
les, científicas y tecnológicas es constante hasta 1854 casi siempre con j: Por
ejemplo en la relación de miembros de la Sociedad Económica de Amigos del
País de Madrid, de la que forma parte desde 1836 (Sociedad Económica de
Amigos del País de Madrid, 1839, pág. 13), o en las Memorias de la Academia
de Ciencias Naturales de Madrid, que se refieren a él unas veces con j y otras x.
En la Memoria de 1836, Mariano Lorente cita a Francisco de Luxán entre los
numerarios de la sección de ciencias físico-matemáticas mientras que en los
años siguientes le denominará Francisco de Luján.
Figura 14 Memorias de la Academia de Ciencias.1850
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236 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Con la misma pauta ortográfica en las Memorias de la Academia de
Ciencias Exactas, Físicas, y Naturales (Figura 14), de la que forman parte los
Luxanes, Pedro y Francisco, y de la que este último será vicepresidente, la
falta de concordancia es especialmente llamativa en el primer número de 1850.
Francisco, ahora de la sección de Ciencias Naturales y Pedro correspondiente
en Sevilla, aparecen ambos como Luján, y al publicar, en el mismo volumen,
el artículo de Francisco (Estudios y Observaciones Geológicas), en el título la
Academia le denominará Luján pero en la firma imprimirá Francisco de Luxán.
Igualmente, en las Memorias de la Comisión del Mapa Geológico2, Fran-
cisco de Luxán, su presidente, figura en la portada como Luján, mientras en la
última página en la de 1851, la firma (figura 15) aparece como Luxán.
Figura 15 Memorias de la Comisión del Mapa Geológico 1851 y 1852
En los artículos publicados por los Luxanes sean los de Pedro o los de Fran-
cisco en su faceta científica, tecnológica o de política militar, la pauta ortográfica
es equivalente. La España Militar (1842) anuncia que Francisco de Luxán, escrito
Luján, forma parte del plantel de sus colaboradores, y también como Luján, en el
“Proyecto de organización de la fuerza militar empleando el sistema de reservas y
basado en la población”, igualmente en el Memorial de artilleria (1846 y 1847),
el artículo que publican Pedro y Francisco que recoge una “Memoria sobre me-
2
Sobre la Comisión y Francisco de Luxán pueden verse los trabajos de Isabel Rábano (Rabano
Gutierrez del Arroyo, 2016)
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 237
La X de los Luxanes de Casturera
jora de hornos de fundir Bronces y afinar cobre, y aplicación de las máquinas de
viento á este último objeto” realizada en Sevilla en 1830, aparcen como Luján.
En La Revista Militar (1848, 1849, 1851) se reproduce la falta de concordancia
de la Academia de Ciencias y los artículos sobre la “Industria Militar” (1848) y sobre
“Caminos de hierro. Sus relaciones con la defensa de la nación” (1851), aparecen
como Lujan mientas que “Industria Militar, contestación a las observaciones del co-
ronel Senovilla (1849)” y “Estudios sobre la guerra civil”(1849), figura como Luxán.
Esta falta de concordancia se resolverá en las Memorias de la Academia
de Ciencias (1861), una vez que Francisco de Luxán haya pasado por el minis-
terio y en 1861 cuando publica su “Viaje científico á Asturias y descripción de
las fábricas de Trubia, de fusiles de Oviedo, de zinc de Arnau y de hierro de la
Vega de Langreo”, en el título y en la firma se empleará Luxán.
Los libros son un ámbito de proyección en el espacio público, en el que se
refleja el nombre del autor o en su caso un seudónimo que crea una nueva iden-
tidad. En el caso de los Luxanes de Castuera, antes y después de que Francisco
fuera ministro de Fomento, su apellido se imprime siempre con x, y a veces la
sílaba aguda lleva tilde y en otras aparece sin ella: Francisco de Luxán (figura
15): Itinerario de un viage (sic) facultativo, 1837; Lecciones de Geología, 1841;
Tratado de Mineralogía, 1845; Memoria de la Exposición Internacional de
Londres de 1862, 1863; e igualmente Pedro de Luxán: Fundición de artillería de
Bronce, en Fraxno y Palacio, (Tratado de la teoría y fabricación de la pólvora
en general, las piezas de artillería y los proyectiles de Hierro. 1847).
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Luis de Luxán Meléndez
(Figura 15 Libros publicados por Francisco de Luxán entre 1837 y 1863)
En los expedientes administrativos la x de los Luxanes tuvo también un
doble trato: cuando se incorporan escritos de puño y letra, o firmados por los
Luxanes, como en el caso de su padre, siempre respetan el uso de la x, mientras
que, en el mismo expediente en las resoluciones, dictámenes o en general en
los documentos elaborados por la administración correspondiente unas veces
se escribirá con j y otras con x.
Un buen ejemplo son los expedientes de Archivo General Militar de los
hermanos Luxán Miguel-Romero. En el de Manuel (AGM sección 1ª L-2073),
el hermano mayor de los Luxanes de Castuera, se traza su trayectoria militar,
que incluye su participación en la guerra de independencia y en la primera
guerra carlista, las estancias en Castuera, la salida del ejército en 1820 para
desempeñar en Barcelona la administración provincial de la Lotería Nacional,
la depuración en 1823 tanto del ejército como del ministerio de Hacienda, la
amnistía, el reingreso al ejército, y para incorporar a sus hijos al montepío militar
un expediente de revalidación del matrimonio, que incluye la revalidación del
permiso estatal para contraer matrimonio, lo que requiere verificar de nuevo el
consentimiento paterno, verificar la dote, un informe de buena conducta y un
expediente información de limpieza de sangre de Victoria Molina. Todo ello
se inicia doce años después de casados, y padres ya de tres hijos. Manuel de
Luxán falleció el 21 de mayo en Lerín, a consecuencia de las heridas recibidas
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 239
La X de los Luxanes de Casturera
el 22 de abril de 1835 en la acción del puerto de Artaza, en las Amezcuas y la
documentación incorpora también un expediente de viudedad, en el que se
certifican las circunstancias de su fallecimiento.
En los expedientes de Pedro (AGM sección 1ª L-2074) y de Francisco
de Luxán (AGM sección ilustres L-4-2) se recorre la carrera militar de ambos
artilleros, su formación científico-técnica, las estancias en Castuera, su depu-
ración en 1823, la incorporación, desde fuera del ejército, a la Fundición de
Bronce de Sevilla, el expediente de rehabilitación, el peso de la política en las
cesantías, y los sucesivos empleos hasta el acenso de ambos a Brigadier y de
Francisco a Mariscal de Campo.
Se trata de tres expedientes que contienen aspectos de la vida privada que
se reflejan en el ámbito público y otros del espacio público que determinan el
desarrollo profesional y personal de los afectados.
Otro ejemplo son los documentos del archivo Luján de la BIEX que
en general tienen un carácter oficial y que guarda correspondencia dirigida
a Francisco de Luxán en la que los remitentes habitualmente emplean Lu-
ján, así el Ministro de Asuntos Exteriores en abril de 1843, escribe a Luján
nombrándole miembro de una Comisión para realizar una propuesta sobre el
desarrollo del Convenio Hispano-Británico para la abolición de la esclavitud
(Luxán Meléndez J. , 2018)
“En el artículo 2º del tratado concluido en 28 de agosto de 1835 entre
S.M. y S.M. Británica para la abolición del tráfico de esclavos, (en el que)se
estipulo que dos meses después del canje de las ratificaciones se promulgaría
en todos los dominios españoles una ley penal que impusiera un castigo severo
a todos los súbditos de S.M. que bajo cualquier pretexto tomasen parte, sea la
que fuera, en el referido tráfico… S.M. …ha tenido a bien disponer que una
Comisión compuesta por los Sres. D. Antonio González, Don José Alonso y
Vd. manifiesten con urgencia su opinión sobre el negocio indicado.” (BIEX
CM-M 3454)
Aunque también en algún caso se dirigen a Francisco de Luxán como
Luxán, el mismo Conde de Almodóvar, señala la planta de la 1ª secretaria de
Estado, en la que Francisco de Luxan figura como oficial 2º en comisión (BIEX
CM-M 3464)
En los documentos escritos, entre 1810 y 1833, en el reinado de Fernando
VII, desde luego antes de 1815, Luxán se escribe Luxán, pero después de la
abolición ortográfica, solo en algunas ocasiones, los empleados o autoridades
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240 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
de las distintas administraciones3que intervienen en los expedientes siguen
escribiendo Luxán con x. Es relevante que, en la época del Estatuto Real, en
la transición de la administración fernandina al Estado Liberal, en algún caso,
todavía se use4 la forma Luxán e incluso que en el mismo documento5 se escriba
Luján y Luxán.
En el Reinado de Isabel II, los empleados o las autoridades de las distintas
administraciones que intervienen en los expedientes, cuando copian un docu-
mento, transcriben una solicitud, dan cuenta de una declaración o preparan una
decisión, incorporan al lenguaje administrativo la regla ortográfica que obliga a
escribir Luján, pero desde 1856, en los periódicos y en la documentación institu-
cional para los Luxanes de Castuera se vuelve a utilizar la x. Esta recuperación
institucional se produce tanto en el ejército, como en otras instituciones en las
que participa Francisco de Luxán, entre las que destaca el Consejo de Ministros
(García Fernández, 1996) y el Senado (Archivo del Senado Legajo 258), o la
Academia de Ciencias.
El espacio privado
Si en el espacio público la discontinuidad caracteriza el empleo de la x
de Luxán, por el contrario, en el espacio privado para los Luxanes de Castuera,
la pauta será la continuidad.
Ni el destierro ortográfico de la x, ni la represión de la década ominosa,
implicó que los hermanos Luxán6, hijos del diputado de Castuera Manuel de
Luxán, fallecido en 1813, y de Carmen Miguel-Romero, dejaran de escribir
siempre su apellido empleando la letra x para representar el sonido jota. Por
ejemplo, en los expedientes militares (Figura 16), entre 1810 y 1867, en todos
los documentos de puño y letra, Manuel, Pedro y Francisco o en aquellos que
firma Victoria Molina, emplean siempre x.
3
En la Administración militar figura escrito Luxán en documentos de 1812, 1817, 1818, 1819,
1820, 1821, 1822, 1832 y 1833; En el Real Colegio de Farmacia de Sevilla en documentos de
1819; y en la Administración de hacienda en documentos de 1822.
4
En La Administración militar figura Luxán en documentos de 1834.
5
Figuran Luján y Luxán en el mismo documento de Administración de hacienda en1834; y
en el Colegio de escribanos de Madrid en 1835; y en el Ayuntamiento de Madrid en 1835.
6
A diferencia de su padre, los hermanos Luxán Miguel-Romero, incorporan entre el nombre y
el primer apellido la partícula de, y partir de 1845 añaden la tilde, nunca en la firma.
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La X de los Luxanes de Casturera
Figura 16. Firmas de los hermanos Luxán Miguel-Romero: Manuel, Pedro y Francisco, y de Vic-
toria Molina, casada con Manuel de Luxán (AGM sección 1ª L-2073.AGM sección 1ª L-2074.
AGM sección ilustres L-4-2)
Los Luxanes de Castuera siguen aquí la norma que destacó Sicilia, desde
Paris, en sus Lecciones de ortología y prosodia, en las que en 18277 destaca
que por razones sociales, económicas o de identidad familiar, todas ellas desde
el ámbito privado, hay muchos apellidos en los que se conserva la x y con ella
la articulación gutural (Sicilia, Lecciones elementales de ortología y prosodia,
1827, págs. 163-164). Su argumentación es más discutible:
“M. ¿no habrá sin embargo algunos casos en que sea necesario ó con-
veniente escribir la x en lugar de j ó de g fuerte, denotando el mismo sonido
gutural de estas?
D. Las familias suelen tener un grande interés en mantener inmudable
la ortografía de los nombres de sus casas y de sus títulos y apellidos, pudiendo
dañar á sus derechos y pretensiones la sola mutación de una letra. En razón de
esto hay muchos nombres patronímicos, apellidos y títulos hereditarios en que
se conserva la x y con ella la articulación gutural que antes representaba, como
por ejemplo, Faxardo, Xerez, Benamexí, Muxica, Saxosa, Xuarez, &c. En todos
los demás casos de pronunciación gutural debe evitarse la x”.
En Cádiz en 1820 a petición de su hijo Francisco se produce la primera
exhumación y traslado8 de los restos de Manuel de Luxán, por estar el nicho
ruinoso al cuadro núm. 1, fila 2º 2º cadáver, de donde fue sacado (Guerrero
7
Marino Sicilia publicó en 1832, una edición en Madrid que incluye una dedicatoria a la reina
María Cristina de Borbón, en la que sobre la x reproduce el mismo texto (Sicilia, Lecciones
elementales de ortología y prosodia, 1832, págs. 189-190)
8
Un segundo y hasta ahora definitivo traslado se realizó en 1931 a la cripta del Oratorio de San
Felipe Neri de Cádiz, donde se depositaron en una urna funeraria que cuenta con un pedestal
con una inscripción con el nombre de los diputados fallecidos en Cádiz en 1813.
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242 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Cabanillas 2012) y depositado en el nicho núm. 6, fila 5ª, patio 1, línea del norte
del cementerio de San José (Cementerio General de Cádiz). La lápida (García
León, 2012 , pág. 245) de esta segunda sepultura está depositada en el Museo
de las Cortes de Cádiz y dice:
AQUÍ YACE
DON MANUEL DE LUXÁN
NATURAL DE LA VILLA DE CASTUERA
DIPUTADO QUE FUE EN LAS CORTES
GENERALES Y ESTRAORDINARIAS
POR LA PROVINCIA DE ESTREMADURA
MURIÓ EL 3 DE OCTUBRE DE 1813
R.I.P. AMEN
HONRAN ESTA MEMORIA SU VIUDA E HIJOS
Los diarios y la correspondencia de Francisco de Luxán, incluidos en el
Memorial de guerra (Luxán Meléndez J. , 2019) y en el Memorial de Palacio
(Luxán Meléndez J. , 2017) aportan una información privilegiada sobre el uso
de la x en el espacio privado.
A diferencia de las Memorias de Espoz y Mina, que fueron escritas para
ser publicadas, y que fueron concebidas como una vindicación personal, y de
su partido (Burdiel, 2010: 96) o de las Memorias de Ventosa, dirigidas al Tutor
pero al mismo tiempo filtrada a la prensa, las Memorias de Palacio de Luxán,
que guarda la BIEX, aunque pudieran estar pensadas para salir a la luz, y su
alcance no pueda descontextualizarse de la posición política de su autor, tienen
el interés de estar redactadas al día, sin conocer por tanto los acontecimientos
posteriores.
Los 25 manuscritos de la BIEX relativos al papel de Francisco de Luxán
en la primera guerra carlista, durante los meses de febrero a mayo de 1837, entre
los que destaca El Diario, recogen brevemente las circunstancias del viaje de
Madrid a Bilbao y un resumen de las instrucciones que recibió de los ministros
de Hacienda y Guerra; La correspondencia que recibe del Cónsul en Bayona
refleja una parte de la gestión financiera de la guerra y de la conexión política y
militar del triángulo formado por Fernández de Gamboa en Bayona, Luxán en
Bilbao, y Valle en Pamplona. Y el resto de los documentos recoge notas y datos
relevantes sobre el desarrollo de la comisión de Luxán en el ejército del Norte.
En su correspondencia Fernández de Gamboa dirige sus cartas (BIEX CM-M
3387) a Francisco de Luján y en general en los otros documentos también se
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 243
La X de los Luxanes de Casturera
refieren a él como Luján (Linaje el 12 de mayo de 1837 invitándole a comer
con Espartero en San Sebastián BIEX CM-M 3566)
En el Memorial de Palacio, en el que Francisco de Luxán relata en un
diario su actividad como profesor de la reina Isabel II, cuando se refiere a sí
mismo siempre emplea la x. En estos pasajes reconstruye su conversación con
Argüelles sobre el encargo de profesor, describe un baile en Palacio, y recupera
una conversación con la reina sobre el incidente del retrato.
Vi, en efecto, al Sr. Argüelles, y me rogó encarecidamente que aceptase el
encargo de instruir a S.M. y A. y, a mis protestas de insuficiencia y demás excusas,
me dijo [que] tenía confianza en mis conocimientos y, “sobre todo,—me dijo— el
país, el bien público y la Reina misma necesitan para director de su instrucción
de un hombre de saber, usted lo es; pero además es de rigor que sea honrado; y
en usted, el tutor, y todos los que le conocen, reconocen esta cualidad que, por
desgracia, no es tan común como debiera. Yo necesito —añadió— descanso y
confiar ya en las personas que rodeen a S.M. y A., y lo digo a usted porque le
conozco y sé que puedo descansar en su lealtad ¿Y me abandonará usted?” A
semejantes compromisos me fue imposible negarme, y acepté diciéndole: ”Luxán
podrá carecer de las dotes necesarias de instrucción para el encargo que usted
le confía, pero [en] su voluntad de cumplir es como ninguno y [en la de] de
corresponder a la confianza de usted; más aún, sobre todo, es incapaz de una
bastardía” (julio 1842).
Bailaron S.M y A, bien, pero S.A. con más soltura; S.M. manifestaba
esfuerzos para bailar que desgraciaban sus movimientos.; bailó S.M con el
Regente, con los Sr.Casasola y Luxán.; El primer rigodón bailaron S.M. con
el Regente, S.A. con el Sr. Casasola en cabeza; La Regenta con el Sr. Luxán y
enfrente el Sr. Dulce. (enero1843).
“escribiendo S.M. a su madre y contestando a lo que esta decía de la
necesidad de hablar francés, dijo la Reina: “¿Creerá Mamá que aún está Ventosa?
—y añadió— Mira, Luxán, nunca hablaba en francés; ¿le conoces?” Con mi
negativa dijo: “lleva peluca y es feo; y, mira, –señalando, bajando la voz– una
vez me enseñó un retrato de mi primo y me hizo darle un beso” (abril 1843).
Finalmente, en su testamento (AHPM. 27200) fechado en Madrid el 6 de
marzo de 1862, Francisco de Luxán y Luciana Olañeta, que firma añadiendo a
su apellido el de su marido, escriben Luxán siempre con x.
4. LOS NIETOS DE CASTUERA.
El apellido de los nueve nietos de Manuel de Luxán y de Carmen Mi-
guel-Romero: José, Carmen y Manuela de Luxán Molina; Elisa de Luxán Teruel;
Francisco, Manuel, Paulina, Luciana y María de Luxán Olañeta, en el ámbito
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Luis de Luxán Meléndez
privado se escribió siempre con x, y generalmente en el espacio público también
se transcribió como Luxán.
Figura 16. Número de páginas en las que aparecen Luxán y Luján entre 1868 y 1899 (Hemerote-
ca Digital. BNE)
En el ámbito público junto a las actividades profesionales de José de Lu-
xán Molina, médico, Inspector de Primera Clase de Cuerpo de Sanidad Militar
(General de Brigada), Vicepresidente de la Junta Facultativa de Sanidad Militar,
los periódicos también recogen ampliamente la proyección política de Manuel
de Luxán Olañeta, que en 1893 fue elegido concejal del ayuntamiento de Madrid
por el distrito del Congreso y luego nombrado por la corporación Teniente de
Alcalde, procesado “por haber votado la aprobación de la escritura otorgando
el servicio de limpiezas” (El País 31 de diciembre de 1895), actuación que la
fiscalía calificó de prevaricación, no se presentó a las elecciones de mayo de
1897. Además, también recogen la proyección social de los Luxán Olañeta.
Junto a sus primos, José de Luxán Molina y Manuel de Luxán Olañeta, la
presencia pública más relevante es la de Elisa de Luxán, nacida en Sevilla 1833.
Se casó primero con José Torre López, alcalde de Cádiz del Partido Moderado
(El Imparcial, 31 de marzo de 1899), y luego con Manuel García Dana, del que
enviudará en 1892, no tuvo hijos. De “una gran belleza, tenía un claro talento,
con una disposición asombrosa para el arte” (La Moda Elegante Ilustrada. 6
de abril 1899). Falleció en Madrid en 1899.
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 245
La X de los Luxanes de Casturera
Hasta Elisa, las mujeres de la familia de los Luxanes de Castuera, prácti-
camente no tuvieron ninguna proyección en el espacio público y cuando figuran
lo hacen desde un rol subordinado a la figura masculina: Carmen Miguel-Ro-
mero, su abuela, para favorecer la elección de diputado de Francisco, aparece
como madre, acusada de dirigir la manipulación del proceso electoral, desde el
balcón de su casa, lindante con el ayuntamiento, con la sala donde se celebran
las elecciones, señalando a los electores que hay que dejar pasar, lo que su hijo,
en la tribuna del Congreso, negó rotundamente (AHCD Documentación elec-
toral 21 nº 23 DSC.C nº 2,3,4,5 y 6 respectivamente de 4,6,7,8 y 10 de abril de
1843); Su madre, Ramona Teruel, aparece solo en el recuerdo, en la esquela que
comunica su fallecimiento (1º Aniversario, La Correspondencia de España 16
de febrero de 1868) o como referencia en un recurso de casación en un pleito
contra Elisa en el Tribunal Supremo (Sentencia nº 35 del T.S. 31 de enero de
1868), y de sus tías Victoria Molina, Melchora Olañeta y Amalia Bravo, en algún
caso figuran como esposas o viudas; de las hermanas de su padre, solo Soledad
como huérfana, y de las demás ni siquiera el nombre. Y sobre sus primas las
referencias se concentran en la vida social.
La proyección pública de Elisa, que rompe este silencio, casi siempre
como Luxán, tuvo dos etapas en las que la pauta ortográfica fue diferente. La
primera que responde fielmente al estereotipo femenino del Ángel del hogar
de Sinués, estudiado por Guadalupe Gómez Ferrer (Gómez-Ferrer Morant,
2002), que incluye “los estudios de música, bordado, francés y los modales
femeninos” (Cabrera Bosch, 2007, pág. 49) y en el caso de Elisa transcurre en
la sociedad andaluza, entre Sevilla y Cádiz. En 1849, Huidobro (Huidobro,
1870, págs. 103-104), le dedicó un álbum (Figura 18) inicialmente en el ámbito
privado, puesto que no se publicará hasta 1870, que emplea Luxán. Este uso
de la x, al igual que las referencias periodísticas o documentales sobre su padre
o sus tíos durante la década moderada, convive, en el espacio público, con el
empleo de Luján, como hace La Tertulia (Cádiz 24/08/1851) que en una larga
nota de sociedad sobre una fiesta en casa de Martínez Enrile, se hace eco de las
canciones que interpretó Elisa.
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Luis de Luxán Meléndez
Figura 18. Luis Segundo Huidobro. EN EL ÁLBUM DE LA SRITA. Dª ELISA DE LUXÁN,
Julio 1849 (Obras escogidas, Sevilla 1870)
Tras su boda Elisa, seguirá participando en la sociedad gaditana, pero como
las otras Luxanes, aparecerá identificada por su papel femenino y se la denominará
la señora de Torre-López. El Comercio (28/08/1852) resalta el “dúo de María Pa-
dilla cantado a la perfección por la señora de Torre-López y señorita Santa-Cruz;
y un dúo de Jugar con Fuego, muy bien ejecutado por dicha señora de Torre-López
y señorita doña Consolación Mota”, en casa de Enrile, o en El Español, en una
larga crónica sobre las fiestas del verano de Cádiz de 1852, destaca la participación
de Elisa de Luxán también como Señora de Torre-López (El Español 16/09/1852).
La segunda etapa transcurre íntegramente en Madrid, asociada a los
salones de la Condesa de Montijo, y en general a la vida musical y literaria del
último tercio del XIX. Al mismo tiempo que su tío Francisco modificó la pauta
ortográfica, también Elisa emplea una nueva pauta social: primero, pasará a
llamarse otra vez Elisa de Luxán, y no viuda de Torre-López, y luego tras el
segundo matrimonio empleará la formula Elisa de Luxán de García Dana.
Elisa es una tiple -aficionada- que, sobre todo entre 1864 y 1876, tomó parte
en las reuniones filarmónicas9 de Madrid más notables (Saldoni, 1880, pág. 173), fue
9
Entre otros: En 1866, interpreta el Ave Maria de Gounod en el concierto de la Sociedad Artística
Musical de Socorros Mutos (El Artista 7 de agosto de 1866). En 1873 estrena en Madrid la Galia
de Gounod: “El éxito de esta obra, ejecutada por la Sra. de Luxán, los coros y la orquesta, ha
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La X de los Luxanes de Casturera
socia a perpetuidad de la Sociedad artístico-musical de socorros mutuos (Sociedad
artístico-musical de socorros mutuos, 1870), y socia honoraria de la Filarmónica de
Madrid (Sociedad filarmonica de Madrid, 1873). En estos años (Figura 19) Giuseppe
Manzocchi le dedica varias de sus composiciones, y el editor Antonio Romero, una
melodía de Sidorowitch sobre el Cendal Flotante de Bécquer, todavía dedicada a
Elisa de Luxán de Torre López. Como Luxán de García Dana, se anuncia que en su
casa se despachan las localidades para la función benéfica en el Teatro de la Come-
dia (Diario Oficial de Avisos 14 y 31/10/1876, El pabellón Nacional, 1-11-1876)
“En los salones de Andalucía brilló mucho por su hermosura; luego se
trasladó á Madrid, en donde tomó gran afición al piano, y sobre todo al canto,
en el que se lucía de un modo inimitables … en los conciertos con que en su
palacio de la plaza del ángel obsequiaba a la sociedad madrileña la Condesa
de Montijo (Llanos y Torriglia, 1932, págs. 199, 201 y 229).
Figura 19. Giuseppe Manzocchi, La Fedelta, y C. de Sidorowitch, Tu y Yo.
Ambas dedicadas a Elisa de Luxán
Junto a sus interpretaciones musicales, o a su participación en la vida social,
Elisa de Luxán forma parte de una nómina de escritoras románticas, entre las que
Prieto de Paula destaca a las poetisas Gómez de Avellaneda, Coronado o Rosalía
de Castro (Pietro de Paula, 2016), a las que habría que añadir las figuras de Fernán
sido completo: hay en ella sentimiento, melancolía y ternura... La Sra. de Luxán la cantó con
acento patético y solemne, y obtuvo grandes y calorosos aplausos de la concurrencia, que era
la más distinguida y elegante de la capital” (La Moda Elegante, 6 de mayo de 1873).
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Luis de Luxán Meléndez
Caballero y de Pardo Bazán, una relación de escritoras del XIX que su contem-
poráneo José de Velilla amplió hasta 65 (Velilla y Rodríguez, 1893, pág. 89). Un
espacio literario que contempla a “un amplio conjunto de escritoras que surge en
España a partir de los años cuarenta, debido a la conjunción de dos movimientos
simultáneos: el liberalismo y el romanticismo” (Gómez-Ferrer Morant, 2002, pág.
175). Además, Elisa “era asidua concurrente a la tertulia del ilustre autor de Don
Álvaro, con cuya familia le unía sincera amistad” (La Época 1 de abril 1899)
La proyección literaria de Elisa de Luxán tiene alguna discordancia ortográfica.
Figura en la relación de colaboradores de la revista Cádiz (1877-1880), que dirigió
Patrocinio de Biedma, con el apellido Luján, pero sin ninguna referencia a su marido,
y en el catálogo de Literatas españolas del siglo XIX, que Juan Criado publicó en
1889, en el mismo texto, aparece unas veces como Luján (Criado y Domínguez,
1889, pág. 36 y 185) y otras como Luxán (Criado y Domínguez, 1889, págs. 119,
167, 188 y 193), indicando a veces como segundo apellido el su marido García-Dana.
Es relevante resaltar algún destello de la presencia de Elisa en la vida polí-
tica, formulado desde una posición femenina inequívocamente conservadora. En
1870, antes de la elección del rey Amadeo de Saboya, Antonio Fernández Grillo
publicó una Oda al príncipe Don Alfonso y a las damas españolas, en una suerte de
“alianza entre el alcázar regio y el hogar doméstico” representada por 112 mujeres
de la sociedad tradicional, que financiaron la edición, 64 con título nobiliario, el
resto casi todas con indicación del nombre de su marido, y dos, Josefa Salamanca
y Livermoore, y Elisa Luxán, que figuran solo con su apellido (Fernández Grillo,
1870, págs. 18-19).
Figura 20. Ethelgiva -1877- de Elisa de Luxán, dedicatoria al Duque de Rivas
(Ejemplar de la Universidad de California)
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La X de los Luxanes de Casturera
La Biblioteca Universal, en 1880 en su Colección de los Mejores Autores,
recogió en el tomo LVIII una antología de las escritoras españolas contemporá-
neas en la que se publica un poema titulado Cuento, que Elisa firmó como Luxán
de García-Dana. En la introducción de esta antología, la Biblioteca Universal
presenta una lectura conservadora sobre el papel de la mujer:
“Muchos son los hombres que censuran a la mujer escritora; créese general-
mente que prescinden por completo de las faenas propias de su sexo, que todo es afec-
tación en sus maneras y lenguaje y que no pueden labrar la dicha de ningún mortal.
Tal vez haya algunas así, pero por fortuna son la excepción y otras cono-
cemos amantes esposas y tiernas madres que no descuidan ni por un momento los
deberes de su hogar...
Jamás ensalzaremos á la que pretenda ejercer algún cargo público, á la
que intente usurpar sus derechos al hombre, pero sí alabaremos siempre á la mujer
ilustrada, modesta y sencilla….
La mujer en todas partes, cualquiera que sea su estado y su condición, puede
sentir y pensar como el hombre, pero solo le es dado expresarse en frases poéticas
a la mujer ilustrada. Por eso las escritoras son americanas ó europeas. En España
son muchas las que se dedican á la literatura; si el número de las colaboradoras de
este libro no pasan de treinta, consiste en que varias entre las que deben contarse
algunas catalanas, no escriben en Castellano y otras lo hacen solamente en prosa”
(Biblioteca Universal, 1880, págs. 5-7)
Figura 21. Portada de Escritoras española contemporáneas, 1880.
Y de Literatas españolas del siglo XIX, 1889.
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Luis de Luxán Meléndez
En 1877 estrena y publica Ethelgiva, drama romántico en tres actos (Figura
22) y la discordancia ortográfica subsiste, Eduardo de Cortazar, al hacer balance
del año teatral de 1877, se refiere a Elisa como Luján (La Academia: revista
de cultura hispano portuguesa, latino-Americana: Tomo III Número 3 – 23 de
enero de 1878 y Revista de España 1877, nº 223, págs. 401-419), mientras que
en la crítica que publican La Correspondencia y La Época escriben Luxán:
“anoche se puso en escena en el teatro novedades Ethelgiva, original de
la Sr. Doña Elisa Luxán, muy apreciada y conocida en la alta sociedad por su
afición, su pericia en las bellas artes. La Sra. Luxán, que en los salones aris-
tocráticos fue aplaudida por su excelente escuela de canto, quiso probar y lo
consiguió, que es una inspirada poetisa y una apreciable autora dramática. Su
última y creemos primera producción teatral, entraña bellísimos pensamientos,
situaciones interesantes y una lucha de efectos y pasiones perfectamente sentidas y
discretamente pensadas. Así es que la Sra. Civili hizo gala de sus extraordinarias
facultades y obtuvo una verdadera ovación. La autora y la actriz fueron llamadas
al palco escénico repetidas veces, recibiendo del público escogido y numeroso
gran cosecha de aplausos y de coronas. La Sra. Luxán, la empresa y los actores
están de enhorabuena” (La Correspondencia de España 25 de enero de 1877)
Figura 22 Portada de los libros de Elisa de Luxán -1877 y 1879-
En 1879 traduce, de Eduardo Hanslick, De la Belleza musical. Ensayo de
reforma de la estética musical (Figura 22), y J. Joaquín Nin en 1912, en un breve
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ensayo sobre las ideas musicales de Hanslick, en el que cita la traducción de Elisa,
señala que “Los conservadores, es decir, los que creían que la influencia wagneriana
era no solamente nociva sino funesta para el Arte, se apoderaron de ese libro…La
negación de toda diferencia ideológica entre la forma de la obra musical y su conte-
nido, y, como consecuencia, la negación de todo poder expresivo á la Música (poder
subjetivo) son las dos ideas más substanciales de la obra” (Nin , 1912, pág. 195).
En 1885 traduce La princesa Jorge de Alejandro Dumas hijo, que con éxito
“brillante” se representó en el teatro de la Alhambra, y en la crítica de los periódicos
su apellido figura como Luján (El imparcial Diario Liberal, 18 de abril 1885; El
Enano, Boletín de loterías y de Toros, 20 de abril 1885; y El Serpis periódico de
la mañana de Alcoy, 22 de abril de 1885), mientras que en La Semana, escribirán
Luxán (La Semana periódico liberal dinástico, 27 de abril de 1885).
“otro éxito de la semana ha sido el estreno de la comedia de Alejandro
Dumas por la compañía que dirige el distinguido autor Don Manuel Catalina.
Otra traducción de esta misma obra fracasó hace algún tiempo en el teatro de la
Comedia, así es parecía gran atrevimiento intentar un nuevo ensayo de traducción
cuyas consecuencias podían ser fatales; por fortuna no ha sucedido nada de
eso y la traductora Elisa Lujan de García Dana, puede estar muy satisfecha de
su acierto. En La Princesa Jorge lograron distinguirse la Sra Tubau en el papel
de Severina y la Sra Bernal y el Sr. Catalina” (El Serpis, 22 de abril de 1885)
En el final de su vida, la proyección pública de Elisa se refleja en los ecos
de los conciertos del Real: en la inauguración de la temporada, asistieron… En
las plateas …la viuda de García Dana, con la señora de Escosura … (y) en
butacas … la señora de Luxán (La Época y La Iberia 18/10/1895), es decir Elisa
de Luxán y su prima Paulina de Luxan, y la mujer de su primo, Sofía Olañeta,
las tres envueltas por la crónica de sociedad con el apellido de sus maridos. En
el ámbito privado, también en los últimos años, en la correspondencia firma
Elisa de Luxán de García Dana, sirva de ejemplo la carta que dirige a Carlos
Fernández Shaw para pedirle su colaboración en la fiesta que está organizando
para el que será su último cumpleaños (Figura 23).
Una última referencia al uso de la x de Luxán en el testamento, un documen-
to privado que se formaliza en el espacio público, y en la proyección del recuerdo
en el ámbito público, mediante la publicación de esquelas o por la inscripción
de las lápidas funerarias. Tanto Francisco de Luxán, el ministro (AHPM. 27200,
25069, 25749,25885, y 35931), como Elisa de Luxán, la escritora (AHPM 33570),
otorgaron sus últimas voluntades empleando en todos los casos la forma Luxán.
En el último tercio del XIX los periódicos empezaron a publicar esquelas
en las que se da cuenta del fallecimiento de una persona. Entre 1867 y 1899
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Luis de Luxán Meléndez
en diversos periódicos se publicaron 43 esquelas relacionadas con 26 personas
vinculadas familiarmente con los Luxanes de Castuera. La última en el XIX, en
la que se comunica el fallecimiento de Elisa de Luxán Teruel, reúne una amplia
representación de todos los Luxanes de Castuera (Figura 24).
Figura 23. Carta de Elisa de Luxán dirigida a Carlos Fernández Shaw 24-11-1898.
(Archivo de la Fundación Juan March)
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Igualmente en la lápida de los enterramientos de los Luxanes de Castuera,
se inscribe Luxán: En Madrid en el Sacramental de San Pedro y San Andrés en
la misma tumba están enterrados Francisco de Luxán Miguel-Romero, Melchora
Olañeta y su hijo Francisco. En Castuera Juan José de Luxán Miguel-Romero.
Y en Madrid, en tumbas distintas, en el Sacramental de San Lorenzo y San José,
Elisa de Luxán Teruel y José de Luxán Molina.
Figura 24 Esquelas de Juan de Luxán (La Correspondencia 10 de enero de 1888)
y de Elisa de Luxán (La Correspondencia 30 de marzo de 1899)
Los Luxanes de Castuera no están solos del todo, en la Gaceta o en los
periódicos figuran otros muchos Lujanes y esporádicamente Luxán. Solo hemos
encontrado cuatro casos: El juez Agustín Luján Cava, una sola vez como Lu-
xán, en Alcántara (Gaceta de Madrid 18-5-1847), Nicolasa Luxán, maestra en
Alicante (El Serpis 14-11-1885) o José Alarcón Luxán, diputado por Málaga en
las elecciones de 1871, 1876, y 1884 y alcalde Málaga en 1876 y 1881, escrito
habitualmente con j, en alguna ocasión los periódicos le denominan Luxán: “Se
han concedido grandes cruces de Isabel la Católica…. También parece que han
obtenido iguales distinciones el alcalde de Málaga José Alarcón Luxán (sic)”.
(La Correspondencia de España 24/01/1877) y también como Luxán en El
Correo español del 1/2/1894, y La Época del 14/5/1899. A su hermano Fermín,
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Luis de Luxán Meléndez
la Cofradía del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora de la Caridad, en
su memoria le dedicó una placa, como Luxán (Figura 25).
Figura 25. A la memoria de Fermín Alarcón Luxán
Real Cofradía del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora de la Caridad
5. EL FUTURO DE LA X.
En el uso de la x para Luxán, y luego de la j, la recepción de las normas
ortográficas en el espacio público primero fue paulatina y luego inmediata. La
acomodación a la regla de 1754, reforzada en 1763, fue progresiva y estaba ya
totalmente extendida en 1814. Este empleo de la x incorporado como excepción
en las reformas de la Ilustración, tal vez como respeto a la proyección literaria de
Benegasi Luxán o a la posición académica de Luxán Silva, será desterrado de la
ortografía académica en 1815, abolido en el tiempo del primer absolutismo fer-
nandino que pasó a exigir el uso de la j, lo que se aceptará instantáneamente en los
periódicos de la metrópoli y con algo más de lentitud en el lenguaje administrativo.
Desde la segunda mitad del XVIII y hasta la revolución liberal, que abarca
toda la vida de Manuel de Luxán, entre 1763 y 1813, que transcurre de Castuera a
Cádiz, pasando por Salamanca y Madrid, conforme a la prescripción académica,
al uso en los periódicos y en el lenguaje administrativo, Luxán se escribía Luxán.
Mientras que a la vuelta de Fernando VII se abre una etapa de transición
en la que la aceptación de las reformas ortográficas convive con la resistencia de
las reglas anteriores a 1815, de manera que en los primeros años de los hermanos
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Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 255
La X de los Luxanes de Casturera
Luxán, desde Cádiz a Madrid, pasando por Sevilla, Barcelona, París o Lerín, etc.
con estancias intermitentes en Castuera, un recorrido que transcurre entre 1812
y 1835, durante el final de la Guerra de Independencia, la administración fernan-
dina y la regencia de María Cristina, la ortografía de Luxán dependerá del tipo
de comunicación: se escribirá Luján en los periódicos, y su empleo como Luxán
se mantendrá resguardado en el espacio privado, tal vez asociado al recuerdo de
Manuel de Luxán, el de Cádiz, lo que evitará que se desnaturalice el apellido, y
limitado a un uso parcial en el lenguaje adminsitrativo de los expedientes militares.
En las decadas centrales del XIX, en el reinado de Isabel II, cabe distinguir
dos etapas: Entre 1833 y 1853, tras el fallecimiento del hermano mayor, Manuel
de Luxán, el de Lerín, entre los Luxanes de Castuera continuará constante el
uso de la x en el ámbito privado, lo que se reflejará en el espacio publico en los
libros que publica Francisco entre 1837 y 1845. Pero la x no se emplea en la
correspondencia que recibe ni se proyectará en su actividad política, tecnológica,
científica o militar, en la que aparece como Luján en lenguaje addministrativo
de los expedientes militares y en la ortografía del resto de la documentación
institucional, asi como en la Gaceta de Madrid o en los periodicos. Una etapa
de completo divorcio entre el uso público y el privado. Un uso público, el de
Luján, que se verá totalmente alterado, desde la revolución de 1854, vinculado
a la proyección de Francisco de Luxán, que se reflejará en la Gaceta de Madrid,
en los periodicos y en la documentación institucional, espacios en los que, como
antes de 1815, se volverá a escribir Luxán.
Y finalmente los nietos de los luxanes de Castuera mantendran, tanto en
el ámbito privado, como en el público, un uso consante de la x, disociado de la
reglas ortográficas, pero único, que la actividad de Elisa de Luxán consolidará
en la esfera social y literaria.
La normalización ortográfica en el espacio público implica una cuestión
general que, en un contexto de expansión de los medios de comunicación, de
construcción del Estado liberal y de desarrollo de la sociedad industrial, afecta
a las relaciones de la política y la lengua, lo que permite constatar el alcance
y la naturaleza de una política pública que desde 1844, a iniciativa del Partido
Moderado, reforzará el poder ortográfico de la Academia atribuyéndole el mo-
nopolio de la gramática en las escuelas públicas. Una regulación lingüística que
los progresistas recibieron alejada de la competición partidista.
Desde el poder político, Francisco de Luxán, al recomponer en 1854 la
proyección pública de la ortografía de su apellido, contraviene el poder ortográ-
fico y desde el progresismo en clave de tradición, subraya su identidad familiar,
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
256 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
pero también podría haber debilitado sus posibilidades de actuación general, que
se verían lastradas por una agria polémica con la prensa reaccionaria.
El caso de los Luxanes de Castuera muestra que la incorporación de la
ortografía académica al ámbito privado tuvo un alcance desigual. Desde 1754
y hasta 1815, en los textos escritos y firmados por gran parte de los Luxanes, se
empleará la x. Y después en los periodos absolutistas o en las etapas liberales, en
el ámbito privado, una parte de ellos, los de Castuera, continuarán empleando
la x. Mientras que otros Luxanes, al finalizar el XIX todos los demás, ahora ya
Lujanes, acabarán empleando la letra j.
Ortografía y política en el liberalismo van de la mano de las reformas
impulsadas por la Academia y desde América por las independencias, o también
de las propuestas de los filólogos que pidieron prudencia, y abrieron paso para
que se aceptara lo que a su juicio era “… regla corriente, entre los gramáti-
cos, que los nombres propios no tienen ortografía; lo cual quiere decir que la
ortografía tradicional de los apellidos y de los nombres geográficos no ha de
estar sujeta á modificaciones… y sobre todo guardémonos mucho de ridicu-
lizar á los Luxan, Ossorio, Ximenez y demás familias que con loable acuerdo
rechazan todo neografismo de su apellido, y lo escriben como lo escribieron
sus antepasados” (Monlau, 1856). De manera que la x, ahora ya sólo de los
Luxanes de Castuera, pudiera recuperar plenamente el espacio público, en un
proceso de reconocimiento social que se impondrá a las restricciones del poder
ortográfico y al enfrentamiento con la sátira reaccionaria. Política y Ciencia,
junto a Literatura, Música y Sociedad serán los espacios en los que la x de
Castuera transitará en el liberalismo del XIX.
La ortografía y el género determinan el modo de identificar la familia
en el ámbito público. Ellas, además de las variaciones por los cambios en las
normas ortográficas, pasarán a utilizar el apellido del marido, sustituyendo el
apellido paterno o añadiéndolo como segundo apellido. En el caso de Elisa po-
drá ser Luxán, Luján, Señora de Torre-López, Luxán de García-Dana, Luján de
García-Dana, y finalmente García-Dana (antes Luxán), Viuda de García-Dana,
Luxán Teruel viuda de García-Dana, o viuda de García y Buiza-Dana.
Ambos aspectos, la recepción de las normas ortográficas en los ámbitos
público y privado, se explican por tanto en un marco general que tiene que ver con
la interacción entre lengua y política; un cuadro en el que la regulación gramatical
se verá reforzada por el desarrollo y consolidación del Estado liberal y de la so-
ciedad industrial que para ello contará con la modernización de la administración,
la ampliación de la enseñanza y la expansión de los medios de comunicación.
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 257
La X de los Luxanes de Casturera
Sin embargo, en el siglo XX la continuidad de la escritura con x, seña de
identidad familiar, se enfrenta a su propio éxito y el problema pasa de la orto-
grafía a la ortología. Ahora la cuestión no es cómo se escribe, sino cómo se
lee lo que ya está escrito. Y los descendientes de Castuera no solo mantienen y
mantenemos que nos llamamos Luxán con x, como México; sino que seguimos
defendiendo nuestro derecho a jotear con x. Lázaro Carrater llegó a decir que
pronunciar [Méksico] o [Teksas] es un “grave testimonio de incultura” (Lázaro
Carreter, 1997 , pág. 37).
Definitivamente, en 1968 el Congreso de Academias de la Lengua Espa-
ñola adopta la resolución que recogerá la Ortografía académica en 1969: “Se
autoriza la pronunciación de la x con valor fonológico de j, en grafías conser-
vadas por tradición, como México, Oaxaca, Xaltaba y en algunos nombres de
personas, como Xavier, Ximena, que también se escriben con J (Javier, Jimena)”.
Y el Diccionario Panhispanico de dudas recuerda que el sonido velar fricativo
sordo /j/ en la escritura moderna se representa con las letras j o g (ante e, i). “No
obstante, la grafía arcaica con x se conserva hoy en varios topónimos americanos,
como México, Oaxaca, Texas, con sus respectivos derivados mexicano, oaxa-
queño, texano, etc., y en variantes … de algunos nombres propios de personas,
como Ximena, o apellidos como Ximénez o Mexía. No debe olvidarse que la
propunciación correcta de estas voces es con soniso /j/ ([méjico], [oajáka], [téjas],
[jiména]), y no con sonido /ks/ / ([méksiko], [oaksáka], [téksas], [Ksiména]).
También quedan restos de esta x ararcaizante en algunos topónimos españoles
que hoy se propunncian corrientemente con sonido ([k+s],, como Almorox,
Borox, Guadalalix y Sax. Sus gentilicios respectivos (alomorojano, borojeño,
guadijeño y sajeño) demuestran que, en su origen, la x que contienen se pronun-
ciaba /j/” (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua
Española, 2005, pág. 680). Y, añadimos nosotros, Luxán, cuya pronunciación
es igualmente con sonido /j/ [Luján] y no con sonido /ks/ , [Luksán] y tampoco
con sonido /gs/ [Lugsán] ni por supuesto transmutando la x en /s/ [Lusán].
A pesar de las distintas reformas adoptadas por la Academía, el problema
ortológico-ortográfico de la g, j, x no está resuelto. Aparecieron partidarios de
simplificar cada vez más la ortografía, a fin de que cada fonema se relacione
sólo y exclusivamente con una letra. Andrés Bello, García del Río, Sarmiento
y otros, en el siglo XIX; Rementería, Berro García, Juan Ramón Jiménez, entre
otros, en el siglo XX, propusieron especializar la j como única representación
gráfica del fonema velar fricativo sordo, a expensas de la g (ge, gi). Esa es la
tendencia general, pero la x continúa teniendo defensores. Jesús Mosterín en
1981, como Gonzalo Correas en 1630, prefiere la x en lugar de la j: “y a los
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258 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
viejos consejos de Gonzalo Korreas se suman ahora las nuevas recomendaciones
del alfabeto fonético internacional (además de la compañía del ruso, el griego y
otras lenguas). Por tanto, en la nueva ortografía española escribiremos siempre
/x/ como x: xabón, muxer, Arxentina, lexos, konxunto”… Y Luxán. Mosterín,
el último gran defensor de la x como grafema del fonema velar fricativo sordo
(Mosterín, 1981, págs. 122-126), mantuvo que elegir la j en lugar de la x para
unificar la grafía de /x/ fue completamente descabellado, porque ninguna otra
lengua lo hace.
Anexo: Relación de los Luxanes del XIX descendientes de Manuel de
Luxán Ruiz de Morillo y de Carmen Miguel Romero
1.Manuel de Luxán Miguel- Romero (1794-1835). Nació en Madrid el
25 de noviembre de 1794. Administrador General de la renta de loterías de
Barcelona. Capitán de infantería graduado de Teniente Coronel. Miembro de
la Sociedad de los Anilleros. Casado con Victoria, nacida en Madrid el 23 de
octubre 1804, hija de José Pio de Molina y Victoria Fuertes. Falleció en Lerín
en 1835 a consecuencia de las heridas recibidas en la acción de las Amezcuas.
1.1. José de Luxán Molina (1825 -1896). Nació en Madrid el 26 de abril de
1825. Médico militar. Inspector de Primera Clase de Cuerpo de Sanidad Militar
(General de Brigada). Vicepresidente de la Junta Facultativa de Sanidad Militar.
Gran Cruz del Mérito Militar. Obras: De los caracteres químicos que sirven
para determinar la naturaleza de cada una de las aguas minerales. Causa de
la Tisis y Reflexiones acerca del traumatismo Casado con Ignacia, nacida en
Jaén el 4 de noviembre de 1828, hija de Pedro García Arredondo y de Josefa
Arévalo. Falleció en Madrid en 1896
1.1.1. Manuel de Luxán García (1851-1934). Nació en Madrid el 21 de
febrero de 1851. Ingeniero militar, Coronel. Orden de 1ª clase del Mérito Mi-
litar con distintivo rojo. Academia de preparación del ingreso en las Escuelas
de Ingenieros. Obras: Hospitales Militares. Estudio de la Construcción ligera
aplicada a estos edificios; Un proyecto italiano de hospital militar. Traducción
y juicio crítico; Higiene en la Construcción. Un problema de ventilación; y
Algunas ideas más sobre la educación y la instrucción como procedimiento
antiesclavista. Casado con Remedios, hija de Pascual Zabay Bayona y Claudia
Usua Zabay. Falleció en Madrid el 28 de noviembre de 1934.
1.2. Carmen de Luxán Molina (1831- 1913). Nacida en Sevilla en 1832,
se casó con Pedro, hijo de Pedro Latorre de Graus y de Gertrudis Gala. Falleció
en Madrid en de 1913
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 259
La X de los Luxanes de Casturera
1.2.1. Francisco Latorre Luxán (1860-1928). Nació el 24 de octubre de
1860. Ingeniero militar. General de División. Cruz blanca de primera clase del
Mérito Militar: Cruz de Isabel la Católica. Cruz de Carlos III. Dos de segun-
da del Mérito Militar con distintivo blanco. Y placa de San Hermenegildo.
Casado con Pilar, hija de Pascual Zabay Bayona y Claudia Usua Zabay. Falleció
en Madrid el 25 de octubre de 1928.
1.2.2. José Latorre Luxán (1865)
1.3. Manuela de Luxán Molina. Nació en Sevilla en 1832.
2. Pedro de Luxán Miguel-Romero (1796-1856). Nació en Madrid 19 de
agosto 1798. Artillero. Brigadier. Director de la Fundición de Bronce de Sevilla.
Miembro de la Real Academia de Ciencias. Casado con María Ramona Teruel
Calvillo. Falleció en la epidemia de peste de Sevilla el 2 de julio de 1856.
2.1. Elisa de Luxán Teruel (1833 -1899). Nació en Sevilla el 18 de diciem-
bre de 1833, dramaturga, poeta, musicóloga, cantante, se casó primero con José
Torre López, alcalde de Cádiz, por el Partido Moderado, y luego con Manuel
García y Buiza-Dana. Falleció en Madrid el 29 de marzo de 1899.
3. Francisco de Luxán Miguel-Romero (1799-1867). Nació en Madrid,
dirigente del Partido Progresista y de la Unión Liberal. Profesor de la reina Isabel
II. Artillero. Mariscal de Campo. Geólogo. Vicepresidente de la Real Academia
de Ciencias. Diputado. Senador. Ministro de Fomento. Consejero de Estado.
Presidente sección de Fomento del Consejo de Estado. Y entre otras instituciones:
miembro del Instituto Industrial de Madrid, Presidente de la Comisión del Mapa
Geológico. Miembro de la Comisión General de Estadística. Presidente de la
Comisión de Pesos y Medidas. Comisario Regio Real Observatorio astronómico
y meteorológico de Madrid. Presidente de la sección tercera del Consejo de Ins-
trucción Pública. Director de Operaciones Geodésicas de la Junta de Estadística.
Miembro de la Sociedad Matritense de Amigos del País. Miembro de la Sociedad
de Instrucción Pública. Presidente de la Sección de Ciencias Naturales de la so-
ciedad El Porvenir. Sociedad de la lengua universal. Presidente de la Comisión
para la Exposición internacional de Londres de 1862. Presidente del Instituto
de Ingenieros Civiles; Además fue miembro de la Sociedad Geológica de Paris,
de Academia Alemana-Española de Madrid, Socio honorario de la económica
constantinense de amigos del país, de la Sociedad Real de Anticuarios del norte
en Copenhague. Miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias
de Lisboa, Socio de mérito de la real Sociedad de amigos del país de Granada,
Socio correspondiente y Vocal de la Sociedad Económica de amigos del país de
Badajoz, Socio correspondiente de la Sociedad Económica de amigos del país de
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
260 José María de Luxán Meléndez
Luis de Luxán Meléndez
Oviedo, Miembro correspondiente del Instituto Egipcio. Casado con Melchora
Luciana Olañeta Ocampo. Falleció en Madrid el 12 de julio de 1867.
3.1. Francisco de Luxán Olañeta (1849-1856). Nació en Madrid el 13 de
marzo de 1849 y murió el 23 de noviembre de 1856.
3.2. Manuel de Luxán Olañeta (Madrid 1847- ?). Licenciado en Civil y
Canónico. Licenciado en Administración. Abogado. Académico numerario de
la de Jurisprudencia y Legislación. Político Liberal. Teniente de Alcalde del
Ayuntamiento de Madrid. Encomienda de Isabel la Católica. Se casó en 1869
con Sofía, hija de José Antonio Olañeta y de Marciala Boves.
3.2.1. Sofía de Luxán Olañeta (1871-1938), casada en 1892 con Luis
Escrivá de Romaní y Fernández de Córdoba, marqués de Argelita.
3.2.2. Francisco de Luxán Olañeta, abogado, casado con Mercedes Fernández.
3.2.3. Ana de Luxán Olañeta (1873-1875).
3.2.4. María del Carmen de Luxán Olañeta (1875-?).
3.2.5. María de Luxán Olañeta, casada en 1914 con Hilario Puig Escalona.
3.3. Paulina de Luxán Olañeta, casada en 1870 con Joaquín, hijo de Patricio
de la Escosura Morrogh y de Pilar salvador Udi
3.4. Luciana de Luxán Olañeta (1852-1928), casada con Luis, hijo de
Eugenio Ochoa Montel y de Carlota Madrazo Kunt. Falleció en Madrid el 20
de marzo de 1928.
3.4.1. Luisa Ochoa Luxán (1877-1898).
3.4.2. Luis Ochoa Luxán (?-1936).
3.4.3. Luciano Ochoa Luxán.
3.4.4. Carmen Ochoa Luxán, casada con Gonzalo Valcárcel Gil de Osorio
en 1920.
3.4.5. Francisco Ochoa Luxán (1888-1959), casado con Angustias Her-
nández Blanco.
3.4.6. José Ochoa Luxán (1881-1947), casado con Pilar O´Shea Vardes
Montenegro
3.4.7. Sofía Ochoa Luxán, casada con Justino Gil Vergara.
3.4.8. Rosina Ochoa Luxán falleció en 1971, casada Juan Sarda Mayet
3.4.9. Eugenia Ochoa Luxán falleció en Armayona en 1959, casada con
Manuel María Arillaga López Puigcever
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Ortografía y Politica en el Liberalismo Español. 261
La X de los Luxanes de Casturera
3.5. María de Luxán Olañeta nació en Madrid el 23 de diciembre de 1852.
4. María Soledad de Luxán Miguel-Romero, falleció después de 1862.
En 1860 recibe como pensión de orfandad la que desde 1841 recibía su madre
Carmen Miguel Romero como de viudedad. Figura en el testamento de su padre
-1-X-1813- y en el de su hermano Francisco de 1862.
5. María del Carmen de Luxán Miguel-Romero. Figura en el testamento de
su padre (1-X-1813).
6. Bernarda de Luxán Miguel-Romero. Figura en el testamento de su
padre (1-X-1813).
7. María Josefa de Luxán Miguel-Romero. Figura en el testamento de
su padre (1-X-1813). Entre las hijas de Manuel de Luxán y de Carmen Miguel
Romero, una de ellas falleció en 1843, “Conocemos también que (en 1843) se
le concedió licencia de un mes en Castuera, la localidad paterna, con motivo
del fallecimiento de su hermana” ([CITATION Mor06 \p 91 \l 3082 ] Una de
ellas estuvo casada con Fructuoso Calderón comandante de armas, cuñado de
Francisco Luján (sic), candidato a la mesa electoral en Castuera en enero de
1843 (DSC de 10 de abril de 1843).
8. Juan José de Luxán Miguel-Romero, nació en 1813, abogado, magistra-
do honorario en la Audiencia de Cáceres, oficial de Ministerio de la Gobernación,
secretario de la Sociedad de Amigos del País de Belalcázar, diputado provincial
de Badajoz en 1868, casado con Amalia Bravo Cortes Fernández Daza, falleció
en Castuera el 10 de enero 1886.
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Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II, pp 267-291
Escritos Bíblicos y Teológicos
Inéditos de Pedro de Valencia
Abdón Moreno García
Centro de Investgadores - Iglesia de España en ROMA.
[email protected] Resumen
Introducción y recensión de los manuscritos que contiene el T. II, de las
Opera Omnia de Pedro de Valencia (1555-1620), que lleva por título: Escritos
Bíblicos y Teológicos.
Entre ellos destacan con peculiar personalidad el manuscrito sobre el
Padrenuestro, ya que es de una originalidad inaudita, al ser un comentario trini-
tario; y el manuscrito Ad Galatas sobre la carta a los Gálatas que profundiza en
el cristianismo primitivo del s. I. y en el Concilio de Jerusalén (año 70 d. Cristo)
Palabras Clave: Carta a los Gálatas. Padrenuestro. Concilio de Jerusalén.
Cristianismo primitivo. Hechos de los Apóstoles. Humanismo. Estoicismo.
Bibliofilia. Bibliografía. Biblioteconomía.
Abstract
Introduction and Abstracts about manuscrits of Pedro de Valencia
(1555-1620) that hat the Vol. II, of the OPERA OMNIA, that his name is Escritos
Bíblicos y Teológicos.
It´s beyond praise, between it detach, the writting by hand about Pater
Noster that hat a unheard originality, at to be a trinitarity commentary. And
the other hand, the manuscrit Ad Galathians about the early Christianisme (s.
I) and the Jerusalen´s Concile (year 70 a Ch).
Keywords: Letter of Galathians. Pater Noster. Jerusalen´s Concile. Early Chris-
tianisme. Acta Apostolorum. Humanisme. Humankind. Stoicisme. Bibliophile.
Bibliografy. Bibliotheconomie. Old Library.
268 Abdón Moreno García
Albricias para un nuevo libro que acaba de aparecer en el mundo científico
español de la mano de la Universidad de León. Sin duda muchas universidades
del mundo clavan sus ojos en la estupenda Colección de los Humanistas Es-
pañoles que ha dado tan fecunda cosecha en los últimos lustros, y que hoy nos
ofrece este nuevo volumen: Pedro de Valencia (1555-1620), Obras Completas:
Escritos Bíblicos y Teológicos, T. II, Ed. Universidad de León, 682 pp. (Sala-
manca 2014). ISBN 84-7719-433-5.
Esta monografía ha sido subvencionada por el Ministerio de Economía
y Competitividad a través de los Proyectos de Investigación I+D: FFI 2012-
37448-C04-03 y FFI 2012-37448-C04-04.
El mundo de las luces bíblicas y las instituciones académicas hebreas,
helenistas y latinas, celebran la publicación de los manuscritos inéditos de Pedro
de Valencia, que llevaban siglos esperando en los Archivos de Europa una mano
amiga que les dijese ¡Levántate y anda!
Desde la publicación de la Biblia Políglota Complutense (1520), hasta la
muerte de Pedro de Valencia, en 1620, media un siglo; El siglo de oro del human-
ismo bíblico español. En medio de este contexto, al margen de su pensamiento
filosófico, económico, social y político ya publicado en la gran colección de
Humanistas Españoles de la Universidad de León, el humanista extremeño, Pe-
dro de Valencia (1555-1620), era ante todo un biblista y un ilustrado humanista,
erudito en las fuentes clásicas griegas, hebreas y latinas que llegó a su culmen
investigador impulsado por su amistad con Arias Montano y el Padre Sigüenza.
Presentamos aquí sus Manuscritos inéditos bíblicos y teológicos, que ofrecen una
hondura y una riqueza que es propia, solamente, de un gran humanista afanado
por la Sacra Pagina. Notamos sólo algunos de estos manuscritos, de modo que
el iniciado pueda calibrar el contenido de esta ingente obra de Pedro de Valen-
cia. Estamos pues delante del manadero de las fuentes que la investigación ha
ido desgranando y exprimiendo y que servirá, sin ambages, como un referente
para los investigadores. Varios especialistas helenistas, hebraístas, latinistas,
teólogos y biblístas, en una ardua interdisciplinariedad nos ofrecen los frutos
en sazón de su excelencia: Jesús Nieto (Ed.), Avelina Carrera de la Red, Abdón
Moreno García, Mª Asunción Sánchez Manzano, Pilar Pena Búa, Raúl López
López, Mª Prado Ortiz Sánchez, Raúl Manchón Gómez, Inmaculada Delgado
Jara, Manuel Seoane Rodríguez, y Antonio Reguera Feo.
La obra que presentamos es el fruto de un intenso trabajo de investigación
I+D interdisciplinar de varias universidades, que hoy recoge sus frutos a través
del Proyecto de Investigación (FF 12012-37448-C04-03/4), subvencionado por
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 269
Pedro de Valencia
el Ministerio de Economía y Competitividad, y que cuenta con el apoyo de la
Junta de Castilla y León y del Instituto de Humanismo y Tradición Clásica de
la universidad de León.
1. LOS MANUSCRITOS ÉDITOS E INÉDITOS
Interesa destacar, por su singular importancia y originalidad, cuatro piezas
de esta colección:
a) Para Declaración de una gran parte de la estoria apostólica en los
Actos y en la Epístola ad Gálatas. Publicado por Mª Prado Ortiz (pp. 297-540).
Es un comentario sobre el cap. 15 de los Hechos de los apóstoles que se refiere
el Concilio de Jerusalén, junto con el comentario de la carta a los Gálatas y
buena parte de la carta a los Romanos, que muestran su enorme interés por el
cristianismo primitivo y por el gran paso que dio el cristianismo al separarse
del judaísmo; aquello que no pasaba de ser una secta judía comenzó a univer-
salizarse por el mediterráneo, y abrió sus puertas a todos los gentiles. Valencia
comenta estos textos con un ojo puesto en el panorama de su propio mundo
de finales del s. XVI, no menos complejo que el del cristianismo primitivo: la
situación de los judíos conversos y de los moriscos; la Reforma protestante y la
Contrarreforma; las disputas sobre la prioridad de las distintas iglesias españolas
Toledo y Santiago etc.
b) Advertencias de Pedro de Valencia y Juan Ramírez acerca de la im-
presión de la Paráfrasis caldaica, publicada por Avelina Carrera de la Red e
Inmaculada Delgado Jara (pp. 559-657). Es una gran obra de fuerte calado
filológico que pone a prueba sus conocimientos de hebreo y griego. Andrés de
León había presentado 427 enmiendas a la paráfrasis caldaica de Arias Mon-
tano, que es el texto arameo de la Políglota Regia, o mejor dicho en lenguaje
técnico: el Targum, al que refutan Pedro de Valencia y Ramírez, siguiendo la
mejor tradición de los hebraístas cristianos del Renacimiento, y de los filólogos
trilingües españoles de la Univ. de Alcalá del s. XVI.
c) El “magnánimo texto del comentario al Padrenuestro”, -como señala
Natalio Fernández Marcos (Helenista del CSIC) en la presentación-: Ad ora-
tionem dominicam illam pater noster, qui es in coelis symbola. (pp. 227-296).
Editado y traducido del latín por Abdón Moreno. Tiene una inmensa y original
carga teológica, puesto que es un padrenuestro trinitario, con un recio com-
ponente antropológico que recorre todo el corpus paulinum. Esta perspectiva
trinitaria y antropológica atrajo con sumo interés recientemente a la crítica
bíblica alemana de la Univ. de München: Cfr. Abdón Moreno, “Ein trinitarisches
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
270 Abdón Moreno García
Vaterunser. Bemerkungen zu einem Manuskript aus dem 16. Jahrhundert”,
Biblische Zeitschrift 45 (2001) 94-100.
d) A la postre, tiene un encanto especial, por estar plagado de neoestoici-
mo, el Ms. De la tristeza según Dios y según el mundo, consideración sobre un
lugar de san Pablo (pp. 77-110), que tiene delante un autógrafo de Valencia,
el Ms. 5585 (ff. 119-123) de la Biblioteca Nacional de Madrid publicado por
Abdón Moreno y Jesús Nieto. Se trata, en realidad, de un comentario a 2Corin-
tios 7,3-11. Profundiza con la figuras de Caín y Abel, en la rivalidad humana.
Para ilustrar el desasosiego de los hombres, amasa entre sus manos el texto de
Lc 22,31-33, con la metáfora de los granos de trigo sacudidos en la criba y se
acompaña de otra imagen de Isaias 57, 20-21, el mar revuelto que revuelve sus
aguas en el cieno y en el lodo. Las fuentes patrísticas del texto son Sinesio de
Cirene, S. Juan Crisóstomo, y un autor muy querido por Valencia: San Macario
de Egipto, con su editor referente J. Picus, publicado por primera vez en Paris
en 1559. Las fuentes clásicas son Pitágoras, Epicuro y los Estoicos.
Para el ámbito litúrgico, -quizás un Sermón en la fiesta de S. Juan Bautista-
encontramos un texto precioso con llamadas de atención al auditorio, en la línea
de la conocida actio retórica: Sermón en loor de san Juan Bautista. Comentario al
versículo de san Lucas 1,66. (pp 57-76). Editado por Abdón Moreno y Jesús Nieto.
El manuscrito latino De diferentia inter verba greca sofía et prónesis.
Comentario a Génesis 3,1 y Mateo 10,16, es una nueva edición crítica, publi-
cada por la gran y sabia filóloga Mª. Asunción Sánchez Manzano (pp. 111-148),
que ya había sido editado anteriormente en Salamanca (Helmantica 49 (1998)
pp. 247-266) por Abdón Moreno, e intenta ahondar en el significado de “ser
prudentes como serpientes y sencillos como palomas”. La composición recuerda
otros escritos humanistas de la época, en especial los Tertia Quinquagena de
Nebrija, de 1516, que comenta cincuenta pasajes de la Sagrada Escritura des-
de una óptica de crítica textual y exegética. Profundiza también la diferencia
entre sofía y frónesis según Aristóteles en su Ética a Nicomaco, para finalizar
expresando la profundidad del verbo fronéo, con originales y hondos resultados
para el susodicho campo semántico paulino que nosotros hemos profundizado1.
El interés por la animalística del Renacimiento es conocido de todos; lo
que no podíamos imaginar es el ingente interés que sugieren las serpientes de
1
Cfr. MORENO GARCÍA, A., La Sabiduría del Espíritu: Sentir en Cristo. Estudio de phrónema
- phronéo en Rom 8, 5-8 y Flp 2, 1-5, Ed. Pontificia Università Gregoriana PUG, (Roma
1995); Idem, Del Espíritu a la alteridad. Una antropología paulina, Ed. Analecta Scientifica
Compostellana nº 25, (Santiago de Compostela 2007).
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 271
Pedro de Valencia
la Biblia. Varias veces cita el Manuscrito latino al Bustamantius; ¿quién era el
dichoso citado? No había manera de encontrar fuentes y referencias de dicho
autor en las bibliotecas de Roma, pero en la Biblioteca Valicceliana que se ali-
mentó de la biblioteca de Cesare Baronio, ¡al fin! encontramos un inmenso libro
sobre Las serpientes en la Biblia, cuyo autor era Juan de Bustamante, médico
de Felipe II. A la postre, estamos delante de la fuente erudita que absorbe la
animalística del texto latino2.
Avelina Carrera edita el Ms. Notae in Genesim, exposición sobre el cap.
I del Génesis.(23-56). Abdón Moreno y Jesús Nieto editan De los autores de
los Libros Sagrados (207-226). Pilar Pena Búa edita el Informe autográfo a los
comentarios a Ezequiel (149-170). Y Manuel Seoane nos presenta el Discurso
sobre que no pongan cruces en lugares inmundos (657-666).
En medio de tanta gloria, mientras nacían las dos obras más universales
del Renacimiento hispano, la Políglota Complutense y la Políglota Regia o
Poliglota de Amberes dirigida por el ilustre humanista, también extremeño
de Fregenal de la Sierra, Benito Arias Montano, hay una triste sombra en la
filología del siglo de oro, que no podemos soslayar: La triste prohibición de las
traducciones bíblicas a las lenguas vernáculas en los inmensos territorios del
Imperio Español; prohibición que no estuvo expresamente dictada en el famoso
decreto del Concilio de Trento (1546), que se limitó a declarar auténtica a la
Vulgata. De ahí que las únicas versiones al español del siglo XVI se hayan de-
nominado con razón “Biblias castellanas del exilio”: El Nuevo Testamento de
Francisco Encinas (Amberes 1543), la Biblia de Ferrara (1553) y la Biblia del
Oso (Basilea 1569) de Casiodoro de Reyna, realizadas por las minorías judías o
protestantes fuera de España3. Mientras tanto Lutero publicaba su traducción de
la Biblia al alemán (1534) que, con la colaboración de la imprenta, alcanzó una
difusión fulminante y que dio el espaldarazo a la lengua alemana; y en Inglaterra
se publicaba en 1611 la King James Bible, obra decisiva para la consolidación
2
Pedro de Valencia se está refiriendo al Doctor De la Camara, catedrático de Prima de Medicina
y Filosofía en la Universidad de Alcalá, también llamado Juan Bustamante de la Camara.
De Valencia hace alusión a Johannis Bvsthamantini Camaerensis, De Animantibus Scripturae
Sacrae, Ex Officina Ioannis Graciani apud Viduam 1595. Y en concreto al lib. I De animantibvs
Scriptvrae Sacrae vere reptilibus, en su capítulo segundo: De dubiis quibusdam Scripturae locis
quae cum dictis videntur pugnare, pp. 5-11.
3
Cfr. el interesante ensayo de PECELLÍN LANCHARRO, M., “La primera Biblia completa en
castellano”, Pax & Emerita 3 (2007) pp. 35-56.
Y también: BOEHMER, E., Spanish Reformers of Two Centuries from 1520, 2 Vols. Estrasburgo
1883. Reedición Burt Franklin, New York 1969; HAUBEN, P. J., Three Spanish Heretics and
the Reformation: Antonio del Corro, Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera, Libraire Droz,
Gnebra 1967.
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272 Abdón Moreno García
del inglés como lengua literaria. De aquellos polvos vienen estos lodos: No
podemos obviar que todo este contexto trajo como consecuencia fatal un factum,
un cierto analfabetismo bíblico de los cristianos españoles. Una pequeña mues-
tra de esta triste realidad es que estos manuscritos que presentamos hoy hayan
estado sometidos al exilio del silencio e inéditos durante siglos, hasta asomar su
cabeza retórica en nuestros días; de ese factum derivan los contornos precisos
de aquello que me tiene sin cuidado y aquello que me interesa sobremanera.
Conviene ampliar a continuación los dos principales manuscritos.
2. EL PADRENUESTRO DE UN HUMANISTA
No ha mucho tiempo presentamos en el Pontificio Colegio Español de Roma
nuestro libro El Padrenuestro de un humanista: Pedro de Valencia. Un manuscrito
inédito, Abdón Moreno García - Arkadiusz Nocon (Eds.), Badajoz 1999, Ed.
Tecnigraf. ISBN 84-87394-35-3. La portada del códice uncial de Siena con la
Parábola de los Viñadores homicidas, viene a ser el contrapunto del Padrenuestro
y a ilustrar la generosidad del amo de la viña que paga con creces a los viñadores.
El aula magna del Colegio Español escuchaba el día 3 de Diciembre de
1999, las intervenciónes del Dr. Agostino Marchetto (Nuncio apostólico): “Un
Padrenuestro trinitario”; Prof. Robert Wielockx (Universidad de Lovaina):
“Volver a las fuentes: juventud de la memoria”; y el Prof. Abdón Moreno
(Pontificia Università della Santa Croce): “Complicidad humanística en el siglo
XXI”. No es baladí, ni del todo inocente, el hecho que un italiano, un flamenco
y un español, hicieran esta presentación del Ms. en una Institución cultural de
tanto prestigio en Roma. Expresamente se buscó esta triple sinfonía.
El libro referido es la edición de un manuscrito autógrafo latino de Pedro de
Valencia en factura de papel 320x315 mm. Responde a los folios 107-117 del Ms.
5585,8 de la Biblioteca Nacional de Madrid (BNM), un legajo, como sabemos,
de 200 ff. del s. XVI-XVII. La caja de escritura mide 250x145 mm. Y lleva por
título: Ad orationem dominicam illam Pater noster, qui es in coelis Symbola.
El manuscrito 5585,8 de la BNM tiene una desgraciada particularidad, es
un comentario al Padrenuestro incompleto, el folio 117 termina comentando el
PANEM NOSTRUM SVPERSUSTANTIALEM DA NOBIS4; los demás folios
están perdidos. Ojalá un día apareciesen entre los tesoros perdidos de alguna
biblioteca o archivo.
4
Sic en unciales. Respetamos escrupulosamente el juego de unciales y minúsculas -que es muy
frecuente- en el Ms. que pretenden enfatizar una idea, así como la puntuación y paréntesis que
usa De Valencia.
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 273
Pedro de Valencia
Hoy renovamos la atención al manuscrito con una nueva edición revisada
y anotada, intentamos volver a beber en la fuente humanística del texto valen-
ciano, haciendo una sintaxis teológica que se alimente de la memoria viva de
su impresionante comentario al Padrenuestro, que ha sido objeto de enorme
interés por la exégesis bíblica alemana dado que la Universidad de München,
y y la de Münster, acaban de publicar, por primera vez en alemán, un estudio
sobre el susodicho comentario de Pedro de Valencia: Abdón Moreno García,
“Ein trinitarisches Vaterunser. Bemerkungen zu einem Manuskript aus dem 16.
Jahrhundert”, Biblische Zeitschrift 45 (2001) 94-100
2.1. CONTEXTO HISTÓRICO
El ilustre humanista extremeño Pedro de Valencia, autor de la Academica5,
nace en Zafra (Badajoz) el 17 de noviembre de 1555 y muere en Madrid el 10 de
abril de 1620. Fueron sus padres Melchor de Valencia y Ana Vázquez, hija del
rico mercader Juan Ramírez. Comenzó sus estudios de la Facultad de Artes en el
Colegio de los jesuitas de Córdoba en 1567-68; cursó Leyes en Salamanca desde
1572, se graduó de bachiller en 1576 y obtuvo el grado de licenciado después
de 1590. En Salamanca, además, aprendió griego con Francisco Sánchez de las
Brozas, el Brocense, y frecuentó las lecciones de Teología6. Fue el discípulo
predilecto del gran biblista y polígrafo Benito Arias Montano (1527-1598)7,
director de la Políglota de Amberes, o Políglota Regia, hecha bajo los auspicios
del rey Felipe II que tenía al humanista Montano como uno de sus principales
consejeros. De su maestro Arias Montano, aprendió De Valencia varias lenguas
5
Es sabido que la Academica de Pedro de Valencia, un estudio exhaustivo sobre el criterio de
verdad en la filosofía antigua, era libro de texto de muchas universidades europeas en los s.
XVII y XVIII y libro de consulta obligado para los humanistas de su tiempo.
Cfr. la reciente traducción de OROZ, J., Pedro de Valencia. Académica. Edición, introducción y
notas, Badajoz 1987. La primera edición de la obra de Pedro de Valencia se realizó el año 1596, en
Amberes, en los talleres de Cristóbal Plantino, regentados a la sazón por su viuda y su yerno Juan
Moreto; y se publicó con el título Academica sive de ivdicio erga verum ex ipsis primis fontibus.
6
Cfr. también SÁNCHEZ MANZANO, Mª. A., (Ed.), Humanistas Españoles T. 17 y 18.
Universidad de León 1999, pp. 17-21.
7
Para contextualizar su relación con Arias Montano cfr: El interesante y reciente estudio de
PLANO GARCÍA, J., “Estudio histórico-teológico del Dictatum Christianum de Benito Arias
Montano”, Pax & Emerita 11 (2015) pp. 55-86; SÁNCHEZ RODRIGUEZ, C., Perfil de un
humanista: Benito Arias Montano (1527-1598), Huelva 1996; REKERS, B., Arias Montano,
Madrid 1973, 145-184; ARIAS MONTANO, B., Tractatus de figuris rhetoricis cum exemplis
ex sacra scriptura petitis, L. Gómez Canseco - M.A. Márquez (Eds.), Huelva 1995; PÉREZ
CUSTODIO, Mª. V., Los Rhetoricorum libri quattuor de Benito Arias Montano. Introducción,
edición crítica, traducción y notas, Badajoz 1995, 17-89; GÓMEZ CANSECO, L., Arias Montano
y el círculo humanista de Sevilla, Excma Diputación de Sevilla 1992.
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orientales, sobre todo el hebreo, el arameo, el siriaco y el copto, que le capac-
itaron para defender a la Políglota de Amberes de las acusas inquisitoriales8.
Tras la muerte de Arias Montano él asumió la defensa, siempre leal, del enorme
legado intelectual de su paisano extremeño9. Así cuando las obras de Montano
fueron incluidas en el índice romano de libros prohibidos de 1607, editado por
Gian Maria Guanzelli de Brisghela, De Valencia preparó un informe con gran
erudición para el índice de Sandoval y Rojas de 1612 que redujo a nueve los
pasajes censurados de la obra de Arias Montano10. Nuestro humanista colaboró
con Arias Montano11 en la edición de la Biblia Hebraica. Eorumdem latina in-
terpretatio Xantis Pagnini, Antverpiae 1584, de los Poemata in quatvor tomos
distincta, Antverpiae 1589 (El prólogo de esta obra está firmado por Pedro
8
MOROCHO GAYO, G., “Introducción a una lectura de Pedro de Valencia. Segunda parte (1588-
1620)” en PEDRO DE VALENCIAA, Obras Completas, V/2, Universidad de León, 1995, pp.
53-64; JONES, J.A., “Las advertencias de Pedro de Valencia y Juan Moreno Ramírez acerca de
la impresión de la Paraphrasis Chaldaica de la Biblia Regia”, Bulletin Hispanique, 84 (1982) pp.
328-346; FERNÁNDEZ TEJERO, E. - FERNÁNDEZ MARCOS, N., “La polémica en torno a
la Biblia Regia de Arias Montano”, Sefarad 54 (1994) pp. 259-270.
9
Pedro de Valencia fue el editor de la 2º y 3º parte del Opus Magnum y de los Treinta y un
salmos de Arias Montano como se deduce de una carta enviada a Juan Moreto el 18 de octubre
de 1598: “Entre nosotros no ha podido corresponder a nadie mejor que a mí el deber de copiar,
corregir y conservar sus escritos, y la protección de su legado, en lo que respecta a su memoria
y honor. Por eso se me anunció inmediatamente después de morir (antes no pudo ser, porque para
mayor tristeza mía, no estaba cerca de él cuando me enteré de su enfermedad a la par que de su
muerte) aunque traspasado al punto por un dolor tan grande, me dirigí sin tardanza a Sevilla y
recogí todas las cartas y manuscritos suyos que pude encontrar, entre las cuales algunas obras de
erudición y ciencia más que mediana, que había compuesto y destinado a la imprenta: la segunda
y tercera partes del corpus integrado en su Obra grande, y el Comentario a los primeros treinta y
un salmos. Le enviaré en cuanto pueda estas obras copiadas para que usted las imprima (f. 139v.)”:
A. Ramírez, “Una carta inédita de Pedro de Valencia” en A. Porqueras Mayo-C. Rojas (Eds.),
Filología y crítica hispánica. Homenaje al Prof. F. Sánchez Escribano, Madrid 1969, pp. 63-66.
10
PEDRO DE VALENCIA, Declaración de Pedro de Valencia de los lugares de Arias Montano
que se censuran en el Expurgatorio Romano, Archivo Histórico Nacional, Inquisición Legajo
4467, nº 18, año 1611; JONES, J.A., “Pedro de Valencia´s defence of Arias Montano: a note on
the Spanish Indexes of 1632, 1640 and 1667”, Bibliothèque d´Humanisme et Renaissance 57
(1995) pp. 83-88; MARTÍNEZ RUÍZ, J., “Cartas inéditas de Pedro de Valencia a Pablo Cespedes
(1604-1605)”, Boletín de la Real Academia Española 59 (1979) pp. 371-397; JONES, J.A., “De
mente et electione ad Petrum Valentiam ode tricolon. Una nota sobre Arias Montano, Pedro
de Valencia y el fomes peccati”, Revista de Estudios Extremeños 34 (1978) pp. 487-499 y 35
(1979) pp. 293-300.
11
“Sabemos por la correspondencia de Plantino que el zafrense ayudaba a Arias Montano en
los lugares o pasajes de obras clásicas que eran incorporadas en los Comentarios Bíblicos de
Montano. Casi con seguridad es Pedro de Valencia el autor de los lugares clásicos en las obras de
Arias Montano”: MOROCHO GAYO, G., “Introducción a una lectura de Pedro de Valencia. Segunda
parte (1588-1620)” en Pedro de Valencia, Obras Completas, V/2, Universidad de León, 1995, p. 24.
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Pedro de Valencia
de Valencia), de Hymni et Saecula, Antverpiae 1593 (también el prologo es
De Valencia), del De varia republica, sive commentarium in livrum iudicvm,
Antverpiae 1592,12 del Comentaria in Isaiae prophetae sermones, Antverpiae
1599, y, probablemente, del Comentario sobre el Apocalipsis.
En 1607 Pedro de Valencia fue nombrado “Cronista oficial del Reino”
por Felipe III13, de ahí la importancia de sus obras históricas, sociales14 y
económicas que han sido publicadas, por primera vez en nuestros días, por la
Universidad de León.
Pedro de Valencia forma parte, con sus paisanos extremeños, Benito
Arias Montano y el Brocense, de la edad de oro del humanismo español que
tuvo como uno de sus maestros a Cipriano de la Huerga15 y donde el maridaje
entre ciencia, fe y mística tuvo un equilibrio perfecto. Estamos entre Felipe II
y Felipe III, o mejor entre el Renacimiento y el Barroco16.
12
De Valencia fue el copista de esta obra y fue el autor de los pasajes de obras clásicas latinas
y griegas que fueron introducidos en la última redacción de ésta. Cfr. MOROCHO GAYO,
G., “Introducción a una lectura de Pedro de Valencia. Segunda parte (1588-1620)” en Pedro de
Valencia, Obras Completas, V/2, Universidad de León, 1995, p. 27
13
Para contextualizar se puede ver la publicación reciente: MORENO GONZÁLEZ, J. Mª. –
RUBIO MASA, J. C., “Pedro de Valencia, una biografía intelectual”, en Pedro de Valencia, 450
aniversario de su nacimiento en Zafra, Tecnigraf, Eds., Badajoz 2005, pp. 7-14. Cfr. Archivo
General de Simancas, Quitationes de Corte, Legajo 38. MOROCHO GAYO, G., “Una historia
de Felipe III escrita por Pedro de Valencia”, Homenaje al Prof. Juan Torres Fontes, Murcia
1977, pp. 1141-1151.
14
Cfr. La reciente publicación: PEDRO DE VALENCIA, Tratado acerca de los moriscos de
España, R. GONZALEZ CAÑAL (Ed.), Badajoz 2005.
15
CIPRIANO DE LA HUERGA, Obras Completas, T. I-X, G. Morocho Gayo, (Ed.) Universidad
de León 1990-1995.
16
Para el contexto histórico en que se mueve el zafrense cfr: MORENO GARCÍA, A., Tras
las huellas de humanistas extremeños: Arias Montano-Pedro de Valencia. Manuscritos inéditos,
Badajoz 1996; MOROCHO GAYO, G., “Introducción a una lectura de Pedro de Valencia”
en Pedro de Valencia, Obras completas, V/1, Universidad de León 1993 y “Presentación” e
“Introducción a una lectura de Pedro de Valencia. Segunda parte (1588-1620)” en PEDRO
DE VALENCIA, Obras completas, V/2, Universidad de León 1995, pp 11-14 y pp. 17-64;
SERRANO Y SANZ, M., Pedro de Valencia. Estudio biográfico-crítico, Badajoz 1910 (Edición
facsimil, Badajoz 1981); SUAREZ SÁNCHEZ DE LEÓN, J. L., El pensamiento de Pedro de
Valencia. Escepticismo y modernidad en el humanismo español, Badajoz 1997, pp. 10-56;
GÓMEZ CANSECO, L., El humanismo después de 1600: Pedro de Valencia, Sevilla 1991;
HOLGADO REDONDO, A., “Algunas precisiones sobre humanistas extremeños”, Rev. de
Estudios Extremeños 42 (1986) pp. 25-42; JONES, J. H., “Arias Montano y Pedro de Valencia.
Three Further documents”, Rev. de Estudios Extremeños 35 (1979) pp. 293-300; OROZ, J.,
“Presencia de Cicerón en la Académica de Pedro de Valencia”, Helmantica 35 (1984) pp. 5-50;
PANIAGUA PÉREZ, J., “Estudio introductorio” en PEDRO DE VALENCIA, Obras completas,
V/1, Universidad de León 1993, pp. 65-97 y en V/2, Universidad de León 1995, pp. 65-132;
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El laico Pedro de Valencia aprendió de su maestro Arias Montano las
lenguas bíblicas y la sensibilidad exegética, prueba de ello es la enorme eru-
dición humanística con que De Valencia comenta los textos bíblicos17. Se pasea
por el texto hebraico y por los LXX, por la Vulgata y los Clásicos helenistas y
latinos con la soltura de quien conoce el paisaje a la perfección. También a él le
“gusta remojar la palabra divina, amasarla de nuevo, ablandarla con el vaho de
su aliento, humedecer con su saliva y con su sangre el polvo seco de los Libros
Sagrados y volver a hacer marchar los versículos quietos y paralíticos con el
ritmo de su corazón”18. Los versos del Pater noster amasados entre los clásicos,
en este caso del Ms. Édito que presentamos en nueva edición crítica, revisada,
corregida y anotada, adquieren una lozanía increíble.
2.2. FUENTES DEL MANUSCRITO
La exégesis de Pedro de Valencia, en este manuscrito, no afecta tanto a la
Oratio Domenica atribuible a Mt. O a Lc. Como a la Orandi formula “dictata
doctoribus provectioribusque in Ecclesia...maioribus, minoribus, rusticis, pus-
ilis”19. Nuestro autor desarrolla la temática de la oración según la línea filosóf-
ico-humanística de la España del s. XVI, remitiéndose a la paideia helenística
que proponía como exemplum la tradición homérica, exaltada de un modo par-
ticular por la Stoa y, obviamente, nutriéndose de la Escritura revelada en la que
la oración profética dirigida al Padre de nuestro Señor Jesucristo se ha revelado
en la primera creación y se ha manifestado supra naturam en la segunda20, como
enseña S. Juan. Tanto paganos como judíos interpretaron la creación según la
doctrina pneumatológica de los Estoicos, Aristóteles, Cicerón y Galeno. Aquí De
Valencia desarrolla una teología de la creación refiriéndose al Espíritu de Dios
que aleteaba sobre las aguas, según el Génesis, pero sobre todo subrayando el
PARADINAS FUENTES, J., El pensamiento socioeconómico de Pedro de Valencia, Salamanca
1986; PEDRO DE VALENCIA, Obras completas. Discurso acerca de los cuentos de las brujas,
T. VII, que nos editan M. A. Marcos Casquero - H. B. Riesco Álvarez (Eds.), Universidad de
León 1997, pp. 9-120; GIL HERNÁNDEZ, L., Panorama social del humanismo español (1500-
1800), Madrid 1997, pp. 74. 215. 430. 450. 684.
17
PEDRO DE VALENCIA, Carta dedicatoria al Ilmo Cardenal Arzobispo de Toledo, don
Bernardo de Sandoval y Rojas, del tratado para declaración de una gran parte de la Historia
Apostólica y Epistola ad Galatas. Advertencias de Pedro de Valencia, BNM, Ms. 464, ff. 1 y
ss.; FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, J., “Un manuscrito de Pedro de Valencia que lleva por título
en su portada: Una gran parte de la Estoria Apostólica”, Revista de Estudios Extremeños 30
(1974) pp. 259-274.
18
LEÓN FELIPE, Ganarás la luz, Madrid 1990, p. 120.
19
Cfr. Folio 1.
20
Cfr. Folio 3.
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 277
Pedro de Valencia
papel del Espíritu Santo como protagonista de la nueva creación en Cristo Jesús,
casi ampliando la exégesis de la segunda petición Sanctificetur Nomen Tuum.
Es un Ms de difícil lectura dada la cantidad de textos griegos y hebreos
que cita y a causa del modo como realiza la cadena de perlas, es decir el es-
tilo con que une los diversos textos bíblicos de ambos testamentos. Recurre,
con frecuencia, a las viejas reglas de hermenéutica rabínica (middot), Torah
min ha-Torah (La Escritura se interpreta desde ella misma)21, al principio de
Rabí Yismael Lamed min ha-lamed (Se aprende de lo que está enseñado)22,
al ritornello Talmud lomar (El texto enseña)23, y al Mah talmud lomar (¿Qué
enseñanza aporta el texto?) realizando un verdadero ideolecto estético con la
colección de perlas24, uniendo a veces siete o más versículos fragmentados del
viejo y nuevo testamento que no siempre es fácil identificar. Otras veces realiza
una colección de perlas muy personal, uniendo textos de los clásicos griegos y
latinos a los textos bíblicos. La fluidez y elegancia con la cual ejerce la retórica
clásica, con todas sus reglas y canones que había aprendido del Rethoricorum
libri qvatvor de su Maestro Montano Asistimos en nuestros días a un inmenso
esfuerzo por asimilar y administrar esa recepción estética que va haciendo
crecer los textos en la espiral de la Lectio divina que tiene cuenta siempre de
la totalidad del Canon, evitando con ahínco la permanente tentación de hacer
un canón dentro del canón. La Lectio nos libera siempre de todo fanatismo
ideológico teológico o filósofico que tantas heridas nos trajo a lo largo de la
historia. Es bien conocida para los lectores iniciados, la célebre idea del padre
de la hermenéutica moderna H. Gadamer: “Keine Verständniss ohne Vorver-
ständniss” (No existe comprensión sin precomprensión). Afortunadamente
asistimos, en nuestros días, con la Escuela de Constanza25 con su teoría de la
21
Cfr. TJ Meg. 1. 13,72b y BQ 2b.
22
Cfr. Midrás Sifre Números 118, 12 y 127, 5. KAHANA, M., Prolegomena to a New Edition
of the Sifre on Numbers, Jerusalén 1982, pp. 121-126.
23
Es ilustrador el sentido que se le da al infinitivo le´-emor: “quiere decir que le dijo”: Sifré
de Números pp. 105,5; 134,5 y 138.
24
STEMBERGER, G., Introduzione al talmud e al Midrash. Ed. Italiana riveduta e aggiornata
dall´Autore, Roma 1995, pp. 29-50; PÉREZ FERNÁNDEZ, M., Midrás Sifre Números. Versión
crítica, introducción y notas, Valencia 1989, pp. 17-34; Idem, “Aportación de la Hermenéutica
Judaíca a la Exégesis Bíblica” en Biblia y Hermenéutica. VII Simposio internacional de Teología
de la Universidad de Navarra, Pamplona 1985, pp. 283-306; Idem, “Hermenéutica de los
Tannaitas. La exégesis introducida con lmmh n´mr”, Sefarad 46 (1987) pp. 363-381.
25
Cfr. nuestro estudio en Roma: MORENO GARCÍA, A., “Humanismo en la Estética de la
recepción (Rezeptionsästhetik). Un ejemplo bíblico (2Cor 12, 1-10)”, Anthologica Annua, ISSN
0074-0160, 61 (2014), pág. 439ss. que se completa con otro ensayo en Badajoz: Idem, “Ecos
humanistas en la Estética de la recepción (Rezeptionsästhetik). Un ejemplo bíblico (2Cor 12,1-
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Estética de la recepción, (Rezeptionsästhetik). a una gran recuperación de esa
visión humanística al interpretar los textos; liberando así a la Sacra Pagina de
la camisa de hierro que le imponen las ideologías imperantes en cada tiempo y
lugar. Cada uno a su guisa.
Tenemos que vérnoslas con un texto muy rico en erudición. Hemos local-
izado todas las fuentes que cita, incluso cuando se equivoca al citar de memoria26,
para que el iniciado pueda contextuar la exégesis de Pedro de Valencia27.
Dos palabras sobre la fuentes clásicas. De Valencia conocía muy bien el
de Mundo de Aristóteles28 y lo cita más de una vez. Creemos que hay un influ-
jo de esta obra sobre nuestro manuscrito cuando De Valencia comenta Padre
nuestro que estás en los cielos. Las características de Dios (de Mundo 5-7), las
huellas de Dios en el mundo (de Mundo 1-5) y el Dios celeste (de Mundo 2, 6
y 7) están detrás del comentario que hace De Valencia. Esta obra tuvo un gran
influjo hasta el siglo tercero de la era cristiana y, sobre todo, en el judaísmo
alejandrino. No podemos olvidar la conexión del de Mundo de Aristóteles con
la obra de Aristobulo29, primer representante del judaísmo alejandrino, que re-
10)”, Pax & Emerita 11 (2015) pp. 343-369.
26
El iniciado puede comprender bien la cantidad de sudor y horas que se lleva poder escribir esta
nota crítica de siete líneas. ¡Jamás tan pocos párrafos me llevo tanto aliento!. Consules videant:
En el folio 21 cita a S. Cipriano, pero en realidad el texto que cita es de S. Agustín, De sermone
Domini in monte, Lib. 2, pr. 23 (CCL 35, 113); cfr. nota 186, p. 70 de nuestro libro. En el folio
19 anota Sermo 28 de verb. Dne. En verdad este texto no se encuentra en el Corpus agustinianum
sino en S. Ambrosio, De sacramentis, Lib. 5, cap. 4, par. 22.(CSEL 73, 87-68); cfr. nota 164, p.
66 de nuestro libro. En el folio 12 anota: 1 Petr 3, sin embargo la cita exacta es 1 Pe 1,23. En
el mismo folio 12 escribe Hb 2, sin embargo la cita es Hb 12,22, y anota al margen Joan 17,19
cuando, en realidad, la cita es Jn 14, 19-20.
27
La cercanía física de las bibliotecas Vaticana, Vallicceliana y Angelica facilitaron la
localización de las fuentes como ya hicimos en otros estudios: MORENO GARCÍA, A., “El
Cantar de los cantares traducido por Arias Montano. Un manuscrito inédito”, Estudios Bíblicos
53 (1995) pp. 489-524; Idem, “De la tristeza según Dios y según el mundo, consideración sobre
un lugar de San Pablo. Un manuscrito inédito de Pedro de Valencia acerca de 2 Cor 7, 3-11”,
Helmantica 47 (1996) pp. 453-477; Idem, “Comentario a Mt 10,16 de Pedro de Valencia. Un
manuscrito inédito de la Biblioteca Nacional de Madrid”, Helmantica 49 (1998) pp. 247-266;
MORENO GARCÍA, A. - NOCON, A., “Un comentario inédito a Mt 6, 9-13 de Pedro de Valencia
(155-1620): Ad orationem dominicam illam Pater noster qui es in coelis symbola”, Revista
Española de Teología 58 (1998) pp. 87-104; NOCON, A., Ioannis Cassiani Doctrina de amicitia
iuxta Coll XVI: Fontes classici et patristici verae amicitiae partes constitutivae, Roma 1996.
28
Hoy parece claro que el de Mundo no es de Aristóteles y se cita normalmente como Pseudo-
Aristóteles. Nosotros conservamos la denominación clásica para no inducir a confusión ya que
en los tiempos de Pedro de Valencia la autoría del de Mundo no era discutida.
29
Hebreo alejandrino (s. II a.C), testimonio de los contactos entre el judaísmo alejandrino y la
filosofía griega, contrario al panteísmo de los estoicos.
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 279
Pedro de Valencia
percutirá más tarde en la concepción filoniana del mundo como ha demostrado,
recientemente, el profesor de Milán Roberto Radice30.
Dión Crisóstomo31, también, influye en De Valencia, sobre todo la Oratio
XII u Olimpica -que cita varias veces en este manuscrito y en otros- donde Dión
consagra una de sus Orationes a reflexionar cómo la idea de Dios es innata en
todos los hombres, bien sean bárbaros o griegos. Dión fue rétor, sofista y filó-
sofo, una de las figuras más notables de la segunda sofística32, y vivió exiliado
hasta el año 97 que muere Domiciano. Se hizo predicador ambulante, llevando
una vida humilde y de continua peregrinación, insistiendo, durante estos años
en vivir en “conformidad con el querer divino”, en la práctica de la virtud y en
la insuficiencia de un progreso exclusivamente material33.
2.3. TEOLOGÍA DEL MANUSCRITO
A. Padre nuestro que estás en los cielos
El Padrenuestro es para nuestro humanista el reino de la libertad, el reino
de su amado Hijo (del Filii dilectionis): Toda esta oración que por ser breve no
requiere que la compendiemos, contiene la invocación del santo nombre de Dios
para que nos guarde del mal y seamos transportados al reino de su amado Hijo
y a la verdadera libertad y gloria de los hijos de Dios: ...Continent autem tota
30
RADICE, R., La filosofia di Aristobulo e i suoi nessi con il De Mundo attribuito ad Aristotele,
Milano 1995;Idem, “Osservazioni sul frammento 4 di Aristobulo (=Eusebio, Praeparatio
Evangelica 13, 12, 2-8)”, Rivista di Filosofia neo-scolastica 86 (1994) pp. 728-737; RIGGI,
C., “Lo scontro della letteratura cristiana antica e della cultura greco-romana”, Salesianum 39
(1977) pp. 431-452; ANDOLFO, M., “Il concetto di ‘dynamis’ da Aristobulo a Plotino. Linee di
sviluppo”, Rivista di Filosofia neo-scolastica 88 (1996) p. 656.
31
Para ampliar con más profundidad la influencia de Dión C. en Pedro de Valencia, se puede
ver nuestro estudio en la Universiy John Kennedy: MORENO GARCíA, A., “El cínico Dión
Crisóstomo escribe sobre el retiramiento interior (peri anajoreseos): Un manuscrito inédito del
humanista Pedro de Valencia (1555-1620)”, Epimeleia 8 (1999) pp. 225-246.
32
GOULET-CAZÉ, M. O. - GOULET, R., Le Cynisme Ancien et ses prolongements, París 1993;
STEAD, CH., Philosophy in Christian Antiquity, Cambridge 1995, pp. 63-78; REALE, G., Storia
della Filosofia Antica. Le Scuole dell´Età Imperiale, T. IV, Milano 1989, pp. 221-226; RIGGI, C.,
Epistrophe. Tensione verso la divina armonia. Scritti di filologia patristica, Roma 1985; VON
ARMIN, H., Leben und Werke des Dio von Prusa, Berlín 1898; Dionis Prusaensis quem vocant
Chrisostomus quae exstant omnia, edidit apparatus critico instruxit, T I-II, Berlín 1883. 1886;
VALGIMIGLI, M., La critica letteraria di Dión Chrysostomo, Bologna 1912; WEGELHAUPT,
G., De Dione Chrys. Xenophontis sectatore, Gotha 1896; LEOPARDI, G., De vita et scriptis
Dionis Chris. Commentarius, en Opere inedite, Halle 1878, pp. 5-42; CLAUSEN, G., De Dionis
Chrys. Bithynicis quae vocantur orationibus quaestiones, Kiel 1895.
33
COPLESTONE, F., Storia della Filosofia. Grecia e Roma, T. I, Brescia 1988, p. 582.
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280 Abdón Moreno García
oratio, quae brevis ita est, ut summa non indigeat, INVOCATIONEM SANCTI
NOMINIS DEI, QUO A MALO SERVEMUR et in regnum Filii dilectionis suae
veramque libertatem et gloriam filiorum Dei transferamur. Al margen de este
texto, explícitamente, anota Argumentum orationis34.
Es interesante notar la actitud con la que conviene rezar esta oración,
según De Valencia: “coaccionando a Dios en nombre de su Hijo y por su
expreso mandato”. Y hay que hacerlo como si estuviésemos “convocados a
una escuela recién abierta”35. Es muy curioso que nuestro humanista advierta
que en esta oración no se puede huir en falso hacia el futuro escatológico,
sino que exige un compromiso con el presente: “En esta oración no se pide
nada terreno o de esta creación; pero tampoco nada que se pueda diferir
al siglo futuro o que pueda sobrevenir al hombre después de la muerte del
cuerpo, sino que en ella preparamos con Dios todas las cosas que, ya aquí
en la tierra (iam hic in terra), está previsto alcanzar a los pobres y piadosos
fieles”36.
En el Pater noster qui es in coelis destaca la eficacia perpetua de Dios
en el gobierno del mundo interpretando Elohim como Gubernator, que es lo
mismo que decir Espíritu de Dios eterno: Spiritus Dei Elohim qui idem Spiritus
Domini aeterni est37.
Establece claramente la razón por la que los suyos le llamen e imploren
con el nombre de Padre: “porque Dios Padre era padre por naturaleza de su Hijo
Unigénito desde el principio... por razón de la filiación que se nos había de co-
municar”38. Recurre así a la encarnación como fuente axiológica de la filiación.
Pero lo más original del comentario De Valencia es la dimensión pneumática
de la primera estrofa del Padrenuestro: Hic tamen inquam, sipiritus, naturae almus
parens commodioris doctrinae gratia cum de naturalibus sermo in sacris oraculis
Spiritus Dei potius quam Domini appelari, nec sancti cognomento solet adornari.
SANCTUS autem SPIRITUS tunc dici gaudet, quum eius nova creatio novusque
orbis, et spiritualis benedictionis et alimoniae dona, ac largissima denuo effusio sui
per IESUM Christum, commemoranda veniunt et celebranda39. El Espíritu Santo
viene a ser el Padre de la nueva creación: Ad hanc igitur rationem qua Sanctus
34
Manuscrito, folio 2.
35
Folios 1 y 2.
36
Cfr. Nuestra edición, p. 77.
37
Manuscrito, folio 4.
38
Folio 3, en nuestra edición p. 79.
39
Manuscrito, folio 4.
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 281
Pedro de Valencia
ille Spiritus, coelestis sive supercoelestis aut qui in coelis est Pater invocatur, ut
conferat bona non huius creationis veteris, sed novae et coelestis, hoc est spiritalis40.
En el folio cuarto había llamado al Espíritu Santo Padre nutricio: Hic
tamen inquam, Spiritus, naturae almus parens: Sin embargo llamaré a este
Espíritu: Padre nutricio de la naturaleza41. La paternidad del Espíritu es, en
suma, una de las reflexiones teológicas más originales y más profundas del
padrenuestro valenciano. Dicha paternidad tiene dos grandes direcciones, la
paternidad sobre toda la naturaleza, dato muy interesante para la actual teología
biológica; y la paternidad sobre la nueva creación en Cristo que es el reino de la
libertad y su nuevo orbe (nova creatio novusque orbis) al que regala los dones
de la nutrición (dona alimoniae)42.
B. Santificado sea tu nombre
En el sanctificetur nomen tuum está “el fin y el objetivo de todas las
oraciones del Cristo y de aquellos que tienen la mente y el sentir de Cristo”43.
Parte de la afirmación sobre la unicidad de Dios y la unicidad del nom-
bre: “El nombre del Padre y del Hijo y del espíritu Santo es uno, y la virtud y
eficacia en santificar a los hombres es la misma, de la misma manera que ellos
tres son uno”44.
De Valencia subraya la eficiencia del nombre de Dios en la Hª de la
salvación aludiendo a la pascua judía y a la promesa de la tierra prometida,.
Son la muestra de las “obras de Dios grandes y maravillosas”. El recurso a las
magnalia Dei, de hondo sabor salmico le ayuda a reflexionar sobre el gobierno
eficiente de Dios en el mundo: “para que mostrasen que el nombre del señor
Dios de Israel es eficiente sobre todos los ejemplos anteriores y sobre todos los
que se dijeron”45.
Nuestro humanista ve “la santificación del nombre de Yahvéh por las ma-
ravillas publicadas en la redención del viejo Israel”, y la eternidad del nombre
40
Manuscrito, folio 6. Esta conclusión llega después de un recorrido precioso por textos de Platón,
Homero, Pindaro, Dión Crisóstomo, Plutarco, Aristóteles, Galeno, Cicerón y de numerosos textos
bíblicos del AT y NT, concretamente 39 textos.
41
Folio 4, pp. 34 y 82 de la edición.
42
Folio 4, pp. 34 y 83 de nuestra edición.
43
Manuscrito, folio 6: Hic finis scopusque votorum omnium Christi et eorum qui mentem
sensumque Christi habent.
44
Folio 8, pp. 87 y 88 de la edición.
45
Edición, p. 89.
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282 Abdón Moreno García
de Dios, “porque era al principio antes de que existiera el mundo”46 y por su
señorío sobre todas las naciones
Profundiza en el significado del nombre de Yahvéh como el que es Dios
vivo, el que es Viviente por toda la eternidad, el “que engendró al Hijo viviente,
coeterno y correinante que era junto a Dios la vida eterna, y la vida era la luz
de los hombres”47.
El comentario de Valencia, a la luz del verso paralelo en el que Jesús
nos enseña a pedir que venga su reino, pone de relieve que Jesús -como
Ezequiel- piensa en la santificación del Nombre como el acto soberanamente
escatológico con el que Dios en persona irrumpe en la historia y muestra con
evidencia universal, en los signos externos del cielos nuevo y de la tierra
nueva, las transformaciones corpóreas y psíquicas que son indispensables
para habilitar a la sociedad humana, en cuanto órgano del espíritu de Dios,
como ciudad de Dios48.
C. Venga a nosotros tu reino
Lo primero que destaca nuestro humanista es nuestra participación en el
reino, se pide que venga el reino de Dios, que él reine en nosotros y que no-
sotros co-reinemos con él por Jesucristo49. Así “Toda la ciudad, pues, de Dios
y de Cristo, renacida de una semilla incorruptible por el verbo de Dios vivo y
que permanece por siempre en un cuerpo con Cristo cabeza, se nutre en Dios y
aumentada, crece en el templo santo en el Señor”50.
El reino es paralelo al nombre porque el reino es la dirección de todas las
cosas, el Logos es participado por el logos parcial que somos todos nosotros.
El reino es la participación de la norma divina, porque la forma creatural refleja
el Logos divino, la ratio divina; por eso el reino es la norma que rige, la norma
que reina. El reino de Dios es esta participación de la economía a través de una
ley, pero una ley que es por naturaleza gracia. Toda creatura es tal por su for-
ma creatural, y esta forma creatural -logos- es, también, nomos, ley. Adveniat
regnum tuum es, verdaderamente, la oración de la creatura que alcanza su fin
natural y esencial según el plan divino.
46
Edición, p. 90.
47
Edición, pp. 92-93. Cfr. Jn 1,4.
48
Influencia claramente agustiniana.
49
Folio 14. Edición, p. 99.
50
Edición, p. 100.
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 283
Pedro de Valencia
Todas las magnalia Dei están hechas para el hombre por lo cual todo es
glorioso en Dios y para Dios. Para nosotros es una petición, y el hecho de que
sea una petición no es, simplemente, un bel creato de la economía; nosotros
pedimos que nuestra participación en la economía llegue a ser gloria de Dios,
somos nosotros los que estamos interesados en participar de la gloria de Dios,
siendo gloria y siendo reino51.
El objeto de esta oración es tan radical y, a causa de sus exigencias de
conversión, tan terrible, que es imposible para el que se da cuenta de lo que está
pidiendo, no sentir la tentación de dejar de rezar tal oración. Rezarla efectiva-
mente -siempre para el que entiende- es la mejor prueba de que la fuerza de
Dios ha fecundado desde dentro la fuerza inútil de la débil naturaleza humana
y que, en cuanto tal, ha comenzado la transformación escatológica que es de
hecho el objeto de la petición.
Destacamos dos perspectivas originalísimas en el comentario de Pedro de Va-
lencia: la estructura trinitaria del Nombre y el acento doxológico de la santificación.
Este Padrenuestro tiene un fuerte sentido trinitario del Nombre de Dios:
Nomen Patris et Filii et Spiritus Sancti unum est, virtusque et efficacitas in
sanctificandis hominibus eadem, sicut ipsi tres unum sunt52. Para De Valencia
el nombre de Dios es cristiano, es revelación neotestamentaria, es trinitario.
Notemos atentos la profunda esfumatura del lexema trinitario; ¿Cómo podría ser
posible que un judío pensase en un Yahveh trinitario? Absolutamente absurdo;
“es la locura de los cristianos”, diría el rabino. Pero la entraña misma de la fe
cristiana pasa siempre por Cristo resucitado y por el inmenso misterio del Lo-
gos encarnado; renunciar a ella sería extenuarla y tetanizarla; justamente es ahí
donde el cristiano nace o muere, surge o se hunde, se expresa o se autoenajena.
El Dios cristiano es un Dios encarnado y resucitado y su nombre es Jesucristo.
La visión valenciana de la petición santificado sea tu nombre es doxoló-
gica; para nuestro humanista el mejor comentario a la petición del Padrenuestro
es el texto de Jn 12, 28:”Padre glorifica tu nombre, y vino una voz desde el cielo
que dijo lo glorificó y de nuevo lo glorificará”. El cristiano, en este sentido,
cuando reza el Padrenuestro, está haciendo suya la misma oración de Jesús:
Padre, glorifica tu nombre. Y De Valencia no olvida traer, inmediatamente, junto
a este texto a Jn 17,5: “Ahora, Padre, glorifícame tú junto a ti, con la gloria
51
Manuscrito, folio 8: Vides sanctificationem NOMINIS IEHVEH ex editis in redemptione veteris
Israelis magnalibus sed in nova et vera Israelis Dei liberatione a Principus et potestatibus tenebrarum
aeris huius et in regnum Dei translatione, non solum signa virtutem et sanctitatem brachii divini
testantia sunt edita sed ipsamet traductio, deductio et introductio et in possesionem missa haereditas.
52
Manuscrito, folio 7.
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284 Abdón Moreno García
que tenía a tu lado, antes que el mundo fuese”. Y comenta nuestro autor: “Estas
palabras aparecen, con frecuencia, unidas de tal modo que tienen casi el mismo
significado: santificar, iluminar, glorificar. Obviamente las dos posteriores son la
traducción de la palabra y así la gloria sigue a la santificación, como
la alabanza a la virtud que se esperaba”53.
Si es verdad el sentido trinitariogenético del Nombre, de quien toma nom-
bre toda familia en el cielo y en la tierra (Ef 3,14-15), la doxología
sonaría: glorificado sea el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Hay una identificación entre la sanctitas y la y entre el sanctifica-
re y el . Es una visión sobre todo teológica, ad intra de la trinidad
y ad extra de la economía; pero esta economía -que es teología ad extra- es
intervención del antropocentrismo medieval que desembocaría después en el
antropocentrismo humanista. Antropocentrismo medieval no quiere decir poner
en el centro al hombre, sino poner en el centro al hombre como objeto del amor
divino y formando parte de esta economía.
En el Renacimiento se pierde un poco este enganche necesario de la
teología con la antropología, pero en De Valencia está muy claro, porque él era
ante todo un Homo Dei. Basta ver cómo profundiza nuestro autor en la teología
económica, en “la regeneración de los hombres...hombres renacidos y, por la
natividad de Dios, hechos participantes de la naturaleza divina”54. Es indudable
que la fuerza y la certeza valenciana en la teología de la gracia como participa-
ción de la naturaleza de Dios presenta ya en aquellos tiempos una frescura y una
53
Manuscrito, folio 6. El original tiene más fuerza: “...et gloria sanctificationem consequitur
ut laus spectatam virtutem”.
54 Manuscrito, folio 10: Verum nec minus propie quam ENS Deus VIVENS dicitur, sed pariter
et coniunctim ENS VIVENS IN AETERNUM aut VITA AETERNA, vivens igitur hoc sine prin-
cipio ex utero, hoc est operatione interna (sive ut scholae pronunciant AD INTRA) naturaliter
sponte, inquam, simul et necessario viventem filium coaeternum et conregnantem genuit, qui
VITA idem aeterna erat apud Deum et VITA erat LUX hominum, ex voluntate et virtute Dei,
secundum beneplacitum eius hominibus communicabilis et aliquando communicanda eadem
illa vita et lux sive gloria qua Filius vivebat et clarebat a Patre et propter Patrem. Hoc gerendum
divina Providentia sic dispensavit, disposuit, ut Verbum Dei Filius coelis disruptis
in virginis purissimae uterum discendens carnem sumeret, et homo secundum Deum novo modo
creatus in iustitia et sanctitate veritatis simul in una hypostasi Deus ac vir esset, et non generatio-
ne ex se ac Deo Patre per Spiritum Sanctum homines regeneraret, vitamque ac lucem, quam ut
Filius naturalis Dei obtinebat hominibus renatis et nativitate ex Deo consortibus divinae naturae
effectis inderet, et efficaciter ac vere communicaret. Quod totum opus Dei in virtute, non ex
sanguinibus nec ex voluntate carnis vel viri confectum et absolutum, nil a natura, coelis, stellis,
angelis creaturave ulla habet. Sed totum a Deo Patre coelesti superne de supernis illis et internis
suis effusum nova quadam novi orbis et regni in terris coelestis conditione et creatione: quae et
ideo nova creatura haec creatio dicitur.
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Escritos Bíblicos y Teológicos Inéditos de 285
Pedro de Valencia
energía irrebasable; el renacimiento del bautizado por el poder sacramental que
lo injerta en la natividad de Dios focaliza lo mejor del pensamiento humanista
del autor, que llega aquí a cotas tan altas porque está convencido que al hombre
regenerado y renacido, para el hombre celestial, “le es necesario sacar la vida
de la misma fuente de la vida”55.
Para nuestro humanista “no hay reino sin rey”, para él la realidad en nosotros
del reino de Dios es la Inhabitación de la Trinidad56 en nuestros corazones: “Venga
a nosotros y nos sea comunicado aquel reino tuyo, por el que reinas eternamente, y
que no es de este mundo: que Tú reines en nosotros y nosotros co-reinemos contigo
por Jesucristo. Con una palabra se pide todo: a saber, que el Cristo de Dios con
su venida a nosotros por el Espíritu Santo habite y haga morada junto a nosotros
juntamente con el Padre. Pues no hay reino sin rey.”57. D. Hágase tu voluntad
El zafrense acentúa, también la dimensión económica de la voluntad de
Dios que está puesta en los hombres y se manifiesta a través de los hombres:
“Establecido el reino de Dios en el corazón del hombre, por la gracia del Espí-
ritu santo (como S. Agustín confirma: Entonces –dice- viene el reino de Dios,
cuando habéis conseguido su gracia, pues él mismo dice: el reino de Dios está
ya en medio de vosotros58, entonces acaece aquello, lo más óptimo y a Dios
gratísimo y gloriosísimo, a saber que su voluntad está puesta en los hombres
y se manifiesta a través de los hombres; no cualquier voluntad ni en cualquier
modo, sino como en el cielo, también en la tierra” 59.
Es muy interesante la inmanencia de la voluntad de Dios “puesta en los
hombres y que se manifiesta a través de los hombres”, al igual que hizo con
el reino y el co-reinar de los hombres. Verdaderamente, nuestro autor cree de
veras en la pedagogía de la encarnación y en la inmanencia de lo sobrenatural.
55
Manuscrito, folio 12. Edición p. 96.
56
Cfr. Nuestros estudios sobre la carta a los Romanos 8, donde encontrará el iniciado un extenso
estudio en clave de teología económica sobre la Inhabitación de la Trinidad: MORENO GARCÍA,
A., La Sabiduría del Espíritu: Sentir en Cristo. Estudio de phrónema - phronéo en Rom 8, 5-8 y
Flp 2, 1-5, Ed. Pontificia Università Gregoriana, Roma 1995, pp. 263-287; Idem, Del Espíritu a
la alteridad. Una antropología paulina, Analecta Scientifica Compostellana nº 25, Santiago de
Compostela 2007, pp. 325-338: “Relación entre el envío y la Inhabitación”, y pp. 351-362: “La
Pneumación como creatividad esperanzada”.
57
Manuscrito, folio 14. Edición, p. 99.
58
En esta ocasión De Valencia se ha confundido. En realidad la cita no se encuentra en el corpus
Agustinianum, no es de S. Agustín sino de S. Ambrosio: De sacramentis, lib. 5, cap. 4
59
Manuscrito, folio 19: Regno Dei in hominis corde per gratiam Spiritus Sancti constituto,...
illud optimum maximum et Deo gratissium et gloriossisimum contingit, quod ipsius voluntas
in hominibus et per homines sit, non qualiscumque nec quomodocumque voluntas, sed sicut
in coelo et in terra..
Revista de Estudios Extremeños, 2019, Tomo LXXV, N.º II I.S.S.N.: 0210-2854
286 Abdón Moreno García
Aquí, en este caso, la resonancia del sacrosanto santuario de la conciencia per-
sonal tan cara al Renacimiento, es insoslayable, precisamente, como epifanía
y manifestación de la voluntad de Dios: “Esta voluntad de Dios, buena y de
beneplácito y perfecta, en nosotros que llevamos este tesoro en vasijas de barro
y que aún actuamos en carne mortal60”
Hay tres textos que adquieren una importancia relevante en el comentario.
Con Jn 17,1-5 profundiza en la teología de la Hora como glorificación del Hijo.
Con Ef 3, 14-21 describe el origen teológico del que toman nombre todas las cosas
en el cielo y en la tierra. Y con Eclo 36, 1-7 se ayuda para reflexionar sobre el
señorío universal de Dios. Estos textos, imbricados como colección de perlas al
viejo modo rabínico, pueden ayudar a contextuar la teología bíblica del manuscrito.
Damos pacíficamente por convenido que el texto del padrenuestro (Mt 6,9-
13) debe ser interpretado dentro de la unidad narrativa del Sermón de la montaña
(Mt 5-7). Para profundizar el contexto y la teología del Padrenuestro desde una
perspectiva más amplia, habiendo cuenta del pre-texto y el post-texto, dejamos
al iniciado algunas estudios exegéticos y fuentes actuales de interpretación:
D. Allison, The Sermon on the Mount (New York: Crossroad, 1999).
H. D. Betz, The Sermon on the Mount (Minneapolis, MN: Fortress, 1995).
J. Lambrecht, The Sermon on the Mount (Collegeville, MN: Glazier –
Liturgical Press, 1985).
R. Guelich, The Sermon on the Mount (Dallas, TX: Word, 1982).
U. Luz, Die Jesusgeschichte des Matthäus (Neukirchen-Vluyn: Neukir-
chener, 1993); tr. ingl. The Theology of the Gospel of Matthew (New Testament
Theology; Cambridge: University Press, 1995).
J. Ernst, Matthäus. Ein theologisches Portrait (Düsseldorf: Patmos, 1989);
tr. it. Matteo. Un rittratto teologico (Brescia: Morcelliana, 1992).
G. N. Stanton, A Gospel for a New People. Studies in Matthew (Edin-
burgh: Clark, 1992).
J. Zumstein, Matthieu le théologien (Cv 58; Paris: Cerf, 1986).
3. DECLARACIÓN... EPISTOLA AD GÁLATAS
Nuestro humanista muestra un enorme interés por el cristianismo primitivo
y por el gran paso que dio el cristianismo al separarse del judaísmo en el Ms.
60
Edición, p. 111.
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Pedro de Valencia
Para Declaración de una gran parte de la estoria apostólica en los Actos y en
la Epístola ad Gálatas. Publicado por Mª Prado Ortiz (pp. 297-540), como fruto
fecundo de su Tesis doctoral. Es un comentario sobre el cap. 15 de los Hechos
que refiere el Concilio de Jerusalén, junto con el comentario de la carta a los
Gálatas y buena parte de la carta a los Romanos.
3.1. Contexto del Ad Galatas
Pedro de Valencia escribe Ad Galatas para el cardenal Arzobispo de Tole-
do, D. Bernardo Rojas y Sandoval, según consta en carta manuscrita en el Ms.
464 de la BNM, carta fechada en Madrid en 1608; coincidiendo con el reinado
de Felipe III, y con la expulsión de los Moriscos en España. En su preocupación
por la extensión del cristianismo a los gentiles e infieles, nuestro texto se puede
vincular directamente con la misión divina de la Monarquía hispánica, cuyas
raíces hay que buscarlas en los reinados de los Austrias mayores61, a lo largo
del s. XVI, cuando el imperio español alcanzó su máximo apogeo. A lo largo de
dicha centuria, el peso de la monarquía española, primero con Carlos I y después
con su hijo Felipe II, fue hegemónico en Europa. Ambos reinados presentan
notables diferencias entre sí, el primero tenía una concepción plurinacional,
mientras que el segundo fue profundamente religioso y más bien sombrío, y
fue desde los territorios españoles desde donde se dirigió el Gobierno de las
vastísimas propiedades que la Corona poseía. Así Castilla, con capital en Madrid
desde 1561, se convirtió en el indicutible centro desde donde se administraba
un Imperio en el que no se ponía el sol.
A lo largo de ambos reinados, la idea clave de la expansión de la cristiandad
estuvo esencialmente presente. En el de Carlos I, estuvo bien asentada la idea
de un Imperio Universal Cristiano, que defendía a la cristiandad católica de
los adversarios religiosos; por una parte, de los protestantes, enemigos dentro
del propio imperio; y por otra parte, de los adversarios exteriores, los turcos y
el Islán especialmente.
Del extenso imperio que poseía la Corona, se derivaban tensiones en todas
las estructuras, incluyendo la religiosa, puesto que el Monarca había heredado
las cuatro coronas con poblaciones y culturas absolutamente diferentes, que se
regían por distintos parámetros y códigos legales. La noción que el Emperador
61
Cfr la literatura clásica al respecto: BENNASAR, B., La España del siglo de oro, Barcelona
1983; DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., El Antiguo Régimen. Los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid
1979; ELLIOT, J. H., España y su mundo 1500-1700, Madrid 1990; LYNCH, J., España bajo
los Austrias, Barcelona 1982; MARAVALL, J. A., Poder, honor, y él