Reporte de lectura
Negocios Mercantiles
Sergio Alberto Ortega Saldivar
Licenciatura en derecho
Martes 5 de diciembre de 2023
Introducción
En mis reseñas sobre las visitas a museos he resaltado la necesidad de que los abogados
nos informemos sobre temas culturales, sociales y políticos que vayan más allá de nuestra
materia de estudio. En ese sentido, la lectura es un hábito que los licenciados en derecho
debemos tener bien desarrollado, y debe manifestarse no solamente en la cantidad de
libros que leamos en un año o en el número de palabras que podemos leer por minuto,
sino también en nuestra comprensión lectora, nuestra capacidad de síntesis y de
relacionarlo leído con otros contenidos. A su vez, estas habilidades deben complementarse
con facilidad para la escritura, para la expresión oral y, por supuesto, con un constante
interés en la adquisición de conocimientos jurídicos.
Por tal motivo es que hoy presento este reporte de lectura del libro El jurista y el
simulador del derecho, cuyo autor fue el maestro Ignacio Burgoa (quien, por cierto, tuvo
de alumno a mi profesor de Garantías y derechos humanos, José Luis Díaz Mirón).
Especialista en materia de amparo, el maestro Burgoa también escribió sobre temas tan
variados como el que aborda en el presente libro. Disfruté su lectura desde antes de
comenzar a leerlo, y es que cuando consulté con mi padre, abogado de profesión, si de
casualidad tenía un ejemplar en su biblioteca, me respondió que sí, y dijo que a él también
le habían encargado su lectura durante la carrera.
El presente trabajo presenta una brevísima biografía del autor, así como una crítica sobre
el contenido del libro y una serie de reflexiones que se me formularon mientras realizaba
la lectura. Espero que sea del agrado del profesor que lo pidió para su evaluación.
Biografía del autor
No se ha realizado la lectura de un libro hasta que no se ha investigado sobre la vida de su
autor. En su biografía encontramos los motivos, los fantasmas, los anhelos y las ilusiones
de quien nos cautiva con su pluma. De tal suerte, me permito incluir la siguiente
información, aunque en apariencia accesoria, vital para comprender el trasfondo del libro.
De un documento publicado por la Universidad de Sonora 1, extraje sus datos biográficos:
nacido en la Ciudad de México el 13 de marzo de 1918, Ignacio Burgoa Orihuela se recibió
de la UNAM en el año de 1940 con la tesis titulada La supremacía jurídica del Poder
Judicial de la Federación en México. Como docente, se desempeñó en la Escuela Nacional
de Jurisprudencia de 1947 hasta su fallecimiento en el año 2005. Las dos materias que
dominaba, como dije en la introducción, fueron Garantías y Amparo. También ejerció el
poder judicial en materia administrativa. Recibió incontables méritos a lo largo de su vida,
siendo la Medalla “Gabino Barreda” uno de los más destacables.
Es de destacar su participación en el litigio de tres casos de suma importancia: la denuncia
por traición a la patria que interpuso contra el expresidente José López Portillo en 1982 a
causa de las sospechas de peculado que existían en su contra; la denuncia penal contra
integrantes del Consejo General de Huelga de la UNAM debido a la toma de instalaciones
por la famosa huelga de 1999; y la defensa que llevó a cabo sin cobrar honorarios del
Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco cuando el gobierno
federal pretendía expropiarle sus tierras a los campesinos.
La última de estas tres actuaciones me parece indispensable para defender a Burgoa.
Siendo un caso de trascendencia nacional que involucró hasta al mismo presidente, ningún
abogado se hubiera molestado en llevar el asunto por menos de varios millones de pesos,
excepto por Burgoa, quien solo pidió el permiso de sus defendidos para publicar un libro
con lo aprendido durante la defensa de sus tierras. De esta actuación podemos
comprender que el abogado era un hombre de ideales que nunca se dejó doblegar por los
sobornos millonarios que seguramente le hicieron llegar sus amigos del gobierno federal.
Considero suficiente esta información para dar inicio con la crítica.
El jurista y el simulador del derecho
1
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Conocido por sus magistrales obras El juicio de amparo y Derecho constitucional, el
contenido de El jurista se distancia un poco de la línea que al autor se había trazado con
aquellos dos primeros títulos. Este libro no se enfoca tanto en los procedimientos, los
recursos y los fundamentos constitucionales de los que podemos valernos para garantizar
una buena defensa de nuestro cliente, sino que los párrafos de sus páginas versan sobre
las consideraciones de Burgoa sobre la mediocridad de la que se estaba viendo inundada
la profesión por allá de la década de los 80s, fecha en la que el título fue publicado. A su
juicio, un sinnúmero de pseudo-abogados estaban egresando de las universidades de
derecho y su falta de profesionalismo impactaba directamente en la reputación de nuestra
disciplina.
Tal parece que lo que vengo sosteniendo desde la introducción de mi primer trabajo (el de
la visita al MIDE), el maestro Burgoa ya lo había descrito décadas atrás: que el abogado
debe fungir como científico y jurisprudente, sin limitarse a su esfera de influencia o a
quienes le patrocinan la defensa que está realizando. Con esto no quiero decir que
debemos trabajar de a gratis ni malbaratar el trabajo 2, sino que debemos vender nuestros
servicios a la altura de lo que valen, de nuestro esfuerzo, del tiempo que pasamos en la
universidad memorizando artículos y leyendo textos de páginas densísimas y de notable
extensión.
Quisiera terminar destacando que lo más triste es que el libro de Burgoa está más vigente
que nunca. Hoy más que hace algunas décadas atrás vemos los cuadros de egresados de
derecho plagados de estudiantes a tal grado que ni siquiera es posible distinguir sus caras.
De los 100 alumnos que se gradúan por generación, es casi seguro que menos del 20%
construyan una trayectoria destacable. La labor de muchos de ellos empezará al recibir su
título y terminará cuando lo cuelguen enmarcado en alguna de las paredes de sus hogares.
Algunos, en el peor de los casos, terminarán convirtiéndose en profesores mediocres: si de
estudiantes lo eran, no creo que en la docencia vayan a cambiar. El libro me deja bastantes
2
Me atrevo a decir que aquellos abogados que cobran muy poco por sus servicios le hacen un daño más
grave a la profesión que los que no cobran por hacerlo. Esas lonas de “divorcios por 3,000 pesos” han
desprestigiado más a nuestra carrera que la renuncia del ex ministro de la corte Arturo Zaldívar.
enseñanzas, pero sobre todo me confirma que voy por el buen camino, pues si de algo
puedo jactarme (aunque no lo hago) es de ser un excelente alumno.