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Teología de Comunidades Samaritanas

Este capítulo resume la visión del Concilio Vaticano II y el Magisterio Universal sobre las comunidades eclesiales. Define a la Iglesia como comunidad reunida en torno a Cristo y al Espíritu Santo. Señala que vivir en comunidad es consecuencia del Evangelio y experiencia de las primeras comunidades cristianas. Finalmente afirma que las pequeñas comunidades son lugares de comunión, testimonio y misión donde se vive la experiencia cristiana de acogida y liberación.
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Teología de Comunidades Samaritanas

Este capítulo resume la visión del Concilio Vaticano II y el Magisterio Universal sobre las comunidades eclesiales. Define a la Iglesia como comunidad reunida en torno a Cristo y al Espíritu Santo. Señala que vivir en comunidad es consecuencia del Evangelio y experiencia de las primeras comunidades cristianas. Finalmente afirma que las pequeñas comunidades son lugares de comunión, testimonio y misión donde se vive la experiencia cristiana de acogida y liberación.
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DIÓCESIS DE ENGATIVÁ

Colección Samaritana
Volumen 2

2014
TEOLOGÍA PARA LAS PEQUEÑAS
COMUNIDADES SAMARITANAS Y MISIONERAS
DE LA DIÓCESIS DE ENGATIVÁ
DIÓCESIS DE ENGATIVÁ
Transversal 70C Bis No.77-60
Teléfono: 437 0581
Fax: 540 4998
Bogotá, D.C., Colombia
www.diocesisdeengativa.org
Correo eléctrónico: [email protected]

Reservados todos los derechos.


Prohibida la reproducción total o parcial de este libro,
por cualquier medio mecánico o digital.

Colección Samaritana (obra completa)


ISBN: 978-958-58540-0-0

Teología de las pequeñas comunidades samaritanas y misioneras


de La Diócesis de Engativá. (Volumen 2)
ISBN: 978-958-58540-2-4
TEOLOGÍA PARA LAS PEQUEÑAS
COMUNIDADES SAMARITANAS Y MISIONERAS
DE LA DIÓCESIS DE ENGATIVÁ

A los animadores y futuros miembros de las pequeñas comunidades:

“Viviendo conforme a la vocación a que han sido llamados,


ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacer-
dotal, profética y real y hagan así de su comunidad un
signo de la presencia de Dios en el mundo.”
Conferencia Episcopal Latinoamericana Medellin N°15.11

Colección Samaritana - Volumen 2


Bogotá D.C. - Colombia
2014
CONTENIDO
CONTENIDO

INTRODUCCIÓN  10
CAPÍTULO UNO: El VER 11
1. Las comunidades eclesiales en El Concilio Ecuménico Vaticano II y
El Magisterio Universal 12

2. Las comunidades eclesiales en El Magisterio Latinoamericano 15

3. Las Pequeñas Comunidades en El Magisterio Local: Arquidiocesano


y Diocesano 19

CAPÍTULO DOS: EL JUZGAR 23

1. El Sueño Tribal De Yahvé, paradigma en la formación de


Las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras 24

2. “La experiencia de las primitivas comunidades cristianas fundamento


y gérmen para Las Pequeñas Comunidades en La Diócesis de Engativá” 30

CAPÍTULO TRES: EL ACTUAR 39

1. ¿Por qué nuestras pequeñas comunidades deben ser samaritanas? 40

2. ¿Por qué nuestras pequeñas comunidades deben ser misioneras? 41

3. ¿De dónde sale la ruta pegagógica para la formación de las PCSyM


de La Diócesis de Engativá? 42

4. ¿Cuáles son los pasos para la formación de las PCSyM diocesanas? 42

5. ¿De dónde salen estos pasos? 44

6. ¿Por qué se opta por la lectura de los cuatro evangelios? 44

7. ¿Por qué la metodología de La Lectio Divina en las reuniones de las PCSyM? 49

8. ¿Por qué la lectura cursiva de los evangelios en las reuniones de las PCSyM? 50

CONCLUSIÓN 51

8|
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
La praxis pastoral y el ejercicio diagnóstico hecho durante varios años
en la Diócesis, han sugerido una estrategia que recupere la experien-
cia de las primitivas comunidades cristianas relatadas en las Sagradas
Escrituras; por eso después de acercarnos a la comunidad para escu-
charla, de discernir lo que el magisterio de la Iglesia nos enseña y de
iluminar nuestra realidad con la Palabra de Dios, surge este texto que
pretende dar un fundamento teológico a nuestra propuesta pastoral.

El texto está estructurado en tres partes: Ver, Juzgar y Actuar.

El Ver recoge el contexto histórico y la reflexión hecha desde el Conci-


lio Vaticano II, El Magisterio Universal, El Magisterio Latinoamerica-
no y la reflexión Teológico-pastoral de la Diócesis.

El Juzgar partiendo de la experiencia del sueño tribal de Israel y de las


primitivas comunidades cristianas, con especial acento en las comu-
nidades Paulinas, establece el referente práctico y la fundamentación
bíblico-teológica para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Mi-
sioneras.

El Actuar desde las líneas pastorales diocesanas, establece los criterios


comunes para toda la Diócesis y fundamenta el carácter misionero y
samaritano de la Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras
como espacio vital en comunión eclesial que transforma el tejido so-
cial.

Es nuestro deseo que este aporte, favorezca la reflexión y la fundamen-


tación teológica de los ministros ordenados, las comunidades religio-
sas, los agentes de pastoral y los fieles en general, y permita impulsar
las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras, como fuente de
espiritualidad y transformación social en la Diócesis de Engativá.

†Héctor Gutiérrez Pabón


Obispo de Engativá
Equipo vicaría de pastoral

10 |
CAPÍTULO 1
Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

CAPÍTULO UNO
EL VER

E n este capítulo nos aproximamos a los documentos de la Iglesia, como el


Concilio Ecuménico Vaticano II, el Magisterio Universal, el Magisterio La-
tinoamericano (las cinco Conferencias Episcopales Latinoamericanas) el Sínodo
Arquidiocesano de Bogotá 1.999 – 2008, además de aquellos documentos que han
surgido de la reflexión teológico-pastoral de la experiencia viva de la Iglesia Local
de Engativá, como fundamento para la propuesta diocesana de Pequeñas Comu-
nidades Samaritanas y Misioneras.

1. Las Comunidades Eclesiales En El Concilio Ecuménico


Vaticano II Y El Magisterio Universal.
La comunidad de la Iglesia se debe traducir en un verda-
dero testimonio de amor.
(Decreto sobre el Apostolado de los seglares. 17 C.V.II)

Para abordar el tema de las pequeñas comunidades es preciso revisar los docu-
mentos de la Iglesia y descubrir en ellos las orientaciones que fundamentan y
muestran claramente la toma de postura que ha tenido el Magisterio frente a esta
opción pastoral. Así haremos un recorrido histórico para descubrir cómo nuestra
opción diocesana está en comunión y desarrolla las indicaciones del Magisterio
de la Iglesia.

La Iglesia desde el Concilio Vaticano II, se define a sí misma como “Cristocéntri-


ca” y como sacramento de unidad:

12 |
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

“…la congregación de todos los creyentes que miran a Jesús como el autor de la Sal-
vación y principio de la unidad y de la paz; es la Iglesia convocada y constituida por
Dios, para que sea para todos y cada uno, sacramento visible de esa unidad salvífica.1

Vivir en comunidad es una constante a lo largo de la historia eclesiástica, las prime-


ras experiencias comunitarias (fundantes y vitales) las significa bellamente la Cons-
titución Pastoral Gaudium et Spes (Gozo y Esperanza) en su proemio:

“...El gozo y la esperanza, las lágrimas y angustias del hombre de nuestros días, sobre
todo de los pobres y de toda clase de afligidos, fueron también gozo y esperanza, lágri-
mas y angustias de los discípulos de Cristo, y nada hay de verdaderamente humano
que no tenga resonancia en su corazón. La comunidad que formaban estaba compues-
ta de hombres que, reunidos en Cristo, eran dirigidos en el Espíritu Santo, en su pere-
grinación hacia el reino del Padre, y recibieron, para proponérselo a todos, el mensaje
de salvación. De ahí la experiencia vital que la hace sentir y ser realidad, íntimamente
solidaria con la humanidad y con su Historia. IM n.1 CV II.” 2

Esta realidad de vivir en comunidad es consecuencia del Evangelio mismo. Desde


esta perspectiva, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia afirma:

“…las comunidades eclesiales, convocadas por el mensaje de Jesucristo y reunidas en el


Espíritu Santo en torno al resucitado (cf. Mt18,20; 28,19-20; Lc24,46-49), se proponen
como lugares de comunión, de testimonio y de misión y como fermento de redención y
de trasformación de las relaciones sociales. La predicación del Evangelio de Jesús indu-
ce a los discípulos a anticipar el futuro renovando las relaciones recíprocas.” 3

Por otra parte la Constitución Dogmática Lumen Gentium nos enseña:

“…Cristo mediador único, estableció su Iglesia santa, comunidad de fe, de esperanza y


de caridad en este mundo como una trabazón visible y la sustenta constantemente, y
por ella comunica a todos la verdad y la gracia.” 4

No puede entenderse hablar de Iglesia sin hablar de comunidad. Por eso como cris-
tianos, resulta de suma importancia el estar congregados en pequeñas comunida-
des, para vivir la experiencia cristiana de acogida, de misericordia con espirituali-
dad, que permita: el perdón, la liberación, la sanación, la solidaridad.

1 Concilio Vaticano II. Constitución “Lumen Gentium” N. 9


2 Constitución Pastoral GAUDIUM ET SPES (Gozo y esperanza) sobre la Iglesia y el mundo de Hoy – Proemio
n.1 CV II
3 COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Pontificio Consejo de Justicia y Paz . Conferen-
cia Episcopal Colombiana n.52 pág.45
4 COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Pontificio Consejo de Justicia y Paz . Conferen-
cia Episcopal Colombiana n.52 pág.45

| 13
Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

La comunidad se pone al servicio del restablecimiento del ser humano y la edifica-


ción del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

En la encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII (1.961) el papa resalta dos carac-
terísticas de la acción Pastoral de la Iglesia: Comunidad y socialización. “La Iglesia
está llamada a colaborar con todos los hombres en la verdad, en la justicia y en el
amor, para construir una auténtica comunión, promoviendo su dignidad.” 1

Sin embargo, las pequeñas comunidades generan muchas reservas de parte de


muchos sectores eclesiales que las consideran fuente de división. Pablo VI en su
exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (el Anuncio del Evangelio), ante la
problemática producida por las comunidades eclesiales de base que extrapolan la
reflexión marxista en la acción pastoral afirma:

“…las comunidades que por su espíritu de contestación se separan de la Iglesia, cuya


unidad perjudican, pueden llamarse —comunidades de base—, pero ésta es una de-
nominación estrictamente sociológica.” 2 Pablo VI aclara que, son la comunidades
eclesiales las que se forman en la Iglesia para unirse en torno a la misma haciéndola
crecer.

En el mismo n. 58 el Papa nos ayuda a esclarecer lo que deben ser las pequeñas
comunidades al servicio de la evangelización:

“Estas serán un lugar de evangelización, en beneficio de las comunidades más vastas,


especialmente las Iglesias particulares, y serán una esperanza para la Iglesia univer-
sal, en la medida en que:

»» Buscan su alimento en la Palabra de Dios y no se dejan aprisionar por la pola-


rización política o por las ideologías de moda, prontas a explotar su inmenso
potencial humano.
»» Evitan la tentación siempre amenazadora de la contestación sistemática y del
espíritu hipercrítico, bajo pretexto de autenticidad y de espíritu de colaboración.
»» Permanecen firmemente unidas a la Iglesia local en la que están insertas y a la
Iglesia universal, evitando así el peligro muy real de aislarse en sí mismas, de
creerse, después, la única auténtica Iglesia de Cristo y finalmente de anatemizar
a las otras comunidades eclesiales.
»» Guardan una sincera comunión con los Pastores que el Señor ha dado a su Igle-
sia y al Magisterio que el Espíritu de Cristo les ha confiado; no se creen jamás el
1 COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Pontificio Consejo de Justicia y Paz . Confe-
rencia Episcopal Colombiana n.52 pág.45
2 S.S. Papa Pablo VI “El Anuncio del Evangelio” N. 58 (1.975)

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

único destinatario o el único agente de evangelización, esto es, el único deposi-


tario del Evangelio, sino que, conscientes de que la Iglesia es mucho más vasta y
diversificada, aceptan que la Iglesia se encarna en formas que no son las de ellas.
»» Crecen cada día en responsabilidad, celo, compromiso e irradiación misioneros;
se muestran universalistas y no sectarias.
Con estas condiciones, ciertamente exigentes pero también exaltantes, las comuni-
dades eclesiales de base corresponderá a su vocación más fundamental: escuchando
el Evangelio que les es anunciado, y siendo destinatarias privilegiadas de la evange-
lización, ellas mismas se convertirán rápidamente en anunciadoras del Evangelio.”

Cristo es el centro de toda comunidad cristiana, es su fundamento. La Iglesia,


comunidad de comunidades, debe estar al servicio de la humanidad. Ella es me-
diadora entre Dios y los hombres, ha de encaminar la sociedad hacia los ideales
de Dios: reconciliada en la justicia social y en el amor.

De lo anterior podemos concluir: las pequeñas comunidades deben ser convoca-


das por el Obispo del lugar, organizadas y acompañadas por Presbíteros y Diáco-
nos en el caminar de las mismas.

Toda pequeña comunidad debe organizarse teniendo en cuenta el itinerario pro-


puesto por la diócesis y estar en permanente comunión y comunicación con la pa-
rroquia a la cual pertenece. Podemos ver como el Magisterio universal considera
las pequeñas comunidades como una opción pastoral importante y necesaria en
el ejercicio evangelizador.

2. Las Comunidades Eclesiales En El Magisterio


Latinoamericano
Es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas
comunidades en el Continente. (Aparecida, N° 310)

Las comunidades eclesiales como opción teológica y pastoral son reconocidas por
el Magisterio Latinoamericano. Desde Medellín hasta Aparecida, este movimien-
to laical, es valorado como expresión necesaria del quehacer evangelizador. El
Sínodo de América también subraya su valor y pertinencia.

La segunda Conferencia Episcopal celebrada en Medellín (1968) nos indica:

“...la sociedad contemporánea a pesar de sus expresiones masivas, manifiesta una


tendencia hacia las pequeñas comunidades donde pueden realizarse como personas.
Según la voluntad de Dios, los hombres deben santificarse y salvarse en comunidad.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

Esta comunidad es convocada y congregada, por el anuncio de la Palabra de Dios


vivo, se edifica a través de la Santa Eucaristía…” 1

Más tarde, la tercera conferencia Episcopal Latinoamericana (Puebla – México


1.979) manifiesta:

“…se comprueba que las pequeñas comunidades, crean mayor interrelación perso-
nal, aceptación de la Palabra de Dios, revisión de vida y reflexión sobre la realidad,
a la luz del Evangelio; allí se acentúa el compromiso con la familia, con el trabajo, el
barrio y la comunidad local. Señalamos con alegría, como importante hecho eclesial
particularmente nuestro y como esperanza de la Iglesia la multiplicación de peque-
ñas comunidades.” 2

La cuarta Conferencia Episcopal Latinoamericana (Santo Domingo 1.992) re-


fiere:

“...las comunidades eclesiales de base son las células vivas de la parroquia, entendi-
da ésta como comunión orgánica y misionera... está llamada a ser una comunidad
de fe, de culto y de amor... animada por laicos, hombres y mujeres adecuadamente
preparados en el mismo proceso comunitario. Los animadores han de estar en co-
munión con el párroco respectivo y el obispo … La nueva evangelización nos exige
formar en una fe que se haga vida, iniciándola con el anuncio del Kerigma a los que
están en el mundo descristianizados y promoviéndola con el testimonio alegre de
auténticas comunidades de fe en las que nuestros laicos vivan el significado de los
sacramentos.” 3

Al respecto Juan Pablo II comenta a propósito de las comunidades eclesiales, en el


discurso inaugural de la Conferencia:

“...deben caracterizarse siempre por una proyección universalista y misionera, que


les infunda un renovado dinamismo apostólico. Son un signo de vitalidad de la Igle-
sia, instrumento de formación y evangelización, un punto de partida válido, para
una nueva sociedad fundada sobre la civilización del amor.”

Los obispos en Santo Domingo validan la existencia de las comunidades eclesiales


y reconocen que promueven un espíritu misionero y solidario. Sin embargo, sub-
rayan la necesidad de mantenerlas adheridas e integradas a la Iglesia Universal,
por medio del cuidado pastoral en la parroquia y en la diócesis (Santo Domingo
n. 62).

1 N.6, 3.9.13 II Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Medellín Colombia 1.968)
2 N.629 III Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Puebla Méjico 1.979)
3 N. 61.156 IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Santo Domingo – República Domi-
nicana1.992)

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

Santo Domingo presenta la parroquia como comunidad de comunidades en don-


de… “acogen las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta la comu-
nión, la participación y la misión.” No es principalmente una estructura, un terri-
torio, un edificio, ella es la familia de Dios, como una fraternidad animada por
el Espíritu de unidad” (Cfr. n.58). De esta forma se plantea la conversión episte-
mológica que lleve a la transformación de los esquemas pastorales diocesanos y
parroquiales.

La quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe


(Aparecida 2.007) ratificando todo el conjunto de enunciados de las conferen-
cias episcopales anteriores sobre las comunidades eclesiales afirma:

“...Los esfuerzos pastorales, orientados hacia el encuentro con Jesucristo vivo, han
dado y siguen dando frutos. Entre otros destacamos los siguientes: aumentan los
esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias, favoreciendo un encuentro con
Cristo vivo, mediante diversos métodos de nueva evangelización, a través de comu-
nidades evangelizadas y misioneras. …Se valora la presencia y el crecimiento de los
movimientos eclesiales y nuevas comunidades que difunden su riqueza carismática,
educativa y evangelizadora.” 1

Además subraya la importancia de la Proyección social en la Pastoral de las pe-


queñas comunidades:

“Reconocemos el don de la vitalidad de la Iglesia que peregrina en América Latina


y el Caribe, su opción por los pobres, sus parroquias, sus comunidades, sus aso-
ciaciones, sus movimientos eclesiales, nuevas comunidades y sus múltiples servicios
sociales y educativos.” 2

Propone una comunidad eclesial como herramienta para configurar a los creyen-
tes con Cristo:

“Para configurarse verdaderamente con Cristo Maestro, es necesario asumir la cen-


tralidad del Mandamiento del amor, que Él quiso llamar suyo y nuevo: -Ámense
los unos a los otros, como yo los he amado- (Jn 15,12). Este amor, con la medida de
Jesús, de total don de sí, además de ser el distintivo de cada cristiano, no puede dejar
de ser la característica de su Iglesia, comunidad discípula de Cristo, cuyo testimonio
de caridad fraterna será el primero y el principal anuncio, -en esto reconocerán que
son mis discípulos- (Jn 13,35).” 3

1 N.99 e) V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida Brasil 2.007)
2 N. 128 V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida Brasil 2.007)
3 N. 138 V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida Brasil 2.007)

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

Aparecida entiende que la misión debe ser una acción comunitaria más que in-
dividual:

“La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la expe-


riencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de
persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines
del mundo (cf. Hch 1,8).” 1

Aparecida plantea que la vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El


discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad:

“…Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un simple


sentimiento religioso individual.” …Se constata que, en los últimos años, ha ido cre-
ciendo la espiritualidad de comunión y que, con diversas metodologías, se han hecho
no pocos esfuerzos por llevar a los laicos a integrarse en pequeñas comunidades ecle-
siales, que van mostrando abundantes frutos. Para la Nueva Evangelización y para
llegar a que los bautizados vivan como auténticos discípulos y misioneros de Cristo,
tenemos un medio privilegiado, las pequeñas comunidades eclesiales.” 2

“Ellas son un ámbito propicio para escuchar la Palabra de Dios, para vivir la frater-
nidad, para animar en la oración, para profundizar procesos de formación en la fe
y para fortalecer el exigente compromiso de ser apóstoles en la sociedad de hoy. … si
se quieren pequeñas comunidades vivas y dinámicas, es necesario suscitar en ellas
una espiritualidad sólida, basada en la Palabra de Dios, que las mantenga en plena
comunión de vida e ideales con la Iglesia local y en particular, con la comunidad pa-
rroquial. Así la parroquia, por otra parte, como desde hace ocho años nos lo hemos
propuesto en América latina, llegará a ser “comunidad de comunidades”. … Señala-
mos que es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas comunidades en
el Continente, pues a mi ella tenemos una fuente segura de vocaciones al sacerdocio,
a la vida religiosa, y a la vida laical con especial dedicación al apostolado. A través
de las pequeñas comunidades, también se podrá llegar a los alejados, a los indiferen-
tes y a los que alimentan descontento o resentimientos frente a la Iglesia.” 3

Las comunidades eclesiales o pequeñas comunidades como pudimos ver, son


consideradas por el Magisterio Latinoamericano como un gran movimiento lai-
cal, que promueve el discipulado de la Palabra y la vivencia de la vocación cris-
tiana, en otras palabras, podríamos decir que las Pequeñas comunidades son el
espacio vital para vivir la fe.

1 N. 145 V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida Brasil 2.007)
2 N. 162 y 164 V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida Brasil 2.007)
3 N. 307-310 V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida Brasil 2.007)

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

3. Las Pequeñas Comunidades En El Magisterio Local:


Arquidiocesano y Diocesano.

En la Arquidiócesis de Bogotá hacia el año 1987 fue convocado por el entonces


Arzobispo Mario Revollo Bravo, el Sínodo Arquidiocesano, cuyo propósito era
entablar un diálogo con la ciudad para evaluar el quehacer pastoral de la Iglesia
particular de Bogotá. Como fruto de este proceso, la Iglesia escuchó los grandes
reclamos que le hacía la ciudad y los fieles católicos, concretándose tres grandes
problemáticas, a saber: el evangelio no da forma a la Iglesia; La Iglesia Pueblo de
Dios aparece diluida y el cristianismo no está encarnado en el mundo. A estos
grandes gritos de la ciudad, la Iglesia se propuso responder de manera permanen-
te para lo cual se planteó renovar la pastoral y administrarla, generando el Plan
Global de Pastoral entregado en 1999 y proyectado hasta el 2008.

Además, la Arquidiócesis fue dividida en Zonas Pastorales episcopales, cuyo cui-


dado fue encomendado a obispos auxiliares configurándose el nacimiento poste-
rior de las diócesis urbanas. Cada Zona Pastoral Episcopal tomó el Plan Global y
lo aterrizó en un plan Pastoral Zonal, generando así una rica reflexión teológica-
pastoral que dejó como fruto grandes líneas orientadoras:

»» Es fundamental Arraigarse en Jesucristo, Palabra de Vida, para fortalecer la


fe y generar una auténtica espiritualidad.
»» Para reconstruir el tejido social roto, que hace que la Iglesia esté diluida, urge
vivir en comunión. Las pequeñas comunidades son una estrategia pastoral
adecuada que promueven la caridad.
»» Ante el reclamo de un cristianismo encarnado, es importante dar razón de
nuestra esperanza, por medio del servicio a las personas y a la sociedad, que
manifieste la presencia de la Iglesia en la cultura y la promoción de los dere-
chos, deberes y el respeto a la vida.
La entonces Zona Pastoral Episcopal de la Sagrada Eucaristía tomó estos prin-
cipios y elaboró el Plan Zonal Pastoral en el cual se propuso un núcleo sobre el
que giraría el proceso de desarrollo del Plan. Dicho núcleo estaba formado por
opciones fundamentales y acciones constantes que contendrían y alimentarían
el itinerario a seguir. Dentro de estas opciones encontramos la “samaritanidad”
como estilo propio de vida cristiana y las pequeñas comunidades como espacio
vital que permitirían la experiencia concreta y encarnada de Jesús y la renovación
de la vida parroquial. La diócesis de Engativá heredó este legado pastoral y se ha
esforzado por ser fiel a la moción que el Espíritu entregó a la Iglesia de Bogotá.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

Desde su fundación, en el año 2003, en la Diócesis se inició un proceso de re-


flexión teológico pastoral alrededor del núcleo del Plan Pastoral de la Antigua
Zona Pastoral de la Sagrada Eucaristía. En esta reflexión se profundizó en la “Sa-
maritanidad” como fuente de espiritualidad, proponiendo el principio fundamen-
tal de la compasión-misericordia que daría como resultado el horizonte pastoral
de la Diócesis: “La Ciudad de la misericordia más humana y más fraterna”.

La profundización sobre las Pequeñas comunidades como espacio vital para vivir
la espiritualidad, nos llevó a asumir esta opción pastoral como estrategia del Plan
Pastoral Samaritano entregado a la diócesis en el año 2011.

Haciendo caso a los documentos del Magisterio,1 se llevó a cabo en la Iglesia local
de Engativá, una etapa de escucha del pueblo fiel y ministros ordenados de la Dió-
cesis en el año 2006 que partió de la reflexión de la Parábola del Buen Samaritano
(10,25-37) y asumió la pedagogía de Emaús (Lc 24, 13-35).2

En el primer momento de esta experiencia, imitando el encuentro del Resucita-


do con los discípulos de Emaús, propiciados por el Obispo Mons. Héctor Luis
Gutiérrez Pabón, los laicos y los Ministros Ordenados ejercitaron una escucha
mutua con el objeto de generar acuerdos, consenso eclesial, que diera lugar a la
formulación de Líneas pastorales para la construcción de Pequeñas Comunidades
Samaritanas y Misioneras. Este proceso tuvo lugar en el 2006.

En un segundo momento La Diócesis de Engativá para el año 2007, iluminando la


realidad con la parábola del buen samaritano, formuló el gran objetivo general del
Plan Pastoral Samaritano:

“La Diócesis de Engativá con la actitud del Buen Samaritano, se compromete a tra-
bajar en unidad pastoral para construir e impulsar comunidades arraigadas en la
Palabra y en la práctica Misericordiosa de Jesucristo, Comunidades que sean buena
noticia, levadura transformadora del tejido de nuestra sociedad, que construya La
Ciudad de la Misericordia, camino definitivo.” 3 Que a su vez se convirtió en el
referente teológico pastoral.

1 Los textos del magisterio citados anteriormente en el documento fundamentan en gran medida la opción
diocesana: dicha opción pastoral implica un compromiso de los laicos, los religiosos y religiosas, y el pueblo
fiel de Dios, en comunión con el Obispo, los Vicarios, los Párrocos, los Presbíteros y los Diáconos, de impulsar
pequeñas comunidades, arraigadas en la Palabra y en la práctica misericordiosa de Jesucristo, siendo buena
noticia, levadura transformadora del tejido social que lleve a todos hacia la construcción de “La Ciudad de la
Misericordia más Humana y más Fraterna”
2 Líneas Pastorales para la Formación de Comunidades Samaritanas y Misioneras en la ciudad. Comisión
Diocesana de Animación y reflexión Pastoral. Vicaría de Pastoral. Diócesis de Engativá.
3 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá 2012 – 2014 págs. 32 y 34

20 |
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

Para comienzos del año 2008, La Diócesis prepara la “condición de vuelta a la ciu-
dad” (Tercer momento de la pedagogía de Emaús) para misionar, con la “matriz
pedagógica” como formulación final de las Líneas Pastorales para la Construcción
de Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras en la ciudad y su correspon-
dencia con el Plan Pastoral Samaritano.

Dicha matriz está compuesta por cuatro Líneas Orientadoras: Discipulado Urbano
de la Palabra, Espiritualidad Urbana de la Misericordia, Comunidad Discipular
Urbana y Comunidades haciendo Misión en la ciudad; que corresponden a tres
escenarios o “territorios” de pastoral específicos que son: La Persona Humana; La
Parroquia; La sociedad, los barrios y otros escenarios urbanos.1

Así en la concreción de esta opción pastoral se ha tenido en cuenta la indicación


del Magisterio eclesial como hemos podido ver a lo largo de la explicación ante-
rior. No siendo suficiente con ello, se hace necesario fundamentar nuestro juicio
de este hecho histórico desde las Sagradas Escrituras, tomando como medida la
experiencia vivida en la Historia de Salvación desde nuestros Primeros Padres
hasta aquella experiencia de las primitivas comunidades paulinas. Paso que dare-
mos a continuación.

1 Líneas Pastorales para la Formación de Comunidades Samaritanas y Misioneras en la ciudad. Comisión


Diocesana de Animación y reflexión Pastoral. Vicaría de Pastoral. Diócesis de Engativá

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22 |
CAPÍTULO 2
Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

CAPÍTULO DOS
EL JUZGAR

U na vez realizada la aproximación a los documentos de la Iglesia que corres-


ponden al ver, daremos el siguiente paso para el juzgar. Examinaremos cómo
la opción pastoral de las Pequeñas comunidades Samaritanas y Misioneras tiene
su raíz en la Sagrada Escritura.

En un primer momento veremos como la construcción de la confederación de tri-


bus, se convierte en hecho fundante del pueblo de Israel; en un segundo momento,
profundizaremos en la acción evangelizadora de los orígenes en el movimiento de
Jesús, retomado por todos los demás movimientos dados al interior del cristianis-
mo primitivo; en un tercer momento, recabaremos en la experiencia del Apóstol
Pablo como formador de comunidades. Así tendremos los fundamentos bibli-
co-teologicos para juzgar la opción pastoral, relacionar y reflexionar alrededor de
la Formación de Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras, adoptada por
nuestra Iglesia Diocesana.

1. El Sueño Tribal De Yahvé, Paradigma En La Formación De


Las PCSyM.

La experiencia pedagógica realizada por la Diócesis de Engativá, en el contexto de


las semanas bíblicas que se realizan cada año desde el 2005 hacia el mes de Sep-
tiembre, ha enriquecido la reflexión teológica-pastoral que fundamenta la opción
de las Pequeñas Comunidades.

En el año 2009 durante la cuarta semana Bíblica se propuso en la Diócesis la si-


guiente pregunta para orientar la reflexión: ¿Cómo surgieron los textos sagrados

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

que hoy conocemos como “la Biblia” a partir de la experiencia de Fe del pueblo-Is-
rael?

Para dar respuesta a esta pregunta se tomó como fundamento el texto sobre la
conformación e historia de las Tribus de Israel1 presentado en la ponencia de la
Escuela Bíblica diocesana de Engativá. En esta se profundiza en tres momentos:
Los Hechos, la Tradición y la Escritura.

Los Hechos
Corresponden a la Historia donde se manifestó Dios al pueblo escogido. Para el
año 1100 a.C diferentes grupos creyentes en una única divinidad, que sufren la
opresión, la injusticia, el desplazamiento forzado y la esclavitud; impuesta por los
regímenes del momento y por los poderes de las Ciudades-Estado, tienen un en-
cuentro en una tierra estratégicamente ubicada: Canaán.

Estos grupos en su mayoría correspondían por una parte a Pastores nómadas o


grupo Abrahámico; por otra parte a Fugitivos de Egipto: grupo Mosaico o lide-
rado por Moisés. Los pastores nómadas son descendientes de los patriarcas, se-
mitas-arameos con la Fe en un Dios que los acompaña. Los fugitivos de Egipto
adoraban a un Dios liberador que los sacó de la esclavitud de Egipto. Este grupo
encabezado por Moisés, se estableció en las regiones montañosas de Canaán (1250
a.C.), para así protegerse de los carros de guerra y de los señores de las Ciuda-
des-Estados egipcias.

Encontramos también El grupo del Sinaí o Sinaítico: que tributaban a Dios Yahvé
el Sadday, Dios Misericordioso. Se refugiaron también en las montañas. Corres-
pondían a beduinos de las tribus nómadas del oriente que vivían en el desierto, al
sur del Mar Muerto. Vinieron de Seír de Edom, y también se establecieron en las
regiones montañosas de Canaán.

Además existía un grupo de “hapirus” o Campesinos nativos propiamente de Ca-


naán con la Fe también en el Dios liberador Sebaot, Dios de los Ejércitos. Explo-
tados y oprimidos que residían alrededor de las Ciudades-Estado, inconformes,
rebeldes y belicosos. Se retiraron hacia las regiones más aisladas de las estepas y
hacia las montañas.

Todos estos grupos son monoteístas, es decir, tributan la fe a un solo Dios (Ex 3,6).

Estas tribus caracterizadas y diferenciadas de otros grupos y asentamientos huma-


nos por el monoteísmo, tienen una experiencia comunitaria: el Hecho religioso que

1 GOTTWALD Norman K. Las Tribus de Yahve. Una sociología de la Religión del Israel Liberado.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

les permite unirse y no propiamente para ir contra el opresor sino para construir
una forma de organización social que contrasta con las opresoras, esclavizantes e
injustas de las cuales venían huyendo. Vieron como un solo Dios los convoca en
un lugar (las montañas de Canaán) y con un proyecto de organización (El sueño
Tribal de Yahvé). Estas experiencias se pudieron recrear en el mentado evento de
nuestra escuela bíblica diocesana, a través de dramatizaciones.

La experiencia comunitaria o experiencia fundante de estos cuatro grupos, quie-


nes percibieron la intervención de Dios único en su propia historia, es fundante y
transformadora. Definitivamente un único Dios inspiró la unidad de estos grupos
humanos, un Dios “Mujur” Rajum (Ex 33, 19; y 34,6), vale decir, un Dios Com-
pasivo Misericordioso. Precisamente con esta intencionalidad derivada de la raíz
“ mj)re “Rejem” (que significa entrañas y la encontramos 125 veces en el A.T.),
se recoge la experiencia del Dios compasivo y misericordioso, que llama a una
organización social, política y religiosa, compasiva misericordiosa y por lo tanto,
contrastante con la estructura opresora de las ciudades-Estado.

La experiencia de fe en Dios único Vivo que acontece en la historia, congrega


y mantiene unidos a estos grupos. Actúan en defensa propia contra el desplaza-
miento forzado, la esclavitud y la opresión ejercida por las estructuras de poder
preponderantes de ese momento de la Historia, buscando la autofinanciación y
colaboración mutuas.

De este modo, se configura la experiencia comunitaria que profesa la fe en Dios


vivo y único; Dios que acompaña en la propia historia. Estos nómadas desde su
propia cotidianidad, viven una experiencia religiosa, llegando a ser una sociedad
igualitaria en contraste con las estructuras de las Ciudades-Estado de la época,
consolidándose así EL SUEÑO TRIBAL DE YAHVÉ. Ellos perciben la mano de
un Dios misericordioso y a la vez liberador en las historias de cada uno y se unen
en torno a ese único Dios en el cual creen, siendo la experiencia Mosaica la más
predominante entre ellos. Declaran también hacer su voluntad, es decir, que toda
actividad que desarrollaban, estaba impregnada por la Divinidad (monoteísmo)

La Tradición
Podría entenderse como la conservación y transmisión oral en cerca de 700 gene-
raciones, de esa experiencia comunitaria de fe y para el caso concreto la experien-
cia fundante EL SUEÑO TRIBAL DE YAHVE.

El autor sagrado recoge la experiencia comunitaria de estos cuatro grupos huma-


nos, y a la luz de la fe monoteísta, muestra al Dios único que obra dentro del ser
humano y al interior de las comunidades.

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

Este Dios fiel cumple sus promesas Gn 12,1-3; 17,1-4; 26, 3-4; 26, 23-25; 28, 10-15
Ex 3,8-9; Jos 1, 2-6). Él, ha liberado a los nómadas fugitivos de la esclavitud del
faraón y les ha prometido llegar a ser un gran pueblo, heredero de una tierra que
mana leche y miel. Él, ha acompañado a los pastores desplazados, liberándonos
de la injusticia y la opresión. Él, ha defendido a los campesinos oprimidos, y les
ha proveído refugio y seguridad en las montañas. Él es el Dios compasivo y mi-
sericordioso.

En fin, lo que busca el escritor sagrado es conservar en la memoria las diferen-


tes experiencias monoteístas y logra entrelazarlas entre sí, como experiencia del
acontecer de Dios en la historia de las tribus creyentes en un solo Dios. Este Dios
que los acompaña y se compadece de su situación de desplazamiento, esclavitud,
opresión y pobreza extrema; el Dios que les promete una tierra donde podrán or-
ganizarse como ya lo han hecho la mayoría de los pueblos en el mundo conocido
(pasar de un estado nómada a uno sedentario).

Para mantener la experiencia en la memoria, se narra a un Dios Misericordioso


que está por encima de todos los pueblos; que es también guerrero y poderoso;
que vive en la historia de toda la creación, pues los mismos encargados de mante-
ner la tradición recogen también la cosmogonía, es decir, los relatos del origen de
la humanidad (no sólo de los pueblos circunvecinos sino de las propias tribus Gn
1, 1; 2,4) que para la época en que la tradición está en todo su esplendor, ya son
un solo pueblo: Israel.

Para mantener viva la memoria se utilizó el culto y las liturgias. Allí se trasmitían
de una generación a otra, todas las tradiciones principales con la narración deta-
llada de los acontecimientos históricos. Se comenzó a constituir un pueblo que
más tarde se denominaría Israel, un pueblo que comenzó a construir su historia y
su vida, desde la Fe en un único Dios.

El ahora llamado pueblo de Dios, hace una miraba hacia atrás y recuerda en forma
consciente lo que Dios había hecho en su propia historia. Todo lo acontecido y las
experiencias de todos los grupos que se unieron para formar Israel( Gn 15,6; 17,
1-2; 23,62-63; 26, 2-4; 32, 25-31; 35,9-10.22-26; 37,2b; Ex 3, 7-8; Jos 1, 1-8 funda-
mentado en la tradición Mosaica).

El culto configuró una comunidad que operaba según el principio que rezaba:
“…lo que pertenecía al pasado de cualquier grupo de Israel, pertenecía al pasado de
todo Israel y todo lo que significaba el presente de Israel, podía leerse en el pasado de
cada grupo ya unido como el pueblo de Israel…” Es decir que Yahvé había estado
obrando en la historia de cada grupo de los que luego llegaron a ser israelitas, de
tal modo que, esas historias independientes podían expresarse como etapas en la

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

historia de la formación del pueblo por parte de Yahvé.

El Pueblo Naciente de Israel fue tomando forma y organizándose socialmente en


familias extendidas (familia patriarcal), luego en asociaciones de familias extendi-
das (Clan) y las tribus propiamente dichas que eran agrupaciones de asociaciones
de familias extendidas.

En lo que respecta a las doce tribus de Israel las encontramos en el texto sagrado
únicamente, en género literario de listas y en un número de 16 que van desde Gn
29,3 hasta el capítulo 5 de Jueces. Ciertamente estos textos nos dan muy poca
información sobre cada uno de estos personajes que encabezaron importantes
asentamientos humanos, salvo en lo que atañe al Rapto de Dina Capítulo 34 de
Génesis; el Incesto de Rubén capítulo 35, 21-22; la Historia de Judá con Tamar en
el capítulo 38; Judá y Benjamín y la segunda expedición a Egipto de los hijos de
Jacob capítulo 43 del libro del Génesis. Estas listas las encontramos en Gn 29,3 -
30-24; 35,22b-26; 46,8-25; 48,5; 49; Ex 1,1-4; Nm 1, 5-15; 1,20-43; 2, 3-33;
13, 4-15; 10,13-27; 26,5-61; 34, 16-39; Dt 33; Jos 13-22; Jc 5 .

La Escritura
Es decir, el texto de principio a fin, como quedó relatada la tradición por escrito.
Esa experiencia a la luz de la fe, que comenzaría a darse en el año 900 a.C. fecha
que coinciden varios exégetas es el momento en el cual se produciría el primer
texto escrito de toda la Sagrada Escritura: Jueces capítulo 5 “El Cántico de Dé-
bora”. Por su lenguaje arcaico de un hebreo primitivo y por ello probablemente
cercano a los acontecimientos que allí se relatan: el triunfo de los Israelitas sobre
los Reyes de Canaán.

Estos textos que hoy en la Iglesia los tenemos como Inspirados, nos permiten
resaltar los puntos de aproximación a nuestra experiencia diocesana de pequeñas
comunidades, buscando así actualizar el hoy de la Iglesia Diocesana, iluminándo-
lo desde la experiencia vivida por el Pueblo de Israel.

Comencemos entonces por la misma experiencia Religiosa narrada en los prime-


ros libros de la Sagrada Escritura, que es de carácter eminentemente incluyente,
donde las diferentes experiencias de Dios y las historias independientes de cada
grupo podían expresarse, como etapas de una única historia, en una única ex-
periencia fundante de la formación de un único pueblo: el pueblo formado por
Yahvé; donde las peculiaridades de cada sub historia, afirmará y solidificará la
unidad del pueblo.

Esta es toda una experiencia que motiva a constituir las pequeñas comunidades,

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

como fuente de experiencias religiosas incluyentes. Este espacio vital permite


compartir las experiencias particulares de Dios, y de la vida misma; vincula a las
personas sin importar, origen, clase social, nivel económico, inclinación política o
experiencia religiosa generando movimiento de solidaridad, apoyo y compromiso
de defensa de la vida.

En la experiencia de Israel hay un Dios compasivo y misericordioso, que llama a


una organización social, política y religiosa, compasiva y misericordiosa, en con-
traste con las estructuras opresoras, deshumanizantes que pueden darse en la vida
de la ciudad. Recordemos entonces como el horizonte diocesano de la misericor-
dia en Engativá propone las pequeñas comunidades como espacio vital para rela-
ciones solidarias de inclusión; como generadoras de espiritualidad, de compasión,
de misericordia. Este principio mueve los sentimientos y los hábitos para hacer
propios los sufrimientos de los demás, reaccionando comprometidamente con
hechos concretos de vida, ante todas las actitudes opresoras y buscando erradicar
el sufrimiento ajeno.

La experiencia del grupo de Abraham, del grupo de Isaac, de Jacob, de Moisés


y Josué que está narrada en las Sagradas Escrituras (especialmente la de Miosés
y Josué a la que se dedican libros completos con los títulos del chamot) son los
nombres que traducimos en nuestras biblias como el libro del Éxodo y el libro de
Josué. Estos textos unen también las tradiciones de Fe, reconociendo y mostrando
a un Dios único; legislando y juzgando en torno a este Dios; legislación y escri-
tura que la vemos reflejada en los cinco primero libros del primer testamento a
través de diversas tradiciones Eloista, Yahvista, sacerdotal, deuteronomista y laica.

En esas familias extendidas de Israel, se relacionaban como parientes no solo los


que tenían grado de consanguinidad; sino también quienes eran afines (en sus la-
bores, u experiencias) y quienes tenían proximidad local; compartiendo celebra-
ciones cúlticas como la pascua. Estos textos nos exhortan para que las pequeñas
comunidades vivan como una familia en una pluriculturalidad, y que unidas en la
red Arciprestal y Diocesana, conformen una gran familia donde converjan diver-
sas visiones. Construir relaciones fraternas para compartir y comunicar la expe-
riencia de Dios en comunidad. La pequeña comunidad, debe ofrecer espacios que
posibiliten esa experiencia transformante y transformadora de Dios para todas
las subjetividades que emergen en la ciudad.

Las tribus conservaban factores identitarios; no por pertenecer a la confedera-


ción de tribus perdían su identidad, pues conservaban sus experiencias y tradi-
ciones comunes, su ubicación geográfica, sus métodos agrícolas, pastoriles, y de
elaboración del pan, del vino, y del aceite. Una pequeña comunidad no implica la

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

uniformidad, pero si la construcción de una identidad colectiva, derivada de una


experiencia fundante, que reúne los sueños, necesidades, anhelos e ideales, de
un grupo que se une en torno a una lectura comunitaria de la Sagrada Escritura
transformante y trasformadora.

La confederación de tribus, se presenta como una sociedad, portadora de una cul-


tura de tribus asociadas e igualitarias, como una multiculturalidad caracterizada
por una experiencia religiosa (encuentro de grupos diferentes creyentes en un
solo Dios), que va más allá del acto cúltico, o del rito y llega hasta un compromiso
ineludible con el sistema igualitario social y económico. Así las pequeñas comuni-
dades, deben trabajar para que al se den las condiciones de inclusión, igualitarie-
dad, fraternidad y solidaridad del ideal tribal de Yahvé, con el mismo compromiso
ineludible con el que aquellas tribus asumieron el sistema social igualitario, que
desde la Fe trasforme su entorno.

2. La Experiencia Tribal y su aplicación al hoy en las PCSyM.

Las relaciones de solidaridad, reciprocidad y ayuda mutua que se vivieron al in-


terior del sistema tribal Israelita, se convierte en la fuente donde se nutre el Dis-
cipulado urbano de la Palabra, para vivir el principio teológico “compasión – Mi-
sericordia” al interior de las pequeñas comunidades, donde se hace realidad la
espiritualidad Samaritana, no como discurso, sino como praxis, entendida como
hechos concretos de vida.

La experiencia tribal, nos conduce a identificar el Proyecto del Dios de la vida.


Una experiencia personal y comunitaria, dirigida a instaurar la justicia y la mise-
ricordia donde no son bien vistas, a disminuir el sufrimiento de muchas personas
víctimas de procesos deshumanizantes.

Este breve estudio del texto bíblico busca animar a cualquier Iglesia Particular
como lo ha hecho con nuestra Diócesis de Engativá, a formar pequeñas comuni-
dades que contribuyan a transformar el tejido social del entorno urbano que nos
corresponde.

De acuerdo a todo lo visto surge una pregunta para nosotros hoy: ¿Qué es lo que
nos motiva y anima para sostener y fortalecer nuestras experiencias de organi-
zación comunitaria que ahora son fuente de resistencia pacífica no como fuerza
beligerante sino aprovechando el potencial humano a partir del Evangelio, con
hechos concretos que construyen vida, esperanza y solidaridad?

El tribalismo se caracteriza principalmente porque es un sistema social igualita-


rio, es decir, se procura evitar la dominación de un grupo sobre otro dentro de

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

una tribu. Los líderes y miembros de las diferentes tribus se ven todos iguales ante
la divinidad que adoran y los convoca a trabajar por su bienestar, buscando por
medios pacíficos la justicia social, siendo incluyentes, solidarios y misericordiosos
con los que no hacían parte de su proyecto de vida. De la misma manera las Pe-
queñas Comunidades Samaritanas y Misioneras (PCSyM) “…buscan su alimento
en la palabra de Dios y no se dejan aprisionar por la polarización política o por las
ideologías de moda, prontas a explotar su inmenso potencial humano; — evitan la
tentación siempre amenazadora de la contestación sistemática y del espíritu hiper-
crítico, bajo pretexto de autenticidad y de espíritu de colaboración;— permanecen
firmemente unidas a la Iglesia local en la que están insertas, y a la Iglesia universal,
evitando así el peligro muy real de aislarse en sí mismas, de creerse, después, la úni-
ca auténtica Iglesia de Cristo y, finalmente, de anatemizar a las otras comunidades
eclesiales.” 1

3. “La Experiencia De Las Primitivas Comunidades Cristianas


Fundamento y Gérmen Para Las Pequeñas Comunidades
En La Diócesis De Engativá”

Comunidades apostólicas
De la lectura de las experiencias apostólicas narradas en el libro de Hechos de los
Apóstoles, encontramos varios textos que nos describen la vivencia de las prime-
ras comunidades Cristianas, quienes se mantenían constantes en la enseñanza de
los Apósteles, recibían entonces de primera mano la tradición oral apostólica (Lc
1, 1-4). Aunque muchas hablaban un mismo idioma (el arameo, el hebreo o el
griego), tenían entre si el mismo lenguaje de la fe recibido de la misma tradición
apostólica, que los hacía vivir en comunión. Este lenguaje de fe testimonia que
las comunidades se mantenían constantes en la Fracción del Pan y en las oraciones
(perseverando en la conmemoración – renovación del sacrificio eucarístico) de
la celebración de la última cena, lo que los discípulos vivieron con Jesús y que los
distinguía (Lc 22).

Al mismo tiempo el hecho de asumir la Fe en Jesús resucitado y haber tenido la


experiencia del encuentro personal con Él (Lc 24, 36-43; Jn 21,1-14; Mc 16,14; Mt
28, 16-17)Motivaba a los hermanos a poner todo en común entre ellos y repartirlo
según las necesidades de cada uno, como manifestación del amor derivado de un
mismo Espíritu: el del Resucitado, esto convertía las comunidades apostólicas en
signo visible del amor de Dios. Tal como con lo atestigua Hch 4,32: “La multitud
de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes

1 S.S. Papa Pablo VI “El Anuncio del Evangelio” N. 58 (1.975)

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

como propios, sino que todo lo tenían ellos en común”. Lo encontramos también en
el texto posterior en el Evangelio según San Juan 13,35: “En esto conocerán todos
que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”. Este acontecimiento
junto con la predicación Apostólica que contenía el Kerigma (Anuncio de la no-
ticia de Jesús muerto y resucitado), fue definitivamente el paradigma que llevó a
las primeras comunidades cristianas a multiplicarse rápidamente, como el mismo
libro de Hechos lo describe: “muchos de los que habían oído el discurso creyeron; y
el número contando solo a los hombres, llegó a unos cinco mil”.1

“Las primeras comunidades llegaron incluso a vender sus bienes, y todo lo tenían
en común, viviendo como una verdadera comunidad de seguidores de Jesús. Hacer
dinero dejó de ser lo más importante en la vida, únicamente les interesaba alabar a
Dios y llevar a otras personas el mensaje de su cambio de vida.” 2

En el capítulo sexto del libro encontramos un énfasis urbano que nos recuerda el
estilo del redactor de la obra lucana.3

Estas experiencias de encuentro con el Resucitado, hicieron posible la expansión


del Cristianismo a través de comunidades que se convertirían en signos de la con-
tinuidad del actuar de Dios en la Historia, ahora Nueva Historia de Salvación
(Hch 9,31; 12,24).

En Hch 5,14.42 nos muestra la perseverancia de estas primitivas comunidades


que se congregaban con un mismo espíritu en el Templo (pórtico de Salomón)
para recibir la enseñanza apostólica: el anuncio de la Buena Nueva de Jesús el Cris-
to. En las casas además efectuaban la fracción del pan. Esta experiencia de Jesús
de Nazaret, el Mesías que había de venir, fundamentaba y trasmitía la enseñanza
de los Apóstoles que se conserva intacta en los tiempos actuales. Sin embargo,
ese rostro humano de Jesús es ahora mirado desde nuestro propio contexto que
quiere retomar esta experiencia primera. Ahora es el tiempo propicio, el “Kairos”,
el tiempo de Dios, el tiempo de reencontrarnos con Jesús en su Evangelio, del cual
parte nuestro proyecto diocesano.

Por esto mismo, de manera admirable, podemos afirmar que: “…es también el
tiempo de la humanidad, el tiempo de que los creyentes bajemos al encuentro de
Dios en los más pobres; el tiempo de hacer una opción por los excluidos y margi-
nados.” 4 En efecto, es el Espíritu de Jesús de Nazaret, quien nos instruye a fondo,

1 Hch 4,4
2 DRANE John. La Vida de la Primitiva Iglesia. Págs. 62-63 Editorial Verbo Divino.
3 Hch 6,7
4 GONZÁLEZ BUELTA Benjamín S.J. Bajar al encuentro de Dios entre los pobres. Pág. 9 Editorial Editorial
Sal Terrae 1.998.

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

para poder contemplar y tocar, el rostro humano de Dios en el excluido y mar-


ginado. El tomar conciencia de ello, nos coloca en la fascinante certeza de que
nuestra misión hoy, es hacernos profundamente humanos, para hacer realidad el
Proyecto del Dios de la Vida, que quiere que tengamos Vida en su Nombre.

Por tanto, nuestra misión como Iglesia de este tiempo, es hacernos servidoras y
servidores de la misión del Espíritu, al que la Iglesia, desde sus orígenes, lo cono-
ció como el que hace nuevas todas las cosas y sopla donde quiere, dando Vida a
todos los que se renuevan y se ponen confiadamente en su ruta1. De esta manera
se renovará nuestra Iglesia, haciéndose discípula humilde del Espíritu de Jesús de
Nazaret, se instruirá en lo que el Espíritu enseña: la permanencia en el Amor del
Padre y del Hijo. Esto es en lo que nos forma en el Espíritu2 porque esto es lo que
nos mostró Jesús con su vida y nos lo dejó como su máximo legado.

A la petición que le hace Felipe: “muéstranos al Padre y con eso nos basta” 3 Jesús
le contesta que quien le ha visto a Él, ha visto también al Padre4. Jesús es el Sacra-
mento vivo del Padre, y con el acierto del buen pedagogo, le recuerda a Felipe, que
hace tiempo viene viendo al Padre, porque ha estado viéndole a Él.

A Jesús sólo lo han visto entregando vida y vida abundante5 Lo vieron devol-
viéndole la dignidad a la mujer samaritana6 ; sacando de la ceguera excluyente,
humana y social, al ciego de nacimiento7. Le vieron instruyéndoles en la igualdad
fundamental del discipulado, al lavarles los pies humildemente8. Lo vieron en fin,
mostrándoles cómo es el camino que conduce al Padre9, o cómo hay que ser y ac-
tuar para pertenecer y permanecer en su Proyecto de Vida. Si así es Jesús, enton-
ces… ¿cómo es el Padre? Bella respuesta la que da Jesús a Felipe y a nosotros hoy.
En el Hoy, vemos el rostro de Jesús en el pobre, en el marginado, en el excluido;
estos son los rostros humanos, los sacramentos vivos del Jesús que sufre, pero que
alimentan la misión de las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras en
la ciudad.

1 Jn 3,8 texto citado por el documento: IDENTIDAD MISIONERA DE LA IGLESIA DIOCESANA DE


ENGATIVÁ “Ruta Misionera hacia la Ciudad de la Misericordia. Primer Trienio 2012-2014”
2 Jn 14,26 texto ibídem.
3 Jn 14,8 texto ibídem.
4 Jn 14,9 texto ibídem.
5 Jn 10,10 texto ibídem.
6 Jn 4 texto ibídem.
7 Jn 9 texto ibídem.
8 Jn 13,4-15 textos ibídem.
9 Jn 14,6 texto ibídem.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

Comunidades paulinas
Viene ahora la experiencia Paulina, que corresponde a la otra faceta grande de la
vida del apóstol Pablo. La del misionero y fundador de comunidades. Él mismo
relata los avatares de su experiencia misionera en estos términos: “Hice muchos
viajes. Sufrí peligros en ríos, con peligros de bandidos, peligros en la ciudad, pe-
ligros en el desierto, peligros en el mar. Tres veces naufragué. Una vez pasé un
día y una noche en alta mar” (2Cor 11, 25-26). En este aparte tendremos muy
presente el texto de Carlos Mesters O.C, Pablo apóstol: un trabajador que anuncia
el Evangelio.

Las comunidades fundadas por Pablo no están tan distantes de las que pretende-
mos fundar hoy, muchos de los conflictos que hoy vivimos comunitariamente ya
se daban en los tiempos de Pablo. Por eso mismo, el pueblo de las comunidades
no era perfecto. Era espejo de lo que sucede hoy, cuando gente bien intencionada,
de diferentes orígenes y mentalidades, decide caminar juntos. La fraternidad es
un desafío. Aun así, a pesar de todas esas dificultades, el ánimo de la gente era
muy grande. Ellos no se desanimaban y las comunidades crecían, eran una nueva
manera de ser pueblo de Dios. Pablo las acompañaba ya fuera personalmente,
o a través de emisarios, o por medio de sus cartas, que son verdadero ejemplo
de constancia, perseverancia, honda fe y decisión inquebrantable por anunciar el
Evangelio en las ciudades de la época.

“Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas, me extendieron la mano a


mí y a Bernabé, en señal de comunión: nosotros trabajaríamos con los paganos, y
ellos con los circuncidados... Mi preocupación cotidiana es la solicitud que tengo
por todas las comunidades... Me hice todo para todos” (Gal 2,9; 2Cor 11,28; 1Cor
9,22). 1 Partiendo de estas citas Carlos Mesters presenta a Pablo como misionero
y coordinador de comunidades.

Hch. 13,2-4 relata cómo la comunidad envía a Pablo a anunciar el evangelio por
el mundo, y en consecuencia el mismo libro de los hechos nos relata sus tres viajes
misioneros Hch.13,3-14,28; 15,36-18,22; 18,23-21,17; para Mesters la clave para
entender el tercer viaje esta en el discurso de Hch. 20,17-35, discurso que va di-
rigido a los animadores de las comunidades; discurso hecho en la comunidad de
Mileto, en Asia Menor; en este discurso Pablo da testimonio de cómo se debe
anunciar el Evangelio y coordinar una comunidad.

Mesters nos invita a estudiar las siete comunidades de la época de Pablo, es decir,
las siete comunidades que recibieron cartas de Pablo: Tesalónica, Galacia, Filipo,
1 Mesters Carlos “Pablo apóstol. Un trabajador que anuncia el evangelio.” Colección Bíblica N. 63. Editorial
Tierra Nueva. Vicaria sur de Quito. Centro Bíblico Verbo Divino 2.000.

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

Corinto, Éfeso, Colosa y Roma desde siete pasos que según él marcan el caminar
de aquellas comunidades y de las comunidades cristianas actuales, esos pasos o
etapas son:

Primer Paso: NACIMIENTO. El comienzo de la caminata


»» La fundación de la comunidad: los hechos, el inicio de la caminata
»» Cómo fue hecho el primer anuncio de la Buena Nueva: los discursos
»» El contenido del primer anuncio que provoca la conversión
»» Las personas que fueron parte en la fundación de la comunidad
»» Las dificultades y los problemas
Segundo Paso: ACOMPAÑAMIENTO a la comunidad
»» El contacto personal: la manera como Pablo trata a las personas
»» El contacto a través de mensajeros y coordinadores
»» La red de contactos entre las comunidades
»» El contacto a través de las cartas
»» El acompañamiento por carta para animar, orientar. criticar
Tercer Paso: IDENTIDAD. El auto-retrato de la comunidad:
el Credo, la manera de identificarse
»» En la relación con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo
»» En la relación entre sí, como hermanos: la fraternidad En la relación
»» Para fuera: la misión y el servicio al mundo
»» En la relación con el pasado: herencia, promesas y la venida de Jesús
»» El Credo y los trazos principales del auto-retrato de las comunidades
Cuarto Paso: VIVENCIA de la nueva vida en Cristo
»» La experiencia y el significado de la fe en la resurrección
»» El uso dela Biblia: objetivo, criterios y resultado
»» La explosión de los dones y carismas
»» El ejercicio del amor fraterno: la caridad y el testimonio
»» La celebración de la nueva vida y las formas de rezar

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

Quinto Paso: ORGANIZACIÓN de la comunidad


»» Las “ordenes” de Jesús a sus apóstoles: servicio y alabanza
»» Costumbres, prácticas, doctrinas, reuniones, asambleas
»» Ministerios y dones para asegurar la vida interna de la comunidad
»» Ministerios y dones para asegurar el testimonio y la misión
»» Articulación de los dos niveles, de servicios o ministerios
Sexto Paso: PROBLEMAS. Algunos problemas específicos y
su solución
»» El conflicto básico de la comunidad
»» El problema de los carismas y del don de lenguas
»» El problema del liderazgo y de la autoridad en la comunidad
»» El problema de las doctrinas extrañas
»» La manera de enfrentar y resolver los problemas
Séptimo Paso: PROYECTO DE VIDA. El proyecto de
esperanza que anima la comunidad la hace caminar
»» La fe en la resurrección como fuerza liberadora
»» La comunidad como realización de las personas
»» Comunidad como muestra gratis del futuro que todos esperan
»» El proyecto o la esperanza que anima la comunidad
»» La venida de Jesús sobre las nubes.
“Cada comunidad pequeña realiza, a su manera, la realidad de la comunión de toda
la Iglesia, la cual se expresa, igualmente, por la unión entre todas las comunidades,
que pueden tener un solo corazón y una sola alma. Así, en cada una de las pequeñas
comunidades y en toda la Iglesia, se hace realidad el hecho de que la Iglesia es la
esposa.” (Ef 5,23; Ap 19,7; 2 Cor 11,2-3).

“Toda la Iglesia y cada comunidad es el templo de Dios” (Ef 2,21; 1Cor 3,10); toda
la Iglesia y cada comunidad es evangelizadora. Pablo aclara: “Esto no implica la
uniformidad, sino unidad en la diversidad; puesto que las particularidades deben
ser elementos de riqueza y las dificultades deben ser superadas por la comunión en
la Iglesia y la unidad de fe y de amor, de modo que… —ya no hay hombre ni mujer,
griego ni bárbaro, esclavo o libre—” (Gal 3,26-28). 1

1 DUARTE T. Álvaro. INTRODUCCIÓN A LA ECLESIOLOGÓA. Ed. Minuto de Dios. p.82

36 |
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

De la lectura de los primeros capítulos del libro de Hechos de los Apóstoles 1-9 se
desprenden cuatro elementos importantes, que no deben faltar hoy en el testimo-
nio de las comunidades y de la Iglesia, como son: la liberación de la esclavitud; la
liberación de la enfermedad; la liberación de la pobreza y el anuncio del evangelio.
La fraternidad, el entenderse hermanos en Cristo, buscando llevar la cruz comu-
nitariamente, es la tarea permanente de la comunidad. Preguntémonos: ¿cómo
vive La Iglesia hoy esta tarea comunitaria? 1

Por último, debemos considerar la personalidad de María: “La Madre de mi Se-


ñor” (Lc1,42). La Madre de Jesús, que, junto con los Santos, son hijos que se des-
tacan en el nuevo pueblo de Dios, pues supieron vivir lo que Jesús enseñó.2 María
no solamente era de Dios, sino también del Pueblo de Dios, vivía los problemas
del Pueblo, con el Pueblo. María era pobre, no como quien desciende de lo alto
del trono, para dar una pequeña ayuda o limosna a los pobres de abajo, sino que
vivía la misma vida de todos, no había lugar para ella en grandes mansiones o en
los Palacios de la época, sino que vivía en suma pobreza, su casa eran las grutas y
barrancos 3, se dedicaba al seguimiento de su Hijo, de quien tenía conciencia de
su origen divino. Colaboraba eficazmente con el proyecto de salvación de su Hijo
Jesucristo, y María guardaba todas estas cosas en su corazón (Lc 2,19.51).

1 RICHARD Pablo. EL MOVIMIENTO DE JESÚS DESPUÉS DE SU RESURRECCIÓN. Editorial Verbo


Divino Colección Biblia N. 71. Pág. 55
2 CASALDÁGILA Pedro. ¿Qué es la Iglesia? Colección la Base serie vida Sacramental. 1981.
3 MESTERS Carlos. “MARÍA : La madre de Jesús” Ed. Verbo Divino Colección Biblia. N.9 pág.15

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38 |
CAPÍTULO 3
Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

CAPÍTULO TRES
EL ACTUAR

D espués de la lectura de la realidad que abordamos desde el Magisterio de la


Iglesia (el ver); y la fundamentación en las experiencias bíblicas que ya he-
mos descrito (el juzgar); en este capítulo concluimos que: la acción pastoral Dio-
cesana (el actuar) ha optado debidamente por llevar su plan hacia la formación,
desarrollo y consolidación de las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misione-
ras (PCSyM), para luego llegar al horizonte del mismo Plan Pastoral Samaritano
de nuestra Diócesis: “La Construcción de la ciudad de la Misericordia más hu-
mana y más fraterna”.

1. ¿Por Qué Nuestras Pequeñas Comunidades Deben Ser


Samaritanas?

Para justificar la samaritanidad de las PCSyM es necesario remitirnos al objeti-


vo general del Plan Pastoral Diocesano: “La Diócesis Urbana de Engativá con la
actitud del Buen Samaritano, se compromete a trabajar en unidad pastoral para
construir e impulsar comunidades eclesiales arraigadas en la Palabra y en la prác-
tica misericordiosa de Jesucristo, comunidades que sean Buena Noticia, levadura
transformadora del tejido de nuestra sociedad, que construyan la Ciudad de la Mi-
sericordia, camino del Reino definitivo”.1

Comprendemos “la actitud del Buen Samaritano”, como la espiritualidad carac-


terística de todo el quehacer Diocesano de Engativá. Siendo las Pequeñas Comu-
nidades la estrategia del Plan Pastoral, no puede carecer de dicha espiritualidad

1 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Pág. 32

40 |
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

samaritana, ya que esta contribuye a vivir la misericordia en la Iglesia diocesana:


“dispuesta a sanar a los heridos de los caminos, que están sufriendo en medio de
la indiferencia de la gran ciudad.” 1

Dicha espiritualidad samaritana se da como consecuencia de acoger la parábola


del buen samaritano (Lc 10,25-37), como fundamento de respuesta a los reclamos
de la ciudad. El Plan diocesano reconoce en dicha parábola, “una clara señal del
Espíritu de Jesús para la Iglesia de Bogotá”. 2

Sólo viviendo radicalmente la espiritualidad samaritana podemos llegar a consti-


tuir comunidades eclesiales arraigadas en la palabra y en la práctica misericordio-
sa de Jesucristo: “comunidades samaritanas y misioneras… esto es lo que las hace
discípulas, misericordiosas y misioneras”. 3

2. ¿Por Qué Nuestras Pequeñas Comunidades Deben Ser


Misioneras?

El origen Misional de las Pequeñas Comunidades Samaritanas, se extrae de dos


vertientes: de el objetivo general del Plan Pastoral y la parábola del Buen samari-
tano.

En el objetivo general del Plan Pastoral Samaritano, encontramos el ser de las


Pequeñas Comunidades diocesanas: “…que sean buena noticia, levadura transfor-
madora del tejido de nuestra sociedad. Comunidades que se hagan Evangelio vivo
de Jesús en la ciudad”.4 Esta es la misión concreta de las PCSyM de la Diócesis de
Engativá.

Así, para la Diócesis, las PCSyM son: “…asumidas como el Espacio Vital del Plan
de Pastoral de la Diócesis… no son un fin en sí mismas, sino una Mediación Funda-
mental”. Sin olvidar que el fin último es: “que construyan la Ciudad de la Misericor-
dia, camino del Reino Definitivo”. Por lo tanto, su aspecto misional se evidencia en
el “impacto social”, en el “trabajo por una ciudad más humana, justa y compasiva.” 5

1 Ibídem. Pág. 34. Y Estatuto Epistemológico del Plan Pastoral de la Diócesis de Engativá. 2010 pág. 6
2 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Pág. 13
3 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Pág. 34-35. Estatuto Epistemológico del Plan
Pastoral de la Diócesis de Engativá. 2010 pág. 7-8.
4 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Pág. 34-35. Estatuto Epistemológico del Plan
Pastoral de la Diócesis de Engativá. 2010 pág. 7-8
5 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Pág. 34-35. Estatuto Epistemológico del Plan
Pastoral de la Diócesis de Engativá. 2010 pág. 7-8.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

La parábola del buen samaritano, nos invita a salir de nosotros mismos, de nues-
tro propio mundo y a entrar en el mundo de los otros. Este movimiento hacia el
otro, profunda experiencia de humanidad, fue acogido como opción en la Iglesia
Diocesana, para su acción pastoral, la cual asume la experiencia del buen samari-
tano, de “optar por vivir la Misericordia.” 1

En consecuencia, el plan pastoral tiene como fundamento de la acción misione-


ra diocesana, el principio “Compasión-Misericordia”. Se entiende, entonces, “la
compasión”, como el sentir entrañablemente de la humanidad y “la misericordia”,
como el actuar para tocar dicha humanidad, para hacer comunión con ella.2

3. ¿De Dónde Sale La Ruta Pegagógica Para La Formación


De Las PCSyM De La Diócesis De Engativá?

Resulta del caminar de la Iglesia Diocesana de Engativá, en las Líneas Pastorales


para la formación de PC, en la profundización bíblica y en su Plan Pastoral Sama-
ritano. De esta forma, la Diócesis de Engativá establece unos pasos para la forma-
ción de las PCSyM, estableciendo tiempos de duración, estructura organizacional
de apoyo, líneas orientadoras, ambitos y territorios de acción; soportados en una
espiritualidad centrada en los Evangelios.

Buscando responder a las inquietudes formuladas por la segunda asamblea Ecle-


sial Diocesana realizada en el año 2006, la Ruta Pedagógica para la Formación,
Desarrollo y Crecimiento de las PCSyM de la Diócesis, desarrollan la matriz pe-
dagógica fruto de esta reflexión. (Ver cuadro página siguiente)

El gráfico nos muestra la matriz pedagógica y los pasos que dan origen a la ruta
pedagógica. Estos pasos pretenden de manera transversal establecer un proceso
formativo que integre todos los aspectos implicados en la matriz.

Para establecer los tiempos y las estructuras se elaboró un diagrama de fujo en el


que se hacen las relaciones detalladas y se grafica el alcance y desarrollo de cada
línea, así como su aplicación en las parroquias y en los distintos escenarios urba-
nos. Cuadro en: www.diocesisdeengativa.org/coleccionsamaritana

4. ¿Cuáles Son Los Pasos Para La Formación De Las PCSyM


Diocesanas?

Resultado de un proceso de reflexión, se establecieron seis pasos:

1 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Pág. 37


2 ibídem Pág. 37

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

El camino de las pequeñas comunidades


en la ruta pedagógica de las líneas pastorales
Campo de arraigo en
Campo de Campo de servicio a las
Jesucristo
vida en comunión personas y a la sociedad
palabra de vida

Formación Bíblica Peq. comunidades Programas de proyección social

Constan- Campos de pastoral


tes
Persona humana Parroquia y otros esce- Sociedad y barrios
Lineas narios urbanos
orientadoras

Discipulado urbano de
1 2 3 Observatorio parroquial.
la palabra
Anunciar el evangelio
Formar discípulos en la ciudad Conocimiento del contexto urbano

Espiritualidad urbana
4 Estructuración de programas
de proyección social parro-
de la misericordia quiales de PCSyM
Coherencia entre fe Compromiso humani-
y vida zante Compromiso urbano

Implementación de progra-
Comunidad discipular 5 mas de proyección social
urbana parroquiales de PCSyM
Unidad y compromi- Parroquia nueva
so comunitario Evangelización nueva Impacto social

Programas de pro-
Comunidades haciendo 6 yección social de
misión en la ciudad PCSyM en marcha
Vivir una eclesiología
Vivir un auténtico de comunidad y mise- Dialogar con las culturas y con la
discipulado ricordia sociedad

»» Primer Paso: Pre-comunidades. Preparándose para la misión.


»» Segundo Paso: Nacimiento. El comienzo del camino.
»» Tercer Paso: Desarrollo y Consolidación. Acercamiento a la Humanidad de
Jesús: Espiritualidad de la Misericordia desde Marcos.
»» Cuarto Paso: Vivencia y Crecimiento de las PCSyM. Hacia la Ciudad de la
Misericordia: Espiritualidad Urbana de la Misericordia desde Lucas.
»» Quinto Paso: Proyecto de Vida de las PCSyM. La Iglesia construyendo la
Ciudad de la Misericordia con Justicia Social: Comunidad Discipular Urbana
desde el Evangelio según San Mateo.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

»» Sexto Paso: Las PCSyM signo visible del Amor Misericordioso de Dios. La
Ciudad de la Misericordia Signo Visible del Reino de Dios. Comunidades
haciendo misión en la ciudad, desde el Evangelio según San Juan.

5. ¿De Dónde Salen Estos Pasos?

Los nombres dados a los pasos en la Ruta Pedagógica para la formación de las
PCSyM, son el resultado de conjugar los pasos propuestos por Mesters1 para
abordar las comunidades Paulinas, con las especificaciones dadas por las Líneas
Pastorales para la formación de las comunidades Diocesanas2 y la actividad que
desarrolla la comunidad de cara a la realidad inserta, es decir, su proyección social
en cada paso. (ver cuadro página siguiente).

Dicha conjugación dio no sólo el nombre del paso, sino un título, relacionado
directamente con las líneas pastorales a partir del tercer paso:

Paso Nombre del paso Linea Pastoral


3 Desarrollo y consolidación. Espiritualidad de la misericordia
Acercamiento a la Humanidad desde Marcos.
de Jesús.
4 Vivencia y crecimiento de las Espiritualidad urbana de la miseri-
PCSyM. cordia desde Lucas.
5 Proyecto de vida de las PCSyM. Comunidad discupular urbana
desde Mateo. Impacto social.
6 Las PCSyM signo visible del Amor Comunidades haciendo misión en
Misericordioso de Dios. la ciudad desde Juan.

6. ¿Por qué se opta por la lectura de los cuatro Evangelios?

El orden de lectura de los Evangelios propuesto nos permite abordar de manera


lógica y dar respuestas a las líneas expuestas en la matriz pedagógica diocesana,
además da título, tiempos y orden a la proyección social de las PCSyM. Así se
privilegia en un primer momento el discipulado urbano del a Palabra; luego se
fundamenta la espiritualidad samaritana para generar la proyección social y el

1 Mesters nos invita a estudiar las siete comunidades de la época de Pablo, es decir, las siete comunidades
que recibieron cartde Pablo: Tesalónica, Galicia, Filipo, Corinto, Éfeso, Colozsal y Roma desde siete pasos que
según Mesters marcan el caminar de aquellas comunidades y de las comunidades cristianas actuales. Mesters,
Carlos “Pablo Apostol. Un trabajador que anuncia el Evangelio” Colección Biblica N. 63. Centro Biblico Verbo
Divino. Quito. Año 2.000 Págs.119-146
2 “Líneas Pastorales para la Formación de Comunidades Samaritanas y Misioneras en la Ciudad” Diócesis de
Engativá”. 2007. Pág. 58

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Paralelo entre pasos de las comunidades Paulinas (C. Mesters) y las comunidades Diocesanas
Comunidades Paulinas
Comunidades Diocesanas
1. Nacimiento
La fundación: los heczhos, el inicio, las personas,
dificultades y problemas 1. Precomunidades
Convocatoria de animadores
2. Acompañamiento
Formación de animadores
El contacto personal, por carta y por
Equipos Parroquial y Arciprestal
mensajeros. Red de contactos.
3. Identidad 2. Nacimiento
Relación con: Convocatoria de integrantes
La Trinidad. Planificación y Eucaristía de envío
Los hermanos: La Fraternidad. Primera reunión
El mundo: La Misión.
Herencia y venida de Jesús. 3. Desarrollo y consolidación
El Credo. Lectura de Marcos
Celebraciones: Retiros, asambleas, etc.
4. Vivencia Estudio del concepto parroquial
El significado de la resurrección.
Uso de La Biblia. Dones y Carismas. 4. Vivencia y crecimiento
Amor fraterno. Lectura de Lucas
Celebración de la nueva vida. Celebraciones: Retiros, asambleas, etc.
Estructuración de los programas de proyección
5. Organización
Órdenes de Jesús. Servicio y alabanza. social en las pequeñas comunidades
Costumbres, doctrinas, reuniones, asambleas.
Ministerios y dones.
Articulación de ministerios y servicios. 5. Proyecto de vida
6. Problemas Lectura de Mateo
Conflicto básico. Celebraciones: Retiros, asambleas, etc.
Problemas de carismas y don de lenguas. Implementación de los programas de proyección
Liderazgo y autoridad. social en las pequeñas comunidades
Doctrinas extrañas.
Enfrentar y resolver el problema.
7. Proyecto de vida 6. Comunidad: signo visible del Amor de Dios
• La fe en la resurrección como fuerza liberadora Lectura de Juan
• Comunidad como la realización de las personas Celebraciones: Retiros, asambleas, etc.
Ejecución de los programas de proyección social en
• Comunidad como muestra gratis del futuro que todos juntos las pequeñas comunidades
esperan. El proyecto o la esperanza que anima a la comunidad
• La venida de Jesús sobre las nubes
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

compromiso comunitario que dé paso a la misión permanente. De esta forma, la


lectura de los evangelios da tiempos y orden al desarrollo de las PCSyM.

El primer Evangelio por abordar en la lectura cursiva de las PCSyM es el Evange-


lio según San Marcos; pues ofrece herramientas de seguimiento en el camino de
Jesús y plantea una lectura práctica con miras a la construcción de una comuni-
dad cristiana. Además es el más corto sintético y resumido.

Lectura del
Paso No.3 Evangelio
Desarrollo y de Marcos
Consolidación
Acercamiento
a la humanidad
de Jesús
Estudio del
contexto
parroquia

Observatorio
parroquial

El Evangelio de marcos es la síntesis de la fe anunciada y vivida en Roma por una


comunidad cristiana constituida mayoritariamente por personas que no prove-
nían del judaísmo. Se puede decir que la lectura del Evangelio de Marcos permite
descubrir el Primer Anuncio de manera reposada, sencilla y cercana.

Marcos ofrece las bases teológico-simbólicas de toda posible eclesiología mesiá-


nica desde el fondo de la vida de Jesús. De aquí, que el paso de desarrollo y con-
solidación de las PCSyM se lleve a cabo con el acercamiento a la humanidad de
Jesús, al que conduce el Evangelio según San Marcos, pues desde su cristología
nos lleva a comprender la eclesiología fundacional a partir de la cristología hu-
mana de Jesús.

El acercamiento a la humanidad de Jesús, nos permite hacernos más humanos,


comprender la humanidad, no como respaldo para equivocarnos; sino como se-
mejanza con Dios (Gen. 1, 26), y por lo tanto tener una mirada misericordiosa y
profética para acercarnos al estudio de contexto de nuestra realidad pastoral a la
luz de este acercamiento humano a Jesús, y con las herramientas que la Diócesis
nos facilita para tal fin.

46 |
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

El segundo Evangelio que leeremos en las PCSyM es el Evangelio según San Lu-
cas. Una vez hecho el acercamiento a la humanidad de Jesús, conviene fortalecer
la experiencia de las PCSyM con el fundamento diocesano que es la compasión
misericordia.

Paso No.4 Lectura del


Vivencia y Evangelio
Crecimiento de Lucas

Espiritualidad
urbana de la
misericordia

Formulación y
estructuración del
proyecto parroquial

Lucas presenta el ideal cristiano como un ideal apto e inofensivo que puede trans-
formar el mundo con la fuerza del Espíritu Santo que actúa y que convierte mu-
chos corazones al señor Jesús. Lucas es llamado también el evangelio de la mise-
ricordia y presenta como protagonistas de la transformación en el Espíritu a los
marginados y excluidos que se constituyen en misioneros y portadores de una
buena noticia.

Lucas presenta a Jesús movido por el impulso del Espíritu Santo realizando un mi-
nisterio de liberación y de gracia que lo llevará de camino hacia Jerusalén. En este
camino va derramando la misericordia y el perdón, acogiendo a los pecadores,
buscando a los extraviados, y ayudando a los pobres y necesitados. El discipula-
do implica seguir a Jesús por el camino de la cruz y descubrirlo, movidos por el
Espíritu, en el reflexionar de las Sagradas Escrituras y en el partir el pan. De esta
manera, la lectura cursiva del evangelio de San Lucas permitirá consolidar la es-
piritualidad samaritana de las PCSyM.

La lectura del Evangelio según San Mateo se propone después de San Lucas, por-
que este Evangelio está dirigido principalmente a comunidades que son conscien-
tes de su propia identidad. De esta forma, las PCSyM que ya han conocido la
humanidad de Jesús y han profundizado en la Espiritualidad Samaritana, ahora
consolidan su fe reconociendo a Jesús como el mesías anunciado por los profetas.

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

Paso No.5 Lectura del


Proyecto de vida Evangelio
de las PCSyM de Mateo

La Iglesia
construyendo la Ciudad
de la Misericordia con
justicia social

Implementación
del proyecto
social

Jesús invita asumir el reinado de los cielos y a convertirse. Esto se logra en el


seguimiento de Jesús. Mateo es el evangelio más conocido y citado por la tradi-
ción antigua de la Iglesia, es también llamado el Evangelio eclesiástico. Por eso,
su lectura proveerá a la comunidad de los elementos necesarios para fortalecer su
identidad y generar la ministerialidad. En este paso, se busca que las comunida-
des hagan una opción de servicio a la parroquia, concretando el proyecto de vida
comunitario de vida descubriéndose parte necesaria de la Iglesia en camino al
Reinado de los Cielos.

Por último, se propone la lectura cursiva del Evangelio de San Juan. Para este mo-
mento del proceso la PCSyM estará consolidada; por lo tanto, se debe buscar que
de testimonio de la fe por medio de la misión urbana. Juan es el Evangelio de la
comunidad preparada para caminar en la historia, entre dificultades y persecucio-
nes, en la espera definitiva del Señor. La lectura del Evangelio permitirá hacer una

Paso No.6 Lectura del


Las PCSyM signo visible Evangelio
del amor misericordioso de Juan
de Dios

Ciudad de la Misericordia
signo visible
del Reino de Dios

48 |
Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

profundización catequética de los elementos simbólicos presentes en la liturgia


y en los sacramentos y descubrir el rostro de Dios que se manifiesta de distintas
formas en medio de la comunidad.

Una vez terminado estos primeros pasos del proceso se tendrá que redefinir las
nuevas etapas teniendo presente el momento histórico y las necesidades que ten-
gan las comunidades.

7. ¿Por Qué La Metodología De La Lectio Divina En Las


Reuniones De Las PCSyM?

Desde la metodología latinoamericana del ver, juzgar y actuar, se acogen los pasos
de la Lectio Divina para aproximarnos al texto. La Lectio Divina ha sido en la
Iglesia alimento de vida cristiana, al centrarla en los Evangelios, propicia el reen-
contrarnos con la Persona de Jesús y los fundamentos del discipulado, compren-
diendo mejor la misión permanente de las PCSyM en Engativá.

METODOLOGÍA DE LAS PEQUEÑAS COMUNIDADES DIOCESANAS


METODOLOGÍA

A partir de la palabra de Dios Ver la realidad Tomar acciones

Evangelizar la comunidad Ver y juzgar


Actuar cristianamente
evangelicamente
Se escucha y se conoce a Dios.
Se ven y se juzgan los acon- Se toma una decisión para
El nos habla y nosotros le
tecimientos a la luz de la fe. el cambio personal y social.
hablamos.
LECTIO DIVINA

Leer y meditar Contemplar y Orar Actuar

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Diócesis de Engativá, Colección Samaritana

8. ¿Por Qué La Lectura Cursiva De Los Evangelios En Las


Reuniones De Las Pequeñas Comunidades Samaritanas
Misioneras?

Los pasos de la Lectio, se desarrollan en Perícopas,1 de las cuales, era necesario


escoger algunas. Reconociendo la diversidad territorial, socio-económica, situa-
cional y cultural de nuestra diócesis;2 proponemos una lectura cursiva, es decir
continua, de una perícopa tras otra, conservando el orden canónico dentro de
cada evangelio.

La lectura “cursiva” o “continua” del Evangelio busca que cada realidad diocesana
actualice el texto del evangelio, conservando el espíritu e intención de la comu-
nidad que lo narra, respetando con mayor facilidad la intencionalidad de cada
obra y su uso litúrgico. De esta forma, se aprovecha la riqueza que cada uno de los
evangelios contiene, evitándose los reduccionismos. Además, cada una de las pe-
rícopas que conforman los Evangelios, aportan a la comunidad que los interpreta
y reflexiona inspirada por el Espíritu Santo.

1 Pericopa: Porción de texto bíblico, con sentido y desarrollo completo. “Herramientas Exegéticas para una
Hermenéutica Práctica” Cartilla editada por el Equipo Bíblico de la Diócesis de Engativá Jun - 2007.
2 Plan Pastoral Samaritano. Diócesis de Engativá. 2012- 2014. Págs. 17-25

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Teología para las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras

CONCLUSIÓN
Podemos decir que la anterior reflexión, trata de abarcar los puntos generales y
fundamentales, referentes a la opción pastoral diocesana de las pequeñas comuni-
dades Samaritanas y Misioneras. Sin embargo, hace falta profundizar en muchos
puntos de relevancia que el caminar y la experiencia adquirida nos dará ocasión
de desarrollar.

Por lo pronto, es importante esbozar algunas temáticas que deben ser objeto de
posteriores reflexiones como: El urbanismo, su reto y cuestionamiento a la praxis
pastoral; la misión urbana de las pequeñas comunidades en medio de las cultu-
ras y los distintos territorios; la narrativa, los modismos y su cuestionamiento al
lenguaje y la pedagogía pastoral; las TICs y la conveniencia de su uso en nuestra
acción pastoral; la relacionalidad como nuevo acento en el ejercicio evangelizador.

Todos estos elementos hacen parte de lo que podemos llamar Pastoral Urbana,
que estamos en mora de ampliar.

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