UNIVERSIDAD DE NAVARRA
FACULTAD DE TEOLOGÍA
Krzysztof BUL⁄ AT
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS
Y EXPERIENCIA DE SOR FAUSTINA KOWALSKA
Extracto de la Tesis Doctoral presentada en la
Facultad de Teología de la Universidad de Navarra
PAMPLONA
2004
Ad normam Statutorum Facultatis Theologiae Universitatis Navarrensis,
perlegimus et adprobavimus
Pampilonae, die 16 mensis iunii anni 2004
Dr. Ioseph Ludovicus ILLANES Dr. Fridericus REQUENA
Coram tribunali, die 9 mensis octobris anni 2001, hanc
dissertationem ad Lauream Candidatus palam defendit
Secretarius Facultatis
Eduardus FLANDES
Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia
Vol. XLVI, n. 3
PRESENTACIÓN
El actual Pontífice, al clausurar el Gran Jubileo del Año 2000 y, al
mismo tiempo, introduciendo a la Iglesia universal en la nueva etapa
de su historia manifestó el ardiente deseo, siguiendo a los Padres con-
ciliares, de que la Iglesia «en el nuevo milenio, crezca cada vez más en
la santidad, para ser en la historia verdadera “epifanía” del rostro mi-
sericordioso y glorioso de Cristo el Señor»1. De este modo, Juan Pa-
blo II, una vez más, ha invitado a cada uno de los cristianos a santifi-
carse en las circunstancias más ordinarias de la vida. A este fin sirven
asimismo las numerosas beatificaciones y canonizaciones que ha lle-
vado a cabo el Santo Padre, puesto que la santidad de estos hijos e hi-
jas de la Iglesia es «una manifestación de la presencia de Dios en la
historia»2, ellos representan «al vivo el rostro de Cristo»3.
También en el campo de la teología se descubre de nuevo que la
consideración detenida de las vidas de los santos y de sus escritos es
una grande y rica fuente para la investigación, es un lugar teológico. Es
así porque los santos son aquellos a quienes, de manera excelente, el
Espíritu Santo va introduciendo en la verdad plena y hace que habite
en ellos la palabra de Cristo4. Lo mismo podemos decir sobre los mís-
ticos, muchos de ellos declarados santos, porque su profunda expe-
riencia de las cosas espirituales constituye un gran progreso de la Tra-
dición en el conocimiento de las cosas reveladas5.
Uno de los santos que en su vida refleja muy claramente el papel de
representante viva del rostro misericordioso de Cristo, y en sus escritos
1. JUAN PABLO II, Homilía durante la clausura de la Puerta Santa, el 6 de enero de 2001,
«L’Osservatore Romano» (ed. española), 2 (2001) 4; Véase tambien LG 1.
2. J.L. ILLANES, Los cristianos en la historia, «Nueva revista» 24 (1992). 52.
3. NMI 7.
4. Cfr. DV 8. Véase tambien J. WICKS, Introducción al método teológico, Estella 1998, p. 101.
5. Cfr. G. CALVO MORALEJO, Reflexión teológica y experiencia mística, Madrid 1995, p. 29.
174 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
dejó a la Iglesia una fuente de reflexión sobre la revelación, es sor Faus-
tina Kowalska, de la Congregación de la Madre de Dios de la Miseri-
cordia. Esta santa mística fue canonizada durante el Gran Jubileo del
Año 2000. El 30 de abril de este año, durante la homilía de la canoni-
zación, Juan Pablo II dijo, entre otras cosas, lo siguiente: «Hoy es ver-
daderamente grande mi alegría al proponer a toda la Iglesia, como don
de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de sor Faustina Ko-
walska. [...] Cristo le confió su mensaje de misericordia. [...] con este
acto quiero trasmitir hoy este mensaje al nuevo milenio. Lo trasmito a
todos los hombres para que aprendan a conocer cada vez mejor el ver-
dadero rostro de Dios y el verdadero rostro de los hermanos»6.
Este trabajo quiere ser una aportación al mejor conocimiento de este
mensaje de la misericordia del que ha hablado el Santo Padre el día de
la canonización de sor Faustina. El autor de esta tesis desea acercar lo
que la mística polaca entendió como el misterio de la misericordia divi-
na. No se trata de un tema nuevo, dado que la verdad sobre la miseri-
cordia de Dios la encontramos en la revelación divina. Tratan este tema
los libros de teología, sobre todo, la dogmática, si bien es verdad que
con sobriedad. Queremos centrarnos en lo que escribió acerca de la mi-
sericordia de Dios sor Faustina Kowalska pues compartimos la opinión,
señalada al principio, de que cada santo y, más aún, el santo que vivió
una rica experiencia mística, es un testigo de la verdad digno de ser pre-
guntado y oído a la hora de buscar métodos adecuados para avanzar en
la investigación teológica7. Así pues, el título de esta tesis es el siguiente:
«El misterio de la misericordia divina según los escritos de santa sor
Faustina Kowalska en el contexto de su tiempo y de su congregación».
Como vemos, el centro de nuestra atención será la misericordia de
Dios, que experimentó y conoció muy profundamente sor Faustina
durante su corta vida de treinta y tres años (1905-1938). Es debido se-
ñalar al principio que el acceso a la mencionada experiencia y al cono-
cimiento del misterio de la misericordia de Dios en la vida de la místi-
ca polaca lo tenemos prácticamente sólo gracias a sus escritos. Por eso,
la tesis tiene como fuente principal los escritos de la santa, que pueden
dividirse fácilmente en dos grupos: el Diario y la correspondencia, que
abarca principalmente sus 47 cartas y algunas felicitaciones.
6. JUAN PABLO II, Homilía en la ceremonia de canonización de la beata Faustina Kowalska, en la
plaza de San Pedro, el 30 de abril de 2001, «L’Osservatore Romano» (ed. española), 18 (2000) 3.
7. Cfr. G. CALVO MORALEJO, Reflexión..., cit., p. 30; Véase también A.M. BOSNARD, El
místico nos enseña que Dios es el compañero de nuestra existencia humana, «Revista de Espiri-
tualidad» 29 (1970) 302.
PRESENTACIÓN 175
Otras fuentes, que también hemos aprovechado parcialmente en
nuestro trabajo, y que son principalmente los recuerdos y declaracio-
nes de las personas que conocían a nuestra santa y que fueron recogi-
dos, sobre todo, durante el proceso de su beatificación, no constitu-
yen una considerable aportación en cuanto al tema que nos interesa.
El trabajo está dividido en dos partes. La primera parte, histórica,
sirve como introducción cuyo fin es dar a conocer al lector, sobre
todo, el contexto histórico (capítulo I), la vida (capítulo II) y las fuen-
tes principales de la espiritualidad de sor Faustina Kowalska (capítulo
III). Eso nos parece no solamente provechoso, sino también necesa-
rio, puesto que el tema de la misericordia divina surge, en el caso de
nuestra santa, no tanto de sus reflexiones teológicas —or Faustina no
es una teóloga en lo que se entiende corrientemente como tal— sino
de su experiencia cristiana y mística, que fue marcada claramente por
los tiempos en que vivía y la formación que recibió.
El método que hemos utilizado a la hora de elaborar esta parte del
trabajo ha sido el histórico. No nos hemos limitado, sin embargo, a
presentar los puros hechos, sino que también en algunas partes los
hemos analizado e interpretado para derivar conclusiones, sobre
todo, respecto al mensaje de la misericordia divina trasmitido preci-
samente en estos y no en otros tiempos de la historia del mundo que
es para nosotros la historia de la salvación.
La segunda parte, sistemática, constituye la parte nuclear de la te-
sis y se centra sobre el tema propio del trabajo: el misterio de la mise-
ricordia divina según sor Faustina Kowalska. Su núcleo lo constitu-
yen dos capítulos que muestran cómo entendió nuestra santa la
misericordia de Dios, tanto respecto a la Santísima Trinidad (capítu-
lo VI) como respecto a Jesucristo, que es la plena revelación de la di-
vina misericordia (capítulo VII).
No obstante, antes de tratar estos dos temas centrales de la tesis
nos ha parecido necesario dedicar dos capítulos a otros temas: las
fuentes del conocimiento del misterio de la misericordia divina en la
vida de la santa (capítulo IV), así como el de la misericordia divina
como la misión de sor Faustina (capítulo V) que la santa recibió tan-
to para el bien de la Iglesia universal como para el mundo entero.
El último capítulo (VIII) del trabajo está dedicado al culto de la
misericordia divina, cuyas formas fueron reveladas a la mística por
Cristo para difundirlas y practicarlas en toda la Iglesia. El análisis del
culto nos confirma, una vez más, en el vínculo que existe entre lex
orandi y lex credendi en la Iglesia. Más aún. Dicho culto es una clara
prueba de que en la vida de los santos la profundización de una ver-
176 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
dad revelada, en nuestro caso la verdad sobre la misericordia divina,
nunca está separada de la vida cristiana, sino que influye y fortalece el
amor hacia Dios y hacia el prójimo.
En la parte sistemática hemos usado tanto el método histórico (en
el capítulo IV y una parte del VIII) como el de análisis de los escritos
de nuestra santa para sacar las debidas conclusiones respecto a la mi-
sericordia divina (capítulos V, VI, VII y VIII). Cierran el trabajo las con-
clusiones que hemos sacado de todos los capítulos, pero, ante todo,
de los capítulos de la segunda parte de la tesis.
En el excerptum que sigue a estas páginas se presenta un estudio de
lo que escribió sor Faustina acerca de la misericordia de Dios Uno y
Trino, lo que corresponde fundamentalmente al capítulo sexto de la
tesis doctoral. Lo hemos elegido principalmente porque constituye
uno de los puntos esenciales de la tesis.
A la hora de escribir sobre la divina misericordia nuestra santa no
pretendía, desde luego, escribir un tratado de teología dogmática.
Como una simple monja quiso solamente dar testimonio de la expe-
riencia de la misericordia divina en su alma8. La consecuencia de esto
es que muchas veces sor Faustina al tratar el misterio de la misericor-
dia divina lo hacía sin poner acento especial sobre alguna de las tres
personas divinas. En muchas ocasiones, cuando hablaba acerca de la
divina misericordia, nuestra santa no precisaba a qué persona divina
se refiere este atributo de Dios: al Padre, al Hijo, o al Espíritu Santo,
sino que escribía simplemente «la misericordia divina» o «la miseri-
cordia de Dios», sin más.
Este excerptum es un análisis de todos estos lugares para selecio-
narlos y ordenarlos según tres criterios que son, al mismo tiempo, los
tres puntos del excerptum. De esta manera el lector puede más facil-
mente ver cómo sor Faustina entendió la misericordia de la Santísima
Trinidad y qué papel juega este misterio en su vida.
Lo que diremos en este excerptum no significa, desde luego, que
despreciemos aquellos lugares en los que sor Faustina Kowalska atri-
buyó la misericordia a una concreta persona divina y, sobre todo, a
Cristo. Por el contrario, esto nos lleva a entender mejor porqué sor
Faustina centra la revelación de la misericordia divina en la segunda
persona divina, en Jesucristo, que es la Misericordia encarnada (que
es el objeto del capítulo VII de la tesis).
8. Véase el título del primer cuaderno de su Diario, M.F. KOWALSKA, Diario, Stockbrid-
ge 1997, p. 27.
ÍNDICE DE LA TESIS
ABREVIATURAS .................................................................................. VII
INTRODUCCIÓN ................................................................................ 1
PARTE PRIMERA
CAPÍTULO I
EL CONTEXTO DE LA VIDA DE
SOR FAUSTINA KOWALSKA
1. EUROPA Y LA IGLESIA CATÓLICA DE FINALES DEL SIGLO XIX HASTA
EL 1938 ........................................................................................ 8
a. La situación político-social en Europa ..................................... 8
b. La Iglesia católica en Europa, sus problemas y esperanzas ........ 15
2. POLONIA Y LA IGLESIA CATÓLICA DE FINALES DEL SIGLO XIX HASTA
EL 1938 ........................................................................................ 24
a. La situación político-social en Polonia ..................................... 24
b. La situación de la Iglesia católica en Polonia, sus problemas y es-
peranzas .................................................................................. 31
CAPÍTULO II
VIDA DE SOR FAUSTINA KOWALSKA
1. LA VIDA SECULAR ......................................................................... 43
a. El hogar familiar ..................................................................... 44
b. El trabajo fuera de casa ............................................................ 49
2. LA VIDA EN EL CONVENTO ............................................................ 55
a. El postulantado ....................................................................... 55
b. El noviciado ............................................................................ 57
c. Los años de profesión temporal ............................................... 61
d. La esposa de Cristo ................................................................. 66
e. «...mi misión no terminará con mi muerte...» (281) ................ 76
178 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
CAPÍTULO III
LAS FUENTES PRINCIPALES DE LA VIDA ESPIRITUAL
DE SOR FAUSTINA KOWALSKA
1. LA CONGREGACIÓN DE LA MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA .... 86
a. La historia de la congregación ................................................. 87
b. La espiritualidad de la congregación ........................................ 97
b.1. El seguimiento de Cristo en su celo de salvar a las almas .. 99
b.2. La Madre de Dios de la Misericordia, modelo para la vida
religiosa ........................................................................... 105
b.3. Afiliación a la escuela de la espiritualidad de los jesuitas ... 110
c. Las superioras .......................................................................... 116
d. La formación espiritual en la congregación .............................. 122
d.1. Las lecturas espirituales .................................................... 123
d.2. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús ......................... 129
d.3. El año litúrgico de la Iglesia ............................................. 135
d.4. La Eucaristía .................................................................... 138
2. LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL ............................................................ 149
a. Don Micha0l Sopoćko .............................................................. 152
b. El padre Józef Andrasz ............................................................ 161
PARTE SEGUNDA
CAPÍTULO IV
EL CONOCIMIENTO DE LA MISERICORDIA DIVINA
EN LA VIDA DE SOR FAUSTINA KOWALSKA
1. LA MISERICORDIA DE DIOS EN LA VIDA DE LA CONGREGACIÓN DE
SOR FAUSTINA .............................................................................. 172
a. El mensaje de la misericordia de Dios presente en la congregación 173
a.1. Las fundadoras y las constituciones .................................. 173
a.2. Otras fuentes ................................................................... 182
b. Las formas de la devoción a la misericordia divina en la congre-
gación ..................................................................................... 193
c. La práctica de la misericordia para con el prójimo como segui-
miento de la misericordia de Dios ........................................... 198
2. LA MÍSTICA DE SOR FAUSTINA COMO FUENTE DEL CONOCIMIENTO
DE LA MISERICORDIA DE DIOS ....................................................... 216
a. El conocimiento a través del amor o experiencia mística ......... 217
b. El conocimiento a través del amor en la vida de sor Faustina ... 221
c. El conocimiento de la misericordia de Dios por el amor .......... 229
ÍNDICE DE LA TESIS 179
CAPÍTULO V
LA MISERICORDIA DIVINA COMO MISIÓN
DE LA VIDA DE SOR FAUSTINA KOWALSKA
1. LA NECESIDAD DE LA MISERICORDIA DIVINA PARA EL HOMBRE Y EL
MUNDO DE HOY ........................................................................... 240
a. La falta del conocimiento más profundo de la misericordia de
Dios ........................................................................................ 241
b. La desconfianza en la misericordia de Dios .............................. 245
c. La cercanía del día del juicio final ........................................... 251
2. LA MISIÓN DE SOR FAUSTINA KOWALSKA ....................................... 255
a. Escribir sobre la misericordia divina ........................................ 256
b. Hablar sobre la misericordia divina ......................................... 261
c. Animar a la confianza en la misericordia divina ....................... 267
d. Implorar la misericordia divina para el mundo entero ............. 270
e. Venerar y propagar el culto de la misericordia divina ............... 276
3. LOS ESCRITOS DE SOR FAUSTINA, TESTIGOS DE LA MISIÓN DE LA MI-
SERICORDIA DIVINA ...................................................................... 282
a. El Diario ................................................................................. 282
a.1. La historia del Diario ....................................................... 283
a.2. La misericordia de Dios en el Diario ................................ 289
b. Las cartas ................................................................................ 292
b.1. La historia de las cartas .................................................... 293
b.2. La misericordia de Dios en las cartas ................................ 295
CAPÍTULO VI
LA MISERICORDIA DE DIOS UNO Y TRINO
SEGÚN SOR FAUSTINA
1. LA MISERICORDIA DIVINA MISTERIO INSONDABLE DE DIOS ............ 301
a. La misericordia divina como misterio de Dios ......................... 302
b. La misericordia divina como misterio insondable .................... 305
c. La misericordia divina como misterio inconcebible ................. 308
d. Otras denominaciones de la incomprensibilidad de la misericor-
dia divina ................................................................................ 310
2. LA MISERICORDIA COMO ATRIBUTO DE DIOS ................................. 314
a. Los sinónimos de la misericordia de Dios ................................ 315
b. La infinita grandeza de la misericordia divina .......................... 322
c. La omnipotencia de la misericordia de Dios ............................ 337
d. El lugar de la misericordia de Dios .......................................... 343
e. La misericordia como el atributo más grande de Dios ............. 354
3. LA PRESENCIA DE LA DIVINA MISERICORDIA EN LA HISTORIA DE LA
SALVACIÓN .................................................................................... 359
a. La Santísima Trinidad principio de la misericordia divina ....... 360
b. La creación como la manifestación de la misericordia de Dios ... 362
c. La misericordia en la vida y la muerte del hombre ................... 366
180 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
d. La vida eterna como plenitud de la revelación de la misericor-
dia divina ................................................................................ 371
CAPÍTULO VII
JESUCRISTO, LA MISERICORDIA ENCARNADA
1. LA SALVACIÓN COMO LA REVELACIÓN DE LA MISERICORDIA DIVINA 377
a. La encarnación del Hijo de Dios ............................................. 377
b. El misterio pascual como culmen de la revelación de la mise-
ricordia divina ......................................................................... 382
2. LA MISERICORDIA DE CRISTO PRESENTE EN LA IGLESIA .................. 392
a. El sacramento de Penitencia .................................................... 393
b. La Eucaristía ........................................................................... 399
3. EL ALCANCE DE LA MISERICORDIA DE CRISTO ............................... 406
a. Los sacerdotes y la misericordia de Cristo ................................ 407
b. Los religiosos y la misericordia de Cristo ................................. 411
c. Los pecadores y la misericordia divina ..................................... 414
CAPÍTULO VIII
LA DEVOCIÓN A LA MISERICORDIA DIVINA
1. EL OBJETO DE LA DEVOCIÓN Y SU LUGAR EN LA HISTORIA DE LA SAL-
VACIÓN ........................................................................................ 426
a. El objeto de la devoción a la misericordia divina ..................... 426
b. El lugar de la devoción en la historia de la salvación ................ 431
2. LA ESENCIA DE LA DEVOCIÓN ........................................................ 433
a. La actitud de la confianza en Dios ........................................... 434
b. La misericordia para con el prójimo y la aspiración de la per-
fección cristiana ...................................................................... 437
3. LAS FORMAS DE LA DEVOCIÓN A LA MISERICORDIA DIVINA ............. 442
a. La imagen de Jesús misericordioso .......................................... 443
a.1. La historia de las revelaciones ........................................... 443
a.2. El análisis teológico .......................................................... 449
b. La Fiesta de la misericordia divina ........................................... 454
b.1. La historia de las revelaciones ........................................... 454
b.2. El análisis teológico .......................................................... 456
c. la coronilla a la misericordia divina ......................................... 461
c.1. Historia de las revelaciones .............................................. 461
c.2. El análisis teológico .......................................................... 464
d. La propagación de la devoción a la divina misericordia ........... 469
d.1. Historia de las revelaciones .............................................. 469
d.2. El análisis teológico .......................................................... 470
e. La hora de la divina misericordia ............................................. 472
e.1. Historia de las revelaciones .............................................. 472
e.2. El análisis teológica .......................................................... 474
CONCLUSIONES ................................................................................. 477
BIBIOGRAFÍA ..................................................................................... 503
BIBLIOGRAFÍA DE LA TESIS
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KLUZ, W., Sekretarka..., cit., p. 128.
182 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
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KLUZ, W., Sekretarka..., cit., pp. 132-134.
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— Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 10 de noviembre de 1937,
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— Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 24 de diciembre de 1937,
en KLUZ, W., Sekretarka..., cit., pp. 226-228.
— Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 12 de abril de 1938, en
KLUZ, W., Sekretarka..., cit., pp. 258-259.
— Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 29 de junio de 1938, en
KLUZ, W., Sekretarka..., cit., p. 280.
Cartas a Sor L. Gadzina
— Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 2 de agosto de 1932, en
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— Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 26 de agosto de 1934, en
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— Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 1 de julio de 1935, en
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BIBLIOGRAFÍA DE LA TESIS 183
— Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 19 de diciembre de 1935, en
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— Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 6 de noviembre de 1936, en
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— Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 1938, en Listy..., cit., p. 88.
Cartas a Sor J. Go0lofit
— Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 28 de mayo de 1936, en Listy...,
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— Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 19 de diciembre de 1936, en
Listy..., cit., p. 73.
— Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 21 de marzo de 1937, en
Listy..., cit., p. 75.
— Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 1938, en KLUZ, W., Sekretar-
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Cartas y felicitaciones a otras personas
— Carta de sor F. Kowalska al padre J. Andrasz de 25 de mayo de 1933, en
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— Carta de sor F. Kowalska a la madre general sor M. Moraczewska de 21 de
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— Carta de sor Faustina a la madre general M. Moraczewska de agosto de
1938, en KLUZ, W., Sekretarka..., cit., pp. 282-283.
— Carta de sor F. Kowalska a sor I. Krzyżanowska de 1 de enero de 1937, en
Listy..., cit., p. 65.
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III. FUENTES NO PUBLICADAS
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Declaración del proceso de sor F. Pietko.
Declaración del proceso de J. Owar.
Declaración del proceso de sor J. Woźniak.
184 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
Declaración del proceso de sor K. Bartkowiak.
Declaración del proceso de sor K. Bogdanik.
Declaración del proceso de sor K. Buczek.
Declaración del proceso de sor L. Gadzina.
Declaración del proceso de sor P. Putyra.
Declaración del proceso de sor R. Jaworska.
Declaración del proceso de sor B. Tichy.
Declaración del proceso de sor S. Tronina.
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LA MISERICORDIA DE DIOS UNO Y TRINO
SEGÚN SOR FAUSTINA KOWALSKA
Vamos a mostrar cómo sor Faustina entendió el misterio de la mi-
sericordia de la Santísima Trinidad, es decir, el misterio de las tres
personas divinas sin poner acento especial sobre ninguna de ellas.
Hemos dividido en tres puntos nuestro análisis de los textos del Dia-
rio.
En el primero vamos a mostrar un rasgo muy importante de la
misericordia divina según sor Faustina. Se trata de lo que la teología
denomina teología apofática o teología negativa, es decir, para la místi-
ca polaca, como para tantos otros místicos cristianos, Dios es, ante
todo, un gran misterio inconcebible y, por consiguiente, como lo
dijo ya santo Tomás, de Dios «no podemos saber lo que es, sino sólo
lo que no es»1. La mística de Cracovia se unió a esta corriente de re-
flexión sobre la trascendencia del ser divino cuando afirmaba clara-
mente y con frecuencia, que la misericordia divina es el misterio in-
sondable de Dios y nunca ni los ángeles ni los hombres podrán
conocerlo por completo.
Junto a esta corriente apofática existe, sin embargo, otra afirmati-
va que, aunque consciente de sus limitaciones quiere, por medio de
la analogía, reflexionar sobre Dios. Este rasgo también lo vemos en
los escritos de nuestra santa. Ella también se esforzaba por describir y
así aproximar al lector la divina misericordia. De eso trataremos en
dos siguientes puntos (dos y tres) de este exerptum.
En el punto segundo vamos a examinar cómo describía sor Fausti-
na la misericordia de Dios en cuanto atributo divino en sí mismo, o
sea, trataremos sobre los rasgos más bien abstractos de esta perfección
divina sin analizar su manifestación hacia fuera de Dios, hacia el uni-
verso.
El tercer punto tiene como su fin indicar estos lugares de la histo-
ria del mundo y, sobre todo, de la historia de la salvación del hombre,
192 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
donde la misericordia divina se manifiesta, según el Diario, de mane-
ra eminente.
1. LA MISERICORDIA DIVINA MISTERIO INSONDABLE DE DIOS
El conocimiento de la misericordia de Dios sor Faustina Kowalska
lo adquirió por varias vías: por la fe, por el razonamiento, pero sobre
todo por la vía de la experiencia mística2. Este último modo de cono-
cer a Dios, es decir, por la experiencia mística, sobrepasa cualquier
otro modo natural del conocimiento de Dios. A pesar de esta gran
ventaja, también el conocimiento a través del amor está marcado por
la verdad sobre la incomprensibilidad de Dios, porque en realidad
tanto Dios como su conocimiento sobrepasan por completo las cria-
turas y sus facultades cognoscitivas.
En esta corriente de teología negativa se inscribe nuestra mística sor
Faustina. Ella también, como tantos otros que la precedieron, afirma en
muchos lugares de su Diario que Dios es el misterio de los misterios, in-
concebible, incomprensible, que nunca se le puede conocer a fondo.
Si de hecho Dios es incomprensible para toda la creación, tam-
bién lo es el atributo de su misericordia. El punto que ahora vamos a
desarrollar nos va a mostrar que en efecto sor Faustina experimentaba
la misericordia divina como el misterio insondable de Dios y a la
hora de hablar sobre Él usaba el lenguaje de la teología negativa.
Este primer punto tendrá cuatro apartados. En el primero trata-
mos sobre la misericordia como el misterio de Dios. Los tres restantes
se ocuparán de las distintas denominaciones negativas de la miseri-
cordia divina. Y ya que entre estas denominaciones destacan dos, por
consiguiente, a cada una de ellas dedicaremos el apartado distinto: a
la insondabilidad —el apartado segundo y a la inconcebilidad— el
apartado tercero. En el cuarto y último apartado analizaremos los res-
tantes modos usados en el lenguaje de sor Faustina que subrayan la
transcendencia de la misericordia divina.
a) La misericordia divina como misterio de Dios
Al analizar la idea de la misericordia divina según sor Faustina Ko-
walska no pocas veces encontramos que la misericordia de Dios es un
misterio. Vamos a ver en qué sentido usaba nuestra santa esta afirma-
ción: si solamente en el sentido negativo, es decir, como la indicación
de una limitación del conocimiento de Dios, o tal vez algo más?
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 193
La verdad de que la misericordia divina es un misterio (en polaco
«tajemnica») la encontramos 14 veces, todas en el Diario 3. En tres
ocasiones la santa puso esta afirmación en labios de Cristo4, y las de-
más son sus propias declaraciones.
El Diario habla en varias ocasiones sobre el misterio de la miseri-
cordia de Dios, en el sentido de su incomprensibilidad e inefabilidad
como atributos divinos. En su letanía a la divina misericordia, una de
las expresiones es ésta: «Misericordia divina, misterio incomprensi-
ble...»(949). Sor Faustina entendió la imposibilidad de haber conoci-
do y haber comprendido el misterio de la misericordia divina, no so-
lamente respecto al hombre, sino también en cuanto a los ángeles
que por su naturaleza espiritual tienen más profundo conocimiento
de Dios. En un lugar de sus escritos leemos: «Ninguna mente pro-
fundizará en los misterios de tu misericordia, oh Dios, ni un ángel ni
un hombre. Los ángeles se asombran del misterio de la divina miseri-
cordia, pero no lo pueden concebir»(1553). Sor Faustina mencionó
asimismo que en el cielo tendremos un conocimiento de la divina
misericordia más profundo que el terrenal. Eso, no obstante, no
quiere decir que lo comprenderemos por completo sino que: «Cuan-
do nos reveles el misterio de tu misericordia, la eternidad no bastará
para agradecer por ella debidamente»(1122).
Junto con los mencionados fragmentos que subrayan la limitación
del conocimiento de la misericordia divina, encontramos también
otros que usan la afirmación «misterio» en sentido positivo, es decir,
como expresión del ser mismo de Dios que se manifiesta, y se auto-
comunica al hombre en su transcendente realidad. En otras palabras,
aunque Dios es de veras incomprensible, no obstante, se le manifies-
ta al hombre, le da a conocer su amor y su designio salvífico. Por ello
la santa se conmovió cuando debido a la gracia divina5 pudo conocer
el misterio de la misericordia divina: «Oh Dios incomprensible, mi
corazón se deshace de gozo, porque me has permitido penetrar los
misterios de tu misericordia»(1506).
Para sor Faustina el misterio de Dios se manifiesta primero en la
creación. Todo lo que ha sido creado tiene su principio, o según las
palabras de la santa, está encerrado en este misterio inconcebible, que
ella identifica con «las entrañas de su misericordia»(1553). Así pues,
la creación es la primera manifestación del misterio de la divina mise-
ricordia.
Mas la mística polaca no se detuvo ahí. Según ella, dicho misterio
de la misericordia de Dios se manifiesta, ante todo, en la persona de
Cristo. La Encarnación del Hijo de Dios constituye un milagro de la
194 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
misericordia divina, o sea, la cumbre de la manifestación de dicho
misterio6. Es así porque, por medio de la Encarnación, Dios se ha
hermanado no con los ángeles, sino con los hombres, que por su par-
te son muchas veces ingratos y miserables en comparación con los es-
píritus celestiales7. En efecto, este misterio de la divina misericordia
inducía a sor Faustina a reflexión, puesto que no sabía qué debería
admirar más en él: la mansedumbre de Dios, su vida oculta entre los
hombres, su anonadamiento por la humanidad, o el milagro de ha-
ber transformado las almas y haberlas resucitado a la vida eterna,
aunque sea en el momento de la muerte8. Y aunque este misterio de
la Encarnación es muy oculto, y la justificación del hombre pecador
muy silenciosa y escondida, sin embargo, precisamente en este miste-
rio de la misericordia divina, la omnipotencia de Dios «se manifiesta
[...] más que en la creación del hombre»(1584).
La prolongación de la Encarnación es, según la mística polaca,
otro misterio de la misericordia divina, a saber la Eucaristía. En ella el
hombre puede encontrarse y hablar personalmente con Dios, sin que
los demás molesten o escuchen; en ella, Dios mismo se entrega al
hombre y se une a él a pesar de su pequeñez y miseria9. Se trata, de
hecho, de un misterio tan admirable que, según la santa, «aunque se
unieran todas las lenguas humanas y angélicas, no encontrarían pala-
bras suficientes para expresar este misterio del amor y de tu miseri-
cordia insondable»(1489).
Resumiendo: es menester subrayar el doble sentido de la afirma-
ción usada por sor Faustina de que la misericordia divina es un miste-
rio. El primero está relacionado con la incomprensibilidad de este
atributo divino, tanto por el hombre como por los ángeles, tanto en
la tierra como en la vida eterna. Este aspecto negativo, por decirlo así,
no excluye, sin embargo, al otro, positivo, o sea, que Dios quiere ma-
nifestar su misterio al hombre, y lo hace sobre todo por medio de su
Verbo, Jesucristo10. De hecho, la Encarnación del Hijo de Dios y la
Eucaristía son, según Faustina, una revelación milagrosa del misterio
de la divina misericordia.
b) La misericordia divina como misterio insondable
Junto con la afirmación de que la misericordia divina es un miste-
rio de Dios, encontramos en el Diario otras denominaciones que in-
dican la misma realidad. La más frecuente es, sin duda, la insondabi-
lidad. En efecto, el adjetivo «insondable» (en la lengua materna de
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 195
Faustina el adjetivo «niezg0l ebione») se encuentra 55 veces en los escri-
tos de nuestra mística: 52 en‘ el Diario y 3 en sus cartas11. Vale la pena
indicar también que hasta 44 veces la mencionada afirmación salió
de los labios de la santa, 8 veces la mística la puso en labios de Cris-
to12 y 1 vez la nombró el demonio13. Y ya que son tantos los lugares
donde aparece el vocablo, nos detendremos solamente en los más sig-
nificativos.
El mismo vocablo «insondable» quiere decir que es una realidad
que no se puede sondear, averiguar o saber a fondo. De hecho, lo
mismo quería decir la santa cuando usaba esta afirmación refiriéndo-
la a la misericordia divina, aunque también encontramos muchos pa-
sajes que con este vocablo indican otro rasgo de la misericordia, sobre
toda su grandeza, de lo que vamos a tratar más tarde. Aquí analizare-
mos el primer significado de este vocablo.
Ya al principio del Diario, sor Faustina anotó las siguientes palabras
dirigidas a Dios: «Oh Dios ¿quién comprenderá tu amor y tu miseri-
cordia insondable hacia nosotros?»(80). Esta pregunta es, desde luego,
una pregunta retórica, es decir, lleva en sí la respuesta. De esta manera
la santa puso de relieve la verdad de que nadie puede comprender la
misericordia divina. De hecho, en otro lugar del Diario leemos que la
misericordia divina es «insondable para todo entendimiento humano
o angélico»(949). Sor Faustina dio asimismo la explicación de por qué
es así. La aclaración es muy simple: «la misericordia divina es insonda-
ble [...] como Dios mismo es insondable»(692).
El adjetivo «insondable» quiere decir no solamente que la miseri-
cordia de Dios está fuera del alcance del entendimiento de las criatu-
ras, sino también, como consecuencia, que la palabra humana y su
pensamiento siempre son inadecuados para referirse a la naturaleza
divina y, por eso, también a la misericordia de Dios. Así lo entendió
sor Faustina, como se comprueba en el siguiente pasaje del Diario:
«Aunque se unieran todas las lenguas humanas y angélicas, no encon-
trarían palabras suficientes para expresar este misterio [...] de tu mise-
ricordia insondable»(1489). La misma convicción la expresó la santa
en una de sus cartas dirigidas a su director espiritual don M.
Sopoćko: «Aunque no sé de qué manera el Padre hablara y escribiera
sobre esta misericordia divina, todo ello sería todavía una sombra en
comparación con esa realidad que es la insondable misericordia de
Dios...»14. Todo ello fue confirmado también por Cristo durante una
de las revelaciones de la santa: «...aunque hablaras todas las lenguas
de los hombres y de los ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino
196 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
que glorificarías [...] mi misericordia insondable, apenas en una pe-
queña parte»(1605). Vale la pena señalar en este lugar que, según el
Diario, el mismo Señor Jesús, durante los encuentros con la mística
nombró hasta 8 veces su misericordia como insondable15, y una vez
lo hizo Dios Padre16.
Ahora bien, la ferviente conciencia de la insondabilidad de la mi-
sericordia divina no le imposibilitó a la mística polaca percibir y co-
nocer en el marco de sus posibilidades humanas, este misterio divino.
Encontramos en sus escritos varios fragmentos que nos hablan sobre
su experiencia y conocimiento de este insondable atributo de Dios.
No los vamos a citar todos, sino que más bien los resumiremos, pues-
to que de muchos de ellos trataremos más tarde.
Hay que destacar sobre todo que sor Faustina era consciente de la
gracia divina de conocer y contemplar la insondable misericordia di-
vina: «Oh Jesús dulcísimo que te has dignado permitirme a mí mise-
rable conocer esta insondable misericordia tuya»(836)17. Es intere-
sante advertir que nuestra santa contemplaba y reconocía la presencia
de la misericordia divina en todas partes del mundo, puesto que,
como dijo en alguna ocasión, todo le hablaba de esta perfección divi-
na18. Al mismo tiempo, sin embargo, destacan algunas realidades en
las que la presencia y la actuación de la insondable misericordia de
Dios son, según la santa, especialmente patentes, a saber: la crea-
ción19, la Encarnación del Hijo de Dios20, la Eucaristía21, la salvación
(justificación)22 y la maternidad de la Virgen María respecto a todos
los hombres23. Destaquemos también que sor Faustina situó el lugar
privilegiado de la presencia de la insondable misericordia divina en el
Corazón del Señor Jesús: «Dulcísimo Corazón de mi Señor, lleno de
piedad y de misericordia insondable»(72)24.
c) La misericordia divina como misterio inconcebible
El siguiente vocablo por medio del cual la mística de Cracovia su-
braya la incomprensibilidad del misterio de la divina misericordia es
el adjetivo «inconcebible» (en polaco «niepojety»)25. Este adjetivo apa-
‘
rece 29 veces en todos los escritos de sor Faustina: 23 veces en el Dia-
rio y 6 veces en las cartas. Entre 29 veces, tres de ellas están atribuidos
por la santa al mismo Cristo26.
Ahora bien, el análisis de todos los lugares mencionados muestra
que en este caso la mística no procuraba, como lo hizo en los dos an-
teriores casos (misterio e insondabilidad de la misericordia divina),
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 197
explicar o desarrollar esta idea. Parece que el mismo sentido del voca-
blo «inconcebible», que significa lo que no se puede concebir o com-
prender, fue para la santa suficiente para trasmitir la idea de que la
misericordia divina no la puede comprender la mente de la criatura.
Tan sólo en dos ocasiones desarrolló sor Faustina la idea de la incon-
cebilidad de la misericordia de Dios. La primera vez, de manera «in-
directa» cuando usó el sustantivo «comprensión» y no el adjetivo «in-
concebible», anotando en el Diario que la misericordia de Dios
«supera nuestra comprensión»(880). La segunda es cuando nuestra
santa anotó que la misericordia divina es «incomprensible para los
santos»(949).
La mayoría de los fragmentos que denominan la misericordia di-
vina como inconcebible se usan para describir otras realidades y no la
incomprensibilidad de dicho atributo divino como tal. Estas otras re-
alidades son fundamentalmente dos: la primera está vinculada pri-
mordialmente con la misión de sor Faustina, y la segunda con la ala-
banza de la misericordia como perfección de Dios. Así pues, respecto
a la primera opción, tanto el Diario como algunas cartas son testigos
de la exhortación o de la conciencia de la santa de su deber de predi-
car27, escribir28, reflexionar29 sobre la misericordia divina. Y todo eso
para que los demás conozcan la inconcebible misericordia divina30. El
segundo contexto donde la santa usa la denominación «inconcebible
misericordia de Dios» es la adoración y el culto de este atributo divi-
no. Sor Faustina anhelaba adorarlo, así como quería que también
«otras almas conozcan y adoren esta [...] inconcebible misericordia de
Dios»(753)31.
d) Otras denominaciones de la incomprensibilidad
de la misericordia divina
Para concluir con este punto en que tratamos sobre la incompren-
sibilidad del misterio de la misericordia divina según sor Faustina, no
podemos omitir otros términos o expresiones que la santa usó y que
subrayan el mismo rasgo de dicho atributo de Dios. Y ya que se trata
solamente de unos cuantos fragmentos de los escritos de la santa, los
vamos a tratar juntos.
Empecemos por el adjetivo «inefable» (en polaco «niewys0lowiony»)
que encontramos tres veces en los escritos de la mística polaca, dos en
el Diario y una vez en la carta dirigida a don M. Sopoćko32. El con-
texto, tanto del primer fragmento del Diario como de la carta, es el
198 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
culto (y en caso del fragmento del Diario también el conocimiento)
de la misericordia divina: «trataré de que otras almas conozcan y ado-
ren esta inexpresable e inconcebible misericordia de Dios»(753).
Como vemos, la falta de capacidad para explicar qué y cómo es la mi-
sericordia de Dios no le impidió el anhelo de proclamar y alabar este
atributo divino tanto por ella misma, como por otros. A su vez, el se-
gundo fragmento sacado del Diario pertenece a la poesía de la místi-
ca que usó la antes dicha afirmación como expresión de encanto so-
bre la misericordia de Dios: «Oh inefable misericordia de nuestro
Señor»(1748).
El otro vocablo que hay que mencionar aquí es el adjetivo «impe-
netrable» (en polaco «niezbadane»). También éste quiere decir que la
misericordia de Dios no se puede penetrar, comprender o descifrar.
Sor Faustina mencionó así la misericordia divina en dos lugares de
sus escritos, ambos en el Diario 33. La primera vez fue Cristo quien
nombró así su misericordia. Dijo a sor Faustina que cuando uno,
aunque sea el más grande pecador, suplica su compasión, Él lo justifi-
ca en su «insondable e impenetrable misericordia»(1146). En contex-
to similar, es decir, el de la conversión de los grandes pecadores inclu-
so a la hora de su muerte, sor Faustina quedó admirada y exclamó:
«Oh qué impenetrable es la divina misericordia»(1698).
Al dejar los adjetivos que expresan la incomprensibilidad del mis-
terio de la misericordia divina por parte de las criaturas, pasemos
ahora a otras expresiones o frases que contienen el mismo significado.
Hay que mencionar en primer lugar la clara conciencia de la santa
de que la misericordia de Dios «supera nuestra comprensión»(880)34.
Esta idea está subrayada más todavía por los fragmentos que hablan
sobre la incapacidad cognoscitiva de la inteligencia, tanto de los
hombres como de los ángeles, respecto a la verdad sobre la misericor-
dia divina. De hecho ya al principio del Diario leemos: «Tu miseri-
cordia supera la inteligencia de los ángeles y de los hombres jun-
tos»(69).
Al enumerar tanto a los hombres como a los ángeles, la santa qui-
so subrayar la incapacidad del conocimiento de Dios y de su miseri-
cordia por parte de cualquier ser creado. Nuestra santa esta misma
idea repitió en otras ocasiones, cuando habla sobre la grandeza de la
misericordia divina: «La grandeza de tu misericordia sobrepasa cual-
quier entendimiento humano y angélico puestos juntos»(651). El
otro fragmento, muy parecido, subraya la anterior idea todavía más
fuerte. Esta vez fue el mismo Cristo quien dijo a sor Faustina: «mi
misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 199
ningún intelecto humano ni angélico»(699)35. Por el contrario, como
lo escribió sor Faustina en otro sitio del Diario, la contemplación de
la misericordia divina en el cielo «lleva a un nuevo éxtasis a las almas
santas y a todos los espíritus celestes»(835)36.
Junto con los fragmentos señalados más arriba en el Diario encon-
tramos también aquellos que hablan sobre la imposibilidad de expre-
sar, por medio del lenguaje humano, la realidad de la misericordia de
Dios, por lo cual, subrayan también el rasgo de que estamos tratando
en este punto. Citemos uno de estos fragmentos: «Aunque usara pa-
labras enérgicas para expresar la divina misericordia, todo esto sería
nada en comparación con lo que es en realidad»(692)37. Para poner
de relieve la mencionada incapacidad de expresar cómo es en realidad
la misericordia de Dios, encontramos en el Diario la comparación
entre el océano y la gota. Un día, cuatro años después de haber empe-
zado sus anotaciones espirituales, sor Faustina oyó y escribió las si-
guientes palabras del Señor Jesús: «Hija mía, ¿crees, quizá, que hayas
escrito suficientemente sobre mi misericordia? Lo que has escrito es
apenas una gotita frente a un océano»(1273). Las palabras de Cristo
quedaron para siempre en la mente de la mística de Cracovia. No
será una exageración decir que ésta fue su convicción hasta los últi-
mos días de su vida. Unos meses antes de su muerte, al referirse a
todo lo que había escrito acerca de la misericordia divina, confesó lo
siguiente: «...conocí que lo que había escrito era, verdaderamente,
una gota»(1666).
Al resumir este punto, es menester decir que nuestra santa, a pesar
de recibir el gran don de Dios de haber conocido más de cerca su mi-
sericordia, siempre fue muy consciente de que todo lo que había cono-
cido, lo que conoce y incluso conocería en la vida futura, era solamen-
te una pequeña parte de lo que Dios es y de cómo es su misericordia.
Esta limitación abarcaba no solamente a los hombres sino a toda la
creación, presidida por los seres que por su naturaleza conocen a
Dios de manera mucho más perfecta que los humanos, es decir, por
los ángeles.
Al estar fuertemente convencida de esta limitación del conoci-
miento de la misericordia divina, lo expresaba muchas veces por me-
dio de varios vocablos, expresiones e imágenes, como por ejemplo el
sustantivo: «el misterio», los adjetivos: «insondable», «inconcebible»,
etc. Al mismo tiempo, como consecuencia de lo antedicho, nuestra
santa fue consciente también de la imposibilidad de describir incluso
lo que había conocido de este misterio de la misericordia divina, y
por consiguiente, todo lo escrito lo comparaba con una gota del océ-
200 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
ano38. Además, no fue nada accidental o extraño juntar varias expresio-
nes examinadas más arriba, por ejemplo: «milagro del misterio inson-
dable de tu misericordia»(1584) o la frase final de una de las cartas al
cura M. Sopoćko: «Llena de confianza en la infinita e inconcebible, e
insondable misericordia divina»39. Como vemos, sor Faustina, con su
doctrina sobre la misericordia divina, se une a la tradición teológica
más antigua de la Iglesia, que denominamos teología apofática.
2. LA MISERICORDIA COMO ATRIBUTO DE DIOS
La teología apofática, al afirmar que «de Dios no podemos saber lo
que es, sino sólo lo que no es»40, no constituye la única forma de ha-
cer teología y hablar sobre Dios. Sor Faustina, al no dejar nunca de su
vista la verdad de que la naturaleza de Dios, y consiguientemente, su
misericordia son realidades que están por encima de todo conoci-
miento humano, estaba convencida fuertemente de que, conocía a
Dios y su misericordia. Por medio de su experiencia cristiana y múlti-
ples experiencias místicas obtuvo un rico conocimiento del misterio
insondable de la misericordia divina y por ello no son nada extrañas
palabras como éstas: «...el Señor me ha dado conocer todo el mar y el
abismo de su misericordia insondable»(1073).
Pasamos ahora a describir lo que sor Faustina dijo sobre la miseri-
cordia divina de manera afirmativa, es decir, vamos a responder a la
pregunta: ¿qué es y cómo es la misericordia de Dios para la mística
polaca? Lo haremos por medio de unos apartados que van a tratar de
los sinónimos de la misericordia de Dios que usaba sor Faustina para
describir el atributo divino y los rasgos propiamente divinos de la mi-
sericordia, es decir, su infinita grandeza, su omnipotencia. Luego pa-
saremos a estudiar los lugares donde reside y de donde fluye, de ma-
nera especial, la gracia de la misericordia de Dios. Por fin, trataremos
sobre la afirmación de la santa sobre la misericordia divina como el
atributo más grande de Dios.
a) Los sinónimos de la misericordia de Dios
Vamos a mirar más de cerca los vocablos o expresiones que tienen
para la santa el mismo o muy parecido significado a la misericordia
divina. A la hora de buscar dichos sinónimos, hay que tener presente
que sor Faustina no era teóloga, es decir, no pretendía explicar con
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 201
lenguaje científico en qué consiste la misericordia divina. Por ello los
sinónimos no siempre están expresados explícitamente, sino que hay
que buscarlos, teniendo en cuenta todo el tenor de los escritos y de-
claraciones (principalmente del Diario), así como el lenguaje, que al
ser el de una mística, contiene muchas imágenes también a la hora de
tratar sobre la misericordia divina41.
El primer sinónimo que encontramos en los escritos de sor Fausti-
na, el más cercano a la idea de la misericordia divina, es «el amor» (en
polaco «mi0lość»). Es así no tanto por el número de fragmentos que re-
presentarán claramente el parentesco de las dos nociones más usadas
por la santa, sino más bien por la fuerza de algunas de ellas. El vocablo
«el amor», como sinónimo de la misericordia divina, lo encontramos
ante todo en el Diario. En él no es algo raro encontrar fragmentos
donde el amor y la misericordia aparecen juntos, sobre todo, en el
contexto de haber hablado sobre quién es Dios. Entre tales fragmen-
tos mencionemos primero aquellos cuyo autor, según santa Faustina,
es el mismo Cristo que se le revelaba a la santa. En una de estas reve-
laciones, Cristo dijo a la mística polaca: «Habla al mundo de mi mi-
sericordia, de mi amor. [...] Di, hija mía, que soy el amor y la miseri-
cordia mismos»(1074)42. En efecto, sor Faustina al conocer a Dios le
conocía sobre todo como amor y misericordia. Clara prueba de eso
son los numerosos lugares del Diario donde nuestra santa usa ambas
nociones a la hora de hablar de Dios y de su conocimiento: «El tercer
atributo fue el amor y la misericordia. Y entendí que el mayor atribu-
to es el amor y la misericordia»(180), o en otro lugar: «Dios es amor
y misericordia»(281)43.
Otros lugares importantes en los que sor Faustina describió su co-
nocimiento de Dios como el amor y la misericordia son la Encarna-
ción del Hijo de Dios y la Eucaristía. En cuanto a la Encarnación,
encontramos en el Diario fragmentos que rezan así: «Que el inmenso
Dios se hace hombre, sólo por amor y por su insondable misericor-
dia»(161), y «Oh Dios de gran misericordia que te dignaste enviarnos
a tu Hijo unigénito como el mayor testimonio de tu insondable
amor y misericordia»(1122)44. En cuanto a la Eucaristía, también ella
es, para la mística polaca, la prueba de su amor y misericordia: «Oh
Hostia viva [...] fuente de amor y misericordia...»(223), «Oh Jesús
oculto en el Santísimo Sacramento del altar, mi único amor y miseri-
cordia...»(1751)45.
No es nuestro objeto enumerar todos los lugares del Diario en los
que el vocablo «amor» desempeña papel de sinónimo de la misericor-
dia divina. Lo que hemos mencionado más arriba basta para no du-
202 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
dar que, de hecho, el amor y la misericordia divinos son conceptos
muy cercanos, e incluso, en muchas ocasiones uno sustituye al otro.
No podemos pasar al siguiente sinónimo sin hacer aquí una ad-
vertencia, a saber, que en el Diario encontramos asimismo los frag-
mentos que matizan la sobredicha relación entre el amor y la miseri-
cordia en Dios. Sor Faustina lo hizo, ante todo, por medio de una
bonita imagen y comparación: «La misericordia es la flor del amor;
Dios es amor y la misericordia es su acción, en el amor se engendra,
en la misericordia se manifiesta»(651)46.
Esta imagen revela y pone de relieve esa unidad que es Dios; en Él
el amor y la misericordia (y todas las demás perfecciones) son una
sola cosa, son Dios mismo. Por otro lado, sin embargo, la imagen nos
revela que la misericordia divina surge del amor de Dios, es su fruto y
su manifestación. Así, la imagen que usó la mística polaca es muy
concorde con lo que dice al respecto la teología moral, para la cual la
misericordia es pars potentialis de la virtud del amor, es su efecto y
«anexo»47.
El siguiente sinónimo importante que usó sor Faustina para desig-
nar la misericordia divina fue «compasión» o «piedad» (en polaco «li-
tośc´»). Este sinónimo lo encontramos también ante todo en el Dia-
rio, y solamente una vez en una carta de la santa, o mejor dicho, en
una de sus felicitaciones con motivo del año nuevo 193748. Baste
aquí que recoger los fragmentos más significativos y convincentes.
En primer lugar nuestra santa usa frecuentemente el vocablo «la
compasión» (o «la piedad») para describir el Corazón de Cristo, que en
otras ocasiones llamaba misericordioso. La mejor prueba de que dicho
vocablo es sinónimo del Corazón misericordioso de Cristo es la nove-
na a la divina misericordia (números del Diario 1209-1229), donde las
oraciones, al referirse constantemente al Corazón compasivo de Cris-
to, lo denominan, al mismo tiempo, mar o fuente de misericordia.
También muchos otros fragmentos del Diario muestran lo mismo, por
ejemplo cuando la santa rezaba a Cristo: «Oh Jesús [...] yo deseo reflejar
tu Corazón compasivo y lleno de misericordia...»(1242)49. Según la
santa el mismo Cristo nombraba así su Corazón: «Estas almas tienen
prioridad en mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en mi
misericordia»(1541)50.
La compasión y la piedad son sinónimos de la misericordia divina
no solamente respecto al Corazón de Jesús. También fuera de este
contexto encontramos muchos pasajes que indican claramente el pa-
rentesco de los dos vocablos: «Oh Señor, míranos y trátanos según tu
piedad infinita, según tu gran misericordia»(611), o en otro lugar:
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 203
«Oh Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de
compasión inagotable...»(950)51. También al querer alabar la miseri-
cordia de Dios la mística polaca decía: «Oh Señor, la eternidad no me
bastará para glorificar dignamente tu misericordia insondable, tu
compasión por mí»(1486).
El tercer sinónimo de la misericordia divina usado frecuentemen-
te por nuestra santa es la bondad (en polaco «dobroć »). También ese
sinónimo lo encontramos ante todo en el Diario 52. Tampoco vamos a
enumerar aquí todos los lugares donde sor Faustina se sirvió del voca-
blo «la bondad» para describir la misericordia divina, sino más bien
nos centramos en las expresiones más significativas.
Señalemos primero los fragmentos donde, según nuestra santa,
Cristo mismo usa la palabra «bondad» como sinónimo de su miseri-
cordia. Los pasajes donde se usa este sinónimo se refieren a menudo a
la desconfianza de las almas en Dios. Una vez Cristo dijo lo siguiente a
la mística: «Esta alma [...] no cree que yo soy la misericordia, no confía
en mi bondad. También los demonios admiran mi justicia, pero no
creen en mi bondad»(300)53. En otro contexto Cristo se sirvió del vo-
cablo «la bondad» como sinónimo de la misericordia divina, por ejem-
plo: «Penetra en mis secretos y conocerás el abismo de mi misericordia
para con las criaturas y mi bondad insondable...»(438)54.
Junto con los fragmentos que acabamos de mencionar, el Diario
contiene muchos otros pasajes donde sor Faustina se servía del voca-
blo «la bondad» para describir la misericordia de Dios. Ya en el co-
mienzo de su Diario confesó lo siguiente: «Al principio Dios se hace
conocer como santidad, justicia, bondad, es decir, misericordia»(95).
Cuando glorificaba a Dios por su misericordia lo hacía, entre otros
modos, también de esta manera: «Oh alma mía, adora al Señor por
todo y glorifica su misericordia, porque su bondad no tiene lími-
tes»(423)55. Muchas veces, al nombrar a Dios, le llamaba, al mismo
tiempo, Dios de misericordia y de bondad: «Oh Dios eterno, Bon-
dad misma, inconcebible en tu misericordia...»(492)56.
Clara prueba de lo que estamos diciendo es un relato de la santa
sobre una conferencia que tuvo lugar en su convento. Sor Faustina la
resumió así: «Todo lo que el sacerdote dijo en esa meditación sobre la
bondad de Dios, correspondía con lo que Jesús me había dicho [y] se
refería exactamente a la Fiesta de la Misericordia»(458)57. También a
la hora de cumplir su misión de proclamar la misericordia divina, la
mística polaca muchas veces usaba el mismo sinónimo: «Yo sé bien,
oh Jesús, que debo hablar a las almas de tu bondad, de tu inconcebi-
ble misericordia»(598)58. Lo mismo hacía cuando confesaba su con-
204 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
fianza en la misericordia divina: «...en mi alma se despertó una con-
fianza tan grande en la divina misericordia que aunque tuviera en mi
conciencia los pecados del mundo entero y los pecados de las almas
condenadas, a pesar de todo esto, no dudaría de la bondad de
Dios...»(1552)59.
Hay que decir que sor Faustina, al atribuir toda la obra de la crea-
ción y redención a la misericordia de Dios, la atribuía también a su
bondad como sinónimo de aquélla. Lo muestran claramente los mis-
mos títulos de sus reflexiones acerca de la infinita bondad de Dios
«en la creación de los ángeles»(1741), «en la creación de los hom-
bres»(1743), «al enviarnos su Hijo Unigénito»(1745), «en la redención
del hombre»(1747), así como «por haber adornado el mundo ente-
ro»(1749).
Todos estos sinónimos nos señalan que sor Faustina no entendía
la misericordia divina en el sentido estrictamente filosófico-teológico
en el que respectivos atributos divinos no pueden tomarse como si-
nónimos, porque «el concepto de lo que designamos con el nombre
de justicia no es idéntico al de sabiduría o al de misericordia. [...]
cuando decimos que Dios es justo no estamos diciendo exactamente
lo mismo que cuando le llamamos misericordioso»60. Eso nos lleva a
la otra respuesta que nos viene del teólogo I. Różycki, que dice lo si-
guiente: «Como la misericordia en estas revelaciones es al mismo tiem-
po, bondad, compasión, amor, posee ella [...] el significado bíblico de
la palabra hesed del Antiguo Testamento y eleos del Nuevo Testamen-
to»61. Así pues, los principales sinónimos que sor Faustina usó para
describir la misericordia divina indican el sentido bíblico de la pala-
bra, como se confirmará más adelante.
b) La infinita grandeza de la misericordia divina
En este punto examinaremos lo que dijo sor Faustina sobre la
grandeza de la misericordia de Dios. Como veremos en seguida, este
rasgo de la misericordia fue subrayado muy claramente en los escritos
de nuestra santa. Lo confirman tanto el gran número de lugares en
los que se habla sobre este rasgo de la misericordia divina, como los
diversos vocablos e imágenes que lo describen. En efecto, junto al
concepto de «grandeza», que en la gran mayoría de los casos fue usa-
do en la forma del adjetivo «grande», encontramos otros vocablos
que se refieren a la misericordia de Dios, a saber, los adjetivos: «infi-
nita», «inalcanzable», «inconmensurable», forma negativa del verbo
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 205
«agotar», el sustantivo «enormidad», la expresión «sin límites», así
como las siguientes imágenes: «el mar», «el océano», «el abismo», «la
profundidad». Vamos a analizar cada una de estas expresiones que
describen la grandeza de la misericordia divina.
Empezamos con el vocablo más propio y más frecuente para des-
cribir la grandeza de la misericordia divina. En la mayoría de los ca-
sos encontramos esta noción en la forma del adjetivo «grande» (en
polaco «wielkie»)62 y en algunos lugares en la forma del sustantivo «la
grandeza» (en polaco «wielkośc´»)63. Los dos vocablos se encuentran
tanto en las cartas de la santa como en el Diario.
Sobre la grandeza de la misericordia de Dios hablan en el Diario
muchas personas y no solamente sor Faustina. En efecto nuestra san-
ta atribuye algunos de los lugares que nos interesan ya a Cristo, a la
Virgen María y en un único número al diablo.
En cuanto a los lugares donde, según la mística, Cristo nombró de
esta forma su misericordia, destacan aquellos lugares del Diario en los
que el Señor Jesús exhorta a la religiosa polaca, así como a los sacer-
dotes y otros fieles para que hablaran al mundo acerca de la grandeza
de su misericorida: «Siempre que quieras agradarme, habla al mundo
de mi gran e insondable misericordia»(164)64, «Deseo que los sacer-
dotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecado-
ras»(50)65. Esta exhortación se justifica por el hecho de que pocos to-
davía han conocido bien la misericordia de Dios, e incluso «ni almas
elegidas entienden lo grande que es mi misericordia»(379). Los cita-
dos fragmentos indican además que en los tiempos de nuestra santa,
y según nuestra opinión también hoy, había y hay muchas personas
(pecadores, sacerdotes y muchos otros) que tienen una idea de la mi-
sericordia divina limitada, o sea, para ellos Dios es misericordioso
pero hasta cierto punto. No faltan personas, y sobre todo, grandes
pecadores que no creen que Dios pueda ser misericordioso con ellos a
causa del mucho mal que hicieron. Contra este modo de entender la
misericordia divina están los fragmentos que subrayan su grandeza.
Citemos uno donde Cristo destaca la grandeza de su misericordia
precisamente respecto a los pecadores: «Mi Corazón está colmado de
gran misericordia para las almas y especialmente para los pobres pe-
cadores»(367)66.
Sobre la grandeza de la divina misericordia en el contexto de la
necesidad de anunciarla a los hombres que de hecho no la conocen
todavía trata también una revelación atribuida a la Virgen María. El
25 de marzo de 1936 la Madre de Dios decía a sor Faustina: «...tú de-
bes hablar al mundo de su gran misericordia...»(635). En este contex-
206 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
to entendemos mejor las palabras que la santa atribuyó al mismo Sa-
tanás: «Mil almas me hacen menos daño que tú cuando hablas de la
gran misericordia del Omnipotente»(1167)67.
Ya sabemos que sor Faustina fue exhortada en varias ocasiones a
proclamar la grandeza de la misericordia de Dios: «Tú mismo me has
ordenado hablar de esta gran misericordia tuya...»(483)68. No es nada
extraño que quisiera cumplir esta misión del mejor modo posible:
«Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran mi-
sericordia de Dios»(491)69. Al conocer la grandeza de la misericordia
de Dios70, muchas veces se entusiasmaba por ella: «Oh qué grande es
la misericordia del Señor»(611)71, la glorificaba: «Que la grandeza de
tu misericordia, oh Dios, sea admirada y glorificada»(5)72, daba gra-
cias por ella: «...con cada latido del corazón te agradezco, oh Dios, tu
gran misericordia conmigo»(256)73, confiaba en ella: «...he puesto mi
confianza en la gran misericordia del Señor»(992)74. Asimismo ex-
hortaba a los demás, y a toda la creación a que glorificaran este atri-
buto de Dios en su grandeza: «Oh, qué grande es la divina misericor-
dia. Que la exalte toda criatura»(917)75.
El Diario nos relata su gran dolor espiritual cuando veía la ingrati-
tud de los hombres frente a lo grande que es la misericordia divina:
«Cada vez que recordaba la gran misericordia de Dios y la ingratitud
de las almas, el dolor traspasaba mi corazón y entendí cuánto eso he-
ría el Corazón dulcísimo de Jesús»(384). Sufría asimismo a causa del
poco conocimiento que los hombres tienen sobre la grandeza de la
divina misericordia: «Oh, si todos conocieran qué grande es la mise-
ricordia del Señor y cuánto todos nosotros necesitamos esta miseri-
cordia, especialmente en aquella hora decisiva»(811). El sufrimiento
no le impedía, sin embargo, pedir para sí y para los demás la gran mi-
sericordia de Dios. Por el contrario, imploraba a Dios su gran miseri-
cordia: «Oh Señor, míranos y trátanos según tu piedad infinita, se-
gún tu gran misericordia»(611).
Antes de pasar a otras expresiones señalemos en este lugar el sus-
tantivo «la enormidad» que como claro sinónimo de la grandeza me-
rece ser tratado en este lugar. Dicho sustantivo «la enormidad» (en
polaco «ogrom») aparece tan sólo una vez en el Diario con referencia a
la misericordia de Dios76. Sor Faustina vio esta enormidad de la mise-
ricordia de Dios en el hecho de que Dios no juzga según las opinio-
nes ajenas, o sea, de los hombres, sino según la conciencia y el cono-
cimiento adquirido por cada uno de los hombres.
Pasamos a la segunda expresión usada muy frecuentemente por
sor Faustina, que le sirvió para subrayar la grandeza de la misericordia
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 207
de Dios, a saber el adjetivo «infinita» (en polaco «nieskończone»)77. A
la hora de destacar los fragmentos más interesantes también aquí co-
menzamos a considerar aquellos que la mística de Cracovia atribuyó
al mismo Cristo. Tres de ellos tratan sobre la misión de sor Faustina:
«Tu darás el testimonio de mi misericordia infinita»(689)78. En otros
dos, Cristo confirmó su infinita misericordia para con los pecadores,
incluso para con los más alejados de Dios, siempre que ellos se dirijan
a la misericordia divina, aunque fuera en la misma hora de su muer-
te: «Con las almas que recurran a mi misericordia [...] en la hora de la
muerte me compadeceré según mi infinita misericordia»(379)79.
En cuanto a los fragmentos que vienen directamente de sor Faus-
tina destaquemos primero su conciencia del conocimiento de esta
perfección divina. En un lugar nuestra santa confesó sin lugar a du-
das: «Conozco tu misericordia infinita»(908)80. Al conocer la infini-
tud de la misericordia de Dios, nuestra santa destacó en su Diario la
confianza que tuvo puesta en ella: «Oh Santísima Trinidad, confío en
tu infinita misericordia»(357)81, su gran celo por haber glorificado
debidamente este atributo de Dios: «Deseo glorificar tu misericordia
infinita en la vida, en la hora de la muerte y en la resurrección y en la
eternidad»(697)82, así como su enorme deseo, a pesar de cualquier sa-
crificio, para que los demás conozcan, glorifiquen y confíen en la in-
finita misericordia de Dios: «Oh Padre de gran misericordia, deseo
que todos los corazones se dirijan con confianza a tu infinita miseri-
cordia»(1122)83. No faltan también los fragmentos donde pidió hu-
mildemente que esta infinita misericordia de Dios «me acompañe
siempre y en todo»(859)84.
Sor Faustina veía asimismo que la infinitud de la misericordia de
Dios une estrechamente toda la creación con Dios. Esta unión es, se-
gún la santa, más fuerte que la que existe entre el niño y su madre:
«Alégrense, todas las criaturas, porque están más cerca de Dios en su
infinita misericordia que el niño recién nacido del corazón de su ma-
dre»(423). La misericordia infinita es también la fuente de la felici-
dad para todo lo creado: «Tú eres la fuente que hace feliz a cada cria-
tura por medio de tu infinita misericordia»(793).
No podemos terminar el análisis de los lugares que destacan la infi-
nitud de la misericordia de Dios sin mencionar un pasaje en el Diario
donde nuestra santa refirió hasta seis veces este rasgo a la Eucaristía. Se
trata de una especie de letanía de la alabanza a la Santa Hostia. En ella
la mística polaca llamó a la Eucaristía: «el testimonio de la infinita mi-
sericordia hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecado-
res»(356), «el abismo de la infinita misericordia para nosotros y, espe-
208 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
cialmente, hacia los pobres pecadores»(356), «[remedio] que mana de
la infinita misericordia como fuente para nosotros y, especialmente,
hacia los pobres pecadores»(356). Sor Faustina dijo también que gra-
cias a esta infinitud de la misericordia de Dios los hombres hemos sido
regalados con este maravilloso don que es Cristo presente en la Euca-
ristía. Debido también a este rasgo de la misericordia, los hombres han
obtenido la vida eterna, cuya fuente es la Eucaristía. Por fin, en el mis-
mo número del Diario la santa subrayó que también el Cuerpo y la
Sangre de Cristo constituyen, merced a la infinita misericordia de
Dios, «el vínculo de unión entre Dios y nosotros»(356).
El siguiente vocablo que subraya la idea de la grandeza de la mise-
ricordia de Dios es el verbo «agotar» en su forma negativa (en polaco
«nie wyczerpac´»). Lo encontramos tan sólo en el Diario 85. Hay dos
lugares donde es Cristo quien de este modo describió su misericordia
refiriéndose a la miseria de los hombres y también a la de la mística
polaca. Citemos el primer fragmento: «Yo soy el amor y la misericor-
dia mismas; no existe miseria que pueda medirse con mi misericor-
dia, ni la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da [mi
misericordia] aumenta»(1273). Como vemos, la misericordia es ina-
gotable, según el Diario, porque todo, incluso el mal que ha apareci-
do, aparece y podría aparecer en el mundo, es más pequeño que la
misericordia de Dios. Pero no sólo eso. La misericordia de Dios está
presentada aquí como una realidad dinámica, que siempre crece por-
que siempre se da. El segundo fragmento dice casi lo mismo respecto
a cada alma que tiende hacia la perfección (aquí sor Faustina). Cristo
la consoló diciendo que sus pecados y caídas no deben «entristecerte
demasiado; estas tratando con el Dios de la misericordia, tu miseria
no la agotará, además no he limitado el número de perdones»(1488).
Los demás lugares que hablan sobre la imposibilidad de agotar la
misericordia divina confirman lo que acabamos de decir. En ellos sor
Faustina confesó su firme fe de que nada puede agotar la misericordia
de Dios. Ponía de relieve esta tesis muy fuertemente diciendo: «Dios
no le negará su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cam-
biar, pero jamás se agotará la misericordia de Dios»(72). La mística
polaca explica también por qué es así: «La divina misericordia es in-
sondable e inagotable como Dios es insondable»(692).
Otra expresión que aparece algunas veces para reseñar la grandeza
de la misericordia divina es la expresión «sin límites» (en polaco «bez
granic»), presente solamente en el Diario 86. En una ocasión así la
nombró el mismo Cristo Jesús diciendo a santa Faustina: «Mi amor y
mi misericordia no conocen límites»(718). Desde luego, la mística
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 209
polaca estaba convencida de esta verdad. Según ella, todo puede cam-
biar, pasar, pero «su misericordia no tiene límites ni fin»(423)87. Hay,
sin embargo, un fragmento donde la mística puso, aparentemente, lí-
mites a la misericordia de Dios, o mejor dicho, donde se indica que el
hombre es quien puede limitar la experiencia de la misericordia divi-
na en su vida. Según la santa, todo depende de la confianza del hom-
bre puesta en Dios: «si su confianza es sin límites, la misericordia de
Dios será para él también sin límites»(1489). Así pues, aunque la mi-
sericordia divina por su naturaleza no conoce límites ni fin, es el
hombre mismo y su desconfianza en Dios, los que puedan limitar,
por decirlo así, la experiencia en su vida.
c) La omnipotencia de la misericordia de Dios
El siguiente rasgo de la misericordia divina que fue destacado por
la mística de Cracovia es su omnipotencia. Esta propiedad, que va-
mos a analizar en este apartado, fue expresada por medio de varios
vocablos, a saber: «omnipotencia», «poder», «milagro». Es preciso se-
ñalar asimismo que dicho rasgo de la misericordia de Dios, en todas
sus formas, lo encontramos solamente en el Diario de nuestra santa.
Comencemos nuestra análisis por el vocablo más frecuente, el sus-
tantivo «omnipotencia» (en polaco «wszechmoc»)88. Es interesante ad-
vertir que este vocablo sor Faustina lo usaba solamente desde el año
1937. Antes, la misma idea la expresaba con otro vocablo que luego
también analizaremos, a saber, «poder».
En el Diario encontramos dos pasajes que fueron atribuidos por
santa Faustina a Cristo y donde se habla sobre la omnipotencia de la
misericordia de Dios. El primer lugar atañe a la situación de un alma
desesperada, sumergida en las tinieblas, que permanece sorda a las
llamadas de Dios. Se trata de un alma que cree firmemente que para
ella ya no hay misericordia y se encuentra en una especie de anticipa-
da sensación del infierno, completamente incapaz de acercarse a Dios.
En tal situación, sin embargo, Dios da a esta alma su gracia definitiva,
de manera que comprende los esfuerzos divinos, y que se trata de una
oportunidad única y última para volver a Dios. La conversión, no obs-
tante, depende de ella misma. El Diario, y en él Jesucristo, explicó que
por medio de esta grande y única gracia «actúa la omnipotencia de
mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia»(1486)89. Así
pues, la conversión de un alma desesperada es la obra de la omnipo-
tencia de la misericordia de Dios.
210 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
El contexto de la segunda declaración donde Cristo menciona la
omnipotencia de su misericordia es la hora de las tres de la tarde, o
sea, el momento en que el Hijo de Dios entregó su vida en la cruz
por la salvación del mundo. Cristo pidió entonces a la mística polaca
lo siguiente: «...sumérgete totalmente en mi misericordia, adorándola
y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y es-
pecialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se
abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo
lo que pides para ti y para el mundo entero»(1572).
En cuanto a los demás pasajes del Diario donde se hace referencia
a la omnipotencia de la misericordia divina destacan, en primer lu-
gar, aquellos donde se habla sobre la pasión de Cristo. En efecto, la
omnipotencia de la misericordia divina sor Faustina la contempló y
descubrió precisamente en la pasión del Señor Jesús: «...estuve con Él
en cada etapa de su pasión; no se ha escapado a mi atención ni un
solo movimiento, ni una sola mirada suya, conocí toda la omnipo-
tencia de su amor y de su misericordia hacia las almas»(1054)90. Al
comprender que en la cruz de Cristo se nos reveló la omnipotencia
de la misericordia divina, la mística de Cracovia la imploraba tanto
para sí misma: «Protégeme con la omnipotencia de tu misericordia y
además júzgame con benevolencia»(1480)91, como para el mundo en-
tero «Que la omnipotencia de tu misericordia nos proteja de las fle-
chas de los enemigos de nuestra salvación...»(1570)92.
Junto con la pasión de Cristo sor Faustina advirtió también otra
realidad donde se revela de manera singular la omnipotencia de la
misericordia de Dios y que es la Eucaristía como comunión: «Jesús,
en mi vida hay un secreto más, el más profundo, pero también el más
querido para mí, lo eres Tú mismo bajo la especie del pan cuando
vienes a mi corazón»(1489), «...tu omnipotencia se manifiesta aquí
más que en la creación del hombre; aunque la omnipotencia de tu
misericordia actúa en la justificación del pecador, sin embargo tu ac-
tuación es muy silenciosa y escondida»(1584). Ambos fragmentos
nos explican que la omnipotencia de la misericordia divina no consis-
te en obras espectaculares por fuera (aunque se tratara de la creación
del mundo), sino en la silenciosa actuación de esta misericordia en el
corazón del hombre, en su justificación por medio de la comunión
con Dios.
A la luz de lo que hemos dicho arriba, no es extraño que nuestra
santa anhelara que sea glorificada por todos la omnipotencia de la
misericordia de Dios: «Que la omnipotencia de tu misericordia, oh
Señor, sea glorificada en el mundo entero, que su culto no termine
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 211
jamás...»(1298)93. Asimismo sor Faustina advirtió quién de entre los
humanos fue el primero en haber alabado este rasgo de la misericor-
dia de Dios. Lo fue, desde luego, la Virgen María, que por medio de
su fiat fue la primera, «...en adorar la omnipotencia de tu misericor-
dia»(1746).
d) El lugar de la misericordia de Dios
Al analizar los escritos de sor Faustina nos encontramos a menudo
con las expresiones que definen el lugar en que reside, o de donde
brota la misericordia divina. En este apartado vamos a considerar
más de cerca las mencionadas expresiones que son los siguientes: «el
Corazón de Jesús», «las entrañas», «las llagas», «el seno», «el tribunal»
y «el trono de la misericordia».
No hay ninguna duda, de que el lugar más destacado por sor
Faustina en cuanto a la sede y la fuente de la divina misericordia es el
Corazón del Señor Jesús. Es así no solamente por el gran número de
pasajes, tanto en el Diario como en otros escritos de la santa, sino
también por las diferentes formas que expresan esta realidad.
Empecemos con las expresiones más explícitas que hablan sobre el
Corazón de Cristo como el lugar principal de la divina misericordia.
Dichas expresiones vienen tanto de sor Faustina como de Cristo,
cuya voz oía en su interior: «Dulcísimo Corazón de mi Señor, lleno
de piedad y de misericordia insondable»(72), «Mi Corazón está col-
mado de gran misericordia para las almas y especialmente para los
pobres pecadores»(367)94. En el Diario encontramos algunos fragmen-
tos que identifican la misericordia divina con el Corazón de Jesús:
«Has de saber, hija mía, que mi Corazón es la misericordia mis-
ma»(1777), «...conocí el Corazón de Jesús: el fuego con que arde hacia
nosotros y que es un mar de misericordia»(1142). Si el corazón de
Cristo está lleno de misericordia como el mar, e incluso es la misericor-
dia misma de Dios, no es extraño que la santa lo llamara en muchas
ocasiones, tanto en el Diario como en sus cartas, «misericordioso»95 o,
en el grado supremo, mediante el superlativo: «misericordiosísimo»96.
Otras expresiones que es preciso señalar aquí son aquellas que in-
dican al Corazón de Jesús como la fuente de donde brota, fluye la
misericordia divina. Se trata sobre todo del vocablo «la fuente» (en
polaco «źród0lo», «zdrój» o «krynica» de la misericordia)97. Esta expre-
sión sor Faustina la atribuye en unos cuantos lugares del Diario al
mismo Cristo: «...por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que
212 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
mi sagrado Corazón fuera abierto por la lanza, y abrí la fuente de la
misericordia para ti»(1485) y en otro lugar «En la cruz, la fuente de
mi misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las
almas, no he excluido a ninguna»(1182)98. Es interesante y necesario
advertir que casi siempre Cristo, y luego también la santa, se referían
al Corazón de Jesús traspasado en la cruz y del que salieron agua y
sangre99. Por ello mismo, unas cuantas veces la mística polaca usa
como sinónimo de este Corazón abierto por una lanza en el Calvario
el vocablo «la herida»: «Oh herida de la misericordia, Corazón de Je-
sús»(1631)100.
El mismo fin tienen numerosos fragmentos donde se mencionan el
agua y la sangre que salieron del costado del Señor Jesús en la cruz.
Cristo enseñó a la mística polaca una jaculatoria en la que el agua y la
sangre de Cristo son el símbolo de la misericordia de Dios: «Esta ora-
ción es la siguiente: Oh sangre y agua que brotaste del Corazón de Jesús
como una fuente de misericordia para nosotros, en ti confío»(187)101.
Pasamos a otro lugar donde reside la misericordia de Dios. Acaba-
mos de señalar la importancia que tiene en los escritos de sor Fausti-
na el Corazón de Jesús como fuente de la misericordia de Dios, y más
exactamente el Corazón traspasado en la cruz, o sea, la herida de Co-
razón de Cristo. Ahora bien, en el Diario encontramos un fragmento
donde, junto con la herida del Corazón del Señor, fueron menciona-
das otras heridas de Cristo que asimismo son fuentes de la divina mi-
sericordia. En el dicho fragmento sor Faustina pone en los labios de
Cristo las siguientes palabras: «De todas mis llagas, como de arroyos,
fluye la misericordia para las almas, pero la herida de mi Corazón es
la fuente de la misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las
gracias para las almas»(1190). Así pues, también otras llagas que
Cristo sufrió durante su pasión son la fuente, el lugar de donde sale y
brota la misericordia de Dios. Que es así lo confirman otros lugares,
aunque en ellos no se nos habla exactamente de que las llagas de Cris-
to son el lugar de la misericordia de Dios, pero sí son la prueba de la
grandeza de la misericordia de Dios: «Mi Corazón sufre [...] a causa
de que ni almas elegidas entienden lo grande que es mi misericordia.
[...] Recuerden mi pasión y si no creéis en mis palabras, creed al me-
nos en mis llagas»(379). En otras ocasiones, cuando la santa quería
implorar la misericordia de Dios lo hacía también por la «interce-
sión» de las llagas de Cristo: «Te suplico por la dolorosa pasión de Je-
sús, tu Hijo [...] muestra tu misericordia a las almas que están bajo tu
justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, tu
amadísimo Hijo...»(1227)102.
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 213
El siguiente lugar donde según sor Faustina reside la misericordia
divina son las entrañas de Dios. Este vocablo «las entrañas» refirién-
dose a la misericordia divina (en polaco «wnetrzności») lo encontra-
‘
mos unas cuantas veces en el Diario 103. Es interesante señalar que la
mayoría de los fragmentos donde aparece esta expresión sor Faustina
la atribuyó al Señor Dios.
Destaquemos en primer lugar un fragmento en el que se subraya
que las entrañas de Dios «están colmadas de misericordia que está de-
rramada sobre todo lo que he creado»(1784). Estas palabras afirman
que Dios mismo, su ser divino está colmado, está lleno de misericor-
dia. Pero es más. La misericordia que llena las entrañas de Dios está
derramada sobre toda la creación, es decir, en toda la creación está
presente. Otro pasaje lo confirma así: «Todo lo que existe ha salido de
las entrañas de mi misericordia»(699)104. La idea de que la creación
salió de las entrañas de la misericordia de Dios está explicada más to-
davía en el Diario, por un fragmento que nos hace entender cómo
son las entrañas de Dios: «Todo lo que existe está encerrado en las en-
trañas de mi misericordia más profundamente que un niño en el seno
de la madre»(1076). Con esta imagen se nos pone de relieve que el
lazo que une a Dios con su creación y con los hombres es mucho más
fuerte que el vínculo entre la madre y el niño que está en sus entra-
ñas. El amor y la misericordia de Dios hacia los hombres son más
grandes y más tiernos que el mayor amor que el hombre puede expe-
rimentar en la tierra, es decir, el amor entre la madre y su propio
hijo105.
Junto con la creación, el Diario habla acerca de las entrañas de la
misericordia divina también en otras etapas de la salvación. El segun-
do momento en el que las entrañas de misericordia de Dios se derra-
maron sobre el mundo fue la hora de la muerte del Hijo de Dios en
la cruz. El Diario lo presenta con las siguientes palabras atribuidas
por sor Faustina a Cristo: «Ambos rayos brotaron de las entrañas más
profundas de mi misericordia cuando mi Corazón agonizante fue
abierto en la cruz por una lanza»(299). Los rayos aquí mencionados
significan la sangre y el agua que salieron del costado de Cristo. La
mística polaca puso una vez más de relieve que la pasión de Jesús y su
muerte constituyen el acontecimiento por excelencia en la historia de
la salvación en el cual se han revelado de manera extraordinaria las
entrañas de la misericordia divina.
La historia de la salvación, sin embargo, no se acabó con la cruz de
Cristo, sino que sigue realizándose. Por ello el Diario nos muestra
otros momentos en los que las entrañas de la misericordia de Dios ac-
214 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
túan y se manifiestan de manera especial. Según sor Faustina, un mo-
mento particular de esa manifestación es cuando Dios quiere salvar a
un alma desesperada que está ciega y sorda a su llamada y parece in-
curable. Entonces —escribió la mística de Cracovia— «empiezan en
cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios [...]
Dios le da su gracia definitiva»(1486).
Otro momento en el que se conmueven las entrañas de la miseri-
cordia divina es el de la oración a la divina misericordia enseñada a la
santa por Cristo: «Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas
que recen esta coronilla; las entrañas de mi misericordia se enterne-
cen por quienes rezan esta coronilla»(848). La fuerza tan grande de
esta oración viene de que en ella se evoca la pasión del Hijo de Dios.
Por eso mismo: «cuando cerca de un agonizante es rezada esta coroni-
lla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al
alma y se conmueven las entrañas de mi misericordia por la dolorosa
pasión de mi Hijo»(811). Asimismo sor Faustina rezó para que la mi-
sericordia de la Santísima Trinidad «que brota de tus entrañas nos
proteja de tu justa ira»(1007).
La siguiente expresión que hace referencia al lugar donde, según
sor Faustina, reside la misericordia de Dios es el vocablo «trono» (en
polaco «tron» y «przybytek»), que encontramos tanto en el Diario
como en dos cartas de la mística polaca106. Primero señalemos lo que
Faustina escribió al padre J. Andrasz en 1933 y que son las palabras
que la santa atribuyó a la Virgen María, cuya voz oyó en el santuario
de Czestochowa en camino hacia Vilna. La Virgen le dijo entonces:
‘
«La misericordia es el adorno más grande del trono de Dios»107. Este
fragmento no nos dice aparentemente nada especial, pues la miseri-
cordia como perfección de Dios debe ser y es el adorno de su trono, o
sea, pertenece a su ser, a su naturaleza. Sin embargo, la carta subraya
un rasgo interesante que luego desarrollaremos, y es que la santa dice
que la misericordia es el adorno más grande del trono de Dios.
¿Cómo entender estas palabras?
El fragmento más claro y relevante que habla sobre el trono de la
misericordia es el que lo identifica con el Santísimo Sacramento108, y
más exactamente con el sagrario o el tabernáculo donde se guarda la
Eucaristía. Santa Faustina experimentaba que desde este lugar que
llamó el trono de la misericordia, Cristo llama a la gente para que
venga a Él. Según la santa, Cristo mismo invita y explica por qué
constituyó el mencionado trono de su misericordia en la tierra: «Mira
alma, por tí he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este
trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 215
a tu corazón»(1485). Así pues, no se trata de un trono inaccesible para
el hombre. Por el contrario. El vocablo «trono» sirve para subrayar la
grandeza del que se sienta en él, pero no la imposibilidad o gran difi-
cultad de acudir a él. Y en eso, en esa humillación de Dios que per-
mite acercarse a su trono a todo el que quiere, consiste también la
misericordia.
e) La misericordia como el atributo más grande de Dios
Es necesario ahora dedicar atención a los pasajes del Diario en los
cuales sor Faustina afirma que la misericordia es el atributo más grande
de Dios. Como ya sabemos, la mística polaca inició su conocimiento
del misterio de Dios y de su misericordia por medio de la meditación y
luego contemplación de los diversos atributos de Dios. De esta mane-
ra seguía, según testimonia el Diario, la indicación del mismo Cristo,
quien le había dicho: «Trata de conocer a Dios a través de meditar sus
atributos»(30). En efecto, sor Faustina meditaba sobre distintas perfec-
ciones de Dios, como la santidad, la justicia. Y fue entonces, cuando al
meditar acerca de estas perfecciones divinas entendió «que el mayor
atributo es el amor y la misericordia»(180). A primera vista esta afir-
mación parece sorprendente y incluso un poco incómoda, puesto que
aparentemente genera un problema, o incluso indicaría un error de fe
en los escritos de nuestra mística. Es así porque, según los teólogos, to-
dos los atributos de Dios son iguales y no hay entre ellos una grada-
ción de perfección. Por lo tanto, no podemos omitir esta sorprendente
y difícil afirmación de la mística. Además, esta afirmación no es una
excepción en el Diario puesto que la encontramos con bastante fre-
cuencia en los cuadernos espirituales de sor Faustina109.
Entre los fragmentos destaquemos en primer lugar el pasaje donde,
según la mística, el mismo Señor Jesús nombró así este atributo de
Dios: «Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios.
Todas las obras de mis manos están coronadas por la misericor-
dia»(301). Como vemos, no solamente se trata de una afirmación sino
también de una exhortación. Cristo pidió a sor Faustina que procla-
mara esta verdad. Y de hecho así fue. La mística polaca no tenía nin-
gún reparo para confesarla a menudo. Lo hacía, o bien en el contexto
de alabanza: «Oh, qué grande es la misericordia del Señor, por encima
de todos sus atributos; la misericordia es el mayor atributo de Dios,
todo lo que me rodea, me habla de ello»(611), o en el de la oración:
«Misericordia divina, supremo atributo de Dios, en ti confío»(949).
216 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
Ahora bien, sor Faustina declaró claramente que la misericordia
de Dios es el atributo más grande de Dios. Eso, sin embargo, origina,
como ya hemos señalado un poco antes, la siguiente pregunta: ¿cómo
entender la mencionada afirmación teniendo en cuenta lo que la teo-
logía dogmática nos dice al respecto, es decir, que en Dios todas las
perfecciones son iguales «en el sentido de que ninguna de ellas es más
perfecta que las demás, y todas se implican mutuamente»110. Así
pues, ¿tenemos aquí un modo de hablar criticable teológicamente?
Para responder a esta pregunta hay que tener presente primero
cómo sor Faustina entendió la misericordia divina. Los apartados pre-
cedentes, especialmente sobre los sinónimos y lugares donde reside la
misericordia divina nos han dado las pistas más importantes al respec-
to. Cuando sor Faustina escribía sobre la misericordia divina como el
atributo más grande de Dios, no lo concebía en el sentido filosófico-
teológico, donde todos los atributos son absolutamente iguales en
Dios, es decir, la justicia o la sabiduría de Dios son igualmente perfec-
tas que la misericordia porque todas se encuentran en Dios en forma
infinita y simplicísima. En cambio, según sor Faustina no es así porque
en el Diario hay dos pasajes donde la santa llamó asimismo el amor y
la bondad como los atributos más grandes de Dios: «el mayor atributo
es el amor y la misericordia»(180); «La bondad divina es el mayor atri-
buto de Dios»(459)111. Este hecho no es una incoherencia o un error.
Por el contrario, de esta forma sor Faustina, como en todos sus escri-
tos, usó la noción de la misericordia divina en sentido bíblico.
Ahora bien, en la interpretación bíblica de la misericordia divina,
que son fundamentalmente: rah a- mim y hesed (en griego eleos), lo
determinante es el elemento activo del amor, de la bondad que ayuda
y da112. En efecto, el pueblo de Israel desde su principio tuvo una ex-
periencia de la misericordia de Dios. Su signo más relevante fue la
alianza establecida con Dios, así como la liberación de la esclavitud
en Egipto descrita en la Biblia como un acto de la misericordia divi-
na113. Esta peculiar experiencia de la divina misericordia del pueblo
del Dios de la Antigua Alianza le permitió también recibir la plenitud
de la revelación divina en Cristo, por consiguiente, también la pleni-
tud de la revelación de la misericordia de Dios. En realidad, toda la
vida y la misión salvífica de Jesucristo traducen la misericordia divina
que manifiestan el amor de Dios para con el hombre. Este vínculo
entre el amor y la misericordia de Dios sor Faustina lo supo expresar
muy bellamente usando la imagen de la naturaleza: «El amor de Dios
es la flor y la misericordia es el fruto»(949) o en otra parecida expre-
sión: «La misericordia es la flor del amor; Dios es amor y la miseri-
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 217
cordia es su acción, en el amor se engendra, en la misericordia se ma-
nifiesta»(651)114.
El sentido bíblico de la misericordia divina en los escritos de sor
Faustina es muy importante a la hora de explicar el sentido y la ver-
dad de la tesis de nuestra santa de que la divina misericordia es como
el atributo más grande de Dios. En primer lugar tengamos presente
que, aunque el Diario suele llamar a la misericordia divina atributo
de Dios, sin embargo, de hecho lo que quiere indicar son, ante todo,
los frutos y efectos del infinito amor de Dios, tanto en la historia del
mundo como en la historia de la salvación115. Por otro lado, sabemos
bien que la obra más grande que Dios ha realizado en la historia es la
salvación del mundo lo que es el efecto y el fruto del amor de Dios
hacia los hombres, o sea, es la misericordia divina: «el amor más
grande y el abismo de la misericordia los reconozco en la Encarna-
ción del Verbo, en su redención»(180).
Ahora bien, si los efectos y frutos de la actuación del amor y mise-
ricordia de Dios son en el mundo los más grandes, parece correcto y
obvio que la misericordia divina sobrepase a todos los demás atribu-
tos divinos y podemos llamarla, siempre teniendo en cuenta su senti-
do bíblico activo, el atributo más grande de Dios116. Así pues, el sig-
nificado de la afirmación que tanto subrayaba sor Faustina no puede
ser doctrinalmente cuestionado. Por el contrario, dicha afirmación
parece provenir, como lo advirtió I. Ró życki, de la Vulgata, salmo
144, 9: «Misericordia eius super omnia opera eius», aparte de que tie-
ne además el respaldo del Doctor Angélico117.
3. La presencia de la divina misericordia en la historia
de la salvación
Al empezar a escribir su Diario sor Faustina quería dar testimonio
de la divina misericordia no solamente como atributo «abstracto» de
Dios sino, sobre todo, como expresión de amor tanto hacia su alma118,
como hacia el mundo entero. En este tercer punto queremos analizar
los fragmentos de los escritos de la mística de Cracovia que tratan so-
bre las manifestaciones de la misericordia de Dios, y más exactamen-
te sobre las que atañen al universo. Señalemos, sin embargo, que que-
remos hablar en este punto sobre la divina misericordia como obra de
la Santísima Trinidad, y por consiguiente, no dedicaremos aquí más
espacio a la misericordia divina revelada en Jesucristo, la segunda per-
sona divina.
218 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
Antes de tratar sobre las manifestaciones de la misericordia divina
al respecto del universo mostraremos en el primer apartado que, se-
gún sor Faustina, la Santísima Trinidad es siempre la fuente y el prin-
cipio de la misericordia divina.
a) La Santísima Trinidad principio de la misericordia divina
Ya sabemos que sor Faustina definió a Dios como Amor y Miseri-
cordia119. Para ella «Dios es amor y la misericordia es su acción, en el
amor se engendra, en la misericordia se manifiesta»(651). Ya estas pa-
labras nos muestran que el principio de la misericordia de Dios está,
según la mística polaca, en la misma naturaleza de Dios, que es co-
munión de amor entre las tres personas divinas. Por eso, en el Diario,
sor Faustina llamó a la Santísima Trinidad «abismo de misericor-
dia»(1307), que es «inconcebible, impenetrable para toda mente hu-
mana y angélica»(361). De este abismo de misericordia, y según otros
pasajes del Diario, de las entrañas de Dios120, de su «único seno amo-
roso»121 brota, como de una fuente, la misericordia divina: «Miseri-
cordia divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trini-
dad...»(949). Ella es el principio de la misericordia divina.
La misma realidad describía sor Faustina cuando afirmaba que la
misericordia «brota del seno del Padre»(949). En efecto, en varias
ocasiones llama a la primera persona divina: «el Padre de la misericor-
dia»122 y a su seno llamaba «el abismo de la infinita misericordia»
(356). Su ojo misericordioso mira sobre toda la humanidad123. Men-
cionemos aquí también el fragmento del Diario donde la mística lla-
mó al Espíritu Santo «Espíritu de amor y misericordia»(1411) y por
ello mismo también lo señaló explícitamente como el principio de la
misericordia divina.
Ahora bien, la misericordia de Dios brota de su seno, es decir, de
su naturaleza divina que es amor. Brota para todos y para todo, se de-
rrama sin límites y abarca toda la creación, el universo entero124. Dios
uno y trino que tiene amor hacia todas sus criaturas muestra este
amor en obras y, por eso, en todas sus obras está presente el sello de su
insondable misericordia125. Todo lo que existe y existirá está coronado
por la misericordia de Dios porque es fruto del amor divino126. En una
de las cartas, nuestra santa llamó a la misericordia de Dios el mayor
adorno del trono de Dios127. Es interesante asimismo lo que nuestra
santa dijo en algunas ocasiones sobre la voluntad de Dios, a saber,
que también esta voluntad «es la misericordia misma»(1552)128.
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 219
b) La creación como la manifestación de la misericordia de Dios
Aunque la misericordia de Dios está presente en todas partes, en
todas sus obras, sin embargo, según sor Faustina, hay algunos lugares
y acontecimientos en la historia del universo, donde la misericordia
de la Santísima Trinidad se revela de manera especial y sobresaliente.
Uno de estos lugares es la creación del mundo.
En el Diario encontramos numerosos fragmentos que hablan so-
bre la creación del mundo como obra especial de la misericordia divi-
na. Para subrayar esta idea, sor Faustina primero hizo notar que Dios
en sí mismo, por su propia naturaleza es feliz, no le falta nada, ni ne-
cesita de nadie: «Oh Dios Tú eres la felicidad en ti mismo y para esta
felicidad no necesitas de ninguna criatura, ya que eres en ti mismo la
plenitud del amor, pero por tu insondable misericordia llamas a las
criaturas a la existencia...»(1741). Por consiguiente, como lo confir-
ma un pasaje del Diario que la santa atribuyó a la Santísima Trini-
dad, si Dios llama a las criaturas a la vida, esto es el abismo de su mi-
sericordia129. En otras palabras, toda la creación es fruto del enorme
amor de Dios y por eso es revelación de su misericordia. Esta verdad
fascinaba a nuestra santa y por consiguiente salían de su pluma ala-
banzas como ésta: «Oh Santa Trinidad, Único Dios, inconcebible en
la grandeza de la misericordia hacia las criaturas...»(361).
La misma idea de que el amor y la misericordia se revelan en la
obra de la creación confirma otra revelación que tuvo la mística polaca:
«Todo lo que existe está encerrado en las entrañas de mi misericordia
más profundamente que un niño en el seno de la madre»(1076)130.
Esta imagen de las entrañas de una madre en las que descansa un
niño, que para el hombre simboliza los lazos más fuertes que pueden
existir en la vida de los hombres en la tierra, subraya lo fuerte e in-
quebrantable que es el vínculo íntimo de misericordia entre Dios
Creador y sus criaturas, que son como hijos de una madre.
Como dicho vínculo entre la madre y el niño es el amor más puro
y sublime que existe entre los humanos, así al vínculo entre Dios y las
criaturas que creó llamamos la misericordia131. Aunque entre Dios y
todo lo que existe hay un abismo, aunque en comparación con Dios,
que es la plena plenitud, la creación es nada, sin embargo, este gran
abismo está colmado, por decirlo así, por la misericordia de Dios.
Esta realidad la experimentaba muchas veces santa sor Faustina, que
en una ocasión oyó las siguientes palabras: «Has de saber, hija mía,
que entre yo y tú hay un abismo sin fondo que separa al Creador de
la criatura, pero mi misericordia nivela este abismo»(1576).
220 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
Al decir que la creación es obra de la misericordia de Dios, y que
en ella se revela la misericordia divina, la mística polaca trata aparte
algunas de las etapas de la creación, empezando por la del mundo es-
piritual, es decir, de los ángeles. La misericordia para con ellos consis-
te no solamente en el hecho de haberlos creado, de haberles colmado
generosamente de belleza y amor, sino también en haberles admitido
a la felicidad divina132. Ellos por su parte, reconociendo este abismo
de la misericordia que Dios les tiene, glorifican humildemente y sin
cesar a su majestad y, al no haber podido comprender con su mente
la grandeza de su amor y misericordia, cantan «sus himnos eterna-
mente: Santo, Santo, Santo...»(1741)133.
Sor Faustina trató también de la caída de los ángeles que fueron
sometidos a la prueba. El pecado de uno de los más bellos ángeles
consistía precisamente, según la autora del Diario, en que, ciego por
su soberbia, ingratitud y rebeldía no quiso reconocer su misericor-
dia134 y así de un ángel se volvió demonio y «de lo alto del cielo, fue
precipitado al infierno»(1742). Dios, según sor Faustina, no les dio
tiempo de hacer penitencia, no les ha prolongado el tiempo de la mi-
sericordia, porque su conocimiento de Dios es mucho más profundo
y «ningún hombre en la tierra, aunque fuera un gran santo, tiene tal
conocimiento de Dios como un ángel»(1332). En cambio, los ánge-
les que permanecieron fieles a Dios y dieron gloria a su misericordia,
a Cristo humillado y a la Virgen como su Madre humilde y pura, re-
sistieron de esta manera la mencionada prueba.
La misericordia de Dios se revela asimismo en la creación de los
hombres. Ya el mismo hecho de llamar al hombre de la nada a la exis-
tencia y de colmarlo generosamente de la gracia y de la naturaleza ra-
zonable fue obra de la misericordia divina135. Sin embargo, como lo
advirtió la santa, esto no ha sido suficiente para Dios. Él en su gran
misericordia y, subrayémoslo, únicamente por ella136, otorgó a los
hombres el don de la vida eterna; más aún, les admite a su propia fe-
licidad, a su propia vida íntima137.
Como en el caso de los ángeles, también los hombres fueron so-
metidos a prueba. No la resistieron y se mostraron infieles a Dios, su
Creador y se abrió un abismo infinito entre Dios y el hombre. Pero
entonces fue, según el pensamiento de sor Faustina, cuando una vez
más se manifestó la misericordia de Dios, su abismo inconcebible. Él,
aunque podría castigar al hombre y rechazarlo eternamente como lo
había hecho con los ángeles rebeldes, sin embargo, no lo hizo, no
apartó su vista del hombre arrepentido sino, por el contrario, «por
una gran piedad y tu misericordia prometiste reparar nuestra salva-
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 221
ción»(1743). Así pues, la promesa de enviar al Redentor para que re-
cupere la gracia y los dones perdidos, y nos salve de la miseria, los su-
frimientos, el dolor, la amargura, las lágrimas y la muerte eterna, es
obra de la misericordia divina138. No nos extraña pues, que el tiempo
de haber esperado el cumplimiento de dicha promesa, o sea, el tiem-
po del Antiguo Testamento, es, según la santa, un grito continuo, un
clamor incesante a su insondable misericordia, a su piedad139.
Al hablar sobre la misericordia de Dios que se manifiesta en la cre-
ación del hombre, sor Faustina, advirtió que dicha misericordia se re-
vela también en el hecho de que el mundo entero fue adornado con
sus criaturas por el hombre, o según las palabras de la mística, «para
hacer agradable la estancia del hombre en la tierra»(1749). La mística
de Cracovia se admira por toda la creación, porque en toda la natura-
leza vio la gran actividad del amor de Dios hacia el hombre, es decir,
su misericordia. Por eso no es extraño que nuestra santa en todas par-
tes del mundo vea las huellas del Creador y el sello de su misericor-
dia, que «abraza todo lo que está creado»(1749). A las criaturas llamó
«las maravillas del mundo» porque asombran constantemente al
hombre. Al ver en ellas la gran misericordia para con el hombre, sor
Faustina quiso en el nombre de toda la creación alabarla y exaltarla.
En una poesía, que podríamos comparar con el himno de alabanza
de la creación de san Francisco de Asís, invita a las respectivas criatu-
ras: tierra y mar, sol, montes y colinas, flores, etc. a adorar y a cantar
el himno de alabanza en honor de la misericordia de Dios140.
c) La misericordia divina en la vida y la muerte del hombre
Según sor Faustina Kowalska, la misericordia de Dios se manifiesta
de manera especial no solamente en la creación del mundo, de los án-
geles y de los hombres, sino también en el hecho de seguir sosteniendo
toda su obra creadora, y especialmente al hombre en su vida terrena
hasta su muerte. La misericordia de Dios como la fuente de la vida y
de la felicidad de las criaturas es no tan sólo su principio sino también
las conserva y sostiene sin cesar. El amor de Dios sigue actuando conti-
nuamente en el mundo, Dios por medio de su misericordia está cons-
tantemente unido a la creación141. Por eso, Faustina dijo que de la mi-
sericordia divina «brota toda vida y felicidad»(949)142 y que ella es la
fuente de «milagros y maravillas»(949).
Dios manifiesta su misericordia para con cada hombre porque ella
es el fundamento de la vida de las almas143. Después de una revela-
222 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
ción, sor Faustina anotó estas palabras: «...tanto el pecador como el
justo necesitan mi misericordia. La conversión y la perseverancia son
las gracias de mi misericordia»(1577). Sor Faustina fue muy cons-
ciente de eso, por ello rezaba tanto e imploraba la misericordia de
Dios para el mundo entero144.
Ahora bien, para sor Faustina, la vida del hombre es una lucha por
la salvación, una lucha que acaba tan sólo después de la muerte. En
esta lucha el hombre necesita constantemente la ayuda de Dios, su
fuerza y su misericordia: «Conozco cada vez mejor cuánto necesita
cada alma la divina misericordia durante toda la vida...»(1036). Por
eso, la mística rezaba así: «Oh Señor [...] que conoces perfectamente
nuestra miseria y sabes que por nuestras fuerzas no podemos ascen-
der hasta ti, te imploramos, anticípanos tu gracia y multiplica ince-
santemente tu misericordia en nosotros para que cumplamos fiel-
mente tu santa voluntad a lo largo de nuestras vidas y a la hora de la
muerte. Que la omnipotencia de tu misericordia nos proteja de las
flechas de los enemigos de nuestra salvación...»(1570)145. En efecto,
sor Faustina veía que precisamente es la misericordia de Dios la que
nos rescata de toda miseria, la que es consuelo y remanso para los co-
razones angustiados, paz ante el temor, esperanza para las almas de-
sesperadas146.
Muchos lugares del Diario dan testimonio de que el hombre no
solamente necesita constantemente la misericordia divina, sino que
Dios le acompaña con ella durante toda la vida: «Tu misericordia,
como un hilo de oro nos acompaña durante toda la vida y mantiene
el contacto entre nuestro ser y Dios en cada aspecto...»(1466) y en
otro lugar: «Oh Dios misericordioso que no nos desprecias sino que
continuamente nos colmas de tus gracias, nos haces dignos de tu rei-
no...»(1339)147. La grandeza de la misericordia hacia los hombres la
confirma un hecho que tuvo lugar en la vida de la santa. Dios le dio a
conocer de manera mística los pecados cometidos durante un día.
Tras esta experiencia Faustina escribió: «Me he desmayado de espan-
to, y a pesar de conocer todo el abismo de la divina misericordia, me
he sorprendido de que Dios permita existir a la humanidad»(926).
Para sor Faustina, incluso los castigos de Dios han sido una expresión
de su misericordia: «Oh Dios mío, aun en los castigos con que hieres
la tierra veo el abismo de tu misericordia, porque castigándonos aquí
en la tierra, nos liberas del castigo eterno»(423)148.
Como vemos, la misericordia divina «trabaja» constantemente en
el mundo para salvar a los hombres, eso es su fin principal. Nadie
puede justificarse, es decir, alcanzar la vida eterna sin su misericordia.
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 223
La santa escribió: «Nadie podrá justificarse ante ti si no va acompaña-
do por tu insondable misericordia»(1122). Dios quiere salvar a todos
los hombres, así que la perdición eterna es únicamente «para el alma
que quiere perderse, porque para quién desea salvarse, para él es el
mar inagotable de la misericordia del Señor»(631). La mística exhor-
ta en el Diario a todos a aprovechar la misericordia mientras viven,
mientras es el tiempo de compasión149.
Si bien es verdad que Dios tiene misericordia para con todos los
hombres durante su vida, sin embargo, según sor Faustina, hay un
momento en el cual la misericordia se manifiesta y «nos abraza espe-
cialmente»(949). Dicho momento es la muerte, que es la última y
decisiva lucha del hombre para conseguir y obtener la salvación150, y
por consiguiente, «todos necesitamos esta misericordia, especialmen-
te en aquella hora decisiva»(811). En esta batalla Dios no abandona
al hombre. Por el contrario, aquella última hora de nuestra vida «está
llena de misericordia para con nosotros»(1507)151.
La conciencia, de que en la hora de la muerte la misericordia de
Dios está presente de manera especial, sor Faustina la adquiría, sobre
todo, en los múltiples instantes mientras acompañaba a los moribun-
dos con su oración. Fue entonces cuando experimentaba de manera
singular la grandeza de la misericordia divina que no se puede enten-
der. En un lugar del Diario lo anotó de la siguiente manera: «La divi-
na misericordia alcanza al pecador a veces en el último momento, de
modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo estuviera
perdido, pero no es así; el alma iluminada por un rayo de la fuerte, y
última gracia divina, se dirige a Dios en el último momento con tan-
ta fuerza de amor que en ese último momento obtiene de Dios [el
perdón] de las culpas y de las penas, sin darnos, por fuera, alguna se-
ñal de arrepentimiento o de contrición, porque ya no reacciona a las
cosas exteriores. Oh qué insondable es la divina misericordia»(1698).
La grandeza y fuerza de la misericordia en el momento de la
muerte consiste, ante todo, en haber llevado al hombre a la conver-
sión a pesar del muy mal estado espiritual del alma, y de esta manera,
llevar al alma a la salvación. La misericordia de Dios nunca deja al
hombre sin salida. Ella, como lo describió sor Faustina, actúa incluso
en las personas desesperadas, que no creen que aun hay misericordia
para con ellas y, por eso, se hacen incapaces completamente de acer-
carse a Dios. También en este momento, que muchas veces es idénti-
co con la muerte «empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas
de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del
alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya
224 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
en el estado en que ella quiere permanecer por la eternidad...»(1486).
En efecto, según sor Faustina, es el pecador y no Dios quien decide, o
mejor dicho, elige su destino eterno. Es para nosotros un misterio,
pero según la mística polaca el hombre es capaz y libre para rechazar
la gracia de la misericordia divina hasta en el instante de su muerte.
Conmovida, así expresó esta verdad: «...¡qué horror!, también hay al-
mas que rechazan voluntaria y conscientemente esta gracia y la despre-
cian. [...] a veces, en las almas hay una dureza tan grande que cons-
cientemente eligen el infierno»(1698)152. Al conocer los esfuerzos de la
misericordia divina en estos momentos tan importantes para la salva-
ción del hombre, la mística polaca anotó la siguiente amonestación:
«Hay momentos y misterios de la divina misericordia de los cuales se
asombran los cielos. Que callen nuestros juicios sobre las almas, por-
que la divina misericordia es admirable para con ellas»(1684).
d) La vida eterna como plenitud de la revelación
de la misericordia divina
Ya al hablar sobre la creación como manifestación de la misericor-
dia divina, hemos señalado que para el hombre dicha misericordia se
revela de manera sobresaliente en haberle admitido a la vida íntima
de Dios mismo, en haberle otorgado la felicidad eterna. Así pues, la
vida eterna en el cielo es, por si misma, una manifestación del amor
de Dios para con los hombres, es su misericordia: «Oh qué grande es
la misericordia de Dios que admite al hombre a una participación tan
grande en su divina felicidad...»(1439).
Si la vida eterna del hombre es fruto de la misericordia divina, lo
es también por el hecho de que precisamente allí se nos va a revelar
en su plenitud dicho atributo de Dios. Sor Faustina lo expresó así en
una poesía: «La misericordia del Señor aparecerá en el alma en toda
su plenitud, cuando caiga el velo»(522). La aquí mencionada caída
del velo simboliza, desde luego, el momento de la muerte y más exac-
tamente la entrada a la vida eterna, donde el alma puede ya ver a
Dios cara a cara. Solamente en la vida futura, en el cielo la misericor-
dia de Dios se nos revelará de manera plena. Entonces también, se-
gún las palabras de Cristo que se reveló a nuestra mística, «cada alma
respecto a mí, por toda la eternidad meditará mi amor y mi miseri-
cordia»(699). Esta contemplación, este conocimiento pleno no signi-
fica, desde luego, que el hombre conocerá totalmente dicho atributo
de Dios, ni mucho menos. Sor Faustina lo confirma claramente en su
LA MISERICORDIA DE DIOS EN LOS ESCRITOS Y EXPERIENCIA DE SOR F. KOWALSKA 225
Diario en varias ocasiones: «Cuando nos reveles el misterio de tu mi-
sericordia, la eternidad no bastará para agradecer por ella debidamen-
te»(1122)153.
En la vida eterna, los ángeles y los santos, al conocer la misericor-
dia de Dios la glorifican continuamente. No puede ser de otra mane-
ra, puesto que el conocimiento de la misericordia de Dios «lleva a un
nuevo éxtasis a las almas santas y a todos los espíritus celestes. Aque-
llos espíritus puros se sumergen en un sagrado estupor glorificando
esta inconcebible misericordia de Dios»(835). Así pues, las criaturas
en el cielo, al conocer «sin velo» la misericordia divina, espontánea-
mente agradecen este gran amor misericordioso de Dios, quieren ala-
bar y ensalzar la misericordia divina. En efecto, en el Diario encon-
tramos pasajes que hablan sobre la glorificación de la misericordia de
Dios por los habitantes del cielo. Tanto los ángeles, como todos los
santos, alaban su inconmensurable misericordia de manera muy su-
blime, y la mística tiene que confesar: «no puedo compararme con
los habitantes del paraíso que en una santa admiración, glorifican la
misericordia del Señor»(835), y en otro lugar: «La misericordia del
Señor la glorifican en el cielo las almas de los santos que han experi-
mentado sobre sí esta misericordia infinita»(753)154. Pero no sola-
mente los ángeles o los santos alaban en el cielo la misericordia divi-
na. Lo hacen y harán todos los hombres que son salvados, puesto que
todos ellos conocen ya la gran misericordia de Dios. Así pues, no es
extraño que la santa escriba sobre la multitud de las almas que vio en
una experiencia mística: «...vi la gloria de la divina misericordia y la
muchedumbre de almas que glorificaban su bondad»(1681).
Concluyendo podemos decir que la misericordia divina abarca
toda la creación y se revela en todas las etapas de la historia de la sal-
vación. Su fuente es la vida trinitaria del Dios que es amor y como
amor quiere compartir su felicidad con sus criaturas, y especialmente
con los ángeles y los hombres. Les llamó a la vida por un puro acto de
su misericordia, y sigue sosteniéndoles para que, en el caso de los
hombres, lleguen a la plena salvación, a la vida eterna en la que van a
glorificar su infinita misericordia. Así pues, la misericordia de Dios es
alfa y omega de la historia de la salvación que no tendrá fin porque,
según las palabras de nuestra santa, «todo tiene su comienzo en tu
misericordia y todo termina en tu misericordia...»(1506).
NOTAS
1. SANTO TOMÁS, Summa Theologiae, I, q. 3, int., F. BARBADO VIEJO (ed.), Madrid
3
1964.
2. Sobre estas vías del conocimiento trata el capítulo IV de la tesis.
3. Véase M.F. KOWALSKA, Diario, Stockbridge 1997, números: 949, 1122, 1489,
1506, 1553 (3 veces), 1572, 1584, 1684, 1692, 1693, 1746 (2 veces). El Diario
de sor Faustina Kowalska citaremos, como es habitual, según los números de los
párrafos.
4. Véase 438, 1572, 1693.
5. Véase 1572.
6. Cfr. 1584.
7. Véase 1746.
8. Véase 1684.
9. Cfr. 1692.
10. Véase W. BREUNING, Misterio de Dios, en W. BREINERT (dir.), Diccionario de teo-
logía dogmática, Barcelona 1990, p. 457.
11. Véase 66, 72, 80, 163, 164, 320, 440, 449, 651, 692, 811, 813, 825, 835, 836,
854, 857, 869, 949 (3 veces), 1007, 1059, 1072, 1073, 1122 (2 veces), 1142,
1146, 1167, 1172, 1173, 1178 (2 veces), 1183, 1212, 1225, 1319, 1325, 1339,
1450, 1466, 1486, 1489, 1521, 1582, 1584, 1605, 1708, 1741, 1744, 1817.
Además esta afirmación la encontramos en tres cartas: Carta de sor F. Kowalska a
sor L. Gadzina de 1 de julio de 1935, en Listy..., cit., p. 84; Carta de sor F. Kowals-
ka a don M. Sopoćko de 26 de septiembre de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit.,
p. 138; Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 6 de mayo de 1937, en W.
KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 196.
12. Véase 164, 1059, 1072, 1142, 1146, 1212, 1521, 1605.
13. Véase 1167.
14. Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 6 de mayo de 1937, en W. KLUZ, Se-
kretarka..., cit., p. 196.
15. Véase 164, 1059, 1072, 1142, 1146, 1212, 1521, 1605.
16. Véase 811.
17. Véase también 1073, 1466.
18. Véase 651, 1007.
19. Véase 1741.
20. Véase 1122, 1172, 1584.
21. Véase 949.
22. Véase 1122, 1146, 1741.
23. Véase 449.
228 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
24. Véase también 813, 869, 1183, 1450, 1319.
25. Véase 6, 102, 116, 177, 229, 598, 617, 699, 753, 835, 836, 845, 854, 873, 880,
949, 951 (2 veces), 1007, 1553, 1590, 1750 (2veces). Además esta afirmación la
encontramos en cuatro cartas: tres veces en Carta de sor F. Kowalska a don M. So-
poćko de 20 y (acabada) 26 de septiembre de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit.,
pp. 135-136, 138; Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 de diciembre de
1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 158; Carta de sor F. Kowalska a sor J.
Go0lofit de 1938, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 283; Carta de sor F. Kowalska a
sor L. Gadzina de 1938, en Listy..., cit., p. 88. Hay que aclarar asimismo que, se-
gún nuestra opinión, para guardar la coherencia con otros fragmentos del Diario,
en el número 880 la traducción correcta debería poner el vocablo «la concepción»
en vez de «la compresión (de la misma)», y en los números 949, 951 el adjetivo
«inconcebible» en vez de «incomprensible».
26. Véase 177, 229, 699.
27. Véase 177, 598, 699, 836, 854.
28. Véase 6.
29. Véase 229.
30. Cfr. 753.
31. Véase también 835, 951 (cfr. nt. 30 y 31), 1007, 1553, 1590, 1750, Carta de sor
F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 y 26 (acabada) de septiembre de 1936, en W.
KLUZ, Sekretarka..., cit., pp. 135s.
32. Véase 753 (en versión española «inexpresable»), 1748. Además esta afirmación la
encontramos en una carta: Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 19 de no-
viembre de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 146.
33. Véase 1146, 1698 (en la traducción castellana aparece el adjetivo «insondable» en
vez del «impenetrable»).
34. Véase también 692 donde la traducción española reza «va más allá de la imagina-
ción», mas en polaco es usado el adjetivo «niepojete» que se debería traducir más
‘
bien por «incomprensible» o «inconcebible».
35. Véase 492, 692, 819, 880, 949, 1743.
36. Véase también 1553.
37. Véase también 491, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 6 de mayo de
1937, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 196.
38. Véase 491, 1273, 1605, 1665, 1666.
39. Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 y 26 (acabada) de septiembre de
1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 138.
40. SANTO TOMÁS, Summa Theologiae, I, q. 3, int., F. BARBADO VIEJO (ed.), Madrid
3
1964.
41. Es algo propio del lenguaje de los místicos usar no tanto las nociones o los concep-
tos, sino más bien los símbolos e imágenes en los que se expresa la vivencia del en-
cuentro con la realidad transcendente de Dios. La unión amorosa del místico con
el Absoluto supone la desaparición de todo lo que no es el Absoluto y consiguien-
temente de toda clase de imagen o representación. Y si es así, no es nada extraño el
testimonio de nuestra mística que dijo: «...lo que escribí es solamente una pálida
sombra de lo que entiendo en el alma, éstas son las cosas puramente espirituales,
pero para describir algo de lo que el Señor me da a conocer, tengo que utilizar las
palabras que me dejan insatisfecha porque no reflejan la realidad»(758). Véase
también G. CALVO MORALEJO, Reflexión teológica y experiencia mística. Discurso de
ingreso, Madrid 1995, p. 32.
42. Véase también 699, 718, 1074, 1273, 1446, 1447, 1448, 1663.
NOTAS 229
43. Véase también 80, 950, 1054, 1122, 1148, 1156, 1172, 1221, 1264, 1321, 1406,
1411, 1488, 1563, 1623, 1693, 1742, 1747, 1751, 1817.
44. Véase también 1172, 1745, 1746.
45. Véase también 80, 1663, 1733, 1747, 1817.
46. Véase también 949, 1363.
47. I. RÓŻYCKI, La misericordia de Dios. Rasgos esenciales de la devoción a la misericordia
de Dios, Stockbridge 1984, p. 7.
48. Felicitaciones de sor F. Kowalska para sor Amelia de 1 de enero de 1937, en Listy...,
cit., p. 92.
49. Véase también 1183, 1298, 1450, 1507, 1553, 1827.
50. Véase también 1148, 1190, 1521, 1682, 1688.
51. Véase 793, 1175, 1298, 1570, 1743, 1744, 1745, 1746.
52. Dos cartas usan el vocablo «la bondad» como sinónimo de la misericordia, ambas
dirigidas a sor L. Gadzina. Véase Carta de sor F. Kowalska a sor L, Gadzina de 1 de
julio de 1935, en Listy..., cit., p. 84; Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de
1938, en Listy..., cit., p. 88
53. Véase 177, 367, 580, 1076, 1486, 1488.
54. Véase 359, 580, 1485, 1665.
55. Véase también 631, 753, 1487, 1523, 1652, 1707, 1708.
56. Véase 361, 819, 908, 1024, 1148, 1175, 1219, 1223, 1321, 1456, 1570, 1584,
1661, 1730, 1733, Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 1938, en Listy...,
cit., p. 88.
57. Véase también 1104.
58. Véase 281, 305, 361, 483, 664, 731, 1003, 1325, 1507.
59. Véase también 309, 697, 1211.
60. L.F. MATEO-SECO, Dios Uno y Trino, Pamplona 1998, p. 446.
61. I. RÓŻYCKI, La misericordia de Dios. Rasgos esenciales de la devoción a la misericordia
de Dios, Stockbridge 1984, p. 7. Véase también J. CAMBIER, X. LÉON-DUFOUR,
Misericordia, en X. LÉON-DUFOUR (dir.), Vocabulario de teología bíblica, Barcelo-
na 1966, p. 476; T. KOEHLER, Miséricorde, en X.M. VILLER (dir.), Dictionnaire de
Spiritualité, Paris 1980, col. 1315. El Papa dice en la encíclica Dives in misericor-
dia que este término «indica una actitud profunda de “bondad”. Cuando esa acti-
tud se da entre dos hombres, éstos son no solamente benévolos el uno con el otro,
sino al mismo tiempo recíprocamenre fieles en virtud de un compromiso interior,
por tanto también en virtud de una fidelidad hacia sí mismos. Si además hesed sig-
nifica también “gracia” o “amor”, esto es precisamente en base a tal fidelidad».
DM 4, nt. 52.
62. Véase 50, 116, 164, 177, 224, 156, 282, 300, 346, 359, 367, 378, 379, 383, 384,
417, 483, 491, 570, 611, 635, 637, 651, 664, 687, 699, 713, 811, 908, 917, 965,
982, 992, 1035, 1122, 1167, 1219, 1254, 1286, 1320, 1339, 1372, 1396, 1433,
1439, 1496, 1533, 1567, 1570, 1661, 1739, 1744, 1750, Carta de sor F. Kowals-
ka a don M. Sopoćko de abril de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 123; Car-
ta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 y (acabada) 26 de septiembre de 1936,
en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 135; Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de
1938, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 283; Carta de sor F. Kowalska a sor L.
Gadzina de 1938, en Listy..., cit., p. 88.
63. Véase 5, 361, 1225, 1466, 1743.
64. Véase también 965, 1396, 1567.
65. Véase también 300, 378, 379, 570.
66. Véase también 1739.
230 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
67. Véase también 713.
68. Véase también 359, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 y (acabada)
26 de septiembre de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 135.
69. Véase también 713.
70. Véase también 116, 177, Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 1938, en W.
KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 283; Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de
1938, en Listy..., cit., p. 88.
71. Véase también 383, 651, 917, 982 (gozaba), 1339, 1433, 1439, 1570, 1661, 1744.
72. Véase también 116, 346, 361, 1219, 1225, 1466, 1496.
73. Véase también 224.
74. Véase también 908.
75. Véase también 1750.
76. Véase 1456.
77. Véase 78, 237, 294, 305, 320, 356 (6 veces), 357, 378, 379, 400, 423, 440, 687,
689, 697 (3 veces), 727, 753, 795, 852, 854, 859, 893, 908, 944, 1048, 1108,
1122, 1608; Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 y (acabada) 26 de
septiembre de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 138.
78. Véase también 294, 400.
79. Véase 687.
80. Véase también 320, 378, 854.
81. Véase también 237, 697, 795, 852, 944, 1108, Carta de sor F. Kowalska a don M. So-
poćko de 20 y (aabada) 26 de septiembre de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 138.
82. Véase también 78, 440, 727.
83. Véase también 305, 893.
84. Véase también 1608.
85. Véase 69, 72, 631, 692, 1273, 1488, 1733. En el caso del número 692 está usado
el adjetivo inagotable (en polaco «niewyczerpane»).
86. Véase 423, 718, 1307, 1489.
87. Véase también 1307.
88. Véase 1054, 1108, 1211, 1218, 1229, 1298, 1309, 1480, 1486, 1489, 1570,
1572, 1584, 1746, 1747.
89. Es interesante advertir aquí lo que dijo santo Tomás respecto a la misericordia di-
vina y la omnipotencia de Dios: «En sí misma, la misericordia, es la más grande:
que a ella toca volcarse en otros y, lo que es más, socorrer sus deficiencias. Esto es
peculiar del superior. Por donde se tiene como propio de Dios tener misericordia,
y en ella se dice que resplandecer sobremanera su omnipotencia», SANTO TOMÁS,
Summa Theologiae, II-II, q. 30, a. 4, T. URDÁNOZ (ed.), Madrid 1959.
90. Véase también 1218, 1309, 1747.
91. Véase también 1108.
92. Véase también 1211, 1229.
93. Véase también 1211, 1486.
94. Véase también 949, 1148, 1621, 1680.
95. Véase 167, 177, 228, 650, 692, 836, 886, 906, 1074, 1138, 1327, 1364, 1486,
1570, 1588, 1629, 1688, 1728, 1730, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko
de 23 de marzo 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 117, Carta de sor F. Ko-
walska a don M. Sopoćko de abril de 1936, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 123,
Carta de sor F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 28 de mayo de 1936, en Listy..., cit., p.
73, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 2 de junio de 1936, en W. KLUZ,
Sekretarka..., p. 128, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 20 de diciembre
de 1936, en Listy..., cit., p. 34.
NOTAS 231
96. Véase 163, 218, 223, 225, 244, 465, 660, 733, 813, 836, 1065, 1274, 1321,
1395, 1526, 1535, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 2 de junio de
1936, en Listy..., cit., p. 12, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 12 de oc-
tubre de 1936, en Listy..., cit., p. 26, Carta de sor F. Kowalska a sor L. Gadzina de 6
de noviembre de 1936, en Listy..., cit., p. 86, Carta de sor F. Kowalska a don M. So-
poćko de 19 de noviembre de 1936, en Listy..., cit., p. 30, Carta de sor F. Kowalska a
sor J. Go0lofit de 19 de diciembre de 1936, en Listy..., cit., p. 73, Carta de sor F. Ko-
walska a don M. Sopoćko de 31 de enero de 1937, en Listy..., cit., p. 37, Carta de sor
F. Kowalska a sor J. Go0lofit de 21 de marzo de 1937, en Listy..., cit., p. 75, Carta de
sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 12 de abril de 1938, en W. KLUZ, Sekretar-
ka..., cit., p. 258.
97. Sor Faustina usaba sobre todo dos vocablos con el mismo sentido: «źród0lo» y
«zdrój» que se podría traducir conrrespondientemente «la fuente» y «el manantial».
Y ya que la traducción castellana no distingue estos dos vocablos y siempre los tra-
duce por la palabra «la fuente» vamos a tratar ambas expresiones juntas. Lo único
que aquí distingamos son los números del Diario donde aparecen cada uno de los
vocablos, a saber «zdrój»: 84, 187, 309, 813, 1148, 1182, 1209, 1748 y «źród0lo»:
72, 849, 1190, 1309, 1485, 1520, 1602, 1747, 1777. Además una vez aparece el
vocablo polaco «krynica» que también está traducido por «la fuente»: 367.
98. Véase también 849, 1148, 1190, 1209, 1520, 1777.
99. Cfr. J 19, 34.
100. Véase también 949, 1190, 1321, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de 12
de abril de 1938, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 258.
101. Véase también 84, 177, 309, 813, 849, 1309, 1747, 1748.
102. Véase también 23, 611.
103. Véase 299, 420, 522, 651, 699, 811, 848, 1076, 1486, 1517, 1553, 1784.
104. Véase 651.
105. I. RÓŻYCKI, La misericordia de Dios. Rasgos esenciales de la devoción a la misericordia
de Dios, Stockbridge 1984, p. 10.
106. La traducción castellana no distinguió estos dos términos polacos y los tradujo por
el vocablo «el trono». Nosotros señalemos solamente dónde aparecen estos dos tér-
minos: «tron»: 1, 1321, 1485, Carta de sor F. Kowalska al padre J. Andrasz de 25 de
mayo de 1933, en Listy..., cit., p. 61, Carta de sor F. Kowalska a don M. Sopoćko de
24 de marzo de 1937, en W. KLUZ, Sekretarka..., cit., p. 185. Y el término «przyby-
tek»: 1747.
107. Carta de sor F. Kowalska al padre J. Andrasz de 25 de mayo de 1933, en Listy..., cit.,
p. 61.
108. Véase 1321.
109. Véase 163, 180, 301, 458, 522, 611, 664, 835, 949, 951, 1225.
110. L.F. MATEO-SECO, Dios Uno y Trino, Pamplona 1998, p. 446, nt. 25.
111. Aunque esta tesis no es de sor Faustina, puesto que aquí relató las palabras del pa-
dre Ryczkowski, jesuita, sin embargo, la santa estaba con él completamente de
acuerdo: «Todo lo que el sacerdote dijo en esa meditación sobre la bondad de
Dios, correspondía con lo que Jesús me había dicho...»(458).
112. Cfr. J. AUER-J. RATZINGER, Curso de teología dogmática, II: Dios, Uno y Trino,
Barcelona 21988, p. 551.
113. Dios lo hace tanto por su fidelidad a la alianza (hesed) como por un instinto de ter-
nura que lo une con Israel (rehamim). Esta misericordia de Dios no cesó a pesar
del pecado del pueblo y cuando éste había apostatado, Dios se le reveló a Moisés
en el monte Sinaí como «Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico
232 KRZYSZTOF BUL⁄ AT
en amor (hesed) y fidelidad, que mantiene su amor (hesed) por millares, que perdo-
na la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes...»(Ex 34, 6 s).
Esta misericordia sale del amor de Dios que prevalece sobre la infidelidad y el pe-
cado del pueblo elegido ya que Dios lo trata a Israel como su esposa (Os 2, 16 s),
como su hijo (Jr 31, 20). Y si es así, no nos extraña que los hijos y las hijas de Isra-
el recurrían a la misericordia de Dios tanto cuando les tocaba mal físico como mal
moral, es decir, el pecado (Sal 51, 3). El siguiente paso en el camino de la revela-
ción de la misericordia de Dios fue la verdad que la misericordia divina no está re-
servada solamente para el pueblo Izrael, sino «la misericordia del Señor abarca a
todo el mundo» (Si 18, 13). Asimismo Dios de la Antigua Alianza exigía de su
pueblo la practica de la misericordia; y aunque esta práctica se refería ante todo a
los suyos (los judíos entre sí), sin embargo, ya antes de Cristo el libro del Eclesiás-
tico señalaba que el perdón hay que ejercerlo con todos los hombres (cfr. Si 27,
30-28, 7), cfr. J. CANTINAT, X. LÉON-DUFOUR, Misericordia, en X. LÉON-DU-
FOUR (dir.), Vocabulario de teología bíblica, Barcelona 1966, pp. 476s.
114. Véase también 1363.
115. I. RÓŻYCKI, La misericordia de Dios. Rasgos esenciales de la devoción a la misericordia
de Dios, Stockbridge 1984, p. 7.
116. Ibid., p. 8.
117. Ibid., p. 8. Mencionemos aquí que también santo Tomás hablaba sobre la miseri-
cordia como la mayor de las virtudes. En su Summa theologiae leemos, entre otros,
estas palabras: «En sí misma, la misericordia, es la más grande: que a ella toca vol-
carse en otros y, lo que es más, socorrer sus deficiencias. [...] Mas, entre todas las
virtudes que miran al prójimo, la mayor es la misericordia, como también lo es su
acto, pues atender a las necesidades de otros es, en este aspecto, del superior y del
mejor», S. TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae, II-II, q. 30, a. 4, T. URDÁNOZ
(ed.), Madrid 1959. Véase también 637.
118. Cfr. 6. Véase también el título del segundo cuaderno.
119. Cfr. 281.
120. Cfr. 1007.
121. 522. Véase también 421.
122. Véase 505, 854, 906, 1122, 1213, 1223, 1229, 1486.
123. Cfr. 1211-1229. Véase también J. MACHNIAK, Doświadczenie Boga w tajemnicy
Jego mi0losierdzia u b0l. siostry Faustyny Kowalskiej, Kraków 1998, p. 257.
124. Cfr. 949.
125. Cfr. 1007.
126. Véase 301, 505, 637, 949.
127. Carta de sor F. Kowalska al padre J. Andrasz de 25 de mayo de 1933, en Listy..., cit.,
p. 61.
128. Véase también 590, 1264, 1679
129. Cfr. 85.
130. Véase también 699, 1506.
131. Véase 180.
132. Cfr. 1741.
133. Véase también 80, 1742.
134. Cfr. 1742.
135. Cfr. 1743.
136. Cfr. 1743.
137. Véase 1439.
138. Cfr. 1744.
NOTAS 233
139. Cfr. 1744.
140. Cfr. 1750. Véase también 522.
141. Cfr. 180.
142. Véase también 522.
143. Cfr. 611.
144. En este propósito le confirmó el obispo de Vilna que en una ocasión le dijo a sor
Faustina: «...Hermana, le doy permiso e incluso la animo a rogar lo máximo posi-
ble por el mundo e impetrar por él la divina misericordia, porque todos necesita-
mos la misericordia...»(585).
145. Véase también 1673.
146. Cfr. 949.
147. Véase también 611, 745, 1507.
148. Véase también 1533.
149. Cfr. 1035.
150. Cfr. 161, 1540.
151. Véase también 1036.
152. Véase también 1452.
153. Véase también 699.
154. Véase también 745, 1215.
ÍNDICE DEL EXCERPTUM
PRESENTACIÓN ........................................................................... 173
ÍNDICE DE LA TESIS ................................................................... 177
BIBLIOGRAFÍA DE LA TESIS ...................................................... 181
LA MISERICORDIA DE DIOS UNO Y TRINO SEGÚN SOR
FAUSTINA KOWALSKA ................................................................ 191
1. LA MISERICORDIA DIVINA MISTERIO INSONDABLE DE DIOS ............ 192
a) La misericordia divina como misterio deDios .......................... 192
b) La misericordia divina como misterio insondable .................... 194
c) La misericordia divina como misterio inconcebible ................. 196
d) Otras denominaciones de la incomprensibilidad de la misericor-
dia divina ................................................................................ 197
2. LA MISERICORDIA COMO ATRIBUTO DE DIOS ................................. 200
a) Los sinónimos de la misericordia de Dios ................................ 200
b) La infinita grandeza de la misericordia divina .......................... 204
c) La omnipotencia de la misericordia de Dios ............................ 209
d) El lugar de la misericordia de Dios .......................................... 211
e) La misericordia como el atributo más grande de Dios ............. 215
3. LA PRESENCIA DE LA DIVINA MISERICORDIA EN LA HISTORIA DE LA
SALVACIÓN .................................................................................... 217
a) La Santísima Trinidad principio de la misericordia divina ....... 218
b) La creación como la manifestación de la misericordia de Dios .... 219
c) La misericordia divina en la vida y en la muerte del hombre ... 221
d) La vida eterna como plenitud de la revelación de la misericor-
dia divina ................................................................................ 224
NOTAS ............................................................................................ 227
ÍNDICE DEL EXCERPTUM ......................................................... 235