0% encontró este documento útil (0 votos)
550 vistas249 páginas

Capituló I

Este documento presenta la introducción de una historia que involucra a Alessandra, su hermana Natalia y el prometido de esta última, Alexander. Alessandra siente que nunca encaja con su familia y experimenta la atracción por Alexander, el prometido de su hermana, lo que la hace sentir culpable. La historia explora los sentimientos de Alessandra y las dinámicas familiares complicadas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
550 vistas249 páginas

Capituló I

Este documento presenta la introducción de una historia que involucra a Alessandra, su hermana Natalia y el prometido de esta última, Alexander. Alessandra siente que nunca encaja con su familia y experimenta la atracción por Alexander, el prometido de su hermana, lo que la hace sentir culpable. La historia explora los sentimientos de Alessandra y las dinámicas familiares complicadas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Introducción

Qué pasaría si un día alguien descubrirá tu secreto. Qué pueda ver más haya de la máscara
que tienes que ponerte todos los días.

Solo tenía 18 años cuando lo conocí, nos vimos cara a cara y supimos que nuestras vidas
darían un giro muy drástico. Solo quería experimentar un rato.

¿Soy culpable de todo esto?

No. Mi familia siempre me trato como basura. Mi madre jamás me dijo que me amaba y a mi
padre, pues él ni siquiera me podía ver a la cara sin tenerme asco.

Todos esperan que sea perfecta pero eso no puede ser posible o al menos eso creí, hasta
que lo conocí. Él sí es perfecto.

Un hombre que podía dejarte sin aliento con una sonrisa o ponerte de rodillas con una sola
palabra.

Siempre finjo. Con una sonrisa digo estar bien cuando en realidad estoy fatal, pero cuál era
el objetivo decirlo, nadie me ayudara, solo recibiré insultos o indiferencia.

Yo solo quería ayuda.

Quería vengarme de todas las personas que me hicieron sentir tan miserable por ser
diferente.

Todo lo tenía planeado, pero esa noche, ese Pecado que cometí, me enseñaría que a
veces todo no sale como esperamos.

Él y yo, destinados a conocernos, pero no a enamorarnos.

¿No es un pecado sentir atracción por tu cuñado?

Así comienza nuestra historia, una historia donde si quieres ver un final feliz, debes ver
dolor, traición y engaños.

Capituló I

Alessandra
Mi cabello rojizo se mueve a la brisa del fuerte viento, pero no lo tomo importancia, más
bien salgo abrazar a mi hermana. Ella me abraza fuertemente y dice que me extraño
mucho.

Mi hermana es como el prototipo de Barbie, en serio, es demasiado hermosa. Se parece a


nuestros padres, y yo, por el contrario, no me parezco a ninguno. Mi cabellera rojiza ha
causado algunas peleas entre la familia, habiendo algunos comentarios controversiales
como: "debe ser de otro hombre", "no tiene parecido a su padre", entre otras cosas más.

En cuanto me aparto de mi hermana, siento una mirada penetrante hacia mí. Subo mi
mirada encontrándome con unos ojos azules como el cielo que me observan sin ninguna
expresión.

Que hombre tan extraño.

—Hermanita te presento a mi prometido —Natalia dice interrumpiendo el silencio formado.


Ella sonríe alegremente al presentarme al hombre alto que se encuentra a su costado y se
aleja a prestarle atención a mis padres que se encuentran a unos metros detrás mío.

Él se acerca a mí con seriedad y me extiende su mano en forma de saludo dejándome ver


algunos tatuajes en su brazo.

—Un gusto conocerte, me llamo Alexander Brown —dice y me da una sonrisa fingida.

Al menos lo intenta.

Agarro su mano con firmeza y puedo percibir peligro apenas rozo sus dedos. Este hombre
me hace sentir pequeña a su lado y no hablo por su estatura, su aura es muy extraña.

—Mucho gusto, soy Alessandra Johnson. —Sonrío.

Sus dedos empiezan a acariciar mis nudillos. Su caricia es un poco rara e inesperada
haciendo que mis mejillas se enciendan. Tan solo unos segundos pasan y suelta mi mano
sin previo aviso, como si le quemara.

—Tu hermana me habló mucho de tí —habla con calma.

—¿Enserio? Es algo no tan creíble —digo riendo.

Él voltea la cabeza para mirar a Natalia.

—Créeme, Natalia es dura por fuera pero te ama demasiado —responde. Me mira con una
sonrisa estúpida en el rostro.

Dicho eso sale en busca de mi hermana. Es un hombre extraño, pero agradable, y si


aguanta a mi hermana debe ser un hombre decente y cuerdo.

Esperemos no me equivoque.
Capítulo 2

Alessandra

Después de tener una pelea mental conmigo misma tomó la decisión de tomar una ducha.
Necesito quitar todas estas emociones y relajarme un poco.

Cuando el agua caliente hace contacto con piel siento una satisfacción única, y todas las
tensiones son eliminadas con el paso de mi relajante baño.

Salgo de la ducha en vuelta en mi toalla, tomo mi tiempo buscando qué ponerme, me


decido por una camisa con algo de escote y unos tejanos para terminar.

Me hago una coleta alta, pero suelto algunos rizos rojizos, para que se vea más estético,
me pongo unas zapatillas negras para terminar todo y salir de mi habitación.

Mi estilo es relajado casi siempre y me gusta, no me dejo llevar por los estereotipos de la
sociedad. Amo mi cuerpo y lo acepto. Aunque mi hermana y madre siempre están como
muñecas: tacones altos, vestidos ajustados, peinados altos y maquillaje las 24horas del día.

El bajar por escaleras veo a mi madre sentada con Natalia, ambas están perfectas, cabello
bien peinado, vestido prefecto. Yo les dije.

Tomo asiento junto a mi padre, escuchando la interesante charla de negocios que tiene con
Alexander. Amo los números y negociar es mi fuerte.

—Papá algún día podré ayudarte —pregunto con ilusión.

Sin ni siquiera darme una mirada niega la cabeza mientras me hacía una seña para
callarme.

Apartó la mirada avergonzada y dolida, no quería que el novio de Natalia me observe como
alguien patética.

—Debería escuchar a su hija, señor. Ahora las mujeres son más capaces y Alessandra se
ve muy interesada con el tema, porque no escucharla.

Las palabras de Alexander me dejaron congelada al igual que a mi familia, Natalia pone los
ojos en blanco al igual que mi madre y mi padre tensa la mandíbula con enojo.

—Mejor comamos antes que se enfríe —sugiere.

Le doy una mirada a mi comida y sin problema empiezo a comer. Un secreto mío: como por
ansiedad.

Es algo liberador, me siento feliz y la comida ayuda a llenar los espacios vacíos en mi.
—¿De dónde vienes, Alexander? —mi madre le pregunta con una sonrisa.

—De Alemania —dice sin problema.

—Que lindo... Natalia te sacaste la lotería con este semejante hombre —mi madre le felicita
a Natalia, y está ríe con un leve sonrojado.

Se nota que está enamorada. ¿Qué se siente estar enamorada? ¿Es algo bueno o malo?,
veo gente ser feliz como también veo gente sufriendo y llorando por amor.

Mi pensamiento de tener un novio es un poco raro, pero realista. Los hombres son como
una sanguijuela que te quitan cada parte de ti para último dejarte sin nada.

¿Tengo razón?

—En realidad, yo me siento feliz estando con su hija —al decir eso mi madre chilla de
emoción, ella siempre es un poco escandalosa con temas que tenga que ver con Natalia.

Yo gruño por debajo mientras aguanto las ganas de retirarme de esta mesa, ya que a nadie
le interesa mi vida.

—Bueno, me tengo que ir a hacer mis tareas —suspiro cansada mientras me levanto de la
mesa.

—claro, cariño —mis padres dicen casi sin prestarme atención.

Siento la mirada de Alexander hacia mí, cuando lo miro él me mira con pena, haciendo que
llegue al límite, le levante el dedo del medio y me retiro. No soporto esa mirada. La
aborrezco. No necesito lastima de ninguna persona y menos de él.

Al llegar a mi cuarto empiezo hacer mis tareas, pero me distraigo viendo Instagram de las
personas que aparenta ser quien no lo son, vistiéndose bien o sonriendo como una muñeca.

...

En eso me levanto de un golpe, veo la hora, me quedo sorprendida, eran 11 de la noche,


me quede dormida haciendo mis tareas.

Qué tonta soy.

Es domingo, eso significa que mis padres están de fiesta con sus amigos, dejándome sola
con Natalia y Alexander, no se me siento como mal tercio.
Decido poner mi pijama que solo es un polo grande que me llega hasta tres dedos más
arriba de mi rodilla, pero lo mejor es cuando por fin me puedo sacar el sostén.

¿Soy la única que se pone feliz al hacerlo?

—mucho mejor —suspiro feliz, tiro el maldito sostén por cualquier lado de mi habitación.

En eso me vienen las ganas de un poco de agua, así que decido ir por aquello.

Tarareando una canción y camino hacia la cocina, pero en el camino escucho gemidos que
provienen del cuarto de mi hermana, me congelo, trato de moverme e irme, pero mi cuerpo
está como en estado de shock. Los gemidos se hacían más fuerte por la parte de mi
hermana, volteo para mirar mi cara en el espejo, ya que por todo el pasillo por lo menos
tenemos cinco espejos, así que lo hago, el calor sube rápidamente por mis mejillas por la
vergüenza que me toca vivir.

Su puerta estaba entre abierta, dándome una clara imagen de la escena, Alexander estaba
sentado mientras mi hermana ocupaba el lugar en su regazo subiendo y bajando
lentamente, Alexander se percata de mi presencia y me mira fijamente a través del espejo.
Suelta un ronco gemido sin despegar su mirada a mí, cuando comienza a elevar la pelvis
para ir más rápido. Sujetando la cintura de mi hermana.

Yo suelto un pequeño grito y salgo corriendo, ¿Como pueden hacer eso? Esta es casa de
mis padres. ¡Por lo menos cierren la puerta! Ahora estoy traumada de por vida.

Quizás pueda echarme unas gotitas de clorox en cada ojo y se me pasará esto.

Ahhhh. Aquien miento, necesito un maldito psicólogo.

Como puede ver al prometido de mi hermana follándola a ella, que tengo en mi cabeza.

Capítulo 3

Alessandra

Camino por el pasillo de mi escuela con un humor terrible. Odio la escuela, odio ver a los
estúpidos chicos hormonales. En general odio todo. Caminando por las pasillos de la
escuela, le doy un sorbo a mi jugo de manzana mientras tarareaba una canción de Alex
Turner. Dejo de tararear cuando escucho los comentarios de mis compañeras.

—Miren es la hija bastarda. ¿Tus padres no les da asco verte la cara? —Casandra ríe
fuertemente con sus amigas.

—Es una bicho raro, ningún hombre podrá amarla —ríen.


Yo solo empiezo a caminar para irme, quería ignorar su comentario y seguir con mi vida,
pero necesitaba sacar mi enojo en alguna parte, que mejor con gente que lo merece.

Me volteo para sí mirarlas directamente a los ojos y lentamente me empiezo acercar a ella,
veo como su caras cambian a nervios mientras da algunos pasos atrás, cuando estoy lo
suficiente cerca le digo.

—Casandra, entiendo que estes pasando por problemas en casa, cariño, pero aquí no me
vengas con tus estúpidos comentarios y mejor vete hablar con tus padres...¡hay! Lo olvide,
ni siquiera te prestan atención —le respondo con dureza.

Ella solo se queda muda, apretando sus puños con fuerza al momento de escucharme. Sin
mas le entrega una mirada a sus amigas y se van sin decir más, vuelvo a la normalidad y
con una sonrisa de suficiencia camino por los pasillos hasta llegar a un salón abandonado,
pero no es cualquier salón es donde me junto con mis mejores amigas.

Entro con una sonrisa grande al ver a Olivia y Clara hablando, Olivia es muy seria siempre
para tomando o fumando y Clara es todo lo contrario, ella es tranquila, pero eso no quita
que también hace cosas muy malas, solo que nadie lo nota.

—Como están mis esposas —sonrió mientras le quito el cigarro a Olivia para sí llevarlo a
mi boca, lo inhalo con lentitud para expulsar el humo con suavidad hacia fuera.

—Bien, aunque Marco quiere ir a una fiesta hoy —Olivia, anuncia molesta.

—Dile que no podemos, tú sabes que todos los viernes tenemos algo muy importante —le
advierto.

Clara se baja de la mesa con cuidado, ya que ella es la más chaparra de las tres. Es
adorable verla y también es víctima de mis chistes.

—Escúchame, entonces a los doce de la noche estamos afuera de tu casa —Clara saca su
libreta donde tiene todo apuntado y ordenado.

—Sí, ahora me tengo que ser una dama y aguantar las aburridas clases —rio mientras
camino hacia la puerta.

Al salir escucho la risita de mis amigas, ellas casi no entra a clase porque no les gusta, pero
yo debo hacerlo por mi familia.

Inconscientemente busco su aprobación y amor. Como no hacerlo, son mis padres y quiero
sentir algún tipo de sentimiento.

Entro a mi salón asignado donde puedo ver desde lejos a Marco, él me sonríe mientras me
hace una seña para que me siente a su lado. Marco es demasiado guapo, su cabello
castaño algo largo, pero no tanto para que se vea raro, más bien le sienta muy bien.

—¿Qué estaba haciendo mi pelirroja favorita? —Marco pregunta con una sonrisa.
—Pues estaba con las chicas hablando y me dirigieron que quieres salir a pasear. Lo siento,
tengo mucha tarea, en serio lamento mucho no poder ir, pero mis padres son muy exigentes
—bajo la mira con tristeza.

Debería ser actriz, mi capacidad de mentir cada vez se vuelve mejor, yo quiero a Marco,
pero tengo cosas que prefiero que él esté lejos.

—Tranquila será para otra ocasión—acaricia con suavidad mis nudillos, haciendo que le
sonría tiernamente.

Marco puede sacar mi lado tierno, él me clama cuando tengo mis ataques de pánico... Él
simplemente es mi lugar de paz.

...

Ya eran las doce de la noche, sonrió al verme al espejo, pero falta lo más importante, me
coloco mi antifaz dorado y sonrió malicia al verme.

Mi cabello suelto, con ondas cayendo por mi espalda y parte de mi pecho. El vestido color
rojo sangré pegado a mi cuerpo, marcando mis curvas, subiéndose a cada paso que doy
con los tacones del mismo color.

Bueno, estoy preciosa. Cada primer viernes del mes hay una fiesta donde las personas más
peligrosas, sádicas, con deseos de sacar todos sus demonios, una noche donde todas esas
personas hacen lo que quieren sin ser juzgados por la sociedad.

Mi vida no es perfecta y lo único que conozco es esta vida, donde solo paso noches con
algunos hombres y hablamos un rato, luego viene lo mejor...follar y vaya que eso me sirve,
me saca y libera de todos mis problemas de esta vida.

Al recibir la llamada de mis amigas salgo apresurada de casa. No quería ser vista por nadie
y lo bueno de todo esto es que mis padres están de viaje y Natalia se fue a cenar con su
futuro esposo.

Quisiera tener una vida como la de ella, tiene todo lo que deseo y más. ¿Podría ocupar su
lugar?

Saco esos pensamientos y pienso en el largo viaje, hacia la fiesta clandestina. El camino
está muy lejos de la ciudad, haciendo que demoremos como una hora completa.

Al llegar me asombro por la grande que este lugar. Será una gran noche.
Mis amigas bajan conmigo, Olivia llevaba un vestido color negro apretado por todas partes,
Clara llevaba un vestido color morado oscuro que era demasiado pequeño haciendo que se
vea sus hermosas piernas que tiene.

—Alessandra, solo te aviso que yo no estaré con ningún hombre —Olivia dice.

—¿Tienes novio? Jamás haces esto y me sorprende —pongo los ojos en blanco.

—Prefiero no hablar al respecto.

Caminamos hacia la entrada y un hombre alto nos recibe con mucha discreción, nos abre
las puertas y Clara agradece y entramos emocionadas.

Al entrar veo tantos hombres como mujeres, vestidos elegantemente, pero provocativos, es
lo que primero que se ve, ríen, beben en las esquinas, hay mesitas de juego, son dos pisos
en esta finca, la primera donde estamos ahora, es donde es la fiesta de hoy, el segundo
piso es donde las personas que quieren pueden ir a tener intimidad y quedarse hasta
mañana.

Yo camino con seguridad con mis amigas haciendo que muchas miradas de hombres se
posen en nosotras que hace que una chispa se prenda dentro de mí.

Las tres nos separamos, me quedó sola, pero camino hasta el bar donde pido un whisky.

En eso siento unas manos frías que me agarran de mis hombros haciendo que voltee y
encontrarme con par de ojos azules que hace que mi cuerpo tiemble ligeramente.

—buenas noches, fuego.

Capítulo 4
Alessandra

Sonrió al [Link]. Lleva puesto un traje completamente negro, con la camisa tres
botones abiertos, dejando al descubierto una parte de su pecho.

—Buenas noches, Pablito —anuncio con seducción, llevando mi bebida a mis labios.

—Pensé que no volverías —sonríe.

Él me quita mi trago para sí tomárselo, yo solo lo observo con curiosidad, ¿esta más
guapo? Sí, su cabello tiene un nuevo cambio y vaya que le sienta bien. Sus dedos acarician
mi mentón mientras su mirada penetrante me analizaba.

—Tu cabello está más largo —murmura roncamente contra mi odio, mi cuerpo se
estremece un poco —. Me vuelvo loco con solo verte, fuego.
Al decir eso, Pablo empieza a bajar su mano que la tenía en mi espalda para sí llevarla
hasta mis caderas donde él hace presión.

—Hay Pablito, cada vez estás más apetitoso —le susurro mientras acaricio con suavidad su
cabello rubio.

—Lo mismo digo de ti, pero mi único problema es ese antifaz.

—las reglas son así, todos usamos antifaz para sí no reconocernos —respondo.

Pablo me agarra de mi cuello para sí estampar sus labios con los míos formando un beso
lleno de deseo. Él es un hombre muy atractivo para mí, no solo es demasiado bueno en el
sexo, también es un hombre muy agradable.

Me siento bien pasando tiempo con él y disfrutar de todas sus atenciones que puede tener
conmigo.

Me agarra con firmeza del mi mentón para sí profundizar el beso, cada vez el beso era más
intenso, hasta el punto que siento como algo empieza a despertar entre los pantalones de
Pablo, él me agarra de mis caderas rápidamente y para empujarme contra él, gimo por
debajo el sentir su miembro todo erecto en mí.

—Creó que debemos irnos a otro lado...—le sugiero agitada al sentir sus labios recorrer
todo mi cuello.

—¿Qué dijiste?...—cuestionó con deseo mientras sigue atacando mi cuello sin piedad.

—Vamos, Pablo, quiero que me folles...—gruño.

Pablo se separa de mi cuello para sí mirarme directamente a los ojos, él rápidamente me


agarra de mi muñeca para sí llevarme hacia el ascensor.

Al entrar Pablo me empuja contra la pared para sí volver a besarme salvajemente, a él no le


importa si alguien entraba, solo le importaba su placer tal como yo lo hago ahora mismo.

Al ver que el ascensor se abre, él no pierde el tiempo, me carga haciendo que enrolle mis
piernas a sus caderas.

—Te haré ir al mismísimo infierno esta noche —declara firmemente, estoy por hablar
cuando él vuelve unir sus labios con los míos.

Al entrar a su habitación, una sonrisa de suficiencia sale de mí, les dije que él es uno de los
jefes de este lugar, así que tengo todo lo que quiero estando a su lado.

Besa mis hombros lentamente mientras con su otra mano empieza abajar la cremallera del
vestido.
Él me tira a la cama para sí ponerse encima de mí, él baja completamente mi vestido,
dejándome expuesta toda la parte de mi pecho.

Pablo agarra mi pezón izquierdo, arqueo mi espalda intentando hacer contacto con su
pelvis, pero no lo logro, ya que su mano izquierda baja hasta mi entrepierna haciendo
caricias por el camino.

Sin dejar de lamer y succionar mi pezón izquierdo, echa a un lado mis bragas y sin rodeos
comienza a presionar al compás de mi círculo mi clítoris. Echo hacia atrás mi cabeza y
arqueo mi espalda.

—joder —murmuro muerta del placer.

Paso mis manos por su camisa para sí quitarle, bajo mis manos hasta sus pantalones
donde siento su grande erección, rápidamente desabrocho su cinturón para sí tirarlo a otro
lado.

—¿Lista? —pregunta excitado, estaba desesperada por tenerlo dentro de mí —. Eres solo
mía —me mira con lujuria y deseo.

Yo asiento por segunda vez, y acerca su boca a mis labios, muerde y lame suavemente
mientras siento como comienza a penetrarme lentamente. Una corriente eléctrica recorre
todo mi cuerpo y una punzada de un pequeño dolor me invade.

Al sentirlo completamente dentro, el calor me invade por todo el cuerpo y gimo al notar
como me llena haciendo que mi vagina se dilate, haciéndome sentir jodidamente bien.

Pablo vuelve a sacar su miembro por completo. Ambos gemimos cuando vuelve a meterla,
siento como se mueve dentro de mí, siento lo dura que está y como me apretaba, es
simplemente lo mejor.

Vuelve a sacarla y esta vez la mete con más fuerza, dándome una embestida que hace que
mi espalda se deslice de arriba abajo en la cama, comienza a dejar besos húmedos por
todo mi cuello, aumentando mi excitación y yo araño su espalda, incrustando mis uñas al
notar lo duro que me mete su miembro.

Así pasamos toda la noche haciéndolo por todas las partes de la habitación, todo lo que
hice esta noche es prohibido para mí, no es que me gusten las cosas prohibidas, es que me
encanta demostrarle al mundo que a mí nadie me prohíbe nada.

Capítulo 5
Alessandra

¿Cómo me siento hoy? Bueno...¡Estoy fatal! Me duele el cuerpo, la cabeza; todo. Pero valió
la pena, pase una noche muy intensa, lo único malo es que tengo escuela.

Ahora mismo estoy tomando un sorbo de jugo de naranja con tranquilidad, cuando sale un
anuncio en las noticias, mi padre sube el volumen, y todos miran atentamente.
—Hoy reportamos un asesinato muy atroz en las afueras de la ciudad, un hombre de 40
años fue brutalmente tortura y desfigurado, dejando casi nada de pistas para la policía, ya
que está totalmente irreconocible. —la entrevistadora dice con dolor mientras empieza a
enseñar las imágenes sobre el hombre.

Que terrible noticia...Jijijiji.

—Dios mío, que feo, espero que encuentren a la persona y la hagan pagar —mi madre
exclamo con enojo al ver las imágenes.

—Madre porque dices eso, no sabes nada sobre ese hombre que murió y si era un violador
o algo, no deberías tener pena a alguien que ni siquiera conoces. —anuncio con franqueza.

Veo como Alexander ríe por debajo y se acomoda su corbata para luego hablar.

—Alessandra, mejor no opines al respecto —Alexander habla con seriedad, poniendo el


ambiente tenso.

Mi madre le da la razón a Alexander y sentí enojo. Pensé que era un buen tipo y vaya que
estaba equivocada. Mi madre dirige su mirada en mí y veo advertencia y odio en ella.

—Hija pareces una loca, ¿acaso no estás bien de la cabeza?, pareces una enferma que se
ríe de todas las desgracias, una más Alessandra y te llevamos de nuevo a donde tú sabes.
—mi madre advierte.

No estoy loca... la voz de mi cabeza murmura con miedo que me lleven de nuevo a ese
lugar donde me hicieron daño. Los padres tienen la habilidad de dar amor, pero a la vez
tienen la habilidad de destruirnos.

—Lo siento, no volverá a pasar —finjo una sonría.

Ella asiente, no tan segura, olvidado el tema, empieza hablar con Natalia sobre la boda,
siento la mirada de Alexander hacia mí, pero no tengo humor para mirarlo.

Le doy las gracias a la sirvienta por la comida y me dirigió hacia mi habitación, por mi
mochila y algunos papeles para mi exposición de hoy.

Le doy un besito en la cabeza a mi gatita que dormida como una bebé en su camita
mientras roncaba levemente, ¿su vida están fácil? Solo comer y dormir. Quien no quiere
una vida así.

Me coloco mi mochila, lista para irme, mas soy detenida por la figura de Alexander, este
traía cartas del juego uno. ¿Este tipo están raro? Creo que sí.

—¿Quieres jugar? —pregunta con una sonrisa, en cambio yo lo observo sin ninguna
expresión —. Será rápido, si ganas puedes pedirme lo que quieras y si pierdes tienes que
responder una duda mía.
Lo dudo por unos minutos, debatiendo si es una buena idea esto. Jugar como niños
pequeños suena divertido, pero no quita lo raro.

—Aceptó.

Dejo mi mochila aún costado, tomando asiento en mi cama. Él sin dudarlo toma asiento y
empieza a barajar las cartas con un gran estilo.

—¿Juegas cartas?

—No, pero siempre destacó en cualquier cosa. Soy perfecto —contesto con seguridad.

—Como digas y yo soy una sirena —digo con sarcasmo.

—¿Lo eres? Es que te pareces a la sirenita —rio viéndome, le doy un golpe en son de
broma.

—Que infantil.

—Por lo menos estás riendo y no te comportas como una loca depresiva.

Es cierto, casi siempre estoy depresiva y es raro que esté riéndome a estas horas con
alguien que ni siquiera conozco.

Él juego empezó y ambos nos miramos con rivalidad mientras tiramos nuestras cartas. Soy
una chica competitiva, me gusta ganar y a él también le gusta ganar, haciendo que esto sea
una pelea muy intensa.

—¡Comete esas cuatro cartas, Alexander! —le ordeno entre risas.

—¡No lo haré! —dijo, señalándome —. Tú deberías haberte agarro cuatro cartas pero no lo
hiciste.

—¡Tú me dijiste que no lo hiciera! —lo señalo.

Odio que me señalen con el dedo, no se siento raro cuando lo hacen.

—¡Ayyy odio que me señalen! —gritó como un loco.

—¡Yo también —chillo.

Ambos nos observamos con intensidad, una extraña sensación se apoderó en la boca de mi
estomago y no pude evitar sonrojarme. Sus ojos, sus tontos ojos son tan lindos, que no me
deja pensar.

—Ya no juego —le tiró las cartas sin aliento.


Apartó la mirada de la suya, siento ansiedad y llevo mis dedos a mi boca, empezando a
morder mis uñas.

Su mano aparta la mía de mi boca y me quedo sin aliento cuando le da un beso lleno de
anhelo, ¿estoy soñando? ¿Qué cojones está pasando?

—Jamás en mi vida vi una chica tan brillanté —su voz suena como un sueño —. Ahora
déjame llevarte a tu colegio.

Me levanto de la cama con rapidez.

Agarro mi mochila que tenía colgada para sí salir disparada de la habitación, bajando las
escaleras con toda la velocidad posible, ¿Por qué hizo eso? Hay dos opines: estoy
confundido amabilidad con deseo o en verdad hay algo oscuro dentro de su cabeza.

—¿Por qué no subes? —ladea la cabeza confundido.

Entro al auto sin pensarlo.

Ok, yo estoy bien, no me siento nada confundía y todo esto es producto de mi imaginación.
Alexander es un hombre y yo una chiquilla, no pasará nada entre nosotros.

—Yo pensé que los niños van atrás —ríe mientras se coloca el cinturón de seguridad.

—Un comentario innecesario —gruño al colocarme mi cinturón.

Él siempre con bromas sobre que soy una niñita, pero no lo soy.

Todo el camino fue silencio, Alexander estaba concentrando en el camino y yo estaba


concentraba en lo que dijo mi madre... Tengo que finger estar bien para no volver a ese
lugar.

Es en ese lugar donde me destruyeron y me convirtieron en algo que no puedo comprender.

—Oye niñita, ¿Qué lugar es donde tu mamá te va a llevar? —Alexander rompe el silencio,
me mira de reojo esperando una respuesta.

—Eso no te importa...—confieso irritada, no quiero hablar sobre ese tema, mucho menos
con Alexander.

—Que dura. Hace un rato estamos riendo para el otro pelear—ríe.

—Es que aveces eres agradable, pero hay momentos donde eres todo un idiota—lo miro,
esperando su respuesta.

—Lo siento, ser idiotas sin corazón viene de familia—admitió, como si nada.

—Quiero bajar —le pido.


Me siento sofocada estando con él, no me gusta estar así, solos y hablar de cosas. No, no
quiero.

—¡Bien, entonces bájate! —grita irritado.

¿Qué mosca le picó?

—bájele la velocidad y te aseguro que me bajo —le exijo.

—¿vas a irte?

—¡lo haré, Alexander! —exclamó.

—¡prefecto!—acelera a un más—baja que ya me fastidias.

¡Ay dios me parece o me reto es té narcisista de mierda!

Pero que cambio de humor el suyo, pero quiero irme y lo haré. De todas formas también me
estoy empezando a enojar, saltaré aunque muera en el intento. Total no puedo nada. Me
quito el cinturón.

—Oye... ¿Qué demonios haces?

—Saltare, ¿no ves?

—no lo harás. —me reta. Abro la puerta. La calle está tan iluminada con rojo, lista para un
funeral en alfombra roja.

—hasta luego, nene.

Estaba lista para morir, cuando Alexander me agarra con fuerza en la parte de mis muslos,
haciendo que entre de nuevo al carro.

—¡Qué eres una niñita suicida! —gritan con enojo, aunque no le hice nada esta enojado y
creo que es porque no le hago caso.

Es un tipo raro.

Alexander Brown no dejaré que jamás este juego.

—Un poquito, pero no le digas a nadie —le sonrió maliciosamente.

Capítulo 6
Alessandra
Salgo del auto de Alexander agradeciendo a Dios por llegar con vida, ¿por qué Alexander
conduce como animal? No le importa si tiene que llegar a doscientos de velocidad, él
simplemente lo hace porque le importa una mierda todo.

—Espera niñita, tu madre me dijo que hay reunión de padres hoy, pero me comunicaron
que ellos no van a poder, así que me ofrecí hacer tu figura de autoridad —sonríe satisfecho
al ver mi cara pálida.

—Tú ni siquiera llegas hacer una figura de autoridad para mí, Alexander, y mejor me voy —
dicho eso, camino hacia la entrada de la escuela, pero Alexander me detiene.

—Tengo una duda, ¿en este colegio les ponen unas faldas tan pequeñas?, puedo ver una
parte de tus nalgas —dice tranquilamente mientras saca un cigarro.

—¿Me estás viendo las nalgas Alexander? —pregunto.

Él da una inhalada a su cigarro, lentamente me le quedo viendo por unos segundos su


cabello rubio todo desordenado cae por algunas partes de su frente dejándolo con un
aspecto relajado pero seductor a la vez.

—No, mi abuela té las está viendo, obvio que yo Alessandra... Pareces una niña retrasada
mental —gruño con enfado.

Pero que le pasa a este con sus cambios de humor constantes, me va a dar un fuerte dolor
de cabeza este hombre.

—Sabes, me voy...se me hace tarde —digo por último para sí irme directamente a mi
escuela.

...

Alexander

Veo como la cría de Alessandra entra a su colegio, subo a mi auto para ir directo a mi
empresa.

Al llegar mis empleados agachan la mirada, algunos saludan con timidez. Soy un hombre
que tiene una figura imponente y no me quejo de ello, me gusta que me teman un poco.

Desde que tengo memoria experimentado todo tipo de emociones: triste, dolor, traición,
abandono, muerte. Todo y de todas ellas pude salir de pie y con cada golpe qué pasaba por
mi vida pude volverme más fuerte. No dejo que cualquier persona entre a mi vida y si uno
llega entrar es porque en verdad me importa y quiero estar con ella.
Es así de simple...o eso pensé.

Al llegar a mi despacho un aire frío me corre completamente el cuerpo al ver a mi querido


hermano volteado de espaldas mirando hacia el gran ventanal de mi despacho.

—Que desgracia es esta —anuncio con firmeza.

—Tantos pecados que cometiste Alexander necesitas una desgracia para poner el mundo
en un balance —dicho eso mi hermano se voltea para sí poder vernos cara a cara.

—Pablo...—exclamo con seriedad.

—Alexander, por fin los hermanos Brown están unidos —Pablo me sonríe con burla.

Ahora mismo quiero morir.

Empiezo a caminar en círculos por mi despacho, la llegada de mi bipolar hermano Pablo


trae problemas para mi imagen, Pablo es un hombre muy problemático tanto que evito decir
que tengo un hermano.

—¿Qué haces aquí?, tú siempre vienes a joderme cuando quieres algo —lo miro esperando
su respuesta.

Él se encoge de hombros con simpleza.

—Bueno, hace meses conocí a una ardiente pelirroja, pero como tú sabes en las fiestas
todos tienen que usar antifaz y no tengo idea quien puede ser —Pablo me observa con una
sonrisita que claramente es "ayúdeme o tendrás problemas"

Me acerco a él para mirarlo con molestia, estoy seguro que cuando Pablo Brown quiere algo
lo consigue y punto.

—Tú sabes que mi respuesta es ''no'' —resalto en la parte que digo"no" Pablo es como
especial, tú le dices ''no'' y él te dice ''si''.

—Vamos Alexander, ayúdame a encontrar a la madre de mis futuros hijos —Pablo reclama
al ver que me niego.

—Debe ser buena en la cama esa pelirroja, como estas no es normal —dicho eso miro mi
reloj... ¡Mierda! solo falta cinco minutos para la reuniendo de padres de Alessandra.

—Fue una desgracia hablar contigo, pero me tengo que ir a un lugar muy importante —
declaró agarrando mis llaves de mi auto, pero Pablo me detiene.

—Voy contigo y no quiero una negativa —dice con una sonrisa grande.

Al entrar Pablo se arregla su cabello rubio con sus manos, yo solo lo miro con estrés porque
desde ahora tengo que estar pendiente de este animal.
—¿Donde vamos hermanito? —pablo pregunta de repente.

—Vamos a la reunión de padres de Alessandra —le respondo sin ninguna emoción.

Solo acepte ir por una razón: ver a todos los compañeros hombres de Alessandra.
Cualquier niño hormonal puede estar tratando de ligarse a esa cría y eso no puede
pasar...ella es una niña, no hay otra razón.

—¿Es linda? —Pablo quiso saber.

—Pablo no te metas con esa cría o tendrás problemas con mi verdadero yo, y sabes como
me gusta romper huesos—lo advierto.

Salgo del ascensor con Pablo para ir hacia el auto que nos espera.

Capítulo 7
Alexander

Estoy muy aburrido, rodeado de muchos padres que están que me alagan por mi gran
fortuna que tengo a una corta edad de 26.

En eso entra la directora del colegio con una sonrisa forzada a la vista mía, Pablo está
medio dormido a mi costado, lo peor es que ronca, haciendo que cada puto segundo me
llene más de ira.

—buenas días, padres, esta reunión es para hablar del comportamiento de cada
adolescente, ya que estamos presentando problemas de bullying... ¿Quién quiere empezar?
—la directora pregunta, sacado un cuaderno y colocándolo en su escritorio.

Casi todos los padres levantan la mano, la directa elige al azar y mis ganas de irme
empezaron a crecer. Son muchos padres y no estoy seguro salir pronto de aquí.

En eso escucho algo interesante de la conversación.

—sí, Cassandra siempre está molestando a la estudiante Alessandra...hace comentarios


hirientes y no solo critica su físico, sino que mete a su familia —la directora anunció sería, la
madre niega todo lo que dice la directora, asegurando que su hija es un ángel que jamás
haría tal cosa

Pero a quien engañamos en este mundo nadie está libre del pecado, todos somos malas
personas.

—Pablo despierta, necesitó que hagas algo —le tiro un leve codazo, él se sobresalte, pero
se despierta.
—Qué quieres ahora —dice adormilado.

—Necesito que le des un susto a esa chica de esa esquina —señalo a las afueras de esta
sala donde se encuentra muchas muchachas nerviosas, pero yo solo quiero a esa
muchacha que molesta a la cría de Alessandra.

el único que puede molestarla soy yo.

—Esta bien, pero luego cobraré mi favor —yo asiento satisfecho.

Escucho mi nombre de repente y que me levanto de mi asiento para caminar donde se


encontraba la directora.

—bueno usted es el encargado de Alessandra, ella es muy linda e inteligente, casi nunca se
mete en problemas, pero ella es muy insensible a la hora de hablar de muertes. Se le
escapa risas cuando hablamos de esos temas. Hace unas semanas a una estudiante se le
murió su abuelito y Alessandra se rio de ella y dijo comentarios raros al respecto.

Yo me encontraba en estado de shock porque pensé que Alessandra era tranquila y normal,
pero me doy cuenta de que es todo menos normal, sé que ella oculta algo y yo odio cuanto
alguien me oculta algo. Cueste lo que cueste, haré que Alessandra me diga la verdad.

***

Al terminar la reunión de padres, Pablo salió a comprar cigarros, y yo salí en busca de


Alesandra. Esta escuela es grande y buscarla es un desafío, recibo muchas miradas
deseosas de niñas, haciéndome una idea de sus pensamientos, no las culpo soy perfecto
en todos los sentidos.

Paro en seco al ver como Alessandra agarra de la mano aún tonto chico, para si entrar a los
baños entre miradas deseosas. Hoy a poner una denuncia a esta escuela, ¿como una niña
tonta tiene estas libertades?, ¿no hay vigilancia?

Gruño por debajo, empezando aflojar mi corbata. Me falta el aire y la impotencia de que
hacer me quema, quiero entrar y golpear a ese chico, pero no puedo mostrar un
comportamiento agresivo en esta escuela.

Que se vaya todo a la mierda.

Sin pensarlo más decido entrar y acabar con todo esto, vaya sorpresa que me encontré.
Alessandra se encontraba sin camisa, dejando que ese hormonal la besase todo su cuello y
pechos.

—¡Suéltala ahora o te prometo que partiré cada huesos tuyo! —exclamó con furia.
Ambos se separan. El chico me observo asustado y Alesandra gruño enfadada.

—¡Y...o...jamás quise tocarla! —chillo.

Que patético.

—No me pareció. Ahora vete y corre por tu vida —lo agarro de su camisa con fuerza, con
ganas de darle un golpe —. Ruégale a tus padres que te saquen de este colegio, porque si
te vuelvo a ver no volverás a casa.

Sin más lo suelto y este sale corriendo como un loco.

Mirada se posa en Alesandra, ella se empezó a colocar su camisa, conforme cerraba los
botones mi mirada viaja a sus abultados pechos, ¿Como puede tener tanto? Todavía está
en desarrollo y luce así.

—¿Dejarás de verme los pechos? —me saco de mis pensamientos.

—No digas tonterías y mejor agradece que no le diré nada a tus padres sobre esto —admito
con seriedad.

Me siento tan furioso, pensé que era diferente y no una fácil que cualquier hombre puede
tener.

—Mis padres no me toman importancia, Alexander —se encogió de hombros, con una
mirada perdida —. Puedes decirles y solo harás que mi madre me haga más daño.

Sus palabras me dejaron aun más confundido, ¿Cómo la lastiman? No tiene marca de
golpes o de algo. No hay nada a la vista de cualquier persona.

—¿Qué te hacen? —pregunto acercándome a ella.

—Ese es mi problema —dijo.

Alessandra se inclinó hacia mi, su rostro quedo a pocos centímetros del mío y unas ganas
de probar sus labios aparecieron.

—Quiero lavarme las manos —pidió en voz baja.

Le doy espacio, observando cada detalle suyo. Su cabello rojizo suelto por los costados le
hacían ver como una Diosa y su piel pálida creaba un gran contraste con su cabello.

—¿Por qué estabas con ese chico? —le pregunté a Alesandra, mis ojos en ella mientras se
volvía para mirarme.

—No lo se, quería distraerme un rato —respondió sin problema.

—No mereces eso...mereces un hombre y no un niño —hablo sin pensar.


—Tú eres perfecto entonces —me observa con una sonrisa extraña.

—No digas estupideces, yo y tú...jamás, eso es algo irreal —dicho eso salgo de los baños.

Qué demonios me está pasando, ¿Por qué siento enojo cuando la veo con otros? Jamás
me sentí de tal modo, ya que cualquier chica muere por mi y no tengo que esforzarme en
nada.

Espero a Alesandra con impaciencia y todo empeora cuando veo a Pablo venir así mi.

—Te estaba buscando, hermanito —ríe.

—Tenía la esperanza que te hayan atropellado, hermanito —gruño.

Alessandra con una cara seria y sus ojos quedan fijos en mi, pero yo apartó la mirada de
ella.

—Hola, soy Pablo...hermano del gruñón de Alexander —mi tonto hermano saluda a
Alessandra.

Su cara palidece y finge una sonrisa.

—saben me olvide, tengo que hacer unas cosas con mis amigas, pero en unos minutos los
alcanzo —anuncio con un tono raro, y sin mas sale corriendo

Esto se está poniendo raro, Alessandra es muy buena ocultando cosas, no como su
hermana, quien al segundo día me contó casi todos sus secretos.

Miro a Pablo, quien está sonriente ante ver Alessandra. voy a admitir que ella no es fea, es
linda, pero es una niña para mis ojos, pero Pablo no le importa si tiene 15 años o menos,
solo busca su placer.

—Es una diosa, Alexander, tiene un cuerpo muy apetitoso para mí —Pablo sonríe.

—Te adverto que no te metas con ella... Es la hermana de mi prometida —le digo con
seriedad, lo jalo de muñeca para sí llevarlo hacia al auto donde vamos a esperar
tranquilamente Alessandra.

...

Alessandra
Al entrar al baño llamo a mis amigas, esperando su llegada. Suelto todo el aire guardado
que tenia cuando las veo entrar preocupadas.

—Tenemos un problema, estoy segura de que me folle al hermano de Alexander —anuncio


con nervios.

Olivia y Clara se miran entre ellas con cofunción mientras buscaban una pisca de mentira
entre mi rostro, pero no encontraron nada porque estoy diciendo la verdad.

—Alessandra debes estar confundida, ese chico no creo que sea el quién tú crees —Clara
trata de calmarme.

—claro que es él, se llama Pablo, tiene el mismo color de cabello y ese carácter que
tiene...lo reconocí al instante —declaro.

Olivia empieza a caminar en círculos al ver en la situación que nos encontramos, en eso
para en seco y dirige su mirada hacia mí.

—él te dijo su verdadero nombre cuando lo conociste el primer día de la fiesta, ¿cierto? —
pregunto rápidamente, yo asiento al instante, a Pablo le dije un nombre falso cuanto lo
conocí —bueno, él no tiene forma de descubrirte, pero lo mejor es que no esté cerca porque
puede ver tu comportamiento y compararlo con la mujer que conoce todos los primeros
viernes de cada vez.

Olivia sonríe al igual que yo, amo a mis amigas siempre están para mí, no como mi familia
que solo se encargaron de destruirme.

—Alessandra, tú pecas mucho —Clara ríe.

—Clara, a veces un pecado es la entrada al paraíso —dicho eso agarro mi mochila y me


voy como la puta reina de las mentiras.

Al llegar a las afueras de mi colegio veo a Alexander apoyado al auto, su cabello dorado
brilla a la luz del sol, su cuerpo todo tonificado hace que se vea jodidamente sensual.

Camino hasta quedar al frente de Alexander, quien sonríe al verme.

—¿Qué paso con Pablo? —pregunto.

—Se fue, tenía que hacer algo que le ordene —Alexander dice fríamente.

Él me hace una seña para que suba al auto cuál hago al instante, Alexander entra y prende
el auto para ir en marcha a casa.

—No sabes cuantas cosas me dijo la directora sobre ti —Alexander dice de repente
haciendo que dirija mi mirada hacia él.

—No me importa —digo sin importancia.


—Estas segura porque si le digo a tu madre lo que me dijo, seguro que ella te va a llevar a
ese lugar que menciono en la mesa.

Al decir eso siento como me empieza a faltar el aire, mis manos empieza a temblar al
instante, tan solo recordar ese sitio hace que sienta... Miedo.

—Eso es, no le tienes miedo a tus padres, le tienes miedo a ese lugar.

Joder, estoy teniendo un ataque de pánico, al ver como el semáforo se pone color rojo, no
lo dudo ni un minuto y abro la puerta de copiloto para sí salir del auto de Alexander e irme
corriendo.

A lo lejos escucho los gritos de Alexander, pero me importa una mierda, no puedo respirar,
necesitó agua.

Ese lugar no es lindo y salir viva fue un milagro.

Al caminar unos minutos lejos de Alexander siento como mis piernas duelen, mis mejillas
están completamente rojas, me siento en la vereda de la calle para poder recuperar un poco
el aliento.

En eso siento unas manos en mis hombros, me levanto lista para pelear, pero al voltearme
era Marco, él me observa preocupado y con el corazón echo pedazos lo abrazo con miedo.

—¿Qué te paso? —Marco murmura con preocupado al verme en este estado.

Siento como el aire empieza a volver en mis pulmones haciendo que pueda respirar
tranquilamente.

—Alessandra, dime qué paso —me levanta levemente el mentón para sí mirarlo
directamente a los ojos.

—Solo tuve un problema con mi familia, pero no te preocupes —al asiento no tan
convencido.

Él me separa ligeramente de su cuerpo, para empezar a buscar algo entre su mochila.

—Toma, Alessandra tus pastillas para los nervios, sé que tú eres muy descuidada con eso,
yo compre unas para tenerla en mi mochila, si te pasaba algo estaría preparado —sonríe,
extiendo una pastilla.

Marco es tan lindo conmigo, siempre cuida cuando yo lo necesitó, pero aunque lo quiera
mucho no puedo contarle mis cosas, no quiero meter a Marco en cosas peligrosas.

—Gracias —dicho eso, tomo la pastilla.


Al pasar los minutos hablando con él siento como el sueño se está apoderando de mí, es
uno de los efectos de la pastilla.

Empezamos a caminar para ir a mi casa cuando en medio camino un carro frena


fuertemente haciendo que las ruedas del carro queden marcadas en la pista de la calle.

No, no, no...

Agarro a Marco de la muñeca para correr cuanto en gran grito nos detiene.

—¡Un paso más y no respondo Alessandra! —grita mientras sale del cauto con enojo.

Estoy segura de que Alexander me matara cuando esté con él, pero veo como mata con la
mirada a Marco.

—Esta bien Alexander, ganaste me voy a ir contigo, pero a mi amigo le dejas ir a su casa
vivo —propongo Alexander, empieza a pensar viéndonos a mí y a Marco.

—Esta bien Alessandra dejaré a tu amiguito tranquilo, pero cuanto lo vuelva a ver no sé qué
haré —me advierte.

Yo asiento, me despido de Marco, quien no entendía nada, pero lo calmo diciendo que
luego hablamos, dicho eso, camino hacia al auto, al llegar Alexander tira de mi brazo con
fuerza para meterme al auto.

Él acelera su carro con enojo, siento su mirada hacia mí, yo solo la ignoro.

—Mira Alesandra, te estás metiendo con fuego, odio cuanto alguien mintiendo y tú más si
me dejan con la palabra en la boca —Alexander gruñe.

—Yo odio a los hombres como tú y será mejor que te alejes de mi —le advierto.

Soy capaz de tanto y nadie lo sabe, solo algunas personas.

Cuando para el carro, pienso que está por matarme, pero ya habíamos llegado a casa,
salgo del auto media adormila, pero me detengo en seco para sí mirar a Alexander, quien
caminan hacia mí.

—Por cierto, mañana es Halloween y voy a salir, es que no quiero que te preocupes por mí
—le mando un beso volado para sí irme a dentro de mi casa.

Capítulo 8
Alessandra
En busca del disfraz perfecto con mis amigas es un poco complicado. Tengo gustos muy
exigentes, por lo tanto, era un drama buscar ropa para mí.

—Entremos a esa tienda, Alessandra —Clara señala una gran tienda, y en seguida tira de
mi brazo para llevarme.

Mi mirada se posa en todos los disfraces, desde sensuales está el más ridículo, estaba
enojada, mi casa es un infierno, no aguanto la presencia de la parejita del año. Son tan
amorosos y me siento ridículamente sola, ¿por qué nos volvemos tan tontas cuando nos
enamoramos? Y nadie lo puede negar, hacemos estupideces por amor, con tal de llamar la
atención del chico que no gusta y todo para que...el final siempre será el mismo.

Alexander es un dolor de cabeza para mi, cuando nadie lo observa me examina de pies a
cabeza y siento cosas tan extrañas cuando sonríe y dice algo tonto, es como si estuviera
con las emociones a mil y no puedo evitar pensar algo incorrecto

—Alessandra, ¿qué te parece este? —Olivia me muestra un gracioso conjunto de Chucky.

—Es perfecto para ti —suelto entre risas, lo cual hace que Olivia ponga una cara seria.

—Ale, estas muy burlona de lo normal. ¿Todo bien en casa? —Clara apoya sus codos en la
mesita del mostrador y su miraba se entorna preocupada.

—Mi familia cada vez es más insoportable, y ni hablar de Alexander, que lo único que hace
es joderme la vida —gruño al recordar su sonrisa arrogante que pone al verme.

—Duerme con él. Matarías a dos pájaros en un tiro. Tu hermana sufriría y Alexander te
dejará de molestar —Olivia dice obvia.

—¡Oye que asco! —exclamo con cara de asco.

Pasar una noche con ese tonto solo me traen ganas de vomitar; jamás dormiría con el
enemigo...jamás.

Él es raro y me hace sentir rara, y no quiero sentirme así.

Empiezo a rebuscar por los estantes tratando de olvidar su comentario, pero nada, cuando
estaba por rendirme encuentro algo. Yo estaba feliz y aliviada, hasta que una desconocida
me lo quita de las manos.

—¡Oye, lo vi primero! —la desconocida chilla. Tira del disfrazar al igual que yo.

—No, es mío—aclaro con firmeza.

—¡Me importa una mierda, es mío!

Ella ignora mi comentario para tirar de nuevo, pero con mi otra mano le agarro una parte de
su cabello para sí tirarla para atrás.
Escucho los gritos de Olivia y Clara, me ruegan que pare, pero no quería parar, esa chica
me insulto. Ambas estamos peleando como unas locas en el suelo, y la gente no tardo en
venir hasta nosotras, desde muy niña era muy pleitista con los de mi edad, haciendo que
por un tiempo estudie en línea, ya que mi familia temía perder su impecable reputación.

Mis golpes son detenidos, al sentir unas grandes manos que me agarran de mi cintura para
apartarme de mi pelea, yo le grito mientras le exijo que me suelte cuando volteo mi rostro
veo que era mi... Padre.

—Hola, papi —sonríe nerviosa.

—Pero que es escándalo que hiciste —mi padre dice con un tono frío que hacía que se te
helara tus huesos.

—¡Nada! —me apresuré a responder y le sostuve la mirada, que era mil veces más intensa
que la mía, aunque tuviéramos los mismos ojos. —. Lo siento.

—hablaremos en casa — declaro serio, dirige su mirada a mis amigas, estaban nerviosa al
ver la presencia de mi padre.

Mi padre tenía ese porte de intimidarte, su cabello rubio con sus ojos azules oscuro que
hace que se vea mucho más intimidante.

—Ustedes vayan a casa, ahora —exige a mis amigas con autoridad.

Ellas rápidamente salen de la tienda, pero con la ropa que aviamos elegido, le hago una
seña para que me llamen en la tarde, asienten para si irse dejándome con mi padre.

—Ahora nos vamos —mi padre ordena, yo salgo tras de él al instante.

Caminamos en silencio por toda la plaza hasta llegar al estacionamiento, mi padre es un


hombre que le importa mucho su imagen, haciendo que desde que era una niña vaya a
clases de modales.

Subo a la camioneta con mi padre en silencio. Él se pone el cinturón de seguridad y no


tardo en hacer lo mismo.

Ahora vienen los gritos.

—Ahora dime, ¿por qué mi hija se estaba peleando como una salvaje? —mi padre pregunto
con furia.

—Lo siento padre, pero esa muchacha se lo busco y no quiero que me grites, tú eres igual a
mí, te acuerdas cuanto me viste de la mano con Marco lo golpeaste como un cavernícola —
reprocho con enojo, no es justo que me juzgue sabiendo que somos iguales.
—Tú no puedes tener novio hasta que tengas 20 años, Alessandra y aparte tu amigo es
muy poca cosa para ti —mi padre respondio.

Desde cuando él puede decir con quien puedo estar, soy una mujer con opinión propia,
puedo cometer errores, pero de ellos se aprende. Nadie debe ser juzgado por cometer
errores en la vida.

—Responde esto, ¿yo necesito un hombre como Alexander? —cuestionó sin mirarlo, no
necesito ver esa mirada enojada que siempre pone al verme.

Mi padre soltó un suspiro cansando.

—No.—respondió seguro, abro mis ojos como plato al escuchar su confesión.

Pensé que tenía una buena amistad con Alexander, pero es todo lo contrario... interesante.

***

Clara y Olivia treparon mi ventana como lo habíamos planeado, eran las nueve de la noche.
Mis padres están en su fiesta con sus amigos de alta sociedad y yo me voy a escapar de
casa para ir con mis amigas a la fiesta de Halloween de Casandra, tengo que ir para quitarle
la atención.

Olivia está disfrazada de una gatita y Clara de una conejita sexi. Solo faltaba yo. Olivia me
entrega mi disfraz, cuando lo hace entro al baño para cambiarme.

—Alessandra, tu papá está guapo —escucho la voz de Clara haciendo que se me escape
una risa.

Lo bueno de esta familia es que tenemos buenos genes de belleza.

—Es verdad es guapo, pero solo tiene ojos para mi madre —le quito la ilusión que tiene con
mi padre y salgo del baño lista —. Como me veo.

Clara abre la boca con impacto, al igual que Olivia.

—Una vaquera coqueta...—Olivia hace una sonrisa de gato al verme.

—Alessandra está lista para montar esta noche —Clara ríe viéndome.

Probablemente, lo haga porque lo necesito, la última vez que lo hice fue con Pablo, pero no
puede volver a pasar. Tomo el riesgo de ser descubierta por el irritante de Alexander.
Abro la puerta de mi habitación en busca de alguna presencia, pero todo libre, les hago una
seña a mis amigas y salimos fue de mi habitación, al hacerlo empezamos abajar las
escaleras con lentitud de no ser escuchadas, está por abrir la puerta de salida hasta que
una voz femenina nos dé tiene... Mi hermana.

—¿a dónde vas Alessandra? —Natalia preguntó sería —. Es tarde y cualquier hombre
puede hacerte cualquier cosa y más vestida así.

—Ese no es tu problema, total ni te importo, ¿cierto? —espero que me contradiga, lo


deseaba tanto, mas solo recibí un terrible silencio.

—Tienes razón, no me importas y será mejor que vengas a las doce de la noche o te juro
que te buscaré donde estés —advirtió mientras me observa con autoridad, yo solo asiento
para si irme de casa.

Al subir al carro de Olivia, suspiro, suelto un suspiro cansado; no quiero arruinar esta noche
con mis emociones tontas. Natalia siempre será igual a mi madre, aunque busque algo tipo
de compasión en ella. Cuando mi mamá me encerraba en mi cuarto por comportarme mal,
Natalia nunca dijo nada, no me ayudo cuando más lo necesitaba y eso jamás le perdonare.

Saco mi teléfono y entro a Instagram. Quiero distraerme un rato.

Por obras del destino me encuentro el perfil de Alexander, quien poseía una gran cantidad
de seguidores, empiezo a ver sus fotografías que tiene y me encuentro con una muy sexi,
tenía una toalla enrollada en su cintura dejando ver su V que tenía al final de su abdomen,
inconscientemente me muerdo el labio inferior al imaginar pasar mis manos por su trabajado
abdomen.

Hay que admitir que Alexander está muy bueno.

***

Después de unas horas tomando un poco de todo, siento como la bebida recorre todo mi
cuerpo, haciendo que pierda la cordura de todo al mi alrededor. Eran como las dos de la
noche, la fiesta está estupenda, la música a todo volumen, las personas bailando al ritmo de
la música, algunos se besan por algunas esquinas del lugar. Decido salir a bailar un poco,
antes que pase todo el efecto del alcohol y tenga que recordar mis desgracias que tengo
que llevar conmigo día a día.

Muevo mis caderas al ritmo de la música, por primera vez me siento libre sin ningún
problema en mi mente, sin tener que fingir ser alguien que jamás seré, la música va
subiendo de tono, haciendo que mis movimientos se vuelvan más intensos.
En eso veo a Marco de lejos quien me miraban con intensidad, sonrío coquetamente,
recibiendo una sonría nerviosamente ante mi acción.

¿Acaso le gusto?

No. Eso no puede ser, debo estar muy ebria para pensar tremenda ridiculez.

Cuando estaba por ir en busca de Marco, siento unas fuertes manos que me agarran de mi
cintura expuesta haciéndome estremecer, pero eso no fue la peor, en el momento que habló
supe de quién se trataba.

—Buenas noches, niñita —murmura roncamente contra mí haciendo que un frío recorra mi
cuerpo.

Después de eso todo se volvió confuso, peleas, besos en un cuarto; yo y él en una cama
cometiendo el peor pecado de nuestras vidas e iniciando nuestra historia.

Capítulo 9
Alessandra

Me muevo entre las sabanas en busca de cubrir mi rostro de los rayos del sol, pero sin
mucho excito. Al abrir mis ojos muy lentamente, un fuerte dolor de cabeza viene haciendo
que cierre con fuerza mis ojos.

Porque coño tomo tanto...

Cuando por fin puede abrir mis ojos, empiezo a ver todo al mi alrededor... Espera, esta no
es mi habitación. En la habitación en la que me encontraba era completamente roja con
algunos detalles negros, tenía como temática elegancia con algunos detalles victorianos.

La cama era enorme, de ella colgaba un velo trasparente color rojo, también tenía un gran
espaldar color negro y las sabanas seda era tan suave sobre mi cuerpo desnudo que podía
quedarme todo el día durmiendo.

Volteo para ver quien está durmiendo a mi costado, era atractivo como me gusta, rubio con
unos músculos del demonio, pero no puedo verle la cara, ya que dormía boca abajo.

Suspiro con estrés, seguro ahora mi familia se debe estar preguntando por mí, al
levantarme siento un fuerte dolor en mi entrepierna haciendo que me vuelva a sentar a la
cama.

¿Qué coño paso la otra noche?, que ni siquiera me acuerdo, puesto que estaba al límite con
tanta bebida que tome.
Agarro la camisa que encontré en el suelo que seguro es del desconocido, con dificultad me
levanto empiezo a buscar mi ropa de anoche, suspiro al encontrar todo, pero mis bragas
estaban completamente rotas.

Tuve sexo con un animal... Definitivamente.

Me acerco hasta él, al hacerlo se me escapa un grito de horror al ver a mi peor pesadilla
dormido pacíficamente. Tuve sexo con el prometido de mi hermana... Prefecto, ahora soy
una completa estúpida.

—despierta —le tiro un manotazo en su hombro, pero sin mucho excito.

—¡despierta! —grito con enojo.

Alexander gruñe para callarme, pero no pare de gritarle. Él se voltea para volver a dormirse.

—Cállate —murmura.

Yo gruño con estrés porque necesitó volver a casa.

—Alexander, porque no te volteas y miras con qué mujer pasaste la noche —sugiero
decidida.

Una parte de mí quería volver a ver la cara pálida que puso Alexander al verme, él se talló
sus ojos porque no podía creer la imagen que está viendo ahora.

—No me jodas... —Alexander me observo por última vez, no se la creía, parece que no era
la única que tenía unos tragos de más.

—Tuvimos sexo —me aguanto la risa mientras me echo a su costado para poder admirar su
cara toda confundida —¿Qué se siente tener sexo con una niña?.

Alexander pasa sus manos por su cabello con frustración, ¿cómo no estar enojado?, se
levantó a lado mío, tuvo sexo conmigo y para empeorar todo era su cuñada.

—Alessandra, no es hora de juegos —Alexander advierte con una mirada de pocos amigos.

Yo me levanto de la cama para dirigirme al baño, al entrar me observo, casi salto del susto
al ver por todas partes marcas desde mi cuello hasta mis pechos.

Salgo del baño, roja de enojo, Alexander me observa sin importancia mientras se
acomodaba sus pantalones.

—Me marcaste como una vaca, ¡eres un animal! —chillo con desesperación.
—no eres la única viste mi espalda, Alessandra parece que estuvo en una peleas de gatas
psicopatías. Tu gatita que tienes ni siquiera me araño tan feo como tú —Alexander señalo
con enojo su espalda.

Tenía razón...

Con furia entro al baño para tomarme una ducha de diez minutos, me sentía sucia,
asqueada conmigo misma, ¿Por qué Alexander?, de todos los hombres disponibles esa
noche me ligué a Alexander.

Salgo en vuelta en una toalla blanca, al salir encuentro un top con un short, miro por todas
partes para asegurarme que no esté en la habitación. Tan rápido como pude me cambie,
tomo el pomo de la puerta para largarme una vez por todas, para mi mala suerte al abrir la
puerta me encuentro con la figura de Alexander.

—Tan rápido te vas.

—Tengo cosas que hacer, pero tranquilo tu secreto está guardado, lo único que quiero es
olvidar esto—aclaro.

—Opinó igual. Esa noche fue un error y ni siquiera me acuerdo —dijo con un tono raro.

Salgo con las emociones a mil mientras me mordía las uñas y trataba de pensar el como,
¿Cómo pudimos hacerlo? Me iré al infierno, lo bueno que Alexander también.

...

Alexander

Al escuchar la puerta cerrarse suspiro con frustración, porque tuve que ligarme Alessandra,
de todas las mujeres del mundo elijo a la niñita, me siento en el suelo de mi habitación y
pienso sobre esa noche.

Mentí, me acuerdo todo lo que hicimos y vaya que hicimos mucho.

Cierro mis ojos al recordar lo excitante que fue sentir sus labios contra los míos, la forma
que acariciaba mi pecho, sus leves jadeos al sentir mis labios en su cuello.

Alessandra es linda y cualquier hombre que tiene ojos lo pude admirar. Solo un tonto no
percataría su belleza.

Una imagen muy explícita viene a mi mente, Alessandra empapada de sudor mientras me
permitía hacerle de todo, su cabello rojizo estaba todo empapado de sudor, su leves
gemidos y por mi parte yo estaba atacando sin piedad sus firmes y grandes pechos.
Mierda.

Mi debilidad son las pelirrojas.

Sentí mi miembro despertarse, tensándose contra mi pantalón.

¿Por qué me pasa esto? Cuando la vi por primera vez sentí algo, ella es como un sueño,
están linda y diferente.

Habría pensado en cualquier cosa, pero mi cabeza solo me hacía recordar su firme trasero
y lo delicioso que fue probar su pequeño he estrecho coño.

Imágenes de su delicada piel sobre la mía, la forma que se erizaba cuanto mi tacto hacía
contacto con ella.

Lentamente, empece abajar la cremallera de mis pantalones para liberar mi muy evidente
erección, que lo único que hacía era creer más con cada recuerdo que venía a mí.

Todo de ella me volvió loco esa noche.

Recordé el sabor de su piel, la manera que gemía para mí cuanto la penetraba sin piedad.
Ella simplemente era una diosa en la cama.

Su mirada era inocencia pura esa noche, pero todo lo qué hicimos, todo lo que me dejo
hacerle, no era nada inocente.

Ambos bebimos de más y como estoy bien informado tenía la dirección de la fiesta y quería
verla. Como baila, joder. Si el Diablo fuera mujer sería Alessandra.

Te hace desearla tanto, hasta el punto de no poder más.

Envolví mi erecto miembro con mi mano y le di un apretón, liberando un poco la tensión,


gruño levemente por la gran excitación que estoy sintiendo, mi tacto no se compara con la
de Alessandra, joder, esa niñita sabia hacerlo de una manera que hacía sentir en el mismo
infierno.

Cada vez que recordaba la exquisita sensación de estar dentro de ella, fue un privilegio
sentirla era tan excitante cada movimiento que hacía con sus caderas en busca de más
fricción entre su cuerpo con el mío. Fue una noche inolvidable.

Con mayor fuerza bombeó mi miembro, tocándome en los lugares donde yo conocía
perfectamente, mientras las imágenes de Alessandra tocándome todo el cuerpo viene a mi
mente sin piedad. Y con eso llegue a mi límite.

Capítulo 10
Alessandra

Al verme al espejo sonrió satisfecha, tenía puesto un vestido color negro que apretada
desde mi cintura para abajo, la parte de mis pechos dejaba mucho al descubierto.

Me gusta que me observen. Que me deseen con locura. Yo lo merezco.

Por último me coloco algunas pulseras en mis manos para dar el toque final de mi prenda
de esta noche.

Pasaron como tres días desde el error que cometí con Alexander, pero desde ese día me
siento extraña como una sensación de peligro corre por mi cuerpo, algunos recuerdos de
esa noche vinieron a mi cabeza, la forma que lo hacía era demandante y agresivo.

Como me encanta lo demandante.

Bajo las escaleras con seguridad, veo a mis padres hablando entre ellos, Natalia está con
Alexander hablando con cercanía, pero en el momento que nuestras miradas se
encontraron sentía como se tensaba viéndome de pies a cabeza.

¿Tengo algo malo?

—Estas linda —mi madre sonríe al verme.

—Gracias, madre —sonrió alagada, mi mirada posa en Alexander, quien me estaba


observando desde que aparecí en su campo de visión.

Él es muy atractivo, trae un terno color negro que le queda prefecto, su camisa está entre
abierta dejando ver una parte de su pecho.

Malditas hormonas que me hacen desear cosas que no debo.

—Iré haber si mi bebé tiene agua y comida —hablo sin apartar mi mirada de Alexander.

—Claro, te vemos afuera —mis padres se despiden.

Entro a la cocina en busca de mi gatita, pero nada, es extraño ella siempre está en la
cocina, le gusta dormirse aquí y no entiendo porque; le compre la mejor cama de gatos y
esta duerme en el suelo.

—¿Mi niña, donde estas? —la llamo, pero nada.

Estoy asustándome, algo lo paso, yo lo sé. Jamás me dejaría, se lo mucho que odia salir de
casa.

La puerta de la cocina se abre y observo a Alexander con preocupación.

—No la encuentro —murmuro en voz baja.


Este se acerca, con la intención de acariciar mi hombro, pero se detiene en medio camino.
¿Jamás volverá a tocarme? Que tonto.

—Los gatos aveces se esconde, vamos a la fiesta y seguro la encuentras cuando lleguemos
—su voz no sonaba convincente. Podía sentir su mentira.

—¿Tú sabes dónde está? —pregunto, siento un dolor en mi corazón —. Por favor dime que
le sucedió.

Mi mirada lo observo con los ojos llorosos y rogando saber la verdad.

Alexander baja la mirada y puede entenderlo todo.

—Fueron mis padres, ¿cierto?...¡lastimaron a mi bebé! —sollozo, con el cuerpo temblando.

El mejor amigo de mi padre me la regalo y no supe más de ese señor, pero fue el mejor
regalo que tuve. Mi gatita fue mi compañera de vida, dormimos juntas y veíamos películas,
hasta estuvo cuando lloraba por culpa de mis padres.

—Tu madre la mandó a dormir y quise hacer algo por ella, pero ya era demasiado tarde.
Cuanto lo siento, Alessandra.

—¡¿Lo sientes?! Eres igual a ellos, te juntas con gente mal y eso me hace pensar que eres
igual —lo señalo con furia —. Te odio y no quiero volver hablar contigo...eres un
desconocido para mi.

Me dolía el corazón y no podía llorar frente a él. Supo lo que le hicieron a mi gatita y no
pudo evitarlo o decírmelo...Yo merecía saberlo, merecía despedirme de ella. Seguro estuvo
muy asustada y no puede estar junto a ella para abrazarla.

—Alessandra, yo jamás quería esto. Tu madre es una loca y se enteró de tu


comportamiento en el colegio y se puso como una loca —anunció, colocando sus manos en
mis hombros —. No me odios por algo que yo no hice.

Sollozo en voz baja y siento como mis piernas flaquean. Alexander me abrazo, colocando
mi cabeza contra su pecho y sin más suelto toda la tensión de mi cuerpo, abrazándolo con
fuerza.

—Duele...duele mucho.

Mi familia siempre me quito todo lo bueno que llegue a tener y no entendí el porqué, jamás
les hice algo, pero creo que mi comportamiento jamás les gusto, buscando la forma de
castigarme por ello.

—Lo se, como también se que esto pasará —me separo de su pecho y con su pulgar limpio
mis lágrimas —. Ahora debemos salir de aquí y pretender ser fuertes, ¿vale?
Asiento y sin más salgo. No podía quedarme aquí.

***

Tomo un sorbo del vino, miro a todas las personas que están hablando entre ellas, mis
padres están hablando con una pareja y odio verlos sonreír como si nada.

Mataron a un animal injustamente y están así. Tengo ganas de clavarles la misma inyección
para dormir, una y otra vez hasta verlos muertos.

En eso siento una mano en mi hombro que hace que voltee al instante dejando ver a...

—Pablo —anuncio sin humor.

—Alessandra —respondió con una sonrisa pícara.

—No sabía que vendrías a esta reunión —admito mientras daba otro sorba a mi vino.

La presencia de Pablo me pone tensa, ya que mi familia se puede enterar de algunas cosas
terribles que hago a la luz de la noche.

—Alexander me prohibió venir, pero me encanta romper sus reglas —se acerca lentamente
hacia mi—. Estas hermosa esta noche.

Está por acariciar mi cabello cuanto una mano agarra su muñeca de Pablo, deteniendo
cualquier contacto conmigo.

—Te ordene alegarte de ella, hermanito —Alexander lo mira seriamente.

Yo trago duro al ver como los dos pelean con la mirada, una parte mía sentía incomodidad,
pero la otra le gustaba ver su pelea de hermanos que están teniendo por mí.

—Mejor dejemos esta pelea, chicos y vamos a otra parte a solucionarlo —agarro Alexander
de la mano, al igual que Pablo, para llevarlos a un lugar más privado.

Salimos al jardín trasero que por cierto es muy grande, esta tiene una piscina olímpica.

—Ahora pueden pelear a su gusto —declaro seria, tomaba asiento en las hierbas del
jardín.

Alexander y Pablo se empieza a gritar con enojo, entiendo a Pablo, Alexander no es el rey
del mundo para ordenarle que hacer o que no hacer.
Ok, admito que los traje aquí para verlos pelear. Es que amo ver a dos hermanos peleando
y más si la causa puedo ser yo. Pero igual odio el comportamiento de Alexander, y entiendo
el punto de Pablo.

Pudo evitar la muerte de mi mejor amiga y no lo hizo, y lo peor es que se casará con Natalia
y ella es igual a mi madre.

Eso me hace pensar que Alexander es tan malo como ella.

Me percato que la pelea está subiendo de tono, hasta el punto que Alexander le tira un
empujón a Pablo... Mierda, tengo que pararlos antes que empiecen con los golpes y la
gente venga.

Respiro profundamente para levantarme de las hierbas e ir hacia ellos.

—¡basta, por favor! ¡Son hermanos y no deben sentir tanto odio entre ustedes! —los miro
con los ojos llorosos a los dos, haciendo que los dos volteen a verme con cofunción.

Lágrimas caen por mis mejillas al verlos como dejaban de pelear.

Esta noche llore todos veces y solo una fue de verdad.

—Será mejor irme de esta desagradable escena.

Me volteo de espaldas para irme corriendo a otro lado, escucho los gritos de Alexander que
dice que pare, pero lo ignoro.

Ser dramática es mi especialidad.

Al llegar a un lugar seguro limpio mis lágrimas mientras sonrió, quisiera sentirme mejor con
todo esto, pero en mi cabeza todavía está mi gatita.

No, debo ser fuerte, no dejaré que mi madre gane esto; yo saldré con la cabeza en alto y no
permite que vuelva a lastimarme.

En eso siento unas manos frías que me jalan de las muñecas para ponerme contra la pared
sin mucha delicadeza.

—Eres una mentirosa, ya sabia que estabas fingiendo —Alexander gruño.

—Lo hice bien, ¿cierto? —pregunto con una sonrisa tallada en mi rostro.

—Niña malcriada —murmura con seriedad, mi cuerpo se estremece al oírlo y no puedo


evitar sentir mis mejillas arder

—Ahora soy una niñita, porque aún puedo recordar todas tus palabras sucias de anoche —
paso mis manos por su pecho.
Quiero olvidar y esto ayuda.

Al hacerlo, Alexander con brusquedad pega su cuerpo contra el mío, dejándome sentir su
muy evidente erección.

Empiezo a bajar mis manos hacia sus pantalones, Alexander jadea roncamente al sentir mi
mano en su zona necesita, está por empezar a mover mi mano cuando mi teléfono suena
haciendo que me separe de Alexander al instante.

Quería contestarle y cuando estaba por hacerlo, Alexander me arrebata el teléfono y lo tira.
Sin previo aviso estampa sus labios con los míos, trato de separarlo golpeándolo en el
pecho, pese a eso él coloca sus manos en mi mentón evitando que me separe.

Así pasamos unos minutos besándonos sin parar, sabíamos que esto estaba mal, pero lo
malo siempre sabe mejor.

Capítulo 11
Alessandra

Después de ese beso, Alexander me dejo sola con todas las emociones confusas por su
causa, ¿no va a hablar al respecto?

Sentada en la gran mesa sola tomando grandes sorbos de vino, observo como Alexander
baila felizmente con mi hermana, qué hipocresía de su parte, pero a quien engaño yo hago
lo mismo constantemente.

En eso siento como alguien besa mi mejilla, haciendo que voltee sonriente, como no
reconocer esos labios y ese aroma que porta mi querido mejor amigo Marco Richard.

—Estas hermosa —Marco sonríe al verme.

—Siempre lo estoy, Marquito —agrego con una sonrisa tierna.

—Lo siento, tienes toda la razón —ríe, con un leve sonrojado —. ¿Quieres bailar?

Su propuesta me dejó sin aliento, asiento, aceptando su mano e irme a la pista de baile con
él.

Marco es mi mejor amigo desde que tengo siete años de edad, pero su familia no es la gran
admiradora de la mía, donde por hecho que nuestra amistad tenga muchas complicaciones
a la larga.

Pero igual lo quiero. Es mi amigo.

Colocó mi cabeza en su hombro, dejando que la música haga su magia con nosotros.
Marco por su parte puso tímidamente sus manos en mi cintura mientras bailamos con
calma; dirijo mi mirada a Alexander y una sensación mala se apoderó de mi cuerpo. Lucia
tenso, irritado, ¿celoso? No, él jamás estaría celoso por alguien.

Me lo quedo viendo como tonta y él me miro con intensidad. Sus ojos azules brillan más,
destacaban como nunca...era impresionante verlo, admirar lo guapo que es.

—Oye ese hombre que está bailando con tu hermana... No es el que estaba contigo en la
noche de Halloween —me saca de mis pensamientos.

Le doy una sonrisa fingida, negando en desaprobación.

—Claro que no, seguro vistes mal —entrelazo mi mano con la de él, haciendo que Marco se
sonroje al instante de hacer contacto con su mano.

—Tienes razón, seguro me estoy confundiendo —me observan sonrojado y yo le sonrió


coquetamente.

Usando mi segunda arma, atrapar a tu objetivo con tu belleza porque no hacerlo, soy
hermosa, nadie puede negar eso.

Después del baila, llegó la hora de los aperitivos y lo desagradable fue verle la cara a mis
padres. Era obvio, debía estar sentada en la misma mesa.

Le doy otro sorbo al vino mientras escuchaba la historia de amor de Alexander y Natalia.

—Fue mágico, él era un sueño y cuando me invitó una copa no pude negarme —Natalia
cuenta con ilusión —. Después empezó nuestra linda historia de amor, ¿cierto, Alexander?

—Claro, fue suerte mía conocer a una mujer tan belleza y buena persona como tú —sus
palabras fueron forzadas, tanto que lo observe con mala cara.

—¿Hermana, podemos irnos a casa? —le ruego.

Tengo tantas ganas de salir de aquí. Quiero tirarme a mi cama y dormir sin parar, lo
necesito, después de todo mañana me despertaré con los brazos vacíos...sin mi gatita.

—Sí, será mejor irnos —sonríe, levantándose.

Todo el camino en el auto mis padres me sermonean sobre mi amistad con Marco y no
pude evitar querer callarlos a golpes, pero respiré hondo y reuní todo mi autocontrol.

Salgo casi corriendo del auto, subiendo hacia mi habitación; donde me esperaba una ducha
caliente.

Al tomar una ducha placentera decido salir del baño, pero salto del susto al ver Alexander
en mi balcón inhalando un cigarro.

¿Qué carajo?
Me acerco con cuidado hacia al balcón, me pongo a su costando para mirarlo con
confusión.

¿Por qué cojones está en mi habitación?

—¿Qué haces aquí? —le pregunto con cierto enojo, no puede pensar en todas las
consecuencias que puede pasar si lo encuentra aquí.

Él da una profunda inhalada a su cigarro para sí apartarlo de sus labios.

—Me gusta la noche, es lo único momento en que uno puede apreciar lo que pasa fuera y
dentro de uno mismo —murmura con seriedad.

—Sabes, no estoy para tus estúpidas referencias, tienes que irte —le exijo con frustración.

Él tira su cigarro por el balcón para arreglarse y ponerse frente a mí, él era mucho más alto
que yo, mi cabeza llegaba hasta su pecho y si quisiera besarlo tendría que ponerme en
puntitas.

Pero que estoy pesando.

—Aléjate de Pablo —me ordena con una mirada desafiante y no tardo en mirarlo de la
misma manera —. No es una petición, es una orden.

¿Ordenarme? Quien se cree que es para mandarme, que le vaya a dar órdenes a mi
hermana, pero a mí no.

—Sabes, puedes meterte tus ordenes por el culo —digo desafiante.

—Solo trato de no meterte en las cosas de adultos, niña —reprocho con seriedad, mientras
se acerca a paso lento a mí.

—No soy una puta niña —copio su acción y me acerco con cautela hacia él.

Cuando estoy lo suficiente cerca, él lleva sus manos a mi cintura y agachando su rostro
hacia mi altura, podía sentir su respiración fresca contra mis labios, una rara sensación se
apoderó de mi estómago, no puedo explicarlas, pero tengo ganas de volver a besarlo.

Tomo unos pasos atrás de Alexander para poder respirar con normalidad, estaba por
meterme de nuevo a mi habitación, pero Alexander me leyo la mente porque cuando estaba
por hacerlo, él me agarró de mi cintura para pegarme nuevamente contra su cuerpo.

Estaba impactada por su acción que ni siquiera me di cuenta, hasta unió sus labios con los
míos, creando un beso lleno de necesidad.

La forma que besaba era lenta, pero a la vez tomaba sin piedad mis labios, su lengua busca
la mía y luego con sus dientes mordió mi labio inferior y tiro de el con lentitud.
Me agarra con fuerza los hombros para luego separarme de sus labios con lentitud, sus
labios están hinchados y húmedos como los míos. No lo creía, Alexander me acaba de
volver a besar.

—hazme caso niña —ordeno agitado mientras me observa—. Ten buenas noches.

Dicho eso me suelta y se va como si nada hubiera pasado.

Después de tomar el control de mi cuerpo, me acuesto con cansancio, a la vez que pensaba
en como encontrar a esos tres hombres que me arruinaron la vida... Necesitó ayuda.

Capítulo 12
Alessandra

Lunes, el día que todo humano odia, pero los adolescentes los odiamos más, ya que es el
día donde entramos devuelta a la tortura de la escuela. Verle la cara a todos mis
compañeros de mierda hace que mi frustración crezca cada vez más... En serio es una
tortura, prefiero que un carro me choque, en estos momentos tan frustrantes.

Olivia y Clara están dormidas como unas rocas, Marco está raro. Cada vez que lo
observaba se ponía nervioso, eso significa que me está ocultando algo... Odio que me
oculten cosas.

Al escuchar el timbre de salida agarro mis cosas lista para irme y salir de esta mierda de
clase, pero sin antes meterme en el camino de Marco. Necesito saber que me está
ocultando.

—¿Qué está pasando contigo? —expreso con cierto enojo porque él no debe ocultarme
nada.

—Nada —dice cortante.

—En serio crees que me voy a creer esa mierda, dime que sucede —murmuro en voz baja,
paso mis manos por sus hombros para suavizar la tensión de su cuerpo.

Su mirada se impregna con la mía, Marco pasa un mechón de mi cabello rojizo atrás de mi
oreja con delicadeza, trayéndome un recuerdo que ni siquiera recordaba, esta hoy.

Alexander besándome ferozmente mientras me agarra sin mucha delicadeza mi cabello


para profundizar más su beso hacia mí... Como si quisiera marcar mis labios con el sabor
de los suyos.

En eso Marco anuncia algo que hace que salga de mi trance.

—Alessandra, me gustas...—Marco confeso haciendo que habrá los ojos como plato.
Está por decir algo cuanto Marco me besa para callarme, al sentir sus labios contra los míos
esperaba otros sentimientos como desesperación, enojo, que tratase de dominarme, pero él
era tierno y delicado con el beso, siento otras emociones con este beso, pero al abrir mis
ojos en poco en vez de ver a Maro veo a Alexander.

Espera, !¿qué?!

Cierro mis ojos para concentrarme en el beso de Marco, pero el recuerdo de Alexander
aumentaba cada vez más y empujó a Marco de mí para poder respirar.

—Lo siento...—digo para salir corriendo del pasillo.

Sé que acabo de romperle el corazón al mejor chico del mundo, pero no soy capaz de
amarlo... No soy capaz de amar a nadie.

Espero que me perdone.

...

—Pobre Marco —Olivia dice entre risas mientras hacía abdominales.

Yo ignoro su comentario para continuar con mi rutina de ejercicio. Clara y Olivia a veces
vienen a mi casa para entrenar un poco conmigo.

Salgo de la caminadora, agitada por tanto ejercicio, pero vale la pena.

Si quieres algo bueno en tu vida, tienes que esforzarte al máximo. Darlo todo.

Eran como las dos de la tarde, almorcé sola, ya que mis padres están en su junta de trabajo
y mi hermana se fue a la prueba de vestidos y Alexander está trabajando, dejándome sola
en esta gran casa.

—si fuera tú, lo acepto, es lindo y cariñoso —Clara me ruega.

—Marco es mi mejor amigo, no quiero que le pase algo por mi culpa —empiezo hacer
sentadillas.

Estos días siento como si alguien me observara desde lejos, pero al voltear no me
encuentro con nadie, definitivamente estoy loca.

—Chicas paren, necesito hablar —tomo asiento en el suelo para poder recuperar un poco el
aire.
Ellas se sientan a mi lado con cansancio, Clara tomo con desesperación su botella de agua
y una risita se me escapa al verla.

—¿Encontraron algo sobre Alexander? —pregunto sería, Olivia asiente con orgullo al
mostrarme una carpeta amarilla.

—Bueno, entre al estudio de mi padre donde encontré esta carpeta que decía que
Alexander Brown mando más de siete millones —al escuchar eso quedo pálida tanto dinero
tiene ese hombre —. Alessandra creo que tu lindo cuñado está metido en cosas ilegales
porque nadie regala tanto dinero.

—Tienes razón Olivia, pero con esto Alessandra sabes que Alexander tiene poder en los
negocios ilegales, eso significa que le puedes pedir ayuda para encontrar a esos hombres
—Clara dice con delicadeza, sabe que un miedo se apodera de mí al recodar a esos
hombres.

—No creo, Alexander no es un hombre de fiarse —pongo mi cabeza en el hombro de Clara


con cansancio.

—Puede ser, pero ten esta carpeta contigo por si las cosas empeoran —Olivia me entrega
la carpeta, lo cual acepto sin dudarlo.

Dicho eso las chicas se despiden de mí para irse a sus casas, sus madres son unas
histéricascuando no viene a su hora indicada.

Tomo una ducha de diez minutos para salir relajada con unos shorts color negro puesto y
con una blusa a juego.

Bajo a la sala para ver tele en rato, estoy aburrida, pero cuando estaba por sentarme la
puerta de la casa se abre dejando ver aún Alexander cansado.

—Buenas tardes, niña —me saluda con una fingida sonrisa mientras deja su maleta sobre
la mesa, seguro ya se va a su habitación a esperar a su próxima esposa.

Ignoro su comentario para prender la tele y buscar algo para ver, pero en eso siento unas
fuertes manos que me agarran de mi mentón, haciendo que voltee para encontrarme con
una mirada seria de Alexander.

—¿Acaso no sabes hablar? —pregunto frustrado.

Creo que no le gusta que lo ignore.

—hablo desde que era una bebe —digo con una sonrisa.

—Tus padres no te enseñaron educación, pero tranquila yo te enseñaré —anuncio


duramente.
Estaba por irme, hasta que Alexander me agarra de las muñecas, trato de apartarme de su
agarre con fuerza, pero solo empeoro todo.

—¡suéltame o gritaré por ayuda! —chillo con desesperación.

Me tapa la boca con su fuerte mano haciendo que no pueda gritar. Cambio mi mirada a una
llorosa y este se doblega al verme.

—Te sacaré mi mano Alessandra, pero si gritas te juro que te irá mal —advirtió, saca su
mano de mi boca y siento como el aire vuelve a mis pulmones.

Mi mirada queda fija en él y supe que lo odia con todo mi ser porque no solo se comporta
como un cretino, sino qué hay momentos donde están bueno que te pones a pensar si en
verdad es así, pero tiene dos versiones y ambas las conozco. Y no siento miedo de
ninguna.

Me levanto para poder irme, pero una mano me impide, gruño en voz baja para volver a
mirarlo.

—Alexander, me puedes dejar en paz —trato de sacarme de su agarre, pero este era
imposible, él era mucho más fuerte que yo.

—Qué es lo que ocultas niña —murmura seriamente.

Tiene razón oculto algo, pero todavía no estoy lista para contarlo a alguien, no estoy segura
todavía de hablar del tema.

—Eso no es tu problema —declaro.

No sé como conseguí las fuerzas, pero logro sacarme su agarre para irme a mi habitación,
encerrándome con seguro

Odio, impotencia, sentía porque estás cosas tan horribles me pasan a mí, todos me
pregunta por qué soy cruel, pero no soy cruel, soy realista. Fui dulce una vez con la persona
incorrecta y me lastimo. Soporte más de lo que debía soportar, aguante todos los insultos
de mis padres con tan solo seis años y cuando me mandaron a ese lugar me sentí tan sola
y me preguntaba como mi propia familia podía lastimarme tanto.

Y al final me volví una chica que no le importa nada, solo sobrevivir en este mundo de
mierda.

Capítulo 13
Alessandra
Ya pasaron unas semanas desde que le rompí el corazón a mi mejor amigo, pero tengo que
continuar mi vida. Hoy tengo cosas muy productivas para hacer, primero necesito llamar a la
persona que me va a ayudar, saco mi teléfono para entrar a WhatsApp.

Parasito

—oye necesito que vengas al café que queda a la esquina de mi colegio.

Le escribió rápidamente, esperando su respuesta unos minutos puedes veo una


notificación.

—¿Por qué haría eso?

—solo mueve tu culo de mierda y ven.

Guardo mi teléfono, no quiero empezar una discusión, él tiene que venir y punto.

Miro a mis alrededores la tienda de café es muy agradable por todas partes tiene como
decorativos de flores y retratos de café. Lo bueno de este lugar que a esta hora de la
mañana la gente casi no viene por aquí dejando el lugar perfecto para hablar con
Alexander.

En eso la puerta de la tienda se abre, dejando ver a Alexander con una mirada de culo, lo
bueno que se viste bien, tenía puesto una camisa color negra pegada dejando a la
imaginación y para terminar un saco grande color marrón con unos tejanos color negro.

Toma asiento frente a mí con seriedad, yo le sonrío para irritarlo más haciendo que el
apriete un poco sus puños.

—¿viniste solo?

—No, vine con mi niño interior, mis amigos imaginarios y mis demonios internos, somos
legión —Alexander dice con sarcasmo haciendo que ruede los ojos.

—Bueno, necesito que me regales dos millones de dólares —sonrió con inocencia.

—Estas loca, si crees que voy a regalar ese dinero —ríe como un loco —. Dame una simple
razón para darte esa cantidad.

—Vamos Alexander conozco tus secretos y tus debilidades. No me quieres como enemiga
—lo observo seriamente al igual que apretaba ligeramente mis piernas por el enojo que está
causando.

—Mira niñita, tú no eres la única que sabe mis secretos o debilidades. Por lo que se, tú
tienes una arma en el cajón de tu ropa interior y no voy a nombrar esa foto de tus padres
con palabras horribles y cortadas que les hicistes. Todo bajo tu cama, ¿No tuviste una mejor
idea? Los locos siempre ocultan cosas bajo las camas.
Al escuchar Alexander me empiezo a reír nerviosamente porque parezco loca por portar
armas o por a cuchillar una foto de mis padres cada vez que estoy enojada, pero no lo
estoy, ¿cierto?

—Tengo dos cosas que decir, primeramente porque estás buscando entre mi ropa interior y
sobre la foto, es una forma de expresar mis emociones hacia mis padres —explico sin
importancia.

Alexander pone sus brazos sobre la mesa para acercarse más a mi, provocando un ligero
temblor recorra mi cuerpo otra vez.

—Eres una psicópata, niña, no mejor te pondré otro apodo —Alexander finge estar
pensando y mis ganas de ahorcarlo aumentan a mil —. Destripadora.

Al decir ese apodo gruño con estrés porque él es capaz de llamarme en público con ese
apodo nuevo que me puso.

—Vas a darme el dinero, ¿si o no? —cuestionó por último, esta conversación que estamos
creando probablemente termine en un asesinato.

—Está bien, pero tengo una condición —sonríe con malicia.

—Te escucho.

—Harás todo lo que te ordene por una semana —murmuro con arrogancia, sabe que tengo
que aceptar.

—Esta bien, Alexander. Ahora me tengo que irme a dar un paseo con Pablo —al decir eso
Alexander cambia su cara de arrogancia a una seria.

Me levanto dispuesta a irme, pero las fuertes manos de Alexander me agarran de mis
hombros, haciendo que no me pueda mover.

—Te ordeno que te alejaras de mi hermano.

—Tú no eres nadie para ordenarme —dicho eso me suelto de su agarre para irme de la
cafetería, dejando a un Alexander furioso

***

—Gracias, Pablo, por hablar con la directora sobre la razón que falte —agradezco al salir
del auto de Pablo.

Como dije Pablo es un hombre encantador...es todo lo contrario a su hermano.

Conocerlo en esas fiestas enmascaradas fue algo bueno. No solo follamos, sino que ahora
tengo una agradable amistad con él y vaya que me cae bien
—Tranquila, amo las mentiras —sonríe con picardía.

—Opinó igual, pero ahora me tengo que ir —me despido para sí empezar a caminar para
irme, pero en eso veo un carro lujoso color negro que conozco tan bien. Yo me volteo para
regresar a donde Pablo y agarrarlo de su camisa para besarlo.

Alexander me está siguiendo, ¿quién se cree para hacerlo?, pero espero que esté
disfrutando la vista mientras beso placenteramente a su hermano.

Me separo de Pablo lentamente para verle su cara de sorprendido, robándome una risita
única.

—Hora me voy —me despido de Pablo con un beso en la mejilla para irme en busca de una
persona que le debo mi vida.

Camino por unas horas hasta llegar a un callejón oscuro de mala muerte, entrando en
busca de persona más especial que puedo tener. Al llegar a la casa toco el timbre tres
veces, esperando a esa persona, él es tan especial para mí y lo amo demasiado.

—Hola, Preston —saludo con una sonrisa de tristeza.

—Hola, Rapunzel —sonríe.

Al escuchar el apodo que siempre me puso Preston hizo que mis ojos se llenaran de
lágrimas, porque él no me lo puso porque sea físicamente igual a Rapunzel. No. Él me lo
puso porque desde que tenía trece años hasta mis quince lo pase encerrada en un
reformatorio donde me hicieron pasar cosas horribles. Pero gracias a Preston quien me
rescato cuando tiene catorce años y todo un año me quede a vivir con él y para que mis
padres no se enteraran que me había escapado del reformatorio.

Ustedes dirán que tuve algo con Preston, pero él me ve como su hermanita pequeña y yo lo
veo como el hermano mayor que siempre soñé. Me rescato, me cuido cuando nadie lo
hacía, ya que mis padres ni siquiera ve visitaban, por esa razón jamás se dieron cuenta de
que me escape.

—Ya creciste Rapunzel —dice orgulloso.

—Por desgracia, bueno para lo que vine era para hablar sobre el dinero que te consigue
para la cirugía de tu mamá —declaro con pena.

Preston no es de dinero por lo tanto no vive tan bien como quisiera que lo hiciera, pero su
madre esta muy enferma y que necesita una cirugía que cuesta más de un millón de
dólares, están injusto que cobren, todos tenemos derecho a tener salud por igual, pero
como el mundo solo se mueve al dinero, casi las personas de bajos recursos no reciben una
consulta digna. ¿Saben todos los tristes casos de niños enfermos qué hay? Es mucho y no
comprendo como es posible eso, pero el mundo es así; nuestro sistema de salud es malo y
tardaremos siglos en mejorarlo. Quizás jamás lo hagamos.
—Claro, entra.

Preston se hace a un costado para que entre, al hacerlo una cosita peluda viene hacia mí,
haciendo que grite del susto, pero al ver que era Domik sonrió con alegría, era el perrito que
me compro Preston cuanto llegue por primera vez a su casa.

Está tan asustada, golpeada y con mucha hambre.

—Como esta mi segundo bebe —cargo a Domik en mis brazos para acariciar su pancita.

—Cada vez más gordito —Preston ríe al ver como Domik se duerme en mis brazos.

Tomo asiento en sofá pequeño veo todo al mi alrededor, la casa no era tan lujosa, pero para
Preston está bien, aunque yo le propuse que se quedara en una buena casa que yo
pagaría, pero él se negó...como siempre.

—Ahora dime como esta tu mamá.

—Mal, Rapunzel, dice que necesita con urgencia la cirugía, casi toda esta semana estaba
en cuatro trabajos para horrar, pero no llego a la cantidad que me piden —Preston dice con
cansancio.

Preston tenía como veintinueve, pero parecía de menos, era demasiado pálido como una
hoja de papel, seguro que no duerme a sus horas por estar trabajando tanto para poder
darle lo necesario a su mamá.

—Preston desde cuanto no duermes bien, no me gusta verte así porque luego yo me pongo
mal —suspiro con preocupación.

—tranquila estoy bien Rapunzel, solo quiero que estés bien, no quiero que te preocupes por
mí, eres como mi hermanita, necesito que estés bien —dice con cariño y no pude evitar
abrazarlo con fuerza.

No me gustan los abrazos, pero necesito esto. Preston es la mejor persona que conozco,
me cuido cuanto no tenía nada y desde ese día comprendí que tu familia te puede traicionar
y dejarte a un lado sin remordimiento. Como lo hicieron conmigo.

—Por favor Preston cuídate porque si mueres soy capaz de descontrolarme y volverme una
loca sin control —sollozo mientras me aferro más a él.

—Te prometo que me cuidaré, pero tu también cuídate, pobre que me entere de que estás
haciendo cochinadas, porque voy y te hago entrar en razón —Preston advierte.

—Entiendo, me tengo que ir, seguro mis padres están preguntando por mi —le doy un beso
en la mejilla para levantarme e irme hacia la puerta sin antes voltearme y ver a Preston.

—Con cuidado Rapunzel —se despide con una sonrisa tierna.


Me acuerdo la primera vez que lo vi y lo empece a llamar el chico misterio, por la simple
razón que él solo aparecía cuando era de noche con una gran capucha negra.

***

Cuando llegue a mi casa todo estaba silencioso, que raro a esta hora vienen mis padres
seguro que se fueron a comer con Natalia.

Pero al entrar me encuentro con Alexander con un gran moretón en su mejilla y ni hablar de
sus nudillos que están todos lastimados.

—Qué paso con el rey del mundo —rio al ver la cara que pone Alexander, tratando de
intimidarme, pero no funcionan conmigo.

—Cállate —bufo mirando con seriedad.

—No me digas que estas con tu mes —rio tan fuerte que me está empezando a dolor mi
estómago, pero sin antes tomar un sorbo grande de la botella de agua que estaba en la
mesita.

Alexander gruñe con enojo, pero eso no limitaba que siguiera con mi ataque de risa que
estaba teniendo en este momento tan divertido.

Nunca me había reído tanto en la vida.

Unas fuertes manos me agarran de mis muñecas para sacudirme sin nada delicadeza.

—¡Cállate! —Alexander me observa con una mirada de pocos amigos, pero por una extraña
razón no podía parar de reír—. Pareces retrasada mental.

Alexander me suelta y sale de la cocina o eso pensé, hasta que él me sorprendió,


colocando un pañuelo en mi boca y nariz. Dese ese momento todo empezó a ponerse
borroso.

Trate de gritar, golpearlo o morderle la mano, pero mi cuerpo empezó a flaquear y no


aguante las ganas de dormirme.

—Tranquila, todo estará bien —susurro, cargándome como un costal de papas.

Estoy entre consciente y inconsciente.

—Bastardo —murmuro sin fuerzas, siento mis ojos pesados.

—Tienes que estar segura y eso significa tenerte conmigo.

Yo niego con la cabeza lentamente, me siento vulnerable y confundida con todo esto.
Alexander esta más arruinado mentalmente que yo.
Sube las escaleras cargándome y sintiendo mi cuerpo apunto de fallarme y dormirse, hablo.

—deja de verme el trasero —murmuro con cansancio.

—es muy lindo —ríe.

Al parpadear unas veces puede ver que ya estaba en mi habitación, Alexander me echa en
mi cama y me cubre con mis mantas.

—Descansa, destripadora —murmura con una sonrisa.

Cada vez sentía mis ojos más pesados, haciendo imposible visualizar bien, pero lo que veo
a medias es a Alexander, está parado a una esquina de mi cuarto en la espera que me
durmiera.

Capítulo 14
Alexander

La pequeña destripadora quedo dormida profundamente. Solo quiero que esté bien y que
se quede un rato conmigo. Ella es una chica muy dura y no confía ni siquiera en su propia
sombra, pero este día quiero acercarme. La observo por unos minutos desde las afueras de
su puerta para decidir entrar o no y acercarme a ella.

Estoy confundido.

Se ve tan vulnerable dormida que cualquiera puede hacerle daño. Paso con suavidad mi
mano por su muy llamativa cabellera pelirroja, ¿Por qué la destripadora es tan llamativa
para mí? desde que la vi por primera vez sentí esa leve sensación de peligro al verla.

Trazo un camino desde su cabello hasta su mejilla para acariciarla con suavidad.

—Pequeña, Alessandra. Entre tu y yo hay una deuda de besos pendientes. Y una cama
esperando —murmuro en voz baja.

Alesandra tiene razón al decir que soy raro. Tengo otro concepto sobre el amor y en mis
planes jamás estuvo experimentar tal emoción.

Dicho eso, camino hacia la puerta si antes darle una última mirada e irme en busca de mi
auto.

Al llegar al departamento de Pablo toco dos veces la puerta, esta se abre dejando ver al
pesado de mi hermano con una sonrisa.

—Qué te trae por aquí, hermanito —Pablo dice con una sonrisa mientras se hacía a un lado
para que entre.
Al entrar veo que su departamento está en perfectas condiciones pensé que estaría hecho
una mierda, pero hay sorpresas en la vida.

—Está muy lindo tu ojo —digo con arrogancia al verle el ojo todo hinchado y morado de mi
hermano.

Le advertí que no se acercara a ella, pero como siempre hizo caso omiso a mi orden, pero
que voy a esperar de mi hermano, él siempre me ha dado la contraria ante todo lo que le
ordenaba desde que somos unos niños.

—creo que aprendí la lección —Pablo toma asiento a un costado mio. El me entrega una
copa de vino cuál acepto al instante para tomarlo sin pensarlo.

Suspiro con cansancio al recordar que tuve que dormir Alessandra para pasar un minuto
con ella sin que ella se portara como una loca cuando trataba de acercarme a ella.

—hermano me estoy preocupando por ti, creo que te gusta tu cuñada —anuncio Pablo,
haciendo que abra de par a par mis ojos y observarlo.

—Deja de decir estupideces —lo callo para volver a cerrar mis ojos y pensar en otra cosa
que sea menos Alessandra.

Pero la maldita seguía acosándome en la cabeza, por alguna razón que no comprendo.
Natalia es lo que buscaba en una mujer, pero al ver a su hermana menor hizo que empiece
a dudar.

Ellas siendo hermanas eran muy diferentes. Natalia le gustaba que la dominara y le digiera
que hacer en todo sentido, pero su hermana no me deja opinar en nada. No le gusta ser
dominada o que le manden hacer algo que ella no quiere, y eso me frustra demasiado
porque siempre obtengo todo lo que deseo.

—Sabes sospecho que Alessandra tiene problemas mentales —observo a Pablo con
seriedad, él me observa con cofunción al escucharme.

—Es solo una chica Alexander, que puede hacer —dice con tranquilidad.

Yo solo asiento para sacar esa idea de mi cabeza pero en eso una rara sensación en mi
pecho vine, como un mal presentimiento.

Como si algo le estuviera pasando a la destripadora.

Cansado con sentir eso me levanto del sillón y mirar a Pablo con seriedad.

—Vamos a ver cómo está, Alessandra.

Pablo me sigue el paso hacia el auto para entrar rápidamente y arrancar con velocidad el
auto dejando huella de las llantas en la pista.
Todo el camino estuvimos en silencio y aprecio eso porque Pablo es muy hablador, pero
sabe que este momento no es indicado para que hable.

Al llegar a casa todo estaba sumido en una oscuridad, estaciono el auto a unas cuadras de
la casa pasa salir con Pablo, corrimos hacia la casa abro rápidamente la puerta dejando ver
nada gracias a que todo estaba apagado.

Al entrar intento aprender el interruptor, pero fue en mano, no funcionaba haciendo que
rápidamente ambos prendamos la. linternas de nuestros celulares y caminar por la
oscuridad en busca de Alessandra.

Revisamos la sala y no encontramos nada malo, pero al momento de entrar a la cocina una
mano delicada me agarro a mí y Pablo, haciendo que volteemos y ver a una Alessandra
empapada de sudor y sangre que corría desde sus mejillas hasta su cuello.

—Mierda...—murmuro con impacto, Alessandra nos mira con una sonrisa a nosotros, ¿Qué
carajo? Colocó una cara de confusión mientras la fulminaba con la mirada.

Esta niña esta loca.

—Necesito que me ayuden a esconder los cuerpos que están en la cocina —Alessandra se
hace un lado para agarrarnos de las muñecas y meternos dentro de la cocina.

Al entrar encontramos dos cuerpos de dos hombres que por cierto no estaba en buen
estado, uno tenía los brazos mutilados y el otro no tenía sus ojos y su mandíbula esta
salida.

El apodo de destripado le queda muy pequeño a esta enferma mental.

Agarro a Alessandra de los hombros haciendo que ella me observe directamente a los ojos.

—¡Pero que hiciste! —la sacudo como una muñeca de trapo se tratara, en cualquier
momento su familia puede venir y ver esta masacre que hizo su pequeña hija.

—Eso te tengo que decir a ti Alexander, porque esos hombres entraron a la casa y trataron
de atacarme diciendo que es su venganza por matar a su familia —Alessandra gruñe
mientras trataba sé soltarse.

Bueno hubo un momento donde era muy impulsivo y cuando alguien me molesta le tira un
tiro en su estúpida cabeza, pero poco a poco aprendí el autocontrol.

—Alexander... Ella tiene razón estos tipos ya los había visto antes —Pablo anuncia mientras
examinaba a los muertos.

Miro Alessandra que forcejea conmigo para ser soltada, la suelto por una vez por todas para
ir con Pablo y ver que hacer con este problema.

—Yo digo que quememos los cuerpos —Alessandra sugiere.


—Claro que no, mejor hay que tirarlos al mar —Pablo sugiere mientras tiene una peleíta de
niños con Alessandra.

Harto golpeo la pared haciendo que los dos se sobresalten y mirarme con atención.

—Lo que vamos a hacer es esto, Pablo tu vas a enterar estos cuerpos, tú sabes donde
mientras Alessandra y yo nos encargamos de limpiar esta casa antes que llegue su familia
—ordeno con seriedad haciendo que ambos asienten.

Todo transcurrió rápido, Pablo metió los cuerpos en la maletera de mi auto para ir en
marcha al lugar que le ordene, Alessandra empezó a limpiar todo el suelo empapado de
sangre al igual que yo.

—Qué asco —bufo con asco al mancharme el rostro con sangre de esos tipos.

—No es para tanto, luego tomas una ducha y listo —dice sin importancia.

Al pasar las horas terminamos de limpiar el lugar del crimen haciendo que un suspiro de
satisfacción se escapara de mi al igual que la loca destripadora.

—Bueno tenemos que enviar la ropa a lavar —Alessandra sonríe al sacarse al vestido
blanco que tiene empapado de sangre, dejándola solo en ropa interior color rosado pálido
que hacía que su cuerpo esté todo expuesto ante mi.

—Deja de hacer estupideces —me acerco tanto a ella que siento su respiración contra mi
haciendo que mi autocontrol se esté yendo a la mierda.

—Pero me encanta hacer estupideces —Alessandra murmura al pasar sus delicadas manos
por mi pecho.

A la mierda el autocontrol.

Agarro su mentón Alessandra con fuerza para unir sus labios con los míos formando un
beso lleno de ferocidad y necesidad.

Alessandra acaricia con suavidad mi mejilla para tirar de ella y apartarme de sus labios. La
miro con confusión para volver a unir mis labios deseosos con los de ella, pero ella se
negaba.

—Basta de juegos... destripadora —gruño para volver a unir mis labios con los de ella, pero
ella su vuelve a negar.

—Lo siento Alexander, pero acabo de matar a dos hombres y estoy empapada de sangre al
igual que tú —dice agitada.

Tenía razón lo que decía, pero mi autocontrol como les dije su fue a la mierda, no me
importaría follar Alessandra en esta cocina empapada de sangre.
—Eso no me importa —digo firmemente para agarrarla de sus muslos y sentarla en la mesa
haciendo que Alessandra gima de sorpresa.

—a mi me importa —dice entre jadeos al sentir mis labios en su piel tan delicada de su
cuello.

Subo mis besos por sus mejillas para tratar de volver a unir sus exquisitos labios con los
míos, pero ella se negaba haciendo que me empiece a enojar.

—¡Déjate besar por un demonio! —grito con frustración.

Pero Alessandra se negaba a atender mis deseosos labios para empeorar todo ella cerró
sus piernas haciendo que un gran espacio nos separe.

—Abre esas piernas Alessandra para poder follarte tan duro que no volverás a caminar por
una semana —murmuro, rozando mis labios en la piel de su cuello.

Por una vez por todas abre sus piernas haciendo que me pegue con ella, al hacerlo un
gemido se le escapa al sentir mi muy evidente erección.

Uno sus labios con los míos para besarla sin control. Alessandra es capaz de hacer que
pierda el control con solo sus miradas inocentes que pone al verme.

—c...reo que mejor sería en la ducha —sugiere con agitación.

***

Alessandra

Alexander besaba cada parte de mi cuerpo haciendo que leves gemidos salieran de mi
garganta.

El agua de la ducha cae en mi rostro al igual que Alexander haciendo que se vea
jodidamente sexi para mí, su cabello rubio está todo empapado al igual que el mío... Que
estás haciendo Alessandra, mi mente dice haciendo que entre en razón al instante, pero en
ese momento que está por protestar de que parara Alexander me hace abrir las piernas
haciendo que un grito se me escapa al sentir su mano acariciar el interior de mis muslos y
que todo mi juicio se vaya al caño.

Baja sus besos a mi hombro, siento como uno de sus dedos entre mis pliegues mojada.
Alexander posa su frente con la mi haciendo que sienta su pesada respiración contra la mía.

—Quiero que te corras en mis dedos y probarte luego de eso.

Alexander termina por introducir el dedo, robándome un fuerte gemido de mi parte. Dios si
un solo dedo hace que me sienta de esta manera no me quiero imaginar al sentir su muy
evidente erección.
El deseo cada vez suba más de intensidad, abro un poco más las piernas, dejando que
pueda introducir sus dedos aún más profundo.

Con la mano temblorosa gracias a las grandes sensaciones que hace que sienta él muy
maldito. acaricio su muy necesitado miembro.

Alexander agrega un segundo dedo, sin dejar de menear el pulgar Encima de la capa que
cubre el punto más necesitado de todos.

Sigo acariciando con cautela la parte necesita de Alexander haciendo que el se estremezca,
ahora me preguntó cómo esto entro en mi.

—Esto no va a entrar en mi —gimoteo tomando entre mis manos su muy necesita parte.

—Lo hará, destripadora —dice firmemente para morder sin compasión mi labio inferior.
Subo y bajo mi muñeca con los dedos al rededor de él el, resopla y pega su frente en mi
cachete —, maldita sea, destripadora.

Siento como el orgasmo está por llegar, haciéndome arquear mi espalda ante la sensación,
Alexander acelera sus movimientos haciendo que pierda el control al igual que el y caer al
gran orgasmo.

Cierro mis ojos como fuerza para recuperarme al igual que Alexander que posa su cabeza
en mi cuello mientras me sostenía con su mano libre mi cintura.

Está por hablar cuando Entra en mí sin avisar. Fue tan repentino que un gemido doloroso
escapa de mi garganta, mi espalda se arquea al sentirlo dentro de mi.

Alexander profundiza más su embestida haciendo que un leve dolor en mi vientre me


invadirá, esto duele.

—Espera...—lo detengo haciendo que el me observé agitado y deseoso.

—Lo siento, no lo haré tan fuerte —declaro para esta vez entra en mi lentamente y que ese
dolor bajara.

Al pasar los minutos el dolor no era tan molesto para mi, él lo nota y empieza a mover sin
piedad dentro de mi, sube su mano a mi mandíbula, introduciendo un dedo en mi boca. Lo
tomo entre mis labios Y muerdo la punta con mis dientes, succiono con deseo haciendo
apretar más el agarre en mi barbilla al punto que empieza a dolor. Y eso me gusta,
Alexander me observa para incrementar sus movimientos con furia haciendo que un leve
dolor recordar nuevamente mi cuerpo.

Las contracciones ya conocidas se hacen vecinas en mí y mi cuerpo tiemble ligeramente.

Alcanzó mi segundo orgasmo, todo se me nuble y un gran gemido escapara de mis labios
al igual que Alexander.
El se quita de mi lentamente haciendo que un gran suspiro se saliera de mi, ya estaba algo
cansada.

Cierro mis ojos para disfrutar la cálida agua de la ducha para empezar a la lavarme el
cabello, cuándo siento unas fuertes manos en mi cintura haciendo que voltee y
empujándome contra la pared de la ducha dejándome impacta.

—¿Qué demonios...?

En un movimiento brusco Se hunde en mi sin dejarme terminar mi puta oración, un dolor


vuelve a invadirme, pero esta vez peor...me gusta esto.

—Esto recién está empezando —dice rocamente contra a mi haciendo que un jadeo se me
escapara.

Con una de sus manos libres enrolla mi cabello en su mano para empujar mi cabeza hacia
atrás en un ángulo que hace que sus labios se encuentre conmigo.

—Nur meins... —murmura en alemán haciendo estremecer porque suena demasiado bien
saliendo de sus labios.

Capítulo 15
Alessandra

Pasaron unos días desde el accidente de aquellos hombres. Mentiría si dijera que me siento
fatal, pero no lo haré. Alexander casi no está en casa, haciendo que Natalia esté furiosa
todo el tiempo pensando que su prometido tiene otra...lo cual es un poco cierto, pero él
siempre decía que tenía mucho trabajo y la tarada de mi hermana le creía en todo, pero yo
sé que eso es solo una fachada.

Digamos que estos días tuve otros encuentros con Alexander que acabaron en peleas
mortales y que el pobre Pablo tuvo que venir a separarnos como niños pequeños en una
pelea infantil. Alexander ha estado siguiéndome todo el tiempo y cuanto le reclamaba algo,
él empezaba hablar en Alemán. Él sabe perfectamente que no puedo entenderlo.

Viendo como decoran todos los extremos de la casa con globos de diferentes colores para
un día no tan especial para mí, ¿acaso quieren que tenga un ataque de ira? Me pregunto
con frustración.

Hoy 11 de noviembre es muy cumpleaños, 19 años es un gran logro llegar hasta aquí,
nunca pensé que llegaría, siempre tuve una mente suicida.

Mis padres se encargaron de invitar a todos mis compañeros de mi salón sabiendo que yo
les dije que solo quería pasarla con mis amigas.

—Está quedando hermoso —Natalia habla de repente, volteando a verme.


—Estoy tan emocionada —digo con sarcasmo para irme lejos de ella.

Ella están básica siempre tratando de agradarle a todos y vistiendo como una princesa,
cuando la veo me dan arcadas al ver tantos colores llamativos sobre ella.

Salgo de casa para poder respirar un poco de aire, observo al mi alrededor todo estaba
tranquilo, personas caminaban felizmente por las calles sin ninguna preocupación.

En eso veo como diez chicos de mi escuela viendo hacía mi con variedad de regalos como
flores, joyas, ropa y etc.

—Tantos regalos —anuncio estresada recibiendo cada regalo.

Tuve que pasar los diez minutos más incómodos de mi vida hablando con ellos por cortesía
y ni hablar cuando sea de noche. Los amigos de mi padre se van a insinuar a mí sabiendo
que son mucho más mayores que yo, ¡malditos viejos verdes! Mi mente grita estresada
pensando en todo lo que tendré que enfrentar.

Cada chico se despide de mí con un beso en la mejilla diciéndome que nos "vemos más
tarde", ¿sería posible sentir mi mejilla muerta de tantos besos que tuve?. Cuando se fueron
por completo me quede parada en medio de mi casa con muchos regalos que no creo que
pueda llevármelos todos a la vez, en eso escucho el claxon del auto de la persona que más
odio, pero por este día puedo dejar esas diferencias y pedirle ayuda.

Él baja riendo al igual que Pablo al verme en esta situación tan particular, Pablo me ayuda
con las bolsas con una sonrisa burlona, pero a lo que sea me ayuda, en cambio su hermano
ni un dedo piensa mover.

—No piensas ayudar —lo miro con frustración.

—Tengo la cara de tu empleado —dicho eso se va dejándome con la palabra en la boca.

Tenía ganas de ir hasta él y estrangularlo hasta que quede inconsciente, pero respire hondo
y sonreí.

—La imagen de Alexander muerto puede calmar un poco el enojo —Pablo rio al verme
completamente roja como tomate gracias al enojo.

—Es muy reconfortante —le ayudo con las últimas bolsas para entrar a casa otra vez.

***

La música resonaba por toda la casa al igual que las risas de mis compañeros, mis amigas
y yo estamos en mi habitación tratando de huir de la terrible fiesta que mis padres hicieron
en honor a mis 19 años.
Pero mi madre enojada vino a sacarme arrastras de mi habitación y obligándome a estar en
una fiesta que no pedí. Mis compañeros y amigos de mi padre me observaban
intensamente haciendo que levante mi dedo del medio e irme de su vista.

Al encontrarme Marco y Alexander hablando placenteramente hizo que sude frío porque a
ellos se unió Pablo... Mierda mis tres conquistas en un mismo sitio es malo.

—Van a cantarme feliz cumpleaños ahora —le anuncio haciendo que Marco, Pablo y
Alexander me siguieran en silencio hacia la mesa.

Al llegar mis padres me dicen apurados que me acerque, cuál hago caso rápidamente,
Natalia toma la peor idea de ponerse a mi derecha con Alexander y los tontos nervios
parecen sin darme cuenta.

Alexander está muy cerca de mí, sentía su mano rozar con la mía, mis mejillas se sonroja al
sentir sus dedos jugar con una de mis pulseras. Carajo.

¿Qué me pasa?

—Bueno antes de cantarle el feliz cumpleaños a mi hija, mi marido dirá algunas palabras —
mi madre anuncia con emoción para observar a mi padre.

—buenas noches primeramente —mi padre dice imponentemente, haciendo que todos
digan lo mismo—. Mi querida hija cumple 19 años de ser una chica de bien y tomar siempre
las decisiones correctas como siempre. Estoy tan orgullo de ti Alessandra, eres la chica más
amable y pasiva que conozco. Por tus 19, hija de mi vida.

Al decir eso una risita interior se apoderó de mí, ¿tomar decisiones buenas?, es algo que no
hago, matar a dos hombres, acuchillar por diversión una foto de mis padres y meterme con
el prometido de mi hermana y muchas más cosas que demoraría en decir ahora.

—Gracias, papi —sonrió tiernamente para todos los espectadores, quienes me observan
con ternura como quería que lo hicieran.

Después de las palabras de mi madre todos empezaron a cantarme feliz cumpleaños


excepto Alexander que permanecía serio. Era algo incómodo estar aplaudiendo y sonriendo
como una tarada esperando que dejaran de cantar, cuanto lo hicieron suspire aliviada y
dispuesta a irme, mi madre me detiene para decir lo peor que puede escuchar.

—Muerde la torta —mi madre sonríe feliz, pero su mirada está seria exigiendo que lo haga.

—No, no, ¡no! —suplico, pero como tarados todos me decían que muerda la torta.

Si tanto quieren que la muerda porque ellos no vienen y la muerden.

Después de tanta súplica tuve que aceptar, miro Alexander de reojo para ordenarle que no
haga nada que puede lamentar, él solo asiente con una sonrisa malvada. Suspiro para
agacharme un poco para morder la torta, pero cuanto menos lo creí Alexander tiro de mi
nuca haciendo que me embarra toda la cara del estúpido pastel, al levantar la vista risas se
llenaron de todo el mundo. No, llegue al límite.

—¡Te mataré Alexander! —agarro lo poco que quedo de la torta para emparrarle toda en su
puta cara, un gran chillido de sorpresa de todos los presentes resuena mientras me
observan perder el control.

Pero no me importa en nada, Alexander me hizo llegar al límite como siempre lo hace,
siento las manos de mi papá quien me separa de Alexander y llevarme a la segunda plata
de la casa.

Natalia nos acompañó con el estúpido Alexander quien está hecho un desastre gracias a
mí, mi padre me observa serio extendiéndome una toalla para limpiarme la cara... Es algo
raro que no me reproche nada.

—¿No vas a gritar? —le pregunto a mi padre quien solo mira de reojo a Alexander, yo
frunzo el ceño ante sus miradas secretas.

¿Por qué mi padre mira Alexander como si él mandara en todo?

—Mi amor porque no ayudas a tu padre a ver como están los demás —Natalia asiente con
una sonrisa para darle un corto beso e irse con mi padre a ver a los demás.

Quedamos solos los dos, yo tomé asiento en el suelo viendo como se lavaba su rostro
manchado de pastel.

—¿Por qué mi padre te mira con un cierto miedo? —le pregunto para levantarme del suelo y
apoyarme en su muy trabajada espalda.

Con mis manos empiezo acariciar su pecho mientras mi cabeza descansaba en su espalda,
su cuerpo de Alexander se tensa ante mis caricias y no puedo evitar sentirme deseosa.

Me coloco en puntitas para darle un corto beso en su cuello.

—¿Qué sucede con mi padre? —pregunto nuevamente.

—Son cosas de adultos, destripadora —murmuro con un tono ronco.

Se voltea sin previo aviso, haciendo que su pecho choque con el mio.

—Eres un estúpido, te vas a arrepentir por haberme hecho pasar vergüenza —dicho eso me
separo de él e irme lejos de ese estúpido que lo único que hace es arruinar mi vida.

La música sonaba fuertemente tuve un largo baile con mis amigas quienes se lucieron en la
pista de baile como las diosas que son, en eso una música lenta sonó, muchos buscaron
pareja, después de rechazar a chicos X para mí y amigos de mi padre, suspire cansada
para irme cuando una mano tatuada que conozco bien me sostiene de mi mano.
—Que te pareces si dejamos nuestras diferencias y bailas conmigo —propuso con una
sonrisa seductora.

Esta por aceptar cuando Pablo paso a mi lado y sin perder el tiempo lo agarre del brazo,
con una sonrisa de malicia me separo de Alexander.

—Lo siento Alexander, pero prefiero bailar con el hermano bueno —agarro la mano Pablo.

Quiso jugar con fuego y es hora que se empiece a quemar un poco.

Bailando con Pablo puedo ver de lejos a Alexander recargado en la pared, quien está
cruzado de brazos serio observándome a mi y Pablo.

Capítulo 16
Alessandra

La fiesta acabó a las doce en punto, todos los invitados se fueron con normalidad, aún que
algunos amigos de papá trataron de invitarme a cenar, pero conozco sus intenciones
asquerosas. Mis amigas se quedan conmigo, listas para hacer una divertida pijama
conmigo.

Ahora estamos viendo la saga completa de Crepúsculo, me pude darme cuenta que no me
gusta para nada los guiones que ponen y la forma que son cada personaje.

—Esto no me gusta —observo seriedad, pero ellas están cautivadas con Edward Cullen.

—Por favor solo mira la perfección de esa familia —Clara mira con ilusión la película,
votando un suspiro enamorado.

Les dije que la debilidad de ellas son las películas que tenga que ver con temas de
fantasías.

—Están mal de la cabeza —les tiro mi almohada en su cara haciendo que ambas griten
sorprendidas y empezar con una batalla de almohadas.

Gane dejando a Clara y Olivia tiradas en el suelo todas alborotas de pies a cabeza.

—Donde coño sacas tanta fuerza —Olivia ríe, volviendo a subirse a la cama.

—No lo sé...—rio despeinado el cabello rubio de Clara—, pero necesitó un poco de agua.

Me levanto de la cama para ir por un poco de agua para mí y mis locas amigas, pero sin
antes arreglarme mi pijama que está toda arrugada por la pelea.

Suspiro satisfecha al tomar un vaso entero de agua. Observo desde la mesa del comedor,
donde estoy sentada, todo está oscuro lo único que alumbraba era la luna. Entre la noche y
el día me gusta más la noche, por una extraña razón me siento más segura en la noche que
en el día.

Una mano me toca el hombro haciendo que voltee encontrándome con la figura de
Alexander.

¡Por la virgen de las solteronas esta están bueno!

Su torso desnudo queda en mi vista haciendo que una sonrisa pequeña se forme en mis
labios, Alexander tiene un cuerpo tallado por los mismos demonios para hacerte pecar una
y otra vez.

—Me había olvidado de tu lindos tatuajes en tu pecho —lo miro con inocencia pasando una
mano por su muy firme, duro y trabajado abdomen.

Pero Alexander está enojado como cuándo tu profesor te encuentra tu copia para tu
examen.

Estás en graves problemas Alessandra.

—¿Tienes algo más con mi hermano? —pregunta duramente, yo lo observó con confusión
— ¿Te gusta?

—Eso no te importa a ti querido — repliqué alzando la barbilla—. No es tu problema ni veo


porque debería responderte.

Alexander estaba tan enojado que no dudo llevar su mano hacia mi mentón y apretarlo sin
ninguna delicadeza.

—Es mi problema desde que la niña descerebrada eres tú —dijo sin apartar la mirada, pero
ahora lo hacía con decisión y la mandíbula tensa—No voy a permitir que otro este tras de tí.
Aléjate o te prometo que acabo con él.

—Sabes que no me importa tus lindas amenazas —murmuro retándole con la mirada— así
que suéltame.

—Petición denegada —dice con seriedad pasando su otra mano libre por mi cintura
haciendo que mi cuerpo se pegue con la suyo– te has portado muy mal.

Dicho eso empieza atacar salvajemente la piel de mi cuello, jadeos se me escapan de mi


garganta, la forma que succionaba y tirará de la piel de mi cuello me hacía enloquecer y
pedir a un más.

Espera...Tonta no puedes dejarte hacer esto.

Al escuchar esa vocecita en mi cabeza hace que aparte Alexander de mí rápidamente y


bajarme de la mesa.
—Tú no eres mi dueño para decirme esas cosas y hacer cualquier cosa conmigo —me
acerco a él para empujarlo levemente haciendo que Alexander tense más su mandíbula—
tú me humillantes en mi propio cumpleaños, el que mereces una lección eres tú.

Me acerco a un más a él para ponerme un puntitas para agarrarlo de su mentón. Al unir sus
labios con los míos Alexander me rodeo mi espalda y pegarme más a su cuerpo, siento su
muy evidente erección. Aún que debo admitir que sus labios de Alexander son la mejor que
pude probar, me hace sentir deseosa cada vez que los pruebo y pierdo el control.

Bajo mis besos por su cuello haciendo que Alexander cerrara sus ojos al instante y suspirar
profundamente.

Lo llevo hacia la sala para empujarlo al sofá, él me observará sorprendió y deseoso, me


arrodilló ante el para empezar abajar el cierre de su pantalón lentamente.

—Espero que nadie baje ahora porque no les gustará lo que verá —aviso, rodeando su
erección con mi mano.

Alexander resopla deseoso haciendo que empiece un Vaivén lento con mi muñeca, sus
pupilas se pierden atrás de sus cuencas.

Observo a Alexander con mirada de niña que no rompe un plato, pero capaz de
enloquecerlo y hacer que cometa cualquier locura por mí.

No lo dudo y trato de meterlo todo en mi boca, pero una arcada me salta haciendo que
cierre mi garganta, pero eso no limitaba que siguiera con mis movimientos. Alexander se
pierde en un viaje astral, el ceño hundido y entreabierta la boca impulsando a llevarlo más
profundo. Su mano se engancha entre mi cabello dejándola allí.

Subo y bajo despacio, enrollando mi lengua por toda su longitud tratando de meterlo todo
completo, pero su tamaño no ayudaba mucho.

Mechones de cabello cayéndose por mi frente. Sin parar con mis movimientos, saco la
lengua y lo lamo haciendo que un fuerte gruñido se le escapara Alexander.

—Schneller...—gime, un sonido ronco que me tensa todo el cuerpo.

Sus dedos se enredan a un más en mi cabello. Hunde más mi cabeza y me atrae con
rudeza y eso hace que me encienda más.

¡Dale su merecido estúpida!

Al escuchar la voz de mi cabeza abro los ojos rápidamente, Alexander me suelta haciendo
que vuelva a tomar el control por mi misma. Con una mano en lo último de su miembro y la
lengua acariciándolo, me separó de todo contacto.

—Espero que aprendas a no volver a faltarme el respeto.


El frunce el ceño al verme levantarme de suelo e irme de la sala donde lo deje con ganas.

Lo siento Alexander, pero conmigo lo tienes difícil.

Schneller = más rápido.

Capítulo 17
Alessandra

Pasaron unas largar semanas donde tuve exámenes por montón y drama familiar sobre la
próxima boda del año de Natalia y Alexander. Lo peor de todo es que mi madre se ha
propuesto a buscarme pareja para la boda. Toda la semana tuve citas con los hijos de las
amigas de mi madre, unos eran corteses, otros trataban de manosearme.

Eran las once de la noche de un día jueves, viendo la tele donde solo salía programas
estúpidos mientras estaba en mi cama tomando casi toda la botella de tequila, estaba lista
para dormir, pero como Dios me odia una llamada me interrumpió de mi camino al mundo
de los sueños.

Gruño con frustración para agarrar el teléfono y contestar con enojo.

—¡Qué!

—Soy Pablo enserio lamento interrumpir tu sueño a estas horas de la noche.

—No te preocupes, ¿qué pasó? —pregunto sentándome en mi cama.

—Tengo un problemita.

—Qué clase de problemita tienes.

—Uno que está ebrio, molestoso y solicita que vengas. Sugiero que pronto o ocurrirá una
desgracia.

—Mándame la maldita dirección —digo entre dientes para colgar el teléfono y tirarlo lejos de
mí.

Maldito, engreído y molestoso de Alexander... ¿Qué quiere ahora?

Me coloco lo primero que me encontré para tomar un taxi e indicarle así la dirección que me
envió Pablo.

Al llegar a la dirección pago al taxi para salir del auto en busca de Alexander, al caminar un
buen tiempo por este vecindario muy bien cuidado veo la casa de Pablo haciendo que toque
dos veces el timbre y esperar a que me abriera.
Al hacerlo el hace que pase rápidamente para cerrar la puerta tras de el y mirarme con
nervios.

—¡Alexander, ella está aquí! —Pablo grita tan fuerte que creo que todo el vecindario lo
escucho.

Solo tardo unos segundos para admirar la figura alta de Alexander tambalearse al bajar las
escaleras, pero cuanto su mirada se conectó con la mía sus ojos se iluminaron.

—¡destripadora! —grita para a balancearse en mí.

Sus brazos me pegaron a su cuerpo formando un abrazo mis ojos se abrieron como plato,
¿acaso me está abrazando?, el me empieza a oler mi cuello como si fuera un perro.

—Deja de olerme —me quejo tratando de separarme.

Al separarme de Alexander fue casi un milagro, Alexander está sentado en el sillón tratando
de dejar de vomitar en su baceta que el entrego Pablo.

—No es por ser mala, pero me largo de aquí—anuncio para agarrar mi bolso, pero antes de
irme le tomo una foto Alexander vomitando, será una linda forma de extorsionarlo.

—Por favor Alessandra... Quédate —suplica.

Yo me cruzo de brazos para observarlo a él y el casi muerto de Alexander.

—Suplícame más —rio viendo la cara de Pablo que toma un tono pálido.

Conozco Alexander, el jamás suplica y creo que su hermano tampoco lo hace, que mejor
que aprovechar esta situación para que un Brown me suplique.

—¡Por favor quédate! —suplica casi a gritas que hacen que una risita que me escapara.

—Si insiste tanto —dejo mi cartera a un lado para tomar asiento en el sillón y contemplar
Alexander con la cabeza hacia atrás y una mano en su frente, tratando de recuperarse.

***

Cuanto por fin pudimos meter a Alexander al cuarto de invitados ambos damos un gran
suspiro de alivio, que drama fue meterlo al cuarto.

—Bueno me voy a descansar y tú anda a la sala donde deje unas mantas para que
descanses —quería protestar, pero el se fue velozmente dejándome para en medio del
pasillo.
La casa de Pablo es linda pero necesita urgentemente más habitaciones, solo tiene una
para él y la otra es para invitados, como es posible eso, yo no merezco dormir en un sillón
incómodo.

Con frustración me saco mi coleta que me hice para dejar mi cabello rojizo suelto por todas
partes.

—Dicen que las pelirrojas son más enojosas —el escuchar esa voz ronca con un toque de
arrogancia volteo encontrándome con la alta y fuerte figura de Alexander.

—Porque no te guardas tus estúpidos comentarios —gruño para irme, pero los brazos de
Alexander me agarra de mi cintura.

—Duerme conmigo —murmura contra mi odio para morder el lóbulo de mi oreja, haciendo
que me tense.

—Eso jamás —bufo con enojo tratando de irme, pero el no me suelta.

Cuando menos lo creí me voltea sin mucha delicadeza que digamos para luego mirarme
con enojo.

—Estoy harto de que tu decidas que hacer—manifiesta serio para pasar un mechón de mi
cabello atrás de mi oreja —es hora que yo lo haga.

Nuevamente, esta por replicar cuando el me carga como un costal de papas para meterme
en la habitación donde él dormía. Me tira a la cama con algo de delicadeza para echarse a
mi lado satisfecho.

—¡Voy a gritar! —advierto mirándolo con seriedad, aunque Alexander está algo ebrio es
muy inteligente porque puso llave a la puerta.

—Si lo haces haré algo que no te gustara —dice con simpleza.

Estampo mi mano en la mejilla de Alexander haciendo que el voltee la cara sorprendió por
mi acción.

—Nunca una mujer me había abofeteado —declara mirándome.

—Siempre hay una primera vez, pero no bromea Alexander, voy a gritar si no me dejas ir —
replico cansada, quiero irme de aquí, quiero irme lejos de Alexander.

—Hazlo y verás.

Alexander me observa esperando que cumpla mi advertencia, no tuve otra que hacerlo,
quedaría como una tonta si no cumplo.

—¡ayud-! —esta por terminar de hablar cuando Alexander se subió arriba de mí sin dejar
todo su peso encima de mí.
Cuando me beso pude oler el infierno. Me llevo a todos los lugares prohibidos que siempre
había deseado tener entonces, y fue ahí entonces cuanto entendí que Alexander iba a
hacer mi perdición y yo sería la suya.

Se separó lentamente de mis labios con agitación para mirarme directamente a los ojos y
decirme.

—Vuelves a gritar y te volveré a besar —menciona advirtiéndome.

Dicho eso se empieza acomodar sobre mí, poniendo su cabeza por mi cuello haciendo que
pueda sentir su pesa respiración contra mí, en eso siento como una de sus manos viaja al
borde de mi camisa para entrar en ella. Al sentir su fría mano en uno de mis pechos hizo
que me sobresalte ante su tacto.

—Alexander...—murmuro con la voz hecha un lío al sentir como Alexander empieza


aprisionar mi pezón y hacer movimientos circulares en ello.

—cállete y duérmete —expresa demandante y siguiendo con su toque en mi pezón.

Capítulo 18
Alexander

—¡Alexander! —ella pronuncia mi nombre en medio de un fuerte gemido, haciendo que


entre otra vez en ella sin ningún pudor.

—¡eres mía, no de ese bastardo! —gruño agarrándola de su cuello y envistinarla


fuertemente.

—¡Alexander! —vuelve a gemir en voz alta mientras yo vuelvo a entrar en ella sin ninguna
compasión.

—!Dime qué solo eres mía, que eres solamente mía y de nadie más —ordeno atacando sin
piedad la piel de su cuello.

—¡únicamente tuya!

En eso siento alguien lanza una almohada en mi rostro y levantarme de mi jodido sueño.

—¿Qué cojones estabas soñando? —Alessandra me observa asqueada.

—Las princesas no dicen groserías.

—¿Tú me vez con corona y castillo? Estúpido —declara entre dientes.


Cómo adoro molestar a Alessandra.

—No te enojes destripadora, porque hoy tendremos un día muy largo —anuncio
sentándome en la cama.

—No sabes cuántas ganas tengo de cortarte esa maldita lengua de mierda que tienes y
enterrarte
bajo tierra —declara enojada, haciendo que ría porque ella se ve graciosa enojada.

Sus mejillas están rojas al igual que su nariz...Se vea extrañamente tierna.

—Auh, no sabes cuánto me duele tus palabras, creo que estoy aborde del suicidio —digo
fingiendo dolor.

—No sabes lo infantil que te vez, eres raro y dormirme a la fuerza no fue nada amable
pero... —hace una pequeña pausa, alterando mis sentidos —. Somos iguales, y eso me
asusta.

—no entiendo.

Ella suspira acercándose a mi y apoyar su cabeza en mi hombro.

—Estamos mentalmente jodidos y en una forma extraña me gusta —murmura acariciando


con suavidad mi mano y entrelazarla con la de ella.

Estaba loca, joder, estaba loca.

Tenía en su cabeza una locura preciosa.

¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?

—También me gusta tener a alguien que comprenda mi mierda —confieso.

—Lo se. Lo sé

La admiro sin pudor. Dios, tiene un rostro perfecto, todo en ella es perfecto; sin ninguna
imperfección o mejor dicho: era perfecta ante mis ojos. No puedo saber lo que ella piensa
de si misma, pero espero que pueda ver lo especial que es y lo mucho que vale.

***

Observando una gran cantidad de trajes para la boda hizo que tenga una gran necesidad de
cortarme el cuello y morir desangrado.

—¿Qué te parece este? —Natalia pregunta emocionada, mostrándome un traje.


—Está lindo —digo sin importancia.

Ella solo bufa para irse en busca de otro, que espera ella que me comprometiera a elegir un
traje, sabiendo que todo me queda bien, creo que hasta desnudo estaría excelente.

Mi teléfono empieza a sonar, sacándome de mis pensamientos narcisistas y con un humor


de perros saco mi teléfono para verificar quien. ¿Abel? él es mi ayudante, se encarga de ver
que Alessandra este completa pies a cabeza.

—¿Ahora, qué pasó? —pregunto en la otra línea con cierto enojo, no está permitido
llamarme a estas horas que la paso con Natalia.

—Señor su chica esta a punto de tirarse de un puente.

Al escuchar a Abel decir eso, hizo que me ponga pálido de pies a cabeza y colgar el
teléfono. Busco a Natalia para decirle que tengo algo de trabajo y que debía irme urgente.

Tonta, tonta y tonta, ¿cómo puede estar apunto de hacer al tan tonto? Tiene gente que la
quiere y espera llegar por las noches y verle esa sonrisa suya.

Siendo específico: Yo la espera.

Al llegar al lugar que Abel me mando observo que estaba todo desolado con un gran puente
que está clausurado por motivos de seguridad. Alessandra está caminando por el borde del
puente tarareando una canción en voz baja.

—¡Oye eso no es divertido! —grito llamando su atención.

Ella sube su mirada observándome sorprendida para luego reír, ¿es bipolar?

—¿Qué haces aquí? —pregunta.

—Instinto maternal —sonrió viendo como ella pone una cara enojada.

—Sabes me puedo tropezar —expresa poniendo un pie afuera—, y morir.

Murmura en voz baja para volver a poner su pie al borde del puente y sollozar en voz baja,
una extraña sensación se apodera con violencia en mi pecho, haciendo que tenga la
necesidad de verla bien y no llorando.

—Se puede saber por qué estás haciendo esto —pido caminándo lentamente hacia el
puente.

—Mi familia, ellos hacen que odie cada parte de mi cuerpo, hacen que me sienta como un
monstruo por no ser como ellos. ¡Ellos no saben cuanto he llorado tratando de cambiar mi
forma de ser!
Al escuchar Alessandra destrozada por el rechazo de sus padres hizo que tensara mi
mandíbula al igual que mis puños. Al subir agarro Alessandra de su cintura para bajarla de
la orilla del puente y cargarla.

—Todo estará bien, te lo prometo —murmuro sentándome en medio del camino del puente,
y teniendo Alessandra en mis brazos.

—No es verdad, yo estoy dañada Alexander, desde que mis padres tomaron la decisión de
mandarme a ese reformatorio nada estuvo bien conmigo —solloza, escondiendo su rostro
en mi pecho.

—Todas estas semanas he tratado de averiguar que te paso en ese lugar, pero no
encuentro respuesta.

Ella levanta su mirada tristemente —No hay respuesta, no confió en ti Alexander y no me


creo capaz de contártelo. Solo las personas importantes para mi lo saben.

Una parte de mi le dolió eso, sin embargo, únicamente me limito asentir y dejar ese tema de
lado. Alessandra sorpresivamente me abraza, tensando todo mi cuerpo, no obstante no me
limito a traerla contra mi.

—Por favor no le cuentes a nadie sobre este momento —suplica separándose de mi.

—De acuerdo, pero mi única petición es que dejes de intentar quitarte la vida —advierto con
algo de diversión.

—No pidas mucho —Alessandra dice para levantarse del suelo y sacudir su ropa.

Me levanto para sacudir un poco la mía y arreglar mi cabello desordeno gracias a la loca
demente de Alessandra.

—Te veo en la noche —espeto con una sonrisa.

Pero antes que se vaya la agarro de su mano para voltearla y besarla de una jodida vez.
Sus labios son la cosa más adictiva para mi, no me importaría besar esos labios todos los
días de mi vida.

Alessandra sigue mi beso colocando sus manos en mi cabello y tirar de ellos levemente,
coloco mis manos en su cintura para pegarla más a mi y poder sentir todo de ella.

Me separo lentamente de ella para observarla, está levemente sonrojada haciendo que
sonría complacido.

—Ten buena mañana —me separo de ella para darle la espalda e irme, pero previamente
volteo para verificar que ella se vaya ido y suspiro con tranquilidad al ver estaba yéndose.

¿Cuánto costaría para poder demoler este puente de mierda?


***

Al llegar a mi oficina encuentro a Pablo nervioso caminando de lado a lado haciendo que
frunza el ceño.

—¿Qué coño te pasa ahora? —pregunto tomando asiento en mi silla.

—Solo faltan dos días para volver a ver a esa chica pelirroja que te comente —Pablo
anuncia emocionado.

Pensé que se había olvidado de esa muchacha, pero contemplo que no.

—Puedes bajarle a tu emoción, me resulta algo incómodo —anuncio cerrando mis ojos para
descansar un poco.

—Alexander ayer tu emborrachaste porque observaste Alessandra hablando feliz con ese
tal Marco —al escucharlo decir ese nombre hizo que un cierto enojo se apodere de mi.

La impotencia que sentía al observar Alessandra con ese chico, verla reír con el y no poder
reventarle la cara a golpes, me estába volviendo loco.

Capítulo 19
Alessandra

Al llegar a casa mi sonrisa se borra al instante, Alexander estaba cocinando muy


amorosamente con Natalia. ¿Qué es esta extraña sensación que siento en mi pecho?,
tengo tantas ganas de separarlos y gritarle pero debo contenerme.

—Buenas noches —saludo dejando mi cartera en una esquina.

—Hola, hija —mis padres saludan a la misma vez con una sonrisa alegre.

Que hipocresía.

Tomo asiento en la mesa con algo de nervios al ver salir a Natalia con una sonrisa grande al
igual que Alexander que traía la comida.

En estos momentos estoy frustrada, admirando la escenita romántica de estos dos, acaso
Alexander no sabe que hace unas horas me beso.

Natalia tomó asiento frente mio con una gran sonrisa, Alexander tomo asiento en mi costado
haciendo que frunza el ceño, ¿Qué cojones está haciendo?

—Alessandra, que traes puestos —mi madre me regaña contemplándome con seriedad.
Suspiro tratando de tranquilizarme, no quiero responder así que mejor ignoro su pregunta
para seguir con mi comida.

Siempre ve en mi lo peor, me critica en todo: «No sabes vestirte», «Lloras por cualquier
tontería», «Natalia es mucho más linda», «Deja de reírte, pareces estúpida», «Cállate o te
callo», «Eres una decepción», «Por qué eres tan rara», «No puedes ser normal»

Joder, tantos comentarios de mi propia madre corren por mi cabeza, dañándome día a día,
pero a pesar de todo eso, yo no la culpo...me culpo a mi misma. Mi cabeza me dice que la
odie y mi corazón dice que es mi madre y debo aceptarla.

—Déjala madre, tú sabes que ella es rara —Natalia ríe, dándome una mirada de burla.

—Tienes razón mi niña —respondió acariciando el cabello de Natalia —. Fue un error haber
tenido a Alessandra. Cuanto me arrepiento.

Mi madre me entrega una mirada llena de odio y desprecio. Jamás puedo estar bien, trato
de llevar la fiesta en paz, pero con sus comentarios me están destruyendo.

Siento la mano de Alexander tratar de acariciar la mia, pero rápidamente la quito,


poniéndola encima de la mesa.

—Yo te dije cariño, estaba bien con Natalia, sin embargo, tú la querías —anuncio mi papá.

Aguantando mis lágrimas, sigo con mi comida, ignorando sus palabras, pero era imposible,
ellos no paraban de hablar del error que cometieron al tenerme. Es feo saber que tus
padres se arrepienten de ti y que te traten peor que la basura por nacer.

—Termine...—murmuro levantándome de la mesa e irme a mi habitación en silencio.

Al llegar cierro mi puerta con lentitud, dejándome caer en ella y colocar una mano en mi
boca para poder contener los sollozos. Estoy cansada de soportar esta vida que me toco,
cuanto quisiera irme y dejar todo atrás e iniciar una nueva vida.

Desde niña tuve que pintarme una sonrisa falsa y mostrarle a todo mundo. Fingir estar bien
hasta olvidar lo rota que estoy. Solo era niña cuando empecé a sentirme culpable conmigo
misma: mi comportamiento, mi peso, mis notas, todo. Mi familia me hizo odiarme hasta el
punto de no tolerar verme.

Nuestros padres aveces pueden hacer comentarios malos hacia nosotros y luego decirte
"fue solo una broma" Pues mira lo que tu broma hizo conmigo.

A lo lejos veo una tijera tirada, me levanto entre sollozos. Tenerla entre mis manos me jugo
temblar, la observo con atención y tristeza, no quiero irme, pero estoy tan cansada de esto
que no me queda otra salida.
La empiezo a rozar por una de mis muñecas para presionar levemente, cuanto esta por dar
más presión la puerta se abre abruptamente, dejándome admirar a Alexander, él me quita
de las manos la tijera para tirarla a un costado.

—¡¡¿Qué estabas haciendo?!! —me sostiene de mis hombros con desesperación.

—Creo que es obvio lo que trataba de hacer —sollozo tratando de soltarme de su agarre,
pero él solo aprieta más su agarre.

—Que te ardan los ojos si hace falta, pero no derrames ni una puta lágrima —ordenara con
seriedad para luego pegarme a su cuerpo y abrazarme

Recibo su abrazo colocando mis brazos en su espalda en busca de más protección, el


acaricia con suavidad mi cabello tratando de consolarme.

—Te prometo que no dejaré que nadie te haga sentir de esta manera —prometió con
seguridad Alexander.

Levanto mi cabeza para encontrarme con los ojos azules de Alexander que me observaban
con tristeza no lo dudo y le doy un cálido beso en sus labios, haciendo que él se
estremeciera y pegarme más a él.

—Tienes que irte o Natalia se pondrá muy estérica en busca de su hombre —me separo
para limpiarme mi cara con mis manos.

—Tienes razón, pero cuídate quieres —pidió, dándole un pequeño beso a mis manos —.
Buenas noches, destripadora.

Se despide para irse de mi habitación y dejarme sola, tomo una ducha rápida para
colocarme mi pijama y lista para dormir, porque mañana será un día muy largo para mi.

Quiero una nueva vida y es hora de no temer, salir y pedir ayuda. Aunque duela, tenemos
que hacerlo.

Haré una visita a la única persona que puede sacarme de este infierno.

***

Jugando con mis manos observo el rostro de Adrien quien está más pálido que una hoja de
papel.

—Entonces dices que soy tu papá —Adrien me observa sin creerlo.

—Basándose en las pruebas de ADN, sí.

Se preguntarán quien es Adrien, él es el mejor amigo de mi papá desde la escuela tanto


que son como hermanos, pero eso no lo impido tener un romance amoroso con mi madre y
creándome a mi.
Adrien y yo tenemos mucho parecido para ser verdad: misma cabellera rojiza, una mirada
loca y un carácter algo peculiar.

—Estas segura de lo que estás declarando —Adrien murmura pasando su mano por su
nuca en busca de relajarse.

—sí, desde que soy una niña lo empece a sospechar, ya que una noche te vi besando a mi
madre, tomando la gran idea de hacer una cena y le pide una empleada que se encargue
de guardar tu cubierto usado y dármelo para hacernos una prueba de paternidad —sonrió
extendiéndole la prueba de paternidad.

Adrien la empieza a leer con rapidez en busca de algo sospechoso, pero en el papel muy
claro dice que soy hija legítima de Adrien Bernard.

—Eres mi hija por dios, ¿desde cuánto sabes esto? —pregunta.

—Desde los diez años, pero no quería problemas en casa —admito, no quería que nadie se
enterara de que soy la hija bastarda de Nico Johnson.

—No sé que decirt...—cuanto esta por terminar de hablar la puerta se abre dejando ver a
una mujer pelirroja con un bebé en brazos.

Creo que debo irme ya.

—Amor, ¿quién es esa? —expresa bajando al bebé de por lo menos dos años caminar por
la sala.

—Lizzie, esa chica es mi hija con Sarah —Adrien declara pasando sus manos por su rostro.

Lizzie me observa unos segundos tratando de procesar todo lo que su marido le está
diciendo en estos momentos.

—Algo bueno tuvo que salir de ese amor tan tóxico —Lizzie sonríe para acercarse a mi y
acariciar mi cabello —. Que linda eres.

—Digo lo mismo de ti —sugiero viendo de reojo a mi verdadero padre.

—Sabes tienes un hermanito, se llama Ethan es muy adorable, pero muy malcriado —Lizzie
ríe, enseñándome a un gordete bebé pelirrojo.

—Amor pienso que estás asustándola —Adrien dice agarrando a Lizzie de los hombros
tratando de calmarla.

—Lo siento, es que estoy muy feliz que de ese amor de mierda que tuviste con Sarah haya
salido esta hermosa chica que se nota a lenguas que no es como la rígida de su madre.

—Eso no voy a discutirlo —rio admirando con curiosidad a mi supuesto hermano.


El está tirado en el suelo jugando con unos juguetes de bebé.

—Bueno, basta de emoción cariño, quiero saber que necesita Alessandra —Adrien le da un
corto beso a Lizzie para que se calmara un poco.

Nunca en mi vida conocí a una mujer tan alegre.

—Necesito quedarme unos días aquí —pido, observando a Adrien.

Capítulo 20
Alessandra

Beso a Pablo. El me respondió rápidamente, sus labios se movían tan apasionadamente y


posesiva que le gusta besar. Me separé de el, y me volteé hacia Alexander quien no dudo
en besarme bruscamente, justo como era él.

Pablo me acaricia mi espalda haciendo que Alexander me agarra de mis muslos y sentarme
en sus piernas mientras mordía mi labio inferior con fuerza haciéndome gemir de dolor y
deseo.

Pablo sube mi blusa lentamente mientras daba unos besos salvajes en mi espalda,
haciendo que la arquee y gemir con fuerza.

En eso Un llanto suena por toda la casa. Despertándome de mi dulce y caliente sueño.

¡Por la virgen de las solteronas! Que acabo de soñar.

Cuál es la razón para soñar con ellos, seguro en mi subconsciente deseo secretamente a
esos dos hombres que están tallados por el mismo demonio.

Tomo asiento en mi cama para empezar a revisar mi celular que tienen más de cincuenta
llamadas de Alexander, genial tengo a un psicópata buscándome por todas partes, pero es
muy lindo ver todos los mensajes tan tiernos de Alexander.

Eran como:

Donde estás.

Responder Alessandra o te juro que tendrás problemas.

Cuanto te encuentre, te prometo que te mataré.

Y para abajo es puro insulto y advertencias, ¿cree que voy a caer? Pues que se entere de
que no, yo no le tengo miedo a ese tarado que solo busca tenerme las 24horas del día con
él y odio como se preocupa por mí como si fuera una bebé estúpida.
Me levanto de mi cama con cuidado de hacer ruido o Ethan estallara en un llanto que
seguro levantara a medio mundo, cuanto salgo me sobresalto al ver a Lizzie media dormida
teniendo a Ethan en brazos.

—¿Qué paso? —pregunto recargándome en el mural de la puerta.

—Ethan, es un niño que le gusta mucho la oscuridad, haciendo que casi todas las noches
juegue, cante y llore —Lizzie dice cansada.

Este bebé me sorprende tenemos en común que la noche es mejor que el día, pero tengo
pena ver a Lizze tan cansada.

—Porque no me entregas al bebé y tu vete a descansar un poco —sugiero.

Lizzie no lo duda y me tira a Ethan en brazos para irse corriendo a su habitación, creo que
este bebé es muy caprichoso, pero no lo quita lo lindo que es.

—Eres lindo —aplasto sus mejillas para darle un beso corto en ellas —, no le digas a nadie
sobre esto.

Río haciéndolo cosquillas en su pancita. Luego de jugar con sus juguetes observo como
Ethan empieza a cabecear del cansancio, lo llevo a su habitación para echarlo en su camita
y arroparlo hasta la cintura.

—Si lloras esconderé tus juguetes, ok —sonrió observando, él asiente para voltearse y
dormirse sin ninguna queja.

Ethan es tan lindo. Esta familia que tiene es linda, es afortunado en vivir bien, hay otros que
no corren con la misma suerte y tienen que aprender a cuidarse solos.

Llevo a mi habitación para entrar al baño y encerrar rápidamente, ¿Por qué no puedo ser
feliz? Trato de serlo, pero conmigo siempre llevo un vacío en el pecho que me atormenta
todos los días.

Un momento estoy feliz y riendo, pero al otro estoy llorando de dolor. Seguro es por tener
siempre todo guardado para mí sola, en vez de sacarlo y compartir lo que siento.

Me observo en el espejo del baño, al verme veo como mis ojos batallan para no llorar, pero
es inútil, la tristeza casi siempre gana.

Cierro mis ojos para sollozar en voz baja y recordar mi niñez que tuve.

Flashback.

—por favor déjenme —sollozo contemplando como la puerta de mi habitación en el


internado trata de abrirse.
La puerta chirrió al abrirse y yo me envuelvo en mi manta. Deseando que fuera un
fantasma, pero eran esos tres hombres. Una noche más.

Fin de flashback.

Al abrir mis ojos me empiezo a observar con asco para sollozar contemplándome.

—Eres una asquerosa, Alessandra —grito con rabia para darme un fuerte golpe contra el
lavado de manos.

Uno, dos, tres, me golpeé las manos contra el lavado mientras lágrimas corrían, gotas de
sangre salían por mis manos, tenían los nudillos completamente rotos, morados y
sangrientos.

Camino unos cuantos pasos atrás para dejarme caer en la pared y llorar con impotencia,
¿Por qué a mí? Todas esas cosas tan asquerosas que me pasaron, tuvieron que pasarle a
mi pequeña yo. La puerta se abre de golpe dejándome ver a Lizzie y Adrien asustados al
escuchar mis gritos.

Ellos asustados se agachan a mi altura y abrazarme con miedo.

—Nunca volverás a estar sola, Alessandra —Lizzie dice para acariciar con suavidad mi
cabello.

Adrien acaricia mi mano sangrienta para llevarla a su mejilla con tristeza. A el no le importa
ensuciarse con mi sangre, a el le preocupaba yo, solamente yo.

—Todo estará bien —Adrien asegura mirándome.

Yo asiento porque no tenía palabras para agradecerles esto, en mi cabeza solamente


estaba que ellos me querían mucho más que mi verdadera familia, Lizzie era mejor madre
que la que tenía y Adrien era mucho mejor que mi maldito padre que me crio.

Las horas pasaron rápido, Adrien me curo las manos para vendarlas y dejarlas como
nuevas y Lizzie me hizo un té para tranquilizarme un poco. Luego me acompañaron hacia
mi habitación para ver que no cometiera ninguna locura.

—Buenas noches, cariño y no olvides que soy capaz de matar a cualquiera que trate de
lastimarte —Lizzie dice con una sonrisa para irse a descansar con Adrien.

Esa noche dormir feliz porque sabía que tenía una familia que me quería tal como soy, con
todos mis defectos y virtudes.

***

Clara empieza examinar mis manos con seriedad para luego mirarme con una cara de
pocos amigos.
—Alessandra, no vuelvas hacer esas cosas de mierda —Clara ruega.

—Tratare, pero te acuerdas cuanto te tiraste de las escaleras del colegio o cuanto Olivia se
tomó todo el clorox para no hacer el examen —menciono mirándolas con los ojos entre
cerrados.

—Me parece que todas tenemos problemas mentales muy serios —Olivia anunció, fumando
un cigarro.

Clara empieza a reír al igual que yo, estas chicas están tan locas como yo y eso es bueno
porque me comprenden en todo.

—Sí, pero que haremos ahora, no podremos ir a la fiesta —planteo echándose boca abajo.

—Claro que iremos, pero esta vez será diferente —confieso con malicia.

Olivia se acerca con emoción por saber al igual que Clara que casi salta de la cama para
acercarse hacia mi.

—¡Cuenta, cuenta! —Clara casi grita de emoción observándome con entusiasmo.

—Tengo información que estarán Pablo y Alexander juntos en busca de la pelirroja


misteriosa que dejo cautivado a Pablo, ¿sabes como se podrían al verme a mi? Ambos se
volverían locos y pelearían entre ellos.

Concluyo para levantarme de la cama y sacar de mi mochila una peluca rubia que había
pedido hace un tiempo.

—¿Qué les parece?.

—Alessandra eres tan hermosa cómo mala, tú vas a llevar a esos hermanos a la ruina —
Olivia sonríe con malicia —, me encantara ver la cara de Natalia cuando vea que su
prometió ama a su hermanita.

—Es verdad. Sufría tanto como yo lo hago —declaro probándome la peluca.

Les diría que me quedo raro, pero todo me queda bien.

—Te queda lindo, pero hay que arreglarnos —Clara se levanta de su cama para ir corriendo
por su maquillaje.

Pasamos horas arreglándonos para poder admirarnos en el gran espejo con una sonrisa
orgullosa.

—Si fuera lesbiana las besaría a las dos —Clara dice coquetamente.

Yo reí poniéndome unos guantes color vino que hace juego con mi vestido, el vestido tiene
dos aberturas en cada lado de mis piernas haciendo que se vea muy provocativo.
—Ya llego el carro —Olivia dice apartando la mirada de su celular para acariciar mi hombro
con suavidad para mirarme directamente a los ojos.

Yo salgo del trance para separarme y buscar mi cartera para irnos.

Al subir al carro una pisca de nervios se apoderó de mi haciendo que empiece a jugar con
mis manos.

—Todo saldrá bien —Olivia dice acariciando mi mano.

Yo asiento relajándome para poner mi cabeza en su hombro y suspirar.

Capítulo 21
Alexander

Suspiro con enojo, observando como Pablo no para de mirar la puerta de entrada con
desesperación.

—Puedes contener tus hormonas por un puto minuto —expresó viéndolo con frialdad.

—Mira, Alexander, tú estás loco buscando a esa niña y por lo que se, esa niña está
desaparecida. Y ni hablemos de sus padres que les importa una mierda donde esté —Pablo
sonríe con burla.

Eso es pura mentira, yo jamás estaría preocupado por esa descerebrada. No. Miento, estoy
volviéndome loco por esa niña que no aparece por ninguna parte, no obstante me encargue
de contratar a unos buenos investigadores que se hagan cargo de encontrarla y llevarla
conmigo otra vez.

Cuando estaba por irme la gran puerta se abre dejando ver a tres mujeres con sus
respectivos antifaces, dos de ellas son muy hermosas, pero la tercera es simplemente
perfecta.

Tenía un vestido color vino que hacía juego con sus guantes y con su delicada piel pálida
que posee esta mujer, hace que cualquier hombre fije su mirada en ella.

—Son lindas, pero no observo a ninguna pelirroja misteriosa por aquí —sonrió admirando la
cara de pocos amigos de Pablo.

—Cierra tu maldita boca —gruñe para prácticamente tirarle su copa a uno de los meseros e
irse.

Que sensible es mi hermanito.

Al voltearme me encuentro con la rubia misteriosa que hace unos minutos llego con otras
dos chicas más. Esta chica es hermosa, no dudaría en pasar un momento a solas, total
luego no volveremos a vernos las caras.
—Buenas noches y ¿tú, te llamas?...—pregunta sonriendo coquetamente.

—Digamos que me llamo, Alex —murmuro tratando de analizar quién esta atrás de esa
máscara.

—Le gustaría bailar —me extiende la mano.

Una mujer que toma la iniciativa... Me gusta eso.

—Sin dudarlo —agarro su mano para darle una vuelta y pegarla a mi pecho sin nada de
delicadeza — a bailar.

Al llegar a la pista, poso mis manos en sus caderas para darles un tirón firme pegándola a
mi cuerpo.

Sus caderas se mueven en un balanceo sensual y suave haciendo que apriete aún más mi
agarre, dios, hace tiempo que no disfruto tanto un baile con una persona.

—¿Cuál es tu nombre? —murmuro contra su oreja.

Ella solo ríe, siento que esta sonrisa la e visto en un lado.

—Pareces algo ansioso —su mirada se posa en mí.

Ella sigue moviendo sus caderas hasta el punto de sentir mi bulto ansioso, un gruñido se
me escapa. La volteo haciendo que su trasero choque con mi miembro erecto.

—Tranquila tu nombre no tiene importancia, solo con que sepas el mío basta —murmuro
pasando mi mano por su cuello y presionar levemente —. Ven conmigo.

La volteo para agarrarle la muñeca llevándola hacia los ascensores, una vez a dentro, la
agarro de los tirantes de su vestido y empezó a bajarlos para atacar su piel de su cuello sin
ningún pudor.

Al abrirse el ascensor no lo dudo y la cargo, ella enrolla sus piernas en mi cadera, uniendo
mis labios con lo suyos.

Estos labios se me hacen familiares, ¿pero de quién?

Entro a mi estudio, para tirar todas las cosas sobre mi escritorio para sentarla en el, acaricio
sus piernas con suavidad para llegar hasta el borde de sus bragas y tirar de ellas.

—Déjame hacerte sentir bien —murmuro roncamente para arrodillarme.

***
Alessandra

Al sentir como Alexander empieza a succionar mi clítoris hizo que un fuerte gemido de me
escapara, arqueando mi espalda.

—¡joder! —gimo al sentir como introducía un dedo dentro vagina húmeda.

Al introducir un segundo hizo unas lágrimas de satisfacción salieran, con su otra mano libre
bajo los tirantes de mi sostén para dejar al descubierto mis pechos, al hacerlo Alexander
empezó a presionar y acariciar uno de ellos, llevándome a otro mundo.

Joder, Alexander es muy bueno cuando se trata de sexo.

Empiezo a mover mis caderas al ritmo de sus movimientos de él, haciendo que jadee al
sentir como Alexander aceleraba a un más, tanto que siento que duele.

En eso siento como el orgasmo esta por venir, coloco una mano en mi boca para tratar de
contenerme un poco, pero era imposible.

Alexander chupa todos mis fluidos para levantarse satisfecho, él me ayuda a sentarme en el
escritorio mientras subía los tirantes de mi vestido.

—Te he estado mintiendo —murmuro un poco aturdida por el fuerte orgasmos.

—¿Qué? —pregunta frunciendo el ceño.

Yo me voy al borde de mi peluca rubia para retirarla y dejando a la vista de todos mis
cabellos rojizos. Con ellos me quito la máscara, dejando al descubierto mi rostro.

—¡Alessandra! —exclamo sorprendido, me observa con enojo para levantarme de la mesa


de golpe.

—follando con una desconocida —rio observando como tensa su mandíbula al igual que se
agarre.

En eso la puerta se abre par a par, nuestras miradas se dirigen hacia la puerta, donde ese
chico que tanto me busca; me observo pálido y sorprendió.

—Alexander, yo...—Pablo no llega a terminar su frase al vernos a ambos —¿Qué haces con
ella?

Pablo se acerca hasta a Alexander y nos separa a ambos, está enojado, muy enojado.

—Follandola —respondió con simpleza.

Pablo no lo duda y le tira un puñetazo tan fuerte que hizo que volteara su cara de
Alexander, sacude su cabeza para mirarlo con enojo y abaláncense sobre él.
Ambos empieza a pelear como perros tratando de decidir de quien soy, pero yo no soy un
objeto, soy un humana con libertad propia, no necesito a un hombre en mi vida para
cuidarme porque yo misma puedo cuidarme muy bien.

¿Por qué los hombres se obsesionan conmigo?

—¡Basta! —chillo, estoy cansada de esta situación —, podemos hablar como personas
civilizadas.

Como veo que paran de pelear sonrió, sin embargo, mi sonrisa se me borra al ver como
Alexander se levanta para agarrarme de la muñeca con fuerza.

—Nos vamos, ahora —Alexander ordena para arrastrarme.

—¡Suéltame! ¡Pablo, ayúdame, tu hermano me matará! —chillo nerviosa.

Pablo trata de detener a Alexander, pero él esta ciego con su enojo y celos.

—Acércate, Pablo y te juro que llamaré a Rett —Pablo al escuchar ese nombre se detiene
para dar un paso al costado y bajar la cabeza.

Lloriqueo golpeándolo su espalda con enojo. Alexander me trata como si fuera con costal de
papas.

Tengo miedo estos momentos, nunca vi a Alexander tan enojado conmigo. Estoy segura de
que me matara como dijo en sus mensajes.

Capítulo 22
Alessandra

¿Miedo?, Miedo debes tenerles a las personas con un corazón roto, esas personas harían
lo que fuera por su amado, con tal que un día puedan mirarlo con ojos de amor.

Matarían, destruirían a los que fuera necesario.

Todo por amor.

—¡Tu familia tiene toda la razón al decir que eres un monstruo!. ¡Solo mírate eres una perra
que se mete con cualquier hombre, solo para poderse sentirse bien consigo misma! —
Alexander me grita furioso mientras me agarra con fuerza de mis brazos.

A él no le importaba lastimarme con sus palabras o con sus golpes. Prefiero los golpes
porque con pasar los días podre olvidarlo, pero las palabras quedan en tu cabeza y se
repiten cada vez que te sientes triste.
—Sí, soy un monstruo, sin embargo, te has preguntado si yo quiero sentirme de ese modo
—expresó con dolor —. Daría todo por no sentirme de esa manera, pero mi familia se
encargó de destruirme por completo dejando a una chica con problemas de ira o de
ansiedad.

Él camina en círculos por la habitación, tirando de su cabello rubio con frustración. Trata de
controlar la poco cordura que tiene.

Sin esperarlo, Alexander se acerca hasta mi y sin ningún pudor une sus labios con los míos.
Mis lágrimas se mezclan con el beso, provocando unas confusas emociones en mi. Sentía
enojo, triste y deseo. Alexander me confunde con su comportamiento.

No puedo más, no quiero esto.

Lo empujo sin aviso para mirarlo con dolor al igual que él me observa a mí. Él solo piensa
en sí mismo y eso está acabando conmigo.

—No quiero volver a verte, Alexander. Tu acabas de decirme unas cosas horribles que
quedaran en mi cabeza por siempre y basta con los problemas que tengo con mis padres
para sumarle uno más. Simplemente, no quiero esto —admito con los ojos llorosos.

Trato de abrir la puerta pero estaba con llave. Perfecto ahora estoy retenida con Alexander.

—No, te quedas hasta que me asegures que siguiéremos viéndonos o tu amigo Marco
sufría un accidente —Alexander cambia su mirada a una oscura que solamente trasmitía
peligro oscuro.

—No metas a Marco, no tiene la culpa que yo sea una estúpida que se metió con un
desgraciado —anuncio acercándome a él para observarlo con odio —. Dame la maldita
llave.

El niega la cabeza varias veces para pasar una de sus frías manos por mi cabello, quería
apartarme, pero sabía que el se enojaría.

Esa noche supe que no conocía a Alexander. Era un manipulador, celoso y locamente
enfermo.

—Mi pequeña destripadora, eres tan hermosa —Alexander murmura para inclinarse y
darme un beso cálido en mi mejilla —. Te dejaré salir, pero con la condición que dejaras a
Pablo.

—Claro.

Yo asiento repetidas veces para recibir la llave y salir casi corriendo de la habitación que
una vez pisé. Donde todo inicio.

***
Con cuidado guardo la poca ropa que deje en casa para poder llevarla a mi nuevo hogar.
Cuando termino agarro mi maleta lista para irme pero en eso la figura de mi madre aparece
haciendo que para en seco.

—Por fin apareces —mi madre finge una sonrisa para analizarme de pies a cabeza —,
¿Dónde estabas?

—Eso no te debe importar, total nunca les he importado —me encojo de brazos mirándola.

Mi madre con enojo me agarra de mi antebrazo y apretarlo con fuerza.

—Te duele que no te queramos ¿cierto? —mi madre ríe —, ¡Cómo te voy a querer si eres
una chica rara que inventa cosas!

—¡Pero es verdad lo que te dije madre! —grito sintió como las lágrimas amenazan por salir
—tres hombres me vi... —estaba por terminar de hablar, cuanto la fuerte mano de mi madre
se estaban contra mi mejilla haciendo que jadee de sorpresa.

—¡No mientas!

—No te estoy mintiendo, es verdad cuando te dije que tres hombres abusaban
constantemente de mí cuanto era solo una niña... Todo fue su culpa por mandarme a ese
lugar —murmuro con dolor.

—¡Cuanto deseo que te vayas muerto en ese sitio, no sabes cuanto reza por que nunca
llegaras!

—¡Yo también rezaba, quería morir cada vez que ellos me tocaban y golpean tan fuerte
hasta el punto de dejarme inconsciente! —sollozo mientras la observa con dolor.

Ella niega con la cabeza sin creerme ninguna sola palabra, soy su hija y no me cree...
Simplemente, duele saber que tu propia madre no te apoye.

Observo como mis manos empieza a templar y mi respiración cada vez se volvía más
pesada.

Sin pensarlo me encierro en mi baño mientras tapaba mis oídos para no escuchar los
insultos y golpes de mi madre.

El pánico se apodera de mi cuerpo, necesitaba ayuda, pero quien me ayudaría, solo soy
una loca mental como dice mi madre.

Únicamente recuerdo como fue la primera vez que le conté a mi madre lo que mi hicieron en
ese reformatorio, ella se enojó mientras me decía que seguro yo lo había alucinado y que
dejara ese tema en el olvido.

Pero como olvidar lo que mi hicieron... Es imposible olvidarlo.


Busco mi teléfono con desespero para empezar a buscar cualquier contacto y llamar.
Escucho como tres veces el sonido de llamada suena para escuchar esa voz que conocía
tan perfectamente.

—Que sucede ahora —escucho la risita de Alexander mientras espera mi respuesta.

—por favor... Ven por mí...—sollozo en voz baja.

Escucho como el tono de voz de Alexander cambia por una de preocupación para
declararme que todo estará bien y que iba en camino.

Cuelgo mi teléfono para colocar una mano en mi pecho y respirar con dificultad. Los
ataques de pánico son la cosa más feas que le puede pasar a una persona, sientes como
una dificultad para respirar y un dolor en tu pecho.

—Que exagerada que eres siempre te haces la víctima —mi madre dice con odio para dejar
de golpear mi puerta e irse.

Al pasar los minutos escucho en fuerte golpe en mi puerta haciendo que me despierte
sobresaltada y abrirle la puerta.

Yo me abalanzo para abrazarlo mientras lágrimas corrían por mis mejillas, el coloca una
mano en mi cabello para acariciar con suavidad y ternura, pero sus manos estaban tensas
al igual que su cuerpo... Está enojado.

—Te sacaré de aquí —Alexander anuncia para cargarme como una princesa entre sus
fuertes brazos.

Al salir de casa Alexander me ayudo a subir a su auto con cuidado, como si fuera una flor a
punto de romperse.

Prende su auto y arrancar con una velocidad feroz. Todo el camino fue silencio, pero era un
silencio cómodo y cálido para mi.

El semáforo se puso en color rojo, Alexander se voltea para mirarme con atención.

—Haré algo que nadie haría por ti —planteo mirándome con esos ojos azules que son tan
hermosos.

—¿Qué harás?

—Llevarte al psicólogo.

Cuanto escucho las palabras de Alexander hizo que rápidamente me voltee y mirarlo con
sorpresa.

—No, gracias —concluyo para volver a poner mi cabeza en la ventana.


—No acepto un, no, de respuesta, tu iras y punto —el tono de voz de Alexander
prácticamente era una orden.

—Para qué necesito un estúpido psicólogo —gruño pasando mis manos por mi rostro.

El se saca el cinturón de seguridad para acercarse a mi, yo lo observo directamente a los


ojos, pero mi vista se desvió al ver que estaba en verde.

—Para que un día podamos amarnos, pero primero necesito que estés bien y luego vemos
que pasa —Alexander murmura para empezar a dejar besos por mi cuello.

Yo cierro mis ojos disfrutando mientras colocaba mis manos en su cuello para decirle que
siga con sus ricos besos.

En eso un coche toca la bocina haciendo que Alexander deje de besarme para abrir su
ventanilla con enojo.

—¡Muévete, está en verde! —exclamo al conductor de alado.

—¡estoy tratando de convencer a mi loca para que vaya al psicólogo, deja de joder, imbécil!

Observo a Alexander con una sonrisa, ya no me sorprende nada.

—acepto ir, pero, tu ,también iras porque necesitas controlar tus emociones —declaro
demandante lo cual asiente.

Capítulo 23
Alessandra

Al entrar a mi casa se cae mi cartera del impacto, ¿Qué hace aquí?

Lizzie me sonríe mientras observa con emoción a Pablo, este traía un gran ramo de flores
entre sus fuertes brazos mientras me sonría.

—Mi niña, este hombre guapo vino a traerte rosas —Lizzie chilla de emoción.

Le doy una mirada de pocos amigos. Hace una seña de cerrarse la boca, entregando una
mirada llena de emoción y querer gritar como una niña.

—Estaré en la cocina, y obvio que no estaré espiándolos como una enferma —Lizzie
anuncia yéndose.

Con rapidez me acerco a Pablo para quitarle el ramo de flores de sus manos, ¿Cree que lo
voy a perdonar solo por traerme flores?

—¡Odio las rosas! —gruño, tirándolas al suelo y pisotearlas con enojo.


Pablo me agarra sin previo aviso de mis hombros para acercarme hasta el —. Oye... Lo
siento, fuego.

—¿Quieres que te perdone? —le pregunto.

El asiente mientras acaricia con suavidad mis hombros. Una cosa que los caracteriza a
Pablo y Alexander es que son muy coquetos conmigo, muchas dirían que soy suertuda,
pero ellos me causan conflictos.

—Dime quien es, ¿Rett? —cuestiono.

Pablo con rapidez se aparta de mi para empezar a caminar en círculos por toda la sala.

—Rett... Es mi Padre —respondió de un solo golpe. Lanzó una mirada sorprendía —, pero
era un padre de mierda...hizo las cosas más repulsivas.

Pablo dice con la voz hecha un hilo, yo me acerco a él para abrazarlo. Yo más que nadie sé
que los padres te pueden destruir toda tu infancia.

—Él mató a nuestra hermana... Ella era solamente una niña cuando lo hizo —Pablo
murmura con dolor mientras escondida su rostro en mi cuello.

¿Tenían una hermana?... Estoy confundida, jamás Alexander me confesó que tenía una
hermana.

—Estoy confundida, ¿como que tenían una hermana?—pregunto con confusión.

—Ella era la menor de nosotros, era muy linda y tierna pero un día que regresamos de clase
yo y Alexander, vimos el cuerpo sin vida de nuestra hermanita y mi padre estaba sonriente
viéndola. Desde ese día no volvimos a casa, pero Alexander todavía tiene contacto con
nuestro padre.

Escuchando a Pablo, hizo que sienta como un dolor en mi corazón. No me imagino mi vida
sin Preston, él es como mi hermano mayor y lo amo demasiado para perderlo.

—Debes estar sufriendo, Pablo, pero te prometo que esto pasara —lo consuelo acariciando
su rostro con suavidad.

En eso Pablo me agarra de mi mentón para unir sus labios con los míos, sus labios se
movían a un ritmo rápido, haciendo que sea difícil seguirle el ritmo.

Él coloca una mano en mi cintura para tirar de ella, al sentir su cuerpo contra el mío hizo
que una oleada de placer corriera por mi cuerpo. La forma que tiraba de mi labio inferior era
lo más excitante.

Calmar su dolor con sexo. Están Alexander.

Todo estaba bien, pero en el momento que tocaron la puerta, todo se fue al caño.
Nos separamos al instante de escuchar la puerta, y con enfado me acerque abrir.

Al abrir la puerta una gran sorpresa se apodera de mi al ver a Alexander parado con una
gran sonrisa.

—Tenía las esperanzas que no me contrarías, pero aquí te tengo —anuncio fingiendo una
sonrisa.

—Soy un hombre muy dedicado —Alexander dice para tratar de entrar, pero lo bloqueo —,
déjame entrar.

Alexander cambia su sonrisa por una cara de pocos amigos. Como odio esa cara que pone,
hace que sienta escalofríos con verla.

—Sabes mi nueva madre odia las visitas de extraños —me encojo de hombros —así que...
Adiós.

Estaba por cerrar la puerta, pero Alexander puso su pie.

Genial hoy habrá un asesinato.

—A quien ocultas —Alexander dice para empujar la puerta y pasar de una vez por todas.

Él era mucho más fuerte que yo, que podía hacer... Tenía que distraerlo.

Corro hacia él para detenerlo, pone una cara enojada mientras trata de apartarme.

—! Alexander, por favor no hagas nada que te puedas arrepentir! —chillo para taparme los
ojos.

Listo ahora me matará.

—Estas más rara de lo normal —Alexander dijo con tranquilidad.

Al abrir mis ojos observo que nadie está en la sala. Solo estamos yo y Alexander.

—Todo bien solo estaba jugando —sonrió con nervios —, ahora dime por qué razón viniste
hasta aquí.

Pablo esperó que estés bien, donde quieras que estés.

—Cuanto cariño —soltó, tomaba asiento en el sofá —. Obvio que viene para excepcionar
que todo esté bien.

Es muy lindo de su parte venir hasta aquí, pero yo le deje en claro que no quiero ningún tipo
de relación con él...Al final de todo se casará con Natalia y yo quedare como una tarada.
—Lo que te dije esa noche era verdad, Alexander. Yo no quiero estar contigo porque al final
te casaras y tendrás una familia con Natalia —admito con obviedad.

El ladea su cabeza para mirarme con una sonrisa arrogante.

—Si tú me lo pides, Alessandra, yo mismo dejaría a Natalia —Alexander admite mirándome


con esos ojos azules tan penetrantes.

No puedo respirar.

Yo me quedo con la palabra en la boca para salir corriendo hacia mi habitación y


encerrarme.
Alexander es capaz de dejar a Natalia por mí.

Que hombre en su sano juicio me elegiría, soy loca, bipolar y depresiva. Natalia es todo lo
contrario a mí.

Escucho como empieza a tocar mi puerta Alexander con calma mientras me murmura que
abriera, pero estaba en shock.

—¡Lizzie!, ¡Lizzie!, ¡saca a este hombre de la casa! —grito para ser escucha por Lizzie.

***

Alexander

Mientras tocaba la puerta de Alessandra una señora pelirroja sale enojada para apuntarme
con su arma.

—¡Qué le hiciste a la niña! —la señora pelirroja me apunta mientras me miraba con enojo
—¡habla!

—Primeramente, bajé su arma, segundo no lo hice nada a su niña —digo con frustración.

Alessandra es algo loca, pero esta señora estaba más loca... Tal para cual, pero me gusta
ver como ella defiende a Alessandra, la debe querer mucho para hacerlo.

—Bueno ahora se va de mi casa o llamaré a la policía y le diré que usted está pretendiendo
a una niña.

Yo aguanto mi risa observándola, yo jamás le coquetee a Alessandra, simplemente


pasamos esa noche y desde esa noche tuvimos más encuentros.

—Claro me iré, pero dígale a su niña que esto no se queda así —advierto para irme.

***
Les engañé diciendo que me iría, no puedo dejar las cosas de esta manera con Alessandra.
Necesitamos hablar.

Como no puedo entrar por la puerta principal, entraré por su ventana.

Arreglo bien las escaleras para verificar que no haya nada de gente. Pensarán que soy un
loco entrando por una ventana.

Pongo un pie en el primer escalón de la escalera para empezar a subir hasta su ventana.

Alessandra me hace hacer estupidez por ella.

Con fuerza en pujo la ventana para abrirla y entrar por una vez por todas, sonrió satisfecho
al contemplar a Alessandra dormida mientras escuchaba música. Es hora de hablar, cariño.

Me acerco esta ella para quitarles los audífonos de un solo golpe haciendo que ella se
sobresalte.

—¡Auh, me dolió! —ella jadea de dolor viéndome con enojo —¿Cómo entrantes?

Ignoro su pregunta para sentarme a un costado de la cama.

—Quería hablar contigo —digo con simpleza.

—Entraste por mi ventana para únicamente hablar —ella gruñe con enojo.

—Quieres hacer otra cosa —sonrió malicioso, acercándome con deseo a ella.

Un movimiento casi automático, Alessandra se levanta de la cama para empezar a hablar


en voz baja.

—Mira Alexander, yo jamás voy a pedirte que dejes a Natalia, si quieres hacerlo hazlo, pero
no quiero que lo hagas porque yo te lo pedí.

Yo me levanto de la cama para caminar hacia ella y acariciar sus hombros, siento como su
cuerpo se estremece ante mi tacto haciendo que sonría.

—Piensalo, Alessandra, si me lo pides los dos nos iríamos Alemania hacer una nueva vida
juntos, como siempre tuvo que ser —murmuro para envolverla en mis brazos.

—Lo reflexionaré, pero no te prometo nada —planteo.

Al escuchar sus palabras sonrió para acariciar su rostro con suavidad y cariño. Contemplar
sus hermosos ojos azules, pude ver que está perdido, ella era mi perdición, haría lo que
fuera por ella... Solo tiene que aceptarme.
Alessandra toma la iniciativa para besarme con deseo y necesita. Caminamos unos pasos
hacia atrás para poder echarnos a la cama mientras seguíamos besándonos con locura y
pasión.

Con un solo movimiento le quito su camisa dejando al descubierto sus pechos, con rapidez
llevo uno a mi boca para empezar a jugar con el, Alessandra jadea con fuerza haciendo con
mi otra mano libre le tapé la boca.

—No hagas ruido o tu Madre nos escuchará —ordeno.

Ella asiente con sonrojada. Vuelvo a dejar besos por sus pechos, trazando un camino desde
sus pechos hacia su cuello, succionando la piel delicada de esa zona, Alessandra jadea en
voz baja mientras tiraba de mi cabello.

Pasaron unos minutos gloriosos con Alessandra, pero cambiamos de posición, ahora ella
estaba sentada en mi regazo mientras hacía movimientos circulares en mi hinchada
erección

Casi no teníamos ropa, lo único que nos impedía era nuestra ropa interior. Con desespero
rompo las bragas de Alessandra haciendo que ella me mira sorprendida.

—Ten más cuidado —ella sonríe mientras empieza a dejar besos en mi cuello.

Al entrar en ella un fuerte gruñido se me escapo al igual que Alessandra, ella coloca sus
manos en mis hombros para impulsar sus movimientos, con mis manos la agarro de sus
caderas ayudándola mientras da algunas caricias a su camino trasero.

Alessandra era una diosa en todos los sentidos, sé que a veces ella piensa que no es lo
suficiente para nadie, pero para mí estaba más que suficiente, su forma de ser tan
extrovertida, no le importa decirte la verdad en la cara. Esa es una mujer que vale la pena
tener a tu lado.

Llevo mi mano hacia su cuello para darle una leve presión haciendo que Alessandra
aceleraba con sus movimientos.

—No pares —le podio mientras siento como estaba por venirme.

Capítulo 24
Pablo

Al salir de la habitación de ese bebe, me dirijo hacia la habitación de Alessandra, pero la


puerta estaba con seguro.

Necesito saber si ella está bien.

Alexander está enamorado de Alessandra, lo sé. Él jamás haría esas cosas por una simple
chica.
Cuando él me habla de Natalia siempre me decía que era linda y se sentía cómodo con ella,
pero cuando me habló de Alessandra era como ver a otra persona.

Sus ojos brillan al nombras su nombre y sin que pudiera evitarlo sus mejillas se
acaloraban...está enamorado.

Estaba por irme, sin embargo, paro en seco al escuchar las risas de Alessanda y Alexander.
Una parte de mí quería romper la puerta y golpearlo hasta el cansancio, no obstante respiro
profundamente para irme lejos de esa habitación.

Estoy enamorado de Alessandra, pero si estar con ella significa lastimar a mi hermano,
prefiero no hacerlo y vivir con la soledad.

***

Eran las 6:00 pm.

Observo las parejas felices que caminaban sin rumbo.

¿Desde cuando hay tantas parejas? Digo, hay parejas, pero ahora las veo por todas partes
y siento tantas ganas de gritar de impotencia.

Me voy a morir con las ganas de ser amado.

¿Amor? El amor no existe solo existe esa palabra para poder cubrir: dolor, sufrimiento y
decepción.

Alessandra era ese tipo de persona observadora. Esas que notan en ti lo que, normalmente,
otros no. Y que te dice algo como "levantas mucho tu ceja derecha al hablar", "juegas con
tus manos cuánto estás nervioso", o "agachas la cabeza en los momentos en los que te
sientes incómodo".

Era diferente a todas las mujeres que había conocido.

Es la una chica que entiende nuestro pasado, y eso le gusto a Alexander.

Una rubia toma asiento a mi lado mientras me extendía una Coca cola.

—¿Quién eres? —pregunto mirando con confusión.

—Clara, amiga de Alessandra —dice con una sonrisa — tienes la cara de que me gusta,
Alessandra.

—¿Eres una bruja acaso? —rio agarrando la bebida.

Ella asiente con orgullo mientras observaba a la gente con burla.


—La gente se ve estúpida cuanto se enamoran —anuncia para de dirigir su vista a mi —.
Eres un claro ejemplo.

—Que buscas diciéndome esto.

—Pues que rías. Solo mírate estás tan deprimido por no tenerla, hay muchas chicas en este
mundo y vas a sufrir por una —Clara dice dándole un sorbo a su bebida.

Tenía razón, pero es muy difícil sacar a una persona de tu corazón.

—Eres muy linda —anuncio pasando un mechón de su cabello atrás.

—No coquetees conmigo, me gusta otra persona —ríe apartando mi mano —. Es un chico
lindo, atento y sus ojos son tan lindos, pero...está enamorado de otra chica.

Sus ojos se entornan tristes por unos minutos pero con facilidad lo esconde con una gran
sonrisa.

—Ese chico es un idiota al no ver lo linda que eres.

—No soy la suficientemente linda. Alesandra es perfecta y quisiera ser igual a ella...así
llamaría su atención de ese chico.

Ohh, ya lo entiendo.

—Alessandra es satanas y vuelve loco a cualquier estúpido —rio.

—No digas esas cosas de mi amiga —me pellizco el brazo —. No saldré contigo.

—Ninguna mujer se me resiste a mí... Solamente mírame —rio viendo como ella finge
desmayarse.

—¡Dios eres tan bello! —Clara suspira poniendo una mano a su pecho —. Sabes mañana
es nuestra graduación deberías ir.

Ella anuncia limpiando sus lágrimas que salían de sus ojos, por tanto reír.

—Que rara forma de decirme que te gusto —admito con una sonrisa coqueta.

—Eres un arrogante —declaro tomando otro sorbo —. Bueno me tengo que ir a ver unas
cosas para mañana.

Ella se levanta con rapidez haciendo que haga lo mismo.

—Vamos te acompañaré —veo como ella está por buscar una excusa, pero la interrumpo
—, no digas que, no. Se que me amas.

Clara sonríe para agarrarme de mi antebrazo e irnos hacia donde ella mandara.
***

Alessandra

—Sufro de problemas de ira y depresión y... —esta por seguir, pero el terapeuta me
interrumpe.

—Lo sé. Alexander se encargó de enviarme tus antecedentes —Robert dice rascándose la
nuca.

Robert tendrá como sus cincuenta años, canas se hacían muy evidente en su cabellera
castaña y por lo que veo no es casado.

—Claro. Mire solo tengo unos minutos Robert... Hoy es mi graduación —sonrió con
emoción.

—Felicidades, ¿como te sientes? o ¿Qué planeas estudiar? —me pregunta mientras


anotaba algo en su cuaderno.

Como odio ese puto cuaderno que solo hace que tenga ganas de saltarme encima de
Robert y quitarle el cuaderno y leerlo.

—Estoy emocionada y lo que pienso estudiar es psicología.

El frunce el ceño para negar varias veces la cabeza.

—Es una carrera linda, pero mi recomendación es primero estar sana mentalmente y luego
ver si eres capaz de llevar un título como psicóloga.

Yo bufo para tirar la estúpida pelota antiestrés que me regalo Robert.

—Tiene un buen punto, gracias por el consejo —sonrió —. Creo que debo irme.

Esta por irme, pero la voz de Robert me detiene.

—Solo dame unos minutos más —pide con una agradable sonrisa.

Quiero mejor y lo haré.

—Claro, total no pierdo nada—anuncio para cerrar la puerta.

No se, pero adoro hablar con gente mayor. Siento que pueden comprenderme mejor que
cualquier persona.

Después de unos minutos hablando sobre mis sentimientos y como debo empezar a
controlar mi ira o enfrentar el resentimiento que tengo hacia mi familia, puede comprender
muchas cosas hablando con Robert.
Primero: No debo sentir que es mi culpa. Yo no soy la culpable de recibir esos tratos, no soy
el problema. Mi familia lo es.

No saben cuánto esperaba escuchar esas palabras.

—Busca el lugar donde empezó todo, ese lugar donde te hicieron tanto daño y ve, grita con
todas tus fuerzas. Vota todo —Robert dice con una sonrisa cálida.

Ir al reformatorio... No puedo, no quiero.

—Lo intentaré —finjo una sonrisa.

El asiente satisfecho para empezar a marcar a su celular y llamar.

—Alexander está abajo esperándote —Robert anuncia, lo observe con confusión —, debes
irte a tu graduación... Corre.

Agarro mi mochila para salir disparada hacia la salida, al salir veo a Alexander recargado en
su auto mientas fumaba un cigarro.

Este momento me trae recuerdos de otro.

—Hola —rio para quitarle el cigarro de su boca y llevarla a la mía —, te hará daño.

—Niña mala —sonríe para darme un beso corto en mi mejilla.

Camino hacia la escuela, mi sonrisa se me borra al ver a Pablo hablando complacidamente


con Clara.

Estaba por bajar y gritarles, pero las palabras de Robert vinieron a mi mente y empecé
apretar con fuerza la pelota.

—Todo bien —pregunta Alexander mientras acaricia mi muslo.

Su toque era suave y cariñoso, pero eso no quita sus intenciones perversas.

—Por supuesto, querido —admito para sacar su mano de mi muslo y salir del auto.

El también sale para seguirme el paso, pero antes me detiene para entregarme unos lentes.

—Debes ser la envidia de todos —Alexander sonríe perversamente para ponerse los suyos.

Me coloco los míos para agarrar a Alexander del antebrazo y empezar a caminar entre la
multitud que nos miraba con asombro y envida.

Soy perfecta. Tengo una mirada intensa, un cabello rojizo que muchas quieren, un cuerpo
envidiable, pero sobre todo soy muy inteligente.
Alexander es muy apuesto y creo que también está acostumbrado a las miradas deseosas
de las mujeres. Somos iguales de un cierto modo, creo.

Al llegar al escenario donde llamaran a cado uno de nosotros, contemplo a Lizzie con
Adrien y el bebe.

Lizzie chilla de emoción para abalanzarse sobre mí, abrazar con mucha fuerza.

—Estoy tan orgullosa de ti —Lizzie dice abrazando más fuerte.

Yo asiento repetidas veces para separarme de ella y respirar agitada... Me estaba faltando
el aire.

Veo como Adrien observa con seriedad Alexander, al igual que Ethan.

—Quien es este hombre —Adrien dice con seriedad.

Mi garganta se seca observándolos.

—Es el prometido de Natalia —respondo sin rodeos.

Lizzie ríe observando a su esposo que estaba celoso, pero al escucharme su cara cambio a
una sonrisa amigable.

—Ya se me hacía conocido —Adrien dice limpiándole la babita de Ethan.

—Debes ser muy cercano a mi niña, digo por qué su hermana es una perra que ni siquiera
se digna a venir a felicitarla. A demás yo te conozco, de esa vez que fuiste a mi casa —
Lizzie dice para ladear la cabeza y observar con atención Alexander.

—Creo que debo irme a los asientos —Alexander anuncia para guiñarme un ojo e irse.

Yo reí por debajo viendo como Alexander se iba con incomodidad.

Mientras hablaba con mi nueva familia de lejos observo a Marco quien me sonríe con
felicidad y me sonrojo como una niña.

Esta por ir hacia el, pero una mano me detiene, me volteo para protestarle a la persona
desconocida, pero al voltear me encuentro a mi persona favorita.

Sin pensarlo lo abrazo.

—Preston...—murmuro con felicidad.

—Rapunzel...—él dice con felicidad mientras me abraza a un más fuerte.

—No sabes cuánto te extrañado... Pensé que no vendrías —digo separándome.


El ríe para entregarme una rosa azul, la recibo para acariciar con suavidad sus pétalos.

—No me perdería por nada tu graduación, además mi madre me mando para agradecerte
por todo, eres como una hija para ella —Preston admito con ojos llorosos.

—Dile a Katherine que la amo mucho y que espero que se mejore —expreso con una
sonrisa.

—Le diré, pero ahora quiero escuchar todo sobre tu semana —Preston señalo mirándome
con cariño.

Yo asiento para agarrarlo de la mano y empezar a caminar. Le conté cada cosa y como
empecé asistir al psicólogo.

—Preston, siempre te insisto para que te mudes a un lugar mejor, pero ahora quiero que
vengas a vivir conmigo y mi nueva familia —lo paro para hacer un puchero.

Preston sonríe para fingir estar pensando.

—Lo pensaré, pero primero habla con tu familia.

Yo chillo de emoción para abrazarlo y darle un monto de besos en su mejilla.

—Gracias, gracias —agradezco como una niñita que acabara de abrir su regalo de navidad.

Preston es mi persona favorita, haría lo que fuera por el, siempre estuvo a mi lado y me
cuido cuanto era solo una niña indefenca.

Me enseñó a cuidarme por mi sola, también a trenzarme el cabello. Md acuerdo cuanto el


jugaba conmigo a las muñecas... Simplemente le agradezco que él haya aparecido en mi
vida.

***

Sentada con mi familia me volteo para observar a Preston que estaba sentado al lado de
Marco y a su costado estaba Alexander y Pablo.

Espero que no haya peleas.

Veo como empiezan a llamar a muchos estudiantes, ellos subían felices mientras su familia
aplaudía con felicidad.

No tenía a mi familia anterior, pero tenía la nueva que era mucho mejor que ellos.

En eso escucho mi nombre con el de mis amigas haciendo que nos levantemos con
emoción.
Olivia es la primera en recibir su diploma con seriedad, Clara salta de emoción al recibir el
suyo.

Al momento de recibir el mío una punzada de felicidad se apodera de mí.

Todos los momentos que había llorado, en los momentos que mi familia me había
despreciado. Todo había valido la pena.

Jamás pensé llegar tan lejos.

Sonrió viendo como el rostro de Alexander, Pablo, Marco y Preston se iluminan con felicidad
mientras aplaudían entre la multitud.

Lizzie levanta a Ethan como si fue una bandera mientras saltaba de emoción, Adrien
también aplaudía con orgullo y felicidad.

Al bajar las chicas me abrazan con fuerza para luego susurrarme algo que hace que sonría
con emoción.

—Te espero a las doce de la noche —Olivia murmura para entregarme un papel que
contenía una dirección.

Creo que habrá una gran fiesta.

***

Sonrió con incomodidad, observando como Alexander mataba con la mirada a Marco. Los
únicos tranquilos eran Pablo y Preston, ellos hablan con tranquilidad.

—Vi como observaste Alessandra hace unos minutos —Alexander dice mirando a Marco
con enojo.

—Eso no te importa, total ella está libre y tú estas por casarte —Marco dice entre dientes.

No puedo creer que Marco haya respondido tan duramente a Alexander.

—¿Alguien quiere más jugo? —trato de cambiar el tema.

—Por favor —Preston me extiende su vaso.

Lizzie y Adrien salieron a una reunión de trabajo dejándome con ellos, ¿saben lo peor?
Sentir sus miradas en cada movimiento que hago.

Excepto Preston, el es como mi hermano.

En eso la puerta se abre de un solo golpe dejando ver a Natalia todo roja de enojo.

Mierda.
Capítulo 25
Alessandra

—¡Alexander, qué haces aquí! —Natalia grita, caminando hacia mí y levantarme de mi silla
—¡Qué haces con mi prometido!

Natalia me agarra con fuerza de mis muñecas mientras me observa con odio.

Le doy una mirada llena de amargura y suspiro cansada.

En un movimiento la volteo para ponerla contra la pared mientras presionaba su rostro


contra ella.

—Dejemos unas cosas claras, hermana. Yo no soy esa niña que se dejaba golpear o
insultar, así que hablemos con calma y empieza a medir tu tono de voz.

Gruño apretando su rostro contra la pared, unas manos me agarran de mi cintura para
separarme de Natalia.

Ella grita como loca, tratando de golpearme, pero Alexander la carga como costal de papas.

—¡Basta, Natalia! —Alexander le grita con desesperación.

—Como quieres que me calme si estas con ella. ¡Alessandra quiere quitarte de mi lado!,
pero que se entere de que no la dejaré —Natalia dice entre dientes. Trato de acercarme a
ella, pero Preston y Pablo me detienen.

—Será mejor que me la lleve —declara para llevarse a Natalia afuera de mi casa.

—sí, hazlo ahora —le pido.

Alexander trata de buscar mi mirada, mas la esquivo y me acerco a Preston; abrazándolo


como una niña, escondiendo mi rostro. No quería verlo, me estoy siento como la otra y
jamás pensé sentirme de tal modo.

Una cosa es haber pasado algunos momentos íntimos y trate de dejarlo solo así, pero él no
le gusta nada la idea, le enloquece saber que estoy con otros chicos. A pesar de todo,
Alexander Ninfa ese paso, dejar a Natalia.

Me mostraría que en verdad siente algo serio.

***

Doy una vuelta mostrándole mi vestimenta a Preston que consistía de unos pantalones
ajustados y con un top de espalda descubierta.
—Estas hermosa, Rapunzel —Preston me sonríe con cariño para levantarse de su asiento,
acercándose a mí. Con cuidado el se quita su collar de la suerte para entregármelo en mis
manos —. Quiero que lo tengas, Rapunzel.

Mis ojos se ponen cristalinos, mirándolo con impresión.

—¿Por qué?, ¿Por qué me lo entregas? —murmuro viendo como su sonrisa se hacía más
grande, apareciendo esos lindos hoyuelos que tiene.

—Eres mi persona favorita en este mundo, Rapunzel. Apareciste en mi vida cuanto menos
lo esperaba. Eres como mi hermanita y estoy feliz que lo seas, porque pasamos los mejores
momentos juntos: cocinamos, bailamos y te enseñe defensa personal para qué puedes de
defenderte de este mierda de mundo.

Al escuchar sus palabras hizo que sonriera recordando todos nuestros momentos juntos. Él
me ayudo cuanto nadie lo hizo y agradezco todo lo que Preston hizo por mi.

—Ayúdame oponérmelo —chillo de emoción para apartar mi cabello de mi cuello.

Preston me lo coloca con cuidado para lugar admirarme con felicidad.

—Estas perfecta.

—gracias.

En eso tocan la puerta con fuerza, salgo corriendo abrir, chillo de emoción viendo a mis
queridas amigas paradas con una caja de bebidas.

—Pasen —sonrió dándoles pase para que entren.

Cuanto llegamos a la sala veo como Preston se le ilumina los ojos al ver a Olivia... Acaso...
¡No!

—Clara, acompáñame a buscar mi casaca de cuero —anuncio para jalarla de un solo tirón.

Cuanto llegamos a mi habitación cierro la puerta con seguro para observarla con atención,
empiezo a caminar en círculos viéndola.

—¿Qué pasa?...—Clara murmura viéndome con ojos cristalinos.

—Lo mismo te pregunto —la miro con seriedad.

—Estás enojada conmigo... ¡Creo que lloraré! —Clara chilla para estallar en llanto.

—Joder, no llores —me quejo abrazándola con fuerza. Clara es un poco sensible... No. Es
muy sensible.
—Lo siento —se disculpa separándose de mi —, ahora dime que sucede.

—pienso que mi Preston tiene un amorío con Olivia.

Admito cruzándome de brazos, nada más pensar que Olivia me robe la atención de Preston
hace que me ponga furiosa.

—Consideró que eres una hermana celosa.

—¡Sí, estoy celosa!

—¿Ahora que hacemos? —pregunto.

Oohh, ya sabía que hacer.

—Ya verás.

Chillo para agarrar otra vez a Clara y caminar en silencio por el pasillo, caminando empiezo
a escuchar besos. Mi juicio se nubla y corra haber.

Preston y Olivia se están besando con cariño mientras se murmuran que se amaban.

No. No. ¡No!

—¡¿Cuánto pasó esto?! —pregunto rompiendo el habiente de amor de ellos.

Ambos me observan pálidos para apartarse uno del otro, Olivia camina hacia mi tratando de
tocarme, pero la detengo.

—¡Responde!

—Un año. Alessandra quería contártelo, pero temía que te pondrías así.

Una risa se me escapa para verlos a ambos, ellos me observan con confusión tratando de
comprender.

—Actuó bien. No me importa que salgan, solo quiero que ustedes sean felices y ya —
admito con una sonrisa.

Ok, soy un poco loca.

Preston ría para caminar hasta mí y abrazarme.

—Eres la mejor —dice para darme un beso en la mejilla.

—Siempre, pero quiero que me cuenten como ustedes terminaron saliendo —cuestiono.
Admito que estoy un poco mal, es mi hermano y quiero que sea amado como se merece.
Olivia es una chica dura a la vista de cualquier persona, solo que esta vez fue diferente. Sus
barreras que tenía día a día, no estaban...solo se veía una mirada llena de amor y
confianza.

Y supe que ambos están destinados amarse por siempre.

Pasamos las horas que quedaban de la tarde escuchando como ellos se enamoraron,
Preston estaba feliz con Olivia y eso me ponía más que feliz.

Siempre quería que Preston tenga un amor y que bueno que lo tiene.

Pero una parte de mi le duele un poco saber eso, pero Preston es mi persona favorita, si él
esta feliz, yo lo estoy.

—Adoro esto y les deseo un final feliz —les tiro un besito —. ¡Que viva el amor!

—¡Sí! —Clara aplaudió con felicidad.

***

Sonrió fascinada, admirando la gran discoteca que estaba a las afueras. Qué pena que
Preston no pudo venir.

La música era agradable, daban ganas de salir a bailar con cualquier desconocido.

Clara con emoción me lleva a esta arriba para tomar asiento.

Con una gran sonrisa veo a toda la gente bailando al ritmo de la música, este es un lugar
donde nadie sabe quién soy... y no tengo que fingir.

Perfecto, ¿no?. Era muy perfecto para ser real, aveces la presencia de alguien arruina tus
planes.

Mi sonrisa se me borra al ver entrar a Alexander y Pablo, con trajes completamente


oscuros, lo único diferente que tenían era que Alexander tenía anillos que adornaban su
mano.

Su mirada se encuentra con la mía y una sonrisa coqueta se le pinta en su rostro, en


cambio yo solo lo observo sin ninguna emoción.

Joder esa sonrisa que tiene Alexander hace que pierda el control.

Solo tengo que respirar y todo estará bien.

Ellos empiezan a subir hacia donde nos encontrábamos nosotras, al llegar Alexander sonríe
para tomar asiento justamente a mi lado.
—Qué coincidencia no creen —el sonríe pasando su mano fría por mi muslo.

—No lo creo —admito quitando su mano de un solo golpe —. Pero me gustaría bailar con,
Pablo.

Sonrió con malicia observando como el rostro de Alexander se tensa.

—Ya era hora que me saques a bailar —Pablo ríe, agarrando mi mano y bajar hacia la pista
de baile.

Clara y Olivia me guiñan un ojo viéndome bajar.

Bailando como Pablo, alzo la mirada para encontrarme a Alexander tenso mirándome, está
recargado en el balcón mientras tomaba un vaso de tequila.

Lucia tan tenso, hasta aquí puedo ver su vena de su cuello latir con rapidez, ¿Qué hombre?
Sí, es un hombre hecho por los mismos Dios.

En eso Pablo me voltea la cara para besarme.

Quería quejarme y detenerlo, pero él dice algo que hace que no lo haga.

—Quieres enojar, pues bésame —dice entre besos.

El beso no duro unos minutos, ya que soy separada con brusquedad de los labios de Pablo.
Alexander nos observa con ira, pero contiene sus ganas de golpear a su hermano.

—Solo yo puedo besarla —Alexander anuncio para agarrarme de mis mejillas y besarme
con brusquedad.

Trataba de separarme, pero él estaba como un toro enojado, tratando de marcar territorio.

Al separarse de mí, yo me mareo...fue un beso muy intenso.

Clara aparece, me agarra de mi antebrazo y le sonríe a los cavernícolas de Alexander y


Pablo.

—Dejen de pelear y prueben esto —Clara sonría entregándonos unas pastillas —.


Disfruten.

Con rapidez me la trago para sonreír con nervios, Alexander y Pablo hacen lo mismo al
verme.

Cada minuto que pasaba me empezaba a sentir relajada al igual que mis queridos
hermanos Brown.

Una carcajada se me escapa viéndolos a ambos, ¿Por qué me quiero reír?


—De que te ríes —Alexander ríe viéndome.

—Me siento tan feliz —Pablo ríe viendo sus manos.

Sin más los abrazo para empezar a olfatearlos.

—Huelen muy rico —rio para separarme de ellos y mirarlos con burla —. Hay que bailar.

Los agarro de sus muñecas para arrastrarlo hacia la pista.

Bailando entre los dos hizo que los tres empecemos a reírnos mientras cada vez nos
sentíamos más relajados y felices.

—Los amo tanto chicos que los besaría a los dos —anuncio bailando.

En eso Pablo me voltea la cara para unir sus labios con los míos. Alexander empieza a
besar mi cuello mientras espera su turno para comerme a besos.

Al terminar con Pablo, agarro a Alexander de su camisa para besarlo en sus labios con
rapidez, Pablo besa mi espalada con anhelo y necesidad.

Cuanto nos separamos rio sin creer lo que acaba de pasar.

Acabo de besarlos a ambos.

Genial.

Capítulo 26
Alessandra

Me muevo entre las sabanas tratando de ocultarme del estúpido sol, pero al moverme
choco contra un pecho duro.

Pestañeo unas cuantas veces para abrir mis ojos con lentitud... ¡Carajo!

Me levanto de un golpe para contemplar Alexander y Pablo durmiendo. Alexander esta


durmiendo a mi derecha y Pablo dormía mi izquierda; ambos tenían chupetones desde su
cuello hasta su abdomen.

¡Quémierda paso aquí!

Con cuidado me bajo de la cama para irme sin mirar atrás al baño.

Un grito se me escapa al verme en el gran espejo del baño, chupetones, muchos


chupetones tenía desde mi cuello hasta mis pechos y hombros.
En shock entro a la ducha para empezar a lavar mi cabello.

—¿Qué pasó? —murmuro con frustración.

Con cuidado hago masajes en mi cabello para empezar a masajear con cuido, en eso unas
frías manos se apoderan de mis pechos para darles un apretón.

—buenos días, destripadora —saludo con un tono de reciben levanto que hizo que me
ponga de los nervios.

Empezó adarme besos por mi cuello y yo casi gritó del susto.

—No le veo un buen día —admito para quitar sus manos de mí —¿sabes que paso a
noche?

El niega la cabeza.

—No tengo puta idea qué paso, pero sé que quiero follarte —admite.

—Te quedarás con las ganas, porque yo no quiero —aclaro.

De un solo golpe él me pega contra la pared, besándome con salvajismo. Sus manos viajan
por todo mi cuerpo, haciendo que mi juicio se nuble y jadee con fuerza.

Coloco mi cabeza hacia atrás al sentir como Alexander empezaba a presionar mi clítoris. Al
sentir como introduce en dedo, gimo fuertemente para colocar mi cabeza en su hombro.

—¿rápido o suave? —pregunta deteniendo sus movimientos.

—rápido...—murmuro ansiosa.

El sonríe levemente para unir sus labios con los míos.

—Abre un poco más las piernas o te dolerá, amor —ordena mordiendo el lóbulo de mi oreja.

Con rapidez abro más mis piernas. Alexander empieza a penetrarme con rapidez para
introducir un segundo, gimo con fuerza, haciendo que sus movimientos se volvieran más
violentos, paso mis manos por su espalda y clavo mis uñas en ella.

El gruñe ante mi acción para acelerar sus movimientos, Alexander coloco su cabeza contra
la mía para darme cortos besos.

—Alessandra...—murmura con intensidad.

—Joder, esto es muy bueno...—gimoteo abriendo mis ojos y verlo.

—Y solo yo puedo hacerlo —me besa el cuello, dando unas ligeras mordías y lamidas por
los chupetones.
Siento como el orgasmo está por venir haciendo que cierre mis ojos con fuerza. Llegando a
límite suspiro para dejar caer mi cabeza hacia atrás y recuperar el aliento.

Tocan la puerta unas repetidas veces, Alexander y yo nos miramos nerviosos.

—Alexander, sabes donde esta Alessandra —escucho la voz de Pablo.

—Creó que se fue —Alexander dice viéndome con una sonrisa.

—Bueno, iré a buscarla —Pablo dice por último.

Al salir de la ducha con una bata blanca que Alexander me entrego empiezo a examinar el
lugar.

Era grande, las paredes están pintadas de blanco, pero tenían detalles de flores, la cama
era matrimonial por lo que veo y tenían un lindo balcón.

—Alexander —lo llamo.

El aparece ya puesto su pantalón.

—¿Qué sucede? —pregunta acercándose a mí.

—Es verdad que tu padre mato a tu hermanita —pregunto de golpe.

Desde que me entere sobre ese tema he tenido la necesidad de preguntarle.

Veo como Alexander se empieza a tensar al instante de nombrar a su padre.

—Veo que Pablo te lo contó.

—Sí, sin embargo, me hubiera gustado que tú me lo contaras —bufo viéndolo.

—Porque lo haría, tú no me cuentas tus secretos —dice serio.

—Es verdad, pero no tiene nada que ver.

—Alessandra he tratado de ayudarte en muchas ocasiones, pero tu simplemente no me


dejas —anuncio viéndome con cansancio —, cuál es tu problema que no me dejas quererte.

Uno: estás por casarte, idiota.

Aunque también uso eso como excusa, ¿Si Alexander la deja que haría? No se, no tengo la
menor idea. Desde pequeña no confío en nadie y el amor es algo inexplicable si me lo
preguntan.

No quería sufrir por amor...yo ya sufrí la suficiente.


—Trato de mejorar, pero no puedo, mi madre nunca me amo y Lizzie si me ama es muy
extraño saber que alguien me ama... Siento que no merezco ser querida por nadie —
declaro sintiendo como las lágrimas amenazaban por salir.

Alexander se acerca hasta mi para sentarse a mi lado y rodearme con sus brazos.

—Mi padre siempre llegaba ebrio a casa, nos golpea con fuerza diciendo que no debíamos
haber existido. En ese entonces no tenía el dinero que tengo. Mamá nos abandonó
dejándonos a Rubí, mi hermanita, era solo una bebe y Pablo y yo trabajamos y estudiamos
al mismo tiempo... Fui él adulto con tan solo diez años.

Alexander murmura para acariciar mi cabello con suavidad. Sentía dolor recordando, lo noto
por su mirada.

—Te hizo tanto daño y tú todavía tienes contacto con él —replico.

—Él está en cosas turbias y por su culpa me metió en eso, él uso mi nombre en todos sus
negocios haciendo que siempre esté en peleas.

—Es un hijo de puta, si me lo encuentro lo mataré —advierto sonriéndole.

Quería animarlo, pero no podía... Él estaba dañado.

—Te protegeré de cualquier persona que te lastime —Alexander dice para darme un beso
cálido en mis manos.

—Pero tú eres el que me lastima —murmuro viéndolo con tristeza.

—Entonces te protegeré de mi mismo —el promete viéndome con amor.

Alexander me está haciendo sentir cosas que no quiero sentir.

Me estaba haciendo amarlo.

Estoy perdiendo la cabeza.

—Creo que estoy empezando a quererte —admito bajando la cabeza.

No quería sentir amor, no quería encariñarme con él.

Encariñarse con alguien solo trae problemas.

Alexander levanta mi rostro para contemplarme con una sonrisa de felicidad.

—Me estás volviendo jodidamente loco —confiesa para unir sus labios con los míos.

***
Viendo toda la multitud que están en esta cafetería hizo que me dificulte encontrarla, pero
cuando estaba por rendirme e irme una voz femenina me detiene.

—Viniste —sonríe para darme un beso en la mejilla —. Ven conmigo.

Al llegar a nuestra mesa tomo asiento, mirándola con seriedad, ¿Cómo puede ser tan
perfecta?, tenía un vestido de seda color gris que hacía que su estupenda figura resaltara
más de lo normal y ni hablar de su cabello rubio.

—Hermana te veo un poco cansada, ¿todo bien? —Natalia cuestiona viéndome con una
cara más falsa de preocupación.

—Todo bien, es que tuve una mañana algo movida.

—Bueno, te preguntarás por qué estás aquí —yo asiento para mirarla con atención —. El
día que peleamos, Alexander y yo discutimos un poco, pero al final todo se volvió pura
felicidad.

Yo parpadeo unas cuantas veces para mirarla con confusión.

Como es posible que estén bien después de ver que Alexander estaba conmigo.

—Se puede saber por qué tanta felicidad —finjo una sonrisa.

—¡Pues ambos decidimos tener un bebe! —Natalia grita de emoción.

Esas fueron las únicas palabras para destruirme por completo.

O mejor dicho: volverme una loca.

Un bebe, un puto bebe. Que esperaba, las parejas hacen este tipo de cosas.

Aguanto mis lágrimas para fingir una gran sonrisa... No lloraré por un hombre.

—Felicidades.

—Gracias, pero también quiera invitarte hoy en la noche a una fiesta en casa. Si quieres
puedes llevar a esas personas que viven contigo —Natalia dice sin problema.

—Sabes cuando tengas un bebé, probablemente tu cuerpo se destruirá en mil pedazos,


dejándote marcas y estrías, ni hablar como quedará tu abdomen —anuncio mirándola.

Quiero que se quite esa idea de tener un estúpido bebe, porque si llegara a pasar eso,
tendría que dejar Alexander.

Natalia observa para todos lados para inclinarse hasta mi y murmurar.


—Yo no quiero un bebé, pero Alexander no quiere intimidad conmigo y creí que si le rogaba
tener un bebé, él me tocaría y tendría un puto orgasmo, pero solo me dijo que ok, pero no
hace nada al respecto —declaro con necesidad.

Quería reír y saltar como un conejo emocionado, pero me contengo.

—Te entiend.. —estaba por terminar, pero ella me detiene.

—Claro que no me entiendes, solamente mírate, tratas de ocultar esos chúpenos que tienes
por tu cuello... Seguro tuviste sexo.

—Sabes me siento incómoda hablando de sexo. Me tengo que ir —digo para levantarme de
mi silla —, nos vemos en la noche.

Salgo deprisa, tomando el primer taxi que puede conseguir. Todo el camino pensaba en
Alexander y nuestra situación.

¿Esto terminará bien?

El tiempo lo dirá.

Entro a casa y una sonrisa se mi dibuja. Mi familia. Me sonríe con alegría y sentí mi corazón
contraerse de tanta emoción.

—¿Como estuvo tu día? —Adrien pregunta, entregándole el biberón con lecha a Ethan.

—Mmmm...digamos que estuvo interesante —rio nerviosa.

—Ayyy, aún me acuerdo cuando yo me gradué y tuve un amorío de una noche con dos
hombres —mi boca casi se cae al suelo, ¿cómo es posible eso? El mundo me sorprende.

—Amor, no le metas esas cosas a nuestra hija —Adrien la calla.

Mis ojos se iluminan y las ganas de llorar de felicidad aparecen, ¿nuestra hija?, ¿Yo? Sí,
soy yo.

—¿Me consideran como parte de su familia? —me acerco a ellos.

Lizzie y Adrien se miran entre sí para luego mirarme con confusión.

—¿Por qué no lo haríamos? Eres un sueño y una chica linda, con una gran personalidad,
Alesandra. Además te considere mi hija cuando entrantes por esa puerta.

¿escucharon eso? Es amor maternal y paternal sincero y estoy segura que jamás me harían
daño.

—Los quiero —anuncio sin miedo.


—Nuestros más —ambos dicen con una sonrisa.

Me siento a lado de Ethan y le acaricio sus rizos rojizos. Es un muchacho muy guapo.

—Me olvidaba, ¿me acompañan a una fiesta? —les pido.

***

Entre mis brazos mi querido hermanito Ethan duerme. Hace unos minutos llegamos a la
fiesta que Natalia organizo y no saben lo feliz que me hace ver la cara celosa de mi madre
al ver a Adrien con Lizzie.

—Cariño, quieres que cargue al bebe —Lizzie pregunta con un sonrisa calidad

Tengo que admitir que Lizzie es guapísima, no parece que haya tenido un bebe tan gordito
con Ethan.

Ella tenía un vestido corto color verde que apretaba cada parte de su cuerpo y para rematar
tenía un hermoso peinado de cola alta.

Yo estaba con un vestido color azul que tenía una gran abertura entre mis pechos. Este
vestido es perfecto en mi cuerpo.

—Cuantos minutos debemos estar aquí —Adrien se queja.

—Solo una hora máximo —rio viéndolo.

Adrien me comprende cuanto se trata de mi rara familia.

Mi no padre saluda a mi padre con una sonrisa para irse con apuro a lado de mi madre.

¿No sería épico gritar que soy la hija bastarda?

Casi todo mundo estaba aquí, desde familiares lejanos hasta los amigos de trabajo de mi
"no padre".

A lo lejos veo como Alexander se acerca a nosotros, pero Adrien le tira una mirada
matadora, mas Alexander la ignora.

—Buenas noches, señor —Alexander sonríe con descaro.

—No me agradas —Adrien admite para irse.

Con todas las fuerzas que tengo me muerdo mi labio inferior, tratando de guardar mi risa
pero no podía.

—Parece que no le agradas —rio viendo a Ethan que estaba levantándose.


—No necesito agradarle al padre... Nada más necesito agradarle a la hija —murmura
viéndome con ansias.

—¿Por qué me observas como si quisieras follarme? —pregunto incómoda por su mirada
intensa.

—En este momento le tengo envidia a ese bebé —admite agarrando mi mano libre,
llevándola a su pecho.

—¿Por qué? —cuestionó levantando levemente mi ceja.

—Él está más cerca de esos pechos perfectos que tanto me gustan —el sonríe con malicia.

—Qué cosas tan sucias estas diciendo, cuñado —me hago la ofendida.

El ríe para darme un beso en mi mano que sostenía.

—A la mierda todo, deja a ese bebe y sube conmigo arriba para follarte duro —Alexander
me ordena.

No soy una facilita, pónganse en mi lugar por favor, antes de juzgarme.

Capítulo 27
Alessandra

Besos lentos y apasionados. Sus besos de Alexander fueron diferentes y únicos, que
capases dejarían marca por siempre.

Con lentitud él se deshizo de mi vestido dejándome solo en ropa interior, su mirada se


vuelva aún más lujuriosa haciendo que sonrisa con malicia para volver a besarlo.

Ya en la cama empezamos a besarnos con más intensidad y lujuria. Alexander tenía su


abdomen descubierto por completo. Su tan trabajado y duro abdomen.

Lo volteo para quedar encima de él y empezar a dejar besos húmedos por su abdomen.

Él lleva sus manos hacia mi sostén para quitarle el clic y quitarlo de un golpe.

—Eres jodidamente hermosa —Alexander admite para empezar acariciar mis pechos.

Jadeo levemente para empezar a mover lentamente mis caderas sobre el gran bulto
ansioso de Alexander.
Ya sin ropa sujeté su miembro con mi mano y levanto mi cuerpo metiéndomela poco a poco
dentro. Alexander echa la cabeza hacia atrás entreabriendo la boca y yo gimo a medida que
va entrando en mí.

Moviéndome hacia atrás y adelante, vuelvo a sacarla lentamente, pero esta vez
contrayendo las paredes de mi vagina haciendo que Alexander gruñera fuertemente de
placer.

Subo hacia arriba con más fuerza haciendo que mi vagina se deslice sin ningún problema
por su miembro. Ambos gemimos fuertemente, pero gracias a la música de la fiesta no se
logra escuchar nada.

—Joder, Alessandra —me hablo ronco cambiando de posición.

Yo estaba acostada y el entre mis piernas, encima mío.

Comienza a penetrarme fuertemente, dándome unas penetraciones salvajes y duras


haciendo que arquee la espalda.

Vuelve a introducirse en mi y sin quitar su mirada de mí me da una embestida que me hace


soltar un leve grito, pero de placer.

—Dios...—gimoteo sintiendo como estoy por venirme.

Otra embestida más, haciendo que ambos lleguemos al mejor orgasmo de nuestras vidas.

El sale de mi para dejarse caer sudado a mi lado, nos cubrimos con la sabana para
empezar a tratar de recuperar el aliento.

El pasa sus brazos por mi cintura y me atrae hacia él; cochando mis pechos con el suyo.

Unas punzadas de dolor en mi entrepierna hicieron que sonriera.

—Tengo una duda —paso mis manos por su pecho desnudo.

—Te escucho —dice poniendo su atención en mi.

—¿Tú quieres tener bebés con Natalia? —pregunto, poniendo una cara seria.

frunce el ceño unos segundos, para luego reírse como loco.

—Yo odio los bebés. Jamás de lo jamás pensaría tener uno —admite limpiando sus
lágrimas de tanto reír —, ¿tú quieres bebés?

Yo abro mis ojos como plato para sentir como mis mejillas se teñían de un color rojo puro.

—No pensé en eso, pero creo que no. No después de... —estaba por terminar mi frase,
pero con rapidez cambio de tema —. Tenemos que irnos.
Trato de levantarme, pero Alexander me detiene agarrando con fuerza de mi antebrazo.

—¿Después de...? —pregunta mirándome con cara de pocos amigos.

—No quiero hablar ahora —me quejo para soltarme de su agarre.

Colocándome otra vez mi vestido, le doy una mirada rápida Alexander, esta cruzado de
brazos mientras miraba hacia la nada.

No me importo y salí de la habitación.

Bajando las escaleras una gran sonrisa se me escapa al ver a Marco parado, se veía
espectacular con ese traje. No lo dudo y corro para abrazarlo.

—Marquito, ¿Cómo has estado? —pregunto con una gran sonrisa.

—Digamos que bien —se limita a decir.

¿Qué le sucede ahora?

—Marco estás medido raro —reclamo, caminando de la mano con él.

—No digas tonterías... Estoy perfecto —fingiendo una sonrisa.

Harta de tanto rodeo me separo, viéndolo con suma intensidad.

—Solo dime que sucede —bufo.

—¡Me gustas!

Mi boca se abre ligeramente para abrir los ojos como plato, sé que le gustaba, pero pensé
que estaba en el olvido.

Soy insuperable.

Jajaja.

—¿Por qué te gusto? —cuestión acercándome un poco —. No soy tan especial, Marco.

Veo como Marco se pone nervioso para empezar a sonrojarse como un tomate.

—Me gustan tus manos, tus mejillas, tus labios y tu cabello. Me encanta tu forma de ser,
pero si me preguntas por qué estoy tan enamorado ti, eso es algo que no podría
responderte. Te conozco y eres y siempre serás mi amor.

Mi corazón, mi estúpido corazón empezó a latir como loco al escuchar las palabras de
Marco. Porque me dice todas estas cosas, no ve que soy un desastre emocional.
Una parte de mí quiere Alexander, Pablo, pero cuando Marco dice cosas cómo estás hace
que los Brown salgan de mi corazón y él sea dueño de todo.

—Marco, no digas estupidez.

El niega muchas veces la cabeza, para acercarse más a mí. Con cuidado el agarra mi mano
para colocarla en su pecho... Su corazón latía tan rápido que temía por el.

—Tú eres la única que hace que mi corazón se vuelva loco con tan solo verte —murmura
con cariño.

Con mi otra mano libre acaricio su mejilla con suavidad, para ponerme de puntitas y plantar
un cálido beso en la comisura de sus labios.

—Te quiero mucho pero no puedo, no quiero jugar con tus sentimientos —sonrió, con el
corazón triste.

Es mejor decirle la verdad y lastimarlo ahora, que engañarlo con un amor irreal.

Pero a lo lejos veo Alexander, esta enojado, muy enojado. Verme tan cerca de Marco no le
pone tan bien; obligándome a dar unos pasos atrás.

Me observa sin ninguna expresión y sin más desaparece entre la multitud.

Pensé que haría un escándalo.

—Marco iré a tomar un poco de aire —anuncio sin prestar atención a su cercanía —. Nos
vemos luego.

Le doy un tierno beso en la mejilla para irme hacia el patio trasero.

Al llegar un frío me recorre de pies a cabeza, no me importo y salí por completo.

Miro el cielo y sonrió. Me encanta ver la luna, están hermosa e hipnotizante para mí.

Lo que más me gusta de la luna es que poseía una parte bella y oscura... Como yo.

Estoy tan cansada de ocultar mis problemas, cuanto me gustaría gritarlos a todo mundo,
pero solamente me juzgaran.

En eso veo Alexander entrar mientras prendía un cigarro, estaba de espaldas eso es bueno
porque me gusta el factor sorpresa.

Con cuidado empiezo acercarme, mas su voz me detiene.

—Largo —ordeno con frialdad.


—Te hago acordar que esta es mi casa —replico poniendo frente a él.

—Eres una estúpida —Alexander bufo para luego darle una inhalada a su cigarro.

—Retráctate ahora —digo entre dientes.

Alexander tira su cigarro en las hierbas, ¿estará enojado?

—Que tiene Marco que yo no tenga —dice mirándome con seriedad —, ¡Habla!

Cada vez me sorprende lo celoso que es.

—Bueno es amable y buena persona, como puedes ver es lo contrario a ti —señalo


viéndolo.

Con un solo movimiento Alexander me agarran con fuerza mi cuello para presionarlo con
fuerza.

—Vas a matarme por no quererte como quiero a Marco —respondo con dificultad —. Lo
conozco de toda la vida, y a ti ni siquiera conozco del todo.

Coloco mi mano en su brazo que presiona mi cuello, no trate de quitarla, más bien empecé
hacer más presión.

—Yo te puedo ofrecer el mundo entero, Alessandra. Puedo darte todo lo que quieras, pero
tú prefieres a ese estúpido que ni siquiera sabrá como complacerte como yo lo hago.

En un solo golpe me suelta haciendo que caiga rendida al suelo, empiezo a toser repetidas
veces, lanzándole una mirada de odio.

—Estas loco —señalo viéndolo.

—Puede que sea verdad —dice poniéndose de cuclillas —, pero es tu jodida culpa que este
así.

Admite acariciando con suavidad mi cuello.

—Es mejor que vayas a casa —ordeno levantándose —. Que tengas una linda noche,
destripadora.

***

Eso hice. Llame a Adrien y a Lizzie para irnos lo más pronto posible de este lugar. Obvio
que empezaron a hacerme preguntas por qué tan pronto o porque tenía puesta una chalina
en mi cuello.

Como decirles que Alexander me dejo prácticamente la marca de su mano en mi cuello.


—Cariño nos tienes un poco preocupados —Lizzie dice mirándome con preocupación.

—Todo está bien, solo me siento un poco mal —digo viendo mi teléfono.

Marco, te ruego que salgas de casa ahora.

Escribo con rapidez.

Conozco a Alexander y sé que lastimara o matara a Marco. Viendo como me dejo mi cuello
puedo prever que está más que celoso.

Capítulo 28
Alessandra

Me envuelvo con mi cálida manta, tratando de olvidar todos mis problemas mientras mira
una película.

En eso la puerta se abre abruptamente, dejando ver a mi querido, Preston.

—Vine lo más rápido que pude —Preston expresa agitado.

Toma asiento en un costado de mi cama para darme esa típica mirada de preocupación.

—Traje helado —sonríe, entregando un gran bol de helado con su cucharita incluida.

Con una pequeña sonrisa agarro el bol de helado de chocolate... Es mi helado favorito.

—Muchas gracias, ¿te interrumpí en algo? —pregunto, abriendo el helado.

Él niega la cabeza repetidas veces, dándome esa cálida sonrisa suya.

—Estaba viendo una película con Olivia. Se llamaba la razón de estar contigo. Lloré mucho
mientras abrazaba a Olivia, pero cuanto recibí tu llamada Olivia me comprendió y me
mando aquí.

Me muerdo el labio tratando de contener mi risa.

—Esa película es de bebes y tú lloraste —se me escapa una risita viéndolo.

—Que puedo decir, soy un hombre con sentimientos muy delicados —Preston replico
sonriente.

Pero su sonrisa no duro, porque su mirada se posó en mi cuello lastimado.

—¿Qué sucedió? —cuestiona con seriedad.

—Si te digo que un animal salvaje me hice esto me creerás.


—No —admite, mirándome con una cara de pocos amigos.

—Fue Alexander —admito apartando la mirada.

No quiero ver esa cara de <<que te lo dije>>

—Lo mataré, ¡lo mataré! No sabes cuántas ganas le tengo...quiero partirle esa cara
estúpida que tiene —Preston chilla de enojo.

—Cálmate —murmuro comiendo mi helado.

—Como me voy a calmar... ¡No viste como está tu cuello! —gruño con enojo —. Te enseñe
a pelear, Ranpuzel.

Su mirada cambió a una de triste que hizo que mi corazón se encogiera.

—No volverá a pasar. Te lo prometo, Preston.

—Eres mi querida hermanita y sé que tú jamás dejaras que alguien te pisotee, ya sea tu
familia o el cavernícola de tu cuñado —admite acariciando mis manos.

—Eres mi razón para seguir luchando —murmuró, mirándolo con los ojos llorosos.

—Siempre que te sientas sola, Rapunzel, no dudes en llamarme porque vendré corriendo
como un loco —prometió para luego abrazarme con fuerza.

***

Alexander

Con seriedad observo a lo lejos al bastardo de Marco, cuantas ganas tengo de golpearle
esa estúpida cara y ordenarle que se aleje de mi destripadora.

—Amor te veo algo raro —Natalia dice, acariciando mi rostro.

Mataría porque esas manos de Natalia sea las de su hermana, pero no todo se puede tener
en la vida.

—Estoy bien.

—No estás bien... ¡Ya pasaron semanas desde que no tenemos sexo! —chilla con
desesperación.

Con una sonrisa de pocos amigos la acaricio su mejilla, para luego mirarla con seriedad.

—Si no tengo ganas, no las tengo y ya. Deja de estar perdiendo la poca dignidad que tienes
rogando que te folle —digo entre dientes.
Ella me mira sorprendía para luego ponerse roja del enojo.

—Tengo un cuerpo perfecto y hago todo lo que me pides... No entiendo por qué no tienes
ganas —dice con frustración.

—Será porque odio que seas sumisa y que dejes que todos te pisoteen. Quiero a una mujer
fuerte y segura de sí misma. Tú no eres eso —admito con enojo.

—Era que pienses eso antes de ponerme un anillo —Natalia respondió.

Le doy una última mirada, apartándome e irme lejos de su humor.

Al ver a Marco solo hizo que mi sonrisa se agrande aún más.

—Que ven mis ojos, es el bastardo de Marco —rio viendo cómo se tensaba del enojo.

—Eres un arrogante.

—Lo tomaré como un cumplido —rio, dándole un sorbo a mi bebida.

—¿Qué es lo que quieres, Alexander? —replico, tratando de darme una mirada


amenazante.

—Al grano, eso me gusta. Solamente quiero que te alejes de Alessandra —admito con
tranquilidad.

—No. Ella es solo una adolescente, Alexander y tú la controlas como si fuera de tu


propiedad —Marco anuncio con furia.

Se me escapa una risa para luego palmear su hombro.

—Pues, lo es querido, no sabes cuantas veces disfrute de su cuerpo. Es una diosa, ¿no
crees?

Veo como el rostro le cambia a uno de tristeza y desprecio.

—Eres un asco, solo falta unas semanas para que te cases —quita mi mano de su hombro.

—Ese no es tu problema, pero te advierto si tratas de decir algo sobre esto, puede que haga
una linda visita a tu familia —le advierto irritado.

—No tengo miedo pedazo de mierda y dile Alessandra que la amo tanto como ella a mí —
agrego para irse casi corriendo.

Veo problemas en el futuro.

***
La fiesta acabó hace un buen rato y yo estaba recostado en mi cama viendo mi teléfono
mientras Natalia se echa sus cremas hidratantes para su piel.

—Amor, me quieres ayudar —pidió con una sonrisa.

—Lo estás haciendo muy bien tú sola —admito con la vista en mi teléfono.

Natalia suspira para seguir por si sola.

Sonríe al recordar ese día que conocí a la pequeña destripadora.

Tan pequeña y linda. Su cabello largo rojizo, hizo lo suyo, hipnotizado mis sentidos y esa
sonrisa tan linda y singular me volvió loco. No creo en el amor a primera vista. No existe,
pero sí existe la atracción a la primera vista y Alessandra me atrajo ese mismo día.

Simplemente, ella supo cómo ponerme de rodillas por ella.

Joder cuanto sonríe... Demonios, le hace un favor al mundo, a mi mundo.

No soy bueno expresando mis sentimientos, pero le daré hechos, quiero que vea lo mucho
que me gusta.

—¿Qué piensas? —sin que pudiera darme cuenta Natalia esta encima de mí.

Quería empujar y dejarle en claro las cosas, pero me resistí.

—En nada —admito dejando mi teléfono a un lado.

Natalia sonríe con malicia para empezar adarme besos por mi pecho y cuello.

No sentí nada, ni siquiera se me movió un pelo ante su acción, pero al llegar a mi mente los
besos húmedos de Alessandra hizo que un gruñido se me escapara.

En un solo movimiento la volteo para dejarla bajo mío. Empezando, atacar su cuello con
ferocidad.

Con rapidez me deshago de su blusa para dejarla solo con su sostén de encaje color rosa.
Al bajar mis besos hacia su abdomen veo como empieza a retorcerse de placer.

Pasando mi lengua por su ombligo hizo que alzara mi mirada para observar, pero tan pronto
que fije mi vista en ella me aleje de su cuerpo.

Mi mente jugo conmigo, poniendo Alessandra, cuanto claramente es Natalia.

—¿Por qué paraste? —pregunta agita y excitada.

—No estoy de humor para contestar tus preguntas —admito levantándome de la cama.
Al entrar el baño me lavo mi cara repetidas veces, para luego mirarme en el espejo con
molestia.

—Qué me hiciste —murmuro viéndome a través del espejo.

Joder, que me hiciste... Maldita destripadora.

Capítulo 29
Alessandra

Pasaron tres días desde el accidente con Alexander. Fue agotador para mí estar por lo
menos una hora maquillando mi cuello, pero abajado un poco las marcas y la inflamación.

Sonrió al verme en el espejo, parezco normal... Sin ningún problema a la vista de las
personas.

Cuando estaba por salir de mi habitación la puerta se abre de par a par, dejándome ver a
Adrien.

—¿Todo bien? —cuestionó viendo la cara seria de Adrien.

—Me he enterado de que el cobarde de Alexander te ha levantado la mano, ¿es cierto? —


Adrien preguntó mirándome con seriedad.

En ese momento sentí como mi corazón empezaba a latir con rapidez y mis manos
empezaban a temblar levemente.

—Es mentira. Porque me haría eso —admito con tranquilidad.

—Querida hija, solo te diré que no soy ningún tonto para no darme cuenta de que Alexander
y tú están teniendo algún tipo de relación. ¡Ahora dime la verdad! —grito harto

—¡Es verdad!, Adrien —confieso de un solo golpe.

—¡Lo mataré! —anuncio hecho furia.

Con cuidado lo agarro de sus hombros, sacudiéndolo repetidas veces.

—¡No harás nada, Adrien! —ordeno.

—Es un desgraciado, Alessandra, porque no dejas que le dé un buen golpe —replico


alterado.

Estaba por protestar, pero el sonido de la puerta me desconcentro haciendo que suelte
Adrien.
—Yo abro —sonrió para ir a ver de quien se trataba.

Camino por los pasillos del segundo piso, para bajar con tranquilidad las escaleras. Al llegar
a la puerta la abro con calma, pero mi sonrisa se me borra al ver a la persona parada.

—Eres tú —murmuro entre dientes.

—Quería traerte todo la florería, pero eso es muy básico, así que te traje un libro, tiene
como tema el maltrato psicológico —Alexander sonríe con malicia.

—Eres una mierda.

—Te vez tan hermosa hoy.

—Me quedaría hablar un rato más, pero soy alérgica a los Alexander —declaro.

Trato de cerrar la puerta, pero Alexander de un solo tirón empuja hacia delante la puerta, yo
caiga rendida al suelo.

—Dejáme ayudarte, destripadora —Alexander me extiende la mano.

Con enojo la recibo para levantarme con dificultad, gracias a que me di un cabezazo con la
pared.

Sin darme cuenta las manos de Alexander viajan a mi cintura, trato de soltarme de su
agarre, pero eso solo hizo que me apretara aún más.

—Porque te enojas, destripadora. Total, a ti te encanta que sea rudo contigo —murmura
dejando besos por mi cabello.

—¡Suéltame! —chillo empujándolo.

—No sabes cuánto té extrañado —confeso soltándome —. Veo que tú no me extrañastes.

Suspiro con estrés para darle una mirada asesina.

—Estas en lo cierto —admito encogiéndome de hombros.

—Auh, por lo menos hubieras mentido —acoto fingiendo dolor.

Cuanto llegamos a la sala mi sonrisa se me borra al ver a Adrien con un bate de béisbol.

—Que tenemos aquí es el idiota que lastimo a mi hija —expreso con enojo.

—Es verdad, pero a ella le gusto —Alexander respondió con una sonrisa arrogante.
Con cuidado paso mi mano por su espalda trabajada de Alexander para pellizcarlo de un
solo golpe.

—Un comentario más y te juro que te voy a castrar, Alexander —advierto con seriedad —.
Ahora tomaremos asiento en la mesa... Tenemos que hablar los tres.

***

—Lizzie está en el súper con Ethan, eso significa que tenemos una hora para charlar —
observo como Alexander y Adrien se matan con la mirada.

Le sirvo a cada uno un poco de limonada para luego tomar asiento al costado de Adrien.

—Quién hablara primero —sonrió viéndolos.

—Las cosas son claras. Alexander tiene que dejarte en paz o si no haré algo que no me
gustara hacer —su tono de Adrien era amenazador.

—Esta bien, no me acercaré nunca más a su hija. ¿Feliz? —Alexander anuncio con dureza
que hizo que lo mirara con confusión.

Pensé que pelearía o haría una locura como siempre lo hace.

—Eso es genial —veo como Adrien sonríe con suficiencia para luego levantarse de la mesa
—, ahora quiero que te largues de mi casa.

—Fue muy lindo estar aquí.

Veo como Alexander se levanta para caminar hacia la puerta.

Trato de buscar su mirada, pero él solamente me evitaba.

Ya rendida bajo la mirada para empezar a jugar con mis manos, pero Alexander me agarra
sigilosamente la mano para entregarme una nota.

Con sorpresa solo lo observo como se retira de mi casa para irse de una vez por todas.

—Estoy feliz al saber que todo esto haya terminado —suspiro con felicidad.

—Claro...—solo me limito a decir.

Esto no ha terminado... Solo es el comienzo de algo muy peligroso.

***

Eran las diez de la noche y todos dormían. Tuvimos una agradable cena familiar y eso
incluye las locuras de Lizzie.
Con cuidado muevo la manija de la puerta para tirar de ella con lentitud, al abrirla salgo con
cuidado, cerrarlo la puerta tras de mí.

Pensé que sería más difícil, pero Lizzie y Adrien tienen sueño pesado.

Sacudo mi vestido unas cuantas veces para luego mirar a mi alrededor.

No hay señal de Alexander o su extravagante carro.

—Eres una estúpida al seguirle el juego —hablo conmigo misma —, como vas a esperarlo
en medio de la noche, puede pasarme tantas cosas estando sola..y...

Está por terminar de hablar cuanto unas manos frías me acarician de arriba abajo mis
hombros, haciendo que grite del susto.

Pero al ver la cara arrogante de Alexander hizo que me separara con rapidez de él para
mirarlo con seriedad.

—¿Te asusté? —pregunta con burla.

—Por supuesto que no —bufo mirándolo.

—Como tú digas, pero yo escuche un grito de miedo —se burla viéndome.

Si no estuviéramos en un lugar público ahora mismo estaría golpeándolo con fuerza su


rostro de mierda que tiene.

<<Pero tiene un lindo rostro, Alessandra>>

—Basta de charla y dime por qué me diste una nota diciendo que te espere a las afueras de
mi casa —pregunte.

—Quería charla un poco mientras paseamos —sonríe con inocencia.

—Odio caminar.

—Lo tenía previsto. Así que traje mi auto —anuncio para agarrarme de la muñeca —,
sígueme.

Caminamos unas cuantas cuadras para llegar a una zona un poco solitaria, pero en esa
zona está el gran auto de Alexander.

Con desconfianza subo al auto para ponerme el cinturón de seguridad al instante.

—¿Lista?

—Nunca —murmuro viéndolo directamente a los ojos.


—Perfecto —sonríe con malicia para poner en marcha el auto.

Todo el camino fue silencioso, un silencio algo incómodo, pero era mejor estar callados, ya
que cuanto uno habla terminamos peleando como perro y gato.

Al ver como el semáforo se entorna de color rojo hizo que mire de reojo Alexander. Él es
muy apuesto con cualquier cosa que usa, pero vaya que se ve muy bien con ese saco de
cuello color gris.

—Desde cuanto utilizas vestidos con estampados de flores —Alexander preguntón de


repente.

Bajo mi vista a mi vestido simple de color negro que venía con algunos estampados de
flores rosadas.

—¿Me veo mal? —cuestiono.

—Por supuesto que no, solo se me hizo raro verte así —dijo pasando su fría mano por mi
muslo.

Sus anillos rozan con la delicada tela de mi vestido haciendo que me estremezca al
instante.

—¿Por qué tus dedos son tan largos? —pregunto nerviosa.

Su mano sube aún más haciendo que jadee al sentir uno de sus dedos en mi centro.

—¿Quieres que te meta uno? —sugirió sonriente.

—¡Por supuesto que no! —replico quitando su mano —, mira esta en verde.

Alexander ríe volviendo al volante.

Pasaron unas horas que estuvimos en el auto, pero al no reconocer donde estábamos hizo
que frunza el ceño con confusión.

—¿Ha donde me llevas? —pregunto frunciendo el ceño.

—Es una sorpresa —admitió, dándome una mirada rápida —, sabes tengo un refresco en la
parte de atrás de mi auto, puedes tomarlo.

Con cuidado me deshago del cinturón para inclinarme hacia la parte trasera del auto.

—Deja de verme el trasero —chillo sintiendo la mirada intensa de Alexander.

—No puedo evitarlo.

Cuanto por fin encuentro la maldita bebida grito de felicidad, para volver a mi asiento.
Con rapidez abro la botella para darle un sorbo a la bebida.

Que delicioso, ya tenía algo de sed.

—Lo siento —murmura culposo.

—¿Por qué lo sientes?

—Lo siento por lastimarte, pero jamás dudes el amor que siento por ti. Soy capaz de todo
por ti —murmura parando en seco el auto.

Sin creerlo lo observo, su mirada era diferente a la que tenía hace unos minutos, esta
estaba llena de locura y amor.

—Qué me hiciste —murmuro sintiendo mis ojos pesados y mi cuerpo débil.

Alexander pasa sus manos por mi rostro para sostenerlo con suavidad.

—Solo quiero que seas mía tanto como yo soy tuyo—dijo.

Después de sentir los labios de Alexander sobre los míos, todo se envolvió en una
oscuridad para mí.

Capítulo 30
Alexander

Con fuerza la sostengo de la cintura mientras ella pataleaba como loca.

—¡Suéltame, maldito loco! —grito, golpeándome.

Pero que rápido se pasó el efecto de las pastillas que le puse en la bebida. Lo bueno que
uno de los mejores médicos estuvo pendiente de tenerla mi dormida en el viaje, no me
imagino los gritos de ella en pleno vuelo.

—Deja de patalear como una niña —ordeno con seriedad.

Alessandra grita como loca, haciendo que le tape la boca con rapidez. Esta como una fiera
el día de hoy.

Cuanto por fin puede meterla a la casa, puede soltarla de una vez por todas, ella no perdió
el tiempo y se abalanzó encima de mí, cayendo rendido en el suelo.

—¡¿Dónde estoy?! —grito, agarrándome con fuerza de la camisa.

—Cariño, estamos muy lejos de casa —rio al ver el rostro pálido de Alessandra.
Pero dejo de reír al sentir el impacto de la mano de Alessandra sobre mi mejilla.

—¡Te mataré! —anuncia, sacando una navaja pequeña.

De donde saco esa cosa.

En un ágil movimiento lleva su navaja a mi cuello para mirarme amenazante, su respiración


estaba tan acelerada que hacía que sus mejillas tomaran un tono rojizo y sus labios estén
entre abiertos.

—Sabes adoro cuando tratas de matarme —admito colocando mi mano sobre la mano que
tenía la navaja —, pero a la vez es muy hiriente y molesto.

De un solo golpe le quito la navaja para luego voltearla dejándola bajo mío, su rostro cambia
a uno sorprendido e irritado a la vez.

—Mátame de una vez —murmura rendida.

Con la navaja trazo un camino desde su cuello hasta sus perfectos y apetitos pechos,
haciendo que Alessandra se estremezca.

—Claro que te mataré, pero será besos —murmuro roncamente.

Dejo la navaja a un lado, llevando mis manos a la parte trasera de su cabeza y estrellar mis
labios contra los suyos con rudeza.

Alessandra no lo dudo y me siguió el beso, colocando sus manos alrededor de mi cuello,


profundizando aún más el beso.

Pero como todo beso tiene su final, Alessandra se separó de mí, mirando con el rostro
sonrojado.

—Me quiero ir...—confiesa separándose de mí.

—La pasaremos bien juntos, ya lo veras —prometo levantándome.

Me niego a dejarla ir.

—Necesito saber por qué te gusto tanto, no soy una chica perfecta, soy más imperfecta que
perfecta.

—Los defectos que dices tener para mí son las cosas más bellas que puede ver en una
mujer —respondo mirándola —. Tú eres única, especial y sobre todo tu. Eres una chica muy
maravillosa me encanta cada forma de ser tuya, cuando te pones seria, cuando estas de
bromista, cuando te pones cursi. Cuando te enojas, cuando te pones nerviosa, todo. Me
encanta tu voz, tu risa, tus ojos, tus cachetes, tus labios, todo. Eres unos de los motivos de
los cuales siento tranquilidad y alegría desde que te conozco.
Ella solamente se queda mirándome con la boca entre abierta mientras trata de buscar la
mentira, pero no hay mentira, yo siento eso por ella.

—Quiero vomitar —admite, saliendo corriendo hacia el baño.

Avergonzado la sigo hasta el baño para ayudarla. Sostengo su cabello mientras acaricio con
suavidad su espalda.

—No te volveré a decir nada romántico —declaro sonrojado.

Yo jamás me sonrojo, pero esta situación me puso así. Le dije algo romántico y ella
vomitó... No es halagador para mí.

—Cuanto lo siento —murmura culposa.

—El daño ya está hecho —exclamo avergonzado.

***

Después de esa incómoda situación decidí salir por un poco de aire con Alessandra. Obvio
que ella es capaz de salir huyendo ahora, pero tome mis precauciones.

—Alexander... —Alessandra murmura incómoda.

—¿Qué sucede? —pregunto deteniendo el paso.

—Sigues enojado por haber vomitado en plena confesión de amor tuya —consulto
mirándome.

—Sí.

—Lo siento, pero te lo merecías por secuestrarme y drogarme —replico dándome esa
clásica mirada de enojo de ella.

—Puedes disculparte con sinceridad —bufo enojado.

—Ok. Lo siento, ¿Qué puedo hacer para que me perdones? —al escuchar las palabras no
tan sinceras, pero reconfortantes de Alessandra, hizo que una sonrisa se me escapara.

—Bésame.

—¿Qué?

—lo que escuchaste, bésame —sonrió viendo el rostro impacto de Alessandra.

—Eres un idiota —chilla enfadada.

—Sigo esperando el beso —sonrió agachándome a la altura de Alessandra.


Ella pasa con cuidado sus manos por mi cuello para luego unir sus labios con los míos. El
beso fue tan lento y suave que hizo que me sintiera extrañamente satisfecho.

Al separarse de mí, puede ver sus labios ligeramente hinchados que hizo que me dieran
ganas de volver a probarlos.

—Listo —anuncio.

—Joder, besas tan bien —confieso pasando mi pulgar por sus labios —. Hagamos un juego.

—¿Qué clase de juego? —cuestiona mirándome con inocencia.

—Si logras hacer que te ruegue por sexo, yo te llevaré de inmediato a casa con tu familia,
pero si pierdes nos quedaremos aquí y te casaras conmigo —propongo sonriente.

Veo Alessandra dudar unos segundos, pero con rapidez asiente.

—Aceptó, pero quiero pasar la tarde sola —agrego sonriente.

—Está bien, pero no trates de huir porque tengo algunas personas que estarán siguiéndote
—advierto con seriedad —. Te dejo mi tarjeta y la llave de la casa.

Ella asiente para luego darme un cálido beso en mi mejilla y desaparecer entre la multitud.

***

Alessandra

Ustedes dirán que soy una estúpida al aceptar, pero Alexander se muere por mí, será muy
fácil provocarlo.

Nada más tengo que buscar algo de lencería y listo.

Al llegar a una tienda que vende esa clase de cosas no lo dude y entre, no había tantas
chicas, solamente, había unas cinco que están sonrientes mientras buscaban algo.

Empiezo a ver los conjuntos que tenían y ninguno me convencía tanto. Pero al ver uno rojo
con encaje no lo dude y lo agarre.

No tengo que probármelo sé que me quedara divino.

Al llegar al cajero me encuentro con una señora que recibí con amabilidad lo que escogí.

—¿Pagaras con tarjeta? —pregunta sonriente.

—Sí, tome —entrego la tarjeta de Alexander.


Ella la pasa con tranquilidad, para luego envolver la lencería que escogí en una linda bolsa
y entregármela.

—Aquí tiene, ¿desea algo más?

—No, igual gracias —admito cogiendo mi bolsa.

Cuando estaba por irme hasta que escucho la voz femenina de la cajera, sonrojándome
ante su comentario.

—Que disfrute su compra con su marido —sonríe.

—No disfrutaré nada —concluyo para irme casi corriendo.

***

Eran las nueve de la noche y Alexander seguía sin aparecer, pero aproveché para comprar
chocolate y ver unas películas mientras lo esperaba.

Saben esta lencería que compre es muy linda, me gusta que sea como un vestido
trasparente y que abajo venga con la ropa interior con encaje rojo.

—Adoro esta serie —rio viendo la tele —. Como que Betty prefiere a Archie y no al guapo
de Jughead.

Me duele ver que no elegía al Jughead.

Cada vez siento como mis ojos se empieza hacer pesados hasta el punto que los cerré y
quedé en un profundo sueño.

Mi sueño fue interrumpido al sentir una mano fría sobre mi muslo, sus caricias eran suaves
y delicadas que hizo que me confundiera un poco.

—Estas cansada —Alexander murmura roncamente.

Un poco aturdida asiento para volver a cerrar mis ojitos... Joder, tengo mucho sueño.

Alexander empezó a dejar besos húmedos por mi cuello, acertando en todas mis zonas más
sensibles.

—Te quiero —susurro contra mi cuello —. Alessandra, te quiero.

Al escucharlo mis ojos se abrieron como plato para detenerlo enseguida.

Cuanto le vi el rostro puede darme cuenta de que está un poco ebrio... Ya se me hacía raro
que digiera eso.
—¿Tomaste? —pregunto mirándolo.

—Solo tomé un poquito —sonríe dejándose caer encima de mí —, ¿quieres follar?

Una sonrisa se me escapa al escucharlo, me gusta este Alexander borracho.

—Si lo hacemos perderás el juego —declaro acariciando su cabello rubio.

—Me importa una mierda, quiero que esta noche sea nuestra noche —murmura, uniendo
sus labios con los míos.

Con forme el beso subía de tono, Alexander se quitó su camisa dejando a la vista su muy
trabajado abdomen. Con cuidado el paso sus manos por mi espalda para poder quitar el clip
de mi sostén.

Con necesidad abrí su pantalón, metí la mano dentro de su bóxer y toqué su endurecido
miembro. Comienzo a masajearlo de arriba y abajo, haciendo que Alexander se le escapara
un gruñido cargado de excitación.

—Joder, Alessandra...—gimió Alexander.

Alexander se apodera de unos de mis pechos para llevárselo a su boca mientras que con su
mano le daba atención al otro.

Al sentir la mano de Alexander bajar mi ropa interior hizo que quitara mi mano de su
miembro y la llevara a sus hombros con nervios.

—Tranquila —dijo acariciando mi mejilla.

Con cuidado introdujo su miembro en mí haciendo que gimiera con fuerza. Alexander
empezó a besar mi cuello como un loco mientras aceleraba sus movimientos.

—Más rápido...—gimo echando la cabeza hacia atrás.

Con sus musculosos brazos, me sostuvo y me atrajo aún más hacia él. Sentir su torso
desnudo contra mis pechos era una de las cosas más excitantes que había experimentado
en la vida.

Alexander me toco un muslo para indicarme que le rodeara la cintura con las piernas.

Con cautela le rodeo la cintura con las piernas mientras el me penetraba rápido y con furia.
El sabía lo que hacía, y me coloco de forma que podía introducir su miembro más y más
adentro.

—Dime que eres mía, di que me quieres...—ordeno demandante.


Solamente uno nuestros labios formando un beso con necesidad y anhelo, pero Alexander
me separa para mirarme con intensidad.

—Dilo —pide mirándome con necesidad.

—Te quiero, Alexander —murmuro para volver unir mis labios con los de el.

Capítulo 31
Alessandra

Siento besos húmedos por cuello, haciendo despertar al momento que esos labios hicieron
contacto con mi piel. Admiro a Alexander, él sonreía con felicidad mientras me daba algunos
besos en mi cuello.

—¿Por qué estás tan raro? —pregunto apartándolo de mí.

—Solamenteestoy siendo amoroso contigo —admite con normalidad.

Odio las muestras de afecto.

—Pues no lo seas —ordeno, tapándome con la suave sabana.

Él solo pone los ojos en blanco mientras volvía a su lugar, ambos mirábamos hacia la nada
tratando de buscar una forma de hablar, pero sabíamos perfectamente que terminaríamos
peleando como siempre lo hacemos.

Volteo mi cabeza para mirarlo con los ojos entre cerrados, él estaba con el ceño frunció, su
cabello esta medio desordenado, haciendo que se vea gracioso.

—Qué te sucede —rio viendo su rostro enojado.

—Me tienes harto —anuncia con molestia.

—¿Por qué te tengo harto? —cuestiono indignada.

Yo debería estar harta de él, siempre se mete en mis problemas y trata de cuidarme como
si fuera una bebé.

—Eres la mujer más malcriada y desafiante que conozco —admite, mirándome con
frustración.

—Eres un bipolar de mierda, ¿sabes? Ayer me decías cosas lindas y hoy me dices cosas
hirientes —bufo, cruzándome de brazos.

Puede que sea un poco malcriada y fría con Alexander, pero es mi forma de ser y no pienso
cambiarla.
—Eres una loca —Alexander gruño.

—Pues tú eres un imbécil.

—Así, pues tú eres una descerebrada.

—Arrogante.

—Creída con complejo de princesa.

—Eres un hijo de perr...—cuanto estaba por terminar mi insulto Alexander me agarro de mi


mentón con fuerza para besarme con intensidad

Jadee con sorpresa al sentir los labios de Alexander sobre los míos, pero eso no me impido
seguirle el beso.

Alexander me tomo de la cintura con firmeza para que de un solo golpe ingresara su
miembro en mí. Haciéndome soltar un grito ahogado.

Adoro a Alexander enojado, puede que duela poco follar con él enojado, pero tiene sus
ventajas.

De estar peleando pasamos a follar.

Me muevo en pequeños círculos lentamente sobre él, escucho a Alexander gruñir mientras
me besa lentamente la piel delicada de mi cuello.

—Joder, me sacas de quicio...—escucho a Alexander gruñir.

Su fría mano impacta con mi cuello, haciendo que sienta placer. Con su otra mano libre
acaricia uno de mis pechos para darle un apretón fuerte.

Mis caderas se mueven con más rapidez al sentir como Alexander toma uno de mis pechos
para llevárselo a su boca.

Alexander lleva sus manos en mi cintura para aumentar aún más el ritmo de mis
movimientos, haciéndome estremecer e inclinar la cabeza hacia atrás. Su miembro palpita
en mi interior haciendo que gima con mayor fuerza.

Siento como el orgasmo estar por venir haciendo baje la intensidad de mis movimientos,
pero Alexander se encargó de ayudarme.

—Alexander... —gimo con fuerza.

Coloco mi cabeza en su hombro porque estaba por venirme, pero Alexander me aparto de
su hombro haciendo que lo mire fijamente a los ojos.

—Me tienes loco —admitió para unir sus labios con los míos.
***

Le doy un leve sorbo a mi café mientras le echaba una mirada coqueta a Alexander. Me
gusta confundirlo.

—Dime cuál es tu sabor favorito del helado —sonrió viéndolo.

—Me encanta sabor a menta —dice dándole un sorbo a su café.

—Odio la menta, pero adoro el sabor a chocolate —expreso poniendo una cara de asco.

Alexander pone los ojos blancos... Odio que haga eso.

—Yo odio el sabor a chocolate, es un sabor tan básico —Alexander me señala con su
cucharita.

Le quito su cucharita para tirarla a un costado haciendo que mucha gente nos ponga el ojo.

Quería gritarles y decirles que me ven, pero respire hondo para calmarme... Como me
enseño Robert.

—Hagamos un trato, cuñadito —sonrió.

—Te escucho.

—Cuando pruebes el helado de chocolate pensaras en mí y cuanto yo pruebe el helado de


menta pensaré un ti.

Alexander se le escapa una sonrisa, su sonrisa es algo torcida y rara, pero extrañamente es
linda para mis ojos.

—Nada más complaciente que saber que pensaras en mí —admite colocando su mano
sobre la mía —. Me sorprende este control que tienes, creí que les gritarías como loca.

—Muchas gracias por notar mi esfuerzo, señor Brown —rio en voz baja.

En eso un mesero se nos acerca para entregarle un sobre marrón a Alexander, ¿Qué rayos
está pasando?, Alexander lo recibe con confusión para luego ordenarle al mesero que se
fuera.

Siento problemas.

Veo como el rostro de Alexander se pone pálido, haciendo que lo observe con
preocupación.
—Qué sucede...—murmuro con preocupación.

No recibo respuesta alguna solamente se mantenía quieto mientras me admiraba con


preocupación.

Su mirada estaba perdida, mi corazón se encoge al verlo así. El Alexander que conozco
jamás pone una cara así por cualquier persona.

Debe ser alguien que le hizo mucho daño.

—¡Hey! —chasqueo los dedos.

—Tenemos que irnos —ordeno levantándose con apuro.

Me pillo la muñeca para levantarme de la mesa de golpe, salimos casi corriendo del
restaurante para dirigirnos de vuelta al hotel donde nos quedamos.

Cuanto llegamos Alexander me metió con velocidad a la habitación para luego cerrar
cortinas, ventanas y puertas.

Sin entender su comportamiento tomo asiento en la cama, me saco mis botines para
dejarlos tirados en el suelo.

Qué coño está sucediendo.

—Puedes decirme algo —rompo el silencio.

El suspira para caminar hasta a mí y agacharse a mi altura.

—En el sobre hay una advertencia que es de parte de mi padre —Alexander anuncio —,
quiere hacerte daño a ti, por no haberlo ayudado en sus negocios sucios. Pero tranquila, no
dejaré que nada te suceda.

Mis ojos se abren como plato al escucharlo, como que su padre quiere matarme... No le
hice nada a ese viejo de mierda.

—Mira yo he lastimado a muchos hombres, pero en mi lista no está ningún viejo —confieso
entre risas.

Quiero calmar un poco la situación.

—No estoy bromeando, Alessandra. ¡Él quiere matarte! —grita con desespero.

—¡Pero no le hice nada! —exclamó.

—Mi padre está enterando de que estoy enamorado de ti y sabe que metiéndose contigo
llamará mi atención para volver a esos negocios de mierda. Estado hablando con Pablo y
esta por aquí... Él vendrá por ti.
Yo niego la cabeza para agarrarlo de los hombros con fuerza.

—No me iré, me quedaré y te ayudaré a solucionar esto —declaro con una pequeña
sonrisa.

Él me ayudo muchas veces cuando mi familia se encargaba de hacerme sentir como una
mierda. Él me abrazo y consoló... No lo dejaré solo en un momento tan horrible.

—No digas tonterías, tú te irás de vuelta a casa —planteo separándose de mí.

—Soy muy capaz, Alexander, puedo matarlo y toda esta mierda acabará —digo
levantándome de la cama.

Coloco mi mano en su hombro para tratar de animarlo, pero Alexander se apartó con
brusquedad para mirarme con enojo.

—¡No puede salvar a Rubí, pero puedo salvarte a ti! —Alexander me grito, haciendo que
empezara a sentir mis ojos húmedos.

Yo no quiero ser salvada, quiero pelear y ayudarlo... Es mucho pedir.

—¡No me hagas esto! —sollozo golpeándole su pecho —, ¡tú me hiciste quererte, me


enamoraste, joder, pero ahora tú me dejas!

Lo golpeo con más fuerza tratando de expulsar este dolor, pero solamente crecía y crecía.
Alexander simplemente no se defendía, me dejaba lastimarlo.

—¡Si me quisieras no me dejarías!, ¡por favor no me dejes! —siento los fuertes brazos de
Alexander presionarme contra su pecho.

—Me iría contigo, pero él me seguiría y te haría daño. Te quiero tanto que me quedaré aquí
para protegerte —Alexander murmura abrazando con más fuerza.

Yo forcejé unos segundos, pero al final caí rendida en su abrazo.

Lo poco que puede investigar de su padre, es que tuvo muchos cargados de todo tipo:
drogas, carga de armas ilegales, abusos a menores, mafia y mucho más. Ese señor es
capaz de todo.

Acabo con su hija pequeña hace años y no creo que tenga problema con hacer lo mismo
con Alexander.

—Promete que no morías —murmuro entre lágrimas.

—Te lo prometo, destripadora.


Capítulo 32
Alessandra

Alexander me ayudo a colocarme mi mochila, aunque le dije que yo podía colocármela sola,
él me ordeno que lo dejara ayudarme.

—Estarás bien, eres Alexander Brown —aseguro poniéndome frente a él.

El sonríe levemente para luego pasar sus frías manos por mi cintura y tirar de ella, puedo
sentir su cálida respiración contra mis labios haciéndome estremecer.

—Todo esto lo hago solamente por ti —Alexander confiesa, dándole un apretón a mi


cintura.

—Lo sé, lo sé —murmuro acariciando sus mejillas de Alexander.

Siento los suaves labios de Alexander sobre los míos. Una punzada en mi corazón me
ataco sin previo aviso... Este beso se siente como el último.

Alexander subió sus manos a mi espalda para tirar de ella haciendo que nuestros cuerpos
choquen entre ellos. En eso siento una mirada penetrante sobre nosotros, me separo de
Alexander para mirar de quien se trataba.

Pablo.

Él estaba sonrojado mientras comía unos Doritos.

Carajo.

—Lo siento por interrumpir, pero ustedes pueden seguir con su sesión de besos... No tengo
ningún problemita —Pablo admitió dándole un mordisco aun Dorito.

Me quería separar de Alexander, pero el coloco su mano en mi cintura... Hombres y su


extraña obsesión por marcar territorio.

—Acaso no sabes tocar la puerta —Alexander gruño enojado.

—No, porque nunca tuve una madre o un padre y por favor, Alessandra controla a tu pitbull.

Pablo ríe viendo el rostro de pocos amigos de su hermano, una risita se me escapa
mientras admiraba la cara de culo de Alexander.

Es muy divertido estar con los dos.

En los peores momentos, Pablo te hace reír.

—Una más y te rompo esa boquita tuya —Alexander le advirtió.


El empieza a caminar hacia Pablo, pero lo detengo colocándome frente a el.

—Alexander te estás portando como un niño inmaduro, mejor siéntate y empieza a controlar
esa ira —ordeno con firmeza.

Alexander solo asiente avergonzado para tomar asiento a un costado de la cama.

—Alessandra es mucho más pequeña que tú y te dejas mandar por ella —Pablo dijo entre
risas.

Le quito sus Doritos para tirárselos al suelo.

—La próxima broma que hagas yo misma te cortaré la lengua —advierto.

—Lo siento, fuego —me sonrojo al escuchar ese estúpido apodo que me puso.

Pablo estaba por acariciar mi cabello, pero la fuerte mano de Alexander le tira un pequeño
golpe a la pobre mano de Pablo.

—No la toques —declaro mirándolo con una cara que: vuelves a tocarla y te mato.

—Basta.

Tiro de Alexander para volver a sentarlo en su lugar, pero esta vez me senté a su costado.

Nos quedemos unos minutos en silencio... Ahora viene charlar sobre qué haremos.

—Llevaras a Alessandra devuelta a casa, Pablo. No quiero enterarme de que ustedes


estuvieron besuqueándose o algo por el estilo, ¿entendió?. —Alexander anuncio.

—Lo entiendo —Pablo bufo.

—Creo que deberían irse —veo como Alexander se levanta de su sitio para caminar hacia
la puerta y abrirla.

Me levanto sin muchas ganas de irme, camino hasta la puerta, Pablo ya estaba en el marco
de la puerta esperándome, pero no quería irme.

—yo...—murmuro apretando con fuerza los tirantes de mi mochila.

—No digas nada, Alessandra —Alexander suplico mirándome —. Es hora que vuelvas a
casa.

—¿Podemos hablar? —le pido.

—Claro —suspiro —. Pablo espera afuera.


Alexander cerró la puerta y nos mirábamos sin poder articular una palabra. Como decirle,
como demostrarle mis sentimientos sin hablar, ¡como! Joder, quería decirle lo mucho que
me importa, pero no puede hacerlo.

Tenía miedo.

—Y-o...no puedo.

Los dedos de él acarician mi mentón, obligado a verle los ojos. Son esos ojos...me falta el
aire cuando los veo y tengo ganas de besarlo una y otra vez.

—Lo entiendo, vale. Solo no tardes mucho en decirlo —beso mi frente —. Te quiero,
Alessandra.

—Creó que debo irme —me separo, limpiando unas pequeñas lágrimas.

Camino hacia la puerta, dudosa agarro el pomo, pensando si detenerme y quedarme. Mis
pensamientos son interrumpidos cuando Alexander tira de mi, besándome con locura;
acepto el beso, dejando que mis verdaderos sentimientos salgan.

Al separase de mí, me mira con ojos de amor y no puedo evitar sonreír.

—Algún día te hará mi esposa y no tendrás escapatoria de tus verdaderos sentimientos,


Alessandra.

Vuelve a darme un corto beso, luego abre la puerta, esperando que saliera.

Yo solo asiento para salir por completo, quería voltear y darle una última mirada a
Alexander, pero no lo hice.

No podía hacerlo.

***

Una semana después...

—¡Alexander donde coño estas y porque no contestas mis llamas! —grito con impaciencia
al buzón de voz.

Estas semanas fueron las peores.

Lizzie y Adrien se fueron de viaje de trabajo dejándome a cargo de Ethan, amo mucho a mi
querido hermanito, pero es un dolor de muela.

Y para empeorar Alexander no me ha dado señales de vida y eso me está volviendo aún
más loca de lo que estoy.
—Son las nueve de la noche y sigues insistiendo... Estás muy enamorada de ese hombre
—Clara ríe viéndome.

Yo no me enamoro de nadie.

Creo..

—No digas tonterías —digo sin despegar la vista de mi teléfono.

—Si te hace reír, enojar, lo odias, lo extrañas. Ya te jodistes. ¡Estás enamorada! —Clara
chilla con emoción.

Debo admitir que Alexander me hace sentir todas esas emociones, pero eso no significa
que me gusta. Y ustedes me van a decir que yo le dije que estoy enamorada de él, pero
todos sabemos que cuando estábamos en momentos críticos actuamos así.

—Clara tiene mucha razón —Olivia dice mientras jugaba con las patitas de Ethan.

—Mejor nos callamos.

—Puedo decir que Alexander es un psicópata de mierda, pero te ama demasiado —mi
querida amiga Olivia admite encogiéndose de hombros —. Nos amenazó a mí y Clara
diciéndonos que, si no les mentíamos a Lizzie y Adrien que estabas con nosotras mataría a
nuestras familias.

Al escuchar sus palabras me puse fría, bueno una parte mía ya se lo esperaba.

—Lo mataré cuanto lo vea —prometo.

—Tranquila, seguro ya está muerto —Clara señalo.

Mis ojos se abrieron como plato para dirigir mi mirada a ella. Como puede decir eso.

—Lo siento —murmuro bajando la cabeza.

—Disculpada —declaro dirigiendo mi mirada a mi teléfono.

Contesta, Alexander.

—Hable con Preston y me dijo que va a atraer pollito mientras vemos una peli —Olivia
sonríe con entusiasmo.

Pero solamente me dejé caer en la cama... ¿Por qué me siento así?

—Iré a poner la mesa con Ethan —Clara anuncio rompiendo todo el silencio.

Al verla irse con Ethan me siento en la cama para mirar a Olivia con un puchero.
—Admite que te gusta, Alexander.

—Puede que lo quiera un poquito —señalo.

***

—Ethan es muy pareció a ti —Preston sonríe con ternura.

—Será porque es mi hermanito —rio viéndolos.

Preston es un hombre muy guapo, pero es muy buena persona, haciendo que algunas
chicas le rompieran el corazón unas cuantas veces, pero verlo con Olivia me llena de
felicidad, porque ella lo ama y sé que jamás lo lastimaría.

Me gustaría tener una relación como la de Olivia y Preston.

—Bebé, tengo un poco de sueño —Olivia dice poniendo una cara tierna.

Preston le decía algo al odio haciendo que ambos rían para luego abrazarse.

Me siento muy celosa.

—Pueden dormir en los cuartos de invitados —sugiero mirándolos de cerca.

—¡Claro que siii! —Preston chilla.

Me abalanzo sobre a él para abrazarlo con fuerza, pero Olivia no tardo y lo abrazo también.

—¡Suéltalo! —chillo con frustración.

—¡Es mi novio! —Olivia jalonea a Preston.

—¡Lo sé, pero yo lo conocí primero!

—Las amo por igual chicas y también puedo abrazarlas a ambos —Preston confiesa con
una sonrisa nerviosa.

Yo solo me separo de Preston para darle una mirada de pocos amigos a Olivia.

—Buenas noches —me despido dándoles la espalda.

Subiendo las escaleras me dejo caer en una de las gradas para recargar mi cabeza contra
la pared.

No me siento bien.
Este sentimiento está acabando conmigo poco a poco, quizás y solo si me pongo a pensar,
esto puede ser amor. Estar enamorado es como estar en una montaña rusa, hay momentos
increíbles y únicos, como también hay momentos horrendos y dolorosos.

Solo quiero volver a escuchar la voz de Alexander.

Mis pensamientos son interrumpidos cuando mi teléfono empieza asonar, haciendo que con
rapidez lo mire.

¿Número desconoció?

Con inseguridad presiono el botón de aceptar.

—¿Con quién hablo? —pregunto.

Pero no recibo respuesta, solamente escucho unos suspiros.

—Eres tú, Alexander —murmuro sintiendo un nudo en la garganta.

Solamente me colgó, como desesperación me limpio mis lagrimas para volver a marcar al
mismo número, pero nunca volvió a contestarme.

—Donde estás, Alexander —limpio mis lágrimas.

Capítulo 33
Alexander

Una semana entera alejado de Alessandra. Diría que no me afecta, pero me siento muy
frustrado no poder verla o molestarla. Me encanta ver su rostro enojado.

Le doy un escaso sorbo a mi tequila para dirigir mi mirada hacia la puerta de entrada... En
cualquier momento, mi despreciable padre entrará por esa puerta.

Suspiro frustrado mientras observo a la gente que se encontraba bebiendo como loca y ni
hablar de las mujerzuelas que está bailando por dinero.

Como odio este lugar.

En eso alguien toma asiento a mi costado, haciendo que dirigiera mi vista a esa persona.

—Hola, Alexander —mi padre sonríe viéndome.

Como es posible que seamos familia.

—Padre...—murmuro entre dientes.


—No sabes cuánto te extrañé, hijo, pero veo que tenías planes con esa chica pelirroja —
dice con un tono molesto —. Es muy guapa.

Me tenso al escucharlo hablar de Alessandra, odio que la nombre.

—Mejor empieza a sacártela de la cabeza o no respondo —gruño con enojo.

—Sabes cuando vi a esa chica me trajo muchos recuerdos a Rubí... Amabas tanto a tu
hermana. Qué pena que tuvo que morir a una corta edad, hubiera sido una mujer hermosa
como esa muchacha con la que te enredas.

—¡Cierra la maldita boca! —grito con dolor.

No tiene derecho de nombrar a Rubí. Aún me acuerdo ese día que encontré su pequeñito
cuerpo sin vida, era solo una niña.

Solo era un pequeño niño regresando de la escuela con una caja de comida para mis
hermanos, pero al llegar mi pequeña luz, se había ido. Rubí era mi todo, era mi hermana y
jamás olvidaré esa día que la encontré sin vida.

—Todo lo que tocas muere, Alexander. La historia puede volver a repetirse con esa
muchacha.

Tenso mi mandíbula y mis puños al momento de escuchar su amenaza, mi padre es capaz


de todo, no tiene límites o remordimientos.

—Eres un monstruo —anuncio mirándolo con odio —. No sabes cuánto te odio.

—Es verdad soy un monstruo, pero tú también lo eres, matates a personas inocentes y
pretendes cambiar por esa chica, pero te aviso que siempre serás la misma mierda —
declaro con desprecio.

Solamente asiento para levantarme de mi asiento y caminar hacia la salida, pero paro en
seco al escucharlo.

—Sino haces tu trabajo te juro que mataré a esa niña. Ella está que sufre sabes, la llame y
pensó que eras tú... Es patético.

Con impotencia y enojo me acerco hasta a él y estampo mi puño en su asqueroso rostro,


escucho los gritos de sorpresa de las personas, pero eso no me importo.

Uno, dos, tres golpes en su rostro para luego levantarme aun insatisfecho. Por mí lo
golpearía hasta dejarlo irreconocible, pero tendría problemas con muchas personas.

—No te metas con, Alessandra o te juro que te mataré —le advirtió.


***

Enciendo un cigarro para llevarlo a mis labios y darle una calada, en eso veo como la puerta
de la casa de Alessandra se abre dejando ver a una Alessandra con una cara roja y con una
gran chalina alrededor de su cuello y traía un peinado como la chilindrina.

Ladeo mi cabeza al igual que ella, su mirada de ella estaba impacta y sorprendía... Siendo
sincero se ve muy linda enferma.

Con rapidez se acerca hasta a mí para mirarme como si fuera una alucinación suya.

—Me darás un beso —sonrió poniéndome a su altura.

Cuando menos lo creí Alessandra estampa su mano en mi mejilla haciendo que la mire con
impactado.

Ahora que le hice a esta loca.

—¡Porque no me llamaste! —chilla con la voz ronca.

—Lo siento, pero estaba peleando con mi padre —digo sobando mi mejilla —, ¿estás
resfriada?

Ella asiente con indiferencia.

—Estuve muy preocupada por ti y por tu culpa me enfermé —responde indignada.

—Pareces una niña peleando de esta manera y ni hablar de tu horrible pero extrañamente
adorable peinado —admito acariciando su muñeca.

Ella me fulmino con la mirada.

—Preston me hizo estas lindas coletas y si vuelvas a decir que está fea te golpearé donde
más te duele —dijo enojada.

Coloque mi mano junto a su mejilla y acaricie su tersa piel con suavidad y no pude evitar
inclinarme y besarla en sus delicados labios, pero de un empujón Alessandra me separa de
ella para taparse la boca con sus manos.

—¿Qué fue eso? —pregunto con confusión.

—Estoy enferma, idiota... No quiero contagiarte —murmura desviando la mira, veo como
sus mejillas toman un color rojo, haciendo que una risita se me escapara.

—Me importa una mierda enfermarme —confieso atrayéndola a mí.

—¿No quieres comer algo? —cambia de tema.


—Quiero comerte a ti —murmuro roncamente para hundir mi cabeza en su cuello y
empezar a dejar pequeños besos por su delicada piel.

Siento como el cuerpo de Alessandra se relaja, dejándose llevar por mis acaricias y besos.

Alessandra se separa de mí para poner distancia entre ambos... Que infantil es esta chica.

—Deja de hacer eso y mejor entra a comer algo —ordeno demandante.

Aun estando enferma están enojona y demandante conmigo.

Me gustas tanto, Alessandra.

***

Alessandra

Siento a Ethan entre mis piernas mientras le entregaba una rodaja pequeña de manzana, él
sonríe para recibirla y llevársela a la boca... Están tierno y regordete.

Veo como Alexander observa a Ethan con detenimiento haciendo que ponga los ojos en
blanco.

—¿Enserio estás celoso de Ethan? —cuestiono, viendo como él lo fulminaba con la mirada
a mi pobre hermanito bebe.

—Por supuesto que no estoy celoso de un bebé —miente desviándome la mirada.

—No mientas.

—ok, puede que sienta un poco de celos, pero no significa que me pondré como un loco —
declaro.

Veo como apretaba con fuerza el vaso, creo que lo romperá si sigue apretando.

—Alexander deja el vaso —digo apartándole el vaso —. Sabes hoy descubrí algo genial.

Cambio de tema al notar el ambiente pesado.

—¿Qué descubriste?

—Tenía ganas de ir al puente que siempre voy, pero sorpresa que el maldito puente está
demolido y sospecho que tú fuiste el causante —señalo viéndolo con enojo.

—No tengo la menor idea de que estás hablando —respondió con inocencia.

Sé que él fue, lo conozco y sé que lo hizo.


—Como sea, me iré a dormir con Ethan y cuando despierte espero que no estés aquí —
anuncio levantándome de la mesa, teniendo entre brazos a mi hermanito.

Cuanto estaba por irme a mi habitación Alexander me agarra de mi antebrazo con suavidad.

—Que te parece si hago dormir a esa cosa y tú me esperas en tu habitación —propone con
una sonrisa —. Odio los niños pero lo haré por que te quiero.

Lindo, es lindo. Alexander me pone mal.

Amo a Ethan, pero él es muy caprichoso y enojón... Que se haga cargo de él.

—Aceptó —digo por último para darle a Ethan.

Una sonrisa se me escapará al ver a Alexander cargar con Ethan, se ve muy bien con un
bebé entre brazos. Lo hace ver más maduro.

***

Paso una hora y Alexander todavía no aparecía por mi habitación, me levanto de mi cama
para ir a ver qué sucede.

Espero que no estén peleando.

Camino por los pasillos y no escucho ningún tipo grito, haciendo que me preocupe aún más.
Con los ojos cerrados del miedo abro la puerta de la habitación de Ethan.

Lentamente, abro mis ojos para contemplar algo que jamás ver en mi vida.

Alexander estaba recostado en la silla mecedora de Ethan mientras que en su pecho estaba
mi hermanito durmiendo pacíficamente. Una extraña sensación en mi estómago hace que
coloque mi mano en mi abdomen.

Siento tanto viéndolo, tengo ganas de gritar de los nervios o salir corriendo por lo tanto que
me hace sentir, pero sobre todo me hace sentir feliz y llena de una calidez que jamás pensé
sentir.

Me gustaría contarle todos mis problemas, pero muy en el fondo sé que me traicionara...
Como lo hizo Derek.

Como me gustaría no haber conocido a Derek, me hubiera gusto matarlo con mis propias
manos por todo el daño que me hizo a mí y Preston.

Pero él desapareció después de mi fiesta de cumpleaños.

Lentamente, me acerco hasta él, se ve tan vulnerable y tierno cuando duerme, pero cada
vez que se queda dormido tienen a estar con el ceño fruncido.
Con cautela hundo mi mano en su cabello y acariciarlo con suavidad, en eso veo como abre
sus ojos haciendo que nuestras miradas se encontraran, ¡joder! Tiene una mirada muy
intensa.

—Te vez muy sexi con un bebé entre tus brazos —admito viéndolo fijamente.

—Joder, hasta resfriada te vez como una diosa —murmura viéndome con un extraño deseo.

Alexander pasa una de sus manos libres por mi cintura para acercarme aún más a él, siento
un escalofrío recorrer toda mi espalda al sentir sus labios de Alexander en mi abdomen.

—Eres un pervertido.

—Este pervertido es solo tuyo —gruño siguiendo con sus besos.

Me sobresalto del impacto cuando Alexander estampa su mano en mi trasero. Esa dolió
como la mierd..

—¡Auh! —grito de dolor.

Estaba por insultarlo, pero en eso se me escapa un estornudo. Alexander se ríe en voz baja
mientras le daba leves palmaditas en la espalda a Ethan.

—Extrañamente, me sentí muy excitado al momento que estornudaste —dijo viéndome con
malicia.

—A ti te excita cualquier cosa que haga —replico con molestia.

—Es verdad, es que eres muy sensual.

—Lo sé —sonrió acomodando mi cabello.

En eso escucho que tocan la puerta principal, Alexander se ofreció a ver quién era, pero le
ordene que se queda, ya que esta es mi casa y tengo la obligación de ver quién es.

Cuando Salí fruncí el ceño al no ver a nadie, empiezo a buscar con la mirada, pero nada...
Que raro, cuando está por cerrar la puerta dirijo mi mirada hacia el suelo donde
extrañamente había una carta de color negro y con un pequeño moño color rojo.

Con desconfianza la tomo para leerla.

Esta invitación se le hace llegar para hacerle conocimiento que esta invita hoy a las 10:00
PM al gran baile de bienvenida de R. La dirección está atrás de la carta. Por favor no faltar o
tendrá la sangre de su familia en sus manos.

Capítulo 34
Alessandra

Después de haber leído esa maldita carta, fui directamente al cuarto de Ethan y con enojo le
tiré la carta a Alexander. Por la culpa de su psicópata padre mi familia está en peligro.

No permite que lastimen a mi familia, es lo único que tengo.

Lizzie y Adrien, son algo muy importante para mí y no voy a dejar que les suceda una
desgracia por mi culpa.

—Puedes callarte —Alexander me callo con descaro.

¿Cómo puede pedirme eso?

—¡Si les llega pasar algo te juro que yo misma mataré a tu asqueroso padre y no me
importa las consecuencias! —le advierto.

Mientras peleamos como dos locos me percate de Ethan que dormida pacíficamente en su
camita.

—¡No me jodas diciendo que esto es mi culpa, porque no lo es! —exclamo acercando su
rostro al mío —. Me enfurece que digas eso.

Su mirada era entre dolida y enojada. Una parte mía quería disculparme, pero otra me decía
que era todo su culpa.

—¡No me importa si te enoja o te duele lo que pueda decirte, solamente estoy diciendo la
verdad! —gruño apartando mi rostro de su mirada.

—No quiero pelear y menos delante de esa cosa —bajo el tono de su voz.

Me enojo aún más al escucharlo decirle <<cosa>> a mi hermanito.

—Para tu información se llama Ethan —replico.

—No me importa, ahora vamos afuera a seguir peleando, no quiero despertarlo —dijo,
saliendo de la habitación.

Le doy una última mirada a mi Ethan para luego salir en silencio de la habitación.

Ya en la sala le doy una mirada asesina a Alexander, me acerco hasta él. ¿Cómo es
posible que sienta cositas por él?

—¿Vamos a seguir peleando? —Alexander me preguntó.

—No. Iré a llamar a mi asistente que se encarga de traerme los mejores vestidos... necesito
verme estupenda —suspiro con cansancio —. Arreglaremos este problema.
No es fácil ser tan atractiva. ¿Saben lo difícil que es decirme por un vestido? ...es que todo
me queda tan bien que es muy difícil decidirme.

—Con solo verte el rostro puedo ver qué te crees una princesa.

—No soy una princesa, soy una reina —le sonrió con malicia —. Tomaré una ducha.

Al escuchar esas palabras veo como Alexander se levanta del sillón para acercarse con
velocidad a mí.

—Iré contigo —declaro emocionado.

—No lo creo —digo, dándole la espalda.

Cuando piso el primer escalón siento como unas fuertes manos me sostiene de mis caderas
con fuerza.

—Me vengaré más tarde —prometido para luego besarme con lujuria mi cuello.

***

Con suavidad esparzo mi crema hidratante por la piel de mi rostro para empezar a masajear
con delicadeza mis mejillas, frente y mentón.

Ya lista me doy una última mirada, mi cabello está bien recogido y mi vestido simple de
tirantes color blanco hacia una gran combinación con mis ojos color azules... Aunque a
veces mis ojos tienen un toque de color verde.

Al salir de mi habitación camino por los pasillos del segundo piso en busca de Alexander
pero no había señal de vida aquí, así que baje las escaleras para ir a buscarlo en el
comedor y me encontré con una gran sorpresa que hizo que abría los ojos como plato y
retrocediera unos pasos atrás.

¿Qué carajo?

Alexander... había hecho una cena para mí.

Pero lo que me sorprendió es ver en el centro de la mesa un gran anillo de diamante azul.
Debió costar una fortuna.

—No, no, no....—digo sin aliento.

Él agarra la fina cajita que contenía la cosa más horrenda y hermosa que había en la vida,
se acerca hasta a mí y acaricia mis nudillos con suavidad.
Cuando su mirada se encontró con la mía puede ver qué está nervioso, sus mejillas están
sonrojadas. Y... y... tenía los ojos medio llorosos.

—Joder, no me mires así —ordeno nervioso.

Mi mirada viaja hacia el anillo, tenía un inmenso diamante de color azul claro gastando en
un fino anillo de plata, con unos pequeños diamantes incrustados. Era la cosa más hermosa
que había visto en mi vida. Este diamante en especial me trae recuerdos al océano, tan
claro.

—¿Es un diamante? —pregunto sin aliento.

Alexander asiento.

—es el diamante azul más grande jamás visto —afirmo. Subió su mano hacia mis hombros
para acariciarlo con lentitud —. Me recuerda a ti. A tus ojitos, a tu linda sonrisa que hace
que tenga paz. Sé que no soy perfecto y que no te merezco, pero si aceptas te prometo que
pasaré toda la eternidad intentando merecerte.

Sin lastimarlo lo aparto de mí para mirarlo con culpa.

Me gustaría decirle lo que él quiere oír, pero simplemente no siento lo mismo.

Soy joven para contraer matrimonio con un hombre. La paso de lo mejor con Alexander y es
una persona especial para mi, pero ¿matrimonio? No.

—yo...yo...yo..—tartamudeo. No tengo palabras.

—Vale, entiendo —dijo acercando mi cuerpo al de el —. No tienes que tomar una decisión
hoy mismo, ¿Sabes?...entiendo que tienes que pensar muchas cosas antes de darme una
respuesta. Eres aún joven y tienes que pensar todo eso, pero prometo esperarte hasta el
final, solo hay un pero...

—¿Pero...? —continuo.

—No quiero enterarme de que estás revolcándote con otros hombres que no sea yo. Me
enojaría mucho saber que estás montando a otro hombre, me volvería loco y no me
responsabilizó de lo que puedo llegar hacer sí...

Alexander rodea mi cintura para acariciar con una intensidad extraña. Veo como tenía la
mandíbula apretada con enojo.

Estos extraños cambios de Alexander ya los había vivido; cuando descubrió que estuve con
Pablo y cuando me vio besar a Marco.

—¿Matarías a alguien que quiero, cierto?


—Te dejaré con esa duda, destripadora —murmuro para luego hundir su cabeza en mi
cuello y dejar un cálido beso.

Con su otra mano sostenio mi muñeca para acariciarla y de un solo movimiento colocarme
el anillo en mi dedo.

Su mirada se posó en mi dedo dónde está su anillo, una gran sonrisa de satisfacción se
apoderó de él.

—Te queda perfecto.

Yo nada más asiento para luego dirigir mi vista en la gran mesa, había unos platillos
estupendos y mi estómago me pedía a gritos que lo probara.

Son las 8:00pm solo faltan dos horas para ese baile, así que lo aprovecharé para comer un
poco.

—Se ve delicioso, ¿Cómo hiciste esto? —cuestiono caminando así la mesa.

—Demoraste como una hora y media, eso basto para hacer un poco de magia —admito
siguiendo el paso.

Veo como coloca su asiento que había a otro lado de la mesa para ponerla junto a la mía.

Tomo asiento con nervios, mirándolo con cautela, tenía una mirada traviesa y eso me
preocupaba y a la vez me encanta.

—Primero empezaré por tomar un poco de vino —digo, tomándome casi toda la copa.

Siento como su fría mano empieza a subir mi vestido hasta la mitad de mis muslos y
empezó acariciarme. Sentir sus dedos acariciarme hizo que sienta un hormigueo por todo el
cuerpo.

—Si aceptarás mi propuesta te llevaría al mismo infierno, dónde gozarás y te haré disfrutar
de cosas que no imaginas —Alexander se acercó aún más, sus ojos estaban llenos de
lujuria.

Sus ojos me observan de arriba abajo para luego detenerse en mis ojos, siento que me está
examinando está el alma.

Dejo escapar un grito ahogado cuando él subió su mano hasta mi sexo para tocar mi clítoris
con su pulgar, y acariciarlo con lentitud que hizo que gimiera levemente.

Cierro mis ojos para dejarme llevar por el placer. Dejaba escapar algunos gemidos al ritmo
que Alexander jugaba conmigo y tocaba justo donde debía. Con fuerza Coloco mis manos
en los costados de la silla para apretar con fuerza, intentando contener la necesidad de
tenerlo más adentro.
—Déjame complacerte, amor —dijo en un tono ronco y sexi.

Sin interrumpir sus caricias, se arrodilló y metido su cabeza entre mis piernas.

Gimo con fuerza al sentir su lengua tocarme ahí abajo. Mi respiración está en hecha un
desastre y ni hablar de mi corazón.

Siento como lame mis labios internos haciendo que toque todos mis puntos sensibles.
Empiezo adelantar mi pelvis mientras movía la lengua aún más deprisa.

Antes que me dirá cuenta mis piernas empezaron a temblar hasta el punto que llegue al
mejor orgasmo de mi vida.

—Alexander...—gimo acariciando su cabello.

Mi cuerpo tembloroso se detiene, pero Alexander no se detuvo. Continuó lamiendo, solo


que estaba vez lo hacía con mayor fuerza. Pasó uno de sus manos por mi pierna para
agarrarla y evitar que me moviera, me pasó la otra mano por la cintura para acercarme aún
más a él y seguir con su juego.

—Eres mía, solamente mía —susurro con un tono agresivo y oscuro.

En eso escucho el timbre de casa y a los segundos pude escuchar la voz de mi asistenta
que traía mis vestidos.

Con rapidez veo como se levanta para empezar a desabrochar su cinturón y se deshizo de
su pantalón y de su ropa interior.

Me tomo del brazo y me levanto de la silla para colocarme encima de la mesa, sin antes
quitarme mi vestido y tirarlo al suelo. Su miembro rozó con mi entrada haciendo que gimiera
y Sin piedad me penetro. Se me escapa un grito, ante el gran tamaño de su miembro.

—Joder..hay.. alguien en la puerta —jadeo mientras escuchaba los insistentes golpes a la


puerta.

—Que no te importa...—gruño uniendo sus labios con los míos —. Concéntrate en nosotros.

Rodeó su torso desnudo con mis brazos y muevo mis caderas al ritmo que el marcaba. No
podía dejar de gemir de placer.

Escucho el ruido de los platos estallar contra el suelo, pero eso no detenido los movimientos
de Alexander, solamente me recolocó en la mesa para tener mejor acceso en mí. Él me
sujeto de los brazos y me los sostuvo por encima de la cabeza.

Siento como el orgasmo está por venir haciendo que nuestros movimientos sean más
rápidos está el punto de estallar de éxtasis y él se dejó venir.
Los fuertes brazos de Alexander me sostuvieron con firmeza mientras yo me recuperaba del
orgasmo.

—Tengo que atender la puerta —murmuro sin aliento, separando mi cuerpo del suyo.

—Primero hay que vestirnos y arreglar este desastre —señalo todos los platos rotos que
estaban en el suelo.

—Ethan debe estar despierto por el ruido —digo consiente. Seguro escuchó todo.

***

Después de cambiarnos con apuro y limpiar un poco, fui con nervios a la puerta, para
recibir mis vestidos con vergüenza de que haya escuchado algo.

Solo recibí y de un golpe volví a cerrar la puerta...no quiero un interrogatorio.

Dejo los vestidos tendidos en los muebles y mirarlos con detenimiento, en eso escucho la
risita de Ethan haciendo que voltee a verlo.

—Desperté...—dice abriendo sus bracitos.

Dejo que me abrace mientras mira a Alexander de reojo.

—Está cosa pesa mucho —Alexander se queja.

—Ethan, se llama Ethan —le corrijo quitándole a Ethan.

Ethan mira con enojo a Alexander y sin previo aviso le tiró en lapazo en la mejilla. Me río
con fuerza al ver la cara sorprendía de Alexander, Ethan ríe conmigo.

—Niño insolente —dice entre dientes.

Ethan le hace una rara mueca al escuchar su comentario para luego mirarme con unos
ojitos preocupados.

—Hermanita, cuando dormía escuche unos gritos tuyos. Gritabas el nombre de ese
hombre... acaso, ¿te lastimo? —pregunto preocupado.

Mis ojos se abren como plato al escucharlo, le doy una mirada de ayuda Alexander, pero él
solamente se ríe.

—Es que..yo..mm...—me quedó sin palabras.

—A tu hermanita se le acalambró su pierna y yo le ayudé a calmar su dolor —anuncio


mirando con una sonrisa traviesa.
Ethan sonríe con felicidad al escucharlo.

—Si le duele otra vez la pierna la ayudas, ¿De acuerdo?

—Con gusto la ayudaré —Alexander dice entre risas.

Esto me está poniendo un poquito tensa.

—Ethan ve a jugar con tus juguetitos, necesito hablar con Alexander y prepárate porque
Preston vendar a cuidarte —anuncio.

Bajo a Ethan de mis brazos para dejarlo en el suelo dónde había algunos juguetes tirados.

—Me iré a aprobar los vestidos.

Me voy probando tres vestidos y ninguno me convence y solo me queda un vestido.

Cuando me coloco el último vestido me doy una mirada en mi gran espejo de mi habitación.
Era de color rojo sangre y en la parte de mi abdomen tenía como un corset haciendo que
mis curvas sean aún más visibles y ni hablar de la linda abertura al costado de mi pierna.

Cuando salgo de mi habitación dejó caer mi pequeño bolso que sostenía, Alexander estaba
con un traje de color negro que hacía lucir sus muy hipnotizantes ojos azules y su
despeinado cabello rubio.

—Sé que me veo muy bien —dice arrogante.

—Eres un creído —bufo.

—Pero es verdad. Soy muy atractivo, todas las chicas quieren que salga con ellas, quieren
que les complazca con mi cuerpo, pero tú eres la afortunada de tenerme.

Soy creída y toda esa mierda, pero Alexander es mucho peor que yo.

—No pienso discutir —finjo una sonrisa para luego pasar de largo.

Cuando llegamos a la primera planta encontramos a Ethan viendo sus caricaturas y


tomando su juguito. Que adorable.

—Te vez como Jessica rabbit —Ethan dice con asombro.

Me sonrojo ante su tierno comentario.

—Concuerdo con el niño —Alexander me mira de pies a cabeza.

—Gracias por sus halagadores comentarios —digo tomando asiento en el sofá.


Son las 9:40pm y Preston todavía no aparece, él siempre habla sobre lo importante de ser
puntual y esas cosas.

Cuánto estaba por llamarlo el timbre suena haciendo que vaya a ver.

Era Preston, traía consigo una bolsa de dulces y en su otra mano tenía una linda rosa.

—Esto es para ti, Rampuzel —dice entregándome la flor.

Mi corazón da un brinco al recibir la linda rosa.

—No es muy costosa, pero como dicen <<la intención es lo que importa>>

—Es muy linda, Preston —murmuro con felicidad.

—Te vez muy linda y ese anillo hace un estupendo juego con tu vestido —cuando estaba
por hablar, la fría mano de Alexander me sostiene con fuerza de mis hombros haciéndome
sobresaltar.

—¿Qué tanto hablan? —pregunto con un tono amenazante.

Preston tensa la mandíbula ante la presencia de Alexander, pero se calma para luego
sonreír.

—No soy ese tipo de hombre que le gusta la violencia, pero si no empiezas aflojar tu agarre
a Alessandra te partiré la cara —le advierto mirando las manos de Alexander que me
sostenía dolorosamente de mis hombros.

Sin previo aviso me suelta para salir disparado hacia las afueras de la casa... Seguro va en
busca de su coche.

Suspiro estresa ante el comportamiento agresivo de Alexander.

—No diré nada, pero si sigues con él puede que un día de estos él mismo te mate por celos
—Preston me acaricia mis hombros adoloridos.

—Me tengo que ir...—cambio de tema.

—No olvides de hacer lo que te dije.

Hay cosas que olvide contarles. Bueno, pongamos así; Preston me dejo un seguro de vida.
Antes de tomar mi ducha relajante, llame a Preston y le conté todo.

Un dato: Preston es un genio en fabricar todo tipo de armas o explosivos.

Me pido la dirección del lugar y hizo de las suyas para instalar cosas que pueden salvar mi
vida y de Alexander.
Esto es una casería.

Por lo que puede investigar en la fiesta asistirán la gente más peligrosa. Que mejor que
acabar de todos en un solo movimiento.

Yo asiento y Le doy un beso en la mejilla para luego darle la espalda y caminar hacia el
auto de Alexander que acaba de llegar.

Qué carajo estoy haciendo con Alexander, el siente mucho por mí y yo estoy tan
confundida.

No me gusta tomar en serio a ningún hombre o respetarlos, digo por los hombres juegan
con nuestros sentimientos y nos usan como un juguete sexual y lo peor es que la sociedad
los aplaude, pero cuando una mujer hace lo mismo es juzgada y denigrada.

***

Me coloco el cinturón de seguridad, siento su mirada intensa posarse en mí, pero la ignoro
y dirijo mi vista a la ventana.

No quiero hablar o pelear con el... Estoy cansada.

Esta noche será larga y quiero descansar mi mente por un segundo.

Lo miro de reojo mientras conducía con seriedad; siempre tiene que arruinar todo con sus
celos. Con un sentimiento extraño dirijo mi vista al anillo que posaba en uno de mis dedos.

Empiezo a jugar con el mientras sentía la mirada de Alexander. ¿Me lo quito?

—No pienses en quitártelo —dice de repente.

—No eres nadie para decirme que tengo que hacer y si quiero quitármelo lo haré y ya —
admito encogiéndome de hombros.

Alexander conduce con una sola mano para llevar con intensión su mano libre a mi cabello,
pero de un solo movimiento le agarro la muñeca.

—No estoy de humor para tus caricias manipuladoras —le advirtió tirando su mano con
brusquedad.

Él tensa su mandíbula y sus puños se aferran en el volante tanto que pienso que termina
rompiéndolo.

—No puedes controlarme o hacerme una escena de celos porque no soy ese tipo de mujer
que se deja humillar o con unas lindas palabras de su hombre lo disculpa, yo no olvido nada
mételo en la cabeza —anuncio.
Alexander se quedó callo y prefirió conducir.

***

Después de unas horas llegamos a nuestro destino, que por cierto me dejó con la boca
abierta. Era una gran mansión dónde había como cinco fuentes gigantes de agua y la
música que resonaba con fuerza.

Esta fiesta se notaba que era de mafiosos, cada detalle que tenía debería valer millones.

Nos bajamos del coche a la misma vez para luego mirarnos con seriedad.

—Está noche será intensa —anunció.

Ambos empezamos a caminar por el camino de piedras que nos dirigía hacia la gran puerta
de la mansión, cuando llegamos unos grandes señores nos detuvieron y nos miraron de
arriba abajo.

—Invitación —dice con un tonito que no me gusta.

Alexander estaba por responderle, pero lo detengo.

—No sé quién eres, pero seguro no eres nadie comparado a mí, así que hasta aun costado
y déjame pasar o tendrás problemas —le ordenó con enojo.

Cómo odio a estos tipos que se creen algo que no son.

—Claro...—el hombre dice entre dientes.

Al momento de entrar observo a todas las parejas que bailan al ritmo de la música, obvio
que algunas parejas estaban hablando entre ellas mientras fingían una sonrisa. Cuando
notaron nuestra presencia muchos de ellos dirigieron su vista hacia nosotros, sus miradas
tenían una combinación de sorpresa y envidia.

—Adoro tener la atención de todos, pero en este momento me enoja —ruedo los ojos.

—Deberías sentir miedo, destripadora —replico dirigiendo su mirada a mí.

—¿Por qué? —pregunto con confusión.

—Todas estas personas son del mismo círculo de mi padre y eso significa que son muy
peligrosos.

—Cuando me enojo puedo ser mucho más peligrosa que toda esta gente —admito
poniendo frente a él —. Finjamos que estamos bien y baila conmigo.

El asiente sin emoción para de un solo movimiento agarrarme de mi mano para llevarme a
la pista de baile.
Levanta mi mano y la une con la de él, con su mano libre me sostiene de la cintura. Luego
me da una vuelta y entonces suelto un quejido de sorpresa cuando mi cuerpo choco con su
pecho.

Mientras bailábamos admiro a todas las demás parejas que bailan, pero ladeo mi cabeza al
ver una melena rubia a lo lejos... Yo conozco esos cabellos rubios.

Alexander me da otra vuelta, me suelta. Casi chillo de la sorpresa, pero no necesito


recuperarme, ya que Pablo estuvo ahí para atraparme. Retoma hábilmente el baile.

Busco con la mirada a Alexander, pero no estaba. ¿Qué paso?

—¿Qué acaba de pasar? —pregunto sin creer lo que acaba de pasar.

—Solo baila conmigo y no te preocupes por nada —ordeno.

Donde cojones se metió, Alexander.

Esta noche será un desastre y uno de nosotros terminará mal.

Capítulo 35
Alexander

—¡Solo te pedí que la cuidaras! —grito con enojo viendo al inútil de mi hermano.

Le pedí que la cuidara unos minutos mientras me encarga de unos sustos, pero sorpresa la
pequeña destripadora le dio un buen golpe a Pablo y se mandó a la corrida,
desapareciendo.

—¡Me golpeó dónde más me duele! —exclamo.

—¿Sabes las cosas que puede estar haciendo en este momento? —digo con enojo.

—Es una cría no creo que haga tanto desastre —respondido con tranquilidad.

—Es una chica con muchos problemas y te hago acordar que cuando se enoja se vuelve
una salvaje.

Pablo se puso pálido al recordar ese día que encontramos a Alessandra empapada de
sangre y con esos hombres completamente destrozados.

—Carajo...—murmuro bajando la mirada.

—Levántate y ayúdame a buscarla —ordeno con enojo.


—Está mansión es muy grande, Alexander. ¿Piensas que la encontremos? —cuestiono con
preocupación.

—Siempre pienso en la seguridad de mi chica —sonrió orgullo.

Saco mi teléfono y con tranquilidad activé el localizador del anillo que le regalé a
Alessandra...no está muy lejos.

—Estás enfermo —Pablo dijo viéndome.

Le doy una mirada de pocos amigos para luego irme en busca de Alessandra.

Cuando será el día que no me cause problemas.

Caminando unos minutos paramos al ver que aviamos llegado a nuestro destino, tenía un
cierto miedo de encontrarme a Alessandra con alguien más, pero borré esa idea estúpida
de mi cabeza y de un solo golpe abrí la puerta.

Me quedo sin aliento ante la persona que estaba frente mi, siento como mi respiración se
corta al instante que nuestras miradas se encontraron.

—Dara...—murmuro sin creerlo.

—Alexander.

Genial, tengo a la única persona que me hace recordar lo tonto que pude llegar ser por
amor.

Dará, ella lucía como la recordaba, su cabellera pelirroja caía por sus pálidos hombros y su
cuerpo esbelto que tenía antes se avía vuelto curvilíneo y sus ojos cafés se veían aún más
brillante ante la luz de la luna.

—Buscas a esa desgracia, ¿Cierto? Qué pena que ella está un poco ocupada en este
momento, pero aquí tienes el anillo que le regalaste —Dara se acerca en paso lento para
luego tirarme el anillo con enojo.

—¿Qué haces aquí? —pregunto.

—Tu padre me contacto y me contó tu historia con esa muchacha y te sabes que soy una
mujer celosa. ¡No sabes cuándo me enojé cuando supe que ella tenía un parecido conmigo!

Sin desviar la mirada de ella veo como Pablo contempla a Dará sin creer que era ella.

—No me hagas reír diciendo esa tontería, Dara, tú no le llegas ni a los talones —digo entre
dientes.

Veo con su rostro se sorprende ante mi comportamiento agresivo, pero que espera que la
recibiera con los brazos abiertos cuando ella me traicionó unos días antes de nuestra boda.
Siempre fui sincero con todas las mujeres que salí, sabían cuando era solo sexo y a la única
mujer que pienso disculparme es con Natalia, ella no sabe nada sobre lo mío con su
hermana. Pero Dará, ella me engaño, me lastimo y me dejo con el puto corazón roto.

—No es justo que me trates de esta manera. Yo todavía te amo —admito con la voz dolida.

—Te enredaste con mi padre. crees que mereces mi respeto, Dara —confieso mirándola
con odio.

—Tú aún me amas y lo sabes —anuncio acariciando mi antebrazo —. ¿No me amas?

Sin responder su pregunta me alejo de ella para evadir su mirada que solamente me traía
recuerdos que tanto me costaron olvidar.

—¿Dónde está, Alessandra? —Pablo pregunto a Dará.

—Está en la otra habitación —señalo la escondida puerta que estaba aún costado.

Aturdido todavía por la presencia de Dará camino hacia la puerta y con lentitud empecé
abrir la puerta.

Mis ojos se abren como plato mientras la decepción y el dolor atacan con fuerza mi corazón.

Todo el tiempo que estuve con Alessandra supe que ella solo jugaba conmigo y me
manipulaba a su antojo, pero una parte mía tenía la esperanza que un día ella me vería con
esos ojos con los que ve a ese hombre que la abraza con fuerza mientras le murmuraba lo
mucho que lo amaba.

Sus mejillas estaban encendidas y su mirada está tan brillante como un diamante.

Siempre fui la última opción de todas las personas que llegué amar. Dará me dejó, mi
madre me abandono rompiendo mi corazón y ahora Alessandra... La historia se repite, pero
entre ellas tres la que más me ha hecho sufrir es Alessandra. No sé cómo llegué a tanto con
ella.

Aunque sepa que ella no siente nada por mí no puedo dejarla ir, quiero que esté contigo y
me ame con tanta necesidad que no pueda vivir sin mí.

Aveces pienso que no soy suficiente.

No me explico porque todas las mujeres que llegue amar me abandonan o aman a otros
hombres...yo...yo..solo quiero sentirme amado.

Quiero poder ser amado, quiero que me miren con amor sincero, quiero que me amen por lo
que soy. Puede que no sea el mejor, pero trato mejorar.

Por ella.
Por mi destripadora.

Con cuidado vuelvo a cerrar la puerta para recargarme en ella y respirar con dificultad.

—Con verte el rostro puedo ver qué acabas de comprobar que esa cría no te quiere ni un
poquito —Dara admitió con una sonrisa.

—Necesito tomar un poco de aire —anuncio al sentir las estúpidas lágrimas amenazar por
salir.

Jamás llore, ni siquiera cuando mi madre nos abandonó o cuando aguantaba los golpes de
mi padre. Soporte todo sin derramar ninguna lágrima, pero como me duele saber que entre
ese hombre y yo ella lo eligiera a él y no a mí.

—Vete, yo cuidaré a Alessandra —Pablo murmuró al darse cuenta de mi estado.

Sin decir ninguna palabra más salgo disparado de la habitación.

El amor solo lastima, odio estar enamorado, pero más odio saber que mi único amor me usa
y le dejo hacerlo. Soy un tonto pero cuando ambas a alguien no piensas en sus defectos,
solo lo amabas y la ves como si fuera lo único que puede sacarte de esta miserable
soledad.

***

Alessandra

Sin creerlo lo dejo envolverme en sus brazos, sintiendo la calidez que siempre me brindaba
su cuerpo.

—No sabes cuánto te amo, ángel —murmuró lentamente haciendo que cada una de sus
palabras resonarán en mi cabeza.

Él era la imagen de Preston, la única diferencia era sus ojos color ámbar y su cabello que
tenía algunas mechas pintadas de color rojo.

—Derek...— espeté sin creerlo.

—no sabes cuánto te extrañé.

Me aparta mi cabello para acariciar mi mejilla con suavidad y me levanta la barbilla listo
para besarme.

—¡No! —grito dándole un empujón —eres un traidor, me traicionaste a mí y a tu familia. No


sabes lo que sufrimos Preston y yo al saber que te robaste todo el dinero para la cirugía de
tu madre ¡Ella sufrió tanto dolor!
Derek baja la mirada al escucharme.

—Estoy tan arrepentido, si tan solo me dier...—antes que terminen de hablar lo callo
tirándole una cachetada.

—Eres una mierda de persona y me odio a mí misma por quererte, pero como todos dicen
los sentimientos no lo podemos controlar —lo último lo murmuró en tristeza.

Derek está por protestar, pero la puerta se abre con brusquedad y dejando a la vista a dos
grandes hombres con una pistola en cada mano.

—Es mejor que no uses la fuerza pelirroja y vengas con nosotros por voluntad propia —uno
de ellos habla señalando con su arma.

Yo trago con dificultad para dirigir mi mirada a Derek.

Él lucía tranquilo y solo se dedicó a sonreír y tomar asiento en uno de los sillones.

Traidor como siempre.

—Iré por mi voluntad —finjo una sonrisa.

Uno de ellos me toma con fuerza de mi brazo y me jalonea para empezar a caminar.

Conforme caminábamos siento como la ira se apoderará de mí, ¿Dónde está Alexander y
Pablo?

Paran en una gran puerta negra... esto no está nada bien.

Abren la puerta y me empujan con fuerza haciendo que caiga rendida al suelo golpeándome
mi mentón.

Una fría mano me ayuda a levantarme y tira de mi cuerpo, haciendo que choque con el suyo
que era tan firme y trabajo.

—Vuelve a tocarla y te juro que no vivirás para contarlo —asevero con dureza.

Ya era hora que Alexander aparecía.

Los guardias solo nos echan una mirada rápida para luego irse como si nada.

—Me alegra estar con ustedes chicos —sonrío viendo a Pablo y Álexander.

—Yo también estoy muy feliz —Pablo sonríe con emoción —, sabes siempre quise morir
con mi hermano y con la chica que me gusta.

Fruncí el ceño.
—¿Cuál es tu problema mental, Pablo?

—Déjalo cuando era un bebé se le enredó el cordón umbilical en su cuello por unos minutos
y se volvió un niño especial —Alexander dijo de repente.

Una risita se me escapa al ver el rostro rojo de Pablo... Que adorable.

Cuando estaba por hablar la puerta se abre nuevamente dejando a la vista un hombre no
tan joven que digamos, pero al verlo puede ver unos rasgos que compartía con Alexander y
Pablo.

Su padre.

—Dienvenidos, hijos míos —dice con una sonrisa arrogante —. Esta noche tuvimos muchos
sentimientos encontrados, ¿cierto?

Me tenso al instante que su mirada se posó en mí, pero también en Alexander.

Me olvidaba de esa chica llama Dará que me hizo un escándalo hace unos minutos, pero
puede librarme del anillo.

—El amor están lindo y destructivo que me puse a pensar que esta noche uno de ustedes
hará un sacrificio... Quiero ver sus reacciones.

Cuando lo escuchamos sentimos como la habitación se volvía tensa como nosotros. Algo
malo pasará.

—Yo te advertí que la historia de tu hermanita podía repetirse con esta muchacha —Rett
anuncio con rudeza para luego sacar una arma y apuntarme.

Ese momento me dejo sin aliento.

Todo fue tan rápido que ni siquiera me di cuenta cuando Alexander me empujo aún costado
y se puso adelante recibiendo la bala que debía yo recibir.

Un grito se me escapa ante ver cómo Alexander caía al suelo inconsciente.

—¡No! —mis ojos se abren exageradamente —. ¡Alexander!

Esto no está saliendo nada bien, tengo tanto miedo por Alexander, quiero que viva, necesito
salvarlo.

¿Cómo un padre puede ser tan cruel? Porque gente tiene hijos sabiendo que no podrá
tratarlos con el amor que merecen.
Alexander sabe perfectamente cómo las acciones de nuestros padres pueden llegarnos
afectar a lo largo de nuestras vidas, pero él me apoyó cuando llora por causa del mal trato y
agradezco todo eso.

Me levanto para ir por Alexander, pero Pablo me detiene con velocidad.

—¡Arriba las manos volverá a disparar! —Pablo exclamo.

Ambos levantamos las manos y vemos como Rett nos apuntaba con firmeza.

—¡Basta, por favor! —grito con desesperación.

Veo como Alexander empieza a recuperar la consciencia para gemir de dolor, pero coloca
su mano en su abdomen dónde su propio padre le disparó.

Quería acercarme y comprobar que está bien, veo como Rett baja la arma para mirarnos
con una sonrisa sádica y loca.

—Pablo al momento que te diga correrás con Alexander... Sin importar nada —susurro en
voz baja para él.

—No te dejará —murmuro decidido.

—En la esquina donde estoy parada está el sistema de electricidad que Preston manípulo y
hay bombas en los puntos indicados, yo siempre traigo contigo mi encended...

—No te dejaré hacer una locura como la que estás pensando —Pablo murmuró mirando
con miedo.

Por primera vez los tres experimentamos el miedo, sentimos en carne propia la impotencia
de no poder hacer nada.

Al encontrarme con la mirada de Alexander supe lo que tenía que hacer, sin dudas o
miedos... le devolveré el favor.

Todo esto debe acabar esta noche, no solo acabaré con el monstruo de Alexander sino que
con ello mueren más enfermos como su padre que sumidos en su fiesta, no se percatan
que la muerte llegó por ellos.

—Corre, por favor —murmuro con desesperación para prender en un solo movimiento mi
encendedor y tirarlo en el sistema de electricidad.

Al escuchar un fuerte estallido las luces que iluminaban toda la mansión se apagaron
dejando todo consumido por la oscuridad.

Ok, el plan va bien.

Solo tengo que irme lo antes posible.


Suspiro con alivio al ver que Alexander y Pablo no estaban...ellos estarán bien.

Sin poder ver nada empiezo caminar con cautela, cuando siento la manija de la puerta casi
grito de la felicidad, pero unas fuertes manos tiran de mí haciendo que caiga al suelo con
brusquedad.

—Te crees lista, pero no lo eres, Alessandra, Conozco tus puntos débiles, a tu familia y
amigos...¿Estás dispuesta a perderlo todo por el bastardo de mi hijo?

Una lágrima baja en mi mejilla al escuchar su amenaza, ¿Estaba dispuesta a perderlo todo?
Nada más pensar encontrar los cuerpos sin vida de mi familia hace que sentía ganas de
llorar.

—Este baile terminará aquí —le tiro un fuerte puñetazo en el rostro haciendo que caiga
rendido al suelo.

Eso me dio tiempo para correr con todas la fuerzas que tenía y buscar la salida para acabar
con todo.

Me topé con muchas personas por el camino cayendo muchas veces rendida al suelo, pero
recogí la poca fuerza que tenía para volver a levantarme y seguir.

No pienso morir hoy y dejar a mi familia que me está esperando.

Cuando llegue a la puerta de salida veo que está con llave y con un gran candado y para
empeorar a lo lejos se acercaba Rett con su arma apuntando a la sra... carajo.

—No puedo hacerlo no así —murmuro siento como el corazón está por salirse de mi.

Unas cálidas manos me levantan del suelo para sin previo aviso presionar sus labios con
los míos.

Derek.

—Déjame ayudarte, ángel —murmuro separándose de mis labios.

Unos segundos pasaron para ver cómo la puerta se abría dejando a la vista el gran jardín.

—Debes salir de aquí —le anuncio.

Con la luz de la luna veo como una sonrisa se dibuja en su rostro.

—Alguien debe procurar que el viejo esté en casa listo para morir en la explosión que estás
por causar, ángel —admite en voz baja.

Él conoce tan bien a su hermano que supo que el me mandaría con una protección de vida.
—Preston es un genio... mándale saludos —Derek sonríe.

—yo..no...quiero dejarte aquí —confieso entre lágrimas.

—No te estoy preguntando, Alessandra —dicho eso el me empuja a las afueras de la


mansión y cierra la puerta.

Grito con desesperación para golpear la puerta y rogarle que abriera, pero no hubo
respuesta.

Me quitó mis tacos para tirarlos y empezar a correr hacia donde estaba el auto de
Alexander. Al llegar suspiro con alivio al ver a Pablo recostado en el suelo mientras
presionaba la herida de Alexander.

—¿Está bien? —le pregunto viéndolo con preocupación.

—Esta que resiste, llame aún doctor de confianza y estará en unos quince minutos en mi
apartamento —Pablo suspiro.

Empiezo a mirar por todos lados en busca de alguien que pueda vernos, pero todo estaba
despejado.

—Le dije a Alexander que no me importa las consecuencias de destruir a su padre —


anuncio para sacar el control remoto que controlaba todas las bombas que había colocado
mi Preston.

—carajo...—Pablo exclamo con los ojos bien abiertos.

Sin pensarlo aprieto el botón para luego escuchar un fuerte ruido haciendo que caiga
rendida al suelo cerca de Pablo.

Vemos como todas las ventanas de la mansión estallan con fuerza y el fuego salía
disparado por todas partes de la mansión.

Muchas personas malas están muriendo en este momento, pero me duele porque entre
ellas hay una persona que quiero apresar de todo lo que me hizo.

Hay gente buena que muere, niños que sufren y nadie los ayuda, pero la gente mala
siempre está bien sin ningún cargo o algo malo en su vida y están frustrante ver eso que me
siento tan feliz por hacer esto.

—Quiero vomitar —rompo el silencio.

—Acaso tienes un mini Alexander dentro de ti.

Una risita se me escapa para luego ver el pobre y estúpido de Alexander medio dormido.

—Es hora de ir a casa — espeté levantándome.


***

Sentada en el sofá con un nudo en el estómago esperando la respuesta del doctor que
estaba atendiendo a Alexander.

Me levanto al ver salir de Pablo.

—¿Cómo está? —pregunto viéndolo con atención.

—La bala no daño nada de sus órganos y dijo que necesita repuso por unos días y luego lo
llevemos con él en una semana —Pablo sonríe con felicidad.

—Me alegra mucho.

—mmm...Alexander me ordeno que te llevará con él —anuncio de repente.

Siento como mi pulso se acelera al escuchar ¿Por qué quiere verme?

—Tengo miedito —sonrió nerviosa.

—Él está herido no podrá hacerte nada.

Con nervios camino hacia la habitación para encontrarme al doctor de Alexander salir,
dándome paso para que entre.

Cuando entro siento como mis ojos se humedece por la culpabilidad...él hace mucho por mí
y yo solo le causo dolor con mi inmadurez.

—Eres un estúpido...—exclamo.

Veo como una sonrisa pequeña se forma en su rostro pálido, se veía tan adolorido y
cansado.

—Te duele esa vía —pregunto viendo esa vía que esta conecta con uno de sus brazos.

—Un poco, pero me reconforta saber que estas sana y viva —murmuro con dificultad.

Trago saliva con nervios para caminar unos pasos hacia él y sentarme a un costado de la
cama.

—Lo siento, Alexander...—dijo entre lágrimas.

—No llores, joder. Esta herida no me duele tanto como parece —trato de consolarme, pero
yo no podía parar de llorar.

—Esta noche fue tan aterradora —sollozo sintiendo como mi cuerpo empezaba a temblar
de la nada.
En eso veo como Alexander con la poca fuerza que tenía se sienta en la cama, haciendo
que un quejido saliera de sus labios, asustándome.

—¡Tu herida se volverá abrir! —chillo asustada viendo su rostro adolorido, pero sonríe
tratando de demostrarme que no le duele.

—Eso no me importa, destripadora. Lo que me importa es que la persona que me hace reír
todos los días está llorando y no pienso permitir eso —espeto.

El me acaricia con suavidad mi mejilla para luego recostar mi cabeza en su pecho.

—Una vez me contaste que tu gusta que te acaricien el cabello cuando te sientes mal, ¿te
acuerdas? —pregunto con una voz cariñosa que jamás había escuchado.

—Claro que me acuerdo —sonríe.

—Te acariciaré el cabello, destripadora —anuncio en voz baja.

Siento como pasa una de sus manos por mi cabello para acariciar con lentitud y suavidad,
haciendo que cierre mis ojos.

Pasando los minutos siento como mis ojos y cuerpo me pesaron, quedando en un profundo
sueño en los brazos de Alexander.

...

...

Después de esa noche nada estuvo bien, si no hubiera causado ese incendio no lo hubiera
perdido, no lo hubiera visto morir entre mis brazos.

Capítulo 36
Alessandra

Sonrió con felicidad mientras observaba las lindas y brillantes estrellas que adornaban la
oscuridad de la noche. Nuestras manos entrelazadas hacían que mi corazón latirá con tanta
rapidez que pensaba que él podría escucharlo.

—Adoro la noche — murmuré en voz baja.

—Tambien me encanta la noche y más sí estás a mi lado —Derek murmuro con calidez.
Era incorrecto estar con él, ya que Preston desde un comienzo me dijo que no me acercara
a él, pero como podía evitarlo. Derek era tan dulce y bueno conmigo... Aunque a veces se
ponía un poco agresivo.

—¿Siempre estaremos juntos, Derek? —cuestione dirigiendo mi mirada a él.

—No lo dudes nunca, Ángel, siempre estaré a tu merced —con su mano libre acaricio mi
mejilla.

—Te amo.

—Yo más, Ángel.

No otra vez.

Volviendo a soñar con Derek.

Con cuidado me separo de Alexander para sentarme, porque las cosas siempre se
complican para mí.

Quiero olvidar mi pasado pero es imposible, a menos que me borren la memoria.

¿Quién puede superar su primer amor? Siempre lo recordaremos.

Cuando estaba por levantarme la fuerte mano de Alexander me detiene para volver a
echarme a su lado.

—¿Qué soñabas? —pregunto.

Su mirada azula era tan intensa que pensaba que podía leerme todos mis pensamientos,
¿cómo puede ser tan lindo? Todo lo tiene perfecto, cada parte de su cuerpo está hecha
para volverte adicta aun toque suyo.

—Nada importante, ¿Cómo te sientes? —cambio de tema.

Él estaba por reprocharme, pero con velocidad acerco mis labios a los suyos para callarlo.

El coloca su mano en mí nunca para profundizar aún más el beso, haciéndome estremecer,
en eso tocan la puerta cortando nuestro pequeño momento íntimo entre ambos.

La puerta se abre dejando ver a Pablo con un gran desayuno.

—Buenos días, mis pequeños enamorados —Pablo saludo entre risas.

Dejo la pequeña mesita con el desayuno en los pies de la cama y sin pensarlo me acerco
para probar un poco de esta delicia.

—Adoro el jugo de naranja —admito dándole un sorbo.


—Deberías tomarlo con más tranquilidad —sugirió Pablo.

Gruño al escucharlo para seguir tomando este delicioso jugo.

—Eres una fiera.

—Tú eres un metiche —le reprocho.

—¡Basta de sus peleas infantiles y cuénteme que más paso ayer! —Alexander anuncio con
frustrado, haciendo que nuestra atención se dirija a el.

—No pasó nada interesante... Solo que incendie toda la mansión de tu papi —admito,
dándole otro sorbito a mi juguito.

No debe agradecer nada.

Veo como sus ojos se abren como plato, creo que nos gritara.

—¡QUE! —grito mirando perplejo.

—Debe estar en las noticias, pero Preston y yo, lo planeamos de lo mejor. Si todo sale
como esperamos pensarán que fue un accidente —digo sin importancia.

Alexander niega la cabeza para luego empezar a jalonearse de su propio cabello.

—Pero que hiciste, estúpida.

—No me digas estúpida —exclamo.

—Tú querías proteger a tu familia, pero lo único que hiciste es marcar su día de muerte de
cada uno de ellos —confeso con furia.

Mi mirada se pierde en la nada y sin pensarlo dejo caer mi vaso al suelo rompiéndolo en
pedazos.

—No...Tu padre está muerto, ya no podrá hacernos daño —le explico, pero él niega la
cabeza en forma de desaprobación.

—Toda la gente que mataste en ese incendio tiene familia y mi padre siempre tiene un plan
bajo la manga, lo conozco y sé que él aviso a cada uno de ellos que si llegara a pasar al
malo tú serías la culpable de todo —espeto en voz baja.

—Debe haber una modo para solucionar todo esto, Alexander —Pablo intervino.

—Todos buscaran venganza y atacaran a las personas que más quieres, Alessandra...yo no
puedo ayudarte con ello.
Mis ojos se humedecen al escucharlo, todo esto es mi culpa y ahora mi familia pagará por
las decisiones equivocadas que cometí.

—A ti no te importa mi familia ¿Por qué te preocupas? —le pregunto tratando de buscar la


manera de hacerlo enojar y que pelee conmigo.

Necesito sacar esta ira que tengo dentro de mí.

Soy una tonta, nunca puedo hacer algo bueno.

Complicó todo. No, arruino todo lo que toco.

—Es verdad no me importa tu familia, pero sé que si les llegara a pasar algo malo, tú no
podrías sobrevivir —espeto con tranquilidad.

—Tengo que irme —me levanto de la cama.

Pablo está por ofrecer para llevarme, pero su hermano lo interrumpe.

—Te llevaré a tu casa —dijo demandante.

Niego la cabeza varías veces, esta herido debe descansar por una semana.

—Puedo irme sola.

—Me niego a dejarte ir sola —termino la conversación.

***

Conforme Alexander conducía sentía como los nervios se apoderan de mi, haciendo que
mis piernas empezaran a temblar como locas.

Sin esperarlo su mano acaricia mis piernas en forma de tranquilizarme. Me sorprendió su


acción porque él siempre me acaricia con deseo, pero esta vez era distinta, sus caricias
eran de forma cálida y amorosa.

—Te prometo que encontraremos una solución —prometido con seguridad.

Que mentira.

—Arruine todo —chillo pasando mis manos por mi largo cabello largo.

—No lo hacías con mala intención, destripadora, tú solo querías proteger a tu familia —era
verdad, solo quería protegerlos como ellos me protegen a mi.

—Llévame a casa de Preston —cambio de opinión.


—Quieres ver a ese chico de aquella noche, ¿no? —al escucharlo siento como todo mi
cuerpo se pone frío.

Me vio con Derek y seguro que vio la vulnerable que me puse ante su presciencia.

—Cuanto lo siento —admito apretando mis puños.

Quería dejar de amar a ese hombre que me lastimo y dejar que Alexander ocupara su
espacio en mi corazón, pero no estoy lista para olvidar mi pasado...no puedo hacerlo.

Él alejo su mano de mis piernas para llevarlas al timón con fuerza.

—Lo amabas a él y sé que si te hago elegir entre él y yo lo elegirás a él —murmuro en voz


baja.

—Alexander, yo...—quería hablar, pero el me interrumpió en medio camino.

—Tu pusiste mi mundo patas arriba —suspiro con la mirada cristalina —. Mi mundo nunca
tuvo sentido, nunca tuvo color, y de repente tu llegaste a mi vida con tu mal humor, tus
ganas de retarme, tu belleza y todo de ti calma el dolor que llevo en mi corazón...

Oh, dios mio.

—Y me enamore —susurra.

Una lágrima baja por mi mejilla al escucharlo y pude comprender que Alexander estaba
sufriendo por mí, a pesar de mi rechazo él se quedó conmigo y me ayudo en mis peores
momentos, pero yo no estuve en ninguno de los suyos, él los paso solo y cargo con su
propio dolor solo.

—En serio siento un gran cariño por ti y ambos podemos iniciar una amistad...—el frena el
auto para mirarme con dolor.

—Joder, eres tan egoísta que no te das cuenta de que yo no puedo dejarte, por eso te pido
por favor, termínalo tu por qué yo no puedo. Yo quiero seguir —Alexander me suplico.

El acaricio mi mano para luego llevarla a su mejilla que se encontraba húmeda por las
lágrimas.

—Por favor.

—No quiero, Alexander, yo quiero que estés a mi lado. No puedo dejarte ir —admito.

Sé que soy una egoísta, pero no quiero dejarlo ir todavía.

—Necesito que tu termines esto o no poder dejarte.


—No lo haré —confieso decidida —. Quiero que sigas queriéndome, aunque yo no te
quiera.

Esas fueron nuestras últimas palabras para luego quedarnos callados como siempre lo
hacemos.

No me importa romperle el corazón Alexander, porque sé que él siempre volverá conmigo...


Quiera o no.

Cuando llegamos a la casa de Preston le doy un beso en la mejilla en forma de despedida.

—Te veo luego —me despido para salir del auto.

Camino por el desastroso callejón que me llevaba a la casa de Preston, caminando empiezo
a pensar como decirle que Derek murió y peor que fue por mi culpa.

Frente a la casa toco el timbre para luego esperar a que me abrieran.

Cuando la abren sonrío al ver a Preston que tenía entre sus brazos al gordete de mi perrito.

—Ranpuzel estás bien, tuve que convencer a tus padres preocupados que estabas con tus
amigas de paseo —Preston ríe, pero solo unos segundos porque luego puso una cara seria.

—¿Por qué me miras así?

El suspira profundamente para luego darme una señal para que pasara lo cual no dude y
entre confundida.

Cuando entre casi grito de la sorpresa al encontrarme con Derek dormido con el trozo
descubierto.

—Ayer vino y no sabes cómo su puso mi madre —Preston confeso con tristeza.

—Cómo es esto posible... El debería estar muerto —balbuceo sin creer lo que ven mis ojos.

—No entiendo que paso ayer, pero me hubiera gustado que él muriera —Preston dijo entre
dientes.

Él no es así, nunca tuvo rencor por nadie, pero el odio que tenía por su hermano era tan
grande que la persona más noble del mundo se volvía la persona más cruel.

—Preston, mírame —me coloco en frente a el —. Buscaremos una forma de alejar a Derek
de nuestras vidas... Te lo prometo.

De un solo movimiento Preston se agacha y mi abraza con fuerza mientras su cabeza


descansaba en mi hombro.

—Lo odio —confeso con furia.


Como no odiarlo si Derek robo todo el dinero que Preston estaba horrando para la cirugía
de su propia madre. Derek siempre fue un hombre ambicioso, todo el tiempo pensaba en
dinero y más dinero, era lo único que le importaba.

—Sabes falta poco para tu cumpleaños y que mejor que contarte sobre el regalo sorpresa
que te planeaba —sonrió emocionada.

Preston se separa de mi para limpiarse sus lágrimas mientras una pequeña sonrisa se lo
formaba en su rostro.

—Te escucho, Ranpuzel —sonríe.

—Adrien y Lizzie me ayudaron a buscar una linda casa por el vecindario donde vivimos y
adivina quién consigo la casa perfecta para ti y Katherine —chillo con emoción.

Preston lleva sus manos a sus mejillas sonrojadas.

—No me digas que...

—¡Te compré una casa!, ¡viviremos tú, yo y Katherine! —digo ilusión.

La casa es perfecta y está cerca de la casa de Adrien y Lizzie.

—Creo que lloraré de la felicidad —admitió con una gran sonrisa.

Preston es mi persona favorita de todo el mundo y merece lo mejor, no meceré vivir en


estas condiciones con Katherine.

—Haremos muchas pijamadas juntos, cocinaremos y me enseñarías a pelear mejor —


expreso con los ojos brillantes de la emoción.

—Ranpuzel eres la mejor hermana del mundo... Cuando le cuente a mi madre sobre la
noticia se pondrá a llorar de la emoción.

—Podrá ver sus series de romance que tanto le gusta —comento con una sonrisita
maliciosa.

—No me digamos que veremos Pasión de gavilanes sin interrupciones —chillo con
emoción.

Me olvidé de contarles que Preston es como una anciana cincuentona que le gusta ver
series de romance.

—Bueno deberías ir a contarle la noticia a Olivia —le ordeno con una sonrisita.

Joder, me pongo tan feliz cuanto estoy con Preston.


—Claro, pero no puedo dejar mi casa sola con este —gruño mirando a su hermano.

—Si quieres me puedo quedar —sugiero.

Preston jamás supo sobre mi relación con Derek y era mejor porque el se volvería loco y
mataría a su hermano a golpes.

—Está bien, pero cualquier cosa no dudes en llamarme y vendré corriendo como un loco —
me dio un beso en mi frente.

Sonrió mientras veía como salía por la puerta, cuando se fue mi sonrisa se borra para
colocar una cara seria.

Con suma tranquilidad agarro un cojín entre mis manos para acercarme a Derek y sin
pensarlo lo empiezo ahogar con el cojín.

Lo sacaré de nuestras vidas.

Le prometí a Preston.

Veo como él empieza a forcejar contra mí, pero nada más hizo que presionara con más
fuerza el cojín... Se siente tan bien hacer esto.

Mi mente está nublada con la ira y el rincón que le tenia, pero por obras del destino
recupero la poco cordura que tenía.

Es suficiente.

Me separo con velocidad de él para luego mirarlo con una sonrisa.

—Casi me matas —dijo agitado.

—Tú deberías estar muerto —le doy un golpe en su hombro desnudo.

—Lo siento por no morir, pero te aseguro que el viejo murió —suspiro.

—No te creo y será mejor que me vaya —cuando estaba por huir Derek me agarra de mi
muñeca para tirar de ella, haciendo que me siente en su regazo.

—Eres tan hermosa, Ángel —se inclina para empezar a dejar besos por mi cuello.

Suspiro profundamente al sentir sus labios contra mi piel, Derek me agarra mis manos para
colocarlas en su pecho desnudo haciendo que me sonroje.

—Quiero que me toques, Ángel —murmuro con necesidad.

Sin pesar lo que hacía deslizo mis manos por hombros desnudos para empezar a bajarlas
por su pecho tonificado para luego empezar a tocar sus abdominales.
El coloca su mejilla contra la mía para gemir al sentir mi mano su muy necesitado miembro.

Quería continuar con esto, pero un sentimiento de culpabilidad se apoderó de mí, no solo
traicionaba a Alexander o Preston, sino que me traicionaba a mí misma al estar con él y
perdonarle todo el daño que me hizo.

Me separo de él para mirarlo sin ninguna expresión alguna.

—Tú fuiste el primer chico que gusto, me quisiste aun sabiendo toda la mierda que venía
conmigo, pero me traicionaste y jamás podré perdonarte eso... Aunque te quiera prefiero
alejarme de ti y dejarte hacer lo que te plazca con tu vida —admito viéndolo.

—Cuanto lo siento, me gustaría no haber hecho esa mierda —exclamo con arrepentido.

No lo creo ninguna muerda.

—No me importa tus disculpas —bufo levantándome del sofá —, ahora vete de esta casa y
jamás vuelvas, Derek.

El se levanta del sofá para agarrar su camisa, cuando se la coloca me da una última mirada
para luego dirigirse a la puerta e irse.

***

Alexander

Eran las 8:00 pm y estaba listo para terminar con todo este juego con Natalia.

Con cuidado me siento en el gran sofá de nuestra habitación, ella lucia feliz mientras habla
sobre la lista de invitados para nuestra boda.

—Natalia tenemos que hablar —llamo su atención.

—¿Qué sucede?

—Yo no puedo casarme contigo —anuncio cansado de todas las mentirías.

Ella merece algo mejor, no merece vivir en un engañada.

Veo como sus ojos se humedecen para dejar de lado su lista y mirarme con dolor.

—Es por ella —sollozo entre lágrimas.

Espera ella sabe que...no.

—No digas estupidez, Natalia —digo mirándola sin ninguna expresión.


—Te vi aquella noche, estabas consolando a mi hermana...tú jamás me viste como la ves a
ella, jamás me abrazartes como lo hiciste con ella aquella noche —anuncio con dolor —.
Todo el mundo piensa que soy una creída y egoísta, pero Alessandra no te contó como ella
me quitaba cada uno de los chicos con los que salía. Todas las noches lloraba y me sentía
tan insegura de mi misma, ella es linda y yo soy la estúpida rubia.

Mi mirada cambia a una sorprendía.

Nunca supe que Natalia se sentía así, pero ella y su familia lastimaron a Alessandra... Se lo
tienen merecido.

—Tú y tu familia la lastimaron mandándola a ese reformatorio —señalo con enojo.

—No fue mi culpa, yo en serio quería a mi hermana —exclamo limpiándose sus lágrimas.

—No mientas —bufo.

—No miento, era mi pequeña hermanita, era mi bebita que una vez la tuve entre mis
bracitos. Pero un día mi madre nos separó y empezó a meterme ideas malas en la cabeza
sobre ella —confeso con tristeza.

Con dolor todavía me levanto del sofá para sentarme a su costado y un solo movimiento la
abrazo.

—Lo siento tanto —me disculpo.

No miento cuanto digo que lo siento a Natalia, ella pasara la peor vergüenza del mundo al
decir que no habrá boda.

Puede que le duela nuestra separación, pero yo no la amo, no puedo hacerlo.

—Solo faltaba cinco días para nuestra boda, porque todos los chicos que llegue a querer
eligieron a mi hermana —pregunto entre sollozos.

—Prefiero no responder esa pregunta.

—Alessandra siempre fue una chica segura de sí misma, jamás sintió miedo de ser
criticada, pero yo soy una miedosa que depende de la aprobación de su madre —admitió
—. Quiero que te vayas esta misma de noche... No quiero saber nada de ti.

Era justo, ella necesita recuperarse de esto.

—No volveremos avernos —le prometo.

—Me costará mucho olvidar todos los lindos momentos que pasamos juntos en Alemania,
tendré que olvidar la primera vez que me invitaste a bailar o aquel día que me cuidaste
cuando me resfrié.
Una pequeña sonrisa se me escapa al acordarme de los agradables momentos que llegue a
pasar con Natalia, pero mi corazón le pertenece a Alessandra y jamás podre cambiar eso.

—Espero que llegues a encontrar a alguien que te amé con todo el corazón —me despido.

Ella se separa de mí para mirarme con dolor con cuidado le doy un beso en su frente para
luego levantarme.

—Adiós, Alexander.

Capítulo 37
Alessandra

Con cuidado Lizzie me arregla mi lasito color rojo que adornaba mi alta coleta. Hoy es un
día especial para Adrien y Lizzie... Es su aniversario de bodas y decidimos ir a cenar todos
juntos como familia.

—Te vez como una muñequita —Lizzie me aprieta mis mejillas rosadas.

—Tú estás muy elegante y hermosa —sonrió viendo lo linda que es Lizzie.

Si soy sincera puedo decir que Lizzie no parece que haya tenido un bebe, ella luce tan bien
para su edad, tiene su cuerpo perfectamente esbelto y ni siquiera tiene arrugas.

—Ande por tu hermanito que debe estar esperando a su acompañante —ríe.

El bebé Ethan es mi acompañante para esta noche de velada, ¿no es romántico tener un
bebe como tu cita? Ver como babea o vota la comida.

Bajando las escaleras me topo con mi padre que lucía un terno perfecto al igual que Ethan.

—Parecen gemelos —los observo con burla.

—Tenemos que estar guapos para nuestras damas —Adrien ríe entregándome a Ethan —.
Disfruta tu cita.

Veo como Adrien desaparece en busca de Lizzie, yo le doy una mirada a Ethan para luego
apretar sus cachetitos.

—Tienes suerte de ser muy adorable —digo con cariño.

—tu está linda —Ethan dijo con una sonrisita.

Cuando Adrien bajo con Lizzie sonrió con felicidad, es algo muy lindo ver como ambos se
aman tanto, tienen una relación tan estable y sana. Todo lo contrario, con la mía.
—Es hora de irnos —Lizzie chilla emocionada.

Cuando llegamos al restaurante pensé que estaría feliz con mi familia, pero al ver a
Alexander cenando con esa pelirroja llamada Dara me lleno de enojo que capaz golpeo un
mesero esta noche.

Como me dice Robert en nuestras clases virtuales que tenemos: tienes que respirar,
Alessandra y piensa en cosas que te gustan.

Me siento tan mal viéndolo, pero es mejor estar separados y tomar caminos diferentes.

Lo acepto, todas las personas me deben odiar por mi comportamiento, pero ¿Pueden
ponerse en mi lugar? Mi familia jamás me quiso y sufrí abusos en ese reformatorio, mi
primer amor me rompió el corazón y abandonó. Como voy amar a alguien...tengo tanto
miedo y estoy asustada todo el tiempo; solo no quiero volver a sufrir, ¿es un pecado no
querer sufrir? Creo que no, y no aceptaré nada sobre mis verdaderos sentimientos, hasta
que me siente segura y lista.

Un mesero nos lleva a nuestra mesa donde por desgracia era frente a la de Alexander y
para empeorar me sentaba frente a él, viendo todos sus gestos que hacía cuando Dara
hablaba.

Sonría y reía, ¿Por qué lo hace? Él solo sonríe para mí.

La mirada de Alexander se posa en mí, haciendo que finja una sonrisa de: no me afecta lo
qué haces. Puede que él no quería verme o hablarme, pero sé que sus propios impulsos
pueden traicionarlo.

Debería jugar un poquito.

Empiezo a jugar con mi larga coleta de cabello mientras con mi otra mano libre le doy un
sorbo al vino que trajeron.

Adrien y Lizzie están sumidos en su conversación que ni siquiera se dieron cuenta de


nuestras miradas o la presencia de Alexander.

Puede que esta noche me vestí como una muñeca, mi vestido color rojo era corto, pero en
la parte de mis pechos estaba cubierto y un laso con forma de moño adornaba esa parte.

Siento la mirada lujuriosa de Alexander que me seguía mientras acaricia mi delicado collar
de perlas que me regalo Adrien.

Me levanto de mi asiento para disculparme e irme al baño, cuando entre tomo asiento en el
gran lavamanos para empezar a revisar mi celular.
Me siento enojada con el productor de Riverdale porque era una buena serie en su
momento, pero ahora la está cagando muy grande poniendo esas tonterías que está
poniendo.

La llorona que supuestamente la desembaraza a Betty y bien merecido lo tenía... LE


ROMPIÓ EL CORAZÓN A MI JHUGHEAD.

Estaba por irme cuando Alexander entra al baño de chicas y encierra la puerta con seguro.

—¿Te gusta jugar conmigo? —murmuro con una voz ronca.

Trago saliva con dificultad al momento que Alexander se empezó acercar en paso lento a
mí, por mis propios instintos empiezo a retroceder, pero la fría pared choca con dureza con
mi espalda.

—Te fascina ver cómo me vuelvo loco con solo una mirada tuya —cuestiono atrapándome
contra la pared.

Mis ojos casi salen de su órbita cuando Alexander me presiono las mejillas haciendo que
mis labios se abrieran ligeramente y aprovecho ese momento para hundir su lengua en mi
boca provocando muchos sentimientos en mí.

Aprieto con fuerza su camisa en forma de protesta, pero nada más hice que sus besos se
volvieran más intensos.

Siento como él pasa una de sus manos por mi coleta alta para luego soltarla, mi largo
cabello quedo suelto por mis hombros.

—Me gusta tu cabello —confeso acarician con suavidad mi largo cabello.

Soy una niña inmadura que tiene muchos conflictos consigo misma, pero ese preciso
momento solo me deje llevar por los besos de mi psicópata cuñado.

Con desespero me baja mi vestido hasta mi abdomen, empezando atrasar besos desde mi
cuello hasta mis abultados pechos.

—Alexander...—jadeo en voz baja.

La manera que besa mis pechos era tan excitante y dolorosa que seguro mañana tendría
dolor en esa parte de mi cuerpo.

Él subió sus besos hasta mi cuello para luego apartarse y mirarme con esa oscuridad que
una vez traté enfrentarme y salí lastimada.

—Voltéate y coloca tus manos contra la pared —ordeno demandante.

Sin decir nada hago lo que me ordena, siento como pasa su anillo frío por mi espalda
haciéndome estremecer por su tacto.
—Quiero follarte por detrás —murmuro en voz baja contra mi oído.

No sé en qué momento paso cuando sentí su dura erección presionar por detrás de mí, casi
grito de dolor cuando el empezaba entrar en mí, pero el metió uno de sus dedos dentro de
mi boca callando mis gritos.

Era doloroso, demasiado doloroso para mi gusto, pero conforme pasaron los minutos mi
cuerpo se acostumbró y con ello el dolor disminuyo.

—Joder, eres tan hermosa, Alessandra —murmura lentamente, pasándome un brazo por mi
cintura mientras sentía como sus caderas chocar contra mi trasero.

—tócate. Quiero verte venir.

Bueno, ahora no tengo mucha claridad mental, así que no pude evitar cumplir sus órdenes y
empezar hacer movimientos circulares sobre mi clítoris.

Presiono con fuerza mi clítoris al sentir sus embestidas contra mí. Nunca en mi vida había
sentido tanto placer, la mano con la que me sostenía Alexander hizo una presión fuerte que
seguro dejaría marca.

—¡oh, dios mío! —gimo con fuerza.

Estoy a punto de venirme.

Cuando siento el orgasmo un temblor se apodera de mis piernas y gracias que Alexander
todavía me sostenía por la cintura o ya estuviera rendida.

Siento como me embestía con mucha más fuerza, está el punto que se vino dentro de mí
mientras gemía con fuerza mi nombre.

El descansa su cabeza en mi hombro para recuperar el aliento como yo.

Deja algunos besos por mi espalda y mis hombros para último morder el lóbulo de mi oreja.
Se siente tan correcto estar con Alexander, tenerlo conmigo, hacer todas esas cosas sucias
que sabe hacer él... Simplemente soy adicta a esto.

Después de unos minutos recuperando el aliento, ambos nos limpiamos y nos arreglamos
para volver a nuestros roles donde ninguno de los dos podía verse o hablarse.

Mirándome en el espejo me empiezo hacer una trenza en mi cabello, Alexander solo está
recargado en una de las puertas de los baños mientras observa cada movimiento mío.

—Creo que debo irme —anuncio.

Está por dar un paso, pero mis piernas están temblando y me tambaleé, pero como siempre
él me sostenio antes que cayera.
—¿No puedes caminar? —sonrió.

—Ni digas tonterías y déjame —espeto avergonzada.

Pensé que me soltaría y me dejaría ir, pero en vez de eso me abrazo con calidez, su
mentón acaricia mi cabeza con delicadeza. Una sensación extraña y nueva me ataco en la
boca de mi estómago.

Sienta como si mi respiración se volvía más lenta y una tonta sonrisa se formó en mi rostro.

—Oye, suéltame —gruño como una niña.

Cuando Alexander me aparta de él puede ver su mirada brillante como un diamante, sus
mejillas tenían un toque rojizo y con cuidado él se agachó y beso mis labios con cariño.

—Te amo tanto que duele, joder —confeso para luego irse.

Que sucede conmigo.

Me siento tan asustada. Un día puedo controlar todos mis sentimientos y al siguiente
descubro que estoy enamorada y no puedo controlar nada.

Solo quiero volver asentir control sobre mi, no quiero enamorarme, solo trae problemas el
amor.

***

Después del interrogatorio de Lizzie sobre porque demore tanto decidimos volver a casa, ya
que bebe Ethan se quedó dormido en su silla de niño grande como él dice.

Ya lista para dormir, me empiezo a colocar mis audífonos y escuchar música, pero Lizzie
entre sin avisar.

—Cariño tenemos que hablar sobre romance —anuncio con un tono tranquilo.

¿Qué?

Jamás en mi vida mi verdadera madre me hablo sobre romance.

¿Qué me diría la linda Lizzie?

—Te escucho —rio acomodándome en mi cama.

—Yo soy muy observadora desde que soy una niña y me pude dar cuenta de algunas cosas
—Lizzie dice con ese tono de toda madre preocupada.

—¿Qué te diste cuenta? —pregunto.


—Que estás enamorada de Alexander. Puede que estés un poco confundida pensando en
otros hombres, te veo y cuando miras a Marco lo haces con cariño o cuando miras a Pablo,
tú lo miras como un buen amigo, pero a Alexander lo miras con unos ojos brillantes.

Eso es mentira.

—No puedes saber eso —respondo con frustración.

No quiero amar a nadie.

—Claro que lo sé, porque como miras a Alexander yo miro a Adrien —confiesa sonriente.

Me quede quieta, sin pestañear mientras asimilaba sus palabras.

Amor, el amor solo fue creado por la estúpida sociedad para dar como un ideal y poner a las
personas solitarias como tontas.

El amor solo trae problemas.

—No es verdad.

—Cuando conocí a Adrien ambos siempre peleamos como perro y gato, él me confesó su
amor, pero lo rechacé para irme con un idiota que jamás me quiso y cuando descubrí que
amaba a Adrien era demasiado tarde, él está temblado por tu madre... Pero igual lo volví a
enamorar y no casamos.

¿Soy yo o esta historia es similar a la mía?

—Dormiré y reflexionaré sobre mis sentimientos —admito abrazando mi almohada.

Lizzie me besa la frente para luego irse de mi habitación.

Bueno es hora de gritar.

—¡Ahh, este es muy karma! —chillo golpeándome con mi almohada.

***

Me coloco bien mis lentes de sol para respirar profundamente el aire mañanero, ¿soy la
única que le gusta el aire mañanero?

Pablo me entrega mi jugo de freza que había pedido, él toma asiento frente a mí mientras
tomaba un batido de chocolate.

—Vayamos al grano y dime por qué necesitabas con urgencia —le doy un sorbo a mi jugo.
—Pues hoy es el cumpleaños 27 de Alexander y no sé qué hacerle —se encogió de
hombros.

Primero yo no haré una fiesta para Alexander, pero me gustaría tirarle un pastel en su
cara... ¡No, Alessandra!

—Es tu hermano encárgate tú —expreso sin importancia.

—Vamos ayúdame hacerle una fiesta grande... Que tenga temática de disfraces —veo
como su mirada brilla con un niño pequeño.

Pablo tenía un cuaderno pequeño donde empezó a notar todas sus absurdas ideas.

—¿Qué le gusta, Alexander? —cuestiono.

—Pues cuando era más joven fue stripper —Pablo anuncio como su fuera algo normal.

¿Espera?

¿Cómo que el serio de Alexander fu stripper?

—¿Alexander fue stripper?

Pablo asintió.

—¿no te contó? Las mujeres le pagaban millonadas para que les bailase para ellas. ¿Cómo
crees que pago su carrera y la mía? Era uno de los hombres más sexis de Alemania.

Esta vez no puede reprimir mis ganas de reír y empecé a carcajearme como una loca, he
imaginado a Alexander bailando frente muchas chicas.

—¡Me ahogo! —me rio como loca.

—En vez de reírte como una loca mejor pídele que te haga un bailecito alguna vez —dice
con diversión —. Seguro que se pondrá muy feliz de hacerlo.

Claro que pensaré eso.

—Cambiando de opinión, Pablo, estoy dispuesta en ayudarte y hacerle un cumpleaños


épico al gruñón de Alexander —declaro con una sonrisita.

Esta fiesta será a lo grande y puede que emborrache a Alexander y le pida un bailecito para
mí.

Y quizás pueda expresar mis sentimientos. Tengo miedo, pero quiero ser valiente, por lo
vemos esta vez.

Capítulo 38
Alessandra

Con cansancio dejo caer mi cabeza entre las piernas de Pablo mientras él acaricia mi larga
cabellera pelirroja.

—Estás acalorada —se ríe por debajo.

Siento su cálida mano sobre una de mis mejillas, haciendo que abra mis ojos al instante de
sentir su tacto.

—Estar gritando dónde dejar cada cosa para el cumpleaños de Alexander, es algo agotador
—murmure.

Estaba por cerrar mis ojos cuando la puerta se abre par a par... ok, no puedo estar tranquila
ni siquiera un minuto.

Me levanto de golpe de las piernas de Pablo al ver a Alexander parado y para mi sorpresa
traía a Ethan entre sus brazos.

—No me sorprende verlos juntos —comento serio.

—¿Qué haces aquí?

—Destripadora, cuántas veces tengo que decirte que jamás podrás ocultarme algo —me
sonrió con esa rara sonría que tiene.

Pablo se levanta del sillón para caminar hacia Alexander.

—¡Feliz cumpleaños, hermano! —Pablo, grito alegre.

Con la mano libre que tenía le tiró un fuerte golpe en su cabeza haciendo que Pablo grite de
dolor.

—Sabes que odio las fiestas.

—¡Auh!

Ruedo los ojos al verlos. Siempre se están peleando como unos bebés.

—¿Por qué estás con Ethan? —pregunto confundida.

—Para resumir la historia, yo fui a tu casa y tuve una charla con tu madre, fue cuando me
dijo que sacará a pasear a este muchacho —sonrió viendo a Ethan.

Me perturba verlo cariñoso con Ethan.

—¿Qué hablaron? —cuestiono con nervios.


Lizzie jamás cierra su boca... estoy segura de que le abra contado a Alexander sobre que
me gusta.

—Hablamos cosas de adultos —se acercó a mí con una sonrisa traviesa.

Yo gruño enojada, él sabe mi odio que le tengo cuando me trata como una niña pequeña.

—¡Eres un pedazo de imbécil, arrogante. ¡No sabes cuándo odió que me trates como una
niña!

Ambos nos acercamos para mirarnos con rivalidad y cuando está por gritarle, el muy
estúpido me atrajo a su cuerpo dejándome sin aire.

—Como me excita tus insultos de niña —me beso la mejilla con lentitud.

Yo me separó de golpe, llevo mis manos a mis mejillas que estaban quemándome y sin
pensarlo me voltee, dándole la espalda.

—Vete —chille sonrojada.

Odio no poder controlar mis emociones.

—¿Mi destripadora está sonrojada? —cuestiono.

Siento su aliento contra mi cuello haciendo que me voltee, mi mirada se encuentra con la
suya y de la nada mi estómago empezó a sentirse extraño.

Tenía ganas de gritar y salir corriendo.

—No tienes por qué avergonzarte —Alexander confesó.

Necesito irme. Ahora.

—Creo que me iré a casa.

Le quitó a Ethan con rapidez e irme casi corriendo.

***

Camino a la fiesta de Alexander contempló como Olivia y Preston se daban muestras de


amor.

No soy de esas chicas que les gustan las muestras de amor, soy más de estar demostrando
mi amor con golpes o insultos... al igual que Alexander.

—Oye —salgo de mi trance al escuchar mi nombre.


—¿Qué sucede?

—No quiero que estés tomando como loca y mantente alejada del cumpleañero —Preston
me ordeno como el hermano preocupado que es.

—Claro —digo sin darle importancia.

Al llegar bajamos con cuidado del auto, Preston ayudo a bajar a Olivia para luego darle un
beso...me siento un mal tercio.

Clara me dijo que se iba a ir por su parte y puedo decir que no me lo tomé bien.

Cuando entramos la música se fundió en nuestros oídos y las luces led cambiaban de color
cada segundo y el bar estaba repleto de tantas bebidas.

Necesito beber algo, ahora.

Con la mirada busco al tonto del cumpleañero, pero no había rastros de su presencia.

—¡Alessandra me iré a bailar con Preston! —Olivia me grito.

Yo solamente asiento, ¿Qué puedo decirle? No quiero que te lleves a mi hermano, no, no
puedo hacer eso.

Camino entre la multitud para tomar asiento y dejarme caer en la barra del bar.

—Me sirve un tequila —le pido.

El mesero escucha mi pedido y en segundo me entrega mi bebida.

—Que lo disfruté.

Yo asiento y sin más lo bebo de golpe.

Odio todo, odio a las parejas normales, pero sobre todo odio a Alexander.

Me hace sentir tan estúpida.

Yo no soy sentimental o cursi y menos me sonrojo, pero cuando lo tengo cerca siento tanto
que asusta y no puedo respirar, no puedo evitar bajar la mirada de esos ojos y sobretodo no
puedo dejar de pensar en él.

Me pido otra bebida, tratando de quitarme todos estos conflictos y con esa me voy del bar,
con la mirada empiezo a buscar a Olivia y Preston, pero mis ojos se encuentran con
Alexander.

Él lucía un traje formal, pero no traía el saco y tenía arremangada su camisa dejando a la
vista sus brazos tatuados.
Lucia perfecto y feliz hablando con unos hombres que deben ser sus amigos.

Doy media vuelta lista para irme cuando escucho mi nombre.

—¡Alessandra, ven aquí! —Alexander grita mi nombre.

Con una sonrisa fingida me acerco a su grupito y jadeo por debajo cuando Alexander me
agarra de la cintura.

—Les presento a mi novia y futura esposa —el anuncio con orgullo.

Sus compañeros lo felicitaron y me llenaron de halagos diciéndome "eres tan linda" "dios
pareces una diosa".

Lo sé soy bonita.

—Me gustaría seguir hablando con todos ustedes, pero necesito hablar un momento a solas
con Alexander.

Tiró de su corbata para darle la señal que me siga.

Conforme nos alejamos de su grupo, la música cada vez se escuchaba menos. Le ordenó
que entre a la habitación para hablar un momento.

Cierro la puerta con llave y con las manos temblando, lo miro con miedo y nervios.

Necesito decirlo, le dire mis sentimos.

Sin miedos, le dire lo especial que es para mí.

—es tu cumpleaños y quería decir que siento cosas por ti y no sé cómo expresarme bien,
pero haces que mi corazón lata como loco, no dejo de pensarte y siento cosas extrañas en
mi estómago... creo que me gustas y no tengo palabras exactas para decirte cuánto.

Alexander me levanta el mentón, haciendo que mi mirada se encuentre con la suya.

—No sabes cuánto esperado por esto —murmuro con los ojos brillantes.

Dicho esto, siento sus labios sobre los míos, suaves y cálidos como siempre, coloco mi
mano en su pecho para sentir como su corazón latía con rapidez al igual que el mío.

Él tira de mi labio inferior haciendo que jadeo se me escapara y en un movimiento


Alexander me empuja contra la pared presionando su cuerpo contra el mío

—Siempre seré todo tuyo, Alessandra —confeso entre besos.

Yo sonreí para seguirle el ritmo a su exigente beso.


Alexander se separa de mis labios para respirar agitado y mirarme con intensidad.

—Supongo que deberíamos ir a la fiesta —dijo dándome un último beso.

—Claro, ¿Puedo pedirte un favor? —sonrió maliciosa.

Alexander asiente desconfiado.

—Me gustaría que bailaras para mí —le pido abrazando su fuerte brazo.

Él mirará pálido y sorprendió.

—Pablo siempre abriendo su boca —gruño.

—No respondiste a mi pregunta.

—No lo haré y si lo quisiera hacer sería exclusivamente para mi esposa —admito.

—Bien jugado, pero no me rendiré.

En la zona vid estaba sentada a lado de Olivia y a mi otro costado estaba Alexander, diría
que el ambiente era bueno, pero Preston con su mirada se podía ver el odio que le tiene a
Alexander.

—Creo que beberé un poco más —digo incómoda.

—Yo también —Olivia hizo lo mismo.

Para empeorar veo como Clara subía y detrás de ella estaba Marco.

Genial habrá un muerto esta noche.

Con la mirada nerviosa veo a Pablo que estaba también preocupado por lo que su hermano
pudiera hacer.

—Hola a todos —Clara saludo tomando asiento.

Marco me observó unos segundos para luego tomar asiento.

Alexander se pegó aún más a mí y cogió mi mano y la beso, Marco lo miro con enojo, pero
se aguantó.

Cuando pensé que la noche se iría a la mierda, escuché como todo el salón se apodera de
la poderosa canción "me and your mama"

Joder como adoro esa canción.


Regla: si alguien les canta esa canción, cásate con esa persona.

Las primeras letras eran suaves y lindas, pero cuando la verdadera letra se escuchó mi
corazón empezó a latir emocionado.

Sorprendida siento el aliento de Alexander chocar contra mi oreja haciéndome sonrojar al


instante.

Él empieza a cantarme la canción en voz baja.

—déjame entrar en tu corazón...no puedo soportarlo regresate....quieren vernos


destruidos...sabes que te amo...así que déjame entrar en tu corazón.

Mi corazón, siento el corazón en mi garganta.

Su voz, la música... simplemente perfecto.

Alexander es un hombre perfecto, tiene una voz ronca y sensual, escucharlo cantar están
erótico para mí.

Con las mejillas quemándome lo miro a los ojos, su mirada brilla como un diamante y sus
labios están tan...tan...tentadores como mi.

—Bésame, amor —murmuro roncamente.

Él tiró de mi mentón y me beso rápidamente.

No me importa hacerlo frente a todos, ya que necesita besarlo.

Con la mirada veo como Preston me mira con desaprobando mi acción, pero Clara sonría al
igual que Olivia.

Eso me alegro, pero Pablo, Preston y Marco estaban evitando mi mirada.

Era inevitable lastimarlos y me duele saber si elijo a Alexander tendré que lastimar a unas
personas maravillosas.

—¡Vamos a bailar todos! —Clara chillo levantándose de golpe —. Vamos, Marco.

Todos bajamos a la pista de baile y disfrutamos la gran mayoría.

Para soltarnos bebimos más de la cuenta y Preston que odia a Alexander termino dándole
un abrazo.

Yo ebria, le rogué a Alexander que bailará para mí, pero él siempre se negó callándome con
un beso. Después de toda la fiesta de celebración, cada uno estaba listo para irse a casa.

Cuando estaba por subirme al auto, Alexander me detiene.


—No piensas dejarme dormir solo esta noche —dijo ebrio.

—Vete a tu casa, yo tengo que irme con Preston —le digo apartando sus manos de mi
cintura.

—Vamos, quiero mi regalo de cumpleaños —sonríe malicioso.

Yo ruedo los ojos de cansancio.

—Iré contigo, pero no pasará nada.

Él asiente para tirar de mí y llevarme a su auto.

***

Al llegar a su casa subimos a su habitación y él me presto una de sus camisas para


colocarme.

—Gracias, me iré a cambiar —entre al baño antes de escuchar sus quejas.

Al salir lo encuentro recostado en la cama, yo me echo con cuidado y empiezo acariciar su


suave cabello.

Él me besa mi muñeca y me pega más a él, me volteo dándole la espalda para dormir un
poco, ya que estaba supercansada.

Alexander comprendió y solo se limitó abrazarme.

...

...

Era las 3:00 AM y todo estaba completamente oscuro y pensé que estaba soñando.

El gran cuerpo de Alexander estaba acurrucado detrás de mí. Su brazo me rodea la cintura
y tiene la barbilla metía en mi cuello.

Todo bien hasta qué...

Él sube la mano y me envuelve el pecho. Mis pechos no son nada pequeños, pero así se
siente en las manos de Alexander. Y luego los aprieta con delicadeza.

¡Aquí miento!

¡No es nada delicado!

Está dándole tirones a mi pezón. Lo agarra y tironea y....


Abro los ojos de golpe a darme cuenta que esto no es un sueño.

Él me voltea para que esté de espaldas y sus labios están con los míos. Lo siguiente es que
su cuerpo está encima mío.

Aparta su mano de mi pecho y la lleva más abajo, incluso antes que pueda decir algo, uno
de sus gruesos dedos hace presión en mi entrada.

Su dedo se encuentra con la humedad de mi sexo y se desliza dentro de mi. Jadeo,


impactada y dejando que mi cuerpo sienta el placer que me ofrece Alexander.

—Dios, Alexander...—le susurro entre jadeos.

—Joder, eres perfecta —susurra.

Él se abalanza hacia mí, siento esa parte de él. Están duro, es caliente y hace presión
contra mi vientre. Gira sus caderas mientras me besa profundamente.

Sin esperarlo, él se separa por completo de mí.

¿Ahora que sucede?

Pero solo fue para poder quitarme su camisa de mi cuerpo, dejando mi cuerpo a la vista de
Alexander.

—Mierda, no tengo palabras para describir tu belleza —suena hipnotizado y tono están sexi.

Baja y empieza a succionar uno de mis pechos, uniendo los como ambas manos. Lame el
centro de mis pechos y luego se lleva el otro a la boca.

Cuando muerde un poco mi pezón, no pude evitar gritar y sacudirme contra él.

—Así es, cariño —dice lamiendo el otro.

La forma que está posesionado contra mí hace que sienta su dura erección contra mí y
cada vez que empuja sus caderas hacia adelante hace que jadee fuertemente.

Se inclina para acariciar mis caderas y muslos y pasa mi pierna alrededor de su cintura;
primero una y luego la otra.

—Quiero que me Montes, Alessandra —ordeno agitado.

Él aparta mi cabello de mi frente para reclinarse un poco y darme un suave beso, yo suspiro
al sentirlo entrar dentro de mí.

No están fácil hacer esto, su tamaño hace que duela, pero a la vez me excita demasiado.
Coloco mis manos en sus hombros para impulsar mis movimientos, Alexander me sostiene
por la cintura para ayudarme. Yo arqueo mi espalda cuando hunde su cabeza entre mis
pechos, haciéndome gemir como loca.

Conforme aceleraba mis movimientos sentía que mi cuerpo se acerca al orgasmo y no pude
evitar abrazar con fuerza a Alexander mientras aceleraba mis movimientos.

—Joder, Alessandra hazlo más despacio —suspiro besando mi cuello.

Ayy, creo que me estoy pasando.

Me separó un poco para poder mirarlo, sus ojos azules están más intensos, está sonrojado
al igual que yo y su cabello estaba hecho un lío y el sudor hacía que se vea estupendo.

—Te odio —murmuro.

—Yo también te amo, destripadora.

Con eso el unió sus labios con los míos y siento como el orgasmo nos atacan a ambos.

Capítulo 39
Alessandra

Me levanto de golpe al escuchar un fuerte ruido proveniente a la cocina. Rápidamente,


volteo mi mirada hacia mi costado y me doy cuenta de que Alexander no estaba, ¿dónde se
metió ese idiota ahora?

Me levanto con cuidado mientras me envolvía la suave sabana de la cama.

Al abrir la puerta casi me caigo del susto cuando me encuentro con la presencia de
Alexander, él está con un delantal de señora y tenía una mano sangrando.

—¿Qué te paso en la mano? —preguntó, mirándole la mano.

—Tú que crees que me paso —gruño enojado.

—Mejor dime qué pasó o pensaré que mataste a alguien mientras yo dormía —respondo
levanto la mirada.

—¡Yo estaba tratando de abrir algo para darte de comer, pero esa cosa me corto mi mano!

«No te rías, Alessandra»

No te rías.

Sin aguantar suelto una gran carcajada al escuchar tal tontería, ¿está llorando por una
cortadita? Joder los hombres son más complicados que las mujeres.
—¡Oye, no es gracioso! —gritó avergonzado.

—Claro que lo es o que pensabas que haría, ¿besarte tu mano lástima como niño? Estas
dement...

Antes de terminar de hablar, Alexander estampa sus labios contra los míos, tomándome por
sorpresa. Colocó mi mano en su pecho para acariciarlo en círculos mientras sentía sus
abdominales debajo de su camisa.

Él coloca su mano manchada en mi mejilla para pasarla luego por mi cuello, haciendo que
me estremezca al saber que la sangre de Alexander estaba en mi cuerpo.

—Tengo hambre —murmuro al sentir sus labios en la delicada piel de mi cuello.

—Si quieres puedes comerme a mí —susurra en voz baja y siguiendo con sus besos
provocativos.

Yo me separo a medias de él para mirarlo, joder es muy guapo y él sabe eso.

—Prefiero tomar un vaso de café —comentó, arreglando la sábana a mi cuerpo.

Él se agacha un poco para mirarme a los ojos, su mirada era intensa y prometía muchas
cosas.

—El café es un poco malo para ti, ¿no quieres tomar leche mejor? Yo tengo mucha para
darte —dijo roncamente, él acariciaba mi cabello mientras me observa lujuriosamente.

—No es una mala idea... ¡Digo, nooo! ¡No quiero tu leche! —señaló sonrojada.

Me separo con rapidez para casi correr al comedor, donde se encontraba un gran desayuno
para una reina como yo.

Tomo asiento en una silla con rapidez y con ello me sirvo un vaso de zumo de naranja que
está fresco... Como adoro comer.

Alexander no tardó en venir y tomar asiento frente a mí, él se empezó a preparar una
tostada con mermelada y pensé que era para mí, pero cuando se lo llevo a su boca puse
una cara de pocos amigos.

—Porque me ves así, destripadora —cuestiono.

—Pensé que esa tostada era para mí —dije.

Él puso los ojos en blanco para luego entregarme su tostada en mis manos.

—Eres una perezosa que no puede hacerse su tostada sola.

—Igual, Gracias —sonrió.


Todo el desayuno estuvo tranquilo, dije estuvo porque alguien tocó la puerta y cuando
Alexander fue a ver, solo tenía una carta negra en sus manos.

Él me observo con enojo para caminar hacia mí y levantarme de golpe de mi silla.

—¡Joder, te sigues viendo con ese idiota! —gritó furioso —, ¡responde!

Yo estoy confundida, como Alexander puede pasar de ser el hombre más considerado del
mundo al hombre más horrendo y mezquino en segundos.

—¡No se de que estás hablando! —gritó tratando de soltarme de su agarre, pero él solo
apretaba más su agarre en mí.

—¡Te doy todo de mí y viene ese idiota que amas, dejándome esta carta que dice que no se
rendirá contigo y que quiere pelear conmigo por ti! —exclamó enojado.

Derek sigue aquí... Pensé que se fue.

Yo estaba sin creer esto, ¿pelear por mí? Que les pasa por la cabeza a todos los hombres.

—¡Solo lo diré una vez, Alexander, y quiero que me escuches claro! —levanto la mirada
hacia sus ojos que estaban cegados por los celos —¡yo...! ¡Te quiero a ti y no sé por qué lo
dudas tanto!

Él tensa su mandíbula del enojo y su agarre se volvió más intenso al punto que jadee de
dolor, trate de soltarme, pero no puede.

Busco su mirada, pero en ella solo encontraba ira, celos e inseguridad. Alexander no confía
en mis palabras y eso lo ponía aún más violento.

—Yo sé que te he lastimado mucho y sé que piensas que eres insuficiente para mí, pero yo
no soy Dará. Soy Alessandra y si me dejas demostrarte que eres mi primera opción y no la
última sería... magnífico.

Con el poco valor que tenía le doy un pequeño beso en la comisura de sus labios para
luego separarme, pero en medio camino él me agarro de mi cabello y tiro de mí, volviendo a
unir nuestros labios.

Su agarre baja la intensidad y en segundos me soltó para pasar sus brazos por mi espalda
para atraerme a su cuerpo. Ambos caímos rendidos al suelo mientras él presiona mi
pequeño cuerpo contra el suyo; sentía una llama pequeña encenderse en la boca de mi
estómago.

Él trató de quitarme las sábanas de mi cuerpo, pero no lo permití haciendo que él gruña
contra mi boca.

—Deberíamos parar —digo con la voz hecha un lío.


—Claro. Después de todo tengo una pelea con esa escoria —anunció separándose.

Abro los ojos como plato y los sentimientos confusos volvían.

Derek siempre me marcará y eso no puedo evitarlo... Él fue mi primer amor.

—No iras, ¿entiendes? –demandó.

—Destripadora, esto lo estoy haciendo por ti que no lo ves —me acaricio uno de mis muslos
con suavidad —, cualquier mujer estaría gritando de felicidad porque su hombre la defienda
como yo lo hago contigo.

Yo acerco mi rostro con malicia haciendo que él se sonroje al instante.

—No necesito la protección de ningún hombre, yo misma puedo cuidarme bien —le guiño
un ojo.

Me levanto para volver arreglar la sábana y caminar a la habitación de Alexander, pero


antes volteé a verlo con una sonrisa maliciosa.

—Si me llego a enterar de que fuiste a esa pelea, yo misma te mataré con mis propias
manos y tú sabes cuánto me gusta matar hombres —sonrió.

—Claro, cariño, no haré nada —sonríe con inocencia.

***

Que mejor que tomar una ducha y luego de eso echarse a la cama mientras escuchamos
todas las canciones de la reina de Lana del Rey.

Como amo a esa mujer.

Como una fans loca me pregunto ¿se le habla o se le reza?

Les contaré un secreto, yo siempre quise que Lana del Rey y Alex Turner salieran juntos o
que minino compongan una canción juntos.

Estaba feliz escuchando mi música hasta que alguien abrió mi puerta de golpe sacándome
de mi mundo feliz.

Me quito mis audífonos para mirar con cara de enojo a Clara y Pablo que la acompañaba.

—Quita esa cara de culo que me haces recordar a mi hermano —Pablo dijo riendo.

—Otra risa que te escucho y te coso la boca —le advierto.

—Mmm, suena algo muy erótico para mí —me sonrió con malicia.
Yo gruño al escucharlo.

—Basta de peleas quieren y mejor dile por qué estamos aquí —Clara dijo sería.

—Cierto —Pablo sonrió con felicidad —, nada fuera de lo común, solo que Alexander está a
punto de asesinar a tu antiguo amorío.

No puedo estar un segundo tranquila, ¿cierto?

Cualquiera mujer que quiera llevarse a Alexander tiene mi permiso.

—Llévame a ese lugar —ordeno.

—Lo que ordenes, fuego.

Cuando subimos al coche noto una cierta molestia de Clara hacia mí, ¿ahora que hice?

Me acerco a ella y la observo, lucia enojada y decepcionada.

—Cariño todo está bien —murmuro solo para ella.

—No quiero hablar ahora —suspiro evitando mi pregunta.

—No me vengas con eso y dime que te sucede —espetó frustrada.

Clara volteó a mirarme con los ojos húmedos y mis ojos se abrieron como plato al escuchar
lo siguiente que dijo.

—Ayer por la noche tuve sexo con Pablo y pensé que le gustaba, pero veo que te sigue
amando a ti. Soy una tonta al pensar que alguien podría preferir a mí antes que a ti —
susurro con la voz quebrada.

Pablo hizo llorar a mi amiga.

—Pablo de mierda osaste ponerle un dedo encima a Clara —me abalanzó sobre su asiento
para empezar a jalarle el cabello.

No me importa que choquemos ahora porque ver a Clara llorar me hizo volverme loca y
peor si es por un hombre estúpido.

—¡Suéltame, yo no le obligue a nada! —Pablo, chillo de dolor.

—Yo te advertí que no estés de coqueto con ella y ahora viene llorando por tu culpa —le
jaloneo más fuerte.

—¡Joder, duele!
—¡Basta! —Clara gritó haciendo que me detenga al instante —, dejen de pelear, yo
maltinprete todo, es que en casa paro sola y cuando alguien me trata bien por unas horas
pienso que le importo y me enamoro muy rápido.

Yo me dejo caer en mi asiento cuando la escucho.

Desde que conozco a Clara veo como su familia nunca está con ella, haciendo que sea una
presa fácil de los hombres y por ello siempre cuido de ella.

—No sabía tus sentimientos hacia mí... Cuanto lo siento, yo no quería hacerte sentir así —
Pablo se disculpó.

—Sé que es verdad lo que dices —Clara sonrió aun sabiendo que tenía la cara empapada
de lágrimas.

Después de esa pelea todo el camino fue silencio y algunos insultos que le tira a Pablo.

Si yo fuera un hombre jamás haría llorar a la preciosa de Clara.

Cuando llegamos al lugar de mala muerte escucho a lo lejos los gritos de personas y
algunos de esos gritos apostaban por Alexander y también están los otros que gritaban
como locos por Derek.

Bajo con rapidez del auto para salir disparada del lugar, pero tres hombres me detienen sin
previo aviso.

No. no. no.

Yo los conozco a estos hombres...son...son...son lo que abusaron de mí por años.

—Estás tan grande, Alessandra —uno de ellos me sonrió.

No tenía voz y mis piernas empezaron a temblar, con la mirada busco a Clara y Pablo, Pero
veo como ambos están tirados en el suelo inconscientes.

—q..ue...les...hiciste —le pregunto sin voz.

Los tres se ríen para empezar a acercarse a mí y yo empezará a caminar pasos atrás.

—Todo este plan está resultando tan bien, la pelea de tu novio lo mantiene ocupado y tus
amigos están súper dopados para ayudarte.

Lágrimas empezaron a salir con fuerza y todos los recuerdos asquerosos que me hicieron
vinieron a mi mente.

Las veces que me golpearon por pedir ayuda mientras abusaban de mí o cuando me
golpean tan fuerte al punto que perdiera a mi bebé.
Solo era una pobre niña que salió embarazada por la culpa de sus constantes violaciones y
todas esas noches me preguntaba dónde está Dios para poder ayudarme, donde estaba mi
familia, ¿dígame dónde estaban?

—No te gustaría recordar los viejos tiempos, pequeña —uno de ellos dijo con burla.

Las palabras de Preston vinieron a mi mente y las veces que me dijo que tengo que ser
valiente y no tener miedo, porque si les tengo miedo a mis monstruos del pasado me
comerán, vivía.

Me limpio mis lágrimas con valor para mirarlos con desprecio.

—Ya no soy la niña indefensa que pueden hacerle daño, ahora soy una persona fuerte y
haré que paguen por todo —prometo.

Dicho eso no sé cómo logré entrar al lugar donde pelea Alexander. Con el corazón a mil
empiezo a correr mientras escucha las pisadas rápidas de mis abusadores que venían así
mi.

Me meto entre la multitud para acercarme lo más posible a Alexander y cuando lo vi sonríe
con alivio, estaba por gritarle cuando alguien me tapa la boca.

—Callada estás mejor —susurro contra mi oído.

Yo niego la cabeza y sin dudar clavo mis dientes en su mano, mordiéndole con fuerza, él
jadea de dolor y me suelta de inmediato.

—¡ALEXANDER AYÚDAME! —gritó con todas mis fuerzas.

Cierro mis ojos con fuerza y empiezo a rezar porque Alexander me haya escuchado...al final
de todo necesito su ayuda.

Los otros dos hombres llegaron y me agarran de mis muñecas.

Cuando se recuperó el otro que había mordido no lo pensó y me cacheteó, pero para eso
ya había llamado la atención de Alexander.

—¡Yo los mato! —Alexander gritó para salirse del campo de batalla.

Veo cómo sale del campo de batalla y mirada se posa en Derek, él no lucia sorprendiendo o
preocupado por mí, más bien puso una cara enojada y se fue dejándome a mi suerte.

Otra vez me abandono y traicionado.

Los tres hombres maldijeron y me soltaron para empezar a correr, Alexander les ganaba
tanto en tamaño como en fuerza y lo sabían.

Cuando llego a mí me agarro de mis hombros y me abrazo con fuerza.


—¡Suéltame y mejor ayúdame atraparlos! —me separo de él.

—Venganza, me gusta esa idea —aprobó para mirar por todos los dos en su busca —se
metieron por esos pasillos y conozco bien este lugar, deben estar yendo a la habitación de
seguridad.

—Bueno, yo no dejaré que pase eso.

Ambos corrimos para adentrarnos en los pasillos no tan bien iluminándose y para mi suerte
encontré colgada una acha.

—Esto me servirá —digo sacándola.

—Lindo, yo prefiero las armas —el saco una pistola bien cargada.

No me sorprende que esté con esa arma...total es muy Alexander de su parte.

Volvimos a la corrida y a lo lejos lo vi tratando de descifrar la clave de la habitación segura.

—Yo de ustedes me detengo —Alexander les apunta —, muy hombres para lastimar a una
mujer y tan cobardes para huir.

Los tres hombres se miran entre sí buscando una solución, pero este era su fin, jamás
volverán a lastimarme a mí y a ninguna otra niña inocente.

—Como puedes amar a una mujer que está dañada, digo por qué follamos tanto con ella y
sé que en el fondo lo disfruto, sino porque gemía —anuncio uno de ellos.

Alexander tensó la mandíbula y se acercó sin miedo a los tres hombres y en un movimiento
le tiró un fuerte golpe en la mejilla al hombre que habló.

—Se metieron con la persona equivocada, a mí no me tiembla la mano para matarlos, pero
no lo haré porque me encargaré que pasen por lo mismo que le hicieron pasar a mi esposa.
Así como disfrutaron lastimarla, espero que también disfruten estar en el mismo lugar.

Con agilidad Alexander me tiro su teléfono y sin apartar la mirada de los tres hombres dijo.

—Llama al primer contacto que tengo y dile que venga lo antes posible. Que esta noche le
tengo trabajo —me ordeno.

Tiro la acha aún costado y marcó al número que me ordeno.

No pasaron unos cinco minutos cuando unos cinco hombres vestidos de pies a cabeza de
negro vinieron hasta nosotros e inmovilizaron a los tres hombres.

Alexander guardó su arma y se acercó a mí para acunar mi rostro entre su pecho, haciendo
que me sienta segura al instante.
Viendo como los monstruos de mi pasado eran encadenados y golpeados en el transcurso
que le colocaban las cadenas hizo que me sintiera feliz.

Pagarán por todo y eso es una felicidad para mí yo del pasado.

—Señor que quiere que hagamos con ellos —uno de los hombres de Alexander cuestionó.

—No quiero que les maten, quiero que sufran todo el dolor imaginable que puede pasar una
persona y cuando no puedan más quiero que les cortes sus miembros con un gran cuchillo,
¿entendido?

—Así que son unos violadores, personalmente tengo dos hermanas y odiaría que pasaran
por ello y quisiera saber si puedo agregar unas cuentas cosas más que tengo en mente —
pregunto con tono oscuro.

—Puedes hacerles lo que quieres, si es posible que sean violados todos los putos días o no
se ve tú —Alexander respondió con seriedad.

Su hombre asintió para luego irse con sus demás compañeros.

Flashbacks

—¿Le tienes miedo a los monstruos, Rapunzel? —pregunto Preston mientras me peinaba.

—no, no les tengo miedo, hermanito —respondo con seguridad y sin temor.

—eso es lo que quiera oír, si no tienes miedo ellos no tienen poder en ti, Rapunzel —sonrió
orgulloso.

Ahora yo te pregunto a ti... ¿le tienes miedo a los monstruos?

Pues mi respuesta es no y espero que la tuya sea la misma.

La sociedad coloca a la mujer como débil y delicada, pero constantemente tenemos que
sobrellevar con tanta mierda desde que somos unas niñas y me pregunto ¿eso nos
convierte aún más fuertes que los hombres? Desde que somos unas niñas nos hablaron de
los peligros y las limitaciones que teníamos como mujeres en una sociedad machista, algo
que los hombres jamás pasaran.

—¿Todo bien? —Alexander pregunto mirándome con preocupación.

—No, pero seguro que mañana lo estaré —respondo mirándolo.

***
¿Felicidad plena? Creo que eso no existe, lo que sí creo es que existe son momentos
felices y agradables, pero la vida nunca será perfecta. La vida es como la luna tiene
momentos brillantes, tanto como momentos oscuros y dolorosos.

Lo bueno que después de pasar por un momento oscuro, ahora estoy feliz y me siento
tranquila a lado de la presencia de Alexander.

Siento sus suaves manos acariciar mi cabello mientras tarareaba una canción en alemán.

—Ich kann es kaum erwarten, dass du meine Frau wirst.

<No puedo esperar a que seas mi esposa>

No entiendo tanto alemán, pero espero que sea algo bueno y no uno de sus chistes malos.

—Gracias por estar siempre para salvarme —sonrió con alegría.

El agua de la tina está tibia y hace que todo mi cuerpo se sienta tan relajado. después de
pasar una tarde horrible y llevar a Clara con Pablo a sus casas, Alexander me dijo que
tomara una ducha con él y acepte.

Él coloca su mano en mi mejilla y con suma delicadeza empezó acariciarme con las llenas
de sus dedos.

—Lamentó tanto no poder haberte salvado antes, destripadora —susurro con voz dolida.

Yo no espera eso y sin poder controlarme empecé a llorar como nunca.

Joder, era solo una niña y pase por toda esta mierda por culpa de mi familia.

—No llores por favor —suplico —, prometo que nunca tendrás que pasar por algo así.

Solo asentí para luego abrazarlo con fuerza mientras sollozaba como una niña.

Había llegado al límite y estoy tan feliz de poder botar todo esto que tenía guardado hace
tantos años.

—Alexander puedes por favor llamar a Preston... Lo necesito conmigo —le pido entre
lágrimas.

—Claro, pero primero salgamos de la ducha —dijo dándome un beso en la frente.

***

Alexander
Cuando escucho la puerta no lo dudo y la abro, veo como Preston entra todo agitado y
asustado, con la mirada busca a Alessandra, pero no la encontró haciendo que el pánico
creciera en su mirada.

—¿Dónde está? —pregunto asustado.

—En la habitación, no para de llorar y dijo que quiera verte. Por favor ayúdala, ella no quiere
contarme sobre su pasado y lo entiendo.

Preston me observo unos segundos para luego sonreír con nostalgia.

—El pasado de Alessandra fue horrendo, cuando la conocí, estaba tan mal y solo era niña.
Ahora la veo y me dan ganas de llorar porque hay momentos donde sonríe tan feliz que me
digo que lo hice bien y que mi hermanita está mejor, y espero con ansias el día que venga y
me diga que se casará con el hombre que ama y yo podré llevarla al altar...es mi sueño que
tengo.

Cuando escuche sus palabras sentí como si quisiera llorar, pero me contuve, en cambio,
Preston empezó a llorar un poco.

Comprendo lo agotador y lo asustado que puede estar por su hermana, al final de todo es
su familia.

—Tranquilo, ella estará bien, solo necesita a su hermano —lo animo.

El asiento y yo le guío a la habitación donde Alessandra lloraba; cuando Preston la vio no lo


dudo y fue por ella y la abrazo con fuerza mientras le susurra algo.

Yo suspiré con tranquilidad al ver como mi pequeña destripadora empezaba a tranquilizarse


en los brazos de su hermano.

Salgo de la habitación y me siento aún costado, cuánto daría porque mi pequeña hermanita
esté conmigo ahora, yo la extraño todo el tiempo y pienso constantemente como estaría
ahora ella.

Lo grande que sería en la vida y lo genial que sería volver haber esos grandes ojitos que
tenía.

Cuando veo los lindos ojos de Alessandra me trae esa paz y tranquilidad que una vez los
pequeños ojitos de mi hermana me trajeron.

No, no quería sentir estas emociones ahora.

No quiero... No puedo soportarlo.

Me levanto del suelo para agarrar mi teléfono y llamar a uno de mis hombres.
—prepárame una navaja y ándale avisando a esos hombres que voy por ellos, les cortaré
cada capa de su piel, está el punto de dejarlos con los huesos expuestos —digo entre
dientes.

No quería estar llorando y lamentando mi vida, quiero vengarme de los hombres que
lastimaron a persona que da razón a mi vida... Necesito sangre derramada esta noche.

Capítulo 40
Alessandra

Suspiro con felicidad por primera vez. Ya no hay dolor, no siento dolor.

Todas esas noches que lloraba de impotencia por su culpa estaban por acabar, ellos
pagarán por todo, aunque me duele que mi verdadera madre me odie, sé que tengo a
Lizzie, ella me quiere tal y como soy y no busca cambiarme... Es como la madre que
siempre necesite.

Escuche una frase que decía "debes tener suerte que clase de madre de toque" La madre
que me toco era una basura, no solo hizo que llorara todas las noches por ser diferente,
sino que siempre me obligaba a estar callada y hacer lo que ella quería.

Jamás estuvo en mis momentos malos.

Jamás pudo darme un puto abrazo para consolarme.

Jamás se tomó el tiempo de sentarse conmigo y hablar sobre las emociones que estaba por
experimentar por mi adolescencia. Más bien me obligo a guardas y no experimentar,
haciendo que me volviera inestable al crecer.

Puede que estés pasando por algo similar y quiero decirte algo... Tú no tienes la culpa de
nada, no eres rara o tonta, eres perfecta tal y como eres, no dejes que tu madre te destruya
o cambie algo de tí.

¿Vale? Si llegas a tener problemas asimilares a los míos. Recuerda. Jamás estás sola, me
tienes a mí.

Me sirvo un vaso de agua lo más silencioso posible, ya que Preston dormida pacíficamente
y no quería arruinar su lindo sueño.

Sumida es la oscuridad, no puedo evitar buscarlo con la mirada, ¿dónde estará ahora?

¿Si está con alguien más? No, no lo creo.

Me tocará confiar en ese tonto.


Bufo, dejando mi vaso en el lavadero y cuando está por volver a la habitación escucho
como la puerta se abre con suma lentitud, yo dirijo mi mirada y cuando mis ojos se
encuentra con su presencia dejo de respirar.

Su mirada era inexpresiva, su cabello rubio estaba todo hecho un lío y su camisa estaba de
la mitad abierta, dejando ver su pecho tonificado con un toque de sudor.

Qué mierda.

Yo le doy la espalda al verlo aproximarse a mí, ¿Qué estuvo haciendo para venir así?

Aprieto mis puños en el borde del lavadero, ¿me está engañando? ¿Estuvo con Natalia?
Joder no debería estar tan enojada.

Dejo salir todo el aire que estaba conteniendo sin darme cuenta al sentir como pasaba sus
manos por mi cintura y me atraía hacia él con delicadez.

Deja caer su cabeza encima de la mía, haciendo que ría por dentro. Alexander es muy alto.

En esta posición me siento tan protegida, yo dándole la espalda mientras él se acurruca en


mi cuerpo.

—¿Cómo te sientes? —murmura en voz baja, pero mi voz no salía, haciendo que él se
tense —, dime algo o me volveré un loco.

–Me...siento...mucho mejor —digo sin aliento.

—Me alegro, mi destripadora.

Él en su forma rara de darme cariño empieza acariciar mi cabello con su mentón... Parece
un gato, Jijijiji.

—Dime, gatito, ¿dónde tú estabas? —pregunto.

—¿gatito? ¿Yo?, qué asco de apodo... Quiero otro —Alexander exclamó.

—mmm..¿ricitos de oro? —bromeó.

—Sabes, no me gustan las bromas de niñas.

Me volteo para mirarlo directamente a los ojos, ¿qué apodo le puedo poner? Uno que sea
combinado con el mío.

Mmmmm.

—Tú me pusiste destripadora y yo pondré destripador, somos parecidos, amas derramar


sangre y te encanta pelear como un loco.
—Eso está mejor, pero no lo digas en público —ordena con seriedad.

—Como tú digas —finjo hacerle caso.

Alexander se acerca para darme un beso, pero me aparto al recordar la pregunta que le
hice hace un rato.

—¿Dónde estás? —finjo un tono tranquilo.

—Estaba haciendo unas cosas —respondió encogiendo los hombros.

—Joder, habla ahora o te juro que te obligo a golpes a decirlo —le advierto.

Él se agacha un poco hasta el punto que su mirada azulada se mezcla con la mía y casi
puedo sentir como mi corazón dejaba de latir.

—Jamás te engañaría con ninguna otra mujer, tú eres la única que amo y también la única
que puede soportarme con toda mi mierda —me asegura con seriedad.

—¿No estabas con Natalia? —insiste frustrada.

—¿No te dije? Deje a Natalia hace tiempo —comentó con simpleza.

—¡¿Tú hiciste qué?! —pregunto nuevamente.

—Termine mi compromiso con Natalia —volvió a decir.

Entonces escuché bien.

—No tengo palabras —suspiro sin creerlo.

—Puedes decirme que pensarás casarte conmigo. Yo quiero pasar mi vida conmigo y
formar una familia —anuncio tomándome por sorpresa.

¿Familia?, ¿boda?, ¿bebés?

No sé, todo eso viene con responsabilidades y no creo estar lo suficiente lista para ser
mamá, yo no quiero traer a un bebé a este mundo de mierda.

—¿Tú, no odias a los niños?

—Los odio, pero si son nuestros los amaré con locura y más si tienen tu linda cara —sonríe
con ilusión.

—Todo el mundo dice que tengo una cara de culo.

—Me importa una mierda —él besa mi mano con delicadeza — ¿promete que lo pensarás?
—Trataré —murmuro.

Él sonríe con satisfacción para luego atraerme hacia su cuerpo y empezar a besarme con
cariño mis labios.

¿Alexander cariñoso? Es raro, pero agradable...creo.

Llevo mis manos a su agradable pecho y sin pensarlo lo separo para darle una mirada
confusa.

—Jamás eres cariñoso al momento de besarme, ¿qué sucede? —interrumpo nuestro beso.

Su mirada me observa con rareza, pero no dura mucho cuando cambia a una calidad y
compresiva.

—Descansa —me besa la frente como si fuera una niña —, mañana tengo una sorpresa.

Número uno: Odio las sorpresas.

Número dos: ¿qué mierda le sucede?

—Lo que sea —bufo.

Le doy un leve empujón, haciendo que él me observe medio enojado, pero me importa una
mierda, yo no quiero su estudia compasión.

Entiendo que esté preocupado por mí, pero ese comportamiento suyo, no lo acepto. Yo odio
la compasión.

Como dice Adrien "el peor sentimiento que una persona puede sentir por otra es la
compasión"

No soy una niña asustada como Alexander cree que soy, yo soy una mujer fuerte que a
pesar de todo pudo salir adelante.

Le mostraré lo bien qué estoy.

***

—Odio esto —admito dejando caer mi cabeza contra el asiento.

—No digas tonterías, esto es lo mejor —Olivia dice feliz —. Eres tan amable de alquilar casi
toda la playa para nosotros, Alexander.

Les dije. Odio la playa.

No me gusta quemarme o la arena que se pega a la piel, me parece muy molesto.


—Tu amiga no piensa lo mismo —Alexander dijo mirándome enojado atrás del retrovisor.

Me peleé con Alexander al momento de subir al auto y para evitar verle la cara le pedí a
Olivia que se sentaran en el asiento del copiloto, mientras yo estaba con Preston.

—Dejemos las malas vibras y disfrutemos de este maravilloso día —Preston propuso.

—Quiero morir, ¿Olivia puedes dispararme? —le ruego.

—Que infantil eres —murmuro en voz baja Alexander, pero logré escuchar.

—¡Oye, si quieres decirme algo, dímelo en mi cara, cavernícola de mierda! —exclamó


enojada.

No soy infantil, él siempre quiere que todo se haga como él quiere, aun sabiendo que odio
la playa.

Solo quiere provocarme para que estalle y me rompe en mil pedazos, pero no le daré el
gusto.

Al bajar de la camioneta de última edición de Alexander, me fijo en el mar, lindo y azulado,


al igual que el cielo despejado y brillante.

El sol está muy intenso que fácilmente te deja como un camarón.

Olivia me abrazo por detrás dándome un susto.

—Cariño, necesitas una follada para sacar toda esa ira —Olivia ríe viendo mi cara de pocos
amigos.

—Quisiera, pero Alexander no quiere tocarme —comentó sin ninguna expresión.

—Debes entenderlo, en cierto modo piensa que te puede lastimar.

Bueno, entiendo eso, pero por qué no habla conmigo, quiero que exprese lo que siente al
respecto.

—Igual estoy peleada con él —suspiro quitándome mi vestido, dejándome solo en ropa de
baño.

Me gusta mostrar mi cuerpo, ¿por qué no lo haría? Soy linda y poseo un cuerpo envidiable
para muchas, solo sería una tonta si no muestro lo que tengo.

Mi bikini era de dos partes, la parte de arriba casi no cubría mucho, dejando a la
imaginación de cualquier hombre y la parte de bajo hacía que mis caderas sean aún más
grandes de lo normal.
—Apuesto que Alexander te está matando con la mirada —Olivia confesó mirándome con
fascinación.

—Y lo dudas, siento como me mata con la mirada ahora —rio.

—El color celeste siempre te sienta bien, amiga —Olivia señaló para luego quitarse su ropa,
dejándose solo en bikini —, pero soy fans del color negro.

Olivia lleva un bikini negro, ella siempre fue team negro y hasta quiere casarse con vestido
negro. Una loca sin duda.

—Tú eres toda una reina con ese bikini, mi cielo —Preston aparecido con una sonrisa.

—Gracias, lindo —mi amiga sonrió como una tonta.

—Rapunzel, puedes ayudar a Alexander un poco —Preston me pidió, pero me negué — en


serio, solo ayúdale llevando las bebidas.

Yo ruedo los ojos para dirigirme hacia Alexander.

Me coloco a su costado y agarro el pequeño congelador sin mirarlo, cuando estaba por irme
él colocó su mano en mi hombro.

—Suéltame —le exige.

—joder, no te hice nada para merecer esto, yo como un tonto prepare toda esta ridiculez
con tu pesada amiga y tú solo me tratas peor que basura, ¿no podrías demostrarme el amor
que dices sentir por mí por unos minutos?

La confesión de Alexander hizo que me sintiera mal conmigo misma, yo sé que puedo llegar
hacer un poco inmadura, pero jamás tuve en una relación o algo parecido.

No sé qué debo hacer.

—Lo siento —admito avergonzada —, a veces puedo llegar ser un poquito egoísta y no
pienso en tus sentimientos.

Alexander ríe negando la cabeza, sus brazos me atraen a él y sin pensarla lo abrazo con
fuerza mientras le daba pequeños besos en su mandíbula marcada.

—Te amo —murmuro sonrojada.

—También te amo, destripadora —susurro sin aliento — pero colócate algo encima, casi
puedo verte todo.

Me rio dándole palmadas en su espalda... Siempre posesivo.


—Sabes que diré que no —me suelto de su agarre — pero si me alcanzas, puede que lo
piense.

Dicho eso, salón corriendo mientras me rio como una loca, Alexander no dudo empezar a
seguirme el juego y correr detrás de mí.

Puede que pelee mucho con Alexander, pero lo quiero mucho que está me da miedo,
además dicen que las parejas que pelean más son las que más se quieren.

Chille cuando Alexander me agarro de la cintura y me tiro al mar, yo le tire agua en forma de
protesta, pero él solo se burló.

—No es gracioso —me ríe arreglando mi cabello.

—Tenias que darte un chapuzón —dijo colocando su mano en mi mejilla.

Alexander es un hombre superfornido y no sé cómo puedo aguantar a la hora de follar, si


con una sola mano puede tapar todo mi rostro.

—Creo que iré a tomar un poco de sol —anuncio nadando hacia la orilla.

—Iré contigo.

***

Eran las 6 de la tarde y en sol se veía aún más hermoso de lo normal. Amo ver los
atardeceres, es muy relajante, ¿no creen?

Sonrió bajando la mirada donde Alexander dormida como un niño sobre mis pechos, como
era de esperar, él los cubrió con su cabeza, haciendo que nadie pueda contemplar o
disfrutar más que él.

—Quítate —tiro de su cabello —, me duele que coloques tu cabeza sobre mis putos pechos.

Puedo soportar un rato, pero está más de una hora echando sobre mí.

—Déjame dormir —gruño, acurrucándose más en mis pechos.

—Que te muerdo la oreja —le advierto.

—Eso me excita —declaró medio dormido.

Coloco mi mano en su espalda para trazar un camino por toda ella, su espalda es muy
ancha y larga... Me pone mucho tenerlo bajo mío.

Preston y Olivia todavía jugaban en el mar, a pesar de que ya estaba corriendo viento,
luego no quiero que venga resfriados pidiendo ayuda.
—Vamos, que duele —chillo, me muevo en forma de protesta, pero él solo me ignora.

Bueno eso pensé, hasta que sentía algo raro apretando mi estómago.

No.

El amiguito de Alexander despertó solo por unos leves movimientos, míos. No sabía que era
tan sensible.

—Alexand...—murmuro sin aliento.

Siento como se tensa encima de mí, él empieza a mover con lentitud sus caderas, creando
una fricción entre nuestras zonas íntimas. Yo sin evitarlo jadeo tirando la cabeza hacia atrás
mientras Alexander suspira con dolor. Quiere hacerlo, pero no puede.

—No pares...—le pido. El tonto se levanta de encima de mí.

Lo miro frustrada por unos segundos, que le limita a seguir con lo suyo, ambos lo queremos
y yo estoy más que lista. Me levanto de golpe, camino con enojo, mientras murmuro todas
las groserías posibles del mundo.

Al llegar a la camioneta de Alexander busco mi pollera...jamás me sentí tan expuesta.

Sacudo mi cabeza para liberarme de los malos pensamientos, pero era un juego perdido
hacerlo. Yo solo quiero al Alexander de antes.

Me sobresaltó al momento de sentir unos brazos fríos abrazarme con fuerza por los
hombros, pero el temor se va al saber de quién se trataba.

—Me asustaste —le hago saber sin emoción.

—Lo siento, yo no quería incomodarte hace unos minutos, solo que no puede evitarlo —me
envolvió en sus brazos arrepentidos.

—¿incomodar? Alexander, yo no tengo nada de miedo o incomodidad por tener relaciones


contigo —admito acariciando con la yema de mis dedos sus brazos.

Cuando me escucho me volteo con velocidad para mirarme a los ojos con dudas.

—¿estás segura? Digo, porque yo no quiero presionarte a nada... Solo quiero que te sientas
bien y segura al momento de hacerlo. No quiero que sientas cosas horrendas al momento
del acto, eso me destrozaría tanto.

Sus dedos acariciando con cautela mis mejillas, haciéndome estremecer ante su tacto. Dios
me quema la cara.

—Tú siempre me haces sentir bien —sonrió.


Me alegra conocer esta parte preocupada de Alexander.

Saber que solo es así conmigo, me pone muy feliz. Me siento especial.

—Promete que siempre estaremos juntos —levanta su meñique.

Yo me rio en voz baja para levantar mi meñique.

—Por siempre y para siempre, gatito —entrelazado nuestros dedos.

Él rueda los ojos al escuchar su apodo y luego me atrae hacia él con una emoción oscura.

—Nunca lo hicimos en el auto, ¿probamos? —propone con una sonrisa traviesa.

—Me gusta la idea, pero también quiero experimentar otra cosa —sonrió de igual manera.

***

Un secreto mío.

Siempre quise dominar a Alexander.

En todos los sentidos quería dominarlo.

En serio lo deseaba mucho.

Hago un camino de besos desde su pecho hasta su V, haciendo que Alexander jadeara. Él
estaba con los ojos vendados y las manos atadas.

Fue fácil obligarlo. Para que no se soltara tan fácil lo amarre con su propia correa de cuero y
duele como la mierda tratar de soltarse y sus ojos, pues digamos que por "coincidencia"
traje una de sus corbatas.

El auto es muy espacioso y la calefacción ayudaba mucho con el ambiente frío de la playa.
Encima de Alexander empiezo a besar su pecho mientras lo escuchaba murmurar en
Alemán.

Casi no tenía nada de ropa, lo único que traía era la parte baja de mi bikini, en cambio, de
Alexander, que no traía absurdamente nada.

—¿Cómo te sientes? —murmuro acercando mi rostro al suyo.

—No me apetece responderte —sonríe con arrogancia.

Me inclino un poco más atrás para empezar a besar su estómago, siento como su cuerpo se
tensa, poniéndose rígido ante mis besos provocativos.
Jadeo cuando mi lengua comenzó a trazar un camino desde sus muslos abdominales. Yo
hice un paso y levanto la cabeza para mirarlo con una sonrisa.

—¿Quieres que pare? —espete.

—No, no pares —respondió inmediato.

Yo vuelvo trazando una línea de sus músculos con mi lengua, deteniéndome de vez en
cuando para ver sus expresiones. Al mismo tiempo, me subo más a él, mis rodillas están a
cada lado de su cintura. Vuelvo con mis besos, pero esta vez me concentro en su cuello y
este quería colocar sus manos en mi trasero, pero se detiene al darse cuenta de que no
podía.

Mis dientes pellizcan su cuello, enviando una serie de sensaciones a Alexander. Siento
como su erección crece hasta el punto que está rígida, yo levanto mi rostro para verlo, pero
este tenía los labios apretados y las mejillas rojas como tomate.

Quiero que suplique.

—Solo tienes que pedirme que te folle, cariño —beso sus labios con rapidez, pero este me
agarra mi labio inferior con sus dientes, deteniendo mi escape y empezar a besarme como
un loco.

Joder, duele.

Sus labios se mueven con una velocidad que casi no puedo respirar, haciendo que abra la
boca, pero aprovecho para meter su lengua y empezar a besarme aún más profundo.

Él separa sus labios de los míos para respirar una pesadez.

Llevo una de mis manos hace miembro para empezar acariciarlo con lentitud, Alexander
empecé a gemir mientras movía sus caderas en busca de más fricción.

—Esto duele —jadeo adolorido.

Mis caricias no bastaban para calmar su necesidad, solo hacía que está aumentada y
dolería aún más para él.

Aceleró los movimientos de mi mano, acaricia de arriba abajo y daba algunos apretones
para ayudarle con la tensión. Alexander coloca su cabeza aún costado, levantó mi mirada
hacia él y contemplo su rostro todo sonrojado y adolorido.

—Ya me cansé —admito dejando de acariciarlo.

Me echo encima suyo, apretando mis senos contra su pecho, Alexander niega la cabeza
confundido para luego quedarse quieto y decir.
—Acércate un poco más y agáchate para morderte esas tetas, por favor —pide excitado,
pero no me muevo — ¡joder, te lo ruego!

—ok.

Me muevo aún más, agachándome, dejo que Alexander atrape uno de mis pechos,
haciendo que gima al sentir su lengua jugar con mi pezón.

Hizo girar su lengua sobre mi pezón y cuando se cansó de darle atención, empezó hacer lo
mismo con el otro.

Mis labios están separados, yo lo miro con deseo y con las emociones echas un lío,
empiezo a quitarle la correa de sus manos, liberándole por completo.

—No te quites la cobarde de los ojos —le pido al ver su intención —será más excitante sino
vez.

—Tú ordenas, destripadora —me empezó a besar el cuello mientras jugaba con la ropa
interior del bikini.

—Eso no es justo —gruño apretando mi trasero —debo quitarte esa cosa.

Dicho eso, él me voltea y quedó boca abajo sobre él. Como puede hacer esto sin ver nada.

Lleva ambas de sus manos a mis caderas, buscando el borde de la ropa y lo conseguí a los
dos minutos. Lo empieza a bajar con lentitud para luego tirarlo a cualquier lado.

—Ahora estamos iguales.

Él acaricia mis muslos para luego bajar sus manos a mi parte necesitada.

Mi respiración se atascó mientras él frotaba lentamente mi coño, al sentir sus dedos entrar
no pude evitar cerrar los ojos de la excitación que sentía.

—sí —gimo tirando mi cabeza hacia atrás.

—Eres una Diosa —Alexander afirmó.

Al abrir mis ojos veo que no traía su corbata vendada y su mirada me miraba con intensidad
y con un deseo oscuro de abrir más mis piernas para entrar de una vez.

Alexander se posó sobre mí y con sus manos hizo que abriera aún más las piernas, yo
envolví mis brazos alrededor de su espalda. Me beso con pasión mis labios para luego
abrirse paso dentro de mí.

Alexander empezó a moverse con sumo cuidado mientras me besa los labios y el cuello en
forma de afecto, ya que duele un poco al comienzo.
Conforme pasaba el tiempo, sus movimientos se volvían aún más intensos, hasta el punto
que solo se podía escuchar mis gemidos, con los gruñidos de Alexander.

—Alessandra...—gime en voz baja contra mi oreja mientras aceleraba sus movimientos.

De cálido paso a un loco.

Él estaba empujando vigorosamente dentro de mí, con la cabeza hacia atrás mientras
gemía. Todo mi cuerpo empezó a temblar ante el clímax que estaba cerca. Entonces
Alexander gruño con fuerza para seguido decir unas palabras en Alemán que me llevaron al
límite.

Mis piernas empezaron a temblar como locas, haciendo que Alexander no pueda acceder a
mí, pero él me levanto por la cintura, sentándome sobre él.

—Todavía no terminamos —me levanto para volver entrar en mí, mis paredes se
contrajeron contra él y el gimió con fuerza.

Empezó a murmurar varias cosas que no entendía, pero comprendía que eran cosas
apasionadas, ya que cada vez que habla aceleraba sus movimientos.

Así duramos unas dos horas y quería seguir, por desgracia las llamadas Olivia exigiendo
que abriera la puerta nos arruinaron todo.

Capítulo 41
Alexander

Un despertar perfecto para mí. Pues, es tener a mi novia desnuda en mi cama, durmiendo
pacíficamente sobre mi pecho.

Después de volver de la playa, ambos no podíamos evitar volver a follar. Miento. No folle
con Alessandra, hicimos el amor, por primera vez dejamos que nuestras diferencias aún
lado, al igual que nuestros miedos y lo hicimos toda la noche.

Le hice el amor lentamente. Ella era lo que tanto busca y no iba a dejarla ir nunca.

Siento los labios de Alessandra sobre mi pecho, ella me estaba tratando de levantar, pero
quería fingir por unos minutos estar dormido.

Sus manos acarician mi cabello con suavidad, joder, me siento tan feliz con ella.

—Despierta —murmura con calidez.

Sus labios se posan sobre los míos, haciendo que lleve mis manos a su suave cabello
rojizo.

—Sabes como seducirme —murmuro.


—Recién te das cuenta.

Río viéndola, su cabello largo y despeinado me estaba volviendo loco.

—Cabe una posible de volver a hundirme entre tus perfectas piernas —pregunto viéndola
con intensidad.

—¿Quieres volver a repetir? —pregunta sorprendía.

—Sí, ¿tú no quieres?

—Lo hicimos toda la noche, ni siquiera me dejaste dormir un rato o recuperar el aliento —
responde con las mejillas sonrojas —. Además, hicimos todo tipo de posiciones y ya estoy
satisfecha.

Jamás me cansaré de estar con ella.

—ok, te dejaré descansar por este día, pero en la noche no tendré piedad.

—Lo siento, esta noche no podré quedarme —anuncio, rompiendo todo tipo de planes que
tenía planeado para esta noche.

—Joder, ahora que sucede —gruño.

—Tengo que ver la casa donde me mudaré con Preston. Mañana es su cumpleaños y debe
ser a lo grande —chilla con emoción.

No le romperé la ilusión que tiene, es su hermano, que haga todo lo que tiene planeado
para él.

Demore un poco aceptar a ese chico, pero debo aceptar que es una parte importante de
Alessandra.

Si tan solo tuviera a mi hermana a mi lado, haría todo lo posible porque sea la mejor amiga
de mi destripadora.

Mis dos amores.

—Te apoyo en todo lo que tengas en mente —sonrió apartando un mechón de su cabello.

—Gracias. Esto es muy importante, quiero que salga perfecto, amo tanto a mi hermano y
solo quiero que tenga un día inolvidable —al escucharla hablar veo como sus ojitos brillan
de la emoción.

Qué tierna.
—Témenos una ducha, ahora —le ordeno con una sonrisa. Ella me observa dudosa —.
Tranquila, no haré nada que tú no querías.

Rendida acepta y toma mi mano para ir al baño, donde haremos todo menos bañarnos.

***

Finjo una sonrisa mientras Alessandra me enseña ropa que podría gustarle a Preston.

Nuestros estilos son muy diferentes. Obvio que el mío es superior.

—Ayyy, me olvidaba de comprar ropa de perro. Domik engordó mucho estos días —dijo sin
prestarme atención cuando le decía que no iría a ese lugar.

No soy fan de los animales.

Me siento incómodo viendo sus caritas tiernas pidiendo a gritos que los adoptes.

Cuando era niño adopte cinco gatitos bebes, esos gatos me manipularon y me hicieron caer
en su hechizo.

Al llegar al lugar desvió mi mirada de cualquier animal que esté encerrado y me concentro
en el firme trasero de Alessandra.

Cuando pensé que no volvía caer por un animal, me encuentro con una pequeña gatita
durmiendo. Se parece mucho a mi antigua gatita que tuve cuando era niño.

Sonrió viendo como se levantaba, colocó mi mano contra la reja, la pequeña se pone en dos
patitas y coloca su patita contra mi mano.

—Eres muy linda —digo con ternura. Sin pensar me acerca al dueño —. Quiero llevarme
esa gatita gris.

Otra vez caía.

Alessandra ni siquiera se percató cuando me entregaron la gatita en brazos, pero cuando


vino con ropa de perro, paro en seco para mirarme.

—Dime que no es cierto —miro a la gatita.

—Me miro con esos ojitos de ayuda, que podía hacer —digo acariciando a la nueva
integrante.
—Sabes lo difícil que fue perder q mi gatita y ahora comprar una nueva. Siento que estoy
reemplazándola...no la quiero —admitió viéndola con desaprobación.

—Me la llevaré, fin de la discusión y se llama Alesani —anuncio.

Alessandra me mata con la mirada al escuchar su nombre.

—Solo cuídala y no dejes que le pase nada malo, por favor —cuestionó enojada.

Me siento culpable poniéndola en esta situación. Entiendo su enojo, pero estamos salvando
la vida de esta gatita y que mejor que darle una vida feliz y plena.

—Soy un buen padre de animales. Ahora paga esas cositas.

Ella pone los ojos en blanco para irse directo al cajero.

—Dios eres tan adorable —acaricio sus orejitas.

Era tan pequeña que alcanzaba en una sola mano mía, su color gris hacía un gran juego
con sus adorables ojitos verdes.

Lo admito, soy una presa fácil para los animales.

Alessandra sale con una cara de pocos amigos, acercándose a mí con nervios mientras
miraba a Alesani.

—Es linda pero por ahora quiero tomar distancia con ella —admite con sincera.

—No te enojes y mejor míralo con una oportunidad para nosotros. Como una familia —dije
luego de tomar su mejilla con mi mano libre.

Desea no haber visto su cara de miedo al escuchar mis palabras, pensé que reaccionaría
de otra manera, pero veo que solo la asusté con mis planes a futuro.

Desearía que Alessandra sé más madura, pero todavía es joven, nuestras edades son muy
diferentes y comprendo eso. Paso a paso.

Todo a su tiempo.

—Te amo, Alessandra —murmuro acercando mi rostro al suyo.

—También te amo, Alexander, y siento tanto estar tan asusta, pero jamás estuve en una
relación seria —confesó.

—Todo está bien —le doy un pequeño beso en la frente —. Vamos a tomar un batido.

Una sonrisa se ilumina en su rostro, salta de emoción para seguirme el paso.


Jamás comprendí el amor o estar enamorado de alguien, creo que solo sucede y ya. No
elegimos a quien amar y da tanto miedo sentirse vulnerable hacia esa persona. Yo Pensé
que podría controlar mis emociones, pensé que tenía todo bajo control. Pero la pequeña
Destripadora vino a darme una lección, enseñándome que a veces debemos dejar nuestros
miedos de lado y hacer lo que nuestro corazón quiere.

Yo elijo amar a Alessandra, de aquí a veinte años la elijo. Es mi amor.

—Alexander, debo contarte algo —Alessandra habla, sacándome de mis pensamientos.

—¿Qué sucede? —pregunto preocupado.

Ella baja su mirada con miedo y empezando a jugar con su bebida, haciendo que me
asusté.

¿Quiere terminar?

¿Me volverá a dejar?

—¡Habla, por favor! —exclamó con los nervios de punta.

—Cuando me mandaron a ese reformatorio, yo empecé hacer abusada constantemente y


con el tiempo descubrí que está embarazada. Era solo una niña y cuando se enteraron me
golpearon hasta que sufrí un aborto por los golpes, pero a lo que voy es que yo no puedo
tener bebés. Tú quieres familia conmigo, pero cabe la posibilidad de jamás tener bebés. Lo
siento.

Su confesión me dejo sin palabras y me dolió saber sobre su pasado tan horrendo y
doloroso, ella sufrió algo que una niña jamás tuvo que ver pasado. Lo único que calma mi
ira es saber que esos hombres están sufriendo está el día de hoy.

Pronto morirán y estoy tan satisfecho de recibir las llamas de mis hombres, diciendo que los
malditos están pidiendo piedad.

—Cariño, quiero que me escuches —coloco mi mano sobre la suya para acariciarla con
sumo cuidado —. No me importa, yo soy feliz contigo y solo te necesito a mi lado, no me
importa tener bebés, pero si llegará a pasar estaré feliz.

Los ojos de Alessandra están cristalinos al escucharme.

—No piensas que estoy dañada —pregunto sollozando.

Llevo una de mis manos a su mejilla, limpio sus lágrimas con mi pulgar mientras negaba
con mi cabeza.

—Jamás pensaría algo así. Eres perfecta y te amo, no dudes jamás de ti, eres la chica más
fuerte que conozco y fue injusto por lo que pasaste y daría lo que fuera porque jamás
hubieras pasado por algo tan horrendo.
Una pequeña sonrisa se forma en sus labios, yo sonreí viéndola con cariño.

—Me alegra tenerte a mi lado —admite.

—Soy el paquete completo —sonrió con arrogancia.

Me golpea el brazo en son de broma mientras reía, sus ojos estaban un poco hinchados por
llorar, pero eso no lo quitaba lo linda que se veía sonriendo.

—Ayyy, apúrate debemos ver la casa —chilla tomando su bebida con velocidad.

Me alegra tenerte a mi lado, Alessandra. No sabes cuánto.

...

La casa era grande y linda, tenía un gran jardín donde Alessandra coloco un columpio que
era sostenido por un árbol. Qué extraño.

—¿Por qué el columpio? —pregunto curioso.

—Preston siempre soñó con uno cuando era niño y yo quiero cumplir sus sueños, en
realidad —me sonríe.

Yo asiento para buscar con la mirada a Alesani, jugaba con una pequeña pelotita de hule.

Examinando la casa puede ver que era muy acogedora, tenía cinco habitaciones y era lo
suficientemente grandes para poder tener una pequeña sala en ella, la cocina era de
madera y mi Alessandra la decoro con algunas flores, haciendo que se vea del sueño.

—Debo admitir que está muy lindo todo, pero...

—¿pero? —cuestionó.

—Ese edificio abandonado hace que la casa no brille como debe ser —anunció viendo
desde la gran ventana de la sala un edifico en mal estado.

Alessandra hace una mueca rara con su boca al oírme.

—Supuestamente, un hombre lo compró y está por remodelarlo todo, solo debemos esperar
—suspiro cansada.

Arreglar esta casa no fue una tarea fácil y más si Alesani hacía de las suyas.
—Te veo un poco tensa, destripadora —me acerco a ella —. ¿Quieres que te relaje un
poco?

Asiente sin decir ninguna palabra. Llevo mis manos a su tenso cuello, le doy unos suaves y
firmes masajes haciendo que jadee de alivio.

—Eres bueno —admite entre suspiros.

—Soy bueno en todo, destripadora —declaró con simpleza.

—Arrogante.

Me inclino ligeramente, dejando pequeños besos por su cuello y hombros. Alessandra gime
en voz baja al sentir mis labios lamer y succionar su cuello.

—Creó que debes parar —murmura sin aliento.

Le doy un leve apretón a uno de sus pechos, se sienten también bajo la palma de mis
manos que no puedo evitar dar otro apretón, pero esta vez más fuerte.

Siguiendo mis deseos la volteo, dejándola frente a mí. Sus mejillas están sonrojadas y su
respiración está hecha un desastre.

Llevo mi mano a su mejilla para agacharme un poco y besarla sin piedad, sus labios
trataron de seguirme el ritmo, pero estaba muy ansioso.

Quería más, quería volver estar dentro de ella.

Bajo los tirantes de su vestido, dejándola solo con un lindo sostén azul como sus lindos
ojos.

—¿puedo? —pido permiso para quitarle el sostén.

—claro —murmuro con sus mejillas acaloradas.

Beso con lentitud su cuello, sintiendo como su cuerpo se estremecía con mi toque. Estaba
por desabrochar su sostén cuando el timbre de la puerta es tocado, sacándonos de nuestro
momento.

Voy a gritar de la frustración.

Alessandra me empuja levemente, colocándose su vestido con velocidad y se va a abrir la


puerta.

Ruedo los ojos para suspirar con enojo, ¿No puedo estar un segundo a solas con
Alessandra? Siempre me interrumpen cada vez que trato de hacer algo.
Desabotonó mi camisa, al hacerlo dejo a la vista mis abdominales bien trabajados y mis
tatuajes que tenía por pecho.

Alessandra aparece y me observa con los ojos abiertos del impacto, bueno, no me estaba
mirando a mí, estaba mirando mi abdomen.

—¿Te gusta lo que vez? —pregunto con una sonrisa coqueta.

—No estoy para tus juegos eróticos —apartó su mirada —. Debo salir con urgencia a la
casa de Pablo.

No puede evitar sentir los celos dentro de mí y las ganas de ordenarla que no vaya me
estaba matando.

—¿Se puede saber por qué? —cuestionó con la mandíbula tensa.

—Clara está afuera esperando y me suplico que vaya, Pablo está mal.

Como no iba a estarlo. Yo me encargué de hacerle saber que Alessandra es mía y no podía
hacer nada al respecto.

—No debemos preocuparnos por él —me acerco —, mejor déjalo solo.

Alessandra niega la cabeza, apartándose de mí.

—¡es mi amigo y lo quiero, no dejaré que se sienta tan miserable por mi culpa! —expresó
enojada.

—No debería importarte tanto —murmuro celoso.

—¿No debería? Es mi amigo y tu hermano, deberías tú estar con él. Te quejas tanto sobre
sentirte solo, pero cuando tu hermano te necesita no estas. Eres una mierda —Alessandra
gritó, mirándome con decepción.

Nos quedamos unos minutos viéndonos, no pude evitar empezar a sentirme culpable, yo
siempre he trato mal a Pablo y jamás puede hablar sin pelear.

—Vere, te esperaré —digo por último.

—Pablo es tu hermano, está vivo y cuando te des cuenta de todo lo que perdiste será
demasiado tarde.

Espero mi respuesta, pero jamás llego. Alessandra suspiro para dar media vuelta e irse.

Me dejo caer en el suelo mientras pensaba en todo lo que dijo Alessandra, ¿tenía razón?
Me arrepentiría de todo esto.
Acaricio las orejitas de Alesani, la echo en mi regazo, empezando acariciarla con suavidad
su pelaje.

...

Alessandra

—Te espero aquí —Clara finge una pequeña sonrisa.

—Te llamo cualquier cosa —le doy un pequeño beso en su mejilla, bajo del auto, con los
nervios a mil.

Con la llave de repuesto que me entregó, Clara, entró con facilidad, camino por el pasillo de
la casa, preparando mi mente por lo que veré.

Mis ojos se abren como plato al verlo, estaba tirado en un gran sofá mientras bebía como
un loco.

Este no es Pablo, ¿dónde está tu chispa que siempre tienes?

—Pablo...—llamó su atención.

Sus ojos se encuentran con los míos, veo dos pequeñas lágrimas bajar, haciendo que un
nudo en mi estómago se forme.

—Alexander, me mandaba mensajes casi todos los días sobre su relación y tuve que
bloquearlo para no recibir sus mensajes de burla sobre que te tiene —al escucharlo no pude
evitar sentir enojo por el comportamiento de Alexander.

Me acerco a él, tomando asiento a su costado.

—Lo siento, tú no merecías eso —me disculpo.

—Tranquila, tú no tienes la culpa de no quererme —murmuro, tomando otro sorbo a su


bebida.

Colocó mi mano sobre su bebida para tirar de ella.

—Suéltala, por favor —le pido con los ojos húmedos.

Este no era el chico que me hacía reír en los peores momentos.


Deja que me lleve la bebida lejos de él, coloco mi mano en su mejilla para acariciarla con
miedo de lastimarlo.

—Eres un gran chico y este dolor que sientes pasará.

—¿Estás segura? —pregunta sollozando.

Asiento repetidas veces.

—Te lo prometo, Pablito —limpio sus lágrimas con mi pulgar.

Él acerca su rostro, dejándolo caer en mi hombro. Dios, como me duele verlo así.

—Hueles muy bien —admite con una pequeña sonrisa.

Río por debajo, para acariciar su cabello rubio con lentitud.

—¿Puede hacerte una pregunta?

—sí, por supuesto —digo.

—Si solo fuéremos yo y Alexander, y tuvieras que escoger una opción ¿A quién eliges?

Me quedo callada, mi corazón latía con fuerza, no quería hacerle más daño, pero no podía
mentirle más.

—¿Quién sería? —vuelve a preguntar.

—Lo amo a él, Pablo —admito esperando su rostro de mi hombro.

Su mirada reflejaba dolor y no pude evitar sentirme tan culpable, yo era la causante de este
dolor.

—Yo siento cosas por ti, pero no es amor —llevo mis manos a sus mejillas —. Lo siento.

—Entiendo. Alexander, siempre será Alexander.

Lo atraigo a mí y lo abrazo con fuerza mientras lágrimas salían. Así nos quedemos, en el
sofá, abrazados. No quería verlo así, pero era mejor decirle la verdad que seguir
engañándolo.

El rechazo es la cosa más horrenda por lo que podemos pasar. Desde muy jóvenes
pasamos por aquello y nadie habla sobre cómo poder sobrellevarlo, así que solo buscamos
un remplazo que nos ayude a calmar el dolor de un corazón roto.

Capítulo 42
Alessandra
Todo el día fue incómodo y silencioso. Alexander ni siquiera podía mirarme a la cara y lo
peor...¡NO ME BESÓ POR LA MAÑANA!

Él siempre se pone como un piojo por las mañanas, no me deja ir hasta llenarme de sus
besos, pero esta vez se levantó por la madrugada y se fue a correr con su gata.

Esa gatita ni siquiera puede caminar por ser muy bebé, pero él se la llevo entre sus brazos.

Claro, quiere abrazarla a ella, pero a mí me quiere lejos.

—Te veo muy alegre —Olivia dice con sarcasmo.

—Tuve una pelea con Alexander y el tonto no quiere verme a la cara —bufo, fingiendo que
no me afecta.

Olivia hace esa mueca de tristeza que tanto odio.

—Estoy bien —le entregó una copa —¿dónde está el cumpleañero?

—jugando con los columpios —Olivia dirige su mirada burlona hacia las afueras de la casa.

Preston es un hombre muy tierno, jamás le gustó ser duro y frío, él era todo lo contrario...
Era lo correcto. Pero Alenxander era diferente, todo lo contrario, era lo incorrecto.

Él tenía entre sus brazos a Ethan mientras le invitaba un helado de chocolate. No pude
evitar imaginarlo como padre, nuestros bebes serian lindos y tendrían la mirada gruñona de
su padre.

—Preston será un padre genial —Olivia suelta de repente, haciendo que la mire con
asombro.

Acaso ella está... No.

No lo puedo creer.

—¿Estás embarazada? —pregunto viendo como ella sonríe y deja su copa aún costado de
la mesa para luego llevar sus manos a su aún plano vientre.

—Preston no lo sabe, le diré esta noche —anuncia con ojitos de felicidad —. Será mamá,
Alessandra.

Mis ojos se humedecieron con su confesión, la atraigo hasta mí y la abrazo con fuerza. Será
una gran madre y Preston será un papá estupendo.

—Ese niño será el bebé más consentido de este mundo, yo le cumpliré cada uno de sus
caprichos —rio, limpiando sus pequeñas lágrimas de Olivia.

—Será todo un rompe corazones como su tía —expresó con una sonrisa hermosa.
Olivia se veía radiante, tan feliz y llenada de amor. Una parte mía sentía celos por lo que
estaba por venir para ella, tenía lo que tanto buscaba. Una vida sin problemas o miedos.

Alexander estaba dañado al igual que yo... Como pude pensar que dos personas dañadas
pueden curarse.

—Alessandra, tengo que pedirte algo —llamo mi atención mientras yo bebía de su copa.

—Te escucho.

—Preston no podrá vivir contigo, con esta noticia que le daré, yo necesito que esté a mi
lado en cada momento; por favor, no quiero que hagas un escándalo por no quererlo soltar.

Sus palabras fueron como si me tiraran un cuchillo al corazón, ¿Qué pasara con mis
planes? Pero no puedo ser egoísta, Preston merece tener una vida.

—Todos mis planes se están rompiendo —admito con el corazón dolido —. Me siento feliz
por ustedes y les deseo lo mejor, pero esto que estoy teniendo con Alexander es lo más
lindo y doloroso que puedo tener.

Olivia llevó sus manos a mis mejillas.

—Déjalo y múdate con nosotros —propuso, sería —. ¿Qué dices?

Estoy muda, que podía decirle.

Amaba con toda mi alma a Alexander, pero estos problemas cada vez se hacen más
grandes.

Quizás podemos darnos un tiempo.

—Tengo que pensarlo —suspiro cansada.

—Él te está consumiendo en un amor tóxico, ¿no lo ves? Siempre fue así —dicho eso, me
dejo sola en la mesa de preparativos.

Alexander cambio con el tiempo. Maduro más que yo y él quiere cosas que todavía no estoy
lista.

Finjo una sonrisa al ver a Adrien, recargado contra la pared.

—¿todo bien, hija? —cuestionó.

—Te diría que estoy bien, pero me conoces y sabes que no estoy nada bien —respondo
frustrada.

—Tener una relación es complicado y más si eres solo una niña.


—No soy una niña, pero Alexander quiere cosas que no quiero tener por ahora —me sirvo
otra copa.

Adrien me quita la copa de las manos y me abrazo con delicadeza, yo sentí mis ojos
humedecer ante su abrazo.

Odio llorar frente a otros, pero Alexander me está volviendo loca con su comportamiento.

Me siento tan confundida y asustada. No quiero fallarle a Alexander, no quiero romper sus
ilusiones como una tonta niña miedosa, pero donde queda mi vida, mis etapas por cumplir,
donde queda disfrutar la vida como una adolescente; saliendo a fiestas, conociendo a gente
nueva y cometiendo errores.

—Todo pasará, ese cavernícola no merece tus lágrimas, hija mía —murmuro con suavidad
—. Estoy seguro de que esto se arregla si hablan.

Yo niego la cabeza entre sollozos.

—No puedo, tengo miedo de formar algo con él y que luego no me guste y quería volver a
mi vida tranquila, sin ningún tipo de ataduras.

—A veces debemos confiar y ver qué pasa —murmuro acariciando de mi cabello.

Me sentía tan confundida, todo mi alrededor está avanzando mientras yo estoy estancada
en un lugar oscuro, donde todos mis monstruos me tienen cautiva.

—Tomaré tu consejo, padre —sonrió.

Casi nunca la llamo "papá" pero ahora me parece correcto hacerlo.

—No sabes cuánto esperado esto —besa mi frente con calidez —. No tomes más y límpiate
esa cara, que Preston te verá.

Asiento para dirigirme al baño, me lavo la cara unas tres veces, mi mirada se pierde en la
nada mientras recordaba todo por lo que pase con Alexander.

Pasamos más problemas que cualquier otra pareja.

Cuando lo conocí fue un mezquino por completo, pero con el tiempo empezamos a tener
algo y supe que ese mezquino podía convertirse en alguien que puede abrazarte toda la
noche y decirte que todo estará bien.

Salgo del baño como nueva, mis ojos se encuentra con unos ojos azulinos que conocía
perfectamente.

—Pablo y Clara —sonrió viéndolos —, no sabía que eran amigos.


Clara se sonroja como un tomate. Algo me oculta, pero dejaré que pase.

—Pablo me alegra verte y solo te diré una cosa —me acerco con una mirada amenazadora
—, daña a mi amiga y mato.

—No haré nada malo —prometió nervioso.

Yo lo miro con suficiencia para dirigir una mirada tierna a mi Clara.

—Mereces más, pero siempre supe que tenías malos gustos —dicho eso me voy en busca
de Preston.

Esos dos tienen un futuro asombroso.

Ambos son locos y delicados, tal para cual.

Al llegar veo a Preston, se columpiaba mientras sonreía como un niño pequeño.

—Que bella vista —rio viéndolos —. Mi hermano favorito.

Me manda un beso volado, riendo como un loco... Es asombroso que tan solo verlo feliz me
hace sentir bien conmigo misma.

—Todos sabemos que yo lo soy —Preston expresó seguro.

Río, tomando asiento en las hierbas. El sol era tan fuerte que temía en quemarme, pero le
hará bien a mi cabellera pelirroja.

—Eres una belleza —Preston se baja del juego, sentándose a mi costado.

—Lo sé, muchos me lo dicen —digo con arrogancia.

Soy hermosa y nadie puede negarlo.

—Rapunzel, mi madre no está nada bien y me pidió que no la visites más —Preston hablo
con tristeza.

Katherine es una madre fuerte, pero su cáncer solo está empeorando y la cirugía que le
hicieron solo nos regaló más tiempo con ella.

—¿No se recupera? —pregunto con un nudo en la garganta.

—Me temo que no —murmuro con la voz rota.

Preston sabía que este día llegaría y me dolía tanto verlo así en su cumpleaños.

—Quiere tener sus últimos momentos sola, sin nuestras miradas tristes. Le supliqué que me
deja estar con ella, pero se niega.
Colocó mi mano sobre la suya, dándole un leve apretón.

—No quiere verte sufrir... Seguro quiere irse con el recuerdo de nuestros rostros feliz y no
tristes —limpio una pequeña lágrima de Preston.

—Ella me dijo eso. Rapunzel eres lo único que me queda de familia y quiero que te cuides,
deja de meterte él líos... Ten una vida normal —me suplico con miedo de perderme.

—Trataré, pero te pido que no te preocupes tanto por mí y cuida a Olivia, es tu novia —le
doy pellizco su mejilla.

Pasamos toda la tarde jugando y hablando entre todos. Lizzie con sus momentos ICONIC
casi se rompe un brazo por estar jugando con Ethan, pero nada grave.

Olivia estuvo nerviosa casi toda la fiesta esperando el momento, yo pasé casi toda la tarde
bebiendo mientras miraba las parejas.

Pablo con Clara, Lizzie con Adrien y Olivia con Preston. Yo estaba sola como una tonta,
aunque tenía a Ethan.

Alexander fingió estar mal y se fue a la habitación a descansar. Jamás pensé sentirme tan
enojada, pero su tonto comportamiento me está sacando de mis casillas.

La fiesta acabó con éxito, Preston lloro de felicidad por todo lo que hice y cantamos el feliz
cumpleaños entre risas, luego le tiré todo el pastel en la cara.

Era una tradición hacerlo.

Olivia debe estar cenando con Preston y seguro que le dirá que será papá.

Ahora Estoy tirando la basura, cuando un carro se estaciona frente a mi casa. Mi corazón se
para al ver a Marco, lucia muy lindo con esa gran polera gris.

—Pensé que me invitarías —finge una sonrisa.

—Alexander no quiere verte y quería evitar peleas tontas —respondo luego de abrazarme a
mí misma.

Marco se acerca hasta mí para tomarme de las mejillas con suavidad, haciendo que
nuestras miradas se conecten y nuestros labios estaban tan cerca que podía sentir su
aliento sobre mis cálidos labios.

—Siempre serás mi primer amor y me duele saber que jamás podremos vernos por culpa
de tu tóxico novio —expreso, frustrado.

Su aliento tiene un ligero olor a alcohol, y eso explica este comportamiento de su parte.
¿Por qué somos tan complicados?

—Eres mi amigo y siempre te recordaré como tal, pero es hora que busque a una chica que
pueda amarte como te mereces. Olvídate del quizás de nosotros —le ruego apartándolo.

—Está bien, te olvidaré, pero si las cosas con ese hombre no resultan, yo vendre por ti —
contesto con voz rota.

Besa mis manos con amor para mirarme por última vez, caminando hacia su auto sin mirar
atrás.

Me quedo quita en segundo, pesando en mi vida y lo que buscaba. Alexander me hace


sentir como si estuviera lista para todo, pero solo me engaño a mi misma. Yo no quiero
casarme o tener bebés, bueno por ahora no era una opción, quizás con el tiempo quería
todo eso. Muchas personas no hablan sobre lo difícil que es la maternidad y lo preparada
que debes estar para soportar tal papel; los cambios, los miedos y la depresión de no volver
hacer esa persona que una vez fuiste.

Frente a la puerta de mi habitación, suspiro nerviosa y entro sin rodeos, total tengo que
descansar y no estoy para peleas.

Alexander estaba sin camisa, mirando por la ventana mientras fuma un cigarro. Siento como
mi cuerpo se tensa cuando dirige su mirada hacia mí.

—¿Qué hacías con Marco? —pregunto, tensando su mandíbula y puños.

Un frío recorre mi espalda al momento que se puso delante de mí, tomándome con su mano
mi mentón.

—Responde o asume las consecuencias —gruño, fulminándome con la mirada.

Si las miradas mataran, yo estaría muerta ahora mismo.

—Ahora quieres hablarme, vete a la mierd...—su boca me calla con enojo.

Sus besos eran intensos, llenos de celosos y enojo. Separa sus labios para mirarme con
seriedad.

—Alessandra dime que solo piensas en mí, que me deseas todo el tiempo... Dímelo, por
favor.

Él me pone contra la pared con enojo, haciendo que lo mire con sorpresa. Se implica,
cubriendo su boca con la mía y empuja su lengua entre mis labios.

Movió su mano hacia mi garganta dándole una leva apretón y profundizando el beso. Me
siento tan caliente con cada toque suyo. Jadeo en voz baja al momento que mordió
levemente mi labio inferior.
—Estoy tan celoso —murmura contra mis labios —, te ruego que me digas que nada
sucedió entre ustedes.

Me quedo callada, coloco mi mano en su pecho; su corazón latía con tanta rapidez que
temía por él.

Alexander me lleva hasta la cama, echándome sin nada de delicadeza. Estaba enojado y
con cada beso sentía su furia y deseo.

Me quito mi vestido, dejándome solo en ropa interior.

Él separa su cuerpo del mío para empezar a quitarse sus pantalones y con ello su ropa
interior, revelando su evidente erección.

Me agarro por los tobillos y me atrajo hacia él, haciéndome a costarme al medio de la cama.

Toda estaba a oscuras y lo único que nos alumbra era la luz de la luna y Alexander le hacía
ver irresistible bajo su luz.

Se inclinó trazando besos por mis piernas, muslos y abdomen.

—Te gusta volver loco —gruño besándome cada parte de mi cuerpo con anhelo.

Gimo con fuerza al sentir sus besos en mi zona necesitada, lamió mi pliegue con lentitud,
haciendo que lleve mis manos a su cabello, tirando de él.

Pasó su lengua contra mi clítoris y lo chupó, hinchándolo aún más de lo que ya estaba.

Levante mi rostro y lo observo mientras él hacía lo que quisiera conmigo.

—Alexander, yo...—estaba por decirle la verdad y calmar sus celos, pero un jadeo se
escapó de mis labios.

Su toque no era nada suave, era todo lo contrario.

Estaba por llegar al orgasmo cuando él detiene sus movimientos, dejándome a medias.

—¡No puedes hacerme esto! —protestó agitada.

Él agarró mis muñecas y las llevo sobre mi cabeza, se colocó encima mío, haciéndome
estremecer por completo.

—Tómalo como un castigo, amor —dejo besos por mi cuello —. Tú eres solo mía y yo soy
tuyo, no necesitas a ningún otro hombre que no sea yo.

Sonríe como malicia mientras me observa con detenimiento.


—¿Quieres probar algo nuevo? —pregunto.

—Estoy abierta para cualquier cosa —admito deseosa.

—Abre la boca —demanda, envolviendo su mano en su miembro.

Hago lo que dice y acerca un poco más para deslizar su punta a lo largo de mi lengua.

—Quédate quieta.

Lentamente empujó su miembro contra mi boca, con una mano en mi cabeza comenzó a
empujar sus caderas follando mi boca.

Antes que se viniera se quita aún costado, dejándome recuperar el aliento.

No pasó unos segundos que me atrajo hasta él para besarme como un loco, llevo mis
manos a su cuello, profundizando aún más el beso.

—Móntame —Exigió, esperando sus labios de los míos.

Colocó mis manos en sus hombros para empezar bajar, su punta tocó mi clítoris y bajé por
completo.

—Auch —jadeo sin aliento.

Alexander me besa mi frente y coloca mi cabello rojizo aún costado, dándole acceso a mi
delicada piel de mi cuello.

—Te amo tanto —anuncio dejando besos por mis pechos y cuello.

Empiezo a moverme con lentitud, sintiendo como su miembro palpitaba dentro de mí. Mis
movimientos se volvieron más rápidos al acostumbrarme a su tamaño.

—Sigue así, destripadora —me animo.

Siento como el primer orgasmo estaba por llegar, moviendo mis caderas con fuerza
mientras Alexander me ayudaba un poco.

Besó su cuello, laminado y succionando su piel... Seguro tendrá una marca, pero no era
nada importante.

Alexander acaricia mi espalda con suavidad, haciéndome experimentar el mejor orgasmo de


mi vida, al igual que él.

Ambos nos quedamos quietos, tratando de recuperar el aliento. Me echo aún costado,
acomodando mi cabello sudado aún costado.

—Sigo enojado —me atrajo así él, obligándome a levantarme —. Échate boca abajo.
Ordeno con seriedad e hice lo que ordeno sin protestar.

Me separa las rodillas y sin ningún pudor volvió entrar en mí. Me follaba duro, golpeando
con fuerza sus caderas detrás de mí mientras yo coloco mis manos en la cabecera de la
cama.

Me baja más la espalda, haciendo que tenga más acceso en mí, estira el brazo para
tocarme mis pechos y calvarme los dientes en el cuello.

—Ve despacio —le pido sin aliento.

Él baja la intensidad de sus movimientos, ahora eran lentos y suaves que hizo que mis
rodillas temblasen por el orgasmo.

Me suelta, dejándome recuperar el aliento.

—Ven aquí —me acerco a él, dejándome caer sobre su cuerpo.

Lo abrazo con fuerza, exhalando su rico aroma. Alexander me besa mi frente para luego
dormirse al igual que yo.

Después de un sexo tan intenso era obvio caer como unas rocas.

Capítulo 43
Como saber el momento o día que nos marcara por el resto de nuestras vidas.

Es fácil.

Comienza como un día normal para luego entornarse el peor y doloroso día.

Sangra, hubo mucha sangre...sangre de mi persona favorita.

No pude salvarlo, no pudimos salvarnos.

...

—¿Qué te parece este? —le enseñó un pequeño conjunto de bebé.

Alexander y yo hicimos una puesta sobre el género. Yo dije que será niña y él afirma que es
niño.

—Es un niño, no puede usar un vestido de flores —me regaño.

—Por favor —ruedo los ojos —. ¡Es una niña!


—¡Niño! —exclamó. Me quito el conjunto, guardándolo en su lugar respectivo.

Estas semanas fueron de mucha ayuda y la noticia del embarazo de Olivia hizo que
extrañamente Alexander se ponga más hormonal de lo normal. Quería tener sexo cada
minuto, su cabeza debe estar media mal, pero pienso que quiere dejarme preñada.

Como me estoy tomando enserio nuestra relación, ambos decidimos ir a terapia. Alexander
lo hacía presencial y yo tenía clases de autoayuda virtual con Robert.

Me siento mejor conmigo misma, ahora le doy el lugar que merece Alexander y no pienso
en ningún otro hombre.

—Controla tus hormonas, Alexander —le advierto.

—¿Yo? Tú siempre estás alterada con todo esto del embarazo de Olivia. Y hablando
enserio, no me imagino tú embarazada...serías un riesgo para la humanidad.

—Solo estará en tu imaginación, jamás podré tener bebés, así que cierra la boca —gruñón.

Alexander me observa con una sonrisa pícara, extiende sus brazos y me acorrala contra
una estantería de ropita de bebé.

—Una cosa es que sea complicado tener un bebé y otra no poder. Tú y yo, una cama y
vino...estoy seguro que un bebé tendrá que crearse en esa noche.

Mis mejillas se acaloran y mi mirada se pierde en la intensidad de la suya. ¿Crear un bebé?


Cada vez más demente.

—Te gusta el proceso de crear un bebé, ¿cierto?

—Como no tienes idea —ríe, robándome un corto beso.

Me gusta la tienda de ropa de bebés, todo están adorable y pequeño. Hay mujeres
embarazadas que observan con fascinación a mi novio, sí, mi novio.

Seguro se imaginan bebés de él.

—Deja de ponerte tan sentimental —me separo, entre risitas.

—Eres tan hermosa cuando sonríes —me pellizca mis cachetes.

—Tú eres muy ardiente cuando usas esas cafarenas —declaró sonriente.

Este hombre me pone emocional.

—Lo se, todo me queda estupendo —responde con arrogancia. Clásico de Alexander.

—Mejor ayúdame a escoger conjuntos —le ordeno.


Cuando Preston se enteró sobre el bebé casi se desmaya en pleno restaurante y Olivia tuvo
que pedir ayuda, pero cuando recuperó la conciencia empezó a gritar de la felicidad.
Preston está ilusionado con su bebé y siempre está al pendiente de Olivia, como debe ser.

Quiero conocer al bebé. Seguro será tan lindo como sus padres.

Al salir de la tienda de bebés, Alexander me invito a tomar algo. Mis ojos se abren como
plato con la vista que tenía en frente.

Marco y Dara, hablando muy sonrientes.

Algo no me cuadra con esto, pero no me siento celosa. Solo me sorprende esta pareja o lo
que sea que puedan ser.

Las manos de Alexander se posan en mi cintura, dándole una leve presión. Estaba enojado
y lo sentía en sus toques.

—Hola, Marco —llamo su atención.

Marco sonríe y me saluda de la misma manera, al contrario de Dara que me entrego una
mirada asesina.

—Te vez linda con ese vestido azul —sonríe, observando cada detalle mío —. Resalta tus
ojitos azules o verdes, no sé.

Ríe al igual que yo. Mis ojos son un poquito peculiares, pero me gusta, me gusta ser
diferente.

—Mmm —Alexander se quejó.

—Dara, ¿cómo estás? —le pregunto fingiendo una sonrisa amable.

Dara tiene su cabello rojizo recogido en una alta coleta y lleva un vestido pegado a su
cuerpo, color vino, resaltando sus labios del mismo color.

Lo admito las novias o ligues que tuvo Alexander fueron mujeres guapas y nadie podía
negarlo.

—Bien —responde cortante, dirige su mirada a Alexander y queda fija en un lado —. ¡¿Van
a tener un bebé?!

Su grito se escuchó en todo el pequeño restaurante y mis mejillas se acaloran al sentir las
miradas de gente entrometida.

—Eso no es tú problema y será mejor irnos —Alexander exclamó molesto.

Esta enojado. Odia la presencia tanto de Dara como la de Marco.


—¡Solo responde! —se levanta de su asiento —. Bebés y todo eso no queda con el
Alexander que conozco.

Yo y Marco los observamos con cara cansada, y decidimos contemplar mientras él me invita
su comida.

—Tú jamás llegaste a conocerme, Dara. Amo a mi novia y quiero pasar el resto de mi vida
con ella, sin problemas o novias resentidas, así que deja de joderme la vida y búscate aún
estúpido que aguante tu carácter de mierda.

Dara lo observa con tristeza, pero lo oculta con un rostro enojado.

—Alessandra te dejará como tu madre lo hizo y lo sabes, pero quieres amarrarle con
cualquier cosa...como embarazarla. Solo te diré una cosa, entre mas te aferres y trates de
mantenerla a tu lado, ella se ira, quieras o no.

Dicho eso tomó sus cosas y con la mirada le ordeno a Marco seguirle el paso y lo hizo sin
dudas.

Me levanto y sin saber qué puedo hacer. ¿Abrazarlo? ¿Decirle que siempre esté a su lado?

Alexander me agarra de la muñeca con cautela, sacándome del restaurante lo antes


posible. Al llegar al estacionamiento subterráneo del Mall, él con la mirada busca alguna
presencia de alguien y sin entenderlo ladeó la cabeza viéndolo preocupada.

Estaba por pedirle las llaves del auto cuando sus manos me atraen a su cuerpo y me besa
con furia.

Impactada me quedo como una piedra, sin mover ningún músculo y eso lo molesto. Sus
dientes tiraron de mi labio inferior, haciéndome reaccionar y seguirle el beso.

Me acorrala contra el auto, baja los tirantes de mi vestido, besando mis hombros y cuello
con anhelo.

—Esto no está bien —murmuro sin aliento.

Alexander estaba molesto, odia hablar sobre su pasado como yo y busca la forma de
quitarse ese enojo. De igual modo que yo lo hacía tiempo atrás. Solo quería olvidar todo y el
follar con cualquier hombre, me hacía bien y olvida mi triste vida.

Era lo único.

—Te necesito...—me besó la mandíbula y mejillas —. Eres lo único que me hace sentir
bien.

Él coloca mis manos al final de su cafarena, las coloca dentro y mis manos cobran vida
propia, acariciando su abdomen y pecho con lentitud.
Alexander deja caer su cabeza en mi hombro y suspira con profundidad.

—Adoro tus caricias —confesó, atrapando mis labios.

Apretó uno de mis pechos sin pudor. Jadeo al sentir su erección contra mi, él movió
levemente sus caderas, haciéndome sentirlo y desearlo tenerlo dentro de mi.

—Hazlo, rápido —le pido cerrando los ojos.

Quería hacerlo y pensé que sentía lo mismo. Me lleve una sorpresa cuando separo su
cuerpo del mío y me besó con calidez.

—No quiero hacerlo, no mereces esto —coloco su gran mano en mi mejilla, acariciando con
suavidad —esta noche, en tu cama...te haré el amor sin parar y luego te haré saber lo
mucho que te amo.

Una sonrisa se me escapa y asiento con emoción. Esta noche será inolvidable.

—Me gusta la idea, destripador —rio al ver su rostro sonrojado.

—Te amo, destripadora.

Subimos al auto, y cuando lo prendió listo para arrancar siento un disgusto en mi estómago.
Le agarro el brazo a Alexander, deteniéndolo enseguida.

—Quiero vomitar —llevo mi mano a mi boca, siento las asquerosas náuseas.

Él me examinó mi rostro, colocando su cálida mano en mi frente. Con una mirada


preocupada, suspira pesante.

—Vamos al hospital. Tu cara esta pálida y no me agrada esto —da una leve presión a mi
estomago tenso —. Te llevare.

Niego la cabeza en forma de protesta.

—No, seguro solo me cayó mal algo —quito sus manos —. Llévame a casa.

—No.

—¡Entonces me voy caminado! —exclamó quitándome el cinturón de seguridad, pero en


medio camino Alexander me lo vuelve a poner —. ¡Suelta!

—¡Te portas como una niña! —me observo con intensidad.

—Joder, no soy una niña —reprochó, viéndolo con la misma intensidad.


—Entonces vamos al hospital o déjame llamar aún médico —hablo con calma. Su mano
acaricia mi cabello con cariño y siento como mi enojo empieza a irse con tan solo una
caricia suya —. Por favor, déjame cuidarte.

Sus palabras me hicieron ponerme muy nerviosa. Él me pone nerviosa, siempre fue así, con
una sola mirada suya sentía algo extraño en mi estómago.

Aunque todo comenzó como algo secreto, ya que era mi cuñado y yo su cuñada, ambos no
pudimos evitar sentirnos atraídos el uno por el otro y empezar a tener momentos donde
cometíamos errores y pecados sin parar. Estaba mal haber pasado todas esas noches con
Alexander, pero ningún romance es perfecto y nadie podía juzgarnos por habernos
enamorado.

—Ok, mañana podemos ir al médico, solo que esta noche quiero pasarla contigo —coloco
una carita suplicando y veo como su mirada firme empieza a flaquear.

—Está bien, tú ganas —gruño, rindiéndose ante mis suplicas.

....

Bajamos la ropita de bebé del auto y nos sentamos un rato en el sofá. Exhaustos por
caminar tanto y todo por la buscada del conjunto perfecto.

—¿Nos tomamos una ducha? —le pregunto jugueteando con su cabello.

Sus ojos se iluminan al escuchar mis palabras, con rapidez me agarra de los muslos y me
carga entre sus fuertes brazos.

—Jamás lo dudes, amor.

Suspiro cuando me desabrocha el sostén con lentitud, sin aparta su mirada de la mía, solo
observaba el deseo en ellos. Y quería hacer tantas cosas ahora, pero todo a su tiempo.

—Entra a la tina, destripadora —ordena.

En el momento que el agua caliente tocó mi piel, dejó escapar un gemido. El agua cubría
hasta mis pechos, haciéndome cerrar mis ojos y dejo que el placer de un baño caliente me
lleve a otro lugar, un lugar feliz donde no tenía un pasado malo, un lugar donde podría
casarme con Alexander y vivir juntos por siempre.

Alexander empezó a desabrocharse la camisa, despojándose de ella. Dejando la mejor vista


de su trabajo abdomen.

Su cuerpo es capaz de hipnotizar a cualquier chica. Era glorioso, lleno de músculos,


tonificado, pálido e increíblemente apetitoso.

Y todo era mío.


Al quitarse toda la ropa, se mete en el agua. Volteo la cabeza al sentir su mirada intensa.
Hace que me tiemble el cuerpo.

—Me gusta verte sonrojada —dijo.

Colocó champú en mi cuero cabelludo, empezando a masajear mi cabello con suavidad.

—Eres tan linda —murmuró mientras con sus dedos masajeaba mi cabello. Lo hacía con
tanto esmero que una sonrisa se me escapa —. ¿Dejarás de mirarme así?

Su voz me sacó de mi mundo.

—¿Cómo así?

—Como si quisieras hacerme cosas sucias —me besa el cuello —. Me alegra tenerte a mi
lado, ¿siempre estaremos juntos, Alessandra?

—Por siempre —Le doy un tierno beso en el cuello, haciendo que cierre sus ojos al
momento de sentir mis labios.

Llevo mis brazos a sus hombros y lo atraigo hacia mí y dándome un mejor acceso para
besarlo como quiera.

Bajo mis besos a su pecho, sintiendo como sus músculos se tensaban y un pequeño jadeo
escapara de los labios de Alexander.

Con mis dedos trazo un camino desde sus abdominales para ir bajando hacia su zona
necesita. Cuando estaba por tocarlo, la fuerte mano de Alexander me detiene.

—Para o haré algo muy malo —ordeno, observándome con lujuria.

Una sonrisa maliciosa se dibuja en mi rostro.

—¿Qué harías ahora? —cuestionó.

Me rodeo con sus fuertes brazos. Mi corazón empezó a latir desesperado. Mis pechos están
presionados contra su pecho y era tan excitante sentirlo así.

—Te pondría contra la baña y pasaría mi lengua por toda tu espalda, luego te penetraría por
detrás. Sin parar, lo haría sin tomar ningún descansado y cuando estés lo suficientemente
adolorida te voltearía frente a mí, pero esta vez te haría venir con mis dedos.

Mis mejillas están encendidas y el deseo de hacerlo me estaba volviendo loca.

—No tengo palabras —respondo sin aliento.

Nos quedamos viéndonos un buen rato, debatiendo si hacerlo ahora o esperar. Es una
decisión difícil, soy joven y tengo más necesidades que pueda tener Alexander.
—Será mejor salir —anunció, apartando la mirada.

—Está tensión sexual me está matando —comentó apartándome de su cuerpo perfecto —.


Esta noche lo haremos, ¿cierto?

Besa mi frente y luego mis mejillas con cariño.

—Toda la noche, así que descansa un poco.

—Claro.

....

Me levanto de golpe al escuchar el sonido de la puerta. Era las 8:00pm y estaba durmiendo
como un bebé, hasta que me interrumpieron. ¿Acaso no puedo dormir en paz? Creo que el
mundo congenia en mi contra.

¿Muy paranoico?

Suelto un bostezo, buscando con la mirada adormilada a Alexander. Seguro salió por
trabajo o algo parecido.

Me levanto con pereza. Al bajar las escaleras, camino hacia llegar a la puerta y al abrir una
sonrisa se me escapa.

Preston.

—Hola, Rapunzel —me saluda con dulzura.

—Pasa, hermanito querido —rio dándole espacio para entrar.

Tomo asiento en el pequeño espacio de la gran ventana, que dejaba a la vista ese horrible
edifico abandonado.

—¿Cómo está Olivia? —pregunto viéndolo buscar comida.

—Bien, tiene náuseas todo el tiempo, pero siempre lo lleva de la mejor manera. Dice que el
bebé será tan enojón como ella y entre los dos, creo que será así.

Ambos reímos al imaginar un bebé con el carácter de Olivia, ella es un poquito dramática.
Aún me acuerdo cuando se enojó por una semana por no haberla saludado con un beso en
la mejilla y me envío muchos mensajes dolida, diciendo que no le presto la atención
necesaria.

—Debemos empezar a planear cositas para el bebé —digo con ilusión —. Hacer un viaje,
una lluvia de regalos o una fiesta de revelación de género.
Preston y Olivia no quieran saber el género y como la acosadora que soy, siempre estoy
insistiendo para hacerlo, ya que es mejor saber para poder estar preparados.

Como digo: el saber es poder.

—Cuantas veces te diremos que, no, Olivia quiere sorprenderse en pleno parto.

—¿Lo hará natural o cesárea? —pregunto con curiosidad.

Yo tengo pánico dar a luz aún bebé...están complicado y doloroso.

—Natural, me sorprende su valor, Olivia es bien miedosa y odia sentir cualquier tipo de
dolor —ríe, tomando asiento en las sillas giratorias.

—Lo bueno que saldrá muy guapo —es toda la verdad. Ese bebé tendrá una buena
genética.

—Sí estuvieras embarazada de una niña, puede que mi bebé se enamore de tu hijita —soltó
con emoción —. ¿Te imaginas? Sería muy lindo o pueden ser amigos, eso lo verá el
destino.

—Estas diciendo que tú bebé es un niño —chillo con emoción.

—Tengo el presentimiento que sí.

—Yo ganare la puesta...te lo juro —digo segura.

Así pasamos hablando sobre todas las fiestas que estaba planeando para el bebé.

...

Preston se fue a la cocina a prepararme algo, yo suspiro feliz y llena de esperanza. Mi


hermano es feliz y tiene una vida llena de cosas hermosa y espero que pueda cumplir cada
uno de sus sueños, tal como yo lo haré. Estoy segura que algo bueno vendrá para mi.

Después de la tormenta vine el arcoíris, ¿cierto?

Preston apareció un un gran plato: huevos con tocino. Rico, aunque mi sonrisa no duró
mucho.

Todo transcurrió rápido.

Ajena de que puse mi vida en bandeja de oro.

Tenía que haberlo sospechado. Yo debí protegerlo como él lo hizo conmigo.

—¡Rapunzel, no te muevas! —él gritó desde la puerta de la cocina y con velocidad única
corrió hacia mí. Tirando el plato al suelo.
No comprendí su advertencia, hasta cuando me empujó lejos de la gran ventana. Caigo
rendía al suelo y con shock contemplo mi peor miedo volverse realidad.

Preston, Alexander, Pablo y mis amigas siempre tuvieron una extraña sensación de peligro
a ese edifico abandonado. Como la niña tonta, ignore sus advertencias y lo peor es que
tuvieron razón.

Un grito de horror salió de mis labios al contemplar a Preston inconsciente en el suelo. Con
mi corazón roto me acerco, colocando mi palma en su pecho herido.

Sangre, mucha sangre.

Estoy segura que esto es la venganza de los socios del padre de Alexander. Jamás lo tome
tanta atención, pero ahora estoy sufriendo las consecuencias.

Alguien estuvo preparando esto y nos atacó desde lo alto con un francotirador. ¡Joder, esto
no es verdad!

—¡Preston, no te mueras! ¡Despierta! —le ruego entre lágrimas.

No podía respirar, no podía perderlo...es mi hermano, es mi hermanito que me acunó en su


pecho y me prometió tantas cosas.

Este no podía ser nuestra final.

—Por favor, no mueras. Todavía tienes que conocer a tu bebé —murmuro acariciando su
mejilla.

Los ojos de Preston se abren ligeramente y su débil mano se posa en mi mejilla.

Lágrimas pequeñas bajan por su mejilla mientras trata de buscar la fuerza para hablar.

—cuida a Olivia, por favor. Dile que siempre fue ella. Jamás olvidaré la noche que bailamos
bajo ese tonto puente, ella tan perfecta y linda, yo no la merecía, pero a veces los deseos
se cumplen. No podré darle ese para siempre que ambos nos prometimos, pero la cuidaré
desde lo más alto —niego la cabeza. No podía dejarlo ir —. ¿Te acuerdas de nuestra
promesa?

...

—siempre estaré para protegerte, Rapunzel —me prometió cepillando con dulzura mi
cabello.

Mis ojitos están rojos por tanto llorar. Solo era una niña, quería a mi mamá, quería su
afecto, pero jamás estuvo para mi.

—¿lo prometes?
—Tienes mi palabra, hermanita.

...

—Como olvidaría tal cosa —sollozo, acunando su rostro en mi pecho.

—La cumplí, rapunzel...yo lo hice —sollozo aferrando su mano donde yo hacía presión en
su herida —. Prométeme que esto no arruina tu vida.

No tenía voz, no podía prometer algo que jamás podré cumplir.

—promételo —volvió a hablar, sus ojos están cerrándose cada vez más y su respiración se
volvía entrecortada con los minutos —. ¿Puedo pedirte un favor?

Yo asiento sin aire, lágrimas salían sin parar y mi cuerpo no podía parar de temblar del
miedo.

Como humanos jamás podremos superar la muerte de un ser querido y más sí estamos
presentes.

—Abrázame...tengo miedo —sollozo, escondiendo su rostro entre mis brazos.

Lo abrazo con fuerza.

—Todo estará bien. Prometo cuidar a Olivia y muchas gracias por cuidarme, fuiste y serás
el mejor hermano que pude tener, jamás podré olvidar tu linda carita y tus malos chiste.
Eres mi todo, Preston.

Entonces llegó el peor momento.

Su respiración paro y su cuerpo se volvió más ligero. Gritó con fuerza mientras cerraba mis
ojos y rogaba que todo este fuera un sueño.

Entre mis brazos el cuerpo sin vida de mi hermano descansaba.

El miedo de sentir todo ese dolor se apoderó de mi pecho y el aire empezó a faltarme. No
podía, no quería sufrir.

No era capaz de enfrentar tal dolor.

Desde niña viva en un oscuro túnel sin salida, no había ninguna salida o rastro de luz, pero
cuando Preston entró a mi vida supe que tenía redención y la luz se hizo presente en mi
vida.

Tenía esperanza, esperanza de no volver a caer a ese túnel sin salida, donde mis
monstruos me tenían prisionera.
La puerta se abre de golpe y la figura de Alexander con un hombre desconocido se hace
presente.

—Alessandra...—murmuro viéndome.

Mis manos, mejillas y cuello están planchadas de sangre y todo mi rostro estaba rojo de
tanto llorar mientras con todas las fuerzas me aferraba a Preston.

Él volverá, yo lo sé.

Intenta acercarse, pero con mis pies niego su paso.

—Déjame ayudarte —pido observándome —. ¿Puedo ayudar a Preston?

Niego la cabeza.

No podía hablar o mirarle la cara sin sentir náuseas.

—¡Tú, ven y examina el cuerpo de su hermano! —Alexander gritó al hombre desconocido,


este estaba impacto por la escena que estuvo unos minutos observando sin comprender —.
Suéltalo.

Sollozo, negándome.

—Preston murió y debes dejarlo ir —Sus palabras me rompieron el corazón.

Todo mi mundo se vino abajo y solo podía ver los labios de Alexander moverse más no
escucharlo, no quería sentir este dolor, no podría superarlo.

—Preston...—murmuro con el corazón roto.

Las manos de Alexander me separaron de Preston y me abrazo con fuerzas, aunque no


pude mover ningún músculo.

No sentía mi cuerpo, no sentía nada.

¿Qué sentido tiene mi vida? Preston estaba muerto, mi familia me arruino por completo...no
tenía nada. No quería vivir más.

Quiero irme.

Recostada en el suelo observo como Alexander habla con aquel hombre desconocido.

Alexander se acerca hasta mí, acariciando mi espalda en busca de alguna reacción mía.

—Mi mano derecha se encarga de llevarlo y prepararlo para un funeral digno —sus
palabras solo me destruyeron aún más —. Por favor háblame. Siento que estás muerta.
Y lo estoy.

Me levanta con sumo cuidado del suelo, poniéndome de pie; lágrimas caían de apoco por
mis mejillas y siento como pasa su pulgar, limpiando mis mejillas.

—La pérdida de un hermano es el peor dolor y más si estás presente. Yo te entiendo, pero
debes sentir el dolor o este te consumirá, Alessandra —anunció, tomándome de los
hombros.

—¡No! ¡No puedo!

No podía, no quería sentir esto.

Niego con la cabeza apartándome de Alexander, camino en círculos y sin tolerar el dolor
caigo al suelo.

—¡No quiero sentirlo! ¡No puedo! —gritó, siento cada vez menos aire.

—Tienes que hacerlo —me ordeno observando quebrarme. No podía, no quería dejarlo ir.

—Preston...—sollozo.

Me aferro al pecho de Alexander como si mi vida dependiera de ello. Quería quitarme este
dolor, pero aun llorando no desaparecía, las imaginas de Preston muerto venían con
frecuencia a mi cabeza.

—Vas a estar bien. Vas a superarlo —me prometió abrazando con una calidez que solo él
podía brindarme.

No lo soporte y me desmayé en sus brazos.

Esto debe ser un mal sueño y pronto despertare.

Capítulo 44
Alexander

—¡¿Dónde está?! —Adrien pregunta alterado.

Clamar a Alessandra fue difícil y doloroso para mí, pero ahora me siento estresado con
todos: Lizzie habla sin parar sobre lo ocurrido, Adrien pide ver a su hija y la amiga rubia de
Alessandra no para de llorar.

—¡Basta! —grito, callándolos de una buena vez —. Alessandra está descansando y


agradecería que todos se fueran.

Entiendo que buscan ayudar a Alessandra, pero ahora nadie puede quitarle su dolor y su
comportamiento alterado solo la pondrá peor.
—Es mi hija y me la llevaré conmigo —Adrien me golpeo el pecho con su dedo índice —.
¿Lo entiendes?

—Como si me importa, yo solo quiero el bienestar de mi novia —hablo sin rodeos.

Adrien suelta una risa amarga, mirándome con enojo.

—¿Su bienestar? Cuando se levante y vea tu rostro recordará que tu familia le arrebató su
hermano, ¿estás seguro de que podrás aguantar eso? Ella no soporta estar aquí y será
mejor llevarla a otro país. Que haga una nueva vida.

Sus palabras fueron como una inyección que contenía miedo, enojo y culpa. No quiero
lastimarla más, pero tampoco quiero soltarla, no puedo dejarla ir a otro país.

No soportaría su abandono.

Lo amo y estoy seguro de que puedo ayudarla con su dolor o puedo enseñarle a vivir con él.
Tal como lo hago yo.

—No. Usted no tiene ese derecho, ella es mayor de edad y puede tomar sus propias
decisiones —digo, con ojos llorosos.

—Tú sabes que ella se iría. No quiero dañarte más, Alexander, pero por lo menos dale un
año para sanar, un año para que ambos puedan extrañarse y ver todo con claridad, y si ese
amor que se prometen es cierto, ambos volverán a unirse.

Tenso la mandíbula, bajando la mirada. El amor me hizo patético, ahora frente a todos los
familiares de Alessandra me estoy derrumbando.

Esos miedos que siempre oculte con todas mis fuerzas, ella los estaba haciendo reales.

Miedo a volver a estar solo, miedo a volver a sentirme miserable, miedo de tener que verme
al espejo y sentirme insuficiente para alguien. Todo se estaba haciendo real de poco.

Estaba seguro de la decisión de Alessandra, pero la esperanza de escuchar lo que tanto


desea era poca. Lo conozco lo suficiente por desgracia.

—Señor, es mejor irnos. Mañana será el funeral de Preston y podrán hablar de esto —la
rubia habló, levantándose.

—Sí, es mejor irnos —Lizzie suspiro cansada —. Cuida a mi niña, por favor.

Solo asiento, tapando mi rostro con mis manos. No quería verlos más.

Escuchar la puerta, cerrarse me hizo respirar con normalidad y sentir las tontas lágrimas
aparecer.
¿Irse a otro país? Solo escucharlo me aterra.

Amar es difícil, si me lo pregunta yo no pensaba que dolería tanto amar. En los cuentos todo
es fácil y sencillo, nos pintan eso, lo cual es algo tonto, ya que empezamos a buscar algo
irreal, no quiero sonar mal, pero esa es la verdad. Si estás dispuesta o dispuesto amar a
una persona debes saber que debes estar en las buenas y en las malas, no dejarla en los
momentos malos porque eso no es amar, es todo menos eso, yo amo a Alessandra y
quizás deba dejar ir.

Es por su bien.

Me levanto del sofá y camino hacia la habitación, donde Alessandra descansaba. Una
pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro al verla. Es perfecta, es mi amor y haría cualquier
cosa por ella; mataría, me culparía por sus errores y... La esperaría.

Me coloco frente a ella, acariciando su largo cabello pelirrojo. Sus mejillas están rojas de
tanto llorar y sus manos abrazaban una polera desgastada de Preston.

Después de su desmayo se levantó gritando, trate de ayudarla, mas me cerró la puerta de


su cuarto en mi cara y pido que le dejara sola.

Lo cual acepte.

—Soy egoísta, pero no puedo serlo contigo, destripadora... Y-o te dejaré ir y esto me
destrozará en mil pedazos, pero cuando amas a una persona busca su bienestar y yo
quiero verte feliz, quiero verte sin toda esa carga de tu pasado.

Dejo caer mi rostro en el pequeño espacio que dejaba Alessandra en la cama, lloré y sentí
ganas de retroceder el tiempo y cambiar todo. No quería conocer a Natalia, no, yo tomaría
un vuelo de Alemania a Canadá e iría en busca de Alessandra, la conquistaría como se
merece, cumpliría cada capricho suyo; la abrazaría en sus peores momentos y le
aseguraría que estaría a su lado por siempre.

Tantos sueños tenia y ninguno puedo hacerse realidad.

Un sollozo se me escapa, mis ojos se abren como plato al sentir los brazos de Alessandra
abrazarme con fuerza mientras murmura.

—Que sucede, ¿por qué estás llorando? —murmuro en voz baja —. Lo siento, no quiero
que sientas culpa por esto, Alexander. Te amo mucho y no quiero verte así.

Sus palabras me llegaron hasta el corazón, pero aun así no podía quitarme las palabras de
Adrien.

Me separo de ella, limpiando mis lágrimas con rapidez. No quiero verme más patético.

—No me hagas caso, solo tuve un momento emocional —digo, apartando la mirada.
—Es normal llorar, y si me dices que los hombres no lloran te tiraré un golpe en tus bolas...
Eso es estúpido y no tolero esos estereotipos.

Una risa se me escapa llenándome de alegría. Alessandra y su comportamiento agresivo es


tan tierno.

—¿Cómo estás? —le pregunto.

Su mirada se pierde en la nada y sus puños aprietan la polera de Preston.

—Quiero irme con Preston... Todo sería más fácil si hubiera muerto yo —bajo la mirada,
apretando aún más la polera —. Él estaba esperando un hijo y por salvarme ese pobre bebé
no tendrá un padre, es mi culpa.

Colocó mi mano sobre la suya, obligándole a soltar la polera, ella la suelta llorando
nuevamente. Sus manos temblorosas viajan a su boca, tapándola entre sollozos.

Me siento en la cama, la atraigo a mí y la abrazo con fuerzas mientras acaricio su cabello


con sumo cuidado de lastimarla.

—Sé que duele, pero debes entender que esto no es tu culpa, él entregó su vida porque te
amaba y siempre lo hará —le doy un pequeño beso en la frente —. Eso hacemos los
hermanos mayores.

—Es que duele, duele mucho —hundió su rostro en mi pecho. Llorando desconsolada.

—Tranquila, no te dejaré sola.

...

Alessandra

Suspiro reuniendo fuerzas. Entrar a la casa de Preston fue lo más doloroso que puede
hacer y ver a nuestro perrito me rompió el corazón, el lucia confundido y triste por la
desaparición de Preston.

Me lo tendré que llevar al funeral y será mejor llevarlo a mi casa.

Katherine se enteró de su muerte de su hijo por mí y me suplico que la dejase unos minutos
sola.

—Lo extrañas, ¿verdad? –le acaricio la pancita a Domik –. Nos hará mucha.

Una pequeña lágrima bajo por mi mejilla, recordando la imagen sin vida de Preston. El
funeral se hará a las doce de la mañana y siendo las diez y cuarenta, Olivia no contesta
ninguna llamada.
Clara me llamo esta mañana, diciendo que hablo con Olivia sobre Preston y al contarle la
terrible noticia ella le corto la llamada y no supimos más de ella.

Escucho el llamado de Katherine y sin esperar me levanto del suelo, caminando hacia su
habitación.

Al entrar la veo sentada en su cama, entre sus manos traía una foto de Preston pequeño.
Su apariencia era adorable, a pesar de no tener la mejor ropa y tener su peso ideal para su
edad, lucia feliz y lleno de amor.

—Él siempre fue tan bondadoso con todo mundo, ayudaba a gente desconocida; regalando
comida que ni siquiera tenía para sí mismo —Katherine hablo con tristeza.

Me siento a su lado, dejando caer mi cabeza sobre su hombro.

—Preston siempre vio lo bueno del mundo y nunca le importó el dinero o lucir ropa de
marca...solo le importaba su familia —confesé.

Katherine lloro, lloro en voz baja; sintiendo el peor dolor del mundo. Perder a su hijo, ese
dolor jamás podrá irse de uno y solo nos queda sobrevivir con él.

—¿Por qué la gente buena le pasa esto? —pregunto entre sollozos —. ¡Qué clase de Dios
se lleva aún chico que tiene una vida por delante! Violadores viven sin tener ningún castigo
y mi hijo sin cometer ningún delito muere...es injusto.

Bajo la mirada y la culpa empezó a consumirme.

—Cuanto lo siento, esto es mi culpa —me disculpo.

Niega la cabeza.

—Eras su todo de Preston y nunca puede entender el gran amor que tuvo por ti, desde que
llegaste a esta casa te volviste su todo, Alessandra. Si la historia hubiera sido diferente
estoy segura que Preston hubiera cometido una loca contra su vida.

Me abrazo con calidez y por alguna razón extraña Katherine puso la palma de su mano en
mi estómago.

—Dios mío, ¿cuándo me ibas a decir que estás embarazada? —pregunto sorprendida.

Mi boca y ojos salieron de su órbita y las ganas de vomitar aparecieron con velocidad.
¿Embarazada?, ¿yo? No, eso no es verdad.

Si lo estuviera lo supiera y no siento nada.

—Katherine, no estoy embarazada —le aclaro. Es una persona de edad y puedo


comprenderla.
—No me tomes por una loca. Estás embarazada, lo siento y solo viéndote se nota —
informo, tomando mi rostro entre sus manos —. Solo mira esos ojitos brillantes y estás más
linda...Seguro será un niño; como decía mi madre: las niñas te roban un poco de belleza
mientras los niños te mantienen linda.

Qué carajo.

—Yo no puedo tener bebés, es muy improbable que pase.

—Pues pasó —indicó —. Si es niña llámala como yo. Quiero irme de este mundo sabiendo
que una hermosa niña tendrá mi nombre.

Un bebé...un irritante y molesto bebé. No puedo ser posible, pero si hablamos de todas las
veces que tuve sexo salvaje con Alexander sin protección, cabe la posibilidad de estar
embarazada.

Soy muy joven para tener un bebé, ni siquiera me encuentro mentalmente bien.

—Es hora de irnos —me levanto con molestias en mi vientre.

Es mejor no hablar del tema.

—Claro, pero antes quiero entregarte esto —en su pequeña mesa de noche saco una carta
—. Preston la escribo por si algo malo le sucedía.

Lo sostengo con mis manos temblorosas y la guardo en mi pequeño bolso negro. Ahora no
es el momento de leerla.

—Gracias —me muerdo el labio, tratando de contener el llanto.

Muchas cosas están pasando por mi vida y todas son para mal, ¿por qué no puedo tener
algo bueno? Quiero tener esa vida perfecta que en muchas películas hay. Pero me tocó una
donde todo es imperfecto, donde sufrimos y reímos, porque eso es la vida. Es imperfecta.

...

Tiro una rosa roja a su ataúd mientras sollozaba. No podía dejarlo, no soportaba la idea de
pasar mi vida sin él.

Lo extrañaré todos los días y cada día será una tortura al saber que no podrá estar
conmigo.

Cuanto te extraño, Preston.

—¿Algunas palabras de algún familiar? —el padre nos pregunta.

Nos miramos entre todos: Clara vino de la mano con Pablo, Adrien y Lizzie juntó mi
hermanito Ethan; el tiro una pequeña rosa y un dibujo de él con Preston.
Olivia no apareció, le revente el celular y nada. Pero conociéndola estoy seguro que tomo el
primer vuelo a cualquier lugar e irse con su bebé. Ella no soporta las despedidas.

—Yo. —me ofrezco, limpiando mis lágrimas —Preston, si hubiera sabido que ese sería
nuestro último encuentro..y-o...te hubiera abrazado con más fuerza, cuando quisiera volver
a escuchar tu voz , volver abrazarte y escuchar tus chistes malos. Esta es tu despedida
hermanito y con esto te llevaste un pedazo mío, nada volverá hacer lo mismo sin ti, pero el
cielo es afortunado de tenerte, ahora es mucho más bonito.

Mis piernas flaquearon y los firmes brazos de Alexander me sostuvieron.

—Te tengo —murmuro, abrazándome por la espalda.

—En este día damos despedida a un hijo, un hermano, un amigo; un padre. Señor
escúchame que te llamo; ten piedad, respóndeme. Tu rostro buscare, Señor; no me
escondas tu rostro...

El padre recitó tus palabras, pero toda mi atención estaba en como de a pocos bajaban el
ataúd de Preston, no, no. Yo no puedo.

—Necesito irme —le pido a Alexander, sin poder sentir el aire en mis pulmones.

—Claro, cariño —entrelazó su gran mano con la mía, llevándome a cualquier otro lugar.

Caminos en silencio por todo el cementerio, observando las pocas personas que venían a
limpiar el altar de sus seres queridos. ¿Cómo pueden olvidarlos?, ¿cómo hay gente que
olvida sus seres queridos? Dejándolos en la suciedad y con la esperanza de volver hacer
recordaba.

Levanto la mirada hacia el cielo, brilla como nunca y un sollozo sale de mis labios mientras
pedía fuerzas para seguir, fuerzas para levantarme por las mañanas, fuerzas para no
sentirme tan culpable. Quería no sentir esto.

—Olivia debe estar odiándome —hablo, rompiendo el silencio.

—No es tú culpa esto, Alessandra —volvió a repetirlo, pero aun así la culpa no desaparece
—. Él está en paz y estoy seguro que no desea verte así.

—¡¿Cómo quieres que esté?! —exclamó, viéndolo —. Falleció y estuve presente...no es


fácil superarlo.

Alexander suspiro y me agarro las manos, nuestras miradas se encontraron; dando por
hecho lo que estaba por decir.

—Debemos terminar, lo nuestro jamás tuvo que ser y estas mal mentalmente, yo también lo
estoy...no podemos ayudarnos estando así. Debo dejarte ir, Alessandra.
Mis labios se abren ligeramente, con las palabras atascadas en la garganta, retrocedo tres
pasos atrás. No, él no puede dejarme ahora, ¿es una broma?

—Esto es una broma, ¿verdad? —le pregunto, sintiendo ese dolor en el corazón que solo él
podía provocarlo.

—Te amo, pero es momento de soltarte —confesó con los ojos cristalinos —. Seamos unos
extraños, por favor.

Niego con la cabeza, no acepto esto. Yo me enamore y él me prometido tantas cosas a


futuro. No es justo ilusionarme y no cumplir.

No es justo.

Mi mano presiona mi vientre al sentir un pinchazo, pero lo ignoro, aun sabiendo lo que llevo
dentro de mí.

—Tú y yo hicimos una promesa, ¿te acuerdas? «por siempre y para siempre» ...no puedo
creer que la estés rompiendo justó ahora —me acerco, enfrentándolo entre lágrimas —.
Prometiste nunca hacerme daño y lo hiciste. Te odio, odio que me hayas echo amarte, pero
sobre todo odio haber confiado en ti.

Él trató de acariciar mi mejilla, lo aparte de un golpe; observando con un terrible dolor.

No, no puedo dejarlo.

—Alexander, si te pedirá que te quedas conmigo lo harías —le pregunto.

—Te amo, te amo más que mi propia vida y lamento hacer esto; jamás quise romper mis
promesas, pero es mejor dejarte...necesitas sanar y te daré ese tiempo, porque te amo lo
haré. Siempre serás mi único amor y no podré desaparecer eso. Quizás con el tiempo
volvamos a vernos y espero verte con una sonrisa, no importa si alguien que no soy yo te la
ponga. Está bien, yo estaré bien porque sabré que me amaste. No terminaremos de escribir
nuestra historia juntos, pero espero por lo menos darte un adiós digno.

Su mano cálida acaricio mi cabello con amor, se agacho y me besó con lentitud; iniciando y
terminando nuestro amor. Lágrimas bajaron por mis mejillas, al igual que él, rogando por
volver a estar juntos.

Nos separamos y ambos nos abrazamos como nunca. Él se iría por su camino y yo haría el
mío, aun sabiendo que llevaba un pedacito de nuestro amor en mí.

Es lo mejor, es mejor que no lo sepa.

—Adiós, Alexander.

—Adiós, Destripadora.
...

Y eso hice.

Ese mismo día le tomé el primer avión a cualquier lugar con mi familia y observando el cielo
por la ventana del avión recordé las palabras escritas en esa carta de Preston.

Flashback

«Quizás cuando leas esto, yo no estaré contigo, no estaré presente para abrazarte y
cuidarte, pero con esta carta quiero traerte un poco de paz, haciéndote saber que tú no eres
culpable de esto, no eres culpable de mi partida. Escribiendo esto pido disculpas por no
poder cumplir nuestros planes; yo también estoy triste por no poder quedarme contigo hasta
que seamos ancianos o poder conocer una pequeña versión tuya, pero lo que más me
duele es saber que nunca podré verte con un gran y esplendido vestido blanco, deseaba
tanto ser la persona en entregarte, pero puedo asegurarte que desde lo más alto estaré
observando y celebrando este logro tuyo. Tu familia y sobretodo tu madre sabrá lo mucho
que te dolieron sus palabras, pero no sabrán qué eso te alentó a seguir adelante y
mostrarles que, aun sufriendo tanto, uno pude seguir adelante y levantarse. Te quiero y
espero con todo mi corazón que puedas tener ese final que tanto anhelo para ti.

También podría gustarte