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Insecticidas

Este documento trata sobre el impacto de los fertilizantes químicos en el medio ambiente. Analiza los efectos ecológicos del uso de insecticidas y cómo aunque protegen la producción agrícola, también tienen consecuencias como la contaminación de agua y daño a organismos no objetivo. Examina tendencias actuales en el uso de insecticidas y los beneficios y restricciones de su sostenibilidad, concluyendo que aunque son necesarios, deben usarse de forma responsable para minimizar los costos ambientales y sociales.

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Insecticidas

Este documento trata sobre el impacto de los fertilizantes químicos en el medio ambiente. Analiza los efectos ecológicos del uso de insecticidas y cómo aunque protegen la producción agrícola, también tienen consecuencias como la contaminación de agua y daño a organismos no objetivo. Examina tendencias actuales en el uso de insecticidas y los beneficios y restricciones de su sostenibilidad, concluyendo que aunque son necesarios, deben usarse de forma responsable para minimizar los costos ambientales y sociales.

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Año de la unidad, la paz y el desarrollo

“Indagamos acerca de los fertilizantes químicos y su impacto en el medio ambiente”

Docente: Fanny Milagros Beltran Pecho.

Estudiante: Hernández Ramos Katherine Luciana.

Área: Ciencia y Tecnología.

Grado y Sección: 1 “K”


ANEXO 1:
 MARCO TEORICO:
 ¿Qué es un insecticida?
En este contexto, las consecuencias ecológicas del uso de insecticidas causan gran
preocupación. Aunque otros aspectos de la agricultura moderna por lo general tienen un
mayor impacto en el medio ambiente, los insecticidas se encuentran entre las
herramientas agrícolas que están más asociadas con el daño ambiental. Su objetivo
específico es matar plagas de insectos y por consecuencia puede que tenga un impacto
letal o subletal en organismos que no son su objetivo (por ejemplo, recicladores de
nutrientes del suelo, polinizadores de plantas y depredadores de plagas) y reducir o
contaminar productos alimenticios para los niveles tróficos superiores.
El objetivo de esta revisión es proporcionar una visión general completa del impacto
ecológico del uso de insecticidas y proporcionar algunos ejemplos de por qué los
insecticidas continúan teniendo un papel importante en la agricultura moderna. Así,
hemos encontrado resúmenes previos de bibliografías que, por lo general, tratan sobre
los insecticidas de manera breve y como un subgrupo de químicos agrícolas y pesticidas
en general (23) o fueron escritos hace algunas décadas (24), antes del desarrollo de
muchos productos químicos actuales y antes que se investigara y publicara muchos
ejemplos del impacto de los insecticidas y la evaluación del riesgo. En la presente
revisión nos hemos centrado en la bibliografía de los últimos veinte años y
recomendamos a los lectores revisar los textos arriba mencionados a fin de tener una
evaluación histórica más profunda sobre el tema. No buscamos abarcar toda la vasta
bibliografía existente sobre la ecotoxicología de los insecticidas, la mayoría realizada en
laboratorios bajo condiciones altamente artificiales. Dichos estudios, aunque son útiles
para identificar los posibles peligros, no muestran las verdaderas consecuencias
ambientales y ecológicas del uso de los insecticidas en el campo. La Tabla 1 sirve como
referencia de los insecticidas que se mencionan en la presente revisión e incluye los
ingredientes activos más comunes, su modo de acción y su fecha aproximada de
introducción.
-TENDENCIAS ACTUALES EN EL USO DE INSECTICIDAS
Pimentel (25) indica que el uso de pesticidas en los sistemas agrícolas en los Estados
Unidos devuelve aproximadamente $4 por $1 invertido en el control de plagas. Por lo
tanto, queda claro por qué los métodos convencionales de manejo de plagas son tan
atractivos. Sin embargo, esos costos no incluyen los costos sociales o ecológicos de la
agricultura. Los costos ambientales y sociales asociados con el uso de pesticidas
agrícolas en los Estados Unidos alcanzan los $10 mil millones anuales y sólo $2 mil
millones para la vigilancia del agua y la limpieza de pesticidas (25). Los ingresos
provenientes de las cosechas y la ganadería en los Estados Unidos son
aproximadamente $200 mil millones anuales que representan aproximadamente el 4%
de los ingresos provenientes de la agricultura (26). En el Reino Unido, el gobierno
calculó que los costos asociados con la contaminación del agua ocasionada por la
agricultura eran alrededor de 1-2% del valor bruto total agrícola. Los costos
ocasionados en el medio ambiente y la salud debido al uso de pesticidas en el año 1996
en el Reino Unido fueron equivalentes a aquellos ocasionados por la pérdida de hábitats
y la erosión de los suelos, pero muy por debajo de aquellos ocasionados por las
emisiones de gas y envenenamiento por alimentos; el único evento que ocasionó los
mayores gastos ese año fue el brote británico de EEB (encefalopatía espongiforme
bovin. Las restricciones de la sostenibilidad acerca del uso de insecticidas incluyen los
efectos sobre la salud humana, los ecosistemas agrícolas (insectos beneficiosos), el
medio ambiente en general (especies que no son el objetivo, paisajes y comunidades) y
la selección de rasgos que confieren la resistencia a los insecticidas en las especies
plagas. Para todas estas categorías es posible encontrar ejemplos donde los insecticidas
han sido utilizados de manera desastrosa, y otros donde los peligros que representaban
han sido mitigados (accidentalmente o por estrategias implementadas). La Organización
Mundial de Salud ha calculado que alrededor de 20 000 personas mueren anualmente
como consecuencia de la exposición a insecticidas, sin embargo, esas sustancias
químicas también protegen la producción, las ganancias y la salud pública. También se
ha demostrado que algunos insecticidas han devastado poblaciones de enemigos
naturales en algunos sistemas pero en otros, especialmente con algunos de los
insecticidas más nuevos, parece tener un impacto mínimo. Algunos insecticidas han
tenido grandes efectos en algunas poblaciones de aves de rapiña pero, otros han sido
usados en ecosistemas aparentemente sensibles durante décadas sin evidencia de
impacto en las especies que no son el objetivo. Algunos han sido utilizados de manera
tan intensiva que la evolución de la resistencia ha comprometido su uso en
generaciones, pero para otros, la resistencia continua siendo rara o se puede manejar
fácilmente. Con relación a este último punto, es interesante notar que a pesar que la
resistencia puede ser una restricción de la eficacia en el campo, casi nunca indica el fin
de todos los métodos de aplicación útiles de ese químico. De las 544 especies de la lista
señaladas como resistentes en la base de datos de artrópodos resistentes a pesticidas,
casi 30% aparece en virtud de una única citación no corroborada que refleja, en el mejor
de los casos, una única observación de una única población. Además, incluso para
aquellas especies como el mosquito que transmite la fiebre amarilla, el Aedes aegypti, la
mosca blanca del algodón Bemisia tabaci y la cucaracha alemana Blattella germanica,
cuya resistencia se ha discutido de manera convincente en cientos de publicaciones, los
insecticidas tradicionales todavía continúan teniendo un papel en su control. A pesar de
que somos cada vez más conscientes de los peligros de su uso, el área tratada con
insecticidas en los países desarrollados ha permanecido inmóvil durante la última
década. Es así que en el Reino Unido, aproximadamente seis millones de hectáreas de
terreno cultivable fueron tratadas anualmente entre 1990 y el 2003 (40). Activos
utilizados ha disminuido debido al surgimiento de nuevos componentes con una mayor
actividad insecticida intrínseca.
-BENEFICIOS ECOLÓGICOS DEL USO DE INSECTICIDAS

El concepto de “conservación de alto rendimiento” es una idea no bien definida, que


propone que las áreas agrícolas altamente productivas y trabajadas de manera intensiva
ayudan a preservar aquellas tierras restantes que son adecuadas para la agricultura que
permanecen sin explotar (en su mayoría bosques). Esta hipótesis es apoyada por algunos
científicos y comentaristas (189) así como también por organismos que están
comprometidos de manera ideológica con la agricultura intensiva como por ejemplo el
Instituto Hudson, el Centro para Asuntos Globales de Alimentos y algunas compañías
agroquímicas. Este argumento se basa en el hecho que la riqueza de las especies está
relacionada con el área de hábitat salvaje. Cuando esa área disminuye, también
disminuye el número de especies que alberga.
La importancia de la conservación del hábitat salvaje es por lo tanto reconocida
universalmente y es posible que la agricultura intensiva cumpla un papel en ese proceso,
al reducir la necesidad de explotar con agricultura de bajo rendimiento las áreas
restantes que se mantienen en estado virgen (siempre y cuando se minimice el impacto
de las tierras de agricultura intensiva en los terrenos adyacentes y el agua). Entre 1961 y
el 2002 existió 10% de incremento mundial del área global de producción agrícola, la
mayoría producto de la deforestación. No existe duda de que la idea de “conservación
de alto rendimiento tiene cierta validez, sin embargo, pocos autores mencionan el
concepto de manera explícita al discutir los procesos de producción agrícolas. Wagner
et al. (191) observaron que los resultados de estudios a largo plazo en bosques en
América del Norte demuestran ganancias muy grandes en la producción luego del uso
de herbicidas. Ellos observaron que las demandas de la conservación de hábitats
silvestres y biodiversidad requieren que el área actual de bosque administrado de
manera comercial satisfaga la creciente necesidad de productos madereros. Las
plantaciones de alto rendimiento y manejadas de manera intensiva podrían ser cruciales
para satisfacer esa necesidad. La idea de que pueda existir un beneficio tangible para un
ecosistema después del uso de insecticidas es para muchos un anatema, sin embargo,
existen ejemplos ocasionales donde este argumento es muy avanzado. La polilla gitana
(Lymantria dispar L.) es una especie exótica e invasiva que perturba de manera
significativa los ecosistemas de bosques en América del Norte. La defoliación intensa
causada cuando los brotes de polilla gitana no son controlados tiene un impacto
ambiental grave que se puede comparar con el impacto del uso de insecticidas para el
control de esta polilla (por lo general preparaciones de Bt específicos para lepidópteros).
Por ejemplo, las consecuencias por no utilizar insecticidas para el control de la polilla
gitana podría ser la defoliación a gran escala que puede afectar de manera dramática las
poblaciones de Lepidópteros nativos. Las polillas gitanas compiten con las orugas
nativas por el alimento disponible y se ha observado la disminución en la abundancia y
riqueza de larvas y adultos de la familia Arctiidae (polillas tigre) en lugares infestados
(194). Además de este impacto en los Lepidópteros, se ha documentado muchos otros
efectos directos e indirectos de la defoliación causada por la polilla gitana en
ecosistemas naturales. La defoliación puede causar la muerte de los árboles
(especialmente el roble) (195) y se ha demostrado que aumenta la tasa de depredación
de nidos de las aves, posiblemente al aumentar la visibilidad o accesibilidad a los nidos
(196). La defoliación de los robles también provoca la disminución de la producción de
bellotas de manera dramática, lo que puede causar la disminución del número de
mamíferos pequeños, así como también alterar los patrones de alimentación de los
grandes herbívoros y omnívoros como el venado y el oso (197,198).
El aumento de la temperatura y la luz solar en el suelo del bosque puede dañar los
organismos que se han adaptado a la sombra y favorecer la invasión de plantas mejor
adaptadas. Se cree que la defoliación causada por la polilla gitana es una de las razones
por las que el maple rojo (Acer rubrum) está reemplazando al roble (Quercus spp) como
una especie predominante en algunos bosques previamente defoliados en América del
Norte (199) y también se ha demostrado que afecta la calidad del agua y los ecosistemas
de agua dulce al aumentar el contenido de nitrato de los arroyos del bosque (200,201).
Existe ejemplos más específicos de un vínculo positivo entre los insecticidas y la
conservación. Bevill et al. (202) sugirieron que la planta Cirsium canescens, que es
endémica a un área de América del Norte, debiera ser protegida de sus insectos
herbívoros mediante el uso de insecticidas. Otros autores refutan que dicha
“intervención de exclusión de insectos” (es decir, el tratamiento localizado de plantas
raras) sea una estrategia de conservación (203,204).
-LA ALTERNATIVA: MANEJO DE PLAGAS CON REDUCCIÓN DE LA
APLICACIÓN DE INSECTICIDAS
La agricultura orgánica (o sea, sin aplicación de productos sintéticos) es un mercado
“nicho” que crece cada vez más rápido en los países desarrollados. En la década de
1990, era uno de los mercados de más rápido crecimiento en la agricultura de los
Estados Unidos y Europa. En la actualidad aproximadamente 2% de los terrenos de
cultivo de California son orgánicos. La producción de las parcelas orgánicas es a
menudo competitiva con la producción de parcelas convencionales, pero son más
impredecibles (205). Las pérdidas posteriores a la cosecha también tienden a ser
mayores para los cultivos orgánicos que para los cultivos convencionales, los cuales
suelen dar como resultado un mayor costo de producción final. A pesar de esto, las
ganancias de los cultivos orgánicos y los convencionales, a menudo son iguales ya que
existe un precio más elevado por los productos orgánicos. Sin embargo, el mercado
libre sugiere el incremento de los productos orgánicos darán como resultado precios
más bajos y reducirá la rentabilidad. La transición de la agricultura convencional a la
orgánica es frecuentemente difícil (nuevas inversiones agrícolas, periodos de espera
antes de la certificación y ganancias menos predecibles) y los agricultores tal vez no
puedan lograrlo sin subsidios (173). Sin embargo, en algunos lugares, donde convergen
mercados menos competitivos, con expectativas de una ganancia baja y la falta de poder
adquisitivo, es ciertamente posible prescindir de una gran parte del uso de productos
sintéticos (Ejemplo, Cuba después del colapso de la República Soviética) (206).
Sin embargo, para la mayoría de los productores, alguna forma de “manejo integrado de
plagas” (cuyo objetivo principal es lograr la reducción de la aplicación de insecticidas)
es el paso más sencillo y más pragmático para reducir la carga de pesticidas en el medio
ambiente. El manejo integrado de plagas es por lo general competitivo con la agricultura
convencional en términos de los resultados, costos y rendimiento del manejo de plagas,
sin embargo, desafortunadamente, no es más sencillo realizarlo, por lo tanto, los
agricultores tenderán a adoptar las prácticas del manejo integrado de plagas debido a un
compromiso personal con los métodos agrícolas que ocasionen menos daño al medio
ambiente o, de manera más realista, debido a la legislación, la disponibilidad de
pesticidas y las barreras financieras (Ejemplo, impuestos a la contaminación). En el
Reino Unido, seis años de trabajo de campo (163) demostraron que la disminución del
uso de pesticidas en los terrenos agrícolas convencionales es a menudo factible. En una
comparación de 66 cultivos diferentes, el margen de ganancia promedio de los
regimenes de menor aplicación fue 2% (£12/ha) mayor que en las estrategias de
aplicación estándares y más elevadas.
El manejo integrado de plagas necesita que el agricultor pueda identificar las especies
de plagas y pueda entender que existe un umbral numérico para aquellos insectos,
debajo del cual es poco probable que su producción se vea afectada. No “requiere que
los agricultores sean parataxónomos y ecologistas”, como a veces se sugiere (207). El
manejo integrado de plagas por lo general exige, especialmente en lugares con escasos
recursos, únicamente tiempo y disposición de adaptarse a técnicas de toma de
decisiones ligeramente más complicadas, usualmente basadas en la comprensión de los
niveles del umbral de plagas. De la manera más simple, el manejo integrado de plagas
es el retiro de las aplicaciones innecesarias de insecticidas profilácticos que a su vez
permitirá obtener beneficios incalculables a partir del aumento del impacto de los
enemigos naturales.
Esta simple adopción del manejo integrado de plagas ha demostrado ser
extremadamente exitosa incluso (o tal vez particularmente) entre las comunidades
agrícolas más pobres. En India, 45 000 agricultores en 465 pueblos fueron enrolados en
un programa de capacitación y subsidio de agricultores “de demostración” y fueron
entrenados en técnicas más complejas de toma de decisiones para la aplicación de
pesticidas (por lo general haciéndoles conocer los umbrales de plagas por debajo de los
cuales no se consideró necesario aplicar insecticidas). Cuando se demostró el aumento
en las ganancias, otros agricultores en aquellos pueblos hicieron lo mismo. Se espera
que un esquema similar en Uganda, el que inicialmente involucraba 6000 agricultores
de algodón y todos los desmotadores (procesadores que separan la fibra del material de
desperdicio), incluya a todos los agricultores en el año 2007 (208,209).
Vale la pena observar que, a pesar de la popularidad del concepto del manejo integrado
de plagas (45) no ha disminuido el uso general de insecticidas, incluso en aquellos
lugares donde el concepto es visto de manera muy favorable (Ej. el Reino Unido y
California). Si el éxito del concepto del manejo integrado de plagas se juzga por la
reducción del área de tierras tratadas con insecticidas, entonces este concepto
claramente ha fracasado. Sin embargo, tal vez es un triunfo el simple hecho de haber
mantenido estático el uso de insecticidas durante un periodo de creciente intensificación
agrícola.
La nueva y más importante tecnología para el manejo de plagas que ya está teniendo un
impacto en la manera cómo los insecticidas son seleccionados, son los cultivos
genéticamente modificados (GM), algunos de los cuales en la actualidad están
modificados para expresar deltaendotoxinas de Bt. Por lo general estas toxinas con
activas únicamente contra un grupo de herbívoros y por lo tanto son más específicas que
muchos insecticidas sintéticos. Su eficacia para combatir las plagas que son el objetivo
compite con la de los productos sintéticos. Uno de los objetivos del desarrollo de
plantas GM resistentes a insectos es proporcionar un medio más sostenible y más
específico de control de plagas. En la actualidad el algodón y el maíz GM son
producidos de manera comercial y existe un amplio consumo en todo el mundo – no
solamente entre los países desarrollados-, sino también en aquellos donde los productos
GM han sido adaptados (a veces pirateados) y desarrollados para su cultivo en países en
vías de desarrollo (de manera más notable en China e India). En el 2003, el 29% del
maíz y el 41% de los cultivos de algodón de altiplanicie de los Estados Unidos eran
variedades Bt. Este último cultivo es producido en Australia, China, India y Filipinas y
los agricultores que utilizan variedades de Bt frecuentemente indican una reducción en
los costos laborales, uso de insecticidas o un aumento de la producción como los
principales beneficios (210-212).
Los principales riesgos asociados con los cultivos que expresan Bt incluyen la
posibilidad de que las plagas que son el objetivo desarrollen resistencia a las toxinas
expresadas, la invasividad potencial y diseminación de genes de resistencia contra
insectos en el medio ambiente otorgando esas características a la hierba mala o plantas
silvestres similares (Ejemplo, el flujo entre el maíz y su familiar silvestre “el teosinto”
en México) (213). Asimismo, existe la posibilidad de la polinización cruzada entre
cultivos GM y no GM de la misma especie. Esto sucedió en 1998 cuando se produjo
una polinización cruzada entre una variedad de maíz GM, aprobado únicamente como
alimento para animales en la América del Norte, con cultivos de maíz producidos para
el consumo humano. La contaminación de este último cultivo dio como resultado que la
compañía de semillas en cuestión retirara del mercado toda la cosecha. El riesgo de
perder la biodiversidad y la elección del consumidor debido a esos eventos es
claramente un verdadero riesgo.
Los efectos de los cultivos GM resistentes a insectos en los artrópodos que no son el
objetivo, especialmente aquellos que son enemigos naturales de las plagas de insectos,
han sido estudiados de manera extensa durante la última década. De la misma manera
que los insecticidas, las plantas GM pueden ejercer efectos directos o indirectos en una
variedad de especies que no son el objetivo. Las especies de enemigos naturales pueden
ser afectadas por los cambios en la cantidad o calidad de las presas u hospederos. Otras
especies que no son el objetivo pueden estar expuestas por el consumo de presas o por
los hospederos que contienen material de plantas GM o por alimentarse de polen o savia
GM. La ecología de las especies en riesgo determinará su exposición real. Por ejemplo,
en el maíz Bt la endotoxina está expresada en las hojas y no en el floema y por lo tanto
las larvas de la polilla y “arañitas rojas” (ácaros) consumen la toxina Bt pero los áfidos
que se alimentan de floema no lo hacen (214). Por lo tanto, los organismos que se
alimentan de áfidos o de su savia tienen menor posibilidad de estar expuestos a la toxina
Bt que aquellos que se alimentan de larvas de polilla.
La mayoría de estudios no han descubierto ningún efecto negativo inesperado de las
plantas GM en los artrópodos que son enemigos naturales (215), especialmente al
compararlas con las medidas de control de plagas convencionales y alternativas (es
decir, insecticidas de amplio espectro). Los efectos negativos que se han reportado han
sido por lo general leves y difíciles de predecir. Por ejemplo, la mortalidad entre las
larvas de crisopas (Chrysoperla carnea) aumentó cuando eran alimentadas con larvas de
polilla Spodoptera littoralis que habían sido a su vez alimentadas con maíz modificado
para expresar toxinas de Bt (214,216). Sin embargo, cuando las crisopas se alimentaban
con arañitas rojas alimentadas con dicho maíz, no se observó ningún efecto dañino. Las
pruebas “de elección” utilizando presas alimentadas con maíz GM demostraron que las
larvas de las crisopas preferían otras presas en lugar de las polillas y que en el campo
esto reduciría su exposición a las toxinas de Bt (217). De manera similar, una avispa
parasitoide de la polilla de la col (Plutella xylostella) era más atraído a semilla de colza
dañada por larvas susceptibles a Bt que a las colzas Bt menos afectados por dichas
larvas (218,219). Por lo tanto, el comportamiento de los insectos que no son el objetivo
afecta claramente su riesgo a la exposición a cualquier toxina potencialmente peligrosa
expresada por las plantas GM.
Aparentemente los cultivos manipulados para expresar toxinas insecticidas debieran
retirar muchos problemas ambientales asociados con el uso no dirigido de insecticidas y
por lo general se acepta que las proteínas involucradas no representan ningún riesgo
perceptible para la salud humana (220-222). Tampoco los cultivos Bt representan un
riesgo importante para la abundancia o diversidad de los artrópodos que no son el
objetivo, especialmente al compararlos con los cultivos convencionales e incluso
cuando los riesgos potenciales han sido analizados y discutidos en detalle (la historia de
la mariposa Monarca Danaus plexippus).
-IMPLICANCIAS Y RECOMENDACIONES
Debido a la naturaleza controversial y dogmática del debate sobre el uso de los
insecticidas, no sorprende que sus defensores y sus opositores se hayan polarizado.
Entre los últimos existe una creencia común e insidiosa que el uso de los insecticidas es
indeseable. Hay poco reconocimiento del hecho que la aplicación mínima de sintéticos
o formas orgánicas de agricultura son posibles únicamente en una escala limitada y para
algunos cultivos. A pesar de lo atractiva que parezca la idea, dichos sistemas agrícolas
no cubrirán las necesidades mundiales, continuando presente la necesidad de desarrollar
sistemas intensivos de producción agrícola. Tampoco existe mucho reconocimiento del
hecho que, por lo menos en los países desarrollados, está mejorando la capacidad de
predecir el riesgo ecológico que representan los insecticidas. Esto, además de una mayor
preocupación por el medio ambiente, sin duda está conllevando a una mejor toma de
decisiones sobre temas de registros y a mejoras en el perfil de seguridad sanitaria y
ambiental de los insecticidas que se comercializan actualmente en el mercado.
La agricultura mundial produce en la actualidad más calorías por persona de lo que
producía hace 30 años, a pesar de un aumento del 70% de la población (226). En todo el
mundo existe suficiente alimento producido como para acabar con el hambre mundial,
pero los productos agrícolas se venden para obtener ganancias y las personas que
padecen hambre no tienen suficiente dinero para adquirirlo; además Europa y Estados
Unidos consumen más de lo que les corresponde (227). La implementación de un
sistema que permita la distribución justa de los recursos requeriría del rechazo global al
modelo económico neoliberal actual de libre mercado. Hasta que esto suceda, los
déficits en la producción continuarán afectando muchas partes del mundo. Los pobres
que viven en las zonas rurales representan el 80% de los 800 millones de personas que
padecen hambre en todo el mundo. La mayoría de estas personas dependen de la
agricultura y por lo tanto el aumento de la producción agrícola y la rentabilidad pueden
tener un impacto inmediato en la pobreza. Por ejemplo, el Perú experimentó una
reducción de 70% en la prevalencia de hambre durante la década de 1990 causado por la
diversificación en las exportaciones agrícolas que incrementaron las ganancias agrícolas
y crearon puestos de trabajo con “valor agregado” en el procesamiento y enlatado (o
sea, el sector agrícola se alejó de la sobre producción de alimentos de primera necesidad
como maíz y papas que proporcionaban bajas ganancias) (19). Durante este tiempo, a
pesar de ser un país netamente importador de alimentos con poca seguridad en los
alimentos, el Perú también protegió su mercado agrícola nacional imponiendo aranceles
punitivos sobre la importación (228).
 Tipos de insecticida:
 Ventajas de los insecticidas químicos:
 Desventajas de los insecticidas químicos
 Impacto ambiental de los insecticidas químicos
Los insecticidas químicos cumplen una función importante dentro de la agricultura,
principalmente cuando son utilizados dentro de un manejo integrado de plagas, los
cuales aplicados racionalmente pueden ejercer un control oportuno y elevar el
rendimiento económico en la producción agrícola. Sin embargo, cuando su uso es
imprudente (por ejemplo, uso con dosis superiores a las recomendadas en etiqueta) y
cuando no se tiene una vigilancia sobre su empleo pueden acarrear problemas en la
salud humana y de impacto ambiental.
Por estas razones, muchos países desarrollados están regulando y exigiendo
reglamentaciones con respecto a su disposición final en el ambiente, su toxicidad en
seres humanos y en diferentes especies y en los residuos sobre los alimentos.
El banano como producto tipo exportación y en su gran mayoría con fincas certificadas
por normas ambientales nacionales e internacionales, se encuentra incluido dentro de los
cultivos que son reglamentados por entidades como la Comisión de la Unión Europea y
en países como EE.UU., donde exigen cumplir con ciertos límites máximos de residuos
sobre la fruta exportada, razón por la cual, el uso racional de ciertos productos químicos
se hace de vital importancia, en cumplimiento a las normas exigidas por estos países.
Un ejemplo es el ingrediente activo Clorpirifos /Clorpirifos metil, insecticida utilizado
en banano para control de ciertos insectos como Colaspis sp., cochinilla harinosa, trips y
otros. Esta molécula, no fue aprobada de acuerdo a la regulación de la Unión Europea
(Diario oficial de la UE, REGLAMENTO DE EJECUCIÓN (UE) 2020/18 y 2020/17
DE LA COMISIÓN de 10 de enero de 2020, actualmente vigente) debido a que genera
una amenaza para la salud pública (Shin et al. 2020; Martínez, 2019), y por ser un
insecticida de uso intensivo y de amplio espectro que ocasiona la pérdida de insectos y
microorganismos benéficos, especialmente polinizadores (Villalba et al. 2020). Otra
fuente de riesgo, es que la aplicación de muchos productos químicos puede producir un
impacto subletal en el comportamiento de los insectos o un efecto menos insidioso, por
ejemplo, actuando como repelente y desplazando poblaciones de la plaga a nuevas áreas
o fincas vecinas donde no se reportaba presencia (Devine et al., 2008). Recuerde y tenga
en cuenta que existen otras alternativas de manejo de plagas, como el control cultural y
el control biológico que utilizadas de manera integral favorecen al medio ambiente y a
la salud humana y animal; de ser necesaria la aplicación de productos químicos para el
manejo fitosanitario, se debe verificar el registro oficial del ICA para su uso en el
cultivo de banano y utilizar siempre las dosis y recomendaciones especificadas en la
etiqueta, de esta manera se evita la resistencia y permanencia de las plagas.
 Impacto de los insecticidas químicos en el suelo.
-EFECTOS DIRECTOS
Es probable que la gran mayoría de eventos por envenenamiento con insecticidas en
organismos que no son el objetivo, especialmente aquellos que afectan a las especies
menos conocidas o no emblemáticas en los países en vías de desarrollo, no se registren.
Los ejemplos que se presenta a continuación, analizan un pequeño subgrupo de eventos
por envenenamiento directo o cambios en los niveles de la población y distribución de
especies. Los cambios en la población pueden ser el resultado de la toxicidad directa o
los efectos subletales que se manifiestan tales como la reducción del tiempo de vida,
tasas de desarrollo, fertilidad, fecundidad, proporción de sexos y comportamiento (por
ejemplo, alimentación, forrajeo y reproducción). Existe abundante bibliografía donde se
catalogan dichos efectos (algunas revisadas por Stark y Banks (100) ). Los reportes de
toxicidad directa en la década de 1960 y principios de 1970 estaban dominados por los
organoclorados altamente persistentes (diclorodifeniltricloroetano, DDT) y su profundo
efecto en las poblaciones de aves de rapiña (101). La mayoría de estos químicos fueron
reemplazados por organofosforados y carbamatos, durante la década de 1970 y 1980 y
estos también demostraron ser en ocasiones devastadores para muchas poblaciones de
aves, generalmente como resultado de la ingesta de semillas o granos tratados con estos
insecticidas -revisado por White y Kolbe- (102). Durante este periodo, el uso de
gránulos de carbofurán en los campos de maíz en América del Norte sin duda tuvo un
efecto devastador en especies de aves granívoras (103,104).
Los datos proporcionados hicieron que un grupo calculara que 60-70 millones de aves
de América del Norte estaban muriendo anualmente en los Estados Unidos como
resultado directo de la exposición a pesticidas (105). Estas cifras continúan siendo
ampliamente citadas (25,106) pero es interesante observar que en la actualidad tienen
poca relevancia para la situación actual de América del Norte. La mayoría de las
formulaciones granulares de carbofurán han sido prohibidas en los Estados Unidos y
ninguna formulación granular de este pesticida está registrada en Canadá (107). No se
puede suponer que otras formulaciones o insecticidas demuestren efectos similares. Un
estudio exhaustivo en un huerto, sobre los efectos de aplicaciones líquidas repetidas de
otro carbamato, metiocarb, reveló que no se produjo “ningún peligro grave” para
ninguna de las docenas de especies de aves estudiadas (108). En general, parece verdad
que en los países desarrollados, después del retiro de algunos insecticidas y el cambio
en los patrones de uso, las poblaciones de especies de aves afectadas se han recuperado
en gran parte (109).
Sin embargo, en otras partes del mundo, los OP y carbamatos todavía están asociados
con eventos de envenenamiento directo. El envenenamiento masivo de >5000 halcones
Swainson (Buteo swainsoni) en Argentina en 1995-1996 dio como resultado que una
importante compañía de productos agroquímicos detuviera la producción de
monocrotofós (110,111). Estas aves habían estado expuestas al ingerir insectos tratados
con insectidida como resultado de un brote de saltamontes en las pampas. En la India,
una población de grullas Sarus en peligro de extinción (Grus antigon) vigilada de
manera muy cercana estuvo amenazada después haber ingerido semillas de trigo
tratadas con monocrotofós (112). La mayoría de eventos por envenenamiento son
accidentales, pero en algunos casos, los insecticidas son utilizados de tal manera que es
fácil predecir que producirán un daño no deseado y extendido en especies que no son el
objetivo. La aplicación del organofosforado fentión es el método predominante para
controlar al quelea de pico rojo (Quelea quelea), que es una de las principales aves
plagas en las regiones semiáridas del África Subsahariana. Por lo tanto, es obvio que
aves de rapiña y paserines se conviertan en víctimas frecuentes como resultado de la
aplicación directa del pesticida y al ingerir los cadáveres contaminados de las aves (que
pueden ser encontrados hasta a veinte kilómetros o más del lugar de control), los
artrópodos terrestres también se ven enormemente afectados (113).
Los mamíferos pequeños parecen ser por lo general más fuertes que las aves a las
aplicaciones directas de pesticidas en el campo. Esto se puede deber simplemente a su
comportamiento nocturno (usualmente los pesticidas se aplican de día), crepuscular y
críptico. Schauber et al. (114) sugirieron que el efecto predominante de una aplicación
del organofosforado azinfos-metilo en grandes lugares cercados conteniendo ratones de
campo (Microtus canicaudus) y ratones ciervo (Peromyscus maniculatus) era producir
un número de muertes inmediatas de las cuales las poblaciones se recuperaron en pocos
meses. McEwen et al. (115) demostraron que las especies pequeñas de mamíferos que
viven en los pastizales responden de manera muy individual a la aplicación de
insecticidas debido a las diferencias en cuanto a su susceptibilidad innata a estos
compuestos y después de la aplicación, a su capacidad de competir. El ratón ciervo fue
dos veces más sensible que el ratón saltamontes (Onychomys leucogaster) y la ardilla
terrestre (Spermophilus tridecemlineatus); estudios con trampas realizados después de la
aplicación del pesticida, indicaron una disminución únicamente en el primero. Las
respuestas de los mamíferos pequeños a la aplicación de insecticidas dependen
claramente del medio ambiente y el componente químico del insecticida. Los estudios
con trampas donde se capturaron ratones ciervos vivos después de la aplicación de
malatión y carbaril demostraron que no se había producido una disminución de las
poblaciones abundantes después del tratamiento (115) y una investigación sobre los
efectos de la aplicación de malatión en volumen ultrabajo (ULV) también demostró que
no se había producido ningún efecto en las poblaciones de mamíferos pequeños en el
campo (116).
Como es lógico, los artrópodos que no son el objetivo, se ven a menudo gravemente
afectados por el uso de insecticidas, por lo menos a corto plazo. Se ha registrado que las
poblaciones que habitan en el suelo son afectadas por su aplicación en ecosistemas
agrícolas, de pastizales, desiertos y bosques. Dichos efectos por lo general producen una
reducción momentánea de la fertilidad y productividad del suelo (117). Las poblaciones
de invertebrados acuáticos parecen ser particularmente vulnerables. Davies y Cook
(118) demostraron que la aplicación aérea del piretroide cipermetrina para combatir las
plagas de lepidópteros en plantaciones de eucalipto en Tasmania, dio como resultado la
contaminación de muchos arroyos y el aumento del desplazamiento de invertebrados
arroyo abajo en 200 veces, el día que se realizó la aplicación. Este “flujo” permaneció
elevado por muchos días pero la mayoría de las especies se recuperó después de
posteriores inundaciones. Las moscas de las piedras (Plecoptera) y las efimeras
(Ephemeroptera) fueron las más afectadas. Asimismo, se observó cambios fisiológicos
en la trucha marrón (Salmo trutta), los cuales se supone que son causados por cambios
en la composición de su dieta y tal vez debido a la ingesta de cipermetrina proveniente
de invertebrados muertos y moribundos.
Uno de los ejemplos más comunes de cómo los insecticidas trastornan los ecosistemas
de los artrópodos, es cuando su uso produce un aumento del número de plagas
(“resurgimiento”) y la aparición de nuevas especies de plagas al eliminar a los
depredadores y los parasitoides de dichas plagas. Esto es claramente una consecuencia
de los efectos directos que los insecticidas pueden tener en las especies que no son el
objetivo y ha sido observado muchas veces en pruebas de campo experimentales y a
escalas mayores en insecticidas de amplio espectro (24,119-124). Los brotes de
saltamontes en algunos pastizales de América del Norte, por un periodo de treinta años,
fueron atribuidos al resurgimiento causado por un programa de control químico
intensivo contra los mismos saltamontes (125).
En todo el mundo existe ejemplos similares; así por ejemplo, a finales de la década de
1930, todo el valle de Cañete en Perú se dedicaba a la producción de algodón, en ese
entonces la principal plaga era el gusano del tabaco (Heliothis virescens) y fue
combatida, primero, con insecticidas de arsénico y luego con DDT, lindano y toxafeno.
De esta manera se desarrolló la resistencia a dichos pesticidas y surgieron otras plagas
debido a que los depredadores y parasitoides no resistentes fueron eliminados del
sistema. A mediados de 1950, se estaba realizando 16 aplicaciones de pesticidas por
año, el complejo de plagas continuaba aumentando y la producción de algodón había
colapsado. En 1956 se introdujo un Programa Integrado de Manejo de Plagas que
involucraba la prohibición de insecticidas orgánicos, la liberación de algunos agentes de
control biológicos (principalmente avispas parasitoides de la familia
Trichogrammatidae) y algunos cambios en las prácticas de cultivo y cosecha para
interrumpir el ciclo de vida de este gusano. Como resultado, el cultivo del algodón una
vez más se volvió sostenible (31). La historia de la producción de algodón en el Perú es
en la actualidad una historia clásica de la implementación del Programa Integrado de
Manejo de Plagas, pero casi nunca se ha reportado progreso después de la década de
1960. De hecho, a pesar que el área actualmente produce pequeñas cantidades de
algodón orgánico, la mayor parte de los cultivos dependen de las aplicaciones de
insecticidas que se realizan como parte de un programa integrado de manejo de plagas.
A menudo se puede reducir las aplicaciones de insecticidas pero casi nunca se puede
eliminar. Además, las comunidades agrícolas no siempre aplican las lecciones
aprendidas a todas sus actividades. El valle de Cañete en la actualidad produce muchos
otros tipos de cultivos además del algodón, en un ambiente con mucho menos
regulaciones y los agricultores están experimentando ahora problemas análogos
(causados por el uso excesivo de organofosforados y carbamatos de amplio espectro) a
aquellos que enfrentaron sus predecesores algodoneros en la década de 1950 (126-129).
Es una desafortunada realidad que los insecticidas son una opción tan atractiva y
económica para el control de plagas que los agricultores no cambiarán sus prácticas de
manera voluntaria a menos que un acontecimiento insuperable o una legislación los
obligue a hacerlo.
Los insecticidas de amplio espectro suelen tener efectos inmediatos, pero
predominantemente de corto plazo (dos a tres meses) en insectos que no son el objetivo
(11,130,131). Se ha observado que el escurrimiento de insecticidas (el desplazamiento
de sustancias químicas hacia áreas que no son el objetivo con ayuda del viento y la
temperatura) y el contacto directo con los piretroides reduce el número de insectos que
no son el objetivo en penínsulas que no han sido tratados con insecticidas (132,133), en
parcelas de subcampos (134) y en pruebas de campo a escala (135). Asimismo, se debe
observar que existe una considerable variación entre la susceptibilidad de diferentes
grupos que no son el objetivo. Por ejemplo, los piretroides fluvalinato y esfenvalerato
no redujeron de manera significativa las colectas de larvas de la mosca sírfida en
parcelas de campo pero sí afectaron a las larvas de las mariquitas (Adalia spp). Por el
contrario, el carbamato pirimicarb no tuvo efectos en las larvas de mariquitas pero sí
redujo el número de larvas de sírfidos de manera significativa (131).
Los estudios que buscan cuantificar el impacto de los insecticidas en la efectividad de
los enemigos naturales como agentes de control para las plagas del campo no son
comunes, sin embargo, Furlong et al. (136) descubrieron que el efecto de los insectos
benéficos fue mucho mayor en aquellos lugares donde se había adoptado el IPM (es
decir, uso reducido de insecticidas) y mucho menor en aquellos lugares donde se
practicaban los métodos convencionales de manejo de plagas. En los lugares donde se
aplicaba el IPM, la contribución de los enemigos naturales a la mortalidad de la polilla
de la col (Plutella xylostella) permitió el cultivo de productos comerciables sin pérdida
en la producción y con una importante reducción en el uso de insecticidas. La
abundancia y diversidad de los enemigos naturales era por lo general mayor en aquellos
lugares donde se había adoptado el IPM. Estudios como estos, donde la disminución del
parasitismo está directamente relacionada con la práctica del manejo en lugar de otros
efectos indirectos (como por ejemplo la falta de presas debido a su eliminación con
insecticidas) son sumamente ilustrativos.
No es únicamente en terrenos agrícolas donde se ha demostrado que los insecticidas
pueden ejercer efectos en el medio ambiente. El uso de insecticidas de amplio espectro
durante las campañas para combatir a la mosca tsé tsé en África ha tenido graves efectos
en organismos que no eran el objetivo. El uso de dieldrin, DDT y γ-HC en la sabana al
sur de África afectó de manera negativa a reptiles, mamíferos pequeños, peces, aves e
insectos. En África Occidental, hubo efectos similares, donde aplicaron dieldrín y
endosulfán desde camiones y helicópteros en terrenos de bosque ribereños. En ese caso
se notó efectos en los anfibios, monos y murciélagos y todas las clases de compuestos,
incluyendo los piretroides, causaron una disminución considerable de la población de
algunas especies por periodos prolongados, en particular aves insectívoras, peces y
crustáceos de agua dulce (137). Posteriormente, estas aplicaciones residuales de
insecticidas fueron reemplazadas por tratamientos aéreos menos permanentes
(considerados preferibles) (138,139) pero éstos continuaron ejerciendo impacto,
especialmente en las poblaciones de crustáceos (140). Desde 1980, el énfasis en el
control de la mosca tsé-tsé ha cambiado a trampas tratadas con insecticida y la
aplicación de baños de inmersión y tratamientos en forma de pour on (de uso externo)
en el ganado. Se piensa que las especies que habían sido afectadas por los esquemas de
tratamiento previos ya se han recuperado, (137) pero, incluso las aplicaciones de
insecticidas dirigidas hacia un objetivo muy específico pueden tener efectos ecológicos
negativos. Los tratamientos externos en el ganado han estado asociados con la
disminución de las poblaciones de escarabajos peloteros debido a los residuos de
insecticida que se encuentran en las heces del ganado (141).
-BENEFICIOS ECOLÓGICOS DEL USO DE INSECTICIDAS
El concepto de “conservación de alto rendimiento” es una idea no bien definida (188),
que propone que las áreas agrícolas altamente productivas y trabajadas de manera
intensiva ayudan a preservar aquellas tierras restantes que son adecuadas para la
agricultura que permanecen sin explotar (en su mayoría bosques). Esta hipótesis es
apoyada por algunos científicos y comentaristas (189) así como también por organismos
que están comprometidos de manera ideológica con la agricultura intensiva como por
ejemplo el Instituto Hudson, el Centro para Asuntos Globales de Alimentos y algunas
compañías agroquímicas. Este argumento se basa en el hecho que la riqueza de las
especies está relacionada con el área de hábitat salvaje. Cuando esa área disminuye,
también disminuye el número de especies que alberga (190).
La importancia de la conservación del hábitat salvaje es por lo tanto reconocida
universalmente y es posible que la agricultura intensiva cumpla un papel en ese proceso,
al reducir la necesidad de explotar con agricultura de bajo rendimiento las áreas
restantes que se mantienen en estado virgen (siempre y cuando se minimice el impacto
de las tierras de agricultura intensiva en los terrenos adyacentes y el agua). Entre 1961 y
el 2002 existió 10% de incremento mundial del área global de producción agrícola (4),
la mayoría producto de la deforestación. No existe duda de que la idea de “conservación
de alto rendimiento” tiene cierta validez, sin embargo, pocos autores mencionan el
concepto de manera explícita al discutir los procesos de producción agrícolas. Wagner
et al. (191) observaron que los resultados de estudios a largo plazo en bosques en
América del Norte demuestran ganancias muy grandes en la producción luego del uso
de herbicidas. Ellos observaron que las demandas de la conservación de hábitats
silvestres y biodiversidad requieren que el área actual de bosque administrado de
manera comercial satisfaga la creciente necesidad de productos madereros. Las
plantaciones de alto rendimiento y manejadas de manera intensiva podrían ser cruciales
para satisfacer esa necesidad.
La idea de que pueda existir un beneficio tangible para un ecosistema después del uso
de insecticidas es para muchos un anatema, sin embargo, existen ejemplos ocasionales
donde este argumento es muy avanzado.
La polilla gitana (Lymantria dispar L.) es una especie exótica e invasiva que perturba de
manera significativa los ecosistemas de bosques en América del Norte. La defoliación
intensa causada cuando los brotes de polilla gitana no son controlados tiene un impacto
ambiental grave que se puede comparar con el impacto del uso de insecticidas para el
control de esta polilla (por lo general preparaciones de Bt específicos para lepidópteros).
Por ejemplo, las consecuencias por no utilizar insecticidas para el control de la polilla
gitana podría ser la defoliación a gran escala que puede afectar de manera dramática las
poblaciones de Lepidópteros nativos (192,193). Las polillas gitanas compiten con las
orugas nativas por el alimento disponible y se ha observado la disminución en la
abundancia y riqueza de larvas y adultos de la familia Arctiidae (polillas tigre) en
lugares infestados (194). Además de este impacto en los Lepidópteros, se ha
documentado muchos otros efectos directos e indirectos de la defoliación causada por la
polilla gitana en ecosistemas naturales. La defoliación puede causar la muerte de los
árboles (especialmente el roble) (195) y se ha demostrado que aumenta la tasa de
depredación de nidos de las aves, posiblemente al aumentar la visibilidad o
accesibilidad a los nidos (196). La defoliación de los robles también provoca la
disminución de la producción de bellotas de manera dramática, lo que puede causar la
disminución del número de mamíferos pequeños, así como también alterar los patrones
de alimentación de los grandes herbívoros y omnívoros como el venado y el oso
(197,198).
El aumento de la temperatura y la luz solar en el suelo del bosque puede dañar los
organismos que se han adaptado a la sombra y favorecer la invasión de plantas mejor
adaptadas. Se cree que la defoliación causada por la polilla gitana es una de las razones
por las que el maple rojo (Acer rubrum) está reemplazando al roble (Quercus spp) como
una especie predominante en algunos bosques previamente defoliados en América del
Norte (199) y también se ha demostrado que afecta la calidad del agua y los ecosistemas
de agua dulce al aumentar el contenido de nitrato de los arroyos del bosque (200,201).
Existe ejemplos más específicos de un vínculo positivo entre los insecticidas y la
conservación. Bevill et al. (202) sugirieron que la planta Cirsium canescens, que es
endémica a un área de América del Norte, debiera ser protegida de sus insectos
herbívoros mediante el uso de insecticidas. Otros autores refutan que dicha
“intervención de exclusión de insectos” (es decir, el tratamiento localizado de plantas
raras) sea una estrategia de conservación (203,204).
 ¿Qué es un insecticida ecológico?
La agricultura parece algo sumamente fácil cuando nuestro arado es un lápiz y cuando
nos encontramos a cientos de kilómetros de distancia de los campos de maíz. Dwight D.
Eisenhower, Discurso Presidencial, 25 de septiembre de 1956.
De los 150 millones de km2 del mundo, área total de tierra, el 10% está dedicado a la
producción agrícola, 55% son praderas, pastizales y bosques y el resto no es adecuado
para uso agrícola. La mayoría de esa producción agrícola depende de métodos agrícolas
“convencionales” (es decir, incluyen la aplicación de productos agroquímicos sintéticos)
que, a pesar de los pronunciamientos Malthusianos que indican lo contrario (1,2),
continúan satisfaciendo las demandas del crecimiento de la población humana. En todo
el mundo, desde 1960, la población se ha duplicado (3), la productividad agrícola ha
aumentado 2,6 veces, pero los terrenos cultivables productivos han aumentado
solamente en 10 % (4). Aunque la productividad en Europa, Asia, las Américas y
Australasia ha aumentado vertiginosamente (5,6), la producción total de África (a pesar
de algunos éxitos locales), continua disminuyendo debido a una obstinada combinación
de sequías, conflictos civiles, degradación de la tierra, métodos agrícolas deficientes y
sistemas desfavorables de tenencia y propiedad de tierras (7).
No obstante estos triunfos generales, cada vez más nos damos cuenta de las
consecuencias de la intensificación agrícola. La agricultura intensiva es responsable de
la contaminación del aire y del agua del subsuelo, la eutrofización de los sistemas
acuáticos, las emanaciones de gas invernadero y es además la fuente antropógena más
importante de amonio, la causa principal de la lluvia ácida. La amplitud y los métodos
agrícolas (pero no necesariamente insecticidas en sí) han conducido a la pérdida
extensiva y permanente de la biodiversidad en muchos lugares (por ejemplo las
comunidades de invertebrados (8-10), mariposas en el Reino Unido (11); aves que viven
en terrenos agrícolas en Europa (12-14); anfibios en Australia y América del Norte (15-
18)). Por lo que debemos asumir que estos patrones se están repitiendo en todo el
mundo. Además, la sostenibilidad de la agricultura moderna misma se ve afectada por
su propio impacto en la degradación de los suelos, salinización, disponibilidad de agua
y la reducción de la diversidad de cultivos, ganadería y ecosistemas agrícolas.
En todo el mundo, la agricultura opera en un mercado cada vez más libre (aunque se
encuentra subsidiada en algunos países desarrollados). Es conducida por el clima, la
demanda, los suministros, la competencia y prioriza la ganancia por encima de la
necesidad social. En la actualidad, aproximadamente 15% de los 6 mil millones de
personas en el mundo sufren de desnutrición (19). Para el año 2050, este sistema con
todas sus presiones concomitantes sobre el medio ambiente, deberá alimentar a una
población mundial de 9 mil millones de personas. Debido a que muchos países del
hemisferio norte eligen (o son inducidos a ello) no optar por la autosuficiencia agrícola,
la mayor parte de la producción se está trasladando a los países en vías de desarrollo.
Por ejemplo, en la última década se experimentó una reducción de 12% de la
autosuficiencia de los alimentos de primera necesidad en el Reino Unido (20) y en la
actualidad es muy probable que estos alimentos se produzcan localmente como también
en Perú o Etiopía. Estos cambios en los patrones de producción se deben a la expansión
global del comercio que ha motivado que los países en vías de desarrollo busquen
sistemas agrícolas competitivos para la exportación (21), pero para muchas materias
primas los mercados se encuentran saturados y los precios han disminuido. Es así que la
lucha para mantener las ganancias producidas por la agricultura tanto en los países en
vías de desarrollo como en los países desarrollados, aumenta vertiginosamente la
intensificacción de la agricultura y promueve el conflicto entre los agricultores y el
medio ambiente que Hardin la describe como “la tragedia de los pastos comunales”
(22). Así pues, con la creciente globalización de la producción de alimentos surge la
responsabilidad colectiva de proteger el sustento y la ganancia de las comunidades
agrícolas mientras se preserva la biodiversidad existente y “los servicios del
ecosistema”.
En este contexto, las consecuencias ecológicas del uso de insecticidas causan gran
preocupación. Aunque otros aspectos de la agricultura moderna por lo general tienen un
mayor impacto en el medio ambiente, los insecticidas se encuentran entre las
herramientas agrícolas que están más asociadas con el daño ambiental. Su objetivo
específico es matar plagas de insectos y por consecuencia puede que tenga un impacto
letal o subletal en organismos que no son su objetivo (por ejemplo, recicladores de
nutrientes del suelo, polinizadores de plantas y depredadores de plagas) y reducir o
contaminar productos alimenticios para los niveles tróficos superiores.
El objetivo de esta revisión es proporcionar una visión general completa del impacto
ecológico del uso de insecticidas y proporcionar algunos ejemplos de por qué los
insecticidas continúan teniendo un papel importante en la agricultura moderna. Así,
hemos encontrado resúmenes previos de bibliografías que, por lo general, tratan sobre
los insecticidas de manera breve y como un subgrupo de químicos agrícolas y pesticidas
en general (23) o fueron escritos hace algunas décadas (24), antes del desarrollo de
muchos productos químicos actuales y antes que se investigara y publicara muchos
ejemplos del impacto de los insecticidas y la evaluación del riesgo. En la presente
revisión nos hemos centrado en la bibliografía de los últimos veinte años y
recomendamos a los lectores revisar los textos arriba mencionados a fin de tener una
evaluación histórica más profunda sobre el tema. No buscamos abarcar toda la vasta
bibliografía existente sobre la ecotoxicología de los insecticidas, la mayoría realizada en
laboratorios bajo condiciones altamente artificiales. Dichos estudios, aunque son útiles
para identificar los posibles peligros, no muestran las verdaderas consecuencias
ambientales y ecológicas del uso de los insecticidas en el campo. La Tabla 1 sirve como
referencia de los insecticidas que se mencionan en la presente revisión e incluye los
ingredientes activos más comunes, su modo de acción y su fecha aproximada de
introducción.
 Ventajas de un insecticida ecológico
En los años 40 aparecieron en el mercado los insecticidas organosintéticos, tales como
el DDT, paratión, aldicarb, malatión y dimetoato, entre otros; mismos que, por su alta
eficacia biológica y bajo costo, reemplazaron a los de origen vegetal (Casida y Quistad
1998). En consecuencia, se pensó que los problemas de pérdidas de cosechas a causa de
insectos plaga eran cosa del pasado, y la entomología agrícola no sería más que un
entretenimiento para quienes quisieran dedicarse a ella. Aunque si bien es cierto que el
impacto de los insecticidas sobre el avance de la agricultura es comparable solo con el
de los antibióticos en la medicina moderna, su uso irracional ha provocado una serie de
problemas, como la contaminación del ambiente, los residuos en los alimentos, la
aparición de plagas secundarias y la resistencia a los insecticidas. Debido a estos
problemas, hoy en día se está presentando lo que se podría denominar como “una
segunda época”en el uso de los insecticidas de origen vegetal para el manejo de
plagas.Así,se ha vuelto a utilizar insecticidas vegetales como rotenona, tabaco.
Es común encontrar en América Latina manuales o folletos que recomiendan el uso de
insecticidas vegetales sin haber sido validados científicamente. Además, en muchos
casos, el uso de insecticidas botánicos está respaldado por investigaciones parciales, a
muy pequeña escala o de dudosa calidad. Por último, hay quienes sostienen que, por
tratarse de sustancias naturales, estas son inocuas para el ser humano. Sin lugar a dudas,
lo anterior contrasta con la fuerza y vehemencia con las que algunos critican los
insecticidas organosintéticos, a la vez que no existe una regulación especifica sobre lo
que se publiqua, e inclusive a veces se vende, si lleva el "apellido" natural. No es lógico
que no se diferencie entre lo publicado por una universidad u organismo internacional
de investigación y lo que publican agrupaciones de campesinos, pequeñas
organizaciones e incluso grupos ecologistas, que no siempre tiene toda la rigurosidad
necesaria. Tomando en cuenta lo anterior, los objetivos de este artículo consisten en
ordenar algunas de estas ideas, aclarar algunos conceptos y hacer un análisis del estado
actual y las perspectivas de los insecticidas vegetales como una parte más del manejo
integrado de plagas con estrategias de bajo riesgo.
- ¿Todo lo natural es bueno?
Es un gran error considerar los productos de origen vegetal y, por ende, los insecticidas
vegetales como productos inocuos. Existe una gran cantidad de productos vegetales que
son muy tóxicos; basta recordar que Sócrates fue condenado a muerte por ingesta de
cicuta un extracto acuoso muy venenoso de esta planta. En su libro Plants that Poison,
Schmutz y Breazeale (1986) enumeran alrededor de 120 especies de plantas que
contienen alguna sustancia tóxica para el ser humano, mencionando incluso especies tan
comunes como el almendro, el frijol, el ajo, la fresa y el manzano. En consecuencia, no
se debe olvidar que el potencial tóxico de una molécula se debe a la naturaleza de su
estructura química y no a su origen (Coats 1994). Además, como dijo Paracelso en
1564, la diferencia entre lo que mata y lo que cura es la dosis. Por lo tanto,se debe tener
sumo cuidado cuando se hacen recomendaciones sobre el uso de insecticidas vegetales
elaborados por el propio agricultor.
- ¿Insecticidas?
Por definición, un insecticida es aquella sustancia o mezcla de sustancias que ejercen su
acción biocida debido a la naturaleza de su estructura química (Ware 1994). Por
ejemplo, si matamos un insecto para nuestra colección entomológica usando frascos con
cianuro de potasio podemos decir que esta sustancia tiene efecto insecticida. Sin
embargo, no podemos decir lo mismo del agua cuando las gotas de lluvia matan áfidos o
moscas blancas, ya que su mortalidad no se atribuye a las características de la estructura
química del agua. La mayoría de las especies de plantas que se utilizan en la protección
vegetal,exhiben un efecto insectistático más que insecticida (Rodríguez 1996a). Es
decir, inhiben el desarrollo y comportamiento de los insectos en lugar de matarlos
directamente por sus propiedades tóxicas. Sin embargo, no se puede olvidar que algunas
sustancias vegetales sí provocan un efecto insecticida, como sucede con las piretrinas, la
nicotina o la rotenona (Izuru 1970). Según Coats (1994), los compuestos naturales , en
general, tienen un efecto protector que principalmente se debe a repelencia, disuasivo de
la alimentación u oviposición y regulador del crecimiento.Además, Metcalf y Metcalf
(1992) señalan el efecto confusor o disruptor, los cuales consisten en "contaminar" el
medio con estímulos químicos de diferente naturaleza, de modo que el insecto no pueda
identificar el aleloquímico característico del huesped vegetal en que se alimenta o
reproduce. Por lo tanto, debemos considerar a todos aquellos compuestos que sabemos
que su efecto es insectistático como preventivos más que como curativos (Rodríguez
1993).Encontramos un ejemplo de lo anterior en el caso de los granos almacenados,
donde una vez que el insecto ya penetró el grano, ningún polvo vegetal de probada
eficacia protectora tendrá efecto (Lagunes y Rodríguez 1989).
 Desventajas de un insecticida ecológico
-INSECTICIDAS, DOGMA Y PRAGMATISMO
La aplicación de insecticidas incluso dentro de las pautas regulatorias prescritas puede
tener consecuencias ambientales perjudiciales. Estos efectos son exacerbados por el uso
inadecuado, existiendo muchos ejemplos del mal uso y abuso de los insecticidas. En los
peores casos, los efectos de los insecticidas son difíciles de extraer de aquellos
provenientes de la mala administración agrícola en general. El Mar de Aral en Asia
Central es considerado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura
y Alimentación (FAO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(UNEP), como el peor ejemplo en el mundo de cómo las prácticas agrícolas planificadas
y ejecutadas de manera inadecuada han devastado una región que una vez fue
productiva. Los residuos de insecticidas orgánicos y organofosfatos son excesivamente
abundantes en el área (62,63) y a pesar de que existe poca información sobre los efectos
de dicha contaminación agrícola masiva en el ecosistema como un todo, se piensa que
los efectos en la ecología humana han sido devastadores (64-66). Incluso en países
desarrollados que utilizan insecticidas aprobados y regulados dentro de sistemas con
una adecuada legislación, existe suficiente evidencia sobre la continua degradación
ecológica y ambiental como resultado del uso de pesticidas. Muchos de los ejemplos
más claros se relacionan con los efectos acumulativos de los residuos de insecticidas en
los ríos que drenan las áreas agrícolas. En California, las aguas y sedimentos del Río
Salinas (que desemboca en el Santuario Marino Nacional de la Bahía de Monterrey) son
extremadamente tóxicos para una variedad de invertebrados acuáticos (67,68). Esto
también sucede en los ríos Alamo y Nuevo en el Valle Imperial de California, donde
ocho años de observación (1993-2001) demostraron que los impactos de la
contaminación por organofosfatos en los macroinvertebrados eran sostenidos y graves.
Ejemplos como el mencionado anteriormente son muy conocidos y como es lógico, el
vínculo entre los insecticidas y el medio ambiente en la psique popular es casi
exclusivamente negativo. Por lo tanto, es una suposición común, aunque a menudo sin
fundamento, que los insecticidas son culpables de muchos de los recientes cambios en la
diversidad y ecología a nivel mundial. Este dogma es el resultado del hecho de que el
uso de insecticidas es contencioso y es un componente clave de las ganancias de las
compañías y la agricultura, del subsidio agrícola y la política de ayuda. Asimismo,
dirige el comportamiento del consumidor, provoca fuertes respuestas éticas personales y
políticas e influye en el nivel de aprobación gubernamental y no gubernamental. La
manera dogmática con la que se aborda el uso de insecticidas asegura que, si bien la
ciencia describe los efectos de los insecticidas en el medio ambiente puede ser empírica
y objetiva, es posible que la interpretación de esos datos no lo sea. Pues la abundancia
de datos sin procesar que registran los efectos de un insecticida no asegura que se pueda
hacer una sola recomendación sobre el riesgo que representa.
La tendencia a sobreinterpretar o subinterpretar los resultados sobre el impacto de los
insecticidas conlleva a confundir el verdadero alcance de sus efectos e influencia. Se
pensaba que la acumulación . Uso de insecticidas de residuos de pesticidas en la cadena
alimenticia a través del consumo de cangrejos y pescados de arrozales fumigados con
pesticidas era la causa de una enfermedad músculoesquelética en los seres humanos
(70,71), sin embargo, estudios más recientes han demostrado que esta enfermedad es el
resultado de una alta tasa de endogamia entre las comunidades afectadas (72). A veces
la crisis de EEB en el Reino Unido ha sido atribuida de manera improbable al uso de OP
(73,74). Se pensaba que la reciente disminución de las poblaciones de buitres en India
había sido causada por pesticidas (75- 77) hasta que se descubrió que era el resultado de
una interacción inesperada entre una medicina veterinaria (diclofenaco) y los riñones
vulnerables de las aves (78,79). La disminución mundial de las poblaciones de anfibios
está fuertemente asociada al uso de químicos agrícolas (16,18,80), pero parece poco
probable que los insecticidas por sí sean un factor contribuyente importante (81-84).
Un ejemplo que ilustra claramente cuán difícil es lograr el consenso es la controversia
sobre el impacto de los tratamientos de las semillas con insecticidas en las abejas
productoras de miel (Apis mellifera) en Europa. En algunas partes del mundo, las
poblaciones de abejas han disminuido drásticamente en las últimas décadas (85,86),
debido en parte a ácaros parasitarios y a brotes de enfermedades producidas por
protozoarios y bacterias. Sin embargo, en 1994, apicultores franceses reportaron
comportamientos inusuales y mortalidad entre las abejas que se alimentaban de
girasoles tratados con el neonicotinoide imidacloprid al sembrar las semillas. Se reportó
que estos efectos se acentuaban año tras año y ocurrían inmediatamente después de la
floración. El imidacloprid fue implicado como el agente causante del problema a pesar
que en 1998, la Comisión Francesa de Sustancias Tóxicas revisó su impacto y descubrió
que los datos no vinculaban “de manera irrefutable” a este insecticida o sus metabolitos
con los efectos en las abejas. Se recomendó realizar estudios complementarios, pero en
1999, se suspendió los tratamientos de las semillas de girasoles con imidacloprid hasta
obtener los datos.
Esto fue considerado como una victoria del “principio de precaución” y se estableció, en
parte, simplemente debido a que se había demostrado que los girasoles absorbían el
imidacloprid del suelo y lo transportaba a toda la planta. El mismo fundamento y los
continuos problemas con la mortalidad de las abejas y la producción de miel dieron
como resultado la suspensión del mismo tratamiento en el maíz, en el 2004. También se
prohibió un tratamiento alternativo para las semillas (fipronil) de girasol al descubrir
residuos de este producto en plantaciones de girasoles en floración. En la actualidad
estas prohibiciones continúan esperando la revisión de una Comisión Europea.
Gran parte de la evidencia a favor y en contra de los efectos nocivos de los tratamientos
de las semillas del girasol con imidacloprid en las poblaciones de abejas se encuentra en
informes gubernamentales y de la industria; pero es verdad que bajo algunas
circunstancias, el polen y néctar del girasol puede contener residuos de imidacloprid en
el rango de 1-10 ppb (87). Otros autores afirman que los residuos en el néctar y polen de
girasoles en el campo cuyas semillas han sido tratadas con insecticidas son <1,5 ppb de
manera consistente (88). La toxicidad aguda en las abejas ocurre a aproximadamente 60
ppb (89,90) aunque se ha reportado efectos crónicos en concentraciones mucho más
bajas; 50% de muerte después de ocho días consecutivos de haber ingerido 0,1-10 ppb
de imidacloprid (91). Este último resultado es claramente un resultado muy
preocupante, pero nunca se ha repetido, y por lo tanto es discutido. A pesar de los 30
días consecutivos de haber alimentado con 2-20 ppb de imidacloprid, Schmuck et al.
(88) no encontraron efectos en la mortalidad, los patrones de alimentación, la
producción de cera/panal, reproducción o vitalidad de la colonia. Además, Schmuck
(92) al reportar los hallazgos de cuatro estudios independientes, no pudo encontrar
ningún aumento en la mortalidad de abejas productoras de miel, ni anormalidades en el
comportamiento durante una exposición dietética de diez días a soluciones de sucrosas
tratadas con imidacloprid a 0,1; 1,0 ó 10 ppb. En una revisión de diversos estudios
financiados por la industria y estudios independientes, Maus et al. (93) reportaron que
las colonias de abejas colocadas junto a los cultivos de girasoles o nabos gallegos
sembrados con semillas cubiertas con imidacloprid no sufrieron efectos significativos en
cuanto a mortalidad, actividad forrajera, desarrollo de la colonia, situación de la
progenie o almacenes de polen y néctar. En el 2005, la Agencia Francesa de Estándares
Alimenticios publicó un estudio donde se examinaba el efecto de alimentar a colonias
de abejas productoras de miel con sirope contaminado con imidacloprid (0,5-5,0 ppb).
Su desarrollo y supervivencia fueron comparados con colmenas de control durante
muchos meses. Se vigiló la mortalidad, tamaño de la población, actividad de la
colmena, fecundidad y frecuencia de enfermedades; no hubo diferencias que sugieran
ninguna influencia tóxica del imidacloprid (94). No se ha publicado ninguna evidencia
de campo que demuestre lo contrario, a pesar que esto ha sido un verdadero problema
durante casi una década.
Teniendo en cuenta toda la evidencia que existe, parecería que el imidacloprid no
influye directamente en la supervivencia de las abejas; la otra posible fuente de riesgo es
el impacto subletal en el comportamiento debido a los tratamientos de las semillas con
imidacloprid. Se ha demostrado que la presencia de imidacloprid en fuentes de alimento
artificiales de las abejas productoras de miel ejerce dichos efectos, de manera más
convincente es mediante la disminución de la asistencia y la proporción de abejas que se
alimentan de manera activa en fuentes de alimento artificiales contaminadas (6-24 ppb)
(95-97). Sin embargo, todavía no está claro si este es el resultado de la toxicidad
subletal o de un efecto menos insidioso (es decir, repelente o antinutriente).
A pesar de las prohibiciones, las cosechas de miel provenientes de girasoles en Francia
continuaron empeorando con el transcurrir de los años. La cosecha del año 2000 fue
sólo 30-40% de la producción de 1995-1996 y las enfermedades continúan siendo un
factor importante (una encuesta nacional en Francia observó que 76% de las colmenas
sufrían por lo menos una enfermedad grave (98) ). En otros países y en plantaciones de
semilla de colza (que a menudo son una fuente importante de polen y néctar para las
abejas en determinadas épocas del año), no se ha asociado los tratamientos de las
semillas con imidacloprid con la disminución de abejas. Estudios de investigación en
los principales países productores de miel como Canadá (donde los tratamientos de
semillas con imidacloprid son utilizados en las plantaciones de papa) y Argentina (en
girasoles) no demostraron ningún dato que pueda justificar una prohibición. En el 2003,
la Comisión Internacional para las Relaciones Planta- Abeja, después de haber revisado
el argumento sobre los efectos nocivos de los tratamientos de las semillas en las abejas,
concluyó que “era poco probable que la disminución de la salud de las abejas y el
desempeño de la colonia, reportada en varios países, tuviera una sola causa
Lo que sí queda claro a partir de esos ejemplos es que nos vemos forzados a aceptar una
de las dos opciones sobre la evaluación del riesgo: 1) que los métodos de evaluación
concuerden, estandaricen e implementen a escala regional y mundial o 2) que cada
región o país implemente su propio sistema dando como resultado recomendaciones
completamente diferentes. La primera opción corre el riesgo de ser demasiado inflexible
y no poder seguir el ritmo a los desarrollos ecológicos y metodológicos. La segunda
sería un cierto triunfo para los grupos fuertemente dogmáticos que ejercen presión ya
que requeriría la aceptación que los datos empíricos no tienen interpretación universal y
por lo tanto esa política se puede decidir de manera subjetiva.
-EFECTOS DIRECTOS
Es probable que la gran mayoría de eventos por envenenamiento con insecticidas en
organismos que no son el objetivo, especialmente aquellos que afectan a las especies
menos conocidas o no emblemáticas en los países en vías de desarrollo, no se registren.
Los ejemplos que se presenta a continuación, analizan un pequeño subgrupo de eventos
por envenenamiento directo o cambios en los niveles de la población y distribución de
especies. Los cambios en la población pueden ser el resultado de la toxicidad directa o
los efectos subletales que se manifiestan tales como la reducción del tiempo de vida,
tasas de desarrollo, fertilidad, fecundidad, proporción de sexos y comportamiento (por
ejemplo, alimentación, forrajeo y reproducción). Existe abundante bibliografía donde se
catalogan dichos efectos (algunas revisadas por Stark y Banks (100) ). Los reportes de
toxicidad directa en la década de 1960 y principios de 1970 estaban dominados por los
organoclorados altamente persistentes (diclorodifeniltricloroetano, DDT) y su profundo
efecto en las poblaciones de aves de rapiña (101). La mayoría de estos químicos fueron
reemplazados por organofosforados y carbamatos, durante la década de 1970 y 1980 y
estos también demostraron ser en ocasiones devastadores para muchas poblaciones de
aves, generalmente como resultado de la ingesta de semillas o granos tratados con estos
insecticidas -revisado por White y Kolbe- (102). Durante este periodo, el uso de
gránulos de carbofurán en los campos de maíz en América del Norte sin duda tuvo un
efecto devastador en especies de aves granívoras.
Los datos proporcionados hicieron que un grupo calculara que 60-70 millones de aves
de América del Norte estaban muriendo anualmente en los Estados Unidos como
resultado directo de la exposición a pesticidas (105). Estas cifras continúan siendo
ampliamente citadas (25,106) pero es interesante observar que en la actualidad tienen
poca relevancia para la situación actual de América del Norte. La mayoría de las
formulaciones granulares de carbofurán han sido prohibidas en los Estados Unidos y
ninguna formulación granular de este pesticida está registrada en Canadá (107). No se
puede suponer que otras formulaciones o insecticidas demuestren efectos similares. Un
estudio exhaustivo en un huerto, sobre los efectos de aplicaciones líquidas repetidas de
otro carbamato, metiocarb, reveló que no se produjo “ningún peligro grave” para
ninguna de las docenas de especies de aves estudiadas (108). En general, parece verdad
que en los países desarrollados, después del retiro de algunos insecticidas y el cambio
en los patrones de uso, las poblaciones de especies de aves afectadas se han recuperado
en gran parte.
Sin embargo, en otras partes del mundo, los OP y carbamatos todavía están asociados
con eventos de envenenamiento directo. El envenenamiento masivo de >5000 halcones
Swainson (Buteo swainsoni) en Argentina en 1995-1996 dio como resultado que una
importante compañía de productos agroquímicos detuviera la producción de
monocrotofós (110,111). Estas aves habían estado expuestas al ingerir insectos tratados
con insectidida como resultado de un brote de saltamontes en las pampas. En la India,
una población de grullas Sarus en peligro de extinción (Grus antigon) vigilada de
manera muy cercana estuvo amenazada después haber ingerido semillas de trigo
tratadas con monocrotofós (112). La mayoría de eventos por envenenamiento son
accidentales, pero en algunos casos, los insecticidas son utilizados de tal manera que es
fácil predecir que producirán un daño no deseado y extendido en especies que no son el
objetivo. La aplicación del organofosforado fentión es el método predominante para
controlar al quelea de pico rojo (Quelea quelea), que es una de las principales aves
plagas en las regiones semiáridas del África Subsahariana. Por lo tanto, es obvio que
aves de rapiña y paserines se conviertan en víctimas frecuentes como resultado de la
aplicación directa del pesticida y al ingerir los cadáveres contaminados de las aves (que
pueden ser encontrados hasta a veinte kilómetros o más del lugar de control), los
artrópodos terrestres también se ven enormemente afectados.
Los mamíferos pequeños parecen ser por lo general más fuertes que las aves a las
aplicaciones directas de pesticidas en el campo. Esto se puede deber simplemente a su
comportamiento nocturno (usualmente los pesticidas se aplican de día), crepuscular y
críptico. Schauber et al. (114) sugirieron que el efecto predominante de una aplicación
del organofosforado azinfos-metilo en grandes lugares cercados conteniendo ratones de
campo (Microtus canicaudus) y ratones ciervo (Peromyscus maniculatus) era producir
un número de muertes inmediatas de las cuales las poblaciones se recuperaron en pocos
meses. McEwen et al. (115) demostraron que las especies pequeñas de mamíferos que
viven en los pastizales responden de manera muy individual a la aplicación de
insecticidas debido a las diferencias en cuanto a su susceptibilidad innata a estos
compuestos y después de la aplicación, a su capacidad de competir. El ratón ciervo fue
dos veces más sensible que el ratón saltamontes (Onychomys leucogaster) y la ardilla
terrestre (Spermophilus tridecemlineatus); estudios con trampas realizados después de la
aplicación del pesticida, indicaron una disminución únicamente en el primero. Las
respuestas de los mamíferos pequeños a la aplicación de insecticidas dependen
claramente del medio ambiente y el componente químico del insecticida. Los estudios
con trampas donde se capturaron ratones ciervos vivos después de la aplicación de
malatión y carbaril demostraron que no se había producido una disminución de las
poblaciones abundantes después del tratamiento (115) y una investigación sobre los
efectos de la aplicación de malatión en volumen ultrabajo (ULV) también demostró que
no se había producido ningún efecto en las poblaciones de mamíferos pequeños en el
campo (116).
Como es lógico, los artrópodos que no son el objetivo, se ven a menudo gravemente
afectados por el uso de insecticidas, por lo menos a corto plazo. Se ha registrado que las
poblaciones que habitan en el suelo son afectadas por su aplicación en ecosistemas
agrícolas, de pastizales, desiertos y bosques. Dichos efectos por lo general producen una
reducción momentánea de la fertilidad y productividad del suelo (117). Las poblaciones
de invertebrados acuáticos parecen ser particularmente vulnerables. Davies y Cook
(118) demostraron que la aplicación aérea del piretroide cipermetrina para combatir las
plagas de lepidópteros en plantaciones de eucalipto en Tasmania, dio como resultado la
contaminación de muchos arroyos y el aumento del desplazamiento de invertebrados
arroyo abajo en 200 veces, el día que se realizó la aplicación. Este “flujo” permaneció
elevado por muchos días pero la mayoría de las especies se recuperó después de
posteriores inundaciones. Las moscas de las piedras (Plecoptera) y las efimeras
(Ephemeroptera) fueron las más afectadas. Asimismo, se observó cambios fisiológicos
en la trucha marrón (Salmo trutta), los cuales se supone que son causados por cambios
en la composición de su dieta y tal vez debido a la ingesta de cipermetrina proveniente
de invertebrados muertos y moribundos.
Uno de los ejemplos más comunes de cómo los insecticidas trastornan los ecosistemas
de los artrópodos, es cuando su uso produce un aumento del número de plagas
(“resurgimiento”) y la aparición de nuevas especies de plagas al eliminar a los
depredadores y los parasitoides de dichas plagas. Esto es claramente una consecuencia
de los efectos directos que los insecticidas pueden tener en las especies que no son el
objetivo y ha sido observado muchas veces en pruebas de campo experimentales y a
escalas mayores en insecticidas de amplio espectro (24,119-124). Los brotes de
saltamontes en algunos pastizales de América del Norte, por un periodo de treinta años,
fueron atribuidos al resurgimiento causado por un programa de control químico
intensivo contra los mismos saltamontes.
En todo el mundo existe ejemplos similares; así por ejemplo, a finales de la década de
1930, todo el valle de Cañete en Perú se dedicaba a la producción de algodón, en ese
entonces la principal plaga era el gusano del tabaco (Heliothis virescens) y fue
combatida, primero, con insecticidas de arsénico y luego con DDT, lindano y toxafeno.
De esta manera se desarrolló la resistencia a dichos pesticidas y surgieron otras plagas
debido a que los depredadores y parasitoides no resistentes fueron eliminados del
sistema. A mediados de 1950, se estaba realizando 16 aplicaciones de pesticidas por
año, el complejo de plagas continuaba aumentando y la producción de algodón había
colapsado. En 1956 se introdujo un Programa Integrado de Manejo de Plagas que
involucraba la prohibición de insecticidas orgánicos, la liberación de algunos agentes de
control biológicos (principalmente avispas parasitoides de la familia
Trichogrammatidae) y algunos cambios en las prácticas de cultivo y cosecha para
interrumpir el ciclo de vida de este gusano. Como resultado, el cultivo del algodón una
vez más se volvió sostenible (31). La historia de la producción de algodón en el Perú es
en la actualidad una historia clásica de la implementación del Programa Integrado de
Manejo de Plagas, pero casi nunca se ha reportado progreso después de la década de
1960. De hecho, a pesar que el área actualmente produce pequeñas cantidades de
algodón orgánico, la mayor parte de los cultivos dependen de las aplicaciones de
insecticidas que se realizan como parte de un programa integrado de manejo de plagas.
A menudo se puede reducir las aplicaciones de insecticidas pero casi nunca se puede
eliminar. Además, las comunidades agrícolas no siempre aplican las lecciones
aprendidas a todas sus actividades. El valle de Cañete en la actualidad produce muchos
otros tipos de cultivos además del algodón, en un ambiente con mucho menos
regulaciones y los agricultores están experimentando ahora problemas análogos
(causados por el uso excesivo de organofosforados y carbamatos de amplio espectro) a
aquellos que enfrentaron sus predecesores algodoneros en la década de 1950. Es una
desafortunada realidad que los insecticidas son una opción tan atractiva y económica
para el control de plagas que los agricultores no cambiarán sus prácticas de manera
voluntaria a menos que un acontecimiento insuperable o una legislación los obligue a
hacerlo.
Los insecticidas de amplio espectro suelen tener efectos inmediatos, pero
predominantemente de corto plazo (dos a tres meses) en insectos que no son el objetivo
(11,130,131). Se ha observado que el escurrimiento de insecticidas (el desplazamiento
de sustancias químicas hacia áreas que no son el objetivo con ayuda del viento y la
temperatura) y el contacto directo con los piretroides reduce el número de insectos que
no son el objetivo en penínsulas que no han sido tratados con insecticidas (132,133), en
parcelas de subcampos (134) y en pruebas de campo a escala (135). Asimismo, se debe
observar que existe una considerable variación entre la susceptibilidad de diferentes
grupos que no son el objetivo. Por ejemplo, los piretroides fluvalinato y esfenvalerato
no redujeron de manera significativa las colectas de larvas de la mosca sírfida en
parcelas de campo pero sí afectaron a las larvas de las mariquitas (Adalia spp). Por el
contrario, el carbamato pirimicarb no tuvo efectos en las larvas de mariquitas pero sí
redujo el número de larvas de sírfidos de manera significativa.
Los estudios que buscan cuantificar el impacto de los insecticidas en la efectividad de
los enemigos naturales como agentes de control para las plagas del campo no son
comunes, sin embargo, Furlong et al. (136) descubrieron que el efecto de los insectos
benéficos fue mucho mayor en aquellos lugares donde se había adoptado el IPM (es
decir, uso reducido de insecticidas) y mucho menor en aquellos lugares donde se
practicaban los métodos convencionales de manejo de plagas. En los lugares donde se
aplicaba el IPM, la contribución de los enemigos naturales a la mortalidad de la polilla
de la col (Plutella xylostella) permitió el cultivo de productos comerciables sin pérdida
en la producción y con una importante reducción en el uso de insecticidas. La
abundancia y diversidad de los enemigos naturales era por lo general mayor en aquellos
lugares donde se había adoptado el IPM. Estudios como estos, donde la disminución del
parasitismo está directamente relacionada con la práctica del manejo en lugar de otros
efectos indirectos (como por ejemplo la falta de presas debido a su eliminación con
insecticidas) son sumamente ilustrativos.
No es únicamente en terrenos agrícolas donde se ha demostrado que los insecticidas
pueden ejercer efectos en el medio ambiente. El uso de insecticidas de amplio espectro
durante las campañas para combatir a la mosca tsé tsé en África ha tenido graves efectos
en organismos que no eran el objetivo. El uso de dieldrin, DDT y γ-HC en la sabana al
sur de África afectó de manera negativa a reptiles, mamíferos pequeños, peces, aves e
insectos. En África Occidental, hubo efectos similares, donde aplicaron dieldrín y
endosulfán desde camiones y helicópteros en terrenos de bosque ribereños. En ese caso
se notó efectos en los anfibios, monos y murciélagos y todas las clases de compuestos,
incluyendo los piretroides, causaron una disminución considerable de la población de
algunas especies por periodos prolongados, en particular aves insectívoras, peces y
crustáceos de agua dulce (137). Posteriormente, estas aplicaciones residuales de
insecticidas fueron reemplazadas por tratamientos aéreos menos permanentes
(considerados preferibles) (138,139) pero éstos continuaron ejerciendo impacto,
especialmente en las poblaciones de crustáceos (140). Desde 1980, el énfasis en el
control de la mosca tsé-tsé ha cambiado a trampas tratadas con insecticida y la
aplicación de baños de inmersión y tratamientos en forma de pour on (de uso externo)
en el ganado. Se piensa que las especies que habían sido afectadas por los esquemas de
tratamiento previos ya se han recuperado, (137) pero, incluso las aplicaciones de
insecticidas dirigidas hacia un objetivo muy específico pueden tener efectos ecológicos
negativos. Los tratamientos externos en el ganado han estado asociados con la
disminución de las poblaciones de escarabajos peloteros debido a los residuos de
insecticida que se encuentran en las heces del ganado.
 Como podemos cuidar el medio ambiente
Perú y las terribles "correrías" o persecuciones para capturar indígenas. Las misiones
Jesuitas se instauraron en la selva desde 1638 a solicitud del gobernador de Maynas
quien pretendía "reestablecer las encomiendas, pacificar a los indígenas y extender su
dominio a toda la región"]. Claro, años antes se había producido un levantamiento
general de los Maynas lo cual provocó este pedido. Es así como se crean las
"reducciones" que eran los lugares a los que se llevaba a los nativos para su
"adoctrinamiento". La salida de los Jesuitas en 1767 alentó la expansión de los
portugueses quienes mantuvieron estas reducciones aunque endureciendo las medidas
de control para evitar el desbande generalizado de la población indígena. Otro efecto
devastador de la colonización sobre los nativos fueron las enfermedades que diezmaron
a las comunidades. La migración de los natívos amazónicos a otros territorios en busca
de mejores condiciones de vida tampoco fue una buena salida dado que provocó
conflictos con otras étnias por el uso del espacio y la disposición de los recursos del
bosque para la subsistencia. Como se puede imaginar, los sistemas de división del
trabajo y organización social comunal se vieron alterados. En suma, el contacto y
relaciones entre personas de la cultura occidental y los residentes amazónicos está
signado desde siempre por la imposición, el dolor y la violencia. El no reconocimiento
del otro como personas, la utilización y desprecio a los nativos, es el común
denominador de estos vínculos. Este encuentro cambió la vida de ambos, aunque de
manera muchísimo más abrupta y dramática para "ellos~ los indígenas. "La historia
amazónica, en lo que a los pueblos indígenas se refiere, es la historia del asalto y de la
resistencia a ese asalto. Una historia con momentos álgidos de CANALJ:. 02 I
COMUNICACIÓN + DESARROLLO I 5 lucha, pero también con momentos de
resignación y de concesiones mutuas entre dos proyectos diferentes y opuestos': Esto lo
dice Segundo Alberto Pizango, presidente de la Asociación Interétnica de desarrollo de
la Selva Peruana (AIDESEP)S Pero la historia continúa, por lo general de manera
silenciosa (es que para la ciudad, la selva queda muy lejos .... solo aparece nuevamente
en escena cuando sucede un hecho grave, "espectacular"). En Agosto del 2008 se
desarrolló una importante movilización de comunidades nativas amazónicas quienes
demandaban la derogatoria del Decreto Legislativo 1015 y de otros 38 decretos del
mismo tipo promulgados por el gobierno del presidente Alan Garda y que vulneraban
los derechos que tienen las comunidades indígenas amazónicas y campesinas sobre sus
territorios. Una vez más, dos cosmovisiones se enfrentan, en este caso, alrededor de la
concepción sobre la propiedad del lugar en el que uno vive. "En las culturas urbanas, en
la ciudad, se habla de "suelo" ya que la relación con el soporte físico donde se apoyan
las actividades es una relación a la cual se le da poca importancia: en las urbes la gente
se recuerda del suelo ¡tan solo cuando hay un temblor! (sic). En las culturas campesinas,
el concepto de referencias es la "tierra": la parcela de tierra es importante para cultivarla
y poder vivir de ella. Pero en los grupos indígenas, nos referimos a "TERRITORIO~ ya
que es algo que trasciende una porción pequena, tiene mas bien que ver con el conjunto
de formas de vida animales, vegetales, mágicas.
 Cuales son los principales contaminantes del suelo
- Caracterización del suelo
Echarri (1998, p. 1), expresa que “el suelo es una parte fundamental de los ecosistemas
terrestres debido a que contiene agua y elementos nutritivos que los seres vivos utilizan,
y en él se apoyan y nutren las plantas y otros organismos”, razón por la cual el suelo es
considerado un recurso natural vital para el sustento de las actividades del ser humano,
por lo que debe ser estudiado y analizado con el fin de encontrar la mejor manera de
conservarlo a través del tiempo. Para lograr tal fin es necesario conocer cómo es su
proceso de formación, cuáles son sus componentes y cómo es su dinámica en general.
El suelo se forma en un largo proceso en el que intervienen el clima, los seres vivos y la
roca más superficial de la litosfera. Este proceso es una sucesión ecológica en la que va
madurando el ecosistema suelo. La roca es meteorizada por los agentes meteorológicos
(frío/calor, lluvia, oxidaciones, hidrataciones, etc.) y así la roca se va fragmentando. Los
fragmentos de roca se entremezclan con restos orgánicos: heces, organismos muertos o
en descomposición, fragmentos de vegetales, pequeños organismos que viven en el
suelo, etc. Con el paso del tiempo todos estos materiales se van estratificando1 y
terminan por formar lo que comúnmente se conoce como suelo (Echarri, 1998).
- Vinculación del suelo en las actividades económicas

El suelo es un componente muy específico de la biosfera debido a que actúa como


amortiguador natural, controlando el transporte de elementos y sustancias químicas a la
atmósfera, la hidrosfera y la biota. Por tanto, se dice que el mantenimiento de las
funciones ecológicas del suelo es responsabilidad de la humanidad (Kabata-Pendias y
Pendias, 1992).
Este recurso natural desempeña una serie de funciones clave, tanto medioambientales
como sociales y económicas, que resultan fundamentales para la vida, dentro de las
cuales pueden mencionarse: producción, ambiente biótico, regulación climática e
hidrológica, almacenamiento de nutrientes y materias primas, control de residuos y
contaminación, espacio vital2, archivo patrimonial3 y espacio conectivo4, entre otras.
La capacidad de almacenaje, filtración, amortiguación y transformación convierte al
suelo en uno de los principales factores para la protección del agua y el intercambio de
gases con la atmósfera. Además, constituye un hábitat y una reserva genética, un
elemento del paisaje y del patrimonio cultural, así como una fuente de materias primas
fundamentales en los procesos productivos organizacionales. La tabla 1 presenta un
resumen de algunos servicios ambientales que presta el recurso suelo.
Puede decirse que la conservación de la materia orgánica presente en el suelo tiene un
valor fundamental para el sostenimiento de la vida y de los procesos que se desarrollan
en torno a ella, puesto que proveen diversas funciones y servicios ambientales
importantes para el ser humano, dentro de los cuales se destacan el control de la erosión,
la formación del suelo, el ciclo de nutrientes, el tratamiento de desechos, hábitat y
refugio, producción de alimentos, regulación de gases, entre otros (Costanza y Folke,
1997). No obstante, la CCE (2002) plantea que las actividades agrícolas y forestales
tienen una gran incidencia en la materia orgánica del suelo. Esta comisión encontró que
a pesar de la importancia de preservar el contenido de este elemento en el suelo, la
materia orgánica en descomposición no se repone lo suficiente en los cultivos
herbáceos, entre los que se observa una tendencia cada vez más pronunciada hacia la
especialización y el monocultivo. Esta especialización ha llevado a la separación de la
ganadería y los cultivos herbáceos, con lo que han desaparecido las prácticas agrícolas
de rotación y la consiguiente reposición de materia orgánica. Como ya se mencionó
antes, la acumulación de materia orgánica en el suelo es un proceso lento que se puede
ver favorecido por técnicas adecuadas de gestión de explotaciones como la agricultura
de conservación, la agricultura ecológica, los pastizales permanentes, los cultivos de
cobertura, el abonado con leguminosas verdes, el uso de estiércol y compost, el cultivo
en fajas y el cultivo según las curvas de nivel. La mayoría de estas técnicas han
demostrado su eficacia a la hora de prevenir la erosión, aumentar la fertilidad y
potenciar la biodiversidad del suelo.
Por otra parte, es importante mencionar que el suelo presta otros servicios ambientales
dentro de los que se puede enunciar el proporcionar espacios que permiten el
esparcimiento de la población y el desarrollo cultural de las regiones en tanto compone
paisajes agradables que fomentan la tranquilidad y la diversión de los seres humanos; de
igual forma, este recurso participa en la regulación del ciclo hidrológico y sirve como
vertedero de desechos, situación que favorece la supervivencia de las organizaciones de
las cuales forma parte el hombre, pues de esta forma se desechan aquellos subproductos
de producción considerados “indeseables”.
Teniendo en cuenta los servicios ambientales que presta el suelo, puede decirse que la
conservación de este recurso es fundamental para el ser humano, pues de su adecuado
funcionamiento depende en gran parte el sostenimiento de las actividades productivas
que desempeña el hombre. En este sentido, Villarreal y otros (2004, p. 4) consideran,
entonces, que el suelo agrícola es “un sistema complejo y en equilibrio dinámico,
compuesto por elementos bióticos e inorgánicos, es el resultado de un extenso proceso
de generación en el cual interviene el clima, el agua, el relieve, los organismos vivos y
el tiempo, alterando profundamente el material originario denominado roca madre”.
- Actividad económica y degradación del recurso suelo
Una de las principales problemáticas en el ámbito ambiental y empresarial es la pérdida
o degradación de recursos naturales que comprometa la generación de satisfactores
sociales y económicos, razón por la cual es fundamental conocer cuáles son las
principales fuentes de contaminación del recurso suelo y cuál es la diferencia entre un
suelo contaminado y uno alterado. Así, según Cepeda (2003), la contaminación
ambiental es la presencia en la atmósfera, el agua o el suelo, de sustancias no deseables,
en concentraciones, tiempo y circunstancias tales, que puedan afectar significativamente
la salud y bienestar de las personas.
En este sentido, se entiende entonces por daño ambiental la afectación o modificación
de las condiciones originales de los recursos naturales, y por contaminación, la
presencia superior a los valores límite permisibles de aquellas sustancias que tengan la
capacidad de modificar o variar alguna condición de dichos recursos y generar
alteraciones que perjudiquen la salud de las personas. De esta manera, se puede decir
que un suelo está contaminado, cuando las características físicas, químicas o biológicas
originales han sido alteradas de manera negativa, debido a la presencia de componentes
de carácter peligroso para el ecosistema; en este caso, la productividad que el suelo
tenía, se pierde total o parcialmente (Cepeda, 2003).
Por consiguiente, la contaminación del suelo generada por actividades económicas
puede presentarse de dos formas: degradación edáfica, proveniente de fuentes
claramente delimitadas (contaminación local o puntual) y la causada por fuentes difusas.
 ¿A que se refiere con el PH del suelo?
El pH se encuentra presente tanto en los líquidos como ejemplo están las bebidas ácidas,
ya sean de cítricos sin embargo de igual forma el suelo también posee un nivel de
acidez, y de acuerdo a este es que los micronutrientes o macronutrientes se concentran
en ellos, los cuales son indispensables para el desarrollo de las plantas. Dado que
existen diferentes tipos de suelo en el mundo cada uno de ellos se diferencias por sus
propias características en cuanto a los nutrientes que posean, lo que creará o no las
condiciones necesarias para el desarrollo de las especies de plantas que en él crezcan. El
pH del suelo, también conocido como acidez del suelo, se puede expresar calcular
usando la escala de pH, esta escalade pH va desde 0 hasta 14. Los suelos con pH sobre 7
son básicos o dulces. Los suelos con pH bajo 7 son ácidos o amargos. El suelo con pH
de valor 7 no es ni ácido ni básico sino que es neutro. Los suelos suelen ser sometidos a
actividades humanas, que a menudo son para satisfacer sus necesidades básicas, por lo
que esto lleva a este expuesto a alteraciones en su pH mediante la aplicación de
químicos o también llamados herbicidas con el fin de mejorar la calidad y producción
de cultivo, sin prestarle atención si afecta al suelo de manera muy directa. Por lo que
como consecuencia, los suelos se tornan salinos o incluso estériles. En casos extremos
llegan a convertirse en desiertos.
-Definición de pH
PH, término que indica la concentración de iones hidrógeno en una disolución. Se trata
de una medida de la acidez de la disolución. El pH también se expresa a menudo en
términos de concentración de iones hidronio.
-Importancia del pH en el suelo
El pH es uno de los parámetros más importantes que influyen en la fertilidad del suelo.
Indica si contiene niveles tóxicos de aluminio y manganeso, si es bajo el contenido de
elementos básicos como el calcio y el magnesio, y si se le puede regular con la adición
de sustancias como el óxido de calcio. La disponibilidad de otros nutrientes esenciales
para la planta depende de los valores de pH. Conociendo el valor de pH del suelo es
posible diagnosticar problemas de nutrientes para un buen desarrollo de las plantas.
-Actividades que afectan el pH del suelo
• Agricultura: esta actividad de forma intensiva afecta directamente al suelo, cuando la
mano del ser humano deja temporalmente el suelo sin una cubierta vegetal, facilita el
proceso de lixiviación de bases de intercambio.
• Uso de fertilizantes: el manejo indiscriminado de fertilizantes en el mejoramiento del
suelo afecta es uno de los principales factores de alteración del pH, ya sea para
convertirle en mucho más ácido o alcalino.
• Lluvias ácidas: como consecuencia del alta contaminación del aire , la atmósfera se ve
expuesta a muchos más gases tóxicos, lo que provoca que como consecuencia el ciclo
del agua se vea afectado, en el proceso el agua altera su composición por las partículas
tóxicas, dando como resultado las lluvias ácidas , que van directamente al suelo y al
agua.
• Producción de CO2 que pasa a H2CO3 generando Hidrogeniones (la atmósfera del
suelo suele ser mucho más rica en anhídrido carbónico que la que se encuentra sobre él).
• Presencia en el suelo de ácidos orgánicos de bajo peso molecular como acético,
cítrico, oxálico, etc… (los residuos de ciertos tipos de plantas suelen tener mucho que
ver).
• Presencia en el suelo de ácidos fuertes como nítrico y sulfúrico desprendidos por la
actividad microbiana.
• Humus que contienen grupos funcionales de tipo carboxílicos, fenólicos, enólicos,
etc… (de nuevo la naturaleza de los residuos vegetales que se aporten al suelo son de
suma importancia).
• Abundancia en el suelo de óxidos de Fe y Al, que en medio ácido pueden modificar
considerablemente el pH.
-
Consecuencias
La acidificación de los suelos reduce el crecimiento de las plantas, por la disminución
de la disponibilidad de algunos nutrimientos como Ca (calcio), Mg (magnesio), K
(potasio) y P(fosforo) , lo que favorece la solubilidad de elementos tóxicos en el suelo,
perjudicando las plantas, estos elementos pueden ser como el Al (aluminio) y Mn
(manganeso). Normalmente la toxicidad por aluminio es el principal factor, con efectos
directos en el metabolismo de las plantas, incluyendo una interferencia con la
transferencia de iones y agua a través de las membranas celulares de la raíz, así
obstruyendo la alimentación de nutrientes necesarios para el desarrollo de las plantas.
Además, las raíces se acortan y engrosan, afectando posteriormente la habilidad de la
planta en la absorción de agua y de nutrientes, particularmente fosfato. La acidez es un
factor limitante de rendimiento en los trópicos húmedos. También es un factor primario
gobernando la distribución natural de las plantas debido a su sensibilidad variante. Los
elementos primordiales como el nitrógeno ele da vigor a las plantas y abundancia de
hojas, cuando hay carencia de nitrógeno se detecta primero en las hojas más viejas, que
son las inferiores. En tanto que cuando falta hierro, se puede percibir en los brotes. En la
ausencia o falta de nitrógeno se podrá detectar si las hojas se ven más claras que el color
verde pálido, y van tornándose en amarillo, incluyendo las nervaduras, o sea pierden la
vistosidad, resultan mucho más opacas a la vista, el resultado de esto son enfermedades
como la clorosis, sin embargo suele suceder que si la deficiencia continúa, las hojas
inferiores de las plantas comenzarán a caer, el follaje no crece y es escaso, aunque
puede florecer con cierta abundancia. En general la planta tendrá un aspecto raquítico y
amarillento. Estos mismos síntomas también pueden producirlo los nemátodos, asfixia
radicular, daños en raíces y otras carencias, por lo que es posible confundirse al
diagnosticar. Si por el contrario hay exceso de nitrógeno, se podrá observar un
crecimiento exagerado y de color verde intenso. Se forman plantas débiles con tejidos
tiernos, y por tanto más propensas a las plagas y enfermedades, al viento, a la lluvia, al
granizo y a las heladas. En tanto que los primeros síntomas de carencia de potasio, si es
leve, se observa en las hojas viejas; pero cuando es aguda, se ve en los brotes jóvenes,
siendo los más severamente afectados, y llegando a secarse. Se reduce la floración,
fructificación y desarrollo de toda la planta. Para sobrevivir, los vegetales necesitan 13
elementos esenciales que los toman principalmente del suelo. Son imprescindibles y son
Nitrógeno (N); Fósforo (P); Potasio (K); Calcio (Ca); Magnesio (Mg); Azufre (S);
Hierro (Fe); Zinc (Zn); Manganeso (Mn); Boro (B); Cobre (Cu); Molibdeno (Mo) y
Cloro (Cl). Las plantas absorben los macronutrientes, Nitrógeno (N); Fósforo (P);
Potasio (K); Calcio (Ca); Magnesio (Mg) y Azufre (S), en grandes cantidades. Mientras
que los micronutrientes, que son Hierro (Fe); Zinc (Zn); Manganeso (Mn); Boro (B);
Cobre (Cu); Molibdeno (Mo) y Cloro (Cl), los absorben en menor proporción, aunque
ambos son igualmente necesarios.
 ¿Qué es mutación del suelo?
El distrito de Buenaventura se encuentra localizado en el departamento del Valle del
Cauca; es oficialmente, y como lo emana la Ley 1617 de 2013, un Distrito Especial,
Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico. Es el principal puerto marítimo de
Colombia y uno de los 10 puertos más importantes de América Latina; mueve más del
53 % del comercio internacional del país. Posee una población de 311.827 habitantes,
de acuerdo con el censo realizado en 2018 por el DANE. Así pues, es la segunda ciudad
más poblada del departamento del Valle, después de Cali, y dista de esta a 114 km por
carretera y a 528 km de Bogotá. Para abordar la temática de conflicto Territorial se
adopta el concepto de mutación definido como una alteración genética de un ser vivo, a
partir de la cual sus características originales presentan cambios.Esta definición es
retomada en el campo del urbanismo, dentro del cual se define a la ciudad como un ente
vivo que, a partir de una serie de eventos tanto externos como internos, generan
procesos de transformación urbana. Las mutaciones urbanas son cambios o
transformaciones que se dan de una manera espontánea o planificada que generalmente
son provocados por algún acontecimiento o algún factor que tiene como resultado una
modificación estructural parcial o total de la ciudad, ya sea en términos morfo-
tipológicos o de funcionalidad. (Muños, 2017, p. 24) Las condiciones de mutación de
una ciudad como Buenaventura recogen una sumatoria de variables, lo que hace
complejo el desarrollo del tema. Por ello, el objetivo de este artículo es precisar dos de
los agentes que han promovido la mutación de una parte de este territorio, los usos
portuarios y logísticos característicos de una ciudad marítima, y los usos residenciales y
mixtos. De este modo, se pretende hacer un recuento del desarrollo de los puertos, cómo
se han localizado en el territorio y el conflicto que han generado con los usos urbanos
residenciales. El método consistió en hacer diagnóstico y análisis al distrito de
Buenaventura, con el propósito de evidenciar sus principales dificultades y
oportunidades. Este proceso permitió entender la ciudad desde su composición
ambiental, urbano-funcional, social, económica y cultural. Se revisó la cartografía y
documentos del POT del distrito y se comparó con la realidad de crecimiento urbano y
descontextualizado por el cual atraviesa el municipio. Además, por la particularidad de
ser una ciudad puerto, tomé referencia de algunos autores que han estudiado este tipo de
ciudades; específicamente, en lo que tiene que ver con la ruptura que la ciudad y el
puerto presentan cuando la actividad portuaria se expande.
 ¿Qué es la permeabilidad del suelo?
Los suelos y las rocas no son sólidos ideales, sino que forman sistemas con 2 o 3 fases:
partículas sólidas y gas, partículas sólidas y líquido, o bien, partículas sólidas, gas y
líquido. El líquido es normalmente agua y el gas se manifiesta a través de vapor de
agua. Por lo tanto se habla de medios “porosos”. A estos medios se los caracteriza a
través de su “porosidad” y a su vez esta propiedad condiciona la permeabilidad del
medio o del material en estudio. Se dice que un material es permeable cuando contiene
vacíos continuos, estos vacíos existen en todos los suelos, incluyendo las arcillas más
compactas, y en todos los materiales de construcción no metálicos, incluido el granito
sano y la pasta de cemento, por lo tanto dichos materiales son permeables. La
circulación de agua a través de la masa de éstos obedece aproximadamente a leyes
idénticas, de modo que la diferencia entre una arena limpia y un granito es, en este
concepto, solo una diferencia de magnitud. La permeabilidad de los suelos, es decir la
facultad con la que el agua pasa a través de los poros, tiene un efecto decisivo sobre el
costo y las dificultades a encontrar en muchas operaciones constructivas, como los son,
por ejemplo, las excavaciones a cielo abierto en arena bajo agua o la velocidad de
consolidación de un estrato de arcilla bajo el peso de un terraplén, de allí la importancia
de su estudio y determinación.
 ¿Qué causa la salinidad en los suelos?
La salinidad y la sodicidad son dos conceptos que tienen que ver con un incremento de
sales en el suelo. Ambos procesos limitan la actividad agrícola en grandes extensiones
de tierra, causando una disminución de la capacidad productiva de los suelos y una baja
en los rendimientos de los cultivos, principalmente en las zonas en las que la
evaporación superficial y la absorción de agua por las plantas exceden el nivel de la
precipitación. El efecto de las sales en las plantas se presenta cuando son sometidas a
altas concentraciones de una sal, lo que puede afectar su capacidad de retención dl agua
y además de los efectos iónicos que ocasiona a nivel enzimático en los procesos de
glicólisis, ciclo de Krebs y fotofosforilación, que son sensibles a las soluciones salinas,
y dan como resultado una menor disponibilidad de energía, de nutrientes y del
crecimiento de las plantas y germinación de las semillas. Se estima que 831 millones de
hectáreas a nivel mundial están afectadas por sales. En México la salinización de suelos
afecta el 3.2% de su territorio, siendo este proceso una realidad cada vez más evidente,
y una de las principales causas de degradación química, fundamentalmente en las zonas
áridas y particularmente en los suelos bajo riego, donde la aplicación de fertilizantes y
residuos industriales han favorecido la salinidad. También se observa con más
frecuencia en las cuencas cerradas que, a través de miles de años, han acumulado
paulatinamente sales en los suelos. Por lo anterior, cabe destacar que el conocimiento
sobre el origen, dinámica y las consecuencias de la salinidad, abre las puertas a las
nuevas generaciones para abordar esta problemática, que impone la necesidad de dar
soluciones, y se pueda instrumentar un plan para la posible recuperación o
rehabilitación de los suelos afectados por estos procesos.
 ¿El componente orgánico que función tiene en el suelo?
El contenido de materia orgánica ha sido estudiado en una gran cantidad de suelos en el
mundo y su mayor o menor proporción ha sido atribuida a diferentes factores:
precipitación, temperatura, humedad relativa, contenido de arcilla, factor biótico, altitud
(asociada con la disminución de la temperatura), material parental, etc. Ochoa et al
(1981) y Jaimes y Elizalde (1990) encontraron, para suelos de Venezuela, que los
contenidos de materia orgánica aumentan con la altitud, mientras que para Oballos
(1995), en cuencas pequeñas, no se observan aumentos definidos de materia orgánica.
El aumento en los contenidos de materia orgánica con la altitud está asociado con la
disminución de la temperatura para altitudes superiores a los 3000 msnm, mientras que
para altitudes comprendidas entre 1500 y 2000 msnm, se corresponde con los aumentos
de la precipitación, igualmente en condiciones de extrema acidez y proliferación de
hongos puede asociarse con la disminución de la actividad bacteriana y rata del proceso
de mineralización, lo cual determina altos contenidos de G. Ochoa; J. Oballos; J.
Sánchez; J. Sosa; J. Manrique y J. Velásquez materia orgánica en los suelos (Ochoa et
al, 1981). Tavant et al (1994), estudió lavariación del carbono orgánico en función de
las propiedades del suelo y de la altitud, en materiales calcáreos para el Jura (Francia),
encontrando que el calcio explica el 77% de la variación del carbono orgánico, y que la
altitud solamente explica el 1,1% de la variación del mismo.
 ¿Por qué es importante el suelo?
La definición del suelo ha tenido varios matices, según quien trate de hacerla y según la
época en que la haga. Como lo recuentan Hillel (1998), Buol et al (1997), Malagón et al
(1995), Porta et al (1994) y Soil Survey Division Staff (SSDS, 1993), entre otros
autores, el término suelo ha tenido acepciones verdaderamente simplistas como:
El suelo es, desde el punto de vista del agricultor, el sitio para ubicar sus semillas y
producir sus cosechas (Worthen, 1949).
Para un geólogo podría ser el recubrimiento terroso que hay sobre un cuerpo rocoso.
Para un constructor, el suelo es el sitio sobre el cual colocará sus estructuras o el
sustrato que le suministrará algunos de los materiales que requiere para hacerlas.
Para un ecólogo es uno de los componentes del ecosistema que estudia.
Para un químico, es el laboratorio donde se producen reacciones entre las fases sólida,
líquida y gaseosa.
Un antropólogo o un arqueólogo podrán ver el suelo como un tipo de registro del
pasado.
En los tiempos en que los pueblos empezaron a asentarse en un sitio y abandonaron su
sistema nómada, el suelo adquirió valor en la medida en que se fue requiriendo para
producir alimentos: en esta etapa el suelo se concebía como el sustrato indispensable
para el suministro de nutrientes, de agua y de soporte para las plantas. La concepción de
suelo expuesta en el párrafo anterior empezó a cambiar hacia principios del siglo XIX,
cuando el suelo empezó a mirarse en un contexto naturalista y a considerarse como un
cuerpo natural, como aparece en las definiciones de Karl Sprengel (1837) y de Frank
Albert Fallow (1862), citadas por Porta et al (1994). Hacia finales del siglo XIX,
Dokuchaev (1886), según trabajo de Vilenskii (1957), citado por Buol et al (1997),
propuso que el término suelo se utilizara para definir “aquellos horizontes de la roca que
diaria o casi diariamente cambian sus relaciones bajo la influencia conjunta del agua, el
aire y varias formas de organismos vivos y muertos”. Además, para su época,
Dokuchaev concibió el suelo como “un cuerpo natural independiente y evolutivo
formado bajo la influencia de cinco factores”, de los cuales él consideraba que la
vegetación era el más importante.
Según Malagón et al (1995), por la concepción expuesta en el párrafo anterior,
Dokuchaev es considerado el gestor de la Pedología. Su pensamiento fue afianzado por
Sibirtzev y por Glinka en Europa y por Marbut en Norteamérica, entre finales del siglo
XIX y comienzos del XX. Ante la variedad de acepciones utilizadas para un mismo
término, algunos autores trataron de acuñar definiciones que precisaran la aplicación del
mismo. Aparecieron entonces los conceptos de:
Pedología, en donde se considera el suelo como un cuerpo natural cuyas propiedades
interesan para establecer su origen y su clasificación, sin importar sus posibilidades de
uso.
Edafología, en donde el suelo es tomado como el soporte para las plantas, es decir, se
estudia desde un punto de vista netamente práctico, orientado a obtener los mejores
rendimientos agropecuarios posibles. (Lyttleton y Buckman, 1944).
El glosario de términos de suelos de la Sociedad Americana de la Ciencia del Suelo
(1984) también acepta la diferenciación hecha en el párrafo anterior al establecer dos
definiciones para el término suelo:
Es el material no consolidado en la superficie de la tierra que sirve como medio natural
para el crecimiento de las plantas terrestres, y
Es el material mineral no consolidado en la superficie de la tierra que ha estado
sometido a la influencia de factores genéticos y ambientales: Material parental, clima,
macro y microorganismos y topografía, todos actuando durante un lapso de tiempo y
generando un producto: el suelo, que difiere del material del cual se derivó en varias
propiedades y características físicas, químicas, biológicas y morfológicas.
La concepción pedológica del suelo implica que éste forma un continuum en la
superficie terrestre y que es susceptible de ser clasificado y cartografiado; estas
propiedades las recoge el Soil Survey Staff (1975) en la siguiente definición: “El suelo
es una colección de cuerpos naturales en la superficie terrestre, en algunos sitios
modificados o aun hechos por el hombre, que contienen materia viviente y que soportan
o son capaces de soportar plantas creciendo al aire libre”. Esta definición ha sido
revisada y reelaborada, dando origen a una nueva conceptualización que permite
ampliar el dominio del término suelo: “El suelo es un cuerpo natural compuesto de
sólidos (minerales y materia orgánica), líquidos y gases que ocurre en la superficie de la
tierra, ocupa un espacio y se caracteriza o porque tiene horizontes o capas que se
diferencian del material inicial como resultado de las adiciones, pérdidas, traslocaciones
y transformaciones de energía y materia o porque es capaz de soportar plantas
arraigadas en un ambiente natural” (SSS, 1998, 1999). En la actualidad, por efecto de la
influencia ambiental, de la sostenibilidad y de la sistémica, se han elaborado algunas
definiciones un poco más holísticas del suelo:
Para Jaramillo et al (1994) el suelo es aquella delgada capa, de pocos centímetros hasta
algunos metros de espesor, de material terroso, no consolidado, que se forma en la
interfase atmósfera – biosfera – litosfera. En ella interactúan elementos de la atmósfera
e hidrosfera (aire, agua, temperatura, viento, etc.), de la litosfera (rocas, sedimentos) y
de la biosfera y se realizan intercambios de materiales y energía entre lo inerte y lo vivo,
produciéndose una enorme complejidad.
 ¿Qué consecuencias trae la contaminación del suelo a la salud humana y el
medio ambiente?
El suelo es un componente esencial del ambiente en el que se desarrolla la vida; es
vulnerable, de difícil y larga recuperación (tarda desde miles a cientos de miles de años
en formarse), y de extensión limitada, por lo que se considera un recurso natural no
renovable. De acuerdo con Dorronsoro (2007), este recurso se utiliza para fines muy
diversos: agricultura, ganadería, pastos y montes, extracción de minerales y de
materiales para la construcción, soporte para las edificaciones, eliminación de residuos
y actividades de ocio y recreo, entre otros. En este sentido, puede decirse que el suelo
provee importantes funciones ambientales, dentro de los cuales se destaca ser el
sustento de alimento para las plantas, almacenar nutrientes, poseer y albergar materia
orgánica proveniente de restos animales y vegetales, ser el hábitat de diversos
organismos que transforman la materia orgánica presente en él, entre otros factores que
lo hacen ser esencial en el desarrollo de los ecosistemas de los cuales forma parte.
Las actividades económicas, especialmente la agricultura, están haciendo un uso cada
vez más intensivo del suelo, empleando insumos como plaguicidas y fertilizantes, con el
fin de obtener alimentos y materias primas para la elaboración de sustancias químicas,
como biocombustibles. Igualmente, otras actividades productivas también usan de
manera intensiva este recurso, situación que está conduciendo a una degradación
creciente del suelo, así como a una pérdida irrecuperable del mismo. El uso inadecuado
de este recurso trae como consecuencia la imposibilidad de hacer un uso óptimo del
suelo en la agricultura, la ganadería, la recreación, etc. Por tal razón, es necesario crear
políticas públicas y estrategias de regulación, que permitan disminuir el impacto
ambiental negativo que se produce sobre el suelo (consecuencia de diversas actividades
que se llevan a cabo en los procesos productivos de la industria y demás sectores
económicos), y generar una conciencia sobre la importancia de conservar los recursos
naturales presentes en el medio.
Una estrategia para regular permanentemente las actividades económicas de las
empresas, en cuanto a la generación de impactos ambientales negativos sobre el suelo,
es el uso de instrumentos económicos que puedan incentivar a los agentes económicos
para que inviertan en la protección y conservación de los recursos naturales. De igual
forma, la implementación de estos mecanismos económicos permitirá demostrar el valor
del recurso suelo como proveedor de bienes y servicios ambientales, para que de esta
manera pueda ser integrado en los estados de resultados de las empresas.
Este artículo tiene como objetivo fundamental presentar una revisión bibliográfica
analítica sobre los principales mecanismos de regulación que se emplean en el ámbito
nacional e internacional en la protección de los recursos naturales, específicamente el
suelo, como proveedor de diversos bienes y servicios ambientales. En este sentido, la
primera sección presenta la problemática asociada al uso económico del recurso suelo.
La segunda enfatiza en la regulación ambiental generada en torno a la contaminación
del suelo. Por otro lado, la tercera sección contempla las aproximaciones económicas al
problema de la contaminación. La cuarta, por su parte menciona las directrices
requeridas para el diseño de instrumentos económicos que permitan regular la
contaminación del suelo.

ANEXO 2:
 GRAFICO ESTADISTICO:
ANEXO 3:
 BIBLIOGRAFIA:
¿Qué es un insecticida? - Devine, G. J., Eza, D., Ogusuku, E., & Furlong, M. J. (2008).
Uso de insecticidas: contexto y consecuencias ecológicas. Revista peruana de medicina
experimental y Salud Pública, 25(1), 74-100.
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H. C. (2011). Ventajas y desventajas de los insecticidas químicos y naturales.
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Impacto ambiental de los insecticidas químicos Martínez, A. B. USO RACIONAL DE
INSECTICIDAS QUÍMICOS EN BANANO.
Impacto de los insecticidas químicos en el suelo. Devine, G. J., Eza, D., Ogusuku, E., &
Furlong, M. J. (2008). Uso de insecticidas: contexto y consecuencias ecológicas.
Revista peruana de medicina experimental y Salud Pública, 25(1), 74-100.
¿Qué es un insecticida ecológico? Devine, G. J., Eza, D., Ogusuku, E., & Furlong, M. J.
(2008). Uso de insecticidas: contexto y consecuencias ecológicas. Revista peruana de
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Ventajas de un insecticida ecológico Silva, G., Lagunes, A., Rodríguez, J. C., &
Rodríguez, D. (2002). Insecticidas vegetales: una vieja y nueva alternativa para el
manejo de plagas.
Desventajas de un insecticida ecológico Devine, G. J., Eza, D., Ogusuku, E., & Furlong,
M. J. (2008). Uso de insecticidas: contexto y consecuencias ecológicas. Revista peruana
de medicina experimental y Salud Pública, 25(1), 74-100.
Como podemos cuidar el medio ambiente Gianella, C. Z. (2008). Cuidar el medio
ambiente es cuidar a la gente. Canalé, (2), 4-8.
Cuáles son los principales contaminantes del suelo Silva Arroyave, S. M., & Correa
Restrepo, F. J. (2009). Análisis de la contaminación del suelo: revisión de la normativa
y posibilidades de regulación económica. Semestre económico, 12(23), 13-34.
¿A que se refiere con el PH del suelo? Rivera, E., Sánchez, M., & Domínguez, H.
(2018). pH como factor de crecimiento en plantas. Revista de iniciación científica, 4,
101-105.
¿Qué es mutación del suelo? Micolta, A. S. (2021). Conflicto territorial por usos del
suelo en el distrito de Buenaventura: territorio en mutación. Revista Grafías.
¿Qué es la permeabilidad del suelo? Angelone, S., Garibay, M. T., & Casaux, M. C.
(2006). Permeabilidad de suelos. Geol. y Geotec—Permeabilidad Suelos.
¿Qué causa la salinidad en los suelos? Mata-Fernández, I., Rodríguez-Gamiño, M. L.,
López-Blanco, J., & Vela-Correa, G. (2014). Dinámica de la salinidad en los suelos.
Revista Digital del Departamento El Hombre y su Ambiente, 1(5), 26-35.
¿El componente orgánico que función tiene en el suelo? Ochoa, G., Oballos, J.,
Sánchez, J., Sosa, J., Manrique, J., & Velásquez, J. (1981). Variación del carbono
¿Por qué es importante el suelo? Jaramillo, D. F. (2002). Introducción a la ciencia del
suelo.

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