Tesis sobre Saulo Torón y su obra
Tesis sobre Saulo Torón y su obra
CERTIFICA
^mmO'^
Saulo Torón, el orillado.
Una propuesta de relectura de su vida y su obra
a.
' UNIVERSIDAD DE LAS PALAíAS DE GRAN CANARIA
O^rtamento de Filolc^ía Española, Clásica y Árabe
2005
UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
L:
El Director,
INTRODUCCIÓN
ABREVIATURAS
ESTADO DE LA CUESTIÓN: SAULO ANTE EL PELIGRO
B L O Q U E V. CONCLUSIONES
Capítulo XV. La suspensión del texto
Capítulo XVI. Tras la escritura
BIBLIOGRAFÍA
ANEXOS
Anexo I. Otras creaciones de Torón
Anexo II. Textos dedicados a Saulo Torón
Por prematuro que pueda parecer, fue en el curso 1997-1998, al hallarme cursando segundo
de Filología Hispánica, cuando decidí que la investigación conducente a la obtención del
título de Doctor la iba a realizar sobre la figura de Saulo Torón. Recuerdo que en un des-
canso entre dos horas de clase de la asignatura Análisis literario de Textos, impartida por
qxiien ha dirigido mi trabajo de investigación, el Doctor Eugenio Padorno, conversé con él
acerca de la necesidad de seguir delimitando el contorno de la Literatura Canaria desde la
investigación de autores concretos. Él me señaló a don Saulo, poeta que justamente estaba
por aquellos días leyendo, y todo resultó tan coincidente que sentí que ése sería el objeto de
estudio de mi fiítura tesis doctoral. Y digo "decidí" porque, aunque en aquel momento no
iniciara movimiento alguno al respecto, no aparté de mis intenciones acercarme a escuchar
lo que tenía que decirme el humilde Saulo Torón.
Para mayor coincidencia, unos meses más tarde se anunció la realización de una serie de
actos conmemorativos del veinticinco aniversario de la muerte del poeta. Entre esos actos
se encontraba la inauguración de la Sala Saulo Torón, en la Biblioteca General de la Universidad
de Las Palmas de Gran Canaria, sala que iba a albergar la biblioteca del poeta que, con su
archivo personal, había sido adquirido por la Universidad. La sala se inauguró en enero de
1999, mes en el que también se inició un ciclo de conferencias acerca del poeta teldense,
ciclo al que asistí y en el que conocí a Doña María Isabel Torón, hija del poeta; ella se mos-
tró desde ese momento entusiasmada con mi voluntad de hacer una investigación sobre su
padre. Todo parecía saürme al camino. En ese instante, acercarse a Torón no era sólo una
devoción sino una sutil obligación para, quien como yo, tanto interés tenía por sumar su
labor filológica al desciframiento de una tradición, la canaria, necesitada de miradas tan apa-
sionadas como rigvirosas.
El caso es que, una vez finalizados los estudios de Licenciatura y tras haber sido benefi-
ciario de una beca de colaboración en el Segundo Ciclo de los estudios para iniciar el acopio
de material, solicité una beca predoctoral de investigación para realizar aquella tesis y me fiíe
concedida por el Gobierno de Canarias. La empresa tuvo una complicación con la que con-
taba y que preciso aclarar en este punto. El manejo del archivo personal del autor sin lugar
a dudas toda una suerte para cualquier investigador no resioltó sencillo, puesto que se trata,
aún, de un archivo desorganizado, una acumulación de documentos sin mayores pretensiones
organizativas. Eso hace que no pueda responder de su totalidad^.
es un trabajo que se está acometiendo en estos momentos y que demorará su finalización. Por tanto puedo
dar fe de todos los documentos citados en la bibliografía procedentes del archivo, pero no puedo asegurar
que estén anotados todos los que contiene.
como referencia en las abreviaturas. Baste añadir que, en cuanto a las citas textuales de la
poesía de Torón, me guío por la edición del total lírico de Interinsular Canaria (Poesh completa,
Santa Cruz de Tenerife, 1998); para el teatro, por el compendio titulado Teatro teldense cuyo
compilador es Ignacio Moran Rubio (Ayuntamiento de Telde, 1993); para las citas de los textos
en prosa por la edición de Antonio Henríquez {Saulo Torón, prosista. Ediciones del Cabildo
Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2002); para la poesía satírica por la
compilación de Joaqxún Artiles (Excma. Mancomunidad de Cabüdos de Las Palmas, 1976).
En cuanto a los textos de Morales, Quesada y Rivero, están extraídos respectivamente de la
edición de Interinsular de IMS Rosas de Hércules (Santa Cruz de Tenerife, 1984), la edición de
la Obra completa (Cabildo de Gran Canaria y Gobierno de Canarias, Madrid, 1986. VI tomos)
y la edición titulada Un el dolor humano (Ayuntamiento de Arucas, 2002). El epistolario digi-
taHzado de Saulo Torón (1999) también se cita en el apartado bibliográfico. El número del
documento lo cito entre paréntesis tras la abreviatura correspondiente. Las abreviaturas que
acompañan las citas son las convencionales, por lo que no están reseñadas en el listado inicial.
Quisiera dar las gracias a todas las personas que tienen algo que ver con este trabajo. En
primer lugar a Saulo Torón, por su ejemplo; por dejarse decir en este trabajo. Al Doctor
Eugenio Padorno, mi maestro, al que debo mi acrecentada devoción por la literatura y mi
implicación con la tradición canaria. A María Isabel Torón y el resto de la familia del poeta,
por posibilitar mi acercamiento a su figura y aportarme en cada momento aquello que les
solicité. Al personal de la Mediateca de la Biblioteca General de la Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria, por su generosidad para conmigo en mis días de archivo. A Sergio
Hernández por ayudarme a sentar el texto. A mi familia y amigos, por saber compartirme
con Saulo. Y a mi padre, que tanto trabajó para que sucediera lo que hoy está viendo desde
las estrellas.
D.: Desinit.
I.: Incipit.
A poco que se profundice en el estudio de la Eteratxira canaria afloran los innumerables tópicos
que han bombardeado su devenir a lo largo de los siglos en los que declara su existencia. A
menudo, criterios de naturaleza política entorpecen una consideración exclusivamente
antropológica y filológica que desvele la originalidad irrepetible de un discurso necesaria-
mente diverso. A esta realidad se suma la habitual consideración de la escritura canaria en
relación con discursos que entiendo ajenos y extraños. Así, la caracterización de la literatura
canaria adolece de una definición en sí, a partir de sí misma. Desde esa carencia se han inten-
tado acomodar las supuestas coincidencias (mentando inevitablemente un supuesto rezago
cronológico que afecta a la creación instilar) y se han obviado o analizado interesadamente
las abundantes disensiones. En una carta precisamente dirigida a Saulo Torón, acaso así se
refería el poeta y profesor de literatura Fernando González a esta circunstancia:
Una de las cosas que quiero hacer antes de morirme, es un estudio de todos y cada uno de los
poetas de Gran Canaria que por su obra merezcan esa consideración, pues hasta hoy nadie ha
estudiado a nuestros poetas desde el punto de vista de su valor poético, sino en contemplación
de su relación con otros poetas contemporáneos, o por su temática o por su arte métrico, con
lo cual subordinan su importancia a la importancia de otras figuras que han alcanzado una nom-
bradla mayor^.
Inserto en este discurso y sujeto como pocos a una doble definición en contraste queda
el total creativo de Saulo Torón. Si la literatura canaria se ha definido como la versión en el
archipiélago del discurso literario canónico español, y con ello se la ha hurtado parte de la
visión de su originalidad, a Saulo Torón, además, lo ha ubicado tradicionalmente la crítica
bajo las alargadas sombras de Alonso Quesada y de Tomás Morales. Por esta doble y pesada
losa encontramos a don Saulo ante el peligro, ante el peligro de una voz regateada. Son innu-
merables los textos (fundamentalmente entrevistas periodísticas) en los que el testimonio de
Torón es el del testigo más que el del creador implicado en un segmento particularmente
1 'Epist. (127). En un trabajo reciente, Oswaldo Guerra se refiere a este particular: "No hay tal vez peor estig-
ma para un escritor, cuya obra presente una alta calidad literaria, que ser considerado como epígono o imi-
tador de otro única y exclusivamente por ver en él lo que tiene de semejante en relación a tal o cual esté-
tica, en tanto se soslaya lo que tienen de especial, de diferente" (Í7« modo de pertenecer al mundo, Ediciones
del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2002, Nueva Biblioteca Canaria, p. 15).
intenso de la lírica y la cultura canarias. Puedo poner como ejemplo un texto de Francisco
Perrera Ferraz titulado "Saiilo Torón, el puerto y otras cosas", en el que se lee: "Más de una
vez hemos pensado si alguna de aquellas noches, sentado junto a Saulo, el poeta Tomás
Morales se inspiró en aquel muelle de Santa Catalina para la composición que comienza:
"Puerto de Gran Canaria sobre el sonoro Adántico"^. Sorpresas semejantes podemos
encontrar por ejemplo en "Entrevista íntima con el poeta", realizada por Antonio
Rodríguez del Pino^ o en "Charlando con Saulo Torón", entrevista firmada por Pedro
Perdomo Azopardo"^. Evidentemente las circunstancias biográficas del longevo Torón con-
trastan con las exiguas vidas de Morales y Quesada y es lógica y relevante la información
que don Saulo podía ofrecer acerca de estos dos enormes autores; pero el caso es que la
obra de Torón, orillada, por unas u otras razones, no ha obtenido la atención necesaria por
parte de la crítica.
Una de las razones, no la oculto, es la resistencia habitual de Torón a hablar de sí mismo.
Repasando su epistolario encontramos testimonios que evidencian rotundamente esta cir-
cunstancia. Claudio de la Torre le escribe en 1935: "Aunque me parece muy mal que sólo
me escribas para asuntos ajenos y no para contarme de ti, que sabes me interesa siempre
tanto, no dudes que atenderé tu recomendación, por demás innecesaria"^. Otro ejemplo, si
cabe, más significativo. Al principio de la década de los sesenta del siglo pasado, Fernando
González andaba interesado en realizar acopio de diversos textos de autores canarios con la
intención de editar una antología. En aquel momento solicitó la ayuda de don Saulo, que en
carta fechada el 16 de marzo de 1960 comunica al profesor teldense:
Hoy le incluyo copia de las poesías que tengo de don Domingo Rivero, las únicas que he podido
aqurir[sic]. Me faltan dos —muy bellas e importantes— que nunca me quiso dar el viejo amigo,
las tituladas "Silla de junto al lecho" y "Los muebles de mi cuarto". Intentaré de [sic] adquirirlas
por mediación de Federico Cuyas, cuando lo vea. Lx) de mi hermano Julián tendré que copiarlo
yo mismo de los originales que guardan los hijos, cosa que probablemente tendré que hacer en
su propia casa. Para su biografía haré las notas para que Vd. las arregle adecuadamente y con la
pericia que le es habitual. De lo mío... ya veremos. Estoy hecho un avaro incorregible y a la ve2
un desconfiado del valor de lo que hago, y que guardo secretamente en el cajón de mi mesa
escritorio. Son cosas breves casi todas'', hechas en distintas épocas y sin ambición de publicidad.
Ahora, con motivo de mi jubilación, se me ha recrudecido la vena poética y he fraguado algunas
cosas que no sé si estarán como para ofrecerlas a la consideración ajena. ¡Cómo me gustaría
podérselas leer a Vd. directamente, querido Femando, en esta misma habitación donde estoy
dándole al teclado de esta vieja maquinilla! Por lo pronto vaya Vd. trabajando con los demás y
deje mi turno para lo último^.
A día de hoy podemos afirmat que todo aquello que Torón quiso hacer público ha sido
llevado a la imprenta. En los últimos años se ha acometido la edición de su poesía completa^
(con la reedición del volumen Poesías de 1970^ que contiene, para entendernos, la vertiente
lírica de la poesía de Torón y con la publicación de una compilación de los textos satíricos,
compilación y publicación que se deben a Joaquín Artiles^^), la publicación de su teatro^^ y
la de sus textos en prosa^^ Además, en 1999 se publicó un epistolario digitaüzado^^. Esa
laguna habitual en otros autores canarios que son más silencio que voz, no acontece afortu-
nadamente en el caso de Torón.
Otra cosa es la producción crítica que han suscitado sus textos. Sobre Torón hay más
páginas en los periódicos que en libros. El seminario celebrado a lo largo de los primeros
meses de 1999 coincidiendo con el veinticinco aniversario de la muerte del poeta y auspiciado
por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria constituye, sin lugar a dudas, la más pro-
funda voluntad de acercarse en conjunto a la obra del autor teldense. Estos textos, desgra-
ciadamente inéditos en conjunto hasta la fecha, abordaron el total de la obra de Torón desde
perspectivas diversas y es, como digo, el hito más relevante, a mi juicio, en la crítica toronia-
na. En el apartado bibliográfico doy cuenta de aquellos textos referidos al autor, que son
escasos en el formato de libro pero abundantes en la nota y el artículo periodístico. Los tex-
tos de Joaquín Artiles, Sebastián de la Nuez y Ventura Doreste por mí reseñados, constitu-
ían a priori las líneas de inaplazable lectura para el investigador de la obra de Torón. Después
manejé otros textos como los de Yolanda Arencibia, el de M* Angeles Martínez y el de
Guillermo Perdomo que, junto con el texto de Rene Durand (escrito en francés), una breve
nota de Alfonso Armas Ayala, dos trabajos insertos en el tomo homenaje a Antonio Cabrera
Perera escritos por María del Prado Escobar y Alicia Llarena y dos trabajos míos titulados
"Savilo Torón y la suspensión del texto^^" y "Tras la niebla imprecisa. Metapoesía de Saulo
Torón^^" constituyen el total de artículos dedicados a Torón impresos en Hbro con los que
8 Saulo Torón, Poesía completa, (prólogo de Juan Manuel Bonet) Editorial Interinsular Canaria, Santa Cruz de
Tenerife, 1998. La colección Biblioteca Básica Canaria publicó un volumen titulado El caracol encantado y
otros poemas, (ed. y prol. de José Carlos Cataño), Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de
Canarias, Islas Canarias, 1990.
9 Me refiero a la edición del Cabildo Insular de Gran Canaria, preparada por Ventura Doreste y Alfonso
Armas Ayala y con prólogo de Francisco Induráin.
10 Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 1976.
11 Ignacio Moran Rubio, Teatro teldense, Ayuntamiento de Telde, 1993. Junto con los textos del autor que cen-
tra este estudio, el volumen presenta dos obras de Montiano Placeres (1885-1938) tituladas LM muñeca y ha
siembra y un texto escrito a dos manos por Luis Báez (1907-1941) y Braulio Guedes (1903-1954) que lleva
por título £ / último mártir.
12 Antonio Henriquez, Saulo Torón, prosista. Quince textos exhumados. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria,
Las Palmas de Gran Canaria, 2002. Colección Nueva Biblioteca Canaria.
13 Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y Biblioteca
Universitaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1998.
14 En [Link]. Estudios sobre el español de Canarias. Actas del I Congreso Internacional sobre el español de Canarias, (II
volúmenes). Academia Canaria de la Lengua, Santa Cruz de Tenerife, 2003, pp. 945-960.
15 En Homenaje a Francisco Navarro Artiles, Academia Canaria de la Lengua y Cabildo Insular de Fuerteventura,
Santa Cruz de Tenerife, 2004. pp. 421-433.
Hoy le escribo esta carta un poco contrariado, pues quería que fuera en contestación a la suya
y para felicitarles, a la vez, por las Navidades y Año Nuevo, pero no puedo hacer lo primero
porque su carta se me ha desaparecido entre el montón de papeles que tengo y no he podido
encontrarla todavía. Seguramente que la guardé entre las hojas de algún Hbro que estaba leyendo
cuando la recibí y no puedo precisar que[sic] libro era ni dónde lo puse^^.
16 Dejo fuera, por su carácter abarcador, el trabajo lectura de poesía canaria contemporánea de Jorge Rodríguez
Padrón (\^iceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Islas Canarias 1991, Colección
Clavijo y Fajardo) donde el crítico inserta dos epígrafes que tienen por objeto la lírica de Torón y que ya
habían aparecido publicados con anterioridad: un texto titulado "El puerto como tema en tres poetas cana-
rios"(en Gaceta de Canarias, año l / n ° 3, 1982, pp. 56-73) y "Saulo Torón, tentativas para una poética" (en
1M Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de jimio de 1985). Tampoco incluyo en este apartado algu-
nos textos consultados en la red que sí incluyo en el apartado Bibliografía pasiva.
17 De Saulo Torón a Fernando González, Las Palmas de Gran Canaria, 19 de diciembre de 1961. \há. Epist.
(78).
18 Me refiero a una serie de entrevistas publicadas por El Eco de Canarias y realizadas por su redactor-jefe en
1966, Cano Vera, y de la que doy cuenta en su momento.
De todos es sabido que el parto de una nueva estética asume la complejidad. Plantear un
nuevo quehacer creativo presupone la dificultad, la burla y hasta el rechazo. Probablemente,
uno de los alumbramientos más abstrusos de los que en nuestro ámbito han acontecido sea
el modernista. Aún hoy, aquella criatura mestiza que nació en la cuesta abajo del siglo XIX
está expuesta a la consideración de bastardo, de desarraigado hijo de nadie. ¿Cómo enten-
der aún este desprecio? Sigamos con la metáfora. Hasta aquel momento, en la gestación de
las nuevas estéticas, en esta cara del mundo, las sorpresas inexistían. Todos los nacidos eran
inscritos a favor de padres reconocidos de presupuesta vaHa y honor. Los rasgos de ese ros-
tro que se nos exige para conocernos correspondían una vez a unos y otras a otros pero el
círculo de progerútores no excedía las viejas fronteras del cansado continente europeo. Pero
¿a quién responsabilizar del nacimiento de aquel inédito?; ¿quién iba a asumir la existencia
de un ser que escapaba a todas las parentelas hasta aquel momento conocidas?; ¿quién iba
a dar razón de aquel imprevisto? Aquel nacimiento no era, ni mucho menos, inocente. Aquel
nacimiento era el del hombre nuevo. La idea del hombre nuevo circula por Europa entre fines del
siglo XIX y comienzos del XX. Tiene su raíz en F. Nietszche y en R. Wagner; si buscamos
una fuente poética simbolista ésta se encontraría en el drama de Pavil Claudel Tete D'Or
(publicado en sucesivas versiones en 1890 y 1901); la obra se abre con estas palabras de
Cebes, uno de los protagonistas: "Heme aqm /Imbécü, ignorante,/hombre nuevo ante las
cosas desconocidas..."^ La sensibilidad de este hombre nuevo, que se interroga sobre su
propia identidad, le incita a luchar vehementemente con el pensamiento positivista, y es par-
tidario, por tanto, de lo intuitivo, sensorial, etc.
"El hombre nuevo", ya en la realidad americana, es precisamente el título de uno de los
textos más significativos de Ernesto "Che" Guevara que edita Leopoldo Zea en su Ideas en
torno de iMtinoaméricc?-. José Martí, en otro rotundo artículo que se ha vuelto símbolo y tam-
bién perspectiva y que tituló "Nuestra América"-^ había utilizado en una defirúción análoga
el término hombre real, queriendo transportar la ficción mimética que había falseado la realidad
del hombre americano. Más recientemente, Saúl Yurkievich, en su Celebración del modernismo^
titula un epígrafe de la siguiente manera: "Para dar vida al hombre entero". Ese hombre entero
no es otro que el que aspira a propiciar el modernismo desde su condición de voz que se
suma al diálogo. El particular acontecer del mundo obliga a renovarse, a hacerse nuevo
constantemente. Nuevo, real, auténtico.
Con el alumbramiento del hombre nuevo, al discurso monocorde al que acostumbraba la alar-
dosa cultura occidental asomaba, intimidante, la polifonía. A una emancipación política en
el caso de la América que hablaba español correspondía una emancipación estética. En un
momento determinado los patrones culturales se dispusieron al viaje opuesto y partieron de
los puertos inesperados para desembarcar en las mismas narices de los asombrados habitantes
de un lenguaje que empezaba a ser vacuo. Y toda una estética, todo un tiempo, cupieron en
la maleta de un hombre: Rubén Darío. Rubén era la personificación de la imagen mestiza
que desde aquel instante se instalaría en la creación como aspiración y enriquecimiento. Las
etiquetas a las que no escapa lo que nace denostaron, desde el origen, esta nueva estética,
una estética (seguimos en el ámbito hispánico) que seseaba, que excedía las nóminas de los
diccionarios de la época y que convocó en un solo río todos los afluentes de los que bebió
el poeta de Metapa. Que los de la otra orilla (que en coordenada clásica nos evoca el lado
tenebroso del río Leteo, la orilla oscura de La Laguna Estigia) desandarán el trayecto de las
carabelas de Colón^ trayendo una palabra que ya no era la misma que Uegó con el genovés,
era suficiente para enervar los ánimos de los militantes de lo inamovible. Si España recon-
quistó su territorio con las armas pasando por encima de los "infieles", los hombres nuevos,
(Darío era uno más; singularísimo pero uno más'' dentro de una amplia nómina de creadores)
redescubrían España empuñando únicamente una mirada y un lenguaje que resultaron
inéditos, en expresión de Ángel Rama "invirtiendo el signo colonial que regía la poesía his-
panoamericana"^, redescubrían lo que fuera el centro, culminando su inicial autodescubri-
miento. El siguiente texto es de 1811. La fuente que manejo no cita al autor, pero nos aporta
su sugerente título: Manifiesto al Mundo:
Si el descubrimiento del Nuevo Mundo fue uno de los acontecimientos más interesantes a la
especie humana, no lo será menos la regeneración de este mismo mundo degradado desde
entonces por la opresión y la servidumbre. La América, levantándose del polvo y las cadenas, y
sin pasar por las gradaciones políticas de las naciones, va a conquistar por su turno al antiguo
mundo, sin inundarlo, esclavizarlo, ni embrutecerlo. La revolución más útil al género humano
será la de América cuando, constituida y gobernada por sí misma, abra los brazos para recibir
a los pueblos de Europa, hollados por la política, ahuyentados por la guerra y acosados por el
furor de todas las pasiones; sedientos entonces de paz y de tranquilidad, atravesarán el océano
los habitantes del otro hemisferio, sin la ferocidad ni la perfidia de los héroes del siglo XVI;
como amigos, y no como tiranos; como menesterosos, y no como señores; no para destruir,
sino para edificar; no como tigres sino como hombres que, horrorizados de nuestras antiguas
desgracias, y enseñados con las suyas, no convertirán su razón en un instinto maléfico*^.
La mano estaba tendida. América se disponía por aquellos tiempos a derramarse entera
por su independencia con el único afán de estar con Etiropa y no hajo ella, pero era normal
que a semejante atrevimiento se respondiera con la mofa, la crítica feroz o, simplemente,
con la ignorancia. El devenir de la historia hizo coincidir, en el tránsito de los siglos XIX y
XX, el despertar latinoamericano con el estado cataléptico en el que estaba sumida España.
Incluso responsables intelectuales del ocaso que representó para aquel moribundo Imperio
el año 1898, como José Martí, profesaban también la nueva estética que añadía a la vocación
francesa cierto distanciamiento de las fuentes de creación españolas. Alejarse del dominio
político exigía alejarse de los argumentos de autoridad, de las voces de la metrópoU de las que
sólo se podía ser eco. Ahora se será más justo con las fuentes y los autores españoles inte-
resarán como voces en el tiempo y no por haber nacido sobre la piel de aquella Iberia por
entonces triste. Ante este planteamiento, ante esa primera perspectiva que encara la creación
(como la vida) desde una voluntad cierta de desmarcarse de España (mejor del hiperbólico
españolismo) ¿cabe seguir sosteniendo la existencia rotunda de un modernismo español?
Nuestro error sería mayúscvdo. No nos vale la mera reverberación. No debe despistarnos la
coincidencia de las fuentes. Evidentemente, si encontramos ciertos rumbos poéticos moder-
nistas en muchas páginas de autores españoles de este tiempo, no estamos más que señalan-
do una reverberación coincidente, pero el modernismo reservaba la encarnación de un
nuevo papel en el mundo; un papel que sólo podían cumplir aquellos a los que se les había
negado constantemente cualquier intervención original en el escenario occidental. A veces da
la impresión de que los pocos autores españoles que se atrevieron a mantenerse diirante
toda su vida en profesión del modernismo, obviando calidades y matices, debieron ser incó-
modas sonrisas que turbaban el rostro serio de los Azorín, Unamuno o Maeztu. Villaespesa
o Rueda eran curiosos disidentes que no masticaron la derrota de la España que no soportó lo
de quedarse sin Filipinas, sin Puerto Rico y, sobre todo, sin Cuba.
Vayamos centrando la cuestión. En la época en la que situamos este anáHsis, el sempi-
terno eurocentrismo acentuó su rechazo al diferente. Incluso teóricamente se postulaba la
8 El libro del que transcribo el texto es IM Independencia Hispanoamericana, de Nelson Martínez Díaz, Historia
16, Madrid, 1999, pp. 186-187. El texto se encuentra dentro de un apéndice y el autor cita el texto-fuente:
Pensamiento político veneciano del siglo XIX. Textos para su estudio, Caracas, 1960.
inferioridad de los latinoamericanos tal y como en otros momentos se hÍ2o (y se hace) con
la mujer, el musulmán o con el negro. Quedémonos, como ejemplos, con dos testimonios.
El primero de ellos es de Ángel Rama:
La disyuntiva daiiana responde a una ideología, previamente asumida, que rige de modo subrep-
ticio su creación. Determina que la esfera del arte alcanza su acrisolada pureza mediante la tras-
mutación de lo cotidiano y la amputación de sus impurezas. Es no sólo una actitud personal,
vergonzante, es una actitud social que establece la inferioridad generalizada del hombre latino-
americano respecto a los hombres europeos, concepción que obviamente pertenece a éstos, que
éstos impusieron y que sirvió como instrumento de la tarea neocolonizadora que se propusieron
en la segunda mitad del XIX. Durante su juventud Darío la hace suya de un modo radical que
jamás se encuentra, como apuntamos, en sus propios maestros europeos. Toda su existencia,
sus comidas de pobre, sus aventuras eróticas con criaditas, sus andanzas por prostíbulos, sus
trajes, su lenguaje centroamericano sabroso, sus problemas de trabajo, sus amistades, pasa a ser
vista por los ojos del extranjero, pasa a ser despreciada. En la época se podía discutir largamente
sobre libros como A. qué se debe la superioridad de los anglosajones, porque se partía de la constancia
de la inferioridad de los latinoamericanos, elemento integrante de la domesticación neocolonial.
Acababan de ponerse en íntimo contacto las grandes potencias económicas en pleno desarrollo
industriaüzador con las comarcas marginales, demoradas en estructuras artesanales y casi feu-
dales^.
A través del momento finisecular los intelectuales se vieron atraídos hacia varias teorías evolu-
cionistas con un marcado rasgo racista. Estas teorías sugerían que las naciones del norte son
más avanzadas por su herencia y por fuerzas inconscientes deterministas. [...] Las razas del norte
se juzgaron más sobrias, varoniles, contemplativas y prácticas que las del sur, extrovertidas sen-
suales, hedonistas, y a todas luces femeninas. [...] Por eso se suponía que la literatura castellana
de la Generación del 98 encerraba una serie de características determinadas, era el portaestan-
darte del espíritu nacional castellano^*^.
Y aquí nos vuelve a aparecer una disyuntiva cuya mera posibilidad en nuestro tiempo es
la declaración de una derrota. La caracterización estética de este lapso de tiempo ha estado
contaminada como pocas de un profundo sentido nacional de la crítica. Cardwell, en su acer-
tado texto, traza un panorama que nos ubica instantáneamente en una degradación (desde
España) del movimiento modernista. La propia antítesis (debate enriquecedor) se vuelve
problemática desde que toma partido. Y toma decididamente partido por su propio horit^nte,
actualizando criterios etnocentristas y fanáticos que parecían desterrados. La misma consi-
deración que, por ejemplo, en los siglos XVI y XVII inspiraban los cristianos nuevos a los
viejos, la inspiran en este momento los latinoamericanos. Como aquellos en su siglo, los de
la otra orilla amenazaban los valores originales del pueblo castellano. La repulsa hacia el
modernista fue, en todo caso, de la misma índole que la que se emprendió contra los con-
versos, generalmente devotos del estilo culterano. Si Antonio de Nebrija estaba incapacitado
para desarrollar la gramática de una lengua a la que no rendía "fidelidad", Rubén Darío [el
distinto, elnegro^^) no tenía autoridad moral para adueñarse con la rotunda confianza y despar-
pajo que exhibía, de aquel idioma que hacía bandera de la sobriedad. Lo que en aquel
momento fiíe una discriminación religiosa se volvió en este tiempo discriminación racial y
geográfica que no dejaba de albergar una motivación pseudo-religiosa.
Pero regresemos al contorno que pretendo delimitar. En esta coyuntura, ¿cómo respon-
den los hombres nuevos? A ambas situaciones se responde desde una torsión del lenguaje. El
lenguaje se estira porque la realidad crece y él se empequeñece. El lenguaje se busca en el
fiíturo. No se trata de un "leve dejo arcaico" tal como expresa Francisco Ynduráin^^, se trata
de habitar el lenguaje sin tiempo, proyectarlo hacia lo por vivir. Juan José Laforet, precisa-
mente en un texto publicado con motivo del centenario del nacimiento de Torón y en el que
reflexiona acerca del lapso lírico al que pertenece el autor teldense se percata de esta circuns-
tancia:
Esta generación fue \in auténtico revulsivo para la poesía del archipiélago, del cual aún hoy
tomamos aliento. Acogieron el modernismo de Rubén Darío, —el autor que leía Julio Cortázar
en los últimos instantes de su vida—, como suyo, le dieron una nueva trascendencia y lo llena-
ron incluso de un innegable sentimiento isleño, con tal calidad que el mismo Darío no pudo
contener su admiración hacia estos canarios. Todos ellos estaban convencidos, y quizás por eso
triunfaron, que para el poeta el lenguaje, el verso, es la última instancia de su libertad. Y este es
el sublime recurso para superar la grave obsesión de Saido: la muerte^^.
11 He ahí uno de los calificativos que con carácter despectivo dedicaban a Darío sus contemporáneos espa-
ñoles. Quedémonos con un ejemplo extraído de la obra de Ramón del Valle-Inclán (Cfr. Luces de Bohemia,
ed. de Alonso Zamora Vicente, Espasa Calpe, Madrid 1993. Col. Austral, pp. 132-133) que, aunque pues-
to en boca de dos de sus personajes, no deja de declarar un acercamiento tópico y prejuiciado a la figura
del nicaragüense: "Max: Mira si está Rubén. Suele ponerse enfrente de los músicos./ Don Latino: Allá está
como un cerdo triste./ Max: Vamos a su lado. Latino. Muerto yo, el cetro de la poesía pasa a ese negro."
12 "Prólogo a Poesías de Saulo Torón", Ed. del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, edición de Alfonso
Armas y Ventura Doreste, pp. 13-14: "Y siempre con una gozosa degustación de la palabra insustituible,
no brillante ni exótica, que, a las veces, se me antoja tiene algún leve dejo arcaico. Arcaico, me apresuro a
precisar, para lectores peninsulares; de ese arcaísmo que tampoco falta en la lengua coloquial andaluza y
aun en la hispanoamericana. Con ello, esta lengua poética tiene un remoto color local".
13 Juan José Laforet, "Saulo Torón: cien años de un poeta", 1M Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de
jimio de 1985.
14 Alianza Editorial, Madrid, 1974, p. 10.
¿Quién es el arcaico? Los Otros, los, en expresión de Américo Castro, todmfobos, son los
que ampMan sucesivamente las posibilidades del idioma. Primero fueron Cairasco o Sor
Juana Inés de la Cruz; ahora corresponde el turno a Darío o a Morales. Todos habitan un
lenguaje nuevo que se vuelve capital porque lleva a los que lo cultivan a habitar de otra
forma el mundo. Por tanto, más que una escritura modernista -que si definimos sería mul-
tiforme y tendría tantas caras como cultores—, hemos de asumir un existir modernista. Este
existir modernista, esta manera de respirar, se incrusta definitivamente y con distancias que
expresaré, en dos ámbitos: Latinoamérica y Canarias. Jorge Rodríguez Padrón, no obstante,
sitúa otro espacio en su particular consideración de la modernidad: "Así Canarias se convier-
te en uno de los vértices que, con Iberoamérica y Portugal, delimitan el espacio triangular
atlántico en donde la peripecia literaria de la modernidad halla sus diversos rostros y los
pone a dialogar"^ ^. El Atlántico, en la óptica de Rodríguez Padrón, se vuelve escenario pro-
picio para el desarrollo de la modernidad^'^. Convendrá en este punto señalar un concepto
abundantemente desarrollado por Juan-Manuel García Ramos, el de atlantiádad. En sucesivas
obras y valiéndose de poderosos cimientos como los de Ángel Rama y Antonio Rumeu de
Armas, García Ramos ha señalado un ámbito, el del amplio océano, que se convierte en
escenario de un acontecer particular ácflujoy reflujo en el que se dilucidan los paralelos cami-
nos de las realidades canaria y americana. Señala el profesor tinerfeño:
Como ya advertimos, quizá más que de "Canariedad", nosotros debamos hablar de "Atlanticidad",
no como parte ni como herederos del fabuloso continente de Platón, sino como pueblo en per-
petua proyección, como pueblo sensible y permeable a todo lo que circula por ese océano en
particular [...]
Por ese Adán tico ha circulado la cultura occidental con todas sus consecuencias -el monoteísmo
judeo-cristiano; la filosofía racionalista griega; el derecho romano—; ese Adántico ha sido testigo
de las reciprocidades euroamericanas y de las vinculaciones de África con el Nuevo y el Viejo
Mundo.
De esa triangulación cultural y civilizadora los canarios somos hijos, lo queramos o no^^.
15 "Meditación en París", ha Fábrica (Santa Cruz de La Palma), número 21, 1999-2000, Invierno, p. 16.
16 Conviene apuntar que estoy enunciando una definición estética de la modernidad. Evidentemente esta for-
mulación no agota los planteamientos que desde otras consideraciones quieran sumarse a esta delimita-
ción. Un ejemplo interesante es la defmición realizada por Enrique Dussel, que se basa en la relación con-
quistador-conquistado y en la coyuntura de poder que de ella se deriva para establecer su particular con-
cepto de la modernidad (vid. Enrique Dussel, Etica de la liberación en la edad de la globalií^áóny la exclusión,
Trotta, Madrid, 1998).
17 Juan-Manuel García Ramos, Atlanticidad. Canariasy la comarca cultural atlántica, Altasur, La Lagima, 2002, p.
25. Conviene quizá anotar otra cita, en concreto de un libro anterior'Porun imaginario atlántico. IMS otras cró-
nicas. Montesinos, Barcelona, 1996: "Hay un espacio cultural adántico; un espacio coelaborado de imagi-
nación. Canarias y América fueron en sus primeros atisbos un sueño greco-latino y luego un escenario
común de tradiciones, experiencias e imágenes primordiales" (p. 170).
mediterráneo (el Mare Nostrum latino) y el diálogo adántico (el Mare Omnium), el espacio
donde compartir nuestra originalidad.
En 1898 se precipita sobre las rviinas del imperio español la peor noticia: Cuba, Puerto Rico
y Filipinas se independizaban. Aquel pueblo que se había visto en la cima del mundo tuvo
que asutnir su caída. Hasta aquel tiempo todo habían sido parabienes pero desde que en
1808 Napoleón colocara hábilmente a su hermano en el trono del Imperio, se habían pre-
cipitado las desgraciase^. Noventa años después todo se confirmó. Los vencedores pasaban
a ser vencidos y es ahí, en la derrota, cuando se nos exige buscarnos, cuando tenemos la
perspectiva adecuada para descifrar cómo somos. Los habitantes de la América hispánica y
los canarios tenían ya ese camino a medio recorrer. Desde las respectivas conquistas, siglos
atrás, entre Mneas, en tantos y tantos textos, habían demostrado la búsqueda emprendida.
Tocaba buscarse hacia atrás, hacia un pasado en esencia trágico desde que su mundo original
fue sacudido por el conquistador. La restitución del pasado obligaba a los vencidos a rela-
cionarse con un mundo que había de expresarse en un lenguaje nuevo, tensión añadida al
oficio de la escritura. Incluso el hombre va a ser nombrado (o mejor, re-nombrado). Los
hasta entonces vencedores, por su parte, se buscan en su glorioso pasado. Castilla pasa a ser
objeto de culto como depositaría de los valores del pueblo que fue capaz de dominar el
mundo. El proceso de búsqueda de la identidad, como vemos, está en la raíz de este tiempo.
Ahora bien, las perspectivas, el lenguaje, la continuidad y los resultados son, definitivamente,
distintos. Peter G. Earle iguala el proceso de autoconocimiento de "Hispanoamérica a fines
del XIX y a principios del XX" con el que a su juicio Uevó a cabo España en el siglo XVI^^.
No puedo compartir esa afirmación puesto que, como he declarado, las motivaciones son
distintas. El siglo XVI español está enhebrado por un sentimiento mesiánico que entiende
que el pueblo castellano está llamado a la misión de dominar el mundo y de imponerle su
fe católica. Más que un proceso de autoconocimiento, lo que inició España en aquel tiempo
fue un proceso de expansión territorial e ideológica^^. Los españoles del XVI, como los
Ahora bien ¿cómo expHcar este proceso en un ámbito que no se emancipó del dominio
metropolitano? Ahí reside quizá una de las particularidades más apasionantes no sólo del
modernismo sino de toda la literatura canaria. Las Islas se hallaban, en el mismo tiempo en
el que se independizaron las colonias americanas, en una situación análoga. Cierto es que,
emplazadas en el continente africano, quedaban algo al margen del efecto dominó que con
Bolívar o San Martín primero y con Martí o Maceo después precipitó la emancipación de
América. El caso es que sin alcanzar el estadio de país independiente, las Islas realizaron un
proceso identitario particular que, lógicamente, tenía muchas concomitancias con el americano.
21 Esa misma desazón, esa misma duda afloró precisamente en el pueblo estadounidense tras las muertes del
Once de Septiembre. Superada la tragedia inmediata, surgió la terrible pregunta que se llegaron a hacer
aquellos conmocionados ciudadanos: "¿Qué hemos hecho?", que equivale a "¿quiénes somos?", "¿quiénes
hemos sido?". Ante la tragedia, verse el rostro en el espejo presupone una brusca sacudida nunca antes
intuida. Similares situaciones provocaron los atentados de Madrid (11 de marzo de 2004) y Londres (7 de
julio de 2005).
22 Me refiero, por ejemplo, al texto de Bernardo de Monteagudo titulado "Oración inaugural" ([Link]
[Link]/antología/XIXA/monteagudo/[Link]): "Ciudadanos, he aquí la época de
salud: el orden inevitable de los sucesos os ha puesto en disposición de ser libres si queréis serlo: en vues-
tra mano está abrogar el decreto de vuestra esclavitud y sancionar vuestra independencia"; Andrés Bello:
"Las repúblicas hispanoamericanas: Autonomía cultural" ([Link]
bello/[Link]): "... y América desempeñará en el mundo el papel distinguido a que la llaman la grande
extensión de su territorio, las preciosas y variadas producciones de su suelo y tantos elementos de prospe-
ridad que encierra"; Eugenio María de Hostos: "El día de América" ([Link]
gía/XIXA/hostos/): "harán de América el centro de gravedad del mundo, el fundamento de todas las civi-
lizaciones, el seno común de la Humanidad del porvenir"; José Martí: "Nuestra América" (ópus ót.): "Los
pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que
se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que
le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos". Basta esta pequeña
muestra para dar noticia de este estado de cosas que se prolonga a lo largo del siglo XIX y que toma cuerpo
Hrico en la voz de los poetas modernistas.
Ahora bien, ¿dónde estriba la importancia de este proceso? Veamos. En muchos casos la
definición de una literatura se ampara en una frontera política, de tal modo que a un país
que obtenga la independencia con respecto a una metrópoli se le supondrá una literatura
determinada con unos rasgos específicos que la hagan merecedora de estar al nivel de otras
literaturas-estado^^. Esta conclusión, por sí sola, pone al borde del descrédito la tradicional
consideración de literatura-estado. Si así actuáramos estaríamos empleando criterios políticos
donde sólo caben criterios estéticos o antropológicos. ¿En qué quedamos? Considerando las
cosas de esta forma, literaturas tan cómodamente asentadas como la francesa, la española o
la italiana están obligadas a buscar las características que les dan cohesión y ra2Ón de ser o,
de otro modo, a buscar el último remedio de utilizar el criterio de literatura x — textos escritos
en esa lengua x, lo que, llevado a una errónea sistematización, podría hacernos equiparar las
literaturas de Francia y de Senegal o las de Angola y Portugal, con las diferencias evidentes
que, al menos, suponemos. Es el momento de añadir una cita de Eugenio Padorno: "Quiero
pensar que hoy no es más importante el estudio comparativo de literaturas en lenguas dis-
tintas como el estudio de lenguajes distintos entre lenguas idénticas. Lo que ocurre es que
esta segunda posibilidad exige una mayor sensibilidad y especialización"^^. Esa mayor sen-
sibilidad y especiaUzación es la que requiere la perspectiva que propongo, ya que mi propó-
sito es identificar autónomamente los rasgos de un poeta, y por ende de una estética, en su
propio seno, asumiendo un lenguaje particular que, originalmente, disiente de lo que en su
lengua idéntica se escribe en otros espacios. Ahí precisamente, en esa circunstancia, reside
la originalidad de la definición de la literatura canaria. El hecho de que no exista una fron-
tera política ha posibilitado (aunque no siempre ésta ha sido la opción de la crítica) un aná-
lisis estrictamente estético, filológico y hasta filosófico. Todos aquellos argumentos que
soportan la indubitable existencia de una literatura canaria, parecer que es el mío, están obli-
gados a sustentarse en los textos en un espacio y un tiempo determinados. Por analogía, a
una literatura canaria le corresponde, sin ningún género de dudas, un modernismo canario,
con sus propias características, con la voz en el tiempo.
23 Así, hasta hace unos años, desde nuestra distancia, no se consideraba la posibiüdad de que existiera tina
literatura croata, eslovaca, moldava, letona, bielorrusa o georgiana, considerada en el concepto de estado
(no idiomático), tal y como se consideran la literatura española o la francesa. Ahora, después del estallido
fronterizo de Europa, tras la desintegración de las antiguas Yugoslavia y Unión Soviética y con la caída del
llamado Telón de Acero incluida, hay un semillero de nuevos estados recién emancipados o reorganizados
a los que les podríamos suponer consolidadas literaturas.
24 Vid. LM parte por el todo, Boca de Riego, Las Palmas de Gran Canaria, 2002, p. 70.
El modernista es, pues, por americano y por hombre de su tiempo, un desarraigado; pero, sin
embargo, la naturaleza lírica innegable del hombre de América y la información rica y varia
adquirida en las nuevas fuentes despertaron en los poetas americanos la personalidad continental
incipiente y fueron vehículos para las mejores conquistas, en casos como el de un Martí o el de
un Darío, en los que la modernidad va más allá del modemismo^^.
De ahí que la extranjerización del Modernismo hispanoamericano fuera más bien expresión de
su cosmopohtismo nativo, de su flexibilidad para absorber todo lo extraño sin dejar de ser el
mismo. Por eso la exagerada extranjerización que al principio caracteriza a muchos de los
modernistas se convirtió muy pronto en la vuelta a sí mismos, y el resultado final fue el descu-
brimiento de la propia originalidad y la conciencia de las realidades americanas^''.
Una vez delimitado y contextualizado este afán modernista por la disensión, no quiero
concentrarme únicamente en este tiempo sino que propongo exceder los límites de la esté-
tica que lo protagoniza para encontrar precedentes de esta actitud. Esfuerzos como los de
Carrasco (o los del americano Inca Garcilaso con el que tantas concomitancias tiene),
Graciliano Afonso o Nicolás Estévanez también secundan un concepto moderno de la exis-
tencia. El mismo espíritu que enhebra la personalidad de Darío o del más cercano Morales
los atisbo en los arriba mencionados. Todos ellos son hombres que asumen su lugar en el
mundo con la obligación de compartirlo, de hacer partícipes de él a los demás hombres y
con el afán de prolongar un discurso original. En ese sentido lo que aporta el modernismo
es la posibilidad de sintetizar en un tiempo propicio todas las cosmovisiones que nos rela-
cionan con el espacio en el que somos. Es un acontecer que propicia la "mirada esférica"^^.
El concepto de "mirada esférica", que concebí a través de un verso de Cairasco y que apli-
qué a su propia cosmovisión en primer lugar, expresa la asunción de la redondez del mundo,
que es algo así como obviar el viejo Finis Terrae, y la prolongación de una mirada generosa
sobre el total del mundo. Ahí reside, repito, mi definición del concepto de modernidad. La
entenderé como la capacidad para incorporar la diferencia al discurso vital, para valorar posi-
tivamente lo que de ella emana. Por tanto la modernidad no será un concepto datable, de tal
manera que se podrá ser sucesivamente moderno en tiempos distintos. "Pero, ¿acaso nues-
tra modernidad no está ya (estalla) en nuestro propio principio histórico, dudosa Hnea donde
renacimiento y barroco se encuentran y son uno, donde —por primera vez; para nombrar
una nueva realidad- el castellano se hace español (dijo Manuel Alvar)?"2^.En el otro extremo
25 En W . 7\A., Estudios críticos sobre el modernismo (ed. de Homero Castillo), Credos, Madrid 1974. Colección
Biblioteca Hispánica, p. 18.
26 Ibídem, pp. 39-40.
27 Cfr. mi artículo precisamente titulado así "La mirada esférica", que fue publicado en el suplemento Cultura
del periódico L¿7 Provincia Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, el 17 de febrero de 2001.
28 J. Rodríguez Padrón, "Literatura en Caracas: Siguiendo su curso" (vid.): [Link]
/revista%201%2032/[Link]).
de la balan2a tenemos, por ejemplo, la llamada Generación del 98 (concepto utilizado hasta
el hastío, incorrección probable), que opera generalmente bajo esta misma premisa, obse-
sionada en ocultar el fracaso que esconde el otro lado del océano. No es un acto moderno.
La búsqueda de la diferencia que emprendieron Machado o Azotín es una diferencia impo-
sibilitada para el futuro, fijada en un pasado desarticulado. Construyen una diferencia inco-
municable. Fijémonos en Unamuno. Su destierro majorero, al contrario que su primer viaje
al archipiélago, lo encaró con la diferencia canaria. Un espacio innominado posibilita la comuni-
cación de una experiencia original. El enriquecimiento fue recíproco. Ahí radica una de las
perspectivas más interesantes de análisis que nos ofrece el autor vasco en relación con el
modernismo canario^^, segmento estético con el que tanta relación tiene.
Como expreso líneas más arriba, la modernidad será sucesivamente posible. Moderno
fue, por ejemplo, Sócrates (o eso al menos transmiten los escritos de Platón). Este razona-
miento del ¥edón es especialmente valorable. El filósofo griego asume al Otro, al que está
más allá, en el mismo mundo que habitamos, con su propia diferencia, pareciéndose a nosotros
en que es distinto. Ahí reside, no está de más insistir, la modernidad:
Nosotros, los que vivimos desde Fáside a las Columnas de Heracles, habitamos en una minús-
cula porción, agrupados en torno al mar como hormigas o ranas alrededor de una charca; y, asi-
mismo, de que hay otros muchos hombres en otros sitios que viven en lugares semejantes. Pues
hay alrededor de la tierra por todas partes muchas cavidades de muy diferente forma y tamaño,
en las que ha confluido el agua, la niebla y el aire*^^.
El modernismo, sin ningún lugar a dudas profesó, como pocas estéticas, verdadera vocación
por la diferencia-^^, en tanto en cuanto incorporó a su discurso la perspectiva de distintas
cváturas que el eurocentrismo más rancio había secuestrado por siglos. "Diferencia no quiere
decir separación; es resistencia a la regularidad gris y mimética, una forma de oposición a
los imperativos del poder y de todo dictado de intereses"-^^. El cosmopolitismo, tan vitupe-
rado y mal entendido a veces, no es más que una voluntad por acceder al mundo desde el
intercambio, el diálogo. Lo distinto, generalmente distante, nos informa de nuestra propia
condición. Nos pone al tanto de lo que somos. El cosmopolitismo es una forma más autén-
tica de habitar nuestro propio territorio, una forma peoJiar de repensar la ciudad, el moderno
invento humano que propicia la existencia en masa. La dudad cósmica, (recuérdese el texto del
mexicano Vasconcelos titulado 1M rat^ cósmica) deja lugar también a una dudad crónica enten-
diendo el adjetivo en su raíz etimológica, relacionada con el concepto Tiempo. El hombre
29 Cfr. Eugenio Padorno, "Unamuno, escritor "canario", en Unamuno. Encuentro con la isla. La ruta de Unamuno
en Gran Canaria (José Antonio Lujan Henríquez, coordinador). Servicio de Cultura del Cabildo de Gran
Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1999, pp. 15-17.
30 Platón, El banquete. Fedón. Pedro, Labor, Barcelona, 1994, p. 232 (109ad).
31 Una de las citas más acertadas al respecto es la que expone Noe Jitrik como uno de los elementos de su
artículo "El sistema modernista (o rubendariano)": "Desemejanza: "sé tu mismo" dicho a los poetas es
equivalente a "sé diferente de los otros" y, sin embargo, "alimenta con eso tu poema" (en Nuevos asedios...,
ópus cit., p. 54).
32 J. Rodríguez Padrón, "Meditación en París", cit., p. 16.
moderno tendrá la sensación de poder habitar todos los espacios y todos los tiempos. Es
concluyente Octavio Paz: "Los hispanoamericanos hemos sido y somos más sensibles a lo
que pasa en el mundo que los españoles, menos prisioneros de nuestra tradición y nuestra
historia"-^^. Efectivamente, estar atento al mundo. De eso se trata. Al que nos queda lejos y
al que podemos alcanzar estirando la mano. Todo está a disposición de nuestro presente. He
ahí el existir moderno. El existir modernista.
LA VOZ NECESARIA
El peculiar comportamiento del impulso centrípeto castellano facilitó que esa concreción psico-
geográfica que aquí Llamamos literatura canaria -una producción secularmente aislada y perpe-
tuada en el soliloquio del entendimiento de sí- generara una tradición interna que a su específica
comunidad humana ha servido para garantÍ2ar las funciones de autorreferendalidad de un lenguaje.
Una tradición es un modo de sedimentación cultural que se cumple en un doble mecanismo de
asimilaciones y rechazos, y no basta tener ojos para apreciarla; a quien la busca manifiesta su
existencia en una nación de sentido; para entonces -por decirlo en el lenguaje de Heidegger— la
dirección de ese buscar habrá sido indicada por lo que se busca^'*.
33 Las hijos del limo, cit., p. 129. En parecidos términos se expresa Juan-Manuel García Ramos: "En ese sentí-
do, caben múltiples reflexiones sobre esa tendencia nuestra, de nuestros antepasados remotos o cercanos,
a apropiarnos, a dialogar, con la culmra del "otro" {Atlantiádad... ópus cit., p. 22).
34 Algunos materiales para la deftniáón de la poesía canaria, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de
Gran Canaria, 2000, pp. 23-24.
Cairasco fue libre para elegir el camino por el que debía discurrir su obra; entre las opciones
que se le presentaron estuvo la de integrarse en la poética de sus amigos sevillanos; o la de seguir
el modelo estético de la variante castellana; también estaba, naturalmente, la que supuso su elec-
ción ñnal: emprender a solas el descubrimiento poético de su microcosmos. Cairasco no sólo
representa ima estética que se aparta de las formas canónicas del centro de ese círculo mayor
que se identifica con la cultura de la España imperial, sino que esa estética, moldeada por un
peculiar desarrollo histórico, va a propiciar la futura reconversión de una periferia en centro. Al
plano universal del enunciado de esencias ha sido sobrepuesto el plano particular del enunciado
de una existencia'^.
35 El desajuste crítico al que, a mi juicio, ha estado sometido Saulo Torón, ha hecho que gran parte de la crí-
tica que a él se ha acercado se conforme con una valoración de superficie, deseosa únicamente de volun-
tariedades exph'citas. Un valioso texto de Ventura Doreste, titulado Recordando a Saulo Torón, impreso en
1978 en la Tipografía Lezcano, es un ejemplo al respecto: "es curioso notar que ni la faceta polifónica de
Tomás Morales (a quien tanto quería y admiraba), ni la palabra áspera y escueta de Alonso Quesada, sus-
citasen ecos perceptibles en la poesía de Saulo Torón, poesía que desde el primer Hbro se había revelado
original" (pp. 31-32). No seré yo, mi tesis pretende lo contrario, el que reste importancia a esa originalidad
que cita Doreste. Sin embargo advertimos en el juicio de don Ventura una divergencia que atañe al lenguaje
de Morales, de Quesada y de Torón. Estoy evidentemente de acuerdo con esta parte del juicio pero preci-
samente esa divergencia en el lenguaje me ha hecho (y trataré de demostrarlo en el presente trabajo) ubicar
las convergencias de los tres poetas en los contenidos y las voluntades: en el testimonio necesariamente
diverso de un segmento de especial valor lírico.
36 Vid. el capítulo "La palabra inaugural", sito en este trabajo de investigación.
37 Algunos materiales..., ópus cit, pp. 32-33.
38 Juan Rodríguez Doreste hace alusión a un pensamiento de Dulce María Loynaz: "La tierra canaria, ha
dicho certeramente la poetisa cubana Dulce María Loynaz, no es sólo la madre del hombre canario, es tam-
bién su hija, o quizás más propiamente tan sólo su hija" (Ra/^ estilo del alma canaria (ensayo de entendimiento),
San Borondón, Las Palmas de Gran Canaria, 1968, p. 26).
tal manera que ésta habrá de ser re-pensada en ese mismo entorno, asumiendo lo que ha permane-
cido y evocando aquello que va quedándose entre las ruinas del acelerado olvido del tiempo nuevo.
A este respecto conviene quizá la lectura de dos textos de Saulo Torón insertos en la sección
Apuntes, melancolíasy recuerdos de Las monedas de cobre, "La ciudad en ruinas"^^ y "Los rincones de la
vieja ciudad"^*^, en los que el poeta vuelve los ojos al barrio de Vegueta que encarna en su vetus-
tez, el tiempo detenido, demorado, frente a la frenética vorágine de la ciudad en ebullición.
La Selva de Doramas, naturaleza pura, es el objeto de delectación y de reflexión que el
primer vate canario recrea. La ciudad, desnaturalizada, es el marco de desenvolvimiento vital
y estético de los modernistas. La ciudad está naciendo. La construcción del poema es pareja
a la construcción de la nueva geografía urbana. A la vez que los edificios crece la angustia^ .
Pero ahora asoma, veloz, una novedad. Así como Cairasco cantó los tiempos gloriosos de
aquel paraje del norte de Gran Canaria y hubo que esperar hasta la escritura de Bento (nacido
casi dos siglos y medio después) para ratificar su decadencia, las escrituras de Tomás
Morales (que es en este caso el cantor del optimista apogeo de Las Palmas de Gran Canaria)
y las de Quesada y Torón (que trasladan al texto su hastío y descreimiento urbano) se super-
ponen en el tiempo, tal y como corresponde a una era acelerada^^. Lo que nos interesa, no
obstante, es cómo se repite el proceso, cómo la escritura canaria se apega constantemente a
la autorreferenciaUdad, dando noticia de los procesos que acontecen en su espacio y de
cómo repercuten cotidianamente en el hombre que ese espacio habita. Ratifiquemos lo
expuesto con un ejemplo. En el "Exordio" de El Templo Militante, el poeta inaugural canario,
Bartolomé Cairasco, hace alusión a un espacio concreto:
La cita de Oswaldo Guerra ahonda en la idea que apunto. Yo prefiero encomendar tareas diversas a los
distintos autores. El encuentra el desdoblamiento entre lo que podríamos YiSíVn&tfundación y habitación en los
mismos escritores. Lo que me interesa es la yuxtaposición de ambas perspectivas, yuxtaposición que ambos
advertimos.
43 Bartolomé Cairasco de Figueroa, Antología poética (ed. de Ángel Sánchez), Viceconsejería de Culttira y
Deportes del Gobierno de Canarias, Islas Canarias, 1989. BBC, p. 31.
Meses y más meses se pasaban sin que el vigía de la Isleta señalase un buque nacional: la llegada
de alguno era tan notable que formaba época y no obstante que en Europa y nuestra misma
Penínstila ocurrían los gravísimos sucesos originados por la revolución francesa y por las rápidas
campañas del gran guerrero del siglo, transcurrían los siglos sin que la bienaventurada tranqui-
lidad de nuestros abuelos se alterase con ninguna noticia. El correo, rara avis, cuando llegaba por
casualidad en algún místico sevillano, era tan escaso que cabía holgadamente en el bolsillo del
patrón que lo conducía. ¡Tal era entonces el aislamiento de la Gran Canaria, tal el olvido en que
la tenía el mismo Gobierno de la Nación!'*^
Pero al final de ese siglo XIX, las embarcaciones acabarán varadas en el Puerto de La
Luz, que arrancará precisamente desde las mismas faldas de las estribaciones de La Isleta y
serán cantadas magistralmente por Morales. Los barcos se acercarán y el Puerto se volverá
metáfora de la mezcla de culturas. Se mezclarán las vidas como los colores de las banderas
que ya no vendrán en "teosos mástiles" y que no habrá que ver pasar. De ellos desembar-
carán los ingleses que se desparramarán por las páginas de Quesada, en ellos cantarán los
tripulantes que escuchará Saulo Torón y en sus bodegas llegará la ansiada suscripción a la
'Revista de Occidente por la que puntualmente esperará Domingo Rivero.
Pero aún una reflexión más a la luz del fragmento de Cairasco. El último verso de los cita-
dos, "de muy lejos se ven teosos mástiles", se presta por sí sólo para enhebrar los elementos
de una tradición. La mirada del poeta inaugxiral es testigo del paso alejado de las naves que
obvian en su trayectoria el territorio que él está empeñado en nombrar. Su mirada comparte
perspectiva (únicamente perspectiva) con la de la Princesa Dácü nombrada por Antonio de
Viana, la aborigen que aguardaba a quien llegaría por el mar. El hombre insulai; contempla-
rá el paulatino acercamiento de los mástiles a la orilla en la que aguardan. Si continuamos
haciendo revisiones a la tradición canaria nos encontramos con la elaboración de la "Oda al
Teide" de Gracüiano Afonso (con toda la significación que fiíndamentalmente su prólogo
posee) en la bahía de Santa Cruz de Tenerife, todavía sin descender del barco y, como digo
más arriba, todo desemboca en el estallido final del modernismo que tiene los mástiles al
alcance de la mano. El horizonte se acerca, se renueva constantemente.
No es preciso que especulemos si Saulo Torón emprendió o no la lectura de estos o de
algunos versos de Cairasco y, más aún, si asumió como antecedente al clérigo a la hora de
escribir su poema^". Lo que nos va a interesar es la comunión tácita entre dos tiempos dis-
tantes. El soporte de la existencia, tal como expresaría Eugenio Padorno es el mismo y tam-
bién se repite la voluntad de contarlo. Daniel Barreto, en un acertado artículo en el que
transporta el pensamiento de EHot a la realidad canaria, expone que "escribir sin conciencia
de pertenecer a una tradición [...] equivale a esbozar un proyecto personal haciendo tabla
rasa de todos los recuerdos de infancia y juventud'"^'. No forcemos esa conáenáa. Ella dis-
curre naturalmente en nuestro cotidiano discurso; perpetúa la desemejanza de una voz, la
sopresa de quien no le encuentra acomodo en sus expectativas.
Todo lo que he expuesto hasta ahora pretende ubicar al modernismo en el continuum de
la literatura canaria, relacionándolo por pleno derecho a participar del lenguaje común que
enhebra ese viaje. En esa circularidad que también Eugenio Padorno ha sabido ver con cla-
ridad, el moderrúsmo se constituye como principio, fin y continuidad. Es, como digo, un
segmento de re-fundación pero que se proyecta por igual hacia el pasado y el futuro convir-
tiéndose, en palabras de Jorge Rodríguez Padrón, en "la clave de toda una renovación poé-
tica, mucho más radical, sin duda, que el tambaleante y superficial romanticismo peninsu-
lar"^^. En este punto debemos considerar, ratificando la tesis padorniana, que el devenir de
la literatura canaria se parece al de nuestro planeta. Al mismo tiempo que gira sobre sí
46 Un testimonio acerca de esa comunión tácita entre un poeta y el pueblo en el que incrusta su obra nos la
aporta un texto de Miguel de Unamuno titulado "Una visita al viejo poeta". Allí, el protagonista, que no
es otro que ese viejo poeta expresa:
Sí —continuó—, mi nombre va olvidándose; casi nadie lo cita ya; pero es ahora, en que se olvida mi nombre, cuando obra
acaso mi espíritu, difundido en el de mi pueblo, más viva y eficazmente. Prodúcese un pensador o un artista, y mientras
le es extraña a éste y en él choca, necesita llevar el nombre de su padre. Mas cuando se hace nuestro pensar, pensar de
los que nos rodean, cuando nuestro sentir se auna al sentir de nuestro pueblo, haciéndolo más complejo; cuando nues-
tra voz se acuerda al coro enriqueciendo la común sinfonía..., entonces nuestro nombre se hunde poco a poco. Nuestras
ideas lo son ya de todos; el busto de nuestra moneda se ha borrado, y con él la leyenda, y la moneda corre porque es
de oro de ley. Cuando menos se habla de un escritor, suele ser muchas veces cuando más influye (El espejo de la muerte.
Espasa Calpe, Madrid, 1967. Colección Austral, p. 132).
47 "De la madurez insular", IM Provincia Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, suplemento Cultura,
29 de marzo de 2001. Este artículo de Daniel Barreto deja abiertos otros análisis para estudios que abor-
do en esta investigación. La particular relación de Torón con su propia historia (infancia y juventud mayor-
mente), nos asoma a un siglo que equivale a una vida. Sobre la placentera "infancia del siglo" se precipitó,
violenta, la Gran Guerra. Tiempo habrá de seguir este rastro.
48 J. Rodríguez Padrón, lectura de poesía canaria contemporánea, Viceconsejería de Cultura y Deportes del
Gobierno de Canarias, Islas Canarias, 199L CCF, p. 43.
mismo sigue una trayectoria. Es en realidad una trayectoria en torno a un centro pero que
constantemente oscila sobre sí, tal y como si con ello pretendiera hallar la respuesta de sus
propios interrogantes. El centro ya no será un punto de irradiación estética en torno al cual
haya que agachar la cabeza, sino el asunto fundamental de nuestro destino en el mundo. En
ocasiones he Uegado a la conclusión de que en Canarias, precisamente por esa tensión extrema
entre lo moderno y lo primitivo, ninguna estética se agota del todo. Gran parte de la creación
de algunos poetas de nuestros días puede recordar, perfectamente, las tácticas poéticas del
XIX canario. Estos textos conviven al nacer con creaciones deudoras de la vanguardia en
ebullición.
Hemos vuelto la mirada atrás para encontrarnos con Cairasco, pero la misma conclusión
la podríamos extraer si nos proyectamos a lo largo del siglo XX. En ese caso, el precedente
de los Rivero, Morales, Quesada y Torón, se constituye como referente lírico ineludible, ras-
treable de igual forma en los tonos o en los temas.
La literatura que se ha producido en Canarias tiene, con respecto a la escrita en territorio penin-
sular, un rasgo diferenciador claro: su rezago cronológico. Tal circunstancia, advertíble en cinco
siglos de existencia, opera casi siempre en contra de la idoneidad de los textos en relación con
las ideas estéticas del tiempo en que se ejecutan: hay en ellos, por lo común, un desfase estilís-
tico que incide negativamente en su eficacia: los escritores insulares utilizan fórmulas expresivas
ya triviaüzadas que debilitan la escritura y la convierten en ejemplos irrelevantes en el contexto
literario español'*^.
Este prejuicio, convertido en verdad indubitable para gran parte de la crítica (y que tiene
en Pérez Minik a uno de sus principales valedores), es uno de los rasgos condicionantes de
la cultura canaria. La violenta superposición de la tradición española en su etapa renacentista
sobre una cultura en etapa neolítica nos sitúa ante el problema de lo que constituye la tradición
cultural canaria. Este prejuicio ha imposibilitado una crítica real de nuestra propia tradición.
Los autores interesaban y aún en muchos casos interesan en tanto en cuanto podían (o pue-
den) adscribirse a esta o aquella tendencia, dando por supuesto, eso sí, que arrastran con
ellos un rezago inevitable. En el mismo sentido, en un artíciilo titulado "El modernismo y
el comienzo de la modernidad en la poesía canaria", publicado en el Homenaje al profesor
Sebastián de la Nue^^, Carmen Ruiz Barrionuevo llega a afirmar que "su carácter epigonal
[se refiere a Morales, a Torón y a Quesada] les facilita la perspectiva". Más desajustado todavía
considero el juicio que en el mismo volumen pubHca M* Ángeles Álvarez Martínez dentro
de su artículo "El otro mar en la poesía de Saulo Torón", cuando expresa: "En suma, la poe-
sía de Saulo Torón, a pesar de ser un poeta insular y apegado a su entorno, y a pesar de no
haber viajado nunca, está inmersa en la tradición literaria en lengua española"^^, La diferen-
cia, la potencial voz en disidencia de un poeta insular se entiende deficitaria. La insularidad
resxolta una tara, una incapacidad. ¿Cabe mayor desajuste? Redundar en el rezago cronológi-
co, (como incidir en un concepto etnocentrista de la cultura) equivale a ignorar el tempo
propio de una voluntad creativa, la particular respiración de una vida.
Sin perder de vista esta opción crítica, sigamos adelante. Eugenio Padorno sitúa en sus
aproximaciones al modernismo canaño^^ un segmento de especial intensidad, segmento
que comprendería diecisiete años, de 1908 a 1925 y que está marcado respectivamente por
la publicación por parte de Tomás Morales de Poemas de la gloria, del amory del mar y por la
muerte de Alonso Quesada. Lázaro Santana afirma que el libro de Morales publicado en
1908 "señala la incorporación de esa literatura (entendemos que la canaria) al modernismo
hispánico"^-^. En similares términos se expresan Fernando González: "y éstos abundan en
la Gran Canaria de 1908 en adelante, gracias al magisterio y el genio poético de Tomás
Morales"54, d propio Saulo Torón: "Tomás Morales ñie el que trajo aquí todo el movimien-
to moderno"^^ y Claudio de la Torre, cuando expresa que "se debió acaso al primer libro
de versos de Tomás Morales, luospoemas de la gloria, del amorj del mar, publicado en 1908, casi
todo el movimiento poético de entonces en las Islas Canarias, avivado por la presencia del
poeta en una ciudad: Las Palmas"^*^. También Joaquín Artües e Ignacio Quintana reparan
en la particular atmósfera de estos años. Hay un epígrafe de su Historia de la Literatura
Canaria, titulado "La densidad lírica de aquella hora" en el que, basándose en los años de
publicación de diversas obras estiran el segmento (también desde 1908 con el libro de
Morales) hasta 1936, año en que publica Emeterio Gutiérrez Albelo su Campanario de lapri-
maverct''^. Prolongar este tiempo implica evidentemente incorporar a la nómina de publica-
ciones algunas obras de autores que no corresponden, por edad y perspectiva, a la estricta
filiación modernista. Sea como fuere, los primeros pasos del siglo XX nos van a traer un
estado de cosas especialmente intenso en el pensamiento y la creación insulares.
El impulso creativo del modernismo se traslada a la vanguardia y ambos diluyen sus fron-
teras. Podemos prolongar más o menos la intensidad del momento y la propia fecha de cadu-
cidad de ambas estéticas aunque quizás en el siglo XX donde todo se anacroniza velozmente
51 Ibídem, p. 260
52 Vid. Domingo Rivero. Ensayo de una edición crítica, con un estudio de la viday obra del autor, Servicio de publicacio-
nes de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1994, p. 45.
53 Opus cit., p. 16.
54 Fernando González, "Carta de Fernando González", El Eco de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 12
de octubre de 1969.
55 Pedro Perdomo Azopardo, "Charlando con Saulo Torón", Diario de Eos Palmas, Las Palmas de Gran
Canaria, 16 de enero de 1964.
56 Claudio de la Torre, El escritorji su isla, Ediciones del Excmo. Ayto. de Las Palmas de Gran Canaria, Las
Palmas de Gran Canaria, 1974, p. 20.
57 Cfr. Joaquín Artiles e Ignacio Quintana, Historia de la literatura canaria, Excma. Mancomunidad de Cabildos
de Las Palmas, 1978, pp. 188-190.
ninguna estética, ningún parecer, se extingue del todo. Pretendo, no obstante, volver sobre
la primera fecha. No voy a restar al primer libro de Morales la importancia que tiene. De
todos es sabido que con libros se bautiza un tiempo nuevo y Poemas de la gloria, del amorj del
mar por su rotundidad y coherencia merece con todas las de la ley volverse libro inaugural.
Ahora bien; se sabe que los libros demoran la inmediatez y que son también consecuencia
y no sólo plinto de partida. Desde antes de 1908 se paladeaba en Canarias un sabor nuevo,
ciertamente diferente. En cierto modo, y ésta es una de las conclusiones más interesantes de
Padorno, el devenir modernista canario sigue un proceso inverso al americano. Citando al
crítico Max Henríquez Ureña encuentra esta extraña viceversa. Mientras el caso americano
parte de lo externo para desembocar en lo interno, un proceso contrario sigue nuestro
modernismo:
Así pues, la formulación de la nueva escritura en Canarias no se demora sino que muda
su devenir. El desarrollo de autoconocitniento y expansión (la "doble tentación" en expresión
de Octavio Paz) que requiere el modernismo se da así, en ese exacto orden, en Canarias.
Simbólicamente esta continuidad viene marcada por la vinculación de uno y otro momento
a un entorno particular. Mientras que el primer movimiento tuvo su sede espiritual en la ciu-
dad de La Laguna^^, el modernismo ubicará su particular perspectiva fundamentalmente
desde la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Esta oscilación entre las islas capitalinas es
una constante que se repite en la tradición canaria. Es, en cierto modo, una manera de com-
pletar cada una de las estéticas que atraviesan las Islas. Los sucesivos movimientos y contra-
movimientos, a la vez que se oponen, se necesitan. Pensemos en Cairasco y en Viana, en la
generación de intelectuales canarios y en h. facción surrealista de Tenerife...
La mirada que los regionalistas posaron sobre La Laguna ansiaba dilucidar la canariedad
que aquel entorno emanaba. La mirada modernista aspira a comunicar una manera particular
de habitar el mundo. Indagar y compartir son los verbos que se yuxtaponen en este tiem-
po'^0. A cada uno de los esfuerzos se atiende desde una ciudad centrípeta, como La Laguna y
desde Las Palmas de Gran Canaria, ciudad que tiende al impulso centrífugo^^. Con respecto a la
primera afirmación puedo aportar algunas citas que, desde luego, corroboran lo expuesto.
Francisco González Díaz, en un artículo precisamente titulado "La Laguna" expone:
"Deberían cercarla de una verja y dejarla entregada al sueño. Cada golpe descargado sobre
su vetustez la profana. Su reposo es el reposo solemne de la historia"'^^. Por su parte
Domingo Pérez Minik en su "La Laguna y sus poetas: La escuela regionalista" comenta:
"Estos poetas vivieron de espaldas al mar, es más, voluntariamente buscaron uno de los más
extraños lugares de la isla, el más bello, aquél en que la geografía se ahueca sobre sí misma,
se reconcentra y se hace un puro y esencial adentro"^-^. Pero es un soneto al que ya he hecho
alusión el que certifica lo apuntado por González Díaz y Pérez Minik: el poema de Antonio
Zerolo titulado "La Laguna (Después de la estación veraniega)", cuyos primeros cuatro ver-
sos, como último argumento de este epígrafe, son los siguientes:
Jorge Rodríguez Padrón, en un riguroso artículo titulado "Materiales para una lectura de la
poesía regionalista", reflexiona profundamente sobre el devenir de este momento lírico. A
lo largo del texto defiende entre otras ideas "la falseada idealización de la ciudad [La
Laguna], de su historia, de su paisaje"*^^, así como la "traición" de la poesía del XIX a su
Precisamente, esa constante alternancia entre autoconocimiento y expansión, es la que debe otorgarnos
una perspectiva adecuada para enfrentarnos a afirmaciones como las de Lázaro Santana. Al mismo tiem-
po debemos entender que la "incorporación de un pasado histórico" no debe ser necesariamente un acto
explícito y que, al mismo tiempo, cualquier escritura comprometida con la coordenada en la que nace se
vuelve inmediatamente pasado histórico.
61 La complementariedad de los movimientos centrípeto y centrífugo en la literatura canaria, la ejemplifico
con la imagen de la caracola, del bucio, capaz de producir en su adentro un sonido que emula un bostezo
de mar y de mediar entre el pulmón del hombre y el viento para producir un sonido ciertamente caracterís-
tico. Evidentemente la metáfora se entiende desde la atención que le presta Torón a este elemento de natura-
leza que, si bien como referencia literaria (Darío), da título a su segunda entrega lírica: £ / caracol encantado.
(il En ensayistas canarios (edición de Alfonso Armas Ayala), Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno
de Canarias, Islas Canarias, 1990. BBC, p. 29. (Extraído de s u ^ través de Tenerife).
63 Ibídem, pp. 171-172.
64 En 'Poesia de la segunda mitad del siglo XIX (fedición de María Rosa Alonso), Viceconsejería de Cultura y
Deportes del Gobierno de Canarias, Islas Canarias, 1991. BBC, p. 169. María Rosa Alonso fecha el poema
en 1921, fecha que no debe despistarnos sino que nos sitúa en la perspectiva armónica de im segmento
estético convergente.
65 Cuadernos del Ateneo de LM Laguna, n° 9, diciembre 2000, p. 46.
propia tradición y el hecho de que, con los escritores de este tiempo "se produce un corto-
circuito debido a la sobrecarga de particularismo patriótico de la cual hace ostentación""".
En definitiva el crítico advierte una interrupción en el particular discurso de la literatura
canaria que se produce, justamente, en el instante en el que con mayor acendramiento los
autores vuelven los ojos hacia su coordenada. La tesis que vengo defendiendo, obligada a
un ejercicio de coherencia, se ve en la necesidad de encarar el planteamiento de Rodríguez
Padrón. He venido argumentando la particular ordenación de los movimientos que compo-
nen el tránsito entre los siglos XIX y XX en Canarias y me he referido a las ciudades en los
que se encarnan más contundentemente, con la intención de contraponer las particulares
fuerzas centrípeta y centrífuga que los animan. Ahora, ante la tesis de Rodríguez Padrón, vuelvo
a esgrimir la complementariedad de la poesía regionalista y modernista, su necesidad mutua.
Efectivamente la poesía canaria del XIX hubiera sido un esfuerzo baldío, una serie de cabe-
zazos contra un muro que nos quedaba demasiado cerca del rostro. Pero estaba el moder-
nismo que se salvó salvando. La mano tendida, la metáfora del brazo del puerto estirado sobre
el mar, es la que provoca el intercambio, el intercambio tácito {tradición interna que se pre-
siente) con el mundo que aguarda. Nuevamente traslación y rotación se suceden cuando no se
superponen. Unos indagan lo que otros comparten. ¿Hasta qué punto el Vizconde de Buen
Paso no comparte la indagación de Cairasco y Viana; y la vanguardia no compartió el particular
lenguaje en el que había indagado Alonso Quesada?^^. En la confrontación, en la disensión
estética, surge la necesidad, la posibilidad de completarse. La continua refundación exige dete-
nerse a rellenar los pasos y eso le tocó a Zerolo, a los Perera o a Domingo J. Manrique, es
verdad que idealizando, pero al vencido, al que deben restituirle la dignidad que le niega el
centro. Domingo Pérez Minik comenta acerca de este período: "El canario, después de sus
andanzas exóticas y transoceánicas quería, en un paréntesis extraordinario de su historia,
aquietarse e intentar desentreñar algo de su intimidad, pero no como un poeta cualquiera,
encerrándose en su caracol encantado, sino proyectándose sobre su paisaje y sobre su ttadición
viva"*^^. Algunos detalles no pueden escapar a una revisión. Básicamente Pérez Minik señala
en este texto algo similar a lo que acabo de exponer, a diferencia de que él establece el perío-
do como un instante de disensión y no como un ejercicio de continmdad. Igualmente, la alu-
sión al caracol encantado, título como se sabe de la segunda entrega Mrica de Saulo Torón, evoca
rápidamente al poeta que centra este análisis. Sin embargo, aunque Pérez Minik quisiera con
ese aserto emparentar a Saulo Torón con ese tipo de poetas volcados hacia su oficio y olvi-
dados del mundo, le faltarían evidentes argumentos para ratificar su tesis. A la vista está la
particular manera de volcarse hacia su mundo —pienso fundamentalmente en luis monedas de
cobre- del autor teldense. Es verdad que El caracol encantado es el libro más cercano al torrebur-
nismo de Torón y que las circunstancias externas, como veremos, variaron sus perspectivas.
66 Ibídem, p. 47.
67 Tengamos en cuenta unas palabras de Domingo Pérez Minik recabadas con motivo del fallecimiento de
Saulo Torón: "Para la generación nuestra, que no consideraba a Tomás Morales, ni a los poetas regionales
como los de la escuela de La Laguna, hablo de la generación de la República, que respetaba a Alonso
Quesada, Saulo Torón era uno de los poetas a quien queríamos por su poesía del mar, llena de un mundo
lúdico [..] Guardó una fidelidad entrañable con su tiempo" ( W . AA., "Siete voces ante un poeta", La
Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 24 de enero de 1974).
68 En Ensayistas canarios, cit, p. 174.
pero no deja de ser un juicio que yo me resisto a aplicar a Torón porque además, la necesi-
dad de centrifugar los esfuerzos escritúrales previos exige alejarse de esa opción ostracista.
La continviidad a la que hago alusión entre estos dos segmentos estéticos parte de idén-
tica necesidad. La escritura del ser des-almado enhebra tanto a los poetas que escribían en las
frías tardes del invierno lagunero como a los que se alongaban en el recién nacido Puerto
de la Luz^^. ¿Y el lenguaje? Carrasco, enfrentándose al drama del hombre canario, otorgó la
respuesta. El mismo traje que no mudó Doramas, está sobre los hombros de Fernández
Neda o de Saulo Torón, que, sin bebedizo alguno^^, mudan continuamente de lenguaje,
(ahora sin mudar de lengua), restando o añadiendo t&nsión,palabreando su propio mundo^^.
La voz canaria hace resumen en el XIX de un mundo natural que pronto experimentará la
mortífera caricia de un progreso brutal (nuevo cierre del ciclo que ya cerrara Rafael
Bento^^. Uno de esos ciclos que la circularidad de nuestra tradición exige, remite al origen
desde una mirada fraterna. Simultáneamente se vuelve pasado recobrado y futuro por vivir.
Quedémonos con una reflexión firmada a cinco manos (Eladio Moreno, Alonso Quesada,
Manuel González, Rafael Cabrera y Saulo Torón), donde se expone: "La ciudad distinguida
tala los árboles y aparecemos nosotros llenos de desorientación como indígenas asombra-
dos"^-^. Basta esta sola frase para vislumbrar el tránsito entre ambas escrituras. Frente a un
espacio natural que se vuelve escritura en el siglo XIX, un espacio artificial, moldeado por
la mano del hombre: el paso definitivo entre naturaleza y cultura. Alguien taló los árboles
(de la Selva de Doramas).
69 No obstante, no debemos desatender los puntos de contacto entre los ciiltores del modernismo en Gran
Canaria y en Tenerife. Sebastián de la Nuez Caballero ("La generación de intelectuales canarios" en Revista
de El Museo Canario, número 75-76,1960, Homenaje a Simón Benítez PadiUa, volumen II, pp. 11-\Q1) cita
concretamente (pp. 82-83) tres momentos de especial relación. El primero de ellos es la participación en
1915 de Alonso Quesada en las fiestas de las Hespérides en La Laguna. El segundo lo marca, a su juicio,
la coincidencia en la revista Castalia, dirigida por Luis Rodríguez Figueroa y el tercero la participación de
Tomás Morales en la "Fiesta del Atlante", en septiembre de 1920.
70 Evidentemente estoy aludiendo a la Comedia del Kecebimiento de Bartolomé Cairasco de Figueroa, en la que
el aborigen Doramas, tras ingerir una pócima adquiere, por ciencia infusa, el dominio de la lengua españo-
la para dirigirse al recién Uegado Obispo Rueda (cfr. Evigenio Padorno, "Fragmento de un parlamento de
Doramas" en ha parte por el todo, cit., pp. 45-48).
71 Nuevamente Pérez Minik (Ibídem, p. 175), nos aporta su particular visión del lenguaje en el que el XIX
derrama sus contenidos: "Y es que las islas no tenían entonces la suficiente madurez histórica para que esta
conjunción pudiera darse. De aquí que nuestros poetas, con sus temas inéditos, con sus materiales inge-
nuos y con su naturaleza virgen, tuvieran que valerse de aquel formalismo lírico que desde la Metrópoli lle-
gaba" La misma "madurez histórica" (término discutible), es la que podemos discutirle a los modernistas.
Sin ir más lejos al propio Saulo Torón (cfr. el capítulo de este trabajo titulado "La suspensión del texto").
La creación de im lenguaje original canario debe vencer el obstáculo de un mundo que no se acomoda al
caudal lingüístico de la lengua impuesta, dejando aparte la propia naturaleza crítica de la escritura. Cierto
es que el lenguaje pierde tensión en el XIX. Precisamente por eso, esfuerzos como el modernista, deben
ser valorados desde la reubicación del lenguaje literario (y vital). A la casa del ser, la w^ nueva le multiplica
las habitaciones.
A DOS VOCES
Es ahora, desde esta perspectiva que hace engarzar sin sobresaltos las escrituras regionalista
(término que exige quizá una revisión) y modernista (que también), cuando estamos obligados
a volver los ojos a algunos textos que se quedaron a medio camino entre un parecer y otro.
Es desde esa coyuntura desde la que adquiere una importante significación un libro como
Primeras estrofas, de Luis Doreste Suva. Varios motivos me impulsan a situarlo como paradig-
ma de esa transición que no sería, si asumimos la tesis de Padorno, más que un segundo
movimiento de la partitura de este tiempo que ya no sabríamos si Uamar modernista, regio-
nalista o de las dos maneras. Uno de esos motivos es la presencia de Doreste Silva en la
nómina de autores que Saulo Torón une a su generación. En una de las entrevistas que con-
cedió a El Eco de Canarias, en las que conversa con su redactor-jefe. Cano Vera, acontecen
las sigxiientes pregunta y respuesta:
— ¿Existe una generación integrada —desde el punto de vista poético— por Tomás Morales,
Alonso Quesada, Lms Doreste Silva y Saulo Torón?
— Estoy convencido de ello. Ya sólo quedamos en la actualidad, como usted sabe, Doreste Silva
y yo. Tanto Tomás como Alonso Quesada murieron prematuramente^^
Otra razón para situar este libro como ejemplo ilustrativo es la fecha de publicación:
1901. Faltan aún siete años para que se pubHque el libro de Morales y estamos en los mis-
mos inicios del XX. La fecha se nos antoja también paradigmática. Y otro motivo, el de más
peso, es la convivencia a lo largo de aquel libro de motivos de una y otra perspectiva, de
ambas miradas. Desde el principio fui partícipe de esta coexistencia. He podido consultar
un ejemplar de los fondos del Museo Canario que presenta una dedicatoria autógrafa a
Amaranto Martínez de Escobar que añade: "Respetado vate, maestro de los poetas de mi
patria". Amaranto Martínez de Escobar (1835-1912), fue cultor de la estética regionalista. El
propio texto de la dedicatoria nos ratifica un lenguaje propio de aquel tiempo. Fue autor,
como Nicolás Estévanez (1838-1914), de algunas composiciones en las que, curiosamente,
llegó a ridiculizar el movimiento que empezaba a nacer'^. Sin embargo, Luis Doreste Silva,
74 Cano Vera, "Nuestra ciudad y sus hombres. Conversaciones noveladas. Saulo Torón. Capítulo I", El Eco
de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 26 de octubre de 1966.
75 Me refiero en concreto, en el caso de Nicolás Estévanez a un poema como "Modemiana" del que trascribo
un fragmento (en Poesía de la segunda mitad del XIX, cit., pp. 88-89):
¡Qué noche, qué noche, qué noche,
qué frío, qué frío, qué frío,
qué niebla, qué niebla, qué niebla.
Dios mío, Dios mío. Dios mío!
Cantemos la vida, la vida y la muerte,
la muerte y la vida, la fe y el amor,
las cosas modernas, modernas, modernas,
el hambre, la lucha, la lucha, el dolor.
N o más Argensolas, no más Esproncedas,
no más Garcilasos, Herreras, Cetinas,
Quevedos, Riojas, Arólas, Quintanas,
chocheces, chocheces, rutinas, rutinas.
dedicándole un libro que prologa Salvador Rueda (tradicionalmente considerado por la crí-
tica como uno de los más importantes modernistas españoles y que también prologa a
Morales con un poema de similares matices)^"^, está superando la desconfianza de sus cote-
rráneos para declarar que hay un mismo espíritu en ambos pareceres, que an^bas miradas
son válidas. Doreste Silva cohesiona rotundamente dos etapas a menudo enfrentadas por la
crítica.
Ojear el libro ayuda a ratificar esa coexistencia expresiva que defiendo. Así se yuxtaponen
composiciones como "El arrorró", "Nuestra mantilla" o "El luchador", que sintonizarán
en mayor medida con el primer movimiento, con otras como "Cuadro", "Oriental" o "Sinfonía
en La Mayor" que ya anuncian algo que está por venir. La métrica de la obra es también una
prueba de continuidad. Hay composiciones en octosflabos o endecasflabos, mientras que
otras como "Delirio", en verso alejandrino, nos acercan a un ritmo distinto, a otra forma de
respiración, como también hace la presencia de hexasflabos, dodecasñabos o eneasñabos,
bien como único metto o en combinación. Ya Artiles y Quintana, en su Historia de la
Literatura Canaria, sitúan a Doreste Suva como precursor modernista y advierten también en
Primeras estrofas presagios modernistas^^. Quedémonos también con la opinión de Fernando
González que en un artículo periodístico se refiere a Luis Doreste Silva como el "autor del
primer libro de versos de los modernos poetas de Canarias"'°.
El epüogo lo constituye un texto de José Betancort Cabrera (seud. Ángel Guerra), lo cual
también contiene la significación del despertar modernista. Estamos en un tiempo en el que
cualquier detalle, cualquier filiación, no es inocente. Ante la eclosión de una escritura tan con-
trovertida, lograr el padrinazgo de un autor con simpatías modernistas es una declaración
de intenciones.
Hemos hablado de Primeras estrofas pero otros libros también podían habernos alumbra-
do (como Rimas bohemias, de 1907 y cuyo autor es Gonzalo Molina o Intimidades, publicado
un año después por Matías Real). El caso es que la acuñación de pre-modernismo, bajo la
que se suelen camuflar textos como los que expongo, no nos va a valer, si no la asumimos
como una continuidad de escritura de direcciones distintas. Nunca la deberemos entender
como una oposición frontal a lo previo. Si consideramos esa continuidad (que no es más
que la patencia de la tradición interna que ya expresamos) cabrá preguntarse qué la origina.
Para responder al argumento del rezago he expuesto el particular devenir de la escritura
canaria desde la escuela previa. Ahora tenemos que atender, de nuevo, al particular desarro-
llo de la historia en nuestro espacio. Y aquí aparece el Puerto de La Luz de Las Palmas de
Gran Canaria. El cosmopolitismo, según el juicio de Padorno, se incorpora en segunda ins-
tancia, contrariamente a lo que sucede en América, en nuestras letras. Y el cosmopolitismo,
la moderna ciudad cósmica, desembarca en el muelle nuevo. Dice Jorge Rodríguez Padrón:
76 Un mismo tono "profético", se advierte en los dos poemas-prólogo del poeta malagueño. El que encabe-
za el Hbro de Doreste Silva, se Uama "La flor-oráculo" y el que precede a la obra de Morales se titula "El
poeta futuro". Rueda en ambos casos se muestra cauto y expectante ante el imprevisible desarrollo de la
lírica canaria de este tiempo.
77 Vid. Artiles y Quintana, ópus cit., pp. 185-188.
78 "Nombres de calles de Las Palmas", Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 17 de julio de 1964.
En el año 1893, se produce la última epidemia de cólera en Tenerife. Comienza a partir de aquí,
una época floreciente en las islas, que se consoUda a partir de 1902, cuando finalizan las obras
del Puerto de la Luz - e incluso antes. A la prosperidad agrícola se va a sumar muy pronto (y
hasta hace olvidar, en cierta forma, a aquélla) la vitalidad portuaria y comercial, potenciada y
mantenida durante años por la presencia activa y efectiva de "los ingleses de la colonia", cuya
influencia va a ser decisiva en muchos aspectos, y no sólo comerciales. Como consecuencia, se
produce el aumento e importancia de los contactos de las islas con el exterior^^.
La ciudad se fiínde. De todas las razas, desde el nórdico inglés hasta el moreno sirio, surge una
raza nueva a la que da una savia vigorosa la antigua sangre de los canarios y la activa y conquis-
tadora de la invasión forastera.
La Nochebuena de Las Palmas reúne bajo el cielo estrellado de sus noches tranquilas un mundo
que está disperso por la Tierra y que aUÍ se junta con un sueño común^*'.
La ciudad y el mundo nacen a la misma vez que matan, a la misma vez que nos obligan
a existir sobre sus pieles, a la misma vez que nos interrogan sobre nosotros mismos. No hay
rezago. Hay metáfora. Exactamente la misma metáfora que presiente para su espacio
Octavio Paz en hos hijos del limo: "El modernismo fue nuestro verdadero romanticismo y,
como en el caso del simbolismo fcancés, su versión no fue una repetición, sino una metáfora:
otro romanticismo"^^. Podríamos decir, en cuanto al modernismo canario que fue, también,
una metáfora, otro modernismo, la necesaria continmdad de nuestro legítimo romanticismo.
El esfuerzo por comunicar la indagación que el regionalismo emprendió.
Hay una existencia que agota episodios según se estira. Y todo sucede a su tiempo. Como
diría Vinicius de Moraes: "La vida viene en olas, como el mar."
79 J. Rodríguez Padrón, "El puerto como tema en tres poetas canarios (Domingo Rivero, Tomás Morales y
Saulo Torón)" en Gaceta de Canarias (Santa Cruz de Tenerife), año 1, n° 3, 1982, p. 58 (incluido en su obra
Lectura de la poesía canaria contemporánea, reseñada en la Bibliografía).
80 Ópus cit., p. 79.
81 Ópus cit., p. 128.
1 Aunque carecemos de un estudio particular de la biografía toroniana hay varios textos que aportan noti-
cias en torno a la vida del poeta. Quizá sea Joaquín Artiles el que en su Saulo Torón, poeta lírico, [Link].,
n° 22, Madrid-Las Palmas de Gran Canaria, 1976, pp. 287-341, más datos aporte acerca de la alargada vida
de don Saulo; datos de los que beben el resto de textos que abordan la vida del poeta. Varias páginas en la
red también se centran en este apartado, pero quizá sea la más completa (aunque contiene algunos errores
de matiz) la que puede ser consultada en: [Link]
[Link].
2 Epist. (32).
la obra de Torón han tenido alguna significación. Tanto en uno como en otro texto me guío
por las entrevistas de Cano Vera. Innvimerables son las entrevistas realizadas al autor y publi-
cadas en diversos medios. La diferencia con respecto a este texto que destaco estriba en tres
circunstancias a su favor: en primer lugar, la extensión total; en segundo, la voluíitad diacró-
nica y, por último, la conjugación de lo vital y lo creativo.
Las alusiones a este trabajo son tan frecuentes a lo largo de la investigación que, en
muchos casos, a la literalidad del texto periodístico le suprimo las comillas para facilitar la
lectura. Las notas al pie, en aquellas citas en las que las añado, llevan únicamente la alusión
al capítulo concreto del que se ha extraído la información. Para facilitar la ubicación presen-
to a continuación una breve reseña de los doce textos a los que abundantemente me refie-
ro a lo largo no sólo de este capítulo sino de toda mi investigación:
CAPÍTULO I
[Fecha y página: Miércoles, 26 de octubre de 1966, página 12.
Titular: Saulo Torón, poeta de la mejor generación canaria.
Entradillas: El eco de su Caracol encantado (título de su segundo libro, que prologó Antonio
Machado), fue triste en su niñez.
— "No fui un niño prodigio, ni fui a la escuela, ni tuve amigos".
Foto: Saulo contempla unas reproducciones del Poema del Mar áe. Néstor.
Pie de foto: T^nte las reproducciones del Poema del Mar de Néstor, del cual le vio pintar los tres
primeros cuadros.(Foto: Urquijo)]
CAPITULO II
[Fecha y página: Jueves, 27 de octubre de 1966, página 12.
Titular: Saulo Torón fue mancebo de botica a los 15 años.
Entradillas: A los 16 componía su primer soneto titulado "Primavera" y publicado en El
Teléfono.
— La sociedad El Recreo, la más veterana del Puerto, fue fimdada por su hermano Julián.
Foto: Saulo ojea un libro de su biblioteca.
Pie de foto: Saulo Torón en su estudio y junto a sus inseparables libros, sus mejores amigos. Al
fondo, una fotografía de Tomás Morales, otro gran amigo. (Foto Urquijo)]
CAPÍTULO III
[Fecha y página: Viernes, 28 de octubre de 1966, página 12.
Titular: Tomás Morales ganó los Primeros Juegos Florales celebrados en Las Palmas.
Entradillas: La sociedad El Recreo sirvió a Saulo Torón para evadirse momentáneamente de su
vida interior.
—Primera visita de Unamuno a nuestra ciudad.
Foto: Junto a un piano, sentada, Isabel Macario. De pie, Saulo y su hija Isabel.
Pie de foto: El poeta Saulo Torón junto a su esposa, Isabel Macario y su hija. Un trío muy cono-
cido en Las Palmas. (Foto: Urquijo)]
CAPITULO IV
[Fecha y página: Sábado 29 de octubre de 1966, página 20.
Titular: Julián, su hermano, ídolo de Saulo Torón.
Entradillas: Coronación de Salvador Rueda en el Teatro Pérez Galdós.
—"Por ser quien eres te admiramos poeta; por haber besado la mano de nuestra madre, te que-
remos hermano"(Luis y Agustín Millares).
Foto: Entrevistador y entrevistado sentados a la mesa en plena conversación, con micrófono y
grabadora por medio.
Pie de foto: Saulo Torón con nuestro redactor-jefe, autor de esta interesante serie de artículos
sobre la vida del gran poeta canario, que constituye medio siglo de la historia de la literatura
canaria. (Foto: Momito)]
CAPITULO V
[Fecha y página: Domingo 30 de octubre de 1966, página 12.
Titular: Alboroto de VaUe-Inclán en Las Palmas.
Entradillas: Enemigo de Echegaray, no quiso que su mujer (actriz) interviniera en una obra del
célebre autor teatral.
-Saulo Torón asiste a la inauguración íntima del Pérez Galdós.
Foto: Rostro del poeta.
Sin pie de foto]
CAPITULO VI
[Fecha y página: Miércoles 2 de noviembre de 1966, página 12.
Titular: Saulo Torón con Néstor, Tomás Morales y Claudio de la Torre.
EntradiUa: Durante im homenaje al pintor en el Club Náutico, llegó la noticia de la proclama-
ción de la I Guerra Mundial.
Foto: El poeta posa en una estancia de su casa rodeado de recuerdos.
Pie de foto: Saulo Torón junto al busto de Tomás Morales, su íntimo amigo y leal camarada con
el que compartió días de alegría. (Foto: Urquijo)]
CAPITULO VII
[Fecha y página: Jueves 3 de noviembre de 1966, página 12.
Titular: Ortega y Gasset visita Las Palmas.
EntradiUa: Saulo Torón y su poesía satírica en "El Tablado de la farsa".
Foto: Similar a la del capítulo III. Isabel Macario en el piano; Saulo e Isabel Torón de pie.
Pie de foto: Torón es un hombre de hogar. Sus poesías, los libros y la familia son las tres prin-
cipales distracciones del gran poeta grancanario. (Foto: Urquijo)]
CAPITULO VIII
[Fecha y página: Viernes 4 de noviembre de 1966, página 11.
CAPITULO IX
[Fecha y página: Sábado 5 de noviembre de 1966, página 12.
Titular: Saulo Torón se convierte en autor teatral.
Entradilla: Antecedente de las obras de ambiente insular y edificación del Teatro Hermanos
Millares.
Foto: Representación teatral.
Pie de foto: Un grupo de aficionados ponen en escena una de las obras teatrales de Saulo
Torón. El cuadro artístico trabajaba comúnmente en el Teatro-cine del Puerto. (Foto: archivo
familiar)]
CAPITULO X
pecha y página: Miércoles 9 de noviembre de 1966, página 11.
Titular: E¡ caracol encantado y Canciones de la orilla, segundo y tercer libro de Saulo Torón.
Entradilla: Villaespesa, Jacinto Grau y Victorio Macho visitan Las Palmas de Gran Canaria.
Foto: Saulo e Isabel Torón.
Pie de foto: Saulo Torón y su hija Isabel.]
CAPITULO XI
[Fecha y página: Jueves 10 de noviembre de 1966, página 10.
Titular: Saulo Torón conoce a quien habría de ser su esposa, Isabel Macario.
Entradilla: A los 48 años de edad y por primera vez, el poeta sale de Gran Canaria.
Foto: Saulo Torón y su esposa.
Pie de foto: Saulo Torón junto a su esposa, Isabel Macario. (Foto: Urquijo)]
CAPITULO XII
[Fecha y página: Viernes 11 de noviembre de 1966, página 11.
Titular: Fin de la serie de Saulo Torón.
Entradilla: Permanece inédito su cuarto libro de poemas.
Foto: Saulo Torón, su esposa e hijos.
Pie de foto: Una familia feHz: Saulo Torón, Isabel Macario y sus hijos, Saulo Jesús e Isabel].
1885-1974
Saulo-^ León Torón Navarro nació en la calle Real^, actual León y Castillo, en Telde, en la
isla de Gran Canaria, el día de San Juan de 1885. Algunos documentos sitúan su nacimien-
to con posterioridad, el día 28 de junio^, pero, según testimonio de la hija del poeta, fue el
veinticuatro de junio cuando vino al mundo el hijo de Montiano Nicolás Torón Déniz y
María Magdalena Navarro Díaz. El apellido Torón es de origen gallego. El primer Torón
que arribó a Canarias parece ser que fue el agrimensor Felipe Torón Blanco, bisabuelo de
Savilo que se casaría en 1802 con Estebana Cabral. El abuelo de Saulo, hijo de éstos, se Uamó
JuHán Torón Cabral, que contraería matrimonio con Juana Déniz Machín, abuela por tanto
del poeta*^. Por la rama materna, Torón Navarro emparentaba con Carlos Navarro Ruiz, cro-
nista y periodista, y con el que fuera alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Nicolás Díaz-
Saavedra Navarro.
Fue bautizado el poeta en la parroquia teldense de San Juan el veintiuno de juHo del
mismo año, teniendo como padrinos a don Ricardo Placeres y a doña Juana Torón (cuñado
y hermana respectivamente, padres de Montiano Placeres Torón). Ofició la ceremonia el
doctor don Pedro Jiménez^.
3 El primer nombre de pila del poeta, Saulo, nombre hebreo de Pablo de Tarso y del primer rey de Israel,
inspiró a Ángel Valbuena Prat un pasaje alegórico acerca de la conversión poética del autor teldense:
Parece que el nombre tiene un rayo de la estrella de los destinos. En la ofrenda de cobre, el poeta amó las cosas, y a los
rincones, y al puerto. Apenas -entre los faros, las barcas pescadoras, las flotas de países extraños— tuvieron sentido has
últimas palabras y el deseo de mar. Saulo hizo el último viaje al santuario del dios antiguo, del dios de tierra. Empezó a
caminar hacia la Damasco ideal —hacia el peñasco del Testamento Viejo—. [...] Y se oyó la voz del océano: "Saulo, Saulo...
¿por qué no me cantas?" (Manuscrito digitalizado publicado en Sauh Torón. epistolario 1912-1972, Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria, Biblioteca Universitaria y Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, documento 11 y en
La Rosa de los vientos (Santa Cruz de Tenerife), n° 4, diciembre de 1927, p. 17).
4 Julián Torón, hermano mayor de Saulo y también poeta, nació en otra casa sita en la calle Tres Casas en
pleno barrio de San Francisco, pintoresco rincón teldense con el que Hmita precisamente la calle Real
donde nacieron además de don Saulo, Fernando León y Castillo y el poeta, sobrino de don Saulo,
Montiano Placeres Torón (vid. [Link]
5 Joaquín Artiles, en su Saulo Torón, poeta lírico, cit, pp. 287-341, aporta la fecha del veintiocho de junio, al
igual que Sebastián de la Nuez en su "Trayectoria poética de Saulo Torón" [Link], n° 23, Madrid-Las
Paknas de Gran Canaria, 1977, pp. 505-579. No obstante, en 1966, es el primer documento que conozco.
Orlando Hernández ("Saulo Torón, rompiendo el silencio", Diario Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria,
26 de julio de 1966) declara la fecha del veinticuatro de junio. Esa misma fecha es aportada por José Carlos
Cataño en su "Introducción a El caracol encantado j otros poema/' Viceconsejería de Cultura y Deportes del
Gobierno de Canarias, Islas Canarias 1990. BBC, p. 24 (nota 7^). Con motivo del centenario de su naci-
miento, La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de junio de 1985, en su "Especial domingo" dedicó
un extenso corpus de textos referidos al poeta, donde se incluían los prólogos a sus tres primeras entregas
poéticas, dando como válida para la celebración de dicho aniversario, el día inmediatamente siguiente, el
veinticuatro de jimio. Sin embargo sorprende que en ese corpus de artícvilos, Manuel González Sosa, que
bien es verdad dice guiarse por de la Nuez y Artiles, sigue dando la fecha del 28 de junio (vid. "Abreviatura
de Saulo Torón", La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de junio de 1985).
6 Vid. José Miguel Alzóla, Biografía de una calle: La Peregrina, Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria,
2001, Colección Viera y Clavijo, pp. 67-69.
7 Los datos bautismales los debo a Joaquín Artiles, ópus cit., p. 290.
La infancia de Torón fue trágica. A los pocos años de vida pierde a su madre y a tres her-
manos. Aproximadamente en 1896, su padre, hasta entonces secretario del ayuntamiento
teldense, decide marchar con su famüia a Las Palmas de Gran Canaria donde funda los
Depósitos Comerciales en ima época en la que el Puerto de la Luz, en plena construcción,
augura un futuro pujante. Así relata Torón a Cano Vera aquellos años en los que la desgra-
cia no dejó de acompañar a su familia:
Nos fuimos a vivir al Puerto. En aquel tiempo aquello eran grandes arenales con algunas casas.
Nosotros vivíamos cerca de lo que es hoy el Hospital Inglés. Su sueldo era de doscientas pese-
tas^, un capital, un verdadero capital. De casa pagábamos seis duros. También teníamos otros
gastos en tranvías, que eran de vapor, o bien en las tartanas que se alquilaban para llegar hasta
Las Palmas. [...] Durante esta época una epidemia de viruela hizo acto de presencia en Las
Palmas. Yo fui una de sus víctimas; me salvé de morir, pero la enfermedad dejó sus terribles
huellas en mi rostro y ojos, aunque hoy ya casi no se observan rastros de las cicatrices".
Con posterioridad fallece su padre y queda su hermano Julián, también poeta, al cargo
de la familia y de los negocios paternos. Saulo Torón ocupa varios oficios: dependiente en
una tienda de tejidos, mozo de botica... hasta que por la intercesión de don Salvador Pérez
Miranda consigue entrar a trabajar en la Gran Canary Coaling Companj, una pujante compañía
carbonera.
El poeta, una vez se casa su hermana Micaela con el farmacéutico catalán Juan Puig
Serrat va a vivir con ellos a las inmediaciones del actual Mercado del Puerto, justamente en
la esquina que forman las calles Albareda y Tenerife. Hasta que se casó, allí viviría el poeta.
En 1960 fallecería Juan Puig. En carta dirigida a Fernando González y fechada el 4 de abril
de ese año, Torón repasa su relación con el farmacéutico catalán al calor de aquel hogar:
El largo padecimiento de mi cuñado Juan Puig, del que le hablé en mi carta anterior, tuvo por
fin el triste desenlace que todos temíamos, dejando de existir el día 20 del mes pasado, entre 6
y 7 de la tarde aproximadamente. Ya puede Vd. figurarse, querido amigo, lo que esto ha sido
para la familia y para mí, particularmente, por lo tan vinculado que a él estuve desde casi toda
mi segunda juventud hasta el día que me casé. Siempre vivimos como verdaderos hermanos, sin
el más ligero roce desagradable y participando de todas las duburas de un hogar en que siempre
reinaron la paz verdadera y el más acendrado cariño. Nunca me consolaré de su pérdida ni dejaré
de recordarlo ^0.
Veo que te casas, que ya cuidas de un jardín futuro, que ya tendrás un rincón para tus libros...
Yo te comprendo bien. Soy un magnífico confidente para estas cosas. Cuando hagas un viaje de
novios -indispensable para un buen poeta— que supongo tendrá a Madrid en su ruta, verás aquí
la versión peninsular de esa visión isleña que me pintas. A ver si hacemos, algún día, un inter-
cambio de estancias^''.
11 La edición facsimüar de la revista cubana Tierra Canaria realizada en el año 2001 por el Gobierno de
Canarias contiene la siguiente nota:
Juan Pulido, se encuentra nuevamente entre nosotros, pero esta vez se nos presenta el popular y talentoso barítono isleño,
que tanto admira el público habanero, dispuesto a unir su suerte a una linda cubana: la señorita Dalia Iñiguez, distin-
guida dama de la mejor sociedad, dotada de un exquisito temperamento artístico y que también ha escalado la cima de
la fama en la recitación y el canto. El día 20 de marzo ante numerosa y selecta concurrencia, tuvo efecto este enlace en
la Iglesia del Santo Ángel Custodio Qusto A. Alfonso Carrillo, "Crónica social" en Turra Canaria (La Habana), año I,
n° 2, Abril de 1930. Acompaña el texto una foto del barítono canario).
12 Torón declara a Cano Vera que realizó este viaje a la edad de 48 años (vid. el epígrafe "El hombre tímido"
en este mismo capítulo), lo que lo situaría desde el principio del verano de 1933 hasta el final de la prima-
vera de 1934. Sin embargo, diversos testimonios, el más rotundo un retrato de Isabel Macario realizado en
Tenerife firmado y fechado en diciembre de 1934 y que he consultado gracias a la generosidad de la hija
del poeta, nos hace inclinarnos por este año, distinto al que aporta don Savilo. El viaje, también según tes-
timonio de María Isabel Torón, no se prolongó demasiado en el tiempo, por lo que otorga más razón a esa
nueva fecha que propongo.
13 Vid. Ventura Doreste,'Recordando...,ópus cit, pp. Id-ll.
14 Epist. (73).
15 Dicha comunicación fue posible gracias a la intervención de Agustín Barbuzano, compañero de trabajo de
don Saulo y radioaficionado. El posibilitó el encuentro inalámbrico entre los dos matrimonios.
16 Epist. (31). Sin ninguna duda, la importancia concedida al necesario viaje del poeta recién casado es una
alusión a la obra Diario de un poeta reáén casado de Juan Ramón Jiménez.
Del matrimonio nacieron dos hijos, Saulo Jesús e Isabel María^^ Torón Macario. La familia
vivió en el número 21 de la caUe Hermanos García de la Torre, en Ciudad Jardín, barrio resi-
dencial de Las Palmas de Gran Canaria, inmueble que aún hoy es propiedad de la familia
Torón Macario. Con ellos vivió Juan Macario, un hermano invidente de Isabel, hombre de
ciencia (era farmacéutico y tenía estudios de medicina), por el que Torón siempre expresó
gran afecto y que ganó también el cariño de los que visitaban al poeta en su hogar. El diseño
de este chalet corrió a cargo de Miguel Martín Fernández de la Torre, hermano de Néstor
e íntimo amigo de Torón.
Saulo Torón, como se sabe originario de Telde, recuperó sus visitas a la ciudad de los
Faycanes tras su matrimonio, pues la familia Macario poseía una casa en el barrio de San
Francisco donde don Saulo con su esposa e hijos pasaban la temporada veraniega^ ^. En
1967, la corporación teldense solicitó a Fernando González, también poeta y teldense, que
ejerciera como pregonero en las Fiestas de San Juan de la ciudad. González escribió una
carta al por entonces alcalde del municipio, don Manuel Amador Rodríguez, para comuni-
carle que entendía que Saulo Torón reunía más méritos que él mismo para ese cometido.
Envió a Torón una copia que se conserva en el epistolario de don Saulo. De esa carta extrai-
go un fragmento:
Hablen, pues, a Saulo, háganle conocer este parecer mío, que lleva en sus entrañas un ruego, y
que sea él quien hable —de lo que quiera- en esa fiesta. Eso le daría ocasión de recoger el cla-
moroso homenaje de sus paisanos -que tan distantes han estado siempre de su ilustre persona-
lidad— y los teldenses tendrían una oportunidad de pagar al poeta una vieja deuda de gratitud,
de admiración y de honor^^.
17 Éste es el nombre de pila de la hija del poeta, que, por avatares famüiares, acabó invirtiéndose.
18 Epist. (83).
19 Epist. (75).
20 Las Palmas de Gran Canaria, 22 de abril de 1959.
Ya jubilado realizó los dos viajes a Tenerife que anuncio más arriba. En 1963 tuvo como
motivo la actxiación de los alumnos de Isabel Macario en el Teatro Guimerá y el Círculo de
Amistad 12 de Enero. En este viaje se produjo el debut en el beU canto de la hija del poeta,
María Isabel Torón. Hospedado en el Hotel-Residencia Príncipe, don Saulo se encontró allí
con amigos como Antonio Lecuona o Domingo Cabrera. A éste último, casi un año después,
el 22 de abril de 1964, dirigió una carta en la que recordaba los gratos momentos de aquel
agasajo:
Perdona el largo silencio que he guardado después de nuestra última y rápida entrevista en tu
Isla maravillosa donde tanto disfrutamos Isabel, yo y todos los componentes de la embajada
artística que desplazamos desde aquí en mayo del pasado año. Un año, casi (a mí me parece que
fue ayer) y todavía los estamos gustando en el recuerdo como si el tiempo no hubiera pasado.
Excursiones a las Cañadas del Teide, a los Montes de la Esperanza, almuerzos espléndidos en
estos lugares, paseos a La Laguna y Puerto de la Cruz, conciertos y obsequios en el Círculo de
la Amistad y Teatro-Guimerá, etc., etc., y el encuentro gratísimo con los viejos y nuevos amigos
que nos brindaron tan magnífica y cordial acogida... Todo esto, Domingo, no se puede olvidar
nunca y es para estar recordándolo y agradeciéndolo siempre^^.
21 Epist. (93).
22 Vid. el epígrafe "La vida sosegada" en el capítulo siguiente.
23 Esa robustez que señalo está evidentemente salpicada de los inevitables achaques del paso del tiempo y
que a Torón trajeron problemas de visión y audición. En una carta enviada a Cipriano Acosta, firmada el
22 de abril de 1969, a escasos dos meses de cumplir los ochenta y cuatro años escribe: "Hoy no puedo
escribirle más, por falta de tiempo y lo defectuoso que estoy de la vista, aparte del estado de nervios que
estoy padeciendo desde hace ya varios meses" {Epist. 25).
enterrado en el Cementerio de Las Palmas junto con los restos de la familia Macario, tras
oficiarse en la parroqxiia de los PP. Salesianos una misa de corpore insepulto. En una
Certificación en extracto del Acta de Defiínción que se conserva en su archivo, consta como
fecha de fallecimiento el 22 de enero de 1974 a las diecisiete horas. A lápÍ2 aparece una ins-
cripción: "Fecha de verdad el 23". Eso explica que pudiera ser enterrado el mismo día en el
que falleció.
Mis amigos formaron parte integral en mi vida, y ahora ya sin ellos, apenas me queda aliento
para nada. La muerte se fue Uevando a mis grandes y queridísimos amigos, Tomás Morales,
Néstor de la Torre, Rafael Romero, Francisco González Díaz, Miguel Sarmiento, Paco de
Armas, Fray Leseo, Luis Millares, Jordé, Rafael Hernández Suárez... y tantos otros vivos siem-
pre en el corazón aunque fallen en la cita; y ya sólo me queda Claudio de la Torre en la lejam'a
y Luis Doreste Silva^^, sin contar a toda esa pléyade de jóvenes que admiro y quiero tanto, aun-
que seamos tan distantes en años.
Aparte esto, influyó también el casamiento, el hogar con sus necesarias preocupaciones, y la
guerra. Hoy continúo escribiendo, pero sin ánimo alguno de publicar
Torón, c o m o se observa, aporta una serie de razones que explican su voluntario silencio
público. D e entre las que aporta me permito darle una importancia capital a una cuestión
poMtica, la guerra, que trajo como expreso más arriba una coyuntura opuesta al parecer del
poeta. Esa razón es a mi juicio más poderosa que las otras a la hora de enjuiciar su silencio.
Curiosamente, este sñencio voluntario del poeta, coincide con el profesado por su hermano
Jvdián. E n el prólogo a "Antología poética de Julián Torón", preparada por Antonio M*
González, Pedro Lezcano escribe:
Sólo plantearíamos al biógrafo una interrogante por esclarecer. ¿Qué se quiebra en Julián, como
en Saulo Torón, para que eimiudezcan durante años en plena madurez? Escasísimos versos tienen
fechas cercanas a la muerte del poeta. En cuanto al hermano menor, desde su tercer libro hasta
la aparición de Frente al muro, transcurrirán treinta y un años de silencio. Demasiado tiempo para
dos mentes líricas de tan probada lucidez. Para ambos poetas la cohesión generacional fue algo
mucho más determinante que un concierto de fechas. Aquel grupo de escritores grancanarios
"que vivieron tan unidos y soñaron tan separados" se vio deshecho por los estragos del tiem-
po, y los supervivientes sufrieron el desánimo de la soledad. La desmoralización de la Guerra
Civil y la postguerra infinita ahondaron el autoexilio espiritual en que se habían sumido, como
queriendo preservar en medio hostil la pureza de la palabra^*^.
Puede ser ilustrativo el siguiente poema, " N o m e recuerdes", inserto en la sección IJOS
últimos destellos de Frente al muro, resurrecáónj otros poemas:
Puede sorprender, a priori, la elección de este texto perteneciente a la sección LJOS últimos
destellos para el comentario. Aunque creo haber insistido bastante en la raíz que motivó el
silencio púbHco de Torón durante años, n o está de más acercarse a u n texto del propio poeta
donde es él mismo quien marca una distancia entre los dos tiempos distintos en los que ha
transcurrido su existencia. A la intensidad vital y creativa de los años, fundamentalmente, de
26 "Presentación de Antología poética de Julián Torón" (ed. de Antonio María González Padrón), Patronato
Municipal de Cultura y Juventud, M.I. Ayuntamiento de Telde, 1994, p. 11.
27 FM, p. 239.
la segunda década del veinte, sucederá el silencio de casi cuarenta años que arranca en la fatí-
dica fecha de 1936. "Fue en una fugaz primavera". Este verso que puede parecer vacuo alar-
de sinestésico, está profundamente atravesado de realidad. Efectivamente, la "primavera"
que enarboló aquella generación capitaneada por Morales encontró la infranqueable barre-
ra de la muerte a una edad temprana. Aquella fugacidad no se aparta en el sosiego de la
mente de Torón. Aquellas "rimas doradas y ensueños floridos" enhebraron un segmento
irrepetible de la lírica canaria. Quedémonos con un vocablo que se revela consustancial a la
obra de Torón: el ensueño. Gastón Bachelard, al que aludo abundantemente en otras pági-
nas de este trabajo, aporta una perspectiva de la ensoñación que me es útil para delimitar la
atmósfera peculiar que rememora Torón y que se asocia a esa "primavera fugaz":
Todo es acogida en el ensueño. Acogida al Otro, al extraño que aporta en cada diferencia
un rasgo que lo iguala con nosotros. Acogida que el modernismo exprimió hasta sus últimas
consecuencias y acogida que es tradición porque acoger y no otra cosa fue lo que hizo
Doramas al mudar de lengua para recibir al Obispo Rueda en la Comedia del Recebimiento de
Bartolomé Cairasco de Figueroa. En ese clima de acogida cada día cantaba una alondra
(reverberación dariana de Cantos de vidaj esperan^: en cuya noche un ruiseñor había / que
era alondra de luz por la mañana^^. Enseguida surge el regateo a ese dolor "No me recuerdes
lo que he sido", pretérito perfecto que clausura una acción pero no un tiempo.
En aquel tiempo, la naturaleza, en clara vocación simbolista, era reflejo del desbordado
optimismo de aquellos jóvenes, en una suerte de panteísmo que recuerda a Whitman y que
convida, nuevamente, al amor fraterno. "Yo era libre en un mundo de todos" (verso 11). He
aquí la clave política, relacional, que tanto he referido a lo largo del trabajo. La acogida a la
que el ensueño obliga se ve bruscamente interrumpida por el secuestro de esa fraternidad
que nos iguala. La libertad humana se entiende desde la posesión equitativa del mundo, un
mundo "de todos" que ha pasado en poco tiempo a pocas manos. Aparece, por tanto, una
clave política que también aflora en otros textos de Torón de esta época y a la que la crítica
parece no haber prestado demasiada atención-^^ y que son el correlato poético de ese silencio
28 Gastón Bachelard, IMpoética de la ensoñación, Fondo de Cultura Económica, México D.R, 1997, p. 253.
29 Poesía, (prol. Ángel Rama, ed. Ernesto Mejía, cron. de Julio Valle), Ayacucho, Caracas, 1985, p. 244.
30 Véase por ejemplo este fragmento del poema "Habla una voz", perteneciente al mismo libro y sección que
el poema comentado y que ocupa, precisamente, la página siguiente (FM, p. 240):
He mirado ciudades convertidas en llamas;
y entre escombros humeantes, muertos niños y ancianos,
en un bárbaro ataque sanguinario y atroz;
he mirado las cunas hechas pastos del fuego,
y he callado ante el loco, he callado ante el ciego,
porque todo se hacía en el nombre de Dios.
voluntario profesado por Torón desde 1936, silencio que supo interpretar magistralmente
Agustín Millares Salí en su "Canción entera para Saulo Torón", que recojo en esta misma
investigación. Esa "época de desolación", como la llamará Torón^^, justificará, desde su
óptica, su alejamiento de la publicidad editorial. Quisiera citar, como hace Pedro Lezcano,
cuatro versos de don Saulo que explican meridianamente su silencio:
Pero volvamos, para concliiir este epígrafe, a la circularidad vital de Torón, a situaciones
idénticas vividas en momentos diversos. La familia que acompañó su primer tramo, sus her-
manos y sus sobrinos, aparecen en el segundo movimiento encarnados en su propia familia:
su esposa e hijos. La trágica Gran Guerra se superará a sí misma con la Segunda Guerra
Mundial que tuvo como macabro prólogo la Guerra Civil Española. Ambas las contempla-
rá Torón desde perspectivas diversas. La publicación en 1963 y 1970, el crepúsculo de su
vida, de dos nuevas entregas poéticas, la segunda dentro de su obra completa, vino, en cierto
modo, a cerrar su circularidad creativa. A esa aparente continuidad se refiere Claudio de la
Torre cuando acusa recibo, en el año de su publicación, de Frente al muro, el mismo Claudio
de la Torre que ya en 1942^^ reclamaba a Torón que diera publicidad a los versos que le
constaba que continuaba escribiendo;
Acabo de recibir Frente al muro. Ya podrás imaginarte mi emoción al leerlo. Ha sido como verte
entrar de nuevo en casa al cabo de los años: tu misma voz y tus mismas palabras. Nada ha cambia-
do en ti, ni se ha desviado siquiera. Lo que quiere decir que sigues siendo el gran poeta de siempre.
Lo que también quiere decir que no hay muro capaz de detener al que sigue andando^''^.
De todas las caracterizaciones que pueden hacerse en torno a la figura de Torón, qvdzá sea
su timidez la más ponderada por los que con él se relacionaron durante las casi nueve décadas
que duró su existencia. El mismo declaró en múltiples ocasiones que ése era, efectivamente.
uno de los rasgos más significativos de su carácter. Pongamos como ejemplo esta anécdota
que tiene que ver con la lectura pública de su primera entrega poética Las monedas de cobre:
Naturalmente asistí a la lectura de mi primera obra, pero dada mi timidez, aquélla corrió a cargo
de Claudio de la Torre, quien fue también quien se Uevó a Madrid los originales para imprimir
la obra allá. Pedro Salinas prologó"LasMonedas de Cobre, que de esta manera se llamaba mi primer
libro de versos-'^.
La hija del poeta, en una entrevista concedida quince años después del fallecimiento de
su padre vuelve a hacer hincapié en este hecho al ser preguntada, precisamente, acerca del
carácter de su progenitor:
Tremendamente tímido. Nunca pude verlo ir a recitar en público, no me dejaba. Incluso tuvo
que dejar su faceta de actor porque no podía mantenerse ante una audiencia. Más tarde fue
director de escena, y cuando representaba alguno de sus saínetes y la gente pedía que saliera a
escena, nadie lo encontraba. ¡Se había ido a casa a meterse en la cama para que no lo obligaran
a salir! En otra ocasión, ya cuando mi padre era casi anciano, un grupo de amigos, entre los que
se encontraban Antonio l2quierdo, Federico Sarmiento o Vicente Mújica, que formaban la
sociedad Neotea, decidieron hacer un homenaje a mi padre. Aquello fue una locura; nos desper-
taba a las tantas para explicarnos que no podía aguantar el homenaje, que cómo iba a ir, que no
podía aceptarlo. Teníamos que guardar los periódicos para que no se enterara de cuándo era^^.
Esa exacerbada timidez, ese exagerado pudor, nos conduce a anécdotas como la siguiente
que nos trasladó su hija María Isabel. Parece ser que no lejos de la casa de la familia Torón-
Macario existía una pequeña tienda que hoy perdura como boyante comercio y que frecuen-
taba el poeta en sus paseos. Sólo cuando falleció el veintitrés de enero de 1974, la tendera,
SoHta, se dio cuenta del ilustre vecino que cada día veía pasar. Nunca confesó quién era.
También la hija del poeta me comentó cuántos ofrecimientos de obras artísticas de amigos pin-
tores rechazó Saulo Torón por llevar hasta las ultimas consecuencias una frase que repetía
hasta la saciedad: "no te molestes, hombre". Parece ser que el pintor Néstor fue uno de los
liberados de esa "molestia" por parte de Torón.
Asociado a esa timidez crece sin duda el obsesivo arraigo de Torón, no sólo profunda-
mente apegado a su isla sino incluso a su ciudad de residencia. La propia Isabel Torón me
ha confesado en varias ocasiones la odisea que suponía para don Saulo cualqviier traslado
por pequeño que fuera con tal de que saliera de la habitual rutina de su desplazamiento al
trabajo primero o de su paseo de jubilado después^^; eso por no hablar de sus escasísimas
salidas de la isla. Por escrito dejó esta circunstancia en su obra lírica, concretamente en el
A la amistad y compañía de estos amigos se unió la de quien poco tiempo después habría de
ser mi esposa, mi compañera amadísima. EUa que ha tenido la mejor voz de soprano dramática
que he oído, y que ha sido el principal elemento artístico de los varios conciertos que se han
celebrado en Las Palmas, formó pareja con DaHa para dar algunos conciertos en pueblos del
interior de la isla, así como a Tenerife y La Palma. Dalia recitaba y luego acompañaba al piano
a Isabel Macario, ahora mi mujer, quien cantaba inigualablemente.
—¿Tengo entendido que en esta ocasión salió usted por primera vez de Las Palmas?
— Efectivamente. A los 48 años de edad. Este viaje a las islas hermanas fue el paso más feliz
y decisivo de mi vida. Anteriormente, ni Tomás Morales, ni Néstor, ni Claudio de la Tjrre con-
siguieron que me moviera de Gran Canaria. Y, sin embargo, la fraternal amistad con el barítono
y la recitadora, y el afecto y admiración que tenía por la cantante, Isabel, hizo que me uniera a
ellos y me viera en alta mar rumbo a Santa Cruz de Tenerife^.
E l c a s o es q u e n u n c a se a t r e v i ó T o r ó n a dejar el A r c h i p i é l a g o p e s e a t e n e r ofertas c o m o
las d e r e p r e s e n t a r u n a o b r a teatral p r o p i a e n B u e n o s A i r e s o m ú l t i p l e s i n v i t a c i o n e s d e sus
a m i g o s . E n 1949 Lviis D o r e s t e Silva se refiere a esta circunstancia:
Todos, una y otra vez, remontábamos mar adentro, las sombras esfíngeas de la Isleta. Y a Saulo
le dejábamos en la orilla azul, tiernos los ojos, con los brazos abiertos para la espera, recogido
en el haz de sus sueños, anheloso de nuestros renovados avatares, vocero jubiloso de nuestros
lances afortunados... "Mi barca pequeña no sale del puerto no tiene más velas que mi pensa-
miento". Así cantaba. Hasta don Alonso, el más extático, su cotidiano camarada, levanta las alas
viajeras brevemente, cierto día, hacia la Meca madrileña. No se recuerda otra escapada de Saulo
que aquella, casi un rapto, urdido por los ínclitos amigos DaMa Iñiguez y Juan Pulido en aven-
tura triunfal de recitales poéticos por la isla de La Palma*^.
38 MC, p. 44.
39 Cano Vera, capítulo XI.
40 Luis Doreste Silva, "Saulo Tarón" en "El domingo literario". Falange, Las Palmas de Gran Canaria, 26 de
junio de 1949.
Basta una breve revisión al epistolario de Torón para hacer acopio de múltiples invitacio-
nes explícitas formuladas por isleños que residían fuera de las islas como Fernando
Gonzále2, Claudio o Josefina de la Torre, para que don Saulo se acercara a aquellas coorde-
nadas donde ellos habían fijado su residencia y desde la que le enviaban la corresponden-
cia"''^.
Tengamos presente, para dar por concluido este aspecto, una cita del propio Torón extraí-
da de una entrevista:
Cuando Alonso y Tomás marchaban a Tenerife, hacían lo indecible para llevarme con ellos. Yo
he sido siempre refractario a salir de la isla. Mi timidez es muy grande; sea por lo que sea, muy
grande. Recuerdo los esfuerzos de Claudio, Néstor, Miguel, Rafael y otros amigos cuando inten-
taron llevarme a Tenerife con ocasión de pasar por allí Ricardo Baeza. Incluso me dijeron:
"¡Pero hasta te pagamos el pasaje!" Le digo esto para que vea la forma de ser mía. Es una cosa
temperamental que no puedo remediar.
María Isabel —presente en el diálogo- nos dice que si su padre hubiera querido, podría haber
viajado gratis hasta Inglaterra. Invitaciones no le han faltado. Más tarde, el poeta nos diría que,
por fin, viajó, viajó a Tenerife y, una vez, a La Palma, por razones familiares; esto es, empujado
por su familia. "En Tenerife he estado tres veces'"*^.
Ante todo lo expuesto, sorprenden citas como las que apunto a continuación. E n
una entrevista, preguntado por Alonso Quesada, Saulo Torón responde: "Fue indudable-
mente para mí u n magnífico poeta, de un sentimiento amplio y exquisito, pero al que le faltó
saHr de la isla, abrirse un poco al mundo, porque siempre, toda su vida, vivió encadenado
aquí"43_
Además de esta nota tan característica y ponderada del carácter de don Saulo, podemos
añadir otro rasgo en el que coinciden múltiples opiniones: la bonhomía que se esconde tras
los textos del autor teldense y que corroboraban los que accedían al tratamiento directo con
él. E n el soneto-pórtico de Las monedas de cobre encontramos este primer terceto:
U n nuevo testimonio. E n una carta enviada por Tomás Morales nos encontramos esta
curiosa reflexión: "¿Tú libro? H a tenido el éxito que mereces y yo contentísimo. Verás:
41 Pongo un ejemplo, una carta de Femando González fechada en Madrid el 17 de mayo de 1922 {Epist. 136):
"Anímese, Saulo, y de un salto a Madrid. La vida aqxií es encantadora. A pesar de que tengo un fuerte cata-
rro, no me puedo quejar de esta vida y mucho menos de la acogida que, hasta la fecha, me ha dispensado
la gente de letras".
42 Osear Falcón Ceballos, "Saulo Torón: un poeta en la soledad" en el supl. Cartel de las letrasy las artes. Diario
de Las Palwas, Las Palmas de Gran Canaria, 10 de octubre de 1969.
43 Navarro, F. J., "Saulo Torón, poeta del mar", en Nosotros. Revista Universitaria (La Laguna), número 4, marzo
de 1964.
44 MC, p. 5.
Todos los que han hablado de él están conformes en una cosa: tu bondad. Todos me dicen
¡cómo se ve el espíritu de este hombre por encima de sus versos! ¡Qué bueno debe ser! y
yo... aplaudo"^^. Francisco González Díaz también lo percibió, cuando, reseñando IMS monedas
de cobre, escribe: "Saulo Torón está en sus versos. Leedle para poder conocerle o conocedle
para poder leerle. Siempre hallaréis acuerdo absoluto entre su yo y su obra'"*^^.
Pero esta imagen recatada y bondadosa de Torón no debe hacemos olvidar el genio satírico
que escondía. Este melómano ejemplar^^, que Uegó a afirmar que "la poesía es únicamente
la combinación de música y sentimiento"^^, también dejó muestras en su poesía satírica, su
prosa y su teatro de una especial socarronería que no es ajena a los nacidos en Canarias. El
hombre tímido, el hombre bueno, Saulo Torón, sorprendía también cuando, camuflado tras
su escritura, dejaba flioir naturalmente una versión picara de sí mismo. En su archivo sor-
prende la presencia de dos dibujos, entiendo que autógrafos. En ambos, un retrato y una
supuesta portada de IMS monedas de cobre, obra llamada IMS monedas cúpricas para la ocasión,
utiliza el nombre de Saulo Torón y Bolaños, sin duda en un nuevo ejercicio satírico, burlesco,
de los que tan amigo fue precisamente en los años en los que colaboraba en Ecos, época en
la que, como se verá, llegó a compartir seudónimo con Quesada. Es este hallazgo una
pequeña muestra de lo que puede encontrarse entre los papeles que durante su vida recopiló
don Saulo.
45 £/)«•/. (228). Disponible también en Sebastián de la Nuez, Tomás Morales. Su vida, sutiempoy su obra. La
Laguna 1956, Biblioteca Filológica, Tomo I, p. 261). Reléase en este punto el fragmento del artículo de
Ferrara Ferraz citado más arriba dentro del epígrafe "1885-1974".
46 "LMS monedas de cobre (Saulo Torón)", Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 12 de noviembre
de 1919.
47 No pensemos solamente en su enlace matrimonial con la soprano Isabel Macario. Desde joven, Torón
mostró inclinaciones musicales. La hija del poeta nos ha confesado que éste incluso tocaba la guitarra y en
su archivo he encontrado una libreta de juventud repleta de letras de canciones. En definitiva, son múlti-
ples las ocasiones en las que en su biografía confluyen poesía y música.
48 Navarro, EJ., "Saulo Torón, poeta del mar", en Nosotros. Revista Universitaria (La Laguna), número 4, marzo
de 1964.
El apacible barrio teldense en el que vino al mundo Saulo Torón poco tenía que ver con el
buUente Puerto de la Luz, que empezó a erigirse unos años antes del nacimiento del poeta
y que se culminó prácticamente cuando éste llegaba a su mayoría de edad. El alargado brazo
del muelle parecía querer convocar hacia sí el total del mundo. Las banderas, los acentos, los
colores de la piel, se mezclaban en aquella esquina atlántica que aún hoy no renuncia a su
condición de ciudad cósmica. El alargado brazo del muelle también atrajo a la desdichada
familia Torón Navarro. Don Montiano Nicolás, ya viudo, llevándose a sus hijos, se plantó
en el Istmo de la Isleta aproximadamente en 1896. Allá se fue el joven Saulo que, sin saber-
lo, se posicionaba en una coordenada que no abandonaría en el resto de su vida. Desde las
estribaciones de la Isleta hasta la Playa de las Alcaravaneras paseó su mirada, primero de
joven y entusiasmado poeta, después de sereno y süencioso padre de familia.
Pero volvamos al Puerto. Don Juan León y Castillo, ingeniero jefe de la provincia de
Canarias desde 1879, que realizó el proyecto, teldense como Torón, lo redactó en 1881 y fue
aprobado por Real Orden el tres de marzo del año siguiente. Práxedes Mateo Sagasta era
por entonces quien ostentaba el poder del gobierno de España y nombró a Fernando León
y Castillo, hermano de don Juan, ministro de Ultramar. José Luis Albareda, cuyo apellido ha
quedado inmortalizado en una de las calles que coincide con el Istmo de la Isleta, era el res-
ponsable de Fomento. Las obras comenzaron el 26 de febrero de 1883, después de algunos
proyectos anteriores finalmente frustrados, y la entrega oficial de las mismas aconteció el 11
de agosto de 1902. Por aquel entonces ya Saulo Torón había ubicado su nueva residencia
junto a la nueva puerta de Gran Canaria que aprovechaba las favorables condiciones de la
bahía que forma la costa este de la isla junto con el sureste de La Isleta. El primitivo nom-
bre de Puerto de las Isletas se sustituyó por el de La Luz. Este nombre iacluso afectó a la
1 Tomo el título de este epígrafe de un verso de Rivero inserto en su poema "El muelle viejo". Ese poema
resiüta paradigmático en tanto en cuanto marca el tránsito entre la sosegada ciudad decimonónica y la ace-
lerada urbe que verá nacer en su seno un fervor lírico (y artístico) nunca antes intuido y quizá jamás supe-
rado. Trascribo un fragmento del poema (DR, p. 32):
Desde ese muelle -anhelo de tres generaciones—
en otro tiempo vieron sobre la azul llanura
cruzar las velas blancas de las embarcaciones
como presagio humilde de la ciudad futura.
advocación que ostentaba el patronazgo de dicho enclave que pasó de ser El Rosario a La
Luz. Parece ser que la existencia de una luz misteriosa que se dejaba ver con frecuencia en
los contornos motivó el rebautizo del puerto. Así lo cuenta Domingo J. Navarro:
Esa luz sale a la prima noche del castillejo del Risco de Guanarteme; baja de alH a casi media
altura de un hombre, Uega al castillo de Santa Catalina; sigue la orilla del mar hasta la ermita de
la Virgen; alM se detiene algunos instantes y tomando la falda de la Isleta, llega a la punta del
Arrecife y desaparece en el mar. Algunos han intentado acercarse a ella, pero nunca se ha dejado
alcanzar^.
Su verdadero progreso, su maravilloso desarrollo empezó el año de 1883 con las obras de cons-
trucción del puerto de refugio. Este es el verdadero manantial inagotable que ha hecho florecer
y fructificar el Comercio, la agricultura, las artes, la industria y las construcciones urbanas en el
cortísimo periodo de trece años. A los que elogian estos adelantos sin reconocer su causa, podemos
decir lo que el autor de la fábula contestó a los que elogiaban el mérito de la inmensa variedad
de composiciones de los huevos nuevamente introducidos: ¡Gradas a quien nos trajo lagallinaf'.
Hasta don Miguel de Unamuno anota esta circunstancia en su Vor tierras de Portugalj de
Españal: "Con la Restaviración volvió la soñarrera. Pero durante ella, en 1883, se inauguraron
las obras del gran puerto de refugio de la Luz, porvenir de esta ciudad y de la isla toda. Y
empezó la verdadera nueva vida"^. Esa nueva vida que comenzaba no ha dejado de superarse
a sí misma, no ha dejado de asombrar pupüas como las de Torón. Así se refería el poeta a
la ciudad en una carta enviada a su íntimo Juan Pulido y fechada el día 13 de enero de 1966:
Ahora vamos con el capítulo de la transformación y adelanto que está sufriendo esta pequeña
ciudad que Vd. dejó cuando salió en su primer viaje para La Habana.
En la playa de Las Canteras se han construido varios hoteles de gran importancia, entre ellos
uno que se inauguró hace unos cuantos días, el llamado "Reina Isabel". Está situado donde esta-
ba la casa de Don Tomás García, que fue derruida, un hotel de lujo que está completamente
lleno de turistas. Además está el Hotel Gran Canaria, el Caracolas, otro de 6 ó 7 pisos que se
está construyendo en la antigua casa del médico Roca, una cantidad enorme de residencias de
6 y 7 pisos, salas de fiestas, restaurantes, etc., que es un verdadero asombro. Ayer domingo, (le
estoy escribiendo hoy día 17 para terminar esta carta que empecé el día 13) estaba la playa que
era un verdadero encanto. Toda Uena en su totalidad, desde La Puntilla hasta la fábrica de la Luz,
de turistas bañándose y tomando el sol. El día estaba espléndido y el espectáculo resultaba mag-
nífico. Y luego, como las setas de baño, los trajes de los bañistas y los de las perezosas son de
varios colores, no se puede Vd. imaginar lo alegre y vistoso que aquello resultaba'^.
Es pues Las Palmas de Gran Canaria una ciudad que estira el bra2o del Puerto de la Luz
sobre las aguas como mano tendida para el encuentro definitivo con una realidad cósmica.
De los tres principales poetas de este segmento estético sólo Alonso Quesada era origina-
rio de la capital de la isla. Tomás Morales, como el teldense Saulo Torón, era originario de
otra población: Moya^. Sin embargo, la ciudad, acostumbrada a reclamar hacia sí a todo
aquel que buscara ampliar estudios o encontrar supervivencia en los duros años de los que
hablamos, convocó a ambos, sin saber que aquellas escrituras iban a incorporarla al discur-
so literario. Si las cosas son cuando las nombramos, cuando las Uevamos a la escritura.
Morales, Quesada y Torón, otorgan naturaleza a la ciudad desde la que vuelcan su palabra,
a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, a la "ciudad futura".
NACE EL POETA
Debió ser en torno a 1900 ó 1901. Saulo Torón, según su propio testimonio, compone su
primer poema:
Fue un soneto. Creo que tendría yo unos dieciséis años. Lo titulé "Primavera". Tras meditarlo
un poco se lo llevé a un señor que era maestro de escuela". El hombre se quedó sorprendido y
no daba crédito a lo que estaba leyendo. Asombrado me preguntó que si de veras era mío.
6 Epist. (98).
7 Muchos otros poetas grancanarios de este tiempo provenían de otros puntos de la isla ajenos a la capital.
De Telde eran también Fernando González o Montíano Placeres. Francisco de Armas era de Agaete.
8 El maestro, según relata Torón en una entrevista posterior, se llamaba José Suárez León (vid. Navarro, F. J ,
"Saulo Torón, poeta del mar", en Nosotros. Revista Universitaria (La Laguna), número 4, marzo de 1964).
Naturalmente le respondí que sí. Se entusiasmó tanto que se lo Uevó y lo publicó en un perió-
dico que había en Las Palmas que se llamaba El Teléfono, dirigido por Valentín Zamora^.
Trascribo el poema, que se encuentra manuscrito en una libreta del archivo de Torón^^,
fechada en 1904 aunque contiene poemas compuestos con posterioridad. La fecha que
adjimta en la libreta es la del 23 de abril de 1902, fecha en la que Saulo Torón estaba efecti-
vamente a escasos dos meses de cumplir los diecisiete años:
Tenemos pues al joven Torón declarando tempranamente su vocación poética. Sus incli-
naciones artísticas se vieron reforzadas tras la fundación de la sociedad El Recreo en la que
participó su hermano Julián y donde p u d o entrar en contacto con algunas de las personali-
dades que empezaban a gestar un período de especial ebullición en la historia de la ciudad
de Las Palmas de Gran Canaria. Allí, por ejemplo, disfrutó de veladas musicales que p u d o
compartir con cantantes como Néstor y Manuel de la Torre, Manuel del Toro, Sebastián
Jaime, Diego Martell o Nicolás Navarro. AUí también conoció al interesantísimo Francisco
González Díaz, primo de don D o m i n g o Rivero, profuso escritor y, a juicio de sus contem-
poráneos, excelente orador. E n ctianto a los directivos de la sociedad, Torón pudo por aquellos
años entrar en contacto con entusiastas de la cultura y las artes como José Jorge García,
Francisco Navarro Mota, Leonardo Rivero y, sobre todo, don Salvador Pérez Miranda que,
como se ha visto, tuvo una intervención decisiva en la trayectoria laboral de Torón.
Avancemos unos años. El 10 de enero de 1909 se le tributa a Tomás Morales un homenaje
en el Hotel Continental al que no asistió Saulo Torón. El 8 de marzo de ese mismo año se
tributa otro homenaje a los hermanos Millares donde tampoco he podido constatar la presen-
cia del poeta teldense. Pese a estas circunstancias Torón fue p o r estos años incorporándose
al movimiento lírico de aquel lapso histórico^ ^. Así lo declara iin testigo presencial, Lviis
Doreste Silva, que también estiró su existencia, como Saulo Torón, hasta la década de los
setenta:
Un buen día aparece en la trinca juvenil con un cuaderno de versos —su primera romántica alea-
ción de perfumes marinos- clasificándose como el más tímido y sensible pecho del ilusionado
parnasiUo. Todos hemos quedado maravillados de la humilde belleza, de la belleza integral del
alma de este Saulo, que brinda a nuestro júbilo con recato infantil su pomo de saludables sales
y brisas, transmutadas en suaves melancoh'as'^.
Uno de los hechos más importantes de estos tiempos de mi juventud fue la llegada a Las Palmas
del gran poeta malagueño Salvador Rueda, quien vino a Las Palmas aprovechando un viaje a
Cuba. Fue precisamente Tomás Morales quien le invitó. Organizamos una velada para recaudar
fondos y pagar su estancia aquí al tiempo que lo coronábamos como ya era tradición. El acto
se celebró en el teatro Pérez Galdós, no el actual sino el que se quemó^^.
11 Para precisar en qué años conoció Torón a Quesada y Morales, vayamos a las propias declaraciones del
poeta: "Lo empecé a conocer [a Tomás Morales] sobre el año ocho, cuando aún no había terminado la
carrera. Recuerdo que me lo presentó Rafael Romero" (Pedro Perdomo Azopardo, "Charlando con Saulo
Torón", Diario de Las Pa/mas, Las Palmas de Gran Canaria, 16 de enero de 1964). Lázaro Santana en un
pequeño díptico donde sitúa un eje cronológico con la biografía de Quesada y que he podido consultar en
el archivo de Torón, da dos fechas que cuadran con lo expresado por el teldense. En el año 1907 afirma
que conoce a Saulo Torón y que en 1908 conoce a Tomás Morales.
12 Luis Doreste Silva, "Saulo Torón" en "El domingo literario", Fa/ange, Las Palmas de Gran Canaria, 26 de
junio de 1949.
13 Estas fechas las proporciona Joaquín Artilles (vid. Sau/o Torón..., ópus cit). En concreto, la información refe-
rida se halla en la nota 1° de la página 287. Sebastián de la Nuez en su Tomás Mora/es..., ópus cit., p.l78, cita
el día 30 como el de la llegada de Rueda y añade lo siguiente: "Es recibido en el puerto por González Díaz,
Morales, Luis Millares y el presidente de la Sociedad (El Recreo], e instalado, después de los cordiales abra-
zos y saludos en el Hotel Continental".
14 Sobre el viaje de Rueda es Sebastián de la Nuez (Ibídem, pp. 179-181) el que más datos aporta. Cita varios
agasajos tributados al poeta malagueño como un paseo por la Playa de las Canteras, ima visita a Telde y un
banquete de despedida celebrado el día 17 de enero en el Hotel Santa Catalina auspiciado por el Gabinete
Literario. El gran homenaje que comento en el texto lo ubica de la Nuez el día 15 de enero. En la nómina
de acompañantes de Rueda no aparece en ningún caso el nombre de Torón, si bien queda constatada su
presencia en, al menos, el gran homenaje desarrollado en el Pérez Galdós.
15 Cano Vera, capítulo IV.
16 Estas fechas las aporta Sebastián de la Nuez, así como también los nombres de los componentes del jura-
do que aporto más abajo (vid. Tomás Morales, ópus cit., pp. 196-198).
17 En su nombre estuvo presente Federico García Sanchiz.
18 Fue sustituido en el acto por don José Franchy.
19 Ibídem, p.287.
20 Dicha re-inauguración, en 1928, tuvo un preludio íntimo al que fue invitado Saulo Torón. Así lo expresa
el poeta a Cano Vera, centrándose en la impresión recibida por la madre de los hermanos Martín
Fernández de la Torre:
A este acto íntimo asistió la madre de ambos artistas. La pobre estaba enferma. Tenía los pies hinchados y se anduvo
todo el teatro. En un momento pidió una silla para sentarse. Tomó asiento y se quedó embelesada observando la gran
obra de sus hijos. Las luces estaban encendidas. Todas. El aspecto interior de los salones, las galerías y palcos era sober-
bio. La madre de Néstor y Miguel seguía observándolo todo con un gesto tierno, humano y maternal, hasta que sin
poder aguantar más se puso a llorar. Néstor acarició los cabellos de su madre y Miguel la miró tiernamente (vid. Cano
Vera, capítulo V).
Igualmente encontramos en la colección de poesías satíricas de Torón una alusión a la reinauguración del
Teatro. Fue publicada el 13 de abril de 1928 en El País, concretamente en la sección "La pantalla grotesca"
(vid. PS, pp. 152-153). Transcribo la primera estrofa:
Por fin ser abrirá el "Galdós"
con ópera de Volpini.
(Se sacrificará al dios
por salvar a Querubini.)
sus actividades en 1904^^ y se mantuvo durante varios años, impulsado por la inestimable y
generosa voluntad de sus componentes. En 1910, por ejemplo, estrenó el único intento tea-
tral de Tomás Morales que se tituló JL« cena de Bethania. Los Doce Uevaron a las tablas obras
de MaeterHnck, Benavente, los Quintero, VaHe-Inclán o D'Annunzio.
También estrenaban en aquel tiempo en los teatros de la ciudad múltiples compañías
españolas que hacían escala en el nuevo puerto antes de llevar sus espectáculos a América.
Torón relata a Cano Vera^^ ^n^ curiosa anécdota de Valle-Inclán que no permitió a su espo-
sa y actriz, Josefina Blanco, intervenir en el reparto de una obra de su declarado enemigo
Jacinto Benavente. Quizás a esa anécdota se refiere una copla publicada por Torón en El
País, en "La pantalla grotesca" en un texto titulado "El debut de la Membrives":
Inolvidable amigo: el día dos o tres del próximo Junio saldré para ésa de regreso a América. Así
es que llegaré el ocho o nueve y podremos echar una parrafadita. Y aunque tú no me has escrito
ni una letra yo persisto en unas cuantas y las de ahora son muy interesadas, con que agárrate
bien:
Necesito que para mi llegada a ésa, que será como he dicho antes el ocho o el nueve del pró-
ximo Junio, tengas contratado el teatro, el simpático teatro del Puerto de la Luz, para dar yo una
21 Jorge Rodríguez Padrón en su Primer ensayo para un diccionario de la literatura en Canarias, Viceconsejería de
Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Islas Canarias, 1992. CCF, p. 104, da la fecha de 1902.
Desconozco si Rodríguez Padrón se refiere a los primeros contactos entre los fundadores, pero lo cierto
es que Sebastián de la Nuez (en su trabajo Tomás Morales.., ópus cit., p. 166) y sobre todo Concepción de
León Cabrera (en El teatro de Alonso Quesada, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas
de Gran Canaria, 1989) aportan la fecha de 1904. Éste último trabajo, que incluye un epígrafe dedicado a
esta iniciativa teatral: "La sociedad teatral de "Los Doce" (pp. 23-30) también contiene un apéndice donde,
basándose en el meticuloso archivo de uno de los miembros fundadores de la sociedad, José Rodríguez
Iglesias, ofrece un listado de las obras representadas y de algunas veladas realizadas por este grupo (pp.
121-123). En dicho listado, la primera representación se anota el 5 de agosto de 1904, siendo concretamen-
te dos las obras incluidas en el programa: Tratada de urbanidad de Joaquín Abati y Sólo para hombres de Ángel
del Arco y Molinero. En cualquier caso, más que el detalle puntual de la fecha de inicio de estas activida-
des, interesan la intensidad y la importancia de las mismas.
22 Capítulo V.
23 PS, p. 145.
24 Tomás Morales..., ópus cit., pp. 196-197.
velada artística, dos horas de arte puro y dramático. [...] Confío en que conseguirás, con los ami-
gos el teatro y empezarás la propaganda para que haya un llenazo pues de los beneficios que se
obtengan he de ir costeándome el viaje hasta Buenos Aires^^.
Pero esta ebullición cultural, propiciada por el tránsito de diversas compañías por el
nuevo puerto, no tiene exclusiva naturaleza teatral, sino que también posibilita múltiples car-
teles de ópera y zarzuela que saciaban el apetito cultural de una porción significativa de la
ciudad y de un Saulo Torón apasionado entusiasta tanto del teatro como del bell canto.
Guardó siempre don Saulo un imborrable recuerdo de una actuación de Enrique Borras en
el Teatro-Circo del Puerto (también actuó en el Pérez Galdós), interpretando la obra Tierra
'Raja de Ángel Quimera. Habría que esperar aún algunos años hasta que Torón pasara de
espectador teatral a dramaturgo y director; habría que esperar hasta las postrimerías de la I
Guerra Mundial.
LAS TERTULIAS
La tradición tertuliana canaria ha sido constante desde que el poeta inaugural Bartolomé
Cairasco de Figueroa fundara cerca de las oriUas del Guiniguada su tertuHa consagrada a
Apolo Deifico. La cxolminación de este fervor la aporta en el siglo XVIII la tertulia lagunera
de Nava. El verdadero mérito de estas reuniones lo constituye, a mi entender, la profunda
atención con que asomaban al mundo los tertulianos. Desde un rincón adántico frente a la
costa continental africana, originalmente aislado, estos hombres: Bartolomé Cairasco,
Antonio de Viana, José de Viera y Clavijo o el Vizconde de Buen Paso, con ojos canarios,
pretendían apresar la totalidad de las realidades humanas. En más de una ocasión se ha
dicho que la Tertulia de Nava, quizá la más institucionalizada de todas las que han aconte-
cido en Canarias, mostraba un mayor conocimiento de las ideas europeas, fundamentalmente
francesas, que muchos de los cenácvilos españoles que, marcados por una atávica francofobia,
nacían desesperanzados.
Volvamos a los primeros años del siglo XX. El entusiasmo creativo y vital del grupo que
empezaba a gestarse en la capital de la Isla de Gran Canaria se hizo patente en múltiples
espacios de la ciudad en los que aquellos atentos jóvenes prolongaban interesantísimas ter-
tulias. En unos años u otros la casa de Alonso Quesada, la de don Luis Millares, la orilla del
barranco Guiniguada (fundamentalmente en el rincón formado por el ]-yon d'Or y la farma-
cia de Bojar), el balneario de Antonio Galán en la playa de las Canteras^^^ la redacción del
25 Epist. (218).
26 En colaboración con Alonso Quesada, Torón pubücó en Ecos una copUlla donde pubücitaba el balneario.
Está incluida en el primer pasaje de un corpus titulado "Coplas filosóficas" (vid. PS, p. 102):
Cuando quieras tomar baños,
baños de sol y de mar,
te recomiendo el balneario
que tiene Antonio Galán. . •,
periódico Ecos en la calle Travieso^^ y las mismísimas calles de la ciudad (donde, como
expresa Joaquín Artiles se Uevaba a cabo "amigable tertuHa peripatética"^^) fueron testigos
del paso de esta generación que, como ya he expresado, forjó un segmento especialmente
interesante de la historia —no sólo literaria- de Las Palmas de Gran Canaria y de todo el
archipiélago. Lo expresa Claudio de la Torre, testigo y partícipe de aquella atmósfera:
Puede decirse que nos unían los mismos intereses espirituales y, sobre todo, la más amplia y cor-
dial interpretación de la vida. Tomás Morales nos refrescaba con su gloria, caída como lluvia de
mayo en nuestra tierra desde los cielos de Madrid y, bajo los cielos de Canarias, cultivábamos
también nuestras veneraciones: la humana poesía de Don Domingo Rivero y la ejemplar litera-
tura de los Hermanos Millares. Sobre este pequeño mundo, rebosante de ilusiones juveniles,
Néstor derramaba a manos Uenas las sedas y el oro de su fantasía. Vivíamos, en realidad, en un
mundo dorado^^.
Especial mención merece la casa de don Luis Millares. Y así es porque especial mención
dentro del ambiente cultural de estos años merece la figura de este médico entrañable cuyo
fervor propició una animación inusitada de la vida cultural de Las Palmas de Gran Canaria.
En su hogar, donde cobró cuerpo el que ellos mismos llamaban Teatrillo, acontecía la efer-
vescencia de una generación a la que la familia Millares contribuyó con varios de sus miembros.
Como en la Tertulia de Nava, nuevamente los intelectuales canarios bebían directamente en
las fuentes originales del continente sin tener que aguardar otra primera lectura en español.
Así lo relata Pedro Perdomo Acedo: "Durante muchos años ese teatrillo de los Mulares fue
la única novedad escénica de la ciudad adántica en que funcionaba, entonces casi reducida
al silencioso barrio de Vegueta y sus aledaños. MaeterHnck y D'Annunzio hablaron allí su
primer castellano"-^'^.
Ventura Doreste, en una evocación de la figura de Torón e inspirado sin duda por los
recuerdos de su padre Ventvira Doreste Alonso Araus, ofrece el siguiente testimonio acerca
de una pequeña tertulia que también se institucionalizó en la casa de Juan Puig, cuñado de
Torón, en la que vivía el poeta:
Vivía Saulo en compañía de una hermana casada con un fino farmacéutico catalán, cuyo hogar
y apoteca estaban enclavados en el Puerto de la Luz. Imagino que para Alonso Quesada y para
mi padre, Araus, el trayecto tranviario desde el núcleo de Las Palmas hasta el final de la calle
Albareda debía constituir una suerte de aventura casi cotidiana. Traqueteante y humoso tranvía,
altos y lentos carros que transportaban frutos, ligeras tartanas cimbreantes, pomposos carruajes
de médicos, berlinas de caballeros pudientes, y barro y polvaredas, y conversaciones gustosas a
27 Vid. el epígrafe de este mismo capítulo titulado "La Primera Guerra Mundial".
28 Ópus cit., p. 288.
29 Claudio de la Torre, El escritory su isla..., ópus cit, pp. 14-15.
30 Pedro Perdomo Acedo, "Una generación literaria. Con motivo de la muerte de don Agustín Millares
Cubas", Revista El Museo Canario (Madrid-Las Palmas de Gran Canaria), Año III, n° 7, septiembre-diciem-
bre de 1935. Con asertos como este se tambalea el supuesto rezago cronológico en el que se desenvuelve
esta generación.
lo latgo del interminable viaje. En las tertulias que se celebraban en el hogar de Saulo y de
Micaela, su hermana, hubieron de conocerse mis padres^^.
En 1914. Por este año regresó a Las Palmas Néstor, después de haber celebrado en Madrid
aquella célebre exposición que le llevó al pináculo de la fama. A su llegada todos sus amigos,
entre los que me encontraba yo, organizamos un homenaje en su honor. En el antiguo Club
Náutico. Aquel día fue también histórico. Y digo histórico porque, estando comiendo, llegó la
noticia de la declaración de la guerra mundial con la entrada de Inglaterra en la contienda. La
noticia la dio don Salvador Pérez Mttanda^^.
Estamos ante una coyuntura que no pasará ni mucho menos inadvertida para los crea-
dores insulares. La unión entre ellos se estrechó. Por estos años Tomás Morales residía en
Agaete donde ejercía su profesión de médico. Por esa razón, durante este tiempo, Torón
estrechó sus lazos con Quesada, con el que según su propio testimonio compartió un desen-
gaño amoroso^-^. Este primer amor de Torón puede ser el destinatario de muchas de las
composiciones poéticas de este tiempo. He encontrado, en la colectánea de textos satíricos,
una breve alusión que debo entender relacionada con este episodio. Fue pubHcada en el
periódico Ecos, en noviembre de 1916, dentro del segundo pasaje de un texto titulado coplas
ingenuas:
Tras interrogar a María Isabel Torón acerca de esta anécdota biográfica, no puedo aña-
dir información alguna a la ya expuesta. Sólo me nombró la existencia de un anillo sobre el
que, parece ser, descansaba un recuerdo íntimo del poeta.
También por estos años, Torón no precisa la fecha, aprovechando un viaje a América,
pasó por la ciudad el filósofo José Ortega y Gasset.
Durante la contienda, una dedicación que mantuvo unidos y al tanto de la coyuntura bélica
a Torón, Morales y Quesada, fue la participación en la columna satírica "El tablado de la
farsa" inserta en el periódico Ecos en la que, escondidos bajo diversos seudónimos, los tres
poetas líricos daban rienda suelta a su crítica con toda la mordacidad e ironía posibles. El
trabajo de recopilación de Joaquín Artües-^^, del que trato en su momento, nos permite acer-
carnos a esta vertiente aparentemente (sólo aparentemente) "ligera" del poeta. En este
periódico, que dirigió Alonso Quesada durante algún tiempo, también publicó Torón sus
crónicas, editadas por Antonio Henríquez en 2002. El ímpetu aliadófilo de los poetas nos
deja un apreciado documento de hemeroteca. Ecos, rotativo que no sólo albergaba textos de
relevantes creadores insulares sino que reproducía los de importantes autores de otras coor-
denadas, tanto artículos como textos de inspiración Hteraria. Sin ir más lejos, muchos poemas
de autores latinoamericanos de filiación modernista vieron la luz en las páginas de Ecos.
Quesada fue director del rotativo concretamente entre 1916yl917 relevando en el cargo a
Cipriano de Santa Ana que a la vez había relevado al primer director Diego Mesa. Personaje
importante en la labor cotidiana del periódico será el redactor Juan Rodríguez Yánez, unido
a Torón por una entrañable amistad. Rodríguez Yánez, al igual que el canónigo catedralicio
José Feo^*^, también colaboró en la creación de las copliUas satíricas. Torón refiere a Cano
Vera algunos detalles de este trabajo:
Desde Ecos se hicieron grandes campañas, especialmente políticas, aunque como en Europa se
estaba librando la guerra mundial, la censura, establecida para controlar a aüadófilos y germa-
nófilos nos impedía la publicación de muchos versos que aparecían diariamente firmados por
nosotros. El censor era un caballero, magnífica persona dotada de grandes virmdes. [...] Se lla-
maba don Manuel Luengo^'.
35 Poesías satíricas, Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 1976.
36 Este don José Feo se me figura humilde prolongación de la excentricidad de otros sacerdotes con adscripción
catedralicia y afición por las musas: Cairasco de Figueroa o Gracüiano Afonso. Antonio Artiles, párroco
de San Francisco al que nombro Ibeas más abajo, por su postura germanófila durante la Gran Guerra, que-
daría fiíera de esta consideración excéntrica.
37 Cano Vera, capítulo VIL
Como expresé más arñba, durante este período publicó nuestro autor sus crónicas. En
concreto, las catorce^^ que sacó a la luz lo hicieron entre el 5 de octubre de 1916 y el 10 de
diciembre de 1917. En algunos de estos textos, como veremos, hay alusiones directas al con-
flicto del que es lejano pero atento testigo Torón.
Esas mismas alusiones, ese mismo telón de fondo aparece en las obras teatrales de Torón
que debieron ser escritas durante los años de la guerra o inmediatamente después. Duelo j
jolgorio, estrenada el 5 de mayo de 1918, está contextuaüzada incluso en la Guerra europea
del 14, tal como nos hace saber una acotación inicial, y el conflicto bélico, al igual que en el
trasunto cronístico ("Diálogos vulgares") y poético ("La tienda de la esquina"), aparece como
inevitable telón de fondo.
FERVOR CREATIVO
En 1918 se realizó la lectura de la primera obra poética de Torón, IMS monedas de cobre, que
saldría a la luz al año siguiente. Torón se sumaba tardíamente a la publicación de su opera
prima lírica, que ya Morales y Quesada, Poemas de la gloria, del amorj del mar (1908) y xilino de
los sueños (1915) habían llevado a cabo. Tenemos por tanto en 1918 a un Torón que ya había
hecho públicas sus tres vocaciones literarias. Por estos años el poeta se sumó decididamen-
te al pujante movimiento teatral que albergaba Las Palmas de Gran Canaria de aquellos años.
Dirigió una compañía Uamada "Primero de mayo" y con ella estrenó sus tres obras teatra-
les: Duelo j jolgorio, 1M familia de don Pancho, sus tertuliasj el inglés y ha última de Frascorrita. En
una carta fechada en Las Palmas de Gran Canaria el 24 de noviembre de 1918^^, Domingo
Doreste Fray L^sco, soHcita a Saulo Torón la colaboración de su compañía en un festival que
perseguía recaudar fondos para la Escuela Lujan Pérez. No tengo constancia de la partici-
pación o no del grupo en dicho evento, pero esta petición evidencia la importancia que, en
breve tiempo, obtuvo el cuadro dramático dirigido por el poeta. En el homenaje tributado
a Torón en el Club Victoria en 1965, el presidente glosó la trayectoria de la compañía^^, pun-
tualizando que llegó a estrenar Uanura, de Alonso Quesada y que entre sus miembros se
encontraban José Barreto, Francisco Pacheco y Lolita Cabrera.
En 1920, tras la publicación del libro II de sus Rosas de Hércules el año anterior, regresa a
la ciudad Tomás Morales, al que se tributan varios reconocimientos. El 11 de marzo de ese
mismo año, auspiciado por la sociedad Fomento y Turismo, dirigida por don Carlos Navarro
38 Como se verá, el texto decimoquinto de los exhumados por Antonio Henríquez (Ediciones del Cabildo
Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria 2002. Colección Nueva Biblioteca Canaria) corres-
ponde a una carta de Torón publicada en otro periódico (LM Crónica) con motivo de desagraviar a Alonso
Quesada de insultos previos. Según explica el propio exhumador, fue el seguimiento de esta polémica que-
sadiana, él es estudioso de la vida y obra de Rafael Romero, la que lo acabó llevando al conocimiento de
un cuaderno miümetrado incluido en el archivo de Torón y al que adhirió sus crónicas publicadas en la
prensa. Tiempo habrá en el capítulo correspondiente de abordar este hecho.
39 Epíst. (164).
40 Texto que se encuentra en el archivo de Torón.
Junto al lecho donde moriría, un enfermo Tomás Morales presenció algunos cuadros de la
obra Abé/2 Humeya de Francisco Villaespesa, que por aquellos tiempos visitaba la ciudad. Ya
casado Alonso Quesada y enfermo Tomás, fue Torón el que, acompañado del poeta y médi-
co de Agaete Francisco de Armas, ejerció de cicerone del autor almeriense. Así recordaba
Torón la muerte de Tomás:
Lo suyo fue una tragedia terrible a pesar de los grandes esfuerzos de don Luis Millares, ese gran
médico, escritor y caballero que ha tenido Las Palmas. Su enfermedad fue muy complicada. Y
la ciencia, en el año 1921, no pudo hacer nada. Posiblemente hoy día se hubiera salvado con los
antibióticos. Al recordar la muerte de Tomás aún siento vina cosa extraña en la boca del estó-
mago. Se quedó en los puros huesos a pesar de que él había sido un hombre de poderoso vigor
fisico^^.
Unos años más tarde, en 1925, fallecía en Santa Brígida Alonso Quesada"^-^:
Los médicos le habían recomendado que se fuera al campo. Se fiíe a vivir a la Plaza de doña
Lmsa, en Santa Brígida. Una noche me llamaron sus familiares para que acudiera junto al lecho
del enfermo. Cuando llegué, Alonso Quesada se moría. Ya no hablaba. Le llamé en varias oca-
siones y no me contestó. Sólo una vez me miró con los ojos muy abiertos y quiso decirme algo.
Se incorporó por unos segundos, pero volvió a caer en las tinieblas de la muerte. Pocas horas
después fallecía. Estas imágenes las llevaré siempre en mi alma^.
41 Esta información referida al regreso de Morales a Canarias puede consultarse en Sebastián de la Nuez,
Tomás Morales..., ópus cit., p. 270 y ss.
42 Cano Vera, capítulo I.
43 El médico que atendió a Rafael Romero fue Rafael O'Shanahan. En un libro de éste último titulado Ensayos
sobre locura, arte, historiaj otras meditaciones, se recoge un texto titulado "Diálogo sobre el amor atormenta-
do" que, según una nota del autor de la edición, Alfonso O'Shanahan, puede ser la trascripción de una con-
versación sostenida entre médico y enfermo. Vid. Rafael O'Shanahan, Ensayos sobre locura, arte y otras medi-
taáones, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1991, pp. 273-287.
44 Cano Vera, capítulo XIL
En 1926 publicó Torón ^l caracol encantado que dedicó a Tomás Morales. Entre 1928 y
1929 retomó la publicación periódica de su poesía satírica en El País, periódico dirigido por
Pedro Perdomo Acedo. En esta ocasión la columna recibió el nombre de "La pantalla gro-
tesca" y los textos publicados en ella también los contiene el volumen recopüatorio de
Joaquín Artües. En 1932, dedicado a Alonso Quesada, publicó Torón su tercera entrega
poética: Canciones de la orilla.
LA VIDA SOSEGADA
45 Quizá sea en este apartado donde biografía y arte se entrecruzan donde convenga reseñar un soneto publi-
cado por Ignacia de Lara en su libro Para elperdónj para el olvido (Blasi, Barcelona, 1924) dedicado a la que
años más tarde se convertiría en esposa de Torón. El soneto se titula "Para Isabel Macario":
Escuchando tu voz, en la inefable
emoción que nos prende fuertemente,
no sabe el corazón que es lo que siente
rendido ante el poder de lo admirable.
civil. Sin embargo, gracias a las acertadas pistas de Eugenio Padorno y a citas como la que
transcribo a continuación o como la de Ventura Doreste que expongo unas líneas más abajo,
vislumbré cómo un argumento político sustentaba el voluntario mutismo del poeta. Alfonso
Armas Ayala en un artíciilo titulado "Los paliques de Saulo Torón"^^ ratifica Iq que expon-
go: "No, no, Alfonso, yo no publico un verso mientras este general nos siga ahogando."
Ratifico mis palabras con la anunciada cita de Ventura Doreste:
Llevaba una existencia íntima, recoleta; y aunque no desconocía, no, la producción intelectual
de aquellos años, lo cierto es que se negaba a leer las obras que durante la guerra y la postguerra
se venían publicando. Para el Saulo Torón de la época que rememoro, España había muerto
—política y espitituaknente— en el fatídico 1936. Hombre generoso, hombre liberal, nunca se
consoló Saulo de que las democráticas naciones europeas no hubiesen prestado el máximo
apoyo a la causa de la República española'*'.
Puedo añadir un testimonio del propio Torón, publicado en su epistolario, que ratifica lo
que apunto a este respecto. Con motivo del acopio de textos para un número homenaje
dedicado a Pedro Perdomo Acedo, Agustín de la Hoz se pone en contacto con Saulo Torón
para pedirle colaboración. Torón, entonces, escribe a Perdomo Acedo:
Usted sabe que yo estoy apartado de estas cosas y que nunca he hecho juicios críticos ni perso-
nales de ningún amigo ni conocido. No sirvo ni estoy preparado para ello.
Ahora bien, tratándose de Vd., y teniendo en cuenta nuestra antigua amistad, me ha parecido
lo mejor sacar de las brumas del pasado al viejo Belarmino y que él le diga a Vd. lo que yo no
me atrevería a decir por temor a la censura. Si las cree publicables, láncelas; y que Dios (o Don
Manuel Luengo) nos perdone^''.
Un par de puntualizaciones. Belarmino era el seudónimo que utilizaba Saulo Torón para
firmar sus versos satíricos en ElPaír^, periódico que dirigía, precisamente, Pedro Perdomo
Acedo. Manuel Luengo era el censor que vigilaba las tiras satíricas del periódico Ecos.
Imagino cuan amarga situación sería para Torón tener que refugiarse más de treinta años
después en su viejo alter ego, para escapar al rigor de tma censura que acompañó su vida. En
otra carta, dirigida en esta ocasión a Fernando González y firmada unos años antes, el 16 de
marzo de 1960, comenta Torón:
48 ha Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de junio de 1985 (con motivo del centenario del poeta se
publicaron varios textos en un suplemento especial).
49 Opus cit., p. 24. En el mismo texto, leído por Ventura Doreste en la inauguración de una exposición sobre
Torón, hay un curioso guiño del autor hacia esta circunstancia. No olvidemos que estamos en el año 1978:
"Nos hemos juntado aquí, esta tarde de febrero, para recordar a Saulo Torón, de cuya muerte acaban de
cumplirse cuatro años, durante los cuales la historia española parece haber iniciado un nuevo giro que quizá
hubiera satisfecho muy parcialmente al poeta desaparecido" (p. 15).
50 Epist. (99).
51 Este seudónimo sería utilizado con posterioridad por el poeta y novelista Juan Sosa Suárez (1903-1972).
En el anexo II de este trabajo puede consultarse un poema en honor a Torón que escribió en 1969.
El movimiento poético por estas tierras continúa latente. Hay poetas y mucha afición a la poe-
sía, pero con sordina. Días pasados quisieron dar un recital de poetas canarios en la Escuela
Lujan Pérez, en el que se nos incluía a nosotros los viejos y algunos de los nuevos, pero hubo
que suspenderlo por "prescripción facultativa". Son muy peligrosos los poetas para la salud
pública^^.
En conversaciones con Eugenio Padorno, éste, presente en el acto al que alude Torón,
me comentó el enfado supremo que provocó esta suspensión en el poeta, un motivo más
que añadir a su angustia por el estado de cosas en el que vivió desde 1936 hasta que falleció.
A la censura impuesta por la dictadura franquista se sumaba la pésima memoria de los
gobernantes para con las figuras más relevante de la creación insular: "El museo de Néstor
contiúa entornado, la Casa y monumento de nuestro gran Don Benito, una medio entornada
y otro desmoronándose en el muelle de Las Palmas... Y..vale más callar"^-'. Múltiples son
los testimonios, fundamentalmente sitos en el epistolario toroniano que justifican el volun-
tario silencio de Torón por estos años. Pocas veces lo violó.
Una de esas ocasisones tuvo lugar en 1955, en el acto inaugural del busto de Alonso
Quesada emplazado en Ciudad Jardín, cerca del domicilio familiar Torón-Macario. Don
Saulo rompió su silencio público para leer un poema en homenaje al amigo fallecido. Dicho
poema fue publicado en la sección Nuevas ofrendas devotas de Frente al muro, Resurrecciónj otros
poemas. A principios de noviembre de 1960 volvió a tributarse un homenaje a Quesada, en
este caso en coimiemoración del treinta y cinco aniversario de su muerte. Hubo una lectura
poética, con la participación de Encarnación Cárdenes y Manuel González Barrera, y una
ofrenda floral. La Escuela Lujan Pérez fue la organizadora del acto. Torón estuvo presen-
te54
En 1963, por la insistencia de los jóvenes Lázaro Santana y Fernando Ramírez, salió a la
luz la primera entrega poética de Torón a lo largo de treinta y un años: Frente al muro, en la
colección Tagoro.
Los últimos años de la vida de Torón estuvieron plagados de homenajes y reconocimien-
tos^^. En su hogar, además, teniendo en cuenta el fervor artístico que se desprendía debido
a las clases de canto impartidas por su esposa, se configura una suerte de tertulia en la que
participaban, además del propio Torón y sus familiares más allegados, una serie de jóvenes
inquietos como Agustín Quevedo, Pedro Lezcano, Armando Campos, Jorge Garabote,
Ceferino Erdozain o Miguel Benitez Inglott^^.
52 Epist. (94).
53 De Saulo Torón a Claudio de la Torre, Las Palmas de Gran Canaria, 27 de septiembre de 1965. Epist. (90).
54 Vid. Epist. (Jl) y "Aniversario de la muerte del poeta Alonso Quesada", Diario de Eos Palmas, Las Palmas
de Gran Canaria, 5 de noviembre de 1960.
55 Me baso para estos datos, fijndamentalmente, en artículos periodísticos que refieren los distintos eventos
publicando notas anunciadoras o levantando actas periodísticas de los mismos.
56 Vid. Agustín Quevedo, "En tomo a su vida y recuerdos", ha Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 27 de
enero de 1974.
El pasado mes de febrero [de 1961] estuvo aquí también el poeta José Hierro para dar unas con-
ferencias sobre poesía y hacer la presentación del pintor Pancho Cossío. Debido a que los cuadros
de este ilustre pintor no pudieron llegar en la fecha prevista, tuvo que dar las conferencias y
marcharse sin cumpUr adecuadamente su cometido... pero llevándose las pesetas que supongo
le pagarían por el encargo. Cossío se quedó aquí y esta tarde —porfin—se inaugurará la exposición
de sus cuadros en los salones del Gabinete Literario.
Estas cosas que están pasando, querido Femando, de aparecer literatos por aquí, proclamándo-
se genios y dando lectura de conferencias dichas en otras localidades y leyendo versos que no
nos interesan mucho, me dan tan mal olor como cualquier guiso mal compuesto con los com-
ponentes de las suculentas paellas, sólo que en vez de paellas resultan "pa-ellos"''^.
Para nuestro análisis posterior de la poesía de Torón, convendrá no perder de vista uno
de sus asertos "leyendo versos que no nos interesan mucho". Tiempo habrá, sin tener que
volver necesariamente sobre estas palabras de don Saulo, para entender el porqué de este
desinterés.
En el archivo de Saulo Torón se encuentra una carta dirigida al poeta por don Manuel
Padrón Quevedo, presidente del Gabinete Literario convocando a Torón a la reunión del
jurado de los Juegos Florales de 1961. Torón participó en las deliberaciones del mismo pero
no asistió al acto de entrega de premios. A estos Juegos acudió como mantenedor el poeta
Gerardo Diego, al que de esa forma pudo conocer Torón.
El 10 de agosto de 1963 se realizó, en las instalaciones del Real Club Victoria, un home-
naje conjunto a Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón. Fue organizado por el
57 Este grupo, que también gestará el gran homenaje a Torón en el año 1969, también rindió honores a otras
figuras de la cultura isleña. Sonado fue el agasajo realizado a don Agustín Millares Cario (vid. Diario de Las
Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 28 de agosto de 1961).
58 Epist. (82).
59 Ibídem.
60 Vid. los poemas de éstos últimos insertos en el anexo II.
61 Ibídem.
grupo Latitud 28. Tras xina conferencia previa de don Luis Suárez Morales, se leyeron poe-
mas de los tres autores por Celia, José María y Carlos. De Torón llegaron a leerse textos por
aquel entonces inéditos.
Coincidiendo con su ochenta ciimpleaños, el día de San Juan de 1965, también en el
Salón de Actos del Real Club Victoria se le rindió un emotivo homenaje. En dicho acto, el
presidente de cultura del club capitalino, don Luis Suárez Morales, glosó la figura del vate
teldense^^. Los componentes del cuadro artístico del Club leyeron poemas de la obra Las
monedas de cobre y seguidamente representaron LM última de FrascorritJ'^, última de las piezas
teatrales compuestas por Torón. El acto se cerró con un prolongado aplauso que se acre-
centó cuando el autor se levantó de su asiento.
El 25 de julio de 1967, en Agaete, se tributó un homenaje-agasajo a Fernando González
en el que participó Torón. El único testimonio que he localizado es una foto publicada en
1M Provincia, (Las Palmas de Gran Canaria, 23 de junio de 1985) con motivo de una recopi-
lación de textos que glosan la figura de Torón en el centenario de su nacimiento, en cuyo
pie reza: "Todos los poetas asistentes al homenaje celebrado en Agaete el 25 de julio de
1967: Juan Sosa, V. Mújica, Juan del Río, D. Castellano, V. Medina, Orlando Hernández,
Domingo Velázquez, Boada, el doctor Rafael O'Shanahan, Fernando González, V. Boada,
G. de Armas, José Luis Pernas, Leopoldo y Alfonso O'Shanahan".
El 8 de junio de 1968, con motivo de otro viaje a Tenerife, el Círciilo de Bellas Artes de
Santa Cruz le tributó un cariñoso agasajo. En el acto intervinieron el presidente del Círculo
don Antonio Lecuona y el escritor don Domingo Cabrera Cruz. Estuvieron presentes tam-
bién, según testimonio de María Isabel Torón, Pedro García Cabrera, Emeterio Gutiérrez
Albelo y Patricio Pérez Moreno. María Dolores de la Fe^"^ nos traslada las impresiones de
Saulo Torón ante este inesperado reconocimiento: "Entonces me cuenta cómo fue el que le
rindieron en Tenerife, de un modo absolutamente inesperado, aprovechando su breve estan-
cia en aquella isla. Su Uegada al Círculo de Bellas Artes y su asombro ante la presencia de tal
cantidad de público que le aplaudía. Creyó caerse del susto pero se rehizo".
El día 21 de ese mismo mes, su ciudad natal, Telde, le tributa igualmente un homenaje
en el que interviene el catedrático por entonces de la Universidad de La Laguna don
Gregorio Salvador Caja con una conferencia titulada "En torno a la obra de Saulo Torón".
El acto se enmarcaba dentro del Ciclo Cultural organizado con motivo de las fiestas de San
Juan en la localidad. El Instituto Técnico de Enseñanza Media de la ciudad de Telde acogió
la conferencia. Tras la lectura de la misma, el alcalde del municipio anunció el acuerdo de la
Corporación para poner el nombre del poeta a una caUe*^^. Con posterioridad se celebró una
cena en el hotel Estrellamar. Como fue nota común a lo largo de los sucesivos reconoci-
mientos, también éste tuvo adhesiones significativas, como la de Pío Gómez Nisa, expresa-
da en una carta que se conserva en el archivo de Torón.
EL GRAN HOMENAJE
Organizado por los entusiastas del Neo-Tea, que ya había Uevado a cabo iniciativas más
humildes para loar la figura del poeta también canalizando el entusiasmo de Antonio
Izquierdo y Federico Sarmiento, y ofrecido por Manuel Morales Ramos, hijo de Tomás, el
sábado 11 de octubre de 1969 se celebró en el Pueblo Canario, a escasa distancia del domi-
cilio de Torón en la capital grancanaria, el más multitudinario de los homenajes recibidos
por Saulo Torón. En las fechas que rodearon el evento la prensa se hizo abundante eco de
la convocatoria, aprovechando la mayor parte de las entregas para repasar la trayectoria vital
y creativa del homenajeado. Los primeros documentos que he encontrado, publicados
durante el mes de septiembre y que refieren el evento, son un artículo de Luis Doreste Sñva
publicado el 18 de septiembre de 1969^^, otro de Jesús Delgado titulado "Saulo Torón:
Sencillez e intimidad"^^ y una breve entrevista realizada por María Dolores de la Fe citada
líneas más arriba. Este último texto empieza a declararnos la escasa voluntad por parte de
Torón a la hora de erigirse en destinatario de un homenaje de estas características: "Su escu-
do de defensa es una pregunta tan sencilla, que desarma a cualquiera: ¿Y por qué me van a
hacer un homenaje?" ^°. Unos días antes de la convocatoria en varios periódicos se hizo
pública la reseña oficial del homenaje firmada por ima amplia nómina de entusiastas*^^. Ya
en las fechas en las que la convocatoria era inminente otros muchos amigos dejaban cons-
tancia escrita de su afecto por el poeta bien con emocionadas reseñas o con poemas com-
puestos para la ocasión. Así puedo citar los nombres de Antonio Cillero^^, Agustín
su homenaje. Junio 1968". La inscripción de la placa que obra en poder actualmente del hijo del poeta,
Saulo Torón Macario, y que he podido consultar, no coincide con la aportada por el periódico: "El
Ajruntamiento de Telde a Saulo Torón en su homenaje". Por otra parte, he de decir que, efectivamente, vina
calle de Telde lleva el nombre del poeta concretamente en la zona conocida por Los Llanos. En el archi-
vo de Torón se conserva una carta del Alcalde de la localidad en la que se comunica oficialmente el acuer-
do que Uevó su nombre al nomenclátor teldense.
66 "Saulo Torón en homenaje", El Eco de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 18 de septiembre de 1969.
67 Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 22 de septiembre de 1969.
68 Opus cit.
69 He consultado dos periódicos que albergan este texto. Aunque el mismo no es idéntico sí denota una
misma línea de gestación. La lista de firmantes también es casi idéntica: Luis Doreste Silva, Manuel Morales
Ramos, Néstor Álamo, Joaquín Artiles, Juan Rodríguez Doreste, Manuel Amador, Tomás Ventura, Pedro
Lezcano... (vid. "Homenaje a Saulo Torón. La decisión del homenaje está ya anunciada". Diario de Las
Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 6 de octubre de 1969 y "Convocatoria del homenaje a Saulo Torón",
La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 7 de octubre de 1969).
70 "Saulo Torón, en esta hora". La Promncia, Las Palmas de Gran Canaria, 3 de octubre de 1969.
Quevedo^^ o Alfonso O'Shanahan^^. Incluso el Cartel de las 'Letrasj las artes publicado por
Diario de Las Palmas el 10 de octubre, un día antes del homenaje, Uevaba el título "Homenaje
a Saulo". Contiene esta edición del Cartel, en aquel tiempo a cargo de Eugenio Padorno y
Fernando Ramírez, una reseña bio-bibliográfica del poeta, un poema por aquel tiempo
inédito "Ansia suprema"^^, una entrevista con el poeta realizada por Osear Falcón CebaUos
y un Hstado de adhesiones al homenaje titulado "Junto a Saulo"^^ y que está culminado por
un poema de Agustín Millares titulado "Canción entera para Saulo Torón"^^.
Con respecto a la crónica del acto, publicada aposteriori en la prensa local, manejo dos
textos, uno de eUos firmado por Justo Jorge Padrón^^ y el otro por Pablo Hernández
Montesdeoca^^. El acto comenzó con una ofrenda poética en la que participaron Pedro
Lezcano, Agustín Millares, Pío Gómez Nisa, Ignacio Quintana Marrero y Cándido
Herrero^^. Tras un protocolario acto de distinciones en los que Torón recibió reconoci-
mientos de distintas personalidades, instituciones y colectivos como el Gobernador, el
Presidente del Cabildo, los ayuntamientos de Las Palmas de Gran Canaria y Telde, la escue-
la Lujan Pérez, el Neo-Tea..7^ Hegó el ofrecimiento del homenaje por parte de don Manuel
71 "Carta abierta a Saulo Torón", Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 10 de octubre de 1969.
72 "El poeta viejo (Saulo Torón)", LM Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 11 de octubre de 1969. El texto
de O'Shanahan, un poema, aparece junto a la convocatoria del periódico para el homenaje.
73 El poema fue publicado al año siguiente en la edición de la poesía completa de Torón, dentro del libro
Frente al muro, Bxsurreccióny otros poemas {FM, p. 217).
74 Casi todas las adhesiones lo son de los que no pudieron asistir al homenaje, bien canarios residentes fuera
de Gran Canaria o autores extrainsulares. Adhesiones como la de Dámaso Alonso emocionaron mucho a
Torón. Además de la del poeta y por aquel entonces Director de la Real Academia española, encontramos
en este apartado adhesiones de Buero Vallejo, García Nieto, Luis Doreste Silva (en Sevilla por aquellos
tiempos), Rafael Morales, Enrique Azcoaga, Fernando González, Prado Nogueira, Garciasol, Patricio
Pérez Moreno, Pedro Cabrera, Domingo Cabrera Cruz, Antonio Lecuona Hardisson y María Rosa de la
Torre y Ramón Carande. En el archivo de Torón se conserva una hoja de libreta de papel cuadriculado
donde el poeta trascribió a mano gran parte de los telegramas recibidos con motivo de su agasajo. Curiosa
paradoja. Reacio al homenaje pero regocijado de las adhesiones al mismo.
75 Cartel de las letrasj las artes. Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 10 de octubre de 1969.
76 "Saulo Torón, uno de los tres decanos de la poesía española", El Eco de Canarias (Las Palmas de Gran
Canaria), 12 de octubre de 1969.
77 "Emocionante y emocionado homenaje a Saulo Torón", La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 12 de
octubre de 1969.
78 Como queda claro en este epígrafe, muchos de estos textos fueron publicados en la prensa antes o des-
pués de la fecha de su lectura pública. Joaquín Artiles en su Saulo Torón, poeta lírico, cit., pp. 332-341, colo-
ca un apartado titulado "Algunos poemas en honor a Saulo Torón". En él entrevera textos de diversas épo-
cas que tienen por objeto la figura de Torón. Salvo el de Cándido Herrero (vecino colindante de Saulo
Torón, dentista amante de la cultura y la filatelia), todos los textos de la ofrenda lírica del homenaje de octu-
bre de 1969 están en ese apartado, junto con otros tres textos que cito en este epígrafe, uno de Juan Sosa
Suárez, otro de Alfonso O'Shanahan y un último poema de José Caballero Mulares creados en torno a la
celebración del reconocimiento. Se añade otro texto fechado en 1969 y firmado por José Jurado Morales.
También nació con motivo del homenaje al poeta y fue publicado en El Eco de Canarias el 16 de noviem-
bre de 1969. El anexo II de mi investigación contiene un listado de poemas dedicados a Torón en diver-
sas épocas donde se incluyen los poemas citados.
79 También dejaron un recuerdo a Torón el Gabinete Literario, el Club Náutico, la sociedad Filarmónica, los
alumnos de canto de su esposa doña Isabel Macario, la familia Morales Ramos, la casa Miller, la hija de don
Juan del Río, los señores de Ley, los señores de Corujo y el Museo Canario.
Morales Ramos, que en unas emocionadas palabras condensó el sentir de los asistentes y
conminó al alcalde de Telde a la erección de un monumento al poeta en su ciudad natal°".
Tras esta intervención llegó el turno a Torón que, como fue habitual en él, delegó la lectura
de un breve texto en otra persona, su amigo de confianza Juan Rodríguez Doreste. Merece
la pena la trascripción completa del texto del emocionado Torón:
Amigas y amigos: Me habéis de perdonar que os hable por persona interpuesta. Me presta su
voz un leal amigo de toda la vida. Hacerlo yo mismo hubiera podido exponerme a que la emo-
ción, la honda, sincera y entrañada emoción que siento, me hubiera jugado alguna mala pasada.
Ya sabéis todo cuanto he vacilado antes de aceptar este iimierecido homenaje. Llegué hasta
rehusarlo porque no me creí nunca con méritos para justificarlo y mucho menos para suscitar
tantas amistosas adhesiones. Mi sorpresa ante todo esto no ha tenido límites. Tampoco los tiene
mi gratitud. Para explicar este verdadero fenómeno, este hecho de congregar en torno mío a tan
calificado número de personas de condición y edad tan variadas, pienso que todo lo provoca,
más que la admiración a im poeta que tan parca y quedamente ha cantado toda su vida el gran
afecto a un viejo amigo invariable y también, sin duda, el ser yo con la sola virtud de mi longe-
vidad, el único superviviente, el único testigo de aquel inolvidable grupo que dio por primera
vez unidad y fuerza de generación a la voz poética de nuestra querida isla. Si todo este ajetreo
lo hubiera movido tan solamente honrar a un poeta, los versos de un poeta, eso significaría que
la poesía habría de ser en nuestra existencia una palanca decisiva y que nuestro país estaría feliz-
mente salvado. Pasarán todavía muchos años para que los poetas vuelvan a ser profetas en su
propia tierra.
Con todo os agradezco entrañablemente esta grata, reconfortadora y emotiva compañía que
hoy hacéis a este vuestro viejo amigo y compañero. Yo no soy en el fondo —ni creo haber sido
otra cosa en mi larga existencia— que un abierto y sincero corazón algunas veces sangrante, algunas
veces irritado, pero volcado siempre sin cesar y que ahora quisiera hacerse inmenso, infinito,
para poder acogeros a todos, para fundirse con todos vosotros en el fuego único de la amistad,
en un abrazo gigantesco que marque el calor, la efusión y la gratitud de este achacoso y modesto
poeta a quien habéis deparado hoy la emoción más profunda, más memorable y más peligrosa
de toda su existencia. Amigas y amigos míos, con el corazón saltándome en los labios, gracias,
muchas gracias**^.
Cuatro años más tarde, en una apresurada declaración a la prensa a la muerte de Torón,
Pedro Lezcano declara: "Cuando hace algunos años se celebró en el Pueblo Canario un
homenaje a Saulo Torón alguien propuso hospedarse en casa del viejo maestro provisto de
un magnetofón y hacerlo hablar durante horas y días"^^. A finales de los años cincuenta se
realizó una grabación partictilar por parte de un amigo de la famiHa Torón-Macario en la
que Saulo grabó de viva voz "Canción del marinero enamorado", poema de Canciones de la
orilla. A principio de los setenta se realizó una grabación que fue publicada en 1972 y que
apunto líneas más abajo.
Tras el homenaje la prensa siguió haciéndose eco de la figura de Torón. Al día siguiente
del agasajo, junto con la crónica apuntada de Justo Jorge Padrón, El Eco de Canariafi^ pubUcó
mi abundante homenaje al poeta compuesto por textos en prosa o verso de Doreste Silva,
Juan Sosa Suárez, Juan Márquez, José Caballero Millares, Fernando González, Pío Gómez
Nisa, Ignacio Quintana Matrero, el propio Justo Jorge Padrón y otro firmado con las iniciales
J.M.B. Además se incluye tina pequeña antología poética de Torón y se reproduce el prólogo
que Antonio Machado escribió para la publicación de El caracol encantado. El mismo periódico,
El Eco de Canarias, publicó días más tarde el poema que Pedro Lezcano compuso y leyó en
honor a Torón el día de su homenaje^"^.
ULTIMAS COMPARECENCIAS
En 1970, el Cabüdo de Gran Canaria editaba su total poético que a las entregas previas aña-
día Resurrecciónj otros poemas. Ya no volvería a publicar más.
El 16 de enero de 1971, nuevamente en el Pueblo Canario, se tributó tin homenaje con-
junto a Luis Doreste Silva, Saulo Torón, Pedro Perdomo, Josefina de la Torre y Fernando
González. Fue organizado por los entusiastas del Neo-Tea y contó con adhesiones como la
de Agustín Millares, Manuel Morales, Juan Rodríguez y Arturo Maccanti.
En 1971, concretamente el 15 de juHo, con motivo del cincuentenario de su muerte, el
Liceo Agáldar rindió homenaje a Tomás Morales en las instalaciones del Museo Antonio
Padrón de la ciudad norteña. Una vez más Torón se volvía testimonio vivo de un segmen-
to especialmente relevante dentro de la lírica y en general el arte canarios. Con su presencia
ejerció el papel de "patriarca" del homenaje y recibió finalmente un detalle por parte de la
organización. La presentación del acto corrió a cargo del presidente del Liceo Manuel Juan
Estévez Gil y glosó la figura del poeta de Moya Celso Martín de Guzmán. Leyó poemas de
Morales Agustín del Álamo. En un artículo periodístico posterior al acto^^ se publica un
texto firmado por Juan Francisco Martín, anunciado de la siguiente forma: "El trabajo que
publicamos seguidamente, debió haber sido leído el pasado jueves en el patio del Museo
Antonio Padrón con motivo del homenaje a Tomás Morales. Por causas diversas no fiae
dado a conocer, y nosotros, por creerlo de interés, lo reproducimos ahora íntegramente". El
texto se llama "Saulo Torón y su obra" y, sin conocer profundamente las razones que llevaron
a su silencio en aquella ocasión, podríamos estar nuevamente ante la complicada postura de
la poética savdina bajo la alargada sombra de la de Morales.
1971 fue, como digo, el año en el que se conmemoró el cincuentenario del fallecimiento
de Morales. Hubo muchos más actos programados con tal fin. Hubo una ofrenda en el
Casino de la Luz. En la fecha exacta del cincuentenario hubo una ofrenda floral en el monu-
mento a Tomás en en Las Palmas de Gran Canaria y otro en Moya. En el primero de estos
ofrecimientos estuvo presente, con un papel relevante, Saulo Torón. En los días previos, en
la Casa de Colón, estuvo presente Torón en una charla ofrecida por el hijo del poeta moyense,
Manuel Morales Ramos.
En 1972, Discan grabó y editó varios poemas de Torón recitados de viva voz y que per-
tenecen a Las monedas de cobre y El caracol encantado. Los poemas son los siguientes: "Primeras
palabras", "Al doctor Luis Millares", "A Rachel", "A una viajera", "Mi hermana mayor",
"Son tres hermanas", "Al dejar la antigua vivienda", "La casa en construcción", "El borracho
del barrio", "Anhelo infantil", "La limosna de todos los días" y "Lo que importa" de has mone-
das de cobre y Preludio, Iniciación (III, IV, V, VI, VII, VIII, XI, XVI), Plenitud (TV, V, VI, VII,
XIV, XVI), Tristezasj oraciones del crepúsculo (I, III, IV), La noche (XIII), Alba postrera y Final áe.
El caracol encantado.
El 18 de marzo de 1972 en Agaete y con motivo del "Día de la Poesía" el homenaje, no
anunciado como prácticamente todos los que recibió Torón^'', se celebró en el Casino La
Luz. El acto contó con la participación del Orfeón del Casino, de los alumnos de la academia
de canto de Isabel Macario, esposa del poeta que fueron presentados por Cristóbal García
del Rosario (Domingo Santana, José Miguel Santana y la hija del poeta María Isabel Torón
Macario acompañados por la guitarra de Claudio Montesdeoca y el timple de Juan González
Valerón) y con la introducción de Sebastián Sosa a la figura del homenajeado. Torón se vio
comprometido a leer sus versos cuando el presidente del Casino, José Antonio García
Álamo descubrió una placa que rezaba: "Aquí dijo sus versos Saulo Torón el Día de la poe-
sía de 1972". También Ingenio otorgó en 1972 el nombre de Torón a una de sus calles. Junto
al poeta teldense, otros muchos fueron reconocidos en el callejero de este municipio como
Claudio y Josefina de la Torre, Agustín y Juan Millares Cario, González Díaz, Domingo
Rivero, Fray Leseo, Doreste Sñva, Perdomo Acedo, Víctor Doreste o Néstor de la Torre.
El 8 de abril de 1972, en el Casino Santa María de Gma, Isabel Macario, la esposa del
poeta, lo representó en un acto en el que se le distinguió como "Preferido 1971 en Poesía"
de la Revista Mundo Canario. Se conserva en su archivo la carta de Manuel Juan Estévez Gil
notificando esta circunstancia. En el acto de entrega actuó Isabel Torón.
El 15 de agosto de 1972 la prensa anuncia la culminación del busto que el escultor José
Perera realizó a Saulo Torón en su propio domicilio^^. Este busto se extravió durante el tras-
lado del archivo del poeta desde su domicilio hasta la Biblioteca General de la Universidad
de Las Palmas de Gran Canaria. Existen otros bustos del poeta: el de Juan Jaén sito en la
Plaza Saulo Torón del Paseo de Las Canteras, el colectivo a Morales, Quesada y Torón de
José de Armas Medina emplazado en Agaete, un busto de Manolo González en la Biblioteca
General de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, un relieve de Juan Trujülo en el
Instituto Saulo Torón de Gáldar; un retrato de Alejandro Reino en la Casa-Museo Tomás
Morales de Moya y diversas caricaturas de Padrón Noble, Juan Millares, Paco "Perejil" y
Cho'JuáSS.
86 El peculiar carácter de Torón hacía que los planes sobre homenajes a su persona tuvieran que hacerse a
sus espaldas para evitar que desechara el evento. Dejando a un lado el gran homenaje de 1969, práctica-
mente todos los actos restantes siguieron esta silenciosa táctica. En este homenaje realizado en Agaete,
según crónicas periodísticas, los programas que presentaban el homenaje a Torón fueron repartidos en el
mismo instante en el que se desveló al autor la realización del mismo.
87 Vid. S.J.S., "El poeta Saulo Torón, modelado por el escultor José Perera", El Eco de Canarias, Las Palmas
de Gran Canaria, 15 de agosto de 1972.
88 Este inventario lo debo a la información aportada por María Isabel Torón. La caricatura de Cho' Jua' fue
publicada en El Conduto, suplemento de Diario de Las Palmas, 20 de septiembre de 1969 junto con un texto
firmado por Atilano.
1974-2005
Con motivo de su fallecimiento, la prensa insxilar dedicó páginas nuevamente al creador tel-
dense. Por el horario del fallecimiento, el primer periódico que pudo hacerse eco del óbito
fue el vespertino Diario de Las Palmas, que llevó la noticia a la portada: "Luto en las letras
isleñas. Muñó el poeta Saulo Torón". El titular lo acompañaba una foto del poeta. En páginas
interiores, además de la esquela correspondiente, encontramos una evocación de urgencia
realizada por Óscar Falcón Ceballos en la que, a mi juicio, confunde al lector con una serie
de términos que no hacen justicia al autor: "Ha sido el poeta más misántropo de la poesía
canaria"; "Tres grandes prólogos avalan la obra de Saulo Torón -nuestro gran ostracista-
frente a la poesía de nuestro tiempo"^^. Al día siguiente, enterrado ya el poeta, los rotativos
recogieron distintos textos escritos para la ocasión además de recabar opiniones de otros
creadores y conocidos de Torón. El periódico matutino L<2 Provincia, también Uevó a la por-
tada de aquella edición del 24 de enero de 1974 la noticia, igualmente acompañada por una
foto del fallecido: "Saulo Torón ha muerto". Ya en páginas interiores encontramos, además
de una escueta nota cronística del sepeUo, un texto firmado por Martín Codax, y otro por
las iniciales A.O. que incluye seis testimonios acerca del poeta de Pedro García Cabrera,
Pedro Lezcano, Domingo Pérez Minik, Eugenio Padorno, Alfonso Armas Ayala, Manuel
González Sosa y Manuel Padorno. Se cierran los textos con sendas reseñas de Luis García
de Vegueta y León Barreto^'^. Por último, esa misma tarde, el Diario de Las Palmas, con más
horas por medio, pudo hacer acopio de varios testimonios. Firmado por J.T.B. se recogen
opiniones de Juan Rodríguez Doreste, Orlando Hernández, Chano Sosa, Lázaro Santana,
José Quintana^^, Mario Pons y nuevamente Alfonso de Armas. Además de la crónica del
sepelio, se incluye un texto de Fernando Ramírez titulado "Crónica de un último paseo,
junto al mar"^2
El 1 de febrero de 1974, su ciudad natal, Telde, le tributó el primer homenaje postumo.
Tras un oficio religioso se realizó un sencillo acto en el Ayuntamiento de la localidad. Contó
con unas palabras iniciales de Alfonso Armas Ayala y con la presentación de Manuel Mayo
leyeron poemas Pedro Lezcano (de El caracol encantado), José Quintana (de Frente al muro),
Eugenio Padorno (de Las monedas de cobre) y un tal Julio (?) que reemplazó a última hora a
Justo Jorge (de Canciones de la orilla). También se inauguró una exposición antológica acerca
de la vida y obra del poeta.
El 24 de marzo de 1974, con motivo de la celebración del Día de la Poesía, en Agaete,
se realizó vin nuevo homenaje postumo a Torón. Se descubrió un busto suyo e intervinieron
89 Óscar Falcón Ceballos (firmado O.F.C.), "Ha muerto el poeta Sanio Torón", Diario de Las Palmas, Las
Palmas de Gran Canaria, 23 de enero de 1974.
90 Vid. ha Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 24 de enero de 1974.
91 Me resultan curiosas estas declaraciones de Quintana:
Fuera de las islas Saulo Torón es un poeta conocido en Sudamérica antes de la Guerra Civil, en la Península pocos cono-
cían la poesía de Saulo Torón, pero gracias a la publicación de "Poesías completas" de la Casa de Colón, con prólogo
de Francisco Ynduráin, éste logra con fino humor manifestar su sorpresa ante el desconocimiento general hacia una
obra tan importante como desconocida en la poesía española (vid. Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria,
24 de enero de 1974).
92 Vid. Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 24 de enero de 1974.
los poetas Chano Sosa, Cipriano Acosta y Manuel Castañeda. Actuó también la Masa Coral
de La Luz.
En 1976, con motivo del cincuenta y cinco aniversario de la muerte de Tomás Morales,
su Casa-Museo en Moya organizó unas jornadas en las que se abordó tanto la figura del
moyense como la de sus compañeros de generación. Así, fiíe Sebastián de la Nuez Caballero
el encargado de disertar sobre Saulo Torón, con el texto "Saulo Torón desde las Canciones de
la orilld\
En febrero de 1978, conmemorando el cuarto aniversario del fallecimiento de Torón se
inauguró en la Casa de Colón, en Las Palmas de Gran Canaria, una exposición auspiciada
por el Cabildo Insular de Gran Canaria de libros, manuscritos, recortes y fotografías del
poeta. Este evento contó, en el acto de inauguración celebrado el siete de febrero, con la
presencia de Ventura Doreste, cuyas impresiones acerca de Torón leídas en aquella ocasión
serían publicadas posteriormente en un Hbrito titulado Kecordando a Saulo Torón ^^.
El 28 de mayo de 1982, organizada por el Excelentísimo Cabildo Instilar de Gran Canaria
a través de la Casa de Colón, tuvo lugar la inauguración de la Exposición-homenaje al poeta
en el Instituto Nacional de Bachillerato de Gáldar que Ueva su nombre. Ese mismo día el
catedrático Sebastián de la Nuez Caballero pronunció su conferencia: "Saulo, poeta insular".
El 25 de marzo de 1983, el pleno del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria
acuerda distinguir a nuestro autor con el título de Hijo Adoptivo de la ciudad, título que se
le concede oficialmente el 16 de diciembre del mismo año.
El 21 de diciembre de 1983 fallece en Las Palmas de Gran Canaria la esposa del poeta,
Isabel Macario.
En 1985, coincidiendo con el centenario de su muerte La Caja de Ahorros, sacó a la luz
una edición facsímil de IMS Monedas de Cobre. El Instituto Saulo Torón de Gáldar realizó el
23 de abril de 1993 un nuevo homenaje al poeta que atestigua la siguiente placa en poder de
la hija del poeta: "A María Isabel Torón Macario agradeciendo su valiosa colaboración en el
homenaje a su ilustre padre".
El 22 de Junio de 1992, en el marco de las fiestas de San Juan, la ciudad de Telde rindió
un homenaje a sus poetas: Julián y Saulo Torón, Montiano Placeres, Fernando González,
Luis Báez, Hüda Zudán y Patricio Pérez Moreno. Exactamente dos años antes, también con
motivo de las fiestas de San Juan se habían colocado unas placas conmemorativas en los
lugares de la ciudad que guardan relación con estos creadores. En ese acto intervino
Cipriano Acosta, leyendo un texto "Homenaje a siete poetas teldenses", texto que se
encuentra en el archivo de Torón.
El 25 de mayo de 1993 se presentó el volxomen Teatro teldense, una compilación de Ignacio
Moran Rubio que recoge los tres textos dramáticos de Torón junto con dos obras de Montiano
Placeres (1885-1938) tituladas 1M muñeca y JL« siembra y un texto escrito a dos manos por Luis
Báez (1907-1941) y Braulio Guedes (1903-1954) que Ueva por título Til último mártir.
En el Día de la Poesía de 1995, en el Huerto de las Flores de Agaete, se celebró un home-
naje postumo al poeta constatado por una placa en poder de María Isabel Torón que reza:
"El Ilustre Ayuntamiento de la Viüa de Agaete al poeta Saiolo Torón en el día del homena-
je tributado en el Huerto de las Flores con motivo del día de la Poesía".
En 1999, coincidiendo con el 25 aniversario de su muerte se celebra, organizado por el
Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria y por la Facultad de Filología de la
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, un monográfico en torno a la figura del poeta
teldense. Una vez al mes y durante la primera mitad del año se leyeron conferencias acerca
de la vida, entorno y obra del poeta en distintos marcos asociados a Torón como la Casa-
museo de Tomás Morales de Moya, la Casa-museo de León y Castillo en Telde, las propias
instalaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria o la Casa de Colón. El acto
que inauguró las jornadas monográficas y que tuvo lugar en la Biblioteca General del
Campus de Tafira de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, sirvió también para la
inauguración de la Sala Saulo Torón, que contiene el legado bibliográfico del autor teldense
y que había sido adquirido, dos años antes por la institución académica. Durante la inaugu-
ración de la sala, que contó con la presencia del Excmo. Sr. Rector don Manuel Lobo
Cabrera, el presidente del Cabildo, don José Macías Santana, el alcalde de Telde, don
AureHano Francisco Santiago Castellano y los hijos del poeta entre otros, el profesor don
Antonio Cabrera Perera leyó un breve texto a la vez que se presentaba el busto realizado por
Manolo González y que permanece en aquella sala. Posteriormente, en otra sala de la
Biblioteca General, la doctora Yolanda Arencibia leía la primera conferencia del ciclo. La
Biblioteca General de la ULPGC también realizó con motivo de la celebración del cuarto
de siglo del fallecimiento del poeta, la edición en cd-rom del epistolario del autor: Saulo
Torón. epistolario. 1912-1972.
En ese mismo año de 1999 se celebró también un homenaje a Torón en el Colegio
Arenas de la capital grancanaria. Así reza la placa conmemorativa entregada a su hija: "A
María Isabel Torón Macario en agradecimiento por su colaboración en el homenaje a don
Saulo Torón. Las Palmas de Gran Canaria, 21 de abril de 1999".
El 19 de febrero de 2002, dentro del ciclo Jóvenes Intérpretes Canarios, en la sala de
cámara del Auditorio Alfredo Kraus tuvo lugar el estreno de En memoria del poeta, con tex-
tos de Torón y música de José Brito. Con su correspondiente prólogo y epñogo instrumen-
tal, los poemas interpretados, en el orden que expreso, por la soprano María Luisa Pónicke,
el tenor Jesús Cabrera, el barítono Luis García, el bajo Elu Arroyo y el coro E/j alona fue-
ron "Ansia suprema" (Kesurrección j otros poemas),"'Mi barca", "Alucinación de la mañana",
"Canción del marinero perdido^^" {Canciones de orilla), "Loco incurable" y "Ay qué dolor"^^
(Resurrección j otros poemas). El trío musical estaba compuesto por Juan Francisco Parra al
piano, Carmen Brito al violín y Carlos Rivero en el violonchelo. Completaba el programa un
repertorio de "Canciones de las Islas Británicas".
El 23 de enero de 2004 coincidiendo con el treinta aniversario del fallecimiento del poeta,
se le tributó un homenaje auspiciado por el Real Club Victoria. El acto consistió en un con-
cierto de la Banda Municipal en la plaza que lleva el nombre del autor en el Paseo de las
94 La letra inserta en el programa suprime el verso de cierre de este poema. Es un verso entre paréntesis: "(La
canción queda sin terminar)" {CO, p. 160).
95 En el programa, este poema llevaba el siguiente título: "Epitafio: ¿Ay qué dolor!".
Canteras, una ofrenda floral ante su busto por parte de sus familiares y directivos del club y
una conferencia posterior celebrada en los salones de la institución capitalina leída por quien
esto escribe y titulada "Saulo Torón: Treinta años (más) de silencio".
El 19 de febrero de 2004, en la Librería del Cabildo de Tenerife, se presenta la reedición
de la Poesía cotnpleta de Saulo Torón, en un acto que nuevamente se convirtió en un home-
naje al teldense. Iván Cabrera glosó su figura y leyó diversos textos.
La vocación cronística de Torón la declara años más tarde, de forma más metódica,
Joaquín Artiles que, como se sabe, exhumó en su momento la obra satírica del autor. Guiado
por las fechas de publicación señaladas por don Joaquín me adentré en la consulta de los
ejemplares de Ecos, hallando efectivamente en ellos una serie de textos firmados por Torón
y publicados en una columna tan familiar como la titulada "Crónicas de la ciudad". No obs-
tante, la meticulosidad de Torón iba a depararme una sorpresa en la consulta a su archivo
personal custodiado como se sabe por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Esta
sorpresa no era otra que la que anota Antonio Henríquez en la introducción de su libro-^:
un cuaderno milimetrado a cuyas páginas don Saulo había adherido las crónicas, catorce,
que publicó en Ecos así como una carta aparecida en L<2 Crónica y dirigida a Alonso Quesada.
Estos textos, como se comprobará, constituyen los quince exhumados por Antonio Henríquez.
1 Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2002. Colección Nueva Biblioteca
Canaria.
2 Opus cit., p. 79.
3 Ibídem, p. 10.
En esos retratos del acaecer histórico del presente lo que [Link] apuntaba Rama, es
la sensación de "novedad, atracción, velocidad, rareza, intensidad" con que la vida muestra su
rostro incesantemente mudable y que la escritura debe reflejar de un modo comprensible. Y
para que esas sensaciones no se difuminaran en un cuadro caótico e incoherente, hizo falta la
genial capacidad de síntesis con que los escritores modernistas percibían la inabarcable multitud
y diversidad de las sensaciones^.
4 Carlos Javier Morales, "Introducción a 1-a prosa modernista hispanoamericana", Alianza Editorial, Madrid,
1998.
VISION D E CONJUNTO
Antes de pasar a esas conclusiones particulates anunciadas más arriba, es conveniente repasar
lo apuntado por Henríque2 en su "Introducción". E n ésta se acerca a la prosa del teldense
desde la confrontación con las crónicas quesadianas, de las que es meticuloso especialista.
E n cuanto a la temática, el investigador, con Sebastián de la Nuez, n o aprecia diferencias
reseñables. Estas si las advierte en el tono:
El tono de la crítica —más subida en Alonso Quesada— sí creo que las diferencia. La escritura de
Saulo Torón es de un carácter más plano y uniforme que la de Alonso Quesada, llena ésta de
sorpresas estilísticas. La crítica es más benévola y comprensiva en Saulo Torón. Su tono es el
tono medio, falto de estridencias y de rasgos que llamen la atención, o por lo novedoso o por
lo sorprendente, como suele ser la norma en Alonso Quesada. Es el tono de su sencillez poé-
tica, de su humor amable^.
Coincido con Henríquez en ambas aseveraciones. E n efecto, la temática abordada por los
escritos de ambos autores básicamente coincide. A m b o s retratan una sociedad desacostum-
brada a sí misma, condenada a desconocerse y que vuelca ojos atentos sobre una guerra que
su interés acerca. La divergencia en el tono también es comprensible si la entendemos como
el simple correlato de la escritura lírica. La misma distancia existente entre los poemas de
Quesada y los de Torón se mantiene en estos escritos. Lo que es angustia íntima en Alonso,
lo que se convierte en escritura problemática, es en Torón humilde inadaptación, escritura
de "humor amable" como Henríquez señala. A m b o s disienten de una sociedad cabizbaja de
un "pueblo muerto" como Torón Uega a afirmar en uno de sus textos que titula " E l hombre
de la esqtiina". Citando a JuHo Camba y analizando la figura de un isleño ubicado constan-
temente en la misma esquina, Torón Uega a afirmar: "La característica de los pueblos muertos
son los hombres arrimados a las esquinas"^. Ambas escrituras reaccionan desde perspectivas
diferentes a una misma atonía, a idéntica desesperanza..
El resto de circunstancias apuntadas por Henríquez en su Hbro penetran en cuestiones
de orden puntual. E n algunas crónicas de Torón n o encuentra el habitual "nosotros" emple-
ados por Quesada casi en la totalidad de sus textos como "sujeto escritural". Efectivamente,
y hago hincapié en esta circunstancia cuando analizo dentro de las conclusiones de mi inves-
tigación lo que Ricoeur Uama la "suspensión del texto"^, Torón introduce en algunos de sus
textos una segunda persona del plural que, por extraña al dialecto canario, resulta extrema-
damente paradójica. Así sucede por ejemplo en esta crónica de la que extraigo un fragmento
y que se titula "Pérez discute": " U n día vais de paseo a u n o de los pocos sitios de recreo que
tiene la población y allí os encontráis, entre un nutrido grupo de curiosos, a Pérez"^.
5 Ibídem, p. 13.
6 Ibídem, p. 34.
7 Este es el título de uno de los capítulos de mi investigación, localizado en el bloque de Conclusiones.
8 Ibídem, p. 35.
Aprecia Henríquez que algunos autores citados por el teldense, quizá no excesivamente
selectos como Luis Taboada^ o el ya apuntado Julio Camba^*^, no aparecen mentados por
Quesada, como tampoco las alusiones a El Greco, Castelar, Mella, doña Leonor o María
Antonieta que sí aporta Torón. Del mismo modo, sí apunta las coincidencias en alusiones
como las de Darío, Juan Ramón, Galdós o Morales.
Otra característica de las prosas de Torón que no percibe en las de Quesada es lo que se
Uama composición en anillo, esto es, seguir un procedimiento similar en el principio y el
final del texto como si éste se cerrara en sí mismo. Este procedimiento, con mayor o menor
intensidad, lo podemos apreciar en las crónicas tituladas "La fotografía"^ , "Pérez discu-
te"^^ o "Ideales insulares"^-^. También formalmente advierte la presencia en la escritura de
Torón de períodos más largos y una escritura más sosegada que la de Romero.
Desarrollemos esta idea de Henríquez y hagámosla patente con la confrontación de dos textos,
uno de cada autor. Trascribo algunas frases entresacadas de la crónica "La alameda está
vacía", de Alonso Quesada, también perteneciente, para más justa confrontación, a las
Crónicas de la áudad^^:
Una noche, un domingo a la noche, vamos a la Alameda. Es el primer día en que las tocatas
comienzan. No hay nadie en la alameda. [...] Alguna cosa terrible ha surgido. Dolores, Ana,
María y Pilar se han quedado en sus casas esta noche. El paseo está, pues, sin color; es un paseo
desabrido, absurdo... Los mozos del casino se encuentran apesadumbrados. Nadie acierta la
razón de esta ausencia.
Y ahora vamos con el texto de Torón. En concreto lo extraigo de su crónica "El hom-
bre activo"^ 5;
Su energía dinámica no le deja gustar el reposo de los divanes, ni la charla, en los bancos de los
paseos, con los pacíficos ciudadanos, que se distraen hablando mal del prójimo o comentando
graciosamente las últimas noticias de la guerra. [...] Desde las ocho de la mañana echa a andar
el motor de su actividad y no ha de pararlo hasta las diez, o las once de la noche, hora en que
se deja caer en el lecho, completamente rendido, como un cuerpo muerto. Y al día sigiúente, lo
mismo que el anterior, siempre el mismo ajetreo e idéntica actividad, para rendirse a la noche
en los brazos de Morfeo y levantarse después con más expansión de energías vitales.
9 En la crónica "Las boticas" (vid. Henríquez, ópus cit., p. 39), Torón utiliza el término "cementerios tabo-
adescos" y más adelante se refiere al autor de las Crónicas alejes que no es otro que Luis Taboada, pero no
lo cita directamente.
10 Periodista y escritor español (1882-1962). Destacan entre sus obras las crónicas que escribía desde el
extranjero cumpliendo labores de corresponsal.
11 Ibídem, pp. 27-28.
12 Ibídem, pp. 35-37.
13 Ibídem, pp. 63-65.
14 Vid. AQ, tomo IV, página 49.
15 Vid. Henríquez, ópus cit., p. 67.
En suma, la crónica modernista hizo realidad, como ha precisado agudamente Susana Rotker,
uno de los fenómenos mas beneficiosos para la lengua y cultura hispánicas: la conexión habi-
tual de estos brillantísimos escritores (por lo demás, tan elitistas en su cultura y en su lenguaje)
con la gran masa de los lectores de su tiempo y de la posteridad^'^.
"LA FOTOGRAFÍA"
Fue publicada el 5 de octubre de 1916 con la firma Saulo Torón. Esta crónica aborda decidi-
damente la relación del hombre con la modernidad. Es evidente que la fotografía en las
fechas en las que se publica la crónica no era un fenómeno tan conocido y rutinario como
en nuestros tiempos. En cierto modo, el papel de Saulo Torón es advertir a sus lectores acer-
ca de las vanas esperanzas en el nuevo invento, a los que no embellecerá el resultado de la
fotografía. El habitante de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria que inaugura un tiempo
nuevo ha de relacionarse con los fenómenos que trae consigo la idea de Progreso. Uno de
ellos es la fotografía. Aquí, como digo, la reflexión de nuestro autor no busca otra cosa que
la advertencia. Como detalle curioso podemos añadir una cita extraída de una carta de
Morales a Torón fechada en Madrid el 26 de noviembre de 1919 que tiene por objeto infor-
mar al poeta teldense de los pormenores de la edición de su primera entrega poética:
Hablamos de ti: me preguntó que cómo eras y a quien te paredas de las personas de aquí. Yo
le hice un retrato tuyo en cuatro palabras (no muy gallardo, por cierto) y acabé diciéndole que
te escribiría pidiéndote un retrato para que te conociera. Quedamos en eso. De modo que tú
escribes (Lealtad 20) y le envías una fotografía (que te la haga Tomás Gómez que será más deco-
rosa) dedicada^^.
El destinatario de ese retrato no era otro que Enrique Díez-Canedo, al que Saulo Torón
conocería posteriormente y que prologó su tercera entrega poética Canciones de la orilla. A
Tomás Gómez, a la sazón fotógrafo, dedica Torón el poema "El retorno del verano" inserto
en Apuntes, melancolíasj recuerdos de IMS monedas de cobre.
"LA SASTRERÍA"
También lleva la firma Saulo Torón y fue publicada el 10 de octubre de 1916. N o s sorprende,
primeramente, que la estructura de este texto sea similar a la del texto precedente. N o obs-
tante, n o estamos ahora ante el acontecimiento de una novedad sino ante una situación ruti-
naria, la espera por u n traje con el que "figurar algo" y que compUca la subsistencia del
adquiriente, circunstancia que Saulo Torón afi:onta mezclando una amarga ironía con u n
humor que sutilmente ataca la hipocresía reinante. E n cierto m o d o el asunto y el tono de
esta crónica nos ubica en una atmósfera que encontramos en algunos poemas de T^as monedas
de cobre, libro que Torón preparaba por estos mismos años. Me refiero, por ejemplo, al
poema "Lo que importa", inserto en la sección LJ)S momentos:
Conviene, rondando este asunto, citar una curiosa anécdota que tiene a nuestro poeta por
protagonista. Antes, n o obstante, voy a hacer una breve alusión al texto cronístico, que con-
viene para la comprensión total de esa peripecia:
Nosotros, modestos empleados, que tenemos que alternar con gente de algún viso y frecuentar
la casa de algún potentado simiesco, para defender el puesto que se nos ha encomendado, no
podemos ir de cualquier manera; hay que representar algo, que figurar socialmente algo... Y para
figurar algo socialmente, nada mejor que un buen traje^^.
18 MC, p.51.
19 Antonio Henríqez, ópus cit, pp. 29-30.
Saulo Torón y Rafael Cabrera y escrita para ser leída en el agasajo comienza del siguiente
modo:
Amadísimo Tomás: Tus constantes amigos, los de toda hora, en la intimidad de tu hogar y en
las luminosas grutas de tu alma, no pueden venir esta noche, como los otros, a darte su cotidia-
na compañía y su invariable actitud de cariño. Una prenda personal tiene la culpa. No hemos
perdida ningima, claro es, pero no nos ha sido posible recoger otra importante que, a pesar de
sus alucinadores brillos pectorales y el aire casi togal de sus maneras, nunca fue de nuestro rito;
el smoking , disimulado señor de Britania, hecho para el humo sutil del cigarro o la cachimba,
y el digestivo ensueño del burgués gentilhombre. Unos -como Alonso y Saulo- porque aún no
lograron reconocer un pequeño alivio crematístico en sus vidas; y otros como Eladio, Manolo
y Rafael Cabrera, porque acaso hayan tenido mucho trabajo para gastar el oro del tiempo en una
prenda de valor de plata. Jamás sentimos la pena de nuestro antielegante vestido sino ahora^^.
Fkmada por Saulo Torón, apareció el veinticinco de octubre de 1916. Es ésta una evocación
de la figura materna quizá más soñada que vivida pues, como dijimos, la madre de Saulo
Torón mtirió a los pocos años de nacer éste y parece ser que los recuerdos que de ésta guar-
daba eran pocos y borrosos. Torón, que dedicó múltiples versos a sus familiares allegados
no hace mención expresa en su lírica a sus progenitores. Sí lo hace Julián Torón, por ejemplo
en un soneto titulado "Recuerdo" y firmado en 1895 donde evoca la figura materna:
Por otra parte nos va a interesar este texto por presentarse ante nosotros con el mismo
procediiniento inductivo que pondrá en funcionamiento Torón en muchos de sus poemas.
Ante la contemplación de unos zapatos expuestos en un escaparate, el poeta se transporta
hacia la evocación de la imagen infantil de sí mismo, tiempo en el que convivió con la bio-
grafía terrena de su madre. Sin embargo, en este caso, el círculo se cierra ya que el texto vuelve
a llevarnos en las últimas líneas a la tangible exposición de zapatos. Por este procedimiento
y por la temática exhibida, este texto sintoniza perfectamente con los que pubHca en la serie
Poemasfamiliares de su Hbro Las monedas de cobre.
20 Nótese la alusión a la carestía vital en la que Quesada y Torón, al contrario que Morales, desarrollaban su
existencia por estos años.
21 Tomada de Sebastián de la Nuez, Tomás Morales..., ópus cit, pp. 272-273. A su vez, de la Nuez cita que fue
publicada en la prensa del día siguiente al homenaje, concretamente en el periódico La Jornada, Las Palmas
de Gran Canaria, 12 de marzo de 1920.
22 Julián Torón, ópus cit., p. 47.
Publicada el 31 de octubre de 1916 con la firma Saulo Torón. Esta crónica es una de las más
"quesadianas" de Torón. Si en los textos previos se acercó a ciertas realidades desde la sor-
presa, la ironía o la evocación, ahora se centra en \xa. aspecto urbano que lo Ueva a una reflexión
apesadvimbrada de esa realidad citadina; en concreto a los individuos que gastan su vida apo-
yados en las esqviinas de la apresurada ciudad. La crónica es "quesadiana" por volverse
extremadamente crítica con el entorno en el que nace, entorno en el que desarrolla su exis-
tencia un pueblo, el de Torón, al que el autor Uega a calificar de "pueblo muerto". Esa deses-
peranza, que está sin duda en la raíz de una estética como la que abanderan Torón y
Quesada, se abre hueco igualmente en el pensamiento y la escritura de muchos contempo-
ráneos. Francisco González Díaz, célebre animador cultural e interesante prosista, llega, en
una carta precisamente dirigida a Torón, a una afirmación como la siguiente. González Díaz
agradece a Torón que haya colaborado con él en la venta de uno de sus Ubros y expresa: "Le
pongo dos líneas para decirle que le agradezco el [ilegible] servicio, pues si no fiíese por amigos
como usted, me sería imposible vender aquí mis obras, ni, por tanto, publicarlas. ¡Oh encan-
tador país de indiferentes y analfabetos!"^^.
Interesante es la alusión en un momento del texto a Julio Camba. La misma nos aclara
que Torón conocía la escritura este gallego, viajero incansable y que publicó innumerables
crónicas de viaje. El conocimiento propio de otros mundos lo llevó a poner sus reflexiones
por escrito. El análisis que del pueblo español hace Camba lo extrae desde la confrontación
con esas otras culturas que le salen al paso. El caso de nuestro investigado es opuesto porque
no saUó de su tierra y su reflexión acerca del hombre canario y de la sociedad que habita se
confronta consigo misma. Sólo sus lecturas, como la de los textos de Camba, le añaden ele-
mentos de juicio. Más que ir a buscar el mundo, Torón asiste a una ciudad a la que el mundo
fue a buscar, una ciudad, como apiinto en otros apartados de esta investigación, de volun-
tad cósmica.
Por otra parte Torón urbaniza la crónica: "cien veces hemos pasado por esta calle", de la
misma manera que urbana es la escritura de gran parte de los poemas de su primer libro. El
autor protagoniza su propio texto. El que en su momento Uamo poema crónico, táctica de
escritura lírica de Torón que apunto en los capítulos donde realizo una visión de conjunto
de su poesía, podría Uegar a ser crónica-poema. La ciudad es protagonista de cada texto; el
autor es personaje de prosa y poesía. A la prosa también traslada su escritura participante^.
"PÉREZ DISCUTE"
Con la firma Saulo Torón, apareció el 9 de noviembre de 1916. Esta crónica continúa el tono
asumido en la previa. En este caso, otro tipo virbano, el del amante de las porfías, capaz de
obcecarse sobre sus propios argumentos, igual que en la anterior el hombre de la esq\iina,
es colocado por el autor en su punto de mira, para declarar una característica de algunos
tipos insulares. El tipo, en este caso, asume un apellido, tan común y genérico como Pérez
(algo de lo que también gustaba Quesada: Robatna, Fabelo...^^). E n Canciones de la orilla, den-
tro de la serie Consejos varios, publica años más tarde u n poemita que se constituye c o m o
auténtica moraleja de esta crónica:
"LAS B O T I C A S "
Fue publicada el 21 de noviembre de 1916. Es ésta la primera crónica en la que Torón recu-
rre al seudónimo. Aunque en otros casos quizá n o encontremos justificación para eUo, aquí
podemos pensar que lo hace para poder ironizar acerca de un oficio con el que estuvo rela-
cionado (fue m o z o de botica) y para n o quedar reconocido, por ejemplo, ante su ciiñado
Juan Puig, farmacéutico, esposo de su hermana Micaela; con eUos vivía por estos tiempos
en los que se publica la crónica, y es entendible que rehuya identificarse como el autor del
texto. Esta circunstancia, n o obstante, n o debe hacernos dudar de la inalterable complicidad
existente ente ambos cuñados, como señalo en el capítulo biográfico a la luz de una carta
dirigida a Fernando González^^. La botica del catalán sería incluso un señero pvmto de venta
de las primeras obras de Torón, como también lo fueron, entre otros lugares, el kiosko de
Agustín Quevedo y la librería de Rafael Enrique.
E n referencia al seudónimo Antimonio, que sólo utilizó en esta crónica, he de decir que
se justifica teniendo en cuenta que algunos componentes de este elemento se utiHzan con
fines farmacológicos. N o extraña que Torón, m o z o de botica como antes dijimos, esté al
tanto de este hecho pues, según el mismo nos declara, "hacía medicamentos con fórmidas,
sellos y otros potingues^^" ya que en aquel tiempo había que hacer los medicamentos en la
25 Quesada parece buscar apellidos que estén, si cabe, más implicados con la realidad isleña.
26 Vid. CO, p. 171.
27 Vid. Bpist. (81).
28 Cano Vera, cap. II.
propia botica. De la misma manera el antimonio tiene, en ciertas dosis, propiedades vene-
nosas, algo que seguro tampoco desconocía Torón que, ciertamente, carga de veneno (un
veneno amable, eso sí) su pluma a la hora de abordar esta circunstancia.
, En cuanto a la perspectiva del mensaje, pese a que abunda en la ironía y el hvimor, con-
tiene frases duras como las que refieren la escasa gracia que a juicio de Saulo Torón tiene la
Calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria, frente a la Triana sevilkna^^. También hay
hueco al final para un guiño político que critica la escasa seriedad de los gobernantes de su
época.
Torón, que por única vez en esta crónica (publicada el 3 de enero de 1917), utiliza el seudó-
nimo de Panchito, carga su pluma de tnordacidad. Encara abiertamente la hipocresía de algunos
matrimonios y vulgariza un acto cotidianamente ensalzado. Al fin y al cabo, la inautenticidad,
exprimida en este caso en un acto tan íntimo, es lo que irrita a nuestro creador.
Ultima crónica que Ueva la firma Saulo Torón. Se publicó el 4 de enero de 1917. Contrastando
con el tono incluso hiriente de la crónica previa, nos topamos con esta que, quizá junto con
aquella en la que se evocaba la figura materna, sea el texto con más pretensiones líricas. De
la misma manera que en aquéUa una anécdota, un detalle, da pie al autor para la ensoñación,
aquí, la contemplación de unas muchachas del campo enfrascadas en el fragor capitalino, lo
lleva a contraponer ese ambiente rural del que provienen las muchachas, con el ambiente
urbano que sufre cada día y del que está rotundamente desengañado.
Y aquí situaré la primera alusión a un autor, el mexicano Ramón López Velarde (1888-
1921), cuya escritura es a menudo relacionada con la de Torón. El caso es que la temática
29 No es ésta la única ocasión en la que Torón contrapone la vida sevillana y la de Las Palmas de Gran
Canaria. En la obra LM última de Frascorrita encontramos el siguiente parlamento de Manolito Sandunga,
precisamente un personaje oriundo de la ciudad hispalense en conversación con el personaje de Antoñita
(vid. OT, p.51):
MANOLITO: Esos son los míos. (Suspirando). ¡Ay, mi tierra, mi Seviya de l'arma! Aquello si que e canela, seña
Frascorrita, ayí sí que se dirfruta.
ANTOÑITA: ¿Más que aquí? ¡Usté no ha visto la Naval...!
MANOLITO: Qué nava ni que na; si en Seviya e tanta la alegría y tan nutría la grasia que se respira en el aire, que jasta
a los muertos e menester enterrarlos pa que se estén quietos.
ANTOÑITA: ¿Eeeeh...? ¡Lo mismito que aquí!
MANOLITO: No compare osté, señora. Si aquí las gentes paese que van siempre como pa que las acompañen en sus
sentimientos; ¡Mi Seviya de l'arma!
de esta crónica sintoniza con una de las inqiaietudes más fervientes del autor de Zacatecas,
fundamentalmente en su obra LM sangre devota (1916). Trascribo algunos versos del poema
"A la gracia primitiva de las aldeanas":
Muchachitas del interior, sanas e ingenuas como las brisas de vuestros campos, no vengáis a la
ciudad. Vuestra saludable pureza se enrarece y aminora al contacto de su ambiente. Más que
estas calles febricientes y aturdidoras, donde el tráfico mercantil empobrece las almas y embrutece
las inteligencias, amad vuestras campiñas, la santa quietud de vuestras campiñas con sus jardines
floridos y sus rosas perfumadas, más vale una de vuestras rosas que cualquiera de los corazones
que aquí veis; más vale un rayo de sol dorado la cima de vuestras montañas que la algarabía de
luz y oro de estos escaparates...
¡Muchachitas del interior, no vengáis a la ciudad!^^
Lleva la firma S. Apareció en Ecos, c o m o estos primeros catorce textos que analizo, el 12 de
febrero de 1917. Al igual que en el caso de la fotografía, el automóvil aparece vertiginosa-
mente en la ciudad. El autor deja constancia de ese proceso, al fin y al cabo inaugural, desde
la ironía de una sociedad que empieza a frivoUzar sobre sí tnisma. Según el mismo nos
comunica en las declaraciones a Cano Vera que reproducimos en la biografía, el propio
Tomás Morales tenía u n Ford, que tal y como confesaba Torón, había comprado para llevar
a sus amigos.
30 Ramón López Velarde, Obras, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1986, p. 91. Sorprende la defen-
sa apasionada de la ruralía y la alusión al "ensueño", sustancia recurrente en la obra de Torón.
31 Saulo Torón, Ecos, Las Palmas de Gran Canaria, 4 de enero de 1917 (vid. Antonio Henríquez, ópus cit.)
En adelante Torón utiliza el seudónimo Máximo Manso. Este texto vio la luz el 5 de abril de
[Link] de ks fotos que con más éxito retrató a Tomás, a Alonso y a Saulo, es aquella que
tiene como marco la casa de Alonso Quesada y concretamente su biblioteca. En dicho retrato
nos llama la atención un letrero colocado en uno de los estantes de la librería que dice a las
claras: "No presto libros a nadie". Es inevitable recordar dicho letrero y dicha imagen tras
leer esta crónica. El texto es una apasionada crítica al préstamo de libros, o más bien a los
que no cumplen con la devolución de los mismos.
"LAS BARBERÍAS"
"DIÁLOGOS VULGARES"
32 Antonio Henríquez señala también esta coincidencia. Antes de que se publicara su trabajo (ópus cit.)
comentamos este curioso paralelo del que, cada uno por su lado, tenía conocimiento.
los que regresan del camposanto. No obstante, lo sabemos bien, la frontera entre tienda y
dispensario de tragos de alcohol y café fiíe en Canarias hasta hace no demasiado tiempo bastante
frágil. Aún hoy se pueden encontrar en los pueblos del interior ejemplos, aislados eso sí, de
establecimientos con esta doble naturaleza.
En cuanto a los personajes, los dos que mayor protagonismo concentran en ambos pasajes
coinciden aunque, como nota Antonio Henríquez, con los nombres intercambiados. En la
pieza teatral el tendero recibe el nombre de don PoUcarpo y el cliente con el que conversa
el de don Bernabé. Antoñillo, el personaje dramático que internampe la conversación de los
tertulianos y requiere los servicios del tendero, queda innominado en la crónica, donde sólo
se hace alusión a "un rapaz sucio y descalzo". Toribio, otro personaje teatral que entra en
escena, es caracterizado en la crónica como "el señor amarillo" y "la niña" que aparece al
final de la segunda escena es en la crónica un "chicuelo".
La introducción de ambos textos, en el del teatral la acotación y un fragmento descriptivo
en la crónica, divergen mínimamente, puesto que no cumplen otra función que la de situar
un diálogo que, en ambos casos, profesa voluntad dramática.
Por otra parte, entre los matices de un texto y otro hay uno que llama la atención en
cuanto a su coyunturaHdad. En un momento de la crónica, uno de los personajes anuncia
que va a relatar al cura de San Francisco las buenas noticias que para los germanófilos traía
la Guerra. En el caso del saínete se suprime la parroquia para hacer alusión al entierro que
se encuentra en la anécdota de la composición. En este sentido la crónica maneja mayor
grado de deixis que la obra, puesto que se señala a un germanófilo como Antonio Artiles,
párroco de San Francisco y colaborador habitual de su prensa afín con el seudónimo de
Licenciado Vidrieras, que por otra parte era el blanco de las críticas de los entusiastas cola-
boradores altadófilos de Ecos. Este aspecto puede dejarnos a las claras cuáles eran las moti-
vaciones de uno y otro texto: la inmediatez de uno (la crónica) frente a otro que demora el
encuentro con el lector-espectador (el cuadro dramático).
Entremos ya en la confrontación de ambos textos. Es de suponer, por un mero criterio
cronológico (la crónica fue publicada a finales de 1917 y la obra estrenada en mayo del
siguiente año), que el texto periodístico fuera redactado con anterioridad y reescrito para ser
incluido en la futura pieza teatral. Esto es, como no, una especulación pero, si atendemos a
las declaraciones de Torón en las que esbozaba el corto lapso de tiempo en que fueron com-
puestos sus esfuerzos dramáticos y a la facilidad de realizar un montaje de estas caracterís-
ticas, no entraña demasiado riesgo aseverar qué texto es más antiguo. No obstante, esta
cuestión no creo que resulte capital. Lo que sí puede guardar cierto interés es la trascripción
de uno de los textos, en este caso el de la crónica, y realizar las oportunas anotaciones cuando
sea significativa la diferencia. No dejo constancia del común de las diferencias que son mera-
mente gráficas (supresión en el texto teatral de la —d— intervocálica, inclusión o exclusión de
pimtos suspensivos...-^^).
Tienda de ultramarinos en una de las principales calles de nuestra ciudad. Don Bernabé, el
dueño, sentado detrás del mostrador deletrea pacientemente los telegramas de una hojilla
33 Debo mantener aquí la voluntad global del trabajo que no es en ningún caso realizar edición crítica algu-
na de los textos de Torón. Si aquí me lanzo a la contraposición de los textos es para estudiar el trasvase
existente entre dos voluntades de escritura y el grado de deixis de uno y otro texto.
germanófila que se publica en la localidad, comentando sus informes con don Policarpo que le
escucha atentamente. Dos o tres crios de don Bernabé se arrastran por el suelo y se encaraman
sobre los sacos de cereales amontonados en el centro de la tienda.
Al empezar el diálogo la radiación solar intenta inundar la tienda de don Bernabé, el cual, dis-
cretamente, ha entornado un poco las puertas para evitar que el calor le merme los embutidos
que cuelgan del techo^'*.
Don Bernabé profético. - Le digo a Vd., mi amigo, que cuando Gindemburgo se propone en
una cosa, es tremendo. ¿Usted cree que haya alguien capaz de resistir una embestida preparada
por este hombre? Acuérdese, que cuando acabe con todos los soldados de los frentes ha de
empezar con nosotros, los españoüUos desgraciados, que no nos hemos querido convencer de
que Alemania es la primer nación del mundo, y el Kaiser el hombre de más bemoles-'^, y el
Kronsprinz el de más estrategia...^'' Y crea Vd. que me alegraría, para que se fastidiaran esos
aliadillos bobos que se fían de los Lerrouces y demás zurriburris que andan por ahí...
Don Policarpo, asintiendo. — Tiene Vd. razón, don Bernabé. La culpa de nuestras desgracias
futuras la vamos a tener nosotros mismos.
Don Bernabé. — ¡Pues ya lo creo, hombre!...
En la tienda entra un rapaz sucio y descalzo que grita, mientras golpea el mostrador: ¡A des-
pachar!
Don Bernabé, sin moverse. — ¡Voy! (A don Policarpo). Si yo fuera Gobierno haría con los que
escriben y peroran en contra de los alemanes tan fuerte escarmiento, que se habían de acordar
de mí hasta más allá del Jviicio Final... Y luego dicen y critican de Sánchez Guerra, ¡el mejor
gobernante que tenemos!,porque quiso meter en collera a los revoltosos que pretendían desco-
ronar al rey para irse a favor de Inglaterra y Francia...
El rapaz, golpeando de nuevo sobre el mostrador — ¡A despachar!
D. Bernabé, colérico — ¡Voy, reconcio!... ¿Qué tienes prisa?
El rapaz. — Me dijo mi madre que me despachara pronto y que fuera enseguía.
D. Bernabé. - Pues a tu madre que se aguarde. ¡Pues no faltaba más!... Y dígame, don Policarpo,
¿cree usted que los ingleses y franceses podrían resistir esta nueva embestida que se les prepa-
ra?...
D. Policarpo, moviendo la testa filosóficamente. - No sé don Bernabé... Aquello de Verdún es
cosa para hacer dudar del éxito de esa nueva empresa.
D Bernabé.- Pues yo apostaría una corrida y la cena para cuatro amigos, a que desde que los
alemanes hagan tantito así pa lante, los anglo-fcanceses se salen escafiriendo.
D PoHcarpo.- Puede ser
El rapaz, impaciente. — Cristiano, ¿qué no me despacha?...
Don Bernabé, por fin se levanta, se hurga una oreja con el dedo meñique y despacha al mucha-
cho que sale corriendo. Después vuelve ceremoniosamente a ocupar su siUa gestatoria-'^.
34 Esta es la acotación de la pieza teatral: "Interior de una tienda-café. A la izquierda, desde el segundo al pri-
mer término el mostrador. Puerta al fondo, que da a la calle, y dos laterales: una a la calle y otra al interior
de la casa. Mesas con sillas y bancos sin pintar en primer y segundo término, de derecha a izquierda. Hora,
de cinco a seis de la tarde" {OT, p. 119).
35 En la pieza teatral: "ríñones".
36 En la pieza teatral: "el más guapo y el de más estrategia".
37 En la pieza teatral el contenido de la acotación hasta este punto continúa en el diálogo:
D. POLICARPO: ¡Voy, voy, y voy...I ¡Caray! ¿Y qué quieres (Levantándose).
ANTONILLO: Cinco cuartos de espíritu.
D. POLICARPO: ¡Y pa eso tanta música! (Despacha a Antoñillo, que sale corriendo. Después vuelve a sentarse en la
mesa con don Bernabé).
Cuando va a proseguir el diálogo entra en la tienda un nuevo personaje, un señor enjuto y ama-
rillo, cuya vida es casi un misterio en la población para las personas que se acuestan temprano
y no frecuentan los casinos y demás sitios de recreo. Dicho personaje entra precipitadamente y
con el rostro henchido de una singular alegría.
El señor amarillo — ¿No saben Vds. lo que pasa?...
D. Bernabé y D. Policarpo, simultáneamente: -¿Qué?
El señor amarillo. — ¡Que los rusos piden la paz... que los italianos dicen que ya no seguirán
luchando^*^ porque se les acabó el carbón, y que en España se está preparando^^ la gorda para
echar a los ingleses de Gibraltar!...
D. Bernabé. — ¿Pero eso es cierto?...
El señor amarillo.- ¡Pues ya lo creo! Como que me lo acaban de decir ahora mismito en la
Plazuela!''*'
D. Bernabé, asombrado y radiante de júbilo. - ¡¡Hía, contra!!
El señor amarillo. — ¿No se lo deda yo a Vds.? ¡Si tenía que ser!...
D. Bernabé.- Sí, hombre. Si no podía ser de otra manera... Aquí le hablaba yo a don Policarpo
de la próxima ofensiva de los alemanes en Francia y de todas las cosas que tienen que suceder.
¡Claro!... ¡Qué se le escapará a uno que ha pasado el charco más de cuatro veces!
El señor amarillo. — Ya era tiempo de que esta llegara... ¡Cómo las van a pagar todas juntas!...
D. Policarpo, incrédulo. — Pero sin embargo... yo dudo. Esas noticias lanzadas así, a la buena de
Dios, generahnete no suelen ser"*^ ciertas. Ya ve que la hojilla no dice nada...'*^
El señor amarillo. — ¡Pero si esto es un telegrama secreto que ha recibido la colonia alemana'*^,
y no lo saben sino unas cuantas personas!.
D. Policarpo. — Siendo así como Vd. dice...'*^
D. Bernabé. — Pues yo lo creo...^^
El señor amarillo. — Así mismito. Y ahora voy a decirlo al cura de San Francisco, y en el Casino,
para que se convenzan los incrédulos, los mentecatos que no ven más allá de sus narices...^"
Un nuevo chicuelo entra en la tienda repitiendo los toques del anterior.
El chicuelo. — ¡A despachar!
D. Bernabé. - iVoy!"*?
La tienda de la esquina
es lo más pintoresco de mi barrio.
Los estantes, pintados de amarillo,
con puntitos de moscas decorados,
sustentan impasibles
las mercancías y los grandes frascos
llenos de confituras de colores;
las botellas de vino y anisado,
y algunos cuantos frutos de la época
en simétricos grupos colocados.
El tendero —un señor de grueso abdomen,
con aspecto de res en el establo—,
pacientemente sirve los pedidos,
que en monedas se van luego trocando.
Y ahora llega una moza de trapío,
ahora u n rapaz de aspecto estrafalario,
y varias mozas más, y otros cKentes,
que todos compran, y se van rezando:
— ¡Oh, este d o n BartoHto qué r o ñ o s o
y qué grosero es el condenado!...
Luego, en la tarde, cuando el sol ya ha muerto,
y tornan los obreros del trabajo,
la tienda de la esquina
parece u n jubileo extraordinario.
El tendero, esta vez es más activo:
llena las copas... ¡y aún n o se han vaciado!...
Este poema, sin tener el grado de imbricación de los otros dos textos, también está en
coincidencia con los mismos. Aqtií el tendero se llama Bartolito, pero la tienda vuelve a ser
foro para la tertulia, y la guerra es el tema de conversación.
"IDEALES INSULARES"
Aunque el título pudiera despistarnos, Torón se centra nuevamente en un único tipo insu-
lar. Cabe pensar que, en este texto, que fue publicado el 5 de diciembre de 1917, Torón esté
refiriéndose, en el caso del "insular periodista", el tipo criticado o analÍ2ado, a casos como
el de su antagonista Antonio Artiles, como se ha dicho párroco de San Francisco y germa-
nófilo declarado.
E n este caso, por el lenguaje, el enfoque y la temática, podemos sentir, como en " E l hom-
bre de la esquina" y "Pérez discute", más cercana la figura de Alonso Quesada. Además de
apropiarse de su seudónimo parece secundar su estilo. Es, n o obstante, más irónico y mor-
daz o practica una ironía menos trágica que la de Quesada.
El último texto aparecido en Ecos, firmado como estos últimos por Máximo Manso, Heva la
fecha del 10 de diciembre de 1917. Al igual que en " E l hombre de la esquina" y "Pérez dis-
cute", es un tipo insular el que centra la reflexión de la crónica. E n este caso, qtiizá más que
en los anteriores, este tipo viene motivado por la vida nueva que asoma a la ciudad de Las
Palmas de Gran Canaria y que empieza a acelerar la existencia de los insulares. Es una crónica
que no ha perdido actualidad con el paso de los tiempos. Estamos estudiando, no lo olvidemos,
el siglo que aceleró la historia.
Es el único texto de la famosa libreta del archivo que no se publicó en Ecos sino en La
Crónica (periódico que dirigió Alonso Quesada justamente después de abandonar el primero).
Hace referencia Saulo, que firma con su nombre, a unas declaraciones nada cariñosas que
un periódico, E / Tribuncr^^, dedica a Alonso, que a su condición de redactor de Ecos sumaba
la de director, la de máximo responsable de la publicación. Hay que hacer hincapié en el
reconocimiento y la defensa explícitos que de la figura de Alonso Quesada realiza Torón,
pero lo más interesante a mi juicio es la defensa apasionada de las figuras de Benito Pérez
Galdós, Tomás Morales y Néstor Martín Fernández de la Torre. Préstese especial atención
a la mención que hace Torón de los bocetos de lo que él Uama Poema del Atlántico de Néstor:
Hago una pausa como Darío en su "Epístola a Madame Lugones". En este momento acaba de
entrar Néstor, el prodigioso Mago del color y el ensueño; viene vestido de una manera extraña
y pulcra, y, como tesoro escondido, trae un rollo, bajo el brazo, de dibujos acuarelados (apuntes
para su Poema del Atlántico) que desdobla ante mi vista. Quedo fascinado, absorto. Este Néstor,
con don Benito (el abuelo excelso) y con Tomás Morales forma la trilogía más estupenda del
Arte español contemporáneo. ¿No lo crees tú? Néstor, Tomás, don Benito, son tres nombres
sagrados, tres estrellas en el cielo del Arte. ¡Y, sin embargo, hay aquí quien no cree en ellos!...^^
Debo confesar que estas aseveraciones de Torón han sido quizás de las que más me han
asombrado de todas las que he encontrado en el rastreo de su creación. El razonamiento es
tan apasionado y vehemente como apesadumbrado.
Las alusiones a Tomás y a Néstor nos son a estas alturas familiares. Conviene quizá repasar
algunos otros momentos en los que es don Benito Pérez Galdós el aludido. Este reconoci-
miento es patente, por ejemplo, en la poesía satírica. Tengo diversas muestras. En "Coplas
indirectas" publicada el veintisiete de marzo de 1917 en la sección "El tablado de la farsa"
del periódico Ecos encontramos:
Te lo digo francamente,
—y quede para los dos:—
donde pongas a Galdós
no pongas a Benavente^^.
50 Esa polémica excede mi objeto de estudio. Puede consultarse el volumen de Antonio Henríquez (ópus cit.)
que Uega a confesar que fue el rastro de esta polémica el que lo acabó llevando a encontrar los textos en
prosa de Torón.
51 Antonio Henríquez, ópus cit., p. 72.
52 Pi", p. 83.
53 PS, p. 153.
54 PS, p. 156.
Pese a que las tres piezas teatrales compuestas por Saulo Torón Uegaron a representarse, no
se publicaron hasta finales del XX, ya fallecido Torón. Sin embargo, en su archivo, se
encuentra un folio autógrafo, diseño de portada de una potencial publicación. El título es el
siguiente: "Escenas de la vida isleña", que coincide con el subtítulo de Duelo y jolgorio.
Anuncia también un prólogo de Claudio de la Torre, sitúa la fecha de 1922 e incluso, y esto
es lo más sorprendente, incluye: "Tip. de Diario de Las Palma/'. Pese a esta sorpresa, la edi-
ción anunciada no se produjo. El propio Torón en los años siguientes no mostró excesivo
interés por ver sus obras editadas.
En su archivo se hospedan los sucesivos manuscritos junto a una copia mecanografiada
de cada pieza. Este último trabajo corresponde, según me ha testimoniado D* María Isabel
Torón, hija del poeta, al indestructible interés de un íntimo amigo de Torón: Juan Rodríguez
Doreste. Repasando el epistolario de Torón, encuentro el posible motivo de esta trascrip-
ción:
Después de hacerte presente la anterior felicitación, sigo esta carta y la continúo con otra gran
felicitación por haber decidido presentar sus sainetes canarios al concurso anunciado en San
Bartolomé de TLrajana. Me parece esto un gran acierto, así como que haya encargado a Juan
Rodríguez Doreste de todos los menesteres propios del caso: copias del texto, presentación de
las correspondientes plicas, recogida del recibo de entrega de los originales etc. etc^.
estrenaron desde 1918 y salvando las respectivas críticas y reseñas, fueron postergadas a un
lógico süencio (el propio autor posicionó su creación lírica en un primer plano)-^. La publi-
cación de las mismas se produjo postumamente, en fecha reciente, en un volumen titulado
Teairo teldensé^. El autor de esta edición, Ignacio Moran Rubio ofrece unas líneas introduc-
torias a las piezas de cada autor. Las que, en este caso, corresponden a Saulo Torón, consti-
tuyen la principal, aunque lógicamente breve, revisión de la creación teatral saulina. Lo cierto
es que escasean las alusiones a la vertiente dramática de la creación toroniana. Joaquín
Artües, conocedor profundo del total creativo de Saulo Torón, menciona los títulos de estas
obras tanto en su edición de las Poesías satíñcaP del autor teldense como en su Historia de la
literatura canaricf, pero no realiza ningún tipo de consideración acerca de las mismas^.
En 1971 en un artículo periodístico de Orlando Hernández^, que precisamente aborda
el silencio editorial de un importante caudal de textos dramáticos canarios, se hace alusión
a la dedicación teatral tanto de Torón, que contrariamente a lo que se cita en el texto sí estrenó
sus obras, como de otros contemporáneos. En tono reivindicativo Hernández concluye su
texto:
Hay que hacer algo por nuestros autores dramáticos que también existen, pues aunque diéramos
algunos nombres, todavía quedan otros que aunque afincados en otros géneros, tal como Saulo
Torón, Pedro Perdomo y Luis Doreste Suva, sabemos que guardan pasillos y poemas dramáticos
que aún no han logrado la luz del estreno. Y la verdad es que alguna atención debieran merecer,
porque si alguien con posible mala uva aseguró que el poeta es producto exclusivo del subde-
sarroUo, el autor dramático es notario sin fronteras ni circunstancias porque a su óptica nada
humano puede resultarle ajeno .
3 He encontrado una intermitencia en el silencio de las composiciones toronianas. Una de las obras del autor
teldense, LM última de Frascorrita, se representó en el Salón de Actos del Real Club Victoria con motivo de
un homenaje al autor el día de San Juan de 1965, exactamente el día en el que celebraba su ochenta cum-
pleaños. En el epígrafe dedicado a esta obra, daré oportuna cuenta de esta representación.
4 Ignacio Moran Rubio, Teatro teldense, Ayuntamiento de Telde, Ciudad de Telde, 1993. El compilador, en
unas líneas que anteceden a la trascripción de las piezas, da noticia, citando la misma fuente, de la copia de
Rodríguez Doreste.
5 Vid. Ópus cit
6 Vid. Opus cit. Sorprende que los autores mencionen las obras en el apartado Mrico de Torón y no hagan
alusión a ellas en el capítulo XXII dedicado a la novela y el teatro del siglo XX.
7 Son escasas, como se puede ver, las referencias al teatro toroniano. Rafael Fernández Hernández en el capí-
tulo correspondiente de la "Introducción" a su antología Teatro canario (siglos XVI al XX), Edirca, Las
Palmas de Gran Canaria, 1991, no hace alusión al autor teldense. Luis Alemany en su El Teatro en Canarias,
Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 1996, colección Añaza, cita a Torón pero únicamente se refiere
a ima de sus obras: LM última de Frascorrita (p. 34).
8 Más adelante haré alusión a una entrevista a Saulo Torón realizada por el mismo autor y publicada previa-
mente donde también se aborda la creación teatral del autor de Telde. En adelante me referiré a las obras
con títulos reducidos; respectivamente Duelo, Don Pancho y Frascorrita.
9 "Problemas de nuestro teatro aficionado (II). Los autores", Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran
Canaria, 22 de enero de 1971. Acompaña el artículo una foto de Torón cuyo pie reza: "Saulo Torón, un
autor que también guarda sus escarceos teatrales inéditos...".
Juan Rodríguez Doreste, como ya he dicho primer transcriptor de los textos, recoge en
un artículo de 197210 una alusión a las piezas teatrales de su ya en aquel tiempo longevo
amigo. Rodríguez Doreste utiliza el término "entremeses" para referirse a estas composiciones.
Lo cierto es que Torón, como más arriba se ha visto, las subtituló: a dos de ellas les concedió
el rango de saínete y a otra el amplio de "escenas de la vida isleña". El término "saínetes"
es el preferido por Orlando Hernández^l.
Como se ve, la escritura dramática de Torón, si de la voluntad del autor hubiera depen-
dido, al menos tras el fervor de los primeros años, no habría ido más allá de las escasas
representaciones de las que fue objeto. Es como si entendiera, pese a ese aparente intento
de publicación que pudo ser simplemente un juego, que con la representación en su
momento de los textos, ya éstos habían agotado su interés. En declaraciones a Cano Vera^^,
cuando éste le pregunta acerca de la publicación de sus obras teatrales (no olvidemos que la
edición fue postuma y esa posible tentativa de publicación en 1922) responde: "No. No lo
consideré oportuno. Cada una de eUas las escribí en una semana. Estaban bien cuidadas'^.
Habría que corregirlas y retocarlas". Lo cierto es que en su archivo y, desde 1993, en el Hbro
de Moran Rubio ya reseñado, se puede acceder a la lectura de tres textos cuya supuesta ino-
cencia me atrevo a cuestionar desde temprano al menos en el grado extremo en el que se
plantea en algunas de las escasas ocasiones en las que se hace alusión a ellos. Y me atrevo a
cuestionar su inocencia pese a las declaraciones del propio autor: "Con las pequeñitas obras
que escribí no pretendía nada más que hacer reír a las gentes, puesto que la temática se des-
arrollaba en ambiente costumbrista insular"!'^. Tiempo tendremos de desentrañar si las
declaraciones de Saulo Torón son en extremo sinceras o si, como su teatro, hay que leerlas
entre líneas.
10 "La musa cómica de Saulo Torón", La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 25 de junio de 1972.
11 Orlando Hernández, "Saulo Torón, rompiendo el silencio", Diario Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria,
26 de julio de 1966. En el artículo del mismo autor de 1971, concretamente en la cita trascrita en este tra-
bajo, Hernández utiliza los términos de "pasillos" y "poemas dramáticos". Entiendo que el primer término
es el que pretende aludir a las piezas de Torón y entiendo que procede de los "Pasos" de Lope de Rueda.
12 Me refiero a la entrevista que constituye el capítulo IX y que vengo manejando en esta parte de mi inves-
tigación. Fue publicada el 5 de noviembre de 1966.
13 Confieso que esta ñrase me desconcierta. Puede deberse a una errata donde lo que realmente quiso decir
Torón fiíe "no estaban bien cuidadas". En cualquier caso creo que queda claro su pronunciamiento.
14 Cano Vera, capítulo IX.
en Ecos, periódico publicado en Las Palmas de Gran Canaria desde 1 9 1 5 a l 9 1 9 y que llegó
a ser dirigido por Alonso Quesada; en estos años publicó Sanio Torón sus artículos perio-
dísticos y durante estos años o los inmediatamente sucesivos debió escribir las piezas teatra-
les. La poesía satírica que también ocupó sus horas en este segmento la prolongó a finales
de la tercera década del veinte ya que pubHcó textos en el periódico E/ País dirigido por su
amigo Pedro Perdomo. Este segmento coincide con la creación y publicación de su primera
entrega lírica Las monedas de cobre. Muchos de los poemas, como veremos, sintonizan de algún
modo con la perspectiva asumida por Torón en su teatro, sus crónicas y sus composiciones
satíricas. Pasado el lapso béHco y los años colindantes, se entregó de lleno a la poesía lírica. Esta
ulterior decisión, que también tiene una motivación sociopolítica que analicé en su momen-
to, pudo influir en el regateo constante que hace de todas sus composiciones extralíricas
(tampoco fue efusivo después de 1936 en la difusión de sus poemas). Este regateo lo es
hacia el mundo puesto que celosa y ordenadamente guardaba Saulo Torón en su archivo
todo lo que bajo su nombre (o seudónimo) había escrito su mano^^.
Orlando Hernández, a quien ya me he referido en este mismo capítulo, él mismo autor
costumbrista y como se ha visto al tanto de las creaciones saulinas, realizó en 1966 ima
entrevista a Torón en la que pregunta al autor por su valoración del costumbrismo y la rela-
ción de éste con la poesía. Es uno de los primeros testimonios en época reciente acerca de
la vocación teatral del autor^^. De esa entrevista extraigo algunos fragmentos:
Cuando analicé la lengua literaria de Torón, reflexión inserta en vino de los capítulos finales,
llegué a la conclusión de que sus textos, según su género, se vinculaban con tres niveles de
enunciación. Allí mismo hice uso de esta cita que sitúa la poesía lírica en el nivel de enun-
ciación superior y que deja, implícitamente, la producción teatral 0unto con la poesía satírica)
en el nivel de enunciación más espontáneo. La hondura lírica de Torón convivió, no obstante,
con este tipo de creaciones que en las declaraciones a Orlando Hernández hace compatibles.
15 En su archivo, como expresé, se encuentran los originales manuscritos y mecanografiados de las piezas tea-
trales. Además hay ima libreta que contiene adheridos los recortes con su poesía satírica (vid. Joaquín
Aróles, Poesías satíricas, cit., p. 11) y otra que contiene sus textos en prosa (vid. Antonio Henríquez, ópus
cit, pp. 10 y 21).
16 Un año antes, con motivo de la ya mentada representación de 1M última de Frascorrita, salieron algunas notas
de prensa como, por ejemplo, la que publicó El Eco de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, veinticinco
de junio de 1965, firmada por A. Q.
17 Vid. Saulo Torón rompiendo el silencio, cit.
Puede resultar alumbradora una cita de Joaquín Artiles que, aunque se centra en la poesía
satírica, bien podría aplicarse a las creaciones teatrales: "Saulo Torón, poeta lírico de primera
calidad, llevaba también dentro, agazapado en el pecho, un diabUUo chancero y farandoso.
Le gustaba mirar la vida por el reverso y hacerles cosquillas a las cosas por su flanco más
débil"^^. Esta doble facultad saulina tiene, a mi jviicio, su razón de ser en una coyuntura par-
ticular. Dicha coyuntura abarca, como he esbozado, los años de la Primera Guerra Mundial,
vividos por Quesada, Morales y Torón (entre otros), desde la trinchera de Ecos, desde las
coplas publicadas en una sección con el sugestivo título de "El Tablado de la Farsa". A aque-
llas alturas, en las que ya Morales y Quesada habían publicado sus primeras entregas líricas,
nos sorprende esta otra vertiente satírica y bvirlesca que tiene, como advertí, un importante
componente político. Volvemos a Joaquín Artües:
"El tablado de la farsa" está montado sobre tres soportes de rigurosa actualidad en aquel tiempo:
la germanofobia, la política local y la misma sociedad de Las Palmas. Los autores están viviendo
intensamente estos problemas, muchas veces incompatibles con sus convicciones personales, y
los enjuician con su código de discrepancias. Con razón o sin razones, hay en el fondo una pre-
ocupación renovadora, un deseo de cambio y un empuje de rebeldías. Y sin quererlo, o queriéndolo,
están escribiendo una crónica al revés, no con gritos de libelo, sino con propósitos de humor,
buscando siempre el lado risible de las cosas. Y no con ima actitud meramente contemplativa,
que se resuelve en guiños y sonrisas, sino tomando partido en cada caso, con mucho de libera-
lismo y con alguna pvinta volteriana^^.
Efectivamente, como señala Artiles, sobre tres soportes se sustenta la creación satírica de
los tres líricos. Esos mismos soportes los Uevan a la publicación de crónicas, en las que
Alonso Quesada se significó abundantemente y, en el caso de Saulo Torón, a la redacción
de sus piezas teatrales^^, más emparentadas con la coyuntura citada por Artiles que los poe-
mas dramáticos quesadianos y que la pieza religiosa compuesta por Morales. Quizá el tema
de la germanofobia sea el menos exprimido en las piezas teatrales de Torón. Sólo Dueloyjol-
gorio regresa a ese tema por apegarse extraordinariamente al presente histórico en el que fue
redactada.
Torón responde: "Quizá don Santiago Tejera, el de IM hija del mestre y ¥olías tristes; también
los Hermanos Millares, por circunstancias de tiempo, hoy tan injustamente olvidados"^^.
Rafael Fernández22 se retrotrae algo más en el tiempo y cita a Agustín Millares Torres (1826-
1896), como precursor de esta vertiente dramática. Millares Torres funde textp y música^^
en dos creaciones como 'Elvira (1855) y Adalmina (1887) que Fernández sitúa en la misma
tradición que los citados por Torón, Santiago Tejera y los Hermanos Millares (hijos de don
Agustín). Santiago Tejera Ossavarry^^ (1854-1936), además de las citadas por Saulo Torón
a Orlando Hernández —Folias Tristes, de ambiente campesino, estrenada el 23 de abril de
1902 y Ltf hija del mestre, de ambiente marinero, que subió a las tablas el 16 de noviembre del
mismo año—, escribió otras dos zarzuelas costumbristas: Navidad, estrenada el 16 de mayo
de 1904, y El indiano (26 de mayo de 1905). Por su parte, Luis (1861-1926) y Agustín (1863-
1935) Millares Cubas, los hermanos Mulares, dentro de su ingente producción a dos manos
albergan un puñado de obras teatrales de diverso matiz: IM deuda del comandante, ha herencia
de Arau^ María de Brial, Tan cerca j tan lejos, José María, Pascua de Resurrección, San José dé la
Colonia, Doña Juana, Cuentos viejos o El viejo. No obstante sus dos obras acaso más famosas
fueron Compañerito y Ea ley de Dios. Los Hermanos Millares, según citan Rafael Fernández^^
y Luis Alemany^^, señalan un curioso precedente del costumbrismo dramático canario.
Vayamos al texto de Alemany:
Desde esta perspectiva se desarrolla una larga tradición en el archipiélago, cuya primera muestra
probablemente sea una pieza titulada El tío Pedro, medianero de Telde, en la dudad de Las Palmas,
representada en esa localidad por una compañía foránea en el verano de 1834; y, aunque los her-
manos Millares -que dan noticia histórica del acontecimiento— la atribuyen irónicamente a un
"genio canario cuyo nombre no ha conservado el cartel", cabe pensar, más bien, en un apropó-
sito que los miembros de aquella compañía escribieron expresamente para despertar el interés
del público local; cuando no en un texto "abierto" que, con ligeras variantes referenciales,
pudiera ambientarse en cada una de las regiones donde actuase la compañía, como solía hacerse
en esa época.
Sea como fuere, este precedente que nos citan los Millares y que recogen los dos estu-
diosos acontece antes de la mitad del siglo XIX. El particular auge de esta vertiente dramática
hay que buscarlo en otra coyuntura, quizás en la que coincide con la escritura dramática de
Torón. Esta vertiente que de momento también vamos a denominar costumbrista, convive
21 Ibídem.
22 Ópus cit., p. 43.
23 Tal como harán, por ejemplo, Tejera Ossavarry y Saulo Torón.
24 Artiles y Qviintana (ópus cit., p.315) citan una semblanza de Santiago Tejera Ossavarry elaborada por
Carlos Platero Fernández. No he encontrado ni el trabajo ni referencias del mismo. Por el contrario, he
consultado un pequeño estudio de José Miguel Alzóla, El Maestro Don Santiago Tejera Ossavarry (1852-1936),
Mancomunidad de Cabildos, Plan Cultural y Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria 1983. Colección
La Guagua.
25 Ópus cit., p.43.
26 Ópus cit., p.34.
en Canarias según Rafael Fernández con el Uamado "teatro de ideas". Dicho "teatro de
ideas", según vina cita de Antonio de la Nuez Caballero que apunta Fernández, fue introdu-
cido por los Hermanos Millares y no sólo en la tradición insular, y aunaba el tema regional
con las tendencias simbolistas y naturalistas de la época^^. En el Teatrillo instalado en la casa
de don Luis, tal y como expresó Pedro Perdomo Acedo^^, "Maeterlinck y D'Annunzio
hablaron [aUí] su primer castellano". Esta vertiente, para la que Fernández cita una obra de
Benito Pérez Armas titulada Octavió^^ como transición, marca una particxilar trayectoria en
la coordenada insular: Ijuchas del alma. Cuadro psíquico dramático de Mario Arozena, se estrenó
en Santa Cruz de Tenerife en 1904; Tomás Morales estrena en 1910 LÍ/ cena de Bethania, que
podríamos adscribir a esta tendencia; "Carlos Cruz", (seudónimo de Domingo Cabrera
Cruz) estrena en 1911 El amor en marcha, en 1913 Más allá del amor j en 1919 El abismo; ]&%
piezas de Alonso Quesada ha umbría (1919) y Uanura (1922), constituyen quizá la cumbre
del llamado "teatro de ideas" canario que aunará corrientes de inspiración europea y que
pronto se constituirá en referente para ese auténtico "hombre de teatro" que fue Claudio
de la Torre.
En el resumen de la tesis doctoral de María Rosa Cabo Martínez que he podido consultar
y que se titula Teatro modernista español 1900-192(fi^, no hay ninguna alusión a la creación
canaria-^^. Cita la autora, a la hora de establecer el contexto con el que se encuentra el teatro
que pretende abordar entre las líneas de la dramaturgia de aquellos años, una vocación reno-
vadora (Grau, Unamxino, Gómez de la Serna) en la que ubicará su estudio, otra costumbrista,
(Arniches, Muñoz Seca o los hermanos Alvarez Qviintero) y un "teatro lírico de consumo"
(Ricardo de la Vega o Fernández Shaw). Con posterioridad, centrándose en lo que cataloga
propiamente como "teatro modernista" cita dos líneas sobre las que centra su investigación;
una "exotista" y otra "nacionalista" cuya nómina de autores mayormente coincide. A su jioicio,
esa línea "nacionalista" que escarba en el pasado "buscando la belleza que no les ofrece el
presente" muestra una "reconstrucción idealizada, impresionista, de la historia española
[que] constituye en sí una dura crítica a la modernidad de la época y al progreso"^^. Pues
esa línea que señala la autora y que cuenta entre sus títulos con Las hijas del Cid o El gran capitán
de Marquina y Ea leona de Castilla o Ea maja de Goya de Villaespesa, no es secundada por parte
de los dramaturgos canarios. Una vez más el "drama" que supuso la pérdida de las colonias
españolas de ultramar en 1898 y que quiso ser enmendado con la proliferación en todos los
géneros del llamado "tema de España", no aflora en la dramaturgia insular, más preocupa-
da por descifrar la encrucijada del hombre canario de aquel tiempo. Serán las dos líneas
apuntadas por Fernández la costumbrista y la "de ideas", las que cultivarán los dramaturgos
instilares de este tiempo. Esbocé el panorama de la segunda vertiente. No obstante, nos va
a interesar la primera, de la que participa la obra de Torón. Ofrezco un listado de obras que
circundan el periodo que anaHzarmos:
— Dos autores canarios emigrados crean piezas costumbristas: El Bateo, de Antonio Paso y el
tinerfeño Antonio Domínguez Fernández con música de Federico Chueca, se estrena en la tem-
porada 1901-1902 en Santa Cruz de Tenerife tras estrenarse previamente en Madrid. Por su
parte, Ángel Guerra ofrece dos zarzuelas en 1901 y 1902 bautizadas respectivamente como La
última y 1M copla.
— Con música de Ricardo Sendra y Braulio Gonzálvez, Rafael Vilela y Montesoro estrena en
1902 E / Cristo de La Laguna.
— También en 1902 se estrenan las zarzuelas de Diego Arozena La hija del bosque-^ angela.
— Diego Crosa, perteneciente por edad al llamado Regionalismo, publica en 1910, Isla adentro y
en 1922, Senderos. En colaboración con Mario Arozena y música de José Crosa, el 3 de diciem-
bre de 1902 estrena la zarzuela De la tierra canaria.
— Domingo Margarit Carmona edita en 1926 Fiesta en la aldea.
— En ese mismo año, 1926, Casto Martínez González estrena La luchada.
— Leoncio Rodríguez estrena Ajijides el ocho de marzo de 1930 y Plataneras en 1933.
— A esta tendencia se suman autores como José Pérez Delgado Nijota, Pancho Guerra o
Gregorio Martín Díaz.
En cuanto a los espacios y las compañías, restilta revelador el testimonio de Savilo Torón
a Cano Vera en la entrevista ya aludida-^^. Cano Vera se centra en esta entrega en la vocación
teatral de Saulo Torón, que lo Uevó primeramente a ser asiduo espectador de las represen-
taciones teatrales acontecidas en Las Palmas de Gran Canaria y con posterioridad a ser
director de un grupo llamado "Primero de Mayo" que tenía sede en el Teatro-Circo del
Puerto. Además de este espacio se representaban obras en el llamado entonces Circo Cuyas,
en el Pérez Galdós y en el Hermanos MiUares-^^. Más tarde, a finales de la década de los vein-
te del siglo pasado, llegará el Teatro Mínimo de la familia De la Torre. Emplazado en el
Paseo de las Canteras 81, se presentaba como escenario de cámara de Josefina de la Torre,
siendo director su hermano Claudio. En el archivo epistolar de Savilo Torón, digitalizado en
1999, se conserva un programa del Teatro Mínimo, concretamente el de la quinta represen-
tación de la farsa de Bernard Shaw titulada ha gran Catalina y anunciada para la noche del 22
de septiembre de 1928, dentro del segundo año de representaciones. Además de esta pieza
teatral se anuncian piezas musicales y la declamación de poemas. En la nómina de autores
del repertorio del Teatro Mínimo se cita a Saulo Torón^^.
Hay que tener en cuenta que en estos años la ruta de las compañías españolas hacia
América incluía el Puerto de la Luz en su itinerario y algún escenario de la capital en su pro-
grama. Así pasaron por la capital actores como los famosos Enrique Borras y Antonio Vico
y dramaturgos tan en boga en aquella época como Valle-Inclán o Viñaespesa. A esa prolife-
ración de representaciones-^*^ se unía el trabajo de sociedades como El Recreo o Los Doce.
Con respecto a El Recreo, ésta era una sociedad que tocaba muy de cerca a la familia
Torón. No en vano, JuUán, hermano mayor de SavJo fue cofundador de la misma y Micaela
Torón, hermana de ambos poetas fue, como el propio JuHán, actor de esta compañía.
Además de sus dos hermanos, en otra de las entrevistas publicadas por Cano Vera, don
Saulo hace alusión a otros actores que después se profesionalizaron o no y que participaban
en las veladas de esta sociedad como José Rivero, Alvaro Pérez o Elena Anchuel.
Pero sin duda la verdadera animadora de la vida teatral grancanaria era la Sociedad de
Declamación Los Doce^^, así llamada por el número inicial de sus fundadores. Inició sus
actividades en 1902 y Uegó a estrenar las obras IM cena de Bethania y Uanura respectivamen-
te, como se ha dicho, de Tomás Morales y de Rafael Romero, Alonso Quesada. Entre sus
miembros podemos señalar a José Rodríguez Iglesias o Cristóbal Péñate Hernández^^.
VISION D E CONJUNTO
En la ya aludida introducción a su edición. Moran Rubio cita algunos motivos que se dan
en la dramaturgia de Torón. Entre ellos señala la necesidad social de las apariencias, los asun-
tos mágicos y supersticiosos, la situación obrera, los conflictos Iglesia-Estado o la Primera
Gran Guerra. Como se verá coinciden estos temas con los que serán núcleo de las crónicas
que por estos mismos años está escribiendo Torón. Por las particulares condiciones de su
estudio Moran Rubio ofrece un panorama lógicamente superficial que me veo obligado a
acrecentar. Como anuncié no creo que nuestro acercamiento a las piezas deba ser inocente.
Como sucede en las crónicas y en la poesía satírica, tan emparentadas escritural y temporal-
mente, una lectura extremadamente atenta se hace necesaria.
Vimos más arriba que Joaquín Artües señalaba que entre los soportes de la creación satí-
rica de los modernistas canarios en "El tablado de la farsa" se encontraba la sociedad de la
36 Especial interés tuvieron las representaciones de las obras del belga Maurice MaeterHnck, autor con el que
se ha relacionado el teatro de Alonso Quesada. Una de ellas, Interior, la representó la sociedad El Recreo.
Así precisamente "Interior", se titula un poema de Saulo Torón publicado en IMS monedas de cobre {JsAC,
p.73) y dedicado al actor Ramón Carbonell.
37 Vid. Martín Moreno, "La memorable trayectoria de "Los Doce", ha Provincia, Las Palmas de Gran Canaria,
23 de octubre de 1983 y el capítulo "La sociedad teatral de "Los Doce" en Concepción de León Cabrera,
ópus cit., pp. 23-30 y el apéndice "Obras representadas y algunas veladas realizadas por la sociedad "Los
Doce", pp. 121-123.
38 Como curiosidad, puedo citar que ambos actores compartieron quehacer de dependientes en la famosa
Tienda de los Péñate, situada en la esquina de Peregrina con Remedios, a escasa distancia del Teatro Pérez
Galdós (vid. Alzóla, José Miguel, Biografía de una calle..., ópus cit.).
ciudad en la que escriben. Es a mi juicio este tema el que vertebra principalmente el teatro
sauHno. Los personajes de Torón convergen en unas condiciones determinadas que hacen
que los textos se vuelvan esclarecedores y pinten un panorama social concreto, por cierto
bastante desesperan2ador. Lo que iguala a los personajes, que como veremos se mueven en
aparentes estratos sociales diferenciados, es la heroicidad de la supervivencia diaria en una
ciudad donde la carestía asomaba por todos los rincones. Ahí es donde surge la necesidad
de aparentar justamente lo contrario de lo que a diario se experimenta. En estos tiempos
nuestros de aparente bonanza económica donde la ciudad se ha estirado tanto que no llega
a conocerse a sí misma, estos textos cumplen la función, anunciada por Orlando Hernández
en una cita previa, del documento "notarial" que nos enfrenta con nuestra propia imagen.
Citaré diversos fragmentos del teatro toroniano que atestiguan esta situación:
— De Duelo yjolgorio:
S. NICOLASA: {Entrando) ¡Ay, Señor! Qué mortificación tan grande... Lleva una dos pesetas a
la plaza, y vuelve sin ellas y casi nada en el cesto... Mire usté; tres patatas picaas y arrugas, casi
inservibles, una fisca; esta col, dos perras; dos libras de manzanas, media peseta; cuatro naranjas,
un real vellón... Hija, no sabe una qué jacerse... La madeja
MARIQUITA: N o me diga usté naa señora... Yo, con esta libra de pescao que acabo de com-
prar, y el puñito de gofio, me las arreglaré... Trae acá, jijo... {(Zoge los objetos que le trae Antoñillo j
se dispone a arreglar elpescadóf''^.
D° RITA: Pues tengo cuidado y no la rompa... {Sak Gregaria por la i:(quierda). Yo no sé qué tienen
en las manos estas criaturas... ¿Te acuerdas de aquel lebrillo azul, que me regalaron cuando me
casé...? Pues esta mañana murió de una caída.
D. PANCHO: Y cualquiera compra ahora nada con el precio a que están las cosas...
D" RITA: Como que va a ser necesario comer en platos de lata, como en los cuarteles...''^
— De 1M última de Frascorrita:
Dentro de esta misma coyuntura se entiende la situación obrera denunciada en los textos,
la relación de los conflictos Iglesia-Estado, así como el agravamiento de la situación moti-
vado por el efecto pernicioso de una Guerra Mundial de cuyos vaivenes ningún rincón del
planeta se Hbra. En una sociedad sometida a vina continua relación con el dolor, con las
penurias de una existencia heroica, es normal que afloren pensamientos míticos, mágicos y
supersticiosos y que ellos presidan la vida cotidiana. No obstante quisiera volver a referirme
a la complicada coyuntura socio-económica que traslucen los textos. Pese a la pujanza que
la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria había alcanzado (fundamentalmente desde el bau-
tizo del Puerto de la Luz en 1902), sus habitantes en su mayoría malvivían y heroicamente
llegaban al siguiente día. Como expresé anteriormente esta situación afecta por igual a dife-
rentes estratos sociales y es entonces cuando la necesidad de las apariencias se instala en
aquellos que, como la familia de don Pancho, deben ofrecer al tribunal de los chismes y los
cuchicheos una presupuesta imagen boyante. Desde esta carestía vital se entenderán mejor
algunos aspectos concretos de los textos que de otro modo podrían plantear problemas.
Uno de ellos es la cotidiana relación con el dolor, apuntada más arriba, que corresponde a
una sociedad con prestaciones sanitarias exiguas para el global de la población, con alta tasa
de mortalidad infantü y expuesta constantemente a la dureza cotidiana de la agricultura y la
pesca. Todo ello por no nombrar las crueles epidemias que castigaban severamente a la
población insular^'^. Precisamente desde este desesperanzado horizonte se entiende la nece-
sidad expansiva que embarga a los personajes de Torón. Y son precisamente los más humil-
des, los desheredados, los que buscarán en la intermitencia de una celebración el alivio de
su cotidiano sufrir. La comida, la bebida, la música y el baile proporcionan un contexto que
se exprimirá hasta sus últimas consecuencias. Se entiende así la particular atmósfera que
ofrecerán Duelo y Frascorrita cuando lo trágico y lo cómico se mezclen irremediablemente. La
sociedad insular se burla de su propio destino y responde a su situación desesperada con la
consciente búsqueda de una efímera alegría. Tiempo tendremos en el estudio detenido de
cada pieza de desmenuzar este tipo de situaciones.
Una característica del teatro de Torón es su escritura fonética. Como Santiago Tejera,
Diego Crosa^^ y Pancho Guerra o como en menor medida los hermanos Millares, Torón
pretende una escritura fiel a la pronunciación de ciertos niveles socioculturales de la sociedad
isleña^^. Queda fuera de esta consideración Don Pancho que, por presentarnos una familia de
clase media, no presenta una escritura sorpresiva.
Otro de los aspectos que no puedo obviar es la mirada exógena que se asoma a cada uno
de los textos. Con mayor o menor protagonismo, con mayor o menor riqueza de análisis, a
42 Nada de lo expuesto escapa a la peripecia vital de Saulo Torón que enterró tempranamente a sus padres,
que perdió hermanos en edad infantil y que sufrió en sus propias carnes las consecuencias de una epide-
mia de viruela que dejó imborrables huellas en su rostro.
43 Citemos un fragmento de una obra de Crosita, Isla adentro, para advertir esa misma voluntad de escritura
que comparte con buena parte del teatro de Torón (vid. Teatro canario, cit., p. 282):
LUCIANO: Yo no pueo jacer comparancias sino con las cosas del campo, que son a las que me ajeito. Mire su mercé:
en mi pobre jacienda hay un flor, llena de frescores y hermosuras; yo la he cuidao defendiéndola del viento de la mer-
muración, y ella ha credo esparramando su aromas, como de incienso, por toa la casa.
44 Esa misma escritura fonética podemos encontrarla en las coplas satíricas de Torón. Además de algún ejem-
plo aislado, podemos citar una composición enteramente comprometida con ese tipo de escritura. Fue
publicada en Ecos el veintiocho de febrero de 1917 (vid. PS, pp. 35-36):
cada obra se asoma un personaje extrainsular cuya perspectiva o su sola presencia, sobre
todo en Don Pancho y Frascorrita constituye una de las mayores riquezas de los textos. En
Duelo es un personaje alemán innominado el que se inmiscuye en la trama, en Don Pancho el
inglés Mr. White y en Frascorrita el histriónico andaluz ManoHto Sandunga. Los tres perso-
najes se asoman a la sociedad insular que desfila por las obras de Torón para ofirecer una
perspectiva exógena. Sin embargo ninguno de los personajes se libra de los tópicos asociados
a cada coordenada. El alemán nos lo presenta Torón como un heroico bebedor de cerveza
de proceder mecánico; Mr. White queda caracterizado como el arquetípico caballero inglés
que fuma en pipa y proclama la liberalidad de la vida anglosajona y Manolito Sandunga es
hiperbólico y lanzado tal como se nos han ofrecido tantos personajes andaluces estereoti-
pados. Sin que sea, por supuesto, exclusivo de ella, la literatura canaria ha gustado de la
incorporación a los textos de una visión extrainsular que con ojos nuevos analice la cotidia-
nidad adántica. Desde el famoso pasaje de Dácü y el Capitán Castillo hasta las novelas de
León Barreto, pasando por la constrastiva mirada que brinda Quesada a los ingleses juntó a
los que respira, la escritura canaria declara la necesidad de conocerse en el diálogo con el
Otro. Una realidad social como es la del constante flujo de migraciones hacia y desde las
islas, se refleja en una literatura que encuentra a diario espejos donde mirarse, donde afir-
mar sus propias diferencias. Tiempo habrá de profundizar en la importancia que en cada
obra tiene la irrupción de estos personajes.
DUELO Y JOLGORIO
Parece ser que ésta obra, que lleva el subtítulo de "escenas de la vida isleña", fue la más cele-
brada de Saulo Torón. Según nos comenta el propio autor"*^^ se intentó incluso representar
en el Circo Cuyas, donde no llegó a hacerse por la defunción de un familiar de una de las
actrices, y le formularon una oferta que rechazó^*^ para Uevarla a Buenos Aires.
Si te embarcas pa Madrí
hazlo por la marquesina,
mas no estés un rato ayí,
que se puée sumergí
la escalera submarina.
En er camposanto
mi amó tuvo fin.
Mi fe en la pob'tica morirá en la casa
de don Agustín.
47 Las primeras escenas, como bien aprecia Antonio Henríquez, coinciden, con ligeros matices, con uno de
los textos en prosa publicados por Savilo Torón (vid. Antonio Henríquez, ópus cit., p. 15). En un apéndi-
ce de este Ubre, Henríquez transcribe las dos primeras escenas del cuadro segundo de esta obra que vengo
analizando. Antes de la publicación del übro, en conversación con el autor, salió a relucir esta coincidencia
que, en nuestras respectivas investigaciones, los dos habíamos observado. En el capítulo que dedico a la
labor cronística de Torón hice hincapié en esta coincidencia.
48 MC, p. 58.
A diferencia de las otras piezas, acerca de las cuales no tenemos ningún comentario del
autor, de Duelo dijo Torón lo que sigue, que coincide plenamente con el contenido del
poema que acabo de transcribir: "Trataba del hábito existente en la isla de ir visitando los
bares que había en el camino después de un entierro. El acompañamiento regresaba del
camposanto andando y entre conversaciones, charlas y chismes. Recalaba en las tascas para
pegarse algún que otro ronito. Lógicamente muchos terminaban bien cargados'"^^. Poema y
comentario coinciden en la circunstancia que Ueva a Torón a componer esta pequeña pieza
que según su propio testimonio fue la primera de las tres que redactó.
Como expresé en la visión de conjunto que antecede a estos estudios particulares, la yux-
taposición del dolor y el júbilo caracterizan la sociedad que Torón sube a las tablas. Es esa
continiaidad, esa paradójica convivencia, la que sustenta la pieza. Lo expresa en una de sus
intervenciones Gregorito, uno de los personajes que participa del jolgorio final: "A mí que
no me digan. Esto de los entierros tiene sus atractivos... Se distrae uno un rato, caray, se dis-
trae uno un rato y... vamos, que llega uno a desear que haigan difuntos todos los días!"^^.
Pero vayamos un poco más aUá. El interesante trabajo Costumbres populares canarias de naci-
miento, matrimonio j muerte, coordinado por el Dr. Donjuán Bethencourt Alfonso^', recoge
datos que pueden resviltarnos curiosos acerca de esta ytixtaposición de Duelo j jolgorio. Este
es un documento recogido en Teguise, en Lanzarote: "Hay la tradición de que antes, cuan-
do se moría un angelito (niño^^), bailaban"^^. Este otro está recogido en Tacoronte, en el
norte de la isla de Tenerife: "Los duelos de despedida, después de rezar un padrenuestro,
diciendo "mucha vida". Después de la misa, iban hasta hace pocos años a echar, el acom-
pañamiento, un trago en la casa del dolorido"^'^. De la isla de El Hierro, Bethencourt
Alfonso presenta este texto: "Terminado esto, algunos piden de favor un padrenuestro u
otra oración por el akna de algún deudo, etc. Terminado esto se pone una mesa, donde todo
el mundo come, y a todos se les permite cierta alegría y buen humor. Concluido, se despi-
den y se marchan"^^. Todos estos testimonios dan idea, evidentemente en diversos grados
del comportamiento de una sociedad ante la inevitable realidad de la muerte. En Canarias
aún se conserva una costumbre ancestral como es la de los llamados Ranchos de Animas^''.
Hay otro aspecto que no puedo dejar de mencionar y es la inclusión por parte de Torón
de una creencia tan arraigada en Canarias como es la del mal de ojo, supuesta causa del
óbito. La figura del Tío Chispita coincide con la del santiguador, personaje que con una
pseudo-plegaria religiosa sanaba o al menos intentaba hacerlo al afectado. Acerca del mal de
ojo nos cuenta Domingo J. Navarro:
El mal de ojos era casi siempre casual y producido sin mala intención. Dependía de cierta fatal
propiedad que tenían algunas mujeres de enfermar a los niños gordos y graciosos, si al fijar los
ojos en uno no decían Dios lo guarde. Siempre que im niño se desmejoraba y enflaquecía rápida-
mente era, en concepto de la familia, víctima del mal de ojos y se necesitaba santiguarlo a toda
prisa; pero en tales casos no se obtenía buen éxito, si no había un ser viviente a quien transmitir
el mal y generalmente era algún perrito el que pagaba las culpas ajenas.
El maleficio, maljecho, era siempre muy grave y causado con dañina intención. Para remediarlo
se acudía a los más afamados y diestros santiguadores, y no pocas veces ocurría que, el mal con-
tinuaba sus estragos. Esta rebeldía se tomaba como signo positivo de que el maleficio estaba
ligado con sortilegio^^.
Pero el verdadero interés que alberga la inclusión de esta creencia popular es el debate
sutil, pero significativo entre ciencia y creencia. En la primera escena del texto encontramos
este curioso diálogo:
Más adelante, cuando entra en escena el santiguador, el Tío Chispita, S. Nicolasa, sabe-
dora del estado del bebé comenta:
S. NICOLASA: ¿Qué me cuenta...? ¡Mal de ojos...! Pues mire. Tío Chispita, mejor sería que
mandaran a buscar a Frasquita la bruja, que en esas cosas de males y hechizos es toa una médi-
ca... ¡Y qué buena es, quería...! Manuelita la del carbón, la que vive con Antoñito el pelao, tenía
un hijo con malhecho^', y desde que se lo llevaron a la bruja, quedó el niño tan sano y conten-
tísimo como si hubiera visto llegar a los propios Reyes Magos'^''.
Es el correlato dramático del debate poético (y vital) entre lo mítico y lo lógico. Torón parece
volcar en el personaje de Mariquita su propia cosmovisión. Esa situación hace que resulte
más significativa la opinión del mismo personaje acerca de la situación desfavorecida de la
mujer:
S. NICOLASA: Sí, señora; y es que los hombres quieren ser muy regalaos y que se lo jagan too,
y que una pase las fatigas pa que esté too dispuesto cuando ellos lleguen... ¡Le digo a usté...! Y
la culpa la tenemos nosotras, por casarnos... ¡Bien me lo decía mi madre, que en Santa Gloria
esté...!
MARIQUITA: A mí también me lo decía la mía; pero, hija, una por conocer de too... Yo lo que
creo es, que aquí, como en otras partes''^, debía haber eso que llaman tivorcio... divorcio... o no
sé cómo; eso que cuando una no está a gusto con su marío, no tiene más que declararlo a la
Justicia y puede separarse de él desde que quiera...
S. NICOLASA: Sí, Mariquita, pero eso tiene una gran dificultad.. ¿Y los hijos, nuestros pobres
niñitos...?
MARIQUITA: Señora, ya se arreglaría todo....'^^
En otra escena de este mismo cuadro, nuevamente Mariquita traslada una opinión que
sin duda coincide con la de Torón:
MARIQUITA: ¡Qué quiere usté decir, hombre de Dios! Si nosotras, las mujeres, trabajamos
más y producimos más que usteees... Si ustees con salir por la mañana a cargar cuatro fardos o
echar cuatro palas de carbón en una bodega, vienen a casa completamente rendios, y se tumban
en la cama mismamente que animales... ¡Qué nos sabemos nosotras lo que son trabajos..! ¡Mujer
debió usté haber nació, pa que supiera lo que hablaba...!*'^
Otro asunto sobre el que Torón se centra con especial interés es el de la situación labo-
ral de sus paisanos. La escena V del primer cuadro de esta pieza en la que intervienen
Andrés (esposo de S. Nicolasa), Sinforiano (esposo de Mariquita) y un tal Gregorito, es la
que con más crudeza retrata este motivo. Ahora se da una circunstancia curiosa, Andrés, el
esposo de S. Nicolasa, es quien parece encarnar el pensamiento del autor, el que parece
constituirse en portavoz de su parecer, oportunamente apuntalado por el irónico y gracioso
Gregorito, que nos anticipa al personaje de Manolito Sandunga*^"^ de ha última de Frascorrita.
Trascribo dos de los parlamentos de Andrés:
61 Conviene tener en cuenta este "en otras partes" que podemos relacionar con la voluntad de Torón por
contraponer la realidad de las islas a la de otras coordenadas donde encuentra mayor desarrollo en las cos-
tumbres. Véase, por ejemplo, la significación que en Don Pancho tiene la figura de Mr. White, el personaje
inglés, que informa a los habitantes de la isla del grado de desarrollo social de su tierra.
62 OT, p. 103.
63 OT, pp. 105-106.
64 En el estudio particular de esta pieza, cuando analice la figura de Manolito Sandunga en la obra La última
de Frascorrita, haré alusión a la de Gregorito.
ANDRÉS: No, Gregorito, no; las cosas no están como antes. Ya no se premia el trabajo ni se
busca al hombre trabajaor... Hoy todo son favoritismos y adulaciones, y al que es honrao y sabe
cumplir, a ése se le deja morir de jambre... [...]
ANDRÉS: ¿Y por qué. Gregorito, por qué...? Por lo que dije denantes, porque aquí no hay ver-
güenza ni unión entre los trabajadores... Vamos a ver. ¿Usté cree que hay derecho a que los mis-
mos que van a trabajar hoy vayan mañana, y pasao, y siempre; y nosotros, los que no tenemos
influencias ni vamos con regalos, y otras cosas que yo me sé, pa los encargaos, nos muramos
de hambre viendo a los demás como se las bailan...? No, jinojo, ¡esto salta a los ojos de Dios!^^
En sus crónicas, como vimos, Torón llega a calificar al suyo de "pueblo muerto". En cierto
modo, las palabras de Andrés no hacen más que constatar la penosa situación de gran parte
de las clases trabajadoras de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en las primeras décadas
del siglo pasado. Más adelante encontramos otra intervención de este personaje en la que
aboga por superar esa situación desde la unidad. El esfuerzo de Torón por concienciar al
pueblo del que emana de su verdadera condición traspasa la crónica para instalarse también
en su teatro. Esta es la intervención de Andrés a la que me refiero:
ANDRÉS: No, recontra; es que las cosas no están bien; es que se abusa y se desprecia mucho
al trabajaor... Es que los que tienen obligación de hacer por nosotros se encogen de hombros...
y too les tiene sin cuidao... Y es por lo que yo digo, jinojo: porque no estamos unios, porque no
vamos a nenguna parte, ¡porque no tenemos vergüenza..I*^^
en las filas aliadas: "Bien. Gracias... Señores, adiós... Don Policarpo, nosotios beber cerveza...
nosotros ser fuerte, muy duros... matar muchos"^^. Lo más significativo qxoizás es la pleitesía
que le rinde el personaje del tendero don Policarpo, germanófilo declarado y que Torón utiliza
para ridiculizar las posturas de muchos insulares que justificaron la causa gernjana. Si ridí-
culo es el comportamiento del alemán, más ridículo resulta el del entregado don Policarpo
que comparte con el centroeuropeo la alegría por las noticias positivas que para su causa lle-
gaban del firente.
Don Pancho, un hombre de cincuenta años, vive con su esposa doña Rita, sus hijos Garlitos
y Carmencita y la criada Gregoria en apariencia de clase media. En el corredor de su hogar
acostumbran a realizar tertulias vespertinas a las que acuden las hermanas Estupiñán, dos
metomentodos insaciables y los pretendientes de sus hijos, respectivamente Juanita y
Santiago. La pieza, subtitulada "saínete isleño en un acto" nos muestra primeramente la
escena meramente familiar del matrimonio dueño de la casa y su hija Carmencita.
Posteriormente aparece en escena CarKtos que anuncia a la criada que su enamorada ha
aceptado su amor y le anuncia la presencia en la tertulia de esa misma tarde de un amigo
inglés, Mr. White. Con posterioridad, mientras Carmencita lee en alto algunas páginas de
una novela, algo que se nos presenta como un hábito familiar''^, aparece su pretendiente
Santiago. Llegan con posterioridad las Estupiñán, Juanita, la novia del hijo de la casa, acom-
pañada de su tío D. Toribio y CarHtos acompañado de Mr. White. D. Toribio abandona la
casa y se dirige al Casino para encontrarse con don Pancho. Aqxoí comienza el nudo de la
pieza puesto que las parejas de novios acabarán disolviéndose. La de Carmencita y Santiago
por la desesperación de éste ante los comentarios de las de Estupiñán y la de Carlitos y
Juanita porque el regreso de Don Pancho y Don Toribio viene marcado por una discusión
poMtica que hace que tío y sobrina abandonen precipitadamente el hogar de Don Pancho y
Doña Rita. La escena es desoladora y ante el dolor de los recién despechados aparece la par-
ticular visión de Mr. White, testigo de toda la escena.
Once son los personajes que hace circular Torón por el corredor donde acontece la pieza
que consta, como he señalado, de un único acto dividido en doce escenas. La época señalada
por Torón es la década de 1910 a 1920.
A jvácio de Ignacio Moran Rubio, esta obra "es con toda probabilidad la mejor pieza de
teatro que escribe Saulo Torón"^*^. Yo no puedo compartir esta afirmación puesto que entien-
do que, teniendo perspectivas de análisis interesantes, no llega, a mi juicio, a las posibilidades
que nos da una obra como Duelo y jolgorio, que me parece mucho más rica en posibilidades
de análisis y a la vez fiel notaria de vina realidad peculiar como la canaria de entonces. Es esta
obra, IMfamilia de don Pancho, sus tertulias y el inglés, la única que no se contextualiza en el espacio
concreto del Puerto de la Luz, Torón no acaba quizá de perfilar del todo las situaciones a
las que se ven abocados los personajes. También Moran Rubio cita que Frascorrita, perso-
naje protagónico de la obra que nos queda por analizar, encarna el personaje que batalla por
mantener las apariencias ante los vecinos. No puedo tampoco compartir esta afirmación
puesto que es la familia de don Pancho, especialmente su esposa Doña Rita, la que sí se desvi-
ve por esta circvinstancia, no sólo en cuanto a su posición económica sino también en cuanto
al honor y el respeto en las relaciones amorosas de sus hijos. Ella misma lo declara en una
de sus intervenciones: "No, hija, no; ni tanto ni tan poco. Juntos, sí, como siempre, pero
guardando las formas, que, después de todo, quizás sean las formas lo único que tenemos
que guardar..."^^. Puede servirnos en este punto una cita que ya he señalado en la visión de
conjunto del teatro de Torón pero que nos conviene refrescar. Pertenece a la obra IM última
de Frascorrita. El personaje que interviene es Antonia: "¡Los ricos, señora...! Esos menos que
naiden... Mucho lujo, mucho trapío y mucho repique de campanas... pero lo que es de aquí..
{Señalándose la boca) "^^. En cierto modo, frente a la apariencia que deben mantener las clases
medias, los sectores más desfavorecidos de la sociedad intentarán demostrar, precisamente,
todo lo contrario: que no pertenecen a ese extracto. Eso expUca, a mi entender, comporta-
mientos como el de Frascorrita, por un lado y el de doña Rita (es interesante también la fór-
mula de tratamiento) por otro. Doña Rita manda a su criada a regatear con los puesteros del
mercado, remienda calcetines, economiza el duro que le da don Pancho para el suministro
doméstico, se cuida en exceso del qué dirán. El excesivo celo de su madre condimentado
con el acecho de las curiosas Rosita y Pacita Estupiñán, es el que precisamente acabará con
la relación entre Carmencita y su novio Santiago. Al principio de la pieza ella, en curioso
augurio, comenta:
La precariedad de la situación laboral del momento que de forma tan diáfana apreciamos
en Duelo y jolgorio, la encarna en esta obra la pecuHar relación entre Doña Rita y su criada
Gregoria. Ésta última desenmascara en sus intervenciones la realidad en la que vive la fami-
lia de don Pancho y no puede contener sus humos cuando su patrona afirma encontrarse
más cansada que ella: "¡Mal rayo te coma, vieja regañada! No hacen más que mandar y dice
que está rendía como una... ¡Ay, señor, vale más morirse que tenerle que servir a esta gente
71 OT, p.74.
72 OT, p. 47.
73 OT, p. 74. Más adelante volverán a aparecer dudas en Carmencita, dudas que tienen que ver con la consu-
mación de su matrimonio con Santiago.
gruñona y mal agradecida...! ¡Y todo por tres pesos!"^"^. Gregoña, como Andrés en Dueloj
jolgorio, toma conciencia de su situación precaria pero su rebeldía es meramente verbal y a
espaldas del poder. Uno y otro son fruto de la alienación del hombre que, atravesado por la
idea de Progreso, arrastra consigo la angustia de necesitar de un sistema que le exige demasiado
de sí mismo a cambio de una heroica subsistencia.
Como bien aprecia Moran Rubio, Pacita y Rosita Estupiñán representan "la sociedad más
reprimida"^^. Frente a esa clase que somete a su propia moral la realidad circundante, con-
tra esa postura que, en cierto modo también encarna doña Rita y que juzga los comporta-
mientos ajenos, Torón apostará, sutilmente, por el modelo de vida anglosajón (del que al
menos en estos años era entusiasta) y que introduce a través de las respuestas de Mr. White:
"En Inglaterra ser todos muy eqmtativos... muy condescendientes. AlH nadie se preocupa
por nada ni por nadie, y todos hacen lo que precisan hacer"^*^. Ahí radica la importancia del
personaje extracanario en esta pieza. A Mr. White, Canarias le resulta tm espacio pintoresco
y rectirre para expresarlo a un término plenamente decadentista: "Yo aquí no saber nunca
lo que es spleeni^'^'^.
Hay que hacer notar también que al debate explícito de contenido poHtico encarnado por
las figuras de don Pancho y don Toribio (liberal y conservador respectivamente) acompaña
un debate generacional encarnado por el matrimonio protagonista doña Rita y don Pancho
(junto con las de Estupiñán) y sus hijos: Carmencita (y también su prometido Santiago) y
Carlitos (su prometida Juanita tiene escaso protagonismo).
L ^ ULTIMA DE FRASCORRITA
Este "saínete trágico en un acto" es la pieza más breve de las compuestas por Torón. Son
once los personajes citados en el dramatispersonae, donde también se alude a tocadores, hom-
bres, mujeres y chiquillos del pueblo. Hay dos personajes nominados como moza 1" y moza
2^ que también participan con texto y no están señalados individualmente al principio de la
obra. Frente al nivel sociocultural en el que se mueve la famUia de Don Pancho, estamos en
esta pieza en una "saHta de casa pobre en el Puerto de La Luz".
Frascorrita y Pedro Santana son los padres de un niño que la tarde en la que se contex-
tualiza la pieza está recibiendo el sacramento del bautismo. La obra comienza con la madre
de la criatura y Antoñita, una vecina, organizando el agasajo posterior a la ceremonia. Con
ellas entabla conversación el zalamero ManoHto Sandunga y en esas Uegan los padrinos
Tiburcio e Irenita junto con el resto de los convidados. Reciben las lógicas visitas y organi-
zan prontamente la parranda. En un momento determinado un joven de los convidados. El
Tollo, sale a la calle para contener las ganas de los curiosos de entrar en la casa. Su saUda es
74 OT, p. 79.
75 OT, p. 39.
76 OT, p. 92.
77 OT, p. 91. Es curioso hacer notar que el espacio que tanto tedio, tanto spleen genera en Torón y sus con-
temporáneos es aquí citado como antídoto al mismo por el personaje de Mr. XXTiite.
trágica ya que muere apuñalado. Cuando la noticia llega a la fiesta cesan la música y el jol-
gorio y entre llantos baja el telón.
Pero volvamos al principio. Una vez desentrañado el devenir de la pieza puede sorpren-
der el título de la misma. Uno de los personajes, concretamente Antoñita, en uno de los pri-
meros parlamentos del texto nos da alguna pista: "Ya quisieran ellos encontrar en toas [sic]
las últimas la abuncancia [sic] que hay aquf'^^. Evidentemente estamos ante la definición de
una celebración. La "última" es la denominación de un acontecimiento determinado. ¿Qué
relación guarda con el sacramento bautismal la "última" de la que somos testigos los lecto-
res o espectadores de la pieza?. Un texto de Domingo J. Navarro titulado "Los bautizos" e
inserto en sus Recuerdos de un noventón, nos aclara esta expresión'^ y, como a medida, esboza
el argumento de esta pieza:
La última se celebraba la noche del bautizo costeando el padre y el padrino el gasto de un tercio
de vino, una o dos botijas de aguardiente, algunas roscas y torrijas de anises y almendras confitadas.
El baUe con música de tiple y guitarra empezaba temprano y en cada intermedio se repartía vino
o aguardiente con algo de lo demás que había. Generalmente el baile y los alegres cantares se
mantenían en buen orden hasta la una o las dos de la mañana; pero desde esta hora en adelante
era muy raro que los cascos calientes con la bebida no dieran lugar a alguna disputa, cuyo motivo
siempre se buscaba. Entonces uno de los hombres apagaba el candil con un garrotazo y se
armaba dentro y fuera del aposento una paliza general que no terminaba hasta que cansados,
molidos y achichonados, iban poco a poco dispersándose^^
Por tanto, estamos ante la última noche de velorio^^ tras el parto de Frascorrita, noche
cuya celebración costea el padrino, en este caso, Tibtircio^^, y que se convierte en la ctikni-
nación del bautizo acontecido ese mismo día.
Un primer aspecto que podemos reseñar es que esta obra retorna explícitamente al
Puerto de la Luz y vuelve a ubicarse sociaknente en los estratos más desfavorecidos de la
sociedad. Volverán a aparecer también el jolgorio y las creencias mágicas. El grupo de per-
sonajes que intervienen, que en cierto modo también respetan ciertas apariencias, aprovechan
la celebración para permitirse algunos lujos culinarios y unas horas de expansión. Todos los
convidados al bautizo entienden la situación, en ese sentido, como extraordinaria. Sirva
como ejemplo esta escena en la que asistimos a un soliloquio de Antoñita:
¡Gracias a Dios que me queo sola! Fuertes fatigas tengo... Almorzaa desde las nueve de la mañana
con un buche de rala solamente, pa deja ganas pa después, y esta es la fecha en que no he podía
entoavía probar bocao. (Se dirige a la mesa donde están los bi^ochosj coge uno) Ajajá... ¡qué buenos
están! {Se lo engulle j coge otro). Solo por esto, bien vale la pena de quearse una a ayudar en la
MANOLITO: Sí, señora, no se ría usté... ¿Pos de quién se cree usté que soy hijo?
ANTOÑITA: ¡Yo que sé!
MANOLITO: (Sin inmutarse) Pos na menos que der obispo de Seviya^^.
Como también anticipé, este personaje tiene equivalentes en cada una de las otras dos
obras. En Duelo j jolgorio, podría decirse que el personaje de Gregorito se acerca al de
ManoHto Sandunga, si bien aquel esconde una carga política que disimula precisamente con
ese humor. Don Pancho podría decirse que cumple ese papel, mucho más sutil, en la segunda
pieza teatral de Torón.
83 OT, p. 53.
84 OT, p. 50.
En 1918, en los salones de El Museo Canario, Claudio de la Torre realizó la lectxira de la pri-
mera entrega poética del vate teldense. Saulo Torón, según él mismo confesó, era incapaz,
dada su timidez, de leer sus propios poemas en público. Llevaba el humildísimo y macha-
diano^ título de Las monedas de cobre^. El propio Claudio de la Torre se encargó de Uevar a
Madrid los originales para la impresión que se realizó en la Imprenta Clásica Española. El
volumen vio la luz al año siguiente. En la correspondencia que acompañaba las gestiones de
Claudio de la Torre hay abundante información acerca de los avatares de la misma, pero cen-
trémonos en el comentario crítico que envía Claudio desde Madrid. En una carta fechada
en esa ciudad el 14 de agosto de 1919 comenta: "Los que han tenido más éxito han sido los
Poemas del barrio, la parte dedicada a Tomás de Los momentos y Las últimas palabras. Lo menos,
los Poemas familiares, exceptuando la "Elegía pueril" y mi soneto y las ofrendas"-^. Las tres
secciones ponderadas por el comentario de De la Torre coinciden a mi entender con tres
momentos especialmente intensos de la obra: la escritura participante, la simbolista y las lar-
gas series de poemas breves. Tiempo habrá de desgranar el contenido de cada sección.
Detengámonos en la portada: un dibujo de Tomás Morales. Atendamos a las propias
declaraciones de éste, también expresadas dxirante la gestión de la edición, en una carta que
nos traslada Sebastián de la Nuez:
1 Vid. el poema "Coplas mimdanas" (pasaje XCV de Soledades) de Antonio Machado Poesías completas, Espasa
Calpe, Madrid 1994. Colección Austral, página 148. Estos son sus primeros versos:
Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.
2 En una pieza satírica publicada en Ecos y titulada "Aleluyas", concretamente en el segundo pasaje, una serie
de pareados encontramos esta curiosa alusión (vid. PS, p.l07):
Yo te doy para el pobre
estas monedas de cobre.
Tú, en cambio, me das, hermana,
una hojilla pangermana.
3 Epist. (45).
Va el borrador de la portada. Por no hacerte esperar más tiempo ¡que ya ha sido bastante! va
así, es decir, sucia y sin terminar del todo. Yo pensaba pasarla en limpio antes de remitirla y
resolver algunos detalles que aún no lo están (tales, el motivo decorativo de la parte superior y
algunas otras, bastantes, cosas). Pero como ahora son escasas las comunicaciones, no encon-
trándose siempre portador de confianza, y como Néstor me dijo que no importaba que estu-
Prologado por Pedro Salinas, Las monedas de cobre consta de ochenta y tres poemas agru-
pados en nueve secciones además de contar con un poema-pórtico titulado "Primeras pala-
bras" y de un poema final titulado precisamente así, "Final".
El prólogo de Salinas lo constituye un poema en tres estrofas. Las dos primeras parafra-
sean el título del Hbro y la tercera es un envío en el que se dirige directamente a Torón para
recibir su Hbro y para declarar cierta conmiseración entre ambas cosmovisiones. Salinas no
publicó el texto en ninguno de sus libros posteriores pero sí lo encontramos en la publica-
ción del total de sus textos poéticos, en una edición de Soledad Salinas de Manchal titulada
Poesías Completas y publicada por Barral Editores^, concretamente en una sección titulada
Poemas sueltos (1916-1920). Una anécdota curiosa que contaba Pedro Salinas y que nos trans-
porta Fernando González*^ conviene anotar aquí:
Aquella misma tarde, Perico Perdomo Acedo, me había presentado en el Ateneo a Salinas. Es
muy cordial y sencillo. Me habló con entusiasmo de Canarias y de sus deseos de hacer una visita
a las islas. Me preguntó por Vd. Me dijo respecto a Las monedas de cobre, que aquí lo creían a él
autor del libro y que el Saulo Torón era un pseudónimo.
El poema-pórtico, un soneto alejandrino, sigue una antigua tradición que atestigua por
ejemplo Catulo (Cui dono lepidum novum libellum) y constituye una humilde presentación del
poeta y de su obra. Esta suerte de autodefinición anticipada de su poética aporta algunas
claves acerca de los caminos que emprenderá Torón en sus sucesivas entregas. Yolanda
Arencibia en un artículo titulado "Motivos poéticos en Saulo Torón", realiza un breve aná-
lisis del poema'. Me apresuro a comentar una circunstancia que presidirá la construcción de
los sonetos de Torón y que no es otra que su particular gusto por el serventesio y a su vez
por enhebrarlos con rimas independientes. En cuanto a los tercetos, Torón preferirá utilizar
tres rimas, un pareado entre los dos primeros de cada terceto y la misma rima entre el ter-
cer verso de cada grupo.
Entremos a valorar el libro deteniendo nuestro análisis en cada sección:
OFRENDAS DEVOTAS
Esta primera sección de Las monedas de cobre inicia una tradición a la que fue fiel Torón a lo
largo de sus sucesivas publicaciones y que no es otra que la inclusión de poemas de gratitud
o elogios fúnebres que no sólo contemplan al destinatario en la dedicatoria y en ocasiones
en el título, sino que versan sobre el propio homenajeado. De hecho, Luis Doreste Silva Uega
a referirse a Eas monedas de cobre como "precioso libro de ofrendas"^. En concreto esta sec-
ción incluye cinco poemas: uno de gratitud al doctor Luis Millares (poema que reedita en
Canciones de la orilla como ya veremos), un panegírico fúnebre a Rubén Darío (fallecido en
1916), un elogio a Antonio Machado titulado "El libro infinito" y dos poemas de carácter
más íntimo: uno de ellos titulado "A Rachel (vísperas de su boda)" y el baudeleriano "A una
viajera".
La gratitud hacia Luis Millares se justifica por su auxilio médico en dos momentos pun-
tuales a la familia Torón. En concreto hace alusión a las enfermedades de un hermano y una
hermana del poeta. Por las fechas que barajamos deben ser hermanos de Torón que llegaron
a la edad adulta, y no a los fallecidos en la infancia. Como dije, este poema se reedita en
Canciones de la orilla una vez fallecido el irrepetible Luis Millares.
"El Ubro infinito", dedicado a Antonio Machado, da una clave que puede ayudarnos a
desentrañar la cotidiana igualación entre la obra del poeta sevillano y la del canario, o mejor
dicho, a la habitual creencia de la supeditación de la poética de Torón a la del escritor andaluz.
Hay unos versos de este poema que resiiltan sumamente ilustrativos: "-Oh Antonio, tus versos,
tus amados versos, tus versos primeros!... / Siguen otros cantos, todos venerados por mi
devoción: / Campos de Castilla, y aquellos escritos con el corazón". Cotidianamente me baso
en esta aseveración lírica de Torón para ilustrar su relación con el autor de Soledades. Cuando
el poeta canario hace alusión a los versos primeros de Machado está demostrando que el
cambio de rumbo emprendido por don Antonio en Campos de Castilla, a pesar de esa devoción
que declara, no satisfizo con idéntico ímpetu la expectación generada por sus primeras
entregas poéticas. Unos versos más arriba encontramos más elogios a Soledades de Machado:
"sus versos primeros, tan bellos, tan íntimos, tan sin vaguedades / vanas de filósofos pedantes
y hueros...". "El Hbro infinito" que es el de las Poesías completas de Antonio Machado, interesa a
Torón fundamentalmente en sus primeras páginas en las que Machado marca un rumbo
prometedor que se ahogó de provincianismo en el posterior Campos de Castilla. En cierto
modo, el parecer de Torón coincide con el expuesto por Claudio de la Torre en el acto de
lectura de la obra:
El elogio fúnebre a Rubén principia con una fórmula análoga a la que el propio poeta
nicaragüense utiliza en su "Responso lírico" ("Padre y maestro mágico...") que, como se
sabe, dedicó a Paul Verlaine. Torón comienza su poema de la siguiente forma: "Rubén,
padre Rubén...". Otra pista que señala el r u m b o particular del modernismo canario.
Los dos poemas que cierran esta sección, los más largos, tienen como destinatarios a
Rachel, que es efectivamente Rachel Gongalves, una vecina y amiga de Torón de origen por-
tugués y a una anónima viajera que según declara Torón a Cano Vera^^ viajaba en el trasa-
dántico "Francisco J o s é " que se hundió posteriormente, en la Primera Guerra Mundial. E n
cuanto al primero de estos textos es conveniente apuntar que contiene por vez primera vina
imagen recxirrente en la poesía de Torón, fundamentalmente en este primer Hbro: la de la
hilandera, la mujer entregada a esta labor. La imagen lírica de la mujer en labores de costu-
ra es habitual, una nueva coincidencia, en el mexicano López Velarde. Citaré el primer cuar-
teto del soneto "Coses en dvdce paz":
Además presenta una proyección hacia el futuro desde el presente escritural que también
empleará Torón en u n poema incluido en la sección Poemas del barrio, de este mismo Ubro y
titulado "La casa en construcción". Véase por ejemplo el último par de versos que flirtea
con el tópico clásico del carpe diem: "¡Tal vez a medida que estos versos fluyen / vea morir
las rosas de tu juventud!"^^. Es difícil leer el segundo texto, "A una viajera", y n o traer a la
mente pasajes similares, de fugaces encuentros como los de Baudelaire y una transeúnte
parisina, como el de Vinicius de Moraes y Heloisa Pinheiro, la ya famosa Carota de
Ipanema, o el que el ya familiar López Velarde apunta en el poema precisamente titulado así
"Una viajera"^^. El siguiente es un fragmento del poema de Torón:
E n cuanto a la métrica, sólo los dos últimos poemas coinciden al estar compuestos por
doce y diez serventesios dodecasílabos respectivamente. Los primeros tres poemas, heromé-
trica, siguen estructuras muy particulares. Separado en tres estrofas, "Al doctor Luis
Millares" rima en asonancia sus versos pares, "El libro infinito" es una sucesión de parea-
dos poHmétricos y el dedicado a Rubén, "Rubén Darío en la ruta de HeHos", es una com-
posición en verso Hbre.
POEAÍAS FAMILIARES
Estos ocho poemas se titulan respectivamente: "Mi hermana mayor", "Las tertulias de mi
hogar", "Mientras juegan los sobrinos", "Son tres hermanas (I y II)", "El día de reyes",
"Elegía pueril" y "Al dejar la antigua vivienda". La sección lleva la dedicatoria: "Al hermano
Julián". No debemos olvidar en este punto la tragedia familiar de los Torón y el complicado
papel que desde temprano tuvo que asumir Julián Torón al heredar el mando familiar y eco-
nómico de una famüia teldense acabada de llegar al incipiente Puerto de la Luz. El tributo
de Torón a su hermano se vuelve cordial agradecimiento.
La familia, recurrente materia poética, enhebra también la escritura de muchos autores
canarios, siendo qviizá el ejemplo más expHcito el libro La familia del poeta decimonónico
José Plácido Sansón. El hogar se entiende como espacio propicio para el encuentro con la
intimidad compartida y como refugio privñegiado de lo particular. Ese espacio, que para el
abundantemente citado aborigen Doramas, dramatizado por Cairasco, constituía la natura-
leza, la Selva que su nombre llevaba, lo representará para nuestro poeta, el hogar. En ambos
casos, descubrimos ámbitos que remiten decididamente al origen, que conservan la inalie-
nable oñ^nalidad del ser.
"Mi hermana mayor", compuesto por once serventesios alejandrinos, contiene el elogio
de Juana Torón, único miembro de la familia que permaneció en Telde ("no ha visto más
ciudades que el pueblo donde mora"^^). En el poema, Torón, que traslada su propia desa-
zón vital (tedio, spleen) a su hermana, hace alusión a su viudedad, vuelve a hacer aparición
la figura de la hilandera e incluye una estrofa donde parafrasea la oración del Ave María.
Conviene no perder de vista este guiño a la escritura cvdtual que tan presente estará en
otros pasajes de la escritura toroniana y que compartirá, nuevamente, con Ramón López
Velarde.
"Las tertulias de mi hogar" es un soneto en alejandrinos que recoge una íntima escena
familiar. "Mientras juegan los sobrinos" incluye una estampa infantil. Los sobrinos son los
15 MC, p. 14.
16 MC, p. 14.
hijos de Micaela Torón y el farmacéutico Juan Puig^', con los que Torón compartió domi-
cilio durante años. Es una composición herométrica en la que abundan los dodecasflabos y
que rima en asonancia sus versos pares. "Son tres hermanas" está compuesto por dos sone-
tos decasflabos, numerados en caracteres romanos en los que la imagen de la hñandera,
apuntada en múltiples poemas, recordemos la Rachel de la sección anterior y el poema "Mi
hermana mayor", se exprime aquí definitivamente: "Son tres hermanas, tres hilanderas /
que hUan pacientes tras del balcón.."^ ^. Entiendo que Torón puede estar manejando la imagen
clásica de Penélope, la mujer que aguarda, que aguarda como esas mujeres de su familia a las
que, en el segundo soneto exhorta:
" E l día de reyes", tres estrofas alejandrinas asonantadas, guarda paralelismo con el poema
quesadiano "La mañana de los m a g o s " inserto en Ellino de los sueños. Además, entre sus com-
posiciones satíricas, Torón incluye un texto titvilado "Pasaron los Reyes..." en el que exterio-
riza las carencias de aquella sociedad^^ para la que, los Magos de Oriente, efectivamente,
pasaban, sin siquiera dejar constancia de su paso. Fue publicado en la sección "El tablado
de la farsa" del periódico Ecos, bajo el seudónimo de Polichinela.
17 Según testimonio de María Isabel Torón, fueron cinco los hijos de Micaela: Joaquín, Juan, Miguel, Regina
y Octavio. Ellos irán progresivamente apareciendo en las composiciones de Las monedas de cobre.
18 MCp. 17.
19 MC, p. 18.
20 Recuérdese que es en su vertiente dramática donde Torón se vuelca con mayor dramatismo en esta cuestión.
21 PS, pp. 53-54. Conviene no perder la perspectiva que nos concede este poema para relacionarla con la
sociedad retratada por Torón en sus piezas teatrales.
Los nueve Poemas del barrio mantienen cierta regularidad compositiva. Se trata de largas süvas
(combinaciones de heptasflabos y endecasñabos) con rima asonante en los pares. La sección
n o está dedicada pero sí lo está cada poema. Estas composiciones constituyen uno de los
movimientos más significativos de Las monedas de cobre. El barrio es el incipiente núcleo urbano
que se forma alrededor del pujante Puerto de la Luz. Estos textos, poemas y a la vez crónicas
como analizo en su momento, dan noticia de la transformación de una ciudad centrífuga
que aspira a estirar el brazo de su puerto sobre el mar. Se trata de un círculo más amplio que
el del hogar. El poeta parece delimitar con sus palabras dos espacios sucesivos pero inde-
pendientemente caracterizados.
"La casa en construcción", dedicado a Alonso Quesada, es un poema que anuncia el
furor constructivo en aquella zona de la ciudad en la que Torón desenvuelve su vida. Ya
puntualicé más arriba que es un texto que se traslada al futuro desde el presente de la escri-
tura que nace parejo a la percepción, a lo poetizado. A Claudio de la Torre dedica "La barca
pescadora". Algunos versos del texto prefiguran la escritura de El caracol encantado.
Significativo es también que el final del poema nos traiga un pasaje que conecta, a mi juicio,
con el poema "A una viajera" de la anterior sección Ofrendas devotas. Reza así:
La barca me recuerda,
con su total derrota,
cierto velero que partió una tarde
y un mar de olvido destrozó en la costa!^^
" U n entierro en el barrio", con dedicatoria a Luis Doreste, sintoniza con poemas análo-
gos de Quesada^*^ y con la propia composición teatral de Torón Duelo y jolgorio. A Agustín
22 MC, p. 20.
23 Vid. el epígrafe "Franciscanismo" inserto en el capímlo titulado "Ser para la muerte".
24 M C p . 21.
25 MC, p. 25
26 Me refiero, por ejemplo, a "Una inglesa ha muerto" de xilino de los sueños o al segundo pasaje de "Caminos
de ayer" de'Loscaminos dispersos.
Millares Cario dedica "Los bancos del paseo", composición en la que la humanaáón, a la que
concedo espacio en otro capítulo^^, se revela trascendental en la enumeración de sentimientos
hvimanos. Este texto vuelve a situarnos frente a la difícil coyuntura social por la que atrave-
saba la ciudad de entonces:
LOS MOMENTOS
Estos diecisiete poemas, agrupados bajo un título tan impresionista, están dedicados en con-
junto a Tomás Morales y son dispares métricamente. El primer poema de la serie, "Partió
la nave blanca", ha sido uno de los más analizados de Torón. Eugenio Padorno, Yolanda
Arencibia y M" Angeles Alvarez han vertido comentarios acerca de estos ocho versos agru-
pados en dos estrofas, la primera con cuatro versos alejandrinos con rima asonante en los
pares y la segunda con un verso heptasílabo y otros tres alejandrinos con idéntica disposi-
ción en cuanto a la rima. Quisiera añadir a lo expuesto por los críticos señalados, un curio-
so paralelismo entre este poema y algunos versos del famoso texto quesadiano "Tierras de
Gran Canaria"-^^. Trascribo en primer lugar el poema de Torón:
idéntica rima que contiene este poema. "Dolencia incurable", con idéntica estructura que
este último poema, ofrece una nota típica del carácter reservado y peculiar de Torón: "Esta
enfermedad mía, tan absurda y molesta... / Pensar que voy a un sitio y temblar asustado"^-^.
Cuatro son las estrofas de "Disquisiciones pueriles", que desde una particular ingenuidad
abordan la conciencia de temporalidad que encara Torón en todo aquello que crea. Con
tono de crónica asoman las tres estrofas de "Las cartas viilgares" en las que vuelve a apare-
cer veladamente ese amor lejano (¿la viajera del poema de Ofrendas devotas?), a través de la
anécdota de la recepción de una carta. "Los viajes discretos" y "Lo irremediable" presentan
la misma estructura estrófica, tres grupos de cuatro versos alejandrinos con rima asonante
en los pares. El primer poema ahonda en la humildad de Torón parafraseando un poema de
Machado y el segundo, de raíz baudeleriana, saca a la caUe el tedio toroniano, que se mezcla
con las gentes de una ciudad definitivamente nueva. "La lámpara amiga", a la que ya se alude
literalmente en el poema "Las tertulias de mi hogar" de la serie Poemasfamiliares, rompe con
la suerte de regularidad estrófica y métrica de la sección. Son tres estrofas que combinan
heptasílabos y endecasflabos, estructura de sñva, y que mantienen la misma rima en todos
los versos pares. Más compleja es la estructura del siguiente poema "Despertar angustioso",
escrito en segunda persona (referido a su hermana Micaela) y en un bvillente presente.
Combina versos hexasflabos, heptasflabos, octosflabos... Son tres estrofas. La primera tiene
la siguiente rima consonante: a-a-b-a-b. La segunda estrofa presenta rima consonante entre
pares e impares respectivamente y la tercera presenta la siguiente disposición: a-a-b-suelto-b.
"Lo que importa" vuelve a presentar una pecvJiar estructura. Tres agrupaciones estróficas,
la primera en endecasílabos es un serventesio asonante. La segunda presenta un verso ende-
casñabo, un heptasflabo, un eneasílabo y un endecasüabo con rima asonante entre pares.
Termina con dos versos, un endecasüabo y un heptasflabo cuya rima coincide con la aso-
nante de las estrofas precedentes. Vuelve a ser un poema de anécdota famUiar y dialógico en
el que aparece la figura de su hermana Micaela. "La hora del Ángelus" presenta seis versos.
Los cuatro primeros, de variada medida, riman en asonancia en los pares. Finaliza con dos
versos también de diversa métrica cuya rima, la del último verso, coincide con la asonancia
de la estrofa previa. La estampa que presenta, de marcado carácter impresionista, coincide
con el espíritu de esta sección. Esta cita de Guillermo Díaz Plaja, sin referirse en concreto
a la obra de Torón, nos ofrece un curioso apunte, váHdo para un análisis de este poema:
Otro de los aspectos en los que podemos relacionar a Jattimes^^ [Francis Jammes] con Juan
Ramón Jiménez es en el tratamiento de la idea de Dios. El autor de Ijes géorgiques chrétiennes, el
evocador de la campana del Ángelus sobre la paz campesina —tal en el cuadro de MiUet—, nos
ofrece, acaso sin querer, la visión de un Dios a la vez próximo y distante, entrañable y terrible-
mente indiferente a la realidad giratoria de las almas y de las estaciones^'*.
32 MC p. 44.
33 Esta es otra de las sintonías que apuntan muchos de los que se han acercado a la obra de Torón como
Claudio de la Torre, Joaquín Artiles o Luis Mosquera.
34 ]uan Ramón jiméne^ en su poesía, Aguilar, Madrid, 1958, p. 126.
Como en "Partió la nave blanca", primer poema de esta sección, "La hora del Ángelus",
el último, está enhebrado por la tensión entre permanencia y hiiída: "Y en el alma el deseo
infantil / de tender el vuelo y perderse en la luz del ocaso"^^.
TRÍPTICO PROFANO
Dedicados a Manuel González, estos tres sonetos alejandrinos vinculan su título a tres esce-
nas de piedad religiosa. Se titulan respectivamente "El rosario", "El sermón" y "En la cañe".
Los tres poemas, poemas crónicos, abordan estampas sobre las que Torón vuelca su concep-
ción contraria al mecanicismo religioso del que hace gala la sociedad insular de su tiempo.
Así mismo, en el poema central del tríptico, Torón declara su vocación "parisién" posicio-
nándose, de paso, en contra de la campaña eclesial que pretendía abolir las propuestas
"modernistas" que tanto en el arte como en la fe, partían del país galo. Es éste quizá el
momento de reseñar la vocación francófila de Torón. Situemos primero una cita de
Domingo J. Navarro:
Si contaras, amigo lector, mis noventa y dos inviernos (lo que por ahora no te deseo, porque
trascenderías, como yo, a incienso de responso), notarías la enorme diferencia que hay en lo físico,
moral e intelectual de nuestra vetusta y destartalada ciudad de otros tiempos y de sus destarta-
lados moradores, con la muy presumida de hoy y sus presumidos habitantes que hacen yz pini-
tos de ámlit(aáón parisiense definde siglo. Sorprendido con tal variación, exclamarías con el mantua-
no... ¡Quantum mutatus ah illoft^
La francofilia de Torón también tiene una explicación añadida. Como se sabe, desde el
periódico Ecos^"^, Saulo Torón, junto con Alonso, Tomás y Juan Rodríguez Yánez empren-
dió una cruzada germanófoba que lo acercaba a la postura encarnada por el país galo.
Citemos una curiosa anécdota que nos aporta Alfonso Armas Ayala: "Fernando González
me recordaba que a sus 17 años mal cumpHdos bebía la primera copa de champagne en el
consulado francés, en la celebración del armisticio de 1918. "¡Y cómo cantaba Saulo la
Marsellesa!", me recordaba"^". Por último, una cita del propio Torón, extraída de una carta
suya a Fernando González, firmada el 19 de diciembre de 1961:
35 MC, p. 52.
36 Ópus cit., p. 53.
37 Vid. el capítulo "La poesía satírica".
38 Vid. "Los paliques de Saulo Torón", LM Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de junio de 1985.
aún sin conocerla. Son muchos los motivos literarios e históricos que hacen viva nuestra pasión
por la ciuda [sic] luz^^.
Sigamos. E n los tres textos defiende también su visión "firanciscana" de la fe. Valga como
ejemplo un fragmento de u n o de los sonetos:
Los tres, como corresponde a las tácticas de los poemas crónicos de Torón, conllevan un
presente escritural que añade mayor verosimilitud a lo expuesto, que sitúa la confección del
poema en un aquí y un ahora. Esta suerte át poética del transeúnte, añade corporalidad al texto
y, en cierto m o d o , acerca el discurso poético a la cotidianidad, a la vida que fluye natural-
mente.
TRÍPTICO DE LO VULGAR
Estamos también ante tres sonetos alejandrinos, en este caso dedicados a Juan Rodríguez
Yanes y que analizan tres escenas cotidianas para la sociedad isleña de la época respectiva-
mente titviladas " D o m i n g o provinciano", "El día de elecciones" y "La visita de duelo".
39 Episí. (78).
40 Julián Torón, ópus cit., p. 123.
41 Ibídem, p. 36.
42 MC, p. 54.
DE UN JUVENIL ENSUEÑO
Lleva esta sección el subtítulo Poemas de pasión, de ilusiónj de olmdo y está compuesto por nueve
textos: ocho sonetos, seis alejandrinos y dos endecasflabos ("El rosal de mis ensueños" e
"Invocación") y un romance ("Tu casita"). Siempre me ha parecido que esta sección sigue
un discurso diacrónico que coincide, por así decirlo, con el tópico desarrollo del pasaje amo-
roso; pasaje que instituyó Petrarca en su Canáonero y que enhebrará sutilmente la escritura
de El caracol encantado. "Visión mística" presenta el encuentro con la enamorada en un marco
religioso; "Los milagros de tu traje", la mínima anécdota de un traje nuevo de la amada que
es magnificado a lo largo del soneto; "Sarcasmos", vuelve a tener, como en toda esta serie
como motivo central a la mujer deseada, y hace aflorar una imagen que ya describí en Poemas
familiares y que no es otra que la de la mujer que cose, borda o hila; "Tu casita" presenta una
visión idflica del entorno donde desenvuelve su vida la amada; "Horas galantes" presenta la
escena de dos amantes que cortejan a la amada del poeta y da noticia del abnegado amor
que éste ofiece, como contrapartida a la belleza de los cortejadores, y que viene a corpori-
ficar la originalidad de su poesía; "Recóndita" parece un poema descontextuaHzado en esta
Cabe destacar que esta figura del tendero ventrudo nos recuerda al tendero que, con distintos nombres
aparece en la crónica "Diálogos vulgares", en la pieza teatral Dueloy jolgorio y en el poema "La tienda de la
esquina". Aquel también se encasilla, en este caso como conservador y germanófilo.
sección, puesto que aborda con detenimiento la relación del poeta con el tedio pero no men-
ciona explícitamente ningún episodio de esta diacronía amorosa. No obstante, el tono amargo
del poema puede venir motivado por la lógica inexorable del proceso. En la misma Hnea
estarían "El rosal de mis ensueños" y "Las primeras Uuvias". El primer poema, que guarda
similitudes con "Elegía pueril" de Poemasfamiliares, presenta la muerte de un rosal como tra-
sunto de la posible muerte del amor. Centrándose en la noticia de la Uuvia reciente, en el
segundo poema, el poeta se vuelca sobre la perennidad de su triste estación. Esta hipótesis
que supone que estos poemas exponen la tortura del desengaño amoroso, viene avalada por
la naturaleza del último texto de la serie: "Invocación" que declara abiertamente el final de
im amor irrealizado: "Pasaste por el huerto de mi vida /como una floración de primave-
ra"4^. Para culminar esta sección quizá convenga trasladar tinas declaraciones de Torón a
Cano Vera que apuntan un episodio de su biografía que podría explicar estos poemas:
Tomás nos recibió con la natural alegría. Comimos, recitamos y charlamos de rml cosas. Yo por
este tiempo había vivido mi primer amor. Intensamente. Después vino el desengaño. Fue tm
periodo de abatimiento que compartí — por la misma causa — con Alonso Quesada. Rafael
Romero recuerdo que me dijo: "No te preocupes hombre, verás como esto nos sirve por lo
menos para hacer mejores poesías'"*^.
No conviene perder de vista esta pista amorosa, ya que nos puede ser de utilidad a la hora
de abordar la temática tanto de muchos textos de este libro como de la siguiente entrega del
poeta teldense: El caracol encantado. La suerte de diacronía amorosa que apunta esta sección
la desarrollará Torón plenamente en su segundo libro, eso sí, despojada de toda posibilidad
de contextualización.
Estas trece composiciones, de variado carácter métrico, constituyen una de las secciones
más anárquicas y misceláneas del Ubro, puesto que no parecen guardar relación entre sí los
textos que la componen. El primer poema, dedicado a Tomás Gómez y titulado "El retor-
no del verano", presenta cuatro estrofas de cuatro versos compuestas cada una por tres ver-
sos alejandrinos y un verso octosflabo o eneasílabo. Es un poema plenamente sinestésico,
simbolista y musical. "Las noches románticas" es un soneto alejandrino que presenta a un
indiviuo enfrascado en la lectura de unos versos. Ese alguien, que se presenta como "un
amigo", bien podría ser, por ejemplo, Alonso Quesada; Torón comentó en varías ocasiones
que Morales, Quesada y él compartían los versos recién escrítos buscando la aprobación de
46 MC, p. 68.
47 Cano Vera, capítulo VI.
los compañeros. Dedicado a Domingo Rivero, "La ciudad en ruinas" es un soneto endeca-
sílabo que vuelve su mirada futura sobre la ciudad antigua, la que cantó Rivero en "El mue-
lle viejo". "Playa de Las Canteras" es un soneto alejandrino dedicado a Montiano Placeres
que presenta una estampa de la playa urbana de Las Palmas de Gran Canaria,. "Interior",
título de una obra de MaeterHnck, es el título también del siguiente poema de esta sección.
Dedicado a Ramón CarboneH, presenta cuatro estrofas alejandrinas con rima asonante en
los pares. La última de ellas constituye un "Envío" en el que desde el vocativo se refiere
directamente al actor que fue Carbonell. Es un poema metateatral. Parecida es la temática
del poema "Los rincones de la vieja ciudad", dedicado a Francisco González Díaz, a la de
"La ciudad en ruinas" inclvádo en esta sección. Este nuevo poema es im romance hexasüá-
bico, fiel a una única rima. "¡Oh la monotonía!" es un soneto alejandrino de perfecta raíz
modernista en tanto en cuanto se posiciona ante la amenaza de la cotidianidad. "Mediodía
estival" es una estampa que empieza a situarnos en la voluntad de la escritura de E/ caracol
encantado. Métricamente se decanta por el octosflabo que será tan utilizado por el poeta a partir
de la siguiente sección de este libro. La combinación ofrece también versos tetrasílabos al
principio de las dos primeras estrofas. La tercera es plenamente octosilábica. Pares e impares
riman respectivamente en consonancia. Traslademos un fragmento que ilustre lo que ap\into:
Mediodía:
Reverberación solar,
áurea fantasmagoría
de reflejos sobre el mar...^^
De la misma manera que el poema anterior, "Mayo florido" también aparece prefigurando
la futura escritura del Hbro que publicará Torón en 1926. Dos cuartetas endecasñabas con
asonancia en los pares. El octosilábico "Soneto a Margarita" alude a una mujer a la que ha
pasado la edad de esplendor. Comienza el poema con sensación Utúrgica ("rosa mística") y
presenta en su lenguaje algunos giros que lo relacionan con escrituras que por este tiempo
sólo se presentían.
Al poeta teldense Fernando González dedica Torón "¡Oh las noches de luna!", que con-
tinúa en esa descripción de ambientes que sublimará en El caracol encantado. Es un soneto ale-
jandrino. "Pasa un rebaño" describe una escena bucólica a lo largo de sus nueve versos. Los
cuatro primeros constituyen un serventesio y un quinteto los cinco siguientes (todos con
rima consonante). Sorprende la alusión al espacio sagrado musulmán de La Meca al final del
poema. Sorprende fundamentalmente después de basar el poema en un símbolo tan asociado
a la cristiandad, aunque no lo sea exclusivamente, como el del cordero, el agnus dei. '''^IJIL eterna
interrogación" es iin metapoema compuesto por dos cuartetas alejandrinas y por dos versos
finales, dos heptasflabos, el segundo de los cuales, el par, coincide con la rima de los prece-
dentes.
48 MC p. 77.
Estas quince breves y variadas composiciones, anticipan lo que Torón desarrollará amplia-
mente en sucesivos libros, sobre todo en Canciones de la orilla y Frente al muro. Se trata de bre-
ves textos a cuya publicación se fue aficionando progresivamente. Su variedad métrica es
amplia: heptasflabos, endecasflabos... y temáticamente coinciden con los principales motivos
expuestos en las secciones previas. Quiero señalar el poema IV que prefigura, como algunos
de la sección precedente, la temática desentrañada por Torón en E / caracol encantado:
El poema "Final" expresa un deseo de perennidad de la obra que, al igual que el poema-
pórtico, se sustenta en una antiquísima tradición. El anhelo de Torón es un anhelo firaterno
que culmina con una imagen plenamente bíblica: "y que ricos y pobres / en vuestro amor
se unan, como buenos / y bíblicos apóstoles"^*^.
49 MC, p. 83.
50 MC, p. 86.
Publicado en 1926, El caracol encantado estuvo al cuidado de Fernando González y vio la luz
en la Tipografía Juan Pérez de Madrid. Lleva un prólogo de Antonio Machado y una dedi-
catoria a Tomás Morales, fallecido ya por aquel entonces: "A Tomás Morales, en el eterno
recuerdo, el eco más puro y hondo de este caracol encantado". Está estructurado en pasajes,
segmentados en poemas numerados, sin título. Tiene asimismo un preludio y un final escindi-
do a mi juicio en dos movimientos, el que propiamente constituye el final y vin poema-sección
previo titulado Alba postrera.
Femando González, como he dicho responsable de la edición, desvela en una de sus cartas
a Torón desde Madrid, fechada el 13 de mayo de 1926, las fechas de composición de los tex-
tos: "Una pregunta: ¿Quiere usted que en la portada (dentro) debajo de "Verso" pongamos
estas cifras: 1918-1923 al igual que en los Hbros míos (y en los de otros), que señalan el tiem-
po en que los poemas fueron escritos" . El caso es que en 1920 ya sus íntimos, como
Claudio de la Torre^, aguardaban la conclusión del libro y en 1923, si no antes, ya se cono-
cía el título de la nueva entrega, como testimonia una carta escrita por Julio Casal fechada
en La Coruña el 18 de enero de 1923: "Estoy deseando recibir su El caracol encantado"^.
Explican el título unos versos de Darío que a modo de cita anteceden el corpus de la obra:
"Y oigo un rumor de olas y un incógnito acento / Y un profundo oleaje y un misterioso
viento... / (El caracol la forma tiene de un corazón)". Los versos corresponden al poema
"Caracol", fechado en 1903 e incluido en Cantos de vida y esperan:;^, los cisnes y otros poemas,
libro de 1905. En concreto constituyen el último terceto de un soneto que hace el número
XXIX de la sección "Otros poemas"^. Aunque una cita explícita como la de Darío constriñe
cualquier otra posibilidad de análisis del título de la obra, no me resisto a apuntar un comen-
tario que realiza Unamuno en el prólogo a El lino de los sueños de Alonso Quesada:
Aún resuena dentro de mí el eco de aquellos caracoles marinos por los que oí gemir el alma de
un pueblo, en Teror, entre las montañas de la Gran Canaria, al cerrarse la noche de San Juan,
1 Epist. (133).
2 "A los tres", Madrid, 25 de julio de 1920. Epist. (44).
3 Epist. (192).
4 Poesía (prologada por Ángel Rama, editada por Ernesto Mejía y con la cronología de Julio Valle), Ayacucho,
Caracas, 1985, pp. 289-290.
según llegaba yo con el pobre Casanova, estando todo florecido de hogueras de fiesta. Y estos
cantos son como uno de aquellos grandes caracoles^.
La costumbre isleña de hacer soplar los bucios sorprende a Unamuno que en eUos escu-
cha "gemir el abna isleña" y que efectivamente registra este hecho en su Por tierras de Portugal
y de Españcfi. Ese sonido centrífugo, artificial del caracol, se complementa con el sonido cen-
trípeto, íntimo, que semeja un boste2o de mar.
El prologuista del libro, como apxonto, es Antonio Machado^, al que cviriosamente dedicó
Darío el poema cuyos versos sirven de pórtico y justifican el título de El caracol encantado. Al
igual que Salinas en el primer libro de Torón, don Antonio no pareció asumir con excesivo
entusiasmo este escrito conseguido por una petición ajena. En su momento analicé cuan
provinciano resulta el texto del poeta sevillano que sigue asumiendo la Península Ibérica
sobre la que vive como el Finis-terrae que no se atrevieron a rebasar los romanos. En la pro-
fiasa correspondencia entre Saulo Torón y Fernando González, que fiíndamentalmente en
relación con la edición de Ubros de Torón tanto ha estudiado Guillermo Perdomo^, encon-
tramos una carta del profesor teldense, fechada en Madrid el 3 de jiüio de 1922, donde éste
declara que acaba de conocer a Antonio Machado. La carta es amplia y en ella da González
amplios detalles de su encuenüo con el autor sevillano, pero quedémonos con una frase:
"Termine pronto el Caracol ¿Por qué no intenta que se lo prologue Machado?^". Por otras
cartas de Fernando González a Torón, sabemos del interés del primero porque Machado
visitara las islas. Comentó esta circunstancia a don Saulo, pero por otra carta^^ sabemos que
finalmente Torón no acometió la empresa que le solicitaba su paisano.
Conviene quizás, antes de penetrar en el libro, hacer acopio de algunas opiniones de con-
junto sobre el mismo. Empecemos por el poeta Manuel González Sosa:
Creo que la mejor obra de Saulo Torón es El caracol encantado. Siendo, como lo es, lo que se llama
un libro unitario, sin embargo esta calificación sin más no patentiza su verdadera entidad. Más
exacto sería decir que se trata de un único poema; o mejor de un conjunto de variaciones sobre
un mismo tema central: el mar concreto, vivo, cotidiano, familiar, asumido a la vez como una
visión consuetudinaria y como una íntima, inacabable experiencia firuitiva. Un único poema
mimosamente estructurado que a pesar de sus 887 versos es algo muy diferentes a lo que se
suele entender por un poema largo. [...] El caracol encantado se parece a una obra de aparición pos-
terior —y no sólo a ella: ha vo;^ a ti debida^^.
5 El lino de los sueños (ed. de José Luis Correa), Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de
Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1993, pp. 49-50.
6 Opus cit., p. 157.
7 Este prólogo está publicado en el volumen Prosas dispersas (1893-1936), (ed. anotada de Jordi Doménech e
int. de Rafael Alarcón Sierra) , Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2001, que recoge una serie de textos
independientes de don Antonio.
8 Vid. ópus cit.
9 Epist. (151).
10 Epist (134).
11 Manuel González Sosa, "Abreviatura de Saulo Torón", Ea Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 23 de
junio de 1985.
Por otra parte,"Elcaracol encantado es uno de los libros mejor constrvádos de la poesía canaria de
la época. Igual que el poema plástico sobre el mar realizado por su paisano y amigo, el pintor
Néstor, el poeta concibe su obra sintetizando los ocho momentos del día en el mar en cuatro,
pero a los que hay que añadir (aunque sólo les dedique pocos poemas) otros cuatro momentos
más que suman los ocho de la pintura^^.
También puedo adjuntar una cita de Claudio de la Torre igualmente válida para el Poema
del Mar j El caracol encantado: "Así nació el Poema del Mar, como un muestrario de los secretos
del Océano, ordenado según las horas del día y los bruscos cambios de las mareas: desde el
amanecer hasta la noche, desde el jacio en calma hasta la borrasca vertiginosa"^'^ y un testi-
monio del propio Saulo Torón (incluido en la libreta donde conservaba sus crónicas) que se
titula "Carta exótica a Don Alonso Quesada" publicada en ha Crónica^^ y fechada un día
antes. Ahí expresa lo siguiente: "En este momento acaba de entrar Néstor, el prodigioso
Mago del color y el ensueño; viene vestido de una manera extraña y pulcra, y, como tesoro
escondido, trae tin roUo, bajo el brazo, de dibujos acuarelados (apuntes para su poema del
Adántico) que desdobla ante mi vista. Quedo fascinado, absorto". Y podríamos deck que
tras la fascinación Uegó la escritura y que la contemplación de aquellos apuntes posibilitó la
gestación de una estructura poética, la de El caracol encantado, paralela a la pictórica del que
terminaría llamándose Poema del Mar.
Una lectura interesante de El caracol encantado que permanece inédita la alberga una con-
ferencia titulada precisamente así: "Una lectura de El caracol encantado de Saulo Torón" del
Dr. Juan Manuel Pérez Vigaray. Fue leída en la Casa-Museo Tomás Morales de Moya el 23
de marzo de 1999 (dentro de un ciclo que conmemoraba el 25 aniversario del fallecimiento
de Torón y al que hice referencia en su momento). En ese trabajo se apuntaban ciertas claves
eróüco-religiosas (místicas) del libro que, nuevamente, ya apuntaron Artiles y de la Nuez.
Antes de adentrarnos en el texto, dos opiniones más. La primera de ellas de Agustín
Espinosa, que encuentra nuevas reverberaciones en el recién publicado libro de Torón.
Destaco, por su rotundidad, la primera frase de la cita, frase que en cierto modo conviene a
la relectura que propone mi investigación:
Saulo Torón no es ya un discípulo más de Tomás Mótales. Este Saulo Torón de ahora, tiene
relaciones -más que con el autor de Las Rosas de Hércules-, con el Juan R. Jiménez de la segunda
época, tal vez con Antonio Machado. Pero, sobre todo, su inspiración hay. que buscarla en vin
poeta español muy poco conocido: León Felipe. El ritmo que anima las Oraciones de caminante es
el que domina en el último libro de Saulo Torón. El tema de la inquietud, de la angustia de pisar
siempre la misma senda, del horror al aislamiento, tan característico en el übro de León Felipe
corre por los versos de El caracol encantado^^.
En 1926 llega El caracol encantado, el segundo y sin duda excepcional poemario de nuestro autor,
asignatura pendiente para una crítica que -más allá de los consabidos tópicos en torno a su
constante marina- no ha logrado una aproximación acorde a la experiencia del alma, en clave
pan teísta y trascendente, que el Ubro propone^ ^.
Intentaré, con tanto tesón como humildad, esa aproximación que apunta este texto.
El Preludio, que exactamente así se titula, está compuesto por once cuartetas con rima aso-
nante independiente en los pares. El texto es una sincera confesión de la devoción de Torón
por el mar. Algimas de las cuartetas dan la clave que sustenta esta obra, este poemario de
peculiar estructura. Pongo un par de ejemplos:
16 Agustín Espinosa, El caracol encantado en La Rosa de los vientos (Santa Cruz de Tenerife), n° 1, abril de 1927,
p. 18. Espinosa se refiere a la primera parte del übro de León Felipe, publicada en Madrid en 1920. La
segunda lo sería en Nueva York en 1929.
17 Marianela Navarro Santos, "Saulo Torón. Cantando en la orilla". Revista semanal de Ciencia j Cultura, La
Opinión, Santa Cruz de Tenerife, 4 de enero de 2001.
El mar es lo diverso;
lo eterno está en el mar;
es múltiple, absoluto,
y siempre universal.
D e estos fragmentos podemos extractar una de las claves fundamentales del libro.
Fijémonos en los significativos versos de la primera cuarteta que nos sitúan decididamente
en la órbita impresionista que preside tanto la génesis como el desarrollo del poemario. El
mar, "diverso", ofrece en su multiplicidad la divergencia con respecto a su propia imagen.
A su vez, esa intrínseca multiplicidad marina se ofrece como marco para "toda compren-
sión", esto es, se ofrece como soporte para sostener cada u n o de los estados de ánimos del
ser sensible, en este caso el poeta. Volvamos a tener presente el Poema del Mar de Néstor
Martín Fernández de la Torre que, dentro de la ortodoxia impresionista, ofrece un muestra-
rio de los diferentes rostros que ofrece el mar a lo largo de u n día. E n esa misma tesitura
impresionista se sitúa El caracol encantado. A mi juicio esta denominación está plenamente jus-
tificada ante los procedimientos creativos tanto de Néstor como de Torón. Pensemos, por
ejemplo, en las famosas series pintadas por el francés Claude Monet (1840-1926), uno de los
máximos exponentes del impresionismo pictórico, en las que nevaba al lienzo u n mismo
objetivo a diferentes horas del día, pretendiendo reproducir los efectos de la luz y de la
atmósfera. Pensemos, por ejemplo, en la famosa serie de cuatro óleos titulada LM catedral de
Ruán, que pintó en la liltima década del X I X y que desde idéntica perspectiva reproducía en
horas diversas el templo de la ciudad altonormanda. Ese mismo procedimiento impresionis-
ta es el que a mi juicio sigue Alonso Quesada cuando en su libro 1J)S caminos dispersos, acota
los poemas con una breve nota que despiertan la ctiriosidad de cualqtoier lector. Pongo algu-
nos ejemplos: "Alba de otoño. / C a m i n o temeroso", "Calle populosa. Camino perdido./
Atardecer".
Coincide esta serie con el espacio del día que media entre el alba y el mediodía. Sus diecisiete
fragmentos son métricamente heterogéneos aunque, y esto es característica general del libro,
el verso octosñabo abunda abrumadoramente. Las diecisiete secuencias, como las restantes
del libro, n o están tituladas sino que las antecede su respectiva numeración en caracteres
romanos.
18 CE, p. 93.
19 Recordemos este procedimiento, en este caso con aclaración impresa, en el poema "Interior" {MC, p. 73)
de Las monedas de cobre. En otros muchos textos, Torón recurre a la segunda persona a la hora de elaborar
y fundamentalmente culminar su poema.
20 CE, p. 95.
21 CE, p. 95.
22 AQ, p. 34.
El tercer pasaje abandona el desarrollo emprendido por los dos primeros. Volvemos al
talante descriptivo y también al vocativo, a la segunda persona, en este caso encarnada por
el sol recién salido de las aguas. Estamos ante dos cuartetas con rima asonante en los pares
en los que Torón, ante la cotidiana escena del nacimiento del Astro Rey, declara el constan-
te nacimiento de u n elemento que, por esa misma razón, renueva cada día su juventud.
Trascribo íntegro el pasaje para analizar una curiosa intertextuaUdad, un sentido tributo:
C o m o ya vimos en el capítulo III, con motivo del homenaje tributado a Saulo Torón en
1969, se realizó una ofrenda lírica en la que participó, entre otros, el poeta Agustín Millares
Salí. Su composición se tituló "Canción entera para Saulo Torón". Aunque abundan en eUa
los guiños a otras composiciones del poeta, es con este tercer pasaje de Iniciación el que para-
frasea Millares. Conviene la trascripción íntegra del texto, en el que señalo en cursiva los versos
que con mayor o menor fidelidad, literalmente en ocasiones, se inspiran en este pasaje:
23 CE, p. 96.
El rV pasaje guarda ciertas concomitancias con el primero. Es, n o obstante, más breve,
ocho versos agrupados en dos núcleos estróficos herométricos, curiosamente ningún octo-
sflabo, con rima asonante en los pares. La espuma es el elemento que en este caso reclama
la atención de Torón y la primera estrofa contiene la descripción momentánea de la aparición
puntual (verdad que se desoculta, metáfora heideggeriana) de este elemento en la naturaleza.
La segunda parte, de nuevo en vocativo y nuevamente con el alma como destinataria, con-
tiene la exhortación de Torón a su propia ser para evitar la evanescencia de la espuma. Este
pasaje resulta ilustrativo para mostrar la esencia de este Hbro, la que ya advertimos al principio
y que no es otra que, en clara vocación fenomenológica, implicar el afuera, el mundo, en la
realidad íntima del poeta.
El pasaje quinto, que contiene ocho versos como los dos previos, conserva también en
cuanto a la rima la disposición de sus precedentes pero sus versos son heptasflabos. C o m o
el segundo pasaje, este quinto abandona la descripción para centrarse en la pura divagación
poética. Es un poetna que apunto a la hora de declarar la vocación demiúrgica de Torón.
Esa vocación, esa relación con el misterio, la comparte Torón, entre otras muchas cosas, con
Alonso Quesada. Fijémonos, por ejemplo en estos dos pasajes. El primero es de Torón, con-
cretamente del poema que estoy comentando: "Y hundir el pensamiento / donde ninguno
p u d o / para alcanzar la m a n o / que hace girar los mundos"!^^. E l que sigue es de Rafael
Romero, en concreto se trata del último pasaje de la sección "Caminos de paz del recuerdo"
inserta en lúas caminos dispersosr. "¿qué m a n o es esa, misteriosa, / que oprime de pronto / la
invisible boca..''^*^.
Los siguientes cinco pasajes, del sexto al décimo ambos inclusive, comparten dos carac-
terísticas fundamentales. Primeramente su estructura, pues, aunque polimétricos, presentan
rima asonante en los pares. Abundan, curiosamente, los versos heptasflabos. El segundo
rasgo que los iguala es el hecho de estar escritos en segunda persona y tomar en cada caso
como referencia un elemento del paisaje, respectivamente la roca marina^^, la ola, la nube,
24 Agustín Millares, "Canción entera para Saulo Torón", Cartel de las letrasji las artes. Diario de has Palmas, Las
Palmas de Gran Canaria. También puede consultarse en Joaquín Artiles, Saulo Torón, poeta lírico, cit, p. 52,
si bien con alguna errata.
25 CE, p. 97.
26 AQ, tomo II, p. 60.
27 Este poema lo analizo en profundidad en la visión de conjunto de la poesía toroniana.
la arena y el propio mar, construyendo desde sus respectivas natiiralezas analogías que inte-
resan al poeta. Son estos textos los que, siguiendo el rastro dejado por Agustín Espinosa y
que señalo más arriba^^, encuentro en franca relación con algunos de los publicados por
León Felipe en su Versosj oraciones de caminante, así encontramos, por ejemplo, un texto de
León Felipe donde se detiene en la contemplación de una pequeña piedra, "Como tú", y
que emparenta con el que dedica a la roca marina Saulo Torón; y otro texto en el que ambos
autores se detienen en la contemplación de una nube, "Como aquella nube blanca" se llama
el de León Felipe.
El pasaje undécimo, con estructura de romance pero separado en cuatro grupos estrófi-
cos, ahonda en el misterio. Mantiene la segunda persona pero se sustrae de la descripción
de elementos para volver a los interrogantes, a la duda. Conecta por esa voluntad con el
pasaje V de esta misma sección y con el poema de Quesada citado a propósito.
El duodécimo pasaje es un romance heptasüabo (con alguna irregularidad en la rima)
aunque contiene un decasflabo. Retorna en él a la descripción y al discurso diacrónico,
situando en plena mañana la anécdota del poema. El texto empieza a esbozar un tema que
enhebra también £ / caracol encantado: la amada, un ser misterioso, escasamente caracterizado
pero trascendental para entender el poemario. Este tema irá revelando progresivamente su
importancia en el proceso creativo de una obra tan particular como la analizada.
Por lo ilustrativo que puede resultar, transcribo a continuación el siguiente poema, el que
viene numerado con el número XIII.
Esta quintilla polimétrica consonante consolida en el Hbro lo que podríamos llamar una
poética efímera, del instante, de la sensación apresada por la escritura-^*^.
El siguiente pasaje es también ima quintilla peculiar que parece conectar con el poema
previo pero fundamentalmente con el pasaje duodécimo. Con ambos guarda relación también
el siguiente pasaje, una cuarteta con asonancia en los pares que parece prolongar el relato
diacrónico.
El breve romance que sigue da continuidad a la historia narrada con anterioridad y lo
mismo hace el decimoséptimo poema, el que cierra la sección, romance herométrico cuyos
verbos están mayoritariamente conjugados en futuro. Trascribo los primeros versos, que nos
son útiles para ir descifrando esa clave amorosa de la obra, clave que se nos revela quizá
como la más jugosa del Hbro:
Esta sección coincide con la mitad del día y combina, como la sección Iniciación, los versos
más impresionistas con aquellos que abordan la íntima realidad del poeta (realmente, la coin-
cidencia de ambas voluntades es la que da cohesión a El caracol encantado). Corresponde a
una sección extremadamente optimista presidida por la luz del mediodía y en contraste con
las secciones plenas de claroscuro del crepúsculo y la noche.
El primer poema presenta cuatro núcleos estróficos: los dos primeros de seis versos, el
tercero de cinco y de tres el último. Las dos sextillas iniciales, que combinan versos hexasí-
labos con dodecasflabos y decasílabos, presentan la siguiente distribución en la rima: a-b-a-
a-a-B. La quintilla registra una estructura similar también mezclando hexasflabos y dodeca-
sflabos: a-B-a-A-B. Los tres últimos versos del poema son fieles a la siguiente estructura: a
(hexasñabo)- a (heptasflabo)-B (dodecasflabo). Este poema recupera el fervor descriptivo
que abandonaron los últimos poemas de la sección anterior.
E l pasaje II, dispuesto en dos estrofas de cuatro versos eneasflabos cada una que man-
tienen la misma rima asonante en los pares, vuelve a la narración diacrónica de ese pasaje
que se va desvelando amoroso: "Llegaste al fin, mi presentida"-^^.
El siguiente poema también consta de ocho versos de metro diverso (octosflabos y deca-
sflabos fundamentalmente) agrupados en dos estrofas y que mantienen la misma rima aso-
nante en los pares. Este poema es u n o de los que concillan el m o m e n t o íntimo del poeta
con el habitual desarrollo de la naturaleza. El autor suplica al mar que vierta sobre la playa
lo mejor de sí para recibir a la recién llegada.
Esa particular imbricación fenomenológica entre lo externo y lo interno sustentará varios
de los poemas que siguen. Así sucede por ejemplo en el texto que sigue, el pasaje IV. D o s
agrupaciones estróficas de cuatro versos cada una, como los dos poemas previos, que man-
tienen la misma rima asonante en los pares y que a excepción del primero, hexasflabo, las
componen versos octosflabos.
El siguiente pasaje, el quinto, recupera una de las constantes de El caracol encantado que n o
es otra que la de composiciones de carácter vocativo, que exhortan a un elemento externo o
íntimo. E n este caso es el pensamiento; en la primera sección vimos ejemplos en los que se
diagía a su propia akna. Con aquellos textos es fácü relacionar éste. Las agrupaciones estró-
ficas son cuatro: de cuatro versos la primera y la última y de dos versos las dos centrales.
31 CE, p. 102.
32 CE, p. 103. Recuérdese en este instante el último pasaje de la sección previa para comprender la continui-
dad de la historia que enhebra el Ubro.
¡Mar!...
Campo azul para todas las siembras del sueño;
remanso intranquilo del silencio astraP^.
Atendamos a la estructura. En cuanto a la rima coincide con el pasaje previo pero difiere
en cuanto al metro. A ese corto primer verso le siguen un verso de trece sflabas y otro de
doce. Nos da una clave interesante a la hora de seguir ahondando en las particularidades de
este poemario. El mar se constituye como un espacio libre para ser ocupado por la voluntad
del sueño, para recibir sobre sí la intimidad compartida del poeta.
Una pecuMar sextilla conforma el pasaje nueve. Los dos primeros y los dos últimos ver-
sos son hexasflabos y los versos centrales de arte mayor. La rima es asonante en los pares.
Llama la atención en el poema la caracterización tipográfica de dos palabras, "corazón" y
"pensamiento", que destacan en versales, dando a entender la importancia otorgada por
Torón a las mismas a la hora de definir su adentro, un adentro que coincide con una por-
ción del afuera, con "lo que hay /de grande y eterno en el Universo"^^.
El décimo pasaje vuelve a presentar dos núcleos estróficos de cuatro versos cada uno.
Cada núcleo es herométrico aunque abunda el verso endecasílabo. La rima asonante en los
pares se prolonga, idéntica, en ambos núcleos.
El undécimo poema presenta una particularidad que se repetirá en otros textos. La rima
asonante se distribuirá cada tres versos ya que los versos sueltos, sin rima, se escindirán con
una cesura que separará en dos versos los respectivos hemistiquios. En cuanto a la métrica es
extremadamente diversa, no guarda regularidad alguna. Hay trisílabos, tetrasílabos, hexasílabos...
Es un apasionado poema de amor que se recrea en distintos aspectos del rostro de la amada.
33 CE, p. 104.
34 Realmente es una vocación que Torón declara desde ILas monedas de cobre, concretamente en una sección
titulada has úlimas palabras. Se trata, como apunté en su momento, de breves composiciones teñidas en su
mayoría de un acusado matiz filosófico.
35 CE, p. 105.
36 CE, p. 105.
Este poema, que recuerda a los textos ya comentados de las secciones previas, presenta
la impHcación del poeta en la reahdad marina. El mar n o es el mismo desde que incorpora
a su ser el alma de quien sobre él escribe. La segunda estrofa del texto regresa al periplo del
pensamiento que ha abandonado su ubicación terrestre, ubicación desde la que el poeta
aguarda su regreso.
El decimosexto poema presenta dos estrofas octosilábicas de cuatro versos cada una que
mantienen misma rima asonante en sus versos pares. Es un breve texto de devoción amo-
rosa.
El poema número XVII es una larga silva con rima asonante en los pares. Los versos se
agrupan en cuatro estrofas de cuatro versos y finaHza con un núcleo estrófico de dos versos.
E s uno de los poemas más optimistas del Hbro y de toda la obra saulina.
El siguiente texto hace una extraña combinación de heptasflabos, endecasílabos y alejan-
drinos. Tiene tres núcleos estróficos. Los dos primeros, con rima asonante en los pares tienen
cuatro versos cada imo. La tercera estrofa, que tiene cinco versos, mantiene la misma rima
pero en sus versos segundo y quinto. Es un poema donde el tono optimista de los textos
previos desciende hasta la inevitable duda.
El último texto de la sección, que hace el número XIX, presenta la curiosa combinación
de un verso heptasflabo, u n verso de trece süabas y otro de diecisiete. La rima es asonante
en los impares. Esta combinación estrófica de tres versos, que hemos visto en metros dife-
rentes, se nos irá volviendo progresivamente familiar. Es un texto donde optimismo y duda
conviven, y donde se apuntan, sintéticamente, constantes esenciales del libro que ya hemos
apuntado:
37 CE, p. 107.
¡Eternidad!... ¡Amor!
Tu süueta en la dulce ilusión de los cielos,
y el mar, en sosiego, diciendo tu nombre con claro rumor!...^^
38 CE, p. 109.
39 CE, p. 110.
40 CE, p. 111.
41 Vid. por ejemplo el pasaje IV de Iniciación.
El poema VII recirrre al núcleo estrófico de tres versos con rima asonante en los impares.
E n este caso el primer verso es trisüabo y los dos restantes octosflabos. Regresa el poeta a
concentrar su mirada en la espuma y a ver en ella la definición de su propia vida:
¡Mi vida!
¡Sólo esa espuma que el mar
crea y deshace en la orilla!"^^
42 CE, p. 112.
El último texto es también una silva en dos núcleos estróficos con la pecviliaridad de un
heptasflabo quebrado constituido por el último verso del primer núcleo (cinco versos) y el
primero del segundo (cuatro versos). La rima es asonante en los pares y se mantiene a lo
largo del poema. Es un profundo y apesadumbrado lamento.
Al igual que en el caso anterior, el título declara qué segmento del día aborda esta sección.
Como también sucede en secciones anteriores, el poema I describe el marco donde va a desen-
volverse esta parte del libro. Seis son las cuartetas hexasilábicas (aunque hay un verso trisí-
labo en la primera estrofa y un pentasílabo en la tercera) con rima asonante independiente en
los pares. Este primer poema, además de esta ubicación espacial presenta otra suerte de
"envío" del poeta que se dirige, en este caso, a la noche.
El segundo texto, de ocho versos agrupados en dos estrofas de cuatro, presenta el pre-
dominio de dodecasílabos arinque incorpora versos de otra medida. La misma rima asonante
se reparte en los pares. Si en la primera sección se instaba al akna a ascender y en la segunda
al pensamiento, ahora será el espíritu, "la llama del espíritu'"^-^, la exhortada a abandonar la
corporalidad.
El tercer poema es un romance dividido en tres cuartetas. El cielo asume en este caso el
papel que tiene el mar a lo largo de todo el libro y se presta como marco para proyectar la
intimidad del poeta:
Como se aprecia, la amada, "la que se fue"^^, vuelve a presidir el argumento textual.
43 CE, p. 116. Esta imagen es profundamente religiosa. La Uama simboliza al espíritu en la fiesta de
Pentecostés que celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Recordemos, siguiendo el rastro
de la clave mística del Hbro, el título de uno de los textos de San Juan de la Cruz: "Llama de amor viva".
De él extraigo estos versos (de Cántico Espiritualjpoesía completa, edición de Paola Eüa y María Jesús Mancho
y estudio preliminar de Domingo Ynduráin, Crítica, Barcelona, 2002, p. 208):
¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
44 CE, p. 117.
45 Permítaseme esta pequeña alusión a una gran canción de José Alfredo Jiménez así titulada y que en cierto
modo parece ser una de las escasas caracterizaciones de la misteriosa amada. Prácticamente sólo sabemos
que se fue.
Una pequeña silva con rima asonante en los pares conforma el fragmento IV. Vuelven a
ser protagonistas las estrellas, en este caso una estrella concreta que se torna inalcanzable.
D o s grupos estróficos heptasflabos de seis y cuatro versos respectivamente con una
misma rima asonante en los pares conforman el quinto poema de esta sección. La imposi-
bilidad expresada en el poema previo se torna en este caso un deseo de divinidad ya expre-
sado en otros poemas.
E l texto V I presenta una silva con la habitual rima asonante en los pares y con la reite-
rada división en dos grupos estróficos, en este caso de cuatro y seis versos respectivamente.
Nuevamente la espuma reclama la atención del poeta. El corazón, en la segunda parte del
poema recibe la llamada del poeta, la exhortación tan habitual en este libro.
El séptimo texto presenta un romance heptasüabo dividido en dos cuartetas. Se centra
en una estrella fugaz en una primera parte descriptiva para transportar ese hecho externo a
la intimidad del poeta, a su particular diacronía amorosa en un segundo momento.
Nueve versos tiene el segmento VIII de esta sección. Es una süva que abandona la habi-
tual rima asonante en los pares para tener la siguiente disposición: a-B-a-B en el primer
grupo estrófico y: C-D-C-c-D en la segunda. Se dirige el poeta a la noche instándola a que
se instale definitivamente y n o dé lugar al día.
La süva del texto IX, en cambio, sí sigue las pautas canónicas de esta composición. La
rima asonante en los pares se mantiene en los tres núcleos estróficos de cuatro, cuatro y dos
versos respectivamente. Regresa el poeta al tono descriptivo para presentar la orfandad en
la que queda el cielo cuando desaparece la luna.
El décimo poema repite la estructura del séptimo (dos cuartetas heptasílabas con rima
asonante en los pares) y retoma el discvirso amoroso que preside el libro. Otra vez la estrella
es motivo ilustrativo.
El undécimo poema, que trascribo a continuación, anticipa tácticas de escritvira que apa-
recerán en sucesivas enttegas:
Ser
un instante,
y después no saber
si fbimos antes 1"^^
N o atendamos tanto a la estructura del poema (a, bisflabo —b, tettasílabo - a , heptasílabo
—b, pentasílabo) sino al ritmo profundo que guarda constituyéndose como una pareja de octo-
sílabos que quedaría de la siguiente manera: "Ser un instante y después / no saber si fiíimos antes".
El duodécimo pasaje presenta ocho versos distribuidos en dos grupos de cuatro de
metió generalmente endecasílabo y con rima asonante en los pares. Presenta un grito des-
esperado hacia la divinidad buscando una respuesta que se sabe ilusa.
Dieciocho versos que constituyen una süva (nuevamente con rima asonante en los pares)
en un único núcleo estrófico conforman el pasaje decimotercero. Presenta tanto un segmen-
to descriptivo como una exhortación y es además un poema "escrito con los pies" que
46 CE, p. 119.
recuerda al transeúnte-poeta que en Las monedas de cobre 2;sr2Si.7.2L por las calles y que aquí pasea
por la arena, al borde de la playa.
El poema 14 presenta cuatro sucesivos pareados asonantes. Los dos primeros están agru-
pados en u n núcleo estrófico y los dos restantes se presentan aisladamente. La rima asonan-
te del primer pareado coincide con la del último. Tiene el tono desiderativo de otros poemas en
los que el infinitivo se coloca como aspiración, como anhelo.
Y agostarse luego
como flor del Tiempo''^^!
El decimoquinto texto está constituido por dos estrofas de cuatro versos endecasñabos
con rima asonante en los pares. Parece la declaración de una derrota: el poeta ha decidido
olvidar a la amada y esperar, inhibido del mundo, la llegada de "el eternal barquero / que
m e ha de transportar a la otra orüla"^^.
E l último poema, el XVI, presenta cuatro estrofas de cuatro versos cada una. La rima
asonante, como es habitual en el übro, vuelve a instalarse en los versos pares. La primera
estrofa presenta un hexasflabo, un trisflabo y dos octosílabos, en ese orden. El resto de ver-
sos son octosflabos. E s un texto fantaseado en el que el poeta plantea, en clara reverbera-
ción bíblica, su propio viaje sobre las aguas, viaje que sólo proyecta su imaginación.
Este segmento nos sitúa en los instantes que preceden al amanecer del nuevo día. E l primer
poema, un romancillo heptasflabo presentado en seis agrupaciones estróficas de cuatro sfla-
bas cada una, en el tono descriptivo que caracteriza cada u n o de los poemas que inauguran
las secciones, vuelve a retomar la marcha de la luna y a empezar a intuir la nueva claridad
del día. Cito algunos versos de este poema:
Allá en el horizonte,
un vago albor clarea;
el viento se ha callado...,
el día, manso, llega...
En el poniente, triste,
desorbitada y lenta,
la luna va apagándose
como una vida enferma...'^^
Otra vez la condición temporal del ser humano aparece en un poema de El caracol encantado,
poemario que por su propia naturaleza se constituye como texto eminentemente crónico.
Estamos, otra vez, ante un romance heptasflabo no dividido en estrofas. Adquiere nueva-
mente el tono de oración que caracteriza tantos de estos poemas. Su final es trágico: "¿Por
qué. Señor, la vida / si ya me estoy muriendo?".
El breve poema III es una cuarteta hexasüábica (aunque el tercer verso es eneasílabo) con
rima asonante en los pares. El poeta vuelve a su adentro para referirse al Amor, al que expresa
su desengaño.
Algo más compleja es la estructura del cuarto poema, dividido en dos núcleos estróficos
en los que se combinan hexasílabos y dodecasílabos. La rima es la siguiente: A-b-A-B en el
primer núcleo y c-c-b en el segundo. La rima B (b) es la única asonante. Esta voluntad con-
sonantica, como hemios visto, no es común en el poemario. Otra vez el poeta se dirige a la
divinidad, buscando aclarar su propio desconcierto.
El poema V no se ajusta tampoco a la habitual distribución de la rima asonante en los
pares. Combina versos decasñabos y pentasflabos con algún verso de arte menor de otro
metro. Estamos ante tres grupos estróficos de cuatro, cuatro y cinco versos respectivamente.
La rima es consonante y el esquema es el siguiente: a-B-a-b-c-d-c-D-e-f-E-e-£ El rumor del
mar se confunde con el rumor "de un ser sepulto en el olvido"^^.
Los seis versos del siguiente pasaje (el VI), están distribuidos en dos grupos estróficos
idénticos en cuanto a metro (octosílabo) y en cuanto a rima que, eso sí, es independiente: a-
suelto-a-b-suelto-b.
Otra vez el poeta termina una sección con un desgarrado grito con una silva arroman-
zada de seis versos de extensión.
49 CE, p. 122.
50 CE, p. 123.
FLNAL: U N P O E M A
El final del libro lo constituyen seis endecasílabos con rima asonante en los pares que trans-
mite el esperado tránsito que aguarda a cada ser humano, cuando llegue a la orüla como una
ola más y se transporte al cielo como una nueva estrella. Trascribo el poema en su totalidad:
Es curioso establecer una comparación entre este texto y otro de Quesada, el siguiente,
que curiosamente también se Uama "Final":
La edición del tercer libro de Torón también estuvo al tanto de Fernando González y fue
publicado en 1932 por Editorial Pueyo, en Madrid. Lleva un prólogo de Enrique Díez-
Canedo y está dedicado a Alonso Quesada: "A Rafael Romero {Alonso Quesada) presente
siempre en mi recuerdo, dedico estas Canciones de la orilla". Como l^s monedas de cobre está
constitviido por secciones y también tiene un poema final. Son ochenta y ocho poemas. El
libro Ueva al final dos notas aclaratorias del propio Torón acerca de cuestiones puntuales de
la obra.
Si se quieren anotar en una visión de conjunto algunas características de la obra, a las que
me referiré constantemente en este repaso a los textos que contiene, estas podrían ser fun-
damentalmente dos: la clave musical y la infantil. Música e infancia, cada cual a su momento
y con su importancia enhebran esta tercera entrega poética de Saulo Torón. Ya se verá cómo
y por qué.
Quedémonos, antes de desentrañar cada sección del libro, con la opinión que escribe, en
carta fechada el catorce de abril de 1932, Claudio de la Torre, que acusa recibo de la obra
enviada por el autor: "¿Qué decirte de éste? No sabría marcarte mi preferencia, aunque me
inclino a las canciones breves, a los poemas donde está el mar y, desde luego, al poema de
Josefina. Supongo, por otra parte, lo contenta que estará ella"^. Entremos ya a desgranar las
secciones del Hbro.
Si bien no está separado del resto de los poemas de esta sección ni del resto de los poemas
del Hbro, el texto que lo inaugura, titulado "Mi barca" presenta, en cierto modo, una justifi-
cación del título. Es un texto dividido en cuatro cuartetas hexasñabas con rima asonante
independiente en los pares. Presento la primera y la última de estas estrofas:
1 Epist. (28).
Mi barca pequeña
no sale del puerto,
ni tiene más velas
que mi pensamiento.
2 CO, p. 133.
3 No olvidemos que en la fecha de publicación del libro, 1932, Torón nunca había salido de la isla de Gran
Canaria.
4 Son curiosas las concomitancias existentes entre este texto de Torón y "Alabanza de lo cotidiano", un
poema de Quesada inserto en Hl lino de los sueños (AQ, tomo I, p. 150) en cuanto a la ubicación de ambos
poetas en un barrio marinero.
5 CO, p. 134.
estrofas por lo que la coincidencia en asonante de los versos impares de la primera estrofa
puede ser una coincidencia azarosa.
"Secreto" presenta dos grupos de tres versos hexasüabos con rima asonante indepen-
diente en los impares. Curiosamente la rima del segundo grupo estrófico coincide con el
verso que queda Ubre en el primero. E s también u n metapoema que aborda la imposibilidad
del poeta de establecer un diálogo con la sociedad en la que se incrusta y desde la que se
vuelca en la escritura. E n la revista barcelonesa Ressó, el poema se publica traducido al catalán
y con el título "Confidencia", traducción firmada por Manuel Serrat i Puig. Ctiriosa coinci-
dencia aunque invertida con los apellidos del cuñado farmacéutico de Torón, el catalán Juan
Puig Serrat, circunstancia que puede llevarnos a pensar que se trata de un seudónimo tras el
que se esconde. Presento la traducción:
El mismo anhelo infantil expresado en otros poemas de este Hbro aparece en "Capricho",
dos estrofas octosñabas con rima consonante independiente en cada \mo de sus versos pares
y en "Alegría infantü", dos estrofas pobmétricas de cuatro versos cada una cuyos pares
riman en asonancia.
"Alucinación de la mañana", dos cuartetas octosflabas con rima asonante independiente
en sus pares, presenta múltiples concomitancias con las composiciones de E/ caracol encantado.
C o m o en aquel libro, a una primera estrofa descriptiva sucede una vuelta a la intimidad del
poeta, que interioriza la realidad externa acomodándola a su propio parecer.
"Poesía", también analizada en el apartado metapoético, es una composición versoHbris-
ta. Aunque abundan los heptasflabos hay también endecasílabos y versos de arte menor.
"Visión de pesca", composición herométrica de trece versos, enhebrada por una rima aso-
nante repartida aleatoriamente (con tendencia a dejar un verso libre entre dos versos rimados),
es un poema de fuerte carga impresionista.
"Orgullo pueril", que vuelve a situarnos en la clave "infantil" del libro, es u n romance
dividido en dos estrofas de cuatro versos en los que la cotidianidad y la escritura-crónica de
IMS monedas de cobre vuelven a ocupar un primer plano.
"Cariño" es el primer poema dedicado del libro. Lo está "A la niña Amalia Teresa
Romero", hija de Alonso Quesada y eUo colabora en la órbita "pueril" del libro. Está com-
puesto por trece versos divididos en cuatro grupos estróficos de cuatro, cuatro, tres y dos
versos, todos octosñabos menos el primero del tercer núcleo. Las dos primeras estrofas
siguen las pautas preferidas p o r Torón de ubicar la rima asonante en los pares. El núcleo de
tres versos también responde a la estrategia habitual de hacer rimar los impares. El último
grupo estrófico presenta su verso par con la misma rima que enhebra todo el poema.
"Imagen" es un enigmático poema: \ina cuarteta asonantada que plantea un conflicto
interpretativo que nos sitúa en la más profunda raíz hermenéutica:
7 CO, p. 145.
8 Ésta, como señalé en su momento, va a ser la distnbución habitual de la rima en los tercetos de los sonetos
de Torón.
Toda esta sección está dedicada a Pedro Salinas, no lo olvidemos, prologuista del primer
libro de Torón.
"Canción del marinero enamorado" presenta la particularidad de repetir un breve estri-
billo de cuatro versos que aparece al principio y al final del poema e inserto en dos ocasiones
en medio del mismo. El cuerpo del poema propiamente dicho lo constituye un romancillo
(romance hexasñabo). Es un poema de clara referencia amorosa y una de las composiciones
de Torón más cercanas al neo-popularismo tan en boga por entonces. Como curiosidad
puedo anotar que este texto fiae incluido en sus programas desde junio de 1935 por la reci-
tadora cubana DaHa Iñiguez, íntima amiga de Torón como ha demostrado el trabajo previo
y llevado de ese modo ante públicos diversos. En La Habana, por ejemplo, fiae recitado
junto con otros textos de autores canarios como la "Balada del niño arquero" de Tomás
Morales, el texto "Óyeme padre" de Luis Doreste Silva y la "Balada de los labriegos" de Luis
Benítez Inglott.
"Canción de perinola" es un nuevo romance en este caso octosilábico aunque presenta
en dos ocasiones dos versos pentasílabos consecutivos intercalados. No varía temáticamente
de la composición previa e incluso incluye, en este caso en el propio cuerpo del poema, una
copla de raíz popular.
"Canción de las cuatro rosas" es un nuevo romance octosílabo que incluye nuevamente
versos pentasflabos (en este caso dos). El poema está dividido en cuatro núcleos estróficos,
los tres primeros de cuatro versos y el último de seis. Temáticamente conserva la misma raíz
popijlar.
"Canción de la niña huérfana" presenta cuatro núcleos estróficos: los dos primeros de
siete versos, el tercero de cuatro y el último de diez. Todos los versos son hexasflabos. La
rima es independiente. En los tres primeros núcleos la rima asonante se ubica en los pares.
La última tiene una disposición curiosa: a-b-a-suelto-b-a-b-c-suelto-c. Este poema, como
pocos, auna las dos líneas principales que apunta Canciones de la orilla, la musical y la infantil.
"Encargo de ausencia" presenta dos estrofas de cuatro versos con rima asonante en los
pares aunque imperfecta en el último verso. Todos son octosñabos menos precisamente ese
liltimo verso, que es bisílabo. Vuelve a aparecer la figura infantil encarnada en este caso en
una niña y vuelve a aparecer nuevamente el tema marino a través de la presencia de ese mari-
nero al que se le realiza el encargo de dar noticias a la niña perdida.
Esa misma niña a la que se alude en el poema previo, y que puede representar una infan-
tiHzación de la amada, vuelve a aparecer en "Canción de espera", \in texto con tres estrofas
hexasflabas con rima asonante independiente en los pares. Es un poema que nos vuelve a
traer a un primer plano la escritura de El caracol encantado. La naturaleza informa al poeta
acerca de aquella niña perdida.
"Canción de los marineros en tierra" lo constituyen diecinueve versos agrupados en
cinco grupos estróficos, todos de cuatro versos a excepción del cuarto, que sólo tiene tres.
La estructura, con rima asonante, es la siguiente: los núcleos con cuatro versos riman sus
pares en asonancia y el de tres, como suele ser habitual en Torón, hace rimar, también
en asonancia, primero y tercero. Todos los versos son octosñabos salvo los dos últimos:
El último poema de esta sección, titulado "Canción del marinero perdido", presenta diez
versos. Los seis primeros, todos hexasñabos, están agrupados en dos grupos de tres, donde
la única rima es la asonante que enlaza los dos versos finales de cada grupo. El tercer núcleo,
también de tres versos, presenta dos hexasñabos y el último endecasílabo. El último verso
es un decasñabo parentético. En estos últimos casos no existe rima alguna.
Este poema aparece en el archivo de Torón como un texto aislado que no obstante fue
incluido justo en este lugar en la edición de Canciones de la orilla. Está dividido en ocho pasa-
jes titulados y numerados en caracteres romanos, tres de los cuales, concretamente el III, el
V y el VI, están a su vez divididos en más pasajes internos, numerados en este caso con
caracteres árabes y sin título.
El texto se constituye como tm panegírico a la por entonces joven Josefina de la Torre a
la que, no lo olvidemos, ya había dedicado Torón un poema en Las monedas de cobre^^. Es un
texto que colabora, por temática, estilo y forma, con ese halo infantil que transmite el tercer
libro de Torón. El título es un guiño al Teatro Mínimo que desarrolló en su hogar la fami-
lia Millares y donde Josefina dio sus primeros pasos sobre las tablas. Vayamos a la estructu-
ra métrica de cada poema. El primero, que se Uama "Génesis", contiene doce versos, once
de los cuales son heptasñabos y uno de ellos decasílabo. Su rima es asonante en los pares.
"Niñez" se Uama el segundo texto. Está escrito en octosílabos y compuesto por dos
núcleos estróficos, dos de tres sflabas, con la habitual disposición de rima asonante en los
impares y una cuarteta asonante de rima par.
"Ritmos" anticipa la mitad del título de una sección que publicará Torón con posteriori-
dad, Ritmosj cantares. Son siete sus pasajes. Los tres primeros son monoestróficos y hexasí-
labos. La rima, que alterna consonancia y asonancia es la siguiente: a-suelto-a-b-a-b (primer
fragmento), a-b-a-b-a-b (segundo fragmento) y a-suelto-a-c-suelto-c (tercer fragmento). Hay
que hacer notar que algunas de las rimas coinciden entre los fragmentos. Los tres fragmentos
9 CO, p. 159.
10 Vid. "Anhelo infantil" en la serie Lox momentos que lleva concretamente esta dedicatoria: "A los nueve años
de Josefina de la Torre Millares".
siguientes alternan versos octosñabos y tetrasflabos. Todos los textos tienen seis versos y los
tetrasílabos se intercalan en el séptimo y en dos ocasiones en el primero respectivamente.
La distribución de la rima, generalmente asonante, es la siguiente en todos los casos: a-suel-
to-a-b-suelto-b. Se da la circunstancia de que en los dos primeros firagmentos se repiten las
mismas rimas. El último fragmento tiene idéntica disposición en la rima que los anteriores
pero metro hexasflabo.
El cuarto fragmento se Uama "Hogar" y tiene la particularidad de incorporar, como la
"Canción del marinero enamorado" un estribillo que, en este caso, solamente se cita en una
ocasión, a modo de cita entre el título y el poema. Como en aquel texto aludido, el cuerpo
del poema se sustenta en un romancillo.
"Símbolos" se llama el quinto fragmento dividido en dos grupos estróficos, numerados
en caracteres árabes. El primero tiene tres versos y la habitual rima en los impares aunque
en este caso es consonante. Los seis versos restantes, aunque agrupados, tienen la misma
estructura que el núcleo previo. Esto es, se agrupan en dos estructuras de tres versos con
rima en los pares, en este caso asonante. Se da la circunstancia de que la última rima coincide
con la del primer núcleo dando una especie de coherencia rítmica al breve poema.
"Glosas", último fragmento dividido en pasajes, comienza con un romance octosñabo
que culmina con tres versos hexasílabos parentéticos, separados tipográficamente del resto
del poema. Explica ese paréntesis que el poema previo es una glosa de la fantasía del poeta.
El segundo pasaje es una cuarteta de romance y el tercero un núcleo estrófico de tres versos
octosilábicos con rima asonante impar y con idéntica disposición otros tres versos hexasílabos
parentéticos donde se vuelve a explicar que lo previamente expuesto constituye una glosa
de una fantasía del poeta.
"Revelación", el penúltimo pasaje, es una cuarteta de romance que duplica, separado del
cuerpo de la estrofa, sus dos primeros versos.
"Fin", el último fragmento, que incluye a mitad del texto el breve estribillo que aparece
en el fragmento IV titulado "Hogar", arranca con tres versos hexasflabos blancos y culmina,
tras el estribillo, con otros cuatro hexasflabos cuyos pares riman en asonancia imperfecta.
El Poema mínimo se constituye como una peculiar diacronía sustentada por la ingenuidad
y el clima pueril en el que se desarrolla no sólo la sección sino todo el Hbro.
Esta sección inaugura en este Hbro lo que será una constante en el resto de la obra de Torón
y que ya anticipó, de algún modo, con la sección Las últimas palabras en LMS monedas de cobre.
No obstante, aquella sección no explotaba en el mismo grado que lo hará ésta el cariz filo-
sófico que pretenden estas breves composiciones engarzadas en largas series y sin conexión
entre ellas, sin título y numeradas en unos casos en caracteres romanos y en otros en árabes.
Esta sección está dedicada al prologuista del libro, Enrique Díez-Canedo. Analizo los dos
primeros textos y el resto los incluyo en ima visión general.
No desdeñes el contacto
con las piedras de la calle;
tu humana raíz no vive
sólo del aire.
El pensamiento, que vuele;
pero la planta que arraigue^ ^.
El resto de los poemas es fiel a la distribución de la rima asonante en los pares y presenta
metros de arte menor con una salvedad endecasñaba en el último pasaje. Temáticamente,
estas breves composiciones son misceláneas. Algunas de ellas aportan un breve apunte filo-
sófico c o m o el pasaje VI y otras se centran en la metapoesía como sucede con la V, VIII y
IX.
11 CO, p. 170
12 El segundo verso, no obstante, tiene ocho sflabas.
13 En aquella sección el poema llevaba el título "Al doctor Luis Millares".
Este poema, como pocos, nos sitúa ante la peculiar anécdota vital de Torón, que enterró
tempranamente a dos de sus contemporáneos y se vio obligado a administrar recuerdos en
ausencia de ellos. Tras la publicación de este libro llegará el silencio y mucho tendrá que ver
con él, además de la clave política ya apuntada, el vacío que provocó la temprana desapari-
ción de sus colegas.
14 CO, p. 190.
15 CO, p. 182. Estos últimos versos del poema y el espíritu total del mismo conectan con luios versos de
Quesada insertos en el poema "Tierras de Gran Canaria" de El lino de los sueños: "¡Todos se han ido! Yo,
desnudo y solo, /sobre una roca, frente al mar aguardo" (AQ, tomo I, p. 152).
Esta sección agrupa múltiples textos afines a los que ya hemos comentado y que están insertos
en las secciones Las últimas palabras de Las monedas de cobre y Consejos varios del presente Hbro.
Son composiciones breves, numeradas en caracteres árabes, sin título, herométricas, en este
caso en particular, todas en versos de arte menor y misceláneas. Los últimos acordes presenta
abundantemente una composición que nos es familiar a esta altura y que está construida por
tres versos hexasflabos u octosílabos generalmente con rima asonante, la soleá. Esta com-
posición, con la herometría comentada, la respetan treinta y una de las tres composiciones
de esta sección. La número tres, si bien se ajusta al mismo esquema, presenta unidas dos
estructuras de tres versos de las ya mentadas. La restante, que hace la número veintitrés, pre-
senta una peculiar estrofa poUmétrica con la siguiente distribución de rima consonante: a-b-
a-b-c-c-b. Muchos de estos breves poemas recuerdan el impresionismo de El caracol encantado,
otras albergan u n matiz filosófico y todas, en general, exteriorizan la intimidad conflictiva
del poeta.
FINAL: UN POEMA
16 CO, p. 189.
Sólo la insistencia de Fernando Ramírez y Lázaro Santana hizo que Torón publicara un Hbro
tras la instauración del franquismo. Unos días antes de la publicación, el autor concedió una
entrevista a Antonio Rodríguez del Pino^ en la que el entrevistador anuncia:
Desde 1932, última fecha de publicación de su obra, Saulo (como le llamará Tomás Morales) ha
vivido en el aislamiento propio de un akna bondadosa que, tras la pérdida de sus mejores amigos,
no ha querido mostrarse públicamente, sino rendirles el máximo tributo a una amistad inolvi-
dable: el encierro absoluto del recuerdo. Sin embargo, estos días, y ante la reiterada insistencia
de un joven grupo de poetas isleños, Saulo Torón verá pubEcada una parte de su libro , Frente
al muro, su aparición constituirá una aportación valiosísima a la bibliografía canaria.
Como le había prometido, ahí le va el cuadernillo que unos jóvenes amigos poetas han querido
lanzar a la publicidad; no respondo del resultado económico que la empresa les ofrecerá, pero...
allá ellos. Como verá se trata de unas pocas cosas del libro que tengo inédito, dadas contra mi
voluntad por no ser desagradecido a los tantos a los tantos ruegos y lisonjas que me han hecho,
y que me han hecho mostarme una vez más al aire de la calle. Léalas con el mismo cariño que
se las envío. Las erratas han sido corregidas por mí^.
1 Antonio Rodríguez del Pino, "Entrevista íntima con el poeta". El Eco de Canarias, Las Palmas de Gran
Canaria, 3 de noviembre de 1963.
2 Torón, en la misma entrevista deja claro este punto. Ante la pregunta: "¿No piensa publicar nada más?",
don Saulo contesta: "Tengo algo en preparación, se trata de un Hbro de cantares. Frente al muro, una de
cuyas partes me han pedido estos jóvenes poetas para su colección" (ibídenij.
3 De Saldo Torón a Femando González, Las Palmas de Gran Canaria, 11 de diciembre de 1963. Epist. (76).
El primer texto n o lleva título en la edición de 1963 y en la de 1970 será titulado "Frente
al muro". La publicación de Tagoro contiene treinta y cuatro de los ochenta y tres textos
que integrarán en 1970 la versión definitiva de Bdímosj cantares y que guardará un orden dis-
tinto^. Ya en la contraportada se anuncia que la publicación pretende ser antología de la obra
inédita de Torón hasta aquel momento. A estos treinta y cuatro breves poemas siguen otros
cinco que también serán publicados, en distinto orden, en el volumen Poesías de 1970. Los
textos son "Una voz amiga", "Árbol que yo planté", "A Lázaro Santana"^, "Ofrendas al mar
(I y 11'^) y "Súplica nocturnal"'^.
El poema "Frente al m u r o " , que como anticipé n o va titulado en esta edición, es un breve
texto dividido en dos núcleos estróficos de cuatro versos cada uno. Los versos impares son
dodecasflabos y riman respectivamente, en cada estrofa, en consonancia. Los versos pares
son hexasílabos y riman en asonancia también respectivamente. Es un poema desconcertante
que puede tener una lectura política y que, en cierto modo, se cierra con el texto "Una voz
amiga" también incluido en este volumen.
Ritmos y cantares es la última de las secciones de estas características que publicó Torón.
C o m o sabemos, poemas breves, misceláneos y polimétricos. E n esta ocasión, como en la
precedente, abundan los núcleos estróficos de tres versos donde la rima, generalmente aso-
nante, se ubica en los impares. Son composiciones éstas generalmente hexasílabas u octo-
sflabas. También aparecen comúnmente estrofas de cuatro versos generalmente con rima
asonante en los pares aunque se dan otras combinaciones en las que llega a aparecer la rima
consonante. El resto de composiciones no aparece en una proporción significativa. El
poema "Una voz amiga" es una composición en hexasílabos dividida en tres grupos estró-
ficos, los dos primeros de cuatro versos y el último de tres versos. La distribución de la rima,
consonante, es la siguiente: a-b-a-b-c-d-c-e-d-e. Vuelven a aparecer el muro y la resignación.
Sin dejar de tener presente el poema pórtico titulado "Frente al muro", la lectura que hagamos
de este texto es la que puede definir ese componente político representado en el inevitable
muro. Conviene la trascripción de este texto:
Viejo peregrino,
vuelve a tu cayado
y olvida el camino
que tienes andado.
4 Saulo Torón se refiere, en 1964, a Frente al muro y al número de poemas que integra esta sección. Finalmente
serán ochenta y tres y no ochenta y cinco los que integren el volumen en 1970:
Frente al muro: Bah, no merece la pena. Es únicamente una pequeña colección de algunas poesías que tenía inéditas y
que desde hace varios años me estaban pidiendo unos jóvenes empeñados en que diera a la publicidad algo de mi tra-
bajo inédito. Y yo les di esas. Se trata de unos ritmos y cantares seleccionados, sólo treinta y cuatro de los ochenta y
cinco que son, otra parte que titulo "Los últimos destellos" y luego algunos sonetos (en "Saulo Torón, poeta del mar",
ál.).
5 En la publicación de 1970 este texto lleva el título "A un poeta que empieza". Es éste un texto ponderado
por Juan Pulido, el íntimo amigo de Torón, cuando acusa recibo de Frente al muro (vid. Epist. (70)).
6 En la edición de 1970 se incluye un tercer pasaje.
7 Todos estos poemas, salvo "Una vo2 amiga", los comento desde la ubicación que tienen en la edición de
las Poesías tn 1970.
No dobles la frente
al cansancio duro
ni al dolor presente.
Un nuevo sendero
se abre tras del muro...
Sigue..., compañero^.
Decía más arriba cuan desconcertante se volvía la interpretación del primer poema. Pues
bien, la lectura de este último texto nos otorga la posibilidad de vislumbrar con Sebastián
de la Nuez esa misma interpretación:
Si ese muro simbolÍ2a las dificultades del tiempo en que vivió un largo período de su vida u
otros impedimentos que han tenido cercado al poeta —marinero y peregrino de las islas—, si pri-
mero ha empezado a cantar "frente al muro", al final vislumbrará —tal es la fiíerza del canto-
"un nuevo sendero" que "se abre tras el muro". Si esto se refiere a la transformación poMtica,
en verdad fue una premonición a doce años vista^.
Añado, no obstante, una reflexión de Fernando González sita en una carta dirigida a
Saulo Torón y fechada en Madrid el 24 de marzo de 1964 en la que acusa recibo del Hbro:
Le confesaré que he leído varias veces, con honda emoción, su pequeño Ubro. Insisto en que
estos poemitas son "monedas de oro". Por eso no estoy conforme con el significado metafórico
del título. Si lo que quiere expresar "el muro" es la muerte, no es posible que esté de acuerdo
con el rótulo de la obra quien lea ésta con detención y amor "El muro" de la muerte ante nuestra
vida supone en nosotros un estado de renunciación, y en su libro hay de todos menos "renun-
ciación", pues la esquivez del alma nada tiene que ver con la esquivez a la "actualidad" y a la
"pubHcidad" [...]
No puede haber "renuncia" cuando todo el Ubro es una fiesta de vida, de amor, de esperanza,
de reflexión, de consejo, de máximas, de cantares, de definiciones, de anhelos, de confesiones,
de tristeza resignada, todo lo cual constituye un alarde de vida tan prodigioso en su auténtica
presencia, que usted mismo duda de que llegue el morir^'^.
Como se verá, Fernando González, no parece estar de acuerdo con el título dado por
Torón a esta entrega poética, pero los argumentos expuestos los entiendo desenfocados,
puesto que ese muro debe interpretarse como el principal motivo del prolongado silencio
del poeta. Líneas más abajo, con menor énfasis da, yo creo, en la clave: "Lo más es la
condensación de un vivir encerrado en el reducto de sí mismo durante un tiempo que las
circunstancias externas convirtieron en muro de prisión para la libertad humana, general o
particular"^ ^. Ahí, en este último apunte de González reside mi tesis acerca del título del
libro. Releamos, en este punto, el poema que da título al librito:
8 FM, p. 209.
9 Vid. Trayectoria..., ópus cit., p. 558.
10 Vid. Epist. (145).
11 Ibídem.
EL LIBRO (1970)
12 ¥M, p. 193.
13 En carta remitida a Saulo Torón el primero de marzo de 1966 (vid. E-pist. 162), Ynduráin acusa recibo de
la obra del poeta y anuncia la voluntad de publicarla y de firmar un prólogo.
14 Saulo Torón, que salvo la breve intermitencia de Frente al muro (1963) no había publicado desde 1932, retor-
nó a la costumbre de hacer un listado de amistades a las que regalar su libro. En su archivo encontré
manuscritos que atestiguan esta costumbre. Con respecto a la edición de Poesías encontramos en la prensa
(periódico IM Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 2 de octubre de 1971) un soneto de Gabriel de Armas
Medina (Agaete 1915- Madrid 1976) con el siguiente título: "A Saulo Torón (Con motivo del envío de su
libro de "Poesías", gentilmente dedicado)". Meses antes, José de Armas Díaz, en un pequeño texto titulado
"A Saulo Torón en homenaje", La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 22 de abril de 1971, también daba
cuenta del nuevo volumen.
15 En la edición de 1970, la sección Ritmosj cantares alcanza los ochenta y tres poemas.
16 Eugenio Padorno, a la muerte del poeta, caracteriza brevemente su última entrega lírica: "Frente al muro.
Resurrección j otros poemas, su última entrega, es un proñindo análisis sobre la soledad y el vacío, y su factura
exenta de oropel lo acerca al habla metafísica de Rivero" ([Link]., "Siete voces ante un poeta", ha Provincia,
Las Palmas de Gran Canaria, 24 de enero de 1974.)
17 Vid. Epist. (145).
silencio durante esos "años trágicos" que cita González. Otro íntimo de Torón, Juan Pulido,
conocedor también de la obra inédita hasta aquel entonces de su paisano teldense le escribe
desde México el 20 de enero de 1965:
le obligaián a usted a publicar toda su última producción, pues no hay derecho a estar produ-
ciendo y guardando sin que la gente y sobre todo los amigos que le admiran y le quieren no se
enteren de lo buenísimo que usted escribe. La modestia también tiene su límite y el que dé usted
a conocer lo que produce no quiere decir que la pierde, pues está usted expuesto a convertirse
en un egoísta "pariendo y no enseñando" y usted no es ni una cosa ni la otra. Así pues, mi que-
rido Saulo, poema que brote de su mente, poema que debe usted de dar a la publicidad para que
gocen los que le admiran y rabien los que no pueden hacer lo mismo^^.
Es significativa la exhortación que le realiza Juan Pulido pues don Saulo parece secun-
darla con la publicación de un volumen ciertamente misceláneo donde, efectivamente, da la
impresión de que se dan cita todos los textos paridos durante el último segmento de la vida
del poeta. El caso es que se echa en falta en los poemas añadidos a las obras completas cierta
regularidad, estragada sin duda por una publicación aglutinadora.
Entremos ya en Resurrecciónj otros poemas, libro también dividido, como es habitual en las
entregas de Torón, en distintas secciones. No olvidemos que el número de poemas que inte-
gra la sección Ritmosj cantares se acrecienta en esta edición hasta alcanzar las ochenta y tres
composiciones. El poema Resurrección es el que abre el libro. Lleva como subtítulo el de la
primera sección del libro Poemas de amorj ternura. Es un serventesio dodecasílabo consonante
que parece continuación del último poema "Una voz amiga" de Vrente al muro. El poeta vuelve
al optimismo tras encontrar "Un amor humano que se hizo divino"^ ^.
Es ésta una sección que siempre he emparentado con la titulada Poemasfamiliares de IMS monedas
de cobre. Si en aquella sección Torón recrea un ambiente familiar involuntario, en el que pode-
mos decir, le tocó vivir, en esta nueva sección ubica Torón una serie de poemas referidos a
la familia creada. Es este uno de los puntos en los que me baso para trasladar a Torón una
biografía de "ida y vuelta".
El primer texto, "A Isabel", es una combinación de endecasílabos y heptasñabos, con la
incorporación de un verso alejandrino. Los versos pares riman en asonancia y son dos los
núcleos estróficos, uno de cuatro versos y una pareja final de versos. El texto, es evidente,
está dedicado a la esposa de Torón, Isabel Macario.
El siguiente texto, la süva arromanzada "Tal vez no seas así", también está dedicado a
Isabel Macario y es un apasionado poema de amor también lo está la pareja de núcleos
18 Epíst. (69).
19 FM, p. 210.
estróficos de tres versos en los que los impares riman en consonancia y que Ueva el místico
título "Luz eterna".
El siguiente texto, el quinteto endecasílabo "No eres tú" (A-B-A-A-B), vuelve a centrarse
en la figura de su esposa. "Exaltación" es una süva arromanzada con la particularidad de
presentar dos versos de extraña medida, un tetrasílabo y vm trisflabo (justamente un hepta-
sílabo) en su principio. "Manos de la bienamada", con título tan nerudiano, es im romance
octosflabo. Idéntica composición sostiene "Ansia suprema", aunque dividida en cuatro
estrofas.
"El hijo en la cuna" declara desde su título su objeto. Los primeros doce versos se agru-
pan en tres estrofas consonantes: la primera y la tercera son cuartetas de rima cruzada y la
central una redondilla. Consonantes también son los últimos seis versos que constituyen una
sextilla con la sigviiente estructura: a-a-b-c-c-b. Similar temática mantiene "Mientras el hijo
duerme", composición herométrica con versos de arte mayor y menor que a lo largo de sus
seis versos sólo ofrece una rima asonante entre los versos cuatro y cinco. También el hijo
aparece en el poema dialogado "Puerilidad", dos cuartetas de romance que guardan ciertas
concomitancias con El caracol encantado, ya que nuevamente el afuera sirve para explicar una
realidad íntima, farmliar. Muchos años antes, en la segunda década del siglo, intercalados
entre el resto de las composiciones satíricas, Torón publicó algún que otro texto que guarda
similitudes con este tipo de composiciones que tienen la paternidad íntima de Torón como
motivo. En este caso, la carga irónica y mordaz del poeta deforma en cierta medida esa
voluntad de ternura pero valgan como ejemplo de esa particular atmósfera estos cuatro ver-
sos que, además, comienzan a situarnos ante el lirismo intercalado entre las composiciones
satíricas del autor:
Palomita blanca
que dejas el nido,
llévale u n mensaje de cordial afecto
al recién nacido^O.
"Nada" es un romance dividido en tres núcleos estróficos, los dos primeros de cuatro
versos y el tercero de seis. En este último grupo estrófico aparece incrustado un tetrasñabo.
Nuevamente la escena del hijo durmiente reclama la atención del poeta. "Si yo pudiera..."
también está dedicada a la hija, María Isabel Torón y es un poema desiderativo, un romance
dividido en tres cuartetas y una pareja final de versos. "Nana" presenta una composición
hexasílaba. Lleva cuatro agrupaciones de tres versos con la habitual rima asonante en los
impares. Tras estos grupos aparece una secuencia de romance también hexasílabo dividido
en tres estrofas. "Dice la madre", una cuarteta de romance, parece una continuación del
poema previo, una continuación de la nana anterior. "Balada conmemorativa", que celebra
los quince años de la hija Isabel Torón, tiene una peculiar estructura casi simétrica. Presenta
al principio una estrofa de cuatro versos de arte mayor agrupados en un serventesio. A
continuación el poema consta de cuatro pareados dodecasílabos y se cierra con una estrofa
20 PS, p. 46. Fue publicado dentro del V pasaje de "Coplas de actualidad" en la sección habitual del periódico
Ecos.
análoga a la que abre el poema pero con la incorporación de un hexasüabo y una disposi-
ción diferente, lógicamente, en la rima: A-B-A-a-B.
"Hogar" está dedicado a Miguel Martín Fernández de la Torre. Es un soneto endecasílabo
con dos serventesios y la habitual disposición en los tercetos. Es una suerte de agradeci-
miento para quien diseñó el hogar de la familia Torón-Macario. Debemos tener en cuenta
que el hogar, la casa familiar, se convirtió en una suerte de refugio para don Saulo que, c o m o
se sabe, se apartó voluntariamente de la publicidad. Significativo puede resultar, a este res-
peto, la fraterna humñdad del último terceto:
Los dos sonetos endecasüabos que siguen parecen alejarse del entorno familiar íntimo
del poeta. El primero, "Árbol que yo planté", pubHcado ya en 1963, es un soneto canónico
y el segundo, "Te he sentido señor" presenta serventesios en lugar de cuartetos. Son efecti-
vamente poemas que pueden relacionarse con el amor y la ternura pero n o con el ámbito
famiUar.
Este título, resulta a estas alturas familiar. Lo tenía la primera sección de Las monedas de cobre,
Ofrendas devotas y la reedición del poema "A Luis Millares" de la sección Canciones de la otra
orilla presente en el libro Canciones de la orilla.
"Ante el bronce de Alonso Quesada (Rafael Romero)" es una larga silva arromanzada
que Torón leyó con motivo de la inauguración, en 1955 del m o n u m e n t o dedicado al poeta
en Ciudad Jardín, curiosamente cerca del domicilio Torón-Macario. Es un poema que Ueva
tipografiada la fecha y que constituyó una de las pocas lecturas públicas de Torón y una de
sus pocas comparecencias en actos sociales durante el periodo franquista. Es un texto sig-
nificativo, de honda emoción, en el que Torón insta a Alonso Quesada a que le dé noticias
de "la otra orilla" y a que calle profundamente si n o es lo esperado lo que aguarda tras la
muerte.
"Al h e r m a n o JuHán (Aniversario de su tránsito)", también está fechado en noviembre de
1950, tres años después del fallecimiento del amado hermano. Es u n soneto canónico de
fuerte carga biográfica. Trascribo el último terceto:
21 FM, p. 226.
22 FM, p. 232.
"No me recuerdes" es una composición cuyo cuerpo textual lo constituyen tres estrofas
decasflabas, con alguna variación métrica en la primera, que mantienen la misma rima aso-
nante en los pares. Tiene un componente claramente político: "Yo era Ubre en un mundo
de todos"24.
"Habla una voz" es también vin poema de contenido político-social. Presenta tres estrofas
de seis versos de arte mayor (alejandrinos fundamentalmente) con una peculiar disposición
en la rima. La primera estrofa: A-A-B-C-C-B; la segunda: suelto-suelto-B-C-C-B. Y la terce-
ra: D-D-B-C-C-B. La rima, cuando existe, es consonante. El poema es una reflexión sobre
los desastres de la guerra. En la memoria, la Primera Gran Guerra y quizás, durante el
poema, la trágica Segunda Guerra Mundial. "Nunca la majestad" es un soneto endecasflabo
canónico de contenido también apesadumbrado.
"La idea" es un romance dividido en cinco cuartetas, analizado a la hora de abordar la
metapoesía de Torón y cuya reflexión paralela presento en el momento correspondiente.
"El vaso del remedio" es un romance en heptasüabos dividido en cinco grupos estróficos
de diferente dimensión. Narra una anécdota curiosa: la rotura de un vaso donde se ingirió
un líquido que alivió la enfermedad de un individuo.
"Loco incurable" presenta seis cuartetas de romance con rima independiente. Sólo se
repite rima en las cuartetas tres y cuatro.
"Súplica nocturnal" nos vuelve a la órbita de El caracol encantado. Es una peculiar serie de
versos octosílabos (nueva reverberación de aquel poemario) que tienen rima asonante pero
en los versos impares. Son en total trece versos: un grupo de once y una pareja final. Ya fue
publicado en la edición de 1963.
El poema que sigue, "Interrogaciones", presenta una característica quesadiana: tres
pequeñas acotaciones que anteceden a cada uno de los tres núcleos estróficos. Cada uno de
estos núcleos es xina süva de cuatro versos independiente. Arromanzada en los dos últimos
casos y consonante en el primero. Es un poema interrogativo que nos devuelve al misterio,
al debate demiúrgico.
"Ofrendas al mar" es un tríptico de sonetos endecasílabos, solamente numerados con
caracteres romanos. Los dos primeros sonetos están conformados por dos serventesios y el
tercero por dos cuartetos. Fue publicado en la edición de Tagoro de 1963.
"Mirando al mar" prosigue en la órbita del poema previo. Está constituido por cuatro
núcleos estróficos. Los tres primeros los constituye una estrofa de tres versos con rima aso-
nante en los impares. La pareja final de versos mantiene en el verso final, la rima del grupo
estrófico previo.
"Presagios" es un poema de resonancia infantil constituido por cinco pareados hexasflabos.
"A un poeta que empieza" es un soneto en serventesios donde Torón vuelca su experiencia
para aconsejar a un escritor novel. Fue publicado en 1963 con el título de "A Lázaro Santana".
"Loa y semblanza de una gloria vulgar" lo componen ocho serventesios polimétricos
(abundan los versos dodecasüabos). Por la carga irónica que contiene recuerda el tono de
algunas de las composiciones que publica Torón tanto en Ecos como en El Vais. Hay un texto
de Torón publicado en el primero de los periódicos y titulado "In memoriam"^^ que recuerda
bastante este otro texto.
El angustioso "Viejo otoño" es un soneto alejandrino en serventesios. También en ser-
ventesios pero endecasflabos está compuesto "El doble", uno de los textos más interesantes
de Torón que analizo en profundidad en el capítulo de comentario de poemas.
El angustioso "Ay qué dolor" es un soneto en serventesios, soneto que envió a Claudio
de la Torre como culminación de una carta fechada el 21 de diciembre de 1964^".
"Volviendo a la nada" está constituido por tres pasajes numerados en caracteres romanos y
titulados. El primero se Uama "¿Qué será?", combinación de octosflabos y tetrasílabos con
disposición de romance en cuanto a la rima y división en tres núcleos estróficos. El segun-
do texto se llama "Optimismo de la mañana" y presenta cinco grupos estróficos, todos con
versos octosílabos. Los tres primeros grupos estróficos tienen tres versos cada uno. Primero
y tercero riman sus versos impares en asonante y esa misma rima se corresponde con el
verso par del segundo grupo. Los últimos seis versos, una cuarteta y ima pareja final, man-
tienen estructura de romance. El tercer texto se Uama "¿Será ella?". Tiene estructura de
romance pero está dividido en cuatro núcleos estróficos respectivamente de cuatro, seis,
cuatro y dos versos. Estos tres pasajes conectan decididamente con las tácticas de escritura
de El caracol encantado.
' ^ o z última" que cierra el volumen y la producción toroniana, es una suerte de romance
pero con rima en los impares, como vimos en "Súplica nocturnal".
26 Epist. (88)
Joaquín Árlales publicó en 1976 la Poesía satiñca de Saulo Torón, siguiendo un procedimien-
to similar al que en fecha más reciente siguió Antonio Henríquez para la publicación de la
prosa: consultando los periódicos en los que Torón vertió este tipo de composiciones y tam-
bién el archivo personal del poeta. Así como en el trabajo de Henríquez contamos con la
meticulosidad de Saulo Torón y albergamos pocas dudas acerca de la existencia de otros tex-
tos no recogidos en su archivo, en cuanto a la poesía satírica, según Joaquín Artiles, fue
menos exhaustivo. Así lo declara el propio investigador:
Las coplas de Saulo Torón se publicaron en dos series. La primera, en el diario ]ícos, durante la
primera guerra mundial, en los años 1916-1917, con el título "El tablado de la farsa". Las com-
posiciones de esta serie, conservadas en la colección particular de Saulo, hecha con los recortes
de ^cos pegados en un libretón de gran tamaño y de poca anchura, con las cubiertas rígidas, son
101, a las que hay que añadir la titulada "Las cosas que me cargan", bajo el epígrafe de
"Vísperas", y con el seudónimo Sacris. Repasando la colección de [Link] de la Hemeroteca del
Museo Canario, hemos encontrado cinco composiciones más: "Cómo soy", "Coplas inexper-
tas", "La copla de Úrsula", "De actualidad" y "Siguen las coplas". [...] De esta manera, las 101
composiciones se han convertido en 128'.
No obstante, una aclaración es precisa. Del mismo modo que, como veremos, el inter-
cambio de seudónimos despistó a los compiladores de las crónicas quesadianas, en la poesía
satírica, el empleo de seudónimos nos obliga a ser cautos con la autoría de las composiciones.
Además, teniendo en cuenta el tono festivo y despreocupado de éstas, y que el trabajo se
realizaba a veces a dos o tres manos, cualquier filiación queda suspendida por la duda y
máxime cuando el trabajo de recopilación de Artiles fue posterior a la muerte de Torón. Yo
sigo confiando, no obstante, en la meticulosidad saulina a la hora de recopilar todas sus
publicaciones.
Una de las primeras noticias acerca de las composiciones satíricas de Torón la ofrece la
profusa obra de Sebastián de la Nuez titulada Tomás Morales. Su vida, su tiempoj su obra, texto
1 Joaquín Artües, "Introducción a Poesías satíricas de Saulo Torón", Excma. Mancomunidad de Cabildos de
Las Palmas, Las Paknas de Gran Canaria, 1976, p. 11.
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Por ahora nos bastará con saber que los tres grandes poetas supieron, por obra y gracia de la
amistad, hacer una obra conjunta de chispeante vena satírica y buen humor, y que fue Savilo
Torón el iniciador y el animador de ese "Tablado de la farsa", que reveló insospechadas fuentes
irónicas en un poeta sencillo, en un poeta grandilocuente y en un poeta profundo^.
Las tácticas de la escritura satírica de Torón, ya enunciadas por Joaquín Artiles, se funda-
mentan en una profiínda ironía. La lectura de los textos nos ubica prontamente en esta órbita.
N o es cuestión de buscar citas ex profeso puesto que la práctica totalidad de los mismos está
teñida de esa ironía. Hay también juegos de palabras, de los cuales extraigo uno, a mi juicio
realmente ingenioso:
Un político famoso
(famoso porque es un piUo)
quiso comprarse dos cosas:
un velador y un rodillo.
Pero llegado a la tienda
le dijo al del mostrador;
aunque lo pensé no quiero
"rodillo ni velador"^.
La alusión a este "rodUlo nivelador" aparece en otras composiciones y hace sin dudas
referencia a u n hecho coyuntural de común conocimiento para, al menos, los habitantes y
potenciales lectores de Las Palmas de Gran Canaria. N o obstante, lo que nos va a interesar,
es la peripecia del poema para explotar hasta las últimas consecuencias este juego de pala-
bras.
Por otra parte la métrica de estas composiciones suele emparentar con la utilizada por
Torón en su total poético. E n esta vocación, n o obstante, el octosílabo declara su supremacía
en las más variadas agrupaciones estróficas: grupos de tres versos, cuartetas, redondillas,
décimas (que n o aparecen en la poesía lírica), sonetillos, sonetos... Abundan también metros
de raíz modernista entre los que sorprende el largo poema de metro dariano^ titulado
"Canto sonoro"^.
Los textos están titulados —con títulos en ocasiones análogos— y generalmente divididos
en fragmentos. Sólo he encontrado un texto dedicado. Se titula "La vara de Baluy" y Lleva la
siguiente dedicatoria "Para el dilecto don Paco"^*^. Señalemos como detalle que hay una
estrofa en portugués en u n o de los poemas. El texto, precisamente lleva este título:
"Noticias sin importancia y u n consejo en portugués"-'^. La estrofa es la siguiente:
7 Pi", p. 51.
8 Permítaseme este adjetivo para bautizar esas composiciones a las que se fiíe aficionando el poeta nicara-
güense, constituidas por versos muy largos generalmente ajenos al habitual discurso poético.
9 El propio título nos traslada las características del texto. Trascribo los dos primeros versos para ilustrar este
razonamiento: "Shakespeare, Walt Whitman, Homero, Lord Byron, Cervantes, / genios de todas las razas
y todos los tiempos, surgid!" {PS, p. 129).
10 PS,p. 161.
11 PJ'.pp. 149-150.
Llama la atención el empleo del portugués en esta composición. Intrigado por esta cir-
cunstancia y conociendo el autodidactismo de Torón, pregunté a María Isabel Torón, hija
del poeta, si don Saulo manejaba éste u otros idiomas. Ésta me contestó que obraban en su
poder varios diccionarios de idiomas, que recitaba de memoria textos en italiatio de Dante
y Carducci y, quizá lo más importante, que su trabajo en el muelle lo ponía en contacto con
una suerte de babel adántico, con capitanes y tripulaciones de lenguas y acentos distintos.
Ante esta circunstancia es fácñ Uegar a la conclusión de que Torón, sin llegar a conocer en
profundidad ningún idioma que no fuera el español, tuviera un conocimiento superficial de
varias lenguas.
Como ya expresé en el capítulo dedicado al teatro de Torón, Joaqxiín Artiles señala que son
tres los temas que sustentan "El tablado de la farsa": la germanofobia, la política local y la
misma sociedad de Las Palmas^^. Trascurrido el lapso de la Primera Guerra Mundial, "La
pantalla grotesca" no incluye entre sus temas, lógicamente, la germanofobia^^, pero sí man-
tiene los otros dos asuntos entre sus composiciones. Evidentemente coincido con el análi-
sis de don Joaquín y tengo la impresión de que el total de las creaciones puede adscribirse
con mayor o menor fortuna a una de estas tres perspectivas. En aquel momento don Joaquín
realizó un análisis en sí mismo de este corpus, pero a este trabajo que elaboro, esta vocación
satírica del poeta va a interesarle fundamentalmente como constituyente de un total creati-
vo. De este modo, la lectura que voy a hacer de estos textos va a buscar la relación de los
mismos con la particular coyvmtura social en la que fueron escritos, la relación que guardan con
otras creaciones del autor y, en cierto modo, desentrañar al lírico que se esconde bajo esta
voluntad satírica. Una de las derivaciones que también ofrecen estos textos es la reflexión
sobre sí mismos. Es una suerte de metapoesía que intercala sus esfuerzos a lo largo de las
diversas entregas. Desde la "Presentación"^^ se nos va dando noticia acerca de los avatares
de la propia escritura, utilizando para eUo un lenguaje juglaresco:
Otros textos que dan noticia de la vida interna de la columna son "Explicando"^ ^, que
informa acerca de un mutis^^ que se extendió durante los días previos o "Lo que hay y lo
que dicen"^^ publicado en "La pantalla grotesca" de El País, con lo que se da continuidad a
esta temática, donde el poeta defiende la pulcritud de sus críticas. Pero hay un texto que, por
las concomitancias que guarda con un poema lírico de Torón, me va a interesar especialmente.
Se titula "Intermezzo" (otro término musical):
Comparemos este texto con "La idea" un poema comentado en el capítulo acerca de la
metapoesía. Trascribo un fragmento:
Como se aprecia, el ejercicio meramente creativo, sea con mayor o menor pretensión Mrica,
interesa a Torón, ávido siempre de desentrañar los secretos de la escritura desde eUa misma.
LA V I D A DIFÍCIL
U n o de los aspectos en los que más quise insistir a la hora de abordar las creaciones teatrales
de Torón fue la particular coyuntura en la que se desenvuelve la sociedad que lleva el autor
a las tablas. C o m o señalé, la aceleración de la vida urbana (\in fenómeno que persiste en
nuestros días) y con ella la carestía de alimentos, la falta de necesidades básicas motivadas o
n o por el conflicto bélico y la constante amenaza de brotes epidémicos, delimitaban un
marco vital complejo, donde la supervivencia diaria se convertía en heroicidad y donde la
muerte era tan cotidiana como la propia vida. Pues bien, estos textos aparentemente festi-
vos - c o m o aquéllos— también encierran en sí la denuncia de una difícil subsistencia. Pongo
algunos ejemplos:
Pueden valer estos ejemplos, (hay muchos más^-') a la hora de acercarnos, como hice en
lo referido al teatro, a tan compleja situación. El tono irónico con el que Torón se acerca a
esta realidad n o debe desmerecer la perspectiva crítica que subyace. U n o de los aspectos
sobre los que vierte su crítica es la situación portuaria del, n o olvidemos, joven Puerto de la
Luz. Hay que tener presente que por cuestiones laborales, Torón era un profundo conoce-
dor de este espacio. Varios son los textos^^ en los que se refiere a la realidad de algunos
buques como el " G r a o " o el "Pizcueta" que n o terminaban de resolver los problemas del
embarque de los productos autóctonos o en las que hace alusión a los previsibles problemas
de suministro de carbón, asunto que, por su oficio, conocía perfectamente.
20 Pi", p. 31. x
21 PS,p. 39.
22 PS, p. 99.
23 Cfr. "Coplas ingenuas. VI", {PS, p. 32), "Coplas, apuntes y diálogos. Yl"{PS, p.39), "Pasaron los reyes" (PS,
p. 53) o "Razones... y sin razón" (PS, p. 96).
24 Cfr. "Coplas de exportación" (PS, pp. 56-57) "Coplas vulgares" (PS, p. 64) o "Coplas varias" (PS, pp. 73-
74).
Otros muchos textos tienen como motivo la queja irónica acerca de los elevados precios
de los alimentos. Así los precios de las papas, el pan o las legumbres se vuelven argumento
de algunas composiciones. Éste es u n o de los motivos perennes en la creación satírica de
Torón. Tanto en " E l tablado de la farsa" como en "La pantalla grotesca" encontramos poe-
mas animados por esta situación. Curioso, no obstante, es u n comentario que en una carta
fechada el 12 de diciembre de 1960 realiza Torón a Fernando González:
Por aquí las cosas continúan progresando en el aspecto urbano —ya hay construcciones de 12 y
14 pisos— y los alimentos y artículos de primera necesidad subiendo a la par de ellos. Quizá lle-
guen a la luna antes que los proyectiles americanos o rusos. Los que vivimos la época de don
Femando -que creíamos tan mala-, cuando un modesto -pero sonante- duro diario para la
plaza era suficiente para el sostenimiento de una familia bastante numerosa temblamos hoy día
al ver que con cien pesetas que Llevamos al mercado apenas podemos traer cuatro o cinco cosas
en el cesto. Y esto lo sé yo porque a diario le hago la compra a mi mujer que se encuentra sin
La época que retrata Torón en sus creaciones satíricas, parece haberse superado a sí
misma en los acelerados años cincuenta y sesenta. Torón, que creía tan mala la época de su
euforia juvenil, asiste con asombro (y disconformidad política) a u n nuevo tiempo.
E n otro momento, en un texto escrito a dos manos con Quesada, Torón llega a criticar
la abundancia en la que nada el clero de la época: "Ellos que están gordos / de comer
jamón"^". Pero hay u n aspecto que gira en torno a esta coyuntura y que, a tni juicio, merece
más atención. Torón lanza sus coplas contra el pueblo que sufre resignado este malvivir. Esa
resignación, esa suerte de indiferencia que ya fue encarnada en algunos personajes de las piezas
teatrales, causa una desazón mayor que la propia situación socioeconómica. Torón es extremo
en alguno de estos textos:
25 Epist. (77).
26 PS, p. 81.
27 PS, p. 33.
28 PS, p. 40.
Pero la pluma de Torón n o se conforma con la denuncia de esta pasividad que justifica
por una particular carga de pesimismo. El autor teldense da un paso más y lo da en esta
composición titulada " E l fin de Babia":
29 PJ, p. 41.
30 Babia es una comarca del norte de León y el dicho popular "estar en Babia" parece provenir de este rin-
cón, del que también era originario el caballo de El Cid: Babieca.
31 PS, pp. 52-53.
Nuevamente, en "La pantalla grotesca", unos años después vuelve a aparecer este motivo
en una composición titulada "Año nuevo":
Este procedimiento, esta mirada acida sobre una sociedad indiferente ante los problemas
que la acosan, es la que motiva muchas de las crónicas que tanto Saulo Torón como Alonso
Quesada llevan, en los mismos años en los que se publica " E l tablado de la farsa", al mismo
periódico, a Ecos. Tengámoslo presente a lo largo de la lectura del siguiente epígrafe.
CRÓNICA Y VERSO
La primera crónica publicada por Torón y que, c o m o hemos visto se titula "La fotografía",
fue publicada en el periódico Ecos el 5 de octubre de 1916. La última, " E l hombre activo",
lo hizo el 10 de diciembre de 1917. Según las fechas que baraja en su colección Joaqiiín
Artiles, el primer texto satírico de Torón fue publicado el 28 de noviembre de 1916 y el últi-
m o fechado lo sitúa el 18 de septiembre de 1917. Con prácticamente días de diferencia, lo
que pretendo demostrar es que la primera colección de poesías satíricas de Torón y sus cró-
nicas fueron escritas y publicadas en un mismo lapso histórico, el que coincide con el final
de 1916 y la práctica totalidad del año siguiente. Lo que pretendo demostrar con estos datos
es el continuo trasvase que opera entre ambos géneros cuya escritura coexiste fehaciente-
mente en la biografía de Torón. E n el capítulo dedicado a la prosa hice múltiples referencias
que conectan ambas voluntades de escritura. E n cierto m o d o este epígrafe aborda desde una
perspectiva inversa, la misma circunstancia.
Este trasvase del que hablo, superficialmente, se aprecia en versos como los que siguen:
Hay incluso u n texto donde los habituales personajes de las crónicas de Quesada se
hacen u n hueco:
32 PS, p. 143.
33 PS, p. 30.
Otra de las dedicaciones de Torón en este periódico fue la de publicar críticas artísticas.
Sirva como ejemplo este "Elogio a Pujol"^^ del que extraigo un fragmento:
34 PS, p. 45.
35 PS, pp. 167-168.
36 Emilio Pujol Vilarrubi (1886-1980), giiitarrista español, discípulo, entre otros, de Tárrega y Felipe Pedrell
(vid. [Link]
Gran artista
que en la pista
del Galdós pusiste raya,
a ti vaya
este mi elogio sincero,
en rimas de mal coplero;
de mal coplero ladino,
que al agua le llama vino...
cuando es vino verdadero^^.
Este texto es paradigmático a la hora de mostrar esta nueva vertiente que, suprimida la
coyuntura de la Gran Guerra afloró entre la creación satírica de Torón. El melómano que
fue don Saulo pudo, con esta actividad, conciliar dos de sus aficiones más intrínsecas.
LA C O N D I C I Ó N INSULAR. LA D I F E R E N C I A
37 Pi", p. 160.
38 VS, p. 36.
39 PJ, p. 54.
40 Es más evidente el caso de Quesada por su particular relación con los ingleses.
de forma explícita ante una palabra que es frontera. Pero hay dos textos donde estas ideas
que esbozo adquieren, a mi entender, verdadero cuerpo. Vayamos a la primera estrofa da la
composición "Sonatina del tiempo viejo":
Esta estrofa aparentemente ingenua nos traslada, sin embargo, a una situación particula-
rísima que ha afectado y afecta al hombre canario. Durante siglos, el habitante de las Islas
Canarias fue obligado a la desemejaría^ de sí mismo. Fue Uamado a parecerse a lo que n o era.
Torón, con su lamento nostálgico declara la deserción de la idiosincrasia, algo que resulta
familiar a los modernos canarios del siglo XXI.
U n último texto va a ayudarnos a desentrañar el razonamiento que vengo exponiendo.
Forma parte del texto "Coplas vulgares". Es concretamente la tercera estrofa:
Ya se marchó el periodista,
se marchó para Madrid...
"Compañero", hasta otra vista,
recuerdos a Myo Cid'^^.
Es también revelador este texto. Ante el regreso a Madrid de un periodista que n o parece
gozar de las simpatías de Torón, éste le envía recuerdos para el héroe nacional español que,
evidentemente, Torón ubica en la lejanía; lejanía que viene expresada por ese propio deseo
expresado entre líneas.
ANTICLERICALISMO
41 PJ', p. 57.
42 PS, p. 63.
43 Cano Vera, capítulo VIL
Pues hay que decir, grosso modo, que la presencia de Feo entre los escribanos de la columna
satírica n o frenó la pluma de Torón a la hora de zarandear con sus escritos a los que él estima
incoherentes sacerdotes. El apoyo general del clero a los germanos en la guerra p u d o ser el
desencadenante del aluvión de críticas que dirige Torón a los sacerdotes, que n o a la esencia
de la fe.
Torón critica el tedio del sermón de las Siete Palabras, larga exégesis bíblica que se pro-
nuncia en Viernes Santo, la apasionada germanofilia de algunos sacerdotes"*^, publica un
satírico himno a San Juan, critica, como se ha visto, la abundancia en la que nadan los canó-
nigos catedralicios mientras el pueblo pasa penurias para sobrevivir, exige continuamente la
marcha del Obispo... Veamos ^xa. significativo texto donde, haciendo referencia a J5/ Diario
de Las Pa/mas, donde pubHca Artües sus textos, Torón saca a relucir xm particular argumento.
Se está refiriendo a la publicación en este rotativo de unos versos de pésima calidad escritos
por una tal Gertrudis Segovia:
Aquí el poeta va más allá. Es preciso no perder el escenario en el que estamos movién-
donos. E n el epígrafe titulado "La vida difícil" hice especial hincapié en la crítica que Torón
vierte sobre la sociedad de su tiempo que, resignada, sufre su compleja situación. A mi
entender, esta aseveración viene refrendada por la "pura doctrina cristiana" a la que alude el
poema y que está en la raíz de esa indolente forma de afrontar la penuria. Torón critica a u n
periódico que soporta lo malo y a un pueblo que también lo soporta esgrimiendo errónea-
mente un argumento cristiano. H e ahí la raíz de esta aseveración, que parece recordar que
el mismo Cristo encarnado que fue ejemplo extremo de bondad, empuñó el látigo para
expulsar a los mercaderes del templo cuando fiíe necesario.
BAJO LA SÁTIRA
Pese a la volvintad satírica que mueve la pluma de Torón en estos textos, es relativamente
sencillo encontrar muestras del poeta lírico a p o c o que se escarbe. Este lirismo aparece en
primer lugar en versos aislados: "la noche de luna / la caUe desierta" ^^''sobre el mar - q u e
yacía en calma"^^ "si lo dicen las campanas / con su lengua de metal"^^, "en la tierra /
donde oró Colón / la tierra que a nadie / le negó su amor'"*^, "cuando las olas se acercan
/ nuestras playas a besar"^*^... Hay otras estrofas que, aisladamente, albergan contenido lírico.
Una de las obsesiones sauMnas, la condición temporal del ser humano, encuentra hueco en
una escritura aparentemente desenfadada:
Ignoro si la virtud
de su ciencia es cosa cierta;
mas sé que mi juventud
pasó ya, y es cosa muerta^^.
46 PS, p. 45.
47 PS, p. 49.
48 PS, p. 62.
49 PS, p. 69.
50 PS, p. 104.
51 PS,p.34.
52 PS, p. 162.
53 PS, p. 155.
54 PS, pp. 105-106.
55 PS, pp. 133-134.
56 PS, p. 32.
Hay algunas como el pasaje VIII de "Coplas ingenuas"^'', "Presagios"^^, " E l jardín aban-
donado"^^, "Canto a la luna nueva"^^, que, presididas por ese deseo, en algún m o m e n t o sí
derivan hacia la voluntad satírica. Pongo como ejemplo los últimos versos de "Canto a la
luna nueva":
Pero, con estas mismas características, he seleccionado un texto que me resultó suma-
mente significativo. Debemos tener presente, a la hora de abordarlo, aquellos poemas de El
caracol encantado en los que Torón instaba a su pensamiento a abandonar su corporalidad y a
ascender, a elevarse y también esos textos que critican el alza de precios. Por la conciliación
de ambos asuntos resulta tan significativo este texto:
LIBRO D E COPLAS
56 ?S, p. 32.
57 VS, p. 52.
58 PJ, p. 59.
59 Pi", pp. 85-86.
60 Trascribo literalmente de la edición de Joaquín Aitiles. Sorprende este guiño, que bien podría ser una errata,
pero que agradaría sin dudas al amirado Juan Ramón.
61 PJ, p. 36.
más que me interesa es la inspiración que las coplas populares de la tradición canaria pres-
ta al poeta a la hora de elaborar sus diatribas. Un procedimiento habitual es el de las "coplas
intervenidas"'^^^ así llamadas por el propio autor, que consiste en transcribir algunos versos
de una copla popular (que yo cito en cursiva) y añadir, de propia mano, los restantes. Veamos
algunos ejemplos:
Como señalé en otro momento, la afición de Torón por las composiciones populares, afi-
ción de la que da prueba entre otras cosas la presencia de una hbreta autógrafa que recoge
un ampHo número de ellas, no sólo nos interesa dentro de estas tácticas de "intervención",
sino también a la hora de expHcar la motivación de todas esas composiciones breves que
fueron progresivamente ocupando páginas en sus publicaciones. Por otra parte, la "inter-
vención" de esas coplas populares constituye, sin lugar a dudas, una contribución a la escri-
tura humorística de Torón, esbozada en un breve artículo por María del Prado Escobar
Bonilla^S.
62 Ese es precisamente el título de una de los textos publicados por Torón. (PS, pp. 65-66), donde hay diversos
ejemplos de esta táctica de escritura.
63 PS, p. 50.
64 PS, p. 60. Están contenidas en un epígrafe titulado precisamente "Isas".
65 "El humos y la sátira en la obra de Saulo Torón", en Studia humanitatis en honorem Antonio Cabrera Perera,
Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Paknas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria,
2002, pp. 57-68.
Tal como se aprecia, nuestro autor habita decididamente su propio tiempo, sin rehuir la
conciencia de su finitud. Habita el presente de su existencia y mira a los ojos de su particular
destino. Muchas veces he recordado, al leer un pasaje de Luces de bohemia de Valle-Inclán, esa
visión dialéctica entre la conciencia participante de la temporalidad del ser (que percibimos
en nuestro autor) y la pretendida ocultación de la misma. Se trata de algunos parlamentos
de la escena novena, que presenta el encuentro de Max Estrella, el personaje principal, con
el trasunto ficticio de Rubén Darío:
Claro queda en este fragmento ese debate personal perfectamente extrapolable a otras
realidades y otros segmentos estéticos. Rubén, que no tiene que coincidir exactamente con
la cosmovisión del personaje real en el que se inspira, encarna en este caso un planteamiento
evasivo del verdadero existir humano (volveremos a replantearlo ante un poema como "Lo
fatal").
PIABITAR EL TIEMPO
Para contraponerlo al autor que es objeto de mi investigación, sin perder de vista el diálogo
dramático recién trascrito, centrémonos en un caso como el de Tomás Morales. Ya se ha
señalado en más de una ocasión que la estrecha relación vital entre Morales y Torón no se
corresponde con una exacta hermandad estética ni filosófica. A mi entender, sus lenguajes
se complementan (constante retroaümentación: diacrónica y sincrónica). Lo explicaré. A
menudo, Tomás nos deja la impresión de no habitar su propio tiempo. Como el Darío
valleinclanesco, en muchas ocasiones rehuye mentar a la Dama de Luto, como si haciéndolo
así lograra esquivar su destino, como si así pudiera habitar el tiempo eterno. Vayamos, no obs-
tante, un poco más allá y añadiendo a Quesada intentemos replantear la peculiar personalidad
de cada uno de los tres autores principales del modernismo insular. Vamos a hacerlo fiján-
donos en un detalle no exclusivamente literario.
Hay una foto que se ha hecho famosa y que a este respecto nos puede ayudar a vislum-
brar la conclusión que pretendo extraer. Me refiero a una imagen tomada en la biblioteca de
la casa de Quesada^. En eUa aparecen el propietario de la casa, Morales y Torón. Quesada,
de pie, con el codo apoyado sobre un sillón, y la pakna de su mano contra el pómulo dere-
cho: la mirada profunda, interrogativa y callada; tan melancólica como llena de hastío.
Morales, de pie, con el brazo derecho sobre los libros del estante superior, la mano izquierda
en el bolsillo y una mirada que rebosa vida enmarcada en un rostro que esboza vina sonrisa.
Torón, con los brazos cruzados, es el único que aparece sentado, pero a un lado, sin situar
de Totón adquiere carta de naturaleza desde la consideración del siempre de Morales. Con
mayor acierto y hermosura que yo, expresó Alonso Quesada esta voluntad de Morales de
hacer presente el pasado en un poema titulado precisamente Siempre, poema que acota fren-
te al sepulcro del poeta de Moya. D o s de sus versos dicen:
Es quizá desde esa perspectiva desde la que hay que entender la siguiente aseveración de
Rodríguez Padrón:
Frente al tiempo mítico, regular, repetible y deseable, se instala el tiempo original, irrepetible,
perecedero, de la modernidad. Es importante significar que nuestro poeta no sustituye el uno
por el otro (ni quiere borrar el pasado como malo, ni desea ingenuamente condenar el presente
como origen de todas las desdichas), sino que traduce en su obra un esfuerzo de conciliación,
que no es equilibrio, (según ha dicho, en alguna ocasión, Sebastián de la Nuez) sino tensión y
conflicto vivos, latentes^".
N o creo que este jviicio de Rodríguez Padrón sea irreconciliable con el planteamiento que
vengo defendiendo. Efectivamente, Morales se instala en el tiempo de la modernidad, pero
deshabitando, a mi entender, su propia condición finita, diluyendo en su palabra mítica
(puede ser que se oponga al tiempo mítico para crear su propio mito), su particular angustia.
Quiero trasladar algunos versos de Saulo que contribuyen a corroborar lo que vengo
expresando, la otra actitud que emana de sus versos:
Son, como vemos, este libro, y concretamente la sección Los momentos, los más explícitos
a la hora de presentarnos el particxilar acercamiento del autor al texto y, por ende, a su rea-
lidad. El acontecimiento de la escritura del poema (un presente, como el de la lectura) apa-
rece extraordinariamente apegado a la existencia. La construcción del poema es paralela a la
construcción de la ciudad. El propio título de la sección es concluyente a este respecto.
Estamos ante una escritura crónica. Una escritura en el ahora, que ubica a cada lector en cada
u n o de sus ahoras^^. Las propias circunstancias biográficas a las que he hecho alusión posi-
bilitan este discurso. E n LMS monedas de cobre asistimos a un libro activo, escrito desde la fire-
nética juventud de Saulo Torón. E n adelante, y sobre todo desde su tercer libro, Canciones de
la orilla, su obra será menos activa y contextual para volverse más introspectiva e intemporal.
Desde el sosiego renovará sus entregas poéticas, tendiendo al siempre. Si nos vamos al caso
de Morales y nos centramos en la sección Poemas de la ciudad comercial, insertos en el Libro
Segundo de LMS Kosas de Hércules, nos encontramos con una apropiación de la realidad dia-
metralmente opuesta. Imbuido en una atmósfera mítica que se ubica en distintos tiempos
sin abandonar su particular lenguaje, profesa una lógica distancia con respecto al texto. Es
esta distancia la que lo vuelve más espectador que actor, más mítico que lógico. El trascrito
a continuación es u n o de los ejemplos que más se acercan la participación de Morales en su
texto:
Señalamos este texto dentro de las excepciones en la perspectiva de Morales. Sin embargo,
aún podríamos matizar el tratamiento de la primera persona del autor moyense. C o m o
vemos, su intervención se acerca más a la reflexión que al testimonio directo. El cronicar de
Morales y Torón, al que volveremos, tiene puntos en común y diferencias tan notables como
la expuesta. Veamos estos dos pasajes paralelos de ambos poetas, que comparten anécdota
pero que tienen un grado de participación distinto pero necesariamente complementario.
Empezamos con el de Torón:
14 Cfr. Gastón Bachelard, La intuiáón del instante, Fondo de Cultura Económica, México. 1999.
15 "El barrio de vegueta" (TM, p. 227).
16 "Domingo provinciano" QAC, p. 56).
Curiosos textos que nos aclaran definitivamente esta perspectiva dialéctica que venimos
rastreando. Habrá que tener en cuenta la implicación de los poetas a la hora de asumirse ante
la escritura, ya que ello nos dará la clave de su definición ante la temporalidad humana.
C o m o vemos, el mismo Saulo Torón, humilde y silencioso, se vuelve protagonista de su
poema crónico (no olvidemos este concepto ya señalado), y sin tapujos declara la escena que
lo sorprende. Por otra parte, el explosivo Morales se distancia, protegiéndose en una prime-
ra persona del plural que, como en el firagmento trascrito, aparecerá en otros momentos de
su obra. N o se trata, pese a lo que pueda parecer, de establecer una confirontación compe-
titiva entre ambos autores. Reitero que parto de su compkmentañedad (compartida con otros
coterráneos, coetáneos o n o y señalada ya por Eugenio Padorno^^). Simplemente me inte-
resa lo que n o es otra cosa que una reacción ante la certidumbre trágica que aguarda a todo
ser hiamano. Así como el resto de los hombres habita el tiempo por vivir en forma de pro-
yectos y deseos. Morales habita un tiempo oscilante entre un pasado mítico y un presente
mitificable, n o siempre mitificado (recordemos la conáliaáón de la que habla Rodríguez
Padrón citando a Sebastián de la Nuez^^), que aspira a volcarse en el presente donde coin-
ciden existencia y escritura, mientras que Torón afirma sus pasos sobre un presente sosegado,
seguro de su condición finita. Tomás Morales se parece a ese sacerdote romano que certifica
con su palabra la fiíndación (quizás en este caso re-fiíndación) de una ciudad, mientras que
nuestro poeta es un habitante más de esa misma ciudad que despierta. Llevándolo a una
plasmación crítica, podemos concluir que la poética de Saulo Torón (como antes dije, m e
refiero fiíndamentaknente en este caso a la que sustenta IMS monedas de cobre) recurre a una
escritura participante, mientras que Morales asume una escritura participada (efectivamente uno en
el participio de presente y otro en el de pasado^^. El presente nos aboca indefectiblemente
hacia el fin de nuestra temporalidad; situándonos en nuestro propio tiempo, vivimos una
hastiada melancolía, baudeleriano spleen que n o se proyecta sobre el tiempo venidero. El
tránsito del pasado al presente y viceversa nos evoca la consolidación de una poética interna
que tiene un espacio determinado como materia escritural, como materia mitificable. "Las
palabras del poeta [...] por una parte son históricas [...] son algo fechable. Por la otra son
anteriores a toda fecha. Son un comienzo absoluto"^^. La voz de Tomás Morales y la de
Saulo Torón se necesitan, participan comúnmente de una existencia, pero la encaran en
divergencia. Abolir cada originalidad falsea la tradición.
Después de reaHzar este razonamiento, me encontré con la sorpresa de un texto de
Rodríguez Padrón que, en otro autor, realizaba u n análisis similar al que yo hacía de la figu-
ra de Morales:
Para el orden moral, sin embargo, la diversidad es peligrosa; y la oculta, como oculta los cuer-
pos. Temor al cuerpo, miedo al amor (analogía, ironía), en la religión laica (fe, razón imposibles)
instaurada por los noventayochistas en nuestra literatura contemporánea; defensa, distancia (y
negación) de la atrevida sensualidad del modernismo americano. Antonio Machado evocará a
Berceo y a Garcilaso, pero teme a Góngora y a Darío: perturban su templada equidistancia entre
clasicismo y romanticismo. Y cuando celebra a Jorge Manrique, no parece entender que la palabra
de éste no habita el tiempo, se empeña en aboUrlo. [...] Diálogo irónico, síntesis ambigua, para
dejar frente a frente -asombro interrogante- el sentimiento de finitud temporal y su negación
poética^^.
Quedándonos con el razonamiento final, podemos darnos cuenta de que la abolición del
tiempo que percibe Rodríguez Padrón en Manrique es análoga a la que lleva a cabo Morales,
aunque n o posea la del escritor castellano la misma motivación que la del vate moyense.
Abolir el tiempo significa escribir el no-tiempo y en esa cronología inexistente cabe abolir tam-
bién nuestro papel en el m u n d o o mitificarlo. Lo segundo es lo que hace Morales.
Volviendo a Saulo Torón, he reservado interesadamente para concluir este razonamien-
to "Lo irremediable", quizás u n o de los poemas que con más claridad asume esa escritura
participante en la que se desenvuelve Torón, una escritura donde en la que el poeta declara
su trasiego por una ciudad adántica que despierta a la modernidad. París fue hollado por
los pies de Baudelaire y de ese tránsito nació una escritura. Torón inaugura, también con sus
huellas, la vida nueva de una ciudad antigua, donde las angustias siguen morando:
entender, desde una sintom'a en ambos discursos, para no desatender la voz del poeta ni diluirla, como ha
acontecido, entre las voces de sus compañeros.
21 Octavio Paz, El arco j la lira, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1986, p. 185.
22 Jorge Rodríguez Padrón, ha palabra dada, Las Palmas de Gran Canaria 1993. Colección Pasos sobre el mar,
p. 27.
INUTILIDAD D E LA ESCRITURA
Se abre de este modo la brecha entre la sociedad burguesa y el artista: a la indiferencia de aquélla,
opone éste su desprecio, consciente de su papel de creador de objetos bellos e inútiles, lo que
se traduce en una actitud de rebeldía ante cualquier canon social establecido. Una buena muestra
es la carismática obra de Huysmans, A. Rebours, cuyo protagonista ilustra perfectamente esta
situación para el París de fin de siglo: "Adivinaba en los transeúntes una sandez tan inveterada,
tanta execración para las ideas de él y tanto desprecio para la literatura, para el arte, para cuanto
él adoraba, implantados, anclados en esos estrechos cerebros de negociantes preocupados
exclusivamente de fullerías y de dinero y accesibles sólo esa baja distracción de los espíritus
23 MC, p. 48.
24 "Labor interrumpida" {MC, p. 38).
25 Así se refiere Saulo Torón a Antonio Machado, en un poema que le dedica dentro de la sección Ofrendas
devotas de Las monedas de cobre.
26 Opus cit., p.63.
mediocres llamada política, que volvía rabioso a su casa y se encerraba a piedra y lodo con sus
Ubros"^^.
27 Oswaldo Guerra Sánchez, "El espacio urbano como mito fundacional del modernismo canario" en Varia
kcción sobre el 98. El modernismo en Canarias (Eugenio Padorno y Germán Santana Henríquez (eds.)), Servicio
de publicaciones de la ULPGC y Ayto. de Arucas. Las Palmas de Gran Canaria 1999, pp. 65 y 66. La cita
de Huysmans la ubica el autor en J. K. Huysmans, Al revés (prol. de Luis Antonio de ViUena), Bruguera,
Barcelona, 1986, pp. 68-69.
28 Remito a un definitivo capítulo de Ángel Rama (ópus cit., pp. 49-79), que se titula "Los poetas modernistas
en el mercado económico". En la página 57 apunta: "Ser poeta pasó a constituir una vergüenza. La imagen
que de él se construyó en el uso público fiíe la del vagabundo, la del insocial, la del hombre entregado a
borracheras y orgías, la del neurasténico y desequilibrado, la del droguista, la del esteta delicado e incapaz,
en una palabra —y es la más fea del momento— la del improductivo". Piénsese, por ejemplo en el poema de
Saulo Torón titulado "El borracho del barrio" {MC, p. 33), en el que nuestro autor se conmisera del bebedor
empedernido y afirma "casi estoy por llamarte compañero".
29 Este descreimiento en la política es tan antiguo como ella misma. En el diálogo apócrifo de Platón titulado
Axioco, el personaje que da nombre al texto se expresa de la siguiente forma:
Nada me parece más insoportable que la política. Esto es evidente para quienes han invertido en ella. Pues tú hablas
como un espectador que la observa desde lejos, pero nosotros, los que hemos pasado por la experiencia, lo sabemos
con mayor exactitud. El pueblo, amigo Sócrates, es desagradecido, se desilusiona rápidamente, cruel, envidioso, sin edu-
cación, como si se hubiera ensamblado un tropel de gentes venida de todas partes, violenta y jactanciosa. Pero el que
se hace su compañero es todavía más miserable (en Diálogos, [Link], Madrid,! 992. Biblioteca Básica Credos, p. 418 -
369, a-).
No sólo como escritores de este tiempo sino como habitantes del mismo, proponen un
diálogo del que se inhiben los que están en su entorno. Parecen hablar un idioma cerrado,
no tanto en la escritura como en la vida, que los hace buscarse. Nunca exageraremos al con-
siderar la intensa relación de Quesada, Morales y Torón. Al mundo cotidiano que los arrin-
cona, responden con un mundo escritural, un mundo de lecturas, de tertulias,... "mientras
llega la muerte"^ ^.
EXISTENCIALISMO
En primer lugar, estaría el soporte espacial y geográfico en el que el hombre convive con las
cosas, sin problematizarlas. En segundo lugar, estaría el diálogo con las cosas para conocer la
esencia de las mismas y ver, sobre todo, si el conocimiento de tales esencias puede revelarle algo
acerca de la esencia y del destino de quien las interroga^^.
de ser mi Universo, el que acaba y empieza conmigo. El que estoy obligado a compartir. La
orilla, territorio de constante habitación para nuestro poeta, es precisamente un espacio de
transición con respecto a "la otra oriUa"^^. Una nueva cita de Eugenio Padorno, alusiva a la
poética de Rivero, redondea perfectamente lo expuesto:
El soporte espacial y geográfico es, en el caso de Rivero, la realidad isla, que impone su circuns-
tancia. Vivir en una isla es una manera determinada y determinante de estar en el mundo; es, en
cierto modo, asistir a la soledad cósmica. Y a esa soledad cósmica la hace llevadera el dialogo,
no sólo con los hombres, sino también con las cosas; Rivero "habla" con casi todos los poetas
canarios de su tiempo, pero también lo hace con el pobre que le pide limosna, con su viejo bar-
bero, con los muebles de su cuarto, con la piedra de Arucas... Pero las cosas son tan insepara-
bles de su Yo, que participan del proceso de humanaáón que sobre el cuerpo del poeta ejerce la
temporalidad^'^.
35 Una de las secciones del estudiado Canríones de la orilla, que reúne algunos poemas In memorian, se llama pre-
cisamente Canciones de la otra orilla.
36 La presencia de la poesía de Domingo Rivero..., ópus cit, p. 19.
37 Me refiero a dos poemas de LMS monedas de cobre, respectivamente "Elegía pueril" (p. 20) y "El rosal de mis
ensueños" (p. 66) Podíamos añadir a este Ustado un poema de Alonso Quesada de un tono similar a los
dos de Saulo. Se títvila "Elegía al canario" (AQ, tomo I, p. 99). Sorprenderá al lector la similitud en los tonos
de ambos poetas.
Una reflexión parecida a la que sustenta el poema de Rivero antes mentado^^, late en este
texto de Torón. Incluso la formulación de muchos versos es similar. El cuerpo también es
la casa del ser "tu barro es carne mía"; (del barro nació el hombre). U n o muere como niño,
como adolescente..., incluso muere cada día y ahí se vuelve, como decía Quevedo, "presentes
sucesiones de difunto". La juventud de Saulo Torón se queda en esa casa que abandona
(probablemente cuando se muda a vivir con su hermana Micaela), y las cosas, mudas depo-
sitarías de recuerdos y n o solamente los seres, son en muchos casos motivación de angustia:
se vuelven testigos del devenir humano y su contemplación nos obliga a buscarnos en el
tiempo. El "lento viaje hacia la senectud" se enhebra en muchos casos con episodios y cosas
que son capaces de evocarnos un tiempo ido. D e ahí que las cosas "apenas sensitivas" o que
" n o sienten" (ahora evocamos a Darío en su célebre poema "Lo fatal") parecen proyectar
sobre el hombre la angustia que les niega su propia naturaleza. Saulo Torón nos acerca a la
vanguardia. N o s acerca a u n discurso en el que las cosas son capaces de modificar activa-
mente la existencia humana. La personificación de los entes desborda al ser humano. N o
será ya un recurso literario, sino la constatación de las posibilidades oníricas. El mero hecho
de prestarles atención a las cosas, llevándolas como Torón al primer plano poético, el acto
de señalarlas, ya es un acto eminentemente moderno. Es un acto, tal como expresa Jakobson,
que nos coloca "en relación existencia?' con el objeto que señalamos. D e la misma manera
que la evocación de los amigos muertos en los libros subsiguientes será motivo de angustia,
la particular relación con los objetos que acompañan la vida, tiene una especial significación
en el primer Hbro de poemas publicado por nuestro autor. Si antes mentábamos a Morales
para oponer ambas escrituras ahora, ya se ve, estamos recurriendo a Rivero. D o n D o m i n g o
concentra su mirada en aquellos objetos que son capaces de inducir una realidad vital sobre
la que poetizar. Torón en algunos poemas proyecta una mirada similar. Poemas riverianos
como "La silla" o "Los muebles de mi cuarto", "Piedra canaria" o "El faro" encuentran pre-
suntos y curiosos paralelos, que evidentemente requieren una comparación profunda, en los
saulinos "Patrimonio sentimental", el pasaje VI de la sección Iniciación de El caracol encantado
("Roca del mar yo sé...") o el ya comentado " E l faro de la Isleta". Quiero transcribir a con-
tinuación el segundo de estos poemas, no con el afán de contraponerlo a ninguno de Rivero,
sino queriendo extraer algunas conclusiones particulares acerca del filosofar de Saulo Torón:
38 MC, p. 21.
39 Cfr. los distintos acosos interpretativos de Eugenio Padorno; por ejemplo, en Domingo Rivero. Poesía comple-
ta. Ensayo de una edición crítica, con un estudio de la vidaj obra del autor (pp. 533-545) o en Algunos materiales para
la definición de la poesía canaria (pp.75-139), obras ambas citadas en la Bibliografía del presente trabajo.
callada y firme,
—los embates de la onda brava
y la furia del viento irascible—
porque tienes fe en ti misma;
en tu ser inamovible,
en tu majestad soberana
que ni se abate ni se rinde.
Pero cuando la espuma baña
tus flancos, con saltos pueriles,
y el sol de la mañana dora
tus abruptos y tu planicie,
algo en tu entraña se estremece,
algo en ti gime,
roca del mar solitaria,
muda y firme,
pensando, acaso, que eres eterna...
¡pero no Hbrel^O
Decía anteriormente que volveríamos a Darío y es que aquí nos vuelve a aparecer ese
paradigmático poema del vate nicaragüense que es "Lo fatal". Más que ninguno aquel pasa-
je que reza: "Dichoso el árbol que es apenas sensitivo / y más la piedra dvira porque esa ya
n o siente"^ . Saulo Torón desmonta la hipótesis rubendariana para dirigirse directamente a
esa "roca del mar", esa "piedra dura" que ahora sí siente, que es partícipe del proceso de
humanaáón hallable en escrituras como las de Unamuno'^^ o Rivero^-^ y que es para él es sen-
sible y eterna. Esa doble naturaleza es la que ratifica la conciencia finita de su interlocutor,
en este caso el poeta. U n concepto expresado algunos versos más abajo me interesa espe-
cialmente. Es esta pareja de versos: "porque tienes fe en ti misma / e n tu ser inamovible".
La roca es u n ser; tiene un existir pero un existir n o dinámico, inamovible y ajeno a la tem-
poralidad, opuesto al existir dinámico y finito del ser temporal. Casi podríamos realizar la
oposición ente/ser. La roca es un ente (en estricta traducción latina: que es; participio de pre-
sente) y el h o m b r e es un ser (en el concepto agónico de la existencia). C o m o antes expresa-
ba, la relación del hombre con las cosas lo enfrenta a la certidumbre de su finitud^^. La roca
ha sido testigo del existir de otros seres y su infinitud se proyecta sobre la finitud de los seres
temporales. La roca ofrece un diálogo entre lo eterno y lo finito y en ese diálogo aflora otro
concepto: el de libertad. En cierto modo, la eternidad de la roca tiene como lastre la tara de
su albedrío y precisamente la temporalidad del ser le ofrece un lapso de voluntad donde rela-
cionarse con su espacio y donde, nombrando su mundo, apropiarse de él. Precisamente es
el lenguaje lo que posibilita al ser humano su libertad (así como la angustia. Lo veremos).
Para Saulo Torón, la roca tiene "Uama", "pensamiento" y "corazón", pero sólo se expresa
desde la consideración de un ser que la vivifiquéis. La importancia de las cosas (y lo apre-
ciamos también en Rivero) no estriba en lo que nos dicen sino en lo que nos obUgan a decir,
como si emplearan la mayeútica socrática y nos obligaran a parir la verdad desde nosotros
mismos. Las cosas sensibles ofrecen pistas sobre el ser y el cambio. Situándonos, tal como
expresa Lledó, entre Parménides y Heráclito. Como veíamos, nos inducen en muchos casos
a enfrentarnos cara a cara con nuestra propia realidad. Dice Eugenio Padorno en relación
con Rivero:
45 El segundo pasaje del poema "Caminos de ayer" de Alonso Quesada, que pertenece a su obra postuma
Ijas caminos dispersos, alumbró en gran parte el análisis que estoy desgranando, ayudándome a penetrar en la
perspectiva quesadiana de la humanación de las cosas. Basta encarar el poema. Transcribo la primera estro-
fa del mismo: "En el sendero está la misma piedra / de ayer. ¿Quién ha pasado / en la tarde tranquila sin
mirarla / si ella espera la luz de las pupilas /para ir haciendo un caminito humano..?" (AQ, tomo II, p. 108).
46 Varia lección..., ópus cit., pp. 237-238.
47 Me refiero al siguiente planteamiento:
Porque muchas veces no se sabe si el río h'rico de Saulo discurre desde las cosas o desde el íntimo manadero de su alma.
Hay un ir y venir, un flujo y un reflujo, entre el mundo que le circunda y su mundo escondido. Hay una lírica fluencia
silenciosa que va y viene por caminos de misterio. Hay una fuerza de dentro a fuera y otra de fuera a dentro. ¿Es el
poeta quien lirifica su externa circunstancia- lo pequeño, lo familiar, la pobreza, el dolor, el amor, la muerte, el mar -
transfiriendo a personas y cosas sus íntimos estados ara'micos? ¿O son las cosas las que estremecen las cuerdas secre-
tas del alma, rozándolas apenas con su plectro dorado? (de Saulo Torón, poeta lírico, cit., pp. 302, 303.)
48 c a p . 171.
aparece como concreción de la existencia, a Torón, el mar, por ejemplo, le sirve para expli-
car la totalidad del mundo. Del mismo modo la "intimidad de lo menudo" (como la Uama
Rodríguez Padrón), nos interesa en Torón, como en Rivero, por "el reconocimiento en ella
de la existencia total del hombre, de todos los hombres"^^. En él parece concretarlo todo.
Tal como expresa Manuel Díaz Rodríguez en su "Paréntesis modernista o ligero ensayo
sobre el modernismo": "En realidad no es el médico, no es el sabio, sino el poeta o el artis-
ta quien sabe el akna de las cosas"^'^. Es en El caracol encantado, libro del que he tomado el
poema "Roca del mar..." que vengo analizando, donde ese espacio es metáfora del mundo,
de la existencia, donde Saulo Torón delimita "el alma de las cosas". En este esclarecedor
poema retoma el concepto del albedrío que con meridiana claridad expusiera en su momento
Erasmo, queriendo contradecir las teorías acerca de la Predestinación. Al razonar filosófico
se une el sentir religioso que aflora en muchos momentos de la obra del autor teldense. La
antítesis eternidad / libertad se salda, a los ojos de Torón, a favor de la segunda. Y esto nos
Ueva a otro tema tan complejo como apasionante. Este nos Ueva a situarnos en la perspec-
tiva sauHna para adivinar "la otra orilla". Caronte abandona su condición fluvial para volverse
barquero de mar abierto.
LA OTRA ORILLA
Pero, no sé cómo, al llegar a este temible momento, las reflexiones firmes y elevadas
se esfiíman sin darme cuenta y las desprecio, mientras que cobra fuerza y lacera de
modo diverso en mi espíritu un cierto temor de verme privado de esta luz y de estos
bienes, de yacer, invisible e ignorado, pudriéndome en algún lugar, transformado en
larvas y gusanos^'.
El estudio particular de la obra de Saulo Torón, nos ha ido llevando en muchas ocasiones a
desembocar en la poética de Domingo Rivero. Este asunto que etnpezamos a abordar ahora,
y que no es otro que el planteamiento de la eternidad en nuestro poeta, también nos va a
conducir tras los pasos del autor de "Yo, a mi cuerpo"^^. Del antológico soneto quedémo-
nos con este fragmento: "¿qué seré el día/ que tú dejes de ser? ¡Profundo arcano!". La duda.
La "dulce ilusión de los cielos", como la llamará Torón, no es más que un misterio no resuelto.
Apunta Eugenio Padorno en el mismo texto ya citado un juicio de Sénancour secvmdado
por Unamuno que preconiza la rebelión contra la finitud y que es puntualmente asumido
por Rivero. Sin embargo, nos vamos a centrar en otro tono que el crítico percibe en el autor
aruquense:
El 24 de junio de 1928 falleció Juan Rivero del Castillo, hijo del poeta, tras su entierro, don
Domingo escribe una larga composición sobre aquel doloroso suceso. Sólo necesito destacar
dos versos - d e intenso dramatismo— de la segunda parte del poema, y dicen así:
Este mismo tono que soporta en este caso la escritura riveriana es el que advertimos en
Saulo Torón. A menudo hace alusión al misterio de la vida de ultratumba, pero no abando-
na la idea del "mundo soñado". Efectivamente, no se mueve en la certeza sino en el deseo,
en el anhelo, en la ilusión de prolongar la vida tras la corporalidad. Su particular apropiación
de la realidad lo lleva irrevocablemente a esta idea. Repasémosla.
Saulo Torón profesa una particular visión dual de la realidad. Como Platón en su filoso-
fía, concibe un mundo real y otro de apariencias. A tal razonamiento debe corresponder la
aspiración de una vida ideal con respecto a la cual, la que vivimos, no sería más que un refle-
jo desencajado e inexacto. Es desde este razonamiento desde el que podemos justificar la
visión del destino en nuestro poeta. Visión que, por otra parte, alberga una razonable duda.
El mismo arcano que hostiga a Rivero aparece en Torón en un poema titulado "SúpHca noc-
turnal":
El arcano se sustantiviza. Procede del latín ARCANUM, sustantivo pero también adjetivo.
Podríamos decir que tanto a Rivero como a Torón les interesa "lo arcano", lo misterioso, lo
que de secreto existe en el devenir humano, el misterio que aguarda tras el ser en esta vida.
El arcano, profundo u hondo, es inherente al propio desenvolvimiento del ser. La respues-
ta a esta pregunta es aterradora en cuanto a su incomunicabilidad. Nadie puede compartir
la certeza, pero todos participamos de la duda. Quesada también Uegó a decir que "Dios n o
puede Hbrarnos de nada / Dios es xma estrella lejana y pequeña / yo miro la estrella y sonrío
/ porque acaso pudiera apuñarla en mi mano"^^.
Centrémonos en el poema de Torón. Nos va a ser muy útil para apreciar esa visión escin-
dida que sobre la realidad plantea nuestro poeta. Le interesa al poeta el "divino campo de
estrellas"; divino en tanto en cuanto participa de la idealidad, al contrario que esos reflejos
que deja sobre las aguas. Es precisamente la esenciaüdad del campo estrellado la única que
puede dilucidar la duda del ser. Torón les pide que intercedan por él y le concedan el acce-
so al misterio, igual que u n o sugiere la intercesión de un santo, ser sensible como nosotros,
para obtener el favor de lo sublime. La rebelión saulina propone el acceso a la demiurgia, la
posibilidad de saberse voluntad del mundo. Busquemos otro ejemplo. E n el año 1955, cuan-
do se erigió el busto a Alonso Quesada en Las Palmas de Gran Canaria (curiosamente a
escasa distancia de la casa de la familia Torón-Macario), el poeta teldense leyó un poema que
se pubHcó con posterioridad en la edición de su total lírico, en 1970. Torón insta a su amigo
a que lo haga partícipe del secreto, del arcano:
Y si todo es mentira,
si nada es cierto de lo que pensamos
y el "nunca más" fatídico
ha de ser el final de nuestros pasos;
54 FM, p. 245.
55 "Siempre" (AQ, tomo II, p. 86).
D E M I U R G I A Y MÍSTICA
Saulo Torón vuelve a hacer alusión al misterio. Ese poder esencial que gobierna el devenir,
"labra el misterio del ser", pero también su propio misterio, que n o desvela y nos Ueva con-
tinuamente a la interrogación y a juntar el misterio de nuestra existencia con el de la suya.
La propia existencia de una divinidad, de un ser sublime incapaz de ser captado sensible-
mente, tiene que ver con la razonable duda de la eternidad. ¿Quién nos asegura una segunda
vida? Ante esta omnipotencia caben varias actitudes, varios pareceres. Y escribe Saulo Torón:
Y hundir el pensamiento
donde ninguno pudo,
para alcanzar la mano
que hace girar los mundos^^.
Este breve poema ratifica a lo largo de sus ocho versos todo lo que vengo exponiendo.
Encontramos esa aspiración de idealidad, esa intención de apresar lo inmutable. Pero Torón
59 Iniáaáón, pasaje XI (CE, pp. 100-101). Podemos emparentar este texto con el riveriano "Prólogo" (DR, p.
57): "Del arte ante lo infinito / yo sé que mi poesía / es el zumbar de un mosquito. / Pero aunque suene
poquito, / siento que mi voz es mía". En ambos casos, late la voluntad de autentificar una voz, late el pro-
pio conflicto de nuestra literatura canaria. Como las voces de los poetas canarios, la de la literatura de las
Islas, agobiada por ruidos diversos, es casi imperceptible, nos convida a prestar una atención bárbara; su
originalidad y autenticidad merecerán el esfuerzo.
60 Iniáaáón, pasaje V (CE, p. 97).
va más allá; aspira a deificarse, a alcanzar la mano demiúrgica que efectivamente hace girar
los mundos (es una imagen que sitúa originalmente Platón en su explicación de la figura del
demiurgo). Como apunté líneas más arriba, la particular rebelión de nuestro poeta ante su
existir trágico, es acceder al dominio de lo eterno e inmutable. Si relacionarnos con lo finito
nos hace finitos, relacionarnos con lo eterno nos hará eternos. Saulo Torón se rebela, sí,
pero como aclaro, esa rebelión propone "hundir el pensamiento", apresar la huidiza verdad
antes de que la vida se nos vaya. Ya escribir es un acto de demivirgia. Nombrar las cosas, ver-
balizar el mundo equivale a crearlo*^^. Otro ejemplo:
El mismo Saulo que se vuelve ejemplo de humüdad, de serenidad extrema y de vida silen-
ciosa, nos sorprende con este deseo de inmortalidad y esenciaHdad, que más parecería acorde
con otras cosmovisiones. Sin embargo, esta paradójica yuxtaposición de voluntades también
está en la raíz franciscana presente en Torón que he apuntado hasta ahora en el trabajo y
que pasaré a valorar más profundamente en el siguiente epígrafe de este mismo capítulo. Un
franciscano como San Buenaventura nos aporta con su hagiografía un ejemplo iluminador:
"El santo no veía en sí más que faltas e imperfecciones y, por humildad, se abstenía algunas
veces de recibir la comunión, por más que su akna ansiaba acercarse a la fuente de gracia"*^^.
Atando todos los cabos de su poética vamos descifrando sus aspiraciones, vamos descu-
briendo que la palabra es vina declaración de intenciones, que la palabra se vuelve instrumento
y fin cuando la responsabilizamos de lo que somos, de lo que hemos sido y de nuestras aspi-
raciones. Y aquí es cuando esa voluntad demiúrgica se vuelve impulso místico. La sublima-
ción del akna frente al cuerpo conlleva también el deseo de esencializarla. Para ello Saulo
Torón la conmina en su escritura, en múltiples ocasiones, a volverse ideal. Como expresé
anteriormente, cada vez que al poeta se le revela una posibilidad de trascendencia, las cosas
sensibles se le vuelven soporte de lo inmutable y a esa misma inmutabilidad aspira.
Constantemente en El caracol encantado se dirige a algunos entes revelando el conocimiento
que de lo recóndito de sus seres posee. Repite en muchas ocasiones una misma formula: j o
sé, trasunto de la anamnesis platónica, que equivale a decir "yo he tenido acceso a algunos
retales del misterio". Re-conoce. La relación del alma sensible con lo trascendente es una tra-
yectoria. Añado una cita de Emilio Lledó: <
61 En el capítulo titvilado "La palabra inaugural" profundizo en este punto. Es quizá una de las perspectivas
más suculentas que nos ofrece la creación modernista canaria y, por supuesto, la obra de Saulo Torón.
62 Plenitud, pasaje XIV (CE, p. 107).
63 San Buenaventura (vid: [Link]
El impulso teórico lo es hacia algo que se ve. En este sentido, la impresionante doctrina del
amor, que recorre la obra platónica, es la subUmación de ese impulso teórico, ante la esperanza
de la máxima visión, del supremo objeto, de la más firme realidad. La mística posterior consis-
tirá en objetivar ese mero impulso, en construir su objeto sobre la estructura misma de la
pasión, de la tendencia, y, al tener que perderse en la nada de una inaprensible realidad,' hipos-
tasiar esa nada sobre la trama del deseo, para esquivar la frustración del imposible encuentro'^'*.
Otra vez "lo increado", lo " n o nombrado". El akna ha sido capaz de relacionarse con el
misterio y con el milagro; ha sido capaz de escuchar "la música palpitante de los astros".
Este verso me evocó rápidamente u n o de los poemas de Fray Luis de León que, según sus
críticos, más tiende a las pautas de la mística (suele considerarse que Fray Luis más que un
místico es autor de algún poema místico). Es la oda "A Francisco Salinas":
64 La memoria del lagos, Taurus, Madrid, 1984, pp. 84-85. Puede resultar interesante consultar el texto de Manuel
Día2 Rodríguez (ópus cit.), en el que el autor venezolano reflexiona sobre la particvilar relación entre el
misticismo y el modernismo.
65 Inidaáón, pasaje II, (CE, pp. 95-96).
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
SaUnas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
el akna, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
Y, como se conoce,
en suerte y pensamiento se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta Uegar a la más alta esfera
y oye aUÍ de otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y primera.
Ve cómo el gran Maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.
Y, como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entre ambos a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura y finalmente
en el ansí se anega,
que ningún accidente
estraño y peregrino oye y siente^*^.
Una vez trascrito el poema encontramos más coincidencias. E n ambos textos los auto-
res describen el recorrido del alma en tercera persona, tal y como si n o les perteneciera, tal
y como si fueran conscientes de que en ese m o m e n t o asume una dimensión distinta. Y la
imagen del alma en el mar, que Fray Luis repite en otros textos, es también profundamen-
te saulina*^^: " H e puesto mi alma sobre el mar, y el mar / parece que ha ensanchado sus
dominios..."*^^. E n el artíctilo de M^ Angeles Alvarez Martínez ya citado " E l otro mar en la
66 Fray Luis de León, Poesías completas (ed. de Ricardo Senabre), Espasa-Calpe, Madrid, 1988. Colección Austral,
pp. 45-47.
67 También en Alonso Quesada nos encontramos la misma imagen: "Y mi alma, tiende sobre el mar dorado
/ una esperanza de mejores tiempos / en ese instante en que las cosas todas / por demasiado ciertas nos
engañan..." ("La oración de todos los días", AQ, tomo I, p. 79).
68 Vlenitud, pasaje XV (CE, p. 107).
poesía de Saulo Torón", la autora, con sorpresa, expresa el siguiente comentario: "resulta
curioso advertir la ausencia absoluta de la comparación de la vida con un río, tan común en
la lírica española"^^. Una vez más se ha obviado la originalidad de Saulo Torón. La autora
estima la carencia manriqueña (irradiación centrípeta) y olvida el hallazgo. El tnar, vida que
se abre, es la metáfora de Torón. El mismo mar sobre el que trazar el rumbo, sobre el que
obviar la inexorabilidad de la desembocadura. Ésa es su metáfora^^. "Nuestras vidas son los
mares (mejor el mar; uno y tantos) sobre los que dejamos nuestros pasos", parece decirnos
Torón (y Rivero). Precisamente M* Angeles Álvarez, en el artículo citado, y haciendo cons-
tante alusión a la evocación de la muerte que en él percibe, realiza un análisis del poema de
Torón titulado "Partió la nave blanca"^^. Sobre ese mismo texto prefiero la interpretación
realizada por Eugenio Padorno^^ que aprecia en el poema "un intenso deseo de vida". La
nave que se hace al mar, blanca, inocente, ingenua... equivale a una vida que desea adminis-
trarse a sí misma, que elige la anchura del horizonte.
Hay otro poema de Torón, el pasaje 23 de Los últimos acordeP^, que abunda en el plantea-
miento de este texto anterior. Rápidamente nos asaltan las concomitancias entre ambos
esfuerzos, la reverberación que los ocupa. Reza el poema:
Horizontes,
lejanías;
el sol que dora los montes;
líricas melancolías
del alma que vuela errante,
tras de un eco alucinante
de inconcretas melodías.
Siguiendo con el paralelo entre Fray Luis y Torón podemos citar una reflexión de
Sebastián de la Nuez aplicada a otro aspecto de la creación de don Saulo: "Coincidiendo con
la ética filosófica del gran agustino que, en la paz de su retiro, del "oro y del cetro pone olvi-
do", Saulo n o se deja arrastrar ni por la ambición de las riquezas ni por el ansia de la fama
69 O p u s c i t , p. 251.
70 Cfr. la alusión a la raíz dantesca de esta imagen que hace José Carlos Cataño, en su "Prólogo a E / caracol
encantado" (ópus cit.); así como los acosos interpretativos de E. Padorno (Cfr. el epígrafe "Existencialismo"
dentro de este mismo capítulo) al ya citado soneto "Yo, a mi cuerpo" de Domingo Rivero ("y en ti arribo,
viejo / a las tristes playas de la muerte") y los textos de Manuel González Sosa: Domingo Rivero. Enfoques
laterales. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria 2000 y "Cuestiones meno-
res", suplemento Cultura de 1M Provincia. Diario de Las Palmas, 21 de marzo de 2002. De éste último texto,
que alude a un comentario al poema "Yo, a mi cuerpo" de Rivero, son estas palabras:
La imagen "playas de la muerte", como tú confirmas [se refiere a Eugenio Padorno], es una secuencia de la visión de
la existencia humana como viaje marítimo que tuviera por destino último la ribera de un espacio imaginario (el trasmimdo
o el no-ser) que es la muerte. Esa visión la resumen dos metáforas: navegación = vida /desembarcadero (punto de arri-
bada) = muerte.
71 MC, p. 36.
72 Vid. 1M parte por el todo, cit. pp. 34-36.
73 CO, p. 186.
pasajera, y se conforma como sus amados poetas Machado o Morales con el "don preclaro
de los sueños"^^.
Pero volvamos a la música. Nos movemos en tiempos distintos y en poéticas igualmente
diferenciadas, pero la misma igualación con la música que hace la moderna lírica -"música
ante todo"—, se prefigura de algún modo en la oda. Fray Luis, siguiendo las teorías del astró-
nomo griego Claudio Ptolomeo asume que el Universo se rige por un "son sagrado". Desde
la música del maestro Salinas ha podido catapultarse hasta esa otra melodía. La correspon-
dencia es inmediata. Dice Jorge Rodrígue2 Padrón:
A su existencia conflictiva no opuso Fray Luis de León el orden de una moral salvadora, ni se
refugió —ciego— en la fe. Quiso mirar. Y su mirada se tradujo en ansia ardiente de salir, de reali-
zarse en una forma que es música, que es aire, que es lu2: proliferación del conocimiento para
alcanzar la "eternización instantánea de lo momentáneo y pasajero". Imágenes que los sentidos
desdoblan y desquician^^.
El ritmo, la música del poema, es reflejo de la música que las distintas órbitas de los pla-
netas producen, y es que, precisamente, E / caracol encantado, el segundo libro de poemas
publicado por Saulo Torón y que como se ve estamos citando continuamente en este punto
se constituye tal y como si de una partitura musical se tratara. El mar, que se presenta como
marco donde acontece lo que estos poemas cuentan, aporta un ritmo constante donde
sobresalen puntualmente algunos elementos del paisaje: la roca, la espuma,... que también
colaboran en la interpretación de esa particular pie^a musicaP^. La armonía más que nunca
se vuelve leit-motiv, banda sonora de la aspiración demiúrgica, de la voluntad de ser dios, de
la unión mística del alma con lo trascendente. Saulo Torón, como Prometeo o Sísifo, se atre-
ve a envidiar a la divinidad, a desear su ser y su poder pero fracasa. Su castigo, su piedra y
su buitre, es su propia existencia, su propia finitud. Al hombre le está negada, durante su
temporalidad sensible, la relación perpetua con la verdad. El hombre está condenado a con-
templar lo efímero, a presenciar por segundos el misterio. El poeta, otra vez el "espíritu sen-
sible", está condenado a habitar la tierra de nadie, la "tierra baldía". Ya no podrá acceder a
la esenciaHdad ni encontrará acomodo entre la wilgaridad de sus congéneres. Esa ubicación
es la angustia, la que nace allí donde el pensamiento hace asumir al ser su verdadera condi-
ción. El siguiente poema, argumento a favor de esa angustia, se llama "Inutilidad del pensa-
miento":
Difícilmente va a ser más claro en este caso el comentario que el poema. El poeta asume
su derrota. La eternidad, ilusión y no certe2a, es lo único que nos queda. El m u n d o sensible,
como decimos, n o colma las aspiraciones del ser. Es mejor n o pensar, contentarnos con el
sentimiento y huir del tedio que engendra el pensamiento. C o m o el poeta en este tiempo, el
pensamiento se vuelve inútil. Más que un remedio para ubicar al hombre correctamente,
parece un arma que se vuelve contra él. Aparece la tensión. La tensión del que se enfrenta
a u n m u n d o que n o es capaz de descifrar su voz:
¡Malhaya mi suerte!
¿Qué quieren que diga
si nadie me entiende?^^
Nadie entiende la voz del poeta. La sociedad n o asimila lo que el poeta le ofrece. Ahí resi-
de, según Octavio Paz, la esencia del "malditismo". Al poeta, en su propia desgracia, sólo se
le abre un diálogo en el poema, ante esa página que sí entiende su lenguaje. Deshabitar la
ciudad obliga a habitar la palabra. Construir el poema es construir una ciudad: un habitar
paralelo. La vida, acelerada como p r o n t o veremos, n o deja espacio para la reflexión, para el
conocimiento. El hombre, como anunció Descartes, es engañado por los sentidos, pero
asume ese engaño y es más, disfruta de ello. C o m o líneas más arriba expresaba, más que de
un problema idiomático, estamos hablando de un problema de voluntad, de la voluntad de
asumir la existencia. Otra vez Saulo Torón lo declara contundentemente:
77 CO, p. 150.
78 "Secreto" {CO, p. 137).
79 Ritmosj cantares, décimo pasaje (FM, p. 195).
Asumir el destino del h o m b r e asegura la infelicidad. Vivir cada día la trágica certeza de
nuestra existencia y la ñusión incierta de los cielos es habitar la angustia. Acaso los prisione-
ros de la caverna platónica, como muy bien ha visto el profesor Lledó, también son felices
en su ignorancia, u n aserto que corrobora Torón en su poema. Aventurarse a descifrar el
misterio presupone el dolor. El dolor humano que revela su rostro cuando u n o se encara
con él. E n u n o de los poemas citados más arriba, observábamos cómo Saulo Torón anhe-
laba ser un dios para, una vez contemplado su poder, sonreírse ante él. La misma sonrisa, la
misma mueca trágica, aparece en un poema de Torón publicado en su libro Frente al muro.
Ahora, habiendo anaHzado muchas de las pautas filosóficas de la poética de Torón y con la
intención de anticipar el siguiente epígrafe, es quizá el m o m e n t o indicado para presentar
este poema:
Señor, yo no quería
el mundo que me diste,
este mundo de llantos
donde el placer no existe.
Este texto es definitivo. El que se rebela contra la divinidad ha perdido el juicio. El que
emprende esa especie de oración desesperada es, a los ojos del m u n d o convencional, un
loco. La misma incomprensión que causaban las palabras de los profetas causan sin duda
estas sentencias. Saulo Torón se vuelve paradójico ejemplo platónico. Efectivamente, el
80 ¥M, p. 244.
poeta es un enajenado, raptado temporalmente por la musa. Siguiendo las tesis del filósofo
heleno, habría que expulsarlo de la ciudad, de la misma ciudad que él, con palabras, ayudó
a construit.
FRANCISCANISMO
Varios autores, entre los que puedo citar a Jordé^^, Mariano Daranas^^, Ventura Doreste"-',
Joaquín Artües^^o Enrique Díez-Canedo^^, han reparado en el sentido franciscano de la
poética de Torón^^. Su propia hija, en una entrevista concedida mas de dieciséis años des-
pués de su muerte, se refería así a su padre: "Era muy sacrificado, tenía espíritu franciscano,
en el buen sentido de la palabra"^^. El mismo Saulo Torón, explícitamente, cita al santo de
Asís en varios de sus poemas: "haz que el perro amigo se avenga a tu Reino / y pónselo al
santo de Asís en los brazos"^^; "muchas citas al margen de Caín y Lutero, / pero pocas, muy
pocas, del hermano de Asís"^^. Al igual que en otras lecturas de su obra, en ésta particular-
mente, Saulo Torón vuelve a instalarse en una tradición concreta. La figura de san Francisco
de Asís, su filosofía y la de sus discípulos^*^, lo que podríamos denoaúnat franciscanismo, lo
81 "Acotaciones a un libro de versos. Las monedas de cobré'', Diario de has Palmas, Las Palmas de Gran Canaria,
12 de noviembre de 1919.
82 La cita Joaquín Aróles, procedente de un artículo periodístico publicado en La Acción de Madrid.
83 Es éste uno de los más explícitos. En su obra ya citada Recordando a Saulo Torón comenta: "Venía a ser una
especie de San Francisco de Asís laico" (p. 26).
84 Cfr. el epígrafe "Sentido franciscano" en Saulo Torón, poeta lírico, p. 300.
85 Joaquín Artiles, en el Hbro recién citado (p. 321), extracta un artículo de Díez-Canedo publicado en el
madrileño diario El Sol, el 27 de marzo de 1920: "Si no fuesen monedas de cobre, los versos de Saulo
Torón podrían ser floreciUas del huerto franciscano". Añadamos a este listado la referencia presente en un
artículo periodístico sin firma titulado "Los cien años de Saulo Torón" donde se lee: "Poesía del mar, de
la orilla y del cielo; poesía ensimismada pero también juguetona; poesía en ocasiones existencial y reflexi-
va; otras veces alborozada al modo de Rubén Darío; casi siempre recoleta, franciscana" (La Provincia, Las
Palmas de Gran Canaria, 23 de junio de 1985).
86 Ángel Valbuena Prat, en "Saulo Torón", en La Rosa de los vientos (Santa Cruz de Tenerife), n°4, diciembre
de 1927, pp. 17-18 valiéndose del bíblico nombre de nuestro poeta y trazando una conversión paralela a la
del primitivo perseguidor de cristianos de Tarso, lo llama el "Pablo de la religión del mar". Otra hagiogra-
fía proyectada que anotar en la cuenta del poeta teldense.
87 Manuel de Lucas, "Isabel Torón, la lealtad al poeta", Canarias 7, Las Palmas de Gran Canaria, 5 de agosto
de 1990.
88 "Elegía pueril", MC, p. 20.
89 "El sermón", MC, p. 54.
90 Pongo como ejemplo un santo al que ya aludí en el epígrafe anterior: San Buenaventura (Bagnorregio,
cerca de Viterbo, Italia, 1218(?)- Lyon, 1274). Conocido como "Doctor Seráfico", dejó múltiples escritos
en los que proyecta la filosofía de Platón en el pensamiento franciscano. Según Juan Martín Velasco "es de
alguna manera, el refundador del movimiento franciscano, y lo es sobre las huellas de San Francisco" (vid.:
San Buenaventura:Los caminos de Dios,: [Link] Durante
aquella larga primavera de religión y de arte que empezó en el siglo trece, cuando el viejo espí-
ritu del Evangelio reapareció restaurado y coronado en la vida pura de Francisco de Asís. La
religión degenerada, corrompida y moribunda, se Hbró de la muerte, porque la azucena de Asís
rescató los pecados de la púrpura guerrera y orgiástica de Roma. La tétrica pesadüla bizantina
huyó al mismo tiempo del arte, con sus fealdades y monstruos'^.
Conviene en este punto señalar la escritura de un autor por el que Torón siempre mos-
tró vocación: Amado Ñervo. El escritor mexicano, tina de las principales figuras del moder-
nismo, ha suscitado múltiples comentarios acerca de la religiosidad de su escritura. Son
Todos mis acercamientos a la figura y la obra de San Buenaventura los he realizado a través de internet.
Además de las páginas citadas puedo añadir las siguientes: [Link]
_jesus_maria/corazon_jesus_buenaventura.htm,
[Link]
[Link]
[Link]
91 Manuel Padorno, ""Diálogo (mental) con don Domingo Rivero mientras paseábamos juntos, en silencio",
suplemento Cultura de 1M Promnda. Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 21 de marzo de 2002.
92 Joaquín Artiles, Saulo Torón, poeta lírico, cit., p.300. Se incluye dentro de un epígrafe titulado precisamente
"Sentido franciscano", que es quizá la contribución más densa al respecto del franciscanismo de Torón.
93 Opus cit.
muchos los caminos por los que las poéticas de Torón y Ñervo ti:ansitan de la mano: gusto
por la escritiira cultual, sencillez expresiva... pero la vocación franciscana es acaso la nota
que más los emparenta. José María Martínez, en la introducción a la edición de dos obras
del mexicano apunta:
A veces su cristo aparece poetizado bajo los esquemas del decadentismo, de la teosofía o de las
visiones apocalípticas, pero en el conjunto de la obra de Ñervo es sobre todo el Jesús consola-
dor del Nuevo Testamento, entendido también bajo el influjo franciscano. Este franciscanismo
explicaría igualmente su atracción por el Jesús-Hombre, que justificaría por su parte los reparos
de Ñervo al descarnado espiritualismo oriental. [...] Esta presencia de la espiritualidad francica-
na y su atención a la virtud de la caridad-fraternidad son los otros dos aspectos más sobresa-
lientes del cristianismo de Ñervo. [...] Ese franciscanismo se concretaría finalmente en la afición
del poeta a la contemplación emotiva de la naturaleza^''^.
San Francisco nos sitúa en el centro del problema hermenéutico. Los paradigmas de Dios son
antitéticos a los de muchos hombres, inclusive de muchos religiosos. Cuando opto por el fran-
ciscanismo como paradigma de la historia soy consciente de asumir un punto de partida polémico:
94 José María Martínez, "Introducción a £ « vo\ baja y L« amada inmóvil de Amado Ñervo", Cátedra, Madrid,
2002. Colección Letras Hispánicas, pp. 41-42.
95 Amado Ñervo, "Sin ti, por ellos..." en Hl estanque de los lotos, Editorial Porrúa, México, 1985, p. 172.
me coloco desde el inicio en contradicción con las estructviras de poder que han dominado la
historia^''.
A pesar de que el franciscanismo se ha cargado a lo largo de los siglos de una pesada institu-
cionalidad, puede ser definido como un modo de existir, una manera de ser en el mundo, dotada de una
escala de valores, un modelo de relación, una estructuración de la convivencia social, un modo
de pensar, una manera de hacer. [...] Estoy convencido de la victoria final de la libertad, de la
gratuidad, de la renuncia a la propiedad. Tengo la obligación de seguir soñando con im mundo
pobre y fraterno...y íé^'^.
Efectivamente iin modo de existir que es también un modo de escribir. El existir modernista
de Torón tiene un componente en la profesión del franciscanismo. En la filosofía del santo
italiano (instalado como hemos visto por derecho en la tradición canaria), encuentra Saulo
Torón una particular forma de rebelión, una manera de acoger al Otro, al hermano, un nuevo
recehimiento, una concluyente revelación del existir moderno (y modernista). Que culminen este
capítulo unas palabras de AUcia Llarena:
Así pues estúpidos, unilaterales, desposeídos de los sentidos físicos, enajenados, en fin, en
medio de esta absoluta pobreza espiritual, la crisis de fin de siglo alumbró al menos la posibilidad
de descubrir otras riquezas, de anhelar otros ámbitos, agazapados en los
filamentos más delicados y remotos de nuestra intimidad^**.
96 Jerónimo Bórmida: "El ñranciscanismo como paradigma de una nueva cultura de la vida" (vid.: h t t p : / /
www. [Link]/teólogos /mfal/bormidal .htm).
97 Ibídem.
98 "Notas sobre el espíritu modernista: a propósito de Saulo Torón", en Studia humanttatis en honorem Antonio
Cabrera Perera, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de
Gran Canaria, 2002, p. 134.
Por las calles de nuestra ciudad, plenas de sol y del rudo estruendo del tráfico mercantil, hemos
visto desfilar esta mañana un pintoresco grupo de señoritas del campo.
Vestían pulcramente, según los últimos patrones de París y sin embargo sus figuras se desta-
caban entre las demás ciudadanas de la urbe, con un aspecto estrafalario, completamente exó-
tico. No sabemos qué sello especial tienen estas muchachas lugareñas —sanas e ingenuas como
1 K. Larin, "Un nuevo libro, has monedas de cobre", Renovación, Las Palmas de Gran Canaria, 27 de diciembre
de 1919.
2 Las crónicas de Saulo Torón y las de Alonso Quesada, compartieron el significativo título de "Crónicas de
la ciudad". Un esfiaerzo por captar a la par, un espacio en un tiempo. Como expresa Octavio Paz, no esta-
mos ante "la poesía de la ciudad", sino ante "el poeta en la ciudad".
las brisas de los campos— que a pesar de sus atavíos delicados y perfectos, como los de cual-
quier señorita aristocrática llaman tan vivamente la atención en la ciudad.
Ellas caminan silenciosas y mohínas, temerosas de ser descubiertas, y las gentes se paran por
verlas, y algunas sonrisitas irónicas signan los semblantes de los más atrevidos. Pero nosotros
sentimos una gran simpatía por ellas y nos apena profiindamente verlas cruzar por estas calles
-calles de la amargura para sus corazones— ante las insistentes miradas de los curiosos y el gesto
de burla de los imbéciles^.
Al Puerto de la Luz ha arribado una flota ballenera: tres brick-barcas de altura de estupendas
fachadas marineras. En el asta de popa cada una trae la insignia de la Unión de América, y al
entrar en bahía, simultáneas, dejan caer sus anclas y cadenas. ¡Fondo! Ya están en puerto, en la
ensenada abierta en la ruta de Atiante, lejos de las borrascas y tormentas, para surtir de víveres
sus despensas exentas. Sus cascos arrufados y sus pomposas velas, la gracia de sus mástiles y el
vivo tricolor de sus banderas, lucen con más prestigio al arribar a esta española tierra. Sus tri-
pulantes tienen negra la faz y la armazón atlética; son mocetones rudos, vencedores en luchas
epopéyicas de los grandes cetáceos monstruosos que lo profundo de los mares pueblan. Ahora,
activos y ágiles, recorren las cubiertas, suben las jarcias y ásense a los mástiles para plegar las
gavias volanderas. Y hacen chirriar pastecas y motones, oscilar fatigadas las cangrejas, y girar los
cordajes en su ordenada trabazón perfecta. Les empuja el deseo en sus broncas faenas, de dis-
frutar la paz en la bahía y el desenfreno pasional en tierra... El Puerto de la Luz ostenta hoy una
apariencia nueva... ¡A sus aguas tranquilas ha arribado una flota ballenera!'*.
Definitivamente, el último texto excede los límites de un esfuer2o lírico. Quizá sin la
advertencia previa no tendríamos duda a la hora de incluir este poema entre las crónicas
escritas por el autor teldense. Aún conociendo la primitiva disposición textual del mismo,
cuesta trabajo no entenderlo como texto en prosa. Empleando el acertado lenguaje de
Rodríguez Padrón en l^palabra dada, nos toca a nosotros dilucidar si Saulo Torón "cuenta
lo que ha visto" o "ve lo que se cuenta". En los dos ejemplos que acabo de transcribir late
la misma vocación de contar, de nombrar, de dar carta de naturaleza a lo que espera por la
palabra para ser. Por tanto, en un mismo acto de elocución, el autor teldense se vuelve hacia
el pasado en tanto en cuanto asume actitud de prosista, de cronista y se proyecta hacia el
futuro a través de la palabra inaugural que lo vuelve cantor, bautizador. El Puerto de la Luz,
en Las Palmas de Gran Canaria, es una realidad nueva, tan reciente que, parafiraseando a
García Márquez, podría no tener ni nombre. Llevarlo al texto con la rotundidad con la que
lo lleva nuestro autor es un esfuerzo por declararse ahi, por derramar la existencia en la escri-
tura. Nombrar es crear.
3 Ecos, Las Palmas de Gran Canaria, 4 de enero de 1917 (vid. el trabajo de exhumación de Antonio
Henríquez comentado abundantemente en el capítulo referido a la prosa).
4 MQ pp. 29-30.
ESCRITURA DEICTICA
Retomemos en este instante la que he llamado escritura participante de Saulo Torón. El autor
teldense refleja en sus textos la realidad en la que es. Su voz es discursiva^. La rotundidad del
pretérito perfecto ubica instantáneamente su palabra en un acontecer paralelo. En muchos
casos, la escritura periodística de Saulo contagia de inmediatez la lírica. Viene ahora, como
anillo al dedo ima cita de Ángel Rama:
Aquí se inscribe otro capítulo de cargos que admiten, no obstante, una consideración más equi-
librada, por cuanto la parte viciosa del ejercicio literario que en ellos se ataca tuvo su contrapar-
tida en el desarrollo de nuevas formas de expresión artísticas. Esos cargos registran: la inusitada
pluralidad de temas a que debe hacer frente el periodista, obviamente con mengua de su cabal
conocimiento; la velocidad con que debe atender el encargo de sus jefes redactando crónicas
sobre asuntos del momento, lo que afecta su dedicación a la escritura artística; la obligación de
comunicarse con un público poco ilustrado, lo que impone sustituir la seriedad del tratamiento
por la amenidad, buscando captar al lector con juegos atractivos y fácilmente comprensibles^.
Esa incorporación del lenguaje periodístico al texto lírico ratifica, en cierto modo, la
hipótesis de la escritura participante que vengo defendiendo en el presente trabajo. Saulo Torón
siembra de deícticos su texto^; ubica su escritura en el instante, en el origo del que hablaba
Karl Bühler. Sitúa la escritura en un origen que se desdobla: su propia voluntad creadora y
el mundo recién originado. La "realidad increada" es, en cierto modo, la realidad no nom-
brada. Ventura Doreste expone: "Pues la poesía otorga nombre verdadero a lo que carece
de él; descubre y fabrica una realidad que hasta entonces no tenía existencia alguna; y por
eso puede decirse que la fundamental operación poética consiste simplemente en la catacresis,
esto es, en nombrar con exactitud lo innominado recién descubierto"^. Otra reflexión similar
es la que lleva a cabo Eugenio Padorno en una entrevista publicada en ha parte por el todo:
"Para la tradición interna de que acabamos hablar, el medio físico ha sido el objeto de la
5 Estoy empleando la terminología de Benveniste que María Marta García y Marta Tordesillas exponen en
su La enundaáón en la lengua. De la deixis a la polifonía, Gredos, Madrid, 2001. Col. Biblioteca Románica
Hispánica. Para él, la diferencia entre historia y discurso radica en la ausencia y presencia respectivamente
de subjetividad, que a su vez radica en la ausencia o presencia de deícticos. Es un parecer discutible, aun-
que útil para lo que pretendo explicar.
6 Opus cit., p. 74.
7 La deixis poética se presta, por sí sola, para im análisis extenso. Si atendemos a la clasificación que realiza
Karl Bühler en su Teoría del lenguaje, deberíamos centrarnos en la consideración de vin tipo de deixis que el
llama en fantasma (hay un libro del poeta Ángel González que se llama precisamente Deixis en fantasma). En
todo caso, la deixis nos remite, definitivamente, a un estado primitivo del lenguaje, que es como decir, a un
preludio del mundo. Basta con citar una de las primeras frases de Cien años de soledad o^e. he llegado a apren-
der de memoria: "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas
había que señalarlas con el dedo". Junto a este primitivismo que ofrece la deixis, la presencia de estos ele-
mentos en la poesía de Saulo (como quizá en la de otros poetas) nos da noticia de una coordenada, de una
ubicación que no se rehuye, de participar (recordemos el concepto ya apuntado de escritura participante) de
un presente concreto susceptible de volverse a mostrar en cada uno de los presentes por venir.
8 El espejo de la muerte, cit., p. 147.
Como hemos dicho, el ser humano está condenado a relacionarse con una desencajada
copia de la trascendencia. Sin embargo, es esa borrosa silueta de lo trascendente el único asi-
dero que le resta; el primer peldaño por el que ascender hacia "el misterio". La existencia,
con sus diferentes episodios, nos revela puntualmente en acontecimientos aparentemente
ingenuos, verdades trascendentes. Es preciso ir anotándolos, compartiéndolos. Precisamente
la voluntad de compartir la palabra recién nacida es lo que completa el pensamiento de
Unamuno que acabo de esbozar. En el mismo texto que cité más arriba encontramos:
Cuando Adán puso nombre a las bestias del campo y a las aves de los cielos, aún no había sido
creada la mujer, según el Génesis. De donde se saca que el hombre necesitó hablar aun estando
solo, hablar consigo, es decir, cantar, y que su acto de poner nombres a los seres fue un acto de
pureza lírica, de perfecto desinterés. Se los puso para extasiarse con ellos. Sólo una vez que así
los cantó y les puso nombres sintió la necesidad de un semejante a quien comunicárselo; una
vez que de la grosura de su entusiasmo brotó aquel himno de nombramiento, sintió la necesi-
dad de un auditorio, de un público, y así, agrega el texto, que Adán no halló ayuda que estuvie-
se delante de él^^.
LA PALABRA C O N V E R G E N T E
Este texto, perteneciente al segundo Kbro publicado por nuestro autor. El caracol encantado
(quizá el poemario donde con más claridad se aprecia lo que vengo exponiendo), nos pre-
senta esa convergencia que anuncié unas líneas más arriba y que, curiosamente, encontramos
en el soneto "Primavera", primera publicación de Torón, ya comentada en el capítulo
correspondiente^"^. La realidad, multiforme, se presenta como explicación del ser. E n este
caso se selecciona un elemento: la espuma. E n los primeros cuatro versos encontramos la
descripción del proceso que ésta sigue, mientras que en los segundos somos transportados
al afán trascendente; en ese habitual envío, en esa función apelativa, poética de la segunda
persona tan del gusto de Torón, se dirige a su propia akna con la intención de explicar su
finitud a través de la de la espuma, instándola a eternizarse. C o m o la espuma, el acontecer
diario agoniza según nace y se Ueva con él una parte de nosotros, por lo que es preciso que
nos busquemos en todas y cada una de las sensaciones que ese segmento de nuestra exis-
tencia nos provoca. La crónica (por algo en su raíz etimológica se relaciona con el concepto
tiempo) está apegada al existir cotidiano, pero nos interesa en tanto en cuanto puede traslucir
12 Esta convergencia se nos aparece rotunda y explícita en aquel verso de Alonso Quesada: "Serenamente el mar
viene a mi alma" ("La oración de todos los días", AQ, tomo I, p. 79).
13 Inidaáón pasaje IV (CE, p. 96-97).
14 Vid. el capítulo titulado "Contexto", concretamente el epígrafe "Nace el poeta".
Lo que Saulo Torón ha descubierto, y por eso su obra cierra nuestro modernismo y abre ya
-con ciertos vislumbres- al territorio de la vanguardia, es el poder poético del lenguaje colo-
quial, asumido con una nueva mirada y desarrollado en una nueva escritura situadas ambas en
la estimulante, y al mismo tiempo dramática, frontera del deseo: aUí, lirismo y meditación, can-
ción y conversación, verso y prosa, no se juntan ni se excluyen, sino que contemplan y generan
—al contemplarse- una extraña perplejidad, emanada de la resistencia tenaz que ofrecen a la hora
de fijarse en los límites de un texto escrito^^.
En síntesis, puede decirse que Saulo Torón, poeta tradicionalmente adscrito al modernismo,
trasciende dicha estética para abrirse, como pionero de la vanguardia canaria, al cuestionamien-
to del lenguaje poético para reivindicar la serenidad, la armonía, la meditación y la sencillez
como cauce imprescindible destinado a darle voz al silencio, única realidad que se impone a la
existencia humana^ ^.
Dos apuntes. Por un lado, el hecho de que Saulo Torón vislumbre, como dice Rodríguez
Padrón "el territorio de la vanguardia" nos sitúa en una continuidad (no se olvide el engar-
ce que establecí entre regionalismo y modernismo) que opera nuevamente por obra y gra-
cia del lenguaje. Con esta amplia perspectiva de los fenómenos literarios estamos perfecta-
mente situados para delimitar tina tradición interna; es ahora algo así como rellenar las huellas
del camino, percatarse de que como Doramas, pese a la prisa del mundo, no hemos muda-
do el traje, por más que reformulemos nuestro hablar. El otro apunte es la alusión al colo-
quiaHsmo, que encara decididamente una cita de Octavio Paz que formulo en este mismo
capítulo acerca de la tardía incorporación del coloquialismo en la literatura española, despla-
zado por la canción popular. Aquí Rodríguez Padrón advierte ambas voluntades contempla-
das en la escritura de Saulo Torón. ¿Otro rezago modernista canario? ¿Podemos seguir, en
este punto, calificando a los autores canarios de este tiempo como modernistas rezagados,
con toda la carga peyorativa que ello comporta? Rivero, Morales, Quesada, Torón y muchos
de sus contemporáneos profesan \ina estética que se "canañza" en el momento justo, cuan-
do las circunstancias lo propician; pero al canarizarse se vuelve nueva. El modernismo pre-
cisaba para su desarrollo último sumar la diferencia canaria; diferencia vital y estética.
Estética que se revelará en un lenguaje determinado; en el caso de Saulo Torón y, sobre todo,
de Quesada, un lenguaje moderno; un lenguaje, como antes esbozábamos, que asume con
un sosiego trágico y a la vez irónico la rapidez de la existencia, la "tristeza de las cosas" en
expresión de Torón. Un lenguaje que es capaz de incorporar la "realidad viva y presente"^ ^.
Pero este análisis que vengo haciendo me lleva a una conclusión que, si bien quizá debo
emplazar en otro lugar, no me resisto cuando menos a esbozar en este punto. Una idea que
vengo rumiando años atrás y que se presta a aparecer aquí. Cuando analicé en su momento
el particular manejo que de nuestro dialecto realizó Saulo Torón (reflexión que integra un
capítulo posterior pero que realicé con anterioridad) llegué a la conclusión de que actuaba
como el primitivo cronista que nombra un mundo nuevo para él y sus coterráneos, con pala-
bras y referentes que no le encajan. Ahora, quizá con una perspectiva más amplia del fenó-
meno, me atrevo a señalar que esta tendencia de Torón, tanto en la forma como en el con-
tenido, se incrusta habitualmente en una tradición que eterniza la crónica como procedi-
miento expresivo en otros escritores canarios. La escritura de muchos de los escritores cana-
rios asume esta misma perspectiva y, sobre todo en el manejo particular de la lengua, se apre-
cia este desajuste que, en muchos casos, no hace justicia a la realidad circundante, sino que
la enmascara en una situación tensa y en cierto modo ficticia. En el modernismo, un seg-
mento estético que tanto tiene de refundación en nuestra tierra (como han sabido apreciar
con acierto algunos críticos), la realidad tiene una segunda oportunidad para ser nombrada.
Cabe preguntarse el resviltado de este esfuerzo y con qué fidelidad fue trascrito nuestro
mundo. La respuesta nos enseña la controversia entre forma y contenido. Mientras la pri-
mera atiende en muchos casos a un dialecto impostado, dialogando con el paisaje en un len-
guaje que el paisaje no habla, el contenido trasluce el esfuerzo de introspección que signifi-
ca ubicar al hombre canario en un tiempo de cambio y añadirlo a la espiral identitaria que
conforma su particular ser en el mundo. El hombre insular, como hemos visto en las cró-
nicas y poemas de nuestro autor, como ratifica Alonso Quesada en sus magistrales escritos,
está asomándose con reservas a un tiempo nuevo; está contando su vida y declarándose en
un tiempo y un espacio. Nos va a interesar su reacción de la misma manera que a Zola le
interesaban los comportamientos de sus personajes en los ambientes en los que se desen-
volvían y los estudiaba tal y como el fisiólogo Claude Bernard a los ratones de su laboratorio.
N o es Alonso Quesada el objeto de nuestro estudio, pero las reflexiones de Paz nos traen rápidamente al pensamien-
to al autor de El lino de tos sueños (incluso antes que a Saulo Torón). Habría que aplicarle a Quesada el mismo análisis
que Paz emprende con Lugones, López Velarde y sobre todo Moreno Villa. Siempre me ha deslumhrado la modernidad
del lenguaje de Alonso Quesada, quizá el más revolucionario de los que emplearon los modernistas canarios. Por otra
parte, la reflexión de Octavio Paz abre una nueva relación con Ramón López Velarde. Leyendo la cita de Paz se asoma
en mi horizonte uno de los poemas más logrados de Saulo Torón, y que se titula "El doble" (FM, p. 255), y que comento
en el capítulo titulado "Poemas comentados".
Quizás convenga asiimir una mirada naturalista para entrar a valorar la compleja situación
vital por la que atraviesa el hombre canario de este tiempo. Las circunstancias obligan a
situarse. Escribir, ahora como entonces, es testamentar la existencia; hacer herederos a los
demás hombres de todo lo que queda por vivir.
Borracho empedernido,
casi estoy por llamarte compañero.
Tú te embriagas de vino,
yo me embriago de ensueño,
y, como a ti, algunos me saludan
entre ceremoniosos y burlescos.
Somos dos pobres hombres,
dos risibles muñecos,
que en muchas cosas que quÍ2á tu ignoras
acaso estamos de perfecto acuerdo!^
El hastío, el tedio que tan en boga pusieron los simbolistas franceses y que transporta-
ron al abna isleña los modernistas canarios (más Alonso Quesada y Saulo Torón), n o es otra
cosa que la sensación de desasosiego que produce u n m u n d o plástico, inauténtico. Una de
las tragedias que encara Saulo Torón es la de su necesaria relación con las cosas.
Prontamente asxime que el m u n d o sensible es el depositario de las inapresables esencias, del
contorno de lo que escapa. E n esa tragedia, en medio de ese drama humano y poético, es
precisamente donde surge la aspiración de apresar la realidad que escapa a nuestra perspec-
tiva finita:
Saulo Torón, humilde señalador de la palabra en la orilla, rehuye los hori2ontes que han
acotado su vida, empezando por el horizonte trágico al que lo conduce su temporalidad. El
horizonte, igualmente huidizo, en constante cambio, es una continua perspectiva. Abolirlos
es descoordenar la existencia. Descoordenar la existencia por la propia prescindibilidad que
su naturaleza ofrece. Pero vuelve a asomar la tragedia como anhelo truncado; como quime-
ra escamosa se desliza. Es preciso un horizonte, es precisa una mirada que los asuma a la
vez que los traspase, es preciso deificarse; auténtica conciencia de la disensión. Otra vez la
demiurgia:
¡Descíframe el misterio
profundo de tu alma!^
Aquí reside la particular aportación de nuestro poeta. A esos dos niveles de realidad que
son "los ecos" y los "sonidos" se une un estadio intermedio que no es otro que esa "pentunbra
milagrosa del sueño donde el poeta forja la realidad increada". Es como si el oficio de poeta
concediera la posibilidad de situarse a medio camino entre ambos polos de la realidad. La
quimera, motivo tan del gusto de otro poeta insular como D o m i n g o Rivero^, se presenta
como posible habitante de este entorno caracterizado por la imprecisión. Pero la quimera
arrastra, como otro habitante de este espacio des-amojonado, la angustia. Y la angustia,
erguida sobre unos pies que pisan "la tierra baldía", sí presenta, en un m u n d o de sombras,
sus contornos definitivos. Basta repasar algunos de los términos del poema para darnos
cuenta de que nos movemos en la nebulosidad de lo inefable: "fugitiva", "efímeros contor-
nos", "silueta alada", "te diluyes"... hasta que "surges precisa, como una estrella áurea?" La
aspiración de la quimera se encuentra con "el Enigma", que "cierra de la verdad la entrada".
La famosa aktheia aristotélica, la verdad, la que n o está oculta, queda detrás de ese m u n d o
difuso, hacia el que parte, por ejemplo, la famosa nave blanca, motivo central de u n o de los
poemas más famosos de Torón. Las cosas le interesan en tanto en cuanto lo inducen al
ensueño; en tanto en cuanto lo hacen habitar la "penumbra milagrosa del sueño". Es ese
espacio el que habita la poética de Torón. A la vez sensible y esencializadora con el m u n d o
colindante. Estamos obligados a ubicarnos, a situarnos frente a nuestro m u n d o para, n o m -
brándolo, poder desformali^arlo. El pensamiento esencializa el sentimiento, pero es precisa-
mente el pensamiento el que otorga la conciencia de finitud, el que asume su falibilidad. La
misión de descifrar al hombre el Enigma lo lleva a declararle su temporalidad, relaciona su
reflexionar con la angustia. Habitar ese espacio es necesariamente un acto que presupone el
dolor:
LA PALABRA E N T E N S I Ó N
Poesía...
Pura emanación del alma,
ánfora de la idea,
embriaguez inefable,
estrella de consuelo,
sentimiento perpetuo,
milagro del espíritu...
"Reina de luz". Poesía que adata tinieblas, que combate la "penumbra müagrosa del
sueño". Recuerda el poema una letanía. Concretamente la que cierra el rezo del Santo
Rosario y que enhebra una serie de epítetos a la Virgen María (rosa mística, torre de David,
torre de marfil, casa de oro...)^^. Concepción mística del acto creativo. Palabra escrita que se
vuelve rezo, palabra religiosa que relaciona al hombre con su propia trascendencia. Discurso
inapresable que excede su sensible soporte: la escritura. "Palabra en estado original (inicial),
en el umbral de lo verdaderamente poético. Y tanto nos importa, tanto nos implica, que,
deseando hacerla nuestra/)í7ra siempre, la fijamos en la escritura"^^. La palabra, en cuanto rea-
lidad sensible, está devaluada firente a la sustancia que la soporta. El mismo tedio que las
cosas inspiran al poeta lo causa la palabra, mezquino balbuceo de intenciones:
Una nueva tragedia. Una derrota más que nos vuelve devotos del texto que está por escribir,
del texto futuro. La conciencia de una palabra devaluada conduce a cada poeta inevitablemente
a la página en blanco. Vestido de limpia esperanza, sigue escribiendo. Quizá cada texto sólo
sea un esfiíerzo por acomodar "lo que condensa la idea" en ese "vago desfile de palabras".
Otra vez la palabra. Asidero único de ñrágiles raíces. Cada voluntad poética planta cara a las
que parecen n o dejar desentrañarse, pero precisamente en esa controversia acontecen el
poema, la magia y el misterio: "La palabra poética se sostiene por la negación de la palabra.
La literatura, sirviéndose de la palabra, retrata la captación momentánea de una realidad pre-
sente que se volverá pasado y fiíturo. Poesía es, entonces, la reconciliación del ayer, hoy y
mañana"^^. E n palabras de Jorge Rodríguez Padrón:
Nada que no sea esa tensión (evidente aquí) entre la certidumbre (hasta cierto punto, pues de
una situación se trata) y la remota posibilidad de romper las ataduras de la existencia, si se pose-
yera - p o r un momento- la palabra precisa, el nombre. ¿Qué mayor riesgo existencial? ¿Qué
mayor evidencia de verdad? ^^
La Idea, soñada para volverse humana, se retuerce en el traje de las palabras. La "idea
jamás soñada" se presenta como reto a la originalidad, ofrenda a la perspectiva nueva. Soñar
en la coordenada atinque a la palabra le siga sobrando de un lado o faltándole del otro, aunque
no encaje como la pieza de un puzzle sino como una piedra en una pared seca que niega el
tacto total de su superficie, que no encaja con la rotundidad que se aguarda. Saúl Yurkievich,
en un ensayo titulado "El sujeto transversal o la subjetividad caleidoscópica", reflexiona en
torno a esta idea:
Cuando el poema se propone registrar el "terremoto mental", la crisis de una conciencia abis-
mada por la disparidad entre ser y conocer, por la desproporción entre su desquiciamiento y el
ínfimo saber que tiene de sí misma, se disipa esa ilusión del lenguaje, su razón, la de ser porta-
voz de un yo responsable, dotado de identidad personal y asentado sobre la integridad de un
cuerpo. Entonces el texto, presa del tironeo entre deseo, angustia, frustración, culpa, desvela la
discontinuidad del sujeto, del cuerpo, del lenguaje, del mundo^*^.
La idea se resiste a volverse esencia sensible, debe ser esencia soñada, sublimada. El
poeta, que ha sido capaz de deHmitar sus contornos, n o es capaz de comunicarla con la fide-
lidad que presupuso su gestación. E n muchos casos, a u n pensamiento brillante, sucede la
tragedia de unos puntos suspensivos, declaración del trxincamiento del lenguaje, Los puntos
suspensivos son el silencio. El mismo silencio que, sin embargo, "contiene u n habla.
Callamos, como decía Sor Juana Inés de la Cruz, n o porque n o tengamos nada que decir,
sino porque n o sabemos cómo decir todo lo que quisiéramos decir. El silencio h u m a n o es
un callar y, por tanto, es implícita comunicación, sentido latente''^!:
En la pared, el reloj
marca las doce... la una...
las dos... ¡las horas muertas!
- E l día no llega nunca.-
Oprimen el corazón
inexplicables angustias
de algo de ayer y de hoy.
—Penas calladas y ocultas.—
La voluntad de crear
incita el alma a la escucha...
Y al fin, la idea que nace
salta al papel y... se esfiíma^^.
Efectivamente, hay que escribir la ensoñaáón, hay que otorgarle corporalidad. Ningún reto es
tan complejo. Veamos, n o obstante, el talante de este otro texto:
El poeta, consciente de la boga que ha de sostener con la escritura, en este caso nos
devuelve a la situación virtual que ocupa, a medio camino entre lo sensible y lo esencial, rela-
cionándose con uno a través del sentimiento y con el otro gracias al pensamiento. El ejercicio
poético, dejando a un lado su ulterior plasmación, posibilita el merodeo en torno a esta rea-
lidad, en soledad, eso sí. Ambos caminos ya los expresó Platón en su diálogo Sofista, cuando
en boca de un personaje al que identifica como 'Extranjero, interroga: "¿Y qué nosotros, gracias
al cuerpo, comimicamos con el devenir a través de la sensación, y gracias al alma, a través
del ra2onamiento, con la esencia real?"^^. La tragedia de vma escritura balbuceante, como la
muerte, nos iguala.
PALABRA RITMADA
El concepto de ritmo es inherente al de escritura. "Soy esclavo del ritmo"^^ llegó a decir
Torón. El ritmo, que secuencia la realidad, se le exige al poema como necesidad intrínseca.
El mar, ámbito de especial predilección para nuestro poeta, se ofrece como ritmo, como
continuidad circular que deja escrito en la arena el efímero mensaje de su intermitencia:
Hay una aspiración ideal del ritmo, una medida esencial, sin eco. E s imposible merodear
estos conceptos y n o volver a traer a la mente las reflexiones que hacía cuando menté la
" O d a a Francisco Salinas" de Fray Luis de León. Hacía en aquel m o m e n t o alusión a las ideas
del llamado sistema ptolemaico, según el cual la órbita de los planetas se identificaba con un
acorde particular que, sumado al resto, producía una determinada melodía. Lógicamente,
por correspondencia, por analogía, el ritmo de la escritura será una aspiración más por cap-
tar el ritmo del Universo, una aspiración por situar el texto en una órbita determinada con
un son particular que la distinga. N o cabrá superponer un ritmo impostado. La originalidad,
otra vez, presupone su propio espacio. U n espacio del que n o emane u n reflejo devaluado.
La música del universo instalada en el ritmo propio de nuestro existir. Saulo Torón: "La vida
actualmente es más activa, mucho más precipitada. Pero la poesía continuará innegablemente
al ritmo del hombre"-^^. El ritmo del hombre, de cuya aceleración, acontecida en el frenético
siglo XX, fue privilegiado testigo Torón, lo Ueva a declaraciones como las siguientes:
Antes tenía tiempo suficiente para recrearme en un árbol, hasta contarle las hojas si era necesario.
Antes, la vida era un deleite. Hoy, es fugaz. Sin embargo, el árbol, el árbol siempre será un árbol,
con velocidad o sin velocidad. A mí me asusta ver los árboles desde un coche. Preferí verlos
desde las tartanas^^.
La vida acelerada encuentra relativo sosiego en una escritura que se desacelera, que ami-
nora el frenesí que la rodea.
Música interior,
sonido sin eco...
¡mi mejor canción!^^
La gigante paradoja de la palabra, que nos lleva a poseer el mimdo, a habitar nuestro con-
texto y que se vuelve insuficiente cuando está obligada a comvinicar nuestro adentro, convive
con la exactitud rítmica. La imprecisión de la materia prima poética, es cobijada por una
forma apacible, que n o nos sorprende, que se vuelve necesaria originalidad de respiración.
El ritmo particular que autentifica la voz del que se derrama en sus periodos, asume la regu-
laridad, la exactitud, que se asoma a su particular horizonte ritmado:
Palabra mía
clara y exacta,
clara como mi vida,
exacta como el ritmo de mi alma.
Palabra honrada y pobre
que dice reza o canta,
según el sentimiento que la anime,
pero que no se vende ni se mancha^^.
ETICA Y MEMORIA
La segunda parte del poema nos coloca ante un concepto ético de la poesía. Un hombre
como Saulo Torón "en cada poema, hay nada menos que todo un hombre"-^'^, se acerca a
los textos desde su propia condición de sencillez firanciscana de la que hace gala. Es a la vez
firme y humilde, sereno y apasionado. "Reconoce —cito a Rodríguez Padrón— la existencia
de la fiíerza original de una palabra n o falseada"-^^. E n octubre de 1969, en el emotivo
homenaje que, auspiciado por Manuel Morales se le tributó al poeta en el Pueblo Canario,
el anfitrión expresó: "La poesía de Saulo Torón se me parece como una hermosa lección de
lealtades. Lealtad para consigo mismo, lealtad para con el hombre que ha ido edificándola,
lealtad para con los demás"^^. Esa misma lealtad posiciona al poeta ante una realidad lírica
distinta. Frente a la nueva lírica, otra vez la voz de Torón contiene su prolongada visión de
las cosas:
Cantemos, poetas,
los motivos nuevos
con las coplas viejas.
Cantemos lo nuevo
que es vida en acción,
salvando la remora
de la tradición.
Rindámosle culto
al momento actual...
¡Pero no olvidemos
que es bueno soñar!^^
La vieja canción,
la que no se canta
—la que canto yo—,
déjala que duerma
en tu corazón.
Mañana quizá despierte, y se llame
la nueva canción^'.
Y surge la ironía, la que, según Rodríguez Padrón, tanto caracteriza la particular estética
a la que adscribimos a Saulo Torón, la que nos lleva a pensar que es otra la intención del
poema y que la nueva táctica formal n o convence a Saulo Torón. Su particular ritmo (que
n o es canción tradicional sino una manera ritmada de asumir la existencia), le sigue dictando
una perspectiva sobre la creación. Exige nuestro poeta a la nueva creación la conveniencia
de soñar. Nuestro poeta es un Segismundo sin otro torreón que su eterna orilla, desde donde,
además de adqviirir progresiva conciencia de sí, se replantea constantemente la naturaleza
del lenguaje poético. Creador y custodio de un tiempo, proyecta su voz hacia cualquier pre-
sente. Q u e terminen unos versos de Alfonso O'Shanahan:
y nosotros ya definitivamente
desafinados'^^
40 "El poeta viejo" (fragmento) publicado en su totalidad en LM Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, el 11
de octubre de 1969 y también, con motivo del centenario del nacimiento del poeta, junto con un pequeño
artículo, el 23 de junio de 1985.
EL FARO DE LA ISLETA
A Néstor
El Faro de la Isleta
en la noche invernal tan luminoso...
refulge entre la niebla
como un astro benévolo y piadoso...
5 Su luz potente cambia
de reflexión; tan pronto es un dudoso
color anaranjado, como un blanco
vivido y transparente; luego un rojo
clarísimo, que esplende
10 como un rubí gigante y fabuloso,
y otra vez el primero, y así siempre,
desde el ocaso al orto...
Entre las densas sombras
del cielo sin estrellas, tenebroso,
15 el faro de la Isleta
es un clarividente milagroso
que señala la ruta
del buen abrigo y el feliz reposo
al inquieto marino
20 que en el puente sondea el pavoroso
misterio de las sombras
luchando con el mar tempestuoso...
El faro es la alegría,
el infinito go2o
25 del arribo seguro
tras del viaje penoso.
¡Su luz es la primera luz del hogar
que al corazón saluda en el retorno!...
C o m o el resto de textos que confortnan la sección Poemas del barrio, " E l faro de la Isleta"
es una combinación de endecasílabos y heptasüabos, una larga silva con rima asonante en
los pares. Formalmente el texto viene a representar a un tiempo el afán rítmico de Totón y
su vocación por la variedad métrica. La süva es una forma estrófica comúnmente usada por
el teldense y su particular combinación de versos de arte mayor y menor, además de expre-
sarse peculiarmente sobre la página, viene a ser el correlato del cambiante contorno de
espuma que dejan las olas en la playa.
A este texto ya he hecho referencia al servirme de su contenido para explicar cómo se
apropian los autores modernistas de un lenguaje que les sirve para nominar un m u n d o
modificado por la m a n o del hombre. E n aquel momento, haciendo alusión a unos versos de
Cairasco en los que el poeta inaugural canario describía este entorno norteño, situé este
poema para ejemplificar una escritura atravesada por el concepto de Progreso, concepto atra-
vesado a su vez por otros muchos, entre los que se encuentra el áe. practicidad. U n elemento
práctico, como el faro, revela posibilidades que acrecentarán precisamente la idea de Progreso.
Sin perder de vista este punto, el texto se presta, a mi jxoicio, para mayores profundizaciones.
Situemos primeramente el texto en relación con otro escrito por D o m i n g o Rivero y titu-
lado precisamente "El faro". El objeto de contemplación es el mismo, pero mientras que
Saulo Torón combina en su texto las posibilidades estéticas con las prácticas que el objeto pro-
picia, Rivero se vuelca en estas últimas para trasladar la luz soHdaria del faro a la relación del
hombre con la fe; con la búsqueda de una luz que alimente cada existir. Conviene la trans-
cripción íntegra del texto de D o m i n g o Rivero^:
1 DR, p. 92.
D o s aclaraciones se hacen necesarias con el fin de señalar rumbos que serán objeto del
comentario. Por u n lado apuntar que el soneto prosigue ahondando en una nota caracterís-
tica de las poéticas de Rivero y Torón y que n o es otra que la correspondencia de la vida
hxamana con una travesía, travesía que finalizaría en las "tristes playas de la muerte". Por otro
lado no conviene perder de vista que la voluntad de apresar el instante en el que opera el
cambio, voluntad que expresa Torón en su poema, contrasta con la inexorable e iimiutable
"ley del dolor hvimano" (v.9) señalada por Rivero.
O t r o aspecto que n o conviene perder de vista es la voluntad deíctica de Torón. El obje-
to de contemplación, un faro, es este faro, el que se ubica en el barrio donde habita el poeta.
N o sucede así en el caso de Rivero, que elimina cualquier rastro de deixis. El cotidiano
pudor del escritor canario que regatea en ocasiones su propia toponimia para camuflarla
bajo ajenas formas, es superado ampliamente por un autor, Torón, que, decididamente,
esenciaHza, como veremos, un elemento de su cotidianidad.
E n los versos 5-12, Torón emplea un procedimiento de claro talante impresionista. La
cambiante luz del faro ofrece una serie de posibilidades sinestésicas que sintonizan clara-
mente con la estética impresionista que transportó a la literatura las premisas pictóricas con
las que autores como Monet^ le dieron carta de naturaleza. La mutante policromía que ofrece
la luz del faro depende de la sucesión de instantes irrepetibles que componen la percepción
humana. Así, nuestro ser en el m u n d o atraviesa un continuum de momentos inapresables e
irrepetibles que sólo pueden ser capturados a través de la palabra. El movimiento oscilante
del faro es un eterno retorno niett^scheano que a su vez reserva sorpresas en cada una de sus osci-
laciones. Aunque el poema en sus versos 11-12 pudiera llevarnos a pensar otra cosa ("y otra
vez el primero, y así siempre, / desde el ocaso al orto..."), Torón, tácitamente, parece asumir
la premisa de Heráclito áéipanta rei, asumiendo que el nuevo rastro circular que emprende
el faro ya n o será idéntico al acabado de realizar.
Esta captación del instante, sinestésica, anuncia la táctica que sustentará £ / caracol encan-
tado. C o m o expresé en su momento, el segundo libro de Torón recurre a un procedimiento
similar al emprendido por Néstor (al que curiosamente está dedicado el poema que comento)
en su Poema del Mar. La escritura al servicio de cada percepción que marcará las distintas sec-
ciones del Hbro, está anunciada, en este poema como en otros de LMS monedas de cobre.
Pero n o se agotan en este punto las reverberaciones líricas que anuncian el siguiente libro
del poeta. El mar, muerte para Manrique, lo plantea Torón (como Rivero) como lienzo
sobre el que trazar la irrepetible senda de cada existencia. La lucha con el mar, contra la fie-
reza de su oleaje, es pareja a la lucha por sortear el dolor que, como lastre, arrastra cada ser.
El faro se plantea entonces como destino, como meta, como "luz al final del túnel" y es
Rivero el más explícito en esta posibilidad. Sebastián de la Nuez, haciendo referencia a u n
2 Pensemos, por ejemplo en su obra "Impresión, sol naciente", expuesta por primera vez en 1874.
poema de Torón sito en Canciones de la orilla y titulado mi barca, comenta: "La provinciana y
aislada vida de Saulo n o sabe nada de esos temporales, pues nunca se ha lanzado a la niar
bravia del mundo, sólo ha bogado por la mansa ribera en los días de bonanza"-^. Este plan-
teamiento del profesor de la Nuez se ha convertido en lugar común de la crítica saulina.
Evidentemente, la circunstancia biográfica del poeta, con escasísimas salidas de la isla de
Gran Canaria, e incluso de la propia ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, corrobora lo
expresado por de la Nuez. También es cierto que muchos de los poemas de Torón ratifican
esta circunstancia apegados a la propia biografía del poeta; pero, aún así, m e va a interesar
esa circunstancia, porque en ella radica la justificación de este análisis: el viaje "ensoñado"
de Torón que a la cotidiana imagen machadiana del caminante responde con la del marino
que busca el puerto de su destino, imagen que protagoniza muchos de los textos de Fray Luis,
por ejemplo. Justamente en el texto citado más arriba, Sebastián de la Nuez cita un texto del
poeta agustino que voy a reproducir del original y cuyo último verso coincide casi literal-
mente con el verso número 22 del verso del poema de Torón ("luchando con el mar teín-
pestuoso"):
El hombre, "sólo ante el mar", como dice Torón en u n o de sus poemas, traza como el
marino la ruta de su existencia. E n el puente de su embarcación, por así decirlo en la encru-
cijada de su existir, debe responder a "el pavoroso / misterio de las sombras" (w. 20-21) y
el faro se presta como esperanza, como noticia de la orilla en la que irremediablemente fina-
liza el viaje, en la apacible playa riveriana o en los escollos que despedazan el navio de Fray
Luis. U n texto de El caracol encantado, concretamente el pasaje XVI de IM noche, nos sitúa en
esta perspectiva con claridad meridiana:
El pensamiento no sabe
hallar el camino cierto,
dónde empieza el infinito,
dónde se detiene el tiempo.
Y el corazón asustado
tiembla como un niño enfermo.
Al final del poema, el faro, otra ve2 devuelto a su condición meramente deíctica, anuncia
el contorno de la isla-hogar. Es curioso que un Torón que por estas fechas n o había exce-
dido físicamente los límites de su isla, se traslade a la condición de quien retorna y avÍ2ora,
con la luz del Faro, la llegada al hogar.
2) de El caracol encantado
LA NOCHE
XIII
La forma exterior de este poema es idéntica a la del anterior, si bien es verdad que son
otras las vocales que señalan la rima. La hipótesis de la relación entre la métrica y el acontecer
de las olas en la playa cobraría mayor cuerpo si cabe en este texto que revela un contexto
análogo.
U n Hbro como El caracol encantado, de estructura tan compleja, plantea problemas a la
hora de encontrar un fragmento (entiendo todo el Ubro como un único poema) que pueda
5 CE, p. 121.
resioltar analizable en sí mismo y a la vez contenga gran parte de las direcciones que apunta
el libro. Sin perder de vista el texto que he escogido, quizá convenga exponer brevemente
una idea que ya apunté en su m o m e n t o y que resulta de especial interés a la hora de encarar
la lectura de la obra. El mar, en su mutante mviltiplicidad, en su ofrenda sensible, se ofrece
como trasunto de la totalidad del mundo, como explicación de la interioridad del ser: "El
mar guarda el secreto de toda comprensión"^. " H e puesto mi alma sobre el mar, y el mar /
parece que ha ensanchado sus dominios... / Ya n o sé si es el mar lo que ahora veo, / o si es
el alma lo que, absorto, miro"^.
Teniendo en cuenta este punto de partida siomerjámonos (nunca mejor dicho) en el cuerpo
del poema. El comienzo nos sitúa en la vertiente modernista más próxima a los románticos
(de ahí que evoque la "atmósfera" de algún " N o c t u r n o " de José Asunción Silva). Una de las
primeras cuestiones que puede llamarnos la atención es la declaración expresa en el primer
verso de lo que he dado en llamar "escritura participante". Esta voluntad lírica, más presente
en Las monedas de cobre y que se refiere a la estrecha implicación del autor en el texto, es más
extraña en El caracol encantado pero a intervalos aparece en alguna secuencia si bien ésta, con
un rotundo presente de indicativo, es de las más explícitas. El primer verso ubica al autor
como protagonista del texto que desgrana. Asociándose estrechamente al m o m e n t o del día
sobre el que poetiza, anuncia las "sombras" de la noche e inmediatamente nos da una de las
claves que me llevan a declarar £ / caracol encantado como una Mrica diacronía amorosa:
"absorto en tu recuerdo y mis tristezas". El mar, bien es cierto, lo entienden algunas lecturas
como protagonista del libro. Son versos como el que señalo los que aportan veladamente,
la motivación última que llevó a Torón a la composición de este curioso poemario. Hay una
alusión inmediata (v. 3) a la "arena amiga". Efectivamente, en el pasaje IX de Iniciación,
Torón declara su intimidad y afinidad con una arena que puede volverse lienzo en blanco
donde escribir u n mensaje irremediablemente devorado por los rigores de la naturaleza. Sin
abandonar el presente de indicativo, estos primeros versos continúan ahondando en la
minuciosa descripción (impresionista) del instante. Un procedimiento habitual en este libro
y que tiene su razón de ser en esa igualación alma = mar, hace que el poeta hable de su pro-
pia alma, que exteriorizada e imbricada con la circunstancia circundante, asume una corpo-
ralidad que en cierto m o d o le es ajena y a la que por tanto puede tratar sin ningún rubor en
tercera persona. Esa alma se debate entre "las sombras y las luces", las sombras de la noche,
la oscviridad reinante y las luces que se aguardan (como la de el faro de La Isleta). Situemos
en este punto, sin perder de vista lo que vengo comentando, un poema de Juan Ramón,
" N o c t u r n o soñado":
Sí, parece
que es el alma la sola viajera
del mar, que el cuerpo, solo,
se quedó allá en las playas,
sin ella, despidiéndola,
pesado, frío, igual que muerto.
¡Qué semejante
el viaje del mar al de la muerte,
al de la eterna vida!^.
La igualación alma-mar que establece Torón podríamos pensar que comulga en su tota-
lidad con lo expuesto por Juan Ramón en este breve poema; sin embargo, lo que en el poeta
del Moguer es conjetura, posibilidad, lo lleva Torón al campo de las certezas, o al menos de
las certezas poéticas, asumiendo que, efectivamente, el alma tiene el mar como camino; pero
es ahí, en la asunción de esa circunstancia, donde reside la originalidad del pensamiento de
Torón que, en cierto modo, y tal como he apuntado en el comentario del poema "El faro
de la Isleta", guarda estrechísima relación con la filosofía riveriana. Esa alma que viaja sobre
el mar, n o es ajena al cuerpo donde habita. El cuerpo en el que Rivero ve aproximarse "las
tristes playas de la muerte" es el mismo que Torón saca a pasear por esa misma orilla y que
concede a su adentro volcarse sobre el mar que inmediatamente se vuelve hoja en blanco
que interpreta al hombre que por sí interroga.
Quedémonos ahora con el verso número 12: "sombras para una luz que nunca Uega". La
luz viene delimitada como un símbolo desarrollado por la tradiáón. Por tanto, no pensemos
que la vigencia de un símbolo se agota en el espacio del poema, sino que sistematiza su natu-
raleza sustitutoria en una poética y, como señalo, en una tradición. Esa "luz que nunca
llega", emparentada con la luz del faro que señala el contorno de la tierra, el fin del viaje, la
señala entre otros Gastón Bachelard cuando afirma:
Provenga del sufrimiento o de la dicha, todo hombre tiene en su vida es hora de luz, la hora en
que de pronto comprende su propio mensaje, la hora en que de pronto comprende su propio
mensaje, la hora en que, aclarando la pasión, el conocimiento revela a la vez las reglas y la mono-
tonía del Destino, el momento verdaderamente sintético en que, al dar conciencia de lo irracional,
el fracaso decisivo a pesar de todo es el éxito del pensamiento'.
8 En Juan Ramón Jiménez, Antología poética (notas preliminares y selección de Eugenio Hoiit), Editorial
Biblioteca Nueva, Madrid, 1981, pp. 161-162.
9 Gastón Bachelard, L¿z intuición del instante, Fondo de Cultura Económica, México D.R, 1999, p. 8.
El correlato lírico de este planteamiento del crítico francés podrían ser estos versos de
A m a d o Ñervo: " Y acertarás constantemente, pues que dentro de ti llevas la luz misteriosa
de todos los secretos "^^.
La última parte del poema, a partir del verso 13, se constituye como si de una oración se
tratase. Utilizando el viejo procedimiento del envío, Torón trae el vocativo a una voluntad
lírica que declara su decisión fática, y que se convierte en apesadumbrada oración. A la des-
esperanza de la desgarradora respuesta de una voz extraña, se responde con la esperanza de
un corazón que, como el barco que descifra la costa, busca una luz que le tienda una mano.
3) de Canáones de la orilla
CONSEJOS VARIOS
Para Enrique Díez-Canedo
I
Hermana:
Cuida a tu hijo mayor;
y más que científico, hazlo
labrador.
5 Que desconozca las ciencias exactas;
que ignore a Pitágoras y a Platón,
y que aprenda sólo a abrir surcos
sobre la tierra de Dios.
Que conquiste la gloria del campo
10 bajo el imperativo del sol;
y que sea fuerte, sencillo y bueno
para el trabajo y para el amor.
Que no aspire de las ciudades
el aliento contaminador;
15 que sea ubre, como los pájaros;
que viva sólo de su sudor.
Que sea noble con sus hermanos
de la gleba, siendo el mejor;
y, sobre todo, que no sea
20 un hombre inútil como yo.
Este texto, polimétrico, con abundancia de versos de arte mayor, rima en asonancia sus
versos pares, característica compartida con los dos anteriores. Pese a esa poHmetría, Torón
mantiene la rima, a su parecer elemento capital de la lírica.
Es este poema el primer pasaje de una serie de I X dedicada en su totalidad a Enrique
Diez Cañedo y que en clara voluntad de contacto se dirige a un interlocutor diverso. Este
primer pasaje es el único cuyo vocativo es identificable, la hermana de Saulo Torón, proba-
blemente Micaela, con la que vivió el poeta hasta que, en 1936, se casa. Nuevamente la
segunda persona, la escritura hacia el tú, aparece en la lírica toroniana, donde, como he seña-
lado, en ocasiones se señala tipográficamente como " E n v í o " en una táctica de escritura que,
una vez más, comparte Torón con López Velarde. La alusión a imo de sus sobrinos, seguimos
conjeturando que el hijo mayor de Micaela y Juan Puig, reestablece en Canciones de la orilla el
contacto familiar profundamente exprimido en LMS monedas de cobre y que se n o asoma en las
páginas de El caracol encantado. E n cierto modo, la lectura en estricto orden cronológico de
las entregas líricas de Torón, sitúan al lector en u n eje temporal que lo Ueva a rastrear la vida
paralela de sus sobrinos. Los mismos que jiigueteaban con los regalos de Reyes en has monedas
de cobre ahora se asoman a la delimitación de su futuro profesional. C o m o en aquel instante
el poeta lleva a su texto un fragmento de su biografía familiar. El primer consejo (recorde-
m o s el título de la serie Consejos varios), es el abandonar la profesión científica para volcar
esfuerzos en la labor agrícola. Torón, otra vez en la pista de Fray Luis, parece conminar a su
sobrino a una "descansada vida", ajena a los rigores de la ciencia y en contacto directo con
la naturaleza. Escritura y labranza establecen un curioso paralelo que, aunque n o es declara-
do por Torón, puede intuirse entre líneas. Pensemos por ejemplo en el poema que Rivero
dedica Tomás Morales:
Por muy pequeño que fuese lo que sucediera su mirada lo registraba como algo importantísi-
mo. A veces uno piensa que la mirada de Saulo tenía algo del lento ojo rural en la ciudad, meti-
culoso, alegre, que se sorprendía a sí mismo viendo como las cosas cambian y el espacio que se
respira hondo se prolonga hasta el infinito, lo visible y lo invisible^^.
C o m o en el marino, como en el que boga a diario contra la fiereza del mar, en el campe-
sino encuentra Torón otro referente que encara desde su disensión pasiva e inconsciente la
11 DR, p. 28 (fragmento).
12 Manuel Padorno, "¿Por qué el tercero?", Canarias 7, Las Palmas de Gran Canaria, 24 de diciembre de 1989.
idea de Progreso que atraviesa la vida xirbana de su tiempo. Más abajo dirá: "que n o aspire de
las ciudades / el aliento contaminador" (w. 13-14). La ciudad condiciona la existencia hasta
el p u n t o de amenazar la autenticidad de cada respiración. E n la ciudad, donde la idea de
Progreso va unida a la de Utilidad (j por ende a la de Productividad) el oficio poético se revela
irrelevante, carente de interés:
"que viva sólo de su sudor. / Q u e sea noble con sus h e r m a n o s " (w. 16-17). Proclama
Torón en este verso, una vez más, su concepción franciscana de la existencia, en relación
cordial con la naturaleza, en el encuentro firaterno con los seres que acompañan nuestro ser
en el mundo. Es inevitable n o traer a colación un pequeño texto inserto en Frente al muro,
Resurrecaónj otros poemas, en la sección Ritmosj cantares:
Esta concordia universal proclamada por Torón lo inviste de un curioso háHto espiritual
que aprecian aquellos que lo conocieron. Con motivo del homenaje a Torón celebrado en
1969, comenta Luis Doreste Silva: "Esta es la fiesta donde cada u n o con nuestra siUa en
torno al gran Saulo, en torno al profeta que vierte, que revela el verso escondido del h o m -
bre. Verso que es palabra divina y dice: Mirad como he amado, como amo; amar sin fin es
la entera razón. Amaos incansablemente, hermanos.."^^.
EL DOBLE
El poeta, en el soneto analizado, parece desarrollar el segundo verso citado: " N o saber
si es verdad lo que sabemos". El Otro, en su doble naturaleza de prójimo y de yo desdobla-
do, revela la tensión de la propia existencia, corporifica de un m o d o u otro todas aquellas
incertidumbres que la condición finita del ser impone. Torón, además, marca una distancia:
"Yo n o sé si soy yo o es aquel hombre". Esa distancia impuesta por el propio autor, que
elige el demostrativo extremo, nos sitúa ante una doble posibilidad que puede ser resuelta
espacial o cronológicamente. La primera de ellas nos conduciría a la imagen del poeta ante
el espejo, imagen por otra parte abvindantemente abordada por la escritura en diversas etapas
y latitudes. Citemos por ejemplo "Suicidio", poema de Lorca: "Y el joven rígido, geométrico
/ con un hacha rompió el espejo. / Al romperlo, un gran chorro de sombra / inundó la qui-
mérica alcoba"^^. La imagen desdoblada del poeta en el azogue convida a repensar ante el
16 FM, p. 256.
17 En Antología del grupo poético de 1927 (ed. de Vicente Gaos), Cátedra, Madrid, 1994. Colección Letras
Hispánicas, p. 119.
canos los pasos del ser que duplica su existencia pero también su angustia. Ese "hombre que
siempre va conmigo" como diría Machado y que en ocasiones parece recordarnos que el
camino acaba. La ruta por la que avanza el poeta, es la ruta que ha elegido para sus pasos,
el camino que Torón vuelve travesía de mar abierto, mar al que interroga acerca de su pro-
pia condición.
"No sé quién soy ni sé quién esto escribe". El poeta duda de la entidad de quién sopor-
ta su existencia y elabora su discurso Hterario. Por momentos nos sitúa esta circunstancia
ante la naturaleza del acto creativo, considerada en ocasiones ajena a la voluntad del autor y
sujeta a circunstancias inexorables. En ese momento se produce una suerte de desdoblamien-
to de la doble naturaleza. No solo dupUca su percepción el sujeto convencional sino también el
creador. Volvamos al ensayo de Unamuno citado líneas más arriba:
Se puso a leerlo, y a medida que lo leía invadíale un extraño desasosiego. No, aquello no era
suyo, aquello no lo había querido él escribir, no era aquello lo que había pensado y creído, no
era lo que había escrito. Y, sin embargo, no cabía duda: aquello, aquello que veía ahora tan extraño,
aquello fue lo que escribió y con lo que más renombre había ganado^^.
Tan concomitantes resultan ensayo y soneto, que da la impresión de que Torón tenía pre-
sente el texto de don Miguel a la hora de redactar su poema. Como he señalado, son las prin-
cipales concomitancias entre ambas creaciones las presencias de las dobles naturalen^ de hombre
y creador; en definitiva, el tratamiento de la alteridad, tema que obsesionó a Unamuno, que
llegó a componer una pieza dramática precisamente tittilada £ / Otro y que, como vemos,
también interesó a Torón.
Inmediatamente, en el penúltimo verso, aparece la mención al otro. La alteridad, que sos-
tiene la argumentación de todo el cuerpo lírico, revela en las últimas líneas su naturaleza
esencialmente conflictiva. La duda del poeta es extrema y la mediación del soneto no ha
logrado resolverla. Si el otro "concibe y labora por mí", ¿en qué medida albergo responsabi-
lidad sobre lo escrito?
Culmina el soneto con la presencia inexorable de la muerte. La dimensión corporal del
ser posibilita, en este caso, la presencia de múltiples naturalezas espirituales. Ese verso, atra-
vesado por la verdad poética: "porque yo he muerto", supone, en cierto modo, una trágica
respuesta a los interrogantes previos, respuesta que no logra sin embargo despojar de las
dudas a quien tras el rastro de ellas escribe el poema. Que culminen el comentario, para el
que sin duda nos sobrarían ejemplos, unos versos del poeta argentino Oliverio Girondo, el
poema Dicotomía incruenta, apasionada interpretación de la alteridad:
22 Opuscit.,p. 1138.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
23 Oliverio Girondo, Calcomanías, Espantapájaros, Nocturnos, Embelecos, Mondadori, Buenos Aires, 1999, p. 36.
FAÑOSA: No, que me voy enseguía. Entoavía tengo que llevarle el cesto a mi yerno, que tiene
metía esta noche.
FRASCORRITA: Pos sírvele algo, Pedro. ¿Qué quiere tomar?
SR. PEDRO: ¿Vino, ron o anisao?
FAÑOSA: Ronito, me calienta más la tripa.
SR. PEDRO: Pos vaya el ronito.
FAÑOSA: Dios se lo pague.
SR. PEDRO: Esto da vida. Fañosa.
FAÑOSA: Y lo pué usté decir. Yo si no fueran estos buchitos que me caen de vez en cuando,
ya me hubiera muerto. ¿Y aónde está el niño, Frascorrita?
Y pasa el tiempo: un día... otro día... varios días, hasta que os Uega el que tanto esperabais. Sentís
que llaman a la puerta, abrís y es el chico de la fotografía que os trae vuestros retratos. Pagáis
la cuenta, dais propina, os sonreís agradecido, y por ultimo sacáis las cartulinas de un sobre
grande y oscuro como un presagio, para hallaros ante un retrato... que no es el vuestro. Mejor
dicho, que no es el que os habíais figurado.
Creísteis, candido üuso, que vuestra imagen había de reproducirse de una manera favorable,
bella, üuminada, como la de esos lindos donjuanes furor de jóvenes neuróticas, y domésticas
domesticadas, y os encontráis ante una figura vulgar, innoble, repelente; como sois, en fin... por
fuera...
Lector, si eres feo - y ojalá lo fueras para consuelo del que esto ha escrito, — ¡no te retrates...
no te retrates!^
En los casos en los que el vocativo es realmente plural recurre, tal y como nos va acos-
tumbrando, a las formas de segunda persona:
Muchachitas del interior, sanas e ingenuas como las brisas de vuestros campos, no vengáis a la
ciudad. Vuestra saludable pureza se enrarece y aminora al contacto de su ambiente. Más que
estas calles febricientes y aturdidoras, donde el tráfico mercantil empobrece las almas y embrutece
las inteligencias, amad vuestras campiñas, la santa quietud de vuestras campiñas con sus jardines
floridos y sus rosas perfumadas, más vale una de vuestras rosas que cualquiera de los corazones
que aquí veis; más vale im rayo de sol dorado la cima de vuestras montañas que la algarabía de
luz y oro de estos escaparates...
¡Muchachitas del interior, no vengáis a la ciudad!^
Pero aqvií también tenemos nuestra particular puntualización. Ante tal profusión de for-
mas adoptadas surge la prueba que lo delata y que n o es otra que la acentuación. Si bien es
cierto que debemos ser cautos con la transcripción para imprenta de los textos, el caso es
que, repasando los originales, me he encontrado con dislocaciones acentuales, presencias
erróneas y ausencias inconcebibles que, con todas las cautelas, y teniendo en cuenta el esta-
do ortográfico del resto del texto, nos anuncian una situación forzada, que he corregido en
la trascripción. Pese a todo n o estamos todavía ante el estadio más formal. Saulo parece n o
tener reparos en ubicar su texto, n o sólo como sustancia de contenido, sino también como
forma puesto que n o rehuye, aunque los coloca en cursiva, los canarismos y se muestra
mucho menos severo en el manejo de la prosa que en su oficio de poeta.
A un mismo nivel, en esta suerte de neutralidad que vemos que n o es tal, colocaría la poesía
satírica. Pronto veremos, cuando aborde su otra vertiente poética, el grado de magnanimidad
que impone al texto lírico y cómo ésta actitud se transmite en una forma de expresión dife-
rente a la de este grupo de poemas. Al igual que en la prosa, conviven segmentos que per-
siguen un tono cómico, sayaguesista si queremos, como sucede en el teatro o sitnpletnente
algunos dialectalismos de los que parece no ser consciente el autor (como la plviralización
del impersonal "haber" o la ausencia del interfijo —c— en los diminutivos), con formas exó-
genas como la segunda persona del plural o el uso no etimologista de los pronombres átonos.
Veamos ejemplos del primer caso:
3 Saulo Torón, "Las señoritas del campo", Reos, Las Palmas de Gran Canaria, 4 de enero de 1917 (vid.
Antonio Henríquez, ópus cit.).
4 Pi", p. 37.
5 P5, p. 44.
E n un ejemplo como éste que acabo de citar, la propia exigencia métrica del verso, como
sucede en otros casos, nos hace ser cautos en el análisis, si bien es la forma canónica de deri-
vación en el dialecto canario. Centrémonos ahora en ejemplos del segundo tipo propuesto:
Ideas candentes
surcaban sus mentes
cuando diligentes
se les vio partir;
y al llegar al Puerto
vieron a Mamerto
que aunque es ojituerto
les veía verdr°.
Y llegamos por fin al grueso de su creación poética (en adelante, durante este capítulo,
m e referiré a ella como poesía, genéricamente, para diferenciarla de la satírica), que es el
terreno que más pie m e va a dar para esta reflexión que quiero sumar al resto del esfuerzo.
E n el escueto análisis que he hecho, he pretendido dejar claros algunos plintos que nos sor-
prenden por entender que n o se rigen por la lógica del dialecto del que es hablante el autor.
Pero una vez aquí, la sorpresa es completa. H e m o s ido p o c o a p o c o distanciándonos del
mundo, viendo cómo los textos pretenden un puesto más cerca de la lengua que del habla,
c ó m o el mimdo del autor y la apropiación lingüística que de él hace, n o hablan el mismo
idioma, cómo Saulo Torón ofrece su respuesta de una manera inesperada.
Dejemos por el m o m e n t o todo en este punto e iniciemos la misma reflexión pero desde
otro ángulo. Recojamos algunas impresiones del autor vertidas en un par de entrevistas:
Tomás (Morales) recitaba admirablemente. Tenía una voz pastosa, especial y a pesar de su acento
canario daba gusto oírlo; su voz sonaba muy bien^".
6 PS, p. 71.
7 Pi-,p. 49.
8 Pi^.p. 54.
9 PS, p. 70.
10 Pedro Perdomo Azopardo, ópus cit..
D o s ideas se nos presentan en estas declaraciones. Por u n lado, la consideración del autor
con respecto al prestigio de su variedad diatópica, y por otro la propia visión que establece
sobre el oficio poético. E n cuanto al primer asunto n o descubrimos nada si hacemos hinca-
pié en la sempiterna valoración negativa de la variedad canaria, más llamativa aún cuando el
que establece esa valoración deficitaria es un hablante canario. Hemos asistido en este repaso
que venimos haciendo en la obra saulina a la aparición de distintas formas que n o encajan
con rotundidad dentro del dialecto insular. A la luz de declaraciones como las que aluden al
acento de Tomás Morales, somos capaces de vislumbrar cómo el autor de Telde estira el
concepto de distancia. El dialecto canario, más "disimulable" en la escritura que en la oralidad,
es considerado una traba por parte del autor; firases como las del texto y ejemplos extraídos
de otras creaciones, n o son otra cosa que soluciones ante ese acto de habla que no convence
al grueso de parlantes y lectores, por otra parte legítimos hablantes dialectales.
E n la poesía toroniana estas fintas al dialecto también son llamativas. H e m o s visto cómo
hay vacilación entre la declinación etimologista del pronombre átono y el leísmo de persona.
U n ejemplo curioso. Veámoslo: variación en el mismo texto:
E n otras ocasiones volvemos a encontrarnos con la segunda persona del plural. Veamos
este texto:
Rincones queridos
de la ciudad vieja.
11 Orlando Hernández, "Saulo Torón, rompiendo el silencio" en Diario Las Palmas, Las Palmas de Gran
Canaria, 26 de julio de 1966.
12 "El borracho del barrio" {pLC, p. 33).
Para quienes hablamos, el lenguaje no es un objeto, sino una mediación. En un triple sentido:
en primer lugar, se trata de una mediación entre el hombre y el mundo; dicho de otro modo, es
aquello a través de o mediante lo que expresamos la realidad, aquello que nos permite represen-
tárnosla, en una palabra, aquello mediante lo que tenemos un mundo. El lenguaje es, asimismo,
una mediación entre un hombre y otro. En la medida en la que nos referimos conjuntamente a
las mismas cosas, nos constituimos como una comunidad lingüística, como un "nosotros". [...]
Finalmente el lenguaje es una mediación de uno consigo mismo^''^.
caso a los hablantes del dialecto canario, no es precisamente asumir esa variedad diatópica
sino referirnos a este mundo. Evidentemente la sustancia de contenido es susceptible de ser
formalizada de ésta o de aquella manera. En el caso de Torón, y también guiándonos por la
terminología de Ricoeur, el texto ha dejado de ser habla para aspirar a ser lengua. Saxilo
Torón no ha dialogado con su mundo en el mismo lenguaje que éste ha planteado para pre-
sentarse ante él. Vayamos, no obstante, a las que yo considero raíces del asunto.
LA ETERNA CRÓNICA
La mirada exógena sobre Canarias se empezó a realizar en español por los primeros cronistas.
Evidentemente, tal como sucede en Latinoamérica, una realidad nueva es nombrada con un
lenguaje que es apto para otra referencia. Las cosas son en tanto en cuanto guardan relación
con otra realidad, con el mundo que conocen los escribanos que tales cosas plasman y los
lectores que vuelcan sus ojos sobre lo escrito. Después, tras el proceso de imposición de la
nueva lengua, empiezan a marcarse caminos divergentes entre la lengua metropolitana y la
que se emplea en el nuevo territorio conquistado; digamos que en éste empieza a reestable-
cerse la relación entre lenguaje y mundo, sacudida en poco tiempo por una lengua nueva que
ofrece más extrañamiento que ayuda^^. Sin embargo, como hemos visto, el hecho de com-
partir un mundo es un hecho mucho más significativo que el de ser partícipes de una lengua
determinada. Y ese mundo se va acomodando al nuevo molde. Dos testimonios, que vuelven
a hermanar nuestra cosmovisión con la latinoamericana, son los que conviene apuntar en
este instante. En 1M parte por el todo, valiéndose del análisis de un parlamento de Doramas, el
personaje aborigen de la obra Comedia del Recebimiento de Bartolomé Cairasco de Figueroa,
que tras acceder por ciencia infusa al conocimiento del español se dirige en ese idioma al
recién llegado Obispo Rueda, pero que a la vez conserva su indumentaria tradicional,
Eugenio Padorno afirma: "Cambiar de lengua —la lengua aquí no es otra cosa que un ins-
trumento de comunicación— supuso para el hombre canario la adqxoisición de más de un
bien espiritual, pero tal enriquecimiento no significó necesariamente el cambio de un pecu-
liar entendimiento del mundo"^'. Por otra parte. Octavio Paz lo aplica a su ámbito en este
caso en Los hijos del limo:
16 Bella Jozef, en un artículo titulado "Modernismo y vanguardia (del modernismo a la modernidad)" conte-
nido en Nuevos asedios..., ópus cit., pp. 62-75, comenta a este respecto, sólo que aplicado a la vanguardia:
Los vanguardistas van a intentar llenar el vado ético dejado por la imposición de la cultura española en la época de su
conquista. La cuestión crucial que se impone es la búsqueda de una identidad cultural americana, a través del cuestio-
namiento de los falsos lenguajes que deformaban la realidad americana. La marca de la aculturación, desde sus inicios,
quiere borrarse, centrando la cultura hispanoamericana en una base de autenticidad nacional. Este rechazo de los valores
transplantados, en busca de su autoafirmación, es el viaje emprendido por Orfeo en busca de su identidad que trans-
parece en Pedro Páramo, Cisn años de soledad j que desde la carta de Colón se puede señalar (p. 69).
relaciones con el espacio americano, pero asimismo con el espacio en que nacieron y crecieron
las palabras que hablamos. En un principio nuestras letras fueron un reflejo de las europeas^^.
, No obstante, cuando los hablantes inmersos en esa realidad operan tal como opera
Saulo Torón, incorporando elementos extraños a esa acomodación, están en cierto modo
operando como los cronistas y traduciendo su mundo a una lengua que entienden más capa-
citada para defenderse por si misma. Volvamos a Ricoeur:
Mi tesis, en este punto, consiste en que la capacidad referencial no es exclusiva del discurso des-
criptivo, sino que también las obras poéticas designan un mundo [...] la obra poética sólo abre
un mundo con la condición de que se suspenda la referencia del discurso descriptivo... O, por
decirlo de otro modo, en la obra poética, el discurso pone de manifiesto su capacidad referencial
como referencia secundaria gracias a la suspensión de la referencia primaria. Por ello, podemos
caracterizar con Jakobson, la referencia poética como referencia "desdoblada"^^.
Pues mi tesis, parafraseando a Ricoeur, es que cuando un autor no concibe el texto como
habla y lo distancia del mundo, está suspendiendo voluntariamente la referencia primaria.
Podemos decir que la suspensión de dicha referencia, que es responsabilidad del lector, la
cumple el autor. Evidentemente se nos propone esa referencia desdoblada, pero ¿hasta qué
punto el proceso interpretativo del texto queda mermado por esa primera aproximación que
ha desechado el autor? Según el filósofo francés: "El arte de poner de manifiesto lo que lla-
maré desde ahora "mundo del texto" es una interpretación, y la hermenéutica se define
como la ciencia que estudia las reglas de interpretar textos"^^. Como decimos, la sustancia
de contenido es la misma, que se ha manifestado en una forma nueva, se ha vestido con un
traje que no es de su talla. Si consideramos, como también hace Ricoetir que los textos son
habla, textos como los que componen la poesía de Saulo nos plantean problemas. Parece,
como dijimos, aspirar a una lengua prestigiada aunque sea deficitaria a la hora de establecer
su relación con el mundo. Si todos los hablantes son dialectales, también lo son todos los
escritores, todas las poéticas. Juan-Manuel García Ramos ha reflexionado sobre este parti-
cular en la escritura isleña:
Un problema muy serio que nuestra realidad desmesurada plantea a la literatura es el de la insu-
ficiencia de las palabras. Cuando nosotros hablamos de un río, lo más lejos que puede llegar un
lector europeo es a imaginarse algo tan grande como el Danubio, que tiene 2.790 kilómetros.
Es difícil que se imagine, si no se le describe, la realidad del Amazonas, que tiene 5.500 kilóme-
tros de longitud. Frente a Belén del Para no se alcanza a ver la otra orilla, y es más ancho que
el mar Báltico. [...] Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la palabra "lluvia". En la cordillera de
los Andes, según la descripción que hizo para los franceses otro francés llamado Javier
Marimier, hay tempestades que pueden durar hasta cinco meses [..] En síntesis, los escritores de
América Latina y el Caribe tenemos que reconocer, con la mano en el corazón, que la realidad
es mejor escritor que nosotros. Nuestro destino, y tal vez nuestra gloria, es tratar de imitarla con
humildad, y lo mejor que nos sea posible^^.
Yo añadiría que el destino de todo lector, y acaso también su gloria, es saber enfrentar-
se con valentía a su contexto para confrontarlo a diario con el mundo al que lo transporta
el texto. Superponer el paisaje textual al vital, es acaso una tarea innegociable. Tenemos que
ser justos con los autores y tratar de descifrar su referente; pero eso siempre y cuando el
propio autor sea justo y coherente consigo mismo (en lo que llamaría Ricoeur dimensión moral
del lenguaje) y haga que su mundo hable con sus propias palabras.
Podríamos cometer, no obstante, el error de juzgar injustamente a Saulo Torón, sin valo-
rar su tietnpo y las condiciones de éste. Observando el fenómeno con amplitud de miras,
nos daríamos cuenta de que en los tiempos que corren también acontecen suspensiones de
textos en autores canarios, y que ese fenómeno se ha producido en otras latitudes y en otros
autores a lo largo de la historia. Pongámosla, por ejemplo, en relación con la propia filiación
de la escuela culterana, cuyos patrones asumió Caitasco y pensemos si su particular manejo
de la lengua no es otra forma de hacer transitar al texto desde el habla hacia la lengua.
Pensemos también que el autor no ha sido infiel a la sustancia de contenido. Su "intentado",
otra vez en palabras de Ricoeur, ha sido nombrar un mundo a través de una mirada. Definitivamente
creo que hemos tocado una cuestión que debe presidir el proceso creativo de todo escritor
canario (y por ende de todo hablante): ¿de qué forma contar nuestro mundo?
22 Gabriel García Márquez, Notas de prensa 1980-1984, Mondadori, Madrid, 1991, pp. 119-121.
crónica supone el trasvase del caudal lírico al lenguaje periodístico, anuncia la profesionali-
zación de la escritura. Las crónicas escritas por Torón, guardando similitudes con las tácti-
cas de escritura de Quesada, plantean una problemática sensiblemente más amable. La prosa
de los dos autores es el lógico correlato de sus respectivas escrituras líricas. La distancia exis-
tente en la vocación Mrica se mantiene en la vocación periodística. Las crónicas, escritura del
ahora, se vuelve necesario testimonio de modernidad. La principal aportación de la prosa de
Torón es el valor testimonial del escritor en la dudad; el constructor de textos que fabrica
cada párrafo. La ciudad llevada al discurso literario adquiere verdadera carta de naturaleza.
El teatro de Torón no es inocente. Bajo su aparente costumbrismo inofensivo se esconde
la declaración de múltiples peculiaridades identitarias. Las tres obras que escribió retratan
una sociedad que asiste al debate entre ciencia y creencia, que se vuelca a la hora de dar cobijo
a las apariencias, que yuxtapone llantos y risas, que busca el alivio de la fiesta, que da conti-
nuidad a tradiciones arraigadas en la coordenada canaria... El teatro de Torón obliga a una
lectura atenta, entre líneas, que revela sorpresas inesperadas.
Saulo Torón ha despojado su voz de la palabra ausente. Saulo Torón, en el ahora, en su
humilde nombrar^, encara su texto, encara su existencia. Tiene una voz que esquiva cualquier
camuflaje, que no merece la palmada vacua. Saulo Torón habita su texto, lo protagoniza.
Construir y habitar se le vuelven esfuerzo de escritura que no pretende abolir el tiempo sino
encarar la finitud. Tomás Morales sólo construye y, de ese modo, sitúa yuxtapuestos tiempos
distantes. El poeta Torón astome su condición de bautizador de un mundo que el hombre
ha modificado, de un mundo acelerado, que elegió a HerácHto más que a Parménides. Saulo
Torón aspira a la demiurgia y le es concedida la posibilidad de re-crear y apropiarse, a través
de su lenguaje, del mundo circundante. Nombrar el ser en el cambio, apresar lo eterno en lo contin-
gente, se vuelve oficio periodístico y voluntad mística. Su escritura es crónica. Saulo Torón pro-
fesa una visión franciscana de la existencia, sublima la humildad y delimita y persigue una
bondad auténtica.
Saulo Torón suspende en su lírica el texto que elabora. Asume él mismo una responsa-
bilidad exigida al lector. Su diálogo con el paisaje es dramático. El oficio poético se revela
en nuestro autor como tarea sublime entorpecida por la carencia intrínseca del lenguaje,
pero es en esa tensión, acrecentada en un espacio que disiente de su propia lengua, que ubica
en la voluntad de un nuevo lenguaje todas sus esperanzas, donde el poeta paga sus culpas,
donde su voluntad demiúrgica le es cobrada.
El poeta es leal. Ha desdoblado su vida para perpetuar la memoria de una doble diferencia.
Diferencia en largo y en corto. Disensión de una cultura en serie, disensión para un lenguaje
que rota y se traslada.
Las monedas de cobre es Hbro imprescindible en la bibliografía de Saulo Torón, libro que
relaciona la palabra con ambientes sucesivos: el hogar, el barrio, la ciudad... La escritura del
primer Hbro de Torón sitúa a un poeta en la ciudad, un transeúnte que poetiza la realidad en
la que vuelca su existencia. Es el descubrimiento del lugar en que acontece su existencia.
El caracol encantado es el libro de Saulo Torón. El poeta elige el mar para entender su vida.
Sabe de "las tristes playas de la muerte", pero se atreve a trazar rumbos sobre su mar orillado.
El mar descifra el adentro del poeta, contiene "el secreto de toda comprensión". Torón es
libre. Su albedrío es el del "viajero inmóvü", al decir de Manuel Padorno. La clave marina
que ha sustentado la crítica tradicional del texto ha desechado otros caminos que el Hbro
abre. La presencia de una misteriosa amada: intuida, soñada o recordada, articula una expe-
riencia que equivale a un día en la existencia del hombre, que oscila en su adentro tal como
el mar entre cada orto. El Hbro es de una voluntad impresionista rigvirosa.
Canciones de la orilla, el tercer libro de Torón, sincronÍ2a dos claves: la musical y la infan-
til, ésta ultima cercana a la voluntad vanguardista. Empieza a apuntar rumbos que trazará el
poeta durante su largo silencio público. El poema acerca de sí mismo ocupará páginas de la
obra. El tributo amistoso, la puntual endecha asomará al libro como testimonio perenne de
fraternidad. Cada texto posibilita la absorción de un pensamiento; una meditación.
El poeta, después, eligió el süencio. Ante el secuestro de la libertad prefirió abrirse a la
palabra, en soledad, en intimidad. Desde 1936 administrará recuerdos y sumará angustia
ante un panorama contra el que no quiso claudicar.
Frente al muro y Resurrecciónj otros poemas aspiran a volverse siempres, una particular manera
de tender al mito. Lleva al territorio íntimo del adentro la escritura que fiíe se volcó al afuera
en el primer Hbro. La estructura de estos Hbros dista de la complejidad de los precedentes.
El viaje del poeta, expansivo anteriormente, se vuelve íntimo. La famiHa creada, los amigos
que se van yendo y las angustias de siempre se darán cita en sus páginas.
La escritura lírica de Saulo Torón se inserta en un particular rumbo de la poesía insular
inaugurada sin lugar a dudas por la figura de Domingo Rivero. Esa escritura desde la soledad,
encarada permanentemente con la naturaleza del dolor humano que tiene en los versos de
don Domingo notable presencia, es ciertamente haUable en las diversas entregas del poeta
que ha centrado este estudio. El desciframiento de esta corriente, que desarrolla de algún
modo cierto grado áe, franciscanismo, nos Ueva a figuras como las del poeta guíense Manuel
González Sosa, profundo admirador tanto de Rivero como de Torón y autor de textos que
sintonizan extraordinariamente con esta suerte de ascética insular. Es la línea poética que
siguen, además, Arturo Maccanti, Eugenio Padorno y otros.
Tras encontrar a Saulo en la oriUa, quedan rumbos que trazar. Tras releer sus perfiles y
delimitar los trazos de su originaHdad, aguarda camino. Queda una revisión del archivo y la
bibHoteca del poeta a la luz del inventario que se elabora en estos momentos; queda revisar
la relación del poeta con poéticas que asoman intermintentemente en este trabajo: López
Velarde, León FeUpe...; queda persistir en algunas pistas intuidas acerca de cada una de las
vocaciones creativas del autor. Este es sólo el primer paso; necesario para trazar un punto
de partida desde el que dirigir los rumbos que aguardan, porque, por encima de todo, queda
la voz de Saulo, su única defensa. Seguirá enfrentándonos con nuestro presente, lanzándonos
al futuro y rellenando nuestro pasado.
Tomás Morales explora los valores sensoriales del signo; Alonso Quesada explora las dis-
torsiones sintácticas que ya anuncian la vanguardia. Saulo Torón representa la "mismidad
estiMstica"; su poesía no dejará de ser la voz de una confidencia.
TT^-T. f-
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BROMAS (1905)
Volumen de edición artesanal. Bromas por Saulo Torón y Navarro. Lleva la siguiente nota
aclaratoria: "Estos versos fueron escritos a vuela pluma en las tarjetas que Uevaban los
números de las rifas que organizaron en una fiesta las sociedades El Recreo y Santa Catalina
la noche de Reyes del año 1905. Las Palmas".
Son un total de treinta y seis composiciones, treinta y seis "bromas", escritas en coplas o
seguidillas.
I. I
A Dios con fervor le pido
(perdona si te da enojo
mi obrar raro y atrevido
que te depare un marido
feo, pobre, tuerto y cojo).
D. XXXVI
Deja que pose mis labios
sobre tus labios de grana
y que vuelen confundidas
en un beso nuestras almas.
El libñto concluye con la siguiente nota: "Esta última [composición] fue escrita y firmada
para completar la colección que también se rifó aquella noche. Fin".
POESÍAS (1904)
Poesías. Saulo Torón y Navarro. Las Palmas 1904. Libreta negra. Contiene un índice final que
no coincide exactamente con el listado de poemas. Trascribo los títulos de los poemas, las
fechas que figuran al pie de los mismos y el primer y último verso:
7. Si en mi negra desventura
D. Que no te olvides de mí.
- POSTAJLES:
A la señorita Ángeles Flores (24.1.03)
- POSTALES:
A la Srta. Evangelina González. En sus días. Diciembre 31.1906 y 1907.
I. En un valle pintoresco
D. Pequeña casita blanca.
POESÍAS (1911)
Una libreta tamaño DIN A-4, negra, con diseño de agenda. La datación es la de octubre de
1911, pero contiene poemas fechados en años posteriores. La libreta está numerada hasta la
página 95 y en el momento en que lo consulté incluía al final varios poemas sueltos. La
mayoría de los textos que reseño integrarán en 1919 la edición de Las monedas de cobre.
Los poemas, precedidos del número de página que ocupan en la libreta, con la fecha que
Uevan adjunta son los siguientes. Señalo el primer y último verso de aquellos poemas que
realmente están manuscritos en la libreta. Cuando no es así se trata de casos en los que el
texto, publicado en la prensa, iba a ser adherido a la libreta por el autor, puesto que la pági-
na sólo contiene el título autógrafo:
- 1 DEDICATORIA
7. En un valle pintoresco
D. Pequeña casita blanca!...
- 9 MIS HORAS GRISES (A don Tomás Morales, autor insigne de los Poemas del mar,
envío este soneto en el rizo espumante de una ola): Septiembre de 1911.
- 12 EL ENTIERRO EN EL BARRIO.
- 14 LA BARCA PESCADORA.
- 18 LA TIENDA DE LA ESQUINA.
/. Cementerio bendito
D. Mi humilde tumba.
- 20 LA CASA EN CONSTRUCCIÓN.
- 22 EL DÍA D E REYES.
I. La lámpara amiga
D. En el reñigio humüde de mi alcoba.
- 36 LA ETERNA INTERROGACIÓN.
- 42 INTERIOR.
- 54 LAMENTACIÓN D E LA POBREZA.
- 56 DISQUISICIONES PUERILES.
I. Rincones queridos
D. De la ciudad vieja!
I. Mediodía
D. Y dormir hasta mañana.
I. ¡Hermana, hermana
D. Que tengo frío y se me hiela el corazón.
I. En el patio de casa
D. Reír tan locamente, tan divertidos!...
- 78 LABOR INTERRUMPIDA.
- 82 EL SERMÓN II.
- 93 ÍNDICE.
P E D R O SALINAS (1919)
* Incluyo en este apéndice todos aquellos poemas que, o bien tienen por tema al escritor teldense o le reali-
zan una dedicatoria explícita. Refiero únicamente textos sueltos y no secciones como, por ejemplo, la titu-
lada "Playa de Melenara" que le dedicó su sobrino Montiano Placeres dentro de su libro £ / remanso de las
horas (Editorial Pablo Iglesias, Las Palmas de Gran Canaria, 1935, pp. 148-162) y otros textos de Tomás o
Rivero por ejemplo.
ENVÍO
F E R N A N D O G O N Z Á L E Z (1919)
R E Q U E N A A M O R O S (1919)
A SAULO TORON
II
De un mármol en el limpio paramento
Quiero esculpir simbólica figura.
Trasunto de la lírica ternura
Que al noble ritmo de tu estrofa siento.
¡Pero no que airoso en el intento!...
No brota de mi anhelo la escultura.
Que sepa perpetuar la galanura
Grabada en cobre ya, por tu talento.
Resbala mi cincel desorientado
Bajo el golpe rotundo de la maza
Horra de habilidad de unción repleta;
Y (milagro que Apolo ha realizado
En tu loor) esta leyenda traza:
"Saulo Torón. Filósofo y poeta".
V I C E N T E B O A D A (1920)
A DESHORA
En el silencio emotivo
el alma fue una ilusión:
acorde el plectro esquivo
en un soberbio motivo
de armonía y corazón...
?2 (1922)
i-
A MI AMIGO TORON
UN ALMA SEÑALADA
E R V I G I O D Í A Z M A R R E R O (1966/67)
AL MAR
(A Saulo Torón)
Mar,
gran amigo del hermano
de mi entrañable amigo
Saulo Torón,
Tomás Morales:
¿Qué misterio tan hondo,
tan sublime,
qué súplica tan alta,
qué enigma
llevas en tu seno,
que igual bañas, mansamente,
la playa con tus olas,
A SAULO TORON
4 AUÍ se da cuenta de la redacción de este poema cuando el autor contaba con dieciséis años. Guiándonos
por esa pista, situó entre paréntesis la probable fecha de composición.
LA L E C C I Ó N D E SAULO
(Soneto)
5 El documento 172 del Epistolario, también firmado por el autor del soneto, es una breve carta que lo anuncia.
La anécdota del panegírico es la audición de la voz de Torón recitando sus poemas. El poema, mecanogra-
fiado como la carta, está fechado en Las Palmas de Gran Canaria el dos de agosto de 1969 y presenta los
dos tercetos unidos. He estimado oportuno separarlos siguiendo la canónica disposición espacial del soneto.
A G U S T Í N MILLARES (1969)
P E D R O L E Z C A N O (1969)
A SAULO TORON
El corazón aguarda.
Créenos.
Ser buenos
como lo fuiste tú es lo que importa.
Besar la ola que a acariciarnos viene
como un humilde perro, oír el viento,
segar la humilde espiga,
soñar con Dios, y lo que venga
como a un pród%o hermano recibirlo.
I G N A C I O Q U I N T A N A M A R R E R O (1969)
De nuevo,
convertido
en luz de arena
y en estrella de rostro
y aire
sumergido,
llegas,
poeta,
por el azul camino
de espesa espuma
de oro y sal,
por el aroma transparente
que es nuestro
viejo
territorio
nuestro archipiélago
de sangre,
fuego
y viento.
De la verdad de tu agua
salen cristales submarinos,
algas
de humo y hierro
que se atan a tu pelo
como hilados ciclones
filtrándose en el mar.
De isleña claridad
es tu vuelo emplumado;
un círculo de nidos
te saluda
de medio arriba,
rezumando
helada libertad.
Tu paz y tu esperanza
sostienen
en el cielo de los océanos
las columnas del hércules guerrero
las praderas del Uanto
y de la muerte.
Llegas,
poeta,
del íntimo color del infinito
a poner tu sonoro pulso
y el aguacero de tus versos
junto al dolor del hombre,
su pena y su miseria.
Mientras el viento turbio,
dándose de golpes
contra los árboles
del odio,
quiere borrar tus huellas,
de hueso,
tierra.
lluvia
y carne,
tus pasos por el mundo
resuenan como espejos.
Llegas,
poeta,
al pueblo:
tu salitrosa frente
arrugada en la lucha
inagotable del silencio.
Arrugas tiene el surco
donde trabaja el campesino,
arrugas el camino
por donde viaja el carretero,
arrugas tiene el cielo
y la mar,
tu mar, poeta amigo,
donde tú fuiste,
amando,
el mejor marinero.
7 de octubre de 1969
P í o G Ó M E Z NISA (1969)
EL CARACOL ENCANTADO
A L F O N S O O ' S H A N A H A N (1969)
y nosotros ya definitivamente
desafinados.
N o temas al crepúsculo
que embellece las horas, si uno piensa
que siendo luz amortiguada, tiene
tan ñigitiva y dúctil trasparencia,
que armoniza los tonos de las cosas
y esclarece en el hombre las ideas.
Recoge, Saulo, en el bazar del alma
cuanto el crepúsculo te oñrezca:
un sabor, un olor, un simple goce,
la lágrima —retazo de una estrélla-
la sonrisa que amaste, y el acento
de la voz que te canta, y te recrea.
Arropa en el declive, sin agrura
los pensamientos tristes, y alborea
los oscuros, recónditos parajes,
con el rescoldo de unas brasas viejas
—residuos, ecendrados[sic] de ti mismo—
de las albas de antaño, y hermosea
el crepúsculo tuyo, soleando
esas últimas horas con que cuentas.
A SAULO TORON
C I P R I A N O AGOSTA (1985)
Vuelvo a decirte
que si sabes
de un mar así, no dejes
de ñamarme:
yo te prometo, Saulo, si es que existe,
que con el mío haré las paces....
M A N U E L G O N Z Á L E Z SOSA (1989)
EPÍSTOLA A SAULO
INTRODUCCIÓN 6
ABREVIATURAS 9
Capítulo IL 1885-1974 42
Un docvimento clave 43
1885-1974 47
Vida de ida y vuelta 54
El hombre tímido. El hombre bueno 57
BLOQUE V. CONCLUSIONES
Bibliografía 300
ANEXOS
ÍNDICE D E IMÁGENES
[Saulo Torón] 13
Enlace de Saulo Torón con la soprano Isabel Macario 50
Personal de la compañía MiEer 52
Tertulia en el Balneario de Galán 71
Saulo Torón con Enrique Díez-Canedo (prologuista de Canáones de la orilla),
Luis Doreste Suva y Néstor Martín Fernández de la Torre, entre otros 175
Simpática imagen de juventud 198
Saulo Torón leyendo ante al busto de Alonso Quesada 234
[Savilo Torón] 246
[Saulo Torón] 299