Explicación del MITO DE LA CAVERNA
Aquí vamos a ver la explicación del contenido del Mito de la caverna.
Después de haber expuesto en pasajes anteriores cómo el Bien es el principio supremo
epistemológico y metafísico (culminación del conocimiento y de la realidad), Platón se
vale de la alegoría de la caverna para narrar el ascenso educativo desde el nivel más bajo
de conocimiento al superior: el conocimiento del Bien, que confiere, además de sabiduría,
realización humana (ética) y preparación para gobernar (política).
El texto se divide en 4 partes, que son las siguientes
1. Descripción de la caverna y de sus moradores.
1.1. Descripción de lo que sucede en la caverna.
1.2. Descripción de la situación de los prisioneros.
2. La ascensión del prisionero
2.1. Paso de la conjetura a la creencia.
2.2. Contemplación de la causa del conocimiento sensible.
2.3. Salida de la caverna.
2.4. Proceso de adaptación al exterior de la caverna.
2.5. Reconocimiento feliz de haber accedido a una mejor vida.
3. Regreso a la caverna y sus consecuencias.
4. Interpretación de la alegoría de la caverna.
A continuación vamos a analizar cada una de esas partes por separado:
1. Descripción de la caverna y de sus moradores:
–Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de
su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una
morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su
extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de
modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les
impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego
que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto
al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que
los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los
muñecos.
– Me lo imagino.
Este es el primer fragmento del texto. Aquí se presenta en general la simbología del mito.
Hemos de tener en cuenta que anteriormente al Mito de la caverna Platón ha expuesto en
el Libro VI de la República los cuatro niveles de realidad (imágenes, seres físicos,
entidades matemáticas e Ideas) que se corresponden con los cuatro niveles de
conocimiento (conjetura, creencia, conocimientos matemáticos y episteme). La alegoría
de la caverna ilustra el ascenso desde el nivel más bajo de conocimiento/realidad hasta el
más alto.
Con esta alegoría Platón expresa:
1. Metafísicamente, la jerarquía de lo real (desde el mundo sensible hasta la realidad
suprema del Bien).
2. Epistemológicamente, el tránsito de la ignorancia al saber.
3. Pedagógicamente, el proceso educativo mismo.
4. Políticamente, quién debe gobernar, por qué debe hacerlo y cómo.
5. Antropológica y éticamente, el acceso a la plenitud humana.
Por esta riqueza de temas podemos afirmar que se trata de un excelente compendio de la
filosofía
platónica.
1.1. Descripción de lo que sucede en la caverna.
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de
utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de
diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
La referencia a objetos artificiales prácticos (“utensilios”) y decorativos (“figurillas”) por
parte
de quienes pasan del otro lado del tabique parece una alusión a los artistas plásticos, que
nos alejan
más de la realidad al generar “copias de copias”.
El tabique permite el engaño al ocultar, como en los títeres, las figuras humanas que
manipulan los objetos. Además de artilugio para embaucar, sirve para diferenciar a estos
manipuladores expertos de los prisioneros y de los que han salido de la caverna.
El fuego hace posible que haya luz y por tanto sombras, pues hasta allí no llegan los
rayos de sol.
Si el conocimiento de las sombras proyectadas de los objetos del tabique es el nivel de
conjetura, el
conocimiento directo de estos objetos iluminados por el fuego es el de la creencia. Por
tanto, representa el saber de las realidades naturales (es decir, las que hoy llamaríamos
`ciencias experimentales ́ y que para Platón forman parte de la opinión o doxa).
El fuego simboliza al Sol.
1.2. Descripción de la situación de los prisioneros
– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros,
– Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o
unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la
caverna que tienen frente a sí?
– Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del
tabique?
– Indudablemente.
– Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando
a los objetos que pasan y que ellos ven?
– Necesariamente.
– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los
que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen
proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
– ¡Por Zeus que sí!
– ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos
artificiales transportados?
– Es de toda necesidad.
Platón compara la situación de los prisioneros con la de las personas.
La situación es de una ignorancia casi total: el conocimiento de los prisioneros se reduce
al conjunto de las sombras y de los ecos que se proyectan desde atrás. Eso supone que
toman invariablemente
por real lo más insustancial. Pero, lo peor es que, a pesar de que no pueden mover ni
siquiera la cabeza, no tienen conciencia de estar encadenados. Para Platón es una
imagen fiel de la condición humana –“son como nosotros”–, pues que no solo vivimos
secuestrados por la corporeidad y la tiranía de deseo e ignorancia que nos impone, sino
que no somos conscientes de que nos esclaviza e incluso la añoramos si algo nos empuja
hacia la lucidez (así la frustración que puede experimentar un alumno al que su profesor
le insta a usar conceptos abstractos, a leer buena literatura o a ver buen cine; muy
probablemente preferirá ver Gran Hermano o jugar con la Play).
¿Cómo podemos soportar esta enajenación? Sencillamente nos hemos acostumbrado al
error, al
prejuicio, a la ceguera espiritual. Este es uno de los temas que aparece continuamente en
Platón: ignoti nulla cupido (en versión latina): de lo ignorado no puede haber deseo, no
podemos echar en falta aquello que desconocemos totalmente.
El que algunos de los que pasan detrás del tabique hablen y provoquen en los prisioneros
el “efecto ventrílocuo” de creer que son las sombras las que hablan, puede ser una
referencia a los sofistas y al
poder subyugador-manipulador de su palabra.
2. La ascensión del prisionero
2.1. Paso de la conjetura a la creencia.
– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su
ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera
liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y
al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir
aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le
dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más
próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le
mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a
contestar
preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará
que las
cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
– Mucho más verdaderas.
Aquí se inicia el proceso de ascenso, es decir, el comienzo del conocimiento (proceso
dialéctico) y
de la educación. Desde el primer momento se hace patente que es indispensable un
elemento externo, de coacción, para que el hombre pueda llegar a cumplir su auténtica
naturaleza.
Se describe el paso de un nivel de conocimiento (y por tanto de realidad) a otro superior:
de la
conjetura a la creencia. En este nivel pasa de captar imágenes a captar objetos.
Es interesante subrayar que el prisionero ya posee la facultad de la vista y el órgano para
ejercerla.
Únicamente le falta aprender a dirigirla adecuadamente: hacia el ser verdadero. Una vez
más, Platón
muestra la relación de dependencia de la epistemología respecto a la metafísica.
El dolor representa el momento indispensable de ascesis, de purificación del cuerpo. El
hombre
solo nace a la verdadera educación y al verdadero conocimiento (y a la verdadera
existencia humana) cuando los sentidos –fuente de deseo y de conocimiento falaz–
quedan adecuadamente subordinados al alma.
2.2. Contemplación de la causa del conocimiento sensible.
– Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de
eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas
son realmente más claras que las que se le muestran?
– Así es.
Se plantea una situación aparentemente paradójica: lo que es en sí más claro y luminoso
se ve peor.
Por eso el prisionero piensa que las sombras que veía antes con claridad y sin dolor son
más reales.
A medida que vamos ascendiendo, esto se agudiza: lo más real es lo que se percibe con
mayor dolor y dificultad. De ahí que el prisionero constantemente quiera volver, en una
suerte de síndrome de Estocolmo.
En este momento al prisionero se le obliga a mirar directamente a la luz del fuego (o sea,
el sol en
la metáfora platónica), que es la causa de toda visibilidad en la caverna (al igual que hace
el sol en el mundo sensible). El resultado es dolor e intento por volver a las confortables
sombras de antes.
Esto representa la incomodidad que va asociada al proceso del conocimiento (salir de la
ignorancia a la que estaba habituado)
2.3. Salida de la caverna.
– Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo
antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y,
tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los
objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
– Por cierto, al menos inmediatamente.
El camino de salida es dificultoso y ascendente. Con ello simboliza Platón el proceso
gradual del
conocimiento (no olvidemos que método en griego quiere decir `camino hacia ́). En este
caso se trata del costoso y difícil tránsito de la opinión (doxa) al conocimiento (episteme).
También es un símil de la educación, que nunca es algo fácil.
El exterior de la caverna representa el mundo inteligible.
2.4. Proceso de adaptación al exterior de la caverna.
– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer
lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y
de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos.
A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la
luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
– Sin duda.
– Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros
lugares
que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.
– Necesariamente.
– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones
y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las
cosas que ellos habían visto.
– Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
La necesidad de acostumbrarse a la luz alude al carácter progresivo de la dialéctica (el
aprendizaje es escalonado y no puede darse de golpe).
Más concretamente la necesidad de acostumbrarse a la luz alude al conocimiento
matemático, que prepara para la inteligencia pura de las Ideas.
El orden de ascenso en el exterior de la caverna sería el siguiente
[a la derecha, entre paréntesis, el referente real de cada metáfora:
- Sombras de los seres naturales (entidades matemáticas de nivel inferior).
- Reflejos en el agua de los seres naturales (entidades matemáticas de nivel superior).
- Los seres naturales (Ideas de seres naturales y artificiales).
- Lo que hay en el cielo (Ideas superiores).
- El sol (el Bien).
Al contemplar el sol, comprendería que es causa de todo lo que existe en el mundo
sensible. Es decir, el conocimiento supremo consiste en la comprensión de que el Bien es
el fundamento de todo lo real.
2.5. Reconocimiento feliz de haber accedido a una mejor vida.
–Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus
entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que
los compadecería?
– Por cierto.
– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las
recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos
que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían
desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de
adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los
más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de
Homero, y preferiría “ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre” o soportar
cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
El prisionero liberado también llegaría a la conclusión de que ha accedido a una vida más
dichosa
y sentiría compasión por sus ex compañeros de la caverna. Juzgaría como triviales y sin
valor los honores tributados en la caverna.
Los “campeones de sombras” son los sofistas. Ninguna persona que ha accedido al
conocimiento
envidia sus triunfos.
Una de las intenciones de esta alegoría es explicar cómo los más ignorantes pasan por
sabios (los
sofistas) y los más sabios (Sócrates) son objetos de burla y se les condena a muerte.
La referencia al Aquiles de Homero alude a un pasaje de La Odisea en la que Ulises
desciende al
Hades para interrogar al adivino Tiresias, que puede ayudarle en su objetivo de volver a
Ítaca. Allí se encuentra con Aquiles, ante el que Ulises se queja de su suerte y alaba la
de Aquiles, en vida y después de ella. Este le responde lo siguiente: “No pretendas, Ulises
preclaro, buscarme consuelos de la muerte que yo preferiría ser un labrador que fuera
siervo de un hombre pobre a reinar sobre todos los muertos que allá fenecieron”.
Es preferible, pues, cualquier tipo de existencia en el exterior de la caverna antes que
regresar a ella.
Una vez que se accede al conocimiento, nadie desea volver a su ignorancia anterior.
Una vez que se ha conocido la verdad, y por tanto el Bien, y por tanto la felicidad, ya
nadie quiere volver a la ignorancia.
3. Regreso a la caverna y sus consecuencias.
– Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría
ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
– Sin duda.
– Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con
aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta
que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada
breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo
alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia
arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran
tenerlo en sus manos y matarlo?
–Seguramente.
El liberado que retorna queda deslumbrado por el paso de la luz a la oscuridad (se trata
de un deslumbramiento diametralmente opuesto al anterior). Los prisioneros se burlan de
él porque se mueve torpemente y no están dispuestos a reconocer su ignorancia y
rechazan toda postura crítica.
Si además intentara liberarlos de sus cadenas (el apego a lo material que les domina) y
procurara que salieran al exterior (hacer que conozcan, educarlos) intentarían matarlo.
El hecho de que la tentativa de liberación acabe en muerte es una referencia clara a la
condena de
Sócrates, causada por querer conducir a sus conciudadanos fuera de la caverna. (Hay
una alusión aún más clara en un pasaje posterior, en este mismo Libro VII, en el que se
explica cómo Sócrates se expuso al ridículo al basarse en un concepto de Justicia mucho
más auténtico que el del tribunal, apresado en sombras de Justicia).
El sabio se muestra torpe en las cosas cotidianas, pues está acostumbrado a las
realidades puramente
inteligibles. No obstante, debe cumplir su misión educadora (liberadora de sombras) con
los ciudadanos. Este es su destino: liberarse hasta la contemplación de la verdad, pero
volviendo para enseñar la verdad a los que están encadenados.
Más adelante, al final de este Libro, expondrá tres razones para ello:
1. Es prioritaria la felicidad del Estado respecto a la felicidad individual.
2. Se trata de una manera de devolver lo que les ha sido concedido socialmente: la
posibilidad de formar su inteligencia en la ciencia superior (solo quienes han llegado a ser
filósofos en otros Estados podrían sentirse liberados de esta compensación).
3. Ellos mismos no se negarían a asumir las tareas de gobierno, pues “estamos
ordenando a los
justos cosas justas” (intelectualismo moral).
4. Interpretación de la alegoría de la caverna.
– Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que
anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la
vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol;
compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el
camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que
estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en
todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y
con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa
de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al
señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la
inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en
lo privado como en lo público.
– Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.
Por último, Platón desvela las claves interpretativas de la alegoría: su relación con los
grados de
realidad y los grados del conocimiento, así como las implicaciones éticas (sólo puede
aspirar a la bondad quien conozca el Bien) y políticas (han de gobernar los conocedores
del Bien).
Platón recapitula lo que ya expuso en el Libro VI: la Idea del Bien es la cima de todo lo
que hay, pues es la causa de toda excelencia (de “todas las cosas rectas y bellas”); en el
mundo sensible ha generado la luz y el sol (que es así literalmente un “vástago del Bien”),
mientras que en el inteligible es responsable de la existencia de la verdad y de la
inteligencia, y es preciso conocer la Idea del Bien para “obrar con sabiduría” (que en
Sócrates y Platón, como sabemos, equivale a “obrar con bondad”).
Podemos hablar, pues, de una triple función de la Idea de Bien:
- Ontológica: realidad suprema que es causa de las Ideas y, por tanto, del mundo
sensible.
- Epistemológica: es la causa de la inteligibilidad de las Ideas y, por tanto, de la del mundo
sensible.
- Etica y política: sólo quien logra su conocimiento puede ser buena persona (ámbito
privado o ético) y buen gobernante (ámbito público o político).