Tema 2: al Ándalus
INTRODUCCIÓN:
A la muerte del rey visigodo Witiza en el 710, un grupo de nobles proclamó rey a Rodrigo en detrimento de los
hijos del fallecido. Estos pidieron ayuda a los musulmanes del norte de África y en el 711 desembarcaron en
Gibraltar y derrotaron a Rodrigo en la Batalla de Guadalete. Poco después, el gobernador musulmán del norte
de África, Musa, llegó a Algeciras con nuevas tropas y en poco más de dos años ocuparon casi la totalidad de la
península.
DESARROLLO:
El territorio peninsular bajo dominio musulmán pasó a llamarse al-Ándalus, teniendo las siguientes etapas:
Emirato dependiente de Damasco o “waliato” (711- 756): Al- Ándalus era un emirato que dependía del califa
Omeya de Damasco. La capital se estableció primero en Sevilla, pero pronto pasó a Córdoba. El primer emir
fue Musa al que sucedió su hijo Abd-al-Aziz que extendió el control hasta los Pirineos, aunque de forma
desigual. Los emires siguientes emprendieron la penetración en la Galia, pero los musulmanes fueron
derrotados por los francos, dirigidos por Carlos Martel, en la Batalla de Poitiers (732). Los árabes se quedaron
las tierras más fértiles de los valles del Guadalquivir y Ebro, y los bereberes, que formaban la mayoría del
ejército conquistador, se quedaron las tierras más pobres de la meseta. Esto provocó la sublevación de bereberes
contra la oligarquía árabe y el califa de Damasco tuvo que enviar tropas sirias para dominarlos, pero las luchas
no cesaron.
Emirato independiente de Bagdad (756-929): en Damasco, Abul Abbas se sublevó contra los Omeyas y
ocupó el poder asesinando al califa y a su familia, y trasladó la capital a Bagdad. Solo escapó Abd-al-Rahman,
que consiguió llegar a al-Ándalus y nombrarse emir, independizándose políticamente de Bagdad, pero no en lo
religioso. Abd-al- Rahmán I fortaleció su gobierno y creó un ejército profesional de mercenarios berberiscos y
eslavos. En el emir se concentraban todos los poderes políticos y jurídicos del Estado, pero se nombraban
cargos para la administración del territorio como visires (ministros), hachib (primer ministro) y cadíes (jueces).
Durante este periodo se consolidó el nuevo Estado andalusí y se produjo una rápida e intensa islamización.
También aumentó la recaudación de impuestos, aunque las nuevas confiscaciones de tierras y la imposición de
tributos provocaron revueltas por parte de los muladíes y los mozárabes.
El Califato de Córdoba (929-1031): Abd al Rahman III se independizó en lo religioso de Bagdad,
proclamándose califa: máxima autoridad política y religiosa. Este fue el periodo de mayor esplendor de al-
Ándalus. Al- Ándalus centralizó su administración, en la que figuraba un primer ministro (hachib), al que lo
acompañaban grandes funcionarios, y situó su corte en la ciudad de Córdoba. Para facilitar la gobernanza
dividió el territorio en veintiuna coras o provincias a cuyo frente figuraba un gobernador o wali. Las ciudades
se convirtieron en parte esencial de la organización política, económica y social: constituían el núcleo de una
economía basada en el mercado y eran centro del poder religioso y político. El cobro de fuertes impuestos
(diferente entre musulmanes y no musulmanes) permitió mantener un potente aparato estatal que controlaba
todo el territorio y, también, un gran ejército.
Durante el Califato se sucedieron guerras con los reyes cristianos de León y Navarra, pero también mantuvo
con ellos relaciones diplomáticas y comerciales. Con Hixam II, el gobierno pasó a manos del hachib Almanzor
(“El Victorioso”). Este, dotado de gran habilidad política, alcanzó el cargo de primer ministro, se deshizo de
sus enemigos en la corte y el ejército, y estableció una dictadura personal que consolidó llevando a cabo varias
campañas o razias en territorios cristianos, destacando las de Barcelona, León, Zamora y culminando todo ello
con la expedición a Santiago de Compostela en el 997. En los años siguientes Almanzor realizó nuevas
incursiones, muriendo en una de ellas. Sus hijos intentaron continuar su obra de gobierno, pero no pudieron
hacer frente a una sublevación y fueron asesinados. A partir de entonces al Ándalus entró en una etapa de
inestabilidad que condujo a la disolución del califato en 1031.
Los reinos de Taifas (1031-1231): Al Ándalus quedó dividido en numerosos reinos; los llamados reinos de
Taifas, que pagaban “parias” (tributos) a los cristianos. Las primeras taifas (siglo XI) fueron muy numerosas.
La competencia entre ellas y la lucha contra los reinos cristianos ocasionó que fueran perdiendo territorios, lo
que provocó su conquista y reunificación por parte de los almorávides a finales del siglo XI. Se trataba de un
pueblo norteafricano ortodoxo e intransigente, que tampoco resistió al avance de los cristianos y cayó a
mediados de siglo, dando pie así a las segundas taifas (entre los siglos XI y XII). Destacó la taifa de Murcia
con ibn Mardanís, que llegó a enfrentarse, sin éxito, a la nueva invasión unificadora. Los almohades
establecieron su capital en Sevilla, consiguieron vencer a los cristianos en la batalla de Alarcos (1195) y fueron
aún más radicales que los almorávides en sus preceptos. Pero fueron derrotados por los cristianos en la batalla
de Navas de Tolosa (1212), dando lugar a las terceras taifas (siglos XII y XIII). Las más importantes fueron
las fronterizas (Mérida- Badajoz, Toledo, Zaragoza), las levantinas (Valencia, Denia y Murcia) así como Sevilla
que fue más importante que Córdoba. En este periodo solo sobrevivirá el reino nazarí de Granada, el último
dominio musulmán importante en la península ibérica.
El Reino de Granada (1231-1492): se mantuvo largo tiempo debido a su diplomacia, al pago de parias y a su
relativa cohesión y estabilidad frente a las rivalidades y problemas internos de los reinos cristianos. La última
taifa pertenecía a la familia real nazarí (residían en el conjunto palaciego de la Alhambra) y ocupaba parte de
las actuales Jaén, Murcia y Cádiz y la totalidad de Almería, Málaga y Granada. El 2 de enero de 1492, el rey
Muhámmad XII, más conocido como Boabdil, fue derrocado por los Reyes Católicos y el reino de Granada
quedó integrado en la Corona de Castilla.
CONCLUSIÓN:
La toma de Granada supuso el final de ocho siglos de presencia musulmana en la península Ibérica, donde se
desarrolló una original cultura árabe con influencia de rasgos persas y grecorromanos, así como peculiaridades
occidentales e indígenas peninsulares. Se vivieron periodos de guerra, de paz, entre momentos de intercambio
cultural y de hostilidades. La vida intelectual y artística en al-Ándalus alcanzó cotas muy altas con respecto a la
Europa medieval y al resto del mundo islámico que aún hoy se puede vislumbrar en España.