Filosofía política y sujeto histórico-político
del cambio social
Notas sobre Lenin y Gramsci
Es evidente que el campo de la problemática planteada es su-
mamente amplio y complejo ya que se trata de un tema que se en-
cuentra en la base de una polémica de gran actualidad. Intentar
responder rigurosamente dicha problemática supondría un tratado
sobre la teoría del partido e incluso más, sobre lo que se denomi-
na la teoría política marxista (la teoría del estado, la teoría de la
revolución, etc.). Es evidente entonces que el tratamiento que pre-
tendemos otorgar al tema es de índole más fragmentaria, si se quie-
re esquemática (por oposición a un discurso argumentai cuyas afir-
maciones son fundadas en disquisiciones teóricas subyacentes y
se pretende probar por la vía de la comprobación empírico-histó-
rica) y por supuesto basado en un criterio de pertinencia: se tra-
tará de jerarquizar el análisis en torno a los aspectos que consi-
deramos más pertinentes para responder los interrogantes plantea-
dos (esto explica también la no exhaustividad del análisis y la pre-
via opción teórica de pertinencia que se encuentra por detrás).
Luego de esta advertencia inicial tratemos de sintetizar el cam-
po problemático.
1) Caracterización de la concepción leninista y gramsciana del
partido (especialmente en relación con la consciencia de cla-
se).
2) Coincidencias y diferencias entre ambos.
3) Relación entre teoría del partido y análisis concreto del Es-
tado en Lenin y Gramsci.
4) El problema de la continuidad teórica o no entre ambos au-
tores.
1. Lenin
Lenin es el obligado punto de partida de la teoría política mar-
xista, si observamos que Marx y Engels no habían acabado de ela-
borar una teoría del Estado Capitalista (y del "ámbito" superes-
tructural en general) pero habían dejado una serie de indicaciones
y trabajos fragmentarios (por ejemplo la "cuestión judía", la "sa-
grada familia", de Marx, o "el origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado", y el "Anti-Düring", de Engels) que bien po-
drían orientar esa tarea de análisis. Ahora bien, todos los análisis
de Lenin provienen de una profunda confrontación con la reali-
dad en función de la praxis política.
Lenin entonces aborda la problemática desde un ángulo de vi-
sión pragmático y no especulativo, aunque, como bien es señalado
por varios comentaristas, existe una constante en los temas que le
interesan en términos científicos (fruto de las polémicas con los
populistas, los oportunistas, los revisionistas, los economicistas, los
marxistas legales, los mencheviques), y tal como señala Umberto
Cerroni son estos: 1) (...) "la teoría de la reproducción y de la
crisis económica del capitalismo; 2) la teoría de la combinación
entre lucha por la democracia política y lucha por el socialismo;
3) la teoría de la necesaria alianza entre el proletariado y los cam-
pesinos para la resolución del problema del poder; 4) la cuestión
nacional" ( C e r r o n i ) .
La genialidad de Lenin es el haber comprendido las vincula-
ciones generales del capitalismo moderno y las condiciones atrasa-
das del capitalismo en la FES rusa, con su teoría del eslabón más
débil. En términos sintéticos, podríamos detectar tres grandes apor-
tes de Lenin a la teoría marxista:
1) La teoría del capital monopolista en la etapa del imperia-
lismo.
2) La teoría del partido revolucionario y de la alianza obrero-
campesina.
3) la teoría del Estado (aunque es fundamentalmente una teoría
de la revolución a partir de las condiciones objetivas de la
FES rusa).
El aspecto que nos interesa en sustancia —la teoría del partido
leninista— fue elaborada básicamente por Lenin para oponerse al
planteo del partido (y sus tareas) por Bernstein. Para la concepción
evolucionista de Bernstein, las tareas del socialismo, vehiculizado
por el partido (la social-democracia) no era acelerar la caída del
capitalismo sino consolidar una sociedad capitalista democrática
que evolutivamente llegaría al socialismo (sin perder ciertos valo-
res perennes como democracia, igualdad, libertad, etc.). De tal for-
ma que las tareas del partido eran parlamentaristas, en esencia:
organizar sindicatos, buscar la conquista del poder por la vía par-
lamentarista, luchar por consolidar una legislación social amplia y
humanista. Consolidando el modo de producción capitalista, éste,
por el simple desarrollo de las fuerzas productivas, evolucionaría
hacia el socialismo (ya que para Bernstein y los revisionistas se pre-
tendía refutar tres tesis predominantes en ambientes socialistas:
la teoría del hundimiento automático del sistema capitalista como
resultado de sus contradicciones internas; la teoría del empobre-
cimiento progresivo de la clase obrera; y la teoría de la toma del
poder mediante la insurrección). La conclusión política que Berns-
tein extraía de la triple crítica a estas teorías era la siguiente:
a) el capitalismo adquirió una capacidad de autorregularse y puede
contener y eliminar las crisis cíclicas; b) el crecimiento de las li-
bertades políticas permite que burguesía y proletariado entablen
un enfrentamiento "legal" por el control de las instituciones del
sistema; y c) por lo tanto, es factible propiciar (con el sufragio
universal) la lucha por el socialismo mediante la lucha parlamen-
taria.
La primera observación crítica que Lenin hacía a las tareas "in-
mediatistas" de Bernstein, era que se disociaba (en el caso ruso)
lucha económica (que quedaba en manos de la social-democracia)
y lucha política (que quedaría en manos de la burguesía), puesto
que la FES rusa mostraba, como muy bien lo dice Cerroni: (...)
"allí, una singular condición histórica caracterizada por el adveni-
miento del capitalismo sin una revolución política burguesa; un
problema totalmente nuevo que Lenin comprende muy pronto y
con excepcional lucidez ( C e r r o n i ) .
La segunda observación crítica era en torno a la desconside-
ración del carácter clasista de las instituciones que Bernstein pre-
tendía llegar a controlar desde la lucha parlamentarista.
De tal manera que Lenin postulará una teoría del partido po-
lítico que surgía de una triple tarea teórica:
a) La identificación de las condiciones económicas de la FES
rusa (hacia 1890), como el ámbito donde se desarrollaba la lucha
de clases.
b) Definir el carácter del Estado que había que destruir.
c) Definir el carácter de la clase que había que derrotar.
De tal manera que se definen tareas importantes, como son:
determinación del enemigo principal, determinación de las alian-
zas y estrategias (primera etapa, la clase obrera y todo el campesi-
nado versus los demás sectores sociales; segunda etapa, la clase
obrera y los sectores pobres del campesinado versus los campesinos
ricos, los terratenientes y la burguesía en general), determinación
del sujeto histórico de la revolución y determinación del sujeto po-
lítico.
Lenin partía de una crítica al catastrofismo (en su disputa con
Rosa Luxemburgo), afirmando que las crisis cíclicas pueden ser un
mecanismo de autorregulación del sistema y no la antesala evidente
de la revolución. Así surgen dos afirmaciones fundamentales para
su teoría del partido político: sin partido (sujeto político) no hay
revolución, así como sin teoría revolucionaria no hay práctica re-
volucionaria.
Dos afirmaciones del mismo Lenin, en el "¿Qué hacer?", corro-
boran nuestra argumentación anterior: (...) "La conciencia polí-
tica de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el
exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera
de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos" (Lenin: 183;
s.d.) y también (...) "Hemos dicho que los obreros no podían te-
ner conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser introducida
desde fuera. La historia de todos los países atestigua que la clase
obrera exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en con-
diciones de elaborar una conciencia tradeunionista..." (Lenin: 142;
s.d.); por eso (...) "sin teoría revolucionaria no puede haber tam-
poco movimiento revolucionario" ( L e n i n ) .
Esta visión de Lenin le lleva a distinguir, por un lado el sujeto
teórico-histórico del proceso revolucionario: el proletariado (en sí)
y por otro lado el sujeto práctico-político; la vanguardia, el par-
tido (para sí).
Planteada la conciencia de clase obrera como conciencia espon-
taneista y tradeunionista (que se queda en la lucha por las reivin-
dicaciones económicas inmediatas, sin avanzar hacia el objetivo
estratégico, la sociedad sin clases, pasando por la mediación de
la impugnación total del aparato del Estado en cuanto órgano de
las clases dominantes), planteada la necesidad de introducir desde
fuera la conciencia política, es decir, unir teoría crítica revolucio-
naria, con socialismo y encarnarlo en la clase obrera, se hacía im-
prescindible una vanguardia que tuviera como misión, en cuanto
portadores de la teoría revolucionaria desde el exterior, provocar
la mediación para que la clase en-sí deviniera en clase en-sí y pa-
ra sí.
De allí que se caracterice al partido leninista como un partido
de revolucionarios profesionales, como un partido de cuadros. Es-
ta caracterización está muy ligada a dos aspectos sustantivos en la
teoría política leninista: el carácter del Estado que había que con-
quistar y la especificidad de la FES rusa.
En cuanto al segundo aspecto, la socialdemocracia rusa debía
actuar en el contexto de la represión zarista y de allí su experiencia
de clandestinidad. Respecto del primero, como el mismo Gramsci
lo indica (...) "en Oriente el Estado era todo, la sociedad civil era
primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y Sociedad ci-
vil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evi-
denciaba una robusta estructura de la sociedad civil" (Gramsci, A. :
96; 1975).
La concepción del Estado en Lenin, enfatizando el carácter de
instrumento clasista y la idea de Estado-Fuerza, se basaba, por un
lado, en los análisis de Engels sobre el particular, por otro lado
en el hecho que la sociedad política devoraba a la sociedad civil
en Rusia, puesto que ésta era, como la caracterizó Gramsci, primi-
tiva y gelatinosa. De allí que la estrategia de asalto al Estado por
un puñado de revolucionarios profesionales en alteridad dialéctica
con la potencialidad insurreccional de las masas, fuera el camino
escogido por Lenin.
Entonces, la resolución de la cuestión del poder pasaba por el
asalto a la sociedad política. Este asalto al poder define, en buena
medida el carácter del partido. Pero queda un aspecto de la teoría
leninista del Estado que merece ser mencionado: la concepción
acerca de la dualidad de poderes, por la cual dos Soviets aparecían
en la FES rusa como un Estado dentro de la sociedad civil, o si
se quiere como un embrión del nuevo Estado de transición hacia
la sociedad sin clases y la desaparición del Estado mismo. Queda-
ría un elemento más que necesariamente escapa al tipo de aná-
lisis elegido: el problema de la dictadura del proletariado que,
dada su importancia, no podía quedar sin ser mencionado.
En suma, el partido leninista es un partido de clase, partido
de vanguardia, partido de lucha unitario y disciplinado. Tal como
dice Lucio Magri: (...) "Esta visión del partido como cuerpo or-
gánico, como trascendencia de la individualidad, como primer pa-
so de la superación de la oposición entre individuo y sociedad,
dominó la vida del partido bolchevique en todos sus momentos, y
sobre todo produjo los dos principios fundamentales que lo regu-
laban: el de la militancia revolucionaria y el del centralismo de-
mocrático" ( M a g r i ) . El carácter del partido estaba
inmediatamente condicionado, también por la distinción entre si-
tuación revolucionaria (ameritada por las condiciones objetivas:
pauperización de las masas, imposibilidad de la burguesía por man-
tener su dominio en forma inmutable) y crisis revolucionaria (dicha
situación revolucionaria más la presencia del sujeto político o fac-
tor subjetivo: el Partido).
Antes de terminar, y dado que el punto de la reflexión analíti-
ca considerado es la relación entre Partido y conciencia de clase,
Lucio Magri esboza una sugerencia crítica al partido leninista que
podría rematar todo este apartado: (...) "La contraposición entre
la conciencia socialista portada y codificada por el partido, y la
realidad inmediata de lucha de la clase obrera, esos límites reper-
cuten sobre la concepción general del partido, se traducen en el
peligro permanente e insuperable del jacobinismo. El partido corre
el peligro de convertirse en una conciencia revolucionaria abstrac-
tamente superpuesta a la clase, en el sujeto de un mandato nunca
impugnable; de modo inverso, la clase puede convertirse en el ins-
trumento de un proyecto que corresponde a algunos de sus fines
últimos, a sus intereses fundamentales, pero en cuya elaboración
no participa y en cuya realización colabora con una conciencia
parcial" ( M a g r i ) .
2. Gramsci
La meta de Antonio Gramsci en la consecución de su esfuerzo
intelectual fue explicar el fracaso de la Revolución en Occidente.
Su obra fue objeto de múltiples y encontradas lecturas, siendo al-
gunas de las cuestiones que se le imputaron el ser historicista, he-
geliano, crociano, heterodoxo al grado de dejar de ser marxista
o ser el anti-Lenin. Massimo Salvadori refiriéndose a las imputa-
ciones sobre la obra de Gramsci y su intento de enfrentar a Grams-
ci con Marx o Lenin para obligarlo a pasar por un filtro de orto-
doxia "en abstracto", efectúa una reflexión que tiene plena vali-
dez: (...) "Este método (el examen de marxismo a Gramsci. C.A.T.)
debe rechazarse decididamente, porque en su esencia es un mé-
todo clerical, aún cuando se oculta tras la ideología de la "ciencia
marxista", y porque presupondría que el marxismo fuese un dia-
mante de luz astral depositado de una vez por todas en manos de
un honesto notario" (Salvadori, M. : prefacio; 1973).
Sería imprudente sostener la tesis de una ruptura entre el par-
tido gramsciano y el partido leninista, si por dicha ruptura se en-
tendiera dos concepciones teórico-organizativas distintas a partir
de posturas teóricas divergentes en forma independiente del con-
dicionamiento histórico-cultural donde dichas teorías se elaboran.
Hemos afirmado que Lenin es punto de partida obligado de la teo-
ría política marxista; también lo fue para Gramsci aunque éste,
movido por el análisis que hizo de la formación social italiana,
reviste ciertas características distintivas.
El proletario italiano es más amplio, más complejo, más faccio-
nalizado con mayor diferenciación profesional que el ruso. Esto pro-
voca un cambio en la composición del proletariado que lo acerca
más a los sectores populares.
Se trata de un proletariado más condicionado por la dominación
económica directa y con un nivel de manipulación ideológica más
elevado. Esto conspira contra el esfuerzo por organizar la unidad
de la clase obrera.
En términos de reivindicaciones económicas, ciertas demandas
que fueron revolucionarias en la época de Lenin (jornada de 8 hs.,
salarios mínimos, etc.) ya no lo eran en la época de Gramsci. Todo
esto provoca una mayor dificultad para el desarrollo de un partido
de la clase obrera.
El aporte de Gramsci a la teoría política marxista se debe a
que, por primera vez se logra (a pesar de sus escritos fragmentarios
y desorganizados) un planteamiento sistemático sobre los grandes
problemas del Estado, del partido político, de la naturaleza de la
política, de la relación fuerza-consenso, de la relación gobernantes-
gobernados, de la relación intelectuales-pueblo.
A los fines que nos interesan (la caracterización del partido en
Gramsci) conviene determinar especialmente la caracterización del
Estado. Nuestro autor, si bien no renuncia a la consideración de
la tradición marxista del Estado-Fuerza, no considera que sus fa-
cetas se agoten en esta instancia. Por el contrario, Gramsci extien-
de el estado a todas aquellas articulaciones a través de las cuales
la hegemonía de una clase se ejerce sobre el resto de la sociedad.
De esta manera, también se abre el horizonte para considerar el
Estado como ordenamiento jurídico-político. De esta manera es po-
sible rastrear en el pensamiento gramsciano dos concepciones sobre
el Estado, compaginadas entre sí; una concepción estrecha del Es-
tado por la cual sería aparato represivo más aparatos representa-
tivos (lo público) y una concepción amplia donde la sociedad polí-
tica incluye los aparatos privados de la sociedad civil (que Grams-
ci no los considera privados, como hace el derecho civil sino por
el contrario, públicos). Tal como señala Portelli, el Estado es para
Gramsci la sociedad política más la sociedad civil, vale decir, hege-
monía revestida de coerción. En su significado integral será enton-
ces dictadura revestida de hegemonía.
Entonces, la sociedad política correspondería más a la función
de dominio directo (expresado en el Estado y el ordenamiento ju-
rídico) y la sociedad civil contendría más el nivel de hegemonía
u organización del consenso por parte de las clases dominantes
mediante la instrumentalización ideológica. En las sociedades occi-
dentales se da una unidad dialéctica consenso (soc. civil) y coer-
ción (soc. política).
La temática central que está animando el esfuerzo intelectual
de Gramsci se puede sintetizar así: la relación entre la revolu-
ción proletaria e histórica previa (dicho de otro modo, entre pro-
letariado y cultura) y la compleja articulación de la sociedad ca-
pitalista occidental. Estas dos temáticas refieren a la autonomía
relativa de la superestructura respecto de la base económica que
la determina en última instancia. De estas dos preocupaciones cen-
trales se extraen dos principios por los cuales Gramsci es acusado
de historicista : el hombre es el motor de la dialéctica histórica
y la revolución proletaria es el acto de fundación de una sociedad
humana.
Estas observaciones tienen directa relación con la teoría del
partido gramsciana. El partido en Gramsci es la prefiguración de
la nueva sociedad inmerso en la sociedad civil, tal como acertada-
mente dice Cerroni: "Se trata por lo tanto, de un mecanismo que
no solamente está llamado a ejercer una función de dirección y
formación externa, esto es, de acción política propiamente dicha,
sino también una función exquisitamente cultural de "elaboración"
y transformación de los niveles económicos en niveles políticos cul-
turales" (Cerroni, U ) .
He aquí una diferencia con la idea leninista del partido: no
ejerce sólo una influencia externa, sino que Gramsci insiste mucho
en el mecanismo interno de elaboración de la masa. Si bien acepta
el presupuesto leninista que sin teoría revolucionaria no hay movi-
miento revolucionario, intenta evitar que el partido se constituya
en demiurgo de la realidad y detentor de la ciencia con un altísi-
mo nivel de conciencia diferencial respecto de la masa. De allí la
afortunada frase de Cerroni que contraponiendo a Lenin, y Gramsci
diga que el primero sería un partido de cuadros que se relaciona
con la masa, mientras que el segundo postula un partido de masa
que crea cuadros. Esto tiene directa relación con la tesis de fun-
cionamiento democrático interno.
Gramsci distingue tres tipos de partidos: un partido cultural
(por denominarlo de algún modo), construido por una élite de hom-
bres de cultura y cuya función es dirigir desde el punto de vista
de la cultura; un partido de masas, que tiene una fidelidad gené-
tica de tipo militar a un centro político ; y un partido revolucionario,
que deberá estar dedicado a una reforma intelectual y moral y que
debe poseer un permanente nivel crítico que permita un balance
constante de la relación dirigentes-masas.
El partido como dedicado a una reforma intelectual y moral
pareciera significar el rescate de una propuesta del socialismo utó-
pico, pero en realidad tiene un sentido muy denso: el partido es
portador de una verdad que se actualiza en la historia de la FES
donde existe; como tal posee una concepción del mundo determi-
nada y debe tender a lograr que dicha concepción del mundo sea
hegemónica en la sociedad civil, sólo así se puede delinear la es-
trategia insurreccional de asalto al Estado: cuando dicha insu-
rrección se haya consolidado en la sociedad civil y el partido ope-
re como un intelectual orgánico de la clase obrera.
Convendría introducir en este nivel del análisis la idea de blo-
que histórico en Gramsci. La noción de bloque histórico refiere
a la unidad entre la superestructura política e ideológica y la es-
tructura socio-económica. La vinculación orgánica entre ambas es-
tructuras la proporcionan ciertos grupos sociales cuya función es
operar no en el nivel económico sino en el superestructural: los
intelectuales (funcionarios de la superestructura).
De esta manera, el partido gramsciano debe tender a ser el in-
telectual orgánico de la clase obrera y promover el surgimiento
de un nuevo bloque histórico que reemplace al bloque histórico
en el poder. Esta idea entonces de un partido como prefiguración
de la nueva sociedad se completa con la idea de dirección intelec-
tual y moral de la sociedad civil: es decir, con la idea de conso-
lidación de la hegemonía de la clase obrera en dicha formación
social. Sólo a partir de este requisito se puede intentar el asalto
definitivo del Estado reducido ahora a los aparatos represivos.
Quedaría un concepto por introducir que facilita la compren-
sión de la propuesta gramsciana: la noción de crisis orgánica. En
términos simples se puede decir que existen crisis orgánicas cuando
se da una crisis de hegemonía de la clase dirigente y se verifica un
conflicto entre representantes (partidos políticos burgueses) y re-
presentados (clases y sectores de clases en el bloque en el poder).
Existirían dos tipos de crisis de representatividad : por un lado
por el retiro del apoyo de la delegación y por otro por el creci-
miento de la movilización popular, con un crecimiento de las rei-
vindicaciones. Lo notable en la concepción gramsciana es su obser-
vación que toda crisis de hegemonía comporta una crisis de auto-
ridad y en última instancia, una crisis del Estado en su conjunto.
Así entonces, en el modo de producción capitalista, las clases
subalternas aparecen como las potenciaba-ente disgregadoras de las
relaciones orgánicas soldadas por la ideología integradora en el
conjunto de la sociedad (la idea de sujeto histórico); esta poten-
cialidad se actualiza cuando se da una crisis orgánica y la pre-
sencia de una nueva formación social (el partido, el sujeto prác-
tico), que es capaz de reclamar para sí la hegemonía de dicha
sociedad civil, que propone nuevos valores históricos e institucio-
nales y que, en suma, realiza un bloque histórico opuesto al blo-
que en el poder.
En síntesis, Gramsci rescató de la concepción leninista (aunque
adecuada a las circunstancias de la FES italiana) la concepción del
Estado como efecto de la violencia de las clases dominantes (con
las consideraciones que sobre el particular hicimos arriba) y la con-
cepción insurreccional del partido como destrucción de dicho Es-
tado (con los matices que hicimos a la concepción del partido y
del Estado en Gramsi).
3. Coincidencias y diferencias: él problema de la
continuidad histórica
Las identidades : en forma muy sintética, puesto que hemos ido
correlacionando en el decurso del trabajo las propuestas leninis-
tas y gramscíanas, tratemos de recapitular el nivel de identidades
entre ambos:
1) Exste una coincidencia en la caracterización de la contradic-
ción principal al interior de ambas formaciones económico-
sociales (puesto que ambas sociedades tienen dominancia del
M.P.C.).
2) Se coincide en la asunción del materialismo histórico como
ciencia del proletariado.
3) Esto implica subsecuentemente la identidad en el objetivo
estratégico: la sociedad sin clases y la desaparición del Es-
tado así como en la elaboración de la instancia práctico-ins-
trumental: el Partido.
4) Existe una coincidencia (de carácter muy general) sobre la
necesidad del factor de clase externo para desarrollar la con-
ciencia revolucionaria del proletariado.
5) Finalmente, hay una perspectiva insurreccional a la cual se
adecúan todas las tácticas.
Este breve listado (en ninguna medida exhaustivo, ya que pre-
tendimos enfocar las identidades o coincidencias más genéricas)
permite afirmar la continuidad teórica entre ambos, diciéndolo en
los términos de De Felice: (...) "El problema del 'leninismo de
Gramsci' se convierte así e-n el de la traducción de una experiencia
revolucionaria en un contexto distinto" (Citado por Cerroni, U. :
157; 1976).
Las diferencias se pueden sintetizar así:
1) La diferencia que el mismo Gramsci establece entre guerra
maniobrada o de movimiento y guerra de posición, expresa
la diferencia existente entre las FES rusas e italiana.
2) El tipo de partido distinto (aunque ambos emergen de la
misma matriz problemática): el de revolucionarios profesio-
nales y el partido intelectual-colectivo.
3) La mayor disposición "crítico-historicista" de Gramsci (en
el decir de Cerroni) para la construcción de la teoría.
4) El concepto más "extensivo" de intelectual orgánico en
Gramsci respecto del concepto de intelectual de partido, co-
mo dosificador y portador de la ciencia del materialismo
histórico (aspecto éste no atribuible directamènte a propo-
siciones de Lenin, sino como resultánte histórica de una es-
tructura y en sus supuestos).
5) Como lúcidamente observa Magri, ambos partidos tienen un
carácter de clase muy definido, sin embargo (...) "...es evi-
dente que el partido, su carácter clasista, está seriamente
amenazado en la práctica. Por ser la fuerza hegemónica de
una formación muy vasta y articulada, por obrar en lo más
sensible de las instituciones políticas existentes, está some-
tido en todo momento a la presión de las soluciones político-
organizativas oportunistas" ( M a g r i ) .
En síntesis, las diferencias surgen de un aspecto sumamente
rico de ambos autores: su capacidad para el análisis de la reali-
dad que les tocó vivir y la capacidad de extraer de ese análisis
proposiciones organizativas en función de sus prácticas políticas
específicas. De allí que pretender reducir Gramsci a un epígono
"occidentalista" de Lenin es desconocer la veta de creatividad y
sustancial aporte (como teórico de las superestructuras o como teó-
rico del bloque histórico) de Gramsci al desarrollo de los estudios
de teoría política. Por otra parte, sostener abstractamente la con-
veniencia o preeminencia de un tipo de partido sobre el otro, es
sostener una tesitura irenista y a-histórica: la utilidad de ambas
elaboraciones teóricas en una realidad determinada supone la no-
aplicación de un "modelo" u otro, en forma acrítica, sino el aná-
lisis pormenorizado (siguiendo las exquisitas sugerencias metodo-
lógicas de uno y otro autor) de la formación social en cuestión. Des-
de esta óptica, y en el marco de las apreciaciones que se fueron
haciendo a lo largo de este trabajo se puede verificar una conti-
nuidad teórica entre las concepciones leninistas y gramscianas del
partido.
BIBLIOGRAFIA
1 ) CERRONI, Umberto, Teoría política y socialismo, Edit. Era, México, 1976,
203 pp.
2) LENIN, I., ¿Qué hacer? Obras escogidas, Edit. Progreso, Mascú,
3) GRAMSCI, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, Ediciones Juan Pablo, México,
1975, 334 pp. Traducción y prólogo José Aricó.
4 ) MAGRI, Lucio, Problema de la teoría marxista del partido revolucionario,
en «Pasado y Presente», n. 7, titulado: «Teoría marxista del Partido po-
lítico», Córdoba, 1975, 114 pp.
5) SALVADORI, M. L., Gramsci e il problema storico della democrazia, Turin,
1973.
CARLOS ALBERTO T O R R E S NOVOA